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Meditaciones Evangélicas

MIGUEL DE UNAMUNO
Meditaciones Evangélicas

MIGUEL DE UNAMUNO

Edición de Paolo Tanganelli

DIPUTACIÓN DE SALAMANCA
2006
EDICIONES DE LA DIPUTACIÓN DE SALAMANCA
SERIE HUMANIDADES, N.° 25

1ª edición: mayo, 2006


© Diputación de Salamanca y herederos de Miguel de Unamuno
© De la introducción y notas: Paolo Tanganelli

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almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea mecánico,
eléctrico, químico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.
ÍNDICE

PRESENTACIÓN ..................................................................................... 9
AGRADECIMIENTOS ............................................................................. 11
SIGLAS DE LOS ESCRITOS MÁS CITADOS ........................................... 11

INTRODUCCIÓN. LAS MEDITACIONES EVANGÉLICAS


O EL ESLABÓN PERDIDO ........................................... 15
1. EL PROYECTO DE LAS MEDITACIONES EVANGÉLICAS ............................ 16
1.1. Las dos caras de la crisis del 97 ................................................... 16
1.2. La genealogía de las Meditaciones .............................................. 19
1.2.1. Manuscritos conservados ............................................... 19
1.2.2. La escritura diarística como fuente ................................ 21
2. NICODEMO: DEL DUALISMO Y LA RENOVACIÓN .................................... 24
3. JESÚS Y LA SAMARITANA O LA CONFESIÓN MITOLÓGICA ....................... 29
4. EL MAL DEL SIGLO O LA SEMILLA TRAGICISTA ..................................... 37
4.1. Desde Charivari. En casa de Unamuno... .................................. 37
4.1.1. Un culto idolátrico al progreso ..................................... 39
4.1.2. ¿Socialismo nihilista? ¿O socialismo vs nihilismo? ......... 40
4.1.3. La infinita vanidad del todo y el milenarismo ............... 44
4.2. ...hasta Del sentimiento trágico de la vida ............................... 48
5. EL NAUFRAGIO DE LAS MEDITACIONES ............................................... 55
CRITERIOS DE EDICIÓN ....................................................................... 61
1. DESCRIPCIÓN DE LOS DOCUMENTOS AUTÓGRAFOS .............................. 61
2. REGLAS GENERALES DE TRASCRIPCIÓN ............................................... 64
3. APARATO CRÍTICO Y SIGNOS DIACRÍTICOS .......................................... 64
4. UN MANUSCRITO DE NICODEMO NO EDITADO .................................... 66
TEXTOS ................................................................................................... 69
MEDITACIONES EVANGÉLICAS ................................................................. 71
Nicodemo el fariseo ............................................................................ 73
El mal del siglo ................................................................................ 97
Jesús y la samaritana ........................................................................ 107
PAOLO TANGANELLI

BORRADORES ........................................................................................ 113


Nicodemo el fariseo ............................................................................ 115
El mal del siglo ................................................................................ 135
Jesús y la samaritana ........................................................................ 145
La oración de Dimas ......................................................................... 151
San Pablo en el Areópago / La conversión de San Dionisio ...................... 159
El reinado social de Jesucristo ............................................................. 163
OTROS DOS MANUSCRITOS RELACIONADOS .............................................. 175
Sermón sobre la sencillez ..................................................................... 177
Plan del Tratado del Amor de Dios ..................................................... 179
APARATO CRÍTICO ............................................................................... 183

NOTAS ..................................................................................................... 225

REPRODUCCIÓN FACSIMILAR DEL PLAN DEL TRATADO


DEL AMOR DE DIOS ............................................................................... 291


PRESENTACIÓN

A L CUMPLIRSE en 2006 setenta años de la muerte de don Miguel de Una-


muno, la Diputación de Salamanca se enorgullece en presentar esta
edición de un inédito de juventud: Meditaciones Evangélicas. Escrito entre
1897 y 1899, el conjunto de ensayos que dio lugar a este libro tomó un
poso definitivo en títulos posteriores, peculiarmente trascendentales, como
Diario íntimo o Del sentimiento trágico de la vida. Estamos, por tanto, ante lo
que representa una novedad unamuniana en todo su significado.
Permítanme que agradezca muy sinceramente la colaboración prestada
por los herederos de don Miguel, la familia Unamuno Adarraga, que ha
hecho posible la publicación de este libro a través del trabajo exhaustivo y
denodado del profesor Paolo Tanganelli, a quien manifiesto también mi
agradecimiento por su interés en las ediciones de esta Diputación.
Don Miguel siempre es un atractivo para el hondo sentimiento cultu-
ral de Salamanca. Más allá del concepto universalizador de su obra, trans-
mitida entre generaciones y geografías, la índole unamuniana disfruta de
una gran emoción arraigada en la consideración de todos nosotros.
Por ello, si hace veinte años, con motivo del cincuentenario de su
muerte, la Diputación de Salamanca realizó un gran trabajo audiovisual
sobre su vida y obra, hoy, con motivo también de su efeméride y recuerdo,
recogemos el testigo de su huella y de su trascendencia editando este inédi-
to que dio pie a una obra tan ardua, intensa y extraordinaria como es la que
generó don Miguel de Unamuno.
ISABEL JIMÉNEZ GARCÍA
Presidenta de la Diputación de Salamanca


AGRADECIMIENTOS

Agradezco a Carlo Beretta su paciente obra de revisión del aparato crítico y sus muchos
y sabios consejos (y aún más le agradezco la amistad que en cada ocasión me demuestra).
No olvido tampoco todo lo que por mí ha hecho el personal de la Casa-Museo Unamuno
en estos quince años. Estaré siempre en deuda con Ana Chaguaceda Toledano, Julián Montes
Gonzalo, Manolo Iglesias Fraile, Angelines Ponte Araújo, Flor Hernández Martín, Clemente
Bernal Pérez e Inés Alonso Ayuso.


SIGLAS DE LOS ESCRITOS MÁS CITADOS

Meditaciones Evangélicas y otros autógrafos

AJH A la juventud hispana / Mi confesión (CMU, col. 68/34; se trata de la


primera redacción del Tratado del Amor de Dios)
Cuad 3/27 (CMU, col. 63/27; cuadernillo que Unamuno redactó hacia 1886)
EMS El mal del siglo (CMU, col. 69/9)
EMS-borrador Borrador de El mal del siglo (CMU, col. 79/231)
JyS Jesús y la Samaritana (CMU, col. 62/6)
JyS-borrador Borrador de Jesús y la Samaritana (CMU, col. 79/231)
SPA-LCD Borrador de San Pablo en el Areópago (CMU, col. 79/190); borrador
de La conversión de San Dionisio (CMU, col. 79/231)
LOD Borradores de La oración de Dimas (CMU, col. 79/233)
N Nicodemo el fariseo (Revista Nueva, n. 29, Madrid, 25-XI-1899,
pp. 241-275)
N-borrador Borrador de Nicodemo el fariseo (CMU, col. 63/9)
RSJ Borrador de El reinado social de Jesucristo (CMU, col. 69/10)
T Tratado del Amor de Dios (CMU, 68/34)

Textos publicados

CCU José Martínez Ruiz, “Charivari. En casa de Unamuno”, en Azorín-


Unamuno, Cartas y escritos complementarios, ed. de L. Robles, Gene-
ralitat Valenciana, Valencia, 1990
D Diario íntimo, Madrid, Alianza, 1996


PAOLO TANGANELLI

EpA Epistolario Americano (1890-1936), ed. de L. Robles, Salamanca, Uni-


versidad de Salamanca, 1996
NM Nuovo Mondo / Nuevo Mundo, ed. de P. Tanganelli, Caserta, Saletta
dell’Uva, 2005
OCE Obras Completas, ed. de Manuel García Blanco y Rafael Pérez de la
Dehesa, Madrid, Escelicer, 1967-1971
STV Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, Madrid,
Alianza, 1991
VQS Vida de Don Quijote y Sancho, ed. de A. Navarro, Madrid, Cátedra,
1992


INTRODUCCIÓN

LAS MEDITACIONES EVANGÉLICAS


O EL ESLABÓN PERDIDO*

A Fernando R. de la Flor y a Felipe Núñez,


que aún se atreven a meditar

* Las Meditaciones terminadas y los borradores se citarán en las notas de esta introducción
con la sigla seguida por el número del fragmento correspondiente. En esta introducción he utili-
zado mis precedentes estudios sobre las Meditaciones Evangélicas: cfr. P. Tanganelli, “Miguel de
Unamuno: Una revisione della crisi del ’97 alla luce di alcune Meditaciones Evangélicas inedite”,
Annali della Facoltà di Lettere e Filosofía – Università di Siena, Vol. XIX, Florencia, Cadmo, 1998,
pp. 13-53; Hermenéutica de la crisis en la obra de Unamuno entre finales del XIX y comienzos del XX:
La ‘crisis del 97’ como posible exemplum de la crisis finisecular, Salamanca, Universidad de Salamanca,
2001, pp. 387-416; Unamuno fin de siglo. La escritura de la crisis, Pisa, ETS, pp. 161-189; “Ancora
sul progetto delle Meditaciones Evangélicas di Unamuno: il rinvenimento di nuovi abbozzi”, Il
Confronto Letterario, XVII, 33, maggio 2000, pp. 167-191. Además he refundido parcialmente la
conferencia “Del erostratismo al amor de Dios: en torno al avantexto de Del sentimiento trágico de
la vida” que impartí en las Jornadas Unamunianas de 2003 (Miguel de Unamuno – Estudios sobre su
obra. II, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2005, pp. 175-194). Mi reconstrucción del avan-
texto de Del sentimiento trágico de la vida no tiene por tanto ninguna deuda con la que ha esboza-
do sucesivamente Nelson Orringer (“«Concebirnos como no existentes». El problema de editar al
filósofo Unamuno”, Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, 38, 2003 [publicado en noviem-
bre de 2004], pp. 47-61 y su “Introducción”, en M. de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida
en los hombres y en los pueblos y Tratado del Amor de Dios, Madrid, Tecnos, 2005, pp. 13-72). Desde
luego tampoco Orringer, que asistió en su día a mi conferencia plenaria, tiene ninguna deuda con
mi investigación, puesto que nunca lo hace constar en sus escritos.


PAOLO TANGANELLI

1. EL PROYECTO DE LAS MEDITACIONES EVANGÉLICAS

El intento principal de estas páginas es exhumar un libro fantasmal: las


Meditaciones Evangélicas, una curiosa colección de ensayos a medio camino
entre glosas neotestamentarias y confesiones autobiográficas1, que Unamu-
no proyectó –y parcialmente redactó– a finales del XIX. Sería erróneo, sin
embargo, colocar esta operación de rescate en un horizonte meramente
arqueológico, porque las Meditaciones Evangélicas (1897-1899), lejos de cons-
tituir simplemente un callejón sin salida, es decir, un conjunto de borra-
dores desechados y olvidados, representan uno de los principales eslabones
que conectan el Diario íntimo (o sea la crónica de la crisis espiritual una-
muniana de 1897) a Del sentimiento trágico de la vida (1912-1913).
Las Meditaciones Evangélicas tienen, por lo tanto, un doble valor. De un
lado, en virtud de los estrechos vínculos intratextuales con el Diario íntimo,
se perfilan como un testimonio de valor inestimable del lento proceso de
maduración ideológica del autor vasco en una etapa crucial de su biografía.
De otro, la reconstrucción de este proyecto representa el primer paso nece-
sario para delimitar el complejo avantexto de Del sentimiento trágico y estu-
diar las diferentes fases de redacción de uno de los textos fundamentales de
la filosofía hispánica del siglo pasado.

1.1. Las dos caras de la crisis del 97

Tal vez sea oportuno empezar por rememorar la crisis de 1897 o, más
exactamente, por la exégesis de esta vivencia que, según suelen afirmar algu-
nos críticos entre los que no me cuento, encerraría la clave del pensamiento
y del mundo poético unamunianos. Como ya he recordado en otras ocasio-
nes, las interpretaciones de la crisis de 1897 que proponían hace medio siglo
Sánchez Barbudo y Zubizarreta pecan de un mismo error de parcialidad, ya
que privilegian a turno uno de los dos polos que definen el espacio temáti-
co de la obra juvenil unamuniana: o se veía tan sólo la trágica cognición de
la nada, o se valoraba únicamente el esfuerzo de reconstrucción mitológica

1
Unamuno confesó a Jiménez Ilundain en una carta fechada el 16-VIII-1899: “En los tra-
bajos algo extensos, que guardo inéditos en su mayoría, en mis Meditaciones (el Nicodemo ante
todo), es donde he puesto más de mi alma”, EpA, p. 69.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

de una nueva identidad conforme, en general, al modelo cristológico. No se


reparaba sobre el hecho de que, de un lado, la parálisis racional ante la pers-
pectiva de aniquilamiento y, de otro, la esperanza de poder vislumbrar una
renovada acción inventiva en la recuperación y actualización del mythos evan-
gélico, eran necesariamente las dos caras de una misma moneda2.
La crisis relatada en el Diario íntimo podría entenderse mejor haciendo
referencia a dos tiempos o, más correctamente, a dos formas diferentes, casi
antitéticas, de manifestación. La crisis es presentada in nuce como una cog-
nición de la nada, traducción o declinación individual del impasse del racio-
nalismo moderno. Pero en seguida esa mirada nihilista se ve suplantada por
el intento de rescatar un itinerario de conversión tradicional (actitud, ésta,
que podría ser fácilmente tildada de nihilismo pasivo: a la Jacobi, por así
decir). El narrador del Diario íntimo se substrae al estancamiento racional o
contemplativo simplemente sustituyendo el logos con el mythos, o mejor
dicho, descubriendo que cualquier lógica tiene que fundamentarse sobre el
entramado metafórico de un discurso originario (en este caso, nada menos
que el relato evangélico).
Sin embargo, la esperanza de conversión, que nace de y con la crisis
contemplativa, produce un nuevo estancamiento no menos peligroso, que
no sería descabellado definir poiético. Este segundo momento crítico, igual-
mente documentado por el Diario íntimo, deriva del reconocimiento de que
la acción mimética (imitación o recuperación del mythos cristológico) es, en
cualquier caso, insuficiente para ocultar definitivamente la amenaza de ani-
quilación3. En el Diario íntimo el autor vasco instituye una relación precisa

2
“En general, se puede afirmar que la ‘mitopoiesis’ se actúa en la conciencia del límite,
es decir, en la experiencia de la precariedad de la existencia, condenada a un tiempo de fragmen-
tación y extravío y horadado por la oquedad de la muerte; en la experiencia del sinsentido, del
absurdo y el fracaso que parecen anunciar la ruina definitiva de todo sentido y valor, y en la expe-
riencia de la caducidad universal.”, P. Cerezo Galán, “El horizonte mito/lógico”, en VV. AA.,
Filosofía y literatura en el mundo hispánico - Actas del IX seminario de historia de la filosofía española e
iberoamericana, ed. de A. Heredia Soriano y R. Albares Albares, Salamanca, Universidad de
Salamanca, 1997, p. 66.
3
Sánchez Barbudo describe la ‘poiesis’ en Unamuno después de la crisis contemplativa de
esta forma: “A partir de su crisis su obra definitivamente cambiará de signo y lo que Unamuno
hará, más bien, será levantar guerra sobre la paz, ‘fragor y estruendo’ para ocultar el rumor de ‘las
aguas eternas, las de debajo de todo’, porque ‘la paz es terrible.’ ”, A. Sánchez Barbudo, Estudios
sobre Galdós, Unamuno y Machado, Barcelona, Lumen, 1981, p. 95.


PAOLO TANGANELLI

entre su incapacidad de suprimir del todo la mediación racional y el hecho


de que no consiga creer que sus acciones, empezando por sus rezos, tengan
indudablemente valor: en estos momentos (o mejor dicho, en estas anota-
ciones diarísticas) el narrador y personaje Unamuno, ese peculiar narrador
homo- e intradiegético, se ve a sí mismo como a un pobre comediante4.
La fase contemplativa sería la de la angustia y de la incipiente espe-
ranza de conversión (según el anecdotario unamuniano, a la terrible noche
de marzo de1897 sigue el retiro en el convento de San Esteban)5; mientras
que la etapa poiética de la crisis resultaría marcada por las reiteradas acusa-
ciones de teatralidad que dirige contra sí mismo el penitente del Diario.
Se podría suponer, tal vez inducidos por cierta afición a las construc-
ciones geométricas, que este segundo segmento de la crisis, donde se
denuncia la impostura, debería terminar con una recaída en la angustia ini-
cial. En realidad, esta conclusión se convierte en un mero desideratum a los
ojos del narrador del Diario, el cual confiesa que se siente “sumido en una
gran sequedad”6 y que quisiera volver al instante en que había empezado
su tormento.
No es complicado entender por qué la voz diarística, de repente, con-
fiesa la necesidad de volver a experimentar aquella misma congoja que, un
momento antes, había intentado eludir por todos los medios. Podría ser
suficiente barajar una respuesta pseudo-heideggeriana: toda existencia está

4
“Tengo que humillarme aún más, rezar y rezar sin descanso, hasta arrancar de nuevo a
Dios mi fe o abotargarme y perder conciencia. O imbécil o creyente.”, D, p. 126. Este aut aut es,
naturalmente, de abolengo pascaliano: “¿Y qué sino la incertidumbre, la duda, la voz de la razón,
era el abismo, el gouffre terrible ante el que temblaba Pascal? Y ello fue lo que le llevó a formular
su terrible sentencia: il faut s’abêtir, ¡hay que entontecerse!”, STV, VI, p. 125. Sobre el temor una-
muniano de estar recitando una comedia, cfr. P. Tanganelli, Unamuno fin de siglo..., cit., pp. 136-
142.
5
El padre González Caminero se muestra escéptico acerca de este retiro espiritual: “creí
necesario preguntar a los más antiguos supervivientes del convento de San Esteban sobre el
supuesto retiro espiritual que después de la crisis hizo Unamuno en ese mismo convento domi-
nicano. Me dijeron los padres consultados que ciertamente por entonces frecuentaba mucho su
iglesia D. Miguel. No creían, sin embargo, que hiciera ese retiro, y menos que confesase y comul-
gase. A la misma iglesia dejó pronto de ir porque, según me dijeron, algunos amigos le escribie-
ron en tono de burla.”, N. González Caminero, Unamuno y Ortega - Estudios, Madrid, Comillas,
1987, p. 94.
6
D, p. 60.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

llamada a emerger, aunque sólo de vez en cuando, del estado de originaria


inautenticidad en el que se encuentra arrojada, y para lograrlo tiene forzo-
samente que desenmascarar la tragedia de su finitud, de su ser para la
muerte. Pero así quizás se correría el riesgo de eclipsar el descubrimiento
unamuniano del talante inventivo de la angustia (y del pathos en general).
Es justamente la congoja lo que impulsa constantemente a ‘soñar’, dentro
del horizonte mitológico tradicional e intrahistórico, una salvación posible
o, cuando menos, decible. La trágica fabulación unamuniana de la conver-
sión sabe de su incapacidad de sustentarse autónomamente y comprende
que está destinada a volver una y otra vez a su origen ‘patémico’ para jus-
tificarse ante una multitud de acusaciones y sospechas.
Este es el camino paradójico que elige el personaje-Unamuno (y tam-
bién otras criaturas unamunianas, como Eugenio Rodero en Nuevo Mundo o
Ángel en La Esfinge): para salir de la crisis se resigna a morar en ella. Para
que la herida se cierre empieza a abrirla reiteradamente y con un continuo
movimiento pendular: del estancamiento contemplativo al poiético, del
impasse poiético al contemplativo, en una huida interminable y desgarra-
dora que, al cabo de unos cuantos años de reflexión y sedimentación, reci-
biría otro nombre: el sentimiento trágico de la vida.

1.2. La genealogía de las Meditaciones

1.2.1. Manuscritos conservados


Entre 1897 y 1899 Unamuno traza el plan de varias Meditaciones Evan-
gélicas, aunque al final redacta tan sólo tres: El mal del siglo, Jesús y la sama-
ritana y Nicodemo el fariseo7. De éstas llega a publicarse únicamente la últi-
ma nombrada en la madrileña Revista nueva (25-XI-1899).
El epistolario nos permite reconstruir las distintas etapas de este
proyecto literario que refleja el primer intento de transformar la crisis
finisecular en una suerte de morada vital. El primer texto que Unamuno

7
Laureano Robles ha publicado recientemente El mal del siglo y Jesús y la samaritana: “El
mal del siglo (texto inédito de Unamuno)”, Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, 34, 1999
[septiembre de 2002], pp. 99-131 y “El texto inédito de Unamuno: «Jesús y la Samaritana»”, La
Ciudad de Dios, CCXIV, 2001, pp. 579-612.


PAOLO TANGANELLI

escribe, cuando todavía no parece habérsele ocurrido configurar una serie de


ensayos eslabonados a guisa de sermonario, es El mal del siglo (carta a Juan
Arzadun del 30-X-1897)8. Pero después de poco más de tres semanas (car-
ta a Leopoldo Gutiérrez Abascal del 23-XI-1897)9 empieza ya a delinearse
la idea de dar vida a unas Meditaciones Evangélicas, puesto que el maestro
vasco en este caso revela haber terminado Jesús y la Samaritana y tener en
taller La conversión de San Dionisio (que ya había mencionado en la prece-
dente carta a Arzadun), además de Gamaliel, meditación que luego no vuel-
ve a nombrar más.
Supongo que sea de poco posterior el esquema de unas Narraciones evan-
gélicas contenido en una hoja autógrafa conservada en la Casa-Museo Una-
muno con el manuscrito de El mal del siglo, en el que se enumeran seis com-
posiciones: El mal del siglo, Jesús y la samaritana, Nicodemo el fariseo, El
reinado social de Jesús, El eunuco de Candace - (Hechos VIII) y La conversión de
San Dionisio. Más tarde Unamuno se decantará por cambiar el título de esta
última meditación (San Pablo en el Areópago en vez de La conversión de San
Dionisio)10 y por sustituir El eunuco de Candace - (Hechos VIII) con La ora-
ción de Dimas (cartas a Jiménez Ilundain del 3-I-1898 y del 25-III-1898)11.
Al menos una primera versión del tríptico inicial de meditaciones (El
mal del siglo, Jesús y la samaritana y Nicodemo el fariseo) estaba concluida a
principios de enero de 1898 (carta a Jiménez Ilundain del 3-I-1898)12. Pero
luego Unamuno empieza a dedicarse a obras de índole diferente, como La
Esfinge o La venda, y el proyecto de las Meditaciones Evangélicas se estanca
para naufragar definitivamente después de la divulgación de Nicodemo el
fariseo. Por esta razón –creo– en el archivo salmantino se custodian los
manuscritos íntegros de El mal del siglo y Jesús y la samaritana (junto con
algunos borradores de estos textos y de Nicodemo el fariseo), mientras que

8
EpA, pp. 41-44.
9
J. Ignacio Tellechea Idígoras, “La crisis espiritual de Unamuno de 1897. Fragmento
inédito de una carta unamuniana a Leopoldo Gutiérrez Abascal”, Cuadernos de la Cátedra Miguel
de Unamuno, XXXII, 1997, pp. 379-396.
10
Cfr. A. Zubizarreta, “La inserción de Unamuno en el cristianismo: 1897”, Cuadernos
Hispanoamericanos, CVI, 1958, p. 26 y Sánchez Barbudo, Estudios..., cit., p. 93.
11
EpA, pp. 44-49.
12
“Los otros ensayos de mis Meditaciones son Jesús y la Samaritana y Nicodemo, concluidos
ya, y en telar San Pablo en el Areópago, y otro.”, EpA, p. 45.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

sólo en estado fragmentario se encuentran El reinado social de Jesucristo13, La


oración de Dimas y aquella meditación que Unamuno quiso titular en un pri-
mer momento La conversión de San Dionisio y luego San Pablo en el Areópa-
go14. Tampoco es muy significativo que, al cabo de unos años, Unamuno
rescatara parcialmente del olvido La oración de Dimas, porque el artículo en
el cual la transforma, publicado en 1903, parece tan sólo un mísero com-
pendio de la traza original15. Al fin y al cabo, un destino parecido les tocó
también a los borradores de El reinado social de Jesucristo16.

1.2.2. La escritura diarística como fuente


Sin duda Unamuno maduró la decisión de emprender la redacción de
las Meditaciones Evangélicas después de haber terminado el cuarto cuaderno
del Diario íntimo, dedicado principalmente a glosar algunos episodios del
Nuevo Testamento entre los que figuran la conversión del eunuco de Can-
dace17, la conversión de Nicodemo, el coloquio de Jesús con la Samarita-
na18 y la predicación de San Pablo en el Areópago (que, por supuesto, se
concluye con la conversión de San Dionisio)19. Como se puede observar, en

13
En su correspondencia con Jiménez Ilundain, Unamuno se refiere a esta meditación lla-
mándola El reinado social de Jesús, cfr. EpA, pp. 47-48. Contamos con dos ediciones de los borra-
dores de esta meditación: L. Robles, “Un texto inédito de Unamuno: El reinado social de Jesucristo”,
Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, 35, 2000, pp. 117-145; M. M.ª Urrutia, “Unamuno
en 1898: «El reinado social de Jesús» (En torno a un manuscrito inédito)”, Cuadernos de la Cátedra
Miguel de Unamuno, 36, 2001, pp. 95-126. La introducción de Urrutia, no obstante la brevedad,
es imprescindible para una contextualización ideológica de estos borradores.
14
Ya he publicado los borradores de La oración de Dimas, San Pablo en el Areópago y La con-
versión de San Dionisio: cfr. P. Tanganelli, “Ancora sul progetto delle Meditaciones Evangélicas di
Unamuno: il rinvenimento di nuovi abbozzi”, Il Confronto Letterario, XVII, 33, maggio 2000,
pp. 167-191.
15
M. de Unamuno, El Buen Ladrón, «El Globo», 9-IV-1903 (Obras Completas, Madrid,
Escelicer, 1967-1971, T. IX, pp. 862-864; da ora in poi: EBL).
16
Me refiero al artículo “Mateo, XXIII, 5 – Juan, XI, 47 y 48 – Nicodemo” que apareció en
la revista Juventud el 27-III-1902. En la segunda sección del artículo (“Juan, 47 y 48”) se retoman
algunas ideas de esta meditación in fieri (así como en la tercera sección se retoman algunos pasos de
Nicodemo el fariseo). Huelga recordar, además, que Unamuno había publicado ya un artículo titulado
El reinado social de Jesucristo en noviembre de 1896 en La lucha de clases (OCE, IX, pp. 658-659):
artículo socialista que debió representar el embrión de la homónima meditación evangélica.
17
D, pp. 170-171.
18
D, pp. 190-195. A la Samaritana se refiere también sucesivamente en D, p. 198.
19
D, pp. 195-197.


PAOLO TANGANELLI

el Diario íntimo faltan tan sólo alusiones a La oración de Dimas para com-
pletar la serie, puesto que hasta en la única meditación no estructurada
como una acotación a un episodio evangélico (El mal del siglo), Unamuno
insertó, con pocas y marginales correcciones, los comentarios recogidos en
el Diario íntimo a propósito de la predicación pauliniana en el Areópago ate-
niense (comentarios que más tarde amplificaría y trasladaría al tercer capí-
tulo de Del sentimiento trágico de la vida).
No es este un caso aislado: como ya he dicho, varios fragmentos del
Diario coinciden literalmente con las Meditaciones supérstites y numerosos
pasos de las Meditaciones reaparecen y se desarrollan luego en Del sentimien-
to trágico. Pero las Meditaciones no derivan del Diario sólo porque transcri-
ben o glosan algunos de sus párrafos, sino también porque aspiran a reali-
zar aquel proyecto literario, y antes aún existencial, que es acaso el hilo
conductor de esas confesiones diarísticas: “hacer de la pluma un arma de
combate por Cristo”20.
En una perspectiva gadameriana, el hecho de considerar un proyecto exis-
tencial como el revés de una empresa literaria no debería causar ninguna
maravilla, ya que siempre, al fin y al cabo, “[e]n la experiencia del arte vemos
en acción a una auténtica experiencia, que no deja inalterado a quien la
hace”21. La obra artística cumple su función sólo si modifica a su destinata-
rio, incluyendo en esta categoría al mismo creador, el archidestinatario de su
obra, puesto que la verdad de la creación siempre trasciende – al menos des-
de el punto de vista de Warheit und Methode – la intencionalidad del autor.
Una perspectiva de este tipo, en el caso concreto que estamos tratando,
abre el campo a una serie de preguntas de difícil solución, relativas tanto a
la manera en que un texto in fieri como las Meditaciones puede reflejar real
y claramente una transformación del pensamiento unamuniano, como al
presunto significado existencial, biográfico, atribuible al abandono de este
proyecto nada más editarse Nicodemo el fariseo. Desde luego, no intentaré dar
una respuesta a esta segunda cuestión, que se escapa de forma tan mani-
fiesta del dominio de la crítica textual (cada humilde exegeta tiene acceso
a unos cuantos textos y borradores, no a las vivencias intransferibles y pre-
téritas de don Miguel).

20
D, p. 58.
21
H.-G. Gadamer, Verdad y método, Sígueme, Salamanca, 1996, vol. I, p. 142.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

Pero un enfoque filo-gadameriano es acaso el más cercano a la ‘auto-


comprensión’ que muestra Unamuno en los escritos que, igual que estas
Meditaciones, presenta como confesiones de su crisis biográfica. Para el Una-
muno en crisis –disculpadme si me permito sintetizar y seguramente tri-
vializar su postura– se trataba de construir, en (y a través de) sus obras, un
válido proyecto existencial; o sea de formalizar, con los moldes y los resor-
tes del lenguaje literario, un plan vital que volviera finalmente aprehensi-
bles y aplicables sus íntimos anhelos de regeneración.
Recordemos la célebre fórmula existir es obrar que tantas veces salpica
la escritura unamuniana: imitando –comportándose como exige el paradig-
ma escogido– se puede existir como el modelo, se puede alcanzar su status
ontológico22. El narrador-penitente del Diario íntimo se esfuerza en poner en
práctica este principio y, al sentir que no lo consigue, denuncia la intolera-
ble distancia que separa la realidad del actor de la del personaje interpre-
tado, la identidad de quien imita con respecto al paradigma elegido: éstos
son los momentos en los que el narrador y personaje central del Diario ínti-
mo recela ser sólo un farsante.
Es muy significativo que la última confesión y la última acusación de
estar fingiendo que la voz monologante del Diario se dirige, acaso la más
contundente, se encuentre precisamente en la mitad de la tercera libreta23.
Sánchez Barbudo, cuando examinó por vez primera el Diario íntimo, no
podía disponer de este cuadernillo; sin embargo, colacionando el cuarto con
los primeros dos, se dio cuenta de una profunda diferencia: “El Cuaderno
IV tiene más citas que los otros y, en general, menos trozos de interés”24,
comentó. Desde luego, Sánchez Barbudo indicaba como partes interesantes
aquéllas donde Unamuno se amonestaba a evitar la comedia. Pero, tal vez,
aún más interesantes, si hubiera podido acceder a las Meditaciones inéditas,
habría juzgado las citas del cuarto cuaderno, y justamente por lo que en
ellas se silencia.

22
“Hay muchos que dicen que quieren creer, que quisieran creer... Sí? quieres creer? Pues
imita desde luego esa vida y llegarás a creer. Condúcete como si creyeras y acabarás creyendo.”,
D, pp. 133-134.
23
D, p. 142.
24
Sánchez Barbudo, Estudios..., cit., p. 134.


PAOLO TANGANELLI

La crisis inventiva o poiética se manifiesta sólo en los primeros tres cua-


dernos del Diario, mientras que el panorama muda de repente en el cuarto
y más tarde en las Meditaciones. Aquí Unamuno aparentemente ya no tiene
dudas: la conversión se perfila sólo como el positivo ideal hacia el que tie-
ne que inclinarse tanto él (paradigma laicizado de imitatio Christi) como su
circunstancia histórica (ideal de la sociedad-cenobio inspirado en la apoca-
tástasis pauliniana). Sin embargo, la primacía, en esta sección del texto dia-
rístico y en las Meditaciones, del escolio –o sea, de un discurso en tercera
persona– respecto a la confesión autobiográfica, tendría que hacernos enten-
der que la supresión del temor a estar haciendo una comedia se debe tan
sólo a un cambio externo de perspectiva y que no es fruto de una efectiva
superación del acuciante problema de la teatralidad existencial. Por este
motivo Nicodemo el fariseo y las otras Meditaciones deberían interpretarse
como algo muy distinto a la crónica de una conversión lograda.
Quizás Unamuno siga hablando de sí, pero lo hace a través del tupido
filtro de un discurso exhortatorio urbi et orbi. Traza, así, el camino ideal que
desea seguir, pero lo imagina encerrándose en un espacio fantasmagórico
que le permite callar las dificultades e inquietudes experimentadas, elu-
diendo lo que entonces más aborrecía: la exposición teatral a la que toda ex-
sistencia, justamente por ser una ‘estancia fuera’, a la intemperie histórica,
está sujeta25.
Me detendré ahora en las tres Meditaciones que se terminaron, prestan-
do más atención a las dos que Unamuno decidió no divulgar.

2. NICODEMO: DEL DUALISMO Y LA RENOVACIÓN

Nicodemo el fariseo es la única meditación finisecular que salió a la luz.


Unamuno la leyó en el Ateneo de Madrid el 13 de noviembre de 1899 y
apareció al cabo de doce días en Revista nueva. La circunstancia de la lectu-
ra pública, además de corroborar que las Meditaciones se concibieron como
una especie de homilías laicas, confirma el talante radicalmente proyectivo

25
“El término existencia, en el caso del hombre, hay que entenderlo en el sentido etimo-
lógico de ex-sistere, estar fuera, rebasar la realidad simplemente-presente en dirección de la posi-
bilidad.”, G. Vattimo, Introduzione a Heidegger, Laterza, Roma-Bari, 1996, p. 21.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

de este texto, que constituye la primera aparición ante un auditorio del


‘nuevo’ Unamuno salido de la crisis del 97, o sea la primera representación
pública de ese personaje que, a mi juicio, el maestro vasco empieza a con-
cebir y labrar por lo menos desde la redacción de Nuevo Mundo (1895-96).
También en Nicodemo el fariseo, como en muchos otros textos unamu-
nianos de este período, se sostiene que la dualidad es el principio gnoseo-
lógico fundamental para entender la naturaleza del esquizofrénico sujeto
moderno, irremediablemente escindido e incapaz de restaurar una comuni-
cación armónica entre interioridad y exterioridad, entre anhelos íntimos y
papel público.
“Hay que volver a la leche de la infancia”26, escribe el predicador Una-
muno, remitiendo al precepto evangélico para redactar un panegírico de la
sencillez infantil, antídoto del vacuo intelectualismo circunstante. Esta exi-
gencia prioritaria de regreso a la niñez Unamuno la reivindica a menudo
también en sus ficciones literarias: muchos de sus personajes, en efecto, bus-
can incesantemente en su pasado la luz de un antiguo sueño de santidad.
Por este motivo, en los párrafos introductivos de este ensayo-conferencia,
donde el maestro vasco describe la tremenda crisis que recientemente ha
atravesado, se lee: “Buscando en mí mi corazón de niño y yendo con él a
mamar la leche que nos hizo hombres, a oír la voz de nuestra niñez social,
la voz del Evangelio”27. En Nuevo Mundo ya se había instituido un parale-
lismo explícito entre la niñez del protagonista, Eugenio Rodero, y aquélla
metafórica del cristianismo28; pero aquí, en Nicodemo el fariseo, se amplifica
notablemente este símil, porque la niñez no ya de un solo individuo, sino
de cada hombre, es comparada con la infancia de la religión cristiana, aque-
lla edad áurea en que la pistis valía más que la gnosis, la “niñez social” de la
humanidad de donde ha salido el enfermizo sujeto moderno. Esta caracte-
rización fuertemente religiosa hace que la imagen del niño, “el justo que
nos justifica”, pueda identificarse de manera manifiesta, poco después, con
el hombre interior:

26
N, 44.
27
N, 46.
28
“En las profundidades infantiles de su espíritu que rebosaban a su conciencia parecían
repercutir entonces los ecos purísimos de la infancia del cristianismo.”, NM, p. 90 (fragmento
206).


PAOLO TANGANELLI

Porque no en vano fuimos niños, siendo el niño que llevamos


todos dentro el justo que nos justifica. Pero son príncipes de los judíos,
tienen una historia y un prestigio, y el hombre íntimo, que al fin en
ellos se despierta, no tiene fuerzas bastantes para sacudirse del exte-
rior, del que los demás les han hecho.29

El hombre íntimo despierta en todos, hasta en los príncipes fariseos


–los intelectuales del tiempo, glosa Unamuno– y emprende su lucha habi-
tual con su poderoso alter ego: el papel público. De aquí deriva el deseo de
renacer, de ser un hombre nuevo y de habitar en un nuevo mundo, no obs-
tante las muchas dificultades que, con extrema lucidez, el fariseo descubre
y clasifica. Dos, básicamente, son los obstáculos que el Nicodemo unamu-
niano ve en este renacimiento que, desde luego, debería suponer una efec-
tiva metamorfosis, un auténtico hiato biográfico. El primero, es que cada
cual es un producto de su historia, de su pasado personal, y por lo tanto no
puede ser de otra forma que como es. El segundo, es que la fe no es un acto
voluntario, al depender de la gracia divina: no basta, entonces, querer rena-
cer. Luego Unamuno presenta una especie de sinopsis de estos argumentos
bajo forma de silogismo: si renacer significa ser otro y ser otro es no ser
uno mismo, ¿cómo puede querer alguien no ser uno mismo?
Este razonamiento adquiere aún más sentido si se coteja con la inter-
pretación del conatus spinoziano que el maestro vasco nos brinda en Del sen-
timiento trágico: cada cosa es el esfuerzo que pone en seguir siendo lo que es.
La peculiar exégesis unamuniana de las proposiciones de la Ética spinozia-
na traza un puente entre esencia y voluntad: el conatus se convierte así en
la voluntad (subjetiva) de permanencia.
El problema de la gracia, o sea, de la intervención divina, podría ser
superado en virtud de este reconocimiento del fundamento ontológico en la
voluntad (de cada ser). Pero queda en pie el problema del pasado personal
que necesariamente nos constituye, el acuciante problema de la sustancia de
la memoria. La solución del dilema se confía de nuevo al principio de la
dualidad. El hombre no es sólo el producto histórico de sus acciones y de
su entorno: existe –sostiene don Miguel– también un hombre intrahistóri-
co, ‘eterno’, que coincide naturalmente con el niño, ya que el niño todavía

29
N, 66-67.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

es un ser sin historia (o, de todas formas, con menos historia que el adulto).
De este modo Unamuno niega que se verifique un cambio neto, injustifi-
cado respecto al pasado del que se procede, para afirmar que, en realidad,
lo que acontece es únicamente una recuperación del fondo íntimo e intra-
histórico. El renacimiento es posible cada vez que nos ponemos a la escu-
cha de la interioridad. Sólo hay una ruptura respecto a la continuidad del
pasado histórico, pero este hiato sirve justamente para manifestar un pasa-
do más antiguo, originario y por eso mítico, el de la intrahistoria:

...has de buscar la eternidad viva sustentando el movimiento


actual, en las entrañas mismas del presente, cual sustancia de éste,
como raíz de la permanencia de lo fugitivo, en Dios para quien ayer
y mañana son siempre hoy.30

La tradición eterna constituye el fondo no sólo de la historia de cada


pueblo, sino de cualquier individuo. Por eso en el tiempo no es posible
regenerarse, mientras que en la eternidad (o sea, en la intrahistoria) sí lo es.
El tiempo es la historia del yo agónico que ex-siste, que vive arrojado en el
mundo y expuesto a su teatralización; la eternidad, en cambio, se identifi-
ca con la misma sustancia del yo íntimo y contemplativo que, propiamen-
te, in-siste: “Tú mismo, tú que naciste una sola vez y para siempre, como
una sola vez y para siempre morirás, ¿eres en tu eternidad irreparable? ¿No
puedes en ésta nacer de nuevo?”31 La respuesta es tajante: renacer es volver
al hombre íntimo: “hay que nacer del núcleo eterno”32. Obviamente, es
apodíctico que este renacer sólo puede ser espiritual, sin embargo el maes-
tro vasco siente la necesidad de especificarlo ante el proteico auditorio del
Ateneo madrileño: “Es, Nicodemo, que sólo miras a tu hombre carnal y no
al espiritual; es que sólo miras al que fluye en las apariencias temporales y
no al que permanece en las realidades eternas…”33

30
N, 91.
31
N, 102-103. La eternidad es el tiempo estático y circular del mythos y del símbolo: “Tu
vida es ante tu propia conciencia la revelación continua, en el tiempo, de tu eternidad, el desa-
rrollo de tu símbolo; vas descubriéndote conforme obras.”, “¡Adentro!”, OCE, I, p. 948. La reve-
lación de la eternidad sería, entonces, el desarrollo (histórico) del propio símbolo.
32
N, 143.
33
N, 117.


PAOLO TANGANELLI

Esta insistencia en los dualismos exterior/interior e histórico/eterno


revela naturalmente un desesperado intento de recuperar, en la edad del
nihilismo, una visión metafísica tradicional que permita enmascarar la
caducidad, la teatralidad y la radical historicidad del ser. El rescate de esta
anquilosada cosmovisión constituye acaso el primer desideratum del Unamu-
no en crisis.
Por este motivo, en la escritura unamuniana de entresiglos, las metáfo-
ras relacionadas con el concepto de segregación son utilizadas a menudo para
describir la naturaleza del sujeto exterior, generalmente representado tan sólo
como la jaula social e histórica del núcleo íntimo e intrahistórico. Pero la
costra del fariseo Nicodemo, como decía, se matiza de manera aún más exac-
ta: es también la costra del intelectualismo y de la puntillosa ratio34.
Esta novedad vuelve evidente el planteamiento autobiográfico de la
meditación: Nicodemo/Unamuno va a ver a Cristo porque es un intelectual
decepcionado por el racionalismo finisecular (krausismo, positivismo, neo-
tomismo, etc.), que decide acudir al mythos evangélico para aprender a ser
de otra forma, o mejor, para aprender otra forma de ser. La exterioridad his-
tórica es la terrible máscara del intelectual que enclaustra y sofoca al homus
novus unamuniano: “Sé lo que es el intelectualismo; lo he padecido y hoy
mismo, que contra su costra de hielo golpeo, lo padezco tal vez más de lo
debido.”35
Pero huelga añadir que Unamuno se identifica con esta figura evangé-
lica no sólo porque la interpreta como un emblema del impasse de la
moderna intelectualidad, sino también porque la visita del fariseo al Mesías
fue nocturna: en efecto, para él también su crisis –aquella famosa noche
de marzo del año 1897– había sido una suerte de encuentro nocturno,
secreto, con el Redentor36. Así Nicodemo, en el plano de la fabulación

34
Sólo al final de la conferencia, para que todo el auditorio pueda sacar provecho de la pre-
dicación unamuniana, la costra se asimila a las ocupaciones inherentes al papel público de cada
cual (una especie de divertissement pascaliano): “...volvió cada cual a sus negocios, a sus preocupa-
ciones, a sus domésticos cuidados, a recogerse en la dura costra de sus inquietudes terrenas, y se
separaron para ir cada uno a su casa, en vez de unirse para ir todos juntos a la casa común, a la del
Señor.”, N, 286.
35
N, 41.
36
Así Nicodemo se convierte en un símbolo, en el arquetipo del intelectual que reniega
de la ratio para entregarse al mythos originario; por este motivo se le compara con San Pablo, otro


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

autobiográfica unamuniana, se convierte en el primer peldaño hacia la recu-


peración de aquel paradigma laicizado de santidad que tan a menudo invo-
ca en su producción finisecular.
Y por esta misma razón, como ya sucedía en Nuevo Mundo37, en Nico-
demo el fariseo se vuelve a contraponer a la inteligencia obnubilada del suje-
to exterior la pasión mística de la más recóndita interioridad. Únicamente
los santos – esta es, en definitiva, la moraleja de la meditación – lograrán
romper la costra externa (propia y ajena) y regenerarse de verdad:

Aun a través de la dura costra mundana que nos ahoga, el calor de


nuestro espíritu busca el calor divino, y es a las veces, en las almas
de los santos, tan intensa y viva el ansia, que se resquebraja la cos-
tra y el contenido de sus almas se vierte en sangría de caridad abra-
sadora, yendo a calentar su calor en el divino fuego.38

3. JESÚS Y LA SAMARITANA O LA CONFESIÓN MITOLÓGICA

La fecha que aparece detrás de la última cuartilla del manuscrito de


Jesús y la Samaritana (“lunes 13 nov 1899”) posiblemente no indique el día
en el que Unamuno terminó esta meditación. En una carta del 3 de enero
de 1898, dirigida a Jiménez Ilundain, el autor vasco afirma: “Los otros

fariseo convertido: “Un fariseo, un intelectual seducido por la cultura helénica, fue aquel judío
Saulo que empezó persiguiendo a los sencillos y que luego de despierto su corazón enseñó la buena
nueva a los gentiles.”, N, 37. La exaltación de un paradigma más o menos laicizado de santidad
en Nicodemo se desprende también de las alusiones unamunianas a su misión providencial, como
sucede en el fragmento en el que afirma experimentar “una confianza firme en que al obrar con
pureza y sencillez de intención, servimos a un designio supremo, sea el que fuere…”, N, 21.
37
“Y en los purísimos, en los verdaderos santos, en los héroes, no hay capa ni membrana
alguna, el mundo y el alma se compenetran y continúan.”, NM, p. 126 (fragmento 413).
38
N, 137. También se debería subrayar la alusión al ‘otro’ mundo que se abre ante los ojos
de quienes consiguen romper las costras que les aprisionan. Por supuesto, huelga ver también en
esto una velada referencia al Nuevo Mundo espiritual que Eugenio Rodero descubre por debajo
de la cáscara del dogma: “los que de entre ellos se hunden en otro mundo, y rompiendo la costra de
la letra descienden al espíritu, quebrantando el dogma van a la fe pura, a éstos sí que puedo pre-
guntarle cómo se hace aquello. Y a este mismo Jesús con quien hablo a solas en su Evangelio...”,
N, 182-183.


PAOLO TANGANELLI

ensayos de mis Meditaciones son Jesús y la Samaritana y Nicodemo, concluidos


ya, y en telar San Pablo en el Areópago, y otro.”39 Y en la sucesiva carta del
25 de marzo de 1898 al mismo corresponsal, declara: “ando en tratos para
publicar la primera serie de mis Meditaciones, compuesta por las que usted
ha leído: El mal del siglo, Jesús y la samaritana y Nicodemo.”40 Por supuesto,
es posible que el escritor aportara substanciales modificaciones a estas medi-
taciones después. Pero, visto que la fecha en cuestión es justo la de la lec-
tura pública de Nicodemo el fariseo, no resulta inverosímil que hubiera sim-
plemente apuntado en aquella hoja el día fijado para la conferencia, como
tampoco se puede descartar que, en un primer momento, pensara leer Jesús
y la Samaritana junto a Nicodemo el fariseo o en su lugar. Lo que, en cam-
bio, no parece cuestionable, es el estrecho vínculo que une estas dos medi-
taciones, vínculo que el Diario íntimo corrobora, visto que en una misma
anotación Unamuno trata tanto de la Samaritana como del fariseo conver-
tido. Obviamente, sería ocioso preguntarse si el paralelismo instituido
depende sólo del hecho de que ambos episodios pertenecen al mismo evan-
gelio: es evidente que el origen común sugería el cotejo, pero a Unamuno
sólo le interesaba representar, a través de estas figuras arquetípicas, frag-
mentos de su experiencia, retratos idealizados de la crisis que había atrave-
sado.
Las Meditaciones, en efecto, no tenían que ser unas glosas teológicas,
sino unas confesiones filtradas mitológicamente. Unamuno se confesaba
enfatizando toda posible conexión analógica entre los Evangelios y su pro-
pia biografía en un intento, se podría decir, de osmosis semántica entre los
dos relatos. En el caso de Nicodemo, como ya he señalado, es patente la efí-
mera coincidencia de la que se sirve para descubrir huellas de sus vicisitu-
des íntimas en la historia del fariseo convertido: su crisis fue nocturna y
Nicodemo va justamente de noche, para que nadie le vea, a conversar con
Jesús41. Nicodemo representa la lenta incubación de la crisis, presagio del
esperado hombre nuevo42. No menos deleznable es el puente metafórico en

39
EpA, p. 45.
40
EpA, p. 47.
41
“En nuestra época de íntimo desasosiego y despertar del sentido religioso como
Nicodemo el fariseo vamos a Jesús de noche, a ocultas, cuando nadie nos ve...”, D, p. 190.
42
“¡Nacer otra vez! Hacerse un nuevo hombre, regenerándose en la penitencia, volviéndo-
se niño y sencillo.”, D, p. 191.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

Jesús y la Samaritana: como la Samaritana, antes de conocer a Jesús, había


sido de muchos hombres sin ser en realidad de ninguno (no tenía marido),
así Unamuno, antes de la crisis, había seguido diversas doctrinas seducto-
ras, las más à la page, sin haber logrado hacerlas de veras suyas, transfor-
mándolas en el fundamento espiritual de su vida:

Mas antes –nos decimos– tenemos que hacer examen de conciencia,


tenemos que recoger nuestra doctrina, nuestro ideal, nuestra filosofía
y traerla a examen; tenemos que ir a buscar nuestros afectos, nues-
tros ídolos, los genios ante quienes nos hemos rendido, las enseñan-
zas que sustentaban nuestra mente. Mas ¿es que tenemos realmente
una doctrina nuestra? ¿poseemos una verdadera convicción sentida y
querida, una doctrina propia, realmente propia, una doctrina carne
de nuestra carne espiritual y hueso de los huesos de nuestra alma, un
ideal que encarne en nuestra vida?43

La meditación luego se detiene en la descripción (en el recuerdo) de la


vana peregrinación a través de “los desiertos del intelectualismo y los yer-
mos del racionalismo”44. No es complicado averiguar quién es el auténtico
sujeto de estas andanzas. A propósito de este epígono descontento del racio-
nalismo postcartesiano, Unamuno afirma que ninguna doctrina “encarnaba
en las honduras de su alma, ninguna lograba tocar el santo tesoro de su
niñez”, y significativamente añade: “si es que ésta fue pura y cristiana”45.
Esta aclaración demuestra que el discurso, aunque se formule en términos
generales y abstractos, sigue haciendo referencia ante todo a la historia ínti-
ma –la fábula, por supuesto, no la vida– unamuniana: el secuaz arrepenti-
do del racionalismo es, antes que nadie, el mismo escritor bilbaíno, o mejor,
el personaje Unamuno.

43
JyS, 58-60. “Y entonces nos pide que vayamos a buscar nuestros afectos, nuestros ído-
los, los genios ante quienes nos hemos rendido, las doctrinas a que vivíamos adheridos, como dijo
a la samaritana que fuese a llamar a su marido. ‘Respondió la mujer y dijo: no tengo marido’ Así
tenemos que decirle, ‘no tenemos ídolo, ni dueño’. Y como a ella nos dice Jesús que hemos teni-
do varios, que hemos andado de uno en otro, de un amo en amo, de una doctrina en otra, entre-
gándonos ya a esta, ya a aquella y sin habernos desposado con ninguna...”, D, p. 194.
44
JyS, 64.
45
JyS, 65.


PAOLO TANGANELLI

La primera característica de la confesión mitológica es, por lo tanto, su


ambivalencia, es decir, esta extraña capacidad mimética de referirse, al mis-
mo tiempo, a un sujeto ejemplar y a uno bien concreto y definido. Por esta
razón, incluso el sujeto gramatical deja de ser el ‘yo’ del Diario íntimo, para
convertirse en una primera persona plural, que lo incluye, o en la aún más
evanescente “alma de cualquiera de nosotros” 46.
Desde luego, la confesión mitológica no parece una confesión, ya que
explícitamente Unamuno no dice nada acerca de su persona. Entonces,
cabría preguntarse qué sentido puede tener una confesión de este género,
anónima y abstracta. Tal vez, caer en una contradicción de este tipo, sea lo
mínimo que le puede pasar a quien elija las Sagradas Escrituras como guión
para escribir la novela de su vida, o sea, su autobiografía. Sin embargo, si
se consideran las cosas desde una perspectiva más general, y –como es
obvio– rigurosamente laica, es forzoso al menos reconocer que es inevitable,
si existir es narrarse (Cómo se hace una novela), que Unamuno se encontrara
balanceándose como un acróbata sobre el tenue hilo que une y separa el
modo en el que cada uno puede contarse sus recuerdos y la manera en la
que el pueblo (laós) perpetúa sus mitos, los recuerdos de todos y de ningu-
no. El mythos intersubjetivo es lo que determina, desde los cimientos, toda
posibilidad de auto-narración.
Para dilucidar cómo actúa la confesión mitológica unamuniana se pue-
den tomar en examen estos dos fragmentos de la segunda página del
manuscrito:
El alma de cualquiera de nosotros, samaritanos espirituales, va
un día como los demás a sacar agua del pozo tradicional, del tesoro
de la ciencia y del consuelo puramente humanos: del estudio.47
Y este día, al acercarnos al pozo a la hora de sexta, esto es, al
mediodía, en la mitad del ardor y de los afanes de nuestra vida, nos
encontramos sentado al borde de él al dulce Jesús el galileo...48

46
JyS, 6.
47
JyS, 6. “¡Qué hermosa la fe de la samaritana! Como ella nuestra alma va a sacar al pozo
tradicional, al tesoro de la ciencia y del consuelo humanos, al estudio.”, D, p. 192.
48
JyS, 7. “Y un día nos encontramos al borde del pozo al dulce Jesús, reposando cansado
del camino, a la hora de sexta (Juan IV, 6) al mediodía, en la mitad de los afanes de nuestra vida.”,
D, p. 192.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

En el primer párrafo la referencia al estudio representa, sin duda tam-


bién, una alusión a las ciclópeas lecturas de juventud del escritor49. Mien-
tras que el sintagma “pozo tradicional” es también, con toda probabilidad,
un reflejo de la idea de tradición eterna de En torno al casticismo. Unamuno
evoca así su propia perseverante obra de sondeo de la intrahistoria españo-
la, realizada principalmente mediante la recuperación y la reinterpretación
del legado literario clásico50. Este fragmento quiere configurar, entonces, un
sucinto boceto de su vida anterior al episodio de la crisis. Por este motivo,
el segundo párrafo es también una alusión a la crisis del 97. En el momen-
to de la desesperación (“en la mitad del ardor y de los afanes de nuestra
vida”) tiene lugar el encuentro con Cristo: empieza aquel intento de con-
versión, de proyección mitológica, que le llevaría poco después hacia un
nuevo estancamiento, inventivo o poiético (que, en cambio, casi no tiene eco
en esta confesión).
Al principio, Unamuno buscó el alma de su pueblo en el fondo litera-
rio del pozo de la tradición eterna. Pronto, sin embargo, se dio cuenta de
que esta tradición viva, auténticamente presente en la vida cotidiana, tenía
que descubrirse ante todo en el mythos evangélico. A su entender, el cris-
tianismo laico (laikós, popular) representaba en España el más manifiesto
legado cultural y el más sólido vínculo social51. En un primer momento
esta reducción se opera sólo desde una perspectiva analítica racionalista:

¿quién no tropieza alguna vez con esa aparición tradicional, que cual
eterna esfinge solicita su atención y su estudio? [...] ¿Cómo es que
tantos pueblos, durante tantos siglos, han adorado y siguen adoran-
do cual a Dios a ese galileo ajusticiado? El problema religioso es lo

49
“Mi vida tiene poco que contar [...]. Una adolescencia de continua remisa mental, de
meditaciones inacabables, de enorme lectura (ahora leo poco) y también de tristezas y melanco-
lías.”, Carta de Unamuno a S. Valentí Camps del 8-IV-1900, apud J. Tarín Iglesias, Unamuno y sus
amigos catalanes (Historia de una amistad), Peñíscola, Barcelona, 1966, p. 113.
50
Cfr. las observaciones de Unamuno sobre el teatro popular de Lope y Calderón en “La
regeneración del teatro español”, OCE, I, pp. 890-910.
51
Por este motivo Unamuno ve en Cristo la recapitulación de la cultura humana, su quin-
taesencia: “Su nombre llena las bocas de los buenos e hinche los siglos mientras los brazos de su
cruz dan sombra a toda cultura.”, JyS, 9. “Estudiando sin prejuicio la dulce aparición que se nos
muestra llenando los siglos espirituales, sentada junto a la fuente del saber...”, JyS, 24. “El cris-
tianismo es aún en el orden humano el más estupendo hecho histórico.”, JyS, 12.


PAOLO TANGANELLI

que aún como problema tienta más nuestra sed de saber, es lo que
más atrae al alma sedienta de verdad y de consuelo.52

Pero el maestro vasco se apresura a aclarar que hace falta algo más: un
estudio cordial, una más profunda dedicación53. Renuncia al propósito ‘ilu-
minista’ de someter el mito a “los medios de nuestra investigación y al
potro de nuestra crítica”54, que podía haber alimentado algunas páginas de
En torno al casticismo55, porque comprende que es injustificado considerar la
ratio como la única vía de acceso a la verdad:

¿Y si esos sencillos que viven y viven de verdad, y creen, y espe-


ran, y aman, se hubiesen puesto en relación con la verdad sin nece-
sitar para ello de ciencia humana alguna? ¿Es que no hay más medio
de relacionarse con la realidad que la razón?56

Pero la adhesión unamuniana al mito religioso no se realiza sin roce


alguno y es posible encontrar testimonios de un cierto desasosiego:

Por un momento nos pasa la idea de pedir fe para vivir tranquilos


como los sencillos; es Jesús que nos dice esas palabras y nos ofrece el
agua viva de la fe en él. Y aún resistimos diciendo que no tiene de
donde sacarla, porque el pozo de nuestra razón es hondo, y no cabe

52
JyS, 8-12. Cfr. D, pp. 192-193. En el período de la crisis, Unamuno reafirma a menu-
do la idea de la religiosidad de la intra-historia. En En torno al casticismo se lee: “En sociedades tales
el más íntimo lazo social es la religión, y con ella una moral externa de lex, de mandato, que
engendra casuismo y métodos para ganar el cielo. De todos los países católicos, acaso haya sido el
más católico nuestra España castiza.”, ETC, p. 115.
53
“Quiere que le demos nuestro amor, que le estudiemos, pero con amor, no como a vana
curiosidad...”, D, p. 193. “Pide que le estudiemos, pero con amor, no como a curiosidad vana, no
como a mero problema.”, JyS, 16. “¿Por qué resistir y desconfiar? Hagamos la prueba; pidámos-
le, a ver si logramos con la oración lo que con el estudio no se alcanza. ¡Quiero creer! he aquí el
principio del creer.”, JyS, 49-50.
54
JyS, 13.
55
“Me dediqué a estudiar la religión como curiosa materia de estudio, como producto
natural, como pábulo a mi curiosidad. Preparaba una ‘Filosofía de la Religión’ y me engolfé en la
‘Historia de los dogmas’ de Harnack. Y hoy me parecen mis viejas teorías puro asunto de curio-
sidad.”, D, pp. 127-128.
56
JyS, 42-43.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

ya que creamos después de haber pasado por el análisis. Ah! si pudie-


se creer -nos decimos- pero no, no es posible; huyó para siempre la
sencillez primitiva, el pozo está seco...57
...pásasenos por un momento la idea de pedirle fe para vivir tran-
quilos como los sencillos, y envidiamos la paz de éstos y quisiéramos
caer de hinojos y adorar. Es que allá, brotando de las honduras de nues-
tro estudio, si es éste sincero y serio, ofrécenos Jesús el agua viva de
la fe en él y sacar de la roca de nuestra razón manantial que riegue
nuestra alma. Pero sospechando que la fatiga nos ha traído un momen-
to de flaqueza rechazamos la tentación divina. Resistimos. / […] Aún
resistimos; miramos a todos lados y al ver nuestra alma sola con Jesús,
en el camino desierto, y que nadie nos espía, le decimos: Esa fe que
me ofreces no tienes con qué sacarla porque el pozo de mi razón es
hondo y no cabe que crea después de haber pasado por el análisis que
destruye toda ilusión trascendente.58

Las diferencias entre los dos párrafos (el primero del Diario y el segun-
do de Jesús y la Samaritana) son mínimas. En ambos se habla de la perple-
jidad que conlleva la perspectiva de una conversión tradicional en el cre-
púsculo de la modernidad postcartesiana. Ya hemos dicho que la duda de
que la conversión sólo sea un auto-engaño, una comedia, persiste sobre todo
en los primeros tres cuadernos del Diario, mientras que en el cuarto se
reduce a alusiones como ésta: ya neutralizadas y sin ninguna peligrosidad.
Incluso en Jesús y la Samaritana sólo se recuerda la duda y no se expresa con
su impelente carga trágica. Si el recuerdo es, sin embargo, más nítido y
detallado en la meditación, únicamente se debe a que en el Diario Una-
muno ya había confesado precedentemente sus temores, y por tanto podía
indicarlos de manera más expeditiva, mientras que en la meditación tenía
que ser necesariamente más explícito. A fin de cuentas, es evidente que
cuando Unamuno escribió en Jesús y la Samaritana “sospechando que la fati-
ga nos ha traído un momento de flaqueza”, estaba parafraseando un paso
del segundo cuaderno del Diario: “Al saber mi cambio me han dicho algu-
nos: eso pasará, no es más que efecto de fatiga mental, es exceso de traba-
jo. Yo mismo llegué a creerlo.”59

57
D, p. 193.
58
JyS, 24-30.
59
D, p. 71.


PAOLO TANGANELLI

Volviendo al parangón entre Nicodemo y la Samaritana, está claro que


estas figuras representan dos metáforas de la conversión anhelada. Dos
metáforas complementarias y contiguas: “Nicodemo [...] adoró en secreto”
a Cristo, mientras que “la Samaritana [...] le anunció públicamente”60.
Nicodemo representa el primer paso hacia la regeneración (su recóndita ges-
tación) y el necesario incipit de las Meditaciones (lo cual quizás ayude a enten-
der por qué fue la única divulgada). La Samaritana, en cambio, tenía que
reflejar la actitud desafiante de Unamuno ante las críticas y las mezquinas
acusaciones que le cayeron encima cuando comenzaron a difundirse las pri-
meras confusas noticias acerca de su crisis biográfica. Nicodemo y la Sama-
ritana no describen, entonces, dos caminos alternativos, sino una necesaria
implicación: el pasaje de la experiencia de la crisis (Nicodemo) a su difícil
revelación (Samaritana). El tercer peldaño de esta escalera alegórica tendría
que haberlo ocupado San Pablo, ejemplo cumplido de imitatio Christi. En
El mal del siglo se puede leer:

Entre los ídolos a que rinde culto la juventud moderna des-


orientada ha alzado un altar vacío al Dios desconocido, al Inconoci-
ble, al Misterio, y oye ya resonar en sus oídos la voz del Apóstol que
le dice: «A aquél, pues, a quien honráis sin conocerle, a ése os anun-
cio.»61

Pero San Pablo representa una conversión lograda y un estadio espiri-


tual, la santidad, deseado pero percibido como muy lejano. En Nicodemo el
fariseo y en Jesús y la Samaritana Unamuno aún puede interpretar su expe-
riencia (o, al menos, sostener que lo hace); pero esta auto-exégesis le hubie-
ra resultado sin duda muy complicada, por no decir imposible, en San Pablo
en el Areópago o en La conversión de San Dionisio. También por esta razón
podemos pensar que no llevara a término esta meditación que se habría sali-
do de forma tan manifiesta del ámbito de la confesión mitológica.

60
D, p. 192.
61
EMS, 19-20.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

4. EL MAL DEL SIGLO O LA SEMILLA TRAGICISTA

El mal del siglo es un contundente alegato contra el racionalismo post-


cartesiano y sus numerosas ramificaciones nihilistas, entre las que Unamu-
no destaca el esteticismo (el culto a una forma vacía e insustancial) y el neo-
misticismo (derivado a su vez del esteticismo y cuyo ejemplo más execrable
sería el René de Chateaubriand62). Además, en la meditación se desarrolla
también un argumento anti-progresista, muy repetido en la etapa de entre-
siglos, con el cual el autor vasco parece subrayar la distancia que le separa
de su militancia socialista. Pero no resulta evidente si hasta el socialismo,
en su opinión, tendría que considerarse tan sólo como uno de los últimos
exangües resplandores del crepúsculo racionalista.

4.1. Desde Charivari. En casa de Unamuno...

Sería inexacto afirmar que El mal del siglo quedó enteramente inédito,
ya que varios fragmentos de esta meditación fueron interpolados en el tex-
to de una entrevista hecha por José Martínez Ruiz, el futuro Azorín, al
autor de Paz en la guerra. Esta entrevista, titulada Charivari. En casa de Una-
muno, apareció el 26 de febrero de 1898 en la revista bakuniana La Cam-
paña y es, en cierto modo, una sinopsis, mejor, un conciso pero coherente
compendio de El mal del siglo63.

