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SECCIÓN CLÍNICA

¿Asfixian a un niño?
Dos casos
El caso de R.
Helys Quiñones*

R. es un niño de 10 años que es traído a CAPSI por su madre, luego de ser remitido por la
psicopedagoga de su colegio. Antes de tener el primer contacto con el niño hago pasar a a
madre para identificar su demanda en relación al niño. La madre dice:
"...quiero que R. se olvide de su papá y que se comience a portar bien en el colegio... no sé
qué hacer, ha mejorado un poco con el medicamento que está tomando' pero esto no ha sido
suficiente':
Por su parte, R., en la primera sesión comenta:
"...extraño mucho a mi papá porque no lo veo desde hace 2 años... extraño jugar con él,
jugamos poker, ahogado y burro... ¿Ahogado?... no sé muy bien cuáles son las reglas de ese
juego.., mi mamá me dijo que mi papá era malo porque toma mucho y es agresivo, pero
igual extraño jugar y hablar con él, ella tiene razón porque un día estaba borracho y me
estaba ahorcando, yo igual lo extraño':
En este punto, detengo la sesión e invito al niño a que piense para la próxima semana por
qué extraña a su padre, tomando en cuenta que es malo y agresivo, según comenta su
madre.
Dos sesiones después, el niño inicia la sesión diciendo en medio de su llanto:
"estoy bravo con F (pareja actual de la madre) porque me quiere quitar a mi mamá y ella Io
que me dice es que son amigos, pero los amigos no se dan besos en la boca, ella cree que yo
soy un niño y que no me doy cuenta de las cosas':
En este punto detengo la sesión y le pregunto al niño si no ha pensado en la posibilidad de
que su madre desee estar con F. Luego de la sesión previamente expuesta, tanto el niño
como la madre, dejan de asistir durante 3 semanas.
R. y su madre regresan a CAPSI. En el momento que lo hago pasar la madre le dice:
"cuéntale al doctor lo que hiciste para que te expulsaran". R. inicia la sesión con la
siguiente pregunta: "¿Quieres que te diga lo que hice?", y luego relata lo siguiente:
"me expulsaron por una simple moneda, todo comenzó como un juego y luego, sin querer,
Ie di una patada en la barriga a H., pisé sin querer a K. sin darme cuenta que tiene unos
puntos en el pie, e intenté ahorcar a C... a C. lo ahorqué, pero eso no fue sin querer... mi
mamá dice que él me indujo a portarme mal y yo estoy de acuerdo con ella':
Le resalto que lo curioso de su relato está en que lo único que no hizo "sin querer", fue
intentar ahorcar a su compañero,
e invito al niño a hablar de esto la próxima semana. Nada puede decir en torno a lo
resaltado y se deja abierta la invitación para que, cuando lo desee, hablemos de esto.
En una sesión posterior el niño manifiesta descontento porque su madre lo sacó del cuarto,
expresa no estar de acuerdo con esto y dice:
"yo no estoy de acuerdo con que sea malo que yo duerma con mi mamá, yo soy un niño y
es normal que los niños duerman con su mamá, eso es malo como ustedes dicen", se detie-
ne la sesión y se subraya que "efectivamente, es malo", R. se da cuenta de su lapsus y
rectifica en la puerta del consultorio, luego de terminada la sesión, diciendo "quise decir
que no es malo como ustedes dicen':
La última vez que R. asiste a CAPSI se encuentra dormido, en la sala de espera, en los
brazos de su madre, se culmina la sesión luego de que dice: "ya no me importa no dormir
con mi mamá, ahora me siento bien porque tengo más espacio".
Es importante tomar en cuenta, previo a cualquier comentario de las sesiones relatadas
previamente, que R. es un niño diagnosticado con TDA (Trastorno por Déficit de Atención)
de acuerdo con un manual que explica distintas patologías de un modo que cualquier
persona las puede entender, es por esto que muchos manejan términos como, panic attack,
TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), etcétera. Lamentablemente, el problema va mucho
más allá porque algunos maestros, y hasta algunos padres, usan estos términos para
etiquetar a los niños, entonces, María pasa a ser un TOC y Juan un TDA. Esto, sin lugar a
dudas, podría responder a esa necesidad propia de la hipermodernidad por homogeneizar en
lugar de identificar, dejando a un lado que estos chicos que "se portan mal" pueden estar
sometidos a situaciones traumáticas, de duelo, violencia intrafamiliar, divorcios, entre otras.
El caso anterior es una muestra de cómo actualmente en lugar de indagar en el problema, de
interpretarlo, o de analizarlo, a lo que se apuesta, desde las terapias cognitivo - comporta-
mentales, es intentar taponar (fallidamente) el trauma con pastillas. La apuesta apunta a que
los "niños de Skinner", adecuadamente medicados se vuelvan legión, tal como lo plantea
Mauricio Tarrab en "Los niños de Skinner y las soluciones químicas".
Para poder brindarle al niño un lugar distinto, al previamente abordado, es esencial que
desde el psicoanálisis nos preguntemos cuál es el lugar que ocupa el niño en nuestra con-
temporaneidad. Es fundamental que nos preguntemos cuál es su estatuto, una vez planteada
la problemática en estos términos, estaríamos ubicados en la dimensión de lo político, y eI
estatuto del niño dependería, directamente, del lugar que tenga para el Otro. Esto último
nos hace pensar que todo niño tiene un lugar en el deseo y en el fantasma de sus padres,
lugar que en el caso R. no está muy claro hasta ahora; en este caso, el síntoma de R. se
presenta como un real difícil de vehiculizar a través de lo simbólico, y podríamos estar ante
un síntoma "blocal", como J.A. Miller lo llama en "El niño, entre la mujer y la madre",
síntoma que pareciera derivarse del fantasma de la madre.
Más allá de lo teórico que podría ser considerado para la discusión del caso R., lo
importante es señalar que desde una posición ética, la apuesta apunta a brindarle un lugar
de emergencia al sujeto, ya que en el caso del psicoanálisis, lo que perseguimos es darle un
lugar al niño dentro de la economía global, tal como nos propone Eric Laurent, pero no
pretendemos darle un lugar cualquiera, sino un lugar que no sea el de desperdicio.

El caso de la madre
José Gregorio Domínguez*
Cabe destacar que T., la madre de R., se presenta para atención únicamente debido a que así
le fue reiteradamente recomendado por la psicopedagoga que atiende al niño en el colegio,
y por la persona que realizó el triaje de CAPSI. Lo deja bien claro desde el inicio: quien
tendría problemas seria el niño y no ella. Esto marca sin duda una notable diferencia de
entrada a sesión. Su demanda inicial no es otra que la atención de su hijo, y su queja sólo
concierne a éste.
Las primeras sesiones se refieren al relato de los incidentes referidos a la historia vital de R.
Todas las sesiones empiezan igual: un detallado recorrido semanal sobre su hijo, los incon-
venientes que éste le ha ocasionado, las regaños y notas que recibe en el diario escolar, su
negativa a comer, estudiar, bañarse, y un largo número de etcéteras que no podríamos
señalar. Por su parte, ella se esfuerza en destacar cada detalle, pero no se implica en ello.
Lo que le ocurre a su hijo no tiene que ver con ella.
En esta situación se mantiene inquebrantable. Todas las intervenciones destinadas a
fomentar su implicación subjetiva o que intentan propiciar la división del sujeto parecen no
incidir sobre ella. No obstante, en el curso de una de las sesiones, reporta que su hijo siente
celos del padrastro desde que la presencia de éste ha implicado un desplazamiento del lecho
materno a una cama aparte, y desde que el niño habría presenciado la escena primaria entre
su madre y el padrastro. En este momento se toma una decisión calculada, se le indica que
el niño debe pasar a ocupar el cuarto que se encuentra Iibre en la casa. Como reacción, ni el
niño ni la madre asistirán en las siguientes tres semanas. No resulta posible contactar
telefónicamente con ellos. Solo retornarán cuando las cosas se agudizaron en el colegio.
Nuevamente se inician las sesiones. Nuevamente se inician los reportes sobre el
comportamiento de R. Poco a poco, van apareciendo algunos elementos de su propia vida.
Las sesiones comienzan se inician, como siempre, con el tema de su hijo, pero parece
abrirse un espacio para su propia historia. Así, nos enteramos que tuvo un novio desde el
quinto grado, que ella tenia una excelente relación con la familia de éste, que hoy se
permite hablar de aquel con añoranza, que lo amaba y que a pesar de ello se negó a casarse
con él y a irse a Europa porque "¡Cómo iba a dejar sola a su madre?". Añade que luego de
su negativa al casamiento, el novio se fue al interior del país durante un año, y cuando
regresó ya no era lo mismo, "Regresó diferente", "Ya no era virgen", "Quería experimentar
conmigo. Yo le dije que no. ¡Qué gafa!". Interrogada sobre el origen de su negativa solo
podrá decir que ella se quería casar como su madre: "de velo, corona y virgen". Y añade:
"Yo pensaba en mi mamá, no en mí"; punto donde se detiene la sesión.
En cuanto al padre de R., podremos conocer que, al inicio de la relación, éste la induce a
tomar alcohol y la abusa sexualmente; momento en que pierde la virginidad.
Contrariamente a lo esperado, no rompe la relación con éste, sino que se mantiene con él y
deciden vivir juntos. Según nos comenta, a ella su madre le habría enseñado que "un
hombre es para toda la vida". Esto le lleva a soportar maltratos verbales y físicos reiterados
tanto a ella y como a su hijo, a mantener económicamente a esa pareja durante años, a
tolerar que él haya intentado ahorcar a su hijo... Nada de esto le hace salir de esta casa. En
relación a éste período dirá que estaba ciega y enamorada. Nada más. Tan sólo vinculará su
"sacrificio" a este axioma materno de un hombre para toda la vida. Al parecer, no ha tenido
efecto el hecho de que a su vez, su madre se separara de su padre y que ella creciera con un
padre adoptivo. Tampoco esto parece lograr el menor efecto en sesión. Nada podrá
tampoco decir sobre qué le llevó a separarse del padre del niño.
Sabemos que hace unos meses ha logrado establecerse en una nueva relación. Tal como se
ha señalado esto ha generado celos importantes en R., especialmente luego de la escena pri-
maria a la cual habría sido expuesto. Ante esto, ella se mantiene inquebrantable, continúa
diciéndole al niño que "son sólo amigos". Recientemente, ha revisado el teléfono de su
pareja, "por coincidencia", y ha descubierto mensajes bastante claros de infidelidad. Surge
en ella la inquietud sobre la sexualidad: ¿Será que no lo satisfago como mujer? Interroga a
su pareja al respecto, y éste le dice que todo está bien pero que sólo hay un detallito... Ella
no esperará la respuesta. Dirá que ese detallito es R., y nada ha podido sacarla de esta
convicción.
No es una paciente fácil de dividir. De hecho, me pregunto si se ha dividido
verdaderamente en alguna sesión. Es cierto que nos ha contado cosas de su vida, pero
parecieran reportes vacíos, como los reportes sobre el comportamiento de R.; sin mayor
interrogación al respecto. Las intervenciones parecieran quedar sin efecto y no logran
sorprender ni hacer pregunta. Nada parece apuntar hacia la tachadura de esta sujeto.
Únicamente, en la última sesión a la cual asistió, ha podido hablar de su propio malestar,
sacándolo del campo, hasta entonces exclusivo, de R. Veamos este recorrido: nos ha dicho
que se siente agobiada, culpa de ello a R., y nos ha comentado que logra "desahogarse" de
ello contándolo en el trabajo. También nos dice que su estado de ánimo depende del niño:
"Yo estoy mal porque R. se porta mal", y ha puntualizado cosas interesantes sobre su pareja
actual, dice no amarlo pero que "él me defiende de R. Le dice que me trate bien". Se le ha
estimulado para que nos hable de su "ahogo" y ha podido aportar que "su vida es de
tiempo". todo está cronometrado, "Más tiempo en una cosa ocasiona que lleguemos más
tarde a la otra". Ha logrado explayarse sobre este malestar, separándolo por primera y única
vez de R. Se le ha señalado que esta "asfixia" que reporta, va más allá de su hijo; y ella lo
ha vinculado al uso o no de su vehículo. Faltó a la siguiente sesión.
Sólo unas notas adicionales. Me pregunto si T. podrá poner en duda que la causa de sus
males sea R.; si podrá separar al niño de este lugar tan terrible en que lo tiene ubicado. Con-
frontada con su sexualidad, confrontada a ese "¿Será que no lo satisfago como mujer?", ha
respondido afirmando que R. constituye un estorbo para su relación con su actual pareja.
No se ha dividido frente a esto, al igual que tampoco pareciera haber ocurrido frente al
presunto intento de estrangular al niño por parte del padre de éste. No se ha hecho pregunta
sobre la relación con su novio de toda la vida, ni parece haber cuestionado el axioma
materno de "un hombre para toda la vida"; ni tampoco ha surgido la inquietud sobre su
"ceguera" con el padre del niña.

