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Versión 2.

1
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algunos de los temas del libro.
DEDICATORIA

Dedico este libro y mi vida entera a mi Señor Jesús. Nadie me ha comprendido


como El. Nadie me ha perdonado como El, y nadie me ha guiado como El.

También quiero dedicárselo a mi esposa Susana y a mis hijos Yecid Alejandro y


José Johanan, quienes no han dejado de estar a mi lado en las buenas y en las malas;
cuando les fallé ellos me amaron, me perdonaron y se quedaron a mi lado.

A todos los que fueron maltratados por los líderes, ancianos, pastores y apóstoles de
la neo-iglesia cristiana, ya sea bautista, metodista, anglicana, adventista, carismática,
pentecostal, católica, testigos de Jehová, mormones, etc.

A todos aquellos que han sido engañados por la religión, que han puesto su dinero,
su trabajo, sus esperanzas y sus más grandes sueños en ella.

A los compañeros y compañeras de los movimientos sociales que luchan por los
pobres y por sus derechos, que saben que la religión es el opio del pueblo.

A todos los amigos del mundo en que habitamos, que miran a la iglesia cristiana y
no ven a Jesús, sino a la gente que saca plata, que miente, que engaña, que abusa del
pueblo, que roba, que son fanáticos, que hacen cosas raras, que hablan de moral y son
pervertidos.

A todos ellos que se preguntan “Por que dicen que Dios existe y que es bueno si el
mundo esta lleno de pobreza, guerras, genocidios, desgracia, hambre y maldad?”

Y finalmente a los líderes que guían a la iglesia pero que han abandonado al Señor
Jesús.
INDICE

Agradecimiento …………………………………………………………………...…… i

Introducción …………………………………………………………………………… ii

Yo te Seguiré …………………………………………………………………………... iv

Capitulo 1 El Conocimiento del Bien y del Mal ………………………….. 1

Capitulo 2 Jesús y la Voluntad de Dios …………………………………… 6

Capitulo 3 El Valle de la Decisión ……………………………………….. 12

Capitulo 4 Metamorfosis………………………………………..………… 15

Capitulo 5 Sabiduría, Entendimiento y Revelación ……………………… 18

Capitulo 6 Oír la Voz de Dios ……………………………………..…...… 37

Capitulo 7 La Voluntad y el Corazón del Padre ……………………..…… 42

Capitulo 8 La Revelación del Antiguo y Nuevo Testamento ……….……. 50

Capitulo 9 El Pacto y La Cruz …………………………………………..... 84

Capitulo 10 La Visión Revelada ………………………………………….. 105

Capitulo 11 Las Alas de la Fe……………………………………………....119

Capitulo 12 La Travesía en Su Voluntad …...................................................126

Salutación………………………………….……………………………………….…133
AGRADECIMIENTOS

Estoy agradecido a muchas personas que colaboraron en este libro. Entre ellas,
quiero destacar la ayuda de un amigo y hermano, con quien compartí muchos años,
sentándonos a disfrutar las revelaciones que el Señor nos dio: Jorge Schulz.

A Robert Beecham, quien ha aportado muchísimo a este libro con sus enseñanzas
sobre al Nuevo Pacto. Él vive en Londres, junto a su familia. Espero conocerlo
personalmente. A Carla Noriega quien hizo la traducción.

Entre todos los hermanos que no pude conocer personalmente, quienes lucharon por
el despertar y reforma de la iglesia se encuentran: Francis Schaeffer, A.W. Tozer y C.S.
Lewis. Quiero honrarlos y agradecerles por haberme inspirado con sus escritos.

Gracias a Dave Roberson y Gary Carpenter. A pesar de nunca haberlos conocido


personalmente, ví que recibíamos exactamente lo mismo de Dios; el Espíritu confirmaba y
daba testimonio de la Verdad.

No puedo dejar, de ninguna manera, de agradecer con mi vida al Señor Jesús. Él me


ha motivado a escribir cada una de las palabras de este libro, con amor para la Iglesia y para
quienes aún no le conocen.

i
INTRODUCCION

Fue hace más de diez años que el Señor me reveló que quería usarme para que hable lo que
muchos no podían o no se atrevían a decir.

He trabajado en todo tipo de actividades y he logrado muchos diplomas, pero sin valor
alguno comparado a estar en Cristo. He dedicado gran parte de mi vida a la música, soy
cineasta, escribo guiones para películas y pinto. El arte ha sido el medio por el cual he
podido transmitir muchas de las cosas que el Señor me habló. A principios de los 90
compuse una canción que lleva por título “Yo te Seguiré”. La letra trata de la Iglesia
apartada de la guía del Espíritu Santo. Lo positivo en esta canción es que esta Iglesia se
arrepiente y decide seguir al Espíritu donde sea que la lleve, algo que en estos días es
necesario hacer y creo que siempre lo será.

Poco a poco, en mi vida en Cristo, descubrí que el don espiritual más notable que Dios me
había dado era el profético. El Señor me hablaba con mucha claridad y las profecías que
daba a amigos, hermanos y aún a personas que nunca antes había visto en mi vida, eran
muy acertadas. Al mismo tiempo, el Señor me fue dando palabra profética para su Pueblo.
Por eso, aquí estoy, escribiendo un libro que la “Iglesia” tendrá dificultades en aceptar, pero
será una bocanada de aire fresco para los que están buscando de verdad a Jesús y quieren
una relación personal con Él.

Los intereses egoístas del ser humano pueden estar tan escondidos dentro de él que no los
percibe y, de esa manera, se engaña a sí mismo. Cree que lo que está haciendo es correcto y
guía a los demás en esa dirección. Es por eso que la vida de ninguna persona debería
depender de otra.

Con el fin de comprender mejor el concepto de profecía, tomo la definición del Diccionario
Bíblico CLIE:

La profecía juzga el comportamiento de los hombres a la luz de la voluntad de


Dios, y revela el desarrollo de su plan eterno.

Los profetas, a lo largo de la historia, recibieron palabra y revelación de parte de Dios,


siendo hombres falibles y con grandes debilidades. No soy una excepción, también he
cometido muchos errores y seguramente algunas de mis debilidades se manifestarán
mientras viva. Esta es una de las razones por las cuales, donde sea que hablo de parte del
Señor, aclaro a los oyentes:

“No me sigas a mí, sigue a Cristo. Yo, tarde o temprano, te fallaré.


No soy tu guía, ni el dueño de tu vida. Jesús es El Señor”

Mi propósito no es convencer a nadie de lo que he recibido, eso es obra del Espíritu Santo,
pero sí quisiera que leas todo este libro con una mente abierta y de principio a fin. Luego
de terminar la lectura, juzgarás si aceptas o no este mensaje. Podrías ser sorprendido con
una nueva libertad y entendimiento para caminar con el Señor.
ii
Empecé a escribir este libro el 2003, como recopilación de muchos de mis apuntes de años
pasados y lo llegué a concluir el 2009.

En 1997, diez años después de mi conversión, luego de una sucesión de acontecimientos


controversiales, un día desperté a la cruda realidad que el “dios” que predicábamos, a quien
rendíamos culto, me condenaba, me castigaba y sus seguidores aplicaban leyes y normas
que me eran gravosas cumplir. Fue entonces que comencé a sufrir y confundirme
terriblemente, hasta llegar a pensar que si salía de la iglesia, tenía que irme al “mundo” y
¿qué haría allí, después de haber abandonado esa vida? Ya no era apto para el “mundo”…
no podía vivir en él. Para mí, era el infierno. Ese día, tomé el carro y salí sin rumbo por una
carretera. Llegué a tal desesperación que le dije al Señor: “Si tú eres así, como me han
enseñado y como te percibo, NO TE QUIERO…” Minutos más tarde, la voz del Espíritu
me habló claramente, diciendo: “Yo no soy como te han enseñado y tampoco como me
percibes. Para conocerme tienes que venir a Mí y escuchar de Mí”. Desde ese momento,
comencé a entender y a conocer la Verdad y la Verdad me hizo libre: mi vida tenía que
estar centrada en Cristo.

Me tomó unos cuantos años más poder desligarme del acoso constante de la religión y su
sistema. Logré salir de sus garras y dejar todas las cargas que los hombres habían puesto
sobre mí. Tomé la carga del Señor, que es ligera, y empecé una hermosa caminata que
quiero contarte.

El Autor

iii
YO TE SEGUIRÉ

Varias noches que ya no me hablas


Pues parece que yo ya no existo
Y estás ya decidiendo sola
Es por eso que te sientes mal
Es por eso que no sabes donde vas

Oh! Espíritu Santo perdóname, yo te contristé


Sólo fue mi culpa el olvidar que estás en mí

Yo te puedo consolar
Yo te puedo enseñar a orar
Esas noches que te sientes sola
Si tú dejas que por ti yo pueda hablar
Si tú dejas que en ti yo pueda obrar

Ya no quiero más buscar lo mío, quiero hacer tu voluntad


Toma más de mí y llévame a donde vas

Yo te seguiré, yo te seguiré
Por donde tú vayas Santo Espíritu, yo iré.

Yecid Benavides

iv
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v
GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

CAPITULO 1
EL CONOCIMIENTO DEL BIEN Y DEL MAL

Había leído todos los libros cristianos que podía leer. Mis ojos decaían rápidamente por la
lectura exagerada que realizaba. En las salas de espera, en los viajes, en las carreteras, en
todo lugar donde podía, leía. Llegué a comprender muchísimas cosas, pero ese vacío que
experimentaba antes de convertirme al Señor, comenzó a hacerse evidente nuevamente. Los
años pasaban y cada día era peor; parecía que la vida se había acabado. Cada vez que
emprendía un nuevo plan, se desvanecía en el camino y, al poco tiempo, nacía otro.
Planeaba algo mejor, más cuidadosamente y ajustado a las Escrituras. Muchos funcionaron
y avanzaron, pero mi vida se alejaba más y más de la Verdad. Mi trabajo era lo que me
atraía. Pasé largos años desarrollando el ministerio de “alabanza”, “consejería”, “profético”,
“pastoral”, etc. No obstante, muy profundamente, sabía que sólo era un esfuerzo humano,
apoyado por el consejo de los “sabios de la iglesia”.

Cuando empezó a sobrecogerme la frustración, al ver cuán vacío me encontraba, el consejo


de estos “sabios” era más insistente. Decían: “Espera, no te desanimes, no te muevas, no te
agites, no hagas nada, Él lo hará, déjalo hacer a Él”. En otras ocasiones, me miraban
sospechosamente, como si escondiera algún nuevo pecado. Como mi matrimonio andaba
bien un día y mal los otros 29 días del mes, unos me daban fórmulas del Dr. Dobson, otros
me transmitían sus propias experiencias y no faltaban aquellos que decían que mis pecados
me habían alcanzado. La condenación crecía y mi vida era miserable. El “dios” a quien
rogaba noche y día no hacia nada. Me cansé de toda esa maraña de enseñanzas. Este fue el
punto en el que el Espíritu Santo habló a mi espíritu.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

La primera decisión que tomé fue empezar de nuevo, tomando al Señor Jesús como centro
de mi vida. Desarrollé una relación personal con Él, como en mis primeros días. Dejé la
“iglesia”, esa estructura que se veía muy linda por fuera, pero que NO reflejaba a Cristo;
esa actitud hipócrita de los escribas y fariseos que el Señor detestó y aún detesta. Dejé de
buscar consejo en la sabiduría de los hombres y busqué la sabiduría del Espíritu.

Las Primeras Luces


Al separarme de toda esa estructura, lo único que me quedó por hacer fue tomarme de la
mano del Espíritu y pedirle sinceramente su guía, consejo y que fuera Él llevándome donde
quisiera llevarme. Quería ser maduro, no movido de aquí para allá por cualquier viento de
doctrina para quedar, al final, más confundido.

Me sometí completamente al Espíritu y Él fue guiando mi vida. Comenzó a abrirse mi


entendimiento espiritual. Un día, mientras leía Génesis, mis ojos captaron un verso y mi ser
interior se quedó enganchado; no podía dejar de pensar en lo que estaba escrito. Mi alma no
entendía, pero mi espíritu no se movía del lugar, no pasaba a otro versículo, no dejaba de
masticarlo y volverlo a masticar.

“Mas del árbol de la ciencia (conocimiento) del bien y del mal no comerás”
Génesis 2:17

Después de un tiempo, este versículo se hizo luz en mí ser interior y cambió mi perspectiva
de todo lo que hasta ese día significaba el Cristianismo para mí. El Espíritu Santo me dijo:
“Cuando tú conoces a alguien o algo, sólo lo conoces una vez.” Es decir, para conocer a
alguien o algo, tienes un sólo encuentro o acercamiento, una sola vez. Por ejemplo, cuando
uno conoce a una persona por primera vez, no es necesaria una segunda, ya que eso
significaría solamente reconocerla. Cuando entendí claramente que sólo podíamos conocer
algo o a alguien una sola vez, entonces el Espíritu continuó: “Cuando Adán y Eva comieron
del árbol del Bien y del Mal, ¿Qué conocieron?”. Mi respuesta instantánea fue: “El mal,
por eso comenzaron a hacer lo malo”. Pero el Espíritu me dijo: “No sólo conocieron el mal,
sino el bien y el mal”. Quedé sorprendido: “¿CÓMO? ¿El bien y el mal? No puede ser”. Él
dijo: “Sí puede ser, porque es el árbol del conocimiento del bien y del mal. No solamente
del mal, sino del bien y del mal”. Entonces vino la siguiente pregunta a mi mente: “¿Qué
conocían antes de comer del árbol del bien y del mal?

Esta es la respuesta del millón. Muchos responderán que conocían a Dios. Otros insistirán
que conocían el bien. Pero lo único que conocían era LA VOLUNTAD DE DIOS. Para
ellos no existía ni el bien ni el mal. Esto estaba totalmente fuera de su conocimiento. Eso
era lo que hacían cada instante de sus vidas: La voluntad de Dios. Por eso vivían en el
huerto libremente y en armonía total con el plan de Dios.

Qué es el Pecado
Pensamos que pecado es robar, matar, odiar, fornicar, etc. Pero esos son sólo los resultados
de la esencia pecaminosa que tenemos. El Pecado en sí es “hacer nuestra propia voluntad y
NO la voluntad de Dios.” El Señor Jesucristo nunca pecó porque siempre hizo la Voluntad
de su Padre. Eso nos corresponde hacer a nosotros también.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

El Pecado Introduce la Muerte

Fue el pecado que introdujo la muerte. El Pecado produjo la muerte inminente de Adán y
Eva y de todos nosotros, que somos su descendencia en la carne. Dios había advertido a
Adán que si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente moriría, y eso
es exactamente lo que ocurrió el día que comieron de este árbol, Adán y Eva murieron.

“…porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”


Génesis. 2:17

El pecado introduce la muerte. ¿Qué significa muerte en el contexto bíblico? Muerte


significa separación:

“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”


Romanos 3:23
El pecado nos separa de una relación íntima con Dios, de Su voluntad, de la Fuente de
Vida, nos separa por siempre de Dios. Hemos decidido hacer nuestra voluntad y no la del
Padre, exactamente como decidió hacer el hijo pródigo, cuando se fue de la casa de su
padre. De la misma forma, Adán y Eva desecharon el consejo y la voluntad del Padre y
decidieron conducir sus vidas y la tierra, a su manera. Murieron, fueron separados de Dios,
pero ¿Por qué no murieron inmediatamente? Muy sencillo, así como una planta es
arrancada de la tierra, su fuente de vida, así, Adán y Eva se separaron de Dios, la Fuente de
Vida y empezaron a morir, a envejecer, a enfermarse, a deteriorarse. Adán y Eva y todos
los que descendemos de ellos, tenemos esa naturaleza, la naturaleza caída. Todos, un día,
dejaremos de respirar y ése, en realidad, será el fin de nuestra muerte.

“Hacer el Bien” no es Suficiente

Entendemos que Adán y Eva decidieron hacer su propia voluntad y no la de Dios. Ellos
eligieron hacer, ya sea el bien o el mal, de acuerdo a su propio criterio limitado. El pecado
es No hacer la voluntad de Dios y, en cambio, hacer la de uno. Entonces, ¿Es posible que
“hacer el bien” sea, en algún momento, pecado? ¡Claro que sí! Se convierte en pecado en el
momento cuando está fuera de la voluntad de Dios. Mucho del bien que hicieron Adán y
Eva y el que hacemos nosotros hoy puede estar completamente fuera de la voluntad de
Dios. ¡Cómo! ¿Cómo puede ser pecado “hacer el bien”? ¡Sí!, el “hacer el bien” puede ser
pecado. Esto nos confunde tremendamente porque podemos pasar la vida “haciendo el
bien” y, al mismo tiempo, estar totalmente fuera de la voluntad de Dios. Veamos este
ejemplo:

Caín y Abel presentaron ofrendas a Dios, pero a Dios le agradó más la ofrenda de
Abel. Muchos piensan que la ofrenda de Abel agradó a Dios porque él ofrendó
con un buen corazón, buena intención o con buena voluntad. La verdad es que los
dos presentaron buenas ofrendas. Caín trajo los mejores frutos de la tierra, de su
trabajo y esfuerzo, ¡Era para Dios! Lo hizo con la mejor intención. Abel trajo el
mejor cordero que tenía, uno sin mancha. Pero, ¿Cuál fue la diferencia? ¿Qué
agradó a Dios de la ofrenda de Abel? En realidad, no fue solamente el corazón con

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el que trajo la ofrenda, sino que ofrendó lo que Dios esperaba. Eso era lo que
complacía a Dios. La ofrenda debía hacerse con derramamiento de sangre, de un
cordero sin mancha, porque representaba al Cordero que vendría para quitar el
pecado del mundo, Jesús. La ofrenda de Abel fue recibida con agrado por que fue
hecha en Su voluntad. Aunque la ofrenda de Caín fuera conseguida aún con más
esmero y esfuerzo, simplemente, no era lo que Dios quería.

Es mejor la obediencia que los esfuerzos humanos:


“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en
que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que
los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”
1Samuel 15:22

El profeta Samuel fue claro en esto. No es suficiente “hacer el bien”. Aunque te sacrifiques
por lograrlo, nunca agradarás al Señor sólo con el bien. Más importante que el bien es hacer
la voluntad de Dios. El bien es subjetivo para nosotros, pues es difícil saber exactamente
qué es bueno en cada situación de nuestras vidas. El hombre siempre ha querido determinar
el bien y el mal con exactitud y tener un conocimiento del futuro para no cometer errores,
pero nunca lo pudo hacer. Se apoya en la filosofía, tradiciones, esoterismo, en la historia,
con el fin de evitar errores. Cae en la misma trampa vez tras vez. Hoy ha desarrollado
sistemas para poder calcular las probabilidades de error y minimizarlos, sin embargo, aun
así, falla. Busca en el consenso social la definición de lo que es bueno y malo. Nosotros, los
cristianos, nos apoyamos en la Biblia para definir sobre temas controversiales tales como la
pena de muerte, la guerra, el divorcio, etc. Lo único que logramos es dividirnos. Creemos
que dando dinero a los pobres estamos haciendo bien, pero, si no es en la voluntad de Dios,
es probable que les hagamos daño, o, incluso, a nuestra sociedad y a nosotros mismos.
A pesar de todos esos esfuerzos, seguimos sufriendo las consecuencias de nuestras
decisiones erradas.

Muchos ministerios hoy están prosperando de una manera increíble; hay hombres que están
haciendo maravillas. El campo evangélico ha producido hombres con buenos planes,
buenas familias, buenas iglesias, buenos estudios y todo lo que podemos llamar bueno, pero
una gran mayoría está fuera de la voluntad de Dios. Es por eso que el Señor Jesús dijo:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día:
Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé:
Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”
Mateo 7:21-23

La palabra “Señor” en griego, Kyrios, contiene algunos de los siguientes significados, que
nos ayudarán a entender lo que, en realidad significa “el Señor”:
Aquel a quien una persona o cosa pertenece, sobre lo cual tiene poder de decisión;
master, Señor.
El dueño: Uno que tiene control de una persona, el master.

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En el Estado: El soberano, príncipe, jefe, el emperador romano.


Es un título de honor, expresivo de respeto y reverencia, con el cual los siervos
saludan a su master.
Este título es dado a: Dios, el Mesías.

Así mismo, “conocer”, Ginosko, la palabra usada en el verso mencionado, significa intimidad,
conocimiento profundo. Esta palabra también se usa para referirse al sexo matrimonial, a
diferencia de la palabra “Oida”, que significa conocimiento superficial, tangencial.

Muchas personas de la “Iglesia de hoy”, en aquel día, dirán: “Señor (Kyrios) ¿No levantamos
magníficos ministerios, diezmamos y ofrendamos todos nuestros bienes para la construcción de
grandes templos, para abrir radioemisoras y canales de televisión?”. Otros añadirán: “Di mi
vida para los demás, me fui de misionero al África, serví años en la ventana 10/40”. Así,
continuará la lista de miles de obras, que presentaríamos delante del Señor. Entonces El dirá:

“Son buenas cosas las que hiciste, pero ¿Cuándo te dije que las hicieras? Nunca te
di instrucciones para hacerlas. El plan que yo tenía para tu vida era otro, pero tú no
lo quisiste oír. Nunca me oíste, buscaste hacer tu voluntad y no la mía. Recuerda
cuando me pedías que apruebe tus planes. Yo te decía que eso no estaba en mi
voluntad, pero tú ya habías determinado llevarlos a cabo, y no me oías. Insististe en
que ese era tu llamado, era lo que tú querías. Te faltó conocerme íntimamente
(ginosko). Te faltó interesarte más por mí que por tus asuntos, tus planes, tu religión.
Nunca tuviste intimidad conmigo. ¿Quién eres? ¡No te conozco (ginosko)!”

Seguramente, esas palabras resonarán en la mente de muchos, como un eco eterno, que los
derribará de rodillas, en llanto y crujir de dientes.

Hacer la voluntad del Padre es lo que cada uno de nosotros debemos hacer.

“Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”
Efesios 5:17

“Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y


veas al Justo, y oigas la voz de su boca”
Hechos 22:14

“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece
para siempre”
1Juan 2:17

Al escribir esta parte del libro, continuamente, viene a mi mente la voz del Señor Jesús en el
huerto de Getsemaní:

“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la


tuya”
Lucas 22:42

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CAPITULO 2
JESUS Y LA VOLUNTAD DE DIOS

Durante mi estadía en la iglesia estructurada, la imagen de Jesús que me mostraron fue muy
diferente a la que ahora veo cara a cara, en mi relación con Él. Esta imagen fue tan
distorsionada que realmente no llegaba a mostrar quién era Él, La Verdad.
En esta iglesia estructurada, se predica a un dios santurrón, demandador, cruel, mezquino,
interesado y esclavo de nuestros deseos. El verdadero carácter de Jesucristo se ha
distorsionado, al extremo que el Señor ya no está en la iglesia.

Esto es lo que hace la religión; busca “hacer el bien”, crear una alta demanda moral en las
personas, introducir reglas y normas que ni los fieles pueden alcanzar. Crean programas
para diferenciar a los “espirituales” de los carnales. La religión es tan absurda que no te
permite pensar, ni confrontar el error. El sometimiento es tal, que toda opinión,
razonamiento lógico, juicio o diferencia, se debe callar. Hay una sola dirección para todos;
el sendero ya trazado por los líderes. No existe la gracia, la dependencia sólo de Dios, la
privacidad, la libertad, la responsabilidad ante Dios, la posibilidad de cometer errores, ni el
respeto por las diferencias individuales. No es importante ni necesario conocer los deseos
del Señor. Los líderes crean en todos una constante demanda de mejorar el carácter, algo
que ellos mismos no pueden lograr. Para la religión, cumplir la ley y “hacer el bien” es el
medio para lograr el favor de Dios y ser aceptado por Él y su cuerpo. La religión es un
ejército preparado para infundir temor.

Al conocer al Señor Jesús personalmente, sin mediadores y en una relación de intimidad,


comprobaremos cuán diferentes son Él y sus enseñanzas.

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El Señor Jesús y la Voluntad

Por medio de sus obras y palabras, el Señor Jesús enseñó que lo más importante en su vida
era el sometimiento a la voluntad del Padre. Él declaró:

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.”
Juan 5:30

“Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me
dio que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el
Padre me ha enviado.”
Juan 5:36

No veo ningún énfasis del Señor en que hagamos el bien, tanto como en que hagamos la
voluntad del Padre.

“Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis
hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y
mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.”
Mateo 12:48-50

El propósito de su ministerio, al venir al mundo, fue hacer la voluntad del que lo envío.

“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió”
Juan 6:38

Su alimento diario era hacer la voluntad de su Padre:

“Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe
su obra”
Juan 4:34

¿Cuál es tu alimento?

Jesús estaba las veinticuatro horas del día en los negocios de su Padre, escuchando de Él
qué era lo que tenía que hacer:

“Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de
mi Padre me es necesario estar?”
Lucas 2:49

Hizo la voluntad del Padre hasta la muerte:

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“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la


tuya”
Lucas 22:42

Mencioné algunas de las muchas citas de las Escrituras en las que podemos ver cuán
entregado estaba el Señor Jesús en hacer la voluntad del Padre. Para Él no existía razón de
vivir más importante que hacer la voluntad de su Padre. La intención de Jesús sobre
transmitir este principio era tan radical, que no desperdiciaba ninguna circunstancia para
mostrar que Él era en el Padre y el Padre en Él. No se apropiaba de las obras que hacía por
que Él sabía que, en realidad, no eran suyas, sino del Padre. La razón por la cual vino a la
tierra fue hacer la voluntad del que le envió. El nunca dijo: “Esto no va con mi forma de
pensar o con lo que se enseña”. Él hacía lo que escuchaba y veía del Padre.

Jesucristo no se aferró a la vida, sino que la dio con el fin de que la voluntad del Padre sea
hecha. Su existencia misma era la voluntad del Padre. Jesús comprendía quién era y cuál
era su misión. El alimento para su existencia, su motivo de gozo, su razón misma de vivir
era hacer la voluntad del Padre. Él fue el consumador de la fe porque obedeció en todo,
hizo lo que el Padre le mandó a hacer. Conoció al Padre personalmente. Conoció el amor y
la libertad que le había dado. Podía hacer o no hacer esa Voluntad, pero decidió someterse a
ella, colocarla sobre sí mismo y llevarla hasta donde tuviera que llevarla, sin importar las
consecuencias. Se identificó tanto con el plan que el Padre tenía en su corazón, que no le
importó sus propias ideas o sus propios deseos. Para Jesús, sus deseos no eran suyos, eran
los del Padre. Jesús era la encarnación misma de la Voluntad del que lo envío.

El amor del Hijo para el Padre no sólo fue reflejado cariñosa y respetuosamente,
admirándole y alabándole, sino, haciendo Su voluntad estricta y osadamente. No podía
concebir otra cosa más importante que cumplir los anhelos de su Padre. No le importó pasar
momentos terribles de agonía para que estos anhelos se cumplieran y así el hombre, fuera
liberado de su pobreza espiritual. La forma en que Jesús asumió la misión encomendada
por el Padre debería calar hasta lo más profundo de nuestros huesos y movernos a hacer
solamente lo que el Padre nos ordene, desee y sueñe.

La religión flaquea en este punto. Es aquí donde el cristianismo ha perdido toda esencia de
libertad y conocimiento de Jesús. La historia vuelve a repetirse, con el hombre entregando
su libertad, esclavizando y esclavizándose a estructuras, formas y métodos humanos. Al ver
el tamaño de las mega-iglesias, piensa que están en lo correcto y se somete a ellas, influido
por un pensamiento democrático, que afirma que la mayoría tiene la razón. No entiende la
teocracia: El gobierno de Dios sobre su vida. El hombre piensa que, así, alcanzará la
autorrealización de su vida y servirá al Padre, aunque no le conoce, ni se interesa por Sus
deseos y sueños. El dogma penetra en él con tal facilidad que pierde el rumbo,
encaminándose a seguir su propia voluntad. Los matices religiosos le hacen pensar que está
acercándose a Dios, cuando se está alejando de Él.

Para el Padre, la religión es muerte perfumada con olor a vida. Jesús fue enfático al
rechazar los formalismos religiosos, más que las costumbres culturales a las cuales, en
muchos casos, se adaptó.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

Jesús no aceptaba consejos humanos que estuvieran fuera de la voluntad del Padre. Pedro,
quien quiso darle un consejo, fue reprendido porque lo que dijo no se ajustaba a la voluntad
del Padre.

“Entonces él, volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres
escándalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres”
Mateo 16:23

Jesús se sujetó primero a Dios, antes que a cualquier otra autoridad. Nadie podía
entrometerse entre el Padre y Jesús. Su relación era sagrada, íntima y profunda. Sin
embargo, el Padre tampoco obligaba a Jesús a nada. Es esta la libertad que Él nos da, una
que demanda responsabilidad y fidelidad a Su voz.

Al hacer la voluntad del Padre, Jesús entendía que el Padre se haría visible a todo el mundo:

“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le


habéis visto”
Juan 14:7

“Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido,
Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú:
Muéstranos el Padre?”
Juan 14:9

Jesús fue quien mostró al Padre, aclarando la imagen borrosa del Dios del Antiguo
Testamento. Cumplió los deseos de Dios, paso a paso, mostrando quién era ese Dios
desconocido y lejano hasta ese momento. Jesús manifestó las características de Dios,
imposibles de ver, sin tener una intimidad con Él. Se colocó en medio de quienes no veían
el amor de Dios, para mostrarlo, por medio de sus obras. Él menguó para que su Padre sea
glorificado y su Padre lo glorificó a Él, por su obediencia hasta la muerte.

“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente


hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,
y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se
doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la
tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios
Padre”
Filipenses 2:8-11

La fidelidad de Jesús al Padre fue completa. No pidió al Padre una larga lista de
comodidades que lo sacaran de cada situación. Él enfrentó el camino trazado por el Padre
con fidelidad, amor, seguridad, y confianza.

En este mundo todos los hombres son sólo eso: hombres. No existe nadie mayor que el. No
existe uno sólo que pueda tomar el poder de decisión sobre otro. Si los padres temporales
toman ese poder sobre sus hijos, es sólo temporal. Los hijos no son propiedad de los padres.
Nadie es dueño de una vida, ni de un ser humano. Esta es la libertad que el hombre debe

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vivir. Existe Uno sólo mayor, por encima de todos, todopoderoso. Él no es humano. Jesús
fue muy claro al reconocer que el Padre era el único mayor que Él.

Jesús, teniendo el poder de decisión, cedió toda libertad para rendirse al Padre. En esa
entrega encontró la sublime felicidad y personificó la verdadera libertad. Nadie puede ser
libre si no conoce personalmente a Jesús:

“y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”


Juan 8:32

Jesús dijo:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;…”


Juan 14:6

Esta libertad nos aterroriza porque nuestra dependencia del Padre debe ser total, y esto
demanda responsabilidad. El Salmo 91 dice que debemos habitar al abrigo del Altísimo y a
la sombra del Omnipotente, si es que queremos estar seguros y confiados. La satisfacción
que uno siente en esta libertad es tal que la Vida misma se manifiesta en plenitud. Esta es la
estatura de Cristo que podemos alcanzar.

Jesucristo, a pesar de conocer el Plan de su Padre, no conocía los detalles. Él tuvo que
experimentarlos. Al ser hombre, totalmente falible, al igual que nosotros, fue tentado
muchas veces. Incluso, en el Getsemaní, llegó a decir:

“Si es posible, pasa de mí esta copa”


Mateo 26:39

Durante toda su vida, Jesús buscó intensamente en el Padre, los pasos de su misión.
Muchas veces, se encontró en situaciones desconcertantes. Fue afligido en el camino a la
cruz y se sintió abandonado al morir. La dependencia de Jesús, el sometimiento, en fe, a la
voluntad de su Padre, fue lo que trascendió en la humanidad y en los cielos.

En la oración de Jesús podemos entender que Él mismo era la Voluntad de Dios.


Asimismo, nos enseñó que ahora somos la Voluntad de Dios en la tierra, no basada en la
religión, sino en la intimidad y sometimiento al Padre.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”


Mateo 6:10

En esta oración, el Señor Jesús pide que la Voluntad del Padre se haga en la tierra, así como
se está haciendo en el cielo. La realidad, hoy, nos muestra que la voluntad del Padre NO se
está haciendo en la tierra. No es la voluntad del Padre que la tierra esté como está: Que
exista tanta pobreza, guerras, asesinatos y todo tipo de mal. El Padre no está colaborando
con la guerra, no está matando a los árabes y defendiendo a los judíos, no está involucrado
en ninguna matanza, no está a favor de una nación y en contra de otra. Él quiere que la

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tierra esté llena de paz, unidad, amor; que su Gloria se manifieste en toda la tierra. La
pregunta es clara: Si eso es lo que quiere Dios, entonces ¿Por qué no lo hace? Porque aún
nosotros, sus hijos, no queremos hacer Su voluntad, sino la nuestra.

Esa es la iglesia de hoy, una iglesia que a pesar de estar conformada por millones de
personas, no transformamos el mundo porque usamos nuestros planes y no los de Dios.
Hacemos cosas buenas, pero no la voluntad del Padre. Tenemos todo planificado: Nuestros
cultos, la escuela dominical, el programa de oración, 31 días de alabanza, campañas de
evangelización, maratónicas (programas para recaudar dinero), pre-encuentros, encuentros
y post-encuentros, etc. Estamos tan distraídos con nuestros programas que no escuchamos a
Dios, ni siquiera nos interesa lo que Él quiere decirnos.

Nos hemos encerrado en nuestras iglesias y las hemos convertido en monasterios, apartados
y alejados de la realidad del mundo. Dios no nos ha sacado del mundo, estamos en medio
de este mundo caído para hacer Su voluntad.

¿Cómo es posible NO escuchar la voz de Dios, diciendonos que no malgastemos nuestro


dinero construyendo templos e inmensos ministerios de música, con equipos costosos? Se
compran aviones y todo tipo de herramientas con altos precios, para predicar Su palabra o
dar un mensaje, cada domingo. Esos gastos no son necesarios para predicar el evangelio y
manifestar Su gloria en la tierra. Hoy, la iglesia cree que si tiene un mejor local o un mejor
grupo de músicos, entonces está ganando más vidas para Dios y Él está haciendo fiesta, en
los cielos. Dios hace fiesta en los cielos cuando Su pueblo hace Su voluntad, maneja su
economía como Él quiere y la gente se convierte a Él, no a la iglesia.

Él es el único que sabe como cambiar y transformar a las naciones. Él no necesita


programas ni estructuras. Él está en busca de hombres y mujeres dispuestos a hacer Su
voluntad, a cualquier costo. Su plan es personal. Cada uno de sus hijos desarrolla algo
específico que el Señor le manda hacer. El deber de cada uno de nosotros es hacer lo que
Él dice, no lo que dice la iglesia, el Papa, el anciano, o apóstol de la Iglesia. Cada uno de
nosotros debe ser un hijo que obedece a su Padre, en una relación personal, tal como lo hizo
Jesús.

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CAPITULO 3
EL VALLE DE LA DECISIÓN

La voluntad de Dios ¡qué tema conflictivo! ¿Cómo definir cuál es la voluntad de Dios?
¿Cómo tomo una decisión, si no sé cuál es la voluntad de Dios? Me encuentro en el Valle
de la Decisión.

El hombre tiene que entender que no tiene la capacidad para tomar decisiones cien por
ciento acertadas. No es lo suficientemente capaz de conocer el porvenir, ni lo
suficientemente grande como para entender todos los ángulos de la problemática y las miles
de posibilidades en juego.

Hoy, se instalan miles de sistemas computarizados para poder ver las diferentes
probabilidades y se estudian estadísticas para poder ser más certeros en las decisiones que
se toman. Pero seguimos cometiendo inmensos errores.

Cuando vemos el pasado, recién entendemos que no fuimos lo suficientemente capaces


como para poder tomar una buena decisión. Usamos la experiencia del pasado para mejores
decisiones futuras. Aún así, no es posible acertar con tal eficacia que obtengamos una
fórmula que siempre nos de buenos resultados.

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Ya que no somos capaces de obtener una adecuada percepción de los sucesos del presente,
ni del futuro, tenemos la necesidad de ser dependientes de un Soberano, que lo conoce todo.

