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1.

LA RESEÑA

EL CONCEPTO: La reseña es un texto escrito que contiene el resumen y el


comentario realizado sobre un libro cualquier clase de texto que se haya publicado, o sobre
un hecho cultural. Este tipo de texto debe contener información sobre las ideas esenciales y
los aspectos interesantes y útiles de la obra reseñada.
En la reseña, participan las estructuras enunciativa y argumentativa, puesto que
con ella se informa y se convence sobre los méritos o fallas del texto reseñado.

ETAPAS PARA SU ELABORACIÓN

 Lectura analítica y comprensiva de la obra que se va a reseñar. Para ello,


descubrimos la estructura semántica del texto leído (tema, subtemas, proposiciones
temáticas y conceptos básicos).
 Organización jerárquica de las ideas esenciales, contenidas en el texto leído.
 Redacción de un texto corto que está integrado por las siguientes categorías:
- Encabezamiento: constituido por la ficha bibliográfica de la obra que será
reseñada: nombre del autor, título de la obra, ciudad, casa editora y fecha. El
encabezamiento y reseñas de obras teatrales están compuestos de los datos de
dirección de la obra y actores que trabajan en ella.
- Presentación de la obra: En esta parte se informa qué clase de obra es, en qué
partes está dividida, cuáles han sido las formas de elaboración, (orden
cronológico, descripción, deducción, inducción, etc.). Generalmente, se
encabeza con datos de presentación del autor del texto.
- Resumen de las partes esenciales del texto: (contenido de los distintos
capítulos o diferentes partes del escrito).
- Valoración del texto reseñado: atendiendo a su contenido y a la forma como
está expresado. En esta parte, se debe resaltar el valor de la obra y sus aportes a
la ciencia, a la técnica o al arte.

UTILIDAD DE LA RESEÑA:

Estos textos son útiles para posibles lectores de obras o para espectadores potenciales
(cuando se trata de obras de teatro), puesto que orienta sobre el contenido y la importancia
del texto reseñado y despierta el interés en su lectura o en su presentación, e impulsa a
obtener un conocimiento más completo sobre aquello que se ha reseñado.

Lea la siguiente reseña e identifique las categorías que la integran:

Álvaro Díaz, R. Aproximación al texto escrito. Medellín: Lealón, 1987.

Álvaro Díaz Rodríguez, licenciado en filosofía e idiomas de la Universidad del Atlántico, y


Magister en Lingüística y Español de la Universidad del Valle, acaba de lanzar al mercado
del libro, una obra que está llamada a servir de estrecha compañía a todo aquél que trabaje
o esté interesado en trabajar en redacción de textos: “Aproximación al texto escrito”.

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No hay en sus planteamientos estremecimientos líricos, porque no son necesarios.
Es una obra sobria, técnica, de carácter científico, fruto de una experiencia bien adquirida a
través de diez años de trabajo en el Departamento de Español del INEM “Miguel Antonio
Caro” de Barranquilla, y de catorce años de labor ininterrumpida en las cátedras de
español y lingüística en el Departamento de Idiomas de la Facultad de Ciencias de la
Educación, en la Universidad del Atlántico. Y avalada por la lectura de investigadores
lingüísticos contemporáneos como Widowson, Halliday, Lyons, Searle, Van Dijk…, y las
enseñanzas recibidas en el post-grado de la Universidad del Valle, por parte de "los
doctores Luis Ángel Baena, Tito Nelson Oviedo y Juan de la Cruz Rojas.

Adentrándonos en la obra, su propósito, partiendo de que todo hablante que


trabaje la lengua como instrumento en el proceso de adquisición del conocimiento debe
saber “para qué sirve la lengua", es el de presentar al lector una base teórica sólida que le
ayude a comprender mejor por qué es necesario un cambio de conducta en lo que respecta
a cómo se ha venido tratando el estudio de la lengua hasta ahora, y una parte practica a
manera de taller que le proporcionará las técnicas a seguir para lograr un mejor desarrollo
en el terreno de la redacción.

