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Juan 19:26-27 «¡Mujer, he ahí tu hijo!” Luego dijo al discípulo: “¡Ahí tienes a tu madre!


Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa ».

A1. Jesús se dirige a María con la palabra MUJER, al menos en dos ocasiones según la biblia, esto indica, que le hablo con
autoridad Divina, en lugar que en la posición de Hijo según la carne.

A2. Aunque humanamente hablando, ella, lo veía como su hijo, espiritualmente hablando, él era su Padre y Protector, y
ahora, su Redentor.

A3. Jesús aun en el lugar del máximo sacrificio, nos enseña, el amor y cuidado de los demás.
La Capacidad de Jesús de Cuidar de nosotros
B1. Ahora podemos ver un estímulo para nuestra fe cuando Jesús hace previsiones para las necesidades de su madre en
el Calvario.
B2. Aquellos que escuchan y cumplen la Palabra de Dios tienen incluso un mayor derecho al cuidado de Jesús que ella.
Si él la cuidó, ¿no hará mucho más por vuestras necesidades?
B3. Si Jesús pudo mantener sus propias necesidades en el momento de su más profunda debilidad y humillación…
¡Cuánto más puede mantener nuestra necesidad en su poder y exaltación actual!

Una relación única


C1. Cuando Jesús dijo: “He ahí a tu hijo”, no se refería a sí mismo sino a Juan. Él estaba delegando a Juan la responsabilidad
de cuidar a María en su vejez.
C2. Este fue un hermoso gesto, y dice mucho sobre la naturaleza personal del amor de Jesús.
C3. Mostró una actitud desinteresada con la cual se acercó para atender a las necesidades terrenales de los que estaban
a su lado, él estaba ocupado con el evento más importante en la historia de la redención, se acordó de hacer
provisión para las necesidades de una mujer, su madre.

D1. Él se dirige a ella como mujer... La expresión no transmite ninguna falta de respeto. Pero sí para subrayar el hecho de
que Cristo era mucho más a María que un Hijo. Él era su Salvador.
Lc. 1:42 - María era una mujer de virtud singular o nunca se le habría escogido para ser madre del Señor
Jesucristo. Ella merece respeto y honor por ese papel.
Lc.1:46-50 - Pero era pecadora y exaltó a Dios como su Salvador.
Se refirió a sí misma como una sierva humilde de Dios en necesidad de misericordia.

D2. Ella era tan dependiente de la gracia divina como el más vil de los pecadores.
Cuando Cristo llegó a la edad adulta, su relación con él era la misma que la de cualquier creyente obediente al Señor.
Ella era un discípulo (sierva); Él era el Maestro.

D3. Cristo amó y honró a su madre como una madre. El mismo Cristo reprendió a los que querían venerar a maría.
Lucas 11: 27-28 “Una de las mujeres en la multitud levantó la voz y le dijo: 'Bienaventurado el vientre que te llevó y
los pechos que te criaron dio a luz. 'Sin embargo, dijo, 'Por el contrario, bienaventurados los que oyen la palabra
de Dios y la guardan.”
D4. Su papel de madre de Cristo no lleva consigo ningún título especial como mediadora, reina del cielo, o cualquiera de
las otras formas de deificación.
Nos enseña la magnitud de su intención: satisfacer toda necesidad.

F1. La intención divina de proveer para toda necesidad humana se ve en el supremo sacrificio de Cristo.
F2. Necesitábamos de un verdadero amor fraternal. ÉL provee ese amor verdadero “He ahí tu madre…”.

Su intención es satisfacer toda clase de necesidad en el ser humano.


G1. ÉL proveyó amor y comunión para su madre y su hermano fiel.
G2. Así, ha provisto también para nosotros: La inmensidad de su amor y bendiciones que necesitamos.
G3. Son palabras de amor, de ternura, de compasión, de comprensión y de provisión.
G4. Lo que ÉL desea es manifestar su inmenso amor fraternal al proveer para su madre algo que, terrenalmente, ÉL ya no
podía hacer. Y a la vez, propiciar el amor filial verdadero entre los suyos.
G5. Su gran amor por nosotros lo que lo llevó al supremo sacrificio en la cruz.

Jesús es nuestro sustituto. Romanos 5:6-8 el apóstol Pablo escribe: "Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió
por los impíos.

¿Y cuál es la responsabilidad de Juan? Cristo lo nombra su sustituto.