62
“Suelen acabar tales estetas, encharcados en el más vano literatismo, por darse al mundo
en espectáculo, por cultivar un sentimentalismo adormecedor o enervante o un diletantismo inhu-
mano, por dar cierto religiosismo de desocupados como si fuese religiosidad. De aquí ha salido
ese engendro del llamado neo-misticismo, sobre que asoma la siniestra figura de aquel René corroí-
do de orgullo.”, EMS, 99-100. Hay que colacionar este párrafo con una de las últimas anotacio-
nes del tercer cuaderno del Diario íntimo: “Esa condenada literatura es diabólica cuando produce
el literatismo, y ese infame esteticismo de los Oscar Wilde y los D’Anunzio [sic] ¡infelices! Es
tomar el mundo en espectáculo... El literatismo, en su forma de diletantismo, ha producido los
libros infames de Renan, esa venenosa Vida de Jesús, llena de sentimentalismo adormecedor y
enervante... Renan ha cultivado ese religiosismo que es lo que más aparta a los hombres de la reli-
gión... Parece a las veces que asoma de nuevo aquella triste y siniestra figura de Chateaubriand,
aquel lúgubre René, corroído de orgullo íntimo...”, D, pp. 154-156.
63
Pedro Cerezo Galán utiliza el comienzo de El mal del siglo para reafirmar que una correc-
ta exégesis del ‘problema’ de la Generación del 98 no puede limitarse al contexto sociopolítico
español: “La crisis política de la Restauración era tan sólo el catalizador de una crisis cultural más
profunda, que hermanaba a la Generación del 98 con otras generaciones trágicas europeas.”,
P. Cerezo Galán, Las máscaras de lo trágico, Madrid, Trotta, 1996, p. 20.


PAOLO TANGANELLI

Dichos ‘intra-textos’ o segmentos compartidos plantean naturalmente


el problema de la relación entre estos dos escritos, ya que se podría pensar
que Unamuno, en lugar de leer o mostrar el manuscrito de esta meditación
a Martínez Ruiz durante la recordada entrevista (si no íntegramente, al
menos las partes juzgadas como más interesantes), haya más bien utilizado
Charivari. En casa de Unamuno para redactar la meditación evangélica o para
perfeccionar un proto-El mal del siglo preexistente.
Sin embargo, los parcos datos disponibles no parecen corroborar esta
segunda hipótesis. En la vigésima novena y última cuartilla del autógrafo de
El mal del siglo se lee una fecha incompleta: “Salamanca, 18 de octubre”. El
año de redacción, no especificado, con toda probabilidad es el de la crisis
unamuniana, porque en una carta a Juan Arzadun del 30-X-1897, el autor
vasco escribe: “Mas como las necesidades de la vida se imponen y necesito
ganar suplemento a mi sueldo, hago artículos. Tengo varios, uno El mal del
siglo para una revista y otro, Fantasía crepuscular para El Imparcial.”64 Como
ya he dicho, El mal del siglo no se concibió como parte del proyecto de las
Meditaciones, que menciona en la misma carta65. Pero, al cabo de tan sólo dos
meses, el profesor salmantino revela haber cambiado ya de idea, según prue-
ba una nueva carta del 3 de enero 1898 enviada a Jiménez Ilundain: “Pre-
paro unas Meditaciones evangélicas, y entre ellas hay una, El mal del siglo, en
que desarrollo el hecho de que hoy entristece a las almas el nihilismo, la
perspectiva abrumadora de la nada ultramundana.”66 El hecho de que en estas
dos cartas se citen libremente varios pasajes de El mal del siglo debería indu-
cirnos a suponer que esta meditación se terminara el 18 de octubre de 1897.
Antes de pasar a analizar los fragmentos de El mal del siglo interpola-
dos en la entrevista de 1898, es oportuno intentar aclarar la compleja acti-
tud de Unamuno respecto al socialismo después de 1897, enfrentándonos a
dos cuestiones elementales y, por así decir, propedéuticas: (1) la relación
entre progresismo (entendido como culto al progreso) y socialismo en el
discurso unamuniano y (2) la actitud unamuniana frente a la misma idea
de progreso.

64
EpA, p. 43.
65
En la misma carta habla de la predicación de San Pablo a los atenienses y concluye anun-
ciando el proyecto de las Meditaciones Evangélicas: “En fin, dejo esto que podrás ver en el ensayo
que he de publicar (con otros) titulado La conversión de San Dionisio.”, EpA, p. 44.
66
EpA p. 45.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

4.1.1. Un culto idolátrico al progreso


Si se empieza por esta última pregunta, que es la más general, se debe-
ría observar que las primeras consideraciones de El mal del siglo acerca del
concepto de progreso hacen hincapié en la oposición progreso externo
(del ambiente) / progreso interno (personal), que refleja el dualismo sujeto
exterior / interior. Es como si Unamuno dijera que tanto el progreso social
(auspiciado por los socialistas) como el progreso técnico (en el que confían
ciegamente los secuaces de la ciencia positiva) no producen una efectiva
evolución del género humano, sino que obstaculizan el único verdadero ade-
lanto, el de la personalidad: “El avance del progreso de nuestro siglo trajo
consigo la embriaguez progresista, embriaguez que enajenó los espíritus lle-
vándolos á olvidar su propio progreso personal, distraídos como andaban
por el del ambiente en que vivían.”67 Por lo tanto, la idea de progreso no
representa, de por sí, un problema para el Unamuno finisecular, que admi-
te los provechos de un no bien explicado “progreso personal” (tal vez se tra-
te de un eco de su proyecto de conversión universal y de la idea de una
sociedad-cenobio esbozada en el Diario68, ya que escribió en este período:
“El progreso consiste en que el linaje humano se hace cada día más cristia-
no” 69).
El progresismo que condena Unamuno –y así pasamos a la segunda
cuestión preliminar– es el pretendido sucedáneo de la religión, es decir, el
“culto idolátrico”, aquel peligroso divertissement que distrae al hombre de la
comprensión de su finitud, induciéndole a olvidar la necessitas primordial de
contestar al enigma de la Esfinge, de dar sentido a su vida70. El progresis-
mo es condenado con la misma severidad y casi con las mismas palabras en
El mal del siglo y en Charivari. En casa de Unamuno:

67
EMS, 20.
68
D, p. 84. “El reinado de Cr. espiritual, en cada alma. De aquí irradia. La moral interna-
cional. / Qué? El mundo un cenobio.”, RSJ, Borrador A, 41-42.
69
“«Oracions» por Santiago Rusiñol - II”, OCE, III, pp. 1290-1293 (1ª ed., La Época,
Madrid, 19-VII-1898).
70
Cfr. L. Pareyson, Dostoevskij - Filosofia, romanzo ed esperienza religiosa, ed. de G. Riconda
y G. Vattimo, Turín, Einaudi, 1993, p. 111.


PAOLO TANGANELLI

Hay un culto idolátrico al progreso, cuya realidad se ha con-


ceptualizado, y un todavía más idolátrico culto a la humanidad abs-
tracta, que amenaza diluir el cristiano «ama a tu prójimo».71
Formóse un culto idolátrico al progreso, cuya realidad se con-
ceptualizó, y un aún más idolátrico culto a la humanidad abstracta,
culto que amenazaba diluir el sencillo y cristiano «ama a tu prójimo.»72

El punto de vista es estrictamente teleológico; si la vida se puede reducir


a una mera sucesión de fenómenos de producción y consumo, como supone
el materialismo histórico, entonces no tiene sentido vivir, como declara en el
Diario íntimo y repite en El mal del siglo:

¡Trabajar! ¿Y para qué? ¿Trabajar para más trabajar? Producir


para consumir y consumir para producir, en el vicioso círculo de los
jumentos? He aquí el fondo de la cuestión social.73
Resuélvese el problema económico en última instancia en el terri-
ble círculo vicioso de vivir para trabajar trabajando para vivir, de pro-
ducir para el consumo consumiendo para la producción, y surge esta
pregunta: la vida ¿es fin de sí misma?74

4.1.2. ¿Socialismo nihilista? ¿O socialismo vs nihilismo?


En este punto coinciden progresismo y socialismo marxista (o incluso,
según la versión Charivari. En casa de Unamuno, progresismo y anarquismo),
aunque sólo porque comparten un mismo defecto originario: no afrontan el
problema de la caducidad universal.

71
CCU, p. 46. Como fuente secundaria de Charivari. En casa de Unamuno se puede señalar
este otro paso de El mal del siglo: “Lo que en realidad hacen [los epígonos de Nietzsche y Stirner]
es sacrificar su propia alma a un individuo tan abstracto como la Humanidad misma, a un Yo con-
ceptualizado. Viven en pura idolatría individualista perdiendo por la libertad abstracta la verda-
dera e íntima...”, EMS, 93-94.
72
EMS, 29.
73
D, p. 47.
74
EMS, 113. “El progresismo no satisfacía tampoco. Progresar, ¿para qué? El hombre no
se conformaba con lo racional, el Kulturkampf no le bastaba; quería dar finalidad final a la vida [...]
Y la famosa maladie du siècle, que se anuncia en Rousseau y acusa más claramente que nadie el
Obermann de Sénancour, no era ni es otra cosa que la pérdida de fe en la inmortalidad del alma, en
la finalidad humana del Universo.”, STV, pp. 270-271.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

El anarquismo mismo, la lucha por las reivindicaciones socia-


les, sólo tiene para mí un sentido, y es que libertando al hombre de
la angustia del pan de cada día y de gran número de miserias terre-
nas, le deja lugar a mirar hacia arriba y a atender a su unión con Dios.75
Los que sufren de penuria pelean en las filas del socialismo, fuer-
te porque ha sustituido a fantasmas cosas tangibles. Pero así que la
necesidad temporal del pan de cada día se satisface, surge la necesi-
dad eterna del pan espiritual. El problema llamado más especialmente
social tiene fondo religioso, ya que la pobreza a los unos y a los otros
la riqueza les impide pensar en su fin verdadero.76

La acusación es explícita. El socialismo marxista y el anarquismo res-


tringen su radio de acción a una intervención político-económica, dejando
que el destino humano esté a merced de una angustiosa perspectiva de ani-
quilamiento. El objetivo del antiguo rector de Salamanca es reafirmar la
prioridad del problema religioso o de la cuestión humana (en el léxico una-
muniano de estos años: el dilema del destino post mortem de la conciencia)
respecto a la llamada cuestión social. Sin embargo, no se conforma con rei-
vindicar esta preeminencia que sólo muestra la insignificancia, en una pers-
pectiva ontológica, del socialismo. Por eso se apresura a aclarar que tanto
el progreso social perseguido por los socialistas, como, en general, el pro-
greso científico y tecnológico, tienen unas repercusiones epistemológicas
negativas, ya que hacen más nítida la cognición de la nada y dejan expues-
ta la existencia humana a la noia, al spleen y a la parálisis ética. Es ésta la
paradoja de la infelicidad de la felicidad que, después de la crisis del 97 (o
mejor, de la redacción del Diario íntimo77), Unamuno no hace más que repe-
tir, sea o no la ocasión propicia, para sostener que las reivindicaciones polí-
ticas y las esperanzas depositadas en la perfectibilidad de la técnica no sólo
son inútiles, sino incluso perniciosas:

En el fondo de todo ello, lo que hay es que viven ustedes en la


obsesión de la vida, sin tener presente en todos los momentos que se
muere una sola vez y para siempre. Trazan ustedes un cuadro seductor

75
CCU, p. 46.
76
EMS, 89-91.
77
Cfr. D, p. 101.


PAOLO TANGANELLI

de lo que podría ser una sociedad anárquica. Está bien: y los hom-
bres de esa sociedad, ¿no morirán? ¡Luchar para eso! ¡Sólo para eso!
Y ¿para qué? ¿Para qué he de luchar por la emancipación de los hom-
bres, que al morir vuelven a la nada? Si el pobre linaje humano es
una procesión de conciencias que de la nada salen para volver a ella;
si un día hecho polvo nuestro globo, no ha de quedar de nuestras con-
ciencias nada, ¿para qué luchar? Mejorar la vida, hacerla más grata,
más fácil, más placentera, es, aumentando así el pesar de tener que
perderla un día, preparar la infelicidad de la felicidad.78
Descorazona el luchar por el bienestar de seres que volverán un
día a la nada de que salieron, y se columbra que el hacer la vida más
fácil, más grata y más placentera es, haciéndola más amable, aumen-
tar el pesar de tener un día que perderla y preparar así el terrible azo-
te de los satisfechos saduceos, la infelicidad de la felicidad, el spleen
desolador, la noia tremenda del pobre Leopardi.79

En este sentido y en este contexto, el socialismo podría ponerse al lado


del racionalismo, considerando que resulta del mismo modo culpable de
revelar al sujeto moderno su tragedia. Sin embargo, la equiparación es váli-
da exclusivamente desde esta perspectiva; al fin y al cabo, en otros artículos
unamunianos de este período el socialismo recibe un trato más edulcorado,
menos inquisitivo. Probablemente, para dar cuenta de esta disparidad,
habría que recordar que en la elaboración de este argumento anti-progre-
sista participó un componente estrictamente autobiográfico, aunque esto se
tenga que entender únicamente en el sentido de que Unamuno debía res-
petar un ‘principio de coherencia’ en la construcción de su fábula. De
hecho, es evidente que el autor vasco, al definir, en las primeras páginas de
esta meditación, el mal del siglo como “la vuelta a la pavorosa visión del
destino individual ultraterreno, una vez pasado ya el colmo de la embria-
guez progresista”80, estaba también relatando su caso concreto. Ya esto
podría explicar por qué la condena del socialismo no es inapelable igual que
la del racionalismo nihilista o del esteticismo: aun manteniendo siempre

78
CCU, pp. 45-46.
79
EMS, 73.
80
EMS, 8. En EMS (34 y 108) se alude a un suicidio universal que recuerda, de nuevo, la
experiencia de la crisis unamuniana: “Ahora me persigue la idea del suicidio. Hace un rato pen-
saba en si me inyectara una fuerte cantidad de morfina para dormirme para siempre.”, D, p. 124.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

una postura independiente, Unamuno, antes de la crisis, se había reconoci-


do abiertamente, con coraje, en cierta cultura socialista, mientras que nun-
ca se había identificado con la preceptiva del arte por el arte, y si había
aceptado los métodos de investigación positivistas o el legado idealista, lo
había hecho a menudo de modo acrítico, debido a que estaban disueltos en
la atmósfera cultural del último tercio del XIX. Por este motivo en el Dia-
rio íntimo afirma:

Mi labor anónima en La lucha de clases, esa constante propa-


ganda por el socialismo elevado, noble, caritativo; esa campaña sin
pensar en mí, ocultándome, esa campaña ha sido una bendición
para mi alma. En medio de la miseria de mi espíritu he conserva-
do, por divina gracia, un fondo de nobleza y abnegación. ¡Bendito
sea Dios!81

Con esta confesión, Unamuno alude a una consonancia ideal que mues-
tra el socialismo por lo menos como el mal menor entre los muchos de la
modernidad. Esto explica por qué, incluso después de la crisis, en El negocio
de la guerra82 ataca con dureza la lógica capitalista, que trueca los sufri-
mientos de la guerra en un juego de especulación financiera, y en El desar-
me83 hasta llega a reivindicar los objetivos pacifistas del socialismo interna-

81
D, pp. 143-144.
82
“El negocio de la guerra”, La Estafeta, Madrid, 23-I-1898.
83
M. de Unamuno, Vida Nueva, Madrid, 25-IX-1898 (no recopilado en OCE). Estos dos
textos, temáticamente cercanos, se inspiran en buena medida en una serie de artículos que
Unamuno había publicado entre 1895 y 1896 en La lucha de clases de Bilbao (se refiere precisa-
mente a esta colaboración en el párrafo arriba citado del Diario): cfr. “La guerra es un negocio”
(OCE, IX, pp. 541-542), el homónimo “El negocio de la guerra” (OCE, IX, 601-602) y “Las cri-
sis industriales” (OCE, IX, pp. 543-549). “Y me atrevo a pensar que era la potencia pacificadora
del socialismo lo que lo emparentaba a sus ojos con el espíritu cristiano y lo volvía afín a un movi-
miento religioso.”, Cerezo Galán, Las máscaras..., cit., p. 214. Pero Unamuno veía también las
deficiencias del pacifismo socialista: “mientras los sentimientos meramente humanitarios y
las convicciones progresistas no pasan de propaganda oral y escrita contra la guerra, y hasta la tole-
ran provisionalmente, es fe religiosa lo que lleva a los hombres al martirio, antes que faltar al
claro, limpio y terminante ¡no matarás!”, Carta a F. Urales del 1-VII-1898, en M. de Unamuno,
Epistolario inédito, ed. de L. Robles, Madrid, Espasa-Calpe, 1991, I, p. 56. Para una correcta valo-
ración de las relaciones de proximidad de Unamuno con el socialismo a lo largo de toda su vida:
cfr. M. M.ª Urrutia, “Miguel de Unamuno en El Socialista (Y nueve textos desconocidos)”, Sistema,
186, mayo 2005, pp. 101-121.


PAOLO TANGANELLI

cional: “El desarme sería el triunfo del socialismo internacional, único que,
hoy por hoy, puede cimentar con la paz de los pueblos la cultura huma-
na.”84
De nuevo habría que echar mano de las críticas de Pérez de la Dehesa
a la interpretación de la ‘antesala de la crisis’ que proponía Zubizarreta: no
hay contradicción entre la línea oficial del PSOE y la religiosidad unamu-
niana, el humanismo socialista de Unamuno es “un camino hacia la reli-
gión”85 (así lo entiende el narrador del Diario). Por el mismo motivo, en
San Manuel Bueno, mártir, el progresista Lázaro (Unamuno antes de la cri-
sis), una vez aprendido el secreto del párroco de Valverde de Lucerna, toma
conciencia de los límites de su proyecto de reforma política y se convierte
en el discípulo predilecto de don Manuel (Unamuno después de la crisis).
Éste es el quid de la cuestión: Lázaro puede convertirse a una concepción
trágica de la vida que interpela desesperadamente el mythos religioso e intra-
histórico justamente porque el socialismo no es éticamente inconsistente
como el racionalismo nihilista. Socialismo y pensamiento trágico están uni-
dos por la búsqueda de un fundamento para la acción histórica. El nihilis-
mo racionalista, en cambio, lleva –dice Unamuno– sólo hacia una posible
degeneración de este proceso inventivo y a la parálisis ética.

4.1.3. La infinita vanidad del todo y el milenarismo

Los otros fragmentos que comparten Charivari. En casa de Unamuno y


El mal del siglo acaban de dibujar este escenario nihilista presentando el sui-
cidio como la única respuesta de la ratio:

Si hemos deshecho la ilusión de vivir y el vivir por el vivir


mismo no nos satisface, ¿para qué vivimos? Y así es como se ha

84
Con estas palabras termina “El negocio de la guerra” (La Estafeta, Madrid, 23-I-1898).
85
“Examinando sus artículos propagandísticos y su correspondencia se puede ver el carác-
ter humanístico y religioso con que entendía el socialismo [...]. Su aproximación a la religión y el
llamado ‘humanismo ateo’ no son, por lo tanto, procesos divergentes, sino convergentes. Los dos
años de antesala a la crisis del 97 son también los años en que ese humanismo alcanza su mayor
intensidad para acabar siendo, en cierto modo, un camino hacia la religión.”, R. Pérez de la
Dehesa, Política y sociedad en el primer Unamuno, Madrid, Ariel, 1973, p. 82.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

endechado al reposo inacabable por terror a él, y se ha llamado a


la muerte como libertadora, ya que vivimos para volver a la nada.
¡Cuántos suicidios por terror a la muerte! ¡Qué inmensa revelación
de la tristeza en la noia del pobre Leopardi, en aquella invocación
al aniquilamiento para huir de la infinita vanità del tutto! Todo ello
no es más que el fracaso del intelectualismo, la fatiga del raciona-
lismo, que dijo Thierry.86

Este párrafo de la entrevista resume hasta tres cuartillas de El mal del siglo:

Si hemos deshecho la ilusión de vivir y el vivir por el vivir


mismo no nos satisface ¿para qué vivimos? [...] Y así es como se ha
endechado al reposo inacabable por terror a él, y se ha llamado a la
muerte como a liberadora ya que vivamos para volver a la nada. Los
tragos amargos apurarlos pronto y de una vez; ¡volvamos cuanto
antes a la nada! Y así es como ha habido suicidios por terror a la
muerte [...] ¡Qué enseñanzas tan amargas en la obra del pobre Leo-
pardi, empapado en la enorme noia, en el fastidio inmenso del nihi-
lismo y pidiendo el aniquilamiento para salir de una vez de la infi-
nita vanità del tutto, del vacío de un sombrío teatro de espectros, que
divierten a los niños y entenebrecen el ánimo a los maduros!87

La filantropía y cualquier esperanza de pervivencia en la memoria de


las generaciones futuras, no son más que meros engaños; porque si la con-
ciencia individual se pierde del todo, la humanidad es sólo una “sombría
procesión de fantasmas”:

¿Que si yo muero quedan otros? Sí, otros que se morirán a su


vez, y si todos morimos del todo, en cuanto a conciencias, no es el
género humano más que una sombría procesión de fantasmas que
salen de la nada para volver a ella.88
¿Que la muerte no es para la sociedad más que un accidente?
¿que si yo muero quedan otros? Sí, otros que morirán a su vez, y

86
CCU, p. 46.
87
EMS, 36-42.
88
CCU, p. 46.


PAOLO TANGANELLI

si todos morimos del todo no es el género humano más que una


sombría procesión de fantasmas que salen de la nada para volver a
ella.89

En definitiva, es como si en Charivari. En casa de Unamuno sólo apare-


ciera la pars destruens de la argumentación unamuniana, es decir, su censu-
ra anti-progresista. La pars construens de El mal del siglo que no se trasladó a
la entrevista de 1898, o sea, la respuesta del sentimiento trágico al nihilis-
mo, hay que buscarla, en cambio, en la celebración del talante inventivo de
la angustia.
En efecto, Unamuno, en la meditación evangélica, traza un paralelismo
entre la época actual y la decadencia romana, rebosante de nihilismo paga-
no, desde la que resurgió el milenarismo medieval, subrayando que éste, el
milenarismo, induciendo a fervorosas penitencias, no paraliza con el espec-
tro de la nada las energías humanas:

Es una obsesión mucho más sombría y enervadora que la del


famoso milenario, puesto que no se tiembla ante el temor a tor-
mentos que atiza ímpetus de penitencias, sino que se paraliza la
energía espiritual ante el espectro de la venidera nada eterna...90

Al cabo de unos años, Unamuno elogió de nuevo el milenarismo medie-


val; en sus palabras es posible descifrar claramente el enlace de los dos fac-
tores fundamentales de la crisis contemplativa: por un lado, el terror a la

89
EMS, 65-67. Pérez López ha demostrado que Azorín emplea estas mismas imágenes en
el famoso y polémico artículo “Ciencia y fe” (Madrid Cómico, 9-II-1901): cfr. M. Mª. Pérez López,
“Introducción”, en J. Martínez Ruiz, Antonio Azorín, Madrid, Cátedra, 1991 , pp. 30-33. Pérez
López subraya, en particular, estas palabras de Azorín: “Dolorosa y larga procesión de fantasmas,
la humanidad surge del misterio y al misterio retorna.”, op. cit., p. 32. Tal vez sea oportuno ver
cómo se transforma esta metáfora en La Voluntad, donde el nihilismo se asume no como una hipó-
tesis que es preciso confutar a la Jacobi, sino como un hecho incontestable (Schopenhauer,
Nietzsche): “¡Ah, la inteligencia es el mal!... Comprender es entristecerse; observar es sentirse
vivir... Y sentirse vivir es sentir la muerte, es sentir la inexorable marcha de todo nuestro ser y de
las cosas que nos rodean hacia el océano misterioso de la Nada...”, J. Martínez Ruiz, Azorín, La
Voluntad, cit., p. 180. “Azorín piensa un momento en la dolorosa, inútil y estúpida evolución de
los mundos hacia la Nada...”, op. cit., p. 200.
90
EMS, 84. Cfr. D, p. 41.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

muerte y al aniquilamiento; por otro, la esperanza de una regeneración


mitológica (la pre-visión de la nada y la visión del mythos redentor):

Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia de la Edad


Media: como tú quisiera vivir entre los espasmos del milenario. Si
consiguiéramos hacer creer que un día dado, sea el 2 de mayo de
1908, el centenario del grito de la independencia, se acababa para
siempre España; que en este día nos repartían como a borregos,
creo que el día 3 de mayo de 1908 sería el más grande de nuestra
historia, el amanecer de una nueva vida.91

Pero la regeneración mitológica presupone, como conditio sine qua non,


una clara toma de conciencia de la teatralidad de toda acción humana que,
en el período de la crisis, parece estarle vedada al maestro vasco, entonces
ansioso tan sólo de recrear, sin éxito, “aquel terrible temor de la muerte”92
(únicamente en la angustia originaria no se puede titubear ante la interpe-
lación y la emulación del mythos religioso). El penitente del Diario quisiera
vivir en una perenne tensión milenarista para defenderse de la quietud racio-
nal (la “sequedad”, como él la llama) que manifiesta la vanidad de su imita-
tio –crisis poiética–. En esta delicada situación, donde no hay soluciones
intermedias (o todo o nada, o la abulia o la angustia milenarista), sólo es
posible denunciar cualquier intento de mistificación de la muerte, como, por
ejemplo, su reducción a dato estadístico e impersonal93. Por este mismo
motivo Unamuno escribe en el Diario, repitiéndose en El mal del siglo y en
otros numerosos escritos, que es un buen ejercicio imaginar la disolución de

91
VQS, p.139. El párrafo citado pertenece a “El Sepulcro de Don Quijote”, que se publi-
có por primera vez en la revista madrileña La España Moderna (n. 206, febrero 1906), y se repro-
dujo parcialmente, a partir de 1914, en Vida de don Quijote y Sancho. La idea del milenario ya se
encuentra en el Diario íntimo: “Si se anunciara el fin del mundo para un día cualquiera de aquí a
cincuenta años ¿en qué estado no caerían los espíritus? Pues para cada uno de nosotros la muerte
es el fin del mundo.”, D, p. 71.
92
D, p. 60.
93
“El problema de la muerte es el radical de la vida.”, EMS, 53. Nos vamos habituando a
no sentir la muerte, sino a verla en demografías o tablas de mortalidad, a calcular el hueco que
dejará al morir el prójimo en el escalafón de los comensales a la vida. 69Se hace de la muerte un
dato estadístico, un factor irracional, una x, y raro es quien siente respecto a su muerte adentro.”,
EMS, 68-69.


PAOLO TANGANELLI

la propia conciencia en la nada94 (es decir, la vuelta a la pre-visión de la nada,


a la crisis contemplativa). La nada, que es lo único que la ratio ha creado, es
ininteligible; sin embargo, la sensación de vértigo que produce su misma
ininteligibilidad hace ‘caer en Dios’, da nuevo impulso al milenarismo de la
conversión. Ésta es la pars construens de El mal del siglo que Unamuno des-
arrollaría en el tercer capítulo de Del sentimiento trágico de la vida.

4.2. ...hasta Del sentimiento trágico de la vida

El mal del siglo no quedó del todo olvidado no sólo porque se divulgó
parcialmente a través de la entrevista azoriniana, sino, sobre todo, porque
unos cuantos párrafos de esta meditación pasaron a configurar el núcleo más
antiguo del tercer capítulo de Del sentimiento trágico de la vida, titulado “El
hambre de inmortalidad”.
Desde luego el proceso de trasvase de unos cuantos fragmentos de El
mal del siglo a Del sentimiento trágico no fue directo, sino que implicó al
menos otros dos proyectos unamunianos que forman parte del avantexto de
Del sentimiento trágico: ante todo, una colección de ensayos proyectada en los
primeros años del siglo XX que debía titularse, según creo, Mi confesión o
A la juventud hispana (lo indicaré con la sigla AJH) y, sucesivamente, el
conocido Tratado del Amor de Dios, título que Unamuno empieza a barajar
en su epistolario hacia 1905 (lo indicaré con la sigla T).
Ya he examinado en otro estudio el proceso de reescritura de los frag-
mentos finiseculares, o sea de El mal del siglo, en sus diferentes fases de
redacción, desde las intermedias (AJH y T) hasta la cristalización definiti-
va de 1912-13. Ahora me detendré únicamente en el segmento textual más
relevante, en el cual Unamuno parece exigir de su destinatario nada menos
que la enargeia o evidentia del propio proceso de nihilificación, premisa nece-
saria para el salto regenerador de la gnosis a la pistis. En el Diario íntimo
insiste constantemente en este punto:

94
“Joven, intente usted una noche, estando acostado, concebirse como no existiendo, y
verá usted, qué hormigueo le da en el alma y cómo se cura de esa pestilente salud de los que no
han llegado al hastío de haber vivido, de haber vivido, joven, no de vivir.”, “Don Martín, o de la
gloria”, OCE, II, p. 797.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

La razón humana [...] lleva al absoluto fenomenismo, al nihi-


lismo. [...] El vértigo la sobrecoge, el terrible vértigo de intentar
concebirse como no siendo, de tener un estado de conciencia en
que no haya estado de conciencia. La nada es inconocible. / Y así
se cae en Dios [...]. Es la creación de la fe.95
Es preciso intentar de vez en cuando concebirse y sentirse no
siendo. De este horror se saca temor de Dios y esperanza.96
Pero es mucha mayor tortura la de la imaginación al esforzarse
por imaginarse como no existiendo. [...] El terrible estado de con-
ciencia en que pensamos que no hay tal estado, el pensar que no
pensamos, da un vértigo de que ya la razón no cura.97

La lucha alegórica entre la razón atea y el corazón cristiano (uno de los


principales ejes sobre el que giran tanto el Diario íntimo como El mal del
siglo98) refuerza la imagen de un Unamuno en crisis instalado en la congo-
ja, anclado sin posible redención a la faceta contemplativa de su crisis jus-
tamente para substraerse al agotamiento poiético o, lo que es lo mismo, al
reconocimiento de la teatralidad de su ensayo de conversión.
Veamos ahora cómo se transforma esta evidentia de la disolución indi-
vidual desde El mal del siglo hasta Del sentimiento trágico.
Al principio, el antiguo rector de Salamanca propone un elenco esen-
cial de los adjuntos ineludibles para imaginar o prever, entre angustias y
sofocos, la ‘entrada en la nada’ de la subjetividad (con licencia de Valente).
Esta es la versión de la meditación:

Es bueno, lector, que recogiéndote en ti pienses en que el sol


se te apague, se te enmudezcan los sonidos, se te desvanezcan a la
vista las formas, se te licue todo en la nada y ni aun la conciencia
de la nada misma te quede.99

95
D, pp. 44-45.
96
D, p. 83.
97
D, p. 129; cfr. también D, pp. 151-152.
98
“Al rezar reconocía con el corazón a mi Dios, que con mi razón negaba.”, D, p. 23. “Más
se debe esperar de un alma cristiana arrastrada al ateísmo que de un deísta descristianizado.”,
EMS, 22.
99
EMS, 59.


PAOLO TANGANELLI

Las redacciones sucesivas siguen el mismo esquema. Antes anuncian el


poder catártico de este itinerarium mentis in nihilum (la hipotiposis del pro-
pio anonadamiento) y luego amplifican los vaticinios para perfeccionar esta
composición de lugar nihilista:

Aunque al pronto congojosa, os será, jóvenes, al cabo meditación


corroboradora el que recogiendoos en vosotros mismos os figureis
un lento (deshaceros), deshacimiento en que la luz se os apague, se
os enmudezcan los sonidos, se os derritan entre las manos las cosas
var
[objetos] se os escurra el piso, se os vayan var[desvanezcan como
en desmayo] los recuerdos y las ideas, se disipe en la nada todo y
ni aun la conciencia de la nada misma os quede, siquiera como fan-
tástico asidero de un [sic] sombra.100
Aunque al pronto nos sea congojosa esta meditación de nues-
tra mortalidad no [sic] es al cabo corroboradora. Recójete, lector,
en tí mismo y figúrate un lento deshacerte, en que la luz se te apa-
gue, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido envolviéndote
en silencio, se te derritan entre las manos los objetos asideros, se
te escurra de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en des-
mayo los recuerdos y las ideas, se te vaya disipando en nada todo
y tú disipándote también y ni aun la conciencia de la nada te que-
de, siquiera como fantástico asidero de una sombra.101
Aunque al pronto nos sea congojosa esta meditación de nues-
tra mortalidad, nos es al cabo corroboradora. Recógete, lector, en
ti mismo, y figúrate un lento deshacerte de ti mismo, en que la
luz se te apague, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido,
envolviéndote en silencio, se te derritan de entre las manos los
objetos asideros, se te escurra de bajo los pies el piso, se te desva-
nezcan como en desmayo los recuerdos, se te vaya disipando todo
en nada y disipándote también tú, y ni aun la conciencia de la
nada te quede siquiera como fantástico agarradero de una som-
bra.102

100
AJH, pp. 3r-3v.
101
T, p. 42.
102
STV, III, pp. 55-56.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

Después, en todas las redacciones, desde El mal del siglo hasta Del sen-
timiento trágico, se introducen dos exempla de degeneración del hambre de
inmortalidad, dos ejemplos diametralmente opuestos de insensibilidad a la
muerte, puesto que conciernen a un segador presumiblemente analfabeto
(que el narrador-Unamuno no conoce) y a un literato del cual el narrador-
Unamuno se declara amigo:

He oído contar de un pobre segador muerto en un hospital que


al ir el cura a ungirle en extrema unción se resistía a abrir la mano
derecha en que aferraba una moneda, sin acordarse de que una vez
muerto su mano no sería ya suya. Así hay muchos que en vez de la
mano cierran el espíritu queriendo guardar en él al mundo. Me con-
fesaba un amigo una vez que previendo en pleno vigor de salud físi-
ca una muerte muy próxima sólo pensaba en concentrar la vida
viviéndola toda en los pocos días que calculaba le quedarían, e ima-
ginaba escribir un libro: «Los últimos días de mi vida».
¡Vaciedad de vaciedades! ¡Triste estado de paganismo el que
ha descrito Renan en uno de sus dramas!103
He oido contar de un pobre segador gallego muerto en una
cama de hospital que al ir el cura á ungirle en extrema unción se
resistía á abrir la diestra en que apuñaba unas sucias monedas, sin
(percatarse) de que una vez muerto no sería su mano ya suya. Y así
muchos que apuñan var[cierran] no ya la mano, el corazón, querien-
do apuñar en él al mundo. Me confesaba un amigo que previendo
en pleno vigor de salud física la cercanía de la muerte, sólo pensa-
ba en concentrar la vida, viviéndola toda en los pocos dias que cal-
culaba le quedaban, é imaginando escribir sobre ello un libro.104
He oido contar de un pobre segador muerto en una cama de
hospital que al ir el cura á ungir en extrema unción las manos se
resistía á abrir la diestra con que apuñaba unas sucias monedas, sin
percatarse de que una vez muerto no sería su mano ya suya ni él
de sí mismo. Y así cerramos y apuñamos no la mano, si no el cora-
zón, queriendo apuñar en él al mundo.
Me confesaba un amigo que previendo en pleno vigor de salud
física la cercanía de la muerte, pensaba en concentrar la vida

103
EMS, 60-63.
104
AJH, p. 3v.


PAOLO TANGANELLI

viviéndola toda en los pocos dias que calculaba le quedaban é ima-


ginando escribir sobre ello un libro.105
He oído contar de un pobre segador muerto en cama de hos-
pital, que al ir el cura a ungirle en extremaunción las manos, se
resistía a abrir la diestra con que apuñaba unas sucias monedas, sin
percatarse de que muy pronto no sería ya suya su mano ni él de sí
mismo. Y así cerramos y apuñamos, no ya la mano, sino el cora-
zón, queriendo apuñar en él al mundo.
Confesábame un amigo, que previendo en pleno vigor de
salud física la cercanía de una muerte violenta, pensaba en con-
centrar la vida, viviéndola en los pocos días que de ella calculaba
le quedarían para escribir un libro. ¡Vanidad de vanidades! 106

El cotejo de estos cuatro pasajes nos permite adquirir, cuando menos,


una información valiosa acerca del método de trabajo unamuniano. Al
redactar el tercer capítulo de Del sentimiento trágico, el autor vasco volvió a
consultar, con toda probabilidad, también El mal del siglo, es decir, un
inédito de 1897 que ya había utilizado para escribir AJH. Afirmo esto no
porque en Del sentimiento trágico y en T evita especificar –como hace sólo en
AJH– que el segador muerto era gallego (visto que podría tratarse de una
mera casualidad), sino porque el grito “¡Vanidad de vanidades!” que cierra
en Del sentimiento trágico la interpolación de los exempla (exclamación ausen-
te tanto en T como en AJH) deriva claramente del “¡Vaciedad de vacieda-
des!” de El mal del siglo (que tiene análoga colocación y la misma función
‘patética’) 107.
No me detendré ahora en el párrafo siguiente de El mal del siglo, que
reaparece en AJH, T y en Del sentimiento trágico, pero insertado en otro pun-
to108. Son más significativos los diferentes segmentos conclusivos de esta
dilatada pintura nihilista:

105
T, p. 42.
106
STV, III, p. 56.
107
Incluso es posible que Unamuno volviera a consultar el borrador de El mal del siglo,
donde “¡Vaciedad de vaciedades!” tacha un precedente “¡Vanidad de vanidades!”: cfr. EMS-borra-
dor, 54.
108
“O se muere del todo o no, y «si en esta vida tan sólo esperamos en Cristo somos los más
miserables de los hombres» - exclamaba el Apóstol –, añadiendo que «si los muertos no resuci-


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

¿Que la muerte no es para la sociedad más que un accidente?


¿que si yo muero quedan otros? Sí, otros que morirán a su vez, y
si todos morimos del todo no es el género humano más que una
sombría procesión de fantasmas que salen de la nada para volver a
ella. 109
Si al morirseme el cuerpo que me sustenta y al que llamo mio
para distinguirle de mí mismo, si al morirseme vuelve mi con-
ciencia á la absoluta inconciencia de que brotara, y como á la mia
les pasa á las de mis hermanos todos en humanidad, entonces no
es nuestro trabajado linaje otra cosa más que una fatídica procesión
de fantasmas que va de la nada á la nada y el humanitarismo lo
más inhumano que se conoce. 110
Si al morirseme el cuerpo que me sustenta y al que llamo mío
para distinguirle de mí mismo, vuelve mi conciencia á la absoluta
inconciencia de que brotara, y como á la mía les pasa á las de mis
hermanos todos en humanidad, entonces no es nuestro trabajado
linaje más que una fatídica procesión de fantasmas que va de la nada
á la nada, y el humanitarismo lo más inhumano que se conoce. 111
Si al morírseme el cuerpo que me sustenta, y al que llamo
mío para distinguirme de mí mismo, que soy yo, vuelve mi con-
ciencia a la absoluta inconsciencia de que brotara, y como a la mía
les acaece a las de mis hermanos todos en la humanidad, entonces
no es nuestro trabajado linaje humano más que una fatídica pro-
cesión de fantasmas, que van de la nada a la nada, y el humanita-
rismo lo más inhumano que se conoce. 112

Estos fragmentos presentan una serie de conjeturas explícitamente


introducidas por un “si” hipotético. Este dato gramatical es una suerte de

tan comamos y bebamos, que mañana moriremos» (I. Cor. XV 19 y 32).”, EMS, 64. “«Si en esta
vida tan sólo hemos de esperar en Cristo, somos los más (miserables) lastimosos de los hombres»
dice el Apostol (I. Cor. XV 19)...”, AJH, p. 3r. “«Si en esta vida tan sólo hemos de esperar en
Cristo, somos los más lastimosos de los hombres» escribía el Apostol (I Cor. XV 19)...”, T, p. 40.
“«Si en esta vida tan sólo hemos de esperar en Cristo, somos los más lastimosos de los hombres»,
escribía el Apóstol (I Cor. XV 19)...”, STV, III, p. 54. Sospecho que Unamuno se diera cuenta de
que este fragmento se alejaba del talante eminentemente descriptivo del intra-texto.
109
EMS, 65-67.
110
AJH, p. 3v.
111
T, pp. 42-43.
112
STV, III, p. 56.


PAOLO TANGANELLI

marca ideológica, antes aún que estilística, de la crisis finisecular unamu-


niana. Revela que Unamuno describe la congojosa hipótesis nihilista tan
sólo para confutarla, ya que la conjunción “si” subraya desde el principio el
carácter estrictamente ficticio de esta pavorosa visión metafísica113.
Esta misma pintura, que hemos visto aflorar en el Diario íntimo y en
Charivari. En casa de Unamuno, también se repite con cierta frecuencia en el
epistolario finisecular unamuniano. Pero sólo a partir de Amor y pedagogía
(1902) cambia su fisonomía, al abandonar, en boca de don Fulgencio, la
neutralización apriorística del “si” hipotético:

Comprendemos todo lo lúgubre, lo espantosamente lúgubre


de esta fúnebre procesión de sombras que van de la nada a la nada,
y que todo esto pasará como un sueño, como un sueño, Apolodo-
ro, como un sueño, como sombra de un sueño...114

La desaparición del “si” representa, en cierto modo, la implosión de


aquel dispositivo mitopoyético que es El mal del siglo, donde la visión (fic-
ticia) de la nada servía tan sólo para justificar la restauración del antiguo
régimen de los valores. Unamuno tuvo que comprender que aquella obsti-
nada voluntad de volver constantemente al estado embrionario de la crisis,
a la fase contemplativa, podía ser también un síntoma de su incapacidad de
asimilar, en la etapa finisecular, el estancamiento del racionalismo en toda
su profundidad y extensión. Tal vez aquí, en esta utópica pretensión de
detenerse en el umbral del nihilismo, de creer aún posible una huida tras-
cendente de la historia, habría que buscar las razones del naufragio de las
Meditaciones Evangélicas.

113
Azorín, en cambio, transformará esta suposición en la única verdad, en la sola certeza (el
nihilismo, después de Nietzsche, se ha convertido en la única chance de nuestro tiempo). Véase
cómo expresa la paradoja unamuniana en La Voluntad: “Yo siento que me falta la Fe; no la tengo
tampoco ni en la gloria literaria ni en el Progreso... que creo dos solemnes estupideces... ¡El pro-
greso! ¡Qué nos importan las generaciones futuras! Lo importante es nuestra vida, nuestra sensa-
ción momentánea y actual, nuestro yo, que es un relámpago fugaz. [...] Podrán llegar los hombres
al más alto grado de bienestar, ser todos buenos, ser todos inteligentes... pero no serán felices...”,
J. Martínez Ruiz, Azorín, La Voluntad, ed. de E. Inman Fox, Madrid, Castalia, 1989, p. 229.
114
M. de Unamuno, Amor y pedagogía, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002, p. 333. Esta mira-
da plenamente nihilista asoma también en STV, VII, p. 139 y en T, p. 9.


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

5. EL NAUFRAGIO DE LAS MEDITACIONES

Las Meditaciones se concibieron –y, al menos parcialmente, se redacta-


ron– con el explícito propósito de sacarle el jugo a la experiencia del Dia-
rio íntimo, a la crónica de un intento fallido de conversión. Se trataba de
hacer un balance, determinando las ganancias y contabilizando las pérdidas.
Para reexaminar la crisis desde un punto de vista distinto, superior,
aunque no por eso más abstracto, Unamuno adopta la perspectiva mitoló-
gica del cuarto cuaderno del relato diarístico, dejándose atrás la duda, el
temor de haber transformado en farsa un auténtico deseo de regeneración.
Es decir, decide olvidarse de todas las perplejidades suscitadas por este mis-
mo proceso de radical mitologización.
Lo que marca la distancia entre el Diario íntimo y las Meditaciones es jus-
tamente la supresión de este temor y de estas perplejidades. Las Meditacio-
nes, al menos las supérstites, vuelven a bosquejar y aclaran el peculiar cami-
no de perfección trazado en el Diario íntimo eliminando cualquier elemento
conflictivo. Pretenden configurar un compendio esencial y, desde luego, sin
ninguna sombra. Como es obvio, esto no significa que Unamuno, cuando
escribió las Meditaciones, había logrado superar finalmente sus proverbiales
inquietudes. El único dato positivo, seguro, es que estos textos ya no tra-
tan el problema hasta ese momento central de la teatralidad y de la arbi-
trariedad de la poiesis existencial.
Ex-sistir equivale a estar expuesto a la contingencia y al ojo ajeno. Por
tanto, también es un constante estar en escena, sujeto a múltiples instan-
cias de teatralización, un encontrarse perennemente abierto a la insidia de
verse plasmado, cambiado e invalidado por las circunstancias y, sobre todo,
por la mirada inquisitiva de nuestros sümparanecrómenoi, como escribiría
Kierkegaard, de nuestros contemporáneos, los que mueren con nosotros.
Las Meditaciones pretenden trazar una sinopsis idealizada del Diario ínti-
mo. Se equivocaría, entonces, quien pretendiera reconducir su diversidad al
hecho de que el Diario era un texto privado, mientras que estos escritos
estaban destinados a la divulgación, visto que el Diario tuvo, en cualquier
caso, una circulación epistolar, mientras que las Meditaciones, con la sola
excepción de Nicodemo, no se terminaron y fueron incorporadas en otros pro-
yectos unamunianos. La distancia entre estos escritos sin duda enormemen-


PAOLO TANGANELLI

te diferentes, aunque casi simultáneos y con varios intratextos compartidos,


parece determinada más bien por aquella inteligente obra de supresión a la
cual hacía referencia antes: en el Diario el autor y narrador antes fija un
modelo y luego intenta asumirlo, es decir, relata sus tentativas de emula-
ción (applicatio); en las Meditaciones falta este segundo momento.
Creo que en las Meditaciones Unamuno se limita a afirmar el ideal de
una renovada imitatio Christi justamente para ocultar este fracaso. Por esta
razón aquí la vida está enteramente en el espacio mítico. Así es, en efecto, en
Nicodemo el fariseo, donde se deja entrever sólo en algunas reverberaciones
analógicas, que posiblemente no se entenderían si no dispusiéramos de
informaciones autónomas, extratextuales, acerca del episodio de la crisis del
97 (Nicodemo va de noche a conversar con Jesús, la crisis fue nocturna). En
el Diario, en cambio, el narrador-penitente no circunscribe nunca su inten-
to de applicatio a una mera y autotélica representación del mito, sino que
muestra en todo momento su ansia de encarnarlo, de instalarlo en su vida.
En el Diario el enfoque mitológico está supeditado a esta apertura vital (la
confesión diarística); por eso se repiten constantemente estas tres fases cícli-
cas: (1) la revelación de la voluntad de operar como un ‘buen cristiano’
siguiendo un ideal de imitatio Christi, (2) la proyección mitológica, o sea el
intento de homologación entre voluntad y ser, y (3) la vuelta a la vida, o
mejor, a la confesión: el narrador declara su fracaso (crisis poiética).
La supresión, en las Meditaciones, de este regreso a la vida, como impro-
piamente lo he llamado, hace que se conceda espacio y voz sólo a la crisis
contemplativa. Afloran, de esta forma, únicamente los motivos que impul-
saron al escritor bilbaíno hacia un radical proceso de mitologización, o sea,
su reacción a la pre-visión del aniquilamiento (la intención de conversión).
Pero se callan los efectos y las implicaciones de este proceso: es decir, el
hecho de que su respuesta finisecular ya se había mostrado poco fructuosa,
puesto que el sentido de ese gesto (la recepción en el entourage unamunia-
no) se había revelado inadecuado a la intención que le animaba.
Como ya he dicho, las Meditaciones naufragaron después de la divulga-
ción de Nicodemo el fariseo. El hecho de que Unamuno renunciara a la publi-
cación de los otros textos ya escritos puede interpretarse como una toma de
conciencia de la necesidad de modificar a fondo aquel modelo de hombre
nuevo que estaba moldeando en su obra. Es importante insistir en este


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

aspecto: porque no es la mitologización en sí, el esclarecimiento del funda-


mento mitológico de la vida, lo que resulta realmente crítico a los ojos de
Unamuno, sino la elección de ese mythos fundacional: el relato evangélico.
Es este paradigma ético de santidad lo que le conduce a un terrible impas-
se vital, colocándole ante la bifurcación que separa la teatralidad conciente
de la inacción, o mejor, de la muerte (porque Ángel en La Esfinge y Euge-
nio Rodero en Nuevo Mundo, para imitar plenamente a Cristo, aceptan
inmolarse).
Dicho de otra forma, las Meditaciones no dieron el fruto esperado por-
que no abordaron la cuestión de la teatralidad (de la fallida recuperación y
aplicación del modelo cristiano), aunque justamente esto representara la
más profunda herida dejada abierta por la crisis del 97, o para mayor exac-
titud, por el Diario íntimo.
El hecho de que Unamuno emprendiera, nada más abandonar el pro-
yecto de las Meditaciones Evangélicas, una novela, Amor y pedagogía, que gira-
ba en torno a la idea del ineludible fundamento teatral de la existencia, tal
vez pueda corroborarlo115. La reconstrucción de la historia de la crisis poié-
tica unamuniana, entonces, podría verse resumida por cuatro textos y por
cuatro etapas fundamentales: (1) el Diario de la crisis: la teatralidad se
muestra como una constante descalificación de todas las acciones del perso-
naje/narrador Miguel de Unamuno; (2) las Meditaciones: se intenta velar esta
descalificación suprimiendo el relato de los intentos biográficos de encarnar
el modelo cristiano y universalizando, al mismo tiempo, el discurso; (3)
Amor y pedagogía: la teatralidad se reconoce como la esencia de la existen-
cia, como una condena ontológica; (4) Vida de Don Quijote y Sancho: la tea-
tralidad, por un lado, sigue representando la misma apertura del hombre a
la acción; pero, por otro, se sobreentiende que ya no implica una condena
a la total inautenticidad (la teatralidad de Don Quijote no está desprovista

115
Unamuno escribe de esta novela a Valentí Camps: “por debajo de él fluye cierta con-
cepción de la vida como algo teatral, en que todos representamos un papel.”, apud J. Tarín Iglesias,
Unamuno y sus amigos catalanes, cit., p. 125. Esta idea es latente en el Diario íntimo: “y es todo nues-
tro empeño ser fieles al papel que en el miserable escenario nos hemos arrogado y representarlo
del modo que más aplausos nos gane [...]. Es cosa terrible vivir esclavo del yo que el mundo nos
ha dado, ser fieles al papel sin ver fuera del teatro la inmensa esplendidez del cielo y la terrible
realidad de la muerte.”, D, p. 97. Sobre la metáfora del teatro de la vida en Unamuno, cfr. A.
Zubizarreta, Unamuno en su ‘Nivola’, Madrid, Taurus, 1960, p. 246.


PAOLO TANGANELLI

de significado y valor, al contrario, justamente su exposición al ridículo es


lo que distingue un nuevo heroísmo).
Creo que esta síntesis es coherente, aunque, como suele suceder, es más
lo que encubre, que lo que pone al descubierto. En efecto, las Meditaciones,
en el accidentado itinerario descrito, sólo representan un callejón sin salida,
un camino tomado por equivocación. Y esto no es del todo cierto, porque
este proyecto tendría que interpretarse, ante todo, como un importante
anuncio de la etapa filosófica sucesiva y del giro inmanentista que la ani-
ma. Las Meditaciones, al llevar a cumplimiento el peculiar trascendentalismo
cristiano del joven Unamuno, responsable, en última instancia, de su
impasse poiético, preparan, a la vez, su decisiva superación ‘quijotesca’, la
paulatina rehabilitación de la acción histórica.
En el Diario la distancia entre vida y mito no se colma en ningún
momento: son dos realidades contrapuestas. En cambio, en las Meditaciones
este hiato desaparece, aunque esto suceda sólo por la supresión de la ‘vuel-
ta a la vida’. Este fallido regreso, sin embargo, no indica sólo que Unamu-
no no era capaz de dar vida al mito (o sea, de imitarlo), sino, más en gene-
ral, la misma imposibilidad de la vida (humana) de salirse del mito. Se trata del
principio romántico del fundamento mitológico de todos los saberes y de
los mundos posibles; pero podría alentar, en todo esto, también la lección
del humanismo antiplatónico, que elige como punto de partida no el pro-
blema de los entes, sino el de la palabra poética e ingeniosa, que se desve-
la justamente en las metáforas y en los mythoi originarios.
En el Diario el mito pretende colocarse en la vida. En las Meditaciones,
en cambio, la vida se descubre en el mito (la biografía unamuniana se deja
entrever sólo en algunas reverberaciones analógicas). En este vuelco hay que
buscar la semilla de la superación de la crisis poiética unamuniana.
Hasta ahora he sostenido que el mito, en las Meditaciones, oculta la vida
y he hecho referencia a un mecanismo psicológico, en Unamuno, de ‘remo-
ción’ de un proyecto existencial irrealizable (se realiza sólo con el sacrificio
de quien pretenda llevarlo a cabo). Pero, más allá o más acá de este meca-
nismo psicológico, hay un descubrimiento de capital importancia, ante el
que ya no tiene sentido que se siga discutiendo acerca de la presunta impos-
tura unamuniana. Este descubrimiento, que se coloca en la línea filosófica
humanístico-romántica, es el del poder que el mito posee para marcar los


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

confines, las zonas de luz y de sombra, de la vida humana, de fundamen-


tarla, en una palabra, y, por lo tanto, de imprimir en ella su sello desde los
cimientos. El fallido regreso a la vida nos dice que el mito es la base de la exis-
tencia humana, y no viceversa.
En efecto, tanto en Nicodemo el fariseo como en las otras meditaciones
supérstites se asume que el mythos (en este caso evangélico, y de aquí, como
hemos visto, deriva el estancamiento poiético) puede proyectar un sentido
(su coherencia narrativa) sobre las caóticas vicisitudes de cualquier existencia,
rescatándola. Lo que el mito toca, se ilumina; lo que queda en la sombra,
se pierde. Sólo el mito puede salvar el pasado y abrir un futuro, o sea, dar
un sentido, una dirección a la contingencia vital: la dirección de su relato
(cada mito, aun siendo siempre inteligible como el mismo mito, puede con-
tarse de ilimitadas formas, existe –como las personas– de forma siempre
nueva).
Las Meditaciones entonces dieron fruto, pero este fruto no estaba toda-
vía en sazón.


CRITERIOS DE EDICIÓN

1. DESCRIPCIÓN DE LOS DOCUMENTOS AUTÓGRAFOS

1) El mal del siglo (CMU, col. 69/9)


29 cuartillas (aprox. 16 x 11 cm) numeradas por el autor y escritas por
una cara, pero con anotaciones en la vuelta de varias hojas. Unamuno
rayó completamente la cuartilla 9 y parcialmente las cuartillas 13 y 14:
se trata de algunos de los más significativos fragmentos de este autó-
grafo (EMS 34-38 y 59-62) que pasaron antes a AJH y luego a T y
STV.

2) Jesús y la Samaritana (CMU, col. 62/6)


20 cuartillas (aprox. 16,5 x 11 cm) escritas por una cara (excepto la
última, detrás de la cual Unamuno anotó con lápiz: “lunes 13 nov
1899”).

3) Nicodemo el fariseo [borrador] (CMU, col. 63/9)


46 cuartillas de varios tamaños (la más grande es de 16 x 10,7 cm, la
más pequeña de 15,6 x 10,2 cm) escritas por una cara (en la vuelta hay
anotaciones relativas a otros trabajos); Unamuno numera las cuartillas
erróneamente, ya que pasa del 19 al 26, y raya las añadiduras indica-
das con las letras (a) y (e): N-borrador, 261 y 267-278.


PAOLO TANGANELLI

4) El mal del siglo [borrador] (CMU, col. 79/231)


13 cuartillas (aprox. 11 x 16 cm) escritas por una cara (en la otra cara
figuran anotaciones relativas a otros trabajos); Unamuno numeró tan
sólo las primeras once (las últimas dos contienen añadiduras); todas las
cuartillas están rayadas excepto la última: EMS-borrador, 1-125. Este
borrador, junto con los borradores de Jesús y la samaritana y de La con-
versión de San Dionisio, se conserva dentro de un papel doblado (aprox.
22,5 x 16,5 cm) que sirve de carpeta, sobre el cual se lee: “Meditacio-
nes cristianas”.

5) Jesús y la Samaritana [borrador] (CMU, col. 79/231)


9 cuartillas (aprox. 11 x 16 cm) escritas por una cara y numeradas por
el autor.

6) San Pablo en el Areópago / La conversión de San Dionisio [borradores]


(CMU, col. 79/190 y col. 79/231)
Borrador A (CMU, col. 79/190): una cuartilla (aprox. 10,7 x 16 cm)
titulada S. Pablo en el Areópago, numerada por el autor y escrita por una
cara (en la otra cara figuran anotaciones relativas a otros trabajos).
Borrador B (CMU, col. 79/231): este borrador, titulado La conversión de
San Dionisio, está constituido por dos hojas (aprox. 22,5 x 16,5 cm)
dobladas a la mitad e insertadas una en otra a modo de una libreta de
cuatro páginas; Unamuno utilizó las primeras cuatro caras dejando en
blanco las otras cuatro.

7) La oración de Dimas [borradores] (CMU, col. 79/233)


Estos borradores están recogidos en una carpeta (aprox. 21,5 x 15,5 cm)
sobre la cual figura el título («La oración de Dimas»), una raya debajo
y luego, escritas con lápiz, estas palabras: «v. II Cor. XXII 9 y P. Rodrí-
guez II 192». Borrador A: dos hojas (aprox. 21,3 x 15,5 cm), dobladas
por la mitad (la segunda hoja es una circular de la «Universidad Lite-
raria de Salamanca» del 5-III-1898); Unamuno utilizó tres caras de las
ocho disponibles. Borrador B: un solo folio (aprox. 10,7 x 16,1 cm)
escrito por las dos caras (ambas están rayadas). Borrador C: un solo folio
(aprox. 20,4 x 13,3 cm); Unamuno, que escribió en la vuelta de una


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

carta de Bernardo Sánchez del 12-III-1898, rayó el incipit: LOD, Borra-


dor C, 1-8. Borrador D: un solo folio (aprox. 11,2 x 14,7 cm); Una-
muno escribió en la vuelta de un billete de la «Compañía del Ferroca-
rril de Medina del Campo a Salamanca». Borrador E: dos hojas; la
primera (aprox. 21,2 x 16 cm) fue doblada a la mitad para contener la
segunda (aprox. 10, 8 x 16 cm); Unamuno escribió en la primera de
las cuatro caras de la primera hoja y sólo en una cara de la segunda hoja
(esta cara está rayada: LOD, Borrador E, 10-22).

8) El reinado social de Jesucristo [borradores] (CMU, col. 69/10)


Borrador A: 5 cuartillas numeradas por el autor; la primera (aprox.
10,7 x 15,9 cm.) está escrita por una cara (en la vuelta hay anotacio-
nes relativas a otros trabajos); la segunda y la tercera (aprox. 10,7 x
15,8 cm), así como la cuarta (aprox. 10,6 x 15,7 cm), están escritas por
las dos caras; la quinta y última (aprox. 10,2 x 26 cm) está escrita por
una cara; las últimas dos cuartillas contienen añadiduras. Borrador B:
una hoja (aprox. 34,5 x 21,9 cm) doblada en cuatro; Unamuno utilizó
cinco de las ocho caras (todas están rayadas). Borrador C: una cuartilla
(aprox. 10,9 x 16 cm) escrita por una cara. Borrador D: una cuartilla
(10, 6 x 15,5 cm) escrita por una cara.

9) Sermón sobre la sencillez (CMU, col. 70/5)


4 cuartillas (aprox. 8,5 x 12,4 cm) escritas en la vuelta de una hoja
impresa que contiene una especie de reseña de “El Custión de Galaba-
sa”. A juicio de Emilio Salcedo – Vida de Don Miguel (Unamuno, un
hombre en lucha con su leyenda), Salamanca, Anthema Ediciones, 1998,
pp. 70-71 – Unamuno compuso este sainete alrededor de 1886.

10) Plan del Tratado del Amor de Dios (CMU, col. 75/63)
Una hoja (aprox. 44 x 31,5 cm) doblada por la mitad; Unamuno uti-
lizó las primeras tres caras.


PAOLO TANGANELLI

2. REGLAS GENERALES DE TRASCRIPCIÓN

Con el fin de poder indicar, en los aparatos críticos pertinentes, las


variantes de autor y las enmendaciones editoriales, se han trascrito los docu-
mentos segmentándolos y asignando un número a cada porción textual.
Los subrayados se han reproducido con la cursiva.
Las parcas intervenciones sobre la puntuación de las redacciones defi-
nitivas de Nicodemo el fariseo, El mal del siglo y Jesús y la samaritana se han
limitado a la introducción de comas, puntos o signos que abren interroga-
ciones y exclamaciones (¿ y ¡). En la trascripción de estos documentos se
ha corregido y modernizado la acentuación insertando los acentos que fal-
taban y suprimiendo los que, conforme a las normas ortográficas de la épo-
ca, llevan algunos monosílabos (fué, dió, trás, á, é, ó, etc.).
En cambio, en la trascripción de los borradores se ha optado por repro-
ducir la puntuación originaria y por no modificar la acentuación obvia-
mente aproximativa (excepto en los contados casos de tilde diacrítica:
más/mas, aun/aún, etc.).
Aunque Unamuno casi siempre numere las cuartillas de sus autógrafos,
no se ha indicado el número de la hoja en la trascripción por considerar
escasamente relevantes las características físicas de los vehículos que trans-
miten estos textos.

3. APARATO CRÍTICO Y SIGNOS DIACRÍTICOS

La versión publicada en revista de Nicodemo el fariseo tiene un único apa-


rato crítico, el de las enmiendas editoriales. Los otros documentos autógra-
fos, en cambio, cuentan con dos aparatos críticos: el Aparato A, de las
variantes de autor, y el Aparato B, que recoge las correcciones editoriales.
El Aparato A se articula en cuatro secciones: (1) variantes principales,
(2) tachaduras completamente ilegibles, (3) correcciones de grafemas sobre
signos ilegibles y (4) correcciones de lapsus calami por parte del autor.
En el aparato B, o de las enmendaciones, no se indican las eventuales
intervenciones editoriales sobre puntuación y acentuación, ni la separación
de una preposición del artículo que la sigue (por ej., delos, ála, etc.).


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

La enmendación de los borradores se ha limitado únicamente a


aquellos casos de lapsus calami para los cuales era evidente la corrección
necesaria.
En los aparatos críticos que dan cuenta de las variantes de autor se han
empleado los siguientes signos diacríticos:
> < Tachadura del autor.
[ ] Añadidura del autor en la misma línea de escritura.
sup
[ ] Añadidura del autor en la interlínea superior.
inf
[ ] Añadidura del autor en la interlínea inferior.
tras
[ ] Añadidura del autor colocada en otro espacio de la cuartilla o
incluso parcialmente en la cuartilla siguiente.
var
[ ] Indica una variante alternativa colocada en el espacio interli-
near inferior o superior; se introduce en la trascripción des-
pués de la lección que figura en el renglón.
* Introduce una lección sustituidora escrita por encima de otra
lección tachada; en ciertos casos se inserta también después de
la lección sustituidora.
inf
* Introduce una lección sustituidora escrita en la interlínea infe-
rior por debajo de la lección tachada.
tras
* Introduce una lección sustituidora colocada en otro espacio de
la cuartilla.
ren
* Introduce una lección sustituidora escrita en el mismo renglón
tacha Indica la sustitución de una lección por otra o de un signo de
puntuación por otro mediante la modificación de grafemas.
sobre Indica la corrección de grafemas.
trasp. Transposición (indica la inversión del orden de algunas pala-
bras).
[?] Signo/s ilegible/s.
[…] Omisión de un segmento textual por parte del editor.
| Separa las variantes de un mismo fragmento.
/ Separa dos párrafos.
En el caso de lecciones que sustituyen otras tachadas en la línea de
escritura, en el aparato A aparece antes la lección elegida precedida por los
signos *, inf* o tras*, y luego la lección tachada entre los signos > <: por ej.,
*lección2 >lección1<.


PAOLO TANGANELLI

Se inserta un asterisco suplementario después de la lectura que susti-


tuye un determinado segmento textual en las siguientes situaciones: (a)
cuando, junto a la sustitución, se realiza una modificación de la dispositio
que afecta a la variante (por ej., *lección2* otras palabras >lección1<); (b)
cuando el autor ha tachado también la lección que debía sustituir la lección
borrada en el renglón: >*lección2* lección1<; si en este caso hubiera una
segunda lección sustituidora (lección3) por encima de la primera lección
sustituidora tachada (lección2), se escribiría: *lección3 >*lección2* lec-
ción1<.
En el caso de un fragmento antes añadido y luego enteramente tacha-
do se combinan los signos diacríticos de las tachaduras y de las añadiduras
de esta forma: > sup[aaa]<.
Se utilizan diferentes combinaciones de signos diacríticos también si
dentro de una misma añadidura aparecen tachaduras o, incluso, otras aña-
diduras sucesivas: por ej., sup[aa >b< aa [b] a>a<a].
Por lo que se refiere al plan del Tratado del Amor de Dios, tratándose de
un autógrafo de descodificación sumamente compleja, se ha optado por uti-
lizar signos diacríticos en la misma trascripción y por dar cuenta en el apa-
rato tan sólo de los escasos casos de modificación de grafemas y de otras
indicaciones del autor. Desde luego, este borrador no ha permitido ningu-
na enmendación editorial.

