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CURSO : Marco Jurídico

DOCENTE : Dr. Alberto Martorell Carreño


ALUMNO : Collazos Zevallos, Pierre
Quiroz Villanueva, Brenda
Rocca Galarza, Jocelyn

Trabajo: Proyecto Río Verde y la búsqueda del


Derecho a la Ciudad

LIMA, JULIO DE 2018


Proyecto Río Verde y la búsqueda del Derecho a la Ciudad

El proyecto Río Verde es un proyecto que intenta revalorizar las riberas del río Rímac, a
través de una serie de proyectos urbanos en los espacios subutilizados de transición entre
el área urbana y el río Rímac. Se propone a mediados de los años 80s incluyéndose en el
Plan de Desarrollo Metropolitano de Lima y Callao 1990 – 2010, llegando a ser considerado
como proyecto de eje en la ciudad.

El proyecto consistía principalmente en reencauzar el río para aprovechar el área libre e


implementar un parque de 25 hectáreas además de una serie de infraestructuras para el
disfrute de los ciudadanos como paseos, piscinas, plazas multiusos, museos,
polideportivos, etc. Esto permitiría aumentar la relación de áreas verdes por habitante,
dando mayor beneficio a los distritos que presentan un nivel muy bajo en este índice como
es el caso de San Juan de Lurigancho, distrito más poblado de la ciudad y con la menor
oferta de espacios públicos.

El río presenta diversos rasgos que generan riesgos a las comunidades asentadas en las
riberas como el de socavación a lo largo del canal natural e inundación de las riberas, a
pesar que la inundación es un evento natural recurrente en cualquier río y como parte
del comportamiento cíclico de una cuenca, la presencia de lluvias incrementa también el
riesgo para las poblaciones. Previendo estos factores e identificando a las poblaciones con
gran amenaza de estos eventos, el proyecto incluía también un programa de vivienda para
la comunidad shipiba de Cantagallo, comunidad asentada sobre un relleno sanitario en los
bordes del río, brindándoles la oportunidad de mejorar su calidad de vida e insertarlos a la
ciudad en armonía con su cultura. Asimismo, el proyecto ofrecía una barrera natural entre
las fluctuaciones naturales del río y la ciudad, disminuyendo el riesgo de muchas viviendas
asentadas en las riberas.

Cabe resaltar también que, en una escala metropolitana, el Rímac tiene una visión negativa
por parte de los ciudadanos. Se percibe como un lugar inseguro tanto en su forma física
como social; la delincuencia, drogadicción, vandalismo, contaminación por desechos
sólidos, los terrenos baldíos y/o industriales dejan una percepción negativa sobre el río y
de cualquier zona aledaña a él. Con este proyecto, esta percepción sería reinvertida. La
revalorización a las áreas circundantes al río aportaría una mejora en la calidad de vida de
ciudadanos de Lima Centro y otorgaría, a través de un anfiteatro, el primer centro para
eventos multitudinario de la ciudad.

De esta manera, el proyecto atendía muchas áreas problemáticas, esperando reconectar


este gran eje natural con la ciudad, reestructurándolo e integrándolo a los diferentes
sistemas del territorio y convirtiéndolo en escenario central de la ciudad. Sin embargo, como
en muchos proyectos urbanos, a pesar de estos buenos pronósticos dejó de lado la esencia
de su ser; es decir, dejó de lado la concepción del río Rímac como elemento esencial de
la ciudad. Siendo que es el principal abastecedor de agua, su problemática no se genera
únicamente en el tramo en que se introduce a la ciudad, sino que soporta ciertas
problemáticas desde sus cotas más altas. Y son aquellas problemáticas que más afectan a
todos los ciudadanos, la contaminación del agua por actividades industriales que eliminan
sus residuos directamente en los afluentes del río Rímac1, han llevado a superar los límites
permisibles por varios años. Además de la actividad industrial, la cuenca que conforma este
río soporta gran actividad minera volviéndose más intensa en las partes altas así como en
las cuencas de sus tributarios, encontrándose 5 mineras en la cuenca alta.

