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UNIVERSIDAD DE NAVARRA

FACULTAD DE TEOLOGÍA
Docente: Pbro. Francisco Gallardo
Filosofía de la Religión – 24 de abril de 2016
Alumno: Byron Yael Carmona Aguirre

Reseña sobre el libro “Cruzando el umbral de la esperanza” de Juan Pablo II


El hombre, al ser racional, se hace innumerables cuestiones sobre su ser, pues
necesita una seguridad epistemológica que le permita estar en armonía con su
existir. Evidentemente, no todas las preguntas que se plantea son fundamentales:
es más inquietante desconocer el sentido de la vida propia que la medida de un
árbol. Entre ambos planteamientos hay un abismo. Sin duda, en el primero se
compromete la existencia humana y el segundo no.
Juan Pablo II nos dice que la pregunta “¿Dios existe?” es una de las cuestiones
fundamentales del ser humano1. No consiste en una cuestión racional que se
resuelve con una serie de hipótesis y premisas que no permitan refutación. Esta es
pregunta que vislumbra el fin del mismo hombre. Muchos filósofos en diversos siglos
se han centrado en dicha cuestión. Desde diferentes perspectivas y en diversos
contextos: Aristóteles, San Agustín, San Anselmo, Santo Tomás de Aquino, etc. Con
ello, han demostrado que la existencia de Dios no se agota en un acto de fe, sino que
es un ejercicio racional.
El Papa polaco cita la célebre frase: “Hay que entender para creer y creer para
entender” para demostrar que la respuesta no solo necesita argumentos lógicos,
sino de alguien que con un corazón sincero busque la verdad. Ahora bien, es
importante retomar la filosofía que ha reflexionado sobre dicha cuestión, como lo
son las cinco vías para demostrar la existencia de Dios de Santo Tomas de Aquino,
pues en la actualidad encontramos diversas posturas sobre la existencia de Dios,
desde aquellos que niegan radicalmente que exista hasta aquellos que prefieren
evadir dicha cuestión resaltando la imposibilidad epistemológica del hombre sobre
el conocimiento de Dios.
En los siglos XIX y XX, con el ímpetu positivista se priorizó que solo lo que se
podía demostrar era lo único verdadero. Lo demás pasaba a ser cuestionado y
dudado. La ciencia tuvo gran importancia y el avance tecnológico fue muy notable.
Con ello, se prepara el camino directo hacia el ateísmo que en dichos siglos tendrá

1
JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la esperanza, P&J, Barcelona 1994, p. 27.
relativa fuerza. El Papa Juan Pablo II menciona que el problema del positivismo radica
en que no se pueden poner a todas las realidades bajo el mismo plano, como lo es
el alma o Dios. Muchas verdades de nuestra realidad son verdades extrasensoriales2.
De esta manera, Dios no es empíricamente demostrable pues supera toda realidad
material y empírica. Además, las consecuencias de quitar a Dios del plano
antropológico resultó ser un fracaso existencial. Los principios, por su naturaleza, no
pueden demostrarse, sino que se asumen por ser evidentes, como lo es la necesidad
de obrar bien. La existencia del hombre quedó condenada al fracaso cuando su fin
necesario queda suplido por algo más, como lo es la ciencia, etc. La ciencia por sí
misma no da sentido a la vida del hombre. La experiencia lo demuestra: muchos
hombres han dado su vida por su fe y no hay nadie que haya dado su vida por una
verdad científica.
El racionalismo contemporáneo pregunta ¿por qué Dios se esconde, por qué
no es más evidente? El conocimiento de Dios no se somete a la voluntad del hombre,
sino que el hombre es capaz de conocer desde lo creado. Desde el orden, la belleza,
la perfección podemos llegar a saber que hay una causa primera, un motor inmóvil.
El conocimiento de Dios no es inmediato3, no obstante, en su plan ha querido
manifestarse en una persona concreta: Jesucristo, Dios encarnado. Sin la revelación,
el hombre queda empapado de misterio ante la especulación de Dios, sin embargo,
con la plenitud de la Revelación, el conocimiento de Dios se hace próximo. El
cristianismo ve en Cristo al verdadero Hijo de Dios, salvador de los hombres 4.
Indudablemente, la filosofía desde Descartes se hace antropocéntrica,
prioriza a la razón y prepara el camino para las futuras filosofías que van
desprestigiando a la metafísica y por consiguiente al Dios mismo. La Revolución
francesa quitó a Dios del camino y puso a la diosa Razón5, como la llama el Papa
Polaco. De esta manera, el hombre empieza a vivir como si Dios no existiera.
La historia de la salvación nos demuestra que el mundo no puede salvarse a
sí mismo. Fue necesario el sacrificio del Hijo único y verdadero de Dios para la
salvación del mundo. Todo esto se resume en un acto de amor por parte de Dios.
Consecuentemente, si la historia de la salvación es un acto de amor en la historia de
la humanidad para redimirnos ¿cómo se explica la existencia del mal si Dios, autor
del mundo, es el Amor en sí? Es necesario partir del principio de que el hombre es

