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Registro simbólico e imaginario:

Reflexiones acerca de las identidades


trans

Illaritza Parada
04 de Agosto, Santiago.
Resumen

Las sexualidades y el derecho a la identidad han tenido un lugar central en la discusión nacional
estos últimos años. Debido a que estos temas forman parte central de la teoría psicoanalítica, el
objetivo de este ensayo fue reflexionar sobre algunos puntos de partida típicamente utilizados por
psicoanalistas lacanianos que están produciendo conocimientos sobre estos temas en la
actualidad. Se utilizaron escritos de psicoanalistas argentinos/as lacanianos/as, publicados entre
2014 y 2018.
Se concluye que existen una serie de supuestos sobre las identidades trans, que dificultan una
elaboración teórica que se distancie de las lógicas de “normalidad-anormalidad”.
Palabras claves: Identidades trans, Sexualidad, Lenguaje inclusivo, Psicoanálisis

Tabla de contenido

I. Introducción
II. Puntos de partida
III. Transexualidad vs transidentidad
IV. Un significante remite a otro significante. Hombre, mujer u Otre La palabra no lleva a
una cosa, lleva a otra palabra
V. La torsión de la lengua. Algunas implicancias del lenguaje inclusivo
VI. Identificación y nominación
VII. Metáfora paterna y cambios en el Otro social
VIII. Conclusióm
I. Introducción

Las sexualidades y el derecho a la identidad han tenido un lugar central en la discusión


nacional estos últimos años. Este fenómeno que se vive en Chile, también se está experimentando
en otros lugares del mundo, y en cada uno de estos lugares, con particularidades específicas.
En el caso de Chile, es posible ver el surgimiento de una cadena de movimientos políticos
que, si bien son distintos, de una u otra manera han generado un clima cuestionador de las
creencias hegemónicas respecto de los modos de vivir la sexualidad y la falta de equidad,
consecuencia de una clasificación social jerárquica de las personas, entre otros.
La sexualidad y la construcción de la identidad de los sujetos es parte central de la teoría
psicoanalítica, por lo que me parece necesario dedicar este espacio a una reflexión en torno a la
contingencia nacional, utilizando los conceptos abordados durante el curso Fundamentos
Lacanianos de la Teoría Psicoanalítica.
Entendiendo que la extensión de la obra lacaniana no es abordable en el trabajo que me
propongo hacer, este se limitará al uso de los siguientes conceptos, en el modo que fueron
utilizados durante los primeros años de la obra de Lacan: Registros simbólico, imaginario y real;
Crítica a la relación diádica, Metáfora paterna.
Dado que frente al problema de las identidades trans no hay consenso, tanto dentro como
fuera de la teoría lacaniana, el objetivo general de este escrito es reflexionar sobre algunos puntos
de partida típicamente utilizados por psicoanalistas lacanianos que están produciendo
conocimientos sobre estos temas en la actualidad.
Para llevar a cabo este objetivo será necesario realizar una intersección entre la obra de
Lacan, algunas producciones lacanianas realizadas durante los últimos años (2010 en adelante), y
algunos referentes de la teoría Queer. Las producciones lacanianas realizadas durante los últimos
años serán en su mayoría aportes realizados por académicos/as argentinos/as, debido a que han
democratizado mayor cantidad de material relacionado que en el caso de Chile. En el caso de la
teoría Queer utilizaré algunos conceptos de Butler (2007), Sáez (2004) y escritos de activistas
trans (Martinez, 2007).
Utilizaré la siguiente pregunta a modo de guía para este ensayo: ¿Qué problemáticas se
encuentran en los puntos de partida utilizados en el abordaje de las identidades trans mediante el
psicoanálisis lacaniano?
La relevancia de este escrito es teórica y política, ya que pretende contribuir a una
discusión política actual sobre las construcciones de identidad sexual, bajo el punto de vista
lacaniano.

