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Tema 4: desarrollo de la personalidad en la adolescencia

TEMA 4 DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD EN LA ADOLESCENCIA

1. LA ENTRADA EN LA ADOLESCENCIA: LA PUBERTAD


2. DESARROLLO DEL AUTOCONCEPTO Y AUTOESTIMA
3. CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD

1. LA ENTRADA EN LA ADOLESCENCIA: LA PUBERTAD

El ajuste al desarrollo físico

Desde el punto de vista fisiológico, la adolescencia nos recuerda el periodo fetal y los
dos primeros años de vida, en cuanto a que es un periodo de cambio biológico muy rápido. Sin
embargo, el adolescente experimenta placer y dolor al observar el proceso: contempla con
sentimientos alternos de fascinación, deleite y horror el crecimiento de su cuerpo. Sorprendido,
a veces avergonzado e inseguro se compara sin cesar con otros y revisa su autoimagen.
Hombres y mujeres vigilan con ansiedad su desarrollo -o falta de éste- y basan sus juicios tanto
en conocimientos como en información errónea. Se comparan con los ideales sociales
predominantes de su sexo; de hecho, para ellos es un problema importantísimo tratar de
conciliar las diferencias entre lo real y lo ideal. Su ajuste dependerá, en gran medida, de cómo
reaccionen los progenitores ante los cambios físicos de su hijo/a adolescente.

Crecimiento y cambios físicos.

Las características biológicas de la adolescencia son un notable aumento de la rapidez


de crecimiento, un desarrollo acelerado de los órganos reproductores y la aparición de rasgos
sexuales secundarios como el vello corporal, el incremento de la grasa y de los músculos,
agrandamiento y maduración de los órganos sexuales. Algunos cambios son iguales en ambos
sexos —aumento de tamaño, mayor fuerza y vigor—, pero en general se trata de cambios
específicos de cada sexo.
Las alteraciones físicas que ocurren al iniciarse la adolescencia están controladas por
hormonas, sustancias bioquímicas que son segregadas hacia el torrente sanguíneo en
cantidades pequeñísimas por órganos internos denominados “glándulas endocrinas”. Las
hormonas, que desencadenan el crecimiento y el cambio, existen en cantidades ínfimas desde
el periodo fetal, sólo que su producción aumenta mucho a los diez años y medio en las mujeres
y entre los doce y trece en los varones. Se presenta luego el estirón del crecimiento, periodo de
crecimiento rápido en el tamaño y la fuerza, acompañados por cambios en las proporciones
corporales. Sobre todo en la mujer, el estirón es una señal del inicio de la adolescencia; los
cambios más perceptibles relacionados con la pubertad (madurez sexual) aparecen más o
menos un año después del estirón.
El estirón del crecimiento suele caracterizarse por torpeza y falta de garbo mientras se
aprende a controlar un nuevo cuerpo. En parte, la torpeza también se debe a que dicho estirón
no siempre es simétrico: por un tiempo una pierna puede ser más larga que la otra y una mano
más grande que la otra. También se caracteriza por un apetito voraz pues el cuerpo busca los
nutrientes necesarios para su crecimiento. Otros cambios son el aumento de tamaño y de la
actividad de las glándulas sebáceas (productoras de grasa) de la piel lo que puede ocasionar
brotes de acné. Además, en la piel aparece un nuevo tipo de glándula sudorípara que genera
un olor corporal más fuerte.
Entre los cambios sutiles precursores del estirón del crecimiento figuran un incremento
de la grasa corporal; algunos preadolescentes se vuelven regordetes. En ambos sexos, la
grasa se deposita en el área de los senos; se trata de un depósito permanente en la mujer y