2
Ibid., p. 29.
3
Ibid., p. 31.
4
Ibid., p. 34.
5
Ibid., p. 36.
libre. Gran cantidad de los males provienen por la libertad del hombre, como lo son
las guerras y las desigualdades sociales; otros por el orden natural, como lo son los
desastres naturales. No obstante, ante este escándalo, Dios no permanece alejado,
su mismo Hijo sufrió por toda la humanidad6. En cierto sentido Dios ha querido ser
impotente frente a la libertad del hombre, pero también ha querido que su hijo sufra
como los hombres. Es verdad que pudo haberlo hecho de otra manera y manifestar
su gloria en la dramática crucifixión de Jesucristo, sin embargo, el mismo Dios
encarnado quiso sufrir7.
Ante hecho, en necesario analizar otro aspecto: la salvación. Específicamente,
¿de qué nos salva Dios? Concretamente del mal radical. Con esto Dios nos promete
la vida eterna. Dios quiere que el hombre se una eternamente a Él mismo en un acto
pleno de libertad. Esto es llamado por el magisterio de la Iglesia como “la visión
beatifica”8, el cual nos permite gozar de la absoluta plenitud de la verdad. El hombre
naturalmente aspira a la verdad y se goza en encontrarla, solo en Dios el hombre
puede gozar de esa verdad absoluta. Apelando a la lógica, el hombre libremente
puede gozar de la eterna amistad con Dios o despreciarla. La eterna amistad con Dios
se identifica con la felicidad a la que aspira todo hombre al permanecer en el bien y
en la verdad.
Ahora bien, las diversas religiones muestran una raíz común: el género
humano naturalmente aspira a lo eterno y busca el último destino del hombre. Juan
Pablo II nos aclara en este sentido que todos los hombres buscan responder a los
grandes enigmas de su existencia: el dolor, el origen, el fin, la muerte, etc. En muchas
religiones encontramos diversas verdades a las que el hombre aspira 9.
Evidentemente, hay muchos caminos para llegar a Dios, no obstante, Dios quiso
darnos un camino seguro: la revelación en su Hijo y en la Iglesia. Muchas religiones
que se habían practicado antes se hallaban muy cerca del cristianismo.
En la actualidad, el budismo está cobrando relativa fuerza como una vida de
salvación. La visión budista, nos aclara el pontífice polaco, ve al mundo como algo
malo del cual hay que liberarse desde la psique humana y en nuestro cuerpo 10. De
esta manera, se llega al Nirvana, es decir, al estado de perfecta indiferencia respecto
al mundo. En este contexto la salvación se refiere a la liberación del mundo. Dicha
soteriología dista mucho de la soteriología cristiana. El sentido del sufrimiento es

6
Ibid., p. 41.
7
Ibid., p. 43.
8
Ibid., p. 45.
9
Ibid., p. 49.
10
Ibid., p. 52.
evadido y no asumido como un proceso de glorificación a Dios. Por otra parte, las
practicas orientales ascéticas se han puesto de moda en diversas esferas sociales
occidentales, como una forma alternativa de religión.
Ahora bien, entre el Islam y el cristianismo hay un abismo en cuanto a la
concepción de Dios11, a pesar de que ambas religiones son monoteístas. Para el
islam, Dios está fuera de este mundo, no es Dios quien está al encuentro del mundo.
Desafortunadamente, los comportamientos fundamentalistas han provocado un
ambiente tenso en diversos países. Los atentados terroristas, han mostrado la
radicalización de dicha religión. Por otra parte, el pueblo cristiano hunde sus raíces
en el pueblo judío, pues en él se dio la primera Alianza. Además, en dicho pueblo se
preparó el terreno para la venida del Mesías.
La reflexión de Juan Pablo II, nos deja múltiples enseñanzas y una autentica
apología del cristianismo frente al racionalismo y ateísmo. El Papa nos deja claro tres
cosas: la existencia de Dios es fundamental en la vida del hombre, el cristianismo es
la religión que nos comunica al Dios verdadero y que en otros lugares se encuentran
verdades que solo en cristianismo son plenas. Además, nos damos cuenta que el
hombre cuando conoce la Verdad de las verdades se siente movido a trasmitirla y,
por supuesto, dar la vida por ella.

11
Ibid., p. 58.