“Ahora oíd esto, vosotros, los que decís: “Hoy o mañana iremos a tal o cual
ciudad, y pasaremos allí un año haciendo negocios y ganando dinero”, ¡y ni
siquiera sabéis lo que será mañana de vuestra vida! Sois como una neblina que
aparece por un momento y en seguida desaparece. Lo que debéis decir es: “Si el
Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”
Santiago 4:13-17

El mundo entero vive una tragedia pensando que NO tiene un propósito, que está solo en
este universo y no hay forma de conocer el futuro. Es una fatalidad pensar que la vida
consiste en nacer, crecer, reproducirse y morir, que pasen los años, sin tener un propósito.
Esta es la frustración que lleva a la locura y al desenfreno. La desesperación es tal, que
escapamos por medios como los vicios, el surrealismo, la religión, etc. Vivimos en un
mundo relativista y hedonista; no hay moral. El Dios moral está muerto, no existe. Esta
realidad no difiere mucho o, quizás, es más frustrante todavía, porque los cristianos saben
que hay un propósito, pero no lo conocen. Se encuentran engañados por la religión,
enseñándoles que su propósito en la vida es ser buenos, santos, pacifistas, íntegros, fieles,
etc. El propósito de Dios en nosotros va más allá de todo eso. Dios tiene un plan de amor y
buena voluntad para cada ser humano. Él, en su bondad, nos quiere dar a conocer este plan.
Cumplirlo nos trae una felicidad sin igual, nos llena con una razón de ser ¡Queremos vivir!

Seguramente, te preguntas: ¿La Biblia contiene la voluntad de Dios y Su plan para mi vida?
La respuesta podría ocasionar mucho conflicto en las miles de sectas cristianas, pues la
mayoría de ellas está convencida de que no es necesario nada más que las Escrituras para
conocer la voluntad de Dios. Insisten en que Él inspiró estos libros y cartas a algunos
hombres que tenían la capacidad de transmitirlo sin errores. Añaden que, al darnos las
Escrituras, tendríamos todo lo que necesitamos para vivir, día a día. Significa que si tú lees,
estudias y te sometes a las enseñanzas de la Biblia, estarás haciendo la voluntad de Dios.
Tiene una gran parte de verdad, pero no responde a la pregunta: ¿Dónde consigo una
respuesta a cualquier pregunta específica de la vida diaria?

Tomemos el ejemplo de un joven que está dispuesto a hacer lo que las Escrituras dicen y
cumplirlas fielmente. Se pregunta: ¿Qué profesión debo estudiar? ¿O es mejor trabajar?
¿Cuál universidad elijo? Difícilmente encontraremos una respuesta en la Biblia. Los
entusiastas de la Biblia, intentarán darnos una respuesta, con citas de pasajes bíblicos, que
sugieren posibles respuestas. La verdad es que no existe ninguna cita bíblica con una
respuesta para este tema. Es imposible determinar este asunto por medio de la Biblia.

En la Biblia se encuentra la voluntad de Dios respecto a Su plan de redención, respecto al


hombre caído y lo que debe hacer para lograr una relación de paz con Dios y algunas otras
manifestaciones más de la voluntad de Dios. Pero no se refiere a la voluntad de Dios para
las decisiones personales y la vida cotidiana. Luego hablaremos de la Biblia y su contenido
con más detalle.

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Antes de convertirnos a Cristo, éramos dependientes de la opinión de los demás, esclavos


del qué dirán, de lo establecido, de aquello que la gente calificaba como bueno: lo que se
debe y lo que no se debe hacer. Esta esclavitud o manera de pensar se encuentra también en
la iglesia ¿Dónde está nuestra renovación? No existe. Seguimos pensando como en el
mundo, con una mentalidad de esclavitud al hombre, esperando todo el tiempo a que
alguien nos diga qué debemos o no hacer.

Recuerdo la conversación con un amigo muy amado. El tema se refería a nuestras actitudes
humanas. Nos dimos cuenta de las instrucciones que solíamos dar a un nuevo convertido.
La persona aún estaba llorando por la llenura del Espíritu y el gozo de la libertad, cuando,
de inmediato, le empezábamos a poner reglas. Le decíamos qué hacer y qué no hacer, era
algo así: "Ahora, usted es un hijo de Dios, nosotros somos su familia, somos hermanos.
DEBE congregarse, ASISTIR a una Iglesia (mejor si es aquí donde usted se convirtió),
DEBE leer la Biblia TODOS los días, DEBE orar de madrugada, NO DEBE tener objetos
en su casa que ofendan al Señor, DEBE echar todo lo que es idolatría. DEBE renunciar a
las actividades que no agradan al Señor: Ya NO fume, NO beba, NO vaya a fiestas, NO
hable malas palabras”. La lista de los “DEBE Y NO DEBE” era casi interminable. No
dejábamos que la persona disfrute de su conversión, y ya la habíamos condenado.

Por esta razón, tenemos una Iglesia dependiente de los hombres. Los pastores están
ocupados aconsejando a las personas sobre lo que deben o no deben hacer. Existen
programas en los medios de comunicación, como los del Doctor Dobson, entre otros, que se
ocupan en responder: “Debo o no debo hacer esto…” “Hermana, usted debe hacer esto,
porque la Biblia dice que...” Pero, en realidad ¿Estamos dando la respuesta correcta? ¿Es un
caso que conocemos de cerca o son respuestas humanistas, con toque cristiano? Aunque
para los que hemos estado años en el sistema eclesiástico, no sea agradable reconocer,
hemos usurpado el lugar del único consejero que tenemos, el Espíritu Santo. Él conoce
nuestros corazones, ningún hombre nos conoce como Él. Aunque, algunas veces, somos
utilizados por el Espíritu Santo para dar un consejo, debemos estar completamente seguros
que es del Señor, sino, es mejor callar. Un consejo errado, sin la guía del Espíritu, puede
destruir una vida. La pregunta que la Iglesia (cada uno de nosotros) se hace sobre “DEBO
O NO DEBO” tiene que dirigirla a Dios, no a los hombres. Aquí, la responsabilidad no está
en el consejo del pastor, sino en la persona que necesita dirección.

Este es el Valle de la Decisión. Seguimos con las preguntas: ¿Cómo conozco la voluntad de
Dios?, ¿Cómo sé qué quiere Dios, específicamente, de mí?, ¿Cuál es mi propósito?, etc. Es
tiempo de empezar a acercarte a la montaña y salir del valle.

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CAPITULO 4
METAMORFOSIS

Has llegado al pie de la montaña.

El hombre caído necesita ser transformado totalmente. La redención del Señor cambia
nuestro ser interior de pecado por uno de santidad. El espíritu dado por Dios, el espíritu de
adopción, el espíritu de Cristo, nace en nosotros. Este espíritu tiene las capacidades de
conocer a Dios y de entender a Dios. Su naturaleza es la misma que resucitó de los muertos
a Cristo. Este espíritu va creciendo en gracia y sabiduría dentro de nosotros. Nuestro ser
interno es renovado.

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de
vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro
de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis
preceptos, y los pongáis por obra”
Ezequiel 36:26-27

Tenemos un espíritu nuevo y un corazón nuevo de carne, ya no de piedra. Este espíritu


tiene que ser alimentado para crecer. Él se encargará en transformar nuestro ser, sujetando
el alma al espíritu. Esta transformación comienza en la mente:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de


vuestro entendimiento (mente) para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de
Dios agradable y perfecta”
Romanos 12:1-2

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Transformación: Del gr. metamorfosis = Cambio de un ser en otro. Cambio de forma o de


estructura que sobrevienen durante la vida de ciertos animales. Cambio extraordinario en la
fortuna, el estado o el carácter.

Renovación: Del gr. anakinoses = Un renuevo, renovación, cambio completo para mejor.

Esto significa que no podemos sufrir un cambio de carácter, mientras nuestro


entendimiento siga siendo el antiguo. Necesitamos renovar nuestra mente carnal para tener
una mente iluminada por el Espíritu, que manifieste la mente de Cristo. No entendemos lo
espiritual por causa de no haber renovado nuestro entendimiento natural. Nuestra lucha con
el enemigo y con la carne se lleva a cabo en la mente. Nuestros deseos carnales son
recibidos por la mente. Si la mente no ha sido renovada, estamos en problemas. Podemos
ser buenos evangélicos o religiosos, pero no podemos ser espirituales. Necesitamos
transformarnos por la renovación de nuestro entendimiento para poder comprobar la
voluntad de Dios. ¿Cómo puedo caminar en su voluntad, si mi mente, mi entendimiento no
han sido transformados?

El trabajo del Espíritu y el nuestro, como hombres, es renovar nuestro entendimiento, todos
los días, para servir al Señor correctamente, en su voluntad. Solemos ocuparnos en intentar
perfeccionar nuestras actitudes y comportamientos externos, pero no estamos renovando
nuestro entendimiento. Todavía seguimos entendiendo las cosas con la mente del viejo
hombre, que está viciado. La sabiduría viene de lo alto, por eso necesitamos discernir entre
lo que es de Dios, de la carne o del enemigo. Si nuestro entendimiento no ha sido renovado
es imposible que podamos entender lo espiritual. Seremos simplemente bebés que captamos
las cosas de Dios superficialmente. Dios quiere que seamos totalmente capaces de razonar
las cosas de Él, de entenderlas con la mente de Cristo, discernirlas con exactitud, para que
sepamos cuál es Su perfecta voluntad. El Señor no desea que vivamos con la duda
constante, que nos lleva a la inseguridad y a la dependencia del liderazgo religioso, quienes
determinan lo que debo o no hacer. Son llenos de reglas, normas y leyes que nos desvían
de Dios.

Si el enemigo nos aleja de conocer la voluntad de Dios, nuestra vida es vana, no tiene
sentido ni rumbo y lo que hacemos es malgastar nuestro precioso tiempo y fuerza. El
enemigo quiere que andemos basados en emociones, ilusiones, misticismo y religiosidad,
alejándonos de todo aquello que implica pensar, razonar o utilizar nuestro intelecto,
tratando de volvernos robots de la religión. Constantemente, él nos envenena, diciendo: “La
fe y la razón no van juntas,” y así caemos en la fe ciega. La religión es su mayor arma, a fin
de lograr que vivamos haciendo muchas obras, construyendo grandes “ministerios”, todo
para Dios pero fuera de Su voluntad.

Cuando no hemos renovado nuestro entendimiento, la manera de entender lo espiritual se


encuentra tan alejada de la verdad, que echamos a la basura lo más básico del cristianismo.
Nos distraemos con los más absurdos pensamientos. Creamos extrañas doctrinas de las
Escrituras. Entramos en una carrera vanidosa, donde nuestro interés principal ya no es
conocer a Jesús, sino los programas, los cargos eclesiásticos, los ministerios, la fama, el
estudio teológico. Por esta razón, es necesario que seamos decapitados de nuestros

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pensamientos, nuestra mente y más aun de las cabezas de la religión, para someternos y
sujetarnos a la única cabeza de la Iglesia, que es Cristo.

“… Y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la
palabra de Dios…”
Apocalipsis 20:4

“y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a
la iglesia.”
Efesios 1:22

“y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.”


Colosenses 1:18

Significa que nuestra mente antigua, esa forma de pensar, ese entendimiento viejo, tiene
que ser decapitado. Lo único que nos sirve es la mente espiritual, el entendimiento
renovado, para poder comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Este es el comienzo de la escalada. Tenemos que estar dispuestos a aprender de nuevo, a


dejar nuestra religión y tomar la vida espiritual. No nos rasguemos las vestiduras cuando
escuchemos cosas que no van con la cosmovisión del viejo hombre o cuando alguien
rompe el paradigma que nos daba estabilidad y seguridad. Cuando dependemos del único
dueño de nuestras vidas, el Señor, tenemos que ser responsables de nuestros hechos.
Comencemos la escalada.

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CAPITULO 5
SABIDURIA, ENTENDIMIENTO Y REVELACIÓN

El verdadero deseo de conocer la voluntad de Dios te ha traído al pie de la montaña. Es


probable que pienses: “Estoy dispuesto a ser decapitado, a perder mi cabeza”. Ya entendí
que la voluntad de Dios no es, simplemente, “hacer el bien”. Sé que el pecado consiste en
hacer mi voluntad en vez de la de Dios. Pero, ¿Cómo saber cuál es la voluntad de Dios?
Es necesario que empieces experimentar lo que es la sabiduría, el entendimiento y la
revelación, mientras escalas la montaña y llegas a la cima.

SABIDURÍA

En griego, la palabra “sabiduría” es “sophia”, lo que significa: Sabiduría, amplia y llena de


inteligencia; usado para el conocimiento de diversos temas. Prudencia piadosa y apropiada,
en relación con hombres no discípulos de Cristo, destreza y discreción en impartir la verdad
Cristiana. El conocimiento y la práctica de los requisitos para una vida recta y de Dios.
Inteligencia suprema, como la que pertenece a Cristo. La sabiduría de Dios manifestada en
formar y ejecutar consejo en la formación y gobierno del mundo y las Escrituras.

El Diccionario Bíblico CLIE nos da esta aclaración respecto a la sabiduría: “Por lo que
respecta a la sabiduría, ella se esfuerza, mediante la observación, experiencia y reflexión,
en llegar a conocer a los hombres y a Dios.”

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Sabiduría: del gr. Chokmah


1) Sabiduría
a) Habilidad (en guerra)
b) sabiduría (en administración)
c) astucia
d) sabiduría, prudencia (en asuntos religiosos)
e) sabiduría (ética y religiosa)

Cuando Dios le dijo a Salomón que pidiera lo que quisiera, él respondió:

“Dame ahora sabiduría (chokmah) y entendimiento, para presentarme delante de


este pueblo…”
2 Crónicas 1:10

Esta respuesta nos coloca en una posición muy interesante cuando pensamos que Salomón
pidió sabiduría y entendimiento para guiar a su pueblo, antes que pedir riquezas, bienes y
gloria. Nuestra respuesta posiblemente sería muy diferente. Sin embargo, esa sabiduría no
lo llevó a Dios, no lo ayudó a guiar al pueblo hacia Dios, ni le dio carácter. Esta sabiduría
(chokmah, NO sophia) le dio fama y riqueza. Curiosamente, Salomón no aparece en la lista
de los hombres de fe de Hebreos 11. Su sabiduría no resultó ser muy beneficiosa para
conocer a Dios y no es aquella que debemos buscar.

Necesitamos la sabiduría que viene de lo alto, la que procede directamente de la mente de


Jesús, del corazón del Padre. Es sabiduría celestial, no de este sistema. La sabiduría del
mundo es insensatez para Dios y no debemos guiar nuestra vida con ella.

“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está:
El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los
pensamientos de los sabios, que son vanos”
1 Corintios 3:19-20

Lo importante es no pensar como el mundo piensa, ni adaptarse o conformarse a este siglo,


a la manera de pensar del mundo.

“Destruiré la sabiduría de los sabios y desecharé el entendimiento de los


entendidos”
1 Corintios 1:19

Esto no quiere decir que los avances tecnológicos y científicos no tengan su utilidad. Dios
ha dado al ser humano la capacidad de descubrir muchas cosas y debemos beneficiarnos de
ellas. Muchas veces, la religión ha contemplado los avances como una amenaza y ha
tratado de alejar a la gente de aquello que puede ser útil para ella y para servir y honrar a
Dios. La religión, se aferra a la seguridad de lo conocido, nos estanca, adormece y fomenta
la actitud de colonos. En cambio, el cristiano que tiene una comunión con Dios y lo sigue a
Él, es un pionero. Siempre estará saliendo del círculo de la seguridad y avanzando, en fe,
donde sea que el Señor le mande. Su respuesta a Dios será: “Envíame a mí”, “Hágase tu

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voluntad”, “Como tú quieras Señor”. No vive bajo su propia sabiduría o prudencia, ni sus
paradigmas obsoletos. Está siempre dispuesto a descubrir lo nuevo.

“Cristo… hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,


dándonos a conocer el misterio de su VOLUNTAD”
Efesios 1:8-9

Pablo es un ejemplo claro de alguien que buscó sabiduría de lo alto. Sus enseñanzas, en
gran parte, se basan en la sabiduría y revelación del Espíritu.

“…para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas
las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y
de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del
conocimiento”
Colosenses 2:2-3

Pablo sabía exactamente dónde estaban la sabiduría y el conocimiento.

“Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas…


Colosenses 2:4

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las
tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según
Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y
vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”
Colosenses 2:8-10

La fuente de sabiduría y conocimiento es Cristo. Vivimos en Cristo, arraigados y


sobreedificados en Él. Los engaños a los cuales se refirió Pablo, en su tiempo, hoy, podrían
ser: La sujeción vertical a pastores y líderes de la iglesia, la reunión en un lugar especifico,
llamado “iglesia”, la Marcha para Jesús, el Día, el Día Mundial de Oración, el Día de
Resurrección, la oración de madrugada, 24 horas de adoración, el monte de oración, el
preencuentro, el encuentro, el post encuentro, el encuentro familiar, la célula, etc. Tampoco
nos conducimos según la sabiduría del mundo (estructuras, jerarquías, sistemas políticos,
reinos personales, denominaciones, instituciones eclesiásticas), o de acuerdo a rudimentos
del mundo (publicidad, moda, fiestas religiosas, etc.). Estamos completos en Él y no
necesitamos nada más. Él es la Cabeza de todo principado y potestad. Nos sujetamos
directamente a Él, no al hombre. Vivimos para Él, no para la “iglesia”. Hacemos lo que Él
nos pide, no lo que los pastores demandan. Vamos donde Él nos envía, no donde la
“iglesia” quiere enviarnos.

Lo que deberíamos pedir a Dios es sabiduría de lo alto.

“Y si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos


abundantemente y sin reproche, y le será dada.”
Santiago 1:5

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Debemos buscar la sabiduría en el lugar secreto, no en lugares públicos.

“Con Dios está la sabiduría”


Job 12:13

“En lo secreto me has hecho comprender sabiduría”


Salmos 51:6
Centremos nuestra vida en Cristo y nada más.

“Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios”


1 Corintios 1:24

Nunca conoceremos a Dios por medio de la sabiduría humanista de la iglesia. ¡Es


imposible!

La Voluntad de Dios se fundamenta en Su infinita sabiduría. Nosotros no tenemos la plena


capacidad de manejar las situaciones complicadas y difíciles de la vida. Él es el único que
tiene el conocimiento y la sabiduría para resolver los problemas y aclarar todas las dudas.
No existe nada mejor que la perfecta Sabiduría de la Voluntad Divina. Su Voluntad es
superior a cualquier otra cosa que nos pueda ofrecer el hombre, la iglesia, el sistema o la
sabiduría del mundo. Cuando le buscamos a Él, en lo secreto, Él nos hace entender el
camino en el que debemos andar:

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis
ojos”
Salmos 32:8

ENTENDIMIENTO

¿Qué es entendimiento? Es la forma en que vemos el mundo, el cosmos; es la manera en


que percibimos a Dios, a nosotros mismos y a todo lo que está a nuestro derredor.

El cristianismo actual ha desechado la cosmovisión de Dios por una cosmovisión


humanista, centrada en el hombre. Esta posición se refleja claramente en la oración
habitual de un cristiano: “Padre, dame, necesito, cuídame, bendíceme, protege mis bienes,
te doy diez para que me des cien”. Esto es egocentrismo. Coloca a Dios como nuestro
sirviente o esclavo. Cristo ha dejado de ser el centro de la iglesia y, otra vez, está a la
puerta, golpeando para ver si lo dejan entrar (Ap. 3:20). Ya no nos sujetamos a Jesús,
hacemos que Él se sujete a nosotros, a nuestros planes y programas. Y, por supuesto,
invocamos su Nombre para que NUESTROS proyectos sean prosperados. Alegamos haber
recibido guía de Dios para hacer una u otra cosa, cuando ni siquiera lo hemos tomado en
cuenta. Nos hemos acostumbrado a pedir su firma y aprobación en nuestros proyectos,
cuando no nos hemos preguntado siquiera si están o no en su corazón. Esta falta de
entendimiento es la que ha impulsado la estructuración de una iglesia totalmente religiosa y
alejada de Su voluntad.

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La iglesia vive una gran falta de entendimiento de la doctrina y conceptos cristianos. La


mayor parte de los que están en la iglesia no tienen un conocimiento elemental del Pacto, la
Obra de la Cruz de Cristo, el Reino, etc. Los significados de palabras básicas como muerte,
gloria, alabanza, adoración, están totalmente tergiversados. Están convencidos que la
iglesia es un lugar donde se reúnen todos los domingos. Piensan que la adoración es cantar
una canción suave y melancólica. Creen que por ayunar y por orar de madrugada, Dios
concederá sus peticiones. Piensan que si confiesan sus pecados a los hombres, serán libres.
Confían en hombres, les siguen, se sujetan y se postran ante ellos y les llaman padres o
madres. Creen que pueden sobornar a Dios con sus diezmos y ofrendas y esperar que Él los
bendiga, multiplicando su economía. Colocan a Dios a su servicio y le piden todos los
deseos mezquinos de su corazón, sin interesarles lo que Él quiere. Creen que Dios es “La
Lámpara Maravillosa”, sólo hay que frotarla y el genio estará a su disposición para cumplir
todos sus deseos. “Si, amo. ¿Qué desea?”. “Cuida mi casa”, “cambia a mi cónyuge”, “cuida
a mis hijos”, “dame trabajo”, “quiero una bicicleta, de acuerdo a los detalles que te doy”,
“dame una buena esposa, que sea bonita”, “dame…” , “dame…”, “dame…”. Muchos de los
conceptos que manejan, llegan a ser blasfemias.

REVELACIÓN

El mundo necesita respuestas claras a sus interrogantes. Frecuentemente, fallamos en


responderle honesta y correctamente, debido a que nosotros mismos no tenemos una
revelación clara de Jesucristo, de Su Obra en la Cruz, Su carácter y Su gracia.

“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de


sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él”.
Efesios 1:17

Es imposible tener una revelación de Jesucristo por métodos y sistemas naturales.

“El hombre natural (psychikos, psíquico) no percibe las cosas que son del Espíritu
de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de
discernir espiritualmente”
1 Corintios 2:14

El Natural: Del gr. Psychikos = De o perteneciente al aliento, tener la naturaleza y las


características del aliento, gobernado por aliento. Lo principal de la vida animal, lo que
tenemos en común con lo bruto. La naturaleza sensual sujeta a apetitos y pasiones.

La única manera en que podemos tener una revelación de Jesucristo es por medio de
nuestro espíritu.

“En cambio el espiritual (un hombre pneumatikos, neumático) JUZGA TODAS LAS
COSAS, pero él no es juzgado de nadie”
1 Corintios 2:15

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El Espiritual: Del gr. Pneumatikos = Relacionado al espíritu humano o el alma racional,


como parte del hombre que está cercano a Dios y sirve como su instrumento u órgano. Eso
que posee la naturaleza de un alma racional, pertenece a un espíritu, o un ser mayor que un
hombre, pero inferior a Dios. Perteneciente al Espíritu Divino. De Dios, el Espíritu Santo.
Uno que es gobernado por el Espíritu de Dios. Tiene que ver con el viento o el aliento;
ventoso, expuesto al viento, soplar.

La revelación de Jesús debe ser preeminente en nuestras vidas. Hoy en día, nos han cargado
con información doctrinal, enseñanzas sobre la iglesia, los deberes dentro del sistema
eclesiástico, las diversas posiciones sobre el fin de los tiempos, las maneras de vencer la
carne y al enemigo, etc. Toda esta cantidad de instrucción es vana, no sirve para nada y, por
el contrario, nos aleja del Señor.

Ahora, explico con mayor detalle, qué es revelación.

Revelación: Del gr. apokalyptō (Apocalipsis) = Destapar, abrir lo que ha sido velado o
cubierto, descubrir. Hacerlo conocido, manifestarlo, revelar lo que anteriormente no era
conocido.

Tomemos un paralelo con el revelado de una película o fotografía: La cámara tiene un film,
una emulsión, donde la luz inicial es captada y la imagen queda impresa en él. Para poder
ver esta impresión es necesario revelar el film por un proceso químico. Este primer paso
nos permite ver el negativo (la sombra del positivo). Aun no podemos identificar
claramente la imagen, los colores o el detalle. En el negativo, todo lo blanco es negro y lo
negro es blanco, lo opuesto a la realidad. Esto es la sombra de lo que va a venir. Cuando el
negativo es colocado sobre un papel fotográfico, podemos captar la imagen positiva con
todos sus colores y detalles.

Algo similar sucede en el Antiguo Testamento, donde las cosas no se ven claramente, no se
distinguen en detalle. Sin embargo, cuando colocamos este negativo a la luz de Cristo, la
imagen positiva es vista con claridad.

“Antes bien, como está escrito: Cosa que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en
corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios
nos las reveló a nosotros por el espíritu; por que el espíritu todo lo escudriña, aun
lo profundo de Dios”
1 Corintios 2:9-10

La revelación es una comunicación de parte de Dios, por Su Espíritu, en intimidad con


nuestro espíritu. Dios nos capacita para recibir e interpretar esta comunicación.

“La comunión íntima (momento donde comparte Sus secretos) del Señor es con los
que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”
Salmos 25:14

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

Dios está interesado en que conozcamos sus secretos. Está buscando a los que quieren tener
una relación intima con Él para revelarles Sus secretos y Su pacto.

“Dios revela sus secretos a sus siervos los profetas”


Amos 3:7

El verdadero profeta es aquel que comunica lo que Dios le dice. No está interesado en
impartir sus propias ideas y conceptos; no le interesa si se ve bien ante la gente o no. Le
interesa entregar el mensaje que el Señor le ha dado. Él no se coloca en los primeros
asientos de la iglesia; es el último en la fila. Es a él a quien Dios revela sus secretos.

Todo nacido de nuevo tiene la capacidad de recibir personalmente revelación de los


secretos de Dios. No es algo reservado para los de “alta moral”, los “muy ungidos” o para
los que la iglesia colocó en puestos y cargos preeminentes. Es para toda persona que tiene
una intimidad con Dios y busca centrar su vida en Cristo.

“En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y
entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el
Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo
quiera revelar. Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los
ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes
desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”
Lucas 10:21-24

Pablo y Las Revelaciones

“Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según
hombre; pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de
Jesucristo”
Gálatas 1:11-12

Pablo NO recibió el evangelio ni lo aprendió de hombres, sino por revelación directa de


Jesucristo. ¿No será que debemos funcionar de la misma manera y recibir revelación,
directamente de Jesús?

A Pablo, le fue revelado el misterio (Misterios: Del gr. Musterion = Verdades, secretos y
cosas ocultas de Dios, que solamente pueden ser descubiertas por revelación).

“Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es
que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para
con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he
escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el
misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los
hijos de los hombres, como ahora es revelado a los santos apóstoles y profetas por

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el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo y
copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui
hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la
operación de su poder”
Efesios 3:1-7

El conoció el misterio que estuvo oculto desde tiempos eternos.

“Y al que puede confirmarnos según mi evangelio y la predicación de Jesucristo,


según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,
pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según
el mandamiento de Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que
obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea la gloria mediante Jesucristo para
siempre, Amén”
Romanos 16:25-27

El llamado y ministerio de Pablo como “enviado” o apóstol (no como un título eclesiástico)
fue hecho por revelación. Nadie le impuso manos, ni lo ordenó. Fue un llamado como el de
aquellos que tienen una intimidad con Jesús y escuchan de Él.

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de


Dios”
Romanos 1:1

Aquí, al inicio de la carta a los Romanos, se muestra qué es un siervo con llamado
apostólico (enviado). Se podría decir que fue el muchacho de los mandados. De ninguna
manera era un título de jerarquía en la iglesia. Cuando alguien adquiere un título de
doctorado, suele salir de la graduación “inflando el pecho”, sintiéndose superior a cualquier
otro profesional de menor grado. No es así en el Reino de los Cielos. Los ministros, es
decir, todos los que han escuchado el llamado de Dios a servirle, donde sea que sean
enviados (apóstoles), son los últimos, aquí en la tierra, y los primeros en el Reino.
Probablemente, en esta vida, sean despreciados, maltratados, incomprendidos y juzgados.
No vivirán en opulencia o derroche, no tendrán tiempo para ellos mismos, ni estarán
manejando limosinas, o aviones comprados con el dinero que se demanda del pueblo, en
todos los cultos y reuniones.

“Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”


1 Corintios 1:1

Aquí vemos que Pablo es llamado a ser apóstol de Jesucristo y no de la Iglesia. Los fariseos
modernos se auto-promocionan de pastores a apóstoles de la iglesia.

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”.


2 Corintios 1:1

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El llamamiento de Pablo, como apóstol de Jesucristo, fue por la voluntad de Dios.

“Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombres, sino por Jesucristo y por Dios el
Padre que lo resucitó de los muertos)”.
Gálatas 1:1

Estos versos afirman claramente que su llamado no fue por la iglesia, los ancianos, los
pastores, los apóstoles, ni ningún hombre, sino por Jesús y por el Padre.

El Libro de Apocalipsis

Apocalipsis: Del gr. apokalyptō = Revelación, destapar, abrir lo que ha sido velado o
cubierto, descubrir. Hacerlo conocido, manifestarlo, revelar lo que anteriormente no era
conocido.

Cabe aclarar que este libro NO es una revelación de los últimos tiempos, ni un libro sellado,
como la mayor parte de la gente enseña. Por el contrario, como su autor mismo aclara en el
primer versículo, es:

“La revelación de Jesucristo”


Apocalipsis 1:1

El libro nos muestra quién es Jesucristo, Su obra de redención y Su autoridad en el Reino.

La mayor parte de los símbolos encontrados en el libro de Apocalipsis no son difíciles de


entender. Normalmente son explicados en el mismo párrafo indicando a que se refieren.
Siempre debemos buscar en las Escrituras una revelación de Jesucristo, en vez de toda la
parafernalia en derredor.

Jesús: El Logos Revelado


“En el principio era el Verbo (Logos), y el Verbo (Logos) era con Dios, y el Verbo
(Logos) era Dios”.
Juan 1-1

Verbo; Del gr. Logos = Palabra. Una palabra dada por una voz viviente, personifica una
concepción o idea, lo que alguien dijo. Se utiliza sólo con respecto a la mente. Razón, la
capacidad mental de pensar, meditar, razonar, calcular

Este Logos, Jesús, fue revelado ante los ojos de los que lo vieron.

“Fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”
Juan 1-14

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Dios es revelado por la presencia de Jesús, el Logos, la Palabra de Dios en la tierra. El vino
a hacer la voluntad del Padre y, de esa manera, mostró la gloria del Padre. En otras
palabras, mostró el Carácter del Padre.

El plan de Dios para nosotros es que Jesús, el Logos (la Palabra encarnada), se haga carne
en nuestra vida. Esto quiere decir que lo que Dios nos diga, lo llevemos a cabo para que
Jesús se manifieste en nosotros.

El momento en el cual Jesús comience a revelarse en nuestras vidas, será la Luz que
ilumina nuestro camino y, a su vez, nosotros seremos “la luz del mundo.” (Mateo 5:14)

“Luz para revelación a los gentiles…”.


Lucas 2:32

Jesucristo es la revelación de la Gloria de Dios.

“…en la revelación de su gloria…”.


1 Pedro 4:13

Jesús nos revela todos los atributos del Padre, tales como Su carácter, Su grandeza, Su
bondad, etc.

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis
palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”
Deuteronomio 18:18

La Revelación del Padre

Pocas personas tienen un concepto claro de todo lo que conlleva el significado de


paternidad. Las universidades capacitan a las personas para ser profesionales en diferentes
áreas, pero no hay una sola universidad que enseñe paternidad, desde la perspectiva de
Dios. Desde la niñez, hemos formado el concepto de paternidad por medio de nuestros
padres terrenales. Estos conceptos fueron distorsionados debido a los errores y naturaleza
caída de aquéllos. Aún, los que desarrollaron una excelente relación con sus hijos, no
fueron capaces de dar un ejemplo preciso de lo que es nuestro Padre celestial. La revelación
de Dios como Padre cambia dramáticamente nuestras vidas.

Los conceptos erróneos de imagen paterna y materna son los motivos para la destrucción de
muchas familias. Estos conceptos se han tergiversado a tal punto que naciones enteras
tienen una imagen materna más desarrollada que la paterna. Podemos verlo, por ejemplo,
en la celebración del “Día de la Madre”. Este es un día muy importante, a nivel mundial.
Contrariamente, el “Día del Padre” es casi olvidado. No quiero decir que la imagen materna
no sea importante. Dios mismo, a través de la Biblia, nos da una imagen materna de Él (El
Shaddai: Dios amamantador). El punto principal aquí es que la imagen de Padre y Madre
cayeron, juntamente con Adán y Eva. En el caso de la imagen paterna, el enemigo trató de
hacerla desaparecer. Y respecto la imagen materna, la alteró, al punto de ubicarla en la

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posición que le corresponde a la imagen paterna. Naciones enteras han colocado a la madre
como la figura principal del hogar, han puesto a la mujer en el lugar de autoridad del padre.

Desde la antigüedad hasta hoy, la idolatría a la mujer fue una característica de las naciones
caídas. En Grecia, por ejemplo, encontramos a la diosa Artemisa (Diana). Venus diosa
madre romana. En Egipto, la diosa madre Isis. En América, la Pachamama (madre tierra).
Ahora, en el mundo entero, la virgen “madre de dios.”

Debido a la ausencia de imagen paterna en incontables hogares, la mujer tomó el lugar del
padre, por lo que, las niñas y niños criados en estos hogares no contaron con una imagen
paterna correcta. El niño crecido en este tipo de hogar, se ha convertido en un hombre que
perdió su identidad y se somete a la mujer. En su familia, la mujer era la imagen del padre.
Estos varones han sido criados por una madre soltera, una tía o una abuela que se quedó
con los nietos. En las naciones latinoamericanas, este fenómeno se presenta de manera muy
marcada. El hombre ha perdido toda su identidad de padre y la ha cambiado por un varón
(macho) que no sabe llevar adelante una familia. Por ello, la mujer tiene que tomar las
riendas y el varón, por su lado, se dedica a consumir alcohol, es más irresponsable, más
inmaduro, infiel, flojo e inconstante. Desde la perspectiva de Dios, el varón y la mujer son
iguales en autoridad (Gálatas 3:28).

Estas son algunas de las razones de la urgencia por tener una imagen correcta del Padre, a
fin de conocerle y entender Su corazón y, en consecuencia, conocer su Perfecta Voluntad.
Solo podemos acercarnos al corazón de Dios cuando tenemos una imagen correcta de
Padre.

“Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que
están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean
consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas del
pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en
quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento”
Colosenses 2:1-3

“Dando siempre gracias al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor


Jesucristo”
Efesios 5:20

Tener la revelación del Dios como Padre es tan importante como tener la revelación del
Señor Jesucristo.

Nuestra fe se debilita cuando no tenemos un entendimiento de Dios como Padre. Nuestras


vidas transcurren en derrota y buscamos en los hombres un padre terrenal sustituto. Esta
búsqueda nunca termina, llevándonos de consejero en consejero y de “padre” en “padre”.
En las Escrituras leemos:

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el


que está en los cielos.”
Mateo 23:9

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Estas palabras salieron de la boca del Señor Jesucristo. Una vez nacidos de nuevo, sólo
tenemos un Padre, nuestro Padre Celestial. ¿Dónde quedan nuestros padres terrenales o
aquéllos que han tomado el lugar de padres? Dejan de ser la prioridad en nuestras vidas,
aunque les debemos respeto y amor. Debemos conocer al verdadero Padre, aquél que nos
engendró espiritualmente, que nos adoptó a su familia y, ahora, es dueño de nuestras vidas.
Él es el único que merece ser llamado Padre. Esto no significa que dejemos de honrar a los
que son nuestros padres terrenales. Pero, llamar “padre” a un pastor, apóstol, sacerdote
católico o líder es una falta de revelación de quién es nuestro verdadero Padre. Quienes
dejan que los nacidos de nuevo les llamen padres o madres están usurpando el lugar del
Padre Celestial. Coloquémonos en el lugar que nos corresponde para que las ovejas NO nos
vean como “padres” sino como sus servidores.

El Deseo del Padre

Las doctrinas “cristianas” de la iglesia, y muchas enseñanzas de los hombres, me dieron


una idea tergiversada de Dios. Por eso, quiero compartir el verdadero deseo del Padre. Esta
revelación me trajo mucha paz. Ahora, camino en Su voluntad, confiado y seguro.

Empezaré compartiendo el siguiente versículo:

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis


caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis
caminos, más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros
pensamientos".
Isaías 55:8-9

Es interesante entender que el Señor no está diciendo que no podemos conocer Sus
pensamientos o Sus caminos. Él, simplemente, dice que los nuestros no son como los de Él,
que los de Él son mejores. Nosotros podemos conocer Sus pensamientos y Sus caminos, no
son un misterio lejano, escondido de sus hijos.

