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FOJA: 178 .- ciento setenta y ocho .

NOMENCLATURA : 1. [40]Sentencia
JUZGADO : 1º Juzgado Civil de Rancagua
CAUSA ROL : C-2090-2012
CARATULADO : VILLALOBOS / CORPORACION NACIONAL DEL
COBREDE CHILE

Rancagua, tres de marzo de dos mil catorce.


Vistos:
A fojas 18, comparece don Rodrigo Villalobos Aguirre, abogado-contador,
domiciliado en Phillips N° 84 Of. 61, comuna y ciudad de Santiago,
actuando en representación judicial de don Fermín Osvaldo Saavedra
Correa, técnico mecánico, domiciliado en José Faure N° 1404, Población
Rancagua Sur, Rancagua, quien interpone demanda de indemnización de
perjuicios en contra de la Corporación Nacional del Cobre de Chile,
División El Teniente, empresa minera, comercial e industria, representada
legalmente por su gerente general don Octavio Araneda Osses, ingeniero
civil en minas, ambos domiciliados en Millán N° 1040, Rancagua.
Refiere que con fecha 25 de Abril de 1988, don Fermín Osvaldo
Saavedra Correa fue contratado por la demandada, y que el día 09 de
Octubre de 2009 se presentó a sus labores ordinarias dentro del sistema
de turno “B”, ingresando al servicio a las 16:00 horas, tomando posesión
de su cargo remplazando al Jefe de Cancha. A las 21:00 horas fue detenido
por personal de la empresa (protección planta), comunicándosele que
había sido acusado por el robo frustrado de 190 kilos de cobre que se
encontraban escondidos al interior del vehículo conducido fuera del
recinto de la empresa; posteriormente, a las 21:10 horas y antes de
terminar su jornada y sin siquiera verificar los hechos, fue puesto como
delincuente a disposición de Carabineros de Coya, quedando detenido y
privado de libertad, siendo al día siguiente formalizado por el delito de
hurto en lugar no habitado, por la denuncia de su empleador.
Agrega que por estos mismos hechos, con fecha 22 de Diciembre de
2009, Codelco tomó la decisión unilateral de poner término a la relación
contractual laboral existente entre las partes, invocando como causal del
despido la del N° 1 letra a) y N° 7 del artículo 160 del Código del Trabajo,
citando textualmente algunos párrafos de la carta aviso, misma que según
precisa, ha estado en manos y conocimiento de más de cinco personas.
Señala que dicha decisión fue dirigida a su representado por el
Gerente de la Fundición, don José Sanhueza Reyes, basándose en los
informes emitidos por don Juan Bobadilla Morales, de fecha 02 de
Diciembre del 2009, en el que se le atribuye responsabilidad en el ilícito,
quienes ratificaron en reiteradas ocasiones y ante el juzgado laboral y de
garantía, que derechamente don Fermín tuvo participación y
responsabilidad en el hurto de 190 kilos de cobre.
Refiere que el Gerente de Operaciones de Codelco, Sr. Bobadila, en
causa RIT T-3-2010 del Juzgado Laboral de Rancagua con fecha 05 de
mayo de 2010, declaró públicamente y bajo juramento, ante más de 10
personas, que don Fermín tuvo participación y responsabilidad en el hurto
de los 190 kilos de cobre, lo que ratificó con fecha 22 de diciembre de 2010
ante el Juzgado de Garantía de Rancagua, en audiencia de causa RIT
10721-2009.
Expone que agravando la situación antes descrita, con fecha 16 de
Octubre de 2009, Codelco, representada por el abogado don Mario
Márquez Maldonado, interpone querella criminal por los delitos de hurto o
robo en lugar no destinado a la habitación y de receptación en contra de
“nn” y de don Fermín Osvaldo Saavedra Correa.
Señala que en virtud de estas falsas imputaciones, don Fermín ha
sufrido graves y evidentes perjuicios, a modo ejemplar: fue detenido,
privado de libertad y formalizado en calidad de autor de delito de hurto en
lugar no habitado; despedido de su trabajo como Capataz de Cancha en la
Fundición Caletones; ha debido soportar el reproche social de sus
compañeros de trabajo, la denostación pública de ser considerado un
delincuente, la pérdida de amistades, etc.
Sostiene que no obstante la gravedad de las acusaciones
materializadas en causa RIT 10721-2009 del Juzgado de Garantía de
Rancagua, y RIT T-3-2010 del Juzgado del Trabajo de Rancagua, junto al
recurso de nulidad Rol 77-2010 interpuesto ante la Corte de Apelaciones
de Rancagua, nunca pudieron probar hecho alguno que acreditara su
participación en un delito y en todos ellos quedó demostrada su inocencia,
y en la causa RIT 10721-2009 quedó absuelto por sentencia firme y
ejecutoriada del día 12 de enero de 2011, de todo cargo por no existir
elemento probatorio alguno que sostuviera su participación en el ilícito por
el cual fue formalizado.
Plantea que tales hechos constituyen el delito de injurias graves y
calumnias que tuvieron como base un “animus injuriandi”, tal como lo
define Sergio Politoff en su libro “Lecciones de Derecho Penal Chile, Parte
Especial”, consistente en la intencionalidad ofensiva de aislar a otro en su
desarrollo o socavar su posición en la relación social, por lo que las
acciones proferidas han constituido un atentado a su honor y honra
garantizados en el artículo 19 N° 4 de la Constitución Política de la
República.
Afirma que la doctrina y la jurisprudencia son contestes en señalar
que para que exista calumnia ha de existir la imputación de un hecho
determinado pero falso, y para que exista injuria debe existir dolo
representado por el animus injuriandi, o sea el propósito de injuriar, que
en este caso tuvo un objetivo específico, el despedir a un trabajador de
intachable conducta con más de 20 años de servicios, socavando su
imagen, su honor, su honra y la de su familia, con la intención de no
pagar su indemnización por años de servicios.
