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Historia de la pena privativa de libertad

Presenta: Celina Rodríguez Almanza


El proceso histórico de la pena privativa de libertad
comienza en el siglo XVI.
Pero en el sentido actual, no se consolida hasta el
siglo XVIII. Hasta entonces, el internamiento no
tenía un carácter de pena, sino que se le atribuían
medidas de custodia para quien esperaba ser
juzgado. El internamiento era similar a la actual
prisión preventiva. Esta reclusión iba acompañada
de torturas como medida de investigación o de
declaración.
Como antecedentes, en Grecia, se retenía a los
deudores como medio para que pagaran las
deudas. En Roma, la prisión se concebía para
retener a las personas encausadas.
En la península ibérica, una ley autorizaba la
privación de libertad por deudas usando cuevas.
En la edad media la prisión
dependía del arbitrio de los
príncipes gobernantes.
Se imponía en función al estamento
al que se pertenecía, pudiendo
compensar la prisión con dinero.
Aparece en esos tiempos la prisión
de estado, y la prisión eclesiástica.
En la de estado, estaban los
enemigos, los acusados de delito de
traición, y tenían dos finalidades: o
la espera del castigo, o la detención
temporal y perpetua.
La eclesiástica era una prisión
destinada a los clérigos, y
respondía a la idea de redención de
la iglesia. El internamiento era una
medida de penitencia-castigo para
los monjes rebeldes.
Las penas eran otras: mutilación, trabajos forzados,
destierro, muerte.
La pena de prisión era excepcional, y solo en la
jurisdicción canónica.

En la edad Moderna se remarcó el


desarrollo de las penas privativas de
libertad, y las vías de aprovechamiento
de la fuerza de trabajo de los
delincuentes. Aquí ya se edifican centros
con la finalidad de corregir a ladrones,
esto supuso un gran avance.
A partir del siglo XVII, con
el crecimiento de las
ciudades, nuevas rutas
Asia-América, se
necesitaba mano de obra,
dificultada por el escaso
crecimiento demográfico y
por la disminución del
crecimiento debido a las
grandes guerras
religiosas.
Estas circunstancias, y también por la difusión de una
actitud de valoración del trabajo, que fue altamente
positiva, se determinó la aparición de las casas de
corrección, las penas de galeras, los trabajos forzados, y
las penas de deportación a colonias de ultramar. Estas
fueron básicamente las penas que conformaron las vías
de aprovechamiento de la fuerza de trabajo de los
delincuentes de la época.
A partir del siglo XVII-XVIII se supera la idea de prisión
preventiva, y se piensa en el trabajo de los presos como
medio de financiación. Es una visión más utilitarista.
Así, a mitad del siglo XVIII,
surgió la cárcel, como el
espacio segregativo más
importante para el
tratamiento de las
desviaciones, como un
instrumento que al tiempo
que humanizaba las penas
(al sustituir el castigo
corporal por la privación de
la libertad), se adecuaba a
los cambios en el proceso
productivo e incorporaba
elementos disciplinares
para la moralización de las
clases subordinadas
Como bien se manifestó, los
delincuentes antiguamente no
eran confinados en cárceles, sino
sometidos a penas corporales o
pecuniarias, por lo que el
concepto de penas privativas de la
libertad es relativamente moderno

Los centros penitenciarios aparecen


con la civilización y con las nuevas
estructuraciones de la sociedad, en las
que comenzó a surgir una intensa
preocupación por anular el crimen por
medio de la utilización de la prisión
entendida como detención y no como
castigo
El primer establecimiento
penitenciario en el que
se desarrollaban tareas o
trabajos por parte de los
reclusos fue “The House
of Correction of
Bridewell”, en la ciudad
de Londres.- A partir de
allí, otras ciudades
inglesas y europeas
abrieron “casas de
trabajo” para recluir a los
acusados por delitos
menores, pero sin un fin
resocializador o
transformador del sujeto.
El origen del Derecho
Penitenciario se remonta al año
1777, con la obra titulada “The
state of prisions of England and
Wales” de John Howard.-
En dicho tratado se describe el
horroroso estado de las
prisiones europeas, que Howard
había visitado a través de sus
viajes.
Asimismo, propugna una reforma
al sistema penitenciario,
sosteniendo que en los
establecimientos carcelarios se
deberían garantizar ciertas
condiciones fundamentales para
la vida humana y el desarrollo de
los presos, tales como:
a.- encontrarse limpias,
para evitar enfermedades
y epidemias;
b.- separar a los
condenados por delitos
mayores, de los
condenados por delitos
menores;
c.-incentivar el trabajo de
los detenidos;
d.- adoptar del sistema
celular, el aislamiento del
condenado en una celda,
de manera que se evite la
promiscuidad y la
corrupción moral de los
presos.
Por su atención,
gracias …