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Bases Bioquímicas en las Ciencias de la Salud

Resumen: Osmotic Homeostasis


Elaborado por Axel Omar Ramírez Garduño

Agosto 9 de 2018.

Introducción.

Las alteraciones en la homeostasis del agua en el organismo pueden causar

perturbaciones en las funciones y el tamaño de las células del cuerpo. Algunas de dichas
perturbaciones pueden llegar a ser muy graves, y pese a que internamente existen

procesos internos que contrarrestan las alteraciones osmóticas, células como las neuronas
se encuentran particularmente en un riesgo, pues su desbalance hídrico se encuentra

asociado con funciones de señalización y fisionomía cerebral que podría acarrear


resultados desastrosos. Por ejemplo, dentro de los síntomas principales neurológicos, en

un marco de hipo-osmolalidad se encuentra la migraña, vómito, diarrea, inestabilidades


en la marcha, declive cognitivo, alteraciones en la memoria, y casos severos se presentan

convulsiones.

A diferencia de la inflamación cerebral asociada a la hipo-osmolalidad, el cerebro


se encoje en condiciones hipertónicas, y si esta condición empeora, el reflejo intenso de

sed tiende a ser reemplazado por confusión, somnolencia y debilidad muscular. En casos
crónicos, el encogimiento cerebral haría que se separase del calvarium, causando

hemorragia, sangrado cerebral, y la muerte.

Actualmente se sabe que aproximadamente del 50-60% del peso corporal se

encuentra compuesto por agua, y que la membrana plasmática es semipermeable, de


manera que los cambios en el balance hídrico afectan la función biológica de las células,

así como su tamaño: el exceso de agua provoca que las células se hinchen (y lisen en el
peor de los casos), y la escasez de ésta provoca su encogimiento.
Es por esto que la prevención de alteraciones significativas en la osmolalidad del

plasma en el cuerpo resulta no menos que vital para la supervivencia del organismo.

El mantenimiento del tamaño de las células cerebrales.

El cerebro es, marcadamente vascular, gracias a la abundancia de capilares que

descienden del espacio subaracnoideo al parénquima. El descubrimiento de canales de


acuaporinas (AQP) en los astrocitos (AQP4), controlan el eflujo y afluencia de agua, así

como la regulación de K, la homeostasis, excitabilidad neuronal, inflamación y


señalización neuronal; las AQP4 tienen un papel en la cascada de señalización en el marco

del edema cerebral inducido por osmolaridad, de modo que las alteraciones en el balance
hídrico perturban las complejas conexiones de señalización que dirigen las funciones

celulares.

En cuestión de minutos a horas, dentro de los cambios osmolares en éstas redes,


para un marco de hipotonicidad, la rápida hinchazón de las células favorece la activación

de canales inactivos de Cl- y K+, en un proceso denominado disminución regulatoria de


volumen; inversamente, en un marco de hiperosmolaridad, las células cerebrales

responden consumiendo los iones Na+, K+, y Cl-, de sus alrededores, este proceso es
llamado incremento regulatorio de volumen.

Percepción de los cambios en las concentraciones del cuerpo: El Osmoreceptor.

La habilidad para percibir internamente la osmolalidad del plasma es fundamental


para el proceso de la homeostasis del agua en el cuerpo; neuronas especializadas como

el Órgano Vascular de la Lámina Terminal (OVLT, por sus siglas en inglés) y el Núcleo
Paraventricular, y Supraóptico del Hipotálamo son ejemplos de células con esta habilidad.
Además, el hecho de que se hayan identificado familias de canales de cationes de

Receptores de Potencial Transitorio Vaniloide (TRPV, por sus siglas en inglés) y su


potencial como receptores de “estiramiento mecánico”, han añadido soporte al concepto

de la osmopercepción como proceso mecánico.

El “estiramiento mecánico” de estos canales en un escenario hiper-osmolar,


conjuntamente con el Núcleo Supraóptico (NOS), permiten la afluencia de cargas positivas

así como la despolarización celular, elicitando acciones que estimulan la sed y la liberación
de la hormona antidiurética (vasopresina). Por otro lado, en un escenario hipo-osmolar, la

hinchazón de la célula desactiva los TRPV conduciendo a las células a la hiperpolarización,


inhibiendo la sed y la liberación de vasopresina.