Sostiene que el artículo 416 del Código Penal, que define el delito de
injurias, sanciona la conducta lesiva del agente cuando representa la
exteriorización de un contenido significativo de menosprecio o descrédito
que puede lesionar tanto el honor como subjetivo como objetivo, y llevarse
a cabo mediante la palabra oral o escrita; aun cuando no es necesario que
la expresión proferida sea objetivamente ofensiva, debe alcanzar real
significación según la forma como se haya exteriorizado, la ocasión y
demás circunstancias concurrentes para que se configure el delito, que las
expresiones vertidas por el agente revelen el dolo de injuriar a la víctima,
esto es, la conciencia o conocimiento de lo que se va a decir, en la forma
que se dirá y en el contexto situacional en que se va a decir, tiene la
capacidad de deshonrar, desacreditar o menospreciar al destinatario, y en
querer decirlo en tales circunstancias. En el delito de injurias, parte
importante de la doctrina estima que el ánimo de injuriar es un elemento
subjetivo del tipo, distinto del dolo, que consistiría en una tendencia
interna del autor, el cual dirigiría intencionada y precisamente las
expresiones proferidas a deshonrar, desacreditar o menospreciar al
ofendido, exigencia que deducen de la frese final del artículo 416 del
Código Penal, sin embargo, refiere que nuestro Máximo Tribunal, como
respuesta a lo deficitario de la tesis antes expuesta, ha estimado que el
animus injuriandi corresponde al dolo del delito de injuria, que no se
diferencia de cualquier otro delito, de modo que consistirá siempre en a)
saber que la expresión que se proferirá o la acción que se ejecutará es
deshonrosa, desacreditadora o menospreciadora de aquél a quien se
refiere, y b) en querer proferirla o ejecutarla.
Explica que el problema esencial radica en que tanto el significado
de las palabras como de los gestos son ambiguos, por lo que dependerán
siempre del contexto en que se profieren o ejecutan, del tono empleado o
de la forma en que se realicen. De esta manera, en el dolo de injuriar, el
conocimiento debe extenderse no sólo al sentido de una determinada
expresión o acción aislados, sino que, principalmente, a que tal como en
concreto se las proferirá o ejecutará tienen actitud para provocar
deshonra, descrédito o menosprecio a la persona a quien se alude, y a
querer pronunciarlas o verificarlas precisamente de ese modo, lo que no
tiene nada que ver con supuestos ánimos que trasciendan al dolo, y por
esto, las motivaciones especiales del autor son irrelevantes.
En el apartado del Derecho, a partir del artículo 2331 del Código
Civil concluye que de la norma se desprende que existiendo una expresión
injuriosa y falsa, no probándose su verdad, da lugar a indemnización,
citando asimismo lo dispuesto en los artículos 2332, 1437, 2284 y 2314
del Código Civil, sosteniendo que de la manera en que acaecieron los
hechos expuestos, el demandado está obligado a indemnizar los daños y
perjuicios ocasionados a su representado, derivados de su actuar culpable;
además, el demandado incurrió en negligencia, por intermedio de sus
Gerentes y encargados de velar por proteger el derecho a la honra de los
trabajadores, concurriendo en la especie los cuatro elementos que tipifican
la responsabilidad cuasidelictual, los que analiza.
En cuanto al daño, sostiene que ciertamente se ha ocasionado un
gravísimo daño en la persona de su representado y en todo su entorno
familiar, siendo psicológico, moral y económico; quien sufrió las
consecuencias del hecho dañoso en su propia persona fue su representado
y su familia, perdió su fuente laboral, y por las graves acusaciones no
pudo volver a encontrar un trabajo digno, sobre todo si se considera que
con 20 años de servicios en Codelco, es un trabajador especializado solo
para operar maquinarias de Codelco, lo que agrava aún más su situación.
En este sentido, alude como sustento de derecho el artículo 2322 del
Código Civil.
Pasando luego a la culpa, señala que la responsabilidad
extracontractual que imputa a los demandados les impondrá la obligación
de pagarle a su representado, una indemnización por los daños y
perjuicios causados a condición que hayan incurrido en culpa leve, es
decir, que hayan faltado a la diligencia y cuidado que los hombres emplean
ordinariamente en sus negocios propios.
Respecto de la relación de causalidad, sostiene que la culpa que
atribuye a los demandados ha sido la causa necesaria e inmediata del
daño sufrido y del que se exige reparación, pues de no haber existido dicha
culpa tampoco habría existido dicho daño, y nadie tendría que lamentar el
hecho que causó lesiones gravísimas a su representado. Si el demandado
hubiera actuado con la mínima diligencia en la cadena de sucesos y
hubiera investigado los hechos que necesariamente en su forma conjunta
produjeron el daño, se habría llegado a la conclusión y convicción de que
don Fermín no tuvo ninguna participación en el hurto de cobre y no
habría perdido su fuente laboral.
Por último, en lo relativo a la capacidad, señala que el demandado es
plenamente capaz e imputable de responsabilidad cuasidelictual, y como
persona jurídica responde tanto de los actos ejecutados como entes
corporativos, como también de los actos ejecutados por su propio personal.
Sobre la base de lo antes expuesto, sostiene que el demandado
Codelco está obligado a indemnizar todos los daños y perjuicios sufridos a
consecuencia del incumplimiento de sus obligaciones propias emanadas
del hecho dañoso por su culpa, derivados de la responsabilidad civil
extracontractual, tanto patrimoniales como extrapatrimoniales, los cuales
cuantifica en la suma de $517.884.890, por concepto de:
a) Daño emergente: $85.216.190.
b) Lucro cesante: $232.598.700, consistente en la pérdida de aquellos
valores que ha dejado de perseguir por culpa del actuar del demandado,
que obedece a que siendo un trabajador calificado de Codelco, con casi 20
años de servicio de intachable conducta y faltándole 15 años para jubilar,
ha perdido su remuneración mensual, que conforme al artículo 172 del
Código del Trabajo era de $ 1.292.215, por un período de 180 meses.
c) Daño moral: $200.000.000, consistente y que tiene su fundamento
en el sufrimiento, dolor o molestia que el hecho ilícito ocasiona en la
sensibilidad espiritual, en los sentimientos y afectos de una persona,
entendiéndose el dolor, en su sentido amplio, como el miedo, la emoción,
la vergüenza, la pena física o moral ocasionada por el hecho dañoso.
