Vous êtes sur la page 1sur 6

LA NIÑA ENCANTADA DEL SALTO DEL PILÓN

Según relató Sergio González Ruíz en el libro “Narraciones Panameñas”, en el Salto del
Pilón, en Perales, Guararé, existía una mujer con una trenza, la que se peinaba con un
peine de oro y salía a conquistar a españoles de la década. Cuenta la leyenda que el
español don Julián del Río, quien estaba en las orillas de la quebrada la Ermita, en Las
Tablas, se dispuso explorar con un grupo de indígenas para buscar oro; al llegar a este
peñasco de piedra los aborígenes le dijeron que no podían avanzar por el encanto de esta
mujer, que había hecho que muchos españoles cayeran al pozo y murieran. Del Río, al
parecer, no creía tal leyenda y siguió; al rato de la exploración sale la doncella de la que
hablaban los indígenas y quedó embriagado por la belleza de esta mujer de ojos azules.
Según narró Sergio González, esta hermosa le preguntó: “¿A quién quiere más, a mí o al
peine de oro?”. Y don Julián contestó: “A ti”; esta le responde que por eso se había salvado,
ya que ella custodiaba los tesoros de estas tierras, pero este, enamorado de ella, se tiró a
las aguas profundas y se dice que más nunca volvió a aparecer, ni ella ni aquel español.
Tierra Adentro viajó hasta Perales de Guararé y, al preguntarles a las personas de allí, estas
respondieron que desde niños conocían la historia y les daba miedo ir.

LA INDIA DORMIDA
“Flor del Aire” se llama la princesa india, hija de Urracá, el cacique más fiero que peleó
contra los conquistadores en las tierras del Istmo de Panamá. Para su desgracia, se
enamoró de uno de los guerreros rostro pálido que trataban de conquistar a su gente. Por
ese amor imposible despreció el que le brindaba Yaraví, el más bravo de los jóvenes de su
tribu. Yaraví, desesperado, se suicidó lanzándose desde lo alto de una montaña ante los
ojos desorbitados de Flor del Aire. Ella, por no traicionar a su raza, jamás volvio a ver al
español. Caminó por montañas y por valles llorando su desventura, hasta que la sorprendió
la muerte sobre las playas que bañan el Mar Caribe, mirando hacia las queridas montañas
en donde había nacido. Los montes compadecidos, para perpetuar esa triste historia de
amor, copiaron su figura y esa es la que ven los turistas que llegan a El Valle de Antón, La
Montaña de la India Dormida.
El Adivino
Instalado en la plaza pública, un adivino se entregaba a su oficio. De repente se le acercó
un vecino, anunciándole que las puertas de su casa estaban abiertas y que habían robado
todo lo que había en su interior.
El adivino levantase de un salto y salió corriendo hacia su casa, desencajado y
suspirando, para ver lo que había sucedido.
Uno de los que allí se encontraban, viéndole correr le dijo:
-Oye, amigo, tú que te vanaglorias de prever lo que ocurrirá a los otros, ¿por qué no has
previsto lo que te sucedería a ti?
El adivino no supo qué responder.
Moraleja: no hay que fiarse de aquellos que dicen que pueden adivinar el futuro de los
demás. Tan sólo pretenden estafarnos y quitarnos nuestro dinero.