4. UN MANUSCRITO DE NICODEMO NO EDITADO

En la Casa-Museo Unamuno se conserva un manuscrito de Nicodemo el


fariseo (CMU, col. 64/3) escrito con una grafía claramente distinta de la
unamuniana (desde ahora Ms), que representa tan sólo una copia descripta
del artículo aparecido en Revista nueva.
El desconocido copista intenta reproducir incluso las características
tipográficas del artículo, llegando a transcribir las palabras en cursiva con
una letra diferente (sin subrayar las palabras, como solía hacer Unamuno
para indicar la cursiva en sus autógrafos). Además Ms se distancia del artícu-
lo también por el uso de los acentos (el copista suprime muchos sin moti-
vo) y, sobre todo, de la puntuación (a menudo faltan puntos y aparte y el


Meditaciones Evangélicas. MIGUEL DE UNAMUNO

copista elimina, de forma casi sistemática, las comas que preceden a la con-
junción “y”).

1) Errores conjuntivos entre el artículo y Ms


Después de la lección de Ms se indica entre paréntesis la lección críti-
ca y luego, eventualmente, una breve explicación en cursiva:
60. XIX, 38-48. (XIX, 38-42.)
74. naciese (naciere) Considero “naciese” una lectio facilior por dos
razones: (a) porque en el borrador de Nicodemo el fariseo y en el texto
evangélico del que Unamuno transcribe las citas aparece “naciere” y (b)
porque en las otras citas evangélicas insertadas en esta meditación evangé-
lica se conservan todos los subjuntivos futuros
164. el hijo (el Hijo)
171. ¿Qué cómo (¿Que cómo)
210. «es un horror (es un horror)
252. Jerusalen (Jerusalem)
276. entiende (entienda)
283. En el artículo y en Ms no se cierran las comillas
292. oir (oír)
296. Jerusalen (Jerusalem)
305. frente el pretorio (frente al pretorio)
342. al oirle (al oírle)
355. tragín (trajín)

2) Errores individuales de copia de Ms


Entre los errores individuales de copia figura hasta un caso de saut-du-
même-au-même (fragmento 102). En este elenco de los errores individuales no
considero las numerosas palabras no tildadas, ni los lapsus calami del copis-
ta (como en el fragmento 133, donde Ms ofrece “Dios, quie” en lugar de
“Dios, que”). Antes indico la lección del artículo aparecido en Revista nue-
va y luego la del manuscrito:
52. nuevas ideas | Ms: ideas nuevas
63. vaga vida | Ms: vaga idea


PAOLO TANGANELLI

102. tú que naciste una sola vez y para siempre, como una sola vez
y para siempre morirás | Ms: tú que naciste una sola vez y para
siempre morirás
118. y otra cosa es ser | Ms: y otra es ser
125. temor alguno | Ms: temor a alguno
134: desfigurado | Ms: desfigurando
248. la de su costra | Ms: la de la costra


Te x t o s
MEDITACIONES EVANGÉLICAS
Nicodemo el fariseo

NICODEMO EL FARISEO*
1
Señores: es la primera vez que desde este sitio hablo y la primera tam-
bién en que desde hace más de ocho años, desde que soy catedrático, me
dirijo al público. 2Deseo que desde luego se establezca cierta comunión de
cordialidad entre nosotros. 3La Junta de esta asociación de cultura me ha
invitado a que diese aquí una conferencia; pero en tales circunstancias para
mí, bajo una premura tal por volverme a mi hogar, que no me era posible
preparar nada ex profeso para este acto. 4Y de ningún modo quiero venir a
improvisar, a ir diciendo cuatro cosas que de momento se me ocurran. 5Sólo
me quedaba, pues, un recurso, y es el de sacar de entre mis trabajos inédi-
tos algo que pareciese apropiado y leéroslo.
6
Apenas hay cuestión que no solicite mi atención, lo cual me lleva aca-
so a dispersar mis fuerzas; pero entre todos los problemas son tal vez los
económicos y los religiosos los que más que hacer dan a mi espíritu. 7Son
lo económico y lo religioso los dos goznes de la historia humana. 8La lla-
mada concepción materialista de la vida, la de Marx, que en el fondo de
todo proceso social veía como ultima ratio al factor económico, nos muestra
no más que una cara de la realidad, la externa, ofreciéndonos la otra lo que
podríamos llamar concepción espiritualista, y más que espiritualista cordial,

*
El exordio y la conclusión fueron improvisados y leído el sustancioso estudio que sirvió
de base a la conferencia dada por su autor en el Ateneo de Madrid en la noche del lunes 19 de
noviembre de 1899.


MIGUEL DE UNAMUNO

la que ve envolviendo a todo, un factor religioso. 9Danos lo económico el


resorte y móvil de la vida y nos da lo religioso el motivo de vivir. 10Moti-
vo de vivir; he aquí todo.
11
Podría decir, empleando una muy conocida terminología, que es lo
económico la causa eficiente del progreso humano y lo religioso su causa
final. 12Y si alguien al oírme esto, juzgando desde ciertas convicciones que,
como todas, respeto, me arguyese en silencio que tal causa final no existe,
le diré que el lograrla es lo que constituye la esencia de toda religión. 13No
hay en realidad más que un gran problema, y es éste: ¿cuál es el fin del
universo entero? 14Tal es el enigma de la esfinge; el que de un modo o de
otro no le resuelve, es devorado.
15
¿Que no tiene fin alguno el universo? 16Pues démosle, y no será tal
donación, si la obtenemos, más que el descubrimiento de su finalidad vela-
da. 17Cuando la razón me dice que no hay finalidad trascendente, la fe me
contesta que debe haberla, y como debe haberla, la habrá. 18Porque no con-
siste tanto la fe, señores, en crear lo que no vimos, cuanto en crear lo que
no vemos. 19Sólo la fe crea.
20
¡Fe! ¡Qué poco se medita con el corazón y no con la cabeza tan sólo,
en lo que la fe sea e importe! 21No una mera adhesión del intelecto a un
principio abstracto, a una fórmula sin contenido ya acaso; no la afirmación
de principios metafísicos o teológicos; no, sino un acto de abandono y de
entrega cordial de la voluntad, una serena confianza en que concurren a un
fin mismo la naturaleza y el espíritu, en que naturalizando al espíritu lo
sobreespiritualizamos y espiritualizando a la naturaleza la sobrenaturaliza-
mos, una confianza firme en que habita la verdad dentro de nosotros, en
que somos vaso de verdad y en que la verdad es consuelo; una confianza fir-
me en que al obrar con pureza y sencillez de intención, servimos a un desig-
nio supremo, sea el que fuere.
22
Yo siembro, siembro, señores, como mejor Dios me da a entender,
siembro el grano que Él ha puesto en mi granero, tendiendo a hacer ora-
ción de mi trabajo de sembradura, y siembro sin volver hacia atrás los ojos,
no sea que me pase lo que a la mujer de Lot; siembro mi grano mirando
siempre al porvenir, que es el único reino de libertad, y dejo a la tierra que


Meditaciones Evangélicas

lo fecunde, y al aire, al agua y al sol que lo fomenten. 23¡Ah! Si en vez de


inquietarnos por el sembrado grano siguiéramos sembrándolo.
24
Mas para tal obra menester es que comulguemos todos en uno, comu-
nicándonos por lazos de cordialidad, que se quebrante de una vez la inso-
ciabilidad íntima que sirve de base a esta aparente sociabilidad de nuestro
pueblo, en que más que corazones busca cada cual oídos, en que nos une la
necesidad de charlar y oír charlar. 25Porque, decidme, aquí, en este pueblo
de oradores, ¿quién se vierte? ¿quién derrama su espíritu en público?
¿quién desnuda su alma con religioso pudor? 26¿Sentís unción en lo que se
dice? 27¿No se pone más bien en ridículo el que al hablar entone la letra
de su inteligencia sobre el canto de su corazón?
28
Soy catedrático, conozco los males de nuestra enseñanza y acerca de
ellos he escrito algo. 29Y el mal mayor es que, por lo general, quien más
pone no pone al enseñar más que su inteligencia. 30Raro es el que saca el
pecho y da su sustancia propia; el alumno no siente el calor de la teta al
labio. 31Nuestra enseñanza es una enseñanza con biberón.
32
Tan hondo daño ha venido a agravarlo la invasión de un mal trans-
pirenaico que consume a parte de nuestra juventud: el intelectualismo. 33Y
es lo más terrible que es intelectualismo de mezquina inteligencia.
34
Afectan no conmoverse por nada, toman el mundo en espectáculo,
como estetas, y no les oiréis más que citar libros y autores y teorías, y bara-
jar ideas secas, y disertar acerca del estilo y de las bellas formas. 35La impa-
sibilidad es su divisa.
36
Es esta del intelectualismo una enfermedad terrible, que agota las
fuerzas de los distinguidos, de los que a sí mismos se tienen por la flor y
nata del humano linaje, de los que fingen creer que sólo sirven los millo-
nes de los sencillos que callan, oran y trabajan, para producir unos cuantos
genios y subgenios, de los fariseos, en fin, en el recto sentido de esta pala-
bra.
37
Un fariseo, un intelectual seducido por la cultura helénica, fue aquel
judío Saulo que empezó persiguiendo a los sencillos y que luego de des-
pierto su corazón enseñó la buena nueva a los gentiles, descubriéndoles a
aquel Dios desconocido al que alzaban aras vacías en Atenas, en aquella


MIGUEL DE UNAMUNO

Atenas, donde, según el mismo Saulo, Pablo luego, se pasaban el tiempo


en hablar de la última novedad, corriendo tras lo curioso.
38
También nuestros intelectuales se pasan el tiempo hablando de la
última novedad y comentándola, oliendo el olor a tinta fresca del último
libro llegado de París, mientras por el bien parecer refrenan los impulsos
del corazón que les quede. 39También llega a interesarles, como curiosidad,
el problema religioso; pero no se acercan a él con sencillez de espíritu, no
se abandonan, porque allá, en su interior, lo temen. 40No quieren desper-
tarse.
41
Sé lo que es el intelectualismo; lo he padecido y hoy mismo que con-
tra su costra de hielo golpeo, lo padezco tal vez más de lo debido. 42He lle-
gado a conocer una enfermedad terrible semejante en el orden del espíritu
a lo que en el orden de la materia sea una autofagia, un estómago ulcera-
do, que, destruido el epitelio, empieza a digerirse a sí mismo. 43Y hay que
curarse, y para curarse, dieta láctea espiritual, leche sedante, dulce, aquie-
tadora. 44Hay que volver a la leche de la infancia.
45
En esos momentos de obstinada lucha interior, cuando bajo las pave-
sas de lo racional me levantaba el corazón la sustancia de las cosas que se
esperan en esos momentos de solemne crisis, para afirmar mi personalidad
sobre la personalidad de la civilización cristiana en que vivimos, y de que
vivimos, resucité mi niñez sumergiéndome en la niñez del espíritu de nues-
tra cultura. 46¿Cómo? Buscando en mí mi corazón de niño y yendo con él
a mamar la leche que nos hizo hombres, a oír la voz de nuestra niñez social,
la voz del Evangelio.
47
Y en él me encontré con la historia de un fariseo típico, del intelec-
tual que ansía consuelo en la verdad y verdad en el consuelo, con la histo-
ria de Nicodemo, el discípulo vergonzante, que va de noche y a hurto a ver
a Jesús y cuando éste muere le entierra, como quieren enterrarle tantos inte-
lectuales enamorados de su soberana belleza, enterrarle en análisis y estu-
dios y convertirle en tema artístico y literario.
48
Leí y releí la historia de Nicodemo y la medité. 49Y dejé luego cris-
talizar tales meditaciones, meditaciones cordiales más que racionales dis-
quisiciones, en un relato que es el que voy a leeros esta noche.


Meditaciones Evangélicas

50
No os llaméis, pues, a engaño. 51No es esto una conferencia, ni con
la presuntuosa pretensión de enseñaros cosa alguna vengo; no aspiro más
que a sugerir en vosotros un estado de ánimo, a tocar ciertas fibras de vues-
tro espíritu. 52No busco el que salgáis de aquí llevando nuevas ideas o nue-
vos datos. 53Daríame por satisfecho si al quedaros luego solos, cada uno en
su casa, os sonara dentro un eco, por débil y apagado que fuese, como el
imperceptible prolongamiento que deja al derretirse en el espacio el tañido
de la campana.
54
Que nadie, digo, se llame a engaño; esto que vais a oír, más os pare-
cerá sermón que otra cosa. 55Acaso no falte quien lo crea impropio de este
sitio; yo os aseguro que no lo hago por singularidad, sino que creyendo que
aquí nos hace falta derramarnos, predico con el ejemplo.
56
Sólo os pido que me lo oigáis con simpatía, esforzándoos por oírme-
lo con un estado de ánimo análogo por lo menos a aquel que me lo inspi-
ró, con cierto recogimiento. 57Sé que es mucho pediros, sé que viene cada
cual con sus propios cuidados y preocupaciones, pensando acaso en la cita
próxima, en el amigo que le espera, en el negocio que entre manos trae,
muchos por pura curiosidad, como atenienses, no sé cuántos dispuestos a
oír cosas que, por lo general, cansan o molestan. 58Lo que vais a oír nada
tiene de ameno.
59
Y creedme que, si tanto contribuyó a crear la cultura helénica, aquel
sentido de la forma en que se educaron los griegos, contemplándose des-
nudos los cuerpos en sus olímpicos juegos, sólo se perfeccionará la cultura
cristiana cuando nos eduquemos a contemplar desnudas las almas en reli-
giosas confesiones. 60Voy, pues, a mostraros el alma de Nicodemo el fariseo.

EVANGELIO DE SAN JUAN, III, 1-24; VII, 45-53; XIX, 38-42.


61
«Había un hombre de los fariseos, por nombre Nicodemo, príncipe
de los judíos, el cual vino a Jesús de noche y le dijo: 62Rabí, sabemos que
has venido de Dios por Maestro, pues nadie puede hacer las señales que
haces si no estuviese Dios con él.»
63
Hay fariseos, es decir, idealistas creyentes en una vaga vida superior
a la temporal, príncipes entre los suyos, que les escuchan y acatan cuanto


MIGUEL DE UNAMUNO

ellos digan. 64Hay entre los que guían el pensamiento humano no pocos
que bañan su espíritu en indecisas creencias de inmortalidad, impersonal tal
vez, en flotantes esperanzas de un ideal sobresensible. 65Oyendo éstos del
Cristo palabras de sencilla realidad, sin nebulosidades engañadoras, resisten
todavía dejar su religiosismo incierto para acogerse a religión, mas siénten-
se al fin movidos desde dentro, cuando las lágrimas se les suben del cora-
zón rebosante y opreso a los cansados ojos, cuando la antigua sencillez de
su infancia les inunda la mente con las aguas hondas del espíritu que van
creciendo en ellos. 66Porque no en vano fuimos niños, siendo el niño que
llevamos todos dentro el justo que nos justifica. 67Pero son príncipes de los
judíos, tienen una historia y un prestigio, y el hombre íntimo, que al fin
en ellos se despierta, no tiene fuerzas bastantes para sacudirse del exterior,
del que los demás les han hecho. 68Su prestigio ahoga a su alma. 69Y ¡qué
noches, qué noches de angustia las del pobre Nicodemo cuando piensa en
las cadenas que tiene que romper, en la desnudez en que ha de quedarse,
cuando cree que va a destruir obra de años, a deshacer la labor de sus días!
70
Es un sacrificio superior a sus fuerzas.
71
Mas al cabo no puede resistir más, porque el espíritu le empuja, y
una noche vase de hurto a visitar a Jesús. 72Sin que ningún importuno se
entere, a escondidas, después de haber visto bien cerradas las puertas, en el
silencio discreto de la noche, se avistará a solas con el Maestro para decir-
le: sé que eres algo divino, porque tu obra no puede ser humana; ¿qué me
dices?
73
«Respondió Jesús y le dijo: 74De seguro y bien de seguro te digo, que
el que no naciere otra vez no puede ver el reino de Dios.»
75
Ya está Nicodemo postrado a los pies del Maestro, pidiéndole de
noche y a solas alimento de enseñanza. 76Y Jesús le dice que hay que rena-
cer para ver el reino de Dios, cuyo advenimiento piden a todas horas miles
de lenguas sencillas.
77
«¿Cómo – se dice Nicodemo – he de poder cambiar ahora y renovar-
me y hacerme hombre nuevo? *Débome a mi pasado; aún más, no soy sino
el resultado de mi vida. 78No cabe desandar lo andado, ni puedo ser ya de
otro modo que como he venido a ser. 79¿Que sin fe no he de salvarme?
80
Pero la fe no es voluntaria; se debe a gracia, y si no la tengo, ¿qué hacer?


Meditaciones Evangélicas

81
Menester me sería hacerme otro; pero entonces no sería ya yo. 82¡Si pudie-
se hacerme otro!... 83Mas ¿cómo he de hacerme otro yo, yo mismo, que soy
como soy y no de otra manera? 84Según soy, veo y juzgo mi estado íntimo;
es este mismo estado el que a sí propio se juzga: ¿cómo cambiar? 85¡Nacer
de nuevo! 86Sólo naciendo otra vez para ser otro, no ya yo, podría ver el rei-
no de Dios; pero no lo vería yo, sino el otro.... ¡Cuánto absurdo!»
87
¿Has meditado alguna vez, Nicodemo, con el corazón, en el tremen-
do misterio del tiempo irrevertible? 88¿Has sentido penetrar hasta el tuéta-
no de tu alma esta verdad de que el pasado no vuelve ya jamás, jamás,
jamás? 89¿Has considerado esta solemne y única realidad del presente entre
el infinito del pasado y el infinito del porvenir, esta solemne realidad del
presente eterno, siempre presente y fugitivo siempre? 90¿Te has parado a
mirar la eternidad en el seno del siempre fugitivo ahora y no abarcando
pasado y futuro? 91Porque esa eternidad que te imaginas se extiende desde
lo insondable del último inasequible ayer a lo insondable del último inase-
quible mañana, es una eternidad muerta en su quietud, y has de buscar la
eternidad viva sustentando el movimiento actual, en las entrañas mismas
del presente, cual sustancia de éste, como raíz de la permanencia de lo fugi-
tivo, en Dios para quien ayer y mañana son siempre hoy. 92Es una medita-
ción que sacude las raíces del alma ésta del tiempo descansando en la eter-
nidad, de nuestra vida fluyendo sobre la eterna vida de Dios.
93
El tiempo es irrevertible. *Si tomas un camino, te cierras todos los
demás. 94Se te abren varias vías, ¡escoge!; pero piensa que al escoger una,
renuncias a las demás y que no podrás ya desandar lo andado. 95Piensa en
que cada acto tuyo cumplido queda irreparable, en que no hay fuerza huma-
na ni divina que pueda hacer que no hayas hecho lo que hiciste ya, y pien-
sa en que los efectos de ese tu acto irán irradiando en los tiempos venide-
ros. 96Estás en la confluencia de la inmensidad de los espacios con la
insondable procesión de los tiempos; todo lo que ha sucedido y todo lo que
sucede se refleja en ti, y la creación entera concurre a determinarte. 97Y a
la vez, cada uno de tus actos va repercutiendo por ella como golpe que se
propaga en ondas por lago sin orillas. 98Cierto es que tu acto es uno entre
infinitos, y que con ellos se funde; pero tú mira lo tuyo y considera lo irre-
parable de lo cumplido ya. 99¡Irreparable! irreparable tu acción pasada; pero
¿es tu intención, es tu alma irreparable? 100Es irreparable, sin duda, tu acto


MIGUEL DE UNAMUNO

en el tiempo, pero ¿lo es acaso su raíz en la eternidad? 101Si el pasado es


algo más que pura memoria en nosotros, mientras ésta dura, y luego nada;
si ha ido a asentarse en el sedimento eterno y allí vive, ¿es allí irreparable?
102
Tú mismo, tú que naciste una sola vez y para siempre, como una sola
vez y para siempre morirás, ¿eres en tu eternidad irreparable? 103¿No pue-
des en ésta nacer de nuevo?
104
«Dícele Nicodemo: 105¿Cómo puede nacer el hombre siendo viejo?
106
¿Es que puede volver a entrar en el vientre de su madre y nacer?»
107
No veo – se dice Nicodemo – cómo quepa renacimiento. 108Soy vie-
jo, mis hábitos, sentimientos y doctrinas de hoy son los que me constitu-
yen, son yo; deshacerlos es deshacerme. 109No puedo volver a la madre tie-
rra, a la inconciencia otra vez, a la encrucijada en que se me abrieron los
caminos de la vida, y nacer de nuevo.
110
«Respondió Jesús: 111De seguro y bien seguro te digo que el que no
naciere de agua y de espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 112Lo
nacido de carne es carne, y lo nacido de espíritu, espíritu. 113No te mara-
villes de que te diga: 114Tenéis que nacer otra vez. 115El viento sopla de
donde quiere y oyes su sonido, mas ni sabes de dónde viene ni adónde va.
116
Así es todo aquel nacido del espíritu.»
117
Es, Nicodemo, que sólo miras a tu hombre carnal y no al espiritual;
que sólo miras al que fluye en las apariencias temporales y no al que per-
manece en las realidades eternas; es que te quedas en las obras muertas sin
ir a buscar la fe viva que las vivifica; es que no pasas del hombre que tal
vez hace el bien, sin entrar al que puede ser bueno; es que no buscas bajo
el que obra, al que es. 118Porque una cosa es hacer el bien, como dices que
la moral te enseña, y otra cosa es ser además bueno, como la religión te
pide. 119Has de vivir recogiendo el pasado, atesorando en la eternidad tu
tiempo, en crecimiento y no en mero adelanto. 120¿Y cómo? Tendiendo a
ser hoy mejor, más divino que ayer. 121¿Qué obras buenas son ésas que al
acumularse no te mejoran? 122«La vida del espíritu es la buena intención.»
(Ricardo de S. Víctor.) 123Ten buena intención y pide a Dios que obre ésta
en ti buenas obras. 124Si tu debilidad te doblega al pecado, si te vencen las
tentaciones, te arrepentirás mientras sigas bien intencionado y te será per-
donada tu flaqueza. 125Pero si deseando mal y lleno de intención dañada no


Meditaciones Evangélicas

hicieses daño por temor alguno, o si por cobardía para el mal fueses hon-
rado, justo por de fuera, tu mala intención amargará tu alma. 126Sé bueno,
Nicodemo, sin conformarte con no hacer mal a nadie, ni aun con hacer
bien, que si rindes a otro un beneficio, a la vez que de él murmuras o mal-
dices en el secreto de tu corazón, no te será el beneficio imputado a méri-
to, porque todo el que aborrece a su hermano es homicida. (Ep. V, Juan III,
15.) 127Aprende a odiar tanto al pecado, cuanto a compadecer y amar al
pecador, porque el odio al mal está en inversa razón con el odio al agente
del mal mismo. 128Mientras no llegues a que a la vista del infeliz que come-
tió horrendo crimen se te escape del pecho este amoroso grito, ¡pobre her-
mano!, mientras a esto no llegues, no serás radicalmente bueno, del todo
cristiano. 129La intención es fe, y si fe sin obras es fe muerta, muertas son
también las obras sin fe. 130Eres dueño de tu querer y de tus intenciones;
no lo eres en rigor ni de tu hacer ni de tus actos.
131
Hay, Nicodemo, en nosotros todos dos hombres, el temporal y el
eterno, el que adelanta o atrasa en las cambiantes apariencias y el que cre-
ce o mengua en las inmudables realidades. 132Desde nuestro nacimiento car-
nal, terreno y temporal, desde que nuestro espíritu, embrión entonces, fue
puesto en la matriz del mundo, de donde naceremos con el parto de la
muerte a vida espiritual, celestial y eterna, recibimos del mundo, como de
placenta, capas que nos van envolviendo, capas de pasiones, de impurezas,
de iniquidades, de egoísmo y a la vez va creciendo, con crecimiento inter-
no, aquel espiritual embrión, pugnando por desplegar en sí vida de virtud
y de amor divinos. 133Hay un crecimiento de dentro a fuera, crecimiento
que nos viene de Dios, que habita dentro nuestro, y hay otro de fuera a
dentro, que nos viene de esas capas de aluvión que el mundo deposita en
torno de nuestro núcleo eterno intentando ahogarle en el tiempo. 134Así
vivimos separados los unos de los otros por costras más o menos espesas, a
través de las cuales irradia penosamente en los buenos, y desfigurado casi
siempre, el fuego de la caridad divina. 135Mas aun así y todo comunícanse
las eternas honduras de nuestra alma, con la hondura eterna de la creación
que nos rodea, con Dios que habita en todo y todo lo vivifica, con Dios, en
quien, como en mar común, somos, nos movemos y vivimos. 136Cuando
Dios, que habita en el último seno de todo, se te muestra en tu concien-
cia, uno consigo mismo, que en tu último seno habita, te ves perdido en el


MIGUEL DE UNAMUNO

mar inmenso, sin propia conciencia temporal, en esplendente conciencia


eterna, viviendo en Él a tu propia vista.
137
Aun a través de la dura costra mundana que nos ahoga, el calor de
nuestro espíritu busca al calor divino, y es a las veces, en las almas de los
santos, tan intensa y viva el ansia, que se resquebraja la costra y el conte-
nido de sus almas se vierte en sangría de caridad abrasadora, yendo a calen-
tar su calor en el divino fuego. 138Sus costras se desgastan, empezando por
las de más dentro, por las que más apegadas llevan, derrítense sus pasiones,
cáenseles esas capas en que les aprisiona el mundo, se desasen de éste y así,
desnudas sus almas, desnudas del todo, desnudas de afectos terrenos, des-
nudas de su misma conciencia temporal, desnudas como salieron de manos
del Señor y como volverán a ellas, llegan al inefable toque de su eterno
núcleo con el eterno Foco de vida y de amor. 139Piérdense en el mar de la
vida divina.
140
Así es como puedes renacer y renacer de agua, lavándote en el arre-
pentimiento y la penitencia. 141Sí, lo hecho, hecho queda, tu acto pasado
es, en cuanto acto temporal, irreparable; pero puedes reparar la intención
con que lo hiciste. 142Para los hombres los hechos se consuman del todo y
la ley no tiene efecto retroactivo; esto para los hombres que viven y obran
en el tiempo; mas para Dios, que sondea el corazón y perdona sus pecados
a la Magdalena porque amó mucho, es el perdón la forma más augusta de
la sentencia y la misericordia lo eterno de la justicia. 143Para entrar en su
reino, en el reino de la paz, hay que nacer de agua de arrepentimiento que
lava la intención, y de espíritu; hay que nacer del núcleo eterno. 144Toda
esa costra sucia que nació de carne, de mundo, es carne y mundo; mas lo
que en ti nació de espíritu, espíritu es. 145No te maravilles, pues, de que
ahí, a solas, en esa entrevista que a ocultas mantienes con Jesús, te diga el
Maestro que te es necesario nacer otra vez.
146
Tu hombre carnal, el de la costra mundana, el que se pasea por las
miserias, es esclavo. 147Eres esclavo en tus actos, mas no en tus intenciones.
148
Así que obras, queda tu acción sujeta a las cadenas de toda apariencia;
así que te produces en el tiempo, a lo irrevertible e irreparable del tiempo
se somete tu acción. 149No es tanto en el hacer cuanto en el querer donde
has de buscar tu libertad, porque el espíritu sopla, como el viento, de don-
de quiere, y oyes su sonido sin saber de dónde viene. 150Intérnate en esa


Meditaciones Evangélicas

santa libertad, refúgiate en ella de las tiranías de esa costra de tu alma, y


así puedas exclamar con el apóstol: 151«No hago el bien que quiero, sino el
mal que no quiero hago, ¡miserable hombre de mí! 152¿Quién me librará de
este cuerpo de muerte?» 153Si tus malas obras te asedian oponles tu buena
intención, y busca en la buena fe sacudirte de ellas.
154
«Respondió Nicodemo y díjole: *¿Cómo puede esto hacerse?»
155
Todo esto parece misterio o sutileza – se dice Nicodemo – que ente-
rrado en el moralismo farisaico no penetra en la religiosidad cristiana. 156No
ve bien la bondad ahogada tal vez bajo las malas obras y acaso dice en su
interior: «hágase el milagro y hágalo el diablo». 157Si llegamos a impedir
que se obre mal, ¿qué importa que no se sienta el bien? 158Mas como esto
no le satisface, pregunta que cómo puede hacerse todo aquello.
159
«Respondió Jesús y díjole: 160Tú eres el maestro de Israel y ¿no sabes
esto? 161De seguro y bien de seguro te digo que hablamos lo que sabemos
y testificamos lo que hemos visto, y no recibís nuestro testimonio. 162Si os
he dicho cosas terrenas y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestia-
les? 163Nadie subió al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hom-
bre que en el cielo está. 164Y como Moisés levantó la serpiente en el de-
sierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado para que todo
aquel que en Él creyere no se pierda, sino que tenga vida eterna. 165Porque
de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para
que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. 166Por-
que no envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas
que para que el mundo se salve por Él. 167Él que en Él cree no es conde-
nado; mas el que no cree ya es condenado, porque no creyó en el nombre
del Unigénito Hijo de Dios. 168Y ésta es la condenación, porque la luz vino
al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus
obras eran malas. 169Pues todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y no
viene a la luz, porque no le sean redargüidas sus obras. 170Mas el que obra
verdad viene a la luz, para que se manifiesten sus obras hechas en Dios.»
171
¿Que cómo puede hacerse eso, preguntas, Nicodemo? 172¿Eres maes-
tro y no lo sabes? 173¿Te has llevado tantos años en labrarte un prestigio y
hacerte una cultura y no sabes eso? 174Y en vez de ser humilde, ya que
no lo sabes, cuando alguien viene a enseñártelo te dices acaso: no lo he
aprendido yo buceando en la ciencia, y este ignorante, este vulgar, ¿va a


MIGUEL DE UNAMUNO

saberlo? 175¿Tendrá la insipiencia pretensiones de enseñar a la sabiduría?


176
Dicen que han visto todo eso, que lo han visto con la fe... ¡Ilusiones!
177
Los que no siendo hipócritas no dicen lo que no sienten son pobres ilu-
sos. 178Los unos fingen creer; los otros quieren creer sin lograrlo; los demás
creyentes creen sin poseer en realidad fe positiva. 179Pero hay sin duda entre
ellos algunos a quienes la potencia misma de su ilusión les convierte en
videntes, y que, llevados de su ardiente deseo de fe, se sumergen en las más
profundas aguas del espíritu, donde descubren campos inmensos, vírgenes
y fecundos. 180Tiene sin duda la religiosidad – piensa nuestro Nicodemo –
raíces arraigadísimas en las entrañas del espíritu humano, y puede llegar a
provocar un estado tal de la fantasía que penetre ésta en el tuétano de ver-
dades cerradas a la mera razón lógica. 181Los pobres creyentes vulgares, ate-
nidos a la letra de la fe oficial e impuesta, ¿qué van a enseñarme? 182Pero
los que de entre ellos se hunden en otro mundo, y rompiendo la costra de
la letra descienden al espíritu, quebrantando el dogma van a la fe pura, a
éstos sí que puedo preguntarles cómo se hace aquello. 183Y a este mismo
Jesús con quien hablo a solas en su Evangelio, a este mismo profeta de
inmensos destinos, puedo muy bien pedirle aquí, de noche y a escondidas,
el meollo de las enseñanzas que en figuras y parábolas vierte al pobre pue-
blo sencillo.
184
Mira, Nicodemo, que cuando te ha dicho cosas terrenas no le has creí-
do, ¿y cómo quieres creerle si te dijese las celestiales? 185Pretendes pasarte
sin la letra para lograr el espíritu; intentas meterte en regiones profundas,
despreciando el cumplimiento de los preceptos; al romper en alabanzas a la
clarividencia mística, es que insultas a la sordina a la ley. 186Pero nadie
subió al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que en el
cielo está. 187Esas potentes intuiciones que buscas, esas lumbres que te
alumbren tu camino eterno, sólo te puede dar algún reflejo de ellas quien
descendió del cielo. 188Esos videntes de amor sacaron sus visiones de Dios,
de Cristo, por quien Dios enseña. 189Aprendieron su sabiduría por caminos de
abnegación, de dolor, de sacrificio, fijos sus ojos en la cruz.
190
Cuando iban los israelitas peregrinando por el desierto, hablaba el
pueblo contra Dios y contra Moisés por haberle hecho salir de Egipto para
morirse en el yermo, donde no había pan ni agua y donde se hastiaban de
aquel pan tan flojo. 191Entonces el Señor les envió serpientes ardorosas, que


Meditaciones Evangélicas

mataban a quien mordían. 192Y el pueblo entonces fuese a Moisés, confe-


sándose de haber pecado hablando contra Dios y contra él, y le pidieron que
destruyese las serpientes. 193Oró Moisés, y obedeciendo al Señor, hizo lue-
go una serpiente de metal, púsola sobre la bandera, y cuando algún mor-
dido la miraba, vivía. (Núm. XXI.)
194
Peregrinando por el desierto de tu mundo y de tu ciencia, has habla-
do, Nicodemo, sin saberlo acaso, contra Dios, has murmurado en tu cora-
zón de Él y del profeta que te hizo salir de aquel encantado Egipto, en don-
de dormitabas dulcemente el sopor de la esclavitud, en donde no sentiste
los sobresaltos de ahora. 195Has perdido aquella calma, extraños desasosie-
gos te agitan el corazón, parécete desabrido todo, sufres de hambre y de sed
espirituales y te hastía el pan flojo de tu desierto. 196Es, en efecto, una cosa
terrible cuando palpando el ¡vanidad de vanidades! pierde toda belleza su
atractivo y toda impresión su sabor; cuando se llega a la dolorosa obsesión
del desierto, que nos hace matar las horas, y que nos sume en la tristeza de
la inutilidad de todo esfuerzo; cuando, extinguido el apetito de vida, se vive
como por necesidad, por rutina, por cobardía o por terror a la muerte.
197
Entonces, aun el que cree que no cree, llega a confesar a Dios en su cora-
zón, culpándole tal vez de sus males. 198Y el Señor le envía dolores reales,
tentaciones de presa, serpientes que matan a quien muerden. 199Despiérta-
le el dolor y vase él, el que sufría de inapetencia, vase lleno de hambre a
confesarse de haber pecado y a pedir que le quiten de encima la serpiente
que le muerde y mata, la cruz que le abruma. 200Y ve entonces que le pre-
sentan sobre la bandera de los creyentes la cruz del Salvador, la cruz de
metal, imperecedera, la cruz del dolor eternizado, y que le invitan a que la
mire con amor para revivir y curarse de las heridas de su cruz. 201«Es nece-
sario que el Hijo del hombre sea levantado para que todo aquel que en él
creyere no se pierda, sino que tenga vida eterna.»
202
Todos esos videntes que llegaron a la paz y al saber que tanto ansías,
fueron a ellos, Nicodemo, por vías de sufrimiento, de sacrificio y de
humildad, entre serpientes mordedoras, entre cruces abrumantes, y fijos sus
ojos en la cruz del Salvador. 203Alcanzaron su ciencia de amor por estudio
de dolor. 204No es esa sabiduría una golosina espiritual para recreo de los
refinados, de los hastiados del desierto; no es una disposición de la mente
a que se llegue con elucubraciones intelectuales. 205Así sólo se va al nirvana


MIGUEL DE UNAMUNO

búdico, al nihilismo, a pura fantasmagoría de alcoholizado espiritual, o a


sensualismo íntimo. 206Es la visión de amor, es la sabiduría activa, don a
que sólo se llega por abnegación y por dolor, por humildad sobre todo, con
incesante contemplación de la cruz levantada en el desierto para que,
mirándola amorosos, vivan los que sufren bajo el peso de su cruz.
207
Mira, Nicodemo, mira no sea que conviertas en cristianismo tu
moralismo farisaico y en fe tu vaga aspiración; mira no caigas en falso mis-
ticismo. 208Toda esa visión de otra vida que el Evangelio te descubre, ¿no
ha de ser más que fantasmagoría, literatura, estética, puro consuelo? 209El
vanidad de vanidades, ¿se extenderá también a ese vencimiento de la vani-
dad misma? ¿Será el fin de todo ello consolar al hombre de haber nacido,
y la religión un arte intensificado? 210«Es un horror, un verdadero horror –
te dices, añadiéndote en las fluctuaciones de su duda: – es un horror, pero
¿ha de ser por ello falso? 211¿Por qué ha de ser el consuelo verdad?»
212
Reza, Nicodemo, reza y pide, y no hagas como los que apartan estos
pensamientos de su mente, y de su corazón, y a pretexto de una mentirosa
salud se dicen: no quiero ponerme a pensar en mis creencias, ni examinar
mi fe... ¡a vivir! 213No, tú no puedes ni debes vivir ya así; no puedes, no,
no lo puedes, por la gracia de Dios; no lo puedes, y para tu curación te ven-
drán cruces, verdaderas cruces, serpientes mordedoras, para que así mires a
la cruz del dolor eternizado y del abismo de tu miseria y de tu pena te bro-
te nueva vida. 214Sí, sólo los que sufren pueden llegar a la intuición de la
verdad del supremo consuelo; sólo sufriendo se llega a creer de veras.
215
Sufre, pues, sufre, y resígnate a sufrir para que creas; porque más te vale
creer retorciéndote en el dolor, que derretirte en la íntima desesperación y
el hastío abrumador de la facilidad de la vida temporal. 216Ponte a pensar
en esa inmensa doctrina de un Dios que baja en el Hijo a encarnar y sufrir
y divinizar así el dolor; piensa en esto y pide dolores para divinizarte en lo
que puedas, para acercarte más y más a la perfección que te preceptuó el
Maestro al decirnos que debemos ser perfectos como es perfecto nuestro
Padre celestial.
217
No envió Dios a su Hijo al mundo para que condenase al mundo al
hastío de una realidad sentida frente a la idealidad de su palabra, sino que
le envió para que el mundo se salve por Él. 218Él que no crea en Él se con-
denará a eterno hastío, a ansia y terror a la vez de la nada.


Meditaciones Evangélicas

219
Y, ¿por qué no se cree, Nicodemo? 220¿Por qué unos se rebelan con-
tra la fe que dicen se les impone, otros fingen tan sólo creer, creen otros
que creen sin creer de veras, y hay quienes aseguran que quieren creer sin
lograrlo? 221¿Por qué no se cree, Nicodemo? 222O más bien, ¿por qué se
cree? 223«La luz vino al mundo, – te dice Jesús a solas – y los hombres ama-
ron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.» 224He aquí
por qué no creen: porque sus obras son malas.
225
No es tanto, Nicodemo, que sean buenos los buenos porque creen,
ni los malos, malos por falta de fe, cuanto que por ser buenos creen los que
lo son, y por no serlo no creen los malos.
226
¿Crees, acaso, que la bondad, la íntima bondad, no es luz más clara
y penetrante que la razón? 227Con ésta, si es poderosa, puede el hombre,
aunque sea malo, comprender y abarcar el mundo temporal, llegar a las
razones de las cosas; pero sentir y ver el mundo eterno, llegar a la verdad
de todo, no ya sólo a su razón, no es dado más que a la fe, «a la sustancia
de las cosas que se esperan» (Hebr. XI, I), a la fe que la bondad atrae sobre
nosotros y que la bondad sustenta como cimiento inconmovible. 228Y la
íntima sustancia de la bondad, su raíz, es la humildad.
229
¡Ah, Nicodemo! Si comprendieras la entrañable lumbre que es la
bondad, la divina potencia de visión con que reviste al espíritu! 230Para ver,
y ver de veras, lo verdadero y eterno, no ya tan sólo lo racional y pasajero;
para verlo de veras es preciso poder sacudirse de lo impuro de sí mismo,
hay que mirar con el núcleo eterno, con el hombre interior, desnudándolo
de la costra terrenal que enturbia, ofusca y trastorna la recta visión. 231Te
enseñan tus maestros, Nicodemo, que nadie puede mirar sino desde donde
está, su forzoso punto de vista, y a través de sus ojos, e ignoran que puede
el hombre mirar desde Dios, en quien es, y a través de la bondad, que más
que trasparentísimo cristal es la vista misma interior. 232Sólo el bueno, no
el simplemente honrado, perdona de veras, porque sólo el bueno ve las
entrañas de la ofensa y la justicia única del perdón; y porque sólo Dios es
del todo bueno, sólo Dios perdona del todo. 233Pero el mismo Jesús que nos
enseña que sólo Dios es bueno, enséñanos también que seamos como Él per-
fectos. 234Consiste nuestra bondad en tender sin cesar a la inasequible Bon-
dad suma, atrayéndonos así de ella la fe. 235Porque si sólo el verdaderamente
bueno cree de verdad, sólo el que de verdad cree es verdaderamente bueno.


MIGUEL DE UNAMUNO

236
Los malos, los soberbios, no creen, «pues todo aquel que hace lo malo
aborrece la luz y no viene a ella, para que no le sean redargüidas sus obras.»
237
Sí, Nicodemo; aborrecen la luz. 238Obsérvalos bien y verás que su
tolerancia concluye así que se hallen frente a verdadera fe; verás que te
soportan el que te entregues a cualquier doctrina, a cualquier culto, a cual-
quier fantasmagoría; pero no te aguantarán en calma el que te entregues a
ese Jesús a quien vas a ver de noche y a solas, y de quien hablan como de
ficción de poetas. 239Muévete en todo género de fantasmagorías, distráelos,
deléitalos, conmuévelos si puedes; pero no les toques a las eternas realida-
des, ni quieras pasar para con ellos de las bellas apariencias que recrean el
ánimo o le arrancan a lo sumo lágrimas de molicie. 240No quieren pensar
en eso, ni sentirlo. 241Aborrecen la luz porque la luz trae la vigilia y les saca
de su sonambulismo, de ese sueño en que viven queriéndose convencer de
que están hechos de la sustancia misma de los sueños. 242Mira y ve cómo
se entercan en no meditar en lo eterno. 243Inquiérenlo a lo sumo, tratan de
racionalizarlo, analizándolo desde afuera, pero no lo meditan desde adentro,
con el corazón. 244Y si acaso se ponen a esto, así que sienten convulsión de
las entrañas del alma, clamando que es enfermedad y delirio, desvían los
ojos de esa consideración, que es su cruz, y vuélvense a vivir como sanos,
como sensatos racionales, en el seno del sueño, huyendo de la vigilia y de
la locura de la cruz. 245«Mas el que obra verdad viene a la luz para que se
manifiesten sus obras hechas en Dios.» 246Sí, Nicodemo; el que busca y
rebusca más que deleite y más que engañar a la vida y a la muerte; el que
obra verdad y no simplemente el bien; el que siente en serio y tiene ham-
bre de eternidad, éste va a la luz sin temor a las convulsiones ni a la pro-
pia miseria que la luz le descubre; éste va a la luz para que sus obras no
aparezcan suyas sino hechas en Dios, en quien vive y es.

——
247
Salió Nicodemo de su nocturna y recatada visita al Salvador, y con
el ánimo preñado de altas ideas y de profundos sentimientos volvió a zam-
bullirse en el mundo de sus cotidianos afanes. 248Volvió a vivir su alma la
vida exterior, la de su costra terrena, mas conservando siempre en el ocul-
to fondo el hervor de aquella noche. 249Mientras proseguía el curso de
sus negocios, de sus farisaicas enseñanzas, de sus conversaciones y tratos,


Meditaciones Evangélicas

mantenía en lo más íntimo de sí otra conversación callada. 250Y a la vez


seguía por calles y plazuelas con la vista a Jesús, que iba evangelizando a
los pobres de espíritu. 251Alguna vez se acercaría acaso a las turbas que escu-
chaban al Maestro, y si tal vez asistió a la cura de aquel perlático a quien
Jesús preguntó: «quieres sanarte?», sentiría retortijones en la perlesía de su
alma.
252
Al acercarse la fiesta de los tabernáculos subió Jesús desde Galilea a
Jerusalem, mientras los judíos le buscaban, disputando si era bueno o enga-
ñador. 253Y en medio de la fiesta enseñó Jesús en el templo doctrina que
no era suya, sino de Aquel que le enviara, sin hablar de sí mismo ni buscar
gloria propia, sino la de Aquel que le enviaba. 254Y entonces los fariseos
enviaron servidores que prendiesen a aquel fomentador de sediciones, que
clamaba diciendo: 255«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.» 256Grave
discordia nació en el pueblo, porque los buenos, dejándose guiar de su bon-
dad, decían que era Jesús el Cristo, el esperado profeta, y los demás, afe-
rrados a la ley que mata y a la razón que deseca, aducían en contra del
Maestro la letra de sus escrituras. 257Mas ninguno se atrevía a echarle mano.
258
Y cuando al presentarse sin Jesús los ministriles a los sacerdotes y fari-
seos, preguntados por éstos cómo era que no le traían, respondieron que
nunca hombre había hablado como aquel hablaba, replicaron los fariseos:
259
«¿Estáis también vosotros engañados? 260¿Ha creído en él alguno de
los príncipes o de los fariseos? 261Estos vulgares, que no saben la ley, son
malditos.»
262
¡Cómo! ¿Vais a dejaros engañar por ilusiones de enfermos, de aluci-
nados, de mujerucas, de niños y de ignorantes y simples? 263¿Vais a rebajar
la dignidad de la razón y a querer hacer del engañoso consuelo verdad, en
vez de hacer, como espíritus fuertes, de la razón consuelo? 264¿Ha creído
en él de veras, con fe sincera, algún genio legítimo o alguien nutrido con
el tuétano de león de la ciencia?
265
Los grandes genios, las inteligencias supremas, las mentes poderosas
del cristianismo, ¿hicieron otra cosa que luchar sin tregua por racionalizar
su fe, por casar, a fuerza de dialéctica, lo contradictorio, ni lograron más
que desvanecer el dogma con la ciencia del dogma mismo? 266¿Quiénes
creen? 267El vulgo, los ordinarios, los que no saben la ley, los que desconocen


MIGUEL DE UNAMUNO

las incoercibles leyes que rigen al universo, los pobres ilusos que, esclavos
de la apariencia, no han penetrado en el augusto determinismo de todo lo
existente, ni se han sumido en el principio de que todo lo racional es real
y todo lo real, racional. 268Ignoran los pobrecillos que sus creencias tienen,
como todo, una ley que las rija y un proceso estrecho. 269Creen, porque no
tienen otro remedio que creer. 270Pero con esa su fe perpetúan el fanatismo
y la hipocresía y el engaño de la vulgaridad sobre la tierra, e impiden que
los ministros de los sabios y de los distinguidos prendan a Jesús y se lo lle-
ven a que ellos le analicen y le reduzcan a su realidad racional. 271Son mal-
ditos. – 272Así piensan los fariseos.
273
«Díceles Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de
ellos: 274¿Juzga nuestra ley a hombre alguno, si antes no le oyere y enten-
diere lo que ha hecho?»
275
El fuego interno que desde la nocturna visita caldeaba a Nicodemo
las entrañas del alma, le soltó la lengua de modo que allí, en la reunión de
los fariseos, de los suyos, apeló a su ley de ellos, en favor de Jesús. 276En
nombre de la razón pides, Nicodemo, que se oiga a Jesús, que se le oiga de
veras y con corazón limpio, y que se entienda lo que ha hecho, que es muy
alto entender. 277En nombre de esa pobre razón, elevada a ídolo, pides,
Nicodemo, que se entienda lo que Jesús hace en las almas de todos esos
malditos vulgares que no conocen la razón. 278¿Habéis meditado – les dices
– en esa palabra que consuela al triste, da movimiento al perlático, abre la
vista al ciego, fortifica al débil, y saca de la bondad, enterrada en la igno-
rancia de los vulgares, luz espléndida que luce en las tinieblas?
279
«Respondieron diciéndole: 280¿No eres tú también galileo? 281
Escu-
driña y ve que de Galilea no se levantó profeta.»
282
«¿Qué nos vienes con todo eso?» – contestan a Nicodemo. 283«Eres
un soñador como ese mismo Jesús por quien abogas ahora; vete, estudia,
examina y mira si de la región de los sueños salió nunca quien previese lo
que sólo la razón prevé.»
284
«Y fuese cada uno a su casa.»
285
Así concluye diciendo este pasaje evangélico. 286«Fuese cada uno a su
casa», volvió cada cual a sus negocios, a sus preocupaciones, a sus domés-
ticos cuidados, a recogerse en la dura costra de sus inquietudes terrenas, y


Meditaciones Evangélicas

se separaron para ir cada uno a su casa, en vez de unirse para ir todos jun-
tos a la casa común, a la del Señor.
287
También Nicodemo se fue a su casa, volvió a zambullirse en sus
aprensiones después de aquella pública profesión, llevando, con el resque-
mor acaso de la despreciativa repulsa de sus compañeros, el calor de la noc-
turna visita. 288Fuese cada uno a su casa.

——
289
Continuó Jesús su divina carrera, mientras debió de seguirle de nue-
vo Nicodemo con la vista y con los pasos tal vez por calles y plazuelas.
290
Llevaron los escribas y fariseos la mujer adúltera al Maestro, para tentar-
le, y oyeron de sus labios la tremenda sentencia de que arrojase la primera
piedra el que de entre ellos estuviese sin pecado, y redargüidos en sus con-
ciencias, le dejaron solo. 291Y Jesús, que desde su divina bondad veía lo
íntimo del pecado, perdonó a la adúltera cuando quedó con ella a solas, una
vez ahuyentados los acusadores.
292
Nicodemo debió de saber todo esto, y de oír a Jesús por calles y pla-
zuelas palabras de vida, y debió de enterarse también de que los suyos, los
fariseos, murmuraban de que hubiese dado el profeta vista al ciego en sába-
do.
293
Cuando Jesús resucitó a Lázaro, colmóse para los fariseos la medida,
y diciéndose: 294«Si le dejamos así, todos creerán en él, y vendrán los roma-
nos y quitarán nuestro lugar y la nación»; por esta razón, que nunca será
bastante meditada, decidieron matarle. 295Decidieron matarle para que no
les borrasen los romanos como nación, según decían, por antipatriota.
296
Llegaron las fiestas de Pascua y de todas partes concurrieron a Jeru-
salem las gentes. 297Y Nicodemo, conocedor del designio de sus compañe-
ros, sentiría extrañas inquietudes en medio del bullicio y tráfago de las fies-
tas. 298La sencilla multitud recibió en triunfo y con palmas a Jesús, que
entraba en la ciudad montado en un pollino.
299
Por debajo de la fiesta, celada por el bullicio alegre, se avivaba la
lucha de pasiones. 300Y parecía que el galileo aquel se complaciera en pro-
clamarse enviado de Dios y luz del mundo, atrayendo así sobre la nación
judaica la suspicaz mirada de los romanos. 301Carecía de toda prudencia


MIGUEL DE UNAMUNO

aquel sedicioso que podía muy bien provocar en la muchedumbre de la feria


cualquier conflicto que diese pretexto a los romanos para borrar la nación
judaica de su asiento arrojándola a que errase por el mundo.
302
Jesús, por fin, viendo próxima su hora, cenó con los suyos la cena de
despedida y de comunión, y al acabarla habló ante ellos con su Padre, levan-
tados sus ojos al cielo, dirigiéndole aquella oración que no puede leerse bien
sino de hinojos y con el corazón limpio, aquella oración en que le pedía que
así como él era en su Padre y su Padre en él, así seamos todos uno en ellos.
303
Salió de allí Jesús hacia el arroyo Cedrón; luchó con la humanidad
en el olivar; fue prendido por el traidor y quedó sometido a juicio.
304
¿Y Nicodemo? Nicodemo debió de seguir, desde lejos sin duda, con
entrañables sobresaltos, estos primeros actos del divino drama, y al llegar a
sus oídos, a los de él, uno de los fariseos, esto es, de los ferishim o distin-
guidos, las palabras del Cristo a su Padre, meditó, sin duda, en aquella peti-
ción de que nos hagamos uno todos, todos, los vulgares y los distinguidos,
todos los que sean de Cristo y no del mundo, para que hechos todos uno
seamos uno en Dios.
305
En el hormigueo de la feria, entre el ir y venir de las gentes, traídas
y llevadas por sus negocios, su ociosidad o sus pasiones, Nicodemo acudi-
ría frente al pretorio a presenciar cómo amotinado el pueblo pedía se sol-
tase a Barrabás y no a Jesús y le vería con manto de grana y corona de espi-
nas, hecho irrisión del pueblo que pocos días antes le aclamara. 306«He aquí
el hombre!», dijo el pretor al pueblo, y Nicodemo se diría: 307«He ahí el
hombre, sí, el hombre a quien fui a buscar de noche para que me declara-
se la verdad; he ahí el hombre que me sacudió las entrañas espirituales,
hecho ludibrio de este maldito populacho.» 308Y entonces, mientras el pue-
blo gritaba desde la plaza «¡Crucifícale, crucifícale!», sintió tal vez Nico-
demo, más que amor a Jesús escarnecido, rencor hacia el pueblo versátil que
hoy recibe con palmas al enviado y mañana pide para él afrentosa cruz. 309Y
este rencor de su costra farisaica, este asco de distinguido, ahogó el amoro-
so afecto de compasión hacia el profeta, aquel afecto de que hubiese brota-
do una inmensa piedad hacia el pobre pueblo ciego que le negaba conde-
nándole a muerte, porque no caben juntos amor y odio, aunque sean aquél
a la víctima y éste al verdugo. 310Tal vez maldijo Nicodemo, no al pecado
de que él era participante, sino a los ministros ostensibles de él, al pueblo


Meditaciones Evangélicas

ciego; maldíjole con la misma lengua con que bendecía a Jesús; con esa len-
gua, mundo de injusticia, que contamina todo el cuerpo; con esa lengua con
que bendecimos a Dios Padre y maldecimos a los hombres hechos a su ima-
gen y semejanza. (Ep. Sant. III, 6 y 9.) 311El moralismo farisaico de su cos-
tra ahogaba a la piedad cristiana de su seno espiritual removido en la noche
de la visita.
312
Siguió Nicodemo con ansia aquella disputa entre el astuto romano y
el encrespado pueblo judío. 313«He aquí vuestro rey», decía socarronamen-
te Pilato, y la plebe, aquellas mismas turbas que quisieron hacerle rey cuan-
do les multiplicó los panes, gritaba: «¡Crucifícale, crucifícale!» 314Quería el
pretor, encaramado en la soberbia indiferencia de su escéptico espíritu
romano, limitarse a poner en ridículo al profeta, a hacerle la risa del pue-
blo, dejando a salvo la formal justicia romana, y sin condenar a quien creía
justo, inutilizarle en su carrera, terminando aquello en farsa; pero el pue-
blo, religioso aun en su extravío, pedía tragedia y sacrificio. 315Cedió al
cabo el escéptico funcionario, lavóse las manos, y pensando tal vez que todo
aquello era una pobre minucia de judíos, una nonada junto a la inmensa
majestad del Imperio, entregó el profeta al pueblo para que le crucificase.
316
Nicodemo siguió de lejos a Jesús que iba al patíbulo, lloró hacia
adentro con las mujeres que le seguían llorando, y oyó aquel «no me llo-
réis, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.» 317Tal vez des-
de las murallas de la ciudad santa vio cómo allí, a las puertas, en el lugar de
la Calavera, lo alzaron crucificado entre cielo y tierra, desnudo y expuesto a
las gentes, presa del dolor. 318Vió cómo daban al pueblo no ya una muerte,
una agonía en espectáculo. 319Y si acaso volvió a sentir rencor y asco fari-
saicos hacia el pueblo, llegaría a sus oídos aquel: «Padre, perdónalos, por-
que no saben lo que hacen.» 320Y estas palabras volverían su odio hacia sus
propios pecados, engendrándole a la vez suprema piedad para con el ciego
pueblo deicida. 321¿Quién sabe si comprendió entonces que eran sus culpas
las que crucificaban al Maestro?
322
Desde aquellas murallas de la ciudad santa, en aquel día de ferias,
miraría el pobre Nicodemo cómo luchaba Jesús con la muerte, siendo la
burla de las gentes, que le zaherían y molestaban como los niños a un pobre
murciélago clavado con que se divierten. 323La burla que proyectaba el
romano acabó en burla trágica.


MIGUEL DE UNAMUNO

324
Entonces Nicodemo, ablandado por internas lágrimas, derretida con
ellas en gran parte la terrena costra de su espíritu y aniñado y empobreci-
do éste, sintió la carga toda de sus culpas, la pesadumbre de su cruz, el tor-
cedor de sus dudas, y clavó sus ojos en la Cruz que se destacaba en el cie-
lo aturbonado. 325Luchó entonces; tembló; sudó acaso.
326
Oyó el «sed tengo», y saltándole el corazón, hubiera querido correr
a darle agua fresca; pero se sintió atado a la muralla.

——
327
Muerto Jesús, fue Nicodemo a juntarse con los discípulos vergon-
zantes del Maestro, con los que por miedo a los judíos, sólo de noche le
visitaban. 328De ellos era José de Arimatea, que fue a rogar al pretor le per-
mitiese recoger el cadáver.
329
«Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de
noche, trayendo un compuesto de mirra y de aloes como cien libras.
330
Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y envolviéronle en lienzos con espe-
cias, como es costumbre de los judíos sepultar. 331Y en el lugar donde había
sido crucificado había un huerto y en éste un sepulcro nuevo en el que
nadie había aún sido puesto. 332Allí, pues, por ser víspera de la Pascua de
los judíos y por estar el sepulcro aquel cerca, pusieron a Jesús.»
333
Había muerto, había muerto el Maestro que en aquella inolvidable
noche le hinchió de nueva vida el corazón; había muerto el Maestro que le
hablara de renacimiento y de vida eterna; ¡había muerto! 334¿Morirían así
todas aquellas esperanzas que le había hecho concebir? 335Toda aquella her-
mosa doctrina de consuelo ¿estaría también condenada a muerte? 336¿Sería
algo más que ilusión? 337¿Sería algo más que señuelo para retener en la vida
a los pobres hombres?
338
Había muerto Jesús y fue Nicodemo, el discípulo secreto, llevando
mirra y aloes a enterrarlo. 339Envuelto a la vez en los perfumados bálsamos
de su afecto, enterrólo en su corazón. 340Sus entusiasmos, sus anhelos, su
amor, su ciencia, todo lo convirtió en mirra y aloes con que ungir en
su alma el cadáver del Maestro, y lo enterró en su corazón, sepulcro nuevo,
donde no había sido puesto antes nadie.


Meditaciones Evangélicas

341
Mas sucedió que el primer día de la semana, María Magdalena fue
de mañana, aún oscuro, y vio quitada la piedra del sepulcro que cerraron
José de Arimatea y Nicodemo, los discípulos vergonzantes, y corrió la
mujer a buscar a Pedro y a Juan, que, acudiendo a porfía, vieron echados
los lienzos y el sudario aparte, y vieron y creyeron, mientras María lloraba
junto al sepulcro vacío. 342Entonces se le apareció Jesús; tomóle ella por el
hortelano, pero al oírle su nombre: ¡María!, contestó: ¡Maestro! 343Y fue
María la de Magdala a dar a los discípulos la noticia de haber visto al Señor
y hablado con él.
344
¿Qué pasaría en el corazón de Nicodemo, el fariseo, el distinguido,
cuando supo que el Maestro por él enterrado apareció resucitado a la pobre
María, la arrepentida, la en un tiempo pública pecadora? 345¿Qué pasaría
por el discípulo vergonzante al saber que se había mostrado el Maestro resu-
citado antes que a nadie a la mujerzuela que en público le regó de lágri-
mas los pies, y se los enjugó con los cabellos, y le besó los pies ungidos con
ungüento, en casa del fariseo Simón, escandalizado del acto de la pecadora?
346
Debió de recordar entonces Nicodemo aquellas palabras del Maestro:
347
«Entré en tu casa y no me diste agua para los pies, mientras ésta me
los ha regado con lágrimas, enjugándomelos con sus cabellos. 348No me
besaste, y ésta desde que entró no ha cesado de besarme los pies. 349No
untaste mi cabeza con aceite y ésta me ha untado con ungüento los pies.
350
Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, mas al
que se perdona poco es que ama poco.»
351
Y luego, cuando al decirle: «Te son perdonados los pecados», comen-
zaron los comensales a decirse: «¿Quién es éste que perdona pecados?», dijo
Jesús a la mujer: «Tu fe te ha salvado: vete en paz.»
352
«Al que ama mucho, se le perdona mucho – se diría Nicodemo,
repitiendo luego en su corazón: – Tu fe te ha salvado: vete en paz.»
353
Entonces debió de comprender que si quería perdón y vida tenía que
regar con los afectos de su alma, enjugar con sus potencias, besar con su
razón, y ungir con el ungüento de su amor, única cosa que es necesaria, a
aquel cadáver que llevaba en el corazón, y que sólo así resucitaría en él para
perdonarle por haber amado.

——


MIGUEL DE UNAMUNO

354
Y ahora, señores, se irá cada uno de nosotros a su casa, volverá cada
cual a sus cuidados. 355¡Dios quiera que cuando en medio de su trajín recor-
déis mi lectura de esta noche, la recordéis como un canto lejano, sin letra,
como un canto evocador que despierte en vuestras entrañas espirituales hon-
das preocupaciones, de las que despreocupan de lo pequeño! 356Porque es lo
único que quiero, no daros ideas mías o de otros – las ideas valen poco, –
sino tocar en el salterio de vuestro corazón cuerdas que suelen yacer dor-
midas.
357
Yo he sembrado mi grano, el grano que me ha sido dado para sem-
bradura, y no quiero volver hacia atrás mi cabeza ni espiar si apunta el bro-
te acá o allá. 358Lo dejo a la tierra fecunda, al aire, al agua, al sol sobre todo,
al Sol único.
359
Id, pues, cada uno a vuestra casa, a la mía yo, y que en ella nos reci-
ba la paz a todos.