La sed.

Los estudios de neuroimagen que han revelado los orígenes anatómicos de la sed,
que, con la hiper-osmolalidad estimula la actividad en la pared anterior del tercer

ventrículo, el córtex de cíngulo anterior, el giro parahipocampal, la corteza insular y el


cerebelo, todas éstas áreas relacionadas también con actividades complejas.

Como se mencionó con anterioridad, los procesos “mecánicos” de la sed están

relacionados con los osmoreceptores, de manera que, al beber, la sensación de sed se


aplaca casi de inmediato. Esto podría estar relacionado con las complejas actividades

cerebrales inmiscuidas en la percepción de la sed como tal, relacionadas incluso con


funciones psicológicas desde el momento que se es consciente de la conducta de beber.

Cabe mencionar que en contraste con los estímulos osmóticos, existen


importantes estímulos no-osmóticos de la sed, como la hemodinámica de las

hemorragias, o cuando se inyecta sistemáticamente o en áreas sensitivas del cerebro


Angiotensina II. Se han encontrado además que la sed es frecuentemente encontrada en
pacientes con desórdenes psiquiátricos, reportados en hasta 25% de los pacientes

hospitalizados diagnosticados con esquizofrenia.

La vasopresina.

Sintetizada en el hipotálamo y transportada al tracto hipofisiario supraóptico, como

una molécula precursora de hormonas, la vasopresina u hormona antidiurética, es un


péptido con diversas funciones, incluyendo la regulación del balance hídrico, de la presión

sanguínea, funciones de las plaquetas y regulación térmica. Su síntesis y almacenamiento


(en la neurohipófisis) demora aproximadamente dos horas, y es metabolizada por las

vasopresinasas del hígado y el riñón. Actúa además en los receptores tipo-oxitocina, y los
V1, V2, y V3.

El estímulo más sensible para la liberación de vasopresina es el aumento de la

osmolalidad plasmática, para controlar la retención y reabsorción de moléculas de agua


(H2O). A medida que los niveles de osmolalidad plasmática vuelven a la normalidad, os

estímulos de la liberación de esta hormona se extinguen.

Por otro lado, existen también estímulos no-osmóticos, como la dopamina, el

dolor, la hipoxia, la acidosis, y más importantemente, la hemodinámica circulatoria.

Una médula altamente concentrada.

El tener un intersticio medular altamente concentrado es esencial para la

conservación de agua, pues proporciona fuerza osmótica para la salida del fluido tubular
renal filtrado. El intersticio medular puede alcanzar hasta cuatro veces la concentración

de los fluidos que le rodea, y esta concentración debe ser generada y mantenida, al mismo
tiempo.
El proceso de multiplicador en contracorriente, responsable para la generación de

aproximadamente la mitad de la máxima concentración de gradientes medulares, consta


de tres modificaciones estructurales en los túbulos renales.

Un túbulo en horquilla con una extremidad yuxtapuesta permeable al agua

descendiente (1), contra una extremidad impermeable ascendente con una altamente
activa bomba de Na-K-2Cl genera el gradiente de concentración (2), finalmente, un bucle

de horquilla separado dentro del sistema capilar tubular permite la derivación de agua
desde la extremidad descendente hasta la ascendente, previniendo que se disuelva el

gradiente (3), de este modo, se mantiene la concentración.

Existe dos mecanismos para prevenir el fracaso en la concentración medular: en


primer lugar, la mayoría del flujo de sangre renal es dirigido a los glomérulos superficiales

que se encuentran limitados a la corteza externa, con menos del 2% desplazándose a lo


profundo de los glomérulos medulares, y en segundo lugar, para los vasos rectos (vasa

rectae) que descienden hacia la médula, los túbulos en horquilla previenen la dilución
medular, en un proceso conocido como intercambio contracorriente.

Puesta-a-punto del balance hídrico en los conductos colectores.

La habilidad de las nefronas para excretar un tipo de orina que se encuentra más

concentrado que el plasma sanguíneo (por la reabsorción de agua) o más diluido (por la
excreción del agua) reside en a presencia de los segmentos de nefronas que son

extremadamente permeables al agua, así como los segmentos que son casi
impermeables.

