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STAFF
MODERADORAS
MaJo MadHatter
Alevi
TRADUCTORAS
Kuami
Ana09
Gasper
Gigi<3

3 MaJo MadHatter
CORRECTORAS
Erienne
Bibliotecaria70
Vannia E.
Yani
ValeV
MaJo MadHatter
LECTURA FINAL
MaJo MadHatter
DISEÑO
Ximee
ÍNDICE
Sinopsis
Prólogo Capítulo 14
Capítulo 1 Capítulo 15
Capítulo 2 Capítulo 16
Capítulo 3 Capítulo 17
Capítulo 4 Capítulo 18
Capítulo 5 Capítulo 19
Capítulo 6 Capítulo 20
4 Capítulo 7 Capítulo 21
Capítulo 8 Capítulo 22
Capítulo 9 Capítulo 23
Capítulo 10 Capítulo 24
Capítulo 11 Capítulo 25
Capítulo 12 Epílogo
Capítulo 13 Sobre la autora
SINOPSIS
Sarah Williamson se despierta en el hospital sin ningún recuerdo de cómo llegó a estar allí, o del
guapo extraño de pie ante ella afirmando ser su prometido.

De hecho, ni siquiera recuerda su propio nombre.

De vez en cuando, tiene estas sensaciones de familiaridad, pero lo que le da más miedo son los
destellos de algún horrible suceso. Estas visiones la atormentan y encuentra difícil el separar los
sueños de la realidad.

A pesar de que se entera de que tiene una madre quien sostiene amarla con locura, se siente sola,
sin saber en quien puede confiar, o si las personas son quienes afirman ser.

Bradley Hunter lucha con la posibilidad de que su prometida puede que nunca recuerde quién es él
o la vida que estaban construyendo juntos. No quiere nada más que reanudar en dónde lo dejaron,
pero ¿puede protegerla de su falta de memoria antes de su accidente, de la incertidumbre y de la
duda que ella está sintiendo?

Ella encuentra un diario, evidentemente escrito por ella, y empieza a juntar algunas piezas, y lo que
descubre no es solo es impactante, sino que también la sitúa directamente en el camino del
5 peligro… de nuevo. Su feroz determinación para saber lo que le sucedió y el por qué, la coloca en
un rumbo que cambiará para siempre su vida y desbloqueará algunos recuerdos que son difíciles de
superar.

Sarah puede que nunca recuerde todo lo que le sucedió antes del “accidente”, pero sí aprenderá lo
suficiente para saber que estuvo a punto de morir, y que eso no fue un accidente.
Prólogo Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por ValeV

C uando pienso, o debería decir sueño, ya que el pensar requiere… pensar, de lo


que era antes de llegar a encontrarme en este estado. Me gusta imaginarme de
pie ante el calor de una luz brillante. Rodeada de un mundo lleno de color, sonido
y vida.
Esos eran los pensamientos a los que me era más difícil aferrarme.
Tenían una esperanza vida. Y me encontraba triste al darme cuenta, de que era una vida
inquietantemente corta. Aprendí que mientras más intentaba recordar esos pensamientos, más
rápido se desvanecían. Cada vez más y más rápido definitivamente.
Sin saberlo caminé arrastrando los pies, y fui tragada por una oscuridad misteriosa, que
rápidamente cubrió la tierra, como una puesta de sol a alta velocidad, impidiéndome en cuestión
de segundos ver más abajo de mis propios pies.

6
Es por eso que ahora me encuentro en un lugar muy solitario y casi siempre me pregunto,
¿por qué me hallaba aquí? ¿Por qué estaba sola? ¿Qué me había traído a este lugar? ¿Qué había
hecho?
Por tanto como puedo recordar he tropezado, mis brazos extendidos delante de mí,
tratando de percibir mi camino, sin nunca alcanzar un borde, una pared, una parada repentina;
siempre temiendo caer sobre esa orilla inminente.
Repetitivamente traté de apartar el velo de gruesas cortinas que bloqueaban la luz cálida,
solo para encontrar, para mi inmensa insatisfacción, que había otro grupo, igual de gruesas,
detrás de ellas. Era una tarea de nunca acabar, sin una recompensa.
Vacío.
Un vacío hueco.
Me encontraba atrapada en el interior de un mundo que no comprendía. Un lugar que no
deseaba entender.
Tuve mis momentos de claridad, pero eran de corta duración.
Vi a una mujer. De cabello largo castaño rojizo suelto, ojos verdes brillantes, labios cálidos
curvos, sonriendo, burlándose.
Vi a una niña corriendo en un campo, sus largas trenzas flotando en el aire detrás de ella
oscilando, enmarcando su rostro joven y hermoso, el sonido de su risa inquietantemente
doloroso.
También vi a un hombre, su descripción de alguna forma imprecisa, poco clara, mi única
certeza, era que su sonrisa me hacía sentir cálida y protegida.
Estas visiones se desvanecían más rápido, dejando un vacío en mi pecho que bien podría
competir con la grieta del Gran Cañón. Riachuelos de agua caliente goteaban por mi barbilla,
pero ni siquiera me molestaba en secarlos. Saboreé lo salado que tocaba mis labios. Lo
necesitaba para hacerme recordar un tiempo que no existía. No aquí al menos. Ya nunca más.
Eran pequeños fragmentos de una vida, la cual ni siquiera estaba segura de que fuera mía
y fácilmente podría ser expuesta como una fantasía. Venían a mí en los momentos más extraños.
Como destellos de luz, luz brillante y cegadora, antes de que la oscuridad eventualmente tomara
el relevo.
A donde esos fragmentos de recuerdos extraños se disolvían delante de mí mientras
intentaba alcanzarlos, tratando de aferrarme a un pequeño segmento de lo que alguna vez fui.
Los colores mezclados como acuarelas lentamente se disipaban, sangrando en la noche,
dejándome deseando algo.
Haciéndome querer algo.
Un sabor, un toque.
Al principio me cansé de luchar contra la oscuridad, batallaba para mantener mis ojos
abiertos. Temiéndole a lo que no podía ver. Sintiendo desesperanza.
Desesperada.
Sin tener esperanza.
Algo en mi interior, una fuerza o un deseo, pero aparentemente más como un recuerdo,
7 diciéndome que no siempre estuve sin esperanza. Pero cada vez se me hacía más difícil distinguir
la diferencia entre la luz y la oscuridad, la desesperanza y la esperanza, el miedo y la realidad.
Era controlada por una entidad y no me gustaba.
Incluso luchaba contra ella.
Luchaba contra la oscuridad suspendida con todo lo que alguna vez fui.
Cuando todos los pensamientos se detuvieron.
Cuando imploré por la luz esquiva.
Si fuera a ser sincera, tendría que admitir, que hay una parte en mí que no quería abrirlos.
A mis ojos.
Pero necesitaba colocarle un final a la película que continuamente se repetía en el interior
de mis párpados.
Era horrible. Terrorífica.
Me quedé tan quieta ante el aire pútrido que me rodeaba, horrorizada, viendo un cuerpo
rodando con indiferencia por un río difuso, estrellándose contra la orilla. Se partió cuando se
detuvo, deforme contra la dura superficie del terraplén. El fluido interno lentamente
dispersándose en el exterior extinguiendo el fuego de la vida, hasta que ya no existió.
Mi cuerpo empezó a temblar, a sacudirse, y el miedo se extendió por todo mi cuerpo
como un líquido diseminándose sobre la superficie seca, desapareciendo en las grietas del suelo
arenoso.
Cerré mis ojos con fuerza, llena de un pavor tan denso como la oscuridad.
Sí, traté de abrirlos, o al menos me dije que lo hice.
También me dije que era incapaz de hacerlo.
Me convencí de que se encontraban cubiertos con pegamento. Mis párpados pegados;
cerrados de forma indefinida al mundo a mí alrededor, sin dejar entrar ni a la más pequeña
partícula de luz.
Pero sé que era yo. Todo era mi culpa. No quería abrirlos.
Por alguna razón inexplicable, no quería dejar entrar a la luz que terminaría esta pesadilla.
Un eco extraño resonó en el interior de mi cabeza y mi pulso latió sin piedad en mis
sienes.
Constantemente luché con una erupción de emociones, algunas malas, otras peores, que
se abrían paso delante de mí, sin permitirme pasar, y me irritaban incesantemente; atrapada en
un cuerpo que no iba a responder.
Para mí era extraño, pero hubo momentos en los que tuve un fuerte deseo de extender
mi mano y agarrar a alguien del cabello si era necesario, a cualquiera, no tenía preferencia,
acercarlo lo suficientemente para que pudieran escucharme claramente susurrando “jódete, sigo
aquí”.
En cambio, yazco inmóvil, sola, inútil.
Una fina capa de sudor cubre mi cuerpo al tiempo que un sinnúmero de canciones de

8 cuna estúpidas y absurdas se reproducían una y otra vez en mi cabeza como una cinta atascada
en repetición.
El ir a la cama aplastó su cabeza, no pudo despertar en la mañana…
Todos los caballitos, todos los hombrecitos, no pudieron unir de nuevo a la muñeca rota…
El muerto, la muerte, el muerto, la muerte, ¿cuál eres tú? Piensa en ello por demasiado
tiempo y no serás ninguno de los dos…
Este extraño lugar que no entendía, no estaba ocupado con comodidad, y al mismo
tiempo, por extraño que parezca, tenía miedo de saber cómo llegué aquí.
Froté los lados de mi cabeza y sonreí por dentro cuando un estremecimiento, que
quemaba, seguido de una sensación de paz corrió por mis venas, emanando de mi abdomen,
lentamente arrastrándose hacia arriba a mi espina dorsal, o a falta de ella, hacia mi cerebro.
Liberando mi alma de regreso a este universo extraño, en donde chocaría sin rumbo contra las
barreras invisibles, deteniéndome efectivamente de pensar con coherencia. Enviándome otra
vez al estado de desapego; el cual, si fuera a ser honesta por completo conmigo misma, le daba
la bienvenida.
Dándole la bienvenida a la nada.
Sé que eso era lo que necesitaba para existir dentro de este lugar.
Una piel dura, y un ojo ciego.
Los minutos momentáneos de lucidez empezaron a estar más distantes entre sí.
La nada era más fácil que estar pensando.
Más fácil que luchar contra la ira creciente, el resentimiento, el pensamiento persistente
de que se suponía que yo no debería encontrarme aquí.
Que de alguna forma me estaba desvaneciendo y pronto dejaría de existir.
Más fácil que tratar de recordar.
Más seguro que la alternativa.
Más seguro que tratar de colocarle un nombre y un rostro a la razón por la que me hallaba
aquí.
Alguien trató de matarme.
O ¿lo habían hecho?

9
1 Traducido por Ana09
Corregido por MaJo MadHatter

B a bum, ba bum, ba bum, una y otra vez haciéndose eco en mi cerebro. Era casi
musical, manteniendo un ritmo perfecto con mi corazón. Los compases del ritmo
de los latidos me llevaron más y más alto. Se sentía como si fuera ligera como el
aire a la deriva de arriba abajo, y por encima y alrededor del universo, como una pluma perdida
en el viento; simultáneamente girando, volando y cayendo.
Mientras giraba sin rumbo a través de la atmósfera, tuve una idea… en realidad más una
pregunta que una idea.
¿He pasado por la membrana que separa la vida y la muerte?
¿Me encontraba atrapada en otro nivel de conciencia?
No tenía idea.
No lo sabía.

10 Lo que sí sabía era que aún me encontraba flotando, y había algo acerca de no tener que
pensar o sentir que era liberador. Eso me dejó reflexionando que este era un buen lugar para
estar.
Físicamente sentí que alguien levantó mi mano y la sostuvo. La calidez de su piel rodeaba
la mía. Su agarre era firme.
En la distancia escuché una voz; el sonido era como las olas en el mar, yendo y viniendo,
estrellándose. El murmullo tan enmascarado y tan indefinido en mis oídos que ninguna de las
palabras tuvieron sentido.
Pero el tono de la voz, la tensión, la confianza, de alguna forma era familiar. Como alguien
que me había contado una historia hace mucho tiempo.
No quería nada más que ser levantada de nuevo, de regreso a la deriva más arriba,
girando, flotando y nunca aterrizando. Eso era importante de alguna forma, nunca aterrizar.
Traté de abrir mis ojos, pero fui incapaz de hacerlo y me pareció divertido porque no me
importó. Realmente no me importó.
Mi cuerpo yació inmóvil por tanto tiempo, mientras mi mente me elevaba más y más alto,
me encontraba entumecida.
Traté de mover los brazos, o las manos, o siquiera mis dedos, pero mis pensamientos
estaban enfocados más en girar y en flotar, mis dedos cayeron al borde del camino, por ahora
olvidados.
Había una extraña sensación dentro de este loco vacío y por unos cuantos segundos, me
pregunté si me encontraba soñando. Después de todo, ¿ahora no estoy soñando?
Si tuviera que decir la verdad, en realidad me hallaba aliviada por estar desconectada. Me
gustaba el no tener que explicar nada. A pesar de que, el proceso completo de recordar u olvidar
era totalmente abarcador, inclusive abrumador. La única parte que no era reconfortante era la
advertencia, parpadeando constantemente como una señal intermitente, en la parte trasera de
mi cerebro, instándome a permanecer inmóvil. Diciéndome, que no debería dejarles saber que
los puedo escuchar. No debía dejar que nadie supiera.
Escuché la advertencia.
Sentí un peso, como una sábana cálida y pesada, envolviéndome lentamente,
cubriéndome de la cabeza a los pies, y le di la bienvenida al anonimato que me proporcionaba.
Quería desaparecer de nuevo en mi interior. Donde no había miedo, ni dolor, ni confusión.
Quería esconderme.
Lo hice.

***

No recuerdo cuando escuché de nuevo la voz; solo supe que se fue haciendo más y más
invasiva. Aparentemente me conocía y aunque la advertencia continuaba parpadeando dentro
de mi cabeza, yendo tan lejos como para empezar a gritar en voz alta ¡no contestes!, ¡no le dejes
saber a nadie que puedes escucharlos!
11 Me estremecí.
Creo que fue involuntario, pero no estaba segura.
Cuando traté de moverme, no tenía ningún control.
Unas manos suaves tocaron mi rostro; unos dedos recorrieron mi mejilla. Calmándome.
La mano aún mantenía su agarre en mi mano.
El tiempo pasaba tan despacio. Estaba segura de que no era de este mundo. Pero antes
de que pudiera sentirme cómoda con ese pensamiento, hubo una sensación de tirón y sentí un
dolor molesto en mi brazo.
¿Por qué no podían solamente dejarme en paz?
Todo lo que quería era ser dejada a solas en esta oscuridad llena de ruidos vacíos. Lo que
yo deseaba eran pensamientos en blanco. La simplicidad de girar y flotar se estaba volviendo la
norma y como una droga, era todo lo que necesitaba.
Sentí algo duro, para nada orgánico, ni parte de mi cuerpo, salir de mi organismo y sentí
un alivio momentáneo, pero fue de corta duración. Un nuevo pinchazo, algo afilado y frío,
perforó mi piel.
Me estaba empezando a frustrar; me encontraba realmente molesta mientras flotaba.
Luego una envoltura gruesa, limitante se enroscó alrededor de mi brazo, tirando con
fuerza de mi piel y sosteniendo algo en la parte interior de mi codo. Conté cada círculo que hizo
la venda. Una, dos, tres veces; y antes de que me diera cuenta, me encontraba recitando un canto
tonto mientras saltaba arriba y abajo, mi cabello girando alrededor de mi cara… un pensamiento
extraño. Una papa, dos papas, tres papas, cuatro, dando vueltas y vueltas, más y más. Estaba por
encima y por fuera. Arriba y abajo, en lo alto y de nuevo alrededor.
El ritmo palpitante latiendo en mi corazón estimuló a mis brazos, a mis piernas, a mis
dedos de las manos y a los de los pies con hormigueos que incendiaron a mi alma. El ritmo
empezó a aumentar, acelerándose, corriendo por mis brazos, hacia la punta de mis dedos. Me
encontraba aturdida por el alivio cuando el sentimiento de flotar de nuevo me envolvió. Fui
liberada una vez más en el aire con un soplo de aire, girando y sumergiéndome de nuevo.

***

Corrí.
Mi corazón palpitaba con mucha fuerza.
Mi pecho dolía por el esfuerzo.
Miedo.
El temor cubrió mi piel, y cada nervio de mi cuerpo se estremeció con una advertencia.
Me resbalé en la dura superficie y me deslicé en algo duro. El lado izquierdo de mi cuerpo
picó. Me di vuelta para mirar detrás de mí y vi una sombra. Era una sombra de un hombre
corriendo hacia mí.
12 Me alcanzó y sus dedos se apretaron alrededor de mi cabello jalándome hacia atrás de
un tirón, mi cuerpo chocó contra el suyo y pude oler su aliento fétido.
Empezó a reírse de nuevo, y sonreía de una forma extraña, malvada, mientras liberaba
mi cabello de su agarre y empujaba mi cuerpo hacia atrás.
Estaba cayendo. Rodando.
Me quejé con cada golpe violento que recibía mi cabeza.
Cada golpe en mi hombro, mi cadera y mi muslo causaron que gritara en agonía.
Sentí que mis dedos se rompían, como pequeñas ramitas, golpeándose contra una
superficie implacable mientras aferraba mis manos a mi cabeza en un intento de cubrir mis ojos
y mi boca.
En el segundo en que mi tobillo fue atrapado, torcido y roto, grité. Mi voz se hizo
infinitamente más pequeña, estaba segura de que nadie me oiría. Excepto el hombre. Su risa hizo
eco en mi mente y lloré mientras el dolor al rojo vivo me invadía, cegándome. Una humedad
pegajosa brotaba de mi cuerpo con cada golpe, cubriéndome con un sudor caliente que
rápidamente se volvió frío, rodeando mi cuerpo roto e inmóvil.
Gemí antes de sentir a la oscuridad envolviéndome en una espesura almibarada. Tan
espesa que me tumbó hacia al abismo, dispersando los pensamientos de mi mente fragmentada
y lanzándolos al viento. Ese fue el momento en el que empecé a notar que me encontraba
volando.
Los sonidos de una voz suave, una mujer hablando, bajo y en susurros mientras sostenía
mi brazo y acariciaba mi frente.
—Shhhh. Ahora todo está bien. Estás teniendo una pesadilla. Aquí nadie va a lastimarte.
Sostuvo mi mano hasta que los espasmos se detuvieron, hasta que paré de agitar mi
cabeza de lado a lado, hasta que dejé de moverme.
Lo que ella no sabía, y lo que no tuve el valor de decirle, es que alguien ya lo había hecho.
Alguien me lastimó.
Creo que alguien trató de matarme.
Solo que no sé quién, o por qué.
¿Por qué alguien querría lastimarme?
Estaba agradecida por la oscuridad. Los largos dedos enredándose me alcanzaron y me
derribaron. Metiéndome en la oscuridad tenebrosa que mantenía a mi cuerpo flotando en el
pequeño sitio. Me conservó nivelada y me arrullaba de regreso al vacío… sin sonido… sin
movimiento… solo la nada. Le di la bienvenida.
Pensé que era la muerte, pero no tenía miedo. Me sentí reconfortada por la ausencia de
sonido, recompensada por la tranquilidad.

13
2 Traducido por kuami
Corregido por Bibliotecaria70

—¿S arah? —La voz profunda del hombre era tranquila, aparentemente
reconfortante, pero también podía sentir un tono subyacente en ella.

Mantuve mis ojos cerrados. Algo acerca de la voz era… incómodo.


—Sarah, estoy aquí. —La voz sonaba muy preocupada. Podía sentir su aliento, caliente y
húmedo, a un lado de mi cara. Y por mucho que traté de permanecer inmóvil, no pude evitar mi
respuesta física... me estremecí.
Sarah.
Era una extraña sensación no saber quién eres o en dónde te encuentras; estaba
tranquila y asustada al mismo tiempo.
Quería abrir mis ojos.
14 Quería colocarle un rostro a la voz.
—Ella se está haciendo más fuerte señor Hunter.
Alguien se encontraba con él. Una mujer.
—Tiene que hacerlo.
Su voz era fuerte, no era una súplica. Era más bien una demanda.
—El doctor Hawkins ayer le realizó un EEG1. Confiaba en que podría despertar pronto
cuando vio la forma en la que estaba respondiendo su cerebro, pero no le diga que se lo dije —
dejó escapar una pequeña risita—. Su actividad cerebral se encontraba a un nivel mucho más
alto que la última vez que le hicimos las pruebas. Eso es una buena señal.
—¿Ha dicho algo? —La voz sonaba inquieta. Todo su tono cambió completamente, y
sonada como si hubiera caído una octava.
—No, no ha dicho ni una palabra. Solo unos pocos movimientos espasmódicos, los cuales
son de esperar.
—Oh. —Silencio—. Yo solo... solo esperaba que finalmente estuviera despertando.
—Está empezando a responder a los estímulos. Por lo general es la primera señal.
—¿El doctor cree... sabemos si aún será ella misma...? es decir, ¿si será como ella era?

1
EEG: electroencefalograma.
—A estas alturas es demasiado pronto para determinar eso. Pero los resultados del EEG
son una buena señal.
—Mmm.
—El cerebro es un órgano muy misterioso. Una lesión traumática, como la que Sarah
sufrió, puede ser muy complicada. No sería capaz de dar un pronóstico exacto.
—Así que en verdad no lo sabe…
—En este punto ha sanado tanto como puede, solo tenemos que esperar y observar.
Como le he dicho, el cerebro se cura de forma diferente al resto del cuerpo. Sus huesos y
contusiones han sanado en su mayor parte, pero el cerebro… bueno, el cerebro se toma su
propio tiempo. Podría haber una pérdida de memoria. Lo importante no lo sabremos hasta que
despierte.
—¿Quiere decir que puede que no recuerde nada? —¿Eso era esperanza?
—Ese es uno de los misterios del cerebro, puede que no recuerde nada del accidente, o
puede recordarlo todo. Tenga paciencia. El doctor Hawkins es uno de los mejores en su campo.
—¿Cuándo lo sabremos?
—Cuando Sarah esté preparada, ella misma nos lo hará saber.
—Gracias.
—No se preocupe señor Hunter, está viva... que es lo más importante en este momento.
15 —Pero quiero que regrese mi Sarah.
¿Mi Sarah?
—Señor Hunter recuperará a Sarah. Piense en lo que casi le sucedió. Tiene que agradecer
la oportunidad de poder crear nuevos recuerdos.
—Lo siento, tiene razón. Está viva. Eso es lo más importante.
—Es una mujer muy fuerte.
Sentí que alguien levantaba mi brazo y envolvía su mano a mí alrededor. Respiré
profundamente y me estremecí. El apretón en mi brazo inmediatamente se aflojó.
—No tenga miedo, mientras empieza a salir del coma. Su cuerpo estará reaccionando
extrañamente, señor Hunter sea paciente.
—Gracias. Gracias enfermera... Westley.
—Es Doctora Westley. —Oí zapatos golpeando el suelo—, y tiene el puesto de control de
enfermeras, si me necesita.
—De acuerdo…y gracias.
Pude sentir que algo no estaba bien, incluso a través de la espesa bruma que me abrazaba
protectoramente.
¿Quién era este hombre?
¿Quién era para mí?
Afortunadamente, mi mente y mi cuerpo se encontraban agotados, me di la vuelta y giré,
yendo a la deriva de regreso al cálido vacío en donde hallé consuelo en la oscuridad; no muy
segura de si alguna vez estaría lista para despertar.

***

—Ahhhhhhhhh. Paaaaaraaaaaaaaa —grité una y otra vez. Pero el dolor no se detenía.


Las garras gélidas no me dejaban mover. Traté de agitarme, pero las implacables garras
acariciaban la piel de mis tobillos y mis muñecas. Los fuertes ruidos hacen eco una y otra vez
dentro de mi cabeza, retumbando a través del pequeño sitio. Rebotando en los lados, arriba,
abajo, aparentemente directamente a través de mí.
Estaba siendo enterrada viva y no podía escapar.
Mis dedos buscaron algo para lanzarle a los fuertes golpes, pero mis brazos dolían
mientras tiraba de ellos en vano.
Mi cuerpo temblaba. Era como si alguien me hubiera alzado y me hubiera dejado caer
hacia la dura superficie fría, y entonces el ruido desapareció. Imponiéndose de nuevo el silencio.
Las frías vendas liberaron mis manos y mis pies, y la superficie debajo de mí se movió
lentamente, como un cajón siendo abierto. Mientras mi cuerpo salía de la tumba, el frío en el aire
me atacó, primero mis pies y mis piernas, subiendo hasta mis hombros. Fue impresionante. Pero
16 nada me preparó para la intensidad ardiente de las luces brillantes que perforaban mis párpados.
Los apreté fuertemente, pero el dolor persistió.
Había un murmullo distante.
Oí algo.
Voces.
Se acercaban.
Pude oírles hablando cuando se acercaron, hasta que estuvieron casi encima de mí.
—Ahhhhhh. —Me escuché a mí misma gritando, el sonido haciendo afuera de las
paredes de mi mente.
—¿Sarah? —llamó una suave voz.
—No —respiré.
—Sarah. Intenta abrir los ojos para mí —pidió, su tono persuasivo pero severo.
Negué con mi cabeza, y los latidos acelerados en mi interior aumentaron, el dolor
implacable. Sentí la humedad de las cálidas lágrimas a ambos lados de mi rostro.
Una pequeña mano tocó la mía y la sostuvo firmemente.
—Sarah necesito que intentes abrir los ojos.
Articulé un "no".
—Por favor Sarah, sé que sientes dolor, pero en breve habrá desaparecido. Te he
administrado medicación para aliviar el dolor en tu cabeza, pero necesito que trates de abrir tus
ojos para mí. Por favor Sarah.
Momentáneamente estuve enojada conmigo misma por sucumbir cuando lentamente
abrí mis ojos. La sala había sido oscurecida.
Era difícil concentrarse.
Una imagen borrosa de un rostro se cernía sobre mí, rodeado de una niebla marrón y
mientras mis ojos lentamente se enfocaron, pude distinguir sus rasgos un poco más. La neblina
marrón era su cabello. Su sonrisa era cálida. El alivio en sus ojos marrones era evidente.
—Sarah es bueno tenerte de vuelta.
Su sonrisa era genuina.
Abrí mi boca para hablar, pero las palabras salieron no más altas que un susurro.
—Dónde…
—Te encuentras en el Hospital de la Misericordia. Tuviste un accidente. Pero vas a estar
bien.
Dijo las palabras muy despacio, de forma deliberada, permitiendo la información fuera
asimilada.
—¿Qué pasó? —hablé tan lentamente que mis palabras salieron de forma
17 incomprensible.
—Caíste por las escaleras y te lastimaste la cabeza.
De nuevo, habló despacio para mi beneficio.
—¿Entiendes lo que te he dicho?
Asentí ligeramente.
—Bien. —Se dio la vuelta y levantó una manta, colocándola encima de mí—. Aquí tienes.
Hace bastante frío. ¿Mejor?
Asentí. La cálida manta me incitó a volver a mi agujero, induciéndome a dormir, tenía mis
ojos pesados y mi cuerpo lánguido.
—Llevémosla de regreso a su habitación para que pueda descansar.
—Llamaré al doctor Hunter. Dio instrucciones explícitas de ser llamado cuando abriera
los ojos. —La voz llegó desde la esquina, su imagen era borrosa. No fui capaz de distinguir su
cara.
—Yo llamaré al señor Hunter enfermera.
—Sí, doctora.
Me tomó de la mano y se inclinó cerca de mi oído.
—Sarah, vendré a verte más tarde. Después de que hayas descansado un poco. Mi
nombre es Westley, la doctora Westley —levantó su mirada pensativamente—. Creo que te
daremos un poco más de tiempo para que te adaptes a estar despierta antes de que llamemos
al señor Hunter —dijo la segunda parte más para sí misma que para mí.
Apreté su mano y presionó la mía en respuesta.
La última cosa que recuerdo es estar moviéndome. Deslizándome. Los sonidos de pitidos
y zumbidos de las máquinas se desvanecieron en el fondo, sonando más bajos mientras daba
vueltas.

18
3
Traducido por Ana09 & MaJo MadHatter (SOS)
Corregido por Vannia E.

A brí mis ojos vacilantemente.


Me encontraba sola.
La habitación estaba tenuemente iluminada. Entrecerré mis ojos
mientras trataba de concentrarme en los números parpadeantes de la máquina al lado de donde
me hallaba acostada, pero los números me confundían y cerré mis ojos con fuerza. Al mirar la
pared con ventanas, pude observar que afuera estaba oscuro. Volteé mi cabeza y fui capaz de
distinguir la silueta de dos sillas, una gran pantalla de televisión colgaba encima del reposapiés y
había dos puertas contra la pared del fondo.
Una puerta tenía una pequeña ventana y podía ver las siluetas de las personas mientras
pasaban caminando rápidamente. La otra puerta se hallaba cerrada.
Estaba sedienta. Mi boca se encontraba tan seca. Recorrí con mi lengua la superficie de
mis labios. Se sentían ásperos y secos.
19 La puerta se abrió e instintivamente cerré mis ojos. Respirando lo más uniformemente
posible, me quedé quieta.
Una pequeña mano revisó mi brazo y mis manos, ajustando los tubos. Escuché lo que
sonó como unas puntas de dedos golpeando sobre una superficie dura, cada golpe acompañado
de un pitido grave. Luego, quien sea que haya sido, caminó alrededor de la cama. Oí pisadas,
mientras cruzaba la habitación.
Permanecí quieta. Escuché lo que sonaba como agua corriendo brevemente, luego pasos
de nuevo mientras se aproximaban a mí. Noté que mi sábana estaba siendo subida más alto.
Unos pocos minutos después, oí pasos alejándose y los sonidos del pasillo durante unos
segundos antes de que la puerta se cerrara.
Silencio.
Mantuve mis ojos cerrados y me quedé quieta por unos minutos, tratando de respirar de
manera uniforme.
—¿Sarah? —Una voz suave me llamó.
Salté.
No había escuchado que la puerta se abriera.
Lentamente abrí mis ojos.
—Ahí estás. —Me sonrió. Pisó algo debajo de la cama y esta empezó a levantarse,
lentamente subiendo mi cuerpo a una posición de sentado a medias. Alzó una jarra y vertió lo
que parecía agua en un vaso. Levantó el vaso, con una pajilla colgando de la parte superior, y la
sostuvo en alto—. Debes estar muy sedienta. —Llevó la pajilla hacia mi boca y empecé a beber.
—Lentamente. Bébela despacio. Tu estómago no ha estado acostumbrado a tener nada
dentro por un largo tiempo. No queremos que tengas calambres.
Bebí un trago largo y solté la pajilla entre mis labios.
—Gracias. —El sonido de mi voz, áspero y grueso, era extrañamente familiar.
—De nada. ¿Crees qué te sientes lo suficientemente bien como para tratar de tomar un
poco de caldo? ¿Tal vez algo de gelatina? —Sonrió.
—Eso. Me. Encantaría. —Las palabras salieron entrecortadas. Traté de sonreírle en
respuesta, pero me encontraba bastante segura de que lucía ridícula. Se sentía como si no tuviera
control sobre mi boca.
—Bien. —Levantó el teléfono y marcó un número—. Sí, hola… esta es la doctora Westley
en Neuro, por favor traiga una bandeja líquida a la habitación 1414… y coloca algo extra de
gelatina en ella. —Me guiñó un ojo.
—Gracias —murmuré, apenas audiblemente.
—Sé que debes tener un montón de preguntas, pero creo que sería mejor si hablamos
mañana cuando estés un poco más lúcida. Revisaré lo que te ocurrió y las heridas que tuviste,
pero primero solo quiero que intentes hacer unas pocas cosas para mí ¿de acuerdo?