¡Atrapada!
Diana Ortiz
A continuación presentamos un caso que forma parte de la casuística de PATVI.
P. es una mujer de 35 años de edad, tiene sexto grado de educación formal, 17 años de
matrimonio, se dedica a oficios del hogar, y tiene 3 hijos (uno antes del matrimonio). Asiste
a la consulta ya que ha denunciado al marido por maltrato psicológico procurado tanto a los
hijos como a ella.
En la primera entrevista, la sesión gira alrededor del desbordamiento de la queja hacia el
marido. Lo describe como agresivo, descalificador, irresponsable:
"Si los niños tienen mal comportamiento y rendimiento en eI colegio, arremete contra ellos,
los llama brutos, los castiga fuertemente y luego va contra mi y me culpabiliza diciendo que
yo no me ocupo de ellos... Si pienso en trabajar, me dice que si ese es el sueldo que voy a
ganar, mejor es que me quede cuidando de los hijos':
La queja se extiende al manifestar que el marido es mujeriego, trabaja en exceso durante la
semana y fines de semana, marcando que tanto ella como los hijos pasan a un tercer plano.
Las peleas son casi a diario, por una u otra razón, y los hijos sufren las consecuencias de las
mismas.
En su discurso, la hace aparecer tanto a ella como a los hijos, como víctimas de la situación.
Se le pregunta en cuanto a lo que persigue ella con la denuncia interpuesta ante el consejo.
La respuesta es "Quiero que mi marido cambie de actitud tanto conmigo como en su
comportamiento con los hijos."
Frente a esta respuesta se interviene apuntando a: "¡Ah, Ud. en estos años de convivencia
no ha podido hacerlo?': Esta intervención del analista, en primer lugar, se dirige a causar el
sujeto por medio de su división.
En la sesión siguiente, se extiende aún más en el malestar procurado por el marido, y cuenta
dos acontecimientos ocurridos en estos años de convivencia:
1. A los cinco años de matrimonio, encuentra al marido, "manoseando" los genitales de la
hija de ella, de su primera relación, quien en aquel momento tenía 7 años de edad. Ella lo
denuncia y éste es privado de su libertad durante tres meses.
2. Hace algún tiempo una sobrina materna, que vivía en el interior del País, se muda a su
casa porque le era más cómodo su traslado a la Universidad, y seis meses después
encuentra al marido en la cama con esta sobrina. Esto provoca la expulsión del marido, el
cual tiene que abandonar la casa.

En ambas situaciones, el marido es perdonado por ella. En la primera situación, la familia


del marido la culpabiliza de los maltratos que éste recibe en la cárcel, "ya que allí es
golpeado, no se alimenta bien, está delgado, lo van a matar", entre otras razones; y en la
segunda situación, se ve sola, no tiene trabajo, no culminó estudios académicos, tiene que
encargarse de los hijos, y adviene en ella la frase "yo no puedo" situación que la lleva al
desamparo. Expresa "me siento atrapada en esa relación y añade lo mal hombre que es su
marido"
La intervención apunta a esa última frase:" ¿Que la hace estar atrapada con ese mal
hombre?':
La intervención tiene valor de interpretación, visto en aprés-coup ya que la misma causa en
el sujeto una salida de la queja hacia el partenaire sexual y comienza a desplegar su historia
particular del significante "atrapamiento" en la cual ha estado. Significante que hace punto
de capitón con su posición fantasmática.

Historia familiar
Expresa que cuando ella nace, la madre la deja al cuidado de la abuela ya que no posee los
medios económicos para encargarse de su crianza. Es la información que manejó durante
mucho tiempo. Entonces, siempre albergó "la idea o la esperanza de que en algún momento
esta madre regresaría a buscarla”.
La madre aparece cuando ella tiene siete años de edad y recuerda que ella le pregunta si la
viene a buscar y obtiene como respuesta que no, que no la quiere tener con ella. Esto le
retrotrae a la desesperanza y lo refiere como algo muy doloroso.
Esta abuela de crianza, es descrita como altamente agresiva, arbitraria, dominante que la
sometía a castigos físicos atroces; la maltrataba golpeándola con cables y luego, de una
manera perversa la colocaba en tobos de agua y sal. Dice haber pasado gran parte de su
infancia y adolescencia asustada, metida debajo de la cama, escondida y cuando iba al
colegio no quería regresar a la casa ya que nunca sabía cómo iba a reaccionar.
A los quince años, una hermana de la madre se la lleva a vivir con ella. La tía vive en
condiciones de precariedad y la pone a realizar trabajos domésticos en casa de un conocido.
Relata que durante un tiempo todo marchaba bien, se dedicaba a Ios oficios y con el
producto de su trabajo ayudaba a la tía. Posteriormente la persona en cuya casa trabajaba se
le comienza a acercar, se hace su amigo, es su confidente y comienza a pretenderla,
manifestándole "que él la va a ayudar".
De allí surge entonces una relación. A los 16 años sale embarazada de su primera hija y su
amante la bota de la casa. Es entonces que conoce aI marido, este le lleva 8 años de dife
rencia, y en sus galanterías cuando la pretende, le ofrece "encargarse de ella". Esto la hace
decidirla en casarse. Este es el Significante (S2) que la representa a ella y es la forma como
hace lazo con el otro.
Se interviene apuntando a ello: "¿Ud. lo que busca es alguien que se encargue de Ud.,
alguien quien la salve?". Intervención que la devuelve a la confrontación de Ios abandonos
parentales y a la situación de maltrato a los que se vio expuesta de infancia, fijándola en su
posición de desamparo. Una mujer desamparada que busca un hombre que la ampare y la
maltrate, pero que es igual abandonante, devolviéndola a su lugar de desamparo.
Esta mujer ha construido su vida, teniendo un lugar, como atrapada, ser salvada y
maltratada, lugares que establece y que la representan ante el otro, haciendo lazo social con
el otro.
Desde esta perspectiva la intervención aborda la conjunción entre lo Simbólico y lo
Imaginario, por un lado, (un S1 en el atrapamiento que se coloca esta sujeto) y lo Real por
el otro, su goce en el maltrato y ser objeto de desecho del otro, está ubicada en la unión del
goce con el significante.
Ahora bien, la sujeto a partir de allí, realiza una relectura de su alienación en las redes del
fantasma, situación que la deja en condiciones de tomar decisiones importantes de su vida:
logra separarse de su marido e incorporarse al área laboral como comerciante
independiente.
Esta forma de atrapamiento en la que ella se colocaba, es lo que a nivel terapéutico se logra
romper con ese S2 que la dejaba desamparada, y que era la forma como ella construía sus
relaciones o su forma de hacer lazo con el otro, dándole un nuevo giro a su vida, su nueva
forma, siendo productiva e independiente
A partir de allí, esta mujer completa un ciclo o un bucle como apuntaría Miquel Bassols en
su seminario "Finales de análisis", la sujeto completó una primera vuelta sobre sí misma,
que no prejuzga un relanzamiento o una reanudación posible.

Algunas reflexiones respecto a este caso


En primer lugar, ¿cuál es el deseo que está sujeto ocupa en la madre?
Si nos planteamos que el lugar que ocupa está sujeto en el deseo de la madre, es objeto de
desecho. Podríamos plantear entonces ¿qué pasa con la función paterna? Y a partir de la se-
gunda, ¿de qué estructura podríamos hablar?, ¿una psicosis o una Neurosis?
Pensamos, que la función paterna pareciese estar articulado en dos tiempos: el primero,
donde el sujeto es desechada por la madre. El discurso de la paciente da cuenta de que esta
mujer mantuvo la esperanza de que la madre regresaría por ella, por un dicho de la abuela;
es decir, la madre estaba vedada para ella, estaba castrada, no tenía los recursos económicos
para tenerla.