Indudablemente, el autor no agota el tema (es imposible agotarlo). Por eso, muy
modestamente, ha titulado su obra como una “Aproximación al texto escrito".
Siguiendo el plan establecido, el profesor Díaz desarrolla la parte teórica en los seis
primeros capítulos, y la parte práctica en los tres restantes.

En la primera parte, conservando el orden establecido en los capítulos, se aclara la


noción de "texto" y se hace la diferencia entre texto y discurso. Se establecen las diferencias
entre "adquisición", "uso", "funcionamiento" y "estructura", entre discurso oral y escrito y
las existentes entre discursos literarios y no literarios y se demuestra cómo el discurso
literario es más complejo que el no literario. Luego se dejan bien establecidas las
características de los textos informativos, pues es a este tipo de redacciones a las que el
autor dedica su atención. Después, se analiza la manera como tradicionalmente se ha
presentado el estudio de la oración, aislada del texto; se demuestra que ni siquiera la
diferenciación común de oración (“menor unidad del habla con sentido completo")
corresponde verdaderamente a lo que realmente son las llamadas oraciones; cuestiona,
para la comprensión, la noción de autonomía sintáctica; y demuestra que un estudio serio
de la lengua no puede continuar efectuándose con base en oraciones aisladas sino
teniendo en cuenta todo el texto. Por último, para reafirmar lo antes expresado, explica y
hace la diferencia entre "coherencia y cohesión" y señala, con cuadros, esquemas y
ejemplos, las diversas relaciones de cohesión y coherencia que pueden encontrarse en los
textos escritos.

La segunda parte, que hemos anotado es la parte práctica; consta de tres capítulos:
el primero, bastante extenso, dedicado al estudio del párrafo como unidad textual: se
explica, siempre basado en ejemplos ilustrativos, cómo se estructura un párrafo; qué es y
cómo se ubica la idea central y se presenta una serie de procedimientos para el desarrollo
de párrafos de diversa índole.

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En el segundo capítulo, de poca extensión, se analizan tres tipos de factores que
dificultan el acto de redactar: sicológicos, cognitivos y lingüísticos.

Por último, se presentan al lector una serie de estrategias para el aprendizaje de la


composición; todas ellas con ejemplos ilustrativos para cada caso, con el fin de que no
queden dudas para el posterior manejo y aplicación de las estrategias señaladas.

La obra del profesor Alvaro Díaz, al menos en nuestro medio, es novedosa.


Propone un estudio del manejo de la Composición Escrita de una manera como nunca
antes se había presentado. Y si esto ya es una virtud su virtud principal reside, sin
embargo, en que está escrita en un lenguaje sencillo, llano, fácilmente entendible y
manejable por parte de letrados y profanos. Esta obra tiene el mérito de expresar
conceptos básicos en un espacio reducido, y, reiteramos está llamada a servir de estrecha
compañía a todos aquellos que practican el oficio de escribir o aspiran a ello. Bienvenida,
pues, esta edición de ”Aproximación al Texto Escrito”. Probablemente nos tocará ver
muchas reimpresiones.

Guillermo Viana Ríos, M .A.


2. LAS RELATORÍAS
Un elemento particularmente importante de los seminarios lo constituyen las
relatorías. Estas son el principal aporte personal que cada participante lleva a las sesiones
de seminario. De ahí la importancia de su calidad: planteamientos de fondo, concretos,
argumentativos y polémicos que dinamicen la discusión en el grupo.
La relatoría es el producto de las lecturas hechas sobre el tema de la sesión
correspondiente. Básicamente debe reflejar dos aspectos:
1) El nivel de comprensión y apropiación de los conceptos y planteamientos
expresados por los autores en los textos leídos.
2) La capacidad del participante para reaccionar intelectualmente y producir sus
interpretaciones personales, planteamientos, puntos de vista, discrepancias,
confrontaciones con la realidad y con la propia experiencia.
Por lo tanto, la relatoría no puede ser una repetición, un resumen o una
trascripción de párrafos entresacados de los textos. Lo que se debe producir, en este
aspecto, es una buena síntesis.
En lo que se refiere al segundo aspecto, la relatoría no puede ser una "reflexión"
entendida como la expresión de una serie de especulaciones, divagaciones, discursos
llenos de "retórica" o de lugares comunes sin ninguna articulación con los contenidos de
los textos.
Una buena relatoría es una síntesis creativa, como producto de la comprensión y
dominio de los contenidos; creativa, como producto de la reflexión, el análisis, la
confrontación y el ejercicio de la imaginación