20 Asentí.
—Bien. Quiero que levantes un brazo a la vez. Así. —Alzó su brazo hasta que se encontró
a la altura de su hombro—. Si en cualquier momento duele, necesitas parar. De acuerdo.
Empecemos con tu brazo izquierdo.
Me tomó un poco de tiempo el averiguar cuál brazo era el izquierdo, pero entonces
lentamente empecé a levantarlo. Podía sentir temblando a mis músculos. El moverse fue extraño
y pude sentir la tensión. Todo mi cuerpo se sentía como una máquina oxidada que necesitaba
aceite.
—Muy bien. Ahora tu brazo derecho.
Empecé a levantar el mismo brazo y ella sonrió.
—Tu otro brazo derecho —se echó a reír.
Bajé ese, y entonces empecé a levantar el derecho, el brazo correcto.
—Excelente. Qué te parece si tratamos de levantar tu rodilla —Colocó su mano en mi
tobillo y lentamente lo elevó—. Muy bien. Ahora, la otra pierna.
No me tomó más que unos pocos centímetros antes de que un fuerte dolor recorriera
toda la longitud de mi cuerpo en el lado derecho. Grité.
—De acuerdo. Eso está bien por ahora. Te lesionaste la pierna derecha cuando caíste, así
que esa por un tiempo se hallará un poco rígida.
—¿Siempre dolerá de esta forma?
—Lo sabremos mejor cuando empieces tu terapia física, pero creo que solo estás un poco
rígida por no mover los músculos durante mucho tiempo.
La puerta se abrió y entró una joven cargando una bandeja.
—Solo colócala en la mesa para las bandejas. Gracias —le instruyó la doctora Westley.
La joven sonrió dulcemente y salió, echando un vistazo hacia atrás antes de desaparecer
detrás de la puerta cerrada.
Eso fue extraño.
—Sarah eres nuestro milagro.
No me había dado cuenta de que lo había dicho en voz alta.
Ella rió.
—Aquí, déjame ayudarte con esto —quitó la parte superior del caldo y usando la cuchara,
colocó una pequeña cantidad en mi boca.
Creo que era pollo, de alguna forma sin sabor, pero mi estómago se sentía como si
estuviera crispándose sobre sí mismo e inexplicablemente me encontraba hambrienta. Me tomó
un momento, pero terminé el caldo y me las arreglé para beber algo de té común.
—Ahora vamos por las cosas buenas —sonrió.
Quitando la parte superior de la gelatina, tomó una cucharada llena y la llevó a mis labios.
Abrí mi boca y cerré mis ojos. La textura del postre saltón se sentía extraña en mi lengua.
—¿Está bueno? —preguntó.

21 Asentí.
Debí haber estado sonriendo, porque ella lo hacía ampliamente mientras me daba otra
cucharada.
Cereza creo.
Después de terminar, tomé una respiración profunda.
Levantó otra cucharada de gelatina. —¿Más?
—No gracias, creo que por ahora estoy bien.
—Bien. Lo dejaré aquí con la cuchara extra en caso de que tengas hambre en la noche.
—¿Crees qué podría molestarte por un poco de Vaselina o algo? Mis labios se sienten
como grava.
—Veré que se me ocurre —salió por la puerta y a los pocos minutos estaba caminando
de vuelta trayendo un labial para protección nuevo en sus manos. Abrió el paquete y pasó una
capa de labial sobre mis labios secos.
—Gracias.
—Con mucho gusto. ¿Puedo traerte algo más?
—¿Mi memoria?
Se rió. —Si solo fuera así de fácil. Sin embargo tengo curiosidad; ¿tienes algún recuerdo
de lo que pasó?
—No, no lo tengo y cada vez que dices ese nombre me siento algo confundida —hablé
más despacio de lo que quería, y eso me frustró.
—Has estado dormida por mucho tiempo, no te preocupes mucho. Esto es de esperarse.
—No me gusta.
—Dejaré que descanses. Fue un gran día para ti. Te revisaré de nuevo más tarde.
—Gracias por la gelatina extra. Creo que recuerdo que me gustaba. —Sonreí.
—¿A quién no le gusta la gelatina? —Se rió.
Pisó el pedal y bajó la parte de atrás de la cama un poquito. Estaba exhausta, pero eso
no me impidió obligar a mi cerebro a tratar de recordar algo… cualquier cosa. Con todo lo que
terminé fue con este gigante dolor de cabeza y mil preguntas más. Pero tenía que admitir que se
sentía bien estar fuera de la oscuridad, aunque estaba muy pero muy asustada.
Me dormí rápidamente.

***

Corría. Mi corazón latía tan fuerte, mi caja torácica dolía y estaba convencida de que
golpeaba directamente a mi pecho. Apenas podía respirar. Una inyección de adrenalina circulaba
a través de mis venas, dándome la fuerza para que mis piernas siguieran moviéndose. Giré y corrí
dentro de una habitación. Mirando alrededor frenéticamente para encontrar un lugar en donde
esconderme.
22 Armario.
No.
Bajo la cama.
No.
Una gran silla mecedora con una manta lanzada sobre ella colocada en la esquina. Me
deslicé por detrás y me acurruqué por debajo, jalando la manta sobre el respaldo hasta que nada
podría ver mis piernas y ni mis pies. Agarré el peldaño de la silla; lo sostuve firmemente tratando
de estabilizarlo.
Oí pasos fuertes en la distancia.
La voz de un hombre se alejó por el pasillo. No podía descifrar lo que estaba gritando,
pero podía oír la ira en su voz y empecé a temblar. El sonido de sus zapatos pisando fuerte sobre
la superficie de madera dura, me dijo que se estaba acercando. Limpié el sudor que corría por mi
cara hasta mis ojos, esparciéndolo por mis mejillas. Brevemente miré hacia abajo y vi sangre en
mi mano y sofoqué un jadeo.
Los pasos ahora estaban muy cerca. Entonces se detuvieron justo afuera de la puerta.
Contuve mi respiración y cerré mis ojos con fuerza, como si eso pudiera en alguna estúpida forma
impedir que él me viera. La puerta chilló desafiante mientras era empujada hasta que quedó
completamente abierta, golpeando con el tope de la puerta. Casi salté, pero me quedé quieta. Mi
cuerpo se encontraba tan tenso que dolía. No podía verlo desde mi posición detrás de la silla,
pero podía sentir que estaba ahí. El hombre sin cara que trataba de lastimarme.
Lentamente levanté mi mirada y vi una sombra oscura observándome. Grité, y grité. Me
detuve abruptamente cuando escuché las risas. El sonido se escuchó por toda la habitación. Se
rió como si acabara de ganar un juego de escondidas. El sonido hizo que me estremeciera. La risa
maniaca era ensordecedora.
Mis ojos se abrieron de golpe.
Estaba jadeando y me encontraba demasiado débil para sentarme. Mi mano voló hacia
mi pecho en un intento de calmar el latido de mi corazón y mi respiración dificultosa.
Una enfermera vino corriendo a mi cuarto y apretó un botón del monitor a mi lado.
Sentí la cama temblando debajo de mí y supe que era porque mi cuerpo entero lo estaba
haciendo. Me encontraba aturdida y mareada por respirar con tanta dificultad. Agarré las
barandas laterales de la cama y traté de sentarme.
La enfermera colocó sus manos sobre mis hombros.
—Está bien, querida. Solo tuviste una pesadilla. Estás bien. Recuéstate. Está bien.
Recuéstate.
—¿Él está aquí?
—¿Quién está aquí? ¿Estás bien querida?
—¿Pesadilla? —pregunté con mi voz vacilante. Respiré mientras miraba por encima de
mi hombro, buscando al hombre en el cuarto.

23 —¿Puedo traerte algo? ¿Quizás agua?


—Sí. Agua por favor.
Mi cuerpo aún estaba temblando, pero mi respiración empezó a ralentizarse.
Sostuvo la taza para mí y tome un largo trago, bebiendo más rápido de lo que podía
tomar y empecé a toser.
—Demasiado de una vez. Mira hacia arriba.
Lo hice y la tos seca lentamente se detuvo.
—Tu cara está enrojecida. ¿Te sientes bien? —preguntó mientras tomaba algo de la mesa
y lo sostenía contra mi frente. Me estremecí—. Solo estoy revisando para ver si tienes fiebre. —
Sostuvo la tira en su lugar por algunos segundos y la miró—. Nop. Nada de temperatura. Trata
de descansar un poco. Has tenido un día muy ocupado. —Me miró de nuevo cuando llegaba a la
puerta—. Trata de relajarte, fue solo un sueño.
Solo asentí.
Fue más que un sueño para mí. Fue un recuerdo, creo.
—Es bueno tenerte de vuelta con nosotros Sarah —dijo mientras estaba de pie en la
puerta.
—Gracias —dije en nombre de Sarah.
4
Traducido por GIGI y MaJo MadHatter
Corregido por Yani

—¿C ariño tienes hambre? Tengo huevos revueltos y un poco de té —me dijo
una mujer en uniforme azul mientras descargaba una bandeja y
empujaba la mesa hacia mí.
—Sí, tengo hambre —me asombraba cuán famélica me encontraba.
Pisó el pedal y la cama se levantó hasta dejarme en una posición sentada. Sentí que la
sangre dejaba mi cabeza rápidamente y me sorprendió lo mareada que estuve durante algunos
minutos.
—¿Así está bien?
—Sí.
—¿Necesitas ayuda?
24 —No, creo que puedo hacerlo.
—¿Hay algo más que necesites? —preguntó sin emoción.
—No, gracias —susurré.
Levantó la bandeja de la noche anterior y se fue, desapareciendo detrás de la puerta que
se cerró despacio.
Me alegré de tener tiempo para mí, para adaptarme a esta nueva realidad. Afuera la
oscuridad dio paso a la luz, seguramente estaba amaneciendo.
Agarré la esquina de la mesa y me las arreglé para acercar más la bandeja, luego quité la
tapa que cubría el plato.
Tomé una cuchara, pensando que lo más probable es que tuviera más suerte con ella que
con el tenedor.
Mi torpeza era casi cómica. Puede ser que también tuviera dos manos izquierdas.
Finalmente me las arreglé para conseguir un buen agarre en la cuchara, pero el verdadero truco
resultó ser conseguir llevar los huevos del plato a mi boca.
Era frustrante, pero me las arreglé para reírme de mi intento. Miré hacia abajo y descubrí
que la mitad de los huevos se encontraban en mi regazo.
Oí la puerta abrirse lo que hizo que levantara mi mirada.
—¿Sarah? —Su voz era fuerte, pero vagamente familiar. Quería cerrar los ojos y darme la
vuelta, pero no podía.
Me di cuenta de que era hermoso.
Simplemente hermoso.
El hombre más hermoso que jamás había visto, por lo que podía recordar, lo cual era un
total de cuatro minutos.
Era alto, de hombros anchos, con cabello negro como la noche, y los ojos azules más
penetrantes que había visto, y estaba de pie junto a la puerta, con flores en su mano.
Tenía una gran sonrisa, mostrando unos dientes blancos perfectamente rectos, y mi
corazón latió más rápido ante la mera visión de él. Estaba vestido con un traje azul oscuro, camisa
azul clara y una corbata índigo que solo intensificaba el color de sus ojos.
—¿Quién eres? —mi voz temblaba.
Rápidamente colocó las flores sobre la mesa y se acercó hasta donde me encontraba en
la cama.
—Aquí, déjame ayudarte con eso —tomó la servilleta y limpió los huevos que había
dejado caer en mi regazo. El hecho de que sus manos me tocaran de una manera tan íntima no
me pareció demasiado extraño. Sin embargo, era inusual lo familiar que olía; una mezcla de
jabón, aire libre y a masculinidad. Era casi embriagador.
—Soy yo, Sarah. Brad. ¿No te acuerdas de mí? —El dolor que brevemente envolvió sus
perfectas facciones fue evidente. Y esas facciones... Dios santo, todo lo que podía pensar era ¡oh
por Dios!
Una mandíbula firme, pestañas negras espesas, cejas perfectas y labios... labios que eran
25 excelentes... y por excelente, me refiero a besables. Me encontré lamiendo mis propios labios
inconscientemente. Si no fuera por el sabor de cera en mi lengua, ni siquiera habría notado que
lo hice. Me sonrojé.
—No te lo tomes demasiado personal, tampoco sé quién soy —dejé escapar una
pequeña risa forzada.
—Está bien —acercó una silla, arrastrándola cerca de la cama y se sentó, luego con una
mirada triste en sus ojos, continuó—, eres Sarah Williamson, y yo soy Brad... Bradley Hunter. No
sé si son demasiadas cosas, demasiado pronto, pero estamos comprometidos para casarnos, por
lo que eso te hace mi hermosa prometida.
El sonido del grito de asombro que se me escapó probablemente se oyó en el pasillo.
—No estés tan horrorizada, tampoco soy tan mal partido.
—No es eso —miré a la pared, tratando de encontrar las palabras que quería utilizar,
pero era evidente que la pérdida de memoria tenía su desventaja—. Me está costando mucho
acostumbrarme al hecho de que mi nombre sea Sarah. Cada vez que alguien me llama así, me
siento frustrada porque no sé ni mi propio nombre. Ahora me dices que estoy comprometida
contigo. Un hombre que no conozco... o no reconozco. Es solo un poco demasiado para
entender, y me tomó por sorpresa.
—Entiendo —se veía un tanto melancólico.
—¿Cuánto tiempo llevo, um, estando…desconectada?
Debí parecerle ridícula porque sonrió con esa sonrisa de infarto y perdí todo el tren de
mis pensamientos.
—Has estado “desconectada” un poco más de cinco semanas. De hecho, cinco semanas
más dos días para ser exactos —volteó su cabeza y fijó sus ojos azules en los míos.
—¿Tanto tiempo? —tartamudeé—. ¿He estado yaciendo aquí durante cinco semanas?
—No en este lugar. Estuviste en cuidados intensivos durante más de dos semanas. Luego
te pusieron en la sala de recuperación durante más de una semana. Y finalmente aquí.
—Has venido a verme, quiero decir, ¿me visitas con frecuencia?
—Todos los días —dijo simplemente.
—Oh.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, y luego continuó antes de que pudiera formular una
respuesta—. No puedo creer que realmente esté sentado aquí y que estés hablándome. He
orado mucho por este día y ahora que llegó, no sé qué decir. Tengo que admitirlo, me siento un
poco tonto.
Él sonrió.
Mi corazón se aceleró.
—Me siento débil. Soy torpe. No puedo sostener una maldita cuchara para salvar mi vida
y no puedo colocarle un rostro a mi propio nombre —me miró con curiosidad—, no tengo ni idea
de cómo me veo. Es todo tan confuso, mi cabeza da vueltas. Y en tres minutos, he descubierto
que estoy comprometida para casarme, tengo un apellido tan extraño para mí como mi

26 nombre... y estoy enojada conmigo misma por no ser capaz de recordar. Familia. ¿Tengo una
familia?
—Sí. Tu madre, quien también ha venido a verte todos los días, su nombre es Veronica
Williamson. Tu padre, murió antes de tu accidente. No tienes ningún hermano. —Levantó la vista
hacia el techo y sus ojos se entrecerraron. Me di cuenta de que estaba hablando muy despacio,
como si al hacerlo me ayudaría a asimilarlo—. Tienes tres primos, hijos de Kate, la hermana de tu
madre; Lucy, a quien eres muy cercana, ha venido a verte varias veces, Michael, su hermano
mayor y Nicholas, su hermano menor. Tienes una gran relación con él. Lo llamas tu hermanito.
—Se rió entre dientes mientras negaba con la cabeza.
—Es tan extraño no saber nada de esto. Parece que todo fuera nuevo para mí. Como si
estuvieras creando mi vida mientras yazco aquí... —Mi voz se fue apagando.
—Y en cuanto a cómo luces. Eres hermosa. Tienes un cabello largo castaño rojizo, con
grandes... espera un segundo —se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño. Oí algunos
estruendos y gruñidos, pero regresó del baño trayendo exitosamente un espejo.
Me miró, como preguntando si estaba lista, asentí. Así que colocó el espejo frente a mí y
miré a la desconocida reflejada, mirándome.
—Y tienes los ojos verdes más hermosos que he visto en mi vida —terminó.
Extendí la mano y toqué el espejo como si estuviera tocándome. No me imaginaba así.
Realmente no me imaginaba de ninguna manera, pero esto era totalmente ajeno a mí.
Tenía un nido de ratas por cabello, una tez pálida y grandes círculos negros bajo mis ojos,
está bien, debo admitir que me gustaba el color de mis ojos. Un poco, verdoso. Pero mi cara,
vaya, sigue siendo extraño darse cuenta de que esta era mi cara, estaba demacrada, cadavérica
y verdaderamente nada muy bonita en absoluto.
—Soy fea —susurré.
—Definitivamente no eres fea. Tienes que darte cuenta que has estado en... has estado
durmiendo durante mucho tiempo.
—Puedes decir coma. Está bien. Lo sé.
—Coma —murmuró, casi para sí mismo.
—¿Sabes lo que me pasó? ¿Cómo llegué aquí? —pregunté.
Se sintió como que me tomó un minuto el decir cada frase. Estoy segura de que no fue
el caso, pero se sentía como si hubiera sido así.
—¿Por cuánto tiempo nos hemos conocido? ¿Comprometido? ¿Tienes alguna prueba de
que soy lo que dices, y de que somos… hay cualquier cosa que puedas mostrarme… algo?
—Puedo hacerlo. —Lucía de alguna forma recuperado. Sorprendido de que no acabara
de confiar en él y de que no le tomara la palabra—. Puedo contarte todo lo que sé. Puedo…
tengo que… sí, puedo probar todo lo que has preguntado. —Miró hacia el piso y luego levantó
su mirada de nuevo hacia mí—. Pero lo siento, no sé cómo… cómo sucedió esto. Quiero decir, lo
que te ocurrió. Todo lo que sé es que llegué a casa del trabajo para encontrarte… —Negó con
su cabeza y se puso de pie bruscamente caminando hacia el otro extremo de la habitación… creo
que escuché un flujo de blasfemias entre sus labios apretados. Parecía enojado, y era aterrador.
Comencé a temblar.

27 —Me estás asustando —dije, mi voz baja.


Se dio la vuelta para enfrentarme. —Llegué a casa para encontrarte tirada en el suelo.
Jesucristo, pensé que estabas muerta —su rostro en verdad palideció—. No estuve allí para ti. Si
me hubiera encontrado allí podría haberlo evitado.
Su rostro se tornó rojo y pude ver que se encontraba claramente agitado.
—No recuerdo nada de lo que acabas de decir. ¿Me caí?
No quería decir nada acerca de los sueños que había estado teniendo. En este momento,
no sabía en quién podía confiar. Aún no.
—Nadie lo sabe. La policía investigó pero no encontró nada concluyente.
—Hubo una investigación —sentí un escalofrío bajar por mi espalda.
—Sí. Insistí en ello. Sarah, tú no eres una persona torpe. Jamás “te caes”. Siempre fuiste
activa, atlética. Te encontrabas en excelente forma. Corrías todos los días. Jamás te caíste —su
voz era fría, tensa y podía decir que estaba ocultando algo, lo que me hizo sentir aún más inquieta
que antes.
Extendió sus manos y agarró las mías entre las suyas. Estoy segura de que era para
consolarme, pero hizo todo lo contrario.
—Lo siento por asustarte. Solo me encuentro enojado conmigo mismo por no haber
estado allí.
—Entiendo —lo hacía, pero no quería que se enojara más—. ¿Qué más? Quiero decir,
¿qué ocurrió después?
—Hoy, más tarde, los doctores vendrán a hablar contigo.
Se acercó, desenvolvió las flores, y las llevó hasta un jarrón que se encontraba situado
sobre el alféizar de la ventana en el baño. Escuché al agua corriendo. Después de un minuto o
dos, salió y colocó el jarrón en la mesa a mi lado.
—Tus favoritas —sonrió a medias—. Amabas cada vez que te llevaba a casa un arreglo
de flores. Siempre decías “las margaritas sencillas no obtienen el crédito que deberían”.
Miré las flores; pétalos blancos puros rodeados por un centro amarillo brillante.
Pequeñas flores blancas se extendían aquí y allá, añadiéndole más resplandor al fondo de hojas
verdes. El arreglo de margaritas me hizo sonreír. No entendía el por qué, pero agarraron el
nerviosismo que se había estado formando en la habitación y lo borraron.
No sé la razón por la que me estaba sintiendo tan inestable, solo se lo podía atribuir al
hecho de no poder recordar nada y de encontrarme paralizada por la oscuridad instalada en mi
cerebro.
No creí que no recordar nada podría ser tan aterrador. Inclusive terrorífico. Empiezas a
mirar a todo el mundo como tu enemigo porque no sabes en quién puedes confiar. Y en este
punto, era incapaz de hacer esos juicios.
—De todas formas, después de tu terapia física, cuando digan que te encuentras bien
para irte, planeo llevarte a casa. A nuestro hogar —debió haber visto la mirada de asombro en
mi rostro—. He estado haciendo un montón de investigación acerca de tu condición, y entiendo
completamente los miedos que tienes —miró de nuevo hacia el techo, como si las palabras que
buscaba se hallaran escritas allí—. Sarah lo último que quiero para ti es que te sientas tensa,

28 nerviosa o incómoda. Cuando vayamos a casa, tendrás la habitación principal para ti sola y yo
tomaré una de las habitaciones para invitados —sonrió tímidamente—. Solo cuando te
encuentres lista, cuando pase algo de tiempo, con suerte tus recuerdos volverán. Tal vez
entonces podamos regresar las cosas a lo que solían ser, y continuar en donde lo dejamos.
Sentí el calor subiendo por mi cuello hacia mi rostro y sonreí incómodamente.
Me sonrió con torpeza y juro que mi corazón dio un vuelco.
Agradecía que fuera así de considerado con mis sentimientos, y que de alguna forma
entendiera mi necesidad de sentirme segura hasta que estuviera más a gusto. Estaba agradecida
de que fuera paciente y no se hallara presionándome de ninguna manera para ser alguien que no
recuerdo.
Por supuesto, sería perturbador el tener a un extraño en mi cama, inclusive un hermoso
extraño con el que me encontraba comprometida. Y claro está, había una parte de mí que
esperaba recordar todo para así “poder continuar en donde lo habíamos dejado”, pero en
cualquier caso, pienso que tenía muchas ganas de salir de aquí. No creía que a “Sarah” le gustaran
los hospitales, y aunque me hallaba un poco inquieta acerca de ir a “casa”, por el lado bueno,
tenía la esperanza de que eso refrescara uno o dos recuerdos. Deseaba tanto sentir que
pertenecía a algún lugar. Para conocerme a mí misma, y saber quién soy.
Incluso con el elefante en la habitación, supongo que podría haber sido peor. Podría
haberse encontrado un trol en esa silla contándome que era mi esposo. Me reí a carcajadas.
—¿Qué? —sonrió—, hazme partícipe, ¿qué es tan gracioso?
—Solo estaba pensando acerca de lo aliviada que me encuentro de que no seas un trol
dándome la noticia de que éramos marido y mujer… no sabría la diferencia.
—Bueno… tomaré eso como un cumplido, por extraño que sea —se rió entre dientes.
—Buen plan —dije.
Recosté mi cabeza y cerré mis ojos. Esta cosa de conversar minó toda la energía que tenía
y de repente me di cuenta de lo cansada que estaba.
—Querrás descansar un poco. En breve vendrá tu mamá. En este momento se encuentra
de regreso de los Hamptons, y está muy ansiosa por verte.
—¿Hamptons?
—Sí, tenía que asistir a una beneficencia, pero una vez que recibió mi llamada diciéndole
que habías despertado, ella… bueno, gritó en mi oído y dijo que iba a regresar —miró hacia su
reloj—, lo que, conociendo a tu madre, significa que dentro de una hora estará aquí.
—Oh Dios —pude sentir que mi boca se abría.
—De verdad no deberías preocuparte, puede ser un poco animada, y Dios sabe que la
audición en mi oído izquierdo no ha regreso por completo, pero te ama mucho.
—Ahora estoy algo así como asustada —sonreí.
—No lo estés, Veronica es una maravillosa mujer y madre.
—Gracias por la advertencia —como que sonreí, creo.
—Te dejaré descansar antes de que llegue. Regresaré después con algo de cenar.

29 Ahora eso llamó mi atención.


—¿Comida?
—Sí —rió—, la cena por lo general incluye comida.
—¿Sabes lo que me gusta?
—Lo sé.
—Tráelo. Al parecer estar en coma aumenta el apetito.
Se rió a carcajadas.
—¿Por qué te estás riendo? —pregunté.
—Porque todavía tienes tu trillado sentido del humor.
—¿Trillado? —Estaba un poco decepcionada.
—De acuerdo. Todavía tienes tu sentido del humor.
—Señor, solo traiga la mercancía —interrumpí.
—Sí, señora. —Hizo una reverencia burlona—. Te amo… lo siento. Me disculpo, eso fue
demasiado, muy rápido. Es solo que estoy tan feliz de que te encuentres ahí sentada
hablándome, supongo que me dejé llevar.
La mirada de conmoción en mi cara disminuyó. —No hay problema. Pero por favor
tómalo en verdad despacio… al menos por un tiempo.
—Una vez más, me disculpo. Iré tan lento como desees.
Se levantó y se inclinó, dándome un beso en la frente.
—Te veré después.
—De acuerdo.
—Y para que conste, también me amabas —se dio la vuelta y caminó por la puerta.
¡Maldición, maldición, maldición! Me encontraba tan frustrada. Quería recordar. ¿Estaba
comprometida con eso? ¿Con ese hermoso bombón de sonrisa matadora y ojos soñadores?
Creo que lo más justo sería que lo recordara todo. ¡Y me refiero a todo!
Cerré mis ojos y mi frustración se desvaneció al tiempo que yo lo hacía.

30
5 Traducido por kuami, Gasper Black y Ana09
Corregido por MaJo MadHatter

—¡S
arah! —resuena la voz femenina en el pequeño cuarto—. Querida,
soy yo. Tu madre.
Abro mis ojos y casi se me sale el corazón por la boca
cuando veo tan cerca el rostro de una mujer del mío.
—Oh, lo siento mucho. No quise asustarte. El doctor me dijo que no recuerdas nada —
se levantó y dio un paso hacia atrás, lo que me permitió echarle un buen vistazo a esta mujer
innegablemente atractiva. Tenía el cabello castaño oscuro, con los mechones recogidos en la
cabeza enmarcando su rostro juvenil. Su largo flequillo peinado hacia un lado, poniendo al
descubierto sus ojos verdes, que creo haber visto alguna vez. Su boca era rosa claro con el más
mínimo brillo.
Era alta y robusta, con un pecho abundante y caderas delgadas. Vestía un traje verde
oliva con una blusa de seda de color marfil. Sus piernas largas terminaban en sus tacones de aguja

31 verde oliva. Soltó su bolso en la silla que estaba ocupada anteriormente por el hombre muy
guapo que me dijo que era mi novio.
En conjunto, de hecho el día de hoy se estaba convirtiendo en un día muy raro.
—Bueno, ¿me reconoces? —se quedó con las manos en las caderas, mirándome
fijamente a la cara.
Mi suposición es que estaba tratando de usar sus ojos como rayos láser, disparando en
mi cerebro, para que de alguna manera lo obligara a reconocerla.
De acuerdo, quizá eso me estaba alcanzando un poquitín.
—Yo... lo siento. No —su sonrisa se desvaneció inmediatamente y pude ver las lágrimas
acumulándose en sus ojos. Su rostro se suavizó y trasladó su bolso a la mesa y se sentó,
mirándome derrotada.
—Esperaba que lo hicieras, pero estoy muy feliz de ver que estés finalmente despierta
Sarah. Te he extrañado mucho.
—Umm, gracias.
Extendió su mano y tomó la mía en la suya.
—Te ves horrible —abrió su bolso y sacó un cepillo—. ¿Te importa si cepillo toda esa
maraña de pelo?
Algo sobre sus gestos era tan familiar y me sentí cómoda por primera vez desde todo
este asunto del accidente.
—Adelante —dije y fui recompensada con una gran sonrisa.
—Suenas igual que mi Sarah —estaba de pie y caminó al otro lado de la cama y levantó
el colchón—. Intentaré ser suave. Solía gustarte cuando cepillaba tu cabello. Pero por supuesto
no lo recuerdas ¿no?
Era reacia a decir que no me acordaba, por no querer ver de nuevo la mirada triste que
nublaba sus hermosos rasgos. —Podría creer en ello.
—Bueno, vamos a tratar de sacar esos nudos ¿de acuerdo? —parecía un poco más feliz—
. ¿Bradley ha estado aquí desde que él me llamó?
—Sí, dijo que más tarde regresaría con la cena.
—¿Lo recuerdas a él? —me di cuenta que me estaba sondeando, y quería tranquilizarla.
—No, no lo hago. No tener ningún recuerdo de las personas que son tan importantes en
mi vida, es la cosa más extraña.
—Bueno, estás loca por él. Te ama mucho. Su corazón se rompió cuando nos dijeron que
tenían que inducirte el coma. La lesión cerebral. Su corazón estaba roto... al igual que lo estaba
el mío.
—Gr…gracias. —No sabía cómo responder a eso. Estaba muy confundida.
Sentí un tirón.
—Lo siento mi amor, tienes un nudo muy terco aquí. No te estoy lastimando ¿no?
—No. Para nada. —Mentí. Me dolió un poco, pero estoy segura de que tener el pelo libre
32 de nudos valía un poco la incomodidad—. Desanúdame.
Se le escapó una risa.
—¡Dios mío!, suenas como a mi Sarah. Trillada como siempre —se rió cuando pasó el
cepillo por mi cabello.
—Eres la segunda persona que hoy me llama trillada.
—Bueno, querida, eres única. Tal vez trillada no sea la correcta palabra.
La escuché jadear.
—¿Qué pasa? —repentinamente tuve miedo.
—Oh, no es nada Sarah. Simplemente acabo de encontrar otro nudo grande.
Su voz la delató. Levanté mi mano y froté mi cabeza, sintiendo una gran incisión que era
de un par de centímetros de largo aproximadamente.
—¿Qué es esto?
—Debe de haber sido donde te operaron para liberar la presión en tu cerebro. Había
olvidado que afeitaron tu hermoso cabello.
—¿Tiene… tiene un aspecto grotesco? —froté el lugar, pasando las yemas de mis dedos
encima de la cicatriz grande que recorría la base de mi cráneo.
—No es nada, tu cabello largo lo cubre. Ni siquiera se nota algo.
—De verdad, no me mentirías madre ¿no?
Y así, una pieza del rompecabezas encajó en su lugar. Recuerdo burlarme de la hermosa
mujer con la sonrisa bonita, cabello castaño y ojos verdes centelleantes en algún momento en el
pasado... el cuándo no lo sabía con exactitud, pero una pequeña chispa relampagueó en mi
cerebro.
—¿Sarah? —Pude notar que ella estaba conteniendo la respiración.
—¿Sí?
—Me acabas de llamar madre —dijo con voz esperanzada.
—Lo hice, ¿no?
—¿Eso significa que te acuerdas de mí?
—Significa que recuerdo algo.
Se apresuró hacia el frente y se inclinó para abrazarme fuertemente. No podía ver, pero
la escuché y sentí que lloraba.
—No te sientas mal. Por favor. No quise perturbarte.
—Me has hecho muy feliz.
Lo entiendo. Lágrimas de felicidad.
Se limpió los ojos y luego metió su mano en su bolso para buscar algunos objetos
pequeños. Volvió a aplicar su lápiz de labios y se sentó, mirándome fijamente con cada pedacito

33
de la regia mujer que es.
—Ha sido un día de locos —me froté los ojos—. Te molestaría si cierro los ojos un poco.
Estoy desvaneciéndome; creo que es la medicación que me dan.
—Adelante y haz eso. Me quedaré hasta que te duermas —acarició mi mano, luego me
dio un abrazo—. Te quiero mucho Sarah.
—Yo también te quiero madre —dije cuando cerré los ojos y podía sentir su sonrisa.
También sonreí.
Después de todo, acabo de encontrar un recuerdo, creo.

