Vous êtes sur la page 1sur 472

METODO PRACTICO

DE HACER FRUCTUOSAMENTE
UNA CONFESION GENERAL
DE MUCHOS AÑOS, .
CON CUYO M O T IV O SE E X P L IC A LO QUE EL
C h r is tia n o d e b e s a b e r , y se p ro p o n e n , y r e s u e lv e n los
c a so s m as fre q u e n te s q u e lle g a n a l C o n -
' fe so n a rio .

OBRA UTILISIMA
^PARA C O N F E S A R E S , Y P E N I T E N T E S , Y QUE
i conduce m ucho á la dign a adm inistración , y recepción
del santo Sacram ento de la Penitencia.

C O M P U E S T A

PO R E L V . F R . M A N U E L D E A R C E N IE G A , M ISION ERO
Apostolico de la Provincia de San “J o se f } de
Menores Descalzos,

Y D E D IC A D A POR EL M IS M O

A LA E X C E L E N T IS IM A S E Ñ O R A M A R Q U E SA
M a d r e d e V illa f r a n c a .

CON LICENCIA,

r 1
E n M a d r id , en la Im prenta de D on P e d r o M a r í n , A ñ o de 1 7 8 3 .

Se bailará en la Librería de D . Valentín Francés . frente ¡ai gra­


das de San Felipe el Real,
EXC.MA SEÑORA.

£ T Abundo entendido nuestro Seráfico P a­


dre San Francisco , por divina revelación,
que era del beneplácito del Altísimo , que
\dexando su amado retiro , se dedicase á la
edificación, y salud espiritual de los próxi­
mas 5 se avivó la llama de su abrasado es­
píritu , y comunicándola sagradamente en
sus Hijos 9 quiso que no viviesen solamente
*3 pa­
para su propia utilidad , sino que sirviesen
al común beneficio por medio de la predica-
clon del Evangelio , é instrucción de los F ie­
les en la Doffirina Christiana. T habiéndome
favorecido la Bondad de Dios con su voca­
ción para que abrazase este Seráfico Insti­
tuto , me pareció degenerarla de Hijo de tan
gran P a d re , si en medio de mi tibieza , y
frialdad de espíritu no procurase alumbrar
con las luces de la verdad a los que están de
asiento en las tinieblas , y sombras de la
ignorancia. Mas porque es imposible ocurrir
personalmente a muchos lugares a un mismo
tiempo , y en el corto espacio de una Misión,
que se predica en ellos , no se puede dar to­
do el lleno de explicación que piden las qua-
tro partes de que se compone la DoUrina
Christiana ; juzgué no dexaria de ser útil
disponer una pequeña Obra , que las compre-
henda todas , con un método práctico de ha­
cer una Confesión general , que contribuya a
la utilidad , y alivio de Confesores , y Peni­
tentes en la administración , y recepción del
Santo Sacramento de la Penitencia , y al des-
fierro de los errores que produce la ignoran-
cia. La experiencia d iñ a , que es muy crasa
\ la que hay entre los Christianos acerca de las
i| esenciales obligaciones que profesaron en el
' Bautismo , cuyo descuido , y negligencia no
: solo comprehende a la gente vulgar , sino
' también a muchas personas distinguidas.
' ' Este lamentable desorden no puede atri -
ihuirse á otro principio que á la poca aplica-
d o n de unos, y al disgusto que tienen otros
■en saber la ciencia de la salvación. ¿Quién
*no dirá , sino que por nuestra desgracia han
>llegado aquellos lastimosos tiempos , que pre^
dixo el Apostol ^ en que los hombres no da-
rian oidos a la Do&rina sana > antes , lleva­
dos de curiosidad , buscarían Maestros que
los hablasen á medida de su gusto } y apar­
tando la atención de la verdad , la convertí*
. rian toda á las fabulas ? Estas son el gusto -
Aso empleo de sus pensamientos } estas las que
los embelesan ; y como tienen depravado, y
; corrompido el corazon , fácilmente se obscu­
recen en ellos las luces de la F é , y el en­
tendimiento se preocupa de errores» A este
%4 pre-
precipicio canduce insensiblemente e l dtsgus* '
to , y aversión que tienen á ¿as verdades
eternas ; porque como no pueden conformarse
con sus deseos desordenados, les es materia
muy enfadosa : y para sacudir el yugo de la
conciencia , que los molesta , se forman otro
Evangelio , según su capricho ^ y califican
por bueno, todo lo que es conforme á sus pa­
siones, Aplicanse con sumo desvelo al estu-
dio de aquellas perniciosas , y emponzoñadas
tnaxlmas que diffian, y enseñan muchos libros
venenosos, que con afrenta de la Religión se
hallan en manos de tantos ; de que se sigue,
que perdiendo la docilidad , y sumisión de
espíritu que pide la F é Divina , se obstinan
en la maldad , y llevan consigo la señal y y
carañer de reprobación.
Considerando, pues , yo á F . E . penetra­
da de aquellos vivos sentimientos > que ins­
pira la caridad de Dios , para promover con
chrlstlano zelo la ciencia de los Santos , y
el exerclclo de las obras que la Religión nos
enseña $ me determiné á poner esta Qbrilla
en sus manas, para que tenga .acogida baxa
las
las da s de su protección. Anímame mucho
á dedicarla , y ofrecerla este corto obsequio,
por una parte la ley de la g ra titud , y por
• otra el conocimiento que tengo del fondo de
prudencia con que el Cielo, ha dotado su Per -
sona , y de la amable condicion de su genio,
cuyo atractivo cautiva dulcemente los ánimos
de los que tienen el honor de tratarla . T cier-
. t o , que si no estuviera firmemente persua­
dido de esta verdad , me llenaría de encogí*
mientos , y temores , al ver que semejante
tributo por su pequenez es indigno de tan
■grandes aras.
No es mi intento , Señora , incurrir en el
detestable vicio de la lisonja , que consiste
en tributar falsas alabanzas á quien se ha­
lla destituido de propios méritos , que auto­
rizan igualmente al bien que al m al , y dán
al vicio los colores propios de la virtud . Es­
toy muy lexos de ser comprebendido en elco*
mun exceso de aquellos que , empeñados en ha?-
cer un heroe de qualquiera objeto de sus De­
dicatorias , amontonan en ellas elogios age-
nos de la verdad j porqué tengo la gran sa­
tis-
tisfacción , qué. por mucho que quiera correr
la pluma para describir las reelevantes pren­
das de V. E . siempre será muy corto su hue­
lo para llegar a la alta esfera de su mérito#
M a s . suspenderé la narración de ellos , mo­
tivado por una parte de lo que sabiamente
dixo Aristóteles^ que los hechos heroycos no
se;han de celebrar con aplausos, sino con ad­
miraciones : M agnofum non est laü's-* sed ad­
m irado , y por otra de sa circunspección, y
modestia ; pues la serviría de martyrio si yo
empre hendiese elogiar el fondo de virtudes
que como preciosas piedras ^ sirven de es­
malte vistoso á su nobleza. No es dudable que
en todos es un adorno gracioso la virtud ;
pero en ninguno mas bien v ista , ni mas bien
parecida que en las personas de distinguida
nobleza ^ dice San Bernardo : Virtus in no*
b ilí plus placet. Es la nobleza , dixo un dis-
creta , tvn dorado ornamento de la naturale­
za tf pero no se comunica solamente , dice
Aristóteles •, para el exterior adorno , y ex-
plendor , sino .que se transfunde para la imi­
tación de las virtudes de sus mayores i N o -
bi-
biles hi videntur esse in quibus majorum vir-
% tus inest.
Bien aprendida , y mas bien ejercitada
y tiene V . E . p íí# maxima saludable $ pues pa-
^ /« edificación de muchos , jy para Az correc­
ción de no pocos , hecho cargo que Dios
puso en este mundo a los distinguidos títu­
los , como á aquellos dos hermanos Planetasy
y demás Astros en el Cielo , de cuyas in­
fluencias depende todo el movimiento de nues­
tro mundo inferior ; porque si son buenas,
atraen consigo la salud , y la vida $ y si ma­
las , arrojan la p e ste , veneno en todos los
elementos. P o r el grande Emperador Ba­
silio , quando hablaba con su hijo L eón , /e
daba estos documentos; C u m q u e caeteris prae-
latu s e s , u t óm nibus im p e r e s , ita co n ten d e*
u t v irtu te q u eq u e c u te r o s a n te c e lla s . E / do­
minio que tienes sobre los inferiores te debe
É empeñar á que te aventajes a todos en el exer-
cicio de las virtudes . ¿ T quántas veces habrá
dado V. E. á sus hijos semejantes útiles lec­
ciones , enseñándoles la verdadera sabiduría,
jw # no hagan vana obstentación de lo es-
clareado de su origen , sino que tengan gran
cuidado en imitar la equidad , la genero si-
'dad i la beneficencia , la' religión , y demás
virtudes de sus ascendientes ? Bien se vé por
los efeStos los frutos de honor , y honestidad
que han producido estas instrucciones ; pues
cada uno de ellos puede decir lo que dixo
Carlos M anuel , Duque de Sabaya, quando se
hizo pintar con el symbolo de un polluelo de
Aguila , mirando sin pestañear al sol , con
este epigrafe : N o degenero ^ para enseñar,
que daria a conocer á todos con sus obras, que
era hijo propio de quien procedía , como e l
polluelo del Aguila en el mirar al sol acre­
dita lo legítimo de su descendencia. De este
modo se ha grangeado V . E . el respeto , la
confianza , y la estimación de todos : de este
modo se verifica , que las ramas floridas ador­
nan el tronco , y con la dulzura de sus fru«
tos hacen brillar mas sus preciosidades ; y
por tanto , debe rendir á Dios los omenages
que. le son debidos , pues e l Cielo se ha em~
peñado en hacerla fe liz en este mundo. Quie*
ra el Omnipotente que lo sea V . E . también
en el otro , donde puede , y debe esperar la
corona de inmortal gloria , que está, prepa­
rada para los que con fidelidad le sirven. A s i
lo desea su mas rendido servidor , y Cape­
llán

F r. Manuel de Arceniega.
PROLOGO A L LECTOR.
N inguna d ilig en cia , A m igo Le<5t o r , puede'
parecer demasiada en orden á asegurar el
hombre su eterna salvación. N o podemos dudar,
que todos la desean, y que quieren que su muer­
te sea preciosa, como lo es la muerte de los jus­
tos ; pero no todos se previenen como ellos para
morir bien ; no todos se esfuerzan á procurarse
la entrada por las puertas del C ielo , antes son
m uy pocos los que usan bien de las lla v e s , que
la facilitan. L lave del Paraíso llamó á la Confe­
sión Sacramental el Angélico D o é lo r ; mas como
didta la experien cia, que son muchos los que no
saben, porque no quieren usar bien de esta pre­
ciosa llave ; no debe causar admiración , que al
morir hallen cerradas las puertas de la Jerusalen
triunfante , y que su muerte 110 solo no sea seme­
jante á la de los ju sto s, sino pésima como la de
los pecadores. Esto es lo mismo que entendía uno
de los C oncilios Lateranenses , quando declaró,
penetrado de dolor , que entre las cosas que per­
turban sobremanera ia Santa Iglesia , y llenan sus
piadosas entrarías de amargura , no es la menor la
falsa penitencia. N o hay , á la ve rd a d , peste tan
n ociva, ni tan transcendental, como la inumerable
multitud de Confesiones sacrilegas que esperimen-
tamos continuam ente, si no en la m a y o r, en una
gran parte de los Christianos , por faltarles los
requisitos esenciales.
¿ Q u é m edio, p u es, para corregir estos defec­
tos? Unum est necessarium : no hay otro sino el
de una fruéluosa Confesion general. E sta , no obs­
tante q u e . puede ser dañosa para algunas almas
nimiamente tím idas, y escrupulosas, que han he­
cho de su parte para confesarse b ie n , es sin em­
bargo muy provechosa para todas las d em ás, por­
que,com o dice S. Francisco de Sales: (a) ^ L a Con-
«fesion general nos llama al conocimiento de noso­
t r o s m ism os; nos provoca á una saludable con-
txfusion por nuestra vida pasada; nos hace admi-
»rar la misericordia de D io s , que nos ha esperado
»con p acien cia; quieta nuestros co razo n es, dila­
t a nuestros espíritus > excítanos a buenos propo-
i?sitos , dá ocasion á nuestro Confesor de darnos
tflos avisos mas convenientes á nuestra condición*
v>y nos abre el c o ra ro n , para que con mas con-
v fianza nos declaremos en las Confesiones siguien­
t e s . * Pero no solo es provechosa para otras, sino
de precep to, y tan n'ecesaria, que sino la hacen,
no pueden ( regularmente hablando) conseguir la
remisión de sus pecados.
; • E s-
ifi) In tro d u c. i . p. cap, 6 . ■ - ""
í ’
Esta verdad tan importante la ignoran mu­
chos por la crasisíma negligencia que tienen en
procurar saber la Doctrina C h ristian a; porque su­
cede muchas veces , que hablando el Confesor,
que necesitan hacer-Confesion general de toda su
v id a , ó de algunos años á esta p arte, para revali­
dar las que han hecho malas en todo ese tiempo,
,
suelen responder: P a d re todo lo demas ya lo tengo
;
confesado solo este pecado es el que me había dexa*
.do. Testigos bien abonados son. todos los C onfe­
sores , particularmente los M isioneros; pues á ca­
da .paso que damos en nuestro Apostolico minis­
terio , nos lo hace ver la experien cia: Narrent hi,
quí sentiunt. ¿ Quántas son las alm as, que en vir­
tud de las verdades eternas que se les proponen
con la explicación de las circunstancias de una
buena C on fesion , han caido en la cuenta „ y lue­
g o la han ido á dar de sus pecados en el Tribunal
de la penitencia?
, Por este m o tivo , y porque soy deudor á to­
dos , me ha parecido muy útil dar practicado el
modo de hacer la Confesion general porque^
por una p a rte , los penitentas se acobardan mu­
chas veces , pareciendoles imposible desenredar
sus conciencias; y por o tra , los Confesores nue­
vos , por falta de práctica , suelen hallar mil difi­
cultades, que se les proponen insuperables.} y tal
vez,
véz , con no poco detrimento .de lá salud eterna
de lós penitentés., se retraen de oir á los que quie­
ren , y necesitan hacerla.
E l plan que he formado de esta Obrilla se com-
$rehende baxo los términos siguientes: Primera­
mente se dá principio á la Confesion general por
él preámbulo de ella m ism a; pero hallando el Con­
fesor que el penitente necesita mas tiempo- para
éisponerse b ie n , se le remite á que lo haga con
la debida d iligencia, dándole oportunos documen­
tos , y amonestándole ( si sabe leer) le a , y se ins­
truya suficientemente en la Doétrina Christiana.
Por tan to , y porque debiendo el C on fesor, como
M aestro, instruir en ella á los ignorantes, es ne­
cesario que tenga de ella mas abundante noticia^
Se divide en sus quatro p artes, y subdivide en
Lecciones para la mayor claridad , y distinción,
Sfpartandome de los extremos de demasiada con­
cisión , y latitud. H echo e s to , buelve el peniten­
te , y con las preguntas que se le h acen , se ajus­
ta primeramente el numero de los sacrilegios que
lia cometido por no haber llegado- debidamente á
j&citDiir los Santos Sacramentos. L u ego resta irle
preguntando ¡¡ a que él mismo se acu se, por los
'Mandamientos de la Divina L e y 9 y como estos
¡ya quedan exp licad o s,. se pone en práctica la
ÍD o d rin a , y de ella se van deduciendo los casos
k- ■■ aue
que son mas frequentes, según el estad o , y con­
dición de las personas; para cuya inteligencia, y
resolución se tocan los puntos mas .selectos de la
Theología Moral.
Mas debo advertir al L e é lo r , que no intento
escribir alguna Suma de casos de conciencia, por­
que lo considero superfluo en un tiempo , en que
ha tenido la prensa mucho que trabajar para dar
á luz los inumerables libros que se han impreso de
materias Morales. Y si he de decir llanamente mi
se n tir, mas sirven de confusion , por la multitud,
y variedad, que de p rovecho; y quisiera (com o
desean otros tam bién, que saben por la práéiica
los daños que se originan de seguir uno á Cefas,
otro á A p o lo , y otro á Paulo en materia de cos­
tumbres ) que todos conviniésemos en uno , para
que con la uniformidad de la D o& rina pudiésemos
hacer frente á los v ic io s, que á las veces hallan
acogida á la sombra de las opiniones menos con­
formes á la L e y eterna. Esta es u n a, es santa, es
inm aculada, es invariable, é in d efectible, y es
la regla segura de nuestras acciones; pero cada uno
la dá aquel semblante que tiene en su conciencia;
y como no todas las conciencias son re<5tas y sino
que quisiéramos que la L ey se explicase á favor
de nuestras pasiones ; de ay es , que no porque
cada uno siga el d ifa m e n de su conciencia 9 por
eso puede estar seguro, H ablo en el sentido ett
que hablaba San Agustín quando decía : Quod
volumus, bonwn esi ; & quod placet, $an£lum est.
Por tanto , y para no desviarnos á la diestra,
ni á la siniestra, sino seguir entre los extremos
un virtuoso medio , importaría mucho que los
Pastores nos diesen un m o d elo , y exemplar que
debiesemos todos se g u ir, para conducir á sus ove­
jas por caminos re¿tos al pasto.de la v id a , y de
la salud, y no extrañasen' (tal vez con escandalo)
Ja diversidad de los labios en la enseñanza de la
Dodtrina, Si yo me apartase de la re&itud en al­
guna de las proposiciones que profiero en esta
Obra , desde luego me r e tr a jo , y sujeto mi ju i­
cio á los sabios C en sores, no obstante que me he
arreglado al di&amen de los T h e o lo g o s, que si­
guen el systema probabilioristico j porque entre
ellos mismos se halla división acerca de algunos
p u n tos, según que cada uno los juzga mas pro­
bables.
A l fin , benevolo Le¿tor , sino hallases en mi
trabajo cosa digna de tu recom endación, y apre­
cio , estima á Jo menos los buenos deseos que ten­
go de servirte, y que nuestro Señor te guarde mu­
chos años. V a l e .

ER-
e r r a t a s .

A.G. y 6. Un. 2 de la Iglesia , lee la Iglesia.


P P ag . 6 y. lia . 33. se distinguen , lee 110 se distinguen.
P a g . 9 9 . lin. 2. hijo , lee lu xb .
P ag . 1 3 1 . lin. penuít. o t r o s , lee estos.
P a g . 1 7 4 . lin. 10. sería a g r a d a b le , lee n o ,sería agrad ab le.
P ag. 177. lin. 4. de los- ,- lee dé lo.
Pag. 180. lin. 9. e s c la v itu d , lee la esclavitu d.
P ag . 18 7. lin. 4 . P arraco s , lee P árro co s.
P ag. 262. lin. 3. el en sentido , lee en el sentido.
P ag. 293. Un. 8. al d í a , lee á el de dia.
P ag. 297. lin. 29. se h ag a , lee no se h ag a.
P ag. 311. lin. 14 . d e s p a c h a , lee despachan.
Pa_g. 312. Un. y. redu cida , lee deducida.
P ag. 3 3 5". lin . 1 . e fe fto , lee afeéto.
P ag. 3 4 1. lin. 22. y 28. ilíc it o , lee elicito.
Pag. 346, lin, 8. a V ; m; lee V . m,
P ag . 374. Un. 2 7 . -U le, lee üli.
—rvy<V5W-,
1Y5-fli> ' ‘ l*"1\3>-<‘\¿''í/'’'í b'4¿x'^á'"*4h'4f‘ '';¿.1\, fp
«f.r. --------- --------------------------------------------------------------- -
<*£»=<£*<£»C ^ j r -<£>.
_____________ 5.11
£| >/;}'■'•-/><-/> '-& '■/?“'/> ^ v 'S v 'f v
a ^ f e g g B g ----- ^ ^ g g g g g ^ iii .

CAPITULO PRIMERO.
PREAMBULO D E L A C O N F E S I O N .
U ego que el Penitente llega a los pies del C on fe­
sor, que hace oficio de Juez pór la autoridad, que
tiene dimanada de C hristo , le debe recibir con
benignidad p a te rn a l, m ostrándole semblante agra­
dable, :yííisin!tylando.qiialq.uiera enfado, que pue­
da tersbr 9 ocasionado) del c a n sa n cio , ó de otros
c , ; - incidentes^ 'y te preguntar^ del m odo siguiente:
s; Confesor,, ¿ Q uánto.tíetnpo há que V ; ‘mi nó.'se confiesa ?
* Penitente, P a d re , desde que cumplí- c o n 'la Iglesia 5 o por mejor
decir : nunca m e he confesado bien-,, según lo que dicen los Padres.
M isioneros , q u a n d o e x p lic a n la D oClrina C bristian a en sus M isio­
nes^ por lo qtial , y o quisiera h acer un!t Confesion general,
t Conf. B ie n : ¿P e ro por qué quiere .Y. m. h acerla? : ,
t P en. P a d r e , porque tengo callados- algunos pecados desde ñi­
p o , o n in a , y he sido m uy m a lo , o m ala,
- Conf, Pues diga V". m : ¿ qué’ pecados son esos que ha callado?
■5 P en. Pregúntem e V . m, que luego ios diré.
^ Conf. D ígalo s V . m. a h o ra , que luego y o l e iré preguntando.
V a y a ; no se detenga , qué y o de nada me a d m iro : todos somos
■frágiles, y sujetos a m iserias; y si D ios me hubiera dexado de su
Jnano, hubiera yo com etido otros m ayores.
. P en. Pues P a d r e , quando niño tu ve algunos juegos deshones-
tos con o tr o s , y otras de mi edad ■pero y o , com o tenia poco co ­
nocimiento , no sabía que eso era pecado m o r ta l, hasta ahora que
•lie oído las santas M isiones.
Conf, ¿ Pues qué edad tenia V , m. quando sucedió eso ?
A Pen.
2 C a p it u l o p r im e r o .

Ven, P ad re , tendría de siete , a ocho a ñ o s , poco m a s , o menos.


Conf. ¿Pero es posible, que no tenia V .m . alguna duda,de que eso
era m alo?
P ío . S í , S e ñ o r , malo me parecía que era , y por eso nos o cu l­
tábamos donde no nos viesen.
L o s n iñ o s , como dice A m o r t, traSÍ. 1 3. D ireftion. V raftic. pro
Confessarti5 , pecan muchas veces solo venia]mente, aunque la mate­
ria sea grave 5 porque lo que hacen aprenden en confuso , que es
leve m a l, no a d vin ien d o a la gravedad de la m alicia, A l contrario,
algunas veces pecan mortalmente en aquellas cosas que de sí son
leves ; porque y a por lo que oyen a sus P a d r e s , o a otros , proce­
den con conciencia errónea , juzgan do que es grave , lo que en si
es leve ■y a s i , para conocerlo , se les ha de p re g u n ta r: ¿ si por es­
to, o por aquello juzgab an, que merecían el lnííerno'? Y si respon­
den que s í, se debe hacer juicio que pecaron gravem ente.
A d vierta ei Confesor , que es de f é , que hay pecados de igno­
rancia ; porque la Iglesia condenó el errar de P eladlo , que sostenía
lo contrario. La ignorancia es una p r iv a c ió n , ó carencia de cien­
cia , y puede ser de h e c h o , ó de derecho. D e d e re c h o , quando se
ign ora la L e y , o precepto::! y de h e c h o , quando el precepto se
sabe , pero se ignora-el h e c h o , b alguna de las circu n stan cias, que
por el precepto se p rohíben^ 'v, g, sabe uno m uy b ie n , que debe
ayu n ar Jas V i g i l i a s , y quatro T ém p oras del año, pero ign ora, que
tal día sea vig ilia , o dia de ayu n o . Tam bién hay ignorancia de la
pena , y es quando se sabe la ley , pero se ignora la pena impuesta
contra ios que la quebrantan. C ad a una de estas tres ignorancias se
divide en v e n cib le , é invencible. La. invencible e s , la que no se
pudo vencer con diligencia alguna. L a vencible e s , quando pudo,
y debió vencerse con humana , y prudente diligencia. L a ignoran­
cia in ven cib le, y a sea de la ley , o y a sea del h e c h o , escusa de p e­
cado aunque sea ignorancia ju ris natur# , com o consta de la p ro­
posición 2. condenada por A lexan d ro V I I I . que decia : Tametsi
detur ignorantia invincibiiis ju ris naturte, htec in stotu nutune lapsa
tperantem ex ipsa non excusat a peccitio form ali. V ease a I-Jen no
tra£í, de A f f . human, disp. 2. ^.8. art. 5. C oncia, lom. 2. Apparat.
¡ib, 2. disser!. 2. cap. 2.
L a m ayor dificultad entre los T heologos es, ¿si se dá ignoran­
cia invencible del derecho n atu ral? El P adre Concina , despues de
haber tratado largam ente esta question en el lu gar citado cap. 3.
COH-
P reám bulo de la C o n f e s io n . 3
confiesa ron modestia en el ccir.pendio cap. 8. §. 2. que no ¿e
atreve a d e fin ir, ¿ si p u e d e , o no darse ign o ran cia invencible de
' alguna conclusión remota del D erech o n atu ral? Y p ara m ayor in­
teligencia , es necesario notar con Henn. ibid, art. 4. que entre las
c o s a s , que son de ju re natura; , h ay unas evidentísim as , com o
.son estos prim eros prin cipios: Quod tibi non vis fieri, alteri n efece-
_ ris : Malura fugiendum , bonum ample&endutn: Deas es: colendui,
párentes sutil honor and i , & e . O tras hay , que son bastante eviden­
tes , pero no tanto como las p reced en tes: Non est furandum ; non
occidendum * non mentiendum, & r . O tras h ay : Qu¿e non sunt per se
n o ts , sino que se deducen ex allis en fu e rza de discurso , y traba­
jo ; v. g . Quod poliutio sit ¡¡licita , quamvis sit neccssaria ad v ita
soaservationem, <&V
Esto supuesto , d ig o : que en el h o m b re , que tiene uso de ra­
zón , no se puede dar ignorancia invencible de aquellos preceptos*
que son de D erech o natural del prim er modo dicho. Pero hablando
del segundo modo , se puede dar por breve tiempo en los hombres
ru d o s, y a grestes, quando se visten de alguna circunstancia en 1*
apariencia b uen a; v . g. el mentir es intrínsecam ente m a jo ; pero
puede a c o n te c e r, que alguno con ign oran cia invencible lo tenga
por b u e n o , para evitar graves d a ñ o s ; como asimismo puede ju z ­
g a r , que el hurtar no es pecado p ara dar lim osna, & c . V á z q u e z ,
tp u d Henno, ibid, concluí. 2. r e fie re , que* un rustico tuvo por a c ­
to de piedad rem over a un enferm o m oribundo , para que quanto-
«ntes espirase, con el fin , (com o se suele d e c ir) de no verle penar;
y exam inado bien el c a s o , ju z g ó , que lo habia hecho con ign oran­
c ia in ven cib le, é inculpable. Con m ucha mas razón se puede d a r
ide los preceptos del tercer m o d o , no solo en los rú stic o s, sin»
(también en los lite ra to s , como se puede ver en el citado Henno
.itonclus. 3, P ero advierte sabiamente Concilla , tom. 2. A p p a r.
%ib, 2 . ' diss. 2. cap. 3, §. 8. que es m uy probable la sentencia de
los que.niegan , que se pueda dar ign oran cia invencible del D e r e ­
cho natural de qualquiera modo que se tome ; por lo qual , dice,
q u e se deben confesar los pecados de ignorancia com etidos p roba­
blem ente contra el D erech o natural remoto. P ruébalo con m uchos
A u to r e s , que c it a ; y dá la razón siguiente : L o s p e c a d o s, proba­
blemente com etid os, se deben sujetar á la Confesion 5 porque si
corre esta obligación en los pecados d u d o so s, m ucho mas bien de­
be correr en los que probablem ente se han com etido. E l C hristiano,
A 3 que
^ C a p i t u l o p r im e r o .
que probablemente ju zg a que p e c ó , no se atreve a c o m u lg a r , sin
haber confesado anres aquel p e ca d o ; porque para lleg ar dign a-
m ente, es necesario que prim ero se pruebe a sí m ism o, com o dice
el Apostol ; y de a q u ie s , que se deben confesar los pecados du­
dosos : luego también aquellos , de los quales no solo se d u d ít, sino
que se tiene también opinión p ro b a b le; porque nadie puede placer
ju icio moralmente cierto de estar libre de p e c a d o , quando junta­
mente juzga con probabilidad que pecó.
Con}', Estando , p u e s , á esta sentencia, debió V . m. haber con­
fesado esos p ecad o s, aunque le pareciese que tenia ignorancia in—
vencible de que lo eran. Pero en lo que no hay duda e s , que V . m.
pecó m orialm en te; porque y a tenia uso de razón . y le parecía que
aquello era m:do. Pues como dice Sánchez en la Su m a, lib. i. cap,
i ó . n, i i . L a y in a n , tom. i . ir,¡£7. i , cap. 4.. n, 7. el que general­
mente conoce, que lo que hace es p e c a d o , sin conocer si es g ra v e ,
b 110, peca m cm ltn en te quando la m ateria es en si g r a v e ; y como
la materia en que V . m. pecó es materia grave , por eso pecó mor-
taUncntc. N i ob>ta contra esto el d e c ir , que el que hace una cosa
que en sí es pecado m o rta l, creyend o invenciblemente que es v e ­
n ia l, no peca ¡nortahrente ; p oiqu e la disparidad e s tá , en que eí
que hace una cosa grave en s í, que él ju zg a que es solo venial,
determ ina el consentim iento a cosa le v e , y no se pone á peligro de
pecar m ortalm ente; pero el que hace una co-a g r a v e , a d vin ie n d o
solo que es mala , o pecado en común , su consentimiento no se de­
term ina a cosa le v e , y se expone á peligro proxim o de pecar m or-
.talmente ; y como es pecado m or1a] el ponerse en ese p e lig ro , por
e^o se peca m oríalirente en el ca^o dicho. A si in tem .inis C orella
en' su Suma de casos p ráfticos , ir:¡t, 2. secc. i . ca>, 6, Y aun allí
cita a otros A u to r e s , que d ic e n , que el que conoce en general,
que es pecado lo que realmente no lo e s , ó es solo v e n ia l, peca
m ortal mente si lo hace. Uno de ellos es V ázq u ez , disp. 59 ...cap, 3.
«, 10. pero éste se c o n t r a d ic e p o r q u e in 1. 3 . quursf. 1 9 . art. 6.
áisp. f 4 . Ciip. 3. «. 10, d ic e , que si la materia , y objeto que ter-r
mina la operación fuere le v e , p¿caria veuialm ente. V ease a C orctla
•allí trat, i . § . 1 .ca s. 2. quien afirma , que si la m a te ria , y objeto
que term ín ala operacion fuere g ra ve , pecará m ortalm en te; y si
le v e , pecará 'venialmente, Pero añade , que si el que obra de ese
modo conoce, que se pone á peligro de pecar mortalmente , comer
rerá pecado m o rta l; mas sino le o cu rre ese p e lig r o , es involunta­
rio,
P reám bulo de la C o n t e s io n . y
rio , y por consiguiente no es pecado m o rta l, quando ía m ateria es
leve.
L o que y o digo e s , que h a y gravísim o fundam ento p ara te­
m er, que es pecado, m o r ta l, pues siempre que'una cosa se propone
■ como m a ia , y sin mas examen consiente en ella la volun tad , por
- el mismo hecho se expone á peligro de pecar m ortalmente ■y pu­
do , y debió advertir el p eligro el entendim iento. M e fundo , en
que para incurrir en el pecado no es necesario, que h ay a a f t u a l , y
e.xpre*a atención a su m alicia en el tiempo mismo de la operacion;
. alias y a 110 tendrían lugar los pecados de ignorancia , sino que bas­
ta la advertencia virtu al in terp retativa , é índireiíta , como dicen
■los mas graves T h eo lo go s^ pero estos varían en el modo de e x ­
p licarla. Unos dicen , que consiste , en que el hombre tenga a lg u ­
na d u d a , sospech a, o escrúpulo de la m alicia de la a c c ió n , ó que
aprenda á. lo menos en confuso que es mala , ó en sí m ism a, o en
*u causa \ v. g. que p r e v e a , que de la em briaguez se han de seguir
b la sfem ia s, u otros pecados. O tros d ic e n , que consiste , en que al­
gun o p u d iese, y debiese a d v e r tir , que la acción era m a la : y se­
gún esto s, aunque no h ay a adverten cia a f t u a l, ni duda , ni escrú ­
p u lo , ni sospecha de la m alicia de su acción , com etió pecado for­
m al , si consintió eu ella , pudiendo , y debiendo ad vertir que era
m ala.
M as díganme e s to s : ¿Se podrá fácilm ente conocer en los ca­
sos particulares que alguno pudiese advertir a la m alicia de la a c -
tio n ? Sino se le previno , que tenia esa obligación , ¿ cóm o podrí#
cu m p lirla •*-Y a responde Concina con Santo T h o m a s , diciendo:
Q u e la ignorancia es v o lu n ta ria , y por consiguiente cu lp ab le ,
quando .nace de p a sió n , ó de co stu m b re, ó de no p rocu rar saber
lo que se debe. T o d o s están comunmente obligados a saber lo que
pertenece á la F e , y los preceptos universales del D erech o , y ca­
ita uno lo que toca á su propio e s ta d o , y oficio. C la ra cosa es,
| iu e s ,q u e el que desprecia hacer lo q u e está o b lig a d o , peca con
pecado de omisión. D e donde se s ig u e , que por la n egligencia cul­
pable es pecado la ignorancia de aquello que alguno debe saber.
JVIas no se imputa al hombre por negligencia- sino sabe aquello que
¿10 puede sa b e r; y a s i , la ignorancia de esto se dice invencible,
.porque no puede vencerse con estudio , i 1, Tbqm, 1 . 2 . q. 8. artt 8.
<i? q. 7 7 . art. 2,
Según esta doétxina f que es co m ú n , y v e r d a d e r a , debe saber
A j el
6 C a p it u l o p r im e r o .

el Chrístiano lo que pertenece á la F é ; esto e s , los A rtíc u lo s del


Sym bolo de los A postoles , los preceptos universales del D erech o;
esto e s , los M andam ientos del D e c á lo g o , los preceptos de la Ig le­
sia , Jos siete Sacram entos , y la O ración del Padre n u estro ; y ca ­
da uno está obligado a saber lo que pertenece a su estado , y ofi­
cio .
Ven. Pues P a d r e , y o he sido tan negligente en aprender la
D o ftrin a C h ristia n a , que en mi vida me he dedicado a oír un Ser­
món , ni una P latica , ni he preguntado á nadie para saber lo que
tenia obligación, como C h rístia n o ; porque m í'vida ha sido m uy es­
tragada , y perdida , como V . m. verá . Si alguna vea tomaba al­
g ú n libro en la m a n o , era de C o m ed ia s, o N o v e la s , para d iv e r ­
t i r , y em botar los estímulos de la co n cie n cia , que quando estaba
solo me atormentaban dem asiado.
Conf% ¿ Y ha sido V . m . a v isa d o , y amonestado por sus C onfe­
sores para que pusiese la diligencia debida p ara saber lo que ha­
bía de creer , lo que había de o rar , lo que había, de obrar , y lo
que había de recib ir?
P e n . S í , P a d r e , m uchas v e c e s ; pero y o no h a cía caso de estas,
amonestaciones.
C on f, ¿ Y tiene, V , m . algunos otros p e c a d o s, q u e h ay a callad o
p o r verg ü en za?
Ven, S í , P a d r e , me a c u s o , que com etí quando m ozo algunas,
culp as de bestialidad , y nunca me he determ inado a. confesarlo.
C o n f^ ¿ Y quántas veces sería ? ¿ L leg a ría n á m il, ó á dos mil?
A d v ie rta el Confe.'-or, que siem pre conviene preguntar de este
m odo , para que el penitente no se acobarde , considerando que ha
sido garande el numero de sus pecados de a q u e lla , u otra especie.
Pen. N o Señor , no han sido, tantas , serían, a mi p arecer , d iez,
b doce veces.
Cor,/,. M ire V . m. si tiene algún otro p e c a d o , que por vergü en ­
z a h aya dexado de co n fe sa r, no se detenga ; pues p or m uy enor­
mes que sean , hecho esioy a oirlos , sin que me cause admiración».
P en . N o P a d r e , no tengo mas.
Cot.f. E a , pues y a no tendrá vergüenza de v o lv e r otra v e z a
confesarse con m igo , r e s p e to de que sé sus pecados mas graves,
y vergonzosos. Si V . m. hubiera exam inado bien.su conciencia pa­
ra hacer la Confesion g e n e ra l, la haria ahora , no obstante que no
sabe la D o fM n a C hristiana ? instruyéndole y o a lo menos en lo
ne-
P reám bulo de l a C o n f e s i o n 1. -7
necesario necessltate medií , dándome palabra fixa de ap ren der lo
que se requiere necessitate pnecepti • pues aunque no debía absol­
verle > porque habiendo sido am on estado, y co rre g id o otras veces
no ha querido a p re n d e ría ; ahora hago juicio p ru d en te, que se en­
mendará , pues viene resuelto á m udar de v id a desde esta C on fe­
sión general que quiere hacer ; a d v irtie n d o , que si ignoraba , aun­
que fuese inculpablem ente, los M y s le n o s de la Santísim a T r in i-
ídad , y Encarnación d el Hijo de D io s , fueron sus Confesiones pa­
sadas d e ningún v a l o r , aun por solo este C ap itu lo . D ig o aunque la
ignorancia fuese in ven cib le, é in cu lp ab le ; porque es m oralm ente
imposible que no sea c u lp a b le , y vencible -después de la suficiente
prom ulgación del E van gelio . Esto supuesto , y que , com o d ice el
"Señor Benedicto X I V . en su Constitución que em pieza : E ist mint
me nobis , no es suficiente para la eterna salud la fe en com ún d e
los D ivinos M y ste rio s; se h ace precisa la instrucción d e un M aes­
tr o fie l, y e x p e rto , que exp liq ue la o b lig ad o n que tienen los F ie­
les á creer en particular los M ysterios ; y A rtícu lo s necesarios,
linos con necesidad de medio , y otros con necesidad de p recep­
to . Y com o la F é s o la , y desnuda de buenas obras no justifica , ni
con du ce á la v id a eterna , p or eso es necesario enseñar e l único
■camino, que es la observancia d e los M andam ientos de D i o s , y
<íe la Iglesia.
P o r esta razó n le d aré a V . m. exp licad o con toda cla rid ad to -
•do lo que el Christiano debe saber ; y h allará en la exp licación d e
Ips M andamientos la p a u ta , y norma p o r donde debe exam inar sil
conciencia , para hacer fruftuosam ente esta C onfesion general.
Asim ism o hallará en la doétrina de los Sacram en tos, tratando del
■de la Penitencia , todo lo que debe sab er, para poner en p ráética
}os demás requisitos necesarios para una buena Confesion , com o
son el dolor de los p e c a d o s, el proposito de la enm ienda , y e l
cum plim iento de la penitencia : y luego que está V . m .^ f i c i e n t e -
|nente instruido , vo lve rá c o n m ig o , y hará su C onfesion-despacio,
y quedará sosegado e n su conciencia.
, P en. ¿P ues q u é , P a d r e , no me absuelve V . m .?
Conf. N o Señor ; porque para h acer una C onfesion general d e
quarenta años ( pues V . m. dice que tiene quarenta y ó'ch o ) es ne-»
cesario tomarse tiempo p ara exam inar bien su conciencia.
Pen. Y o no tengo o tra cosa que confesar , mas que lo dich o,
porque los demás pecados y a los tengo confesados ? y me dieron la
absolución." A ¿j, Conf\
8 C a p it u l o Wi i m ír o .
Conf. Sujetese V . m. á lo que le dicen. j N o h a oído e x p lica r en
las D o ft r in a s , que quando se calla algún pecado por m alicia , ó
por v e r g ü e n z a , es m ala la C o n fe sio n , y que h a y obligación d e
reiterarlas to d a s, haciendo C onfesion general?
P en . Pero P a d r e , j si y a los he confesado todos?
Cor.f, N o im p o r ta ; debe otra v e z volverlos á c o n fe s a r ; pues
ningún pecado de los que confesó quedó p erd o n a d o ; porque sus
Confesiones fueron in v á lid a s , y de ningún fruto : y a s i , ha de ha­
cer juicio que nunca se ha confesado , antes ha aum entado sus
culp as por los sacrilegios que ha com etido confesando , y com ul­
gan do m al. ¿ N o me ha dicho que tendría corno ocho años quando
h izo aquellas acciones im puras ? ¿ N o me ha dicho que por ver­
güen za d ex ó de confesarlas?
Pen, Sí P adre , así es.
C onf, Y dígam e , ¿ quántos años tenia quando com enzó á con­
fesarse ?
P en, P adre , tendría ocho años , poco mas , o menos.
Conf. Bien : ¿ Y le parecía que por callar aquellos pecados sería
m ala su Confesion ?
P en . P a d r e , com o era n iñ o , me parecía que eso quizá no sería
p e c a d o , aunque no dexaba de tener algún escrupulo , recelando,
que no era buena mi Confesion , por o cultarlo,
" Conf. Pues eso basta para tener por sacrilegas esas Confesiones,
porque obraba V . m. con conciencia d u d o s a , y debía deponer la
duda , confesándose de ello. Y pues me asegura que volverá , v a y a ,
y haga lo que le he dicho.
A d v ierta aqui el Confesor , que debe proceder con mucha p ru ­
dencia , p ara ni retraer al Penitente , enviándole sin c o n fe s a r , ni
dar lu g ar á que por falta de la suficiente disposición , se quede en
su mal e s ta d o , ó en peor. P o r lo q u a l, si estuviese asegurado de
que vo lve rá d esp u és, dele el tiempo oportuno (q u e debe regularse
por fa. prudencia ,■atendiendo á las circunstancias de la persona)
p ara que se disponga. P ero si 'teme que no v o lv e r á , y a porque el
Confesor con quien se ha deshaogado no estará entonces en aquel
P u e b lo ,o y a por otrós m otivos, que deberá explorar el mismo C on ­
fe s o r , entonces es menester proceder de otro m o d o , como se puede
v e r en el E c h a r r i , y en el F uero de la C o n c ie n c ia , ilustrados;
aquel en la part. 2. de los Sacram entos, trat, ?,-■§, 4. y 'é s te en el
trat, 1 . cap, 3, « . 1 3 1 ; los quales a d y ie r té n , que aunque el P e n i-
• -> . ten -

'1
P reám bulo de la C o n f e s ió n . 9
tente ha_ya ca lla d o el p e c a d o , ó pecados por m ucho tie m p o , y en
niucbas C o n fe sio n es, no por eso le ha de enviar el C onfesor á que
exam ine m ejor su c o n c ie n c ia , sino que p ro cu rara alentarle , y
a y u d a r le , lo m ejor que p u e d a , para que haga la C onfesion general
del modo que se dirá d esp u es; diciendole , que se acuse de !a falta
de exam en. M as si fuese una conciencia m uy e n red a d a , soy de p a­
recer , que en todo caso se le debe rem itir a que la exam ine del
Inejor modo que pueda. Porque por una parte tenemos el p recep to
^ue expresa el T rid e n tin o , en que se manda el d ile g e n te , y pru­
dente examen de c o n c ie n c ia ; y por o tr a , que no es p o sib le , m o­
ralm ente h ab lan d o , que pueda iutber integridad p h ysica de la C o n -
- fe sio n , que es de precepto D iv in o , sin que se exam ine bien por eí
mismo Penitente la conciencia enredada con muchas esp ecies, y
numero de pecados, Y a s i , en los casos apretados , que ocurren
Irequentem ente, es menester im plorar con m ucho f e r v o r , y hum il­
d a d la asistencia de la lu z del C ielo , para no e r r a r , ni dar en al­
g u n o de los extrem os viciosos.
A h o ra resta poner aqui la explicación de la D o ftrin a C h ristia-
Ba dividida en L e c c io n e s , para que el Confesor , que debe h acer
oficio de M aestro , tenga a la mano lo que h a de enseñ ar1, rem i­
tiendo á los que saben leer , á que la mediten , y estudien con c u ir
d a d o ; pues no se puede dudar, que, como advierte Benedicto X I V ,
«n la citada Constitución , m uchos que se tienen por c u lto s , y eru­
d ito s , se encuentran ign o ran te s, ó poco instruidos en ella.

x f & smiLií. — 1 " m i T. . . . .... .............

;; LECCION PRIMERA.
-SOBRE L A DOCTRINA C H R I S T I A N A
•>t en general ¿ y de su división»
•••
sj~ '*\0 £ trin a Christiana , o revelad a -es una ciencia d ivin a fflaní-
• fe stá d a , y dada k los hombres por medio de revelación;
,porque no es otra cosa revelar , sino levantar el velo a lo que esta­
f a , oqwko i y com o las verdades sobrenaturales E stuviesen‘ ocultas
npsotiyj^^ la manifestacioix de^ella^ se.llam a.revelación,< E 1: mismo
P ío s fue el que se dignú enseñar ? y manifestar á los hom bres las
vei»
jo L ección p r im e r a .
verdades divinas., para que tuviesen conocim iento de las cosas ne­
cesarias á .su eterna .salvación.
E s verd ad , que el entendimiento del hom bre puede por sí mis­
ino , y con su natural virtu d Investigar m uchas c o sa s, que perte­
necen al conocimiento .de las d iv in a s , á costa de m ucho tra b a jo , y
d iligente estu d io ; pero no puede solo con la luz natural adquirir
el conocim iento d é l a m ayor parte de las cosas conducentes a la
eterna salvació n : porque aunque dice el A p o s to l, (t?) que Jas obras
de D ios nos dán á conocer m ucho de sus p erfeccio n es; con todo,
no -se puede conocer por las criaturas el ¡Ylysterio inefable d e nues­
tra R e d en ció n ; pues , com o dice el mismo A p o sto l, (¿) siempre es­
tuvo o culto al entendim iento del hombre , considerada sola su na­
tu ra l virtu d ; de tal modo , añade el Santo C oncilio de T r e n to , (r)
■que con ningún estudio . ni diligencia podría por si mismo venir
en .conocimiento de él. Pues ved a q u i, que com o el hombre fue
criado para conseguir Ja eterna Bienaventuranza , y no puede sal­
varse sin la fé de este M ysterio sob eran o, por eso nuestro benigni-
.simo D ios -se dignó m anifestarle á sus Santos. E l' medio por donde
re v e ló los secretos que estaban ocultos en su mente d iv in a , fue su
.palabra., y la lu z sobrenatural de la F é , con la qual.es ilustrado,
•y elevado el entendimiento d e l hombre , para que pueda 'conocer
Jas verdades sobrenaturales.
A s i , p u e s , com o los hom bres d eclaran , y manifiestan por pa­
labras lo-que está oculto en su m en te, asi D ios reveló sus arcanos
p or medio de su d ivin a palabra , hablando con los hombres por bo-
c¡a de. los P r o fe ta s , (d) antes de la venida de C hristo al mundo , y
en é l , y en los A postoles despucs de su venida. P or tan to, es sola
la palabra de D ios e l fundam ento de nuestra F é ; p orque no cree­
mos con fé th eologica o tra c o s a , sino io que D ios ha d ic h o , y re­
v e la d o , á quien dam os entero créd ito , porque no puede engañar­
s e , ni engañarnos. {e) Este conocim iento, que tenemos de las cosas
que D ios h a revelad o , proviene de la au to rid ad d e nuestra M adre
la Iglesia , a quien su M agestad entregó el deposito de su palabra;
porque ella e s , dice el A p ó s t o l, ( / ) la c o lu m n a , y firmamento de
la v e r d a d : y esta es la razón p or que S an A gustín llegó á afir­
mar,
|i i ,| -* n i ii i n m i m . p i ■ ■ -

(a)
R o m . <:. zo. i b> Coios., i . 6. (r) Scss. j . cap. 1 6 . (d ) H cbr, 1 . 1,
(e) Hebríó( i & \ f ) t .T h i m .3 , i j , {g } S .A u g , contr, Epíst, M anich, cap.
■J . n, 6 t ■, 'ti ■ . _ . »
S o b r e l a D o c t r e ía C k w s t ia n a . i i

m a r , que si daba crédito al E v a n g e lio , era porque le m ovía la


autoridad de la Iglesia,
¿ V e d aquí lo que aprendisteis quando ninos ; pues, preguntán­
doos : i Qué tan ciertas son las cosas que la F é nos ensena ? Respon­
déis : Como verdades dichas por D io s , que ni puede engañarse, ni
tngaiíarnos, j T)e dónde sabéis vos haberlas dicha Dios ? D e nuestra
Santa. Madre la Iglesia , regida par e l Espíritu Santo,
i E l deposito de la palabra divina le toma la Iglesia de la Sa­
g ra d a E s c r itu r a , y de la tra d ició n ; porque todo lo que D ios h a
revelado a los h o m b r e s y la Iglesia propone d e F é , se contiene
en la E sc ritu ra , y en la tra d ició n , como dice el Santo C oncilio de
T re m o , (u) L a Sagrada. E scritura es la palabra de D ios escrita en
los libros que llamamos Canonicos ; y la tradición es la palabra de
D ios , que aunque no está escrita en dichos libros., se nos h a entre­
gado a nosotros., como de mano en mano-, por continua succesion,
desde el tiempo de loa A p o s to le s , a la manera de un rio , que na­
ce de la fuente , y corre continuamente sin intermisión ; asi la D o c ­
trin a , derivada de C h riü to , y de los A p o sto le s , pasa á nosotros,
como en continuo curso*.
L a palabra de D ios escrita se contiene en el v ie jo , y nuevo
Testamentos* L o s libros del Testam ento viejo son los que num era e!
C oncilio de Trento ; es a sa b e r, el G e n e sis, el E x o d o , & c t y lo s
del nuevo son los quatro E van gelios , los H echos A p o sto lico s, las
Epístolas. C an ó n icas, y el A p o c a ly p s i: todos los quales tienen una
Ihisma a u to rid a d , como d e clara el dicho Concilio ; (b) porque Dio&
es el que habló en u n o , y otro T estam en to : y de igu al au torid ad
es. también la tradición d iv in a , porque es realm ente palabra d e
de D ios, (r) Esta: tra d ició n nos enseña lo mismo-que la E scritu ra
Sagrada ; esto e s , las verdades de la F é , y la disciplina de las
C Q stuirbics; y añade el mismo Santo Concilio-, que las tradicion es
% recibieron los Apostoles de boca del mismo C h r is to , o se las
cHjftó a ellos el E spíritu Santo,
:■ L a D ottrina que se contiene en la E s c r i t u r a y tradiciones Ja
d ivid e ci Concilio en c;o,s partes ::La prim era contiene las verdades:
de la F e ; y la se;- uncia la discip lin a de las. costumbres. Ésta ultim a
la gubdivide el Carecismo R oit ano en otras t r e s : L a prim era con­
tiene las obras que se deben p ra ftica t para conseguir la g ra cia de:
________________________ Dios,,
y \.¡p, i . [i>) luid, (c)
i- i- L ecc ió n II. S o b r e l a p r i m e r a p a r t e
D i o s , sin la qual no puede el hombre s a lv a rs e , y aquí se tra ti de
los Santos Sacram en tos, que son los medios para alcanzar dicha
g r a c ia : La s'egunda e x p lic a , y declara lo que pertenece al buen
uso de la gracia recibida , conservándola , y aum entándola por
medio de las buenas o b ra s ; y aqui se trata de los Mandamientos
de la L e y de D io s : L a tercera declara lo que debemos d e se a r, es­
p e r a r , y p e d ir; y aqui se trata de la O ración del Padre nuestro.
Por. lo qual ^ todas las cosas que contiene la D o fírín a Christiana se
reducen a quatro partes p rin cip a le s, que son , com o vosotros no
ig n o r á is , el C red o , y M andam ientos, O ra c io n e s , y Sacramentos.
D e q u e se s ig u e , que explicadas es'as quatro p a rte s, que son co ­
mo lugares comunes de la S agrada E scritura , casi nada mas se
puede desear para la inteligencia de lo que el Christiano debe sa-
ber : S e a , p u e s , la

LECCION II.
S O B R E LA P R I M E R A P A R T E
de la Doéirina Christiana.

r.
■SOBRE L A F E E N G E N E R A L , T DE LA SEÑAL
de la C r u z .

/A Q u i tratam os -de la F é D ivin a , no de la hum ana. F é humana


X j L es el crédito que damos á los h o m b res; v . g . á los E scrito-
líes de la humana H istoria. F é D ivin a es aquella , con la qual da­
m os crédito a D ios , y á la E scritura Sagrada» Esta es de dos mo­
dos ; porque h a y fé a f t u a l , que es el mismo a£to de c r e e r ; y fe
h a b itu a l, que es la misma virtu d sobrenatural de la F é que Dios
nos infunde , ,ea fu e rza de la qual d a m o s , o podemos dar entero
créd ito a todas las cosas que D ios -ha revelado., y nuestra Madre
l a Iglesia nos propone com o tales.
. L a razón de esto es, p orqu e, como y a se d ir o en el capitulo pre­
c e d e n te , entonces sabemos de c ie r to , que D ios ha dicho , o revela­
d o algun a c o s a , quando la Iglesia nuestra M adre afirma que es asi,
JPorque-a sofct-h Iglesia C a th o lic a pertenece ? p o r ordenación de
Chris-
df. l a D o c t r in a C h r is t ia n a . i 3
£ b risto , apartar las E sc ritu ra s, y tradiciones verdaderas de las fa i­
fa s , é interpretar , y declarar su verdad ero sentido. (1/) Y asi , en
el Concilio prim ero de T o le d o (b) se excom u lgó á quien d ix e s e , o
ir e y e s e , que debían ser tenidas por a u to riz a d a s , y en veneración
«tras E scrituras , fuera de las que tiene recibidas la Iglesia C a -
íh olica.
-f D e aqui es , que proceden con erro r los que piensan , que cada
Éno tiene derecho , y facultad de in te rp re ta r, y conocer acerca
del legitimo sentido de las E scrituras. Porque el Sacrosanto C onci­
lio de T ren to m an d a , (V) que nadie se atreva a interpretar por su
propio ingenio la Sagrada E s c r itu r a , violentándola a su sentido
particular , contra el que ba te n id o , y tiene la Iglesia , ni contra el
un;! ni me consentimiento de los Santos Padres. L a razón de todo lo
¡dicho e s , porque la Iglesia no puede errar en esto , pues es colum ­
na , y firmamento de la verdad ; y a s í , a ella se ha de o í r , y con­
sultar en todo lo q u e pertenece a la F é , y religión , como dispuso,
y determinó el mismo Christo , (</) quien prom etió á su Ig le s ia , que
sería siempre regida , y vivificada por el E spíritu Santo , (í?) y que
las potestades del Infierno jamás podrían prevalecer contra ella, (/')
porque el mismo Señor la asistiría hasta el fin del m u n d o , para que
no cay g a en algún erro r.
v T an necesaria es la Fé para salvarse , que sin ella es imposible
agradar á D ios . como dice San P a b lo , (g ) y aun la misma razón lo
con ven ce: porque el fin del hombre es la eterna B ienaventuranza
<fye consiste en v e r á D ios en sí mismo , y g ozarle eternamente , á
c u y o fin no puede llegar el hom bre sino por medios sobrenatural es-
(h) luego es necesaria alguna luz sobrenatural para conocer aquel fin
y los medios para conseguirle ; y como esta lu z no es otra cosa sino
l£ F é , legítimamente se infiere quán necesaria es esta para la salva­
r o n . Esto no obsta , para que la F é tenga diversos g r a d o s , atendi-
d | la calidad de las p erson as, porque en unos es m ayor la F é ; que
e|f otros, (/') y siempre que se encuentra m ayor , y menor , hemos
de dar alguna diferencia , (£) aunque considerada en sí misma , y eií

(* ) M a tili. t 6 , 1 y. S . A u ¿ . iil>. 3. c o m , P a i m . cap. 4 . (¿J C o n c , ToJet*


L;ann,4<)0. cap. i z . ( c ) St'ss. 4 . (tí) L u a e 10. 16. M i i t h . j 8. =v.i7. S c a g *
(r) jo .1n n .14 . j ó . 1 7 . id. i ¿ . i 3. ( / ) M a t t h . r i í . i ü . id. srS. v . i 8 f 1 9 . 3 0 -
tg ) Hcbr. I I . V. 6. {b ) S. T h o i t j . a , 4 . q . 6 . ate. 1 , ( i ) M a t t l u 1 4 . V . 3 1 .
(ft) L u c a 1 7 . v. ú. G alac. j . v . 6 . ,
r+ L e c c i ó n II. S o b r e l a p r i m e r a p a r t e
su g e n e r o , siempre es una misma la F é C ath olica : D e que se sigue,
que puede tener sus aumentos 5 pues los Apostóles pedían á Dios
aumentase en ellos su F é : (a) y nadie debe d u d a r , que es mayor
la Fé que está acom pañada con C aridad , y buenas o b ra s , que la
que no lo está; pues la una es Fe viva , y la otra es m u e rta ; y co­
mo vosotros y a sab éis, no basta p ara salvarse la F é s o la , sin C ari­
dad , y buenas obras. Tam bién es necesario confesarla exteriorm en-
te quando lo pida La necesidad , com o se dirá en el prim er precepto
del D ecálo go .
D e dos morios podemos confesar la Fé delante de los hombres;
el prim ero por p a la b ra s, confesando que somos Christianos Catho-
licos , y el segundo por las obras ; v. g. recibiendo el B au tism o, pa­
deciendo m a r ty tio , ó haciendo lo que los Fieles acostum bran ha­
cer ; como form ar la señal de la C ru z sobre nosotros , lo qual es
una compendiosa profesion de la Fé ;q u e por eso se os e n se ñ a , qut
la insignia , y señal del Chrístiano es la Santa Cruz , porque es figu ­
ra de Cbristo crucificado , por quien fuimos redimidos en ella ; y ei
E standarte espiritual de los Soldados de C h r is to , con el qual nos
distinguim os de los Id o la tr a s , T u r c o s , J u d ío s , y H ereges , ene­
m igos de ia Ig le s ia , y de la C ru z del Salvador, E sta s e ñ a l, o V an -
dera 1a dio a los Christianos el mismo D io s , quien decretó que su
H ijo único , y natural redimiese el mundo por medio de la C ru z ; y
quiso , que con estas armas se ciñesen todos los que habían de creer
en él. P or eso .en el C ielo apareció la señal de la C ru z al gran
Constantino E m p e ra d o r, (b) estando para dar la batalla contra
M a x e n c io , con esta in scrip ció n : En virtud de esta señal vence­
rás. (c)
P or certísim a tradición c o n s ta , que los A p o to les fueron los que
instituyeron la señal de la C r u z ; c u y o uso es tan aniigu o , y uni­
versal , que siempre ha prevalecido en toda la Iglesia Catholica,
com o lo convence la autoridad de m uchos Santos Padres , (d) cuyos
testimbnios son bien c la r o s , y m ayores que toda ex cep ción . E l fia
por que fue instituida la señal de la C r u z , e s , para que continua­
mente traygam os en la memoria los principales M ysteríos de nuestra
. .. San-

(a)', M atc h,, r j . v . 1 4 . {!/) huscb. de Vita Constancio. lit>. 1. c a p . a i ,


(c) Nj'eeph* lib. 8 .,cap. 3. f d) S . A d u n . i s . ho:n. de P a ssio n . Se C r u c e Dorrt.
S .B jíI ü u s liU id c Spiric, S i i i í t . c ¿ p . 2 7 . No los cito (odor, p o r q u i son en gran
numero.
de l a D o c t r in a C h r is tia n a . i$
Sjmta Fe , como son el de la Santísima T r in id a d , y el de la E n c a r ­
nación del V erb o D iv in o , y para que por medio de esta señal los
confesemos exte rio ríce n te , lo qual se hace de este m odo. Q uan do
decimos en el nombre , al tiempo de santiguarnos , indicam os singu­
larmente un D io s , una IVlagestad, una esencia ; y añadiendo del
P a d re , y del Hijo , y del E spiritu S a n io , distinguim os las tres D i­
a n a s Personas, E l M ysterio de la E n ca rn a ció n , y Pasión del H ijo
de Dios se sim boliza baxando la mano desde la frente al p e c h o , y
diciendo : En el nombre del P a d r e , y del H ijo ; porque entonces sig­
nificamos , que el H ijo , igual al Padre en la etern id a d , baxó al
V ientre de la Purísim a V irg e n , tomando de ella carne h u m an a: y
pjasando Ja mano del hombro izquierdo al derecho , no solo d e c ía -
íjm o s la Pasión de Christo en la C r u z , sino tam b ién , que p or su
IJjuerte fuimos trasladados de m uerte á vid a .
Comunmente se estienden todos los dedos de la mano para fo r -
ipar la C ru z con el dedo p u lgar de la mano derecha ; pero tam­
bién se introduxo en la Iglesia otro modo de poner los dedos para
confesar en Christo las dos N a tu ra le z a s , d iv in a , y humana , con­
tra los Hereges M onoíisitas, quienes (como dice N iceforo) (a) form a­
ban la C ru z con solo un d e d o , porque d e c ia n , que no tenia C h ris-
tíHnas de una N a tu ra leza . E l modo que se introduxo en la Iglesia
para confesar en Christo las dos N a tu r a le z a s , es inclinar el dedo
índice debaxo del pulgar , estendiendo, y uniendo los otros tres,
i; Siempre que comenzemos a hacer algun a o b r a , o nos viérem os
•n alguna n ecesid ad , e# conveniente usar de la señal de la C r u z .
Jfr,si lo hacian los Christianos desde el tiempo de los A postoles , (¿>)
antes de com enzar la oracion , antes de dar paso á qualquiera cosa,
antes de dar principio a algun a obra de co n sid eración , y en todos
los p e lig ro s,y tentaciones; en cuyos tiempos¿se h a c e , porque por lu
.señal de 3a C ru z pedimos el auxilio de D io s , y podemos vencer las
í|ntaciones del D e m o n io , como si d ix erem o s: D ios , y Señor nues­
tro , sednos propicio en este negocio , en este p e lig r o , por los raeri tas
de la Pasión , y C ruz de Christo j y también para c o n fe s a r , que ha­
cemos nuestras obras en el nombre de nuestro Señor Jesu-C hristo,
,,segun el mandato de San P a b lo ; (V) y que todo lo que p e d im o s, es
en el nombre d tl mismo Señor. P or eso en la Ig le s ia , que es C asa de
éracion , se coloca en alto la im agen del C ru cifixo , para que enten-
da-
16 L e c c i ó n II . S o b r e t A p r i m e r a p a r t e
damos los F ie le s , que pc-r este Señor se ha de pedir , y alcanzar lo
que se pide. Y aun en la adm inistración de los Sacram en tos, y en la
celebración de la M isa se repite tantas veces la señal de la C ru z,
p ara significar , que los Sacramentos , y el Sacrificio tienen su
fu e rza , y eficacia de la C r u z , M uerte , y Pasión de nuestro Sal’
vad or. («)
Tam bién desde el tiempo d é lo s Apostoles viene la costumbre
de hacer la señal de la C ru z sobre los manjares que se han de co ­
m e r , p ara san tificarlos, y defenderlos de la potestad diabólica;
pues como dixo San Pablo , (¿) el manjar se santifica por la palabra,
de D io s , y la oracion ; esto es , por la bendición , y preces que de­
ben preceder a la com ida. V e a n , p u e s , cóm o hacen mal los que
omiten la bendición de la m esa; (í ) porque aquella R eligio sa, que
refiere San G re g o r io , fue m altratada del D em o n io , por no haber
hecho la señal de la c ru z , como s o lía , sobre una lechuga que co ­
m ió en la H uerta. Y San Benito tal vez no se hubiera librado de
la muerte , si el vaso , en que ciertos hombres perversos le echaron
veneno , no se hubiese quebrado a la señal de la C ru z que h izo el
Santo sobre él.
E s tal la virtu d de esta señ a l, que form ándola con mucha fé,'
como se re q u ie re , se expele con ella á los D em on ios, porque por
Ja C ru z fue destruido su Im p e rio , c u y a verdad com prueba el tes­
timonio de muchos Santos Padres , que florecieron en los primeros
siglos de la Iglesia : (d) y de otros muchos m ilagros hace mención
San Athanasio en la V id a de San A ntonio el G rande , San G e ro n y -
mo en Ja de San Pablo prim er H erm ítañ o , y en la de San H ylarion;
y San A gustín en el 8. lib, de la Ciudad de D i o s , cap. iH , Estos
testimonios de la antigüedad contribuyen m ucho para que se ten­
gan por ciertos los m ilagros que se leen en los E scritores m oder­
nos , obrados por la señal de la Santa C ru z.
P or eso nadie podrá dudar prudentemente , de que la señal de
la C ru z es remedio contra las tempestades , enferm ed ad es, y ter­
remotos , quando h ay tantos exem plos que lo acreditan, (e)
A lgu n o deseará sab er, ¿ p o r qué quando bostezamos form a­
mos

(u) S. C y p r ia n , de B.tpusm. C h ris t. ( b , i . r í i r o i h , 4 . (c) L i b . «. Diu-


lc g . cap. 4. (■i) S. E p b r. .Serm. de C t u c . S. G r^ g . N a z í a n z . orac. 3. a d v. J u ­
lián. L a í l a n t . Divinar.instiüJt. lib.4. c i , \ 2 7 . (e) T ilrn . Brcn d e n , lib .S . C o l -
h t , Sacr. cap. j 8 . V it a S. R o c íi i C u ris es. in V i i a S. CJara?.

1
»fi la D o ctrin a C hristian a . 17
' píos la C ru z , y quando alguno estornuda le decimos , Dios sea con
ífigo ? Pues e s , porque p or los años de 5-90. en tiempo de AgUtil*»
f o I V . R e y de I ta lia , (a) había una peste m aligna , y sucedía , que
$1 tiempo de e sto rn u d a r, y bostezar morían m uchos repentina­
mente j y de aqui se introduxo esta piadosa costum bre , para de­
fenderse con la señal de la C r u z , y con la asistencia , y fa v o r dt-
.Jfino,
4 Tam bién es laudable traer la C r u z al c u e llo , com o p rueba San
J^uan C h ryso sto m o ; el qual reprehende agriam ente á lo* C h ris tia -
jftps, que por ornato traían al cuello las M edallas de A lex a n d ro
M agno , y otras cosas semejantes ¿ En qué fundáis muestra esperan-
Xg, les decía el Santo? (¿) ¿ Por ventura ignoráis los m ilagros, y pro­
digios de ¡a Santa Cruz'i
•;ír L u e g o si tan antiguo es en la Iglesia el rito de ia señal de la
. O u z , y tan saludables sus e fe fto s , bien se vé la tem eridad im pía
de los H¿reges en no querer adm itir un u s o , que tiene la recom en­
dación de la an tigü ed ad , y se a p o y a sobre tan sólida autoridad co ­
mo dexamos referida. E llos ponen todo su esfu erzo en im pedir que
los-Fieles se fortalezcan con estas armas espirituales ; con que dán
a entender que son discípulos del Dem onio , (c) que siempre tira a
quitar de la memoria de los hombres la Pasión d e C h r is to , envi­
dioso de los abundantes bienes que nos resultan de su m editación.
D eb em o s, p u e s , para no m alograr los saludables frutos d e la señal
de-la C r u z , usar de ella con grande f e , y esperanza , y con g ra ta
estimación de los beneficios que recibimos por m edio de la Pasión,
y M uerte del R edentor. (íf) Pues la causa de que muchos no reciben
fru to alguno e s , porque aunque hacen la señal de la C ru z en ía
fian te j no tienen en el corazon á Jesu -C h risto crucificado.

§, II.
■- i
D E L S T M B O L O , O C R E D O .

Ste nombre Sym balo se llam a a s i , porque es com o una insignia,


ó señal por donde se distinguen los Fieles de los In fieles, (p) y
p o r-
(a) Cdt. i b. i. de Rfgn. lcallc, (6) Hom, a i. ad Popul. S. lanar.
,«p. í . adPhiJ.id, (d) Ruperuiib. i.in Levít. cap. j j , Aug, setm. 30.111 Novis.
W CjaUc.a, v.4.
B
18 , L ección II. S o bre tA pr im e r a p a u t e
porque se compone de m uchas sen ten cias, que llamamos Artículos,
pronunciadas singularm ente por cada uno de los A p ostoles, quienes
las unieron como en una masa común p ara co n s titu ir, y form ar la
profesión de la F é ; para c u y a obra fueron dictados , é inspirados
del E spíritu S a n to : y por eso se llam a Sym bolo de los Apostóles.
E sta es la su m a, ó com pendio de los M ysterios de la F é , que de­
bemos cree r \ porque aunque no contenga explícitam ente todas las
Cosas que la'Ig le sia nos propone d e F é , se contienen en él im plíci­
tamente. L a razón de lo prim ero e s , porque en este Sym bolo no se
hace mención de los S acram en tos, de la invocación de los Santos,
del P u r g a to rio , de las in d u lg e n cia s, del Sumo P o n tífice, de su
p rim a cía , & c . pues si de todas estas co sa s, y otras semejantes se
hiciese mención en é l , no sería propiam ente S y m b o lo , o compen­
d io de la F é , y sería m uy dificultoso de aprender á los ilacos de
m em oria. F u e com puesto en pocas palabras , dice San A g u s tin , (o)
p a ra que en suma aprendiesen los F ieles con facilid ad los principa­
les M ysierio s de la F é , y los retuviesen en la m em oria. L a razón
de lo segundo es , porque el Sym bolo de los A postoles contiene los
A r tíc u lo s , que son los fundam entos, y principios generales de nues­
tra Santa F é , de los quales se pueden deducir otras m uchas ver­
dades ; v . g. las cosas arriba dichas se reducen al A rticu lo creo la
Santa Iglesia C ath olica * porque estando a este A r t ic u lo , es necesa­
rio creer las In d u lg e n cia s, el P u r g a to rio , el culto de los S an tos, Ja
euprem a potestad del V ic a r io de C hristo en la I g le s ia , & c . y otras
m uchas cosas que ésta propone de fé.
E l m otivo que tuvieron los A póstales para com poner el Sym­
b o lo , f u e , para que todos en sus M isiones observasen una misirc
regla e n ensenar la F é á todo el m u n d o , adonde el Señor los en­
r i ó 5 (b) p ara que todos los F ieles conviniesen en una misma doctri­
na ; (c) para que rezando el C red o , hiciesen la profesion de la F¿
y esperanza ch ristian a; para que por él se distinguiesen de los In­
fieles ; p ara que los D o ñ o re s pudiesen deducir muchas cosas per­
tenecientes á la misma F é , de los principios contenidos en el Syra-
b o lo ; p ara que su doftrin a fuese com probada con el'testim onio de
lod os lo s A p o sto le s , y para que mediante esta regla de la F é , se
quitase toda ocasion de erra r en ella.
A d m irab le es el m o d o , con que en el Sym bolo se nos propone,!.

— -------------- '
■ 1-
_____________ • ■ - -
_ ________ &
(“J bcim. (Je Tcuijj, 119 . (i>) Marcí (c) 4, Cor. 1. v. 10.
be la D o c t r in a C h r is t ia n a . i 9
Ips principales M ysterio s que debemos cree r 5 porque en é l ■ «se mi­
sa la. unidad con la d istin ció n : L a u n id a d , porque toda su doétrí-»
g a se funda sobre un fu n d am en to , y s u m a , que es el inefable Mys«
(prio de ía Santísima T rin id a d : L a d istin ció n , porque el Sym bolo
divide de dos m o d o s, uno en sus principales partes , y otro en
jjirticu la s , ó partes secundarias. T o d a su doctrina m ira a D i o s , y
^fsus obras ^ y como en D ios hemos de considerar , lo prim ero su
Esencia , que es el fundam ento de la u n id a d } lo segundo las tres
personas D iv in a s , P a d r e , H ijo , y E sp íritu Santo ; y lo tercero las
operaciones de las Personas , de las quales al P ad re se le atrib u ye.
1^ obra de la C re a c ió n , al Hijo la d é l a R e d e n ció n , y al E sp íritu
§^nto la Santificación , aunque todas las obras ad extra son co m u -
pss á todas t r e s ; de aquí e s , que la d o ftrin a del Sym bolo se d iv i­
de en tres partes p rin cip a les: E o la prim era se trata de la Persona
del P a d r e , y de la m aravillosa obra de la C reació n del M u n d o : E a
% segunda de la Persona del H ijo , y de la obra de la R ed en cion j
y en la tercera del E spíritu S a n to , y de la obra de la Santificación.
u subdivisión en particular es lo mismo que en A r tíc u lo s : y asi,
la prim era parte contiene el prim er A r t ic u lo , la segunda los seis
sigu ien tes, y la tercera los cinco ultim o-;, por lo que vienen a ser
doce los A rtícu lo s del Sym bolo correspondientes á los doce A pos­
toles 5 p ;ro en los doce se contienen los catorce de la Fe : y se lla ­
man A rtícu lo s , porque asi com o los m iembros del cuerp o se dis­
tinguen por a rtic u lo s , asi también con razón llamamos articu lo á
lo que d istin ta , y separadamente debemos cre e r en esta confesion
de la Fé,
L o diré con m ayor clarid ad . E n el prim er A rticu lo se contiene
todo lo q u e pertenece á D io s , m irando su n aturaleza., y p erfec­
cio n es, y la T rin id ad de las D ivinas P erso n as, con la C reación del
|||undo, de los A n g e le s , y de los hombres : E l .A rticu lo segundQ
h |b la de nuestro Señor J e su -C h risto , nuestro S a lv a d o r, y M ed ia ­
nero ; y asi incluye la suma de todo lo que pertenece al estado de
Ja inocencia del prim er h om b re, del pecado o r ig in a l, y de la nece­
sidad de Redentor : E n el A rtic u lo tercero se contiene todo lo que
Jjertenece á la C o n cep ció n , y N a tiv id a d de C hristo : E l quarto tra­
ta especialmente de su P asió n , M u e r te , y sep u ltu ra: E l quinto dej
descenso de su A lm a Santísima al L y m b o , donde estaban los Jus­
tos , y de la m aravillosa R esurrecion de su C u e r p o : E l sexto de su
g lo rio sa Ascensión á los C ie lo s , y de sus doces 3 y prerrogativas;
B 2 El
io L ec c ió n II, S o b r e l a p r im e r a p a r t e
E l séptimo contiene brevem ente lo que m ira al juicio p artitu lar , y
U niversal: E l o & a v o contiene lo que mira al E spíritu Santo : E l no^
veno contiene la suma de todo lo que pertenece á la Santa Iglesia
C ath olica , y á la adm irable comunion de sus m iem bros: E l décimo
las p rerrogativas d é la Ig le s ia , de las quales la prim era es el perdón
de los p e ca d o s: E n el undécimo se contiene todo lo que toca a ia
resurrecion general de los cuerpos 5 y en el duodécim o lo que mira
a la v i d a , y m uerte eterna.
D espues de este Sym bolo de los A p o sto le s, se levantaron varios
e r r o r e s ; y para d esterrarlo s, ha sido preciso que la Iglesia aclare
mas la profesíon d é la F é , añadiendo las palabras que eran necesa­
rias p a ra condenar la héregía A r r ia n a ; asi lo hizo en el Concilio
líic e n o , Y para condenar a los H ereges M aced on ian os, y a otros,
añadió otras cosas en el C oncilio general Constantinopolitano , que
exp lican con m ayor distinción la F é C ath olica. Pero siempre hemos
de e s ta r , en que todos los Sym bolos que usa la Ig le s ia , son uno
mismo en la substancia,y solo se diferencian,en que en uno se explica
la d o fírin a con mas clarid ad que en o t r o , p ara que los Fieles tío
sean p e rv e rtid o s , y engañados.

LECCION III.
SOBRE LOS ARTICULOS.
§. 1.

S O B R E E L P R I M E R A R T I C U L O .

Creo en Dios Padre todo Poderoso Criador del C ielo y di , ,


la tierra.

A p rim e ra p artícula creo sig n ifica e l a ñ o de fé que debemos


L h acer siempre que confesam os la D octrin a C h ris tia n a , el
q u a l debe estenderse al corazon , á la le n g u a , y á ta o b r a ; esto es,
creo con el corazón, confieso con la b o c a , y profeso con las obras;
porque para que el a íto de fé sea p erfecto , no solo se ha de creer
a D ios ve rd a d infalible ; no solo se ha de creer que hay D io s , si-
bo que co n to d o el a f e it o de la v o lu n ta d hem os d e a m arle com o á
núes-
S obre lo s A r t íc u l o s . 2 t
fluest.ro Sumo B ie n , y ultim o fin. Tam bién significa esta v o z crea
ta suma certeza con que damos créd ito a las verdades reveladas
j>or D io s , á diferencia de otras cosas h u m an as, en que unos opi~
'fian de un m o d o , y otros de otro. Ultimamente , indica dicha voz
fr e o , que acerca de las verdades eternas , que se contienen en el
■^ymbolo , no'se ha de inquirir , ni escudriñar cu riosam en te, sino
' riLe se han de creer con toda fid e lid a d , y firm e za , porque quando
D ios nos manda creer,no quiere que investiguem os sus al ros juicios,
sino que ilustrados , y fortalecidos con la luz de la F é , se quiete el
animo en el conocimiento de la ve rd a d eterna.
• M as y a es tiempo de que conozcam os la dignidad , y excelencia
de !a christiana sabiduría , y quántas gracias debemos rendir a D ios
<}>t)r habernos dispensado tan gran beneficio , que por las gradas de
í a Fé subimos hasta el conocimiento de la D ivin id ad . Por eso se d i­
feren cia tanto esta Filosofía christiana de Ja de los G e n tile s : por­
que estos , despues de mucho tra b a jo , apenas llegaron á un conoci­
miento obscuro de D ios j (a) pero la christiana sabiduría nos lleva,
en quanto permite el estado de v ia d o re s, hasta penetrar los C ielos,
y ver primeramente 1a misma fuente eterna de la lu z , pasando de
allí á contem plar a todas las criaturas, jC on qué go zo ! ¡Con qué
-alegría! V erdaderam ente que despues de la visión beatifica , no h ay
cosa que mas deleyte al a lm a , que esta fé, y luz adm irable que nos
amaneció en medio de nuestras tinieblas. (¿} E lla nos encamina á
D ios , y nos mueve para que le amemos como a sumo Bien , y u lti­
mo fin nuestro ; pero la Filosofía natural solo dá un simple conoci­
miento de D ios.
N o obstan te, de aqui se infiere la loca ceguedad de qualquiera
-que se atreviese á negar la existencia de D io s ; porque p or mas
■que quiera ap agar las luces de la razón con los humos de su mali­
n a , (f) tan altamente está impresa la noticia de D ios en la mente
*i$e los hombres , que de ningún modo se puede borrar totalmente,
Jtor mas esfuerzos que se pongan. Por eso , si el necio , y desati­
b a d o llegase a decir alguna ve z que no hay D ios , (d) lo dirá en su
2corazón ; porque quisiera su volun tad depravada que no hubiese
D io s , (e) para que sacudido el y u g o , y peso de la conciencia , pu­
d ie s e mas libremente , y con mas gusto entregarse a sus torpes de-
-leyle s. S0_

R o m . 1. i u , (b) t . l'í-tri .3 . V. 9 . (c) Psalm,4., v. 7 . [d) Psalm . 1 3 ,


j- íf* *■ {e) S, A ug, tra&. lo ó, in Joann. n, 4.
aa L eco ío ií t e r c e r a #
Solo con la lu z natural de la razón conocieron los F ilosofos por
los e fe & o s , y por las cosas sensibles, que había una prim era cau­
sa , y A utor de todo lo que tiene ser ; que es in m aterial, é incorpo-
reo ; que contiene en sí todos los b ien es; que de é l , como de una
fuente in agotab le, dimanan todas las perfecciones que tienen las
c ria tu ra s ; que es S a b io , A u to r , y amante de la v e r d a d , ju s to , y
beneficentísim o; que tiene absoluta , y suma p e rfe c c ió n , y que con
su infinita , é inmensa virtu d todo lo o c u p a , y llena. Por eso dixo
el S a b io , (a) que de la m agnitud de las criatu ras se viene en conoci­
miento del C r ia d o r : y no h ay duda que dá á conocer al Supremo
A u t o r , y G obernador del universo el orden m aravilloso de sus
partes. Verdaderam ente dice C ic e r ó n , que no h ay a r t e , ni A rtífice
q u e pueda imitar los prodigios de la n a tu ra leza , ni su composícion
adm irable, (¿) ¿Q uién no se adm ira (om itiendo las demás cosas) al
considerar solamente la m aravillosa com p osícion , y conexion que
tienen entre sí los miembros del cuerpo humano? ¿Y quién h a b r á , si
tiene uso de razón, que se atreva á pensar, que por acaso se formó
esta obra tan estupenda , y no reconozca por ella al Suprem o A rtí­
fice, que es D ios ? ¿Quién podrá d u d ar, que en esta Casa también go­
bernada del universo hay algún R egente?
Pero pasemos y a a v e r lo que nos d i& a la F é , que es el argu^
mentó mas in fa lib le , y que ilustra el conocim iento de la verdad.

$. II.

DE L A N A T U R A L E Z A , T P E R F E C C I O N E S D E D IO S .

Osotros sabéis p or la F e , que D io s es un Señor infinitamente


Y bueno , s a b io , y poderoso , p r in c ip io , y fin de todas las c o ­
sas. E sto fue lo que en breves palabras enseñó su M agestad á
M o yses quando le d ix o : To soy el que soy. (r) E l sentido de estas
palabras le explican los T h e ó lo go s d ic ie n d o ; que D ios es un Ente,
ó prim era causa , que de nadie depende en el s é r , en el v i v i r , y en
e l obrar. T o d o s los demás en te s, o c a u sa s, qualesquíera que ellas
sean , criadas en tie m p o , y hechas de la nada , (á) penden de aquel
E n t e , y Poder S u p rem o , de quien com o de fuente inagotable de
b e-
So bre los A r t íc u l o s . 23
benignidad, y bondad recibieron la perfección que tienen.
N o se pueden 2 !a verd a d d e c ir , ni pensar otras palabras mas
acom od ad as, que las sob red ich as, p ara d eclarar la naturaleza di­
v i n a ; porque de esta n o c io n , y idea de D ios se infiere manifiesta­
mente , que él solo tiene la plenitud de toda bondad. Y a s i, por
razón de que D ios es un Ente por sí m ism o, que de iludís depende,
se s ig u e , que es infinito j porque aquello se lla m a , y es infinito,
que no tiene térm in o, y que no se puede com prehender debaxo de
ciertos lím ite s; es a s i, que lo que no tiene dependencia de otro pa­
ra s e r , y para v iv ir , no tiene cosa que le contenga dentro de cier­
tos lim ite s; luego es infinitamente p e r fe c to ; porque sino lo fu era,
se encerrarían sus perfecciones dentro de algú n term in o, y asi 110
sería infinito porqtie dependería de aquel que le lim ita b a , ni sería
independente. E n una p a la b ra : ser in fin ito , y contener absoluta­
mente todas las p e rfeccio n es, es una misma c o s a : Ser in fin ito , y no
pender de o t r o , es lo m ism o; p or lo qual llegáis a v er con cla rid ad
que por razón de ser D ios prim era c a u s a , é independente, se sigue
manifiestamente , que posee infinitas perfecciones.
¿ Y quáles son las perfecciones divinas? O y d . Hemos dicho que
D ios es infinitamente bueno, y p erfa ftisim o ; luego es E sp íritu, (a) y
E spíritu sim plicisím o, e te rn o , inmenso , inm utable, que todo lo co­
noce , que todo lo puede, y que de su voluntad pende el U niverso,
¿P o r qué llamamos a D ios E sp íritu? Porque no consta de c u er­
po , figura , ni color , ni se puede percebir por los sentidos c o rp o ­
rales : D ios es espíritu , dice San Juan. (¿) Es simplicisím o , porque
no consta de com posícion algun a. Y aunque en las Sagradas E scri­
turas leemos los b ra z o s , p ie s , y manos de D io s , es un modo aquel
de hablar figurativo , con que se explican retoricam ente las divinas
operaciones, (c) Es eterno , porque no tiene p rin cip io , ní fin , y v i -
ve sin sucesión de tie m p o , porque posee junta , p erfectam en te, y
sin término toda la plenitud de la v i d a : Tú , Señor , permaneces
eternamente , se lee en el Psalm o; (d) porque D ios e s ,, fu e , y será
siempre. P ara que entendáis mas bien esta verdad c a th o lic a , hemos
de ver qué cosa sea eternidad , según la difine Boecio, (<■) N o es otra
cosa la etern id ad , que una total , y perfefta posesion de una vida
sin término. E n la eternidad no h ay an tes, ni d esp u es; no h a y dis­
tin­
to1' S. Aug. lib. 1. Confession. cap. 4. {b) JcMnn.4. 2 (c) S. August.-
Quatíüon, in Levitíc. 4.53. (d¡) Psdlm. 101.13, (e) Lib.3. deConioUtioKe#
B *
24 L ección t e r c e r a ,
tinción de fo s a d o , p resen te, ni Futuro , porque todo está ju n to . E.i
este sen tid o , p u e s , es D ios E te r n o , que v iv e sin succederse a otro)
■y no se halla en su vida eos:: transitoria. (í¡) ISo tiene principio al­
guno de quien p ro ce d a , ni térm ino a donde cam in e, ni medio por
donde p a se , porque obtiene juntam ente toda la plenitud de la vi-
da , lo qual es propio de solo D ios,
Es inm enso, porque está en todo l u g a r , todo lo lle n a , y nin­
gún espacio de tiem p o , ni lu g ar le puede com prehender. (¿) Es in­
m u ta b le , porque no está sujeto á mudanza alguna: (c) Y aunque en las
-Sagradas Letras se dice , que D ios se m ueve á i r a , y á d o lo r , que
m uda sus o b ras; estas son locuciones acom odadas á nuestra inteli­
g e n c ia , y trasladadas de su propia significación a otra distinta,
(d) con las que se dá á entender lo que D ios obra en las criaturas,
■manifestando los efedtos de su ju s tic ia , y m isericordia.
C onoce todas las c o s a s , porque nada h a y que se pueda ocultar
d e su vista ; y á un m ira r, ó con una ojeada , (<?) (digám oslo asi)
vé juntamente lo fu tu r o , lo presen'.e , y lo pasado ; porque nada
h a y p asad o, ni futuro para D io s , todo lo tiene presen te, y hasta
los mas ocultos , é íntimos senos del corazon p e n e tra , y vé.
E s Om nipotente, porque nada h a y imposible para D ios; (/) solo
•lo que no puede es mentir , engañar , ni engañarse , p e c a r , m orir,
o ignorar algun a c o s a ; porque estos no son e fe ñ o s del p o d e r , sino
de fla q u e za , y está m uy leso s de D ios qualquiera d efe íto . (g )
D e D ios dependen todas las c o s a s ; porque su om nipotencia las
c rió to d a s , y las c o n se rv a , g o b ie rn a , y dispone según el beneplá­
cito de su omnipotentísima voluntad. L as crió to d a s , porque todo
lo hizo de la n a d a ; y hasta que con un fiat dio ser á todo el U n iver­
so , nada de todo lo criado tenia existencia : Jpse d ixít , 6? facía
sufit, (¿) Conserva todas las c o sa s, porque todas las d efien de, y
a b rig a , de m an era , que asi com o aplicando su m an o, ( por decirlo
asi) todas las cosas criadas se m antienen; a s i , si D ios la apartase,
dexarian de s e r , y se reducirían á la nada. (?) G obierna , y dispone
to -

(o) S. A t u . traát. 3^. íti J.jíiut. n. l o . S, í h o m , j , p, c¡. m . are. i . ín


C o r n n r , (b) Psalin. 13Í?. 7 , J a c n i . 2 3 , 2 4 , (c ) M.ilach. 3. c-, J,¡cobi 1 . 1 7 .
(d) S. A u n . |.:^4 Confiss on. cap. 4. & lib. iS. de C iv. Dci , can- 1 7 .
Q ) I V 1 I J M S 8 . r , H c c l i . 2 3 . s 7 . A d R o m . 1 1 . 3 3 . A d H.br. 4 . 1 3 . ( f ) J o b
42. 2. M .u tb.iij. 26. (g) Hi.br. 6. iü. (b) Psslm, 148, j , Sap, a, 2. ¿sai*
4 1, S 4 , {i) Psalm,, 1 0 3 , 3 8. Sap. ix*26* .
So br e to s A r t íc u l o s . aj
todas las c o sa s, porque con tan singular providencia administra
^ D ios á todo el O r b e , y todo lo que en él se h a c e , que sin su v o ­
l u n t a d , ó permisión no se hace cosa alguna, T o d as las c o s a s , y ca-
■*da una de por sí dirige con reftitu d para la m anifestación de su
-glo ria. Q ualquiera cosa buena que se h a c e , se ha de atribuir á él;
Lpero cosa alguna mala no puede h a c e r , porque es incom patible con
su infinita san tid ad , aunque es verdad que p e rm ítelo s males en
.el m und o, para sacar de a llí.m ayo res bienes, A lg u n a vez parece
que desampara a las almas justas quando padecen muchos trabajos,
quando están srjet:¡s al furor de los malos , y quando padecen per­
secución por la justicia. A l contrario , quando los malos se hallan
en la m ayor p r o s p e r i d a d , quando nadan en delicias carnales,
g u a n d o abundan en riquezas ,q u au d o se dán a-tod o genero de v i­
rio s . parece que D ios cuida poco de las cosas,P ero , ¡ o h , C a th o li-
■:c o s ! N o podemos sospechar de su adm irable providencia semejante
j^escuido. En lo próspero , y en lo adverso nunca se o lvid a D ios de
los suyos , los corrige , y castiga con amor p a te rn a l, y los prueba
como al oro en el fuego de la tribulación , para hacerlos dignos de
•sí. («) A los m a lo s, a las veces los permite que abusen de la felici­
d a d tem p o ra l, y los dexa sum ergir eii el profundo de la m alicia;
(>ero al fin llegará el tiempo de la divina v e n g a n z a , en que á cada
uno se dará el prem io ? o castigo , según sus obras.

$. III.

.*■ H E L A U N I D A D DE D IOS.

■f y ^ Q R qué en el Sym bolo se dice creo en D ios en singular ? P a ra


,:.JL exp licar la verdad de la divina esencia. ¿ L u e g o no h ay mas
,<JUe un D io s? A sí e s , porque como dixo el gFan T e rtu lia n o , (¿)n o
ífyera D io s , sino fuera uno solo. Qne solo h ay un D io s , lo a segu­
í a la Fé , y aun lo convence la razón. L o asegura la F é , porque
.en el Deuteronomio se dice expresam ente, ic) <jne Dios nuestro Señor
es uno , y que no hay otro Dios fuera de él. L o convence la razón,
porque es imposible que sea mas de uno el Ente infinita , y absolu­
tamente p e r f e f lo , pues de la razón de absolutam ente p erfefto , es
te-
T («) -S. Aug, lib. i. de U v i t . Dl-í, Ü. n. i . Job s i . 7. (b) Lib. i .
Éoucu Marcion. cap, 3. (j) Deutetonom.ó. 4. 32. 39 * Ad Ephes.4- í*
i6 L e c c ió n tercera.

tener todas las p erfe ccio n e s; y como el no tener ig u a l dice p erfec­


ción , de aqui es , que solo es uno el infinita mente p erfe fto , que es
D i o s , y no puede haber m uchos D ioses. Y aunque en la Sagrada
E scritu ra se llamen Dioses los Ju eces, y los Profetas , no es decir
que sean D ioses ese n cial, y absolutam ente, sino que se llaman ta­
le s , para s ig n ific a r, que en ellos se hallaba algu n a excelente virtud
participada d e D io s.
§. IV ,

D E L A S A N T I S I M A T R IN ID A D .

Ste D ios es una Persona sola"? N o , sino tres en todo iguales,


que so n , Padre , Hijo , y E spíritu S an to , (a) ¿ E l Padre es
D io s? Sí. ¿ E l Hijo es D io s? Sí. ¿ E l E spíritu Santo es D ios? Tam ­
bién. ¿ Y son por ven tura tres D io ses? N o , sino uno en esencia , y
trino en Personas. ¿Pues cóm o es esto ? Porque es una sola la N a ­
tu raleza que h ay en las tres P erson as, y en cada una de e lla s , las
quales son Iguales en la e te rn id a d , en la m agestad , y en todas las
demás perfeciones (b) H i ¡res unum s m t , dice el E van gelista San
Juan.
l Y el P ad re es el H ijo ? N o . ¿ Y e lE s p íritu Santo es el P a d r e , 6
el H ijo? T am p o co . ¿P o r qué? Porque las Personas son distintas,
aunque es un solo D ios verdad ero. ¿Pues cóm o son distintas , si
tienen las tres Personas una misma E s e n c ia , y N atu raleza D ivinal
P orque una es P a d r e , otra es H ijo , y o tra es E spíritu Santo , que
son propiedades personales d istin ta s, por las quales solo a. la pri­
m era Persona conviene el ser P a d r e . no a las de'.nás; y a la segun­
da el ser H ijo , y á la tercera ser E spíritu S a n to : Y a s i , el Padrt
no es el H ijo , ni el Hijo es el P a d r e , ni el E sp íritu Santo es Padre. '
ni es Hijo , ni estas dos Personas son el E sp íritu Santo ; pero todas
tres Personas distintas son un solo D ios ve rd a d e ro .
Q u is ie r a , Cathoücos , ex p licar mas claram ente con algú n símil
este tan a lto M ysterio ; pero todos los que se pueden poner no al­
canzan a su soberanía , que excede la cap acid ad de todo humano
entendim iento. N o o b stan te, en nosotros mismos hallam os alguna
semejanza , pues y a sabéis que crió D ios a l hombre a su im a g e n , y
se-
( a) Match. 28. 3$. Juan a, 8. 10. j o a ii u .j. 7, Sym bol. Conscant, & S«
Athanasii. (b) Ephes, 1. cap. / , 7,
S o b r e to $ r A r t í c u l o s , 27
semejanza , la qual está en el a l* » .- É l alma es u n a , y tiene tres
p o te n c ia s distin tas, aien -oria, entendim iento, y vo lu n ta d . L a rne-
■jmoria sirve para acordarse de lo pasado , el entendimiento para
¿d iscu rrir, y la voluntad para a m a r, o aborrecer. E s indudable
' que la memoria es alm a , que el entendimiento es alm a , y la volu n -
la d es alma , y no por eso se d ic e , n¡ se puede decir que el hombre
tiene tres a lm a s . porque es erro r condenado. D e este exem plar se
A-ale mi Seráfico. D c d o r San. Buenaventura, para exp licar este tan
in e fa b le , y altísimo M ysterío.
. Hemos dich o que la prim era Persona de la Santísima T rin id a d
es el P a d r e ; pero se h a de a d v e r tir , que esta palabra P adre tiene
dos sentidos., uno com ún a todas tres P e rso n as, y otro p articu lar de
| a prim era. E n quanro es com ún a todas tres P erso n as, le conviene
k Dios u n o , o a Ja N atu raleza D iv in a , a quien llamamos P ad re,
in vocán d olo , y reconociéndolo com o t a l , por quanto en él vivim os,
nos m ovem os, y so m o s, y de quien recibimos todo bien. M as cla­
ro . Conviene á D ios este nombre P adre , porque es C r ia d o r , y G o ­
bernador d e todo el M u n d o ; porque asi com o se llam a padre de
fam ilias aquel que tiene h ijo s , y com o Señor de su casa la gobier­
n a , asi a D ios , que c rió el U n iv e rs o , y le gobierna , con razón le
debem os llam ar P adre j pues aun los Filósofos gentiles le reconocie­
ron por tal en este sentido. D e este mismo nombre usan también las
Sagradas L e tr a s , quando hablando de D ios-, le declaran C ria d o r de
todas Jas cosas , y manifiestan su potestad , y adm irable providen-
' f ia . E n el D euteronom io leemos ; ¿ Por ventura no es tu Padre aquel
.que te poseyó, y te crió i E n o tro l u g a r : (a) ¿ Acaso no es uno e l P a­
riré de todos ? Tam bién conviene a D io s mas particularm ente el
nombre de P ad re respecto d e los F ie le s, porque aunque no somos,
-DÍ podemos ser hijos naturales de D i o s , pero lo somos por adop ­
c ió n , porque somos hermanos de C h risto , y coherederos suyos.(¿) N o
recibimos el espíritu de servidumbre en temor , sino el espíritu de hijos
Adoptivos de V ios , en el qual clamamos Padre nuestro. Tanto fu e e l
jimor que Dios nos tu v o , que quiso que fuésemos ,j> nos ¡¡amasemos hi­
jo s suyos, (c) S i hijos , luego herederos, herederos ciertamente de D iesy
y coherederos de Christo , que es nuestro hermano mayor..
t Pero aun mas m ysterío encierra esta v o z P a d re , p orqu e p or
ella
- («) D c m o r o a . 2 3 . ó . M a la cn . 2. i o s ( H R o in .S . 5. (c) J o a w i. 3. U
'R um , 8, 1 7 . Hcbr. a. ai.
i 8 L e c c ió n - t e r c e r a .
ella se exp lica mas principalm ente la prim era Persona de la Santísi­
ma T r in id a d , la qual se llam a P adre respefto de la segu n d a, que
es el Hijo , el qual n a c e , y es engendrado del P a d r e , en su eterni­
d ad , antes de todos los siglos. Por eso los A postoles , despnes de la
p alab ra D io s , añadieron al instante la de P a d r e , para denotar,
que nunca fue D ios , sin ser juntamente P a d r e ; por lo qual asi co­
mo es D ios en la etern idad, asi es siempre eterno Padre,
¿ Y de quién procede el P a d re ? D e n a d ie , porque es fu e n te , y
origen de las demás Personas. ¿ Y por qué se llama Padre? Porque
en su eternidad engendra un Hijo consubstancial con él ■esto e s, de
una misma substancia con el- Padre , de una misma naturaleza , de
una misma esencia d iv in a : (a) Dios de D io s, luz de lu¿ , Dios v e r­
dadero de D ios verdadero , que por eso se dice engendrado , no
criad o , el qual también se llam a V erb o , y Sabiduría del Pa­
dre.
¿ Y cóm o el Padre engendra a el H ijo? P or su d iv in o , y fe­
cundo entendim iento, conociéndose, y mirándose a sí mismo en su
e sen cia, como en un espejo c la rísim o , con c u y a acción produce
tina v iv a imagen , semejante en todo á si m ism o, a quien com unica
su mismo S e r , y N atu raleza D ivina. Q u iero que lo entendáis mas
bien con este símil , aunque dista m ucho de la realidad. M irase
alguno en un cristalino espejo , y al mismo tiempo produce en -él
una im agen, y copia suya , en la qual se e x p lic a , y representa su
mismo sér ; pues a este modo , (segú n nuestro im p erfefto m odo de
en te n d e r) mirándose el E tern o Padre en el purísimo espejo de su
mismo S ír , y D iv in id a d , produce á so Hijo , en quien p e rfe ftisi-
m a , y substancialmente se manifiesta , y representa el Ser del
E tern o P a d r e ; y a s i , es igu al en todo al Padre este V erb o D ivin o,
pues tiene todo su D ivino Sér , y N atu raleza com unicada por la
eterna generación purísim a , e s p iritu a l, y su b stan cial, c u y a gene­
ración , como eterna , dura eternamente , pues siempre eternam en­
te está el P adre engendrando al Hijo , á la manera que si uno se
estuviese mirando siempre á un espejo , siempre estuviera p ro d u ­
ciendo su imagen.
¿ Y de quién procede el Espíritu Santo , que es la tercera P er­
sona de la Santísima T rin idad ? D el Padre , y del H ijo , como de
un principio ; pero no es engendrado , sino que es término del mu-
tuo
(a; Symbol, N«cen«
S o b re io s A r tíc u lo s . 29
<»üo amor que se aman entre sí el Padre , y el H ijo , («) quienes en
Ja misma acción , o espiración de su voluntad le com unican su mis­
ó la D ivin a N a tu r a le z a , a trib u to s, y perfecciones. H e dich o que el
E sp íritu Santo procede del P adre , y del H ijo , com o de un princi­
p io , porque con una virtu d in d iv isib le , y común á los dos le p ro ­
ducen , com unicándole todo su Ser. L lam ase E spíritu S a n to , por­
gue procede por v ía de amor , y por un adió que se llam a E sp i­
ración. Tam bién conviene este nombre E spíritu Santo á la tercera
ÜPersona, porque nos infunde la vid a espiritual, que es el espíritu de
g r a c ia , y sa n tid a d , y no podem os hacer cosa b u e n a , dign a de
prem io eterno , sin su divina inspiración,
* Hemos dicho que todas tres Personas D ivin as son en tod o ig u a ­
l e s , en la m agestad, en la e te rn id a d , y demás p e rfeccio n es; pero
jpodrá preguntar a lg u n o , ¿ que si el P ad re, por ser p rin cip io de las
Otras dos P erso n as, es mas antiguo que e lla s , y el H ijo mas antiguo
1 que el E spíritu Santo ? A que respon do, que en todas tres Personas
po h a y antes , ni despues de naturaleza , ni de tie m p o , sino solo de
o rigen , en quanto la segunda procede de Ja prim era , y de estas dos
la te r c e r a : P ero esto no quita , p ara que asi como es eterno el Pa­
d re , asi sea eterno el H ijo , y eterno el E spíritu S a n to ; (¿) pues ab
*tierno es el Hijo en g en d rad o , y ab ¿eterno espirado el E spíritu San­
to ; y nada h ay , ni puede haber mas antiguo que io eterno.
L o entendereis m ejor con este simij. E l sol produce la lu z , y
d e l s o l , y la luz procede el calor ; y con todo eso no es antes el sol
que la i u z , ni el s o l , y la lu z io n antes que el calor. E l sol no pue­
de e x is tir , sin que comunique sus r a y o s , ni los rayos del sol pue­
den existir sin el s o l ; y lo mismo se ha de d ecir de otro qualquiera
cuerpo lum inoso, que derram a sus rayo s de lu z. A s i , p u e s, en las
D ivin as P erson as, aunque con orden infinitamente mas p erfe fio . É l
J*adre no puede existir sin que engendre al H ijo , ni el P adre , ni el
fcijo pueden e x is tir , sin que de ellos proceda el E sp íritu Santo.
N o puede el P ad re e x is t ir , sin que se conozca a sí mismo; y p or
eso es necesario que engendre al H ijo , el qual es engendrado p o r el
mismo conocimiento del P a d r e , asi com o la lu z es producida del sol
p or la misma difusión de sus rayo s, (c) N i pueden el P ad re , y el
Hijo tener existencia sin que se amen recip ro cam en te; y p or eso es
ne-
J *a m. i i, 26. íd, 1 6. 14 . A .. ; ¡i:». de TrinU , cap, 1 4 , n, i j .
(¿) Sym b. Constantinop, {,<•) S .A u g . d e T rin íc . lib. 9 . cap .a, n . i ,
30 L e c c ió n t e r c e r a .
necesario que de ellos proceda el E spíritu Santo, el qual es espirada
p or el mutuo amor del P a d r e , y d el H ijo. M as no ju zgu éis que hay
com paraciones en toda la naturaleza criada que puedan demonstrar
con claridad lo que pertenece al M ysterío de la Santísim a Trinidad.
E s menester que confesem os, que este M ysterío inefable no está su*
jeto á la inteligencia d e l humano entendim iento, ni se puede perce-
b í r , n i com prehender sin la lu z de la F é . Creem os este M ysterío,
p orque D ios lo ha r e v e la d o ; y sabemos de cierto , que ha sido re­
velad o por D ios porque así lo d eclara nuestra M ad re la Iglesia. Y .
a s i , despues que confesem os, y veneremos la unidad de la esencia
d iv in a , y la d istin ció n , y trinidad en las P erso n as, no debemos in­
q u ir ir , ni preguntar mas , llevados de la c u r io s id a d , sino creer en
D i o s , verd a d in fa lib le , que no puede mentir.

