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UNIDAD IV EDUCACIÓN SEXUAL

"La responsabilidad con la cual los miembros de una sociedad vivan su sexualidad
será directamente proporcional a la responsabilidad con la cual la sociedad adulta
se haga cargo de una buena educación sexual para la niñez y la adolescencia"

1.-INTRODUCCIÓN JAIMINA
Estudios internacionales han demostrado que la educación sexual profesional impartida desde la
etapa preescolar "es promotora de una conducta responsable, y no de que los jóvenes adelanten su
primera relación sexual.

La educación sexual es un proceso que dura toda la vida y que está dirigido a adquirir información,
formar actitudes, convicciones y valores sobre la identidad, las relaciones y la intimidad. Incluye el
desarrollo sexual, la salud reproductiva, las relaciones interpersonales, el afecto, la intimidad, la
imagen corporal y el género sexual. La educación sexual concierne las dimensiones biológicas, socio-
culturales, sicológicas y espirituales desde (1) el dominio cognitivo, (2) el dominio afectivo, y (3) el
dominio del comportamiento, incluyendo las habilidades de comunicación efectiva y la toma de
decisiones responsables.

UNA BUENA EDUCACIÓN SEXUAL PROPICIA CONDUCTAS RESPONSABLES

2.- OBJETIVOS Y VALORES

El objetivo principal de la educación sexual es PROMOVER LA SALUD SEXUAL. En 1975, la


Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la salud sexual como “la integración de los aspectos
físicos, emocionales, intelectuales y sociales de un ser sexual, de maneras positivamente
enriquecedoras y que realzan la personalidad, la comunicación y el amor... todas las personas tienen
el derecho a recibir información sobre la sexualidad y considerar la aceptación de las relaciones
sexuales tanto por placer como con fines de procreación”.

La educación sexual busca ayudar a las personas a tener una visión positiva de la sexualidad,
proveerles de información y destrezas sobre como cuidar su salud sexual, y ayudarlos a adquirir
destrezas para la toma de decisiones hoy y en el futuro. Los comportamientos de vida de Adulto
Sexualmente Saludable representan los resultados deseados de un programa de educación sexual.
Estas directrices están basadas en cuatro metas principales para la educación sexual:

INFORMACIÓN: Proporcionar información precisa sobre la sexualidad humana, incluyendo:


crecimiento y desarrollo, reproducción humana, anatomía, fisiología, masturbación vida familiar,
embarazo, nacimiento, paternidad/maternidad, patrones de respuesta sexual, orientación sexual,
contracepción, aborto, abuso sexual, VIH/SIDA y otras enfermedades transmitidas sexualmente.

ACTITUDES, VALORES Y DISCERNIMIENTO: Proveer una oportunidad para que los jóvenes
cuestionen, exploren y valoren sus actitudes sexuales, con el fin de entender los valores de sus
familias, desarrollen sus propios valores, aumenten su autoestima, desarrollen un visión con
respecto a las relaciones con sus familias y con miembros de ambos sexos. Además incluye,
comprender sus obligaciones y responsabilidades para con sus familiares y otras personas.

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RELACIONES Y DESTREZAS INTERPERSONALES: Ayudar a que los jóvenes desarrollen sus
destrezas interpersonales, incluyendo la comunicación, toma de decisiones, asertividad y capacidad
para decir “no” a sus compañeros, tanto como la destreza para formar relaciones satisfactorias. Los
programas de educación sexual deben preparar a los estudiantes para que ellos entiendan su
sexualidad de manera efectiva y creativa en roles adultos. Esto incluiría el ayudar a que los jóvenes
desarrollen la capacidad de tener relaciones íntimas y sexuales no coercivas que expresen cariño,
apoyo mutuo, y que sean mutuamente placenteras.

RESPONSABILIDAD: Ayudar a que los jóvenes ejerciten su responsabilidad con respecto a las
relaciones sexuales, incluyendo la abstinencia, el cómo resistir presiones para involucrarse
prematuramente en el acto sexual, y estimular el uso de métodos anticonceptivos y otras medidas
de salud sexual. La educación sexual debiera ser un componente central en los programas diseñados
para reducir la prevalencia de problemas médicos relacionados con la sexualidad. Estos incluyen
embarazos en adolescentes, enfermedades transmitidas sexualmente incluyendo la infección del
VIH, y el abuso sexual.

3.-COMPORTAMIENTOS DE VIDA DE UN ADULTO SEXUALMENTE SALUDABLE.

La meta de un programa de educación sexual integral es el de facilitar la salud sexual. Un adulto


sexualmente saludable demostrará ciertas conductas de vida a una edad apropiada:

Apreciará su propio cuerpo.


Buscará mayor información sobre la reproducción en la medida que lo necesite.
Afirmará que el desarrollo humano incluye el desarrollo sexual, el que puede o
no incluir la reproducción o la experiencia sexual genital.
Interactuará con ambos sexos de manera respetuosa y apropiada.
Afirmará su orientación sexual y respetará la orientación sexual de otros.

Reconocerá a la familia como una fuente poderosa de apoyo.


Expresará amor e intimidad de manera apropiada.
Desarrollará y mantendrá relaciones significativas.
Evitará las relaciones de explotación y de manipulación.
Hará decisiones informadas sobre opciones de familia y estilos de vida.
Exhibirá habilidades que realcen las relaciones personales.
Comprenderá cómo la herencia cultural afecta las ideas sobre la familia, las relaciones
interpersonales y la ética.

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Identificará y vivirá de acuerdo a sus valores.
Se hará responsable de su propio comportamiento.
Practicará la toma de decisiones efectiva.
Se comunicará efectivamente con la familia, sus pares y parejas.

Disfrutará y expresará su sexualidad a lo largo de su vida.


Expresará su sexualidad de manera congruente con sus valores.
Disfrutará de los sentimientos sexuales sin necesariamente tener que llevarlos a cabo.
Discriminará entre los comportamientos sexuales que realcen su vida y aquellos que son
dañinos para sí mismo y/o para otros.
Expresará su sexualidad mientras respeta los derechos de los demás.
Buscará nueva información para realzar su propia sexualidad.
Entablará relaciones sexuales que se caractericen por su honestad, equidad y
responsabilidad.

Usará anticonceptivos de manera efectiva para evitar embarazos no deseados.


Prevendrá el abuso sexual.
Actuará de manera consistente con sus propios valores cuando tenga que lidiar con
un embarazo no deseado.
Buscará cuidado pre-natal al principio del embarazo.
Evitará contraer y transmitir enfermedades sexuales, incluyendo el VIH.
Practicará comportamientos de promoción de las salud tal como exámenes médicos
regulares, auto-exámenes de los senos y testículos, e identificación temprana de
posibles problemas.

Demostrará respeto por las personas con diferentes valores sexuales y estilos de vida.
Reconocerá que el habitual estrés intergeneracional y los conflictos de valor entre los
miembros de la familia son acrecentados por los diferentes grados de aculturación.
Ejercitará su responsabilidad democrática para influir en la legislación sobre temas
sexuales.
Evaluará el impacto de la familia, cultura, religión, medios de comunicación y mensajes
sociales, sobre sus propios pensamientos, sentimientos, valores y conductas relacionadas con
la sexualidad.
Promoverá el derecho de todas las personas a recibir información precisa sobre la
sexualidad.
Evitará conductas que exhiban prejuicio e intolerancia.
Rechazará estereotipos sobre la expresión sexual de diversos grupos culturales.
Educará a otros sobre la sexualidad.
Estas. directrices están basadas en valores específicos relacionados a la sexualidad humana. El
Grupo Especial de Trabajo ha desarrollado estas directrices para que sean consistentes con los
valores que reflejan las creencias de la mayor parte de las comunidades dentro de una sociedad
3
pluralista. Cada comunidad necesitará revisar estos valores para estar seguros de que el programa
sea consistente con las normas y diversidad de la comunidad.

Los valores inherentes a estas directrices incluyen: IVONNE

 La sexualidad es una dimensión natural y sana de la vida.