Juan debe cuidar y consolar a María, lo que Cristo ya no haría. ¡Qué privilegio el de Juan: ser sustituto de su Sustituto!

¿Podemos considerarnos partícipes de esta comisión dada a Juan?


Sí, pues como el Señor ascendió al Padre, nos toca a nosotros hacer lo que él haría si estuviera aún en el mundo.

"Cristo no tiene manos, sino nuestras manos para hacer su trabajo hoy,
No tiene pies, sino nuestros pies Para llevar a los hombres por su camino.

 Usemos nuestros pies para ir a los que necesitan de su gracia y su perdón.


 Usemos nuestras manos para hacer el bien que él haría.
 Usemos nuestros labios para pronunciar las palabras de consuelo que él pronunciaría.

Así como Jesús uso a juan... Porque él estaba en el lugar donde podía ser usado
H1. Debemos acercarnos a Dios para que él pueda usarnos…
Presentarnos ante él y decir… examíname y úsame conforme a tus propósitos
H2. Jesús está buscando a personas que estén dispuestas a hacer ese trabajo.

La Iglesia como una Nueva Familia Espiritual

E1. Pablo dijo en Hechos 20:28 (“Cristo adquirió la iglesia de Dios con su propia sangre.”)
Por eso, uno de los obsequios que Jesús nos dio desde la cruz fue la iglesia: una cariñosa, generosa, sustentadora,
esperanzadora familia más allá de la familia.
LA EXPRESIÓN DEL AMOR DESINTERESADO

María, la madre de Jesús, estaba allí. Este era el momento cuya llegada Simeón le había advertido, cuando una espada
le atravesaría el alma al ver el sufrimiento de su Hijo (Lc. 2:35). De las tres listas de mujeres (cp. Mt. 27:55-56; Mr.
15:40-41), Juan es el único que menciona la presencia de María.

La omisión en Mateo y Marcos es acorde con su bajo perfil en el Nuevo Testamento (y en marcado contraste con el
papel importante que le asigna la teología católica romana).

María era una mujer de virtud singular o nunca se le habría escogido para ser madre del Señor Jesucristo. Ella merece
respeto y honor por ese papel (cp. Lc. 1:42).

Pero era pecadora y exaltó a Dios su Salvador. Se refirió a sí misma como una sierva humilde de Dios en necesidad de
misericordia (cp. Lc.1:46-50).

Ofrecerle oraciones y elevarla al papel de corredentora con Cristo es ir más allá de los límites de las Escrituras y la
confesión de ella.

El silencio de las epístolas sobre María, que conforman el eje doctrinal del Nuevo Testamento, es de vital importancia.

Si tenía el papel tan importante en la salvación que le adjudica la Iglesia Católica Romana o si debiera recibir oraciones
cual intercesora entre Cristo y los creyentes, seguramente el Nuevo Testamento lo habría dejado claro.

Ni las enseñanzas del catolicismo romano sobre su nacimiento virginal ni la asunción al cielo tienen apoyo en la Biblia;
son invenciones.

El único hombre en el grupo que estaba al pie de la cruz era Juan, el discípulo a quien Jesús amaba

Estar allí en ese momento le valió una importante relación que el Señor estableció.

Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: “Mujer, he ahí tu
hijo”. Después dijo al discípulo: “He ahí tu madre”.

Aun cuando moría, cargando con el pecado del hombre y la ira de Dios, Jesús se preocupaba con ternura por aquellos
a quienes amaba (cp. 13:1, 34; 15:9, 13). Evidentemente, José, su padre terrenal, ya estaba muerto.

El Señor no podía entregar a María al cuidado de sus medios hermanos, los hijos de María y José, pues no eran
creyentes aún (7:5).

No creyeron sino hasta después de la resurrección, Por lo tanto, la confió a Juan; él se volvió un hijo para ella en lugar
de Jesús y desde aquella hora Juan la recibió en su casa.

Esta puede parecer una preocupación muy mundana en la hora del más grande sacrificio del Salvador, pero la belleza
de su amor y compasión por su madre viuda, en medio del dolor más espantoso, refleja su amor por los suyos (cp. Jn.
13:1).

Juan comprendió perfectamente las palabras de Jesús y el sagrado cometido que se le había confiado.
El perfecto ejemplo de amor filial dado por Cristo resplandece sin haber perdido su fulgor en medio de las penumbras del
pasado.
Mientras soportaba aguda tortura, no se olvidó de su madre, e hizo hizo todas las provisiones necesarias para asegurar
su futuro.