§. V.

TODO PODEROSO, CRIADOR D E L C I E L O ,


y de la Tierra.

I / ^ O r n o es D io s todo poderoso ? P o rq u e con solo querer hace


X * ,/ quanto q u iere.
Y a dexam os dicho a lg o de la O m nipotencia de D ios , h a­
blando de su n a tu ra le z a , y perfecciones. M as no debemos om i­
tir a q u í , que aunque D ios es una substancia sim p licisím a, con to­
d o , tiene varios nombres en la Sagrad a E scritu ra para acom odar­
se á nuestra lim itada capacidad ; porque no podemos considerar en
su sim plicidad la inmensa m agestad de D io s ; y también para signi­
ficar con dichos nombres su inm ensidad. L os T h eo lo g o s llam an k
estos nombres atributos de D io s , porque las Sagradas L etras se los
a trib u y e n , y son la O m n ip o ten cia , la S a b id u ría , la B o n d a d , la
J u s tic ia , la M ise ric o rd ia , la V e rd a d , y otros m a c h o s , que constan
de la E scritu ra. Pero todos se pueden red u cir á tr e s ; conviene á sa­
ber , á su O m n ipoten cia, á su Sabiduría, y á su Bondad ; porque la
justicia se puede reducir a la o m n ip oten cia, la verd a d a la sabidu­
ría , y la m isericordia a la bondad. T o d o s estos atributos son com u­
nes á todas tres P erso n as; pero la propiedad de ser ingénito solo
conviene al P adre ; ia de ser -engendrado, al Hijo ; y la de proceder
de uno , y d e o tro al E sp íritu Santo, Y aunque al P ad re se le atri­
b u ye el poder t a l H ijo la sa b id u ría , y a l E sp íritu Santo la bondad,
o
S o b r r lo s A r t íc u lo s . Z1
• ¡o el a m o r, no se h a de entender de tal modo , que lo dicho conven-
-frga a una P e rso n a , y no á o tra } porque es in d u d a b le , que son
perfecciones comunes a todas t r e s , sino que al P adre se le a trib u -
buye el p o d e r , (a) porque es principio , y origen de las otras dos
Perdonas, del modo arrib a d e c la ra d o ; al Hijo la sa b id u ría , porque
es el V erb o del P a d r e , y es engendrado p or el fecundo entendi­
miento del P a d r e , y y a se sabe que al entendimiento es a quien en
cierto modo especial se le atribu ye la sabiduría, Y la bondad , o el
' amor se atribu ye al E spíritu S a n to , porque es el am or del P a d r e , y
del Hijo , o pofqu e procede del mutuo am or de entrambos.
E sto su p u esto , ¿qué significa esta v o z O m nipotente ? Y a se ex­
plicó a rr ib a , y no es necesario repetirlo. M a s e s conveniente e x ­
plicar la r a z ó n , ¿ por q u é , habiendo otros m uchos atribuios , que
convienen a D io s , solo pusieron los A postoles en el C red o la pa­
labra Todo Poderoso , dexando los demás nombres ? Una de las ra ­
zones de esta providencia es , porque quien tiene conocim iento de
la Om nipotencia de D io s , infiere de aqui otras muchas cosas , co ­
mo el que D ios puede conocerlas to d a s , y que es Señor del U ni­
v e r s o ; (¿) y a s i, que puede reducirlas todas á la n a d a , y cria r de
nuevo en un instante otros muchos m un d os, porque sino tu viera
p oder para saber alguna c o s a , para h a c e r la , para quererla , ó pa­
ra m an d a rla , no se podría llam ar Om nipotente. M as debemos es­
ta r m uy a d v e rtid o s , que aunque D ios quiere que todos ios h o m -
vbres se salven, y vengan al conocim iento de la verdad , (f) con todo,
no nos s a lv a rá , si nosotros no cooperam os con su g r a c ia ; porque
aunque es verdad que nadie puede im pedir el efefto de su omni­
potentísima volun tad ; mas esto se entiende quando es absoluta,
;y no condicionada. P or lo q u a l, quando D ios quiere que todos se
s a lv e n , es con la condicion que obedezcan á sus m an d a to s, y
¿obren christíanamente; y com o nos d ex ó nuestro libre a lved rio, po­
c e m o s resistir á sus auxilios , y condenarnos, j A h ! ¡ O jalá no tu­
viésemos libertad para d exarle de amar ! P ero es in d u d a b le, que
quien nos crió independiente de nuestra volun tad no nos salva rá ,
si nosotros no queremos.
L a segunda razón por que los A postoles hicieron mención en
el Sym bolo del atributo de Omnipotente e s , porque este co n o ci-
m íen-
*— — ■ ---- ---- ------- X»
(a) Achanas. ¡n Sytnb. Damasc. lib. i. de Fíde orthod. cap, io, 8í i r ,
(b) Dam. iu Dial, contra Manicb. fol. 48. lie, k. (c) 1, Ad Tímotb. 2,
32 L e c c ió n tercera.

m iento es sobrem anera u ú ü s ir m , y necesario para inducirnos a


creer de D ios cosas a d m ira b le s, é in exp licab les, que excedan núes-
t r a lim itada cap acid ad ; pues quien o ye , y cree que D ios es todo
P o d e r o s o , fácilm ente se convence á dar créd ito a todo lo que se
d ice que D ios ha obrado m ilag ro stn sn te sobre todo el o r d e n , y
econom ía de la n a tu ra le za ; y aun q u in to mas adm irables sean las
cosas que o y e de D io s , tanto con m ayor g u s to , y de mas buena
gan a lo cree.
L a tercera razón e s , porquo el tal conocim iento alienta mu­
ch o nuestra e s p e ra n z a ; pues siempre que se nos propone que d e­
bemos e s p e ra r, y pedir a D ios alguna cosa g r a ^ i e , y m ilagrosa,
se levanta el animo para esperar con m ucha c o n fia n z a , conside­
r a n d o , que siendo D ios O m n ip o ten te, no le es d ifíc il, sino m uy
f á c i l , conceder ta le s , y aun m ayores cosas. Por lo qual conviene
que estemos fortalecidos con la Fé de la D ivin a Om nipotencia,
siem pre que la n ecesid ad , 6 utilidad del proxim o pida semejantes
m a ra v illa s, (a) o quando deseamos alcanzar de D ios algun a cosa
p o r medio de nuestras oraciones. (¿>)
L a q u a r t a razón e s , porque el sobredicho con ocim ien to, y fé
nos enseña la m odestia, la hum ildad , y tem or reverencial con que
debemos estar delante de D i o s : (r) porque quien atentamente con ­
siderase la O m nipotencia de D io s , se hum illará en su presen cia, y
no temerá á los que solo pueden quitar la v id a del cuerpo , sino á
aquel gran D io s , en c u y a potestad están todos los h o m b res, (cí)
sus a lm a s , y sus c u e r p o s , con todo lo demás que p oseen , para ha­
cer de ellos lo que convenga á su ju sticia.
Y la q u in ta , porque este conocim iento hace que reconozcam os
los inmensos beneficios que nos ha hecho la D ivin a liberalidad , (e)
y nos excita a darle gracias por ellos , y que nos preparem os para
recib ir otros muchos m a s , considerando , que el D ios Om nipoten­
te es una fuente inagotable de aguas de la vida , y un tesoro infini­
to de riquezas para fav o recern o s; y a s i, le debemos d ar hum ildes
gracias por lo re cib id o , y e s p e ra r , y pedir en adelante otros mu­
chos favores.
¿ P o r q u é , despues de la palabra O m nipotente, se sigue C ria ­
d or del C ie lo , y de la T ie rra ? Porque el que tiene fé de que D ios

(íj) M atc h . 1 7 .3 .0 . (b) j a c o b . J . 6 . 7 . {cj 1 . P u r . j . í . L u c * 13. j .


(e) Luc* i, 4f,
S o b re lo s A r tíc u lo s . 33
' >es todo P o d e ro so , m uy fácilm ente creerá que crió el C ielo , y la
T ie r r a . ¿ Y cómo es D ios C riad o r ? Porque lo hizo todo de nada,
t A si es , C atholicos, L a palabra c ria r significa dar el ser á a í-
‘ gun a c o s a , sacandola de la n a d a \ y como D ios es Om nipotente,
¡es in d u b itab le, que puede de la nada dar el ser a todo lo que quie­
r e . D e hecho crió el C ielo , y la T ie r r a , y todo lo que se contiene
íen su ámbito , a que llamamos mundo , manifestándose a sí mismo
ten sus c ria tu ra s ; para cu y a obra no fue obligado por algun a fuer­
z a , ni por alguna necesidad que tuviese de nosotros, ni de otra co ­
sa ; (a) pues por sí mismo es per fe ¿lamente Bienaventurado, sino que
solo le m ovió su misma bondad , porque es propio de ella el com u­
nicarse á sí mismo á otros. N i tam poco quando crió al mundo tuvo
presente otra id e a , ó exem plar a quien im itar fuera de s í , com o
suelen hacer los otros A rtífices, sino que la tuvo en sí mismo , p or­
que en su divina mente , t> inteligencia se contiene el exem plar de
todas las cosas criad as, á quien llaman los T h eo ío gos mundo arch e-
t y p o , é ideal; y por tanto, m irando Dios en sí mismo este exem plar,
c rió todas las cosas con suma sabiduría, (b) E l lo d i x o , y fueron
h echas; el lo mandó , y fueron criadas : c u y o sentido e s , que fu e­
ron criadas todas las cosas según la vuluntad de D ios , pues de r a - '
zon de Omnipotente e s , que se haga aí instante todo lo que quiere,
l Y quién crió el C ie lo , y la T ie rra ? ¿ E l P a d r e , ó el Hijo , ó
el Espíritu Santo? (r) D ios trino , y u n o , Padre , Hijo , y E spíritu
Santo es el C r ia d o r ; porque todo lo que Dios obra ad extra es obra
íde toda la Santísima T rin id ad , Y aunque en el Sym bolo se atrib u ye
á solo el Padre la C reación del M u n d o , es porque la C reación per­
tenece a la Om nipotencia , y al Padre se suele atribuir todo lo que
dimana de la Om nipotencia D iv in a , del modo exp licad o a r r ib a ; pe-
í o es de F é , que el C ielo , y la T ie rra , y todo lo que se contiene en
¡su á m b ito , es obra de toda la Beatísima T rin id a d inseparable­
mente.
¿ Y qué fin tuvo D ios en cria r el C ie lo , y la T ie r r a ? T o d o ío
hizo por sí mismo , dice la E scritu ra , (d) esto e s , crió todas las co ­
cías para manifestar su benignidad , su p o d e r , su justicia , su sabi­
d u r ía , y todas sus p e rfe ccio n e s, dirigiéndolo todo á g lo ria suya,
________________________ y
(a) Psalm , i j . (b) Psalm. 14 a . Psalm. 1 1 3. (c) Psukn, 3 2, 6. Joann,
í . i?. S .A u g . serm , 7 1 , alias u * de V crb. D om iní cap. 16,11, 8 7 , (á) Pru-»
verb. 1 6 . 4 . -
34 L ecc ió n t e r c e r a .
(<j) y para que todos conociesen la grandeza de su nombre, le ado­
rasen , y amasen.
¿ Q u é debemos entender aquí por C ielo ? T o d o lo que el mismo
C íelo a b r a z a ; porque además de los C ie lo s , que son obra de los de­
dos de D io s , com o d ixo el P r o fe t a . (b) c rió también al S o l, á la
L u n a , y las E strellas para ornato de los mismos Cielos , con tanto
lucim iento , y herm osura, y con una tan ordenada distribución, que
nos excita a alabar a! C r ia d o r , el ver el cierto , y constante curso
de los C íe lo s , y Planeias , los quales en su mismo perpetuo movi­
miento acreditan su e sta b ilid ad , y firm eza , y distinguen los tiem­
p o s , los d ía s , y los anos. Tam bién se debe entender por Cielo los
C ielos esp iritu ales, que son los A n g e le s , porque D ios es C riador
de las cosas v is ib le s , é invisibles.
¿ Y c rió D ios también los A n geles? Sí por c ie r to ; asi lo ense-
í a l a F é. (f) D e ellos hace mención m uchas veces la E sc r itu r a , y
casi no hay en ella libro a lg u n o , en que no se hable de ellos, (d)
P ero M oyses nada escribe en el capituio prim ero del Genesis , refi­
riendo la H istoria de la C reació n del M undo , de c u y o silencio
dán muchos varias razones.
¿ Q u é cosa son los A n g eles? Son unas criatu ras espirituales,
intelectuales,(f) que no constan de cu e rp o , ni de co lo r, ni de figura,
ni se pueden percebir por los sentidos exteriores en su propia natu­
raleza. T ien en m ucho mas p e rfe íta que los hombre la virtu d de en­
tender , y c o n o c e r ; porque los hon;bres están compuestos de alma,
y de cuerpo , mas los A ngeles son puramente espirituales. ( / ) El
cu erp o corruptible a g ra v a al al ira ,d ¡c e el libro de la Sabiduría, y
su habitación terrena hace tardo al entendimiento para entender.
C rió D ios estos Celestiales Espíritus en el C ielo , y allí los co­
l o c ó , con el fin de enriquezerlos con la tiern a felicidad , para cuyo
efeéio Ies dió iodo lo que era n ecesario , Q») esto es, los dotó de un
entendim iento n u y p e rsp ic a z, para que conociesen claram ente lo
que debían hacer para alcanzar la vid a e te rn a , que consiste en ver
a D ios perfeftam ente en sí m ism o, a m a rle , y poseerle etcrnam en*
te. L os dotó de una voluntad redám ente dispuesta, para que con fa­

______________ qui~
cilidad practicasen todo lo bueno ; y de todos los a u x ilio s , de que si

(a , R o m , 20, (p) i ' s a i m . s . i t,¿. v . a, cc j . (J< D111.3. 57-


J8- C o l o s . 1 , i d . (e) Psalra. 1 0 3 . 4 , l i e b u 1 . 7 . ( f ) S a p . 9 , i j . ( g ) a.
Reg. i 4*
S obre los A r t íc u l o s . j ?
/ ¡quisiesen usar bien , podrían fácilm ente perseverar , y conseguir la
^tterna B ienaventuranza, (i») C rió D ios a los A n g e le s , dice San
■^Agustín, concediéndoles la g ra cia al mismo tiem po que les dió el
ser. U ltim am en te, Ies concedió una grande p o te s ta d , porque los
íiiz o p oderosos, y esforzados. (¿) P ero no obstante de ser enrique­
c id o s con tantos d o n e s, no consiguieron todos la eterna felicid ad j
porque permaneciendo unos en el cam ino de la ju s tic ia , que va le
d e c ir , en la g ra c ia con que fueron c r ia d o s , se les dió p or ultimo
-la G lo ria eterna , a los quales llamamos Santos A n g e le s , 6 A ngeles
absolutam ente; (f)m a s otros cayero n por su culpa de la g ra c ia de
D io s , y á estos llamamos d ia b lo s , dem onios, espíritus m alignos , y
potestades de las tin ieb las; ní se llaman y a mas A n g e le s , sino,
-añadiéndoles el b o rro n , y nota de su m a lic ia , A ngeles malos.
¿ Y por qué razón os parece a vosotros que consiguieron la vi­
d a eterna los A ngeles Santos? (d) Porque perm anecieron en la g ra c ia
d e D io s , se h u m illaro n , y sujetaron á su obediencia. Estos están
gozando de D io s , asisten al derredor de su trono en el C ie lo , le
v e n , le a d o ra n , le am a n , le alaban , le b en d icen , y están unidos
c o n su M agestad con indisoluble lazo de a m o r , de quien nunca se
apartarán, (e) D e estos M inistros preparados , y prontos p a ra q u al-
quiera ministerio , se vale su M agestad especialm ente en quanto
m ira á los hombres , pues para eso los crió D io s , (/) para que le
sirviesen de M in istro s, y le asistiesen. Sus m inisterios principales
acerca de los hombres son llevar sus oraciones al trono de D ios,
como m uchas veces dice la E s c ritu ra ; intimar á los hom bres las o r­
denes de su M agestad quando se lo manda ; obrar no pocas m ara­
villas en beneficio de los h o m b res, quando el Suprem o R e y se lo
Ordena ; y son destinados para la g u a r d a , y defensa de cada uno dé
los hom bres, pero con especialidad de los F ie le s , y de toda la
Iglesia.
* ¿C ó-

(«} -Aug, lib. i 2 . úe C i v i l . D ; i , ca¡>. 9. A !i.xai>d. de A l c i . 2,. p. q. 1 9 .


m e m b . 2 . S . T h o m . 1 . p. q. 6 2 . art. 3. Psalm . 10 3 . (¿>) S. A u g . lib. de C a r -
i;ept. ¡k g r a t i a c a p . n . n . 3 3 . (c) íd e m . íb¡d. cap. 10. n. 3 7 , D - c r e t . G r e g .
J X . lib. 1. d e S u m m a Trin ir. & F í i e Carhol, cir .i. ca p. 1 . firm itcr. (d) P s a l m .
77 * 49. Ephes. 6 , 1 2 . S . A u g . Enchirid, cap. 2 8 . n . 9. (e) T o b i r 1 2 . í j .
l V U : t h .í 8 . 10 . I s j í . 6 . 1 . ( / ) P s a l m . 10 3 . 20. H clir. 1. 1 4 , S .B crn ard . serm ,
$ 9 . >n C a u t . n. 4 , T o b . 1 2 . í a . A p o c a )y p ; .8 . 3 . G e n e s . i ¿ . 7 . 3, R c g . 1 9 . f .
G en es, ij¡. n. 2 1 . J u d ie . 1 1 . & aUaplurima.
C 2
36 L e c c ió n t e r c e r a .

(a) ¿ C óm o, y por qué culpa perecieron los que ahora llamamos


dem onios ? Perecieron por su sobervia , se levantaron sobre sí 5 qui­
sieron ser semejantes al A ltísim o , y apartarse de su ob ed ien cia, y
sujeción , (b) y por esto m erecieron justamente la condenación eter­
na , porque nada h ay mas c u lp a b le , é in iq u o , que no reconocer la
criatu ra á su C riador ; y asi fue sumamente ju s to , que D io s , que
resiste a los so b erv ío s, castigase á sus enemigos como a reos de es­
ta d o . (í)
P ara con clu ir este A rticu lo resta e x p lic a r , qué se debe enten­
der por la palabra Tierra : Criador del Cielo , y de la Tierra. La
tierra que está en medio del M undo , y es su centro , comprehen-
de todas las cosas terrestres, los montes , ios c o lla d o s , los mares,
los r ío s , las fuentes , los arboles , los cam pos , los animales , y es­
pecialm ente los hombres ; los quales despues de los A n g e le s , exce^
den en perfección a todas las demás cosas criadas.
¿P u es qué cosa es el h o m b re , o l a m u ger? Una criatu ra racio­
nal , criada á la im a g e n , y semejanza del mismo D ios, id) Llamase
criatura , porque la parte mas p rin cip a l, que es el alma , la crii
D io s quando se infunde en el c u e r p o , (<?) y aun también es el mis­
mo D ios el que principalm ente form a el c u e r p o , aunque según la
m ateria tra y g a su origen de los padres carnales. Se llam a raciona/,
porque tiene entendimiento , m em oria, y voluntad ; y se dice que
fu e el hombre criado á la im a g e n , y semejanza de D io s , porque su
M agestad lo ha revelad o , y porque tie n e , en quanto al alm a , espí­
ritu , in telig en cia , y libertad ; lo qual fuera de los A ngeles , a nin­
guna otra criatu ra le com pete; y a s i, en algún modo se accrca á la
naturaleza divina , ó por mejor decir , se hace de ella participante,
p orqu e D ios es e sp íritu ; ( / ) y en las divinas perfecciones resplan­
decen con especialidad , (segú n nuestro modo de entender) el en­
tendimiento , la voluntad , y libertad.
¿ Y cóm o crió D ios al hom bre? L e fo r m ó , dice la Escritura,
del cieno de la T ie r r a , y le infundió el espíritu de vida , esto e s , el
alm a ra c io n a l, por la qual tiene vida el cuerpo humano. (g ) Esta
alm a racional es un espíritu inm ortal, á quien cria D ios para que se
úna

(a) Judiih 1 3 . 20. 1'salín. 33, ulia p tu iim a . (¿) fe, l iid .H r s p . sen-
tent. líb. 1 , c a p . 1 2 , n, 20. ( c ) 2. P w r i cap. 1 1 . v, 4 . ( j ) G e n , 1 . 3 6 . ( O 3-
M a c b a b , 7 . ] o b 7 . ( f ) J o a n n , 4 . 3 4 . S . A n ib r o s. in P s a l m . 1 1 7 . Exposir,
a . í o . Cff) G t n . 1 . 7 , S , A m b r o s . de B o n o m o n i s , cap, 9 . n. 4 2 .
S obre lo s A r t íc u l o s. 37
úna al cuerpo humano , y sea principio de su vida, D e F é e s , que
¡nuestra alm a es e sp iritu a l, é in m o rtal, y aun la misma razón lo de-"
'■muestra. Porque aquello que es espiritual no puede m orir ; no pue­
de m orir lo que es in co rru p tib le; y como lo espiritual es in c o r­
ruptible , porque no consta de partes separables entre s í , de aqui es,
que lo espiritual es in m o rtal: Pues ved aqui ahora. E l alm a racio ­
nal es esp iritu al, porque todo lo que piensa , y raciocina es esp íritu ,
no c u e rp o , ni materia , porque la m ateria no es cap az de pensa­
miento , ni raciocinio. Por qualquiera parte que m iréis a lo m ate­
rial , nunca hallareis sino exten sió n , figura , o m ovimiento. L a
m en te, y raciocinio se diferencian infinito del c u e r p o , y éste de
aquel, (a) Es a s i , que nadie puede d u d a r , que pensam os, que en­
tendemos , que querem os, y raciocin am os; porque si alguno lo du­
da , la misma duda es pensam iento; luego tocios los hombres tie­
nen un principio espiritual para poder pensar; y esto es lo que lla­
mamos , y es alm a racional.
¿Cóm o form ó D ios el alma del primer hombre? (ó) C riandola de
Ja n a d a , asi como las de los demás hom bres, las quales infunde en
los cuerpos. ¿ Y crió D ios a la m uger como al varón ? S i , aunque
no del mismo modo en quanto al cuerpo ; porque no form ó D ios
e l cuerpo de la m uger inmediatamente dei cieno de ia t ie r r a , sino
que como dice la E sc ritu ra , h izo que A d á n se d orm iese, y estañ­
ado d orm id o , tom ó una de sus costillas, y form ó de ella el cuer­
d o de E v a ; (c) lo qual hizo D ios, porque quiso dar á entender quán
estrech o sería el vinculo del m atrim on io, quán estrecha la com pa­
ñ ía del varón con su m u g e r , que se puede llam ar hueso de sus
-huesos, y carne de su carne , ( i) como d ixo el mismo A d á n , quan-
•do ya despierto , entendió la obra de D ios.
Este sueño que dió D ios a A dán , quando quiso form ar el
.¿cuerpo de la m u g e r, (e) (qu e quizá se puede mas bien llam ar é x ­
ta s is ) encerró un gran m y ste rio , y es el de la inefable uuion de
;.Christo con la Iglesia.
LEC-

(¡>) S. Aug. de l n m o r t . animas cap. t. n. 1, S. A ch in a s . O.at. co n t. gen,-


tcs n. 3 1 , (b) Z a c h a r, 12 . 1 . Ecclesiaítes 1 3 .7 . S . H f e r o n , Ep. ad Pamrn. j í? ,
alias 6 1 . p, 3 1 8 . (c ) G e n . 2. a i . ( d ) í b í d , 3 3 . ( e ) Ephes. 30 . S , Aug,
hb. 1 » , cont. Faustuin cap. 8.
LECCION IV.
SO BRE EL SEGU N D O A R T IC U L O .

T en J e s t i 'C h r i s t o su único H ijo , n u estro S e ñ o r .

R ió D ios al hom bre con et fin de que gozase la eterna Bien­

C aventuranza , que consiste en ver a D ios en sí m ism o, amar­


l e , y poseerle eternam ente, (a) lo quai es la suprema , y unica
licid a d de la criatura racional. Porque para que alguno pueda lia*
m arse bienaventurado , es necesario que de tal modo se satisfaga
su deseo , que no h ay a y a cosa que pueda ap etecer y ni temer;
pues toda la ve? que algo se desea , o se tem e, no se puede llamar
cabalm ente feliz. Y como fuera de D ios nada h ay que pueda lle­
nar el apetito d é la criatu ra racional', pues solo D ios es el Su ir. o
B ie n ; de ahí es , que todos los demás bienes , como caducos , y
pereced eros , no pueden saciar plenamente á quien los p osee: (b)
Para t i , Seño* , nos criaste 7 dice San A gustín , y hasta que en lí
descanse esta inquieto nuestra corazon^
L o s medios por donde A d á n , y E v a hubieran podido conse­
g u ir la eterna felicid ad en aquel estado en que D ios los crió , eran
obedeciendo á su C r ia d o r , sirv ié n d o le , y amándole sobre todas Jas
c o s a s ; porque k tolos tres capítulos se reducía todo lo que enton­
ces pertenecía á la obediencia de D io s : E l pi ¡mero era am arle so­
b re todas las c o s a s : E l segundo amar al proxim o como a sí mismo;
y el tercero abstenerse del fruto vedado. Conocí?n que debían ob­
servar estas c o s a s , porque D ios había escrito t¡i sus corazones su
le y santa de la caridad , que comprehende el arror de D io s , y del
p r o x im o , y prohibió exp resam en te, so pena de m u erte , que no
com iesen del fruto de la ciencia del bien, y del mal. (c) Podían con
m ucha facilidad cum plir estos mandatos,(¿) porque de tal suerte los
c rió D i o s , que tanto por lo que toca al alma , tom o por lo que mi­
r a al cuerpo , fueron adornados de todos los detes-, y auxilios que
bacian fácil la execucion de la D ivina L e y .
L o s dotes con que fueron enriquecidos en quanta a l cuerpo,
fue-
(a) S. Aug, Encli. cap.y. {!/) S.A.ig. oc N itut. ; co..t. Manicb, cap*
£. (c) Gen, s. 17. S. Aug. de Civ«.lib. 14, ca^. i j . n. u
S obre e l seg u n d o A r t ic u lo , 39
.fueron el gozar de entera salud , sin.tener que tem er enferm edad
' i a lg u n a , ni Jas molestias de la v e je z , ni la m u e rte ; pues nunca m o-
ririr;n, sino hubiesen pecado, {a) E n quanto al alma tuvieron el p ri­
vilegio de haber sido criados en el estado de p erfefta ju s tic ia , y
total inocencia. (b) R ecibieron todo lo que con du ce a la perfección
.del animo , pues tuvieron quanta noticia era necesaria de las cosas
hum anas, y d iv in a s; de tal m o d o , que no viciasen la serenidad , y
' can d or de su alm a ; (f) ninguna ignorancia en el entendim iento,
ningún defeéto en el ju ic io , y ninguna niebla en la razón . D em ás
d e e s to , tenían p len a, y entera lib e rta d , sin propensión alguna á
3o m a lo , porque la parte inferior estaba sujeta á la s u p e rio r, y se
governaba á su arbitrio. P or u ltim o , recib ieron de D ios todo gene­
ro de g r a c ia s , y auxilios necesarias para p oder fácilm en te, si qui--
siesen alcanzar la v id a e t e r n a ; (¿í) todo lo q ual les fue concedido,
no p ara sí so lo s, sino también p ara que pasase a l a posterid ad sin
alg u n a e x c e p c ió n , si se hubieran conservado en la inocencia.
¿Y cóm o os parece á vosotros que usaron nuestros prim eros P a ­
d re s A d á n , y E v a d e tan to s, y tan -singulares dones con que D ios
los enriqueció en el c u e rp o , y en el alm a? M u y m a l, porque
"(i a y d olor!) pecaron contra el precepto de D io s , y p erdieron su
inocencia. Com ieron del fru to ved ad o \ com ió E v a engañada del
dem on io, y dió á A d á n , y com ió, (e) E n gañ ó el demonio a los
h om b res, por la envid ia que ten ia de que consiguiesen la eterna
B ien aven tu ran za, y asi quiso hacerlos com pañeros de su ruina , y
d e sus desgracias. (/) T a n grande fue el pecado d e A dán , que se
puede llam ar inm enso, é inefable. (¿>)
P ara explicaros con orden las penas de este pecado , hemos de
tr a ta r prim ero de las que padecieron nuestros prim eros P a d r e s , y
despues de las que d e riv a ro n , y corrieron a sus descendientes. L a s
■f>enas en que incurrieron e llo s , fu e r o n , estar sujetos á todo gen e-
■ÉP de enferm edades, y d o lo r e s , y al im perio de la m uerte ;
estuvieron sujetos a la ig n o ra n cia , y concupiscencia ; no perdie­
r o n su libertad , pero quedó m uy d e b ilita d a -; y perdieron el im p e-

. (a) Sap.3. 2,3. S . A u g . lib. 1 4 . de C i v , D e i , cap. 1 0 . {b) C o n c . T r i d . d e


Justífíc, sess. y . D e cre t. 1 . Ecclcsiat. 7. 30. Ephes. 4 . 1 4 . (c) S . A u g . O p e r.
imper£ cotitr. Jalian, lib. 6. (tí) S. A u g . lib. 1 4 . de C í v i c . cap. 26, (e) G e n .
3- 6, 1. Tímoth. 1 1 . 1 4 . ( / ) Sap, 11. 3 4 . (g) S. Aug. de Dono persev.
cap, 34. n. 66 . ( i) Conc. Tríd, ses. j , decret. 1 ,
C*
40 L ección qijarta .
'r io , y dominio que tenían en todo genero de anim ales, (ti) A Adán
-dixo D i o s , que el pan que comiese sería a costa de su s u d o r , y a
E v a , que con dolor pariría sus h ijo s , y estaría debaxo de Ja po­
testad de su varón . U no , y otro fueron expulsos del Paraíso : fue­
ro n sujetos al imperio del demonio , y por remate de sus miserias se
les cerró la entrada a la v id a eterna para que fueron criados, y me­
recieron la eterna co n d en ació n , y los eternos tormentas del In­
fierno.
L a s penas que de su pecado derram aron Adán , y E v a en sus
descendientes , fueron las mismas a que ellos estuvieron sujetos. (/>)
P o r eso nacemos sujetos a toda e n fe rm e d a d , a la m uerte, á la ig­
n o ra n c ia , á la concupiscencia ; nacemos siervos del p eca d o , y del
dem onio , enemigos de D io s , e hijos de ira.
Este p ecad o, que respeñ o de A dán se llama cald a, o prevarica­
c ió n , y r e s p e t o de nosotros, se llama origin al, se deriva de él a no­
sotros por p ro p a g a ció n , no por imitación. V a le d e c ir , que los hi­
jo s de A dán no incurrim os en este pecado precisamente porque ac­
tualm ente le cometemos imitando aquella inobediencia , (c) sino que
incurrim os en la indignación de D i o s , y en la carencia de la justicia
o r ig in a l, solamente porque descendemos de A d á n , prevaricador,
y traemos de él nuestro origen por m ed‘10 de la propagación , y
procreación .
¿ Y qué hubiera sido de los h o m b res, si D io s procediese con
ellos según lo que merecían por el pecado %Serian desamparados de
su M a g e s ta d , y conducidos como los dem onios, á padecer penas
eternas. T a n corrupta quedó por el pecado la humana naturaleza,
■que siempre los hcm bres am arían sus mismos p ecad o s, y estarán
m u y lexos de hacer penitencia de e llo s , y pedir á D ios el perder.
(1á) Jamas tendrían conocim iento saludable de su m iseria, si la gra­
cia divina no hubiese ayu dado á la enferm edad humana para qre
abriese los ojos, conociese su m iseria, y la" llora se; con el qual auxilio
h icieron penitencia nuestro prim eros Padres, y por los méritos pre­
vistos de Christo se les perdonó ¿u cu lp a, (e) Pero aunque fuese po-

[u) (Ven. 3, i.-, ibid. 16 . Co.'K'. r'rúiciii. scs. .. j t b 14 . i i . A & o r ,


1 7 . 30. R o m . 10., 6 . 1 7 . 7 , 1 4 , Ephcs. 1 1 . 3 . (c: S . s . j . D i c r a . i . (d: S;ip.
jo./-. S. Ir c r j t u s l'b. 3. A d v . h*res. c a p . 2 ’ . alias 3 3 . 34 , S . A u g . de H s -
res. ad q u o d v u ld e u m h s r e í . 2 u Id em de Pcccat. tnerir. Lk tcni'ss^ou. lib, t,
.
ca p. 3 4 . n, ¡ 5. (e) C o n c . Txid cnc. ses.,6. cap. i . c a n . 1 de Justificar*
Sobre e i segundo A r t ic u l o . 41
íjble, (que no lo es) que sin la especial g r a d a de D ios conociesen su
■¿esdicha , y la llorasen , aunque clam asen pidiendo el perdón , en
4tano serían sus e sfu e rzo s, porque nunca podían purgarse de la in­
ju ria hecha á D io s , Bondad infinita ; pues infinita era la satisfac­
ción que pedia la divina justicia para aplacarse, (a) ¿P ues q u é , no
quedaba a la humana naturaleza algún refu gio , y esperanza ? N in ­
guno ciertam ente, si la divina b o n d ad , y m isericordia no hubiese
socorrido s u miseria. U só D ios con nosotros una m isericordia tan
inefable , que no se puede ponderar con palabras. P onderadla voso­
tros en vuestros co razo n e s: (b) A s i amó Dios ai mundo, que dio a su
grisma unigénito para la redención de los hombres. H izose Hombre ei
mi.-mo Hijo de D io s , para libertarnos del p e c a d o , y de la esclavi­
tud diabólica , para reconciliarnos con D i o s , y hacernos herederos
<Je su G lo ria.
E l Hijo de D io s , hecho H o m b re, se llam a Jesu-Christo. Jesús
<s lo mismo que Salvador ; C hristo es lo mismo que ungido : Se Ha­
c ia Christo , como vosotros sabéis, por la unción, y plenitud de g r a ­
cia que tiene sobre todos. Llam ase a s i , para significar su d ig n id a d ,
y oficio ; porque los S acerd otes, los P r o fe ta s , y los R e y es eran un­
c id o s ; y como el Hijo de D ios hecho Hombre es R e y , es Sacerdote,
y e s P r o fe ta , por eso se llama C h r is to , que es lo mismo que ungid o;
yero no fue ungido por mano de hombres, sino con la virtud de su
P ad re C e le s tia l; no con óleo m a te ria l, sino e s p iritu a l, porque se
derram ó en su Alm a la suma plenitud de la grac.i", y D ones del E s -
ritu Santo, ,
< ¿L u e g o C hristo Jesús es hom bre , y D ios juntam ente ? S í , C a -
th o lico s, esto predixeron los Profetas, (f) Llam áronle Hijo de D ios?
© Dios absolutamente por su N atu raleza D ivin a . (d) L lam áronle H i­
jo de D avid por la naturaleza H u m an a; y por la unión de 3mbas
JKaturalezas en una Persona fue llam ado Emm anuel , que quiere
$ e c ir i J)i0s con nosotros. (?)
V| A rticu lo de F é e s , que en Christo h ay dos N a tu r a le z a s , una
D iv in a , y otra humana. E n q uan.o a la N a tu ra leza D iv in a , es
.consubstancial con el Padre ; y con é l T y el E sp íritu S a n to , es un
D io s , como explicamos arriba. En quanto a la N a tu ra leza hum ana,
tiene c u e rp o , y alma como los demás hombres , y se vistió también
de
43 L ección q u a r ta ,
¿le todas nuestras m iserias, (¡i) excepto el p e c a d o , la ig n o ra n cia , y
la co n cu p iscen cia, que eran incom patibles con su d ig n id a d , y san­
tid a d . Si p re g u n tá is, (/?) ¿ cóm o puede ser que C hristo sea uno , te­
niendo dos N atu ralezas d istin ta s, sin confundirse la una con la
o t r a , y conservando cada una sus propiedades? Respondo , que es
uno , porque solo tiene una Persona , lo q u a l, aunque im perfecta­
m e n te , se explica con esta com paración ; (c) pues asi como el alma
r a c io n a l, y el cu erp o es un solo h o m b re, asi D ios, y Hombre es un
solo C hristo. ¿ Y qué Persona es la de C h risto ? Es D iv in a , y la se­
gu n d a de la Santísima T rin id a d ; y aunque no tiene Persona huma­
n a , es también verdad ero H o m b re, porque para serlo basta tener
n atu raleza de hombre.
E sta Persona del Hijo de D ios se unió á la N a tu ra leza de hom­
b re , que to m ó , porque la Persona siempre está unida á aquella
n a tu ra le z a , de quien es Persona. Y en algú n modo también están
unidas entre sí mismas juntam ente las dos N a tu ra le z a s, d iv in a , y
h u m a n a ; io qual se exp lica con este exem plo. En el h om b re, el
alma , y cuerpo tienen doblada unión , una en la persona deí mismo
hom bre , y otra entre el cuerpo , y el alm a , porque ésta se com uni­
ca al cuerpo c o n m odo p articu lar. ( d)
Hemos dicho , que cada una de las dos N aturalezas que h a y en
C hristo retuvo sus p ro p ied ad es, y operaciones. M as resta saber
quáles son las propiedades de cada una. L as propiedades de la N a ­
tu raleza divin a son , el ser eterna , increada , infinita , inm ortal,
c r e a tr iz , g u b e rn a tríz , y otras m uchas. L as de la naturaleza hum a­
na son , el ser fin ita , -criad a, m o r ta l, p a sib le , & c . Por lo qual no
s e puede decir que en C hristo es c r i a d a , ó finita su N aturaleza
D ivlna, ni que es p a sib le ,m o rta l, & c . o que su N a tu ra leza humana
sea infinita , increada , & c . p orqu e la unión de las dos N aturalezas
en C hristo no confunde las propiedades de cada una. (e) Pero ha­
blando de la Persona de C hristo, debemos c o n fe sa r, que le convie­
nen todas las propiedades, y acciones de las dos N aturalezas; de ta!
suerte, que se puede d ecir con verd a d , que C hristo es D io s , que
es H o m b re, que es C r ia d o r , que fue m u e rto , que resu citó } ( / ) y
■esto es á lo que los T h eo lo go s llam an com unicación de Idiomas. La

(a) Heb. 4, 1 4 . [b) Conc. Chalced. A c u m e n , (c ) Sym!»ol. S.Athan.is.


ad scriprum, (¿j Ex Symbol. Arhamstí. (e) C oac. Calcedon. Acumen.
( / ) -S. Hyhr« lib» ¡>. de Triiu'c. n. 3,
Sobre el secundo A r t ic u l o . 43
íazon de esto e s , porque todo lo que coaviene a la naturaleza,
¿onvlene también a aquella persona de quien es la naturaleza; y
tomo la Persona del Hijo de Dios sea Persona tanto de la Natura­
le z a divina, como de la humana, síguese , que lo que conviene á
Una, y a o tra , se puede con verdad atribuir a la Persona de
Christo. Esto se puede de algún modo declarar con el siguiente sí­
mil. El cuerpo , y el alma están unidos en la persona del hombre;
y asi, todo lo que se verifica del cuerpo , o del anima del hombre,
en quanto son de su naturaleza, se puede verificar del hombre mismo;
por lo qual, k! el cuerpo está muerto , o enfermo , ó baldado, se
dice que el tal hombre es muerto , está baldado, o está enfermo,
Pero no juzguéis que pueda decirse, que el Padre, o el Espíritu
Santo tomó carne humana , que padeció , y murió; porque en sola
fe Persona del H ijo, y no en la del Padre, ó del Espíritu Santo,
se unieron las dos Naturalezas divina, y humana ; (a) solo la se­
gunda Persona , que es el Hijo , se hizo Hombre ¿Pues cómo puede
ser esto, preguntareis vosotros, que las dos Naturalezas estén uni­
das en la Persona del Hijo solamente, y no en las del Padre, y del
Espíritu Santo, quando el Hijo tiene una misma Naturaleza divina
con estas otras dos Personas ? A esto respondo , que este inefable
Mysterio excede la esfera de la humana caf acidad, pero la cree­
mos firmemente sin sombra alguna de duda, porque Dios lo ha re­
velado , y la Iglesia nuestra Madre siempre ba tenido por Hereges
^ los que no han creído todas estas cosas sobredichas , y cada una
efe ellas,
J Hemos dicha, que en Christo nuestro Señor hay dos Naturale­
zas , divina una, y humana otra ; de que se sigue necesariamente,
’ qtie tiene dos entendimientos, y dos voluntades; porque como ya
díximos , una, y otra Naturaleza está en Christo sin confusion
¿on las propiedades de cada una; y es propio, y aun esencial de
naturaleza racional tener su propia voluntad , y entendimiento;
jiero siempre hubo entre dos voluntades perfeftisima unión, de
manera, que la voluntad humana de Christo siempre estuvo suje­
ta , y obediente á la dirina, (¿)
Aquí debemos n o ijr , que aunque en el Credo de la Misa se-
canta qt:e por nuestra salud descendió del Cielo el Hijo de Dios,
es
(a) S . Au£. *'p.i t. ad N fcb n ú iu oj, alias a i S , 11. a . ( b) S .L e o s e r m ,6 1 ,
de Passiou, iDoroinL
44 L ección quarta.
es locución figurada, que dá á entender, que este Señor tomó en
la tierra la humana Naturaleza, de la qual .se diferenciaba infini­
tamente, considerada su perfección; y asi, el que con su Divinidad
llena con modo inefable el Cíelo , y la tierra, se dignó dexarse ver
en ella despues que se hizo Hombre ; pero para este efeíto no de-
xó el Cielo, porque Dios está en todo lugar por esencia, presen­
cia , y potencia, (a)

LECCION V.
SO BRE EL TERCER A R T IC U L O .

Que fue concebido por el Espíritu Santo , y nació de Santa


Mar i a Virgen.

RticuIo es de F é , que Christo Señor nuestro fue concebido


A por virtud del Espíritu Santo , obrando milagrosa , y sobre­
naturalmente en eí Purísimo Vientre de María Santísima Seño
nuestra, quien administró real, y verdadera materia para la for­
mación del Cuerpo de Christo. Y aunque solo se atribuye al Espí­
ritu Santo la maravillosa obra de la Encarnación del Hijo de Dios,
es indudable, que esto es , porque la Encarnación fue obra de
excesivo amor , según aquello del Evangelio : A si amó Dios al
mundo , que le dió d su mismo unigénito H ijo ; (b) y el amor se atri­
buye al Espíritu Santo, asi como al Padre el poder, y al Hijo la
sabiduría, del modo que dexamos dicho. Pero es de Fé , que la
Encarnación fue obra de toda la Santísima Trinidad, porque es
obra ad extra , a la qual deben concurrir indivisa, é inseparable­
mente todas tres Personas Divinas. (c) Mas si la Encarnación del
Hijo de Dios es obra de toda la Santísima Trinidad, ¿cóm o, (d i­
réis vosotros) cómo sola la Persona del Hijo se vistió de nuestra
naturaleza humana ? Sabed , Christianos, que este Mysterio sobe­
rano excede nuestra limitada capacidad ; pero a nuestro modo de
entender , os lo explicaré con este exemplo. Si de tres hombres solo
el uno se viste, y ios otros dos le ayudan á vestir, todos tres se
ocu-
(a) S. Hpiphan, Adv, h^res, (¡5.2. to.n., s, liares. 69. n. 6 t. (b) Juann
3. 16. (í) S. Aug, Enchir, cap. j8. n. 12. Sí seq.
So bre, el tercer A r t ic u l o . 45-
¡ocupan en aquella obra, mas con todo eso uno solo es el que queda
'Jestido: así en la obra de la Encarnación todas tres Personas D i-
juinas concurrieron inseparablemente , pero sola la segunda, que es
^el H ijo, se vistió de carne humana. Si no os satisface este símil,
.¡¿iecid con San Juan Chrysostomo: Sabemos que el Verbo Eterno
$ncarnó, pero cómo esto sucedió lo ignoro.
En dos palabras os diré todo lo substancial de este Divino
jjWysterio, Luego que Maria Santísima pronunció aquellas tan dul­
ces palabras a los oidos de D ios: Ucce ancilla Domini ,fia t mihi se-
.tundum Verbum tuum , se obraron en un instante de tiempo quatro
jcosas: La primera , formarse el Cuerpo Santísimo de Christo Señof
nuestro, administrando la materia re al, y verdaderamente Maria
Santísima Señora nuestra ; La segunda, ser criada por Dios el Alma
Santísima dd mismo Señor Jesu-Christo: La tercera , unirse la A l­
ma , y Cuerpo, y componer su perfecta humanidad: La quarta,
.unirse la divinidad en la Persona del Verbo con la humanidad , que
con ella unida hypostaticamente, hizo en un supuesto la Encarna­
ción. Todo esto , pues, sucedió en un instante, de manera, que no
podemos decir, que en algún instante de tiempo fue Christo Hom­
bre puro, porque siempre fue Hombre, y Dios verdadero ; pues
guando habia de llegar la humanidad a llamarse Hombre , ya era,
y se halló D io s, impidiendo resultase personalidad criada.
De aquí se sigue, que Maria Santísima Señora nuestra es pro­
pia , y realmente Madre de D io s, porque en un mismo instante de
tiempo concibió un H ijo, que era D io s, y Hombre juntamente, y
$1 Cuerpo del Hijo de Dios fue formado ds la purísima carne de la
Virgen Madre, como dice el Apostol: («) M issit Deus Filium suum
ifi mundum fadium ex muliere. (é) Asi lo tiene la Iglesia definido , y
Jo canta en sus Coros; como asimismo, que esta Soberana Reyna
jfue Virgen purisima antes del parto, en el parto, y despues del
garto , (c) reconociendo siempre por hereges á los que se oponían a
prerrogativa tan propia de tal Madre.
; i Cómo pudo nacer de Madre Virgen ? Sobrenatural, y mila­
grosamente, como fue concebido.
; ¿ Y su Madre vivió despues siempre V irgen ? Sí P a d re , perpe­
tuamente.
El
• Ad GaJac.4.4, ( h C o n c. Hphesin. C o n c . JLateian. can. 3, (?) Isai.
J4. M atth. 1 , 2 ¡ , -
46 L e c c ió n q u i n t a .
El simí! tan claro , como el so l, que declara esta maravilla , e¡
el sol mismo. Este, sin herir, ni violentar la vidriera cristalina, 1¡
penetra con sus rayos , y queda mas hermosa, y refulgente. Asi el
Divino Sol de justicia Christo dexó á la Madre en su virginal ente­
r e z a ^ pureza mas divinizada, y consagrada. También tenemos
otros exemplares en el Sepulcr'o del mismo Señor , y quando entró
donde estaban sus Discípulos, después de resucitado, pues resuci­
t ó , y salió sin abrir el Sepulcro, y entró donde estaban sus Discí­
pulos, cerradas las puertas de la Casa.
Con razón podemos d ecir, que en este divino parto fue Chris­
to Señor nuestro un segundo Adán , y M iria Santísima un3 segun­
da Eva-; porque 3si como en el primer Adán fuimo.i todos coadeni-
dos a eterna muerte , asi en el segundo Adán renacemos a la vidi
eterna ; por lo qual, aquel se lla:na con verdad Padre corporal de
todos, y este Padre espiritual; y asi como Eva fue causa de nues­
tra muerte ; asi María Santísima fue Autora , y coadjutora de nues­
tra vida: por Eva nacemos hijos de ira; por María se nos dió a
Christo, que nos reengendró en su gracia: Eva fue Madre de nues­
tra vida corporal; pero María es nuestra espiritual , y amantisinu
M adre: Eva padeció dolores en sus partos, pero Maria dió a luz á
su urflgenito con suma alegría , conservando su virginal pureza , y
entereza.
Por conclusión de este Articulo , debo proponer a vuestra ca­
tholica piedad los puntos que acerca de este Mysterio conviene
considerar con profunda atención, y devocion fervorosa. Debe­
mos , pues 3 considerar., lo primero, la infinita malicia del pecado:
Lo segundo , los inexplicables bienes, no solo del alma , sino tam­
bién del cuerpo, que perdió el hombre por el pecado : Lo tercero,
en quántos, y quáles danos incurrimos por é l , y la inm:nsa mi­
seria que nos acarreó: Lo quarto, debemos ad mirar la infinita vir­
tud , y.dignidad del remedio: Lo quinto , contemplar su eminentí­
sima qualidad , pues no fue menos que la Encarnación del mismo
Hijo de D ios: Lo sexto, los enumerables provechos, y utilidades
que nos provienen de tal remedio ; y lo séptimo , admirar la pro­
fundísima humildad , y abatimiento de! Hijo del Eterno Padre, que
tomó forma de esclavo , yLtiendose del sayal de nuestra natu­
raleza.
. Mas no deben estas consideraciones parar en el entendimiento,
ni esúr secas de dtvocion, sino que deben mover nuestra voluntad:
Lo
S o b re el t e r c e r A r tic u lo . 47
¡£o primero, a alabar , y engrandecer estas obras maravillosas de
4t>ios: Lo segundo, a darle gracias por tantos beneficios: Lo tercero,
lía entregarnos totalmente á D ios, asi como Dios se entregó todo a
«nosotros: Lo quarto, á imitar á Christo en la humildad: Lo quinto,
la obedecer á Dios con profundo rendimiento, á padecer, y hacer
|ior su amor cosas grandes, considerando quanto hizo su Magestad
j>or nosotros: Lo sexto, a amará este Señor con todo nuestro ccra-
«on, pues tanto él nos amó, que nos dió á su unigénito para núes-
ira redención; y lo séptimo, á cobrar sumo aborrecimiento a la
culpa, pues sería execrable, é imponderable maldad ofender á un
Dios tan benigno , y bienhechor nuestro.

: LECCION VI.
j SO BRE EL QUARTO A R T IC U L O .

Padeció debctxo del poder de Pondo Pilato , fu e crucificado,


c muerto, y sepultado.

Abiendo explicado el Mysterío inefable de ia Encarnación


e del Verbo , se sigue explicar en este Articulo la obra admi­
rable de la Redención del linage humano , pues esta es como fin de
aquella , porque Dios se hizo Hombre para redimirnos. Esta pala­
bra redimir es lo mismo que librarnos de la esclavitud del cautive*
rio , y de la miseria. Eramos cautivos del pecado , de la muerte, y
-del demonio , como ya se ha, dicho, y Christo nos redimió de toda
esclavitud por medio de su Pasión, de su M uerte, de su basada á
los Infiernos, y de su gloriosa Resurrecion,
Padeció, pues, su Magestad debaxo del poder de Pondo Pilato,
cuya circunstancia del Juez , y del tiempo se expresa , porque io pi­
de asi una acción, y pasión tan memorable , y porque asi se expli­
ca , que fue entregado en manos de los Gentiles para ser crucifica­
do , como el mismo Salvador lo había dicho antes.
I Mas por qué escogió muerte de Cruz ? Porque quanto era mas
ignominiosa, y penosa , fue mas meritoria, y gloriosa. Muchas son
las razones porque Christo eligió muerte de Cruz , cuyo suplicio
era por entonces e! mas ignominioso, y penoso: La primera, para
que dimanase la vida de donde habia nacido la muerte; y quedase
yen-
48 L e c c ió n sex ta.

Vencido en el Arbol de la Cruz el Demonio , quien antes salió


triunfante por medio del arbor de la ciencia del bien , y del mal:
L a segunda, porque siendo este genero de muerte sumamente ig­
nominioso , era mas á proposito para la mayor humillación, y des­
trucción del pecado : La tercera , para manifestar la gravedad dei
pecado , pues para satisfacer por é l , quiso padecer este suplicio ; y
la quarta , para que con las ignominias, y acerbísimos doiores de
su Pasión se curase la concupiscencia de la carne , la concupiscen­
cia de los ojos, y nuestra sobervia , y vanidad , de cuya triplicada,
y viciada fuente nace todo genero de maldades, y delitos.
¿ Siendo Dios inmortal, cómo pudo morir ? Porque junto coa
ser Dios, era también Hombre mortal. Quiero dar mas ciara expli­
cación a esta respuesta. Cierto es que Christo en quauto Dios 110
pudo m orir, sino solo en quanto Hombre ; solo su Naturaleza hu­
mana fue la que padeció, pero como las propiedades de una , y otra
Naturaleza convienen a la Persona de Christo , que es D ivina, co­
mo ya se ha dicho , y esta Persona es verdadero D io s , de aqui es,
que respeélo de La Persona á quien se atribuye todo lo que se eje­
cutó en la humana naturaleza , se dice con verdad que padeció
D ios, que murió, y fue sepultado; porque aunque se separó el Al­
ma del Cuerpo en la muerte de Christo, siempre estuvo unida la
divinidad al Cuerpo , y al Alm a; y asi como quando muere el
cuerpo , no se dice que muere el alm a, y con todo eso el hombre
se llama muerto , asi hemos de decir lo mismo de la Persona de
Christo , que padeció , que murió , &c.
El fin de esta Pasión acerbísima del Redentor fue producir los
efeítos a que se ordenaba. Estos, unos tienen respefto á D ios, otros
a los hombres , y otros al demonio , á la muerte, y al pecado. Los
efjftos respecto de Dios son darle suma alabanza, y gloria; satis­
facer por los pecados, y ofensas hechas a su soberanía; darle gra­
cias por sus beneficios, y impetrar de su Magestad otros nuevos.
Los efeétos contra el pecado, contra la muerte, y contra el Demo­
nio son destruir su tiranía. Respeéto de las hombres, son ios si­
guientes : Lo pimero , fuimos limpios de la mancha de nuestros pe­
cados con la sangre del Redentor:(a) Lo segundo, nos libertó de la
esclavitud diabólica, y potestad de las tinieblas r Lo tercero , nos
abrió

(») Rom. 3, ay. Coios. 1. 14. Joann, 12. 31. Hubr. j .? .


S o br e e l q u a r t o A r t ic u l o . 49
¿brío las Puertas del Cielo , que estaban cerradas1por ei pecado;-
í&tisfizo la pena que merecían nuestras culpas,Uitfs .reconcilió con
Sti Eterno Padre, y nos mereció la vida eterna': Lo quárto i, nos dió
^templo de todas las virtudes, (<?) cuya observancia es necesaria
jifera conseguir el Reyno de los Cielos; porque la Pasión de Christo
nbs enseña la paciencia , la- humildad , la caridad , la mansedum-
l»e , la obediencia, la constancia, la pobreza, y otras muchas: Y
tíos mereció todas las gracias que son necesarias para el exercicio,
y-prá¿t:ca de las virtudes, y para conseguir la vida eterna ; porque
íih Jesu-Christo nada podemos hacer para este fin.
El valor de la Pasión de Christo fue infinito , porque su Perso­
né era infinita , y a ella se atribuye todo el padecer ; y-.porque la
girada que habitaba en él era en alguna manera infinita ; por cuya
tkzon , era para Dios su Pasión grata sin término, ni medida;
ptaes tanto es el valor de una cosa , quanta es la estimación que de
eüa se hace ; y como Dios estimó infinitamente la Pasión de su Hi­
jo , de aqui es , que fue de valor infinito. Por eso fue suficiente , y
superabundante para satisfacer por los pecados de todo el mundo
con sumo rigor de justicia, y merecer a todos los hombres la vida
eterna. Satisfizo, y mereció juntamentamente , porque el precio que
p&r nosotros ofreció Christo en la Cruz , no solo fue equivalente a
nuestras deudas , sino también superabundante, y excesivo sobre­
manera ; y asi, en quanto pagó la deuda , le conviene el nombre de
fi&tisfaccion ; pero en quanto dió mas de lo debido , le conviene la
lázon de mérito.
¿Y por qué pecados murió Christo? No por los pecados de los
Angeles, sino por los de Adán , y Eva , y de todos los que de ellos
han nacido , y nacerán hasta el fin del mundo; por todos estos mu­
r ió , y dió suficiente satisfacción por todos los pecados pasados,
presentes, y futuros de todos. Mas no juzguds que porque satisfizo
|>or los pecados de todos, y de cada uno de los hombres, por eso
y a ninguno se condenará por mas pecados que tenga; pues el juz­
garlo asi es un error manifiesto contra lo que tiene definido el Santo
Concilio de Trento. (b) u Este enseña, que aunque Christo murió
»>por todos , no todos reciben el beneficio de su muerte , sino aque-
i> Uos solamente á quienes se comunica el mérito de su Pasión, T o ­
das
v _{(!). S. Aug. de Ycra Rejígion. cap. 16. n. 31. {b) Sess,6, cap.p. de Jus-;
»xniCíit»
£0 L e c c ió n s e x t a ,
das las gracias sobrenaturales, son efeflos., y comunicación de |a
Pasión .j y Muerte de Christo, pero estas gracias no se dlsiiihi¡y¿u
a todos igualmente* N o hay otro- conduíto por donde cf;n r;-.-¡s
abundancia se nos. comunique el beneficio de la muerte Je Christo
que por los.Sacramentos : de ellos-, como de frentes , muña ordi­
nariamente, la justificación del pecador, la regeneración, y recon­
ciliación, y no todos reciben los Sacramentos, ni todos lo.s recitan
bien; por lo. q u a l, aunque Christo murió por todos , usr.ndo de ,su
gran misericordia, con to d o , perecen muchos en sus pecados., per­
mitiéndolo asi la Divina justicia ; perecen todos los que mueren sin
haber sido reengendrados.en Jesu-Christo por medio del Bautismo;
y perecen todos loa que habiendo perdido la gracia , no la recupe­
raron por la penitencia. Dios no solo está preparado , sino que rue­
ga a los pecadores para aplicarles Ja medicina, con que puedan con­
seguir la salud.eterna; (a) pero por'nuestra propia culpa no se no<
aplica , porque no queremos bacer lo que debemos para ello. Debe­
mos , pues , llegarnos a recibir los. Santos- Sacramentos , precedien­
do antes la debida preparación; porque, como ya se ha dicho , son
tos Sacramentos los medios por donde se aplica a los hombres el
mérito de la Pasión de. Christo* La. preparación para: recibidos
consiste en- la Fé , en Ja Esperanza, en la Caridad , y en la Peniten­
c ia ; (¿) porque debemos, creer, que Ja Pasión de Christo , una \a
que sea aplicada, tiene-virtud para perdonar los pecados, y debe­
mos creer , que se ríos aplica por medio, de los Santos Sacramentos.
Debemos.tener esperanza, de- conseguir Ja tal aplicación, si cotila
ayuda de Dios- llegamos.bien dispu«stos; y debemos.querer amara
D ios, y cobrar aborrecimiento', y detestación al pecado..
En la meditación de esta. Pasión, del Salvador debemos exerci-
tarnos con frequencia, considerando primeramente la infinita ma­
licia del pecado , y las. ¡numerables, miserias que nos acarreó , es­
tando persuadidos, que el remedio único fue el. mérito de la Pasión
del Redentor i Lo? segundo , considerando su acerbidad , qualidad,
y circunstancias , especialmente quién es. el que padeció , y admi­
rando la infinita misericordia de D io s, que usó de tal medio para
remediarnos :■Lo tercero, debemos, cobrar al pecado sumo aborre­
cimiento , y sumo* amor a, Christo: Señor nuestro, que no.s hizo
tantos , y tan grandes; beneficios, procurando- Imitar sus. virtudes,
y
Sc$s,6, c jjj.> . (bj ¿tis.ú, ca^.ó,.
S o í B E EL Q L A R T O - A R i r C L L O , 5" t

y recurrir a su Pasicn , para -que en virtud d eelia salgámos ven­


cedores de las ten-taciones <jue nos acometen ^ y últimamente , de­
bemos padecer-, nortíficajido los sentidos , en Jiieniütia de la Pasión
:iiide Christo nuestro bien.

*t LECCION VIL
l SOBRE E L QUINTO A R T I C U L O .
¡Descendió n Jos I n f i e r n o s a l tercero dio. resucitó de entre
■x, ¡os muertos.

% f \ U é entendemos por Infiernos? Q uatro senos, o lugares de


s las calmas que no ván al Cielo’ El primero, el de los da~>
■ fiados , que mueren en pecado m ortal; El segundo, el de
los niños que mueren sin Bautismo: El tercero, el Purgatorio de
los justos, que tienen que purgar: El quarto, el que había de los
justos, despues que no tenían que purgar, donde estaban como de­
positados. ¿ V á quál de estos Infiernos basó Christo nuestro Señor?
'.Al de solos los justos. ¿Y cómo baxó? Con el A lm a, unida a la
Divinidad. ¿ Y su Cuerpo Cómo quedó?-Uní do. con la-misma Divi-»
-nidad.
Cierto es que no baxó el Cuerpo de Christo á las partes infe­
riores de la tierra, porque quedó en el Sepulcro en aquel tiempo
de su muerte ; ni tampoco baxó la Divinidad , hablando propia­
mente , porque ésta está en todo lugar <¡ sino que -solo baxó su Alma -
Santísima-: y asi, se puede decir con verdad-, que una misma per­
sona estaba en el seno de Abrahán, y juntamente en el Sepulcro,
porque allí estaba el A lm a, y aquí el Cuerpo ; y es certísimo que
nunca se pudo reparar la Divinidad del Cuerpo , y del Alma.
Descendió, p ues, á lo s Infiernos el Alma Santísima -dé- ClVnstó
nuestro Señor, -para sacar de allí las almas de los Santos Padres, y
llevarías consigo al Cíelo , («} cuyas puertas estaban -por entonces
cerradas para los hombres, hasta que seJabrieron con la''Muerte, '
con la Resurrección , y Ascensión- del Señor Baxó 'tambieri , no ■
como cautivo, sino-como triunfante, para ostentar alli su potestad, '
.............. ....................................................................... y ,
( a) i V U n . 6 7 . 7 , Zdcüar. 9 . a.-
D a
$1 . L e c c ió n sé p tim a .
y dominio. Baxó^parajalegrar con su presencia ías almas de los Pa-
-írjíarcas., Profetas.;, y ,de.,-todos los dgmás justos que estaban allí de-
,.tenidqs;.lps,’quaks'*recibií;r0n inmensa alegría, y gozo con la vista
del Redentor, y fueron en aquel punto bienaventurados .con La vi­
sión clara de la Divinidad , verificándose , y cumpliéndose la pro­
mesa que hizo al Buen Ladrón , diciendo : Oy serás con migo en el
Paraíso , po'rque con la presencia de Christo se convirtió el Limbo
en verdadero Paraíso.
Pepo.ts-hecesario saber que no fueron libertados de las-cárceles
del Infierno las almas de aquellos que murieron en pecado mortal,
i) ya a ftu a l, o. ya original. {«) L a duda está en si Christo dió liber­
tad á las almas que estaban entonces en el Purgatorio , y aun no
habían satisfecho plenamente por sus pecados quando baxó al Lim­
bo ; pero respefto que acerca de esto no tenemos cosa cierta , no
podemos positivamente afirmar , ó negar sobre el asunto. Sí pode­
mos creer piadosamente, que libertó el Salvador ¿aquellas almas
que ya habian expiado sus defeftos , pero no se duda que á todas
las llenó de grande gozo , y consuelo , y las mitigó sus penas ■lo
que se puede colegir de la sentencia del Eclesiástico , que dice r (b)
Penetraré hasta las inferiores partes de la tierra , y iluminaré á todos
los que esperan en el Señor.
. ¿Cóm oresucitó ? Tornando,á juntar su Cuerpo, y Alma glo­
riosos.
Resucitó Christo Señor nuestro con su propia virtud , porque
la Divinidad estaba unida al Alma quando estuvo en el Lim bo, y
estaba unida al Cuerpo quando estaba en el Sepulcro, y con esta su
propia virtud divina volvió el Alma al Cuerpo,, y este se unió otra
vez con el Alma. Por eso quando. leemos en la Escritura, que el
Eterno Padre resucitó á su Hijo Jesu-Chrlsto , se debe entender en
quamo Hombre,, porque en quanto Dios, se resucitó á sí mismo;
esto es, resucitó- a su. Cuerpo T pojrqtie solo éste murió j pero se dice
con ¡verdad , ■que resucitó Christo, porque lo que se atribuye á su
Cuerpo Santísimo, se atribuye también á su misma Persona Divina,
Salió dd^ Sepulcro, aunque estaba cerrado , y sellado, porque su
Cuerpo glorioso no podía tener obstáculo alguno que le impidiese;
penetró el Sepulcro asi como despues entró , cerradas las puertas,
donde estaban, sus Discípulos. Resucitó sx¡ M agestadal tercero día
tie s -
’ S . Treñ£u5*líb’.4 ."Á iív, i¡a;rci. cap,2 3, a lu s 3 9 . (¿) ¿ c a u * 4 .
S o b re e l'q u in t o A r t i c u lo , . S3
dtíespues de su muerte, aunque no se pasaron tres; días completos,
íjporque resucitó en día Domingo muy de mañana, pero se quenta
-¿este el Sabado , y el Viernes, porque el cómputo del dia comienza
•desde la media noche. La hora precisa de su resurrección no la sa-
.(bemos, solo sabemos que fue muy de mañana: (a) V ild e diluculo.
"t Resucitó el Salvador al tercero dia sin esperar á la fin del mud­
ado para declarar su Divinidad ; y para manifestar que también era
-verdadero Hombre , no quiso resucitar al instante que murió, sino
«jue esperó al dia tercero, porque el espacio de este tiempo era su­
ficiente para comprobar, que realmente habia muerto. Resucito el
éeñor, porque era muy justo, que quien tanto se habia humillado
en su Pasión, y M uerte, fuese exaltado por medio de su Resur­
rección : Resucitó para confirmarnos en la F é , pues su Resurrec-
icion es uno de los motivos mas principales para la credulidad : Re­
sucitó para asegurar en nosotros la esperanza de nuestra futura re­
surrección , y para que quedase solvente el mysterio de nuestra sa­
lud , y redención , porque con su muerte nos libertó del pecado,
pero con su resurrección nos restituyólos principales bienes que por
la culpa habíamos perdido. Grandes son las utilidades que nos vie­
nen de la Resurrección de Christo nuestro Señor , porque: Lo pri­
mero, se ilumina nuestro entendimiento para conocer , y creer su
divinidad: Lo segundo , porque la Resurrección de Christo fue
causa de nuestra resurrección : Lo tercero, porque ella nos enseña
el modo con que debemos resucitar espiritualmente á la nueva vida
de gracia , si estamos muertos por la culpa : Lo quarto, nos ins­
truye en la perseverancia que debemos tener en el bien comenzado,
porque una vez que Christo resucitó, fue para nunca mas volver a
morir; y lo quinto, no solo ensena la perseverancia en lo bueno,
sino que dá virtud para perseverar; y entonces conoceremos que
hemos resucitado espiritualmente, quando despreciando todo lo
terreno , amasemos solamente las cosas celestiales.
No quiero om itir, para nuestro consuelo, que aun los mismos-
enemigos de Christo se vieron precisados á promulgar su Resurrec­
ción ; pues algunos de los Soldados que guardaban el Sepulcro die­
ron noticia a los Principes de los Sacerdotes de todo lo sucedido;
(t>) esto e s , de como hubo un grande terremoto, y que el Angel
del Señor baxó del C ielo, y quitó la lapida del Sepulcro, y estaba

(»J L u í£ 24. 1 . (b) M a u li. * 8 . 3 . 3. 4 .


D 3
£4 L ección séptima,
ella sentado: que su aspefto era resplandeciente , y sn vestido
blanco como la nieve; y que fue tan grande el terror que causó
á las G uardas, que se quedaron como muertos. Oyeron los Princi­
pes de los Sacerdotes esta relación, y debiendo con tan insigne mi­
lagro reconocer a Christo por Mesías verdadero , por justo juicio
de Dios permanecieron en su ceguedad, y obstinada dureza: ?
dando una buena santidad de dinero d los Soldados , les mandaron q-¡>
dixesen , que fueron de noche los Discípulos del crucificado . y que es­
tando ellos dormiendo, le habían hurtado. Sobornados con el dinero
los Soldados obedecieron puntualmente, según lo que les habían orde­
nado. Aquí vereis, como c o n lí reflexión que hace San Agustín , se
manifiesta la ceguedad de los incrédulos. (/») ¿Qué es esto ? Replica
el Santo D o fto r: Si estaban dormiendo , ¿ cómo podían declarar lo
mismo que intentaban persuadir ? ¿ Cómo podían ser testigos de un
hecho, que dicen se hizo estando ellos dormidos ? Si dormían,
¿cómo podían verlo? Si no lo vieron , ¿ cómo pueden ser testigos?
¡O h , infeliz astucia!
El saber que Christo resucitó nos viene del testimonio firmísi­
mo , y santísimo de aquellos, a quienes no una vez sola se apareció
vivo despues de la Resurrección %y expuso las heridas, de los cla­
vos, para que fuesen palpadas r(¿) D e aquellos, que comieron , y
bebieron con su Magestad despues que resucitó de entre los muer­
tos , y de aquellos > finalmente, que sellaron su testimonio con la
sangre de sus venas.
I Mas por qué os parece a vosotros que quiso el Señor conser­
var las cicatrices de sus llagas despues de resucitado? Pues fue pa­
ra mostrar, que conservaba el mismo Cuerpo que habia sido cruci­
ficado : Fue para inflamar a sus seguidores en el amor de los traba­
jos , y persecuciones: para perpetua memoria de su triunfo , y vic­
toria : para pedir incesantemente por nosotros a su Eterno Padre,
mostrándole sus sacratísimas llagas; y últimamente , las conservó,
como dice Santo Thomas , para argüir con ellas , en el dia del jui­
cio la impiedad de los Judíos , y de ios malos Christianos, que des­
preciaron tan abundante misericordia ; como dicítndoles-, aejuí te-
fceis al Hombre que crucificasteis: ya veis, las llagas que le hicisteis,
ya conocéis el costado que abristeis; y can tocto de que para voso­
tros se abrió esta puerta de la vidajtio quisisteis entrar por ella-
LEC-
4
LECCION VIII.
5 SOBRE EL SEXTO ARTICULO.
'Subió á los C ielos , y está sentado d ¡a diestra de Dios
Padre todo Poderoso,

jT 'V E sp u e s que Christo Señor nuestro resucitó de entre los muer-


I J tos, se detuvo su Magestad en el mundo por espacio de qua-
reirá dias, para dar pruebas á los hombres de la verdad de su glo­
riosa Resurrección; para alentar á los Apostoles, que se hallaban
turbados por Ja Pasión, y Muerte de su Maestro; para fortalecerlos
*n la Fé, é instruirlos en todas las cosas que eran necesarias para
predicar el Evangelio á toda criatura. Antes de su subida a los Cié-’
ios dió el complemento a la obra, y mysterio de nuestra redención
satisfaciendo plenamente por nosotros con su Pasión; pero aun no
habían llegado a cumplirse todas las cosas que á Christo, y á noso­
tros nos restaban hacer para dar la ultima perfección á la redención
<íel hombre. A Christo le restaba hacer el oficio de Ju ez, y de Abo­
gado en nuestra causa , y por eso subió a los Cielos, para exercitar
el oficio de Abogado por nosotros.
I Cómo subió á los Cielos ? Inmortal, con su propia virtu d , no
por la agena, como Elias , y otros. Esta virtud no solo la tuvo
Christo como D io s, sino también como Hombre; porque aunque
esto no podía ser naturalmente, pero aquella virtud celestial de que
estaba adornada el Alma bienaventurada de Christo, pudo mover
el Cuerpo cóm o, y á donde quisiese; y este, como era glorioso,
con facilidad se sujetaba al imperio del Alma , que le m ovía; y asi,
este Señor , en quanto Hombre, subió á los Cielos en Cuerpo, y
A lm a , porque en quanto era D ios, nunca faltó de aquel lugar,
pues con su divinidad todo lo ocupa, y llena.
Las causas por que Christo subió á los Cielos, fueron* Lo pri­
mero , porque á su Cuerpo glorioso no le convenía tener por do­
micilio á la tierra, -sino al Cielo : Lo segundo , para hacer a11i los
oficios de Abogado por nosotros con su Eterno P a d re : Lo terce­
ro , para demostrar, que su Reyno no era terreno, y caduco, si­
no celestial, y eterno; y lo quarto , para elevar 5 é inflamar nues­
tros corazones en el deseo del Paraíso Celestial.
D 4 La$
y6 L e c c ió n o c t a v a .
Las utilidades que redundaron en nosotros de la Ascen?ion de
Christo a los Cielos son las siguientes: Lo primero , nos envió al
Espíritu Santo: Lo segundo, alcanza para roceros infinitos bie­
nes, exerciendó por nosotros el oficio de -Abrogado, y ofreciendo
continuamente á su Eterno Padre la Sangre que derramó : Lo ter­
cero , se nos dán motivos de grande g o zo , y esperanza , al ver
que tenemos en el Cielo un Abogado de tanta autoridad : Lo quar-
t o , nos abrió las Puertas del Cíelo , nos preparó lugar en ¿1, y nos
aseguró el camino , para que pudiésemos llegar a é l : Lo quinto, en
«1 dia de la Ascensión triunfó la naturaleza humana , porque este
dia llevó el Señor consigo todos los Santos, que antes estaban dete­
nidos en el Lim bo: Lo sexto, se nos dá ocasion de mayor mérito
acerca de la F é, quando creemos en Christo ausente de nuestra vi­
ta : Lo séptimo , se confirma , y fortalece nuestra esperanza , de que
donde está nuestra cabeza, podremos con su gracia estar nosotros
como miembros suyos : Lo oétavo , se levanta nuestro amor al Cielo,
porque alli debe estar nuestro corazón, donde está nuestro teso­
r o , que es Christo: Lo nono, somos provocados á la altura de la
perfección, porque si este Señor estuviese con nosotros con presen­
cia visible , le amaríamos con un amor poco espiritual; pero estan­
do en los Cielos, se perfecciona nuestro amor, al modo que los
Apostoles, quando le tenian presente, amaban mas su humanidad;
pero quando se ausentó de ellos, era mayor el amor que a la divini­
dad tenian: Lo décimo, por la Ascensión de Christo fue enrique­
cida con grandes dones de la Iglesia , porque se Je dió al Espirita
Santo con todos sus dones, y Christo dexó en ella á San Pedro,
Principe de los Apostoles , por Sumo Pontífice, y Pastor universal
entre los hombres. Dió Apostoles, dió Profetas, dió Evangelistas,
Pastores , y D oftores: y a si, sentado á la diestra del P adre, re­
partió entre unos , y- otros siempre diversos dones. Finalmente , la
Ascensión de Christo no solo nos manifestó el camino para subir al
Cielo, sino también nos dió virtud , y fortaleza para llegar á él.
I Cómo se entiende que está asentado á la mano derecha del
Padre ? ¡a) Porque está en igual gloria con él en quanto Dios , y en
quanto Hombre en mayor que otfo alguao. (¿) Aquí se ha de adver­
tir , que el estar asentado , no significa la postura , o figura que tie­
ne ei Cuerpo de Christo en el Cielo , porque el estar sentado alguno,
re-
(a) E?lies, i, (b) ■ Joanii, Cbrys. hora, contra Auojusos 6.
S o b r e e l s e x t o A r t ic u l o . 77
reglam ente es , porque descanse el cuerpo ; y efl el Cuerpo glo-
j|oso de Cbristó W puede iiab¿r caftsarícitr, ni-fatiga alguna. Signi­
fica, pues, lo primero , el estar sentado, la regia^ y suma potes­
tad , y gloria-que tiene Christo; porque, como dice' San ÍJuaa'Chy-
|Dstoino, el Ministro dei Rey no está sentado , sino en p ie ; y asi,
¿1 sentársele conviene á la magestad del Soberano, o porque el sen­
tarse junto al Rey indica suma dignidad , y magestad: Lo segundo,
jjignifka la íirme , y estable posesion de la dicha potestad , y gloria,
,jorque el que está sentado, está como fixo , y quieto en el asiento;
por tanto, el decir que Christo está sentado, denota su estable
jpo¿esion.
4 De bese también advertir, (a) que aunque se dice que está asen­
tado a la diestra del Padre , Dios no tiene diestra, ni siniestra,
jorque esto es propio de los cuerpos ; y como Dios es espíritu puro,
jpo Je puede convenir la mano siniestra, ni diestra, solo se le atribu-
ye metafóricamente , lo qual es muy familiar en la Escritura, qué
j>ara acomodarse a nuestra inteligencia, atribuye á Dios muchas
yeces los efefíos, y miembros humanos. Ultimamente se dice, que
está asentado á la diestra de Dios Padre todo Poderoso , para dar á
entender-la causa de tanta gloria; lo uno , porque es Hijo, y lo otro,
porque lo es de aquel Padre , cuyo poder, y magestad es infinita; y
como el Hijo es heredero de todas las cosas, hemos de confesar, que
tanta es la magestad del Hijo, quanta es la gloria del Padre.
Los efeétos, y fruto que debemos sacar de este Articulo , son,
•ofrecer á Christo nuestra continua sujeción , y obediencia; adorar^
le , amarle, y darle muchas gracias-, por los beneficios que nos hizo,
y hace: debemos llegar con frequencía , y confianza al trono de su
gracia, para alcanzar la misericordia, y sus divinos, auxilios; (b)
Demás de esto , le debemos seguir por las gradas místicas de todas
las virtudes, considerando, que con Christo, Maestro de la humil­
dad , no sube la sobervia ; ni con el Autor de la bondad la malicia;
rñ con el amigo de la p a z , la discordia; ni con el Hijo d eja Virgejj,
la luxvyria. , •
• ' : ^ , ■i ■L E C -
LECCION IX
S O B R E E L S E P T I M O ARTICULO.
Desde allí ha de venir á juzgar d los vivos , y á los
muertos.

O solo ejerce Christo nuestro Señor en el Cielo el oficio de


N Redentor, y Abogado de los hombres, sino también el oficio
de Juez. Acerca de lo qual, debemos estar instruidos: Lo prim
de quien es el Juez: Lo segundo, de su juicio: Lo tercero, de h
sentencia; y lo quarto , de la utilidad, y conveniencia que resulta
de dicho juicio. Esto , supuesto, nadie puede dudar , que Christo
nuestro Señor es el Juez de vivos, y muertos, no solo en quanto
D io s, sino también en quanto Hombre , como declaran las Sagra­
das Letras, (a) Pero aunque principalmente se atribuye al Hijoja po­
testad judiciaria del mismo modo que se le atribuye la sabiduría,
con todo , debemos creer, y confesar , que esta potestad de juzgar
es común á todas las tres Divinas Personas. Se le dió a Christo es­
pecialmente el oficio de juzgar también en quanto Hombre , por­
que era conveniente que el Juez de los hombres fuese visible a'los
ojos corporales; que su sentencia se pudiese percibir con el oido, y
que fuese sensible aquel ju icio: era también conveniente, y justí­
simo , que aquel Señor , que en quanto Hombre fue condenado de
los hombres iniquisimamente , fuese reconocido por Juez de to­
dos.
Este juicio de la Magestad de Christo es de dos maneras, uno
particular, y otro universal. Juicio particular es aquel que se hace
á cada uno inmediatamente que muere ; porque el alma es al instan­
te presentada ante el Tribunal de Dios para dar cuenta de todos
süs pensamientos, palabras^ y obras, (/>) de sus omisiones, de sus
malos exemplos, y de los pecados ágenos, de quienes fue causa , o
participante.
L a L e y por donde ju z g a Christo á las a lm a s, no es la le y que
ha introducido el m aluso, y perversas costum b res, la falsa opinion,
y mal exem plo de los h om bres, sino que ha de j u z g a r , y ju zg a por
la
(a) A d o r. to . M ¿uh. 19. 2$. Kb) Kom . 14. 10. 2. Coriucii. j . 10.
Í
,
S o b r e e l s é p t im o A r t i c u l o ,
a regla de la eterna verdad que rodea el trono de Dios
u divina palabra, y el Evangelio de Jesu-Christo. (<í)
, fq
esto es,

Consideremos, pues, Christianos , si nuestra vida se ajusta a


|ia norma del Evangelio. Temamos la rigurosa cuenta que hemos de
$dar de todos nuestros pecados; temamos la integridad, y perspica­
c i a del Juez , a quien nada se le puede ocultar , porque penetra, y
-jjvé los mas íntimos secretos del corazon , y cuya ira es entonces im-
-^placable. Consideremos, que seráalli grande nuestra vergüenza, y
|con¡'usion, sin poder hallar escusa a los cargos que se nos han de
-j|hacer ; que traeremos a la memoria con gran dolor, pero sin fruto,
,^las ocasiones que tuvimos para salvarnos, y despreciamos * los au­
x ilio s a que resistimos, y quán vanos fueron nuestros deleytes.
■ El Juicio universal es aquel que se ha de hacer en el fin del
■¡mundo, en el dia que Jesu-Christo, Juez de vivo s, y muertos, es­
cando presentes todos los hombres en un lugar señalado , repetirá,
y confirmará publicamente la sentencia que tendrá dada á cada uno,
..Llamase Juez de vivos, y muertos, porque juzgará á los buenos,
para darles la Gloría en cuerpo , y alma , porque guardaron sus
santos Mandamientos; y juzgará á los malos, para darles en alma,
y cuerpo ptna eterna, porque no los guardaron. También seenden-
. den por vivos los que no habrán muerto hasta el dia del juicio, pe­
ro morirán, y resucitarán luego, para ser juzgados publicamente;
y por muertos se entienden los que lo estarán antes del dia del jui­
cio , en el qual han de resucitar.
Todos deseareis saber ¿por qué, sí luego que el alma sale del
cuerpo, es juzgada, y sentenciada con sentencia irrevocable; por­
que , d igo, ha de haber juicio universal ? A esta pregunta, respon­
d o , que por muchos motivos ; Lo primero, para vindicar publica­
mente la sabiduría, la justicia, y providencia de D io s, y defender­
la , no solo de las blasfemias de los Impíos, sino también de las
querellas de Jos justos, que algunas veces desfallecen en lo adver­
so , y se conturban nimiamente , viendo á los malos llenos de rique­
zas, y autoridad en el mundo: Lo segundo, para segregar publi­
camente los justos de los pecadores j (¿) y para que los que simu­
lando virtud engañaron a jo s demás, sean de todos conocidos,, y
reciban la debida confusión de sus engaños: Lo tercero , para que.
los cuerpos, juntamente coa sus almas, reciban eterno galardón, o
eter-
6o L e c c ió n n o n a .
eterno suplicio, pües fueron instrumentos para lo bueno , o para ío
m alo: (/?) Lo quarto , para aumentar los premios de los buenos, y
los castigos de los malos. según sus méritos, y demeritos 5 ( b) es;o
e s, (para que mas bien se entienda) que algunas obras buenas, a
malas no han de tener su complemento hasta el fin del mundo , y
por eso hasta entonces no pueden recibir cumplidamente , o el pre­
mio , o el castigo. Pongamos exemplos: un Heresiarca, v. g. no
solo es reo del pecado que él por sí mismo cometió, estableciendo su
error, y apartándose de la Iglesia Catholica, sino que también
participa de todos los pecados, que viviendo él se cometen, ó des­
pués de muerto se han de cometer hasta el fin de! mundo, por
aquellos, que guiados de su mal exemplo, y sofisticas razones, in­
curren en los mismos errores, y scisma. Los Padres también, res­
pecto de-sUs hijos; los superiores, respefto de sus subditos, son
causa de los pecados que estos cometen, y cometerán, llevados de
su mal exemplo , y mala educación; y lo mismo se ha de decir de
otrosqualesquiera que inducen á los demás al pecado, y dexan en
este mundo imitadores suyos. Al contrario, un Apostol, no solo
tiene el'merito de sus propias virtudes, y obras christianas, sino
también de las de aquellos que por su exemplo , por sus escritos,
por su predicación, y doftrina , por é l , o por sus discípulos se han
de convertir á Christo hasta el fin de los siglos. De aqui se infiere
quánto sea el progreso, quánta la fecundidad de las virtudes , y de
los vicios, y quánto será el aumento de los méritos de cada uno,
ya malos, o ya buenos,. hásta el fin del mundo ■por lo qual , es ne-
cesario, para sil justo conocimiento, y retribución, que haya un
juicio universal al fin del mundo: Lo quinto * en este juicio gene­
ral se dará satisfacción , y se volverá por la fama de muchos de los
buenos, á quieri injustamente ofendieron los mundanos; y á otros se
les quitará la gloria que injustamente se les dió , lo qual no podría
hacerse sin que se congregasen pública, y generalmente todos los
hombres. 'r -
Las señales que han de preceder a este juicio , son las siguien­
tes : La-primera, se predicará el Evangelio por todo el mundo : (r)
L a segunda, la división entre los pueblos, y las gentes; los gran­
des-terremotos , la hambre , y la peste, y otras grandes, y terribles
se-
.( * ) i\ r i y!, de C a r n . C h n s t i ¡4 . ¿ 5 3 . (b) S . tíis il. de V e a vic-,
g in ir. circa m éd iu m . (c ) M a tch . 2 4 . 1 4 .
S obre e l s é p t im o A r t ic u l o . _
_ 6r
rlales que aparecerán ei) el.Cielo: (a) La tercera, la venida del
á íci-Christo , quien hará crud'i guerra a la Iglesia , y a si, verifi-
¿Indose estas tees cosas, indicarán,,, que está :-cerca ya el-juicio

universal*
I En él pronunciará Jesu-Christo la sentencia que cada uno me­
recerá según sus obras; los justos verán al Señor , que los mira con
temónos, y festivos ojos, y oirán aquellas dulcísimas palabras : (¿>)
Jg¿nid, benditos de mi Padre , á poseer el Reyno 'que os está prepa-
¡júdo desde el principió del mundo. Pero volviendo a la mano sinies-
Ite , donde estarán los malos, los mirará con airados ojos, y der­
r a m a r á en ellos el vaso de su indignación , con aquéllas temerosas
¡palabras: Apartaos de mí . malditos , al fuego eterno que está prepa­
rado para el D ia blo , y sus sequaces. En esta segunda sentencia sé
Contiene la pena de daño, y de sentido que han de padecer en
Cuerpo, y alma los pecadores. La pena de daño es carecer de todo
bien , con especialidad de la visión clara de Dios , cuya pena se ex­
plica por aquellas palabras : Apartaos de m í , malditos , las quales
declaran la aversión de D io s, la separación , y la privación de su
vista, como enemigos suyos-, con quienes nunca se reconciliará. L a
pena de sentido es la'que se percibe con los sentidos del cuerpo , la
qual será imponderable , y atrocisima , originada del fuego del In­
fierno , y compañía de los demonios, cuya pena explican aquellas
palabras: A l fuego eterno , que está preparado para el Diablo , y sas
A ngeles , y .será eterna , porque nunca tendrá fin.
Grandes son las utilidades que resultan de la consideración de
e*te juicio : La primera e s, que detiene á Jos hombres para que no
pequen , y refrena los desordenados deseos de las pasiones: L a se-^'
gunda, queJos justos se fervorizan en el exercicio de las virtudes,
porque por ellas esperan conseguir tantos bienes', y evitar tantos"
raales: La tercera, que sirve de mucho para tolerar con igualdad de
animo las:miserias -de esta vid a , las injurias, y- calumnias que in­
justamente se padecen , porque consuela tíiucho'el saber , que en ef
juicio de Dios se manifestará delante de todos lo que está oculto
ahora á los ojos de los hombres, y que á cada uno se le dará su
merecido, según sus obras.
LEC-
7 ——...... ■ - - ---h ■
■ ■ — *— — — - - •
ía) IVbtth. 34. v . ¿ y . sea.'M ate, 13, 24, & seq.Lucae s i . z ¡ . Sí sea»
...•' (b) Miuh, 25. 1 '
LECCION X.
SOBRE EL ARTICULO OCTAVO.
Creo en el "Espíritu Santo.