 Todas las personas son sexuales.
 La sexualidad incluye dimensiones físicas, éticas, espirituales, sociales, sicológicas y
emocionales.
 Todas las personas tienen dignidad y valor en si mismos.
 Los jóvenes debieran verse a sí mismos como individuos únicos y valiosos dentro del contexto
de su herencia cultural.
 Los individuos expresan su sexualidad de formas variadas.
 Los niños obtienen su educación sexual primaria en la familia.
 Las familias comparten sus valores sobre la sexualidad con sus hijos.
 En una sociedad pluralista, las personas deben respetar y aceptar los diversos valores y
creencias sobre la sexualidad que existen en una comunidad.
 Las relaciones sexuales nunca deben ser coercivas o explotadoras.
 Todos los niños deben ser amados y cuidados.
 Todas las decisiones sexuales tienen consecuencias.
 Todas las personas tienen el derecho y la obligación de hacer decisiones responsables con
respecto a su sexualidad.
 Las familias y la sociedad se benefician cuando los niños son capaces de hablar sobre la
sexualidad con su padres y/u otros adultos de confianza.
 Los jóvenes necesitan desarrollar sus propios valores sobre la sexualidad como parte de
volverse adultos.
 Los jóvenes exploran su sexualidad como parte de un proceso natural de llegar a la madurez
sexual.
 Involucrarse prematuramente en conductas sexuales implica riesgos.
 Abstenerse del acto sexual es el método más efectivo para prevenir el embarazo y las
ETS/VIH.
 Los jóvenes que tienen relaciones sexuales deben tener acceso a información sobre servicios
de salud.

4.- ENFOQUES EN LA EDUCACIÓN SEXUAL1

” Si de noche llorar por haber perdido el sol, las lagrimas no te permitirán ver las
estrella.” R. Tagore.

A continuación pretendemos mostrar una visión panorámica del tratamiento dado a la sexualidad
humana en nuestros días, así como ofrecer algunas pistas que nos orienten en la búsqueda de
posibles soluciones.

Por todos es bien conocida la situación que enfrentan nuestras sociedades, sumergidas en un rápido
y al parecer inexorable proceso de globalización o más bien de "homogeneización", en el que en aras
de un "progreso" que se nos pinta como única vía para alcanzar ese "estado de bienestar y felicidad"

1
La educación afectivo-sexual en los valores, Dr. Aldo Miguel Santos Hernández
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al que todo ser humano aspira, se nos terminan imponiendo esquemas de pensamiento, modelos de
conducta y estilos de consumo e influencias negativas a las que la sexualidad no ha escapado.

A principios del presente siglo comenzó a gestarse un fenómeno de profundas connotaciones, la


llamada "revolución sexual", proceso limitado en sus inicios a una pequeña elite de intelectuales,
principalmente formada por escritores como D. H. Lawrence, Oscar Wilde, Andre Gide entre otros;
científicos como Havellock, Yon Krafft Ebing (autor de Psychopathia sexualis y padre de la
sexología moderna) y S. Freud, así como algunos filósofos como Marcuse.

La sexualidad al estar en todo (música, filmes, revistas, libros, telenovelas, comerciales) y mediarlo
todo, se hace nada, se banaliza. Ocurre entonces que las relaciones interpersonales, experimentan
un notable empobrecimiento, al punto de muchas veces no pasan de relaciones "inter-individuales"
en las que cada uno de los miembros de la pareja (si es que puede a este tipo de unión dársele tal
calificativo), instrumentaliza a su compañero. Ambos se "usan" mutuamente para satisfacerse a sí
mismos. En tal contexto, al disociarse el amor de la sexualidad no se le da cabida al compromiso,
cerrándose por ende a "ataduras" tales como el matrimonio y la fertilidad y sucediendo lo que
nuestro Santo Padre ha manifestado en la Evangelium vitae (no.23): "la procreación se convierte en
el enemigo que es preciso combatir a toda costa y como sea".

En la raíz de todos estos fenómenos se encuentra el profundo vacío axiológico, o sea de valores, que
sufre el ser humano contemporáneo; quien al carecer de significados de orientación, de referentes
éticos; se muestra confundido y desorientado. Al ignorar el verdadero significado de la sexualidad,
le da el sentido que se le antoja, el que él cree más adecuado, aceptando sin cuestionamientos los
"sentidos" que se le imponen desde fuera. Los criterios de comportamiento se rigen entonces por
huecos procesos heterónomos, entre los cuales se encuentran por una parte el "sociologismo moral",
según el cual lo normal no es lo que dice la norma, sino lo que dice o hace la mayoría. Lo "normal" así
planteado es entonces "lo bueno" y por tanto lo deseable e incluso exigible. Ejemplo típico del
sociologismo moral lo constituyen los criterios que predominan acerca de las relaciones sexuales
prematrimoniales. Otro de estos procesos a que hacemos referencia es el "legalismo moral", según
el cual ante una determinada situación se razona que si la ley lo permite, lo favorece o simplemente
no hay ley que lo prohiba, es bueno o por lo menos "no es del todo malo". Ejemplos clásicos de este
caso son las opiniones sobre el aborto y la anticoncepción. Bajo el influjo de estos procesos se
conforman los antivalores dominantes que permean a nuestra maltrecha aldea global.

A continuación trataremos el tópico de la educación sexual, de la cual existen unos cuatro enfoques
básicos bien distinguibles, los cuales bosquejaremos:

Educación sexual de enfoque higiénico sanitario

Su objetivo se reduce a garantizar el uso higiénico de la función sexual, o sea la prevención de las
enfermedades de transmisión sexual y otras sexopatías, lo cual no es malo en sí mismo. En no pocas
ocasiones este enfoque incluye como punto central la anticoncepción y el aborto en "determinadas
situaciones en las que el embarazo ponga en peligro la salud física o psíquica de la mujer," definición
bastante vaga e imprecisa que justifica estas conductas en prácticamente todas las situaciones, al
mismo tiempo que coloca a la vida par nacer en el mismo nivel de las enfermedades de transmisión
sexual, de las cuales en ambos casas es preciso protegerse o deshacerse. El aborto y la
anticoncepción son males intrínsicamente graves. Esto es, siempre están mal en toda circunstancia y
por cualquier motivo. Pretendiendo ser neutral (alegando que todo contenido científico es y debe
ser "neutro"), se limita a impartir mera información científica sin referencia alguna a otras
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dimensiones esenciales de la sexualidad como la sicológica, la socio-cultural, la espiritual y la ética.
Es por lo tanto una visión reduccionista, simplista y dañina del complejo fenómeno de la sexualidad
humana.

Educación sexual con enfoque hedonista ERWIN

Su objetivo consiste en tratar de lograr que la persona alcance una plena "libertad" en el campo de
la sexualidad liberándose de todo tipo de ataduras morales, religiosas así como de "prejuicios y
tabúes culturales", los que, según este enfoque, limitan y esclavizan al ser humano. Los defensores
de esta postura llegan a catalogar como perfectamente normales e incluso a reclamar como
"derechos civiles" ciertos comportamientos (pornografía, permisivismo, erotismo, bisexualismo,
homosexualismo y sus múltiples variantes). El sexo es objetivado, esto es, convertido en objeto, y
donde el sexo se objetivaza, necesariamente se objetivaza a la persona misma.

Educación sexual con enfoque antropológico-cultural

Parte de la base que las normas que regulan las costumbres y las conductas sociales son
determinadas por la sociedad en una situación socio-histórica, cultural y política determinada, por lo
que pueden y son cambiables ante una nueva situación concreta. Ello, como es de suponer, trae como
resultado el relativismo ético. Su lado débil es que se fija en las normas, las que son hasta cierto
punto cambiables, sin acentuar los valores que las fundamentan; los cuales son más estables,
universales y consistentes Estos son la justicia, la paz, la solidaridad y el respeto a la dignidad de
todo ser humano, por sólo mencionar algunos.

Educación sexual con enfoque personalista

Es el modelo al cual debemos tender. Su objetivo consiste en desarrollar una sexualidad madura que
integre sus múltiples dimensiones, buscando la realización armónica de la persona concreta.

La educación ética significa formar a partir de los valores. Donde no hay valores no hay verdadera
educación. Puede haber instrucción, entrenamiento, pero nunca educación. Es preciso tener
presente que los valores no se enseñan ni memorizan, sino que se transmiten, se contagian, se
demuestran. Educar en los valores no significa pues, enseñar un conjunto de fríos contenidos ni
dictar manuales de entendidos en la materia. No se trata de dar grandes listados de recetas,
fórmulas y principios teóricos abstractos, error en el que no pocas veces incurrimos. La educación
afectivo-sexual en los valores consiste en ir despertando y alimentando la sensibilidad, el sentido
ético. Esto es, la capacidad para captar los valores, capacitando al sujeto para el discernimiento en
situaciones reales y concretas ante las cuajes se verá en la vida.

Mediante esta educación sexual se deberá propiciar el descubrimiento del significado antropológico
y teológico pluridimensional de la sexualidad humana, de modo que la persona sea capaz por sí misma
de encontrar en su sexualidad un conjunto de sentidos existenciales; los cuales, desde la libertad
como realización de la verdad en la responsabilidad, contribuyan a su realización y planificación
humana, única fuente de la verdadera felicidad.