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Tema 4: desarrollo de la personalidad en la adolescencia

temporal en el varón. Conforme ocurre el estirón del crecimiento, los niños por lo general
pierden la mayor parte de la grasa adicional y, en cambio, las niñas suelen conservarla.
Ambos sexos presentan una gran variabilidad en el periodo en que aparecen los cambios
hormonales asociados con el comienzo de la adolescencia. Como veremos más adelante, hay
niños “de maduración temprana” y “de maduración tardía”, y el momento en que se da la
maduración influye mucho en el ajuste. Las hormonas “masculinas” y “femeninas” se
encuentran en ambos sexos, pero los varones empiezan a producir una mayor cantidad de
andrógenos —la más importante de las cuales es la testosterona— y las mujeres un mayor
número de estrógenos y de progesterona.
Cada hormona influye en un grupo específico de objetivos o receptores. Así, la secreción
de testosterona produce el crecimiento del pene, el ensanchamiento de los hombros y la
aparición de vello en la zona genital y en la cara. Por acción de la progesterona, el útero y los
senos crecen y las caderas se ensanchan. Las células receptoras son sensibles a cantidades
muy pequeñas de las hormonas apropiadas, aun cuando se encuentren en concentraciones
como las de una pizca de azúcar disuelta en una piscina.
Las glándulas endocrinas segregan un equilibrio delicado y complejo de hormonas.
Mantener el balance es función de dos áreas del cerebro: el hipotálamo y la hipófisis. El
hipotálamo es la parte del cerebro que da inicio al crecimiento y, con el tiempo, a la capacidad
reproductora durante la adolescencia. La hipófisis, situada por debajo del cerebro, segrega
varias clases de hormonas, entre ellas la hormona del crecimiento —que regula el crecimiento
global del cuerpo— y también algunas hormonas tróficas secundarias. Estas últimas estimulan
y regulan el funcionamiento de otras glándulas, entre ellas las sexuales: los testículos en el
varón y los ovarios en la mujer. En el hombre, las glándulas sexuales secretan andrógenos y
producen espermatozoides; en la mujer, secretan estrógenos y controlan la ovulación. Las
hormonas segregadas por la hipófisis y por las glándulas sexuales tienen efectos emocionales
y físicos en el adolescente, aunque los primeros no siempre son tan profundos como se cree
habitualmente.

Pubertad

Como ya apuntamos, la pubertad es la obtención de la madurez sexual y la capacidad


de procrear. En las mujeres, su inicio se caracteriza por el primer periodo menstrual, o
menarquía, aunque contrario a la opinión popular la primera ovulación puede ocurrir al menos
un año más tarde. En los hombres, se caracteriza por la primera emisión de semen que
contiene espermatozoides viables.
En otros tiempos la pubertad se presentaba más tarde. Por ejemplo, en la década de
1880 la edad promedio era de quince años y medio para las mujeres, y la transición social de la
adolescencia a la adultez se daba poco después.
En el varón, la primera indicación de la pubertad es el crecimiento rápido de los testículos
y del escroto. El pene pasa por un crecimiento acelerado similar más o menos un año después.
Mientras tanto, el vello púbico empieza a aparecer, pero sin que madure por completo hasta
después de terminado el desarrollo de los genitales. Durante este periodo se registra también
un crecimiento en el tamaño del corazón y los pulmones. Los varones generan más eritrocitos
que las mujeres por la presencia de testosterona, La abundante producción de eritrocitos puede
ser una de las causas de la mayor fuerza y capacidad atlética de los adolescentes. La primera
emisión de semen puede ocurrir a los once años o hasta los dieciséis. En general se produce
durante el estirón del crecimiento, y es posible que se deba a la masturbación o a sueños
eróticos. Estas eyaculaciones pocas veces contienen espermatozoides fértiles.
Por lo común, las descripciones sobre la voz de los niños adolescentes comprenden su
voz vacilante y de cambios abruptos de tono. Sin embargo, el cambio de voz real tiene lugar
más tarde en la secuencia de modificaciones de la pubertad y, en muchos varones, ocurre de
manera muy gradual como para que constituya un hito del desarrollo.

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Tema 4: desarrollo de la personalidad en la adolescencia