Por lo antes expuesto, solicita en definitiva se haga lugar a la
demanda en todas sus partes y se condene al demandado a pagar a su
representado la suma de $517.884.890 o la que S.S. se sirva fijar
prudencialmente, de acuerdo al mérito de autos, a título de indemnización
por los daños y perjuicios sufridos a consecuencia de los hechos
expuestos, con reajustes, intereses y costas.
A fojas 18, se notifica personalmente la demanda.
A fojas 34, el actor subsana la demanda en lo concerniente a la
exposición clara y precisa de los reajustes e intereses que solicita se
apliquen sobre las sumas reclamadas por concepto de indemnización de
perjuicios.
A fojas 37, comparece don Diego Ruidíaz Gómez, en representación
de Codelco Chile, División El Teniente, quien contestando la demanda
solicita su íntegro rechazo, con costas.
Primeramente, niega la existencia del hecho en que se funda el
libelo, esto es, que algún dependiente de Codelco Chile División El
Teniente haya cometido el delito de injurias graves y calumnias, contra el
actor, haciendo presente que la comisión del mencionado delito es el único
hecho invocado como fundamento de la indemnización pretendida; e
igualmente, niega la concurrencia de los elementos que configuran la
responsabilidad extracontractual de Codelco, sea como responsable directo
o responsable por el hecho ajeno.
Previo a las defensas de fondo, argumenta en torno a la inexistencia
de acción para obtener una reparación civil ascendente a $200.000.000
por concepto de daño moral, por cuanto la demanda se funda en un único
hecho consistente en el delito de injurias y calumnias que habría cometido
algún dependiente de Codelco, y del que el Sr. Saavedra alega haber sido
víctima. Dentro de las disposiciones citadas por el propio actor, está el
artículo 2331 del Código Civil, que prescribe de manera expresa que “Las
imputaciones injuriosas contra el honor o el crédito de una persona no
dan derecho para demandar una indemnización pecuniaria”,
exceptuándose de esta limitación sólo el daño emergente y el lucro
cesante, de lo que surge que la pretensión del actor de que se le indemnice
el daño moral que alega haber sufrido con motivo de imputaciones
injuriosas de las que habría sido víctima, carece de acción, por lo que es
jurídicamente imposible que prospere su demanda por el rubro daño moral
atendida la inexistencia de una acción que permita conducir dicha
pretensión.
Seguidamente, sostiene la inexistencia de la fuente de la obligación
de indemnizar, invocada por el actor, quien alega haber sido víctima de
delito de injurias graves y calumnias, tipificado en el artículo 416 del
Código Penal e imputa responsabilidad en dicho ilícito al Sr. Juan
Bobadilla Morales, profesional que se desempeña en Codelco Chile División
El Teniente. En este punto, plantea que ni el Sr. Bobadilla Morales ni
persona alguna –a quien pueda atribuírsele la calidad de dependiente de
Codelco Chile División El Teniente- ha cometido el delito del que el
demandante alega haber sido víctima, ni ningún otro delito; es más, el
actor dedujo una querella criminal por el delito de acusación calumniosa,
en contra del Sr. Ricardo Álvarez, Gerente General de Codelco Chile
División El Teniente –en la época en que habrían ocurrido los hechos-,
querella criminal que no prosperó, y en consecuencia, la fuente de la
obligación de la indemnización pretendía, no existe.
Prosigue, alegando la inexistencia de responsabilidad por el hecho
del dependiente, como consecuencia ineludible de la inexistencia de una
fuente de la obligación de indemnizar perjuicios al demandante; si no
existe un delito atribuible a un dependiente de Codelco, tampoco ésta
puede ser pasible de responsabilidad civil, ya que un requisito esencial
para que resulte aplicable el artículo 2322 del Código Civil, es la existencia
de responsabilidad por parte del dependiente, la que no existe, por lo que
no es jurídicamente posible exigir a un tercero responder de un hecho que
no se ha verificado.
Sin perjuicio de la inexistencia de la fuente de la obligación de
indemnizar y la subsecuente inexistencia de responsabilidad por el hecho
del dependiente invocada, el actor atribuye culpa a Codelco Chile División
El Teniente, como factor para imputarle responsabilidad, y en contraste,
cuando describe el ilícito del que alega habría sido víctima, se extiende
latamente acerca de la necesidad de dolo para que se verifique su
comisión. En tal sentido, plantea el demandado que la exigencia subjetiva
del tipo penal del cual el actor pretende hacer surgir responsabilidad, es el
dolo y no la culpa, en otras palabras, no existe el delito culposo de
injurias, por lo que la exigencia del tipo penal que invoca el actor como
fuente de la responsabilidad, es absolutamente incompatible con el factor
de atribución que alega, de modo que no es jurídicamente posible obtener
una indemnización derivada de una responsabilidad que se atribuye a
título de culpa, en circunstancias que el ilícito imputado a la demandada
exige como condición de existencia, dolo.
Reclama luego la ausencia de fundamento de la indemnización
demandada por concepto de daño emergente, rubro de la demanda que no
está fundado, pues el libelista se limita a pedir la reparación civil por el
referido concepto, sin mencionar siquiera cuál sería el daño emergente que
habría sufrido y que se atribuye a la demandada, por lo que la omisión
acusada impide que la indemnización pedida por este concepto pueda
prosperar, pues carece de fundamento.
En cuanto al concepto lucro cesante, plantea también la ausencia de
fundamento de la indemnización, pues el único es una sencilla operación
aritmética en que el actor multiplica su remuneración mensual $1.292.215
por 180 meses, que sería el lapso que resta para que se jubile, pero para
que el lucro cesante pueda ser indemnizado se requiere la privación de
una ganancia cierta, no de la posibilidad de obtener ciertas sumas de
dinero a lo largo del tiempo. Agrega que es ostensible que los contratos de
trabajo y sus condiciones se encuentran sujetos a múltiples contingencias,
lo que torna en absolutamente insuficiente admitir un resarcimiento
basado en el mero cálculo de una eventual sobrevida laboral del
trabajador, por lo que la completa falta de certidumbre del daño, obsta a
que la demanda pueda prosperar por este concepto.