PRINCIPIOS DE LA EDUCACIÓN SEXUAL

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El desarrollo de la esfera psicosexual del ser humano constituye un proceso donde se pone de
manifiesto determinadas leyes y regularidades, cuyo conocimiento es fundamental por parte de
todos los educadores.

Sin embargo, el dominio de dichas leyes y regularidades no es suficiente por si sólo, para que los
padres y maestros puedan dirigir eficazmente las influencias formativas en esta esfera, para que
conozcan, en cada momento específico, que hacer y cómo lograrlo. Sabemos, por ejemplo, que los
intereses hacia las cuestiones sexuales se manifiestan tempranamente –desde la infancia- al
mostrar los niños curiosidad por conocer las diferencias entre los genitales de las hembras y los
varones, la procedencia de los bebes, el nacimiento, etc.

Pero el hecho de poseer tales informaciones acerca de las características típicas del desarrollo
sexual infantil es suficiente para resolver los problemas de la educación sexual en esta etapa,
surgiendo en consecuencia ante nosotros muchas interrogantes:
¿En qué momento debe de iniciarse el proceso de educación sexual ?
¿Hay que decir la verdad a los niños pequeños o evadir la respuesta hasta que sean mayores ?
¿Qué lenguaje utilizar para hablar con los niños sobre estos temas ?
¿Debe de incluirse la educación sexual como una asignatura en la enseñanza general ?
¿Es necesario esperar a que los educandos manifiesten sus inquietudes para darles solución ?
¿Es aconsejable utilizar las prohibiciones y los castigos para evitar conductas sexuales
inapropiadas?

Para orientar en la solución de estas y muchas otras problemáticas que puedan presentarse en el
proceso de influencia educativa sobre la esfera sexual, la pedagogía sexual ha elaborado un sistema
de principios para el trabajo práctico en este campo, que tienen como características esenciales las
siguientes:

1.- Son postulados generales que reflejan los principios de la educación, concretándolos de acuerdo
con las particularidades de la esfera psicosexual.
2.- se fundamentan en las leyes y regularidades que rigen la formación y desarrollo de la sexualidad
humana.

3.- Conforman un sistema, de tal modo que dado sus nexos recíprocos, el cumplimiento de uno
requiere de la aplicación de los demás, y la omisión o violación de cualquiera de ellos implica una
afectación en la efectividad del proceso.

La importancia del sistema de principios de la educación sexual radica en que constituyen


lineamientos rectores, cuyo conocimiento proporciona a los educadores las orientaciones precisas
para dirigir este proceso, en correspondencia con sus especificaciones y leyes, por lo cual pueden
ser considerados como guías para la acción.

Al valorar la literatura especializada en este campo, constatamos que la mayoría de los autores
coinciden en establecer algunos principios generales para la educación sexual. Así por ejemplo, R.
Allers argumenta en su obra Pedagogía sexual, los basamentos esenciales de este proceso: fidelidad
a la verdad, diálogo, comprensión y confianza, entre otros. Sin embargo, ninguno de los especialistas
consultados, exceptuando a H. Grassel, logra formular un sistema integral y coherente. Es por ello
que adoptamos un sistema propuesto por este autor en 1966, considerándole el más completo y
armónico.

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Así los maestros y padres deben de analizar en cada situación concreta sus posibilidades de
aplicación lo cual requiere obviamente que se realice un trabajo planificado, constante, cuidadoso y
opuesto a toda acción esquemática e impensada.

Seguidamente explicaremos los principios básicos enunciados por Grassel, los que hemos intentado
enriquecer sobre la base de la experiencia práctica de la educación sexual y de las investigaciones
realizadas.

PRINCIPIOS DE LA EDUCACIÓN SEXUAL

Unidad de la presentación de los


Adecuación al desarrollo

Cultivo
Confianza e inclusión personal

Objetivación y normalización

Continuidad y repetición
Preparación activa e

Veracidad y claridad

Despertar la responsabilidad
Consolidación colectiva

hechos y la transmisión de
inmunización

propia

valores
CONFIANZA E INCLUSION PERSONAL VIRGINIA
La actividad del educador no sólo está regida por leyes objetivas, sino que “ es en gran medida un
arte en el cual se manifiesta la originalidad del educador, su sello personal, su carácter, sus
relaciones con los educandos…”

El tipo de relación que se establece entre el educador y el educando es fundamental para que se
alcancen los objetivos de la educación en general y de la educación sexual en particular. Las
interrelaciones mutuas basadas en la confianza constituyen en cierto sentido la “llave” para
penetrar en la psiquis del educando y ejercer una influencia activa sobre esta. Se ha comprobado
que los niños y jóvenes aceptan las intenciones educativas sólo cuando provienen de un adulto en el
cual confían.

Cuando sucede lo contrario, el trabajo educativo corre el riesgo de devenir algo puramente formal,
no conduciendo a la interiorización activa de las normas y los valores sexuales deseados, que
permiten la regulación del comportamiento en esta esfera.

Si las relaciones de confianza son predominantes, las medidas educativas serán efectivas, ya que el
educando se sentirá incluido, personal y emocionalmente, en la situación pedagógica. Todo el
proceso se convertirá para él en una parte indisoluble de su vida; no se considerará al margen de lo

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que sucede, como si ello no tuviese relación con su persona, sino que se sentirá comprometida activa
y afectivamente en el proceso de su propia educación.

Así, las relaciones de confianza promueven la inclusión personal y a su vez determinan la actitud
positiva y receptiva del educando respecto a las influencias educativas.

Para lograr la confianza es indispensable un efecto de afinidad, que sólo puede establecerse en el
contacto personal, en la comunicación cotidiana, por lo cual es esencial el trato directo y
sistemático entre el educador y el educando. Simultáneamente resulta determinante el
conocimiento del educando, la comprensión de su psiquis, de sus motivaciones e intereses, así como
de los problemas y preocupaciones que afronta. .

Los padres y maestros no deben subvalorar esos conflictos, restarles importancia o reírse de ellos.
Es necesario tener presente que cada etapa de la vida humana presenta sus características que
varían al mismo tiempo de una persona a otra.

Por ende, resulta indispensable el respeto humano, sincero a las particularidades de los educandos,
el tacto y la discreción al interactuar con ellos, la delicadeza al tratar cuestiones referentes a la
vida intima. Estas últimas pueden ser, en muchas ocasiones, abordadas abiertamente, pero en otras
situaciones especificas, deben ser manejadas con total reserva.

Examinaremos por ejemplo el caso de una adolescente que confía a su profesor haber sostenido
relaciones sexuales, solicitándole consejos anticonceptivos. El educador debe tomar la decisión de
informar o no a los padres, pero antes tiene que valorar, según su experiencia, si estos están
preparados para ayudar a su hija de forma real, pues en el caso contrario, las consecuencias
educativas pueden ser catastróficas -- “tragedia” familiar, castigos, prohibiciones, amenazas, etc.
¿Debe el educador violar la confianza depositada en él? En situaciones de este tipo, la actitud más
correcta sería la de orientar de forma inmediata a la adolescente, trabajando simultáneamente con
sus padres para que en un futuro pueda confiarles estas cuestiones a ellos de manera directa.

En algunos casos particulares, educadores carentes de una adecuada ética pedagógica, acostumbran
a leer y comentar las cartas y papeles intimas de los educandos, divulgan sus secretos y
confesiones, se burlan de sus conflictos, critican sus amistades, no toman en serio sus problemas
sentimentales, ridiculizan o evaden sus preguntas e inquietudes. Tal posición elimina toda posibilidad
de influencia pedagógica, debido a que impide el establecimiento de vínculos de confianza, y resta
prestigio a la figura del educador. Por tanto, la actitud recomendable por parte de los adultos debe
ser la de intentar comprender los problemas de los niños y jóvenes, no situarse “del otro lado” de
los conflictos de estos. Es eficaz que el educador relate a los educandos que él también pasó por
experiencia similar en su vida, por lo que es sensible a estas problemáticas.

Sin embargo, hay adultos que con demasiada frecuencia hacen comparaciones o señalan ejemplos
con el fin de mostrar que en otras épocas, “los jóvenes si sabían comportarse” , enfatizando frades
tales como: “en mis tiempos no se veían esas cosas”, “ya no hay respeto”, etc. Por esta vía no se
alcanzarían jamás las metas educativas trazadas; la resultante sólo puede ser el levantamiento de
una barrera infranqueable entre los adultos y los educandos.