Ara proceder con claridad en este A rticu lo , se ha de notar,


P que esta voz Espíritu Santo conviene generalmente á Dios, j
los Angeles Santos, y a las almas de los Bienaventurados, porq
todos son Espiritus, y Santos ; y a si, todas las Personas de la San-
tisima Trinidad, el Padre, el Hijo , y el Espíritu Santo se pueda
llamar Espíritu, y Santo, porque D ioses Espíritu., y es Santo, y
cada una délas tres Personas es Dios. Pero en este oftavo Articulo
se toma la voz Espíritu Santo por la tercera Persona de la Santísi­
ma Trinidad, a quien distinguimos con este nombre, porque infun­
de en nosotros la vida espiritual, y es la eabeza, y fuente de toda
nuestra santidad , por quien la Iglesia se santifica., y govierna. No
se le dá al Espíritu Santo nombre propio, como al Padre, y al Hi­
jo aporque á la procesion, por la qual el Espíritu Samo tiene ori­
gen del Padre, y del Hijo, no se le ha asignado propio nombre,
porque aquella acción, con la qual el Padre, y el Hijo espiran al
Espíritu Santo, no se halla en las cosas humanas ^por tanto, no se
puede tomar nombre pt&pio de las cosas criadas, sino que es nece­
sario usar de un vocablo .comun 5 y a si, al P ad re, y al Hijo se le
dá nombre propio, porque el Padre produce a l Hijo por genera­
ción inteleíhial, y purísima ; y como en lo Ilumino se halla la ge­
neración, por eso al que engendra se le dá el nombre de padre, y
al engendrado el nombre de hijo. Mas no obstante esto, podemos
decir , que distinguimos á la tercera Persona con el nombre de Es­
píritu Santo, porque, procede de amor , y por un ad ío , que se 31a-
ma entre los Theologos Espiración , 6 Aspiración,
Ya dcxamos dicho , explicando el ’Mysterio de la Santísima Tri­
nidad , que el Espíritu Santo .es un Dios con el Padre , y con <el Hi-
j o , y que tiene con ellos una misma substancia, y Naturaleza Di­
vina ; por lo qual, no es necesario dar aqui mas explicación , solo
si pasaremos a -explicar Jos efe.ttos, que en nosotros produce .este
DiVírió Espíritu.
Para esto se ha de advertir, que aunque estos efeftos se atri-
bu-
S o b re e l A r t ic u lo o c ta v o . 6$
uyen cotnó propios al Espíritu Santo, con todo eso , debemos con­
desar , que son efe ¿tos causados por toda la Trinidad Santísima,
orque todas las obras que Dios- hace ad elxrh son comunes á las
¡ftres Divinas Personas. Mas se le apropian especialmente los efedtos,
Jde que hablaremos, al Espíritu Santo, porque es el amor divino,
Jy á él se le apropia la bondad en las Sagradas Letras; y como sea
lia fuente percmne de toda bondad, por eso- los efeílos causados eu
; nosotros, y que provienen de la divina amorosa voluntad } se de-
I ben con razón apropiar al Espíritu Santo.
| De aqui e s , que todos los bienes , y beneficios que recibimos de
jjDios , se deben reconocer como dados por ei Espíritu Santo ; que
-. por eso también se llama Don. (a) Llamase a s i, porque el sumo
¿ amor , que Dios nos tiene , hace que se nos den los beneficios benig-
;na , y graciosamente , y sin esperanza de remuneración. Pero hay
la diferencia entre el Espíritu Santo , y sus D ones, ó e fe o o s, co­
mo que se distinguen de él como el Criador de la criatura, como
lo infinito de lo finito , y limitado ; aunque a las veces., los efeétos,
. b Eones del Espíritu Santo se llaman Espiritu Santo , como quando
* se dice espiritu de sabiduría, &c* .
Todos saben , que los Dones del' Espiritu Santo son siete : el
primero don de Sabiduria r el segundo don de Entendimiento : el
tercero don de Consejo : el quarto don de Fortaleza : el quinto don
de Ciencia : el sexto don de Piedad ; y el séptimo don de Temor
de Dios..
En la explicación de estos dones varían alguna cosa los T heo-
logos ; pero diremos Jo que parece rras conforme. La Sabiduria,.
que se interpreta sal-rosa ciencia , como dice San Bernardo , es un
den del E.spiritu Santo , con el qual, el que tiene conocimiento de
Dios , y penetra con el don de entendimiento sus mysterios ocul­
tos , dirige á su Magestad todas sus acciones , como á su ultimo
fin , juntando al conocimiento el eftfto de la voluntad , con que
ama á Dios sobre todas las cosas* Por eso dixo el Sabio , (¿) que
el alma del Justo es asiento de ¡a Sabiduría j de lo qual infiere San
Bernardo , que aquel es sabio■ que■es justo ; y San Agustín d ice, (c)
que la verdadera sabiduria es la caridad de Dios , que se infunde
en nuestros corazones por el Espíritu Santo , que se dió a nosotros.
Y asi el conocimiento, que se tiene por ei entendimiento , es ( di-
_______ _______________________ __ _____________ g£-
(«} A d o r . a, (b) i .i p , 7 . ^c) Scrra. 6 3 , in Cauc»
6+ L e c c ió n d é c im a .

gamoslo así) conocimiento de vista ; pero el que sa tiene por el


don de sabiduría , es como conocimiento de gusto ; por eso decia
el Profeta en el Psalmo : (a) Gustad , y ved quan suave es el Señor.
El don de entendimiento consiste en una cierta claridad , que
Dios infunde , para penetrar las cosas reveladas, y divinas , con
especialidad las de las Escrituras Sagradas, Por eso repetía David:
(¿>) Dadme , Señor , entendimiento para conocer , y saber tus Manda­
mientos 5 y luego en otro lugar se regocija de haber conseguido
este don , el qual se diferencia de la sabiduría , (V) en que , aun­
que también esta es discretiva , pero discierne las cosas divinas,
no por modo de ilustración , como el entendimiento , sino por
modo desabor , y gusto. Este precioso dan de entendí miento po­
drá alcanzar ei hombre por medio de la oracion con mucha te,
(d) por medio de la pureza del co razón , (c) de una buena concien­
cia , (/) y de una humildad profunda.
El don de consejo e s , con el qual nos ilumina Dios para des­
cubrir los engaños del demonio , que muchas veces socolor de
virtud engaña á los incautos ■v. g. debaxo del pretexto de econo­
mía induce a la avaricia , y debaxo de la apariencia de honesta , y '
licita recreación , nos induce á ilícitas diversiones. Por lo qual,
quando dudamos da lo que hemos de hacer , ó elegir , hemos
de recurrir al Angel del gran consejo Christo Señor nuestro , para
que nos ilumine con su divino espirítu. Quando ignoramos lo que
hemos de hacer , decia el Rey Josafat , (g) no resta hacer otra cosa,
sino levantar los ojos a t í Señor. ¿Quien conoció los designios de Dios!
Las cosas que son de Dios , nadie las alcanza sino el espirita de Dios ,
decia San Pablo, (b)
La fortaleza no consiste en destrozar leones como David , ni
en despedazar otras fieras semejantes-, sino en vencerse a sí mismo,
y á sus propias pasiones ; pues como dice el libro de los Prover­
bios , mas fuerte es el que se domina á sí mismo, que el que
combate la fortaleza de las Ciudades. Por eso dixo San Gregorio,
» (j) que la fortaleza délos Justos consiste en vencer , y domar la
f> resistencia de la carne , (,f) contradecir á sus gustos , extin-
»> guir los deleytes de este mundo , y amar la aspereza de vida,
» pa-
(o} Psalm . 3 j . v. 9. (b) Psalm . ti'á '. (t) Hs-U-n. j o , (d) Psaim . u 8 .
(e) Psalm . 18. ( / ) 1 1 . (£■) i . P a u l. j o . J/;} x. C o t. 2. v. i<5. &
I i. P ro v , l ú . \k) L íb , S. M oral,
S c m E e l A r t ic u l o o c t a v o . 6?
n para alcanzar los premios eternos; despreciar coa generosidad
r> de animo las mundanas prosperidades, y tolerar con igualdad
» todo lo adverso.
El don de ciencia es , no la ciencia especulativa de las cosas
divinas, y humanas , que se puede adquirir por los principios de
las facultades filosófica , y teologica , sino la práftica de bien vi­
vir , conforme a las reglas de la Fé , que es la ciencia de los
Santos, cuyo libro desquadernado es Christo crucificado : que por
eso deciael Aposto!, («) que esto solo era lo que sabía.
L,a piedad es un don del Espiritu Santo , que inclina al hom­
bre a dar a Dios culto , como á Padre , haciendo su voluntad , 7
guardando sus Mandamientos, y á los padres la debida reverencia,
como también á ser benévolo , benigno , y misericordioso con sus
proximos.
Acerca del ultimo don del Espiritu Santo , que es el temor de
Dios , se ha de notar , que hay temor servil , inicial , y filial. El
6ervil es , con el qual el hombre de.va la culpa por no incurrir en
la pena ; lo qual puede hacerse de dos modos, ó quedándose con
el afeito a la culpa., que por solo el temor se dexa de cometer , y
entonces se llama temor servililer se rv il , y es malo ; o cortando
todo afeito á la culpa por el miedo de la pena , y entonces , si
fuese con motivo sobrenatural , v. g. por temor de las penas del
Infierno, es bueno, y sobrenatural, porque es impulso del Espi­
ritu Santo, (/-) como está definido en el Concilio Tridenlino.
El temor inicia! es, con el qual se tem e, no solo la pena, si­
no también [a culpa, y ofensa de Dios. Y el temor filial es, con
el qual solo se teme i?, culpa , porque nos aparta de su Magestad,
á. quien amamos sobre todas las cosas ; porque es propio de los
buenos hijos temer la ofensa de su Padre , y guardara de todo
lo que le pueda deagradar. Y este se llama temor casto , reveren­
cial , y santo, lo qual se entiende aqui principalmente por eite
don del temor de Dios.
Todos estos dones del Espiritu Santo se distinguen realmente
de las virtudes , pero las perfeccionan ; porque Jas virtudes ense­
ñan el bien obrar , y los dones con mayor facilidad , y expedi­
ción , pues por ellos, como por grados, subimos á la cbris'iana
perfección. Estos solamente se hallan en los que son hijos de .Dios
pnr
66 L e c c ió n d é c i m a .
por caridad , y gracia ; pero no igualmente en todos, porque en
tanto resplandecerán mas estos dones, en quanto fuere mayor la
gracia del sugeto en quien están.
Síguese á los Dones del Espiritu Santo , explicar los frutos que
producen ; porque los dichos dones son como unos arboles espi­
rituales , que plantados en el corazon del hombre , y habiendo
prendido bien , dán frutos tan sazonados , que causan en el alma
mucha suavidad , dulzura , y gozo espiritual. (<t) Por eso , queri­
do se os pregunta quando niños : son ¡os Frutos del Espirita
Santo! respondéis : Cono la jruta <n el árbol , ¡o nías su,¡ve , uh i­
ño , y pa j e r o de las virtudes, No son distintos hábitos de las
virtudes, y dones, sino ciertos estados, y grados de ellos mis­
mos, en los quales se exercita el alma justa por mociori del Espiritu
Santo y como en lo mas sazonado , y sabroso de las virtudes, y
por ellos se viene en conocimiento del buen espiritu , que la ani­
ma ; asi como por el fruto se conoce el árbol , según aquello del
Evangelio ; Por los frutos que dén , vendréis en conocimiento de
ellos.
Los Frutos del Espiritu Santo son doce : E l primero caridad,
(b) que es una virtud , que infunde en nuestros corazones el Es­
píritu Santo , con la qual amamos á Dios sobre todas las cosas,
por sí mismo , y al proximo como á nosotros mismos por Dios.
El segundo gozo espiritual , que se origina de las dulzuras del
amor , y de una buena conciencia E l tercero p a z , con la qual se
conserva este gozo sin perturbación alguna en lo interior, ni en
lo exterior. Quan suave sea este fruto de! Espíritu Santo , lo de­
clara San Pablo , diciendo , que excede todo sentido ; de cuya
suavidad no gozan los que viven mal , porque como dice el Señor
por Isaías : No hay paz para los impíos. Ei quarto paciencia , con
la qual se conserva la serenidad de animo en ¿os males ocurren­
tes. El quinto longanimidad , con la qual se quitan las anxiedades,
que suelen nacer de la dilación de los bienes deseados , y nos es­
forzarnos a pelear varonilmente contra los enemigos del alma,
hasta conseguir el triunfo , tolerando constantes los trabajos de
esta vida. El sexto bondad , con la qual somos inclinados á tener
mucho gusto en beneficiar a nuestros proximos , siendo con ellos
liberales, clementes , y caritativos. El séptimo benignidad , con Ja
qual
(a) Cant. 2, 3. (¿>) A dG alac. j .
SciFE El A e UCXJ.O O C T A V O . 67
qual scrros suaves, corteses, apacibles , y agradables a Jos de­
más en el trato , y conversación, sin mezclar aspereza en el
modo , ni en las palabras. E l octavo mansedumbre , con la que
moderamos , y refrenamos los enojos, sin intentar agraviar a n a­
die. El noveno /e, ccn la que guardamos á todos la debida fideli­
dad en nuestras palabras , y promesas. El décimo modtstia , con
la qual modéranos nuestras acciones, y palabras exteriores, los
pasos , el vestido , la risa ,.y todas las demás , la qual virtud pro­
viene de la moderación interior del ánimo 1 y freno de las pasio­
nes , por eso dixo ti Sabio ; que el vestido , y la risa dán á en­
tender quál es el interior del hombre. El undécimo, continencia, la
qual es una virtud general, con que refrenamos todas las ten­
taciones , y atraftivos de los vicios , y se halla , no solo en la cas­
tidad , sino tan bien en la comida , y bebida , en contener la ira,
y refrenar la'lengua; y por eso esta virtud es como un compen­
dio de todas , porque por ella se abstiene el hombre de los peca­
dos , y vicios. El duodécimo , y ultimo castidad , con la qual se
reprimen las concupiscencias ilícitas, y deseos de la carne, y se
refrenan todos sus impuros movimientos , sujetándolos á la razón.

LECCION XI.
SOBRE E L ARTICULO NO N O .
Creo la S a n ta Ig le s ia C a th o lic a , y Ja Con.unión de los
S a n to s .

I f ~ \ U é entiendes quando dices : Creo la Santa Iglesia Catholtcai


1 / La Congregación de los Fieles rígida por Christo , j el Papa
su Vicario .
Este nombre Iglesia es voz griega , que según su propia signi­
ficación , es lo n.i'ti o que comocacion , Convento , Congregación,
sociedad , o multitud unida ; y tan,bien , según la común acep­
tación , se toma por el Jugar adonde convienen , y se congregan
muchos. Por lo qual la Iglesia r,o es otra cosa , sino la Sociedad
de los Fíeles, y Pastores que de tal suerte se unen en Christo , que
hacen con él un cuerpo , de quien es cabeza- Esta definición le
conviene á la Iglesia tomada generalmente en quanto comprehende
E a los
68 L e c c ió n u n d é c i m a .
los Bienaventurados j que reynan con Christo en los C ielos, los Justos
que padecen en el P u rgato rio , y los Fieles que están en la tier­
ra ; porque todos tienen á C h risto por cab eza , y todos se unen
en C hristo , de tal suerte , que constituyen un cu erp o , como se
d irá luego tratando de la unidad , y catholicidad de la Iglesia,
Este cuerpo se com pone de m uchos miembros , y esta sociedad
unida en Christo , consta de m uchos ramos , porque ab raza tres
p a r te s , esto es , la Iglesia triu n fa n te , paciente , y m ilitante. La
m ilitante se puede considerar , o antes de la L e y de M oysés , ó de-
b axo de la misma ley , o despues de la venida de C hristo a l mundo;
pero á esta sociedad no se le dá propiamente el nombre de Igle­
sia , sino despues de la predicación del E van gelio ; y asi tomada
en este sentido , en quanto significa la Iglesia C hristiana , hemos d¿
hablar de ella , y no de las demás partes , sino en quanto condu­
cen al conocim iento de esta.
E s , pues , la Iglesia C hristiana la C ongregación de los Fieles,
unidos en la profesion de una misma F e , en la participación de
unos mismos Sacramentos , con el vinculo de una misma esperan­
za , d eb axo de la autoridad de Pastores legítim os , (a\ cu y a ca­
b eza visible es el Sumo P o n tífic e , O bispo Rom ano , (¿>) succesor
del A p óstol San Pedro , y V ic a rio de C hristo en la tierra. D ix e la
Congregación de los Fieles , esto es , de los que creen en Christo:
d ix e unidos. , esto es , que hacen un cuerpo : dbfe tn la profesion de
■una misma f é , porque la Iglesia expele de su seno , y no recibe tn
el número de sus hijos á los que ad u lteran , o dividen la Fé de la
Iglesia ; pues en todos sus miembros es una misma la F é . D ixe en
la participación de ur.os mismos Sacramentos ; porque por ellos se in­
corporan con C hristo los F ie le s , y se unen entre sí miamos en un
cuerpo sensible de R eligió n . D ix e debaxo d i ia autoridad de legíti­
mos Pastores , cuya cabeza visible es el Sumo Pontífice , porque no
pertenece al cuerpo de la Iglesia el que no se sujeta á los Prelados
puestos p or C hristo , para regiría , y gobernarla. P or lo qual ex­
plicarem os despues quáles son los legítim os Pastores , y la necesi­
dad que h a y de reconocer al Sumo Pontífice Rom ano p or cabeza
de los Pastores de la Iglesia.
Na-

(a) S. L yp tid ii. Lp. 6 6 , ad tu p ia n . (J)j í>. A u ¿ u it. nu. 19 . com r. JraUit*
cap. 10.
"|i So b r e e l A r t ic u l o n o n o . 69
V N adie puede d u d a r , que es visible esta C ongregación de Jos
'$Fieles, porque se com para en la E scritu ra á un monte m uy levanta­
n d o , y em inente, á donde todas las N aciones deben c o n c u rrir: (a) y
'íf todo lo que en las E scrituras se dice de la Iglesia , índica una C o n -
ügregacion v is ib le ; pues dice C h risto Señor n u estro , que á la Iglesia
- ' se ha de o i r , que á la Iglesia se ha de o b e d e c e r, y que a l T rib u n al
¡de la Iglesia se han de llevar ciertos negocios ocurren tes. (¿) E l A p o s-
*tol San Pablo amonesta á Tim otheo del modo con que se debe
^portar en la Ig lesia , a quien llam a (c) columna , y firmamento de la
%oerdad; y él mismo dice , que son puestos por el Espíritu Santo los
'¡Obispos para regir la Iglesia de Dios, (d) A esta Iglesia se J e ha
¿conferido la potestad de e n se ñ a r, de b a u tiz a r, de j u z g a r , y de
excom ulgar , todo lo qual no puede convenir á una C ongregación
^ invisible. (e)
M a s , 1 cóm o ( podréis p re g u n ta r) c ó m o , si la Iglesia es visible,
decimos en el S ym b o lo : Creo la Santa Iglesia Catbnlica , quando la
F e es de lo que no vemos % A esto se resp o n d e , que una cosa es lo
que ve m o s, y otra lo que cree m o s; vemos una C ongregación visi­
ble , pero creemos que esta C ongregación de los Fieles es la Iglesia
de D io s , que segun la promesa de C h r is to , ha de perm anecer siem­
pre sin macula , ni ruga , ni corru p ción alguna en la F é ; al m odo
que Jesús Señor nuestro se mostró v is ib le , y con todo eso se creía
que era Christo M esías verd ad ero , prom etido en la L e y , y en los
Profetas. V em os también , que se administran los Santos Sacram en-
■to s, y creemos que por ellos se confiere el perdón de los peca­
dos.
1 M uchas C ongregaciones h ay en el mundo , que u su rp a n , y fal-
; sámente se adjudican el nombre de Iglesia de C h r is to , com o son los
i Griegos , Cism áticos , los L uteranos , los C a lv in ista s, los Ingleses;
■pero en tanta va ried a d , quiero daros á conocer por sus notas, y c a ­
racteres la verdad era Iglesia de C h risto .
, L a s n o tas, y caracteres por donde certisimam ente se conoce la
; Iglesia de C h r is t o ,y se distingue de las.de los H e r e g e s ,y Cism atí-
, eos, segun las E scrituras, y la tradición , son quatro; porque la Ig le -
í si a de C hristo es una , es Santa , es Catholica , y Apostólica , com o
consta del Sym bolo Constantinopolitano , recibido de todos los
Con-
(a \ isai, a. a. Mxhuas 4. 1. (/>) Mactb. 18. 17. (.c) 1. Timoch. 3. 15.
\d) Aítor. ao. 28. le) Match. a 3. 19. S.Aug, enarr. 2, ín Psalm,i8. n. 6. '
70 L ección dnhecim a .
C oncilios gen erales, y á un de los mismos H e re g e s, y Cismáticos,
Y a s i , á quien convienen los dichos qttatro caracteres es la Iglesia
de C h risto , y no lo es a quien no convienen. Por lo q u a l , expli­
cándoos y o cada uno de los dichos c a ra c te re s , vereis mas claro
qi¡e el Sol de medio d í a , (a) que solo es Iglesia de Christo la
Iglesia C ath o lica R om ana.
E s una la Iglesia , porque de todos los miembros de que se
com pone es uno el cuerp o , una la cabeza , uno el espiritu que vi­
vifica este c u e r p o , y cada uno de sus miembros v iv o s ; una la Fé,
una la E sp e ra n z a , uno el D ios que a d o ra m o s, uno el Bautismo,
una 1a L e y , uno el sa c rific io , y unos mismos los Sacram en tos, y
demás bienes espirituales. L a C abeza invisible de la Iglesia es
C hristo Señor n u e stro , y la visible es el Rom ano Pontífice , q:.e
hace las veces de C hristo en Ja tierra en quanto es succesor del
A p ostol San Pedro. Q ue C hristo Señor nuestro sea la Cabeza in­
visible de la Ig le s ia , consta expresam ente de San Pablo en la Epís­
tola á los de E fe s o ; (c) y que el Sumo Pontífice sea la cabeza visi­
b le , lo demonstraremos ab axo. A qu í solo d irem os, que el motivo
de dar Christo á la Iglesia una cabeza v is ib le , fue por tres razo­
nes : L a prim era , porque á los miembros visibles que son los Fie­
le s , y al cuerpo visible que es la Ig le s ia , convenía una visible ca­
beza : L a segu n d a, porque tan’ a m ultitud de hombres dividida por
tantas partes no podia. unirse sino por medio de una sola cabeza
visible : L a te r c e r a , porque asi como C hristo es A u t o r , y Dador
invisible de los S acram en tos, y con todo eso instituyó á los hom­
bres M inistros visibles de ellos para conferirlos en persona del
mismo C hristo ; así é l , permaneciendo C abeza in visib le, y primer
R e d o r de la Ig le s ia , puso a un hombre por M inistro superior , y
V ic a r io suyo en ella p ara que exerciese la potestad que Je dió.
E l espiritu qu<£ viv ifica á este cuerpo místico de la Iglesia es el
mismo espiritu de C hristo , espíritu de verdad , espiritu capit.il,
que se estiende á los m iem bros, y los une entre s i; espiritu , que
v iv ific a , y rige todo el cuerpo de la Ig le s ia ; y según la prometa
de Christo le vivificará hasta el fin de los s ig lo s : [ 7 «e>, dice el Após­
t o l , (V) es el cuerpo de la Iglesia , uno el espíritu.
D ix e que de todos los miembros de la Iglesia es una la Fé,
por­
ta' s. Au t. comr.1 íiü.i 3. cap. i¡¡, \b) Aa np,^1.4,4.
I. 3 2 . (d) Ephes, 4. 4 » v
S o b r e e l A r t ic u l o n o n o , 71
porque asi lo dice expresamente el Apostol San Pablo en el lugar
cirado arriba; por lo qual , siempre ha expelido la Iglesia de su se­
no materno a todos, y qualesquiera que quisiesen inducir otra Fé,
fuera de la que ella tiene recibida ; y a si, en esta materia no hay,
ni puede habar excepción alguna, ni pacifica composición.
Dixe , que también era una misma la esperanza de todos los
miembros de ia iglesia, porque asi lo declara el mismo Apostol
por estas palabras : (<*) Sois llamados en una misma esperanza de
vuestra vocacion ; esto e s , una misma es la felicidad que á todos
se nos propone , y esta es la que esperamos.
Dixe finalmente , que eran unos mismos los bienes de cada uno
de los Fieles ■porque las gracias divinas , los Sacramentos, las pre­
ces , las buenas obras son bienes comunes a toda la Iglesia , a los
quales tiene derecho cada uno de sus miembros.
Aqui podrá alguno preguntar , ¿cómo se entiende que la Igle­
sia es una, si ya llamamos Iglesia a la de T oledo, ya decimos la
Iglesia de Sevilla , &c. ’í A esto se responde , que es verdad que
hay muchas Iglesias particulares, porque cada una de las Congre­
gaciones de los Fieles, unida debaxo de su legitimo Pastor, se llama
Iglesia, asi como el Apostol llama Iglesia deCorintho a la Congre­
gación de los Fieles que habia en aquella Ciudad ; pero cada una
de las Iglesias particulares que hay en el Catholicismo, como es­
tán entre sí perfectamente unidas, son parte de la Iglesia univer­
sal , y hacen un cuerpo con ella , cuya cabeza visible es el Sumo
Pontífice , y la invisible Christo,
Para que entendáis esto mas bien, es necesario traer á la me­
moria lo que diximos arriba, que la Iglesia generalmente tomada
es un Cuerpo, cuyas partes son la Iglesia Triunfante, la Iglesia
Paciente, y ia Iglesia Militante. La Militante tiene muchos ramos,
porque se puede considerar antes de la Ley de Moyses , ó debaxo
de ella, o debaxo de la Ley de Gracia de Christo Señor nuestro,
luego que este Señor eligió a San Pedro por Principe de los Apos­
toles. Por esta causa , el Sumo Pontífice su succesor es cabeza de
todos los Obispos, y Pastores de la Iglesia. Qualquiera de ellos, uni­
do á su G rey , constituye una Iglesia particular , que es parte de la
universal Iglesia. Todas estas Iglesias particulares se unen debaxo
de una cabeza, que es ei Pontifice Romano, y constituyen un cuer­
po.
(a) ibid. 4.
71 L e c c ió n u n d é c i m a .
po. Este cuerpo es parte de la Iglesia tomada mas generalmente, en
quanto es la congregación de todos los miembros de Christo, de
íos quales una parte milita en este mundo, otra se purga en el Pur­
gatorio , y otra reyna con Christo en los Cielos. Este Señor es la
Cabera de toda esta Congregación, cuyos miembros dispersos se
unirán en el fin de los siglos.
A la Congregación de los Fieles, que reyna con Christo en los
C ielos, se le dá el nombre de Iglesia Triunfante , Jerusalen Ce­
leste , Ciudad de Dios, Iglesia de los predestinados: Iglesia Triun­
fante , porque es la congregación de los que triunfan con Chrhto
en ios Cielos: ‘Jerusalen Celeste , porque la Ciudad, y Templo de
Jerusalen fue figura de esta Congregación: Ciudad de D ios , por­
que allí resplandece mas augustamente la gloria, y magestad de
Dios • que por eso se d ice, que Dios habita en los Cielos: Iglesia
de los predestinados , porque solos los predestinados tienen lugar
en aquella compañía , o congregación. A ía congregación de las al­
mas que padecen las penas del Purgatorio se le dá el nombre de
Iglesia paciente , porque padece, y paga las penas debidas á la
Divina Justicia. Y a la Congregación de los Fieles que moran en
este mundo se le dá el nombre de Iglesia Militante , porque la vida
del hombre es una continua batalla sobre la tierra, como dice ti
Santo Job; (<¿) pero no son tres Iglesias, sino tres estados diver­
sos de una misma Iglesia, porque la Cabeza, que es Christo, es
una misma.
Para que alguno pertenezca á la Iglesia , o al Pueblo Christia-
n o , son necesarias dos condiciones : La primera , la recepción del
Bautismo; \b) porque el que no renaciese de agua, y de Espíritu San­
to , no puede entrar e*¡ el Reyno de los C ielo s: La segunda, es ne­
cesario no estar segregado del cuerpo de la Iglesia, porque los hi­
jos rebeldes, y que no se quieren sujetar á e lla , son expelidos de
su seno materno, y no se tienen por Christianos ; (r) por lo qual,
Ja Iglesia Militante solo abraza , y abriga en su seno á todos los
barnizados, no excomulgados. De que se sigue lo primero, que Jos
Infieles, y Judios no son miembros de la Iglesia, porque no están
bautizados: Lo segundo, que ios Hereges, Cismáticos, y Aposfá-
tas tampoco son miembros de la Iglesia, porque ellos mismos se
segregaron de ella , y pronunciaron contra sí la sentencia de exco-
m u-
(a) J o b 7 . x. {0} J o a n n . 3. j . (c ) M a u h , jí¡. 1 7 .
S o b re el A r tic u lo n on o. 73
knunltm: Lo tercero, tampoco son miembros de la Iglesia ios exco­
mulgados durante el tiempo que permanecen en este estado f por-
¿que la Iglesia los ha arrojado de su seno.
j L a segunda propiedad, o carafter- de ía Iglesia de Chrisfo es
!je] ser Santa. Es Santa, lo primero, porque está dedicada, y con­
sagrada á D ios: Lo segundo, porque Christo, que es su Cabeza,
|es Santo, y aun la fuente de toda santidad : Lo tercero, porque la
^oftrina de ia Iglesia es santa, y lo será sienípre : Lo quarto, por­
gue muchos de sus miembros son santos y ni dexa de ser santa por-*
i-que contenga muchos pecadores ; porque asi como aquellos que
j profesan algún arte , aunque no observen sus preceptos, retienen
el nombre del Artífice 5 asi los que por el Bautismo, y por la Fé
son consagrados á Christo , aunque le ofendan en muchas cosas ,■y
no guarden lo que prometieron , cotí todo, pueden-llamarse Fieles^
y Santos', porque son miembros de Christo, aunque muertos Ló
quinto, porque la Iglesia es cuerpo místico de C h risto,.y fue re-1
gada con su Sangre , para que no tuviese mancha, ni ruga alguna*
sino que fuese Santa, e inmaculada, como dice el Apostol: («) Lo
sexto T porque en la Iglesia está ia L ey Santa , el Santo Sacrificio^
los Santos- Sacramentos; y finalmente ,vpDJ?qu©!qtialqu¡era que es
.santo no puede estar fuera de la Iglesia-,;-.püef fuera de elkt no pue­
de haber salvación, (b) Ni obsta á esta vérdad^buelvo á decir ) el
que no todos los miembros de la Iglesia sean santos, pues aunque
todos son llamados a la santidad , no todos son santos; porque , co-
1 mo dice ei Evangelio: (c) Muchos son los llamados, ^ pocos los es-
\ cogidos: muchos manchan ia santidad de su vocacion con la corrup­
ción de su vida : hay en Ja Iglesia Militante grano, y paja ; buenos,
.■
< y malos; miembros muertos, y miembros vivos, y de los muertos
es mayor el numero; pero la corrupción de estos, aunque sean
Pastores, no redunda en el cuerpo de la Iglesia, porque aun en
el tiempo del Apostol San Pablo había malos Pastores, de ios que
se quexaba que buscaban su gloria, y no la de Jesu-Christo; (<¿) y
con todo eso llama Santa á la Iglesia , y dice que es columna ^y fir­
mamento de la verdad. Ella siempre ha Horado , y condenado la
corrupción de sus hijos; y a s í s u Santidad no se ha de juzgar por
la vida , y costumbres de muchos de los Fieles, sino por la doctri­
na,
(a) cphes. j. 2?. z6, 27. (b) S.Cyprian, lib. de Unit. tecles, (c) Mat­
ch. 20, 16. {d) Phüíp, 11. a i.
74 L e c c ió n u n d é c im a .
n a y fé de la misma Iglesia; La Iglesia de Dios , ( dice San Agus­
tín ) (a) constituida entre mucha p a ja , y zizaña , tolera muchas rosjy
pero ni aprueba, ni consiéntelo que es contra la F é , y buenas cos­
tumbres. Y de la manera que aunque en algún Sanado se hallasen
algunos Jueces de corrompidas costumbres - con todo, no dexarij
de mirarse como santuario de justicia, con tal que sus juicios fue­
sen* reótos, sin que obste á esto la corrupción délos Jueces priva­
dos; asi en la Iglesia de Dios nada deroga a su santidad la mala vi­
da de algunos, o muchos de sus hijos.
Es Catholica la Iglesia , y se llama a si, porque la voz C<it fa­
itea es nombre G riego , que significa lo mismo que general, y uni­
versal. Dicese universal, porque se estiende á todo lu g a r, y tiem­
po. A todo tiempo , porque en qualquiera estuvo , y estará la
Congregación de los Fieles unida en una misma f é , inspirada de
un mismo -espíritu, y debaxo de un mismo Capitan, y Cabeza Je-
su-Christo Señor nuestro: (b) Fue este Señor Capitan , y Cabeza de
los Fieles que vivieron antes que naciese al mundo, porque des­
pués del pecado del primer hombre ninguno podia salvarse sino
por Christo ; y a si, este Señor fue el que mereció la g r a c ia ,y glo­
ria á todos los Santos ¡del ;viejo Testamento : este fue el que’ con su
espíritu los vivificó', yj¡lqs,congregó en una fé , asi como vivifica,
y congrega á los Christianos: No hoy que buscar en algún otro U
salud , (díce el Apóstol San Pedro) (c) ni hay debaxo del Cielo otro
nombre dudo a los hombres , en el qual podamos salvarnos. Esta Igle­
sia permanecerá hasta el fin del mundo, porque nunca prevalece­
rán contra su firmeza las puertas del Infierno, ni Christo se apar­
tará de ella hasta la consumación de los siglos, (d)
Dixe que la Iglesia se estiende á todo lugar , porque su doc­
trina fue sembrada, se siembra, ó se sembrará por todo el Orbe;
y a sí, ningún lugar hay en é l , en quien no haya habido , o haya
de haber Catholicos. (e) Todas las Naciones abrazaron la Christia­
na Religión por ministerio de los Apostoles , y de los Varones
Apostolicos, y destruyeron el culto de los Idolos, como muchas
Veces había sido pronunciado por los Profetas • por lo qual desde
aquel
S . A u g. ep. j j . ad Jam iarium cap, i , n . 3 (6 ) S . Au¡r» ep. 102.
ad D eo g ra ta * q .a . 11. 1 2 . ( c) A ¿tor. 4. t 2. S .A u g . l¡b, 19. conir. Faustum,
cap. 1 4 . (d ) M a e th .i6 , 18 . id. 28 , 20. (e) S . A u g . ep, I9*>. ad Haesíchium,
cap. 12 . 11. 4 7 .
S o b r e e i A r t i c u l o ffo N o . 7!
aquel tiempo ninguna Sociedad tuvo mayor extensión;que Ja Con­
gregación de la Iglesia, porque desde entonces tuvo la Iglesia hi­
jos en todo el Orbe , unidos entre sí con el' vinculo de una misma
Fe, con la participación de unos.mismos Sacramentos, y, con ia
iujecion, y obediencia a la Silla de San Pedro, (a)
Llamase Apostoüca la Iglesia , porque cree ^ y enseña iod o lo
que los Apostoles creyeron , y enseñaron ; y porque fundada por
los mismos Apostoles, es regida por sus succesores, y tiene su-au­
toridad, y misión dimanada del mismo -Christo , y' comunicada
por sus Apostoles. D ig o , que cree , y enseña todo lo que los Apos*-
toles creyeron, y enseñaron; porque fácilmente se puede demos­
trar , que Ja , Iglesia ha creído, y enseñado lo mismo que los Apos­
tóles, por continua serie, y succesion, desde los siglos pasados,
hasta el tiempo presente.
Llamamos a los Apostoles fundadores de Ja Iglesia , porque en
toda la tierra predicaron la F é , y Evangelio de Jesu-Christo, y
hicieron Christianos, y discípulos suyos á los hombres antes Ju­
díos , o Gentiles; y de todos los convertidos formaron una Socie­
dad , o Congregación, que se llama la Iglesia Christiana. Decimos
que es regida por los succesores de los Apostoles, porque los Obis­
pos rigen la Iglesia,- (¿) y ordenados canónicamente y son súcceso-
res de los Apostoles.-
De todo lo dicho se infidre, que la Iglesia, á quien solamente
compete el ser una , Santa , Caibolica , y Apostólica , es la Iglesia
Romana, Ja qual es la Congregación de los Fieles, y Pastores que
es ati sujetos, y obedientes al Romano Pontífice , á quien llamamos
Papa , como que es Ja Cabeza visible de la Iglesia. Llamase Papa elx
Romano Pontífice , porque esta voz Papa es lo mismo que Padre ; y
aunque antiguamente se llamaban Papas todos los Obispos, porque
son Padres de la Iglesia, ya ha prevalecido la costumbre de dar es­
te nombre solamente al Sumo. Pontífice , el qual, como es cabeza
de ios Obispos , es verdadero Padre de todo el Pueblo Christíano,
(c) y asi le llama San Agustín. La razón porque el Romano Pontí­
fice es cabeza de la Iglesia , y de los Obispos, e s, porque él es el
que succede en la Cathedra, y autoridad de San Pedro, quien sien­
do
(a, lJvtim. i. 8. 2i. 28. x iia¿, id Kaun. 1. v. tí. 11. 7..^ } Actor, so.
2?!, S- Ai:g. I.:b. 3. co:nr. Crescenc. cap. 18. n. a i. (c) S. Aug. ep. .*5. ad
Glorium Elcusium, cap. j. n. i"í.
'7 6 L e c c ió n u n d é c i m a .
■do cabéza'de los Aposroles-por institución del mismo Chrirto, fíxó
suCathédra en Romanen donde murió crucificado, (a) Nadie pue­
de d ud ar, que San Pedro fue cabeza de los Apostoles por institu­
ción de, Christo Señor nuestro; pues.es tan cierto , como que es
dogma de Fé Catholica , firmado con manifiestos testimonios del
Evangelio, (b) El tiempo ep que fue instituido en cabeza de la Igle­
sia , fue quando el Salvador encomendó á San Pedro señaladamen­
te elicuidado de apacentar sus corderos, y ovejas; y como dice San
Bernardo, (f) aquise entienden por nombre de corderos, y ovejas
el Pueblo, y los Pastores.
I Qué eréis quando decís creo la Comunitn de los Sanios ? Que lo
anos Fieles tenemos parte en los bienes de los otros ^ corno miembros de
un mismo cuerpos
Esta voz Comvnion es lo mismo que vinculo, unión, comuni­
cación, compañía, o participación. Por nombre de santos se entien­
den todos los miembros de Christo , porque todos , por el Bautismo,
fueron santificados. Todos son santos mientras conservan la bautis­
mal inocencia, ó la recobran por la Penitencia ; y todos son llama­
dos a la santidad; por lo qual, el Apostol San Pablo llama santos
á los Fieles de quienes habla , o a quienes escribe. ( d)
La materia de esta comunion son los bienes que hay en la Igle­
sia , como son los Sacramentos, con los quales, como consagrados
vínculos, se unen los Fieles á Christo Señor nuestro , como á su
Cabeza, y cuyo fruto es común a todos los Fieles. También comu­
nican mutuamente, y participan de las oraciones, de los auxilios
divinos, y de las buenas obras de toda la Iglesia, y de cada uno de
sus hijos, cuyos bienes espirituales , de tal modo son propios de
cada uno de los miembros, que participan de ellos los demás, se­
gun aquello del Psalmo:(c?) Participante soy de todos los que te temen.
Esta comunicación de bienes es entre los miembros de las tres
partes de la Iglesia tomada generalmente de la Triunfante, Pacien­
te , y Militante; porque todas hacen un cuerpo, y todas partici­
pan de unos mismos bienes, quanto conviene al estado de cada
una.Esta comunicación entre los miembros de la Iglesia Triunfante,
Y
(<j) 6. A u g . ep. 5 3. ad Generosum , cap. 1. n. 2. Sí j . (6) M itth . 16.
i 8 . J o a n n . a i . t f , Luc® 2 2 .3 3 , (c) S . B;rnard. lib. s.d e Consíderac. cap.8.
n. i j . (d) R o m . 1 . 7 . r. C o r. 1. 2. (e) S» A u g . lib. 1. contr, Maxtminum
A rria m im , cap. 9 ,
So b re e l A r t ic u lo nono. 77
y Militante se verifica por medio de las preces, y ruegos que hace­
mos a los Sanios, y por los auxilios divinos que nos alcanzan con
su intercesión. Y se entiende entre los miembros de la Iglesia Mili­
tante , y de la Paciente, por medio de las buenas obras, oraciones,
y sacrificios de la Militante Iglesia, con los quales se alivian las al­
mas del Purgatorio,
El principio, y causa de esta tan maravillosa comunicación de
5 los bienes espirituales entre los miembros de la Iglesia , es el Espi-
: ritu Santo , el espiritu de Christo , que se comunica desde la cabe-
ba a los miembros, asi como el alma connmica'la vid a, y los vita­
les espíritus kcada uno de los miembros del cuerpo , de cuyo exem-
pío <e vale el Apostol para explicar esta admirable comunicación:
(rt) Entendedlo bien. En el cuerpo humano cada uno de sus miem­
bros tiene su propio, y particular cargo , y son diferentes en los
grados de honor , de dignidad , y utilidad ■pero quando cada uno
e.\erce sus operaciones, no mira tanto su propia utilidad, como k
de todo el cuerpo. También dichos miembros están entre sí de tal
11 odo conexos, que si uno padece d olor, los demás se conduelen
por el pnrcntesco de ht naturaleza; y si está sano, y bueno, es
común á todos la alegTÍa. A este modo sucede en la Iglesia, en la
qual hay dhersos miembros, y diversos ministerios, que consti­
tuyen un tolo cuerpo debaxo de una misma Cabeza invisible, que es
Christo , y vi-.iblc , que es el Papa su Vicario en la tierra.
Los que gozan, y participan de dichos bienes son los que están
en racia , y amistad de D io s, porque son miembros vivos, y entre
ellos está la comunion , o comunicación. Pero ¿ qué diremos de los
que se hallan en culpa mortal, y en desgracia de Dios ? Antes de
responderá esta pregunta, es necesario advertir, que el Espíritu
Santo no habita en el alma manchada con el pecado mortal; y asi,
está muerta, porque la falta la vida de la gracia , por lo qual no
pertenece á Christo, como miembro v iv o , pero puede pertenecer
como miembro muerto , conexo, sin embargo con el cuerpo místi­
co de la Iglesia en fuerza de los vínculos exteriores, como son la
profesion de una misma fé ,d e una misma esperanza, y la sujeción,
y obediencia á los Prelados, Mas sí el pecador está segregado de
la comunion, y rebaño de la iglesia por haber incurrido en exco­
munión mayor , entonces no pertenece propiamente á la Iglesia,
que
("J 1. Cur. *. Rom. rs. 4.
78 L e c c ió n u n d é c i m a ,
que es el cuerpo místico de Christo; porgue ni pertenece en virtud
de los vínculos interiores, que consisten, en la participación de un
mismo espíritu, los quales deshizo el pecado mortal, ni en virtud
de Jos exteriores, porque fueron cortado.-, con Ja espada de la ex­
comunión, Es verdad que al excomulgado no r.e le priva de iodos
los bienes á que tenia derecho ames de la excomunión, porque no
puede la Iglesia borrar ei carack-r del 13auti-mo, de la Confirma­
ción , y Orden, por cuyos caracteres pcrtc-neien k la Iglesia los ex­
comulgados , como hijos, como Soldados, como Ministros, aunque
desheredados, rebeldes, y expulsos de su seno materno; y asi,
quando se vuelven á ía Casa de esta Madre amorosa , y se restitu­
yen á la comunion de la Iglesia , no se les confiere de nuevo el ca­
rácter de los dichos Sacramentos. De níodo, que siempre conserva
Christo , y la Iglesia e! derecho que tiene sobre tales lujos rebeldes,
y siervos fugiúvos, ni pueden cederle; pero los excomulgados-,
mientras permanecen en la excomunión, no tienen derecho alguno
á los bienes de la Iglesia , á sus Congregaciones, a ios Sacramentos,
a los sufragios , a las bienas obras de los Fieles, a la Sociedad de
los Christianos; no tienen parte con Jesu-Chrtsto, porque este Se­
ñor es mysteriosa vid , y los excomulgados son sarmientos corta­
dos , y separados de esta vid.
Esto supuesto , respondo derechamente , que los Christianos,
aunque estén en culpa morral, son participantes en muchas cosas
de la comunion de los Santos, entre tamo que no están excomul­
gados ; y asi , por minisferio , y oraciones de la lglesh reciben
muchos auxilios para su conversión ; por lo qual , tienen mas so­
corros para recobrar la gracia perdida , qce los que están exco­
mulgados, y apartados del gremio de la Iglesia. Pero aun por es­
tos , y por los Judíos, Infieles, Hercges, Cismáticos, y Apostatas
se puede rogar a Dios privadamente, para que dexen su pertina­
cia , y se conviertan ; pues solo están privados de las oraciones pú­
blicas de la Iglesia, aunque en el Viernes Samo ruega también la
Iglesia por los Judíos, Heregos, y Cismáticos,
LECCION XII.
SOBRE E L A R T I C U L O D E C I M O .
E l perdón de los pecados.

A puerta por donde entramos a ser participantes de los bíe-


I j ru s de la Iglesia es el perdón de los pecados , que es la
prui'le prorro ativa de la misma Iglesia, uno de los Artículos del'
Credo , y el 'i .se siguu al precedente. Todos nacemos hijos de
ira, sierros del Demonio, y privados de la vida de la gracia, (a)
Quando Christo nos llama para ,-:í no ve otra cosa en nosotros si­
no corrupción, y pecado; por io qual, río podemos ser justos,
miembros de Ja Iglesia, hijo;- oe D io s, y hermanos deltrtismó
Christo, sí antes no se nos perdonan ios-„pecados; y así-., dice San
Pedro: <¿ue to<!os los que creen en jcsu-Cbristo deben antes recibir
per su nombre la remisión de las culpas. [/>)
Dixe que el perdón de los pecados es la gran prerrogativa de
ia Iglesia, por tres razones: f c) La primera, porque a.sola la
Iglesia dió Christo la potestad de perdonar pecados: (á ) La segun­
da, porque aunque D ios, como Supremo Señor , y árbitro de sus
dones, puede conceder la remisión de los pecados , sin que nece­
site del exterior ministerio de la Iglesia , como de hecho la concede
á aquellos que aun no estando bautizados padecen martyrío por
la Fe de Christo; con todo , no la concede sino en extrema neee'—
sidad , ni por otro fin , que el de que por medio’ de este perdón de
los pecados, se hagan miembros de la Iglesia. Y si los tales sorf
adultos no les perdona sus pecados , sin que se verifique en ellos
el -\oto , ó deseo de recibir ios Sacramentos de la Iglesia. La ter­
cera razón es, porque no se dá el perdón de los pecados sino en
Ja Iglesia; pues fuera de e lla , esto es , entre los q,ue no son miem­
bros suyos, no hay salvación: y a si, los que se apartaron de la
Iglasia Catholica no pueden conseguir el perdón de sus pecados,
mientras no vuelvan ai seno de esta amorosa Madre. Y los que aun
no son recibidos en é l, comienzan á ser sus miembros , luego qne
consiguen la remisión de sus culpas. Eí
(a) R o m .j, i o, (b) A cto r, i o , 4 3 , (c) M atth, 16, 18, i ? . (d) Jo.in n,
So, 33, 23.
So L ección rnonj-ciMA,
El modo cómo confieren los Ministros de la Iglesia el perdón di
los pecados, es administrando 'el Bautismo , y los demás Sacramen­
tos , á quienes está anexo el perdón de silos. Y aunque es verdad
que -es válido el Sacramento del Bautismo administrado reglamente
por uno que está fuera del gremio de la Iglesia , con todo , siempre
es verdad que á sola la Iglesia Catholica dió Christo la potestad de
perdonar pecados - porque los que están fuera del gremio de la Igle­
sia ‘>;y bautizan recám ente, 11a lo hacen en nombre de ellos, sino
en el de Christo , y su Iglesia, cuyo ministerio exercen en esta par­
te ; y asi, solo Christo es el que bautiza por la baca , y mam de los
tales, y perdona los pecados, y esta es la causa porque pertenecen
a la Iglesia Catholica , y son sus hijo i , y miembros los qiños , que
ellos bautizan. En este C3SO engendra hijos la sierva , o esclava , (a)
pero no para sí sino para nuestra Madre la Iglesia Esposa de Jesu-
Christo.
Mas es menester que sepamos todos, que aunque siempre que
los Ministros de la Iglesia administran recámetelos Sacramentos, á
quienesestá anexa la remisión de los pecados, siempre los perdonan
en nombre de Christo, cuya Persona representan; pero esto se entíen-
dá cordial que 110 haya impedimento de parte del que los recibe. Por
eso las niños reglamente bautizados reciben siempre el perdón de la
culpa,Original, porque como son incapaces de razón, b no tienen
uspide ella , no pueden poner por su parte impedimento alguno. Pe­
ro en los adultos se requieren ciertas disposiciones, que si faltan,
no se les perdonan los pecados. De estas hablaremos quando trate­
mos .de: los Sacramentos de nuestra Santa Madre Iglesia.
-.-.Mas,no os parezca que conseguimos el perdón de nuestras culpas
por nuestros propios méritos, sino por los infinitos de nuestro Señor
Jesu-Christo, con los quales satisfacemos a la divina justicia ofen­
dida por nuestros pecados; aunque no nos escusamos por esto de
dar de nuestra parte la satisfacción correspondiente, segun la pe­
nitencia que el Confesor impone. De lo q u a l, no nos eximen las
Indulgencias que para ayudar nuestra flaqueza concede piadosa la
Santa Iglesia, como se dirá , hablando de ellas, y de la satisfacción,
en el Sacramento de la Penitencia,
LEC-
(a) S, A'Jg. lib- 1, Ue B.itn¡smo coiar. Doiurisr. cap, 14. n. z?.
LECCION XIII.
SOBRE E L A R T Í C U L O U N D E C I M O .
La Resurrección de ia . carne.

O que se propone en este Articulo es la resurrección de los


L cuerpos, que será al fin del mundo, despues de la persecu­
ción del Anti-Christo , y conversión de los Judios. (.*) Entonces era-
biará Dios sus Angeles, y al eco de la trompeta, y de aquella gran­
de voz , resucitarán todos ios muertos en un momento ,en un abrir,
y cerrar de ojos; esto es r se tornarán á juntar estos propios cuer­
pos nuestros con nuestras almas, aun despues de corrompidos, y
reducidos á polvo. Este milagro le obrará la Omnipotencia de Dios
que resucitará los cadaveres con la misma facilidad que los formó
del polvo, y de la nada, (b) Verdad es que 110 podemos compre-
hetider per tecamente cómo pueda ser esto 5 pero lo creemos sin
sombra de duda , porque asi lo ha revelado claramente Dios nues­
tro Señor, (r) Y aun en las cosas naturales vemos alguna semejanza
de esto , porque del grauo sepultado, y corrompido en.Ia tierra,
vemos que nace otra vez la espiga.
Con toda propiedad se dice la resurrección de la carne , para
significar que el anima del hombre es inmortal; y a si, solo el cuer­
po es el que ha de resucitar. Resucitará el mismo cuerpo; pero no
con las mismas qualidades que tuvo antes de m orir, porque en ésta
parte será distinta la resurrección de los. justos, de la de los malos,
como dice el Apostol. (rf) Los justos resucitarán con los cuerpos glo­
riosos, y como espiritualizados. Sus dotes, ó qualidades son quatro:
La primera claridad , porque estarán los cuerpos claros, y reful­
gentes como el sol: La segunda agilidad , a semejanza de los espí­
ritus : La tercera sutileza , de tal modo, que no los podrá detener
ningún impedimento corporal , como sucedió en el Cuerpo de
Christo resucitado, que entró en la Casa donde estaban los Apos­
tóles, cerradas las puertas, y salió del Sepulcro , sin levantar la
k lo -
L e c c ió n d e c i m a t e r .#í a ,

losa que le cubría; (o).y la qüarta impasibilidúd , de modo , jftlie


nunca podrán ya padeceí. ’ •
Los cuerpos de los malos como tendrán impresa en la frente la
señal de su reprobación , é infamia , es verosímil que ástarán feos,
abominables, y horrorosos, asi como, por el contrario, por tener
los justos impreso .en sus cuer.pos el.carafter de-, la gracia, apare­
cerán gloriosos. Pero se ha de advertir, que también los cuerpos de
los ¿oridenados'resucitarán incorruptibles’,' para'que puedan pade­
cer , sin acabarse, por toda la eternidad.

LECCI ON XIV.
SOBRE EL ARTICULO DOCE.
L a vida perdurable,

L ultimo Articulo del Credo , o Symbolo de los Apostoles tra­


ta de la vida perdurable, que>es lo mismo que vida eterna, b
eeerna Bienaventuranza ; cuya doftrina aprovecha mucho para ex­
citar á losiFieles al fervoroso exercicio de las buenas.obras, porque
á la verdad por conseguir tan grande premio, qualquiera trabnio
debe parecer pequeño. Ponese este Articulo de la vida eterna des­
pués de la resurrección de la carne , porque despues de ella , goza­
rán ai ideante ios justos eti cuerpo , y .alma la. Bienaventuranza : y
finalizaron con ¿1 su Symbolo los Apostoles, porque-toda .nuestra
esperanza s'e debe dirigir á ia consecución-del premio de la eterna
vida. Para este fin crió Dios Padre ai hombre, Dios Hijo le redi­
m ió, y Dios Espiritu Santo le santificó ; de tal manera y que todas,
y cada una de las obras de la Santísima Trinidad , mencionadas en'
los Artículos precedentes,.se dirigen k solo.este1fin.
Por nombre de vida .eterna';se' entiende, la «perfeftav felicidad,
llena de todos los.bienes que se pueden desear: es la Bienaventu­
ranza que gozan los Santos en el Cielo; es el Reyno de Dios , ei
Beyrio de Christo, el Reyno de los Cielos , el Paraíso, la Celestial
Ciudad Santa , la nueva Jerusalen , la Casa ele pr¿ , las bodas
del Cordero , la Ce„ua nupcial.,.el torrente de.las delicias., la ale-
gna,
l ^ i . 40, 3 1 , M-uch. j8 , 4 3 . Philip. 3 . Apocalyps. m . 4 ,
S o b r e e l A r t i c u l o d u o d é c im o , 83
£na , y gozo del Señor ,v!y otros .varios, nombres con que la-Es­
critura explica el lugar donde los Santos gozan con Christo la vi­
da eterna. Pero no .hay palabras con-que perfectamente se .pueda
declarar en qué consista la felicidad de la eterna vid a, ni perfec-
-tsmente se puede conocer sino cotí la experiencia, (a) Solo llega­
mos á comprehender que está libre de todo 1q malo , y se posee
en ella el lleno de todos los bienes; y que la ocupacion q.ue tienen
Jos Bienaventurados en el Cielo es ver a Dios claramente , adorar­
le, amarle, y alabarle por' toda la eternidad; (¿) de lo qual Jes
proviene un eterno go zo , y una paz , á quien no pueden pertur­
bar ninguna anxiedad , ningún miedo, ningún tedio, ni trabajo,
ni molestia alguna. (<•)
Divídese la Bienaventuranza en esencial , y .accidental, y una,
y otra se hallan en los Bienaventurados. La esencial consiste en la
visión clara , y plena fruición de la divina Esencia; porque como
Dios es fuente de toda bondad , y perfección , y en él se hallan
juntos todos los bienes; por eso el que vé a D io s, y está unido con
él inseparablemente, abunda de todo-bien, y carece de todo mal,
y por eso es Bienaventurado,
La bienaventuranza accidental son ciertos bienes criados consi­
guientes á la esencial, los-qüales son::El primero, la nobleza de la
compañía de la humanidad de Christo,y de su Santísima M adre, y
de todos los Angeles, y Santos, quienes unos á otros se honran mu­
tuamente, reynan con Christo, y son llamados hermanos suyos, ami­
gos, y hijos de D ios: El-segundo; los dotes dd cuerpo glorioso,
que como Iremos dicho , son , la claridad , la agilidad, la sutileza,
é impasibilidad ,J porque alli carecerá de todos los males, y mise­
rias- no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni hambre, ni sed,
ni dolor alguno.
j Y quiénes serán !os que consiguen esta vida bienaventurada?
Aquellos que la mereciesen por sus obras .buenas, de F é , de Espe­
ranza $ de Caridad , y -perseverasen en la oracion-, en la frequencia
délos Santos Sacramentos , y en otros .piadosos ejercicios. Estos
conseguirán-de Dios tanto bien , mediante su infinita misericordia.
Pero no todos los Bienaventurados tendrán igual grado de gloria,
iino que al mayor mérito le corresponde mayor premio ; pues por
eso
i«) i . C o r . 2. 9. (¿) r .C o r . 13. 12. Psalm . 83. j . A p o c a ly f » j . 9.
(e) S. A u g . serm. i , ¡n Psalm . 36. 11. 12.
F 2
84 L e c c ió n d e c im a q u a u t a .

eso dijco Christo, (a) que en la Casa de su Padre había muchas


mansiones.
De esta eterna felicidad son excluidos para siempre todos los
que mueren fuera del gremio de la Iglesia; y los que aunque sea-n
sus hijos, mueren en pecado mortal, enemigos de D io s, y escla­
vos del demonio; los quales , aunque despues d¿ la resurrección
universal de los muertos no volverán á m orir; con tod o, no se
puede decir que tendrán vida eterna, porque como han de estar
siempre en tormentos, mas bien se ha de llamar muerte eterna,
que vida.
Entendemos aqui por eterna muerte la eterna separación de
D ios, porque Dios es la vida del alma , asi como el alma es la vida
del cuerpo ; (b) y como ios condenados están eternamente separados
de Dios , por eso están en estado de muerte eterna. Es verdad que
dexamosdicho que es inmortal el alma; pero esto es, hablando de
la vida de su naturaleza , b substancia, mas no hablando de la vida
de la gracia, o del espiritu. El alma vive espiritualmente quando
está unida cotí Dios por amor; y espiritualmente muere quando se
separa de Dios por el pecado mortal. Eternamente vive quando go-
-ía de Dios por toda ta eternidad , y no se puede separar de é! . co­
mo acontece en los Bienaventurados. Pero eternamente muere quan­
do de tal modo está separada del Sumo Bien, que jamas podrá vol­
ver k é l , como sucedí en los condenados.
La suerte de estos infelices e s , que nunca entrarán en el Reyno
de los Cielos, y estarán para siempre privados de ia vista de Dio¿:
(c) serán eternamente atormentados del gusano roedor de so con­
ciencia: (¿) serán arrojados en un estanque de fuego, para ser
atormentados con el Demonio, y sus sequaces, con penas eternas,
las quales padecen ahora en el alma, y padecerán despues en al­
ma , y cuerpo.
Procuremos, pues, no perder de vita el fin ultimo para que
fuimos criados , que fue p3ra servir á. Dios en esta vid a, y luego
gozarle en la eterna. No perdonemos trabajo alguno por conseguir­
le ; despreciemos todos los bienes terrenos, y caducos , que k la
verdad son nada en comparación de aquella suprema felicidad; lló­
re­
se») jojim. 14. 1. {b) S. Aug. iib. 10. Coates», cap. ¡- . n. ¿9. crict.
4 7 , í-i J'cmiiii, r>. 8. . c) M ic th . j . 1 0 . l u í . 6 6 . 2 4 . (ií) M itc ii. a j . A p o c j-
lyps. 10. ¡ j.
S o b r e bl A r t i c u l o d u o d é c im o . 8>
temos , y gimamos sobre los ríos de Babilonia, de este valle de la-
[grimas, haciendo memoria de nuestra amada celestial Sion:, y sus­
p ira n d o por ella. Y por ultimo, unámonos aqtji con Christó' por
fimor , quanto está de nuestra parte , para que incorporados con éi
tn la tierra, recibamos el complemento de esta christiana unión en
4l dia de la resurrección universal, quando por. los méritos de este
Señor, y nuestras buenas obras, sean participantes nuestros cuer­
dos de la gtoria de las almas. Amen,

P A R T E II.
DE LOS SACR AM E N T O S.
LECCION PRIMERA.
DE LOS S A C R A M E N T O S
en general,

E
Ste nombre Sacramento se puede tomar de varios modos y di­
versos sentidos: Lo primero , los Escritores profanos llama­
,
ban Sacramento al juramento militar , que hacían los Soldados,
obligándose a servir á la república: Lo segundo, los Escritores
sagrat.os llaman Sacramento á algún mysterío , o cosa sagrada
oculta; y lo tercero , se toma no por la misma cosa sagrada oculta,
sino por lo que la significa • por lo qual, se llama también Symbolo,
signo místico, y signo sagrado. Y a s i, la diferencia que hay entre
el mysterío, y el Sacramento propiamente tomado , e s , que el mys-
terio dice la cosa sagrada significada ; pero el Sacramento dice el
signo, ó senal qué significa aquella misma cosa sagrada.
Y aquí tomamos este nombre Sacramento por el signo, o señai.
que significa la cosa sagrada. Dos difiniciones dá al Sacramento el
Caihecismo Romano : Una es, que el Sacramento es signo de cosa
sagrada: La otra es, que el Sacramentóos un signo visible de la
gracia invisible, instituido para nuestra justificación. Lo mismo di-
F 3 ce
86 P arte II. L ección primera.
ce una que o tra ; pero la segunda lo explica con mas distinción, y
mas particularmente.
¿lámanse señales, o signos los Sacramentos, porque significan
la gracia invisible que contienen, y confieren. Llamanse signos vi­
sibles , o sensibles, porque se perciben por los sentidos aquellas co­
sas, y acciones que llamamos Sacramentos 5 v. g. en el Sacramento
del Bautismo miramos la acción, y oímos las palabras del Sacerdo­
te que bautiza, y con ellas se confiere al alma del bautizado la gra-
cía invisible. Mas claro: El signo manifiesta, y ofrece alguna cosa
á ios sentidos \ pero de tal modo, que por lo que percibe el senti­
do , se venga en conocimiento de otra cosa, que á él no se le ma­
nifiesta ; asi como quando vemos el humo conocemos que allí hay
fu ego , aunque no le veamos; y quando vemos en el camino pisadas
de hombre, o caballería, conocemos que han pasado por alli, aun­
que no los veamos.
Entre los signos, o señales hay unos instituidos por la mismj
naturaleza, otros instituidos por Dios. Los instituidos por la misma
naturaleza son; v. g. el humo en señal de fuego, y la alteración
del pulso en el enfermo calenturiento. Los instituidos por los hom­
bres son ; v. g. las voces, o palabras , los caracteres en los escritos,
las Imágenes, y pinturas, las vauderas, y otros semejantes. Los
instituidos por Dios son las figuras del viejo Testamento, y los Sa­
cramentos de la Ley de gracia. Entre estos signos instituidos por
Dios hay alguna diferencia ; porque unos son intituidos solamente
para significar alguna cosa, como las figuras, y ceremonias del
viejo Testamento; pero otros no solo para la significación, sino
también para obrar con ellos, y de esta clase son los Sacramentes
de la nueva Ley del Evangelio.
Estos Sacramentos no ios instituyó Dios para significar solamen­
te la cosa presente, sino también la pasada, y la futura, como dice
Santo Thomás. (rt) Y a si, de lo pasado significan la Pasión de Chris­
to , por cuya razón se llaman signo rememorativo; de lo presente
significan la gracia, y la Eucaristía el Cuerpo, y Sangre de Christo;
y por tanto, se llaman signos demostrativos: de lo futuro significan
la vida eterna; y asi, son señales pronosticas, que predicen lo futuro.
Esta sobredicha diferencia consta de lo que dice San Pablo hablan,
do del Bautismo, y de lo que dice la Iglesia , hablando de la fiu-
ca-
(0) 3. p. q>60, an. 3,
;.v D E í,O S S A C R A M E N T O S E N C O W JN . «7
karistía en la A n tífo n a ; O Sacrum convivium , & c . (a)
\ Los Sajitós Sacramentos tienen no solo un íin , sino muchos su-
borcii.nados: el fin inmediato es significar , y causar la gracia, por­
Í que eota es su acción propia : el fin de esta acción es la justificación
¿e los hombres: el fin de la justificación es la vida espiritual: el fin
Aceita vidi espiritual es la observancia de los Mandamientos de
-I)¡os, con mérito: el de esta observancia , y mérito es la gloria de
>4)ios, y de Christo , y la vida bienaventurada de los hombres, (b)
f El significar, y causar la gracia son el fin de los Sacramentos;
fporque son acciones de ellos; y la acción de algún instrumento es
Ifin suyo; y la gracia es fin de los Sacramentos, porque ellos se or-
,'derun k causarla. Claro está también que el fia de- la gracia es la
.-justificación délos hombres,.porque la gracia se dá al hombre,
■ra que con ella se justifique; y como dice el Smto Concilio de
Trem o, (r) la gracia es la causa formal de nuestra justificación, y
por eso se llama justificante.
Asimismo , el fin de la justificación es la vida espiritual, por­
que asi como Dios cria el alma para infundirla en el cuerpo , y se
le dá para que tenga vida por e lla ; asi Dios dá la gracia por me­
dio délos Sacramentos, para que los hombres vivan vida espiritual,
. y merezcan con ella la vida eterna. Ultimamente , el fin de la vida
espiritual es el mérito, y la observancia de ios Mancamientos de
Dios; porque asi como al hombre se le dá la vida natural para exer-
cer sus operaciones , asi se le comunica la vida sobrenatural de la
gracia , para que pueda hacer obras sobrenaturales; pues es cierto*
que por nuestras propias fuerzas no podemos vivir santa, y chris-
tianamente , sino que para ello es del todo necesaria la gracia de
Dios, con el uso del libre alvedrio dé la voluntad.
Obra sobrenatural es aquella que no puede hacerse por prínci-
■ pió natural, sino que pide necesariamente sobrenatural principio.
El Concilio Tridentino enseña, (d) que son obras sobrenatura­
les el creer, el esperar , el am ar, y el dolerse verdaderamente de
ios pecados, porque estas operaciones son a&os de las virtudes in­
fusas de F é , Esperanza , y Caridad.
Hemos dicho que el causar la gracia es el fia de los Sacramen­
tos; ¿pero, deseareis saber qué cosa es gracia ? E lvCathecisroo de Ri-
pal-
88 P arte H . L ección primera.
palda responde , que es un ser divino , que nos hace lujos de Dios,
y herederos de su Gloria ; pero no toda gracia tiene este eftfto,
sino solo la gracia que llamamos habitual, b santificante, la qual
nos reconcilia con Dios , nos hace justos, y amigos suyos. Esta es
un dón sobrenatural, que reside en el alma , y que la hace grata »
los divinos ojos; pero hay otra gracia , que llamamos aftu al, y es
una iluminación del entendimiento , y pió afefto de la voluntad,
con que Dios mueve los corazones para que los hombres obren lo
bueno , y aborrezcan lo malo , cuya gracia es un auxilio transito­
rio , qué puede hallarse sin la justificación, porque aunque excita,
y mueve á la v o lu n ta d para el exercício de las buenas obras, y da
poder para ello ^ (a) pero como tenemos libertad para el bien, y
para el m al, resistimos muchas veces á la gracia de Dios , y no*
hacemos culpables.
Es verdad que por el pecado quedó muy debilitado nuestro li­
bre alvedrio;que somos propensos, y inclinados á lo malo; que no
podemos amar los bienes sobrenaturales, ni hacer, ni pensar cosa
alguna, que aproveche a la salvación, sin la gracia sobrenatural,
que se nos dá por los méritos de Christo , (b) porque toda nuestra
suficiencia es de D io s; pero aunque nada podemos por nosotros
mismos, todo lo podemos en aquel Señor que nos conforta, (r)
Tan escelente es la gracia, que nos justifica, y hace amigos de
Dios que no dudó el Apostol San Pedro d ecir, que es cierta comu­
nicación o participación de la divina naturaleza. (J) Y hablando la
Iglesia con Dios le d ice, que nos hace participantes de su Divini­
dad. Y San Pablo afirma, que la gracia está en nosotros por la habi­
tación del Espíritu Santo, (e) Esto mismo asegura el Santo Concilio
de T ren to, quando dice, que la gracia es una divina qualidad que
reside en el alm a, y es cierta lu z , y esplendor, que destierra las
tinieblas de la culpa, y vuelve a la misma alma mas hermosa, y
resplandeciente.
Declarase con los siguientesexemplos: Lo primero con la luz,
y el a y r e , de este modo. Dios nuestro Señor e-, a la manera del Sol;
la gracia es como una luz de este Sol divino; el alma es como el
ayre diáfano, y capaz de la lu z, que sin la luz es obscura pero c<-n
la luz es claro. Los efeftos de la gracia son como los efetfos de h
luz,
d e to s S acram entos e n com ún . 89
l u z , que son a lu m b ra r, c a le n ta r, y obrar en todas las cosas de Ja
tie rra , en las p la n ta s, en los a rb o le s , y en los an ím ales; y a s i, la
presencia de D io s en el alma es com o la presencia del sol en el a y ­
r e ; y la com unicación de la naturaleza divina es a semejanza de la
comunicación que hace el sol en el a yre mismo.
L o segundo se declara con el f u e g o , y el y erro en la form a si­
guiente : (a) D ios es a la manera del fu eg o . L a S a b id u ria , la Omni­
potencia , y la Bondad de D ios son com o las propiedades del fuego,
que son ilu m in a r, dar c a lo r , y quem ar. E l alm a la hemos d e con­
siderar como el hierro 5 porque la ignorancia , la m a lic ia , y la en­
ferm edad del alm a son com o las qualidades del h ie r r o , que sonj
ser n e g r o , y obscuro , f r i ó , y duro. L a g r a c ia , o com unicación de
]a divina naturaleza , y propiedades d iv in a s , esto e s , de la divina
Sabiduría, O m nipotencia, y Bondad , es como la com unicación de
Ja naturaleza del fu ego al hierro encendido. Y a s i , los e fe ílo s de-
la g ra cia son com o los efefto s del f u e g o ; porque al m odo que el
fu ego lim pia al h ierro de la n e g r u r a , le quita la fr ia ld a d , y la du­
reza , que son viles condiciones s u y a s , y pone en éi la l u z , el ca­
lor , la b la n d u ra , y la aftivid ad del mismo fuego 5 asi la gracia
q u ita , y aparta del alm a la ign oran cia , la m alicia , la enferm edad,
y pone en ella la sabiduría por la F é , el poder por la E speranza,
y la bondad por la C arid ad , que son (digám oslo a s i) qualidades
divinas. (£)
t o tercero se exp lica con el siguiente símil que trae San A g u s ­
tín: L a gracia es com o la vida del alm a $ porque asi como el cuerpo
tiene vida por el a lm a , que está unida á é l , esto e s , tiene el p rin ­
cipio para exercer operaciones v ita le s ; asi el h om b re, p or estar
unido con D i o s , tiene la g r a c ia , que es el p r in c ip io , por el qual
puede hacer obras d iv in a s , y sobrenaturales 5 de su e rte , que así
como el cuerpo es m u e rto , quando está separado del a lm a , y viv o
quando á ella está u n id o , asi el alma vive vida esp iritu a l, y sobre-
natuial quando tiene la g r a c ia , pero está m uerta quando carece de
ella.
(e) T a n necesaria es esta g ra cia para conseguir la vida eterna, que
sin ella es imposible co n seg u irla , ni m erecerla. E lla es el principio
del m érito , porque por la com unicación de la naturaleza divina
se
, U) D. Thoin. p. e. q. 112. #rt. j. t x Cvíuc* Trid. íc ss. 6 . can. ?,
(c) Cont. Trid. &esj. 6 , can. 7. & id.
íjo P a r t e IT. L e c c ió n p r i m e r a .
se hscc el hombre capáz para el ejercicio de Jas divinas obras,
agradables á Dios , y dignas de él.
Mas debemos tener por cosa cierta, que despues del pecado de
Adán no se dá á los hombres gracia alguna en orden a la eterna
salud , sino por los méritos de Christro nuestro bien ; porque desde
que Adán pecó, no pudieron los hombres hacerse gratos k Dios,
ni entrar en el C ielo , sino por Christo ; (<i) y a si, los que agrada­
ron á D io s, y fueron sus amigos antes de la venida de Christo al
mundo, le agradaron con respecto al mismo Christo : (b) y las gra­
cias que despues de la caída dol primer hombre concedió Dios á
los hombres hasta la venida del Redentor fueron con atención á él.
No podemos nosotros merecer con nuestras propias fuerzas I*
gracia de Christo , porque de otro modo , la gracia ya no sería
gracia , sino debito , y justicia ; (f) y cierto es que Dios nada nos
debe,sino que es un efefto de su liberal misericordia, E l mérito
del hombre consiste en usar bien dü la gracia que se le concede;
(ti) y a sí, el que cooptra á ella alcanza nueva gracia; y de gracia
en gracia viene a conseguir la vida eterna , que dá como premio
el justo Juez, y Padre de misericordias: (?) Cu'Hulans sua dona f#-
ronis , colmando de coronas sus mismos dones.
Los grados por donde el pecador adulto'llega á ja gracia de la
justificación, y se dispone para ella, son seis, las quales asigna el
Santo Concilio Tridentino: (f) Lo primero, excitados, y ayudados
los pecadores con la gracia divina, recibiendo por el oído la Fé,
se mueven libremente para D ios, creyendo por cosas ciertas , y
verdaderas todas las cosas que su Magestad ha revelado, y prome­
tido: Lo segundo , conociendo que son pecadores, son movidos sa­
ludablemente al temor de la divina justicia, conocida por la Fe':
L o tercero, convirtiéndose á considerar la divina misericordia,
conciben esperanza de su remedio , contando que Dios se mostrará
propicio con ellos por los méritos de nuestro Señor Jesu-Crhisto:
Lo quarto, comienzan á amar á D io s, como Fuente de toda bon­
dad, porque et que comienza a amar lo justo , es consiguiente que
también comience á amar al Autor de la justicia: Lo quinto, ne­
cesariamente se sigue, que de aquel amor á la justicia se mueve el
hoijíbre á algún odio , y detestación del pecado; y lo sexto, pro-
po-
Joann. 1 4 . l í . (b) S. A u g . C onfess. lib. 10. cap. 4 3 . (c ) R o m . u .
6 . ( i ) C o n c.T rfd . sess.6. can .24 . ( f) C o n c .T iid . scss.í. c<tn.ja, { / ) C o a c .
de lo s Sa cr a m en to s en com ún. 91
pone el pecador recibir los Sacramentos, con los que se alcanza
Ja remisión de los pecados; empezar nueva vicia, y guardar los
divinos Mandamientos.
La gracia de la justificación consiste en la santificación, y re1-
novacion del hombre interior por la voluntaria suscepción de la
gracia , y dones espirituales, (¿i) de donde el hombre de injusto se
hace justo, y de enemigo de Dios amigo suyo, para ser heredero
de la vida eterna.
Esta renovación del hombre interior no consiste solamente en
la remisión de los pecados, sino también en la infusión de la gra­
cia , y virtudes sobrenaturales. (Z>) El principio de esta renovación
es D ios, Padre de las misericordias, que graciosamente purifica,
y santifica al alm a; y su Hijo düeftisimo, nuestro Señor Jesu-
Christo, que por la excesiva caridad con que nos am ó, mereció
para nosotros la justificación , y satisfizo por nosotros á su Eterno
Padre ; y el Espíritu Santo , por quien la caridad de Dios se derra­
ma en los corazones de los que se justifican , y los inflama.
Los medios por donde se nos comunica la gracia de la justi­
ficación son los Sacramentos del Bautismo, y de la Penitencia.
Por eso el Bautismo, y la Penitencia se llaman Sacramentos de
muertos, y alguna ve2 el de la Ext rema-Uncicn en sentir de mu­
chos Theologos. Los demás se llaman Sacramentos de vivos, por­
que suponen al alma viva con la vida de la gracia , y la aurr.entan.
Además de la gracia que producen los Sacramentos, se impri­
me en el alma un signo espiritual, é indeleble, que se llama carafter,
por medio délos Sacramentos del B a u tism o d e la Confirmacionj
y del Orden ■por lo qual estos tres no se pueden reiterar.
La>vírtud que se baila en los Sacra memos no la tienen por su
naturaleza, sino por la Omnipotencia de L io s , cuya volumad es,
que por estos signos sensibles.y \ isiblss se nos apliquen5y comuniquen
los méritos de la Pasión, y Muerte de Christo ; pero no siempre que
se reciben los Sacramentos se recibe su virtud , porque la gracia
solo se dá á los que los reciben con verdadera di: posicion ■pero
el carafíer del Bautismo , de la Confirmación, y del Orden se im­
prime también aun en los que los reciben con indisposición, con
tal que tengan intención de recibirlos.
De Fé e s , que son necesarios los Sacramentos para conseguir
la
92 P a r t e II, L e c c ió n p r i m e r a .
la eterna salvación; porque , como dice el Santo Concillo T riden-
tino, (a) por ellos comienza toda gracia, y verdadera justicia, por
ellos se aumenta la recibida , y la perdida se repara: pero no to­
dos los Sacramentos son necesarios a cada uno de los Fieles en par-
ticular, sino a toda la Iglesia en común.
Los Sacramentos son siete, conviene á saber; el Bautismo, la
Confirmación, la Penitencia , la Eucaristía , la Extrema-Unción,
el O rden, y el Matrimonio ; ni mas, ni menos, como enseña la
F é : todos ellos fueron instituidos por Christo Señor nuestro, co­
mo consta de la Escritura Sagrada , y de la tradición • lo qual ve­
remos despues, quando se trate de cada Sacramento en particular.
(¿) La razón porque Christo instituyó este numero determinado de
Sacramentos , fue para proveer suficientemete a todas las necesida­
des de la Iglesia universal, y de cada uno de los Fieles en particu­
lar. Para que esto se entienda mejor , se explica con este sím il: pa­
ra la vida corporal son necesarias siete cosas: Lo primero, el na­
cer á la luz de este mundo; Lo segundo, crecer, y aumentarse
el cuerpo: Lo tercero, la comida, y alimento: Lo quarto, la me­
dicina contra las enfermedades: Lo quinto, los restaurativos, con
los quales se cobran las fuerzas perdidas en la enfermedad , y se
quitan las reliquias que de ella han quedado. Estas cinco cosas per­
tenecen á la utilidad privada de cada uno, pero para la utilidad
pública se requieren otras dos, que son : Lo primero, el magistrado,
con cuyo imperio , y autoridad se rigen , y gobiernan ios Pueblos;
y lo segundo, la legitima propagación de la prole , con la qual se
conserva el genero humano , y la república, A s i, pues, como el
fin de los Sacramentos es Ja vida espiritual del hombre, la qual se
tiene por la g ra cia , por eso instituyó Christo los siete ; porque
por el Bautismo renacemos a la gracia; por la Confirmación nos
fortalecemos, y crecemos en ella ; por la Penitencia, como con
!a medicina , sanamos de nuestras enfermedades; por la Eucaristía
tenemos comida , y bebida con que nos nutrimos; por la Extrema­
unción el restaurativo de las fuerzas perdidas , para fortalecernos
en la hora de la muerte ; por el Orden tenemos Pastores , y Minis­
tros hasta el fin de ios siglos • y por el Matrimonio la legíthna pro­
pagación de la prole, para dar hijos a la Santa Iglesia.
Diversa es la razón de conferir la 'gracia los Santos Sacrameii-
_____ ___ _________________ _________ __ tos;
(aj S’ess. 7. can.4. Prooemial. \b) Soss. 7. can. i. de Sacram.
de los S acram entos en com ún. 93
tos; porque el Bautismo confiere la primera gracia, con que rena­
cemos para Christo ; y por eso es la puerta de todos los demás Sa­
cramentos: La Confirmación aumenta la gracia, dándole la plenitud
correspondiente, y administra fuerzas sobrenaturales para confe­
sar la Fé de Christo, y pelear contra sus enemigos r La Eucaristía
dá la gracia , refeccionando , nutriendo, conservando, y susten­
tando al alma en la vida espiritual: La Penitencia confiere la gra­
cia, borrando, y perdonando los pecados, de los quales es medi­
cina : La Extrema-Unción dá la gracia , quitando las reliquias de
los pecados , y dando fuerzas al alm a: El Orden dá la gracia, pa­
ra qut con ella se hagan dignos , y hábiles los Ministros de la Igle­
sia para exercer sus ministerios , y funcione-;; y el Matrimonio dá
gracia para santificar á los casados, y para la christiana educación
de sus hijos.
Entre los Sacramentos hay unos que se pueden conferir solo
por los Obispos; y hay otros, que también pueden administrar los
Sacerdotes- y aun en caso de urgente necesidad pueden todos, y
qualesquiera que tenga uso de razón , sea hombre, ó sea omger,
administrar el Sacramento del Bautisrr o ; de todo lo qual s« tratará
mas largamente quando se explique cada Sacramento en parti­
cular*
Las disposiciones que se requieren en los Ministros de los Sa­
cramentos son dos: La primera , que estén en estado de gracia ; (a)
y la segunda, que tengan intención a lo menos de hacer lo que
hace la Iglesia: por la q u a l, si alguno , no seriamente, sino por
juego, intentase administrar algún Sacramento, seria nulo, irrito,
y de ningún valo r, porque entonces no obraba como Ministro de
la Iglesia; pero aunque el Ministro esté en pecado m ortal, no por
eso será nulo el Sacramento que hiciese , o administrase 5 pero pe­
cará gravemente , porque trataba indigna , y sacrilegamente una
cosa sagrada.
D iréis, ¿que cómo puede conferir la gracia por medio de los
Sacramentos el Ministro que está privado de ella , porque nadie dá
lo que no tiene ? A esto se responde, que el Ministro no la da por su
propia virtud , sino en quanto es instrumento de Christo, el qual
puede usar de qualquiera instrumento para comunicar su gracia; (¿)
' ___________________________ _______ _______ y
¡“ ! ' i'-'.i- íi.,;. k ,S, <.odr. Lp. Parmou. lib. a.
63 •
94- P arte IT. L ección primera.
y a s i, quiso dárnosla por medio de ios Sacramentos, sin respecto ¿
la disposición de quien los administra. Asi lo enseña la Fé de la Igle-
sia contra los Hereges Donatistas.
La Iglesia usa muchas preces, y ritos en la administración de
los Sacramentos: Lo primero, para significar con ellos los efeftos
que causan, y las disposiciones que se requieren para recibirlos;
como también las obligaciones que de al¡i nacen , de las quales ha­
blaremos en cada Sacramento: Lo segundo , para alcanzar de Dios
las dichas disposiciones en beneficio de los que los reciben, cuyos
ritos no son nuevos, ni nuevamente aprobados, y recibidos , sino
que casi- todos son aprobados por tradición Apostólica.

LECCION II.
, DEL SACRAMENTO DEL BAUTISMO.
\

§• r.

E
,
L primero de Ios-Santos Sacramentos es el Bautismo cuya voz
Griega es lo mismo que ablución; y se llama a si, porque
quando se hace este Sacramento, lavando el cuerpo con el agua,
es juntamente el alma purificada de las manchas de todo pecado.
Por eso no es otra cosa el Sacramento del Bautismo sino una espi­
ritual regeneración, por medio del agua, y de las palabras, con
la qual el hombre se hace hij ^ de Dios , y de la Iglesia.
En él se perdonan todos los pecados , no solo el original, sino
también los aíluales, si los hubiese , y se remite toda la pena debi­
da por el pecado, tanto la pena eirerna, como la temporal; cuya
absoluta remisión la hace la divina misericordia, aplicándonos por
el Bautismo, sin excepción alguna , los méritos de Christo , y con­
donando no-solo Jos pecados, sino también toda la pena merecida
por ellos. Pero no por eso quedamos libres de la ignorancia, de Ja
concupiscencia, de la muerte, y de las demás enfermedades, ya
espirituales, y ya corporales, qi¡e son efeéto, y pena del pecado,
pues durarán hasta la muerte. Asi lo ha dispuesto la Divina Pro­
videncia, para continuo exercicio de la virtud , y gloria de su gra­
c ia ; porque en la enfermedad se perfecciona la virtud , para que
donde abundó el pecado , superabunde la gracia , y obremos nues­
tra
c e lo s S a c ra m e n to s e n com ún, gf
tra salud con humildad , y temor, (a)
Por la nueva v id a , que en Christo recibimos por el Bautismo,
nos hacemos hijos de D ios, de tal modo, que podemos llamarle
nuestro Padre , y mirar ni Cielo como á nuestra herencia paterna.
Esta nueva vida que adquirimos, es la vida de la gracia , por la qual
nos unimos con Dios por medio de la Fé , de la Esperanza, y de la
Caridad, y las demás virtudes que las acompañan, (é)Decimos que
por el Bautismo somos reegendrados en Christo, renacidos en Chris­
to, y que recibirnos nueva vida en Christo : Lo primero, porque por
Christo , y por sus méritos renacemos á la vida de la gracia : Lo
segundo , porque el espiritu de Christo , que recibimos por el Bau­
tismo , es el principio de esta v id a ; y lo tercero , porque por el
espíritu de Christo que habita en nuestros corazones , de tal modo
nos unimos á él , que nos hacemos un cuerpo místico con é l, y so­
mos sus miembros; (c) y a si, podemos decir con el Apostol i Vivo
y o , ya no yo , sino que Christo vive en mí. (d)
Hacemonos también hijos de la Iglesia por el Bautismo, porque
por él nos engendra en Christo , como verdadera Madre , según
aquella sentencia del Apóstol: Yo oí engendré en Christo j tesus,
(f) Y por esta regeneración somos hechos miembros de la Iglesia,
entramos en la Congregación de los Fieles, y adquirimos derecho a
los Santos Sacramentos, y á todos los bienes de la Iglesia.
Además de estos efeftos referidos , tiene también otro el Bau­
tismo . que es el caraíler que imprime en el alma , el qual es uña
.señal espiritual, é indeleble ; y a si, no se puede reiterar este Sa­
cramento.
§. II.

D E L A M A T E R I A , F O R M A , Y D E M A S R E Q U IS IT O S ,
- ■ y -ceremonias del Bautismo.

AS partes del Bautismo son dos, la materia, y la forma. La ma­


L teria es qunlquiera agua natural, ya sea del mar, ya del rio,ya
de la fuente, o ya del pozo- pero no puede ser materia el agua rosa­
da,ni otra qualquiera artificial. Aunque decimos que el agua natural
es materia apta de este Sacramento, esto se entiende hablando en
! 1 ca-
‘(tf) Conc. Tnd. som.4. -:an.j. (¿'i Coiic. Trid. ses>.ó. CAn.7« (c) Kom.
8. ¡ j , 16. 17. (tij Galat. xi.r ay. (e) i.C or. 4. i j .
96 P a rte II. L e c c ió n IT.
caso de necesidad; porque quando el IJan’ Umo se administra so­
lemnemente , se debe añadir al agua “1 Sagrad* Cnrivna , <.wno ¡o
observa la Iglesia por tradición A;- • n-uu J c / ^ n r ¡n.-.s bion
el efecto del Bautismo , porque . . . ........... unción del
Espíritu Santo.
La forma del Bautismo c- -- 1 ■
* !»■ B -M iho , en el nombre
del Padre , >%< y del Hijo v .’(< y ,iel Espíritu Santo ; y al pro­
nunciar estas palabras derrama el agua el Ministro tres veces en
forma de cruz sobre la cabeza del barnizando. También hay otros
dos modos de bautizar : El primero e i, poniendo en el agua el
cuerpo del bautizando, (lo qual se llama inmersión) y pronun­
ciando juntamente las dichas palabras; El segundo e s, por asper­
sión, rociando, o esparciendo el agua sobre el cuerpo del que se
bautiza , y pronunciando al mismo tiempo las sobredichas pala­
bras. Qualquiera de estos tres modos de bautizar es válido , por­
que en cada uno se verifica que hay ablución ; pero el que está mas
puesto en uso es la infusión , y 110 es necesario que haya tres ablu­
ciones , sino que basta u n a; mas en esto se ha de estar al rito acos­
tumbrado en la propia Iglesia: y la parte del cuerpo donde se de­
b í echar el agua es principalmente la cabeza , porque en ella reú-
d¡|.n todos los sentidos, tanto exteriores, como interiores, y asi es
ia parte mas principal del cuerpo,
_ Aquí se ha de notar mueho, que al mismo tiempo que se der­
rama el agua, se deben pronunciar las palabras; porque para que
haya Sacramento es njcesario que se unan la materia , y la forma
de é l ; y que uno mismo sea el que echa el a gu a, y pronuncia las
palabras, porque si uno las pronunciase, y otro echase el agua , no
<se haría Sacramento.
Este Santo Sacramento fue instituido por Christo Señor nuestro
quando fue bautizado por San Juan , y entonces con el conia&o de
su Cuerpo consagró el agua para el uso del Bautismo, y la dió
virtud espiritual para la. espiritual regeneración , y para lavar las
almas de las.manchas de la culpa. Pero aunque el Bautismo fue ins­
tituido antes de la Pasión de Christo, con todo eso , recibió de elliy
su virtud , y eficacia, porque la Pasión de Christo era el fin de to­
das sus acciones. Despues de su Resurrección intimó el mandato,
de que todos los hombres recibieren el Bautismo , diciendo á los
Apostoles, que quando fuesen por el mundo, los bautizasen en el
nombre del Padre, y del H ijo, v del Espíritu Santo.
Mu™
d e l S a c r a m e n t o d e l B a u t is m o . 97
Muchos son los Ministros de este Sacramento , y entre ellos
hay este orden: El primer lugar le tienen los Obispos , y los Sacer­
dotes: El segundo los Diáconos; y el tercero todo hambre, y mu­
ger que tenga uso de razón , é intente hacer seriamente lo que hace
la Iglesia; pero estos solamente en caso de necesidad , y sin la so­
lemnidad de los ritos, y ceremonias que usa la Iglesia ; porque el
Omnipotente Dios puede usar de qualquiera instrumento para co­
municarnos su gracia, y quiso que por este medio se facilítase a
todos ia recepción de un Sacramento sumamente necesario para
conseguir la vida eterna. Pero en estos casos de necesidad, quando
hay muchos que puedan bautizar , debe ser preferido el Clérigo al
Lego ; el Catholico , al Herege, o Infiel; el varón á la muger. Mas
si entre los varones no hubiese alguno que sepa bien la forma del
Bautismo , debe ser preferida la Comadre, si está bien impuesta en
esta materia. El padre, o la madre del infante podrán bautizarle
también en el caso de extrema necesidad, quando no hubiese aigtm
hombre , o muger Cathoücos que lo puedan hacer ; pero fuera de
este caso no deben hacerlo, porque en el Bautismo se contralle afini­
dad espiritual entre el bautizante, y bautizado; en fuerza de la
qual no puede el que bautiza contraher matrimonio con la persona
bautizada, ni con sus padres. (*») Y si alguno de los mismos padres
del infante le bautiza fuera del caso dicho, queda por esta afinidad
imposibilitado de pedir el débito conyugal mientras no le dispense
el Obispo , aunque siempre queda obligado a pagarle. (¿)
Es tan necesario el Bautismo para canseguir la eterna salud,
que sin él es imposible conseguirla; y por eso llaman los Theolo-
gos a esta necesidad necesidad de medio, la qual proviene del rea­
to del pecado original, que 110 se quita sino por el Bautismo : (c)
y mientras dura este reato estamos debaxo de la diabólica potes­
tad , y no podemos estrar en el Reyno de los Cíelos. Pero esta ne­
cesidad del Bautismo se puede suplir con dos cosas: Lo primero,
por el ardiente deseo de recibirle, junto con una caridad perfecta;
y lo segundo , por medio del m artyrio; y asi, el Bautismo es de
tres maneras : Flum inis , flam inis , & sanguinis. El Bautismo flumi­
nis es el que se confiere por medio del agu a, y de las palabras yo
te bautizo , & c . E l Bautismo flaminis es el ardiente deseo de reci­
bir­
ía) Conc, Trid. sess. 14. de Refotm. matritn. can. 2. (Jb) S. Thotn, in
Supietn, q. j 6. art. I. in Corp. (f) Joann. 3. j.
G
98 P a r t e II. L e c c i ó n II.
birle; por lo qual, quando alguno, por no poder ser bautizado con
el agua , desea con ardor , nacido del fuego de la caridad , recibir
el Bautismo, sin duda consigue la eterna salud, como siempre lia
juzgado , y ensenado la Iglesia nuestra Madre. (<2) El Bautismo
sanghinis es el m artyrio,ó la muerte padecida por Christo , porque
los que asi la padecen son bautizados con su propia sangre. (Z?)
Los Padrinos que asisten al Bautismo 110 son Ministros de él, .si­
no que se dan a los bautizandos para que ios ofrezcan á ia Iglesia;
para que les pongan nombre , y sean testigos del Bautismo; pan
que en nombre de los mismos bautizados , quando son infantes,
respondan á la Iglesia y sean como fiadores de las solemnes pro­
mesas que hacen en nombre del mismo infante ; y también, porque
asi como el niño recien nacido necesita de nutriz , y pedagogo pa­
ra su educación, y instrucción en la doftrina, y buenas artes, asi
los que por el Bautismo comienzan k vivir vida espiritual necesitan
de g u ia , y direélor. Y aunque a los Párrocos les incumbe esta obli­
gación, pero como tienen el cuidado de muchos, no les queda
tiempo para instruir en la Fé privadamente a cada uno de los niños;
y por eso se les señalan otros Padrinos, cuya costumbre santa de
la Iglesia, como dice San Dionysio Areopagita , tiene principio
de los mismos Apostoles.
Pero no deben elegirse quale.squiera en Padrinos , sino que es
necesario: Lo primero , que sean Catholicos: Lo segundo, si posi­
ble e s, que estén confirmados; y lo tercero, que sean personas
bien instruidas, y de buenas costumbres. Deben ser Catholicos,
porque los que están fuera de la Iglesia no tienen derecho a ofre­
cerla los bautizandos, ni a prometer por ellos. Conviene que estén
confirmados, porque es muy decente , que los que han de ofrecer
los bautizandos á la Iglesia , estén adornados con la perfección de
la vida christiana. Deben estar bien instruidos, y ser de buenas
costumbres., porque deben saber los principales Mysterios de la
Religión Christiana, los preceptos de D io s, y déla, iglesia , y lo
que significa Ja promesa solemne que ellos hicieron á Dios en el
Bautismo ; porque sino saben estas cosas , ¿cómo las han de ensenar
á sus ahijados 1 Deben ser de buenas costumbres , porque la Iglesia
no admite las promesas, ni fianzas de los males, y porque 110 es
apto para prometer por otros la renuncia del diablo , de sus pom-
pas,
(a) S. A m b ros. de Ob¡(. Yaient. n. 75. {p) I 'm u í, de Bapc. cap. 16,
DEL S a c r a m e n t o d e l B a u t ís m o . 99
pas, y de sus obras, el que con sus malas costumbres, y con su
hijo , y.vanidad exterior demuestra claramente no haber renuncia­
do á las pompas , y obras diabólicas- De aqui es , que no deben
ser admitidas por Madrinas las mugeres que vienen a la Iglesia á
exerdtar este oficio con trages poco modestos.
Tampoco deben ser admitidos por Padrinos el padre, y la ma­
dre del bautizando, porque de tal ministerio nace parentesco es­
piritual , y asi por razón de él no pueden contraher matrimonio
los Padrinos con el bautizado, ni con sus padres, Y si fuera del
caso de evidentísima necesidad exercitasen los padres el oficio de
Padrinos, estarían obligados, según la opiníon de muchos, á abste­
nerse de pudir el-debito conyugal , hasta que el Obispo los dispen­
se. Pero este parentesco espiritual solo tiene lugar , quando real­
mente se hace el Sacramento del Bautismo, no quando habiéndose
hecho se suplen sus sagradas ceremonias, {«)
Los oficios de los Padrinos para con sus hijos espirituales son
Jos siguientes: Lo primero, deben amarlos con afeito paternal: Lo
segundo, instruirlos en la Doftrina Christiana, si sus padres son
negligentes, o ignorantes en esta obligación , y procurar que ve­
len sobre ella: Lo tercero, procurar que quando haya proporciort
reciban el Sacramento de la Confirmación: Lo quarto , declarar­
les lo que prometieron en su nombre á la Iglesia, y procurar que
ellos cumplan aquella promesa; y lo quinto , rogar á Dios por ellos
frequentemente. (¿)
Ahora deseareis saber, ¿ por qué los que se ván a bautizar
son conducidos a las puertas de la Iglesia , y se les prohíbe la en­
trada por aquel entonces? Respondo , porque'son indignos de en­
trar en la Casa de D io s , hasta que sea expelido de ellos el Demo­
nio , a quien están sujetos por el pecado original. Por eso el Sa­
cerdote arroja su aliento tres veces a la cara del bautizando , para
expeler de él al Demonio por virtud del espiritu de Dios , lo qual
hace tres veces, y en forma de Cruz , para significar que se ex­
pele al Demonio en el nombre de la Santísima Trinidad , y por los
méritos de Christo crucificado. Hace la señal de la Cruz en lá fren­
te del que se ha de bautizar, para declarar que el hombre bauti­
zado se ha de gloriar en la Cruz de nuestro Señor Jesu-Christo , y
110
(a) S ic declaravic ijjc r . C o n gregat. C o n c. 13. Julii 16 2 4 . ^¿)-Conc.
M ediol. i.s u b S . C aro lo patt, 2, tit. de B jp r,
G 2
roo P ar te II. L ección II.
no se ha de avergonzar de ella , esto e s , que no se ha de aver­
gonzar de parecer Chrístiano, sino que lo ha de confesar publi­
camente con las palabras , y con las obras : Forma también la
señal de la Cruz sobre el pecho del bautizado, para significar que
ha de ser amante de la Cruz , y de la Dottrina de Christo crucifi­
cado , y ha de colocar en éí toda su esperanza. Y finalmente*
le señala tantas veces con la señal de la Cruz , para significar que
el Bautismo recibe toda su fuerza , y eficacia de los méritos de
Christo crucificado.
¿Y porqué el Sacerdote echa sal en la boca del que se ha de
bautizar? Es para significar , que conseguirá la doftrina de la
F é , y el don celestial de la gracia , para libertarse de la podre-
cumbre de los pecados, para percibir el sabor de las buenas obras,
y deleytarse ccn el pábulo de la Sabiduría divina. Le unta el Sacer­
dote con su saliva las narices, y las orejas, porque en esto imita
la Iglesia la acción de Christo , quien con su saliva dió salud á
aquel Sordo , y Mudo del Evangelio ; y por eso el Sacerdote , que
hace sus veces, dice ; (a) Epheta , quod est adaperire. Pide, pues,
por estas palabras, (&) que el bautizando abra los oidos á la voz
de D io s, y el olfato para percibir la suavidad de la verdad.
Luego , quando los Padrinos entran en la Iglesia con el bauti­
zando , rezan el Credo en nombre de é l, porque la Iglesia á na-
«lie recibe, que no crea en Christo , y profese la Fé Catholica'
y asi la entrada para la Iglesia , para el Bautismo , y parala Glo­
ria celestial, es la profesión de la I é Catholica. Despues se le
pregunta albautizando per tres veces , si renuncia a Satanás, y á
todas sus obras, y pompas? y el bautizando, ó el Padrino en su
ncmbre , responde tres veces : Alrfnuntío. Estas sclemnes prome­
sas del bautizando las pide la Igleua ; porqt:e por el Bautismo se
celebra cierto contrato entre D io s , y el hombre. Promete el hom­
bre renunciar a Satanás , y á todas sus pompas , y obras, y unir­
te con Christo : Y Lies, le promete si hembre k vida eterna, si él
cumple sus promesas. El sentido de aquellas palabras: abretumtio
Sotante , es decir : Prometo solemnemente renunciar de tal modo al
diablo , que no quiero mas de hoy en adelante tener con él parte,
ni sociedad alguna , y a todas sus pompas , esto es , á todas las
va-

{uj M a te . 7 . 34, (b) S. A rnbros, lib, de A ly st, cap, 1. «, 3,


10a P a r t e II. L ecció n II.
Luego le pone el lienzo blanco, o vestidura candida, en señal
de la bautismal inocencia , amonestándole , que la conserve sni
mancha de pecado todo el tiempo de su vida : también se impone
para significar la gloria de la resurrección , y la limpieza , y her­
mosura del alma. Luego se le dá al recienbautizado la vela en­
cendida , para enseñarle que la Fé , que recibió en el Bautismo,
inflamada con la caridad, se sustenta , y aumenta con la práctica
de las buenas obras. Esta ceremonia alude á la Parabola del Evan­
gelio , (a) en la qual se dice , que las Vírgenes prudentes salieron a
recibir al Esposo con antorchas encendidas , en las quales se en­
tiende la caridad,según enseñan los Santos Padres. Amonestase,pues,
al bautizado con esta ceremonia, que siempre lleve en las manos
la antorcha luciente , (b) obrando de tal modo , que con sus obras
alumbre á los demás , y él resplandezca , y arda con el fuego de
la caridad.
Ultimamente , á mas de todo esto se le impone el nombre,
para significar , que ya está reengendrado , y sentado en la mili­
cia de Christo. Ponesele el nombre de algún Santo , para que su
vida le sirva de exemplar , y sea su A bogado, y Proteftor , que
le defienda en todos los peligros de alma , y cuerpo.

L E C C I ON III.
D E L SACRAM ENTO DE LA C O N F IR M A C IO N '.