En la mujer, el crecimiento de los senos suele ser la primera señal de que se han
iniciado ya los cambios que culminarán en la pubertad. También comienzan a desarrollarse el
útero y la vagina, acompañados del agrandamiento de los labios vaginales y del clítoris.
La menarquia, que es el signo más evidente y simbólico de la transición de la niña a la
adolescencia, se presenta más tarde en la secuencia, luego de que el estirón del crecimiento
alcanza su punto culminante. Puede ocurrir a los nueve años y medio o hasta los dieciséis años
y medio; la edad promedio de la menarquia para las mujeres estadounidenses es de doce años
y medio aproximadamente. En otras regiones del mundo, ésta se da mucho más tarde: la
adolescente checoslovaca promedio tiene su primer periodo a los 14 años; entre los kikuyu de
Kenia, la edad normal es de dieciséis años, y entre las bindi de Nueva Guinea, es a los
dieciocho. Por lo regular la menarquia tiene lugar cuando la niña se acerca a la estatura adulta
y ha almacenado un poco de grasa corporal. En una niña de talla normal, suele comenzar
cuando pesa cerca de 45.4 kilogramos.
Los primeros ciclos varían mucho entre las niñas; además suelen variar de un mes a
otro. En muchos casos los primeros ciclos son irregulares y anovulatorios, es decir, no se
produce el óvulo. Pero no conviene que la adolescente suponga que no es fértil.
La menstruación produce “cólicos” menstruales en casi la mitad de las adolescentes.
La tensión premenstrual es frecuente y muchas veces se observan irritabilidad, depresión,
llanto, inflamación e hipersensibilidad de los senos.

El ajuste a la imagen corporal

El adolescente puede ser muy intolerante ante la desviación, sea del tipo corporal (ser
demasiado gordo o delgado) o en relación con el momento de la maduración (si es precoz o
tardía). Los medios de comunicación favorecen la intolerancia pues presentan imágenes
estereotipadas de jóvenes atractivos y exuberantes que pasan por esta etapa de la vida sin
granos, frenos, desgarbo ni problemas de peso. Muchos adolescentes son muy sensibles a su
aspecto físico; de ahí que sientan mucha ansiedad e inseguridad cuando su imagen, menos
que perfecta, no corresponde a los hermosos ideales que ven en los medios de comunicación.
A lo largo de la niñez media, los niños no sólo se percatan de los diversos tipos e ideales
corporales, sino que se hacen una idea bastante clara de su tipo, proporciones y habilidades
corporales. En la adolescencia, examinan con mayor detenimiento su tipo somático. Algunos,
someten a una dieta rigurosa; otros inician regímenes estrictos de acondicionamiento y
mejoramiento de su vigor físico. El interés de los varones se concentra en la fuerza física. Lo
más importante son la estatura y los músculos. Por el contrario, a las mujeres les preocupa ser
demasiado gordas o altas. Se concentran sobre todo en el peso porque desean que las
acepten socialmente. Por ello, muchas adolescentes normales, e incluso delgadas, se creen
obesas. Cuando esta actitud se lleva a los extremos, puede ocasionar trastornos alimentarios,
sobre todo anorexia nerviosa y bulimia.
En los cambios que a los adolescentes de ambos sexos les gustaría introducir en su
cuerpo, se observan algunas diferencias interesantes. Las mujeres quieren modificaciones
específicas: “Haría que mis orejas no sobresalieran tanto” o “Me gustaría que mi frente fuera
más amplia”. Los varones son menos precisos. Es posible que un adolescente diga “Quisiera
ser más atractivo y delgado. Cambiaría por completo mi aspecto físico para ser guapo, con una
buena complexión”. A los dos sexos les preocupa la piel: casi la mitad de los adolescentes
manifiesta malestar por los granos y las espinillas.
Los efectos del periodo en que se da la maduración ha acaparado la atención de los
investigadores casi tanto como la adolescencia. Una maduración a destiempo puede ser un
problema, aunque muchos adolescentes muestran una actitud bastante positiva ante su ritmo
de maduración. Esto se observa sobre todo entre los varones que maduran en forma tardía.
Dado que en promedio las mujeres maduran dos años antes, estos niños son los últimos en dar
el estirón del crecimiento y llegar a la pubertad. En consecuencia, por ser más pequeños y
menos musculosos que los muchachos de su edad, se encuentran en desventaja en casi todos
los deportes y en muchas situaciones sociales. Otros niños y adultos suelen tratarlos como si

