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Garantías Constitucionales del Proceso Penal

Autores
Berizzo, Alejo Elías
Castronuovo, Verónica
Lombarda, Sabrina Natalia

Estudiantes (UBA)

Artículo 18 - Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en
ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los
jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a
declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad
competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es
inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley
determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y
ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda
especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para
seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de
precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al
juez que la autorice
Constitución Nacional

LAS GARANTIAS CONSTITUCIONAES EN GENERAL


El concepto de garantía proviene del termino anglosajón “warranty” y su significado
es asegurar, proteger, defender o salvaguardar. En el ámbito jurídico significa la protección de
un derecho.
Estas garantías quedan insertas en los principios de reserva y por ellos todo poder
publico o privado debe sujetarse a la constitución y al resto del plexo normativo.
Carl Schmith utiliza el término analizado como garantías institucionales, refiriéndose así a un
sector de normas de las leyes supremas de cada estado y merecen por esto una estima superior
por sus finalidades políticas y sociales, elevándolas y sustrayéndolas de la interpretación
cambiante del legislador. Jellinek iguala a las garantías constitucionales con la “defensa de la
constitución”.
Las garantías pueden ser individuales, colectivas y procedimentales. Si bien existe esta
división, estas interactúan entre si y funcionan en perfecta armonía, ya que la libertad y
dignidad del hombre, como la seguridad jurídica de una sociedad, tienen un mecanismo de
actuación a través de las garantías procesales que las aseguran.
Todas las garantías cuentan con las siguientes características: son unilaterales
quedando a cargo del poder publico quien es el responsable por su efectividad y es el sujeto
pasivo de las mismas; son irrenunciables; permanentes, mientras el derecho existe coexiste a
la par una garantía que lo protege, lo asegura; son generales porque protege a todo ser
humanos; y son supremas, ya que derivan de la letra de la Constitución.
Para este trabajo, las garantías que analizaremos serán las procesales abocadas al
derecho penal.

LA CUESTION CONSTITUCIONAL EN EL PROCESO PENAL


Toda idea referida al proceso penal, dentro de un estado democrático, pluralista,
respetuoso de la dignidad de las personas, debe expresarse dentro de una estructura que a
manera de continente permita la interpretación de sus partes individuales constitutivas del
contenido.

• LA RAZON DE LAS GARANTÍAS.


La primera y más notoria razón de la garantías deriva de la necesidad de poner un
límite a la violencia, ya que sus efectos destructores pueden socavar las bases de la
convivencia, en tal sentido, así como el delito puede entenderse como una agresión a bienes
imprescindibles para la coexistencia, así como es preciso evitar que el hombre sea lobo del
hombre y para ello se requiere de un poder general que controle a los individuos, cuando tal
poder se ejerce indiscriminadamente se genera el mismo efecto que se pretendía evitar.
Dicho esto en forma mas precisa, paradoja reiterada del derecho penal consiste en que
para asegurar ciertos bienes, amenaza y provoca determinados males. Entonces si estos
últimos son mayores que los que pretendía evitar se ingresa en una zona calificable de absurda
y de hecho intolerable para una sociedad.
La existencia de garantías limitativas del poder penal hacen a la necesidad de contar
con márgenes objetivos de seguridad que dificulten el arbitrio e impidan el desborde
autoritario y con él la incertidumbre.
Es justamente la necesidad de evitar los desbordes autoritarios del poder estatal, o lo
que es igual, equiparar la desigual contienda entre poder orgánicamente estructurado e
individuo. Solo dotando e invistiendo al último de la valla protectora de las garantías,
esencialmente las de origen constitucional, se podrá cumplir con el equiparador sentido
indicado, situación que implica nada más, y me corrijo, nada menos, que respetar la dignidad
del ser humano integrante de la sociedad jurídicamente organizada, estado.
Alejandro Carrió manifestó tempranamente, desde la aparición de su ya célebre
“GARANTIAS...”, adhiero firmemente al criterio de que valores como los establecidos en la
sección declaraciones, derechos y garantías de la Constitución Nacional deben ser firmemente
respetados en forma prioritaria. De lo contrario...habremos convertido a nuestro país, tal ves,
en un lugar con bajos índices de criminalidad, pero a costa de hallarnos todos los habitantes a
merced de la arbitrariedad, la fuerza y la opresión. Esto último representa, y aquí no creo
discrepar con ninguno, un precio excesivamente alto a pagar por ello. Las garantías están en el
texto de la constitución, es solo cuestión de aplicarlas.

GARANTÍAS DEL PROCESO PENAL


Con la creación del Estado de Derecho, se declaran una serie de derechos y garantías
que intentan salvaguardar al individuo contra la utilización arbitraria del poder penal, que es
monopolizado por el Estado. Estos derechos y garantías conforman la base de orientación
para la regulación del Derecho penal. Como expresa Maier, se conocen a estas orientaciones
como principios constitucionales, ya que provienen de la Carta Magna y le dan validez al
ordenamiento jurídico en su extensión.
Estos son:
1. El debido proceso
a. juez natural,
b. el derecho de defensa,
i. derecho a ser oído
ii. duración razonable del proceso
2. juez previo,
3. non bis in ídem,
4. el estado de presunción de inocencia, y
5. no auto-incriminación.