II. Puntos de partida


A través de la revisión bibliográfica que hice sobre algunos exponentes lacanianos actuales
(Ansermet, 2014; Marchesini, 2018; Antuña, 2014 & Lijtinstens, 2018) , pude ver que en
general, se habla de la transexualidad, entendiéndose, primero, de manera homogénea “El
transexual”, como si hubiera una sola forma de serlo, y esta fuera, “el hombre que se siente
mujer”; segundo, hay una tendencia a abordar casos clínicos (o elaboraciones realizadas a través
de este supuesto de homogeneidad) en los cuales la persona trans, luego de decir “yo soy mujer”,
plantea como el paso siguiente una operación de rectificación genital.
Otro punto que observé es la tendencia tendencia a aplicar las categorías binarias “hombre-
mujer”, sin dejar lugar a la posibilidad de que el sujeto tenga la intención de permanecer “en el
medio” o lograr una identidad de género que se configure diferente.
Antes de comenzar a aplicar los conceptos centrales de los que tratará este escrito, considero
importante explicitar desde dónde me posiciono como psicóloga y estudiante respecto del
problema de las identidades de género no binarias:
Las sexualidades trans son heterogéneas, escapan a la linealidad de “este cuerpo no representa
mi identidad sexual, por lo tanto, la solución es modificarlo”. Si bien carezco de una experiencia
clínica amplia, en los casos de personas con identidades no binarias que he podido atender o
estudiar de manera teórica, el objetivo de modificar los genitales no es el centro de la
problemática, sino que, ante cualquier cosa, lo que más importa es la relación imaginaria en la
cual el sujeto se relaciona con un otro semejante que lo supone hombre, mujer, masculino,
femenino, andrógino, entre otros.
III. Transexualidad vs Transidentidad
Ansermet (2004), introduce una pregunta sobre el uso de la palabra “transexualidad”, luego de lo
cual, considera necesario hacer una distinción entre “sexualidad” e “identidad sexual”, desde una
aproximación psicoanalítica. Este autor plantea que “la sexualidad como tal”, implicaría el deseo
y la elección sexual, mientras que la “identidad sexual” involucraría el proceso de sexuación.
En cuanto al deseo, Chemama (1995), lo define como “falta inscrita en la palabra, y efecto de la
marca del significante en el ser hablante” (pp. 88), recalcando además que el deseo del sujeto
hablante es el deseo del Otro, y es un saber inconsciente. En el caso de la identidad sexual, esta
quedaría ubicada más allá de la biología, designando el modo en que, en el inconsciente, los
sexos se reconocen y se diferencian (Chemama, 1995).
De acuerdo con estas definiciones, tanto la sexualidad como la identidad sexual formarían parte
del registro simbólico, ya que ambas tendrían estrecha relación con el lenguaje y la posición
subjetiva en el mundo (Lacan, 1953), sin embargo, considero que, tomando estas definiciones, al
hablar de lo trans, se estaría hablando de identidad, es decir, de la posición subjetiva que toma el
sujeto respecto de las categorías “hombre-mujer”.