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Tema 4: desarrollo de la personalidad en la adolescencia

tuvieran menos edad; tienen un estatus social más bajo entre sus compañeros y se
considerados menos competentes por los adultos.
En ocasiones esta percepción se convierte en una profecía autorrealizada: la reacción
del niño consiste en mostrarse dependiente y adoptar una conducta inmadura. Otras veces la
compensación es excesiva y se observa una gran agresividad. En cambio, el niño que madura
en forma precoz obtiene ventajas sociales y atléticas entre sus compañeros, con lo que disfruta
de los beneficios de una profecía autorrealizada, A partir de la niñez media, el niño de
maduración precoz tiende a ser el líder de los grupos de compañeros.
La maduración temprana ofrece ventajas e inconvenientes para las mujeres. La
maduración tardía puede ser positiva porque maduran casi al mismo tiempo que sus
compañeros del sexo masculino. De ahí que les sea más fácil compartir sus intereses y sus
privilegios. Son más populares que las que maduran en forma precoz. Por el contrario, estas
últimas son más altas y más desarrolladas que sus compañeros y compañeras. Un efecto de
esto es que tienen menos oportunidades de comentar sus cambios físicos y psicológicos con
los amigos y sobretodo con las amigas. Otro es que suelen sufrir mucho más por los cambios.
Pero reciben algunas compensaciones. Las mujeres que maduran en forma precoz se creen
más atractivas, son más populares con los adolescentes de mayor edad y es más probable que
tengan novio antes que sus compañeras de maduración tardía.

2. DESARROLLO DEL AUTOCONCEPTO Y AUTOESTIMA

Estudiar por el texto: Fernández, E., Justicia, F. y Pichardo, M.C. (2007). Enciclopedia de
Psicología Evolutiva y de la Educación. Vols. I y II. Archidona (Málaga): Aljibe

3. CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD

Antes de la adolescencia nos vemos a nosotros mismos en función de diversos roles


(amigo, enemigo, estudiante, jugador de fútbol, guitarrista) y en función de la pertenencia a
pandillas, clubes o bandas. Gracias a la mejora de las facultades cognoscitivas podemos
analizar nuestros roles, identificar contradicciones y conflictos en éstos y reestructurarlos para
forjar nuestra identidad. Unas veces abandonamos roles anteriores; en otras ocasiones,
establecemos nuevas relaciones con nuestros padres, hermanos y compañeros.
Erikson (1968) ve en el proceso de la formación de la identidad el principal obstáculo
que los adolescentes han de superar para realizar una transición exitosa a la adultez. De
manera ideal, ingresan a la vida adulta con un sentido estable y coherente de lo que son y de
cómo encajan en la sociedad.
• Factores que influyen en la identidad

Los adolescentes obtienen de los grupos de referencia muchas de las ideas


concernientes a los roles y valores. Los grupos de referencia pueden estar compuestos por
individuos con quienes interactúan a menudo y con los que mantienen relaciones estrechas, o
bien pueden ser grupos sociales más generales con los que comparten actitudes e ideales:
grupos religiosos, étnicos, generacionales y hasta de charla por Internet. Sin importar si son
amplios o reducidos, confirman o rechazan los valores y en ocasiones imponen otros.
El adolescente está obligado a convivir con varios grupos de referencia. La pertenencia a
ellos que era casi automática en la niñez —digamos, en la familia, la pandilla del barrio o el
grupo juvenil de la parroquia— ya no resulta tan cómoda ni tan satisfactoria como antes.
Muchas veces siente lealtades contradictorias hacia la familia, los grupos de compañeros y
otros grupos de referencia.

En ocasiones, el adolescente se siente más atraído por los valores y las actitudes de

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Tema 4: desarrollo de la personalidad en la adolescencia

un individuo que por los de un grupo. Este otro significativo puede ser un amigo intimo, un
profesor admirado, un hermano mayor, una estrella cinematográfica o deportiva o cualquiera
cuyas ideas y conductas admire. La influencia de estas personas se siente en cualquier etapa
de la vida, pero a menudo ejerce el máximo impacto durante la adolescencia.
En suma, el adolescente está rodeado por una extraordinaria diversidad de roles
aportados por múltiples individuos y grupos de referencia. Debe integrar esos roles a una
identidad personal y conciliar o desechar los contradictorios. Este proceso se dificulta aún más
cuando hay conflicto entre los roles (por ejemplo, entre pertenecer a un grupo orientado a la
diversión y ser un buen estudiante) o entre otras personas significativas (por ejemplo, entre un
hermano mayor y el novio o la novia).