***

Me desperté para ver a la Doctora Westley de pie en mi habitación junto a la ventana


mirando hacia la calle de abajo. Junto a ella se hallaba un caminador. Se volvió cuando escuchó
que me movía en la cama.
—¿Hoy cómo nos sentimos?
—Estamos como si nos hubieran dado una buena paliza, pero ha sido interesante —dije
cuando intenté sentarme.
—Escuché un rumor de que puede que hayas tenido un recuerdo —empujó el caminador
hacia donde yo me encontraba—. Tu madre estaba radiante. Creo que le dijo a todo el mundo
que vio que recordaste "algo" acerca de ella.
—Lo hice. Recordé su voz y recordé su sonrisa. Luego de la nada la llamé madre —tomé
aliento—. Por su reacción, imagino que solía llamarla así.
—Eso parece —se sentó en la silla previamente ocupada por mi "madre"—. Quería
hablar contigo y hacerte saber lo que vamos a hacer —giró su cabeza y miró el caminador—.
Hemos retirado el catéter y pensé que podríamos sentarte un poco, luego quizás levantarte. ¿Te
siente bien para eso?
—Si eso significa que puedo tomar una ducha, voy a hacer lo que quieras.
—Bueno, una ducha creo que puede arreglarse. ¿Cómo te sientes físicamente? ¿Cualquier
dolor, algún mareo?
—Mi cadera todavía duele cuando trato de darme vuelta. Y me mareo un poco cuando
me muevo demasiado rápido.
—Te rompiste la cadera, pero fuimos capaces de ponerte directo en un corsé ortopédico
y parece haberse curado bastante bien. Tu tobillo estaba roto, así como varios dedos y,
obviamente, tu cráneo. —Miró a mi cara por una reacción—. Tu cuerpo ha sanado muy bien,
porque hemos sido capaces de mantenerte quieta. Te indujimos médicamente en un coma hasta
que la inflamación en tu cerebro bajara. Así que ahora el único obstáculo que queda en el camino
para que nos dejes y salgas de aquí es la terapia física. Aquí vamos a trabajar contigo hasta que
sintamos que estás lo suficientemente fuerte. Luego puedes continuar donde lo dejamos en
nuestras instalaciones para pacientes externos para más terapia. ¿Alguna pregunta hasta ahora?
—¿Seré capaz de caminar de nuevo sin eso? —señalé el andador.
34 —Sí, solo necesitas hacerte más fuerte, hacer tus ejercicios y, por supuesto, evitar caerte.
—Sonrió—. Con todo eso de lado, deberías estar bien. Cuando te trajeron te encontrabas en
excelentes condiciones físicas, a excepción de tus lesiones, y eres joven, así que también tienes
eso a tu favor. Hemos sido capaces de reparar el daño con unos pocos tornillos y una pequeña
placa y como te dije tu cadera ha sanado muy bien. Podrías tener algunos problemas al pasar por
la seguridad del aeropuerto...
Dejé escapar una pequeña carcajada.
—Tu tobillo estaba ligeramente fracturado y fuiste capaz de recuperarte de eso incluso
más rápido que tu cadera. Ahora en referencia a tu cerebro…
—Oh, aquí viene la buena noticia —sonreí.
—Sí, bueno. Te fracturaste el cráneo, pero esa no era nuestra preocupación principal. Tu
cerebro empezó a hincharse y tuvimos que aliviar la presión así que hicimos un pequeño agujero
en tu cráneo para permitir que los fluidos que se estaban formando salieran. Fue en ese
momento que decidimos que un coma inducido médicamente era la forma en cómo íbamos a
manejar tus varios problemas. Te mantuvo quieta, permitiendo que tu cuerpo se curara, y le dio
a tu cerebro el tiempo que necesitaba para curarse a sí mismo. Así que hicimos justo eso y
esperamos.
—¿La pérdida de memoria... es a largo plazo?
—Podría ser a largo plazo, no estamos seguros. Podrías tener toda tu memoria de
regreso o es posible que no seas capaz de recordar nada de lo que te ocurrió antes del accidente.
—¿Sabes lo que pasó? ¿Cómo me caí?
—No, solo sabemos que te encontraron en la base de las escaleras de tu casa. El señor
Hunter llamó al 911 y fuiste traída hasta aquí por una ambulancia. Fue algo muy bueno que te
encontrara en el momento en el que lo hizo.
—¿Por qué?
—Porque el resultado podría haber sido mucho peor que esto.
—¿Casi me muero? —le pregunté incrédulamente.
—Sí.
Hubo unos segundos de silencio, mientras eso lo asimilaba y sentí un temblor correr a lo
largo de mi cuerpo.
—¿Cuándo puedo levantarme y ducharme?
—Todo eso depende de ti. ¿Qué tan duro estás dispuesta a trabajar por ello?
—¿Ves este cabello? —solté un bufido.
—Bueno, primero vamos a sentarte. —Se puso de pie y caminó hacia el otro lado de la
cama. Pisando un pedal bajó la cama tanto como fue posible. Pude sentir la fría superficie del
suelo con la punta de mis dedos de los pies. Me levantó, y tenía su brazo envuelto a mí alrededor,
sirviéndole de apoyo a mi espalda—. Quiero que te sientes así, durante unos minutos. Vas a
sentirte un poco mareada. No has comido nada sustancial, y no te has sentado en posición
vertical en un buen rato así que date un poco de tiempo para acostumbrarte y hazme saber si

35 sientes dolor.
Me soltó. Agarré la barandilla con la mano derecha y me sostuve, quedándome
enderezada, esperando que los mareos disminuyeran. Dio un paso atrás y me miró.
De repente mil alfileres y agujas descendieron por mis piernas y por mis brazos,
hincándome en una sucesión rápida. Inspiré profundamente y contuve la respiración. Todavía
me sentía mareada y también un poco nauseabunda. Me balanceé un poco hasta que los puntos
negros dejaron de aparecer detrás de mis ojos.
—Ahora toma una respiración profunda y déjala escapar lentamente.
Hice lo que me dijo. Sacó un par de calcetines con rayas de goma de un paquete que tenía
metido en su bolsillo y se arrodilló, poniéndolos en mis pies.
—Te ayudará a apoyarte —dijo mientras me miraba.
—Gracias.
—¿Cómo te sientes?
—Si tuviera que ser honesta, en estos momentos me siento un poco mal.
—Eso es perfectamente normal y esperado. ¿Lo sientes hasta tratando de sostenerte en
pie?
—Creo que sí.
—Bueno. Quiero que agarres ambos lados de esto —dejó el andador directamente
delante de mí—. Ahora, deslízate lentamente hacia abajo hasta que tus pies reposen en el suelo.
Asegúrate de mantener tu parte trasera descansando en la cama.
Me deslicé hacia abajo hasta que mis pies estuvieron apoyados en el suelo duro, pero
todavía no había puesto nada del peso de mi cuerpo sobre ellos. Se sentía tan extraño estar en
una posición vertical, incluso un poco ajeno. Agarré ambos lados del andador y esperé a que me
diera instrucciones adicionales.
—¿Estás bien allí?
No quería decirle que tenía un dolor punzante en mi muslo, tenía miedo de que nos
detuviéramos y me hiciera regresar de nuevo a la cama.
Se sentía tan bien llegar hasta aquí, no quería parar y cuanto antes pudiera hacer esta
cosa de caminar, más pronto podría salir de este lugar.
Los músculos en mis brazos y en mis manos temblaban con la fuerza de mi agarre, o la
falta de ella, y me levanté. Me encontraba agotada, pero me negaba a renunciar.
Poco a poco enderecé mi cuerpo, tan recto como pude, y casi grité con el dolor en mi
cadera, pero mientras me encontraba allí apretando los dientes, el dolor comenzó a disminuir, y
se detuvo en un segundo.
—¿Cómo lo estoy haciendo? —le pregunté. Jadeaba y me encontraba totalmente sin
aliento.
—Lo estás haciendo de maravilla. Pero creo que probablemente esto sea suficiente por
un día, haremos más mañana.
Me encontraba increíblemente decepcionada y por el momento no estaba dispuesta a
36 renunciar, así que di un paso más hacia ella.
—Sarah...
—Quiero intentarlo. —Di otro paso. El mareo fue empeorando y sabía que era solo
cuestión de tiempo para que estuviera en el suelo—. Creo que tienes razón. Demasiado, en poco
tiempo.
Estaba a punto de retroceder cuando me tambaleé y empecé a caer hacia un lado. Antes
de que supiera qué pasaba un fuerte par de brazos se extendieron, me agarraron del lado y me
levantaron y me estrecharon contra su cuerpo.
—Creo que es suficiente por hoy, ¿estoy en lo cierto doctora? —levanté mi mirada y vi
unos ojos penetrantes azules observándome. Estuve tan concentrada presionándome que ni
siquiera lo escuché entrar.
—Sí señor Hunter. Creo que es suficiente por hoy. Sarah, muy bien hecho.
—Gracias. ¿Qué hay sobre la ducha?
—Tal vez mañana, vamos a tratar de dar pequeños pasos, pero en este momento,
tenemos que concentrarnos en recuperar tus fuerzas. ¿No quieres ningún contratiempo verdad?
Estoy segura de que la decepción en mi cara era obvia.
—En verdad... —De hecho, sonaba como una niña.
—¿Estaría bien si llevara a Sarah al baño y la acomodara en la silla dentro de la ducha?
Realmente no capté lo que decía y apoyé mi cabeza contra el pecho de Brad. Incluso en
este estado mental, su olor llenó mis fosas nasales e hizo que mis sentidos se
estremecieran. Ese olor para mí era familiar y me gustó. Un montón.
—Eso estaría bien, siempre y cuando no ponga todo su peso sobre su cadera.
—¿Sarah estás de acuerdo con eso? —Brad bajó su mirada hacia mí.
—Si eso significa que puedo lavarme, estoy totalmente de acuerdo.
—Bueno, entonces, los dejaré hacerlo. Estaré de regreso para revisarte antes de irme
esta noche. Disfruta de tu ducha y de tu comida. Huele delicioso.
Miré por encima del hombro de Brad y vi dos bolsas grandes de papel. Y cuando digo que
los aromas emanando de esas bolsas marrones me tenían literalmente salivando, tómame en
serio.
—¿Qué tal si me metes en la ducha ahora, así me puedo comer eso? —indiqué las bolsas
con mi barbilla.
—Como desees.
Destello.
Otra extraña sensación... un sentimiento de memoria.
Brad me levantó en sus brazos y me llevó al cuarto de baño dejándome en el inodoro. Se
inclinó y situó la silla dentro de la ducha.
37 —Quédate ahí. Te conseguiré algo de ropa limpia. Luego te ayudaré con eso —señaló mi
bata de hospital—. Abriré el grifo cuando regrese.
—Señor Hunter —dije tratando de sonar indignada.
La mirada que le lanzó a mi yeso casi me hace reír. Se veía francamente insultado.
—No miraré Sarah. No voy a hacer nada que pueda hacerte sentir incómoda.
—Bueno… está bien —tan pronto como se alejó, me apresuré a quitarme la ropa del
hospital y me di cuenta que era todo lo que tenía puesto. La sostuve contra mi cuerpo desnudo
y extendí la mano, jalando la cortina de baño sobre mí y también envolviéndola alrededor de mi
cuerpo.
—Aquí tienes —caminó hacia atrás en la habitación y colocó un par de lindas pijamas
rosadas y un par de ropa interior delicada en el gancho. Luego se inclinó y abrió el grifo—.
Avísame cuándo la temperatura sea la adecuada.
Extendí mi mano, pegando el brazo bajo el flujo de agua; estaba fría pero se calentó
rápidamente.
Perfecta.
—Ahí… ahí está perfecta —dije suavemente.
Alargó su brazo a mí alrededor, todo el tiempo mirando hacia otro lado, y tirando de la
cortina hacia un lado, me sostuvo erguida mientras saltaba en un pie.
Una vez dentro, rápidamente tomé asiento y levanté mi cabeza, dejando al chorro del
agua cubrir mi cuerpo lentamente.
—¿Estás bajo la ducha? —preguntó.
Casi me reí en voz alta. Sus ojos estaban cerrados herméticamente y su camisa se estaba
mojando.
—Sí, es perfecto. Gracias. Gracias.
—Con gusto. Llama cuando termines. Dejaré algunas toallas aquí —señaló una pequeña
repisa sobre el servicio sanitario.
—Lo haré. Sécate. Tus brazos están mojados. Y Bradley —apartó su mirada, y casi me
reí— gracias por hacer esto.
—Un placer.
Desenvolví el pequeño jabón y usando mis manos me enjaboné toda.
Brad tomó una toalla y se secó al tiempo que salía de la habitación. Dejó la puerta abierta
muy poco. De nuevo levanté la cabeza hacia el agua y casi grité de deleite, sintiéndome más
limpia inmediatamente. Enjaboné mi cabello con el champú que se encontraba en el pequeño
estante y lo enjuagué. Mientras usaba el acondicionador en mi nido de ratas, pasé la punta de los
dedos a lo largo de la larga cicatriz. Mi estómago se tensó. No estaba segura si se sentía peor de
lo que se veía. Tragué saliva, sintiendo que un bulto se alojaba en mi garganta.
—No hay lugar para pensamientos negativos —murmuré.
—¿Qué fue eso?

38 Maldición, debía estar sentado justo fuera de la puerta. Eso o tiene el oído de un
murciélago.
—Nada…solo pensando en voz alta.
Después de haber terminado con mi cabello usé el paño y el jabón y lavé todo mi
cuerpo… dos veces. Grité que ya había terminado, y Bradley en un par de segundos estuvo allí.
—¿Lista?
—Sí. ¿Podrías cerrar el grifo? —pregunté, sin querer poner ningún peso en mi pierna.
—Por supuesto. Extendió su mano y giró la perilla para cerrar el grifo y salió con su mano
sobre sus ojos. Me sequé, lo que sentada no era la cosa más fácil de hacer, pero valía la pena
sentirse limpia de nuevo.
Me coloqué la parte de arriba de la pijama y abotoné el frente, luego me puse las bragas,
lo cual, si pudieras verme tratando de meter mi pierna en el pequeño hoyo, era cómico por decir
lo menos, y luego la parte de abajo del pijama. Me di cuenta de que había mojado un poco el
dobladillo.
—Maldición.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien.
Retiré la cortina y vi que Bradley había dejado un cepillo de dientes y una pasta de dientes
en el alféizar. Me sostuve de la barra de la ducha y llegué hasta ellos, agarrándolos para cepillar
mis dientes en la ducha recostándome contra la pared.
Vaya, que diferencia. No más boca pastosa, solo aliento fresco mentolado.
Di un salto hacia la puerta y eché un vistazo al exterior. Bradley me vio y se acercó a donde
yo me encontraba de pie, sosteniéndome contra el marco de la puerta para mantener el
equilibrio.
—Aquí, déjame. —Me alcanzó por abajo y sin esfuerzo me levantó en sus brazos y me
llevó a la cama. Cuando me bajó me di cuenta que habían dos platos servidos y una copa de vino
para él y un vaso de agua para mí.
—Ummm. Huele como el cielo.
En el plato había un bistec, filete mignon creo, con una papa asada, espárragos y una
ensalada pequeña.
—¿Necesitas ayuda?
—Creo que solo para cortarlo.
Lo agarró y cortó la carne en pedazos del tamaño de un bocado. Luego cortó la papa y
untó la crema agria. Mi boca se hizo agua de solo mirarlo. El bistec estaba perfectamente rosado
en el medio y la crema agria se deshacía en la papa aún caliente.
—¿Cómo lo mantuviste tan caliente?
Sacó dos cajas. —Lo pasé a buscar de camino hacia aquí. Es de Delmonico’s. Cuando
llegué allí, Frank lo tenía todo preparado en las cajas calentadoras. Me dijo que no estaba bien
cocida así que estaría justo de la forma en que te gusta cuando llegara aquí.

39 —¿Frank?
—Sí, el chef. Él es, um, un amigo nuestro —me miró como si esperara que recordara algo.
Levanté mi tenedor con un pedazo del tierno filete y lentamente, y con éxito podría
añadir, lo llevé a mi boca.
Gemí de deleite.
—Vaya, esto está buenísimo.
—Me alegra que te guste —se rió entre dientes.
Mastiqué y tragué lo más rápido que pude para que así pudiera meterme otro pedazo a
continuación seguido del anterior.
—Bueno, obtienes una estrella dorada por saber lo que me gusta.
—Sé todo sobre ti… —cuando vio la mirada en mi rostro, sonrió—. De acuerdo, casi
todo.
Después de que comiéramos, él regresó los platos a las cajas y luego las metió en las
bolsas.
—Una vez más, gracias por eso. Estuvo increíble.
—Una vez más, fue un placer.
—¿Crees que puedes hacerme un favor más?
—Lo que sea.
—Alcanza ese cepillo por mí. —Señalé a la pequeña mesa donde mi madre me había
dejado su cepillo. Mi madre, sonaba tan mal y son embargo tan bien al mismo tiempo.
—¿Quisieras que lo cepille por ti?
—Me gustaría, si no te importa.
—Siempre amé jugar con tu cabello.
Destello.
Recordé la sensación de unos dedos largos, masculinos y elegantes levantando y dándole
vuelta a mi cabello, dedos iguales a los de Bradley. No dije nada. Mantuve mi recuerdo para mí
misma.
Después de todo era mío.

***

El cepillo lentamente se deslizó por mi cabello excesivamente acondicionado. La


sensación sensual de alguien pasando un cepillo por mi cabello, masajeando mi cuero cabelludo,
bueno, era maravillosa. Sentí que un profundo anhelo crecía en mi interior, aturdiéndome y
confundiéndome.
Escuché una rápida inhalación y sentí que el cepillo se detenía.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —pregunté.

40 —Nada. Nada. —Se detuvo. Sabía que no estaba siendo comunicativo—. Solo, um, olvidé
lo hermoso que era tu cabello.
—Buena salvada.
—¿Mmm?
—Nada.
6
Traducido por MaJo MadHatter, Gasper Black & GIGI<3
Corregido por ValeV

L as siguientes dos semanas pasaron volando. Vi a mi madre todos los días, y me


encontraba feliz ya que el mirar su sonrisa me daba una tremenda alegría. No me
malinterpreten, la mujer era una fuerza de la naturaleza y en cierto modo me
gustaba la idea, en teoría, de que fuera mi madre. Era ingeniosa, encantadora, hermosa y llena
de gracia. Generosa y tan malditamente divertida. ¿Mencioné que era hermosa?
Su sola presencia me traía alegría, y me encontré sonriendo como una idiota cada vez
que bailaba el vals en la habitación. Y para aclarar, de hecho sí bailaba el vals siempre que se
movía. La mujer caminaba en el aire y descubrí que estaba muy pero muy enamorada de ella.
Incluso conocí a mis primos, Lucy y Nicholas. Digo conocerlos porque, por supuesto, no
los recuerdo por mi vida. Así que no es necesario decir que, nuestra reunión fue un poco
incómoda, por no decir otra cosa.
Lucy es una hermosa chica, más o menos de mi edad, con cabello largo castaño oscuro y

41 de ojos color avellana. Es pequeña de estatura pero muy bien proporcionada. Nicholas, su
hermano, tiene el mismo color oscuro de cabello con ojos marrones. Era más alto que Lucy, diría
que alrededor de mi estatura. Era muy agradable y tenía un buen sentido del humor, pero de vez
en cuando, durante su visita, lo atrapé mirándome de forma extraña. Como si temiera que de
repente fuera a recordarlo. Desafortunadamente, ese no fue el caso.
Dos veces al día iba a terapia física. Esto tomó mucho de mí, y para el momento en que
la noche llegaba, me sentía como un fideo blando.
Durante todo el tiempo que estuve aquí atrapada, Bradley fue maravilloso, amable,
considerado, desinteresado. Cada noche me traía la cena, sorprendiéndome con todos mis
“favoritos”. Me describió, ante mi insistencia, nuestro “hogar” en detalle. Suena tan precioso
que no podía esperar para verlo. Después nos sentábamos, mirábamos televisión y hablábamos
sobre cosas; cosas que debería recordar pero que no lo hacía. Y cada noche, me dormía con mi
mano en la suya.
—Hoy me contó mi mamá que tengo un caballo.
—Jez. —Rió entre dientes—. Ciertamente amas a ese caballo. Es como un perro gigante
que te sigue como un perrito. Creo que es porque la consientes demasiado con zanahorias,
manzanas y cubos de azúcar.
—Gracioso, odio no recordar nada. ¿Me gustaba montar?
—Sí. Pero solo a Jezebel.
—¿Yo le coloqué ese nombre?
—Sí. Fue gracioso. Cuando nació, era muy divertida. Nosotros, especialmente tú, te
quedabas de pie por horas mirándola tratar de levantarse. Te reías tan fuerte. Pero era una
potranca de cierta importancia. Te amó en el minuto en que te vio. Creo que fue mutuo.
—Me gustaría verla.
—Bueno, tan pronto como te levantes, te llevaré a verla. Le daremos muchas sorpresas
—rió.
Descubrí que me estaba encariñando con Bradley. Puede que haya sido porque en mi
modo de pensar actual, él era mi cuidador.
No hacía daño el hecho de que fuera ridículamente apuesto.
No, eso no hacía daño.
Pero también era gracioso, amable, gentil y de buen carácter. Empecé a pensar que tal
vez la primera impresión que tuve de él fue equivocada.
Tenía una especie de encanto tosco, de amante de la naturaleza, y para mí lucía como un
hombre que se encontraba cómodo tanto al escalar una montaña como al liderar una reunión en
una sala de juntas; un maldito hombre del Renacimiento. Parecía ser, todo lo que creo, habría
deseado en una pareja. Si tan solo pudiera recordar lo que deseaba. Tal vez me hallaba
totalmente enamorada de él.
Pero la sensación persistente que tenía, la incomodidad que sentía, no se iba. Solo lo
atribuía a mi frustración por no ser capaz de recordar. Era innegablemente caliente y
42 malditamente sensual. Estaba bastante segura de que debimos haber tenido relaciones
sexuales… a menudo. Solo que no podía imaginarnos… haciéndolo.
En realidad, eso salió mal. Definitivamente podía “imaginarnos” “haciéndolo”; solo que
no podía recordar el “haciéndolo”. ¡Qué maldita lástima!
Hasta el día de hoy, no he tenido más destellos de recuerdos, lo que me da tristeza
porque en verdad sentía algo profundo en mi interior cuando los tenía a los dos presentes. Me
sentía un poco más entera.
—La doctora Westley dijo que mañana te puedo llevar a casa. ¿Estás lista?
—Lo estoy. —De repente mi corazón empezó a latir más rápido y pude sentir una capa
de sudor cubriendo mi frente y mi nuca. Nervios, me dije. Solo nervios.
—Bien. Esta noche cuando regrese con la cena, te traeré algo de ropa real —sonreía de
oreja a oreja. Lucía tan feliz que apenas era capaz de contenerse—. Sarah, estoy muy
impresionado por lo duro que has trabajado. Sé que te demandó mucho, pero siempre fuiste una
luchadora. Caminas muchísimo mejor.
—Sin embargo no es tan genial sin ese maldito andador.
—Dale tiempo. Bailarás antes de que lo sepas.
—¿Me gusta bailar?
—Sí, bailabas todo el tiempo —rió—, especialmente me gustaba que lo hicieras cuando
pensabas que nadie te miraba. Solo te dejabas atrapar por la música —negó con su cabeza, la
expresión en su rostro pensativa—. Por alguna razón siempre parecías bailar mientras cocinabas.
Por cierto amabas cocinar, y siempre tenías música a todo volumen en la cocina cada vez que
estabas allí dentro. —Negó de nuevo con su cabeza y sonrió, riendo para sus adentros.
—¿Qué? ¿Me escondes algo?
—No. Solo pensaba en lo sensual que lucías esa vez cuando estabas perdida en la música
y no te diste cuenta de que me encontraba ahí de pie. Sacudías tus caderas y movías tus brazos,
con una espátula en una mano y un tenedor en la otra, utilizándolos como baquetas… fue lindo.
—¿Lindo? ¿Qué sucedió con sensual?
—Oh, era bastante sensual.
Se puso de pie y se dio la vuelta para mirar por la ventana.
—¿Qué va mal?
—Es solo… bueno, ese fue solamente un recuerdo que tengo de ti… de nosotros.
—¿Y?
—Y estoy seguro de que en este momento no lo quieres escuchar.
—Sin embargo sí quiero —digo antes de que en verdad piense de a lo que se refiere, y
sentí un rubor subiendo por mi rostro al saber lo que venía a continuación.
—Estabas bailando, creo que la canción era “Hey Baby”, me quedé ahí de pie mirando
tanto como pude, lo que te aseguro, no fue mucho tiempo. Me acerqué por detrás, te hice

43
retroceder y te besé. Antes de saberlo, me besabas apasionadamente. Bueno, tú… vamos a decir
solamente, que yo era gelatina en tus manos. Una cosa llevó a la otra y en pocos minutos nos
habíamos quitado la ropa e… hicimos el amor allí… siempre fuiste tan espontánea…
—Demasiada información —lo interrumpí.
La mirada abatida en su rostro casi rompió mi corazón, pero en el interior… bueno, en
mi interior mis jugos fluían y mi temperatura interna se incrementaba segundo a segundo. Podía
sentir palpitaciones en mi región inferior acompañada de un endurecimiento en mi núcleo, casi
doloroso.
Mi cuerpo estaba en llamas y ni siquiera me encontraba segura de cómo había ocurrido.
Fue la forma en la que habló. Las palabras que dijo. La sensualidad en su tono. Me encontraba
más que frustrada. Así que lo que parecía ser desinterés hacia él era todo lo contrario. De repente
deseaba que me tocara. Deseaba que sus manos vagaran por todo mi cuerpo. Creo que en
realidad lo ansiaba.
—Entonces mañana —dije en un intento por romper la tensión que nos había envuelto.
—Estaré aquí a primera hora en la mañana.
Se puso de pie y se acercó a la cama. Agarró mi mano e instintivamente quise retirarla de
su agarre, temerosa de que mis palmas sudadas y mi latido errático del corazón revelaran la
agitación que sentía en mi interior, pero me contuve.
—Trata de dormir algo. Tú… nosotros… tenemos un gran día por delante. Te veré por la
mañana.
—Seré la que lleva puestas las zapatillas de correr.
—Trillada —se rió.
—No soy trillada.
—Lo eres y me gusta.
Se inclinó y besó mi mejilla.
—Buenas noches.
—No soy trillada —reiteré.
Se rió entre dientes.
Tuve tiempo para tratar de recuperar mi aliento. El pensamiento de sus cálidos labios
sobre los míos era abrumador y estaba agradecida de que saliera por la puerta antes de que
pudiera ser testigo de lo que debe haberse visto con claridad en mi rostro.
Pura pasión.
Mi mente empezó a divagar y traté de imaginar lo que sería tener relaciones sexuales con
él. ¿Cómo se sentiría?
Me sentí tan distante y solitaria. Todo lo que ahora necesitaba y quería era sentirme como
que pertenecía a algún lugar, con alguien. Pero también sabía que tenía que tomar las cosas con
calma. Aún no me encontraba segura de en quién podría confiar, y en estos momentos confianza
era lo que en verdad necesitaba, incluso más que la pasión. Pero eso no me impidió querer
besarlo… apasionadamente. Si tuviera que decir la verdad, admitiría que lo deseaba… y punto,
pero mantendré esos pensamientos para mí.