Plantea asimismo la ausencia de antijuridicidad, ya que además de
la inexistencia de la fuente de la obligación alegada –el delito de injurias- y
de la ausencia de los elementos que configuran la responsabilidad
extracontractual –daño, culpa o dolo y causalidad-, que obstan
absolutamente a que prospere la pretensión indemnizatoria del actor, ni
siquiera ha existido un proceder ilícito por parte de Codelco o de alguno de
sus dependientes, con motivo de los hechos que el actor –y sólo él- califica
como delito de injurias.
En tal sentido, sostiene que elemento esencial de toda
responsabilidad es la existencia de antijuridicidad, y en nuestro derecho
positivo, el artículo 2284 del Código Civil exige la ilicitud como requisito
necesario para responsabilizar, citando también al efecto a los destacados
profesores don Pablo Rodríguez Grez y don Hernán Corral. La
concurrencia de la antijuridicidad para que el daño sea indemnizable es
un requisito imprescindible en el caso de responsabilidad por delito o
cuasidelito.
Siguiendo con el desarrollo de este punto, expone que el demandante
califica como constitutivo de injurias la presentación de una querella
criminal en su contra en la causa criminal RIT 10721-2009 del Juzgado de
Garantía de Rancagua, en la que fue formalizado por el delito de hurto y
en definitiva absuelto. Sobre dicho procedimiento, el demandado pone de
relieve que el Juez de Garantía que conoció de la referida causa criminal,
eximió de las costas al Ministerio Público y a la querellante Codelco,
porque existía “una apariencia de buen derecho para sustentar su
requerimiento”, y hace presente además que el artículo 109 del Código
Procesal Penal, referido a los “Derechos de la Víctima”, dispone en su letra
b) que ésta tiene derecho a presentar querella.
Refiere que Codelco fue víctima de un delito de hurto de 190 Kg. de
cobre, por lo que la interposición de la querella no fue sino el ejercicio de
un derecho que la ley le otorgaba como víctima de ese delito, reiterando lo
señalado por el tribunal, de lo que resulta absolutamente legítimo su
proceder en dicho juicio penal, causa suficiente para excluir la
antijuridicidad de una conducta. Por lo anterior, conforme al artículo 109
letra b) del Código Procesal Penal en relación con el artículo 10 N° 10 del
Código Penal, el obrar de Codelco y de sus dependientes fue
absolutamente lícito, lo que excluye la antijuridicidad que el artículo 2284
del Código Civil exige para que exista responsabilidad extracontractual.
Finalmente, alega la improcedencia de reajustes e intereses, porque
se pretende el pago de dichos rubros respecto de una obligación cuya
existencia y monto aún no se determina, de lo que resulta que es ilíquida,
lo que impide que el eventual deudor de la misma (calidad que Codelco
niega) se constituya en mora, circunstancia ésta que obsta de manera
absoluta a la procedencia de los recargos pedidos, desde la presentación
de la demanda.
A fojas 49, se evacua el trámite de la réplica.
A fojas 59, se evacua el trámite de la duplica.
A fojas 67, se celebra audiencia de conciliación con asistencia de los
apoderados de ambas partes, sin que la misma pudiera alcanzarse.
A fojas 69, se recibe la causa a prueba, interlocutoria que en su
punto segundo se modifica al acogerse parcialmente a fojas 90, el recurso
de reposición deducido por el demandado.
A fojas 161, se cita a las partes a oír sentencia.
Considerando:
Primero: Que, el actor persigue se le indemnicen los perjuicios
sufridos con ocasión de las “graves e injuriosas imputaciones” que se
dirigieran en su contra el día 09 de octubre de 2009, oportunidad en la
que fue detenido por personal de Codelco Chile División El Teniente
(protección planta), comunicándole que había sido acusado por el robo
frustrado de 190 kilos de cobre que se encontraban escondidos al interior
del vehículo conducido fuera del recinto de la empresa, hechos por los
cuales, antes de terminar su jornada y sin siquiera verificar los hechos, fue
puesto a disposición de Carabineros de Coya, quedando detenido y privado
de libertad, siendo al día siguiente formalizado por el delito de hurto en
lugar no habitado, por la denuncia de su empleador, quien posteriormente,
con fecha 22 de diciembre de 2009 y sobre la base de estos mismos
hechos, procedió a poner término a la relación contractual laboral
existente entre las partes, invocando como causal del despido la del N° 1
letra a) y N° 7 del artículo 160 del Código del Trabajo, decisión que le fue
dirigida por el Gerente de la Fundición, don José Sanhueza Reyes,
basándose en los informes emitidos por don Juan Bobadilla Morales, de
fecha 02 de Diciembre del 2009, en el que se le atribuye responsabilidad
en el ilícito, lo que luego fuera ratificado por el Gerente de Operaciones de
Codelco, Sr. Bobadila, en causa RIT T-3-2010 del Juzgado Laboral de
Rancagua y RIT 10721-2009 del Juzgado de Garantía de Rancagua,
viéndose agravada esta situación, el deducirse con fecha 16 de Octubre de
2009, una querella criminal en su contra por parte de Codelco,
representada por el abogado don Mario Márquez Maldonado, sin que
nunca pudieran acreditar su participación en un delito, quedando
demostrada su inocencia y resultando absuelto por sentencia firme y
ejecutoriada del día 12 de enero de 2011. Refiere que tales hechos
constituyen el delito de injurias graves y calumnias que tuvieron como
base un “animus injuriandi”, extendiéndose latamente en las
consideraciones de índole jurídico penal que sirven para configurar el
delito de injurias contemplado en el artículo 416 del Código Penal,
argumentando que el dolo representado por el animus injuriandi, o sea el
propósito de injuriar, tuvo un objetivo específico, consistente en despedir a
un trabajador de intachable conducta con más de 20 años de servicios,
socavando su imagen, su honor, su honra y la de su familia, con la
intención de no pagar su indemnización por años de servicios, por lo que
atendido lo dispuesto en los artículos 2331, 2332, 1437, 2284 y 2314 del
Código Civil, el demandado está obligado a indemnizarle los daños y
perjuicios ocasionados, derivados de su actuar culpable, conforme a la
presunción de culpabilidad consagrada en el artículo 2322 del Código
Civil, por los actos ejecutados por sus trabajadores o dependientes,
perjuicios patrimoniales como extrapatrimoniales que avalúa en la suma
de $517.884.890, o la que S.S. se sirva fijar prudencialmente de acuerdo
al mérito de autos, con reajustes, intereses y costas.
