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er maestro es un compromiso, un desafío que uno asume con uno mismo

y con los otros.

¿qué lugar ocupan los maestros en este marco? Hay quienes hablan de
una desvalorización del rol del docente y de la pérdida de entidad de la
escuela como institución formadora.

La educación ha cambiado. Hoy acceden muchos más sectores sociales


que nunca, 40% de los jóvenes que van a la escuela son primera
generación de alumnos en la educación secundaria, es un avance
inmenso. Llamar a ese proceso crisis es desentenderse de quienes nunca
habían accedido a la escuela. Sin duda, las escuelas viven situaciones
complejas, muchas están perplejas y confundidas. Tenemos que empezar
por no hacer diagnósticos catastróficos desde afuera y entender mucho
mejor qué se siente al ser docente hoy.

se refleja cierta desvalorización de la profesión docente ante casos


extremos en familias que no respetan a maestros y profesores, o casos
más generalizados cuando se constata insuficiente apoyo del hogar en
relación a la asistencia o a las tareas escolares. Pero también hay otros
factores que suman a cierto desgaste en la comunidad. En este sentido,
uno de los más visibles es la inasistencia docente, tema que deberá
abordarse desde sus diferentes implicancias". Se estima que el ausentismo
docente oscila entre el 22 y 25 por ciento.

No somos sólo asalariados, como se dice erróneamente muchas veces,


que gozamos de tres meses de vacaciones y cumplimos jornadas
reducidas. Hoy la docencia exige, además de una capacitación
permanente, una atención personalizada de las necesidades de los chicos.
No sólo se trata de ofrecer una formación curricular, sino también una
formación más humana."
De todas las cualidades que destaca, para nosotras la más importante es la amorosidad, ya que es la base
para crear un vínculo entre el docente y el alumno que a partir de esta relación se podrán desarrollar mejor las
demás cualidades.
Freire resalta la necesidad del conflicto, la cual permite nacer nuestra conciencia. Por lo que comprendemos
que el conflicto no se debe negar y es indispensable.
En cuanto a la relación del educador y educando, que se muestra en la sexta carta, la maestra busca que el
alumno llegue al aprendizaje superando las dificultades de lo que se pueda presentar. Lo que nos llamo mucho
la atención sobre esta carta fue lo que mencionó Paulo Freire: “La práctica educativa en la que no existe una
relación coherente entre lo que la maestra dice y lo que la maestra hace, es un desastre en la práctica
educativa.” Esto quiere decir que la importancia de lo que se enseña y como se enseña es lo que repercute al
alumno y este no toma importancia a lo que se debe aprender.
El hacer de la educadora debe de orientarse de una forma a otra a que el aprendizaje del alumno crezca de tal
manera, tanto la escuela como el educador debe de preocuparse por el aprendizaje de este.
La importancia que tiene el maestro en esta carta, es que lo que ella enseña debe de ser algo que el alumno
pueda ver en la práctica cotidiana de este. Es importante que el educador se centre en lo que se va a enseñar
debido a que el alumno se da cuenta fácilmente de las contradicciones de su maestro.
“De las relaciones entre la educadora y los educandos”.Con esto podemos darnos cuenta que sin intervención
democrática no hay educación progresista. También es importante conocer el contexto que viven nuestros
alumnos, es un deber que nos exige la práctica. Las relaciones entre la educadora y los educandos, incluyen la
cuestión de enseñanza, el aprendizaje, del proceso de conocer-enseñar a aprender, de la autoridad, de la
libertad, de la lectura, de la escritura, de las virtudes de la educadora, de la identidad cultural de los
educandos y del debido respeto hacia ella. Todas estas cuestiones están incluidas en las relaciones entre la
educadora y los educandos, la fuerza y la importancia del testimonio de la educadora como factor de
formación para los educandos.