IV. Un significante remite a otro significante. Hombre, mujer u Otre. La palabra no


lleva a una cosa, lleva a otra palabra

“Soy hombre”, “Soy mujer”, “No me identifico como hombre ni como mujer”. Estas tres frases
tienen una doble intención: auto denominarse y presentarse ante un otro semejante. Esta
combinación de intenciones es propia de la conformación de identidad de un sujeto. En este
sentido, las consideraré como situadas en el registro imaginario.
En la primera y la segunda afirmación, los sujetos se identifican con un significante. En
concordancia con el título de este apartado, habría que preguntarse entonces, a qué otros
significantes remiten el sujeto que se identifica como hombre o como mujer. Ansermet (2014) en
su texto Elegir el propio sexo: usos contemporáneos de la diferencia sexual plantea que “Todo el
enigma clínico de la transexualidad gira, en efecto, alrededor de la certeza en juego”.
El autor menciona un caso clínico, en el cual un paciente de 15 años le dice, respecto de su
transexualidad “No se trata de una elección, sino de un hecho”. Aparece aquí una certeza, es
cierto, pero creo que es importante preguntarse algunas cosas ¿Era esa la primera sesión? ¿A qué
pregunta respondió el paciente?
Moisés Martínez (2004), en su texto “Mi cuerpo no es mío”, se hace la siguiente pregunta ¿Se
puede definir sentirse hombre?
Es difícil definir qué es sentirse hombre. Sin embargo, es menos difícil explicar
cuáles son los límites de actuación de un hombre y cuáles son los requisitos
fisiológicos para ser un hombre. Está establecido socialmente qué
comportamientos son propios del rol masculino, y cómo deben ser físicamente los
hombres. Así, tanto por comportamiento como por físico, podremos reconocer
quién es hombre y quién no lo es. Ahora, siempre es difícil definir un sentimiento.
Los hombres transexuales tenemos, que no es poco, la certeza de nuestra
identidad, el convencimiento de ser quienes somos, independientemente de
nuestro aspecto. Pero los transexuales debemos demostrar quienes somos, y
demostrar quiere decir cumplir unos requisitos a los que la sociedad obliga (pp.
114).
Para finalizar con esta pregunta Martinez (2004) dice:
Podemos, racionalmente, ser conscientes de la rigidez cultural con la que se
encasilla al hombre y a la mujer, pero como seres sociales, es difícil zafarse de la
necesidad de ver reconocida nuestra identidad ante los demás (pp.115).
Son varias cosas las que se pueden decir a partir de este contraste, entre la opinión de Ansermet y
la de Martinez. Como primera cosa, hay un sujeto trans (Martinez, 2004), que justamente alega
tener la certeza de sentirse hombre, pero que, a lo largo de esta breve reflexión, desarrolla un
“desgranamiento” de la categoría misma de ser un hombre, en el cual la certeza pareciera
desvanecerse ante el reconocimiento de la dificultad de sostener estas categorías binarias.
Martinez (2004) reconoce el ser hombre o ser mujer como construcciones sociales, que van más
allá de lo biológico, y enfatiza, sobre todo, una delimitación de roles y formas de interacción con
otros. Si se analiza la reflexión de este autor, de acuerdo a los registros de Lacan (1953), es
posible ubicar el planteamiento de Martinez (2004) en el registro simbólico.
Por su parte, Milena Moreno (en Otero, 2018), cuenta sobre su proceso identitario:
“Tenía pelo largo, me podía pintar los labios, usaba un mix de ropa, no te identificaban como
hombre o mujer sino como un hippie sucio. No tenías conflicto de decir al otro: ‘No soy lo que
usted piensa, soy otra cosa que todavía no sé. Por qué me iban a catalogar por algo que todavía
no sabía qué era’” (Párrafo 10).
Ansermet (2004) llega a un punto que, a mi parecer, es central “Frente a la diferencia de los
sexos, no localizable, le toca a cada uno inventar su solución, valerse de sus recursos
improvisados” y continúa el párrafo con la siguiente pregunta “¿De qué modo podría ocurrir
que una elección llegue a operar sin la sombra de una duda, tal como parecen vivirlo quienes se
sienten habitados por una problemática transexual?” (pp.3).
El párrafo de Ansermet (2004), a mi juicio, opone de manera arbitraria la solución a la diferencia
sexual, con las dudas que esta conlleva, y el modo en que se resuelve la “problemática
transexual”. Martinez (2004) y Moreno (en Otero, 2018) dan cuenta a través de sus relatos, de
una inquietud que se sostuvo por años, y que en el caso de Martinez (2004) está en pleno
desarrollo, por lo que en esa afirmación de “soy hombre”, “soy mujer”, remiten a una cadena
significante.
Al revisar lo planteado por Freud (1933) en La feminidad, es posible ver que el autor manifiesta
una postura crítica frente a la supuesta facilidad con la cual se establecen las diferencias entre lo
masculino y lo femenino, e incluso introduce la idea de una bisexualidad anímica, la cual está