L segundo de los santos Sacramentos es la Confirmación: La


E Confirmación es un Sacramento , por el qual se dá el Espíri­
tu Santo a los bautizados , para confirmarlos en la Fé , y que r
ciban la perfección de la vida christiana. De modo , que la Con­
firmación es un Sacramento , por el qual la F é , la gracia , y la vi­
da espiritual , que se recibió en el Bautismo , se confirma 3 se au­
menta , y se perfecciona, .
No podemos negar , que la Confirmación es Sacramento ■por­
que sería heregia el negarlo. E s , pues , Sacramento , porque es
•signo sensible instituido por Christo Señor nuestro para nuestra
santificación. El signo sensible de este Secramento es la imposición
de

iVtacch, 3 . {b) M a u h . 16.


dsl Sa c r a m e n t o í >e l a Cor;FiRM-Aciorí, 103
de las m anos , la u n ció n d el S a g ra d o C h rism a , y las p a la b ra s q u e
dice el S eñ o r O b isp o . C o n sta de la E s c r itu r a S a c r a , y d e la c e r tí­
sima trad ició n , qu e p o r la im posición d e las m anos d e l O b isp o , y
p or la u nción del S a g ra d o C h r is m a ., se d á e l E s p ír itu San to á Iosv
bautizados. C o n sta de la E s c r itu r a ; (¿t) p o rq u e en e lla se lee m u^
chas ve ces , q u e los Santos A p o sto le s d aban el E s p íritu San to á lo s
recien b au tizados p o r la im p osición d e las m in o s. Y co n sta d e la
tradición } p o rq u e é ita h a sido siem pre la F é de la Ig le sia , q u e
en los O bispos su ccesores d e los A p o sto les resid e la a u to rid a d d s
dar el E sp iritu Santo á los recíen b a u tira d o s , y a p a r la im p osición
de las m a n o s , o y a p o r la u n ción d *1 C h rism a , o y a p o r uno , y
otro. P e ro so b re si basta para lo v á lid o d el S acram en to la u n ció n
s o la , y sola la im posición de las m anos , 6 es n e cesa rio u n a , y
oirá jun tam en te , v a r ía n los T h e o lo g o s C a th o lic o s .
D ife re n cia se este S acram en to d el d el B au tism o en dos c o sa s, en
el fin , y en e l e fe é to . P o rq u e el fin del B au tism o es la n a tivid a d
espiritual 5 p ero el d e la C o n firm ació n es el aum ento , y p e r fe c c ió n
de la tai v id a . E l efeéto d e l B a u tism o es la g r a c ia , q u e ilu s tra a i
bautizado en la F é ; p ero el e fe fto de la C o n firm ació n es la g r a c ia ,
que le confirm a , p a ra qu e 11Í e l tem or de las penas d el m undo , ni
ios to rm e n to s, ni la m ism a m u e r t e , le a p arten de la co n fesio n d e
ia v e rd a d era F é . E n el B au tism o se alista e l h o m b re en la ch ris-
tiana m i li c i a , y en la C o n firm ació n se a rm a p a ra la b a ta lla .
L a m ateria de este S acram en to es e l C h rism a , c u y o nom bre
griego , qu e e n los E s crito re s p ro fa n o s sig n ifica to d o g e n e ro d e
ungüento , en tre los E clesiá stico s sig n ifica solam ente a q u el u n gü en ­
to , que co n sta d e tres c o s a s : D e a c e y te de o l i v a s , de b alsam o,
y de la solem ne co n sa g ra ció n d el O b isp o . C o m p on ese la m ateria
no de una , sino de dos c o s a s , p a ra sig n ifica r las m u ch as g ra cia s
del E sp iritu Santo , qu e se co n fieren en este S a cra m en to . C o n sta
de a c e y te , p o rq u e sig n ifica la p len itu d d e g r a c ia , qu e se d á en
este S acram en to ; y co n sta d e balsam o , p o rq u e su o lo r sig n ifica
que el co n firm ad o debe se r buen o lo r d e C h risto , y p o rq u e el
balsam o no d e x a que la s cosas se p u d ra n ; en que se m an ifiesta,
que p o r e fe fto d e ia C o n firm ació n pu ed en lib erta rse los F ie le s d e la
co rru p ció n d el p e ca d o . C o n sa g ra se p o r el O b isp o , p o rq u e asi Jo
ins-

(a ) A c i , 8, 1 7 . 1 ? , 6.
1 04 P a r t e H . L ección III.
in s titu y ó C h risto en la u ltim a C e n a , (¿*) y p o rq u e la ra z ó n asi lo pi­
d e ■p o rq u e el a g u a fu e co n s a g ra d a en el B au tism o d e C h r is to , pe­
r o la m ateria de la C o n firm ació n no la co n sa g ró C h risto co n el uso,
y co n ta d lo i y p o r eso d ebe ser c o n s a g ra d a p o r el O b isp o , qu e es
el O rd in a rio M in istro de este S acram en to.
L a fo rm a de el es esta ; Setinlote con la señal de La C r u z , y
confirmóte con el Cbrisma de la sa lu d , en el nombre del Padre , y
d el H ijo , y del E spíritu Santo ,
E í A u to r d e este S a cra m en to fu e C h r is to nuestro Señ or , c o ­
m o enseña p rin cip alm en te San F a b ian P o n tífic e , y M a r t y r , el q u a l
d ix a , que o rd en ó , y m andó C h risto el R ilo d el C h rism a , y las.
p a la b ra s qu e usa la Ig le sia en su ad m in istra ció n . L o m ismo ense­
nan m uchos a n tig u o s P ad res , com o son San D io n isio , E n seb io C e -
s a r ie n s e , A m b r o s io , A g u s t in o , M elch ia d es , U rb a n o * E nsebio P on ­
tífice , y M a r ty r *
E l M in istro o rd in a rio d e la C o n firm ació n es solo el O b ísp o r
com o enseña la Fé , y consta de la E s c ritu ra S a g ra d a , de la
tra d ic ió n , y d e la d efin ició n de la Iglesia',
L o s su getos c a p a c e s de r e cib ir este S a cra m e n to son todos los
q u e están b a u tiza d o s , y no co n firm ad o s 4 y debe n ecesariam en te
p r e c e d e r el B au tism o á la C o n fir m a c ió n , p o rq u e el B au tism o es la
p u e rta d e rodos los dem ás Sacram en tos. A n tig u a m e n te eran co n fir­
m ad o s lo s niños recien b au tiza d o s en lo s lu g a re s donde estaba e l
O b i s p o , y éste no b a u tiz a b a á nadie , sin que lu e g o le confirm a­
se. P e ro y a esta co stu m bre cesó en el O ccid e n te re sp e fto d e los
n iñ os , aun que se co n se rv a h asta a h o ra en la Ig le sia o r i e n t a l , sin
q u e lo c o n tr a d ig a la Ig le sia R o m an a*
L a ed ad en que , segun el R ito que h o y o b serv a la Ig le sia R o ­
m ana , se deben co n firm ar los b a u tizad o s , es q u an d o lleg a n a l uso
de la ra zó n : L o p rim ero p a ra qu e co n m a y o r fr u to se recib a el
S acram en to pox los q u e y a tienen uso de ra z ó n : l o se gu n d o ,
p a r a que en t ie m p o , que com ien zan á leva n ta rse las ten tacion es,
se fo r ta le z c a n los b a u tizad o s co n tra e l l a s ; y lo te rc e ro , p ara que
c o n m a y o r fa c ilid a d sg a c u e r d e n , q u e y a están confirm ad os , y
a si se ev ite el p e lig r o de r e c ib ir d o s v e c e s este Sacram en to,
A u n q u e e sie S acram en to no es de ta l m odo n ecesario , qu e síti
___________ _______________________________ ___ ________ £1
(o' S. b . bl.m. Pont. ep, 2, ;>j giro™ <.n .i«v.¡es, S .T h o m , 3. ¡ at¿. ..-uasse.
78 . art. ( b) Conc, Trid.ses* 7. de Coi;,¡¿íij.
del S a c r a m e n to de la C o n fir m ac ió n . io j"
¿1 no se pueda uno salvar ; con todo , le deben recibir todos,
porque para todos fue instituido j y porque todos necesitan de
este incremento espiritual , especialmente -en el peligro de muer­
t e , porque entonces son mas fuertes las. tentaciones dél Demonio
para perder a las almas , y es debido armarse t o n m ay ores fu e r­
zas para resistirle.
L as disposiciones para recibir dignamente este Sacramento son
las siguientes : L a primera , que el sugeto esté en g r á c i l , esto es,
debe estar justificado , o por él Bautismo , o por 'medro de la p e­
nitencia , si acaso perdió la gracia bautismal : L a segunda , debe
estar suficientemente insiruido en los M ysterios de la F é , si y a lle­
gó á la edad adulta * y la tercera , es muy conveniente , y lauda­
ble , (a) que lleguen ayunos á recibir este Sacramento , si se admi­
nistra por la mañana.
Aunque hemos dicho que el Sacramento de Ja Confirmación no
es totalmente necesario para la salud • con todo , pecará el que
fuese negligente en recibirle ; porque fue instituido para que to­
dos los bautizados le reciban en quanto fuese posible , y porque
no es licito el privarse voluntariamente de un socorro tan gran­
de como éste para la salud del alma. Pero con mas razón se de­
te recibir , quando urge alguna persecución contra la F é , ú otra
cualquiera g rave tentación ; porque entonces necesitan los C h r is -
tianos de m ayor auxilio , para no dexarse vencer. E n los lugares
mas distantes de la C iu d a d E p is c o p a l, á los quales rara v e z vá el
Obispo á visitar , pecan por negligencia los que estando avisa­
dos de la próxima visita del Obispo , no se disponen p ara reci­
bir este Sacramento , luego que llegue el Obispo a confirmar.
A h o ra deseareis saber , ¿ por qué quando nos confirman nos
ungen en la frente? Pues es porque el miedo , y la vergüenza sue­
len especialmente aparecer en la frente ; y como en ia Confirma­
ción se dá fortaleza con que se d e stru yen , y quitan tales afeccio­
n e s , por eso se hace la unción en la frente , para significar que
el Christiano ha de pelear con va lo r contra sus enemigos , y no
se ha de avergonzar del E v a n g e li o , siró que ha de confesar li­
bremente la F e , aunque sea con p e l e r o de la vida. E a c c s e la
unción t u forma de C ru z , para que aprendamos , que y a tío nos
b e-

t'a ■ C oitc, M cd . S . C srb l s v v i t , de C o n f,


io 6 P a r t e II. L ec c ió n I I I .
hemos de gloriar sino en la C ruz de nuestro Señor Jesu-Christo,
en quien está nuestra salud , nuestra vida , y nuestra resurrección ,
y por quien somos libres , y salvos. Y tam bién , p o rq u e la C r u z es
la señal ? y d iv is a con que el S o ld a d o C h rístia n o se d istin g u e de'
lo s dem ás ; p o r eso se im p rim e en la p a rte mas p rin cip a l d el c u e r ­
p o . L u e g o el O b isp o hiere con la m ano levem en te al confirm ado,,
p a r a qu e en tien da , que co m o fu erte A th le ta d ebe esta r p rep a ra d o
co n anim o in v ifto , p a ra su frir por C h risto to d o s los tra b a jo s , y
a d v e r sid a d e s. C o n te ste R ito le d á la p a z , d icie n d o : P .ix tecum,
p a r a qu e s e p a , qu e p o r v ir tu d d e este S acram en to lia co n seg u id o
!a p len itu d d e la g r a c ia c e le s t ia l, y la p az que so b rep u ja toHo el
g u sto d e ios s e n tid o s , y qu e la p a z se co n sig u e p o r la v if to r ia ,
y la v íf t o r ia p o r la p elea .

LECCION IV.
DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA.
§. i.

U A N n ecesaria sea la d o flr in a del san to Sa cra m en to d e la P e ­

Q nitencia , (¿j) se d e x a co n o cer , d e qu e tod o s los F ie le s , lu e ­


g o qu e lle g a n a l uso de la ra z ó n , están o b lig a d o s sopeña
d e p eca d o m o r t a l, á en ten d er , y saber este S acram en to. Y la ra ­
zó n es 5 p o rq u e to d o s están o b lig a d o s á saber exp resam en te a q u e­
llo s m e d io s , que son tan n ecesarios á la etern a salud , que sin ellos
n o se p u ed e co n segu ir.- Y co m o la P en iten cia es m edio n ecesario
p a ra sa lva rse a q u ello s , que p eca ro n m ortalm ente d espu es d el B a u ­
tism o , com o d ice e l Santo C o n c ilio d e T r e n t o ■d e a q u i e s , qu e
en lle g a n d o a l u so de la razó n , están to d o s o b lig a d o s a saber , y
en ten d er la v ir tu d d e este Sacram en to , y los req u isito s p a ra r e ­
cib irle .
E s te nom bre P en iten cia se p u ed e tom ar de m u ch os m o d o s : L o
p rim e ro , p o r la sa tisfa cció n , ó a flic c ió n d el c u e rp o , co m o el
a y u n o , e l silicio , la d iscip lin a , y o tra s co sa s sem ejantes : L ó se­
gún-

(ia) £x ConcrTeíd. ses,i4. can. i , D , Thom . z. 2. qu$st. z. art. 7.


del S a c r a m e n to he l a P e n it e n c ia . 10 7
gundo , se tom a p o r la d is p lic e n cia d e a lg u n a co sa ', sin . q u e p o r
esto se lle g u e á refle x io n a r si es 'p eca d o , o n o , la co sa qu é des­
agrada , com o si v . g . a lg u n o tu viese p esar d e no h a b e r v e n d id o
su trig o en tiem po de c a r e s t í a ; y : ésta se llam a tris te z a m u n d an a,
la qual no es v ir tu d , sino v ic io : L o segu n d o , .se tom a la P eniten­
cia por la t r is t e z a , y p esar d e l p eca d o c o m e tid o , qu e antes a g r a ­
daba ; p ero este p esar no es p o r h a b er o fe n d id o a D io s , sino
porque se h izo d añ o á sí m ismo ; co m o si v . g . a lg u n o se d u e la
del hom icid io co m etid o , p o r el q u a l está co n d en ad o á m u e r te , y
atienda m as a la pena , que á la cu lp a ; E s ta P en iten cia tam p o co
es propiam ente v ir tu d : L o te rc e ro se tom a p o r el d o lo r in tern o ,
o externo d el pecad o c o m e tid o , qu e antes a g ra d a b a , d e ta l m o­
do , que se d u e la en q u an to es o fen sa d e D io s • y en este sentido
es p rop iam en te v ir tu d la P en iten cia , de la q u a l va m o s á tra ta r
ahora,
P e ro p a ra m a y o r c la rid a d , hem os de su p o n er , que la P e n i­
tencia se puede co n sid e ra r , o en q u an to es v ir tu d , ó en q u an to
es Sacram ento. L a v ir tu d d e la P en iten cia es d o lo r ., y d etestació n
de los p eca d o s co m etid o s , co n p ro p o sito d e no p e ca r en ad ela n te,
y de sa tisfa ce r p o r ello s. L a d ife re n c ia en tre la .virtu d de la P eni­
tencia , y el S a c r a m e n to , (a) consiste en q u e la P e n it e n c ia , en
quanto v irtu d , fu e n ecesaria en tod o tiem po á to d o s los h o m b res,
que se h a lla b an reos de a lg u n a cu lp a m o rta l , p a ra co n seg u ir l a
g racia , y la ju stificació n , y aun tam bién a los a d u lt o s , q u e pe>-
dian el S acram en to d el B a u fism o ; (¿} y com o ni. antes-d e la V en id a
de C h risto era S acram en to l a P e o i t e n c i á , ni d esp u es d e su v e n id a
lo es p a ra a lg u n o antes d e re cib ir el B au tism o 5 p o r eso se d iferen ­
cian en esto : L o s e g u n d o , se d ife re n cia n en que el S acram en to d e
Ja P enitencia fu e in stitu id o so ia iren te p a ra p erd o n a r lo s p eca d os
com etidos d espu es del B au tism o , o en su rece p c ió n ; p ero la v ir ­
tud de la P en iten cia es n ecesaria p a ra tod o s. E l S acram en to d é l a
P en iten cia no. consiste solo en la c o n tric ic n d el C o ra zó n ,, sino tam ­
bién en la co n fesio n , en la s a tis fa c c ió n , y ' en la ab so lu ció n qiie
dá el S a c e r d o te ; pero la v ir tu d de la P en d en cia se p erficio n a en .el
c o ra zo n , y se llam a pen iten cia in terior ; á d ife re n cia d el S a cra ­
m ento , q u e se llam a p en iten cia e x te r io r , p o rq u e se: exp resa , 5
sen -

(0) C o n c. T rid . scs. 14 , can. 1, (fr) A d . 1 1 . 38.


io $ .. P arte I I .' L ecció n IV .
sensibiliza p o r señales , y a tto s e x te rio re s. P e r a n ó te se , que ía P e ­
niten cia , en q u an to es S acram en to no p u ed e ser v e r d a d e r a , ni
p e r fe é ta , sino está a co m p a ñ a d a d e la P en iten cia en q u an to es v ir ­
tu d ; p o rq u e d e p o co sirv e la P en iten cia e x te rio r sin la in terio r;
pu es en tonces no sería m as qu e una P en iten cia a p are n te , y en­
g añ o sa.
H em os d ic h o q u e e n to d o tiem po h a sido n e cesaria la v irtu d '
d e la P en iten cia á tod o s los p e c a d o r e s ; p o rq u e nunca p u d iero n los
a d u lto s co n seg u ir la rem isión de sus p eca d os , ni la g r a c ia de la
ju s t ific a c ió n , m ientras no tu viesen v e rd a d e ro d o lo r , y a b o rr e c i­
m iento d el p e c a d o , con p ro p o sito de no p eca r en a d e la n te , y de
s a tisfa ce r por ello s ; y esto es a lo qu e llam am os h a c e r p eniten­
c ia , L a q u a l debem os h a cer al instante , qu e la co n cien cia nos
re m u e rd a d e a lg ú n p eca d o ¡> pues no tenem os sino un instante se­
g u r o d e v id a . Y asi son lo co s , y c i e g o s , lo s qu e pasand o su v id a
en d e lic ia s , y p eca d o s , d ila ta n la P enitencia p ara la v e je z , 6 pa­
r a la h o ra d e la m u erte. P o r q u e , ¿q u ién sabe si lle g a r á á la v e­
je z ? ¿Q u ién ; p u ed e a se g u ra rse d¿ qu e na le c o ja una m uerte im ­
p ro v isa , y rep en t'm ai ¿ Q u ié n sabe si la fu e r z a de la en ferm ed a d
le p r iv a r á , o lio , d el uso d e la ra zó n ?' A d e m á s , el qu e no p ien ­
sa en h a ce r'p e n ite n cia , sino q u an d o u rg e la fu e r z a d e la e n fe r­
m e d a d , regu larm en te su p en iten cia no p ro v ien e d e la v e r d a d e r a
co n trició n d el co ra z ó n , sino d e so lo el m ie d o , p o r si se m uere;
y así es d el tod o f a l s a , é in ú til. E n tal ca so no d e x a él los p e ­
ca d o s , sino>los p eca d o s le d.cxan á é l , y si no p eca m i s , e i p o r ­
q u e no p u e d e ; y está tan lex o s de ser esto v e rd a d e r a p en iten cia,
q u e an tes es q u e re r b u rla rse d e D io s . P o r lo q u a l , asi co m o él
p e c a d o r se rie de D io s en v i d a , asi D io s se r e irá d e é l en la m u er­
te. M a s no p o r eso deben d esesp erar d e su sa lv a ció n los p eca d o ­
r e s , (a) qu e d ila ta n su co n v ersió n hasta la h o ra d e la m u erte;
p o rq u e p u ed e m u y hien el O m n ip o te n te , y m iserico rd io so D io s,
-hacer en g r a c ia de ello s lo qu e h izo con e l buen L a d r ó n , quari-
d o estaba pendiente d e la C r u z . P e ro no d ebem os p ro m etern o s,
ni esp era r tem erariam en te , q u e D io s h a g a con no sotros un m ila ­
g r o se m e ja n te ; p o rq u e no se lee en la E s c r itu r a S a g r a d a , q u e
•D ios le h iciese m as de una v e z . U n o fu e solo , p a ra q u e nadie
de-

(a) i'r o v . i . v .2 ó .
del S a c r a m e n t o t>E l a P e n i t e n c i a i 09
d esesp ere ; pero uno fue solo , p a ra q u e n ad ie con fie tem era ria ­
mente.
E s to su p u esto , veam o s y a en q u é consiste el S acram en to de
la P enitencia , el q u a l fu e in stitu id o p o r C h risto nu estro b ien ,
quando h abien d o resu citad o d e en tre lo s m u ertos , d ix o a sus
D iscípu los : («) R ecibid el E spiritu Sanio : los pecados , que perdo­
naseis , serán perdonados ; y los que no perdonaseis , no lo serán .
E l fin p a ra qu e fu e in stitu id o es , p a ra q u e tuviesen rem ed io sa­
ludable lo s qu e hubiesen p eca d o d espu es d el B a u tism o , com o d i­
ce el Santo C o n c ilio d e T r e n t o ; p o rq u e p o r este S acram en to se
derram a Ja sa n gre de C h r is io sobre lo s p eca d o res p a ra su a liv io .
L a s p artes de este S a c r a m e n to , unas son e s e n c ia le s , y o tra s
integrales. L a s esen ciales son la m ateria , y la fo rm a , las q u a les
se llam an a s i , p o rq u e co n stitu ye n to d a la esen cia d el Sacram en ­
to : L a s in te g ra le s son a q u ellas , qu e no son de esencia del S a ­
cram ento , sino que Je in teg ran , com o v . g . ia sa tisfa cció n in ret
que au n q u e fa lte , no a n u la p o r eso el S acram en to , co n ta l de
que al tiem p o de re c ib irle el penitente tu v ie se anim o d e c u m p lir
la pen iten cia. P e ro en cie rto m od o tam bién podem os llam ar p a r ­
tes in teg ra les a q u ella s , q u e son partes d e la m ateria d e este S a ­
cra m en to , y son Ja ccr.lricion , ¡a confesion , y satisfacción ’ (b)
porque asi co m o el c u e rp o , que es m ateria del h o m b r e , se con s­
tituye in teg ro d e m u ch as co sa s , co m o son las m anos , los p ies,
los o j o s , y o tras ; asi la m ateria del S acram en to d e la P e n iten cia
se co n stitu ye in teg ra per ¡a contrición , confuían , y satisfacción ,
las quales pu ed en lla m a rse tam bién p artes m ateriales ; p o rq u e co m o
dice el C o n cilio T r id e n t in o , estos tres a ñ o s son quasi m ate ria de
la p en iten cia.
L a m ateria d e l S acram en to de la P en iten cia es de d o s m an eras,
(r) una p ró x im a , y o tr a rem ota : y la r e m o ta , una es n e ce sa ria , y
o lía sid’iciente. L a m ateria p ró x im a son lo s a ñ o s d e l pen iten te,
esto es, la co n trició n , co n fesio n , y sa tisfa cció n . L a m ateria rem o ­
ta son los p eca d o s m ortales , 0 Veniales , co m etid o s d esp u es d e l
B a u tis m o , o en su recep ció n ; (í/) p ero con esta d ife re n c ia , qu e los
pecad os m ortales son m ateria n ecesaria , y lo s ven ia les son m ate­
r ia
(a) Conc. Trid. sess. 14.. can. i . & can. 3. (b) K xC on c. Trid. sess, 14.
can. 3, C . R . n. 14. &: 2a. (c) C o jk . Trid. se». 1 4 . can.3. (¿) C o n c, Trid,
sess. 14. can. j .
11 o P a r t e II. L e c c ió n IV .
rin suficiente. Son los pecados materia de este Sacramento; porque
r.sl como la lena es materia del fuego , que se consume con él,
asi los pecados se consum en, y se borran con la penitencia. Lla-
manse materia rem ora; porque asi como la tierra es materia re­
mota , de la qual se fabrica una casa ; y los ladrillos , que se ha­
cen de la tierra , son la materia próxima ; asi los pecados son
objeto de que se tiene contrición , confesion , y satisfacción ; y no
pueden ser materia de Ja penitencia, sino en quanto el penitente
se duele de ellos , los confiesa , y satisface , por eso son materia re-
m ota; pero la contrición , confesion , y satisfacción , son materia
próxima.
D ixe que los pecados mortales son materia necesaria de este
Sacramento , porque como dice el Concilio Tridentido , (a) es ne­
cesario que el pecador se duela de e llo s , los confiese , y satis—
ffisía, Y dixé que los veniales eran materia suficiente , porque
conlo dice el Concilio, no es necesario confesarlos; pero si alguno
se confiesa solo de veniales, basta para que pueda ser absuelto,
con ral que lleve verdadero dolor de ellos.
Dexamos d ich o , que la materia próxima de este Sacramen­
to son los aftos del penitente ; es a saber , la contrición , confesion,
y satisfacción ; y asi trataremos primero de la Contrición.

$. II

BU LA CONTRICION.
A Contrición ía difine asi el santo Concilio de Trento : (é) E s
I un dolor del animo , y detestación del pecado cometido , con el
* proposito de no pecar en adelante. Llamase Contrición este dolor,
porque quebranta, y suaviza la dureza del corazon. Para que sea
sincera , y verdadera , debe ser interior , debe ser sobrenatural, y
debe ser suprema , y universal.
Debe ser interior , esto es , debe proceder deí íntimo afeito
del corazon ; y así no bastan solo las palabras con que alguno
dice , que le pesa de haber ofendido á Dios ; porque todos los pe­
cados dimanan del corazon: Juego el corazones el que se ha de
quebrantar interiormente con la Contrición. Debe ser sobrenatural,
es-
[a) S a s. 14. can. j . (t>) íjcsü. 14. caí.. 4.
S o b r e l a C o n t r ic ió n . i i ¡
esto es , debe tener por origen , y principio a la Fé , y r.l in:pul­
so , é inspiración del Espiritu Santo, y no a causa meramente na»
tural. L o qual se explica con este exemplo. Si algún ladrón preso
por la justicia se duele mucho de su pecado , por la infamia que
padece , y por la pena en que ha incurrido , éste solo tiene d o­
lor meramente natural. Pero si alguno , a quien no han prendido,
se duele de su pecado , porque con él ha ofendido á Dios , se ha
privado de la entrada en el Cielo , y se ha hecho merecedor de
pena eterna , éste tiene dolor sobrenatural, (a) Debe ser suprema
la Contrición , esto es , debe ser t a l , que el dolor de los peca­
dos exceda al dolor , que se pueda tener de qualquiera cosa * por­
que el bien que perdemos por el pecado es t a l, que no puede ha­
ber otro mayor : E l mal en que por el pecado incurrim os, es el
mayor de todos los m ales: luego es necesario , y muy justo , que
el dolor de tanto mal sea tal , que no pueda darse otro m ayor.
Pero no juzguéis por esto , (b) que el dolor máximo , y vehemen­
tísimo , que se debe tener del pecado , se ha de regular por el do­
lor exterior del sentido, sino que basta que el o d io , y detestación
del pecado , se tenga en la parte superior, que es la razón; por­
que la parte inferior , y sensitiva , no puede muchas veces doler­
se de aquello mismo que le agrada. Es decir , que entonces ten­
dremos sumo dolor del pecado , quando aborreciésemos mas la
ofensa de D io s , que la pérdida de qualquiera otra co sa , por muy
amada que se a , quando anteponemos a Dios en nuestra estima­
ción á todas las cosas criadas : y quando estamos p rep arados, y
dispuestos, para perder todas las cosas , aun la misma v id a , an­
tes que pecar ; según el precepto de nuestro Señor Jesu-Christo,
que dice que no es digno de su gracia , y amistad , (r) el que
amase á sus padres , o á sus hijos mas que a éi ; y que el que hi­
ciese mas estimación de su propia vida , que de é l , perderá la vi­
da del alma.
Debe ser también universal la Contrición , esto e s , debe doler­
se el pecador de todos los pecados mortales com etidos, sin excep­
tuar ninguno ; porque si alguno , v. g. habiendo cometido pccado
de adulterio , y de hurto , se duele del hurto , y no del adulterio;
o al contrario , no es verdadera su conversión , ni podrá conseguir
el perdón de pecado alguno. P a-
(o) C o n c. T rid . sess. (4. tan . 13. (bj s . In o ra , in 4. Scm . diit. 1 7 . q .e .
a n . 3. (c) M atth. 10. 3 7 . 16. 2 ) .
11 z II. L e c c i ó n T V .
P a rte
Para m ayo r claridad de esta tan importante materia , es nece­
sario saber , que la Contrición es de dos maneras : una perfefta,
que absolutamente se llama Contrición : y otra im p erfeta , que se
llam a Atrición. L a Contrición perfefta es aquella , que proviene de
la perfefta caridad. L a im p erfeta es la que p ro vien e, no de la
caridad , sino que tiene su origen del temor servil , qual es el que
se concibe comunmente por la consideración de la torpeza del peca­
do , (íj) o por el miedo de las penas del Infierno , el qual dolor es
verdaderamente don de D io s , é impulso del Espíritu Santo , que
mueve al alma , aunque no habita en ella.
E l efefto de la Contrición perfefta es reconciliar al hombre con
D io s , (¿) aun antes de recibir anualmente el Sacramento de la Pe­
nitencia ; pero con t a l , que el sugeto tenga verdadero proposito, y
voluntad de recibirle , porque de otro modo no sería perfecta Con­
trición, (r) ni quedaría el hombre justificado. El efeíto de la A tri­
ción es disponer al pecador , para que reciba la gracia de Dios
>en el Sacramento de la Penitencia ; pero si no le recibe anualm en­
te , no se justificará con sola ¡a Atrición.
¿Pero bas-ará sola la Atrición para conseguir la remisión de
los pecados en el Sacramento de la Penitencia? Respondo , que lo
mas seguro es lo mejor. Es decir , que bastará con tal , que esta
Atrición incluya en sí el o d io , y detestación del pecado , y algún
amor sobrenatural de D io s , porque si no hay esto , no falta quien
diga , que no basta la Atrición , que se concibe por el temor servil
de las penas del Infierno ; y dá:i la razón , porque solo el temor
de las penas, es verdad que es principio de la conversión del co­
razon , y dispone para ella , pero no la perfecciona, si no va
acompañada de algún amor de Dios de benevolencia; pues el p e­
cado consiste en amar á ía criatura desordenadamente , volviendo
las espaldas á D io s: luego para que haya verdadera conversión,
es necesario algún amor sobrenatural de benevolencia de la divina
bondad , á quisa debemos amar sobre todas las cosas.
Aquí conviene mucho la mayor claridad , para desterrar todas
las sombras de la ignorancia en punto tan esencial , como es el do­
lor de los pecados. Y asi es necesario a d v e rtir, que quando deci­
mos , que el dolor ha de ser de todo corazon , no se ha de en­
tender , que el corazon se duela materialmente, sino que por co -
ra-
(a) C u n e. T r¡d . tes», 14 . can .4. (¿) Id. ibid. (f) Id. ütid.
Sobre la C on fesion . i i3
razón debemos entenderla voluntad del hombre. Es decir con San
Agustín , y el Cathecismo Romano , que la Contrición formalmen­
te tomada consiste en el odio , y detestación de) pecado cometido;
pero el dolor sensible no es de forma de la Contrición; sino que es,
o acompañado , o efe& o s u y o ; mas el dolor de la razón es lo
mismo que detestación ,• y aborrecimiento. Y aunque el Concilio
deTrento llama dolor a la Contrición , esto es , porque las Sagra­
das Escrituras entienden por dolor al odio , y aborrecimiento del
pecado ; y porque aquel dolor se entiende , no por dolor del
sentido , sino de la voluntad ; esto no obsta á que sería muy
hudable , que imitásemos a los Ninivitas , al Santo R ey D avid,
a. Ia M agdalena, a San Pedro , y otros que explicaron su contri­
ción sensib'emente con muchas lagrimas , las quales dimanaban del
d Ivr sensible , que concibieron de sus pecados , además del abor­
recimiento de ellos por parte de la voluntad.
Debe advertirse también , que el dolor sobrenatural, que se
requiere para este Sacramento , es don de D ios, é impulso del
Espiritu Santo; (<j) y asi es de Fé , que sin el auxilio de Dios no
puede el hombre dolerse , ni arrepentirse de sus pecados , como
es necesario : por lo qual debemos pedir á Dios , que nos convier­
ta á s í , que nos quite el corazon de piedra ^ y nos dé uno de
carne : Que crie en nosotros un corazon limpio , y renueve en
nuestras entrañas el espiritu red o : Que nos descargue del peso
de nuestras maldades : Q ue arroje en el profundo del mar nues­
tros pecados : Y que haga que andem os, y corramos por e í ca­
mino de sus santos Mandamientos. Luego debemos exercitarnos al
dolor con el exercicio de las dos potencias , entendimiento, y vo­
luntad, Con el entendimiento, considerando las verdades de nues­
tra santa F é , especialmente la pena eterna, que tiene preparada
la Divina Justicia para castigar los p ecad os; de cuya considera­
ción se mueve la voluntad á temer el pecado, y comienza a apar­
tarse de él. Luego se debe considerar la divina misericordia , que
está pronta , y preparada á perdonar al verdadero penitente ; y
de aqui n a ce , que la voluntad se mueve á esperar en D io s, que
le ha de perdonar por los méritos de nuestro Señor Jesu-Christo.
Despues empieza la voluntad del hombre á amar á Dios , y á
aborrecer el pecado , considerando el entendimiento los motivos
si-
ii4 P arte II. L ección IV ,
siguientes: L o prim ero, la torpeza , y fealdad de! mismo pecado;
porque no hay cosa mas fe a , que ofender la criatura al C m d o r,
pagar sus beneficios con ofensas , injuriar a un tan magnifico Bien­
hechor , y despreciar al Sumo Bien , que es Dios , por una cria­
tura vilísim a: Lo segundo , los daños, y calamidades que trae con­
sigo el pecado , como es privarse el hombre voluntariamente de la
g ra c ia , y amistad de D io s, y incurrir en su divina indignación;
privarse de la herencia del Reyno de los C ie lo s, y sujetarse a la
esclavitud del Demonio, para padecer con él eternamente: L o ter ­
cero , la Pasión de Christo , porque ella nos declara el sumo odio
con que Dios aborrece el pecado , y la rigorosa justicia que exer-
cita para castigarle ; y por ultim o, que el pecador renueva con el
pecado , quanto está de su p arte, la misma acerbísima Pasión dd
Redentor.
§. III.

DEL P R O P O S IT O DE LA E N M IE N D A .

A dexamos sentado, que la Contrición es o d io , y detesta­


Y ción del pecado com etido, con proposito de no pecar en
adelante ; por lo qual , habiendo ya trado del d o lo r, resta ahor
hablar del proposito de la enmienda.
La necesidad de este proposito para recibir el Sacramento de
la Penitencia se infiere de la necesidad del dolor de los pecados;
porque no puede darse verdadero d o lo r, sin que vaya acompa­
ñado con el proposito de la enmienda, el qual debe ser explícito;
y si falta este, no perdona Dios pecado alguno; p orque, cómo
ha de perdonar á uno que pide perdón de la ofensa pasada, si
tiene animo de repetir la misma , ü otra grave ? Pero se ha de no­
tar mucho , que puede uno muy bien tener proposito verdadero^
y explícito de la enm ienda, y al mismo tiempo temer que por su
fragilidad volverá á caer en el pecado , porque este temor no ex’
cluye la voluntad seria, y eficaz, de la enmienda.
Para que se pueda decir con verdad que alguno tiene propo­
sito de no pecar m as, es necesario que tenga voluntad eficáí de
g u a rd ar, y obedecer los preceptos de D io s , y de la Iglesia ; por­
que como la transgresión de ellos es pecado el que no tiene animo
de guardarlos , tampoco le tiene de abstenerse de pecar. Es ue ce­
jarlo también que tenga proposito de evitar las ocasiones del pe­
ca­
S o r r e e l P r o p o s i t o d e í. k e n m ie n d a . i i j
cado , especialmente las ocasiones próximas ; porque el qu- no
quiere dexar la ocasion próxima voluntaria del pecado , tampoco
quiere dexar t i pecado, {a) Aquella es ocasion próxima del peca­
do, que siempre , o casi siempre induce a alguno á p ecar; (/>) por
lo qua! , el que casi siempre blasfema en el juego , es¡á obligado á
tener proposito de no ju gar. Debe también tener proposito de re­
currir á ía oración quando se hallase en tal tentación, y peligro
de pecar , que sin la oraeion 110 puede evitarse el pecado mortal;
porque el que no quiere poner el remedio , sin el qual no puede
abstenerse del p ecad o, implícitamente consiente , y quiere volver
al pecado. Debe también , si recibió alguna ofensa , deponer ei
odio , y tener proposito de reconciliarse con quien le ofendió,
siempre que ei prudente Confesor juzgase que está obligado á ello;
porque quien no perdona á otro la ofensa que recib ió , no espere
que Dios le perdone á él sus pecados. Ultimamente, si por fuer­
za , ó con engaños quitó á alguno 3lguna cosa , o le hizo algún da­
ño , ú ofensa en el alma , ó en el cuerpo , o en la fama , es nece­
sario que tenga proposito de satisfacer, ó compensar la ofensa, ó
el daño ; porque como sea pecado el retener lo ageno contra la
voluntad de su dueño , no puede alguno tener proposito de no pe­
car, quando no le tiene de restituir , y satisfacer.
I Y cómo podremos conocer quándo el penitente tiene sincero,
y eficáz proposito de la enmienda ? Respondo , que si se habla de
los pecados que se cometen una , ú otra vez por humana fragili­
dad , y por una ocasion improvisa , haremos juicio , por las seña­
les exteriores de dolor que dá el penitente con sus gem idos, y
promesas, que tiene proposito de enmendarse; pero hablando de
los pecados de malica , reiterados por ios malos hábitos, y cos­
tumbres de p e c a r, ó por la ocasion próxima del pecad o, si el pe­
nitente a cep tó , y prometió cumplir los remedios que se le pres­
cribieron , como que dexase la ocasion , mortificase su carne coh
ayunos, o silicios, se diese á la oraeion , y otros semejantes, y
no lo cumplió , entonces su proposito no fue verdadero, porque
para que lo sea debe emprehender una vida christiana , desarray-
gar los hábitos viciosos, y huir las ocasiones. Por hábitos vicio ­
sos entendemos la costumbre , y facilidad de pecar , nacida de la
repetición de afíos pecaminosos; y a s i, el que v. g. se acostum­
bra
(íj £>, Tliom. 1. s . <]. 14. 4rt, 1. Ce a. i/) í j . 1. 2. tj. ¿3,
116 P a r t e II. L ección IV .
bra á im pudicicias, a em briagueces, a p erjurios, a m entiras, a
m urm uraciones, & c. con dificultad se abstiene de pecar ; porque,
como dice San Agustín , (a) de la costumbre se engendra cierta ne­
cesidad , que como cruel cadena tiene al hombre aprisionado. Por
lo q u a l, para desarraygarla es necesario suma vigilancia , ora­
ción continua, y fervorosa, y huir las ocasiones, principalmente
lasque son próxim as, como son las que por su naturaleza Indu­
cen al pecado , y las que , atendidas las circunstancias, y dispo­
sición de la persona, la constituyen en p robable, y moral peli­
gró de pecar. D igo esto , porque para saber que hay ocasion pró­
xima , no se ha de atender solo á la frequencia de los pecados,
síno principalmente al peligro proximo de com eterlos: y para que
entendamos, que aunque la frequencia es señal de p elig ro , pue­
de haber peligro , y ocasion próxima aun ames de haber experi­
mentado la frequencia • de m odo, que siempre que hay peligro
moral de pecar hay ocasion próxim a, ahora estela ocasion den­
tro , ahora esté fuera de casa. Y aun lo mismo debe decirse quan­
do , aunque no haya pecado todavía, atendidas las circunstancias,
juzga uno probablemente que pecará 5 por lo qu al, ponerse vo­
luntariamente en el peligro moral de p ecar, es pecado; y el que
ama el peligro perecerá en é l , como dice el Espíritu Santo.
j Y si por huir la ocasion incurre alguno en grave incomodo,
como si v. g. se han de originar de ello sospechas, o ha de pade­
cer en su fa m a , y estimación, o ha de padecer grave detrimento en
su h acien d a ,y fortuna? A esto respondo, que sino se hallan reme­
dios proporcionados , en cuya eficacia se pueda fundar la pruden­
te credulidad d é la enmienda, o si aplicados los que se conside­
ran eficaces, persevera todavia el mismo p e lig r o , no pueden
los ocasionistas ser absueltos sin dexar efectivamente la ocasion,
aunque para esto fuese necesario ponerse á riesgo de su propia
vida , y dexar aquellos oficios de que viven , y se sustentan; pues
en este caso urgen'e no hay otro remedio para escusar el pecado, el
qual no se puede cometer por todo el mundo , y antes debemos
perderlo todo , que llegar á cometerlo. (¿)
___________ _______ __________________________ §■ IV.
laj Coütcss. lib. (i. cap. y. \b) Match*;. iS, 9.
So bre la C o n f e s io n .

§. IV .

D E L A C O N F E S IO N .

A que hemos tratado del primer a ílo deí penitente que ,


Y es la C on trición, pasemos á hablar de la Confesion, que es
el segundo.
La Confesion sacramental es una acusación, y declaración de
los pecados que hace el penitente al Sacerdote , que tiene jurisdic­
ción , para que como J u e z , y Medico le absuelva de ellos , le im­
ponga la satisfacción correspondiente, y le dé los remedios con­
ducentes para su salud espiritual. Esta Confesion fue instituida por
Christo Señor nuestro, como consta de la E scritu ra, de la tradi­
ción , y de los Padres , y Concilios. Consta de la Escritura en
aquellos lagares, en donde Christo instituyó el Sacramento de la
Penitencia , quales son : El prim ero, donde d ix o : R ecibid al Espi~
ritu Santo ; (a) los pecados que perdonaseis , serán perdonados , & c .
E l segundo, donde manda a los Apostoles que desaten á L ázaro
■resucitado de los lazos con que estaba lig a d o , cuyo lugar inter­
preta San Agustín de ia potestad dada a los Apostoles para desa­
tar de los pecados , la qual se significa por aquel afto : (¿) El ter­
cero , donde el Señor mandó á los leprosos que se manifestasen a
los Sacerdotes, (f)
Entra ahora la razón que dá el Santo Concilio de Trento, (d^
Si Christo dió á los Sacerdotes la potestad de perdonar, y retener
los pecados, de consiguiente los constituyó Jueces de los pecados.
A l Juez le pertenecen dos cosas : L a una exam inar, y juzgar si el
reo deba ser absuelto , ó condenado 5 y la otra es la potestad de
absolver , o condenar. como sucede en todos los ju icio s; luego ha­
biendo Christo dado estas dos cosas á los Apostoles, y á los Sacer­
dotes sus succesores, sin duda los instituyo Jueces. SI Juez , antes
que pronuncie la sentencia , de necesidad debe conocer la causa del
r e o ; porque ¿cómo ha de juzgar sobre la causa , y delitos del reo,
si tos ignora ? Luego es necesario que se manifiesten al Confesorios
delitos del penitente, que es el r e o , para juzgar si debe ser absuel­
to , ó no.
Cons-
(0) joann» aor ( b) Joann, 11, (4 Lucx 17. (d) Sess,,i4- cau. f.
H 5
11S P a rte II. L e c c ió n IV.
Consta también de la trad ición , porque la Iglesia Catholica,
como dice el Concilio T ridentino, asi io ha entendido siempre , asi
lo ha enseñado, y asi lo ha recibido de los A postoles, (¡j)
Consta de los C on cilios, porque en el Concilio Tridentino se
determinó como Articulo de Fé , que la Confesion es necesaria pa­
ra el Sacramento de la Penitencia , y que fue instituida por Chris­
to Señor nuestro, (b) Consta finalmente de los Santos P ad res, por­
que los mas antiguos afirman abiertamente, que la ley de la Confe­
sion sacramental .es L e y E va n g é lica , y como tal se ha de reci­
bir. (r)
Esto , supuesto, digo , que la Confesion sacramental es nece­
saria por Derecho Divino a todos los que han pecado mortalmente
despues del Bautism o, como determina de Fé el Santo Concilio de
T rento. (d) Esta necesidad se colige de las mismas palabras de
Christo , quien llamó llave a la potestad de perdonar pecados;
porque asi como para entrar en algún lugar municionado , y subli­
me es necesario el auxilio de aquel que tiene las lla v e s, a si, para
que alguno sea admitido en el C ie lo , es necesario que abran sus
puertas los Sacerdotes, a cuya fidelidad entregó el Señor las lla­
v e s , porque de otro modo de nada serviría en la Iglesia el uso de
-ellas ; y en vano, aquel a quien se entregaron prohibiría á alguno la
entrada en el C ie lo , si por otro cam ino, y por otra parte tuviese
franca la puerta. Esta razón es evidente, y por tal la tuvieron San
A g u stín , y San Ambrosio.
Este precepto divino de la Confesion o b lig a , como he dicho,
á todos ios que han pecado mortalmente despues,del Bautismo; (f)
por lo q u a l, si los niños, habiendo llegado al uso de la razon , han
perdido por el pecado mortal la gracia del Bauthm o, están cam­
bien comprehendídos en esta le y , como consta del Concilio L ate -
ranense, y T ridentino; (/ ) y entonces se conocerá que los niños
tienen uto de ra zó n , quando se vea que saben discernir entre lo
bueno, y lo m alo, y que ya puede caber en ellos ia malicia.
E l tiempo determinado en que obliga la Confesion al que tiene
uso de razón , uno está determinado por ia Iglesia, y otro por la
ley natural. E l determinado por la Iglesia es una vez al año. El
de-
(«) Sess. 14. can. 6. (A) O rig . hom. 2. in i's a i-i" j ? . 7?) S . Basilio*, S.
Joann. C hrysost. S . H icronym . S. A ugusr. (d) S e 's . 14. can. 6. 'e) Scsf.
1 4 . jcac. j , ( / ) .Sess, i 4 . c»n. 8. D . T h o m . 1. ». q , arr. 6,
Soepe i a C on fesion . **9
determinado pór la ley natural es : Lo primefO y quando amenaza
peligro de muerte , porque entonces la misma, ley de.¿a naturaleza
manda que e l hombre no omita cosa aíguni'Cjue sea necesaria para
su salvación 5 por Jo q u a l, si se halla con conciencia de pecado
m ortal, está obligado entonces a confesarse, si puede, y sino pue­
d e, á hacer un A fto de Contrición perfeéta, con proposito de con­
fesarse luego que pueda: L o segundo, quando se haya de admi­
nistrar , o recibir algún Sacramento , porque la ley natural enseña,
que cosas tan sagradas se deben tratar con la mayor pureza de
conciencia; y lo tercero , quando hay peligro de que se nos olvi­
de aigun pecado que hayamos com etido; porque luego no podemos
confesar los pecados de que no nos acordásem os, ni alcanzamos de
Dios el perdón de e llo s, sino los borra por medio de la Confesion
d Sacramento de la Penitencia.
(¡¿) Lo primero qué debemos hacer para disponernos dignamen­
te para la Confesion, es examinar cuidadosamente la conciencia,
p ira que con este diligente examen podamos,quanto está de nuestra
p ir t e , declarar al Confesor todos, y cada uno de nuestros peca­
dos, fís tan necesario este previo examen para la Confesion, que
sí alguno por negligencia le om itiese, y dexaSe por eso de declarar
algún pecado mortal , del qual podria acordarse fcicilmeMe si hu­
biera puesto el diligente examen , sería n u la , y sacrilega su Confe-r
sion. Pero debe advertirse , que en esto se deben evitar los extre­
m os, porque también sería viciosa la demasiada diligencia , y cui­
d ad o; y asi , los escrupulosos no deben portarse con anxiedad,
pues basta que pongan aquella diligen cia, y cuidado, que suele p o­
nerse en los negocios de grande im portancia; para lo qual es nece­
sario emplear m as, o menos tiempo , según la mayor , b menor ne­
cesidad de cada u n o , y segun el diflamen de los prudentes; entre
los quales debe tener el primer lugar el C onfesor, y a el se ha de
consultar, para no ser nimio en el examen ; porque la Confesion no
es p otro, ni torcedor de las conciencias, como im p ía, y temera­
riamente dixeron los Hereges. Y a s i, si despues de haber hecho
un prudente examen se olvidasen algunos pecados ,-no por eso será
nula la Confesion ; pero si despues se acordase de e llo s, deberá
declararlos en la primera Confesion que haga. ■
;
Para hacer debidamente este exam en, se han de prafticar lasr
■.................. d i-
(a) £namcn.
i2 o P arte II. L ección I V .
diligencias siguientes: L o primero , se ha de implorar el auxilio del
Espíritu Santo, para que ilumine el entendimiento: L o segundo , se
ha de discurrir por los Mandamientos de Dios , y de la Iglesia,
para ver en lo que se ha faltado contra cada uno de e llo s , aten­
diendo con especialidad a aquel Mandamiento que cotí mayor fre­
cuencia se haya quebrantado, y a aquellos vicios que son mas fa­
miliares al penitente, como asimismo á la pasión mas predominan-*
te que reyne en su corazon: Lo tercero , ha de discurrir por las
particulares obligaciones de su estad o, y condicion, para ver lo
que en ellas ha fa lta d o : L o q u a rto , para que mas fácilmente se
traygan a la memoria lo d o s, y cada uno de los pecados, debe ha­
cer reflexión de los lugares en que ha estado, de las personas con
quien ha tratad o, de los negocios que ha traido entre m anos, y
de los oficios , y empleos que ha exercitado : Lo quinto , debe exa­
minar los pecados que ba cometido de pensamiento , los que ha co­
metido por palab ra, y los que ha cometido por o b ra , y omision,
ajustando , en quanto sea posible , el numero de los pecados mor­
tales de cada especie. Atenderá también á las circunstancias que
a g ra va n , o disminuyen notablemente la malicia del pecado. Debe
finalmente investigar las causas de los pecados , viendo quál fue Ja
ocasión de cada uno de e llo s , y las. consequencias que tuvieron pa­
ra nosotros, y para el proxim o; porque si con este diligente exa­
men nos juzgaremos á nosotros mismos, no seremos juzgados del
Señor para ser condenados, sino para ser salvos > como dice el
Apostol. (a)
■ ' Después, de haber hecho e l penitente el diligente examen de
su conciencia \ debe dolerse de todo corazon de los pecados que
halle en e lla , pedir á Dios con mucha confianza el perdón , y con­
cebir un firme proposito de enmendarse, y de satisfacer por sus
culpas á la divina ju sticia, por medio de la penitencia que el Con­
fesor impusiese y precaviéndose en lo succesivo con mucha vigi­
lancia para no volver mas al pecad o, ni á la ocasion de él.
(b) L a Confesion, para ser buena , debe ser entera , humilde,
s im p le p r u d e n te , y secreta. L a integridad consiste , lo primero,
en que se declaren todos , y. cada uno de los pecados mortales que
ocurren á la memoria : (c) L o segundo, en que se declare el numero

(a) í.Cftí.ioüh, i i . Integridad de la Confesion. (c) Conc. Trúicui.


s c s í, 14. can. 7.
So b r e la C o n festo n , ¡ ¿ i
<íe ellos: L o tercero , la diversidad de especias de los mismos pe­
cados: y lo quarto., las circunstancias que aumentan notablemen­
te la gravedad del pecado, Tod^s estas cosas se deben declarar,
para que el Confesor pueda rectamente hacer su oficio de Juez , y
M edico; y conocida la cau sa, juzgue de los remedios oportunos
que se han de ap licar, y de las penas que se han de imponer ,. se­
gun la calidad de los delitos , y del modo con que justamente ha
de pronunciar su sentencia, (rf) Y como la causa del pecador no se
puede conocer plenamente , sin que se declaren todos les pecados,
segun su numero , y especie; porque diverso juicio se ha de ha­
cer , v . g . del que dice una palabra injuriosa contra D io s , que del
que la dice contra otro hom bre; y diverso del que en un ano echó
una blasfemia , que del que en un mes ha blasfemado cien veces;
de aqui e s , que se deben declarar todos los pecados, no solo en
g en eral, sino específicamente , y según su num ero, y circunstan­
cias, que mudan de especie. Circunstancias que mudan.de especie
son aquellas que'mudan la naturaleza del pecado ; v. g , si alguno
hurta en la Iglesia añade al pecado de hurto el de sacrilegio ; si
alguno peca con la muger de otro que es pariente suyo , comete
pecado , no solo contra el sexto M andam iento, sino también de
incesto , y ad u lterio, que se oponen á diversas virtudes. Las cir­
cunstancias que aumentan notablemente la gravedad , y malicia del
pecado son aquellas que dentro de la misma especie del pecado le
hacen mas grave ; v. g. si alguno hurta mil doblones peca más gra­
vemente que si hurta mil reales; y si el hurto se hace a un pobre
que tiene que mantener mucha fa m ilia , es delito mas atroz que
quando en igual cantidad se hace á un hombre muy poderoso. D e
estas circunstancias agravantes es cierto que el Concilio Tridentl-
no no difinió cosa alguna expresamente, sino solo de las que mu­
dan de esp ecie; pero si atendemos á la raion que dá para decir
que hay oblig&cion de confesar lasque mudan de especie , se co­
lige. manifiestamente, que se deben declarar también las agravan­
tes, Dice asi el Santo Concilio : » El que a sabiendas oculta al-
Mgmi pecado g r a v e , no propone á la Divina Bondad cosa alguna
»que le pueda ser perdonada, y absueka por el Con fesor; por-
wque si el enfermo se avergüenza de descubrir sus llagas al Me~
> jdico,m al puede curar la medicina aquello que ignora. D e aquí

(a ) C o iic, Trid. s ts t. 14 . m u . 5. ib) Scss. 1 4 . can. j .


i22 P a r t e I!. L e c c ió n IV,
» sc c o lig e , que deben ser explicadas en la Confesion aquellas cir­
c u n s ta n c ia s que mudan la especie del p ecad o; porque si asi no
«se hace , no expone enteramente sus pecados el penitente , ni el
«Juez los puede co n o cer, ni juzgar rectamente sobre la gravedad
« d e ello s, ni imponer á los penitentes la pena correspondiente á
j>íos delitos. <( Hasta aqui el Santo Concilio. De cuyas palabras se
saca manifiestamente, que se deben explicar en la Confesion las
circunstancias agravantes de los p ecad os, porque de otra manera,
ni el penitente descubre plenamente al Medico sus lla g a s , ni ex­
pone toda la gravedad , y malicia del pecado , ni puede ser que el
Confesor , que es el Juez , haga juicio refto de la gravedad de los
d elito s, para imponer la penitencia correspondiente.
D e tedo lo dicho hasta a q u i, y suponiendo que es de Fé , que
la Integridad de la Confesion es necesaria por Derecho Divino , (a)
¿'c infiere, que si alguno a sabiendas calla en la Confesion algún pe­
cado , ó circunstancia g r a v e , y disminuye el numero de e llo s, es
m ala, y nula su Confesion , y comete un nuevo pecado mortal de
sacrilegio } por lo qual está obligado á reiterar esta Confesion , y á
confesar, en la primera que haga luego, el sacrilegio cometido en.la
antecedente. Pero si despues de hecho el diligente examen de con­
ciencia no ocurriesen á la memoria todos los pecados, entonces de­
bemos estar a lo que dice el mismo Santo Concilio de Trento por
estas palabras: (6) » Es constante que en la Iglesia no se pide á ios
» penitentes otra co sa , que despues que cada uno se haya examina-
>> do a sí mismo con diligencia, y haya explorado todos los senos,
» y emboscadas de su conciencia , confiese aquellos pecados, con
los guales se acuerde que ha ofendido á su Dios , y Señor gra­
jo venoente; pero los demás pecados que no se le ocurren en el dili-
tt gente examen , se enrienden universalmente incluidos en aquella
» misma Confesion, por los quales clamamos fiel, y humílmente con
» el Profeta : Lim pia mi alma , S eñ or, de los pecados ocultos.
De ló ;qual consta que es buena , y fructuosa la tal Confesion , si
precedió el diligente examen de la conciencia.
Pero se ha de advertir , que si despues de hecha la Confesion,
y recibido el Sacramento de la Penitencia ocurriesen a la memo­
ria los pecados olvidados, se deben declarar en la siguiente Con­
fesión. D e-
(aj C o n ci!. Tridcnc. sess, 14. cau. j . ¿ ¿ c a n , 7 , (¿j gess. 14 . can, y.
<c) Psalm , 18. 13.
So b r e l a C o n f e s io n . 123.
Debemos también tener muy presente , que si alguno dexase
de confesar algún pecado grave por m alicia, o vergü en za, o por
no haber examinado su conciencia, o haber sido tan negligente
en el examen , que se pueda decir con razón , que no quería acor­
darse de todos sus pecados , entonces es a u la , y sacrilega la Con­
fe s ió n ^ se debe toda reiterar, y confesarse, y arrepentirse del
‘ sacrilegio cometido , como ya se ha dicho*
Nótese tam bién, que si alguno dexa de confesar algún peca­
do m o rtal, porque ignora que es p ecad o, si la tal ignorancia es
gravemente culpable , será nula , y sacrilega la Confesion ; pero no
lo será si la ignorancia fuese ven ial, 6 del todo escutable. Será la
ignorancia mortalmente culpable quando se ignoran las cosas nece­
sarias , y graves , que con facilidad se pudieron, y debieron
aprender ; porque entonces la ignorancia es cra sa , y supina ; y es­
ta tan iexcs de disminuir el p ecad o, que antes le aumenta , si es
per s e , y direílamente voluntaria, (a) Entonces será venial la ig T
norancia quando no fuese crasa , y supina, o quando lo que se ig­
nora no es de mucha consideración : y será escusable del todo
quando de ningún modo se pudo vencer , aunque se practicaron
Jai diligencias necesarias.
Esto supuesto , jq u é podremos decir de tantos Christianos,
que ignoran culpablemente las cosas necesarias que pueden, y de­
ben saber para salvarse? M e temo con razón , que no hacen tras
que aumentar sacrilegios en sus Confesiones, y Comuniones. Causa
admiración , y aun horror el ver el poco cuidado, y diligencia que
ponen muchos en confesarse bien, despues de haber condi.c.-do
una vida muy estragada ,'y criminosa. Buscan con estudio los Con­
fesores inadvertidos , é Ignorantes, que sin desentrañar bien la
calidad de los pecados, su ra iz , y ocasiones, y demás circunstan­
cias precisas, los absuelven con facilid ad , y temerariamente. Pero
como esta absolución es irrita , y de ningún v a lo r , de aqui e s , que
se aumenta el : aci ilt:p ío ai reato de lr:s demás culpas , que se que­
da en el mismo estado, despues se ván á comulgar temerariamen.
te , y añaden otro nuevo sacrilegio.
Yo ya veo que a n uchos ;e les hará tal vez muy difcultoso el
confesarse debidamente por la vergüenza que causa el haber de de­
clarar los pecados, aun los mas sucios, y vergonzosos ; pero como
...... ■ di-
(a) S . T h o m . 1 , a. q. 7 6 . ati. 4 . in C orp.
124 P ar ts II. L ección IV .
dice el Santo Concilio de T re n to , (a) todas las dificultades se ven­
cen considerando los grandes provechos, y consuelos espirituales
que por medio de la absolución sacramental reciben todos los pe­
nitentes , que dignamente se llegan á este Sacramento.
(b) L a segunda condtcion para la buena Confesion e s , que sea
hum ilde, esto e s , que la Confesion de los pecados se ha de hacer
con grande contrición del co razon , con grande confusion del ani­
mo , y con aquella humildad que conviene á un pecador oprimida
del grave peso de sus culpas, verdaderamente arrepentido de ellas,
y preparado á dar la correspondiente satisfacción á ía divina jus­
ticia. Por lo q u al, el que confiesa sus pecados sin dolor alguna,
sin alguna vergüenza , y confusion de sí mismo, no de otra manera
que si contase alguna Historia , dá señales de la ninguna humil­
dad que tiene en su interior. Y lo mismo digo del que se escusa de
sus mismos pecados, o echa a otros la culpa de ellos, y del que
menosprecia los mandatos, y amonestaciones del docto , y pruden­
te Confesor. Y a s i, para moverse á ía humild id en la Confesion , s;
debe ponderar antes de ella la gravedad de los pecados cometidos,
y considerar atentamente todas aquellas cosas que deben mover et
corazon al d o lo r, y arrepentimiento , y despues p^dir a Dios que
se dígne recibirnos á su gracia en espíritu de humildad , y en animo
contrito , y asi sea el sacrificio de nuestra confesion ante su divino
acatamiento , que sea agradable.
(¿) L a tercera condicion e s , que la Confesion ha de ser simple,
esto e s , que no se han de aumentar , ni disminuir ios pecado*, sino
que se han de declarar en la Confesion del mismo modo que el pe­
nitente los con oce; de tal manera , que quales nos juzgamos ser en
la presencia de D io s , tales nos descubramos al Confesor. Y así,
no es simple la confesion de aquellos que con ambages de palabras,
y artificiosa composic-ion obscurecen sus culpas de tal m anera, que
apenas puede compreheader el Confesor quál sea el estado del a l­
ma-del penitente.
Debe ser la Confesion simple , y desnuda, porque fue insti­
tuida para que se haga patente al Sacerdote el estado del a lm a , y
pueda entender quáles son los remedios que ha de aplicar á lo.^ pe­
cados , quál la sentencia que ha de pronunciar , y si ha de ser ab-
stiel-
O; S is. 14. jan. 5. (ó) (Junjtswn humilde, (f) Dan. 39, tic 4a.
(d) Confesion umple.
S o b r e r,A C o n f e s ió n , 12 y
suelto, o no el pecador. Y como no puede el Confesor juzgar con
conocimiento de causa , sin que el penitente descubra, y declare
s im p le , y desnudamente el estado de su alm a , y de su concien­
cia , de aqui e s , que la Confesion debe ser sim ple, y desnuda de
todo artificio.
(a) L a quarta condicion es . que sea prudente, esto e s , se d«be
cautelar , el que confesando los pecados, no se peque al miífno
tiempo contraía honestidad,b contra la caridad; y asi,se debe con­
siderar el modo con que todas las cosas se han de hacer cauta, pru­
dente, honestamente , y según orden. Explicóm e. (¿) Si alguno, v.
g. usase de palabras obscenas en la confesión de sus pecados , este
obraría imprudememense, pecando contra la honestidad. Y si al­
guno , sin necesidad , mientras se confiesa descubre los pecados de
otro , también obra imprudentemente , pecando contra carídíd ; y
asi de lo demás. Dixe sin necesidad , porque algunas veces es nece­
sario descubrir indirectamente los pecados ágen os, como si v. g.
110 se pudiese declarar totalmente la gravedad , y especie del peca­
do, sin que se manifestase el cómplice del delito, (r) Debe también
la Confesion ser secreta , de tal m odo, que solo el Confesor la oy-
g;;. (d) Y aunque Christo no prohibió que a lg u n o , para su mayor
c c n fu sio n ,y hum illación, y para el exemplo de o tro s, confesase
sus pecados publicamente , pero no lo mandó su Magestad , ni sería
justo que á esto obligase alguna ley humana hablando especialmente
de los delitos ocultos. Desde el principio ha usado la Santa Iglesia
de la Confesion sacramental secreta , y siempra->ha sido recomen­
dada , y aprobada uniformemente de los mas antiguos, y santísi­
mos P ad res, de donde se descubre la injusta calum nia, y enorme
necedad de los que dicen que ha sido invención de los hombres , y
que tuvo principio de los Padres delC oncilío Lateranense; porque
este Samo Concilio no impuso nuevo precepto para que los Fieles se
confesasen , pues ya estaba mandado , é instituido por precepto
divino, sino que determinó que el precepto de la Confesion se cum­
pliere por todos los que tuviesen uso de razón , á lo menos una vez
en el año.
En conclusión de esta parte , debemos estar muy advertidos,
(no obstante que y a se ha repetido otras veces) que si alguno no
eon -
{a) C o n f u í a n prudente, •. !>> C orim .i. 14 . 40. (c) Confesión stcrelD.
(d) C o k . T rid . sess. 14. can. 5.
126 P a r t e ]I. L e c c ió n IV .
confesó,sus pecados corno debia, ó los confesó sin d o lo r , y sin
proposito-dg la enm ienda, o por otro qualquier ca p itu lo , hizo
n u la , y sacrilega su Confesion, debe declarar el sacrilegio , y rei­
terar la Confesion sacrilega, y todas las demás que ha hecho des­
pues , porque todas han sido nulas \ y por tanto , necesita de hacer
Confesion general de todo el tiempo en que no se ha confesado
bien. Y si en toda.su. vida no ha hecho Confesion buena, debe con­
fesarse de todos los pecados cometidos despues del Bautism o; por­
que sino lo hace , y con todas las circunstancias debidas , nunca
podrá conseguir el perdón de sus pecad os, siempre que haya copia
de Confesor. Adviértase también, que si alguno, con legitimo funda­
mento, duda de la validación de Jas Confesiones que ha hecho Lista
aqui , deberá asimismo hacer Confesion general de sus pecados,
para que acompañada de las demás condiciones requisitas para
recibir debidamente el Sacramento de la Penitencia, asegure su
conciencia, Pero si alguno por mero escrupulo , y nimia solicitud
quisiese volver á repetir la Confesion ya h ech a, por levantarse en
su conciencia mil inquietudes acerca de la legitimidad del d o lo r, o
de la validación de su Confesion general y a h e c h a , no deberá el
Confesor permitir que la repita , si entiende que es mero escrupu­
lo del penitente, y que no hay legítimo fundamento para dudar.
Por tanto , vea ei prudente Confesor á. quién le será ú til, a quién
necesaria, á qui-ín superflua , o dañosa la Confesión gen eral, y se­
gún el juicio prudente que hieiese, mande , ó aconseje, o prohiba la
tal general C on falón .
Luego que el penitente se'llega al Confesonario, debe levantar
á Dios su co razo n , pidiéndole con humildad le conceda verdade­
ra contrición , y conocimiento de sus pecados. Despues , puesto de
rodillas , y quitada la espada, si fuese ceñido con e lla , y quita­
dos ios guantes de las m anos, si los lleva , hará sobre si la señal
de la C ruz,, y dirá la Confesion g e n e ra l: To pecador me confieso h
D io s , & c . Despues declarará el tiempo que hzce que no se con­
fiesa, y si cumplió como debia la penitencia que le impusieron.
Luego dará principio á su Confesión , declarando sus pecados cla­
ra , y distintamente, como arribase ha d ich o , comenzando por
los que.por olvido se quedaron sin confesaren la anterior Confe­
sión. Declarados y a todos , segun los tuviese en su memoria , de­
be oir con atención , y humildad las amonestaciones, los mandatos,
y correcciones del Confesor, aceptar la penitencia que le impone, y
su-
Sobre i a C onfesion . 117
sujetarse á su ju ic io , o bien le conceda , ó te difiera lá absolución
de sus culpas.
O ída ya por el Confesor la confesion del penitente , y hecho
eargo de la g raved ad , y multitud de sus pecados, le debe corre­
g ir , y amonestar con amor de P a d r e ,d e l modo que juzgase por
mas oportuno , y excitarle con eficaces palabras al d o lo r , y de­
testación d élo s pecados com etidos, como asimismo a que conciba
una firm e, y seria resolución de enmendar su v id a , dándole para
ello los remedios oportunos. Despues le impone penitencia saluda­
ble , y conveniente, atendiendo a sU estado , y condicioh, a su se­
xo , á su edad , y disposición j y últimamente, o le concede, o le
dilata la absolución ' en todo lo qual el Confesor hace oficio de
J u ez, y de M edico. Como M edico dá oportunos remedios para
conseguir la salud espiritual del alma ; y como Juez impone la de­
bida pena , y satisfacción; y eri nombre de Christo pronuncia la
semencia , con la que el pecad or, o es absueltcf de sus pecados,
queda ligado con ellos.

s. V.

D E L A S A T I S FACCIO N ,

Ntes que tratemos de la Satisfacción , tercera parte del Santo


A Sacramento de la Penitencia , quiero que veamos la diferen­
cia que hay entre la pena ^ y la culpa , y la remisión de ellas. Por­
que con el pecado se levanta una guerra capital entre .Dios , y el
pecador , y uno , y otro se h ieren , y ofenden mutuamente arro­
jándose cierta especie de saetas. E l pecador es el que dá principio
á la batalla , su voluntad es el arco , la culpa pone las miras contra
D io s , y la ofenda de Dios tes como saeta arrojada por la culpa.
Dios se opone contra el pecador , y la voluntad de D ios es el arco;
su divina justicia , e ira tiene puesta la mira contra el pecador: In
pcccatores respicit ira illiu s ; y la divina venganza es como saeta
para castigar la culpa.
De aqui se colige Ja diferencia entre la remisión de la culpa,
y la remisión de la p en a; porque para la remisión de la culpa es
necesario que la injusticia de >a voluntad del pecador se reduzca
á su rectitud , y jusiicia , y eíto se hace por la contrición de par­
te del h om bre, y por la comunicación de la divina justicia de
128 P a r t e II, L e c c ió n IV .
parte de Dios , como dice el Concilio de Trem o, (a) Esta remisión
del p ecad o, y renovación de la voluntad se consigue por el mé­
rito de la justicia de C h risto , que satisfizo por nuestra injusticia,
a quien se debe unir el afto de la voluntad del pecador, con el
qual se duele de la injusticia com etida, y en quanto puede la des­
tru y e ; y por esto-en el Bautismo, y en la Penitencia se requieren
la contrición, y el mérito de Christo para la remisión de la cul­
pa.
Los que verdaderamente se duelen de sus pecados consiguen la
remisión de la cu lp a , y de la pena; pero con esta diferencia , que
la remisión de la culpa se consigue por la contrición de parte del
penitente , y por la absolución de parte de Dios. Por la contri­
ción , porque en ella hace la voluntad un a¿to co n trarío, y des­
tructivo del pecado. E l pecado es una aversión de Dios , y con­
versión a las criatu ras; y en la contrición se aparta la voluntad
de las criatu ras, y se convierte a D io s , aborrece la ofensa de
Dios , y ama a D io s ; y por eso , en quanto está de parte del pe­
cador se destruye la culpa, y el desorden de su voluntad, {b) Remí­
tese la culpa por la absolución, porque Dios con su justicia recti­
fica la voluntad , y porque no imputa al pecador la pasada impie­
dad de su voluntad, (f) Remítese la pena en los verdaderos peni­
tentes por medio de la satisfacción, la q u a l, como aqui se toma,
no es otra cosa que una voluntaria solucion de la pena debida , o
d é lo que es equivalente á e lla , segun la voluntad del ofendido.
E s verdad que el hombre no puede satisfacer á Dios por sí mismo,
y por,sus propios m éritos, pero puede por medio de los méritos,
y satisfacción de C h risto , que de tal modo satisfizo á su Eterno
Padre por nosotros, que podemos muy bien darle satisfacción por
C h risto, y en Christo Señor nuestro, de quien dimana toda nues­
tra suficiencia , y en quien vivim os, merecemos, y satisfacemos,
haciendo dignos frutos de penitencia, los quales reciben de él to­
da su virtud , éí los ofrece a su Eterno P a d re , y por él son acep­
tados de la D ivina Magestad. (//)
N o hay duda que por la Pasión de Christo se le díó á Dios
m ayor satisfacción que la que le podría dar todo el m undo, aun­
que padeciese las penas eternas del Infierno; pero con todo eso,
de-
<ia) Scss. 6 . can. 7. (6) S cm . 6 . can. 7 . (c) üess. 14. cap. S , (d) Conc.
Trid. scss. 14. cap. S.
S o b r e la S a t is f a c c ió n . i 29
debemos confesar r que unas veccs satisface Christo por sí solo Ja
pena debida a los pecados, y otras satisface juntamente con el pe­
cador. Satisface por sí solo en el Bautismo, en el q u a l, sin que el
pecador dé satisfacción algu n a, se perdona toda la c u lp a , y pena.
Satisface juntamente con el pecador en el Sacramento de la Peni­
tencia, en el qual (com o determina de Fe el Santo Concilio Tri*
dentino ) (a) se perdona la culpa , y la pena eterna, pero no se
perdona siempre toda la pena tem poral, sino que ios penitentes es­
tán obligados á padecer alguna pena, ó en este m undo, ó en el
Purgatorio , con lo qual siempre se verifica, que Christo satisface
en la mayor p arte, y el pecador en la menor.
Las causas porque Dios no perdona toda la pena en el Sacra­
mento de la Penitencia, como hace en el Bautism o, las asigna el
Concilio T ridentino: (b) La primera e s , porque los pecados co­
metidos despues d d Bautismo son mas g ra v e s; y por eso dice el
C on cilio, que la divina justicia pide que sean de otro modo reci­
bidos a su gracia los que delinquieron por ignorancia antes del
Bautismo , que los que despues de haber sido librados de la servi­
dumbre del Dem onio, y del pecad o, y despues de haber recibido
el dón del Espíritu Santo , no temieron contristar al mismo Divino
Espiritu , y v io la r , y profanar el Templo de Dios con sus culpas:
L a segunda es , porque conviene ai buen regimen del mundo que
se perdonen con mayor dificultad las culpas reiteradas, que las
primeras. Por eso dice el Santo Concilio , que conviene á la cle ­
mencia divina no se nos perdonen los pecados de tal suerte, que
■sin dar alguna satisfacción , juzgándolas por le v e s , nos precipite­
mos en las mas g r a v e s, atesorando contra nosotros mismos la ira
de D io s; pues es sin duda , que estas p en as, o penitencias satisfac­
torias nos sirven de freno para que no nos desvoquemos en el ca­
mino de la maldad , y nos hacen mas cau tos, y vigilantes en lo
succesivo: L a tercera es la utilidad del mismo penitente, porque
estas satisfacciones quitan las reliquias de los pecados, y son re­
medio contra e llo s, las quales reliquias no son otra cosa sitio la in­
clinación a lo malo , y la dificultad para lo bueno; y a s i, el e x e r-
cicio de las virtudes arranca los hábitos viciosos adquiridos con la
repetición de los aétos pecaminosos. También consigue el peniten­
te la utilidad de libertarse de las penas que contra él podia embiar
la
i 30 P a r t e II. L e c c i ó n IV .
Jaira de D io s : L a quarta causa e s , para que los miembros de
Christo , unidos á él por el Bautismo , se conformen con su cabe-
za } porque, como dice San Bernardo , es cosa muy deforme q:;t
sean delicados los miembros de un cu erp o , cu ya cabeza está co­
ronada de espinas • y si Christo padeció tanto para satisfacer por
nuestros pecad os, es evidente que nos conformamos con su Ala-
gestad quando padecemos por e llo s, y damos satisfacción a la di-
vina justicia , y asi aseguramos el ser glorificados con é l , si ccn
él padecem os, haciendo dignos frutos de penitencia,
Pero si Chris-o (diréis) satisfizo por nosotros, ¿para qué son
nuestras satisfacciones , quando parecen inútiles , y superflu.ii?
¡ Ah i Para conseguir el perdón de los pecados no basta que Chriv
to hubiere satisfecho por nosotros , sino que también es necesario
que se nos aplique la misma satisfacción , lo qual se hace por me­
dio de los Santos Sacramentos: y como la satisfacción de Christo
se nos aplica por el Sacramento de Ja Penitencia , con la precisa
condicicn , de que cumpliendo lo que te falta a la Pasión de Chris­
to , (0) padezcamos con é l , y juntamente , en quanto está de parte
nuestra , satisfagamos por nuestros pecad os , de aquí es , que es
necesrria la satisfacción de nuestra parte. (¿)
¿ Y qué es satisfacer ? Es hacer lo bastante, esto es , es hacer
quar.to es necesario, y todo aquello que la obligación requiere:
por lo q u a l, la satisfacción no es ctra cosa que una entera solución
de lo que se debe. Esta ditinicion es gen eral, y le conviene a torio
squel que es deudor a h a cer, o pagar alguna cosa. Pero hablando
en particular de la satisfacción que se dá a aquel que padeció alta­
na injuria, ü ofensa «no es otra cosa la satisfacción , sino una com­
pensación de la injuria hecha a. otro ; y tomada de este m odo, de­
clara la compensación, con la qual el hombre paga k Dios algo
por los pecados cometidos.
E l efe fío de la satisfacción es de dos m aneras; uno es com­
pensar la injuria hecha í D io s , b a l p ro xim o; otro es quitar ¡as
m arch as, o reliquias del pecad o, ó los malos hábitos que queda­
ren en el alma j or el mismo pecado. El fin de la satisfacción tam­
bién es de dos modos ; uno es alcanzar la plena rtini ion de la pe­
na , o tener a Dios totalmente p lacado; el otro es tener el alma lim­
pia , é inmaculada , esto es , sin las reliquias, y cicai rices de los pe­
ca-
C o lü ;. 1, 14. I r id. SCSS 14 . I'.',», tt.
So b r e la S a t is f a c c ió n , ; 31
cad o s; de todo lo qual resultan inurrerables fru to s, y utilidades.
Pero para la perfeéta satisfacción se requieren qui.tro condiciones:
(a) La prim era, que se haga con animo de satisfacer a Dios : L a
segunda , que la tal satisfacción sea grata , y acepta á Dios , por­
que de nada servirá sino la admite ; y por eso se d.be hacer en
gracia : L a le r c e r a e s , que esté unida a la satisfacción de Christo,
porque sin la tal unión no puede ser grata a D ios: L a quarta es,
que sea ju sta , y equivalente a la injuria , esto es , que sea tan grata
| á Dios , como le fue molesta la injuria.
Tres especies hay de satisfacción: una es de Christo Señor
nuestio , lo qual es perfeftisíma : (¿) L a segunda es sacram ental, ó
parte del Sacramento de la Penitencia, y es aquella que el Confesor
irrpone al penitente, la qual es de mucho va ler por virtud del nns-
i ino Sacramento : L a tercera es virtu osa, pero no sacram ental, y es
I aquella que voluntariamente hacen los penitentes, la q u a l, aunque
es muy ú til, pero no es de tanto valor como la sacramental. ^
Todas las obras de Christo fueron satisfactorias, pero espe­
cialmente lo fue su Sagrada P asión, la qual tuvo todas las condicio­
nes de una perfeétísima satisfacción ; porque fue gratísima á D ios,
y compensó la injuria hecha á la Divina M agestad con sumo rigor
de ju sticia; porque mas grata fue a Dios la Pasión de C h risto, que
le fueron molestos todos los pecados de los hombres.
Para que alguna obra sea materia apta para la satisfacción, se
requiere que sea acción virtu osa, la qual en virtud de la Pasión de
Christo, puede servir para merecer , y satifacer. (r) También toda
obra afliíiíva del hombre , que por otra razón no sea m ala, puede
ser materia de la satisfacción , si el penitente padece aquella aflic­
ción en pena, en venganza, y purgación det pecado. T res son prin­
cipalmente las obras que se llaman satisfa&orias, la oracion , la li­
mosna , y ayuno , y a esias tres se reducen todas las satisfacciones:
L o prim ero, porque estas tres contienen todos los aétos de las vir­
tudes que puede el hombre exercitar, de ios quales unos pertene­
cen al alma , y estos se significan por la oracíon ; otros pertenecen
al cuerpo , los quales son comprehendidos en el a y u n o } otros son
acerca de los bienes externos , fama , y fortuna , y otros se contie­
nen en la limosna. D e aquí es , que la oracion es aflictiva del anima,
_________________ por
(.0; fcx C o n .. T r u . stss. 14.. can, 8. (¿r) Scss. 4 . c a n .y . & can. 1 3 .
(c) Scss. 14. can. 8. ?.
I %
134 P a r t e II. L ección I V .
por el trabajo que sostiene levantándose k D io s , y apartandose de
las cosas terrenas ; el ayuno es afliftivo del cu erp o ; la limosna lo
es de la fama, y de la fortuna, porque por ella se disminuyen estas,
y a s i, la oracion limpia las reliquias de los pecados en el alma ■el
ayuno en el cuerpo , y la limosna hace lo mismo en los bienes de
fam a, y fortuna.
Lo segundo , porque son tres los generos de los pecados, la
concupiscencia de la carn e, la concupiscencia de los o jo s, y la
sobervía de la vida. E l primer genero mira á la lu x u ria , el segun­
do a la avaricia , y el tercero á la sobervia. El primero a la carne,
el segundo al mundo , y el tercero al Demonio. La oración es me­
dicina de la sobervía contra el D em onio; el ayuno es remedio de
la luxuria contra la carn e, y la limosna lo es de la avaricia contra
el mundo.
L o terc ero , porque los pecados ofenden a D io s , al proximo,
y á nosotros mismos; y a s í , con la oracioij aplacamos a Dios , con
la limosna satifacemos al proxim o, y con el ayuno nos castigamos
á nosotros mismos.
También pueden ser obras satisfaélorias la pobreza, la enfer­
medad , los trabajos, las injurias, y otros infortunios temporales, si
con paciencia se toleran, mirándolos como castigo del p ecad o; (j)
pero si se padecen sin resignación , y se llevan con impaciencia , no
satisfacen por los pecados cometidos.
L a causa principal eficiente de la satisfacción es Christo Señor
nuestro; la secundaria es el-hom bre mismo. Christo es la causa
p rin cip al, porque en su Pasión satisfizo por los pecados de todos,
y él es el que ayuda nuestras satisfacciones, como dice el Trielen-
tino , dándoles virtud satisfactoria, y ofreciéndolas al Eterno Pa­
dre , para que sean aceptadas de su Magestad por el mismo Christo.
El hombre es también causa eficiente secundaria, porque hace
obras satisfactorias , y las une a la Pasión de C h risto , para que
sean acceptas a la Divina Magestad.
¿ Y podrá uno satisfacer por los pecados de otro ? Podrá , con
tal que esté en gracia de D io s ; porque los Fieles son miembros de
un mismo cuerpo , y un miembro puede obrar por otro ; pero con
todo eso , la satisfacción que se hace por otro , aunque sirve para
remitirle la pena, paro no es bastante para limpiarle el alma de ks
reliquias del pecado. El
(a) C om :. T ría . so s . 14 . uan. 9. & 13.
S o b re l a S a t is fa c c ió n . r33
E í Confesor no puede obrar al arbitrio de su voluntad en la im­
posición de la satisfacción , y penitencia, sí n o q u e como dice el
Concilio de Trento , (/?) debe imponerla segun ju sticia, piedad , y
prudencia. Y a s i, para portarse rectamente en este particular , de­
be considerar tres cosas: L o prim ero, que sean las penitencias con­
venientes: L o segundo, que sean saludables; y lo te rc e ro , que
sean justas, y estas qualidades se deben atender mirando.á la quali-
dad de los delitos, y á la facultad de los penitentes.
L a penitencia conveniente es aquella que es conforme al delito,
y á su gravedad ; que es acomodada al estado, a la qualidad , y
posibilidad del penitente, qual no es mandar al pobre que dé limos­
na , ó al enfermo que ayune ; y que mire á la costumbre , y habito
de p e c a r , de tal m odo, que no solo se imponga para castigar la
culpa pasada, y quitar sus reliquias, sino que sea remedio , y pre­
servativo en lo fu tu ro: será justa la penitencia , si se dá segun la
qualidad , y gravedad del delito: será saludable , si se cree que el
penitente la cum plirá; porque la penitencia impuesta., y.n o cum­
plida , e¡i lugar de servir de salud al alm a, le dá la muerte ; y será
saludable , si retrae al hombre de pecar , y le induce á aborrecer
el pecado. Oygamos las palabras del mismo Santo Concilio de Tren­
to. ( b) » Deben (dice) los Sacerdotes del Señ or, quanto el espíritu,
» y prudencia los difíase, atendiendo á la qualidad de los delitos, y
’ > h facultad de los penitentes, imponerles penitencias saludables,
« y convenientes, para evitar el hacerse participantes de los peca-
?>dos ágenos, si se muestran demasiado indulgentes con los peni­
t e n t e s , imponiéndoles penitencias muy leves por pecados gravisi-
■»?mos, Tengan muy presente , que la satisfacción que imponen no
»sea solamente para medicina de su enferm edad, y guarda de la
» nueva vida comenzada , sino también para castigo , y venganza
«d e los pecados pasados,« Y hablando en otra sesión de la peniten­
cia pública , d ic e , que debe darse á los pecados públicos, (f) Y aña­
de el Cathecismo del mismo C on cilio, que no se han de dar oidos
fácilmente al penitente que repugna, y huye demasiado esta pe­
nitencia pública, (d)
Las instrucciones, y doftrina del mismo Cathecismo acerca de
la imposición de las penitencias, son las siguientes: L o primero,
con-
(a) Sess, 14. can. 8. (b) Scss, 14. can. 8; (c) Sess,z4. can, 8. (d) C *-
thec. Rom. n, 8. & n, 80,
1 3
134 P aute II. L ección I V .
conviene declarar á los penitentes las penas que los antiguos Caño­
nes prescribían á ciertos d elitos, para que de este modo se entienda
da gravedad del pecado , y la justa pena que merece : L o segundo,
entre todas las satisfacciones, la mas conveniente es mandar á los
penitentes que tengan oraeion en ciertos, y determinados d ia s, y
que rueguen a Dios por to d o s, especialmente por las almas del
P u rg a to rio : Lo tercero , es necesario exhortarlos a que volunta­
riamente repitan algunas veces las mismas obras satisfaftorías im­
puestas en penitencia por el C on feso r, para que de este modo ar­
reglen sus costumbres , y no omitan la penitencia, y satisfacción
por sus pecad os: L o quarto , debe el Confesor exhortar al peniten­
te a que todos los dias medite en la Pasión de Christo , la qual me­
ditación se debe dirigir a quatro fines: E l prim ero, para que el al­
ma se recree con ella : E l segundo, para que se mueva a la imita­
ción de C h risto : E l tercero , para que se encienda en el amor de
D io s , y de la v irtu d ; y el q u arto , para que el penitente se induz­
ca al aborrecimiento del p ecad o , y se fortalezca mas , para resis­
tir al D em onio, y a las tentaciones.
(«) L as obras que mas satisfacen k D ios son las Indulgencias , y
el Santo Sacrificio de la Misa , y por eso conviene que el Confesor
imponga o b ra s, por las quales se ganan Indulgencias, y asimis­
m o , que oygan Misa tantas veces , con intención de satisfacer i
Dios por sus pecados, por los méritos de la Pasión de Christo.
Por ultim o, debe el Confesor mandar al penitente que dé satis­
facción al proximo si le ofen d ió, o en el alm a, ó en el cu erp o , en
la fam a, ó en la honra, 6 en la hacienda ; y si no lo quisiese ha­
cer , no se le ha de absolver. L o mismo d ig o , si habiendo prome­
tido Otras veces dar satisfacción no lo han h ech o, pudiendo ha­
cerlo.
Siempre ha impuesto la Iglesia Catholica la penitencia , o sa­
tisfacción á los penitentes que se llegan a recibir el Sacramento de
la Penitencia; en cu ya disciplina ha ate'i üdo a la m a y o r, o menor
gravedad de los pecados, para que x m *dida de ellos sea la satis­
facción , lo qual consta de ¡numerabks monumentos de la antigüe­
dad. A cierto genero de pecados se imponía penitencia pública, y
. a otros secreta. A cerca de la pública , consta por los antiguos Cá­
nones , y escritos de los Santos P adres, que se les mandaba á los
pe^
(a) T rid . sess. 33. c a o , i , 6 C i ,
SonaE l a S a t is f a c c ió n . i 3y
penitentes cosas durísimas por tiempo de muchos años, y aun a las
veces por todo el tiempo de la -vida. E! fui que antiguamente tenia
la ígk.-ía en imponer á los penitentes penitencias tan g ra v e s, fue,
para que con ellas expiasen sus delitos , y diesen la debida satis­
facción a la divina justicia : fu e , para que á su vista se contuvie­
sen los Fieles que hasta entonces no habían caído : fue , ‘ para que
con esto se conociese mas bien la gravedad del p ecad o, y conci­
biesen todos mayor horror á é l: fu e , para que edificasen con es­
tas penitencias públicas lo que habían arruinado con sus malos
exem pios: fu e , para que con esta saludable severidad, como cotí
fren o , se abstuviesen los penitentes de la repetición de las culpas;
y fu e , para que con esta la r g a , y trabajosa probaclon se hiciese
mas patente ia verdad de su conversión.
Cierto es que ahora no se deben imponer penitencias tan gra­
v e s, porque la Iglesia ha remitido mucho de la antigua severidad,
atendiendo k la flaqueza humana; (a) pero no juzguéis que total­
mente se haya desterrado esta severidad en la imposición de la
penitencia, (¿) porque la misma Iglesia quiere que por los pecados
públicos se dé pública satisfacción; para lo qual necesitan mucha
prudencia los Confesores , y consultar á los Señores O bispos, a
quienes solo pertenece imponer solemne penitencia pública; (f) pe­
ro acerca de la no solemne, vean los Confesores los Autores que
cito al margen, (d) » Quando por alguno publicamente, y a la vis-
»ta de muchos ( dice el Tridentino) se cometiese algún d e lito , con
?>el qual sin duda se conmovieron , y escandalizaron los dem ás, á
» este es coaveniente se le dé condigna penitencia p ú b lica, seguti
r>su cu lp a , para que dando testimonio de su enmienda , induzca
» á bien vivir a los que por medio de su mal exemplo provocó a la
«maldad, a Q u ie re , pues , la Iglesia que los Confesores, segun la
mente de los Santos P adres, y Sagrados Cánones, midan la gra­
vedad de la penitencia, y satisfacción por la gravedad de los deli­
tos ; de tal modo , que la satisfacción convenga con el p ecad o, ea
quanto sea posible. Y aunque es verdad que separadas nuestras
satisfacciones de la satisfacción de Christo , no puede haber con­
veniencia alguna , por grandes que sean, entre e lla s, y nuestros
pe­

ía ) Ric. Rom . tit, de S icra m . Pcenn. (¿) Cerne. T rid . sess. 1 4 . cap. 8.
de Reforni. (c) C o n c. M ediolan. 1. tít. de Pocnit. (¿j Y ¡d . A m o rc , G e n -
nerum t C on c ¡ n i , Sí Jiihenún > de S atisfad .
1 36 P a r t e I t . L e c c i ó n IV .
p eca d o s, aun los mas mínimos; con to d o , la puede haber sí se
juntan con la satisfacción de Christo , de la q u a l, como ya hemos
dicho, reciben, y tienen toda su virtud, y eficacia.
(a) Las satisfacciones que se deben m an d ar, segun la mente
del Tridentino , son aquellas que juntamente son pena , y remedio
del pecado , y guarda , y presidio de la nueva vida. Servirán de
guarda para la nueva vida aquellas penitencias que apartan al
hombre del pecado, como son la huida de las ocasiones, y de
las malas com pañías, la lección de los libros devotos, y la ora-
cion. Servirán de m edicina, quando se imponen exercicios santos
contrarios á los v icio s; como si v . g. se mandasen á los sobervioj
aftos de humildad , á los viciosos el trabajo, y ayu n os, o silicios
a los deshonestos, y lascivos, & c. Servirán para castigar las cul­
pas pasadas, quando las penitencias son algo penosas , ó en la du­
ración , o en la dificultad que se siente en practicarlas, como son
ías sobredichas; porque se compone muy bien , que un mismo ge­
nero de satisfacción sirva para rem edio, y castigo del p ecad o, y
para custodia de la nueva vida*

§. V I.

D E LO S C J IJ O N E S PEN ITEN CIALES,

A regla que antiguamente debían seguir los Confesores en la


L imposición de la penitencia, eran los Cánones Penitenciales,
esto e s , las leyes de penitencia, y satisfacción que por cada un
de los pecados prescribía la Ig lesia , en las quales debían estar bien
instruidos los Confesores T y lo deben estar a h o r a ; y asimismo
conviene que todos los demás Fieles tengan de ellc-s alguna noti­
cia. Deben ciertamente los Confesores tener noticia de e llo s: Lo
primero ^ para que en la imposición de la penitencia, aunque re­
mitan mucho de su severidad , no sea tanto que se aparten dema­
siado : L o segundo, para que les sirvan de regla para conocer
la gravedad del p ecad o; y lo tercero, para que manifiesten, y
adviertan a los penitentes quánta é r a la pendencia que se les habia
de d a r , siguiendo Jas reglas de los Sagrados Cánones; para que
asi conozcan la magnitud de sus pecados, y no juzguen que son
le-
{a) Sess, 14. can. 8.
S obre io s C ánones P e n it e n c ia l e s . 13 7
leves, porque ahora se les dá corta penitencia , sino que se hace
con el fin de que no se condenen por no cumplir la penitencia se­
vera que se les debía dar en atención á la gravedad , y multitud
de sus delitos; pero que tengan entendido, que si de otro modo no
satisfacen á la divina justicia en esta v id a , lo pagarán en el Purga­
torio , padeciendo aquellas atrocísimas penas en castigo de sus pe­
cados , aun despues de bien confesados. Esta es Ja razón por que
conviene que todos los Fieles tengan algún conocimiento de los
Cánones Penitenciales, para que con entera voluntad abracen las
obras satisfactorias, y hagan dignos frutos de penitencia. Por tan­
to , pondremos aqui un breve sumario de ellos en la forma si­
guiente:
E n el primer Precepto .

I. E l que apostatando de la Fé C a th o lica , penetrado de un ínti­


mo , y sumo dolor de su prevaricación , v o lv k re a la Iglesia,
hará diez años de penitencia.
II. E l que observare la vana falacia de los signos en segar mie-
ses , edificar casas, cortar arboles , o casarse, hará penitencia
dos años en los dias acosiumbrados ; esto e s , ayunara a p;.n, y
agua los Lunes , M iércoles, y Viernes de cada semana.
III. El que comiere con algún J u d io , hará penitencia diez dias,
usando solo de pan, y agua.
I V . E l que se diere , o creyere en agüeros, y adivinaciones, o ei
que hiciere encantos diabólicos, hará siete años de penitencia.
V - E l que consultare á los M á g ico s, o entrare en sus casas á fin
de inquirir alguna cosa por Arte M a g ica , hará penitencia por
cinco años»

E n el segnndo Precepto,

I. Si alguno perjurare á sabiendas, baga quarenta días de peni­


tencia á p a n , y a g u a , con los siete años siguientes.
II. E l que compele á otro á jtirar en falso, hará penitencia qua­
renta días a pan , y agua , y estará de penitente siete añcs.
III. Si alguno blasfemare publicamente de D io s , o de la V irgen ,
o de algún Santo, estará a las puertas de la Iglesia al descu­
bierto siete dias de Domingo mientras la Misa M ayor. E l ulti­
mo de los siete estará sin c a p a , ni calzado con una soga al
cue-
i3 ? P a r te II. L ección IV .
cu ello ; ayunará los siete Viernes precedentes a p a n , y agua,
sin entrar entonces de modo alguno en la Iglesia,

E n el tercer Precepto.

I , E l que en Domingo , ú otro día festivo hiciere alguna obra ser­


vil , hará tres dias de penitencia á p an , y agua.
II, Si alguno hablare en la Iglesia mientras se celebran los Oficios
Divinos , hará diez dias de peíiitencia S. p a n , y agua.
III, Si alguno violare los ayunos mandados por la Ig le sia , hará
veinte dias de penitencia á p a n , y a g u a ; si es en Quaresma,
por un dia que om ita, hará siete dias de penitencia ■sino ob­
servare el ayuno de las quatro T ém p o ras, hará quarenta dias
de penitencia a p a n , y agua.

E n el quarto Precepto.

I. E l que m ald ijere á sus padres, haga penitencia quarenta dias


á pan , y agua.
II. E l que los injuriare, haga tres años penitencia.
III. E l que los diere g o lp es, o hiriere , siete años,
IV . E l que los echare de su casa , haga penitencia otro tanto
tiem po, quanto permaneció en su impiedad.
V . Si alguno tuviere la temeridad de burlarse , o mofarse de la
d octrina, y mandatos de su O b ispo, hará penitencia quarenta
días á pan , y agua.
V I . Asim ism o, si alguno se burlare de los preceptos del Presbyte-
r o , o P á rro co , hará otros quarenta dias de penitencia á pan,
y agua.
En el quinto Precepto .

-I. Si alguna muger , despues del parto , quitare la vida al hijo , o


hija , haga doce años de penitencia , y jamás esté sin ella.
II. L a que quitase la vida al hijo por ocultar su maldad , hará pe­
nitencia diez años.
III. Si abortare voluntariamente , haga penitencia tres años , y si
lo hizo involuntariamente, tres Quaresmas.
IV . E l que sin querer ahogare al hijo , si es despues de bautizado,
hará penitencia quarenta dias á p a n , y agua , hortalizas, y le-
. gura-
S obre los C añones P e n it e n c ia l e s . i 29
gumbres , despues hará penitencia tres años Jos días acostum­
brados ; además ayunará al año tres Quaresmas: pero si le aho~
gó antes de estar bautizado, hará penitencia quarenta d ia s, se­
gún arriba se ha dicho , y cinco anos completos.
V . Si alguno voluntariamente quitase la vida á otro hom bre, es­
tará siempre á la puerta de la Iglesia 5 y sí lo matare por casua­
lidad , hará siete años de penitencia.
V I. Si alguno quisiere quitar la vida á otro hom bre, y no pudiere
executar esta maldad , impóngasele penitencia como á homicida:
si efectivamente cometió el homicidio por re n co r, b por here­
dar , primeramente ayunará a pan , y agua quarenta d ia s, y
despues haga siete años de penitencia.
V II. Si alguno por ira repentina, o riña matare á otro hombre,
hará penitencia tres años.
V IH . Si alguno hiriere á o tro , y le cortare algún miem bro, ha­
rá penitencia un año los dias señalados ; pero si la herida es
de modo que quede disforme , hará también quarenta dias de
penitencia á pan , y agua.

IX . Si aigunt) no quiere reconciliarse con su herm ano, que abor­
rece , hará penitencia a pan , y agua hasta que se reconcilie.

E n el sexto Precepto.

I . Si el Seglar soltero tuviese acceso carnal con soltera, hará pe­


nitencia tres añ os, y quantas mas veces le tenga se le impondrá
m ayor penitencia.
II. E l varón soltero, si cometiere adulterio con la muger de otro,
hará penitencia siete años , la muger cinco.
III. A la muger soltera que con el marido de otra cometiere adul­
terio , impóngasele diez años de penitencia, y á ¿1 cinco.
I V . A l que cometiere incesto unos le señalan doce'años de peni­
ten cia, otros quince, otros d ie z , y otros siete; ai que come­
tió sodomía diez.
V . A l que tuviere comercio carnal con algún bruto impóngamele
penitencia de diez años , y demas largo tiem po, según lo pj d e ­
re la calidad de la persona.
V I . Si alguna muger se untare con alb ay a ld e, ú otro afeite a fin
de agradar á otros que a su marido , impóngasele penitencia de
tres años.
P a r t e IX. L e c c ió n IV.

E n e l séptimo P recepto.

I. E l que hurtó algo de las alh ajas, ó tesoro de le Ig lesia, haga


penitencia tres Quaresmas con los siete anos siguientes.
II. E l que en sí retuviere el diezmo , ó menosprecie pagarlo , res­
tituirá quatro tantos, y hará penitencia veinte dia á p a n , y
agua. '■
III. Si alguno hurtare cantidad pequeña u n a , o dos v e c e s, resti­
tuida la co sa, haga un año de penitencia} pero si la cantidad
fuese notable, hará cinco años de penitencia.
I V . Si alguno toma a usuras comete rapiñ a; por esto qualquiera
que las lleve hará penitencia tres añ o s, y el uno á pan , y agua,

E n el oftayo Vrecepto.