Por otra parte, tampoco es educativo el empleo de una estrategia basada en amenazas, castigos y
prohibiciones. Las medidas educativas carecen de efectividad cuando son impositivas, partiendo

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unilateralmente del poder de la voluntad del adulto. Como bien destacó Makarenko, las influencias
educativas deben pasar casi inadvertidas para los educandos. La autoridad impuesta y la coerción
pueden conducir a los niños y jóvenes a recurrir al engaño, a que adopten una actitud
aparentemente sumisa, actuando de forma contraria en ausencia del educador.

De igual forma, el tutelaje y la sobreprotección son contraproducentes, impidiendo que el educando


se convierta en un individuo capaz de orientar y dirigir de forma responsable su comportamiento
sexual. Este principio, aunque parte de la problemática singular de la educación sexual, se relaciona
estrechamente con aquel de la educación general de la unidad de las exigencias y el respeto a la
personalidad, el que plantea que las demandas del educador deben corresponderse con las
necesidades, los motivos y las posibilidades de los educandos, cuestión que constituye la base del
respeto y la confianza recíprocos.

Todo lo analizado nos lleva a plantear que los adultos deben fomentar relaciones de confianza y
respeto mutuo con los educandos, lo que propiciará que todos los problemas sean debatidos
profundamente en conjunto, que se analicen las posibles soluciones y que se determinen las vías de
acción más adecuadas. Solamente asi, a través de la participación activa de los niños y jóvenes en su
propia educación, es que pueden alcanzarse los objetivos de esta.

ADECUACION AL DESARROLLO
Dado el carácter activo de la psiquis humana, su desarrollo debe ser comprendido como un proceso
que de ningún modo es el resultado del reflejo pasivo y mecánico de condiciones especificas de vida
y educación, ya que posee sus propias leyes y su lógica interna.

Así, el desarrollo psíquico está determinando no sólo por las influencias externas que recibe el
educador, sino también por las particularidades ya formadas de la psiquis de este, mediante las
cuales actúan los factores objetivos en el proceso de la actividad. Estos influirán en los niños y
jóvenes de diversas formas, de acuerdo con la correspondiente etapa del desarrollo en que se
encuentren y de sus características propias, lo que nos explica por qué, en condiciones educativas
similares, pueden formarse personalidades diferentes.

Por consiguiente, la adecuación de la educación al desarrollo psíquico constituye un principio rector


y una premisa básica, de ahí que todo pedagogo, al organizar el sistema de influencias educativas,
tanto generales como en la esfera de la educación sexual, deba partir del análisis de las
peculiaridades de la edad de los educandos y de sus diferencias individuales.

Con vistas a ello, resulta imprescindible el conocimiento de la regularidad del desarrollo psíquico.
G.I. Schúkina precisa al respecto, que teniendo en cuenta que el centro de la educación lo
constituye la personalidad: “no se puede realizar el proceso educativo sin el pertrechamiento
psicológico, sin el conocimiento de las regularidades del desarrollo de la personalidad, sin una
profunda comprensión de las posibilidades de las diferentes edades, sin el conocimiento de la
individualidad típica, sin la comprensión de las perspectivas del desarrollo de la personalidad”, y
agrega que “lo psicológico es la base fundamental, sin la cual es imposible influir positivamente en
los educandos”.

Aunque cada etapa del desarrollo se caracteriza por rasgos, cualidades, necesidades y motivos
específicos, su esencia no radica en la suma de estos, sino en una peculiar estructura de la
personalidad.

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Si partimos de la estrecha relación existente entre la sexualidad y la personalidad, podemos
aseverar que en cada etapa, las características psicosexuales—motivos, necesidad e intereses
sexuales--- estarán en correspondencia con el tipo específico de estructura de la personalidad
propio de dicha edad. Del mismo modo, la esfera sexual no podrá tampoco ser enfocada al margen
de las leyes generales del desarrollo psíquico humano.

Por ejemplo, en la edad juvenil observamos que los cambios decisivos que tienen lugar en la esfera
motivacional – estructuración jerárquica, mecanismos de acción mediatizada de los motivos,
desarrollo de nuevos motivos relacionados con el futuro, con la autodeterminación, etc, -- se
reflejan directa o indirectamente en la sexualidad, lográndose la orientación y control del
comportamiento sexual en función de objetivos conciertos, teniendo en cuenta los motivos
dominantes para la personalidad y subordinando a estos los secundarios, etcétera.

A pesar de la reconocida importancia del principio de la adecuación al desarrollo, en muchos casos


no es tomado en cuenta por los educadores. En una investigación realizada por profesores del
Instituto Superior Pedagógico “José Martí”, con una muestra de escolares de primero y segundo
grados de la enseñanza primaria, se constató que las inquietudes sexuales propias de estas edades
no han sido satisfechas de forma efectiva, ya que al preguntárseles, ¿ donde viven los niños antes
de nacer?, se mostraron imposibilitados de responder o lo hicieron erróneamente señalando: “ en el
hospital”, “ en casa”, “en Cuba”, etc, cuando se les cuestionó ¿por dónde salen los niños cuando
nacen?, respondieron “por la boca de la mamá”, “por la barriga”, “ no se”, etc. Todo ello reafirma que
los niños encuestados no fueron, instruidos sexualmente, teniendo en cuenta las regularidades del
desarrollo de la esfera sexual en la infancia.

Por otra parte, es necesario destacar que la educación sexual, como proceso que guía el desarrollo
psicosexual, comprende un sistema de objetivos y tareas que deben ser cumplidas en cada etapa.
Por ello, el conocimiento de las peculiaridades del desarrollo psíquico y de la sexualidad posibilita al
educador ejercer una influencia activa sobre niños y jóvenes, aún en los casos en que estos no hayan
manifestado directamente preguntas e inquietudes que son típicas a su edad.

Del mismo modo en que la educación sexual debe adecuarse a las particularidades de cada etapa, es
también imprescindible que tome en consideración, como se ha señalado previamente, las
diferencias individuales, partiendo del hecho de que en cada ser humano cristalizan de forma
original y única las circunstancias vitales.

Lo expuesto nos permite comprender la estrecha relación y coincidencia entre este y el principio
educativo socialista sobre la consideración de las particularidades de las edades y de las
diferencias individuales de los educandos.

En este sentido, destaca A.S. Makarenko que debe existir un programa general de educación,
atendiendo a las características psicológicas de cada etapa del desarrollo, pero que al mismo tiempo
es indispensable considerar, en cada caso, lo que es propio de cada personalidad concreta.

La conclusión que se impone de las cuestiones analizadas, es que tanto los contenidos y tareas de la
educación sexual, como las vías y métodos para la influencia en esta esfera, deben estructurarse
teniendo en cuenta, en todo momento, cada situación pedagógica concreta, es decir, partiendo del

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conocimiento de las regularidades del desarrollo psíquico de nuestros educandos y de sus
individualidades, así como de las características especificas y la dinámica de cada colectivo escolar.

PREPARACION ACTIVA E INMUNIZACION

El desarrollo psíquico humano no transcurre espontáneamente este proceso es conducido de forma


activa por la educación y la enseñanza. La educación sexual, integrada armónicamente al proceso
único de formación de la personalidad, debe desempeñar una función rectora en el desarrollo
psicosexual. Para lograrlo ha de adecuarse a las particularidades de las etapas, sin que ello
signifique que permanezca a la zaga del desarrollo mismo.

“Si la educación (…) debe ser una condición determinante del desarrollo, no puede limitarse a seguir
el desarrollo, sino que tiene que ir más allá e influir activamente en este, y capacitar al menor para
que domine, en gran medida por sí solo, los problemas que se le presenten al avanzar dicho
desarrollo”.

La interrelación educación – desarrollo es sumamente completa y dialéctica: por un lado la educación


guía el desarrollo, y para hacerlo debe adelantarse a él, conducirlo. Por otra parte, debe adecuarse,
como ya hemos analizado, a este, en el sentido de que toda acción educativa ejerce su influencia
sólo en dependencia de los niveles de desarrollo existentes en los educandos—alcanzados a través
de influencias previas—y de sus diferencias individuales.

En el caso de la educación sexual, deben tenerse presente estas consideraciones generales y


concebir este proceso como dirigido a la preparación activa de los educandos para la vida sexual en
todas sus facetas: la pareja, el matrimonio, la familia, etcétera.

Según explica L.S. Vigotsky, la educación, si bien parte del conocimiento de lo ya formado y
desarrollado en el individuo hasta un momento dado, no se limita ni restringe a ello como si fuese
una frontera inviolable, sino que por el contrario, se dirige hacia la formación de nuevos procesos,
necesidades, motivos, que se incorporarán con la ayuda y dirección del adulto, y que son
indispensables para la futura adaptación psicosocial de los educandos. Este fenómeno es lo que el
eminente psicólogo soviético denominó zona de desarrollo próximo, y caracteriza la función rectora
de la educación en el desarrollo psíquico.