referida a que la relación “feminidad-pasividad” “masculinidad-actividad”, no es exacta, sino que
hombres y mujeres poseen una mixtura de características “masculinas” y “femeninas”.
Por otra parte, en ese mismo texto, Freud (1933) dedica su atención a las diferencias entre el
Edipo de las mujeres y de los hombres. A partir de este escrito, pareciera que es la salida (o no)
del complejo de Edipo, la que marca tanto la sexualidad como la identidad sexual de los sujetos,
y es como si en cada solución imaginable, se encontrara el principio de heterosexualidad.
Para explicar esto último es posible tomar como ejemplo la salida femenina de “Complejo de
masculinidad”, del cual la “homosexualidad manifiesta” sería su máxima expresión, es decir, la
homosexualidad solo podría existir si en el nivel de la identidad sexual, se mantiene la
heterosexualidad.
A raíz de esto me planteo la siguiente pregunta: ¿es posible prescindir del principio de
heterosexualidad? ¿Es posible plantear salidas diversas a las planteadas por Freud, que logren
representar resoluciones del Edipo en identidades trans?
Lo que propone Freud (1933) es que, a partir del anhelo por la madre, y la rivalidad hacia el
padre (fase fálica), el niño ingresaría al Complejo de Edipo, frente al cual optaría por preservar su
narcisismo, lo que significa resignar a la madre. Considero que bastaría proponer que el bio niño,
se identifica con la madre (con lo que sea que la madre represente), más allá de la diferencia
anatómica, de esta manera, la castración sucedería como una variante de la castración femenina
de la bio niña; el sujeto quedaría castrado, es decir, asumiría la renuncia de la madre como objeto
de goce, para poder identificarse con ella.
Queda entonces la pregunta por el padre ¿Qué haría este sujeto femenino con el padre? Lo que
propongo es que no se sabe, no hay una regla, de manera que más allá de plantear una salida
única a las identidades trans, planteo que la unión entre identificación y elección de objeto que da
a entender Freud (1933) en La feminidad, no es necesaria. El “bio niño” entonces, podría
identificarse a lo femenino, y a la vez mantener a la madre como su objeto amoroso, o podría
identificarse a lo femenino y trocar a la figura paterna su objeto amoroso.
De esta forma, puedo concluir que es necesaria por una parte la reformulación de la pregunta,
pasar de ¿En qué se sostiene la certeza de “El transexual”? a ¿Qué es para ti ser hombre/ ser
mujer? Y por otra, recordar que la pregunta por la identidad, y la incertidumbre por el lugar
simbólico en el que nos ubicamos, no conlleva a una respuesta inmediata, en general, implica un
proceso que se vive con mucha angustia, sin importar si se trata de una persona cisexual (que sus
órganos sexuales se corresponden con su género) o trans.
V. La torsión de la lengua. Algunas implicancias del lenguaje inclusivo.
La psicoanalista argentina Claudia Lazaro (2018), en su exposición “Las arrugas de la lengua”,
se pregunta a raíz del movimiento feminista, qué implica la identificación, y cómo el lenguaje
inclusivo pasa a jugar un importante rol en la comprensión actual de este fenómeno.
En concordancia con el apartado anterior, Lazaro (2018) parte desde el entendido de que existe
una relación entre el significante y la cosa que denota. La relación que establece la autora entre
lenguaje inclusivo y la cosa es que “hay un ser que no da de antemano su consentimiento ante las
insignias de género que le da el Otro, sin embargo, no pueden arrancar a la mortificación
significante”, además “las identificaciones se determinan allí por el deseo, sin satisfacer la
pulsión”.
Tomando las palabras de esta autora, para abordar algo sobre las identidades trans, agregaría que
en el lenguaje inclusivo hay entonces una intención de acercarse a la cosa, a eso que se quiere
representar en el decir, ignorando que en el mismo momento en que se pone una palabra, se crea
un nuevo vacío, una nueva pérdida.
Un ejemplo claro de esto, es cómo se ha ido aumentando cada vez más la sigla de las Identidades
sexuales diversas. En un inicio se reducía a LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales),
después, se incluyó la I (intersexuales), luego la Q (queer), y últimamente se ha optado por
incorporar un signo +.
“Más”. Es interesante detenerse en esto, fuera de que el signo “+” tiene la intención de acoger
todas las identidades sexuales no heterosexuales/binarias, también puede ser leído como una
petición, como “pedir algo más”, que es justamente lo que a mi parecer desarrolla Lazaro (2018).
El lenguaje transforma la necesidad en una demanda hacia el otro. En estas palabras que
identifican, hay una intención de nominar, y, también hay deseo, que tal como plantea Lacan
(1958, en Reali, 2018) tiene la finalidad de ser satisfecho, sino de permanecer deseante, de ahí
que este “más” se vuelva una pregunta abierta, una demanda indeterminada al Otro.