Considerando estas problemáticas que superan por mucho las funciones propias de la
municipalidad, el proyecto requería ser parte de una actuación intersectorial de mayor nivel
de gobierno,

El derecho al medio ambiente sano

Con motivo del cambio climático, provocado por la concentración de gases de efecto
invernadero, la búsqueda de un medio ambiente sano es una preocupación que ha ido
ganando importancia en los últimos años. No obstante, no es un asunto nuevo. Los
movimientos ecologistas, que datan desde la primera mitad del siglo XX y que estuvieron
interesados en proteger la naturaleza, impulsaron la incorporación en la agenda pública la
protección del medio ambiente convirtiéndolo en uno de los principales temas de debate en

1
El Comercio, “Nadie ha sido sancionado por contaminar el Rímac”, 27 de noviembre del 2011.
los diferentes foros académicos y cumbres internacionales desde hace casi 50 años. Fue
en la declaración de Estocolmo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio
Humano en 1972 donde se desarrollaron las bases para que 15 años después, en el Informe
Brundtland, también conocido como ‘Nuestro futuro común’, se estableciera el Desarrollo
Sustentable como uno de los principales conceptos cuya búsqueda se ha convertido en una
constante preocupación hasta nuestros días.

“El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de


condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad tal que le permita llevar una
vida digna y gozar de bienestar, y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar
el medio para las generaciones presentes y futuras”.2

Esta premisa constituye el eje de discusión sobre el quehacer frente al medio ambiente.
Estas preocupaciones han llevado al surgimiento del Derecho Internacional Ambiental
(DIA), una rama autónoma del Derecho Internacional Público (DIP) muy discutida pero poco
estudiada en profundidad (Uribe, 2010). Esta respuesta jurídica ha suscitado la búsqueda
de una definición al concepto medio ambiente mediante los diferentes organismos
internacionales especializados en el tema que, sin embargo, no ha dado definiciones
concluyentes. Incluso la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de
1992, que es uno de los acuerdos más importantes, no tiene una clara definición sobre
Medio Ambiente. Sin embargo, el Derecho Internacional Ambiental ha sido clave para el
reconocimiento normativo del derecho humano a vivir en un medio ambiente sano (Neira,
2016). En ese sentido, el Programa de Acción de la Comisión Europea es la única
institución que define al medio ambiente de manera expresa (Uribe, 2010) como:

“La combinación de elementos cuya interrelaciones complejas concretan el


establecimiento, el contorno y las condiciones de vida del individuo y de la sociedad
como ellos son y como ellos son considerados”.

Por otro lado, en la constitución peruana de 1979 también existieron referencias al medio
ambiente sano, tal como lo muestra el artículo 123:

2
Principio 1 de la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano en 1972
“Todos tienen el derecho de habitar en ambiente saludable, ecológicamente
equilibrado y adecuado para el desarrollo de la vida y la preservación del paisaje y la
naturaleza. Todos tienen el deber de conservar dicho ambiente. Es obligación del
Estado prevenir y controlar la contaminación ambiental.”

En la constitución de 1993 el uso del concepto es mucho más vago limitándose a


mencionarla dentro de las competencias de los gobiernos locales:

“Desarrollar y regular actividades y/o servicios en materia de educación, salud,


vivienda, saneamiento, medio ambiente, sustentabilidad de los recursos naturales,
transporte colectivo, circulación y tránsito, turismo, conservación de monumentos
arqueológicos e históricos, cultura, recreación y deporte, conforme a ley.”