1. a) JUEZ NATURAL
La constitución Nacional establece en el Art. 18: “(…) ni juzgado por comisiones
especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa”
Esta cláusula configura la garantía del juez natural. Esta garantiza la independencia e
imparcialidad del tribunal, prohibiendo la configuración de tribunales Ad-Hoc, creados para
un caso específico o para juzgar personas especificas. El tribunal competente será entonces
aquel designado como tal por una ley anterior al hecho de la causa.
La garantía del juez natural se encuentra además expresamente consagrada en el
artículo 8.1 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos y en el artículo 14.1 del
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos.
Con respecto a cual es la importancia de la mencionada garantía la Corte
Interamericana de Derechos Humanos a sostenido que: “El derecho a ser juzgados por
tribunales de justicia ordinarios con arreglo a procedimientos legalmente previstos constituye
un principio básico del debido proceso. Para ello… no obsta con que esté establecido por la
ley cual será el tribunal que atenderá una causa y se le otorgue competencia…”1
En virtud a esta garantía procesal, se determina que el juez y el procedimiento deben
preexistir al delito y al proceso, no siendo permitidos los Tribunales post-facto así como los
juzgamientos por comisión o por delegación, pues su existencia permite inferir que en ciertos
casos no actuarán con independencia, ecuanimidad y la imparcialidad que exige el cargo,
pudiendo por tales circunstancias asumirse una actitud prejuiciada en torno al caso concreto.
El Dr. Julio Maier menciona que la garantía del juez natural incluye tres máximas
fundamentales:
− La independencia judicial, interna y externa: evita que algún poder público pueda
influir en la consideración del caso.
− La imparcialidad frente al caso: procura la exclusión de la tarea de juzgar un caso
concreto y,
− El juez natural: pretende impedir toda manipulación de los poderes públicos para
asignar un caso a un tribunal determinado, de modo que al elegirse a los jueces en
dichas circunstancias, éstos serán considerados como Ad-Hoc.
Las garantías del juez natural, del debido proceso, y de la defensa en juicio exigen, tanto
que el tribunal como "órgano-institución" se halle establecido por ley anterior al hecho de la
causa, cuanto que haya jueces que, como "órganos-Individuo", hagan viable la actuación de
aquél en las causas en que legalmente se le requiera y le corresponda y la falta de normas que
expresamente contemplen la situación planteada, no dispensa a la Corte Suprema de arbitrarle
solución, en cuanto el proceso de amparo no puede eludir la segunda instancia que se
encuentra en trámite pendiente (decisión de la Corte Suprema integrada por conjueces) (CS,
1985/06/18, “Bonorino Peró, Abel y otros c. Gobierno nacional”,La Ley, 1985-D, 166 -
ED, 114-275).

1
Corte IDH, Caso Palamara Iribarme, párr. 125.
Los procesos adjetivos se presumen sancionados en salvaguarda de los derechos
fundamentales de los justiciables contenidos en los mandatos de la Constitución Nacional y,
sobre esto, cabe señalar que la garantía del debido proceso, en la que se integra la del juez
natural determinado por las normas sobre competencia, ha sido consagrada fundamentalmente
en favor del acusado, motivo por el cual no es válido recurrir al argumento de la
incompetencia para adoptar una decisión que importe someterlo nuevamente a juicio (CS,
1998/10/15, “Polak, Federico G.”, DJ, 1999-2-888 - JA,1999-I-335).
Las garantías del juez natural, del debido proceso y de la defensa en juicio exigen tanto
que el tribunal se halle establecido por ley anterior al hecho de la causa, cuanto que haya
jueces que hagan viable la actuación de aquél en las causas en que legalmente se le requiera y
le corresponda (CS, 1992/09/08, “Rougés, Marcos A. c. Provincia de Tucumán”, La Ley,
1993-C, 399, con nota de Carlos I. Salvadores de Arzuaga - DJ, 1993-2-717).

b) DEFENSA EN JUCIO
Este principio se desprende de la cláusula constitucional que establece: “Es inviolable la
defensa en juicio de la persona y de los derechos”.

El derecho de defensa es la facultad del imputado de intervenir en un proceso para


decidir sobre una posible reacción penal contra el y de llevar adelante toda actividad necesaria
para desvirtuar la potestad penal del estado o para excluirla o atenuarla.
Esta facultad puede resumirse en: el derecho a ser oído, presentar y controlar pruebas
de cargo, exponer razones fácticas y jurídicas para obtener una sentencia favorable, que pueda
llegar a excluir o atenuar la eventual pena.
Este derecho garantiza al imputado la defensa técnica en el proceso, pudiendo elegir a
un jurista que lo asesore y defienda, y en el caso de que no pueda tener acceso a un defensor,
el estado lo auxiliara y le proporcionara un defensor oficial.
La garantía de defensa en juicio esta relacionada íntimamente con el principio de
contradicción, en donde es necesario que el imputado este dotado de facultades equivalentes
al acusador para poder resistir con eficacia la persecución estatal.
Es indispensable también la existencia de una imputación clara, precisa y circunstanciada de
un hecho concreto; esta imputación debe respetar el principio acusatorio y debe emanar de un
órgano diferente a quien será el juzgador; la acusación debe ser efectivamente conocida por el
imputado, en el proceso de instrucción esta se configura cuando se recibe la declaración del
imputado.
El derecho a ser oído llega a su máxima expresión en el momento de la audiencia,
cuando el tribunal le concede la palabra al imputado. Esta declaración debe ser libre y respetar
la cláusula de prohibición de autoincriminación y la exclusión de la utilización de cualquier
tipo de tormento, que elimine la voluntad de decidir lo que le conviene o quiere expresar el
acusado.
Una derivación del derecho de defensa es la reformatio in pejes, y significa la
prohibición al tribunal de revisar la decisión a raíz de un recurso, y así modificar la resolución
en perjuicio del imputado, cuando esta fue solo recurrida por este o por otra persona
autorizada en su favor.
La CSJN entendió que si bien la preservación de la garantía de defensa en juicio no
exige una mecánica traslación al juicio político de las normas vigentes en el marco de los
procesos judiciales, debe exigirse como presupuesto de validez el respeto de los principios
que hacen a la estructura de todo tipo de juicios y que revisten condición de axiomas para la
Constitución Nacional, cuales son, la ocasión de hacer valer los medios de defensa, y la
garantía de un pronunciamiento racionalmente fundado por un tribunal imparcial (del voto de
los doctores Nazareno y López) (CS, 1994/08/18, “A. T. E. San Juan, Secretario General
Sánchez Héctor”, DJ, 1995-1-954 - ED, 160-15).
La violación de la garantía de defensa en juicio en el marco de los juicios políticos,
que irrogue un perjuicio a derechos jurídicamente protegidos, puede y debe ser reparada por
los jueces de acuerdo con el principio de supremacía de la Constitución y con arreglo al
control de constitucionalidad (art. 31 y concs.), siempre que se encuentren reunidos los
restantes recaudos de habilitación judicial (CS, 1994/08/18, “A. T. E. San Juan, Secretario
General Sánchez Héctor”, DJ, 1995-1-954 - ED, 160-15).
Con la doctrina de la arbitrariedad se tiende a resguardar la garantía de la defensa en juicio y
el debido proceso, exigiendo que las sentencias de los jueces sean fundadas y constituyan una
derivación razonada del derecho vigente con aplicación a las circunstancias comprobadas de
la causa (CS, 1996/12/10, “Acuña, Carlos M. R.”, La Ley, 1997-C, 897, con nota de
Francisco J. D'Albora - DJ, 1997-2-881).
La garantía constitucional de la defensa en juicio impone la posibilidad de ocurrir ante
un órgano jurisdiccional en procura de justicia (CS, 1991/07/23, “Alonso, Jorge F. y otros”,
La Ley,1991-E, 637 - DJ, 1992-1-547).
Debe reputarse incluido en la garantía de defensa en juicio consagrada por el art. 18 de
la Constitución Nacional, el derecho de todo imputado a obtener, después de un juicio
tramitado en legal forma, un pronunciamiento que, definiendo su situación frente a la ley y a
la sociedad, ponga término, del modo más rápido posible, a la situación de incertidumbre y de
innegable restricción de la libertad que comporta el enjuiciamiento penal (CS, 2000/05/04,
“Amadeo de Roth, Angélica L.”, La Ley, 2001-A, 514, con nota de Augusto M. Morello -
DJ, 2001-1-99 - JA, 2001-IV-674).
La garantía constitucional de la defensa en juicio incluye el derecho a obtener un
pronunciamiento rápido dentro de un plazo razonable, pues la dilación injustificada -en el
caso, tres años desde que una causa de índole previsional estuvo para dictar sentencia- de la
solución de los litigios implica que los derechos puedan quedar indefinidamente sin su debida
aplicación, con grave e irreparable perjuicio de quienes los invocan (CS, 2001/06/14,
“Anderle, José C. c. A.N.Se.S.”, DJ, 2001-3-379).