44
***

No creo que durmiera en toda la noche. Me encontraba tan emocionada de ir a casa. Y


por otro lado, sin embargo también estaba aterrorizada. No sabía lo que allí me esperaba, pero
algo en mi interior me dijo que si tenía a Bradley a mi lado, podría enfrentar cualquier cosa.
Le dije un adiós lloroso al personal del hospital que cuidó tan bien de mí durante todas
estas semanas y me despedí desde donde me encontraba sentada en la silla de ruedas. Bradley
me metió en un elevador esperando, que un señor mayor lo mantenía abierto. Sonreí en
agradecimiento y asintió con su cabeza. Entramos en el ascensor en silencio. Tantos
pensamientos nadando en mi saturado cerebro. Bradley parecía algo pensativo cuando giré mi
cabeza y lo miré.
Pasamos a través de las puertas corredizas y entramos al aire ligero de una mañana de
primavera. Tomé una respiración profunda, deleitándome con la sensación del aire fresco en mi
cara. Me empujó hasta la parte de atrás de su... Mercedes.
No esperaba eso en absoluto. Quiero decir, se vestía muy bien, siempre impecable.
Hablaba bien. Su descripción de “nuestra casa” era un poco exagerada, pero no pensé que fuera
rico.
Veronica, mi madre. Los Hamptons. La propiedad de caballos en Connecticut. ¿En qué
estaba pensando?
Por supuesto. Dinero.
Ahora estaba intimidada al cien por ciento. Abrochó el cinturón de seguridad a mí
alrededor, colocándolo en su lugar, cerró la puerta del auto y acercó la silla de ruedas hasta las
puertas corredizas, en donde una joven vestida con uniforme esperaba para regresarla al piso de
arriba.
Se dirigió hacia el otro lado del coche y se sentó a mi lado. Presionando un botón en la
consola delante de nosotros, la ventana que separaba el área del conductor con la parte
posterior bajó lentamente.
—Mark estamos listos.
—Sí, señor Hunter.
Presionó el botón una vez más y la ventana lentamente comenzó a subir. Me volví hacia
Bradley y sonrió.
—Como que esperaba que su nombre fuera James, o Reginald o Bitterman, algo así —
me reí.
—Trillada.
—Escuche señor. De una vez por todas, no soy trillada. Soy... diferente.
—Puedes ser lo que quieras, siempre y cuando seas mía.
Envolvió su brazo a mí alrededor y me acercó. Sonreí mientras apoyaba mi cabeza sobre
su hombro, sintiendo cada parte de mi cuerpo como si perteneciera ahí mismo, a ese mismo

45 momento.
Miré por la ventana mientras éramos conducidos por unos altos edificios que nos
rodeaban por todos lados. Observé perezosamente cuando cruzamos un puente. Seguí viendo
por las ventanas a las casas que pasábamos, a los negocios, las calles, los barrios, esperando que
de alguna manera, algo me diera un recuerdo, o dos, o millones.
Pero nada.
Nada de eso.
Nada en absoluto.
—Aquí es donde tú, donde nosotros trabajamos —dijo cuando todavía nos hallábamos
en la ciudad. Señaló por su ventana al gran edificio de oficinas de vidrios espejados. Unas
enormes H e I en un círculo delante de las palabras Industrias Hunter estaban montadas sobre la
parte superior del edificio.
La inferencia no se me pasó por alto.
—Mmm. Así que ¿eres mi jefe, así como mi prometido?
—No. Nunca fui tu jefe. —Me abrazó con fuerza—. Sin embargo, nos conocimos allí. En
realidad eres dueña de tu propio negocio. Tu oficina se encuentra en el cuadragésimo segundo
piso. Sarah Williamson, Arquitecta —dijo con orgullo.
—Impresionante.
—Lo eres.
—No lo recuerdo. ¿Cómo está mi negocio? ¿Desde el accidente?
—Bueno, eres una mujer de negocios inteligente. Tienes tres socios, algunos de los
arquitectos más increíbles y talentosos que he conocido, trabajan para ti. Así que lo haces muy
bien. De hecho, tu empresa está construyendo dos nuevos complejos de oficinas. Uno en el
centro de Manhattan y otra en Fort Lee, Nueva Jersey.
—¿Dónde vivimos exactamente?
—Tenemos una casa en Hyde Park y un apartamento en Manhattan. Normalmente
pasamos la semana de trabajo en Manhattan y los fines de semana en...
—Hyde Park —mi tono de voz fue uniforme.
—Tú...
—No. Solo lo supuse —lo interrumpí—. ¿En dónde estábamos cuando yo, mm, me caí?
—Te encontrabas en Hyde Park. Te habías tomado libre el viernes para preparar algo de
comida. El sábado habíamos invitado a algunos amigos a la casa. Yo estaba de camino a casa.
—¿Así que ahora me llevas a Hyde Park?
—Sí, la doctora creyó que era el mejor lugar para que pudieras recordar. También tenía
un poco de esperanza de que algo de allí pudiera sacudir tu memoria allí —giró su cabeza y miró
por la ventana, luciendo pensativo, y luego volvió a mirarme—. Me dijo que tus recuerdos
podrían venir de uno a la vez, o en un torrente rápido.
—O ninguno en absoluto —terminé la oración.

46 —Sí, dijo que era una posibilidad, pero me niego a pensar en forma negativa. Apuesto
por ti. Tendrás de regreso cada pedazo de tu memoria otra vez.
—¿Y si no vuelve?
—Bueno, entonces tendremos que generar nuevos recuerdos ¿de acuerdo?
Me estremecí al pensar en que nunca pudiera recordar ninguna parte de mi vida, y él me
acercó más a su persona de nuevo.
—Supongo —mi voz sonó un poco menos que entusiasta, incluso para mí.

***

El gran coche negro giró en un camino largo que parecía no tener fin. Tenía curvas y
dábamos vueltas, estaba flanqueado por altos pinos, perfectamente cuidados. Finalmente
llegamos a una entrada y ante nosotros destacaba una casa de gran vista con un camino circular.
En lugar de detenerse delante de la casa, continuamos por el camino de entrada hacia la parte
trasera de la casa. Había cuatro puertas de garaje y estacionamos en frente de la primera. La
puerta se abrió y nos adentramos en un enorme espacio abierto. Bradley se bajó y caminó
alrededor del auto, al otro lado para abrir la puerta para mí.
—Estoy confundida.
—Así es como normalmente entramos en la casa.
—Oh.
Miré detrás de él, al gran jardín con un patio gigante, que tenía que admitir, era
simplemente hermoso. Tenía una enorme pérgola encaramada sobre el área del patio. A la
derecha también había un patio muy grande cubierto. En la esquina se hallaba una parrilla
integrada en una carcasa de ladrillo y pizarra. Había dos refrigeradores inoxidables de buen
tamaño al lado de la parrilla de acero reluciente. A la distancia se veía la construcción de una
piscina con un gran edificio al lado. ¿Una cabaña? Hice una nota mental para ir a explorar.
Y justo al lado del misterioso edificio había otra zona de parrilla separada, con una barra
ornamentada de hierro forjado y una mesa de juego con ocho sillas rodeándola. Una hermosa
cascada, corriendo y ondulando llenaba la piscina. Con todo, era un lugar muy tranquilo que era
más que perfecto para entretenerse.
—Venga. Vamos a llevarte adentro —sentí el brazo de Bradley deslizarse alrededor de
mi cintura y me apoyé contra él mientras que caminábamos lentamente hacia la puerta del
garaje. Cada vez me encontraba mejor y más fuerte. En este punto el dolor era un latido sordo,
pero no era insoportable—. Luces cansada.
—Supongo que lo estoy. También me encuentro un poco asustada.
—Me di cuenta. Podía sentir que temblabas.
Se agachó y me levantó en sus brazos, cargándome a través de los tres peldaños que nos
separaban de la casa. Traté de alcanzar el picaporte, al ver que tenía sus manos ocupadas, pero
él lo agarró primero.
Tan pronto como entramos, los aromas que flotaron desde la cocina me golpearon como
47 un tren de carga. El olor era tan tentador que estaba dispuesta a gatear, si tuviera que hacerlo,
solo para llegar hasta allí.
—Huele muy bien.
—Traje a Terry desde Manhattan... hasta que estés nuevamente en pie, por así decirlo.
—Vaya. ¿Qué es eso?
—Una de tus comidas favoritas.
—¿Quisieras decirme cuál platillo en particular es este?
—Pastel de carne. Con zanahorias y cebollas extras.
—Eso suena bien y huele aún mejor —me reí—. Puedes bajarme. Estoy bien.
—Está bien, voy a ver cómo va el almuerzo.
—Me gusta tu forma de pensar.
Me bajó suavemente al suelo y entró en la cocina. Lo vi caminar hasta que desapareció
detrás de una pared.
Con una sensación de gran inquietud me di la vuelta, observando lentamente las
habitaciones que alcanzaba a ver desde mi posición. Me encontraba en un pasillo que separaba
la cocina, la puerta del garaje, una gran sala abierta parcialmente visible y un amplio arco doble
que conducía a lo que parecía ser el comedor formal. Caminé hacia la luz proveniente del pasillo,
pasando tanto el comedor como la despensa del mayordomo. Doblé en la esquina y caminé hacia
la puerta principal. Las ventanas altas de cristal que flanqueaban la puerta proveían abundante
luz natural.
Me apoyé sobre la pared para ayudarme y doblé en la esquina.
Allí, delante de mí se hallaba la larga escalera de caracol que se extendía desde el
segundo piso.
El piso de arriba se encontraba ampliamente abierto al recibidor, como un atrio. Estudié
las escaleras y sentí que un escalofrío se arrastraba por mi columna vertebral, deteniéndose justo
cerca de mi cuello. Cerré los ojos y traté de imaginarme cayendo; hasta yacer donde me hallaba
parada.
—¿Sarah? —escuché a Bradley llamándome.
—Estoy aquí —le respondí, mi voz un poco temblorosa.
Se detuvo al verme, y pude ver su rostro desencajado por el dolor. Nunca podré borrar
de mi memoria su mirada cuando me vio parada a los pies de las escaleras. Era una mirada de
pura devastación y algo más... algo difícil de explicar.
—Bradley —grité antes de que las lágrimas se deslizaran por mi cara. Sollocé y gemí
antes de sentarme sobre el escalón inferior. Enterrando mi cara en mis manos, lloré suavemente,
aparentemente incapaz de detenerme.
Corrió hacia donde estaba sentada y se agachó.
—Sarah, ¿estás bien? ¿Recordaste algo? —El tono de su voz estaba lleno de esperanza
mezclada con temor.

48 —No. Bradley no puedo recordar nada. Nada. Quiero, pero no puedo. —Mi cuerpo
temblaba por los sollozos—. ¿Por qué no puedo recordar?
Me tomó en sus brazos y pude sentir el aire abandonando sus pulmones mientras
exhalaba lentamente. Luego me sentó sobre su regazo.
—Shhh. No te preocupes. No tienes que recordar. No tienes que preocuparte por nada.
Yo me ocuparé de ti. Vamos a empezar de nuevo. Lo haremos tan lento como desees. Te daré
todo lo que quieras, solo dame la oportunidad de demostrarte cuánto te amo. Dame la
oportunidad de conquistarte de nuevo.
Parecía tan desolado, tan solo. Ambos lo estábamos. Me limpié la cara con la manga y su
hombro y agarré su rostro para girarlo hacia mí. Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas.
Las limpié con la yema de mis dedos y acerqué sus labios a los míos. Sin pensar, sin nada más que
desesperada necesidad, lo besé. Lo besé con toda la confusión y el dolor que sentía en mi
interior. Le di un beso con tal abandono que me sorprendí.
No me sorprendió o desanimó cuando me devolvió el beso. Tenía que admitir que la
tristeza y la nostalgia que compartíamos en este momento hicieron un gran trabajo al excitarme.
Quería más. Necesitaba más. Necesitaba sentirme amada, sentir que pertenecía a algún sitio.
Mis dedos se movieron frenéticamente bajando por su rostro y empecé a desabrochar
su camisa. Ni siquiera me di cuenta de que me había levantado en sus brazos y habíamos subido
las escaleras. Dio la vuelta por el pasillo y nos llevó metió en un dormitorio. Me colocó
suavemente sobre la cama y se sacó su camisa. Bajándose lentamente sus pantalones hasta
sacárselos.
Me recosté mientras me quitaba mi pantalón de chándal junto con las bragas que tenía
debajo. El calor de sus dedos acarició mi piel hipersensible, enviando chispas a las puntas de los
dedos de mis manos y de mis pies. Bradley subió mi camiseta, recorriendo ansiosamente mi piel
con sus manos. Gemí mientras cerraba mis ojos, sintiendo a sus dedos rozando ligeramente mis
pezones endurecidos.
Mi respiración era cada vez más errática. Como si no pudiera recuperar el aliento. Colocó
sus brazos a cada uno de mis lados y pude sentir a la cama hundiéndose con su peso. Abrí mis
ojos para ver su cara perfecta cerniéndose sobre la mía. Sonriéndome con esa sonrisa
impresionante, con sus ojos medio cerrados por la pasión. Lentamente bajó su boca hacia la mía.
Su sabor en mis labios me excitaba más de lo que creí posible. Era una mezcla de dulce, ácido y
menta. Lamí su labio inferior, deslizando mi lengua hacia atrás y hacia adelante. Me encontraba
perdida en la sensación de sus dedos rodando las puntas de mis pechos hinchados, mientras los
masajeaba suavemente.
Lenta y torpemente abrí mis piernas, proporcionándole un espacio entre ellas. Bradley
se movió hacia abajo en la cama sin apartar su boca de mi cuerpo, arrastrando muy lentamente
su lengua desde el valle entre mis pechos a mi ombligo, degustándome. Rápidamente me sentí
sacudida por escalofríos, y moví mis caderas debajo de él. Gimió cuando levanté mi cuerpo y froté
el suave montículo entre mis piernas por su pecho caliente. Su lengua se movió más abajo en mi
cuerpo, hacia donde en este momento deseaba tenerlo. Me encontraba en el punto de no
retorno.
—¿Estás segura? —le oí preguntar.
Pasé los dedos por su sedoso cabello y gemí un rotundo—: Sí.

49 Abrió su boca y su lengua salió para acariciar esa zona demasiado sensible, sentí que mi
cuerpo se estremecía. Su lengua lamió mi clítoris, golpeando y frotando, mientras me retorcía
bajo sus manos y su insistente boca. Me aferré a un puñado de la colcha, utilizando cada pedacito
de mi fuerza, para quedarme quieta mientras su lengua se sumergía profundamente en mí.
Me lamió con avidez, saboreándome.
Solté la colcha y pasé los dedos por su cabello sorprendida por su suavidad.
Gruñó profundamente en su pecho y perdí el control. Antes de que supiera lo que pasaba,
sentí que fluía un espasmo imparable desde mis dedos de los pies hasta detrás de mis ojos,
enviando chispas de electricidad a través de mis extremidades. Grité mientras ola tras ola de
alivio feroz se apoderaba de mí.
Con mis dedos todavía enredados en su cabello, mantuve su cabeza en el lugar,
empujándolo hacia mí mientras acercaba mi cuerpo a su boca.
—No te detengas... no te detengas —gemí como una puta y nunca me sentí tan mujer...
al menos no que pudiera recordar.
Lo sentí sonreír contra mi piel palpitante y oí el alivio en su risa tranquila mientras besaba
su camino de regreso hasta mis pechos donde movió su lengua por mis pezones, lo que agravaba
el intenso deseo formándose de nuevo en mi interior. Me moví como una mujer poseída.
Se arrodilló delante de mí, y solo la vista de su perfecta forma, casi me envió de nuevo al
abismo. Su erección, dura y gruesa, era comida para mis ojos hambrientos. La piel tensamente
estirada delante de él. Me quedé mirando como si nunca antes hubiera visto algo tan hermoso...
y en ese momento, nunca deseé tanto nada en mi vida como lo deseaba a él.
—Bradley, por favor. —Mi estómago se elevaba y caía con cada profunda respiración
que tomaba. Temblaba por la anticipación. Mi impaciencia era evidente—. Te quiero dentro de
mí, por favor... —Sí, escuché mi voz. Me escuché rogando.
¿Quién era esa mujer?
Levanté mis caderas tratando de acoplarnos, pero el dolor en mi cadera me atravesó
como un rayo. Rápidamente giré mi cabeza hacia un lado, evitando el contacto visual. Podría
detenerse si lo veía y era lo último que quería.
—Sarah, te amo tanto. Te necesito... —El deseo en su voz casi hizo que me corriera.
—Bradley, deja de hablar y fóllame —le rogué... otra vez.
—Si nos apresuramos a hacer esto o si sientes que te presioné... puedes decírmelo.
Estiré la mano y agarré su erección al rojo vivo.
—Si no lo haces pronto, voy a hacerte daño.
Realmente creo que lo decía en serio.
Literalmente lo atraje hacia mí y traté de levantar mi trasero de nuevo. Pero antes de que
pudiera hacerlo, se sentó y se deslizó sin esfuerzo en mi interior, llenándome, reclamando con
avidez lo que ahora era suyo. Si había algo que pudiera hacerme sentir como si estuviera en casa,
era esto... estar llena, ser amada, acariciada, consolada y contenida. Si hay algo que me hacía
sentir como si fuera yo de nuevo, era el sexo con este hombre. Todo acerca de este acto tan

50 íntimo, me hizo sentir completa. Podría asombrarme de mi descaro, sobre todo ahora, pero
cuando comenzó a moverse dentro de mí la tierra se movió con él y una sensación muy familiar
formándose en mi interior envió oleadas de placer por mi cuerpo. Supongo que podría decirse
que llenó mi mente, mi cuerpo y mi alma... y justo ahora eso era lo que necesitaba.
7 Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por Bibliotecaria70

M i cuerpo se estremecía, mi cadera dolía, mi cabeza latía, y todavía no estaba ni


cerca de averiguar quién era, o de cómo recuperar mi vida. Pero sabía una cosa
con seguridad.
Lo necesitaba.
Después, nos acostamos juntos, nuestros cuerpos moldeados firmemente como uno. Me
di la vuelta hacia mi cadera buena y Bradley curvó su cuerpo a lo largo del mío. Por un momento
me tensé mientras colocaba su brazo sobre mí y me atraía hacia él, pero rápidamente me
amonesté a mí misma al tiempo que me acomodaba contra él, después de todo era mi
prometido. Me quedé dormida con su calidez impregnando mi cuerpo, rodeándome como una
manta.
No sé por cuánto tiempo estuve dormida pero sentí que la cama se hundía y mis ojos se
abrieron de golpe.

51 —Sarah —escuché susurrar a Bradley cerca de mi oído.


Salté del susto.
—Oye nena, solo soy yo.
—Lo siento, me sobresaltaste.
—Me disculpo.
Abriendo mis ojos, rápidamente me ajusté a la semioscuridad de la habitación.
—¿Hambrienta?
—¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! —me senté—. Lo estoy. Definitivamente podría comer.
Se rió entre dientes.
—No te atrevas a reírte o a llamarme trillada.
—Después de eso —pasó la mano por mi abdomen y me estremecí. Sentí que la
temperatura en mi rostro subía. Estaba ruborizada. Al menos tenía la decencia de sonrojarme
después de haber actuado tan desenfrenadamente como lo había hecho—. Jamás te llamaré
trillada de nuevo.
—Eso es tan dulce —dije mientras lo golpeaba juguetonamente en su hombro, de
repente tímida—. Siempre puedo comer.
Debí haber tenido una mirada extraña en mi rostro.
—¿Qué?
—¿Qué de qué?
—¿Por qué luces así?
—Porque… bueno, porque yo… en verdad en estos momentos no puedo hablar sobre
ello. —No conocía las palabras para describir lo que estaba sintiendo y podía sentir mi rostro
ardiendo.
—Escucha, he tenido la intención de hablar contigo sobre lo que… sobre nosotros. Esta
situación —me miró y levantó mi barbilla con sus dedos largos hasta que nuestros ojos se
encontraron—. Esta es tu habitación. Estaré abajo en el pasillo en la habitación de invitados. Si
deseas que esto suceda de nuevo, soy tu hombre —sonrió tímidamente—, pero si quieres
tomarte un tiempo hasta que nos lleguemos a conocer otra vez… estoy bien con eso también.
Como ya te dije… quiero que me des la oportunidad de hacer que te enamores de mí otra vez.
—Para mí suena muy raro.
—No para mí. Tengo ventaja.
—¿Cómo es eso?
—Antes lo hice una vez. Todavía eres Sarah… Lo sé todo. Es un juego de niños —se echó
a reír.
—Señor juego de niños, ¿qué te parece si me llevas por esas escaleras en busca de algo
del pastel de Shepherd? —No lo demostré, al menos espero no haberlo hecho, pero el alivio que
sentí cuando dijo lo que acababa de decir fue enorme. Agarré los pantalones de chándal y la ropa
interior y las deslicé por mis pies, colocándomelos. Luego pasé la camiseta que había lanzado a

52 un extremo de la cama por mi cabeza.


—Como desees.
Destello.
Recordaba algo sobre eso… como desees… como desees. Sacudí mi cabeza y me arrastré
hasta el borde de la gran cama. Me puse de pie y cojeé hacia el armario y abrí una puerta, metí
mi mano y agarré un suéter. Mientras caminaba de regreso a donde Bradley se encontraba de
pie, lo coloqué sobre mis hombros.
—Estoy lista —anuncié.
—¿Tú…? No importa, ven aquí —abrió sus brazos, me acerqué, y me detuve justo antes
de llegar a él. Me di la vuelta y miré de nuevo hacia el armario, luego de regreso hacia Bradley.
—Lo hice… lo hice. Recordé dónde estaba mi suéter. —Debí haber tenido una mirada
extraña en mi rostro—, es mi suéter ¿cierto?
—Lo es.
Me acerqué más y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura.
—¿Vamos?
Asentí vigorosamente. —Tengo hambre.
Caminamos por el largo pasillo y dimos la vuelta en la esquina. Vi la gran habitación
debajo de nosotros. Fue mi primera vista real desde que vinimos a casa. Me detuve en la
barandilla y me di cuenta del enorme retrato de tamaño natural colgando encima de la gran
chimenea de piedra.
Era un retrato de dos personas mirándose fijamente a los ojos, obviamente muy
enamorados. La mirada en el rostro de la mujer, mientras observaba dentro de sus ojos, me tomó
por sorpresa y un destello se disparó en mi cabeza, cerca de mi cuello. Él estaba mirándola
directamente, devolviéndole el gesto con la sonrisa radiante que me doy cuenta me gusta cada
vez más y más.
—¿Esa soy yo… somos nosotros?
—Sí. —Se encontraba de pie directamente detrás de mí, y podía sentir su corazón
latiendo dentro de su pecho mientras me abrazaba contra su cuerpo—. Insististe en hacer
nuestro retrato… estabas tan feliz por la forma en la que quedó. —La profundidad de la tristeza
en su voz fue abrumadora y mis ojos se llenaron de lágrimas calientes.
—Ellos… nosotros… nos vemos hermosos. ¿Así era como lucíamos de verdad? —dije con
mi voz quebrada.
—En estos momentos Sarah para mí luces igual de hermosa, como ese día. —Apretó mi
cintura—. Solo tenemos que colocar algo de carne en estos huesos —se rió rompiendo la
tensión.
—Entonces vamos a hacerlo —traté de romper el hechizo que el retrato había lanzado
sobre mí… sobre nosotros.
Mientras descendíamos por la larga escalera en curva, sentí que mi cuerpo se tensaba.
Me agarré a la barandilla como si mi vida dependiera de ello. El brazo de Bradley a mí alrededor
de alguna forma era reconfortante, pero la abrumadora sensación de malestar era casi
53 debilitadora. Como si hubiera un monstruo escondiéndose detrás de la siguiente esquina.
No pude quitarme esa sensación.

***

Esa noche Veronica vino de visita, te lo digo, si esta es mi madre, soy una chica
afortunada. Como dije antes, es divertida, cariñosa, hermosa y tan llena de vida. De hecho, es
más grande que la vida.
El timbre sonó y Bradley dejó su asiento a mi lado para ver quién era.
—¿Dónde está mi chica? —Su tono un poco demandante, pero pude escuchar el humor
en él.
—Veronica, que bueno verte —se inclinó para besarla en la mejilla que le ofrecía.
—Por supuesto que es así —se rió.
Entró en la habitación como si estuviera flotando. Se detuvo a unos pocos metros de mí
y pude ver las lágrimas contenidas amenazando con salir de sus ojos y bajar por su rostro
perfectamente maquillado.
—Sarah, no puedo decirte el cómo verte sentada ahí hace que mi corazón vuele. —
Colocó su mano sobre su pecho—, cuando pienso en que casi te perdí… —Las pequeñas gotas
empezaron a caer, como pequeños ríos por sus mejillas. Se las limpió y vino a pararse a mi lado—
. No estoy preocupada de que no me recuerdes, siempre y cuando sepas que te amo. Sí sabes
eso ¿cierto?
—Sí madre —dije obedientemente, sin saber cómo responder.
—Bradley, luce y suena como mi chica.
—Ronnie es tu chica.
Ahora hay otro dato para recordar, mi Madre… Ronnie y Bradley son cercanos. Era una
relación cálida mutua que compartían, eso era obvio, y de alguna forma me daba consuelo.
—Sarah te ves bien. Unas semanas aquí, con este echándote a perder y obtendrás algo
del peso que necesitas. ¿Cariño estás comiendo?
—Tiene un apetito voraz. Come como una langosta.
—Eso es lo que quiero escuchar.
—Dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí sentada —comento bromeando, pero
con un tono serio subyacente en mi voz.
Ambos se giraron para mirarme.
—Oh Sarah, nosotros… cariño. —Se sentó a mi lado y tomó una de mis manos en las
suyas—, tienes que entender que hubo momentos en los que pensamos que nunca podrías
despertar. Solo estoy loca de felicidad.

54
—Lo sé; lo siento. Eso salió mal.
—De hecho, creo que sería bueno para ti venir a visitarme, ver la casa, tu vieja habitación.
Tal vez algo allí saque alguno de esos recuerdos a la luz.
—Ronnie esa es una gran idea. —Bradley dio un paso más cerca hacia donde ambas
estábamos sentadas—. Y resulta que mañana tengo que ir a la oficina y no me gustaría dejar sola
a Sarah. Incluso con Terry en la casa. Solo preferiría estar aquí con ella.
Vi la mirada de complicidad entre los dos.
—Creo que eso me gustaría —agregué mi granito de arena.
—Entonces está arreglado. Mañana enviaré a Peter a buscarte.
Mi “madre” se encontraba bastante satisfecha con su idea.
—Tengo una reunión a las nueve, así que debería estarme yendo a la ciudad alrededor
de las ocho de la mañana.
—Tendré a Peter aquí a las, bueno ¿Sarah a qué hora te gustaría venir? Usualmente eres
una madrugadora.
—Bueno entonces deja que venga a las nueve. Eso me da tiempo para bañarme y
prepararme después de que Bradley se vaya.
—Es lindo escucharla llamándote Bradley —le dijo Veronica a Bradley.
—¿Por qué, cómo solía llamarlo? —dije con curiosidad.
—Brad. Solo lo llamabas Brad.
—Bueno entonces te llamaré Brad. ¿Cómo me llamabas?
—Sarah.
Extendí mi mano. —Gusto en conocerte Brad —dije.
Ambos se rieron, Brad sacudió su cabeza mientras sus ojos se encontraban con los míos
y supe en ese momento que se encontraba pensando en una cosa… en que era trillada.
Veronica, mi “madre”, se quedó con un expreso que Brad le hizo. Cuando puso sus ojos
en blanco ante el deleite de que le preguntara si yo los bebía. Dijo que no y me explicó que si
tomaba una gota de cafeína después de las dos de la tarde me quedaría despierta toda la noche.
—Entonces tomaré un té, un Earl Grey —estaba decidida.
—En realidad ese es tu té favorito.
Había otro destello en la parte de atrás de mi cerebro.
—Lo sabía. Lo sabía. Pensemos, si esto sigue sucediendo a este ritmo seré yo misma en…
oh alrededor de cinco años.
Ambos rieron. Supongo que eso fue gracioso.
—Bueno, voy a continuar mi camino. —Mi “madre” Veronica se puso de pie—. Sarah te
veré mañana. —Se inclinó y me abrazó fuertemente. Me quedé allí aguantando mi respiración,
mis brazos colgando en mis costados. Había algo familiar sobre la forma en la que olía y sin
pensarlo extendí mis brazos y los envolví alrededor de su cintura y le devolví el abrazo. Se sentía
bien.

55 —Te veré mañana —sonreí y miré a Brad.


—¿Bradley por qué no planeas venir a cenar? A Trudy le encantaría verte.
—No me lo perdería por nada, estaré allí —respondió Brad.
Solo sonreí. Definitivamente en mi vida tenía algunas personas de mentalidad fuerte y
obstinada, tenía que admitirlo, me gustaba. Estaba empezando a sentir como que pertenecía…
a quien sea que fuera.
8 Traducido por Gasper Black & kuami
Corregido por Erienne

A l abrir mis ojos, vi la cara de Brad cerca de la mía. Acababa de frotar mi mejilla con
el dorso de su mano, o se sintió como eso. En cualquier caso, se inclinó y plantó
un suave beso en mi frente.
—Cuídate hoy, ¿de acuerdo? Peter estará aquí en una hora. Me tengo que ir, pero te traje
algo de desayuno.
Olfateé el aire mientras me sentaba frotándome mis ojos.
—Pensé que estaba soñando con ese olor.
—Nunca dejas de sorprenderme con lo que sale de tu boca.
—Nunca dejas de sorprenderme... —Iba a por una respuesta ingeniosa pero me quedé
bloqueada—, bien, en realidad, siempre me asombras. No sé quién eres y ya me gustas —sonreí.

56
—Después de ayer, había esperado más que gustarte... pero soy un hombre paciente, y
vale la pena cada minuto. —Brad sonrió, casi causando que mi corazón se detuviera, y se elevara.
Caminó hacia la puerta y levantó la bandeja de la mesa, llevándola a la mesita de noche al lado
de donde yo me hallaba sentada—. Disfruta. Me he tomado la libertad de pedirle a Terry que te
haga uno de tus favoritos. Ella está abajo si la necesitas. Llámala. Oh, es probable que no
recuerdes... —Su voz se desvaneció en el aire. Cogió el teléfono y me mostró qué botón
presionar, por si alguna vez necesitaba ayuda. Era lo suficientemente simple para recordar.
—Le dije a Terry que se quedara hasta que te vayas a casa de tu madre. Estaba más que
feliz de hacerlo. Aquí tienes un montón de admiradoras.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Aquí tienes admiradoras?
—Sarah, es nuestro personal, son buenas personas. Escogiste a todos y cada uno de ellos
tú misma... excepto a Terry. Ha sido la cocinera de mi familia desde que era un niño —sonrió con
picardía y mi corazón casi se olvidó de cómo latir.
—Gracias por todo. Y agradécele a Terry por mí.
—Puedes darle las gracias tú misma; vendrá en un rato a recoger la bandeja. —Se volvió
a mirar el reloj—. Tengo un par de citas a las que tengo que llegar o me quedaría contigo todo el
día. Te veré donde tu madre esta noche.
—¿Mi madre cocina? —La pregunta vino de la nada, pero era muy curiosa. ¿Estas
personas tienen a otros que cocinan y limpian para ellos?
—En realidad, aprendiste de la mejor, tu madre es una muy buena cocinera. Aunque no
especificó quién estaba cocinando esta noche. Solo asumí que lo haría.
—¿Yo cocino bien?
—Sí, lo haces muy bien. Haces un pollo al vino mejor que cualquiera de los que he
probado. También haces una exquisita ternera Saltimbucca, entre muchos otros, pero esa es mi
favorita. Te veré más tarde. ¿Está bien?
—No es como si tuviera tantísimo para hacer por aquí —me reí.
—Divertido...
—No lo digas.
—Está bien. Mis labios están sellados.
—Gracias de nuevo por el desayuno, huele delicioso.
Asintió con la cabeza. —Cuando desees mi amor. —Y me besó de nuevo, esta vez en la
mejilla. La sensación de sus labios suaves y carnosos rozando mi mejilla me dejaron con ganas de
más.
¡Nota mental para mí misma, obtén más!
Salió por la puerta de la habitación, cerrándola suavemente detrás de él.