La relatoría cumple tres funciones principales:


1. Demostrar que la persona ha trabajado los textos, los ha comprendido y se ha
apropiado de ellos.

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2. Demostrar que la persona ha pensado los textos, ha hecho una reflexión personal
sobre los planteamientos principales de los mismos.
3. Alimentar el trabajo de la sesión de clase. Enriquecer el debate, la discusión, la
confrontación. A través de la relatoría, cada participante tiene la oportunidad de poner
al servicio de los demás colegas el producto de su ejercicio intelectual. Las relatorías
deben constar de las siguientes partes:

* Tabla de contenido 1 página


* Introducción 1 página
* Síntesis 2 páginas
* Producción personal 2 páginas
* Conclusiones 1 página
* Bibliografía 1 página

3. EL ENSAYO: Diez pistas para su composición


por Fernando Vásquez Rodríguez

1. Un ensayo es una mezcla entre el arte y la ciencia (es decir, tiene un elemento creativo
-literario- y otro lógico - de manejo de ideas -). En esa doble esencia del ensayo
(algunos hablarán por eso de un género híbrido) es donde radica su potencia y su
dificultad. Por ser un centauro -mitad de una cosa y mitad de otra- el ensayo puede
cobijar todas las áreas del conocimiento, todos los temas. Sin embargo, sea el motivo
que fuere, el ensayo necesita de una "fineza" de escritura que lo haga altamente
literario.

2. Un ensayo no es un comentario (la escritura propia de la opinión) sino una reflexión, casi
siempre a partir de la reflexión de otros (esos otros no necesariamente tienen que estar
explícitos, aunque, por lo general, se los menciona a pie de página o en las notas o referencias).
Por eso el ensayo se mueve más en los juicios y en el poder de los argumentos (no son
opiniones gratuitas); en el ensayo se deben sustentar las ideas. Mejor aún, la calidad del ensayo
se mide por la calidad de las ideas, por la manera como las expone, las confronta, las pone en
consideración.

Si no hay argumentos de peso, si no se han trabajado de antemano, el ensayo cae en


el mero parecer, en la mera suposición.

3. Un ensayo discurre. Es discurso pleno. Los buenos ensayos se encadenan, se engarzan de


manera coherente. No es poniendo una idea tras otra, no es sumando ideas como se compone un
buen ensayo; es tejiéndolas de manera organizada, jerarquizando las ideas, sopesándolas
(recordemos que ensayo viene de "exagium", que significa, precisamente, pesar, medir, poner
en la balanza). Si en un ensayo no hay una lógica de composición, así como en la música,
difícilmente los resultados serán aceptables. De allí también la importancia de un plan, de un
esbozo, de un mapa-guía para la elaboración del ensayo.

4. En tanto que discurso, el ensayo requiere del buen uso de los conectores (hay que
disponer de una reserva de ellos); los conectores son como las bisagras, los engarces
necesarios para que el ensayo no parezca desvertebrado. Hay conectores de relación,

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de consecuencia, de causalidad; los hay también para resumir o para enfatizar. Y a la
par de los conectores, es indispensable un excelente manejo de los signos de
puntuación. Gracias a la coma y al punto y coma (este es uno de los signos más
difíciles de usar), gracias al punto seguido..., es como el ensayo respira, tiene un ritmo,
una transpiración. Es el conocimiento inadecuado o preciso de los signos de
puntuación lo que convierte a nuestros ensayos en monótonos o livianos, interesantes
o densos. Ágiles o farragosos.

