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Los beneficios de la oración

Los beneficios de la oración (Foto Foter)

Los beneficios de la oración son incalculables pues la oración es un arma poderosa para superar
obstáculos y vencer al enemigo.

Beneficios de la oración

La oración además de ser una de las armas más poderosas contra los ataques del enemigo, nos
genera los siguientes beneficios:

1- Nos acerca a Dios, estrechando nuestra relación con el Padre.

2- La oración sirve para darnos dirección clara y oportuna en momentos de crisis. No debemos
decidir nada antes de orar, si queremos lograr buenos resultados. Es mejor tomarnos un tiempo
para pedir dirección a Dios antes de tomar una decisión, que tomar una mala decisión y pedir a Dios
que nos libre de sus consecuencias.

3- A su vez evita que tomemos decisiones equivocadas, que podrían generar graves
repercusiones a nuestra vida. A través de la oración Dios nos muestra lo que debemos hacer, cómo
y cuándo.

4- Nos da confianza y nos trae paz, eliminando nuestras preocupaciones y afanes porque son
pérdida de tiempo. Filipenses 4:6-7 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidos vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias; y la paz de Dios que
sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús”. A través de la oración podemos entregarle nuestras cargas a Dios y esperar en él. Al
hacer esto, una sensación de seguridad, calma y tranquilidad, rebosa nuestros pensamientos,
haciéndonos más productivos.

5- Nos ayuda a actuar con sabiduría y nos protege de las tentaciones. En 2 de Pedro 2:9 dice
así: “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados
en el día del juicio”.

6- Nos guía para seguir la santa voluntad de Dios.

7- Invita a Dios a hacerlo partícipe de nuestras actividades diarias, haciéndonos mejores y


más eficientes. Nos ayuda a no cometer errores, pero debemos combinarla con la lectura de la
palabra, porque Dios nos habla a través de su palabra y guía nuestros pensamientos.
8- Nos da fortaleza. La oración nos fortalece y la fortaleza es nuestro escudo, para vivir en
este mundo tan desordenado y anárquico, permitiéndonos vencer la adversidad.

9- Nos da energía para pasar el día en las largas jornadas de trabajo y aún en la enfermedad;
pero también nos da destreza para lograr aquellas cosas para las cuales nos falta capacidad.

10- Impide que nos desviemos o distraigamos de nuestras responsabilidades, porque la oración
nos ayuda a mantener el enfoque hacia lo que queremos o necesitamos.

11- Nos motiva y empodera en los momentos de aflicción, impidiendo que nos desanimemos y
sucumbamos ante los problemas o dificultades.

12- Abre puertas de oportunidad que nadie más puede abrir, porque cuando oramos lo estamos
invitando a ser partícipe de nuestra vida y con él viene su sabiduría, su poder, su fortaleza y todo
lo que necesitemos, está en él.

13- Nos capacita para entender la diferencia entre estar ocupados y ser productivos o
fructíferos.

14- Provoca el favor de Dios.

15- Nos da protección y cobertura ante los ataques del enemigo.

Indudablemente que los beneficios de la oración son muchos y son la clave de nuestra vida cristiana
porque nos conecta con Dios.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la
Palabra de Dios a todo rincón. Gracias.

Cuando le crees a Dios (Ya a la venta)

Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se
atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria.
Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue
la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.

Vivimos diciéndole al Señor que confiamos en Él, pero muchas veces no actuamos así en los
momentos más difíciles

Un niño viajaba solo en un tren de carga. Cuando el tren llegó a una estación, el jefe de la misma
le preguntó intrigado:

– Chico, ¿qué haces en este tren? ¿sabes hacia dónde se dirige este tren?
El chico, muy tranquilo, le respondió:

– No se preocupe, señor, estoy sólo yendo en el tren. Me gusta mucho ir en el tren.

El jefe de la estación, más intrigado todavía, le ordenó que saliera del tren y le dijo que le
ayudaría a volver a casa. En eso el chico le respondió, sonriendo:

– No se preocupe, Señor, mi padre es el maquinista de este tren… Hacia donde vaya el tren, él va
conmigo..

Esta historia puede ser aplicada a nuestra vida religiosa y a nuestra fe en Dios.

Vivimos diciéndole al Señor, en nuestras oraciones, que confiamos en Él, pero muchas veces no
actuamos así en los momentos más difíciles. No aprendemos aún a abandonar nuestra vida en manos
de Dios y a dejar que Él la conduzca conforme a su voluntad. Creo que esta es una de las más
profundas experiencias religiosas que debemos vivir. Como aquel chico del tren necesitamos viajar
tranquilos en el tren de esta vida, seguros de que el “maquinista” de la vida es nuestro Padre. Él
nos creó por amor y nos guía en su amor. Necesitamos confiar en eso para ver la mano de Dios en
nuestra vida y sentir que su mirada nos acompaña.

Hay varios versículos en la Biblia que repiten la misma palabra de Dios: “el justo vivirá por la fe”
(Gl 3,11; Heb 10,38). Y existe otro donde San Pablo nos enseña que “sin fe es imposible
agradarle” (Heb 11,6). De hecho, sin una confianza profunda en Dios por la fe, es imposible hacer
su voluntad, pues ésta se realiza en nuestra vida en la medida en que, por la fe, aceptamos los
acontecimientos cotidianos.

Toda la Biblia es un libro de fe que narra la aventura de muchos hombres y mujeres que, actuando
en la fe, hicieron la voluntad de Dios, venciendo obstáculos insuperables. Cuando actuamos en la fe
sentimos con claridad lo que el ángel le dijo a María: “ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc
1,37).