Este principio que explicamos se conjuga con el de la educación socialista referente al contenido
ideológico y la orientación consciente, que supone el pertrechar a los educandos de los
conocimientos, las normas de conducta y las convicciones que los preparen para la vida en nuestra
sociedad, en consonancia con las exigencias de la moral y la ideológica social.

Preparar activamente a los niños y jóvenes significa pertrecharlos de conocimientos, convicciones y


normas de conducta que les permitan enfrentar de forma responsable y efectiva todas las
situaciones de su vida relacionadas con la esfera sexual directa o indirectamente. Para lograrlo, no
podemos esperar pasivamente a que dichas situaciones ocurran, sino que es indispensable
anticiparse a ellas.

Se ha demostrado que en la práctica, podres y maestros, no toman en consideración este


principio: muchos no ofrecen ningún tipo de orientación sexual a los educandos, y otros, se
limitan por lo común a responder a las inquietudes de los educandos sólo cuando estos las

12
manifiestan abiertamente. En tales casos la influencia educativa no se adelanta—como debe
ocurrir --- al desarrollo, conduciéndolo, sino que queda a la retaguardia de este.

Para afrontar satisfactoriamente la educación sexual, los adultos deben, a partir del conocimiento
de las características del desarrollo psicosexual de cada etapa y de las individualidades de niños y
jóvenes organizar un sistema de influencias pedagógicas donde se anticipen las necesidades
cognoscitivas de los educandos, con el objetivo de prevenir la intervención, a veces nefasta, de
otros informantes mal documentados o mal intencionados, que pueden ofrecer una información
tergiversada, perjudicial y dañina. No podemos olvidar el efecto psíquico por las primeras
impresiones recibidas sobre un hecho o fenómenos, las cuales, por su fuerte carga afectiva, quedan
fijadas en la memoria con gran solidez.

Por todo ello, nuestra tarea debe encaminarse a ofrecer a los educandos esas primeras impresiones
e informaciones, para garantizar que sean positivas y qué contribuyan en la forma deseada al
armónico desarrollo de la sexualidad y la personalidad.

Un ejemplo – tomado de la literatura cubana – que ilustra el efecto nocivo causado por las primeras
impresiones sexuales recibidas de forma inadecuada, lo encontramos en el libro. Las honradas, del
escritor cubano Miguel de Carrión, donde el autor denuncia la situación de la mujer, su educación y
sus frustraciones en nuestro país, a finales del siglo XIX y a principios del XX. La protagonista.
Victoria y su hermana, son iniciadas en “el secreto” de la vida sexual por una amiga, quien les
explica: “!claro, bobas! El matrimonio es para eso! Si no, ¿cómo habría niños? Victoria, indignada,
replica: “Eso lo harán los matrimonios indecentes. Mi padre y mi madre re aseguro que no”.

Sin embargo, la verdad que le ha sido tan bruscamente revelada le causa desconcierto y rechazo,
siendo sus efectos posteriores altamente perjudiciales para su actitud ante la sexualidad: “.. la
crudeza con que se expresó aquella noche y lo que dijo, me habían hecho una impresión mucho más
honda que todo lo que había oído hasta entonces. ¿ Seria verdad que yo era una boba al negar que
aquello existiese y al mostrarme escandalizada, como si acabara de ver al diablo?.

Como se ha explicado, en la medida en que la educción sexual se anticipe al desarrollo de la


sexualidad de niños y jóvenes, podrá conducir dicho desarrollo, preparándolos activamente para
esta esfera de la vida.

A pesar de ello, muchos educadores son adversos al principio de la preparación activa; tal es el caso
de Makarenko, quien, aunque valoraba la importancia de la educación sexual, se oponía al
esclarecimiento en la edad infantil por considerarlo innecesario e inútil, dado que pensaba que en
esta etapa no existen intereses hacia el sexo. Estimaba que no se debe temer “que el niño llega a
conocer llegue a conocer el secreto de la procreación a través de sus compañeros y amigos y
mantenga su conocimiento en reserva”.

Nosotros consideramos, como ya hemos precisado, que las cuestiones sexuales deben ser conocidas
por los niños a través de sus educadores, que pueden brindarles una concepción adecuada, y no
mediante los compañeros y otros informantes, cuya acción puede ser altamente perjudicial. Por ello
planteamos que loa adultos tienen que adelantarse siempre a la influencia negativa de estos.

En la educación sexual debe predominar la orientación hacia lo positivo, pero no podemos obviar el
hecho de que en ciertas circunstancias es imprescindible alertar a los educandos contra situaciones

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de índole negativa, conductas que se apartan de la normalidad, etc., previniéndoles acerca de los
peligros que pueden correr. Sin embargo, deben hacerlo de forma tal que no se fomenten temores o
conceptos erróneos que los conduzcan a considerar la sexualidad como algo pernicioso.

En investigaciones efectuadas en diversos países, se ha comprobado que los niños víctimas de


abusos sexuales no han recibido, por lo general, información y orientación sexual de los adultos, no
han sido suficientemente preparados para enfrentar tales hechos, lo que trae como consecuencia
que acompañen confiadamente al autor del delito sin ofrecer resistencia, no informando a sus
padres de lo sucedido.

H. Grassel cita al respecto datos de varios autores que corroboran lo señalado. Schiff encontró que
de 100 niños de 4 a 13 años, victimas de pedófilos, sólo 24 informaron inmediatamente a sus padres.
Brunold constató que alrededor de dos tercios de los pequeños no ofrecieron resistencia, y Nav
verificó que únicamente el 12,8 % habían sido correctamente instruidos por sus padres. (54)

Se demuestra así la necesidad de advertir a los educandos contra la acción de los desviados y
delincuentes sexuales, así como contra otros peligros de la sexualidad.

Cuando los padres y maestros preparan activamente a las nuevas generaciones para el encuentro
con el otro sexo y la propia sexualidad, no hacen más que inmunizarlos, protegerlos contra virtuales
problemas.

Así, pues, en esta esfera del trabajo educativo, el intento de mantener a los niños y jóvenes en la
ignorancia, sólo puede desencadenar el desarrollo de prejuicios, temores, concepciones erróneas y a
veces incluso traumas psíquicos, que van a impedir la armoniosa realización de su vida amorosa y la
constitución de un matrimonio feliz.

VERACIDAD Y CLARIDAD

¿Es o no recomendable decir siempre la verdad a los educandos al tratar las cuestiones de la
sexualidad?

Esta es una de las problemáticas más debatidas en la esfera de la educación sexual. De acuerdo con
la concepción tradicionalmente imperante, se aconsejan posponer la explicación de estos temas
hasta tanto los niños fuesen mayores, tratando por todos los medios de preservar su inocencia
durante el mayor tiempo posible.

Tales ideas han sido sustentadas incluso por educadores tan preclaros como A.S. Makarenko: “Se
puede eludir la respuesta con una broma o con una sonrisa, y el niño olvidará la pregunta ocupándose
de otra cosa. Pero si se conversa con él de los detalles más íntimos en las relaciones entre el
hombre y la mujer, se incita en él la curiosidad por el problema sexual y se hace necesario después
contener su imaginación prematuramente despierta.”

Actualmente, la amplia experiencia pedagógica acumulada en el campo de la educación sexual, unida


a los resultados arrojados por numerosas investigaciones científicas, demuestran, en primer lugar,
que la veracidad constituye un requisito fundamental para preparar activamente a los educandos en
esta esfera, y en segundo lugar, que la violación de este principio puede originar resultados
indeseables, tanto en la psiquis de los niños y jóvenes como en sus relaciones con los adultos.

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A través del desarrollo psicosexual, los intereses por las cuestiones sexuales se manifiestan desde
las edades más tempranas y constituyen parte de la curiosidad general y natural de los niños por
todo lo que les rodea.

Por tanto, cualquier inquietud del niño respecto a la sexualidad, debe ser interpretada del mismo
modo natural por los adultos, considerándola un índice de que ya está psíquicamente maduro y
preparado para recibir una respuesta veraz y adecuada; en caso contrario, no se hubiese
manifestado en él tal preocupación.

Si enfrentamos las interrogantes infantiles con el silencio, la evasión, el oscurecimiento, la mentira,


la tergiversación de los hechos, sólo obtendremos efectos contraproducentes; la normal curiosidad
del niño, al no ser satisfecha no desaparecerá – como pensaba Makarenko—sino que por el contrario,
conducirá al surgimiento de una atracción desproporcionada hacia los temas sexuales.

