Vous êtes sur la page 1sur 12

ENTREVISTA

¿Podría presentarnos eso escuela de pensamien- problemática de la «muerte de Dios» tal co-
to denominada «posco/onial»? Está presente en mo la presentó Nietzsche. Se sitúa, sobre va-
África, en la India, en Gran Bretaña, en Austra- rios planos, en torno a la idea sartreana «del
lia, en los Estados Unidos, pero no tanto en Fran- hombre sin Dios» que ocupa el vacío dejado
cia. ¿Podría presentarnos sus elementos sustan- por el «Dios muerto», sin asumir el tema fou -
ciales, sus re ferentes?¿En qué se distingue, en caultiano según el cual dado que ha «muer-
particular, de otras rer exiones antioccidenta- to Dios, el hombre también fenece».
les o tercermundistas? En cambio, pone el acento sobre dos cosas.
En primer lugar, descubre tanto la violencia in-
Achille Mbembe, «Qu'est-ce que La configuración intelectual conocida en
la pensée postcolonialel>> (En- herente a una idea particular de razón como
trevista conA. Mbembe, por O. el mundo anglosajón con el término de
Mongin, N . Lempereur y J.-L. la fisura que, en las condiciones de la coloniza-
«estudios poscoloniales» o de «teoría posco-
Schlegel, publicada en Esprit, núm.
ción, separa al pensamiento ético europeo de
330, diciembre de 2006, págs. lonial» se caracteriza por su heterogeneidad,
11 7- 133). sus decisiones prácticas, políticas y simbólicas.
así que es difícil resumir en pocas palabras cuál
1. Discurso sobre el colonialismo.
En efecto, ¿cómo reconciliar la proclamada fe
Madrid, Akal, 2006. pueda ser su originalidad. Quizá sea necesario
en el hombre con la ligereza con la que se sa-
comenzar precisando que no tiene mucho que
crifican la vida y el trabajo de los colonizados,
ver con la caricatura que el coro de los arre-
así como su mundo de significados? Es, por
pentidos hizo del «tercermundismo» en Fran-
cia. Se trata, en verdad, de un pensamiento ejemplo, la cuestión que plantea Aimé Césai-

cuyos orígenes son variados, que dista mucho re en su Discurso sobre e/ colonialismo 1

de ser un sistema porque, en gran parte, se Por otra parte, el pensamiento poscolonial ha-
construye a sí mismo conforme se desarrolla. ce hincapié en el porvenir de la humanidad, en
Por esta razón, en mi opinión, se exagera esa que habrá de emerger una vez que se ha-
cuando se lo tilda de ser una «teoría». Por una yan suprimido las figuras coloniales del ser in-
parte, es tributario a la vez de las luchas anti- humano y de la diferencia racial. Esta esperan-
coloniales y antiimperialistas y, por otra, es here- za en la llegada de una comunidad universal y
dero de la filosofía occidental y de las discipli- fraternal se encuentra muy próxima al pensa-
nas constitutivas de las humanidades europeas. miento judío, al menos tal como se da en Ernst
Es por eso un pensamiento fragmentado -y es Bloch e incluso en Walter Benjamin -al menos
ahí en donde radica su fuerza, pero también su en su dimensión político-teológica.
debilidad.A pesar de su fragmentación, es posi- Dicho esto, la crítica poscolonial se desarro-
ble destacar algunas de sus formas de razo- lla en varios planos. Por una parte, deconstru-
namiento o algunos argumentos característi- ye, como hizo Edward Said en Orientalismo, la
cos de esta corriente de pensamiento, cuya prosa colonial, es decir, la articulación mental,
contribución a una lectura alternativa de nues- las representaciones y formas simbólicas que
tra modernidad es considerable. sirven de infraestructura al proyecto imperial.
En primer término, mencionaré la crítica, no Desenmascara también la fuerza que tiene es-
de Occidente per se, sino de los efectos de ta prosa para falsificar -es decir, el conjunto
ceguera y crueldad inducidos por una deter- de falsedades y el peso de sus funciones de fa-
minada concepción -diría colonial- de la ra- bulación sin las cuales el colonial ismo se ha-
zón, del humanismo y del universalismo. Esta bría malogrado, entendido como configuración
crítica es distinta de aquella otra que las co- histórica de poder. De ese modo, aprendemos
rrientes existencialistas, fenomenológicas y cómo lo que era válido para el humanismo eu-
postestructuralistas plant earon en la Francia ropeo aparecía en las colonias bajo la figura de
de la posguerra. Ciertamente, la preocupación la duplicidad, del doble lenguaje, de una reali-
principal gira en torno a la problemática de la dad parodiada.
autocreación y el autogobierne. Pero su plan- De hecho, la colonización no dejó de mentir-
teamiento no se inscribe enteramente en la se a sí misma y con respecto a los otros. Co-
mo explica muy acertadamente Frantz Fanon ra quien la riqueza no es más que un medio
2. Piel negra, máscaras blancos, en Piel negra, máscaras blancas\ los procedi- de ejercer el derecho sobre la vida y la muer-
Buenos Aires, Schapire editor~
1974. mientos de racialización del colonizado cons- te de los otros. En suma, se podría decir del
tituyen el motor de esa economía de la men- pensamiento poscolonial que no es una críti-
tira y de la doblez. En efecto, para el ca del poder en el sentido que se le da habi-
pensamiento poscolonial, la raza constituye la tualmente, sino de la fuerza -una fuerza que
región salvaje del humanismo europeo, su bes- es incapaz de transformarse. Una vez más,
tia. Si tomáramos prestados los términos que es Fanon quien mejor da cuenta de esta es-
emplea Castoriadis al tratar el racismo, diría- pecie de fuerza necropolítica que, al transitar
mos que la bestia dice algo así como: «Mi úni- por la ficción , se convierte en enferma de vi-
ca posesión es lo que valgo, pero no soy va- da; o mejor aún una fuerza que, en un acto de
lioso por mi mismo si los otros, como tales, reversión permanente, toma la muerte por la
3. «Refiexiones sobre el racis- tampoco valen nada» 3
• vida y la vida por la muerte 4 • Por eso, la rela-
mm>, en El mundo (rogmentodo .