VI. Identificación y nominación


Ricardo Seldes (2018) inicia su conferencia “Esa insondable decisión” haciendo hincapié en que
la clínica no es atemporal, y que las identificaciones permiten conocer las modalidades de goce
de cada época. En relación a las identificaciones actuales, Seldes (2018) plantea que éstas son
más débiles que en épocas anteriores.
El autor da como ejemplo las diversas agrupaciones, principalmente de jóvenes que se identifican
bajo una etiqueta (veganos, hípster, son algunos de los ejemplos que da) y se pregunta ¿alcanza
ser nombrado para adquirir una identificación transitoria?
A lo largo de la conferencia, Seldes (2018) va haciendo una distinción entre “identificación”
“identidad”, ubicando la identificación en un registro imaginario, en la cual el sujeto quedaría
capturado por una imagen unificadora de si mismo, en contraposición de la identidad, situada en
lo simbólico, indicando el lugar que ocuparía el sujeto en relación a la sexuación.
En relación a esta distinción, Seldes (2018) plantea que sin importar la vía por la cual se aborde
un análisis, este iría en contra de la identificación, es decir, procurando sustraerse de la relación
imaginaria, para acceder a lo simbólico.
Sobre esto último, me queda la impresión de que, tal como plantea Martinez (2004), en el caso de
los sujetos trans se espera que estos respondan a una pregunta que para muchos sujetos significa
un gran enigma, a saber, la pregunta por la sexuación (identidad sexual) ante la en un comienzo
de la relación analítica, es fácil que el analizante responda con identificaciones que tienen como
finalidad “taponar la angustia” (Ansermet, 2004).