Estos son los deseos y pensamientos de Dios acerca de nosotros:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice El Señor,


pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me
invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis,
porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.
Jeremías 9:11-13

¿Por qué pensamos que Dios quiere atribularnos o mandarnos castigos perversos? Este
verso muestra que sus pensamientos para nosotros son de paz y no de mal. Este es el Dios
que nos libera, nos ama y entiende. Él no tiene ninguna relación con el mal. Al contrario, Él
está totalmente en contra del mal, el dolor, el sufrimiento, etc. Es inconcebible pensar que
Dios pueda ser cruel o perverso, que “permita” el dolor o el sufrimiento. El sufrimiento de

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de Cristo en la Cruz nunca fue realizado o permitido por el Padre. ¿Cómo podemos creer
que un padre pueda desear eso para su hijo? Fue Él quien, por amor, se entregó
voluntariamente a la humanidad (justamente para que ésta no sufra) y fue la humanidad la
que causó el sufrimiento de Jesús, llevándolo a la cruz. El Padre siempre estará
ayudándonos y fortaleciéndonos a sobrellevar esta vida de sufrimiento. Él es el consolador
que está en nosotros para que no seamos destruidos.

“Pero tenemos este tesoro(Dios) en vasos de barro, para que la excelencia del
poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no
angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados;
derribados, pero no destruidos”
2 Corintios 4:7-9

Es el hombre caído que causa el sufrimiento y el dolor, es el descontrol del manejo del
mundo, el mal uso de la creación. ¿Cómo podemos echar la culpa a Dios o relacionarlo con
la catástrofe de los resultados de la Caída, como el mal, el dolor, el sufrimiento, la
enfermedad, las guerras y la muerte?

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te
esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
Isaías 41:10

“Porque yo el Señor soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice:


No temas, yo te ayudo”.
Isaías 41:13

“No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro,
dice el Señor; el Santo de Israel es tu Redentor”.
Isaías 41:14

“En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto
estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca”.
Isaías 41:18

“Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad


cipreses, pinos y bojes juntamente”.
Isaías 41:19

Dios está a favor de nosotros, nunca en contra. Él quiere darnos la mayor protección, nos
sostiene, nos ayuda, es nuestro socorro. ¡Cómo podemos pensar que nos hará daño o que
nos impondrá castigos o disciplina publica! Dios es todo amor, justicia y paz y al que
ama corrige (pero no con castigo o lastimándonos, solamente volviéndonos a que
apuntemos a la dirección correcta, guiándonos y hablándonos por medio de Su Espíritu). Él
siempre está extendiendo su mano hacia nosotros. Es quien se ha inclinado a nosotros para

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atraernos hacia Él. Los cristianos ahora han desarrollado un eufemismo para las “maldades”
que dicen que Dios nos manda; ahora las llaman “pruebas”.

“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué
habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más
que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no
siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho
que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis?
Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo,
que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba
del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará
mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas
estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas
cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de
mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.
Mateo 6:25-34

El Señor cree en ti. Él conoce tus debilidades y tus fortalezas, nunca tratará de poner más
peso del que puedas llevar. Es penoso que sus hijos crean que Él pueda enfermarlos o
matarlos. Es incoherente pensar que un Padre perfecto y bueno tenga esos atributos. Dios
hubiera sido un padre irracional, al enviar a Jesús con el fin de morir por nuestras
enfermedades y darnos vida, para, luego, contradictoriamente, enfermarnos y matarnos. Él
no es asesino. En Él no hay muerte, Él es la Vida. Fue el hombre quien ocasionó la caída de
este mundo y sus consecuencias, no Dios. Por el contrario, Él nos rescató de nosotros
mismos y nos llevó a su Reino de paz, amor y bendición.

Creemos erróneamente que Dios castiga, cuando más bien, Él es amor y gracia. El
sufrimiento viene a causa de las decisiones del hombre, que afectan su propia vida o la de
los demás. Dios toma exámenes a sus hijos, no para hacernos sufrir, sino para ayudarnos a
ver nuestros progresos. Él no quiere que nosotros suframos de ninguna manera. En nuestras
iglesias, tenemos un dios temible, un dios castigador, que nos avergüenza delante de los
demás, envía maldiciones y nos rechaza. Ese dios NO es nuestro Padre. No tiene ningún
parecido con el Dios de la gracia, el Dios de amor.

Comprender la magnitud de Su bondad y amor por ti, te ayudará a escuchar con mayor
facilidad Su voz.

Vuestro Padre el Diablo

La “iglesia” tiene un padre que, sin duda, es el diablo, no nuestro Padre Celestial, lleno de
amor.

Los siguientes son algunos de los atributos del enemigo, que nuestro Padre nunca podría
tener.

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Jesús vino a dar Vida, no muerte, castigo, ni dolor, etc.:

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que
tengan vida, y para que la tengan en abundancia”
Juan 10:10

Dios no tiene relación con la muerte, porque Él es Vida.

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó
de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la
muerte, esto es, al diablo”
Hebreos 2:14
No es el Señor quien va buscando a los que cometen un error para castigarlos, o hacerlos
sufrir; esa es labor del diablo, el acusador de los hermanos, “el que los acusaba delante de
nuestro Dios, día y noche”. (Apocalipsis 12:10b)

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente,
anda alrededor buscando a quien devorar”
1 Pedro 5:8

Cuando no conoces al Padre, puedes llegar a pensar que Él podría ser el autor de muchos
males. Para evitar tales errores, Jesús fue claro con los fariseos, cuando les dijo:

“Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he


salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué
no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de
vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido
homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay
verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre
de mentira”.
Juan 8:42-44

El Espíritu nos Revela

“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el padre de gloria, os dé espíritu de


sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro
entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y
cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la
supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la
operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los
muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobe todo principado y
autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este
siglo sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio
por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de
Aquel que todo lo llena en todo”.
Efesios 1:17-23

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En muchas iglesias, se enseña que las revelaciones están reservadas sólo para los “líderes”,
los pastores, los “ungidos” o los “apóstoles”. Estos son los fariseos del siglo XXI, los que
se han colocado sobre el pueblo de Dios y se sirven de él. No enseñan que las ovejas deben
buscar sabiduría y revelación directamente de Dios.

“mis ovejas oyen mi voz, yo yo las conozco y me siguen”.


Juan 10:27

“…cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las
que Dios ha preparado… nos las reveló a nosotros por el Espíritu…”.
1 Corintios 2:9-10

Si una “simple oveja”, en el sistema eclesiástico, recibe, directamente, una revelación de


Jesús, es posible que le repriman toda posibilidad de hacerlo de nuevo. La sujeción a las
autoridades eclesiásticas es vertical, absoluta y tirana. Solamente se permiten revelaciones
al supuesto liderazgo. Esta es una excelente forma de manipular al pueblo.

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo
escudriña, aun lo profundo de Dios”
1 Corintios 2:10

Jesús quiere revelarse a cada uno de nosotros personalmente. Nadie debe interrumpir esta
manifestación de Cristo en la vida de los nacidos de nuevo. En el Reino de los Cielos, todos
somos hijos de Dios; no existen los privilegiados. Todos somos santos, todos estamos bajo
la gracia, todos hemos sido lavados por la misma sangre y todos tenemos acceso al trono de
Dios, directamente, sin necesidad de hombres mediadores.

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre”.
1 Timoteo 2:5

La relación personal de Dios con cada uno de nosotros es el deseo de Dios. Él quiere
hablarnos, revelarse a nosotros y guiar nuestras vidas, personalmente.

El Espíritu Santo es el Maestro de Tú Espíritu

“Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.
Romanos 8:14

Cuando una persona nace de nuevo, su espíritu es vivificado y, entonces, ingresa al Reino
de los cielos. Este es un requisito, nadie puede ser parte del Reino sin antes haber nacido de
nuevo. En el hombre nacido de nuevo, su espíritu es un bebé, con la capacidad de aprender
todo. El Espíritu Santo es el maestro que le aconseja y enseña todo. Él tiene consigo un
lenguaje que nos ayuda a conocer la mente de Cristo.

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros
tenemos la mente de Cristo”
1 Corintios 2:16

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Tenemos la mente de Cristo, que sólo el Espíritu la puede instruir.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”
Romanos 8:16

El Espíritu Santo se convierte en el maestro de nuestro espíritu y, entonces, por medio de


esta instrucción, nuestro espíritu comienza a iluminar nuestra mente.

A medida que tenemos una relación intima con el Espíritu, Él nos da mayor sabiduría,
entendimiento y revelación. Dejemos de buscar todo esto en los hombres para poder vivir
una vida llena del Espíritu. Vivamos diariamente comunicados, aconsejados, guiados y
sujetos a Él. Dejemos la idolatría y el humanismo y adoptemos una vida Cristocéntrica.

El Espíritu nos Revela a Jesús y el Corazón del Padre

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo
escudriña, aun lo profundo de Dios”
1 Corintios 2:10

“¿Quién de los hombres sabe las cosas de los hombres, sino el espíritu del hombre
que está en él?”
1 Corintios 2:11

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo (espíritu adánico, herencia de


Adán) sino el espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha
concedido”
1 Corintios 2:12

“Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana,
sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”
1 Corintios 2:13

El Lenguaje del Espíritu (Revelación y Edificación)

Todos los nacidos de nuevo tenemos este lenguaje y debemos usarlo.

“Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le
entiende, aunque por el Espíritu habla misterios”
1 Corintios 14:2

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Misterio: Del gr. Mysterion = Los consejos secretos de Dios reservados para los justos,
consejos que están ocultos de los impíos y los malvados, pero que son claros para los que
están en Dios.

“El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza,
edifica a la iglesia”.
1 Corintios 14:4

Cuando oras en lenguas (en el espíritu) te edificas. Oras desde la mente de Cristo, todo lo
que está en Su mente terminará en ti, como enseñanza del Espíritu Santo. Como dice Gary
Carpenter, “Estas son Sus clases. Ahí está el Maestro, en la pizarra, listo para enseñarte y
revelarte a Dios. El Espíritu Santo, literalmente, crea esas lenguas en el interior de tu
espíritu y te ayuda a comunicarte con Dios. Esto hace difícil el fracaso. Para activar el
Maestro dentro de ti, ora en lenguas.” Increíble, pero cierto, ¡compruébalo!

Cuando comenzamos a oír la voz del Espíritu, recibimos la sabiduría, el entendimiento y la


revelación de Jesús. Dejamos de interesarnos por el consejo de los hombres. Ya NO nos
conformarnos a la cosmovisión de este siglo. No buscamos más la sabiduría de los reyes de
este mundo, ni de sus entendidos.

La Iglesia está completamente dividida. Fuimos de lo básico en común, a lo secundario, del


tronco a las ramas, de las ramas a las hojas y ahora, nos encontramos en la división por
células. Cada iglesia tiene diferentes enseñanzas y todas basadas en las Escrituras. Las
denominaciones son estrictas en cuanto a su doctrina. Si no estamos de acuerdo con lo que
ellos establecieron, no podemos pertenecer a su secta. Se ha llegado a extremos en cuanto a
esta división. Una iglesia ataca a otra a través de medios de comunicación. Se preparan
prédicas para desprestigiar a otras iglesias, acusándolas de “no tener la doctrina correcta”.
Tenemos iglesias que cometen la estupidez de reprender espíritus inmundos con nombres
de pastores o iglesias. No dudo que harán lo mismo con las enseñanzas de este libro. Cada
iglesia proclama tener la “verdad”, creando una total confusión en el mundo y en los
nacidos de nuevo. Si naciste de nuevo dentro la iglesia Bautista, estás totalmente prohibido
acercarte a la Pentecostal. Si eres católico, debes rechazar todo lo que es de la secta de los
protestantes. Podemos pasar mucho tiempo explicando el funcionamiento del sin fin de
congregaciones, iglesias y todas las sectas cristianas, que, cada día, se dividen más y más.
Pero ¿Cuál es la razón? Simplemente no están escuchando la Voz del mismo Maestro, no
siguen al Espíritu y no tienen como Cabeza a Cristo. Están fuera de la Iglesia Gloriosa, del
Cuerpo de Cristo, que manifiesta la Voluntad de Dios sobre la tierra y transforma las
naciones. Se reúnen en presbiterios, eventos pastorales, estadios, coliseos, pero no hay
unidad. Cada uno tiene una doctrina, un dios y guía diferente. Esta “iglesia” tiene tantas
autoridades que parece un monstruo con varias cabezas. Uno de los principales problemas
que tenemos, individualmente y como iglesia, es que no sintonizamos la voz del Espíritu,
porque no caminamos en comunión íntima con Él.

Tengo la esperanza que el inmenso pueblo cristiano llegue, humildemente, a comprender la


necesidad de dejar toda religiosidad a fin de entrar en lo vital y más importante: la relación
íntima con Dios. Así, podríamos llevar, todos, el mismo mensaje, pensar con la Mente de

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Cristo y hacer, en Unidad, lo que el Señor nos ordena, a cada uno. El Cuerpo de Cristo
funcionaría en Su propósito y la Gloria de Dios sería manifestada en la tierra. La tierra se
llenará de su Gloria, si todos obedecemos a la única Cabeza de la Iglesia, Jesucristo, no a
las varias que hoy existen, a ese “monstruo con varias cabezas”. Entonces, estaremos
haciendo la voluntad de Dios en la tierra, seremos un pueblo unido por el Espíritu y el
mundo conocerá que el Padre envío a Jesús.

“Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos
sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.
Juan 17:21

Puedes descansar y tomar aliento. Ya te encuentras en la cima de la montaña.

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CAPITULO 6
OIR LA VOZ DE DIOS

“El Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían”


Hechos10:44

Ya nos encontramos en la cima de la montaña. Aquí aprenderás a escuchar la voz de Dios.


En este lugar, tú tienes que entrar desnudo. Es importante que te quites toda la ropa que
llevas puesta: Tus prejuicios, tu hipocresía, tu ego, tus planes, tus deseos, tus sueños, tus
secretos y tu vida oculta. No es posible embaucar a Dios con tu apariencia.

Nuestro corazón es engañoso.

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo


conocerá?”.
Jeremías 17:9

Nos engañamos creyendo que somos buenos, que lo que pedimos a Dios es lo que
necesitamos, que lo que le decimos es honesto y transparente. La hipocresía está arraigada
en nuestro viejo hombre. Podemos estar en la presencia de Dios, pero no en intimidad con
Él. Muchos cristianos habitan en Su presencia toda su vida, sin llegar a conocerle. Llegar a
la cima de la montaña, al igual que al Lugar Santísimo, es beneficioso sólo si escuchamos
Su Voz, Su PALABRA. Este es el lugar donde tú escuchas y Él habla la PALABRA DE
VIDA la PALABRA de la cual habló el Señor Jesús, no refiriéndose a las Escrituras. No la
palabra de un pastor, no la de la radio, no la de otro cristiano. Esta es la PALABRA que
queremos escuchar. Esta es la VOZ que sus ovejas escuchan para seguirle. Los que tienen
oídos, oyen Su VOZ.

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A pesar de tener el espíritu, por el cual somos capaces de oír la VOZ de Dios, Su Palabra,
buscamos métodos como el “Urim y Tumim”, establecidos en el Antiguo Testamento. Este
método era una forma de echar suertes para determinar la voluntad de Dios, para
determinar un juicio. (Éxodo 28:28-30). Nosotros ya no echamos suertes con el “Urim y
Tumim” para saber la voluntad de Dios, pero abrimos la Biblia al azar y la consultamos
como horóscopo, para saber qué quiere Dios. Esto es ridículo, es simple y llana hechicería.
Buscamos a los profetas para que nos adivinen la suerte. Ponemos condiciones a Dios para
saber su voluntad. Es común decir cosas como: “Si el domingo haces llover, entonces
Raquel es la persona con la que debo casarme” o “Si el pastor menciona mi nombre en la
prédica, entonces debo ir de misionero a la China”. Las llamamos señales. Ese tipo de
actitudes y creencias son paganas, fuera de todo contexto cristiano. Es increíble como los
líderes de la iglesia se han extraviado, al punto de enseñar y vivir estas creencias. Éstas no
son las enseñanzas de Jesús. Ignoramos que podemos escuchar Su Voz con certeza,
directamente en nuestro espíritu.

La Responsabilidad del Pueblo

Los profetas del Antiguo Testamento hablaron de parte del Señor, tal como lo hacemos
ahora. Pero esos profetas eran apedreados si hablaban algo falso en nombre de Dios. La
responsabilidad de la palabra dada estaba en el profeta. Hoy, los nacidos de nuevo,
podemos profetizar, es decir, podemos hablar de parte de Dios. Si escuchamos algo de Él y
nos instruye a comunicarlo, debemos hacerlo. A diferencia del Antiguo Testamento, la
responsabilidad de discernir y de asegurarse que la palabra dada sea de Dios, se encuentra
en el oyente. Aquel que recibe la profecía debe decidir si tomarla o dejarla. Si la profecía es
falsa, no podemos apedrear al profeta. Nuestro deber es estar en comunión íntima con Dios
y escuchar de Él. Cuando uno oye una palabra profética para sí, si no la puede discernir o
entender, debe colocarla en espera hasta que sea confirmada por el Señor. Luego
hablaremos más sobre la profecía.

Muchos nos acercamos a Dios equivocadamente, buscando lo nuestro y no lo de Dios.


Como, consecuentemente, no recibimos lo que pedimos, perdemos el interés en
comunicarnos con Dios y nos volvemos a hombres y mujeres que complazcan nuestros
deseos, se interesen en nuestras penas, nuestros problemas y nos presten atención.

Dios quiere lo mejor para nosotros, más que cualquier ser humano, pero no podemos llegar
a Él con nuestra lista de peticiones. Nosotros mismos no sabemos cuáles son nuestras
necesidades de la manera perfecta como Él las conoce. Así que nuestra parte es
simplemente rendirnos y escucharle. Él es quien lo sabe todo.

El Padre siempre estuvo interesado en comunicarse con nosotros. Manifestó este anhelo al
enviar a Jesús para restaurar la relación rota entre Él y los hombres. Así, podría hablarnos
personalmente y comunicarnos Su plan, Sus sueños y Su visión para nuestras vidas. El día
que entendamos esta verdad, comenzaremos a interesarnos más en Él que en nosotros
mismos.

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Jesucristo fue claro cuando nos habló sobre oír Su voz en nuestro espíritu. En ningún lugar
encontramos que Él nos haya aconsejado leer las Escrituras, como fuente donde encontrar
Su voluntad o una relación personal con Él. Esto sería imposible. Jesús quiere tener una
relación personal contigo, con una comunicación fluida. El Padre, en esa relación personal,
quiere mostrarte Su corazón.

La voz de Dios es Jesús.

“Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la
nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”.
Mateo 17:5

Escúchalo a Él.

“… y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando
ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen,
porque conocen su voz”.
Juan 10:3-4

Aun María, “su madre dijo a los que servían: haced todo lo que (El) os dijere” (Juan 2:5)

Estos pasajes afirman con claridad que las ovejas OYEN Y CONOCEN SU VOZ: No dice,
como hoy enfatizamos en la iglesia, que La Palabra está en oír o leer las Escrituras. En este
pasaje, la palabra de Jesús es audible a las ovejas, no una lectura. Sale de Su boca.

Entendamos un principio importante. El ser humano está compuesto por espíritu, alma y
cuerpo. Veamos cuál es la función de cada una de estas partes:

El cuerpo nos permite tener contacto con toda la existencia material, este universo
creado por Dios

El alma es el medio por el cual podemos comunicarnos con nuestros semejantes,


razonar, sentir y tomar decisiones.

El espíritu es el medio por el cual nos comunicamos con Dios. Es lo eterno en nosotros,
lo que nos permite tener esa relación intima y personal con Dios. Es el lugar donde
escuchamos su Voz.

Solamente nos podemos comunicar con Dios por el espíritu. Nos ha dado el nuevo espíritu
para comunicarnos con Él. No necesitamos una voz desde las nubes.

El Espíritu quiere guiar tu vida y llevarte por el camino de bendición, ya no pierdas el


tiempo en vanidades. Afina tu oído.

“El que tiene oídos para oír, oiga”.


Marcos 4:23, Lucas 8:8 y 14:35

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Afinando el Oído

Cuando hablamos sobre escuchar la voz de Dios, surge la pregunta: ¿Cómo sé si no soy yo
o el enemigo, y no Dios? Para evitar equivocaciones, debemos afinar nuestro oído a la voz
de Dios. Debemos aprender a oír Su voz, siendo transformados por la renovación de
nuestro entendimiento. También necesitamos estar conscientes que cometeremos errores.

Cada uno de nosotros aprendió a oír la voz de su madre natural desde sus primeros días de
vida. Con respecto a oír la voz de Dios, al principio, uno fácilmente puede confundirse,
pero, poco a poco, va reconociendo Su voz. Al igual que ese niño, a medida que crece, esa
voz será de autoridad. Cuando llega a la madurez, esa voz se convierte en una voz amiga,
llena de recursos para una vida abundante.

No hay mejor manera de mantenernos sintonizados a la voluntad del Señor que pasando
tiempo con Él, aprendiendo a conocer y reconocer Su voz.

“Afinar” el oído a la voz de Dios es un aprendizaje espiritual que puede reforzarse a través
de la oración y meditación silenciosa. Buscamos esa voz “apacible y delicada”.

“Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que
pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las
peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un
terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego;
pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y
cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de
la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”.

1 Reyes 19:11-13

El silencio es clave para oír la voz de Dios. Busca “tiempo quieto”, conduce el carro con la
radio apagada, bloquea el mundo de afuera y di, como Samuel: "¡Habla, Señor, tu siervo
escucha!" (1 Samuel 3:10) o como Pablo: “Señor, ¿qué quiere que yo haga? (Hechos 9:6)
¡El no falla en responder!

Debes tener en cuenta que la respuesta a cualquiera de tus preguntas puede ser “sí”, “no” o
“espera”. Ya que Él quiere lo mejor para ti, Su respuesta siempre será de acuerdo al
máximo beneficio del Reino y el tuyo. Cuanto más te alejes de la vida religiosa y crezcas en
el espíritu, más fácil será escuchar la voz de Dios. Cuanto más neutral y desnudo ingreses a
la presencia de Dios, dispuesto a escuchar lo que Él tenga que decir, más nítida será Su voz.

Cuanto más honestas, sencillas y auténticas sean tus oraciones, será más fácil oír su voz.
Nuestra típica oración es llena de hipocresía, formulas y clichés: “Señor, altísimo Rey, aquí
está tu siervo, postrado delante de ti en humildad. Te alabo, te adoro. No soy nada sin ti.
Tú sabes cuanto estoy sufriendo. No te olvides de tu siervo. Lloro con dolores de parto
porque estoy angustiado, Señor”. Pensamos que nuestro melodrama moverá la mano del
Señor. Talvez sería mejor que le digas: “Señor, estoy fregado. No tengo ni la más mínima
gana de hablarte. Ni siquiera siento que te amo. En este momento lo único que quiero es

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darle un golpe en la nariz a mi enemigo”, “Señor, me da flojera levantarme y quisiera


hablar contigo desde aquí, desde mi cama”, “Padre, no puedo pensar en algo lindo que
decirte y que sea genuino. No quiero repetir clichés y dichos cristianos. Solo quiero
preguntarte lo siguiente…”.

El estudio y conocimiento de las Escrituras, centralizadas en Cristo, te capacitarán para


poder discernir muchas interpretaciones erradas de lo que Dios te hable.

Cuanto más transformado y renovado esté tu entendimiento, más fácil será conocer Su voz
y Su voluntad (Romanos 12:2). Muchos oyen y quieren entender las cosas de Dios con su
mente carnal, pero es imposible; necesitan una transformación.

En incontables ocasiones, escuchamos la voz del Señor a nuestras espaldas, diciéndonos:


“No lo hagas” y de todas maneras ¡lo hacemos! Esto trae consecuencias. Cuando nos
salimos de Su voluntad, nos exponemos a cualquier mal sobre nuestras vidas y sufrimos las
consecuencias de nuestra decisión. Dios no puede ser culpable por este mal. Él nos advierte
para que no suframos las consecuencias de nuestra desobediencia. La libertad que el Señor
nos da demanda responsabilidad. Tenemos que asumir las consecuencias de nuestras malas
decisiones, arrepentirnos de haberlas tomado y enderezarnos a ser nuevamente obedientes a
Su voz. La experiencia de cometer errores nos debe forzar a mantenernos, siempre, en una
relación estrecha e íntima con Dios. Necesitamos mantenernos sintonizados a Su voz, de tal
manera que le sigamos por donde quiera llevarnos. Nuestra vida está segura cuando se
encuentra escondida en Él.

Si estás cien por ciento dispuesto hacer la Voluntad de Dios, sea lo que sea, entonces ya has
vencido el mayor obstáculo. Si puedes poner tu corazón en tal condición, sin tener voluntad
propia en el asunto, reconocerás la Voz de Dios con mayor claridad. Si no, difícilmente
podremos discernir su guía, en cualquier tema. Debemos decir: “Padre Eterno, estoy
dispuesto a hacer tu voluntad, independientemente de lo que yo quiera o piense. Acepto tu
voluntad, aunque resulte difícil. Amén”.

El entrenamiento en la búsqueda de Dios y de oír Su voz cada día, nos ayudará a afinar de
tal manera el oído, que ninguna otra voz nos confundirá. Conoceremos Su voz porque, en
verdad, somos Sus ovejas, suyas y de ningún otro pastor.

“Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor su vida da por las ovejas. Yo soy el buen
Pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”.
Juan 10:11,14

Ahora, en la cima de esta montaña, ya podrás disfrutar de una relación íntima con Dios e
irás penetrando mas y mas en la profundidad de esta relación con Él.

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CAPITULO 7
LA VOLUNTAD Y EL CORAZÓN DEL PADRE

Hemos hablado de las condiciones para acercarnos a Dios y oír Su voz. Ahora, en la cima
de la montaña, junto a Él, con Su voz en tus oídos, entrarás a conocer Su corazón.

Este tema es complicado debido a que las cosas de Dios hay que discernirlas
espiritualmente y el hombre natural no las puede entender.

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque
para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir
espiritualmente”.
1 Corintios 2:14

La religión puede decirnos muchas cosas absurdas sobre la voluntad de Dios. Por ejemplo:
Si vamos todos los domingos a la “Iglesia”, atendemos al “culto” y cantamos “alabanzas”,
estamos haciendo Su voluntad. Cualquier persona, con un corazón para Dios o en una
búsqueda sincera de Él, puede caer en la trampa. Es casi imposible que los religiosos
acepten que aquello que les enseñaron está equivocado. Peor aun, que el libro sobre el cual
basan toda su creencia y su vida no contenga la completa voluntad de Dios, ni pueda darles
a conocer, personalmente, a Dios. Cada vez se aferran más a todo sistema religiosamente
elaborado, para sentir que están en la voluntad de Dios. Compiten desenfrenadamente para
cumplir estas reglas y normas, con el fin de complacer a Dios. La religión es cruel, nos hace
dejar a un lado lo espiritual. Dejamos la carga liviana de la gracia y nos ponemos a llevar la
carga pesada de la ley, lo carnal, del esfuerzo humano y de las metas y obras de hombres.

“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.


Mateo 11:30

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Es común creer que hay que llegar a estaturas y niveles espirituales, como las diferentes
“chakras” del hinduismo. Solo cuando hemos logrado la auto-realización (santidad) y
hemos obtenido el merito de ingresar a Nirvana (lugar santísimo), entonces recién Dios nos
habla y nosotros le escuchamos. No pensemos que hacer la voluntad de Dios y conocerle es
algo tremendamente difícil, que solamente aquellos con un carácter santo y gran fuerza de
voluntad pueden lograrlo. Es más fácil de lo que pensamos. Es una manera sencilla en la
que Dios quiere llevarnos a la madurez y a ser semejantes a Jesús en estatura.

Samuel le dijo a Saúl:

“El Señor se ha buscado un hombre conforme a Su corazón, al cual el Señor ha


designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo
que el Señor te mandó”.
1 Samuel 13:14

Pablo relató a los israelitas lo que Dios dijo de David:

“He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo
que yo quiero”.
Hechos13:22

¿Qué significa un corazón conforme al de Dios?, ¿Por qué Dios mira tu corazón?, ¿Qué
busca en tu corazón?, ¿Qué desea que haya en tu corazón?

Muchos sabemos que Dios quiere hombres y mujeres según Su corazón, pero no hemos
entendido qué quiere decir esto. Creemos que Dios está buscando hombres buenos, que
aman al Señor, que trabajan duro para Él, que cumplen con lo que manda las Escrituras,
que hacen extensas oraciones, que cantan y danzan como David, una larga lista de
cualidades. Pero, en realidad ¿Eso es lo que está buscando Dios? ¡No!. Entonces, ¿Qué
encontró Dios en David, que le agradó tanto? Era algo interno, algo más allá de lo visible,
algo que muchos no pueden ver cuando están en la religión. Nuestro pensamiento natural,
sin sabiduría de lo alto, siempre nos lleva a conclusiones erradas, fuera de lo que Dios
piensa, siente y quiere de nosotros. Generalmente, nuestros pensamientos vienen de buenas
intenciones, buenas ideas y conclusiones a las que llegamos después de leer las Escrituras.
Pero lo que en realidad necesitamos es una revelación de lo alto, de lo que hay en el
corazón del Padre. Así, lograremos entender qué es lo que el Señor está buscando. La
pregunta, aquí, es: ¿Te interesa Su corazón? ¿Te interesa qué piensa? ¿Qué quiere?

Por medio de una explicación sobre la parábola del Hijo Pródigo, conoceremos algo sobre
el Corazón del Padre. Es importante tomar en cuenta que los títulos de los capítulos y
algunos otras partes de la Biblia han sido añadidos y no están en los originales.

Aunque esta parábola fue titulada “Parábola del Hijo Pródigo”, refiriéndose, comúnmente,
al hijo, derrochador del dinero de su Padre, el tema principal es otro.

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Pródigo = generoso, liberal, desprendido, dadivoso, espléndido.

El énfasis de Jesús, en esta parábola, no se encuentra en del derroche del hijo, sino cuán
generoso, liberal, desprendido, dadivoso y espléndido es el Padre, en Su amor y
misericordia. En el caso de la Parábola del Hijo Pródigo, sería más preciso titularlo, ya sea:
“El Padre Pródigo en Amor” o “El Corazón del Padre“. Al leer y estudiar muchas veces
este pasaje, el Espíritu me guío a la profundidad y el significado correcto del relato del
Señor Jesús. Es así como encontré una enseñanza del hermano Gary Carpenter, denominada
“El Hijo Sirviente”, que habla de este tema. Desde ese momento, no he dejado de enseñar
esta verdad que cobró un nuevo sentido en mi vida. Abajo hago una lista de los conceptos
que me fueron revelados:

La voluntad del Padre.


La vida farisaica de la iglesia.
¿Por qué la provisión de Dios y Sus bendiciones no llegan a nuestras manos?
Cuán poco interesados estamos en conocer (ginosko) el corazón del Padre.
Cuánto de nuestra vida está centrada en el hombre, y no en Dios.
Vivimos con el Padre, sin embargo, no le conocemos (ginosko).
No gastamos tiempo de intimidad y calidad con Él.
No nos interesamos en Sus deseos, pero sí estamos muy interesados en sus
pertenencias y en los beneficios que podemos obtener de Él.

Veamos algunas partes de este pasaje bíblico para que el corazón del Padre empiece a
revelarse en tu vida, como lo hizo conmigo. Primeramente, haremos un análisis de la vida
del hijo, quien derrochó el dinero de su padre y vivió perdidamente.

Así como Dios entregó el mundo, la creación, a Adán y a Eva, para que dominen sobre toda
la tierra…

“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y


sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las
bestias que se mueven sobre la tierra”.
Génesis 1:28

… así, este padre entregó todos los bienes que les correspondían a sus hijos. La parábola
nos cuenta que…

“Y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me
corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el
hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes
viviendo perdidamente”.
Lucas 5:12-13

Aquí se encuentra la primera mentira que Satanás (el adversario) puso en el hijo. Lo mismo
hizo en el huerto del Edén con Adán y Eva. Su mensaje fue “Tú puedes solo, no necesitas
del Padre. Apártate de Él y maneja tus bienes solo… tú eres capaz… ¿Para qué depender de
Él? Tú eres como Él…puedes, adelante (coloca tu nombre), vamos, verás cómo vivirás, mucho

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mejor que aquí, al lado de tu Padre. Decidirás solo; harás tu voluntad y no dependerás de lo
que Él te diga”. Satanás aún usa estas palabras hoy, llevándonos, junto a miles, lejos del
Padre. Y seguimos derrochando la herencia que Él nos ha dado, el planeta y toda su
creación.

Continuemos…

“Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y
comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el
cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre
de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba”.
Lucas 15:14-16

Notemos cómo era influenciada la actitud del hijo por otra mentira de Satanás. Esta es la
misma voz del enemigo, que muchos hemos escuchado: “No necesitas regresar…tú puedes
solo…busca alguien que te de un trabajo y saldrás adelante. No regreses, haz lo que tú veas
por conveniente. No importa cuán bajo hayas caído, saldrás del asunto con tus propias
fuerzas.” Cuántos se han quedado ahí, sin levantarse más de su derrota. Ignoran que el
Padre está con las manos extendidas, listo para sacarnos de allá, llamándonos para que
regresemos a casa, a esa relación íntima entre Él y Su pueblo. Él NO está llamando a
regresar a un edificio llamado “iglesia”, donde se congregan los hermanos, todos los
domingos.

Veamos ahora, qué hizo el hijo menor ante semejante situación de derroche y consiguiente
derrota:

“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen


abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y
le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado
tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre”.
Lucas 15:17-20

Aunque afirma que el hijo “volvió en sí”, parece, por el contrario, que “volvió en NO”,
porque, nuevamente, el enemigo engaña a este muchacho, diciéndole, muy sutilmente: “Si
quieres regresar, muéstrale a tu padre lo bueno que eres. No dependas de Él. Trabaja en su
casa y mantén tu independencia. Págale con tu trabajo, para que él vea que no lo necesitas,
que eres autosuficiente. Tú te puedes valer por ti mismo, trabajando, le demostrarás quién
eres, cuán bueno eres. Págale, también, hasta el último centavo de lo que gastase. Te
alimentarás bien, recobrarás la salud y, así, podrás devolverle todo y, luego, podrás hacer tu
propio dinero, sin necesidad de Él”.

No obstante, la reacción del padre ante el regreso de su hijo, es sorprendente:

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue
movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”.
Lucas 15:20

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Este relato me emociona mucho. El padre, posiblemente, salía todos los días y con
frecuencia, a la puerta de la hacienda, para ver si su hijo regresaba. Un día, mirando hacia
el camino, vio que alguien venía. No tenía la seguridad de que fuera o no su hijo. El que se
acercaba estaba todo andrajoso, sucio, mal oliente y descalzo. Ya, cuando el extraño se
encontraba más cerca, el padre lo reconoció. Movido a misericordia, corrió hacia el hijo y
se echó sobre su cuello, besándolo. Cabe aclarar que no fue el hijo quien corrió y se echó al
cuello del padre. Es el padre el que toma la iniciativa.

Veamos la falsa humildad y el desconocimiento del corazón del Padre, en las palabras del
hijo:

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de
ser llamado tu hijo”.
Lucas 15:21

Seguramente, el hijo quería continuar con todo el discurso que había planeado: “Hazme
como uno de tus jornaleros…” y, aún añadir frases como: “No quiero ser carga para ti,
puedo trabajar, recobraré todo lo que malgasté, sin importar cuánto tiempo me tome” Pero
el padre lo interrumpe. No esperaba explicaciones o restituciones, Él estaba preocupado por
recibir a su hijo, vestirlo y saciar su hambre.

“Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un
anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y
comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había
perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”.
Lucas 15:22-24

Si uno de nuestros hijos hubiera hecho semejante barbaridad, derrochar toda la herencia,
regresar casi desnudo, descalzo y oliendo a cerdo, nuestra reacción hubiera sido algo así:
Detrás de la puerta mantendríamos diariamente un palo para golpearlo, ni bien llegara. Ese
día, nuestras primeras palabras se parecerían a estas: “Por fin has regresado, desgraciado
¿Habrás aprendido la lección? Cochino, sucio, mal oliente. Anda y báñate antes de
acercarte a mí. Ahora sabrás lo que es trabajar duro para restituir lo que derrochaste. No te
regalaré ni un centavo de mi dinero. Para que aprendas lo que cuesta ganar el dinero,
trabajarás más que uno de mis jornaleros. Cuando estés bien limpio, vuelve a arreglar
cuentas. Córtate el pelo y consigue algo que te cubra la desnudez, sinvergüenza” Mientras
continuamos con los golpes, ordenaríamos a los presentes: “Nadie le hable a este
desgraciado y que salga de mi vista.”