57 —Creo que el desayuno tendrá que ser suficiente —le dije a nadie en particular.
Me levanté quitando el sueño de mis ojos y me dirigí al baño en donde hice lo que
necesitaba hacer, después me lavé y cepillé los dientes.
—Vaya, algo aquí huele muy bien. —Me serví una taza de té y levanté la tapa de metal
del plato. Había tres rebanadas de pan tostado francés perfectamente centradas, espolvoreadas
con azúcar en polvo, y un montón de tocino bien preparado. Mi favorito... creo.
Estuve muy ocupada untando la mantequilla en la tostada y con una mano muy generosa
vertí el jarabe hasta que inundó el plato. Sonreí mientras el dulzor grueso y viscoso hizo un
sendero hacia el montículo de tocino.
—Creo que sé cómo comer.
Tomé un trago del jugo de naranja y arándano para bajar la comida que acababa de
engullir. Orgullosa de haber terminado cada pedazo de mi plato, sin dejar ni una miga, ni siquiera
lo suficiente para un pequeño ratón.
Estaba limpiando mi boca con la bonita servilleta de lino verde cuando oí un ligero golpe
en la puerta.
—¿Señorita Sarah, ha terminado? —llamó una pequeña voz.
—Sí, he terminado. Por favor, entre.
La puerta se abrió lentamente y me aparté de la mesa para enfrentarme a ella. Una
bonita, cara redonda, menuda y morena; se encontraba en la puerta. Una cálida sonrisa llegó a
sus brillantes ojos marrones. Se quedó parada por un momento, mirándome como tantos otros
han hecho desde que he despertado, esperando que algo de ellos me impresionara como para
recordar.
—Si ha terminado me llevaré la bandeja. —Se acercó lentamente, como si estuviera
caminando sobre cáscaras de huevo. Su acento era dulce y adecuado.
—He terminado, y tengo que agradecerle Terry, estuvo delicioso. —Miré directo hacia
ella.
Sonrió. —El señor Brad dijo que preparara su preferido. Estoy tan contenta de que lo
haya disfrutado.
—Lo siento, no lo recuerdo... —no pude terminar la oración.
—No se preocupe. Dios se tomará su tiempo en devolverle todo de nuevo. He estado
rezando desde esa noche... —No terminó de hablar.
Sentí un escalofrío corriendo por mi espalda y traté de hacerlo a un lado.
—Gra… Gracias Terry. Puedo darme cuenta, aunque no lo recuerdo, que eres una mujer
muy buena con un corazón generoso —sonreí torpemente—. Y haces un desayuno para morirse.
Hizo la señal de la cruz sobre su pecho mientras sonreía.
—Dios no lo quiera, señorita Sarah.

58
—Solo Sarah. Estoy teniendo bastante dificultad en familiarizarme con un nombre que
no conozco.
Se rió entre dientes.
—Terry, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro, señorita Sarah… Sarah.
—Soy una buena persona, ¿qué te gusta de mí? —Vi una extraña mirada pasar por sus
rasgos—. Por favor, no me mal interpretes; solo quiero saber más sobre quién era yo.
—Señorita Sarah, querida, mi amor, eres la mujer más dulce y una bendición para el Señor
Hunter... el señor Bradley.
—Qué raro. ¿Una bendición? —estaba más que curiosa.
—El señor Bradley perdió a sus padres justo antes de conocerte, a su madre de un ataque
cardíaco y a su padre porque se le rompió el corazón, al menos eso pienso. Por favor, mantén
esto entre nosotras —dijo preocupada juntando sus manos.
—Por supuesto, no te preocupes. —Asentí—. Por favor, continúa. —Esta era una historia
desgarradora, pero despertó mi curiosidad —. Por favor —la insté.
—Bueno, no es como si estuviera diciéndole algo que no supiera, así que supongo que
no soy culpable de ir contando secretos familiares escondidos. —Parecía más tranquila—. La
madre del señor Bradley para quien trabajé, durante... mmm... unos treinta y cinco años, una
mujer maravillosa, y con el corazón más grande que jamás encontrarás. —Sus ojos se llenaron
de lágrimas y al instante me sentí culpable por pedirle que continuara solo para apaciguar mi
curiosidad—. Bueno, el señor Bradley la encontró en el suelo de la sala. Muerte súbita dijeron los
doctores, pero la mirada en la cara de esa mujer cuando la vi me contó otra historia, era una
mirada angustiada a mi modo de pensar.
Mis ojos la instaron silenciosamente a que continuara.
—Bueno, el señor Bradley llamó al 911 y a los Técnicos de Emergencias Médicas, no se
pudo hacer nada, ya ves, ella estuvo muerta durante más de una hora. Así que, el señor Hunter,
el padre de Bradley, vino a casa y le dieron la noticia. Él no le creyó a nadie. Dijo, que apenas había
hablado con ella hace unas horas atrás. Dijo que ella se encontraba bien. Él simplemente seguía
diciendo que había hablado con ella. Hace no más de unas horas. Se negó a creer que su Irene se
había ido. O sea, la señora Hunter. Bueno, el pobre hombre, se fue apagando. Dejó de comer y
de cuidarse, también se dedicó a la bebida. La pobre alma tenía el corazón roto y trató de ahogar
sus penas con la bebida. Le gustaba el licor. Pude ver, por el curso que estaba tomando, que
acabaría mal. El señor Bradley se encontraba tan triste por su madre; que ni siquiera se dio cuenta
de que su padre se hallaba en una espiral descendente —limpió sus lágrimas—. El señor Bradley
padre murió dos meses después. Sé que fue por su corazón roto, aunque sus médicos dijeron
que fue un infarto.
Inhalé profundamente. Esta historia era tan triste y tan abrumadora que me encontraba
limpiando mis propias lágrimas.
—Llegaste a la vida del señor Bradley en el momento justo. De hecho era un hombre muy
triste.

59 —¿Cómo nos conocimos, el señor Bradley y yo? —me encontré preguntando con un
acento irlandés. Sacudí mi cabeza para despejarlo.
—Ambos se estaban buscando el uno al otro. Esa es mi opinión. Se conocieron en
Manhattan. Su familia poseía el edificio donde tenías tus oficinas y un día te vio en el ascensor.
Dice que tenías un resplandor alrededor de todo tu cuerpo. Sabía que cayó en tus redes. Le tomó
más de dos semanas conseguir el valor para invitarte a cenar. Dijiste que sí, por supuesto, el señor
Bradley es un hombre muy guapo, ¿verdad?
Asentí.
—Bueno, eso fue todo. Desde entonces fueron inseparables. Y ahora... —Se detuvo,
obviamente sintiéndose un poco incómoda—. Bueno, ahora te casarás Sarah, rezo para que
recuperes la memoria. No solo porque el señor Bradley te necesita y te quiere mucho, sino
porque aquí eras muy feliz.
Bajó su mirada y noté que sus dedos se encontraban todavía entrelazados.
—Mírame aquí, hablando sin parar, con la lengua suelta y demás, ¿puedo traerte algo
más?
—No Terry, eso fue perfecto. Gracias de nuevo, y gracias por contarme la historia, hace
que parezca que las cosas se ponen en orden, no sé si me entiendes.
—Oh sí —Asintió sin vacilar mientras tomaba la bandeja vacía y caminaba hacia la
puerta—. El señor Bradley dijo que hoy vas a ver a tu madre.
Era más una pregunta que una declaración.
—Sí —la miré.
—Una buena mujer su madre, con un corazón de oro. Que tenga un buen día señorita.
Cerró la puerta a su espalda. Ciertamente me había dado mucho sobre qué pensar.

60
9
Traducido por Gasper Black, kuami y MaJo MadHatter
Corregido por Erienne

S alí de la cama y abrí el primer cajón de la mesita de noche en el lado que me


encontraba. Estaba organizada y ordenada. A un lado había un gran sobre manila.
Supuse que este era mi cajón, ya que se hallaba del lado de la cama que ocupé
cuando Brad y yo... me sonrojé de nuevo.
¿En serio, Sarah?
Abrí el sobre y miré su interior.
Le di vuelta y vacié su contenido encima de la cama. Todo el sobre estaba lleno de tarjetas
de felicitación. Navidad, cumpleaños, Día de San Valentín, Pensando en Ti, junto con algunas
notas escritas a mano. Levanté la tarjeta de cumpleaños y la abrí.
No había nada escrito más que dos palabras en la parte inferior, escritas en una letra
cursiva ordenada. Por siempre, Sarah. Eso es todo. No hay nota, nada de dedicación de fulano de
61 tal en la parte superior. Cerré mis ojos, deseando poder imaginarme escribiendo esto. Me senté
allí por un minuto apretando mis ojos con fuerza, rezando en silencio por recordar algo, pero no
obtuve nada. Ningún recuerdo vino a mi mente. Ningún pequeño destello se disparó en mi
cabeza.
Abrí el resto de las tarjetas, tenía que haber por lo menos veinte, y todas estaban
firmadas con Por siempre, Sarah. Bueno, tenía que admitir que no desperdiciaba palabras.
Supongo que dejaba que Hallmark hablara por mí. La expresión en la tarjeta Pensando en Ti era
dulce y sentimental, llena de te amos, uno más habría sido demasiado.
Aparté un frasco de aspirinas, un cortaúñas, una lámpara de lectura, y supe de inmediato
que este no era el cajón de una mujer. Rápidamente coloqué las tarjetas en el sobre grande y lo
metí de nuevo en el cajón, igual a como lo había encontrado. No fisgoneé en las notas. Después
de darme cuenta de que no era mi cajón, me sentí como una intrusa, como si estuviera espiando
o algo así.
Sintiéndome algo culpable de haber visto las cosas de Bradley... las cosas de Brad, me
giré en la cama y abrí el cajón de la otra mesita de noche. Dentro había una lima de uñas, un par
de botellas de esmalte de uñas, un libro, un spray nasal, pañuelos de bolsillo y ¡un labial!
Saqué el libro y casi me caí para atrás. La palabra Diario estaba impresa en la parte
superior del libro en letras cursivas incrustadas de oro. Literalmente había encontrado oro. Aquí
en mi mano estaba mi vida, o al menos una parte de ella. Ansiosamente abrí la primera página.

No sé por qué estoy empezando a escribir un diario en esta etapa de mi vida, pero es algo
que siempre quise hacer. Tengo que admitir que prefiero la palabra agenda a la de diario, suena
más profesional, pero tú, querido diario, eres demasiado bonito para ser una simple agenda.

Brad tenía razón. Soy trillada.

Hoy fue un buen día. Terminé un proyecto y el cliente se encontraba muy, pero muy
contento. ¡Me felicito! Contraté a dos miembros nuevos para el personal; un arquitecto reciente,
graduado de la escuela de posgrado, se encuentra hambriento y está dispuesto a trabajar largas
horas, parece que era justo lo que estaba buscando, y Lena, mi nueva asistente. Fue difícil perder
a Christy, pero quería pasar más tiempo con su bebé recién nacido y su esposo, no es que la culpe.
De hecho, la envidio.
En cualquier caso, ¡parece que Lena es simplemente perfecta!
Ya veremos.
Vi a ese chico de nuevo. Es un poco extraño. Me mira como si pudiera ver a través de mí.
Es realmente guapo, pero también muy raro. Nunca habla, solo observa. Tal vez es tímido... o
algún tipo de loco psicópata. ¡Ahora eso sería típico de mi suerte!
¡Con todo, el día fue bueno!

62 Diario,
Hoy, vi a un hombre en el ascensor y casi perdí mi cabeza. Él es taaaan guapo, pero un
tanto lejano y distante, casi triste. Estoy tratando de pensar en alguna manera de romper el hielo
y empezar una conversación, lo que podrías pensar sería fácil para mí ya que nunca paro... de
hablar quiero decir. Pero por supuesto, hoy, las palabras me fallaron. Qué ironía de todo esto.
Bueno, esperemos que mañana sea un día tan bueno como lo fue hoy. Me voy a dormir por ahora.

Le di vuelta a la página.

Diario, creo que voy a ponerte nombre. Se siente un poco juvenil dirigir cada entrada a
Diario. ¿Qué tal Donna? ¿Mejor que Diario, verdad?
Donna,
Vale, cuando lo digo en voz alta, suena un poco tonto. Me quedo con Diario.
Bueno, de todos modos, Diario... ¡lo hice!
Se me ocurrió una manera interesante de romper el hielo... por así decirlo.
Esta mañana entré en el ascensor con un café recién hecho de aroma delicioso en la mano
y, ¡estoy segura que no tengo que decirte lo mucho que necesitaba la cafeína! Pero de todos
modos, me acerqué a la parte de atrás para que pudieran entrar más personas. Me giré hacia la
pared después de tomar un sorbo y estaba tratando de bajar la tapa, ya que la chica que me lo
había entregado, había olvidado hacerlo. Bueno, en cuestión de segundos, mi café salió disparado
contra la espalda de la persona delante de mí. Me giré hacia un lado para evitar que se derramara
encima de mí, y en el proceso, lo derramé todo sobre el hombre increíblemente apuesto de los
ojos tristes. Supongo que encontré una manera realmente única para iniciar una conversación. Sin
embargo, habría sido mucho mejor si usaba palabras en lugar de quemarlo, ¿no crees?
Debo haber parecido un desastre porque incluso con café caliente cubriendo la mayor
parte de su pecho, sonrió y fue amable. Le dije que bajara en mi piso y lo llevé directamente por
mi oficina a mi baño privado donde traté de limpiar su chaqueta, corbata y camisa. SÍ. Lo empapé.
¿No soy inteligente?

Me reí a carcajadas. Era una mujer muy extraña.

Insistió en que todo estaría bien. Siguió diciendo bien. Está bien, estaré bien, en verdad
está bien... Me dijo que guarda algunas camisas y corbatas de repuesto en su oficina.
¿Buen comienzo verdad?
Bueno, conseguí romper el hielo y quería que siguiera hablando. Su fragancia me estaba
volviendo loca. Olía a jabón y a ropa limpia, fresca y masculina. Pura hombría. ¡Basta con decir que
olía divino!

63 Mientras lo limpiaba y él me decía que todo estaba bien, le pregunté en dónde trabajaba...
El chiste era que acababa de derramar café sobre el hombre que es dueño de mi edificio.
¡Gran jugada, Sarah! ¡Creo que me puse roja como un tomate!
Lo acompañé hasta el ascensor, disculpándome profusamente. Él solo sonrió y dijo—: En
verdad está bien. —Le gusta mucho esa palabra.
Se metió en el ascensor, pero no antes de que fuera capaz de obtener su nombre. Bradley
Hunter. Suena caliente ¿verdad? ¡Él lo es!

Supongo que llamé su atención.


Seguí leyendo, y leyendo, dándome cuenta que él regresó a mi oficina.

Levanté la mirada para encontrar a Lena parada junto a un hombre muy entusiasta, cuyos
ojos no se veían tan tristes. Ella había estado a punto de tocar a mi puerta, pero él se tomó la
libertad de simplemente entrar en mi oficina... Le sonreí a Lena y me encogí de hombros, indicando
que estaba bien. Fue casi cómico. La expresión de alivio en su rostro casi me hizo reír a carcajadas.
Ciertamente se tomaba muy en serio su trabajo.
Me preguntó si podía sentarse y, por supuesto, le dije que sí. No sé a ciencia cierta si mi
boca se encontraba abierta de asombro en este momento, o cuando empezó a hablar si eso
importa.
Me preguntó si quería compensarle el pequeño incidente del café. Creo que solo asentí. Su
olor me embriagaba, y estaba actuando como una tonta borracha.
Le pregunté cómo.
Y esta es la mejor parte, dijo que reuniéndome con él para cenar. Parece que sus planes
anteriores fueron cancelados y tenía reservas, y me preguntó si me apetecía ir con él.
Por supuesto le dije que sí... oh y también, finalmente, cerré mi boca.

Me reí de nuevo. Era un poco torpe.


Estaba empezando a leer acerca de los detalles de su... nuestra cena cuando hubo un
golpe en la puerta. Rápidamente metí el diario en el cajón y lo cerré antes de decir, pase. Mirando
por todas partes como si casi hubiera sido atrapada con las manos en la masa leyendo mi propio
diario. Negué con mi cabeza. ¡Qué imbécil soy a veces!
—Señorita Sarah, el chófer de su madre, Peter, está aquí para llevarla a visitar a su mamá.
—Oh, muy bien. Dile que enseguida voy. —Salí de la cama tan rápido como pude, lo que
no fue muy rápido, y me puse un par de pantalones vaqueros que encontré en el armario y una
camiseta corta de manga larga. Agarré mi largo cabello en una cola de caballo baja que colgaba,
en un intento de cubrir la zona donde mi cabeza fue rasurada, luego me lavé los dientes y bajé.

64 —Gracias Terry —dije, cuando por fin llegué a la parte inferior.


—Está en la parte de atrás señorita es más fácil para usted. No hay tantos escalones. —
Parecía positivamente nerviosa.
—Gracias.
Me coloqué el suéter que llevaba en mis brazos y salí a través del garaje al automóvil que
esperaba. Y cuando digo automóvil, me refiero a pedazo de auto. La puerta de la limusina se
abrió y al lado se encontraba un hombre delgado con el cabello y el bigote gris, un poco más alto
que yo, vestido adecuadamente. A menudo me pregunto lo que eso siquiera significa.
—Señorita Sarah. Me alegra volver a verla —dijo el hombre.
—¿Peter, cierto?
—Sí, ¿me recuerda? —preguntó, con una nota esperanzada en su voz.
—Lo siento, pero no. —En realidad me siento culpable diciéndole eso a la gente.
Debieron formar parte de mi vida y aquí estaba yo diciéndoles que no tenía ni idea de quiénes
eran. Subí por la puerta abierta y me coloqué en el gran asiento trasero—. Pero no te sientas
mal, no recuerdo ni a mi propia madre.
Él se rió de forma sincera y cerró la puerta negando con su cabeza. Subió en el asiento
del chófer y nos alejamos de la gran casa. Mi cara estaba pegada a la ventana, buscando algo que
pareciera reconocible. Por supuesto, no había nada.
Unos escasos veinte minutos después, ingresamos por un camino de entrada y nos
acercamos hasta detenernos delante de otra casa enorme. Era una hermosa mansión de estilo
colonial, de color blanco con una puerta roja, de tres pisos y con contraventanas negras. Había
muchas ventanas; cada una tenía una pequeña vela encendida, aunque fuera de día.
Cuando salí del auto levanté mi mirada. Era enorme.
—Gracias por traerme, Peter.
—Señora —dio la vuelta y fue hacia la parte trasera de la casa.
De repente la puerta se abrió y antes que pudiera decir una palabra, Veronica, también
conocida como mi madre, estaba de pie en la puerta con una enorme sonrisa en su rostro y con
sus brazos abiertos.
—Sarah, cariño, estoy tan feliz de que estés en casa —se acercó y envolvió esos brazos
alrededor de mí.
—Yo también —murmuré en su hombro.
—Entra. Quiero que des una vuelta, echa tú misma un buen vistazo. Mira si algo te trae
algún recuerdo. El almuerzo no estará listo hasta dentro de un rato y yo me quedaré aquí abajo
—señaló hacia la derecha mientras entrábamos en una gran sala con muchas piezas de muebles
de estilo colonial. Sofás, sillas, mesas y lámparas. Obras de arte cubrían las paredes. Una enorme
chimenea de ladrillo blanco estaba asentada en el centro de la pared que daba al exterior. Ella se
sentó en uno de los sofás—. Estoy terminando mi té, ¿puedo ofrecerte una taza?

65
—Tu casa es, bueno, es hermosa —dije mientras giraba lentamente. Las gruesas cortinas
que en diseño y color coincidían con los sofás, estaban abiertas, y la luz del sol llenaba la gran
sala haciéndola parecer cálida y acogedora—. Me encantaría un poco de té. Gracias.
—Siéntate. Te serviré y luego podrás empezar a explorar. —Había tal excitación en su
voz que era contagiosa. Levantó una gran tetera de cerámica azul y me sirvió una taza, luego
puso dos cucharadas de azúcar y un poco de crema—. Es así como te gusta —dijo,
entregándomela.
—Gracias. —La agarré y bebí a sorbos. Era perfecto—. Me gustaría echar un vistazo a los
alrededores. ¿Viví aquí mucho tiempo?
—Desde que naciste. Estuviste aquí hasta que te fuiste a la universidad en Pensilvania,
luego te mudaste a Filadelfia, para el postgrado. Y entonces, cuando te graduaste te quedaste
en Nueva York. Pero venías a menudo.
—Vaya, todo esto es tan abrumador. Estoy aquí en una casa, donde pasé una buena parte
de mi vida y no puedo recordar nada —bajé la mirada hacia mi taza.
—Es lo esperado según lo que dijo la doctora. Ella asegura que tus recuerdos regresarán
con el tiempo, cuando no estés tan… —Se detuvo.
—¿Tan qué?
—Bueno, Sarah, el doctor piensa que tu pérdida de memoria es en parte debido al estrés
causado por una experiencia traumática. —El tono de su voz cambió completamente, como si
estuviera restándole importancia a lo que había dicho el doctor, prosiguió—: Me enfadé mucho
con ese hombre. Tonterías, le dije. ¿Cómo describirías caer por las escaleras y romperse el
cráneo? Por supuesto que es estresante y traumático —negó con su cabeza—. Es el mejor en su
campo, pero actúa con superioridad. Personalmente, no me gusta, pero me encuentro en deuda
con él.
—No sé qué decir —Me quedé allí, mirándola fijamente como una completa idiota.
—Solo termina tu té. Iría contigo, pero creo que es mejor si echas un vistazo sin sentirte
como un ser entrometido o una intrusa. Quiero que estés completamente a gusto. Mantén en
mente que esta es tu casa, puedes mirar lo que quieras y no debes sentirte fuera de lugar.
—Gracias, en verdad aprecio que digas eso. Alivia un poco mi mente.
—Bueno, entonces termina tu té —Ella acabó con su taza y la colocó en la bandeja—.
Fuera de aquí, el almuerzo estará listo en una hora más o menos. Trudy está haciendo tu comida
favorita.
—¿Trudy? Quién es… —Me di cuenta que era absurdo hacer esa pregunta, porque no
recordaría quién era de todos modos—. Brad me dijo que te gustaba cocinar.
—Eh, sí, lo hacía, especialmente para ti y papá, pero hoy me pareció mejor pasar tanto
tiempo contigo como fuera posible. Además, Trudy hace uno de tus platos favoritos mejor de lo
que lo hago yo —Se rió.
—¿Y cuál es mi preferido?
—Es una sorpresa —dijo, muy orgullosa.

66 —He recibido un montón de sorpresas últimamente —sonreí con una mueca y


lentamente me dirigí hacia la puerta.
—¿Qué es esto, esta habitación?
—La sala de estar formal, querida.
—Ah…
Me preparé para explorar. Me gustó la idea de entrar en cada habitación y echar una
buena mirada. Rezando para que algo hiciera clic.
Caminé por el vestíbulo central, giré hacia el comedor. Era una hermosa sala con papel
de empapelar en ricos matices de borgoña, verde oscuro y amarillo brillante. Había una elegante
mesa larga rodeada por ocho sillas, maravillosamente tapizadas, el respaldo y los asientos
haciendo juego con las cortinas. Una gran pieza floral se hallaba situada en el centro de la larga
mesa. Había un aparador en una pared y un enorme gabinete en la otra, lleno de hermosos platos
y esculturas. Todo el mobiliario era de madera oscura brillante. Si tuviera que adivinar, diría que
era cerezo.
Salí de la sala y me dirigí hacia al final del pasillo. Giré y entré en la cocina y me sorprendió
cuán grande era. Una mujer estaba sacando elementos del refrigerador y los colocaba al lado,
sobre el mostrador. Debía de haberme oído porque antes de que pudiera prepararme, se giró
para enfrentarme.
—¡Señorita Sarah! —su voz era alta y entusiasta. Casi corrió hacia donde yo me
encontraba y envolvió sus grandes brazos a mí alrededor—. Estoy tan contenta de verle, y
levantada. Siempre que la visitaba, solo dormía y dormía. Le dije a su madre, que cuando se fuera
a casa, la trajera aquí para que yo la alimentara hasta que se levantara —su exuberancia era
contagiosa y me encontré sonriendo a pesar de no saber quién diablos era.
Me abracé a su espalda y…
Destello.
¿Había algo… en ella que olía familiar? ¿O era algo en la cocina que lo hacía?
—Señorita Sarah, ¿está bien? ¿Necesita sentarse?
—No… —estaba desorientada; no sabía el nombre de esta amable mujer.
—Trudy —dijo suavemente.
—No, Trudy, estoy bien. Simplemente…
—¿Qué pasa señorita?
—Algo huele muy bien aquí —improvisé inmediatamente.
—Es uno de sus favoritos —sonrió mientras me soltaba y daba un paso hacia atrás. Sus
ojos me revisaron de la cabeza a los pies—. Sí, es bueno tenerla de regreso. Ahora váyase para
que pueda seguir cocinando —sonrió. Era tan amable, que en verdad estaba enojada conmigo
misma por no recordarla.
—Entonces me voy.
67 —Venga, vamos fuera ya. Le voy a dar una pista... ese cuarto —señaló a través de la
sala—. Es donde usted pasaba la mayor parte de su tiempo.
—Gracias, Trudy. Te veré pronto.
—Sí, lo hará.
Salí de la enorme cocina de última generación, con su enorme refrigerador, grandiosos
hornos y gigantescos armarios... era muy grande.
Entré en mi habitación favorita, según Trudy, e instantáneamente me sentí cálida y a
gusto.
Un piano de madera pulida brillaba en la esquina, al lado de una gran ventana. Mientras
giraba lentamente en el lugar, noté que la habitación tenía más ventanas que paredes, y sonreí
para mis adentros al mirar la luz del sol entrando a través de cada una de ellas. Me acerqué al
piano y observé que cuatro de las ventanas en realidad eran puertas que daban a un patio. Era
una habitación cálida y acogedora y me pude dar cuenta de porqué era mi favorita. El televisor
de gran tamaño de pantalla planta, se encontraba sujeto en una pared junto a la chimenea de
piedra. Unos sofás modulares marrones de cuero desgastado, formando una enorme U, se
centraban en el medio de la sala y estaban cubiertos por completo con almohadones de todos
los diseños, algunos muy grandes y otros pequeños, todos agradables.
En el lado opuesto de la pared de ventanas había una pared de estanterías; estaba lleno
de ellas del piso al techo. Y se hallaban cubiertas, en cada centímetro, por libros. De hecho, se
estaban desbordando. Había libros apilados en pequeños montones en la parte superior de las
estanterías en filas ordenadas.
—A alguien parece que le gustaba leer mucho.
Me acerqué y pasé mis dedos por encima de sus encuadernaciones; el olor de los libros
llenó mis fosas nasales. Inhalé profundamente.
Destello.
Creo que amaba ese olor, o sí amo este olor.
¿Eso era un recuerdo?
Había una mesa de sofá grande y larga en la parte superior de la U que sostenía lo que
parecían ser centenares de fotografías de todos los tamaños y formas. Había fotos mías sin mis
dientes delanteros sonriendo incómodamente. Parecía tener tres o algo así. Había fotos mías con
aparatos dentales, mi cabello suelto, sin forma ni figura.
Ah, los años adolescentes desgarbados.
Había una foto mía en un vestido de graduación y sosteniendo mi diploma en alto con
orgullo, con una sonrisa conservadora en mi rostro. Ahora veo el resultado de los aparatos. Lucía
tan joven, tan preparada para abordar al mundo; había tanta confianza en esa sonrisa. Había otra
foto mía; parecía tener alrededor de quince años, sentada junto a Ronn… mi madre con un
hombre de pie detrás de nosotras. Él tenía una mano en uno de nuestros hombros.
Destello.

68 Conozco esa sonrisa.


Salidas de la nada, las lágrimas llenaron mis ojos. No sé por qué, pero tenía que ver con
algo en esa foto. Me las enjugué y observé por encima para encontrarme con una fotografía de
Brad y de mí, vestidos como si estuviéramos por salir a una noche en la ciudad. Él usaba un traje,
y yo llevaba un vestido. Tenía que admitir que sin duda éramos una pareja de muy buen aspecto.
Mis ojos verdes brillaban; sus ojos azules eran impresionantes.
Tendremos bebés muy guapos.
¿De dónde diablos salió eso?
Me acerqué y levanté una fotografía, era mi madre y, quien solo puedo adivinar era mi
padre y la examiné de cerca. Deseando que mi memoria regresara y me dijera por qué estoy tan
obsesionada con este rostro. La coloqué de nuevo en su lugar. Había una gran pintura en un
grueso marco adornado, una réplica de la que colgaba sobre la chimenea, nuestra foto de
compromiso. Sonreí mientras observaba a la pareja enamorada.
Dando un paso hacia atrás le eché de nuevo un vistazo a la habitación y aquí sentí algo,
un montón de cosas. Era tranquilizador y al mismo tiempo aterrador.
Me di la vuelta y salí de la habitación.
Me acerqué a la siguiente puerta y la abrí. En el interior había un gran lavadero, con una
mesa plegable enorme de color blanco y dos grandes máquinas ocupaban una gran porción de
espacio. Una cuerda colgaba de una esquina hacia la otra y directamente debajo de ella se
encontraba un bastidor, aparentemente para colgar ropa que no se podía secar. Sabía que
cualquier recuerdo que tuviera de esta habitación no sería bueno, y sonriendo ante mi propio
ingenio, cerré la puerta… algunas veces me río de mí misma a carcajadas.
La siguiente puerta era una gran despensa, en el interior había un montón de golosinas,
pero nada que pudiera desencadenar un recuerdo. Abrí la puerta que daba hacia el garaje. Un
elegante Mercedes de color blanco con un techo descapotable se hallaba en el extremo más
alejado del gran espacio. Buen gusto madre pensé para mí misma.
Luego abrí una serie de puertas, un armario de abrigos, otro armario, y todavía otro
armario más. Esta casa definitivamente tenía un montón de espacio para armarios. ¡Buena
característica para vender!
Bueno, eso es todo en este piso. Caminé hacia la parte inferior de las escaleras y levanté
mi mirada. Colocando mi mano en la barandilla, lentamente subí hacia el segundo piso. Mirando
por encima de la baranda, por primera vez noté desde que había llegado, que había una gran
mesa redonda en el medio de la puerta de entrada del pasillo central. Flores frescas llenaban
toda la mesa. Me giré hacia la tarea en cuestión, subir sin caerme.
Mi agarre en la barandilla era tan apretado que mis nudillos estaban blancos. Tomé una
respiración profunda y coloqué un pie delante del otro. Cuando finalmente alcancé la parte
superior, exhalé. Sorprendiéndome a mí misma de que hubiera aguantado mi respiración
durante todo el ascenso.
Al abrir la primera puerta en la parte superior de las escaleras, le eché un buen vistazo.
Había una gran cama, dos mesitas de noche, una cómoda, dos lámparas y poco más. Me acerqué

69 y abrí la puerta en la pared más alejada. Un armario, qué gran sorpresa. La siguiente puerta era
la entrada al baño. Era todo de madera oscura y de vidrio, bastante clásico, pero nada interesante
para mí. Cerré a mis espaldas y caminé por el pasillo hacia la siguiente. Era otra habitación que
tampoco tenía un recuerdo para mí. Esta como las otras que recién había visto, se encontraba
decorada con buen gusto, pero no destacó en mi mente.
Cerré esa puerta y caminé hacia la contigua en el pasillo. Esta habitación estaba en la
parte trasera de la casa.
La abrí de un empujón y entré, era amplia y brillante, las cortinas de color amarillo pálido
y azul se encontraban abiertas permitiendo que el sol se extendiera por toda la sala cavernosa.
Una gran cama de baldaquín se hallaba en el centro de la gran pared lejos de las ventanas que
daban hacia el patio. Me acerqué y miré el exterior.
La hierba verde moviéndose y los pasillos de color pizarra llevaban a la gran piscina en el
terreno. Una cabaña se hallaba junto a la piscina. Directamente debajo de la ventana se
encontraba un techo, imagino que sería lo que cubría el área del patio de la gran sala familiar, la
que tenía todas las fotografías.
Me giré y observé la cama. En la pared, en medio de los postes de la cama había una
pintura. Era una pintura familiar. Muy relajante. Me gustaba. La cama estaba cubierta por un
conjunto de edredón color azul francés lujoso y amarillo pálido que parecía tener veinte
almohadas fijadas en la parte superior contra el enorme cabecero de madera.
Me senté en ella y miré en derredor. También había una cómoda a juego, un armario, y
dos mesitas de noche de madera, cada una con una lámpara con pantalla de cristal azul asentada
en la parte superior. Me recosté intentando sentir algo por la habitación y levanté mi mirada.
En el techo se encontraban lo que lucían como un trillón de estrellas pequeñas. Se
hallaban por todos lados. Al principio no las había notado. Las estrellas eran casi invisibles, todas
parecían ser del mismo color que el techo, pero después de unos segundos pude distinguir sus
contornos.
No pude evitar sonreír.
—Hiciste que tu padre colocara cada una de esas estrellas —me senté y vi a mi madre de
pie en la puerta—. Ese cúmulo enorme encima de donde estás tumbada es la Vía Láctea —dejó
escapar una breve carcajada—, insististe en que fuera exacto. Tu pobre padre… —negó con su
cabeza, sonriendo ante el recuerdo.
—¿Lo hice?
—Sí, en realidad brillan en la noche. En verdad es bastante lindo. Es como si todo el cielo
nocturno estuviera brillando sobre ti.
—Me gustaría verlo en algún momento.
—Más tarde cuando oscurezca, después de la cena. Regresa aquí arriba y acuéstate en
tu cama. Entonces las verás. Pero ahora es momento de comer el almuerzo. Espero que tengas
hambre.
—Parece que siempre tengo hambre.