Buenos Aires, Altamira, 1993 , Así pues, el pensamiento poscolonial se es- ción colonial oscila constantemente entre el
págs. 23-34. En concreto, Casto- fuerza en desmontar la osamenta de la bes- deseo de explotar al otro (situado como ra-
riadis señala: «Una faceta del
odio al otro, en tanto que otro, tia, en desalojada de los lugares en los que ha- cialmente inferior) y la tentación de eliminar-
es inmediatamente comprensi-
ble; se puede decir que es el ne- bita. Más radicalmente, se plantea la cuestión lo, de exterminarlo.
verso del amor propio, del inves- de qué significa vivir bajo el régimen de la bes- La tercera característica del pensamiento pos-
timiento del yo. Poco importa la
fa lacia que impl ica, el silogismo tia, de qué vida se trata y de qué tipo de muer- colonial es ser un pensamiento enmarañado,
del sujeto fnente al otro es siem-
pre el de "si afirmo el valor de te merece. Pone de manifiesto que en el hu- concatenado. Es algo que, en particular, pone
A, debo también afirmar el no- manismo colonial europeo hay algo que es de manifiesto su crítica de la identidad y de la
valor de no-A" . Evidentemen -
te , la falacia consiste en que el necesario denominar el autoodio inconscien- subjetividad. Desde esta perspectiva, se opone
valor de A excluye cualquier
ot ro: A (lo que soy) vale -y lo te. El racismo en general y el racismo colonial a una determinada ilusión occidental según la
que vale es A. Lo que en el me- en particular constituyen la transferencia, so- cual el sujeto no existiría sin una remisión cir-
jor de os casos es inclusión o
pertenencia (A como parte de bre el otro, de este autoodio. cular y permanente a sí mismo, a la esencial e
os objetos que tienen un valor),
se convierte falazmente en equi- Existe un segundo nivel de la crítica poscolo- inagotable singularidad. Por el contrario, este
valencia o representatividad . A nial del humanismo y el universalismo euro- pensamiento subraya el hecho de que la iden-
es el tipo mismo de los que va-
len». peos que se podría calificar de biopolitica, en tidad se origina en la multiplicidad y en la dis-
4. El término necropolítica es des- el caso de que el término no hubiera dado lu- persión; que el reenvío a sí mismo no es po-
arrollado por Mbembe en «Ne-
cropolhica», en EnweZOé Okwui gar a tantos malentendidos. En efecto, la Eu- sible más que en el cruce, en el intersticio entre
(edit.) , Lo Oesocogedor. Escenas
fantasmas en lo sociedad global. ropa que se experimentaba en la colonia (y la marca y su opuesto, en la ca-constitución.
Sevilla, Fundación BIACS, 2006. El antes de ella en la «plantación» bajo el régi- Bajo tales presupuestos, la colonización ya no
concepto panece emparentarse
tanto con el de biopolítica de Mi- men de la esclavitud), una cara que se volvió aparece como una dominación mecánica y uni-
che/ Foucault (Nacimiento de lo
biopolítico. México, FCE, 2007) co- poco a poco familiar, dista mucho de ser la de lateral que fuerza al sujeto pasivo al silencio y
mo con el de Hamo sacer de la libertad, la igualdad y la fraternidad. El tó- a la inacción. Por el contrario, el colonizado es
Giorgio Agamben (Hamo socer.
El poder soberano y lo nudo vida. tem que los colonizados descubren tras la un individuo vivo, hablante, consciente, que ac-
Valencia, Pne-Textos, 1998).
máscara del humanismo y el universalismo no túa, cuya identidad es el resultado de un tri-
sólo es el de alguien que por lo común es sor- ple movimiento de fractura, de borrado y de
do y ciego. Es sobre todo un sujeto caracte- propia reescritura.
rizado por el deseo de su propia muerte, pe- Por lo demás, como sugirió el mismo Gand-
ro una muerte que pasa necesariamente por hi, la universalización del imperialismo no só-
la de los otros; una muerte delegada. lo se explica por la violencia de la coerción.
Además, se trata de un sujeto a cuyos ojos el Es también una consecuencia del hecho de
derecho no tiene nada que ver con la justicia, que muchos colonizados aceptaron, por ra-
sino que es más bien una determinada for- zones más o menos válidas, pasar a ser cóm-
ma de provocar la guerra, de conducirla y ha- plices conscientes de una fábula que les sedu-
cerla perdurable. Es finalmente un sujeto pa- jo en varios sentidos. Tanto la identidad del
ENTREVISTA

colonizado como la del colonizador se for- ra en que la dialéctica amo-esclavo y colono-


man en el punto de intersección entre la elip- indígena puede superarse. Por último, si bien
sis, el desmarque y la reasunción. El pensa- el pensamiento poscolonial hoy en día es co-
miento poscolonial se esfuerza en analizar este sa de las instituciones académicas anglosajo-
extenso campo de ambivalencia y las razones nas y de los intelectuales de lengua inglesa,
estéticas que hay tras esa confusión, sus efec- tampoco hemos de olvidar que esta corrien-
tos paradójicos. te se inspiró ampliamente en un pensamien -
Quizá sea el momento de indicar que, en el to en lengua francesa.Ya he mencionado a Fa-
pensamiento poscolonial, la crítica del huma- non, a Césaire, a Senghor y podría haber
7. Sobre Glissant véase, por nismo y del universalismo europeos no es un añadido a Édouard Glissant y a otros 7 • En la
ejemplo, Trotado del todo-mundo.
Barcelona, El Cobre, 2006. fin en sí misma. Se emprende con el objeto actualidad, hay algunas obras en la literatura
de abrir el camino para interrogarse sobre la africana francófona que forman parte de los
posibilidad de una política sobre nuestro se- textos canónicos de la crítica poscolonial.
mejante. El requisito de esta política del seme- Pero es necesario añadir a esto la influencia
jante es el reconocimiento del otro y de su di- de los pensadores franceses de la alteridad
ferencia. Creo que esta inscripción en el futuro, como Merleau-Ponty, Sartre, Levinas y otros;
en la búsqueda interminable de los nuevos ho- o también lo que el pensamiento poscolonial
rizontes del hombre por medio del reconoci- debe a los análisis de Foucault, de Derrida e
miento de los otros como fundamentalmen- incluso de Lacan. Se trata pues de una refle-
te hombres, es un aspecto de este pensamiento xión que está, en varios sentidos, muy cerca
que se olvida demasiado a menudo. Ahora bien, de un determinado planteamiento de refle-
es constitutiva de la búsqueda de Fanon, del xión francés. La paradoja es que debido a su
5. Obro poética. Madrid, Cátedra, Senghor de la Obra poética 5 mientras estaba insularidad cultural y al narcisismo de sus éli-
1999.