El mal del siglo
(CMU, col. 69/9)

EL MAL DEL SIGLO


1
Sentido desde cierto punto de sentimiento pocos ocasos más tristes que
el de este nuestro siglo, en que a los espíritus cultos desorientados sumer-
ge en la tristeza de su cultura misma una gran fatiga, la fatiga del racio-
nalismo. 2Por donde quiera síntomas de descomposición espiritual y ruinas
de ideas, ya muertas, ya abortadas. 3Pero de las entrañas mismas de este
desencanto brotan esperanzas, y a fijarnos bien, aparécesenos el tal ocaso
cual si fuese una aurora. 4Aparente atonía tapa un vivo hervor íntimo, así
como el desvío que gran parte de la juventud muestra hacia los llamados
por antonomasia intereses generales y su apartamiento de la ostensible vida
pública puede ocultar tal vez una profunda obsesión por los eternos intere-
ses individuales, que siendo de cada uno de los hombres, resultan al cabo
los más universales de todos los intereses humanos. 5Hay, acaso, en esta
actitud de los jóvenes mucho de compás de espera, de examen de concien-
cia y de recolección de fuerzas. 6Mas el hecho social patente es el de que
una enervadora fatiga paraliza a los espíritus en su movimiento expansivo,
tirándolos a reposo, y el de que parece preludiarse a las veces un sueño
social tan reparador acaso y tan fecundo como lo fuera el de la edad media,
el de aquella recogida edad de pueblos crisálidas en que una tan intensa
vida doméstica y religiosa rehizo las almas destrozadas por la íntima deses-
peración de la decadencia romana.
7
Háblase de crisis moral, de retorno al espiritualismo, de reacción. 8Es,
en realidad, la vuelta a la pavorosa visión del destino individual ultraterreno,


MIGUEL DE UNAMUNO

una vez pasado ya el colmo de la embriaguez progresista. 9Presenciamos la


vuelta de los espíritus a su hogar, a su patria tradicional. 10Es un acto más
de la perdurable lucha entre el humano paganismo y el cristianismo divi-
no. 11Y es de veras una prenda de confianza y de consuelo esta vuelta de
los espíritus a la realidad de su hogar, desengañados de los espejismos del
desierto por donde peregrinaban desterrados voluntarios como hijos pródi-
gos. 12¡Quiera Dios que con ella venga un retoñar de la vida doméstica pri-
vada y de la vida doméstica pública, que es la religiosa, y una honda pre-
ocupación por la incesante renovación del hombre interior!
13
Hablan muchos de la ola de la reacción más o menos negra; otros, de
retroceso; algunos, de los ricorsi o remolinos del progreso; no pocos del rit-
mo de éste. 14Denomínese el hecho con el mote que se quiera, creo que es
sencillísimo. 15Las generaciones que pregonaron y arraigaron en las almas el
positivismo agnóstico han sido generaciones educadas en fe cristiana, y por
debajo de sus negaciones y abstenciones mentales llevaban, cual fondo vivi-
ficante, la velada energía de la fe que abandonaron. 16En sus propias nega-
ciones palpitaba fe en lo negado mismo, aquella fe a que en el ocaso de sus
vidas volvieron agnósticos tan rigorosos y esclavos de la lógica racionalista
como Stuart Mill, Claudio Bernard y Littré. 17Pero hoy llegan a vida social
generaciones educadas en agnosticismo y éstas, las que han recibido como
legado abstenciones y negaciones, sienten sed del manantial oculto en las
almas de sus educadores, y que éstos les celaron, y piden beber de él. 18Y
es que puede un cristiano hacerse intelectualmente agnóstico, pero no pue-
de subsistir moralmente un hombre moderno educado en el agnosticismo.
19
Entre los ídolos a que rinde culto la juventud moderna desorientada ha
alzado un altar vacío al Dios desconocido, al Inconocible, al Misterio, y oye
ya resonar en sus oídos la voz del Apóstol que le dice: 20«A aquél, pues, a
quien honráis sin conocerle, a ése os anuncio.» (Hechos de los Apóstoles XVII,
23)
21
Aunque la razón se haya hecho atea, el corazón ha seguido siendo cris-
tiano, y del corazón rebrota la fe. 22Más se debe esperar de un alma cris-
tiana arrastrada al ateísmo que de un deísta descristianizado. 23Por Cristo,
por el Cristo oculto en las almas, se sube al Dios Padre, al Dios vivo del
Amor, pero del Dios abstracto y lógico del intelectualismo de la Razón
Suprema, que no es sino la mera razón humana proyectada al infinito, no


Meditaciones Evangélicas

se saca vida, paz ni justicia. 24Sólo conoce al Padre el Hijo y aquél a quien
el Hijo se lo revele. 25El corazón cristiano nos manifiesta al Dios Padre, al
Dios personal y vivo, al Dios que es Amor y Amor paternal, en cuya fe
reposamos y nos vivificamos; la razón deísta acaba por anegar a Dios en el
mundo y disolverlo. 26A Dios no se prueba ni se puede probar, se le sien-
te. 27Dios no es racional, es cordial.
28
El avance de progreso de nuestro siglo trajo consigo la embriaguez
progresista, embriaguez que enajenó los espíritus llevándolos a olvidar su
propio progreso personal, distraídos como andaban con el del ambiente en
que vivían. 29Formóse un culto idolátrico al progreso, cuya realidad se con-
ceptualizó, y un aún más idolátrico culto a la humanidad abstracta, culto
que amenazaba diluir el sencillo y cristiano «ama a tu prójimo.» 30Pero he
aquí que una legión de pensadores y de sentidores, apartando sus ojos de la
fantasmagoría para volverlos a la realidad íntima, ha destruido la ilusión
que hizo nacer el poderoso florecimiento de adelantos y ha desvanecido el
optimismo racionalista. 31Los ídolos, los spuks o trasgos que decía el demo-
ledor Max Stirner, caen a los golpes de críticos despiadados. 32«El mundo
es mi representación»; este apotegma schopenhaueriano ha obrado inmenso
efecto. 33Representación mía es el progreso todo, representación de mi men-
te todo lo que el agnosticismo puede darme, mero fantasma que se disipa-
rá al cerrar yo mis ojos para siempre. 34Siguiendo por este camino se ha lle-
gado a predicar el suicidio universal, el anonadamiento, y ha aparecido con
carácter social el nihilismo teórico. 35«Muerto yo, si del todo me muero –
se dicen muchos – se acabó el mundo ¿por qué no ha de acabarse cuanto
antes para que nuevas conciencias no vengan a sufrir la pesada broma de
una existencia fenoménica y pasajera? 36Si hemos deshecho la ilusión de
vivir y el vivir por el vivir mismo no nos satisface ¿para qué vivimos? 37La
muerte es el único remedio.» 38Y así es como se ha endechado al reposo
inacabable por terror a él, y se ha llamado a la muerte como a liberadora
ya que vivamos para volver a la nada. 39Los tragos amargos apurarlos pron-
to y de una vez; ¡volvamos cuanto antes a la nada! 40Y así es como ha habi-
do suicidios por terror a la muerte, de la misma manera que el miedo cer-
val a caerse de lo alto de una torre produce el vértigo que impulsa a
desgraciados a arrojarse de ella. 41¡Qué elocuente es el suicidio del poeta
nihilista Antero de Quental, cantor de la muerte eterna y de la vanidad
y humo del todo! 42¡Qué enseñanzas tan amargas en la obra del pobre


MIGUEL DE UNAMUNO

Leopardi, empapado en la enorme noia, en el fastidio inmenso del nihilis-


mo y pidiendo el aniquilamiento para salir de una vez de la infinita vanità
del tutto, del vacío de un sombrío teatro de espectros, que divierten a los
niños y entenebrecen el ánimo a los maduros! 43El fin de la ciencia huma-
na es el salmónico ¡vanidad de vanidades! estribillo eterno de la filosofía.
44
El ansia misma de vida, de vida intensa, arrastra a la muerte. 45(Véase en
la carta de Jorba el fin de Soler y Miquel)
46
En la amargura de la desilusión se ha llegado a culpar a la inocente
ciencia, echándole en cara que ha hecho bancarrota, como si fuese ella rea
del intelectualismo desecante ni de que se la declarara fin en sí. 47El fraca-
so es del intelectualismo, no de la pobre ciencia. 48Quisimos ser dioses por
la ciencia del bien y del mal, y esta ciencia nos ha mostrado nuestra des-
nudez, de que nos avergonzamos ante Dios, y esa ciencia misma nos con-
dena al trabajo y a la muerte.
49
¡La muerte! he aquí la clave de todo. 50O al morir dejamos de ser ani-
quilándosenos la conciencia individual, o no. 51«Ser o no ser, este es el pro-
blema,» repite el moderno Hamlet obsesionado por la sombra de su padre
que le pide venganza.
52
La obsesión de la muerte fue el elemento religioso que combinándo-
se con el económico produjo las viejas civilizaciones orientales, que, como
la del típico antiguo Egipcio, arrancaron de la esclavitud y del culto a los
muertos antepasados. 53El problema de la muerte es el radical de la vida.
54
Siendo el morir término ineludible y natural de la vida, es ésta camino
de aquél y su luz la luz de la muerte, su fin. 55La vida honda es preparar-
se a morir una sola vez y para siempre. 56La muerte ¿es o no total aniqui-
lamiento de la conciencia? 57Si morimos del todo nuestro fin es el fin del
mundo, de nuestro mundo, de nuestra representación en tal caso. 58Y si el
mundo es algo más que mi representación algo más es mi conciencia que
su representante. 59Es bueno, lector, que recogiéndote en ti pienses en que
el sol se te apague, se te enmudezcan los sonidos, se te desvanezcan a la vis-
ta las formas, se te licue todo en la nada y ni aun la conciencia de la nada
misma te quede.
60
He oído contar de un pobre segador muerto en un hospital que al ir
el cura a ungirle en extrema unción se resistía a abrir la mano derecha en
que aferraba una moneda, sin acordarse de que una vez muerto su mano no


Meditaciones Evangélicas

sería ya suya. 61Así hay muchos que en vez de la mano cierran el espíritu
queriendo guardar en él al mundo. 62Me confesaba un amigo una vez que
previendo en pleno vigor de salud física una muerte muy próxima sólo pen-
saba en concentrar la vida viviéndola toda en los pocos días que calculaba
le quedarían, e imaginaba escribir un libro: «Los últimos días de mi vida.»
63
¡Vaciedad de vaciedades! ¡Triste estado de paganismo el que ha des-
crito Renan en uno de sus dramas!
64
O se muere del todo o no, y «si en esta vida tan sólo esperamos en
Cristo somos los más miserables de los hombres,» – exclamaba el Apóstol,
añadiendo que «si los muertos no resucitan comamos y bebamos, que
mañana moriremos» (I. Cor. XV 19 y 32).
65
¿Que la muerte no es para la sociedad más que un accidente? 66¿que
si yo muero quedan otros? 67Sí, otros que morirán a su vez, y si todos mori-
mos del todo no es el género humano más que una sombría procesión de
fantasmas que salen de la nada para volver a ella. 68Nos vamos habituando
a no sentir la muerte, sino a verla en demografías o tablas de mortalidad, a
calcular el hueco que dejará al morir el prójimo en el escalafón de los
comensales a la vida. 69Se hace de la muerte un dato estadístico, un factor
irracional, una x, y raro es quien siente respecto a su muerte adentro.
70
Los antiguos temblaron ante la naturaleza velada a sus ojos, sobreco-
gidos de reverencial espanto, mas poco a poco fue el hombre reconcilián-
dose con ella y resignándose a la muerte. 71Hoy la ciencia nos ha descu-
bierto un nuevo universo y tras la muerte nos ha mostrado la nada, y
tiemblan los espíritus ante la naturaleza revelada, al escuchar, con Pascal, el
silencio eterno de los espacios infinitos, y verse entre el átomo y el infini-
to universo. 72Hoy temblamos ante la visión de las incoercibles leyes de la
naturaleza, y todos sentimos más o menos la amargura que encerró Leopar-
di en aquel verso: descubriendo sólo la nada crece.
73
«Nada se anula – nos dicen por vía de consuelo intelectual – todo se
trasforma; ni la materia ni la fuerza se pierden. 74Cuanto hacemos perma-
nece en una u otra forma.» 75Y ¡mi yo! – exclamamos con Michelet – ¡qué
me arrebatan mi yo! 76Mi conciencia propia ¿qué es de ella? 77Si mi con-
ciencia es un mero fenómeno desaparecerá, y con ella todo ese consuelo
estoico que quieren darme. 78Cuando te sientes desfallecer de íntima angustia


MIGUEL DE UNAMUNO

vienen a consolarte pretendiendo explicar el origen de esa angustia misma


y quieren darte como remedio al dolor una disertación sobre él. 79«Prefie-
ro sentir la compunción a saber definirla» (Imitac. lib. I. cap. I. 3).
80
Tampoco faltan estoicos que llamen egoísmo a esta inquietud abru-
madora por el propio destino individual. 81¡Egoísmo! Frente a él nos han
sacado eso del altruismo, que no es caridad sino la estéril enajenación men-
tal de cada uno en un puro abstracto, en un ídolo, y así se ha vuelto a la
desoladora moral conceptualista y abstracta del estoicismo redivivo, sin más
que llamar altruismo a lo que se llamó filantropía en un tiempo. 82Frente
al llamado egoísmo cristiano y en su odio al potente y salvador sentimien-
to de la personalidad humana que conservó el pueblo escogido, predicó el
funesto Schopenhauer el altruismo búdico, que con el nirvana por ideal,
conduce a los pueblos a un género cualquiera de opio y a la estupidez por
fin.
83
Lo que más o menos disfrazado entristece a tantos espíritus moder-
nos, el mal del siglo que denuncia Max Nordau, lo que perturba a las
almas, no es otra cosa que la obsesión de la muerte total, el lúgubre pen-
samiento que dio un tinte tan sombrío a la decadencia romana, la edad del
estoicismo, del epicureísmo, de las extravagancias religiosas y del suicidio.
84
Es una obsesión mucho más sombría y enervadora que la del famoso mile-
nario, puesto que no se tiembla ante el temor a tormentos que atiza ímpetus
de penitencias, sino que se paraliza la energía espiritual ante el espectro de
la venidera nada eterna, que envuelve a todo en vaciedad abrumadora.
85
Tócase la vanidad del progresismo en el caso de no haber otra vida, y la
idolatría progresista se desploma. 86Descorazona el luchar por el bienestar
de seres que volverán un día a la nada de que salieron, y se columbra que
el hacer la vida más fácil, más grata, y más placentera es, haciéndola más
amable, aumentar el pesar de tener un día que perderla y preparar así el
terrible azote de los satisfechos saduceos, la infelicidad de la felicidad, el
spleen devorador, la noia tremenda del pobre Leopardi. 87¡Luchar y luchar
acaso hasta morir por el bien de otros que al morir han de perderlo! 88Ved
como fracasa el humanitarismo cuando la fe en una patria celestial no le
acompaña y hace de él caridad cristiana.
89
Los que sufren de penuria pelean en las filas del socialismo, fuerte por-
que ha sustituido a fantasmas cosas tangibles. 90Pero así que la necesidad


Meditaciones Evangélicas

temporal del pan de cada día se satisface, surge la necesidad eterna del pan
espiritual. 91El problema llamado más especialmente social tiene fondo reli-
gioso, ya que la pobreza a los unos y a los otros la riqueza les impide pen-
sar en su fin verdadero.
92
Desilusionados muchos del socialismo materialista refúgianse en un
individualismo trascendente, con su libertad individual abstracta, en las
doctrinas de Max Stirner o de Nietzsche. 93Lo que en realidad hacen es
sacrificar su propia alma a un individuo tan abstracto como la Humanidad
misma, a un Yo conceptualizado. 94Viven en pura idolatría individualista
perdiendo por la libertad abstracta la verdadera e íntima, la de hacer de la
letra espíritu y de la ley justicia, la libertad cristiana lograda cuando viva
en nosotros Cristo. 95Así no poseemos nuestras almas, ni somos dueños sino
esclavos de nuestra voluntad deificada, ya que no la domina nuestro espíri-
tu sino que nos domina ella. 96Ser esclavo de la propia voluntad es tan
miserable como ser esclavo de la propia razón. 97Nietzsche representa la
profunda irreligión.
98
Otros, en fin, se hacen idólatras de la belleza, se embriagan en lo
fenoménico tomándolo como sustancial y se acogen al esteticismo cuya fór-
mula desenmascarada dio Homero en su Odisea al decir que los dioses tra-
man y cumplen la destrucción de los mortales para que los venideros ten-
gan algo que cantar. 99Suelen acabar los tales estetas, encharcados en el más
vano literatismo, por darse al mundo en espectáculo, por cultivar un senti-
mentalismo adormecedor o enervante o un diletantismo inhumano, por dar
cierto religiosismo de desocupados como si fuese religiosidad. 100De aquí ha
salido ese engendro del llamado neo-misticismo, sobre que asoma la sinies-
tra figura de aquel René corroído de orgullo. 101Arrancan de refinado ego-
tismo o egocentrismo, posiciones que encubren un groserísimo egoísmo estili-
zado, para emplear este término que se aplica a las hojas de planta
ornamentales en arquitectura con relación a las hojas naturales, como en el
acanto, y arrancando de ese egoísmo ornamental acaban en el fango de la
crápula exquisita, crápula declarada cuando menos amoral e irresponsable, y
no pocas veces heroica, santa y hasta divina. 102De éstos ha brotado la deno-
minación más blasfematoria, la de mártires del placer, y ellos son los que
han llegado a declarar heroicos sacrificios tales cuales caídas en la imbecili-
dad, la locura y aun el alcoholismo. 103Como en la decadencia romana pasan


MIGUEL DE UNAMUNO

nuestros decadentes del estoicismo más abstracto y frío al epicureísmo más


concreto, del egoísmo intelectual al sensual, de la sensualidad estilizada a
la cínica.
104
Al ver a hombres convencidos de que la muerte les anula por com-
pleto en cuanto conciencias, afanarse por el porvenir y destino de otros
hombres a quienes también creen condenados a nada eterna, lo que más
apena es que se acaba de descubrir en el fondo de todo ello un mero sport
si es que no la lujuria espiritual de que hablaba San Juan de la Cruz.
105
Se ha formulado la cuestión de si la vida merece la pena de ser vivi-
106
da. Si la temporal es un fin en sí ¿quién se atreverá a la hora de su muer-
te a contestar afirmativamente a la enigmática cuestión?
107
Es pura vanidad de vanidades el progreso si no cabe que cada hom-
bre venza a su propia muerte. 108Si la Humanidad es una serie de genera-
ciones de hombres totalmente perecederos no hay más altruismo lógico que
la constante predicación del suicidio colectivo universal. 109Y si por el con-
trario pensase cada cual en su propia salvación eterna ¡qué inundación de
caridad entre los prójimos la que habría en el mundo!
110
¡Pobre siglo! Del exceso de su desesperación misma, del seno de su
íntima pasión purificadora, le brotará su gracia, su fe fe, su confianza en
Dios, su posesión de Él.
111
La Humanidad a que debemos sacrificarnos es Cristo, recapitulación
del hombre, Cristo que se sacrificó por todos y cada uno de nosotros, vid
de que somos sarmientos.
112
Resurgen en este fin de siglo los dos problemas radicales: el de la
vida temporal y el de la eterna, el económico y el religioso, factores estos
dos que han sido en todos los tiempos y países los goznes de la historia
humana. 113Resuélvese el problema económico en última instancia en el
terrible círculo vicioso de vivir para trabajar trabajando para vivir, de pro-
ducir para el consumo consumiendo para la producción, y surge esta pre-
gunta: la vida ¿es fin de sí misma? 114Del seno mismo del problema eco-
nómico puede surgir el religioso, así que traspasando la razón de las cosas
se busca su verdad, o sea su relación con nuestra salud eterna.


Meditaciones Evangélicas

115
¡La verdad! Y «¿qué es verdad?» preguntó Pilatos a Cristo, volvién-
dole la espalda enseguida sin esperar respuesta. 116¿Qué es verdad? pregun-
ta igualmente todo intelectualismo, que en rigor sólo conoce y acata la inte-
ligencia, como si para relacionarnos con la eterna realidad viva no
tuviésemos más que mera inteligencia pura.
117
¡Todo es relativo! exclaman. 118Sí, todo es relativo, pero y la relati-
vidad misma ¿no es también relativa a su vez? 119¡Todo es relativo y nues-
tra mente por sí sola no pasa de relaciones! 120Mas los que tienden y aspi-
ran con amor al Amor eterno avivan al hombre interior vivificado en Cristo
y por Cristo, para así relacionarse con el Absoluto; 121piden con constante
perseverancia al Padre que venga a nos el su reino, el reino que es justicia
y paz y gozo por el Espíritu Santo (Rom. XIV, 17), que no consiste en pala-
bras sino en virtud (I. Cor. IV, 20), el reino que no es de este mundo;
122
pídenle se haga su voluntad, que es de que no pierda Cristo nada de lo
que le dio el Padre sino que lo resucite en el día postrero, y que todo aquél
que ve al Hijo crea en él, tenga vida eterna y sea por Él resucitado (S. Juan.
VI. 39-40); 123y creen y esperan que el postrer enemigo, la muerte, será des-
hecho, para que acabadas de sujetarse al Hijo las cosas todas se sujete él
mismo a Aquél que le sometió todo, (1. Cor. XV, 26-28), y así sea todo en
todos Dios, en quien vivimos y nos movemos y somos (Hechos de los após-
toles. XVII, 28).
124
Dejando la Razón y la Voluntad buscaremos el Amor. Dios es Amor
(v. San Juan) y el amor es más fuerte que la muerte. 125Una sola cosa es
necesaria, dijo Jesús (Lucas X, 41-42) al hablar de la parte que tomó para
sí María. 126Una sola cosa es necesaria, la fe, que es amor. 127Y el amor es
justicia.
128
Buscando el reino de Dios y su justicia se nos dará lo demás de aña-
didura.
MIGUEL DE UNAMUNO
Salamanca, 18 octubre


Jesús y la Samaritana
(CMU, col. 62/6)

JESÚS Y LA SAMARITANA
1
Véase el Cap. IV del Evangelio de San Juan

2
Dejó Jesús a Judea y fuese otra vez a Galilea, siendo menester que pasa-
se por Samaría. 3Llegó a una ciudad de esta región, que se llama Sicar, junto
a la heredad que Jacob dio a José su hijo. 4Estaba allí la fuente de Jacob, cabe
la cual se sentó Jesús cansado del camino, a eso de la hora de sexta. 5Vino
entonces una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dijo: ¡dame de beber!
6
El alma de cualquiera de nosotros, samaritanos espirituales, va un día
como los demás a sacar agua del pozo tradicional, del tesoro de la ciencia y
del consuelo puramente humanos: del estudio. 7Y este día, al acercarnos al
pozo a la hora de sexta, esto es, al mediodía, en la mitad del ardor y de los
afanes de nuestra vida, nos encontramos sentado al borde de él al dulce Jesús
el galileo, como si nos esperase. 8Rodando por los senderos de la vida y
buceando en las honduras del estudio, ¿quién no tropieza alguna vez con esa
aparición tradicional, que cual eterna esfinge solicita su atención y su estu-
dio? 9¡Jesús! Su nombre llena las bocas de los buenos e hinche los siglos mien-
tras los brazos de su cruz dan sombra a toda cultura. 10El cristianismo es en
el orden humano el más íntimamente humano de los hechos históricos.
11
¿Cómo es que tantos pueblos, durante tantos siglos, han adorado y siguen
adorando cual a Dios a ese galileo ajusticiado? 12El problema religioso es lo
que aún como problema tienta más nuestra sed de saber, es lo que más atrae
al alma sedienta de verdad y de consuelo. 13Los que buscan hacer de la verdad


MIGUEL DE UNAMUNO

consuelo se llegan un día a preguntar: el consuelo, ¿no es verdad? Vamos a


estudiarlo, a descifrarlo, vamos a someter ese Jesús a los medios de nuestra
investigación y al potro de nuestra crítica. ¡Hermoso problema! – 14Y senti-
mos de pronto que una voz íntima, brotada de los abismos de nuestro ser, que
la voz misma que exclamó en la cruz ¡tengo sed!, sed de amor, de adoración
y de justicia, desde la cruz de la crucifixión crítica en que le tenemos nos dice:
¡dame de beber! 15Vamos a estudiarle, y nos pide de beber. 16Pide que le estu-
diemos, pero con amor, no como a curiosidad vana, no como a mero proble-
ma.
17
«Dícele la samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí,
que soy samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.»
18
¿Cómo – le decimos – pides de beber a mi razón que viene a estudiar-
te y no a refrescarte? 19¿Cómo tú, la luz de las tinieblas, tú, el que llenas las
vidas de los sencillos que viven de ilusiones, quieres algo más que estudio de
mi alma, desilusionada ya? 20Estudio, y a lo más amor estético, desinteresa-
do. 21Nada se estudia dignamente si no desinteresándonos en cierto modo de
ello, en perfecta objetividad, sin dejar que se nos apodere y se nos imponga
como prejuicio. 22Vengo a reducirte a realidad, oh tú, suprema ilusión de los
hambrientos de consuelo, vengo a analizarte y no a darte de beber.
23
«Respondió Jesús y le dijo: Si conocieses el don de Dios y quién es el
que dice: ¡dame de beber! tú pedirías de él y él te daría agua viva.»
24
Estudiando sin prejuicio la dulce aparición que se nos muestra llenan-
do los siglos espirituales, sentada junto a la fuente del saber, pasásenos por un
momento la idea de pedirle fe para vivir tranquilos como los sencillos, y envi-
diamos la paz de éstos y quisiéramos caer de hinojos y adorar. 25Es que allá,
brotando de las honduras de nuestro estudio, si es éste sincero y serio, ofréce-
nos Jesús el agua viva de la fe en él y sacar de la roca de nuestra razón manan-
tial que riegue nuestra alma. 26Pero sospechando que la fatiga nos ha traído
un momento de flaqueza rechazamos la tentación divina. 27Resistimos.
28
«La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo,
¿de dónde, pues, tienes el agua viva? 29¿Eres tú mayor que nuestro padre
Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?»
30
Aún resistimos; miramos a todos lados y al ver nuestra alma sola con
Jesús, en el camino desierto, y que nadie nos espía, le decimos: Esa fe que me


Meditaciones Evangélicas

ofreces no tienes con qué sacarla porque el pozo de mi razón es hondo y no


cabe que crea después de haber pasado por el análisis que destruye toda ilu-
sión trascendente. 31¡Es inútil! La verdad no se ha hecho para consuelo del
hombre: ¿que es desoladora? ¡qué le hemos de hacer!, es la verdad. 32A lo
sumo no pensar en ella, distraernos, refugiarnos en la belleza. 33Pero en un
momento de vacilación nos decimos: ¡Ah, si pudiese creer!, pero no, no es
posible; huyó para siempre la niñez sencilla, el pozo es hondo y no hay con
qué sacar agua de él, si es que la tiene. 34Esta figura tradicional que llena los
siglos, esta suprema ilusión de los desgraciados hombres, ¿va a ser mayor que
las fuertes realidades de las ciencia? 35¡Tal vez hubiera sido mejor la ignoran-
cia y la felicidad en ella, mejor mil veces que la íntima desesperación en la
ciencia! 36¡Vanidad de vanidades!, última palabra esta del saber, pero mayor
vanidad aún querer sobreponerse a ese vanidad de vanidades.
37
«Respondió Jesús diciéndole: Cualquiera que bebiere de esta agua, vol-
verá a tener sed, mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá jamás
sed, pues el agua que le dé yo será en él una fuente de agua que salte para vida
eterna.»
38
¡Terrible cosa la ciencia humana que da más sed cuanto más de ella se
bebe! 39¡Mar inmenso e insondable que llena la vista, pero cuyas aguas no
apagan la sed si antes no se purifican subiendo al cielo y se humillan bajan-
do a manantial! 40¡Vida, vida, vida! ¡vida y no ciencia! ¡sabiduría de vida y no
ciencia de conocer! 41Un agua humilde, casta, limpia, corriente, fresca, un
agua de manantial escondido, pero que quite la sed! 42¿Y si esos sencillos que
viven y viven de verdad, y creen, y esperan, y aman, se hubiesen puesto en
relación con la verdad sin necesitar para ello de ciencia humana alguna? 43¿Es
que no hay más medio de relacionarse con la realidad que la razón? 44La razón
no hace más que oponerse sobre hechos, sobre datos inmediatos de concien-
cia o de percepción, pero si se pone a querer racionalizar su existencia los
destruye y nos lleva al ilusionismo, al nihilismo por fin. 45Y la fe, la fe de
los pobres de espíritu, ¿no es un hecho inmediato e irreductible? 46Esta aparición
misma que se me presenta al borde del pozo a que vengo a sacar agua, ¿no es
un hecho, un hecho tremendo y consolador a la vez? 47Y entonces oímos una
voz que nos dice: el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá jamás sed.
48
¿Por qué resistir y desconfiar? 49Hagamos la prueba; pidámosle, a ver si
logramos con la oración lo que con el estudio no se alcanza. 50¡Quiero creer!,


MIGUEL DE UNAMUNO

he aquí el principio del creer. 51Jesús mismo dijo: Si puedes creer al que cree
todo es posible. 52El padre en el Evangelio dice: Creo, señor, ayúdame en mi
incredulidad (v. Sabatier, 379)
53
«La mujer le dice: Señor dame esa agua, para que no tenga sed, ni venga
acá a sacarla.»
54
¡Dame fe, Señor – decimos –, dame fe! 55Si logro fe, ¿para qué mayor
prueba de la verdad de su objeto? ¿qué prueba tengo de la realidad de lo que
veo y palpo? 56Si llego a creer, ¿habrá señal mejor de lo divino de mi fe? ¿cabe
mayor milagro para quien ha atravesado el racionalismo agnóstico que creer
en el milagro?
57
«Jesús le dice: Ve, llama a tu marido y ven acá.»
58
Mas antes – nos decimos – tenemos que hacer examen de conciencia,
tenemos que recoger nuestra doctrina, nuestro ideal, nuestra filosofía y traer-
la a examen; tenemos que ir a buscar nuestros afectos, nuestros ídolos, los
genios ante quienes nos hemos rendido, las enseñanzas que sustentaban nues-
tra mente. 59Mas ¿es que tenemos realmente una doctrina nuestra? 60¿posee-
mos una verdadera convicción sentida y querida, una doctrina propia, real-
mente propia, una doctrina carne de nuestra carne espiritual y hueso de los
huesos de nuestra alma, un ideal que encarne en nuestra vida? 61¿Tenemos
marido del alma?
62
«Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. 63Dícele Jesús: bien has
dicho “no tengo marido”, porque cinco maridos has tenido y el que ahora tie-
nes no es tu marido: has dicho eso con verdad.»
64
Quienquiera haya peregrinado por los desiertos del intelectualismo y
los yermos del racionalismo agnóstico entre en sí y considere si es que no ha
andado de doctrina en doctrina, de teoría en teoría, de sistema en sistema,
engañándose con el señuelo de evolución y en realidad movible al último
viento de doctrina. 65Y, sin embargo, ninguna pasaba de su mente a su
corazón, ninguna encarnaba en las honduras de su alma, ninguna lograba
tocar al santo tesoro de su niñez, si es que ésta fue pura y cristiana. 66Hemos
ido de uno en otro, entregándonos ya a éste, ya a aquél, en realidad por luju-
ria espiritual, por curiosidad, por satisfacer el ansia de gozar, prostituyendo al
alma en concubinatos. 67En este examen de conciencia moral oímos una voz
que nos dice: no has tenido marido. 68Es la voz de Jesús.


Meditaciones Evangélicas

«69Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta. 70Nuestros


padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar
donde es necesario adorar».
71
¿Qué es esto? 72¿qué voz íntima es ésta que a la vista de la aparición del
Cristo, al fijarme en él y pedirle agua que aplaque mi sed me dice que no he
tenido doctrina? 73¿Quién es éste que me revela a mí mismo mis propios
secretos, secretos aun para mí? 74¿quién es éste que me descubre mi pasado?
75
Paréceme que es un profeta. 76Sí, pero los genios que han nutrido mi mente,
los sabios que me han dado luz y deleite mental adoraron sus adoraciones
aquí, en el monte, en plena naturaleza, a toda realidad, bajo el cielo esplén-
dido, a toda luz, lejos de penumbras y de engañosas ilusiones; y ésos, los que
me ofrecen fe y con la fe apaciguar mi sed, dicen que es en la Iglesia donde
hay que adorar y que fuera de ella no hay salvación.
77
«Dícele Jesús: Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte
ni en Jerusalem adoraréis al Padre. 78Vosotros adoráis lo que no sabéis, noso-
tros adoramos lo que sabemos, porque la salud viene de los judíos. 79Mas la
hora viene y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en
espíritu y en verdad, porque también el Padre busca tales adoradores que le
adoren. 80Dios es espíritu y los que le adoren en espíritu y en verdad es nece-
sario que le adoren».
81
No, al Padre no he de adorarle en rigor ni en la Naturaleza ni en la
Iglesia, sino en mi alma, que es mi naturaleza y mi iglesia. 82Naturaleza e
Iglesia serán medios para ello. 83Los sabios según el mundo, los razonables,
adoran lo que no saben, a un inconocible siempre; los sencillos, los humildes
creyentes adoran lo que saben y de ellos viene la salud, de los que habitan la
Iglesia. 84Mas hay que meterse en sí y buscar bajo la letra el espíritu, en la ley
la justicia y a través del dogma el amor y adorar en espíritu y verdad al Padre.
85
La letra mata, pero el espíritu vivifica. 86Vendrá a mi alma el Revelador y
él me declarará las cosas.
87
«Dícele la mujer: Yo sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el
Cristo; cuando él viniere nos declarará todas las cosas. 88Dícele Jesús: Yo soy,
que hablo contigo.»


MIGUEL DE UNAMUNO

89
Él, el que habla contigo, es el Mesías, es el ideal que ha de venir. 90Esa
voz que desde las profundidades de tu ser te habla es la voz de Cristo, vid de
que eres sarmiento; es la voz de Cristo que habita en ti desde tu bautismo.
91
Y aquella pobre samaritana fue a la ciudad de Sicar y anunció a todos
que quizás estaba allí, junto al pozo de Israel, el Cristo, y salieron a él muchos
y creyeron. 92«Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque noso-
tros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador
del mundo, el Cristo.»
93
¿No merece la pena de salirse de la ciudad y seguir a la pobre mujer del
cántaro y ver y oír al hombre que le ha dicho todo lo que ella ha hecho?


BORRADORES
Nicodemo el fariseo [Borrador]
(CMU, col. 63/9)

1
NICODEMO
Ev. San Juan. III VII 50 XIX 39

2
«Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe
de los judios, el cual vino á Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que
has venido de Dios por maestro, porque nadie puede hacer estas señales que
tú haces sino fuere con él Dios.»
3
Hay muchos fariseos, es decir, idealistas, creyentes en vaga vida supe-
rior á la temporal, fariseos como lo fué San Pablo, y príncipes entre los
suyos, que oyen su voz y les escuchan y acatan cuanto dicen. 4Hay entre
los que llevan la dirección del pensamiento humano muchos que bañan su
espíritu en vagas creencias de inmortalidad de inmortalidad impersonal tal
vez, en indecisas esperanzas de un ideal suprasensible. 5Oyendo estos al
Cristo, escuchando sus palabras de sencilla realidad, sin nebulosidades, aún
resisten dejar su religiosismo abstracto para acogerse á religión concreta,
pero al fin sientense movidos allá por dentro y que las lágrimas les suben
del corazón rebosante y opreso á los ojos cansados y que la sencillez popular
les llega á la mente con las aguas hondas del espíritu que van creciendo.
aguas sobre que incuba el espíritu de Dios.
6
Pero son príncipes de los judios, su voz se oye en las sinagogas, tie-
nen una historia y un prestigio y el hombre íntimo que se despierta al fin
en ellos no tiene fuerzas para sacudirse del hombre exterior, del que le han
dado los demás. 7Su prestigio ahoga á su alma. 8Y ¡qué noches, qué noches


MIGUEL DE UNAMUNO

de angustia las del pobre Nicodemo cuando piensa en las cadenas que tie-
ne que romper, en la desnudez en que ha de quedar, cuando cree que va á
destruir una obra de años y que va á deshacer la labor de sus dias! 9Pidan-
le que se suicide moralmente, que enmudezca para siempre, pero no aquel
sacrificio.
10
Al cabo no puede resistir más, el espíritu le empuja y se va una
noche, de escondidas, á ver á Jesús. 11Sin que nadie se entere, allá en el
silencio encubridor de la noche, se avistará á solas con Jesús y le dirá: Sé
que eres algo divino, porque tu obra no puede ser obra humana.
12
«Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo que el que
no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.»
13
Ya está postrado Nicodemo á los piés del divino Jesús, pidiéndole de
noche, á solas y á escondidas, enseñanza. 14Y Jesús le dice que hay que rena-
cer para ver el reino de Dios, ese reino cuyo advenimiento piden á todas
horas miles de lenguas humanas.
15
¿Cómo –se dice Nicodemo– he de poder cambiar ahora y renovarme
y hacerme un hombre nuevo? 16Me debo á mi pasado; aún más, no soy más
que el resultado de mi vida pasada. 17No cabe desandar lo andado, ni pue-
do ser de otro modo que como soy. Que sin fe no he de salvarme, pero la
fe no es voluntaria, se debe á la gracia, y si no la tengo ¿qué hacer? 18Sería
menester hacer de mí otro, pero entonces no sería ya yo. 19¡Si pudiese hacer-
me otro…! 20Pero ¿cómo he de hacerme otro yo, yo mismo, que soy como
soy y no de otra manera? 21Mi estado íntimo lo veo y juzgo según yo soy,
es ese mismo estado el que á sí propio se juzga ¿cómo cambiar? 22Sería
menester nacer de nuevo! 23Sólo naciendo otra vez para ser otro, no ya yo,
podría ver el reino de Dios, que no consiste en...
el reino de Dios en que no se entra si no volviendo á ser niño.
24
¿Has meditado alguna vez Nicodemo con el corazón en el tremendo
misterio del tiempo irrevertible? 25¿Has sentido penetrar hasta el tuétano
de tu alma esta verdad: el pasado no vuelve ya jamás, jamás, jamás? 26¿Has
considerado esta solemne y única realidad del presente entre el infinito del
pasado y el infinto del porvenir, esta solemne realidad del presente eterno,
siempre presente y fluyente siempre? 27¿Has examinado como la eternidad
se ve en el seno del presente mejor que abarcando desde el pasado y al futuro?


Meditaciones Evangélicas

28
Porque esa eternidad que nos imaginamos correr desde lo insondable del
último inasequible ayer á lo insondable del último inasequible mañana es
una eternidad muerta, siendo la vida la entraña misma del presente, la per-
manencia del presente mismo, y de Dios, siempre presente, para quien ayer
y mañana son siempre hoy. 29Es una meditación que sacude al alma esta del
tiempo descansando en la eternidad, de nuestra vida fluyendo en la Vida
eterna de Dios. 30Si tomas un camino te cierras todos los demás. 31Mira que
se te abren varias vías, escoge! pero piensa que no podrás desandar la esco-
gida y que serás esclavo de ella. 32Piensa en que cada acto tuyo cumplido
ya es irreparable, qué no hay fuerza humana ni divina que pueda hacer que
no hayas hecho lo que hiciste, y piensa que los efectos de ese tu acto irán
irradiando en los tiempos venideros. 33Estás en la confluencia de la inmen-
sidad de los espacios y de la insondable procesión de los tiempos; todo lo
que ha sucedido y todo lo que sucede se refleja en tí y el universo todo con-
curre á determinarte. 34Y á la vez cada acto va repercutiendo por el uni-
verso todo como golpe que se propaga en ondas por lago sin orillas. 35Cier-
to es que tu acto es uno entre infinitos y se funde en ellos, pero tú mira lo
tuyo y considera lo irreparable de lo cumplido ya. 36Irreparable! irreparable
el acto, pero ¿es tu intención, tu alma irreparable? 37Es irreparable en el
tiempo, pero ¿lo es en la eternidad? 38Si el pasado es algo más que pura
nada y pura memoria en nosotros, si ha ido a asentarse en el depósito sedi-
mento eterno y allí vive ¿es allí irreparable? 39Tú mismo, tú que naciste
una vez sola y para siempre morirás ¿eres en tu eternidad presente irrepa-
rable? 40¿No puedes nacer otra vez?
41
«Dícele Nicodemo: ¿cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿pue-
de entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer?»
42
No veo –se dice Nicodemo– como quepa renacimiento. 43Soy viejo,
mis actuales hábitos, sentimientos y doctrinas son los que me constituyen,
son yo; deshacerlos es destruirme. 44No puede volver á la madre tierra, á la
inconciencia otra vez, á la encrucijada en que se abren los caminos de la
vida y nacer de nuevo.
45
«Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que el que no naciere
de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 46Lo que es naci-
do de carne, carne es, y lo que es nacido de espíritu, es espíritu. 47No te
maravilles de que te dije: os es necesario nacer otra vez. 48El viento de donde


MIGUEL DE UNAMUNO

quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene ni donde vaya;
así es todo aquel que es nacido de espíritu»
49
Es, Nicodemo, que sólo miras á tu hombre carnal, y no al espiritual;
que sólo miras al que fluye en las apariencias temporales y no al que per-
manece en las realidades eternas; es que te quedas en las obras muertas sin
ir á la fe viva; es que no pasas del hombre que tal vez hace el bien, sin
penetrar en el que es bueno; es que no buscas bajo el que hace al que es.
50
Porque una cosa es obrar el bien, como dices que la moral enseña, y otra
cosa es ser además bueno, como la religión te pide. (e)
51
Hay en nosotros todos dos hombres, el temporal y el eterno, el que
se mueve en las cambiantes apariencias y el que crece ó mengua en las
inmutables realidades. 52Desde nuestro nacimiento carnal, terreno y tem-
poral, desde que nuestra alma, embrión entonces, fué puesta en la matriz
del mundo de donde naceremos con el parto de la muerte á vida espiritual,
celestial y eterna, recibimos del mundo como de placenta capas que nos van
envolviendo, capas de pasiones, de impurezas, de impiedades, de egoísmos,
y á la vez va creciendo con crecimiento interno aquel divino embrión pug-
nando por desarrollar en sí la vida de virtud y de contemplación divinas.
53
Hay un crecimiento que nos viene de Dios porque Dios está dentro de
nosotros, y hay otro de fuera á dentro, que nos viene de las capas de alu-
vión que el mundo deposita en torno de nuestro nucleo eterno intentando
ahogarle en ellas. 54Así vivimos separados los unos de los otros por costras,
más o menos espesas y sofocantes, á través de las cuales irradia penosamen-
te, desfigurado casi siempre, el fuego de la caridad divina.
55
Mas aún así y todo comunicanse las eternas honduras de nuestra alma
con la hondura eterna del universo que nos rodea, con Dios que habita en
todo y todo lo vivifica, con Dios en que, como en mar común, somos, nos
movemos y vivimos. (a) 56Aún á través de la dura costra mundana que
nos ahoga el calor de nuestro espíritu busca al calor divino, y es á las veces,
en las almas de los santos, tan intensa y viva la explosión que resquebrajan
la costra y el contenido de sus almas se vierte en sangría de caridad abra-
sadora. 57Sus costras se desgastan empezando por las de más dentro, por las
que más apegadas llevan, derriten sus pasiones, destruyen esas capas en que
el mundo les envuelve, se desasen de él, y así, desnudas sus almas, desnudas
del todo, desnudas de afectos terrenos, desnudas de su misma conciencia


Meditaciones Evangélicas

temporal, desnudas como salieron de manos del Señor y como volverán á


ellas llegan al inefable toque de su eterno nucleo con el eterno Foco de vida
y de amor. 58Se pierden en el Mar de la Vida divina.
59
Así es como puedes renacer y renacer de agua, lavándote en el arre-
pentimiento y en la penitencia. 60Sí, lo hecho hecho queda, tu acto pasado
es como acto temporal irreparable, pero puedes reparar la intención con que
lo hiciste. 61Para los hombres los hechos se consuman del todo y la ley no
tiene efecto retroactivo, para los hombres que viven y obran en el tiempo;
mas para Dios, que sondea el corazón y perdona sus pecados á la Magdale-
na porque amó mucho es el perdón la forma augusta de la sentencia y la
misericordia lo eterno de la justicia. 62Para entrar en su reino, en el reino
de la paz, hay que nacer de agua, de agua de arrepentimiento que lava la
intención, y de Espíritu, hay que nacer del nucleo eterno sobre cuyas aguas
incuba el Santo Espíritu. 63Toda esa costra sucia que nació de carne, de
mundo, es carne, mundo; lo que en tí nació de espíritu espíritu es. 64No te
maravilles, pues, de que ahí á solas, en esa entrevista que á ocultas man-
tienes con Jesús te diga el maestro que te es necesario nacer otra vez.
65
Tu hombre carnal, el de la costra mundana, el que pasea por las mise-
rias, es esclavo. 66Eres esclavo en tus actos, mas no en tus intenciones. 67Así
que obras queda tu acción sujeta á las cadenas de toda apariencia, así que
te produces en el tiempo á lo irrevertible é irreparable del tiempo se some-
te tu acción. 68No es en el hacer, sino en el querer donde has de buscar tu
libertad, porque el espíritu sopla, como el viento, de donde quiere y oyes
su sonido sin saber de donde viene. 69Intérnate en esta santa libertad, refú-
giate en ella de las tiranías de esa costra de tu alma, y exclama con el Após-
tol «no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero hago; ¡misera-
ble hombre de mí! ¿quien me librará de este cuerpo de muerte?» 70Si tus
malas obras te asedian oponles tu buena fe, y busca en la justicia sacudirte
de la ley.
71
«Respondió Nicodemo y díjole: ¿como puede esto hacerse?»
72
Todo esto parece misterio ó sutilezas, se dice Nicodemo, que enterra-
do, en el moralismo farisaico no penetra en la religiosidad cristiana. 73El no
ve como el ser bueno ha de ser otra cosa que lo permanente del hacer
el bien, y tal vez allá, en su interior, se dice: hágase el milagro y hágalo el
diablo. 74¿Si llegamos á impedir que nadie obre mal ¿qué importa que no


MIGUEL DE UNAMUNO

75
sientan bien? Pero esto no le satisface, y pregunta: ¿como puede esto
hacerse?
76
«Respondió Jesús y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel y no sabes
esto? 77De cierto, de cierto te digo que lo que sabemos hablamos y lo que
hemos visto testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 78Si os he dicho
cosas terrenas y no creeis ¿cómo creereis si os dijere las celestiales? 79Nadie
subió al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está
en el cielo. 80Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto Num. 21.
9. 1, así es necesario que el hijo del hombre sea levantado, para que todo
aquel que en él creyere no se pierda sino que tenga vida eterna. 81Porque
de tal manera amó Dios al mundo que ha dado á su Hijo unigénito, para
que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. 82Por-
que no envió Dios á su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas
para que el mundo sea salvo por él. 83El que en él cree, no es condenado;
mas el que no cree ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Uni-
génito Hijo de Dios. 84Y esta es la condenacion porque la luz vino al mun-
do y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran
malas. 85Pues todo aquel que hace lo malo aborrece la luz, y no viene á la
luz, porque sus obras no sean redargüidas. 86Mas el que obra verdad, viene
á la luz, para que sus obras sean manifiestas que son hechas en Dios»
87
¿Qué cómo puede hacerse eso, preguntas, Nicodemo? 88¿Eres maestro
y no lo sabes? 89Te has llevado tantos años en labrarte un prestigio y hacer-
te una cultura y no sabes eso? 90Y en vez de ser humilde ya que no lo sabes,
cuando alguien viene á enseñártelo te dices acaso: no lo he aprendido yo
buceando en la ciencia y este ignorante, este vulgar va á saberlo? 91Tendrá
la insipiencia pretensiones de enseñar á la ciencia? 92Dicen que han visto
todo eso, que lo han visto con la fé ¡ilusiones! 93Los que no son hipócritas,
los que no dicen lo que no sienten, son pobres ilusos. 94Los unos fingen
creer, los otros quieren creer sin lograrlo, los demás creyentes creen que
creen sin poseer fe positiva. 95Pero hay sin duda entre ellos algunos á quie-
nes la potencia misma de su ilusión les convierte en videntes, y que lleva-
dos de su ardiente deseo de fe se sumergen en las más profundas aguas del
espíritu y descubren allí campos inmensos vírgenes y fecundos. 96Tiene sin
duda la religiosidad – se dice nuestro Nicodemo – raices arraigadísimas en
las entrañas del espíritu humano, puede ser un estado tal de exaltación de


Meditaciones Evangélicas

la fantasía que esta penetre en el tuétano de verdades cerradas á la razón


lógica. 97Esos pobres creyentes vulgares atenidos á la letra de la fe, de la fe
oficial, ¿qué van á enseñarme? pero los que de entre ellos se hunden en
otro mundo y rompiendo la letra descienden al espíritu, quebrantando el
dogma van á la fe pura, á estos puedo preguntarles como se hace todo
aquello. 98Y á este mismo Jesús con quien hablo á solas en su Evangelio, á
este mismo profeta de augustos destinos, puedo pedirle el meollo de sus
enseñanzas.
99
Mira, Nicodemo, que cuando te ha dicho cosas terrestres no le has
creido y ¿cómo quieres creerle si te dijere las celestiales? 100Pretendes pasar-
te sin la letra para cobrar el espíritu, intentas entrar en la región mística
despreciando el cumplimiento de la ley, al romper en alabanzas á la místi-
ca es que insultas á la sordina á la ley. 101Pero nadie subió al cielo si no el
que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. 102Esas
potentes intuiciones que buscas, esas lumbres que te alumbren tu camino
eterno, sólo te puede dar de ellas algún reflejo quien descendió del cielo.
103
Esos videntes de amor sacaron sus visiones de Dios, de Dios á quien lle-
vaban dentro, y de Cristo por quien Dios enseña. 104Aprendieron su sabi-
duría por camino de abnegación, de dolor y de sacrificio, fijos sus ojos en
la cruz.
105
Cuando iban los israelitas peregrinando por el desierto, hablaba el
pueblo contra Dios y contra Moisés por haberles hecho salir de Egipto para
que murieran en el yermo donde no había pan, ni agua y donde se hastia-
ban de aquel pan tan flojo. 106Y entonces el Señor les envió serpientes
ardientes, que mataban á quien mordían. 107Y el pueblo entonces fué á
Moisés confesándole de haber pecado hablando contra Dios y contra él, y le
pidieron que destruyese las serpientes. 108Oró Moisés y obedeciendo al
Señor hizo luego una serpiente de metal ardiente, pusola sobre la bandera,
y cuando algún mordido la miraba vivía.
109
Peregrinando así por el desierto de tu ciencia y de tu mundo, Nico-
demo, has hablado, sin saberlo acaso, contra Dios, has despreciado como
Leopardi el poder escondido que impera para común daño, has hablado en
tu corazón contra El y contra el profeta que te hicieron salir de aquel encan-
tado Egipto en que dormitabas dulcemente en el sopor de la esclavitud,
donde nunca sentiste sobresaltos. 110Has perdido aquella calma, extraños


MIGUEL DE UNAMUNO

desasosiegos te agitan el corazón, parecete desabrido todo, sufres de ham-


bre y de sed espirituales y te hastías del pan flojo que hallas en tu desier-
to. 111Es una cosa terrible cuando tocando el ¡vanidad de vanidades! pierde
toda belleza su encanto y toda impresión su sabor, cuando se llega á aque-
lla dolorosa obsesión del desierto que nos hace vagar para matar las horas y
que nos sume en la tristeza de la inutilidad de todo esfuerzo, cuando se
extingue el apetito de vida y se vive como por necesidad, por cobardía ó
por temor á la muerte. 112Enconces aún el que cree que no cree llega á con-
fesar á Dios en su corazón culpándole de sus males. 113Y el Señor le envía
dolores reales, tentaciones de carne, serpientes que matan á quien muerden.
114
El dolor le despierta y va entonces él, el que sufría de inapetencia, lleno
de hambre á confesarse de haber pecado y á pedir que le quiten de encima
la serpiente que le muerde, la cruz que le abruma. 115Y ve entonces que le
presentan sobre la bandera de los creyentes la Cruz del Salvador, la Cruz de
metal, imperecedera, la cruz del dolor petrificado, y le invitan á que la mire
para vivir y curarse de la herida de su cruz. 116«Es necesario que el Hijo
del hombre sea levantado para que todo aquel que en él creyere no se pier-
da sino que tenga vida eterna.»
117
Todos esos videntes que llegaron á la paz y al saber que tanto
ansías, fueron á ellos, Nicodemo, por camino de sufrimiento, de sacrificio
y de humildad, entre serpientes mordedoras, entre cruces abrumantes, y
fijos sus ojos en la Cruz del Salvador. Su ciencia de amor la alcanzaron por
caminos de dolor aceptado. 118No es esa sabiduría una golosina espiritual
para uso de los refinados, de los hastiados del desierto, no es una disposi-
ción de la mente á que con masturbaciones intelectuales se llegue. 119Así
sólo se va al nirvana búdico, al nihilismo, ó á la pura fantasmagoría de alco-
holizado espiritual, ó á sensualismo íntimo. 120Es la visión de amor, es la
sabiduría activa don á que sólo se llega por abnegación y por dolor, por
humildad sobre todo, con incesante contemplación de la cruz de metal
levantada en el desierto para que mirando á ella vivan los que sufren bajo
el peso de su cruz.
121
Mira, Nicodemo, no sea que conviertas en cristianismo tu moralis-
mo farisaico y en fe tu vaga aspiración, mira que no caigas en falso misti-
cismo. 122Toda esa visión de otra vida que el evangelio te descubre ¿no será
más que fantasmagoría, literatura, estética, consuelo? 123El vanidad de


Meditaciones Evangélicas

vanidades ¿se extenderá también á ese vencimiento de la vanidad? 124¿Será


el fin de todo consuelo consolar al hombre de haber nacido y la religión un
arte encarnado? 125¡Es un horror, un verdadero horror! – te dices, y te aña-
des muy bajo en las fluctuaciones de tu duda – es un horror, pero ¿por eso
ha de ser falso? ¿por qué ha de ser el consuelo verdad?
126
Reza, Nicodemo, reza y pide, y no hagas como los que apartan estos
pensamientos de su mente y á pretexto de una mentirosa salud se dicen: no
quiero pensar en mis creencias ni examinar mi fe ¡á vivir! 127No, tú no pue-
des ni debes vivir ya así, no puedes, no, no lo puedes, por la gracia de Dios
no lo puedes, y para tu curación te vendrán cruces, verdaderas cruces, ser-
pientes mordedoras, tormentos, para que mires á la cruz de metal, al dolor
eternizado, y del fondo de tu miseria y de tu dolor te brote la vida. 128Sí,
sólo los que sufren pueden llegar á la intuición de la verdad del supremo
consuelo, sólo los que sufren pueden llegar á creer de veras. 129Sufre, pues,
sufre y resígnate para que creas. 130Más te vale creer entre las llamas del
dolor, que derretirte en íntima desesperación, en hastío abrumador en
medio de la facilidad de la vida.
131
Ponte á pensar en esa inmensa concepción de un Dios que baja en
su Hijo á encarnar y sufrir y divinizar así el dolor. 132Piensa en esa con-
cepción divina y pide dolores para divinizarte en lo que puedas, para aspi-
rar á ser perfecto como nuestro Padre celestial. 133Y cree en el que vino á
sufrir para que goces vida eterna.
134
No envió Dios á su Hijo al mundo para que condenara al mundo,
para que le condenara al hastío de una realidad como la real frente á la
idealidad de su palabra, sino que le envió para que el mundo sea salvo por
él. 135El que en él no cree se condena á eterno hastío, á ansia y terror á la
vez de la nada.
136
Y por qué no se cree, Nicodemo? 137Por qué unos se rebelan contra
la fe que dicen impuesta, otros fingen tan sólo creer, creen otros que creen
sin creer de veras y otros aseguran que quieren creer sin lograrlo? 138Por
qué no se cree, Nicodemo? 139O más bien, por qué se cree? 140«La luz vino
al mundo – te dice Jesús á solas – y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas.» 141He aquí porque no creen, por-
que sus obras eran malas. 142No es tanto, Nicodemo, que sean buenos los


MIGUEL DE UNAMUNO

buenos porque creen ni los malos malos por falta de fé, sino más bien que
por ser buenos creen los buenos y por no serlo no creen los malos. 143¿Crees
acaso que la bondad, la íntima bondad no es luz más clara y penetrante que
la razón? 144Con esta, si es potente, puede el hombre, aunque sea malo,
comprender y abarcar el mundo temporal todo, llegar á las razones de las
cosas, pero sentir y ver el mundo eterno, llegar á la verdad de todo, no ya
sólo á su razón, tan sólo es dado á la fé, «á la sustancia de las cosas que se
esperan» (Hebr. 1.) á la fe que la bondad atrae sobre nosotros. 145Y la
íntima sustancia de la bondad, la raiz de ser bueno es la humildad.
146
Ah, Nicodemo, si comprendieras la íntima lumbre que es la bondad,
la divina potencia de visión con que reviste al espíritu! 147Para ver y ver de
veras lo verdadero y eterno, no ya sólo lo racional y pasajero, para verlo de
veras, es preciso poder sacudirse de lo impuro de sí mismo, hay que mirar
con el nucleo eterno, con el hombre interior y divino, desnudándolo de la
costra terrenal que enturbia y ofusca y trastorna la recta visión. 148Te ense-
ñan tus maestros, Nicodemo, que nadie puede mirar si no desde donde está,
su forzoso punto de vista, y á través de sus ojos, y no saben que puede el
hombre mirar desde Dios, en quien es, y á través de la bondad, que es más
que diafanísimo cristal, que es la vista misma interior. 149Sólo el bueno, no
el simplemente honrado, perdona de veras, porque sólo el bueno ve la entra-
ña de la ofensa y la justicia única del perdón, y porque solo Dios es del
todo bueno sólo Dios perdona del todo. 150Pero el mismo Jesús que nos dijo
que sólo Dios es bueno díjonos también que seamos como él perfectos.
151
Consiste nuestra bondad en tender á la Bondad suma, y así ella ten-
derá á nosotros dándonos fé. 152Porque si sólo el verdaderamente bueno cree
de verdad, sólo el que de verdad cree es verdaderamente bueno. 153Los
malos, es decir los soberbios, no creen «pues todo aquel que hace lo malo
aborrece la luz, y no viene á la luz, porque sus obras no le sean redargüi-
das.»
154
Sí, Nicodemo, aborrecen la luz. 155Observalos y verás que su tole-
rancia cesa así que se trata de verdadera fe, verás que te soportan el que te
entregues á cualquier doctrina, á cualquier culto, á cualquier fantasmago-
ría, y no te aguantarán el que entregues á ese Jesús á quien vas á ver de
noche y á solas. 156Muévete en todo género de fantasmagorías, levanta toda
clase de imaginaciones, distraelos, deleitales, conmueveles si puedes, pero


Meditaciones Evangélicas

no toques á las eternas realidades ni quieras pasar para con ellos de las bellas
apariencias que recrean el ánimo ó le arrancan á lo sumo lágrimas de moli-
cie. 157No quieren pensar en eso, ni sentirlo. 158Aborrecen la luz porque la
luz trae la vigilia y les arranca de su sonambulismo, de ese sueño en que
viven queriéndose convencer de que están hechos de la sustancia misma de
los sueños. 159Mira como no quieren meditar en lo eterno. 160A lo sumo lo
inquieren, lo racionalizan, lo analizan desde fuera, pero no lo meditan des-
de dentro. 161Y si se ponen acaso á ello así que sienten convulsión de las
entrañas del alma, clamando que es enfermedad y delirio, desvían los ojos
de esa su cruz y se vuelven á vivir como sanos, como sensatos racionales en
el seno del sueño.
162
«Mas el que obra verdad viene á la luz para que sus obras sean mani-
festadas que son hechas en Dios.»
163
Sí, Nicodemo, el que busca más que deleite y más que engañar á la
vida y á la muerte, el que obra verdad, el que siente en serio y tiene ham-
bre de eternidad, este va á la luz sin temer las convulsiones y la propia
miseria que le pone al descubierto, este va á la luz para que sus obras no
aparezcan suyas si no hechas en Dios, en quien vive.

——
164
Salió Nicodemo de su nocturna y recatada visita al Salvador llevan-
do el ánimo preñado de altas ideas y de profundos sentimientos, y volvió á
zambullirse en el mundo de sus cotidianos afanes. 165Volvió á vivir su alma
la vida exterior, la de su costra terrena, pero conservando siempre en el
oculto fondo el hervor de aquella noche. 166Mientras seguía el curso de sus
negocios, de sus farisaicas enseñanzas, de sus conversaciones y tratos, man-
tenía en lo más íntimo de sí otra conversación callada. 167Y á la vez por las
calles y plazas seguía con la vista y aún con los pasos á Jesús que iba evan-
gelizando á los pobres de espíritu. 168Alguna vez se unió acaso á las turbas
que le escuchaban, asistió á la cura de aquel perlático á quien el Maestro
preguntó ¿quieres ser sano? y sintió tal vez entonces convulsiones de la per-
lesía de su alma.
169
Y cuando se acercaba la fiesta de los tabernáculos, subió Jesús desde
Galilea á Jerusalem y los judios le buscaban disputando si era bueno ó


MIGUEL DE UNAMUNO

engañador. 170Y en medio de la fiesta enseñó Jesús en el templo doctrina


que no era suya, sino de Aquel que le envió, sin hablar de sí mismo ni bus-
car gloria propia sino la de Aquel que le enviaba. 171Y entonces los fariseos
enviaron servidores que prendiesen á aquel fomentador de sediciones que
clamaba diciendo: si alguno tenga sed venga á mí y beba. 172Grande era la
disensión entre el bueno, porque los buenos, dejándose arrastrar de su bon-
dad decían que era el Cristo, el profeta, y los demás, aferrados á la ley que
mata, á la razón que reseca, aducían en contra del Cristo la letra de sus
escrituras. 173Mas ninguno osó echar mano sobre él. 174Y cuando presen-
tándose sin Jesús los ministriles á los sacerdotes y fariseos y preguntándo-
les estos porque no le traían respondieron aquellos que nunca había habla-
do hombre como aquel hablaba, los fariseos les respondieron:
175
«¿Estais también vosotros engañados? 176¿Ha creido en él alguno de
los príncipes ó de los fariseos? 177Estos vulgares, que no saben la ley, mal-
ditos son.»
178
Cómo! vais á dejaros engañar por ilusiones de enfermos, de alucina-
dos, de débiles mujeres, de niños y de ignorantes? 179Vais á rebajar la dig-
nidad de la razón y á querer hacer del engañoso consuelo verdad en vez de
hacer de la razón consuelo? 180¿Ha creído en él de veras, con fé sincera,
algún genio legítimo ó alguien nutrido con el tuétano de león de la cien-
cia? 181Los grandes genios, las inteligencias supremas, las mentes poderosas
del cristianismo ¿hicieron otra cosa que luchar sin descanso por racionali-
zar su fe, por casar á fuerza de dialéctica lo contradictorio, ni lograron más
que desvanecer el dogma con la ciencia del dogma mismo? 182¿Quienes cre-
en? 183El vulgo, los ordinarios, los que no conocen las inflexibles leyes que
rigen al universo, los pobres ilusos que esclavos de la apariencia no han
penetrado en el augusto determinismo de todo lo existente ni se han sumi-
do en el hondo principio de que todo lo real es racional y todo lo racional
real. 184Ignoran los pobres que sus creencias tienen, como todo, una ley que
las rija y un proceso de vida. 185Creen, si es que creen, porque no tienen
otro remedio! 186Pero con esa su fe perpetúan el fanatismo y la hipocresía
y el engaño sobre la tierra é impiden que los ministros de los sabios pren-
dan á Jesús y se lo lleven á ellos á que le analicen y reduzcan á su valor;
son malditos.
187
Así hablan los fariseos.


Meditaciones Evangélicas

188
«Díceles Nicodemo (el que vino á él de noche, el cual era uno de
ellos) ¿Juzga nuestra ley á hombre si primero no oyere de él y entendiere
lo que ha hecho?»
189
El fuego interno que desde la nocturna visita caldeaba á Nicodemo
le soltó la lengua y allí, en la reunión de los filisteos, apeló á su ley, á la
de ellos, en favor de Jesús. 190En nombre de la razón pides, Nicodemo, que
se oiga á Jesús, que se le oiga de veras y con corazón limpio y que se entien-
da lo que ha hecho, que es muy alto entender. 191En nombre de esa pobre
razón, elevada á ídolo, demandas, Nicodemo, que se entienda lo que Jesús
hace en las almas de todos esos vulgares que no saben la ley, que no cono-
cen la razón. 192¿Habeis meditado – les dice – en esa fuerza que consuela
al triste, da movimiento al perlástico, fortifica al débil, y saca de la bon-
dad, enterrada en la ignorancia, luz espléndida?
193 194
«Respondieronle y dijeronle ¿No eres tú también Galileo? Escu-
driña y ve que de Galilea no se levantó profeta.»
195
¿Qué nos vienes con todo eso? – le contestan á Nicodemo – 196Eres
un soñador como ese mismo Jesús á quien defiendes ahora, vete, estudia,
examina y mira si de la región de los sueños salió nunca quien previera las
cosas, que sólo la razón prevee.
197
«Y fuese cada uno á su casa,» concluye diciendo el relato evangéli-
co.
198
Fuese cada uno á su casa, volvió cada cual á sus negocios, á sus pre-
ocupaciones, á recogerse en la dura costra de sus cuidados terrenos, y se
separaron en vez de unirse, y se fueron á su casa cada uno y no todos á la
casa del Señor. 199También Nicodemo se fué á su casa, volvió á zambullir-
se en sus inquietudes después de aquella pública profesión, llevando con el
resquemor acaso de la despreciativa repulsa el calor de la nocturna visita.