-J. E l que afirmare que es verdadero lo fa lso , hará penitencia co­


mo el adultero.
-II. E l que diere su consentimiento para que se levante algún falso
testim onio, hará cinco años de penitencia.
III. Si alguno echare en cara al próximo alguna afrenta notoria,
se rá purificado con penitencia la r g a , atendidas las circunstan­
cias del pecado.
IV . Si alguno murmurare fácilmente , y en ello mintiere , hará
siete dias de penitencia a p a n , y agua.
V . E l que cometiere engaño , o fraude en p esos, y m edidas, ha-
■ r á veinte dias de penitencia.
V I- E l falsario haga penitencia toda su vida a p a n , y agua.
Omito otros muchos Cánones, que se pueden ver con exten­
sión en las Instrucciones de San Carlos Borroraeo acerca de la ad­
ministración del Sacramento de la Penitencia.
S obr e el P u r g a t o r io ,

«. V II.

DE t PURGATORIO.
,
Erdad es de F é definida por el santo Concilio de T rem a,
V (j) que las-almas de los que mueren en graeia de Dios , y
tienen qii¿ pagar por sus pecados alguna pena tenriporal j la pa:—
g:m en el Purgatorio, y allí se purifican antes que se les dé entra­
da en el Reyno de los Cielos. Por nombre de Purgatorio se entien­
de , o las penas que padecen las almas separadas de sus cuerpos,,
con las quales quedan mas purificadas, o se entiende aquel lu gar
en donde aquellas almas son purificadas con penas temporales*
Porque lo cierto es , que para que un alma entre en el Reyno-
de los C ie lo s , es necesario que sea tarr p u ra , y san ta, q u e n a
tenga que purgar ni la mancha de una culpa v e n ia l, ni sea deu­
dora a pagar pena alguna satisfactoria ; porque como dice San
J u a n , (/■
>) no entrará en la Ciudad santa de Jerusalen cosa in­
munda, ni manchada : y nadie se liberta de las prisiones , hasta
que primero pague todo lo que debe , como consta del Evan­
gelio. (c) ■■
Que haya Purgatorio es de F é , y consta de la Escritura , y
de ía tradición. Consta de la E sc ritu ra , (d ) porque en el libro
segundo de los Macabeos se dice : (¿ue es santo , y saludable e l
pensamiento de orar por los difuntos , para que sean libres de sus
p e c a d o s luego sería superfluo orar por los difuntos si no hubiese
Purgatorio. San Juan d ice, que oyó qué daban bendición al Cor--,
dero todas las criaturas , (e) que estaban en el Cielo , y en la tier­
ra , y debaxo de ella. ¿Y quiénes son los que debaxo de la tierra
dan bendiciones á Dios? N o los demonios, ni los demás que pa­
decen eternas penas, pues estos eternamente estarán maldiciendo
á Dios : luego es preciso que sean los que están detenidos en el
Purgatorio. Consta también por certísima tradición la verdad del
Purgatorio ; porque desde el tiempo de Christo hasta el nuestro
siempre ha sido ésta la Fé de todas las Iglesias , como testifican
los Santos Padres. En esto conviene la Iglesia oriental con la occi­
dental , y siempre ha convenido en esta parte.
_______________ _____________________________£
(a) üess, í>. c.m^o. {b\ A p jc. a i, ? j . (c) Match, j.2 6 . \d) a.iVLtth.
ia. 40. ^e) Apoc. j, i j .
1 41 P arte II. L ección IV ,
¿ Y quál es la pena del Purgatorio? Respondo , que la Iglesia
no tiene definido quánto , ni por qué tiempo es atormentada en e!
Purgatorio cada una de las almas ; pero no podemos d u d ar, qi:e
cada una padece mas , o r n ? t ) O S , según la pena que merece por sus
culpas. Tam poco está definido si padecen , ó no el tormento del
.verdadero fuego , ü otro particular genero de tormento ; pero
sabemos fl? cierto, que en ei Canon de la Misa pide la Iglesia á
Diq§ , que concedí á los Fieles difuntos lugar de refrigerio , de
lu z , y de p a z ; de lo qual se c o lig e , que las Almas del Purga­
torio carecen de luz , de p a z , y de refrigerio.
Llamase Purgatorio esta pena, porque con ella se purifican las
almas para entrar en el San'cta StnEíorum ; y es muy probable,
que 110 carecen alíi de todo consuelo $ porque p o ru ñ a parte sa­
ben que dan á Dios satisfacción, a quien aman sobre todas las cosas,
y por otra están c ie rta s, que por ultimo han de ser admitidas á
la visión , y fruición de D ios, cuya esperanza sin duda las sirve
de consuelo. Y siempre ha creido la Iglesia constantemente, que
pueden ser ayudadas por medio de las oracion es, de los sufra­
gios, y limosnas de los Fieles , particularmente con el santo Sacri­
ficio de la Misa,
§. V I I I .

D E L A S INDULGENCIAS.

I alguno por enfermedad , o por otro qualquiera impedimen­


S to , no puede dar á Dios plena satisfacción , no le falta re­
medio con que su p lirlo, qual es las oraciones , y buenas obras
de los F ie le s , que mutuamente se comunican unos á otros , y las
Indulgencias de la Iglesia. Por nombre de Indulgencia se entien­
de ciérto beneficio , que la Iglesia concede á los pecadores , con
el qual se les perdona parte de la satisfacción , que se les impuso,
o debia imponérseles por los pecados cometidos despues del Bau­
tismo. Explicóm e, Llamase beneficio la Indulgencia, porque es
lo mismo que gracia , ó misericordia. Dicese concedido por la
Ig le sia , porque le conceden los Supremos Pastores de ella , por
las veces , y autoridad que tienen de Christo. Dicese concedido a
los pecadores, porque la Indulgencia no se concede sino en gra­
cia de los pecadores ‘ pues los que no han pecad o, 110 necesitan
de perdón, o indulgencia. Dicese beneficio, con el qual se p er-
do-
S o b re ias In d u lg e n c ia s. i 43
dona, no eí p e c a d o , ni el reato de la pena eterna , porque es­
to se hace por medio de la absolución Sacramental , sino parte de
la satisfacción , pero ñó (oda ; porque no intenta la Ig lesia , quan­
do concede la Indulgencia , eximir á los pecadores de la obliga-
don de hacer penitencia , sino que solo íes da remedio para su­
plir su enfermedad , y flaqu eza; y c o n ta l que e llo s, en quan-.
to está de su parte , satisfagan a la D ivina Justicia , lo demás lo
condena la Iglesia , o en la parte , o en el iodo. E s , p’j e s , lá'In­
dulgencia un beneficio , por el qual se perdo'na parte de la satis-
..facción que fue impuesta , o debió imponerse. De dos modos se
lia de considerar esta satisfacción : E l primero en quanvo significa
la satisfacción impuesta por los Sagrados Cánones de! modo a rri­
ba dicho í Y el segundo , y consiguiente , en quanto denota la
pena tem poral, que pide Dios al pecador , la qual ha de padecer
o en essa vida , o en el P u rgato rio, para expiar sus pecados.
P orqu e, como ya dexafnos d ich o , la Justicia Divina pide que los
pecadores le dérí satisfacción temporal por los pecados cometidos
después del Bautismo ; y por tantó el Confesor , en fiombfe de la
Iglesia , impone penitencia á cada ünó de los pecadores la qu al
es necesario que Sea correspondiente á la gravedad del; pecado,
para que ex;tfeamente cumpla el pecador con la ley de" la satis­
facción , y quede libre de ella. A niguam ente era rátfeíió mayor
la igualdad entre el pecado, y la satisfacción, quando estaban en su
vigor los Cánones Penitenciales ■y asi , despixs que estos no se
ponen en práfíica , queda siempre una notable desigual entre
e! pecado , y la satisfacción: y por esta causa siempre les queda
n:ucho qüe satisfacer á los pecadores de hoy , para dar pieria
compensación á la Justicia Divina , las quales penas satisfacto­
rias perdona la Indulgencia.
¿Y quién puede conceder Indulgencias? Aquel qtae. puede
dispensar el tesoro de la Iglesia. («) No es otrat cosa este tesoro,
que una coleccíon de las obras, méritos , y satisfacciones'de Chris­
to Señor nuesiro , y la Santísima V irgen , y de todos los Santos.
Quien puede dispensar este tesoro es el qué titne las llaves de él,
y es su guarda , y custodio. lisie es el Sismo Pontífice , y los de-
iras a <j1::en él se las entrega, Este tesoro de la Iglesia puede í.er
aplicado por el .Pontífice a los v iv o s , y difuntos.: con iá'.qüálapli-
■ "¡' . c& ~

{<*) U. Thotn. 3. ió. a r;.~ ~ '■


1 44 P arte II. L ección IV .
cacíon puede relaxar las penas temporales i unos , y otros, con
esta d iferencia, que acería,d e los vivos lo puede hacer authori-
ta tiv é , («) y res pedio de los difuntos por modo de -sufragio. La
razón e s , porque Christo Señor nuestro dió poder ¿t su Vicario
sobre la tierra para atar , y desatar ; (/;) y así á los v iv o s , que
están scfare la tierra les puede aplicar el Pontífice el tesoro de i.t
Iglesia , y potestativé relaxarles las penas temporales ; pero a los
difuntos , que no están sobre la tierra , les puede también aplicar
el tesoro <ie la Iglesia , y por la tal aplicación satisfacer a Dios
por las penas temporales ; de tal suerte , que su Magestad , usan­
do de su misericordia , relaxe las penas en virtud de la tal aplica­
ción ; y esto es por modo de sufragio.
N o podemos dudar , que siempre ha usado ía Iglesia de esta
potestad , que Christo la concedió , como consta de la Escritura
Sagrada , y de la tradición. D e la Escritura consta , porque el
Aposto! concedió verdadera indulgencia a un pecador de Corinto,
(r) que cometió incesto con la muger de su padre. A éste le re­
mitió el Apostol parte de la satisfacción impuesta por tan gran
delito , habiéndole antes excomulgado , y entregado al poder de
Satanás. Aun mas claramente se prueba por la tradición , de quien
son testigos los Santos Padres antiquísimos, y los Concilios. De San
C y p ría n o , y Tertuliano co n sta, (¿) que por los ruegos de los
M artyres encerrados en la cárcel por la Fé de Christo en tiempo
dé la persecución, concedieron antiguamente los Obispos indulgen­
cia a los caídos , en virtud de la qual se les perdonaba parte de la
satisfacción , que debían cumplir to r m e n te antes de ser reconci­
liados , y absueltos. También consta de muchos antiquísimos Con­
cilios , (e) en el tiempo que estaban en su vigor las penitencias
canónicas, que los Cánones daban facultad á los Obispos para dis­
minuir el tiempo , y las estaciones de la penitencia , en favor de
aquellos que se manifestaban mas fervorosos en hacer penitencia,
(/) o que por su flaqueza no podían cumpliría toda. También
en tiempo que amenazaba ía persecución , se concedía Indulgen­
cia á los p ecad ores, y eran absueltos aun antes de cumplir la pe­
nitencia , para que por medio de la absolución , y la recepción
del
i i ■ i ■ ■»■ ■ ............. i ---------- ------------------------- - . . ___ __ ______ __________________

■ (a) Qtüfarm.de l'iiliil;»* c a p . - f (f>¡ MjüiI, i », «9. (■-) a'. Corinch. 2.


(J) Tertul.líb.ad Mirtyr. cap, 1 . ‘ S. C/¡ir, lib. d< Lapsis. (fV Cjiic.Niccn.
S o b r e r,AS I n d u lg e n c ia s . 14/
del Sacrosanto Cuerpo de Christo , (a) se fortaleciesen pára pade­
cer por la Fé, Otras ocasiones también habia , en que se concedía
semejante Indulgencia a los penitentes.
Para que alguno gane las Indulgencias', y estas tengan su
efefto , se requiere : Lo primero , que el sügeto esté en gracia,
(/>) porque el que se halla en pecado mortal , como es miembro
muerto , no partid píi en esta parte de la comunion de los Santos,
y porque no se perdona la pena , sin que primero esté perdonada
la culpa : L o segundo , debe hacer todo lo que prescribe el que
concede las Indulgencias ; v. g. ayunar , orar , visitar las Iglesias,
dar limosna, comulgar dignamente, & c. L o tercero , d.be tener
verdadero dolor de sus pecados : L o quarto , debe tener un deseo
sincero de satisfacer por ellos : Y lo quinto, debe él mismo dar la
satisfacción en quanto está de su parte.
Varios son los generos , o especies qne hay de Indulgencias:
Porque hay Indulgencia plenaria , la hay de siete años , de dos,
o de uno , ó de quarenta d ia s, o de otro cierto , y determinado
tiempo. Demás de esto , hay Indulgencia de Ju b ileo, y la hay
concedida en forma de Jubileo.
L a Indulgencia plenaria es aquel genero de Indulgencia , con
]a qual se perdona todo lo q u e restaba completar á la penitencia
canónica, que debia , o podía ponerse por los p ecad os, y á la
satisfacción correspondiente á esta penitencia. L a Indulgencia de
siete anos , de seis, de quatro , de dos , o de quarenta d ia s, & c. es
la que perdona siete añ os, se is, qu atro, dos , quarenta dias de
la penitencia canónica , que podría Imponerse por los. picados.
L a Indulgencia del Jubileo , o Año Santo , es una Indulgencia
plenaria , que de veinte y cinco en veinte y cinco años con­
cede el Sumo Pontífice á ios que visitan, las principales Iglesias de
Roma. Primeramente fue instituida para que se concediese de
cien en cien a ñ o s: despues se concedía de cinquetita en cinquert»
ta : luego de treinta en treinta : y últimamente se estableció', que
se concediese de veinte y cinco en veinte y cinco a n o s, como
ahora se praíUca. L a Indulgencia , que conceden los Sumos Pon­
tífices en forma de Jubileo , es cierta especie de Indulgencia ple­
naria concedida á todos los Fieles por causas g r a v e s , asi como se
con-
ta.) S . C iptian . üp. y j . ad C yrn el,. {b) L>. T h o m , patc, ü u ssi. a ? ,
are. 1. Sí 3. ■
K
146 P a r t e II. L ección IV .
concede-la Indulgencia del Jubileo. A l conceder los Pontífices
esta Indulgencia a los Fieles , les conceden juntamente, según su
beneplácito , muchas prerrogativas : L o primero , que puedan
todos elegir Confesor a, su arbitrio de los aprobados por el Or­
dinario : L o segundo , que aquel Confesor , qualquiera que sea.
pueda absolver al penitente de qualesquier casos, y censuras, aun­
que sean reservados al Sumo Pontífice, excepto el crimen de he-
regia formal mixta , sino que se exprese : L o tercero , que pueda
conmutar todos los v o t o s , fuera de aquellos que expresamente
se exceptúan en la -Bula Pontificia. Todo lo qual , y lo demas
que pertenece á esto , se puede leer en los diplomas de Indulgen­
cias , donde mas largamente se contiene.

$. IX .

D E L A ABSOLUCION.

Abiendo el Christiano confesado sus pecados con intimo do­


H lor de su corazon , 'y prometiendo cumplir la penitencia,
que se le impuso ; resta todavía , que se reconcilie con Dios
medio de la a.bsolucion sacram ental, que le dá el Confesor. Ls
absolución sacramental es la judicial setencia , con la qual el Sa­
cerdote , haciendo las veces de Christo en esta parte , perdona Jos
pecados á los Christianos verdaderamente arrepentidos , que en
quanto estaba de su parte , hicieron lo que Christo mandó , que
se hiciese para alcanzar el perdón de las culpas. Consta d é la Es­
critura , y de la tradición , que los pecados son verdaderamente
perdonados por los Sacerdotes. Consta de la Escritura , porque
Christo Señor nuestro dixo á los Apostoles, (</) y á sus succesorei
en este ministerio , que todo lo que ellos ligasen sobre ¡a tierra , se-
ría ligado en el C ielo , y todo lo que desatasen sobre la tierra , si­
ria desatado en el Cielo ; (b) y que los pecados que perdonasen,
estaban perdonados , y los que retuviesen , eran retenidos. Consta
de la tradición , como y a queda probado a rrib a , y la Iglesia
desde el tercer siglo declaró por Hereges á los Novacianos , (f)
que defendían , no podía la Iglesia perdonar los pecados de los
bautizados. Di-
(flj JVLtih. x8. 18 . ( b) Joann , 2 ü .3 ¿ . {c) E u seb .H ist. ¿cclts. lib. ó-
cap. 43.
So b re za A b s o lu c ió n . r 47
Dirá alguno ftQaién puede perdonar pecados sino iolo Dios?
(¿) Es verdad-, que solo D ios-p u ed e p e r d o n a r los pecados por
propia autoridad1, y en su propio nom bre; pero también en nom­
bre de C hristo, y de D io s , pueden hacer lo mismo los hombres,
á quienes dió Dios esta potestad ; (¿) y consta de lo arriba dicho,
que la dió á los. Sacerdotes:: los quales , aunque no en. su nom­
bre , sino en el de- C h risto, perdonan los pecados ; con todo eso
no hemos de decir ^ que la absolución que dáit , es-solo mero, .mi­
nisterio de pronunciar-, y declarar que lo s . pecados están ya per­
donados , sino que es a ñ o judicial , por el qual se perdonan real­
mente los pecados , porque Christo-no dice : los pecados que de^
claraseis están perdonados , se les perdonan , sino que dice : los
pecados que perdonaseis , o hubieseis perdonado , les son perdo^
nados. ... . . ■
De fé e s , que solo los Sacerdotes pueden absolver de los pe­
cados ; (c) pero les son asignadas varias reglas para la re¿ta ad­
ministración del Sacramento de la Penitencia , de las quales no Jes
es licito separarse. L a suma de estas re g ía s, ó leyes , es que se dé
el beneficio de ta absolución solamente, .a. aquellos que tienen ver­
dadero dolor de sus pecados , verdadero:proposito de enmendar­
se, que han hecho, quanto está de su parte para.confesar-todos
sus pecados, y que han satisfecho , o quieren seriamente satisfa­
cer por ellos. f.
Por lo qual, aunque el penitente diga que viene bi:en díspues*
to , no se le ha de dar. fácilmente cré d ito , ni siempre $e ha de estar
á sus palabras , porque hay muchos que con promesas ,falsas en­
gañan al Confesor , y á sí mismos ■y así se.Jian de-probar .prime^
ro , y no se les ha de absolver hasta que. hagan lo que prometen.
Los que no deben ser absueltos hasta ser probados , son los si­
guientes : L o primero , los que tienen costumbre de pecar , no de­
ben ser absueltos hasta que¡:muden d e v i d a t L o seguad()».,-nQ det-
ben ser absueltos los que están,en ‘¿ocasion -proXima j;d«¡ ;pecar,
hasta qye se aparten de ella ; lo qual se ha de entendercj? según, lo
que dexamos dicho hablando del proposito, yidiretnQá' despuefc:
Lo tercero, no deben ser absueltos lo que están enemistados , hasta
que depongan el odio * y mala voluntad , y en quanto :está' de su
'• V-- tpair­
is) L u c .j .a i . {b) Art. de kemi-í. pccc^t. Conc. Trid. sess. 14,
can. 10. . ( ■ .......... ....... 1 -"- --
Ki
í 4'S P arte II. L ección IV .
parte se hayan reconciliado con ■ sus enemigos :< (») L o quarto , no
deben ser absueltos los que hurtaron lo a geno , o lo retienen in­
justamente- ¡ hasta que la hayan restituido , pudiendo hacerlo:
L o quinto , no deben ser absueltos los que ignoran los Mysterios
de la Fé , los principales preceptos de la vida christiana , quales
son los Mandamientos de Dios , de la Iglesia , y las cosas que per­
tenecen á su oficio , estado , o condicion , hasta que lo aprendan,
-y sepan 5 pero se ha>.de a d v e rtir, que puede ser ahsuelto aquel
que aunque no se baya reconciliado con su enemigo , depuso el
-rencor , y enemistad , y promete hacer quanto está de su parte
para la reconciliación. L o mismo digo del que no habiendo tu*-
cho la restitución , promete hacerla quanto antes ; pero esto se
entiende , c o t it a l, que uno , y otro no hayan quebrantado la pa­
labra , que dieron antes de hacerlo ; porque entonces no se lia
ríe dar crédito1 á sus promesas , hasta que efectivamente lo cum­
plan.
D ixe que no deben ser absueltos los que han hecho habito á
p e c a r, hasta que-muden de vida , porque no se debe dar la ab­
solución a los que no tienen verdadero ¡dolor de sus pecados , ni
proposito de la enmienda y asi ,■en semejantes pecadores no s¿
puede conocer, que hay-estas circunstancias , sino por la muta­
ción de v id a ; porque el árbol se conoce muy bien por los frutos,
y no se cura tan breve la llaga envejecida. Tam poco deben ser
absueltos los que están en ocasion próxima de pecar , hasta que
se. aparten de .ella ; porque quien voluntariamente se está en di'
-oba ocasion, se expone por su gusto al peligro de pecar : y el
■que ama el peligro , perecerá en é l : y por el mismo caso es ten­
tador de Dios , y peca , exponiendose voluntariamente al peligro
de p e c a r; lo qual es^ incompatible con el dolor , y aborrecimien­
to del pecado. Si la ocasion fuere involuntaria, debe el Confesor
probar-al penitente1, (A): viendo si con. los remedios que le apli­
ca , ¡je aparta del : pecado ', de tal modo 4 que lo que antes era
■ocasion de pecar , ya , Anudados los afeftos , no lo sea. Pero si
jdespiteb de1 tura->larga experiencia se vé } que de la tal ocasion
siempre se origina p ecad o, entonces no se le debe absolver , has­
ta que^de tal modo se haya apartado del pecado , que no se sig.i
y a éste mas de la tal antigua ocasion de pecar. Ultimamente 110
^ ^ de-

{a) S, € iio i, ir.juuc. ad Coiífcss. S, Carol. in Instruct.


I
i
S o b r e r.A AbsolüCio'W . i 49
! deben ser absueltos los enemistados , hasta que depongan el odio,
y rencor , y hasta que en quanto está de su parte se vuelvan á Ja
gracia con su enemigo , ni los que tomaron los bienes ágenos , o
¡ injustamente los retienen , hasta que hagan la restitución , p pro­
métan seriamente que lo háfá 11; porque todos estos están aun en
pecado : y á los que lo están , no se les puede a b so lver, porque
aman el mismo pecado, Lo mismo digo de los que ignoran aque~
1 lias co sas, que debaxo de pecado mortal están obligados á saber,
porque esta ignorancia supina, y que fácilmente se puede vencer,
110 escusa de modo alguno ; y a s í, los que ía tienen, están en
pecado , y por eso no pueden ser absueltos, hasta que lo se­
pan.
M e he dilatado algo en e sto , porque conviene que íos Fíeles
sepan á quién se debe negar , o dilatar 1a absolución , para q u e
entiendan qué Confesores deben e le g ir, y de quienes deben huir;
porque hay muchos D ireftores ciegos , y homicidas de las almas,
que son nimiamente fáciles en dar la absolución a quien no se debej
con lo qual son causa d equ e los penitentes , falsamente confia­
dos en que están absueltos, ( quando realmente es nula la a b so lu -
cion ) nunca se aparten de sus pecados , y nunca dexen sus ma­
las costumbres * y asi , como nunca son probados , nunca repre­
hendidos , nunca enseñados en el camino de la justicia , perecer»
miserablemente, y se condenan. Tales Confesores son semejantes
á aquellos , de quienes dice Dios por' su Profeta Jerem ías: (a) Cu­
raban la contrición de la bija de mi Pueblo con ignominia , dic iendot
P a z , p a z , y no habia paz ; y con el Profeta Ezequ ieV: (b) M en-
tian , y engañaban a mi Pueblo , que daba crédiío¡d sus meruirat
LEC-
(a) Jcrem, 4. 14. (¿) tzcch. 13.451. " "

K3
P a r t e II. L e c c i ó n V.

LECCION Y.
DEL SANTISIMO SACRAMENTO
de la Eucaristía.
§* i.

E Ste nombre Eucaristía es voz griega , que significa acción de


gracias , y buena gracia,. Llamase bu$na gracia , porque
este Sacramento contiene á Christo , que es fuente , y Autor de
toda gracia ; y porque presignifica la vida eterna , que se dice
gracia de Dios. Llamase acción de g ra c ia s, porque Christo en
la institución de este Sacramento hizo gracias a. su Eterno Padre,
y porque en él se dán gracias á Dios todos los dias por todos los
beneficios recibidos ; y en particular por sy, institución , quando
se ofrece á Dios Padre en sacrificio. Otros muchos nombres se le
dán á. este augustísimo Sacramento , porque su admirable dignidad,
y excelencia no se puede explicar con una sola. voz. Y asi se llama
Santísima Sacram ento, por antonomasia, porque es el m áxim o, y
mas, sagrado de todos, los Sacramentos. Se llama Sacramento del
A lta r , porque sobre él se o fre ce , se consagra , y se recibe : Se
llama Sacrificio , porque, en él. se. ofrece , y se sacrifica Christo á su
Eterno. Padre ; por cu ya razón se Uama también Hostia sagra­
da :/Se llama Sagrada Com union, porque por este Sacramento co­
munica , y participa el hombre del C u e rp o , y Sangre de Christo,
-y Christo se une con los F ie le s, y los. Fieles, entre sí mismos : Se
llama también Sagrada M e s a , en la qual se. celebra el combite
sacro del Cuerpo del Señor , al que son combid'ados todos los Fie­
les : Se llama Cena Sagrada , o Cena del Señor , porque allí se ha­
ce memoria , y se celebra la ultima Cena de. Christo , quien , aca­
bada que fue , instituyó este Sacramento, y Sacrificio : Llamase
V iatico , porque con la virtud , y fortaleza de este manjar , ca­
minan los Fieles hasta llegar al monte del S eñ or, esto e s , son
confortados en el camino de esta peregrinación , hasta llegar á la
Patria celestial : Llamase Pan de ios h ijo s, porque no se ha de
dar á los perros , sino solo á los hijos de D io s , que conservan la
adopcion de tales por su inocencia , por su gracia , y justificación:
L ia-
e e l SS. S a c r a m e n t o d e l a E u c a r i s t ía . i
Llamase Pan de A n geles, .porque Christo Señornuestro , que se
contiene en este .Sacramento., es verdadero, Pan de Angeles , los.
quales ( digámoslo ;asi ) se nutren con su vista i y - a s i como el
Maná , figura de este Sacramento , se llamaba Pan de los Ange­
les , porque se les embiaba desde el Cielo á los Israelitas ; asi
también se. llama Pan de los Angeles este Sacramento , porque e í
un Pan v iv o , que descendió del Cielo.
El Autor de este Sacramento fue Christo nuestro S eñ or, quien
le instituyó antes de ir a padecer , despues que cenó con sus
Discípulos , para no estar en tiempo alguno ausente de los suyos,
sino permanecer siempre con ellos. Hizolo . así su Magestad , pa­
ra dar prenda divina , y admirable de- aquel infiuito amor con
que hasta el fin ama , y amó á todos los Fieles. E l pan de que
usó Christo , para instituir este Sacramento , fue el pan ácimo;
(íí) la razón es , porque le instituyó despees de la Cena del Corde­
ro P a sq u a l, y usó del pan que ¡entonces se :traia entre manos: y
como no se puede dudar , que er^ pan ácimo , .porque en la L e y
de Moysés se ordenaba , que ninguao en esta C e n a , ni en los
siete dias siguientes comise pán fermentado-^ ni ¡¿un lq ¡resgrva^é
en su c a s a , sopeña de muerte £ dd aqui es qué debemqs con-?
cluir , que fue pan ácim o, en el.qué Christo-iustit^yó la Sagrada
Eucaristía. Es verdad que su M agestqil tí0 ^de.tefiniaó-expresa-*
mente que ios Apostoles , y.sus succesores ^ usasen soló del paa
ácimo en la celebración de la Eucaristía ; pero ert la Iglesia la­
tina solo se usa de, é l , 'aunque en lajgriega se usa del .pan fer­
mentado. Uno-, y otro Rito es laudable ; (^) y asi se ha de ob­
servar en T-ada una- d e ' estas-:Iglesias;^^porq¿é; por cierta tradi­
c ió n , y de la costum bre. de la Iglesia consta-., que fue libre, á
los Apostoles usar indiferentemente el pan ácimo , ó fermentado.
Que el Cáliz , de que usó el Señor en la institución d$ ,1a Euca­
ristía contuviese el vino , consta de la Sagrada Esceitiír^;: ;(í).,y
que estuviese mezclado ■ con u n í pequeña cantidad-de agua , la
sabemos ciertamente por lá tradición de todos los sig lo s, yL por el
perpetuo , yiiiunca.interrumpido: uso de la Iglesia. .
. . __ L -. De
(a ) V id e erudítionís g ratis C a lm c t lo m . j . disserc. d e N o v is s im . P a r c iu t.
Jcsu C h ris ti D ._ N . B c r tij H c n a , & C o m c n s o n , de E u ch a ríst. & A rb io l in
dísp. seleft. disp. r . de E u c lu tis t. art. 6 . ( b ) C o n c íi.' F loren :* ía D ecrct*
un io n ís, (c ) M a íth , a á . l v . 29.. M ir e . 14 . v . j , j . . , ..
K 4
í J2 P arte II. L ección V .
' De Fé Catholiea es , que la Eucaristía es Sacram ento, (¡j) por-
que tiene todo lo que se requiere para ello , que es el signo sen­
sible , la significación , y eficiencia de la g r a c ia , y el ser ins­
tituido por Christo ; cuyos requisitos se hallan en ella , porque las
especies de pan, y vino son cosas sensibles, y significan tam­
bién I3 refección espiritual, y la gracia : y la Eucaristía fue insti­
tuida por Christo Señor nuestro.
E s , pues , la Eucaristía un Sacramento , (¿>) en que se con­
tiene verdadera , real , y substancialmente el Cuerpo , y Sangre da
nuestro Señor Jesu-Christo juntamente con su Alm a , y su Divini­
dad. Es decir , que debaxo de las especies de pan , ,y vino con­
sagradas , se contiene todo Christo , el mismo que está sentado
a la diestra de Dios-Padre , y nació del vientre virginal de Ma­
ría Santísima nuestra Señora el mismo Cuerpo , la misma Alma,
ePmismo Christo en nuimero; -Esta verdad catholica constado las
misttiá's p'afcbtes déi Salvador .j (f) quando tornando el pan en sus
manos , dixo : E s¡e es nñ Cuerpo , y tomando el Cáliz profirió:
E sta es mi Sangre. ¿ Qué coto, mas expresa , que estas palabras?
Por eso <!£■Iglesia nüestrü M adre , siguiendo la certísima tradición
tle todos' los siglos ,, siempre las ha entendido de la presencia real,
y co rp o ra l, oonftJWnfe ¿n todo á ia mente del Apostol San Pablo.
D e aqui ¡es y ¡que «OhifiítG Señor nuestro está presente , con pre­
sencia corporal y y real en los C ie lo s , y en el Santísimo Sacramen­
to del A lta r ; y que no obstante , que está sentado á la diestra
del P a d re 1, está juntamente en la Eucaristía , y aun en qualquie­
ra Hostia | y partícula de ella 5 con esta d iferen cia, que en el
Cíelo aparece visible , pero en e). Sacramento está escondido de­
baxo de las especies. Como este mysterio puede ser , no podemos
comprefcenderlor; pero creemos firmemente que es asi , porque
■Christo lo ha revelado. (í) Nuestro obsequio debe ser razonable,
como dice el Apostol ; y entonces lo es quando cautivamos nuesiro
éhtendimiérito'ilrt obsequio de la Fé , como el mismo Apostol dice.
(/ )- í o r especies de pán , y viño^ d eb a xo . de las quales se con­
tiene Christo Señor nuestro, se entiende lo que perciben los senti­
dos en el vino , y en el pan , que es el color , la figura , el olor,
y-el-gusto ¿ a l o qual llamamos accidentes sin substancia; por-

* - ■' ' ' ■ ■ - ■ ■ - .1 9ue


S c s f. 1 3 . cán . 1 . (/>) C o n c . T r id . s l- s s . 1 3 . ca n . 1 . (c) IVLuth. 3 6 .
(d) 1, Corioib, 10, (’e) R o n iria. (/) 1. Corintb* 10. *
df.t. SS. Sacram ento be l a E u caristía . i $%
que la substancia del pan se convierte en substancia del Cuerpo
de Christo en fuerza de las palabras de la Consagración, y la
substancia de vino en la substancia d e su Sangre : á la qual con­
versión llama la Iglesia transubstattciaeion , (a) nombre muy pro­
pio, y significativo. Esta conversión , y transmutación de substan­
cia , que se hace en la Eucaristía , se hace por la virtud omni­
potente de Christo , que es el que consagra por boca del Sacer­
dote; y asi , quando en el Sacrificio de la Misa se llega al tiem­
po de la Consagración, (/;) ya no usa el Sacerdote de sus pala­
bras , sino de las de Christo , como advierte San Ambrosio.
De Fé Catholica es , que todo Christo se contiene debaxo de
la especie de pan , y debaxo de qualquiera parte de la misma
especie, y lo mhmo se ha de decir de las especies del vino; L a
razón es , porque aunque Christo , tomando el pan , dixo :• E ste
es mi Cuerpo ; y tomando el Cáliz r dixo : Esta es mi Sa n g re ; no
obstante , como es de Fé , que el Cuerpo de Christo está vivo en
la Eucaristía , y su Sangre también está viva , y es evidente, que
no puede haber cuerpo vivo sin sangre , y sin alma , ni sangre
viva separada del cuerpo ; de aqui es , que de la real presencia
de Christo se sigue , que todo él1 se contiene debaxo de qualquie­
ra especie. Y como dcnde Christo está r Dios ha de estar alli ne­
cesariamente ; de aqui es , que en la Eucaristía se contiene tam­
bién la Divinidad ; porque el V erbo Divino nunca dexó el Cuer­
po , y Alma de Christo una vez tomado en la Encarnación.
Para mayor inteligencia de esta v e r d a d s e ha de advertir,
que aunque el Cuerpo , la Sangre , el Alma , y la í.'ivinidad de
Christo Señor nuestro se contienen debaxo de las especies de pan,
y debaxo de las especies de v in o ; pero interviene alguna diferen-.
cia , o diversa razón : porque debaxo de las especies de pan se
contiene tan solamente el Cuerpo en fuerza de las palabras de Ja
Consagración ; pero la Sangre , el Alma , y la Divinidad se coi>-
tienen en fuerza de natural conexion , y concomitancia. Asi tam­
bién debaxo de las especies de vino se contiene tan solamente la
Sangre en fuerza de las p alab ras; pero el Cuerpo , el Alma , y la
Divinidad por real, concomitancia , como enseña el santo C o n ci­
lio de T rem or
No
(a ) C o n c. T n d e m . sess, can. 3. (¿) Lib, 4 . de S acram ew . cap. 4 .
uum, 14,.
i y4 P a r t e I I . L e c c ió n V .
. N o se me oculta , que alguno deseará pregun tar, jsi quando
se parte la Hostia consagrada se parte también el Cuerpo de Chris­
to? A la qual pregunta se responde, que partida la H ostia, se
parte también la especie, y el Sacram ento; esto e s , el signo sen­
sible ; (u) pero siempre permanece todo Christo debaxo de qual-
quiera parte de la Hostia d ivid id a, por minim» que sea , como sea
perceptible por los sentidos.
L o entendereis mejor explicándoos el modo con que Christo
Señor nuestro está en la Eucaristía , aunque á la verdad , apenas
se puede explicar con palabras, como dice el Concilio de Trento;
(¿) pero él mismo lo explica con estas palabras. D ic e , pues, a>¡:
j>Despues de la consagración del p an , y del vin o, se contiene
» Christo Señor nuestro verdadera , r e a l , y subst anualmente de-
» b axo de las especies de aquellas cosas sensibles. « Y poco des­
pues añad e: » Que Christo está en el Cielo segun el natural modo
« d e existir 5 pero en otros muchos lugares en donde está la Sagra­
se da E ucaristía, existe con su substancia , y está presente á noso-
utros sacramentalmente. « D e donde se c o lig e , que el Santo Con­
cilio explica en quatro palabras el modo con que Christo está en
la Eucaristía : L o prim ero, verdaderamente: Lo segundo, real­
mente: Lo tercero , sacramentalmente : L o quarto , segun la subs­
tancia , ó substancialmente: L o prim ero, quiere decir , que no e¡
imaginación , sino verdad pura , que Christo está en la Eucaristía,
y que alli no está tan solamente como en sign o, fig u ra , o virtud:
L o segundo significa , que en la Eucaristía no hay tan solamente la
figura , o imagen , la som bra, ó semejanza, el signo , o la aparien­
cia , o representación de C h risto , o de su C u e rp o , y su Sangre,
sino el mismo Christo realmente : L o tercero denota , que este Se­
ñor tiene dos modos de e x istir, uno natural, y de este modo exis­
te en los Cielos a la diestra de su Eterno P a d re ; y otro no natural,
sino sacram ental, y este es el que tiene en el Sacramento.de la Eu­
caristía , donde está encubierto, y oculto debaxo de las especies
de p a n , y vino. L a razón por que no existe con modo natural en
la Eucaristía , e s , porque el modo natural de existir requiere que
el Cuerpo sea visible , y palpable , y que e sté , segun la extensión
de su quantidad, en el lugar proporcionado á ella, lo qual no tiene
Christo en la E ucaristía, porque allí n o s e v é , ni está con modo
ex-
SJ
í del SS. S a c r a m e n t o de la E u c a r is t ía . i ??
* extenso . o circunscripüvo sino sacramental: L o quarto significa
i dos cosas 5 porque lo p rim ero, declara que. toda la substancia de
- Christo se contiene en la E u caristía: L o segundo manifiesta , que
t algunas co sas, que no son de substancia de C h risto, o de su Cuer-
't po y su Sangre , sino que pertenecea tan solamente al moda de
‘ existir naturalmente como estar en gran d e, o pequeño lu g a r , y
poderse v e r , y tocar de tod o s, no están en el Cuerpo , y Sangre
de Christo , en quanto se contienen en la Eucaristía. Pero debemos
' creer sin la menor sombra de d u d a , que alli se contienen todos sus
huesos , sus n ervios, y todas las demás partes que pertenecen á la
verdadera razón de Cuerpo de Christo,.
Con la declaración de este termina substancialmente se desatan
muchas dificultades que pueden ocurrir ; porque por él se enseña,
que todo Christo está debaxo de qualquiera p artícu la, por mínima
' que sea, como tiene definido de fé el Santo Concilio de T re n to ; (a)
y que aunque se divida la Hostia , no se divide el Cuerpo de
Christo , según la quantidad , sino que siempre permanece todo el
Cuerpo en qualquiera parte de la Hostia dividida , sin mutación
alguna , ni aumento, ni decremento. Es decir , que Christo Señor
nuestro no está en este Sacramento ocupando lugar correspondien­
te á su magnitud quantitativa, sino que está como substancia; por­
que la substancia d e pan se convierte en substancia de C h risto , y
no en magnitud ., ó en quantidad ; y nadie duda * q\ie la substancia
de alguna cosa igualmente se contiene en pequeño espacio , que
en grande ; porque la quantidad es accidente, y el accidente no
es de la naturaleza de la substancia , lo qual se manifiesta en. el a y -
r e , y en el a g u a , y otras muchas cosas; porque la substancia, y
naturaleza de la agua igualmente está en una g o ta , como en todo
el m ar; y la substancia del fuego igualmente está en una candela,
como en un horno encendido. D e l mismo m odo, la substancia de
pan , antes de la Consagración, igualmente estaba en una peque­
ña , que en uña grande cantidad; y como á la substancia de pan le
succede la substancia del Cuerpo de Christo, de aqui es, que todo
Christo está en toda la Hostia- consagrada , y en qualquiera parte
de e lla , por mínima que s e a ,. .y lo* mismo: se ha de decir del C a -
■liz,.
N o solamente es. licito adorar á Christo en el Santísimo Sacra­
men­
ta) Sess,, 13. can. 3., . - "
i ?ó P arte II. L ección V .
meato de ía Eucaristía , si-no que, como dice San A gu stín « (¿i) pe-
cariamos sino le adorásemos. E l c u lto , y adoraeion que debemos
darle es el sum o, y que se llama culto de la tr ía , como difine de fé
el Santo Concilio de Trento , (¿) el qual d ic e , que la Iglesia C ath o
lica siempre acostumbró darle este culto. Este culto de latría es el
mismo que debemos dar al verdadero D io s; porque en este Sacra­
mento está verdaderamente presente el unigénito Hijo de D io s, de
quien dice el Eterno P ad re, quando le introduxo en el orbe de h
fie r r a , que !e adoren todos los Angeles de Dios - (f) y porque en
él está el mismo D io s , a quienes los Reyes Magos adoraron en el
Porta! de B.'len, y los Apostoles en Galilea, ( d) Este culto debe s¿r
interno , esto e s , cuito de F é , Esperanza, y Caridad , y también
debe ser externo, (f) Pero se ha de a d v e rtir, que á quien se dá no
es al Sacramento , que se llama sign3 sensible, sino á Christo Dios,
y Hombre verdadero , que en el Sacramento está oculto : porque
quando este Señor andaba por el mundo , no se daba adoraeion k
los vestidos con que se cubria , sino a él mismo cubierto con ellos;
y a si, nosotros adoramos al mismo Dios cubierto con las especies
sacramentales. L a razón de lo dicho es , porque el Santo Concilio
de Trento solo anatematiza á los que dijtesen que C h risto , unigé­
nito Hijo de D io s , no ha de ser adorado en el Santísimo Sacramen­
to de la Eucaristía con culto de latría interno, y externo, (/) y por­
que en el capitulo quinto de la misma sesión, diciendo que debe
ser adorado el Santísimo Sacramento , nada mas difine, sino que en
el mismo Sacramento hemos de venerar con culto de latría á Chris­
to Señor nuestro ■lo qual es evidente , porque en el Santísimo Sa­
cramento , todo lo que cae debaxo de los sentidos, esto e s , su sig­
no sensible, no por otra razón se llama , y es Sacramento , sino
porque en él se contiene Christo realmente presente. Y de aquí es,
que á quien adoramos es á solo Jesu-Christo , y no al signo sensi­
ble ; aunque en mas lato sentido hemos de confesar necesariamente,,
que adoramos al Santísimo Sacramento , y entonces esta adoración
no recae en las especies sacramentales , sino en Christo Señor nues­
tro , que se contiene debaxo de ellas. Cierto es también que es lici­
to guardar este Augusto Sacramento en el Sagrario, y Copon aun
des-

í.a) íii Psalm .pií. n. 9. {b) í>ess, 13. can. t . fe) H c ü r .i. 6 . (d ) M uch.

sessV4%aVÍ I7' W K3* <2' SÍ' U) Coacil■Ttld,



\
D E L SS. SACRAMENTO DP- LA EUCARISTIA* 1
í despues de completo el Santo Sacrificio eje la Misa 5 porque , como
! dice el Concilio T ridentino, (a) es tan antigua esta costumbre. en la
Iglesia C ath olica, que el Concilio Niceno también la c o n o c ió , y
+ determina de f é , que se puede hacer. El fin de guardarse la E uca­
ristía e s , para que a qualquiera hora , quando la necesidad, lo p i­
diese, se pueda- llevar á los enferm os, y para que los Fieles ven­
gan a la Iglesia con mayor devocion., y reverencia a ad:orar al
Señor. También es licito exponer publicamente el Santísimo™ Sacra-
' mentó para que los Fieles le adoren , y para qu; en las públicas
necesidades se ofrezca al Eterno Padre la prenda mas segura del
amor que nos tiene; y por ios respetos de su unigénito , nos ampa­
re , y tenga misericordia de nosotros. Igualmente, es lícito sacarle
solemnemente en procesion por las calles,, y p la za s, con toda re­
verencia * y h on or, según la lo ab le, y universal costumbre de
la Iglesia, para que , como dice- el Concilio de Trento (b) se re­
presente el triunfo, y vi&oria de su m uerte, y asi triunfe la ver­
dad de la mentira , y de la h eregia, para que los enemigos de la
! Fé , a la. vista de tanto esplendor , y de tanta alegría de la Iglesia
un iversal, se llenen de coafusion- vergonzosa , y se reconozcan al­
guna vez de sus h ierros; lo qual se hace también para q,ue en- el
modo posible se repare con este honorífico triunfo la falta de re­
verencia , y veneración que todos los dias se comete ; y para que
Christo Señor nuestro derrame con mano liberal sus bendiciones en
todos los lugares por donde pasa-,.
E l fin por que Christo instituyó este Sacram enta, uno es prin­
c ip a l, y otro menos principal. E l principal se reduce á tr e s : E l
prim ero, para que en medio del Pueblo Christiano estuviese Chris-
to r e a l, y verdaderamente presente , aunque escondido-, y oculto:
E l segundo , para que los Fieles tuviesen com ida, y bebida} esto,
e s , un alimento , y refección espiritual, con el q u e , haciendo ma­
mona de sus maravillas nuestro: misericordioso D io s , diese, ua pla­
to de- gusto á los que le temen, y con este espiritual manjar pro­
dujese en nosotros efe<ftos admirables: El tercero , para q,ue diése­
mos a Dios Padre el: sacrificio de alabanza , y de acción-de g ra ­
cias : EL primero mira á la E ucaristía, en quantoes Sacramento sin
Uso: El segundo la mira en quanto es Sacramento con uso'} y el
tercero en quanto es. sacrificio. Los fines secundarios T o menos
_____ _________ __ prirr-
Sess. 1 can,.7. (b) Sess. 13. cap. j,.
i fí? P arte II. L e c c ió n V.
principales son los siguientes: E l prim ero, para que at hombre se
le dé prend a, y señal del infinito amor con que Christo le amó;
pues en este Sacramento derramó todas sus riquezas, y no pudo
dar oirá prenda mas preciosa: E l segundo, para que fuese memo-
rktl de la Pasión de Christo , y anunciásemos su muerte , hasta que
él mismo venga á juzgar el mundo : El tercero , para que fuese urt
estrechísimo vinculo , con el qual los Fieles , como muchos miem­
bros , se unan en un cu erp o , que es C h risto , el qual está en noso­
tros , y nosotros en é l , de tal suerte , que por la participación de
su Cuerpo , y Alma nos hacemos como un cuerpo , y un espiran
con su Magestad , de lo qual dimanan los demás efeftos de la Eu­
caristía ; (ti) y a s i, une a los Christianos entre si mismos como a
miembros de un mismo cu erp o , para que estando conformes , no
haya cismas entre nosotros, sino que todos los que particípame;
de un mismo pan ,, seamos como un mismo cu erp o , y un espíritu:
El quarto , para que por,, medio de este Sacramento tuviese el
hombre todos los bienes, auxilios , y dones espirituales 5 porque la
vida espiritual que recibimos en el Bautism o, y en los demás Sa­
cramentos la conserva, la Eucaristía , la aum enta, y perfecciona;
pues es el alimento espiritual del alma , con que nos sustentamos,
y confortam os, viviendo la vida de aquel Señor , que d ix o : (b) E l
que me come , vivirá por mí: E l quinto , para que el hom bre, es­
tando unido á C h risto , y comunicando de la vida de Christo,
pueda llevar fruto de buenas obras, á semejanza del sarmiento que
está unido á la vid : E l sexto , para que los méritos de la V id a , y
Pasión de este Señor se comunicasen al Pueblo C hrístiano: Et sép­
timo , para dar al hombre prenda , y esperanza de la eterna heren­
cia de la G loria , y gloriosa R esu rrección: (r) E l o fta v o , para
que con este antidoto celestial fuesemos libres de las culpas quoti-
d ía n a s, y nos preservásemos de los pecados m ortales, porque dis­
m inuye, y debilita la propensión que tenemos á lo malo , (d) refre­
na la concupiscencia , comprime las malas afecciones del animo,
y dá: fuerzas para conseguir la perfección de la vida christiana.
Estos maravillosos efedtos produce la Eucaristía siempre que
dignamente se/ecib e; pero si se recibe indignamente no los produ­
ce, sino todo lo contrario. Aquellos la reciben indignamente, que se
atre-
(a) 1. C orinth, 10. ( i’) Joaiin. 6 . (c) Joatin, 6 . {4) S, Bt:niard, S e ta i.
in Coena D om 'n i,
del SS. S acram en to be la E ucaristía . 1J 9
atreven a llegar a esta M esa Sagrada sin las disposiciones necesa­
r ia s , los quales es verd ad que reciben el C uerpo de C hristo como
los dem ás, porque su M agestad está en el Sacram ento r e a l, y subs-
tancial mente pero el que c o m e , y bebe indignam en te, come , y
bebe para sí el juicio tremendo de D ios , porque trata sacrilega­
mente el C uerpo del S e ñ o r ; con el qual claro testimonio del A p os-
30I (¡1) se dem uestra la real presencia de C hristo en el Sacram en­
to. L os efeftos que se siguen de la comunion indigna son Jos si­
guientes: E l p rim e ro , el desamparo de D io s : E l segundo , Ja ce­
guedad del entendim iento: E l te r c e ro , la d u reza del corazon : E l
q u a rto , el aumento de la concupiscen cia: E l q u in to , el espiritu
de discordia: E l sexto, el odio de la v ir tu d , y de la verdad: E l sép­
timo, iodo genero de pecados: É l o c ta v o , la impenitencia final* y
últimamente, la condenación eterna. Sí, Fieles, nada h ay que ofen­
da mas á D ios que la sacrilega profanación del C uerp o , y Sangre
de C hristo Señor nuestro ; y por eso dice el A postol, que h ay m u­
chos en ferm o s, m uchos fla c o s , y que duerm en m uchos.

§. IL

DE LA -PREPARACION P A R A COMULGAR,
y aso de este Sacramento.

E lo dicho hasta aqui con sta, que el Christiano debe preca­

D verse m ucho de no lle g a r á este Sacramento sin grande pu­


reza , y reverencia ; y a s i , debe diligentisimam ente prepararse an­
tes , para recibirle dignamente , lo qual enseñó la M agestad de
Christo lavando los pies de sus D isc íp u lo s, antes de dársele $ (b) y
porque la naturaleza , y condicion de la c o m id a , y bebida piden
que el estom ago esté p re p a ra d o ; porque si estando mal dispuesto
se le administran manjares exq u isito s, y preciosos v in o s , no solo
no aprovechan , sino que causan m ucho daño a la salud. D e dos
modos debe ser la preparación que se r e q u ie re , una que m ira al
a lm a , y otra que m ira al cuerpo. L a del alma consiste en que se
llegue lim pio de toda mancha de pecado mortal • porque la pureza
de conciencia es acu ella vestidura nupcial necesaria p ara entrar al
com -
(ü ) 1. C o rin tli. n . 2 9 , i p ) A la p id . i n c a p , 1 3 . J o a n n . v. a . V íd e C a l -
m et In eod, ca p .
r6o P a r t e I I . L e c c ió n V .
combite del lujo del R ey ; (<;) y a i i , el que se baila en conciencia
de pecado m orral, debe , antes de llegar a comulgar , confesarse
reftamente de sus pecados, aunque le parejea que tiene de ellos
perfecta contrición. (¿>) Pero aunque es cierto que si se recibe debi­
damente el Sacramento de la Penitencia, es bastante disposicio;i
para com ulgar, con to d o , debemos temer que muchos penitentes
Jio están realmente absueltos delante de D io s; porque muchas ve­
ces acontece , que aunque se reciba la absolución sacram ental, per­
manece siempre el mismo reato del pecado por haber sido conce­
dida temerariamente; pues en tal caso , no se desata en el Cielo lo,
que el Confesor desata en la tierra. Por tanto, para ocurrir a e^e
inconveniente, se debe con suma diligencia b u scar, y elegir na
Confesor d o fto , y muy versado en el régimen , y dirección de las
alm as, á cuyas amonestaciones, y consejos se ha de prestar Iíj I
obediencia , y sin que preceda su consejo no se ha de llegar a la
Sagrada Comunion. Debese también poner mucho cuidado en sa­
b e r, y reducir a práctica todo lo que es necesario para recibir
rectamente el Sacramento de la Penitencia , segun queda arriba ex­
plicado. Ultimamente , debemos llegar á esta Sagrada Mesa pene­
trados de viva Fé , Esperanza firme , Caridad ardiente , humildad
p ro fu n d a , agradecimiento de tan singular beneficio , y con grande
de ¿eo, y apetencia de recibir este espiritual, y soberano manjar.
L a preparación corporal consiste , en que se llegue en ayuno
n a tu ral, lo qual instituyeron los Santos Apostoles. E l ayuno natu­
ral es abstenerse totalmente de toda com ida, y bebida , a lo menos
desde la media noche del dia antecedente. De esta regla general se
exceptúan los enferm os, á quienes se dá el Sagrado V iatico ; por­
que estos, urgiendo la necesidad, pueden comulgar por viatico a
qualquíera h o ra , aunque no estén en ayuno natural. Además del
ayuno n atu ral, deben, los que ván a comulgar , ir con gran mo­
destia , y reverencia en el semblante , en los ojos , y en el adorno
del cu erp o; (í ) y particularmente , conviene que los casados se
abstengan el dia antes del uso del matrimonio, con tal que haya
mutuo consentimiento de los d o s, lo qual no es de precepto, ha­
biendo alguna causa ju sta, sino de consejo , por la reverencia de
tan alto Sacramento.
No
(a ) iVlaui), 2 i 2. (l>) C o n cii. TridciK . sess. 1 3 . can. 7. i. C oriniti.
*f*
7 J*
<
DE LA PREPARACION PARA COMULGAR, ló r
No se puede dudar, que no hay cosa mejor, ni mas útil que fre-
quentar dignamente la Sagrada Comunion; pero no se puede dar una
regla general, señalando el tiempo para todos, porque no todos se
preparan igualmente. Solo podemos proponer aquella norma certisi*
jna de San Agustin : V iv e de tal manera , que cada día puedas comal-
g a r , que es decir , que si el hombre estuviese preparado para c o ­
mulgar quotidianamente, debería todos los dias com ulgar; y que
los Fieles debemos con grande estudio procurar esta preparación,
para que si posible fuese comulgásemos todos los días • ;y asi co ­
mo la vida de muchos es poco correrpondiente á la santidad de Ix
christiana profesion , por eso no a todos generalmente se les ha de
aconsejar la frequente Comunion , sino solo á aquellos que soa
dignos de tan grande beneficio por la santidad de su v id i. Esta es
la mente de la Iglesia; por lo q u a l, lo que se ha de aconsejar a los
demás e s , que hagan verdadera penitencia de sus pecados, y que
habiendo hecho dignos frutos de penitencia, entonces podrán lle­
gar con frequencia á la Sagrada Mesa del Altar, (a)
Para que alguno pueda frequentemente recibir el C u e rp o , y
Sangre de Christo se requiere : L o primero , no solo la pureza de
conciencia de toda mancha de pecado m ortal, sino también de to­
do afeito de pecado ven ial: L o segundo, que tenga grande ham­
bre de recibir este espiritual alimento , y grandes deseos de bus­
ca r , y poseer al Sumo Bien Christo Señor nuestro. Por afeito de
pecado venial se entiende aquella afección , 6 disposición de ani­
mo , por la qual alguno ni se duele del pecado venial cometido,
ni repara en cometerlo , ni quiere enmendarse de é l ; y a s i, á los
tales se les debe prohibir la frequente Comunion , porque en tal
disposición de animo no se halla aquel fervor que es necesario , si­
no mucha tibieza, y floxedad , que impide los efectos de la Conm -
nion ; por lo q u a l, se puede temer mucho que con el frequente uso
de ella , no solo no se aumente la g racia , sino que poco á poco se
vaya disminuyendo. (b) ¿Pues qué diremos de los que pasan la vi-
•da en -delicias , en juegos , en ociosidad , que entre tanto asisten
á los espectáculos profanos; y en una p alabra, que son amadores
del mundo, que siguen sus opiniones , y maximas erradas 3 Estos,
a la ve rd a d , conducen una vida m a la , y agena de los preceptos
del
■ (a) S. Carol. in instruí, huchaost. {b) S. Basilms lib. i . de Baptisro.
cap. 3.
L
i6 i ' P arte II. L e c c ió n V.
del Evangelio, y asi nunca deben llegarse á [la Sagrada Comunion,
hasta tanto que entablen, nueva, v i d a , y hagan dignos frutos de
penitencia de la. mala vid a pasada, (a)
AquelLos, pue^, que. están limpios de toda mancha de pecado
mortal , y que se arrepienten de los veníales , no obstante que caen
en ellos muchas veces por fra g ilid a d , aunque tengan firme pro­
posito de evitarlos , deben com ulgar frequentemente , porque pa­
ra ellos es la Sagrada Comunion. remedio contra los pecados pasa­
dos , y escudo contra todas las invasiones del enemigo. (¿) i\Ias
con todo e so , les conviene algunas veces abstenerse de comulgar, ¡
por mayor hum ildad, y reverencia , pero con tal que no se re-
traygan demasiado, y con tal que a esta abstinencia acompañe la
penitencia saludable ■con la qual mas purificados, vuelvan luego
mas alegres , y mas. santos a gozar el soberano com bite, no sea
que con e l pretexto de humildad , y reverencia se hagan negligen­
tes , y secos de co razo n , por haberse olvidado de comer su Pan,
como decia. el Profeta, (r)
N o podemos negar., que la participación del Cuerpo , y San­
gre de Christo es. necesario para la eterna saLud k los adultos, co­
mo consta de las palabras del mismo Señor , que dice : S i no comie­
seis la Carne del H ijo del Hambre , y bebiereis su. Sangre , na ten­
dréis vida en vosotros mismos* (d) E l sentido de estas palabras uno
es literal , y espiritual otro. E l literal es eV que denotan las mis- :
mas p alab ras, en cuyo sentido se han de entender de la Sagrada
Comunion , en eL qual solo miran á los a d u lto s, mas no á los pár­
v u lo s , que. han renacido en Christo pot-el Bautimo • porque, c o ­
ito dice el A p o sto l : Nuda de damnación hay para los que están re­
engendrados en Christo j jesús. (e) Y como los párvulos renacidos
por el Bautismo y a están incorporados con Jesu-Christo, y no
pueden perder la gracia bautismal sino por el pecad o, de quien no
son capaces a ú n ; de aqui e s , que si las palabras dichas se toman
a l a le tra , deben entenderse solamente de aquellos que pueden lle­
garse voluntariamente á com ulgar, y discernir el Cuerpo de Clins-
to de los manjares comunes;-(/ ) de cuyo discernimiento, ó discre­
ción solo son capaces los adultos.
El
(aj S , Joaim , Cm ys<M . ¡íoimi. 7. ¡u M ^ aii. (b) 5 . Arnbios. lib. 4. di
Sacram. cap. n. a8. (c) Psalm. io i. j , (á) Joaun. ó. J4. (e) Rom. 8‘
1 ConCí Tri d. scss* i i . cap, 4,,
p e l a P r e p a r a c i ó n p a r a co ?¿í u l g a r . , 163
E l sentido espiritual de las dichas palabras de Christo e s , que
la fé en é l , esto es , el creer en Christo Dios , y Hombre verdade­
ro , es necesaria para la eterna sa lu d , y no menos necesario es
unirse al mismo Señ or, como los miembros se unen a la cabeza,
cuya unión se verifica en la participación de su Cuerpo , y Sangre;
pero como por el Bautismo comunicamos también espiritualmente
del C u e rp o , y Sangre del Señ or, por e s o , si entendemos dichas
palabras de esta espiritual Com unión, es indubitable que también
pertenecen a los párvu los; porque n a d ie, sino es reengendrado en
Christo , puede conseguir la eterna salud.
Cierto es que antiguamente en algunas Iglesias se daba la C o ­
munión á los párvulos ; pero ya por autoridad de la Iglesia uni­
versal está quitada la tal costumbre. L a edad competente para p o ­
der dar a los niños la Sagrada Com union, es quando se conozca
que están capaces para recibirla , que será quando estuviesen su­
ficientemente instruidos en los Mysterios de la Fe ; que puedan
probarse á sí mismos; que disciernan el Cuerpo , y Sangre de
Christo del manjar común , y usitado - esto es , qtíando conozcan
que alli está realmente el C u e rp o , y Sangre de Christo , y que ten­
gan algún conocimiento de los efeílos de este Sacramento. Item,
que sepan el e u lto , y veneración que se le d ebe, y que es necesa­
ria la preparación, y devodon para recibirle. E lin q u ir ir , y ju z­
gar esto pertenece á los padres, á ios P árro cos, y al Confesor con
quien confiesan sus pecados; y estos mismos deben procurar que
sepan las cosas dichas , para que puedan satisfacer al precepto de
la Iglesia, á que están obligados despues del uso de la razón.

§. IIL

SOBRE EL SA C R IF IC IO D E LA M ISA.

Ste nombre M is a , segun Santo T h o m ás , significa una cosa em-


E biada por Dios a nosotros , que es Christo embíado como
Hostia de su Eterno Padre para nuestra salud , o significa una co­
sa que el Pueblo Christiano embia á D io s , porque el Pueblo en el
Sacrificio de la Misa embia á Dios sus preces por ministerio de los
Sacerdotes , y estos hacen lo mismo por el de los Angeles, (a) Pe­
ro
C?) D . Thom. 3. p. q, 82. art. 4. adp.
L 2
1 64 P a r t e II. L e c c ió n V .
t o hablando rigorosam ente, no es otra cosa la Misa , segun se co­

lige del Concilio Tridentino , (a) sino el mismo Sacrificio ofrecido


por Christo en el ara de la C r u z , y solo diverso en el modo de
ofrecerse 5 esto e s , el Sacrificio del Cuerpo , y Sangre de Christo
baxo de las especies de pan , y vino , con la representación de st¡
P asión, instituido , y ofrecido por él mismo á honor de Dios , y
por la salud de todo el mundo. Este Sacrificio-le instituyó Christo
el dia antes de su Pasión , como ya dixim os; y entonces dió potes­
tad á k)s Apostoles , y a sus succesores p:tra hacer lo mismo que
hizo su Magestad , y para ofrecer el Sacrificio que él ofreció quan-
do les dixo : Haced esto en memoria mía ; y a s i, ios O bispos, y Sa­
cerdotes hacen en este Sacrificio las veces de Christo , y son Minis­
tros suyos • porque su Magestad es el prim ero, y principal Sacer­
dote de é l : él es el que convierte el pan , y vino en su verdadero
Cuerpo , y S an gre; y él es el que se ofrece Hostia viva á su Eter­
no Padre. (¿) E l fift por que se ofrece el Sacrificio de la Misa es:
L o prim ero, para dar á Dios suma alabanza , y sumo honor ■por­
que este es holocausto, o sacrificio latréu tico, con el qual se dá
a Dios el supremo culto de latría ; en él se ofrece Christo todo a
su Eterno P a d re , asi como se ofreció en el ara de la C ruz , y se
ofrece continuamente en el Cielo ; y no podemos adorar a Dios
con a íto de religión mas grande , ni mas agradable á ia su-
•prema M agestad , que ofreciendo á C h risto , y á nosotros con
Christo a la Santísima Trinidad : Lo segundo , se ofrece para dar
gracias a Dios por los beneficios recibidos, que por eso se llama
por antonomasia Eucaristía ; y nada hay mas eficaz para dar á
Dios g ra c ia s, que ofrecerle al mismo Christo , que es fuente de to­
das las g ra c ia s ,^ de cuya plenitud recibimos todos nosotros : (V) Lo
terc ero , se ofrece para dar satisfacción por nuestros pecados; por­
que- es Sacrificio p ropiciatorio, lo qual consta de las mismas pa­
labras conque fue instituido, y de la tntdicion ■porque siempre
ha juzgado la Iglesia , que este Sacrificio se ofrece por 1a remisión
de los pecados, como se puede ver en San C yrilo , en San Juan
Chrysostom o, en San Geronym o , y San Agustín, (d) A estose
junta la ra zó n ; porque á la verdad , nada hay que pueda apla­
car
(,<j; 32. c jp . a. ií’ ) L). i 'a o m . 1, 2. tj. 10 a. a n . 3. aJ 8. & fo,
aann. 1. ± 6*. (¿) S. C y ril. c a c e c .;. M ista». S .C 'i m o s t . hom ,3. ín Ep.
a¡i Ephes. S,Hieron, cap. i . Ep.a 4 TÍ£,-S< Aug, C on fes, lib * £• cap-12.
S o b r e e l S a c r if ic io d e l a M i s a . i C^
car mas a D io s, ni hacerle propicio para nosotros, que ofrecerle
el Cuerpo , y Sangre'de C h risto, quien.una vez se ofreció asimis­
mo á Dios Padre en el ara de la C r u z , como propiciación por
nuestros pecados: L o quarto , -se ofrece para alcanzar nuevos be­
neficios de la divina liberalidad , porque es impetratorio ; y nada
podemos conseguir de Dios sino por Christo Señor nuestro ; y co­
mo en este Sacrificio ofrecemos al mismo Christo , que es el único
mediador por quien nos llegamos al Padre, (a) de aqui e s, que quien
nos dá á su Hijo para ofrecerle en este Sacrilício , nos dará con él
todo lo que le pidamos. (b)
Aqui podrá preguntar alguno de esta forma : ¿ Si el Sacrificio
de ia M isa es propiciatorio , bastará que los Christianos le ofrez­
can con f é , y con íntimo afeito del corazon , para conseguir et
perdón de los pecados, sin que sea necesario recibir el Sacramen­
to de la Penitencia? A lo qual respondo , que el Sacrificio de la
Misa , ofreciendole con afeito íntimo del corazon , vale para con-i
seguir la remisión de los pecados veniales, sin el Sacramento de
la Penitencia ; pero acerea de los pecados mortales sirve este Sa­
crificio, para que aplacado Dios por é l , nos dé la gracia de com­
punción , y todo lo demás necesario para recibir debidamente el
Sacramento de la Penitencia, Esto es lo que ensena el Santo Con­
cilio de Trem o ; (V) y la razón es , porque no de otra manera es
propiciatorio el Sacrificio de la C r u z , de donde tiene toda su vir­
tud el Sacrificio de la Misa ; y como aun despues del Sacrificio de
ia Cruz no se perdonan los pecados sino por medio de los Sacra­
mentos , los quales tienen toda su eficacia, y virtud del Sacrifi­
cio de la Cruz , por cuyo mérito , aplacado D io s , dá la gracia
de compunción , y todo lo demás necesario para recibir debida­
mente los Sacramentos; de aqui es, que sin recibir el de la Peniten­
cia no se perdonan los pecados mortales.
Este Santo , é incruento Sacrificio de la Misa se ofrece á. solo
D io s , como consta del principio del Canon de ella , y del Concilio
de Trento. (d) Y aunque vulgarmente se suele decir , la Misa de la
V irgen , la Misa de San P ed ro, la Misa de San P a b lo , la Misa de
D ifuntos, esta formula de hablar denota , que la M isase celebra
en h on or, y memoria de la V irgen nuestra Señora , de San P edro,
x 66 P arte II, L ección V .
o de San Pablo , o por los Fieles difuntos. E l fin que tiene la Igle­
sia , haciendo memoria de los Santos en la Misa , es para que nos
congratulemos co a e llo s, y hagamos gracias a Dios por sus vifto-
f i a s , y triunfos.; para que nos excitemos con su exemplo a su imi­
tación , y para que por su intercesión alcancemos por Christo
lo que nos es necesario para la eterna sa lu d ; pues no es dudable,
que se dignarán, interceder por nosotros en el Cielo aquellos cuya
memoria, celebramos en la tierra. También se hace memoria en este
Sacrificio de ios. Fieles v iv o s , y d ifu n to s, porque la Misa es un
Sacrificio de toda la Iglesia , et qual ofrece su Cabeza Chriito Se­
ñor nuestro. L a Iglesia Militante se une con él para ofrecerle , y .se
une también, con la. T riu n fan te; y una,, y otra implora la divina
m isericordia, por medio de Christo , para el consuelo', y alivio de
las almas del P u rg a to rio , que constituyen la Iglesia Paciente,
ofreciendo á Dios la satisfacción , y méritos del Salvador , para
que salgan del profundo lago , y posean el lugar de la luz , de la
paz , y del refrigerio*
Pero aqui hay que advertir mucho, que la Iglesia no ha creido
como cosa, de F é , que quando se celebra por Los difuntos cierto
ttumero de M isas, b se dice la Misa en A lta r privilegiado , salga
al instante el alma del P u rg a to rio , (o) porque hasta ahora no ha
definido tal cosa la Iglesia, Solo ha definido- acerca de esto en el
Concilio Tridentino t según la tradición Apostólica , que hay Pur­
gatorio , y que las almas que hay alli destinadas son ayudadas con
los sufragios de los F ie le s,. especialmente coa ei aceptable Sacrifi­
cio del Altar..
También se ha de n o tar, que nunca se ofrece el Sacrificio de
la M isa por un hombre vivo , o difunto , sin que juntamente se
ofrezca por todos los F ie le s, porque la Misa es Sacrificio de toda
la Iglesia , y pertenece á la comuh utilidad, y salud de todos. Pe­
ro fuera de esta memoria general de los viv o s, y difuntos, siem­
pre ha sido costumbre hacer especial commerroraclon de ios vi­
v o s , b difuntos, por quienes particularmente se ofrece el Sacrifi­
cio ; como consta de varios C on cilios, y Santos Padres , San Ci­
priano , San. A m brosio, San Agustin T y San Gregorio..
Para asistir como se debe al Sacrosanto Sacrificio de la Misa,
deben los. Fieles estar en ella con mucha f é , confianza, y reve­
ren­
te ÜttiA t ¡ , D u reu de Purgatorio*.
S o b r e e l S a c r if ic io , d e l a M i s a , 167
rencia. Con mucha f é , porque con sola ella se comprehenden, y
entienden los M ysterios contenidos en este Sacrificio: con confian­
za , porque , como dice el A p o s to l, se ha de llegar con ella al trd-
no de la g ra c ia , y de la mísericerdia ; pues 110 hay cosa que pueda
exercitar mas la confianza de los Fieles , que mirar á Christo coa
los ojos de la f e ,q u e se ofrece á sí mismo Hostia viva á su E ter­
no Padre por nosotros: con reverencia, porque nada hay tn sis
santo , ni mas venerable que el Sacrificio de la Misa,
Acerca de esto se hablará mas largamente quando tratemos
del precepto Eclesiástico de oir Misá.

LECCION VI.
DEL SACRAMENTO DE LA EXTREMA-,
Unción.
A Extrem a-Unción «s un Sacramento que instituyó Christo
L Señor nuestro para dar á los Christianos enfermos , por me­
dio de la unción del Sacro Oleo , y la oracion -del. Sacerdote , lo*
auxilios necesarios para sufrir con paciencia las molestias de la en­
fermedad ; (a) para fortalecerlos contra las tentaciones del Dem o­
n io , y para dar -salud al alm a, y cu erp o, si le conviene. D e F ¿
Catholica es , que la Extrema-Unción es propiamente Sacramento,
como consta de la Escritura , y tradición Apostólica. De la E scri­
tura , porque Santiago dexó escrito expresam ente: fb) Que el
Chrístiano que cayese enfermo , llamase á los Sacerdotes de la Iglesia
para que orasen sobre é l , v le ungiesen con Oleo en el nombre del S e­
ñor ; asegurando , que la oracion de la f é salvará al enfermo , y el Se-
ñor le a liv ia rá ; y si estuviese en pecados , se los perdo/iará. Consta
de la Apostólica tradición , porque la Iglesia Catholica siempre ha
creíd o, y enseñado, que los Apostoles daban á los Fieles la un­
ción , como que realmente era Sacram ento, y de él hacen mención'
los mas antiguos Padres de la Iglesia. Esto mismo convence la ra­
zón fundada sobre la autoridad ; porque el Sacramento es un signo
sensible que causa g ra c ia : E l signo sensible le tenemos en la -unción
del Oleo, y en la oracion, y la gracia en los efectos ya dich os; y á
___________ _____________________ de-
( tf) Jacob. í , 1 4 . (Ir) C o n c. T ríd ; ses'si 14 . cap. x, Extrem . U n íl. ■
L 4
16S P a r t e II. L e c c ió n VI.
demás de esto , como dice el Tridentino y la unción significa , y re­
presenta aptisimamente la gracia del Espíritu Santo , con la qual
-invisibleimenfé es ungida el alma del enfermo. También es de fé,
que este Sacramento es uno , aunque se administra eon muchas
unciones, y cada una tiene sus propias preces , y s.u forma pecu­
liar ; porque aunque no sea uno en la continuación de partes., que
no se puedan d iv id ir, es uno en la perfección i asi como una casa,
un P ueblo, un exercito se compone de m uchos, los quales , aunque
estén divid id os, son una misma co sa , asi también este Sacramento
es u n o , aunque son muchas las unciones.
(a) La materia de este Sacramento es el O le o , o aceyte de oli­
vas bendito, o consagrado por eL O bispo*, lo qual instituyó Cliris-
to , porque significa aptisimamente el efefto de este Sacramento.
L a fo,rn}a es aquel la. solemne deprecación que hace el Sacerdote en
Cada una de las unciones , quando dice : P or esta Santa Unci'vn te
perdone D ios toda lo que pecaste , par los ojos , por e l taSlo , & c . (Vj)
E l Autor de este Sacramento fue Christo Señor nuestro , como en­
sena la Fé.T y le prom ulgó el Apostol Santiago, del qual se hace
también :mencioii en el capitulo sexto de San M arcos., quien refiere,
que .Christo: Señor-nuestro e á b ió delante de sí de dos en dos k sus
D iscíp ulos, los.quales predicaban penitencia., lanzaban los Demo­
nios , y ungían con Oleo a. muchos enferm os, y los sanaban; ía
qual unción se debe creer firmemente que fue instituida , y man­
dada por Christo , y no inventada por los A postoles; asi como de­
bemos creer,, que la virtud que tenía no e ra .n a tu ra l, sino mística,
y que mas principalmente fue instituida para dar salud ;il alma,
que al cuerpo. Que este Sacramento fuese instituido por Christo ¡o
enseñan los Santos Padres Dionysio , Ambrosio , Chrysostomo,
G regorio el M agno y y toda la Iglesia Catholica.
E l Ministro, de este Sacramento es el Sacerdote; pero su ad­
ministración pertenece á solos los Párrocos ; aunque es verdad,
que faltando el P á rro c o , y urgiendo el peligro de m uerte, debe
qualquiera Sacerdote administrarle, (r) D igo Sacerdote Secular,
porque la Silla Apostólica lo tiene prohibido á los Regulares, quari'
do no son llamados por el Párroco para e llo , ni han obtenido su li­
cencia especial. (d'j Pero no faltan muchos Theologos que atírmen,
que
ia - jS. 14. cap. 1. (b) S'-ss, 7 , iai¡. 1. isc) G jik . :j iv-. McJiol, y*
sub S» Cdrol. pait, u tir . ult. [d] Clemenc. lib. 7. tic Vüv'4 c¿. cap. 1.
del Sacram ento de la E xtrem a- U nció n. 169
que no incurren en Ja pena de la excomunión lata , reservada á su
Santidad , los Regulares , que administran la Extrema-Unción a l
enfermo m oribundo, a falta del P á rro co , o Presbytero Secular;
porque no es de creer que la Iglesia intente privar á los moribun­
dos de este beneficio, en defefto del P á rro co , o su delegado , por­
que tal vez se privarían de la salud eterna ; lo que podría suceder
si tuviesen pecado mortal sin perdonar, ó no fuesen fortalecidos
con el Oleo Sacro para vencer las tentaciones peligrosísimas del
Demonio.
Los sugetos a quienes se debe dar este Sacramento son los
Christianos adultos que están enfermos, y en peligro de muerte;
pero no se ha de esperar al tiempo critico en que el enfermo esté
destituido de toda esperanza de v id a , y menos á que esté privado
de los sentidos; porque este Sacramento se instituyó para reco­
brar , si co n viere, la salud del cu erp o; y se pecaría gravísim a-
mente si se esperase á que el enfermo esté privado de los sentidos;
porque aunque este Sacramento , por virtud s u y a , y por parte de
Dios , siempre es medicina saludable ; con todo , es indudable,
que se consigue mayor fruto quando el enfermo le recibe con fé , y
religiosa d evo ción ; lo qual no puede hacer quando está privado
de los sentidos.
N o se debe dar este Sacramento á los que están sanos , y fir­
mes en el cuerpo ; porque como sea instituido no solo para la salud
del alm a, sino para m e d iá is deí cu erp o , por eso se ha de dar
solo á Jos enfermos que padecen enfermedad grave , y no á los que
la padecen leve. T am poco se debe d ar a otros quaíesquiera , aun­
que estén en peligro de m uerte, como á los que navegan , o están
en guerra , o condenados al suplicio de muerte. Tam poco se debe
dar á los que carecen del uso de la razón , ni a los niños que no
tienen pecados, cuyas reliquias se han de borrar por medio de es­
te Sacramento ; ni á los amentes, que nunca tuvieron uso de ra­
zón , pero sí á los que la tuvieron, y luego les faltó ; porque la en­
fermedad Jes causó la dem encia, o frenesí, con tal que quando
estuvieron en su juicio hubiesen significado su deseo, y piedad
acerca de este Sacramento r (¿) el qual se puede reiterar siempre'
«jue el enfermo convaleciese, y saliese del p elig ro , y despues de
algún tiempo volviese al mismo peligro de muerte.
170 P a r t e II. L e c c ió n V I.
Los efeftos de este Sacramento son q u a tro : E l primero causar
la g r a c ia , con la qual se perdonan los pecados que el enfermo tu­
viese sin e x p ia r: E l segundo , limpiar las reliquias del pecado : El
tercero , aliviar el alma , y confortarla , excitando en ella una gran
confianza en la D ivina misericordia , con la qual , sublevado el en­
fermo , tiene por leves los' trabajos, é incomodidades de la enfer­
medad , y resiste con mas facilidad las tentaciones del Demonio:
E l quarto, dar salud al cuerpo , si conviene para bien del alma.
Quáíes sean los pecados que se perdonan por medio de este Sacra­
mento , si sean los m ortales, o veníales , 110 lo ha definido la Igle­
sia expresamente , y por eso varian en este asunto los Theologos;
pero lo cierto e s , que el Apostol Santiago , hablando del efefto de
este Sacramento , no distingue entre unos, y otros , sino que abso­
lutamente dice : Que si está en pecados el enfermo , l? será') perdona­
dos ; y el Concilio Tridentino también dice , que los pecados que
hubiese sin expiar, (j) Por reliquias del pecado , las quales limpia
este Sacramento , se entiende lo que se sigue del mismo pecado, que
e; la mayor inclinación del corazon del hombre a lo malo, la obscu­
ridad, b torpeza del entendimiento, la nimia ansiedad, y temor de la
m uerte, y d¿l horrendo juicio de Dios , como explica San Carlos
Bdrromeo. (¿>) Y a s i, no solo confirma este Sacramento el corazon
del hombre para desterrar el nimio terne.:- de la m uerte, la tristeza,
y perturbación , sino que causa g o z o , y alegria al enferm o; de
tal m odo, que le prepara á volver á Dios gustosamente la vida que
le dió , como en deposito : se a le g ra , y debe alegrarse de que se
acerca la hora en que hace poner ün a sus m iserias; y se le abre la
puerta para entrar en la eterna Bieuaventuranza, con cuya espe­
ranza se recrean los verdaderos Christianos.
Aqui conviene advertir , que si el temor de la muerte procede
de legitimo principio , entonces no contiene en sí cosa mala ; pero
si procede d “ mal principio el temor , entonces es malo; explicóme.
Si alguno temiese la muerte por el dolor que siente en dexar los
gustos del mundo, á tos quales está tan asido, que qu isiera, si ue-
ra posible , gozar de ellos eternamente, este tiene el corazon cor­
rompido, y está en estado de condenación, (c) Pero no tiene nada de
vicioso el temor de la muerte por la inata propensión que cada uno
tie-
(a) Sess. 14 . de bxcrem. Uncí. c jp . 1 . (¿) Iim c u íl. Extrem . U n ít, p. 4.
pag. 4 4 9 . (c) S . A u g . in Psalm . 8 j . n, n .
del S a c r a m e n t o d e l a E x t r e m a - U n c ió n , 171
tiene á su conservación, el qual temor quiso también Christo expe­
rimentar para consuelo de sus escogidos, (a) También es lícito te­
mer la m uerte, al considerar Ja multitud de nuestros pecados, por
la estrecha cuenta que de ellos hemos de dar al justo Juez , y por­
que no sabemos cómo saldremos de este juicio rigoroso ^ pero este
temor se debe templar con fé christiana, y esperanza en la Divina
misericordia , por los méritos de Cliristo. Por ultim o, todos esta­
mos obligados á sufrir con paciencia , y con humildad de corazcn
la muerte que Dios nos embia, como pena debida a nuestros peca­
dos , sino hemos llegado a ser tan perfectos que la recibamos con
alegría , y regocijo , como fin de nuestras miserias, y principio de
nuestra eterna felicid ad ; y a s i, morirá en pecado mortal aquel que
no ofreciese a Dios su vida en sacrificio, con espíritu de humil­
dad , y de penitencia. (¿)
E l Sacramento de la Extrema-Unción 110 es absolutamente ne­
cesario para nuestra eterna salud , pero no puede dexarse de reci­
bir por negligencia, sin p e c a r, porque se constituye enemigo de sí
mismo • y por eso peca aquel que oprimido con las angustias de ia
enfermedad , es negligente en procurar recibir los grandes frutos
que causa este Sacramento. (V) Y aun dice el Tridentino , que quien
le desprecia , hace una injuria grande al Espíritu Santo. Para reci­
birle dignamente se requiere que el sugeto se prepare ,• porque cau­
sa gracia , y esta pide preparación en el recipiente , la qual consis­
te : Lo primero , en borrar con la penitencia el pecado m ortal, que
es quien impide el recibir la gracia : L o segundo , se requiere que
el enfetmo^tenga espíritu de Fé , de Esperanza, de deseo de e^te
Sacramento, y de sus e fe fío s , (lo qual pertenece a la Caridad) y
devocion, y reverencia. Espíritu de f é , porque el enfermo debe
entregarle al Sacerdote para ser ungido con aquella fé que anti­
guamente acostumbraban á ofrecerse á sí mismos los que habían de
ser sanados por los Apostoles. Espíritu de esperanza, porque el
enfermo debe lo primero esperar , y pedir la salud de su alm a, y
despues la del cuerpo , con condicion de que convenga para su
bien espiritual. A este Sacramento de la Extrema-Unción debe
preceder, en quanto sea posible, el Sacramento de la Penitencia;
porque los Santos. P adres, y Concilios llaman complemento de
Ja
(a-j L k m s n m .1 9 7 . dtr D i v a s , c a p .a , n .j - b) S .A u g . tra & .s . in E p . r.
Jollín, cap.4. n ,3 . \c) C e n e . Tritj. sess.í4. c a p .j , (<f; C o n C rT rid , sess.¡4.-
ij7 P a r t e II. L e c c ió n V I.
la Penitencia á la Extrem a-U nción, el qual se llama asi • porque
este Sacramento limpia las reliquias de los pecados, como ya dixi-
mos. Y aun también debe guardarse la perpetua costumbre de la
Iglesia de recibir el Sacramento de la Eucaristía antes que la Ex­
trema-Unción , como dice el Cathecismo de San Pió V . aunque es
verdad que antiguamente en algunas parres se administraba la Ex­
trema-Unción antes que el V iatico.
E l enfermo que está en sus sentidos debe tener el animo atento
a las preces de la Iglesia; y en espiritu de humildad , y animo con­
trito pedir el perdón de todo lo que pecó por cada uno de los sen­
tidos que se ungen. Luego que haya recibido este Sacramento , de-
he emplear todo el tiempo que le resta en la oraeion , en acción de
gracias por tan grande beneficio recibido , en afectos amorosos á
D io s , y en la meditación de la muerte , y de la eternidad. En una
palabra , debe ejercitarse continuamente en Afilos de F é , Esperan­
z a , y Caridad. Los demás Fieles que asisren a la administración de
este Sacramento deben rogar á Dios por el enfermo , con las mismas
preces que dice la Iglesia por ministerio del Sacerdote ; y volvién­
dose á su corazon , considerar la fragilidad , y miseria de esta vi­
da m o rtal, y no olvidarse de la eternidad que nos espera des­
pués de elja.

LECCION VII.
DEL SACRAMENTO DEL ORDEN.
L Orden es un Sacram en to , por el qual se dá al ordenado po-
E i testad, y gracia para exercer las funciones públicas que mi­
ran al culto de Dios , y a la salud de las almas. Solos los Obispos
tienen autoridad para conferir este Sacramento , como consta de la
Escritura. Los efeftos de él son : Lo primero , la potestad de exer­
cer los oficios que son propios de cada uno de los Ordenes : (íi) Lo
segundo, la gracia para ejercerlos sa n ia , y laudablemente: Lo
tercero , el carafter , que no se puede b o rra r; por lo qual no se
puede reiterar este Sacramento. (/;) Las Ordenes son siete , quales
son , Orden de Hostiario , de L eítor , de Exorcista , de A c o ly to ,
de
del Sacram ento del O r d e n . 173
de Subdiacono, de Diácono , y de Sacerdote j de los qnales los
quatro primeros se llaman m enores, y los tres posteriores se l l a ­
man m ayores, y sagrados. También podemos decir , que el Obis­
pado es el oítavo Orden , porque los Obispos son superiores á los
Presbyteros en el carefter-, en la autoridad espiritual, y en las
funciones, asi como los Presbyteros son superiores a ios Diáco­
nos , y estos á los Subdiaconos, y demás Ministros inferiores. (a)
L a Tonsura no es Orden , sino una disposición , y preparación pu­
ra las Ordenes. Aqui se ha de advertir , que no obstante lo dicho,
no hay mas que un Sacramento del Orden , de quien cada uno ob­
tiene la mayor , o menor plenitud , segun el mayor . ó menor gra­
do a que es promovido. (¿) La materia de este Sacramento es lo que
el Obispo alarga , ó entrega al O rdenando, para que lo toque. L a
forma son las palabras que profiere el Obispo , las quales pronuncia
por modo im perativo; porque asi corno la potestad se deriva de
Christo en el O bispo, asi del Obispo se deriva en el que se ordena.
E l fin de este Sacramento es instituir , y consagrar d ign os, é ido-
neos Ministros para celebrar el Sacrosanto Sacrificio de la Misa.
A cerca de este fin se deben considerar quáles sean las funciones, y
ministerios para que se instituyen los Ministros en este Sacramento,
y quiénes, quántos, y quáles son , y deben ser los dichos Minis­
tros.
Las funciones sagradas, y eclesiásticas, para las quales fue
instituido el Sacramenta del Orden , son quatro : L a primera ofre­
cer dignamente á Dios el Sacrificio , ó darle digno , y público cul­
to ^ y a esia función se dirige cada uno de los Ordenes , según su
g ra d o : La segunda, e x e rc e re l oficio de Internuncio , o mediador
entre D io s , y el Pueblo ' y esta es propia del Sacerdote, á quien
sirven los Ministros inferiores , según su g ra d o : L a tercera , es
efe&uar , y administrar la Sagrada Eucaristía , y es propia del Sa­
cerdote , pero le ayudan en esto los demás Ministros : L a quarta,
es enseñar, y governar el Pueblo de D io s , y dirigirlo á la eterna
Bienaventuranza ; y es también propia del Sacerdote, pero se co­
munica de algún modo á los demás M inistros, que leen , o cantan
publicamente.
Para el exercício de estas funciones son necesarios los Minis­
tro s, porque donde no hay agente , no puede haber acción ; y el
Con-
174 P a r t e II, L ección V I L
Concilio Tridentino prueba que hay Sacerdocio , por la razón de
que se dá Sacrificio, (a) Quatro son las condiciones que deben te­
ner estos Ministros : L a prim era, que sean personas públicas; La
segunda , que sean gratas á D ios: L a tercera, que sean dignas para
tan alto ministerio: L a quarta, que sean-idóneas; esto es,que tengan
facultad de hacer lo que es necesario. Deben ser personas publi­
cas , porque las dichas funcionas son publicas también , pues se
hacen por todo el Pueblo , y á Dio? se le debe dar culto publico,
lo qual no puede ser sin que haya Ministro público. Deben ser
gratos á D io s , porque de no sería agradable á Dios el culto,
k lo menos respecto de aquella persona. Deben ser dignas , porque
se deshonra el ministerio practicado por el indigno : y deben ser
idóneas, porque nadie hace reciamente aquello que excede su vir­
tud , y facultad.
El numero de los M inistros, según que ya arriba insinuamos,
son siete , (¿) H ostiario, L eftor , E xo rcista , A colyto , Subdiaco-
no , D iácon o, y Sacerdote, cuyo numero es necesario, porque es
conveniente que otras tantas funciones, y ministerios se e je rci­
ten en el Sacrificio de la Misa , para cuyo efeíto es suficiente di­
cho numero de O rdenes, y Ministros.
Omitiendo todo lo que pertenece á cada uno de los Ordenes
en p articu la r, que se puede ver en otros lib ro s, que los Ordenan­
dos traen p r i manibus , conviene mocho tratar aqui del uso , y sus­
cepción de este Sacram ento, pues el Concilio de Trento manda
que asi se haga, (r) Por tanto, h a b lá n d o le los que han de recibirle,
digo : que algunos deben ser excluidos de las O rdenes, quales son
los que tienen alguna irregularidad, la qual es impedimento Canó­
n ico , que hace inhábil al sugeto para re cib irla primera Tonsura,
y los Ordenes Eclesiásticos. Las especies que hay de irregularida­
des , se pueden ver pn los Autores que tratan latamente esta ma*
teria.
Pero aunque alguno esté libre de este impedimento , no por
eso debe ser promovido á las Ordenes , sino se hallan en él las
disposiciones, y dotes necesarios para exercer los sagrados minis­
terios , y una legítima vocacion ; la qual no tienen los que quieren
ordenarse solo por hacer en esta parte la voluntad de los padres,
o parientes, los que se ordenan solamente con el fin de adquirir la
ne-
(#) Sess. 23. ¡nitío. (b) Sess. 33. cap.,2. (cj jSess. 24. can. 7.
del Sacram ento d el O r d en . _ 175
necesario para comer-, y v e stir; porque aunque es lícito que viva
del Altar quien al Altar sirve;- pero es un sacrilegio grande-lle­
garse al Altar por solo el motivo del lucro. Tam poco tienen ver­
dadera vocación los. que buscan ambiciosamente los honores , y los
que quieren hacerse ricos por este medio , como sucede en los que
no piensan en ord en arse, sino se les ofrece algún Beneficio opu­
lento.
Aqui se debe advertir, que es santo , y laudable el que los pa­
dres destinen a sus hijos al estado C le rica l, ofreciéndolos a la Igle­
sia para .que los promueva á este estado , si se advierte en ellos
verdadera vocacion de D io s; y también es- laudable que los crien,
y eduquen santa, y christianamente como conviene a estado tan
alto , y sa g ra d o ; pero es necesario que se guarden con gran cui­
dado de ios abusos y errores que en esta parte suelen cometerse;
como son , quando impelan a sus hijos a que tomen el estado Cle­
rical á que tienen repugnancia; quando solo dedican a esto á los
que por su rudeza de ingenio, b por la deformidad de su cuerpo
juzgan que no son idoneos para otros oficios; quando solo los mue­
ve a ello la ambición , ú orro desordenado, d eseo, de cuyos abusos
se siguen comunmente, muchos , y graves daños, y suelen ser los
tales el deshonor de su fa m ilia , e l escandalo. de la Iglesia , op ro-
brio de los hombres ,. y desprecio de la' plebe; porque Dios regu­
larmente no asiste con su especial gracia , y particulares inspiracio­
nes a los que sin. vocación: legítima entran en el estado. Eclesiásti­
co. Por eso es costumbre muy antigua de la Iglesia celebrar las
Ordenes en las quatro Tém poras del a ñ o , para que los Fieles al­
cancen de Dios dignos Ministros su y o s , por medio, de los ayunos,
y de la fervorosa., y santa oracion.

LECCION V III.
D E L SACRAMENTO D EL MATRIMONIO-
5. 1.

L nombre Matrimonio se deriva de la voz M a d re , porque sit’


E fin es , que la muger se constituya madre , y exercite el ofi­
c io de tal exactamente ? dando k sus hijos una. christiana educa­
ción.
176 P a r t e II. L e c c i ó n VIII.
cion. Llamase también co n yu gio, porque el varón , y la muger son
uncidos con el yugo del matrimonio, para que unidos de manco­
m ún, cuiden del govierno de su ca sa , y de sus hijos, (a) Y asi, el
matrimonio es una sociedad legitima entre el varón , y la muger,
instituida por el mismo Dios para la multiplicación del genero hu­
mano ,1 a qual sociedad , o unión maridable será legitima , quan­
do se haga entre legitimas personas, y se observen las leyes , que
se deben observar , acerca de las quales hay que distinguir ; por­
que o el matrimonio se considera como contrato c i v i l , ó como
Sacramento. Si se considera del primer modo , hay , 6 hubo va­
rias leyes de los matrimonios, según la variedad de los tiempos , y
regiones. Si del segundo modo , tiene sus leyes particulares, que
diremos después;
Solo el matrimonio de ios Christianos tiene la razón propia de
Sacram ento, y no los de los Ju d ío s, y Infieles , los quales solo
tienen la razón de verdadero , y legitimo contrato ; y antes de la
venida de Christo al mundo no fue Sacramento ei matri¡nonio,pero
fue elevado á esta dignidad por Christo Señor nuestro. Solo era
antes un contrato civil , por el qual , según la institución de Dios,
se celebraba entre el hombre , y la mueer una sociedad , o unión
legitima, é indisoluble para la procreación de los hijos, de tal modo,
que solo con la muerte de alguno de los dos se podia disolver.
D e ningún modo e s , ni fue licito á la muger tener á un mis­
mo tiempo muchos m aridos, porque se seguiria una muy grande
confusión en el mundo. El matrimonio fue instituido por Dioi¡,
para que hubiese unión de un varón con una muger , para que fue­
sen dos en una carne , dice Christo : (b) Aunque es verdad , que
antiguamente permitió D io s , para la propagación del genero hu­
mano , que se tuviesen juntamente muchas mugeres , como consti
del exempío de los Santos Abrahán , y Jacob , y de las palabras
de Moysés en el Deuteronomio. (<*) Pero Christo Señor nuestro
revocó este asunto á su primera institución, y prohibió que al­
guno tuviese juntamente muchas mugeres. E l que apartando d i si
a su propia muger , recibiese otra , éste adultera , dice su Magestad.
¿Pues qué diremos de quien reteniendo la primer muger , busca-
se otra"? Mas no se prohíbe por esto el contraher nuevo matri­
monio , (d) quando muere alguno de los dos consortes.

(a) G e n .a .i 8 .M i« h . 19.4.. (b) (O (<0 R oai.7,8.3-


d e l S a c r a m e n t o d e l M a t r im o n io . 177
¿ Y de dónde , ( preguntareis) de dónde consta , que el ma­
trimonio fue elevado por Christo a la dignidad de Sacramemo?
El Concilio de Trento responde , que consta de la Escritura , de
la tradición', de los Santos Padres , de los Concilios , (¿i) y de los
que siempre ha tenido , y enseñado la Iglesia Catholica. Consta ds
la Escritura , porque el Apostol San P ablo, (¿) hablando del mu­
tuo amor , que se deben tener los dos consortes , d ice: Que este
Sacramento es grande. Asi lo interpretan los Santos Padres , y asi
se ha de entender , dice el Trídentino : ( c ) el qual determ inada
Fti , que el Sacramento del Matrimonio causa g ra c ia ; y añade»
que es un signo rememorativo de la unión de Christo con su I g le ­
sia , demonstrativo de gracia , y pronostico de la unión beatifi­
ca con Dios. (¡I) La gracia que se dá á los casados por medio d¿
este Sacramento , es para que vivan pacificamente , y mutuamen­
te se amen uno a o t r o , para que usen santamente del matrimo­
nio , eduquen christianamente á sus hijos , se conserven uno á
otro una fé inviolable y lleven con paciencia ias cargas de matri­
monio , y las tribulaciones , que están anejas a ¿ I, y se ayuden
uno á otro en lo prospero , y en lo adverso. Esta virtud dió
Christo Señor nuestro al matrimonio de los Christianos, quando
quiso hallarse presente á las bodas celebradas en Cana de G alilea,
como dicen los Santos Padres : (e) cu ya virtud de santificar tiene
el matrimonio por los méritos de C h risto , y por su unión con
la Santa Iglesia , la qual representa este Sacramento ; porque asi
como Christo salió del seno de su Eterno Padre , y vino al mun­
d o , para juntarse con su Ig le sia , ( f ) así el hombre dexa á su
padre , y á su madre , para juntarse con su muger, (%) L a Igle­
sia fue formada , digámoslo asi , del Costado de Christo muerto
en la C ruz , de donde salió sangre , y agua , que se llaman las
fuentes del Salvador : y la muger fue formada del costado del
hombre , que dormía. Christo es cabeza de la Iglesia , y el varón
lo es de la muger. Christo , y la Iglesia hacen un cu erp o : y el
va ró n , y la muger y a no son dos , sino una misma carne, como
dice el mismo Christo. E l espíritu de Christo , y de la Iglesia es
uno , y uno debe ser también el espíritu del m arido, y de la mu­
ger. Christo ama á su Iglesia , y la Iglesia reverencia á Chris-
____________ - to;
(<») Scss. 24. c.m. 1. (¿) Eplics. f. (c) tívss. 14. can. x. (d) C.ip, x.
.
(e) Joann. 2 ( / ) Joann. 1 6 , 28. ( g ) Gen. 1 1 . 94.
M
173 P a u t e II. L e c c ió n V III,
to ; asi el varón debe amar a su muger , y la muger debe te­
mer , y reverenciara su marido , como dice el Apostol. (<j) Chris­
to , y su Iglesia se unen con vinculo indisoluble : asi el marido,
y la m u ger, mientras viven , se unen con lazo indisoluble , y de­
ben conservarse mutuamente una fé inviolable. Christo enriquecí
á su Iglesia todos los dias con nuevos favores : la Iglesia , quanto
en si es , contribuye a la gloria de Christo ; y asi el marido , y la
muger deben ayudarse uno a otro con sus consejos , con sus au­
xilios , y con sus bienes ; porque entre ellos deben ser comunes
to das las cosas.
Acerca del Ministro de este Sacramento varía la sentencia de
los Theologos ; porque unos dicen , que es el Párroco , que re­
cibe el mutuo consentimiento de los contrayentes, y les dá la
bendición nupcial delante dé los testigos ; pero otros d ice n , ( es
la sentencia del Catecismo del C oncilio) que los mismos contra­
yentes se administran á sí mismos este Sacramento , quando da-i
mutuamente su consentimiento delante del Párroco , y testigos;
porque aquel se dice Ministro de algún Sacram ento, que produ­
ce la forma , y la. aplica a la m ateria} y como los contrayen­
tes hacen esto , porque la forma del matrimonio es la expresa
obligacíon , que hacen de presente acerca de sus cuerpos } de
aqui es , que ellos mismos son Ministros de este Sacramento. Y
para mayor inteligencia debemos suponer , que el consentimiento,
que es causa eficiente del matrim onio, debe ser : Lo primero en
obligación maridable : Lo segundo debe ser de presente : L o ter­
cero debe ser expreso por palabras de presente $ y lo quarto
debe ser mutuo , esto es , de los dos contrayentes. Las palabras
que expresan el dicho consentimiento , son las que significan que
el varón a la muger , y la muger al varón le entrega la potestad
en su cuerpo con perpetua obligación j lo qual se significa por
aquella palabra recibir por ry.uger , ó por marido. Los su ge tos ca­
paces de este Sacramento son los varones , y m ugeres, que lian
llegado á los anos de la pubertad , y no tienen impedimento al­
guno para contraber el matrimonio. Entonces han llegado á los
años de la pubertad , quando los varones han cumplido catorce
a ñ o s, y las mugeres doce.