Segundo: Que, la parte demandada articula su defensa sobre la
base de negar la existencia del hecho en que se funda el libelo, esto es, que
algún dependiente de Codelco Chile División El Teniente haya cometido el
delito de injurias graves y calumnias, contra el actor, controvirtiendo
asimismo la concurrencia de los elementos que configuran la
responsabilidad extracontractual de Codelco, sea como responsable directo
o responsable por el hecho ajeno, alegaciones que desarrolla en los
siguientes puntos:
1.- Como cuestión previa a las defensas de fondo, alega la inexistencia de
acción para obtener una reparación civil por concepto de daño moral, por
aplicación de lo dispuesto en el artículo 2331 del Código Civil.
2.- Inexistencia de la fuente de la obligación de indemnizar, pues el actor
alega haber sido víctima del delito de injurias graves y calumnias,
tipificado en el artículo 416 del Código Penal, sin embargo, ni don Juan
Bobadilla Morales ni persona alguna –a quien pueda atribuírsele la calidad
de dependiente de Codelco Chile División El Teniente- ha cometido el delito
del que el demandante alega haber sido víctima, ni ningún otro delito, y en
consecuencia, la fuente de la obligación de la indemnización pretendía, no
existe.
3.- Inexistencia de responsabilidad por el hecho del dependiente, ya que si
no existe un delito atribuible a un dependiente de Codelco, tampoco ésta
puede ser pasible de responsabilidad civil, ya que un requisito esencial
para que resulte aplicable el artículo 2322 del Código Civil, es la existencia
de responsabilidad por parte del dependiente, la que no existe.
4.- Inexistencia de un “delito culposo” de injurias, ya que el actor atribuye
culpa a Codelco Chile División El Teniente, y el tipo penal que invoca como
fuente de la responsabilidad, es absolutamente incompatible con el factor
de atribución que alega.
5.- En cuanto al daño emergente, plantea que el primero no puede
prosperar ya que el actor se limita a pedir la reparación civil por el referido
concepto, sin mencionar siquiera cuál sería el daño emergente que habría
sufrido; y lo mismo sostiene respecto del lucro cesante, cuyo único
fundamento es la operación aritmética de multiplicar la remuneración
mensual por el tiempo que falta para que jubile, alegando la demandada
que para que el lucro cesante pueda ser indemnizado, se requiere la
privación de una ganancia cierta y no de la posibilidad de obtenerla a lo
largo del tiempo.
6.- Ausencia de antijuridicidad, ya que no ha existido un proceder ilícito
por parte de Codelco o de alguno de sus dependientes, con motivo de los
hechos que el actor califica como delito de injurias, ya que Codelco fue
víctima de un delito de hurto de 190 Kg. de cobre, por lo que la
interposición de la querella no fue sino el ejercicio de un derecho que la ley
le otorgaba como víctima de ese delito, por lo que, conforme al artículo 109
letra b) del Código Procesal Penal en relación con el artículo 10 N° 10 del
Código Penal, el obrar de Codelco y de sus dependientes fue
absolutamente lícito, lo que excluye la antijuridicidad que el artículo 2284
del Código Civil exige para que exista responsabilidad extracontractual.
7.- Improcedencia de reajustes e intereses, porque se pretende el pago de
dichos rubros respecto de una obligación cuya existencia y monto aún no
se determina, de lo que resulta que es ilíquida, lo que impide que el
eventual deudor de la misma (calidad que Codelco niega) se constituya en
mora, circunstancia ésta que obsta de manera absoluta a la procedencia
de los recargos pedidos, desde la presentación de la demanda.
Tercero: Que, evacuando el trámite de la réplica, el actor se hace
cargo de las alegaciones vertidas en el escrito de contestación, en los
siguientes términos:
1.- Respecto de la inexistencia de acción para demandar indemnización
por daño moral, sostiene que si bien ha citado el artículo 2331 del Código
Civil por tratarse de imputaciones injuriosas de los agentes del
demandado, no se está pretendiendo una indemnización de los agentes
que incurrieron en el hecho por su conducta, sino que la responsabilidad
que se persigue nace de una conducta imprudente, causante del daño
reclamado, por parte del demandado, y que el daño moral se debe en
consideración al estatuto protector que señala que todo daño debe ser
indemnizado.
2.- Respecto de la inexistencia de la fuente de la obligación de indemnizar,
expone que la existencia del ilícito nace cuando los dependientes del
demandado han atribuido al actor un hecho falso, actuando con dolo o
algún grado calificado de negligencia. Sostiene que, conforme al artículo
2331 del Código Civil, las imputaciones deben ser injuriosas, es decir,
cometidas con dolo o culpa grave, culpa que en materias civiles equivale al
dolo, y que la conducta de los agentes, permitido y tolerado por el
demandado, involucró un actuar con descuido o imprudencia, aun en
ausencia de dolo por parte del demandado.
3.- Respecto de la responsabilidad por los hechos del dependiente, afirma
que don Ricardo Álvarez Fuentes, Gerente General, don José Sanhueza,
Gerente de Fundición, don Juan Bobadilla Morales, Gerente de
Operaciones y don Mario Márquez Maldonado, Abogado Jefe Subrogante
de la división jurídica, todos dependientes de Codelco en la fecha de
ocurrencia de los hechos, participaron en distintas etapas de distintos
procedimientos en la imputación que se tradujo en la denuncia por la cual
su representado estuvo detenido y privado de libertad, y en la presentación
de la querella criminal; esta denuncias de hurto y/o robo junto a la de
receptación, resultaron ser falsas, ya que por sentencia del Juzgado de
Garantía de Rancagua se estableció su inocencia ya que jamás hurtó
especie alguna de la empresa, denuncias que por su falsedad y por afectar
otros bienes jurídicos no disponibles, tienen de acuerdo a nuestro
legislador civil un carácter de delito, que al ser ejecutado por personal de
la empresa demandada dan lugar a la responsabilidad del amo, por la
conducta de sus criados, bajo un actuar a lo menos imprudente.