Un ejemplo ilustrador nos lo ofrece la ya citada novela Las honradas: “Mi curiosidad –explica
Victoria—adquirió formas enfermizas, tanto más atormentadoras cuanto que no tenía a quién
comunicarle mis observaciones. Adivinaba la existencia del misterio en torno mío, y hubiera dado la
mitad de mi vida nada más que por penetrarlo”.

En la citada obra literaria se pone de manifiesto que los intentos por mantener a niños y
adolescentes en la ignorancia, incentivan aún más su curiosidad, despertando el deseo de averiguar
acerca del secreto oculto. Pero también coadyuvan a una concepción de la sexualidad como algo
bochornoso – aunque atrayente – y traen como resultado que los educandos se vuelvan taimados, que
oculten sus pensamientos e inquietudes, desapareciendo toda franqueza y comunicación con el
adulto: “ Empezaba a ser mujer, sin que nadie me lo hubiera enseñado. Quería saber siempre más,
pero aprendía a disimular mis impresiones.”

Los adultos no deben olvidar que en la mayoría de los casos resulta imposible preservar la inocencia
de niños y adolescentes, manteniéndolos ajenos a las problemáticas sexuales: “ La previsión de
mamá había escogido los criados, proscrito las parejas de animales que pudieran ilustrarnos de la
gran inmoralidad de la naturaleza y alejado las compañas peligrosas; pero no pudo despoblar el aire
de gorriones, ni la arboleda de mariposas y lagartijas, ni el comedor de moscas, ni logró impedir que
uno de los gatos de mi tía Antonia pariera cinco gatitos, el ultimo en presencia nuestra.”
Los niños no sólo entran en contacto con fenómenos ilustrativos de la reproducción de los animales,
sino que sus fuentes de información pueden proceder de otros niños o de adultos mal intencionados,
influencias ambas que generalmente es muy difícil de controlar por parte de los educadores.

En una investigación se constató que el 33,3 % de los encuestados recibió las primeras
informaciones sobre el sexo a través de los amiguitos, que constituyen una fuente no objetiva y
muchas veces nociva por la información tergiversada que brindan.

Hay que tener en cuenta que sólo la verdad y la franqueza pueden promover las relaciones de
confianza tan importantes para que el educando sea receptivo a las influencias pedagógicas. Por
ello, la mentira y el encubrimiento conducen al deterioro de la comunicación, del efecto, de la
afinidad, de la inclusión personal, con lo que se pierde la posibilidad de una acción efectiva sobre la
psiquis de las nuevas generaciones. En este sentido planteó Vilma Espín: “No se debe evadir la
pregunta ni se debe contestar jamás una mentira por dos razones: una, porque no se debe decir una

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mentira a un niño, porque lo está confundiendo en lo que está preguntando y otra porque va a perder
la confianza en los padres.”

Por otra parte, la claridad está indisolublemente vinculada a la veracidad, puesto que las
conversaciones y explicaciones que se ofrezcan a los educandos han de ser asequibles a ellos,
teniendo en cuenta su nivel de comprensión según la edad y las diferencias individuales.

Es fundamental en este sentido el empleo de un vocabulario adecuado de terminas precisos,


evitando ambigüedades y palabras vulgares. Se recomienda desarrollar desde edades tempranas un
lenguaje culto para hacer referencia a las cuestiones sexuales, introduciendo los términos
científicos y habituando a los educandos a la utilización de estos.

Al mismo tiempo, se garantiza la claridad de las explicaciones cuando se ofrecen a los educandos
ejemplos ricos y variados, ilustraciones, laminas, dibujos, maquetas y otros medios, siempre en
correspondencia con las exigencias de cada situación pedagógica concreta; edad, diferencias
individuales, necesidades, intereses, etcétera.

OBJETIVACION Y NORMALIZACION
La experiencia acumulada en el campo de la educación sexual ha demostrado que este proceso debe
llevarse a cabo en los marcos de las actividades educativas cotidianas y sistemáticas, integrado a
las demás esferas de la labor educativa, aunque sin perder jamás su vista, sus objetivos y principios
particulares.

Cuando se desarrolla la educación sexual de forma aislada, al margen del proceso de educación en su
conjunto, puede despertarse en los niños y jóvenes un interés especial por las cuestiones sexuales,
las que son sobrevaloradas en su importancia, pasando a ocupar un lugar primordial, por encima de
los problemas de las esferas morales, político—ideológica y estética, entre otras.

Este principio de la educación sexual está íntimamente relacionado con el de la educación socialista
referido a la vinculación de la educación con la vida, el trabajo y la práctica de la construcción del
socialismo en nuestro país, que tiene como fundamento la necesidad de preparar a las jóvenes
generaciones para la vida en la sociedad socialista, para lo cual es indispensable formarlos y ejercer
la influencia en la propia actividad social, rompiendo los límites de la escuela y trascendiendo este
proceso a todas y cada una de las esferas del quehacer cotidiano. La necesidad e importancia de la
normalización de la educación sexual se fundamenta conceptualmente en nuestro enfoque acerca de
la sexualidad como expresión de la personalidad y en su carácter social.

En consecuencia, a partir de la integralidad de la personalidad, debemos formarla de manera


multifacética, actuando simultáneamente sobre todas sus facetas, sin minimizar el valor de cada
una de ellas, ni tampoco estimarlas en exceso.

Al equiparar la educación sexual a las demás actividades educativas, logramos que estas cuestiones
sean percibidas por los educandos de una forma objetiva, natural; que vean la sexualidad como una
esfera más de la actividad humana, sin experimentar reacciones negativas o tensiones emocionales
respecto a ella.
¿Cómo puede cumplimentarse este principio en la práctica?

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Para lograrlo, la educación sexual debe ser abordada simultáneamente por todos los educadores y a
través de las diferentes asignaturas en todos los niveles del sistema nacional de educación.

Al mismo tiempo, se requiere la normalización de la educación sexual fuera del ámbito escolar,
fundamentalmente en el hogar, asi como a través de otros factores que también influyen en este
proceso: medios de difusión masiva, organizaciones políticas y de masa, etcétera.

Es la escuela la que desempaña una función de primer orden en la formación científica, planificada y
sistemática de la esfera sexual, por lo que en consecuencias es aquí donde puede garantizarse al
máximo el cumplimiento de este principio.

De esta forma, la educación sexual escolar no debe ser concebida como una asignatura especifica,
sino que es necesario estructurar los planes y programas de estudio de forma tal que los objetivos
de esta se alcancen directa o indirectamente a través de las diferentes actividades docentes,
extra docentes y extraescolares. Sin embargo, todavía en la actualidad muchos educadores, al
desconocer la importancia del principio de la objetivación y normalización, plantean la necesidad de
crear una asignatura de educación sexual en la enseñanza general. Así, en un estudio efectuado con
una muestra de maestros primarios, el 47,9 % de los encuestados expresó que la educación sexual
debe impartirse como una asignatura especial e independiente.

Pensamos que esta posición no es más que un reflejo de la insuficiente preparación de los maestros
y profesores para la educación sexual, y en especial, del desconocimiento de las grandes
potencialidades que ofrecen las actividades docentes para el desarrollo de este proceso.

CULTIVO CARLOS
A través del desarrollo historio del hombre en condiciones sociales de vida, sexualidad – como ya
hemos analizado—adquirió una dimensión especial, distinta a la de los animales.
Precisamente, el principio de cultivo fundamenta la necesidad de desarrollar en los educandos esas
formas humanas, socialmente condicionales, de comportamiento sexual, fomentando los más
elevados sentimientos, motivos y vivencias, en los marcos de esta esfera de la actividad vital.

En este sentido, la tarea de loa adultos ha de ser la de formar en los niños, desde pequeños,
actitudes positivas y naturales hacia la sexualidad, relaciones de respeto, solidaridad,
compañerismo y amistad entre ambos sexos, enfatizando la belleza y el valor humano de los vínculos
amorosos que unen al hombre y a la mujer, y desarrollando al mismo tiempo sentimientos positivos
hacia la familia y los hijos.

Es importante cultivar un lenguaje adecuado, pulcro, preciso, para referirse a las cuestiones de la
vida sexual. Esto no significa el empleo de palabras rebuscadas, que conduzcan a un distanciamiento,
sino la evitación de los términos soeces, las palabras de doble sentido, cargadas de morbosidad, que
desvirtúan lo hermoso de la sexualidad, ofreciendo de esta una imagen que la degrada al nivel
animal.