preso en un campo alemán (el Front-Stalag tes, Francia se descolgó por sí misma de esos
230), de las meditaciones de Edward Said al fi- nuevos rumbos del pensamiento mundial.
nal de su vida o, más recientemente, de las con- Desafortunadamente, parece como si no hu-
sideraciones de Paul Gilroy sobre la posibili- biera estrictamente nada que salvar de la tra-
dad de una convivencia adecuada en un mundo dición crítica francesa de posguerra, a pesar
6. Postco/onio/ Meloncholia. Nue- ya multicultural 6• Encontramos ese mismo acen- de que es evidente que ocupó un lugar cen-
va York. Colu mbia Un iver sity
Press, 2005. to en una gran parte del pensamiento afroa- tral no sólo en relación con el fenómeno del
mericano, enfrentado como está, por otra par- nazismo, sino también con respecto al hecho
te, a la dificultad de reapropiarse de la herencia colonial. Ocurre como si el acontecimiento
de esclavitud y racismo, reordenándola al ser- colonial perteneciera a otro tiempo y a otro
vicio de la resistencia de los dominados sin caer; lugar, como si no tuviéramos nada que apren-
no obstante, en trampa de la racialización y de der con respecto a cómo comprendemos
la glorificación de la raza. nuestra propia modernidad, la ciudadanía, la
Un último punto. Lo que constituye la fuer- democracia e incluso el desarrollo de nues-
za política del pensamiento poscolonial es que tra humanidad. En suma, a Francia le resulta
se inscribe en las luchas sociales históricas de difícil no hablar de sí misma. La reflexión fran-
las sociedades colonizadas y, en particular, su cesa contemporánea ya no sabe cómo hablar
relectura de la praxis teórica de los llamados del otro, y menos aún al otro. Prefiere, en la
movimientos de liberación. Es, pues, un pen- senda de la buena genealogía colonial, hablar
samiento que, en varios aspectos, cree aún en en lugar del otro, con los resultados catastró-
aquel postulado según el cual no hay más en- ficos que conocemos, como ocurrió recien-
señanza que aquella que nos encamina a trans- temente con ocasión del debate surrealista
formar el mundo. Es una forma de pensar que sobre los beneficios de la colonización o con
remite al sujeto-ser, al ser-para-sí, a la mane- los motines en los suburbios.
Una salida de l te rcermundismo aprenden a imaginar comunidades más allá de
¿Se puede articular de algún modo la globaliza- los vínculos de aquel suelo, abandonan la co-
ción y el pensamiento poscolonial? modidad de la repetición e inventan nuevas
formas de movilización y solidaridad transna-
Podemos decir que el pensamiento pos- cionales.Antes de que las colonias se convier-
colonial es, en varios aspectos, un pen- tan en los grandes laboratorios de la moder-
samiento de la globalización aunque, en sus ini- nidad en el siglo XIX, la «plant ación» ya
cios, no utilizara este término. En primer lugar, prefigura una nueva conciencia del mundo y
pone de manifiesto que casi no existe separa- de la cultura.
ción entre la historia de la nación y la del impe- Junto a estos factores históricos, existen otros
rio. El Napoleón que restablece la esclavit ud niveles de articulación de naturaleza teórica.
y Toussaint Louverture, el representante de la En concreto, me refiero al diálogo que une al
revolución de los derechos humanos, consti- pensamiento poscolonial con el pensamiento
tuyen las dos caras de la misma nación y el afromoderno procedente de los Estados Uni-
mismo imperio colonial. El pensamiento pos- dos, y del Caribe en particular. Este pensamien-
colonial muestra cómo el propio colonialismo to afromoderno es un pensamiento del cruce
fue una experiencia planetaria y contribuyó a y el entrelazamiento. Defiende que uno no pue-
la universalización de las representaciones, de de reclamar verdaderamente ser parte del
las técnicas e instituciones (caso del Estado- mundo más que cuando, por fuerza, está ante
nación, e incluso de la mercancía en sus versio- otros, con otros. Por consiguiente, «reencon-
nes modernas). Nos dice que, esencialmente, trarse uno mismo» es «salir en primer lugar
este proceso de globalización, lejos ser de direc- de sí», salir de la noche de la identidad, de las
ción única, fue paradójico, lleno de toda clase lagunas de mi pequeño mundo.Aquí tenemos,
de ambigüedades. pues, una manera de leer la globalización que
Por otra parte, por lo que se refiere al Atlán- se basa en la afirmación radical del grosor de
tico, la «colonia» viene a añadirse a otra for- la proximidad, del desplazamiento, o incluso de
mación de poder que es la de la «plantación», la dislocación. En otros términos, la conciencia
unidad central de una edad previa que se po- del mundo nace de la actualización de lo que
dría denominar la edad de la protoglobaliza- era ya posible en mí, pero que se materializa
ción. La crítica poscolonial pone de manifiesto por medio de mi encuentro con la vida de
que nuestra modernidad global debe pensarse otros, por mi responsabilidad respecto a la vi-
mucho antes del siglo XIX, a partir de ese perí- da de otros y a mundos al parecer alejados y,
odo en el que la mercantilización de la propie- sobre todo, a gente con quien al parecer no
dad privada se produce en conexión con la de tengo ningún vínculo -los intrusos.
las personas, en el momento de la trata de es-
¿En qué medida la situación histórica y política
clavos. La edad de la trata atlántica es también
explica el desarrollo de esta corriente? No pare-
la de las grandes migraciones, aunque sean for-
ce casual que este movimiento aparezca tras el
zadas. Es la edad de la mezcla impuesta de las
fracaso de los Estados-nación poscoloniales. Me
poblaciones, de la escisión creativa en torno
pregunto si el problema actual no será el de re-
a la cual surge el mundo criollo de las gran-
construir la política.
des cultu ras urbanas contemporáneas.
Es también la edad de las grandes experien- Esa cuestión requiere una respuest a
8. The Block Atlontic. Modemity
cias planetarias. Como muestra Paul Gilroy en amplia. Podemos decir que hay tres
ond Double Consciousness. Lon- The BlackAtlantic!l, o también historiadores co- momentos centrales en el desarrollo del pen-
dres,Verso, 1993.