En orden de excretar orina diluida, el conducto colector debe poder mantener al

menos 30 veces su gradiente de concentración entre la orina diluida filtrada y el intersticio


medular altamente concentrado; por otro lado, para la conservación de agua, estos
conductos deben alterar la permeabilidad del agua, permitiendo la salida del agua hacia

el intersticio más concentrado, esta permeabilidad está determinada por modificaciones


estructurales en la ruta de flujo de las disoluciones mencionadas. Es aquí donde entran

las proteínas de unión llamadas tight-junction, incluyendo proteínas citoplásmicas de


andamiaje y proteínas que señalización, que actúan como un “cierre” biológico, alterando

la permeabilidad en el intersticio, y controlando el movimiento de agua y solutos.

Adicionalmente al control de las rutas de flujo, el conducto colector debe poder


prevenir el movimiento transcelular de agua.

Cabe mencionar aquí, que los movimientos de agua a través de los túbulos renales

también dependen de los canales de acuaporinas (AQP1 en este caso), que proporcionan
una ruta para el movimiento de agua transcelular, presentes en las membranas

basolaterales y las extremidades descendientes de los túbulos, pero ausentes en las


ascendentes.

Por otro lado, las AQP2, que son expresadas en la membrana apical de las células
principales de los conductos colectores son reguladas por la vasopresina, que al unirse a

su respectivo receptor, despliegan una cascada de señalización celular que resulta en la


permeabilidad de la célula; al retirarse la vasopresina, la AQP2 es internalizada en vesículas
intracelulares. La vasopresina además influencia la expresión a largo plazo de las AQP2 en
los conductos colectores, incrementando su abundancia.

Correlaciones Clínicas.

La diabetes insípida central puede resultar de una lesión traumática, quirúrgica o


isquémica en cualquier sitio de la producción de vasopresina, pero a menudo es más de

etiología idiopática (posiblemente por destrucción autoinmune), aunque las formas


hereditarias son causadas por mutaciones en los genes de la vasopresina, dando como
resultado un mal plegamiento proteico en las neuronas magnocelulares productoras de

vasopresina.

Algunas otras anormalidades genéticas están relacionadas con mutaciones


nefrogénicas de la diabetes insípida con mutaciones en los receptores de vasopresina 2,

como causa principal, y estos pleagamientos proteicos erróneos atrapan al gen de receptor
de vasopresina 2 dentro del retículo endoplásmico de la célula, previniendo su unión.

Adicionalmente, el uso frecuente de Litio causa diabetes insípida, ocurriendo en

aproximadamente 40% de los usuarios consumidores crónicos de litio, y está asociado


con la baja regulación de AQP2k y la remodelación celular del conducto colector.

La pérdida de volumen detectada también puede estimular la liberación de


vasopresina, esto puede ocurrir en pérdida de volumen en vómitos, diarreas o en

sobrecarga de volumen, como en la cirrosis o la insuficiencia cardíaca congestiva.


Conversivamente, el Síndrome de Hormona Antidiurética Inapropiada se manifiesta como

la discapacidad de excretar agua debido a la actividad no suprimible de la vasopresina.

La hiponatremia (bajos niveles de Na en sangre) es la perturbación más común de


electrolitos, y es resultado del consumo de agua, ya sea oral o vía intravenosa, en exceso

de excreción. Razonablemente, ocurre en el escenario en dietas con baja concentración


de solutos, combinadas con un alto consumo de agua, lo que permite que aparezca esta

perturbación más fácilmente. Existen estudios que han vinculado la hiponatremia con una
incrementada mortalidad, sin embargo, el amplio rango de patologías subyacentes

potencialmente asociadas con hiponatremia y la dificultad para controlar adecuadamente


las confusiones residuales, dichos estudios deben ser interpretados con cautela. Son

necesarios estudios prospectivos para poder clarificar la relación de los resultados de la


hiponatremia.
Referencias:

Danziger, J., & Zeidel, M. (2014). Osmotic Homeostasis. Clinical Journal Of The American

Society Of Nephrology, 10(5), 852-862. doi: 10.2215/cjn.10741013