5. Hay dos grandes tipos de ensayos: uno, línea Montaigne (pueden leerse, por ejemplo, "De cómo
el filosofar es aprender a morir", "De la amistad", "De los libros"); y otro, línea Bacon (léanse,
al menos dos: "De los estudios", "De las vicisitudes de las cosas"). En el primer caso, el ensayo
es más subjetivo, abunda la citación -de manera muy propia- ; en el segundo, el ensayo es más
objetivo, y no hay ninguna referencia explícita, o son muy escasas. Tanto Montaigne como
Bacon son maestros para desarrollar las ideas. Tanto uno como otro hacen lo evidente,
profundo; lo cotidiano, sorprendente. Ambos apelan a otras voces, ambos recurren al pasado -a
otros libros- para exponer sus puntos de vista. Ambos emiten un juicio: se aventuran a exponer
su pensamiento. Es importante releer a estos dos autores; fuera de ser un goce y un reencuentro
con la buena prosa, son ensayos modelo, aprovechables por cualquiera que desee aprender o
perfeccionar su escritura ensayística. En el mismo sentido, deberíamos apropiamos de la
creación ensayística de Emerson y Chesterton, recomendada una y otra vez por Jorge Luis
Borges.

6. Otros ensayos exquisitos son los escritos por Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña. Un
mexicano y un dominicano. Ensayos de peso, con profundidad y, sobre todo, realizados con
todas los recursos literarios y el poder de la imaginación. Quién no haya leído, "Notas sobre la
inteligencia americana" de Reyes, o “Seis ensayos en busca de nuestra expresión” de Ureña, no
ha sentido una revelación de la escritura potente, de la escritura gestora de mundos. Hay una
"marca de estilo" en estos dos ensayistas, una "impronta" personalística, que pone al ensayo en
el mismo nivel del cuento o el poema. Cuando uno lee los ensayos de Reyes o de Ureña, lo que
lee -además de un pensamiento vigoroso- es una excelente literatura.

7. Reyes y Ureña son los iniciadores, por decirlo así, de una larga tradición que va hasta Sábato y
Borges. Consúltese la compilación El Ensayo hispanoamericano del siglo XX, hecha por John
Skirius; en ese texto se condensan voces de ensayistas latinoamericanos valiosos: Manuel
González Prada, Fernando Ortiz, José Carlos Mariátegui, Ezequiel Martínez Estrada, Luis
Alberto Sánchez, Germán Arciniegas, Arturo Uslar Pietri, Eduardo Caballero Calderón, Enrique
Anderson Imbert...y, por supuesto, Octavio Paz, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez.
Puede mirarse, de igual manera, la selección hecha por José Luis Martínez, El ensayo mexicano
moderno; en este libro resaltan los ensayos de José Vasconcelos, Ramón López Velarde, Julio
Torri, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Edmundo O'Gorman y Leopoldo Zea, entre otros. Y
para una perspectiva más nuestra, sería interesante y necesario conocer la selección elaborada
por Jorge Eliécer Ruiz y Juan Gustavo Cobo-Borda, Ensayistas colombianos del siglo XX; en
esta selección descubriremos voces poco conocidas, la de Baldomero Sanin Cano, ("De lo
exótico", "La civilización manual"), y la de Hernando Téllez ("La originalidad literaria",
"Traducción"). Basten estos textos y estos autores para mostrar cómo hay una enorme tradición
en la producción ensayística. Tómense, entonces, como abre bocas o "textos de iniciación".

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8. Para elaborar un ensayo, entre las muchas cosas que deben tenerse en cuenta, resaltaría
las siguientes:
o Cuál es la idea o ideas base que articulan el texto. En otros términos, cuáles son los
argumentos fuertes que se desean exponer o la idea que quiere debatirse o ponerse
en cuestionamiento. Esta idea (la tesis) tiene que ser suficientemente sustentada en
el desarrollo del mismo ensayo.

o Con qué fuentes o en qué autores se sustenta nuestros argumentos: a partir de qué
o quiénes, con qué material de contexto se cuenta; en síntesis, cuáles son nuestros
puntos de referencia. Este es el lugar apropiado para la bibliografía, para la citación
y las diversas notas.