Freire plantea las virtudes de un buen educador, que se van adquiriendo a través de la práctica. Una de ellas
es la humildad entendida como valentia y confianza en si mismo, la importancia del dialogo con el otro y el
dejar de lado la soberbia del sentirse superior.
Una segunda cualidad es la amorosidad no solo hacia el alumno, si no tambien hacia su trabajo, dejando de la
lado las injusticias y desvalorización al pago de su salario.
Respecto a la valentia se refiere a la superación del miedo, y la lucha por sus ideales. La tolerancia para
realizar un trabajo pedagógico y convivir con lo que es diferente a lo que estamos acostumbrados, implica
respeto.

Debemos ser tolerantes para poder convivir y respetar lo diferente.


Compartimos con Freire que para ser tolerantes tenemos que ser responsables, respetuosos, y debemos
establecer límites.
Para nosotras es sumamente importante tanto en la formación del docente, como en el aprendizaje del
alumno que estas características se desarrollen conjuntamente para la exitosa transmición de conocimientos.

Freire le da gran importancia al diálogo, considerándolo el elemento fundamental para la relación entre el
maestro y el alumno. También considera importante una educación que introduzca a los niños en la vida
social, enseñándole a comprender el mundo y a pensar críticamente. Es por esto que cree que el docente debe
ser humilde, para aceptar al oopinión del otro y darle lugar para expreserse; también debe ser amoroso, para
darle sentido a su trabajo; valiente al educar sus miedos; tolerante, para convivir con lo diferente; decidido y
seguro de lo que hace, conservando un tensión entre la paciencia y a impaciencia; por último dice que debe
tener alegría de vivir en lo que hace, transimitiéndolo a sus alumnos y creando un vínculo fructífero sin
adquirir una posición autoritaria donde sólo él es el dueño del saber.

Nombrar la primera infancia es hablar de nacimiento, de inicio, de lo inicial. Nombrar la primera infancia
significa para el Nivel Inicial, asumir una responsabilidad política y pedagógica que se traduce en un
reconocimiento cotidiano de las nuevas generaciones y del devenir histórico. Ya que educar, enseñar,
garantizar la transmisión no es una tarea clausurada en el presente; por el contrario, la misma se enlaza e
inscribe en una serie histórica. Educar es una apuesta, una apuesta con el tiempo, una apuesta con la historia
para desplazar destinos apocalípticos y humanizar lo que vendrá.

Enseñar y conocer junto con los nilos, obras de arte, cómo debe ser plantadas las semillas, entrevistas a
padres desocupados, escuchar sus relatos de piquetes con sus familias; hablar escuchar leer, desplazarse, reír;
sortear conflictos; crecer, aprender, enseñar representan un reto hacia el porvenir…
Hoy nuestras escuelas son espacios educativos donde un tiempo para otras ciudadanías más plenas y
emancipatorias pueden ser conjugados verificando la igualdad en el acto educativo. Parte de nuestras traeas
consistirá en definir lo común y lo particular de la educación en este siglo, para todos los niños.

La Educación, colegas maestros, desde una perspectiva histórica, requiere alargar la mirada y situar la gestión
del “hoy” en un tiempo más largo, tanto en términos de la infancia, como de las tradiciones pedagógicas que
tienen continuidad o aquéllas superadas y transformadas.

Debemos introducir nuevas cuestiones para la enseñanza que comprendan la aproximación a los lenguajes
audiovisuales, el enfoque de género y la perspectiva de la interculturalidad.

Cada una de estas cuestiones exige la construcción de un dialogo que establezca puentes entre las prácticas
instituidas y las que será necesario instituir, ya que coexisten en nuestras escuelas infinidad de rutinas
cotidianas y modelos estereotipados, que es necesario transformar, junto con muchas otras prácticas basadas
sobre el aprecio y el carácter profesional de la tarea: sistemáticas, pertinentes, rigurosas y altamente
determinantes en la educación de nuestros niños.

La importancia que le asignemos a la tarea de enseñar será relevante para la formación de nuestros niños
como ciudadanos y sujetos de derecho, sin que ello vaya en desmedro de los desarrollos obtenidos hasta
ahora en este nivel educativo, sino ampliando su sentido y enriqueciendo sus propósitos.