EL NIÑO Y LOS DULCES


Un niño metió su mano en un recipiente lleno de dulces. Y tomó lo más que pudo, pero
cuando trató de sacar la mano, el cuello del recipiente no le permitió hacerlo.
Como tampoco quería perder aquellos dulces, lloraba amargamente su desilusión.
Un amigo que estaba cerca le dijo: - Confórmate solamente con la mitad y podrás sacar la
mano con los dulces-.
Moraleja: Nunca trates de abarcar más de lo debido, pues te frenarás.
Aquí tienes otras fábulas infantiles.
CARRERA DE ZAPATILLAS: CUENTO INFANTIL SOBRE LA AMISTAD
Había llegado por fin el gran día. Todos los animales del bosque se levantaron temprano
porque ¡era el día de la gran carrera de zapatillas! A las nueve ya estaban todos reunidos
junto al lago.
También estaba la jirafa, la más alta y hermosa del bosque. Pero era tan presumida que no
quería ser amiga de los demás animales.
La jiraba comenzó a burlarse de sus amigos:
- Ja, ja, ja, ja, se reía de la tortuga que era tan bajita y tan lenta.
- Jo, jo, jo, jo, se reía del rinoceronte que era tan gordo.
- Je, je, je, je, se reía del elefante por su trompa tan larga.
Y entonces, llegó la hora de la largada.
El zorro llevaba unas zapatillas a rayas amarillas y rojas. La cebra, unas rosadas con moños
muy grandes. El mono llevaba unas zapatillas verdes con lunares anaranjados.
La tortuga se puso unas zapatillas blancas como las nubes. Y cuando estaban a punto de
comenzar la carrera, la jirafa se puso a llorar desesperada.
Es que era tan alta, que ¡no podía atarse los cordones de sus zapatillas!
- Ahhh, ahhhh, ¡qué alguien me ayude! - gritó la jirafa.
Y todos los animales se quedaron mirándola. Pero el zorro fue a hablar con ella y le dijo:
- Tú te reías de los demás animales porque eran diferentes. Es cierto, todos somos
diferentes, pero todos tenemos algo bueno y todos podemos ser amigos y ayudarnos
cuando lo necesitamos.
Entonces la jirafa pidió perdón a todos por haberse reído de ellos. Y vinieron las hormigas,
que rápidamente treparon por sus zapatillas para atarle los cordones.
Y por fin se pusieron todos los animales en la línea de partida. En sus marcas, preparados,
listos, ¡YA!
Cuando terminó la carrera, todos festejaron porque habían ganado una nueva amiga que
además había aprendido lo que significaba la amistad.
Colorín, colorón, si quieres tener muchos amigos, acéptalos como son.
FIN
NOVELAS PANAMEÑAS
Ramón Fonseca Mora: Ojitos de Angel

Rosa María Britton: Historia de Mujeres crueles

Gloria Guardia: Lobos al anochecer.


Anécdota: Para volver del Silk Market y cómo íbamos un grupillo de 6 decidimos coger un
taxi de estos piratillas que te llevan en una furgoneta con los cristales tintados al estilo Jack
Bauer de 24. El caso es que durante el camino la mujer del conductor nos empieza a sacar
calcetines y gallumbos de una bolsa de basura diciendo que los vendía muy baratos así
que ni cortos ni perezosos y como somos muy consumistas allá que cargamos con un
arsenal de ropa interior. Acto seguido nos fuimos a cenar al Hard Rock Pekín. Cuando llega
la cuenta, pagamos y nos marchamos y detrás nuestro, una de las camareras
persiguiéndonos, gritando en chino cosas que no lográbamos descifrar, parecía la niña del
exorcista. El caso es que la furgoneta pirata nos había endiñado billetes falsos y nosotros,
pardillos todavía en la moneda del país no nos habíamos dado cuenta y se lo dimos a la
camarera para pagar la cena. Consecuencia: Nos tuvimos que tragar una moneda que para
mí la usaban para jugar al monopoli en algún país extraño porque fuimos a cambiarla y no
quisier

Anécdota: En uno de mis múltiples puntazos que me dan decidí apuntarme a una excursión
en bicicleta por las Salinas de Maras en el Valle Sagrado (Perú). Para poneros en
antecedentes: el deporte y yo no nos llevamos bien, digamos que mi actividad deportiva se
limita a ir al gimnasio como máximo un mes y medio al año y a jugar al Wii Sports en casa,
así que imaginaros!!!!
En la primera cuesta ya estaba que no podía con mi alma y para postre el camino estaba
todo empedrado y peligroso así que ni corta ni perezosa agarré la bicicleta a cuestas y en
la primera carretera que vi paré a una furgonetilla que iba atestada de gente y animalitos,
endiñé la bici en la baca y me quedé esperando en el pueblo tumbada a la bartola hasta
que el resto de la expedición aparecieron hechos polvo, eso sí, no me libré de las agujetas
ya que al día siguiente tenía los brazos que no los podía ni mover!!!!

Centres d'intérêt liés