——
200
Continuó Jesús su divina carrera y Nicodemo le seguía de nuevo con
la vista y con los pasos tal vez por calles y plazuelas. 201Los escribas y fari-
seos llevaron la mujer adúltera al Maestro, para tentarle y oyeron de sus
labios la tremenda sentencia de que arrojara la primera piedra el que de
entre ellos estuviese sin pecado, y redargüidos en sus conciencias le dejaron


MIGUEL DE UNAMUNO

solo. 202Y Jesús, que desde su divina bondad veía lo íntimo del pecado, per-
donó á la adúltera cuando quedó con ella á solas, huidos los acusadores.
203
Nicodemo supo esto, y oyó á Jesús por calles y plazas palabras de
vida, y oyó también que los suyos, los fariseos murmuraban de que hubie-
se dado vista al ciego en sábado. 204Mas entre ellos, entre los fariseos, sur-
gía disensión.
205
Cuando Jesús resucitó á Lázaro colmose para los fariseos la medida y
se dijeron: si le dejamos así, todos creerán en él, y vendrán los romanos
y quitarán nuestro lugar y la nación.
206
Y entonces y por esta razón, que nunca será bastante meditada, deci-
dieron matarle. 207Decidieron matarle para que no les borrasen los romanos,
según decían.
208
Llegaron las fiestas de pascua, y de todas partes concurrieron las gen-
tes á Jerusalem. 209Y Nicodemo, que sabía sin duda el designio de sus com-
pañeros, sentía extrañas inquietudes en medio del bullicio de las fiestas.
210
Los sencillos, los pobres, toda aquella muchedumbre recibía en triunfo y
con palmas á Jesús que entraba en la ciudad montado en un borrico.
211
Por debajo de la fiesta, celada por el bullicio alegre, la lucha de las
pasiones era viva. 212Y parecía que el galileo aquel se complacía en procla-
marse enviado de Dios y luz del mundo, atrayendo así la suspicaz mirada
de los romanos. 213Carecía de toda prudencia aquel sedicioso y de la muche-
dumbre en fiesta podía surgir cualquier conflicto que diese pretexto á los
romanos para borrar aquella nación de su asiento y arrojarla á que errase
por el mundo.
214
Jesús, por fín, viendo próxima su hora cenó con los suyos la cena de
despedida y de comunión y al final de ella habló ante ellos a su Padre,
levantados sus ojos al cielo, y le dirigió aquella oración que no puede leer-
se si no de rodillas y con el corazón limpio, pidiéndole que como él era una
cosa en su Padre y su Padre en él así seamos todos uno en ellos, seamos uno
en Dios Padre, en Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo.
215
Salió de allí Jesús tras el arroyo Cedrón, luchó con la humanidad en
el huerto de las olivas, fué prendido por el traidor y quedó sometido á jui-
cio,


Meditaciones Evangélicas

216
Y Nicodemo? Nicodemo debió seguir desde lejos sin duda, con
entrañables sobresaltos, estos primeros actos del divino drama y él, de los
fariseos, esto es, de los ferishim, de los distinguidos, debió meditar en aque-
lla petición del Cristo de que seamos hechos todos uno, todos, los llamados
vulgares y los que se llaman distinguidos, todos los que sean de Cristo y
no del mundo.
217
Y el hormigueo de la feria, entre el ir y venir de las gentes traidas
y llevadas por sus negocios, su ociosidad ó sus pasiones, Nicodemo acudi-
ría frente al pretorio con el pueblo allí amotinado para pedir la vida de
Jesús. 218Oyó al pueblo pedir se soltase á Barabás y no á Jesús, y vió á este
con manto de grana y corona de espinas hecho irrisión del pueblo que pocos
dias antes le aclamara. 219«He aquí el hombre!» dijo el pretor al popula-
cho, y Nicodemo se diría: he ahí el hombre, el hombre á quien fué á bus-
car de noche para que declarase la verdad, he ahí el hombre que me sacu-
dió las entrañas hecho ludibrio de estos imbéciles. 220Y entonces, mientras
el pueblo gritaba desde la calle ¡crucifícale, crucifícale! sintió tal vez Nico-
demo más que amor á Jesús escarnecido rencor hacia el pueblo versatil que
hoy recibe con palmas al enviado y mañana pide para él la cruz. 221Y este
rencor de su costra farisaica, este asco de distinguido, ahogó tal vez el amo-
roso afecto de compasión hacia el profeta, aquel afecto de que hubiese bro-
tado una inmensa piedad para el pobre pueblo ciego que le negaba y con-
denaba á muerte, porque no caben juntos amor á la víctima y odio al
verdugo. (c)
222
Siguió Nicodemo aquella disputa entre el astuto romano y el encres-
pado populacho judio y la siguió con retortijones del espíritu y angustias
del corazón. 223«He aquí vuestro rey» decía con inmunda socarronería Pila-
to, y la plebe (b) gritaba ¡crucifícale! 224Quería el pretor limitarse, desde la
soberbia indiferencia de su escéptico espíritu romano, á poner en ridículo
al profeta, á hacerle la risa de las gentes dejando á salvo la justicia romana
y sin condenar á quien creía justo, á terminar aquello en farsa, y el pueblo,
religioso aún en su extravío, pedía tragedia. 225El escéptico funcionario
cedió al cabo, se lavó las manos, y pensando tal vez que todo aquello era
una mezquina cuestioncilla de judios, una nonada junto á la inmensa majes-
tad del Imperio, entregó el profeta al pueblo para que le crucificasen.


MIGUEL DE UNAMUNO

226
Nicodemo siguió á Jesús que iba al patíbulo, lloró acaso hacia den-
tro con las mujeres que le seguían llorando y oyó aquel «no me lloreis, mas
llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.» 227Tal vez desde las mura-
llas de la ciudad vió como allí, á las puertas, en el lugar de la Calavera, lo
alzaron crucificado y le vió entre cielo y tierra, desnudo y expuesto á las
gentes, ser presa del dolor. 228Y si acaso volvió á sentir rencor y asco fari-
saicos hacia el pueblo, llegaría á sus oidos aquel «Padre, perdónalos, por-
que no saben lo que hacen.» (d)
229
Desde aquellas murallas de la ciudad santa, en aquel dia de ferias, el
pobre Nicodemo miraría luchar con la muerte á Jesús siendo la burla de las
gentes y se le evocara txal vez el recuerdo de si acaso de niño clavaron á
algún pobre animalejo, á un murciélago, para divertirse con él. 230La burla
que quería el romano fué burla trágica.
231
Entonces Nicodemo, ablandado por las internas lágrimas, derretida
con ellas en gran parte la terrena costra de su espíritu y aniñado y empo-
brecido este sintió la carga toda de sus culpas, la pesadumbre de su cruz,
el torcedor de sus dudas, y clavó sus ojos en la Cruz que se destacaba sobre
el cielo. 232Luchó entonces, tembló y sudó acaso.
233
Oyó el «sed tengo» y le saltó el corazón y hubiera querido correr á
darle agua fresca, pero se sintió atado á la muralla. 234Murió Jesús y Nico-
demo fué á juntarse con los discípulos secretos del Maestro, con los que sólo
á escondidas le visitaban, por miedo de los judíos. 235De estos era José de
Arimatea que fué á rogar al pretor le permitiese recoger el cadaver.
236
«Y vino también Nicodemo – dice la escritura – el que antes había
venido á Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de aloes, como
cien libras. 237Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y envolvieronle en lienzos
con especias, como es costumbre de los judios sepultar. 238Y en el lugar
donde había sido crucificado había un huerto y en este un sepulcro nuevo
en el que nadie había sido aún puesto. 239Allí, pues, por ser víspera de la
pascua de los judios, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesús.»
240
Había muerto, había muerto el Maestro que en aquella inolvidable
noche le hinchió de nueva vida el corazón, había muerto el Maestro que le
hablara de renacimiento y de vida eterna, había muerto! 241Morirían así
todas aquellas esperanzas? 242Toda aquella hermosa doctrina de consuelo


Meditaciones Evangélicas

estaría también condenada á muerte? 243Sería algo más que ilusión conso-
ladora? 244Sería algo más que divino señuelo para retener en la vida á los
pobres hombres? 245Había muerto Jesús, y fué Nicodemo llevando mirra y
aloes á enterrarlo, y envuelto á la vez en los perfumados balsamos de su
afecto enterrolo en su corazón. 246Sus entusiasmos, sus anhelos, su amor,
su ciencia, todo lo convirtió en mirra y aloes con que envolver en su alma
el cadaver del Maestro, y lo enterró en su corazón, hecho sepulcro nuevo,
donde no había sido puesto antes nadie.
247
Mas sucedió que el primer dia de la semana María Magdalena fué de
mañana, aún oscuro, y vió quitada la piedra del sepulcro que cerraran José
de Arimatea y Nicodemo, los discípulos vergonzantes, y corrió la mujer á
buscar á Pedro y á Juan, que acudieron á porfía, vieron echados los lienzos
y el sudario aparte, vieron y creyeron, mientras lloraba María junto al sepul-
cro. 248Entonces apareció Jesús á la Magdalena, tomole esta por el hortela-
no, pero al oir ¡María! contestó ¡Maestro! 249Y fué María Magdalena dando
á los discípulos la noticia de haber visto al Señor y hablado con él.
250
¿Qué pasaría en Nicodemo el fariseo, el distinguido, cuando supo
que el Maestro por él enterrado apareció á la pobre María la arrepentida, la
en un tiempo pública pecadora? 251¿Qué pasaría por el discípulo vergon-
zante al saber que se había mostrado el Maestro á la que en público le regó
de lágrimas los piés y se los enjugó con sus cabellos y le besó los piés ungi-
dos con ungüento, allí, en la casa de aquel fariseo Simón escandalizado del
acto de la pecadora? 252Debió de recordar entonces Nicodemo aquellas pala-
bras del Maestro:
253
«Entré en tu casa y no me diste agua para los piés, mas esta me los
ha regado con lágrimas y me los ha limpiado con sus cabellos. 254No me
besaste, y esta, desde que entró, no ha cesado de besarme los piés.. 255No
untaste mi cabeza con aceite, y esta me ha untado con ungüento los piés.
256
Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, mas al
que se perdona poco es que ama poco.» 257Y luego cuando al decirla «te
son perdonados los pecados» comenzaron los comensales á decirse: ¿quien
es éste que perdona pecados? 258dijo Jesús á la mujer: Tu fé te ha salvado;
ve en paz.


MIGUEL DE UNAMUNO

259
Al que ama mucho se le perdona mucho – se diría Nicodemo, repi-
tiéndose en su corazón: tu fé te ha salvado, ve en paz. 260Y entonces debió
de comprender que si quería perdón y vida tenía que regar con las lágri-
mas de su alma y enjugar con sus energías y besar con su razón y ungir con
el ungüento de su ternura á aquel cadaver que llevaba en el corazón y que
sólo así resucitaría en él para perdonarle por haber amado.

——
261
(a) Cuando Dios, que habita en el íntimo seno de todo, se une ante
tu conciencia, á Sí mismo, que en tu íntimo seno habita, entonces es cuan-
do se te revela, y cuando te ves perdido en el Mar inmenso, sin propia con-
ciencia temporal, en esplendente conciencia eterna, viviendo en El á tu pro-
pia vista.
262
(b) aquellas mismas turbas que quisieron hacerle rey cuando les mul-
tiplicó los panes,
263
(c) Tal vez maldijo Nicodemo no al pecado, de que él era partici-
pante, sino á los ministros ostensibles del pecado, al pueblo ciego; maldí-
jole con la misma lengua con que bendecía á Jesús, esa lengua, mundo de
injusticia, que contamina todo el cuerpo, con que bendecimos á Dios Padre
y maldecimos á los hombres hechos á su imagen y semejanza (Ep. Sant. III.
6 y 9) 264El moralismo farisaico de su costra ahogada á la piedad cristiana
de su seno removido en aquella noche de la visita.
265
(d) y estas palabras volverían su odio hacia sus propios pecados,
engendrándole suprema piedad para con el ciego pueblo deicida. 266¿Quien
sabe si comprendió entonces que sus culpas eran las que crucificaban al dul-
ce galileo?
267
(e) Hay que vivir recogiendo el pasado, guardando en la eternidad el
tesoro del tiempo, en crecimiento, no en mero adelanto. 268Y cómo? Ate-
sorando méritos en la eternidad, tendiendo á ser hoy mejores que ayer, más
divinos. 269¿Qué obras buenas son esas que al acumularse no te hacen
mejor? 270«La vida del espíritu es la buena intención» (Ricardo de S. Vic-
tor) 271Ten buena intención y pide á Dios que obre ésta en tí buenas obras.
272
Si tu debilidad te doblega al pecado, si te vencen las tentaciones, te arre-
pentirás siendo bien intencionado y te será perdonada tu flaqueza. 273Pero


Meditaciones Evangélicas

si deseando mal y lleno de intención perversa no hicieses daño por temor y si


por cobardía fueses honrado, aparentemente justo, tu mala intención enve-
nenará tus sentimientos y amargará tu alma. 274Sé bueno, Nicodemo, no te
conformes con no hacer mal á nadie, ni aún con hacer bien, que si rindes
á otro un beneficio á la vez que de él murmuras en tu corazón no te será
el beneficio imputado á bien. 275Aprende á odiar tanto el pecado cuanto
compadecer y amar al pecador, que el odio al mal está en inversa propor-
ción con el odio al agente del mal mismo. 276Mientras no llegues á que se
te escape del pecho á la vista del infeliz que cometió horrendo crimen esta
exclamación: ¡pobre hermano! mientras á esto no llegues no eres radical-
mente bueno, cristiano. 277La intención es fe; fe sin obras es fe muerta, mas
obras sin fe tampoco salvan. 278Eres dueño de tu querer, de tus intenciones,
no lo eres de tu hacer, de tus actos.


El mal del siglo [Borrador]
(CMU, col. 79/231)

1
EL MAL DEL SIGLO
2
Sentido desde cierto punto de sentimiento, pocos ocasos más tristes
que el ocaso de este nuestro siglo, en que una gran fatiga, la fatiga del
racionalismo intelec á los espíritus cultos desorientados sumerge en la tris-
teza de su cultura misma. 3Por todas partes síntomas de descomposición
espiritual y ruinas de ideas muertas cuando no abortadas. 4Pero del seno
mismo de este desencanto brota la esperanza, y á fijarse bien aparecesenos
el tal ocaso cual una aurora. 5Una atonía aparente cela un vivo hervor ínti-
mo así como el desvío que la juventud muestra hacia los llamados intere-
ses generales y su apartamiento de la ostensible vida pública oculta una pro-
funda preocupación por los eternos intereses individuales, que siendo de
cada uno de los hombres resultan los más universales de todos. 6Hay en esta
actitud de los jóvenes mucho de compás de espera, de examen de concien-
cia y de recolección de fuerzas. 7Mas el hecho social patente es que una
enervadora fatiga paraliza á los espíritus en su movimiento expansivo y que
parece preludiarse á las veces un sueño social tan reparador acaso y tan
fecundo como lo fuera el de la edad media, el de aquella recogida edad de
sociedades crisálidas en que una tan intensa vida doméstica y religiosa
rehizo las almas destrozadas por la íntima desesperación de la decadencia
romana.
8
Háblase de crisis moral, de resurrección del espiritualismo, de reac-
ción. 9Es la vuelta á la pavorosa visión del destino individual ultraterreno
pasado ya el colmo de la borrachera progresista. 10Asistimos á la muerte


MIGUEL DE UNAMUNO

solemne del caballeresco Don Quijote, á su resurrección en el cristiano


Alonso el Bueno. 11Lo que presenciamos es la vuelta de los espíritus á sí
mismos, á su patria íntima; se acuerdan de su felicidad. 12Es un acto más
de la perdurable lucha entre el humano paganismo y el cristianismo divi-
no.
13
Y es, á la verdad, una prenda de consuelo esta vuelta de los espíritus
á la realidad de su patria íntima, desengañados de los espejismos del desier-
to por donde peregrinaban desterrados. 14Vendrá con ella un retoñamiento
de la vida doméstica y privada á expensas de la pública, vendrá la reforma
del hombre interior y la preocupación por educar á los propios hijos.
15
Hablan de la ola de la reacción más o menos negra muchos, de retro-
ceso otros, de los ricorsi del progreso algunos, de su ritmo no pocos.
16
Denomínese al fenómeno ricorso, reacción, oscilación, sístole, con el mote
que se quiera, en el fondo es sencillísimo. 17Las generaciones que predica-
ron y arraigaron el positivismo agnostico han sido generaciones educadas en
fé espiritualista y religiosa, y por debajo de sus negaciones y abstenciones
intelectuales llevaban, como fondo vivificante, la oculta energía de la fe que
abandonaron. (a) 18Pero hoy llegan á vida social generaciones educadas ya
por ellos en agnosticismo y estas, las que han recibido como legado absten-
ciones y negaciones, sienten sed del manantial oculto en las almas de sus
educadores y que estos les celaron, y piden beber de él. 19Puede un cristia-
no hacerse intelectualmente agnóstico, pero no puede subsistir moralmente
un hombre moderno educado en el agnosticismo.
20
El avance del progreso de nuestro siglo trajo consigo la embriaguez
progresista, embriaguez que enajenó los espíritus llevándolos á olvidar su
propio progreso intrínseco, distraidos con el del ambiente en que vivían.
21
Formose un culto idolátrico al progreso, cuya realidad se conceptualizó, y
un más idolátrico culto á la humanidad abstracta que amenazaba ahogar el
sencillo y cristiano «ama á tu prójimo.» 22Pero he aquí que una legión de
pensadores y sentidores, apartando sus ojos del fantasma para volverlos á la
realidad íntima, han destruido la ilusión que hizo nacer el poderoso flore-
cimiento de adelantos, y han desmoronado sillar á sillar el optimismo racio-
nalista. 23Los ídolos, los spuks que decía el demoledor Max Stirner, caen á
los golpes de este mismo, de Schopenhauer y su escuela, de Ibsen, del
mismo pobre Nietzsche. 24El mundo es mi representación; he aquí una frase


Meditaciones Evangélicas

sencilla que ha tenido inmenso efecto. 25Representación mía el progreso


todo, representación de mi mente todo lo que el agnosticismo puede dar-
me, mero fantasma que se disipará al cerrar yo mis ojos para siempre. 26Se
ha llegado á predicar el suicidio cósmico, el anonadamiento, la nada uni-
versal; por fin ha aparecido el nihilismo. 27Muerto yo, si del todo muero,
se acabó el mundo, ¿porqué no ha de acabarse cuanto antes para que nue-
vas conciencias no sufran la pesada broma de la existencia? 28Si hemos
deshecho la ilusión del vivir y el vivir por el vivir mismo no nos llena ¿para
qué vivimos? 29La muerte es el único remedio. 30Y así se ha endechado al
reposo inacabable por terror á él, y se ha llamado á la muerte como á libe-
radora ya que vivimos para volver á la nada. 31Los tragos amargos apurar-
los pronto y de una vez; volvamos cuanto antes á la nada! 32Y así han ocu-
rrido suicidios por terror á la muerte, como el temor carnal de caerse del
alto de una torre produce el vértigo que impulsa al desgraciado á que se
tire de ella. 33¡Elocuente el triste suicidio del poeta nihilista Antero de
Quental, cantor sombrío de la muerte eterna y de vanidad y humo de todo!
34
¡Qué enseñanzas tan amargas en la obra del pobre Leopardi, empapado en
la inmensa noia del nihilismo, pidiendo el aniquilamiento para salir de una
vez de la infinita vanidad del todo de un mundo fenoménico, (f)
35
En la amargura de la desilusión se ha llegado á culpar á la inocente
ciencia, echándole en cara que ha hecho bancarrota, como si la ciencia fue-
ra rea del intelectualismo decadente. 36(d) El fracaso es el del intelectualis-
mo, no el de la ciencia; el fracaso es el de la vida para la ciencia, mas no
el de la ciencia para la vida. 37Sí, quisimos ser dioses por la ciencia del bien
y del mal, y esta ciencia nos ha mostrado nuestra desnudez, de que nos
avergonzamos ante Dios, y esa ciencia misma nos condena al trabajo y á la
muerte.
38
La muerte! he aquí la clave de todo. 39O al morir se deja de ser ani-
quilándose la conciencia individual ó no. 40Ser ó no ser; este es el problema,
repite el moderno Hamlet, obsesionado por la sombra de su padre que le
pide venganza.
41
La obsesión de la muerte fué el elemento ideal, el religioso que com-
binándose con el económico produjo las viejas civilizaciones, que arranca-
ron de la esclavitud y del culto á los muertos, como en el típico antiguo
Egipto. 42El problema de la muerte es el radical de la vida. 43La ciencia


MIGUEL DE UNAMUNO

podrá explicar la muerte como un caso de la vida, el amor pide que se


explique ésta como un caso de aquella. 44Ya que el morir es el término ine-
ludible y natural de la vida el camino natural de ésta es ir á aquel, y su luz
la luz de su fin. 45Sólo á la luz de la muerte se llega á sentir la vida, y pre-
pararse á morir es vivir naturalmente. 46La muerte es ó no total aniquila-
miento de la conciencia? 47Se muere una sola vez y para siempre. 48Y si no
siendo inmortal nuestra alma se muere del todo, nuestra muerte es el fin
del mundo, el fin de nuestro mundo, de nuestra representación en ese caso.
49
El sol se apagará, enmudecerán los sonidos, las cosas todas se licuarán en
la nada, y ni aun nos quedará la conciencia misma de la nada. 50Y así...
(final del cántico del gallo silvestre) 51He oido contar de un pobre segador
muerto en un hospital que al ir el sacerdote á ungirle en extrema unción
se resistía á abrir la mano derecha en que guardaba fuertemente apretada
una moneda sin atender á que una vez muerto su mano, con lo que ence-
rraba, no sería ya suya, sino de la tierra. 52Así muchos en vez de la mano
cierran el espíritu queriendo guardar en él el mundo.
53
Me confesaba uno que previendo en pleno vigor una muerte próxima
pensaba unicamente en concentrar su vida, en vivirla toda en los pocos dias
que le quedaban, é imaginaba escribir un libro «Los ultimos dias de mi
vida.» 54¡Vaciedad de vaciedades! Este triste estado de paganismo ha pinta-
do Renan en L’Abbesse de Jouarre (uno de sus dramas)
55
El temor á la muerte es el principio de toda sabiduría (Sirach. I. 16)
y el hacer carne del espíritu la omnipresencia de la muerte es principio de
vida. 56Olvidarla tal vez, sí, pero de puro tenerla presente; ver á través de
su color el mundo todo; que forme el fondo de nuestros propósitos y enton-
ces tendremos plena posesión de la vida, que es un morir de todos los dias,
y plena posesión de la muerte, que es principio de vivir.
57
O se muere del todo ó no, y «si en esta vida solamente esperamos en
Cristo somos los más miserables de todos los hombres» I Cor. XV. 19. 58«Si
los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos» I
Cor. XV 32
59
¿Qué la muerte no es para la sociedad más que un accidente? ¿qué si
yo muero quedan otros? 60Sí, otros que morirán á su vez, y si todos mori-
mos del todo no es el género humano más que una sombría procesión de
fantasmas que salen de la nada para volver á entrar en ella.


Meditaciones Evangélicas

61
¡Qué poco se medita en la muerte como factor social! (j)
62
Nada se anula – nos dicen por via de consuelo intelectual – todo se
trasforma, ni la materia ni la fuerza se pierden. 63Cuanto hacemos perma-
nece en una ú otra forma. 64¡Mi yo, exclamamos con Michelet, que me arre-
batan mi yo!, – mi conciencia propia ¿qué es de ella? 65Todos los dias desa-
parecen fenómenos, si mi conciencia individual es un mero fenómeno
desaparecerá y con ella ese consuelo estoico que me quereis dar. 66Nos
hablan de progreso, de evolución. 67La especie evoluciona, ¡bueno! pero es
en sucesión de individuos totalmente perecederos? 68Y no faltan estoicos
que llaman egoísmo á esta inquietud abrumadora por el propio destino
individual. 69Egoismo! Frente á él han sacado un altruismo intelectualista
que no es caridad, sino que es la esteril enajenación mental de cada uno en
un puro abstracto, en un ídolo Humanidad, y se ha vuelto á la desoladora
moral conceptualista y abstracta del estoicismo redivivo. (h)
70
Hay quien aspira á vivir en la historia y á ello encamina sus acciones
y energías, á vivir en la historia y no en la eternidad, á que hablen de él
voces que no oirá y de el se lean escritos que no verá cuando la tierra cubra
lo que fueran sus oidos y ojos.
71
Lo que más ó menos encubierto entristece el ocaso de este nuestro
siglo, lo que perturba las almas es la obsesión de la muerte total, el lúgu-
bre pensamiento que dió un tinte tan sombrío á la decadencia romana, la
edad del estoicismo, del epicureismo y del suicidio. 72(e) Se toca la vanidad
del progresismo si no hay otra vida y la idolatría progresista se desploma.
73
Descorazona el luchar por el bienestar de seres que volverán un dia á la
nada de que salieron y se columbra que el hacer la vida más fácil, más gra-
ta y más placentera es haciéndola más amable aumentar el pesar de tener
un dia que perderla y preparar así el terrible azote de los satisfechos, la infe-
licidad de la felicidad, el spleen devorador, la noia tremenda de Leopardi.
74
¡Luchar y luchar hasta morir por el bien de otros, que al morir han de
perderlo! 75Así fracasa el humanitarismo en sus formas todas, cuando la fe
en una patria celestial no le acompaña.
76
Los que aquí sufren, faltos del suficiente pan, pelean, y cobra fuerzas el
socialismo porque ha sustituido á abstracciones realidades, á fantasmas tangi-
bilidades, la tremenda cuestión del pan material de cada dia. 77Pero así que


MIGUEL DE UNAMUNO

la necesidad temporal se satisface resurge la espiritual, la honda. 78El proble-


ma llamado por antonomasia social tiene un fondo religioso, ya que la pobre-
za á los unos y á los otros la riqueza les impide pensar en su fin verdadero.
79
Desilusionados muchos del socialismo materialista y resistentes á aco-
gerse al cristiano refugianse en un individualismo trascendental y en una
libertad individual abstracta. 80Las tendencias de Max Stirner, Feuerbach,
de Nietzsche hacen estragos. 81En realidad lo que hacen es sacrificar su pro-
pia alma, su yo concreto, á un individuo tan abstracto como la Humanidad
misma. 82Viven en pura idolatría individualista, corriendo trás una libertad
abstracta y perdiendo la verdadera, la íntima, la de hacer de la letra espíri-
tu y de la ley justicia, la libertad cristiana que se consigue cuando Cristo
vive en nosotros.
83
Otros, por fin, idólatras de la belleza, se acogen al llamado esteticis-
mo. 84Estos son los que se motejan á intelectuales, aristos, estetas, los hombres
de la vanidad mental, los distinguidos en fin, los ferishim ó fariseos, frente á
los burgueses, los aristocratas del rango, los honorables, á los que motejan
de filisteos, los justos en fin, los tsaddiquim ó saduceos. 85El último supremo
principio de los estetas es la frase de Homero en su Odisea: los dioses tra-
man y cumplen la destrucción de los hombres para que los venideros ten-
gan algo que cantar. 86Acaban, encharcados en el más huero literatismo, por
darse al mundo en espectáculo, por cultivar un sentimentalismo adormece-
dor y enervante ó un diletantismo inhumano, por dar cierto religiosismo de
desocupados como si fuese religiosidad; 87De aquí ha salido ese engendro del
llamado neo-misticismo, sobre que asomando la siniestra figura de aquel
lúgubre y archi-egoista René, corroido de orgullo íntimo. (b)
88
Estos, cuando mejores, son aquellos atenienses de quienes dice los
Hechos de los Apóstoles que «no pasaban el tiempo en otra cosa más que en
hablar ú oir algo más nuevo» (XVII, 21), siendo el mundo para ellos tema
de conversación. 89Fué á quienes predicó San Pablo en el Areopago, á don-
de le llevaron á saber que era la nueva doctrina; 90Entre ellos descubrió el
apostol el agnosticismo, el ara al dios desconocido, «Y así que oyeron la
resurrección de los muertos, unos se burlaban y otros decían: te oiremos
acerca de esto otra vez» (Hechos, XVII 32) 91La doctrina de la muerte fué
la piedra de escándalo de aquellos estetas. 92Mas entonces se convirtió,
según la tradición, San Dionisio.


Meditaciones Evangélicas

93
Humanitarismo, individualismo, esteticismo... idolatrias y nada más,
puros intelectualismos! 94Es cosa triste ver hombres que sacrifican su pro-
pio progreso personal en aras del Progreso, y que sustituyen la caridad para
con el prójimo con el amor á la Humanidad ó al Hombre, tan abstracto
uno como otra. 95Las tremendas realidades de la vida individual, la muerte
sobre todo, se borran en esas borracheras que terminan en esteticismo ó sen-
sualidad estilizada. 96Es cosa que apena ver á hombres convencidos de que
al morir se anulan por completo en cuanto conciencias personales afanarse
por el porvenir y destino de otros hombres á quienes también creen con-
denados á nada eterna... 97Y apena esto porque se acaba por descubrir en el
fondo de todo ello un mero sport, cuando no la lujuria espiritual de que
hablaba S. Juan de la Cruz. ¡Sonambulismo, puro sonambulismo!
98
Se ha formulado la cuestión de si la vida merece la pena de ser vivi-
99
da. Si la vida temporal es un fin en sí, ¿quien se atreverá á la hora de
morir á contestar afirmativamente á la enigmática cuestión?
100
Es pura vanidad de vanidades el progreso si no cabe vencer cada uno
á su propia muerte. 101Si la Humanidad es una serie de generaciones de
hombres totalmente perecederos, no hay más altruismo lógico que la cons-
tante predicación del suicidio colectivo universal. 102Y si por el contrario
pensara cada cual en su propia salvación ¡qué inundación de caridad entre
los prójimos no habría en el mundo! 103La Humanidad á que debemos sacri-
ficarnos es Cristo, recapitulación del hombre viejo, Cristo que se sacrificó
por todos y cada uno de nosotros, vid de que somos sarmientos. 104Pelear
por la emancipación de hombres destinados á la nada eterna puede llegar á
ser obra de muerte, de muerte eterna.
105
Hay que vencer á la muerte y vencerla con el amor, tan fuerte como
ella (Cantares, VIII 6) 106El amor es fe, es esperanza y es caridad.
107
Resurgen en este fin de siglo los dos problemas radicales, el de la vida
temporal y el de la eterna, el económico y el religioso, factores estos dos que
han sido en todos los tiempos y paises los goznes de la historia humana.
108
Resuélvese el problema económico en último análisis en el terrible
círculo vicioso de vivir para trabajar y trabajar para vivir de producir para
el consumo y consumir para la producción y surge de él esta cuestión: la
vida terrena es fin de sí misma?


MIGUEL DE UNAMUNO

109
Del seno mismo del problema económico puede surgir el religioso,
así que traspasando la razón de las cosas se busca su verdad, ó sea su rela-
ción con nuestra salud eterna.
110
¡La verdad! Y «qué cosa es verdad?» preguntó Pilato á Cristo, vol-
viendole la espalda enseguida sin esperar respuesta (S. Juan. XVIII 38)
111
¿Qué es la verdad? pregunta igualmente todo intelectualismo que en
rigor sólo conoce y acata la inteligencia, como si para relacionarnos con la
realidad viva no tuviésemos más que mera inteligencia pura (c) 112Mas los
que tienden y aspiran con amor al Amor Eterno avivan el hombre interior
vivificado por Cristo, para así relacionarse con el Absoluto; 113piden con
constante perseverancia al Padre que venga á nos el su reino, el reino que
no es de este mundo piden se haga la voluntad etc IV 36 y creen y espe-
ran que el postrer enemigo, la muerte, será deshecho, para que acabadas de
sujetarse al Hijo las cosas todas se sujete él mismo á Aquel que le sometió
todo y así sea todo en todos Dios en quien vivimos y nos movemos y somos
(v. I. Cor XV 26-28 y Hechos XIII 28)

114
(a) En sus negaciones mismas palpitaba fe en lo mismo que nega-
ban, aquella fe á que en el ocaso de sus vidas volvieron Stuart Mill, Clau-
dio Bernard, Littré, los más rigorosos agnósticos y más esclavos de la lógi-
ca racionalista.
115
(b) De aquí han salido las lamentables figuras de un Verlaine, un
Oscar Wilde, un D’Annunzio, místicos de sensualidad. 116Arrancando de
refinado egotismo ó egocentrismo, que encubre un groserísimo egoismo
estilizado, para emplear este término de los arquitectos cuando á las hojas
de plantas ornamentales se refieren, acaban en el fangal de la crápula decla-
rada cuando menos amoral é irresponsable y no pocas veces heroica, santa,
divina. 117De estos ha brotado la frase más blasfema y repugnantes: márti-
res del placer. 118Han llegado hasta á declarar heroicos sacrificios tales cua-
les caidas en la imbecilidad, la locura ó el alcoholismo. 119Como en la deca-
dencia romana se pasa del estoicismo más abstracto y frio al epicureismo
más concreto; y del egoismo intelectual al sensual.


Meditaciones Evangélicas

120
(c) ¡Todo es relativo! Exclaman. 121Sí, todo es relativo, y la relativi-
dad misma ¿no es también relativa? y relativo á qué? 122¡Todo es relativo y
nuestra mente por sí sola no pasa de las relaciones!
123
(d) ni de que se la declara fin en sí.
124
(e) Es una obsesión mucho más sombría y enervadora que la del
famoso milenario. 125No se tiembla por el temor á tormentos futuros temor
que atiza ímpetus de penitencia, sino es que se paraliza la energía espiri-
tual ante el espectro de la nada eterna, que envuelve todo en vaciedad abru-
madora.
126
(f) de un sombrío teatro de espectros, que divierte á los niños y ente-
nebrece el ánimo á los maduros!
127
(h) sin más que sustituir á la filantropia con el altruismo.
128
(i) El mal del siglo que denunciaba Max Nordeau, la atonía volitiva
no es más que
129
(j) La muerte en demografía ó tablas de mortalidad, la del prójimo
en el escalafón, el hueco que deja. Se hace un dato estadístico, un factor irra-
cional x, una verdadera cantidad imaginaria.
130
«Es una historia vieja que siempre es, sin embargo nueva, y aquel á
quien le ocurre le destroza el corazón»


Jesús y la Samaritana [Borrador]
(CMU, col. 79/231)

1
JESÚS Y LA SAMARITANA.
LA CONVERSIÓN DE LA SAMARITANA.
2
Evang. San Juan IV

3
«Dejó á Judea y fuese otra vez á Galilea, siendo menester que pasase por
Samaría. 4Vino, pues, á una ciudad de Samaría que se llama Sicar, junto á la
heredad que Jacob dió á José su hijo. 5Y estaba allí la fuente de Jacob, cabe
la cual se sentó Jesús, cansado del camino. 6Era como la hora de sexta. 7Y
Vino una mujer de Samaría á sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber.»
8
El alma de cualquiera de nosotros samaritanos espirituales, va un dia
como los demás á sacar agua al pozo tradicional, al tesoro de la ciencia y del
consuelo humanos, al estudio. 9Y un dia, al acercarnos al pozo, á la hora de
sexta, al mediodía, en la mitad del ardor y de los afanes de nuestra vida, nos
encontramos sentado al borde de él al dulce Jesús el galileo. 10Rodando por
los senderos de la vida y revolviendo en las honduras del estudio ¿quien no
tropieza alguna vez con esa figura tradicional, que cual eterna esfinge, solici-
ta su atención y su estudio? 11Jesús! Su nombre llena los siglos y los brazos
de su cruz dan sombra á todo. 12El cristianismo es aún en el orden humano el
más estupendo hecho histórico. 13¿Cómo es que tantos pueblos durante tan-
tos siglos han adorado y siguen adorando cual á Dios á ese galileo ajusticia-
do? 14El problema religioso es lo que aun como problema tienta más nuestra
sed de saber, es lo que más atrae la atención del alma sedienta de verdad y de
consuelo. 15Vamos á estudiarlo, á descifrarlo, á someter ese Jesús á los trabajos


MIGUEL DE UNAMUNO

de nuestra crítica. 16¡Hermoso problema! Y sentimos de pronto que una voz


íntima, brotada de los abismos de nuestro ser, que la voz misma que exclamó
en la cruz ¡tengo sed! sed de amor, de adoración y de justicia, nos dice: dame
de beber! 17Vamos á estudiarle y nos pide de beber. 18Pide que le estudiemos,
pero con amor, no como á curiosidad vana, no como á problema.
19
«Y la mujer samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judio, me demandas
de beber á mí, que soy mujer samaritana? porque los judios no se tratan con
los samaritanos.»
20
¿Cómo, le decimos, pides de beber á mi razón que viene á estudiarte,
no a refrescarte? 21¿Cómo tú, la luz de las tinieblas, tú, el que llenas las vidas
de los sencillos que viven de ilusiones, quieres algo más que estudio de mi
alma, desilusionada ya?
22
Nada se estudia dignamente sino desinteresandonos en cierto modo de
ello, con perfecta objetividad, con razón fria. 23Vengo á reducirte á realidad,
oh tú, suprema ilusión de los hambrientos de consuelo, vengo á analizarte y
no á darte de beber.
24
«Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios y quien es el
que te dice: Dame de beber, tú pedirías de él y el te daría agua viva»
25
Estudiando á la dulce figura que se nos muestra llenando los siglos
espirituales, sentada junto á la fuente del saber, por un momento nos pasa la
idea de pedirle fe para vivir tranquilos como los sencillos, y envidiamos la paz
de estos, y quisiéramos caer de hinojos y adorar. 26Es que allá, brotando de las
honduras de nuestro estudio, si éste es sincero y serio, Jesús nos ofrece el agua
viva de la fé en él, y sacar de la roca de nuestra razón el manantial de la fe
amorosa. 27Mas aún resistimos.
28
«La mujer le dice: Señor, no tienes con que sacarla y el pozo es hondo
¿de donde, pues, tienes el agua viva? 29¿Eres tú mayor que nuestro padre
Jacob, que nos dió este pozo; del cual él bebió, y sus hijos y sus ganados.»
30
Aún resistimos diciéndole: Esa fe que me ofreces no tienes con que
sacarla porque el pozo de nuestra razón es hondo y no cabe que creamos des-
pués de haber pasado por el análisis que destruye toda ilusión trascendente.
31
¡Es inútil! La verdad no se ha hecho para consuelo del hombre. 32Que la ver-
dad es desoladora ¿qué le hemos de hacer? es la verdad (b) 33Y en un momento


Meditaciones Evangélicas

de vacilación nos decimos ¡Ah, si pudiese creer, pero no, no es posible; huyó
para siempre la sencillez primitiva; el pozo es hondo y no hay con que sacar
agua de él. 34Esta figura tradicional que llena los siglos, esta suprema ilusión
de los desgraciados hombres, ¿va á ser mayor que las fuertes realidades de la
ciencia? 35¡Tal vez hubiera sido mejor la ignorancia, la felicidad en la igno-
rancia más que la íntima desesperación en la ciencia! 36¡Vanidad de vanidad!
última palabra del saber, pero mayor vanidad aún querer sobreponerse á ese
vanidad de vanidades.
37
«Respondió Jesús diciéndole: Cualquiera que bebiere de esta agua, vol-
verá á tener sed, mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá jamás
sed, pues el agua que le dé yo será en él una fuente de agua que salte para vida
eterna»
38
¡Terrible cosa la sabiduría humana, que da más sed cuanto más de ella
se bebe! ¡mar inmenso é imponente, que llena la vista pero cuyas aguas no
apagan la sed si antes no se purifican subiendo al cielo. 39¡Vida, vida, vida!
¡vida y no ciencia! Un agua humilde, casta, limpia, un agua de manantial
escondido, pero que quite la sed. 40Y si esos sencillos que viven y viven de
verdad y creen y esperan y aman se hubiesen puesto en relación con la Verdad
sin necesitar para ello de ciencia humana alguna? 41¿Es que no hay más medio
de relacionarse con la realidad que la razón? 42La razón no hace más que ope-
rar sobre hechos, sobre datos inmediatos, si se pone á querer racionalizarlos
los destruye, y nos lleva al ilusionismo, al nihilismo por fin. 43Y la fé, la fé de los
sencillos ¿no es un hecho inmediato é irreductible? 44Esta figura que se me
presenta al borde del pozo á que vengo á sacar agua ¿no es un hecho, un hecho
tremendo y consolador á la vez? 45Y entonces oimos una voz que nos dice: el
que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá jamás sed. 46Pidamosle; á ver
si logramos con la oración lo que con el estudio no se cumple. 47¡Quiero creer!
he aquí el principio del creer.
48
«La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni
venga acá á sacarla.»
49
Dame fé, Señor, decimos, dame fe! 50Si logro fé ¿para qué mayor prue-
ba de la verdad de su objeto? 51Si llego á creer ¿hay señal mayor de lo divino
de la fé? ¿cabe mayor milagro para quien ha pasado por los abismos del racio-
nalismo agnóstico que creer en el milagro?


MIGUEL DE UNAMUNO

52
«Jesús le dice: Ve, llama á tu marido y ven acá.»
53
Mas antes – nos decimos – tenemos que hacer examen de conciencia,
tenemos que recoger nuestra doctrina, nuestro ideal, nuestra filosofía y lla-
marla á examen. 54Tenemos que ir á buscar nuestros afectos, nuestros ídolos,
los genios ante quienes nos hemos rendido, las doctrinas que sustentaban
nuestra mente. 55Mas ¿tenemos realmente una doctrina? ¿poseemos una ver-
dadera convicción, una doctrina propia, estrictamente propia, una doctrina
carne de nuestra carne espiritual y hueso de los huesos de nuestra inteligen-
cia, una doctrina que encarne en nuestra vida? 56¿Tenemos marido del alma?
No! son opiniones todas.
57
«Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. 58Dícele Jesús: bien has
dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tie-
nes, no es tu marido: has dicho eso con verdad.»
59
Quienquiera haya peregrinado por los desiertos del intelectualismo y
las estepas del racionalismo agnóstico entre en sí y considere si es que no ha
andado de doctrina en doctrina, de teoría en teoría, de sistema en sistema,
engañandose con el señuelo de propia evolución, y en realidad movible al
último viento de doctrina. 60Y ninguna pasaba de su mente á su corazón, nin-
guna encarnaba en las honduras de su alma, ninguna lograba tocar el santo
tesoro de su niñez si esta fué pura y cristiana. 61(a) En este examen de con-
ciencia mental oimos una voz que nos dice: no has tenido marido. 62Es la voz
de Jesús.
63
«Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta. 64Nuestros
padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar
donde es necesario adorar.»
65
¿Qué es esto? ¿qué voz íntima es esta que á la vista de la dulce figura
del Cristo, al fijarme en él y pedirle agua que quite la sed, me dice que no he
tenido doctrina? 66¿Quien es éste que me revela á mí mismo mis propios
secretos, secretos para mí? 67Pareceme que es un profeta. 68Pero los genios que
han nutrido mi mente, los sabios que me han dado luz y deleite mental, ado-
raron sus adoraciones aquí, en el monte, en plena naturaleza, á toda realidad;
bajo el cielo espléndido, á toda luz, lejos de penumbras y de engañosas ilu-
siones; y esos, los que me ofrecen fe y con la fe apaciguar mi sed, dicen que


Meditaciones Evangélicas

es en el templo, que es dentro de la Iglesia donde hay que adorar, y que fuera
de ella no hay salvación.
69
«Dícele Jesús: Mujer, creeme, que la hora viene cuando ni en este
monte ni en Jerusalem adorareis al Padre. 70Vosotros adorais lo que no sabeis;
nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud viene de los judios. 71Mas
la hora viene y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en Espíritu y en Verdad, porque también el Padre busca tales adoradores que
le adoren. 72Dios es Espíritu y los que le adoren, en espíritu y en verdad es
necesario que adoren.»
73
No, al Padre, no he de adorarle ni en la Naturaleza ni en la Iglesia, sino
en mi alma, que es mi naturaleza y mi iglesia. 74Naturaleza é Iglesia serán
medios para ello. 75Los sabios según el mundo, los razonables, adoran lo que
no saben, á un inconocible siempre; los sencillos, los humildes creyentes ado-
ran lo que saben y de ellos viene la salud. 76Mas hay que meterse en sí, y ver
en la letra, en el dogma y en la Iglesia medios para llegar al amor íntimo y
adorar en espíritu y verdad al Padre. 77La letra mata, pero el espíritu vivifica.
78
(c) Vendrá á mi alma el Revelador y él me declarará las cosas.
79
«Dícele la mujer: Ya sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el
Cristo; cuando él viniere, nos declarará todas las cosas. 80Dícele Jesús: Yo soy,
que hablo contigo.»
81
Yo, el que hablo dentro de tí, soy el Mesías. 82Esa voz que desde las pro-
fundidades de tu ser te habla es la voz de Cristo que habita en tí desde tu bau-
tismo.
83
Y aquella pobre samaritana fué á la ciudad de Sicar y anunció á todos
que quizás estaba allí, junto al pozo de Jacob, el Cristo, y salieron á él y
muchos creyeron. 84«y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque
nosotros mismos hemos oido y sabemos que verdaderamente este es el
Salvador del Mundo, el Cristo.»
85
¿No merece la pena de salirse de la ciudad y seguir á la pobre mujer del
cántaro, y ver y oir al hombre que le ha dicho todo lo que ella ha hecho?


La oración de Dimas [Borradores]
(CMU, col. 79/233)

[BORRADOR A]

La oración de Dimas
1
Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba
diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á tí mismo y á nosotros. 2Y
respondiendo el otro, reprendiole diciendo: ¿Ni aun tú temes á
Dios, estando en la misma condenación? 3Nosotros, á la verdad,
justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros
hechos; mas éste ningún mal hizo. 4Y dijo á Jesús: Señor, acuér-
date de mí cuando fueras á tu reino. 5Entonces Jesús le dijo: De
cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraiso.
Luc. XXIII 39 á 43

6
El único á quien en el relato evangélico prometiera el cielo Jesús, el
único á quien éste canonizó solemnemente fué á un malhechor, que se le
confesó en la hora de la muerte. 7Un punto de contrición le redimió de una
vida de pecados.
8
El mayor escándalo que en los fariseos producía Jesús era el que per-
donase los pecados, y el perdón de los pecados sigue siendo lo que de la
religión más escandaliza á los moralistas.
9
¿Cómo? – se dice – vive un hombre honradamente, buen hijo, buen
padre, buen marido, cumple sus deberes todos por ésta ó la otra razón con-
servando su libertad de pensar y es modelo de ciudadanos sin creer lo que


MIGUEL DE UNAMUNO

no puede creer porque la fe no es voluntaria, y porque se muere sin acep-


tar a Cr. ni a Dios acaso, deja de salvarse? 10¿Es que no basta hacer el bien?
11
¿Hay que hacerlo por las razones por las que ellos creen que debe hacer-
se? 12El irreligioso honrado lo es por soberbia, sin mérito; las virtudes del
pagano falsas apariencias. 13El hombre religioso no puede creer que pueda
nadie vivir vida moral y obrar por principios sino es por impulso religioso.
14
Esto es un monstruoso egoismo y el amor de Dios no más que amor a sí
mismo. 15Esta es la suprema soberbia. (v. carta de Orbe) v. Denifle 29 § 11
16
Y llega, en cambio, un bandido, un hombre que ha vivido toda su
vida en el vicio, un criminal que no ha hecho sino esparcir daño, se arre-
piente a última hora, cree, se confiesa y es absuelto y se salva. 17¿Hay mejor
medio de alentar al hombre al mal?
18
Así es que el cristianismo no ha logrado hacer mejores á los hombres
sino que ha refinado su egoismo culminando en la cobarde renuncia al
mundo. 19¿Es hoy mejor el hombre? 20¿Se cometen menos crímines? 21El
civismo romano, ¿era menos eficaz que la piedad cristiana y no fueron aque-
llos heroes tan útiles á la humanidad como los santos? 22¿Se ha evitado el
dolor? 23¿Sufren hoy menos los hombres? 24¿Hay menos calamidades?
25
Así es que el cristianismo fracasa á su vez dejando su sedimento en
la cultura como el paganismo lo dejó, pero el Cristo histórico ha defrauda-
do las esperanzas de los hombres. 26Queda la moral cristiana, de Jesús, el
gran reformador etc
27
Es decir: Si eres el Cristo sálvate á ti mismo y á nosotros. 28Si eres el
Cristo, Jesús, líbranos del dolor, bajanos de la cruz en que padecemos, des-
truye el absurdo del castigo.
29
Así hablan con uno de los malhechores del Calvario los moralistas, los
fariseos en la cruz.
30
Huir del dolor, he aquí más bien que buscar el placer la suprema
aspiración del pueblo. 31No es sed de goces, es terror á la miseria lo que
nos mueve, y nos lleva á la avaricia más que á la prodigalidad. 32«Lejos de
nuestra alma el dolor, vestidura de cenizas. 33¡Es un esclavo el que hace del
dolor su vestido! ¡Para tí la alegría!» D’Annunzio. 34Huyendo del dolor la
nada. 35Huyendo del dolor, execrando de la vejez, la aborrecida vejez etc


Meditaciones Evangélicas

encontró Leopardi la noia que produce la infinita vanita del tutto y aspiró
á la muerte.
36
Es la visión tremenda de la nada lo que ha originado el pesimismo.
37
Sólo creyendo que el dolor termina en el aniquilamiento han podido bro-
tar las desesperadas doctrinas de los pesimistas.
38
Y al cabo de los siglos se alza de nuevo como pavoroso problema el
eterno problema del mal.

[BORRADOR B]

La oración de Dimas
Luc. XXIII 39-43
1
La pasión del inocente: La oración de Dimas. 2Ego quidem iuste in
damnatione mortis sum nam digna meis recipio, Jesus vero nihil mali ges-
sit; Domine, memento mei in regno tuo.

——
3
La religión del dolor. Aceptar el dolor; he aquí toda piedad, y dar á
Dios gracias porque nos lo regala. 4El placer enajena, el dolor ensimisma,
y enajena en Dios, que en nuestro interior habita.
5
Sufrían con el hijo de Dios.
6
El único á quien canonizó Cristo á un ladrón.
7
La pasión del justo Inocente es la salud en la historia. 8Todos los que
padecen inocentes. V. Harnack III, 9-10
9
Dolor con fe, de donde sale la esperanza; mejor que placer con… 10El
dolor es que algo nos falta, que no estamos completos.
11
Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados.
12
La aceptación de la pobreza, de la pobreza espiritual.
13
Leopardi huyendo del dolor encuentra la infinita vanità del tutto, la
noia, y aspira á la muerte.


MIGUEL DE UNAMUNO

14
Muero porque no muero.
15
El pesimismo y su origen.
16 17
La concepción jurídica lo tiene todo estropeado. El abogado es un
sofista.
18
Dimas aunque hizo males era bueno. 19Reconoció la bondad de Jesús.
20
El pecador que reconoce la bondad de otro es bueno. 21El creer á otro bue-
no es la más honda revelación de íntima bondad.
22
Fe de Dimas en la resurrección de Jesús, schiboleth del cristiano.
23
¿Un bandido por un momento de arrepentimiento se salva? 24Ser bue-
no y hacer el bien. 25Fe y obras; justicia y ley. 26Hace el mal pero no cre-
yéndose bueno, sino conociéndose malo. 27Humildad. ¿Contradice la salva-
ción del bandido á Mat. 5’, 17-18? 28La fe justifica; las obras legalizan.
29
La oración de Dimas es una confesión. 30Mejor el pecador que se cree
tal y se tiene por tal y pide á Dios perdón que el justo que se atribuye vir-
tud. 31El fariseo y el puritano. Lo esencial es ser humilde. La humildad de
Dimas.
32 33
Dios nos quiere más que nos queremos nosotros. Dejarle obrar en
nos.
Confianza en Dios.
34
Lo cristiano reconocerse pecador y confiar en la graciosa mediación de
Cristo.
35
El origen del mal. Purifica tu ojo y lo purificarás todo. Cristo ó los
pecados. Mat. 9’ 11-13.
36
Nada de confianza en sí mismo, ni en propios méritos. «Acuérdate de
mí etc» 37Le reconoce hijo de Dios. Esperanza y temor – confianza (fe)
38
No se peca contra los hombres, no se peca más que contra Dios.
Dimas y el derecho al castigo.
39
Todos merecemos la muerte, la muerte total, como premio de nues-
tros actos temporales. 40Pero por la muerte del justo hemos merecido vida
eterna.


Meditaciones Evangélicas

41
Un punto de contrición. El escándalo farisaico era que perdonase
pecados. 42Es uno un bandido y si muere confesado se salva, y un hombre
honrado etc.
43
La piedad cristiana es, según S. Agustín, la miseria del pecado venci-
da por la fe, la humildad y el amor.
44
Dimas tiene fe amor y esperanza en D por Cr.

[BORRADOR C]
1
En este relato se salva un criminal, único a quien canonizó Cristo.
2
¿Cómo? Un hombre honrado... y luego... Un punto de contrición. Escán-
dalo farisaico que perdonase los pecados. 3Un bandido que muere confesa-
do se salva, y un hombre honrado que no cree etc.
4
Todos los que dicen esto no piensan más que en lo terreno y aparen-
5
te. Si eres el Cristo sálvate á tí mismo y á nosotros, es decir, evita el cas-
tigo, el dolor. 6El cristianismo no ha aliviado los dolores humanos.
7
Huir del dolor. Leopardi huyendo de él encuentra la infinita vanità del
tutto, la noia y aspira á la muerte. 8Origen del pesimismo y el nihilismo
(egoistas). 9Busquemos nuestra nada natural principio de nuestro Ser sobre-
natural
10
El problema del mal. El mal como castigo, es decir, purificación. El
castigo y el derecho á la pena. 11Justamente padecemos. Correccionalismo.
12
No padecía justamente, dicen. 13El delito es social; el delincuente
ministro de mal social. Hasta que punto. 14La sociedad le malea externa-
mente, empuja sus malos instintos, su pecado original. 15Y luego con la
vida le quita la fuente de su culpabilidad externa, pero le deja el alma y á
esta sólo juzga Cr. Rom. VIII 31-39. Librearbitrismo y determinismo.
16 17
Con su confesión venció Dimas á la vida y santificó su muerte. La
ley le condenó, su justicia, su fe le justificó.
18
El ideal jurídico y el religioso. Abogado = sofista. La ley es doctrina,
el Evangelio fuerza.
19
Ley y justicia. Fé.


MIGUEL DE UNAMUNO

20
Fé de Dimas. Por la creencia en lo que no se á la visión de lo que se
cree. Fé de Dimas en la resurrección de Jesús, schiboleth del cristiano. 21Fe
en la impecabilidad de Jesús. Justificación del pecado, según S. Agustín.
22
Dimas reconoció la bondad de Jesús y en este acto mostró su bondad.
23
El creer á otro bueno la honda revelación de bondad. 24Dimas que hizo el
mal que no quiso era bueno. 25Por esto reconoció la justicia de su causa y
esto le redime. 26No dice ¿qué pecado cometí contra vosostros etc
27
Hizo el mal pero no creyéndose bueno.
28
1. Si es el Cristo que nos salve del dolor. 29¿Qué haya hecho el cris-
tianismo por la especie humana? 30Sigue sufriendo el hombre.
31
Contradice a Mat. 5’, 17-18. 32La fe justifica, las obras legalizan la
justificación. 33La justicia humana que es Isaías 64-6

[BORRADOR D]
1
La oración de Dimas es una confesión y como tal acto de humildad.
2
Se confiesa á Cr. y Cristo le absuelve. 3Escándalo farisaico. Mejor el peca-
dor que se cree tal y por tal se tiene y pide á D. perdón que el justo que
se atribuye virtud. 4El fariseo y el publicano. Lo esencial es ser humilde.
5
Humildad de Dimas. Sólo la humildad ojos para ver lo divino. 6Omne
bonum in humiltate perficitur. 7De su humildad su fe, su esperanza, su
caridad. Esperanza y temor.
8
Tuvo además fe en su salvac (a) porque no se peca contra los hombres,
sino contra Dios. La piedad cristiana según S. Agustín
9
Dimas fe, amor y esperanza en D. por Cr. De Cristo á D. 10Se reco-
noce pecador y confía en la graciosa mediación de Cr. 11Cuando este justo
padece yo con mi padecimiento me justificaré, aceptandolo. 12Nada de con-
fianza en sí ni en propios méritos. 13Acuérdate de mí
14
La oración de D. es sufriendo.
15
La fe y la esperanza brotando del dolor. 16El dolor nos completa. 17En
el seno del dolor nos encontramos. 18Muero porque no muero. 19En los pla-
ceres temporales del mundo, de los pecadores, fondo de tristeza (Denifle 23)


Meditaciones Evangélicas

en el justo, una eterna alegría sustenta á los dolores temporales. 20Religión


del dolor. Aceptar el dolor etc. 21Sufrían con el hijo de Dios, con la pasión del
Inocente que es la salud en la historia. Harnack III 9-10.
22
Bienaventurados los que lloran.
23
Todos merecemos la muerte total etc
24
La muerte es la gran reveladora. 25Sólo la muerte da la clave y senti-
do de la vida de cada cual. 26Es el misterioso símbolo. Sicut mors talis vita.

[BORRADOR E]

El buen ladrón
1
v. Janet’s repentance. 191. 195
2
«Hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por
99 justos que no necesitan arrepentimo»
3
El bandido generoso; el pasaje de Dostoyesqui.
4
¡Tiene buen fondo! ¡Es un infeliz!
5
Lo de Montero. Su vergüenza. No es un bandolero ni un desvergonzado.
6
El que es feliz y cree deberlo á propio mérito.
7
El cielo es chico.
8
El que atropella al que se le pone delante pero sin odiarle; el amor en
la lucha.
9
El desamor.
10
El delito es social; el delincuente ministro del mal social. Hasta que
punto. 11La sociedad le malea externamente, empuja sus malos instintos, su
pecado original. 12Con la vida le quita la fuente de su culpabilidad, pero le
deja el alma y á esta sólo Cristo juzga. 13V. urgente Rom VIII 31-39 Con
su confesión venció Dimas á la vida y santificó su muerte.
14
La ley le condenó, su justicia (su fe) le justificó.


MIGUEL DE UNAMUNO

15
Fe de Dimas. Por la creencia en lo que no se ve á la visión en lo que
se cree.
16
Dimas reconoce la justicia de su pena y esto le redime. 17«¿Qué peca-
do cometí contra vosotros naciendo?»
18 19
El mal ladrón dice: Si hay Dios ¿cómo sufrimos? La existencia del
mal prueba etc.
20
«...ut intellegant homines per eandem gratiam se iustificari a pecca-
tis; per quam factum est ut homo Christus nullum habere posset pecca-
tum.» Aug. Enchir. 36
21
Qua gratia homo Jesus ab initio factus est bonus, eadem gratia homi-
nes qui sunt membra eius ex malis fiunt boni
Aug. De dono persev. 67
22
Omne bonum in humiltate perficitur. Aug. 23Sólo la humildad tiene
ojos para ver lo divino, dice S. Ag.


San Pablo en el Areópago
La conversión de San Dionisio
[Borradores]
(CMU, col. 79/190 y 79/231)

[BORRADOR A]

S. Pablo en el Areópago

Hechos cap. XVII

1
Por donde quiera que iba Pablo el converso durante su apostolado
tumultuaban al pueblo los judios de la dispersión, en cuyas sinagogas entra-
ba á disputar, y enojabanse con él á causa de su predicación á los gentiles
y de su doctrina respecto á la circuncisión.
2
Fué á dar al cabo en Atenas, corazón de la gentilidad helénica, ciudad
llena de recuerdos de cultura y de monumentos de la más elevada belleza
humana, donde esperó á Silas y Timoteo.
3
«16. Y esperándolos Pablo en Atenas su espíritu se deshacía en él,
viendo la ciudad dada á la idolatría. 17. 4Así que disputaba en la sinagoga
con los judios y religiosos, y en la plaza cada dia con los que le ocurrían.»
5
¿Qué es idolatría?


MIGUEL DE UNAMUNO

[BORRADOR B]

La conversión de S. Dionisio

Hechos XVII.

1
Oir cosas nuevas. Dilectantismo, modernistería. Curiosidad de estetas.
Respeto á toda opinión, á convicción no. Vide Hello pag. 110.
2
Culto al Inconocible entre otros dioses del Panteon, en que no Jesucristo.
Profanación del cristianismo.
3
Diletantismo. v. cuadernillos.
Panteismo. Helenismo. Panteismo búdico; lleva á la imbecilidad y al
opio. Schopenhauer. 4El panteismo helénico encajó en el potente persona-
lismo hebraico. Grandeza moral de la verdad de un Dios personal. Lucrecio
y los profetas.
5
Elemento religioso potente el sentimiento de la personalidad – en los
profetas – que impidió á los místicos más exaltados caer en panteismo o
espinosismo. 6En él vivimos y nos movemos y somos. No somos El, sino
que en El somos. 7Así cabe resurrección. No hay religión panteista, no cabe.
El supuesto egoismo cristiano y el impersonalismo, que hace estragos y lle-
va al nihilismo.
8
Misticismo cristiano, arranca del en él somos etc, de S Dionisio, y
huye por igual del panteístico estoicismo y del grosero epicureismo.
9
Mas así que oyeron hablar de la resurrección... Todos los neo-misticismos
son románticos, sensualistas, intelectualistas, todos tienen por base el nihilis-
mo. 10No hay verdadero sentimiento religioso, de la relación personal de cada
uno con un Dios personal, cuyo corolario es la inmortalidad del alma. 11¿Por
qué no se quiere pensar en otra vida? Meter ruido para no oir la carcoma.
12
Vers. 22. Supersticiosos es decir idólatras. Qué es la idolatría. El
Hombre, la Humanidad, el Yo abstracto. V, 69, 12. 13La idolatría el tomar
el ídolo, imagen, por la realidad, el medio como fin. El esteticismo es la
forma más refinada de idolatría.

——


Meditaciones Evangélicas

14
El hombre psíquico ó intelectual (los intelectuales) y el pneumático ó
espiritual. Los intelectuales no perciben las cosas que son del espíritu de
Dios. V. 10. 22
——
15
versillo 16. Lo que es la idolatría.

——
16
«Sed perfectos» equivale á decir «sed dioses!»
V. Salmo.
Cristo Dios y hombre, hombre perfecto. 17María la humanidad que
sube á Dios, Cristo Dios que desciende á la humanidad.
«Sed perfectos» El sobre-hombre.
18
María símbolo de la Humanidad. v. Bethlehem pag 99
Todos unos en Dios. Sujete á Cristo todas las cosas etc I Cor. XV 27-
19
28 Hebreos II. 8-11. Porque el que santifica (Cristo) y los santificados (los
hombres) de uno (de Dios) son todos (hijos) etc.

——
20
Se admite toda novedad, toda extravagancia, ocultismo, budismo, etc,
todo menos la fe y la liturgia católicas no siendo al modo de Huysmans,
como una friandise más, pero no en serio. 21El odio y el repudio se dirige á
la fe tradicional, á la del pueblo.

——
22
«Te oiremos acerca de esto otra vez.» Déjanos de la resurrección por-
que eso obliga á pensar en vivo en la muerte. La muerte.

——
23
S. Pablo comparece en el Areópago. La religión ante la ciencia. Su
lenguaje. Allí es donde dice el «en El somos etc»

——


MIGUEL DE UNAMUNO

24
La religión, la mística... literatura. Vease la carta de Orbe. Jacinto
Octavio Picón que por la forma se salvan

——
25
San Dionisio y la mística. Ideas erroneas acerca de la mística (Picón,
G. Serrano, Orbe, etc)

——
26
Adoración a la bestia. Apoc. XIII 4-10
París. Parisianismo. Babilonia-babilonismo. Vide Apoc. XIV 8 XVIII,
33. XVII todo él

——
27
Obsesión de la vida. Apoc. XIV, 13. I Tes. IV, 16.
Esteban se durmió en el Señor.

——


El reinado social de Jesucristo
[Borradores]
(CMU, col. 69/10)

[BORRADOR A]

Reinado social
Lema:
1
Estando Jesús á orillas del mar de Galilea seguido de gran muche-
dumbre atraida de las señales que hacía en los enfermos, tomó cinco panes
de cebada y dos pececillos, y dando gracias, dió á que los repartieran á los
cinco mil varones recostados en la yerba, y saciándolos aún sobró de lo que
habían comido. 2«Aquellos hombres entonces como vieron la señal que
Jesús había hecho decían: 3Este es verdaderamente el profeta que había de
venir al mundo. 4Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatar-
le y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo» Ev. Juan. VI 14-15
5
Cuando las carnales turbas quisieron hacerle rey según su terrenal sen-
tido retirose sólo al monte, él, el Rey de los reyes (I. Tim. VI. 15)
6
Al preguntarle Pilato si era rey que sí, Luc. XXIII 3 pero su reino
no es de este mundo, «Mi reino no es de este mundo, si de este mundo
fuera mi reino mis servidores pelearían para que yo no fuese entregado á los
judios, ahora, pues, mi reino no es de aquí» Juan XVIII 36. v 37
7
Pero los judios no comprendían más reino que el terrenal, ni soñaban
más que en batallas. El Mesías un guerrero, Barcocebas.
8
Sólo soñaban con sacudirse de la dominación romana, no de la de su
carnalidad. 9Por eso le tentaron cuando respondió lo de dad al Cesar etc.


MIGUEL DE UNAMUNO

Mat XXII 21 Marc XII 17 10Al Cesar, es decir, á su dominador, á su tira-


no, á un usurpador según las leyes del mundo. 11La queja contra él que per-
vertía la nación y vedaba dar tributo á Cesar diciendo que él era el Cristo,
el rey, Luc XXIII 2 Un anti-patriota. 12Por eso buscaron matarle Juan 48
XI y una vez muerto aquel letrero, Rey de los judios. 13No tenían más Rey
que Cesar, Juan, 15
14
El patriotismo judio fué el que le armó guerra, el patriotismo bélico,
el del Dios de los ejércitos. El salus populi. 15Desde el punto de vista terre-
no murió por perturbador de la patria.
16
Tal fué también el patriotismo pagano, que arranca del particularis-
mo. Cada pueblo su dios. La ciudad antigua. El individuo borrado. 18El
17

cristianismo borró esto, puso al hombre en directa relación con Dios, patria
del alma, y nos enseñó á llamarle padre.
19
El espíritu pagano culminó como en fruto práctico en el derecho
romano. Amos de esclavos, soldados. Moral de tribu. Adversus hostem. Indi-
vidualismo romano.
20
Entró en lucha con el espíritu cristiano; en Grecia con el esteticismo,
con el legalismo en Roma. 21Tal es hoy el proceso, una lucha de estos dos
elementos. El derecho romano con el Evangelio, las XII tablas con el ser-
món de la montaña.
22
El paganismo, que parece borrado de lo individual, refugiase en lo
social V 77, se refiere á la colectividad y hay dos morales.
23
Parece un absurdo aplicar á las relaciones internacionales la moral de
las privadas. 24Los que condenan el duelo exaltan la guerra, porque no hay
tribunal superior!! Legalismo! (e)
25
La guerra. La guerra santa. Origen de la guerra. La guerra ¿es ele-
mento de cultura? (h) Batallas. Antiguo testamento. Sentimientos de odio.
26
¡Arrasarlos! ¡Son unos bandidos! ¡Acorralarlos en sus guaridas! 27«Nada de
transacciones con los insurrectos (tagalos) ó se rinden á discreción ó son
exterminados como demanda la mucha sangre vertida por aquellos crimi-
nales.» El imparcial lunes 11 oct 1897 (d) 28La justicia del legalismo brota
del odio, de la venganza. Odio al criminal V 93.