i. DERECHO A SER OIDO


Este principio proviene del Art. 18 de la Constitución Nacional el cual sostiene que:
Nadie puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso.
Es necesaria entonces una sentencia judicial de condena, que debe ser firme, en donde
se exprese la aplicación de una condena a alguna persona.
Es imperioso también que el dictamen este fundado en una ley que exista antes del
hecho del proceso, esto tiene relación directa con el principio de legalidad.
La sentencia debe ser fundada para ser válida, pues si así no lo fuera, no solo violaría
la garantía de juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, sino la defensa del
imputado y la misma forma republicana de gobierno. Se entiende que esta estará fundada si
están expuestas las razones de hecho y derecho que dan un justificativo a la decisión. Debe
tener una reconstrucción histórica de los hechos, mención a los elementos de prueba, como
estos han sido incorporados al proceso y si así son aptos para ser valorados, arribando a una
conclusión racional.
La ley fundamental impone entonces que antes de la sentencia exista un proceso. No
hay una coacción directa, sino una reacción mediata con respecto a la comisión del delito,
luego de un procedimiento regulado por la ley.
El procedimiento debe ser establecido por una ley y debe respetar las seguridades
individuales y las formas que establece la Constitución a través de los principios y garantías
que emanan de ella.
Sobre sentencia firme hay que tener en cuenta la garantía de la doble instancia penal.
Esta garantía se encuentra consagrada internacionalmente en el artículo 8.2 Inc. h, de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos y en el artículo 14.5 del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos. Ambos instrumentos gozan de jerarquía constitucional a
partir de la reforma de 1994. En ellos se establece la necesidad de regular un recurso para
poder ser utilizado por el acusado frente a un veredicto condenatorio. Estas convenciones
exigen entonces que para ser válida y ejecutoria una sentencia, debe el acusado tener la
posibilidad de someterla a revisión.
Con respecto a la relación entre la garantía de la doble instancia penal y el recurso
extraordinario federal, la Corte Suprema de Justicia sostuvo en el Caso Giroldi, que el artículo
280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación que permite utilizar “su sana
discreción” para rechazar un recurso extraordinario impide considerar satisfecha la garantía de
la doble instancia judicial en materia penal con la posibilidad de interponer dicho recurso.
Además la Corte Suprema, considero con respecto a la Cámara Nacional de Casación
Penal, que la misma cubre las exigencias convencionales de las garantías del debido proceso,
pronunciándose a favor de la declaración de la invalidez constitucional de la limitación
establecida en el artículo 459, inc. 2 del Código Procesal Penal de la Nación, la cual limita la
admisibilidad del recurso de casación contra la sentencia de los tribunales en lo penal en razón
del monto de la pena.
Por su parte La Corte Interamericana de Derechos Humanos sostuvo en el caso
Castillo Petruzzi y otros, que el derecho de recurrir el fallo no se satisface con la mera
existencia de un órgano de grado superior al que juzgó y condenó al inculpado, ante el que
éste tenga o pueda tener acceso. Para que haya una verdadera revisión de la sentencia, es
preciso que el tribunal superior reúna además las características jurisdiccionales que lo
legitiman para conocer del caso concreto. El juzgador de segunda instancia debe entonces
satisfacer los requerimientos de juez natural, de lo contrario no puede establecerse como
legítima y válida la etapa procesal que se desarrolle ante él.
La garantía exige que el litigante sea oído con las formalidades legales y no depende
del numero de instancias que las leyes procesales establezcan según la naturaleza de las
causas, pues la reforma constitucional de 1994 consagra expresamente el derecho del
inculpado de "recurrir del fallo ante juez o tribunal superior" ( art. 8°, párrafo 2°, inc. h,
Convención Americana sobre Derechos Humanos), siendo voluntad del constituyente rodear a
la persona inculpada de mayores garantías que al Ministerio Público, sin que sea posible
concluir que esta diferencia vulnere la Carta Magna, pues es una norma con jerarquía
constitucional la que dispone tal tratamiento (CS, 1997/10/14, “A., J. D.”, La Ley, 1999-E,
908 [41.899-S]- ED, 178-529 - DJ, 1999-3-723, SJ, 1819).
Al menoscabarse el derecho a ser oído se avasalla el principio de congruencia, tutelado
por el art. 18 CN y por el art.75 inc.22 en Pactos y Tratados Internacionales, tal práctica hace
aparecer como necesaria la elaboración de una nueva ley procesal que en reemplazo de la
23984, resulte conforme a la CN, dada la actual lesión al proceso adjetivo y a la defensa en
juicio. También, conforme a lo que surge de una adecuada interpretación de los Tratados
Internacionales, resultaría necesaria la implementación de la doble instancia ordinaria en
materia penal, así como también la notificación integral de la sentencia al propio imputado,
que suele no ser informado, lo cual es contrario al derecho de defensa y a la pretendida
transparencia. Sabemos, que en la realidad, existen detenidos que ignoran su situación: el
motivo por el cual están privados de libertad, que juez es el competente en su causa. Lo cual
es una práctica contraria a lo preceptuado por la Ley Suprema.