70
—Eso es bueno. Puedo notar que ya estás subiendo un poco de peso.
Bajamos por la gran escalera curva, mi madre permaneció a mi lado, mantenimiento mi
ritmo lento. Hablando sobre cómo todo el tiempo solía nadar, y cuando era pequeña
coleccionaba insectos.
Ay no ¿de verdad?
Se rió por la cara que puse.
—¿Has tenido algún recuerdo de Jez desde la última vez que te pregunté?
—No. No los he tenido. Pero Brad me contó algunas historias sobre ella. Dijo que solía
seguirme a donde sea que caminara, como un cachorro.
—Eso es cierto. Lo hacía. Especialmente cuando eras pequeña, pero últimamente ha
estado actuando de forma extraña. Creo que es porque nunca ha pasado tanto tiempo sin verte
—me miró fijamente—. Traté de darle manzanas y cubos de azúcar, pero esa chica no las tomó.
Te extraña terriblemente. Todos lo hacemos —había una tristeza en su voz que al instante en mí
desencadenó la culpa. De verdad quería recordarlo todo.
—¿Montaba bien?
—Sí lo haces. Lo hacías —bajó su mirada a la parte inferior de las escaleras, luego de
regreso hacia mí—, no me malinterpretes. Tuviste tu cuota de caídas, especialmente cuando eras
terca e insistías en hacer un salto para el cual no te encontrabas preparada. Tu padre se enojaba
mucho contigo cuando te presionabas demasiado, pero eras una cabeza dura, si me lo preguntas
te parecías a él. Hacías el salto sin pensarlo dos veces. Te juro que hubieron momentos cuando
te caías de ese caballo en los que no sabía quién se sentía peor, si tú o Jez —se rió. Me uní a su
risa. Pude verme siendo terca.
Me encontré a mí misma con ganas de ver a mi caballo. Jez.
Entramos en el comedor y nos sentamos a la mesa. El olor de los tomates se colaba por
la puerta mientras Trudy entraba cargando una bandeja.
—Huele como el cielo —dije.
—¿Sabes lo que es? —preguntó Trudy.
—No, supongo que algo con tomate.
Colocó un tazón delante de mi madre y de mí. Tuve el placer de ver que estaba en lo
correcto. Era sopa de tomate.
Trudy ralló queso parmesano fresco en la sopa caliente, el que inmediatamente se fundió
en la superficie.
—Con albahaca fresca, de la forma que te gusta —dio un paso hacia atrás y sonrió.
—Mmm. Luce fantástico. Ni siquiera puedo describir cómo huele.
Era raro, tan extraño, que no me importara compartir mis comidas con personas que veía
como ajenas a mí por completo. En donde la comida estaba involucrada, me sentía cómoda. No
me preguntes por qué.

71 Trudy sonrió. Mi madre dejó escapar una risita mientras levantaba una cuchara llena hacia
su boca.
—Trudy, te has superado a ti misma —lanzó migas de pan fresco en la parte superior de
su sopa.
—Oh, ¿nos estamos poniendo serios? —me reí mientras ponía también migas de pan y
las repartía por encima de mi sopa—. ¿Qué más estoy oliendo?
—Está encima de ti, Trudy.
—Viene de inmediato —caminó hacia la cocina y momentos después regresó con dos
platos—. Aquí tienen —los bajó con orgullo.
Bajé mi mirada.
Queso a la parrilla.
¡Casi salté de arriba a abajo!
— ¡Mi favorito! —La voz no era mía y sin embargo salió de mi boca.
No sé quién gritó, si Trudy o mi madre pero me encontraba demasiado ocupada
degustando.
Ambas giraron sus cabezas y simultáneamente me miraron. Las dos tenían sus bocas
abiertas y sus cejas levantadas.
—Será mejor que cierren esos labios antes de que algunas moscas se metan allí —les
dije.
¿Ahora de dónde demonios salió eso?
Ignoré sus miradas falsas de indignación y acerqué mi nariz al plato. O me había criado en
un granero, o la comida era lo mío. El olor del queso cheddar fresco, queso americano y pimienta
flotaban en el aire, por cierto, la perfecta combinación, fundidos entre dos rebanadas de pan
fermentado recién hecho ligeramente tostado. Debía encontrarme en el cielo.
Agarré un triángulo y lo mordí intensamente, amando la sensación y el sabor del queso
derretido caliente escurriéndose por los lados del sándwich, y el crujido del pan mientras llenaba
mi boca. Tomé otra cucharada de la sopa de tomate y la metí en mi boca. Amé el sabor de estos
dos alimentos juntos.
—Esperen. Amo esto. Recuerdo amar esto.
Destello.
Destello.
Destello.
Destello.
—Trudy, eres una genio —mi madre aplaudió y saltó en su silla.
—¡Eres la mejor! —dije, metiendo otro bocado de mi sándwich en mi boca.

72
Palabras más verdaderas nunca antes fueron dichas.
10Traducido SOS por MaJo MadHatter y Ana09
Corregido por Yani

P asé el resto de la tarde hasta temprano en la noche caminando alrededor y


mirando en casi todos los rincones de mi casa. Al entrar en la habitación de mis
padres no me fue revelado nada en ninguna forma, lo que de alguna manera me
hizo sentir triste. Pude observar al mirar a los ojos de mi madre que ella veía esa tristeza, y
también la sentía.
Ahí no me detuve.
El patio era otra historia diferente. Lo amaba, era hermoso, relajante, reconfortante y sin
embargo, por extraño que parezca, no sentía ninguna afinidad por él.
Todavía estaba conmocionada por mi arranque con la sopa y el sándwich. Llegamos a la
casa y entramos en el salón familiar, y de nuevo fui atraída por la mesa de las fotografías de la
familia. No se podía negar que yo me encontraba en todas esas fotos durante varias etapas de
mi crecimiento. La puerta principal se abrió y escuché gritar a Trudy.

73 —Señor Bradley, ha pasado mucho tiempo desde que vino a verme —pude escuchar el
tono jovial en su voz, y esa era la descripción perfecta para Trudy. Jovial. Sin mencionar que era
la creadora de los mejores quesos a la parrilla y sopa de tomate que había.
—Trudy, querida. Ha pasado demasiado tiempo. ¿Dónde está mi abrazo?
—Oh señor Bradley, veo que sigue siendo tan bueno y encantador como siempre.
Él se rió y el sonido fue tan genuino que mi corazón empezó a latir como un tambor.
Cuando finalmente entró en el salón familiar, no pude evitar la sonrisa ridícula que curvó
mis labios. Estaba realmente feliz de verlo.
—Mis dos chicas favoritas —anunció mientras se acercaba y plantaba un beso en la
mejilla de mi madre.
—Bradley, siempre es bueno verte —dijo.
—Entonces, chicas, ¿cómo estuvo su día? —miró brevemente a mi madre antes de volver
su atención hacia mí, pero se detuvo a cierta distancia de mi espacio personal. Me di cuenta de
que se estaba conteniendo a sí mismo y de alguna manera eso me hizo querer saltar en sus
brazos, y al mismo tiempo, respeté su control—. ¿Sarah, hoy cómo te sientes?
—Muy confundida, pero feliz. En la medida en que podría ser feliz pasando el día con
extraños… —Debería haberme detenido después de feliz. La parte de extraños fue un poco
demasiado y me sentí culpable al tiempo que el rostro de mi madre palideció
momentáneamente—. Lo siento, eso salió mal.
—Sarah, no te preocupes por nada. Tengo el presentimiento de que pronto serás tú
misma y te sentirás como en casa… cuando estabas en casa —su tono fue parejo, pero aun pude
escuchar el dolor.
—Eso espero madre —lo dije mirándola directamente, esperando que mis simples
palabras sacaran la tristeza de sus ojos.
Brad se inclinó y besó mi mejilla. Más bien superficialmente. Pero no obstante la calidez
de sus labios, mientras rozaban mi piel, me hizo temblar. La anticipación corrió a través de mis
venas, extendiéndose rápidamente por todo mi cuerpo, aterrizando en un lugar que… bueno.
Eso es para otro momento y otro lugar.

***

Cenamos un plato de sopa de puerros y patatas, una ensalada ligera, y un lomo de cerdo
asado con ramitas de romero fresco, papitas de oro Yukon, zanahorias, nabos y remolachas. Fue
absolutamente delicioso y llenador.
La botella de Borgoña que Brad abrió era perfecta. Suave, floral, deliciosa e iba a la
perfección con la pesada cena de cerdo.
Para el momento en el que sacaron el postre, me encontraba mareada por el vino. Bayas
maduras con crema sabayón, servidas con un vino frío de Inniskillin Ice. Me atrevería a decir que
74 estaba agradecida por el hombro de Bradley cuando nos despedíamos y salíamos hacia el aire
helado antes de entrar en su auto.
Después de llevarme hacia mi puerta, se metió en el lado del conductor y encendió el
motor. Era el coche negro lujoso más hermoso y brillante que jamás había visto.
—Lo siento, probablemente debí haber encendido el motor un poco más temprano así
esto estaría caliente —dijo disculpándose.
—No, en serio, estoy bien. Después de una comida como esa me vendría bien un poco
de frío para despertarme.
—Escuché eso. Debería haber dicho que sí a ese expreso.
— ¿Qué tipo de auto es este?
—Un Maybach Exelero. ¿Te gusta?
—¿Qué más se puede pedir? —respondí mientras giraba mi cabeza para asimilar cada
detalle.
Se rió entre dientes mientras que lentamente salía de la calzada y doblaba hacia la
izquierda, conduciendo hacia la carretera.
Me recosté en el asiento y cerré mis ojos mientras trataba de recordar cada uno de los
detalles de mi día.
Después de la cena cuando se hizo de noche, regresamos al piso de arriba y me acosté
en mi cama mirando hacia el techo.
La luz se apagó y el techo cobró vida con lo que parecían como miles y miles de estrellas
diminutas. Fue verdaderamente hermoso y en algún lugar muy dentro de mí, supe que amaba
mirar a las estrellas. Recordé el sentirme destrozada cuando vi la foto de mis padres y de mí en
la mesa del salón familiar. No sé qué causó esa reacción, pero tuve un presentimiento, una
sensación persistente, de que había amado a ese hombre muchísimo. Había un vacío dentro de
mí que era exasperante por el hecho de no poder recordar a alguien que obviamente era muy
importante para mí.
La mano de Brad llegó hasta mi rostro y enjugó la lágrima que sin saberlo estaba rodando
por mi mejilla.
—Un centavo por tus pensamientos —dijo.
—No podrías sacar demasiado con tu dinero —me reí amargamente—. No sé mucho, y
mis pensamientos se encuentran tan dispersos en el viento, que sería feliz si tan solo pudiera
colocar uno en perspectiva y partir de allí.
Me giré y lo miré. Su perfil era tan perfecto como lo era él. Mandíbula firme, pómulos
altos; apariencia robusta envuelta en un paquete perfecto. Extendió su mano y tomó la mía,
presionándola suavemente, y sentí un escalofrió correr por todo mi cuerpo, dándole la
bienvenida a lo que eso había generado.
—Tómate tu tiempo. No lo apresures. Va a regresar —sonó tan convincente que casi le
creí.
—Solo quiero que pase ya. Solo deseo recuperar mi vida.
75 —Sarah paciencia —presionó mi mano de nuevo y mi pulso se fue a toda marcha. Sentí
una rara emoción formándose rápidamente en mi interior. Mi corazón se aceleró y una extraña
sensación de hormigueo recorrió la superficie de mi piel. Me sentí con ganas de más e
inmediatamente me sonrojé por cuán desvergonzados eran mis pensamientos.
Después de todo, qué es eso que me hace querer hacer el amor con un hombre que no
recuerdo. Qué debe pensar de mí. Sacudí mi cabeza.
—¿Qué?
Era perceptivo; se lo reconozco.
—Me estaba preguntando lo que deberías pensar de mí… quiero decir después del otro
día —sentí que mi rostro enrojecía todavía más.
—Te estás refiriendo a nuestro…
—Mi audacia. Estoy segura de que debes pensar que yo… no sé qué piensas de mí —
cerré mis ojos y me recosté en el asiento.
—Sarah, no tienes nada de qué sentirte avergonzada. Estamos comprometidos y
tenemos… teníamos una vida sexual sana —sonrió con su hermosa sonrisa de complicidad y me
derretí.
—Entiendo lo que estás diciendo, pero al mismo tiempo, no te recuerdo y no querría que
pensaras que por lo general duermo con hombres que no conozco.
Su mano soltó la mía, la levantó hasta rozar mi mejilla con su dorso.
—No pienso nada de ti que no haya pensado antes del accidente. Creo que tu cuerpo nos
recuerda. Solo es cuestión de tiempo para que tu mente lo haga.
Sonreí.
—Espero que estés en lo cierto.
Antes de que me diera cuenta en dónde nos encontrábamos, entramos en el garaje y la
puerta se estaba cerrando detrás de nosotros.
—Vamos a llevarte adentro. Ha sido un día ocupado y necesitas descansar —dijo
mientras me ayudaba a salir del auto.
Caminé un poco más despacio que antes y fui obligada a aceptar que en verdad me
encontraba cansada.
Una vez que estuvimos dentro, Brad se volvió hacia mí. —¿Puedo ofrecerte una copa de
vino?
—Eso sería agradable. Me gustó el que tomamos con nuestra cena.
—Borgoña para la señorita, a la orden —caminó hacia la parte de atrás de la casa en
donde abrió una puerta y desapareció detrás de ella.
Pensé que de verdad necesitaba levantarme e ir a explorar los alrededores de esta casa,
mi casa. No sé en dónde se encuentran las cosas.
Volvió a entrar en la gran sala con una botella de vino en la mano.
76 —Solo necesito decantar esto por poco tiempo. No debería tardar mucho en abrirse. De
hecho está perfecto para beberlo ahora —dijo mientras levantaba la botella para examinarla.
—Gracias —le sonreí y me sonrió en respuesta. Sí, esa sensación de hormigueo estaba
justo otra vez en el lugar en donde había empezado, justo en donde mis muslos se encuentran—
. ¿A dónde lleva esa puerta? —la señalé.
—Al sótano. Es en dónde se encuentra la bodega de vinos. Es uno de tus cuartos
favoritos. Tú lo diseñaste. Eres la enófila completamente, ya sabes.
—Yo, um, no sé qué decir.
—Por qué no vas arriba y te cambias y yo decantaré este vino.
—Suena como una buena idea —me reí. Me acerqué a la gran escalera curva y con la
mano firmemente en la barandilla; comencé a subir los escalones. Todavía iba un poco lento,
pero podía sentir que mi cuerpo se estaba poniendo más fuerte cada día. Me encontraba solo un
poco triste porque mi cerebro se estaba tomando tanto tiempo.
Entré en mi habitación, nuestra habitación y quité la ropa, lanzándola en el conducto de
la lavandería. Abriendo el cajón de la cómoda, encontré algo de lencería sensual. Aparentemente
esto era todo lo que usaba, eso o nada, porque no había muchas otras cosas con las que uno
podría dormir en ninguno de los cajones; un montón de ropa interior diminuta, camisones y
medias. Quizás en mi vida anterior era una cachonda.
Sin embargo, en el armario encontré una camiseta que debe haber sido de Brad porque
cuando la pasé por mi cabeza, cayó justo hasta encima de mis rodillas. Tomé un par de pantalones
cortos del cajón de ropa coqueta y lentamente regresé a la gran sala. Mientras caminaba por la
pasarela abierta, vi a Brad colocando dos copas en la mesa. Una copa de vino para mí y un vaso
pequeño con líquido color ámbar para él. Supuse que era whisky.
Cuando me oyó empezar a bajar las escaleras levantó su mirada. Una mirada de miedo
mezclada con ira se apoderó de sus perfectos rasgos, pero se había ido tan rápido como había
aparecido.
Fue a mi encuentro cuando bajé los últimos tres escalones.
Agarrándome en sus brazos, me llevó al sofá y me bajó delante de mi copa de vino.
—Gracias amable señor, pero le aseguro que puedo caminar.
—Con mucho gusto, bella dama.
Brad sonrió y me entregó mi copa tomando asiento a mi lado. Noté la música a bajo
volumen que sonaba de fondo, del tipo con la que puedes hablar, no cantar. Tomé un largo trago
antes de bajar la copa. Se giró sin prisas y miró directo a mis ojos tomando mi mano libre con la
suya.
—¿Hubo alguna cosa en casa de tu madre que encendiera una chispa?
—Si dijera que no, estaría mintiendo —tomé otro trago—. Había una foto en la que
aparentemente nos encontramos mis padres y yo en la habitación familiar. Realmente me hizo
pedazos.
—Sé a cuál te refieres —durante algunos segundos pareció pensativo—. Eras la luz en la

77 vida de tu padre, y él era la tuya. Murió poco después de que nos conociéramos. Estabas
devastada.
Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas al escuchar la emoción en la voz de Brad e
imaginé mi propia versión de lo que había descrito.
—¿Cómo murió? —pregunté, sin estar realmente segura de querer escuchar la respuesta.
—Murió en un accidente automovilístico. Lo chocó un conductor ebrio.
—Dios mío.
—Murió instantáneamente. No sufrió.
Creo que incluyó esa parte para que no me sintiera tan mal, pero mi corazón se rompió
por la hija que lo amó así como por la mujer, mi madre, que compartió su vida con él. —Mi madre,
debió haber estado destrozada.
—Lo estuvo. También tú. Todos lo estuvimos. Era un buen hombre. Las amó con todo lo
que tenía.
—Tú y él, ¿se llevaban bien? —No sé de dónde vino eso; creo que fue solo curiosidad.
—Sí. Amaba mucho a tu padre. Era como un padre para mí. Perdí a mis padres no mucho
tiempo antes de conocerte.
—Lo sé —cerré mis ojos con fuerza, nerviosa porque Terry me lo dijo confiando en que
no lo diría y la traicioné.
—¿Lo recuerdas? —De pronto se encontraba optimista.
—No, lo siento. Lo leí… Leí sobre eso en mi diario —una salvada rápida, no muy honesta,
pero simple.
—Oh —lucía tan triste. Parece que todo lo que soy capaz de hacer es hacer que este
hombre se sienta triste —. Pero sí, amé a tu padre. Un buen hombre.
Me sorbí la nariz. —Siento… tu pérdida.
—Suficiente de eso —se secó un par de lágrimas perdidas—. ¿Recuerdas algo más?
—Sí, recordé algo más. También recordé una de mis comidas favoritas.
—Sopa de tomate y quesos a la parrilla.
—¿Sabes lo frustrante que es que todos los demás recuerden mis favoritos, pero yo no?
Es tan injusto. ¡Son mis favoritos! —Me desconcertó el tono agudo de mi voz—. ¿Quesos?
Brad se rió.
—Sí, es como tú lo llamas porque Trudy mezcla tres tipos diferentes de queso para
hacerlos a la parrilla.
—Mmm.
Levantó mi rostro hacia el suyo.
—Eres tan tú cuando actúas así. Desearía que pudieras observar la forma en que te ves a
través de mis ojos. Se acercó. La intensidad de sus palabras, sin mencionar esos ojos azules
increíbles, me hizo sentirme toda blanda por dentro—. Quisiera besarte ahora. ¿Está bien?
Me quedé sin palabras, lo cual fue una primera vez. Creo que solo gemí, lo que por

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supuesto era un ¡¡SI!!
Esa parte en donde mis muslos se encontraban, ahora estaba palpitando como loca. Me
quedé inmóvil e incapaz de mirar hacia otra parte. De hecho, me incliné hacia él. La mujer lasciva
estaba de vuelta y quería satisfacción.
Su boca tocó la mía ligeramente y sus labios se movieron sobre los míos, sentí que mi
brazo, actuando por voluntad propia, agarraba y acercaba más su cabeza de mí. Pasé mis dedos
a través de los mechones gruesos, negros y sedosos y dejé que mis dedos hicieran su camino.
Separó mis labios con su lengua y juro que mi temperatura interna aumentó unos veinte
grados. La única cosa que me estaba deteniendo de empujarlo sobre su espalda y montarlo eran
mis limitaciones físicas, de lo contrario, que Dios le ayude, ese chico conseguiría mi propia marca
de provocación.
Sus manos, las suaves y tibias que sostenían mi rostro, acariciaron mi cuello, mis hombros
y se detuvieron directamente sobre mis pechos, los que en este punto estaban palpitando
incontrolablemente. Junté mis piernas, tan fuerte como pude y sentí que el dolor agudo, al que
me he acostumbrado, empezaba a palpitar en mi cadera, pero no dejé que me detuviera. Diablos
no.
Sus pulgares hicieron círculos sobre mis pezones y sus otros dedos empezaron a apretar
mis pechos. Me estremecí por la anticipación. Mi cuerpo involuntariamente se acercó más, de
modo que me encontraba tocando el suyo. Sus manos abandonaron sus puestos y bajaron por
mis costados hasta que se detuvieron en mis caderas.
¿Yo? Apenas estaba empezando. Puede que no recuerde quién soy, pero sé que de hecho
me gusta la forma en que me siento justo ahora. Extendí mi mano, busqué y encontré su
considerable erección. Mis dedos se envolvieron a su alrededor y lentamente mi mano empezó
a bombearla. Pude sentirla engrosarse y crecer bajo mi agarre. El calor emanando de él era
palpable.
Aclaró su garganta. No uno de esos tipos de aclarado de “Uh hum”. Aclaró su garganta
para dejarme saber que había encendido una chispa. Y el sonido, bueno, era casi tan caliente
como la sensación de él en mi mano.
Se puso de pie y tiró de mis caderas hacia él, inclinándome hacia atrás y sacándome la
camiseta que llevaba. Cayó sobre mi rostro y me reí, al mismo tiempo que inhalaba el glorioso
olor que obviamente era el de él, aferrándose a su camisa. Hay algo en usar la camisa de tu
hombre, especialmente si amas la forma en que huele.
Sentí sus dedos engancharse a los lados de mis pantalones cortos mientras lentamente
los bajaba, pasando por mis muslos, mis rodillas y eventualmente mis tobillos. ¿Adónde fueron?
No podría importarme menos. Escuché que su cremallera bajaba y sentí que el sofá se hundía
mientras se apoyaba en él. Le tomó algunos segundos más antes de que sintiera la tibieza de su
piel contra la mía. El cabello en su mejilla rozando contra mis pezones erectos por un segundo y
tomé una respiración profunda.
Y antes de que supiera lo que estaba haciendo, sentí el calor de su boca sobre mí. Movió
su lengua sobre esa área en donde antes me había enviado al borde del precipicio, el punto
palpitante en donde mis muslos se encontraban y abrí mis piernas tanto como pude, dándole el
acceso que necesitaba para completar la tarea en cuestión.
Todo el tiempo mi cerebro estaba gritando, te gusta esto, te gusta esto. Abre más. Lo

79 escuché. Puede que no tenga recuerdos de quién soy, pero no estoy loca. Sus manos separaron
la cubierta de ese nudo oh tan apretado y su lengua lentamente acarició todos y cada uno de los
lugares que lo necesitaban. Sin faltar nada. La única cosa que lo detuvo brevemente fueron mis
manos agarrando su cabello y aferrándose a la vida mientras mis caderas montaban esa montaña
rusa. Su lengua se zambulló en lo profundo y salió solo cuando lo requirió el área endurecida.
Luego de tres o cuatro sesiones de gritos de mi voz llamando a Dios, a nuestro Querido
Señor, a Jesucristo, y de decir NO PARES, sentí una humedad tibia dejando un camino desde mi
lugar feliz hasta los dos puntos en la cima, que subían y bajaban empujándose a sí mismos por el
camino de su lengua.
Lamió y mordisqueó hasta que ya no pude más e hice lo de agarrarle el cabello de nuevo.
Cuando finalmente llegó hasta arriba, y se enfrentó a, um, la camiseta conmigo. Se rió
descaradamente, lo que por supuesto hizo que mi nudo se tensara de nuevo.
Bajó la camiseta, revelando un rostro que tenía que tener la expresión más eufórica, ¿o
mi nombre no es… Sarah?
Lo diré con otras palabras.
Me veía como una mujer que acababa de experimentar uno de los mejores encuentros
sexuales de su joven vida.
Su boca bajó a la mía y su lengua bailó con la mía, y sentí la punta de su erección hermosa,
caliente y dura encontrando su camino a casa mientras lentamente se deslizaba dentro de mí.
No puedo estar segura, pero creo que literalmente dije—: Oh, sí…gracias —mientras se
deslizaba en mi interior, llenando cada parte de mí.
Sabes, la única cosa que pensé en ese momento fue que era muy malo que no pudiera
recordar el hacer esto con este hombre perfecto en nuestro pasado.

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11
Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por ValeV

—¿S arah? —La forma en la que dijo mi nombre causó que mi interior se
tensara. Amaba tanto el tono sensual en su voz; casi me derretí.

—¿Sí?
—¿Qué piensas acerca de que te lleve mañana a un paseo a Connecticut? Veremos a Jez,
almorzaremos. ¿Tal vez pasaremos la noche allí?
Sentí que mi entusiasmo empezaba a formarse y exclamé—: Sí.
Se rió y sentí sus brazos apretarse a mi alrededor, el ritmo constante de su corazón contra
mi espalda. Sus dedos seguían acariciando mi estómago.
—Bien. Déjame hacer un par de llamadas, haré que Simon cubra mis reuniones y me
81 encargaré de llevar un almuerzo de picnic —besó mis sienes, e inmediatamente sentí una oleada
de calor a través de mi cintura.
—Suena maravilloso. De verdad, de verdad me gusta eso.
Brad me dio un breve apretón, luego se levantó y caminó hacia donde había dejado sus
pantalones. Me encontré incapaz de retirar mis ojos de su cuerpo. Era un ejemplar hermoso de
hombre. Eso era seguro.
Era fuerte, musculoso y hermoso.
Tenía piernas largas que en realidad eran tan musculosas como el resto de su cuerpo.
Cuando se dio la vuelta para enfrentarme miré rápidamente hacia otro lado, evitando su mirada
de complicidad, tratando de lucir despreocupada, sintiendo el calor aumentando en mi rostro.
Creo que lo vi sonreír.
Desde la esquina de mis ojos, observé mientras se inclinaba para ponerse sus pantalones
en sus piernas y se subía la cremallera. Su pecho se encontraba espléndidamente en forma de V
y se estrechaba hacia abajo en sus abdominales definidos y sus caderas estrechas. Tiene un
pequeño rastro tenue de vello negro que desaparece en el interior de la parte superior de su
pantalón.
Hice una nota mental para explorar ese rastro. Saborearlo. Sentirlo en mi boca, pasar mi
lengua sobre…
¡Sarah!
Tuve que detener mis pensamientos descarriados; solo me hacían emocionar y desear
más.
Metió su mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su teléfono celular. Luego me miró y
sonrió. —Más tarde recuérdame que tengo que darte algo.
—Haré que sea mi misión el recordártelo —traté de darle mi sonrisa más cálida y sensual.
Se echó a reír.
Fingí tristeza.
—Saca ese mohín de tu boca —susurró—. Estaré feliz de obligarte de nuevo a… —
pestañeó—, Hola. Simon. Brad Hunter. Sí, estoy bien… Sarah… se encuentra bien, gracias por
preguntar… Sí… necesito que cubras mis reuniones de la mañana con los hermanos Clark, y el
almuerzo con Wilson —colocó su mano sobre la porción de la boca en el teléfono, y con sus ojos
ardientes me gritó—: No te muevas. —Tenía esa mirada del gato que se comió al canario—.
Simon, sí, estoy aquí. Mañana tengo que llevar a Sarah a Connecticut y no seré capaz de hacer la
reunión. Dales mis saludos e infórmales que ya estamos listos para hacerles una oferta… Lo haré.
Gracias… Sí, tú también… Buenas noches —presionó el botón y terminó la llamada.
—¿No te muevas?
—Sí. Quédate justo así —trajo otra bebida para los dos y se reunió conmigo en el sofá—
. Aquí tienes —me entregó la copa de vino y tomé un sorbo.
—Gracias.
La tomó y una vez más la colocó sobre la mesa.

82 —¿Que me quede así? —Me encontraba confundida.