“Solamente cuando se habla decentemente, o sea, de un modo objetivamente correcto, puede


pensar y sentirse sanamente.”

En estas palabras del profesor Bruckner se reafirma la importancia del empleo de un vocabulario
correcto; si tenemos en cuenta que el lenguaje es la envoltura material del pensamiento, resulta

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obvio que al habituarnos al empleo de palabras vulgares, no hacemos más que reforzar concepciones
negativas sobre la sexualidad como algo también vulgar, bajo y degradante.

Para “cultivar “sentimientos positivos en los educandos, las explicaciones que se les ofrecen no
deben circunscribirse estrictamente a los aspectos biológicos de la vida sexual; hay que enfatizar
constantemente su determinación socia, su contenido psicológico y espiritual, para formar la justa y
verdadera concepción al respecto.

En algunos casos, los adultos –con las mejores intenciones—tratan de esclarecer a los educandos
acerca de la procedencia y surgimiento de los niños partiendo de ejemplos del reino vegetal y
animal, considerando que mediante la analogía, los niños pueden sacar conclusiones valederas acerca
de la reproducción humana.

Se ha comprobado que sucede todo lo contrario: primeramente, los pequeños no arriban a tales
conclusiones, sino que se origina en ellos una nociva confusión. En segundo lugar, se desarrollan
concepciones falsas, reduccionistas, sobre la naturaleza de la sexualidad humana.

A veces esas comparaciones provocan un efecto brutal y grosero, ya que, precisamente a la


sexualidad animal le falta el contenido espiritual que constituye lo propio de la humana.

“Las conclusiones falsas o deficientes derivadas de semejantes comparaciones pueden contribuir


con posterioridad a una concepción mecánica e irresponsable de la vida sexual”.

En un trabajo investigativo ya citado realizado por profesores del Instituto Superior Pedagógico
“José Martí”, de Camagüey, se efectuó un interesante experimentó formativo.

En un grupo de escolares se trató de enseñar a los niños las cuestiones de la reproducción humana
apoyándose en el libro De dónde vienen los niños, de J. Crespo Francisco, donde se utiliza el método
de la analogía con animales. Se observó al concluir el experimento que los escolares eran incapaces
de explicar la procedencia y nacimiento de los niños.

Sin embargo, en el otro grupo experimental, donde se trabajó con el libro de H. Bruckner Mamá,
papá y yo, se comprobó que los niños lograban la correcta asimilación de los conocimientos sexuales.
Por ejemplo, un pequeño respondió, al preguntarle el investigador ¿de dónde vienen los niños?.. el
niño no entra, se forma en el vientre de la mamá, a partir de la bolita amarilla de mamá y lo azulito
de papá, que entra cuando ellos se unen y se quieren mucho.

Todo lo que hemos examinado pone de manifiesto la importancia de tratar las cuestiones sexuales
con suma delicadeza y tacto desde la infancia, para formar efectivamente la sexualidad en su
dimensión humana.

CONSOLIDACION COLECTIVA
Los grupos humanos constituyen formaciones sociales elementales, a través de las cuales se ejerce
la influencia de la sociedad sobre las personas; en ello se manifiestan determinadas motivaciones e
intereses comunes para los miembros y que conducen a una interacción entre ellos.

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Los grupos poseen, al mismo tiempo, una estructura jerarquizada de relaciones sociales, asi como un
conjunto de normas, costumbres, tradiciones y una cierta forma de influencia en las opiniones,
sentimientos y características de la personalidad de sus miembros.

Cada grupo es portador de normas y valores que son la expresión directa o indirecta del sistema de
normas y valores existentes en una sociedad dada, y que al ser interiorizadas por sus integrantes,
se convierten en guías para la conducta individual.

Teniendo en cuenta la importante influencia que ejercen los grupos en el proceso de formación de la
personalidad, los educadores deben apoyarse en estos con el objetivo de utilizarlos como una vía
efectiva y positiva para el desarrollo de la esfera sexual.

Es por ello que uno de los principales fundamentales de la educación sexual y la educación socialista
es el referido a la educación de la personalidad de los educandos en el colectivo y a través del
colectivo.

El rol del grupo escolar adquiere especial significación en los niños del segundo ciclo de la enseñanza
primaria, y en los adolescentes que experimentan la necesidad de buscar la aprobación grupal, lo que
constituye una poderosa fuerza que los impulsa a actuar de acuerdo con las exigencias de la opinión
social del grupo.

Los educadores de experiencia saben que, con mucha frecuencia, actitudes machistas de
valentonería, alarde y prepotencia respecto a las muchachas, observadas en los adolescentes, no son
más que una “fachada”, un rol que interpretan ante sus compañeros para “quedar bien”, actuando
según lo que el grupo espera de ellos.

Por tanto, la tarea esencial de los adultos ha de ser la de influir, suave e indirectamente, en las
normas y exigencias del grupo, en su opinión social, con el fin de garantizar que estas se
correspondan con los principios morales de nuestra sociedad e influyan positivamente en cada uno
de sus miembros.

De igual forma, la experiencia pedagógica demuestra que el éxito de la educación sexual no se


garantiza a través de una instrucción verbal, sino que es indispensable que los educandos
desarrollen la capacidad de valorar críticamente las normas de conducta, ejercitándolas al mismo
tiempo de manera activa.

En este sentido, el trabajo con el grupo ofrece las más variadas posibilidades educativas; ¿cómo
formar relaciones de compañerismo y ayuda entre ambos sexos, si no es en la vida cotidiana, en la
interacción y comunicación que se establecen cada día?.

Si desde que los niños son pequeños se les acostumbra a ser caballerosas con las niñas otras
mujeres, progresivamente experimentarían la necesidad de actuar siempre de esta manera,
llegando un momento en que lo harán sin presión externa, sino por convencimiento interno.

Pero, obviamente, tal imperativo subjetivo no puede ser fomentado en lo exclusivo a través de
charlas educativas; se forma, como señalamos, en la actividad, en la interacciona cotidiana entre
niños y niñas.

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Al mismo tiempo, la discusión y análisis de las problemáticas colectivas en el seno del grupo,
constituye un recurso educativo valioso; los educandos, al tomar partido expresan sus criterios,
opiniones y sentimientos propios, defienden sus posiciones, valoran críticamente la actuación de
otras personas, todo lo cual es importante para el desarrollo de puntos de vista individuales y
convicciones.

Igualmente, es factible llevar a cabo una labor de reeducación con el apoyo de la opinión social del
grupo. En muchas ocasiones, pueden modificarse actitudes y criterios erróneos gracias a la
influencia del colectivo sobre cada uno de sus miembros.

Las cuestiones que hemos esbozado demuestran que no hay límites para la creatividad del educador
en su trabajo con los grupos, por lo cual no debe desperdiciar sus potencialidades formadoras,
tanto en el ámbito del aula, como en las actividades extraescolares y extradocentes: excursiones,
campismos, actividades deportivas y culturales y trabajos productivos, entre otros.

DESPERTAR LA RESPONSABILIDAD PROPIA


Según examinamos al analizar el sistema de objetivos de la educación sexual, un comportamiento
responsable y consciente sólo puede fomentarse cuando se ha desarrollado una adecuada y
sistemática labor en esta esfera, trasmitiendo los indispensables conocimientos y normas morales.

Algunos educadores piensan, al referirse a la responsabilidad en la vida sexual, que esta se limita a
orientar a los jóvenes acerca del empleo de métodos anticonceptivos para evitar un embarazo
inoportuno. En tales casos, se circunscribe rígidamente la actividad sexual humana al acto sexual.

Debemos recordar que la actividad sexual del hombre forma parte indisoluble del sistema general
de la actividad en que se desarrolla su vida, e incluye diversas formas de relaciones entre los sexos
en el trabajo, la vida social, el estudio, el matrimonio y la familia. Por tanto, la responsabilidad debe
ser fomentada en todas las variadas esferas donde se manifiestan los vínculos entre hombres y
mujeres, entre niños y niñas.

Por supuesto, una de las cuestiones esenciales al aplicar este principio, se relaciona con los deberes
que han de tener los educandos cuando inician su vida sexual intima activa: “Es necesario que los
jóvenes de uno y otro sexo crezcan con conocimientos adecuados sobre la responsabilidad y las
necesarias previsiones que conlleva la relación sexual, tanto por lo que pueda afectar la maternidad
temprana a la joven en su desarrollo educativo, biológico, psíquico y social, como por las obligaciones
que se derivan de la creación de un nuevo ser humano, respecto al cual la pareja creadora contrae
ineludibles deberes que no resultan siempre compatibles con los que surgen de su dedicación a las
tareas de formación profesional y cultural”.