VII. Metáfora paterna y cambio en el Otro social


Para comenzar a hablar de cómo la dimensión social está íntimamente relacionada con la
subjetivación, propongo la siguiente cita:
Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su
época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no
supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento
simbólico? Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra
continuada de Babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los
lenguajes (Lacan, 1953, pp.309).
Estas palabras de Lacan (1953) dejan en evidencia la estrecha relación que este hace entre
trabajar “en el horizonte del psicoanálisis”, incorporando también los elementos que se presenten
en la subjetividad de su época. Considero que hay una afirmación implícita en esta frase: El Otro
cambia, cambia con la época, cambia de una cultura a otra, y eso evidentemente impacta
subjetivamente a quienes comparten ese Otro.
Tomo esta cita como una invitación a mirar el “presente social”, los cambios que se están
viviendo a nivel legislativo, no solamente en Chile, sino que, en los países vecinos, como
Argentina (Antuña, 2014). El lenguaje está modificándose, no es necesario que se mantenga el
“todes” para que el cambio sea significativo, lo que importa es que esa utilización del lenguaje,
como cualquier significante, remite a una cadena significante, y esa cadena habla de
disconformidad, de una apertura en las modalidades de ser entre uno y otro, y considero
inevitable, que estos cambios operen en los modos de subjetivación de los sujetos.
Como un ejemplo, se puede plantear el ingreso de los bebés a la cultura en el día de hoy en Chile.
La televisión abierta ha mostrado con mucha más libertad parejas homosexuales reales, ya no a
través de teleseries, ni caricaturizándolas, sino que simplemente, apareciendo, algo así, por
mínimo que parezca, hace 15 o 10 años, no habría sucedido.
Otro elemento es la división de los juegos infantiles. Por supuesto que aún es predominante la
binarización de los juegos infantiles, pero también es cierto que hace algunos años se ha abierto
el cuestionamiento hacia esto, y no son pocas las familias que han procurado establecer una gama
más amplia de juegos para sus hijos e hijas.
Así, hay varios ejemplos significativos sobre cambios en el Otro social que podrían pensarse
como determinantes de un cambio en la subjetivación tanto de las personas jóvenes y adultas,
como de las próximas generaciones.
Propongo, para finalizar este apartado, la siguiente frase, también de Lacan (1972) “Si el padre
ya no impacta a la familia, naturalmente se encontrará algo mejor” (pp. 204).
VIII. Conclusiones
A lo largo de este escrito, he podido reflexionar sobre algunas dificultades que se presentan en el
abordaje actual de las identidades trans, desde un marco de reflexión Lacaniano/psicoanalítico.
Los diferentes apartados en que dividí esta monografía dan cuenta de las áreas en las que se
alojan estas dificultades; noción de identidad y sexualidad, las categorías de hombre y mujer en
tanto significantes, el surgimiento del lenguaje inclusivo, distinciones entre identificación y
nominación, y, por último, los cambios en el Otro social.
En el caso de las nociones de identidad y sexualidad, ambas hablan predominantemente del
registro simbólico. Se genera aquí un impasse, ya que como plantea Sáez (2004), las teorías
queer, que de alguna manera son las que dan forma a las identidades no normativas en la
actualidad, únicamente hablan sobre identidad y género a modo de prácticas performativas e
identidades estratégicas, por lo que cuando los sujetos trans hablan, es este discurso el que
aparece.
Un problema que se puede generar a partir de esto es que el momento en el que los psicoanalistas
autores de los escritos que revisé, no realizan esta “traducción”, toman como posición subjetiva
lo que es en gran medida parte de un discurso político.
Así, es coherente el paso al siguiente tema; Las categorías hombre/mujer como significantes que
remiten a otros significantes. En este sentido lo que pude ver es que a través de la noción de que
los sujetos trans presentan una certeza de ser hombre o mujer, se pierde la posibilidad de apreciar
los aspectos subjetivos de este sentimiento, que nuevamente Sáez (2004), luego de estudiar
algunos pasajes de Lacan, concluye en que la identidad se construye mediante las convicciones
de lo que el sujeto no es, es decir que la afirmación posee más seguridad en el “no soy hombre/
no soy mujer”.
Respecto de esto último propongo que estas afirmaciones, se hacen en una primera instancia
considerando sobre todo aspectos imaginarios de cada una de estas categorías, y luego de eso se
instalan como posiciones subjetivas.
Por otra parte, tomé la reflexión de Lazaro (2018) en relación al lenguaje inclusivo, para aplicarla
al aumento de la sigla LGBT, interpretándolo como una demanda orientada por el deseo. Con
esto me refiero a que, en este uso del lenguaje, se realiza una demanda manifiesta hacia el Otro
social, de incluir en el discurso todos los caminos que puede tomar la sexualidad y la identidad,
mientras que, por otro lado, en tanto que esta demanda está orientada por el deseo, lo que busca
no es ser satisfecha, sino permanecer deseante, dando como resultado el “+, más”.
En estrecha relación con los puntos mencionados se encuentra la discusión entre identificación y
nominación, de la cual creo que más allá de la palabra que se use, es importante preguntarse en
qué plano está hablando un sujeto mientras habla de si mismo, y qué función cumple lo que dice.
Finalmente, considero que todas estas áreas de reflexión tienen una fuerte relación con los
cambios en el Otro social, y cómo estos tensionan la teoría psicoanalítica e invitan a re pensar
algunos conceptos y/o modos de articular un discurso no normativo, que es lo que personalmente
me gustaría lograr mediante el ejercicio del psicoanálisis, ya sea en clínica o en investigación.
Este es sin duda un campo en el cual quedan muchas preguntas por formular. Considero que para
futuras investigaciones sería interesante enfocar el tema desde los conceptos de “modalidades de
goce”, la feminización del orden social actual, así como también las posibilidades de pensar una
posición “otre”, ya no masculina o femenina, y de ser así, qué implicancias tendría este nuevo
posicionamiento subjetivo en relación a la sexuación.

Referencias
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