—Sí.
Una palabra es todo lo que dijo. Pero lo que hizo fue alucinante. Se sentó delante de mí
y me recostó de nuevo hacia la almohada gigante a mis espaldas. Tomó su mano y la bajó hacia
mi apéndice palpitante y lentamente introdujo sus dedos. Sus ojos se hallaban medio cerrados y
me incliné más hacia atrás, presionando mi cabeza contra el respaldo del sofá y gemí.
—Querido Señor —fue todo lo que logré pronunciar.
Movió sus dedos dentro y fuera de mí de forma experta. Bajando su cabeza, metió todo
mi pezón en su boca y pasó su lengua sobre la punta, mordiéndola ligeramente.
Arqueé mi espalda, lo que fue toda la instigación que aparentemente necesitaba. Porque
antes de que me diera cuenta, se sacaba su pantalón y una vez más se deslizaba en mi interior.
Su movimiento de balanceo me lanzó a la cima de esa montaña proverbial y me dejó allí hasta
que me estremecí.
Envolví mis piernas alrededor de su trasero y cabalgué con él hacia la cima. El mundo se
fragmentó en pedazos y brilló detrás de mis ojos cerrados.
—Sarah. Dios, Sarah. Te amo tanto —se empujó dentro de mí más y más rápido
satisfaciendo cada deseo maravilloso que tenía y más. Me tambaleé en el borde hasta que otra
vez gritó mi nombre, y luego caí de regreso a la tierra con él, conduciéndolo hasta que estuvimos
de nuevo inmersos en el sofá de forma segura.
Se aferró a mí muy fuertemente por unos segundos y sentí su calor mientras palpitaba
en mi interior, mi cuerpo presionándolo desde adentro.
—Jamás tendré suficiente de eso —susurró cerca de mi oreja, su respiración me hizo
cosquillas.
—¿Es lo que querías darme? —pregunté tímidamente.
—Bueno, sí. Siempre quiero darte eso, pero hay algo más. Espera aquí.
Que Dios me ayude, este hombre era sensual.
—No voy a ir a ningún lado. No creo que pueda caminar después de eso —dije
calmadamente.
Miró a mi rostro aplastado y se rió.
—Te amo —y sin esperar una respuesta de mi parte, se levantó y se acercó a la pequeña
bolsa sobre la mesa junto a la puerta. Antes no la había notado. La llevó de regreso a donde
estaba sentada y me la entregó.
—¿Qué es esto?
—Ábrela.
Abrí la bolsa. En el interior había dos elementos. Una caja con una foto de un teléfono
celular en ella. Me quedé mirándola por un largo tiempo.
—Es el mismo que el mío. Solías tener uno como este —lo sacó de la caja y me lo
entregó—. Programé mi número en el sitio del dos, y el de tu madre en el número tres.

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—¿Programaste?
—Sí, cuando quieras hablar con cualquiera de nosotros, solo presiona y sostén ese
número y automáticamente nos llamará a Ronnie o a mí.
—Bueno parece lo suficientemente fácil —sonreí—. Creo que incluso puede que sea
capaz de manejar eso.
Metí mi mano y saqué la otra caja. Era una caja azul, pequeña, envuelta en una linda cinta
azul. Con la palabra Tiffany’s en la parte superior de la tapa. Lo miré.
—¿Qué es esto?
Lucía como una caja de joyería.
—Cuando tú… te caíste. Rompiste tu anillo de compromiso. Me tomé la libertad de hacer
que lo hicieran de nuevo —me miró a los ojos. Cuando no respondí, añadió rápidamente—:
Queda en ti si deseas usarlo de nuevo. Solo quiero que lo tengas otra vez —apartó su mirada
brevemente y no pude ver su expresión. De repente me sentí triste—. Sin presiones —de nuevo
se dio la vuelta y alcanzó la copa, llevando la bebida a sus labios.
Abrí la caja y quedé impresionada ante lo que encontré en su interior. Era el anillo más
hermoso que creo que jamás he visto.
—Es perfecto —dije efusivamente. Dudé y la expresión en su rostro me dijo que esto no
iba de la forma en la que lo planeó. Instantáneamente me sentí muy culpable—. ¿Te importaría
si espero solo un poco más antes de volver a usarlo? Quiero decir, es hermoso, y grande… es
grande —era mi turno de vacilar mientras trataba de encontrar las palabras correctas—. Solo
quiero… necesito… sentirme un poco más como ella… como yo —la mirada que me lanzó me
hizo sentir como una imbécil egoísta—, me encanta.
—No. No me importa. Entiendo completamente. Tómate todo el tiempo que necesites
—sonrió—. Pero ahora creo que es hora de que te vayas a dormir. Ha sido un largo día y necesitas
descansar si vas a ver a Jez mañana.
Sonreí ampliamente.
—Eres el hombre más maravilloso de todo el mundo —lo dije en serio. De verdad lo hice,
y me sentí culpable por arruinar su maravillosa sorpresa.
—¿Ahora lo soy? —Se rió.
—Bueno, sí lo eres, al menos en este momento —me reí a carcajadas.
Bueno, no me lo facilitaba. Rápidamente se puso de pie, me levantó, o debería decir me
colgó sobre su hombro, y me cargó sin esfuerzo por las escaleras.
—¡A la cama muchacha! —Pude sentir su cuerpo estremecerse de risa mientras me
llevaba por el pasillo hasta el dormitorio—. Duerme un poco.
Me depositó suavemente sobre el piso a lado de la cama de mi habitación y se giró hacia
la puerta.
—¿A dónde vas?
—Tengo que hacer algo de trabajo antes de enviarle un correo electrónico a Simon con
la propuesta final.
—Oh —de verdad creo que me encontraba decepcionada. Demonios, no podía
84 entender, ¿cómo demonios se suponía que fuera él?
—Estaré contigo más tarde. Duerme un poco. Mañana tengo mucho que mostrarte.
—Me gusta cuando me muestras cosas —sonreí. Entonces me puse de puntillas y le di
un beso en sus labios.
—Me gusta mostrarte cosas. Ahora ve a dormir, antes de que enloquezca y me quede
aquí haciéndote el amor toda la noche.
Me sonrojé. El lento aumento de calor se arrastró desde mi pecho hacia la parte superior
de mi cabeza. Incluso mis orejas ardían.
—Me haces sentir todo tipo de locuras —dije.
—Entiendo. Me vuelves loco… punto —besó mi frente y desapareció detrás de la puerta
de su armario. Unos minutos después escuché el agua de la ducha corriendo.
Me metí en la cama y levanté los cobertores hasta mi barbilla. Traté de esperar hasta que
hubiera terminado, pero no creo que durara ni dos minutos antes de quedarme dormida.

***

A la mañana siguiente, Brad me sacudió y me despertó. Entrecerré mis ojos ante el sol
metiéndose a través de las persianas y parecía como si estuviera empezando a amanecer; me di
la vuelta y busqué el reloj, seis y cuarenta y cinco de la mañana.
—Si quieres pasar el día con Jezebel, tienes que levantarte pronto. La finca de tu padre
está a dos horas de viaje en el estado de Connecticut y para las ocho deberíamos encontrarnos
en la ruta. Empacaría por ti, pero no sé lo que quieres llevar.
—Oh, de acuerdo —me estiré y froté mis ojos. Dándome vuelta miré a Brad quien ya se
encontraba vestido con un vaquero de aspecto confortable y una larga camiseta de mangas
largas con botones en la parte superior. Llevaba un par de botas de estilo occidental que hacían
un sonido sólido en el piso de madera.
No pude evitar mirarlo mientras sacaba un pequeño bolso de viaje de su armario y lo
colocaba sobre el extremo de la cama y metía en el interior algunos objetos personales,
admirando su concentración. Con la naturaleza llamando, me levanté y caminé hacia el baño,
oriné, me lavé y cepillé mis dientes. Me incliné, encendí la ducha y después de sentir el agua y
asegurarme de que se encontraba a la temperatura correcta, me saqué la gran camiseta, la de
Brad, por mi cabeza y me metí allí. Solo el simple placer de encontrarme ahí de pie con mi rostro
levantado hacia el cabezal de la ducha, sintiendo al agua caliente cayendo en forma de cascada
sobre mi cuerpo fue suficiente para provocar una sonrisa tonta en mi cara. Pero mi entusiasmo
creció cuando pensé acerca de mis, nuestros, próximos planes para el día. Me apresuré y
enjaboné mi cabello, luego lo acondicioné. Después, abrí la botella de gel de baño y aspiré el
aroma.
Destello.
Cerrando mis ojos, lavé mi cuerpo, lo enjuagué, luego salí y me sequé tan rápido como

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pude, sintiendo el frío del aire de la mañana.
Recogiendo mi cabello con una gran toalla blanca y mullida, regresé a mi armario y
examiné las perchas, notando que había demasiado de donde elegir. Quien sea que fuera, sin
duda me gustaba la ropa y obviamente compraba todo en lo que se posaban mis ojos. Debo de
ser algún tipo de loca compradora compulsiva. Me reí ante mis pensamientos y finalmente
encontré un par de vaqueros desgastados, suaves y cómodos. Los saqué de la percha, y tomé
un suéter fino del estante mientras caminaba hacia mi habitación. Cuando abrí los cajones de la
cómoda me tensé, hasta que encontré un par de bragas y un sostén. Me vestí lo más rápido que
pude, sintiendo la piel de gallina lentamente levantándose en la superficie de mi piel.
Colocándome un par de medias finas entré de nuevo en el armario y busqué en el estante
de zapatos hasta que encontré justo lo que buscaba. Un par de botas occidentales, en perfecto
estado, que daba la casualidad hacían juego con las de Brad en cuanto al color.
Qué idiota soy.
Me las coloqué encontrando que se ajustaban perfectamente y estuve muy contenta por
lo cómodas que eran.
Agarré otra de las camisas de Brad de su armario, otro pantalón corto de chico y los metí
en el bolso de viaje a juego con el de Brad que dejé sobre la cama. Entré de nuevo al armario y
encontré un pantalón de color de leonado para cabalgar con inserciones de gamuza a lo largo de
los muslos y otro par de vaqueros. Agarré un suéter tejido y una chaqueta de cuero. Tomé un par
de medias y ropa interior como extras y después de añadir desodorante, un poco de maquillaje
y cosas esenciales para el cuidado de la piel, cerré la cremallera de la parte superior del bolso.
Acababa de terminar de trenzar mi largo cabello cuando escuché las botas de Brad anunciando
su entrada.
—¿Todo listo? ¿Terminaste de empacar? —Lo escuché detrás de mí.
Me di la vuelta para enfrentarlo.
—Sí.
—Luces como mi Sarah —dijo con orgullo, mirando lentamente todo mi cuerpo, una
sonrisa relajada jugando en sus labios. Su mirada cambió cuando se dio cuenta de mi elección de
calzado.
—Ella está aquí escondida en algún lugar.
—Aquí, déjame encargarme de eso —se acercó a mí y levantó el bolso de viaje
demorándose un poco más de lo necesario mientras sus dedos rozaban la parte superior de mi
mano.
Su ligero toque causó que mi corazón incrementara sus latidos y el aire abandonó
rápidamente mis pulmones dejándome con una sensación extraña… de mareo.
Se inclinó más, lo suficiente cerca de mí para sentir el calor de su respiración sobre mi
mejilla. Me puse rígida, segura de que me hallaba a punto de perder la poca fuerza que tenía en
mis piernas.
—¿Qué ocurre? —Mi voz sonaba tan extraña para mí. Casi como si jadeara.
—Hueles como mi Sarah.
—Tú hueles como Brad —me reí nerviosamente—, pero lo que en verdad quiero en estos
86 momentos, es tomar algo de ese delicioso café que huelo.
Dio un paso hacia atrás, y juro que exhalé un audible suspiro de alivio.
Querido Señor, ¿qué demonios está mal conmigo?
—Después de ti —dijo, dejándome pasarlo, y luego agarró el otro bolso, al igual que las
dos chaquetas que yacían al lado de la cama y me siguió por las escaleras.
12
Traducido por Ana09 & SOS MaJo MadHatter
Corregido por Vannia E.

C
en camino.
omimos un cruasán con nuestro café y luego cargamos el coche. Brad presionó
algunos botones en el teclado numérico cerca de la puerta de garaje, asumo que
para colocar la alarma, luego bloqueó las puertas detrás de nosotros y estuvimos

La brisa fría de la mañana primaveral se mostraba reacia a dar paso a la calidez de la luz
del sol brillante, pero era pura, fresca y olía a la espera del verano. Viajamos hacia el norte cerca
de una hora antes de dirigirnos hacia el este. La carretera por la que conducíamos abrazaba la
costa Atlántica y me coloqué las gafas sobre mis ojos ya que el resplandor del sol en el agua era
demasiado brillante. El olor del rocío del océano era glorioso, e instantáneamente supe que
muchas veces antes lo había olido.
Después de un tiempo en la carretera, giramos hacia otra autopista y nos dirigimos al
oeste, lejos de la costa. No pasó mucho tiempo antes de que el camino pintoresco del océano se

87
convirtiera más en un camino de pueblo. Colinas verdes onduladas y valles yacían ante nosotros
por kilómetros y kilómetros y cada pequeño pueblo que pasábamos era más encantador que el
último.
—¿Necesitas un descanso? —preguntó Brad mientras alcanzaba mi mano, apretándola
gentilmente.
—No me molestaría ponerme de pie por unos minutos.
—Más adelante tenemos que parar. Entonces podrás estirarte. ¿Suena bien?
—Perfecto —no pude evitar la sonrisa que lentamente se extendió por mi rostro.
Brad simplemente se rió entre dientes contra su pecho, y levemente negó con su cabeza.
Supongo que debí haber lucido “trillada”.
Llegamos a un pequeño pueblo llamado Bantam, y Brad estacionó el auto en una parada
delante de un pequeño grupo de edificios. Salí del auto para estirar mis piernas.
—¿Cuánto falta? —pregunté al tiempo que giraba lentamente asimilando el tranquilo
pueblo. Las torres blancas se levantaban hacia el cielo, escuetas contra el azul profundo. Respiré
hondo mientras levantaba mi rostro hacia el sol. Había un olor en el aire que inequívocamente
era de caballo. Y sin previo aviso un entusiasmo empezó a formarse en la boca de mi estómago.
Una especie de excitación nerviosa.
—Cerca de una media hora por la carretera. Regreso enseguida. Solo necesito recoger
algo. ¿Te puedo traer algo?
—No gracias. No puedo esperar a llegar allí. —Pude escuchar el nerviosismo en mi voz—
, creo que mi cuerpo recuerda esto. —Escaneé el área inmediata—, a pesar de que mi cabeza
está dando vueltas confundida.
Me sonrió. —Regreso enseguida —gritó mientras entraba a la peculiar tienda del pueblo.
A la distancia había carteles que anunciaban lecciones de equitación, con fotos de cercas
blancas y fardos de heno. Una tenía una imagen de un caballo a medio salto con un joven jinete
sentado en la parte superior. Tuve un escalofrío en mi nuca y casi empecé a bailar en el lugar. De
alguna forma sabía que Jez no se encontraba demasiado lejos de aquí, y me estaba resultando
difícil contener mi entusiasmo. Como una niña en la mañana de Navidad.
Brad salió de la pequeña tienda con esfuerzo, cargando en una mano, una gran canasta
para picnic, y en la otra una caja gigante.
Corrí para ayudarlo, pero me aseguró que se encontraba bien. Se detuvo en la parte
trasera del auto y metió su mano en su bolsillo, sacando una llave de control remoto, luego abrió
el maletero y con delicadeza metió la caja todavía caliente en el auto al lado de la gran canasta
para picnic.
—Mmm, huele delicioso.
—Espera hasta que lo comas. Es uno de tus…
—Favoritos —terminé la oración por él.
—Seguro que estás un poco cansada de escuchar eso ¿eh? —Me acompañó de regreso
a mi puerta.
—No. Es solo un tanto frustrante el no saber mis propias “cosas favoritas” —entré y
cerró la puerta antes de acercarse y subir por su lado.
88 —¿Lista? —Me sonrió.
—Como siempre lo he estado —me coloqué el cinturón de seguridad, luego extendí mi
mano y apreté la suya.
—Entonces, vamos a hacerlo —dio marcha atrás con el coche y lentamente dio la vuelta
para volver a la carretera.
Conducimos por otros quince minutos antes de que notara que las casas se estaban
alejando más y se encontraban más separadas. Varios hogares tenían grandes puertas de hierro
y pilares en la carretera con el nombre de la propiedad en el poste, en algunos casos, en la puerta.
Largos carriles blancos bordeaban los acres de propiedad que eran parte de estas fincas
exclusivas de caballos. Tierras de cultivo con grandes pendientes seccionadas en cuadrados de
propiedad, donde pastaban todo tipo de animales de granja.
Granjas de manzanos.
Granjas de bayas de enebros.
Los nombres eran indicativos de la zona, además de lo hermoso y gigantes que eran.
Llegamos al punto en dónde no eras capaz de ver los hogares desde la carretera porque se
encontraban establecidos demasiado lejos de la autopista. Pero los campos en donde los
caballos, las vacas y las ovejas vagaban eran mantenidos de forma inmaculada y bella. Colinas
verdes ondulantes con grandes sauces llorones y altos robles.
Disminuimos la marcha delante de una gran puerta de hierro negra con pilares altos de
ladrillos, cada uno luciendo una lámpara de gas grande y completado con una llama parpadeante
en la parte superior. Las palabras “Granjas Terrón de Azúcar” se encontraban escritas en metal
con un color dorado a través de los segmentos de la puerta.
Brad se dio la vuelta para mirarme. Creo que mi boca estaba abierta de par en par.
—Bueno, ya llegamos.
—¿De dónde sacaron el nombre… mi padre y mi madre?
—De ti —dijo claramente.
—¿Yo le coloqué el nombre?
—Lo hiciste —respondió. Sus ojos estaban buscando en los míos alguna señal de
reconocimiento. Solo sonreí.
Destello.
Sí recordaba algo acerca del mundo de Terrón de Azúcar. Era un nombre tonto e infantil,
pero había algo que era tan entrañable también sobre ello.
Brad digitó unos números en su teléfono, y la puerta lentamente se abrió. Apretó el
acelerador y el auto lentamente ingresó en la propiedad.
Era increíble.
Una propiedad impresionante con robles altos y delgados a ambos lados, a cada treinta
metros por la longitud del camino. Nos hicimos a un lado y detuvo el auto en medio de una casa
de madera blanca con persianas pintadas de color rojo oscuro y el granero del mismo color
oscuro. Había una valla blanca tan lejos como se podía ver. La primera parte tenía tres secciones
separadas, donde estaban establecidas varias estaciones de salto, y luego la valla despegaba
89 hacia la parte trasera de la casa entrando en los campos que desaparecían detrás de la montaña.
A la izquierda había un campo grande de hierba recién cortada, y más atrás había otro campo de
hierba alta, cada uno tenía rollos y rollos de círculos de henos. Salimos del auto y Brad tomó mi
mano mientras caminábamos hacia el granero.
Los olores asaltaron mis fosas nasales y cerré mis ojos, viendo a una pequeña niña con
largo cabello marrón rojizo corriendo y riendo. No vi su rostro, pero no tenía que mirarlo para
saber que esa niña era yo; mis trenzas cayendo mientras corría.
Entramos a través de las puertas altas de siete metros y medio en el granero más limpio
que jamás en mi vida pude imaginar. Estaba impecable. Allí había tres puestos. Cada uno tenía un
nombre colgando sobre la puerta. Ichabod, Nat, Dusty, Lance y Jezebel, los otros tres espacios
se hallaban vacíos. Caminé hacia el puesto de Jezebel y me di cuenta que también se encontraba
vacío.
—¿Señorita está buscando a Jez?
Ambos nos giramos para ver a un hombre con pantalones desgastados y botas altas de
goma, usando una chaqueta de granero y una gorra que decía Granja Terrón de Azúcar.
—¿Señorita Sarah? —El hombre se detuvo en seco y solo se me quedó mirando como si
hubiera visto un fantasma.
—Sí —respondí.
—Soy yo señorita. Jim. Su mamá nos dijo, a Maddie y a mí que tuvo un accidente. Dijo
que por un tiempo usted iba a estar desaparecida de la acción.
Me lo quedé mirando, observando profundamente sus ojos azules marchitos. Su cabello
gris largo y ondulado caía sobre sus ojos y se sacó su gorra para empujarlos de nuevo por debajo.
Era un tipo apuesto, aunque encorvado, su sonrisa era sincera y cálida.
—Lo siento.
No podía ubicarlo.
—Está bien chiquilla. Tómese su tiempo para colocar en orden su cabeza. Señor Brad —
se volvió para mirar a Brad y asintió—, luce bien joven.
—Lo estoy Jim. Espero que tú y Maddie también lo estén.
—Oh sí señor. Lo estamos. Maddie se emocionará al verlos a ustedes dos.
—Dile que regresaremos en un minuto. —Brad miró al espacio de Jez—. Supongo que
¿Jez está afuera?
—Sí lo está. Esa mula terca —dijo Jim con una sonrisa—. Esperen un minuto, va a estar
fuera de sí cuando vea a esta chica. Señorita Sarah esa niña la ha estado extrañando.
Salió, llevó sus dedos a su boca y dejó escapar el más ruidoso silbido que jamás había
escuchado en mi vida. O creo que no lo había hecho.
Lo hizo una vez más y pude escuchar un relincho distinto en la distancia. Salí del granero
por el lado opuesto de donde entramos e inmediatamente mis ojos se posaron en el animal más
hermoso que jamás había visto corriendo en mi dirección.

90 Era negra con un diamante blanco en lo alto de su cabeza. Tenía cuatro patas blancas. Su
cuerpo negro brillaba bajo el sol, y mientras se acercaba, empecé a ponerme cada vez más
nerviosa. No sé si la recordaría, o si lo haría ella conmigo, pero tenía que averiguarlo.
Me quedé quieta al lado de Brad y de Jim mientras ella iba desacelerando, con cautela
mirándome. Levantó su cabeza y relinchó muy fuerte, como si me castigara por permanecer lejos
por tanto tiempo. Sus dos piernas frontales se estaban pavoneando mientras se acercaba hacia
dónde nos encontrábamos de pie. Di un paso hacia adelante y extendí mi mano. Se detuvo y por
un momento dudó, pero una vez que respiró mi perfume lentamente se acercó más, como si no
pudiera creer lo que veía.
—Señorita desde la última vez que vino ha sido una testaruda.
—Oh, eso está bien. Cierto Jez. Ven aquí chica —metí la mano en mi bolsillo, un
movimiento automático, y cuando me di cuenta de que estaba vacío me di la vuelta para mirar a
Brad quien me tendió una manzana y algunos cubos de azúcar.
—Gracias —susurré—. Aquí tienes chica. Ven aquí a donde pueda verte mejor.
Tímidamente se acercó hacia donde me encontraba de pie y resopló. Le tendí la manzana
en mi mano, extendió su cabeza y tomó un trozo de ella.
Se acercó un poco más y bajó su cabeza, acariciándome mientras la levantaba.
—Oh quieres más ¿no?
Le tendí los cubos de azúcar, mi mano plana como mi papá me enseñó y los mordisqueó
de inmediato. Sacudiendo su cabeza en el aire y relinchando muy fuerte, asintiendo. Como si
estuviera igual de feliz como yo me encontraba en este momento.
Acaricié sus mechones y su cuello, teniendo especial cuidado al rascarle sus orejas, le
gustaba cuando le hacía eso.
—Te he extrañado Jezzy.
Me acerqué a ella y la abracé fuertemente alrededor de su cuello. Bajó más su cabeza,
frotándola por mi hombro y cuando me giré para mirar a Brad, se frotó de nuevo en mí, en busca
de otra buena rascada.
—Niña tonta.
—Voy a descargar el auto, pasa algo de tiempo con Jez. Saldré en unos pocos minutos.
Besó mi frente y Jez dejó escapar un fuerte resoplido.
—Señorita ella quiere toda su atención. Todavía está celosa de su chico —dijo Jim, de
alguna forma para sí mismo en voz alta. Miró a Brad y sonrió débilmente.
—Sí te extraña Sarah —acarició mi hombro mientras retrocedía.
—Brad, gracias por esto.
Solo sonrió y miró a Jim. —Mantendré un ojo en ella señor Brad.
—Nada de cabalgar —me miró Brad.
—Te lo prometo.
Miré su espalda mientras caminaba de vuelta al auto y tomaba las dos bolsas para dormir
91 metiéndolas en la gran casa blanca.
Jalé a Jez de su brida y caminamos lado a lado a lo largo de la barandilla. Le di un poco
más de manzana para que comiera, y me dio un poco más de amor.
No hace falta decir que hubo un montón de destellos atravesando a mi pequeño cerebro;
con el valor completo de un espectáculo de luz.
Me senté en una bala de heno y me reí mientras ella corría de un lado del campo al otro.
¡Presumiendo!
Se detenía a mi lado cuando necesitaba otro terrón de azúcar luego continuaba
presumiendo. Cuando Brad salió de la casa, me levanté y caminé hacia ese lado del corral con Jez
siguiéndome de cerca. Fue justo como Brad y mi madre dijeron. Me seguía a todas partes como
un cachorro, y amaba cada segundo.
Lo vi abrir el maletero del carro y sacar la canasta y la caja.
Levantó su mirada y me vio.
—¿Hambrienta? —gritó.
—¿Tú qué crees? —Reí.
—Vamos, ven a comer.
Abrí la puerta y salí, asegurándome de cerrarla bien detrás de mí.
—Volveré dentro de poco Jez. Luego te daré un baño y una buena cepillada —Acaricié
su cuello y su cara—. ¿Suena bien? —Levantó su cabeza y la agitó como si entendiera cada
palabra—. Eres una buena chica. Te veré dentro de poco.
Besé su cabeza y caminé hacia Brad. Ella resopló, luego se fue a jugar.
—Parece que ustedes dos tienen mucho en lo que ponerse al día —colocó su brazo
alrededor de mi hombro mientras caminábamos hacia el campo arado.
Cuando llegamos, extendimos el mantel a la sombra de un gran árbol de manzanas y
servimos nuestro almuerzo.
Saqué los platos y los cubiertos. Brad abrió la caja y metió las largas estacas en el suelo.
Luego colocó el cubo con hielos y el vino en la parte superior de la mesa, al igual que dos copas.
Luego abrió dos contenedores que tenían fruta fresca y queso, cortados en trozos
pequeños del tamaño de un bocado. Luego el contenedor que guardaba el pollo frito tibio y la
ensalada de papa.
—Vaya. Esto huele increíble. ¿Esto fue lo que entraste a buscar en esa tienda campesina?
—Así es. Amas su pollo frito de forma especial y su ensalada de papa.
Tomé un pedazo de la pierna del pollo e inmediatamente supe por qué.
—Taaaan bueno —murmuré, la saliva acumulándose en las comisuras de mis labios, mi
boca llena de pollo crujiente.
—¿Vino?
—Por favor. Sí, por favor —cubrí mi boca y reí. Este fue literalmente el día más perfecto
que podía recordar. Lo cual sé que, viniendo de mí, no era mucho decir, ¡pero fue
92 condenadamente casi perfecto!
Después de que me llené con pollo y ensalada de papa, uvas, queso, crujiente, sandía
fresca y vino dulce, me recosté deleitándome con el calor del sol. No creo que durara diez
minutos antes de que me desmayara y me quedara dormida.

***

Me desperté con un gentil beso en mi cuello que se arrastró hacia mi mejilla. Mantuve
mis ojos cerrados, amando la sensación de la lengua caliente lamiendo suavemente el lóbulo de
mi oreja. Lentamente abrí mis ojos para encontrar a Brad inclinado sobre mí, y no había ninguna
duda de la mirada de deseo en sus ojos. Cuando me volví para estar delante de él sus labios
provocadoramente, reclamaron los míos con gentileza, pero debajo de la controlada dulzura
había deseo puro. Levanté mis brazos y los envolví alrededor de su cuello.
—Hola tú —sonreí contra su boca.
—Te he estado observando dormir, eres tan hermosa. Solo mirarte me está poniendo un
poco loco —tomó uno de mis brazos y tiró de mi mano hacia abajo colocándola sobre su
erección.
—¿Solo un poco loco? —dije somnolienta.
Levantó mi suéter fino y acarició la parte superior de mis pechos. Sus dedos, como si
fueran un crucero en control, juguetearon con mis pezones. Inmediatamente sentí el tirón en mi
núcleo. Sacó uno de mis pechos de mi sujetador, y antes de que pudiera decir una palabra, su
boca reclamó mi pezón y chupó hasta que lo endureció en un pico. Su otra mano liberó la mía e
hizo su camino hacia mi otro pecho para jugar también con ese pezón.
Levanté mis caderas y me froté contra su dureza y fui premiada con un gemido de su
garganta contra mi pecho. El sonido envió un escalofrío por todo mi cuerpo. Se arrodilló y tan
pronto como su boca liberó mi pezón, lamenté la interrupción.
Se agachó y desabrochó mis pantalones, sacándome las botas luego mis pantalones. Él
hizo lo mismo con su ropa y su erección apareció una vez que la liberó de su reclusión. Envolví
mis dedos a su alrededor y su cuerpo entero se tensó. Pasé mis dedos sobre la punta y sentí un
pequeño cordón de líquido. Froté la punta de mi dedo recogiendo tanto como pude y lo llevé a
mi boca. Sus ojos nunca dejaron los míos.
Se sacó la camisa por su cabeza y la arrojó a un lado. Levanté mis rodillas, abrí mis piernas
y se arrastró entre ellas arrodillándose sobre mí.
—No. Déjame —susurré con voz ronca. Era una orden y cedió su liderato. Me senté y lo
empujé sobre su espalda arrodillándome entre sus piernas. Bajándome a mí misma, lo tomé en
mi boca. Su sabor era embriagador y empecé a perderme. Pasé la lengua por su longitud, y lo
raspé con mis dientes a lo largo de su eje. Un gemido escapó de sus labios y el sonido de su
rendimiento automáticamente me instigó a seguir adelante. Amé el hecho de estar haciendo
algo por él.
Algo que lo encendía. Haciéndolo retorcerse y gemir.
Comencé a levantar mi cabeza de arriba hacia abajo por su longitud, pasando mi lengua
93 por la punta y por los costados. Encontré un lugar, justo debajo de la cabeza, que era suave y
súper sensible y concentré mi lengua directamente en ese lugar. Empecé a bombear mi mano de
arriba abajo mientras lo metía y lo sacaba de mi boca.
Ahora me estaba moviendo más rápido; sus caderas se reunían con mi boca estocada tras
estocada. Sus manos descansaban gentilmente en mi cabeza y me guiaban, controlando la
velocidad de la chupada. Luego de algunos momentos, se congeló y levanté mi mirada. Tenía
miedo de que quizás hubiera visto a alguien, o quizás alguien nos había visto, pero cuando vi la
mirada en sus ojos, estuve segura de que no era el caso.
—Quiero terminar dentro de ti.
Levanté mi cuerpo de vuelta a la posición de rodillas y él se sentó. Tiró de mí hacia su
regazo y se insertó profundamente en mi interior. Me senté a horcajadas, mis piernas envueltas
detrás de él, mientras empezaba a mover sus caderas.
Mi orgasmo estaba viniendo con una ferocidad que no podría describir incluso si pudiera
encontrar las palabras, y moví mis caderas como una mujer en una misión. Con sus manos en mis
caderas y su boca en la mía, se meció contra mí hasta que grité su nombre, el sonido cayendo en
su boca. Mordí un poco su labio mientras la abrumadora sensación se arrastraba por mi cuerpo,
desde los dedos de mis pies, hasta mis pechos jadeantes. Me froté rápidamente contra la estera
de pelo en su pecho y empujé mi pelvis contra la suya.
Agarró mi cabello y tiró de mi cabeza hacia atrás plantando besos en mi
cuello, arrastrando la punta de su lengua a través de mi piel hipersensible. Se puso rígido y se
detuvo, pero su agarre en mis caderas se tensó y lo sentí palpitando dentro de mí. Sus manos
subieron por mi espalda y me envolvió fuertemente en sus brazos como si tratara de meterme
dentro de él. Escuché su pesada respiración contra mi pecho y mi cuello mientras me acariciaba
y cuando su respiración se niveló reanudó la acción de besar mi cuello y mis mejillas suavemente.
—Cristo Sarah, te necesito. Necesito estar dentro de ti. Es a donde pertenezco.
Acaricié su cabeza mientras la sostenía contra mi pecho y susurré—: También te necesito,
Brad. También te necesito.
Me recostó y se tendió a mi lado, sus manos explorando mi cuerpo, sus dedos
revoloteando sobre mis pechos, y luego desviándose por mi cuerpo, dibujando círculos en mi
vientre justo antes que ellos lentamente se deslizaran dentro de mí. Casi grité de placer cuando
empezaron a moverse en mi interior, y sentí el tirón del centro de mi núcleo tensándose una vez
más mientras sus hábiles dedos me llevaban al clímax. Lloré, las lágrimas corrieron por los lados
de mi rostro mientras la intensidad de cada oleada que me invadía, me llevaba más y más alto.
—Eres mía.
Dos simples palabras que significaban tanto.
Y amé escucharlas.
Lentamente retiró sus dedos y se sentó. Su perfil, delineado por el sol, era impresionante.
Todo sobre este hombre era impresionante. Constantemente me sorprendía que me amara.
Cerré mis ojos y traté con todas mis fuerzas recordarlo, y con todo lo que terminé fue con un
dolor de cabeza, y un cuerpo muy contento.
Nos vestimos y guardamos nuestro almuerzo de picnic y regresamos a la casa.
94 Lo seguí por las escaleras y una vez que llegamos arriba, tiró de mi mano, arrastrándome
de buena gana detrás de él. Abrió el agua y me metió en la ducha gigante del baño principal, y
sin decir una palabra, o compartir una mirada astuta, nos lavamos el uno al otro, amándonos,
adorando el cuerpo de cada uno hasta que estuvimos demasiado cansados para permanecer de
pie. Cuando salimos y nos secamos, nos pusimos uno de los albornoces blancos y mullidos que
colgaban de los ganchos en el baño.
Luego bajamos, Brad encendió un fuego y abrió más vino. Ambos nos sentamos
tranquilamente, yo entre sus piernas con mi espalda descansando contra su pecho. Tenía uno de
sus brazos a mí alrededor y el otro sosteniendo su copa. Era perfecto. Recosté mi cabeza y
encontré el punto en el centro de su pecho. Bajó su barbilla y la descansó en la cima de mi
cabeza. Era como una película. Era perfecto. De hecho, ¡todo era perfecto!