9. Lo hidra de lo revolución: mari-
mo Peter Linebaugh y Marcus Rediker\ es el samiento poscolonial. El momento inicial es
neros, esdovos y campesinos en lo momento en el que grupos de hombres, arran- el de las luchas anticoloniales. Estas luchas vie-
historio oculto del Atlántico. Bar-
celona, Crítica, 2005. cados de la tierra, de su sangre y de su suelo, nen precedidas y están acompañadas por toda
ENTREVISTA

una reflexión de los colonizados sobre sí mis- tradición marxista e internac ionalista como
mos -reflexión sobre las contradicciones que AijazAhmed'\ Chandra Talpade Mohanty 13 o
proceden de su doble estatuto de «indígenas» también Benita Parry' 4 •
y de «sujetos» en el seno del Imperio; exa- En el contexto de la India, otros tres pensa-
men de las fuerzas que permiten resistir a la dores contribuirán a ensanchar la brecha
soberanía colonial; debates en torno a las rela- abierta por Said. Se trata en primer lugar de
ciones entre los factores de «clase» y de Ashis Nandy' 5 y su idea de que el colonialis-
«raza».Así pues, el discurso de aquel momento mo fue, sobre todo, un asunto psíquico y que,
se articulaba en torno a lo que se podría lla- en este sentido, la lucha contra el colonialis-
mar la política de autonomía, es decir, utili - mo fue a la vez una lucha materi al y mental
zando los términos de Vincent Descombes, la (mental war).Además, señalaba que la resis-
posibilidad «de decir yo», «de actuar por sí tencia al colonialismo -y al nacionalismo, que
mismo», de dotarse de una voluntad ciuda- fue su corolario- siempre se vio constreñi-
dana y de participar, así, en lo universal 10 • Den- da a operar en los términos previamente de-
tro de la tradición africana y de la diáspora de finidos por Occidente. Mucho antes que otros,
1O. Le Complément de sujet En- lengua francesa, Césaire, Fanon, Senghor y es Nandy quien facilita la difusión de Fanon
quete sur le fa it d'agir de soi-me-
me. Paris. Gallimard, 2004. muchos otros, incluidos novelistas y gentes de en la lndia.AI mismo tiempo, introduce el psi-
11. Orientalismo. Barcelona, De- acción (sindicalistas, líderes políticos), fue- coanálisis en el discurso poscolonial abrien-
bate, 2002; El mundo, el texto y el
crítico, Barcelona, Debate, 2004; ron quienes escribieron los textos canónicos do a la vez un diálogo entre esta corriente de
Cultura e Imperialismo, Barcelo-
na, Anagrama, 1996. de aquel período. pensamiento y la Dialéctica de la Ilustración de
12. In Theory: C/asses, Nations, U- A continuación, viene un segundo momento Adorno y Horkheimer 16 • Por otra parte, te-
teratures. Londres, Verso, 1992.
que situaría en torno a los años ochenta. Es nemos a Gayatri Chakravorty Spivak, univer-
13. Mohanty, Chandra Talpade;
Russo. Ann y Torres, Lourdes el momento de la gran hermenéutica (high sitaria de origen indio, traductora de Jacques
(eds.) ThirdWorldWomen and the
Politics of Feminism. Bloomington theory), cuyo punto álgido es la publicación Derrida (de su Gramatología), autora de un fa-
e lndianapolis, Indiana UP, 199 1. por Edward Said de su obra maestra, Orien- moso texto que se ha convertido en un clá-
De ese volumen procede el tex-
to de Mohanty «Bajo la mirada talismo -que prolonga y aclara algunos años sico, «¿Puede hablar el subalterno?» 17, y de una
occidental: la investigación femi-
nista y los discursos coloniales». más tarde en El mundo, el texto y el crítico y recopilación titulada Critique o(Postcolonial Re-
Nerter: Revista dedicada a la lite- luego en Cultura e Imperialismo''. En efecto, es ason' 8. Luego está finalmente Homi Bhabha,
roturo, el arte y el conocimiento.
núm. 2 (2000-200 1), págs. 46-49. Edward Said, un palestino apátrida, quien co- editor de la obra colectiva Nation and Narra-
14. En cuanto a Benita Parry, se loca las primeras bases de lo que pasará a ser tion, comentarista de Fanon y autor de El lu-
puede c~ar~ por ejemplo, Postco-
lonial Studies: A Materialist Criti- con el tiempo la «teoría poscolonial», com- gar de la cultura' 9 •
que. Londres. Routledge, 2004.
prendida, esta vez sí, como una forma alter- Fue también durante los años 1980- 1990
1S. The Intima te Enemy: Loss and
Recovery of Self Under Colonia- nativa de saber sobre la modernidad y como cuando comenzaron a estrecharse los lazos
lism. Delhi, Oxford UP, 1983.
una disciplina académica de pleno derecho. entre, por una parte, el pensamiento posco-
16. La última edición de esta
obra apareció en Madrid,Trotta. Uno de las contribuciones decisivas de Said lonial y, por otra, diversas corrientes con ge-
2006.
es poner de manifiesto, contra la doxa mar- nealogías particulares. Baste citar dos casos,
17. Revista Colombiana de Antro-
pología, núm. 39.2003, págs. 297- xista del momento, que el proyecto colonial cuya virtud es ofrecer una base historiográfi-
364,
no era reducible a un simple dispositivo eco- ca a lo que, hasta entonces, consistía sobre to-
18. A Critique of Postcolonial Re-
asan: Toward a History of the Va- nómico-militar, sino que estaba basado en una do en un análisis de textos literarios. En pri -
nishing Present. Cambridge/Lon-
dres, Harvard UP, 1999. infraestructura discursiva, en una economía mer lugar, los estudios subalternos, corriente
19. Nation and Narration. Lon- simbólica, en todo un aparato de conocimien- de reflexión histórica nacida en la India y que
dres-Nueva York, Routledge ,
1990 (la introducción está tra- tos cuya violencia era tanto epistémica como desarrolla una crítica de la historiografía na-
ducida: «Narrando la nación>>, en física. El análisis cu ltural de la infraestructura cionalista y anticolonial intentando al mismo
Femández Bravo, Alvaro (comp.).