Meditaciones Evangélicas

29
Del militarismo el honor caballeresco, opuesto á la santidad cristiana,
Marc VII 15 el no enmendarla, la vileza de la cobardía. El derecho del más
fuerte y la nobleza leonina. 30El culto al honor, la relig del honor El honor
es la soberbia. (g) El honor y la gloria militares. (l) La gloria! v Juan V 41,
44
31
(c) Y luego ¡perdonanos nuestras deudas! V 76
32
La guerra santa. ¡Guerra santa! Las cruzadas! (i) «No matarás» 33No
resistir al mal. El que á hierro mata etc. Mat XXVI 52 v. Sermón de la
montaña. (o)
34
¡¡Naciones cristianas!! «Si alguno no tiene el espíritu de Cr. el tal no
es de él» (Rom. VIII 9)
35
(b) El reinado de Jesús es el reino de Dios, no de paz y de amor.
36
Reina en el corazón de cada uno y desde allí dentro irradia y une por
impulso íntimo haciéndolos uno en el Espíritu. Reinado de humillación
Ecce homo
37
El nuevo mundo. «Esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus
promesas en los que mora la justicia» II Pedro III 13 v. Rom VIII 21.
38
Como hemos de hallar ese mundo nuevo II Pedro III 14
39
Mi reino no es de este mundo. Mat VI 33 Rom. XIV 17. I Cor IV
40
20. No rogó por el mundo. (V 62 y pasajes Mundo, Cristo, Intestinas
41
El reinado de Cr. espiritual, en cada alma. De aquí irradia. La moral
internacional.
42
Qué? El mundo un cenobio. Y el progreso? Etc. (f) Utopias!
43
Utopias!! «Sed perfectos...» Mat. V 48. Dios manda lo imposible y
da gracia para alcanzarlo. 44Es más difícil que entre un rico etc, es decir, es
imposible. Marc XI 25-27 45Pero sigue diciendo.
46
Hay que anhelar el reino de Jesús precisamente porque no es de este
mundo. Fuerza del anhelo.
47
El reinado de la justicia. Remota iustitia quid sunt regna nisi mag-
na latrocinia. Aug. Civ. Dei IV 4
48
Justicia y ley. Legalismo. Gal II 21


MIGUEL DE UNAMUNO

49
No á derogar la ley, á cumplirla. Qué es cumplir la ley. Dios Padre.
50
En la ley antigua Dios de los ejércitos y de la ley, y como nuncios de Cris-
to los profetas de la justicia. En la ley moderna
51
Psíquicos y pneumáticos. v. Jud 19
52
Legalismo romano. Derecho y deber Supremas categorías del moralis-
mo farisaico. – gracia y sacrificio. 53Ihering y la lucha por el derecho.
54
Cuadro del mundo cristiano. II Pedro III 13 Hechos II 44 sigs. Rei-
no de amor, no de ley, familia, todos hermanos. Amor I Juan IV 7, 8, 11,
12, 16, 18. Amor, amor
55
Ep II Juan III 18
56
Como se logra paz? «Ponte primero á ti en paz y después podrás apa-
ciguar á los otros» Imitac II III 1. La guerra interior
57
La guerra es odio. Dar la vida por nuestros hermanos I Juan III 16
Cómo? El reinado del Amor, es el del Espíritu.
58
Amor al prójimo, no al hombre abstracto. En nombre de la patria se
sacrifica á los hombres.
59
La patria cristiana. El que no aborrezca á padre y madre. etc La Jeru-
salem celestial. 60He ahí tus hermanos. Apoc III 12, XXI 2 Gal IV 26 Har-
nack III 138
61
Dios Padre, todos hermanos. Utopía. 62 La religión no algo aparte,
sino fundido, no mezclado en la vida. 63No hay un estado especificamente
cristiano. Cristiano en el matrimonio, la familia, el Estado, la profesión.
64
Que la vida sea oración. No oir una misa y luego á lo profano. Lo reli-
gioso es un modo de hacer todo y de ser todo. 65Todo es culto, se adora
obrando y trabajando. Todo el que cumple su vocación es martir. v Har-
nack III 107-108
66
Reino sin historia
67
Individualismo religioso, el del asceta, engendra el socialismo. Los
monjes y el internacionalismo monacal. 68Qué relajó á las órdenes? 69El que
haciendo cada monje voto de pobreza era el convento ambicioso y codicio-
so de bienes. (k)


Meditaciones Evangélicas

70
Fin del reinado social I Cor XV 2-29. II Pedro I. 4 Unidos cada uno
á Cristo por Cristo unidos todos, en uno.
71
(a) Reino de la caridad. «Caritas perfecta perfecta iustitia est» De nat
et grat. 84 S Ag. (v. Harnack III 107) La ciudad de Dios

——
72
(b) En estas naciones la religión se estima como una fuerza social,
aprovechable para fines paganos, para contener las turbas etc 73En lo ínti-
mo, en el estado de las almas nadie piensa, ridículo. 74La política se des-
arrolla en la tácita hipótesis de que el hombre no muere. Hay partido cris-
tiano!!! 75«Buscad el reino de Dios etc» Mat. VI 33. No se cree en esto.
76
A Dios rogando y con el mazo dando sobre cabeza ajena.
77
Persiste la ceguera judaica Harnack II 441.

——
78
(c) La gloria y la historia. Vivir en la historia. La historia es humana,
lo religioso es intra-histórico. 79Que hable la posteridad ¡vaya una inmor-
talidad! Vivir en la memoria de las gentes. Los sin historia.

——
80
(d) En sermón del obispo de Madrid el dia de Ramos, 3 abril 1898,
refiriéndose al conflicto hispano-yankee que si son infinitas las tristezas y
horrores que trae aparejada una guerra son mayores los horrores y tristezas
de un pueblo sumido en el deshonor.

——
81
(e) No se cree más que en la ley y la fuerza. Iustitia elevax gentes, etc

——
82
(f) Eso sería bueno si los hombres fuésemos ángeles. 83Es decir que
puesto que no lo somos no debemos tender á serlo. 84Eso es imposible etc
Es menester que haya escándalo


MIGUEL DE UNAMUNO

85
No hay que capitular con el mundo.
86
Si los buenos no resisten y se defienden prevalecerán los malos. Fal-
tos de fé! 87Hay mejor escudo que la bondad? Porque no es tal bondad se
defiende y oculta bajo el pretexto de propia defensa su corrupción.
88
Hay en el que castiga algo de odio.

——
89
(g) El honor es la religionización de la voluntad individual soberana,
del derecho de la fuerza. 90Queda deshonrado aquel cuya voluntad se des-
conoce. Deshonra del marido, burlado, no desgracia. 91La mujer le ofende á
él, no al matrimonio ni á Dios; hiere su voluntad de que sea él sólo, no su
juramento ni el sacramento de la ley. 92Un cabrón es en el fondo un hom-
bre que no sabe imponer su voluntad. 93Está herido su derecho á usar exclu-
sivamente de ella, y por eso es delito el adulterio, pero á la vez está herida
su voluntad. v. Calderón. 94El honor sólo se lava con sangre. El honor es
patrimonio del alma.

——
95
(h) Falta saber si tal progreso por la guerra ó á pesar de ella. La his-
toria nada prueba, porque no admite contraprueba. 96¡Elemento de cultura!
De qué cultura? Cultura y civilización. Tal vez sin guerras otra civilización.
La guerra ha creado una cultura de fondo belicoso. 97Roma y Cartago. Lo
malo de Cartago que no encajaba etc.
98
La guerra ha hecho la cultura militarista. Un mal necesario! ¡Blasfe-
mia! No hay males necesarios, y contra esta supuesta necesidad hay que
luchar. 99La libertad es luchar contra la necesidad del mal. Seamos libres.
100
Muy humano! A lo sobrehumano debe tender el hombre.
101
Si vis pacem, para bellum!!!
102
La guerra como pedagogía nacional, escuela de disciplina. El solda-
do que razona y discute es un mal soldado. Obediencia ciega.

——


Meditaciones Evangélicas

103
(i) Soldados abriendo paso á los misioneros. Campeones del cristia-
nismo. La religión á palos. (m)
——
104
(k) El reino de Dios, de paz etc es interior, está dentro nuestro y no
vendrá por sorpresa. Luc. XVII 20, 21.
——
105
(l) El heroismo. Heroismo é insensibilidad. «O vencer ó morir» es
la frase del cobarde, del que teme la deshonra (?) del vencimiento. 106O con
el escudo ó sobre el escudo. Heroismo pagano. Los mártires no resistían ni
se defendían. 107El heroismo del martir es porque atestiguaba algo. Lo que
atestigua da valor al sacrificio.
——
108
(m) El derecho de la civilización, Carlo Magno contra los sajones (á
civilizarlos á lo franco, no á lo sajón) la Orden teutónica contra los prusia-
nos, los españoles contra los Incas. El pacto ante Luque de Almagro y...
——
109
(n) Honras padre y madre incluye obedecer á la autoridad. El matu-
te. El bandido generoso.
——
110
(o) Se dice que una nación no tiene derecho al suicidio. 111Vale más
que muera como la semilla de trigo (S. Juan. XII 24-25) para renacer en el
pueblo (pueblo y nación) porque si ama su alma en este mundo (su reflejo
en la historia) perecerá. Misión de las naciones!!
112
(p) Es menester que Cristo vaya, para que el Consolador, el Espíritu
de Verdad venga. Juan. XVI 7
113
No armarse v. Harnack III 366
114
Cristo dice «he venido á traer espada y guerra»
115
Es menester que haya escándalo y guerra


MIGUEL DE UNAMUNO

[BORRADOR B]

Reinado social
1
El duelo entre naciones – El honor nacional y en pundonor humano.
– Derecho, deber y sacrificio. – Derecho romano es paganismo.
2
«Nada de transacciones con los insurrectos (tagalos): ó se rinden á dis-
creción, ó son exterminados como demandan la mucha sangre inocente vertida
por aquellos criminales.» (Lo subrayado, por mí)
El Imparcial lunes 11 oct 1897
3
Jesús huye cuando las turbas quieren hacerle rey. Ev. S. Juan VI 15
Quisieron hacerle rey cuando había multiplicado los panes
4
Mi reino no es de este mundo. No ruego por el mundo... v. cuaderni-
llo V, 62. y pasajes de Mundo, Cristo, Intestinas
5
El reinado social de J. C. es el mismo reinado en cada alma, es su rei-
nado espiritual, no es nada nuevo. Es una moda. ¿Qué novedad es esa?
Novedad de palabra.
6
La guerra; sentimientos de odio. ¡Arrasarlos! ¡Son unos bandidos!
7
¡Acorralarlos en sus guaridas! Odio al criminal, v. Cuad. V, 93 No basta
hacer el bien, hay que ser bueno, cuad. V, 87. y otros.
8
Perdónanos nuestras deudas Cuad. V. 76
9
¡Utopias! utopias? «Sed perfectos etc» Hay que aspirar á la perfección.
Mat. V. 48 10Dios manda lo imposible, y da gracia. Es más dificil que entre
un rico etc, es decir es imposible, pero sigue diciendo...
11
El sermón de la Montaña aplicado á los pueblos.
12
El honor humano en lo social.
El paganismo refugiado en lo social V. 77. El derecho romano.
13
Mi reino no es de este mundo. El reino de Dios Mat VI. 33. Rom.
XIV. 17.
I. Cor. IV. 20
Imit. III. XLIII. 3. Sant. III 13-18


Meditaciones Evangélicas

14
Fin del reinado social I. Cor XV 26-28 Participar de la nat. divina II
Pedro I, 4
Patriotismo. La patria celestial y la terrena.
15
Todos unos, hermanos todos.
Moral de tribu.
El nombre de España.
16
El sentimiento patrio entre los judios. El Mesías un patriota. Deci-
dieron los fariseos matar á Cristo para que los romanos no borrasen la
nación judía, hacerle víctima del patriotismo.
17
«El que no aborrezca á padre y madre...» Cómo ha de entenderse. La
patria la idealización de todo lo terreno.
18
Porque se aborrece á las órdenes religiosas. El internacionalismo
monacal; los más individualistas más socialistas. 19Qué relajó á las órdenes?
El que haciendo cada monje voto de pobreza era el convento ambicioso y
codicioso de bienes temporales.
20
El nuevo mundo. «Esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus
promesas, en los que mora la justicia» II Pedro III 13 V. Rom. VIII.
21
21
Como hemos de hallar ese nuevo mundo, II Pedro III 14.
Ley y justicia. Legalismo. Gal. II 21
22
Harnack. I. 68 Zusatz. 1.
Moralismo y religión. Tennemann 7. 315.
23
El que á hierro mata á hierro muere. Vease el sermón de la Montaña.
«No matarás»
Al fin consideraciones sobre el reinado de la ley y el de la justicia.
24
«Hijitos mios, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de
verdad» Ep II Juan III 18
25
En la ley antigua, reinado de la ley, batallas, guerras, etc. La guerra
elemento de civilización primero, mal necesario; mas hoy ya no.


MIGUEL DE UNAMUNO

Sed perfectos
26
«Cualquiera que permanece en él no peca; cualquiera que peca no le
ha visto ni le ha conocido» I Juan III 6
27
Como Cristo dió su vida por nosotros, nos por nuestros hermanos. v.
I Juan III 16
El amor es de Dios I Juan IV 7
28
«El que no ama no conoce á Dios, porque Dios es amor» I Juan IV
8, 11,12
Amor, amor, amor
El reinado del Amor
29
«Dios es amor» I. Juan IV 16
En el amor no hay temor “ “ “ 18
30
En la ley antigua Dios el Dios de los ejércitos y de la ley, y como
nuncios de Cristo los profetas de la justicia (y de la paz), en la ley moder-
na Dios es Padre
31
Principio. Cuando panes y peces. No quiere ser rey. Quiere reinar en
el corazón de cada uno, dentro de ellos, y desde allí irradiar y unirlos por
impulso íntimo, hacerlos uno en el Espíritu
32
La gloria! «Gloria de los hombres no recibo» Juan V 41. v. 44.
«¿Eres tú el rey de los judios? Y respondiéndole él dijo: Tú lo dices»
Luc. XXIII 3
33
No vengo á derogar la ley, sino á cumplirla. Qué significa el cum-
plimiento de la ley.
Dad al Cesar etc Mat. XXII 21. Marc. XII, 17
34
Pervierte la nación y veda dar tributo á Cesar, diciendo que él es el
Cristo, el rey. Luc. XXIII 2.
Rey de los reyes. I Tim. VI. 15


Meditaciones Evangélicas

35
«Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino mis
servidores pelearían para que yo no fuese entregado á los judios: ahora,
pues, mi reino no es de aquí» Ev. Juan XVIII 36. v. 37
36
Reino de Cristo. Colos. I. 3.
San Miguel no se atrevió á maldecir al diablo. Ep. Judas 9-10
37
Se obedece y no se cumple. Se cumple y no se obedece. Obedecer es
fe, cumplir obra.
La nueva Jerusalem. Apoc. III, 12, XXI 2.
Gal. IV. 26
38
Tibieza Apoc. III 15.16
Persistencia del Antiguo Testamento. Harnack II 441
El que á hierro mata á hierro muere Mat. XXVI 52
39
La religión potencia social Mat VI 33
«Caritas perfecta, perfecta iustitia est» De nat. Et grat 84. S. Agustín
(v. Harnack III 107)
40
Lo racional y lo moral. Lo bueno es verdadero por ser bueno. Dios el
punto de unión de la inteligencia y la voluntad. (v. Harnack. III 110)
41
«Remota iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia?» Aug. Civ.
Dei. IV. 4. v. acerca del reino de D. Harnack III 138
42
Precisamente porque no es de este mundo hay que anhelar que ven-
ga á nos. Fuerza del anhelo


MIGUEL DE UNAMUNO

[BORRADOR C]

El reinado social de Jesucristo.

——

Ciencia social.
1
Frase repetida, pura vaguedad, monserga.
Cristo y el Corazón de Jesús.
2
Paganismo y cristianismo.
Paganismo en las relaciones internacionales.
3
El individuo y el Estado. Perdonar las injurias.
4
Se apoyan en el paganismo social para satisfacer sus instintos. La gue-
rra, el asesinato y el pillaje. La guerra santa.
5
El honor y la santidad. El falso honor del desafío y esos mismos hablan
del honor nacional y del desafío (guerra) nacional.

[BORRADOR D]

No armarse v. Harnack III 366

Cristo dice «he venido á traer espada y guerra».


Es menester que haya escándalo (guerra)


OTROS DOS MANUSCRITOS RELACIONADOS
Sermón sobre la sencillez
(CMU, col. 70/5)

SERMÓN SOBRE LA SENCILLEZ


1
El soberbio lleno de sí mismo, pensando en cada pequeño acto que
brota de él y no de Dios, principio y causa de todo.
2
Ciencia vana que hincha y no conforta.
3
De que os sirve saber todo etc.
4
Es una oración todo hecho. 5Martillea al compás de una oración.
6
El sabio todo lo cree formulable, para el sencillo todo es milagroso y
la naturaleza sobrenatural.
7
El niño. Los misticismos infantiles. ¿No recordais la pureza dulcísima
de aquellas horas de inocencia?
8
Al sencillo San Francisco obedecía la naturaleza toda que no obedece
á la ciencia soberbia.
9
Exordio: Venid con sencillez á oir la palabra de Dios, la palabra eter-
na, que nada de nuevo he de enseñaros porque no hay nada de nuevo bajo
el sol para el sabio y es todo nuevo y fresco para el sencillo que reza cuyo
corazón refresca el Señor en cada momento con la fuente vivificante de su
gracia.
10
El ignorante se somete á la letra y en esa sencilla sumisión halla el
espíritu, el espíritu reconfortante, el que no se deja aprisionar en las fór-
mulas vanas de la ciencia soberbia, la gracia de Dios.


MIGUEL DE UNAMUNO

11
¡Qué tormentas en su corazón, hermanos mios! Al pensar en la muer-
te ¡qué sacudimientos de íntimo horror! El vacío.
12
Y si llegan á la calma es la calma seca del páramo helado, se les ha
secado el alma, son sombras lo que por ella circula!
13
El heroismo de cada momento, la santidad de todos los menudos
actos.
El soberbio es esclavo, vive para el mundo.
14
¡Qué horror a profesión de fé! Y creo todo lo que cree la Santa Madre
Iglesia. 15El niño y su madre, ella guia sus pasos.
16
El don de lágrimas concedido al sencillo. La Santa Lágrima de la igle-
sia de la Trinidad de Vendoma. Sangre del alma según San Agustín.
17
«Dabat pro cantu lacrymas plebs ignara canandi» San Bernardo. 18El bea-
to Domingo del Paraíso lavaba con lágrimas las manchas del alma, Santa
Odila rescató el alma de su padre llorando cinco dias con sus noches sin
cesar hasta quedarse casi ciega.
19
Llora para adentro el soberbio y las lágrimas le amargan el corazón.
20
¡Lágrimas terribles las del soberbio, no rocío de la gracia, sino acti-
vadoras del fuego!
21
Y cuando quiere llorar y no puede?
22
Imitac Cristo. Lib I. Cap. I. 3. II 1. 2. III. 3
23
V. en el index simplicitas


[Plan del Tratado del Amor de Dios]
(CMU, col. 75/63)

1
Prólogo. Lo que me propongo. Tratado >del amor<... y no guia, y del
amor y no del conoc. El conocimo esencial ó vital. San Pablo en Atenas.
Que es la religión Pfleiderer 329.
2
I Amor de Dios y conoc de Dios.
3
II Que es amor. Hay que amar para conocer y conocer para
amar. sup[El que conoce por dentro, sus-] inf[tancialmen-
te, compadece.] Nihil cognitum quin praevolitum.
tras
[Amar es compadecer El hombre quiere ser compade-
cido. El pobre. No dolor como mi dolor Amar es dese-
sperarse. Amor y muerte. Amor sexual, perpetuar el
dolor.] Conoc. sin amor, lógico, pasivo.
4
III Objeto del amor: Dios. El Dios lógico ó aristotélico. Supues-
tas pruebas de su existencia. Prueba de San Anselmo.
tras
[El Dios, por remoción] Tránsito al Dios del amor.
tras
[Conoc. amoroso. Desengaño de todo amor. Compa-
sión] La idea de Dios, no Dios mismo.
5
IV El Dios del amor. sup[El amor personaliza cuanto ama.] La
personalización del Todo sup[para salvarnos de la vida].
Dios la persona total, el Todo personalizado. Su existen-
cia, que es existir / >Concepto de Dios deducido del amor.<
tras
[de la congoja. Terrible dejar de ser, terrible ser siem-
pre no siéndolo todo, es decir, dejando de ser uno. Ser


MIGUEL DE UNAMUNO

uno y ser los demás y ser todo >No consuelo si no en el


fondo miseria<] >Un Dios compadecible y compasivo,
que sufre con nosotros.<
6
>V< V Hay que amar para vivir y hay que vivir para conocer
7
VI De la fe en Dios. sup[Fe y verdad. VI-IX querer que exi-
sta] Dos modos de creer en Dios, sin amor y con amor
sup
[creyentes var[fieles] – incrédulos]. inf[Querer que Dios
exista.] La fe y el amor. sup[gnwsij y pistis] inf[Razón
y fe. (vuelta (a))] Amor de Dios al hombre. Dios Padre.
Verdad
8
VII La esperanza en Dios. sup[Esperanza y belleza VII-XI La
congoja. Esperanza de liberación de] Dios Padre. >Dios<
Inmortalidad. Erostratismo. Dios y de liberación en El.
inf
Esperanza y belleza, [Se vive
por la incertidumbre.]
9
VIII La caridad en Dios. sup[Caridad y bondad. VIII-X] Amar
á Dios es compadecer á Dios, preso de la materia, y á
todo y á todos en El. / No existe el mal sino sufrido, no
hecho. sup[Dios sufre. Dolor] El mal es pasión no acción;
para el que lo recibe. Etica
10
IX La Verdad en Dios. Dios fundamento de la ciencia Cien-
cia y fe. Origen del conoc. tras[v. Erostratismo. Otros sen-
tidos. La fantasía ó sentido de la identidad fundamental
anima lo inanimado; lo >pers< antropomorfiza todo. La
razón preconiza; matematica y por ahí vamos á concebir-
lo todo formalmente, sin sustancia, sin carne.] Ciencia y
religión. Verdad interna (no mentira) y externa.
11
X La Bondad en Dios. Dios fundamento de la ética tras[Se
compadece á todo en El]. La bondad de Dios. Origen del
mal. sup[Libertar al prójimo. Se salva uno salvando]
inf
[Moral agresiva. La verdad, base todo / de la ética con-
cientizadora. v. papel tras[socializar = concienciar] Solida-
ridad. Sed perfectos.]
12
XI La Belleza en Dios. Dios fundamento de la estética Es bello
lo que se eterniza. Lo bello es lo eterno, lo permanente


Meditaciones Evangélicas

de las cosas. La belleza es la >inmor< perpetuación >del


La< (la eternidad) de la momentaneidad. Sub specie
aeternitatis; genérico. Lo bello fuera del tiempo.
13
XII La vida en Dios. La vida de Dios. La inmortalidad.
sup
[Erostratismo.] Vida eterna. tras[Plenitud de plenitu-
des.] Impersonalización de nuestra persona. sup[nace y
muere á diario Pfl, 145 El dolor. Terribilidad de ser
siempre y de dejar de ser.] tras[La verdad, la belleza y la
bondad hacen la vida de Dios]
14
XIII La religión sup[Empieza por el culto á los muertos.] La
unidad de la fe. Ef. IV 13. Brooks. The mistery 106
sup
[Superstitio] La seriedad en la vida; fuera diletantismo
y esteticismo. Duro en Renan, France, Rusiñol y los iro-
nistas. El anarquismo y su origen.
15
XIV Cristianismo sup[depurado]. sup[Esencia del catolicismo.
materialista. Escatología.] tras[Fundado por Pablo que
sup
[creyó en resurrección Cr. porque] no conoció á Cristo,
v. papel en lapiz. sup[La esencia crist. un Dios universal y
humano á la vez] La redención y la solidaridad. Divini-
dad de Cristo y humanación de Dios.] Jesús y la samari-
tana. sup[Lo profundo tras[y específico cristiano un Dios
que se hace hombre para sufrir (ó porque sufre?) y así
divinizar al hombre. La pasión sup[y muerte y resurrecc] de
Cristo garantía de nuestra resurrección. La finalidad sal-
var al hombre, es decir, eternizar[?]e] del cristianismo un
Dios que sufre pasión y muerte, que se hace hombre y /
Locura de la cruz y escándalo / Nosotros cristianos I
Cor I 23] Lo pasajero y lo permanente del cristianismo.
El cristianismo es nuestra verdad. >Los ataques al cri-
stianismo son paganos.< Concepción cristiana. La ciencia
es cristiana; el movil que lleva á la ciencia cristiano. Lo
de Balfour. Establecer por la libertad el reino de Dios.
tras
[Trinidad. Dios es sociedad.]
16
XV La libertad. sup[Si lo haces te pesa, si no lo haces también.
Esclavo de tus obras, ellas te hacen y no tú á ellas tras[las
obras se suceden; yo crezco.]] tras[Lib. albedrío; monadología.


MIGUEL DE UNAMUNO

Conc. de la ley. La ley es social.] El remordimiento.


Omnipotencia humana. v. Seuse 135. La libertad; liber-
tarse del tiempo, del espacio y de la causalidad. Libertar-
se de sí mismo. Lo trágico de la vida. La desesperación
fenómeno europeo de hoy tras[el jacobinismo nihilista.]
tras
[La lib. y el problema del origen del mal.]
17
XVI El reino de Dios sup[es el reino del hombre]. sup[Todo en
todos. Todo conc.] El sobre hombre es el cristiano. Cua-
dernos I 85 IV 27, 41. Ritschl II 300: Verlo todo sub
specie aeternitatis, compasivamente. Hacerlo todo con-
cientemente hacerlo todo conciencia. tras[La vol. desapare-
ce, queda el conoc. Vide final Der Welt als Wille und
Vorstellung. Es posible? Que es un conoc. sin vol. sin
amor? / Hacerlo todo conciente es hacer de la naturaleza
sociedad. La soc. Dios es sociedad. El conoc. es algo
social; la intelig. viene de la palabra y este es de origen
social; se piensa hablando. Ideas que se nos definen al
querer trasmitirlas. La conc. es de origen social. La soc.
condición de la lib. La lib. es la fusión del hombre indi-
vidual – animal – y del social ó espiritual.] Fusión de la
acción y la contemplación; contemplar es obrar es deifi-
carse. Contra los librepensadores nuestros. v. Coenobium
n 4 pag. 37-38
18
XVII El reinado social de Jesús / Final. Confesión final. Obra
impía y ateo. papel [?] Existe Dios? Qué es existir? Nun-
ca lo sabremos. Bástenos que no se puede probar que no
exista; que queremos que exista... Oh Dios mio! He razo-
nado demasiado lo irrazonable
19
(a) La razón no pregunta, responde. La razón se aquieta con explicar
una cosa y se conforma con ignorar. Da un porque; el pedir el porque de
ese porque no es cosa de la razón. Los hombres razonables se conforman, se
resignan á ignorar. El deseo de saber. La razón dice: ¡no hay problema! y la
fe crea los problemas.


APARATO CRÍTICO
Nicodemo el fariseo

La nota inicial es la que acompañaba el texto en la edición de Revista nueva.

ENMENDACIONES EDITORIALES

3. ex profeso] exprofeso
8. ultima ratio] última ratio
60. XIX, 38-42.] XIX, 38-48.
65. acogerse] acojerse
74. naciere] naciese
155. – se dice Nicodemo –] – se dice Nicodemo,
164. Hijo] hijo
171. ¿Que] ¿Qué
181. ¿qué] ¿que
182. éstos sí] éstos si | aquello] aquéllo
210 es un horror] «es un horror
233. como Él] como él
251. quieres] quiéres
252. Jerusalem] Jerusalen (se ha enmendado en Jerusalem y no en Jerusalén
–igual que abajo en el fragmento 296–, porque en todos los autógrafos de las Medi-
taciones Unamuno elige esta grafía: cfr. JyS 70, 77; N-borrador, 169, 208; JyS-
borrador 64, 69; RSJ, Borrador A, 59; RSJ, Borrador B, 37)
276. se entienda] se entiende
283. prevé.»] prevé.


PAOLO TANGANELLI

292. oír] oir


296. Jerusalem] Jerusalen
305. frente al] frente el
342. oírle] oirle
355. trajín] tragín


El mal del siglo

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

1-2. racionalismo. >intelectualista.< Por


2. Por >todas p< donde
3. Pero >del seno mis< de las | brota[n] >la< esperanza[s]
4. pública >pue< puede
6. patente es >que< el de que | edad de >sociedades< pueblos
7. moral, de >resurre< retorno
11. Y es >, á la< de veras | realidad de su >patria< hogar
12. preocupación por la >reforma del hombre interior< incesante
14. Denomínese el inf*hecho >fenómeno< con >que< el mote que se
quiera, >es sencillo< creo
15. que >predicar< pregonaron | fe >espiritualis< cristiana
16. sus *propias* negaciones >mismas< palpitaba
sup
19. oye [ya] resonar
21-28. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor
(Vuelta) al final del fragmento 20
23. sup[de la Razón Suprema, que no es sino la mera razón humana
proyectada al infinito,]


PAOLO TANGANELLI

sup
25. [al Dios personal y vivo al Dios que es Amor y Amor paternal]
30. del[a] fantasmainf[goría] para | y ha >desmoronado sillar á sillar el
optimis< desvanecido
sup
31. [ó trasgos] | golpes de >éste mismo los< críticos
36. no nos >llena ¿< satisface
38. vivamos] vivimos: a sobre la segunda i
42. tutto>!<, del vacío
43. es >van< el salmónico
44-45. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor (á
la vuelta) colocada en la interlínea entre los fragmentos 43 y 46
48. mostrado >sup[esta]< nuestra
51. moderno inf*Hamlet >Haeckel<
52. la del >antiguo< típico
54. >Ya qu< Siendo
59. pienses en *que >cuando<
62. pensaba en >vivirla en [?]< concentrar | calculaba >quedarle< le
quedarían
sup
63. paganismo [el]
64. añadiendo >– «si< que
68. habituando á >no ver á la muerte< no sentir
69. una x, >una verdadera cantidad imaginaria< y raro
70-72. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor (á
la vuelta) al final del fragmento 69
sup
70. [velada á sus ojos,], sobrecogidos
76-77. ella? >Todos los dias desaparecen fenómenos< Si mi conciencia
70. angustia >de dolor< vienen


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

81. ¡Egoísmo! >Fent< Frente | sacado >un altruis< eso | así >hemos
v< se ha vuelto
82. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor (á la
vuelta) al final del fragmento 81 | y en su *odio >horror hacia< al potente |
que >condu< con el nirvana
83. entristece *á tantos espíritus modernos >el ocaso de este nuestro
siglo<, el mal del siglo >de< que
84. ante el >torm< temor a tormentos >fust< que atiza
89. fantasmas >tangibilida< cosas | el punto tacha una precedente coma
91. llamado >social< más especialmente
93. alma >, su yo concreto,< á un individuo
94. y de la >jus-< ley justicia
95-97. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor (á
la vuelta) al final del fragmento 94
96. Ser esclavo] S sobre E
sup
99. los [tales] estetas
101. planta >arqui< ornamentales en >agri< arquitectura
103. sensual, >del estilizado al podrido< de la sensualidad
104. >Lo que más apena< Al ver | Al ver] al ver: A sobre a | de que
*la muerte les >al morir se< anula>n< por completo
sup
107. cada >un< hombre venza [a] su
109. contrario *pensase >temblase< | la que habría] l de la escrita sobre
una h
110. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor (á la
vuelta) colocada en la interlínea entre los fragmentos 109 y 111 | sup[le] brotará
112. radicales:] los dos puntos tachan un punto y coma
115. «¿qué >cosa< es verdad?»
116. ¿Qué es >la< verdad?


PAOLO TANGANELLI

sup
118. pero [y] la relatividad
sup
122. que es [de] que
123. todo, >y< (1. Cor. XV, 26-28)
124-127. Escrito en la vuelta de la cuartilla, como indica la nota del autor
(á la vuelta) colocada en la interlínea entre los fragmentos 123 y 128
125. María] M probablemente sobre A

TACHADURAS ILEGIBLES

18. >[?]< Y es que puede


23. almas, se >[?]< sube
26. prueba ni se >[?]< puede

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

78. sientes] la primera s sobre [?]


110. brotará] b sobre [?]

CORRECCIONES DE LAPSUS CALAMI

98. desenmascarada] la penúltima a sobre una d


102. aún el >alch< alcoholismo

ENMENDACIONES EDITORIALES

36. ¿por qué no] ¿porqué no


63. Renan] Renán


Jesús y la Samaritana

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

3. ciudad de >Samar< ésta


5. agua] la primera a sobre una probable l
6. Los dos puntos después de humanos tachan una coma
9. buenos é] é tacha una coma
10. cristianismo es >, aún< en el
14. cruz de >nues< la crucifixión
17. me >demandas< pides
tras
22. *beber. >verdad.< (beber.] escrito con lápiz)
30. y al >vernos solos con Jesús< ver | desierto, >le decimos< y que
nadie
38. *ciencia >sabiduría<
inf
41. limpia [corriente, fresca,],
45. fe de los >sencillos< pobres
49. prueba; >di< pidamos le
50. principio del >querer< creer


PAOLO TANGANELLI

51-52. Escrito en la vuelta de la cuartilla como indica la nota del autor


(vuelta) al final del fragmento 50
51. Jesús >dij< mismo dijo
53. esa] esta: a sobre ta
55. prueba *tengo >tienes<
55. veo] ves: o sobre s | palpo] palpas: o sobre as
60. alma, un>a< *ideal >doctrina<
64. los yermos] las yermos: o de los sobre a
77. creeme>,< que
80. y >ver< en verdad
89. El, >qu< el que habla

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

52. en] e sobre [?]


58. tenemos que ir] t sobre [?]
66. satisfacer] e sobre [?]
70. el lugar] e sobre [?]

ENMENDACIONES EDITORIALES

5. a sacar agua] á sacar á agua


49. pidámosle] pidamos le


Nicodemo el fariseo [Borrador]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

sup
3. [vaga] | suyos, >de< que oyen
sup
4. bañan] vayan: bañ sobre vay | [de inmortalidad impersonal tal vez]
5. Oyensup[do] | corazón >á los ojos< rebosante sup[y opreso] | les >sube
al< llega | creciendo. inf[aguas sobre que incuba el espíritu de Dios.]
8. en la >esclav< desnudez | cuando >piensa que á< cree
9. Pidanle] i sobre e | suicide >, pero< moralmente
sup
17. soy. [Que] Sin
18. hacer] nacer: h sobre n
23. Dios, >el< que
sup
24. *meditado >pensado< | [Nicodemo]
26. solemne >reali< y única realidad
28. imaginamos >exten sustentar< correr | presente, la >on< perma-
nencia
29. Es una >cosa< meditación | tiempo >como forma de la eternidad,
de< descansando | de nuestra >fluyente< vida fluyendo
32. hiciste] s sobre e


PAOLO TANGANELLI

33. inmensidad >y de la< de los espacios


34. acto >como un golpe que se propaga en hondas por un l[?] in se<
va repercutiendo | en >h<ondas por lago >in< sin orillas
38. ido a >sedimentars< asentarse
39. vez] v sobre y
40. El punto interrogativo final tacha unas comillas cerradas
43. sentimientos y] y tacha una probable o | deshacerlos es] e de es lleva
un acento tachado
sup
49. [temporales]
50. inf[además] | [(e)]
51. el que >[?] progres< crece
52. sup[carnal, terreno y temporal] | sup[con el parto de la muerte] |
*espiritual, >espiritual,< celestial | *sí >el< la vida
sup
53. [porque Dios está dentro de nosotros]
55. todo >com pue-< comunicanse | comunicanse] la primera c sobre d
| en mar>,< común, >nos< somos, >vi< nos movemos | sup[(a)]
56. calor >di< de nuestro | intensa] intenso?: a sobre una probable o |
viva] vivo?: a sobre una probable o | se vierte en >caliente< sangría
57. >Ellos< Sus costras | sup[empezando por las de más dentro, por las]
inf
[que más apegadas llevan] | esas capas sup[en] que | y así, desnudas] y así,
desnudos: as sobre os | sup[sus almas] | desnudas del todo] desnudos del todo:
as sobre os | desnudas de afectos] desnudos de afectos: as sobre os | desnudas
de su misma] desnudos de su misma: as sobre os | sup[desnudas como salie-
ron de manos del Señor] inf[y como volverán á ellas] | desnudas como]
desnudos como: as sobre os
61. la ley >ja< no tiene | perdona >al que ha amado [?]< sus pecados
ál[a] >que ha amado mucho< Magdalena
62. eterno >donde su Santo Espíritu in< sobre cuyas
67. irreparable del >mun< tiempo


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

69. >Y pue< Intérnate | costra >que< de tu alma | bien que quiero]
bien que quiera: o sobre a
72. Todo esto >parecen sutilezas te[?] pienso< parece | enterrado,
>como buen fariseo,< en el moralismo >, no< sup[farisaico no] penetra en
>e<la religiosidad
sup
74. mal>?< ¿qué importa que [no] sientan *bien >mal<?
75. y >se< pregunta
sup
80. [Num. 21. 9. 1]
81. Hijo] hijo: H sobre h
90. >Y no c< Y en vez | lo he >averiguado y< aprendido
95. [Pero] >Mira Nicodemo< hay
sup
96. [nuestro] Nicodemo | estado >de< tal de exaltación
97. ellos >se aho< se hunden | pura, >estos< á estos
sup
99. [cuando] | creerle si>n< te dijere
100. *sin >de< la letra | espíritu, >qui< intentas
101. Hijo] hijo: H sobre h
102. te >las< puede
103. de Dios, >que< de Dios
104. sus >h< ojos
107. el pueblo] al pueblo: e sobre a
109. La y que sigue tu ciencia tacha una coma | hablado, >contra Dios<
sin saberlo | contra El >que< y contra *el profeta >la Iglesia< | contra El]
contra el: E sobre e | Egipto >de< en que | sentiste>s< sobresaltos
110. calma, >nuevos< extraños
sup
112. que cree [que] no cree
114. entonces>, á< él | sufría de >harto< inapetencia, >á< lleno | le
muerde, >Y ve ent< la cruz | la coma después de muerde tacha probablemente
un punto


PAOLO TANGANELLI

115. Cruz de metal] cruz de metal: C sobre c | de la >morde< herida


sup
117. al saber] el saber: a sobre e | abrumantes, [y] fijos
118. *esa sabiduría >la mística< una >mera< golosina
119. espiritual, >á pe< ó á sensualismo
120. de amor, >visión á que sólo se llega< es la sabiduría | la cruz sup[de
metal] | mirando á ella >c[?] curen de las heridas de sus cruces y< vivan
121. >Es imposible que á hombres se< Mira, Nicodemo, >no< no sea
127. y >por< para tu curación | metal, >y< al dolor
130. llamas >, que derretirt< del dolor, que derretirte
134. al mundo >á intermi<, para que le condenara
137. otros >quieren< fingen tan
140. los hombres >mas< amaron más
143. no es luz >tan< más clara
144. sentir >el< y ver el mundo | dado á la >bondad< fé, «á la sustan-
cia de las >que se esperan< cosas que se esperan» >segun< (Hebr. 1.)
146. la bondad, >in-< la divina
147. lo verdadero y >lo< eterno | para versup[lo] de veras, es >mene-
ster< preciso poder >salirse de sí mismo< sacudirse
148. tus maestros, >en< Nicodemo | puede sup[el hombre] | Dios,
>donde< en quien es | que es la >visión misma< vista misma
149. el bueno, >perdona de veras, porque no el honrado< no el sim-
plemente
150. Pero >ese< el mismo
sup
151. *Consiste >Es< nuestra bondad [en] tender
155. verás que >para todo *piden* tienen tolerancia menos para la fe
sen< su tolerancia
156. *arrancan >dan<
sup
160. [racionalizan, lo] | el punto tacha un punto y coma


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

161. entrañas de[l] >la< alma, >gritan< clamando | delirio, >vuelven


ape< desvían | y se >ponen< vuelven
163. suyas >ni< si no hechas
sup
164. [y recatada]
165. vivir su >vida< alma | *su >la< costra >en que< terrena | fondo
el >cal< hervor
166. de sus >enseñ< farisaicas enseñanzas
168. perlático] paralítico: e sobre la primera a, la segunda a es tachada, á
sobre í | tal vez >á su< entonces | el punto tacha una coma
169. >admiró de suyo la multiplicación de los panes,< Y cuando | Y
cuando] y cuando: Y tacha y | tabernáculos, >y< subió Jesús >entonces<
desde | Jerusalem y los] Jerusalem y las: o sobre a | y los >gentes le< judios
171. enviaron >gente< servidores que >le< prendiesen
172. arrastrar de >l[?]< su bondad >clamaba< decían | aducían >sus
escritura< en contra
174. >Y cuando los ministriles se presentandose á los principales sacer-
dotes y á los fariseos sin Jesús les< Y cuando (presentandose] presenta-
ron: ndose sobre ron)
179. y á >consolaros ha< querer
180. en él >algún genio, algún verdadero< de veras
181. el dogma con] el dogma en: co sobre en
183. conocen las >leyes in< inflexibles leyes | los >que< pobres ilusos
| principio de que >sólo< todo
184. >No< Ignoran | que su[s] >fe< creencias | rija] rige: ja sobre ge
185. >No ti< Creen
186. ministros de los >que< sabios | Jesús y >le< se lo lleven | anali-
cen] analizan: ce sobre za | el punto y coma tacha tres puntos suspensivos
sup
187. >Y entonces< [Así hablan los fariseos.]
188. Díceles] díceles: D sobre d


PAOLO TANGANELLI

189. desde la >v< nocturna visita | apeló á *su >la,< ley, á la de ellos,
>p[?]< en favor
190. que es >todo< muy alto
191. ídolo, >ex< demandas | saben >la< la ley
196. mira si >del los suen< de la región
200. Jesús >e[?]< su divina
201. fariseos >le< llevaron *la >la< mujer
202. á solas, >desv< huidos
203. >N< / Nicodemo supo | y plazas >enseñanzas< palabras de vida,
y >le vió a cuando el ciego curado de su ceguera< oyó
206. Y entonces y] y tacha una coma | decidieron] la primera e sobre una i
210. Los sencillos] Las sencillos: o sobre a | con palmas á>l Sa< Jesús |
la ciudad] el ciudad: l de la tacha el
213. sedicioso y >la m< de la muchedumbre
214. Jesús, >enton al< por fín, >p< viendo | ellos *á >con< su Padre
| seamos uno >sup[sin distin]< en Dios
215. á juicio, >primero ante el sup[soberbio] romano que le escarneció
mandando le azotasen y burlasen, como á ludibrio de las gentes, después
ante el rencoroso<
216. Y Nicodemo?] la primera o de Nicodemo lleva un acento tachado |
seguir >con< desde lejos | sobresaltos, >todo< estos | y él, *de los >el<
fariseo[s], esto es, *de >e<l[os] ferishim, >el d< de los distinguidos | los
>vulgares y los< llamados vulgares
217. de la >fiesta< feria | acudiría >con el pueblo al pretorio< frente
218. con >vestido manto rojo manto de irrisión y con< manto de grana
219. el pretor >ála p< al populacho
220. el pueblo >p< gritaba | versatil que >ayer< hoy | palmas al >que
le< enviado


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

sup
221. tal vez >la< el amoroso | piedad >hacia< para | [á la víctima]
y odio sup[al verdugo]. [(c)]
sup
223. y >e<la plebe [(b)] gritaba
224. sup[escéptico] espíritu | justo, >y< á terminar | el pueblo, >pedía
tragedia< religioso
225. aquello] aquella: o sobre a | entregó el] entregó al: e sobre a
226. lloró >con< acaso >con< hacia dentro con las >hijas muchedum-
bre< mujeres | lloreis, más] m de más sobre p
sup
228. asco [farisaicos] | [(d)]
229. gentes y >tal vez recordara< se le evocara
231. sintió >e<l[a] *carga >peso< toda aquella Cruz >levan< que se
destacaba
234. >Y vió como le rompieron las rodillas piernas y le abrieron el
costado< Murió >al cabo< Jesús | rompieron] rompían: ieron sobre ían
238. Y en *el >aquel<
sup
239. de [la] pascua
245. en los >balsa fe< perfumados | afecto >en se< enterrolo
246. nuevo, >p[?]< donde
247. Magdalena>, la arrepe< fué de mañana, >y< aún oscuro
248. Magdalena, >y al sin conf< tomole
251. en público>, le lavó< le regó
254. besaste, y] y sobre una probable m
255. *untaste >ungiste< | untado >los< con ungüento
257. cuando >los com< al decirla | el punto interrogativo después de peca-
dos tacha un punto exclamativo
260. que >te< si quería | regar con las] regar con sus: la de las sobre su
| [de su alma] y *enjugar >limpiar sup[?]< con sus *energías >cabellos< y
sup

besar >con su< sup[con su >espíritu< razón]


PAOLO TANGANELLI

261. (a) >Cuando Dios, que habita en el íntimo de todo,< Cuando


Dios | *ante >en< tu conciencia | sin >conciencia< propia conciencia *tem-
poral >terrena< | la nota (a) está tachada
262. quisieron >hace nomb< hacerle >le< rey
263. maldíjole >y esta mal< con la misma | *esa lengua >la< que ben-
decimos á Dios sup[Padre] | Ep.] E sobre S
264. seno >renovado< removido
265. con el >pueblo< ciego pueblo >deci< deicida
267-278. la nota (e) está tachada
267. la eternidad >la< el tesoro del tiempo, >en verdadero progreso,<
en crecimiento
272. doblega] dobla?: e sobre a | inf[al pecado,]
sup
273. y [si] por codardía
275. tanto >el[a] cu< el pecado | el odio al >acto< mal
sup
277. intención es >la< fe; >las< fe sin obras es [fe] muerta

TACHADURAS ILEGIBLES

21. á sí >se [?]< propio se


94. los demás >[?]< creyentes
160. no lo >[?]< meditan
199. se fué á >[?]< su casa
259. Nicodemo, >[?]< repitiéndose
263. sino á >[?]< los ministros
275. el odio al >[?]< agente

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

8. á deshacer] á sobre [?]


43. doctrinas son] s sobre [?]


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

49. buscas bajo] b de bajo sobre [?]


68. donde es de buscar] d de de sobre [?]
78. creeis] is sobre [?]
85. redargüidas] la primera r sobre [?]
98. pedirle] p sobre [?]
101. subió] s sobre [?]
112. corazón] c sobre [?]
118. del desierto] del sobre [?]
120. sólo se llega] s de sólo sobre [?]
132. divina] a sobre [?] | aspirar] la primera a sobre [?]
134. una realidad como] c de como sobre [?]
144. á su razón, tan] t de tan sobre [?]
170. doctrina] d sobre [?] | Aquel] A sobre [?]
171. servidores] la primera s sobre [?]
191. le de ley sobre [?]
198. cada uno á su casa] sa de casa sobre [?]
216. los que sean] se de sean sobre [?]
218. y vió á] á sobre [?]
224. desde] la primera d sobre [?] | profeta] p sobre [?]
231. empobrecido] em sobre [?]
275. agente del mal] d de del sobre [?]

CORRECCIONES DE LAPSUS CALAMI

114. inapetencia] t sobre una probable n


PAOLO TANGANELLI

ENMENDACIONES EDITORIALES

8. labor de sus dias!] labor de su dias!


17. Que sin] Que Sin
68. donde has de buscar] donde es de buscar
70. oponles] oponle
115. á que la mire] á que la mira
117. que tanto ansías] que tantos ansías
125. ¿por qué] ¿porqué
136. Y por qué] Y porqué
137. Por qué] Porqué
138. Por qué] Porqué
139. por qué] porqué
156. deleitales] deleitelas
192. fortifica al débil] fortificas al débil
215. huerto de los olivos] huerto de las olivas
217. Nicodemo] Nicomedo
226. mas] más
231. de sus culpas] de sus culpa
246. sus anhelos] su anhelos
255. con aceite] mi aceite


El mal del siglo [Borrador]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

1. La *mal >muerte<
2. *Sentido >Mirado< | de *sentimiento, >vista< | en que tras*una gran
fatiga, la fatiga del racionalismo intelec >una in mal sup[gran]de fatiga
sumerge< | desorientados sup[sumerge]
3. ideas muertos *cuando no >y algunos< abortados
4. este] esta: la segunda e sobre una a | y >á rato< á>l< fijarse bien >el
ocaso< aparecesup[senos el tal ocaso cual]
5. la >vida< ostensible vida | de *cada uno de los hombres >todos<
7. hecho sup[social] | una *enervadora >enervante< |
movimiento*expansivo >centrífugo< | fuera] tacha fué | sup[el] de aquella
sup
[recogida] edad de >crisalida< sociedades crisálidas
sup
9. pasado [ya] | colmo] culmen: la primera o sobre una u, la segunda o
sobre en
sup
10. de[l] [caballeresco] | en el >eterno< cristiano
sup
12. el [humano]
13. íntima, >dejando la ilusión del destierro< desengañados
15. Hablan de >sup[negra]< sup
[de la ola de la] reacción *más o menos
negra*; de>l< inf[su] ritmo


PAOLO TANGANELLI

sup
16. [reacción,]
17. que >trajeron y< predicaron; positivismo >y el< agnostico | agnos-
tico] agnosticismo: la última o sobre ismo | sido >si< generaciones | absten-
ciones >dogmati< intelectuales | vivificante, >e<la oculta | sup[(a)]
sup
18. [por ellos] | las almas] l de las sobre s
sup
19. subsistir [moralmente]
sup
20. [intrínseco]
21. amenazasup[ba]
22. ojos de[l] *fantasma para volverlos >la ilusión y volviéndola< |
nacer el] nacer la: el tacha la | *poderoso florecimiento >potente explosión<
| sup[y han] desmorona>n<do sup[sillar á sillar]
25. darme] darnos: me sobre nos
sup
26. [por fin]
27. sup[cuanto antes] | que >no sufran< nuevas conciencias sup
[no sufran
>e<l[a] pesada broma de la existencia?]
sup
28. [y el vivir por el vivir mismo no nos llena]
sup
30. ha *endechado >cantado< al reposo [inacabable] | ha llamado
sup
[á] | llamado] tacha pedido | como sup[á]
sup
32. caerse de[l] >una< alto | [de ella.]
sup
33. eterna>!< [y de vanidad y humo de todo!]
34. de un >todo< mundo fenoménico, >!< >[¡Mi yo, que me arreba-
tan mi yo! gritamos hoy con Michelet de]< [(f)]
35. desilusión >algún< se | >¡<como
sup
36. [(d)]
37. Sí, >algo se buscó la perfección por< quisimos | quisimos] quiso:
imos sobre o
39. O >se muere o no se m< al morir | el punto tacha una coma
40. repiten >los< ren*el* moderno>s< Hamlet>s<, obsesionado>s< por
la>s< sombra>s< de su>s< padre>s< que les pide>n<


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

41. sup[que] arrancaron sup


[de la esclavitud y] | arrancaron] arrancando:
ron sobre ndo | sup[antiguo]
43. La *ciencia >fisiología< | explique *ésta >á la vida< | caso de
*aquella >la muerte<.
sup
44. que *el morir >la muerte< | vida >en< el camino | ésta [es] ir á
aquel>la<
sup
48. Y si >se muere< no | [en ese caso.]
51. tras[sin atender á que una vez muerto su mano, con lo que encerra-
ba, no sería ya suya, sino de la tierra.]
inf
53. Me] tacha Sé | *confesaba >de< uno | [en pleno vigor] | queda-
ban, é ] quedaban, en: é tacha en | vida>?<.»
54. Vaciedad] Vanidad: cie sobre ni | vaciedades] vanidades: cie sobre ni
56. vez, sup[sí,] | todos los] la l sobre [?] | * y plena posesión de la muer-
te, que es principio de vivir. >ya que el fugitivo presente fluye<
57. Cor. XV. >17< 19.
59. la *muerte >vida<
60. todo sup[no] es | sup
[más que] | inf[que salen de la nada para volver á
entrar en ella.]
61. El punto exclamativo tacha un punto interrogativo | [(j)]
62. se >des< anula
63. hacemos inf*permanece >queda<
64. >Y< ¡Mi | Mi] mi: M sobre m
sup
65. >S ¡Nada se a< Todos | un >fen< mero fenómeno | [estoico]
sup sup
67. pero [es] | [totalmente]
68. faltan >gentes< estoicos
69. sup[intelectualista] | caridad, sup[sino] | sup[puro] abstracto | un>a<
ídolo Humanidad, >ido< y | vuelto ál[a] | [(h)]
sup
70. de el >escriba< [se] lean | verá >cuan< cuando
71. >Es inutil< Lo que | y de[l] >los< suicidio
sup
72. [(e)]


PAOLO TANGANELLI

73. sup[de que salieron] | el >mejorar la v< hacer | preparar sup


[así] | los
>feli-< satisfechos
74. y sup[luchar] | por >otr< el bien | que >lo perderán< al morir>!<
inf
[han de perderlo!]
78. llamado] ll sobre s | social >tie< tiene
tras
79. >Es la sociedad para< Desilusionados | [y resistentes á acogerse
al cristiano]
80. La[s] *tendencias >escuela<
sup
81. [tan] abstracto
82. sup[de] la letra espíritu] deriva de espíritu la letra trasp. | sup
[de] la
ley justicia] deriva de justicia la ley trasp. | cuando >no< Cristo
sup
83. [llamado]
84. sup[que se motejan á] intelectuales, >los< aristos, >los< estetas | feri-
shim ó] ó tacha una coma | sup[á] los que >aquellos< motejan | tsaddiquim ó]
ó tacha una coma
85. de *los >estos< estetas
87. neo-misticismo, sup[sobre que] >al< asomando >sobre él< la sinie-
stra | sup[y archi-egoista] | [(b)]
88. atenieses *de >que< | dice>n<
90. el apostol] e de el sobre S
91. de la >resurre< muerte
93. nada más>!<
94. ver >á los< hombres | personal>,< | Progreso, >El prog< y | Hom-
bre] hombre: H sobre h | abstracto >este com< uno
sup
95. del[a] vida | esteticismo ó] esteticismo en: ó tacha en | [sensuali-
dad estilizada.]
sup
96. nada [eterna.].
97. apena >por-< que sup[esto porque] inf
[se] | descubrir>se< en | ello
sup
[un] mero | no >v< la lujuria


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

99. sup[temporal] | sí, >si no es pas[?]<¿quien | afirmativamente>?< |


sup
[á la enigmática cuestión?]
sup
100. [cada uno] á *su propia >la<
101. sup[totalmente] perecederos, >si no hay [?] nada más lastimoso que
el altruismo.< no
103. >Salvar< La | viejo, Cristo] C sobre e
104. por >sup[la llamada]< *la emancipación >una redención< | nada
sup
[eterna] | muerte, >obra< de
107. radicales, >de< el
108. el >econo< problema | inf[de producir para >consumir y etc<]
tras
[el consumo y consumir para la producción] | sup[terrena]
sup
109. >Co[?]< Del | [ó sea]
111. pregunta >todo< igualmente | conoce >la razo< y | [(c)]
sup
112. [y aspiran]
113. piden >coti diariamente al Padre que venga á< con | perseveran-
cia >de fe< al | tras[piden se haga la voluntad etc IV 36]
114. que >en su< en el
115. las >f< lamentables | D’Annunzio, >resolvi[?]< místicos
116. de>l< >más< refinado | que >oculta< encubre | estilizado, >por
decirlo así,< para *emplear este término >hablar á modo< | inf*plantas
>acanto< | en >l< el fangal del[a] | veces >santa, divina,< heroica
118. >Se ha< Han sup[llegado hasta á] | declarar] declarado: la última r
sobre do | sacrificios >estas y las< tales
119. al >epicureismo más sens< epicureismo | relativisup[dad] ] relati-
vo: la segunda i sobre o
sup
122. relativo>!< | [por sí sola]
125. inf[temor que atiza ímpetus de penitencia], sup
[sino es que] | que
>la< envuelve | inf*vaciedad >vanidad<
126. de >sombras chinesca< espectros
129. >(h)< [(j)]


PAOLO TANGANELLI

TACHADURAS ILEGIBLES

14. Vendrá] tacha una palabra ilegible, tal vez Viene


69. desoladora >[?]< moral

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

87. asomando: la primera a sobre [?]


88. hablar: h escrita sobre [?]
101. Humanidad: la H escrita sobre [?]

CORRECCIONES DE LAPSUS CALAMI

41. eco- >mo< nómico


55. omnipresencia: la s escrita sobre una probable c

ENMENDACIONES EDITORIALES

1. El mal] La mal
3. muertas] muertos | abortadas] abortados
15. Hablan de] Hablan de de
40. repite] repiten | le pide] les pide
48. caso.] caso.,
49. aun] aún
54. L’Abbesse] L’Abesse
76. ha sustituido] á sustituidos
97. apena esto] apena que esto
121. la relatividad misma] lo relatividad mismo


Jesús y la samaritana [Borrador]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

1-2. Debajo del título aparecen estas palabras tachadas: >Yendo Jesús de
Judea á Galilea tuvo que pasar por Samaría, región de semipaganos, despre-
ciados por el pueblo de Israel. C[?]n Y al llegar cerca de la ciudad de Sicar,
cansado del camino, sentose junto á la fuente de Jacob, hacia la hora de sex-
ta.<
sup
2. [Evang. San Juan IV]
3. *Galilea >Samaría<,
8. *El alma de cualquiera >Nosotros, samaritanos, Cualquiera< | sama-
ritanos>,< espirituales | sup[como los demás]
9. pozo, >nos encontramos< á la hora
10. las honduras] los honduras: a de las sobre o
sup
13. y [sigan] adoransup[do cual á Dios]
sup
14. lo que [aun] | saber, >el< es lo
sup
19. demandas >á mí< de beber [á mí],
tras
20. decimos, >*me* nos< pides | [, no a refrescarte]
sup
23. [y no á darte de beber.]


PAOLO TANGANELLI

26. las honduras] los honduras: a de las sobre o


30. tienes >de donde sacarla,< con que sacarla
32. la verdad] a de la sobre una probable n
35. más que >e<l[a] >desconsuelo en< íntima
38. bebe! >Es un< ¡mar | sup[que llena la vista] | no *apagan >quitan<
tras
| [si antes no se purifican subiendo al cielo]
sup
40. y >es< creen | [y aman]
42. pone á >tra< querer | y >n[?]< nos
45-46. sed. >No puede, no puede faltar á su promesa.< Pidamosle
46. no se *cumple >acaba<
53. Mas >ent< antes
55. hueso de *los >nuestros<
sup
56. [¿Tenemos marido del alma?]
sup
58. marido: >esto< has dicho [eso]
sup sup
59. si [es que] no ha | señuelo de [propia]
60. santo *tesoro >depósito<
sup
61. [(a)] >No< En este
66. tras[¿Quien es éste que me revela á mí mismo mis propios secretos,
secretos para mí?]
sup
67. [Pareceme que] Es
76. Mas] acento tachado sobre la a
78. sup[(c)] >«Dícele< tras
[Vendrá á mi alma el Revelador y él me decla-
rará las cosas.]
79. cosas.>»<
sup
85. pena *de salirse >que salgamos< | ciudad >de S< y | ver [y oir]


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

TACHADURAS ILEGIBLES

25. paz >[?]< de estos


51. mayor >[?]< milagro
59. con el >[?]< señuelo

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

40. humana: h escrita sobre [?]

ENMENDACIONES EDITORIALES

13. siguen] sigan


16. misma] mismo
67. es] Es
70. no sabeis] nos sabeis


La oración de Dimas [Borradores]

[BORRADOR A]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

2. aun] aún
3. el punto tacha una coma
sup
6. prometiera >solemn< el cielo | fué [á] un malhechor
inf
8. [de la religión]
9. marido, >buen ciudadano,< cumple | pensar y >sin< es | es mode-
lo] es tacha y | porque >no admi< se muere
12. apariencias. >(v. Hall Caine)<
inf
15. [v. Denifle 29 § 11]
21. romano, >no< ¿era
sup
25. >Es decir: Si eres el Cristo sálvate< [Así es que el] | paganismo
lo] l tacha una coma
tras
26. [Queda la moral cristiana, de Jesús, el gran reformador etc]
27. sálvate á] sálvate y: á tacha y
28. Jesús, >evi< líbranos
31. mueve, >y< y


PAOLO TANGANELLI

TACHADURAS ILEGIBLES

28. líbranos del >[?]< dolor

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

5. cierto] er sobre [?]


31. terror] e probablemente sobre [?]
38. problema el] e de el probablemente sobre [?]

[BORRADOR B]

A. VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

En el margen izquierdo, al lado del título se lee: >Nicodem<


4. tras[El placer enajena, el dolor ensimisma, y enajena en Dios, que en
nuestro interior habita.]
5. con >Dios< el hijo
sup
7. [justo]
20. otro >y la injust< es bueno
sup
35. [todo.]
40. por la >just< la muerte
44. en D por Cr. / >Le quitaron la vida, la culpable<

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

11. Bienaventurados] la primera e probablemente sobre [?]


12. pobreza, de] d de de probablemente sobre [?]


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

ENMENDACIONES EDITORIALES

13. vanità] vanita


40. la muerte] la la muerte

[BORRADOR C]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

9. tras[Busquemos nuestra nada natural principio de nuestro Ser sobre-


natural]
sup
11. [Correccionalismo.]
15. Rom. VIII 31-39.] el 3 de 39 tacha un 9
20. la >que< creencia
28-31. Estos fragmentos están escritos al revés al pie de la cuartilla
sup
33. [La justicia humana qe es Isaías 64-6]

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

15. juzga Cr.] Cr sobre [?]

ENMENDACIONES EDITORIALES

7. vanità] vanita
33. que] qe


PAOLO TANGANELLI

[BORRADOR D]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

sup tras
8. [además] | salvac [(a)]
inf
13. [Acuérdate de mí]
17-19. tras[En el seno del dolor nos encontramos. Muero porque no
muero. En los placeres temporales del mundo, de los pecadores, fondo de
tristeza (Denifle 23) en el justo, una eterna alegría sustenta á los dolores
temporales.]
sup
21. [con] la pasión

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

15. La fe y] y sobre [?]

[BORRADOR E]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

13. Rom >X< VIII

ENMENDACIONES EDITORIALES

3. Dostoyesqui] Dostoyusqui


San Pablo en el Areópago
La conversión de San Dionisio
[Borradores]

[BORRADOR A]
VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

1. de la >convers< dispersión
2. del[a] gentilidad | *monumentos >obras<
3. idolatría. >»< 17.
5. es >la< idolatría?

[BORRADOR B]
VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

6. vivimos] la primera v sobre m | en El] en el: E sobre e


sup
8. de [S] Dionisio | del >pe< grosero
12. Hombre] hombre: H sobre h
14. el >pneum< pneumático
19. II. 8>.<-11


El reinado social de Jesucristo
[Borradores]

[BORRADOR A]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

sup
1. Jesús [á] orillas | gran >mult< muchedumbre | y >aún sob<
saciándolos
4. *monte >mundo<,
6. sup[>Juan< Luc. XXIII 3] | no es de >este mundo»< aquí» Juan
>VI< XVIII inf[36. v 37]
sup
9. [Mat XXII 21 Marc XII 17]
sup
12. matarle >y un< [Juan 48 XI]
tras
13. [No tenían más Rey qe Cesar, Juan, [?] 15]
16. el punto tacha una coma
17. >ca< Cada
tras
22. [V 77]
23. después de aplicar á las aparece la nota editorial (Vuelta) para indicar
que el texto prosigue en la vuelta de la cuartilla
24. [(e)]


PAOLO TANGANELLI

sup
25. [(h)]
sup
27. [(d)]
tras
29. >Horr< Del | [Marc VII 15]
30. [El culto al honor, la relig del honor El honor es la soberbia. (g)]
sup
| [(l)]
sup
31. [(c)]
33. sup[Mat XXVI 52] | [(o)] / >La patria celestial y la terrena. El que
no aborrezca<
sup
35. [(b)] El reinado >de< de Jesús | el punto tacha probablemente una
coma
tras
44. [Marc XI 25-27]
47. tras[Remota iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia. Aug.
Civ. Dei IV 4]
tras
52. [Supremas categorías del moralismo farisaico.]
53. derecho. / >La patria cristiana, celestial. To<
55. después de Juan III 18 aparece la nota editorial (Vuelta) para indicar
que el texto prosigue en la vuelta de la cuartilla
56. tras[Como se logra paz? «Ponte primero á ti en paz y después podrás
apaciguar á los otros» Imitac II III 1. La guerra interior]
58. >Pat< Amor
tras
60. [Apoc III 12, XXI 2 Gal IV 26 Harnack III 138]
62-65. tras[La religión no algo aparte, sino fundido, no mezclado en la
vida. 63No hay un estado especificamente cristiano. Cristiano en el matri-
monio, la familia, el Estado, la profesión. Que la vida sea oración. No oir
una misa y luego á lo profano. Lo religioso es un modo de hacer todo y de
ser todo. Todo es culto, se adora obrando y trabajando. Todo el que cum-
ple su vocación es martir. v Harnack III 107-108]
tras
66. [Reino sin historia]
68. Qué] fué: Q sobre f


Meditaciones Evangélicas. APARATO CRÍTICO

69. [(k)]
70. en >un< uno.
102. guerra >pe< como
103. [(m)]
105. del que teme] q sobre t
111. como >e<la semilla

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

59. etc] sobre [?]