El segundo tiempo, (pero a la vez paralelo), contaba con una abuela materna, que mal que
bien, hizo presencia intensa, maltratadora, perversa en sus castigos, hizo dominación; sin
embargo, hace enigma, ya que no sabía que esperar de esta abuela, ella no sabe Io que esta
quería. Despierta en esta sujeto su odio y sentimientos hostiles hacia ella, y de allí su
atrapamiento, como significante que la marca.
Esta conjugación es lo que abre paso al mundo del intercambio, a la ley fálica, por lo que la
hace una neurosis.
Trastornos de lenguaje y la ausencia de simbolización primaria
Lucia Dragonetti

Una de las intenciones del presente trabajo es mostrar cómo en la clínica con niños se hace
necesario afinar nuestra observación.
Recibimos a diario en nuestras consultas diversos casos que incluyen, dificultades
escolares, enuresis o encopresis, problemas de ansiedad, dificultades de lenguaje, el famoso
síndrome de atención tan frecuentemente diagnosticado en esta época, etc.
Pretendemos centrarnos en los problemas de lenguaje y como éstos pueden, ser
manifestaciones de una estructura psicótica (no en todos los casos claro está, pero sí en
algunos de ellos), sobretodo si está acompañado de otros elementos.
Rosine y Robert Lefort, dos psicoanalistas franceses que se dedicaron al análisis con niños,
—algunos de ellos psicóticos o autistas—, dicen en un artículo llamado Psicosis y
significante. Articulaciones.'
"La psicosis habla-ello habla. En realidad no hace más que eso, simplemente. Aunque sea
muda, la psicosis es un estado del ser hablante. Por tanto es algo que ocurre del lado del
significante".
Apreciamos así que el psicótico habla, por consiguiente puede presentarse con trastornos de
lenguaje. Entonces, ¿cómo pueden evidenciarse estos trastornos y cómo diferenciarlos de
los de cualquier niño no psicótico?
Hay que insistir en que deben tenerse en consideración otros elementos clínicos pero la
relación con el lenguaje es fundamental en la estructura psicótica. Recordemos que en el
proceso de alienación-separación que implica la estructuración del sujeto se da una elección
forzada: por el ser o por el sentido.
En la psicosis, debido a la forclusión del significante del Nombre del Padre, la escogencia
se da por el ser, no se ha producido la oposición entre S1 y 52, e incluso podemos decir que
no hay S2 o éste está holofraseado.
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¿Qué es la holofrase? Lacan en el Seminario XI nos dice


"Cuando no hay intervalo entre S1 y S2, cuando la primera pareja de significantes se
solidifica, se holofrasea, tenemos el modelo de toda una serie de casos, aunque en cada uno
de ellos el sujeto no ocupa el mismo lugar."
Sin embargo no es la holofrase la única manera de presentarse las alteraciones del habla de
un psicótico como pueden ser frases interrumpidas o ininteligibles y los neologismos. Tam-
bién podemos encontrar en algunos casos, niños no sólo con problemas de articulación sino
con un lenguaje particular, que se expresan gritando todo el tiempo o con importantes
dificultades en la nominación y en donde la intervención puede ir en el sentido de
simbolizar aquello que no logra ser simbolizado o articulado.
El campo de lo simbólico recubre toda la actividad propiamente humana y el instrumento
utilizado en esta actividad es la palabra, en tanto medio de expresión de una subjetividad y
forma de comunicación con el otro.
Cuando se presenta a nuestra consulta un niño con trastornos a nivel de la palabra, podemos
darnos cuenta de que está en el lenguaje pero que no es sujeto de su palabra, que está
capturado por lo que el Otro dice o no dice, es como si no fuera sujeto activo de su propio
discurso. Es por ello que se hace necesario poder establecer un diagnóstico y tratamiento
adecuado lo más pronto posible, de manera que, cada uno tenga la oportunidad de ser
escuchado y ser ayudado a situarse en esta relación con la palabra.

Ante esta dificultad o ausencia de simbolización podemos considerar como dice Eric
Laurent en Los Inclasificables de la clínica psicoanalítica (La conversación de Arcachon)
que el niño psicótico se presenta como un sujeto ya desencadenado desde su primer
contacto con el lenguaje. La perturbación del lenguaje estaría desde el vamos y podríamos
apreciarla de diversas formas como ya se ha señalado.
Sin embargo, el síntoma a nivel del lenguaje podría mostrarnos a un sujeto desconectado
con respecto al Otro con quien no logra comunicarse y, en este sentido, el trastorno de
lenguaje confirmaría el desabonamiento del inconsciente presente en esta estructura. Enric
Berenguer', plantea en algunos casos, que esta desconexión puede alcanzar el estatuto de
síntoma en sus dos vertientes, aquella que aísla al sujeto (dimensión autista del síntoma) y
el síntoma como intento de lazo social.
¿Cómo se podría considerar un síntoma, como el trastorno de lenguaje, en cualquiera de las
modalidades antes mencionadas, como algo que favorece un tipo de lazo social? Al respec-
to Enric Berenguer también nos dice que la relación con el Otro es siempre .problemática y
que muchas veces eI síntoma funciona como suplencia de ésta. Será justamente en este
sentido que el síntoma puede posibilitar el lazo social, pues si bien gracias a él el sujeto se
desconecta, también a veces se articula gracias modalidades estructurales del Otro que si
bien no siempre lo incluyen, a veces lo implican.
En su texto Lenguaje aparato del goce, Jacques-Alain Miller define la lalengua de la
siguiente manera: "la lalengua no es un objeto recortado en la sincronía. Comporta una
dimensión que es irreductiblemente diacrónica, ya que ella es esencialmente aluvional. Está
hecha de aluviones, que se acumulan, de malentendidos, creaciones lenguajeras de cada
uno".
Y luego dirá en 1996 en la Fuga del sentido, "y ese sedimento se hace con las huellas
dejadas por los otros sujetos”.

A partir del Seminario XX, el concepto de lenguaje en Lacan está descompuesto en dos
partes: la lalengua y el lazo social.
El lenguaje es un intento de normalización de la lalengua con el fin de satisfacer al
elemento social que permita, en lo posible, la comunicación. Es por eso que existe una
gramática, un diccionario, las normas para procurar una cierta comprensión. La lalengua,
está compuesta por las homofonías, las significaciones particulares de cada sujeto y los
sentidos gozados caracterizados por la investidura libidinal de cada uno para cada palabra.
La Ialengua también está presente en los sujetos neuróticos, pero en la estructura psicótica
aparece con una dimensión que contribuye a ese trastocamiento, haciendo posible la
ausencia de discurso que encontramos en la psicosis.

En el caso de Rosine Lefort, "El niño lobo" que aparece en el Seminario P, presentado por
Lacan, vemos que la palabra lobo era repetida constantemente por este niño de 3 años visto
por esta psicoanalista en un hospital para niños abandonados en Paris. Lobo era el
significante con que Robert (que era como se llamaba el niño) se presentaba. Podríamos
considerar esa palabra como una holofrase pues aparece como un intento de solidificar un
significante que no remite a nada más, en el lugar del significante que falta, el Nombre del
Padre. Este significante tiene referencias, según Rosine Lefort, con el personaje con el que
en muchos de estos centros hospitalarios las enfermeras asustaban a los niños, el lobo. Por
consiguiente, en este caso podemos identificar a el lobo como un efecto de la lalengua,
producto de frases pronunciadas en la vida del sujeto, que no remiten a un sentido y que, en
el caso de este niño psicótico, ocupa el lugar de "toma en masa del significante" que es en
lo que consiste la holofrase, apareciendo en el lugar del significante que falta.
Se tratará entonces desde esta perspectiva y a raíz de La Convención de Antibes de:
"Nacerse destinatario de los signos ínfimos de lo real de la lalengua, sin ocuparse del
sentido, para así tener una posibilidad de convertirse en el partenaire del psicótico en la
lalengua de la transferencia y de este modo poder comprometer al sujeto psicótico en un
lazo social hacia una elaboración de saber".
Destinatario para la construcción de un lazo social nuevo teniendo presente que el
inconsciente está hecho de la lalengua.
Por eso es que, en el trabajo con niños con este tipo de dificultades que tienen que ver con
el lenguaje, con un lenguaje particularmente ininteligible, muchas veces hay que ayudarlos
infiltrando lo simbólico a través de una palabra que ayude a comprender lo que dicen, pero
sin dejar de tener en el horizonte la posibilidad de que pueda ser necesario determinar ese
punto fijo en la lalengua, y que quizás funcione como condición para que se dé una
articulación posible en la cual se logre otro plano de la relación con el Otro.

Del Goce del Otro al Deseo del Otro


Aproximaciones a un diagnóstico diferencial
Gisela Cordido
La oferta psicoanalítica aparece en la vida de L. como un impreso que es avalado por un
otro semejante. L. decide consultar con la idea de poner orden en ciertos aspectos de su
vida relacionados con situaciones de duelo y un Real en el cuerpo que ha requerido la
intervención de la ciencia médica y que no cede: "quiero entender las cosas que me han
venido pasando', y manifiesta que viene porque puede haber algo en ella.
Las situaciones de duelo son nombradas como ausencias que cubren otras ausencias; y una
cotidianidad que deviene en inercia por el problema en el cuerpo le hace pensar en altera-
ción del ánimo. Se pregunta por la muerte, su presencia aquí y ese Real en el cuerpo que no
logra entender.
"Cargar" y "Sostener" pasan a ser S1 que la representan y hablan de las identificaciones a
las cuales ha estado fijada y que le han servido para funcionar en la vida. Se articulan
también con el origen de la queja en el cuerpo. Las oportunidades de ser representada por
estos significantes han ido desapareciendo y las que permanecen no son del todo
suficientes.
No ha pasado mucho tiempo cuando, ante una pregunta del otro semejante que interroga
estos significantes, sorprende al analista con lo que ella designa como decisión, relacionada
con entender y aceptar una situación penosa. "Ya entendí", dice.
Dando paso a una rememoración de situaciones que le daban otra forma a su vida. El
cuerpo, sin embargo, se mantiene consecuente con la inercia de una función
Hay un giro en su demanda: inicialmente formulada como "entender las cosas que me han
venido pasando, ahora dice he ido dejando cosas". De "las cosas que pasan" y su
connotación de sorpresa, de contingencias que han modificado su vida, a "las cosas que
pasan", que van quedando atrás, relacionadas con un saber hacer con ellas. Una manera
diferente de "cargar con las cosas": podría recibir lo que le pasa y dejarlo pasar.
Excepto el Real en el cuerpo que la sobre-pasa, que le resta protagonismo a sus decisiones,
que ha ido adoptando la forma de gula y destino de su vida y donde cada nueva solución o
tratamiento también constituye una oportunidad de permanencia del síntoma, alojándose en
el discurso de la ciencia, en las diferencias médicas, las segundas opiniones y la novedad en
el tratamiento.
Una intervención del analista sobre la función de compañía que un día atribuye a la queja
en el cuerpo, da paso a asociaciones y nuevas decisiones. Asociaciones con lecturas que ha-
blan de ser instrumento de goce de un Otro, de un Gran Otro Divino que en lo espiritual
plantea el amor y el conocimiento de algo como premisa para vencer las dificultades. Y que
le conduce a decisiones relacionadas con una búsqueda distinta —sin que eso signifique
más efectiva— para la restauración corporal
Aparecen varias interrogantes.
1) La manifestación en el cuerpo
¿Es un Real que no puede atrapar porque la ciencia médica ha intervenido cambiando el
curso de la lesión y se convertirá en otro duelo? Y su demanda estaría entonces articulada a
esa imposibilidad?
O es una metáfora y está en lugar del significante reprimido que ha quedado fuera de la
cadena asociativa? ¿O por el contrario no es significante y es imposible de leer?
O mas bien funciona como punto de capitón, que en lo Real del cuerpo, localiza un goce
del Otro?
2) Los efectos: las decisiones
¿En su corto recorrido las decisiones que han aparecido son modificaciones de la
subjetividad a partir del sujeto supuesto saber de la transferencia?
O más allá, ha operado el deseo del analista, produciéndose un vaciamiento de goce, y en
ese lugar viene a ubicarse el Otro del deseo?
¿Se tratarla entonces de efectos terapéuticos rápidos?
O estas decisiones —que apuntan a "buscar ser la misma de antes"— ¿siguen teniendo el
ideal en el horizonte? ¿Ese ideal de sostener, de no dejarse vencer, de seguir adelante "pase
lo que pase"? Una decisión puede ser un efecto, pero también puede hacer semblante:
parecer una mujer decidida.
Habría que preguntarse por último si, en relación a estas "decisiones" se está en la
dimensión de la pregunta que "supone un saber" o en la dimensión de la certeza que "sabe
que es así".
Tales preguntas remiten por una parte a la cuestión de la estructura, y por otra a la eficacia
del Psicoanálisis.