La invención de la Nación. Lectu- discursiva e incluso de la imaginación colonial tiempo recuperar las voces y capacidades his-
ras de la identidad de Herder a
Homi Bhabha. Buenos Aires, Ma- se convertirá bien pronto en el objeto pro- tóricas de los vencidos en la descolonización
nantial, 2000, págs. 2 11-2 19); El pio de la teoría poscolonial y suscitará críti- (campesinos, mujeres, la casta de los intoca-
lugar de la cultura, Buenos Aires,
Manantial, 2002. cas severas por parte de los intelectuales de bles, los marginados, los subalternos) por me-
dio de una revisión y de una relectura selec- condiciones del cautiverio (la religión, la músi-
tiva del marxismo (véase, en particular, el vo- ca y las artes performativas, en particular), de la
lumen de Dipesh Chakrabarty Provincializing problemática de la dispersión (diásporas) y tam-
20. Provinciolizing Euro pe: Postco- Europa 20) . Dado el peso concedido a los «sin bién de lo que Glissant llama la «poética de la
loniol Thought and Historicol Dif-
(erence. Princenton, Princeton UP, voz» y «sin poden>, buena parte de la inspira- relación». La experiencia artística y estética
2000.
ción teórica inicial de la escuela de los estu- ocupa así un lugar central en las reflexiones de
dios subalternos procede de Gramsci. Pero la esta corriente.AI pensar sobre las canciones
«traducción» de Marx a los contextos y a las de los esclavos, «viejos cantos misteriosos con
lenguas no europeos tiene por objeto com- los que el alma del esclavo negro hablaba a los
prender por qué, en la India, la lucha antico- hombres», VV. E. B. Dubois dice que «quienes
lonial no desembocó en una transformación caminaban en la oscuridad, en los días antiguos,
radical de la sociedad, sino en una especie de cantaban cantos de dolor -porque su corazón
«revolución pasiva» caracterizada por el re- estaba cansado». Este motivo de la música ne-
torno del «comunalismo», es decir, en últi- gra es retomado por Paul Gilroy que lo extien-
ma instancia, supone recurrir a la figura de de al análisis del jazz y del reggae.
la antinación. De este modo, podemos ver que la corrien-
Por otra parte, hay un pensamiento afromo- te poscolonial es una constelación intelectual
derno que se desarrolla a orillas del Atlántico cuya fuerza y debilidad está en su misma frag-
y que toma esta formación oceánica y trans- mentación. Resultado de la circulación de co-
nacional como eje de su análisis (caso, en par- nocimientos entre distintos continentes y a
ticular, del citado Paul Gilroy en The BlackAt/an- través de distintas tradiciones antiimperiales,
tic). Esta corriente de pensamiento es propia es como un río con múltiples afluentes. Para
de los afrobritánicos, de los afroamericanos y explicar la fuerza que tiene en la academia an-
los afrocaribeños. Su preocupación central es glosajona no hay que mencionar solamente la
rescribir las múltiples historias de la moder- radicalidad de su eclecticismo. Hemos de aten-
nidad situando su objeto en la encrucijada en- der sobre todo al hecho de que la corriente
tre el hecho racial y el factor de clase. En es- poscolonial llegó a descentrar el cuestionario
te sentido, este pensamiento afromoderno se de las humanidades. Si en el propio corazón
interesa tanto por la cuestión de las diásporas de la academia se instalaron otras preguntas
como por los procedimientos a través de los y otros conocimientos fue gracias a su insis-
cuales los individuos son sometidos a catego- tencia sobre el pluralismo cultural y episte-
rías denigrantes que les impiden cualquier ac- mológico, a su sincretismo antisistemático, a
ceso a la condición de sujetos dentro de la his- sus síntesis creativas, a su recurso a métodos
toria. En particular, esto es lo que ocurre híbridos, e incluso a sus ideas generalmente
cuando se les confina dentro de una raza. inteligentes y fecundas.
Desde este punto de vista,W. E. B. Dubois (en El tercer momento se caracteriza por ese he-
su clásico de 1903 The Soul of Block Fo/ks) es el cho central de nuestro tiempo que es la glo-
pensador afroamericano que mejor analizó los balización,la extensión generalizada de la for-
efectos del «sombrío velo del color» en el que ma-mercancía y su influencia sobre la totalidad
quedó confinada la gente de origen africano en de los recursos naturales, de las produccio-
el Nuevo Mundo. Alega que tal «velo» no so- nes humanas, es decir, sobre la totalidad de lo
lamente cubría al que se veía obligado a llevar- viviente. Me parece que, en estas condiciones,
lo, sino que además le hacía irreconocible e in- el texto literario ya no puede ser por sí so-
comprensible, sujeto a una «doble conciencia». lo la fuente privilegiada. Más bien, hemos de
Es también una corriente de pensamiento muy entender que la reflexión crítica sobre las for-
sensible a temas como los de la «liberación mas contemporáneas de instrumentalización
de la mente» y de la memoria a partir de las de la vida puede ganar en radicalidad si está
ENTREVISTA

dispuesta a tomar seriamente estas formacio- cia» o de la que debería extraer su legitimi -
nes del capitalismo, antiguas y recientes, que dad.Toda violencia, tanto la buena como lo ma-
fueron la esclavitud y la colonización . En efec- la, siempre viene a consagrar una desunión.
to, podemos observar cómo, según las reglas Reinventar la política en las condiciones pos-
del capitalismo colonial, fue constante la ne- coloniales obliga en primer lugar a salir de la
gativa a instituir la esfera de lo viviente como lógica de la venganza, sobre todo cuando ésta
un límite a la apropiación económica. La es- se reviste de los oropeles del derecho.
clavitud fue, por su parte, un método de pro- Dicho esto, la pugna por abandonar el carác-
ducción, circulación y distribución de las ri- ter inhumano de las cosas no nos puede exi-
quezas basado en el rechazo a institucionalizar mir de lo que podríamos llamar la producti-
algún ámbito, fuera el que fuese, de lo «no vidad poética de lo religioso. Por lo demás,
apropiable». Bajo todos los puntos de vista, la ¿qué sería África sin lo religioso? Lo religioso
«plantación», la «fábrica» y la «colonia» fue- representa aquí el recurso imaginario por ex-
ron los principales laboratorios en los que se celencia. Lo religioso se entiende no sólo en
experimentó el devenir autoritario del mun- relación con lo divino, sino también como «ins-
do tal como lo vemos hoy. tancia curativa» y de esperanza, en un contex-
to histórico donde la violencia afectó no só-
Reinvención del sujeto lo a las infraestructuras materiales, sino
No existe una
también a las infraestructuras psíquicas, a tra-
«buena violencia» La era poscolonial sería a la vez la esperanza
vés de la denigración del otro, de la afirma-
que debería suce- de salir de un mundo inhumano -con sus conse-
ción de que no es nada.