112. el Espíritu] e de el sobre [?]

ENMENDACIONES EDITORIALES

13. que] qe
27. demanda] demandan
50. moderna] moderno

[BORRADOR B]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

tras
3. [Quisieron hacerle rey cuando había multiplicado los panes]
4. v. >Cua< cuadernillo | V, 62.] 6 tacha 8
10. tras[Dios manda lo imposible, y da gracia. Es más dificil que entre
un rico etc, es decir es imposible, pero sigue diciendo...]


PAOLO TANGANELLI

24. Ep II] E tacha II |III 18 / >Qué tu corazón te reprende por dejar


abandonada la patria, el deber etc? V. II Juan III 19 El Dios de los ejérci-
tos, que<
35. inf[36. v. 37]
36. I. [?] 3.
38. Antiguo] A probablemente sobre a

[BORRADOR C]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

tras
Al lado del título, en el margen derecho, aparece el subtítulo: [Ciencia
social.]
2. y >socialis< cristianismo.


Sermón sobre la sencillez

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

8. Al >San Francillo que< sencillo


sup
9. nuevo >p< bajo el sol | [que reza]
sup
10. [El ignorante] Se somete | espíritu >du< reconfortante
16. sencillo. >«todo el pueblo católico Le aquellos senci dichosos tiem-
pos, etc< la Santa Lágrima

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

19. adentro] a sobre [?]

ENMENDACIONES EDITORIALES

8. obedecía] obedecían
10. se somete] Se somete
16. La Santa] la Santa


[Plan del Tratado del Amor de Dios]

VARIANTES DEL AUTOR

VARIANTES PRINCIPALES

5. La personalización del Todo] T sobre t | es decir] es dejar: ci sobre ja


7. Al final del párrafo, después de “Verdad”, hay una raya que conecta esta
palabra con el título del capítulo IX: “La verdad en Dios”
8. La congoja.] c sobre g | Después de hay una raya que conecta
esta palabra con el título del capítulo XI: “La Belleza en Dios”
9. Al final del párrafo, después de Etica, hay una raya que conecta esta pala-
bra con el título del capítulo X: “La Bondad en Dios”
15. lapiz.] la sobre pa
16-17. Probablemente Unamuno indica la posibilidad de intercambiar los
capítulos XV y XVI
17. queda el] queda la: el tacha la | Vorstellung.] V sobre W

CORRECCIONES DE GRAFEMAS SOBRE SIGNOS ILEGIBLES

10. IX] I sobre [?]


NOTAS
Nicodemo el fariseo

6-7. Cfr. EMS, 112. “...hay dos goznes de la historia humana: lo eco-
nómico y lo religioso.”, Carta a J. Arzadun del-X-1897, EpA, p. 42.
13-14. “¡No! El remedio es considerarlo cara a cara, fija la mirada en
la mirada de la Esfinge, que es así como se deshace el maleficio de su aoja-
miento. / Si del todo morimos todos, ¿para qué todo? ¿Para qué? Es el ¿para
qué? de la Esfinge, es el ¿para qué? que nos corroe el meollo del alma, es
el padre de la congoja, la que nos da el amor de esperanza.”, STV, III, pp.
56-57. Cfr. también STV, III, p. 63 y STV, VIII, p. 177.
15-16. “El positivismo nos trajo una época de racionalismo, es decir,
de materialismo, mecanicismo o mortalismo; y he aquí que el vitalismo, el
espiritualismo vuelve. ¿Qué han sido los esfuerzos del pragmatismo sino
esfuerzos por restaurar la fe en la finalidad humana del Universo? ¿Qué son
los esfuerzos de un Bergson, verbigracia, sobre todo en su obra sobre la evo-
lución creadora, sino forcejeos por restaurar al Dios personal y la concien-
cia eterna? Y es que la vida no se rinde.”, STV, VII, p. 144. “Y esta per-
sonalización del todo, del Universo, a que nos lleva el amor, la compasión,
es la de una persona que abarca y encierra en sí a las demás personas que
la componen. / Es el único modo de dar al Universo finalidad, dándole con-
ciencia. Porque donde no hay conciencia no hay tampoco finalidad que
supone un propósito.”, STV, VII, p. 151.
18-19. “«P.– ¿Qué cosa es fe? / R.– Creer lo que no vimos.» / ¿Creer
lo que no vimos? ¡Creer lo que no vimos, no!, sino crear lo que no vemos.”,
“La fe”, OCE, I, p. 962 (1900). “¿Y qué cosa es fe? / Así pregunta el


PAOLO TANGANELLI

catecismo de la doctrina cristiana que se nos enseñó en la escuela, y con-


testa así: «creer lo que no vimos.» / A lo que hace ya una docena de años
correjí en un ensayo diciendo: «¡Creer lo que no vimos, no!, sino crear lo
que no vemos.»”, STV, IX, p. 179. “La fe es, pues, si no potencia creativa,
flor de la voluntad y su oficio crear. La fe crea, en cierto modo, su objeto.
Y la fe en Dios consiste en crear a Dios, y como es Dios el que nos da la
fe en Él, es Dios el que se está creando a sí mismo de continuo en noso-
tros.”, STV, IX, p. 184.
21. “El intelectualismo es quien nos ha traído eso de que la fe sea creer
lo que no vimos, prestar adhesión del intelecto a un principio abstracto y
lógico, y no confianza y abandono a la vida, a la vida que irradia de los
espíritus, de las personas, y no de las ideas, a tu propia vida.”, “La fe”, OCE,
I, p. 963.
22. “No vuelvas demasiado tus ojos al pasado. Acuérdate de la mujer
de Lot. Mira hacia delante, al porvenir, único reino de la salud...”, “La
Esfinge”, OCE, V, p. 206.
24. Sobre el ideal de la sociedad cenobio, véase D, p. 84. En Nuevo
Mundo se evoca una suerte de apocatástasis: “¡Día santo aquel en que rotas
y deshechas las duras capas de las almas se viertan los contenidos de éstas
en solemne cataclismo, yendo a fundirse en uno en un mar vivo de donde
resurgirán potentes los núcleos eternos! ¡Santa confusión de almas! Enton-
ces la revolución divina, la llegada del espíritu santo, el principio de la
sociedad verdadera, el grito solemne del organismo colectivo, de la Huma-
nidad, al reconocerse.”, NM, p. 134 (fragmentos 454-456).
25. “La necesidad de abrigarse el alma de las inclemencias del ámbito
social nos ha echado sobre ella una vestidura que llega a coraza y el llevar-
la a cuestas siempre nos ha producido el absurdo pudor de la desnudez del
alma.”, NM, p. 132 (fragmento 441).
27. “Tu locura quijotesca te ha llevado más de una vez a hablarme del
quijotismo como de una nueva religión. Y a eso he de decirte que esa nue-
va religión que propones y de que me hablas, si llegara a cuajar, tendría dos
singulares preeminencias. La una, que su fundador, su profeta, Don Quijo-
te – no Cervantes, por supuesto –, no estamos seguros de que fuese hom-
bre real, de carne y hueso, sino que más bien sospechamos que fue una pura


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

ficción. Y su otra preeminencia sería la de que ese profeta era un profeta


ridículo, que fue la befa y el escarnio de las gentes. Es el valor que más fal-
ta nos hace: el de afrontar el ridículo.”, VQS, p. 143.
28. Cfr. “De la enseñanza superior en España”, OCE, I, pp. 731-772
(escrito entre agosto y octubre de 1899).
32. “Fácil es que caigan sus ideas como pedrusco en un charco en este
inmenso pantano de trivialidad misoneísta en que vegeta la juventud espa-
ñola, anémica del alma por paludismo intelectual.”, NM, pp. 46 y 48 (frag-
mento 9).
34. “Y se le ocurre tomarlo á juego y se dice sup[con Renán] que este
universo es un espectáculo que Dios se da á sí mismo y que debemos ser-
vir las intenciones del gran corega >h< contribuyendo á hacer el espectá-
culo lo más brillante y lo más variado posible. Y han hecho del arte una
religión y un remedio para el mal metafísico, y han inventado la monserga
del arte por el arte.”, T, p. 52. “Y ya se le ocurre tomarlo a juego, y se
dice, con Renán, que este universo es un espectáculo que Dios se da a sí
mismo, y que debemos servir las intenciones del gran Corega, contribu-
yendo a hacer el espectáculo lo más brillante y lo más variado posible. Y
han hecho del arte una religión y un remedio para el mal metafísico, y han
inventado la monserga del arte por el arte.”, STV, III, pp. 63-64. Cfr. EMS,
99.
36. Tal vez se pueda divisar en este fragmento un vago eco nietzsch-
eano: “Un pueblo es el rodeo que da la naturaleza para llegar a seis, a sie-
te grandes hombres. – Sí: y para eludirlos luego.”, F. Nietzsche, Más allá
del bien y del mal, Madrid, Alianza / Club Internacional del Libro, 1984, p.
102 (“Sentencias e interludios”, 126).
37. Cfr. EMS, 19-20. La equiparación entre intelectual y fariseo se
encuentra también en M. de Unamuno, “Mateo, XXIII, 5 – Juan, XI, 47
y 48 – Nicodemo”, Juventud, Madrid, 27-III-1902: “Era un distinguido, un
entendido en la ley y en los profetas, un maestro de Israel: lo que llamaría-
mos hoy un intelectual...”. Estas palabras se leen en la sección titulada
“Nicodemo”.
38-39. “Sea lo que fuere de la verdad del discurso de Pablo en el Areó-
pago, y aun cuando no lo hubiere habido, es lo cierto que en este relato


PAOLO TANGANELLI

admirable se ve hasta dónde llega la tolerancia ética y dónde acaba la


paciencia de los intelectuales. Os oyen todos en calma, y sonrientes, y a las
veces os animan diciéndoos: «¡Es curioso!», o bien: «¡Tiene ingenio!», o:
«¡Es sugestivo!», o: «¡Qué hermosura!», o: «¡Lástima que no sea verdad
tanta belleza!», o: «¡Eso hace pensar!»; pero así que les habláis de resu-
rrección y de vida allende la muerte, se les acaba la paciencia y os atajan la
palabra, diciéndoos: «¡Dejadlo! ¡Otro día hablarás de esto!», y es de esto,
mis pobres atenienses, mis intolerables intelectuales, es de esto de lo que
voy a hablaros aquí.”, STV, III, p. 62.
42. “¡Cuánto podría decirte acerca de la terrible auto-consunción del
intelectualismo! Hay una enfermedad tremenda del estómago y es aquella
en que, perdido o desnaturalizado el epitelio estomacal, se digiere el estó-
mago a sí mismo y se destruye.”, Carta a Arzadun del 30-X-1897, EpA, p.
41. “Lo terrible en las úlceras del estómago es que empieza éste a digerirse
a sí mismo destruyéndose. Así en la úlcera del intelectualismo la concien-
cia se devora a sí propia en puro análisis.”, Carta a Jiménez Ilundain del 3-
I-1898, EpA, p. 45. “El triunfo supremo de la razón [...] es poner en duda
su propia validez. Cuando hay una úlcera en el estómago, acaba éste por
digerirse a sí mismo. Y la razón acaba por destruir la validez inmediata y
absoluta del concepto de verdad y del concepto de necesidad.”, STV, V,
p. 110.
47. cfr. JyS, 13 y T, pp. 4-5. “Y hoy me encuentro en gran parte des-
orientado, pero cristiano y pidiendo a Dios fuerza y luz para sentir que el
consuelo es verdad.”, Carta a Jiménez Ilundain del 3-I-1898, EpA, p. 45.
“Ni el sentimiento logra hacer del consuelo verdad, ni la razón logra hacer
de la verdad consuelo; pero esta segunda, la razón, procediendo sobre la ver-
dad misma, sobre el concepto mismo de la realidad, logra hundirse en un
profundo escepticismo. Y en este abismo encuéntrase el escepticismo racio-
nal con la desesperación sentimental, y de este encuentro es de donde sale
una base - ¡terrible base!- de consuelo.”, STV, V, p. 111. Nicodemo es defi-
nido “discípulo vergonzante” también en la sección titulada “Nicodemo”de
M. de Unamuno, “Mateo, XXIII, 5 – Juan, XI, 47 y 48 – Nicodemo”,
Juventud, Madrid, 27-III-1902.
54. “...siempre han tendido a sermón mis artículos más íntimos.”, Car-
ta a Arzadun del 30-X-1897, EpA, p. 43.


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

59. “La santa desnudez del alma producirá además el arte clásico espi-
ritual. Llegaron los helenos a la belleza plástica corpórea apacentando sus
miradas libres en el cuerpo desnudo y nosotros, mientras no desnudemos
las almas, no comprenderemos sus bellezas.”, NM, p. 142 (fragmentos 518-
519).
67. La metáfora del despertar del hombre íntimo se encuentra también
en un cuento titulado El sermón de Frasquín, que Unamuno, al parecer, deci-
dió no divulgar y que se ha publicado recientemente en una trascripción no
del todo fiable (Obras completas, ed. de Ricardo Senabre, Madrid, Fundación
José Antonio Castro/Turner, 1995, II, pp. 735-740). Por eso citaré directa-
mente el manuscrito (col. CMU, 63/22, pp. 9-10): “Mi yo verdadero, el
hondo, el vulgar, el yo como todos los yos humanos... ese está muerto... á
ese le matasteis... no! no está muerto! está dormido como un lirón, le habeis
dado opio, está amodorrado, imbecil... [...] Me marcho á despertar mi yo...
¿Cómo le despertaré? A latigazo limpio! Latigazo limpio y luego á bañar-
me de vulgaridad, en cursilería, á confundirme entre la masa anónima, á
que con su roce se me gaste el monigote...”
82-83. En Del sentimiento trágico Unamuno rechaza rotundamente el
espejismo de ‘hacerse otro’: “Todo lo que en mí conspire a romper la uni-
dad y la continuidad de mi vida, conspira a destruirme y, por lo tanto, a
destruirse. Todo individuo que en un pueblo conspira a romper la unidad
y la continuidad espirituales de ese pueblo, tiende a destruirlo y a destruirse
como parte de ese pueblo. ¿Que tal otro pueblo es mejor? Perfectamente,
aunque no entendamos bien qué es eso de mejor o peor. ¿Que es más rico?
Concedido. ¿Que es más culto? Concedido también. ¿Que vive más feliz?
Esto ya..., pero, en fin, ¡pase! ¿Que vence, eso que llaman vencer, mientras
nosotros somos vencidos? Enhorabuena. Todo esto está bien; pero es otro.
Y basta. Porque para mí, el hacerme otro, rompiendo la unidad y la conti-
nuidad de mi vida, es dejar de ser el que soy; es decir, es sencillamente
dejar de ser. Y esto no; ¡todo antes que esto!”, STV, I, pp. 28-29.
91-92. Se asiste aquí a una resemantización religiosa de la metáfora de
la intra-historia de En torno al casticismo.
118-120. Sobre el precepto de “ser bueno” en la producción unamu-
niana de este período me permito remitir a P. Tanganelli, Unamuno fin de
siglo. La escritura de la crisis, Pisa, ETS, 2003, pp. 126-127.


PAOLO TANGANELLI

131-139. El dualismo sujeto exterior o histórico vs sujeto interior o


intra-histórico es frecuente en Unamuno. Tal vez la fuente sea NM, pp.
126, 128 y 130 (fragmentos 410-424). Sin duda relacionados con esta par-
te de la meditación son los pasajes de estos dos artículos: “Magnánimo es,
sin duda, el empeño de vivir en la historia, de legar un nombre que se
extienda por la serie de los tiempos venideros, pero es mucho más magná-
nimo tender a vivir en la eternidad, a salirse del tiempo, despreciando
la sobrevivencia temporal del nombre. Y si alguien dijese que es tender a lo
imposible, recuerde el tal que fue lo imposible (humanamente hablando)
lo que se nos puso por última mira de nuestros esfuerzos al decirnos: Sed
perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. [...] A más de uno le ocu-
rre arrepentirse de alguna de sus pasadas sinceridades, y nunca es de veras
sincero aquello de que uno haya de arrepentirse más tarde. Fue tal vez sin-
cero en cierto restringido sentido mientras lo pensó o sintió y escribió o
dijo, pero fue una sinceridad temporal y por lo tanto falsa. / [...] Diferén-
ciase el recuerdo [sic] del loco en que aquél no dice ni hace las locuras que
lo mismo que a éste se le ocurren, por ser dueño de sí y no haber perdido
el freno. / Podemos decir que hay en el hombre dos crecimientos espiri-
tuales; el uno de dentro a fuera y el otro de fuera a dentro. El hombre más
interior se desenvuelve desde su núcleo, y sobre el que van formando un
sedimento todas las adquisiciones que orgánicamente pasan por él. Es lo
asimilado. / Llevamos además otro sujeto, el exterior, formado por capas de
acarreo que el mundo deposita en nosotros. Y éste suele desnaturalizar a
aquél. / La verdadera, la honda sinceridad, sólo la hallamos refugiándonos
en nuestro hombre interior y tratando de ponernos allí de acuerdo con noso-
tros mismos, que no es pequeña tarea. La sinceridad es el premio de una
larga labor, no explosión de cualquier tumor pasajero.”, M. de Unamuno,
“Sobre el modernismo”, Ecos literarios – religiosos, históricos, artísticos, II, 36,
Bilbao, 29 septiembre 1898 (aparece en la primera página). “Recuerda que
me has confesado haberte arrepentido de algunas de tus pasadas sincerida-
des, y ten en cuenta que nunca eres de veras sincero en aquello de que hayas
de arrepentirte a solas más tarde. Lo fuiste tal vez en cierto modo, más apa-
rente que real, al escribir el artículo que motiva esta carta; lo fuiste acaso
mientras lo pensaste y escribiste, pero fue una sinceridad temporal, y por
lo tanto, -no rechaces la paradoja- insincera. [...] Diferénciase el cuerdo del
loco en que aquél no dice ni hace las locuras que como a éste se le ocurren,


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

porque es dueño de sí, sin haber perdido eso que a falta de conocerlo bien,
llamamos poder de inhibición. Y en un escritor la cordura se llama respe-
to al público./ Llevamos todos dos hombres en nosotros. El uno, interior,
se desarrolla por íntimo desenvolvimiento, estando formado de un fondo
hereditario y congénito en su mayor parte, y sobre el cual forman sedi-
mento vivo todas aquellas adquisiciones que a su natural se adaptan. Crece
de dentro a fuera y es lo verdaderamente orgánico en nosotros. / Llevamos
además otro sujeto, exterior, que se desarrolla por accesión de capas de aca-
rreo que el mundo deposita sobre el primero, y así se forma de costra
adventicia en su mayor parte. Es lo inorgánico de nuestro espíritu. Y pue-
de muy bien ocurrir, y de hecho ocurre, que nuestro sujeto externo, cuyo
destino debiera ser alimentar y proteger al otro, lo desnaturalice y ahogue,
convirtiéndosele en verdadero quiste. / Con nuestro sujeto exterior comu-
nicamos con lo exterior del mundo que nos rodea, como dos sustancias que
por sus películas se ponen en mutuo contacto. Mas, a través de ellas cabe
una verdadera ósmosis y exósmosis, y una comunión de lo íntimo de nues-
tro espíritu con lo íntimo de la sociedad que nos rodea, que es su matriz:
Te digo todo esto en metáfora, para ahorrarme largas explicaciones. / La ver-
dadera y honda sinceridad, la sincera, no la hallarás sino refugiándote en tu
núcleo, en tu sujeto interior, y tratando de ponerte allí al unísono con lo
íntimo y nuclear del mundo y de la sociedad que te rodean, para lo cual
tienes antes que ponerte de acuerdo contigo mismo. La sinceridad es el fruto
de larga labor, no la explosión de cualquier tumor pasajero.”, M. de Una-
muno, “Sinceridad sincera”, Artículos en “Las Noticias” de Barcelona (1899-
1902), ed. de Adolfo Sotelo Vázquez, Barcelona, Lumen, 1993, pp. 136-
137 (1ª ed., 28-IV-1899).
146. Dos veces Eugenio Rodero se refiere a sus contemporáneos lla-
mándolos esclavos: “No saben nada – me decía – nada, nada; las eternas
declamaciones, la revuelta huera, el motín bullanguero y por dentro escla-
vos.”, NM, p. 108 (fragmento 281). “Conoces mis infortunios, mis desgra-
cias, las luchas entre mi mundo y ése de tinieblas de que hablan ellos, los
esclavos. Sus leyes, sus preceptos, sus dogmas, sus mandamientos, su
moral... sus... sus... lo suyo ¡qué muerte!”, NM, p. 112 (fragmentos 316-
317).


PAOLO TANGANELLI

150-153. Cfr. EMS, 94. “Lo que ante todo ansío es libertad, libertad,
verdadera libertad. Libertad, que es ser dueño y no esclavo de sí mismo.
Libertad, que consiste en ser como sea y no como los demás quieran hacerme.
Porque la perdición de todo el que se muestra al público es que en torno
a su sujeto íntimo, el que se desarrolla desde dentro a fuera a partir del
eterno núcleo, nos forma el mundo otro sujeto depositándonos capas de aca-
rreo, un sujeto constituido de fuera a dentro por un caparazón que acaba
por enquistar el íntimo. ¡Qué admirablemente describió San Pablo la lucha
de estos dos sujetos, de estos dos hombres que llevamos todos!”, Carta a
Jiménez Ilundain del 3-I-1898, EpA, p. 46. “Si supiera usted cuánto he
suspirado siempre por esto, por la verdadera libertad, la de ser cada cual
según sea y no según los demás quieran hacerle; la de desarrollar su hom-
bre interior, el que se desenvuelve de dentro a fuera sin dejarse ahogar por
el otro, por el que forman sobre nuestro núcleo espiritual las capas de aca-
rreo que el mundo nos va depositando.”, CCU, p. 47. Ángel, el protago-
nista de La Esfinge, le dice a la muchedumbre que se ha adunado debajo de
la casa de Felipe, un momento antes de que un disparo le abata: “Sí, ¡viva la
libertad! [...] ¡Viva la libertad!, que es la vida. Os lo digo también yo...,
la santa libertad..., el alma del mundo..., el espíritu de la idea...”, OCE, V,
p. 214. En el Diario íntimo se lee: “¡Libertad, libertad! Quiero ser libre. Se
me dirá que salgo de una esclavitud para caer en otra, en la humillación a
un dogma estrecho, como me dice S. en la carta... ¡Libertad, libertad en
Cristo!”, D, p. 104. En La crisis del patriotismo esta reivindicación se aplica,
finalmente, incluso a la historia de las naciones: “Libertad, libertad ante
todo, verdadera libertad. Que cada cual se desarrolle como él es y todos nos
entenderemos. La unión fecunda es la unión espontánea, la del libre agru-
pamiento de los pueblos.”, OCE, I, p. 982.
177-178. “Faltos los hombres de la visión desinteresada del mundo,
ignorantes de la corriente viva entre honduras y honduras, forjan una
estructura para llenar su sed de ideal y fingen los dogmas que les intere-
sa.”, NM, p. 128 (fragmento 428).
179. “Se nos abre a la conquista un mundo nuevo, de inexploradas sel-
vas vírgenes, en que habita la veracidad indiscreta, hay que quemar las car-
comidas naves que nos han traído del viejo porque lo eterno de él somos
nosotros.”, NM, p. 144 (fragmento 528).


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

182. “Por debajo de la fe recibida, del creer lo que no había visto,


corría en él cual manantial vivo una fe pura, pura de materia que la atara,
una fe sin dogma, fe en la fe misma, que le llevaba a burilar en su mente
los objetos todos y a desear desentrañarlos con ojo seguro y limpio.”, NM,
p. 58 (fragmento 47). “Pero la fe, que es al fin y al cabo algo compuesto
en que entra un elemento conocido, lógico o racional juntamente con uno
afectivo, biótico o sentimental, y en rigor irracional, se nos presenta en
forma de conocimiento. Y de aquí la insuperable dificultad de separarla
de un dogma cualquiera. La fe pura, libre de dogmas, de que tanto escribí en
un tiempo, es un fantasma. Ni con inventar aquello de la fe en la fe mis-
ma se salía del paso. La fe necesita una materia en que ejercerse.”, STV, IX,
p. 180.
194. Cfr. JyS, 64.
205. Cfr. EMS, 82.
207-208. Cfr. EMS, 100.
209. “Y han hecho del arte una religión y un remedio para el mal
metafísico, y han inventado la monserga del arte por el arte.”, STV, III, p.
64.
212. “Tengo que humillarme aún más, rezar y rezar sin descanso, has-
ta arrancar de nuevo a Dios mi fe o abotargarme y perder conciencia. O
imbécil o creyente, no quiero que sea mi mente mi tormento y que enve-
nene mi vida la certeza de su fin y la obsesión de la nada.”, D, p. 126.
216. “¿Son dolores de parto espiritual? Ha venido mi hora; la emoción
de la muerte, aquellas noches de angustia, me han revelado el fruto que lle-
vaba en las entrañas de mi espíritu. Dame, Jesús mío, que te vea nacer en
mí, y me olvidaré de tanta angustia.”, D, p. 109.
219. “Hay muchos que dicen que quieren creer, que quisieran creer...
Sí? quieres creer? Pues imita desde luego esa vida y llegarás a creer. Con-
dúcete como si creyeras y acabarás creyendo.”, D, pp. 133-134.
225. “Era muy bueno y muy sencillo, no porque creyera sino que creía
por ser bueno...”, NM, p. 54 (fragmento 36). “En un tiempo escribí yo que
si se observa fe en los buenos no es que sean buenos porque creen, sino
que creen porque son buenos”, D, p. 132. “Y aún digo más, y es: que si se


PAOLO TANGANELLI

da en un hombre la fe en Dios unida a una vida de pureza y elevación


moral, no es tanto que el creer en Dios le haga bueno, cuanto que el ser
bueno, gracias a Dios, le hace creer en Él. La bondad es la mejor fuente de
clarividencia espiritual.”, STV, II, p. 43.
233-235. “Hay que renacer. En tantos años no he >pensado< sentido
realmente, en [sic] ser bueno, no he hecho más que pensarlo. […] Sólo Dios
es bueno. Pero Cristo nos dice también que seamos perfectos como nuestro
Padre celestial. Querer ser bueno, y quererlo constante y ardientemente,
esforzarnos por serlo; he aquí nuestra obra.”, D, p. 60. “¡Ser bueno! ¡Qué
inmenso campo de meditación aquí! ¡Ser bueno! Ser bueno es hacerse divi-
no, porque sólo Dios es bueno.”, D, p. 93. “...un hombre que no hace nada
de malo es Dios, porque sólo Dios es bueno, sólo Dios no tiene mezcla de
nada.”, D, p. 56.
241. “Gritos de las entrañas del corazón ha arrancado á los poetas de
los tiempos todos sup[The Task. I. 284 sigs Wordsworth. Ode, pag. 313]
esta tremenda vista del fluir de las olas de la vida, desde el okiaj onar,
sueño de una sombra, de Píndaro, al «la vida es sueño» de Calderón y el
«estamos hechos de la madera de los sueños» de Shakespeare. Y ved cuan
más terrible es la sentencia del inglés que no la del castellano, pues mien-
tras éste solo declara sueño á nuestra vida, mas no á nosotros que la soña-
mos, aquel nos hace sueño, sueño también, sueño que sueña.”, AJH, p. 2v.
“Gritos de las entrañas del alma ha arrancado á los poetas de los tiempos
todos esta tremenda visión del fluir de las olas de la vida, desde el sueño
de una sombra de Píndaro hasta «la vida es sueño» de Calderón y el «esta-
mos hechos de la madera de los sueños» de Shakespeare, sentencia esta últi-
ma aun más trágica que la del castellano, pues mientras en aquello sólo se
declara sueño á nuestra vida, mas no á nosotros los soñadores, el inglés nos
hace también á nosotros sueño, sueño que sueña.”, T, p. 39. “Gritos de las
entrañas del alma ha arrancado a los poetas de los tiempos todos esta tre-
menda visión del fluir de las olas de la vida, desde el «sueño de una som-
bra» okiaj onar, de Píndaro, hasta el «la vida es sueño», de Calderón, y
el «estamos hechos de la madera de los sueños», de Shakespeare, sentencia
esta última aún más trágica que la del castellano, pues mientras en aquélla
sólo se declara sueño a nuestra vida, mas no a nosotros, los soñadores de


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

ella, el inglés nos hace también a nosotros sueño, sueño que sueña.”, STV,
III, p. 53.
265. “Quería racionalizar su fe, el rationale obsequium, dibujar con línea
pura y cándida el dogma preciso y limpio, comprender al mundo por la creen-
cia. El amor naciente era fuerza intelectual en él. / El aroma todo de la flor
de sus creencias infantiles iba derritiéndose en savia colorante; sumióse en
la lectura de los más intrincados y abstrusos apologistas y empezó a buce-
ar en la dogmática y la simbólica buscando el fondo de los insondables mis-
terios. Y en la edad en que suele despertar en el alma humana la humani-
dad eterna suspiraba por abarcar bajo su mirada el universo entero.”, NM,
p. 56 (fragmentos 41-45).
267. “Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y
todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por
Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional: que
la razón construye sobre las irracionalidades. Hegel, gran definidor, preten-
dió reconstruir el universo con definiciones, como aquel sargento de Arti-
llería decía que se construyen los cañones tomando un agujero y recubrién-
dolo de hierro.”, STV, I, p. 24.
273-275. “Ahora le defiende en reunión de fariseos pidiendo que no se
le condene sin oírle y entender lo que ha hecho.”, M. de Unamuno, “Mateo,
XXIII, 5 – Juan, XI, 47 y 48 – Nicodemo”, Juventud, Madrid, 27-III-1902.
Estas palabras se leen en la sección titulada “Nicodemo”.
294-295. “«Entonces los Pontífices y los Fariseos juntaron Concilio, y
decían: ¿Qué hacemos?; porque este hombre hace muchas señales. Si le
dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos y quitarán nues-
tro lugar y la nación.» / [...] Y sobre todo, era Jesús un mal patriota.”, M.
de Unamuno, “Mateo, XXIII, 5 – Juan, XI, 47 y 48 – Nicodemo”, Juven-
tud, Madrid, 27-III-1902. Estas palabras se leen en la sección titulada
“Juan, XI, 47 y 48”.
295. Cfr. RSJ, Borrador A, 11; RSJ, Borrador B, 16.
329-332. “Lleva un compuesto de mirra y aloes, como cien libras, y
con José de Arimatea, también discípulo secreto, toman el cuerpo de Jesús,
y lo envuelven en lienzos con especias, como era costumbre de los judíos
sepultar, y le entierran en un sepulcro nuevo, «en el cual aún no había sido


PAOLO TANGANELLI

puesto alguno».”, M. de Unamuno, “Mateo, XXIII, 5 – Juan, XI, 47 y 48


– Nicodemo”, Juventud, Madrid, 27-III-1902. Estas palabras se leen en la
sección titulada “Nicodemo”.


El mal del siglo

1. “Cada día se siente más la fatiga del racionalismo agnóstico.”, Car-


ta a Arzadun del 30-X-1897, Epa, p. 43. “El estado que usted me revela y
el estado en que me hallo veo que es casi general hoy en la juventud que
además de pensar siente. Es la fatiga del racionalismo agnóstico...”, Carta a
Jiménez Ilundain del 3-I-1898, EpA, p. 44.
4. “Nada hay más universal que lo individual, pues lo que es de cada
uno lo es de todos.”, STV, III, p. 59. Las mismas palabras aparecen en AJH,
p. 4v y en T, p. 46.
7. Unamuno niega la posibilidad de una “reacción espiritualista” en el
artículo “La dignidad humana”, OCE, I, pp. 974-975 (1ª ed., enero de 1896).
12. La idea de que todas las disputas políticas tienen un fundamento
religioso Unamuno la recoge sobre todo de Donoso Cortés: cfr. P. Cerezo
Galán, Las máscaras de lo trágico - Filosofía y tragedia en Miguel de Unamuno,
Madrid, Trotta, 1996, p. 121. En los últimos años del XIX el maestro vas-
co reafirma a menudo la idea de la religiosidad de la intra-historia. En En
torno al casticismo (1895) se lee: “En sociedades tales el más íntimo lazo
social es la religión, y con ella una moral externa de lex, de mandato, que
engendra casuismo y métodos para ganar el cielo. De todos los países católi-
cos, acaso haya sido el más católico nuestra España castiza.”, M. de Una-
muno, En torno al casticismo, ed. de L. González Egido, Madrid, Espasa-Cal-
pe, 1991, p. 115. En RSJ (Borrador A, 78) es aún más preciso: “La historia
es humana, lo religioso es intra-histórico.” Sobre este tema véase también
D, p. 21.


PAOLO TANGANELLI

13. “Aquí se cree aún en jesuitas y masones, en brujas y trasgos, en


amuletos y fórmulas, en azares y exorcismos, en la hidra revolucionaria o
en la ola negra de la reacción...”, “La ideocracia (1)”, OCE, I, p. 960 (1ª ed.,
1900). En la etapa de entresiglos se encuentran únicamente referencias ais-
ladas a la teoría de los ricorsi de Vico, como en un artículo de 1896 donde
leemos: “Con frecuencia se saca a relucir a este propósito la famosa teoría
de los ricorsi o reflujos de Vico, los altos y bajos en el ritmo del progreso,
los períodos de descenso tras los de ascenso, los de decadencia tras los de
florecimiento.”, “Civilización y cultura”, OCE, I, p. 994. En otro artículo
de 1911 Unamuno confiesa haber tenido hasta entonces una idea equivoca-
da de Vico, idea afortunadamente corregida a raíz de la lectura de La filo-
sofia di Giambattista Vico de Benedetto Croce: “Y si apenas tenía noticia de
Sanctis [sic] antes de haber leído a Croce, de Vico, con haberlo tantas y tan-
tas veces citado, apenas tenía mejor idea, si no lo que es peor, una idea fal-
sa, hasta haber leído la obra que Croce le dedica: La filosofia di Giambattis-
ta Vico.”, “El pedestal de J. B. Vico”, De patriotismo espiritual – Artículos en
‘La Nación’ de Buenos Aires 1901-1914, ed. de Victor Ouimette, Salaman-
ca, Universidad de Salamanca, 1997, p. 241.
16. “¿Cómo es que los espíritus más lógicos, Stuart Mill, Claudio Ber-
nard, Littré, acabaron en la fe de su infancia?”, Carta a Jiménez Ilundain
del 3-I-1898, EpA, p. 46. Una alusión parecida a Littré se encuentra en un
viejo cuadernillo unamuniano probablemente de 1886: “Spencer, la cabeza
más vigorosa y clara del positivismo habla de un Inconocible, que para él
es algo más que una pura negación, Littré en sus últimos años lo buscaba.
Si la causa del Asoluto [sic] ó de Dios ha podido creerse por algunos per-
dida, y hasta para mí, es por>que se ha queri< culpa de sus mismos defen-
sores que quieren hacer comprensible lo incomprensible, demostrar lo inde-
mostrable. Yo no he negado nunca á Dios, pero he dicho y digo que Dios
está fuera de la razón, que es verdad de sentido íntimo y de fé, no de razón.
Y lo resisto es verdad, porque hay más verdades que las que se demuestran.
La razón llega á un límite y no pasa, lo único que atestigua es que más allá
del último porque ha [sic] que llega no puede pasar, que este último por-
que no basta; el resto lo hace el sentido íntimo y la fé”, Cuad 3/27, p. 47.
En Del sentimiento trágico Stuart Mill encarna el paradigma del impasse
positivista: “La disolución racional termina en disolver la razón misma,
en el más absoluto escepticismo, en el fenomenalismo de Hume o en el


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

contingencialismo absoluto de los Stuart Mill, éste el más consecuente y


lógico de los positivistas.”, STV, V, p. 110.
19-20. Cfr. Carta a Jiménez Ilundain del 3-I-1898, EpA, p. 45 y carta
a Arzadun del 30-X-1897 en EpA, pp. 43-44. La fuente es D, pp. 196-197:
“Pasando y examinando vuestros santuarios hallé un altar y en él escrito: Al
dios desconocido; al cual, que desconociéndolo, honrais, os anuncio’ / Es el
Inconocible de Spencer, la Voluntad de Schopenhauer, el vago Ideal de
nuestros atenienses... La doctrina de la resurrección de los muertos fue la
piedra de escándalo de su predicación. / Entonces se convirtió Dionisio Are-
opagita, verdadero padre de la mística cristiana.” El Dios desconocido se
identifica aquí con el idealismo hegeliano, con el racionalismo spenceriano,
con la voluntad schopenhaueriana, es decir, con una sinopsis plausible de
las más significativas corrientes filosóficas postcartesianas. Unamuno glosa
el episodio de la predicación de San Pablo en el Areópago también en AJH,
pp. 6v-7r; T, pp. 35-37; STV, III, pp. 61-62.
21-22. “Al rezar reconocía con el corazón a mi Dios, que con mi razón
negaba.”, D, p. 23. Las palabras “alma cristiana arrastrada al ateísmo”
recuerdan la etopeya de Eugenio Rodero y, en particular, este paso de Nue-
vo Mundo: “íntimo anhelo místico del ateo que lo es por llevar a Dios en la
médula del alma”, NM, p. 94 (fragmento 222).
23-27. En varios pasajes de Del sentimiento trágico se amplifica esta con-
traposición: “Veamos ahora eso de Dios, lo del Dios lógico o Razón Supre-
ma, y lo del Dios biótico o cordial, esto es, el Amor Supremo.”, STV, VII,
153. “Ni vale decir que esa razón es Dios mismo, razón suprema de las
cosas.”, STV, VIII, 160. “El racionalismo deísta concibe a Dios como Razón
del Universo, pero su lógica le lleva a concebirlo como una razón imperso-
nal, es decir, como una idea, mientras el vitalismo deísta siente e imagina
a Dios como Conciencia y, por lo tanto, como persona o más bien como
sociedad de personas.”, STV, VIII, 170. “...no es esa nuestra razón la que
puede probarnos la existencia de una Razón Suprema, que tendría a su vez
que sustentarse sobre lo Supremo Irracional, sobre la Conciencia Universal.
Y la revelación sentimental e imaginativa, por amor, por fe, por obra de
personalización, de esa Conciencia Suprema, es la que nos lleva a creer en
el Dios vivo.”, STV, VIII, 171.


PAOLO TANGANELLI

29. “Hay un culto idolátrico al progreso, cuya realidad se ha concep-


tualizado, y un todavía más idolátrico culto a la humanidad abstracta, que
amenaza diluir el cristiano «ama a tu prójimo».”, CCU, p. 46. En Nuevo
Mundo. Addenda. El reino del hombre se lee: “Helenización del cristianismo.
Al «ama a tu prójimo como a ti mismo» el «conócete a ti mismo».”, NM,
p. 186 (fragmento 12).
31. También en Nuevo Mundo. Addenda. El reino del hombre se cita a Stir-
ner: “V. Max Stirner. 150. Cuánto más personal uno más hombre, cuánto
más unamunizado yo más humanizado. No por exclusión, por inclusión.”,
NM, p. 190 (fragmento 42). Estas alusiones a Stirner se desarrollan en Del
sentimiento trágico: “Y no quiero emplear aquí el yo, diciendo que al filoso-
far filosofo yo y no el hombre, para que no se confunda este yo concreto,
circunscrito, de carne y hueso, que sufre del mal de muelas y no encuentra
soportable la vida si la muerte es la aniquilación de la conciencia personal,
para que no se le confunda con ese otro yo de matute, el Yo con letra
mayúscula, el Yo teórico que introdujo en la filosofía Fichte, ni aun con el
Único, también teórico, de Max Stirner.”, STV, II, p. 44.
32. “El sombrío fondo de todo ello es cierto nihilismo doctrinal, es la
idea de que el mundo no es más que mi representación, y de que muerto
yo vuelve mi conciencia individual a la absoluta inconsecuencia de que bro-
tó y se acaba el mundo de hecho.”, “El esteticismo annuziano”, OCE, IV,
pp. 1088 (1ª ed., Diario Catalán, 8-II-1898).
34. “Si al morir vuelve nuestra conciencia a la nada de que brotó, no
queda más salvación que predicar el suicidio colectivo de Schopenhauer y
Hartmann.”, Carta a Arzadun del 30-X-1897, EpA, p. 42.
34-39. “>«Muerto yo, si< «Anonadado yo, si del todo me muero – nos
decimos se sup[me] acabó el mundo, acabose, y ¿por qué no ha de acabarse
cuanto antes para que nuevas conciencias no vengan á padecer el apesa-
dumbrador var[pesadumbroso] engaño de una existencia pasajera y >de apa-
riencia< aparencial? Si, deshecha la ilusión del vivir, el vivir por el vivir
mismo no nos llena ¿para qué vivimos? La muerte es *nuestro >el< único
remedio.» sup[De perdido, al agua!] Y así es como se endecha al reposo
inacabable por >terr< miedo á él, y se le llama á la muerte liberadora ya
que vivamos para retornar á la nada.”, AJH, p. 4r. “«Anonadado yo, si del
todo me muero – nos decimos – se me acabó el mundo, acabose, y ¿por que


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

no ha de acabarse cuanto antes para que nuevas conciencias no vengan á


padecer el pesadumbroso engaño de una existencia pasajera y aparencial? Si
deshecha la ilusión del vivir, el vivir por el vivir mismo no nos llena el
alma, ¿para qué vivimos? La muerte es nuestro remedio.» Y así es como se
endecha al reposo inacabable por miedo á él, y se le llama á la muerte libe-
radora, ya que >hayamos de< vivamos para haber de retornar á la nada.”,
T, p. 44. “«Anonadado yo, si es que del todo me muero – nos decimos –,
se me acabó el mundo, acabóse, ¿y por qué no ha de acabarse cuanto antes
para que no vengan nuevas conciencias a padecer el pesadumbroso engaño
de una existencia pasajera y aparencial? Si deshecha la ilusión de vivir, el
vivir por el vivir mismo o para otros que han de morirse también no nos
llena el alma, ¿para qué vivir? La muerte es nuestro remedio.» Y así es
como se endecha al reposo inacabable por miedo a él, y se le llama libera-
dora a la muerte.”, STV, III, 57-58. En un primer momento Unamuno
escribió en El mal del siglo “ya que vivimos para retornar á la nada”; luego
optó por el subjuntivo “vivamos”. Probablemente realizó este cambió des-
pués de la famosa entrevista con Martínez Ruiz de 1898, visto que en Cha-
rivari. En casa de Unamuno se lee: “…se ha llamado a la muerte como liber-
tadora, ya que vivimos para volver a la nada.”, CCU, p. 46.
36-42. “Si hemos deshecho la ilusión de vivir y el vivir por el vivir
mismo no nos satisface, ¿para qué vivimos? Y así es como se ha endechado
al reposo inacabable por terror a él, y se ha llamado a la muerte como liber-
tadora, ya que vivimos para volver a la nada. ¡Cuántos suicidios por terror
a la muerte! ¡Qué inmensa revelación de la tristeza en la noia del pobre Leo-
pardi, en aquella invocación al aniquilamiento para huir de la infinita vani-
tà del tutto! Todo ello no es más que el fracaso del intelectualismo, la fati-
ga del racionalismo, que dijo Thierry.”, CCU, p. 46.
41. Acerca del suicidio de Antero de Quental, cfr. STV, XII, pp. 283-
284.
42. La fuente es D, p. 44, donde se cita, como aquí, el verso final de
A se stesso. “Ya el poeta del dolor, del aniquilamiento, aquel Leopardi que,
perdido el último engaño, el de creerse eterno [...] le hablaba a su corazón
de l’infinita vanità del tutto, vio la estrecha hermandad que hay entre el amor
y la muerte...”, STV, III, p. 58. Curiosamente en el paso correspondiente
de T Unamuno no transcribe el verso conclusivo de A se stesso que, en cambio,


PAOLO TANGANELLI

aparece en AJH: “Háblase a sí mismo el pobre Leopardi, pide á su cansado


corazón reposo, pues pereció el extremo engaño de creerse eterno [...]. Y
acaba el triste, perdido el engaño, por pedirle que desprecie sup[á] la natu-
raleza, al torpe poder que, oculto, para daño común impera / y la infinita
vanidad del todo.”, AJH, p. 3r. “Ya el poeta del dolor, Leopardi, vió la
estrecha hermandad que hay entre el amor y la muerte...”, T, p. 44.
43. Tal vez la fuente más antigua de este párrafo sea el ya citado cua-
dernillo de 1886: “Vanidad de vanidades y todo es vanidad. Vanidad el
saber y el ignorar también vanidad. A todo puede preguntarse y eso ¿para
que? y á nada sabrá el hombre responder. Hundido en sí mismo recorre á
tientas las oscuridades de su espíritu y cuando ha explorado todo este mun-
do llora y gime porque es pequeño, porque no ha podido salir de él y se
siente preso. La sed atormenta á la inteligencia humana y en cuanto á lo
lejos olfatea ya la brisa del mar, corre y se echa de bruces y pasando la amar-
gura empieza á sorber en el mar de la ciencia. Es agua que da más sed cuan-
to más se bebe y sólo queda el dejo de la amargura y las ansias del apeti-
to, en tanto que el Sol sigue con pesado y monotono canto su incesante
balanceo. ¿Que dan tantos y tantos libros, después de tantos y tantos estu-
dios?”, Cuad 3/27, p. 14. Un eco se divisa también en Del sentimiento trá-
gico: “La razón repite: «¡vanidad de vanidades, y todo vanidad!»”, STV,
VIII, p. 172.
46. En cambio en el último capítulo de Del sentimiento trágico se pro-
clama el fracaso de la ciencia moderna: “Todo esto llevó a Brunetière a pro-
clamar la bancarrota de la ciencia, y esa ciencia, o lo que fuere, bancarro-
teó en efecto.”, STV, XII, p. 270.
46-48. En Nuevo Mundo Unamuno condena repetidamente el intelec-
tualismo y exalta la ciencia rectamente entendida: “¡Ciencia además, santa
ciencia! El estudio es la oración del verdadero hombre, del hombre de la ver-
dad; conocer es amar. Y la santa ciencia es el conocimiento colectivo, la
conciencia del alma total humana. Al vernos desnudos seremos los unos
para los otros otros tantos espejos en que se reflejen las mil caras del mun-
do, que hoy se nos escapan a cada uno.”, NM, p. 142 (fragmentos 514-517).
48. “Es el estribillo de los que han >sentido< bebido en la fuente de
la vida, boca al chorro, es el estribillo doloroso de los que han gustado el
fruto del arbol de la ciencia del bien y del mal.”, AJH, p. 3r. “¡Todo pasa!


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

Tal es el estribillo de los que han bebido de la fuente de la vida, boca al


chorro, de los que han gustado del fruto del arbol de la ciencia del bien y
del mal. / Ser, ser siempre, ser sin término! sed de ser, sed de ser más! ham-
bre de Dios! sed de amor eternizante! ser siempre y serlo todo! ser Dios!
«Sereis como dioses!» cuenta el Génesis (III 5) que dijo la serpiente á la
primera pareja de enamorados.”, T, pp. 39-40. “¡Todo pasa! Tal es el estri-
billo de los que han bebido de la fuente de la vida, boca al chorro, de los
que han gustado del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. / ¡Ser,
ser siempre, ser sin término! ¡Sed de ser, sed de ser más! ¡Hambre de Dios!
¡Sed de amor eternizante y eterno! ¡Ser siempre! ¡Ser Dios! / «¡Seréis como
dioses!», cuenta el Génesis (III, 5) que dijo la serpiente a la primera pare-
ja de enamorados.”, STV, III, p. 54. Cfr. “La Esfinge”, OCE, V, p. 200.
50. Escribe Unamuno en el ensayo Soledad (1905): “Cada día creo
menos en la cuestión social, y en la cuestión política, y en la cuestión esté-
tica, y en la cuestión moral, y en la cuestión religiosa, y en todas esas otras
cuestiones que han inventado las gentes para no tener que afrontar resuel-
tamente la única verdadera cuestión que existe: la cuestión humana, que es
la mía, y la tuya, y la del otro, y la de todos. / Y como sé que me dirás
que juego con los vocablos y me preguntarás lo que quiero decir con eso
de la cuestión humana, habré de repetírtelo una vez más: la cuestión huma-
na es la cuestión de saber qué habrá de ser de mi conciencia, de la tuya, de
la del otro y de la de todos, después de que cada uno de nosotros se mue-
ra Todo lo que no sea encarar esto, es meter ruido para no oírnos.”, OCE,
I, p. 1253.
51. “No consigo dar otro valor al «ser ó no ser» shakespeariano sup[del
mismo que dijo de Marcio en su Coriolano (V. IV) que sólo necesitaba la
eternidad para ser] inf[dios (He wants nothing of a god but eternity)]”, AJH, p.
2v. “O todo ó nada. Y qué otro sentido puede tener el «ser ó no ser!» sha-
kespeariano, del mismo que hizo decir de Marcio en su Coriolano (V. 4) que
sólo necesitaba la eternidad para ser dios (He wants nothing of a god but eter-
nity)”, T, p. 38. “¡O todo o nada! ¿Y qué otro sentido puede tener el «ser
o no ser!», To be or not to be, shakespeariano, el de aquel mismo poeta que
hizo decir de Marcio en su Coriolano (V, 4) que sólo necesitaba la eterni-
dad para ser dios: he wants nothing of a god but eternity?”, STV, III, p. 53.


PAOLO TANGANELLI

52. “Religión basada en culto á los muertos y egotismo. v. James 491,


506 y 507 (Le[?]ba y Bender)”, AJH, p. 3r (estas palabras forman parte de
una añadidura colocada en el espacio entre dos líneas de escritura). “...y toda
religión arranca historicamente del culto á los muertos (v. James 491. 506
y 507) […] Mil veces y en mil tonos se ha dicho como es el culto á los
muertos antepasado lo que enceta, por lo común, las religiones primiti-
vas…”, T, p. 40. “...y toda religión arranca históricamente del culto a los
muertos, es decir, a la inmortalidad.”, STV, III, p. 54.
59-63. “Aunque al pronto congojosa, os será, jóvenes, al cabo medita-
ción corroboradora el que recogiendoos en vosotros mismos os figureis un
lento *deshaceros >(derretiros)<, sup[deshacimiento] en que *la luz >el sol<
se os apague, se os enmudezcan los sonidos, se os derritan entre las manos
las cosas var[objetos] >asideras< se os *escurra >*hunde vaya* falte< el piso,
se os vayan var[desvanezcan como en desmayo] los recuerdos y las ideas, se
disipe en la nada todo y ni aun la conciencia de la nada misma os quede,
siquiera como fantástico asidero de una sombra. / He oido contar de un
pobre segador gallego muerto en una cama de hospital que al ir el cura á
ungirle en extrema unción se resistía á abrir la >m< diestra en que apuña-
ba unas sup[sucias] monedas, sin (percatarse) de que una vez muerto no sería
su mano ya suya. Y así muchos que >en vez de la mano< sup[cierran [?] ]
y apuñan no ya la mano, el >espiritu< corazón, queriendo apuñar en él al
mundo. Me confesaba un amigo que previendo en pleno vigor de salud físi-
ca la cercanía de la muerte, sólo pensaba en concentrar la vida, viviéndola
toda en los pocos dias que calculaba le quedaban, é imaginando escribir
sobre ello un libro.”, AJH, pp. 3r-3v. “Aunque al pronto nos sea congojo-
sa esta meditación de nuestra mortalidad no [sic] es al cabo corroboradora.
Recójete, lector, en tí mismo y figúrate un lento deshacerte, en que la luz
se te apague, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido envolviéndote
en silencio, se te derritan entre las manos los objetos asideros, se te escurra
de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en desmayo los recuerdos
y las ideas, se te vaya disipando en nada todo y tú disipándote también y
ni aun la conciencia de la nada te quede, siquiera como fantástico asidero
de una sombra. /He oido contar de un pobre segador muerto en una cama
de hospital que al ir el cura á ungir en extrema unción las manos se resis-
tía á abrir la diestra *con >en< que apuñaba unas sucias monedas, sin per-
catarse de que una vez muerto no sería su mano ya suya ni él de sí mismo.


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

Y así cerramos y apuñamos no la mano, sino el corazón, queriendo apuñar


en él al mundo. / Me confesaba un amigo que previendo en pleno vigor de
salud física la cercanía de la muerte, pensaba en concentrar la vida vivién-
dola toda en los pocos dias que calculaba le quedaban é imaginando escri-
bir sobre ello un libro.”, T, p. 42. “Aunque al pronto nos sea congojosa esta
meditación de nuestra mortalidad, nos es al cabo corroboradora. Recójete,
lector, en ti mismo, y figúrate un lento deshacerte de ti mismo, en que la
luz se te apague, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido, envol-
viéndote en silencio, se te derritan de entre las manos los objetos asideros,
se te escurra de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en desmayo
los recuerdos, se te vaya disipando todo en nada, y disipándote también tú,
y ni aun la conciencia de la nada te quede siquiera como fantástico agarra-
dero de una sombra. /He oído contar de un pobre segador muerto en cama
de hospital, que al ir el cura a ungirle en extremaunción las manos, se resis-
tía a abrir la diestra con que apuñaba unas sucias monedas, sin percatarse
de que muy pronto no sería ya suya su mano ni él de sí mismo. Y así cerra-
mos y apuñamos, no ya la mano, sino el corazón, queriendo apuñar en él al
mundo. / Confesábame un amigo que, previendo en pleno vigor de salud
física, la cercanía de una muerte violenta, pensaba en concentrar la vida,
viviéndola en los pocos días que de ella calculaba le quedarían para escri-
bir un libro. ¡Vanidad de vanidades!”, STV, III, pp. 55-56. Como fuente de
estos segmentos intra-textuales se podrían aducir varios pasajes del Diario
íntimo: “La razón humana [...] lleva al absoluto fenomenismo, al nihilismo.
[...] El vértigo la sobrecoge, el terrible vértigo de intentar concebirse como
no siendo, de tener un estado de conciencia en que no haya estado de con-
ciencia. La nada es inconocible. / inconocible. Y así se cae en Dios [...]. Es
la creación de la fe.”, D, pp. 44-45. “Es preciso intentar de vez en cuando
concebirse y sentirse no siendo. De este horror se saca temor de Dios y espe-
ranza.”, D, p. 83. “Pero es mucha mayor tortura la de la imaginación al
esforzarse por imaginarse como no existiendo. [...] El terrible estado de con-
ciencia en que pensamos que no hay tal estado, el pensar que no pensamos, da
un vértigo de que ya la razón no cura.”, D, p. 129. Cfr. también D, pp. 151-
152. El mismo poder catártico se le concede a esta hipotiposis nihilista en el
cuento “Don Martín, o de la gloria”: “Joven, intente usted una noche, estando
acostado, concebirse como no existiendo, y verá usted, qué hormigueo le da en
el alma y cómo se cura de esa pestilente salud de los no han llegado al hastío
de haber vivido, de haber vivido, joven, no de vivir.”, OCE, II, p. 797.


PAOLO TANGANELLI

63. El contra del “diletantismo mandarinesco de Renan” Unamuno se


expresa en “La dignidad humana”, OCE, I, p. 974. Sobre Renan véase tam-
bién la carta a Arzadun del 17-VI-1892, EpA, p. 37.
64. “Si en esta vida tan sólo hemos de esperar en Cristo, somos los más
(miserables) lastimosos de los hombres” dice el Apostol (I. Cor. XV 19)...”,
AJH, p. 3r. “«Si en esta vida tan sólo hemos de esperar en Cristo, somos
los más lastimosos de los hombres» escribía el Apostol (I Cor. XV 19)...”,
T, p. 40. “«Si en esta vida tan sólo hemos de esperar en Cristo, somos los
más lastimosos de los hombres», escribía el Apóstol (I Cor., XV, 19)...”,
STV, III, p. 54.
65-67. Ya se ha aclarado el largo proceso de gestación de esta metáfo-
ra nihilista en la introducción. Estos son los intratextos unamunianos más
significativos: “Si el pobre linaje humano es una procesión de conciencias
que de la nada salen para volver a ella; si un día hecho polvo nuestro glo-
bo, no ha de quedar de nuestras conciencias nada, ¿para qué luchar?”, CCU,
p. 46. “Si todos estamos condenados a volver a la nada, si la humanidad es
una procesión de espectros que de la nada salen para volver a ella...”, Car-
ta a Jiménez Ilundain del 3-I-98, EpA, p. 45. “Si al morirsup[seme] el cuer-
po que me sustenta y al que llamo mio para distinguirle de mí mismo, si
al morírseme vuelve mi conciencia á la absoluta inconciencia de que brota-
ra, y como á la mia les pasa á las de mis >propi< hermanos todos en huma-
nidad, sup[entonces] no es nuestro sup[trabajado] linaje otra cosa más que una
fatídica procesión de fantasmas que va de la nada á la nada y el humanita-
rismo lo más inhumano que se conoce.”, AJH, p. 3v. “Si al morirseme el
cuerpo que me sustenta y al que llamo mío para distinguirle de mí mismo,
vuelve mi conciencia á la absoluta inconciencia de que brotara, y como á la
mía les pasa á las de >los demás< mis hermanos *todos >míos< en huma-
nidad, entonces no es nuestro trabajado linaje más que una fatídica proce-
sión de fantasmas que va de la nada á la nada, y el humanitarismo lo más
inhumano que se conoce.”, T, pp. 42-43. “Si al morírseme el cuerpo que
me sustenta, y al que llamo mío para distinguirle de mí mismo, que soy
yo, vuelve mi conciencia a la absoluta inconciencia de que brotara, y como
a la mía les acaece a la de mis hermanos todos en la humanidad, entonces
no es nuestro trabajado linaje humano más que una fatídica procesión de


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

fantasmas, que van de la nada a la nada, y el humanitarismo lo más inhu-


mano que se conoce.”, STV, III, p. 56.
72. Unamuno se refiere a los versos 99-100 de Ad Angelo Mai: “…e
discoprendo, / solo il nulla s’accresce.”, G. Leopardi, Canti, Milano, Gar-
zanti, 1975, p. 32. En la biblioteca del autor se conservan dos ediciones de
los poemas leopardianos: G. Leopardi, I Canti di Giacomo Leopardi commen-
tati da Alfredo Straccali, 2ª ed., Firenze, Sansón, 1908 (CMU, col. U 2627);
G. Leopardi, Le Poesie, ed. de Giovanni Mestica, Firenze, Barbèra, 1919
(CMU, col. U 4568).
73-74. “Quieren engañarnos con un engaño de engaño y nos hablan de
que nada se pierde, sino todo se transforma, muda y cambia, que ni se ani-
quila *el menor pedacito >un (atomo)< de materia ni se desvanece inf*el
menor golpecito >*empelloncito* un adarme< de fuerza, y hay quien en
esto busca consuelo.”, AJH, p. 5r. “Y vienen y quieren engañarnos con un
engaño de engaño y nos hablan de que nada se pierde, de que todo se tras-
forma, muda y cambia, que ni se aniquila el menor golpecito de fuerza, y
hay quien pretende buscar en esto consuelo.”, T, p. 47. “Y vienen que-
riendo engañarnos con un engaño de engaños, y nos hablan de que nada se
pierde, de que todo se transforma, muda y cambia, que ni se aniquila el
menor cachito de materia, ni se desvanece del todo el menor golpecito de
fuerza, y hay quien pretende darnos consuelo con esto.”, STV, III, p. 60.
75. “Yo soy el centro de mi universo, el centro del universo, y con
Michelet exclamo en mis angustias supremas: «mi yo, que me arrebatan mi
yo!»”, AJH, p. 4v. “Yo soy el centro de mi universo, el centro del univer-
so, y en mis angustias supremas exclamo con Michelet: «mi yo, que me
arrebatan mi yo!»”, T, p. 45. “Yo soy el centro de mi universo, el centro
del universo, y en mis angustias supremas grito con Michelet: «¡Mi yo, que
me arrebatan mi yo!»”, STV, III, p. 59.
80-82. “Cuidarse ante todo de la propia salvación, de nuestro personal
destino de ultratumba, se dice que es el más refinado egoísmo [...]. El
altruismo lógico es el de Schopenhauer; predicar el suicidio cósmico o
colectivo.”, D, pp. 99-100. Cfr. también D, pp. 137-138. Sucesivamente
Unamuno explicará mejor esta alusión al egoísmo cristiano: “El egoismo es
el principio de gravedad psíquica, el postulado necesario. Ama á tu próji-
mo como á tí mismo se nos dijo presuponiendo que cada cual se ama á sí


PAOLO TANGANELLI

mismo, y no se nos dijo: amate!”, AJH, p. 4v. “Eso que llamais egoismo es
el principio de la gravedad psíquica, el postulado necesario. ¡Ama á tu pró-
jimo como á tí mismo, se nos dijo, presuponiendo que cada cual se ama á
sí mismo y no se nos dijo: ámate! Y, sin embargo, no sabemos amarnos.”,
T, p. 46. “Eso que llamáis egoísmo es el principio de la gravedad psíqui-
ca, el postulado necesario. «¡Ama a tu prójimo como a ti mismo!», se nos
dijo, presuponiendo que cada cual se ame a sí mismo; y no se nos dijo:
«¡Ámate!». Y, sin embargo, no sabemos amarnos.”, STV, III, p. 59.
83. “...a la sombría desesperación que entenebreció la decadencia roma-
na, esa edad del estoicismo y del suicidio.”, Carta a Arzadun del 30-X-
1897, EpA, p. 42. “He aquí la fuente de la degeneración que fustiga Max
Nordau, fuente de donde brotan miles de extravagancias.”, “La dignidad
humana”, OCE, I, p. 974. En el último capítulo de Del sentimiento trágico
Rousseau y Sénancour se sustituyen a Nordau: “Y la famosa maladie du siè-
cle, que se anuncia en Rousseau y acusa más claramente que nadie el Ober-
mann de Sénancour, no era ni es otra cosa que la pérdida de la fe en la
inmortalidad del alma, en la finalidad humana del Universo.”, STV, XII,
p. 271.
84. “Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia de la Edad Media:
como tú quisiera vivir entre los espasmos del milenario. Si consiguiéramos
hacer creer que un día dado, sea el 2 de mayo de 1908, el centenario del
grito de la independencia, se acababa para siempre España; que en este día
nos repartían como a borregos, creo que el día 3 de mayo de 1908 sería el
más grande de nuestra historia, el amanecer de una nueva vida.”, VQS,
p.139. La fuente de este pasaje se encuentra en el Diario íntimo: “Si se anun-
ciara el fin del mundo para un día cualquiera de aquí a cincuenta años ¿en
qué estado no caerían los espíritus? Pues para cada uno de nosotros la muer-
te es el fin del mundo.”, D, p. 71.
85. “Muy otra es, bien sé, la posición de nuestros progresistas, los de
la corriente central del pensamiento europeo contemporáneo; pero no puedo hacer-
me a la idea de que estos sujetos no cierran voluntariamente los ojos al gran
problema y viven, en el fondo, de una mentira, tratando de ahogar el sen-
timiento trágico de la vida.”, STV, VI, p. 133.
86-87. Como ya he recordado en la introducción, en estos años Una-
muno repite constantemente la paradoja de la infelicidad (metafísica) de la


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

felicidad (progreso tecnológico y social). “¡Hacer a los demás más felices,


para que esa mayor felicidad ante la perspectiva del anonadamiento les haga
más infelices! La cosa es clara; si la humanidad progresa en cultura, en faci-
lidad y agradabilidad de vida, si se hacen los hombres más accesibles a los
encantos del arte y de la ciencia, y con ello refinada la cultura y sensibili-
zada la conciencia se hace más sensible y clara la percepción de la nada, los
hombres se harán más infelices con su propia infelicidad. [sic] Cuanto más
grata y dulce y encantadora la vida más horrible la idea de perderla.” D, p.
101. “En el fondo de todo ello, lo que hay es que viven ustedes en la obse-
sión de la vida, sin tener presente en todos los momentos que se muere una
sola vez y para siempre. Trazan ustedes un cuadro seductor de lo que podría
ser una sociedad anárquica. Está bien: y los hombres de esa sociedad, ¿no
morirán? ¡Luchar para eso! ¡Sólo para eso! Y ¿para qué? ¿Para qué he de
luchar por la emancipación de los hombres, que al morir vuelven a la nada?
[...] Mejorar la vida, hacerla más grata, más fácil, más placentera, es,
aumentando así el pesar de tener que perderla un día, preparar la infelici-
dad de la felicidad.”, CCU, pp. 45-46. “Si la humanidad es una serie de
generaciones de hombres que se aniquilan y no hay otra vida ¡triste altruis-
mo! [...] Es inútil darle vueltas, si creemos que volvemos a la nada y que
los demás también vuelven a ella, ese pelear por la emancipación de los
oprimidos puede resultar una triste tarea y una obra de muerte. Puede ser
trabajar en hacer al hombre más feliz para que esa mayor felicidad le haga,
ante la perspectiva del anodamiento, más infeliz. Si la humanidad progre-
sa en cultura, si se hace la vida más fácil y más agradable y los hombres
más accesibles a los encantos del arte y de la ciencia, refinando el espíritu
y sensibilizada la conciencia se hará más sensible y clara la percepción de
la nada, y los hombres infelices con su propia felicidad.”, Carta a L. Gutié-
rrez del 3-5 mayo 1897, apud J. Ignacio Tellechea Idígoras, “La crisis espi-
ritual de Unamuno de 1897. Fragmento inédito de una carta unamuniana
a Leopoldo Gutiérrez Abascal”, Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno,
Vol. 32, 1997, p. 389. “Lo malo del socialismo corriente es que se da como
doctrina única, y olvida que tras el problema de la vida, viene el de la
muerte. ¿Qué hay más allá de ésta? Porque si al morir muero del todo y
como yo los demás hombres, el hacer la vida más fácil, más pasajera, más
grata y amable, es, aumentando la pena de tener que perderla un día, lle-
var a los hombres a la infelicidad de la felicidad, a la tremenda noia del


PAOLO TANGANELLI

pobre Leopardi, al spleen devorador, a la sombría desesperación que entene-


breció la decadencia romana, esa edad del estoicismo y del suicidio.”, Car-
ta a Arzadun del 30 octubre 1897, EpA, p. 42. “Si todos estamos conde-
nados a volver a la nada, si la humanidad es una procesión de espectros que
de la nada salen para volver a ella, el aliviar miserias y mejorar la condi-
ción temporal de los hombres no es otra cosa que hacerles la vida más fácil
y cómoda, y con ello sombría la perspectiva de perderla; es la infelicidad de
la felicidad.”, Carta a Jiménez Ilundain del 3-I- 1898, EpA, p. 45. Azorín
reelabora a su manera la paradoja unamuniana en La Voluntad: “Yo siento
que me falta la Fe; no la tengo tampoco ni en la gloria literaria ni en el
Progreso... que creo dos solemnes estupideces... ¡El progreso! ¡Qué nos
importan las generaciones futuras! Lo importante es nuestra vida, nuestra
sensación momentánea y actual, nuestro yo, que es un relámpago fugaz. [...]
Podrán llegar los hombres al más alto grado de bienestar, ser todos buenos,
ser todos inteligentes... pero no serán felices...”, J. Martínez Ruiz, Azorín,
La Voluntad, ed. de E. Inman Fox, Madrid, Castalia, 1989, p. 229.
89-90. “El socialismo tiene fuerza porque ha sustituido a vaguedades,
tangibilidades...”, Carta a J. Arzadun del 30 octubre 1897, EpA, p. 42. “El
anarquismo mismo, la lucha por las reivindicaciones sociales, sólo tiene para
mí un sentido, y es que libertando al hombre de la angustia del pan de cada
día y de gran número de miserias terrenas, le deja lugar a mirar hacia arri-
ba y a atender a su unión con Dios.”, CCU, p. 46.
92. “El soplo helado del enciclopedismo francés del siglo XVIII hizo
brotar en Alemania en este nuestro siglo de la fermentación post-kantiana
al anti-cristiano Feuerbach, de quien salió el frío seco Max Stirner, formula-
dor implacable del egoísmo transcendental, que ha llevado a la imbecilidad
el genio del desgraciado Nietzsche [...].”,“El esteticismo annuziano”, OCE,
IV, pp. 1087-88. Igual que en este artículo que se publicó en el Diario
Catalán de Barcelona el 8-II-1898, se incluye a Feuerbach en la genealogía
del nihilismo moderno también en EMS-borrador, 80. En “La dignidad
humana” se contraponen los epígonos de Nietzsche y Carlyle a los secuaces
de Renán (OCE, I, p. 974).
97. Sobre la recepción unamuniana del filosofar nietzcheano sigue sien-
do imprescindible P. Ribas, “Unamuno y Nietzsche”, Cuadernos Hispanoa-
mericanos, 440-441, febrero-marzo 1987, pp. 251-282.