La estructura
En la estructura neurótica hay un cuerpo afectado de castración simbólica, el cuerpo pasa a
estar ubicado en la secuencia de los significantes, como un significante, un elemento del
Otro del lenguaje.
La queja somática de L. podría estar inscrita en una estructura neurótica, podría tratarse de
un síntoma de conversión como la encarnación de la cuestión histérica sobre el sexo, y la
lesión orgánica podría responder a una frase reprimida que interroga a un sujeto capaz de
transferencia. En términos de goce, en la histeria es el goce del cuerpo en tanto goce del
síntoma, es un goce masculino de su propio cuerpo.
Miller muestra además cómo hoy la noción de conversión también da cuenta de una
relación entre el deseo y la manifestación somática como un continuum, citando a Lacan en
"Posición del Inconsciente":
"en el síntoma eI deseo es idéntico a la manifestación somática. Es su derecho y también su
revés".
Es el dolor articulado al deseo y en esa articulación hay un punto de goce, un goce que lo
excede y que puede crear un enigma para el sujeto y un querer saber sobre ese Real que no
ha podido tramitar.
L. claramente manifiesta lo que quiere, quiere saber cómo llevar una vida mejor y cual será
el mejor tratamiento para su queja somática, quiere saber sobre ese Real, pero ese Real no
le dice nada.
Si el síntoma no se da a leer podría tratarse de un fenómeno psicosomático (FPS). Lacan
plantea eI FPS como un lugar mudo, que entregado al goce del Otro se sustrae a todo
anudamiento significante. La lesión no se significa. La transferencia aparece como vaciada,
reclamando otro recurso que la interpretación simbólica. El FPS escapa a la regulación
fálica, aunque se relaciona con la acción del significante; por un fracaso de la
representación significante se produciría un retorno del goce que fue desalojado por efecto
del significante. Este goce en lugar de canalizarse por los bordes erógenos pulsionales se
dirige al conjunto vacío del cuerpo'.
No se trata entonces aquí de la frase reprimida capaz de producir un síntoma, sino que es un
significante holofraseado, encarnado en el cuerpo. Es decir, no existe el intervalo que se
produce entre S1 y S2 donde aparece el sujeto del inconsciente, expresado en las
formaciones del inconsciente. Si el significante representa a un sujeto para otro significante,
esta lesión no es un significante. Es de índole de algo escrito en el cuerpo, la marca Real en
el cuerpo, es un sello, una etiqueta, un tatuaje. Este tatuaje suple al significante que falta, va
a representar al sujeto no ante otro significante ya que no tiene esa capacidad
metafórica ni metonímica sino que va a representar al ser ante el otro en el lugar de lo que
hubiera sido el síntoma.
Después del Seminario XX cuando establece claramente el concepto de Ietra, Lacan dirá
que en el FPS se conserva el eslabón del deseo pero "congelado en letra"; la suplencia
orgánica no es metáfora porque no es significante, es de lectura imposible.
Habría que plantearse por último: dada la dimensión de certeza que muestra L. en su
decidir, la referencia a ser instrumento de un Otro divino y la posición en que suele colocar
al analista haciéndole destinatario y no causa o partícipe de sus elaboraciones y decisiones,
si esa queja somática constituye una suplencia que estaría acotando un goce invasivo y se
hablarla entonces de una estructura psicótica, de una psicosis ordinaria.
La eficacia del Psicoanálisis
La eficacia analítica tiene que ver con el simple hecho de hablar, es la eficacia simbólica;
pero la verdadera eficacia analítica va mas allá, busca un retiro de la carga libidinal por
medio del acto sostenido por el analista, responsable de operar sobre la pulsión en juego en
el síntoma. En última instancia la eficacia psicoanalítica resulta de la actividad que produce
el efecto que se espera y reside en el acto analítico, definido por Lacan como lo que tiene
lugar a partir de un decir cuyo sujeto cambia.
La eficacia además puede ser definida en cada uno de los momentos del curso de un
tratamiento.
El primer efecto en este caso, es la división o la pregunta que surge en L. ante la oferta
impresa y el aval de un otro semejante. El Psicoanálisis circulando hasta que toca la puerta
de! síntoma, lo particular del sujeto, quedando colocado en ese momento en una dimensión
terapéutica o Psicoanálisis Aplicado a la Terapéutica.
Una de las vertientes posibles para abordar el asunto de la eficacia analítica es aquella que
se centra en la eficacia terapéutica del acto.
Bien sea que L. se dirija a otro con una pregunta o desde una certeza, su malestar podrá ser
alojado en las coordenadas psicoanalíticas. Se las arreglaba sustituyendo ausencias con
otras ausencias; ahora, incauta del efecto sujeto generado por la oferta y bajo transferencia,
éste se expresa en decisiones que hacen serie: la primera decisión: dirigirse al representante
de la oferta, es decir consulta al analista --> consulta con ella misma --> consulta un Otro
de la medicina diferente.
En este caso se hablaría de la eficacia simbólica, del significante, que ha operado por vía de
la palabra. Y podría considerarse un efecto terapéutico rápido ya que L. se ha colocado en
otra posición; de la sustitución que da cuenta de la repetición al desplazamiento que
moviliza el deseo.
Con el tiempo se podrá saber qué tanto son modificado-nes de la subjetividad a partir del
sujeto supuesto saber de la transferencia o qué tanto ha operado el deseo del analista, como
enunciación, para sacar al sujeto de ese goce y que su deseo se realice en tanto que deseo
del Otro.
Del Goce del Otro al Deseo del Otro:
En caso de tratarse de una histeria y el síntoma una conversión, posibilitar el pasaje del
goce del cuerpo en tanto goce del síntoma —goce masculino de su propio cuerpo— a poder
asumirse como objeto de deseo del Otro
Si se trata de un FPS, sustituir el goce del Otro por el deseo del Otro es abrirlo a la
dimensión del sinsentido, presentar de cierta manera "un mundo no organizado por el FPS"
apostando a que el efecto sujeto pueda convertir en síntoma la marca en lo Real del cuerpo.
Y si en el curso del tratamiento se evidencia que realmente se trata de una psicosis,
posibilitar un lugar que facilite la invención o suplencia que atempere el goce y permita
abrirse a la dimensión del deseo del Otro.
Junio 2007
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De Un Otro, al Otro, a-Otro:


Vicisitudes de la transferencia
Caso de la Clínica de PATVI
Aliana Santana N.

Es la intención de este trabajo presentar un caso enmarcado en la clínica de PATVI y más


exclusivamente en el tema del trabajo de investigación realizado por el equipo de
psicoanalistas de PATVI para el III Encuentro Americano, titulado "Del Otro de la ley, al
Otro de la Institución Psicoanalítica, al Otro del Analista.
En la clínica de PATVI podemos considerar que existen, al menos tres desplazamientos
transferenciales lineales, que se localizan en lo que hemos denominado tres tipos de
encuentros: encuentro con el Otro de la ley, encuentro con la Institución Psicoanalítica y el
encuentro con el Analista.
El caso a presentar da cuenta de la particularidad, no sólo de la clínica de PATVI, sino de la
particularidad del caso con relación al desplazamiento transferencia! que esta clínica su-
pone. Algo más se hace presente en el manejo de la transferencia. Un más que como
podremos ver está relacionado con las vicisitudes de la transferencia con los que el analista
está llamado a saber hacer, fuera y dentro del dispositivo. Un analista llamado a hacer lo
que haya que hacer, sin respuestas estándares.
En un primer momento, el Sr. P denuncia ante el CPNNA (Consejo de Protección del
Niño(a) y adolescente) de su municipio, a la madre de su hija de 9 años por maltrato y
negligencia en el cuidado de la menor. Manifiesta en su denuncia estar muy preocupado por
el descuido físico que evidencia en su hija y la poca atención que la madre le brinda. "La
niña está descuidada y muy sola".

En un segundo momento, el caso es referido a PATVI para evaluación psicológica de la


niña y del padre. El caso no había sido aperturado administrativamente por parte del
CPNNA, y su apertura o formalización dependía del resultado de la "evaluación" del
equipo de analistas de PATVI. Resultado que se esperaba confirmaría si hubo o no
descuido, si estaba o no afectada la niña, si había o no maltrato por parte de la madre.
En un tercer momento, la niña se encuentra con la analista que le ha sido asignada.
Tres momentos, tres encuentros, tres desplazamientos transferenciales, que si bien son
comunes a la clínica de PATVI, demuestran su excepción en este caso.