cuencias en términos religiosos- y una época de
der a una «mala Es este discurso -a veces interiorizado- so-
necesaria reinvención.
violencia». bre la nada el que es interpelado por algunas
En mi opinión, es un momento de final formas de lo religioso, cuya finalidad es procu-
y de reinvención a la vez, empezando rar que los que estaban de rodillas puedan fi-
por la reinvención de lo que ha sufrido mayor nalmente «levantarse y caminar». Por consi-
daño: el cuerpo. Pero es también una época de guiente, la cuestión, a la vez filosófica, política
nuevas luchas. En los contextos de pobreza y ética, consiste en saber cómo acompañar es-
extrema, de racialización extrema y omnipre- te «ascenso en humanidad» -ascenso a cuyo
sencia de la muerte, el cuerpo es el primer afec- término el diálogo de hombre a hombre vuel-
tado y dañado. Fanon ya lo había destacado al ve a ser posible y sustituye a las prescripcio-
final de su primer libro, Piel negra, máscaras blan- nes de un hombre frente a su objeto.
cas, cuando se vuelve hacia su cuerpo y com-
Cuando habla de esta capacidad para ser uno
pone esta plegaria: «Oh, cuerpo mío, haz de mí,
mismo, de decir «yo», «de levantarse y caminam,
siempre, un hombre que interrogue!».
¿piensa usted a escala individual o de pueblos y
Por otro lado, como muestra el ejemplo sura-
entidades colectivas?
fricano con el apartheid, podemos reinventar
si sabemos mirar a la vez hacia atrás y hacia Ambas cosas . Hago referencia a esa
delante.Ya que, si entendemos que lo que co- tarea que consiste en aprender de
mienza con sangre, con sangre acaba, las opor- nuevo a pensarse uno mismo como fuente
tunidades de reinicio están amenazadas por la universal de sentido. El daño fue infligido tanto
presencia de los horrores del pasado. En otros a individuos como a comunidades. Las luchas
términos, es difícil reinventar cualquier cosa de liberación ponen siempre en escena per-
repitiendo simplemente, contra otros, la vio- sonalidades que surgen de una comunidad y
lencia que antes se infligió sobre uno mismo. cuya habilidad consiste en sondear la época
No existe una «buena violencia» que automá- que les ha tocado vivir, en estar al acecho,
ticamente debería suceder a una «mala violen- en asumir por cuenta de la comunidad la cues-
tión de «¿cuándo?». Son personas que inte- Lo que aprendemos de la experiencia surafri-
rrogan a la noche para entrever el alba y que cana es que crear un becerro de oro del he-
conducen a la comunidad por el camino del cho de ser una «víctima» en la historia del
día. Este planteamiento es típico de Martin mundo a menudo obliga a que quien es pre-
Luther King, de Nelson Mandela o de sa de esa desgracia desee verter sangre, sea
Mahatma Gandhi - héroes en quienes el asce- de quien sea, y a veces desgraciadamente no
tismo revolucionario empieza por un esfuerzo la de sus verdugos sino, casi siempre, la de un
de transformación de sí mismos. tercero, no importa quién sea. Eso ocurre por-
Suráfrica muestra claramente que la prescrip- que, para funcionar, el becerro de oro nece-
ción «de levantarse y caminar» va dirigida ato- sita continuos sacrificios y, por consiguiente,
dos, a los que fueron oprimidos en el pasado el degüello de nuevas víctimas con el fin de
y a sus enemigos. Creer que basta con matar satisfacer al dios victimario. En el seno de es-
al colono y tomar su lugar para que las relacio - ta economía, la voluntad de expiación adquie-
nes de reciprocidad queden restauradas es só- re la forma de la ley del talión y del espíritu
lo una seudoliberación. Suráfrica nos permite de venganza, como en los monoteísmo~ anti -
entender que esa política de la venganza no ha- guos. En efecto, en la medida en que lo tras-
ce otra cosa que reproducir el complejo de cendente nunca se funda sobre la propia
Caín. No podemos imaginar qué hay más allá muerte, lo sagrado se instituye a través de la
de la destrucción y el resentimiento si no nos muerte sacrificial de cualquier otro.
enfrentamos de forma dolorosa a la cuestión Eso es lo que se quiso evitar a través de la co-
de saber «¿qué hacemos con el enemigo?, misión «Verdad y Reconciliación» de Suráfrica
¿quién es mi prójimo?, ¿cómo responder de for- y es lo que distingue la experiencia surafrica-
ma responsable por ambos?». Dicho esto, hay na de la de un país como Israel. De hecho, los
que añadir que el deseo de reconciliación por Estados que se definen principalmente como
sí mismo no puede sustituir a la exigencia ra- víctimas aparecen a menudo, por eso mismo,
dical de justicia. Para conseguir que quienes como sujetos llenos de odio, es decir, sujetos
ayer estaban de rodillas e inclinados bajo el pe- que nunca pueden dejar de representar la muer-
so de la opresión puedan levantarse y caminar, te sacrificial, aplicando sobre terceros el con-
es necesario que se haga justicia. No podemos junto de crueldades de las que ellos mismos
escapar, pues, a la exigencia de justicia. fueron, en otro tiempo, víctimas expiatorias.

¿Qué piensa de la experiencia de la comisión «Ver- En la cuestión de la memoria de las víctimas,¿hay


dad y Reconciliación» en Suró frica? una especificidad negra, de los negros o de la his-
toria de los negros con relación a la de, por ejem-
Es el camino que había que tomar. No
plo, la historia de la India? ¿0, por el contrario, la
digo que esté todo hecho. Pero la
re~exión supera estas particularidades?
gente, sean negros o blancos, tenía que ser
arrancada de las garras de la mentalidad-perro, En primer lugar daré una respuesta de
de la mentalidad-cerdo y de la mentalidad- carácter general. Es necesario encon -
canalla tan característica del racismo en gene- trar una cima suficientemente elevada, un lugar
ral. La piedra angular de la comisión «Ver- prominente desde el que mirar por encima del
dad y Reconciliación» está ahí, en esa idea de «velo». No me parece que en Suráfrica crean
liberarse del autodio y del odio del otro. En que se deba guardar un luto primario, inter-
efecto, lo qu e los siglos de racismo habían minable, frente al cual cualquier ot ro duelo no
hecho era conducir a todo el mundo por la sería más que un simple asunto de paganos.