§.n.
J tp h e s .j,
179
S. II.

SO BRE L O S IM P E D IM E N T O S D E L M A T R IM O N IO .

OS impedimentos del matrimonio son de dos g én eros: unos


I _j se llaman dirim entes; porque no solo impiden el contraher
el matrimonio , sino que dirimen el ya contrahido : otros se lla­
man impedientes , porque impiden el contraher , de tal m odo, que
durante el impedimento no se puede sin pecar contraher el matri­
monio, pero no dirimen el ya contrahido. Mas claro : El impe­
dimento dirimente quita la facultad de poderse obligar , é in­
habilita para contraher ; pero el no dirimente prohíbe contraher,
pero no quita la facultad , ó habilitación de obligarse ; y por
eso aqui es válido el matrimonio , y no allí. Los quales im pe-
fiientos pone la Iglesia por justas causas , especialmente por qua-
t r o : L a primera es el pecado , o la indignidad del contrayen­
te : L a segunda el perjuicio de otro : L a tercera la circunstancia,
que repugna al matrimonio : Y la quarta la que se opone al bien-
público. Es verdad , que la Iglesia no puede anular el Sacramen­
to del matrimonio , (<j) pero puede volver a algunos Inhábiles pa­
ra contraher. Explicóm e : N o puede haber matrimonio sin que
haya m ateria , y forma de é l : la materia son los Fieles , en quie­
nes la Iglesia tiene grande potestad : la forma es la mutua obliga­
ción de los contrayentes ; y como la Iglesia por alguna causa
puede volver a los Fíeles inhábiles para obligarse ; de aqui es,
que la Iglesia impide la obligación , y de consiguiente el matri­
monio , que no puede haber sin la tal obligación.
Los impedimentos dirimentes son catorce ; á saber : E l error,
la condicion , el voto , el parentesco , el crimen , la diferencia en
la Religión , la fu e rza , el orden , el ligamen , la honestidad , la
afinidad , la impotencia , el rapto , la falta del Párroco , y de
dos testigos.
Por impedimento de error se entiende , no qualquiera error,
sino el de la persona , como si alguno se casa con M aria , cre­
yendo que es Juana , con quien quiere contraher el matrimonio;
porque en este caso , como no h ay verdadero consentimiento,
por eso es nulo el matrimonio, Pero no lo será , si queríen-
_____ _ _ ______________ do
(a) Conc. T rid . scss. 24. cap. [.
M 2,
i So P a r t e II. L e c c i ó n VIII.
do uno casarse con muger rica , virgen , y noble , halla después
de contrahido el matrimonio , que fue engañado ; porque solo le
dirime el error de la persona, como hemos dicho , y la condicion
s e rv il, como diremos ahora.
Por impedimento de condicion se entiende, que el matrimonio
es nulo , quando uno , que es libre , se casa con oíra que es es­
clava , creyendo que era l'.bre ; o al contrario , quando una muger
libre se c:isa con un esclavo , á quien tenia por libre, Aqui habla­
mos de esclavitud propiamente tomada , por la qual alguno está
debaxo del dominio de otro , y no tiene potestad en su cuerpo,
ni en su libertad. Este impedimento está puesto , porque la es­
clavitud pone al hombre totalmente debaxo del dominio de otro,
y no puede entregarse a la potestad de su consorte , como suce­
de , y debe hacerse en el matrimonio , y asi se le haría grave in­
juria, Pero m la persona libre quiere casarse , no obstante Ja es­
clavitud de su futura consorte , será válido el matrim onio, con-
sintiéndolo el que tiene el dominio sobre ella ; porque como lo
sabe , y quiere , no se le hace injuria.
Por impedimento de voto se entieade , que es nulo el matri­
monio , sí se contrahe despues de haber hecho solemne profe­
sión en Religión aprobada , o habiendo recibido algún Orden Sa­
cro. L o qual determina rectamente la Iglesia ; porque el voto
solemne se considera como un espiritual matrimonio contrahido
entre Christo , y el vovente , por el qual está unido con este di­
vino Espose con un vinculo mas estrecho, que el marido con su
muger , y es indisoluble , y constituye especial estado de vida,
lo mismo que el matrimonio.
P or impedimento de parentesco , o consanguinidad , se entien­
de , qi:e es nulo el m atrim onio, que se contrahe entre los con­
sanguíneos dentro del quarto grado de consanguinidad. E i qual
impedimento está puesto , porque , como dice San Agustín , (a)
asi lo difta la retusima razón de la caridad , para que Jos hom­
bres , a quienes sería vi t i l , y honesta la concordia , se enlacen
con el vinculo de diversas obligaciones. Está puesto también,
porque los matrimonios entre consanguíneos repugnan á la públi­
ca honestidad ; y para que con este freno se reprimiese la concu­
piscencia , que sin duda herbiria con mas libertad entre los pa-
riem '

t a) L ib , i ; , cap, 16. tium , i ,


S o b r e l o s im p e d im e n to s d e l M a t r i m o n i o , _ 181
rientes por la fam iliaridad en el trato , si esperasen que podían
casarse.
E l quinto impedimento es la afinidad , la qual es de dos gene-
ros ; porque una es carnal , y otra espiritual. L a afinidad car­
nal una nace de cópula licita , esto es , del matrimonio consuma­
do , y ,otra de cópula ¡licita , esto es , del adulterio consumado,
o de la consumada fornicación. L a afinidad espiritual nace del
Bautismo , ó de la Confirmación , como diremos abaxo. T odo es­
to pide mayor distinción , y claridad , porque la variedad de
afinidades constituye diversidad de impedimentos.
E l impedimento de afinidad nacida de cópula lic it a , consiste
en que entre el marido , y todos los consanguíneos de la muger,
y entre la muger , y ios consanguíneos del marido , resulta pa­
rentesco de afinidad , en fuerza del qual , después de la muerte
de alguno de los dos consortes , no puede el que sobrevive co a-
traher matrimonio con los consanguíneos del difunto dentro del
quarto grado de consanguinidad.
El impedimento que nace de cópula ilícita , consiste en que
se hacen afines de alguno todos los consanguíneos de aquella
persona , con la qual consumó la cópula ¡licita ; de tal modo,
que sería nulo el matrimonio contrahido despues de dicha cópu­
la con aquellos afines dentro del segundo grado f pero no se es­
tiende fuera del segundo grado es te impedimento de afinidad
nacido de la cópula ilíc ita , como declaró el Concilio deTrento»
L a afinidad espiritual se contrahe : L o primero en-re el bau­
tizante , y bautizado , y sus padres : L o segundo entre los Padri­
nos de Pila , y el bautizado , y sus padres, Pero no se conirahe-
esta afinidad , si ei Bauii-;mo no fue hecho en la realidad , sino que
se suplieron las ceremonias : L o tercero , se contrahe esta afinidad
espiritual entre el Confirmante, y confirm ado, y su padre , y ma­
dre , y entre el P ad rin o, y la Madrina de la Confirmación y el
confirmado, y sus padres \ del mismo modo que se ha dicho deí
Bautismo.
Los impedimentos de la afinidad carnal están puestos, porque
es muy semejante al parentesco de consanguinidad : y las cau­
sas que prohíben el matrimonio entre los consanguíneos , son
las mismas que pertenecen' a los afines. L o mismo decimos pro­
porcionadamente de la afinidad espiritual \ porque la Iglesia hi
tiene , y l j considera como una especie de parentesco,
M i Pe-
182 P arte II. L ección V III.
Demas de este parentesco hay otro , que se llama le g a l, y es
el que proviene de perfefta , y legitima adopcíon , la qual con­
siste en que por autoridad pública , y según las leyes se adopta
por hijo a una persona estrana. En la cognacion , ó parentesco
legal hay tres especies, que dirimen el matrimonio : L o primero
en linea refta , y es entre el adoptado , y adoptante , y los
descendientes del adoptado hasta el quarto grado : Lo segundo
en linea co la te ra l, y es entre el adoptado , y los hijos cam a­
les del adoptante: y de estos no dura el impedimento, sino en
el tiempo que los hijos están debaxo de la patria potestad : Lo
tercero entre el adoptado , y la muger del adoptante , y entre el
que adopta , y la muger del adoptado. L a segunda , y tercera
especie no se estienden a mas d¿l grado primero ; pero la pri­
mera se estiende hasta el quarto grado in clu siv e. Adviértase aqui,
que dos adoptados por un mismo padre no contrallen parentesco
legal entre s í ; y asi se podrán casar dos hermanos adoptados.
Por impedimento de crimen se entiende el homicidio , ó adul­
terio cometido en estos quatro casos : Lo primero , qnando un
adultero por sí mismo, o por otro , quita la vida á su muger,
con intención de casarse despues con la adultera ; y lo mismo se
ha de decir de la muger adultera , que mata a su marido , para
poderse casar con el cómplice de su adulterio. También se ha
de decir lo mismo del hom bre, que mata al marido de la adultera,
y de la adultera , que quita la vida a la muger del adultero. T o ­
do lo qual se ha de entender,aunque no hubiese precedido conven­
ción alguna de futuro matrimonio } y aunque el homicidio se hu­
biese cometido sin saberlo la otra parte adultera. Y asi en este
caso sería nulo el matrimonio : L o segundo, quando el homici­
dio se sigue de consejo de los dos , aunque no haya adulterio}
con tal que maquinen la muerte con el fin de casarse.
L o tercero , si se comete adulterio despues , o antes de hecho
el pafto de contraher matrimonio entre s í , en muriendo el mari­
do de la adultera , o la muger del ad u ltero, habrá impedimento
dirim ente, y será nulo el matrimonio , que se contraiga despues
de la muerte del consorte.
L g quarto , si algún casado toma por muger a otra , vivien­
do la prim era, no puede despues de la muerte de ésta casarse
con aquella , si era sabidora , o dudaba del delito ; pero si ign o­
raba totalmente } que este hombre era casado 3 será válido el uu-
tri-
S o b r e l o s im p e d im e n to s d e l M a t r i m o n i o . i 83
trírécnio, que contraigan después de muerta Ja primera muger.
Lo mismo se ha de decir de la muger casada , que contraxese
matrimonio con otro hombre , que sabía , o dudaba , que aquella
muger era casada , porque demás de ser nulo este matrimonio,
contrahido con persona casada , lo será también eí que de nuevo
contraxesen , aun despues de muerto el consorte primero.
Estos impedimentos de crimen los puso la Iglesia , para quitar
la ocasion de adulterios , y homicidios en los casados con la es­
peranza de futuro matrimonio , y para que uno á otro se guar­
den mayor fidelidad.
Por disparidad d el c u lto , o de ta Religión , se entiende que
es nulo el matrimonio , que el Chñstiano contrahe con el Infiel,
v. g. el Christiano con la Judia , o la Christiana con el Mahome­
tano. Este impedimento está p u esto, porque el Infiel , como no
está bautizado, no es capáz de algún Sacram ento, y por eso el
tal matrimonio no puede ser Sacramento : («) También se prohíbe
rectamente en quanto es oficio de la naturaleza ; porque tanta
disparidad en el culto , y en la Religión , repugna a la unión,
y sociedad maridable : Y demás de est-o podría el Fiel ser p e r-
\Tertido fácilmente por el Infiel. Si habiéndose casado dos Infieles
se convirtiese uno de ellos a la verdadera Fé , y ambos consintie­
sen voluntariamente permanecer en el matrimonio , será válido
el matrimonio contrahido en la infidelidad , y no podrá despues
disolverse ; pero antes podrá disolverse por e llo s , si quisiesen;
(¿>) esto es , si el que queda en la infidelidad no quiere cohabitar
con el bautizado, y si es que quiere cohabitar, es con injuria de
Christo , inventando apartar al otro de la F é , porque en tal cas&
no se h a d e perm itir, y por esta causa se puede disolver el ma­
trimonio; de tal m anera, que el bautizado se podrá casar con
otra persona que sea christiana ; pero se requiere que el bautiza­
do busque al Infiel , y le avise primero si quiere cohabitar sin
desprecio de la Religión Catholica ; porque de no hacerlo asi , no
se podrá casar con otro. En caso de estar muy distante , que no
se sabe donde pára , ó que no sea fácil el requerirle , es necesaria
dispensación Pontificia , como resolvió la Sagrada Congregación
citada por Benedifto X IV . (f) quien también añade , alegando otro
D e-
( a ; D .T o r o . 3. p . q. j o , an, 2. íjj.iu . (i>) CJutimh. 7. De
lib. 6. cap. 4.
M4
t S4 P arte II. L ección V I I I .
Decreto de lá misma Congregación , que para que se entienda di-
suclto el primer 'matrimonio , no basta el expresado requerimien­
to , sino que también es necesario , que el que se convirtió ha­
y a efectivamente casado con persona bautizada. E l matrimonio
celebrado entre Catholico , y Herege , es válido ; porque el He­
rede está bautizado , pero no será iicito , por estar prohibido por
ei Concilio Caicedonense ; (ft) y por el peligro de perversión se
podrán separar acerca del lech o , y habitación.
Por impedimento de juevza se entiende , que es nulo el mn-*
trimonio , quando alguno de los contrayentes no consiente en él
libremente , sino que es violentado por fuerza , y miedo grave
injustamente causado ; como quando es amenazado con la muerte,
con heridas, con la pérdida de sus bienes , o cosa semejante , a
juicio de varón prudente, y considerada la condicion de la perso­
n a , á quien se le hace violencia. Este impedimento se puso , por­
que nada hay que mas repugne á la libertad que la violencia , y
co accion ; y el matrimonio es un contrato libre por su naturale­
za. También fue necesario poner este impedimento , para
quitar á los poderosos la ocasion de hacer violencia injusta á los
demás.
Por impedimento de orden se entiende , que es nulo el matri­
monio , que se contrahe por el que está ordenado de Epistola,
de E van gelio, ó de Misa , el qual impedimento está puesto , por­
que los Clérigos ordenados de mayores han contrahido con C’J'iris-
to un matrimonio espiritual, no de otra manera que los R eligio­
so s, y Religiosas : y el que está dedicado al divino culto no debe
implicarse en las ocupaciones domesticas de gobernar los hijos,
y familia. Tam poco es decente , que el que es Superior al Pue­
blo tenga por compañera á una muger , y esta sea señora de su
cuerpo. Ultimamente* la reverencia del divino cubo pide mayor
pureza en el Ministro sagrado.
Per impedimento de íigamen se entiende , qne los casados no
pueden contraher nuevo matrimonio , hasta que muera uno de los
dos y no basta que por la larga ausencia del consorte se pre­
suma que ha muerto ya j (¿j porque seria nulo el matrimonio si­
guiente , si realmente no hubiese muerto • y asi no se puede pa­
sar á segundas nupcias, mientras no haya ciertos testimonios de
Ja viudedad. Por
{ itj C an . 14 . \b) U ttr e t, O'rcg. lib, 4. tic. i . de D esp. unpub. cap. i y .
S o m E l o s im p e d im e n to s d e l M a t r i m o n i o . i 85
Por impedimento de honestidad se entiende , que de los Espon­
sales nace impedimento dirimente, de tal modo , que si se disuel­
ven los Esponsales , no puede el esposo easarse có'n la madre , ó
hermana de la esposa , ni ésta con el padre , o hermano del espo­
so ; con tal , que los Esponsales hubiesen sido legítimos ; porque
si no lo fueron , no hay impedimento alguno. Llamase de publi­
ca honestidad el dicho impedimento ; porque ju zgó la Iglesia,
que el ponerle pertenecía a la publica honestidad , y decencia.
Por impedimento de impotencia se entiende , que es nulo el
matrimonio , que contrahe aquel que tiene impotencía.perpetuá;
pero si no fuese perpetua , o aunque lo fuese , hubiese sobreve­
nido al matrimonio, entonces es válido. Si esta enfermedad pro­
cediese de algún m aleficio, se ha de recurrir a las preces de la
Iglesia para quitarlo; pero no se debe quitar con otro maleficio,'
porque sería grande delito. Este impedimento se puso , porque la
impotencia se opone a la concepción de la prole , que es el prin­
cipal fin del matrimonio ; y porque este impedimento dirime el'
matrimonio por Derecho N a tu ra l, no puede dispensarle su San­
tidad,
Otro de los impedimentos-, que dirimen el- matrimonió', es
la falta de la presencia dél P á rro co , y de dos testigos 5 («) y así
ion nulos los matrimonios clandestinos , que-son los que les falta
la dicha presencia del Párroco'propio , 0 de otro Sacerdote de li­
cencia suya , y de dos testigos á lo menos. ■
El ultimo impedimento dirimente es el rapto de la muger , y
asi es nulo el matrimonio , que se contrahe con ella - k né ser que
separada del rapto , y puesta en lugar seguro:, y libre , consien­
ta ella libremente en casarse con él. Pero asi el'raptór como todos
los que dán consejo , auxilio , y favor , quedan excomulgados
ipso ju re : y si el Juez-los declara por tales , son perpetuamente
infames , é incapaces de todas las dignidades : y si son Clérigos,
tienen la pena de degradación. T o d o 1 lo qual determina el Santo
Concilio de Trento. (/>) Este impedimento está puesto en favor de
la libertad ; porque el consentimiento para el matrimonio debe ser1
libre , y en la muger arrebatada se verifica fuerza. Pero se re­
quiere para rapio , que sea llevada violentamente la muger de un
h¡-
C o n c. Trid, sess, * 4 . ,de Rsíorm, matrim. cap. 1, (/>) Conc. Ttid.
sess, 24. cap. 6.
i8& P arte II, L ección V III.
lugar , o casa , donde no estaba en la potestad del raptor , a otro
lugar , ó casa , donde la pone debaxo de su poder , y que esto
sea con el fin de casarse con ella.

§. III.

IM PEDIM ENTOS 1M P E D I E N T E S .

OS impedimentos , que prohíben contraher el matrimonio,


L pero que no dirimen el ya contrahido , son los siguientes. La
prohibición de la Iglesia , el voto simple de castidad , el voto sim­
ple de Religión , y los Esponsales , á cuyos quatro se reducen to­
dos los demás ■porque como notó el Señor Benedicto X IV . (.;)
aunque los impedimentos impedientes del matrimonio regularmen­
te son los quatro dichos ; co» todo hay otros muchos , que tam­
bién impiden , aunque por razones mas generales , por cuyo mo­
tivo no suelírn mencionarlos aqui los Autores. Estos son : L a igno­
rancia de la Doétrina Christiana , el pecado m o rta l, el juramento
de no casarse , la excomunión , el entredicho personal , la igno­
rancia , ó repugnancia justa de los padres ■y en una palabra, to­
dos aquellos casos en que el matrimonio no se puede efeétuar , sin
quebrantar algún precepto de la L e y de D io; , ü de ía Iglesia.
Esto supuesto , digo : Que por el primer impedimento de los qua-
tro se entiende , que no se puede celebrar el matrimonio contra
las leyes de la Iglesia , que prohíben las nupcias en ciertos tiem­
pos , en ciertos lu gares, con ciertas personas 5 y finalmente, si no
intervienen ciertas solemnidades.
E l tiempo en que se prohibe la bendición nupcial , ó las V e ­
laciones , es desde el Adviento , hasta el dia de R e y e s , (’b) y des­
de el dia de C e n iza , hasta la O ftava de Pascua inclusive . E! Sa­
cramento del Matrimonio se-debe celebrar en ía Iglesia. Las per­
sonas con quien la Iglesia prohibe contraher el matrimonio , son,
demás de los Infieles , ( con quien y a hemos dicho, que es nulo el
matrimonio ) los Hereges , y, los excomulgados ; porque no es li­
cito administrar los Sacramentos a los que están fuera del Gre­
mio de la Iglesia. Las solemnidades , que la Iglesia manda obser­
var
(a ) O eSynod. D Í íe c c s . Ilb . 8 . cap. i +. \Jt) C o n c. T r id . ds
íorm . m atrim . cap. i o.
SOBRE LOS IMPEDIMENTOS DEL M A TRIM O N IO . I 87
var antes de la celebración del matrimonio , son las siguientes: L o
primero manda , que se corran las Amonestaciones en tres Dom in-
in in g o s , o tres dias de Fiesta , /dentro de la Misa solemne : (a) Y
lo segundo manda , que los Partéeos hagan diligente averiguación
del estado , doftrina , y disposiciones del esposo , y de la esposa,
para saber ciertamente si so n libres , y hábiles para contraher 5 y
carecen de todo impedimento.
E l fin de correrse las denunciaciones , o amonestaciones es,
para que se publiquen los matrimonios , para que se vea si resul­
ta algún legitimo impedimento , y para que Jos que se han de ca­
sar se encomienden en las oraciones de los Fieles. S¡ interviniese
eausa justa , y licencia del Ordinario j podrán om itirse, o pos­
ponerse.
El impedimento de los Esponsales consiste en que quando son
celebrados solemnemente y no es licito a los esposos faltar á ellos,
á no ser que primero se disuelvan • porque es faltar a una obliga­
ción grave , y pecarían mortalmente , casandose con otra , o con
otro , mas quedarían casados.
Los Esponsales son : Mutua , y deliberada promesa de futuro
matrimonio , entre personas ju r e h áb iles, manifestada con alguna
señal expresa. Para que sean válidos los Esponsales, se requieren-
las condiciones siguientes : L a primera , que intervenga verdadera
promesa , y aceptación ; y no basta el simple proposito , como
d ecir: Yo quiero casarme contigo. L a segunda , que la promesa
sea libre : L a tercera , que la promesa , y aceptación sean mutuas,
porque es contrato oneroso p erfeéto: L a quarra , que la prom&*
s a , y aceptación se manifiesten con alguna señal exterior , que sea
conocida bastantemente por uno , y o tr o , aunque no sea por es­
crito , ni haya d ad ivas; porque los Esponsales clandestinos son
válidos , pues no están irritados por ley alguna • pero deben ob­
servarse las Reales Pragm aticas sobre este punto. Adviértase mu­
cho , que no es licito a los hijos de familias contraher matrimonio
sin el consentimiento de sus padres ,, de sus tutores , o curadores;
porque lo prohíben todas las leyes , el Derecho natural , el D ere­
cho de las gentes, el Derecho D iv in o , el Canonico , y el Civil:
.La quinta , que la promesa se haga eutre personas hábiles , esto
e s , que no se halle en ellas impedimento alguno im pedicnte, o
__________._____________________ ____________ d¡-
í#; Trld.iess, 34, de Retocm. mactim. cap. 1..
i S8 .. P a r te I I . L e cció n V I I I ,
dirim ente, porque ser/;n nulos Jo,s Esponsales.
. - L os v.olos, que ,impiden contraher el matrimonio , son : el
vo to:simple de castidad , o de Religión , ó de no casarse.
• E l fin con que debe recibirseel Sacramento del Matrimonio e
para conseguir por medio de él la vida eterna , haciendo aqui coa
su consorte una vida quieta , santa., y pacifica : para criar hilos,
y educarlos christianamente , y para tener presente el remedio de
la concupiscencia. Las preparaciones que se deben hacer , para
recibir santamente el matrim onio, y vivir chrisiianaineute en e!,
son: L o primero pedir á Dios , que dirija todo este negocio , y
que no permita cosa que se oponga a la eterna salvación : Lo se­
gundo , se ha de procurar una muger bien criada , y temerosa di
Dios : Lo tercero , se ha de considerar la ed.id , !a condicion , el
in g en io , la Índole , y los bienes de fortuna , para que en todj
lo que sea posible haya igualdad en los dos consortes : Lo quar-
t o , se ha de observar la reftitud , y justicia , para que ni uno,
ni otro padezca engaño; y asi deben manifestarse uno a otro co:i
ingenuidad to que conviene saber antes de contraher el matrimo­
nio :• L o quinto, no debe tomarse este e stad o , sirj que primero se
sepan sus obligaciones, y los principales mysterios de la Reli­
g ió n ; Lo sexto , se han de ejercitar primero en sanias obras,
y se han de dar á la oracion , y han de recibir dignamente los
Santos Sacramentos de la Penitencia , y Comunion, a lo qual exor-
ta ei Santo Concilio de Trento:, y pecará, mortalmente el que en
pecado mortal se casase : L o séptimo , debe precaberse mucho el
desorden de aquellos que reciben el matrimonio de tal manera,
que con desprecio de D io s, solo atienden como brutos k d ir sa­
tisfacción á sus apetitos carnales , que con una loca profusion
gastan sus bienes en vanidades, en ju ego s, y banquetes: que si
acaso se confiesan en aquellos d ia s , solo lo hacen de cumplimien­
to-, porque dé no , no los casarían. Estos están muy lexos de re­
cibir el matrimonio por e! fin chrístiano con que se debe recibir;
y asi se hacen indignos de la bendición de Dios , y se preparan
muchas molestias , y tribulaciones en lo snceesivo. Los que se
han dado ya Esponsales de futuro , no pueden estar juntos en una
misma.casa hasta que se pasen: deben abstenerse de la conver­
sación muy familiar entre s í , (¿i) y siempre debe haber delante
al-
(a) Conc. T rü. scss. 24. de Rcíccro. maenm. cap. 1.
SOBRE LOS IMPEDIMENTOS DEL MATRIMONIO. 18 9
alguna persona : y en aquel tiempo con especialidad se han de
exereiiar en la oracion , y buenas obras.
Los casados deben amarse uno a otro mutuamente, deben ayu­
darse uno a otro á llevar las cargas del matrimonio , y deben con­
cordes regir su familia. E l varón , como cabeza que es de la mu­
ger , la debe amparar , y alimentar : la debe tratar con honor , y
liberalidad , y a exempía de Adán la debe tener no por escla­
va , sino por compañera , la qual no fue formada de la cabeza,
porque no habia de ser señora de su marido,ni tampoco de los pies,
porque no ha de ser esclava , sino de la costilla , porque lia de
ser compañera , y como á tal se ha de amar , obsequiar , y tra­
tar. Debe también el marido no estar ocioso , si no ocuparse en
algún empleo , ü oficio honesto , para mantener sus obligaciones,
y debe educar christianamente a su familia, corrigiendo sus defec­
tos , y vicios , y dando á todos buen exemplo. L a muger deba
estar sujeta a su marido, (a) debe reverenciarle , temerle , y o b .
sequiarle : debe inclinad; al séquito de la virtud , y con su exem­
plo , y paciencia , ganarle para D io s : no debe hacer cosa de al­
guna importancia sin su consejo , ni distribuir las cosas de la fa­
milia , ni dar largas limosnas , ni enagenar cosa alguna ; lo qual
se ha de entender de los bienes comunes , no de los parafernales,
sí los tiene. Debe abstenerse de las pompas , y gastos superfluos,
(¿) y usar de vestido honesto , conforme a su estado , y condi­
ción de Christiana. Su principal cuidado debe ser instruir , y edu­
car á los hijos christianamente , cuidar con diligencia las cosas de
la casa , no salir de ella sin necesidad , y sin el permiso de su ma­
rido , cuyo amor debe ser superior a todos , despues de Dios;
porque aunque a los padres se les debe mayor amor reverencial,
con to d o , el amor entre los casados debe ser mas intenso. Pero
de esto se hablará también en el quarto Precepto del Decálogo.
A cerca de las molestias, y tribulaciones , que ocurren en el
jpatrimonio , deben considerar los casados , que en este estado na­
die hay que carezca de ellas; pues como dice el A p o sto l: (f) p a­
decerán la tribulación de la carne ; y asi , quando ocurren , las de­
ben tolerar con paciencia en satisfacción de sus pecados, ofrecien­
do-
i9 ° P a r t e II. L e c c ió n V III.
doias a Dios en sacrificio, y ayudarse mutuamente uno a otro a
llevarlas con paciencia , y resignación.
L os oficios de los casados para con sus hijos párvulos son los
siguientes : L o primero , deben procurar que sin dilación reciban
el santo Bautismo : Lo segundo , elegirles por Padrinos personas
de buenas costumbres: L o tercero , deben precaber , que durante
el tiempo de un ano no duerman en una misma cama con la nutriz,
por el peligro que hay de sufocarlos; y finalmente deben tener con
ellos sumo cuidado , y desvelo.
Las mugeres antes de su parto deben cuidar , que por su cul­
pa no suceda algún a b o rto , o parto intempestivo : deben sufrir
con paciencia las incomodidades del preñado , y los dolores del
parto , como pena del pecado. (¿í) Despues que la criatura salga k
lu z , deben , si pueden , criarla con su propia leche, á exemplo de
las mugeres Santas, de quienes se hace honorífica mención en las
Escrituras ; (/>) lo qual encargan mucho los Santos Padres a las
mugeres Christianas ; pero si por razón de enfermedad no pueden
criar sus hijos , elijan á lo menos, en quanto puedan , nutrices
pías de buena índole , y laudables costum bres, saludables en el
cu erp o , y en el alma. Luego que convalezcan de su parto , salgan
quanto antes a la Iglesia P a rro q u ia l, para recibir la bendición del
Sacerdote , para dar a Dios gracias por la felicidad de su parto,
para ofrecer la criatura a su Magestad , y pedirle por ella el ce­
lestial auxilio , para educarla , é instruirla santamente ; y final­
mente , para que la divina misericordia perdone los pecados , que
tal vez se hayan cometido en el uso del matrimonio.
E l m o d o, (í) que deben observar los padres en la educación
de sus h ijos, es el siguiente: L o prim ero, han de hacer que se
acostumbren poco a poco a los exercicios de la piedad christiana,
y que se deley ten en ellos: L o segundo , si ven que tienen incli­
nación a algún vicio , deberán poner todo su cuidado en corre­
girlos , y apartarlos de él ; porque a los principios es fácil el re­
medio : Lo tercero , deben guardarse de no hacer , ni decir delan •
te de ellos cosa , que los pueda apartar del amor a la virtud , o
incitarlos al amor del mundo : L o quarto , deben procurar que no
se junten con otros niños viciosos , y que los varones no hablen
mu-
(a) G en. 3. 1 6. (A) G ün. 1 1. i .R c g , 1, a. M a c h .7 . (c ) V éase el q iu r-
to Precepto de la L ey de D io s.
SOERE LOS rVTPEMMEKTOS DEL MATRIMONIO. 191
muchas veces con las h em bras: L o quinto , de tal modo se han de
corregir los indóciles , que no se note en el q u e.corrige movimien­
to desordenado de ira : L o sexto , de tal manera se ha d e v e la r
sobre todas sus acciones , que siempre los tengan a la vista , y
no los dexen que hagan cosa alguna ocultam ente : L o séptimo,
deben procurarles M aestros , y P receptores e s c o g id o s , y reco­
mendables por sus loables costum bres , por la instrucción , estu­
dio , amor , y observancia , que tengan de la R eligión Christiana:
L o o ftav o , se d-*be procurar , que no aprenJan cosa alguna que
fomente la vanidad , y el espíritu de este mundo , com o dice el
Apostol : ((?) L o nono , deben poner todo cuidado , y diligencia,
para que ios niños duerman separados de las n iñ a s ; y u n o s , y
otros no puedan notar en sus padres acción alguna , que les pue­
da ser p erjudicial.
D exam os d ic h o , que el matrimonio nunca se puede disolver
acerca del vinculo , sin que sea por muerte de alguno de ios dos,
con ta) que sea co n su m ad o , y celebrado sin algun impedim ento
dirimente ; porque aunque sea celebrado solemnemente , si no es­
tá consum ado, se disuelve del modo dicho , quando algun a de los
dos contrayentes hace solemne profesion religiosa. P ero esto no
obsta para- que h ay a algunos casos , en que sin disolver el vincu lo
del matrimonio , puedan separarse los casados del le c h o , y habita­
ción , ó por tiempo determ inado , o perpetuam ente : (£) Y asi los
mismos casados de propia autoridad pueden de unánime consenti­
miento apartar c a m a , especialm ente por tiempo determ inado para
vacar a la oración, (c) con tal que no h ay a peligro de incontinencia;
pero no pueden por autoridad propia separarse de habitación , ó
de una misma casa. Es de F é C atholica , que la Iglesia , por mu­
chas causas , puede separarlos del le c h o , y habitación. Tam bién
pueden los mismos casados ap artar cam a , quando hubiese imi-
nente peligro de la vid a , o de una gravísim a enferm edad en el uso
del matrimonio } pero si no hubiese legitim a causa que escuse , es­
tán obligados uno , y otro á pagar el debito m utuam ente , quan­
do alguno de los dos le pide , y esto debaxo de pecado m ortal;
porque uno tiene dominio en el cuerpo del otro , y quando alguno
pide el debito , se le defrauda de su derecho , sino se le paga.
PAR-
TERCERA PARTE.
SOBRE L A O R A C IO N B E L PA D R E N U ESTRO .

LECCION PRIMERA.
DE LA ORACION EN GENERAL.
Ste nombre O ra cio n , que es lo mismo que oris nSito , seu orí-
E taris a f t io , se toma de varios modos; porque de un modo Je
toman los G ram áticos, de otro los R e to rico s, y de otro la Sa­
grada Escritura. L a Escritura le toma por aquella locucion que el
hombre tiene con D io s , ya sea con la b o ca, o ya con el corazon.
L a O ra cio n , asi tomada r tiene varias definiciones , pero prin­
cipalmente las siguientes: L a Oracion es una elevación , o subida
de la mente a D io s ; es un medió necesario para alcanzar de Dios
lo que deseam os; es el mejor interprete de nuestra necesidad para
con D ios; es una acción evangélica ordenada al so corro, y alivio
de la necesidad del hombre; porque es una de las quatro cosas,
ó acciones en quienes se contiene la suma del Santo Evangelio.
Levantase nuestra alma a Dios quando le a d o ra , quando le
alab a, quando le dá gracias por los beneficios recibidos, quan
le pide sus auxilios, y quando á sí misma, y todas sus cosas ofrece
á su Magestad ; de m odo, que h ay cinco generos de Oracion , que
so n : Adoraeion , alabanza , acción de gracias , petición , y ofreció
miento. Cada una de por sí se puede hacer de quatro modos ; inte­
rior , o exteriormente ; o en público , 6 en secreto. L a Oración
interior se perfecciona en sola la m ente, sin proferir palabra algu­
na ; y a si, se llama Oracion Mental, L a Oracion exterior es quan-
do se pronuncian las palabras, y asi se llama v o c a l, pero no será
de mérito alguno , antes bien será rechazada por Dios como men­
tirosa, sino procede del interior , y no corresponden las voces con
la mente, (a) Por eso se queja su Magestad de aquel Pueblo , que
_________ glo-
(j) isai. 29. i ¿ .
Sobre i A O ración del P adre nuestro , 193
glorificándole con los labios , está muy lexos de él su corazon. L a
Oración privada es aquella que cada uno tiene a sus solas privada­
mente, ya sea m ental, ó vocal. L a publica es la que se tiene en los
frecuentes cortcursos de los F íeles; pero se ha de a d v e rtir, que el
Oíicio Divino se tiene por Oracion pública, aunque se cumpla co a
él privadamente 5 porque quando le rezan los Clérigos , dentro , o
fuera de la Iglesia , ó solos, o acom pañados, oran siempre como
Ministros de la Iglesia, y tienen Oficio público; de tal calidad, que
exceptuando el Sacrificio de la Misa, no hay otro mas excelente.
De los dichos'Varios mOdos dé orar se puede dificultar, j quál
sea a Dios mas agradable , y acepto o el modo de orar público,-
o el secreto? A que se responde, que uno, y otro está mandado por
D io s ^ y - a s iu n o , y otro le es .agradable , mas ^ 0 menos, según el
niavor , o merlor fervor de los que ordn. Pero mirados en sí estos
dos nrtodos dé o r a r , no háy duda que lá Oracion pública tiene en»
sí mas vlrtüd y eficacia que la privada: (a) L o primero , porque^
toda la Iglesia tiene mas virtud para impetrar ■ lo que pide, quando
o r a , que cada uno privadam ente; y como dice T ertulian o, se le
hace a Dios cierta fuerza, que le es agradable: L o segundo, porque'
los t ib io s 'y flacos ¿ quando órán con lo^s p erfectos, y fervorosos,
participan algo del fervor de ésfos, y asi son oidos mas fácilmente:'
(#) L o tercero, porque si dos, o trés se congregasen en el nombre de
C h risto , p?omete solemnemente este Señor que estará en medio de
ellos; luego ¿ quánto mas bien quando se congrega toda la Iglesia
á orar-?»;1 ■ "■
-■.•Xa Oración mas :perfe<fta entre todas»és la que^llamamos D o­
m inica, o ■PJter n oster , porque quien rtbs la enseñó!, y di'ftó. fue'
Christo hU'est'rd'biéñ , y en e lla ' se contiene todo lo que £odemo&y
y'debemos desear, y pedir á D io s , como.se dirá lu ego u ias la*~.
gilmente. Pero con todo , entre'todas las oraciones públicas, la mas
perfecta es el Sacrosanto Sacrificio de la M isa : Lo -prim ero, por­
que contiene en sí to'das las demás-especies de Oración y qúe son,
adoración ., ala ba n za , acción de g r a c ia s ,:p e t i c i ó n y ófrieeim(ekt>ót\ y í
lo-segundó Aporque1 el mismo Christo , fuente de toda.la gíáClaj;
y virtud , de cuya-plenitud recibimos los, demás, se ofréee'alli<á
sí mismo á D io s, y es ofrecido por toda la Iglesia, -
L a Oracion es una acción necesaria para conseguir la salud
Í.t . \ .i . .v‘, / ■; 1 . ■.. . .. etér-
(a) Apolog. caj» 39. ib) i*&UÍV *8. *aá. '-■< ?• <-v.i ¡5/ . '» - .'t
N
1^4 P arte III. L ecció n t r ím er a .

etferna, cu ya necesidad proviene del precepto de C h risto, lo pri­


mero: L o segundo, del exemplo que nos d ió : L o tercero, atendida
nuestra necesidad.^ y p obreza: Lo quarto , del supremo imperio,
y dominio que tiene Dios en los hom bres; y lo quin to, de los infi­
nitos beneficios que nos ha hecho , y hace.
Proviene esta necesidad del precepto de Christo; porque dice su
Magestad : (a) V e la d , orando todo el tiempo: O ra d , porque no en-
treis en la tentación : Petfid, y recibiréis. Conviene siempre orar, y ng
desfallecer. También en las Epístolas de los Apostoles se vé que
mandaron lo misino : Velad en la Oración , dice el Apostol San Pe­
dro : (b) Orad sin intermisión , dice San Pablo.
(r) También proviene la necesidad de la Oración del exemplo
que nos dió Christo nuestro bien; porque la m ayor parte de su
vida . santísima la empleó ,eq orar. Nada hacia , nada recibía sin
que precediese la O ra ció n : O ró en el T em p lo ,. oró en el Desierto,
oró en los montes, oró en las casas p rivadas, oró antes de elegir
á los D iscípulos, oró antes de hacer qualquiera m ila g ro , oró des­
pues de ser bautizado , y antes de transfigurarse } y oró en el
Huerto.
Proviene también de nuestra necesidad, y p obreza; porque
por nosotros mismos nada bueno . podemos h a c e r, sino que toda
nuestra suficiencia viene de D io s; y todo lo que recibimos de su
Magestad es por Christo Señor nuestro , lo qual conseguimos por
medio de la Oración. (d )
Proviene también del supremo dominio , é imperio que Dios
tiene en oosoítos; porque por esta rp.zon estamos obligados a ado­
rarle, y á alabairle,-a rendirle gracias,,a ofrecerl^, sacrificios, y pe­
ticiones. Su Magestad'ní> nos necesita para n a d a p e r o nosotros te­
nemos neceald3d.de, él,p^ra to,dp;:$u Magestad no debe á nadie co­
sa alguna; luego si hem.oa de impetrar de él algo.no h ad e ser pidien­
do por justicia.,.sidopO r medio de ^uesfr-ahumildad, y oraeion.
Ultimamente apreviene.dfc-los; infinitos beneficios que Dios nos
ha hecho ¿-porque ellos- nos. obligan a darle gracias , alabanza,
adoracion, sacrificio, y a pedirle¡p^ra que nos conceda otros nue­
vos favores. Y^pues no podemos ,ijberia,rnrfsi ..eje penas d.el In­
fie rn o , ni entrar en el Paraíso C elestial, sin vencer al Demonio;
. ■■'a' - i¡; ■ . ; y
■(a) L u c í* a i .o v .2 . Joana. 1 1 . L u c s 18. {b) 1. P c t c i^ v. 7 . i.TbcSal.
j. v, »7.'(cj Luc«e 6. 12. (3) Joaña. ¡ 6. ij¡. '
S o b r e i, a O r a c i c n d e l P a d r e n u e s t r o , 1 9 'f
y hay ciertos D em onios, que no se pueden v en cer, ni expeler , si­
no con oraeion , y ayuno : de aqui es , que es sumamente necesa­
ria la Oración. (¿) El objeto principal de nuestrá: Oración es Dios,
como fuente, y origen de todos los bienes; en segundo lugar,
Christo Señor nuestro, como medianero en tre-D io s, y los hom­
bres : Lo tercero, la Santísima V irgen M aría Señora nuestra, co­
mo Madre de D io s , y nuestra Proteélora, y Abogada para con su
Hijo ; y lo quarto , todo los A n g e le s, y Santos, que reynan coa
C hristo, como intercesores nuestros con su Magestad. Que á Dios
se hayan de dirigir nuestras Oraciones , lo convence , y persuade
la misma razón natural Ínsita en el entendimiento del hom bre ; y el
mismo Señor es también quien lo m anda, diciendo: (¿) Invócame en
ei dia de la tribulación ; porque a la verd a d , Dios es ia fuente pe­
renne de todos los bienes, y en quien solamente se halla la verda­
dera felicidad: y como la Oración es argumento de h onor, y de
religión, y Dios debe ser adorado de todas sus cria tu ra s, por eso
a su Magestad es a quien principalmente se han de dirigir nuestras
Oraciones. E l fin con que debemos orar a Dios e s , para darle glo­
ria , y alabanza, y para que nos conceda todos los bienes oportu­
nos que necesitamos. También debemos recurrir a la Santísima V ir­
gen , porque es la Madre de la M isericordia , y Abogada nuestra;
y debemos recurrir con gran confianza, porque como es Madre de
D io s , puede mucho con su Magestad ; le es muy agradable por
*us grandes m éritos, y sus piadosas entrañas están siempre incli­
nadas a favorecer al genero humano. También debemos recurrir at
patrocinio de los Santos , que están en el C ie lo ; pero el recurso á
ellos es de distinto modo que el que hacemos á D io s; porque a Dios
rogamos para que nos dé bienes, y nos libre de m ales; pero á los
Santos pedimos que nos reciban debaxo de su patrocinio, y nos
alcancen de Dios lo que necesitamos. Bien podemos rezar el Padre
Muestro delante de la imagen de algún Santo, porque, aunque ha­
blamos con Dios en aquella O ra ció n , nuestra intención e s , que el
Santo ore con nosotros, y nos pida lo que se contiene en dicha
Oración , y finalmente sea nuestro interprete, y deprecador para
con D io s , á quien también damos g lo ria , y alabanza con la O ra­
ción que hacemos á los Santos, según aquello del Psalm o: A labad
al Señor en sus Santos ; porque las victorias que ellos consiguieron
____ _________________ de
Conc. T tid . sess. i j . d e lnvocat.Sandl. (£} Psájnjk 49 .
N 2
^1^6 P a u t e TTT. L e c c i ó n p í u m e r a .
de sus enemigos las alcanzaron por la benignidad, y auxilios de
Dios.
E l fin de la Oracion no mira solamente a la utilidad del que
Ora, sino que debe estenderse a la utilidad de m uchos; y a s i, se ha
de orar por todosr, sin excepción a lg u n a , aunque sean enemigos,
aunque sean H ereges, T u r c o s , Judíos, u oíros Infieles; porque
todos son próxim os, y Dios manda que amemos al proximo corno
á nosotros mismos; y como es oficio de amor rogar por a lg u n o , de
aquí e s , que se debe orar por todos los hombres, segun lo acon­
seja el A p o sto l, diciendo: (o) Ruego que se hagan Oraciones por to­
dos los hombres ; y a s i, debemos pedir para nuestros proxim os, lo
p rim ero, la salud del alma ; y lo segundo, los bienes del cuerpo,
P or eso dice el Apostol Santiago: (A) Q *e eremos mas por oíros,
para que seamos salvos, porque es de mucho valor la continua oracion
del ju sto . Y no hay duda que nos es muy útil encomendarnos en
las Oraciones de los Fieles , cuyo exemplar tenemos en los ju m o s
de uno, y otro Testamento, y en tos mismos Apostoles.
E l orden que debemos guardar en nuestras Oraciones es el que
enseña el A p o sto l; y a s i, debemos o r a r , lo prim ero, por los Pas­
tores de las almas : L o segundo , por los Principes : L o tercero,
p o r los ju stos; y lo quarto, por los pecadores , sean am igos, ó

e n e m i g o s , ó infieles. Por los Pastores, lo prim ero, porque tienen


el cuidado de las almas ; y conviene mucho k la salud de los hom­
bres que en su ministerio sean dirigidos por Dios: L o segundo, por
los Principes , porque conduce mucho al bien público que haya
Principes ju sto s, y p ío s: L o tercero, por los ju stos, porque tam­
bién ellos necesitan de las Oraciones de los demás , disponiéndolo
asi D io s , para que no se ensobervezcan al ver que necesitan de los
ruegos de los inferiores. Por ultim o, debemos orar por los que nos
persiguen , y calum nian, porque asi lo manda C h risto, y es una
obra perfeéttsiírtá, y muy agradable á Dios. Por los Infieles, Ido­
latras-, Judids ’, K ereges, y Cism áticos, porque tenemos muchos
exemplares que nos demustran, que las Oraciones hechas de cora­
zon por ellos tienen mucha fu e rza , y virtud , para que libres de
sus errores, se reduzcan a la luz de la verdad.
Los'e‘feftos de la Oracion son m uchos, pero principalmente los
siguientes: Por la Oracion damos á Dios c u lto , y honor , camina*

(a) | .T i m o c h .3, i . {(/) Jacob , j . 16.


S o 3 RE LA O iU C IO N t>EL PáM E NUESTRO, í 1)7
mos dé vlftud en virtud , se aumentan en nosotros la Fé , la Espe­
ranza , la C a rid a d , y la humildad ; en una p alab ra , todas las v ir ­
tudes reciben incremento, (a) Por la Oración se vencen todas las
tentaciones , por ella podemos satisfacer por los pecad os, y por las
penas merecidas por e llo s : por la Oración aplacamos la ira de
Dios, y conseguimos su misericordia para nosotros, y para los demás.
Es verdad que muchas veces no alcanzamos de Dios lo que pedimos,
pero es. regularmente porque no tíos conviene; pues como dice San
Agustín: M achas cosas niega D io s p rop icio,qu e concede ayrado. Otras
veces consiste en que no pedimos del modo que debem os, porque
oramos con negligencia, con tibieza , y sin atención; pues si pidié­
semos con fervor , con humildad , y confianza, es Dios tan liberal,
que concede mas que lo que se Je p id e , como testifica el Aposto!
en su Epistola á los de E te so , (h) y se comprueba con el exemplo
del Hijo P rod igo, que pedia p oco , y se le concedió mucho. Y no
solo en esto manifiesta su liberalidad , sino también en la prontitud
con que concede el favor , según aquello del Psalmo : (r) E l
deseo de los pobres oyó el S e ñ o r , que es decir ; que antes que pidan
con las palabras, son oídos sus deseos.
De quatro modos podemos considerar el estado de los que
o ra n : unos, que están en estado de g ra c ia : o tro s, que están en pe­
cado m ortal, pero arrepentidos de sus culpas desean mudar de vi ­
da : otros, que sumergidos en el abismo de su infidelidad , cr h ere-
g í a , anhelan por la verdad , y son encendidos en vivos deseos de
conocerla: otros, que de tal modo se deleytan en su pecad o, que
quieren perseverar siempre en é l , sin tener el menor proposito de
enmendarse. Supuesta esta distinción , d ig o , que la Oración es utií,
con tal que se haga re&amente , para aquellos que están dispuestos
de uno de los tres primeros m odos; (d) porque e l Señor está cerca de
aquellos que de verdad le llaman. Pero los de la quarta clase no solo
oran sin fru to , sino que provocan a Dios á ira con sus Oraciones;
pues como dice el Espiriru Santo en los Proverbios: (e) E s execra­
ble la Oración de aquel que aparta sus orejas para no oir la L ey. L a
Oración de los tales es falsa , es mentirosa , llena de hypocresía;
pues en lugar de orar á D io s , se burlan de su M agestad; pues pi­
den a Dios misericordia al mismo tiem po, que de tal modo se de-
le y -
(a) Sess, 14. can. 13. de^Pcen, (¿) Ephes.I.a. (e) Psalm. 9, id) Psalm.
1+4. 18, (e) Prov, 28. 9 .
N ?
198 P a r t e III. L ección p r im e r a .
leytan en su p ecad o, que no quieren de modo alguno apartarse de
él. Pero se ha de advertir , que alguna vez. puede suceder que el
pecad or, que se deleyta en su pecada , llegue a la Oracion con el
fin de alcanzar de Dios la gracia para apartarse del afecto del pe­
cado. Es d e cir, le agrada aun el pecado , pero ora para que no le
a g ra d e : ruega á D ios que le dé una voluntad de 110 p e c a r, y que
prevenido de su m isericordia, de tal modo se mueva su anim o, que
cese el afeéto del pecado , para no acumular mas sus delitos. El
que ora de este m odo, ora utilm ente, y se ha de referir a la clase
de los. que pusimos en segundo lu g a r , porque aqui ya hay algún
principio de conversión. Pero el que sin la mas mínima humildad,
sin la menor compunción del co razo n , sin el menor deseo de pe­
nitencia , se liega á la O ra cio n , claro está que Dios 110 se ha de
mover de esta hypocresía á m isericordia, sino que antes bien se
ha de irritar su justicia por la especie de irrisión , é injuria que se
le hace*
Las cosas que se ban d e pedir á Dios en la Oracion son todas
aquellas que licitamente podemos desear; porque Dios es el dador
de lodos los bienes, (a) Pero se ha de distinguir, que unas cosas se
deben pedir absolutamente, y otras debaxo de condicion. Absoluta­
mente se ha de pedir la vida eterna, y todo la que es necesario pa­
ra conseguirla * v . g , la remisión de los pecados , las virtudes , las
gracias necesarias para co n o cer, y observar los preceptos de Dios,
y de la Ig le sia , y para exercer dignamente los oficios de nuestro
estado , y condicion» Debaxo de condicion se han de pedir aquellas
cosas que pueden aprovecharnos y a dañarnos en orden á nuestra
justificación, y salud eterna ; por lo q u a l, deben pedirse solamen­
te, con tal que conozca Dios que nos convienen.De esta claie sanios
bienes temporales de naturaleza , o de fortuna.
Para que sea refto el modo de orar , se han de guardar las si­
guientes condiciones : L a prim era, que se ore en nombre de Chris­
to : L a segunda, que se ore en espíritu , y verdad : L a tercera , con
humildad , y compunción del corazon : L a q u arta, con atención,
y preparación del anim o: L a quinta , con confianza; y la sexta,
con perseverancia.
L a primera condicion denota, que en C h risto, y por Christo
Señor nuestro se ha de pedir todo lo que es necesario para la salud
í______ ,. eter-
(a) Jacob, i. 17.
S obre la O ración b e l P adíve nuestro . 199
íiern a . porque como dice San Agustín : (a) N o se p id e en nombre d el
Salvador quando se p id e algo que es contrario a la misma salud. Se
ha de orar en nombre de Christo , porque no h ay otro nombre en
que podamos ser salvos • y til solo es el medianero entre D io s , y
los hombres, por quien se nos dá la entrada para su Padre Eterno.
Por eso quando hacemos Oración á M aria Santísima , y a los San­
tos , la hacemos en nombre de Christo , porque les pedimos que
rueguen á Christo con nosotros, y sean nuestros intercesores con
su M agestad • (¿) pues la entrada que ellos tienen en el tribunal de
la Divina m isericordia, es por medio del Salvador. En fin , la ado­
ración , la alabanza , la acción de gracias , el sacrificio, y la oblar-
don todo debe hacerse en nombre de Christo • porque todo es es­
pecie de O ra ció n , por la qual el alma se eleva á D io s ; y no h ay
otro camino para ir á Dios sino Christo Señor nuestro.
L a segunda condición , es orar en espíritu , y verdad , porqué
D io s es e s p ír itu ',y a s i , es necesario que los que le adoran le adoren
en espíritu , y v e r d a d , y estos son , dice el mismo Christo , los que
busca su E terno P a d re. (c ) O rar en e s p í r i t u y verdad es orar de to­
d o corazon , y con tal disposición del animo , que sea oída la O ra­
ción ; porque el que no lo hace a s í, es semejante a los Judíos y é
h yp ocrítas, de quienes dice C h risto : E s te P u eblo me honra con sus
la b ia s , pero su corazon está distante de m í. (d) Y así , debemos orar
con la mente, con el espíritu , con el animo , y con grande a feito
del co ra zo n ; porque en la Oración se debe levantar la mente á
Dios , y seguir el impulso del Espíritu Sán to, que es el que indu­
ce á orar. Esta forma de Oración conviene á la m ental, y vocal,
pero la mental tiene el primer lu g a r ; porque primeramente la con­
viene a ella el hacerse -en espíritu , y verdad , y despues a la vocal;
por lo q u a l, mas bien oye Dios la Oración del corazon , que la de
la boca.
L a tercera condicion e s , que sé ha de orar con hum ildad, y
compunción del co ra z o n , clamando a Dios de lo profundo de
nuestra miseria , implorando con gemidos su m isericordia, y con­
siderándonos pobres , y desvalidos ; porque si D ios resiste a los s o -
hervios , a los humildes les dá gracia i (e) y como le es agradable sa­
crificio el esp íritu con tribu lad o , no desprecia al corazon h u m illa d o , y
con -
{a) Trad. io s. in Joann. n. i. {b) Conc. Trid. sess. s j , de lutocar, SSr
0 ) Joann,4. 23. s+. (á) ^Jauh, 15.S . (e) Jacob.4,6,-
20o P arte III. L ección prim era .
contrito, (a) Hemos de estar , en que somos pobres, enferm os, y
pecadores, y que no podemos levantarnos despues de haber caído,
si Dios no nos ayuda con sus auxilios, ni permanecer en su gracia.
L a quarta condicion e s , que se ha de orar atentamente, y con
previa preparación, porque si hay distracción voluntaria , es in­
útil , é infructuosa la Oracion ; mas no dexará de ser útil, si la dis­
tracción fuese involuntaria, porque Dios se compadece de nuestra
m iseria, y fragilidad. Entonces será voluntaria la distracción,
quando con plena advertencia del entendimiento , y pleno consen­
timiento de la voluntad , se piensa e/i otra cosa agena de la Ora­
cion ; y de este modo es voluntaría en sí misma la distracción. Pe­
ro lo será en su causa , quando alguno está distraído, porque arre-
batado del amor del m undo, no piensa en otra cosa sino en los ob­
jetos exteriores, y transitorios; por lo q u a l, si nuestro corazon no
arde en algún amor divino, sino solo en Jos deseos mundanos, si so­
lo se deleyta en las cosas exteriores ocupada la mente en ellas , no
se pensará en otra cosa quando se ora ; pues si de la abundacia del
corazon habla la lengua , no es dudable, que segun la disposición
del corazon , asi serán los pensamientos del que ora * y a s i, esta
distracción es voluntaria en su ca u sa , porque los deseos del mun­
do , que la producen , so a voluntarios. Para cautelar las distrac­
ciones que suelen ocurrir en la O ra cio n , el remedio es hacer lo que
amonesta el Espíritu Santo, d icien do: A ntes de la Orado» prepara
tu alma , y no quieras ser como el hombre que tienta a D ios, (b) Esta
previa preparación para la Oración: es de dos maneras , una próxi­
ma , y otra rem ota; la remota consiste en que se conduzca una vi­
da arreglada á las L eyes del Evangelio , y agena de la ociosidad,
y vanos deseos del mundo. L a próxima consiste, en que antes de la
Oración se vuelva la mente ácia sí misma, y piense la calidad del
negocio que se ha de tra ta r; considere delante de quién , y de qué
modo se debe portar en la Oracion,
Para quitar aqui toda equivocación , conviene a d v e rtir, que
aunque es verdad que no puede tenec- ateircior* el que no piensa en
otra cosa sino en dar satisfacción á sus deseos desordenados, y no
quiere ser libre de e llo s; esto jiq obsta para que pueda orar atenta­
mente aquel q.ue ya comienza á pensar en ver cómo se ha de librar
de la esclavitud del m undo, y de sus pasiones, y en romper los
la-
(a) ¿'salín. üccii. 18,23,
So b r e la O r a c ió n del P ad r e n u estr o. 201
lazos de la carne , y de la sangre , aunque aún no lo haya hecho,
porque este ya vuelve en s í , y quiere convertir su corazon á
Dios.
L a quinta condidon e s , que se ha de orar con confianza de
que conseguiremos de Dios lo que le pedimos; porque de otro modo
nada alcanzarem os, como nos avisa el Apóstol Santiago. (a) Para
excitar nuestra confianza , hemos de considerar, que D io s , como
Om nipotente, puede darnos todo lo que le pidiésemos, y librar­
nos de todo pecado , por enorme que sea 5 que Dios es solo quien
puede h a cerlo , quien puede aliviar nuestra pobreza , sanar nues­
tras enfermedades , y darnos su g ra c ia ; y que regularmente no se
concede esta misericordia sino a los que oran ; que Dios no quie­
re la muerte del pecador , sino que se con vierta, y viva ^ y de
tantos beneficios como hasta aqui liemos recibido de la divina libe­
ralidad , podemos congeturar los que en adelante podemos espe­
rar 5 que por m uchos, y muy graves que sean nuestros pecados,
es mayor infinitamente la misericordia de Dios j (¿) que tenemos
por Salvad or, por M edianero, por Abogado , por Intercesor 3
Jesu-Christo, Hijo de D io s , que pela, propiciación por nuestros
p ecad os, y es quien muchas veces ha prometido que cooseguire-
tnos todo lo que en su nombre pidamos a Dios. (c)
L a sexta condicion es orar con perseverancia, no desistiendo
nunca de la Oración, porque nunca debemos cesar de amar á Dios:
y aquel ora siem pre, que siempre am a: S i semper manet c h a n ta s ,
semper cla m a s : tacebis si amare d e s tiie r is , dice San Agustín. (W)
Es decir , que no podemos estar siempre de ro d illas, no podemos
estar siempre alabando^ ü orando a Dios con la b o ca ; no pode­
mos estar siempre , y a cada instante haciendo A ñ o s de Caridad*
pero esto no obsta para que persevere en nuestros corazones un
amor continuo, y un continuo deseo de Dios , porque es m uy
compatible con las ocupaciones necesarias. Si amamos de veras á
D ios referimos a su Magestad todas las co sa s, y todas se hacen
con, fin reíto , y con íe ñ o ord«n. Aunque anualmente no se piense
en D io s , no por eso se le dexa de amar , deseas , y o r a r ; porque
( como se infiere de lo que dice San Agustín en otro lugar ) el
am o r, el d e s e o y la oracion del corazón, son una misma cosa $ (e)
„ ___ y
(e*> Jacob. 1. y. 6. & 7. (b) 1. Joan n . 1 . 1. {c ) Joanii. 1 6 .2 3 ,. ( d) S .
Aug. finarr. ¡11 Psalm. 37, q, 14, (e) Epist, 130, ad, Ptoy. cap.?, n, 18,
203 P arte III, L e c c ió n p r i m s h a ,
y a s i , no se puede observar perfectamente el precepto de ía Ora­
ción sin que se cumpla con el precepto de ía caridad ; ni se inter­
rumpe la O racion , hablando en propiedad, sino quando se cesa
de amar á Dios,
Muchas veces dilata su Magestad el concedernos lo q u e pedi­
mos para probar nuestra fé , y para que oremos con mayores ins­
tan cias , y con mayor fervor. Oramos fríam ente, y con tibieza,
porque es muy débil el deseo que tenemos de la eterna Bienaven­
turanza 4 porque si nuestro deseo fuera- fervoroso, también lo se­
ria la Oracion ; y no hay duda , que segun la m a y o r, o menor ins­
tancia con que pedim os, asi se nos concede , 6 pronto , o tarde , el
favo r; y á quien no le desea no se le concede Dios, También le sue­
le diferir para que experimentemos , y sintamos mas quánta es la
miseria, quántas las enferm edades, quántas hts necesidades que nos
oprim en , y con esta experiencia nos humillemos m as, y seamos
mas cautos , y vigilan tes, y con m ayor estudio, y solicitud recur­
ramos á nuestro M e d ico , y Libertador,
N o hemos de dudar que los que oran como deben consiguen
de Dios lo que piHen , parn no clempre del modo mismo con que lo
‘piden. Es d e c ir , que no alcanzan siempre los bienes temporales,
los quales muchas veces niega Dios p ro p icio , aunque es licito pe­
dirlos , como dexamos dicho. Pero siempre consiguen la remisión
de los pecados, las virtu d es, y todo lo demás necesario para la
consecución de la vida eterna. («) No se acom oda siempre Dios á
ía voluntad de los que o ra n , sino que atiende siempre a su nece­
sid a d , o utilidad. Muchas cosas niega misericordioso , que conce­
dería a y rá d o ; otras cosas no niega absolutamente , sino que las
difiere para darlas en tiempo oportuno, porque conoce Dios m uy
bien lo que necesitam os; y a s i ; debemos arrojar en él toda nuestra
solicitu d , porque é l tiene el cuidado de nosotros , dice San Pedro. (¿)
E lija su Magestad el camino que juzgase que nos es mas útil \ lo
que nosotros debemos desear es hacer su voluntad con m agnanm t
corazon 5 y con prontitud de animo , como nos avisa la Escritu-*
ra. (O ' '
Hablando de los pecadores, é impíos que perseveran en sus pe*
ca d o s, hemos de decir , que algunas veces los entrega Dios á Ioí
de«
Sobre la O ración d e l P adre nuestro. 203
deseos de su corazon , concediéndoles ayrado lo que le piden, pe­
ro otras veces se lo niega propicio, (<?} P e d ís , dice el Apostol San­
tiago , y no r e c ib ís , porque ped ís mal para consumiros en vuestras
concupiscencias. Por lo q u a l, si quando pedimos lo que nos es da­
ñoso se nos concede , es señal de que Dios está ayrado contra no­
sotros en gran manera , y debemos temer nos entregue en manos
de nuestros deseos; pero si lo niega , es señal de su benignidad , y
paternal providencia. D e aqui se sig u e , que debemos d ar gracias
á D io s, no menos en los. sucesos, ad versos, que en los prosperos;
porque regularmente las adversidades aprovechan mucho para
nuestra eterna salud. Por cu ya ra zó n , hemos de pedir siempre a
su Magestad que no atienda á nuestros deseos quando pidiésemos
alguna cosa que sea impedimento de nuestro bien , y que solo nos
eonceda lo que tuviese por ú t il, y necesario..

LECCION II.
DE LA ORACION M E N T A L .
A Oración M ental es aquella que se hace con la m ente, sin
prorrumpir en palabras. E s útilísima si se hace como se de­
be ; y es necesaria , aun mas que la v o c a l, en algún sentido, por­
que puede muy bien hacerse recám ente sin hablar palabra con los
labios; mas no puede ser reéta con solo las voces , sino acom paña
lo interior del corazon. A muchos se les hace muy difícil esta es­
pecie de oracion , porque forman de ella muy falsa idea. Juzgan
que consiste en pensar muchas cosas con sutileza, y curiosidad, y
en reducirlas á un riguroso exam en, y raciocinio ; y como esto lo
pueden hacer pocos, por eso juzgan que son pocos los que pue­
den tener Oración Mental. Pero es un grande error el pensarlo
a s i; porque la Oracion M ental no consiste en revolver con sutile­
za , ní en' investigar muchas cosas con curiosidad, sino en levan­
tar el corazon a D io s , exercitando las Potencias del alma en los
M ysteríos que-la Fé nos enseña. Y a s i, aquel tiene Oracion Men­
tal , que con íntimo afeito de su corazon se encamina acia Dios;,
que conoce su necesidad , y p obreza; que se duele de sus pecados,
y
(,«) Jacob. 4. 3,
204 P a r t e I I L L e c c i ó n II.
y quiere hacer penitencia de e llo s ; que piensa en mudar de vi­
da ; que desea con seriedad la eterna salu d , y para esto pide á
Dios los auxilios necesarios; que le dá gracias por los beneficios
recibidos , y se le ofrece hostia v iv a ; que despreciando todos los
d eseos, y afecciones contrarias á ía L e y de D io s , se le dedica a
si mismo con todas sus cosas. Pero para hacer todo lo dicho es ne­
cesario valerse de algunos santos pensamientos , y pías meditado-
nes 5 porque la voluntad no se mueve sino por el bien ya conoci­
do. Para que nos excitem os, pues , al dolor de los p ecad o s, ai
amor de la verdad , y de la justicia ; á la acción de gradas por los
beneficios recibidos , & c. es necesario primero pensar , y tener co­
nocimiento de los pecados , de la verdad , de la justicia , y de los
beneficios de D io s ; es necesario reflexionar estas cosas, y medi­
tarlas con atención. N o se opone esto á lo que dexamos dicho , que
la Oración Mental no consistia en pensar, ni raciocinar , porque la
O ración es elevar el corazon á D io s , y no se e le v a , ni se encami­
na la voluntad á Dios sino precede el exercicio del entendimien­
to ; pero de esto no se infiere otra co sa , sino que para orar bien
es menester que primero pensemos, y meditemos en algún objeto,
aunque por mas que pensemos en é l, v. g. en D io s, sino acompa­
s a el deseo, y el gemido del corazon , no oramos, (a)
Para que esto mejor se entienda, conviene explicar qué cosa es
meditación. Meditar no es otra cosa que pensar .atentamente en al­
gún objeto; v.g. en la Omnipotencia de Dios,en la creación del mun­
do , en la redención del genero hum ano, en la V id a , Pasión, y
M uerte del Hijo de D io s , en las Vidas de M aría Santísima, y de
los Santost en sus v is o r ia s , en sus triunfos, en las miserias de la
Vida hum ana, en la m uerte, en el juicio de D io s, en el Infierno,
en la G lo r ia , & c. pero en lo que principalmente debemos meditar
es en la L e y de D io s , como frequentemente lo encomienda la E s­
critura , y los Santos P a d re s; porque la L e y de Dios debe ser la
norma de -nuestras accion es, palabras, y pensamientos. Pero no
nos hemos de parar solo en una mera , y esteril especulación , sino
que hemos de pasar á la p rá & ica , viendo en nuestras conciencias
si nos conformamos, o no con los preceptos divinos, y de la Igle­
sia , para que con este previo examen se mueva la voluntad al do­
lor de lo que en ellos hubiésemos faltado , y al proposito de la en-
mien­
te) S, Aug, tínart&t, in Psalm, 3, n. 4.
le la O ración M e n ta íí üoj1

mienda , implorando para esto el auxilio de Dios , euye» genero de


oracion es tan necesario , que por su fa lta , y abandono nos vienen
todos los males , como lo dice Dios por su Profeta Jeremías: (a)
Que la tierra estaba desolada , porque no bahia quien de corazon se
pusiese á meditar. ■ . • • r ■->?*'v
Para que se vea quán necesario es a todos este genero de ora-»
ció t i, y meditación, se ha de suponer como, cosa cierta ? que na­
die hay que no esté obligado a llevar en su'corazon la L e y de
D ios; que todos estamos obligadas a reglar nuestras acciones, y
palabras por esta norm a; a gem ir, y dolemos de los pecados con
que ella se v io la , y se quebranta; á pedir a Dios el perdón de
ellos; a emprehender nuevo método de v id a , y a velar , para que
ia nueva vida comenzada;se mantenga, pues esto no es otra cosa
que vacar á la oracion , y mediracion» V ed , pues, quán fácil es
tener Oracion Mental., especialmente para los que aman á D i o s , y
desean la eterna Bienaventuranza. Solamente se les hace dificultoso á
los que quieren conducir una vida deliciosa, y mundana, y que quie­
ren perseverar en sus pecados. Estos nada entienden , porque 110
quieren: ellos nunca tienen oracion , porque nunca quieren pensar
en D io s , ni en su L e y Santa , y siempre- andan fuera de s í , enve-
lesados con las lisonjas 4 y albagos de sus deley tes.
Para mayor demostración de la necesidad de la Oracion Men­
tal , supongo , como cierto , entre los T h eologos, que despues del
pecado original tiene la naturaleza humana siete fortisimos impe­
dimentos , que la retardan , o hacen dificultoso el perseverar en ia
observancia de los Mandamientos : El primero es el: nimio, desvelo
de los Demonios para tentarnos incesantemente cOn mas trazas,
ardid es, y valentías que las que u só , o puede usar alguna vez et
Capitan mas exp erto, y mas robusto para asaltar una p la z a : E l
segundo es el mundo, propoaiendo los objetos sensibles, y d d e y -
tables á que se inclinan los hombres faciüsimamente. N o hay rio
que con tanta velocidad se despeñe ácia el m ar,-com o el hombre
á los objetos deliciosos, que son el centro en que descansa la. par­
te inferior,-y bru tal: El tercero es la rebelión de la carne contra
el espíritu; esto e s , la guerra perpetua con que el apetito- sensiti­
vo está continuamente batiendo a la parte superior del alm a, co­
mo procurando arrancar de ella los consentimientos, 3, las cosas
_________ ______ ____ que
(<*) J etó n . 13 ; 3,
2 o6 P a r t e I I L L e c c i ó n II.
que le dán gusto , y rom psr las cadenas d e .la s buenas costumbres,
y propositos que refrenan sus libertades contra la L e y de Dios;
E l quarto són los malos e.templos de los hom bres p erversos , que
p rovocan para el m a l, o retardan para segu ir los rum bos de la
ju s tic ia , y perfección : Et quinto , aquellas quatro heridas que nos
d e x ó la culpa original i, conviene a saber , ign oran cia de las ver­
dades necesarias para v iv ir bien , m alicia' con que nos inclinamos
a! mal , enferm edad , o debilidad para apartarnos de é l , y pro­
segu ir el bien - y co n cu p iscen cia, con que nos ofuscam os , é in­
d i n a o s a los objetos contrarios á la ra zó n : L o s e x to , la corrup-
€!•;■!*, y m iseria del c u e r p o , que g ra v a al alma , é impide la con­
tinua v ig ila n c ia , y atención del entendimiento á las verdad es eter­
n a s , y m otivos que nos retraen de la c u lp a : E l séptim o es la ins-
r n b iü d a d , o inconstancia de la natu raleza humana , que lu eg o se
fastidia en la perseveran cia de unas mismas o b r a s , ó un mismo
tenor de vida.
Supongo lo s e g u n d o , que si estos impedimentos no se vencen
con la divina g r a c ia , es imposible observar la L e y de D i o s ; y pa­
ra que se su p e re n , y venzan p o r la rg o tie m p o , son necesarios de
parte de la criatu ra otros siete rem ovim ientos contrarios m oral-
mente continuos. C ontra el prim ero , es necesaria una vigilancia
continua , con c a u te la , y apercibim iento , p ara p r e v e n ir , y reba­
tir los ímpetus , y traycio.nes del enem igo , como nos dice San Pe­
d ro : Sobrie estofe, & v ig ilá is, quia adversarius veiter diabolus tam-
quam leo rugiens circuit. C on tra el segundo , se necesita mucho
d ese n g a ñ o , y luces prácticas con que nos enteremos de la vanidad
del mundo , de como son en g a ñ o sa s, transitorias , y llenas de
am argu ra todas sus delicias. C ontra lo te r c e r o , se necesita lucha,
y predom inación de parte del espiritu. C o n tra lo quarto , es nece­
saria d e stre z a , y firm eza en huir las malas co m p añ ías, y no mo­
vernos de sus malos exem plos , buscando co m p añ ías, y conversa­
ciones san ta s, y trayen do a la m emoria exem piares edificativos de
los Santos, C ontra lo q u in to , se necesita estudio- en la ciencia de Is
s a lv a c ió n , y escuela de la virtud , a g u a rs e en la adhesión al bien,
en la robustez de la caridad , y en la m ortificación. C on tra lo sex­
to , es necesaria tal entereza de e s p ir itu , que con las corru p cio­
nes de la carne no perdamos de v is t a , en quanto sea posible , los
objetos celestiales. C ontra lo séptimo , es necesaria constancia en
los buenos peopositos. Y p or quanto el alm a se causa } .y enflaque­
ce
b e la O r a c ió n M ental. 207
ce en las resistencias co n tin u a s, es necesario de mas de esto reha­
cer las fuerzas atenuadas con tantas .resistencias , p ara que no lle­
gue á descaecer totalmente con los impedimentos que encuentra.
Pues -ved a q u i, que la. rem ocion de estos impedimentos no se
puede h a c e r , ni adquirir establem ente sin m ucha m e d ita c ió n ,y
exercicio de las tres potencias del alm a acerca de las verd ad es
etern as, o sin frequcncia (en una p a la b ra ) de la O racion M ental
substancialmente tom ada. P orqu e com o dice Santo T h o m á s de V i -
lla n u e v a , en ftütando al alm a la o ra c io n , y exercicios espiritua­
les , se seca tod o el v e r d o r de la devocion . Sin este rocío celestial,
y sin este pan quotidiano se consume todo el v ig o r del espíritu,
y queda el alm a tibia para el b ie n , sin fuerzas p ara las obras d e
V irtu d , m aniatada p ara poner p or obra los deseos que tiene de
lo bueno. Si a llá a lg u n o hubiese dado en algu n a tra za n u e v a , b
algú n ingenio m oderno de rom per estos'im pedim entos tan fuertes
á la fragilidad h u m a n a , sin frétjuéiífcia d e ;o r a c io n , y espirituales
exercicios , hagañoá' caridad de sa c a t1 a lu z ese p a rto de su habi­
lidad , escusaremos de andáfnos fatigan do por caminos ásperos de
oraciones^ penitencias ^ austeridades; y no falta rá quieu quiera (si
p udiere ser) hacer ,- y tertei* a íi 'una buena vid a ; desde él C onfe­
sonario: á Ja diversión ;> désete1la Com union á les banquetes sun­
tuosos , desde -la lgl^sia-kl: osatro-y y sarao , & c . P o r lo q n a l, v e is :
aquí que h ago este argum ento q u e ®onfdificultad hallareis rép li­
ca contra é l. ¡Ello e s , -que es- moralmente imposible perseverar la r ­
go tiempo en la divin a g ra cia , quien por todo ese tiem po no rom ­
piere los lazos ^ é impedimentos que lia y ;contra la ta l perseveran­
cia ; es asi T que es moualmente imposible rom per f y ven cer p o r
largo, tiempo todos esos impedimentos-sin frequencia de la O racion
M e n ta ls u b s ta n c ia lm e n te to m a d a ; luego sin ella es moralmenre
imposible perseverar la rg o tienvpo en A divin a g r a c i a , o abstener-
se de toda culpa m ortal.
20S ’

LECCION III. ’
DE LA ORACION DOMINICAL,
ó Padre nuéstrv.
N tre todas laíiO raciones la mas excelente res la que llamamos
E D ojníníca, por haber'! sido su Autor Christo Señor nuestro;
(dj-porque en pocas palabras cojttiienettodO l.o<que debemos pedir
a D io s , y ;el.orden con que debemos pedirlo. Todos debemos usar
de esta O ra ció n , porque todos necesitamos del auxilio de Dios;
y debernos rezarla todos lo s,d ías, porque continuamente debemos
alabar a D io s , y .darle gracias por los ¡beneficios recibidos, y toa­
dos los dias nos hallamos ipohres ,,y necesitados ; que por eso di­
xo Christo , que era-c¿nrv$nj;«0i£.prar siem pre.. -.<*
E sía.O raeion co m ien fclo -p rim efo., el proemio , o Prefacio,
que snn¡.aquellas palabras :: .pjtlr$ nuestro , que estás en 1os Cielos.
D cípues se siguen las.siete peticioné;^flue son: L a prim era, súnti-
ficd\lG ¿<¡a tu nombre ; L a segunda, a nos. e¡ itt Reyno : L a ter-,
cera , ba^fife tu-voluntaá iísi ev-jii tierra eo;np en el C ie lo : L a quar-
f a , el paa-mestro de cada día danafh oy :í¡La. quinta , y perdónanos
nuestras deudas , asi corfi&¡notoiros::perdonamos a nuestros deudores:
L a sexta, y no nos ¿exes caer en la, tentación :,L a septinQa, maj //-
brunos de mal., Amen. . . ¡ ,
., • D e estas siete peticiones las tres primeras (pertenecen a ia glo­
ría de D io s, ,y las quatro postreras i la tutilidad de los hombres;
aunque hablando.propiamnUe9 roo hay.alguna, entre ellas-,que no
se refiera á nuestra utilidad ,■y a langioctt de Dios ^cofno dire­
mos, despees largatnenté/¡waodo'j a» eatpliique cada ¿una de las peti­
ciones. . -'/In. . , i v : v b ' x
Del mismo contexto de esta Oración , consta, que se debe re­
zar todos los dias , como queda dicho ; porque pedimos a Dios
que nos dé o y el pan nuestro de cada d ía : (b) y San Agustín la
llama medicina quotidiana contra Jos pecados de todos Jos días.
Regularmente los sabios , quando han de hablar de algún
asunto g r a v e , usan de proemio , cu yo fin es disponer, y preparar
tan-
{aj iVLitth. ó . ¡ j . L u c s 1 1 . z , {bJ S e r a . 1 7 , e x h o m . j o , cap. j. n , $*
de ía O r a c ió n D o m in ic a l . 10 9
tanto al orador para d ecir, como a l oyente para o ír ; y a s i , eí
proemio de esta Oración es una formula de la preparación chris-
tiaiu para orar.
La primera palabra de esta Oracion es Padre , cuya vo z qui­
so Christo que fuese la prim era; porque aunque nuestro Salvador
en el principio de esta Oración pudo colocar otra palabra que so­
nase á Magestad , como Criador , o Señor las om itió, porque po­
drían infundirnos tem or; y puso la palabra Padre , para conci­
llarnos el a m o r, y la confianza; porque , ¿qué cosa mas dulce
que el nombre de P adre? Las razones por que a Dios le conviene
el nombre de Padre , son : L o primero , por la creación; lo se­
gundo , por el g oviern o; y lo tercero , por la redención. Pero
principalmente por el nombre de Padre se significa la paternal
providencia de Dios para con los hombres, (a) Este nombre provi­
dencia, ó proveer se deriva de pro , y veer , paia d eclara r, que
Dios v é , y vela para la utilidad de los hombres. Providen­
cia no es otra cosa que ordenar las cosas a sus propios fines, cu ­
yos efeétos principales son proveer todo lo que es necesario , y
útil para la consecución del fin á que la cosa se o rd e n a , lo quaí
hace Dios con los hombres con suma benignidad , aun mas que los
padres carnales con sus propios hijos. Aun quando su Magestad
nos castiga , y corrige manifiesta la paternal misericordia que tie­
ne de nosotros; si nos envia calam idades, p este, hambre , guer­
ras , tempestades, enferm edades, muertes de nuestros mas ama­
dos , y otras semejantes, no por eso hemos de juzgar que lo hace
por nuestro m a l, sino que hiriéndonos , nos quiere sanar , y que
aquella plaga no es p la g a , sino m edicina: ib) castiga nuestros pe­
cados , pero nos mira siempre con m isericordia, y nos conserva
el paternal amor que nos tiene.
Podem os, pues,, y debemos llamar á Dios Padre nuestro , por­
que somos hijos de Dios , y á los hijos les conviene decir á su Pa­
dre : Padre nuestro. Esta voz nuestro significa tres cosas: La p ri­
mera , que los hombres son hijos de D io s: L a segunda , que ellos
son hermanos entre sí mismos; y la te rc e ra , que Christo es ver­
dadero Hermano de los hombres. Decimos , p u es, Padre nuestro ,
y 110 Padre mío , aunque recemos privadamente esta O ra ció n : L o
prim ero, para que entendamos, que lo que pedimos en ella no es
■ por
(a) Ex S. Thom. 1. p. q« 22. (A) tfebr, 12,
O ,
aro P a e t e III. L e c c i ó n III,
por nosotros solamente, sino por toda la Iglesia, de quien todos
somos miembros: Lo segundo , para que nos conste la caridad con
que debemos amar al proxim o, cuyas necesidades debemos ofre­
cer a Dios del mismo modo que las nuestras, para que se dígne
rem ediarlas: L o tercero , para que adviertan los rico s, los gran­
d es, y poderosos deí m undo, que tienen un mismo Padre con los
p obres, y de baxa e sfe ra ; (a) y a s i, se muevan á socorrerlos, y
amarlos como á hermanos : L o quarto, porque Christo Señor núes-
tro no solo fue nuestro Hermano quando vivió en carne mortal,
íino también lo es despues que resucitó, y subió k los C ie lo s; y
por eso despues de resucitado , y en el ultimo juicio llama­
rá hermanos suyos á los F ieles, cuya fraternidad nos hace de­
lante de Dios muy d ig n o s, y amables , y asi conseguimos mas fá­
cilmente lo que pedim os; y demás de e so , podemos esperar que
tan d ig n o , y tan amante Hermano nuestro ayudará nuestras ora­
ciones: L o quinto, para que unamos nuestras oraciones con las
que ofrecen á Dios nuestros hermanos los Fieles.
A cerca de estas palabras: Que estás en los C ie lo s , se ha de su­
poner como cosa certísim a, que D io s, por razón de su inmensidad,
está en todas p artes; pero se dice que está en los C ielos, porque
el Cielo es la parte mas noble de! U niverso, y por eso se llama en
las Escrituras silla , ó asiento de D io s , quien alli hace magnifica
extensión de su g lo ria , y perfecciones; y también , para que apren­
damos á poner nuestro corazon en los C ielo s, deseando, y suspi­
rando por aquel lugar deliciosisimo donde habita nuestro Padre
Celestial , y dá á sus hijos la herencia que les tiene prometida,
obrando en sus Santos cosas maravillosas.
A l premio se siguen las peticiones que incluye la Oracion. La
petición es una manifestación del interior deseo que tenemos de al­
guna cosa , y un nuncio, é interprete de lo que,deseamos conseguir.
L a materia de las siete peticiones contenidas en esta Oracion es todo
bien deseable, asi d ivin o , como humano ; el divino es la G loria
de D ics ; ei humano es .nuestra utilidad p ro p ia, y la del proximo.
Dios no puc-de carecer , ni necesitar -de bien alguno , porque su
Esencia Divina contiene todas las perfecciones infinitamente,y es Ja
fuente , y orU'vn de, donde todo bien dimana*, por lo q u a l, todo
lo que pedimos á D io s . que redunda en gloria s u y a , no es porque
se pueda añadir cosa alg.ina intrinsecamente á su naturaleza, á su
subs-
(<*; S. lib.a. Ufe S u La, U on iini in M onte «.ap. n. 1 o.
de la O ración Mental. 211
substancia, a su vid a , o a su ererna fi Jici .ad , sino que ló pedi­
mos para su m ayor gloria extrínseca ; es1o e s , p ara que todas las
criaturas le a la b e n , y b e n d ig a n , le reconozcan , se ie su jeten , y
obedezcan. Am en.

LECCION IV.
P R I M E R A P E T I C I O N .

!- Santificado sea tu nombre.

Emos de sentar , lo prim ero , que no pedimos aqui que se le

H aumente al nombre de D ios algún nuevo grado de santidad,


■porque D ios posee en sumo grad o la s a n tid id , y demás p erfec­
ciones , (d) sino lo que pedimos e s , que el nombre de D ios sea co­
nocido , h o n ra d o , y reverenciado de todos los hombres , asi co ­
mo lo es de los A ngeles en el C ielo ; de que se s ig u e , que lo que
pedimos á D ios en estas palabras e s ; L o prim ero, que todos los que
carecen de las luces de la Fé se reduzcan al conocim iento de la
. verdad , y se conviertan a D io s : L o segundo , que se extirpen , y
extingan todas las h e re g ía s, se com prim an los c ism a s, y se vu el­
van á la unidad de la Iglesia los H e re g e s, y C ism áticos: L o te r­
cero , que se borren totalmente todos los d e lito s, con los qu*les
■se ofende , y a gravia el nombre de D ios , y se trata ignom iniosa­
mente entre los h om bres: L o quarto , que todos los pecadores ha­
gan verdad era penitencia de sus. pecados : L o quinto , que todos
los hombres abracen el partido de la v ir tu d : L o s e x to , que na­
da hablemos nosotros , nada hagam os que sea indigno de la adop-
' cion de los hijos de D io s , que tenemos por la g ra cia : (b) L o sép­
timo , que todos los Fíeles hagan nuevos progresos en la virtu d de
día en d i a , y perseveren en ella hasta el fin. E l principio de esta
p e tició n , y de todas las demás es la F é , á ta q u a l, si se le junta
la C arid a d de puro c o r a z o n , de buena conciencia , y de fé no fin-
g id a , no h ay duda que es mas p erfefta la petición ; y a s i , q uan -
' do reyna en el hom bre esta caridad , ama a D ios con m ayor p e r-
.. fec->
(a) S. Aug. 1ib. z. de Serm. Dommi ín Monte cap, 5. n. 19, Tercuí, de

v O tit, Dom. pag. i j o . (¿) S. Cyp. deOrat, Dum. pag. l o í .
O ^
2 i2 P a r t e , III. L e c c ió n IV ,
feccíon , y por eso desea que sea con ocido, reverenciado , y ama­
do de todos. Se ama también á si mismo como conviene, y por eso
quiere él mismo conocer , a d o ra r, y reverenciar a D io s , como es
justo : ama al proximo como a sí mismo , y por eso le desea lo
mismo que para él. Vean aqui los que injurian el Santo nombre de
D ios con sus blasfem ias, y con otros delitos , no se condenen a si
mismos por su boca quando pronuncian esta petición sin afeito
alguno de re ligió n , y penitencia ■porque es muy distinto lo que
h acen , de lo que dicen , y oran : confiesan por una parte , que
quieren que el nombre de Dios sea ad orad o, y santificado de to*
dos , y por otra no tienen reparo en injuriarle ellos mismos,
Por lo q u a l, es necesario que se cumpla con las obras, lo que se
pronuncia con las palabras: es necesario que nosotros mismos ve-,
nerem os, y reverenciemos el Santo nombre de Dios con nuestros
hechos, y d ichos, y procuremos^quanto está de nuestra parte,que
los demás le veneren , y reverencien con sus acciones , y palabras.
Amen,

LECCION V.
SEGUNDA PETICION.
luenga a nos e¡ tu Reyno.

N estas palabras pedimos a Dios que Dios reyne en ríosotros,


E y en los demás hom bres, asi como reyna en los A n g e le s; de
que se sigue, que en estas palabr;»s pedimos lo siguiente: Lo pri­
mero , que todos los hombres conozcan el sumo , y supremo impe­
rio de Dios , y se le sujeten con toda su vo lu n tad : L o segundo,
que todos los justos experimenten la p ro vid en cia, y protección
paternal que Dios tiene de e llo s , y se confundan, o se conviertan
todos ios que íes persiguen injustamente : Lo tercero , que la Igle­
sia de Dios se estienda por todo el O r b e , y destruido el imperio
del Demonio , y del pecado , se anegue la muerte en la viftoria de
C hristo: L o qu arto, que solo Chri>to reyne en nuestros corazones,
y en los de todos los hombres, y haga con su gracia que reyne en
nosotros la justicia , la paz , y la santidad; L o quinto , que se
digne despues de esta vida llamarnos , y entrarnos á la participa­
ción de su Reyno en la Patria Celestial .5 y lo sexto , que venga el
día.
Se g u n d a p etició n , 213
d ía , en el qual lia de ju zg ar Christo a los vivos , y muertos , y h a
de manifestarse triunfante despues de haber puesto á sus enemigos
por esca b e l, y peana de sus p ie s , como se dice en el Psalmo ciento
y nueve.
YTean aqui la contradicción con que proceden los que se atreven
a pedir a D ios que ven ga á ellos su R e y n o , quando esto lo hacen
sin el menor m ovim iento de penitencia por sus p ecad os, y solo pien­
san en que reyne en ellos el cum plimiento de sus deseos desordena­
dos , em pleando todas sus fuerzas para que Christo no reyne en sus
corazon es, ni en los demás. Su misma oracion los condena , p orque
sus obras, contradicen á sus palabras, Y a s i, para que h aya con­
form idad en u n o , y otro, debemos desear de todo corazon que D ios
reyne en nosotros por gracia en la vid a p re se n te , y p o r'g lo ria en
la -futura. Considerem os nuestras m ise ria s, que somos enferrftos,
frá g ile s , inclinados al pecado , que la carne se rebela contra el es­
píritu , y que el Demonio , como cruelísim o ty r a n o , hace acerbísi­
mas males á quien posee , y domina. Debemos d e s e a r , p u e s , la li ­
bertad de hijos de D io s , y la herencia del R eyn o de los C ie lo s , que
por Christo nos está preparada. A un tesoro escondido en el cam po
lé com para C hristo, ensenándonos, que por adquirirle debemos me­
nospreciar todos ios bienes del mundo, que son estiercol en com para­
ción de lo que aquel vale. ¡Felices nosotros si C hristo nos com uni­
case tantas luces , que pudiésemos ver aquella M a rg a rita de la D i­
vina G ra cia , con que su M agestad reyn a en los s u y o s ; sin du da
venderíam os todos nuestros h ab e re s, y a nosotros mismos con ellos,
p ara tener la dicha de com prarla , y p o s e e rla ! P or eso no basta
pedir com o quiera el R eyn o de D i o s , sino que es necesario juntar
a esta petición las buenas o b r a s , que son el medio de b uscarlo , y
h a lla r lo ; (a) porque también las V írgen es fatuas pidieron al Señor
que les diese entrada en su R ey n o , pero fueron e x c lu id a s , porque
iban vacías de buenas obras : (¿) T no todo aquel que dice Señor , S e ­
ñor , entrará en el Reyno de los Cielos, P ero por esta razón pedimos
aquí todo lo que pertenece á la conversión , y justificación del pe­
cador , á la p erseveran cia , al mérito , y á la consecución de la
vid a eterna. Pedimos que D ios destruya el Demonio , .y tyran ía deí
D em on io, de la m u erte, y del pecado , y nos libre de su e scla v i­
tud , y servidum bre. Pedimos que C hristo reyn e en n o so tro s, por
las
{aj AViduh. 3J- Matth, 7,
O3
2 r4 P a r t e III. L e c c i o í í V .
Jas soberanas virtudes de F é , Esperanza , y C arid ad , por las qua­
les nos hacemos en alguna manera participantes de su Reyno , y su­
jetándonos a Dios perfectamente , nos consagramos a su culto , y
veneración , de suerte , que esté sujeto eJ sentido a Ja razón , y ia
razón á Di^s , para que asi como dixo el A p o sto l: («) Vivo yo , mas
ya no vivo , sino que Christo vive en mí] asi también nosotros podamos
decir, reyne yo, pero ya no reyno yo , sino que reyna en mí Cbris-
to. Amen.

LECCION VI.
TE RCE R A PETICION.
Hagase tu voluntad asi en la tierra como en el Cielo.

O que pedimos a Dios en estas palabras e s , que nos conceda,


L j que del modo que hacen su voluntad divina los Angeles , y
demás Bienaventurados en el Cielo , asi nosotros la cumplamos en
la tierra. (¿) L a voluntad d ivin a, y la primera , y peremne fuen­
te de toda bondad , de toda ju sticia, de toda santidad , y caridad,
es la causa universal de todas las cosas, porque hace todo lo que
quiere ; es la misma justicia , y bondad ' esto e s , que la voluntad
de Dios es justa por sí misma, pero las demás co sas, por tanto son
justas , en quanto se conforman con esta voluntad : es la primera,
y suma regla de todos los aftos hum anos, porque todos deben con­
formarse , y dirigirse por e lla : es la primera r e g la , porque co­
mo Dios es Señor de to d o , porque todo lo crió de la n ad a, y todo
lo conserva , y g o v ie rn a , y al Señor le pertenece mandar a sus
siervos, los quales deben obedecer en todo á la justa voluntad de
sus Señores; se sigue de a q u i, que todos los hombres en sus opera­
ciones se deben conformar con la voluntad de D io s , que es lo mis­
mo que ser reguladas por ella.
Una es la voluntad de D io s , pero considerándola de varios
modos, la distinguimos en voluntad de beneplácito, y de signo. La
voluntad de beneplácito es la voluntad de Dios considerada abso­
lutamente , y e n sí misma , aunque no se haya manifestado á los
hombres. L a voluntad de ságno es la voluntad de Dios declarada á

(a) G alat, 2. v. s o . (b) L>. T iio in . x. p. <j. i*>. art, 6,


T E R C E R A PETICION . 1 T$
Jos hombres por alguna señal. Las señales , por las quales se ma­
nifiesta a ios hombres la voluntad de D io s , dice Santo Thomás
que son cin co : (s) L i primera, el precepto : La segunda, la prohi­
bición : L a tercera , el consejo : L a q u arta , la operaeion: L a quin­
ta , la permisión , las quales indican la divina volun tad; porque es
imposible que Dios mands alguna cosa , o la prohiba, ó la aconse­
je , ó la permita , o la obre sino fuera determinado asi por su vo­
luntad. Por lo q u al, el nombre de voluntad comprehende aqui to­
das las cosas que se nos proponen para conseguir la eterna Bien­
aventuranza , ya toquen á la F e , ya á las costumbres, y finalmente
á todo lo que Christo SenOr nuestro nos mandó , o prohibió hacer*
tanto por sí mismo, como por medio de su Iglesia. Y asi , lo que
quiere Dios de nosotros e s, que huyamos la corrupción de la con­
cupiscencia mundana; que no sigamos los deseos de la carne ; que
venzamos a nuestros desordenados apetitos ; que nos abstengamos
de todo pecado, y hagamos penitencia de los pasados; que siga­
mos todo lo bueno, y abracemos todas las virtudes ■que tomemos
aquel genero, y instituto de v id a , á que nos llama D io s , quando
tenemos claras señales de la vocacion divina ; que permanezcamos
en aquella vocacion con que somos llamados , y exercitemos con
reftitud los o ficios, y cargos de nuestro estado ; que por medio de
nuestros buenos exem plos, de nuestros ruegos, y exhortaciones in­
duzcamos a nuestros próximos , en quanto está de nuestra parte , á
hacer la voluntad divina. (¿>) En una palabra, la voluntad de Dios
es nuestra santificación , como decía el Apostol ; que amando a
D io s , y al próxim o, nos salvem os, y quanto podamos ayudemos á
los demás a conseguir la eterna salud.
Supuesta esta explicación , ya consta claramente que por estas
palabras, bagase tu vo lu n ta d , pedimos á Dios para nosotros, y pa­
ra el proximo la gracia de amarle , y servirle con el exercicio de
las buenas ob ras, y con el cumplimiento de los preceptos de la v i­
da christiana, tanto generales para todos , como particulares para
cada üno , según su estado , y condicion. Esta es la volumad de
Dios.
Pero también lo es todo aquello que con su inefable providen­
cia dispone acerca de los varios sucesos de las cosas , ó bien miren
á nosotros mismos , ó a los dem ás; porque todo lo que acontece en
el

í») ¡i. Thom, i. p. q. }$>, art, 11, i.T hcsal, 4,


O *
2 16 P a u t e III. L e c c i ó n V I,
el mundo es certísimo que sucede, o porque Dios lo quiere, lo,
m anda, o lo perm ite; y a s i, en estas palabras hagase tu voluntad,
pedimos que nos conformemos con lo que la Divina Providencia
ordenase. Entre los varios sucesos del m undo, unos son prosperos,
y otros adversos. En los prosperos damos gracias a D io s , y le pe­
dimos , que si no nos conviene lo que nos agrada , lo aparte de no­
sotros ; porque todo lo que es contrario a nuestra salud eterna , se
opone á la divina voluntad ; y a s i, quando pedimos que se haga h
voluntad de D io s , pedimos de consiguiente que aparte de nosotros
todo lo que conociese que nos es contrario para nuestra santifica-
.cion. En lo adverso pedimos que se haga la voluntad de Dios , a
cu ya disposición nos sujetamos, imitando el exemplo de Christo
Señor nuestro , que decia á su Eterno Padre : (<j) N o se haga mi vo~
Ju n ta d , sino la-, vuestra. Damos á su Magestad gracias por todo,
considerando que nos castiga con mano de amoroso Padre , para
nuestra corrección,y enmienda. Pedimos á Dios, que enseñados cotj
estos golpes temporales , nos abstengamos de los v ic io s , y abstraí­
dos de los deseos terrenos , consigamos mas fácilmente los bienes
celestiales. L a razón por que pedimos á Dios gracia para sujetarnos
á su voluntad en todas las cosas, es , porque , como dice el Apos­
tol , tenemos en nuestros miembros una ley repugnante a la L ey de
Dios ; y no podemos librarnos de la servidumbre de aquella ley,
que está en nuestros miembros, sino por la gracia de Christo. Tan
frágiles somos, y tan enferm os, que si Dios no nos ayuda , ni po­
demos sujetarnos k su L e y , ni perseverar en aquella sujeción, y
obediencia.
L a conexion que hay entre estas tres primeras peticiones se
manifiesta por lo dicho ; porque en la primera pedimos que sea san­
tificado d nombre de Dios por nosotros. Para que esto sea a s i, pe­
dímos en la segunda que venga a nos su Reyno ^ y para-que Dios
pueda reynar en nuestros corazones, pedimos en la tercera nos dé
gracia para obedecer en todo á la divina voluntad.
Esto mismo deben pedir con humildad aun aquellas almas en
quienes reyna Dios por la gracia , con cuyo auxilio obedecen á su
voluntad ; porque sin embargo de hallarse en esta disposición, aún
pelean contra ellos los apetitos desordenados, por la propensión al
mal internada en los sentidos de los hombres } y para no caer , nos
pre-
(a) Match. 2ó, 3;). Prov. 3. Apoc. 3.
'T e r c e r a p e tic ió n . ' 2 17
previno Christo que velásem os, y orásemos. (íj) E s verd ad que la g ra ­
cia de D ios sanó y a el alm a de los que se han justificado , mas no Ja
ca rn e, que por eso d ixo el A postol: (b) .Se, que no habita en m í, esto,
es, en mi carne, inclinación al bien. E sto mismo d eclaró el C oncilio de
Trento , d icie n d o , que aun eti los hombres b a u tiza d o s , y justifica­
dos permanece el fom íte , y la concupiscencia , que s e . llam an pe­
cado , no porque en sí mismos lo sean , sino porque provienen del
p e ca d o , y inclinan á él. (c) Por tanto , viéndonos combatidos conti­
nuamente de estos dom ésticos, é íntimos e n em igo s, debemos aco­
gernos al auxilio de D ios , y pedirle que se haga su voluntad en
n osotro s, y que nos de fuerzas para resolvernos á padecer todos
los m ales, antes que apartarnos un punto de su v o lu n ta d ; que él
mismo perfeccione en nosotros lo comenzado ; que reprim a ios mo­
vimientos con que nos insultan las pasiones; que haga a los apetitos
obedientes á la razón , y que finalmente > nos conform e totalmente
á su voluntad. Am en,

LECCION VIL
Q U A R T A PETICION.
E l pan nuestro de cada dia dánosle oy.