1. Demanda de un individuo a un Otro... de la ley


Cuando un sujeto se dirige a las instancias que se ocupan de la protección al menor, lo hace
porque se siente incapaz de encontrar solución alguna al problema que le afecta. Hay un
real que no puede ser tramitado por la palabra y busca a un Otro a quien le supone un saber
sobre lo que le acontece y que puede dar respuesta a su malestar. Este encuentro con el Otro
de, la ley (LOPNA) permite, en algunos casos, apaciguar de entrada, como operador del
padre, el goce implicado en la denuncia. Sin embargo, no siempre es así. No siempre el
Otro de la ley podrá ocupar el lugar del padre desfalleciente y serán justamente estos casos
los que son referidos al PATVI, como recurso "a la mano” y "especializado", en el
tratamiento de problemas relacionados con la incidencia de lo psíquico en el ámbito del
fenómeno de la violencia, el maltrato y en general el sufrimiento humano.
P le pide al CPNNA lo ayude a solucionar un problema, un problema que él mismo no ha
sido capaz de solucionar.
"No puedo comunicarme con la madre de mi hija, todo intento de comunicación termina en
pelea, todo señalamiento de mi parte es descalificado" .
N es llevada al encuentro con un Consejero de Protección, quien la interroga sobre lo que
su padre denuncia le está aconteciendo. "¿Qué piensas tú, es verdad Io que dice tu papá,
cómo te trata tu mamá?"
El Otro de la ley no puede decidir si la denuncia interpuesta por P es "verdadera o falsa", no
sabe si N "está afectada", no se sabe en posición de tomar la denuncia como verdadera y le
pasa el testigo a Otro, suponiéndole un saber hacer con la situación. "Ustedes nos dirán cuál
es la verdad”.

2. De un Otro al Otro de la Institución Psicoanalítica


Pasar el testigo a Otro, marca, desde el punto de vista transferencial, dos posibles
posiciones: Por un lado el Otro de la ley le supone al Otro institucional (PATVI) un saber
diagnosticar "la verdad" sobre el caso y por el otro lado los sujetos referidos suponen al
Otro de la institución psicoanalítica en serie con el Otro de la ley: P supone que en PATVI
encontrará la instancia que corroborará su denuncia y por ende dará sentido a su queja. Y N
vive la experiencia con el mismo terror que sintió cuando fue interrogada por el Consejero
de Protección. "¿Y aquí me van a hacer más exámenes y más preguntas?"
La transferencia que en un inicio está puesta sobre la Institución legal y que luego se
desplaza positiva o negativamente sobre la Institución Psicoanalítica, está llamada a hacerse
colocar sobre el analista, como soporte libidinal de la misma.

3. Del Otro de la Institución psicoanalítica a-Otro... del analista


El analista de PATVI cuenta con 18 sesiones de tratamiento y en este tiempo y desde la
posición de objeto causa de deseo, desde su posición ética intenta instalar la transferencia,
privilegiar el decir sobre el dicho, establecer la relación de la demanda del sujeto con su
goce, localizar el sujeto, implicar al sujeto con su síntoma, comprometerlo con su
singularidad y producir, en el mejor de los casos una rectificación subjetiva, que en muchos
casos ya implica un efecto terapéutico.
N no sabe por qué su papá la trae a consulta. Dice no tener problemas y le pide a la analista
que le diga a su papá que no la traiga más. La analista responde explicándole que sólo le
importa lo que ella tenga que decir sobre lo que sucede y luego le pide que hable sobre el
problema que ella supone tiene papá.
Esta intervención tiene como resultado que N acepte quedarse. Seguidamente N pida
dibujar. Durante tres sesiones N dibuja y habla al mismo tiempo sobre lo que dibuja.
Dibujos que soportan la palabra. Comparte así con la analista lo que un primer momento se
expresa como la queja de papá, para luego implicarse como sujeto. Su mamá tiene una
amiga, ella pelea mucho con la amiga y también con su papá.
A medida que N dibuja y habla se devela una situación que la angustia y de la cual no
puede decir nada. Pregunta una y otra vez si la analista entiende Io que dice. La analista le
responde diciéndole que entiende que hay algo que no puede decir, a lo que responde con
dibujos que le sirven para hablar de su mamá y la amiga de esta. Su mamá la llevó a vivir a
casa de la amiga porque su abuela materna botó a la amiga de su mamá de la casa. La
mamá de la amiga, quien vive yes dueña de la nueva casa, no quiere que la niña esté allí y
por eso la amiga de la mamá la esconde en un closet y le ordena no salir cada vez que la
presencia de la niña coincide con la presencia de la mamá de la amiga. Los dibujos y lo que
N dice de ellos hacen posible que se devele una situación que N dice vivir en las noches.
Cuando está en el cuarto acostada en su cama, llegada una cierta hora, debe voltearse hacia
la pared cuando la amiga de la mamá se lo ordena. "Si te volteas hacia acá te pincho el ojo':
Con relación a estas dos situaciones N dice no saber nada. No puede decir lo que siente e
intenta recibir de la analista el significado de todo "eso". N dibuja a su mamá y al lado a su
amiga y dice: "Yo de eso no entiendo nada, nada" La analista interviene diciendo: "eso" y
N ralla con firmeza sobre las figuras dibujadas y dice a la analista: "ayúdame, vale, tu
sabes".
N deja sus dibujos en el análisis. Es su recurso para dar a leer el goce cifrado, goce del que
nada puede decir.
Al cabo de cuatro sesiones, la analista envía al CPNNA un primer informe del caso. En este
informe se sugiere que la niña y el padre inicien tratamiento en el programa. N está
angustiada y hay que dar un lugar a esa angustia, para que se haga palabra, para que se
escriba.

El Otro de la ley apertura el caso y refiere a la madre de N a la institución. Como resultado


de este movimiento legaI-administrativo, la niña deja de asistir a consulta. El padre comu-
nica a la analista que la madre, al enterarse de la denuncia interpuesta por el padre de la
niña no permite traerla, decide no acatar la medida tomada por el CPNNA y le niega todo
tipo de visitas.
Ante este obstáculo, la analista interviene contactando al Consejero responsable del caso a
quien pide intervenir desde lo legal para que la madre de N, permita que ésta siga asistiendo
a sus consultas.
Un mes transcurre hasta el día que la analista recibe la llamada del Consejero del caso,
quien le informa que N fue dada en guarda y custodia a su padre, luego de ser encontrada
en situación de abandono en casa de la madre. Se le pide a la analista retomar el caso y
asignarle uno a la madre.
Una semana después la analista recibe dos llamadas telefónicas, una de parte de la amiga de
la mamá de N y otra de la abogada de la amiga de mamá de N. La primera, una llamada de
amenaza y la segunda un intento de deshacer las consecuencias legales que la primera
llamada podía producir legalmente en el caso.
Es importante resaltar estos datos porque forman parte de la particularidad de la clínica de
PATVI y sobre todo en el manejo de la transferencia llamado a ser siempre inventado para
superar los obstáculos, no siempre producto de la cura misma.
La madre de N asiste a dos entrevistas con la analista asignada y se responde a su demanda
de hablar con la analista de su hija.
El reencuentro de N con la analista está marcado por un abrazo acompañado de la frase:
"Yo quiero estar aquí contigo, quiero venir todos los días". La analista responde "te estaba
esperando". N viene muy bien peinada, con la ropa limpia y aspecto más saludable.
Las siguientes 8 sesiones se desarrollan sin dibujos. N pide jugar con la casa de muñecas y
le dice a la analista que va a jugar a "la familia que quiere". Se devela lo que N espera de su
madre y la posición que tiene su padre en su vida. N quiere una madre que la atienda, que
esté pendiente de sus cosas: de su comida, vestido, peinado, tareas escolares, salud,
diversión. Habla de su papá, se queja de que le pone muchas reglas en casa y que no puede
hacer nada de lo que antes podía, cuando vivía con su mamá. Habla de la amiga de mamá y
pregunta si es bueno que una mujer duerma con otra mujer. Sin esperar respuesta ella
misma dice: "eso no es bueno. Una mujer debe dormir con un hombre". En sus juegos la
organización de las camas se le presenta con muchas preguntas. No sabe quién debe dormir
con quién, hasta que decide que su mamá duerme en la cama grande y ella en una chiquita
en otro cuarto. La penúltima sesión de esta segunda parte del tratamiento, N dice que al día
siguiente va a ver a su mamá. No puede hablar de eso. Sólo repite una y otra vez. "j tu qué
piensas?" y jugando dice: "La niña la llevaron aI médico y se murió, pero luego eI médico
la salvó y la mamá la buscó y se la llevó a su casa."
N no asiste a las próximas tres sesiones programadas. Su padre informa a la analista que
debe llevar a su hija a tribunales donde un equipo multidisciplinario va a evaluarla para
decidir sobre la guarda y custodia.
A su regreso, N dice que quiere dibujar. La analista le solicita que no dibuje y que intente
decir lo que quiere hablando. N se niega. Dice no poder hacerlo.
"Necesito dibujar". "No quiero hablar sin dibujar" "Lo que te quiero explicar lo dibujo y
Iuego te lo digo".
Dibuja dos casas: la de mamá y la de la amiga de mamá. Quiere vivir con su mamá. Se le
pregunta por qué. Y agrega:
"La amiga de mamá me conoce desde que yo estaba en la barriga de mi mamá" "lo que te
dije de la amiga de mi mamá no es verdad" La analista le señala: "no es verdad que pelea
con mamá y con papá, que te esconde en el closet y que te ordena voltearte y no ver': A Io
cual responde: "No, yo nunca dije eso. Te lo debe haber dicho otra niña. Tú ves a muchas
niñas. Yo no dije eso”.
"¿Eso?" Señala la analista.
"De eso no quiero saber nada':- dice N
"¡Eso!"- interviene la analista una vez más.
"No quiero hablar más".
N permanece en silencio durante unos minutos y la analista le pide salir y esperar a que la
vuelva a llamar. N comienza a llorar diciendo "No, no. Me quiero quedar". La analista no
responde a la demanda.
Media hora después vuelve a entrar al consultorio y dice:
"Mi mamá está en problemas. Yo soy la culpable. Si yo me voy a vivir con ella todo el
problema se acaba':
La analista interviene diciendo: "Ios niños no son culpables de las decisiones que toman sus
padres".
"¡No? Bueno, ayúdame". "Yo voy a contarte todo" "Ya se acabaron los dibujos y la casita
de muñecas" "Ya termine':
En un análisis, en tanto práctica discursiva, el deseo del analista será el operador de la
apuesta que se encamina a hacer obstáculo a ese goce que no entra en discurso.
Si como dice Lacan, "lo Real se escribe por la fuerza y el analista saca sus fuerzas de la
pestilencia, no se jugará aquí ni su sabiduría ni su inteligencia, sino su saber hacer con
aquello que escapa al lenguaje y al pensamiento mismo". (J. Lacan, Seminario XXI, "Los
incautos yerran", clase del 23/3/74, inédito)
El caso presentado, particular de la clínica de PATVI y único como caso clínico, pone en
evidencia los impases de una clínica de aplicación del psicoanálisis, los impases que ha
representado para la analista responsable del mismo y el manejo de la transferencia más allá
del dispositivo, más allá del consultorio.