Este ejemplo aún es suave, comparado con lo que algunos diríamos y la manera en la que
actuaríamos, en una situación similar. Este Padre no se parece a nosotros; este Padre está
lleno de amor y misericordia. Es un verdadero Padre. Este es un ejemplo que Jesús nos dio
para poder conocer más cómo es el Corazón del Padre. El día en el cual volvimos a Él, nos
recibió con amor. Salió al encuentro. Él corrió hacia nosotros cuando derrochamos Sus
riquezas, la heredad que nos dio, el poder de gobernar la tierra, sojuzgarla y llenarla de su
gloria.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

Veamos qué ocurría, mientras el padre estaba haciendo esta demostración tan grande de
amor:

“Y su hijo mayor estaba en el campo (seguramente trabajando); y cuando vino, y


llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados,
le preguntó qué era aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho
matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no
quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él,
respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote
desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis
amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras,
has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre
estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y
regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y
es hallado”.
Lucas 15:25-32

¿Cuántos de nosotros actuamos tal como el hijo mayor? Estamos en la presencia del Padre,
hacemos lo que dicen las Escrituras, cumplimos con nuestro tiempo de oración, con las
reuniones de domingo y todo lo que se supone debemos hacer, a fin de “agradar a al
Padre”. Nos sujetamos a los pastores y ancianos, tenemos nuestras familias en orden, nos
convertimos en perfectos evangélicos, con un testimonio moral intachable, para que el
mundo “vea cuán santos somos”. Vestimos según la “moda cristiana”, casi uniformados,
para no seguir “la moda del mundo”. La religión y el fariseísmo penetran en nuestras vidas,
a tal punto que somos capaces de crucificar a cualquier hermano que rompa las reglas. El
Antiguo Testamento se convierte en nuestro parámetro para medir quién “está bien” o a
quien hay que “apedrear”. Radicalizamos la ley, dejamos la gracia a un lado y volvemos a
la vida de obras, para alcanzar “la justicia de Dios”.

Durante las ocasiones en las que no recibimos halagos o lo que queremos de parte de Dios,
protestamos: “¿Acaso no he levantado un ministerio poderoso de adoración? Soy un
adorador, un músico reconocido en el mundo entero, he alcanzado millones de personas, he
sanado enfermos, he echado fuera demonios y he hecho grandes cosas para Dios. ¿Qué está
sucediendo ahora? ¿Por qué el Señor no me da un lugar, en la mesa de festejos?”.

El Padre, seguramente, nos miraría con los mismos ojos con los que miró al hijo mayor,
para decir: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas, pero hay algo que
no conoces (ginosko) y es mi corazón.” Si el hijo mayor se hubiera preocupado más en
tener una relación de intimidad con su padre, que en ser reconocido por él como un buen
hijo al obedecer las normas y reglas de la casa, entonces, rápidamente, hubiera descubierto
que su padre anhelaba la comunión con su hermano menor. No podía vivir sin tenerlo en
casa y sufría por los momentos difíciles que este hijo pasaba, a consecuencia de su soberbia
e irresponsabilidad. El padre, en su corazón, añoraba estar al lado de su hijo, aconsejándole
y ayudándole, educándolo y formándolo para que aprenda a administrar bien su dinero. El
hermano mayor no sabía todos estos detalles porque no le interesaban, sólo quería cumplir
con lo que se le pedía hacer en la hacienda.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

Si el hijo mayor, viviendo en la presencia de su padre, se hubiera tomado el tiempo,


después del trabajo, para sentarse en la mesa con Él y escuchar Su voz, el corazón del padre
hubiera sido abierto para él. Así, sabría que el amor de su padre para su hermano no había
cambiado, que extrañaba al hijo ausente y no le importaba el dinero derrochado. También
se percataría que su padre salía todos los días a la puerta a ver si su hermano regresaba.
Esto hubiera sido suficiente para que el hijo supiera lo que estaba en el corazón de su padre.
Hubiera actuado de manera diferente. En poco tiempo, el hijo mayor incluso ofrecería
alguna solución: “Padre, sé que extrañas muchísimo a mi hermano y que lo quieres de
vuelta en casa. Yo podría ir en busca de él y traerlo. O bien, al menos podría informarte
como está. Sé que eso es lo que tú deseas, padre. Lo que hay en tu corazón ha sido puesto
en el mío y quiero hacer tu voluntad, tu perfecta voluntad. No me interesa conocer o hacer
la voluntad de un siervo tuyo, sino, tengo el interés de un hijo que te conoce (ginosko) a ti,
padre”.

Con una respuesta semejante, el padre, con toda seguridad, hubiera saltado de alegría, como
cuando salió a recibir a su hijo menor. Habría preparado todo para la gran expedición y
búsqueda del hijo perdido. Imagino que la respuesta del Padre hubiera sido: “Hijo, no te
preocupes por la hacienda, ni por la provisión; mas bien, aquí tienes todo lo que necesitas
para el camino. Yo tengo todas las estrategias y los planes, sólo pregúntame. Lleva contigo
unos cuantos siervos míos, para que te protejan en el camino y, cualquier cosa que
necesites, hazme saber lo antes posible, para que te la envíe”.

Si conociéramos el corazón del Padre, al punto de decir: “Papá, aquí estoy para hacer lo que
tú quieras”, esto se convertiría en la realidad de nuestra nueva naturaleza, no se limitaría a
un rezo o una oración aprendida de la lectura bíblica. Entonces, el Padre no tardaría en
contestarnos y explicarnos el plan que Él tiene para nosotros. No tardaría en darnos el
tiempo necesario para conocerle más, abriendo Su corazón, sin guardar nada, mostrándonos
todo lo que hay en Él. Las ventanas abiertas de los cielos empezarían a derramar la
bendición, la unción del Altísimo fluiría de nosotros y la tierra se llenaría de Su Gloria.

Comprender este tema, en el espíritu, nos llevará a dejar toda religión y a buscar,
únicamente, esa relación con el Padre, tal como el Señor Jesús lo hizo. Nos llevará a decir:
“No deseo nada más, Dios mío, solamente que Tu Voluntad se haga en mí y en tu
creación”.

Prepara una mesa en tu corazón, donde puedas sentarte con el Señor, para solamente
preguntarle, sin pedir nada: “¿Qué quieres Señor? Te he pedido tantas cosas, pero nunca
escuché tus pedidos, tus deseos y tus sueños. No me interesaron. El principal interés en mi
vida fui yo mismo. Te puse a mi servicio. Ahora, quiero ponerme a tu servicio. Te convertí
en mi esclavo, pidiéndote que cuides a mi familia, mi carro, me consiguieras trabajo,
dinero, me regalaras tus bienes, pero nunca te dije que todo lo mío, mis pensamientos, mi
dinero, mi vida entera, eran tuyos. Dime ¿Para qué me creaste?, ¿Para qué me hiciste así,
como soy?, ¿Para qué estoy aquí, en este punto de mi vida?, ¿Hacia dónde quieres que
vaya?, ¿Qué quieres de mi?”.

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Que el Señor transfiera Su corazón al nuestro debe convertirse en el anhelo más profundo
de cada cristiano. Conversa con Él, en la recámara, en el jardín, en una plaza, en el baño,
etc. Ya no le pidas lo que tú quieras, pregúntale qué es lo que Él quiere.

Ya comprendimos que es necesario buscar la voluntad de Dios, Su corazón. Allí se


encuentra el plan de Dios para tu vida, el propósito por el cual existes, los deseos
específicos de Dios para ti. Sólo en intimidad conocerás Su corazón. En lo secreto, Él te
revelará Su voluntad y tú la manifestarás al mundo. Invierte tiempo con Él, no con las
actividades, los programas, ni tus planes. Se trata de Él, de Sus deseos, Sus planes y Sus
sueños. Es tiempo de sentarte en la mesa para escuchar lo que Él tiene que decir.

Aquí, en la cima, ya tienes comunión íntima con el Padre y conociste algo de Su corazón. A
partir de este punto, comenzarán a serte revelados Sus secretos y tesoros escondidos. (Isaías
45:3)

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CAPITULO 8

EL ANTIGUO Y EL NUEVO EL PACTO

Junto a Jesús, al mantenerte quieto, escuchando y disfrutando de la intimidad con Él, las
revelaciones continuarán manifestándose y cada día serás más libre, libre para volar.

Tienes un desafío delante de ti para asegurarte si realmente has nacido de nuevo.


Probablemente, llevas algún tiempo caminando en la religión y piensas que conociste a
Dios. Tus creencias y la forma en la que eres guiado determinan si estás en Cristo o fuera
de Él. La conversión va más allá de una confesión de Jesús como tu Salvador, del
arrepentimiento por tus obras pecaminosas y el ingreso a una iglesia como miembro. Para
ser verdaderos convertidos debemos conocer y entender completamente quién es el Señor
(Kyrios) Jesús, el Nuevo Pacto y la Obra de Cristo en la Cruz. Sin ese entendimiento, uno
sigue caminando en el Antiguo Pacto. Tomamos muy a la ligera la conversión. Los
evangelistas, en vez de predicar el Evangelio del Reino, realizan un trabajo de proselitismo
eclesiástico o denominacional. La iglesia actual tiene pocos convertidos, pero sí miles de
esclavos, que siguen a sus líderes, sin conocer a Jesús (el Kyrios), ni la gracia, la libertad o
la bendición que nos revela el Nuevo Testamento. Estos esclavos de la religión viven bajo
la Ley al sujetarse a líderes que mezclan, según sus intereses, el Antiguo con el Nuevo
Pacto.

La mayoría de miembros de las iglesias no han conocido la verdad del Nuevo Pacto.
Conocen algo sobre la salvación, escucharon de la gracia, tienen una vaga idea sobre la
Obra de Cristo en la Cruz y viven en el Antiguo Pacto. Sus vidas peligran. Se quedaron en
la mitad del camino. Es imposible tener una verdadera conversión sin el conocimiento del
Nuevo Pacto. Este Pacto se describe en la Biblia. Es imprescindible entender qué es un
pacto y qué hizo Cristo en la Cruz por ti.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

A continuación, tocaré los aspectos básicos sobre el Pacto para que sigas edificando sobre
él, con la revelación que recibas de tu comunión con Jesús.

EL ANTIGUO PACTO SE BASA EN LA LEY

El Diccionario Bíblico CLIE define Ley de la siguiente manera:

“La ley expone los mandamientos y las exigencias del Señor”.

Comencemos por analizar el Antiguo Pacto y su ineficacia.

Después de la caída, el hombre fue apartado de la relación íntima con Dios. Él, en Su
propósito de restaurar esta relación, introdujo la Ley para mostrar Su perfección y Su
grandeza y para manifestar el pecado del hombre. El hombre debía ser confrontado con su
imposibilidad de alcanzar la santidad necesaria para tener una relación personal con Dios.
Esta Ley se estableció por medio de un pacto, una alianza entre Él y el hombre. Cada uno
tenía una parte que cumplir.

“Y él (Moisés) estuvo allí con el Señor cuarenta días...y escribió en tablas las
palabras del pacto, los diez mandamientos”.
Éxodo 34:28

Dios, cuando sacó al pueblo de Israel de Egipto, hizo este primer pacto basado en la Ley.
La Ley, en su totalidad, se encuentra en los libros de Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio, pero se resume en los Diez Mandamientos. Estos libros, junto con Génesis,
sirvieron como base para el pueblo antiguo testamentario y se conocen como la Torá o Ley.

Antes de la Ley, el hombre creía que podía alcanzar a Dios. No reconocía su condición
pecaminosa y falible. Dios dio la Ley a Moisés para mostrar al hombre que era pecador y
no podía cumplir con la demanda de Dios.

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él;
porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.
Romanos 3:20

El Señor, por el profeta Isaías, mencionó las características del pueblo hebreo y de todos los
que actualmente siguen viviendo bajo el Antiguo Pacto:

“Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su
corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de
hombres que les ha sido enseñado”.
Isaías 29:13

“¿Para qué me sirve, dice el Señor, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado


estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre
de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras
manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me

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traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de


reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas
solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas
mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis
vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis
la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos;
quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo
malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced
justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice el Señor, y estemos a
cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca
lana”.
Isaías 1:11-18

La iglesia actual vive todavía en el Antiguo Pacto, llena de rituales, ceremonias, cultos,
normas, religiosidad, tradiciones, legalismo, programas establecidos por hombres, tiempos
estructurados de oración, pre-encuentros, encuentros, post-encuentros, etc.

“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí; pues en vano me
honran enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.”
Isaías 29:13, Mateo 15:7-9, Marcos 7:6-7

La ley (el antiguo pacto) manifiesta el pecado, y el pecado produce muerte.

“Porque la paga del pecado es la muerte”


Romanos 6:23

La palabra “muerte” significa separación, en consecuencia, el pecado produce la separación


de Dios.

“¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí
el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera:
No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí
toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un
tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el
mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el
pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató”.
Romanos 7:7-11

La Ley escrita en tablas de piedra, es muerta.

“…el ministerio de muerte grabado con letras en piedra…”.


2 Corintios 3:7

La Ley no asegura la justificación y la liberación del pecado, sólo asegura la culpabilidad y


condenación del pecador.

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En resumen, la ley existe mientras el pecador exista. Ella es necesaria para traer al pecador
a Cristo. Pero la ley ya no actúa en aquél que se encuentra en Cristo, porque su deuda fue
pagada.

En su intento de cumplir la Ley, el hombre podía darse cuenta de su incapacidad de


alcanzar la santidad para entrar a la presencia de Dios y habitar en ella.

EL NUEVO PACTO SE BASA EN LA PROMESA

Ahora, veamos el Nuevo Pacto y su eficacia en traernos a una relación con el Padre.

La promesa de este pacto fue:

“He aquí que vienen días, dice el Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la casa
de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día
que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi
pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Señor. Pero este es el pacto que
haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mi ley en
su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán
por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano,
diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de
ellos hasta el más grande, dice el Señor; porque perdonaré la maldad de ellos, y no
me acordaré más de su pecado”.
Jeremías 31:31-34

Este Nuevo Pacto no es como el Antiguo, que tiene la Ley escrita en piedra.

“Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a
ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo”.
Hebreos 8:10

Para que este Nuevo Pacto sea perfecto, Dios lo consumó mediante la Sangre de su Hijo
Jesucristo, “hecho fiador de un mejor pacto” (Hebreos 7:22). Como parte del Nuevo Pacto,
Él juró por sí mismo, como sello eterno (en la promesa que le hizo a Abraham, que en su
simiente serían benditas todas las naciones. Génesis 22:18; 26:4; 28:14).

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro
mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te
multiplicaré grandemente”.
Hebreos 6:13-14

“Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento
fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:
Juró el Señor, y no se arrepentirá:

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Tú eres sacerdote para siempre,


Según el orden de Melquisedec.
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto”.
Hebreos 7:20-22

Dios hizo este Nuevo Pacto consigo mismo y juró por Sí mismo, haciéndolo cien por ciento
válido y eficaz. Sólo un pacto así podía ser perfecto, porque no dependía del cumplimiento
ni de las limitadas capacidades del hombre. Este pacto depende enteramente de Dios.

“Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta


a los hombres sus pecados…”
2 Corintios 5:19a

“Y este será mi Pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados”.


Romanos 11:27

“Esta copa es el Nuevo Pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”


Mateo 26:28; Marcos 14:24; Lucas 22:20

No podíamos quedarnos en la Ley, por eso Jesús murió, para pagar nuestra deuda con la
Ley, librándonos de la ley del pecado y de la muerte. Ahora, el pecado ya no tiene poder
sobre nosotros.

“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del
pecado y de la muerte”.
Romanos.8:2

“El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la
gracia”.
Romanos 6:14

Esta gracia del Nuevo Pacto no es por obras, es por fe.

“Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
Efesios 2:8-9

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17

La palabra “en” significa “en el Nuevo Pacto”.

“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro”.
Romanos 6:11

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Cuando estamos “en” Cristo, las obras de la ley ya no tienen valor, sino la fe que obra por
el amor.

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe


que obra por el amor”.
Gálatas 5:6

Cuando estamos guiados por el Espíritu Santo, no estamos bajo la ley.

“Pero si sois guiados por el Espíritu, NO estáis bajo la ley”.


Gálatas 5:18

Pero si estamos guiados por alguien más que NO sea el Espíritu, estamos bajo la ley, es
decir, bajo maldición.

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo
de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos...Pero ahora
estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos,
de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo
de la letra”.
Romanos 7:4-6.

Ahora, nuestro servicio NO es a la Ley, sino al Espíritu. Nos sujetamos al Espíritu, no a los
hombres. Él es la ley escrita en nuestros corazones. La sujeción en la iglesia debe ser
horizontal y por amor. Solamente los que no son libres en Cristo sino esclavos, se sujetan,
verticalmente, a los hombres y a la ley impuesta por ellos.

“El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de letra,
sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de
muerte grabado con letras en piedras fue con gloria... la cual había de perecer,
como no será mas bien con gloria el ministerio del espíritu?”.
2 Corintios 6-8

Todos los nacidos de nuevo, no solamente algunos, somos ministros del Nuevo Pacto, no
por la ley, sino por el Espíritu.

“El cual así mismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la
letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.”
2 Corintios 3:6

“Cuando estamos guiados por el Espíritu Santo, no estamos bajo la ley”.


Gálatas 5:18

Ya no estamos bajo la maldición de la ley, la que nos condenaba y nos mostraba que
éramos pecadores. Ahora, la gracia nos dice: “La ley del pecado y de la muerte ya no tiene
efecto en ti”, “Que nadie coloque leyes delante de ti, eres libre”.

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“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del
pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era
débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a
causa del pecado, condenó al pecado…”.
Romanos 8:2-3

El corazón humano es pecaminoso por naturaleza. El hombre puede ocultar este corazón
detrás de una fachada de alta moral y santidad. Una buena educación, buenas amistades e
influencias, la presión pública para hacer lo correcto y el orgullo religioso pueden
contribuir para mejorar el exterior; pero ninguna de estas cosas puede cambiar el corazón.
La única manera en la que el corazón puede ser cambiado es a través de un nuevo
nacimiento. Esa es la esencia del Nuevo Pacto.

LA SANGRE DE LOS MACHOS CABRÍOS SÓLO CUBRÍA EL PECADO

Todo pacto se establece con derramamiento de sangre.

“La vida está en la sangre y sin sangre no hay expiación o remisión de pecado”.
Lev.17:11; Hebreos 9:22

“De donde ni aún el primer pacto fue instituido sin sangre”.


Hebreos 9:18

La sangre derramada por los machos cabríos, bueyes, ovejas y todos los sacrificios
establecidos en el Antiguo Testamento, sólo podían CUBRIR el pecado, no podían
QUITARLO.

“Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los
pecados”.
Hebreos 10:4

LA SANGRE DE CRISTO QUITA EL PECADO

“Y Jesús les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es
derramada”.
Marcos 14:24

Dios provee un mejor sacrificio, su unigénito Hijo, para restaurar la comunión íntima con el
Padre y lo extiende a toda la humanidad, ya no sólo a una nación (Israel). Ahora, todo el
que cree en el sacrificio de Jesucristo, en este Nuevo Pacto, tendrá vida eterna (Juan17:3).

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“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la


becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,
¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno, se ofreció a sí
mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que
sirváis al Dios vivo?”.
Hebreos 9:14

“Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre,


entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna
redención".
Hebreos 9:12

Su preciosa sangre LAVÓ nuestras conciencias de todo pecado. Ya no existe el pecado; ha


desaparecido.

“Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los


reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,”.
Apocalipsis 1:5

Jesús QUITA el pecado.

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.


Juan 1:29

La única manera digna de entrar en la presencia de Dios es en santidad, sin pecado. Por
tanto, es necesario quitar el pecado de la naturaleza caída del hombre. Se necesita una
naturaleza nueva, santa, conforme a Dios. Eso es, justamente, lo que hizo Jesús en la Cruz:
QUITÓ el pecado y nos hizo SANTOS, es decir, sin mancha, sin pecado, perfectamente
justificados. Es por eso que, quienes hemos sido lavados por la Sangre de Cristo, ya no
tenemos pecado en nosotros (ni la naturaleza de pecado). No necesitamos trabajar para
nuestra santidad, Jesús derramó su sangre en la Cruz, para regalarnos una naturaleza santa.

LA BENDICION EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues
escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en
el libro de la ley, para hacerlas”.
Gálatas 3:10-11

“Y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas”.
Gálatas3:12

Si alguien cumplía con toda la ley, lograba obtener la bendición. Debía portarse
correctamente y ser perfecto delante de Dios en sus obras. De lo contrario, la maldición
permanecía sobre su vida.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto
delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para
que vivas tú y tu descendencia”.
Deuteronomio 30:19

Tomemos un ejemplo en Deuteronomio 28:1.9:

Si “te comportas bien”:

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz del Señor tu Dios, para guardar y
poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también el Señor
tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.
Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del
Señor tu Dios.
Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.
Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de
tus vacas y los rebaños de tus ovejas.
Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.
Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.
El Señor derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino
saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.
El Señor te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que
pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que el Señor tu Dios te da.
Te confirmará el Señor por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando
guardares los mandamientos del Señor tu Dios, y anduvieres en sus caminos”.

Puedes continuar leyendo este capítulo, la lista es larga.

Si te “comportas mal”:

“Pero acontecerá, si no oyeres la voz del Señor tu Dios, para procurar cumplir
todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti
todas estas maldiciones, y te alcanzarán.
Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo.
Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar.
Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños
de tus ovejas.
Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.
Y el Señor enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto
pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la
maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado.
El Señor traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual
entras para tomar posesión de ella.
El Señor te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con
calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas”.
Deuteronomio 28:15-22

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Otra vez, la larga lista continúa.

La vida y la muerte, la bendición y la maldición están delante de nosotros, y nosotros


decidimos cuál tomar. Si tomamos la “vida y la bendición”, tendremos una vida sana. Si
tomamos la “muerte y la maldición”, viviremos mal. Esto significa que nuestras obras
determinarían la calidad de nuestras vidas y solamente podríamos obtener la bendición si
nuestras obras fueran buenas.

“Porque él pagará al hombre según su obra, y le retribuirá conforme a su camino.”


Job 34:11

Nuestras obras, tales como cumplir con las reglas de la Iglesia, la religión, el estudio
bíblico, etc., no nos acercan más a Dios. Creemos aún que si oramos más, nos irá mejor; si
hacemos buenas obras, serán contadas por justicia; si nos comportamos bien, Dios se
enorgullecerá de nosotros y quedará impresionado, derramando más bendición sobre
nuestras vidas y levantando nuestros ministerios. Es una sarta de engaños sobre la eficacia
de nuestras obras, que, en realidad, nunca complacerán a Dios, porque son obras de muerte,
obras de la carne. Aunque, confiando en las obras, nos fuera bien, triunfáramos, tuviéramos
éxito y creciéramos en sabiduría del mundo, aún así, nunca agradaríamos a Dios.

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él”.
Romanos 3:20

La mayoría de las iglesias nos dicen que la gracia es sólo para la salvación y, una vez salvo,
uno debe dedicarse a hacer obras, para mantener esa salvación. Añaden conductas
necesarias, tales como el dar testimonio de ser una buena mujer u hombre, trabajar en la
iglesia haciendo buenas obras, ser fiel a los pastores y a la iglesia, cumplir con los diezmos,
orar mucho, pedir constantemente perdón a los hombres y a Dios para poder entrar en Su
presencia. Todo esto es falso.

LA BENDICION EN EL NUEVO TESTAMENTO

“Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será
llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de
Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como
descendientes”.
Romanos 9:7-8

Abraham agradó a Dios y fue justificado a causa de su fe en Él, no por cumplir la ley, pues
la ley aún no se había dado.

“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”.


Gálatas 3:6; Génesis 15:6

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“Contado por justicia” significa que Abraham se convirtió en justo, perfecto ante los ojos
de Dios, sólo por creer. Creyó en la promesa que de su descendencia nacería el Mesías, se
establecería el Nuevo Pacto, por la Obra de Cristo en la Cruz.

“Sabed, por tanto que los que son de la fe, éstos son hijos de Abraham. Y la
Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de
antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las
naciones”.
Gálatas3:7-8; Génesis 12:3

No son las buenas obras las que nos justifican ni las que agradan a Dios, sino las obras de
fe, las obras del Espíritu.

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El
justo por la fe vivirá”.
Gálatas 3:11

¿Qué significa “el justo por la fe vivirá”?. Significa que aquel que se ha convertido y ha
reconocido a Jesucristo como su Señor (Kyrios) y Salvador, ha entendido el sacrificio de la
Cruz y el Nuevo Pacto; ahora, vive por lo que fue hecho en la Cruz. Cree todo lo que el
Señor hizo por él, escucha la voz de Dios y hace Su voluntad cada día. Este justo no vive
siguiendo reglas y normas establecidas en la iglesia, vive en una relación íntima con Dios.
Su vida es dirigida por el Espíritu.

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al
que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por
justicia”.
Romanos 4:4-5

LOS MAESTROS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EL MAESTRO ACTUAL

Después de hablar de la Ley, Jeremías continúa hablando acerca de la enseñanza:

“Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo:


Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta
el más grande”.
Jeremías 31:34

Juan confirma estas palabras diciendo;

“No tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción (El Espíritu)
misma os enseña todas las cosas...”.
1 Juan 2:27

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

Por un lado, toda enseñanza humana es, por naturaleza, del Antiguo Pacto. El hombre la
lleva a cabo y solamente afecta exteriormente. Por otro lado, la enseñanza del Nuevo Pacto
es realizada por el Espíritu Santo y es interna. Jesús les dijo a Sus discípulos:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el


Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré... Aún tengo
muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando
venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad...”
Juan 16:7, 12, 13.

Jesús fue el mejor maestro que el mundo conoció, y él mismo enfatizó que el Espíritu
Santo, quien habita dentro de nosotros, nos enseñaría todas las cosas.

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él


os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Juan 14:26

La dependencia a los hombres, la sujeción vertical a los pastores, seguir a nuestros


“superiores” conlleva los mismos resultados que obtenían los líderes del Antiguo
Testamento. Analicemos algunos ejemplos.

Moisés sabía exactamente cómo era el pueblo de Dios y que el día que él partiera, todo se
corrompería. Por ello, les habló, diciendo:

“Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os


apartaréis del camino que os he mandado”.
Deuteronomio 31:29

Esa era la situación del pueblo que vivía bajo el Antiguo Pacto y la que prevalece para la
mayoría de cristianos hoy. Sin un maestro o un líder todo se rompe, se descalabra. La
dependencia del hombre ha llegado a extremos inconcebibles. Seguramente muchos de
nosotros hemos sido testigos de la destrucción de más de una iglesia, sea pequeña o grande,
debido a alguna falla del pastor. ¡Cuánta gente queda totalmente decepcionada al conocer la
verdadera vida de su líder, oculta durante muchos años! Esta es la tragedia que ocurre
cuando un hombre se coloca como la cabeza de la Iglesia, usurpando el lugar de Cristo.

Veamos la profecía de Joel, citada por Pedro en el día de Pentecostés, que contrasta
completamente con el concepto de liderazgo del Antiguo Testamento:

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne...
hijos... hijas... jóvenes... ancianos... siervos... siervas...”.
Hechos 2:17-18

Cada persona, hasta la sierva que no sabía leer ni escribir, iba a tener una relación directa,
personal y reveladora con Dios. La dependencia de grandes líderes y maestros estaba
siendo quitada.

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Los líderes religiosos necesitan comprender que lo que están haciendo es colocarse encima
de las ovejas. Al hacerlo, se ponen una soga al cuello. Escuchen lo que dijo Moisés al
pueblo:

“Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí que aun viviendo yo con
vosotros hoy, sois rebeldes al Señor; ¿cuánto más después que yo haya muerto?”
Deuteronomio 31:27

Como Moisés, ellos se sienten indispensables. Por supuesto que algunos están
genuinamente interesados en el bienestar de su rebaño, pero a todos les hace falta entender
correctamente el Nuevo Pacto para tener la seguridad que el Espíritu Santo guardará al
pueblo en su poder. Sin nadie que dependa de estos líderes, esperemos que su preocupación
no se resuma a la pérdida de sus posiciones, ingresos y seguridad económica.

Nadie debería desarrollar una sujeción vertical a un hombre. Esta clase de sujeción es para
los inconversos, los esclavos, los irresponsables, los idólatras, los que no pueden ver ni oír
a Cristo, los niños que todavía no viven en la gracia, etc. Pero, para los que viven
Cristocéntricamente, los que conocen la gracia y entienden el Nuevo Pacto, el Gran
Maestro es el Espíritu Santo y la Cabeza a la cual se sujetan es Cristo.

Entonces, ¿Cuál es el lugar de los maestros en el Nuevo Pacto? Encontramos la respuesta


en este pasaje:

“Y él mismo(Jesús) constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,


evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para
la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos
lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón
perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no
seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por
estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del
error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la
cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí
por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de
cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.
Efesios 4:11-16

Este pasaje es bastante claro al exponer UN sólo ministerio, no CINCO, como se suele
enseñar. Este es el ministerio del Espíritu y es Jesús, según le place, quien CONSTITUYE
apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para el servicio de Su Ministerio. Él
constituirá a quien Él quiera, cuando quiera y como quiera para la obra que Él decida.
Nosotros, simplemente, nos dejamos llevar a donde Él vaya, tal como expresa la letra de la
canción que compuse: “Yo te seguiré, yo te seguiré, por donde Tú vayas Santo Espíritu yo
iré”. Estos sirvientes constituidos como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y
maestros, son sencillamente eso, SIRVIENTES, siervos. La descripción de las funciones de
cada uno de estos sirvientes nos ayudará a darnos cuenta cómo todo se encuentra de cabeza
en la iglesia.

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Sirviente Apóstol: El muchacho de los mandados. El Jefe le dice dónde debe ir o dónde
debe quedarse por un determinado tiempo. Servirá en ese lugar determinado para que se
establezca un grupo de nuevo hijos adoptados por el Jefe. Les instruirá para que se reúnan a
compartir la mayor cantidad de veces posibles durante la semana; los animará a ser amigos
y hermanos, ayudándose y colaborándose en todo; los instará a velar los unos por los otros
y a estar en contacto con el Jefe para que les diga lo que deben hacer. También se llama
misionero. No son el Papa de la iglesia local o mundial. No son los ancianos superiores. No
es un cargo de alta jerarquía, es uno de los de detrás de la fila. En el Reino de los Cielos, se
compara a la labor del que lava los baños aquí en la tierra.

Sirviente Profeta: El mensajero del Jefe, a quién Él dice “Ve y di a aquella persona o a mi
pueblo que quiero que hagan esto…” Es probable que lo pateen, escupan, se burlen de él, lo
rechacen, pero él soporta. Sólo obedece cuando Él ordena: “Habla lo que te dije”. Podría
recibir instrucciones que parezcan difíciles o vergonzosas de cumplir para el ego del
mensajero, tales como: “Quiero que vayas desnudo por las calles (como Isaías) y les digas
que así es la vergüenza de ellos”. El profeta tendrá que hacerlo. Es muy probable que lo
metan a la cárcel, lo excomulguen, lo pongan en disciplina, etc. Tendrá que soportar el
agravio. El profeta difícilmente pertenecerá a una secta, grupo o institución que de alguna
manera lo beneficie porque esto debilitaría su mensaje, no podría ser neutral ante la voz del
Jefe.

Sirviente Evangelista: El visitador médico del Jefe. Va por los pueblos, casa por casa,
para informar a la gente sobre las bondades del producto gratuito del Jefe. Presenta todos
los trabajos realizados por su Jefe y la forma en que ellos pueden también entrar a servir al
mismo Jefe. No insiste al “cliente” para que repita una oración de “acuerdo a términos y
condiciones” con el Jefe. Por el contrario, permite que el “cliente” llegue a un
convencimiento propio sobre la importancia suprema del producto y de su sometimiento
voluntario al Jefe. No se necesita una gran logística para este servicio, es sencillo; lo
importante lo hace el Espíritu. El evangelista no prepara grandes espectáculos, no realiza
gastos en equipos de sonido, estadios y empleados, no atrae a la gente con artimañas y
grupos musicales para ser escuchado. No recibe propinas. Esta persona nunca centraliza el
mensaje en la entidad ni en su persona. No va a vender “gato por liebre”, ni a distraer a la
gente. Promete beneficios verdaderos, sin poner en subasta a su Jefe, ni ofrecer una vida
exenta de problemas. Es una mujer o un hombre sencillo. NO se aloja en hoteles de “cinco
estrellas”, ni come en “lujosos restaurantes” porque tiene hermanos y hermanas en todas
partes del mundo que están dispuestos a hospedarlos en sus casas. No viaja en su propio
avión, ni utiliza perfumes caros o trajes a la última moda, abusando del dinero de su Jefe y
de quienes lo apoyan.

Sirviente Pastor y Maestro: Ambos son como los perros pastores del rebaño. Su trabajo
consiste en llevar a las ovejas a una relación con el Pastor. Son perros que ladran cuando
alguna oveja corre el peligro de apartarse. Les indican el camino de regreso y les animan a
estar unidas. También les advierten sobre el peligro que acarrea salir de la guía del Pastor.
Cuando un salteador o un pastor asalariado se las quiere llevar o apropiar, ellos ladran hasta
que las suelten y regresen a su verdadero Pastor. Enseñan a las ovejas a seguir al Pastor, a
no descarriarse, a mantenerse en el rebaño del Pastor. Son los perros que van, vuelven y
corren durante todo el día, alrededor del rebaño, para que nos se aparten del Pastor. No dan

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consejos personales a las ovejas, ni las ovejas les cuentan sus vidas y sus pecados. No
tienen doctorados en “Perro Pastor”, ni son grandes teólogos. Obedecen las órdenes del
Pastor y cumplen un trabajo sencillo y que no requiere mucho tiempo. Normalmente, tienen
otros trabajos que los sustentan cuando no están pastoreando.

Todos ellos deben trabajar para mantenerse. Si el Señor les envía en una misión y hay
gastos que cubrir, buscarán ayuda de acuerdo a la guía del Señor, con una confirmación en
sus corazones. Ninguno de estos servicios es costoso, todos son sencillos y baratos.

Somos impresionantemente religiosos y no nos damos cuenta. Las pobres ovejas, ni bien
tienen un acercamiento al Señor, reciben de nosotros cientos de reglas, normas y leyes. Así,
terminan convirtiéndose en mayores religiosos que nosotros mismos. No les dejamos
experimentar la gracia ni recibir las promesas. Les damos una lista larga de lo que deben
hacer: Congregarse, sujetarse, orar, leer la Biblia, asistir los domingos a la Iglesia, diezmar,
vivir una vida santa, alejarse del mundo, etc. Imponiéndoles la ley, somos piedra de
tropiezo para ellos. Con toda esta pesada carga, nunca llegan a conocer a Jesús, la
verdadera Libertad.

El trabajo genuino de los colaboradores en el ministerio del Espíritu, a los que Él constituyó
como apóstoles, maestros, etc., es simplemente llevar a la gente a tener una relación de
intimidad con el Padre para que puedan oír Su voz. Él les dará el crecimiento, les guiará y
les enseñará. Nunca deben apropiarse de las ovejas, trasquilarlas y hacer que se desnuden
delante de los hombres. Cuantos piden a la gente que les cuenten toda su vida pasada, con
el pretexto de ayudarlos y solucionar sus problemas. La esposa del Señor, totalmente lavada
y limpiada por Su sangre, no debe desnudarse ante nadie, solo ante Él. Es inconcebible
cómo los fariseos del siglo XXI están llevando a las ovejas al matadero. Son ciegos, guías
de ciegos.

En este punto, cabe aclarar la interpretación errónea que se suele hacer respecto a un verso
de la Biblia, utilizado muy astutamente por los fariseos de este siglo como argumento para
controlar a la gente.

“No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas”.


1 Crónicas 16:22

La única intención de quienes nos amedrentan con amenazas sutiles como: “Cuidado, es un
ungido” o “Soy un ungido” es evitar que sus hechos y sus enseñanzas sean juzgados. Así,
nadie entra en desacuerdo con ellos y lo manifiesta al pueblo. Ellos quieren intimidarnos y
asustarnos, haciéndonos creer que Dios nos mandará un castigo o un juicio para destruirnos
porque así “cuida Dios a sus ungidos”. Para comenzar, todos los nacidos de nuevo somos
ungidos con el Espíritu Santo porque la unción es el Espíritu.

“Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas”.
1 Juan 2:20

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“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis


necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las
cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en
él”.
1 Juan 2:27

La unción es un don de Dios y no es dada para que los hombres se enorgullezcan de ella y
se coloquen por encima de los demás. Al contrario, deberían ser hombres y mujeres
humildes y mansos, sirviendo al Espíritu.

