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Universidad Del Rosario

Facultad de Ciencias Humanas


Maestría en Estudios Sociales
Alí Martínez Berrío

BALANDIER, G. (2003). “El mito proclama el orden primordial”. En, El desorden: la teoría del
caos y las ciencias sociales. Barcelona: Gedisa, pp. 17-37.

Reseña
En el capítulo “El mito proclama el orden primordial” perteneciente al libro “El desorden”, su
autor, el antropólogo y sociólogo George Balandier, propone discutir sobre la naturaleza del mito
como un mecanismo que otorga sentido, principios morales y visiones del mundo para toda la
humanidad a lo largo de su historia. En otras palabras, el mito es un productor y reproductor de
orden que otorga respuestas y significado a las relaciones que establecen las sociedades con el
universo. Inicialmente, Balandier presenta en su texto la manera en que la ciencia, sin logro alguno,
ha pretendido sepultar la explicación mítica por ser de carácter irracional; es decir, el mito ha sido
entendido como una forma de explicación opuesta al razonamiento científico. Sin embargo, el autor
considera que el mito tiene una capacidad de metamorfosis que lo mantienen vigente y por ende,
la ciencia actual no ha logrado erradicarlo; ahora busca la manera de aislarlo. No obstante,
Balandier considera que la ciencia no es capaz de lograr lo que el mito ha permitido, y es dar sentido
a la existencia de las cosas, de la vida y la naturaleza. Tanto la ciencia como el mito buscan darle
orden al caos, respuestas a preguntas y lógica a lo absurdo.

De acuerdo con lo anterior, para Balandier, el mito y la ciencia convergen en la pretensión de


comprender el funcionamiento del mundo, la manera en que está ordenado y el lugar que ocupan
las cosas en él. Pero se diferencian en los métodos de acceso a lo real, la ciencia lo hace mediante
procedimientos de verificación y el mito lo hace desde una autoridad, de una hermenéutica y una
exegesis; en esencia, el mito no es comprobable. Según Balandier, la importancia del mito radica
en “la lógica que actúa para dar al mundo una unidad, un orden, un sentido primordial; es captar
cómo la creación pensada a partir de un caos inicial impone sin cesar el doble juego de las fuerzas
del orden y el desorden, y las figuras mediante las cuales aquéllas actúan” (pág. 19). En este
sentido, los mitos se han caracterizado por hacer alusión a los orígenes, los comienzos; remiten a
una temporalidad fundante en la que se crea un orden de las cosas y proporcionan principios
morales que definen el actuar de la sociedad.
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No obstante, Balandier introduce en su texto el debate sobre otro tipo de mitos asociados con
culturas africanas y aztecas, en las cuales el valor del mito no se encuentra en la búsqueda de orden,
sino en la entropía, la perdida y el desorden; es decir, el caos. Este tipo de mitos presentan una
visión dramática del mundo marcada por la destrucción de universos, el advenimiento de
cataclismos y seres monstruosos. Sin embargo, para Balandier, este tipo de mitos pueden traer
consigo un valor importante para entender que “lo real es una construcción frágil que corre el
riesgo constantemente de destruirse” y “la gran dosis de arbitrariedad y de contingencia que
forma parte de los asuntos humanos” (pág.25).

Seguidamente, Balandier menciona que los mitos, al operar en el campo de lo simbólico, se


encuentran íntimamente relacionados con prácticas rituales que trabajan para dar orden y sentido a
la existencia. Según el autor, el rito traduce al mito en una serie de acciones y prácticas que tienen
una lógica propia, con un determinado fin y una eficacia. Los ritos se organizan alrededor de
sistemas culturales, permitiendo la integración de lo individual a lo social, de lo profano a lo
sagrado y el desorden al orden. Los ritos imponen condiciones de lugar, de tiempo, circunstancias
propias, incluyen o excluyen objetos; requieren de participantes, de autoridades y normas que lo
regulen. De acuerdo con Balandier, “el rito es el orden en sí mismo” (pág.30). En este sentido, el
rito impone una idea de orden global para la sociedad, permitiendo dar respuesta al carácter
aleatorio del universo; el rito permite reducir el desorden de lo real, esto es, evitar coyunturas
imprevisibles y fatídicas.

Por último, al final del capítulo, Balandier discute la manera en que la tradición, entendida como
una relación de anclaje con el pasado, ha intentado desaparecer la acción transformadora en el
tiempo, conservando solamente aquellos momentos fundantes de los cuales obtiene su legitimidad
y fuerza. Es decir, las sociedades tradicionales se encuentran estrechamente relacionadas con su
pasado sagrado y mítico, que les ha permitido mantenerse en el orden, con poco margen de
movimiento y transformación. No obstante, Balandier considera que la tradición se presenta bajo
varias formas y no como un único aspecto de herencias pasadas. La tradición puede ser portadora
de un dinamismo que permite adaptarse al cambio, a los acontecimientos y la elección de
alternativas. Por lo tanto, para Balandier, la tradición es importante en la medida que es una reserva
de símbolos e imágenes que permiten entender y atenuar la modernidad; es decir, la tradición
permite “dar sentido a lo nuevo, a lo inesperado, al cambio” (pág. 37).

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