4.- Respecto de la Inexistencia jurídica de un delito culposo de injurias,
sostiene que el legislador civil no ha diferenciado la culpa o dolo en los
términos que el legislador penal, por lo que no corresponde al demandado
distinguir, y que al efecto el legislador civil ha situado el título en la
categoría de daños, señalando simplemente que “las imputaciones
injuriosas contra el honor y crédito de una persona”, y el hecho de haber
existido dolo en alguno de los individuos que realizaron la imputación,
exige culpa como sentido de la atribución de responsabilidad al “amo” que
debe responder por la conducta de sus criados.
5.- Respecto de la ausencia de fundamento de la indemnización
demandada por daño emergente, señala que el monto de $85.216.190
obedece a la pérdida sufrida por su representado desde el momento de la
denuncia e imputación injuriosa (09 de octubre de 2009) hasta la fecha en
que se dictó sentencia absolutoria (12 de enero de 2011), quedando esta
firme y ejecutoriada, junto a los gastos derivados de su defensa, debido a
la acusación de demandado; y en cuanto al lucro cesante, plantea que éste
obedece a la pérdida efectiva de ingresos, al estándar y nivel que percibía
mientras trabajaba en Codelco y el lapso legal que restaba para que se
jubile.
6.- Respecto de la ausencia de antijuridicidad, plantea que el ejercicio de
un cargo o autoridad, no legitima el actuar imprudente de personas en el
ámbito privado empresarial, era deber del demandado proteger eficazmente
la honra del trabajador; los gerentes que participaron en la imputación no
tuvieron ningún nivel de prudencia y cuidado para evitar el daño,
encontrándose sujetos a un estándar de cuidado que les exigía mayor
rigurosidad en la comprobación de la veracidad de la imputación hecha a
su representado, o en su contrastación con otras fuentes, en especial si
aquella podía lesionar la honra de una persona. Agrega que conforme a lo
dispuesto en el artículo 19 N° 26 de la Constitución Política de la
República, no es excusa legítima alguna de parte del demandado el hecho
de que se haya limitado a ejercer un derecho, ni menos constituye eficaz
defensa el que no haya sido prudente antes de realizar cualquier
imputación en contra de su representado.
7.- Respecto de la improcedencia de reajustes e intereses, sostiene que
estos operan y es pertinente desde la presentación de la demanda.
Cuarto: Que, la primera cuestión que toca analizar, es la
improcedencia que alega el demandado para accionar en aras de obtener
la reparación del daño moral que pueda derivarse para el actor, con
ocasión de las imputaciones injuriosas que éste reclama proferidas en
contra de su honra, lo que supone adentrarnos en una materia
estrictamente de derecho y de interpretación de la norma contenida en el
artículo 2331 del Código Civil. En tal sentido, la jurisprudencia de
nuestros tribunales se ha inclinado por aceptar que la disposición legal en
comento, excluye la indemnización por el daño moral, quedando limitada
la reparación al daño emergente y lucro cesante que pudiera probarse por
quien ha visto afectada su honra (vg. Rol N° 21.698-1993 Corte de
Santiago; Rol N° 182.809 y Rol N° 1.815-2012 Corte de Rancagua; Rol N°
11.773-2001 Corte de Valdivia), y si bien ello ha sido abordado de manera
crítica por parte de la doctrina, postulándose por algunos que debe
estimársele como tácita u orgánicamente derogado (Enrique Barros Bourie,
“Tratado de Responsabilidad Extracontractual”, Editorial Jurídica de Chile,
Primera Edición, año 2006, reimpresa año 2009, pág. 579), o
derechamente como una norma injusta e inconstitucional (José Luis Diez
Schwerter, “El Daño Extracontractual, Jurisprudencia y Doctrina”,
Editorial Jurídica de Chile, reimpresa año 2010, pág. 125 y 126), lo cierto
es que, más allá de haberse declarado inaplicable para ciertos casos a
través de recursos de inaplicabilidad sometidos a conocimiento del
Tribunal Constitucional, dicha Magistratura no ha declarado la
inconstitucionalidad de la norma ni la excluido de nuestro ordenamiento
jurídico, por lo que necesariamente se trata de una disposición vigente que
este sentenciador no puede obviar al momento de resolver en esta
contienda, y cuyo tenor expreso priva al actor de toda posibilidad de
acceder a la reparación del daño moral que persigue; por lo demás, ni aún
podría pretender la reparación de dicho daño, sobre la base de restringir la
limitación contenida en la disposición que se analiza, exclusivamente a los
casos en que la indemnización se reclama del dependiente que ha
proferido las expresiones injuriosas y no de su empleador, como postula en
el numeral 2.- de su escrito de réplica, pues la hipótesis de
responsabilidad por el hecho ajeno contenida en el artículo 2322 del
Código Civil, busca precisamente indemnizar los perjuicios causados por
los dependientes en el ámbito material de la dependencia o en el ejercicio
de sus funciones, de manera que si la obligación de indemnizar el daño
moral no surge para el ejecutor del hecho dañoso, mal podría hacerlo para
su empleador.
Quinto: Que, despejado lo anterior, corresponde determinar el hecho
generador del daño, o en palabras de la demandada, la fuente de que se
derivaría la responsabilidad extracontractual que por el hecho de sus
dependientes, se atribuye a Codelco Chile División El Teniente.