ii. DURACIÓN RAZONABLE DEL PROCESO


La doctrina anglosajona ha dicho que, el derecho a ser juzgado sin dilaciones contribuye
al debido proceso, previniendo una opresión indebida sobre personas que se presumen
inocentes (Cfr. Darren Allen, “The constitucional Floor Doctrine and the right to a Speedy
Trial”, 26 Campell L. Rev. 101).
La duración razonable de todo proceso se vincula directamente con las garantías
constitucionales y fundamentalmente con la garantía del debido proceso.
La garantía del plazo razonable también ha sido precisada por la jurisprudencia de
tribunales internacionales.
En el caso Kudla v. Polonia del 26/10/2000, la Corte Europea de Derechos Humanos,
ha determinado de que el orden interno debe ofrecer un recurso efectivo para la violación del
plazo razonable y que de no ser así “...a largo plazo, el funcionamiento, tanto de protección de
los derechos humanos erigido por la Convención (Convención Europea de derechos humanos)
corre el riesgo de perder su eficacia”. (Conf. Albanese Susana. “La prisión preventiva, el
plazo razonable, las vías ordinarias y extraordinarias y el principio pro homine”, Lexis Nexis,
30/06/2004).
La Comisión Interamericana ha dicho que el derecho y la obligación que tiene el
Estado de sancionar a las personas que cometen delitos es indudable, pero: “... ello no implica
que las personas privadas de su libertad,...se encuentran en situación de detención preventiva,
es decir, sin que un tribunal haya determinado su responsabilidad, carezcan del derecho de ser
tratados con pleno respeto a la dignidad humana”.
Dicha comisión se expreso hacía el Perú y con relación al plazo razonable, en estos
términos: “Al respecto, el elevado número de presos sin condena en Perú es un motivo de
preocupación para la Comisión. La Convención Americana prohíbe la detención arbitraria y
consagra, que las personas tienen derecho a ser juzgadas dentro de un plazo razonable, o ser
puestas en libertad.
Ello implica, el principio de la libertad durante el procedimiento; y que la detención o
prisión preventiva es una medida cautelar, no punitiva, que puede acordarse en casos expresos
y justificados conforme a estándares internacionales, pero que no puede exceder un plazo
razonable. De exceder el plazo razonable, la detención o prisión preventiva se convierte en
una pena anticipada, en contravención del derecho de toda persona a ser presumida inocente,
mientras no se establezca legalmente su culpabilidad, consagrado en el artículo 8º de la
Convención. El principio del plazo razonable, como ha señalado la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, tiene como finalidad impedir que los acusados permanezcan largo tiempo
bajo acusación y asegurar que ésta se decida prontamente”.
Así podemos señalar que, en el caso Firmenich la Comisión dijo: “Primero, que no es posible
establecer un criterio in abstracto de este plazo, sino que éste se fijará en cada caso vistas y
valoradas las circunstancias. En este alcance, la Comisión acoge el punto de vista de que el
Estado Parte "no está obligado (por la Convención) a fijar un plazo válido para todos los casos
con independencia de las circunstancias". Este punto de vista es también aceptado por la
Corte Europea; Segundo, la excarcelación de los detenidos, en las condiciones como las que
se encuentra Mario Eduardo Firmenich no puede ser concedida sobre el plano de una simple
consideración cronológica de años, meses y días.
Así, se ha explicitado también la Corte Europea en el caso citado infra, quedando el
concepto de "plazo razonable" sujeto a la apreciación de "la gravedad de la infracción", en
cuanto a los efectos de establecer si la detención ha dejado de ser razonable”. (dictamen de la
Comisión del 13 de abril de 1989, in re Firmenich, Mario).
En segundo lugar, es la fijación de pautas concretas, es decir desde cuando se toma el
comienzo del procedimiento y cuando se tiene por terminado un proceso.
En éste sentido, Susana Albanese en su obra “Garantías judiciales” Ed. EDIAR –año
2000, Pág. 71-, dice que: “...la Corte Europea considera, en lo que se refiere a la materia civil,
que el punto de partida para poder medir el plazo razonable debe comenzar el día en que se
acude a la jurisdicción competente, y en lo referente a la materia penal, se trata de saber a
partir de cuándo una persona se encuentra delante de una acusación...”.
La Convención Europea en su art. 6to., que considera a la ejecución de sentencia como
parte integrante de todo proceso.
Sostiene el Tribunal Europeo que: “...el derecho a acceder a un tribunal, sería ilusorio
si, el orden jurídico interno de un Estado Parte permitiese que una decisión judicial definitiva
y obligatoria resultase inoperante en perjuicio de una de las partes.”. (ALBANESE Susana,
“Garantías Judiciales”, Ed. Ediar. Pág. 119 –Corte E.D.H. Immobiliare Saffi c/ Italia,
28/07/99).
En materia penal la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Suárez
Rosero dijo que: “...el proceso termina cuando se dicta sentencia definitiva y firme en el
asunto, con lo cual se agota la jurisdicción y que, particularmente en materia penal, dicho
plazo debe comprender todo el procedimiento, incluyendo los recursos de instancia que
pudieran eventualmente presentarse”. (Conf. Cour eur. D.H., arret Guincho du 10 julliet 1984,
série A n.81, párr.29).
el proceso no puede estar desligado del tiempo en que tramita.
No solo es un imperativo del derecho de defensa (art. 18 CN), toda vez que éste no
se compadece con la posibilidad que se dilate “sine die” o más allá de lo razonable la decisión
de las cuestiones sometidas a juzgamiento, sino que luego de la última Reforma
Constitucional, está consagrado expresamente por los arts. 8 ap. 1, de la Convención
Americana y 8 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, constitucionalizados
por el art. 75 inc. 22 del la CN.
Esto implica la obligación del Estado de brindar a la sociedad una organización
judicial y un procedimiento eficientes para que en un tiempo razonable el imputado pueda
dilucidar su situación por medio de una resolución judicial.
Lo que supone: a) ejercer la jurisdicción en un plazo razonable; y b) proscribir las
dilaciones indebidas para no caer en el dilema que señala Daniel PASTOR, “la arbitrariedad
por celeridad o, la arbitrariedad por retraso, pues en tanto la primera limita los
derechos del imputado, la segunda, sobrepasa el límite de duración aceptable del
proceso” (El Plazo Razonable en el proceso del estado de derecho, pág. 94).
También se reconoce como fundamento del plazo razonable de duración de los
procesos al principio de inocencia, toda vez que el mismo es puesto en crisis por la
acusación penal, pues “la persistencia temporal del proceso sin que se arribe a una decisión
definitiva implicará un desconocimiento práctico de ese principio” (Cafferata Nores y
Tarditti en Cód. Proc. Penal de la Provincia de Córdoba Comentado, pág. 47).