Dios, nuestro Padre, jamás nos enviaría una maldición o un juicio, no importa cuán malo
haya sido nuestro comportamiento. Él nos ama tanto que nunca nos lastimaría. Dios no nos
enviaría una maldición, mucho menos después de haber sacrificado a Su hijo Jesús para
quitar de nosotros toda maldición. No te asustes cuando quieran condenarte, diciendo:
“Cuidado con tocar a los ungidos”. No permitas que ningún ser humano domine tu vida, te
controle, te esclavice, te infunda temor. No son comportamientos guiados por Dios, no
condicen con un Jesús lleno de amor. Cuántas vidas salvaríamos si nos paráramos sin temor
en frente de aquellos que abusan de las ovejas, las condenan y, finalmente, las llevan por el
camino de la condenación y del infierno. Jesús se paró ante los fariseos y no le importó
cuántas veces intentaron apedrearlo. Tampoco se doblegó a la forma en la que,
injustamente, lo cambiaron por Barrabás. No se movió de su posición en el Padre y sufrió
todo por causa de los pobres, los oprimidos y los abusados. Él conocía el corazón del
hombre, y por eso, confrontó a los legalistas de su tiempo, cara a cara y sin temor.

LAS ESCRITURAS

La ley escrita en piedra y ampliada en papel era el fundamento del Antiguo Pacto. La ley
escrita en nuestros corazones es el fundamento del Nuevo Pacto. En el Antiguo, las
Escrituras exponían un grupo de leyes y reglas para la vida diaria. ¿Son todavía necesarias
las Escrituras del Antiguo Pacto en el Nuevo? Si es así, ¿Qué lugar ocupan?

Comencemos respondiendo las mismas preguntas respecto a la relación que Jesús tenía con
las Escrituras. ¿Él necesitaba las Escrituras? ¿Cuál era el lugar de las Escrituras en Su vida?
Yo creo que Él no necesitaba las Escrituras; Él es mayor que las Escrituras, es la Palabra de
Dios (el Logos) y en Él se cumplió la Ley. La ley de Dios estaba perfectamente escrita en
Su corazón. La relación con Su Padre era perfecta y Dios no necesitaba nada externo para
apoyarlo. Jesús caminó en una comunión íntima con el Padre toda Su vida. Citó las
Escrituras en Sus confrontaciones con los fariseos. Abrió las Escrituras para leérselas a sus
discípulos en el camino a Emaús. No hay duda que Jesús se deleitaba en las Escrituras, al
ver Su propio reflejo en ellas.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia.”
2 Timoteo 3:16

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El sabía que las Escrituras eran importantes, pero no creo que Él las necesitara para sí
mismo. Él tenía una relación íntima con su Padre, tal como la podemos tener nosotros
ahora.
Jesús es nuestro Señor y Salvador y también nuestro modelo y ejemplo. Dios, nuestro
Padre, desea que seamos como el Hijo y así será, en la plenitud del Nuevo Pacto.
Cometemos un error al pensar que lograremos ser como el Hijo al leer incesantemente las
Escrituras. No fue así con Jesús, ni tampoco lo será con nosotros. Jesús heredó el carácter
de Su Padre y nosotros también lo heredamos de Él.

La sola lectura de las Escrituras NO logrará que su contenido se transcriba a nuestros


corazones. Quizás queden grabadas en nuestras mentes, si contamos con una capacidad
óptima de retención. Pero no se trata de retener información. Por el contrario, debido a que
Dios escribió Su ley en nuestros corazones, reconocemos el contenido de las Escrituras por
aquello que ya tenemos dentro: Su Espíritu. Las entendemos y nos deleitamos en ellas, tal y
como lo hizo Jesús. También son útiles para enseñar, redargüir, corregir e instruir en
justicia. Podemos usarlas para enseñar y entrenar, para reprender y exponer las obras de las
tinieblas y para corregirnos a nosotros mismos y a otros. Pero veamos este ejemplo para
poner la Biblia en la correcta perspectiva: si fuéramos echados a prisión y nos quitaran
nuestras Biblias, sin duda algunos la extrañaríamos, pero nuestras vidas espirituales NO
dependen de ella, así que podríamos continuar con una relación íntima con Dios y podría
ser así hasta el día de nuestra muerte.

LA PALABRA DE DIOS

Referirse a la Biblia como “la Palabra de Dios” o simplemente como “la Palabra”, ha
causado muchos malentendidos. En la Biblia, NO se encuentran referencias sobre ella
misma como la Palabra, sino como las Escrituras. El mismo Salmo 119 refuerza esta
diferencia. Si tiene alguna duda al respecto, lo animo a escudriñar en la Biblia, con una
concordancia. Observemos algunas referencias:

“Y éstos... recibieron la palabra... escudriñando cada día las Escrituras”.


Hechos 17:11

En el verso mencionado, la “palabra” se refiere a un discurso claramente distinto de


las Escrituras. Asimismo, cuando leemos que la Palabra (Logos, el Verbo) fue hecha carne,
obvio que no significa que la Biblia fue quien se hizo carne.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.
Juan 1:1

Otras citas usadas con frecuencia, refiriéndose a la Biblia, son:

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'
Lucas 4:4, Deuteronomio 8:3

“...la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”


Efesios 6:17

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“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos”.
Hebreos 4:12

Quienes toman estos versículos como referidos a las Escrituras fuerzan una interpretación
basada en el Antiguo Pacto. La enseñanza y creencia de un antiguo concepto de pacto de la
Biblia nunca nos llevará a experimentar el Nuevo Pacto. En lugar de ello, seremos como
aquellos de quienes Jesús habló diciendo:

“¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia;


vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis”.
Lucas 11:52

Si “la palabra de Dios” no se refiere a la Biblia, entonces ¿Qué es? Cuando nos despojamos
de ideas preconcebidas, comenzamos a encontrar la respuesta. En griego, la palabra Logos
tiene un significado muy amplio, pero se centra en los conceptos de palabra y pensamiento.

Verbo: Del gr. Logos = Palabra. Una palabra dada por una voz viviente, personifica una
concepción o idea, lo que alguien dijo. Se utiliza sólo con respecto a la MENTE. Razón, la
capacidad mental de pensar, meditar, razonar, calcular.

“Logos” es lo que Dios piensa o dice. Trata de cualquier mensaje o pensamiento que se
origina en Él. Dios habló y creó el universo. Él habló a través de los profetas, en tiempos
antiguos. Él habló en y a través de Su Hijo Jesucristo. Él habla hoy a y a través de Su
pueblo. Todo esto se denomina Su Palabra. Cuando Dios envía Su palabra a nosotros, éste
se convierte en el alimento que nos sustenta. Es poderosa y penetra nuestros corazones. Es
la espada del Espíritu. No regresa a Él vacía, sino que cumple con aquello para lo cual Dios
la envió.

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo
yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.
Isaías 55:11

No discuto la autoridad ni la inspiración de las Escrituras, sino su lugar en el Nuevo Pacto.


Intento darles el lugar que Jesús les dio y el que ellas mismas se dan. No debemos idolatrar
a la Biblia ni darle un lugar mayor que el que la PALABRA DE DIOS ocupa. NO es
posible encontrar en la Biblia la buena voluntad de Dios agradable y perfecta para cada día
de nuestras vidas. Por ejemplo, es imposible saber qué es lo que quiere Dios que un joven
estudie o si debe o no tomar un trabajo, por medio de la lectura de las Escrituras. Este
conocimiento se obtiene solamente escuchando Su palabra.

“A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y
las saca”.
Juan 10:3

Este versículo afirma que sus ovejas OYEN la Palabra, NO la LEEN. Existe una gran
diferencia entre ambos, que debe tomarse en cuenta.
Puedes estudiar a fondo este importante tema en nuestra página web: www.graciaodesgracia.com

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UN PUEBLO NUEVO

Bajo el Antiguo Pacto, Dios escogió un pueblo específico de entre todos los pueblos de la
tierra. Era el pueblo de Israel, los descendientes físicos de Abraham, a través de Isaac y
Jacob, conocidos posteriormente como judíos. Basándonos todavía en el Antiguo
Testamento, ellos continuarían siendo el pueblo escogido de Dios hoy en día. Pero, debido
al Nuevo Pacto, existe un nuevo pueblo: Su Iglesia.

Cuando el Mesías vino a Israel, los líderes religiosos y la mayoría de los judíos lo
rechazaron.

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.


Juan 1:11

Más aún, la mayor parte de los judíos rechazó el testimonio puro y poderoso de la iglesia
primitiva. Por eso, el juicio de Dios descendió sobre los judíos. En el año 70 D.C., los
romanos saquearon Jerusalén y los dispersaron por toda la tierra. Tanto sufrimiento físico
así como ceguera espiritual cayeron sobre el pueblo elegido. Por casi 1900 años,
anduvieron errantes, de país en país, sin encontrar descanso. El siglo pasado ha presenciado
eventos dramáticos y sin paralelo para los judíos. Su largo exilio terminó y su ceguera
espiritual comenzó paulatinamente a ser quitada. El holocausto de Hitler causó espanto en
el mundo. La sobrevivencia y el subsecuente nacimiento de un Israel moderno
sorprendieron al mundo entero. Los logros del pueblo judío excedieron toda expectativa.
Ellos le han dado al mundo las Escrituras, el comunismo y las armas nucleares. Sus logros
académicos, científicos y artísticos sorprenden. Estas son demostraciones de haber sido
elegidos como un pueblo especial, con un propósito especial de Dios. Aunque la
manifestación del poder de Dios en ellos ha sido dramática y maravillosa, el Israel natural
sigue siendo el mismo pueblo del Antiguo Pacto. Fue un día grandioso cuando el Señor,
con su brazo extendido y poderoso, sacó a su pueblo del antiguo pacto de Egipto.

Para ser parte del pueblo del Antiguo Pacto es necesario nacer de una madre judía. Es cierto
que una persona puede convertirse a la religión judía, pero la descendencia judía es posible
solamente por medio de una madre judía. Este pueblo ya no es, de ninguna manera, un
pueblo especial, con una bendición especial reservada por Dios.

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque
todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.
Gálatas3:28

Muchas iglesias y muchos cristianos exaltan a los judíos. Copian sus costumbres y su
música, como si se tratara de algo especial, santo, ungido y cercano a Dios. Esto ocurre
debido a la ignorancia de la bendición del Nuevo Pacto. Obviamente, los judíos no están
desechados de la gracia, ya que Jesús mismo, con Sus brazos extendidos y con el
derramamiento de Su sangre invitó a Su pueblo a entrar en el Nuevo Pacto.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación


a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.
Romanos 1:16

“Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de
todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el
nombre del Señor, será salvo”.
Romanos 10:12-13

El nacimiento espiritual es el ingreso al Nuevo Pacto. Todos aquellos, y sólo aquellos, que
han nacido del Espíritu de Dios son su Nuevo Pueblo. Sólo el nuevo nacimiento nos puede
hacer hijos e hijas de Dios.

Ni siquiera el bautismo, ni la membrecía a un grupo o denominación, ni las buenas obras


que hagamos, ni la nacionalidad, ni el color, ni cualquier otra consideración humana puede
hacer que alguien pertenezca al pueblo de Dios del Nuevo Pacto. La única forma de vivir
bajo ese Nuevo Pacto es por medio del nacimiento espiritual (por la fe en la Obra
consumada de Cristo en la Cruz).

Algunos miembros de esta nueva raza espiritual poseen dones naturales sobresalientes.
Dios ha escogido, principalmente, a los pobres y a los débiles de este mundo. Pablo nos lo
recuerda:

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la
carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo
escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios,
para avergonzar a lo fuerte”.
1 Corintios 1:26-27

El nuevo pueblo de Dios tiene dones y poderes espirituales. Muchos de éstos son invisibles
a la mente y a los ojos naturales. Sin embargo, su verdadero beneficio es mucho mayor.
Hasta que los libros del cielo sean abiertos y sus secretos sean revelados, los conflictos
espirituales y las victorias de muchos hombres y mujeres humildes de Dios permanecerán
ocultos de sus semejantes. Solamente la eternidad revelará aquello que ha traído bienestar
duradero a la humanidad. Es un privilegio pertenecer al pueblo de Dios del Antiguo Pacto
por medio del nacimiento natural, pero no se compara con el privilegio del nacimiento
espiritual como parte del pueblo del Nuevo Pacto.

“Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace


exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la
circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no
viene de los hombres, sino de Dios”.
Romanos 2:28-29

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UN NUEVO SACERDOCIO

Bajo el Nuevo Pacto no solamente hay un pueblo nuevo, sino también un sacerdocio nuevo.

“Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el
pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según
el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque
cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de
quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar”.
Hebreos 7:11-13

Los sacerdotes del Antiguo Pacto fueron escogidos de la tribu de Leví y de la familia de
Aarón. Ellos tenían tareas específicas en el tabernáculo y en el templo, pues ellos servían
como intermediarios entre Dios y los hombres. El capítulo 7 de la Carta a los Hebreos
aclara que el Nuevo Pacto tiene un nuevo sacerdocio, muy superior al anterior. Este nuevo
orden es llamado el orden de Melquisedec y Jesús es su Sumo Sacerdote. La membresía del
sacerdocio levítico era heredada de padre a hijo. Este sistema no siempre daba buenos
resultados. ¡Los buenos padres no siempre tenían buenos hijos! Por ejemplo, los hijos de
Elí eran totalmente corruptos y los hijos de Samuel no fueron mejores. La herencia basada
en lo natural es poco confiable. Sin embargo, el sistema levítico era funcional y suficiente
para ilustrar el concepto del sacerdocio. Dios lo usó hasta que trajo un nuevo orden del
sacerdocio de Melquisedec.

“Sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida,
sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.”
Hebreos 7:3

Jesús entró en este nuevo sacerdocio:

“No constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino


según el poder de una vida indestructible”.
Hebreos 7:16

Jesús entró, no porque su padre adoptivo, José, hubiera sido sacerdote, ni porque un comité
eclesiástico lo aceptó, sino por designio de Dios. Él, sencillamente, cumplía con todos los
requisitos de Dios para el puesto de sacerdote. Su ordenación no fue una ceremonia
religiosa, sino una proclamación de Dios en el momento en que fue bautizado y el Espíritu
Santo descendió sobre Él, en forma de paloma.

“Y hubo una voz de cielo, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia”.
Mateo 3:17

El sacerdocio levítico cumplía con su propósito. Hoy, no existe este sacerdocio, no hay
necesidad de un templo en el cual ofrecer sacrificios cada día. No hay necesidad de un
sumo sacerdote que ingrese al lugar santísimo, una vez al año.

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Sin embargo, nuestra ignorancia sobre el Nuevo Pacto nos ha llevado a extremos.
Llamamos “levitas” a los músicos de las iglesias. Es un término usado descabelladamente,
porque los músicos no nacieron como descendencia de la tribu de Leví. Volvimos a los
rudimentos del Antiguo Testamento, haciendo vana la Cruz de Cristo, quien nos ofrece una
mejor heredad.

Los sacerdocios eclesiásticos, tales como pastores, curas, obispos, etc., son falsificaciones
del sacerdocio Levítico (a pesar de tener muchos hombres íntegros y sinceros
conformándolos). Dios ordena sacerdotes del Nuevo Pacto en el sacerdocio de Melquisedec
bajo los mismos términos con los que escogió a su Sumo Sacerdote. Dios unge con el
Espíritu Santo a aquellos a los que eligió para desempeñar tareas asignadas por Él mismo.
Esto es para todos sus hijos, sin excepción.

UN NUEVO EDIFICIO

El Nuevo Pacto tiene un nuevo pueblo, un nuevo sacerdocio y también un nuevo edificio.
En la cima histórica del pueblo de Israel, Salomón edificó el primer gran templo. Los
ejércitos de David obtenían victorias donde quiera que fueran y Salomón estaba disfrutando
de la paz y prosperidad consecuentes. Salomón concentró sus energías en edificar una casa
al Señor. Dios nunca dio esa orden, aunque sí le dijo a Moisés que edificara un tabernáculo.
Fue la bien intencionada idea de David, implementada por Salomón.

“Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho el Señor: Tú no me edificarás casa en que


habite”
1 Crónicas 17:4

Por tanto, Dios NO miraba este templo con agrado. Él no intervendría. El templo fue
dañado por un terremoto en los días del rey Uzías. Nabucodonosor lo quemó hasta los
cimientos durante el tiempo del cautiverio. Aquéllos que volvieron del exilio en Babilonia
lo reedificaron. Antíoco Epífanes lo contaminó al colocar una estatua de Júpiter dentro del
mismo y al ofrecer un cerdo en el altar. Luego, fue reconstruido en el tiempo de Jesús por el
impío Herodes el Grande, quien lo convirtió en una magnífica estructura. Los judíos de ese
tiempo lo reverenciaban. Jesús, Esteban y Pablo, todos fueron acusados de blasfemar en su
contra. En una ocasión, cuando los discípulos lo estaban admirando, desalentándolos
completamente, Jesús les dijo:

“¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que
no sea derribada”.
Mateo 24:2

La mente de Dios estaba determinada a edificar otro templo, un templo del Nuevo Pacto.

Esteban, en el discurso por el que murió como el primer mártir, dijo:

“...si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano”.


Hechos 7:48

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El plan divino era infinitamente mayor. Su Templo Real estaría hecho de seres humanos. Él
no quería habitar en edificaciones hechas de ladrillo y piedra, sino de carne y sangre. El
Nuevo Testamento, continuamente, repite este mensaje:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de
Dios, el cual sois vosotros, santo es”.
1 Corintios 3:16-17

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
1 Corintios 6:19

Ya no es posible pensar que Dios desea una edificación donde Él pueda ser adorado; esta
idea se acabó para siempre. Él dio su veredicto final acerca del templo terrenal en el 70
d.C., cuando las legiones romanas cumplieron la profecía de Jesús al no dejar piedra sobre
piedra, pues buscaban oro escondido en sus cimientos. Entonces, ¿Qué pasa con los
edificios de nuestras iglesias? Sin duda que varios de ellos tienen gran mérito
arquitectónico y muchas personas les tienen mucho aprecio. Pero, no podemos permitir que
dichas consideraciones obscurezcan nuestro juicio espiritual. Considerarlos como “casas de
Dios” o como “lugares santos” es lo mismo que negar el Nuevo Pacto, la Obra de Cristo en
la Cruz. La reverencia a un edificio es idolatría, la que nos lleva a ceguera espiritual y
confusión. Ningún edificio puede contener a Dios y, mucho menos, puede ser Su casa.
Hermanos fieles a las prédicas de pastores ciegos, sin conocimiento de las Escrituras y de
Jesús, donan sus capitales, ahorros, casas y demás bienes para la construcción de edificios
que, en algunos años más, terminarán convirtiéndose en museos, tal como la historia nos
enseña. Dejemos de edificar templos para invertir en vidas y no en bienes materiales.

Cuántas canciones y libros se han escrito sobre el lugar donde se encuentra el cielo, pero,
irónicamente, el cielo no se encuentra en un lugar específico del universo, más allá del sol,
ni se trata de una ciudad física. Esta creencia es totalmente contraria al fundamento del
Nuevo Pacto: Dios habita en NOSOTROS. El cielo está en nosotros. El cielo y Su trono es
nuestro corazón. Es ridículo creer que Dios es materia y que vive fuera de este planeta, en
una ciudad de oro. Ese pensamiento revela una falta de conocimiento básico de la Obra de
la Cruz. Revela que aún no hemos conocido ni a Jesús, ni al Padre. Todas estas ideas vienen
de herencias paganas que adoptó la iglesia católica del paganismo durante el gobierno de
Constantino y aún antes. Estas creencias han permeado la iglesia cristiana también.

El conocimiento sobre el Nuevo Pacto nos ayuda a desechar estas mentiras tan arraigadas
en la religión. No debemos esclavizarnos a edificios o lugares que deben ser comprados o
alquilados, derrochando, así, el dinero del Señor. Cientos de edificios que se construyeron,
en la antigüedad, como señal de admiración y alabanza a nuestro Dios, hoy están totalmente
vacíos. Nosotros somos el templo del Dios vivo y no necesitamos estar en un templo hecho
por manos humanas. Podemos reunirnos en cualquier lugar y llevar a Cristo con nosotros,
donde sea que vayamos. Los verdaderos cristianos, seguidores de Cristo, no tenemos
muros, ni denominaciones, ni nombres que nos separen. SOMOS el Templo viviente que se

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levanta con corazones abiertos para que millones ingresen en él y conozcan al Señor. Este
templo no necesita ser pintado cada año ni requiere de gasto para mantenerlo ni alquilarlo.
Este templo está en todos los lugares del mundo, alcanzando gente, no esperando que
vengan a él. Este Templo no necesita un programa o un día especial en la semana. Este
Templo vive en adoración y en relación íntima, continua y diaria, con quien habita en él. El
Señor no visita este Templo cada domingo, dependiendo de cómo le pareció el servicio. Él
habita en este Templo día y noche y está haciéndolo crecer continuamente.

Este Templo no necesita que vendas tu casa, ni tus bienes. No necesita tu salario, ni que
entregues tus ahorros, o inviertas tus riquezas para construirlo. Dios mismo es quien lo va
construyendo y expandiendo. La gente no necesita transportarse para llegar a este templo
porque siempre está donde uno se encuentra. En este Templo no existen autoridades
eclesiásticas, solamente existe Él. Dios vive dentro de cada una de las piedras vivas, todas
apoyadas en la piedra angular. Este es el Templo que, en un abrir y cerrar de ojos, será
transformado en Templo glorioso. Cuántos líderes, hoy, construyen edificios e incluso
ciudades, engañando a la gente al afirmar que Dios fue quien les ordenó edificarlas. No
necesitamos templos hechos por manos humanas para estar en relación con Dios. No
necesitamos encerrarnos entre cuatro paredes para ser santos y tener una relación con Dios.
No necesitamos construir ciudades para estar más cerca de Él y no contaminarnos con “el
mundo”. El Templo de Dios se encuentra abierto al universo, no tiene techo ni paredes, no
tiene límites, pues es espiritual. No permitas que los de la “nueva iglesia” continúen
engañándote, pidiendo tu dinero para construir edificios y ciudades. ¡Son mentirosos!

NUEVOS FESTIVALES

Los mismos principios que estamos tocando se aplican también a los festivales. Dios
ordenó los festivales del Antiguo Pacto. Los más importantes eran la Pascua, Pentecostés y
el de los Tabernáculos. A través de Moisés, el Señor ordenó a los israelitas que subieran
tres veces al año a Jerusalén para observarlos. Guardar fielmente estos festivales requería
mucho tiempo, esfuerzo y gasto financiero. Así que fueron olvidados por varios siglos. Los
reyes Ezequías, Josías y luego Esdras el escriba, instruyeron al pueblo que cumplieran con
estos festivales. Jesús tenía algo mucho mejor que ofrecer. Él trajo cumplimiento al Nuevo
Pacto. Pablo se refirió a este asunto con las siguientes palabras:

“...porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que
celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de
maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”.
1 Corintios 5:7-8
Gradualmente, los seguidores de Jesús se apartaron de los festivales externos, pues
descubrieron lo nuevo establecido por medio de Jesucristo y esto era mucho mejor. La
iglesia organizada, especialmente bajo el gobierno del emperador romano Constantino,
perdió las realidades del Nuevo Pacto y se volvió a festivales paganos que nunca fueron
ordenados por Dios. Festivales como la Navidad, la Pascua, el Día de Acción de Gracias, y
otros que se celebran, de acuerdo al calendario de la iglesia, tienen sus orígenes en antiguas
religiones paganas.

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UN NUEVO SÁBADO

En el Antiguo Pacto, Dios designó el sábado como el día solemne entre el pueblo de Israel
y Él. El sábado era el séptimo día de la semana, el día de reposo. La autora de la Carta a los
Hebreos aclaró que el sábado se refería a descanso espiritual, no a un día específico de la
semana. Ella* lo explicó de la siguiente manera:

“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en
su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos,
pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de
desobediencia”.
Hebreos 4:9-11

Durante el gobierno de Constantino, la iglesia, nuevamente, había ganado la aceptación


humana, pero había perdido el favor de Dios. Se había vuelto al paganismo para encontrar
inspiración y había adoptado el sábado como el día especial que había que guardar.

Este es un tema muy importante y puedes estudiarlo a fondo, con más información en nuestra página Web: www.graciaodesgracia.com

* La autoría de la carta a los Hebreos es desconocida, por lo tanto, no es incorrecto asumir la posibilidad que haya sido escrita por una
mujer. Me divierte pensar de esta manera. Tal vez así, podríamos dejar algunos de nuestros prejuicios, como ser el machismo religioso.

EL DIEZMO Y LAS OFRENDAS


A través de estas páginas, hemos ido tocando los conceptos del Nuevo Pacto y
comprobando cómo el Antiguo Pacto ya no está en funcionamiento porque es obsoleto.
Reservé para el final de capítulo un tema que parece ser la llaga del enfermo, el punto que
nadie quiere tocar, que ocasiona grandes guerras y conflictos. Se trata del dinero. Es tan
álgido que aún lo vemos en los fariseos, quienes podían perderlo todo, menos el control del
dinero. No existe ningún otro asunto que nos permita saber con más facilidad quienes
somos, que es lo que más queremos y dónde está nuestro corazón. (1 Timoteo 6:10)

Ahora, con todo el conocimiento obtenido de lo que es la Gracia y el Nuevo Pacto, será
más fácil abordar el tema acerca del dinero.

“Y comerás delante del Señor tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí
su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus
manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer al Señor tu Dios todos los
días”.
Deuteronomio14:23
Veamos con cuidado esta cita. Primero, dice: “COMERÁS” en el lugar que Él elija. Eso
significa que la persona comía el diezmo. Segundo, este diez por ciento nunca fue dinero.
Era el diez por ciento de los granos, el vino, el aceite y el ganado.

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo


cada año”.
Deuteronomio 14:22

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Se diezmaba solamente una vez al año. Aquí, otra vez, estamos en problemas porque en las
iglesias hoy se pide el diezmo cada mes o cada semana y, obviamente, no se trata de grano,
sino de dinero.

“Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo
guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad
contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y
comerán y serán saciados; para que el Señor tu Dios te bendiga en toda obra que
tus manos hicieren”.
Deuteronomio 14:28-29

Cada TRES años, el diezmo (décima parte) de los productos del año estaba destinado para
el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda (lo que no cumplen aquellos que piden el
diezmo en esta época). Entonces, los levitas recibían los diezmos sólo cada tres años. De
ninguna manera los recibían mensual o semanalmente. Los levitas, como vimos
anteriormente, eran de esa tribu específica, nacidos de una madre levita. Hoy en día, los que
reciben los diezmos no son nacidos de la tribu de Leví, por tanto, no son levitas.

Nosotros, los nacidos de nuevo, somos heredad de Dios, hijos de Dios, no de Leví. Por
favor, es importante entender el Nuevo Pacto para ser libres. Es peligroso creer que somos
los sumos sacerdotes de la Iglesia y, de esa manera, usurpar el lugar de Jesucristo. Los
sacerdotes levitas de ese tiempo se corrompieron, se enriquecieron y vieron, como si fuera
una gran amenaza, a cualquiera que se opusiera a ellos o los denunciara. Fueron los mismos
que “crujieron sus dientes” con amenazas contra Jesús, intentaron apedrearlo y lo llevaron a
la cruz porque se sintieron amenazados por Él. Jesús sabía que el templo y los sacrificios
terminarían y ese mensaje fue muy duro para aquellos que se enriquecían con ese sistema.
Algo similar está sucediendo hoy.

Cualquier persona que denuncia o demuestra que la corrupción ha llegado a extremos y que
este sistema no funciona, que ya no existen el templo ni los sistemas del Antiguo
Testamento, corre peligro. Las amenazas, los insultos, las disciplinas y demás herramientas
contra estas personas están puestas en acción por los líderes, quienes dicen ser defensores
de la fe. Produce mayor tristeza aún ver a las inocentes ovejas, sin ningún discernimiento ni
sabiduría, depositando su confianza en estos líderes. La dependencia y el temor al liderazgo
son tan fuertes que el pueblo va camino al matadero, sin objeción alguna. ¡Ay de estos
líderes! ¡Ay de los que engañan a los inocentes! ¡Ay de los que abusan de los pobres!

El Alfolí

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”.


Malaquias 3:10

El alfolí era un granero, un almacén donde se guardaban los granos y víveres que los
sacerdotes recibían. El alfolí jamás fue una bolsa o una canasta. Ahora, se llama así al
objeto dentro el cual se coloca el dinero en las iglesias. Luego, se ora sobre él, como para

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justificarlo y santificarlo. El alfolí de los líderes de hoy es una cuenta bancaria donde
guardan el dinero de la iglesia. Aún en los pueblos donde se crían vacas, ovejas y se
cosechan granos, el diezmo consiste en dinero en efectivo, guardado en cuentas bancarias,
no para ser compartido con las viudas, huérfanos y necesitados, sino para que los líderes
compren carros lujosos, disfruten de grandes comodidades y realicen todo tipo de gastos
reprochables, hasta convertir a la iglesia en una empresa. Normalmente, es el dinero de los
hermanos más pobres, de los necesitados, de los enfermos; son los ahorros y esfuerzos de
los ancianos y todos aquellos que quieren salir de la miseria.

“…y haya alimento en mi casa”.


Malaquias 3:10

El dinero de hoy no puede comprar alimento, el Pan del cielo, para la casa de Dios,
nosotros. El alimento es la Palabra que sale de la boca de Dios y eso no se compra, es
espiritual. Comemos de la mano de Jesucristo mismo, ya no de la de ningún hombre.

Hoy, no es necesario diezmar porque ya no existe un templo ni un servicio levítico que


realice sacrificios cada día.

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
… porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.
1 Corintios 3:16-17

No hay templo que sustentar, pues ahora el templo somos nosotros mismos, como lo vimos
anteriormente.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido
por Dios”.
1 Pedro 2:9

Cada uno de nosotros, los nacidos de nuevo, pertenecemos al sacerdocio (al real sacerdocio
de Cristo). Debemos tener cuidado con continuar creyendo que, al ser sacerdotes, tenemos
poder sobre la gente, obligándola a ocupar el lugar de ovejas y nosotros sus líderes. El
sacerdocio en el Nuevo Pacto significa que tenemos ingreso directo a la presencia de Dios;
podemos mostrar a la gente el camino hacia el lugar santísimo, es decir, a una relación
intima y directa con el Padre, gracias al sacrificio de Jesucristo. Cuando las personas
reciben el Espíritu de Dios, nuestro servicio ha terminado. El espíritu es el que se encarga
de esas vidas.

“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y
sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio
de Jesucristo”.
1 Pedro 2:5

En la Iglesia primitiva no existían los sacerdotes que sacrifiquen animales, que reciban los
diezmos, que intercedan y que celebren cultos para el pueblo, como en el Antiguo

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Testamento. Hoy, debido a la gran confusión que existe en las iglesias, nos encontramos
transitando por un mal camino.

Si seguimos con la práctica de ofrecer el diezmo, hoy en día, activamos, nuevamente, el


Antiguo Testamento y salimos de la Gracia. En este Nuevo Pacto, no le entregamos el diez
por ciento de nuestros ingresos a Dios (a los líderes de la iglesia) cuando, en realidad,
TODO lo que tenemos le pertenece a Él. Si escuchamos Su voz, Él nos guía para saber
cómo quiere que utilicemos el cien por ciento de nuestro dinero, que en realidad es Su
dinero. Nuestra economía debe ser guiada por el Espíritu. Él nos indicará, con exactitud,
cómo manejarlo. Es inaudito que llevemos nuestro dinero a un lugar que llamamos iglesia;
que lo entreguemos en manos de personas que, muchas veces, ni conocemos; personas que
nunca rinden cuentas, en quienes confiamos ciegamente; hombres y mujeres totalmente
falibles a quienes podemos estar tentando terriblemente con ese dinero.

Ya no hay necesidad, como en el antiguo templo, de sustentar sacerdotes u hombres


“levitas”. Ahora, el liderazgo de la iglesia (aunque Jesús les dijo que sean siervos, obreros)
está viviendo a costa de la gente. A cambio, les preparan un show cada domingo, donde los
hacen sentir felices y “cerca de Dios”. Y, por supuesto, no los despachan hasta que hayan
logrado que las personas den todo lo que tienen. Arguyen que el dinero es para los planes
de Dios, pero en verdad son para sus planes de la iglesia, planes que ellos mismos
elaboraron. Lastimosamente, gran parte de ese dinero, va directamente a sustentar la
envidiable vida que llevan algunos pastores. No se necesita más que hacer algunos cálculos
básicos para determinar cuánto dinero puede recibir un pastor de una pequeña congregación
en los EEUU. Supongamos que tiene 100 miembros y cada uno diezma 300 dólares. El
resultado es 30 mil dólares americanos mensualmente. ¿No te parece una suma bastante alta
para sustentar a un pastor de una iglesia? Por supuesto, una gran parte de ellos vive en la
casa pastoral, es decir, en una vivienda gratis y conduce un carro donado por alguien, fuera
de otros beneficios que reciben. ¡Es un buen negocio!

“Por avaricia hacen mercadería de vosotros con palabras fingidas”.


2 Pedro 2:1-3

Creo que estos datos aclaran porqué muchos de estos líderes se corrompen y su corazón se
vuelca a hacer acepción de personas entre los que diezman sumas onerosas y los que apenas
pueden diezmar. A aquellos que son pobres, que no les alcanza ni para el transporte, les
mienten, asegurándoles que, si ofrendan y diezman, serán bendecidos, que Dios les suplirá
por que están dándole a Él.

“Son codiciosos de ganancias deshonestas”.


1 Timoteo 3:3

Hay iglesias que envían cobradores hasta la casa de sus fieles, a cobrar el diezmo. Otras,
como algunas de las que fui parte, enseñan que hay que pagar a Dios los diezmos porque el
planeta es de Él y no podemos habitarlo sin pagar impuesto.

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Es así como vuelven a los pobres aún más pobres y, por medio de engaños, les robamos el
dinero a los ricos. No se necesitan cientos de citas bíblicas y profundos estudios para darnos
cuenta de esta realidad y la estruendosa caída de la iglesia en este tipo de engaño y estafas.

Cuando alguno pregunta: ¿Y, entonces, cómo se sustentan los “ministros del evangelio”?
La respuesta es la misma que para todos, ¡trabajando! Pablo mismo, construía carpas para
no ser gravoso. En algunos casos, son apoyados por personas que recibieron instrucciones
de parte de Dios para sostenerlos.

Veamos el ejemplo de cómo vivía y cómo se condujo nuestro Señor Jesús con respecto a
este asunto:

“Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo
del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”.
Mateo 8:20

Jesús se hizo pobre para darnos las riquezas en gloria. Los cristianos no trabajan para crear
una iglesia más fuerte económicamente. La riqueza terrenal de la Iglesia es el capital
humano, las personas con todos sus dones, talentos, capacidades y por supuesto, todos sus
bienes (que deben estar al servicio de Dios, según Su guía). Solucionemos los problemas
del mundo en vez de vivir como magnates, derrochando el dinero de Dios.

“Toman la piedad como fuente de ganancia”.


1 Timoteo 6:5

“Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios
vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos”
Romanos 16:18

Pablo enseñó que quienes anunciaban el evangelio podían vivir del evangelio.

“Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del
evangelio”.
1 Corintios 9:14

Pero no se refería a dinero específicamente, sino que al anunciarlo debían ser los primero
en dar testimonio, con su vida, de las buenas nuevas del Evangelio, el Reino de Dios. Por
esta razón, Pablo mismo prefería evitar todo apoyo económico, antes que dar un mal
testimonio a la gente inconversa.

“Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no
hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún
obstáculo al evangelio de Cristo”.
1 Corintios 9:12

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Pablo y los apóstoles de la iglesia primitiva vivían sencilla y piadosamente, dando todo de
sí mismos. Más tarde, los obispos o ancianos y los líderes eclesiásticos se fueron
corrompiendo y comenzaron a vivir en opulencia. Como la historia misma nos enseña, el
hombre se corrompe cuando quiere manejar el dinero por sí mismo, sin rendir cuentas a
nadie, y termina viviendo en mansiones millonarias, haciendo viajes por todo el mundo,
manejando empresas solventadas con el dinero del pueblo de Dios. Compran aviones
privados para viajar por el mundo y realizar conciertos y eventos de gran magnitud.
Mientras entretienen a la gente, olvidan que ese dinero lo dio el pueblo, con mucho
esfuerzo y sacrificio.