La psicosis ordinaria
Ronald Portillo

En el escrito "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis"' Lacan
concibe el ordenamiento del mundo, la armonía entre el pensamiento y el cuerpo, entre el
significante y la significación, a partir del significante del Nombre-del-Padre, como
correlato de un Otro completo, consistente, sin falla.
Cuando el significante del Padre no ha sido inscrito, en ciertas circunstancias, eI sujeto
afectado por esta ausencia pudiera toparse con la función del Padre en lo Real, con "Un-
Padre", produciéndose en ese momento un caos subjetivo. Podemos ver aflorar entonces
una psicosis clínica con marcados trastornos del pensamiento, de la ideación, de la
afectividad, del cuerpo.
La magnitud de tales trastornos ha permitido que se catalogue a este tipo de
manifestaciones como propias de una psicosis extraordinaria. Son los casos descritos por la
psiquiatría clásica que vemos hospitalizados en las instituciones psiquiátricas.
Es sabido que eI Significante del Nombre-del-Padre genera, como todo significante, efectos
de significación. Ese efecto de significación surge como consecuencia de una operación de
substitución en la metáfora o de una relación de contigüidad en la metonimia.
En la fórmula de la metáfora paterna:

NP/DM DM/X —--> NP(Otro)/Falo

se puede apreciar como el Significante del Nombre-del-Padre aparece substituyendo al


Significante del Deseo de la Madre.
Y antes de esta substitución se nos muestra un primer algoritmo en el que aparece el
Significante Deseo de la madre representando una función desconocida, una "X". El
resultado de la operación registra el surgimiento del falo, de la significación fálica en el
lugar del Otro. La función principal del Significante del Nombre-del-Padre es la de resolver
la "X" de la significación desconocida atribuyéndole un valor fálico.
Basándose en la operación metafórica, operación de substitución, Lacan aborda el estudio
del caso del Presidente Schreber, estableciéndose lo que se ha dado en llamar la lera clínica
lacaniana. La metáfora lacaniana se presenta como la estructura clínica de la substitución.
Cuando Lacan habla de desencadenamiento en la psicosis a causa de la confrontación con
"Un-Padre", lo que sucede en la estructura subjetiva es el encuentro con un hueco, con un
vacío, en el lugar en donde se esperaba estuviese emplazado el significante del "Nombre-
del-Padre". En el lugar del significante ausente vendrá entonces a situarse un substituto del
Padre forcluido; es lo que conocemos con el nombre de "suplencia”.
En el caso de que sea un delirio lo que viene a desempeñar la función de suplencia se habla
de metáfora delirante. El delirio en tanto construcción de saber viene a ejercer la función
supletoria del Nombre-del-Padre.
En la psicosis se presentan fenómenos de diversa índole que podemos ubicar del lado del
Padre forcluido o del lado de la significación fálica ausente producida por efecto forclusivo,
es decir del lado de Po o de SFo (Phi o).
Existen fenómenos clínicos relativos a Po, son los trastornos del lenguaje, en los que Lacan
incluye las alucinaciones. Entre los trastornos del lenguaje se encuentran diversas formas
del Automatismo Mental propuestas por Gaetan De Clerambault: los fenómenos
elementales, Ios trastornos de palabra, los trastornos de enunciación, las alucinaciones
motrices-verbales, los pensamientos impuestos, el eco del pensamiento, la significación
personal o fenómeno de autoreferencia, etc. Se trata de fenómenos clínicos representados,
la mayoría de las veces por un significante único, aislado, sin articulación con otro signifi-
cante que pueda venir a darle sentido a lo que le ocurre al sujeto.
Del lado de la Significación fálica ausente, se sitúan las ideas delirantes cargadas del
sentido que les proporciona la conexión con el significante del saber, el S2 de la cadena
significante. Se sitúan en esta vertiente, las ideas delirantes relativas a la sexualidad y al
cuerpo, igualmente los pasajes psicóticos al acto. Se trata aquí de elementos de suplencia de
la significación fálica fallida cargados de una carga semántica de orden psicótico.
En la psicosis clínica se pueden apreciar exclusivamente elementos propios del Po,
marcados por un S1, elementos delirantes substitutos de la SFo marcados por el
otorgamiento semántica aportados por un S2. También se puede observar una mezcla de las
dos series de elementos en donde los trastornos del lenguaje pueden pasar a adquirir
connotaciones de la semántica del delirio.
El conjunto de fenómenos de la clínica de la substitución metafórica, ya sea esta realizada a
nivel del significante del Padre forcluido o a nivel de la significación fálica faltante, confie-
ren el marco de presentación de la psicosis schrebereana, de la psicosis extraordinaria o
psicosis clásica.
Sin embargo el registro de la metáfora no es el único que participa en la clínica de la
psicosis vista desde la perspectiva de Lacan. También se hace presente Io que Jacques-
Alain Miller llama la clínica de la conexión'. En el concepto mismo de forclusión esta
incluida la metonimia psicótica.
La falla forclusiva del Nombre-del-Padre puede apreciarse en no pocas ocasiones en efectos
marcados por una cierta variedad de indicios clínicos, a veces dudosos, precarios, mínimos.
Indicios que no son otra cosa que expresiones del efecto forclusivo que se ubican, no en un
registro de substitución, sino de conexión, de desplazamiento metonímico.
Los efectos de la metonimia psicótica surgen como signos o detalles, algunas veces
mínimos, discretos, que nos remiten a la necesaria inferencia de la existencia de un proceso
forclusivo.

Son detalles que puedan causarnos sorpresa, particulares estilos de vida, modalidades
enigmáticas de funcionamiento subjetivo, acontecimientos del cuerpo signilicantizados de
forma singular, certezas refractarias, particularidades bizarras, invenciones o creaciones que
causan extrañeza. El analista de orientación lacaniana situado frente a una clínica con estas
características es remitido a lo que Jacques-Alain Miller bautizó hace aproximadamente
diez años como "Psicosis ordinaria".
Se trata de sujetos que presentan psicosis mucho más modestas, menos exuberantes que las
que habitualmente vemos en las instituciones psiquiatricas, las psicosis que conocemos en
nuestro ámbito como "extraordinarias".
En la psicosis ordinaria no se aprecian los signos tradicionales de la psicosis. Nos
encontramos con psicosis estabilizadas o compensadas en las que muchas veces no se ha
podido constatar el desencadenamiento. Pudo haber ocurrido y, sin embargo, ha podido
pasar desapercibido, presentándose en todo momento el sujeto como alguien
completamente "normal".
Desde la perspectiva de la segunda Clínica de Lacan, tanto la normalidad, si es que esta
condición es posible para un sujeto, como la psicosis franca o extraordinaria no serían más
que variaciones, modos del sujeto de tramitar la relación con lo Real.
Estas variaciones quedan recogidas en el más o el menos con que se realiza la inscripción
del goce en el orden simbólico.
Entre la supuesta "normalidad" y las psicosis extraordinarias se presentan al psicoanalista
una serie de fenómenos que deben llamar la atención pues en una primera instancia no son
susceptibles de ser asignados a estructura alguna.
La clínica contemporánea nos conduce indefectiblemente a un alejamiento del abordaje de
la psicosis a partir del comportamiento extravagante o de la incoherencia verbal manifiesta
de un sujeto. Frente a este tipo de abordaje de la clínica de la psicosis la última enseñanza
de Lacan nos lleva a la consideración de posibles y diversas formas de presentación de la
psicosis ordinaria, en el sentido de que se inserta en lo ordinario de la vida contemporánea,
nada de extraordinario.
Desde la construcción por parte de Lacan de su teoría de los discursos en el seminario
XVII, "El envés del psicoanálisis", el concepto de "Forclusión del Nombre-del-Padre"
pasará a ser reemplazado por el de "Fuera de discurso" para señalar la condición de la
estructura clínica de la psicosis: dentro del lenguaje pero fuera del discurso.
El establecimiento de los cuatro discursos ubica las diversas formas de utilización que
puede dársele al sentido de las palabras, a lo que ellas quieren decir. Constituyen los
discursos, diversas formas del saber-hacer con el sentido, con la significación.
Lo que desde hace algún tiempo interesa de la psicosis ordinaria a la investigación
psicoanalítica es el giro pragmático realizado al lenguaje, plantea Eric Laurent. Se trata de
desentrañar de qué manera el sujeto de la psicosis ordinaria puede articular las palabras y el
sentido de lo que ellas quieren decir, de qué manera incide el lenguaje sobre el cuerpo y sus
órganos y cuáles son sus efectos, de qué manera puede tramitar el evento traumático, ei
goce, lo Real.

¡Cómo vivir con eso?


Erika Guedez
M es una paciente femenina de aproximadamente 37 años empleada de la universidad,
quien consulta a través del programa PAU, el cual dispone de atención psicoanalítica a
trabajadores o empleados de una Universidad cercana a la localidad.
El primer contacto de M con el analista es por vía telefónica. Se podría decir que de
entrada, este momento, estaba marcado por un gran monto de angustia. Pregunta por los
honorarios, confidencialidad, acerca de si era una inspección de su trabajo, así como
plantea interés por hablar de otros temas no relacionados a su desempeño. Una vez
aclarados estos puntos decide venir a la cita expresando "es necesario... Me siento muy mal,
estoy muy angustiada”.

Primer encuentro:
M llega con un gran monto de angustia, no sabe dónde colocar sus pertenencias, se le caen
al piso. Comienza a hablar. Le indico un lugar donde poner sus pertenencias. Ella continúa
hablando sin hacer ninguna pausa, permutando el tema.
Inicialmente se abrían dos caminos posibles, por el lado de la histeria: se ubica una sujeto
que llega al dispositivo analítico planteando múltiples quejas, entre estas: la relación de
pareja, el hijo, el destete y su trabajo, etcétera; es decir, ¿algo de su fantasma se habla
movilizado? Otra vía posible: se trataba de una paciente que de manera particular guardaba
una relación con el lenguaje. Este discurso como dije antes poco pausado, rápido, saltando
de un tema a otro, incluso llegaba a exponer sus ideas casi de manera dispersa ¿Se trataba
entonces de un automatismo mental? ¿Una falla en el curso del lenguaje?
Ante esta situación decido mantenerme en silencio y escucharla a pesar de no comprender
su demanda.

