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DISCURSO de toma de posesión del Obispo de Piura, José Antonio

Eguren en agosto del 2006

(Con) alegría y gratitud a Dios por estar en esta tierra de raíces


profundamente cristianas y católicas. Podemos decir con humilde
satisfacción que la evangelización comenzó en nuestra Arquidiócesis.
En efecto, fue en Tumbes, en el distrito que hoy lleva su nombre,
donde la Cruz, el símbolo de nuestra reconciliación, fue plantada en
1532 por vez primera en nuestra Patria. Asimismo, fue en el valle de
Tangarará, a orillas del río Chira, donde Francisco Pizarro fundó el 15
de julio de 1532, la primera ciudad española de Sudamérica, a la que
puso bajo el patrocinio y protección de San Miguel Arcángel.

La Nueva Evangelización de la que hablamos, supone anunciar con


valor y convicción al Señor Jesús como único Salvador y
Reconciliador del mundo (…) Hoy hay que decirlo con claridad:
Jesucristo es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de
la vida y a los interrogantes fundamentales que inquietan a tantos
hombres y mujeres de nuestro tiempo. Él, es el camino a seguir para
llegar a la plena realización personal, que culmina en el encuentro
definitivo y eterno con Dios: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre sino por mí.

(La Nueva Evangelización es) una intensa vivencia de la santidad,


exigencia de nuestro bautismo y por tanto vocación de todo cristiano
sin excepción. La Nueva Evangelización de la que hablamos supone
proclamar la verdad sobre la persona humana, de todo ser humano.
El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, posee una
especialísima dignidad, cuya plena dimensión le ha sido manifestada
en el Señor Jesús (…) De ahí la importancia de comprometernos
fraterna y solidariamente con toda persona humana. Que nadie se
sienta excluido de nuestro amor, pero que sean los más pobres y
necesitados, es decir aquellos cuya dignidad y derechos se
encuentran amenazados, por quienes trabajemos con predilección.
Desde mi temprana juventud aprendí en mi comunidad a amar
profundamente a la Iglesia, a sentir hondamente con Ella y a
esforzarme según el máximo de mi capacidad y de mis posibilidades
por hacerla amar. Gracias hermanos sodálites por su consejo,
amistad y apoyo que han contribuido al despliegue de mi vida en el
apostolado cumpliendo el Plan de Dios dándole así gloria y alabanza
(…) Gracias, especialmente a ti Luis Fernando, mi padre fundador,
que con tu testimonio, tus enseñanzas y cercanía de amigo me has
ayudado siempre a abrirme con confianza al Designio Divino en mi
vida.

Remis velisque’: ‘Con los remos y con las velas’, reza mi lema
episcopal. Que cooperando generosamente con nuestro esfuerzo
humano a la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas, todos los
que formamos esta querida Arquidiócesis, rememos mar adentro
bajo la guía de Santa María, estrella de la Nueva Evangelización, para
llevar a todos el Evangelio de la vida, que es el Señor Jesús, el mismo
ayer, hoy y siempre”.