o Qué se va a decir en el primer párrafo, qué en el segundo, qué en el último


(recordemos que la forma del ensayo es fundamental; recordemos también que
antes del ensayo hay que elaborar un esbozo, un mapa de composición). Qué tipo
de ilación (sin hache) es la que nos proponemos: de consecuencia, de contraste, de
relación múltiple. Es muy importante el "gancho" del primer párrafo: cómo vamos
a seducir al lector, qué nos interesa tocar en él; igual fuerza debe tener el último
párrafo: cómo queremos cerrar, cuál es la última idea o la última frase que nos
importa dejar en la memoria de nuestro posible receptor. (Aunque no siempre el
último párrafo es una conclusión, sí debe el ensayo tener un momento cierre -de
síntesis-, desde el cual puedan abrirse nuevas ventanas, otras escrituras. El último
párrafo es una invitación a un nuevo ensayo -los ensayos se alimentan de otros
ensayos: un nuevo ensayo abre camino a otros aún no escritos.

o Qué extensión aproximada debe tener. Recordemos que el ensayo no debe ser tan
corto que parezca una meditación, ni tan largo que se asemeje a un tratado. Hay
una zona medianera: entre tres y diez páginas (por decir alguna magnitud). Pero
sea cual sea la extensión, en cada ensayo debe haber una tesis (con sus pros y sus
contras), y la síntesis necesaria. No olvidemos que el ensayo es una pieza de
escritura completa.
Las anteriores puntualizaciones no son excluyentes con otros estilos o con otras
maneras de elaboración del ensayo, ni pueden leerse como una camisa de fuerza;
son tan sólo recomendaciones. Indicaciones generales. Indicios.

9. Cuando el ensayo oscila entre las dos y las tres páginas, sobran los subtítulos. Cuando
tiene un número de páginas mayor, puede recurrirse a varios sistemas: uno,
subtitulando; otro, separando las partes significativas del ensayo con numerales (yo
llamo a este tipo de ensayo, de "cajas chinas"). No debe olvidarse que cada una de las
partes del ensayo precisa estar interrelacionada. Aunque "partamos" el ensayo (con
subtítulos, frases o números), la totalidad del mismo (el conjunto) debe permanecer
compacta. Si dividimos un ensayo, las piezas que salgan de él exigen estar en relación
de interdependencia.

10. No podría terminar estas diez pistas para la elaboración de ensayos, sin mencionar el
papel fundamental del género para el ejercicio y el desarrollo del pensamiento. Por

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medio del ensayo es que "nos vamos ordenando la cabeza"; es escribiendo ensayos
como comprobamos nuestra "lucidez" o nuestra "torpeza mental". Cuando Theodor
Adorno, en un escrito llamado -precisamente-"EI ensayo como forma", señala el papel
crítico de este tipo de escritura, lo que en verdad sugiere es la fuerza del ensayo como
motor de la reflexión, como generador de la duda y la sospecha. El ensayo siempre
"pone en cuestión", diluye las verdades dadas, se esfuerza por mirar los grises de la
vida y de la acción humana. El ensayo saca a la ciencia de su "excesivo formalismo" y
pone la lógica al alcance del arte. Es simbiosis. Otro tanto había escrito George Lukacs
en su carta a Leo Popper: La esencia del ensayo radica en su capacidad para juzgar.
Los ensayistas de oficio saben que las verdades son provisionales, que toda doctrina
contiene también su contrario, que todo sistema alberga una fisura. Y el ensayo, que es
siempre una búsqueda, no hace otra cosa que "hurgar" o remover en esas grietas de las
estructuras. Digamos que el ensayo -puro ejercicio del pensar- es el espejo del propio
pensamiento.

3. EL INFORME

Es el documento escrito mediante el cual se exponen, con claridad, análisis e


ilustración suficientes, hechos o actividades. El informe tiene como objetivo mostrar el
estado de un trabajo que se ha efectuado, que se va a realizar o que se está llevando a cabo.
Sirve de archivo y como medio para la toma de decisiones presentes o futuras.