2. JUICIO PREVIO

Este principio proviene del Art. 18 de la Constitución Nacional el cual sostiene que:
Nadie puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso.
Es necesaria entonces una sentencia judicial de condena, que debe ser firme, en donde
se exprese la aplicación de una condena a alguna persona.
Es imperioso también que el dictamen este fundado en una ley que exista antes del hecho del
proceso, esto tiene relación directa con el principio de legalidad.
La sentencia debe ser fundada para ser válida, pues si así no lo fuera, no solo violaría
la garantía de juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, sino la defensa del
imputado y la misma forma republicana de gobierno. Se entiende que esta estará fundada si
están expuestas las razones de hecho y derecho que dan un justificativo a la decisión. Debe
tener una reconstrucción histórica de los hechos, mención a los elementos de prueba, como
estos han sido incorporados al proceso y si así son aptos para ser valorados, arribando a una
conclusión racional.
La ley fundamental impone entonces que antes de la sentencia exista un proceso. No hay una
coacción directa, sino una reacción mediata con respecto a la comisión del delito, luego de un
procedimiento regulado por la ley.
El procedimiento debe ser establecido por una ley y debe respetar las seguridades
individuales y las formas que establece la Constitución a través de los principios y garantías
que emanan de ella.
Sobre sentencia firme hay que tener en cuenta la garantía de la doble instancia penal.
Esta garantía se encuentra consagrada internacionalmente en el artículo 8.2 Inc. h, de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos y en el artículo 14.5 del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos. Ambos instrumentos gozan de jerarquía constitucional a
partir de la reforma de 1994. En ellos se establece la necesidad de regular un recurso para
poder ser utilizado por el acusado frente a un veredicto condenatorio. Estas convenciones
exigen entonces que para ser válida y ejecutoria una sentencia, debe el acusado tener la
posibilidad de someterla a revisión.
Con respecto a la relación entre la garantía de la doble instancia penal y el recurso
extraordinario federal, la Corte Suprema de Justicia sostuvo en el Caso Giroldi, que el artículo
280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación que permite utilizar “su sana
discreción” para rechazar un recurso extraordinario impide considerar satisfecha la garantía de
la doble instancia judicial en materia penal con la posibilidad de interponer dicho recurso.
Además la Corte Suprema, considero con respecto a la Cámara Nacional de Casación
Penal, que la misma cubre las exigencias convencionales de las garantías del debido proceso,
pronunciándose a favor de la declaración de la invalidez constitucional de la limitación
establecida en el artículo 459, inc. 2 del Código Procesal Penal de la Nación, la cual limita la
admisibilidad del recurso de casación contra la sentencia de los tribunales en lo penal en razón
del monto de la pena.
Por su parte La Corte Interamericana de Derechos Humanos sostuvo en el caso
Castillo Petruzzi y otros, que el derecho de recurrir el fallo no se satisface con la mera
existencia de un órgano de grado superior al que juzgó y condenó al inculpado, ante el que
éste tenga o pueda tener acceso. Para que haya una verdadera revisión de la sentencia, es
preciso que el tribunal superior reúna además las características jurisdiccionales que lo
legitiman para conocer del caso concreto. El juzgador de segunda instancia debe entonces
satisfacer los requerimientos de juez natural, de lo contrario no puede establecerse como
legítima y válida la etapa procesal que se desarrolle ante él.
Para el Dr. Maier de los tratados internacionales que consagran la garantía de la doble
instancia penal emerge que “una sentencia favorable al imputado no puede ser objeto de
recurso del acusador, pues si el consigue el éxito no existirá doble conforme”,2 respetándose
así la prohibición de perseguir mas de una vez al acusado, garantía que se conoce bajo el
nombre de ne bis in idem.