Jesús reprendía severamente a sus discípulos cuando flaqueaban en la fe, y los llamaba “hombres
de poca fe”. Después de la tempestad apaciguada, les dijo: “Por qué tenéis miedo, hombres de poca
fe?” (Mt 8,26). A Pedro, que se hundía en las aguas del mar de Tiberíades, le dijo “Hombre de
poca fe, ¿por qué dudaste?” (Mt 14,31).

Dios no puede actuar en nuestra vida cuando no demostramos confianza en Él y en su amor. El


poder de Dios es liberado cuando nos lanzamos a sus brazos con toda la fe. El libro de los Salmos
está repleto de esta profunda manifestación de fe en Dios. El Rey David, que vivía por la fe,
cantaba:

“Yahveh es mi pastor, nada me falta…

Aunque pase por valle tenebroso,

ningún mal temeré, porque tú vas conmigo” (Sal 23 1-4).

“Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?

Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?” (Sal 27,1).


Esa jubilosa esperanza en Dios, que hace brotar de los labios del hombre de fe palabras de
confianza en el Creador, es su fuerza y alegría, incluso en los momentos más difíciles de la vida.
Nosotros también necesitamos hacer crecer nuestra fe, repitiendo y viviendo esa esperanza en Dios
todos los días, hasta que nuestra vida y nuestro futuro estén completamente en sus manos. Esa fe
es el único remedio disponible para el hombre cansado y estresado de nuestros días.

Mientras las anclas no estén agarradas completamente a Dios, no estaremos firmes. Sólo Dios, con
su poder, es capaz de darnos la seguridad que está más allá de todo y de todos. Entonces
podremos cantar como el salmista:

“En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación;

sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar…

confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo” (Sal 62,2-3.9).

Así, podremos vivir felices en esta vida, y tranquilos, como aquel niño que continuó en el tren cuyo
maquinista era su padre.

La importancia de la Fe

- septiembre 07, 2012

Sin fe, sin confianza no haríamos nada. No tendríamos amigos, no nos casaríamos, no haríamos
transacciones comerciales, no iríamos a un doctor, no subiríamos a un avión; porque confiamos en
otros es que podemos sostener las relaciones humanas (aun si lo hacemos con ciertas reservas).

Y de manera similar, sin fe es imposible agradar a Dios, porque quien se acerca a Dios, debe creer
en primer lugar que él existe, y que recompensa a quien le busca*, tal como lo dice el autor de la
carta a los Hebreos, en las Escrituras Cristianas. No se puede tener comunión con Dios sin confiar
en él.

Esto es lo que se perdió en el principio, en el Génesis. Adán y Eva desconfiaron de Dios. Como
sabemos, ellos tuvieron que decidir en quién habrían de poner su confianza: En Dios, quien los
había creado y con quien tenían comunión; o confiar en ese personaje inquietante conocido como la
serpiente, el diablo, que contradecía la orden de no comer del fruto prohibido. “No morirán, sino
que sabe Dios, que el día que coman del fruto, serán como él”… en otras palabras les decía que
Dios no es digno de confianza, sino un ser egoísta que cuida sus propios intereses prohibiéndoles lo
mejor, asustándolos para tenerlos siempre sometidos… "¡ustedes pueden liberarse de sus
imposiciones y mandatos! ¡Ustedes pueden ser como él! ¡Ustedes pueden ser dueños de sí mismos!" Y
al igual que nosotros, ellos le creyeron.
Y la desconfianza llevó a la desobediencia. Y la desobediencia rompió la comunión con Dios. Si bien
Adán y Eva no murieron ese día, empezaron a “morir de a pocos”, a envejecer, a debilitarse y a
enfermarse, para luego morir. No sólo empezaban a morir físicamente, sino que murieron
espiritualmente ya que se separaron de la fuente primaria de vida, sin Dios, sin lo bueno, sin lo
justo, rumbo a una muerte eterna, o como lo describe Apocalipsis: “La muerte segunda”.

Sin embargo, ya que fue la falta de confianza la que acarreó desobediencia, y la desobediencia
trajo la muerte; una confianza restablecida dará lugar a la vida, y la vida a una nueva obediencia.
Por esto es que el perdón y la comunión con Dios se obtienen por la fe, tal como lo expresa
claramente el apóstol Pablo en su carta a los Efesios*: Por gracia somos salvos (sin merecerlo), por
medio de la fe. Y esto no es algo que conseguimos, sino que es un regalo de Dios, no por obras,
para que nadie se jacte de merecer a Dios. Pues “El justo por la fe vivirá”.

La fe es vital. Hay que creerle a Dios. Es necesaria para creer lo que la Biblia dice: que estamos
perdidos y que Cristo es suficiente para salvarnos de la muerte física, espiritual y eterna. Es
necesario confiar en él como único Señor (para obedecerle) y único Salvador (para tener paz),
porque es el único medio dado por Dios ya que ninguno de nosotros puede ser lo suficientemente
bueno para “ganarse” el cielo. Es necesario creer en sus promesas para vivir con esperanza, ya que
con él traerá un mundo nuevo, un mundo mejor.

Los siglos y siglos de historia humana demuestran que el hombre por sí sólo no puede cambiar. Miles
de años de avance en las ciencias, las artes y las letras, y sigue el hambre, la injusticia, y la falta
de misericordia. Necesitamos confiar en aquel que nos creó, nos conoce y puede transformarnos.
Necesitamos volver a Dios, pues él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”