En la empresa moderna, los técnicos y los profesionales deben presentar con


frecuencia informes a directivos, accionistas, clientes y otras personas importantes.

CLASES DE INFORMES

Pueden distinguirse tres clases de informes: el informe de datos, el informe


analítico y el informe de recomendación.

El informe de datos o descriptivo. Su propósito es consignar información. Puede


tratar, desde un punto de vista descriptivo, un problema, un proyecto o procesos de
operaciones. Se caracteriza, pues, por ofrecer sólo los hechos que se presentan en una
situación dada.

El informe analítico. Además de informar, interpreta los datos. En este tipo de


informe “las interpretaciones analíticas son tan importantes como los datos. El análisis
debe ser cuidadosamente deducido. Las conclusiones deben destacarse adecuadamente, y
nunca sepultarse dentro del texto".

El informe de recomendación. El propósito de este informe es orientar a alguien


para que haga algo. Generalmente, se incluyen ciertos datos que a su vez pueden ser
analizados e interpretados para respaldar la recomendación. En él, debe manifestarse
claramente cuál es la medida que se aconseja seguir.

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PRESENTACIÓN DEL INFORME

Como regla general, el informe debe constar de las siguientes partes: cubierta,
portada, tabla de contenido, glosario, resumen, cuerpo del informe (introducción, texto,
conclusiones, sugerencias o recomendaciones), bibliografía, anexos e índice. Tenga en
cuenta que todo informe va acompañado de una carta de envío o de un memorando que
especifica a quién va dirigido y quién lo envía, así como aspectos importantes relacionados
con el contenido.

EL PROCESO DE ELABORACIÓN

Para la elaboración y presentación adecuada de un informe, Antonio Miguel Saad


recomienda que se sigan las siguientes etapas: preparación, organización del material,
redacción y revisión.

PREPARACIÓN

Al preparar su informe, no olvide determinar los objetivos, tomar en consideración


al lector y recopilar toda la información necesaria.

ORGANIZACIÓN

Para esta etapa, el mismo autor sugiere lo siguiente:

 Escriba una frase breve y directa que exprese el propósito que se ha fijado
 Analice todos los hechos e ideas recogidos.
 Analice detenidamente la subdivisión del material y modifíquela si fuese necesario.
 Decida el orden como presentará los grupos de material.
 Ordene el material integrante de cada sección o capitulo para que el lector pueda
seguirlo fácilmente.
 Cerciórese de que las conclusiones y recomendaciones presentadas se ajusten a los
hechos.
 Analice rigurosamente el título del informe y el de cada uno de los capítulos.
 Considere la posibilidad de utilizar ilustraciones para completar o reemplazar.
 Considere si es conveniente utilizar notas a pie de página.
 Examine si puede sacar algunos detalles concretos del cuerpo del texto para
colocarlos como apéndices.

REDACCIÓN

Tenga en cuenta las siguientes recomendaciones para la correcta redacción del


informe:

 Escriba al comienzo lo más importante, es decir, destaque el tema.


 Verifique que toda la información sea correcta.
 Asegúrese de que todas las ideas estén relacionadas.

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 Suprima la información que no viene al caso; no repita palabras, expresiones o
conceptos innecesarios.
 Defina claramente el problema.
 Exprese los resultados y las recomendaciones de manera clara y precisa.
 Utilice gráficos o cuadros, cuando sean necesarios.
 Anticípese a las posibles preguntas del lector.
 Sea imparcial.
 Documente todas sus opiniones.
 Mencione el mayor número posible de datos.
 Sea objetivo y no confunda los hechos con las opiniones.
 Emplee la forma impersonal.
 Subdivida el informe.
 No incurra en contradicciones.
 No deje incompleto un asunto.
 No abuse del vocabulario técnico.

REVISIÓN

Esfuércese por lograr la mejor presentación de su informe. Revíselo una y otra vez hasta
que se sienta satisfecho y seguro de que contiene lo que desea.

Compilado por: María Elena Ramírez Q. y Ligni Molano