3. NON BIS IN ÍDEM


Esta garantía limita al poder coercitivo del estado con respecto a la posibilidad de
juzgar mas de una vez a una misma persona por un mismo hecho. Esta garantía esta dentro de
los derechos implícitos del art. 33 de la Constitución Nacional.
Esta garantía tiene dos sentidos: uno material en donde se refiere a que una persona no
sufra una reacción penal mas de una vez, por lo cual podría ser perseguida otra vez para
condenarla si fue absuelto o bien para imponerle una pena superior a la que se le aplico en el
primer proceso; y en sentido procesal, se entiende que no puede perseguirse mas de una vez al
mismo individuo por el mismo hecho.
La fórmula es aplicable tanto para la persecución simultanea por distintas autoridades,
como sucesivas cuando haya unidad de sujeto y de hecho.
Para que se configure en non bis in ídem es necesario entonces que haya una identidad
personal, que vuelva a ser perseguida en otro proceso penal en donde la imputación verse
sobre el mismo hecho.
Debe existir una identidad objetiva, la imputación debe de ser idéntica, debe tener por
objeto el mismo comportamiento atribuible a la misma persona.
Doctrinariamente se ha hablado también de una identidad de causa. Maier explica que
no existe una identidad que se refiere a la jurisdicción de los jueves “en el sentido en que
ambos examinan el hecho imputado con idénticos poderes jurídico-penales, pero, a poco
andar, se observa que el concepto no explica, en verdad, el contenido de lo que se quiere
decir”.3
En realidad se trata del delineamiento de límites para el funcionamiento del principio.
Son excepciones que el ordenamiento permite para perseguir mas de una vez a una misma

2
Maier, Julio B. “Derecho procesal penal”, p 485, Editores del puerto
3
Maier, Julio B., “Derecho procesal penal”, pág. 623, Editores del Puerto.
persona por un mismo hecho, cuando la primera persecución no haya podido arribar a una
decisión de merito o examinar la imputación, por obstáculos jurídicos.
Para el Dr. Maier de los tratados internacionales que consagran la garantía de la doble
instancia penal emerge que “una sentencia favorable al imputado no puede ser objeto de
recurso del acusador, pues si el consigue el éxito no existirá doble conforme”,4 respetándose
así la prohibición de perseguir mas de una vez al acusado, garantía que se conoce bajo el
nombre de non bis in idem.

4. ESTADO DE PRESUNCIÓN DE INOCENCIA


Este principio garantiza que el tratamiento de aquella persona acusada de haber
cometido un hecho ilícito punible, cualquiera sea el nivel de probabilidad de la imputación, no
será considerada culpable hasta tanto una sentencia penal declare así su culpabilidad y
establezca una pena. Como establece Claria Olmedo “los habitantes de la Nación gozan de un
estado de inocencia, mientras no sean declaradas culpables por sentencia firme, aún cuando
respecto de ellos se haya abierto una causa penal y cualquiera sea el proceso de esa causa”5.
La presunción de inocencia además de estar garantizada por el artículo 18 de la
constitución Nacional, está contenida en el artículo 8.2 de la Convención Interamericana
sobre Derechos Humanos, en el artículo 14.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos y en el artículo 11.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El mencionado principio de inocencia tiene tres variantes:
− In dubio pro reo
La sentencia y la pena solo puede estar fundada en la certeza de la existencia del
hecho punible y la atribución del mismo al acusado. La falta de certeza no destruye la
presunción de inocencia, construida por la propia ley. La duda o la probabilidad
impiden la condena y trae aparejada la absolución del imputado.
− Onus probando
La carga de la prueba de la inocencia no le corresponde al acusado; le corresponde al
acusador demostrar la culpabilidad del imputado. Es el acusador quien debe desvirtuar
la presunción de inocencia que construye la ley a favor del imputado.
− Coerción estatal
La Constitución impide la aplicación de una medida de coerción, aplicación de una
pena sin una sentencia firme condenatoria, pero permite el arresto por orden escrita

4
Maier, Julio B. “Derecho procesal penal”, p 485, Editores del puerto
5
Claria Olmedo, Tratado, t. I, pág. 231
emanada de autoridad competente durante el proceso: “ni arrestado si no en virtud de
orden escrita de autoridad competente”

El principio de inocencia no permite el adelantamiento de la pena. Limita la coerción


estatal a los casos en donde exista peligro de entorpecimiento en la investigación, en la
averiguación de la verdad o peligro de fuga del imputado, que son los fines del proceso: la
realización del proceso y la ejecución de la condena eventual u obstaculizar la reconstrucción
de la verdad. Estos fundamentos permiten cercenar algunos derechos de los individuos, como
ser la libertad ambulatoria, a través de la prisión preventiva. No hay que olvidar que las
medidas de coerción que puede tomar el Estado en estos casos tienen un carácter de excepción
y deben ser proporcionales a la pena del delito por el cual se acusa al imputado. Además
nuestro ordenamiento jurídico establece un límite temporal a la prisión preventiva de dos años
y la posibilidad de prorrogarla por un año más (ley 24.390).
Por su parte la Corte Interamericana de Derechos Humanos6 ha sostenido que la
prisión preventiva es una medida cautelar, no punitiva y por consiguiente el Estado es
responsable de no restringir la libertad del detenido más allá de los límites estrictamente
necesarios para asegurar que él no impedirá el desarrollo eficiente de las investigaciones y
que no eludirá la acción de la justicia.
La Corte también señala que “la prisión preventiva no debe ser la regla general,
porque se estaría cometiendo una injusticia al privar de libertad, por un plazo
desproporcionado respecto de la pena que correspondería al delito imputado, a aquellas
personas cuya responsabilidad criminal no ha sido establecida”.
A su vez, en el caso García Asto y Ramírez Rojas al tratar el tema de la prisión
preventiva el mencionado tribunal sostuvo que “La prisión preventiva es la medida más
severa que se puede aplicar al imputado de un delito, motivo por el cual su aplicación debe
tener un carácter excepcional, en virtud de que se encuentra limitada por los principio de
legalidad, presunción de inocencia, necesidad y proporcionalidad, indispensables en una
sociedad democrática”.7
La jurisprudencia de La Corte Interamericana es concordante en este punto con la de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, en general, con la de otros órganos
internacionales de derechos humanos.