Desde diferentes campos del saber han avanzado sustantivamente los estudios sobre la infancia y todo indica,
sin lugar a dudas, que cada vez es mas complejo trabajar con edades tempradas.

Es fundamental una formación continua que incluya distintos campos disciplinares, al mismo tiempo que
ofrezca a los educadores multiples puntos de vista sensibilizados por la cuestión de la infancia frente a los
cambios de época y su expresión en transformaciones culturaes y sociales , como también frente a la
persistente desigualdas que afecta de modo singular las condiciones de vida de los niños. Esto ultimo no
significa proponer miradas piadosas hacia el “otro” ni sostener discursos asistencialistas; por el contrario,
requiere garantizar la relación entre igualdad y educación, pues nuestra intención fundamental es torcer
rumbos con base sobre enseñanzas.

Clase II. El niño en la historia. La construcción de una mirada entre los impulsos
modernizadores, la exclusión y el cuidado. Dra. Myriam Southwell

Philippe Ariés sostuvo que entre los siglos XVII y XVIII se produjo “el descubrimiento de la
infancia”, queriendo significar fundamentalmente el desarrollo de una sensibilidad
moderna que acentuó la necesidad de cuidado y atención de los niños, que puso de
relieve su fragilidad y la necesidad de protección y preservación. Se trataba de un sujeto
inmaduro, incompleto que requiere la acción adulta en el cuidado y orientación. Por lo
tanto, se comienzan a desarrollar tecnologías, dispositivos y saberes para su
conocimiento, cuidado y formación. El niño va siendo considerado como un ser
“carente, necesitado e incompleto”, ya no un “adulto pequeño”. Este proceso se da
en paralelo con el comienzo de una consideración de la escolaridad como
instrucción pública, tomando distancia de la instrucción individualizada y
diferenciada para ciertos sectores sociales de las etapas anteriores.

Ruben Cucuzza (2002) plantea que en el temprano siglo XIX los intentos de
constitución de sociedades políticas modernas, basadas en la lógica de la soberanía
popular y de la existencia de sujetos políticos portadores de deberes y derechos,
implicaron importantes modificaciones en las prácticas de lectura y en la necesidad
de su enseñanza. Paulatinamente, el Estado fue desplegándose como impulsor y
sostén de instrucción y estableció las condiciones y la obligación de educarse.

A partir de la obligatoriedad de la escuela pública que estableció la Ley 1420, los


niños entre los 6 y los 14 años debían devenir en alumnos. En el imaginario de
entonces una generación escolarizada se convirtió en condición para la existencia
de un país moderno.

De acuerdo con Carli (2005), la fundación del sistema educativo promovido para la
infancia en Argentina se inicia en la década del ochenta del siglo XIX y culmina con
las políticas efectuadas en los gobiernos peronistas hasta la mitad del siglo XX.

A comienzos de la década del ’60 De un "saber sobre el alumno", necesario


para ejercer un mandato de instrucción y ordenamiento social, se pasa a un "saber
sobre el niño" para colocar más democráticamente las relaciones entre adultos y
niños.

No podemos dejar de ver a la infancia como un acontecimiento atravesado por


idearios políticos, saberes y prácticas específicas que permiten ver las apuestas de
renovación sociocultural, promovidas por mecanismos institucionalizados y los
modos en los que cohabitan y se relacionan las generaciones. cada niño es, como
sostiene la clase, hijo de su época.

Hay una multiplicidad de infancias, y también hay relaciones de explotación entre


los diferentes tipos de infancia.

puede observarse que la infancia no existía de la misma manera para todos y


que las concepciones de infancia de los trabajadores no eran las mismas que las de
los aristócratas. Esto nos permite pensar no sólo en los cambios históricos, sino
también en las diversidades y disparidades actuales, por ejemplo, en las
disparidades entre regiones pero también en una misma localización. En el mundo
globalizado, hay que ver que estas diferentes infancias se relacionan de maneras
complejas; por ejemplo, hay chicos en talleres textiles en Guatemala que producen
los bienes que consumen los chicos del llamado Primer Mundo.