La responsabilidad ante la pareja, la familia, los hijos y la sociedad, sólo se desarrolla en la medida
en que los educandos reciban conocimientos, valores y normas acerca del alcance de sus actos, y de
cómo deben comportarse en las distintas situaciones de su vida según las exigencias morales de la
sociedad.

Pero a su vez se requiere que se les enseñe a autovalorarse críticamente en función de lo que
conocen y de sus propios puntos de vista y criterios interiorizados, lo cual les permitirá adecuar su
conducta y tomas las correspondientes decisiones.

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También hay que tener en cuenta, como hemos puntualizado previamente, la necesidad de que los
educandos ejerciten en la práctica los patrones de conductas para su efectiva formación y
reforzamiento.

Conocimientos científicos
sobre la sexualidad.
Normas morales sexuales
Ejercicio de las normas

Capacidad para

Orientar y dirigir el Tomar decisiones con pleno


Valorar adecuadamente la
comportamiento conocimiento del alcance de
conducta sexual propia y
sexual en todas sus sus actos y basadas en
la ajena.
manifestaciones. firmes convicciones.

Autorregulación consciente y responsable de la esfera sexual

Figura 3.8 Función de la educación sexual en la autorregulación de la esfera sexual.

CONTINUIDAD Y REPETICION

Un principio básico de la educación socialista se refiere a la necesidad del orden y la sistematicidad


en las influencias que se ejercen sobre los educandos, lo cual debe ser aplicado en todas las
direcciones de la labor educativa.

La educación sexual, como proceso que conduce al desarrollo de la esfera psicosexual, tiene que
cumplir en cada etapa de la formación de la personalidad, determinados objetivos y tareas en
correspondencia con las peculiaridades típicas de las distintas edades y las problemáticas a estas
inherentes.

Por ello se requiere que la influencia sobre la sexualidad tenga carácter permanente, ininterrumpido
y sistemático.

Como en todo proceso de desarrollo, en la educación sexual resulta imposible, en cada nueva etapa,
romper con las anteriores. Por el contrario, se hace necesario, al arribar a un periodo superior,
retomar de forma constante los conocimientos que previamente se transmitieron, profundizarlos y

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formar otros nuevos, así como afianzar las normas y convicciones previas, desarrollando al mismo
tiempo otras formas de comportamiento, de acuerdo con la situación concreta.

En este sentido no podemos olvidar el doble carácter instructivo formativo de la educación sexual,
la que comprende tanto la transmisión de conocimientos científicos como la formación e
interiorización de normas, valores, patrones y convicciones morales.

El desarrollo de rasgos y cualidades morales estables de la personalidad, es un proceso aún más


complejo que la enseñanza de conocimientos sexuales; requiere de un trabajo pedagógico constante,
perseverante, mediando un largo periodo de tiempo entre la influencia educativa ejercida y la
obtención de los anhelados frutos.

Así, esta labor no es obra de un día, de una acción aislada, sino de toda la vida.

No obstante, el principio de la continuidad y repetición ha sido y es con mucha frecuencia violando.

Algunos consideran que han cumplido su deber cuando tratan las problemáticas sexuales con los
educandos esporádicamente, sin sistematicidad. En tales casos sólo se logra despertar la curiosidad
e interés por estos temas, pero no se alcanza el efecto deseado en la psiquis de niños y jóvenes,
dado el carácter aislado, y por tanto intrascendente, de la influencia del adulto. Semejante
situación acontece cuando se realizan las llamadas campañas de educación sexual.

Hemos observado, en ocasiones, una verdadera avalancha de información sexual a través de los
medios de información masiva: radio, televisión, prensa, revistas, etc. Tal parece que es necesario
para “estar a la moda”, abordar los problemas de la sexualidad, dejándose arrastrar muchos por la
“ola del momento”.

A pesar de que no menospreciamos la importante función desempeñada por los medios de difusión
masiva, como colaboradores valiosos en el proceso de educación sexual, es fundamental tener en
cuenta dos cuestiones en relación con ello.

Primeramente, está el hecho de que luego de muchos años en que la educación sexual tuvo un lento
desarrollo, una repentina invasión de información indiscriminada y no controlada sobre esta esfera
puede desencadenar un interés excesivo en niños, adolescentes y jóvenes al respecto,
atribuyéndosele mayor importancia que a otras esferas de la actividad humana.
Hay que precisar que hacemos referencia a aquellos casos en que las informaciones sexuales o el
tratamiento de temas relacionados con la sexualidad, no tienen el adecuado enfoque por provenir de
personas que a pesar de tener buenas intenciones, carecen de la preparación necesaria para
trasmitirlas en concordancia con los requerimientos pedagógicos mínimos.

Es importante, en este sentido, hacer énfasis en el hecho de que lo esencial no es la cantidad de


información, sin su calidad y sistematicidad.

En segundo lugar, los medios de difusión masiva sólo posibilitan la trasmisión de información sobre
la sexualidad, pero no ejercen un influjo directo sobre la formación de las cualidades de la
personalidad, ya que para ello es indispensable el trabajo cotidiano de padres y maestros, la
comunicación e interacciona directa entre estos y los educandos, lo que no puede ser sustituido por
estos factores de acción indirecta.

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Por consiguiente, de la sistematicidad de la educación sexual, proceso donde intervienen muchos
factores sociales – entre estos los medios de difusión—pero que debe ser dirigido esencialmente
por la escuela y el hogar, depende en gran medida que se alcancen los objetivos propuestos al
formar esta esfera de la personalidad.

UNIDAS DE LA PRESENTACION DE LOS HECHOS Y LA TRASMISION DE VALORES

El vínculo indisoluble entre las facetas instructivas y formativas de la educación sexual, su unidad
orgánica, constituye uno de los requisitos para alcanzar los objetivos de este proceso. El
conocimiento por si solo—aunque valioso e indispensable – no garantiza que el individuo sea capaz de
autorregular su conducta sexual, de tomar decisiones conscientes, determinando responsablemente
su comportamiento. De aquí la necesidad de que la trasmisión de conocimientos se integre al
proceso de formación de normas y valores morales sexuales. Estos, según hemos reiterado
previamente, no se “enseñan “, sino que han de formarse de manera progresiva a través de métodos
educativos que son diferentes de los métodos de instrucción.

Para lograr la interiorización de los valores y las convicciones morales, es fundamental que el
educando además de conocerlas, se habitué a aplicarlas en su vida practica, en situaciones
concretas, como señala T.E. Konnikova: La asimilación de nociones morales preparadas, no ligadas
con la practica directa de actos correspondientes, engendra un peculiar formalismo en la educación
moral”. Ya hemos examinado estas problemáticas, que a nivel de la conciencia individual puede
abordarse partiendo de las relaciones entre el significado y el sentido personal.

Es posible que los educandos conozcan cómo comportarse, y sin embargo, lo hagan de una forma
diferente, debido a que la norma moral ha quedado a un nivel formal de significado, careciendo de
un sentido subjetivo especial para la personalidad. Por ejemplo, se constató que el 100% de los
sujetos de una muestra integrada por obreros, técnicos y profesionales, conoce el principio moral
socialista acerca de la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero al ser estudiados los mismos
individuos mediante técnicas abiertas indirectas, se evidenció la existencia de prejuicios y rezagos
del pasado en lo referente al rol que corresponde a cada sexo en el desempeño de las tareas del
hogar, lo que demuestra que los conocimientos del principio moral son teóricos, no cumpliendo una
función en la regulación de la conducta.

Por otra parte, no podemos olvidar que una de las especificidades de la sexualidad es el carácter
íntimo de la esfera erótica, la cual no es por ello susceptible de ser sometida en todos los casos a la
practica en los marcos del proceso educativo. No obstante, las normas de convivencia, y los valores
y formas de comportamiento que rigen la vida sexual en otras esferas, si pueden y deben ser
ejercitadas, y sistemáticamente consolidarlas e interiorizarlas.

El principio de la unidad de la trasmisión de los hechos y la formación de valores, constituye una


guía que nos orienta acerca de la forma en que debemos hacer llegar a los educandos no sólo los
conocimientos sobre las normas, sino también la información biológica, matizada siempre por una
valoración humana y moral, destacando en todo momento la influencia que en los procesos biológicos
ejercen los factores sociales y psicológicos.

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Una vez examinados los principios esenciales que constituyen la base orientadora general del
trabajo de padres y maestros en la dirección del desarrollo psicosexual, pasaremos al estudio de los
métodos que nos ofrecen las vías para lograr los objetivos propuestos en la educación sexual.

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