6
Corte IDH, Caso Suárez Rosero, 12 de noviembre de 1997, párr. 77.
7
Corte IDH, Caso García Asto y Ramírez Rojas, párr. 106.
5. PROHIBICIÓN DE AUTOINCRIMINACIÓN; PROHIBICIÓN DEL USO DE LA
TORTURA; INVIOLABILIDAD DEL DOMICILIO, CORRESPONDENCIA Y
PAPELES PRIVADOS.

Existen límites que son formales ante la averiguación de la verdad. Hay ámbitos de
privacidad garantizados por el propio Estado, que no pueden ser cercenados para averiguar la
verdad en un proceso penal.
Uno de estos límites es la prohibición de utilizar al imputado como órgano de prueba.
No es posible obligar al acusado a brindar información sobre lo que conoce, solo se podrá
utilizar su declaración si emana de su propia voluntad, y es expresada libremente y sin
coerción. Esta es la garantía de la prohibición de autoincriminación: “nadie puede ser
obligado a declarar contra si mismo”.
Están prohibidos todo tipo de tormento, psíquico y físico, para que el acusado revele lo
que supuestamente conoce.
La utilización de este método vicia el acto y lo configura como un acto nulo, de
nulidad absoluta, y se lo tiene como si nunca hubiera existido.
El tormento esta prohibido por la cláusula constitucional, sea por una acción u
omisión, que cause un sufrimiento físico o psíquico sobre la victima, aplicado directamente
sobre ella o sobre un tercero con el fin de afectar a esa primera persona.
La limitación existente sobre la invasión del estado en la esfera privada también se ve
expresada en el texto constitucional cuando dice: “El domicilio es inviolable, como también
la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y
con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación”
La ley debe determinar quien es la autoridad competente para ordenar un allanamiento
u ocupación, en que casos y con que justificativos, y cual debe ser la metodología para
llevarlos a cabo, de manera que se pueda conservar la garantía para que no pierda el sentido.

Control Judicial de la constitucionalidad de las leyes.


¿Jurisdicción difusa o Tribunales Constitucionales?

Aceptar el concepto de supremacía constitucional, el cual actualmente se encuentra


contenido en el art.31 de la carta magna, lleva como consecuencia la necesidad de creación de
un mecanismo para controlar la validez constitucional de las normas y actos jerárquicamente
inferiores a la Constitución.
De otra manera, según las palabras del profesor Ekmekdjian, si no existiera algún tipo
de control, la supremacía constitucional sería una mera afirmación teórica, sin consecuencias
prácticas.8
Por esta razón contemporáneamente al nacimiento de la era constitucional,
encontramos también la creación de los dos grandes sistemas de control de la
constitucionalidad de las leyes. El primero de ellos es el sistema jurisdiccional, el cual otorga
la potestad de declarar la inconstitucionalidad de las normas y actos inferiores a la
constitución a los jueces, siempre y cuando resulte imposible compatibilizar las normas o
actos analizados con la ley suprema. El segundo sistema es denominado político, el cual
recibe su nombre gracias a que dentro de este mecanismo, la facultad de declarar la
inconstitucionalidad de normas o actos inferiores a la carta magna recae sobre un órgano de
naturaleza política.
Teniendo en cuenta el objetivo de este trabajo es necesario marcar la diferencia
existente entre las dos variantes que se encuentran dentro del sistema de control
jurisdiccional, las cuales reconocen orígenes históricos distintos.

Sistema de Control Jurisdiccional Difuso:

Este sistema nace en los EE.UU. como una creación pretoriana de la Suprema Corte en
el famoso caso “Marbury vs Madison”, el cual marca a su vez la creación del sistema de
control jurisdiccional. La constitución de los EE. UU. nada dice acerca del control de
constitucionalidad de las leyes, pero la Corte llega a la conclusión de que constituye una tarea
propia de todos los jueces la de interpretar las normas para adecuarlas al caso particular y
dentro de esta potestad interpretativa se encuentra la de interpretar la ley a fin de adecuarla a
los principios constitucionales. De esta manera si el juez encuentra una insalvable
contradicción entre una norma de jerarquía inferior y la constitución, debe abstenerse de
aplicar la primera declarándola inconstitucional.
Este sistema atribuye entonces a todos los jueces que integran el poder judicial el
carácter de guardianes de la supremacía constitucional y por lo tanto, independientemente de
su rango o competencia, todos ellos poseen las facultades necesarias para declarar como
medida de última ratio la inconstitucionalidad de una norma o acto, aunque generalmente la
última palabra con relación a este control la tiene la Corte Suprema de Justicia.

8
Ekmekdjian, Miguel Ángel, “Manual de la Constitución Argentina”, pág. 44, Ediciones Depalma
Este sistema se ha instalado en la mayoría de los países americanos y por regla
general, dentro de este mecanismo de control, el efecto de la declaración de
inconstitucionalidad tiene efectos inter partes, es decir, solo para el caso particular.

Sistema de Control Jurisdiccional Concentrado:

Este sistema fue el resultado de una innovadora idea de Hans Kelsen, quien creo esta
variante del sistema de control jurisdiccional para la Constitución austriaca del año 1920. Al
igual que en el sistema difuso es un órgano de naturaleza judicial y no político el encargado
de mantener en la práctica la supremacía constitucional, pero a diferencia del sistema difuso,
el control solo le corresponde a un único tribunal, el cual posee la exclusiva función de asumir
el control de constitucionalidad de las leyes.
De esta manera, no cualquier tribunal puede declarar la inconstitucionalidad de una
norma o acto, sino únicamente aquél que esta específicamente facultado para hacerlo.
Luego de la experiencia austriaca, este sistema fue adoptado por diversos países. Entre
otros, por Italia y España. En el caso español, si bien la función primordial del Tribunal
Constitucional es la de control de la supremacía, su actividad resulta más amplia, por ejemplo,
también interviene en acciones de amparo por violaciones a garantías, y realiza el control
preventivo de la constitucionalidad de los tratados internacionales.
Normalmente esta Corte o Tribunal Constitucional no es típicamente integrante del
Poder Judicial, es decir que a pesar de su naturaleza, no son parte propiamente dicha de la
administración de justicia ordinaria.
Las modalidades con las cuales se implementa este sistema de control son diversas, en
algunos casos la cuestión constitucional se promueve de manera directa, sea por medio de
acción o excepción, en otros casos la intervención del tribunal se produce de manera
incidental o prejudicial. En cuanto a los efectos de la declaración de inconstitucionalidad, la
regla general es que cuando la sentencia fue dictada luego de la promoción de una acción
directa de inconstitucionalidad la misma tiene efectos erga omnes, mientras que en los casos
en los cuales se ejerce el control de manera indirecta o accidental, la declaración de
inconstitucionalidad tiene efectos inter partes.