Sexto: Que, del tenor de la demanda intentada, en particular, como
surge de los apartados números 11 a 16 del acápite de los hechos, el actor
califica las imputaciones injuriosas que se habrían vertido en su contra
por los dependientes de Codelco, a saber, don José Sanhueza Reyes, don
Juan Bobadilla Morales y el abogado de la empresa, don Mario Márquez
Maldonado, como constitutivos del delito de injurias graves y calumnias
que tuvieron como base un ‘animus injuriandi’, explayándose en el
concepto jurídico penal del delito de injurias, por lo que no cabe duda
alguna de que el fundamento mismo de su pretensión indemnizatoria,
descansa sobre la base de haber sido víctima de un ilícito de carácter
penal, lo que desde ya impide que pueda accederse a la demanda
intentada, pues no existe sentencia condenatoria alguna en tal sentido que
se haya dictado en contra de algún dependiente de Codelco Chile División
El Teniente y que resulte oponible a la empresa, condición esencial para
perseguir luego la responsabilidad extracontractual de esta última con
arreglo a lo dispuesto en el artículo 2322 del Código Civil; por lo demás, el
propio demandante señala en su escrito de réplica (apartado N° 3), que la
injuria descrita en el artículo 416 del Código Penal, es toda expresión
proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de
otra persona, que para su comisión requiere un dolo específico de injuriar
y que “su sanción corresponde a los Tribunales del Crimen, dado que se
trata de un delito penal”, y se ha acreditado por parte de la demandada, a
través de las copias de resoluciones ejecutoriadas dictadas en las causas
RIT 2817-2011 y RIT 6545-2011, ambas del Juzgado de Garantía de
Rancagua, y que se encuentran agregadas de fojas 96 a 103 y de fojas 114
a 120, que en razón de los hechos que motivan la presente demanda
indemnizatoria, el actor formuló una querella criminal por el delito de
injurias y calumnias –dirigida en contra de José Sanhueza Reyes, Juan
Bobadilla Morales y Ricardo Álvarez Fuentes- y posteriormente, por el
delito de denuncia calumniosa –dirigida en contra de Ricardo Álvarez
Fuentes-, ninguna de las cuales pudo prosperar, recayendo en ambas
sobreseimiento definitivo, por lo que el delito que se reclama como hecho
generador del daño, no ha podido quedar establecido en la sede que
correspondía.
Séptimo: Que, de seguirse la tesis sustentada por el actor en su
escrito réplica, esto es, que lo que persigue no es sino un delito civil,
consistente en las imputaciones injuriosas en contra de su honra
proferidas por dependientes de Codelco Chile División El Teniente, quienes
le han atribuido un hecho falso, actuando con dolo o algún grado
calificado de negligencia, específicamente, con culpa grave, para que la
acción intentada pudiera prosperar, resultaba menester que se acreditara
el dolo específico de la injuria o “animus injuriandi”, es decir, la intención
positiva por parte de los dependientes de irrogarle perjuicios mancillando
su honor, o en su caso, el descuido grave o la falta de la más mínima
prudencia al efectuar las imputaciones dirigidas en su contra.
Octavo: Que, ponderando la prueba rendida en autos, no se observa
en qué habría consistido el actuar doloso de los dependientes de Codelco
Chile División El Teniente, en primer término, porque según se colige de la
propia carta de despido y del Parte de Detenidos de la Tenencia Coya de
Carabineros de Chile, documentos no objetados acompañados por el actor
y que obran en Custodia 1435-2013, quien dirige la imputación en contra
del actor, consistente en haber participado en el ilícito frustrado de hurto
de cobre descubierto el día 09 de octubre de 2009, no es sino el chofer del
camión en que se encontraron ocultos los 190 kilos de mineral, a saber,
don Manuel Cabrera Valencia, quien según consta en documento en
custodia denominado “Investigación Caso Sr. Fermín Saavedra” –suscrito
por don Juan Bobadilla Morales-, sindicó al Sr. Saavedra como la persona
que le entregó el cobre, reconociéndolo luego a partir de una fotografía que
se le exhibiera desde el Sistema Consulta de Datos Básicos de Personal
Teniente, de manera que la conducta observada por el personal de
seguridad (Protección Planta), consistente en dar aviso de estos hechos a
Carabineros –que en estricto rigor es la causa de la detención, privación
de libertad y formalización que el actor refiere dentro de los daños
causados-, no puede estimarse sino como el ejercicio debido de sus
funciones y como un acto propio del deber de lealtad que como
trabajadores les asistía respecto de la empresa, constatándose además, a
partir del documento denominado “Detalle de la Causa” que también obra
en custodia, que ni Codelco Chile División El Teniente ni ninguno de sus
dependientes, figura como denunciante del delito imputado al Sr.
Saavedra, individualizándose en dicha calidad únicamente al Sargento
Segundo de Carabineros que procediera a su detención (don Andrés
Gonzalo Galindo Menares) y al Ministerio Público, reconociéndose a la
demandada únicamente el rol de querellante, mismo que asumiera al
presentar su querella con fecha 16 de octubre de 2009, esto es, no solo
con posterioridad a los hechos, sino también, una vez que el Ministerio
Público decidió formalizar cargos en contra del ahora demandante; y en
segundo lugar, porque es el propio actor quien sostiene que el ánimo de
injuriar, y por ende, el dolo que atribuye a los dependientes de la
demandada, habría tenido un objetivo específico, cual era despedirle
socavando su imagen, su honor, su honra y la de su familia, con la
intención de no pagar su indemnización por años de servicios, sin
embargo, prueba alguna ha rendido para acreditar que la demandada haya
buscado dicho propósito, nada orienta hacia la existencia de una
predisposición en contra del demandante por parte de la empresa, que
haya llevado a esta última a utilizar los sucesos acaecidos el día 09 de
octubre de 2009, como una simple excusa para despedirlo, y que la haga
merecedora del reproche de haber actuado abusando del derecho que la
ley le reconoce para poner término a la relación laboral.
Noveno: Que, tampoco se ha acreditado la existencia de culpa grave,
pues según aparece de la Ficha Personal del ex trabajador que obra en
custodia, lejos de conformarse con la responsabilidad que en el hurto
frustrado le atribuyera Cabrera Valencia al actor, y de hacerse eco sin más
de esta imputación, con absoluta falta de prudencia y consideración hacia
la persona de don Fermín Saavedra Correa, la empresa demandada evitó
adoptar una medida radical como habría sido su despido, procediendo a
través de sus dependientes a instruir una investigación interna en cuyo
marco no fue posible establecer la actividad desarrollada por el Sr.
Saavedra entre las 19:30 y las 20:30 horas del día 09 de octubre de 2009,
lapso de tiempo dentro del cual, según el GPS del camión en que se
encontraron los 109 kilos de cobre, dicho vehículo se detuvo durante tres
minutos en una zona vecina a la última posición de trabajo del
demandante, siendo estos antecedentes los que llevaron a que Codelco
Chile División El Teniente decidiera el despido del trabajador con fecha 22
de diciembre de 2009, es decir, transcurridos más de dos meses desde que
acaecieron los hechos en los que fuera involucrado y sindicado por un
tercero como copartícipe, todo lo cual revela un actuar prudente por parte
de sus dependientes, que se opone a la noción de culpa grave alegada por
el actor.
