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Lectura: “El mundo maravilloso de Adam Smith”.

Robert L. Heilbroner
Alumno: Adrián Marthin Aiquipa Zavala
Código: 12150189
Adam Smith es un pensador enciclopédico, como lo llama Heilbroner, que la
historia ha dejado de herencia a la comunidad intelectual y que como principal
recuerdo tenemos de él es su magistral obra “La riqueza de las naciones” (1776).
El siglo en el que empezó a promulgar sus ideas no le es ajeno, se ve muy
influenciado por este: ya sea por la realidad a la cual se enfrentaba (un siglo XVIII
lleno de caos y desorden, pobreza y explotación), así como las nuevas
tendencias intelectuales que aparecían en respuesta al declive de aquello que
para Smith era lo que mantuvo unido la sociedad por muchos siglos (edad
media): la tradición; ahora empezaba el “modernismo”, esta idea donde se prima
la razón y el orden, así como lo humano, sobre la arbitrariedad y el caos.
Esta revaloración de lo humano convirtió a Smith en un pensador que no
intentaba favorece a ninguna clase social, ya sea la clase mercantilista,
capitalista incipiente o los obreros. Smith buscaba un beneficio general, es decir,
la sociedad en general debe ser beneficiada por la riqueza que esta misma crea
y que es la base de toda sociedad para su continuo progreso. Este progreso se
realizaba gracias al capital y a una constante división del trabajo (quizás una de
sus mayores aportaciones que intelectual como Durkheim rescatan). Para Smith
esta riqueza aumentaba debido a dos grandes leyes del mercado que rigen en
la sociedad: 1) el interés propio, que cumpla un papel impulsador para la continua
creación de bienes y/o riqueza, y 2) la competencia como fuerza reguladora de
las ambiciones del ser humano. Por eso para Adam Smith era necesario que el
mercado surja y se desarrolle libremente pero que tenga como finalidad la
evolución de la sociedad y el beneficio general. El estado deberá interesarse en
aspectos ajenos al mercado que beneficie a la población: como salud o
educación.
Sin embargo, es justamente de esto último lo que más se ha aprovechado de
Smith por parte de los mismos capitalistas e industriales. Así como también en
otras escuelas de pensamiento económico. Se olvidan del ahínco que realiza
Smith sobre el beneficio general y se centran exclusivamente en la “libertad de
mercado”. Un libertinaje, más que libertad. Mellando de una manera estratégica
los basamentos de la filosofía Smithtiana, ya que, a la larga, los únicos que se
aprovechaban con esta idea eran los mismos capitalistas e industriales al querer
especular con los precios o, lo que es peor y aquello que para Adam Smith es
su principal enemigo, se empiecen a crear monopolio. Terminando por perjudicar
al proceso económico. Un dato interesante es ver el nivel a que llego esta
tergiversación: se utilizó como fundamento para oponerse en Inglaterra a la
primera legislación humanitaria. El hecho que intenten beneficiarse ya es de por
si un ultraje al pensamiento de Smith, el nunca optó por defender ningún sector
de la sociedad sino lo global. Por lo tanto su herencia no es tanto sus ideas, sino
la tergiversación de estas.