CONCLUSIÓN
El control de constitucionalidad es muy importante porque esta íntimamente ligado
con las garantías individuales del hombre, y como vimos anteriormente, estas garantías están
vinculadas con las procesales.
En la Argentina, el control es jurisdiccional, lo realiza el Poder Judicial, y en el ámbito
nacional es Difuso, todos los jueces tienen la potestad para controlar todo tipo de normativa
en el marco de un proceso judicial.
Ahora bien, el tema primigenio de esta ponencia esta basado en los sistemas de
control, y por lo tanto debemos analizar si es conveniente uno u otro para poder determinar
cual el que no desvirtúa la finalidad de las garantías del proceso penal.
El sistema difuso, permite al individuo tener al alcance la posibilidad de pedir la
revisión judicial de constitucionalidad de todo tipo de normativa, ante cualquier juez. A partir
de Kelsen podemos decir que la tarea del juez no se agota en la interpretación, ya que cuando
este resuelve un conflicto esta creando una norma individual. Estarían aplicando una norma
superior y creando una norma inferior. Cuando nos referimos al control de todo tipo de norma
también estamos haciendo alusión a las “creadas” por los propios jueces al momento de
dirimir un conflicto.
Parecería aquí que un sujeto tiene mas posibilidades de que su “norma individual” sea
revisada por las diferentes instancias, hasta eventualmente llegar por recurso a la revisión de
quien es la ultima intérprete de la Constitución, la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
El sistema concentrado, el ciudadano recibe una ley que fue analizada en un principio
en cuanto a su constitucionalidad. La pregunta es ¿Cuál es la probabilidad de poder cambiar,
revertir esta situación, si para el individuo es violatoria de un derecho o garantía instituido en
la Constitución Nacional? Y aquí surge lo interesante, la finalidad de las garantías es la
limitación del poder punitivo del Estado. Si el Poder Legislativo ha de emitir una normativa, y
esta es revisada por el Tribunal encargado de realizar el control de constitucionalidad, y
establece su validez, ¿dónde esta la posibilidad de limitar el poder estatal frente al sujeto?
Es de nuestra opinión tener en cuenta, para no desvirtuar la finalidad de las garantías,
la existencia de un control de constitucionalidad mixto, donde coexista el control difuso con el
concentrado. El control difuso no presenta complejidad, ya que es exactamente como el que
existe hoy en día en el ámbito Nacional. El concentrado podría ser ejercido por un Tribunal
creado a tal efecto. No creemos idóneo que sea la Corte Suprema quien lo hiciera por dos
motivos fundamentales, primero porque es necesaria una reforma constitucional y segundo
porque en el caso de concurrir a la corte por apelación sobre una sentencia que esta
violentando garantías procesales o por aplicación de una normativa que las violenta, quedaría
pensar ¿qué posibilidad existe de que, si antes esa norma fue evaluada por el Supremo
Tribunal, cambie radicalmente de opinión, aun para el caso concreto, declarándola
inconstitucional?.
Este tipo de sistema es el que funciona en la actualidad en la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires y es el Tribunal Superior quien ejerce el control preventivo de forma originaria,
según el art. 113 inc 2 de la Constitución de la Cuidad. Estos dos sistemas de control
coexisten y se retroalimentan de manera permanente. El Superior Tribunal cumple la doble
función de máxima instancia y último interprete del esquema de control constitucional. El
modelo de control jurisdiccional centrado en el control de constitucionalidad de la norma se
manifiesta en la acción directa de constitucionalidad ante el Superior Tribunal. Surge
nuevamente el mismo cuestionamiento que hemos plantado en el párrafo anterior.
Creemos que es un sistema idóneo ya que contamos con un doble control, uno ejercido
preventivamente por un Tribunal instituido a tal efecto, y otro por los particulares mediante el
planteamiento en el marco de un proceso, ante un Magistrado, con la posibilidad de revisión
en diferentes instancias.

BIBLIOGRAFÍA
• “Garantías Constitucionales en el proceso penal”. Alejandro D. Carrió. Ed. De Palma.
• “Derecho procesal penal” - Julio B. Maier. Editores del puerto.
• "Garantías Judiciales” - Susana Albanese. Ediar.
• “Manual de la Constitución Argentina” - Ekmekdjian, Miguel Ángel. Ediciones Depalma.
• El control judicial de la constitucionalidad de las leyes. Iniciativa. Medios y alcances de
Adelina Loianno y Osvaldo Gozaini, La Ley.
• VII Congreso Nacional De Derecho Procesal Garantista-Azul 2006.-“Plazo Razonable,
Una Garantía Integradora Del Debido Proceso”. Oscar Armando Zorzoli
• VIII Congreso Procesal Garantista, AZUL - 02.11.2006.- Dr. Arlington Roberto Uliarte
• Conferencia dictada por el Profesor Osvaldo Gozaini, los días 22 y 23 de agosto del 2003
en el “I Encuentro Latinoamericano de Derecho Procesal Constitucional", realizado en
Rosario, Argentina.
• http://www.derechopenalonline.com - revista jurídica. Nota de Marco Antonio Molero
• El control de constitucionalidad, por Maria Isabel Rua, Articulo de la ley publicado el 4
de abril de 2003
• El tribunal constitucional de la ciudad autónoma de buenos aires, la acción directa de
inconstitucionalidad y las sentencias intermedias, de Andrés Gil Domínguez.