estrecha puerta del sepulcro. Después de Tampoco creen que sea necesario negar los
haber morado junto al sepulcro, era necesa- sufrimientos de los otros y vaciarlos de todo
rio volver de nuevo a la vida. significado humano con el fin de que se reco-
ENTREVlSTA

nazcan los suyos propios. La cuestión de la manidad de todos y del derecho de todos a
memoria en Suráfrica no consiste en saber qué vivir en libertad ante la ley.
sufrimiento humano debe santificarse y cuál Lo sorprendente es que gran parte del traba-
no es más que un simple incidente sin valor jo de memoria en curso se lleva a cabo bajo
en la escala de vidas y muertes que realmente este objetivo. Se traduce, por ejemplo, en el
cuentan. Todas las vidas y todas las muertes entierro adecuado de los restos de quienes
humanas son universales.Y lo que la comisión fallecieron luchando, en el levantamiento de
«Verdad y Reconciliación» nos enseñó es a estelas funerarias en los lugares en donde ca-
liberarnos de la adhesión al recuerdo del pro- yeron, en la consagración de rituales religio-
pio sufrimiento que caracteriza la conciencia sos que mezclan lo cristiano con lo tradicio-
de todas las victimas. Liberarse de este apego nal y que están destinados «a curar» la cólera
es la condición para aprender a hablar de y el deseo de venganza en los supervivientes,
nuevo una lengua humana y, eventualmente, en la creación de numerosos museos y par-
crear un nuevo mundo. ques destinados a celebrar la común humani-
Dicho esto, el apartheid consistía en distin- dad de todos, en la efervescencia de las artes
guir completamente a los blancos de todos y, sobre todo, en la puesta en marcha de po-
los otros (negros, indios, mestizos), en crear
líticas de reparación destinadas a colmar si-
Todas las vidas y subdivisiones dentro de cada uno de estos
glos de negligencia (un techo, una escuela, una
grupos, en traducir estas subdivisiones en ins-
todas las muertes carretera, un centro de salud, agua potable,
tituciones y tecnologías de gobierno especí-
humanas son uni- ficas para cada grupo, y en convertir todo es-
electricidad, un hombre un voto).
versales. Es evidente, pues, que el t rabajo de memo-
to en un espacio geográfico por medio de la
ria es inseparable de la reflexión sobre la ma-
creación de bantustanes o de la prohibición
nera de interiorizar la destrucción física de
de que los negros se convirtieran en ciudada-
los que se perdieron, reducidos a polvo. En
nos. Por lo demás, antes del apartheid (que
buena medida, meditar sobre esta ausencia y
data de 1948), la ideología colonial se basaba
sobre las formas de restaurar simbólicamen-
en la convicción de que era necesario hacer
te lo destruido consiste aquí en darle al asun-
la guerra a las «razas inferiores» para conse-
to de la sepultura toda su carga subversiva.
guir el avance de la «civilización».Así pues, his-
Pero la sepultura no consiste tanto en cele-
tóricamente hubo una manera específica de
brar la muerte como en remitir al hál ito de
arrancarles a los negros su humanidad. Pero
en el vocabulario surafricano, la «negritud» vida necesario para que retornen los muer-
engloba tanto a los mestizos como a los in - tos, en una nueva cultura que se conjura pa-
dios. Es «negro» todo el que no es «blanco». ra no olvidar jamás a los vencidos.
Por tanto, diría que en la Suráfrica contempo- Aquí pues, un planteamiento que abarca y a la
ránea la cuestión de la memoria se plantea en vez trasciende la cuestión de la particularidad.
términos de un pasado doloroso, pero tam- Ahora bien, no faltan tensiones ni contradic-
bién lleno de esperanza, que los protagonis- ciones y el proceso está inacabado. En cuan-
tas intentan asumir como base para crear un to a las tensiones, las vemos en particular en
futuro nuevo y diferente. Esto supone que se la manera en que se lleva a cabo actualmen-
descubra el sufrimiento que se infligió en otro te la re-racialización de los espacios urbanos,
tiempo a los más débiles; que se cuente la ver- e incluso de la economía y de las institucio-
dad, toda la verdad, sobre estos sufrimientos; nes. Desde est e punt o de vista, e l fu t uro no
que el perdón no suponga como contrapar- será una forma de no sé qué tipo de afrocen-
tida ocultarla, rechazarla o negarla, es decir, el trismo, sino lo que llamaría el afropolitanismo
21. Mbembe se ha extendido so-
bre ello en <<Afropolitanisme», deseo compartido de un nuevo inicio sobre -una manera de ser «africano» abierta a la di-
Africultures, núm. 66, 2006, págs.
9-15. la base de un reconocimiento mutuo de la hu- ferencia y concebida más allá de la raza2 1•
Memoria y responsabilidad ga a responderle de manera responsable.Así
22. De la postcolonie. Essoi sur /'i- En su libro, De la postcolonie menciono o menu-
22
,
pues, sólo hay memoria a través de la asun-
magination politique dons /'A(ri-
que contemporaine. París, Kortho- do el Comerún. En los polémicos francesas actua- ción de esta responsabilidad.
lo, 2000.
les hoy uno cierto competencia y codo grupo de víc- ¿Cómo se sitúo el pensamiento poscoloniol en re-
timas -los negros originarios del África Occidental, loción con Europa? ¿Es un pensamiento ontieu-
los de Martinico y los de otros islas- adopto posi- ropeo o retomo los valores de Europa? Me pre-
ciones diferentes. Prestan mucho atención o lo que gunto si lo re~exión sobre lo escuela poscoloniol
se dice de sus memorias. no debe entenderse también como uno especie
En muchos aspectos, mi libro se des- de re~exión sobre el descentromiento del pensa-
marca del pensamiento poscolonial, miento europeo.
excepto en lo relativo al privilegio que éste El pensamiento poscolonial no es un
otorga a las cuestiones de la identidad y la pensamiento antieuropeo. Antes al con-
diferencia, así como al papel central que ocu- trario, surge del encuentro entre Europa y esos
pan los temas referidos a la resistencia. Desde mundos donde antaño tuvo sus lejanas pose-
mi punto de vista, hay una diferencia entre el siones. Nos muestra cómo la experiencia colo-
pensamiento de la «poscolonia» y el pensa- nial e imperial se codificó en representaciones,
miento «poscolonial». La cuestión que reco- divisiones disciplinarias, metodologías y obje-
rre mi libro es ésta: «¿Qué significa el «hoy»? tos, con lo que nos invita a todos a hacer una
y ¿qué es lo que somos hoy?» ¿Cuáles son lectura alternativa de nuestra modernidad.