Comenta:
"Encontré uno de sus trípticos en mi consulta médica al voltearlo marque todos los
problemas que aparecían allí: dificultades sexuales, estrés, miedos, insomnio, problemas de
pareja... Marque varios de estos y luego decidí llamar... Cumplo con varios de esos
problemas, tengo dificultades con J, me dan muchos miedos, tengo miedo a los cambios.
Mi hijo de 2 años se está autoagrediendo debe ser porque ve muchas peleas entre J y yo.
¿Qué hago, te lo traigo? ¿Le digo a J que venga?"
Le sugiero que primero veamos qué le pasa a ella y luego se tomaría en cuenta la situación
de su hijo o de J.
Al principio me preguntaba si se trataba de una neurosis. De la historia de una mujer
descolocada del lugar en el Otro, pensaba si tenía que ver con su relación con su pareja. Sin
embargo, otros aspectos que mencionare a continuación me hacían dudar acerca de su
estructura.
La paciente comienza a relatar varios episodios relacionados a su cuerpo, específicamente
con cambios que ha notado en su cara. Luego de varias sesiones dirá acerca de estos
acontecimientos lo siguiente:
Primer episodio
"Estaba con mi odontólogo, acudí para repararme unas caries como cualquier persona, sólo
era eso—punto que enfatiza en varias oportunidades— de repente le llegó una emergencia
de un paciente y me pide que la espere en la sala, coloca una música suave. En ese
momento yo me voy relajando, no sé si por el estrés, tanto cansancio, sentía que estaba en
un trance, no sentía mi cuerpo, no controlaba mi cuerpo. Me despierto cuando la Doctora
me zarandea fuertemente y me dice "¡Al ya estas listas, te arregle todo! Te hice una
restauración en los dientes... ¡Quedaron muy bien!...' Me vela en el espejo y sabía que no
eran mis dientes. Me habla hecho una restauración que yo no pedí. Me hizo un arregla
estético que yo no fui a hacerme. Mi sonrisa parecía una sonrisa `pepsodent'*, no era la
mía. Le reclamo, ella me dice que no le pague, que lo deje así, pero no se trataba de pagar,
me cambio los dientes y yo no pedí eso. Me molesté mucho y me fui':
Refiere que durante ese fin de semana casi no podía dormir, se observaba en el espejo vela
que no tenía las divisiones entre los dientes, no podía pasar un hilo entre los dientes, llora-
ba, se acostaba en su cama. Consultó varios especialistas, sin encontrar solución, comentó:
"Le dije a J que debía denunciar, a los bomberos, a la policía no sé. Me veía en el espejo,
mi sonrisa era completamente lisa, ya no era la mía. Mis dientes no eran perfectos pero a mi
me gustaban no tengo porque tenerlos como una miss"*.

Segundo episodio:
Este segundo episodio con su rostro ocurre a partir de febrero de este año y se mantiene
actualmente:
"Un día me vi en el espejo y tenía unas ojeras enormes, pensé que podía colocarme un
contorno de ojos y ya. Me coloco esta crema alrededor de los parpados y en la mañana vea
una mancha, trate de quitarla restregando con el dedo y se me hundieron los ojos. Me
seguía tocando pero nada, cada día era peor, tengo los ojos más hundidos: ¡míralos! Siento
que no puedo vivir con estoy me pregunto por qué me afecta tanto si hay cosas peores”.
Desde ese día M dice que su vida le cambió. De manera casi compulsiva se levanta a ver su
rostro, mientras esta en el trabajo o en su casa. Ha consultado diferentes especialistas of-
talmólogos, dermatólogos entre otros.
Cuando se le pregunta cómo ocurrió esta situación sólo responde que se colocó una crema,
le aparecieron unas manchas, se trató de quitar las mismas con el dedo y se le hundieron los
ojos. Completamente segura dice que su ojo izquierdo se le hundió, siente que se le hunde
cada día, que la piel se le tensa, describe que lo tiene más pequeño. Todo gira en torno a
este punto, haciéndome testigo, su discurso va acompañado de mucha angustia, por
momentos llora, me enseña su rostro para que lo vea, me pregunta si yo lo noto.
Comenta al respecto:
"Siento que me aislo, no dejo de pensar en eso. Mientras estoy trabajando pienso que la
gente se esta dando cuenta”.
Señala que no le preocupa por ejemplo otras cosas de su cuerpo como haber engordado a
diferencia de su cara, dirá "A mi no me importa si estoy gorda, mis compañeros me lo han
dicho, mi jefe lo ha notado. Yo me acepto así, me gusta estar así, me compraré una talla
más de la mía y ya... Pero el rostro, mi cara cambió ¿Cómo puedo vivir con eso? Además,
yo sé que algo cambio”.
¿Cómo vivir con eso? ¿Cómo vivir con los ojos hundidos? Son las preguntas que se hace
hasta la actualidad y a las cuales se responde:
"Tendré que aprender a vivir con eso así como alguien vive sin una pierna, sin un brazo.
Hay problemas mucho más grave la guerra en Irak, los niños que pasan hambre en el
mundo. A mi no me falta nada pero no sé porque me preocupa tanto, siento que se están
empezando a dar cuenta los demás. He averiguado todo pero no hay solución. Se que hay
cirugías pero no me gustan, no son naturales".
Decisión que apoyo firmemente —Si, no son naturales—Ninguna cirugía estética para este
sujeto.
M continúa asistiendo de forma regular. En ocasiones deja de hablar de su rostro para
comentar otros temas como el maltrato verbal que recibe del esposo, la angustia por
destetar a su hijo, la desconfianza hacia el esposo cuando éste se lleva al niño sin avisarle.
Dice:
"Ya no sé si hay amor entre J y yo, estoy cansada. No sé por que no se va... El otro día
compro un ventilador, tuvimos problemas por eso. Le dije que el niño podía meter el dedo y
hacerse daño, de hecho lo intento hacer y se asustó. Comenzamos a discutir y le dije que yo
no le estaba queriendo decir que compró el ventilador para hacerle daño al niño". En otra
oportunidad comentará acerca de su hijo "Un día me pasó que llevé a mi hijo al médico, en
la sala de espera estaba un amigo y se acerca a saludarme. Me dijo que estaba saliendo de
una meningitis, pensé que se la podía contagiar al niño, le pregunte todo al doctor: El me
dijo que no me preocupara, pero esa noche le dio fiebre y sabía que era la meningitis, que
se la había contagiado”.
Recientemente M ha hablado acerca de un posible ascenso en su trabajo, situación que le
genera mucha angustia debido a la pérdida de beneficios que esto conlleva.

Discusión
Traigo este caso, ya que me pregunto cuál será su diagnóstico: ¿Psicosis o Neurosis? Difícil
de evidenciar a partir de los fenómenos elementales de psicosis, ya que en esta paciente no
son tan claros. Se puede pensar acerca de una psicosis ordinaria, donde se observa la clínica
de una paciente de desengancharse del Otro, se trata de una discontinuidad en su discurso:
S1- S2. Se presentan además elementos como la falla en la significación. Ante una pregunta
pareciera no haber respuesta argumentativa. También, reflexiono acerca de las últimas
sesiones y me pregunto si está tratando de armar una idea delirante de daño que pudiese
estar relacionada con su hijo.
Dejo abierta la discusión alrededor de estas interrogantes. Tomando en cuenta en el caso de
ser una Psicosis Ordinaria:
1. Los fenómenos del cuerpo, ubicados en la dismorfofobia —punto localizado de goce—.
2. La relación particular e íntima del sujeto con el lenguaje. A propósito de este aspecto se
comenta en el texto de Jacques Alain Miller: "Se trataría, pues, de extender el concepto de
trastornos del lenguaje más allá del franco neologismo".

En otro momento comentará en este mismo texto acerca de la relación del sujeto con el
lenguaje lo siguiente:
"El uso clásico de la expresión <significación personal> es el siguiente: algo tiene lugar en
el mundo (un auto rojo pasa en la calle, es el ejemplo de Lacan), piensa que apunta a usted
personalmente, que le está dirigido...".
Planteamiento que da cabida a los fenómenos del cuerpo y Ios trastornos del lenguaje,
relacionándolos con el "sentido gozado" señalado por Lacan.

Un caso de psicosis ordinaria


Raquel Cors Ulloa
Se trata de un hombre de 39 años de edad que me es asignado en el Centro de Atención
Psicoanalítica CAPSl.
G. pasó por varios psiquiatras y desde muy joven asiste a Alcohólicos Anónimos, donde
ocupa un lugar por los años que participa de las reuniones.
Durante la primera entrevista espontáneamente confiesa haber sido violado a sus 5 años,
generando hoy una duda homosexual. Dice que anhela el suicidio desde sus 14 años. Y que
ante una recurrente "depresión psíquica que se apoderó de él" su amiga (que es mi paciente)
le aconsejó que busque ayuda.
A partir de sus 17 años, dice "Padecer... sensaciones quinestésicas en el ano... se trata de un
placer orgásmico, como un punto atrás que ardiera o quemara, que se inicia por la mañana y
dura hasta el final de la tarde, de allí afloran fantasías homosexuales" (felatios). Desea
aplacar las sensaciones, pues ellas incrementan su depresión.

Culminó estudios técnicos, es locuaz y se muestra intelectual. Soltero, vive con su madre.
Es el mayor de tres hermanos, todos de diferente padre. Hace dos años está sin trabajo. Ac-
tualmente se siente frustrado, rechazado y en menos, respecto los demás. No quiere
decepcionar a nadie, pues nunca alcanza la meta —dice— "es muy alta". Anhela ser un
gran empresario, ganar mucho dinero y tener un carro último modelo. Su ideal de mujer es
el siguiente, "debe ser bella, inteligente, con quien pueda conversar de arte, política,
literatura y que además tenga valores". Intervengo: "parece que usted va de un extremo al
otro" finalizando la sesión. Esta intervención —que no es interpretación- genera en él un
apaciguamiento, pues se va muy complacido diciéndome "¡eso es!" Y retorna puntualmente
la siguiente semana intentando articular la entrevista precedente. Así sucesivamente
proceden las citas hasta la fecha (un año).
G lleva 40 años viviendo tras grandes expectativas, con metas tan altas como sus
decepciones y fracasos. Todo lo que se propone ya sea en el ámbito laboral o afectivo
bifurca en su cuerpo, incrementando las sensaciones quinestésicas, de las él dice "padezco".
Si bien durante un momento de su vida —cuando practicaba natación— recuerda que se
puso atractivo y que las mujeres lo buscaban. A pesar de ese instrumento no pudo acceder a
ninguna.
Cuando tenía 14 años, se enamoró intensamente de una muchacha: bella, atractiva,
inteligente, popular y de familia respetable. Cuando "tomó el valor" de pedirle el empate
(noviazgo) ella lo rechazó, corriéndose la voz por todo el barrio "Zulay rechazó a G". La
marca de ese rechazó trasciende los años de su vida, sin la posibilidad de dialectizar. Rígida
matriz de posibles relaciones siempre interrumpidas por lo que él llama "tropiezo".