Probablemente, muchos arguyan, diciendo: “Pero, están trabajando para el Señor”. Si, es
probable, pero esos gastos no son necesarios para la comisión que el Señor dio a su Iglesia.
Tampoco es así como el Señor maneja la economía. El trabajo que Él nos ordena que
hagamos no necesita de grandes movimientos económicos por parte de un hombre o de una
denominación. Es un trabajo de todos y cada uno de los miembros de la Iglesia que se
mueve alrededor del mundo. Cada uno hace lo que el Señor le mandó, sin tener que llamar
la atención ni ostentando el título de seguidor de Jesús. Este pueblo maneja la economía de
Dios bajo la guía del Espíritu Santo; es un pueblo que transforma las naciones de adentro
para afuera. (Mateo 28: 19-20)

Es un concepto muy errado el que tenemos hoy. Creemos que los pastores y los “ministros”
son siervos de Dios y que un doctor, un deportista o una secretaria, son simplemente
humanos comunes o que realizan actividades “seculares”. En el Nuevo Pacto no hay
diferencia entre los trabajos que uno desempeña. El arquitecto y el misionero, ambos,
sirven a Dios exactamente igual mientras estén haciendo Su voluntad. No existe esa
división que hemos creado entre el trabajo “santo”, “eclesiástico” o “del clero” y el trabajo
“común” o “secular”.
Volvamos a observar la responsabilidad con la que Pablo manejaba el dinero. Se sintió mal
de tener que “despojar a otras iglesias” de su dinero para ayudar a los de la iglesia en
Corinto. Les reclamó esto.

“¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos. Por


cuanto os he predicado de Dios de balde? He despojado a otras iglesias, recibiendo
salario para serviros a vosotros”.
2 Corintios 11:7-8

“Ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y
noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros”.
2 Tesalonicenses 3:8
Pablo nunca se aprovechó del dinero que las iglesias ofrendaban para comprar su casa y
vivir elegante y ostentosamente:
“Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que
se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi
gloria”.
1 Corintios 9:15

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Es lamentable cuando el dinero que se recibe para evangelizar viene de personas a las
cuales Dios no les dijo que den. Lo hacen por obligación, temor o con el fin de recibir
bendición. Cuando alguien da dinero, debe escuchar claramente a Dios e informarse bien
sobre la persona que recibirá esta donación. Si alguien recibe dinero de otros, nunca lo haga
de alguien cuyo interés sea la bendición o retribución de Dios o que tenga algún otro
motivo que no sea, simplemente, ayudar. Existen personas que “cazan en un lazo” a los que
sostienen, por medio de su dinero y los comprometen con asuntos que salen del llamado de
Dios. La mejor opción, en el caso de las personas que desean donar para apoyar la labor de
alguien, es escuchar a Dios y que Él guíe sobre la cantidad, la forma y la persona a quien se
dará.

La persona que recibe una misión del Señor, pero no puede sustentarse completamente por
medio de su trabajo, puede buscar apoyo. Pero no debe persuadir a otros (manipulando las
escrituras) a apoyarlo con promesas de recibir el “ciento por uno”, que Dios les devolverá
su dinero o les multiplicará. Cuando alguien necesita apoyo lo mejor que puede hacer es
comunicarse, inmediatamente, con el Señor, en lo secreto, y preguntarle de dónde vendrá el
dinero. Él nos responderá. Si el Señor pone en el corazón de alguien darte dinero, esa
persona vendrá a ti, ya sea que te busque o tengan un encuentro “fortuito”. Quizás te envíe
el dinero. O bien, Dios usará alguna forma milagrosa. No manipulemos; confiemos en
Dios.

Afirmar que el dinero que entregamos a los “líderes” de la iglesia es para Dios, es una
blasfemia y una terrible ofensa a Dios. Él no quiere que demos dinero a instituciones que
organizan atracciones para cristianos, similares a “Sábado Gigante” o “Circos de
Variedades”. Tenemos “Domingos Gigantes”, shows montados para cada domingo, con
canciones, bailes, concursos, obras teatrales, películas, juegos de luces, prédicas fogosas
enlatadas, momentos de éxtasis y “entradas y salidas” de la presencia de Dios. Todo esto,
supuestamente para crecer en Cristo, dar dinero y recibir bendición. Otra blasfemia
frecuente es pronunciada por aquella institución que se encarga de contratar misioneros y
cobra un porcentaje por hacerlo. Son exorbitantes las sumas de dinero que se gastan en
desarrollar planes, construcciones, equipos de sonido, luces, teatros, edificios, salas,
personal de seguridad, mejoras en el show del domingo (lugar donde más dinero se
recolecta; obviamente, hay que cantar la canción correcta e incentivar al pueblo con
estrategias de marketing) y un sinnúmero de gastos que sólo nos hacen crecer en cantidad y
por fuera, pero nunca por dentro. Hacemos más visible la religión, el sistema, la estructura,
pero no la Iglesia de Cristo. Ella nunca se hará visible con dinero. La iglesia es visible por
el amor y la obras de fe.

¿Cómo son capaces de “sacarle” dinero a gente que tiene que caminar kilómetros para
llegar a una iglesia porque no tiene para pagar el transporte público? ¿Cómo se le puede
mentir diciendo que Dios le dará más si ofrenda a la iglesia? Dios ya “nos bendijo con toda
bendición en los lugares celestiales” (Efesios 1:3), sin necesidad de dar un sólo céntimo a
nadie. Algunos refutarán lo que escribo citando muchos pasajes de la Biblia sobre los
beneficios de dar, que consiste en recibir más de parte del Señor. Sólo el Nuevo Pacto nos
permite entender el sentido correcto de esas citas bíblicas y conocer al Señor Jesús
verdaderamente.

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Nuestro deber es rendir nuestra vida a Cristo para que Él haga lo que quiera. Debemos
entregarle el cien por ciento de nuestro ser, espíritu, alma, mente, corazón, dinero, sueños e
ideales para que Él haga lo que Él quiera. Cristo en nosotros es la riqueza más valiosa que
un hombre puede desear. El dinero perece, pero Cristo nunca perecerá.

Se nos hace creer que dar nuestro dinero a los “líderes” cada domingo es “invertir en el
cielo”. Es otra mentira que nos lleva a la ruina económica y a ser una iglesia sin fuerza en el
mundo. Dios no es un negociante que está dando intereses a sus depositantes porque tiene
inversiones en su Iglesia. Es una locura humana que empuja a que las personas ignorantes y
pobres pongan su poco dinero donde no deben. Es triste observar la esperanza con la que
van a depositar su dinero “en el banco de los cielos” y luego se encuentran en mayor
pobreza aún. Para añadir a su desgracia, les hacen creer que, si no recibieron en mayor
cantidad fue porque no ofrendaron lo suficiente o no lo hicieron con buen corazón. Los
condenan y los hacen sentir como si nunca fueran a lograr la bendición porque son
incapaces. Duele escuchar todo esto. Hemos caído al fondo de las tinieblas y nos hemos
hecho semejantes a los sacerdotes corruptos del Antiguo Testamento ¿Cómo podemos
quitarles sus casas, sus bienes y sus ahorros, prometiéndoles que Dios les dará o
multiplicará? Esto constituye una de las más grandes estafas de todos los tiempos. Dios no
negocia con nosotros ni está regalando dinero a los que dan. Si fuera así, en este momento,
con tanto dinero que se da a la iglesia, todos seríamos ricos. Además, todos los ricos del
mundo se hubieran dado cuenta que la “bolsa celestial de valores” es la que mejor interés
paga ¡cien a uno! y estarían poniendo su dinero en esta “suerte sin blanca”. Sin embargo, la
realidad es otra: Cada vez, la gente está más pobre. De los miles que dieron y esperan la
bendición de recibir más, son contados los que dan testimonio de haber recibido lo que
esperaban. De estos testimonios se aprovechan los “lideres”, convirtiendo lo peculiar o
casual en ejemplo. Así, el interés por los beneficios se incrementa entre los fieles y,
consecuentemente, el número de diezmadores y ofrendantes.

Participé de todo esto y luego descubrí lo que había en mi corazón. Manipulábamos a la


gente, al extremo de hacerles sentir culpables si no daban. Gritábamos desde el púlpito:
“Dios te ha hablado de dar. La cantidad que Él está diciéndote que des, eso debes dar”.
Desarrollábamos formas sin igual para extorsionar a la gente a fin de convencerlas a dar.
Les quitábamos sus zapatos, sus joyas y todo lo de valor que traían, por medio de
estrategias y promesas de bendición. Cuando los diezmos bajaban, el dinero no alcanzaba o
las deudas nos apretaban, sacábamos la prédica de la maldición que viene sobre los que no
dan el diezmo (usando el texto del libro de Malaquías, en el Antiguo Testamento). Los
atemorizábamos, haciéndoles pensar que la maldición de Dios caería sobre ellos.

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué
te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición,
porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al
alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice El Señor de los
ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros
bendición hasta que sobreabunde”.
Malaquias 3:8-10

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Se usan estas citas y muchas otras artimañas para manipular y convencer a la gente a dar su
dinero. Así mismo, se toman citas del Nuevo Testamento (totalmente fuera de contexto)
para afirmar que el diezmo está vigente hoy, pero eso equivale a ir en contra del Sacrificio
de Cristo en la Cruz y el entendimiento del Nuevo Pacto.

Vale recalcar que el Nuevo Pacto no funciona por obras. La “obra” de traer diezmos a Dios
para que Él tenga que bendecirte o, por el contrario, no traer el diezmo y, a cambio, recibir
la maldición de Dios, no es la realidad de un Padre de amor que da todo por gracia. Por eso,
conocer el Nuevo Pacto, la Obra de Jesucristo en la Cruz, nos trae libertad, verdadera
libertad. La bendición viene por fe, no por la obra de dar.

Exhorto a las ovejas y supuestos “líderes” de la iglesia a detener estas abominaciones y


volverse al Señor para levantar la Iglesia Gloriosa de Cristo.

Si deseas mayor información sobre este tema, visita nuestra página web: www.gracioodesgracia.com

LA ABOLICIÓN DEL ANTIGUO TESTAMENTO

“Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e


ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor
esperanza, por la cual nos acercamos a Dios”.
Hebreos 7:18-19

“Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera


procurado lugar para el segundo...Al decir nuevo pacto, ha dado por viejo al
primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer”.
Hebreos 8:7 y13

El Antiguo Pacto está obsoleto, sin función y sin efecto, consumado y terminado en Cristo,
en la Cruz. Una vez convertidos, debemos desecharlo, ya que nunca nos llevará a la
presencia y relación íntima con Dios. Es un pacto inefectivo para habitar en Dios. Nos
condena. (Condenación = creer una mentira)

No nos queda más que desechar el Antiguo Pacto y tomar el Nuevo Pacto. Es la única
manera en la que seremos verdaderamente libres para caminar en la voluntad de Dios.

Este es el momento cuando el Espíritu puede decir a tu corazón si en verdad te has


convertido o sigues muerto, atrapado en la ley, el Antiguo Pacto. Si te apropiaste del Nuevo
Pacto, has ingresado a conocer la Verdadera Libertad: Jesúcristo.

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Resumen

Estudiamos la ley, los maestros, las Escrituras, el pueblo, los sacerdotes, los edificios, los
festivales, el sábado y el diezmo. En cada uno de estos temas podemos identificar tres
aspectos en común: Un orden en el Antiguo Pacto, el cumplimiento del Nuevo Pacto y,
ahora, una falsificación de la iglesia. Hubo maestros genuinos del Antiguo Pacto; luego, la
gloriosa realidad del Maestro, que habita dentro de nosotros; finalmente, una falsificación
de la jerarquía religiosa, con sus variadas manifestaciones.

Dios le dio una ley buena y justa a Su pueblo, seguida de la maravillosa realidad de una ley
interna, escrita en sus corazones. Tristemente, vemos que, durante varios siglos, la iglesia
volvió a las leyes humanas, a los rituales. Encontramos primero, un pueblo del Antiguo
Pacto, descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob. Siglos después, un pueblo
nuevo, engendrado por el Espíritu de Dios. En nuestros días, un pueblo falsificado, basado
en el bautismo o en la membresía de la iglesia. Vimos a sacerdotes levíticos, a sacerdotes
de Melquisedec y hoy, a sacerdotes eclesiásticos. Se construyó un tabernáculo del Antiguo
Pacto. Dios construyó, luego, un templo humano maravilloso del Nuevo Pacto,
sobrepasando al original. Terminamos, hoy, con edificios paganos, reclamando ser “las
casas de Dios”. Tenemos las sombras de festivales levíticos, las realidades del Nuevo Pacto
y los festivales paganos falsos. Tenemos el sábado del Antiguo Pacto, un descanso
espiritual del Nuevo Pacto y el día domingo para la iglesia pagana. Finalmente, las
obligaciones del diezmo y ofrendas del Antiguo Pacto, hoy sin vigencia; la estafa de la
iglesia por medio de estrategias utilizadas para obtener dinero, sembrando temor en el
pueblo por “robar los diezmos y ofrendas”.

Jesús inauguró el Nuevo Pacto con Su sangre. Muchos de sus primeros seguidores
derramaron su sangre por el privilegio de caminar en él. La Carta a los Hebreos fue escrita,
en su mayoría, para fortalecerlos en ese conflicto. Tiene abundantes advertencias para
aquellos que quieren volver atrás. Cada capítulo es importante sobre este tema. Termino
con esta cita:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego,
a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,... sino que os habéis acercado al
monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de
muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están
inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justo, hechos
perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla
mejor que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla”.
Hebreos 12:18-24

En la cima de la montaña te han sido reveladas muchas verdades. Sigamos adelante, para
descubrir cómo se lleva a cabo un pacto y lo que Jesús hizo por ti en la Cruz.

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CAPITULO 9
EL PACTO Y LA CRUZ

En la cima donde te encuentras, ya puedes ver la Cruz de Cristo. Puedes ver Su sacrificio,
realizado por amor a ti. Él te permite entrar a Su presencia misma y que conozcas lo que ha
hecho por ti, más allá de un simple conocimiento. La verdad se revela a tu ser interior.

Dentro de la iglesia se utiliza muy frecuentemente la palabra “pacto”, pero es vital entender
lo que es un pacto, comenzando desde cómo se realiza y cómo se relaciona a la Cruz de
Cristo.

Pacto: Del hebreo Berith = Cortar Pacto.


Pacto: Del griego Diatheke = Cortar pacto por derramamiento de sangre y caminar entre
pedazos de carne.

El pacto de sangre entre dos personas es el más cercano, duradero, solemne y sagrado de
todos los contratos. No puede ser quebrado.

EL RITUAL HEBREO DEL PACTO*

Antiguamente, todas las naciones practicaban “el pacto de sangre” y, de ninguna manera,
era tan superficial como los pactos o alianzas que se realizan hoy. Este acto era un hecho
determinante para la relación entre dos personas que habían decidido entrar en un pacto. No
tenía vuelta atrás y estaba basado en la integridad, fidelidad, honor y entrega de los
pactantes.

*La enseñanza sobre los diferentes pasos del pacto, a continuación, fue, en su mayoría, extraída del libro “The
Miracle of the Scarlet Thread” de Richard Booker.

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No quiero extenderme mucho en este capítulo, así que iremos directamente a la descripción
del pacto, paso a paso, de la manera más breve posible.

Supongamos que dos personas están a punto de realizar el solemne evento de un pacto:

En un campo abierto están las dos personas que harán el pacto. Cerca de ellos se encuentra
un animal y también algunos testigos, quienes presencian el pacto. Es tiempo de comenzar.

PASO 1. Intercambio de Ropa

Se quitan las batas y las intercambian. Tú te colocas la ropa de la otra persona y ella se
coloca la tuya. Este acto significa el siguiente compromiso:

“Me comprometo a darte todo lo que soy, todo mi ser y toda mi vida”.

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

Jesús se desnudó en la cruz para darte sus vestiduras blancas (santidad) y se colocó las
tuyas, sucias y manchadas (el pecado). Toda tu vergüenza descansó sobre Él y toda Su
gracia y gloria ahora está sobre ti.

Nuestras vestiduras manchadas por el pecado:

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como
trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades
nos llevaron como viento”.
Isaías 64: 6

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.


Romanos 3:23

Para los hebreos, cuando una prenda era lavada y se quitaban todas las manchas, quedando
completamente limpia, esta pieza era considerada santa. Jesús nos dio sus vestiduras de
santidad. Nos hizo santos. Nos hizo justos.

“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados
en la verdad”.
Juan 17:19

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya
habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro
Dios”.
1 Corintios 6:11

“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la


becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,
¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí

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mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que
sirváis al Dios vivo?”.
Hebreos 9:13-14

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo
hecha una vez para siempre”.
Hebreos 10:10

“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos
santos y sin mancha delante de él”.
Efesios 1:4

Si entendiste y creíste en la Obra de Jesús, puedes quitarte, ahora mismo, el peso de intentar
ser santo y justo ¡YA LO ERES! No lo eres por mérito propio sino por los méritos de aquel
que se desnudó para darte a ti sus vestiduras blancas de justicia y santidad. El pecado ya no
reside en ti, ha sido quitado. Esta verdad es vital. No permitas que ninguna persona te haga
sentir condenado o pecador. Este es el principio fundamental de la gracia. Él lo hizo por ti,
sin que lo merezcas. Nunca lo podrías haber hecho por ti mismo. No importa cuán bien o
mal te comportes, sigues siendo santo. ¡Esto es maravilloso!

Los que nos dicen que debemos cuidar y trabajar en nuestra santidad, nos llevan a la
desgracia, al fracaso de las obras muertas. Es tiempo de entender, de una vez, la Obra de
Cristo en la Cruz: Él nos hizo santos. Vive en la libertad de esta verdad. Eso es fe. No
trabajes por algo que ya te ha sido dado, que ya lo tienes, si lo haces, vana es la Cruz de
Cristo. A pesar de todo esto ¿por qué algunos continúan insistiendo en buscar la santidad
por sus propias obras?

Tomemos otro ejemplo para que no queden dudas. Un mono camina, vive, come y
funciona, en todos los sentidos, como un mono. Es su naturaleza, no es su propósito. Él ya
es un mono, no debe esforzarse por serlo. Lo único que puede desarrollar son sus
habilidades de simio. De la misma manera, es santo todo aquel que cree en la Obra de la
Cruz de Cristo. Sólo necesita caminar en Su Nueva Naturaleza. No necesitamos esforzarnos
en matar la carne, como suelen enseñarnos. Es completamente irracional intentar matar algo
que ya está muerto. ¡Qué hermosa realidad! ¡Qué alivio! ¡Qué carga tan pesada es quitada
de tu vida! ¡Ya no hay culpa; eres santo!

PASO 2. Intercambio de Cinturones

A continuación, ambos se quitan los cinturones, con todas sus armas, intercambiándolos.

En esa época, no se usaba el cinturón para sujetar los pantalones, sino las armas: Cuchillos,
flechas, arcos y espadas. Simbólicamente, cada uno entregaba al otro su fortaleza y
prometía todo su apoyo y protección. Este acto decía:

“Aquí está toda mi fuerza y mi habilidad para luchar. Si alguien te ataca, también
me esta atacando a mi. Tus batallas son mías y las mías son tuyas. Pelearé junto a
ti. Te defenderé y protegeré”.

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Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

Entregamos nuestras armas humanas y carnales: Odio, rencor, venganza, etc. Y, a cambio,
el Señor Jesús nos entrega Sus armas de luz, justicia y paz.

“La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las
tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”.
Romanos 13:12

“En palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a


siniestra;”.
2 Corintios 6:7
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas
de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de
fortalezas,”
2 Corintios 10:3-4

Actuamos en amor, paz, unidad, justicia, etc., debido a la nueva naturaleza de nuestro ser.
La naturaleza que se encuentra ahora en nosotros es la naturaleza del Espíritu. No
intentamos más buscar la paz, ya es nuestra. Ahora, sólo manifestamos paz. Es parte de
nuestra naturaleza.

PASO 3. Partir un Animal

En este momento se lleva a cabo el “Corte del Pacto”. En la Biblia, los pactos eran actos
ceremoniales donde cortaban al animal en dos partes, por el medio. Luego, colocaban una
de las mitades del lado de cada pactante y se paraban en medio de los dos pedazos de carne
ensangrentados, dándose las espaldas. A continuación, caminaban en medio de los pedazos
de carne, haciendo 2 círculos, en forma de un ocho. Volvían a encontrase cara a cara,
quedando parados uno frente al otro.

Este acto tenía dos significados:

“Estoy muriendo a mí mismo, abandonando mis propios derechos de vida y


comenzando una nueva caminata contigo, mi compañero de pacto hasta la
muerte”.

Como el pacto de sangre era el más solemne, cada uno apuntaba con el dedo uno de los
pedazos del animal y decía:

“Dios haga así conmigo y aún más, si alguna vez trato de romper este pacto.
Párteme por el medio y alimenta a los buitres con mi carne, si trato de romper el
más sagrado de los pactos”

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Encontramos un ejemplo bíblico en Génesis, cuando Dios hace pacto con Abraham.

“Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar
esta tierra. Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar? Y
le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de
tres años, una tórtola también, y un palomino. Y tomó él todo esto, y los partió por
la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra”.
Génesis15:7-10

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

El Señor Jesucristo fue partido por nuestras enfermedades.

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la
noche que fue entregado, tomó pan; Y habiendo dado gracias, lo partió, y
dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en
memoria de mí”.
1 Corintios 11:23-24

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros


le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue
sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Isaías 53:4-5

Él fue partido por nuestras rebeliones para convertirnos en pacificadores. No tratamos de


serlo, sino que esa es nuestra nueva naturaleza. Vivimos en paz por naturaleza, no por
obligación. Esa es la ley de nuestros corazones. Él llevó nuestras enfermedades, por lo
tanto, nosotros somos personas sanas. Fue molido para que nosotros no enfermáramos.
Obviamente, nuestra responsabilidad es mantener una alimentación sana, cuidar de nuestro
cuerpo haciendo ejercicios y vivir conforme a la guía del Espíritu.

La teología de la iglesia es espantosa cuando afirma que Dios envía enfermedades para
hacernos más santos y fieles, para “probarnos”, “tratar nuestras vidas” o para derramar
juicio. Esta doctrina convierte a Dios en un tirano, tonto, vengador, mal padre, un
desgraciado e irracional. ¿Por qué? Porque, luego de aceptar el sacrificio de Su hijo en la
Cruz y por Sus heridas, otorgarnos sanidad, supuestamente nos envía enfermedades. Un
padre con una pizca de sentido común difícilmente enfermaría a su hijo con cáncer para
enseñarle una lección o debido a un mal comportamiento. Sin embargo, atribuimos a Dios
esta actitud incongruente. Ese no es el Padre que el Señor Jesús nos mostró. El Padre que
conozco no enviaría enfermedades, no mataría, no engañaría. Él es enteramente bueno y
amoroso. Él cuida, protege, perdona, ayuda, limpia y cautiva con Su Amor. El Padre nos
libra de la enfermedad, del lodo, de la basura. Él no planea nada malo para nosotros, Sus
pensamientos son de bien y no de mal. Él envió a su hijo Jesucristo, quien fue partido en la
Cruz, para que vivamos en salud, y si no la tenemos, es como consecuencia de nuestro
descuido de Su Templo (nuestro cuerpo) o de no caminar en Su Voluntad.

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PASO 4. Corte de Mano

En este punto, ambos levantan la mano derecha, cortan las palmas de sus manos y las unen.
Mientras mantienen las manos juntas las sangres se mezclan.

Esto significa que las dos vidas se estaban mezclando para ser una sola. Realizaban este
acto porque entendían que en la sangre estaba la vida.

“Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”.*


Génesis 9:4

Entonces, ambos juran una alianza:

“A partir de hoy, mi vida está ligada a la tuya, somos uno. Sello esta alianza con mi
propia vida. Mientras viva, este pacto será cumplido.”

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

El Juramento: Dios juró por Sí mismo para hacer de éste un Pacto Eterno y completamente
eficaz.

“Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su
descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su
trono”.
Hechos 2:30

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro
mayor, juró por sí mismo”.
Hebreos 6:13

“Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento
fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:

Juró el Señor, y no se arrepentirá:


Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto”.


Hebreos 7:20-22

* Esta es la razón por la cual algunos hermanos, que siguen el Viejo Pacto (y algunos comentarios de Pablo
que eran para hacerles más fácil la transición de la ley a los Judíos), no comen ninguna comida que contenga
sangre.

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La Unidad: Jesucristo, por medio de Su sangre, hizo de todos los pueblos, razas y géneros,
una sola familia, sin discriminaciones. Todos aquellos que reciben Su sacrificio viven en
esta realidad.

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de


Cristo?”.
1 Corintios 10:16
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido
hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos
pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su
carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para
crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante
la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las
enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais
lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros
tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni
advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”
Efesios 2:13 – 19

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque
todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
Gálatas 3:28

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de
todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la
presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos”
Apocalipsis 7:9

PASO 5. Cambio de Nombre

Mientras continúan parados, con las manos unidas, cambian sus nombres. Uno toma el
nombre del otro para añadirlo al propio.

“Toda la autoridad que mi nombre encierra, es tuya. Cuando lo uses, será como si
tú fueras yo mismo. Todos respetarán mi nombre en ti. De hoy en adelante, eres
parte de mi familia, con todos los derechos y privilegios”.

Un Paralelo con la Obra de Cristo en la Cruz

Su Nombre: Toda la autoridad del nombre de Jesús ahora es tuya.

“Y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se
doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la
tierra…”
Filipenses 2:9-10

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“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a
los hombres, en que podamos ser salvos”.
Hechos 4:12

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios;”.
Juan 1:12

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo”.
Juan 14:13

“Sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se
nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;”.
Efesios 1:21

Ahora, tú eres un cristo (ungido). Ya no tienes un nombre natural sino uno espiritual.

PASO 6. Cicatriz

Se frotan las heridas a fin de formar cicatrices permanentes como testimonio del pacto.
Ellas les recordarán siempre su responsabilidad mutua, debido al pacto. Es la garantía del
pacto.

Si una tribu ponía una emboscada a uno de los pactantes, corriendo peligro de muerte, la
cicatriz le resultaba muy útil. Solamente necesitaba mostrar su cicatriz y los guerreros de la
tribu atacante se retiraban. Ellos comprendían que detrás del pactante existían aliados que
vendrían en busca de ellos, para tomar venganza.

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

La Cicatriz – El Sello - La Circuncisión: El Espíritu Santo es el sello que demuestra que


estamos en Pacto con Dios.

“El cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros
corazones”.
2 Corintios 1:22

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de


vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de
la promesa,”.
Efesios 1:13

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día
de la redención”.
Efesios 4:30

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La Circuncisión que tenemos ahora es el espíritu en nuestro corazón:

“Sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en


espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de
Dios”.
Romanos 2:29

“En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar


de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;”
Colosenses 2:11

Ningún espíritu maligno puede tocarnos:

“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está
en vosotros, que el que está en el mundo”.
1 Juan 4:4

Durante estos últimos años, dentro del cristianismo, se ha levantado un movimiento


engañoso que incita a las personas a enfocarse en Satanás, concentrando sus energías en
luchar contra él. Aún no han entendido que el diablo está completamente vencido y no tiene
ninguna autoridad sobre nosotros. Luchan contra alguien que fue vencido en la Cruz y
destituido de su poder sobre el mundo. ¡Qué manera de desperdiciar fuerzas! Dan un mal
testimonio de su fe y reflejan un cristianismo débil, donde se debe batallar constantemente,
realizando exorcismos con gritos desaforados. Buscan protegerse por medio de todos los
métodos que son capaces de inventar.

Nosotros tenemos el poder. A pesar de ello, muchos siguen dejándose engañar por el
enemigo porque NO viven en el espíritu, NO tienen fe para creer que Cristo lo venció en la
Cruz, NO conocen el Nuevo Pacto. Viven en temor, paralizados por alucinaciones.
Encuentran a Satanás en todo y pasan el día reprendiendo espíritus inmundos entre los
hermanos. ¡Cómo son engañados y usados por el enemigo para darle gloria a él!

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta


te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.
Génesis 3:15

Cristo venció al enemigo con un golpe en la cabeza. Significa que lo despojó de toda
autoridad.

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria,
quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a
las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.
Colosenses 2:15

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos
amó”.
Romanos 8:37

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“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está
en vosotros, que el que está en el mundo”.
1 Juan 4:4

No luchamos por la victoria, ya la tenemos. Los que buscan conquistar la victoria están en
el Antiguo Pacto. Por el contrario, aquellos que ya tomaron la victoria de Jesús, viven en el
Nuevo Pacto. Se pararon en la Victoria de Cristo en la Cruz y ahora caminan en ella. Por
eso son más que vencedores.

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores”.


Romanos 8:37

Un ejemplo sencillo nos dará luz respecto a nuestra posición como “más que vencedores” y
la posición derrotada de Satanás:

Cuando un partido (Jesucristo y Su Reino) gana las elecciones, lo único que tiene que hacer
es tomar la autoridad y gobernar. No sigue en campaña pues ya ganó. Es gobierno. Aunque
derrotada, la oposición (Satanás, el enemigo) tratará de convencer al pueblo que aún
mantiene un alto grado de poder sobre él. Lo cierto es que no tiene ningún poder ya que no
está en el gobierno. Si el gobierno actual es todopoderoso y el pueblo, en consecuencia, es
más que vencedor, la oposición se encuentra en completa impotencia. Su única arma es el
engaño. Sólo las personas desinformadas, ignorantes de la situación actual, caerían en su
trampa. De esta manera, la oposición tomaría ventaja para robar y engañar. El gobierno y
el resto del pueblo considerarían a estas personas quienes no tienen conocimiento de la
verdad, como tontas, insensatas e irracionales. Ellas harían quedar mal al gobierno,
reflejando una imagen errada del presidente, como si el partido gobernante no hubiera
ganado las elecciones (como si Jesús no hubiera vencido en la Cruz).

Así que, despojémonos de la basura que muchos líderes nos metieron en la cabeza y de
vivir sometidos a los engaños de Satanás. Dejemos de desperdiciar nuestro dinero en
tonterías tales como alquilar una avioneta y derramar aceite sobre los cielos de las ciudades
o ir a enterrar biblias. No perdamos más el tiempo y dinero en participar del sin fin de
congresos de guerra espiritual; en escalar montañas o “lugares altos” para reprender
principados y potestades del enemigo sobre las ciudades y naciones. Es hora de darnos
cuenta cómo el enemigo nos ha engañado y tiene a los líderes atados en una guerra sin
razón. ¡El Señor nos dio la Victoria en la Cruz! Él lo hizo por nosotros, por eso somos más
que vencedores. Basta de ser hombres de poca fe. Es por creer, no por hacer. Salgamos de
la ley y entremos en la gracia. Toma la Victoria sobre Satanás, el mundo y el pecado y
¡relájate! Comienza a vivir una vida feliz, con seguridad y fe en la Obra de la Cruz de
Jesús. Toma el Nuevo Pacto y desecha el Antiguo. ¡Somos MÁS que vencedores!

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PASO 7. Los Términos del Pacto

Los pactantes se paran delante de los testigos y presentan los términos del pacto.

Cada uno dice:

“Todas mis pertenencias son tuyas. Todo mi dinero, todas mis propiedades, y mis
posesiones son tuyas. Si necesitas cualquiera de ellas, ni siquiera tienes que
preguntar, ven y tómalas. Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío. Si muero, todos mis
hijos son tuyos por adopción y tú eres responsable por mi familia”.

Pero, al mismo tiempo, las deudas de uno llegan también a ser parte de las deudas del otro.
Si uno de los pactantes pasa por problemas financieros, no le pide dinero al otro. Sólo
pregunta: “¿Dónde está nuestra chequera? Estamos en pacto, todo lo tuyo es mío y lo mío
es tuyo, tanto beneficios como deudas” Así que, en el momento de presentar los términos
del pacto, se leen los ingresos y las deudas de cada una de las partes.

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

Todas nuestras deudas fueron pagadas: Jesús es nuestro sustento. Él es nuestra familia,
nuestro Padre y Madre, quien nos amamanta y suple cualquier necesidad. Es una blasfemia
creer que debemos darle “algo” (el diezmo, la ofrenda, cualquier coima o soborno,
“sembrar semilla”, “pactar”, levantar altares, etc.) para que Él haga algo por nosotros,
cuando TODO lo hizo ya en la cruz y al expirar proclamó: “CONSUMADO ES”.

“Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don
de Dios se obtiene con dinero”.
Colosenses 2:13

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne,


os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados”.
Colosenses 2:13

“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un
codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo
crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria
se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se
echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de
poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué
vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre
celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente
el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os
afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada
día su propio mal”
Mateo 6:27-34

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PASO 8. La Comida Conmemorativa

Se prepara una comida conmemorativa para completar la unión del pacto. En lugar de
comer el animal sacrificado y su sangre, los pactantes comen el pan y toman el vino. El
vino reemplaza la sangre de sus propias vidas. El pan representa su carne.

Toman un pan, lo parten en dos y uno alimenta al otro con él, diciendo:

“Esto es símbolo de mi cuerpo y ahora lo estoy colocando dentro de ti.”

Luego, sirven el vino y dicen:

“Este es símbolo de la sangre de mi vida, la cual es ahora tuya.”

A partir de ese momento, simbólicamente, uno estaba en el otro. Estaban unidos, con una
naturaleza nueva.

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

La Sangre y el Pan del Nuevo Pacto:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos,
y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado
gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo
pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.
Mateo 26:27-28

La copa del Nuevo Pacto:

“Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es
el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en
memoria de mí”.
1 Corintios 11:25

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.


Juan 6:53-57

PASO 9. El Monumento Conmemorativo

Finalmente, se erige un monumento como recordatorio eterno del pacto. Plantan el árbol
como monumento, rociándolo con la sangre del animal. El árbol y las cicatrices constituirán
el testimonio del pacto.

La ceremonia se ha completado. De aquí en adelante, todos conocerán que son amigos. El


título de “amigos” no era usado a la ligera en los tiempos bíblicos, como lo es hoy. Uno

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sólo podía lograr ser llamado “amigo” después de cortar un pacto. Todos sus hijos eran
incluidos en ese pacto, incluso los que no habían nacido aún. Los futuros hijos están en
pacto porque ellos se encuentran, como semillas, “en” cada pactante. Más tarde, cuando
hayan nacido y crecido, cuando tengan la capacidad de entender y decidir, tienen la opción
de mantenerse en o rechazar el pacto.

Un Paralelo con la Obra de Jesús en la Cruz

Nuestra relación con Dios, luego de ser plantada, así como el árbol del pacto, crece, se
fortalece y da fruto.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición


(porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”.
Gálatas 3:13 Deuteronomio 21:23

Jesús fue clavado (plantado) en el Gólgota, en un madero de muerte, para darnos de comer
del árbol de la vida.
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que
nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados”.
1 Pedro 2:24

Esta descripción de la ceremonia de un pacto nos ayuda a entender con mayor claridad la
Obra de Jesús en la Cruz y el Nuevo Pacto. Incluiré, para terminar, un ejemplo bíblico,
también descrito en el libro de Richard Booker, “The Miracle of the Scarlet Thread”.

DAVID Y JONATÁN

El pacto realizado entre David y Jonatán era una alianza muy seria e intensa.

“Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán
quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. Y Saúl le tomó
aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. E hicieron pacto Jonatán y David,
porque él le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se
lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte”.
1 Samuel 18:1-4

Muchos años después


“Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad
cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le
tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó
cojo. Su nombre era Mefi-boset”.
2 Samuel 4:4

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Después de la muerte de Saúl y Jonatán en una batalla, David tomó el poder, convirtiéndose
en rey. Saúl odiaba a David al punto de intentar matarlo en varias ocasiones. Lógicamente,
todos esperaban que David exterminara a toda la familia de Saúl, una vez subiera al trono.
Mefi-boset era el único descendiente, con vida, de la familia real de Saúl. Su padre era
Jonatán y su abuelo, Saúl. A los cinco años de edad, Mefi-boset era un príncipe. Como
nieto del rey e hijo del heredero al trono, él gozaba de todas las comodidades y opulencia
del reino, pero cuando su padre y su abuelo fueron muertos, la nodriza tomó a Mefi-boset y
huyó con él. Ella soltó al niño, lo hizo caer, y éste quedó lisiado de ambas piernas. Lo
escondió en un lugar llamado Lodebar. Es muy probable que Mefi-boset (su nombre
significaba “el que esparce vergüenza”) viviera odiando a David y su reino, presa de un
constante temor a ser encontrado por el rey. Su vida debió ser muy pobre y privada de los
beneficios y goces del reino, ya que vivía en el anonimato, ocultando su verdadera
identidad. El lugar donde vivía era muy estéril, pues Lodebar significa tierra árida, hostil,
seca y no apta para pastorear.

Años después, un buen día, el rey David preguntó a sus siervos:

“¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor
de Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual
llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió:
Tu siervo. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo
misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán,
lisiado de los pies. Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al
rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. Entonces envió el
rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar”.
2 Samuel 9:1-5

Sucedió aquello que Mefi-boset había temido por mucho tiempo. Alguien había informado
al rey de su existencia y fueron por él. Seguramente estaba tan atemorizado que sólo
esperaba su fin.

“Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su


rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu
siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo
misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl
tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu
siervo, para que mires a un perro muerto como yo? Entonces el rey llamó a Siba
siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al
hijo de tu señor. Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y
almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero
Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y
veinte siervos. Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi
señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi
mesa, como uno de los hijos del rey. Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se
llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset. Y

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moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba
lisiado de ambos pies”.
2 Samuel 9:6-13
Mefi-boset se llevó una gran sorpresa al enterarse del pacto de su padre Jonatán con David.
El rey era su aliado, no su enemigo. Todos los años de sufrimiento, oculto y en miseria,
habían sido en vano. Ahora, él podía disfrutar de la mesa del rey y se le habían devuelto
todas las posesiones de su abuelo.

Eso mismo nos ha sucedido. Dios juró por si mismo e hizo pacto con nosotros por medio de
la Sangre y muerte de Jesucristo, para darnos todas sus riquezas en gloria. Por muchos
años, vivimos en desgracia, creyendo que no nos merecíamos nada porque éramos
pecadores. Es increíble cómo nos dedicamos a hacer obras para que la bendición de Dios
alcance nuestras vidas. Vivimos en poblaciones alejadas del Reino, creyendo que el Rey no
tiene nada para nosotros. Estamos convencidos que debemos “trabajar” por la bendición,
cuando, en realidad, podemos vivir en la Presencia de Dios y comer de su mesa por el
Nuevo Pacto, sólo por Gracia. Podemos cenar con Él, charlar, conocer Su corazón y vivir
una vida sin temor al enemigo. El Reino nos protege. Vivimos en la Casa del Señor. Su
pacto nos ha hecho libres, nos ha llenado de bendiciones. ¡Somos bendecidos!

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual


recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino
con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero
manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”.
1 Pedro 1: 18-20

¡La Obra de nuestro Señor es increíble! ¡Cuán favorable a nosotros es este Pacto! Nunca
podríamos adquirir todo este favor por nuestras propias fuerzas.

QUIÉNES SOMOS Y CUÁLES SON NUESTROS BENEFICIOS

Mencionemos algunos de los beneficios de la Obra de Cristo en la Cruz. Tú puedes


continuar con este estudio y encontrar muchos más que te darán mayor libertad.

Somos Salvos

“Y en ningun otro hay salvacion; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a
los hombres, en que podamos ser salvos”
Hechos 4:12

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
Romanos 10:9-10

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“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es
don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
Efesios 2:8-9

Somos Nuevas Criaturas

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17

Somos nuevas criaturas con el poder de Dios en nosotros. Tenemos la esencia de Dios.

Somos Hijos de Dios

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de
voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Juan 1:12-13

Somos hijos de Dios; somos Sus herederos. Nosotros tenemos el ADN de Dios por medio
de Su Espíritu. Somos Sus herederos por el Nuevo Nacimiento.

Nuestra Vida está Escondida “en” Dios

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.
Colosenses 3:3

Cuando nuestras vidas de pecado fueron tomadas por el Señor Jesús, Él nos vistió con Su
propia Vida. En la Cruz, nos dio vida eterna, la posibilidad de conocer a Dios. (Juan 17:3)
Cada vez que encontramos versos del Nuevo Testamento que llevan la preposición “en”
seguido del nombre de Jesús, Cristo o Dios, se refieren a la posición que ocupamos debido
al Nuevo Pacto. Ahora el lugar de nuestras vidas es “en” Cristo. Estamos cubiertos,
guardados, escondidos “en” Él. La bendición se encuentra en permanecer “en” Él, en hacer
Su voluntad, en habitar bajo la sombra del Altísimo. Debemos permanecer allí si queremos
vivir en Su voluntad. La bendición está “en” Él, no en el sistema de la “iglesia”
estructurada, ni en las personas, ni en las actitudes buenas, ni en la cantidad de obras, ni en
tu ofrenda, ni en el obsoleto diezmo.

Somos Bendecidos

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición


(porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en
Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles…”
Gálatas 3: 13-14

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No hay maldición sobre nosotros, somos totalmente benditos.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda
bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”.
Efesios 1:3

Fuimos bendecidos con toda bendición. Se suele saludar a un hermano, diciéndole: “Dios te
bendiga” porque todavía pensamos que Dios nos bendecirá, en tiempo futuro. Él ya nos
bendijo, somos benditos.

Somos Santos

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya
habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro
Dios”.
1 Corintios 6:11

¡No tenemos que trabajar para nuestra santidad!

“Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hechos por Dios
sabiduría, justificación, santificación y redención”.
1 Corintios 1:30

Vivimos en la Presencia de Dios (El lugar Santísimo)

Tenemos ingreso directo al lugar Santísimo.

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el
velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se
partieron…”.
Mateo 27:50-51

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino
en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios”.
Hebreos 9:24

Cuando Jesús murió en la Cruz, hizo posible el ingreso al Lugar Santísimo (la comunión
íntima con Dios). En el momento en el que Jesús expiraba, la señal de este acceso que se
abría para el hombre fue un terremoto que derrumbó el templo y el velo que separaba el
Lugar Santo del Lugar Santísimo fue rasgado. Se abrió el ingreso al Lugar Santísimo para
todos los hombres. Ahora no necesitamos hacer nada especial para poder entrar. Ni siquiera
unas cuantas canciones con melodías bonitas. Vivimos en la Presencia de Dios.

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y
de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por

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manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y


aliento y todas las cosas”.
Hechos 17:24-25

“Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que habita en nosotros”.


2 Timoteo 1:14

Algunas afirmaciones que se hacen durante los servicios de las iglesias son inconcebibles,
pues afirman que “Dios nos está visitando”. Dios vino a morar (vivir) en nosotros, es decir
que vino a permanecer, de día y noche. Él no va y viene, de vez en cuando. No hay que
crear un ambiente especial para que Él venga. Él está en nosotros por siempre.

Somos Ricos

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en
Cristo Jesús”.
Filipenses 4:19

Ya no somos pobres; Él nos hizo ricos.

“Porque ya conocéis la gracias de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a


vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueses
enriquecidos”.
2 Corintios 8:9

Somos Sanos

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo
de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Isaías 53:5

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que
nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados.”.
1 Pedro 2:24

Somos Justos

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos
justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las
obras de la ley ninguna carne será justificada”.
Gálatas 2:16

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Nos hizo Justos, perfectos y aceptos para el Padre.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo”.
Romanos 5:1

Somos Reyes y Sacerdotes

“Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; á él sea gloria e imperio
para siempre jamás. Amén”.
Apocalipsis 1:6

Nos hizo reyes y sacerdotes para gobernar a las naciones en Su Reino. Ese Reino nunca fue
un partido político ni una organización hecha por hombres, mucho menos una “iglesia” con
estructuras, modelos y sistemas. Tenemos autoridad en este mundo. No necesitamos buscar
partidos políticos para gobernar, somos del Reino. No creemos en los sistemas corruptos
creados por el hombre para gobernar. Nunca manifestaremos el Reino de los Cielos por
medio de la democracia, la derecha, el centro o la izquierda. La iglesia estructurada, como
hoy se conoce, jamás podrá cumplir con la comisión de discipular las naciones porque cree
que logrará su cometido por medio de la creación de organizaciones e instituciones más
grandes y mejoradas. Desarrolla buenos planes. Disciplina a las ovejas para que obedezcan
las órdenes de sus líderes. Realiza grandes eventos, con gastos exorbitantes en
espectáculos, etc. Hacen lo mismo que ven hacer al mundo y no siguen la guía del Espíritu,
es por eso que hasta hoy no vemos una Iglesia con poder y autoridad para reflejar la Gloria
de Dios sobre las naciones.

Tenemos la Victoria

“Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria
que vence al mundo, nuestra fe”.
1 Juan 5:4

Dios nos dio la Victoria. Nos hizo más que vencedores. Ya tenemos la Victoria. Por eso,
ahora, trabajamos, vivimos y funcionamos en todos los campos, desde la Victoria. La
Victoria en la Cruz es nuestro punto de partida. Avanzamos a partir de ahí hacia adelante.

Somos Más que Vencedores

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos
amó”.
Romanos 8:37

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Satanás está vencido y no hay temor en nosotros.

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria,
quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a
las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.
Colosenses 2:15

Podemos ser Sus Amigos

“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos,


porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque
todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer”.
Juan 15:14-15

Somos Libres

“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.


Juan 8:36

Nos cuesta entender la gracia. Nos cuesta creer que ya no necesitamos la ley externa, que
ya no somos esclavos del pecado, que ya no necesitamos depender de o sujetarnos a un jefe
humano (la sujeción es horizontal). En Cristo ya no hay mujer ni varón, ni griego ni judío,
todos somos hijos de un mismo Padre y con los mismos derechos. Somos verdaderamente
libres por la Obra en la Cruz.

El Evangelio del Reino se expresa de la siguiente manera:

Jesús es el Rey (kyrios). Él se dio a Sí mismo por ti, para que compartas todos los
beneficios que Él tiene como Rey. Todo lo Suyo ahora es tuyo. Ahora, tú eres todo lo que
Él es. Todo Su poder es tu poder, Su Autoridad es tu autoridad, y nadie puede tocarte
porque estás en Él. Si entiendes la maravillosa Obra que Jesús hizo por ti y la aceptas por
fe, el Espíritu te dará testimonio de que eres hijo de Dios. Por eso, para ser un nacido de
nuevo, no basta hacer una simple oración. Necesitas entender, creer y recibir por fe, la
Obra de Cristo en la cruz.

Nunca más creas ni confieses: “Estoy trabajando por la victoria”, “Tengo que santificarme
más” o “Tengo miedo del enemigo”. No hagas vana la Cruz de Cristo

Para muchos, NO resulta beneficioso enseñar correctamente sobre el Nuevo Pacto en la


iglesia de hoy. Primero, las ovejas dejarían de creer y seguir la ley escrita en tablas al darse
cuenta que el antiguo pacto es obsoleto y ya no se encuentra vigente ni en funcionamiento.
Dejarían todas las normas y reglas que la iglesia establece para lograr una vida santa y
agradable a Dios. Dejarían de creer en el diezmo, en guardar los sábados, en los sacerdotes
levitas, o alguna otra ley del Antiguo Testamento. No sería conveniente para miles de
pastores, instituciones y sectas. Ellos esclavizan a los hombres utilizando la ley: debes orar,
debes congregarte en una iglesia, debes sujetarte a tu pastor, debes confesar tus pecados a

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los hombres, debes tener membrecía en una iglesia, debes diezmar, debes ayunar, debes ir
al pre-encuentro, encuentro y post encuentro, etc. La iglesia no enseña lo que Cristo enseñó,
porque se destruiría el sistema y todos sus líderes quedarían sin beneficios. Los pastores
quedarían sin ovejas propias. Aquellos que lograron gozar de cierto poder sobre los
hombres, quedarían sin el poder. Los líderes no tendrían armas para controlar las vidas de
los demás. No existirían los “adoradores” famosos o los equivocadamente llamados
“ministros de alabanza” cuando son simples cantantes cristianos. ¿Se imaginan? Estoy
yendo en contra de todo lo establecido actualmente, en contra de toda la estructura
eclesiástica, religiosa y contaminada que devora a las personas. Ciegos, guías de ciegos que
crucificaron al Señor. La verdadera libertad que encuentras al conocer a Jesús y el Nuevo
Pacto, indudablemente, no es conveniente para la religión establecida.

Cristo nos hizo libres. No te hagas esclavo de ningún sistema, ni de ninguna persona. Sal de
la esclavitud, empieza a caminar de la mano de Cristo, sujeto a Él, y déjate guiar por el
Espíritu. Tú eres el único responsable de tu vida. Entra en el Nuevo Pacto por la Sangre de
Cristo y toma todas las bendiciones que Él nos dio. Eso es suficiente. No te dejes engañar
nunca más.

“Conoceréis la verdad (Jesús y su Obra en la Cruz), y la verdad os hará


libres”.
Juan 8:32

En la cima de la montaña fuiste clavado en la cruz, juntamente con Cristo y acabas de


resucitar. ¿Qué más queda? Entremos al próximo capítulo.

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CAPITULO 10
LA VISIÓN REVELADA

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las
cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Efesios. 2:10

Durante esta nuestra travesía, ya llegaste a conocer más del corazón de Dios. Ahora puedes
preguntarle: ¿Qué es lo que deseas para mí, Señor? Ya te conozco, sé que me amas, que lo
hiciste todo por Tu gran amor por mí. Soy libre, Señor, y quiero volar. El Señor se
complace mucho por tu conversión genuina. Entendiste Su plan, la Cruz, el Nuevo Pacto y,
sobre todo, ahora sabes personalmente cómo y quién es Él. En este punto, Él quiere
hablarte a ti y tú podrás escuchar. Él entregará la visión en tu corazón.

Qué es la Visión

La visión es el inicio para llegar al fin. Nadie puede llegar a un lugar específico si primero
no sabe a dónde irá. En una carrera de autos todos los que compiten tiene que saber dónde
es el fin, la meta. Sería imposible ordenar la partida sin dar a conocer el punto de llegada.
Así mismo, necesitamos tener la visión de nuestras vidas para saber por dónde ir. En el
contexto espiritual, visión es ver por los ojos de Dios. Recibimos visión cuando
entendemos qué es lo que Él está viendo para nosotros. Significa que conocemos hacia
donde apunta la brújula del Señor para nuestras vidas. Es tan grande que solamente la
podemos alcanzar por medio de la intervención divina. Nos demanda una dependencia total
de Dios.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

La Necesidad de Conocer el Propósito

El anhelo mayor del hombre es saber quién es, de dónde viene y a dónde va; cuál es su
propósito en la vida, su raison d’etre (razón de ser). En las Escrituras descubrimos el plan
de Dios para la humanidad. Luego, a través de la fe en la Obra de Cristo en la Cruz,
nacimos de nuevo y nos convertimos en hijos de Dios. En ese momento es respondida la
pregunta: ¿Quién soy? Eres un hijo de Dios. Asimismo, comenzamos a encontrar cuál es
nuestro propósito general: “Manifestar la Gloria de Dios en la tierra”. Pero, aún queda sin
respuesta cuál es nuestro propósito específico. ¿Qué es lo que Dios quiere que haga yo,
individualmente? Jesús nos abrió el ingreso al Lugar Santísimo, donde podemos hacer estas
preguntas personales al Padre. Él es el más interesado en revelarnos el propósito específico
para nuestras vidas.

Cuando una persona, por medio de una relación personal con Dios, recibe revelación sobre
la visión para su vida ha encontrado su raison d’etre. Este propósito le da sentido a su
existencia. Por ello, la visión es la “raison d’etre”. Ya sabe para qué ha sido creada, a
dónde tiene que ir y qué tiene que hacer. Esto le da poder, el poder de la visión.

¿Cuál es entonces el propósito de Dios para cada uno de nosotros, sus hijos?

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a
los que conforme a Su propósito son llamados…para que fuesen hechos conformes
a la imagen de su hijo”.
Romanos 8:28-29

Profecía

Veamos que es profecía:

Profecía: Del gr. chazown = Visión (en estado estático), oráculo, comunicación divina.

“Sin profecía el pueblo se desenfrena”.


Proverbios 29:18

“Sin visión el pueblo perece”.


Proverbios 29:18

La razón por la que el pueblo de Dios está perdido es porque no tiene visión, está ciego. Las
pocas iglesias que tiene una visión la colocan en una pared visible, al ingreso del edificio.
Todos los asistentes deben conocer y memorizar cuál es esa visión. No es la manera de
infundir una visión en las personas. Es la forma en la que el mundo lo hace. Una vez más,
copiamos algo del ámbito natural e intentamos utilizarlo en el ámbito espiritual, como si la
Iglesia fuera una empresa. Eso hace la religión. La visión de Dios funciona de otra manera.

“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los
profetas”.
Amos 3:7

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Dios no hace nada sin antes revelarlo a sus siervos (hijos) los profetas. Dios no hará nada
sin antes haber dado La Visión, Su visión.

“Y en los postreros días, dice Dios,


Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”
Joel 2:28-29, Hechos 2: 17-18

Estamos viviendo los postreros días. El Espíritu está siendo derramado sobre toda carne.
Todos profetizarán, verán visiones y soñarán sueños. Esta manifestación de la revelación de
Dios es para todos y cada uno de sus hijos. Todos conocerán por el Espíritu la Visión del
Señor. No necesitará colgarse en la puerta de una iglesia ni transmitirla a través de cursos
de capacitación y seminarios para la formación de obreros y lideres conforme a los
programas y planes personales de los “lideres”, ancianos (obispos), o pastores “superiores”.
El Señor la escribe en el corazón de cada uno de sus hijos. Él habla y muestra la visión a
cada uno, individualmente. Esta revelación individual une a la Iglesia del Señor Jesucristo,
porque es la misma en la Unidad del Espíritu Santo. Todos la recibimos, y en consecuencia,
caminamos en la misma Visión.

No olvidemos que somos UNA sola Iglesia, no las miles que hoy existen. Lo único que nos
separa es el territorio, es decir, el lugar donde se encuentra una u otra parte de la Iglesia. La
Iglesia es la misma en Bolivia y en Tanganica. Una parte se encuentra en América del Sur y
la otra en África. Esta separación territorial sucede por ciudades, pueblos, etc. Aún así,
continúa siendo la misma Iglesia. Esta Iglesia es espiritual, no necesita otro nombre pues
manifiesta el Nombre sobre todo nombre, el de Su Rey, Jesucristo.

Abraham y La Visión

Un día cualquiera, Abraham se encontraba en su carpa, imagino que echado en su cama, tal
vez molesto por la frustración de no haber tenido descendencia e intentando resolver
algunos problemas. De pronto, Dios se le aparece en visión y le dice:

“No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”.


Génesis 15:1

Imagino a Abram enojado, preguntándole a Dios:

“Señor, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi
casa es ese damasceno Eliezer?”
Génesis 15:2

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Y comienza con la queja:

“Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido
en mi casa”.
Génesis 15:3

El Señor, muy paciente, amable y lleno de amor, como es Él, responde:

“No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará”.


Génesis 15:4

Imaginemos a Abram en esta situación. Recostado aún, observa alrededor suyo, dentro la
carpa. Lo único que puede ver es la carpa que lo rodea (su situación natural): Carpa arriba
(sus pagos mensuales), carpa a la izquierda (los problemas con su esposa), carpa al lado
derecho (sus problemas de salud), carpa enfrente de él (las demandas de la iglesia). Toda su
vida pasa delante de sus ojos. No puede ver nada más que fracaso, condenación, desaliento,
frustración, y un futuro oscuro. Su pastor lo alentó a “ensanchar su carpa.” Después de
ensancharla, sigue viendo la carpa alrededor de él. Entonces, Dios se acerca y tomándolo de
la mano lo lleva afuera…

“Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las
puedes contar”.
Génesis 15:5

Es de noche, Abram sale, levanta la cabeza y mira al cielo. Maravillado, contempla las
estrellas y trata de contarlas, pero no puede. Se da cuenta que son incontables y su vista se
pierde en el infinito. Nuevamente, escucha la voz de Dios diciéndole:

“Así será tu descendencia”.


Génesis 15:5

En ese momento, fuera de su realidad temporal, ve la fidelidad de lo eterno, lo sobrenatural,


lo celestial. Entra al corazón de Dios, entiende la visión. Y cree a Dios.

El Propósito Eterno de Dios – Su Visión

La Voluntad de Dios se manifestó desde el inicio de la creación. Todo fue hecho según el
designio de Su voluntad. Él extendió los cielos sin el consejo de ningún otro ser. Todo fue
creado según Su beneplácito. Su voluntad es perfecta y trae bendición con ella. Adán y Eva,
en el Huerto del Edén, fueron comisionados sorprendentemente. Dios les dijo algo como:
“Los amo tanto que quiero compartir con ustedes el mundo entero. Adminístrenlo según mi
voluntad. Tienen todo el poder para hacerlo”. De la manera como el padre entregó toda la
heredad al hijo pródigo, así, el Señor entregó el planeta a nuestros padres Adán y Eva,
bendiciéndoles.

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“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y


sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las
bestias que se mueven sobre la tierra”.
Génesis 1:28

Entonces, los encargados del mundo fueron Adán y Eva y toda su descendencia. Ellos
llenarían la tierra y la administrarían sabiamente, sujetos a la voluntad de Dios. Adán
trabajaba en el Huerto, sin transpirar por la fatiga. No era necesario el sudor de su frente
porque en la voluntad de Dios todo se hace en reposo.

Esta historia es un paralelo con la Gran Comisión del Señor para nosotros. El Señor nos
trajo de vuelta al Huerto del Edén, a través de la redención. Nos entregó nuevamente el
mundo. Nos rescató a fin que nosotros continuemos con lo que, inicialmente, fue Su plan.

Él nos creó por una razón y con un propósito:

La razón: ¿Por qué Dios nos creó?

Porque, por amor, Dios quiso compartir Su gloria con el hombre.

El propósito: ¿Para qué Dios nos creó?

Para que manifestemos su gloria.

Su Visión: Llenar la Tierra de Su Gloria.

Gloria: Del heb. Kabowd = Honor, riquezas, esplendor, dignidad, reputación.

Su gloria (honor, riquezas, esplendor, dignidad, reputación) es Su carácter, Su forma de ser.


Lo que Él es en esencia, todo aquello que Él posee como Dios. Significa que Dios quiere
que Su carácter, Su forma de ser, Su esencia, sean conocidos en toda la tierra.

“Bendito su nombre glorioso para siempre, toda la tierra sea llena de su gloria”.
Salmos 72:19

“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las
aguas cubren el mar”.
Habacuc 2:14

Dios Nos Mostró Su gloria en Jesús.

Jesús es el resplandor de Su gloria. Es la gloria misma del Padre

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los
padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien
constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo

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el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta


todas las cosas con la palabra de su poder”.
Hebreos 1:1-3

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.
Juan 1:1

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria
como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.
Juan 1:14
“Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas
sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria”.
Isaías 60:2

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que
resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria
de Dios en la faz de Jesucristo”.
2 Corintios 4:6

La Manifestación Gloriosa de Sus Hijos en la Creación.

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los


hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia
voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la
creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa
de los hijos de Dios”.
Romanos 8:19-21

Dios quiere que Su Carácter se manifieste en la creación por medio de Sus hijos.
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Señor ha nacido
sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones;
mas sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las
naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor
y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus
hijas serán llevadas en brazos. Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y
ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las
riquezas de las naciones hayan venido a ti. Multitud de camellos te cubrirá;
dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e
incienso, y publicarán alabanzas del Señor. Todo el ganado de Cedar será juntado
para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi
altar, y glorificaré la casa de mi gloria. ¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes,
y como palomas a sus ventanas? Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las
naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro
con ellos, al nombre del Señor tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado. Y
extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te

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castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia. Tus puertas estarán


de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas
las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes. Porque la nación o el
reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado. La gloria del Líbano
vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi
santuario; y yo honraré el lugar de mis pies. Y vendrán a ti humillados los hijos de
los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te
escarnecían, y te llamarán Ciudad del Señor, Sion del Santo de Israel. En vez de
estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una
gloria eterna, el gozo de todos los siglos. Y mamarás la leche de las naciones, el
pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo el Señor soy el Salvador tuyo y
Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob. En vez de bronce traeré oro, y por hierro plata,
y por madera bronce, y en lugar de piedras hierro; y pondré paz por tu tributo, y
justicia por tus opresores. Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni
quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus
puertas Alabanza. El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de
la luna te alumbrará, sino que el Señor te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por
tu gloria. No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque el señor te será
por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados. Y tu pueblo, todos ellos serán
justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis
manos, para glorificarme. El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte.
Yo el Señor, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto”.
Isaías 60:1-22

Este pasaje muestra al pueblo espiritual de Dios manifestando Su gloria. Es su Iglesia, no


una estructura, edificios, ni una ciudad. Es una nación de hombres y mujeres nacidos de
nuevo. Nosotros somos la casa y la ciudad mencionadas.

Cuando Jesús vino a la tierra y, luego, envió Su Espíritu, estableció Su Reino. Él dejó a Su
pueblo la misión de manifestarlo, haciendo Su voluntad.

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros
somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el
mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí
me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy,
también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me
has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha
conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste”.
Juan 17:22-25

La responsabilidad descansa en nosotros, Su Cuerpo, quienes debemos manifestar a


Jesucristo en la Tierra. Él es quien dirige todo y nosotros debemos obedecer. Él es la
Cabeza y nosotros el Cuerpo. Ninguna autoridad, eclesiástica o civil, puede estar sobre
nosotros, ya que nosotros somos Su Cuerpo y no hay autoridad que no haya sido puesta
sino por Dios. Trabajamos para Él, no para el cuerpo, ni para un miembro, ni para el
mundo. Obedecemos lo que la Cabeza (Jesús) ordena y hacemos Su voluntad.

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El medio por el cual Dios manifiesta Su voluntad, Su gloria y Su reino en la tierra es la


Iglesia. Sin embargo, Él decidió limitarse a no hacer nada, sino por medio de Su iglesia. Él
no hará nada más de lo que Su Iglesia haga. No avanza más rápido de lo que avanza Su
Iglesia. Dios no puede salirse de Su cuerpo y hacer algo fuera de él. Dios nos necesita para
hacer Su voluntad. Por eso, si nosotros nos alineamos a Su Voluntad, podemos manifestar
la Gloria de Dios y Su Reino.

La Voluntad de Dios queda truncada si nuestra voluntad no se sujeta a la de Él. Nosotros


somos el medio, el Cuerpo por el cual Él se manifiesta en este planeta. No puede entrar por
otro medio que no sea la Iglesia. Cualquier otra puerta es ilegal. Muchos creen y enseñan
que Dios puede hacer lo que quiera. La verdad es que Dios quiere hacer muchas cosas, pero
nosotros mismos estorbamos o no dejamos que las haga. Se lo impedimos muchas veces al
quedarnos como cuerpos inertes, inmóviles o haciendo cosas que Él no ordenó. No importa
si lo que hagamos sea bueno, si estamos fuera de Su voluntad, sólo manifestamos la gloria
del hombre y la corrupción de Satanás.

Hacer la Voluntad del Padre nos permitirá ver cambios en la tierra que marquen la
Eternidad. Veremos la Voluntad de Dios manifestándose en cada persona, familia, pueblo y
nación. Los hijos de Dios se manifestarán y la tierra será inundada de la Gloria de Dios
(Sus características). Veremos familias en paz y los seres humanos amándose. No habrá
guerras ni odio y no habrá muerte. Esta manifestación depende totalmente de nosotros y
NO de Dios. Debemos hacer lo que hizo nuestro Señor Jesucristo, la Voluntad del Padre, no
la nuestra.

Aquí es respondida esa pregunta que tanta gente nos hace y que respondemos tan a menudo
con ideas sueltas, descoordinadas y hasta ridículas. “¿Por que dicen que Dios existe y que
es bueno si el mundo está lleno de pobreza, guerras, genocidios, desgracia, hambre y
maldad?”. La respuesta se encuentra en mucho de lo que ya hemos hablado hasta aquí, pero
el resumen es el siguiente: Dios nos ama tanto que nos hizo semejantes a Él. Una cualidad
de su persona que tenemos es el poder de decisión, el tan conocido “libre albedrío”. Esto lo
hizo para que no seamos simples robots o títeres sin voluntad, que nos movemos como
máquinas programadas. Él decidió dejarnos elegir que queremos ser y hacer (y ya hemos
entendido que también nos habla para explicarnos que quisiera Él que hagamos) y nos hizo
administradores del mundo. Por lo tanto, nos dejó un poder (como en el término jurídico) y
lo único que hicimos nosotros es administrar el mundo conforme a nuestro criterio sin
tomar en cuenta su guía, o sea, pésimamente. De manera que hoy tenemos pobreza, guerras,
hambre, contaminación, genocidios, etc., porque NOSOTROS hemos llevado al mundo
hacia estas cosas.

Claro, es muy fácil echarle toda la culpa a Dios y preguntar “¿Si él es Dios y es
todopoderoso, por que no lo arregla todo?” Esta es la pregunta que inevitablemente le sigue
a la anterior, y la respuesta es igual de simple. Si Dios hiciera esto, estaría violando dos
principios. Primeramente, estaría yendo en contra del poder que nos dio en un principio. Y,
por si eso fuera poco, le estaría quitando a la humanidad su individualidad (libertad). De
una u otra manera tendría que mover personas y situaciones, en contra de los deseos de los
mismos individuos, para poder arreglar todo lo que está arruinado. En un instante, Dios se
habría vuelto inconsistente, tirano y manipulador. Esto no va con su Carácter y su

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Perfección. Él, más bien, con toda caballerosidad, hizo todo legalmente: enviar a Su Hijo, a
Sí mismo (su Palabra encarnada) a que nazca de una madre terrenal y así entrar al mundo
legalmente, luego crecer y morir injustamente, etc., para darnos una nueva
OPORTUNIDAD de relacionarnos con Él. Y si tan sólo utilizamos esta relación, que Él
vino a restaurar, para escuchar su guía por medio de su Espíritu Santo, de una manera
mucho más simple, se solucionarían todos los problemas del mundo. Si no fuese así, Dios
tendría que actuar en contra de su Carácter, y nosotros volvernos robots programados.

La Verdadera Iglesia

La Verdadera Iglesia no es una estructura ni un orden de autoridades. No es una religión.


La Iglesia la conforman aquellos hombres, mujeres y niños que nacieron de nuevo y son
guiados por Su Espíritu Santo. Tienen la ley escrita en sus corazones y no en piedra. Son
aquellos que se sujetan, horizontalmente, unos a otros por amor. Se reúnen en cualquier
lugar y a cualquier hora. Caminan escuchando el consejo del Espíritu. El centro de sus
vidas es Cristo. No dependen de ningún gobierno terrenal, sino del Reino de los Cielos. No
se ajustan al pensamiento del mundo porque tienen la Mente de Cristo. Viven en el mundo
pero no son del mundo. Su dinero es administrado según la voluntad de Dios y comprenden
que no es de ellos. No le dan a la estructura eclesiástica el diez por ciento de sus ingresos,
le dan a Dios el cien por ciento. Es difícil distinguirlos por su apariencia, pero su ser
interior se manifiesta continuamente y se ve a Jesús en ellos. No son moralistas, son
espirituales. No actúan de acuerdo al sistema, actúan de acuerdo a la voluntad de Dios y la
guía del Espíritu. Viven en Victoria. Sus obras no son carnales. No están buscando ganar
puntos con Dios y sorprenderlo con sus buenas actitudes y méritos. Sus obras son
espirituales, poco visibles al ojo natural, pero visibles en el ámbito eterno. Caminan por fe,
no por vista, porque viven parados sobre la Obra de la cruz de Cristo, no sobre las obras de
los hombres. Sus ojos no están puestos en los líderes de las neo-iglesias, sectas,
instituciones o denominaciones.

Tienen los ojos puestos en El Pastor, autor y consumador de la fe, Jesús. No les preocupa
los tiempos venideros porque saben que su futuro está seguro. Son conquistadores. No le
temen a Satanás porque saben que está vencido. Ninguna maldición puede tocar sus vidas
porque su fe se encuentra centrada en la Cruz, donde Jesús los bendijo y les quitó toda
maldición. No buscan riquezas terrenales, pero las usan para lo que Dios quiere. No cantan
canciones para agradar a Dios con sus voces, sus melodías o sus letras. Le alaban con sus
vidas y le adoran, rindiéndose a Su voluntad. No forman ni dependen de partidos políticos,
sistemas de gobierno de derecha, centro o izquierda porque saben que el único gobierno
infalible es el Gobierno de Dios. Saben que Su Reino es el único que puede transformar
verdaderamente a las naciones.

Esas son algunas de las características de Su iglesia. ¡Qué difícil es encontrarlas hoy!

La Iglesia Portadora de la Visión

El gran problema de hoy es que la iglesia establecida no puede cumplir su misión porque no
manifiesta la gloria de Dios. Ha perdido la vista, la visión. Está ciega a la visión de Dios y
como consecuencia, inventó su propia visión. Corre con sus propios proyectos, sus propios

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programas, sus propias revelaciones. No ve por los ojos de Dios, ve por los suyos. Tiene
todo fríamente calculado, así que no necesita de Jesús para ser guiada. Todo está
establecido en sus manuales y experiencias, no necesita depender de Dios. Menciona el
nombre de Jesús para hacer lo que quiere y ora para que le vaya bien con sus planes.

La Iglesia verdadera es la portadora de la Visión de Dios. Tenemos que tomar esta visión,
escribirla en tablas de corazones, correr con ella y llenar la tierra de la Gloria de Dios.

Una Gran Flota de Barcos

Tomemos un ejemplo para darnos mayor cuenta del lugar donde nos encontramos como
iglesia:

“La iglesia de hoy es una gran flota de barcos que navegan, sin rumbo, en el mar. Ninguno
de ellos sabe a dónde va. Pero lo que, en realidad, les importa no es a dónde van, sino el
hecho de, simplemente, ir. Desean estar en acción, moviéndose, manteniendo a la gente
ocupada. Los jóvenes deben estar ocupados, haciendo algo, moviéndose. Hay que crecer,
hay que avanzar, no importa dónde, pero hay que navegar. Así es la iglesia de hoy, una
iglesia que perece, sin visión.

La iglesia está tan extraviada que si un pequeño barco observa a un barco grande,
avanzando con miles de personas y con una cantidad de actividades que atraen pasajeros,
comienza a copiarlo. Su visión es convertirse en un barco tan inmenso como el que acaba
de ver. Anhela llevar mucha gente, ser visto y conocido. Sin embargo, lo lamentable es que
ese barco grande, hermoso y lleno de gente, tampoco sabe a dónde va. Muestran sus
admirables logros y grandes adquisiciones. Los barcos grandes miran con desprecio a los
pequeños. Los pequeños miran con celos a los grandes. Los pasajeros van pasando de uno a
otro barco, según su conveniencia. En un intento por no perder sus pasajeros, cada barco
crea su membrecía, sus pasaportes. Les colocan camisetas como identificación y los
manipulan para jurar lealtad. Así, comienza la lucha de titanes: Los barcos se dividen,
pelean entre ellos y naufragan en el mar. No les importa a dónde van, sino conseguir
muchos pasajeros y mantenerlos en su barco. Sus pasajeros deben pagar sus pasajes y dar
su dinero para construir un barco más grande y que no falte música. Por supuesto, todo con
la buena intención de incrementar su tamaño y atraer más pasajeros. Navegan sin detenerse,
pero ¿A dónde? No lo saben, pero hay que ir. El capitán debe tener un estándar de vida
superior a los demás porque es quien guía el barco, la autoridad máxima. Él gasta toda su
energía y esfuerzo para que el barco avance, para que consiga mayor cantidad de pasajeros
y sea más llamativo. Cuando pasa al lado de los barcos pequeños, el capitán los mira con
desprecio, diciendo: “Pobrecitos, no tienen unción”, “Dios no los bendice”, “Están tomando
un rumbo equivocado” o “No tienen visión”, siendo que ellos cayeron en la misma trampa
y engaño de Satanás: cambiar la Visión de Dios por su visión.

Cuando el capitán de alguno de los barcos grandes muere o es descubierto alguno de sus
fraudes o engaños, todos saltan del barco. Algunos naufragan en el mar y a otros los salvan
otros barcos. Allí, los consuelan con razonamientos condenatorios, como: “Así son los
grandes barcos”, “El capitán no tenía alguien a quien sujetarse”, “No estaba orando”, “Es
mejor un barco pequeño” o “Aquí no se cometen esos errores”.

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Lejos, en el horizonte, en dirección contraria, navega un barco solitario. Es un modelo


casero. Cada una de sus partes está conformado por personas. Su capitán no es visible a los
ojos humanos. Él vive en el barco. Todos los días comparte su alimento y su corazón con la
tripulación. Cena con ellos. Para esta tripulación, el domingo es un día cualquiera: No se
visten ostentosamente ni realizan fuegos artificiales para llamar la atención. Nadie paga
pasajes para navegar en este barco. Todos se ayudan entre sí y ponen sus vidas enteras para
avanzar hacia su destino. Ellos saben a dónde van. Su capitán es el mejor que haya existido.
Mantienen la brújula apuntando al lugar donde deben llegar. No se distraen con las islas de
“oportunidades” que encuentran en el mar. Tienen una misión y metas trazadas por su
Capitán invisible. Sus decisiones son acertadas porque saben a dónde van. Todos conocen y
obedecen la voz de su Capitán. Los otros barcos, cuando los ven pasar, les tiran basura.
Intentan apartarlos de su camino, los miran con desprecio y se burlan de ellos.