O R estas palabras pedimos á D ios que nos dé todos los dias ío

P que necesitamos p ara ía salud del a lm a , y del c u e r p o , lo


qual se significa con el nombre de pan ; porque com o no h a y a cosa
mas necesaria que el pan para conservar la v id a , por eso quisó el Se*
ííor que por él se entendiese todo lo que es necesario p ara la vida
del alma , y del cuerpo. Tam bién quiso Christo significar p or es­
ta p a la b ra , que solo hemos de desear r y pedir lo necesario , pero
no lo superfluo , que por eso dixo el A p o sto l: (d) Teniendo con que
alimentarnos, y con que vestirnos estemos contentos; y Salomon pe­
dia solamente lo necesario para pasar la vid a , (e) D ecim os danos,
y no d am e, porque no es propio de la caridad christiana el ser
so -

<*) M atth ,2ó. v , ., 1. R o m .7 , v . j S . iíess. y . can, J._T¡-


moth, 6, v. 8. (e) Prov»3o, v,8.
2 18 P arte III. L ecció n V IL
solícito cada qual solamente de sí mismo, sino eí mirar también
por el proximo. A esto se junta , que los bienes que Dios franquea
a qualquiera, no se los dá para él solo , ni para superfluidad algu­
n a , sino para que reparta con otros lo que le sobra , despues de
satisfecha su necesidad. Se dice dánosle o y , para declarar , que sia
Dios no podemos a d q u irir, ni para solo un d ia , el pan que nece­
sitamos ; y pues todos los dias necesitamos de é l , todos los dias
debemos pedirlo por medio de esta Oración. N i están los ricos tam­
poco escusados de esta obligación , porque aunque abunden de ri­
qu ezas, pueden perder estos bienes, que tienen con abundancia,
lo que no dexa de experimentarse algunas ve ce s; pues vemos que
hombres muy poderosos han venido á una extremada pobreza. Por
tanto , como escribe el A p o sto l, no deben los ricos ensobervecerse,
ni poner su esperanza en lo inconstante de las riquezas, sino en
Dios vivo , que es de donde todo bien dimana, (a) También denota
la palabra o y , que nadie, por mas perfecto que sea, está escusado
de pedir el pan de todos los dias para el sustento del alma , no de
otra manera que los pecadores mas grandes.
Aqui hay que advertir , que aunque se nos prohíbe á todos la
ansiedad , y demasiado cuidado por los bienes tem porales, pero no
se nos prohíbe una moderada , y prudente solicitud de las cosas
necesarias para la vida , poniendo nuestra con lianza en D io s , que
es el que tiene cuidado de nosotros. Es verdad que alguna vez nie­
ga Dios á sus siervos las cosas necesarias para el cuerpo , pero es
para probar su f é , para abstraerlos de los deseos del mundo , y
enseñarlos á apetecer , no los bienes terrenos , sino los celestiales,
y para que con esta temporal p obreza, y necesidad se purifiquen
mas bien de sus pecados pasados, y se exercite su paciencia. Eu
una p alab ra, en esto manifiesta Dios el amor paternal que tiene á
los su y o s, mirando siempre por su mayor bien. Por esta razón,
quando pedimos á Dios lo que necesitamos para com er, y vestir,
(que todo se incluye en eí nombre de pan) hemos de estar prepa­
rados á sufrir con resignación la probacion de ello , sí fuese del
agrado de D io s , porque este es el motivo de no pedirle el pan
nuestro de cada d ia , sino despues de haber dicho bagase tu vo­
lu n ta d ,
Llamase nuestro este pan , no porque le podamos adquirir con
nues-
(o) i, J."m iO L h . 6, v, 1 7 .
Q u a r t a p e t ic ió n . 219
nuestra industria sin D io s , sino porque nos es necesario, y está
destinado para nosotros por el común Padre de todos Dios nuestro
Señor, quien con su providencia mantiene todos los animaies.(a) L la­
mase también pan nuestro . porque debe adquirirse justamente, y no
por injuria, engaño, o hurto,pues las cosas que se consiguen por ma*
las artes, no son nuestras, sino agenas; y las mas veces es desastrada
ya su consecución, ya su posesion, o á lo menos su fin, y perdida.
Las cosas que pedimos á Dios necesarias para el a lm a , con
nombre de p a n , se reducen á tres capítulos : E l primero , la pala­
bra de D io s : E l segundo, la gracia de Dios i y el tercero, la Sa­
grada Eucaristía. D e la palabra de Dios lo afirma el mismo Chris­
to diciendo: (¿) Que «o con solo pan vive el hombre , sino también
con las palabras que proceden de la boca de D ios. Y en el libro de
Jos Proverbios dice la Sabiduría: (f) V e n id , y comed mi Pan , y be~
hed el vino , que os he confeccionado. L a necesidad que tenemos de
la gracia de D io s , no solamente todos los d ias, sino á cada mo­
mento , consta también de estas palabras de Christo : Sin m i , nada
podéis hacer, (¡f) También es manjar del alma Christo Señor nuestro
en la Eucaristía , porque él mismo dice de s í: To soy Pan vivot
que baxé del Cielo, (e) Y se llama nues.ro este P a n , porque sola­
mente es de los F ie le s, que juntando la Caridad con la Fé , lavan
las manchas de los pecados en el Sacramento de la Penitencia , y
quienes acordándose que son hijos de D io s , reciben, y adoran el
Divino Sacramento con la m ayor santidad,y veneración que pueden.
Amen.

LECCION VIII.
Q U I N T A PETICION.
Perdónanos nuestras deudas , asi como nosotros perdonamos
á nuestros deudores.

' N estas palabras pedimos a Dios que nos perdone lo q u e he-


E j mos pecado, y delinquido contra su Magestad infinita , asi
como nosotros perdonamos los agravios , é injurias que injusta­
men­
te ) t’sahn. 1 4 Í , y ,9, •J?) Mauh, 4, 4. (ej i 'r u v . v ,j, (d) J o a n n .ij.
( t) Joann. 6 .
2 20 P arte III. L e cc ió n VIII.
mente nos han hecho otros ; que asi como nosotros usamos de mi­
sericordia con aquellos que nos han ofendido, asi se muestre mi­
sericordioso , y benigno con nosotros, que tanto le ofendemos. En­
riéndense en esta Oracion los pecados con nombre de deudas, por­
que por ellos somos deudores á la justicia d ivin a , la que pide ex­
piar con penas los pecados cometidos , o e n este m undo, ó en el
o t r o , de m odo, que ninguna culpa se quede sin castigo. En este
mundo se expían , o con enfermedades, 6 con dolores , o con aflic­
ciones,, contradicciones , adversidades, calam idades, ya pública1;,
ya privadas , o con voluntarias penitencias hechas en castigo de
los pecados. En el otro mundo se castiga el pecado con penas eter­
nas , si es mortal , no perdonado con la penitencia ; 6 con penas
temporales p urgatorias, si-es ven ia l, 6 mortal ya perdonado en
este mundo , pero sin haber dado la congruente satisfacción.
N o todos los que rezan esta Oracion consiguen el perdón de
sus p ecad os, porque no todos la rezan con contrición de ellos,
con proposito de la enmienda, y de satisfacer por e llo s ; y por­
que no acompañando estas circunstancias, parece que se burla de
Dios el que pide el perdón de un d e lito , que no solo no le pesa
haberle ofendido com etlendole, sino que quiere volverle á come­
ter. Pero si al rezarla hubiese contrición , y proposito de no pe­
car , se consigue por medio de esta Oracion la remisión de los pe­
cados veniales; y si el sugeto se halla en pecado mortal consigue
la gracia necesaria para recibir dignamente los Sacramentos, con
los quales se borran Sos pecados mortales, (a)
El motivo que tuvo Christo en añadir la clausula asi como no­
sotros perdonamos a nuestros deudores, fu e , para que Dios se moviese
mas fácilmente a perdonarnos nuestras propias deudas, viendo que
nosotros perdonamos de todo corazon a los que nos han agravia­
do ; y para que entendamos , que nadie puede alcanzar el perdón
de sus pecados , sino remitiese a su proximo qualquiera injuria que
de él haya recibido, (/>) Por lo q u a l, los que dicen esta Oracion sin
haber depuesto su odio , y mala vuluntad , no solo oran en vano,
sino que ellos se condenan á sí mismos , pues piden a Dios que se
porte con ellos del mismo modo que ellos se portan con su proxi­
mo. Y asi , para que sea fructuosa esta oracion, se han de perdo­
nar de corazon las injurias, amando al enemigo como uno se ama
, a
(«J S. Aug. Eucliirid. uip. 71.11. i ? . \,b) iYUtú.. 6, v. i ¡ .
Q uinta petición 2 11
a. sí mismo, Pero sobre esto se dirá mas largamente quando hable-,
rnos de la Caridad con que debembs amar al proximo. Solo advier­
to brevemente , con el Cathecismo del Concilio , que no deben re­
traerse de rezar esta Oracion aquellos q u e , sabiendo que deben ol­
vidar las injurias, y amar á los que los han ofendido , lo desean
hacer , y en efefto lo hacen quanto les es posible 9 pero sienten que
no pueden desvanecer enteramente la memoria de las injurias , p oi­
que aún residen en el corazon ciertas reliquias de enemistad. Se­
pan , pues, que aunque reclam en, y se opongan á la razón los ape­
titos de la naturaleza co rru p ta , no deben desconsolarse, con tal
que el espíritu se mantenga en la fírme resolución , y voluntad de
perdonar las in ju rias, y amar al proximo de corazon. Amen.

LECCION IX.
S E X T A P E T I C I O Ñ.

T no nos dexes caer en ¡a tentación.

P
,
Ara la mayor inteligencia de esta p etición conviene prime­
ro declarar , qué cosa sea tentación. Tentar , o tentación,
tomada generalmente, es hacer experiencia de alguno, sonsacando
de él lo que deseamos, para averiguar la verdad. Este modo de ten­
tar de ningún modo puede convenir á D io s ; porque, ¿qué cosa ha/T
que Dios no sepa ? Todas las cosas , dice el A p o sto l, (¡j) están desc'u- '
iie r ta s , y patentes t) sus ojos 9 y Dios penetra , y vé lo ma¡> eScon-;
dido del corazón humano. O tro modo de tentar hay para el exer-''
c ic io , y erudición de otro. Asi tienta el Preceptor al discípulo,
* para enseñarle, para probar su d o & rln a , y hacerla manifiesta á
les demás que oyen. D e este modo se dice en las E scritu ras, que
Dios tienta á los hombres para dar lugar á que exerciten la vir­
tud , para que ésta sea conocida, y sirva de exemplo á otros, sea
premiada mas abundantemente, y se muevan todos á alabar por
esto al Señor. Por eso se dice que tentó Dios á Abraham quando
; le mandó sacrificar á su hijo, (b) Asi nos tienta Dios todos los dias,
con adversidades, enferm edad, p obreza, y otras cosas semejan-
_________ tes,*
(«) Hebr. 4, v. 13. (b) Gen. 32. i* •, • . -i' H ~ .1
221 P a r t e I I L L e c c ió n IX .
t e s , para que con ellas se pruebe nuestra f é , y v irtu d , como el
oro en el fuego. En este mismo,sentido se dixo también de Tobías;
(a) Porque eras acepto á Dios , fu e necesario que la.tentación te pro-
base.
Hablando de lo malo , se toma la tentación por engaño , y
impulso a l . pecad o, y perdición, (¿) lo qual es oficio propio del
diablo,, que en las 'Escrituras se llama eí tentador; y es también
ofijcio de Sus emisarios , y precursores, que son los hombres per-
d id o s, y escandalosos, mayormente los Hereges , que sentados en
la cathedra de la pestilencia, esparcen los errores para pervertir
a los incautos. También somos inducidos al mal por medio del
m u nd o, y de nuestra propia concupiscencia.
En orden á este punto , es necesario advertir , que á veces ta
Escri-ura se explica con tales palabras , que si se toman como
suenan, parece qúe Dios induce á lo m alo, como quando se dice
en el Exodo : (V) Endureceré el corazun de Faraón ; y en Isaías : (</}
Ciega el entendimiento de este P u eb lo ; y en el A p o sto l, que escri­
be : (<?) Los entregó D ios a las pasiones ignominiosas , y á un répro~
bo ju icio ■pero en estos lu g a re s, y otros semejantes de nmgun mo­
do se debe entender que hizo Dios estas cosas , sino que las per­
mitió. Por-eso dice Santiago: (/) Que nadie*diga, quando se ve' ten­
tado , que D ios le tienta , porque D ios nunca tienta al m a l; cada uno
es tentado por el aliciente de su propia concupiscencia.
Esto supuesto , lo que pedimos aqui no es el no ser tentados,
pues la vida del hombre sobre la tierra es una continua batalla.
( g ) E l ser tentados nos es ú t il, y provechoso muchas veces , por­
que las tentaciones sirven para conocernos a nosotros mismos ; es­
to es , nuestra fragilidad , y miseria , para que nos humillemos
baxo la poderosa mano de D io s , y esperemos su ayuda en el tiem­
po de la tribulación. L o que pedimos e s , que no permita que con­
sintamos en la tentación ; que nos asi.ita prontamente con su gracia,
para pelear con valor , y salir con victoria en la batalla. Pedimos
gracia para no condescender a las pasiones, para no fiaquear en
resistir-á las tentaciones, para no apartarnos d íl camino del Se­
ñor ,• para mantenernos con igualdad de anim o, y constancia, tan­
to en las cosas ad versas, como en l is prosperas ; y para levantar­
nos
f(i) T u b . i 2. v . 1 3 . J b ) M .1 1 1 1 4 , v .3 . ( 7 iix .o J .4 . í i d i .6 . (e) R o m .
i* ( / ) J a c o b . 1 . 1 3 . (g) J o b 7 . , .
S exta pe t ic ió n . 113
nos del p e c a d o , si por nuestra m iseria hubiérem os caido en él. P or
tanto, quando hiciésemos esta p e tició n , hemos desconfiar ae
nuestras fu e r z a s , y poner toda nuestra esperanza en el auxilio
divin o; porque D ios es quien.dá.la fortaleza para rendir al D em o­
nio , al m u n d o , y á la c a r n e ; él es quíen pone to m o arco de
bronce nuestros b r a z o s , y con c u y o fav o r ha sido vencido el a rco
de los Fuertes , y se han ceñido de fortaleza los fla c o s ; él es quien
nos dá el escudo de la s a lu d , cu y a diestra nos sostiene , y quien
finalmente instruye nuestras manos para la b a ta lla ; de* suerte qüé
á solo D ios se deben rendir las g r a c ia s , pues por .solas sus fu e r­
zas , y a yu d a podemos vencer. Asi lo hizo el A p ó s to l, entonando;
(a) Gracias a D ios , que nos dió ia victoria por medio de nuestro Se­
ñor J esu -C b r isto .
M as no pensemos que por esto podemos nosotros estar ociosos,
porque á Satanás no se vence con el ocio , con el sueño , con el
v in o , con co m ilo n a s, y livian d ad es, sino con la oracion , con el
trabajo , con las v ig ilia s , abstinencias , co n tin en cia, y castidad:
V e l a d , y o r a d , para que no caygais en la tentación . L o s que usan
de estas armas en esta pelea , estos ahuyentan á los enem igos, p or­
que el diablo h u y e de los que le hacen resistencia. (¿) L a v ig ila n ­
cia christiana consiste también *en huir las o ca cio n es’d el pecado,
en instar , y o ra r con veem en cia , quando u rge la m en ta ció n ; en
hacer sobre nosotros la señal d e la cru z -, quando asaltasen malos
pensam ientos, y en considerar)ios M ysterios de la F é , que nos
sirven de escudo contra los tiros del en em igo , nos apartan d el
m a l, y nos inflaman en lo bueno. Y si no obstante eso apretase mu­
cho mas la te n ta c ió n , el m ejor medio s^rá despreciarla ó manir*
festarla al C o n fe s o r , o a o tr a hom bre .d o ít o , y e sp iritu a l, con
cuyo consejo se pueda repeler mas fácilm ente. M as si por nuestra
fragilidad hubiésemos c a id o , y sido vencidos de la tentación , he­
mos de pedir k D io -s, sin detención a lg u n a , el perdón ,de nuestro
p e c a d o ; nos hemos de doler de haberle co m e tid o , y hemos de set»
en adelante mas cautelosos , y vigilantes. Am en,

(a) x. C o r. 1 j . Jacob. 4 . v. 7.
2 14

LECCION X.
S E P T I M A P E T I C I O N .
M a s líbranos de mal.

N . estas palabras pedimos á D ios: L o prim ero, que nos libre

E de la potestad diabólica, y no nos dexe ser vencidos del ma­


lo , como dice el A p o sto l; esto e s , del Dem onio: (a) L o segundo,
que nos líbre.de todo.pecado, para que no seamos dominados de
la injusticia, como lo pedia el Real P ro feta : (b) Lo tercero , de
las penas merecidas por nuestros pecados: L o quarto , de los ma.
les con que Dios suele castigar a los pecadores en esta v id a , co-
mo son las g u e rra s, las enfermedades,, la p este, la hambre , y
otras semejantes calamidades. Pero no pedimos ser librados de es­
tas calam idades, sino en quanto nos sea ú t il, y conveniente el ser
eximidos de ellas» L o que pedimos a. Dios e s , que nos libre de
todo mal : y porque , hablando propiamente , solo es maio
para nosotros , lo que se opone á nuestra salud eterna , si las
calamidades tempofales nos aprovechan para nuestra salvación,
entonces nos es ú t il, y conveniente ser afligidos con ellas. Como al
co n trario, sí hemos de abusar para nuestro daño , y ruina de las
riquezas, de las dignidades , de los honores , de la salu d , y de las
demás prosperidades , entonces seria malo para nosotros que se
nos concediesen. Por lo q u a l, los que piden á Dios de todo cora­
zón que los libre de m a l, piden de consiguiente que los libre de
las prosperidades mundanas, de que abusan en daño suyo. Vean
aqui los mas de los ricos quán fa lsa , y mentirosa es su oracion,
pidiendo ser librados de todo mal ; pues por lo comua no saben lo
que d icen ,.n i lo que piden , y oran casi siempre sin atención algu­
na. Si orasen como, conviene á los C h ristianos, desearían cierta­
mente lo mismo que pide la Iglesia, que es ser mas bien macerados,
y aft¡gÍdos~temporalmente , que no castigados con suplicios eter­
nos. L a oracion es el deseo del corazon , como decia San Agustín;
luego la oracion de los que suspiran por bienes temporales es men-

(u) Ko¡n. ía. 2 x. \fi) ¿*saim. 133.


S é p t im a p e t ic ió n . 12;
tirosa, y su corazon está corrom pido quando piden a Dios una co­
sa , y desean otra.
El fin que tiene Dios en enviar los males temporales es , para
que los pecadores se corrijan , y se purguen : para que con la ex­
periencia de la fragilidad de las cosas humanas nos apartemos de
su am or, y le pongamos todo en D io s : y para que enagenados,
y libres de los vanos deseos del mundo , apetezcamos los bienes
eternos. Y a s i , se han de sufrir las adversidades con paciencia,
y resignación en la divina voluntad , dándole g racia s, porque nos
dá ocasion de m erecer, y satisfacer por nuestros pecados pasa­
dos ; persuadiéndonos , que quando Dios quiere que padezcamos,
eso nos es lo mas ú t i l , lo mas saludable , y provechoso , y no
lo que á nosotros nos parece. Mientras andamos la carrera de esta
vida , debemos estar aparejados para padecer todo genero de
trabajos , y calam idades, no solamente con resignación , mas tam­
bién con alegria de ánimo , porque como se lee en los hechos Apos­
tólicos ; (a) es menester , que por muchos trabajos , y tribulaciones ,
entremos ett el Reyno de D io s , N o es justo que el siervo sea m ayor
que su Señor ; como también es cosa f e a , que los miembros sean
delicados baxo una cabeza llena de espinas} es decir : Que siendo
Christo nuestra c a b e z a , y nuestro Maestro , no será razón que
seamos participantes, y coherederos de su g lo ria } sino le segui­
mos por el camino de la C ru z.

L EC CI ON XI.
DE LA PALABRA AME N .
A N frequente fue esta voz hebrea Amen en la boca del Sal­
T vador , que quiso el Espíritu Santo, que se conservase en la
Iglesia de Dios , la qual en cierta manera hace este sentido : Sá­
bete que han sido oídas tus oraciones; porque denota la respuesta de
Dios , que despide con agrado al que ya con sus oraciones ha con­
seguido lo que deseaba. Y asi , quando en el Sacrificio de la M isa
se dice la Oración del Pater noster , despues de haber respondido
el Ministro : M as líbranos de m a l , dice el Sacerdote , Amen , por­
que
(a) A c to r . j +, v . a i .
P
2 26 P a r t e III. L ección X II.
que como interprete que es entre D io s , y los hombres , respon­
de al Pueblo , que ya Dios ha condescendido a su ruego. Esta es
la diferencia que hay entre esta oracion , y las demás : porque en
las demás pertenece al Ministro responder Am en : y la razón es,
porque en las otras oraciones solo significa esta voz el consenti­
miento , y deseo de que asi sea; pero en ésta es respuesta que di­
ce , que ya Dios ha condescendido á la petición del que ora.
También nos es acomodada esta voz , por ser cierta confirmación
de las peticiones , que hasta ella hemos hecho ; y porque si el áni­
mo del que ora está distraído á otra cosa , también pone atentos a
los que oran. Por ultimo pedimos con sumo anelo por esta misma
v o z , que se concedan las cosas que antes hemos suplicado.

LECCION XII.
DE LA SALUTACION A N G E L IC A ,
ó A ve María.
Lamase salutación angélica , porque la primera parte de ella
L incluye las miomas palabras con que el Arcángel San Gabriel
saludó á la SantisimaVirgen, quando Ja anunció la Encarnación del
Verbo Divino. Consta de tres p artes: L a prim era, son las pala­
bras del Angel : D io s le salve ,(M arÍa) ¡lena eres de g ra cia , el Se­
ñor es contigo , bendita tu eres entre todas las mugeres : (a) L a se­
gunda , las palabras de Santa Isabel , quando la fue á visitar la
Santísima V irgen ya preñada , á quien dixo con grande voz:
B en d ita tu eres entre todas las wugeres , y bendito es el fru to de tu
vientre Jesú s : L a tercera „ la deprecación , que hace la Iglesia por
aquellas palabras: Santa M u ría M ad re de h io s , ruega p e r uosvtros
pesadores , ahora , y en la hora de nuestra muerte.
Esta fórmula de deprecación contiene alabanza , acción de
gracias , y petición. Alabanza , ó predicación de la Santísima
V irgen , y tal alabanza , qual á ninguna ci¡atura se la pudo nunca
dar mayor ; y consiste en que la digamos con el Angel : D io s te
s a lv e , (María) llena eres de gracta , el S eñ cr es contigo , bendita tu
eres entre todas las mugeres. En aquellas palabras llena eres de
gra-

{a) L u c í i . 28. Se 4a.


d e la Sa lu ta ció n A n g élica. 227
gracia , entendemos que la Santísima V irgen fue colmada de dones,
de auxilios , de beneficios, y gracia sobre todas las c ria tu ra s, de
tal manera que excede aun á los mismos Angeles. Las palabras
el Señor es contigo denotan , que nuestra Señora la V irgen M aría,
como Madre de D io s , es con especial modo templo de D io s , y
habitación del Espíritu Santo ; de manera , que habitó en ella toda
la plenitud de la divinidad corporalmente , y ahora habita espi­
ritualmente. L a clausula bendita tu eres entre todas las mugeres ,
significa , y dá a entender , que n¡ h u b o , ni h a y , *ii habrá mu­
ger , que haya recibido , ni pueda recibir tal bendición de Dios,
qual recibió la Santísima V irgen , en ser juntamente V irg e n , Y
Madre , y M adre del mismo Dios,
L a acción de gracias , que se contiene en esta Salutación A n ­
gélica , la declaran las palabras: B en dito es el fr u to de tu vientre
J e s ú s ; porque con ellas bendecimos, y damos gracias á Dios de
que para nosotros hubiese nacido de M aria V irgen nuestro Salva­
dor Jesús, Asi nos dió Dios todas las cosas por C h risto , y con
Christo , de suerte que y a no le quedó mas , ni cosa mejor que
d a r; pues con tan supremo don , y beneficio , quedó exhausta la
liberalidad , y magnificencia del mismo D ios omnipotente. T am ­
bién damos aquí á Dios dignas alabanzas , y gracias por haber
colmado á la Santísima V irgen de todo genero de dones celes­
tiales : y a la misma V irgen damos el parabién de aquella sin­
gular felicidad.
L a petición se contiene en la tercera parte de esta Salutación,
cuyas palabras son : Santa M a r ia , M adre de D io s , ruega por no­
sotros pecadores , ahora , y en la hora de nuestra muerte. A nen.
Llamamos a la V irgen Santísima Madre de D io s , porque realmen­
te lo e s ; y también es M adre nu estra, porque somos hermanos
de Christo , quien por eso se llama Prim ogénito entre muchos her­
manos. (o) L o qual nos mueve a conocer quanta es su' gracia , y
autoridad para con su Hijo hombre D io s , y quanta es su piedad,
y benevolencia para con nosotros , para que lleguemos con mas
confianza á llamar a las puertas de su maternal misericordia,
sabiendo que sus piadosas entrañas están siempre inclinadas á nues­
tro favor. Esta deprecación a la Santísima V irgen se hace regular­
mente despues de la Oración del P a d re nuestro , en que pedimos á
_ Dios
(j ) Rom. 8. ty , ''
Pi
21 8 P a r te III. L ección X II.
D ios los beneficios, que se han d ic h o , porque la M adre de D ios e3
nuestra A b o g a d a , y M edianera , y ponemos en sus manos nues­
tras p e ticio n e s, para conseguir mas fácilm ente lo que deseamos:
á ella nos acogem os con hum ildad , p ara que con su intercesión
aplaque la ira de D ios justamente indignado contra los pecado­
res. P o r tanto nosotros hijos de E v a , desterrados , que mora­
mos en este v a lle de lágrim as , debemos in vo ca r incesantemente
a. la M ad re de las m isericordias , y A b o ga d a nuestra , para que
ruegue por nosotros pecadores. E sto pedimos , para que en vista
d e nuestra m iseria se m ueva a com pasion , y piedad , y respeéto
de que sus m éritos son excelentísim os en la presencia de D io s , y
suma su propensión a socorrer al lin age hum ano , nos alcance mi­
sericordia de D ios por C hristo su H ijo U nigénito.
Pedírnosla que ruegue ahora , porque continuamente comete­
mos nuevos pecados , que necesitamos p u rg ar ; continuamente
nos provienen nuevas enferm edades que sanar , nuevas necesidades
que s o c o r r e r , nuevos peligros de caer , nuevos cargos que desem­
peñar ; y por eso continuamente necesitamos de nuevos auxilios,
p a ra o cu rrir a tantas necesidades. A ñadim os : T en la hora dt
nuestra muerte ; porque entonces con m ayor ímpetu , y furor,
p ro cu ra el Dem onio engañarnos , y perdernos : entonces es mas
peligrosa la b atalla , y p or eso necesitamos de m a y o r , y mas
eficaz auxilio,
PARTE-
SOBRE LOS MANDAMIENTOS

E
,
L Decálogo es la su m í, y compendio de todas las le y e s di-
cu Sin A<í¡isi¡n. (j ) De aquí e s, que todas las demás cosas
que Dios m andó, si diligentemente buscamos su reéta inteligencia,
penden de aquellos diez Mandamientos, que se escribieron en las
Tablas de piedra que dió Dio* á Moysés. Llamanse Decálogo es­
tos ciez Preceptos, porque Decálogo es lo mismo que diez pala­
bras. El Autor de esta L ey fue el mismo D io s , y despues Ja con­
firmó , y la promulgó Christo Señor nuestro. Tanta es la necesi­
dad que tenemos de observarla, que si a lg u n o , pecando mortal-
mente , quebrantase uno de estos diez Preceptos , se hace reo
de eternos suplicios. Por lo q u a l, si queremos entrar en la vida
eíírna , los hemos de guardar todos , como dice Christo. (6) En
todo tiempo estuvieron los hombres obligados á guardar esta L e y
del Decálogo ; porque ésta no es otra cosa sino los Mandamientos
de la ley natural , los quales de ningún modo pueden tener excep­
ción , ó dispensación ; pues nunca fue licito , ni lo será , el p ro­
ceder contra la regla de la refta razón. Y a s i, aquellos diez Pre­
ceptos los escribió el dedo de Dios en los corazones de los hom­
bres desde el principio de su creación. Por tanto , quando Dios
dió á Moysés la ley , no tanto la estableció nueva , quanto ilus­
tró la divina luz de la razón, obscurecida ya por las depravadas
costumbres, y perversidad habitual de los hombres, (c) Por eso
la escribió Dios para los Judios en tablas de piedra , hasta que
Christo la escribió despues por el Espiritu Santo en nuestros co-
?-3 ° P a r t e I V . L ección I.
razones, como dice el Apostol , según la profecía de Jere­
mías. (a)
Estos diez Mandamientos se reducen al amor de Dios-, y del
próximo. Los tres primeros pertenecen directamente ai amor de
Dios , y los siete últimos al amor del próxim o, y en estos dos
Preceptos del amor de Dios , y del proxím o, se contienen toda
la L e y , y los Profetas , como dice Christo. Porque aunque es
verd a d , que dice el A p osto l, (b) que cumple con la L ey el que
ama al proximo ; pero se entiende, dice San Agustín , (r) porque
de tal modo se unen entre sí el amor de D io s , y del próximo,
y tienen tal conexíon, que no se puede separar el uno del otro.
Psra la inteligencia de estos diez Mandamientos se ha de advertir,
que en cada uno de ellos se manda una cosa , y se prohíbe otra,
esto es , que en parte son afirmativos , y en parte negativos,
como constará de lo que se dirá despues.

*. I.

P R IM E R M A N D A M IE N T O DEL DECALOGO.

Y
,
O soy tu Señor Dios que te saqi'é de la tierra de Egypto,
de la casa de la esclavitud. N o tendrás Dioses ágenos de­
lante mí. K o harás escultura , ni imagen aiguna de cosa , qt:e
hay en el Cielo , ni en la tierra , ni de las que hay en las aguas
sobre ella. No las adorarás , ni darás culto á ellas, Vo soy d
Señor fuerte zeloio.
E l primer Precepto de la L ey deD ios se contiene en aque-hs
palabras , que dixo su Magestad en el Excdo , quando dió la le y
a M oysés en el mente S in aí, escrita por el miniv.o Señor en des
tablas de p ie d ra , para que en su nombre la publicase , y man­
dase guardar a su Pueblo. Luego fue e;-ta n i ma ley confirma­
da por la Magestad de Jesu-Christo nuestro R td.ntor en la 1 <_y
de gracia , que profesamos los hijos de la Catholica Iglesia. Di­
ce , pues , la Magestad Divina en este primero Mandarrik-mc:
M irad que os mando , que me am éis, y reverencieis como á Mies-
tro verdadero , único, y poderoso L i o s , y Señor , y no rindáis
ndo-
{a) 2. Cor. 3. 3. H .bi. ti. 10. ex jin m . 3J. 3¿. \ój íVlaaií, 22. v. 4^
(c) S , Aug. epist. ¡n cap. j . au G a lit. v , 1 4 . n. 44.
S03 TIE m s MaNTUSÍISNTOS TiE l \ L e y DE DlOS, 23 I
adoraciones á los Dioses falsos, y fingidos.
Y porque quando Dios promulga su D ivina L e y , antepone a
eüa aquellas palabras : Yo soy tu Señor, y tu Dios , que te saqué
de la esclavitud de E gypto. Fue lo primero , para conciliar á sus
Preceptos la autoridad , y dominio , atendiendo á la Magestad,
y dignidad infinita del Supremo Legislador , y su bondad , y cle ­
mencia con los hombres. Lo segundo , para que trayendo a ía
memoria de su Pueblo la libertad que consiguieron, sacándolos
con su poderoso brazo de la esclavitud de Egypto , los excitase
este beneficio a guardar con entera voluntad los preceptos,
que se les imponían. Y finalmente , como ta libertad del Pueblo
de Dios fue figura de la que por Christo alcanzamos los Christia-
no.s de la esclavitud del Demonio , y del pecado ; por esta razón
también fueron para nosotros escritas dichas palabras , de tal
modo , que hacen este sentido : Hemos de guardar santa , y exac­
tamente aquellas diez Preceptos , que nos intimó segunda vez
nuestro Señor Jesu-Christo , que a costa de su san gre, y de su vi­
da nos übró de la esclavitud diabólica.
Esto supuesto , digo lo primero , que en las palabras Impera­
tivas del Exodo referidas , se contiene por una parte el manda­
miento , y por otra se contiene la prohibición. Mas claro : Es es­
te primer Precepto en parte afirmativo , y en parte negativo. En
quanto es afirmativo , se nos manda , que adoremos a nuestro úni­
co Dios , como a Supremo Señor , y a él solamente siryatnos , se­
gún aquello que dice el mismo Christo : (4) D om intm D cum tuum
adorubis , & i l l i solí serm es. ¿Y qué es adorar a Dios nuestro
Señor , y servirle? O íd : Por estas palabras de adorar , y servir,
se nos dá á entender aquel supremo culto , que debemos dar á
Dios como a Señor supremo , sujetándonos á su voluntad cotí
interior afeéto del ánimo , con el corazon , y con el cuerpQ , en
reconocimiento de que nos dió el ser , y la vida , y todos los de­
más bienes de naturaleza, y gracia , como fuente de quien todo
bien procede , y refiriendo á su Magestad todo el bien que tene­
mos. Esta adoracion que debemos dar á Dios es de dos maneras:
una interior , y exterior otra. La interior es aquel afefto interno,
que hemos dicho , con el qual nos llegamos á Dios , como á su­
premo Señor de todo lo criado , á quien debemos referir todos los
b ie -
t») Match, 4. 10.
2 32 I^ R T E I V . L e c c i ó n I .
bienes ; y cíe este modo Je ¿¡.doramos en espíritu , y verdad. La
adoracion exterior es aquel hábito , b postura exterior del cuer­
po , con lo qual significamos la reverencia , y adoracion del ani­
mo , y del corazon , que damos a la Divina Magestad. De lo
qual se infiere que esta adoracion exterior es signo de la inte­
rior , de Ja qual pende como de principio , y nunca de ella debe
separarse.
Estam os, pres , obligados a rendir a Dios adoraciones inte­
riores.., y exteriores, en fuerza de esie p recepto, porque recibi­
mos ele D io s, no solo alm a, sino también el cuerpo. Además,
porque con esta exterior adoracion , v. g. con las genuflexiones,
y postraciones, & c, se excita el ánimo a la interior adoracion. Y
lo o tro , porque debemos con nuestro exctr.plo e x c ita r, y mover
al proxirr.o para el culto de Dios , lo qual no se puede hacer sino
con obras exteriores de Religión , que denoten la piedad del ani­
mo , y el interno culto del alnvi á su Dios. Confirma todo lo di­
cho el Angélico Doctor Sanio Tomás , diciendo : (a) Que por ra­
zón de componerse el hombre de alma , y cuerpo , no solamente
debemos con el espíritu adorar á la Divina Magestad , sino tam­
bién con el cuerpo debe ser adorado por nosotros.
¿Pero qué diremos de aquellos que se contentan solamente con
una exterior adoracion , y culto , sin que acompañe la interior
devocicn del animo? Estos deben ser reputados entre los hipócri­
tas , y mentirosos ; porque como ya díxe , es la adoracion exte­
rior signo , y nota de la interior : y el hacer una cosa que no
siente el interior del ánimo es , a la verdad , hypocrt-sía . y men­
tira. Estos son semejantes a aquellos de quienes dixo Dios por
Isaías. (¿) Este Pueblo se apropinqua á mí con su boca , y con
sus labios me glorifica ; pero su corazon está muy lexos de mí.
En confirmación de esto dixo Christo en su Evangelio : H ipócri­
tas , con razón profetizó Isaías de vosotros , diciendo : Po¡>u!"s
h ic ¡fibiis t¡ e hor.orut: C o r autem eorum ionge es! a me. Per lo qmil
les que aman el m undo, y las cosas que en él se usan contra Jes
derechos de D io s : los que están envueltos , y enredados con los
deseos desordenados del siglo , mentirosos son, é hypocritas,
quando aparentan que procede su cubo exterior de su ánimo,
míen-

6. Tliom , a, 3, l),S4. art. s , coiiciu>io, ( b) L a i.is >. 13. \c) Ailitcli.


i j . 7.
s o b r e lo s 233
M a n d a m ie n t o s d e l a L e y d e D io s .
mientras no se halle en ellos algún deseo de penitencia. \ porque
( como dice San Agustín ) (a) no se puede decir que dá culto á
Dios el que no le ama : Non colitur D eus , n i si amando. Y aquel
comienza á amar á Dios , que con sinceridad desea mudar de vi­
da. Non enim convertitur anima ad Deum , ( dice San Agustín ) (¿)
rtisi dum ab hoc stecnia avertitur.
Notad que no quiero decir en es'.o , que se baya de omitir la
adoracion, y culto externo, que también es mgndado por-Dios ; lo
que si digo es , que lo que pide Dios principalmente es la adora­
ción , y culto interior del ánimo ; porque en ésta consiste también
principalmente la razón de! divino culto. ¿ Y por qué? Porque
con esta adoracion interna nos llegamos á Dios como k suprer. o
Señcr de todo lo criado } y el mocio de llegarnos á Dios es amán­
dole sobre todas las cosas como á bien sumo. Por lo qual aquel
se dirá , que en espíritu , y verdad adora su Dios , el que exer-
citase las tres virtudes T h eolcgaks de Fé , Esperanza , y Cari­
dad , que se indnyen en este primer Mandamiento : con las quales
el Christiano se llega a su Dios. Tren.os per partes explicando es­
tas tres virtudes , dando principio por la virtud de la F é ¡ y de­
clarando á lo que nos obliga.

§. II.

DE L A N EC ES I D A D D E L A F E , T DE SUS ACTOS,

Atiendo explicado en la primera Parte , qué cosa sea la F e


H theologica , o sobrenatural , resta explicar la necesidad qre
tenemos de ella , y de sus aíios. Es tan necesaria, que sin eila no
se prede agradar a Dios , ccmo dice San P ablo, (c) y dexatros ya
referido: Sitie fia e irrfcsibile cst placere D to . Cinco son los pre­
ceptos c¡ue contiene esta virtud . tres afirm ativos, y dos negativos,
lo s afirmativos sen : El primero , saber los Mysterios de la F é : E í
segundo , creerlos cen ;:<Ttos internes : Y el tercero , confesarlos
con i'ft :os externos . ci ando fuere preciso. Los dos negativos son:
El primero , ro dúer.tír . c r.o negar ii.s e ñ o r ente les m ys'erios,
ni dudar de ellos: E l segundo , no negailus exteriern eme. E x -
_ _____________
(«.■ S, Auguu.¿'.iiati'.¡t. í:i Hvtiin. 77, n.su. 111 ü». 3 . Au¿. tram e.
>nP,alni.9, ti. 10. (c) Heb. 11. v. 6.
2 ?4 P arte IV . L ección I.
pilquemos ^ pues , estos preceptos, p aram as clara inteligencia.
En quanto á lo primero , que es la obligación de saber los
M ysterios de nuestra Santa F é C ath o lica , debéis notar, y su p o n e r,
cou la común délos D oélores, que hay fé im plícita , y le e x pumi­
ta , Creer con f é exp lícita , es lo mismo que distintamente , y en
particular creer algún mysterio de F é , v. g, que Dios es uno en
esencia , y trino en personas ; que Christo padeció Muerte , y
Pasión por nosotros, &c* Creer con Fé implícita , es quando se
cree en común todo lo que Dios ha revelado , y la Iglesia nuestra
M adre nos propone; y asi ,e l que dá asenso á todo lo que p r o p o ­
n e de Fé la Santa Iglesia Apostólica Romana , cree implícitamente
todos los Artículos de la Fé. Debe suponerse también , que se
puede entender de dos modos Lr necesidad que tenemos de !a Fé
para la eterna salud del alma ; porque hay una necesidad , qn;
es , y se llama de medio , y otra de precepto. Necesidad de mídio
es aquella , por la qual de tal modo es alguna cosa necesaria á la
consecución del fin , v. g , el Bautismo para la salvación eterna,
que sin él de ningún modo se puede conseguir , aunque carezca
de culpa su omisión’. Por eso los n iñ os, que mueren sin Bautis­
mo , no consiguen la gloria eterna, aunque ellos no tengan culpa
en no recibirle. Aquello es necesario con ru-cesidaJ d¿ precepto
para conseguir la salvación eterna , que si culpablemente se omite,
no se podrá conseguir; pero sí , si la o misión es inculpable.
Esto supuesto digo lo primero : Q ue a todos los adultos , que
tienen uso de razón , es necesaria con necesidad de medio la Fé
interna a & u a l, y sobrenatural para la justificación, y para conse­
guir la gracia. Por !o qual todos los adultos que tienen uso de ra­
zón , y fueron bautizados en la infancia, no pueden conseguirla
salvación eterna sin la Fé aétual. Dicese los adultos que tienen uso
de razón , porque los niños , que carecen de ella , y los perpetuo
amantes , no es necesaria la F i actual , sino que basta la habitual,
esto e s , el habito sobrenatural de F i infuso en el Bautismo. Por lo
qual el Santo Concilio de Trento (j) anatematiza a los que d i ven,
que los párvulos que recibían el Buutitw o , no se habían de computar
entre los F ieles , porque no podían tener F é afíual.
D igo lo segundo , que en llegando al uso de la razón , esta­
mos todos obligados con necesidad de medio á creer , y saber cou

(a) Couc. Tria. stss. 7. can. 1 de bautismo,
\
SOBRE LA NECESIDAD DE LA F e . 1 3J
F¿ explícita, que hay un Dios remunerado!-, que premia a los bue­
nos , y castiga a los malos. Asi lo siente ia común de los D o l o ­
res , tomándolo de aquellas palabras del A póstol; Sine jia e impos-
iibiie est placere D eo : Credere en ir» oportet acceder.tem ad Deumt
quta est , (2 irquireniibus se ren¡ur,frolor sit. (a) Y por tsnro con­
denó el Señor Papa Inocencio XI. la proposicion , que decía : Que
no era necesaria la F é exp lícita de ü io s , como remuner^dor , con
necesidad de medio, (A) Demás de esto sienten los D oftores de la
mas sana doétrina , (t) que á todos les adultos que tienen uso de
razón , despues de la promulgación del Evangelio , es necesaria,
con necesidad de medio para conseguir la eterna salvación , la Fé
explícita de la Santísima Trinidad , y de la Encarnación del V er­
bo , su Divinidad , Humanidad , Pasión , Muerte , y Resurrección.
En quanto a la primer parte se prueba por aquellas palabras del
Evangelio : L 'o cd e on-.r.es getiles , b¡>¡-tizniites eos in nomine F u trís,
ié F i l i i , & íp ir itu s Sar.Cii. (d ) Y tn quanto a la segunda de rq u t-
llas de San Juan : {e^ h ia c r ita a t u fia , ut coguoscant te solum v/ rurn
benm , fr cuifí! tnisisii esuni-Christum . Expcne Reinfestliel : I j . t c
est vita <rten.a , id est , vía asccjuet.citc v i ¡a- ecterra-. Adviertan
t¡en esto los Confederes : ( dice el Señor Papa Benedifto X IV . en
su Consliíucicn X L 1I. que empie'/a : E ls i tpimme n o lis ) porque
tengan bien entendido , que es nula , y de ningún valor la abse-
cicn , que se dá a los que ignoran las cosas necesarias necessitate
medii. De estas palabras, y de las demás de dicha Constitución,
se colige la granee obligación, que tiene el Confesor de pregun­
tar á los penitentes lo que deben s^ler , quando duda con funda-
ü-ento si lo sabrán , d n o , y no deben ser absueltos fácilmente,
basta que conste están suficienteiren¡e instruidos awn en las cosas
que deben saber con necesidad ele precepto. K i se persuadan fá­
cilmente los Confesores , á que los penitentes de toda clase , y
edad, están bastantemente instruidos : pregúntenlos , ( despues que
se hayan confesado de todas sus culpas ) y hallarán no pocos,
especialmente jovenes , y agrestes , embotados , que padecen una
ignorancia digna de llorarse. Finalmente , tengan muy prese-me la
preposición 64. condenada por el Señor Fapa Inocencio XI. que
Ceca : (¿ue era capáz de ebst’lucicn aquel que tgntra:e los M iste­
rios
'« D . Paul. Hebr. j 1, (b> lot'.o. . X I . pror>. 3 2 . danu'.at. (c) Viac
Rit:ffi C o n c. d e F id e . (á ) M atth. c, 38, (e) Joann. 1 7 ,
a jó P a r t e I V . L ecció n I .
ríos de l/i F<?, y aunque pr-r negligencia culpable no supiese e l Mys~
terio de la Santísim a T rin id a d , y el de la Encarnación de nuestro
Señor J e sii-C h r isto .
Expliquemos ya lo que hay obligación de saber , y creer con
necesidad de precepto. Están , pues , obligados todos los Fieles,
en llegando al uso de la razón , á creer con Fé explícita , y sa­
ber ( a lo menos en la substancia) los mysterios que se condenen en
el Credo , los Sacramentos mas necesarios , como el Bautismo , ];l
Penitencia, y E u caristía, y los dem ás, quando los hayan de re­
cibir ; v. g. quando contrahen matrimonio , & c. el mayor , 6 me­
nor conocimiento , y distinta comprehension de los Artículos de la
Fé , que cada uno debe tener , se debe medir según las circuns­
tancias de su estado , condicion , é ingenio ; pero es difícil seña­
lar á cada uno el distinto conocimiento , que necesariamenie d i­
be tener. Item, están obligados á saber la Oración del Padre nues­
tro ; porque hay precepto de orar , y Christo nos mandó que así
orásemos : P a ter noster , <£?<:. Demás de esto , hay obligación it
saber todos los Mandamientos de Dios , y de la Iglesia ; porque
iod o precepto obliga á saberse , sin lo qual no se puede cum­
plir. Item , está obligado qualquiera á saber las obligaciones, q.je
pertenecen á su estado, al ofi:io , o arte que exerce , al cargo,
íi obligación que tiene sobre sí ; porque no puede cumplirías sin
entenderlas. También por el precepto de la Iglesia, y por la casi
perpetua costumbre , que tiene fue ría de ley , están obligados
los Fieles á saber de mimoría el Credo , los die¿ Mandamien­
tos del D ecálogo , y el Padre nuestro , y formar la señal de la
C ruz. Estando, pues , obligados los F ie le s, que tic-un uso de
t .t zo ii ^ á saber todas estas co-.as , pecan gravemente todos los que,
o culpablemente las ignoran , o no curan de aprenderlas. Lo mis­
mo digo de los padres , amos , superiores que son negligentes en
instruir en ellas á los hijos , crudos , y subditos : Los Párrocos,
y otros que tienen cargo de almas , si con diligencia , y zelo no
enwñan la Doftrinn Christiana á sus ovejas. Por lo qual , luego
que ios niños adultos se llegan á aprender la Dodrina Christiana,
deben también los Catequistas explicarle* es aña mente el sentido
legitimo de la renuncia q>te hiciera t dei Demonio , tle tus poyt^as , y
obras en el Bautismo. D«ben ensenarlos lo que significan tales pom­
pas , y obras , a quienes renunciaron. Estas pompas son los va­
nos , é inmodestos adornos , el lu x o , el fausto, la vanidad, los
pía-
SOBRE LA NECESIDAD D £ LA F e , 23?
placeres mundanos , que el Demonio inventó para pervertir á ios
hombres. Las obras que renunciamos, son todas aquellas cosas,
que no se pueden referir en honra , y gloria de Dios. En quanto
al segundo precepto , que es el afto interno de la F e , debo su­
poner , que el Señor Papa Inocencio XI. condenó Ía proposicion,
(o) que decia : 'Q u e la F e no cara debaxo de precepto especial. D e
lo qual se infiere , que riene el Christíano obligación de hacer A c­
tos de Fé en algunos tiempos ; y el decir lo.contrario es error con­
denado por el Papa Aiexandro V IL (¿) Q ué tiempos sean estos,
hay diversidad de pareceres entre los D oftores. D iré lo que
siento , arreglándome á lo mas seguro. Y para m ayor claridad,
distingo con el dodisimo Am ort (¡r) entre el A fto de Fé general,
y particular. Por el A fto de Fé general asiente el hombre á todos
los Artículos de la Fé , tomados juntamente , ó á toda la Religión
Catholica , y esto por motivo general. Pero por el afto de parti­
cular Fe asiente el hombre á un articulo particular , lo que puede
ser por motivo particular ; á saber , por la divina palabra aplica­
da especial, y explícitamente al tal articulo : L o segundo , se ha
de distinguir entre el A fto de Fé /n aScu exercito , & aSiu reflexo,
Y a s i, el que invoca a D i o s , el que se arrodilla delante del San­
tísimo , el que recibe el Sacramento de la Penitencia, sin duda
que cree in «£?» exercito , que Dios le puede favorecer , y ayu­
dar , que está presente en la Hostia consagrada , que perdona a
quien de veras se arrepiente de sus cu lp a s, & c. Esto supuesto
digo , que al A íto de Fé general está obligado el hombre : lo
primero , quando la Fé se le propone á alguno suficientemente la
primera vez ; porque entonces este precepto obliga p er se á ha­
cer A fto de Fé. Asi la común de los D octores; y se colige de
aquello del Evangelio : Euntes in mundum universum , p r e d íc a te
E vang eliu m omni creatur<e : qui crediderit , & baptizatus f u e r it ,
salvas erit ; qui vero non crediderit condemnabitur. ( d) Las quales
ultimas palabras denotan grave ob ligación , porque ninguno se
condena sino por pecado mortal.
Dexando , pues, aparte los Infieles adultos, y hablando de los
niños adultos bautizados, digo lo segundo, que entonces están
obli-
{<*) Iunoc. X I, piop. íó. díinnaf. (M Ah;x.ind. V il. prop. i. darnuar.
(«' £usebiüi Amoct tora, i . traft. 4. 3 Je Obiígat. Fidci, q.5. táj M tt-
£1 cap,
13 8 P a r t e I V . L ección I.
obligados , en fuerza de este precepto , a hacer A ñ o de F é , quan-
do habiendo ilegado al uso de la ra zó n , oyen los Mysterios de la
F é , y aprenden, que el creerlos es necesario para la eterna salva­
ción. De que se sig u e , que si entonces no hacen A ñ o de F é , pe­
can contra este p recep to, si no es que acaso les escuse la inadver­
tencia , o no se difiera notablemente el A ñ o de Fé, Dicese esto,
porque dicha obligación , como dice R einfestuel, (a) no se ha de
tomar por el instante metafisico, sino por el m oral; de tal suer­
te , que en cosa de tanto momento no haya mora notable al ar­
bitrio , y parecer de los prudentes: E l segundo tiempo , quando
obliga per se á hacer A ñ o de Fé es quando urge grave tentación
contra la F é , la qual no se puede vencer de otro m o d o; porque
entonces hay precisa obligación de resistir a la tentación con ac­
tos positivos de Fé, y fortalecerse en ella. Por lo qual, en tales ca­
sos no debe haberse mere .n eg a tiv é , porque se expondría temera­
riamente a grave peligro de caer en la tentación; aunque tal vez
a los escrupulosos, y demasiadamente combatidos de tales tenta­
ciones les será mejor el desecharlas, o despreciarlas, divirtiendo
el pensamiento a otras cosas no malas, (b) También obliga este pre­
cepto quando amenaza peligro de negar la F é, por el horror de los
torm entos, por la misma razón dicha. Item , quando insta el pre­
cepto de confesar la Fe exteriormente ; porque si no acompaña el
asenso interior de la F é , no podemos confesarla debida , y seria­
mente.
E l tercer tiempo en que obliga este precepto es en el peligro,
b articulo de la muerte , en el qual el Demonio pone el mayor es­
fuerzo ; y es la razón , porque entonces está el Chrístiano mas
obligado á armarse contra las tentaciones del común enem igo, y
á llegarse á Dios , como ultimo fin , por el A ñ o de F é , que es el
fundamento de las demás Virtudes, y la raíz de nuestra justifica­
ción. P or lo qual principalmente se deben excitar los moribundos
k hacer los A ñ o s de Fé , E sp eranza, Caridad , y Contrición, co­
mo aconsejan comunmente los Rituales Diocesanos , y otros libros:
L o prim ero, porque por el exercicio de estas prestantísimas V ir­
tudes se llegue mas á Dios el moribundo como a su ultimo fin : Lo
segundo, porque dichos A ñ o s son muy m eritorios, y eficacísimos
______________________________________________________________ _Pa“
(aj Reinfest. fciluciiiaE.trach 4. de Vire, ftieol. quatsc.3. citans Sánchez,
Herinex, & aüos. (b) Aior. YilUl. Ledesma , & ala.
SOBRE LA NECESITAD DE LA F e . 2 39
para rep eler, y vencer las tentaciones diabólicas, que entonces
son mas g rav e s; y lo tercero , porque el precepto divino de ha­
cer los A íío s de las dichas Virtudes obliga mas en aquel lance for­
midable.
Hablando ahora del A¿to de Fé particular , digo con el Do¿í:i-
sinio A m o rt, que estamos obligados a el quando recibimos algún
Sacramento, y en qualquiera afto de religión. Pero no estamos
obligados entonces al A fto de Fé in a£íu reflexo , sino que basta
hacerle in adiu exercito , como con razón advierte el Cardenal Hu­
go. De lo qual se sig u e , dice el citado A m o r t, que no tienen ra­
zón ciertos Cathequistas, y Ascéticos para imponer a los Fieles
como especial obligación , que v . g. quando reciben la Eucaristía
estén obligados á hacer A£to de Fe gen eral, formal , explícito,
y reflexo, con el qual el hombre advierte que c r e e , y satisface a
esta obligación. Las formulas de Fé que prescriben contienen A c ­
tos de Fé gen eral, los quales es fa lso , dice A m o rt, que se requie­
ran en la suscepción de los S a c r a m e n t o s , si no es en quanto vir­
tualmente se contienen en todos los A ñ o s de Fe particular. H a­
blando de otros tiem pos, en que obliga este p recep to, n o tó , y
b i e n , el Padre Concina , (a) que las disputas de los D oftores acer­
ca de este punto casi son vanas , y de ningún provecho ; porque
los Christianos justos, dice , no una v e z , sino muchas al d ia , ha­
cen Aétos de F é ; porque todos los días rezan el C re d o , y otras'
O raciones, que apenas (q u a v i x ' ia c¿ tie v ix q u id e m y s s pueden
decir sin exercitar A íío s de Fé. Los pecadores tam bién, si son
Christianos, á no ser perversísimos, rezan el C re d o , y el Padre
nuestro, y otras O raciones; oyen M isa , frequentan la s Iglesias,
y adoran al Santísimo Sacramento ; por lo qual son pocos los Fie­
les que frequentemente no hagan A íto s de F e. Hasta aquí Conci­
na : De lo q u a l, en la práffica se debe ad vertir, que aunque es­
tén los Fieles obligados muchas veces en la vida a hacer A fto de
Fé interno, con todo eso no deben ansiarse, ni andar perp lejos
sobre si satisfacen plenamente , ó no.
Sin em bargo, debemos tener presente, que el Señor Papa A le­
jand ro V I L condenó la proposicion que decía : Que e l hombre
£» ningún tiempo de su vida estaba obligado á hacer jiS ió de F é t E s -
' Pe~
0») C oncin. ¡n C otup . in 1 , jp c tjlo g . oiandat. de Fíde, cap. j . quarst.4.
( i ) A loe. V I I . prop. 1, damnat.
a +o P a r t e I V . L ecc ió n I .
per o n za , y Car'tclacl en fu erza de los preceptos divinos pertenecientet
á estas Virtudes. El Señor Inocencio XI. también condenó otra pro­
posición, qu e.d ecia: (a) Que bastaba una vez en la vida hacer sic «
to de Fé.
Debemos también notar , que la vida de los Christianos es vi­
da de F é , Esperanza, y Caridad. L a vida corporal necesita todos
los dias alimentarse: j y la vida esp iritu al, y divina solo una vez
al año , como dicen algunos, ha de exercitar sus aftos ? Justus ex
fide vivir. Si vive , luego con frequencia, exercita los oficios de la
vida ; por lo q u a l, os exhorto á que todos los dias hagais los A c­
tos de Fé , Esperanza , y Caridad.
En quanto al tercer precepto afirmativo que contiene esta V ir­
tud de la F é , debemos confesar los M ysterios de la Fé con pa­
labras , o señales que lo demuestren que son aftos externos quan­
do el tiempo lo pida, (i) Obliga , p u e s, esta exterior confesion de
la Fe en los casos siguientes: E l prim ero, quando por algún ty-
rano , Juez , o persona de política autoridad , como tal , fuesemos
preguntados por nuestra F é , L e y , o Religión , en tal caso debe­
mos confesar la Fé de Jesu-C hristo; porque el decir que el callar­
la no es por su naturaleza cosa perniciosa, es proposicion conde­
nada por el Señor Inocencio X í. (c) Mas si la pregunta es hecha
por algún p articu lar, se le puede no responder , salvo que de es­
to se siguiese escandalo , deshonor, o menosprecio de nuestra Ley
Santa , o Catholicismo , que en tal caso debemos confesarla. Mas
el que procurase ocultarse, o escusar esta pregunta no niega la
Fé , ni peca : Cum vos persec.tti fte r in t in civitate is t a , fu g ite in
a ü a m , diceSan M atheo: (¿í) El segundo caso quando obliga exte-
riormente confesar la F é e s , quando viesemos pisar , o conculcar
Jas Imágenes sativas, y reliqu ias, o viendo hajar , y profanar el
santo nombre de D io s , y su divino culto : E l tercero , quando al­
gún adulto se vá á b a u tiza r, porque debe manifestar en lo exte­
rior que vá á ser miembro de la Iglesia : E l quarto , si el proximo
se hallase en peligro de faltar á la F é , o quando fuese necesario
para! que,alguno deponga sus dudas , o quando por la tal confe­
sion se hubie.e de convertir alguno. Finalmente , omitiendo otros
casos por la brevedad , quando ;>e vá á recibir algún Magisterio
en la Iglesia, CaaOngía , a otra Dignidad Eclesiástica. En todos es­

... i.—
.. .
(a) Iííikk. X i. prop. i? . d.umui. (6|
-—
■■-—
io v. ,a , &
tos
------ T
(c) lu*
noc. X I. prop. 18. damtut. (¿J M.itth. cap. io . & cap, i j .
SOBUE LA ímeSSflfrAD ^E LA F e . 24!
tes casos obliga , debaxo de picado m ortal, Ja confesión externa,
y protestación de nuestra Santa F e ; toáoslo dicho es por lo que
pertenece a los preceptos afirmativos.

§. III.

V I C I O S O P U E S T O S A L A FE.

Ponese a la virtud-de la Fé la infidelidad con todas sus espe­


O c ie s , que son , paganismo, judaismo , y heregia. La infide­
lidad una es puré n e g a tiv a , y es la ignorancia invencible de los
.IWysterlos de la F é , o carencia involuntaria de ella , la qual se dá
en aquellos que'nunca oyeron cosa alguna de la Fe, ni pudieron oír'
.la , sean párvulos , o adultos ; por lo qual , esta infidelidad negati­
va no es pecado , sino pena del pecado. Y a s i, está condenada la
proposicion que decia : Q u e la infidelidad puré n e g a tiv a , en quie­
nes Christo no se ha predicado , es pecado, (¡i) Hay también otra
Infidelidad , que es , y se llama p rivativa ; y e s, quando carece de
la Fé aquel que pudiendo, y debiendo tenerla , oyendo la predica­
ción del Evangelio , lo omite por negligencia. Esta e x genere suo ,
es pecado mortal. Y finalmente, hay otra infidelidad positiva con­
traria , la qual es pecado gravísim o, y es la de aquellos que no so­
lamente resisten a la luz de la Fé , y á ía predicación del Evange­
lio , sino que también defienden pertinazmente los errores contra­
rios a la verdadera Fé.
Esta infidelidad positiva contraría es de tres m aneras, y se
divide en paganism o, ju daism o, y hereticismo. E l paganismo es
un error voluntario , que resiste a la Fé aun no recibida ; o es una
falsa religión , que admite muchos D ioses; tales eran los G riegos,
y Romanos , y todos Jos Gentiles antes de la venida de Christo. A l
paganismo se reduce el ateismo, y deismo. E l judaismo es un error
• contra la F é , recibida en figura 5 6 es una religión de los que ad­
miten un solo D io s , Criador del Cielo , y de la tie rra , con suje­
ción á la L ey de M o yses, excluyendo la Fé de Christo. L a h ere-
gía es uu error voluntarlo pertinaz acerca de algunos Artículos
de hi Fé , el qual error tienen los que habiendo recibido el Bautis­
mo , y la Religión Christiana, niegan algunos Artículos de los
.______ que
{a) Midi, üij'o prop, 68, dautuat. á Pió V. Cons. ex ómnibus.
Q
24 1 P arte IV . L ección I.
que propone de Fé la Santa Iglesia Apostólica Romana , y por
eso se llaman Hereges.
Llamase la heregía error vo lu n tario , porque sin libertad no
hay pecado ; llamase pertinaz, porque como la heregía signifique
elección, requiere en él error de liberación obstinada. Y asi , para
que alguno se diga pertin az, es necesario que a sabiendas , y con
advertencia tenga algún error deliberado contra la definición de la
Iglesia Catholica Apostólica Romana. Por lo q u a l, asi como para
que una cosa sea de Fé se requiere que la Iglesia lo proponga por
t a l, asi para la heregía es necesario que sea despreciada la misma
Iglesia. Esta dicha pertinacia se toma aqui por la elección delibera­
da de la voluntad, ya nazca de fragilidad, o ya del Ímpetu , del fu-
r o r ,y de la i r a ; y asi, no es necesaria m o ra, o tardanza de tiempo,
sino que , asi como otros pecados se pueden cometer en un momen-
to de tiem po, asi también «1 crimen de la heregía.
Esto supuesto, digo lo prim ero, que hay heregía form al, y
heregía material. La formal es la que se ha explicado. L a heregía
material es quando alguno cree , o profiere alguna cosa contra la
Fé , ignorando que pertenece a ella, (a) Si la ignorancia es inven­
cible , no hay culpa alguna en la heregía m aterial, pero sí si k
ignorancia es vencible. Pero esto se entiende con tal que el errot
no sea a fe ita d o , con el fin de vivir , y hablar en contra mas li­
bremente, ó de contradecir á la autoridad de la Iglesia ; porque
entonces hay heregía formal. También es heregía material quando
alguno pronuncia exteriormente algún error contra la F é , pero
sin consentir a él interiormente. Demás de esto , divídese también
la heregía en m ental, o meramente interna , y en mixta de imerm,
y externa. L a puramente interna es quando no se manifiesta por
alguna señal exterior , sino que existe solamente en el animo ; pero
quando exteriormente se manifiesta , entonces es m¡x-a de interna,
y externa. Esta heregía mixta se divide también en u n a, que es
manifiesta per se , (la qual se suele también llamar pública ) que no
solamente se manifiesta con p alabras, y señales, sino que también
se profiere delante de muchos que lo o y e n ; y en otra que es ocultt
per accidens , y se llama p rivada, la quil , aunque se profiera ex­
teriormente con palabras, y señales , pero es quándo , y dónde n¡í-
die

’. a) C o iic in , ¡o C o .ip. T -V .o lo g . M o r . d iss.K . 1. de f i d e , ca p , 9 - Rein-


fe s i. tra cl. 4 . de V ír r . Theoío¿, q . i . d ist. 3 . n . i j .
V ic io s o p u e s t o s a la F e . 243
dle lo v é , ni o y e . Finalmente , una es afirmativa quando alguno,
con palabras, o señales , confiesa publicamente delante de todos
el erro r, que tiene concebido contra la F é ; y otra es negativa ,
quando alguno jurídicamente , convencido de heregía, reusa per­
tinazmente , ó no quiere declarar su delito.
Digo lo segundo , que el que duda deliberadamente acerca de
algún Articulo de la F é que le es propuesto suficientemente, come­
te pecado de heregía , porque virtualmente juzga , que aquel A r ­
ticulo de Fé tiene alguna incertidumbre , ó que 110 es verdadero
ciertamente. Por eso se dice en ei Derecho Canónico, que: D u biu s in
fide infidelts est . ^1) Notad que he dicho el que duda deliberada­
mente , porque si asi no e s , no se incurre en tal pecado por falta
de advertencia , y de consentimiento. Por ló q u a l, deben despre­
ciar el escrupulo mochas almas que padecen tentaciones contra la
F é , a. quienes se le suelen ocurrir varios pensamientos, y ya les
parece que han dudado , o que dudan de la Fé C ath olica, quando
a la verdad detestan seriamente tales imaginaciones , y nunca, co­
mo se supone, desean tenerlas. Protextando , p ues, de nunca con­
sentir en e lla s, y haciendo A ítos de F é contrarios a la tentación,
no se pueden imputar a culpa y antes bien dan ocasion de merecer
con Dios.
D igo lo tercera, que qualquiera que sepa que alguno es Here-
g e , Apostata , o que judaíza , siendo bautizado , o aunque no lo
s e a , como sea con escandalo de los C atholicos, o por fin de per­
vertirlos , está obligado , pena de excomunión m ayor la ta senten-
t i t e , a dar cuenta al Santo Tribunal de la Inquisición, o a al­
gún Comisario , o Ministro su y o ; y a falta de estos, a su Párroco.
Y el decir que no pudiéndolo probar , no h ay obligación de dela­
tarlo , es proposicion condenada por el Señor Alexandro V II. (b)
Pero de esta regla se exceptúa el Confesor , que ni debe , ni oue~
de dar quenta, aunque lo quemen vivo, Y a s i, si alguno por su mi­
seria cayó en tal pecado , llegue con christiana resolución a los
pies del C onfesor, que e ste , usando de la prudencia que debe,
buscará remedio para consuelo espiritual del penitente.
D igo lo q u arto, que las penas en que se incurre por la heregía
m ixta, asi o c u lta , como p ública, son muchas. Las de la oculta
son,
(a) Sicphanus tfap. teiaius cap, 1, de Heraeiícis. [b) Aicx. V il. pcop.f,
damnat
Q*
*44 P a r t e IV . L e c c i ó n I.
ion , excomunión mayor reservada a su Santidad intra Bullam Cct-
w# , y también irregularidad. Las de la pública son , además de
las dichas , privación de Oficios , y Beneficios Eclesiásticos , pri­
vación do eclesiástica sepultura, esto es en quanto á las penas espi­
rituales. Las temporales son , confiscación de bienes , infamia , pena
c a p ita l, no poder-testar , ni heredar por testamento, y otras mu­
chas que señalan los Derechos Canonico, y Civil contra los que co­
meten el crimen de la heregía mixta de interna f y externa.
D igo heregía mixta de interna , y externa , porque el que so­
lo comete el pecado de interna heregia , sin manifestarla exterior-
mente , no incurre en las dichas penas , aunque es pecado mortal
el que cómele ; porque es común axioma , que : E cilesia non judi -
cat de intem is. L o mismo ciijjo del que comete heregía material ,6
puré externa , porque solo es heregía en la apariencia. Pero esto se
entiende en el fuero de la conciencia , y delante de D io s ■porque
en el fuero exterior , conducido que sea al Tribunal , le juzgaran
por Herege. Mas adviértase mucho , que el que cómete herejía
mixta de interna , y externa ; esto es , pronunciando su error con
palabras , o señales, aunque esté tan oculto , que nadie , sino Dios,
le vea , ni le oyga , incurre en la reservación de la excomunión,
y en la irregularidad.
Pero se ha de notar, que para que las palabras , o señales ma­
nifiesten exteriormente la heregía , se requieren dos cosas princi­
palmente : L a una , que estas palabras, o señales expresa , y com­
pletamente manifiesten , o demuestren la h eregía, de tal modo, que
si alguno estuviese presente , pudiese conocer el error interior del
otro. Pero nótese, que estas palabras, ó señales, 6 escritos pue­
dan manifestar la h eregía, o por su propio significado, o por la
costumbre , o por las circunstancias del lu g a r, del tiem po, y qua-
lid - des de las personas. L o segundo que se requiere para que sea
manifiesta, o se demuestre exteriormente la heregía e s , que i;is
señales exteriores sean por sí grave pecado en materia de heregía;
la qual gravedad no se toma por comparación 'del aíto , o señal
exterior, con e] afto interior, sino de la naturaleza de la misma
señal exterior. Es decir , que si la acción externa és lig e ra , no bas­
ta para manifestar la heregía ; porque la excomunión reservada es
pena gravísim a, la qual no se dá sino por pecado grave. Parifica­
se esto con el que hiere levemente á un Clérigo , que no incurre en
la excomunión, como enseñan comunmente los T h e clo g o s, aun­
que
V ic io s o fu e s to S a l a F e ,
que fuese muy grave el odio interno que le tenia.
De todo lo qual se sigue , que aquel que consulta a un hombre
dofto, o en la Confesion sacramental manifiesta su heregia inter­
na para salir de la culpa , no se puede decir que cae en heregia
mixta, porque la acción no es m ala, ni es pecado m ortal, antes
es buena; es asi, que para incurrir en la heregia mixta se requiere
que haya pecado mortal en la manifestación: luego el tal no incur­
re en la heregia mixta , ni en sus penas.
Digo por ultim o, que no solamente está impuesta la pena de
excomunión mayor la tx sentemise contra los H ereges, sino también
en sus fautores, receptores, detensores, y los que les dán crédi­
to. Y para mayor inteligencia, quiero explicar las v o c e s, debaxo
de las quales se comprehenden aquellos que se juzgan comunican
con los H ereges, y que incurren en la excomunión que está puesta
contra ellos.
No trato aquí de lo que toca al fuero exte rio r, sino solo de lo
que pertenece al fuero de la conciencia, respeíto de los que dán
crédito á los Hereges. Por lo q u a l, se debe notar , que de dos mo­
dos se puede entender que alguno dé crédito al H ereg e: L o pri­
mero , como a un hombre politico , y miembro de la humana so­
ciedad , juzgando bien de él en lo p o lítico , y estimándole como á
tal: Lo segundo, como á H erege, en quanto alguno se junta á sus
errores, y asiente a e llo s, ya sea a to d o s, ya á uno , b á otro , y a
confusa, y implícitamente , o ya c la ra , y expresamente; con tal
que cou palabras , o señales exteriores indique, y manifieste su
consentimiento. Los que de este modo dán crédito a los Hereges se
llaman creyentes , é incurren en la excomunión reservada. Demás
de esto , aquellos se dice que son creyentes en confuso, o confusa­
mente , que afirmasen ser buena la fé de este, o del otro Herege,
aunque no profiriesen algún particular error. Lo mismo digo de ios
que confesasen que daban crédito k qualquiera cosa que lo.^ Here­
ges creen, ú oyesen sus Sermones, y leyesen sus esernos con ani­
mo de asentir k ellos. Todos estos, pues, se han de tener por He­
reges, é incursos en sus penas. Asi lo sienten comunmente los Doc­
tores.
Aquellos se llaman fautores, receptores, y defensores d é lo s
H ereges, que conspiran en sus errores, ó dán auxilio para que no
los prenda la Justicia , ó ayudan a la propagación, y defensa de
la heregia; esto puede ser por omisíon , y comision. Entonces se-
Q 3 rá
246 P a r t e IV . L e c c i ó n I.
rá por omision, quando a lgu n o, preguntado por el J u e z , no qui,
slese revelar al H erege, ó sí consignado para que lo custodiase,
fuese negligente en su custodia. Y entonces será por comision,
quando "alguno alaba con palabras, defiende, p rotege, o dá auxi­
lio , y ayuda ai Herege para que huya. Los receptores, y defen­
soras son aquellos que hospedan, y reciben en sus propias casas,
c abenas á su jurisdicción, ó R eyno al Herege que h u y e } ó se
ocuka,
N o me detengo en explicar mas latamente esta materia por la
brevedad. Solo advierto la obligación que hay tan grande de no
leer los übros que están prohibidos, Y para mayor claridad, y dis­
tinción , sepan todos , que no solo incurren en la excomunión á su
Santidad los Hereges , sus fautores, receptores , y defensores , sino
también los que á sabiendas leen , tienen , imprimen, o defienden
sus libros , que contienen heregía , o tratan de religión. ( y contra
los cism áticos, y los que se apartan pertinazmente de la obedien­
cia del Romano Pontífice) T an antigua viene la prohibición de los
libros , que se contiene en los Hechos Apostolicos al cap. 1 9 . don­
de se d ic e : M u llí autem ex eis , qui fuerant curiosa seíiaii , contuí-
lerunt libros , & comluserunt coram ómnibus. Y con mucha razón
se prohiben los libros de los H ereges; lo u n o , para evitar el peli­
gro de seducción j y lo otro , para que los Hereges sean confun­
didos.
§. IV .

D E L A V I R T U D D E L A E S P E R A N Z A , T L O S V IC IO S
opuestos d ella.

L primer precepto de la L e y de Dios pertenece también Ja


A V irtu d T heologal de la Esperanza, ¿ Y qué cosa es Espe­
ranza? Esperar la Bienaventuranza , y los medios para ella.
qué está nuestra bienaventuranza ? En ver á Dios en sí mismo,
amarle } y gozarle eternamente. ¿ Y por qué medios se alcanza?
Con la gracia d iv in a , y méritos de Christo , y nuestras buenas
obras.
Es la Esperanza un don de D ios, con el qual esperamos con mucha
confianza todo aquello que D ios nos ha prometido. Llamase dónde Dios,
porque Dios es el que la dá , el qual por nuestras propias fuerzas
no podemos alcanzar j porque , j qué cosa tenemos, dice el Apos­
to!.
de la V irtud de la E speranza. 247
tol 1 que no hayamos recibido? (a) ¿ Q u id /tabes, quod non accepisti ?
Espiramos con mucha confianza , porque nuestra esperanza se apo­
ya en las promesas de D io s , que no puede engañarse, ni enga­
ñarnos ; y en los méritos de Christo , que vino al mundo para gran-
gearnos la vida eterna : Ego veni ut vitam ba b ea n t , & abundantius
labe m i. ib) A esta esperanza no dexa de acompañar el temor para
atemperar la confianza; porque los pecados nos sirven de obstáculo
para llegar á conseguir la eterna vida, que está prometida á las bue­
nas obras, que por eso se requieren estas , dice el Cathecismo , de­
más de la gracia de D io s} para que entendamos, que ni Dios por si
solo quiere hacerlo to d o , ni nosotros sin Dios podemos merecer tal
dicha. Fuera de q u e , ninguno sabe si es digno de amor , ó de
odio , 6 si perseverará en el bien hasta el fin: N escit homo T utrum
amore an odio dignas sit, (r) T odo lo qual nos motiva a que , si­
guiendo la doftrina de San Pablo , obremos nuestra salud con mie­
do , y temor \ {d ) porque como diceSan A g u s tin ,s i al gozo de
nuestra esperanza no acompañase el temor de perdernos, se segui­
ría , que tomando ocasion de la seguridad , nos llenaríamos de so-
bervia, y vana presunción, haciéndonos negligentes, y perezosos
en el bien. (?) Por eso dicen los T h e o lo g o s, hablando del temor
de Dios , que se dá precepto de esta virtud , como consta de la E s '
critura Santa , donde al cap. ro. del Deuteronomio dice Dios asi:
¿ Y ahora , Is r a e l , qu é es lo que tu Señor te p id e , sino que temas h tu
Señor ? Y el Profeta R e y , en uno de sus Psalm os: Tem ed a l Señor
todos sus S a n to s ; (/) de que infieren , que es este precepto especial,
hablando del temor de Dios generalm ente, en quanto se divide en
f ilia l, in icia l, y servil.
D ixe que por medio de esta virtud que v o y explicando espera­
mos todo lo que D io s nos ha p rom etid o , para que entendamos, que
en esta generalidad se incluye , no solo la vida eterna , sino tam­
bién los medios necesarios para conseguirla, como son la gracia,
y auxilios divinos, que por los méritos de Christo se nos dán , y
son precisos y ap a ra nuestra justificación , y y a para la perfección
de las buenas obras. También se entienden los bienes temporales
en dicha generalidad, porque también estos los prom ete, y dá
D io s, y conducen para la vida eterna, si se usa de ellos con inten­
ción
(<0 i.C o r. v. 7. ib) Joanrt. 10. v. 10. ( c) Eccles.9. 1. (d) Ad Philip.
11. 12. (e) S. Aug, Annot. in Job cap. 29. v. 23. {/) Psalm. 33,
Q*
248 P arte IV . L ección I.
clon sana.; por lo q u a l, es licito p ed irlo s, y desearlos con este fin,
y no con otro.
Esto supuesto, d ig o , que estamos obligados a hacer A ftos de
Esperanza , debaxo de pecado m o rta l, en los quatro tiempos si­
guientes : E l p rim ero, luego que llegamos a tener uso de razón:
E l segundo, siempre que seamos acometidos de alguna grave ten­
tación contra esta virtud , que no se puede vencer sin hacer Aflo
de Esperanza : E l tercero , en el articulo de la m uerte; y el qu.tr-
to , á lo menos una vez en el año. Pero siendo la vida de los Fieles
v.'da de esperanza , parece que no es suficiente exercitarla sola
una vez al a ñ o , asi como no basta que el viviente haga A d o s de
vida para vivir una sola vez en el año. Sí bien no me atrevo a de­
terminar la frequencia con que se deben exercitar los A fto s de es­
ta virtud , imponiendo en ello grave obligación ; pero ello es cier­
t o , que la vida corporal necesita de alimento cada dia : luego con
mas razón para Ja vida espiritual, y divina se deben prafticar sus
A ftos, no solo una vez al a ñ o , sino con frequencia. Obliga también
este precepto per acctdens , quando se ha de recibir el Sacramento
de Ja Penitencia, y quando urge el precepto de la Caridad , ü otro
qualquiera que no se puede cumplir sin A fto de Esperanza.
Pregunta ahora el Cathecismo. j Quién peca contra la Espe­
ranza ?. Y responde : El que desconfia de la misericordia de Dioí,
o locamente presume de ella. Por eso dicen los T h eo lo g o s, que los
vicios contrarios a l a Esperanza son la desesperación , y presun­
ción. La desesperación es una voluntad eficaz de repudiar la vida
eterna, que se habia de alcanzar por la misericordia de D io s ; esto
e s , quando desesperado el Christiano, se persuade, y esta cierta
de que no ha de conseguir la G lo r ia , ni la gracia para salir de pe­
cado , y por eso prosigue en ellos, y dexa las buenas obras, imitan­
do á Caín , y Judas , que por sus propias manos se tomaron el In­
fierno. (4) Es gravísimo p ecad o, porque siente mal de Ja Divina
M isericord ia, y Om nipotencia; y seiá heretical quando alguno
desespera , porque forma iuicio de que Dios no le puede salvar,
ni perdonar , o que 110 hay G loria ; y entonces comete dos pecados
gravísimos , uno de heregía , y otro de desesperación.
L a presunción es una perversa , 6 desordenada confianza en
la misericordia de Dios. Es grave p ecad o, y caen en él los peca-
do-
b . A u g , stru i. 3 ¡ 3 , ae U u iit. a g e n d * p a n ite w ia r .
de la V ir t u d de ia E sp esakza. 249
dores ffias frequentemente que en el de desesperación , los quaies
confian conseguir la G loria eterna sin ayunos , sin mortificación
de la carne , y sin obras trabajosas. Por lo que aquellos Chrisúa-
r o s , dice Concina, que pasan la vida en ju e g o s, com bites} recrea­
ciones , conversaciones comunes de hombrea, y mugeres , nq es­
peran en D io s , sino le tientan, y aunque no cometan pecado de
presunción propiamente tal , la qual está hermanada con heregia,
pero están en un continuo pecado de descuido de su salud eterna.
Perseveran en pecado, por demasiada confianza en la D ivina mi­
sericordia ; y ésta sola negligencia cra sa , esta pereza , é insensibi­
lidad pasmosa en el pecado, y gravísimo negocio de la salud eter­
na es grave pecado. L a larga perseverancia en p ecad o , concluye,
en confianza de la D ivina misericordia , es castigo de la D ivina
venganza, que derrama ceguedades en pena de ilícitos apetitos, (o)
También peca mortalmente por presunción contra esta V ir ­
tud de la Esperanza el que presume conseguir la G loria , y los bie­
nes espirituales con sus fuerzas naturales sin la gracia de D io s; y
si lo cree a s i , es Herege Pelagiano. Y si alguno esperase el perdón
d élos pecados sin penitencia, b la G loria sin m éritos, y lo cree
a s i , es Herege Luterano, También pecan mortalmente contra esta
V irtud todos aquellos que toda su vida viven en pecado mortal,
callando pecados en la Confesion , no restituyendo lo ageno quan­
do pueden, ni saliendo de 13 ocasion, y peligro proximo de pe­
car , dexando la penitencia , y el confesarse para la hora del
morir , pudiendo hacerlo antes. También peca mortalmente contra
la Esperanza el que desea gozar mas las cosas temporales , que las
eternas , o desea vivir perpetuamente en esta vida , o espera la
G loria , y demás bienes espirituales de los hom bres, como de cau­
sa principal.
También se peca por presunción contra la Esperanza quando
se tienta a D io s ; como el que sin necesidad , y sin legkim o funda­
mento espera, o pide a Dios lo que su Magestad no tiene pro­
metido. Pongamos exerr.pos: Si a lgu n o, v. g. omite deliberada-,
mente aquellas cosas que son de hacer por ordenación D ivin a,
según las comunes leyes de su Providencia D iv in a , este tienta ^
Dios. L o mismo digo del que sin necesidad , ni fundamento pide a
Dios algún milagro. También tienta á Dios el que temerariamente
se
(a) ¡S, Aug. aj Antillas, cp, 14;, n. b.
2 yo P a r t e I V . L e c c ió n I,
se expone a algún peligro , quebrantando la Divina L e y , esperan­
do que de él se libertará ; pues como dice San Agustín : Q u i non
prcecavet perlculum , quod precaveré potest , potius tentar Deum,
quam sperat in eo. O ygan esto los que se ponen de proposito en la
ocasion del ju e g o , del sarao , y com edia, y de las continuas con­
versaciones familiares con m ugeres, & c. E l pobre que se dá al
ocio , y á la pereza , sin querer trabajar para sustentar la vida,
tienta á Dios si espera de este modo lo necesario para ella, [a) El
que no prepara su alma para la oracion, y ora sin atención alguna,
tienta á D io s , si confia que ha de alcanzar lo que pide con tanta
negligencia. Y por ultim o, tientan á Dios aquellos que hemos di­
cho que esperan sin penitencia el perdón de sus pecados ; y lo
mismo los que pecan mas libremente con la esperanza del perdón.
N ? dicas , dice á este proposito el Eclesiástico, (/>) misericordia
D oniivi magna e s t , muljitudinis peccatorum meoram miserebitur.
Muchas veces suele también provenir la perversa presunción
de otros principios; v. g. de la presunción que tienen algunos de
que los pecados se perdonan fácilmente por la mera Confesion , o
por qualquiera d o lo r; y que la conversión es muy fácil de hacer­
se , aunque sea en un instante. Item , proviene tam bién, porque se
persuaden á que no es tanta la gravedad del pecado m o rta l, como
dicen los Theologos, y Predicadores; y que la gracia que se requie­
re para una conversión bien com plexionada, está pronta para to­
dos , aunque sean los mas grandes pecadores, & c. Bien claro tes­
timonio dá la experiencia de semejantes presunciones temerarias,
las quales pone el D ofto R einfestuel, quien escribe los Consecta­
rios siguientes, que no quiero omitir.
Peca mortalmente , lo prim ero, el que eficazmente no quiere,
ni con eficacia desea la posesion de D io s ; porque el precepto de la
Esperanza nos obliga á esperar, y anhelar por la eterna Bienaven­
turanza : Lo segundo , peca mortalmente el que por el nimio te­
mor que tiene de que puede condenarse, desease con plena delibe­
ración que Dios le aniquilase , o no haber nacido; porque enton­
ces desearía lo que se opone á la bondad , misericordia , y provi­
dencia de D í q s , y se amaría á sí mismo desordenadamente en
materia g ra v e ; á lo qual se debe atender seriamente, no sea que
se oculten en el corazon semejantes malos afeétos sin cuidar de
ellos,
(a) á. Aug. líb. 2 i, comía Fausium, cap. 36, {b} tecii. j . 6,
de la V irtud de la E speranza. 2/1
ellos. N i obsta contra esto lo que dixo Christo habjando de Judas,
que le hubiera estado mejor no haber nacido , porque aquellas pa­
labras significan que era m ayor mal la entrega de C h risto , que
hizo Ju d as, que su no existencia: L o tercero , pecan mortalmente
los que de todo punto desesperan de la enmienda de su v id a , por­
que desesperan de los medios necesarios para la vida etern a, y
hacen injuria a la Divina Misericordia , que p u ed e, y quiere sub­
ministrar dichos medios a los que con humildad los piden 5 y lo
quarto , pecan también gravemente los que despues de un pecado
grave cometen otros, con la esperanza de que igualmente es fácil
conseguir de Dios el perdón de u n o , que de m uchos; porque de
este modo , y con esta perversa confianza quieren hacer a Dios
fautor d£ sus delitos. También peca aquel, que no confiando en la
Divina Providencia , es nimiamente solícito en que no le falte lo
necesario para la vida.
¿ Y podremos esperar en los hombres los temporales bienes que
pueden darnos? Fundase esta p regu n ta, porque dice Dios por
Jeremías , (a) que sea maldito el hombre que espera , y confia en
otro hombre : M a le d iffu t homo , qui eonfidit in hominc, A e¿ta pre­
gunta responde Santo Thomás , que si el esperar en el favor , en
la correspondencia de otro hombre , lo hacemos sin quitar de
Dios la principal confianza : si soio esperamos en otro hombre,
no como en nuestro fin , sino soio como en un instrumento , como
en un medio para conseguir alguna co sa , esto no sería causa para
incurrir en la maldición de Dios. L o mismo digo de la industria,
y del trabajo que se debe poner ; pero ha ríe ser de m odo, que
al poner nosotros la diligencia , pongamos luego en Dios toda la
confianza , que sin Dios nada valen las diligencias , las fatigas , y
todas las industrias.
D igo esto, porque el pecado está en el desorden con que se con­
f ia , y espera de los hom bres: y a s i, es regla general, y cierta en­
tre los T heologos, que el poner su esperanza acerca de los bienes
temporales, en los hombres, como si de ellos dependiese únicamen­
te el conseguirlos, es pecado mortal. A esto suelen responder mu­
chos de los mundanos, que no colocan su esperanza en el hombre
como autor del bien que esperan; pero de tal suerte confian en los
hom bres, según lo acredita la experiencia , y la práftica de tantos,
como si en la realidad pendiera de ellos únicamente su fortuna.
Por
{*) Jcrero. 1 7 ,
P a r t e IV. L e c c i ó n I.
Por eso pecan mortalmente, lo prim ero, aquellos que con un pie,
.no olvido de D io s , y de sí mismos, poniendo todo su D io s, (di­
gámoslo a si) y Bienaventuranza en conseguir algún em pleo, sa­
lir bien con alguna pretensión, o empeño, fijan toda sli esperanza
en aquellos de quienes están pendientes para su acom odo, y for­
tuna. A estos puntualmente es á quien les comprehende la maldi­
ción , porque ponen toda su confianza en brazos de carne : Malt-
diffius homo , qui confidit in homine , & ponit carnem hrachium sw¡m,
Es la razón , porque este total confiar de los hombres les suele po­
ner en precisión , y manifiesto peligro de arbitrar , y pasar por
medios ilícitos, á fin de salir con su pretensión , y designio ■como
son vivir colgados de su voluntad , y esclavos de su querer , coa
una tácita preparación de su animo á complacerles , ailnque sea
atropellando por la L e y D iv in a , y humana , y con dispendio d_- su
conciencia : L o segundo , les pone en peligro de acomodarse á sus
malvados designios, queriéndolos cohonestar con una falsa epi-
qu eva: L o tercero , de adular , y murmurar , llevándoles el hu­
mor , y el genio ; en una palabra, dispuestos a cumplir su volun­
tad , ahora sea justo , ahora injusto lo que se les antoja.
L o segundo , pecan mortalmente , omitiéndose otros mu­
chos casos, aquellos hombres tan adheridos á sus intereses, que
no fiándose de D io s , ni de su providencia, ponen toda su espe­
ranza en allegar riquezas, hacienda, y posesiones , en que depo­
sitan su corazon , hasta que le dexan burlado : D ives cum Jortnie-
r i t . nihil secum aufferet , aperiet ocalos suos , & n ih il inveniet. (¿)
Asi lo experimentó un hombre r ic o , y avaro , cuyo corazon , y
esperanzas tenia puestos en la hacienda ; porque cogiéndole la
enfermedad d é la m uerte,.gem ía, y suspiraba diciendo : ¡ O h , al­
hajas! ¡Oh , riquezas mías! ¡O h , dineros míos! ¿E n qué parareis?
* Ó h , y quán vanamente afan é, y quán fallidas salieron mis espe­
ranzas? ¿ Es qu«3 paravi , cujas eruntl N o sucedería asi si iodos
praéticasen el mandato del A p osto l, quien dice á Tim o’ heo : Man­
d a , y ordena á los ríeos de este mundo que no presuman de s í mis­
m o s, ni pongan su confianza en las posesiones, y riquezas, sino
en solo D io s : D ibitibus hujus iceculi , prxcipe , non svperbe sapere,
ñeque sperare in incerto divitiarum t sed in Deo vivo , qni pr¿eiiat
m bis omnia, (h)
§-V.
l») Job 27. \b) 1, ad Timoiii, cap. ó.
2*3
§. v.
D E L A V I R T U D D E L A C A R I D A D .