"Hay algo en mí que no se da, yo tropiezo. Hago algo, pero no se da". Al señalar el
significante tropiezo, G asocia con "precipitación". Dice precipitarse siempre y arruinar las
cosas, algunas veces hasta sueña demasiado alto y luego cae. Al respecto dice:
“Es como que te jalan la alfombra y quedas en el suelo”. "A veces me siento como
sepultado, los años transcurren y yo me siento descalificado, no tengo éxito".

Fusilamiento
Dos años atrás G trabajaba en una empresa de celulares; de repente un día renunció porque
le "fusilaron las ideas". Este detalle llama la atención y se acentúa cuando me habla de su
proyecto, que consistía en hacer que los celulares tuviesen traducción simultánea.
Un día de repente G decide ir a la gerencia de la empresa y reclamar "el fusilamiento de sus
ideas". Efectivamente nadie le da importancia a su reclamo. Él se molesta y renuncia. Este
precipitarse, toma estatuto de pasaje al acto. Y se hace oportuno en la dirección de la cura
estar alerta a futuras "precipitaciones".

Sexualidad
Respecto su sexualidad dice "Mi sexualidad es burda". Y la elabora a partir de tres
elementos:
1) El abuso sexual. Lo hizo a cambio de un juguete. A este recuerdo llama "vejación".
2) Fantasea con prácticas homosexuales (felatios). Pero no coinciden con las sensaciones
quinestésicas que responden a la zona anal. Se trata de un sujeto con una relación de
irrealidad, no de fantasía propiamente dicha, porque la fantasía se da a partir de lo que se
tiene y este no es el caso.
3) Nunca jamás tuvo novia. Esporádicamente tiene relaciones sexuales acudiendo a
prostíbulos de baja categoría. Eso le angustia, pues no es lo que quisiera.

Metáfora paterna
El padre de G está prácticamente nulo, no sabe su nombre, menos su apellido (lleva el
apellido del padrastro). Su madre a quien describe como "joven, bella e inocente" pareciera
que tampoco logró transmitirle algo al hijo. G dice haber sido niñero de su madre y
compañero de todas sus vicisitudes. Ella más de una vez, fue víctima de falsas promesas
amorosas con ofertas de elevar su posición económica, promesas nunca cumplidas, así
quedaron sumidos en la extrema pobreza.
Pero un día ella logra su objetivo. Se casa con un hombre que sí los lleva a una vida más
acomodada. A pesar de ello G dice "fue un desastre". Pues allí comenzaron sus tormentos.
Viviendo con un padrastro alcohólico que permanentemente lo humillaba, atemorizaba y
maltrataba física como verbalmente a él y toda su familia. Insultos, amenazas de muerte y
fuertes palizas es lo que finalmente recibe.
Entonces si la Metáfora Paterna supone la sustitución del significante DM por el NP de
donde surgirán las futuras significaciones (si el Nombre-del-Padre está forcluido hablamos
de psicosis). Este caso no se limita a la metáfora paterna. La casuística de hoy en día, nos
trae sujetos -uno por uno- que sin el sostén del NP encuentran su particular modo de
anudamiento. Es por ello que podemos hablar de punto de basta, en tanto viene a ser la
referencia para hablar de psicosis ordinaria y no solamente servirnos del Nombre-del-padre.

Dirección de la cura I Momento:


En un primer momento, la analista incauta, supone una estructura neurótica. Omitiendo lo
que Lacan nos previene y es que en cada caso, podríamos estar frente a una estructura
psicótica.
G dice, "Descubrí que hace mucho he vivido bajo la tutela de alguien, nombra a una mujer
(la amiga que lo remitió a CAPSI), a su madre, y AA. Pues de repente ve que siempre se
apoyó en terceros que le permitieron sentirse humillado por eso no tenía independencia ni
criterio". Este instante de ver sirve para evaluar una historia de 40 años marcada por el
rechazo, su precipitación y el desenlace de humillación y frustración. Pero esta vez se
plantea ir más allá de terceros, más allá de Zulay, más allá de AA y más acá de él, pisando
la alfombra, no dejándose caer.
En una sesión, muy de pasada comenta "tengo madera para escribir" sobre todo una
historia. Le pido me relate: "Un niño que por la decadencia económica de sus padres se
queda con la abuela... El niño se enamora de una niña y cae enfermo. Pasan 20 años y a
través de un juego de palabras sabe que encuentra a la muchacha”. Será así cómo las
palabras comienzan a tener otro estatuto en este sujeto y su encuentro con un analista.

II Momento:
En un segundo momento, el diagnostico gira hacia una psicosis. Y lo hace a partir de una
interrogante ¿Por qué no estar frente a una neurosis?
G consigue un trabajo, su aspecto físico denota una mejoría, deja de ir a AA y comenta que
las sensaciones quinestésicas se disipan. Además manifiesta que le gustaría tener una novia,
ya no con altas expectativas. Sino alguien con quien conversar. Tanta armonía me alerta.
Si bien hasta aquí la dirección de la cura apuntó a tratar el caso como un "supuesta"
neurosis obsesiva. Hay ciertas sutilezas que confirman las gratas sorpresas de la que somos
presos. Decido acudir a control, superviso el caso y efectivamente me encuentro con una
psicosis ordinaria. Así la bautizó Miller durante una Convención en Cannes, el año 1998'.
La psicosis ordinaria es una clínica del detalle, donde lo cualitativo (no cuantitativo como
el DSM IV) da lugar a una invención singular y su incidencia en nuestra práctica.
Se trata de una clínica de los nudos correspondiente a la última enseñanza de Lacan que si
bien está anudada, en ese anudamiento algo flojo, hay gradaciones, hay un embrollo ima-
ginario, simbólico y real. Para no abordar conceptualmente, simplifico con Laurent:
Imaginario: Es el cuerpo
Simbólico: Las palabras
Real: Los efectos de goce en el cuerpo.

Este caso, me permite cuestionar lo habituados que estamos a la clínica diferencial entre
Neurosis y Psicosis. Pues, de pronto, nos encontramos con fenómenos aislados, bizarros, y
hasta entrecruzados. Pero que de alguna manera se anudan.
Me parece que la clínica a la que asistimos hoy, no solo apunta a síntomas contemporáneos
sino a Psicosis Contemporáneas, acorde la declinación del Nombre-del-Padre en la época
del Otro que no existe.
Este es un caso de nudo más o menos anudado, es decir un nudo flojo (aflojado). No
desanudado como Schreber, ni anudado como Joyce.
Hoy en día conocemos y también recibimos en nuestra práctica sujetos que sin el
significante del Nombre-del-padre se las arreglan con un modo de anudamiento que les
permite circular por el mundo, ellos socializan, trabajan, tienen familia, incluso algunos son
famosos.
El caso que hoy nos ocupa. Llegó con un sufrimiento, él lo dice "Padezco". Este
significante inmediatamente suena a neurosis. Recordemos que G tiene una relación con el
Otro, tiene S1 - S2, tiene identificaciones, transferencia, incluso duda si es homosexual. Sin
embargo no se trata de cualquier sufrimiento; sino de una incisiva insistencia en dar con la
causa de sus "Sensaciones quinestésicas" que además tienen que ver con su cuerpo. Un
cuerpo que se precipita cuando irrumpe lo Real. Ahí la función del analista en tanto testigo
de una invención, que no es creación.
Lo bizarro se detalla en tres elementos que hacen la diferencia:
1) Las sensaciones quinestésicas
2) El fusilamiento de ideas, y
3) El plano afectivo, que sin ser una melancolía, cada cuatro meses, G se deprime.

Transferencia
Cuando la analista le invita pasar a consulta privada y subir el costo de honorarios acorde a
su reciente trabajo, él accede con agrado, y propone incluso incrementar aún más del costo
establecido (cuatro veces más).
Durante una sesión me comunica que volvió a renunciar al trabajo, minimizando lo que
hacía. Seguidamente comienza a endeudarse y retornan las sensaciones quinestésicas
acompañadas de frustración. Ante ello le manifiesto mi intención de acomodarme a la
extrema situación económica que atraviesa, pero G se niega rotundamente y me pide
firmemente que "Eso, por favor eso, lo dejemos ¡así!"
Dice: "Dra. Yo tengo una deuda eterna con usted... Usted le dio en el clavo"... "Mi
sexualidad ha sido un cuarto oscuro, antes de conocerla yo era un cuarto oscuro, hoy hay
rendijas de luz" Esto me alerta aún más, pues mi función, en tanto analista es hacerme
destinataria del paciente. Como dice E. Laurent:
"Se ha dicho y repetido que cuando uno se hace cargo de un psicótico, lo hace por el resto
de su vida''.
Entonces se trata de elegir soportar hacerse cargo de la historia de G en tanto destinataria de
sus recursos, en cada encuentro con lo Real es decir lo inédito de su singularidad. Teniendo
muy en cuenta que nunca se tendrá la garantía de asir completamente. Pues se trata de lo
inanalizable de un modo de hacer con su singular definición, en el cuerpo. Y como en una
presentación de casos no se puede decir todo, habrá que esperar no solo la sorpresa, sino el
enigma de este caso y las vicisitudes de un resto.
Para concluir retomo el ejemplo que a modo de fábula, recientemente nos dio Pierre
Naveau en una presentación de enfermos en Caracas'. El hacía un parangón entre al roble y
la caña, que tras una tormenta el débil se queda y el fuerte se quiebra. Esta fábula me lleva
al texto "Psicosis ordinaria" donde Miller dice:
"Cuando la estructura tiene más bien el aspecto débil y el sujeto elaboró un síntoma que se
desliza, a la deriva, el caso no se presta a un franco desencadenamiento...las psicosis
ordinarias son principalmente psicosis de tipo débil".
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