Sin embargo, la mención hacia el rol de los gobiernos locales es clave dentro de esta
creciente preocupación sobre los efectos del cambio climático a nivel global. Esta
preocupación se traduce en la realización de encuentros mundiales que congregan a los
diferentes Estados hacia acuerdo globales, como es la Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, evento anual que
congrega a 195 países, y cuya aplicación de todo el discurso, lamentablemente, no llega a
tener impacto en los gobiernos locales, siendo este el órgano de gobierno sobre
determinado ámbito jurisdiccional cuya función es actuar como canal de participación
vecinal de asuntos públicos, en este caso sobre el medio ambiente. Un claro ejemplo de
ello fue el proyecto Río Verde cuyos fondos para su ejecución fueron destinados para la
construcción de un bypass y alameda en la avenida 28 de Julio, proyectos que incluso no
tenían estudio de impacto ambiental y no estaba aprobados por el Ministerio de Economía
y Finanzas (La República, 2015), decisión que incluso fue rechazada por el entonces
Ministro del Ambiente pues apoyaba el proyecto en cuestión (Gestión, 2015).
Fuente: El Comercio

Si a esto acotamos que Lima tiene un déficit de 56 millones de metros cuadrados en áreas
verdes (RPP, 2017) mientras que la Organización de las Naciones Unidas recomienda a
los países que las ciudades deben tener por lo menos 16 metros cuadrados de áreas verdes
por persona y que la Organización Mundial de la Salud recomienda tener al menos nueve
metros cuadrados.3 Paradójicamente, la décima edición de la Conferencia sobre Cambio
Climático fue realizada en Lima, en diciembre del año 2014, es decir, meses antes de la
cancelación de este proyecto por la gestión municipal sucesora. Este evento nos lleva a
reflexionar hasta qué punto la voluntad política a nivel local puede decidir sobre proyectos
trascendentales como Río Verde, que tienen un relación directo con la búsqueda de un
medio ambiente sano.

Se entiende que el poder acumulado por la gestión municipal viene dado por la participación
democrática en elecciones, donde alcanzó el 50.7% de votos válidos, es decir un total de
2'583,745 ciudadanos (El Comercio, 2014), y cuya consecuencia fue el surgimiento de un
liderazgo delegativo, concepto desarrollado por Guillermo O’Donnell, que le dio la imagen
al alcalde de tener el derecho de hacer lo que mejor le parezca sin un sustento técnico
adecuado y solo por el hecho de ser elegido democráticamente y con una amplia votación.
Esta consecuencia fue producto de una crisis de imagen de la gestión municipal anterior,
que produjo que los canales de control institucional fueran vistos como una traba

3
https://www.miparque.cl/la-gran-diferencia-de-m2-de-areas-verde-por-persona-en-latinoamerica/
injustificada, y que finalmente hizo que el proyecto cayera. Por lo tanto, se debe considerar
la importancia de la democracia participativa, sobre todo si entendemos que uno de los
principios básicos del derecho a la ciudad es precisamente la participación, la capacidad de
poder construir la ciudad que queremos, considerando los análisis de factibilidad social, que
el proyecto Río Verde tenía. Frente a ello es importante recordar el principio 10 de la
declaración de Río que dice:

“El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos
los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda
persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente de
que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales
y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad
de participar en los procesos de adopción de decisiones. (…)”

Finalmente, todo esfuerzo por un derecho a un medio ambiente sano debe estar vinculado
directamente a mejorar la articulación entre los niveles de gobierno con los sectores que
sirven de eje entre las “Soft Law”, es decir los compromisos asumidos a nivel internacional
ya sean en declaraciones, resoluciones, programas (que el Estado peruano suele participar
a menudo) para que pueda encontrar un correlato que se adopte en aquellos mecanismos
a nivel local que promueven la participación informada a nivel local y que pueda generar un
efecto vinculante que transforme el marco legal hacia una integración urbana y social desde
un enfoque ambiental.

Análisis del Proyecto Río Verde en el marco del derecho a la ciudad.