A C a rid a d , V irtud sobreexcelentisítna, es la Señora, la R ey-


I j n a , la m adre, alm a, v id a , y hermosura de todas las otras
virtudes. La Caridad es quien las govierna todas , las m ueve, y
encamina a su verd adero, y ultimo, fin : ella las engendra en su
ser perfeéto, las aumenta, y conserva, las ilustra,, y a d o rn a , y
les dá vida , y eficacia. Asi se introduce la Venerable Madre M í-
ria de Jesús para hablar de esta V irtu d , cuya observancia pertene­
ce también, y mas principalmente al primer precepto de la D ivi­
na L ey.
Pregunta el Cathecismo , ¿ qué cosa es Caridad ? Y respondes
Amar á Dios sobre todas las co sas, y al próximo como á nosotro,
mismos. Es una virtud que Dios infunde, tomada como habito:
con Ja qual amamos a Dios por si mismo , y al proximo por Dios*
Es don de Dios , tanto, que solo su Magestad es quien le d á , sin
• que nadie pueda adquirirle, ni tenerle por sí misino: C h a n ta s D t i
dijfussa est i « cordibus nostris p er Sp iritu m SanSium , dice el Apos-
toJ. (a) Con ella amamos á Dios por sí mismo, por su infinita, bon­
dad , y perfecciones ; esto es j que la Caridad hace que amemos
a D io s, sin desear otro premio de este am or, ni tener otro moti­
vo para amarle , que el mismo D io s : (¿) y se arria sobre todas las
cosas, porque á todas se prefiere su am o r, queriendo antes per­
derlas todas, que ofenderle. Por tanto , entonces amamos á Dios
sobre todas las cosas , quando de tal suerte le amamos, que es­
tamos dispuestos á padecer qualquiera trabajo, antes que ofen­
derle con el p ecad o ; y queriendo perder antes la h acienda, la
hon ra, ios p ad res, los am igos, la fa m a , y aun la misma vida,
que cometerle.
Por eso dicen, los Theologos , que lo que se manda en este
Mandamiento máximo del amor de Dios es el amor apreciativo , cpn
el qual damos á Dios el primer lu g a r , y preferencia a todos los
otros bienes, y de esta suerte amamos a Dios de todo corazon,
con toda el alma } porque solo Dios domina en nuestro corazon , y
tiene sujetos asi todos nuestros a fe íto s ; y aisi, todos convienen , en
que
{a) Ko:;:. j , -J i j S. A u ¿ . in P s j i m . 72. i>.3 & ui Psalm . 134. ir, 1 1 ,
2 P a r t e I V . L e c c ió n L
que este precepto no manda el amor intensivo , y uns com o ternu­
ra m ayor , o m enor, (a) Pongam os un srm il, para que se perciba
m ejor la distinción en u n o , y otro am or. T ien e una m adre dos hi­
jos , uno p a rvu lillo , y otro y a grande , que le goviern a ia casa,
y la hacienda con u tilid a d , y buena conduéla. Bien cierto es , que
a l niño ama mas in ten sa, y tiernamente ; pero con t o d o , quiere
con m ayor a p re c io , y estimación al que le govierna con acierto la
casa , y fam ilia , aunque las dem om traciones de carin o sean mas
tiernamente sensibles en el p arvu lillo . O tro exem plo : M as ternura
aiente una m uger quando ama a su hijo , o á s u m a rid o , que quan-
do h ace un A dío de am or de D i o s , y sin em bargo d¿ eso , para
cum plir con las obligaciones de C hristiana , si se ofreciera la oca­
sion en que hubiera de perder a D io s , o á su hijo , o marido,
prim ero debe resolverse á perder el m arido , y el hijo , que per­
der á D io s. P o r eso dice su M agestad en el E van gelio : Q ai amat
fiüam , aut filtam super me í non est me dignus • qui amat patrem,
aut matrem super me , non est me dignus, Y a s i , el sentido d tl pre­
cepto e s , am arás á D ios de todo corazon sobre todas las c o a s ,
con am or apreciativo , queriendo antes perderlas todas , que ofen­
derle. N oten esto aquellas almas ig n o ra n te s, y tím id a s , que di­
cen que no aman a D i o s , ni tienen dolor de sus culpas , porque
no pueden llo rar. N o consiste en eso el am or de D ios castizo , é
ingenuo. H able el corazon , y estemos dispuestos Con animosa re*
solucion a lo dicho , que este es el verdad ero am or de D ios.
Se ha de notar mucho , que el aprecio que hacem os de algu­
na cosa se puede tom ar de dos modos ; uno , que solo es especu­
lativo , y tiene su asiento en el entendimiento , sin pasar adelan­
t e ; y otro p r á c tic o , que in clu ye y o lleva consigo el afeólo de la
voluntad , la qual ama á D ios , porque considera el entendimiento
la razón ju s ta , y legítim a que h ay p ara a m a rle , y se com place en
él la volun tad. P or lo q u a l, no debe ocultársenos , que muchas ve­
ces , engañados los hom bres con los encantos del am or p r o p io , se
jaéhtn de que aprecian a D ios mas que a todas las otras cosas,
quando a la verd ad es un aprecio e sp e cu la tiv o , e s te r il, y vacío,
Y a s i , el am or ap reciativo , con el qual D ios es p referido a los
demás bienes , in clu ye alguna intensión, aunque no tomada en
quanto dice cierta sensible te rn u ra, y ferv o r , que resulta a los sen-
ti-
(a) SimiL
d e t,a V i r t u d d e l a C a i u d a d .
tidos, y los conmueve, y deleyta con su suavidad. ¿"Pues que inten­
sión es la que manda? Ya responde la E scritura: Convertimini ad
me in toto corde vestro. Una intensión , o conato de la voluntad,
con que de tal suerte se convierte á su D i o s , que pone el alma en
él todo su corazon. Y es la razón , porque si con mas intenso afec­
to amamos, y debemos amar .a u n o s, que a o t r o s , según la doctri­
na de Santo T h o m á s , que d ic e : Quod etiam secundum affeffum op-
portet magis unnm proximum, quam alium diligere j ¿p o r que la su-*
ma bondad de nuestro Dios no ha de ser amada con afeéto fervo­
roso , que nazca de lo íntimo del corazon?
A d e m á s , que los hom bres, viviendo en este mundo , están en
un continuo conñidto , o p e le a , pues la vida del hom brees una
continua batalla sobre la tierra ; el amor de las criaturas arde en
tu co razo n , las riquezas arrastran tus d eseos, y las dignidades,
honras, y deleytes mundanos inclinan tus a fe f t o s : L u e g o , ¿ quien
puede n e g a r , que te es necesaria la intensión , violencia , y conato
vehemente , para que tu voluntad desprecie estas cosas , y ante­
ponga a ellas a D io s ? Aqui pertenecen tantos testimonios de la
Divina Escritura , como lo confirman: Regnum Ccelorum vim pati~
tur, violenti rapiunt iilnd. Esta violencia significa fervor , y co­
nato. Item : Contendite intrare , quia malti qwsrent , & c . M a s : D i -
¡iges Domitium Deum tuum , e x toto corde tuo , ex tota anima tua,
ex ómnibus viribus tuis ^ & ex tota fortitudine tua. T o d o lo qual
declara , é inculca una intensión, y fortaleza inviíta del amor di­
vino. Y á la verdad , el amor con que debemos amar a D i o s , es ne­
cesario que sea tan efica z, tan fu e r te , y p o d eroso, que pueda
romper las ataduras del amor con que de los amigos , y parientes
estamos aprisionados, siempre que el amor de estos, y otros res­
petos del m und o, o apaguen la llama del amor divino , 6 le impi­
dan. Quisiera que me d ix eseis, ¿.qué fo rta le z a , que intensión no es
necesario qne tenga aquel amor de D i o s , que debe reprimir nues~
tras inclinaciones poderosísimas, y refrenar el Ímpetu tan violento
de! amor sensible , y deleytabie? ¡C o n qué Ímpetu corven los co«
ches á la diversión ! ¡ Q ué priesa se dán los hombres k concurrir a
los teatros! ¡ Q u é violencia sienten las señoras quando se dilata
algún tanto la vista de sus amantes, y la ocasion de obstentar su
vanidad en el paseo! ¿P odrá, pues, reprimir estas pasiones el amor
de Dios sino es vehemente , fe r v o r o s o , y fu e r te , de tal manera,
que pueda sujetar , y poner á sus'pies tantos enemigos de ocasio-
2 $6 ■ P a r t e IV . L e c c i ó n ! .
ses como se han levantado? ¡ Q u é pueda reprimir la presa de las
aguas , que se ha so lta d o , y que con tan funesto a fe ito apagan el
fuego de la C aridad!
A esto podrán objetar , que parece confusa la d o c tr in a , por
quanto por una parte hemos dicho , que no es necesario el amor
intensivo p ara cumplir con el precepto • y por otra decimos , que
requiere alguna intensión , y fervor. Pero bien considerado no
iricluye confusíon alguna , ni es ocasionada a infundir escrúpu­
los ; porque aunque digáis que no nos consta los grados , que ha
de tener esta intensión , y ferv o r para cumplir substancialmente
el p re cep to ; sin embargo , para responder á la duda , será con­
veniente que distingamos ,. con San Agustin , y Santo Thorná;,
■tres grados que tiene la caridad. E l primero es de principiantes,
el segundo de ap ro v ech a d os, y el tercero de perfectos. La ca­
ridad principiante sujeta el hombre á Dios , refrena la concu­
piscencia , las pasiones , y apetitos, persigue todos los pecador,
q u ita , y remueve todos los impedimentos del amor celestial. I.a
caridad proficiente , ó de aprovechados , sube mas alto , levanta
arriba sus llamas , anhela a cosas grandes , y toda se ocupa en
exercicíos de p ie d a d , y v i r t u d ; no procura guardar solamente
la iey con puntualidad , sino también se esfuerza á practicar los
consejos de la perfección evangélica. L a caridad perteéta , o de
perfectos , como triunfante de los enem igos, postrados , y venci­
dos , goza de D ios , y abunda en delicias celestiales con tran­
quilidad , y sosiego. M as todo esto , verdaderamente mas bien
que y o explicarlo , se dexa entender por la experiencia , y exer-
cicio del amor divino. Y asi conclu yo esto con decir , que para
el cumplimiento del precepto basta el primer grado explicado
de la caridad , la qual nos une con D ios con vinculo de oro , pe­
ro de inferior grado. Pero quiero que tengáis presente aquel tan
prodigioso exemplo deN eem ías. Este mandó a sus Soldados , que
con una mano instaurasen, o edificasen los muros de Jerusalen;
pero con la otra empuñasen la espada , para que sus enemigos no
los hallasen desarmados. P or esta razón , pues , la caridad de los
principiantes guerreadora , destruidos que sean los enemigos , y
domada la rebclíoU de los apetitos carnales , consigue el domi­
nio en el alma , y en ella reside como señora.' Pero para que este
imperio sea estable , y permanente , no solo se ha de adornar la
ciudad del alma con virtudes , sino que se ha de trabajar con to­
do
h e l A c t o be Airón í e D io s. \$n
do esfuerzo , ' p ara que en adelante nunca se¡ Je dé entrada al
fcnemigo , ni encienda la mas mínima centella de la concupiscen­
cia. Si-así se hiciese , entonces descansa segura la caridad , g o ­
za con quietud las delicias de su amado D i o s , se estrecha con
su Magestad con los íntimos abrazos de su c o r a z ó n , y unida con
él con todos sus afeftos intimamente , gusta los frutos dulcísimos
de una tiernisima amistad.

ACTO PRACTICO D E AMOR D E DIOS .


♦> ¡ / ~ \ Dios mío! te amo , Señor , porque me c ria s te , porque
n me redimiste , porque eres para mí todo mi bien , y mi
’ > eterna bienaventuranza. ( Este a£to se llama A ft o de amor d e
casta concupiscencia , santo , y bueno , propio de la virtud de la
esperanza.) ?> Pero con todo eso te amo mucho mas porque eres
b dignísimo de ser amado por tu misma bondad ; de tal modo,
» que aunque no me hicieras bien alguno , ni me dieras el G e -
» lo , con todo eso te amaria , y te a m o , porque eres am abíli-
» -simo por tu infinita bondad. Este a fto se llama a fto de
amor de amistad , propio de la virtud de la caridad. Pero no
pb'f'eso ejíctuye positivamente el deseo santo de gozar de Dios. L o
qual si se dixese, sería e rro r condenado por el Papa Inocencio XII.
No-consiste el sólido amor de D ios en decir con la boca : T e
•trio D ios mío ; porque no es amado Dios , sino se ama con el
ío fa z o n , y con las obras : (d) Non diligamus verbo , ñeque linguay
sed opei'e, & i)erítate ; y asi mentimos , quando a las palabras no
corresponden las o b r a s : D ilexerunt eum tn ore suo , dice el P ro ­
f e ta - ,^ ) : & lingua sua tnentiii sunt ei. Pero no obsta esto a que
sea útil el expresar con palabras el amor que tenemos a Dios,
colfio-quando con voces sensibles hacemos los A ít o s de C aridad
con-los de Fé , y Esperanza,
Pcfr lo qiial digo , que en fuerza de este primer precepto de
la D ivina L e y estamós obligados á repetir muchas veces en el dis­
curso- de nuestra vida aftos de amor de D i o s ; pero principal­
mente en llegando al uso de la razón, Esta es doétrina asentada,
? y regla general en quanto á lo primero ; y en quanto á que obli­
gue- por sí este precepto e n - e l primer instante del uso de la ra -
;e __ ___ ; ■ '• ____ í___ ____________________ __zon
r> 0») i . Joatrn. 1 3 ; v . i í . Psalh). 7 ? . v . ¿ i .
R
2 P a r t e V I . L e c c ió n I.
zon moralmente tomado , es sentencia común de los mas graves
T h e o lo go s con Santo Thom ás, Asi lo declaró M a ría Santísima á su
S íe r v a , y Chronísta de A g r e d a pop estas palabras : » A ñ o es de
7j justicia debido a Dios eterno , que la criatura , quando recibe
» el uso de la razón , encamine su primer movimiento al mismo
t> D i o s , conociéndole para amarle , reverenciarle , adorarle co-
» rao á su C riador , y Señor único , y verdad ero. Y a s i , si la
» criatura racional no hubiere reconocido , y adorado al Criador
» con el primer uso de la razón , debe hacerlo en el punto que
» llegue a su noticia aquel S é r , y único b i e n , antes no conocido
» por la Fé. Y desde este conocimiento debe trabajar el alma pa-
» ra nunca perderle de v i s t a , y siempre te n e rle , amarle , y reve'
7> ren da rle.
L o segundo obliga el A c to de amor de D i o s , quando nos
acometiere alguna grave ten tac ió n , en especial si fuere de odio
de D i o s : L o tercero , quando hubiésemos cometido algún peca-
cado m o r t a l ; porque debemos convertirnos a Dios : L o quarto,
en el articulo , o peligro de la muerte. E n cada uno de estos
tiempos es quando directamente nos obliga , debaxo de pecado
m ortal , al A í t o de amor de D ios ^ y indirectamente , quando nos
instare algún otro precepto , el qual no pueda cumplirse sin amar
a D ios sobre todas las cosas,
P ero si y o os intimase con la seriedad que pide la materia,
que el precepto de la Caridad obliga frequentemente a A ftos
amor de D i o s , ¿qué diraís? ¿D iríais que os imponía una cargl
m u y pesada, y que Christo dice : M i y u g o es suave , y mi carga
leve? j Pero qué d e c ís? Ya me sé y o , que siempre que algún
Mandamiento divino impone c arg a contraria al apetito , y al gus*
to , echáis m a n o , y repetís el D ivino O rácu lo ; M i yugo ts sua­
ve. Pero es abusando de este sagrado texto en falso sentido. To­
dos los Santos Padres es verdad que uniformemente conspiran, en
que el y u g o de Christo es s u a v e , porque es y u g o de a m o r , de
c a r id a d , de amistad, y de benevolencia } pero con todo es áspe­
ro el combate de la carne , la tolerancia de las persecuciones, la
crucifixión de la co n c u p is cen c ia , y codicia , la observancia de
la castidad , la fuga , y separación de las ocasiones , y otras mu­
chas cosas , que manda el E ya n g elio . T o d o esto a la verdad , no
solamente es d u r o , y áspero , sino asperísim o, y durísimo ; pe­
ro entonces''sí haceií 4ulces } y sutures"' todas e s t a s c o s a s , quando'
d e l A c t o d e a m o r d e Bros. 2 5'9
Ja caridad divina, quando el amor celestial derrama la unción , sua­
vidad , y delicias de la amistad de Dios. Y es la razón , porque si el
afeito quese tiene a una mugercilla (monton de basura,de asquero­
sidad, y corrupción) vuelve dulces, y'suaves á sus amantes los gra­
vísimos incomodos , que sostienen estos por darlas gusto ; ¿d e qué
suavidad, de qué delicias no llenará Dios á sus amigos? L uego ha­
céis durísimo, y muy áspero el yugo de Christo,si quitáis del e je r ­
cicio frequente de la Caridad , y am or, que es quien quita toda
Ja aspereza , y dureza. Luego si á todos los Mandamientos de la
L ey de Dios , que son enemigos contrarios , y gravosos á la car­
n e , y á la sangre , les añadís la caridad , amistad , y benevolen­
cia , todo se os hará suave , pues para los que aman ninguna cosa
hay pesada. Esta es la do&rína de todos los Padres.
Meditad ahora las palabras del Deuteronomío , que explican
las obligaciones de este precepto , de que v o y hablando. Dice
a s i: m Amarás á tu Dios , y Señor de todo tu corazon. Y tendrás
>j estas palabras, que o y te mando Yo , en tu co ra z o n , y las
» contarás a tus h ijo s, y meditarás en ellas sentado en tu casa,
» y andando en el camino , quando duermas , y quando te levan-
■ » tes , y las atarás en tu mano como señal-, ó recuerdo. Estarán,
» y se moverán delante de tus ojos , y las escribirás en losum bra-
les , y puertas de tu casa. ¿ Podía Dios intimar , y repetir mas
encarecidamente la continua observancia de este Mandamiento?
Luego no solo1la frequencia , sino también la continuación moral
del amor d ivin o , manda el divino precepto con tanta claridad,
que no se puede reducir á disputa. Además que los Christianos,
en fu erza-d e su propia profesión , están obligados a vivir vida
chrtstiana; y ésta no es otra cosa sino unirse el alma coa Dios,
asi como la vida corporal consiste en la unión del alma con el
cuerpo; Y por otra parte nos dice Christo por San Juan , (a) que
perseveremos etl su amor , cuyas palabras están manifestando una
-perseverancia constante en el amor divino. , .
-No quiero decir con esto , que para dar cumplimiento: á este
precepto de la Caridad d iv in a , (7>) sea necesario que la mente
piense en Dios , y que el corazon del hombre -se dirija á Dios con
■aítual continuación , porque no estamos en estado de eso , ni po­
demos hacerlo mientras vivimos en esta vida m o rta l; y esta supre-
. .. .: . ■ ma
(«) Joann, 6. Tnooi. a. ». q. 3-4, are. 8.in corporc.
R 2
3 Ó0 P a r t e I V , L e c c ió n I .
ma felicidad es solo de los Santos, que están en la g lo ria , a la qual
suspiramos ; y asi , para que entre tanto amemos á.Dios , quanto
nos p id e , puestos en este mundo , basta si todas nuestras pala­
bras , acciones , y pensamientos, los referimos a Dios dire&a , o
indirectamente , cu ya o b l i g a c i ó n , si se omite , será* culpa venial,
o venial emisión, (a) Y este es el sentido de aquellas palabras,
que dice Dios en el Deuteronomio ; (b) conviene á saber , que en
todo procedamos por amor íntimo de Dios , y que á su Magestad
se refieran todas las cosas, aun aquellas que son precisas para el
necesario sustento de la vida. Este es el mandato que San Pab!o
tíos intima por estas palabras : {c) Sive miwducatis , sive bibiris>
sive aliud quid fa citis , omiiia in gloriar» D e i facite. O comáis, o
beb áis, o hagais alguna otra cosa , hacedlas todas, á gloria de
Dios. A esta doftrina subscriben muchos Santos Padres , hablan­
do no de la a f t u a l, sino de la dirección virtual de nuestras obras
a D io s ; porque si todo el co razo n , y toda el alma pide Diosj
por el mismo derecho pide todos sus efecto s, frutos , y obras,
como explica Santo Thomás.
Esto se entiende de obras , palabras , y pensamientos que sean
referibles a Dios , porque claro está que los pensamientos , pala­
bras , y obras pecaminosas , y todo afedto , y diversión no lici­
ta , no se puede referir a Dios ^ porque incluyen culpa ; y asi el
amor desordenado a la criatura es pecado , porque su Magestad
no quiere el corazon dividido ; (e) y entonces será1bueno el amor
a l a c ria tu ra , quando se ame al proximo por D io s , refiriendo a
su Magestad -este amor. Por lo qual concluy©; coo decir., que pe­
can contra el precepto de la.Caridad D ivina los que aman al mun­
do , y sirven á sus apetitos : y en uaa palabra ,.no h ay pecado al­
guno , que riOíiea'transgresión , o mortal , o venial del amor de
Dios ; porqué el pecado no es otra . cosa que anteponer el amor
de la criatura al amor, de Dios ; -y .si de tal modo se ama .a la,ctin­
tu r a , que se apaga del todo»el fuego de la. .Caridad-¿Les.ttansgre*
sioníinortal del rdivino precepto j pero ..si solo se,i£ífria y será ve­
nial. " . . : *. ) :1 : i1
Por lo que , para que siempre el amor de Dips conserve en el
' * ; - <ytt * : > i , ; 1 C 0“

(a) J itb: nin. tr a fl, de V ir t. th e o lo g . cap, 10. § . i . »t. i t á i t . 4»


de V irm tib . th e o ío g . d istm t, j . q . 4 , (c) 1 , C o r . 10. | t . (d) S - T h o m . 3 .^3*
q . 4 4 . un. ¡ a c o n c l u í ,, (e) S . A u g .'lib* I 9».C o n í c s i . t , 3 3 , h.^40,
del A cto p e am or b e D io s . 461
torattin su divina llama , es necesaria la continuación de a ñ o s de
esta suprema virtud ; porque del descuido en prorrumpir muchas
veces en estos aítos de amor , se originan las frequenfes caidas
de los Justos en pecado. Justamente podemos comparar el fn e g a
del amor divin o, (a) que arde en la voluntad del Ju sto, en el esta­
do presente de la naturaleza corrupta , con el calor del fuego que
tiene el agua caliente. Esta presto se enfria ? por el combate con­
tinuo con que la frialdad del agua batalla contra el calor su con­
trario ; y si este calor , recibido en el agua , no se aviva con fue­
go continuo, luego se vuelve el agua á su frialdad natural -Asi,
pues , por la razón misma , guarda la debida proporcion el calor
del amor divino , que arde en la voluntad del Justo , poco á po­
co se va entibian do, y pierde las fuerzas en la continua lucha con­
tra las impurísimas llamas de la concupiscencia c a r n a l , y contra
los a lh a g o s , é ilusiones del mundo , y del D e m o n io ; y viene á
enfriarse del todo , sino se repara con alimento oportuno , sino se
inflama con el frequente calor de A fto s de C aridad, T o d o esto es
hablando de los Justos; porque los pecadores no pueden cum plir
este divino Mandamiento , sino se reconcilian con Dios , y detes­
tadas las culpas se restituyen á la gracia : y pecan estos dilatan­
do de dia en dia su conversión por mucho tiempo,

§. V I.

V E OTROS P E C A D O S PROH IBID OS E N E S T E P R I M E R


precepto del Decálogo , y lo primero de la Idolatría.

O que Dios prohibe en el primer precepto del D ecálogo son


L todos los pecados contra la F é , contra la Esperanza , contra
la Caridad , y contra la virtud de la Religión. Y a dexamos e x ­
plicados los pecados , que se oponen a las tres virtudes T h e o lo -
gales de F é , Esperanza , y Caridad , quando tratamos de ellas.
L a virtud de la Religión e s , con la qual damos a D i o s , como a
supremo Señor , el sumo honor , y culto que se le debe ; del qual
culto y a se habló otra vez. L os pecados opuestos a la virtud de
!a Religión son la idolatria , el sacrilegio , y la superstición. E l
nombre de idolatria es v o z griega , que significa , según los T h e o -
lo-
(*) Símil,
2.62 P au te V I . L ección I.
l o g o s , culto supremo de los ídolos \ por lo que el culto latría
s ig n ific a , según los mismos , el culto debido á D ios solo. L a voz
d e Ídolos significa simulacro , imagen , y figura : y el en sentido
recibido de la Escritura significa P seudo-D ioses , o Dioses falsos;
porque los G e n tile s , no solamente veneraban con culto supremo de
l a t r í a la s cosas criadas , s ino su? im ágenes, y simulacros , como
consta del Apostol. (a)
L a idolatría , p u e s , no es otra cosa que d a r suprema adora­
ción á la c r i a t u r a , quando a solo Dios se le debe. Asi como ya
hemos dicho que h ay dos especies de adoracion ; asi h a y dos es­
pecies de idolatría , una interior , y exterior otra. L a interior es
quando alguno con sumo afedto se llega á alguna cosa criada,
quando en ella pone toda suma confianza , y amor sumo. En es-
te sentido fueron idolatras los Gentiles , porque colocaban toda su
confianza en los falsos Dioses. E n este sentido son también de
algún modo idolatras los amadores del mundo , y los que sirven
a sus torpes deseos } porque posponiedo el culto de Dios , ponen
toda su e sp eranza, y todo su amor en las riquezas , en los hono­
res , y en los deleytes. Y en este sentido no dudó el Apostol llamar
idolatría á l a l u x u r i a , y avaricia : (¿) Omnes fornicator, aut immun-
d u s , aut avavus , quod est idolorum servitus ? non babet. hteredita-
lem in regno Cbristt , <$? D e i,
L a idolatría exterior es quando aquel exterior culto , que a
solo Dios es debido , se le dá a otro que no es Dios ^ asi como le
daban los Gentiles a sus simulacros , y aún se le dán todavía loa
Sínenses, y no pocos de los A m e r ic a n o s , & c ,

S, V IL

DE L A IN V O C A C IO N , Y C U L T O D E L O S SAN TOS,
y de sus santas reliquias,

L culto , é invocación de los Santos ,


de ningún modo esta

E prohibido en este primer precepto } antes bien aprobado de


l a E scritura , y de la tradición.
D e lo que se infiere , (e) que á Jesu-Christo Señor nuestro se
le debe dar el supremo culto de latría , porque es verdadero Dios:
y
SE LOS PECADOS PHOHIBrDOS EN" E L DECALOGO,
y por quanto su humanidad santísima está unida hypostaticamente
á Id divinidad , (a) por tanto se le debe también el mismo culto de
latría a su humanidad. Pero nótese mucho , que no es licito ve­
nerar á la Santísima V irgen , a los Angeles , ni á los Santos, que
reynan con Christo , con el supremo culto de latría , que á solo
Dios se le debe , porque sería idolatría ; cuyo vicio detestable , ni
enseña , ni aprueba , ni tolera la Iglesia, Mas no por eso se pro­
híbe en este primer precepto cierto culto , (tí) que se debe a la
Madre de D io s , y cierto que se debe á los Angeles , y Santos que
reynan con Christo antes bien se sigue necesariamente del supre­
mo culto de la tría , que debemos a solo Dios , y tiene su funda­
mento en la Escritura , y está establecido por la certísima tradi­
ción de todos los siglos. Demás de esto no podemos negar , que
es utíl , y provechoso invocar a Maria Santísima, a los Angeles,
y á los Santos , (í) para que por su intercesión alcancemos de Dios
todo genero de auxilios , y beneficios, Pero se ha de advertir
m ucho, que es muy distinta la razón de nuestras oraciones a Dios,
de las que hacemos á los Santos ; porque a Dios rogam os, para
que él mismo nos conceda lo que le pedímos • id) mas a los Santos
e s , para que ellos nos alcancen con su intercesión con Christo , y
por Christo Señor nuestro , lo que pedimos, y esperamos de Dios;
porque la Iglesia nuestra Madre todo lo que pide á Dios,lo pide por
Christo Señor nuestro , como lo denota la conclusión de todas las
oraciones que dice.
Tampoco se prohíbe en este primer precepto el culto , que
da la Iglesia a las reliquias de los Santos , (e) porque es un culto
muy conforme a la ra zó n , y aprobado con la autoridad de las
Escrituras , y la tradición Apostólica.
_______________________ ____________________ fl-v n r.
(a) Conc. I riel. ses<. 21, de Invoca!. SS. ( b ) Conc. Tiid. síss, 2 1, can.
3. de Sacrífic. Miss*. (c) S. Aug. de Civit. D eí, lib, 8. cap. 3 7 . num. 1.
(d) Conc. Tríd. sess, zz. can. 3. Eí sess.a j . de ínvocat. SS. (e) S.Greg. Na-
zianz. out. 2. in Julián, pag, 76.
P a r t e I V . L ección X,

$. V III.

D E L CU LTO D E LA CRUZ , T DE LAS SAGRAD AS


Imágenes.

N
I se prohíbe en fin en este primer precepto el uso (a) que
hace la Iglesia de las Imágenes de Christo crucificado , y
,
de los Santos. E l motivo de usar en el Catholicismo las Cruce
é Imágenes de Christo , de M aria Santísima , ’ y de los San tos, es
(dicen San G regorio Niseno , y San G regorio el Magno ) (b) pa­
ra que sirvan como libros a los ru d o s, é idiotas. L o segundo , pa­
ra que a todos se Ies ponga á la vista la idea de las Personas , o
de los M ysterios que están pintados, y esculpidos ; y por aquellas
Imágenes se excite el ánimo a la piedad , á la imitación de Chris­
t o , y de los Santos , y al agradecimiento á los divinos beneficios,
Pero nótese mucho, (f) que quando la Iglesia dá culto a la Cruz, y
a las Sagradas Imágenes, no es porque tengan en sí alguna virtud,
o divinidad , por lo qual sean dignas de veneración, sino porque
representan á Christo , á Maria Santísima, o á los Santos : (d) y
asi á e llo s , y no á las Imágenes , se dirigen nuestras peticiones;
ni ponemos alguna confianza en las Imágenes , como hacían los
Gentiles , que colocaban su esperanza en los Ídolos»
Parece repugnar a lo d ic h o , el que tos Fieles veneran coa
singular devocion algunas Imágenes de M aria Santísima , y de los
Santos, de las quales se afirm a, que han hecho , y hacen mu­
chos m ilagros; y que parece que en ellas fixan su esperanza , y
juzgan que hay en ellas alguna virtud sobrenatural. Pero de
ningún modo repugna á lo dicho , si esta devocion se conforma
con la mente de la Iglesia. Me exp licaré, para que se entienda
mejor. N o se puede dudar , que hay algunas Imágenes, por las
quales , esto es , por cuya ocasion , y medio ha hecho Dios mu­
chos milagros. Pero para que a nadie se le dé ocasion de enga­
ño , ó error , no quiere la Iglesia, que alguna de estas Imágenes
se exponga a la veneración de los Fieles , hasta tanto que conste
de
(a) S.G re*. N iss. orar, de S . T h e o d o r. M ir t . to ¡s . 3. pare. s7 9. $•
G ro g . íbid. ¡». G r e g . M a g , lib, 9. ep. 9 . ad S e ré » , E p isc. M asíllense® )
( c ) C o n c . T r id , sess. Iu y o c . S S . (¿ ) C o n c , T r id . ibi,
BEL CUITO DE 1 A CrUZ. 2 6^
t?e la verdad de los m ila g ro s, por inquisición hecha con autori­
dad del Obispo. N i tampoco por eso liega á creer la Iglesia , que
haya alguna virtud en aquellas Im ágenes, que sea principio de
los milagros , que se hicieron con ocasion de ellas. Pero las con­
serva religiosamente como monumentos de la bondad , y omnipo­
tencia de Dios • asi como en otro tiempo los Israelitas guardaban,
con piedad , y devocion, la vara de A arón , («) y la serpiente de
metal en memoria de aquellos milagros , de quienes fueron instru­
mentos. Tam poco perroUe la Iglesia , que se dirijan nuestras pe­
ticiones á las dichas Imágenes , ni que en ellas se ponga alguna
confianza ; porque al mismo Christo , a M aría Santísima , y á los
Santos e s , a quienes invocamos , y no á sus Im ágenes, (¿) y nues­
tra esperanza ta ponemos en solo Dios. Por tanto , si hay algún
abuso, o por la ignorancia de la Plebe ru stica, ó por el engaño de
algunos , esto ni lo aprueba , ni tolera la Iglesia ; antes sí manda,
que se corrija por los P relad o s: y á todos ios Pastores ordena, que
instruyan cuidadosamente sobre lo dicho a-sus o-vejas»
l Y quál es el h on or, preguntareis, (c) que se dá á las C ruces
y a las Imágenes de los Santos? Respondo , que no es el honor su­
premo , que se llama culto de latria: ni es honor , que per se se
refiera a las mismas C ru ce s, é Imágenes , sino un honor , que se
refiere á los prototypos que representan. Asi lo dice el Concilio
d e T re n to por estas palabras: (¿) Sed honos , <¡ui lilis exhibetur
refertur ad proiotypa , qux illec representante Por lo q u a l, quando
veneramos las Im ágenes, é hincamos la rodilla delante de ellas,
no pretendemos otra cosa , sino conformarnos con la mente de la
Iglesia , que es el que por ellas adoramos á Christo , veneramos 3
ios Santos , de quienes son semejanzas , o Im ágenes: (e) U t per
Imagines , <¡aas osculamnr , & corarn quibttt caput aperimus , <$? pro~
tumbimus ¿Cbristum aduremus , 6? Sandios quorum illa sitvilitudí-
nem generm t veneremttr , dice el Tridentino.
_______ §. IX.
(a) N u racr. 1 7 . v . i u . & 2 j . v . 8, ( b) C o n c , T r id . D e c re u d e l i n a ú *
pibas, (c) Pouget. («Q Sea. a j , de Invocar, SS, («) Ibi,
i ó6 P arte IV , L ección I,

D E L SACRILEGIO , Y SUPERSTICION,

A dexamos dicho , que el sacrilegio, y la superstición eran


contra el primer Mandamiento. Sacrilegio es la profanación
de alguna cosa sagrada , o consagrada a Dios. Por cosas sagradas,
b consagradas a Dios se entienden : L o primero , las Personas
E clesiásticas, o R eligiosas: L o segundo , los Lugares Santos , v, g,
las Iglesias , los Cementerios , y los M onasterios; Lo tercero , los
Sacram entos, las Preces , y ceremonias de la Iglesia : L o quarto,
los bienes, y réditos de la Iglesia : Lo quinto , todo lo que está des­
tinado al culto de Dios , y santificado con especial bendición , v,
g . los Oleos Sagrados , Imágenes , las Cruces , los Altares , los Pa­
lios , Ornamentos Sagrados , los Vasos Sagrados , & c.
L a Simonía es pecado de sacrilegio contra la virtud de la Re­
ligión por la grave injuria , que se le hace a Dios en tratar las co­
sas espirituales como profanas., comprándolas, y vendiéndolas. La
Simonía es una voluntad deliberada de comprar , o vender , (a) 6
■conmutar cosa sagrada , ó espiritual , ó aneja a la -espiritual por
cosa temporal. Dicess voluntad .deliberada % porque basta ella sola
para cometer Simonía , aunque no se ponga en execucion esta per­
versa voluntad , la qual tuvo aquel Simón , que quiso comprar de
los Apostoles las cosas espiriniales , aunque en la realidad no las
compró ; porque los Apostoles no quisieron venderlas. Dicese de
comprar, vender, ó conmutar, para denotar, que la Simonía se comete
c o m p r a n d o /vendiendo, o permutando lo espiritual por lo tempo­
r a l, como trato oneroso. (¿) Ponese cosa sagrada , ó esp iritu a l , ó
aneja a la esp iritu a l , porque la materia de la Simonía son las cosas
sagradas, o espirituales , b aunque por sí no sean espirituales,
pero se ordenan á e lla s , y les están anejas , v. g. las rentas de los
Beneficios, el derecho de Patronato, & c.
T res especies hay de Simonía , que son Simonía r e a l, Simonía
convencional, y Simonía mental. L a Simonía real es , quando de
una , y otra parte se sigue el efefto , y se executa el paéto con h

(<*) S .T h o m , j . z , q u is e . 100, a t f .i . incort», {b) Ó. T h o m . i* #• qu*»r»


ioo. are. t. ad j.
t>EL S a c r i le g i o , y S u p e r s t ic ió n , ié y
entrega de la cosa espiritu al, y el precio temporal ; y entonces
será real completa. Pero si se recibió la cosa esp iritu al, y no se
entregó la cosa temporal , o al contrario , será real imcompleta,
o mixta de r e a l, y convencional. L a convencional es quando in­
terviene paito de conmutar la cosa espiritual por la temporal * y
ésta puede ser clara , ó paliada. Simonía clara es quando h ay p ac­
to claro , y expreso : y la paliada vá cubierta con. otro contrato;
V. g. pide uno á otro que le dé tanto dinero , haciendo p añ o con
él de darle a un hijo suyo un beneficio ; ésta es Simonía clara. P ero
si pidiéndole el dinero , dice que tiene que proveer ciertas rentas,
que es agradecido , y se acordará de é l , es Simonía paliada. L a
mental es quando sin. hacer paéto alguno , (a) se dá la cosa tempo­
ral con intención, de recibir la espiritual , ó se dá lo espiritual con
ánimo de recibir lo tem poral; v . g. confiere uno un Beneficio á otro,
porque espera recibir de él algún dón , alguna g r a c ia , o cosa se­
mejante , q se presta al Obispo algún dinero , o se le hace algún
servicio temporal con el fin de recibir de él algún Beneficio para
i í , o para otro* Todas las referidas simonías son pecado gravísimo
eontra Religión , y Justicia, con obligación de restituir-
Por cosa temporal , precio estimable ^ se entiende todo lo que
por fas , ó por nefas , se puede conmutar por dinero; v, g . los
obsequios , el trabajo , la industria , los ruegos , la adulación , la
alabanza , la autoridad , y el favor,. D e aquí es, que los Santos Pa­
dres , y Theologos distinguen tres generos de dones , ó precios,
que se pueden vender v ó comprar. E l primer genero se llama m a-
nus a manu , y es quando se dá dinero t ü otra cosa que Jo valga:
E l segundo se llama munus a lingua , y es quando intervienen ala­
banzas , adulaciones ruegos , intercesión , y recomendación : E l
tercero se llama munus ab. obsequio , y es qualquiera se rvicio , ob­
sequio, o ministerio temporal hecho atPatrono-%con el fin de co n -
íeguir de él algún Beneficia para s í , o para los suyos.
De aquí se infiere, que es Simoniaco aquel que dá el Beneficio
m ovido principalmenie.de las peticiones , y ruegos , y el que pi­
de , y ruega que se le den á. é l , ó a los suyos , induciendo al Pa­
trono á eflo ; el qual sí solo confiere el Beneficio , porque se le pi­
de un hombre, de autoridad , y valimiento ^ pues sino se le daría
al mas digno , es reo de Simonía j pero no. habrá Simonía t /quando
los
268 P arte IV . L ección II.
los ru e g o s, y peticiones no son la razón principal de la colacion
del Beneficio , sino que solo se le pide al Pa'rono , que atienda al
mérito del recom endado, y el Patrono atiende principalmente a
la utilidad de la Iglesia , quando presta su anuencia á los ruegos.
También es Simoniaco aquel que obsequia , y sirve á otro , de
quien espera el Beneficio , o por cuyo empeño le puede conseguir,
quando los servicios , y obsequios se hacen con el fin de conseguir
el Beneficio. Infiérese también que esSimoniaco aquel que se orde­
na , no por dedicarse al culto de D io s , sino principalmente por
las rentas del Beneficio , ú otro emolumento. Mas no es Simonía el
dar ,-b recibir alguna cosa tem poral, quando esto se hace por via
de limosna , por razón de loable costumbre de la Iglesia, o por ra­
zón de justo estipendio para la congrua sustentación de sus Mi­
nistros , que asisten a! Coto , a las Procesiones , á los Eirierros,
celebran Misas , y predican , & c. pues como dixo el Apostol :
Los que sirven al A lia r , del A lta r b.vt de comer.
Omito el dar larga explicación á esta materia , porque los Mo­
ralistas la trataR latamente , donde podrán los Eclesiásticos ins­
truirse bien en ella ; porque mi intento solo ha sido instruir á los
Legos en las obligaciones de un Christiano. A d vinien do , que es­
te nombre Simonía se deriva de Simón Mago , quien , ofreciendo
dinero á los Apostoles , (b) deseaba conseguir la potestad de dar
el Espíritu Santo por la imposición de las manos : por lo qual , lle­
no de zelo el Apostol San Pedro , pronunció aquel horrible anate­
m a: Tu dinero sea contigo en ¡a eterna perdición , pues juzgaste ini-
quamente , que el dán de Dios podía adquirirse con dinero. De aqui
se infiere , que la Simonía es gravísimo pecado , y que para estar
uno libre de él , es necesario conferir graciosamente los dones es­
pirituales en conformidad del precepto de C h risto , que dice : (c)
D a d graciosamente lo que de gracia habéis recibido.
Superstición es culto , o indebido, o superñuo, o una obser­
vancia inútil , vana , ó peligrosa. De quatro modos se peca por
superstición : E l primero ¿ d ) quando en el culto de Dios se obser­
van cosas vanas , superfluas, prohibidas por D io s , y no aproba­
das por la Iglesia : E l segundo, quando se comete idolatría ex­
terior , dando á la criatura el supremo culto de la tría , debido á so­
lo
(a) i. Cor. cap. 9, {/>) A t . 8. v. iS. jy .ik ao. t^c) &l<ucb. jo. v. Sf
(J) S, Aug. líb, *, de Dolí, Cbristún. c. ao. n, 3 0 .3 1.
bel S a c r il e g io , y S u p e r s t ic ió n . 269
lo Dios; y sí se hace juicio que la criatura tiene divinidad , hay
también pecado de heregía: El.tercero , quando despreciando' ía
prohibición de! D io s , ó¡ de la Iglesia , se^ usa de medios que nbi
tienen conexion alguna natural con el efeéto ,.q u e de alli'sé ¡espe-s
pera, lo qual se llama vana observancia ; en lo qual de consiguien-*
te interviene p aflo exp reso , o implícito con el Dem onio; y esté es
pecado gravísimo de su naturaleza , que' no admite parvidad d«
m ateria, salvo en el paito im p licito, que puede tal vez ser ¡solo
pecado venial por inadvertencia , ignorancia , ó simplicidad,
que es muy frequente., y común : E l quarto , guando en fuerza de?
aigun paito expreso , ó tácito , hecho con el Demonio , y aun
sin pafto ^ se investigan curiosamente las cosas ocultas , y futuras:
lo qual se llama ad ivin a ció n , y contiene muchas especies , que
soni las siguientes : L a primera M agia d iab ólica: L a segunda sor­
tilegio: L a tercera maleficio L a quarta nigromancia : La- quinta
chirom ancia: L a sexta hydromaticia : L a séptima geomancia : L a
oétava augurio:La nona auspicio; y la decima Astrología judiciaria*
L a M agia supersticiosa , o diabólica está embebida en el malev
ficio , y tiene dos fines , ó hacer cosas maravillosas , para, hacerse
celeb res, y dexarse admirar de las gentes, para vivir con coma-t
didad , y regalo , ó tiene por fin el hacer mal , y daño al phoxí-
m o , o en la salud , ó en la hacienda. Una , y otra se puede ha--
cer con paéto expreso , o implicito con el Demonio. L a M agia del
primer fin es la que usan algunos faranduleros , y la del segundo
praftícan los Brujos , y.H echiceros,, y se llama maleficio. ,
E l .sortilegio es el qué sebaee por suertes divinatorias ,f o'se­
ña les falsas ■y para su inteligencia es de notar , que Jiay. tres g e -
neros de suertes: divisorias , .consuhgjrias, y adivinatorias.-Lás di­
visorias són las que se echan en algunas p a rticio n e s.p a ra evitar
discordias, y estas no son por sí m a la s, y se pueden u sa n , 'me-
jios en D ignidades, y Benelicios Eclesiásticos. Las;consultoritfsíson
-las qtie íe lugCen. pa^a:sáber,lft -v<)lu;nta-d de Dios y m^rjponaíprac­
ticar estas es neessario , -quQ ;jip s^ pueda .ínyes,tigajf),de:.«t.ro'mo-
i d Q y que la neoésídad sqa, urgen ti^ i^ , Las; adivinatorias saotlafi
qiae &£ echan para saber algupa-'cosa oculta , que naturalmente nó
se puede saber , .eortio hacer algunas señales, i, para sab^r íjuien b^-
20 tal hurto , & c,; Y en estas señas , o semejante1*,, siegiipré liay
p^ílo , 6: expU fito, o implicito , con el Denjónio ,$ y p o i 'tantp.es
pecado mortal el usarlas. it . .. . o v .il Mí-nJi
la
270 P a r t e I V . L e c c ió n L
La Nigrom ancia es: la que se hace por fingidas resurrecciones
de cuerpos muertos , fantasmas, & c. lo qual es una arte del Demo­
nio , para conocer las cosas futurhs, o por m ejor¡decir, para en­
gañar a los adivinos. El Augurio es el que vanamente adivina al­
guna cosa por canto de aves, o voces de algunos animales. El Aus­
picio es aquel, que por el interior , o señales exteriores de algunos
anímales , intenta alguno .adivinar lo futuro o asegurar lo incier­
ta; D e este modo-pecan todos: aquellos , que pOrque el perro abu­
ltó á tal hora , adivinan , y creen , que- ha de raorir alguna gen­
te , y ésta propiamente es también especie de agüero. Todos es­
tos que creen seriamente desatinos, pecan mortaimente , pues dán
mas crédito al D em onio, y sus engaños , que a lo que Dios man­
da en el Levitico : N^on auqurabimini. L a Chiromancía es quando
por las rayas de la* manos se intenta adivinar alguna cosa, que
nace de causa libre. D e este modo engañan muchos , como lo ha-
ce n ia s Gitanas á algunos bobos , adivinándoles por las rayas de
ias m anos, ü otras señales exteriores , cosas futuras que penden
de la voluntad ; y si-esto lo hacen seriamente , es arte supersticio­
so. L a Hydromancia es adivinar por la vista de las aguas. La
G eom antia por la vista de algún leño , piedra , o cosa semejante.
Tam bién es, especie , que incluye la adivinación, el usar de algu­
na vara de árbol , o de hierro , para descubrir lo oculto ; v. g;
las venas de o r o , de p lata, y de otros metales , las- fuentes del
agua , los tesoros escondidos , los hurtos , los homicidios , los
adulterios:, y otras cosas á este modo. L a Astrología judicial es
adivinar los futuros contingentes por el movimiento , ó situación
■de los astros. ■• ■
N ó es fácil referir por ménudo tanta caterva de embustes , y
supersticiones como el Demonio ha sugerido , y se praftican. Solo
d ir é , que no solo pecan los que las praftican , sino también los
q u e lo s consultan a estos, aunque no dén crédito-a sus respuestas:
■lo mismo digo de los que participan en ellas , ayudando-, aconse­
jando-, alaban d o , y aún muchas veces callan do} porque en estas
cosas el que calla consiente ; y mas si por oficio está obligado a
impedir la superstición , o concurren tales circunstancias, en las
quaies el silencio se gradúa por tácita aprobación. • .... .
V.-.i'i Advierto p or ultimo , que el que supiere que alguno , o algu­
n a -praíiiea alguno de los dichos vicios , ü otros semejantes, o leen,
y tienen libros que tratan de eso , sabiendo que es cosa que toca
del S a c r il e g io , y Su p e r s t ic ió n . 271
a la Santa Inquisición 3 debe denunciarlo, sin consultarlo con otro,
pena de Excomunión la te sementice, Y el que dudare ¿i toca , ó
e o al Santo Oficio , consulte con hombre doóto , porque pende de
muchas circunstancias, que no es fácil, explicar aqui. Pero qu al-
quíera que por su miseria hubiere incurrido en semejantes deli­
tos , llegue arrepentido á los pies de un Confesor , donde hallará
su remedio , sin ser descubierto , y se librará de todo , y lo que
mas es } de las penas eternas del Infierno.

LECCION II.
SOBRE EL II. MANDAMIENTO.

N o tomarás el Nombre de tu Señor D ios en vano.

A
Unque en el primer Mandamiento de la L e y de Dios que
nos manda adorarle como a nuestro único Señor en espiritu,
,
y verdad, se contiene también este segundo; pues el que quiere que
se le tribute h on o r, pide que sea con obras , y .palabras , y pro­
híbe lo contrario ; con to d o ,.p o r la.gravedad de la materia , qui­
so Dios intimarnos este Mandamiento:, con' quenos obliga á hon­
rar su divino , y santísimo Nombre. ¿Y cómo se santifica, o profa­
na su santo Nom bre? Se sar.üfka con juramentos, y votos justos,
y legítimos , ccn la oracion con las j akibras santas , y editicati­
v a s , con la confesión de la Fé , con.las alabanzas divinas j y cou
la meditación de su L e y . Pero se profana con los inútiles ,'Vanos,
falsos, y temerarios juramentos , y con blasfemias. ■■
Esto supuesto , juramento no es orra cosa que una invocación
del JsTombre de Dtos para asegurat alguna cosa afirmar 'alguna
promesa. Esto, se puede-haceí dé'm uchas.m odos : L o prim efo ex ­
presamente quando por palabras ise '-póhe á D ios por testigo-iv L o
segundo tacitaménte , com o si preguntando á alguno si ¡¡juiía ^ dá
á entender q u e c o n señales', cdn ¡ia xafceza f con ademanes í , b
con los o j o s : L o tercero , co n l a o b r a , com o quando á alguno-se
le manda hacer juramento co n éi libro de los Evangelios';,' y toca
el Übro , entonces ,<pues, jura , aunque nada pronuncie-:(L o quat^-
to mentalmente , quando interiormente jura alguno haper aigiíña
cosa ; y entoncei-en .eLfuero interior le obliga .el juramento. Las
fo r -
1 7-2 P a rte IV. L e c c ió n II.
formas dejucA’Tson -Juna por D io s , Dios me es testig o , vive Dí¡?/}
fango por TestÍg\)'-ú'T}it> \iiiti , -/Ser D/íjt , /><>r /a ¿V d e D io s . por la
X estas se-reducén las quese "haced pbi1 las Criatu­
F é de Christo. ■
r a s , ipor el Cíelo , pOr1U 'tieVra , por'fñi alma p ó rn íí sálud , por
lo s A u g e le s, por la V ir g e n , por los Santos ; porqüe: estas cria­
turas tienen especial respeto''a D it> s,'cofno tafiibien éstas1: Por
los. Templos i,' poí los 'Altafes1', p o r’ los Evangelios , y por los ele­
mentos. Mas lo contrario ¡Se-'Ha- -de decir-^¡qlüuidó'se'jara por
criaturas Ínfimas , y viles , como si se jurara alguno : por mi bar­
ba , por mis cabdlofs, poiijífi £5e*rc(i &<>> parque aunque todas sean
criaturas de Dios -'pero érTesras , en la común acepción , no res­
plandece de especial modo^la.Bonciad Diyina : y por tatito no ha-
cferi ji’rame-iito. B cío si-se iotoeára a Dios m obliquo , como si di­
se ra alguno , por este pan de D io s , por el fuego de Dios , por el
ayre.de Dios'., po'r veíM criatura de'JDios , ■ ’ seria verdadero jura­
mento. También son juratorias las formulas siguientes : A s i me
ayude D io s , el DeMotiio me lle v e ", muer i y o , rebiente yo , sino es
d sij los quales se llaman juramentos .execratorios. Pero los que
diferí en.verdad por la verdad ^ por mi F é ., a. fé de'hom bre de
hi«n ,-en mi.-cohcie¡icia;,i nó jacaiUy.-ni'en la estimación común tie­
nen estás formulas fuerza fás juram ento. V i r¡.v ; ■ ■
Para que coniel-,juraineuto..a¿a.sandfic:tdttíei'Nombre de Dios,
se requieren tres condiciones:, que son"!: Verdad:-, justicia , y nece­
sidad. Todas estas tres condiciones' se hallaii' guando los Reyes,'
í)..Prlñolpes hacen-: tratados de; paz 4 y alianza', haciendo juramen-
;t-o de Qbser'.vat todas las. cipitolacidnas. Quando l o s ’-Magistrados
ju ran -^ eid ir.a cada uno.lo-qnp le toca!, sggámlas- leyes, Quando
los Particulares, anieiíibrcre.-de'la República i, son preguntados por
legitimo J u e z , y con legitima potestad para^dedr ^ o confirmar la
verdad-i La-primera condicion he'dicho que^esníá verdad ; y'ésta
se considera t, lo .uno de-parte-de; la. cdsa /jurada ,> que debe sef.
vfrd^dtíPa^ según la inteligencia ’CÓrnun , y l a ¡costumbre-; y lo
í>tr^ ¿fc.-pairte.MeV que:, juira:; es, a; sabor',' que;>el hombre confirme
í:ot? ju.ra-tnetit.0 la. cosa\tál,qiíál ,-.lav concibe ^ ©iconjorme la sabe;
■porque 'si juyga-.que la co sa es dudosa-, no paede afirmarla como
pietta,-. Quftt\do, auií .promete’.coW juramento.hacer algun'i cosa , es
Jí^$arj&:qüerh;tyaiídos.verdades, una de. dicho-, y otra de hecho,
esto fo ^r-jqijfí el‘:q^;:jlira-tenga de presente ánimo de cumplir lo
■quje prom ete^jylluego ,lo> entupía en ia-esecucion. Pero-si es cosa
na-
sop .r e E t s e g u r o M a n d a m ie n t o . 273
mala lo que se promete , no obliga el juramento. Adviértase aquí
mucho, que para la verdad del juramento no basta certeza pro*
bable; porque esta no excluye la d u d a , sino que es necesaria á
lo menos la certeza moral , que excluye toda duda prudente; pues
como dice el Cathecismo T ríd en tin o, para que el juramento sea
licito, debe fundarse la verd a d , o la certeza en razones certísi­
mas. De lo dicho se infiere, que el que jura con mentira , aunque
sea en cosa rmly le v e , peca mortalmente.; porque el decir lo con­
trario , es proposicion condenada. Adviertan esto los oficiales , que
por cumplir juran falsamente que darán la obra acabada a tal
tiempo ; los que juran con mentira que el genero ha costado a tas­
to ; los que con juramento afirm an, que no tienen e sta , ó la otra
cosa que les piden, quando es mentira , y los que por jocosidad
mienten con juramento ; porque la gravedad del perjurio no se to­
ma de la mentira leve , o grave , jocosa , ó perniciosa , sino de la
irreverencia que se hace a D io s; y a Dios se hace gravísima in­
juria siempre que se pone por testigo de mentira , aunque sea muy
leve. No vale la escusa , de que quando se jura no hay animo de
jurar ; porque el decir esto está condenado también por el Señor
Papa Inocencio XI. Como asimismo está condenado el decir , que
no es perjuro el que jura que no hizo alguna co sa, que en reali­
dad h iz o , entendiendo dentro de sí o tr a , cosa que no hizo , ü otro
modo de aquel en que la hizo. Solo en caso de necesidad urgente
de ocultar algún grave secreto es licito usar de aquella equivo­
cación que admite muchos sentidos , que puede entender el oyen­
te , o en fuerza de las palabras, o por razón de las circunstan­
cias. Y que el que oye no advierta el sentido que intenta el que
h a b ía , tiene origen de su negligencia, i> tardanza. Esta doiflrina
es común entre todos , mas no siempre ocurren estas formulas de
hablar anfibológicas, con las quales pueda ocultarse la verdad.
L a segunda condicion del juramento es , que se haga con jus­
tic ia , la qual excluye de lo que se ha de confirmar con juramen­
to toda co sa, dicho , o hecho culpable, iniquo , y malo , contra­
rio á la justicia , o a qualquiera otra virtud. A q u e l, p u es, se di­
ce que jura con justicia , que jura una cosa lícita , justa , y ho­
nesta. E l defe&o de justicia en el juramento asertorio (que es el
que se hace para asegurar alguna verdad presente, o pasada) es
pecado m o rta l, si la afirmación del que jura es pecado mortal
por defeíto de justicia j pero si la afirmación que se confirma con
S ju -
2 74 P aute I V . L ección II.
juramento es solo pecado v e n ia l, venial será también el abuso del
juramento. Pecan mortalmente contra religión los que juran co­
meter algún grave pecado ; y aunque no pocos escusan de peca­
do grave al que jura cometer un pecado v e n ia l, pero yo no aprue*
bo esta opinión, porque el que jura execu tar. un pecado venial
írae á Dios para amparo de la maldad.
L a tercera condicion e s , que acompañe al juramento el jui­
cio ; y consiste, en que el hombre , antes que ju r e , considere se­
ria , y maduramente la utilidad , y necesidad de jurar. El defec­
to de esta condicion es comunmente pecado venial quando la co­
sa que se jura es evidente al que la d ice , y la jura solo sin nece­
sidad. Los que á cada paso toman el Santo Nombre de Dios en va­
no , aunque sin afirm ar, ni negar cosa a lg u n a, repasen, y me­
diten las palabras de Dios , que dice: N o tomarás el nombre de
tu D io s , y Señor en vano- porque no quedará sin castigo esta
’ falta de respeto. Muchísimos h a y , que con quaiquiera ocasion de
ira , ted io , o gozo usan á cada paso el Santísimo Nombre de Dios.
Estos es cierto que pecan , aunque siempre dixeran verdad , ya
por el escándalo , ya por el uso vano del nombre de D io s; y de­
más de esto se ponen en peligro, de perjurar*
D ix e que también so profana el nombre de Dios con las blas­
femias. L a blasfemia , que es pecado gravísim o, y execrable , di­
ce Santo Thomás , es una derogación , o diminución d é la Divina
Bondad ; es una palabra injuriosa , y contumeliosa contra Dios,
o sus Santos, y esto sucede de dos modos: Lo prim ero, atribu- ¡
yendo á Dios to que no tiene , ni puede tener; y lo segundo'*, ne­
gándole aquello que no le puede faltar , y esto puede hacerse , o
solo con el entendimiento , b juntamente con afefío depravado.
Dividese la blasfemia en h eretical, y en simple. La heretical es
la que con asenso del entendimiento atribuye á D ios cosa que no
le conviene , ó le quita cosa que le conviene; como si dixera al­
guno , que Dios es injusto , que no es Omnipotente , o que no es
bueno. L a simple blasfemia e s, quando alguno, sin consentimien­
t o , o aprobación del entendimiento , y solo con el afeito de su
m ald ad, explica , y atribuye a Dios alguna cosa , b le maldice.
Quando la blasfemia es solo con asenso falso del entendimiento,
la acompaña heregía ; quando es con sola detestación de la vo­
luntad , m aldiciendo, vá acompañada con el o d io ; y quando se
mezcla con uno , y otro es la peor de todas. L as blasfemias con­
tra
SOT3 RE. E t SEGUNDO M AN D AM IEN TO .
tra D io s, y contra los Santos son diferentes en especie * porque
aunque se oponen a una misma virtud de religión , los vicios a
que se oponen se diferencian en especie; pues el culto de Dios,
al qual se opone ia blasfemia contra D io s , se diferencia mas que
en especie del culto de los Santos, al qual se opone la blasfemia
contra los Santos. Por lo q u a l, se deben e x p lic a r, y distinguir
en la Confesion estas blasfemias. L a blasfemia es mayor pecado
que el hom icidio, dice Santo Thomás. Por eso en la L e y antigua
se castigaban los blasfemos con pena de ■ muerte. Ciento ochenta
y cinco mil hombres del Exercito de Senacherib perecieron una
noche por la blasfemia de su R ey. E l Derecho Civil determina
pena de muerte contra los blasfem os, cuyas leyes están ya abo­
lidas por el no u so, en quanto á la pena c a p ita l; mas todos los
Principes deben castigar los blasfemos rigurosamente. E l Señor
Carlos V . determ inó, que las blasfemias contra Dios se castiga­
sen con pena de m uerte, como lo determina la ley ; pero las que
Fueren contra M aria Santísima , ó los Santos con pena de azotes,
ó cortar ia lengua. E l Derecho Canonico m anda, que los blasfe­
mos estén siete Domingos á las puertas de la Iglesia quando se ce­
lebran los Divinos Oficios ; y el ultimo Domingo sin .cap a , ni za ­
patos , ligados con una correa cerca del cuello , se presenten á
vista pública , y ayunen siete Viernes á pan , y agua. ¡ O h , val-*
game el C ielo! ¡Si se praéticaran también determinados castigos,
cómo hubiera menos blasfem os! E l que oye á los que pronu’icwin
blasfemias hereticales , debe denunciarlos al Juez ,, como lo man­
da Julio III. y el Concilio Lateranense.
E l nombre de Dios se santifica con votos justos, y legítimos.
El voto es una promesa deliberada , y volun taria, que se hace k
Dios de cosa mejor. Para el voto se requiere plena deliberación,
la qual consiste, en que el que hace el voto éste en su razón ad­
vierta , y conozca lo que promete. Llamase promesa , porque el
proposito de hacer alguna cosa no basta para el voto. Muchas ve­
ces confunden los idiotas el proposito con la prom esa, y al contra­
rio • por lo q u a l, el prudente Confesor colegirá por las circunstan­
cias si es v o to , ó no lo es. Dicese promesa hecha a Dios , para que
entendamos, que los votos solamente se hacen á Dios ; pues aun­
que se hacen á los Santos, y son m eritorios, con todo , siempre
incluyen esta condicion, que se hace voto a Dios de hacer alguna
cosa mejor • porque la materia del voto debe ser posible , honesta,
P a r t e I V . L e c c ió n IT.
lib r e , no indiferente , ni impeditiva de mayor bien. L o que está
mandado por L e y D ivina , ó Eclesiástica, puede ser materia de
voto , como dice la sentencia com ún, y entonces hay dos obliga­
ciones ; la una que nace del precepto, y la otra , que nace del vo­
to. A dviértase, que la partícula de mejor bien tiene dos sentidos:
L o prim ero, comparativamente á otro bien , como decim os, que es
mejor socorrer á la doncella que p elig ra , que á otro pobre que no
está expuesto á peligro espiritual: L o segundo, respefto de la
©misión del mismo bien 5 com o mejor es dar limosna, que no darla;
por lo q u al, basta que de este segundo modo sea bien mejor , para
que sea materia apta para el voto. Y a si, son inválidos , y peca­
minosos los votos que se hacen contra los consejos Evangélicos ; y
se profanaría el nombre de Dios si se prometiese alguna cosa mala,
y no acepta á sus ojos; v.g. si alguno dixese hago voto de ir mañana
a l teatro, prometo de vengarme de mi enem igo, & c. porque á
D ios le desagradan semejantes votos: Deo enim dispticet infideli ^
& stulta promissio, (a)
N o me detengo en explicar la distinción que hay de votos. So­
lo os propongo la obligación tan grande que hay de cumplir lo que
se promete a D io s , pues está escrito en el D euteronom io: Que
guando hicieres algún voto a D ios , y Señor , no tardes en cumplirlo,
¿ Y en qué tiempo deben cumplirse los votos? Respondo, que quan-
<io se determinó tiempo para la execucion se deben cumplir en ese
tiempo. Quando este no se determinó , debe el votante cumplirlos,
quanto antes pueda , conmod'amente , como se dice al cap. 23. del
Deuteronomio , sino que haya causa razonable de dilatarlos para
cumplirlos mas bien. Pero si tonoces que despues ha de ocurrir im­
pedimento para cumplir el voto, no aligado á dia alguno determina­
do, estás obligado á anticipar la execucion del voto ; como si cono­
ces que en el dia de fiesta no podrás oír Misa al medio dia , estás
obligado á oiría por la mañana. Si no cumpliste el voto al tiempo
señalado , debes cumplirlo pasado el tiempo , como si votaste dar á
Pedro dentro de un mes cien reales que le debes; pasado este tiempo
estás obligado á cumplirlo.Pero si votaste ayunar en la vigilia de ¡aí
festividad, pasada esta fiesta, queda extinguido el voto , porque ya
consta , que fuera de ese dia , no te quisiere obligar ; mas pecaste en
uno, y en otro caso, si no te escusó legítima causa.
Los votos personales deben cumplirse por el mismo que pro-
me-
SOBRE EL SEGUNDO MANDAMIENTO. 277
m ete, porque tocan á la misma persona f pero quando el voto es
.mi vto de r e a l, y personal , y no se puede cum plir el persona!, de^
<bc cumplirse por medio de otro el real. Gomo el que ofrece ir a al­
gún Santuario , y dar a aquella Iglesia alguna limosna , s í está im­
posibilitado, para i r , no debe i r ; pero debe dar la limosna. Los he­
rederos no están ©Migados a cumplir los votos personales de los
testadores; porque tocan estos á. la persona , no a la herencia.1 Pe­
ro los votos reales •deben cum plirlos, aunque el testador dixet?a e x ­
presamente que no quiere obligar los herederos á satisfacer los ta­
les votos ; porque una vez agravada con deuda justa la herencia,
no puede el testador libertarla. Mas los herederos no están obliga­
dos á cumplir los votos reales , a que no alcanzan los bienes de la
herencia , ni antes de recibirla , porque pueden renunciarla. E l he­
redero no está obligado á cumplir los votos del testador con me­
noscabo de su legítim a, porque el testador no puede gravar, la le­
gitima del heredero. Quando la herencia está gravada con'muchas
d eudas, primero se deben pagar las de ju sticia, y despues los vo­
tos , y legados. Las deudas de justicia primero , porque á Dios no
se puede hacer voto de cosa agena. ;
Cum plam os, pues , exaftamente los preceptos a que estamos
obligados, y no nos abrumemos con carga de votos * y asi ^ no se
debe prometer con fa cilid a d , sino con mucha madurez , porque
como dice la Escritura , mejor es no hacer v o to , que dexar de
cumplir Jo que se prom ete: M elius est non vovere.,,quám post votum
promissa non redere. (a) Pero quando ocurriese alguna duda acerca
de esta materia , se ha de consultar a los d o fto s, y prudentes Con­
fesores ■

LECCION III.
DEL III. M A N D A M I E N T O .
Acuerdate de santificar el día \Sabado. [

>N m etbodo m uy ordenado se ptescribe en este Mandamien­

C to de la L e y el culto externo que debem os; porque él es c o ­


m o cierto fruto del Mandamiento precedente^ pues al ¡cu lto.in ter-
378 P a r te I V . L ección III.
no con que adoramos á Dios de lo intimo del corazon se sigue ne­
cesariamente el externo. Pero como los que viven ocupados en
negocios temporales no pueden desempeñar tan fácilmente esta
obligación, por esto se determinó cierto tiempo en que cómoda­
mente se pueda cumplir. L a determinación del dia Sábado en la
L e y de M oyses era puramente cerem onial; y como por la muerte
de Christo cesaron todas las ceremonias antiguas, por eso los
Apostoles consagraron al culto divino el dia D om ingo, que es el
dia del Señor, Pero esto no obsta para que dicho precepto sea mo­
r a l, y natural, absolutamente tom ado; porque el culto de Dios,
y la religió n , que se nos manda en él , dimana de Ía misma luz na­
tural ; pues la naturaleza nos d if ta , que empleemos algunas horas
<¡U las cosas que pertenecen al culto de Dios. Es , pues, muy justo,
y conforme a razón que tengamos ciertos dias para emplearlos en-
tefamente en el culto d ivin o , y para recon ocer, y adorar en ellos
á nuestro Señor , de quien heñios recibido , y recibimos ¡numera­
bles beneficios.
Este precepto de santificar las fiestas en parte es n egativo, y
en parte afirmativo. En quanto afirmativo nos manda exercer obras
de re lig ió n ; y en quanto negativo nos prohibe el exercicio de
obras serviles y mundanas, que impiden la contemplación de las
cosas divinas, y el exercicio de aquellas obras que miran á la reli­
gión , y culto divino.
En los dias , pues j de fiesta , en que no se puede trabajar, e>
tamos obligado*?, pena de pecado mortal , a abstenernos de las
obras-serviles , que son las obras externas que comunmente se ha­
cen por oficiales, jornaleros, criad os. y gente de trabajo , las qua~
íes no pueden hacer en tales dias , aunque no lleven salarios. Estas
ion a r a r , cabár", frifrar, segar , &c". y los oficios de Sastres , Car­
pinteros , Albañiles,, T gxedo/es, .EjjcuJtpses , Im presores, y otros
semejantes.1 También te- jür-ohfcen lóá ¿ficios • propios de - mégeres,
ctiiio hilar , coser , remendar , devanar , to rce r, ceiner , amasar,
cocer , la b a r y -y otfós-- setnéjantes';' pero no es' pecado el hacer
aquellas ordinarias labores necesarias para el sustento , y aseo de
la vida humana ; y qué,:no se'puedén prbvenir de'iíff dia páfá <5tró>
como son , barrar la ca sa , hacer las cam as, guisar la c o m id a .y
ttfras qudtidiaEias’ídip festa-calidad; D e lo dicho se deduce, que el
mandar , d consentir , los que deben impedirlo ,.que se hagan al-
gunoTtrabaJos eTe lo*arrIBa1iBcTÍ0s * ü otro¿ sem^j^ues, ea los días
r ?. .
DEL TERCER M A N D A M IEN TO . 279
de fiesta prohibidos , es pecado m o rta l, como- no escuse la parvi­
dad de materia ; y e^to aunque no haya escandalo , ni menospre­
cio , porque el decir lo contrario lo condenó ía Santidad de Inocen­
cio XI. en la proposicion f2 . '
Además de la prohibición de las dichas o b ras, hay otras, que
por Derecho Canonico , y Civil están prohibidas debaxo de pecado
mortal. Estas son ias ferias , y m ercados, por los que entienden ios
Doftores com pras, ventas, alquileres, trueques, y los mercados
que cada semana se suelen hacer en dia señalado en los Lugares
grandes. Y aunque algunos defienden que se debe estar á la legíti­
ma costumbre que escusa de pecado ; pero reclaman otros , que
estaño es legítima costum bre, sino corruptela; porque para que
prevalezca contra la ley la costumbre contraria , es necesario que
promueva el bien com ún, o á lo menos no se le contraríe. Por otra
p arte, cómo concurra el consentimiento del superior ;n o parece
absolutamente reprobable. Por tanto , los que se vén estrechados
de alguna razonable cau sa, licitamente pueden asistir á ellos; pe­
ro [os que no tienen necesidad alguna , yo no sé por que han de
poder-ir á ellos , llevados solamente dé la éípéránza de< ganar , y
aumentar sus cau’dales negociando. Támbiferi están prohibidos en ’
días festivos losadlos forenses, que:son todo estruendo ju dicial,'
sea juicio crim inal, o sea c i v i l ; y asi i, lás éitacioheá de las 'partes,
juramentos solemnes, sentencia d ad a, y todo lo demás obrado en
juicio , en dia de fiesta , además del pecad o, es irrito , y de nin­
gún valor , como lo dice el texto : Necprocessus hahitus teneat , riec
sententia, Pero el mismo Derecho dice , y enseña : N h t necessit'af
urgeat ^ vel píelas suadeat. V*. g. es necesidad no poder compade­
cer otro dia los testigos, o lá precisión de encarcelar al ladrón,
que puede escaparse , y otros casos á este modo. Quanto á la pie­
dad , basta la indigencia de los litigantes , como son , pobres viu­
das , huérfanos, y otros , á quienes no despachándolos en las fies­
tas , se le siguen notables gastos , y costas.
Aunque dixe que es pecado mortal e x genere sao trabajar los
dias festivo s, no obstante admite este precepto parvidad de mate­
ria , como es un quarto de hora ; pero yo tendría por materia gra­
ve el trabajo de dos , 6 tres horas. Despues de esto , ¿quién podrá
resolver concerteza si el trabajo de una horá ; ó d¿ una y media es
grave? Regla cierta no puede darse. Se ha de proceder con refle­
xión a las circunstancias ? la necesidad , el fin, y la pobreza. En
S4 los
2§o P a r t e I V . L e c c ió n III,
los dias de fiesta h ay -obligación de abstenerse de obras serviles; es­
to es lo cierto, Esto es lo que se ha de observar. También es cierto,
que si trabajando , aunque por breve tiem po, hubiese escandalo,
como sucede en parajes públicos , donde los que pasan ven el tra­
bajo , y no saben si es por m uch o, o poco tiem po, en tal caso seria
pecado mortal.En esto incurren muchas muger es que sinhacer apre­
cio del escandalo, se ponen a coser, y algunos hombres a trabajar a
la vista de quantos v á n , y vienen. Esta parvidad de tiempo solo
tiene lugar en las obras serviles, no en las foreuses, y judiciales;
porque en estas no se mide la quanddad de tiem po, sino la quali­
dad de la obra. Si alguno en dia de fiesta trabajase muchos ratos
interpolados , que juntos constituyen tiempo notable , pecaría gra­
vemente ; por lo q u a l, los amos que obligan a los criados á traba­
ja r , unos u n a , otros otra hora , pecan g r a v e , y artificiosamente.
Alas los criados no pecan , sino pueden omitir aquel trabajo sin
incurrir en daño grave, Pero deben dexar estos malos am os, que
muchas veces los compelen a trabajar, y servir á otros que sean
Christianos que guarden las Leyes de la Iglesia , que con el favor
de Dios los hallarán. Los Arrieros^ y Mozos de muías no pueden
en los dias'.festivos , no habiendo .necesidad, conducir las bestias
cargad as; pero es licito continuar en dia de fiesta el camino em­
pezado éh dia d e,trab ajo , porque fuera muy incomodo á los po­
bres suspender el camino,
. Aunque absolutamente el trasladar , o copiar no sea obra me­
cánica-, ni el fin de la ganancia mude la naturaleza de las cosas;
px-r.o en la. accepcion m oral, y estimación de prudentes, practi­
cándose esta arte j>ara sustentar la ,v id a , considera mecanica
del mismo modo que la de los Impresores. Pero ocurren no raras
causas, que escusan estos cofiadores , como la necesidad, aunque
110 sea muy urgente , y la pnblica utilidad De aqui e s , que son
ilícitas las quem as, y largos .ajustes, da los Mercaderes practicados
en dias festivos, y trasladarlos de un libro á o tro , sino escusare
1;í necesidad. Aunque, en la. L ey Evangeliza no está prohibida el
arte de disponer , y cocer las viandas , con todo , es s e rv il, y de­
be ceñirse el A rte de Cocina a aquellas cosas que ni pueden anti­
ciparse, ni posponerse. Por lo q u al, no es licito cocer pan en dia
de fiesta , ni moler el trigo en el molino, ó tahona , sino urge al­
ie n a necesidad.
A unque son muchas las cosas que los A u tores suelen señalar
pa-
DEL TERCER MANDAMIENTO. 28 I
para escusar de pecado al que trabaja en las fiestas: con todo eso,
se reducen á d o s , que son necesidad , y piedad , como se deduce
del texto C anon ico: N i si necessitas urgeat , vel pjetas maiieat.
Por razón de la necesidad pueden trabajar todos aquellos que
de otra suerte no pueden sustentarse á s í, y á sus familias , como
son ios pobres oficiales, y jornaleros y en especial quando concur­
ren muchos dias festivos ju n to s; pero los que pudieren trabajar
secretamente deben hacerlo para evitar el escandalo. También lo
pueden hacer los labradores quando recogen los frutos de la tierra
para libertarlos del granizo , ó de otro peligro que probablemente
se conoce proximo. Pero unos, y otros , quando es fácil el recur­
so deben pedir licencia á los Eclesiásticos, á quienes pertenece
juzgar si la necesidad es verdadera.
O tra necesidad hay que toca a la salud de otros ; y asi , los
Cirujanos licitamente sangran , y curan las enfermedades, y los
boticarios preparan las medicinas.
En el primer precepto de la Iglesia se tratará de las obras de
religión con que debemos santificar las fiestas.

LECCION IV.
SO B R E E L IV . M A N D A M IE N T O .

Honra á tu padre , y á tu madre , para que vivas mucho


sobre la tierra que tu Señor D ios te dará.

Onrar no es otra cosa , que sentir honrosamente de alguno,


H y juzgar altamente de todas sus cosas, A este honor acom­
pañan el am or, la observancia, la obediencia, y la veneración
Por eso se puso con acuerdo en la L ey la voz de honrar , y no de
am or, o tem or, no obstante que los padres deben ser muy ama­
d o s, y tem idos; porque el que ama no siempre ven era, y respe­
ta , ni el que teme ama siem pre: pero el que honra de corazon á
otro , Je ama también , y venera. Por lo q u a l, los oficios que se
deben á los p ad res, son los siguientes: L o primero , los hemos de
honrar , y reverenciar de tai m odo, que el honor que les rendi­
mos nazca de amor , y de lo íntimo del co razon ; pues los debe­
mos amar despues de Dios con un amor muy gran d e: L o segun­
do,
281 P arte IV . L e cc ió n IV .
d o , los hemos de pedir consejo en las cosas g ra v e s, y de alguna
importancia , a las quales se estiende su cuidado , y autoridad:
L o te r ce r o , les debemos obsequios, y sujeción , obedeciendo .sus
m andatos : Hijos , dice San Pablo , obedeced a vuestros padres en el
S eñ o r, porque esto es ju s to : (a) L o qu arto, debemos socorrerlos,
asi en lo espiritual, rogando a Dios por e llo s, como en fas ne­
cesidades temporales , administrándoles lo necesario , y conve­
niente , según .su estado , y condidon : Lo quinto debemos sufrir
con paciencia sus sin razo n es , y disimular ,, y ocultar. ¿us . d e fe c ­
tos ; pues asi lo difta la razón , y piedad que particularmente he­
mos de éxercitar con e!lo>; y si pecan , debemos amonestarlos, y
corregirlos con sumí reverencia: Lo se x to , debernos imitar sus
v irtu d e s, y buena condufta , porque es prueba de que los esti-,
m3mos mucho , quando queremos ser muy semejantes á ellos:'- Lo
séptimo , debemos instruirlos en la L ey Evangélica , y Doftrinn
Christíana , si ía ignoran : L o oftavo , debemos servirlo s, y asis­
tirlos en sus enferm edades; debemos procurar que quando enfer­
man de peligro reciban los Sanios Sacramentos , y los asistan va­
rones piadosos, para que h s alienten con sus consejos k poner
toda su atención en Dios : Lo nono , debemos procurar se les ha­
gan los funerales , y exequias correspondientes , hacer celebrar
por ellos sufragios , y Misas cada año , honrar su sepultura, y
cumplir exaftamente sus m andas, y legados.
A l paso que Dios tiene prometidos muchos bienes en esta vi­
da , y en la otra a los hi,os piadosos . y agradecidos a sus padres,
a ese mismo tiene también aparejadas gravísimas penas para los
hijos ingratos, é impíos: Muera , dice Dios en el E x o d o , y en el
L e v ític o , el que maldixere a su padre , o á su madre, (b) En los
Proverbios está escrito: (c) Que el que aflige al p adre, y no re­
verencia a le madre , será ignominioso, e infeliz ; y el que los mal­
dice morirá eti medio de las tinieblas; y asi sucede muchas veces,
que aun desde esta vida comienza Dios á castigar a Jos que pecan
contra este M andam iento, reservándoles para toda la eternidad
los tormentos del Iiífjerno.
Aunque en este precepto no se hace mención expresa sino del
padre , y la madre que nos engendraron ; con todo , en el nom­
bre
(a tip:¡v-s. ó. v. i, LtfvitiC. 20. v. 9, fcxad. 2t. v. 17, [c) Prov.ijr
V. L ó , ¿C 2 0 . V , 2 0 . '
SOBRE E L QUARTO M A N D A M IEN TO . 283
bre general de padres se entienden todos aquellos que por qual—
quiera razón presiden , o tienen alguna preeminencia sobr¿ los
dem ás; pues estos deben amar a sus subditos como a h ijo s, y re­
ciprocamente deben los subditos am arlos, honrarlos, y reveren­
ciarlos como á padres. Antiguamente eran llamados padres todos
los superiores, según la voz Hebrea A v u , que quiere decir Padre,
Abuelo , V isab uelo, D o c to r, Maestro , R ey , Señ or, Prelado, & c.
Y a s i, en este p recep to, debaxo del nombre general de padre se
comprehenden los Pastores , y Sacerdotes que nos reengendran
para la vida eterna con la administración de los Sacramentos, co­
mo dice San P a b lo } comprehendese los R eyes , Principes , M a­
gistrados, y Señores, los que comunmente llamamos padrinos, y
m adrinas, los tutores, o cu radores, y ancianos; por lo qual,
por nombre de hijos se entienden todos los que están sujetos á
otros.
Este Mandamiento manda el amor interno , y externo que 5e
ha de tener á los padres , y jumamente prohibe el odio. Por lo
q u a l, pecan mortalmente no solo contra caridad , sino también
contra piedad , los hijos que k sus padres desean la muerte , infa­
mia , ú otro mal grave. Pecan mortalmente los hijos que desean
la muerte a sus padres por entrar en la herencia , y por evitar su
rígida educación. Pecan mortalmente, quando con animo delibe­
rado , y con frequencia lo> miran con ceño altivo , mas no si lo
hacen por acaso , é impensadamente; porque el precepto de hon­
rar a ios padres no solo manda el amor in terio r, y reverencia,
sino también el exterior. Pecan gravemente también los que hieren
a sus p ad res, aunque sea levem ente; porque aunque la percu­
sión en si sea leve , hecha a los padres es enorme. Y aun levantar
ei brazo amenazando es culpa mortal ; porque manifiesta grave
desprecio. Pero esto no quita para que sea lki'.o a los hijos, in­
justamente heridos por sus padres, el defenderle con ia modera­
ción de justa defensa. Pecan gravemente también los hijos que
maldicen a sus padres con animo deliberado 5 pues manda Dios en
el Levitico , que muera el que mald-ixere a su p a d re , o a su' ma­
dre. (a)
Las cosas principales en que los hijos deben obedecer a sus
padres, son, en abstenerse de pecados , en evitar los juegos de
suer-
{?) ilíú u c . 30.
i S4 P a r t e IV . L e c c ió n IV .
suerte , y de interés ; en huir de malas com pañías, .y particular­
mente del trato familiar de m ugeres; en no salir de noche de ca­
s a , en evitar las pompas, luxo , y fausto ;.en guardar la L e y de
D io s , en rezar algunas oraciones en frequentar la Iglesia , y cum­
plir con exaílitud los oficios de Christiano ; en frequentar la Igle­
sia , en aprender algún a r te , ú oficio conveniente; en no dispo-
ner de los bienes de sus padres sin licencia. En una palabra , los
hijos están obligados a obedecer a sus padres en todo aquello que
conduce á la cultura del animo , al culto de D io s , o al govjerno
civil. Pero antes que al hijo se le condene reo de culpa grave , se
han de mirar muchas co sas, especialmente la gravedad de la ma-
teria , y el' precepto deliberado del padre. A d viértase, que en las
cosas malas tii deben , ni pueden los hijos obedecer, á sus padres;
pü'js como dice el Apostol San P>dro : (a) Necesario es obedecer
mas d D/ox, que a los hombrea. 'í Christo Señor nuestro dice : (¿ut
el q<¡e ama ai pad re , n a ta madre mas que d él no es digno de s i.
{/') De aqui es , que no están los hijos obligados á obedecer á los
padres que los disuaden el estado religioso , que florece en la ob­
servancia regular.
Los hijos no pueden licitamente contraher matrimonio contra
la voluntad de sus padres; porque aunque son libres ios hijos pa­
ra contraher m atrim onio, pero no están libres del precepto de
honrar a los padres. L1 matrimonio es el mas grande negocio de
la fam ilia; ¿luego cómo podrá el hijo prafticar tan grave negocio
sin tomar consejo de sus padres? Pecan mortalmente los hijos en
este caso , porque en una cosa gravísima desprecian a sus padres,
Pero pecan los padres si retraher. los hijos de matrimonios hones­
tos , y contenientes; porque excederían los límites de la potestad
paterna. Pueden , y deben sí mandar a los hijos que no hagan co­
sa inhonesta, é indecorosa á su estado , y los hijos los deben obe­
d e c e r; porque es indecente contraher con muger indigna, y estos
matrimonios suelen ser causa de muchos, escándalos, riñ as, y di­
sensiones.
Hasta aquí he hablado brevemente de las obligaciones de los
hijos a los padres ^ a quienes por Derecho natural deben socorrer,
y darles alimentos en la necesidad grave. A hora tocaré las obli-
gacones de los .padres para con. sus. hijos. Deben ? pues , lo prime­
ro
Actor, j , M atch, to . v. 37.
s o b r e e i q u a r t o M a n d a m ie n to . a 8$
ro de todo los padres sustentar, guardar,y preservar de males á sus
hijas rogando a Dios incesantemente por ellos. Principalmente de­
ben los padres instruir á sus hijos en los Mandamientos de la D ivina
L e y , y en los Artículos de la F é ; pero deben también exercitarlos
continuamente en el amor de D ios, y del proximo. Comunmente son
diligentes los padres en explicar á los niños el C red o, ó los A rtícu ­
los de la F é , pero son negligentes por lo común en explicarles los
Mandamientos, que miran a las costumbres • y aun les enseñan los
padres los vicios o p u esta , si no con p a la b ra s, a lo menos con la
práética. G uárdense, p ues, no aprendan de ellos los hijos jura­
mentos , luxo , fau sto, sobervia, a v a ric ia , blasfemias sacrilegas,
maldiciones, canciones obscenas, adagios impuros, y otros vicios.
L uego que en los niños raya el uso de la ra zó n , deben los pa­
dres explicarles el verdadero sentido de la profesion christiana que
en el Bautismo h icieron , renunciando de Satanás, y de todas sus
pom pas, y de todas sus obras. Deben explicarles quáles son estas-
pom pas, y que son , los teatros , las comedias , los b a y le s, el ves­
tido vano , é impuro , y todas las obras que no pueden referirse
á gloria de Dios. Enséñenlos, que ellos han nacido para amar á
D ios , para conformar su vida con la de Christo crucificado : Quos
prcescivit , & pr/edestir¡avit conformes fieri i mugíais f ilii sut. Que no
pueden servir a dos Señores ; esto e s , á Christo , y al m undo, sino
que deben aborrecer al uno. Impriman en sus ánimos que esta vida
es una continua batalla donde es menester pelear contra el Dem o­
nio , el mundo , y contra las propias pasiones para alcanzar la co­
rona de la G lo ría , á la que se deben dirigir nuestros cuidados. Es­
ta moral christiana es la que se ha de imprimir desde luego en los
entendimientos de los hijos. Por lo qual , pecan los padres contra
D io s , contra la república , contra la sociedad , y contra la misma
naturaleza quando son negligentes en esta instrucción.
Deben demás de esto cuidar los padres que aprendan los hijos
aquellas artes , y exercicios que convienen á su estado, contribu­
yendo á su honesta colocacion , instruyéndolos , que para elegir
estado consulten á D io s , y le pidan luz , y g rad a para elegir
aquel que sea mas conveniente para salvar sus almas. Pero guár­
dense mucho los padres de poner impedimento á sus. hijos en la
elección del estado , con tal que la elección sea aprobada por con­
sejo de algún varón prudente , d o fto , y santo. Demás de esto de­
ben los padres corregir } y castigar ¡a sus hijos , no solo con pala-
18 6 P aute IV , L ección IV ,
b r a s , sino también con el azote , como la Escritura Divina ordena.
Usen los padres un moderado castigo en la niñez de sus h ijo s, y
quando llegan á la pubertud , y adoiescencia usen de la v a ra de ta
razón, e instrucción christiana. Debense huir los extremos de dema­
siada fam iliaridad, y de demasiado rigor ; porque hay unos pa­
dres ciegos de amor á sus h ijo s, y omiten el mas moderado casti­
go • y hay o tro s, que ciegos de ir a , usan, no de la vara de la en­
señanza , sino del fu ro r, y rabia ; y a si, un os, y otros pecan, He-
l í , Sumo Sacerdote, (a) por haber sido demasiadamente beiii^iio
para sus hijos fue castigado por Dios con gravísima pena. S.in Pa­
blo , para evitar el demasiado rigor con los h ijos, escrive á los
Colosenses : (A) P a d res , no queráis provocar a vuestros hijos á in­
dignación , para que no se hagan pusilánimes. Quiere d ecir, que ea
el castigo de los hijos se ha de pretender su corrección , y enmien­
da , y no el tomar venganza de ellos. Por lo q u a l, siendo muy
difícil la educación de los h ijos, y no fácil guardar un medio pru­
dente, se ha de pedir a Dios con oraeion fervorosa el don de la
educación. Finalmente , no deben governarse los padres en la
cria n za , y educación de los hijos por m axim as, y designios torci­
dos ; porque muchos no tienen otro cuidado sino el dexar a sus hi­
jos riquezas por medio de un caudaloso, y ampio patrimonio j los
exhortan, no a los exercicios de la piedad, y religión , no a la ins­
trucción de buenas a rte s, sino á la avaricia , y a aumentar ta ha­
cienda. D e aqui sucede , que no tanto heredan de ellos tas hacien­
d a s, quanto sus d elitos, y maldades; porque en vez de conducir­
los al Cielo con la enseñanza de la v irtu d , de la equidad, de la
continencia, de la modestia , y santidad , les han servido de guias
para los eternos tormentos del Infierno.
Por Derecho natural está obligado el padre a dar alimentos al
hijo , entretanto que el hijo está baxo la patria potestad. Por nom­
bre de alimentos se entiende comida , vestido, y habitación; y por
el nombre de com ida, y vestido se entienden también las medici­
nas , y los gastos para aprender ios oficios, y artes que convienen
a su estado, y los de su entierro. También están obligados los pa­
dres a alimentar las mugeres de los hijos con quienes estos contra-
x e ro n , consintiendo ios padres \ todo lo qual debe ser según la
condicion de su estado. Si los padres pueden alimentar a sus hijos,
pe-
( a) i . R c g . 4 , Ti i S . (b) C o io s , 3 , v. 2 1 ,
SOBRE EL QUARTO MANDAMIENTO 287
pecan mortalmente si los entregan a criar á Ja Inclusa , o casa des­
tinada para esta obra p ia , pero no sino pudieren sustentarlos sin
gravísima incomodidad , y peligro de la vida. Pecan asimismo los
padres r ic o s , que para evitar‘ la infamia de la madre , envían los
hijos ilegítimos a la Inclusa a que los crie n , sino pagan los gastos.
Y en este caso están obligados á la restitución; y si el Hospital lle­
ga á tener noticia de los padres rico s, puede con justicia repetir
las expensas. Adviertan aquí las señoras m ugeres, que no solo los
Christianos, sino también los G en tiles, afirm an, que están obliga­
das las madres á alimentar a sus hijos á sus propios pechos. Por lo
qual tengo por c ie rto , que pecan estas madres que dán sus hijos á
criar á otras m ugeres, sin otra causa , que la nobleza, y su propia
comodidad ; si sea culpa le v e , o grave yo no me atrevo a decidir.
M uchas causas h a y , que escusan de cu lp a , es verdad ; pero fre -
quentemente se eximen de este trabajo por conservarse mas gallar­
das. Por esto no es de admirar , que muchos hijos salgan disolutos;
porque las plantas mismas, si se trasplantan á suelo mas áspero,
si se ingieren en arboles silvestres, si los corderos de las obejas se
dan á criar á las cabras, se hacen peores. D eb éis, p u es, quando
interviene alguna justa causa para darlos á c r ia r , buscar con to­
da diligencia una ama buena ; porque si la negligencia es grave,
grave lambien será la culpa.
Constante es á to d o s, que está obligado el marido á dar a la
muger alimentos, aun quando sin dote la recibió libremente ; pero
si la muger es negligente en pagar la dote prom etida, puede el ma­
rido suspender los. alimentas. Quando la muger , sin justa causa , se
aparta del m arido, no está obligado á darla alimentos; pero si ei
marido dió causa para que se retirase, está obligado a alimentarla.
Debe el marido , como cabeza que es de la m u ge r, cuidar que esta
cumpla ios; cargos d é la profesión christiana; que gu árd ela pro­
mesa hecha á Dios en el Bautismo de renunciar las pompas del
mundo : debe amarla de co razón , guardarla fidelidad , tolerarla
con prudencia ch ristian a, defenderla , ayudarla , consolarla, y
trabajar para mantenerla. Si desean los maridos obedientes á las
m ugeres, procuren luego que se ponen en su casa ponerlas en or­
den , y conténganlas dentro de las reglas de la modestia , y suje­
ción ; porque si al principio sueltan un tanto las riendas, se per-
dio todo. Deben las mugeres h on o r, y obediencia a sus mandos,
amor sincero, y no fin gido, obsequio ? reveren cia, fidelidad , to­
le -
238 P a r t e I V , L e c c ió n I V .
lera n cia , au xilio , y consuelo, y pecan quando resisten a sus pre­
ceptos , con que les prohíben varios ornatos , y costumbres des­
compuestas. Demás de esto , está la muger obligada á servir al ma­
rido en el govierno de la casa , y a favorecerle quando está enfer­
mo ; y pecaria la muger que reusára cohabitar con el m arido, ó
seguirlo quando se vá a otra p a rte , como consta del Derecho • si­
r ó es que al matrimonio precediese pafto de no mudar de domici­
lio. Pero con grave detrimento de su salud no está obligada la mu­
g e r á seguir al m arido, ni á pagar el debito, ni a seguir al marido
V a g o , que no vagaba antes del matrimonio.
Y a dixe que por nombre de padres se entienden también los
Pastores espirituales, Párrocos . P relados, O bispos, Sacerdotes , y
M aestros, (a) N i obsta que algunos de estos sean m alos, porque
por razón de la dignidad , y grado se tienen en lugar de padres,
y á su dignidad se debe honra, veneración, y obsequio. (£) Ellos es­
tán obligados a instruir los Fieles con la palabra , y con el exera-
p lo , y á pedir a Dios por las almas a ellos encomendadas; á sepa­
rarlos en quanto puedan de vicios, y reducirlos á la senda de la
verdad. Pero los Fieles deben recibir sus documentos , y amones­
taciones , obedecer sus le y e s, y mandatos ? y contribuir con lo ne­
cesario para su decente sustentación, (r)
Las obligaciones de los P rin cip es, y M agistrados, resp eto a
sus Pueblos , (¿) son fomentar la p a z , y tranquilidad , defender la
Ig le sia , administrar justicia , proteger las viudas , y pupilos , dis­
tribuir á los mas dignos los g rad o s, y dignidades, reprimir el or­
gullo impetuoso de los v ic io s , castigando a los delinquentes, pro­
veer de remedio á ios m alos, y perniciosos exemplos que amena­
zan alguna perversión en los ánimos, y proteger las Leyes D ivi­
n a s , Eclesiásticas, y Civiles. Son padres de los Pueblos, y por
tanto deben desear su felicidad , cuidando que no les falten las co­
sas necesarias a la v id a , com ercio, y sociedad humana , repri­
miendo el lu x o , promoviendo las buenas artes, y ciencias, (e) Los
oficios de los subditos para siis Principes, y Magistrados son ho­
nor , reverencia , fidelidad , obediencia , amor , tributos, rentas,
oraciones por su salud , y por la p a z , y tranquilidad del Reyno,
por

(a ) M .u rh . 2 3 . v , a . v . 3. Hd>r. 1 3 . v . 1 7 . (c) fic c l:. 7 . v . 3 1 . 32.


3 3 » 3 4 * (<0 Detiter. 17- Job 29. Sap. í . 1. (e) Rom. 1 3 . 1. Pctri a*
y. 13 , v. 14. i.T irao th , 3. v . 1. ». j .
sobre e l qu arto M a n d a m ie n t o . 289
p or su p rosperidad e s p ir itu a l, y ‘tem poral , como lo. publican las^
Divinas E scrituras , y¡ el mismo D erech o natural. .- ;
Estad sujetos, dice San P e d r o , a toda humana criatura ■ , por
D io s , y al R ey , como a superior , y también c¡ los demás M inistros ,
como enviados por é l ; porque el honor que rendirlos a ellos redun­
da en D io s , de quien dimana su p o te sta d , la quál recibieron pa­
ra el bien p ú b lic o , y para m irar por el honor de la Suprem a M a-
gestaal. L o s amos á los criados deben g u ard ar .sus p a ito s , y con­
ven cio n es, pagarles sus salarios al tiempo e sta b le cid o , sin dife­
rirlos la rg o tiem po. D eb en .darles a u x ilio , y consuelo quando en­
fermos , co rreg irlo s quando obran m a l, cu id ar de su sa lv a ció n , y
de la honestidad de su v i d a ; am arlos com o á hermanos en Jesu-
C h ris to , con sincero a fe ito de c a r id a d ; (¿>) pero si amonestados
algunas veces de sus v ic io s , y mai p roced er no se enmendaren,
deben echarlos de sus casas. Los criados deben a sus amos honor,
re v e re n c ia , y, su je ció n , obedeciéndolos con prontitud de anim o,
y con a m o r , com o quien sirve á Dios en e llo s : (6) deben conser­
var sus bienes con toda fid e lid a d , y no defrau darles cosa algun a,
ni darles, ocasíon de quexa? L q s .demás C h ristia n o s, con los oficía­
les , y trabajad o res, d^ben guardar sus p a éto s, 110 dilatándoles e l
preCip d e 's u trabajo ; y si los tuviesen en sus casas se d^ben p or­
tar con ellos corno con los criados dom ésticos. P ero ellos d¿ben
trabajar con fid e lid a d , y d ilig e n c ia , com o lo pidje la r a z ó n , y la
justicia.
T o d o s los que go vien n an , p re sid e n , o mandan no deben tenef
otro fin sino la g lo ria de D i o s , , y la salvación propia de sus sub-*
ditos, y encom endados. Para esto es necesario espíritu de hum ildad,
y. tem or de D ios. A cuérden se que son hombres , y que la cuenta
que tienen que dar a l Suprem o J u e z , tanto mas estrecha será, quan-
to fueron en este mundo mas sublim ados, y poderosos, (r)
A los ancianos también se les debe h o n o r , re v e re n c ia , y to­
lerancia ; pues está escrito en el L e v itico : (//) Levantóte delante
d.e la cabeza cana , y honra 4 la persona del viejo , y teme a tu D iost
y Señor.
L o s pobres deben estar agradecidos á los r ic o s , que los so­
c o rre n , y ro gar á D io s especialm ente por e llo s ; pero aunque no
los
290 P a r t e I V , L e c c ió n I V .
los socorran , guárdense de desearles mal ninguno-,.'porque esto
no es licito ni aun a aquellos que nos persiguen , y oprimen ,, an­
tes debemos pedir a Dios por todos. £ú) :

LECCION V.
SOBRE E L V. MANDAMIENTO.
■ ■ N o matarás.

5. I.

SOBRE E L H O M IC ID IO , T D A Ñ O D E L P R O X IM O .

Espues de los tres preceptos de religión , y el quarto de pie­


D d a d , en los quales se nos manda dar á D io s, y a:nuestros
padres el debido h o n o r, a m o r, y reverencia, se sigue ordenada­
mente la-prohibición de no hacer dañó al proxim o: y sréndo el
m ayor que se le puede hacer privarte dé la vid a f,:se prohíbe ex­
presamente en este quinto precepto la injusta occisioh del hombre;
é implícitamente se prohíbe hacérle qualquiera injuria ; (¿) se pro­
híbe también la- ira , la indignación , el odio , el ren co r, y todo
afeito malo , que mira á damnificar al proximo en su vida espiri­
tual , o corporal , porque son disposiciones para el homicidio.
También se prohíbe la envidia, la venganza, y él dfeseo de qué le
sobrevenga algún daño. ' ; '
¿ Y qué es homicidio? Es dar la muerte al hombre injustamen­
te. ¿Quebrantan este precepto los Jueces, y Magistrados quando
quitan la vida a los ladrones, t'i otros malhechores? N o , porque
quando castigan a los ta le s, segun las leyes , exercen un aéio de
justicia. Esto se manifiesta, porque el fin de-este Mandamiento es,
para que los hombres conserven entre si ‘la ‘paz 4 y concordia,
¿Pues quién n o v é que conduce mucho á la p a z , y tranquilidad
de la república quitar de enmedio los ¡'. alo s, y perjudiciales miem­
bros que la perturban 'í {c) Fuera de que , en estos casos obran los
Ju e-

<0i M attlj. j . V.+4,. R o m . i a . \b) ¡ÍYkcth. j . v . 2 i . Í 2 ¿ {c) R o in i 13.


Bxod. 11. ' •' ;
SOBRE EL QUINTO M ANDAM IENTO . 19 1
Jueces como Ministros de D io s , para vengar sus agravio s, y en
cumplimiento de lo que su Magestad les m anda, que no permitan
queden con v id a los malhechores.
La gravedad que contiene en sí el pecado de homicidio es tan
enorme , que su clamor sube hasta el Cielo , pidiendo á Dios pron­
ta , y atroz venganza. También está prohibido en este precepto el
darse uno á si mismo la m u erte, porque absolutamente dice , na
matarás. Y se ha de notar , que veda la Iglesia el ofrecer públicos,
0 privados sufragios por las almas de aquellos que se matan a s í
mismos. (<¿) Y asi, si la E scritu ra, o la Historia Eclesiástica hacen
alguna vez honrosa memoria de algunos que se arrojaron al fue­
g o , o a la m u erte, esto se ha de atribuir á instinto especial del
Espíritu Santo , como enseña San Agustín.
Desearse uno á sí mismo la muerte para gozar de D io s, es
afto de caridad. Y en este sentido decia D avid : Educ de custodiit
animam meam ad confitetidutn nomini tua. (h) L o mismo se ha de de­
cir del desear ser libre de la cárcel del cuerpo , para apartarse
del peligro de pecar , á imitación de San Pablo , que exclam a, di­
ciendo: ¡ In fe iix ego homo\ j Quis me Uberabit de corpore mortis
hujus’i
¿ Será reo de homicidio el que dá veneno a otro para matarle?
Es sin d u d a , porque deliberadamente puso causa para la muer­
te ; y aunque esta no se s ig a , cometió homicidio en la preparación
del animo. También son reos de homicidio las madres que-¿sufo­
ca n , aun sin advertirlo , a los niños tiernos que acuestan con ellas,
y tienen junto á s í , porque los exponen á evidente peligro dé
ahogarlos, lo que es causa de que no pueden pretextar alguna
justa razón de escu sa, por lo qual pecan gravem ente,. pues co­
meten cienta especie de parricidio. También pecan -mortalmente las
que toman la bebida para abo rtar, y los que dán consejo , auxi­
lio , ó favor para ello. Otros muchos casos hay en esta materia de
homicidio , en el qual se comprehenden las mugeres preñadas, que
por saltar, ó hacer otra qualesquiera co sa , que no les conviene,
segun su disposición, abortan, y m alparen: se comprehenden los
Médicos , que por ignorar su obligación , dá.n medicinas con­
trarias á la salud , de las quales se sigue la m uerte, ó daño no­
table: Se comprehenden todos los que por eU;xceso en la comi-
29a " P arte IV . L ecció n V.
da ,'b-bebjda , o por las pasiones desenfrenadas de i r a , de triste­
z a , b amor causan grave -daño r s u sa lu d ; y se comprehenticn
también los maridos crueles con sus mugeres , con sus hijos, y
siervos 5 y por el contrario , ios hijos que son causa de la muerte
de los p ad res, por ios grandes pesares que les dán. T ambien se
contrahe por omision la culpa de homicidio y v. g. si puede uno li­
brar á otro de lá muerte sin manifiesto peligro de la p ro p ia , pue-
de socorrer al proximo que se halla en extrema necesidad , y no
Jo hace, entonces por omision comete culpa de homicidio. 1 ambien
son hcmicidas aquellos que saben que está un inocente condenado
á muerte , y no procuran con todas sus fuerzas lib