Décimo: Que, sin perjuicio de lo anterior, la demandada ha
sostenido también la ausencia de antijuridicidad en su actuar, invocando
para ello la causal de justificación contemplada en el artículo 10 N° 10 del
Código Penal, esto es, el haber actuado en cumplimiento de un deber o en
el ejercicio legítimo de un derecho, tesis a la que se opone la parte
demandante, argumentando que no es excusa legítima alguna de parte del
demandado el hecho de que se haya limitado a ejercer un derecho, ni
menos constituye eficaz defensa el que no haya sido prudente antes de
realizar cualquier imputación en su contra, máxime si ésta podía afectar
su honra.
Undécimo: Que, siguiendo en este punto las explicaciones del
destacado tratadista don Enrique Barros Bourie (“Tratado de
Responsabilidad Extracontractual”, Editorial Jurídica de Chile, Primera
Edición, año 2006, reimpresa año 2009, pág. 134 y 135), los actos
expresamente permitidos u ordenados por la ley no pueden ser culpables,
aserto que vale tanto respecto de las potestades jurídicas como de
derechos reconocidos por la Constitución o la ley; el ejercicio de un
derecho potestativo excluye la ilicitud de la acción y, con mayor razón, no
incurre en culpa quien causa un daño en cumplimiento de un deber legal,
reconociéndose como límite el abuso del derecho –que excluye la causal de
justificación que se analiza-, cuando la acción formalmente está amparada
por el derecho pero materialmente es antijurídica, hipótesis de abuso que
se satisface: a) con la presencia del dolo, esto es, por el ejercicio del
derecho con la sola intención de causar daño a otro, y b) por el ejercicio
culpable del derecho, consistente en aquellos actos contrarios a las
exigencias morales mínimas que plantea la sociabilidad (buenas
costumbres) o contrarios a la lealtad debida en las relaciones recíprocas
(buena fe). Tratándose del ejercicio doloso de un derecho, conforme a las
reglas generales, necesariamente el dolo habrá de probarse; y en el caso de
ejercicio culpable, lo que corresponde es determinar el estándar de
cuidado que una persona razonable tiene que observar en sus relaciones
con los demás, pero como el ejercicio de un derecho es por regla general
una excusa suficiente para la realización de un daño, la responsabilidad
en este caso supone descuidos graves.
Duodécimo: Que, como se razonara en los motivos octavo y noveno
de esta sentencia, no cabe atribuir dolo ni descuido grave a Codelco Chile
ni a sus dependientes, en el ejercicio de la potestad que la ley le reconoce
para poner término a la relación laboral sobre la base de las imputaciones
contenidas en la carta de despido, pues la misma fue resultado de una
investigación previa, e igualmente importa el ejercicio legítimo de un
derecho, la interposición de la querella criminal que se intentara en contra
del actor, para establecer la eventual responsabilidad que pudiera haberle
correspondido en el delito de hurto de cobre que fuera detectado el día 09
de octubre de 2009, máxime si su decisión de querellarse no sólo arranca
del derecho que como víctima le reconoce el artículo 109 letra b) del Código
Procesal Penal, sino que fue adoptada luego de que el Ministerio Público
decidiera formalizar investigación en contra del ahora demandante, lo que
revela la seriedad de su proceder, pues no ha sido solo la empresa sino
también el órgano persecutor, quien estimó que en la especie existían
elementos suficientes para instar por la persecución penal, quedando así
descartada la hipótesis del ejercicio abusivo de su derecho, cuestión que
por lo demás –como sostiene la demandada- puede desprenderse de la
propia sentencia absolutoria que se librara en favor del Sr. Saavedra
Correa, específicamente en su motivo undécimo, en el cual se reconoce la
“apariencia de buen derecho” para sustentar el requerimiento en juicio
simplificado, configurándose así la causal de justificación consistente en
un acto autorizado por el derecho.
Décimo tercero: Que, por más que pueda compartirse la alegación
del actor, en orden a que la presunción de responsabilidad por el hecho
ajeno contemplada en el artículo 2322 del Código Civil, no exige la
existencia de dolo por parte del empleador y que basta únicamente la
culpa o negligencia en su deber de elección y cuidado, lo cierto es que,
descartada la existencia de sentencia condenatoria por el delito de
injurias, y no habiéndose acreditado tampoco una actuación dolosa o
especialmente negligente por parte de los dependientes de la demandada,
susceptible de ser calificada como un delito civil, no cabe atribuir
responsabilidad a Codelco Chile División El Teniente.
Décimo cuarto: Que, la demanda intentada deberá en consecuencia
rechazarse, resultando innecesario analizar las alegaciones vertidas por las
partes en torno a la existencia y cuantía de los perjuicios, y a la
procedencia o improcedencia de los reajustes e intereses solicitados, por lo
que tampoco se entrará a ponderar la prueba rendida por el actor para
dichos efectos, consistente en su contrato de trabajo y modificaciones,
liquidaciones de remuneraciones y certificados de cotizaciones, rolantes de
fojas 123 a 143.
Con lo relacionado y visto, además, lo dispuesto en los artículos
1698, 1699, 1700, 1702, 2314, 2322 y 2331 del Código Civil; y artículos
144, 160, 169, 170, 254, 342, 346 y demás pertinentes del Código de
Procedimiento Civil, se declara:
Que, se rechaza la demanda de indemnización de perjuicios de fojas
1 y siguientes, interpuesta por el abogado don Rodrigo Villalobos Aguirre,
en representación de don Fermín Osvaldo Saavedra Correa, y que se
dirigiera en contra de la Corporación Nacional del Cobre de Chile –
División El Teniente, sin costas, por haber tenido el demandante motivos
plausibles para litigar.
Regístrese, notifíquese y archívese en su oportunidad.

Dictada por don Manuel Jesús Figueroa Salas, Juez Titular.


Autoriza doña Clara Vásquez Riquelme, Secretaria Subrogante.

Se deja constancia que se dio cumplimiento a lo dispuesto en el inciso final del art. 162 del
C.P.C. en Rancagua, tres de Marzo de dos mil catorce