Como ya se había mencionado, el proyecto Río Verde tenía como finalidad revalorizar las
riberas del río Rímac a través de una serie de proyectos urbanos, por lo que buscaba
reencauzar el río para aprovechar el área libre e implementar un parque con áreas verdes
de aproximadamente 25 hectáreas, además de implementar una serie de infraestructuras
para el disfrute de los ciudadanos y así aumentar el espacio público en la ciudad. Si bien
es cierto, este proyecto buscaba cambiar el rostro lúgubre del principal río de la ciudad y
fuente de abastecimiento de agua potable, desde sus inicios éste no tenía intención alguna
de sentar las bases para la consolidación del derecho a la ciudad en nuestro país,
principalmente, en la ciudad metrópoli de Lima.

Esto se debe a que todos los proyectos urbanos desarrollados y proyectados en nuestra
ciudad capital tienen “los mayores fallos del planeamiento urbano hasta ahora (…) y en lo
que se refiere al sistema de espacios libres y áreas verdes, es que en general se han tratado
los jardines y ordenado o dispuesto nuevas zonas verdes para la ciudad, pero ha faltado
siempre una visión amplia y una voluntad de integrar la naturaleza en la ciudad, evitando la
polarización y la noción de ghetto para espacios verdes”.4 Esta situación es producto de
una mirada muy reducida, por parte de los gobernantes y de los planificadores, respecto a
cómo debe ser entendida la ciudad y de cómo ésta tiene una importancia clave para brindar
bienestar a su población.

Existen varias razones que explican esa visión estrecha, pero una de las principales es que
no se tiene en cuenta que el derecho a la ciudad es ya un derecho, que si bien es cierto no
está mencionado expresamente en nuestra Constitución Política, pero es necesario sea
abordado por las autoridades, puesto que más del 80% de la población del país radica en
zonas urbanas. De ahí que, en los planes de gobierno como en el diseño de los planes
urbanos debe diseñarse proyectos orientados a la consolidación del derecho a la ciudad.

En ese sentido, es preciso tener presente que el derecho a la ciudad busca mejorar la
calidad de vida de la población, para ello engloba e integra una serie de derechos colectivos,
tales como: el derecho a los espacios verdes, el derecho al goce de los espacios públicos
y el derecho a la planificación urbana. De esta manera, si queremos hablar de derecho a la
ciudad, se debe tener en cuenta que éste se irá consolidando cuando los derechos que lo
componen vayan siendo concretizados.

En tal consideración, queda claro que el proyecto Río Verde, impulsado durante la gestión
de la señora Susana Villarán, si bien es cierto tuvo buenas intenciones respecto a ampliar
las áreas verdes de Lima y los espacios públicos de la ciudad, no paso de ser un proyecto
más carente de una visión de construcción del derecho a la ciudad, en vista que no había
una mirada amplia de Lima como ciudad metrópoli al servicio de su población.

4
GREGORIO DE ANDRADE, Rita de Cassia; “Urbanismo y planificación; áreas verdes”. En:
http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/summa_humanitatis/article/view/3729/3710; visitado el 9 de julio de
2018.
Finalmente, no obstante, que el derecho a la ciudad no se encuentre expresamente
señalado en nuestra Carta Magna, queda claro que forma parte de esos derechos incluidos
en su artículo 3 y que con la consolidación de la participación ciudadana en los asuntos
públicos de la gestión municipal, se irán sentando las bases para la construcción de un
derecho a la ciudad en nuestro país que tanta falta nos hace para adquirir una mejora en la
calidad de vida de su población urbana.

Bibliografía

Hidalgo, G. (2016) El derecho a un medio ambiente sano como derecho humano: su


protección en contextos de paz y de conflictos armados. Revista virtual de Centro de
estudios de Derechos Humanos. Número 1. Pg. 54-81. Universidad San Martin de Porres:
Lima

Uribe, D. & F. Cárdenas (2010) El derecho internacional ambiental. Universidad de Bogotá


Jorge Tadeo Lozano: Bogotá