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

98. La primera alusión a este pasaje de la Odisea que conozco es de


1892: “Es que acaso no haya concepción más honda que la intuición del
niño que al fijar su vista en el vestido de las cosas, sin intentar desnudar-
las, ve todo lo que las cosas encierran, [...] toma la vida en juego y la crea-
ción en cosmorama. Acaso el más hondo sentido se encierra en estas pala-
bras de Homero en su Odisea (VIII, 579-580): «Los dioses traman y
cumplen la destrucción de los hombres, para que los venideros tengan algo
que cantar.»”, “Tiempos antiguos y medios -Epílogo”, El Nervión, Suple-
mento literario, Bilbao, 2-V-1892; este artículo, parcialmente reescrito,
pasó a formar parte de los Recuerdos de niñez y mocedad, así que el párrafo
citado se puede leer, ligeramente modificado, también en OCE, VIII, p.
156. Obsérvese que en este antiguo texto los versos homéricos se valoran
positivamente, hecho que no se vuelve a repetir sucesivamente: cfr. D,
p. 154; “La vida es sueño...”, OCE, I, p. 946; “Quijotismo”, OCE, VII, p.
1193; y sobre todo “El esteticismo annuziano”, OCE, IV, p. 1088. La evo-
lución de este fragmento en el avantexto de Del sentimiento trágico es la
siguiente: “Ante ese terrible misterio de la mortalidad, frente á la Esfinge,
(adopta) el hombre distintas posturas, y trata >de< por varios medios de
consolarse de haber nacido. Y lo que primero *se >es< le ocurre es tomar-
lo á juego, ponerse como espectador á presenciar la comedia, ver desfilar al
olvido la historia. Es el remedio estético, y fué ya formulado en la Odisea
con aquellas palabras: los dioses traman y cumplen la destrucción de los
hombres para que los venideros tengan algo que cantar.”, AJH, p. 6v.
“¡Rasgo maravilloso que nos pinta á que habían venido á parar los que
aprendieron en la Odisea que los dioses traman y cumplen la destrucción
de los mortales para que los venideros tengan algo que cantar!”, T, p. 36.
“¡Rasgo maravilloso, que nos pinta a qué habían venido a parar los que
aprendieron en la Odisea que los dioses traman y cumplen la destrucción de
los mortales para que los venideros tengan algo que contar!”, STV, III, p.
61. Desde luego “contar” en esta edición de Del sentimiento trágico es tan
sólo un error de imprenta. Cfr. Carta a J. E. Rodó del 5-V-1900, EpA,
p. 90.
99-100. “Esa condenada literatura es diabólica cuando produce el lite-
ratismo, y ese infame esteticismo de los Oscar Wilde y los D’Anunzio [sic]
¡infelices! Es tomar el mundo en espectáculo... El literatismo, en su forma
de diletantismo, ha producido los libros infames de Renan, esa venenosa


PAOLO TANGANELLI

Vida de Jesús, llena de sentimentalismo adormecedor y enervante... Renan


ha cultivado ese religiosismo que es lo que más aparta a los hombres de la
religión... Parece a las veces que asoma de nuevo aquella triste y siniestra
figura de Chateaubriand, aquel lúgubre René, corroído de orgullo ínti-
mo...”, DI, pp. 154-156. “Si el lector examina despacio todos estos fenó-
menos patológicos de nuestro fin de siècle, a los que hay que añadir un soi
disant misticismo de borrachos y morfinómanos, reconocerá que todo ello
procede del olvido de la dignidad humana [...]. / Se habla de una reacción
espiritualista; pero lo que en realidad se ve no es otra cosa que al repug-
nante y anticristiano René...”, “La dignidad humana”, OCE, I, pp. 974-975.
Sobre el neo-misticismo, cfr. carta a Arzadun del 30-X-1897), EpA, p. 42.
101. Unamuno establece una conexión entre egotismo y literatismo en
la carta a Casimiro Muñoz del 1899, EpA, p. 55. Es muy distinta la valo-
ración del egotismo en STV, VII, p. 139.
102. “Hay también en esta juventud los bohemizantes, el detritus del
romanticismo melenudo, los borrachos que cultivan el arcaico convenciona-
lismo de tronar contra los convencionalismos siendo convencionales hasta el
tuétano.”, “La juventud «intelectual» española”, OCE, I, p. 990 (escrito en
marzo de 1896). Pero es Nuevo Mundo la fuente principal de éste como de
otros párrafos de dicho artículo.
104. “¡Cómo envenena el literatismo y nos lleva a tomarlo todo como
experiencia y prueba, como lujuria espiritual, según la viva expresión del
portentoso San Juan de la Cruz!”, Carta a Arzadun del 30-X- 1897, EpA,
p. 43. En el tratado de la “Noche Oscura” San Juan habla de “lujuria espi-
ritual” en tres ocasiones: I.4.1 (San Juan de la Cruz, Obras Completas, 11ª
ed., ed. de L. Ruano de la Iglesia, Madrid, Biblioteca de Autores Cristia-
nos, pp. 326-327), I.4.6 (op. cit., pp. 328-329) y I.13.2 (op. cit., p. 349).
112. Cfr. N, 6-7.
113. “¡Trabajar! ¿Y para qué? ¿Trabajar para más trabajar? Producir
para consumir y consumir para producir, en el vicioso círculo de los jumen-
tos? He aquí el fondo de la cuestión social.”, D, p. 47.
115. “Pero qué es la verdad? preguntamos. Y no hagamos lo de Pilato
que hecha la pregunta esta volvió la espalda á Jesús, sin esperar la res-
puesta.”, AJH, p. 16v. “Qué es la verdad? preguntó Pilato y sin esperar


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

respuesta se volvió á lavarse las manos para así sincesarse [sic] de la muer-
te de Jesús, Nuestro Señor. Y así preguntan muchos que es verdad sin áni-
mo alguno de >que< recibir respuesta y sólo para volverse á lavarse las
manos del crimen de haber contribuido á matar á Dios en la >conci< pro-
pia conciencia ó en las conciencias ajenas.”, T, pp. 20-21. “¿Es todo esto
verdad? «¿Y qué es verdad?», preguntaré a mi vez como preguntó Pilato.
Pero no para volver a lavarme las manos sin esperar respuesta. / ¿Está la
verdad en la razón, o sobre la razón, o bajo la razón, o fuera de ella, de un
modo cualquiera? ¿Es sólo verdadero lo racional? ¿No habrá realidad inase-
quible, por su naturaleza misma, a la razón, y acaso, por su misma natura-
leza, opuesta a ella? ¿Y cómo conocer esa realidad si es que sólo por la razón
conocemos?”, STV, VII, p. 150. “Y tendremos que preguntar por Pilato:
«¿Qué es la verdad?» / Así preguntó, en efecto, y sin esperar respuesta, vol-
vióse a lavar las manos para sincerarse de haber dejado condenar a muerte
al Cristo. Y así preguntan muchos, ¿qué es verdad?, sin ánimo alguno de
recibir respuesta, y sólo para volverse a lavarse las manos del crimen de
haber contribuido a matar a Dios de la propia conciencia o de las concien-
cias ajenas.”, STV, IX, p. 188. Cfr. Carta a Jiménez Ilundain del 26-I-1900,
EpA, p. 78.
116. Cfr. JyS, 43.
121. “«Padre... padre... padre...» repetía mentalmente sintiéndose niño.
En el «venga a nos el tu reino» se detuvo como ante el misterio más solem-
ne... «venga a nos el tu reino» y no «vayamos nosotros a el tu reino»... ven-
ga a nos. En las profundidades infantiles de su espíritu que rebosaban a su
conciencia parecían repercutir entonces los ecos purísimos de la infancia del
cristianismo.”, NM, p. 90 (fragmentos 204-206).
123. “Y este Dios, el Dios vivo, tu Dios, nuestro Dios, está en mí, está
en ti, vive en nosotros, y nosotros vivimos, nos movemos y somos en Él.”,
STV, VIII, p. 171.


Jesús y la Samaritana

5-6. “¡Qué hermosa la fe de la samaritana! Como ella nuestra alma va


a sacar al pozo tradicional, al tesoro de la ciencia y del consuelo humanos,
al estudio.”, D, p. 192.
7. “Y un día nos encontramos al borde del pozo al dulce Jesús, repo-
sando cansado del camino, a la hora de sexta (Juan IV, 6) al mediodía, en
la mitad de los afanes de nuestra vida.”, D, p. 192.
16. “Quiere que le demos nuestro amor, que le estudiemos, pero con
amor, no como a vana curiosidad...”, D, p. 193. “Me dediqué a estudiar la
religión como curiosa materia de estudio, como producto natural, como
pábulo a mi curiosidad. Preparaba una ‘Filosofía de la Religión’ y me
engolfé en la ‘Historia de los dogmas’ de Harnack. Y hoy me parecen mis
viejas teorías puro asunto de curiosidad.”, D, pp. 127-128.
24-25. “Por un momento nos pasa la idea de pedir fe para vivir tran-
quilos como los sencillos; es Jesús que nos dice esas palabras y nos ofrece
el agua viva de la fe en él.”, D, p. 193. “Esa sed de vida eterna apáganla
muchos, los sencillos sobre todo, en la fuente de la fe religiosa; pero no a
todos es dado beber de ella.”, STV, III, p. 68.
26. “Al saber mi cambio me han dicho algunos: eso pasará, no es más
que efecto de fatiga mental, es exceso de trabajo. Yo mismo llegué a creer-
lo.”, D, p. 71.
30. “Y aún resistimos diciendo que no tiene de donde sacarla, porque
el pozo de nuestra razón es hondo, y no cabe ya que creamos después de
haber pasado por el análisis.”, D, p. 193.


PAOLO TANGANELLI

33. “Ah! si pudiese creer – nos decimos – pero no, no es posible; huyó
para siempre la sencillez primitiva, el pozo está seco...”, D, p. 193.
36. Cfr. EMS, 43.
38. “La sed atormenta á la inteligencia humana y en cuanto á lo lejos
olfatea ya la brisa del mar, corre y se echa de bruces y pasando la amargu-
ra empieza á sorber en el mar de la ciencia. Es agua que da más sed cuan-
to más se bebe y sólo queda el dejo de la amargura y las ansias del apeti-
to, en tanto que el Sol sigue con pesado y monotono canto su incesante
balanceo. ¿Que dan tantos y tantos libros, después de tantos y tantos estu-
dios?”, Cuad 3/27, p. 14. “La frente sobre el polvo del camino/ junto á la
inmensa mar,/ muriéndose de sed un peregrino/ clamaba á más clamar./
‘Pide! De mí que quieres?’ le decía/ á Dios, ‘pide! tuyo es mi corazón’;/
callábase el Señor y el mar seguía/ con monotono ritmo su canción.”, Cuad
3/27, p. 25
30. “La razón es una fuerza analítica, esto es, disolvente, cuando dejan-
do de obrar sobre la forma de las intuiciones, ya sean del instinto indivi-
dual de conservación, ya sean del instinto social de perpetuación, obra sobre
el fondo, sobre la materia misma de ellas. La razón ordena las percepciones
sensibles que nos dan el mundo material; pero cuando su análisis se ejerce
sobre la realidad de las percepciones mismas, nos las disuelve y nos sume
en un mundo aparencial, de sombras sin consistencia, porque la razón fuera
de lo formal es nihilista, aniquiladora. Y el mismo terrible oficio cumple
cuando sacándola del suyo propio, la llevamos a escudriñar las intuiciones
imaginativas que nos dan el mundo espiritual.”, STV, VIII, p. 172.
42-43. Cfr. EMS, 116. “La felicidad consiste en gran parte en saber cre-
er; esto me lo ha enseñado una mujer. La fe está fuera de la razón, arriba o
abajo según se quiera...”, Cuad 3/27, p. 53. “...he acabado por sentir que
hay más medios de relacionarse con la realidad que la razón, que hay gra-
cia y que hay fe, fe que al cabo se logra queriendo de veras creer.”, Carta a
Arzadun del 30-X- 1897, EpA, p. 42.
44. “La razón humana [...] lleva al absoluto fenomenismo, al nihilis-
mo.”, D, p. 44.
45. “Y la fe es un hecho, un verdadero hecho, como tal irreductible.”,
Carta a Jiménez Ilundain del 3-I-1898, EpA, p. 46. En la inédita Carta a


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

Juan Solís (p. 6r; CMU, col. 2.1./ 115) se lee: “Pero digo y sostengo que la
fe es una cosa y la razón otra, que el dogma no puede probarse y que
la teología mata la fe. [...] la fe es un hecho que arranca del sentimiento para
llenar el vacío de la razón, la fe no se prueba ni se discute, el que cree cree.”
50. “Ya veremos que creer es, en primera instancia, querer creer.”, STV,
VI, p. 118. “Ya veremos más adelante, al tratar de la fe, cómo esta no es
en su esencia sino cosa de voluntad, no de razón, como creer es querer cre-
er, y creer en Dios ante todo y sobre todo es querer que le haya.”, STV, VI,
p. 119. Esta idea probablemente deriva de la lectura de The will of believing
de W. James. Con respecto a este tema, se puede leer en el Diario: “El que-
rer creer ¿no es principio de creer? El que desea fe y la pide ¿no es que la
tiene ya aunque no lo sepa?”, D, p. 108.
52. Unamuno se refiere a Auguste Sabatier, Esquisse d’une Philosophie de
la Religion, Quatrième édition, Paris, Librairie Fischbacher, 1897 (CMU,
col. U 3170).
54-56. “Dame fe, Dios mío, que si logro fe en otra vida, es que la hay.”,
D, p. 26. En otro paso del Diario circunscribe la aplicación de este princi-
pio al dogma del infierno: “Ese temor a la nada es un temor pagano. Dame,
Dios mío, fe en el infierno. ¿Le hay? Si llego a creer en él, es que le hay
[...]. Es un misterio terrible y acaso la piedra de toque de la verdadera fe.”,
D, p. 41. “Créame que el más gran milagro es llegar a creer en la posibi-
lidad de él, después de haber pasado por el racionalismo agnóstico.”, Carta
a Jiménez Ilundain del 3-I-1898, EpA, p. 46.
57-58. “Y entonces nos pide que vayamos a buscar nuestros afectos,
nuestros ídolos, los genios ante quienes nos hemos rendido, las doctrinas a
que vivíamos adheridos, como dijo a la samaritana que fuese a llamar a su
marido.”, D, p. 194.
62. “«Respondió la mujer y dijo: no tengo marido.» Así tenemos que
decirle, «no tenemos ídolo, ni dueño.»”, D, p. 194.
64-66. “Y como a ella nos dice Jesús que hemos tenido varios, que
hemos andado de uno en otro, de un amo en amo, de una doctrina en otra,
entregándonos ya a esta, ya a aquella y sin habernos desposado con nin-
guna...”, D, p. 194. Los “desiertos” se convierten en “páramos” en el Tra-
tado del Amor de Dios, donde se vuelve aún más diáfano el planteamiento


PAOLO TANGANELLI

autobiográfico: “Mis estudios y meditaciones de filosofía y teología me fue-


ron llevando poco á poco al más radical fenomenalismo, y llegué á ser, con
la razón, completamente ateo. Y entonces, cuando mi alma peregrinaba por
los terribles páramos del intelectualismo, solía decir que no debemos bus-
car más consuelo que la >razón< verdad, llamando verdad á la razón.”, T,
pp. 4-5.
66. Cfr. EMS, 104.
84. Cfr. N, 97-98. “…hay que borrar la letra para que el espíritu vivi-
fique, aunque los bárbaros crean que se desvanece el alma si se vierte.”,
NM, p. 140 (fragmento 494).


Nicodemo el fariseo [Borrador]

2. “Y HABIA un hombre de los Fariséos que se llamaba Nicodemo,


príncipe de los Judíos. / 2 Este vino á Jesus de noche, y díjole: Rabí, sabe-
mos que has venido de Dios por Maestro; porque nadie puede hacer estas
señales que tú haces, si no fuere Dios con él.”, S. Juan, III, 1-2 (La Santa
Biblia, que contiene los Sagrados Libros del Antiguo y Nuevo Testamento. Antigua
versión de Cipriano de Valera, cotejada con diversas traducciones, y revisada con
arreglo a los originales hebreo y griego, Oxford, Imprenta de la Universidad,
1863, p. 627).
12. “3 Respondió Jesus, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.”, S. Juan, III, 3 (ibid.).
41. “4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer, siendo viejo?
¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?”, S. Juan, III, 4
(ibid.).
45-48. “5 Respondió Jesus: De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere de agua y de Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. / 6 Lo
que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de Espíritu, espíritu es.
/ 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. 8 El
viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de donde vie-
ne, ni donde vaya: así es todo aquel que es nacido de Espíritu.”, S. Juan,
III, 5-8 (ibid.).
71. “9 Respondió Nicodemo, y díjole, ¿Cómo puede esto hacerse?”,
S. Juan, III, 9 (ibid.).


PAOLO TANGANELLI

76-86. “10 Respondió Jesus, y díjole, ¿Tú eres el maestro de Israel, y


no sabes esto? / 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos habla-
mos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. /
12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creeis; ¿cómo creeréis, si os dijere las
celestiales? / 13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, á
saber, el Hijo del hombre que está en el cielo. / 14 Y como Moisés levan-
tó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea
levantado: / 15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino
que tenga vida eterna. / 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado á su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna. / 17 Porque no envió Dios á su Hijo al mun-
do, para que condene al mundo; mas para que el mundo sea salvo por él. /
18 El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condena-
do, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios. / 19 Y esta
es la causa de su condenacion, á saber, porque la luz vino al mundo, y los
hombres amaron mas las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
/ 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz, y no viene á la
luz; porque sus obras no sean redargüidas. / 21 Mas el que obra verdad, vie-
ne á la luz, para que sus obras sean manifiestas que son hechas en Dios.”,
S. Juan, III, 10-21 (ibid.). Nótese que Unamuno no transcribe en el borra-
dor lo que está en cursiva.
116. cfr. S. Juan, III, 14-15 (ibid.).
140. cfr. S. Juan, III, 19 (ibid.).
153. cfr. S. Juan, III, 20 (ibid.).
162. S. Juan, III, 21 (ibid.). En este caso sustituye “manifiestas” con
“manifestadas”.
175. “47 Entónces los Fariséos les respondieron: ¿Estais tambien vos-
otros engañados? / 48 ¿Ha creido en él alguno de los Príncipes, ó de los
Fariséos? / 49 Mas estos comunales, que no saben la Ley, malditos son.”, S.
Juan, VII, 47-49 (La Santa Biblia, cit., p. 632).
188. “50 Díceles Nicodemo, (el que vino á él de noche, el cual era uno
de ellos,) / 51 ¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de él, y
entendiere lo que ha hecho?”, S. Juan, VII, 50-51 (ibid.).


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

193. “52 Respondieron y dijéronle, ¿No eres tú tambien Galiléo? Escu-


driña y vé que de Galiléa nunca se levantó profeta.”, S. Juan, VII, 52 (ibid.).
236-239. “39 Y vino tambien Nicodemo, el que ántes había venido á
Jesus de noche, trayendo un compuesto de mirra y de aloes, como cien
libras. / 40 Tomaron pues el cuerpo de Jesus, y envolviéronle en lienzos con
especias, como es costumbre de los Judios sepultar. / 41 Y en aquel lugar,
donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el huerto un sepulcro
nuevo en el cual aun no habia sido puesto alguno. / 42 Allí, pues, por cau-
sa de la víspera de la Pascua de los Judios, porque aquel sepulcro estaba cer-
ca, pusieron á Jesus.”, S. Juan XIX, 39-42 (La Santa Biblia, cit., p. 642).
226. “...no me lloreis á mi, mas llorad por vosotras mismas, y por vues-
tros hijos.”, S. Lucas XXIII, 28 (La Santa Biblia, cit., p. 623).
253-256. “Entré en tu casa, no diste agua para mis piés: mas esta ha
regado mis piés con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. / 45 No
me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis piés. /
46 No ungiste mi cabeza con óleo; mas esta ha ungido con ungüento mis
piés. / 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, por-
que amó mucho: mas al que se perdona poco, poco ama.”, S. Lucas, VII,
44-47 (La Santa Biblia, cit., p. 608).


El mal del siglo [Borrador]

10. Cfr. “¡Muera don Quijote!”, OCE, VII, pp. 1194-1196 y “¡Viva
Alonso Quijano!”, OCE, VII, pp. 1197-1199.
23. En la fase redaccional sucesiva Unamuno no incluye a Ibsen en el
elenco de autores nihilistas. El artículo “La Fe” (OCE, I, 962-970), de 1900,
se abre con una cita del Brandt de Ibsen, obra que Unamuno declara estar
traduciendo en la carta a Jiménez Ilundain del 26-I-1900 (EpA, p. 77). Y
en la carta a Casimiro Muñoz del 1899 se lee: “La revolución hay que hacer-
la, como dice Ibsen, en los cerebros.”, EpA, p. 55. Sobre la valoración una-
muniana del teatro de Ibsen cfr. José Paulino, “Introducción”, en M. de
Unamuno, La Esfinge. La venda. Fedra, Madrid, Castalia, 1988, p. 9.
50. En la biblioteca unamuniana se conserva sólo una edición de 1905 de
las Operette morali leopardianas: Giacomo Leopardi, “Cantico del gallo silves-
tre”, Le prose morali, Sansoni, Firenze, 1905, pp. 202-208 (CMU, col. U 2628).
84. Unamuno se refiere a los ferishim también en N, 304.
115. Cfr. D, p. 154 (Unamuno menciona al poeta italiano también en
LOD, Borrador A, 33). Curiosamente en la redacción sucesiva ya no nombra
a Verlaine, Wilde y D’Annunzio como arquetipos del esteticismo decaden-
te. Acerca de la actitud siempre polémica de Unamuno con respecto a D’An-
nunzio, cfr. V. González Martín, La cultura italiana en Miguel de Unamuno,
Salamanca, Universidad de Salamanca, 1978, pp. 209-215. Para reconstruir
la recepción unamuniana de Wilde en estos años es imprescindible consul-
tar M. de Unamuno, “Balada de la prisión de Reading”, Artículos en “Las
Noticias” de Barcelona (1899-1902), cit., pp. 187-189 (1ª ed., 14-X-1899).


Jesús y la Samaritana [Borrador]

3-7. “Dejó á Judéa, y fuése otra vez á Galiléa. / Y era menester que
pasase por Samaria. / Vino pues á una ciudad de Samaria que se llama
Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo. / Y estaba allí la
fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente.
Era como la hora de sexta. / Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y
Jesús le dice: Dáme de beber.”, S. Juan IV, 3-7 (La Santa Biblia, cit., p.
627).
19. “Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me
demandas á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no
se tratan con los Samaritanos.”, S. Juan IV, 9 (ibid.).
24. “Respondió Jesus, y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quien
es el que te dice, Dáme de beber, tú pedirias de él, y el te daria agua viva.”,
S. Juan IV, 10 (La Santa Biblia, cit., pp. 627-628).
28. “La mujer le dice: Señor, no tienes con que sacarla, y el pozo es
hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? / ¿Eres tú mayor que nuestro
padre Jacob, que nos dió este pozo; del cual él bebió, y sus hijos, y sus
ganados?”, S. Juan IV, 11-12, (La Santa Biblia, cit., p. 628).
37. “Respondió Jesus, y díjola: Cualquiera que bebiere de esta agua,
volverá á tener sed: / Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siem-
pre no tendrá sed: mas el agua que le yo le daré, será en él una fuente de
agua que salte para vida eterna.”, S. Juan IV, 13-14 (ibid.). Nótese que este
es el fragmento evangélico que aparece más modificado en el borrador; sig-


PAOLO TANGANELLI

nificativa es la corrección del caso de laísmo (“díjola” que se transforma en


“diciéndole”).
48. “La mujer le dice: Señor, dáme esta agua, para que yo no tenga sed,
ni venga acá á sacarla.”, S. Juan IV, 15 (ibid.).
52. “Jesus le dice: Vé, llama á tu marido, y vén acá.”, S. Juan IV, 16
(ibid.).
57. “Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Dícele Jesus: Bien
has dicho: No tengo marido: / Porque cinco maridos has tenido; y el que
ahora tienes, no es tu marido: esto has dicho con verdad.”, S. Juan IV, 17-
18 (ibid.).
63. “Dícele la mujer: Señor, pareceme que tú eres profeta. / Nuestros
padres adoraron en este monte; y vosotros decís, que en Jerusalem es el
lugar donde es necesario adorar.”, S. Juan IV, 19-20 (ibid.).
69-72. “Dícele Jesus: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en
este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre. / Vosotros adorais lo que no
sabeis: nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud viene de los
Judíos. / Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque tambien el Padre tales
adoradores busca que le adoren. / Dios es Espíritu, y los que le adoran, en
espíritu y en verdad es necesario que adoren.”, S. Juan IV, 21-24 (ibid.).
79-80. “Dícele la mujer: Yo sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice
el Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas. / Dícele Jesus: Yo
soy, que hablo contigo.”, S. Juan IV, 25-26 (ibid.). Creo que Unamuno
escribió antes “Yo” en el borrador y luego modificó el grafema trasformán-
dolo en “Ya”.
84. “Y decian á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros
mismos hemos oido, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del
mundo, el Cristo.”, S. Juan IV, 42 (ibid.).


La oración de Dimas [Borradores]

[BORRADOR A]

1-5. “Cuenta el Evangelio atribuido a Lucas, en los versillos 39 a 43


de su capítulo XXIII, que uno de los malhechores que eestaban colgados
(junto a Jesús) le injuriaba diciéndole: «Si tú eres el Cristo sálvate a ti mis-
mo y sálvanos». Y respondiendo el otro, reprendióle: «¿Ni aun tú temes a
Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente
padecemos, porque recibimos nuestro merecido; pero éste ningún mal ha
hecho». Y díjole a Jesús: «Señor, acuérdate de mí cuando vinieres a tu rei-
no». Y entonces Jesús le dijo: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo
en el Paraíso».”, M. de Unamuno, “El Buen Ladrón”, OCE, IX, p. 862 (1ª
ed., «El Globo», 9-IV-1903).
6-7. “Sólo de un hombre nos enseña el Evangelio que fuera salvo, sólo
a un hombre canoniza el Evangelio, sólo a uno dice Jesús: mecum eris in para-
diso, y es éste un ladrón, un pecador, de cuya vida sólo esto se sabe: que era
un ladrón. Con vida mala tuvo muerte de santo...”, D, pp. 32-33. “De
cuantos santos nos presenta el calendario, este San Dimas –no sabemos de
dónde se ha sacado tal nombre– es el único canonizado por Cristo mismo
y no por la Iglesia. Y él es un malhechor que se arrepintió a la hora de su
muerte y borró sus culpas [...] por un acto de fe.”, ibid.
9-12. “Tú lo sabes, he sido buen hijo, buen amigo, buen ciudadano...
pero no he querido renunciar a mi mundo ni encajarle en las tinieblas de
el de ellos. Yo cumplía la ley pero no por la ley porque mi ley soy yo, mi


PAOLO TANGANELLI

moral es mi naturaleza. Hacía lo que ellos dicen que se debe hacer, y de


cierto debe hacerse, pero lo hacía por mis razones, no por las suyas, y se
han dicho: «¿no hace lo que quiero que haga por la razón en que yo lo fun-
do? ¡ojo con él! es un hipócrita.» Han llegado a decir que doy mal ejem-
plo al ser bueno. No creen en el hombre, sino en la ley escrita...”, NM, pp.
112 y 114 (fragmentos 319-323). El cuento El fin de un anarquista que
Unamuno interpoló en Nuevo Mundo tal vez se parece aún más al texto de
LOD: “Tú lo sabes, he sido buen hijo, buen marido, buen padre, buen ciu-
dadano... pero no he querido renunciar a mi mundo ni encajarle en las
tinieblas de ellos. Yo cumplía la ley, pero no por la ley; mi ley soy yo, mi
moral mi naturaleza. / Yo hacía lo que ellos dicen que se debe hacer y lo
que se debe hacer, pero lo hacía por mis razones, no por las suyas, y se han
dicho: «¿no hace lo que yo quiero por la razón en que lo fundo? ¡ojo con
él! es un hipócrita.» Dicen que doy mal ejemplo al ser bueno porque sí.
No creen en el hombre, creen en la ley...”, “El fin de un anarquista”, NM,
p. 178 (fragmentos 20-25).
11. “Hay fariseos a quienes escandaliza eso de que una muerte humilde
y resignada y generosa redima toda una vida, y que ponen todo el valor del
hombre en las obras.”, M. de Unamuno, “El Buen Ladrón”, OCE, IX, p. 863.
15. En el segundo cuaderno del Diario íntimo Unamuno medita sobre
la oración de Dimas utilizando Das Geistliche Leben (Graz, Styria, 1895) del
padre Heinrich Seuse Denifle como interlocutor (CMU, col. U 485; cfr. D,
pp. 79-81). Acerca de la importancia de este texto véase N. R. Orringer,
Unamuno y los protestantes liberales (1912) – Sobre las fuentes de ‘Del sentimien-
to trágico de la vida’, Madrid, Gredos, 1985, p. 106.
18-24. “Con la civilización el mal se difunde, se esparce, se derrama en
pequeñas dosis por cada acto menudo. Habrá menos crímenes, menos vio-
lentos pecados, pero cada acto menudo va teñido de pecado.”, D, p. 93.
32-33. Unamuno traduce los vv. 21-24 del “Canto dell’Ospite”, XI, per-
teneciente al poemario Canto Novo (1883) de Gabriele D’Annunzio: “Canta la
gioia! Lungi da l’anima / nostra il dolore, veste cinerea. / È un misero schia-
vo colui / che del / dolore fa la sua veste.”, G. D’Annunzio, Versi d’amore e di
gloria, I, Milán, Meridiani Mondadori, 1982, p. 163. Cfr. EMS-borrador, 115.
34-35. Cfr. LOD, Borrador B, 13 y Borrador C, 7; EMS, 42, 72 y 86;
N-borrador, 109; EMS-borrador, 34, 73.


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

[BORRADOR B]
2. “Et nos quidem juste: (nam digna factis recipimus): iste vero nihil
indecens fecit. / 42 Dixitque, Jesu, Domine, memento mei, quum veneris
in regnum tuum.”, Lucas, XXIII, 41-42 (Novum Testamentum Latine, ed. de
T. Beza, Berolini, Sumptibus Societatis Bibliophilorum Britannicae et
Externae, 1868, p. 169; CMU, col. U 4569). “Et nos quidem juste, nam
digna factis recipimus: hic vero nihil mali gessit. / 42 Et dicebat ad Jesum:
Domine, memento mei, cum veneris in regnum tuum.”, Lucas, XXIII, 41-
42 (“Novum Jesu Christi Testamentum”, Biblia Sacra, Tornaci Nerbiorum,
Desclée Lefebvre, 1901, p. 63; CMU, col. U 6010).
9-10. Cfr. LOD, Borrador D, 15-17. “Del fondo del dolor, de la mise-
ria, de la desgracia, brota la santa esperanza en una vida eterna, esperanza
que dulcifica y santifica el dolor.”, D, pp. 101-102. Es posible que Una-
muno leyera en Auguste Sabatier que es preciso considerar el dolor como
fuente de la conciencia humana (Cfr. N. R. Orringer, op. cit., pp. 67-68;
sobre la relación dolor-conciencia en Unamuno, cfr. J. D. García Bacca,
“Unamuno o la conciencia agónica”, Nueve grandes filósofos contemporáneos y
sus temas, Barcelona, Anthropos, 1990, pp. 83-148).
14. Cfr. LOD, Borrador D, 18. Este verso, “muero porque no muero”,
que encontramos también en la producción poética teresiana, se repite en
los versos 17, 24, 38, 45 y 52 de “Vivo sin vivir en mí” de San Juan de la
Cruz (Obras Completas, 11ª ed., ed. de L. Ruano de la Iglesia, Biblioteca de
Autores Cristianos, Madrid, 1982, pp. 10-11).
28. Cfr. LOD, Borrador C, 32. En otra anotación diarística, en la cual
reflexiona acerca del caso de Dimas, aunque no lo nombre, escribe el maes-
tro vasco: “¿Por qué nos escandalizamos de que un último arrepentimiento
sincero borre una vida de pecados? El que obtiene esa gracia es que fue bue-
no, es que hizo el mal que no quiso. [...] No basta ser moral, hay que ser
religioso; no basta hacer el bien, hay que ser bueno. [...] Es mucho más pro-
fundo de lo que se cree lo de que la fe justifica las obras, y si la fe sin obras
es fe muerta, las obras sin fe son obras vanas.”, D, p. 94.

[BORRADOR C]
15. Escribe Unamuno en el primer cuaderno del Diario íntimo acerca
del libre albedrío: “El curso de los fenómenos [...] es un curso determina-


PAOLO TANGANELLI

do; cada suceso del mundo exterior así como cada estado de conciencia se
sigue por ley a los que le preceden y acompañan. Y por debajo hay el libre
albedrío, que nos hace sentirnos culpables y nos levanta sobre el tiempo.
Por él vivimos en la eternidad.”, D, p. 43.
24. “Pero la concepción verdaderamente religiosa es otra: «que lo
importante es sentir bien, aunque no hagamos el bien que queremos, sino
el mal que no queremos» (Rom., VII, 19).”, M. de Unamuno, “El Buen
Ladrón”, OCE, IX, p. 863.

[BORRADOR D]

4. “El fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: «Dios, te doy gra-
cias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni
aun como este publicano.» (Lucas, XVIII, 11).”, M. de Unamuno, “El Buen
Ladrón”, OCE, IX, p. 863.
23-26. Cfr. EMS, 53-55; EMS-borrador, 42; LOD, Borrador B, 39 y
Borrador C, 9; SPA-LCD, Borrador B 22. La fuente probablemente habría
que buscarla en las numerosas anotaciones del Diario íntimo tituladas
“Muerte” o “De la muerte”.

[BORRADOR E]

20. “...ut intellegant homines per eandem gratiam se iustificari a pec-


catis, per quam factum est ut homo Christus nullum posset habere pecca-
tum?”, San Agustín, Enchiridion ad Laurentium de fide et spe et caritate, 36
(XI, 15).
21. “Qua ergo gratia homo ille ab initio factus est bonus, eadem gra-
tia homines qui sunt membra eius ex malis fiunt boni.”, San Agustín, Con-
tra Iulianum (Opus imperfectum), 138. Es posible que Unamuno recordara
también este fragmento: «...qui fecit illum talem, ut numquam habuerit
habiturusque sit voluntatem malam; ipse facit in membris eius ex mala
voluntate bonam.», San Agustín, De dono perseverantiae, XIV, 67.
22. San Agustín emplea con cierta frecuencia la muletilla «Virtus in
infirmitate perficitur».


San Pablo en el Areópago
La conversión de San Dionisio
[Borradores]

[BORRADOR A]

1-2. “Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles (cap. XVII) que
llevado Pablo sup[á] Atenas disputaba con los estoicos y epicureos…”, AJH,
6v-7r. “Cuenta el libro de los Hechos de los apóstoles que á donde quiera
que fuese Pablo se concitaban contra él los celosos judios y le perseguían.
Fué apedreado en Iconio y en Listra, ciudades de Licaonia, á pesar de las
maravillas que en la última obró, le azotaron en Filipos de Macedonia y le
persiguieron sus hermanos en Tesalónica y en Berea. Pero llegó á Atenas, á
la noble ciudad de los intelectuales sobre que velaba el alma excelsa de Pla-
tón, y allí disputó con epicúreos y estoicos...”, T, pp. 35-36. “Cuenta el
libro de los Hechos de los Apóstoles que adondequiera que fuese Pablo se
concitaban contra él los celosos judíos para perseguirle. Apedreáronle en
Iconio y en Listra, ciudades de Licaonia, a pesar de las maravillas que en la
última obró; le azotaron en Filipos de Macedonia y le persiguieron sus her-
manos de raza en Tesalónica y en Berea. Pero llegó a Atenas, a la noble ciu-
dad de los intelectuales, sobre la que velaba el alma excelsa de Platón, el
de la hermosura del riesgo de ser inmortal, y allí disputó Pablo con epicú-
reos y estoicos...”, STV, III, p. 61. Cfr. Carta a Juan Arzadun, 30-X-1897,
Epa, pp. 43-44.


PAOLO TANGANELLI

[BORRADOR B]

1. “El instinto de la novedad, tan vivaz en la raza griega, les picó la


curiosidad. Era una raza preparada por larga cultura estética. Véase, pues,
para qué puede servir el esteticismo y como puede llevar a oír la palabra de
Dios. [...] El mundo era para hablar de él, para espectáculo y tema de con-
versación. Los literatos, los diletanti [sic], los esteticistas de hoy son los ate-
nienses.”, D, p. 196. Unamuno cita a Hello en la carta a Juan Arzadun del
30-X-1897, cfr. EpA, p. 41.
2. “«Pasando y examinando vuestros santuarios hallé un altar y en él
escrito: Al dios desconocido; al cual, que desconociéndolo, honráis, os anun-
cio.» / Es el Inconocible de Spencer, la Voluntad de Schopenhauer, el vago
Ideal de nuestros atenienses.”, D, pp. 196-197. Cfr. EMS, 19-20.
3. Cfr. N, 205; EMS, 82.
3-4. En el Diario íntimo Unamuno ya se había declarado en contra del
panteísmo nihilista: “...y así paraba en el Dios Nada a que el panteísmo
conduce...”, D, p. 15. Cfr. D, p. 72.
6. Este versículo de los Hechos de los Apóstoles (XVII, 28) aparece tanto
en el Diario íntimo como al final de El mal del siglo: “A los atenienses fue a
los que dijo S. Pablo que vivimos y nos movemos y somos en Dios (vers.
28)...”, D, p. 197; “...y así que sea todo en todos Dios, en quien vivimos y
nos movemos y somos (Hechos de los apóstoles. XVII, 28)...”, EMS, p. 29.
También lo cita en la carta a Amadeo Vives del 7-III-1899: “...y sea todo
en todos como decía San Pablo.”, M. de Unamuno, Epistolario inédito,
Madrid, Espasa-Calpe, 1991, T. I, p. 65.
9-10. “¡Cuánto daño hace ese neo-misticismo, ese falso misticismo de
soberbios, ociosos, sensuales y borrachos!”, D, p. 77. “Literatismo, neo-mis-
ticismo, religiosismo romántico, piedad de moda, catolicismo de sensatez
humana, fe aparente de buen tono, luchas callejeras y periodísticas, disen-
siones de partidos, dogmatismos formalistas, mezquindades ruines de almas
estrechas, ¡cuánta miseria!”, D, p. 157. “Y comenzó Pablo un admirable
sermón, mas al llegar á hablarles de la resurrección de Cristo «así que
oyeron la resurrección de los muertos, unos se burlaban y otros decían: te
oiremos acerca de esto otra vez» (vers. 32) No toleran var[aguantan] tales


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

palabras los estetas, es decir, los que sólo perciben por los sentidos.”, AJH,
p. 7r. “Ya está Pablo ante los refinados atenienses [...]. Y alza la voz allí,
en medio del Areópago y les habla como cumplía á los cultos ciudadanos
de Atenas, y todos, ansiosos de la última novedad, le oyen, mas cuando lle-
ga á hablarles de la resurrección de los muertos se sup[les] acaban la pacien-
cia y la tolerancia y unos se burlan y otros le dicen: te oiremos de esto otra
vez!”, T, pp. 36-37. “Ya está, pues, Pablo ante los refinados atenienses [...].
Y alza la voz allí, en medio del Areópago, y les habla como cumplía a los
cultos ciudadanos de Atenas, y todos, ansiosos de la última novedad, le
oyen; mas cuando llega a hablarles de la resurrección de los muertos se les
acaba la paciencia y la tolerancia, y unos se burlan de él y otros le dicen:
«¡Ya oiremos otra vez de esto!», con propósito de no oírle.”, STV, III, p.
62.
12. Cfr. EMS, 93-94 y D, p. 100.
17. También en la carta a Jiménez Ilundain del 25-III-1898 (EpA, p.
47), Unamuno, refiriéndose al Reinado social de Jesús, identifica el sobre-
hombre nietzscheano con el cristiano. Acerca del Übermensch véase también
la carta a Casimiro Muñoz del 1899 (EpA, p. 55) y la carta a Pedro-Emi-
lio Coll del mismo año (EpA, p. 72).
20. En este borrador Unamuno indica tan sólo a Huysmans como ejem-
plo execrable de la literatura neomística. El Diario íntimo es más exhausti-
vo, porque al lado de En route di Huysmans y a Madame Gervaisais de los
hermanos Goncourt, señala también a Renan (Vie de Jesus) y a Chateau-
briand por su “lúgubre René”: cfr. D, pp. 155-156.
23. “...llenos de curiosidad >se< le llevaron al Areópago á que les
expusiera la nueva doctrina porque «entonces todos los atenienses y los
huéspedes extranjeros *no pasaban el tiempo más que >en ninguna otra
cosa entendían sino< en decir ó en oir >novedades» (vers. 21)< lo más nue-
vo» (vers. 21)”, AJH, p. 7r. “...y tomándole le llevaron al Areópago dicien-
do: ¿podremos saber que sea esta nueva doctrina que dices? porque *traes
á >pones en< nuestros oidos >unas nuevas cosas; queremos< cosas peregri-
nas y queremos saber que quiere ser eso» (XVII 19-20) añadiendo el libro
esta maravillosa caracterización de aquellos atenienses de la >lit< decaden-
cia, de aquellos lamineros y golosos de >c[?]< curiosidades pues «entonces
los atenienses todos y sus huéspedes extranjeros no se ocupaban en otra cosa


PAOLO TANGANELLI

sino en decir ó en oir algo de más nuevo» (vers. 21)...”, T, p. 36. “...y
«tomándole, le llevaron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué sea
esta nueva doctrina que dices? Porque traes a nuestros oídos cosas peregri-
nas y queremos saber qué quiere decir eso» (versículos 19-20), añadiendo
el libro esta maravillosa caracterización de aquellos atenienses de la deca-
dencia, de aquellos lamineros y golosos de curiosidades, pues «entonces los
atenienses todos y sus huéspedes extranjeros no se ocupaban de otra cosa
sino en decir o en oír algo de más nuevo» (versículo 21).”, STV, III, p. 61.
25. “Porque el buen González Serrano es otro infeliz que sabe cosas, pero no
piensa, que lee mucho y conoce letras, pero no música.”, Carta a Arzadun del
17-VI-1892, EpA, p. 37.


El reinado social de Jesucristo
[Borradores]

[BORRADOR A]

8-11. “Y sobre todo, era Jesús un mal patriota. No sólo se había atre-
vido, con la moneda del tribuno en la mano, á decir, que puesto que lle-
vaba la efigie del César, se le diera al César lo que es del César; es decir,
que era lícito pagar tributo al odiado romano, sino que con su conducta
atraía la suspicaz mirada de los dominadores que acabarían por borrar la
nación judía del haz de la tierra.”, M. de Unamuno, “Mateo, XXIII, 5
–Juan, XI, 47 y 48– Nicodemo”, Juventud, Madrid, 27-III-1902. Estas
palabras se leen en la sección titulada “Juan, XI, 47 y 48”.
15. “Lo cierto es que Jesús era un imprudente y un revoltoso, un pre-
dicador de novedades y de utopias, denunciador de las personas respetables
y de prestigio. No podía ni debía consertirse aquello; la causa del orden
público exigía que se le prendiese y pusiese á buen recaudo.”, M. de Una-
muno, “Mateo, XXIII, 5 – Juan, XI, 47 y 48 – Nicodemo”, Juventud,
Madrid, 27-III-1902. Estas palabras se leen en la sección titulada “Juan,
XI, 47 y 48”.
18. “La patria del alma es Dios, y el hombre debe ser dueño y no escla-
vo de la tierra.”, Carta a Jiménez Ilundain del 25-III-1898, EpA, p. 48.
19-21. “...toda aquella concepción romana, nacida de la guerra y basa-
da en la propiedad privada, toda aquella construcción jurídica de un pue-
blo de amos de esclavos se ha infiltrado en las almas modernas, en la mis-
ma doctrina cristiana. La iglesia católica no es en gran parte más que un


PAOLO TANGANELLI

monstruoso compromiso entre dos cosas que se destruyen, el Derecho


Romano y el Evangelio, la Ley de las doce tablas y el Sermón de la mon-
taña.”, Carta a Jiménez Ilundain del 25-III-1898, EpA, p. 48.
23. “El reinado social de Jesús quiero hacerlo con calma, con corazón y
con vida. Es su tesis central la de que hay que aplicar a las relaciones entre
los pueblos, la misma moral que se preconiza para las relaciones entre los
individuos.”, Carta a Jiménez Ilundain del 25-III-1898, EpA, p. 47.
29. “Es una condena de la guerra y del militarismo y de todos los bár-
baros sentimientos que engendra el exclusivismo nacional.”, Carta a Jimé-
nez Ilundain del 25-III-1898, EpA, p. 47.
42-43. Cfr. RSJ, Borrador B, 9-10. “Y si el cuadro ideal de una socie-
dad cristiana, honda y radicalmente cristiana, parece un sueño irrealizable,
si la ciudad de Dios parece una utopía, a esto se contesta con aquellas pala-
bras de Cristo: «Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos».
[...] Sólo proponiéndose lo imposible se logra lo posible.”, Carta a Jiménez
Ilundain del 25-III-1898, EpA, p. 48.
71. En la nota 1 de p. 107 del tercer tomo de Lehrbuch der Dogmenges-
chichte de Adolf Harnack – Freiburg I. B. Und Leipzig, Akademische Ver-
lagsbuchhandlung von J. C. B. Mohr (Paul Siebeck) – se lee esta cita agus-
tiniana: “Caritas inchoata inchoata iustitia est; caritas provecta provecta
iustitia est; caritas perfecta perfecta iustitia est”.
72-74. “El reinado social de Jesucristo. Suele ser bandera de partido,
con cosas como proteccionismo etc.”, D, p. 75. Luego, en el Diario íntimo,
Unamuno trae a colación la misma cita evangélica (Juan, VI, 15) que se
encuentra dos veces en estas notas (RSJ, Borrador A, 3-4; Borrador B, 3).
96. 96. Cfr. “Civilización y cultura”, OCE, I, pp. 992-997 (1ª ed., Cien-
cia social, 1896).
105-107. “Los sentimientos de lucha, el heroísmo militar, el patriotis-
mo estrecho, el apego a la tierra, todo ello tiene que desvanecerse en el alma
cristiana. El heroísmo cederá a la santidad, a la caridad fraternal el patrio-
tismo. [...] Pero hoy, a nombre de religión, se exalta el heroísmo pagano,
el pundonor mundano, el patriotismo bélico, el odio de razas, etc.”, Carta
a Jiménez Ilundain del 25-III-1898, EpA, pp. 47-48.


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

110. “Bien sabe Dios la raiz de esas contradicciones, y de las afliccio-


nes con que á ratos sup[ellas] me abruman. / Para sacudirmelas, y atento á
la >de que< evangélica sentencia de que si la semilla de trigo no cae en
tierra y en esta muere quedará sola, pero si muere, fructificará mucho (Juan,
XII 24), rindiéndome á la voz imperativa de mis entresijos var[entrañas], me
dejo ser como de primer arranque soy y manirroto de espíritu me vierto y
me prodigo, seguro de que enriquece más el dar que sup[no ] el recibir.”,
AJH, p. 1v.

[BORRADOR B]

1. Escribe Unamuno a Giner de los Ríos en 1899: “Ahora trabajo en


El reinado social de Jesús, respuesta a ese reinado social de Jesucristo que se
compadece con bendecir banderas para la guerra y tergiversa el claro ‘no
matarás’. En él desarrollo lo practicable y humano de la no resistencia al
mal, la doctrina de la resignación activa, el combate espiritual contra la
guerra y sus consecuencias. Más en el fondo es un ataque a la concepción
belicosa de la vida, que a mi entender culmina el el derecho romano.”, apud
J.J. Gil Cremades, Krausistas y liberales, Seminarios y ediciones, Madrid,
1975, p. 268. Unamuno expone las mismas ideas en otra carta a Federico
Urales del 1-VII-1898: cfr. M. de Unamuno, Epistolario inédito, cit., I, p.
56.
2. El Imparcial presentaba aquel día (11-X-1897) el retrato poco espe-
ranzador de toda una nación volcada en rescatar con las armas la vilipen-
diada honra nacional. Unamuno citó de manera bastante libre el último
período de un artículo que aparecía en la portada y refería las declaraciones
del presidente del Consejo sobre la difícil situación de Filipinas: “Según
ministeriales caracterizados, el gobierno quiere que la próxima campaña en
el Archipiélago sea tan activa como de eficaces consecuencias, sin que se dé
un momento de tregua al enemigo. El presidente del Consejo es de opinión
–añadían– que en Filipinas hay que acabar pronto y por las armas lo que
por las almas empezó, á fin de que no vuelva á retoñar la rebeldía en pe-
ríodo más ó menos largo. Nada de transacciones con los insurrectos: ó se rin-
den á discreción, ó son exterminados como demanda la mucha sangre ino-
cente vertida por aquellos criminales.” Además, tenía que tener presente


PAOLO TANGANELLI

también las últimas palabras que el señor Labra pronunció en el congreso


de Vitoria de los republicanos, donde elogió “los esfuerzos de España para
concluir las guerras de Cuba y Filipinas” (palabras citadas en la segunda
página). Y también tenía que sentirse traicionado por la falta de coheren-
cia del PSOE, que en lugar de desenmascarar los sórdidos intereses por los
que se combatía la guerra, se limitaba – como se decía en primera página
– a reclamar sólo un tratamiento igualitario de las distintas clases sociales
(la abolición de la llamada “redención a metálico”).
7. Cfr. LOD, Borrador A, 9-12.
16. “En tiempo de Cristo dos grandes corrientes mesiánicas, la una
política y la otra religiosa. Soñaban unos, bajo el nombre de Reino de Dios,
el restablecimiento del reinado de Israel y el sacudimiento del yugo roma-
no, y por Mesías esperaban a un guerrero. Así los que hoy esperan una
Arcadia terrestre, el reinado de la igualdad, el fin del dominio burgués (la
burguesía y el romanismo), la tierra de promisión aquí abajo y aquí abajo
la justicia.”, D, pp. 197-198. “Pero ante todo y sobre todo, hay en la mane-
ra de ver usted a Cristo, y con usted otros muchos, no poco de la manera
con que le veían muchos de sus coetáneos, que querían que fuese un lucha-
dor y nunca comprendieron aquel «mi reino no es de este mundo». Para
acusar en nombre de Cristo a éstos o los otros de haber disfrazado sus doc-
trinas precísase haberlas rumiado mucho directamente.”, CCU, p. 45.
22. Wilhelm Gottlieb Tennemann, Geschichte der Philosophie, Leipzig,
Johann Ambrosius Barth, 11 vols., 1798-1819 (CMU, col. U 3804-15).
24. En realidad se trata de la I epístola de Juan (III, 18): “Hijitos mios, no
amemos de palabra, ni de lengua; sino de obra y en verdad.”, La Santa
Biblia…, cit., p. 732.

[BORRADOR C]

1. “Siempre que oíamos repetir cien y mil veces la frasecita tan obli-
gada del reinado social de Jesucristo, figurábasenos que lo que con ella se
trataba de decir es que debe extender la moral cristiana –cristiana ¡ojo!– a
las relaciones internacionales.”, “El reinado social de Jesucristo”, OCE, IX,
p. 659. Basándose en este principio, que se condensa “en esta suprema sen-
tencia: ame una nación a otra como a sí misma” (ibid.), ya en este artículo


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

socialista de 1896 termina descalificando toda forma de heroísmo militar.


Unamuno defendió estas polémicas ideas en varios artículos de la época; en
julio del 98 escribió: “con motivo de esta guerra, tan irracional de una y
de otra parte como otra cualquiera, los mismos que abogan por la paz man-
tienen, por lo general, explícita o tácitamente, todo eso del honor y otros
tópicos de barbarie y de perdición, tumores pestíferos de la historia”,
“Renovación”, OCE, III, p. 686 (1ª ed., Vida Nueva, Madrid, 31-VII-1898).
En enero había publicado otro artículo contra la guerra ‘capitalista’ en la
revista financiera La Estafeta; El negocio de la guerra – así se titulaba – vol-
vía a proponer, edulcorándolas, las tesis que ya había expresado en La lucha
de clases, y aunque evitara la palabra ‘socialismo’, no renunciaba a citar a
Achille Loria. Este texto concluye con la útopica referencia no exactamen-
te al ‘reinado de Jesús’, sino al de Dios: “Día llegará [...] en que se vea cla-
ro que los que combaten hoy las leyes, por muchos creídas eternas, de la
concurrencia, de la guerra y del patriotismo al 6 por 100 son los que sien-
ten más al vivo la penosa ascensión del pobre linaje humano a la paz final
del reino de Dios.”, “El negocio de la guerra”, La Estafeta, Madrid, 23-I-
1898.


Sermón sobre la sencillez

7. Para contextualizar esta referencia a los “misticismos infantiles”, cfr.


P. Tanganelli, Unamuno fin de siglo..., cit., pp. 46-57.
10. A menudo Unamuno identifica con la ‘letra’ el ‘dogma’, que se
contrapone a la ‘fe’ (a su vez equiparada a la ‘música’ o al ‘espíritu’). Esta
contraposición desaparece, igual que en este párrafo, también en algunas
anotaciones del Diario íntimo: “Y hoy a medida que más pienso más claros
se me aparecen los dogmas y su armonía y su hondo sentido.”, D, p. 169.
11. Cfr. EMS, 59. Tal vez se trate de una alusión a la fase ‘contempla-
tiva’ de la crisis.
17. En el archivo unamuniano se guarda sólo un libro de San Bernar-
do: De Consideratione ad Eugenium Papam, Parisiis, A. Roger et F. Cherno-
viz, 1878 (CMU, col. U 4574).
22. T. Kempis, De la imitación de Cristo, Henziger, Einsiedeln (Suiza),
1897 (CMU, col. U 6015).


[Plan del Tratado del Amor de Dios]

1. Evidentemente Unamuno pensaba insertar en el prólogo del Tratado


del Amor de Dios la meditación evangélica que debía titularse San Pablo en
el Areópago. De Otto Pfleiderer se conservan dos volúmenes en el archivo
unamuniano: Die Entstehung des Christentums, München, J. F. Lehmann’s Ver-
lag, 1905 (CMU, col. U 1900); Religionsphilosophie auf geschichtlicher Grun-
dlage, Berlin, Druck und Verlag von Georg Reimer, 1896 (col. U 811).
3. Sobre la reformulación unamuniana del aforismo Nihil volitum quin
praecognitum, cfr. AJH, p. 19r; T, p. 1; STV, VI, p. 118.
4. Probablemente Unamuno quería utilizar uno de sus cuadernillos que
ha publicado Laureano Robles: M. de Unamuno, “Crítica de las pruebas de
la existencia de Dios”, Limbo, Oviedo, 8, 1999, pp. 15-23.
7. “¡Pistis y no Gnosis!”, OCE, III, pp. 681-685 (1ª ed. Revista Políti-
ca Ibero Americana, 30-I-1897).
8. Trazo una panorámica del erostratismo unamuniano en la conferen-
cia “Del erostratismo al Amor de Dios” que impartí en las “V Jornadas una-
munianas” (23-25 de octubre de 2003). Nelson Orringer desarrolla sabia-
mente algunas de mis ideas en “«Concebirnos como no existentes». El
problema de editar al filósofo Unamuno”, Cuadernos de la Cátedra Miguel de
Unamuno, 38, 2003 [publicado en noviembre de 2004], pp. 47-61. Estos
son los más significativos intra-textos de la doctrina de la incertidumbre:
“A Platón, tratando en su Fedón de la inmortalidad del alma se le escapó
aquel profundo dicho de ¡hermoso es el riesgo! ,


PAOLO TANGANELLI

hermoso es el riesgo que se corre de no morirsup[senos] nunca el alma, ger-


men sup[este] argumento del famoso de la apuesta de Pascal.”, AJH, p. 4v
(Unamuno, que había escrito antes “del famoso argumento”, indica que es
preciso invertir el orden de las palabras). “>Terri< Trágico es el problema,
y eterno, y cuanto más queremos de él huir más vamos á dar en él. Fue el
sereno Platón, hace ya veinticuatro siglos, el que en su diálogo sobre la
inmortalidad del alma ó Fedón dejó escapar del alma, hablando >del ries-
go< de lo dudoso de nuestros ensueños y del riesgo de que sean vanos,
aquel profundo dicho ¡hermoso es el riesgo! , her-
moso es el riesgo que corremos de que se no se nos muera el alma nunca,
germen esta sentencia del >fam< argumento famoso de la apuesta de Pas-
cal.”, T, p. 45. “Trágico es el problema y de siempre y cuanto más quera-
mos de él huir, más vamos a dar en él. Fué el sereno - ¿sereno?- Platón,
hace ya veinticuatro siglos, el que en su diálogo sobre la inmortalidad del
alma dejó escapar de la suya, hablando de lo dudoso de nuestro ensueño de
ser inmortales, y del riesgo de que no sea vano, aquel profundo dicho:
«¡Hermoso es el riesgo!», kaloj gar o kindunoj, hermosa es la suerte
que podemos correr de que no se nos muera el alma nunca, germen esta
sentencia del argumento famoso de la puesta de Pascal.”, STV, III, p. 58.
11. “>Se< Nos dijo el Maestro que seamos perfectos como >nuestr< es
perfecto nuestro Padre que está en los cielos (Mat. V 48) y en el orden del
pensar y sentir nuestra perfección consiste en ahincarnos porque nuestra
imaginación llegue á la total imaginación de la humanidad de que forma-
mos, en Dios, parte.”, T, p. 30.
14. Phillips Brooks, The Mystery of Iniquity and Other Sermons, 4ª ed.,
London-New York, MacMillan, 1900 (CMU, col. U 290).
15. En este capítulo del Tratado del Amor de Dios debía confluir Jesús
y la Samaritana.
16. Unamuno se refiere a Heinrich Seuse, Deutsche Schriften, München,
Literarisches Institut von Max Huttler, 1876 (CMU, col. U 4792). Creo
que las palabras “Si lo haces te pesa, si no lo haces también” parafrasean el
comienzo del fragmento 81 de los Diapsálmata kierkegaardianos: “Si te
casas, te arrepentirás; si no te casas, también te arrepentirás. Te cases o no
te cases, lo mismo te arrepentirás. Tanto si te casas como si no te casas, te


Meditaciones Evangélicas. NOTAS

arrepentirás igualmente. Si te ríes de las locuras del mundo, lo sentirás; si


las lloras, también lo sentirás. Las rías o las llores, lo mismo lo sentirás.
Tanto si las ríes como si las lloras, lo sentirás igualmente. Si te fías de una
muchacha, lo lamentarás; si no te fías, también lo lamentarás. Te fíes o no
te fíes, lo mismo te lamentarás. Tanto si te fías como si no te fías, lo lamen-
tarás igualmente. Si te ahorcas, te pesará; si no te ahorcas, también te pesa-
rá. Te ahorques o no te ahorques, lo mismo te pesará. Tanto si te ahorcas
como si no te ahorcas, te pesará igualmente.”, Søren Kierkegaard, Estudios
estéticos I (Diapsálmata. El erotismo musical), ed. de D. Gutiérrez Rivero,
Málaga, Ágora, 1996, p. 82. Cfr. Søren Kierkegaard, Samlede Vaerker, Vol.
I, Kjøbenhavn, Gyldendalske Boghandels Forlag (F. Hegel & Søn), 1901,
pp. 22-23 (CMU, col. U 4776).
17. Huelga remembrar que Unamuno quería transformar El reino del
hombre (refundición de la novela Nuevo Mundo) en El reino de Dios: “Duerme
y dormirá el manuscrito de El reino del hombre, que ya el año pasado termi-
né. Si lo repaso, será para refundirlo convirtiéndolo en El reino de Dios.”,
Carta a Arzadun del 30-X-1897, EpA, p. 43. Acerca del “sobre-hombre
cristiano”, cfr. SPA-LCD, Borrador B, 17. En este fragmento Unamuno se
refiere a las dos últimas páginas de A. Crespi, “La nuova teologia di J. R.
Campbell”, Coenobium – Revista internazionale di liberi studi, I, n. 4, maggio-
giugno 1907, pp. 29-38.
18. El reinado social de Jesús debía, en un principio, cerrar el Tratado del
Amor de Dios.


REPRODUCCIÓN FACSIMILAR
DEL
PLAN DEL TRATADO DEL AMOR DE DIOS
Plan del Tratado de Amor de Dios. REPRODUCCIÓN FACSIMILAR

Plan del Tratado del Amor de Dios, p. 1r


PAOLO TANGANELLI

Plan del Tratado del Amor de Dios, p. 1v


Plan del Tratado de Amor de Dios. REPRODUCCIÓN FACSIMILAR

Plan del Tratado del Amor de Dios, p. 2r