• Concepto de identidad propuesto por Erikson

Erikson dedicó gran parte de su vida profesional a trabajar como psicólogo clínico de
adolescentes y adultos jóvenes. Sus escritos sobre el proceso de establecer un “sentido interno
de identidad” han ejercido un profundo impacto en la psicología del desarrollo. De acuerdo con
Erikson, la formación de la identidad suele ser un proceso prolongado y complejo de
autodefinición. Este proceso ofrece continuidad entre el pasado, el presente y el futuro del
individuo; crea una estructura que le permite organizar e integrar las conductas en diversas
áreas de la vida; y concilia sus inclinaciones y talentos con roles anteriores provenientes de los
padres, los compañeros o la sociedad. La formación de la identidad ayuda además al
adolescente a conocer su posición con respecto a los otros y con ello sienta las bases de las
comparaciones sociales. Por último, el sentido de identidad contribuye a darle dirección,
propósito y significado a la vida (Frikson, 1959, 1963,1968; Waterman, 1985).

• Modos de formación de la identidad

James Marcia (1980) perfeccionó la teoría de Erikson y definió cuatro estados, o


modos, de la formación de la identidad, a saber: exclusión, difusión, moratoria y consecución
de la identidad. Los estados se resumen en el diagrama de estudio siguiente. Se pretende
determinar si el individuo pasó por un período de toma de decisiones denominado crisis de
identidad y si se ha comprometido con una serie específica de opciones; por ejemplo, con un
sistema de valores o un proyecto ocupacional.

TIPOS DE FORMACIÓN DE LA IDENTIDAD PROPUESTOS POR MARCIA

TIPO DESCRIPCIÓN EFECTOS

Se manifiesta un mínimo de
ansiedad; valores más
Se hacen compromisos sin
Exclusión autoritarios y vínculos
tomar muchas decisiones
positivos y sólidos con los
otros significativos
Todavía no se hacen A veces se abandona o se
compromisos; se tiene poco recurre al alcohol u otras
Difusión
sentido de dirección; se sustancias para evadir la
rehuye el asunto propia responsabilidad
Se sufre ansiedad ante las
Se pasa por una crisis de decisiones, decisiones sin
Moratoria identidad o por un periodo de resolver, se lucha con
toma de decisiones opciones y decisiones
antagónicas
Consecución de la identidad Se hacen compromisos Se tienen sentimientos

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equilibrados por los padres y


después de superar una crisis
la familia; es menos difícil
de identidad
alcanzar la independencia

Los adolescentes que se encuentran en el estado de exclusión ya hicieron compromisos


sin dedicar mucho tiempo a la toma de decisiones. Han escogido una ocupación, una
concepción religiosa, una doctrina ideológica y otros aspectos de su identidad; pero las
adoptaron de manera prematura y fueron decididas más por sus padres y sus maestros que por
ellos mismos. Su transición a la adultez tiene lugar sin sobresaltos y con pocos conflictos, pero
también con poca experimentación.
En el estado de difusión, se encuentran los jóvenes que carecen de orientación y
parecen poco motivados para encontrarla. No han experimentado una crisis ni han elegido un
rol profesional ni un código moral. Están evitando la decisión. Para algunos la vida gira en torno
a la gratificación inmediata, Otros prueban, al parecer de manera aleatoria, varias clases de
actitudes y conductas (Coté y Levine, 1988).
En el estado de moratoria, los adolescentes o adultos jóvenes pasan por una crisis de
identidad o se encuentran en un periodo de toma de decisiones. Estas pueden referirse a
opciones profesionales, valores éticos o religiosos, o filosofías políticas. Durante este estado
les preocupa “encontrarse a sí mismos.
Por último, la consecución de la identidad es el estado que alcanzan quienes ya
superaron una crisis de identidad y establecieron sus compromisos. Por tanto, trabajan por su
cuenta y tratan de vivir conforme a un código ético formulado por ellos mismos. La consecución
de la identidad suele considerarse el estado más conveniente y maduro (Marcia, 1980).

• Efectos del estado de identidad.