las líneas de fragilidad, las líneas de precarie- Reclama que Europa viva de acuerdo con lo
dad, las grietas en la vida africana contempo- que se supone que son sus orígenes, su futuro
ránea? Y eventualmente, ¿cómo lo que es y su promesa, y a vivir todo eso de forma res-
podría ser de otro modo, cómo podría ponsable. Si Europa siempre ha pretendido que
engendrar otra cosa? En suma, si se quiere esta promesa tuviera verdaderamente como
decir así, se trata de una reflexión sobre las finalidad el porvenir de la humanidad en su con-
fracturas, sobre lo que permanece de la pro- junto, entonces el pensamiento poscolonial le
mesa vital cuando el enemigo ya no es en pide a Europa que abra y reactive este futuro
realidad el colono, sino el «hermano». El libro sin cesar, de forma singular, responsable de sí,
es pues una crítica del discurso africano del otro y ante el otro.
sobre la comunidad y la fraternidad. Pero el pensamiento poscolonial es también
Por tanto, se puede decir que en dicho vo- un sueño: el sueño de una nueva forma de hu-
lumen la memoria sólo interesa en tanto que manismo -un humanismo crítico que estaría
remita sobre todo a la responsabilidad fren- basado sobre todo en fragmentar lo que nos
te a uno mismo y frente a una determinada diferencia, sin absolutos. Es el sueño de una
herencia. Diría que la memoria es, sobre to- polis que es universal porque es mestiza. Es lo
do, un asunto de responsabilidad en relación que Senghor anhelaba en su Obra poética -ese
con algo de lo que a menudo uno no es au- «renacimiento del Mundo» del que habla, por
tor. Por otra parte, creo que no nos conver- ejemplo, su «Oración a las máscaras». Para
timos realmente en hombres hasta que no que esta polis universal exista es necesario que
seamos capaces de responder de eso de lo se reconozca el derecho universal que todos
que no somos autores directos y de las per- tienen a heredar el mundo en su conjunto.
sonas con las que, al parecer, no tenemos na- En cambio, el pensamiento de la poscolonia
da en común. Sólo hay memoria verdadera es un pensamiento de la vida y de la respon-
en el haz de prescripciones y de exigencias sabilidad, pero a través del la prisma de lo
que el pasado nos transmite y nos obliga a que las desmiente . Se sitúa en la misma línea
contemplar. Supongo que el pasado nos obli- de algunos aspectos del pensamiento negro
ENTREVISTA

(Fanon, Senghor, Césaire y otros). Es un pen- sus leyes ni de sus preceptos. Es un dios ren-
samiento de la responsabilidad, responsabi- coroso y celoso, dispuesto a la destrucción,
lidad como obligación de responder de sí que exige continuamente sacrificios humanos.
mismo, ser garante de los propios actos. La Esta crítica de la teología política sobre la que
ética que subyace a este pensamiento de la descansa la política de los Estados Unidos co-
responsabilidad es el futuro de uno mismo, mo potencia (la hiperhegemonía) es absolu-
basado en el recuerdo de lo que uno ha si - tamente necesaria en las condiciones actua-
do estando en manos de otros, en el recuer- les.Y, por otra parte, lo mejor de esta crítica
do de los sufrimientos soportados en tiem- procede de los propios Estados Unidos. En
pos de cautiverio, cuando la ley iba por un efecto, cómo se puede pretender «hacer mun-
lado y el sujeto por otro. do» sobre la base de una política que está fun-
El pensamiento poscolonial ha de servir para dada casi exclusivamente sobre una única
que Europa se relacione consigo misma. Por cuestión: la de saber quién es mi enemigo, aquí
ejemplo, si aplicáramos los postulados de la y ahora, y cómo exterminarlo.
teoría poscolonial a Francia diríamos que, des- Por tanto, no se rechaza aquella sociedad ame-
de la trata de los esclavos y la colonización, ricana como tal, sino una idea de la política y
no hay identidad francesa ni memoriales fran- del mundo que se confunde de forma inextri-
ceses que no engloben simultáneamente lo de cable con la historia del enemigo -el enemi-
El pensamiento- go como categoría ontológica, o incluso teo-
otra parte y lo de aquí. En otros términos, la
poscolonial debe lógica, en el sentido en el que mi enemigo es
otra parte es constitutiva del aquí y vicever-
servir para que sa. No hay un «adentro» que esté desgajado siempre, por principio, el enemigo de Dios a
Europa se relacio- de un «afuera», un pasado separado del pre- secas, y el odio que siento por él es necesa-
ne consigo misma. riamente un odio divino.
sente. Hay un tiempo, el del encuentro con el
No creo que se pueda «hacer mundo» par-
otro, que se desdobla constantemente y que
tiendo de una relación entre los hombres en
consiste, no en la ruptura, sino en la contrac-
la que toda idea de moral quedaría en suspen-
ción, en la mixtura y la confluencia. En cual-
so, mientras esa misma moral es convocada
quier caso, esto remite a un mapa, a una geo-
continuamente en el acto mismo mediante el
grafía del sujeto que nos permitiría plantear
cual se practican la inmoralidad y la crueldad.
de forma distinta cuestiones acuciantes como
La política mundial de los Estados Unidos es
las de los suburbios, la nación, la ciudadanía o
hoy una política que pretende liberarse de to-
incluso la inmigración.
da restricción. En nombre de la seguridad, pre-
El tercermundismo tomo principalmente como tende eximirse de toda responsabilidad. Esta
blanco o Jos Estados Unidos. ¿Lo ve del mismo política de la irresponsabilidad ilimitada debe
modo Jo teoría posco/onio/? ser objeto de crítica, de manera firme, inteli-
gente y constante.
Tal como lo entiendo, la controversia
se refiere a la manera en la que histó-
ricamente los sucesivos gobiernos de los Esta-
dos Unidos pretendieron fundar el universa-
lismo y promover la democracia sobre la base
de crímenes que, por otra parte, se presenta-
ban como otras tantas realizaciones terrestres
de la ley de Dios y de la providencia divina. Es,
pues, la teología política del Estado americano
la que se impugna, en la medida en que el dios
que invoca es un dios melancólico, colérico y
vengativo. La misericordia no forma parte de