El Capitán NO pone en disciplina a sus tripulantes, ni los avergüenza y humilla


públicamente. No los castiga, ni los echa al mar cuando cometen un error. Al contrario, los
corrige con amor. Sabe que son hombres y mujeres falibles. Nunca les exige su dinero. Por
el contrario, les enseña cómo usarlo de la mejor manera, a fin de llegar a su destino. El
barco siempre tiene espacio, no necesitan comprar o construir otro. Salvan a los
sobrevivientes fondeados de otras embarcaciones, sin preguntar el motivo. Recogen a todas
las personas que el Capitán pide y paran en el puerto donde el Capitán ordena. No le temen
a la tempestad ni a la noche porque su Capitán les prometió que llegarían a su destino y
ellos le creen. No necesitan pasaporte, ni carta de recomendación. No necesitan membrecía,
así que pueden desembarcar en cualquier lugar que deseen. Viajan en este barco por su
propia voluntad.

La Visión Para Tu Vida

El anhelo por la visión es el anhelo por conocer la voluntad de Dios para tu vida.
Lamentablemente, la mayor parte de las visiones nacen en el corazón del hombre y no en el
corazón de Dios. La visión para tu vida, la visión específica para ti, se encuentra escondida
en el corazón de Dios. Solamente si entras en Su Corazón conocerás la visión. Por eso,
conocer el corazón del Padre es determinante para poder hacer Su voluntad. Él te indicará
cuál es la visión que tiene específicamente para tí. Ese es tu llamado, no el cargo que los
pastores o líderes te otorguen al imponer las manos o las funciones y servicios que te
asignen según su criterio personal sin conocer la Voluntad de Dios para tu Vida. Estamos
acostumbrados a escuchar la voz del alma, pero no la palabra profética, la palabra que sale
del corazón de Dios, Su visión.

Obstáculos Para Alcanzar la Visión

Mencioné los obstáculos más grandes para poder recibir la visión en los capítulos
anteriores. No obstante, con el fin de resumir los más importantes, los enlistamos a
continuación:

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La tradición: No se trata simplemente de la tradición de nuestra cultura o la de nuestros


padres. Nos referimos a las actividades a las que te acostumbraste como colono. Es tu zona
de comodidad, el lugar donde te encuentras seguro. Tradición es recibir y hacer lo mismo
una y otra vez sin discernimiento ni entendimiento, repitiendo lo que otros hicieron o
dijeron en el pasado, hayan estado correctos o aún equivocados. El Señor quiere que
estemos siempre dispuestos a movernos. No quiere que nos mantengamos en un lugar de
tradición. Reconocemos las áreas de tradiciones cuando nos oímos a nosotros mismos
decir: “Así siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo”. La tradición hará imposible que
entiendas la Visión y la recibas con exactitud.

La religión: No es simplemente un obstáculo. Es una total desviación de la Visión.


Religión es ser y tratar de hacer obras y actividades con el propósito de “alcanzar y
agradar” a Dios. Mientras te encuentres sujeto a la religión, tendrás que hacer todo lo que
te demanda, excepto aquello que el Señor ordena. La visión de Dios continuará guardada en
Su corazón y será tu propia visión la que vaya operando en tu vida.

Legalismo: Es vivir por obras de la ley, bajo el Antiguo Pacto y no por la Gracia de Dios
que es en Cristo.

Paradigmas: Tu forma de pensar puede convertirse en una barrera impenetrable si no la


renuevas constantemente (Romanos 12:2).

Orgullo: Si llegas a la conclusión que tu visión parece ser la mejor y no escuchas a Dios y
ni ves lo que Él ve, será imposible que seas capaz de recibir la que Él tiene para ti.

Falta de fe: Cuando no tenemos fe, usamos nuestras propias fuerzas y recursos así como
Abraham (Génesis 16:15).

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios”


Hebreos 11:6

“¿Hallará fe en la tierra?”.
Lucas 18:8b

La falta de visión nos paraliza, nos estanca y nos enceguece por completo a la Luz de Dios.
Nunca permitas que esto te ocurra.

Beneficios de la visión

La visión delinea el propósito, los objetivos, las metas, la misión y las estrategias.

Cuando recibes la visión de Dios y la haces tuya completamente, se convierte en la razón


de tu vida. Ella te impulsa a que comiences a caminar. Te da el poder de solucionar
problemas. Verás tus problemas pequeños al lado de la visión y la tarea que debes cumplir.
Tendrás un sentido verdadero de destino. Ya no vagarás por la vida. Sabrás a dónde vas.

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Otros que también se encuentren dentro de la visión se unirán a ti, sin esfuerzo alguno. La
gente sentirá la pasión por lo que Dios te encomendó, brotando por tus poros. Tu fuerza se
incrementará y el cansancio será cada vez menor. Te asombrará la facilidad con la que
podrás tomar decisiones. Por ejemplo, si sabes que tienes que ir a España, tu misión para
cumplir uno de los pasos de la visión, y alguien te ofrece un pasaje para Rusia, NO lo
aceptarás, por ningún motivo. Posiblemente preguntarías: “¿Es posible cambiar ese pasaje
por uno a España? Porque ahí es donde debo ir”. O, posiblemente, sugieras otra solución
como: “¿Puedo tomar el pasaje y venderlo? Necesito ese dinero para ir a España. Ahí es
donde debo ir”. La visión te dará un sentido de dirección, como nada más lo haría. Nunca
será difícil tomar decisiones y, cuando tengas dudas, tendrás la guía del Espíritu. Lo más
maravilloso es dejar de seguir a los hombres y seguir al Padre. Seguimos Su deseo, Su
visión para nuestras vidas y tenemos la clara guía del Espíritu.

Recibiendo la Visión

Cuando Dios habla y escuchamos de Sus labios, necesitamos comprender adecuadamente la


palabra y tener inteligencia en la visión. Daniel demostró esa característica cuando se le
reveló la palabra de Dios, la visión.

“En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado
Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la
palabra, y tuvo inteligencia en la visión”.
Daniel 10:1

Habacuc es otro buen ejemplo de cómo proceder cuando escuchamos palabra de Dios
acerca de la visión.

Habacuc se encontraba atento, velando. Estaba firme, en la brecha, esperando una


respuesta:

“Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo
que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja”.
Habacuc 2:1

El Señor responde:
“Y el Señor me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que
corra el que leyere en ella”.
Habacuc 2:2

Escribe la visión:
La visión debe transferirse del corazón de Dios a nuestros corazones. Ese es el lugar donde
Dios la escribe. Entonces, nuestros corazones se alinearán conforme al corazón de Dios.

Declárala en tablas:
Las tablas son sombra de las cartas que ahora son vivas. Las tablas son personas, las “cartas
vivas”.

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“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas


por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por
nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de
piedra, sino en tablas de carne del corazón”.
2 Corintios 3:2-3

Que corra el que leyere en ella:


Nuestra vida debe mostrar a Cristo y la visión que nos ha dado, de tal manera que la gente
pueda leer en nosotros e ingresar a la visión.

“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no
mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.
Habacuc 2:3

Tenemos que tener mucha paciencia y fe. La visión que Dios te dio se cumplirá. No
decaigas, no te afanes, no te desesperes: Muchas veces parece tardar, pero llega. Fiel es el
que prometió.

“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”.


1 Tesalonicenses 5:24

“…el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.
Filipenses 1:6

El Propósito Vence la Muerte

La visión nos da un propósito tan poderoso que vencemos la muerte. Significa que cuando
encontramos la razón de ser de nuestras vidas, nada, ni aun la muerte, nos detiene. Por el
contrario, cuando NO tenemos una razón de ser o ésta se desvanece, la muerte es nuestra
compañera. No hay razón para vivir. Es en este punto de la vida donde comenzamos a
buscar algo a que aferrarnos, un propósito cualquiera. Usamos nuestras vidas para todo,
menos para lo que fue creada. Esto es un despropósito. Unos buscan escapar de esa realidad
a través de las drogas, otros por la adquisición de bienes materiales, placeres
descontrolados, éxitos profesionales, financieros, etc. No encontramos la felicidad de
caminar hacia una meta clara y firme, así que terminamos con vidas deprimidas, acabadas,
destruidas, que abrazan la muerte. Busquemos nuestra visión personal en el corazón del
Padre y vivamos vidas con verdadero propósito.

Quien NO tiene visión es ciego. Tú ahora la tienes. Estás a punto de despegar de la


montaña, hacia el lugar de tu visión. Solamente necesitas fe. Pero no una fe como la que
aprendiste en la iglesia. Necesitas la fe que funciona, la fe que hace posible lo imposible.

“Para que vuestra fe no esté fundada en la Sabiduría de los hombres, sino en el


Poder de Dios”.
1 Corintios 2:5

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CAPITULO 11
LAS ALAS DE LA FE

Este es el momento de pasar de la cima de la montaña a vivir en el cielo. Te transportarás a


las alturas más insospechadas y verás todo desde una perspectiva aérea. Todo será muy
diferente a tu experiencia pasada. Sólo te faltan “las alas de la fe” para levantar vuelo hacia
las alturas y vivir en el cielo. Aquí, la dependencia de Dios debe ser completa. No puedes
volar si no confías plenamente en Él.

"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia;


reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas."
Proverbios 3:5-6

La dependencia de Dios NO quiere decir que tomes asiento a esperar que Dios lo haga
todo, como nos enseñaron en la iglesia. Mas bien, significa que debemos depender
totalmente de Él, no de nuestra prudencia o capacidad.

Los primeros pasos son de preparación. El Espíritu te convencerá de tus debilidades y


mostrará tus fortalezas. Ajustará donde sea necesario. Él te hará apto para caminar en Su
voluntad.

“Dios nos haga aptos para hacer su voluntad”.


Hebreos 13:20-21

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Déjate guiar, no le pongas resistencia. Sométete a Él antes que a cualquier hombre. Él no


falla, no te avergüenza, no te traiciona. Él es fiel.

“Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes


que a los hombres”.
Hechos 5:29

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está
escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.
Romanos 1:17
La justicia de Dios es Su voluntad. No hay nada más justo que Su voluntad. La justicia de
Dios es mejor que hacer el bien. Esta justicia se revela por fe. Entonces, nosotros, los que
hemos sido hechos justos (perfectos, santos) sólo podemos caminar por fe.

La iglesia no entiende qué es la fe. Algunos la guardan en un rincón, como un objeto que no
sirve. Otros, la tergiversan, hasta llegar a pensar que la fe es una “mentalidad positiva” o un
empecinamiento en conseguir algo por la “proclamación” repetitiva y positiva “decretando”
algo.

Bien, llegó la hora de colocarte las alas de la fe que sustenten tu vuelo, la verdadera fe.

¿Es mejor obedecer o creer?

“… la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.


Hebreos 12:14

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios…”


Hebreos 11:6

Algunas personas sienten que responder a la pregunta ¿Es mejor obedecer o creer? es como
intentar responder esta otra: ¿Cuál fue primero, el huevo o la gallina? En este caso,
sencillamente respondemos ¡Creer! Por ejemplo, se convierte en una tarea imposible ser
santo si uno no cree en el Sacrificio de la Cruz. La fe es la base para poder hacer algo que
agrade a Dios. “Sin fe es imposible agradar a Dios.” Sin fe es imposible ser santo y sin
santidad no se puede ingresar a la presencia de Dios. La buena noticia es que no
necesitamos tener un “buen comportamiento” para ser santos; ya lo somos en Cristo. Lo
único que necesitamos es creer que Cristo pagó con Su vida para situarnos en la posición
legal de santidad y empezar a caminar en ella. Esta verdad sobre la cual decidimos vivir nos
permite ver a Dios guiándonos y obrando, a cada instante de nuestras vidas.

La santidad no produce fe pero la fe produce santidad. No se puede entender la fe con


nuestra mente humana. Necesitamos una revelación sobrenatural. Necesitamos vivir en el
espíritu y permitir que Dios obre en nosotros.

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Utilizaré algunos ejemplos que describan con mayor claridad lo que es la fe, ya que el
concepto de fe ha sido tergiversado por la iglesia.

“Sin embargo, la fe sin obras (obediencia) es muerta”


Santiago 2:17

“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios y el prestar atención que la


grosura de los carneros”.
1 Samuel 15:22b

Hombres y Mujeres de Fe

Abraham es un buen ejemplo de lo que es FE. En Romanos 4:11, él es llamado el “Padre de


todos los creyentes”. Muchos le dan el título de “padre de la fe”. No significa que Abraham
haya sido el hombre más lleno de fe, como para colocarlo en un pedestal, como si nosotros
no pudiéramos llegar a tener esa misma fe. Pablo quiso decir que Abraham fue el primero
en creer al Dios de la gracia, aún estando incircunciso.

Los hombres y mujeres de la fe no fueron tan “santos” como pensamos. Abraham, “el padre
de la fe”, cometió grandes errores. Hoy, la iglesia no lo recibiría con los brazos abiertos. No
sé bien cómo, pero los predicadores y líderes modernos de la iglesia ocultan con efectividad
la vida desastrosa que tuvieron los personajes bíblicos. No existe uno sólo en la lista de
hombres y mujeres de la fe del libro de Hebreos 11 que no haya sido un verdadero pecador,
como todos nosotros. Varios, aún después de haber caminado en fe, cometieron graves
errores. La lista contiene a asesinos, adúlteros, mentirosos, prostitutas, espías, etc. Parecería
confuso para muchos, hoy en día, comprender cómo Dios pudo hacer maravillas con estos
hombres y mujeres totalmente falibles. Fue precisamente que a pesar de sus pecados e
imperfecciones, le creyeron. Por ello, comprenderemos qué es la verdadera fe, a fin de salir
del engaño de las enseñanzas de hoy.

Desde la primera vez que Dios le habló a Abraham, él supo que la voz que había oído (no
por medio de la lectura de las Escrituras) y las direcciones recibidas eran de Dios. No
obstante, a medida que fueron pasando los años, la promesa parecía no cumplirse. Lo cierto
era que no se podía cumplir de acuerdo a posibilidades naturales. Sarah estaba demasiado
vieja como para concebir un bebé. Su ciclo menstrual había cesado varias décadas atrás.
Abraham, al igual que nosotros, quiso “ayudar a Dios”. No creyó en la promesa, le faltó fe.
Así que, para tener un hijo, tuvo relaciones sexuales con su concubina Agar. ¡Ups! Cometió
adulterio. Muchos lo excusan diciendo: “Pero es que era la costumbre en esos tiempos”. Sí,
pero cometió adulterio y punto. Pues esta “pequeña ayuda” ocasionó serios problemas,
tanto a Abraham como al mundo entero, hasta el día de hoy. Falló terriblemente, pero,
como se considera “el padre de la fe”, dejamos pasar por alto estos hechos y no
mencionamos su error para que las ovejas no se percaten que aún los “grandes” también
pecan y comenten grandes fallas.

En el capítulo anterior mencionamos el día que el Señor habló a Abraham en su carpa


respecto a la promesa y le mostró la visión:

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“Luego vino a él palabra del Señor, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo
tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y
cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y
creyó al Señor, y le fue contado por justicia”.
Génesis 15:4-6

¿Por qué la fe de Abraham le fue contada por justicia?

Porque la única manera de ser justificados es creyendo.

“Respondiendo Jesús les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que El ha
enviado”.
Juan 6:29

No se trata de creer en cualquier cosa o de tener un “pensamiento positivo” o afirmar algo


que no es, como si fuese. La fe se basa en la obra de Dios en nuestro favor y en las palabras
que Dios habla a nuestros oídos.

Debido a nuestro entrenamiento eclesiástico, solemos responder a cualquier pregunta de


manera dogmática. Así, cuando alguien nos pregunta ¿qué es la fe?, contestamos con el
verso, en Hebreos (aunque sin entenderlo a cabalidad):

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se


ve”.
Hebreos 11:1

Estudiaremos este verso sólo con el fin de darnos cuenta de las incongruencias que existen
en las enseñanzas de las iglesias actuales. Veamos el siguiente verso:

“Porque por ella (la fe) alcanzaron buen testimonio los antiguos”.
Hebreos 11:2

¡Es impresionante! ¡Fue por fe que los antiguos alcanzaron buen testimonio delante de Dios
y no por comportarse bien!

La Fe Viene por el Oír

Algunos cristianos piensan que si tan sólo creen que recibirán algo que desean mucho, éste
deseo se cumplirá. Eso es una locura. Aprendieron que si piden algo, creyendo, lo recibirán.
Olvidan que antes de pedir lo que quieran, debieron primero haber escuchado las
instrucciones de Dios, si es o no Su voluntad.

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (el Logos)”.
Romanos 10:17

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“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque


en ti ha confiado”.
Isaías 26:3

Indudablemente, la fe se basa en escuchar a Dios, hablándonos sobre Su voluntad. No se


trata de leer acerca de Dios. Las palabras que Dios te habla te abren los oídos. Cuando tus
oídos están abiertos, entonces la fe comienza a funcionar.

Lamentablemente, mucha gente en la iglesia no tiene oídos para oír. Sólo tiene comezón de
oír aquello que desean oír. Les encanta oír la voz de su pastor o líder ídolo. Pero, para
escuchar la voz de Dios, hay que tener los oídos espirituales bien abiertos. Si no escuchaste
la voz de Dios sobre algún asunto, no tomes acciones. Espera. Tus decisiones funcionarán
sólo cuando Él te hable y tú le creas. Como sucedió con los discípulos, sólo pudieron pasar
cuando Jesús les dijo que lo harían.

“Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo (Jesús a sus discípulos): Pasemos al
otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y
había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y
echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la
popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no
tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al

mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por
qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran
temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le
obedecen?”
Marcos. 4:35-41

Las Escrituras contienen muchos más ejemplos como este que demuestran que la fe se basa
en escuchar la voz de Dios. Jesús dijo: “pasemos al otro lado”. Indudablemente, esta orden
se cumplirá porque Él lo había dicho. Así mismo, nosotros sólo debemos creerle, sin
importar cuál sea la situación. Es sobre la palabra que Él te habló que actúas y tu fe se
manifiesta. Esa es la palabra que te da esperanza. El gozo y la paz moran en ti cuando
escuchas Su voz. Si sus discípulos hubieran creído lo que el Señor les decía, hubieran
vivido llenos de esperanza, gozo y paz, sin temor alguno. En el momento de dificultad, se
hubieran levantado, reprendiendo al viento y a la tormenta. Así, la calma hubiera llegado,
sin tener que despertar al Señor. Cuando Dios nos habla, escuchamos, le creemos y
caminamos en lo que hemos oído. Entonces, la fe funciona y nada nos detiene.

Cómo Funciona la Fe

Tomaremos algunos de los principios que el Espíritu reveló a Gary Carpenter. Ellos fueron
muy útiles para ayudarme a entender lo que es la fe.

¿Qué es la verdadera fe y cómo funciona? Veamos cada parte del verso de Hebreos 11:1.

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Dice:

“La fe es la certeza (hypostasis)”

Certeza: Del gr. Hypostasis = Aquello que tiene fundamento, aquello que verdaderamente
tiene existencia, una sustancia, un ser real.

Podríamos decir que la fe es la sustancia, aquello que verdaderamente tiene existencia,


aquello que es visible.

Luego dice:

“de lo que se espera (elpizo)”

Espera: Del gr. Elpizō = Esperanza.

Entonces, la fe es la sustancia de la esperanza.

Esta sustancia es visible cuando tenemos esperanza. No podemos tener fe si, primeramente,
no tenemos esperanza. Por un lado, esta esperanza no se refiere a la esperanza natural del
diario vivir. Esta esperanza común y corriente se expresa en comentarios como: “Espero
encontrar pronto un taxi” o “Espero tener una casa algún día”. Por otro lado, la esperanza
que produce fe es una esperanza que va mas allá de lo que podemos ver. Es la que dice: “Lo
que será es mejor de lo que fue y de lo que es”. Esta esperanza afirma: “La realidad no es lo
que veo físicamente, es lo que espero”. La realidad de lo que esperamos, comparado con lo
que vemos naturalmente, es tan grande, tan clara, tan fuerte, tan real que produce fe. Esa fe
me mueve a creer y a convertirla en sustancia. Esta es la esperanza en la cual vivo. Es mi
realidad. Es la verdad. Es lo que es en la realidad espiritual.

La fe no puede existir si antes no existe esperanza. Si estamos deprimidos, derrotados, sin


visión, sin aliento, sin confianza, es imposible que tengamos esperanza y, por consecuencia,
es imposible que tengamos fe.

La esperanza se basa en el gozo y la paz. No se puede tener esperanza si no se tiene gozo y


paz.

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis
en esperanza por el poder del Espíritu Santo”.
Romanos 15:13

Cuando estamos en tribulación, sin paz (sin buenas relaciones), sin gozo, no podemos tener
esperanza. Es en esperanza que podemos escuchar de Dios y creer. El alma necesita quietud
para desarrollar la esperanza que viene de Dios. Por medio de ella, la fe se podrá
manifestar.

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¿De dónde provienen la paz y el gozo, bases de la esperanza? ¿Cómo las obtenemos? No se
consiguen por esfuerzos propios. No se trata de mantenernos quietos, o intentando
alegrarnos. Estas cualidades se encuentran dentro de ti. El gozo y la paz provienen del
sacrificio en la Cruz. Se fundamentan en la Obra de Cristo en la Cruz, en el Nuevo Pacto,
en la gracia. El gozo y la paz se encuentran en un espíritu nuevo, en el espíritu de adopción
que clama “Abba, Padre”. Se basa en la seguridad de ser hijos de Dios, herederos suyos. Se
basa en la seguridad de tener nuestro futuro seguro porque en la cruz se pagaron todas
nuestras deudas y ahora somos libres. Este gozo y paz son las características del Espíritu
que mora en nosotros.

Solamente necesitas creer en estas verdades y saber que tu nueva naturaleza es Cristo en ti
y en ese nuevo ser, todo lo puedes (Filipenses 4:13). Ahora es momento de colocarte las
alas de la fe y volar. Haz aquello que el Señor te ordenó, sin que nadie se entrometa en tu
vida. El Único que tiene ese derecho es el Señor. El gozo y la paz, fundamentados en la
Cruz, te dan una verdadera esperanza. La esperanza de Dios en ti produce fe. Esa fe se
expresa por obras, se convierte en fe visible para el hombre natural. Esa fe sustenta la vida
del justo. Tú mostrarás las obras del espíritu, aquellas que Dios te haya ordenado hacer. El
mundo juzgará y podrán ver a Jesús en ellas. NO harás obras de la carne, las que la iglesia
te reclama o las que los hombres te ordenan hacer. Tú serás el instrumento invisible de
Dios. Sólo verán lo que Él está haciendo en esta tierra. Su voluntad se manifestará. Su
gloria llenará la tierra. Tú serás la hija o hijo que manifiesta esta gloria para que el mundo
vea a Dios. Esta es la obra de Dios en la tierra, por medio de ti. Nadie debe entrometerse en
esta relación o impedirla. Por medio de ella, Dios hace Su Voluntad en cada uno de
nosotros, como le place. Él lleva a cabo Su plan en la tierra, sin la intervención del consejo
u opiniones del hombre, pero sí a través de cada hombre que se postra ante Él. Este es el
verdadero adorador que no conoce la letra de ninguna canción, pero conoce a Cristo íntima
y personalmente. Este adorador no necesita componer melodías hermosas, porque él mismo
es una melodía para Dios, una armonía perfecta entre él y Jesucristo.

Estas alas de la fe te sustentarán cada día. Si ya las tienes, puedes levantarte y volar.

Si deseas conocer más acerca de la fe, visita nuestra página Web: www.graciaodesgracia.com

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CAPITULO 12
LA TRAVESÍA EN SU VOLUNTAD

En tu corazón ya se encuentra la visión y estás con las alas de la fe puestas. No tienes nada
que temer. Tu vuelo tiene una dirección; no vas a la ventura. Tienes un blanco, una meta, tu
supremo llamamiento.

“Así que yo de esta manera corro, no como a la ventura, de esta manera peleo no
como quien golpea al aire”.
1 Corintios 9:26

“Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,


prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.
Filipenses 3:13b-14

Las personas no tienen una visión porque no escucharon la dirección de Dios. Su vida no
tiene propósito y sólo van dando golpes al aire. Esa ceguera no sólo les costará mucho a lo
largo de la vida, sino también cuando se encuentren parados delante del Padre.

“Mas el justo por la fe vivirá”.


Romanos 1:17

Ya sabes que eres justo por la obra de la Cruz de Cristo y ya vives por fe.

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El Espíritu nos Guía

Con las alas de la fe puedes vivir en el cielo para siempre. El Espíritu Santo te acompañará
continuamente, guiándote, aconsejándote. Él será quien ponga palabras en tus labios. Se
manifestará en tu diario vivir con obras que tú solo nunca las hubieras podido hacer.

“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino,
andad por el; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la izquierda”.
Isaías 30:21

“Porque tú eres mi roca y mi castillo, por tu nombre me guiarás y me


encaminarás”.
Salmos 31:3

“Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aún
más allá de la muerte”.
Salmos 48:14

“Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad”.


Juan 16:13

El Espíritu nos Enseña y nos Recuerda

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él


os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Juan 14:26

No necesitas más prédicas ni enseñanzas rutinarias. El Espíritu es nuestro mejor maestro, Él


nos corregirá. Él nunca nos “pondrá en disciplina” ni nos humillará. Amorosamente, nos
mostrará que el cristianismo es sencillo. Toma las alas de la fe y abrázate del Consolador.
Conviértete en amigo de Jesús y entrégale tu vida para que Él haga, por medio tuyo, Su
Voluntad perfecta en este mundo.

Planifica, cada día, escuchando la guía del Espíritu Santo. Prepárate y capacítate con la
ayuda del Espíritu Santo. Él es tu maestro. Comienza la travesía, paso a paso, escuchando
la voz del Espíritu. El espíritu te dirá qué estudiar, dónde prepararte, cómo llevar a cabo el
trabajo, quiénes te ayudarán, quiénes te apoyarán, etc. Camina en la visión, viaja en ese
barco y llegarás al lugar donde Dios te ha enviado.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de
Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor,
sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba,
Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de
Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si
es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos
glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son

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comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.


Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los
hijos de Dios”.
Romanos 8:14-19

El Querer y el Hacer

Tu relación con el Espíritu determina cuál es tu alcance en la vida espiritual; cuán alto y
cuán lejos vuelas en la eternidad. Ya no vives más en el ámbito terrenal. Su voz se va
haciendo más clara y tus pasos más seguros. Cuando la visión habita en tu interior y tienes
las alas de la fe puestas, Él produce en ti tanto el querer como el hacer.

“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su
buena voluntad”.
Filipenses 2:13

Aunque es cierto que podemos rechazar el sentir que Dios pone dentro de nosotros, Él
espera que mantengamos una actitud neutral para aceptar Su voluntad en nuestras vidas.

Él Provee para el Camino

Cuando el Señor te envíe (apostolado) o te diga lo que debes hacer, Él te dará paciencia
para que cumplas la misión. No te preocupes por las provisiones porque siempre estarán a
tu disposición. El proveerá. Tú labor consiste en buscar Su Reino (Su autoridad) y Su
justicia (Su voluntad).

“Mas buscad primeramente el reino de Dios (Su autoridad, la sumisión a Él) y su


justicia (Su voluntad), y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis
por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su
propio mal”.
Mateo 6:25-34

Su Carga es Liviana

El Señor nunca coloca sobre nuestros hombros cargas más pesadas de las que podemos
llevar. El deseo de Dios es que continuemos mejorando en cada área, a fin de confiarnos
mayores responsabilidades.

"Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la


perfeccionará hasta el día de Jesucristo".
Filipenses 1:6

Cada día, tus oídos espirituales se agudizarán más y reconocerás la voz del Espíritu con
mayor claridad. Obviamente, algunas veces fallaremos en oír correctamente pues siempre
seremos hombres falibles, pero el Padre sabe nuestras limitaciones y conoce nuestro

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corazón. Él sabe cuándo nos hemos desviado ligeramente de Su voluntad y nos mira con
mucha misericordia y amor. Sabe perfectamente dónde se encuentra nuestro ser completo,
nuestros anhelos y motivaciones. Cuando Dios ve un corazón fiel y sincero que desea lo
que Él quiere, pero que en algún momento se desvía ligeramente de Su voluntad, Dios
extiende Su mano de socorro, misericordia, amor y cuidado.

Ninguna Condenación

Se va madurando durante esta travesía. Se suele cometer muchos errores al principio y


tomar decisiones incorrectas, pero, a cambio, se aprende a conocer la Voluntad de Dios.
Probablemente, algunos comprobemos cómo nuestras malas decisiones acarrean
consecuencias que tengamos que asumir hasta la muerte. Pero vale la pena correr estos
riesgos con tal de conocer mejor al Señor y elegir el camino correcto.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que
no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.
Romanos 8:1

Es cierto que el Señor no puede ser burlado, pero cuando eres tenaz en hacer Su voluntad,
Él pasa por alto tus malas decisiones y te guarda del mal. Dios te ofrece una salida y provee
lo que necesitas para sobrepasar ese obstáculo. Es un Padre verdadero y lleno de gracia. No
obstante, Su justicia se revela cuando tu interés radica en tus propios asuntos y no en los de
Él. No te castiga ni te humilla. No te confina a una cárcel, no te enferma, ni te mata. Él no
es así. El problema es que Él no podrá ayudarte. Cuando, con nuestras acciones, le
decimos: “No quiero tu ayuda. No quiero lo tuyo, quiero lo mío”, estamos quitándole la
posibilidad de socorrernos. De todas maneras, Él estará a la puerta, esperando que cambies
de parecer para extender Su mano misericordiosa y gozarse contigo, nuevamente, en una
fiesta de bienvenida. Él está más interesado que tú mismo en terminar Su obra en ti. Desea
ardientemente que el plan para el cual fuiste creado se cumpla; que disfrutes de Su gloria en
ti y trasciendas los cielos conociendo Su grandeza.

Toma Tu Cruz

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día
(haga mi voluntad) y sígame."
Lucas 9:23

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”.


Lucas 14:27

Cuando ya conoces la visión, debes seguir la voluntad de Dios a diario, sin importar el
costo. Toma tu cruz y síguele…síguele a Él. Muchos piensan que “tomar su cruz” significa
sufrir, padecer, enfermarse, tener problemas de todo tipo. En realidad, tomas tu cruz cuando
niegas tu voluntad, tus deseos, tu ego, tus planes y los pones al servicio de Dios. Tal como
lo dice Pablo:

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

“sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido
heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.
1 Corintios 9:27

Los verdaderos cristianos no tienen un status quo. La visión podría demandar que te
acomodes a otro estilo de vida, grupo social, étnico, etc., así como Pablo. No debes tratar de
mantener un lugar en la sociedad para quedar bien siempre. Los grupos elitistas pueden
rechazarte, así como cualquier otro.

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a
mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los
que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley,
para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo
estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para
ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los
débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos”.
1 Corintios 9:19-22

Al mismo tiempo, es posible que tengas que sufrir por hacer la voluntad de Dios. Eso no
quiere decir que Dios te esté enviando un castigo, pero Dios te prepara para que puedas
cumplir esa misión.

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.


Juan 16:33

El mundo nos aflige constantemente, mucho más cuando estamos haciendo algo que el
Señor nos encomendó. Así como un soldado es preparado para un operativo, así Dios
prepara a sus hijos para que hagan lo que Él les pidió. A veces nos puede costar mucho,
hasta la vida. De todas maneras, tú siempre tienes la última palabra y puedes negarte a
hacer algo que no deseas. Dios entenderá y te fortalecerá para que puedas cumplir esta
obra. El hacer Su voluntad siempre traerá plenitud de gozo y paz. Te aseguro que no
tendrás porqué quejarte ni sentirte desamparado.

“Perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;”.


2 Corintios 4:9

“Dios cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Señor, es para siempre; No


desampares la obra de tus manos”.
Salmo 138:8

“Porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”.


Génesis 28:15b

Cuando estamos haciendo la voluntad de Dios no necesitamos preocuparnos por nada de lo


que suceda a nuestro alrededor. Aunque la gente te critique, te juzgue, te odie, te escupa y
te menosprecie, Dios estará contigo. Él es tu Consolador.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y


Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,
para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier
tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por
Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así
abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación”.
2 Corintios 1:3-5

Cuando necesitamos ayuda o sustento, Él abre las posibilidades y se encarga de enviarnos a


las personas que nos colaborarán en realizar la obra. Sólo debemos descansar con fe porque
para Dios no hay nada imposible.

“Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia


que mendigue pan”.
Salmos 37:25

Tómate de la mano del Maestro y déjate llevar por donde Él quiera.

El Adorador

La vida del adorador consiste en caminar por fe, es decir andar en el Espíritu. El verdadero
adorador está buscando hacer la voluntad del Señor, día a día. No es aquel buen músico,
sino quien vive postrado ante su Señor, obediente a Su voz. Ahora, tú eres ese adorador que
vives en fe, escuchando y haciendo lo que Él quiere.

En breve tendrás a disposición el libro: “¿Qué Alabanzas y Qué Adoración Escucha Dios?”
en: www.graciaodesgracia.com

Las Tinieblas de lo Natural vs. La Luz de la Fe

Aprendimos en detalle lo que es la fe. Ahora podemos caminar en ella. El hombre espiritual
camina en fe, en obras ordenadas por el Espíritu. No camina más en obras de la carne,
ordenadas por hombres.

“Porque por fe andamos, no por vista”.


2 Corintios 5:7

A veces parece más fácil creerle a un hombre y hacer lo que él diga. De esa manera, uno se
libra de toda responsabilidad personal. Uno tiene a quien echarle la culpa de sus decisiones.
Al final de todo, el día que estés parado frente a Dios, podrías intentar decirle: “El pastor
me dijo…”, “el hermano me dijo…”. Él, a su vez, podría responder con palabras parecidas
a estas: “Eso no importa, porque cuando yo te hablé, tú no obedeciste. Cuando yo quería
que conocieras mi corazón, a ti no te interesó. Yo arreglaré cuentas con el pastor, pero la
obediencia era personal, contigo; no con mediadores”.

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GRACIA O DESGRACIA Por: Yecid Benavides

Cuando tu intimidad con Dios se ha desarrollado, ya no caminas por vista, caminas por fe.

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas
que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.
2 Corintios 5:7

Cuando caminas en el espíritu, ya no te afecta la crisis mundial, lo que esté pasando en el


país, lo que tus vecinos piensen o lo que el mundo diga. Menos aún te interesará el chisme
de la semana en la iglesia o la opinión de los demás sobre tu conducta. Solamente te
importará lo que escuches del Espíritu, lo que Dios quiera de ti, donde quiera llevarte, qué
quiera hacer por medio tuyo o cuál sea Su próximo paso. Esto es lo que impregna todo tu
ser. Ya no vives tú, sino que Cristo vive en ti. Es el momento en el cual comienzas a
despegar hacia los lugares celestiales. Observas al mundo como una excelente opción para
cumplir la visión que Dios te dio. Ves lo imposible como posible. Empiezas a penetrar en
los sueños de Dios y éstos se vuelven tuyos. Ves la injusticia, la pobreza, la tiranía, el
abuso, la desgracia de este mundo y puedes sentir lo mismo que Jesús siente en Su corazón.
Esperas, con paciencia, las órdenes del Rey para hacer lo que Él diga y sabes que eso
trascenderá más allá de la historia. Estarás en el corazón de Dios.

La visión no será fácil de cumplir. El temor a los retos que tendrás que afrontar podría
paralizarte a veces, pero con Cristo estás seguro. Ven y únete a la multitud de santos que
caminan guiados por el Espíritu de Dios. Únete a aquellos que tienen a Cristo como Su
Única Cabeza. A los que no se amoldan a ningún modelo humano. Conviértete en parte de
la multitud de hijos que manifiestan la gloria de Dios con sus vidas y adoran postrados, no
con sus talentos ni con sus canciones, pero con todo su ser inclinado a Él. Camina junto a
los que encontraron libertad al conocer a Jesús y no son esclavos del hombre o del mundo.
Sal de tu carpa y mira las estrellas, lo infinito que Dios ha preparado para ti, desde la
fundación del mundo. Descansa en la gracia y en el Nuevo Pacto, muestras de Su amor.

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno
solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que
lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible,
pero nosotros, una incorruptible”.
1 Corintios 9:24-25

Vencimos juntamente con Cristo. Nuestro futuro es seguro. Las cosas siempre mejorarán y,
al final de todo, nos veremos en el mismo Reino, trabajando y viviendo para el mismo
Señor. Ahora, Dios te conoce porque tienes intimidad con Él y haces Su voluntad.

“Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella”.


Salmos 37:29

Este libro es el comienzo de la Nueva Vida en Cristo de la Verdadera Libertad. No ha


terminado aquí; sigue con tu vida y con todas las de aquellos que siguen el camino del
Espíritu…los que escuchan la Voz de Dios.

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SALUTACION

Yecid, profeta de Jesucristo, no de hombres ni por hombres, sino por la voluntad de Dios, a
la Iglesia esparcida por todo el mundo: Gracia y paz sean a todos ustedes de Dios nuestro
Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

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