Los investigadores señalan que el estado de identidad influye de modo profundo en las
expectativas sociales del adolescente, en su imagen personal y en sus reacciones ante el
estrés. Más aún, las investigaciones transculturales efectuadas en Estados Unidos, Dinamarca,
Israel y otras sociedades demuestran que los cuatro estados forman parte de un proceso de
desarrollo relativamente universal, por lo menos en las culturas caracterizadas por una
adolescencia larga. Veamos cómo interactúan los cuatro estados con algunos problemas de la
adolescencia.
Debido a las decisiones no resueltas, la ansiedad es la emoción dominante entre los
jóvenes que se hallan en el estado de moratoria. A menudo luchan con opciones y valores
antagónicos; les abruman continuamente la impredecibilidad y las contradicciones. Las
relaciones con sus progenitores son ambivalentes: luchan por conseguir la libertad y, al mismo
tiempo, temen o resienten la desaprobación de sus padres. Muchos estudiantes universitarios
se encuentran en el estado de moratoria.
En cambio, los adolescentes en el estado de exclusión sienten muy poca ansiedad.
Tienen valores más autoritarios que los que encuentran en otros estados y vínculos más
fuertes y positivos con las personas importantes en su vida. Los varones que se encuentran en
el estado de exclusión suelen tener una autoestima menor que quienes se hallan en el estado
de moratoria y es fácil persuadirlos (Marcia, 1980).
El estado de difusión se observa con mayor frecuencia en adolescentes que han sufrido
el rechazo o la negligencia de progenitores apáticos y poco afectuosos. Dejan la escuela y se
refugian en el alcohol o las drogas para evadir su responsabilidad. Diana Baumrind (1991)
demostró que el consumo de sustancias es más común en hijos de padres “indiferentes’.
Los adolescentes que alcanzaron el estado de consecución de la identidad muestran los
sentimientos más equilibrados hacia sus padres y su familia. Su búsqueda de independencia
contiene menos carga emocional que la de los jóvenes que se hallan en el estado de moratoria,
además en esa búsqueda tampoco se observa el aislamiento ni la sensación de abandono que

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afectan a quienes se encuentran en el estado de difusión (Marcia, 1980).


Con la edad aumenta la proporción de personas en el estado de consecución de la
identidad. En la enseñanza secundaria no obligatoria hay muchas más personas en los estados
de difusión y exclusión que en los de moratoria y de consecución de la identidad. El estado
depende, asimismo, del aspecto de la identidad en cuestión: un estudiante de enseñanza
media puede hallarse en el de exclusión respecto a su preferencia de roles sexuales, en el de
moratoria respecto a su decisión vocacional o creencias religiosas y en el de difusión respecto
a sus principios políticos.

• Diferencias sexuales.
Marcia y otros investigadores descubrieron una notable diferencia en la conducta y en las
actitudes de ambos sexos asociada con los cuatro estados de identidad. Por ejemplo, los
varones parecen tener una gran autoestima en los estados de consecución y moratoria de la
identidad. Las mujeres, por su parte, presentan más conflictos sin resolver, sobre todo en lo
tocante a las decisiones familiares y profesionales.
Los estudios posteriores confirman, en forma parcial, los resultados iniciales, pero
ofrecen una situación más compleja. Por ejemplo, Sally Archer (1985) observó que, en lo que
se refiere a las decisiones familiares y profesionales, las adolescentes en los últimos años de la
enseñanza secndaria suelen encontrarse en el estado de exclusión y los varones en un estado
de difusión. Más aún, en los estados de exclusión y de moratoria las chicas manifiestan mucha
incertidumbre ante la conciliación de conflictos que surgen en su familia y en sus preferencias
profesionales. Aunque ambos sexos afirman que planean casarse, tener hijos y ejercer una
carrera, es más probable que las chicas expresen preocupación por posibles conflictos entre su
familia y su carrera, Cuando se les preguntó cuánto les preocupaba, el 75 por ciento de los
varones y el 16 por ciento de las mujeres dijeron que nada, un 25 por ciento de los varones y
un 42 por ciento de las mujeres dijeron que un poco, nadie de los varones y el 42 por ciento de
las mujeres dijeron que mucho.
Los resultados son mixtos en otras áreas importantes de interés como las creencias
religiosas y políticas. En el caso de la religión, la investigación no revela diferencias notables de
género. Pero en lo que se refiere a las creencias políticas parece haber una diferencia
significativa en el estado de identidad entre los varones y las adolescentes de mayor edad. Los
primeros se hallan más a menudo en el estado de consecución de la identidad, mientras que
las segundas se encuentran más a menudo en el estado de exclusión (Waterman, 1985).