***

Recogimos las sobras e hicimos el amor en la sábana que Brad lanzó sobre la alfombra
delante del fuego, en donde nos quedamos acariciando el cuerpo del otro hasta que el fuego se
apagó. Después me llevó por las escaleras en sus brazos y suavemente me acostó en la cama. Se
quitó su albornoz, se metió a mi lado de un salto y se quedó conmigo toda la noche; su cuerpo
tendido contra el mío, su brazo posesivamente alrededor de mi cintura.
A la mañana siguiente, me desperté para darme cuenta de que se había ido. Su lado de la
cama se encontraba frío, pero el aroma del café fresco flotaba por las escaleras hasta el
dormitorio, y al parecer se cernía sobre la cama donde estaba acostada. La frescura de la mañana
de primavera se filtró en la habitación a través de la ventana medio abierta y envolví la bata a mí
alrededor con más fuerza. Inhalando profundamente, cerré mis ojos, amando el olor del heno,
del aire fresco, de los caballos y del café.
Cuando la tentación fue demasiado, me levanté y me vestí, colocándome a propósito mis
pantalones de montar y un suéter tejido, con la esperanza de que Brad me dejara montar a Jez.
Desde que ayer había pasado tiempo con ella, todo lo que quería hacer era montarla, con el
viento en mi cabello. Llevando mis botas en las manos, de forma tranquila bajé las escaleras
formulando en mi cabeza miles de razones por las que él debería dejarme cabalgar.
Escuché voces en la cocina y me detuve en las escaleras, preguntándome quien podría
encontrarse allí. Me tomó un par de segundos darme cuenta de que Brad estaba hablando por
teléfono, y que se estaba esforzando por mantener su voz baja. Tuve que luchar para oír lo que
decía, y aun así solo fui capaz de escuchar algunas palabras.
—Ella está bien… no parece recordar mucho… sí, eso es bueno… actuando normal…
Jez, eso fue cómico… haciendo pequeños progresos… te mantendré informado… por supuesto
que la estoy vigilando… siempre... te hablaré dentro de poco, creo que la escuché despertarse.
Me congelé. No estaba asegura de lo que significaba el fragmento, de la conversación
unilateral, que escuché. No sabía con quien estaba hablando. Todo lo que sabía es que me dio
una sensación de intranquilidad que se instaló en la boca de mi estómago desvaneciendo
cualquier apetito que pude haber tenido.

95
13 Traducido por GIGI<3
Corregido por Yani

D
ejé caer una bota y maldije. Cuando entré él estaba colocando su teléfono
sobre el mostrador.
—¿Para qué te vestiste de esa forma? —preguntó.
—Pensé que era evidente.
—Creo que deberíamos hablar de esto, ¿no te parece? No puedo arriesgarme a que tú...
te caigas... nena no puedes sufrir otra caída.
—Tal vez es como dicen, caes y te olvidas de todo, caes de nuevo y recuerdas todo.
Podría ser ventajoso si me caigo.
—Sarah, lo que acabas de decir es una cosa increíblemente estúpida.
Me reí, tratando de aligerar lo que había dicho. Todavía tenía la intención de averiguar
con quién estaba hablando Brad, sabiendo que no me gustaría lo que me iba a decir. Sonaba
96 clandestino, algo que no tenía que escuchar. Me sentía como una niña errante y toda la situación
me ponía de mal humor.
—¿Con quién estabas hablando hace un rato?
—Con tu madre.
—¿De verdad?
—¿Qué pasa, Sarah? ¿Parece que algo te molesta?
—¿De qué estaban hablando?
—Quería saber si el ver a Jez te dio algún recuerdo.
—Mmm. ¿Por qué no me llamó a mí? —Sabía que estaba siendo un poco ruda, pero no
me importaba.
—Porque tu teléfono está en el coche donde lo dejaste, lo más probable es que la batería
se encuentre muerta.
Bueno, ahí me había atrapado. No tenía una respuesta descarada. Parecía tener una
contestación para todo. Odiaba eso.

—Está bien, así que volvamos a nuestra discusión anterior —esperé su respuesta.
—No creo que sea una buena idea que montes, pero si insistes, quiero ir contigo. Lo
haremos tomándonoslo con calma, ¿de acuerdo?
—No había pensado en hacer ningún salto hoy.
—¿Qué te ha pasado? ¿Por qué estás tan irritable?
—No lo sé. Me despierto y te has ido. Bajo las escaleras y te encuentro con una llamada
telefónica secreta, susurrando. Y ahora estás tratando de controlar lo que puedo y no puedo
hacer.
—Siéntate.
—¿Ves?
—Por favor, siéntate.
Lo hice, pero solo porque necesitaba colocarme las botas.
—Ahora, vamos a parar con la actitud tonta. Me levanté para preparar el desayuno y el
café. Contesté mi teléfono porque tu mamá era quien llamaba y sabía que estaba preocupada
por tu visita a este lugar. Tienes un montón de recuerdos asociados a esta casa. Y por último,
solo estoy preocupado por tu bienestar. Me culparía si algo llegara a sucederte. Demonios, no
podría vivir conmigo mismo si te pasara algo.
Ahora me sentía como una gran tonta. Por supuesto, todo lo que decía tenía sentido.
Desde luego parecía un idiota haciendo tanto alboroto.
—Quiero montar a mi caballo. Quiero montar a Jez.
—Está bien, después del desayuno voy a ensillar a Jez y a Ichabod. Vamos a dar un paseo
tranquilo hasta el final de la propiedad. Entonces volveremos para la cena, visitaremos a Maddie

97 y a Jim y nos pondremos de camino a casa.


—Suena como un plan —no sé por qué me encontraba de tan mal humor, no existía
ninguna razón evidente.
Terminé recuperando mi apetito, para mi gran sorpresa en ese sentido, y tuvimos un
buen desayuno. Brad hizo tortillas griegas con patatas fritas caseras, tocino y salchichas, zumo
de naranja recién exprimido y pan tostado de centeno. Me sorprendió que no terminara todo lo
de mi plato.
Después limpiamos todo y caminamos hasta el granero.
Jez seguía en su puesto y comenzó a moverse frenéticamente cuando me vio. Me
acerqué y me disculpé de inmediato por no darle el baño y la cepillada que ayer le había
prometido. Brad trajo a Ichabod y lo enganchó. Le lanzó una manta, seguida de su silla de montar.
Deslizó fluidamente la brida, y luego las riendas y sacó a Jez de su puesto. Me sentí
instantáneamente celosa cuando ella le acarició.
Debo estar perdiendo mi maldita cabeza.
La enganchó y la ensilló para mí.
Cuando terminó, se acercó y juntó sus manos para ayudarme a impulsar para subir.
Se subió al lomo de Ichabod en un movimiento rápido. Al parecer mi prometido es
bastante ecuestre. Incluso mis pensamientos eran rudos. ¡Maldita sea!
Sostuvo las riendas de Jez en sus manos hasta que estuve bien situada en la silla.
—Justo como andar en bicicleta —dije.
—Tu padre solía decir eso —se rió, yo no lo hice.
Subimos la colina hacia la parte trasera de la propiedad, tomando el camino a través de
los senderos del bosque hasta la valla que delimitaba el final del terreno. Parecía habernos
tomado horas llegar hasta allí.
Durante nuestro viaje, Brad, sintiendo mi estado de ánimo, trató de mantener a flote la
conversación, habló de las fiestas que habíamos tenido aquí cuando mi padre estaba vivo. Mi
madre era la reina de la fiesta, se encontraba en su elemento tanto aquí en Connecticut, la tierra
de los caballos, como de vuelta en su ciudad, Nueva York, entre sus círculos sociales.
—¿Sabías que tuvimos un poco de sexo bastante sorprendente en el armario de los
abrigos?
Eso salió de la nada y me tomó por sorpresa, en realidad me hizo reír a carcajadas. —¿En
serio? —Sentí que desaparecía un poco de la irritación que sentía antes.
—Sí. Tus padres estaban haciendo una fiesta, e invitaron a la mitad de la élite social de la
ciudad de Nueva York, de Hyde Park y Manhattan. Hace poco me habías traído a casa para
conocerlos y me invitaron —negó con su cabeza y vi una gran cantidad de recuerdos y emociones
alterando su rostro. Se encontraba perdido en el ayer, un tiempo de mi vida que yo no podía
recordar—. Fue una fiesta formal. Llevaba un esmoquin, y tú, tú llevabas un vestido de
lentejuelas color verde esmeralda que abrazaba cada curva de tu cuerpo. Estabas absolutamente
impresionante.
—Debes haberte visto muy guapo.
—Tuve mucha suerte de que pensaras así.
98 —Cuando nos conocimos, ¿te sentiste de forma instantánea atraído por mí?
—Me sentí como golpeado por un rayo.
Me reí.
—¿En serio?
—Me quedé sin palabras. Eras despampanante; inteligente y hermosa. Tenías un cuerpo
que no podía dejar de mirar. Fui tuyo en el momento en que posaste esos ojos verdes en mí.
—No te olvides decir trillada —añadí.
—Sí, pero ese es uno de tus muchos encantos. Eres una mujer única, Sarah, y soy un
hombre muy afortunado de que me eligieras.
—Tengo hambre —declaré.
—Solo hace más o menos una hora que desayunamos.
—No estoy hablando de comida —dije.
—Oh —me regaló su sonrisa malditamente sexy y casi me sentí caer de Jez.
—¿Cómo te sientes acerca de mostrarme exactamente dónde tuvimos ese sexo
increíble...? no es que ayer o la noche anterior no lo fueran.
—Será un placer —me miró de reojo. Maldita sea ese rostro—. Para que lo sepas, no
significa que puedes acelerar el galope.
—¿Estás buscando un motivo oculto? —Me reí. Le eché una mirada de reojo y estaba a
punto de dar a Jez un golpecito, pero estaba muy cerca de mí y silbó un sonido extraño. Jez se
detuvo.
La pinché con mis talones para moverla, pero ella permaneció casi inmóvil como una
estatua.
—¿Le has lavado el cerebro a mi yegua?
—No, solo la visitaba mucho cuando tú no podías. Es lo que hubieras querido —sonrió.
—Tienes razón —le sonreí. No me gustaba que tuviera poder sobre mi Jez. Eso
literalmente, me molestó.
—Así que, ¿cuál es exactamente el armario que deseas revisar primero?
—Nosotros, um, ¿lo hicimos en más de un armario?
Me sonrojé, pero no era de vergüenza. Estaba ansiosa y quería sentir sus manos
recorriendo todo mi cuerpo. Quería tocarlo, lamerlo y hacerlo gemir.
—Sí. Esa noche estabas muy caliente —negó con su cabeza.
—¿Y tú no lo estabas? —Estaba siendo sarcástica.
—Me encontraba bajo tu hechizo. Todo lo que quisieras, también lo quería. Estaba casi
tan insaciable como tú —inclinó su cabeza hacia un lado.

99
—Bueno, entonces vamos a seguir adelante con esto —le di a Jez el incentivo que
necesitaba y comenzó a moverse a paso firme. Podía sentir que Jez se estaba muriendo por
estirar las piernas y yo estaba muriendo por volar.
Brad silbó de nuevo, pero esta vez, la estaba empujando con mis tacones y diciendo en
voz alta su nombre, tentándola para que siguiera. Ella echó a galopar mientras me inclinaba.
Robóticamente levanté mis pies de los estribos y apreté mis muslos alrededor de su cuerpo.
Podía sentir el esfuerzo de sus músculos en contra de mis piernas, provocando mi sonrisa. Esto
era justo lo que necesitaba.
Sentirme libre.
He estado encerrada dentro de mí por mucho tiempo y ahora estaba justo en el borde.
Escuché, más de lo que lo vi, a Brad detrás de mí. Las largas patas y pisadas de Ichabod
estaban alcanzándonos rápidamente.
—¡Sarah! —El tono de advertencia en su voz me estimuló mucho más.
—Vamos bebé. ¡Más rápido Jezzy! —Grité.
Pude ver la casa bajando la colina y me incliné sobre el cuello de Jez. Ella sabía que iba a
casa y le dio más incentivo para mantener el paso.
Cuando finalmente llegamos a la entrada del establo, redujo la velocidad y
eventualmente se detuvo. Puse mis pies en los estribos y desmonté. Estaba sonriendo de oreja
a oreja, pero cuando me di la vuelta para mirar a Brad, pude ver que su cara estaba roja y lucía un
ceño malhumorado.
Desmontó y tirando de las riendas de Ichabod, caminó hacia donde me encontraba.
—No es divertido, Sarah —pasó junto a mí conduciendo a Ichabod hacia el interior donde
le quitó la silla de montar, las bridas y la manta. Entró a una caballeriza y salió con un cepillo
grande en la mano y comenzó a cepillar al caballo.
Me encontraba un poco desilusionada, pero supongo que podía entender que estuviera
un poco enojado conmigo.
—Lo siento, Brad. Solo quería sentirme como si estuviera volando.
—¿Sabes que te podrías haber hecho daño, o incluso muerto si te hubieras caído? Por el
amor de Dios, Sarah, no has estado en un caballo en cuatro meses; no recuerdas tu maldi... tu
nombre, cómo diablos crees que vas a recordar automáticamente montar. Has tenido una lesión
grave en la cabeza. Quiero decir, ¡No hace falta ser un genio para saber que lo que hiciste fue una
estupidez! —De nuevo volvió su atención a Ichabod.
Creo que jamás lo había visto así de enojado, al menos no que pudiera recordarlo, pero
yo también estaba un poco enojada.
—Es como andar en bicicleta, ¿recuerdas? —A propósito entré en la caballeriza de Jez a
buscar su cepillo. Podía sentir el escozor de las lágrimas mientras buscaba por todo el lugar. Me
di la vuelta para encontrar a Brad de pie justo en la puerta. Lo miré a los ojos y pude ver que no
había vestigios de ira oscureciendo sus ojos azules brillantes, solo preocupación.
—Siento haberte hablado de esa manera —su tono de voz era neutro—. ¿Estás enojada?
—Mis lágrimas comenzaron a fluir. Por mucho que quería retenerlas, me delataron.

100 —No puedo encontrar el cepillo de Jez —me di la vuelta y enfrenté la pared.
—Está en el estante —cuando habló, miré en su dirección y me señaló un estante ubicado
justo encima de mi cabeza.
—Oh. ¿Es ahí donde lo guardo? —Estaba haciendo mi mejor esfuerzo para no parecer
una niña perdida, pero estoy segura de que fallé miserablemente.
—Sí —dijo en voz baja mientras se acercaba, lo bajó y me lo entregó.
—Gracias —dije mientras bajaba mi mirada.
Brad levantó mi barbilla con sus dedos.
—Por favor, no me asustes así de nuevo. Todo lo que pude pensar es... demonios —sus
ojos suplicaban.
—No lo haré —mi voz fue débil.
Colocó sus brazos a mí alrededor y me abrazó, con su boca sobre mi cabeza, dijo: —No
sé lo que haría si te ocurriera algo Sarah.
Me limité a asentir y envolví mis brazos alrededor de su cintura. Después de unos
momentos de silencio, defendí lo que había hecho, aunque no había ninguna defensa.
—Sé cómo montar; he estado haciéndolo desde que tenía seis años.
Destello.
Él no dijo nada, solo me abrazó con más fuerza.
—Necesito cepillar a Jez —me separé de él y sin mirarlo, pasé por delante entrando al
establo donde una muy paciente Jez se encontraba de pie.
—Déjame quitarle esto —le quitó la manta, la silla y la brida a Jez.
—Gracias —murmuré antes de empezar a cepillar el hermoso pelaje de Jez.
—¿Todavía tienes hambre? —Sabía lo que estaba dándome a entender, pero me resistí a
ceder por el momento.
—Te veré en unos pocos minutos —volví al cepillado.
Parecía derrotado y después de dejar a Ichabod en su puesto, caminó hacia la casa,
dejándome con mis pensamientos.
Actuaba como una niña mimada, que estaba enojada con un padre por preocuparse por
mí. Era una tonta y lo sabía. Terminé de cepillar a Jez y la llevé a su puesto. Cerré la puerta y la
miré. —Jez, soy una gran idiota.
Ella solo me miró con sus grandes ojos y negó con la cabeza.
—Oh sí, lo soy.
Abrí la puerta de la casa y entré. Había un silencio mortal.
—Brad —lo llamé.
—Arriba.
Subí las escaleras, dándole vueltas a la disculpa que había preparado en mi cabeza, entré
en la habitación en donde anoche habíamos dormido y lo encontré tendido en la cama, leyendo

101
en su tableta.
—Solo quería decirte que siento mucho mi comportamiento de allá afuera. Estaba
equivocada y tan solo debería haberte escuchado.
—Ven aquí —dio palmaditas en la cama a su lado y después de quitarme las botas, trepe
para acostarme junto a él, con la cabeza en su pecho.
Tan pronto como me puse cómoda, sentí un calambre en la parte baja del estómago.
Salté de la cama y me dirigí al cuarto de baño.
—Bueno, eso explicaría muchas cosas —me dije a mí misma.
—¿Qué? ¿Estás enferma?
Me daba vergüenza decírselo, pero estoy segura de que si me había comprometido con
él debí haberle dicho cuando me llegaba.
—Tengo mi período —miré debajo del fregadero y encontré lo que necesitaba y después
volví a la habitación.
Estaba sentado en el borde de la cama con la sonrisa más grande que había visto nunca.
Casi le salté encima, era así de caliente.
—¿Cuál es el motivo de esa sonrisa?
—Esas son buenas noticias. El doctor no estaba seguro de que podrías, um, regresar a la
normalidad después de la caída.
—¿Me estás diciendo que había una posibilidad que nunca hubiera sido capaz de....?
—Sí.
No había perdido esa sonrisa.
—Ahí va nuestro plan para recrear esa noche llena de sexo.
Su sonrisa había desaparecido, pero su buen humor se mantuvo.
—Qué mal. Pero tenemos todo el tiempo del mundo para recrear aquella “noche llena
de sexo”, como la has llamado.
—Supongo que sí. Eso explicaría la tensión que sentí todo el día.
—¿Tienes ganas de visitar a Jim y a Maddie? Después, podemos ir a casa para que puedas
acostarte y descansar un poco.
—Por supuesto.
—Sé que Maddie se muerde las uñas por verte.
—¿Ellos viven aquí?
—Son los cuidadores de la propiedad. Tienen una pequeña casa de campo
aproximadamente a dos hectáreas de acá.
—Oh.
—Voy a guardar las cosas en el coche, tómalo con calma y relájate. ¿Por qué no te pones
algo más cómodo?
—Suena como un plan.
102
14 Traducido por Just Jen & MaJo MadHatter
Corregido por Bibliotecaria70

C uando llegamos de Connecticut a casa al atardecer, lo primero que hice fue tomar
una ducha. Me sentía mucho mejor mientras el agua caliente me bañaba, relajando
mis músculos adoloridos. Puede que me gustara andar a caballo, pero si hace un
tiempo que no has montado, aquellos músculos que se usan muy rara vez tienen un ejercicio muy
pero muy duro. Me coloqué un pantalón de chándal y una camiseta de Brad y me dirigí hacia la
planta baja.
El olor que salía de la cocina me hacía babear. Respiré profundamente.
—¿Brad?
—En la cocina.
—¿Eres el responsable de ese olor tan delicioso?
—Soy culpable —asomó su cabeza por la puerta—. Aunque solo la calenté. Terry la

103 cocinó.
—Umm. ¿Qué es?
—Lomo a la Wellington. Amas esta… —hizo una pausa—. No importa —se rió,
deteniéndose a sí mismo de hablarme, una vez más, sobre mis cosas favoritas.
—¿Puedo ayudar?
—No. Toma asiento. Estará listo en aproximadamente treinta minutos.
Me acerqué al sofá y me senté con mis pies debajo de mí.
—¿Qué quieres, brócolis o judías verdes?
—Preferiría judías, pero cualquiera estará bien para mí.
—Serán judías entonces.

***

El siguiente par de días pasaron sin incidentes. Leí y miré la televisión mientras Brad
trabajaba, amando especialmente el cálido sol de la tarde donde podía sentarme en uno de los
sillones y leer. Aquellos días casi siempre terminaban conmigo tomando una siesta.
Echaba de menos a Jez y le dije a Brad que me gustaría volver al campo por un par de
días, tan pronto como me recuperara para montar de verdad… es decir, cuando el doctor me dé
el visto bueno.
Si tendría que admitirlo, me encontraba un poco aburrida de estar sentada en casa.
Quería volver a alguna clase de rutina. Por supuesto sería bueno recordar qué era una rutina.

***

Una tarde, después de hacer el amor en todo su esplendor, es decir de un buen sexo,
apoyé mi espalda contra su pecho, sus brazos inmediatamente se envolvieron alrededor de mi
cintura y colocó su barbilla en la parte superior de mi cabeza.
—Oye, escucha, mañana tengo que ir a la ciudad, tengo un par de compromisos de
trabajo de los que necesito ocuparme. ¿Por qué no vienes conmigo? Te llevaré a tu oficina y
veremos si algo de ahí te parece familiar.
—Eso me gustaría —dije, mi voz sonando somnolienta.
—Después, podemos almorzar algo, tal vez hagamos algunas compras.
—Es una cita.
104 —Ahora mismo, vas a subir las escaleras y descansarás. Te despertaré por la mañana,
alrededor de las ocho. ¿Nos marcharemos a las nueve? ¿Suena bien?
—Sí —bostecé.
—Arriba —se rió ayudándome a levantarme—. Estaré allí pronto, necesito mandar
algunos correos electrónicos.
—Buenas noches —me di la vuelta para enfrentarlo y planté un besos dulce en sus labios
carnosos—. ¿Te veré más tarde?
—Creo que esta noche voy a usar la habitación de huéspedes. Estaré trabajando por
algunas horas más y no quiero molestarte.
—Oh, de acuerdo.
Qué extraña existencia era esta.
Subiendo las escaleras, me detuve en lo alto, miré hacia abajo y observé cómo extraía su
portátil de su portafolio. Lo enchufó y caminó hacia el bar agarrando un vaso vacío del estante.
—Mmm.
Me metí en la cama cubriéndome hasta la barbilla. Estaba tan confundida. Había noches
en donde él no podía alejarse de mí lado y había otras como esta, cuando acabábamos de tener
un sexo asombroso y elegía dormir en habitación de huéspedes. Podría ser porque yo actuaba
distante, pero por el amor de Dios, casi me le lancé encima. Me acosté en la cama, dando vueltas
durante varios minutos pensando sobre nuestros “reglamento para dormir”.
Sabía que necesitaba sacar a mi cabeza de este tema y pensar en algo más. De pronto me
di cuenta que había estado tratando con tantas ganas de “llevarme bien” con mi vida que
básicamente había pospuesto leer más sobre mi vida. Entonces, decidí sacar el diario de mi cajón
y aprender más sobre mí misma. Me estiré y posicioné la lámpara de al lado de la cama en mi
dirección para así poder ver mejor.

La cena fue maravillosa y en el transcurso de la noche descubrí que era muy fácil hablar
con él. Dulce, encantador. Me invitó a salir otra vez, entonces supongo que ¡también le gusté! ¡Así
se hace nena!

Sonreí. Definitivamente había algo bizarro en mi personalidad.

Al día siguiente me llevó a almorzar y después del trabajo salimos a cenar otra vez. Se
ofreció a llevarme a casa. Fue tan extraño; entramos en la parte de atrás de su limosina y solo nos
sentamos ahí. Me preguntaba si iba a hacer el primer movimiento, pero podía ver que se estaba
conteniendo. No tenía ni idea de por qué. Lo más probable, era que temía asustarme. O eso o yo…
Diablos. Entonces, actué absolutamente como una mujerzuela, ¿alguien todavía usa esa palabra?
Probablemente no… De todos modos, tomé al toro por las astas y cuando el momento llegó, me
giré hacia él, acerqué su rostro hacia el mío y ¡lo besé! Justo como una… ¡MUJERZUELA!
105 Lo besé como si no hubiera mañana y oh mi Dios, sabía delicioso, un cruce entre naranja y
menta pipermín. Era como besar labios de golosinas.

Aparentemente siempre actuaba un poco sin motivos cuando se trataba de él. Me reí
disimuladamente.

Me salió bien y le dije ‘me he estado muriendo por hacer esto toda la noche’ y para mi
alivio se inclinó y me devolvió el beso. Para cuando me acompañó hasta la puerta de mi
apartamento, mis piernas tenían la consistencia de unos fideos.
Imaginé que estaba arriesgándome en grande, esto podía salir en dos direcciones. O él
podía verme como si fuera una clase de zorra loca y que solo se me salió un tornillo. O podía solo
entrar, tomar un trago, tal vez juguetee un poquito y… bueno. Le pregunté si quería entrar a
tomar una copa y aceptó.
Estaba nerviosísima. Nunca había invitado a un hombre a mi apartamento después de solo
un par de citas, pero había algo sobre este chico… además tenía un cuerpo malditamente
enloquecedor en el que fácilmente podría babearme durante toda la noche, pero también era
dulce, misterioso y magnífico… ¿Mencioné sensual?
Ahora que había dicho que sí, recé por tener algo en casa que le gustara beber. Sé que
tenía cerveza en el refrigerador y un par de botellas de vino tinto. Tuve suerte. Resultó que le gusta
el whiskey escocés y sucedió que tenía una nueva botella de la marca Glen Livet 21 años sin abrir
en el bar.
Me estoy excitando con solo escribir lo qué pasó después.
De más está decir que no nos detuvimos en un solo beso. Terminamos durmiendo juntos…
Siempre odié ese término cuando el dormir no estaba muy involucrado. Me refiero a que tuvimos
sexo, en el sofá, en el mostrador e incluso lo hicimos en la cama. Creo que usamos más de la mitad
de la caja de condones que tenía en mi mesita de noche. ¡El hombre tiene la resistencia de un toro!

Santo cielo, a veces podía ser bastante descarada.

Esta es la mejor parte. A la mañana siguiente cuando me desperté se había ido… pero
cuando desperté y vi que había dejado una nota en lo alto de la almohada sobre la que durmió.
Agarré la nota y la leí.
No puedo esperar a verte otra vez. Luces hermosa y besable acostada ahí durmiendo como
un ángel, estoy peleando con mi demonio interno para no despertarte, porque ahora mismo, todo
lo que quiero es hacerte el amor. Llámame, 212-245-6124.
¿Sabes que hice después, no? ¡Síp! Agarré esa almohada, la levanté hacia mi nariz y respiré
profundamente. Amé esa nota. De hecho, la amé tanto que está pegada en tu última página,
querido diario.

106 Rápidamente giré el libro y abrí la contratapa, y ahí, fiel a su… mi palabra, estaba la nota.
La pegué ahí. ¡Genial!
Está algo gastada y amarillenta. Debí haberla leído cientos de veces por cómo luce.
La leí otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Y cada vez un escalofrío recorrió mi espalda. Era un
hombre muy romántico. Estaba condenadamente cerca de ser perfecto.
Mis ojos empezaron a cerrarse y cerré el diario colocándolo de vuelta en el cajón.
Sonriendo.
Es algo genial que tenga mi propia historia de amor personal… escrita, de todas las
personas, por MÍ.

***

Corriendo. Corriendo. Las piernas quemando. Ella estaba corriendo. Tratando de escapar.
Entró corriendo a la habitación e intentó controlar el creciente pánico mientras buscaba un lugar
para esconderse.
Rápidamente se escondió detrás de una mecedora…
Unos pasos se acercaban.
Aguantó la respiración.
Su corazón latiendo con tanta fuerza en su pecho, estaba segura que él la oiría.
Justo entonces levantó su mirada.
El rostro de un hombre, difuminado y poco claro, se cernía sobre ella burlándose. Se rió
muy fuerte de su tentativa de ocultarse.
La agarró por el brazo y la arrojó hacia la esquina. Ella bajó la mirada hacia sus manos y
vio sangre. Había sangre por todos lados. Sobre sus manos y sus piernas. Su camisa estaba
cubierta de sangre. Empujó con las manos el rostro de él y cuando se fue hacia atrás, asustada,
salió corriendo por la puerta.
Podía oírlo detrás de ella, pero no daría la vuelta. Sintió algo tirar de su cabello
impulsando a sus pies a continuar. Pero él la agarró por la espalda. Chocó contra su cuerpo. Con
su rostro retorcido de odio, se burlaba de ella, y luego la empujó hacia adelante.
Estaba volando. Más alto y luego cayendo… Gritó con fuerza la palabra Nooooo llorando,
haciendo eco en el gran espacio vacío. O era dentro de su cabeza. Nooooo una y otra y otra vez.
—¡Sarah!
Grito la voz de un hombre.
Sintió unas manos en sus hombros, sacudiéndola.
—¡Sarah! —Ahora estaba gritando—. Estás soñando, estás bien. Te tengo.
107 Sintió unos brazos a su alrededor apretándola mientras trataba de deshacerse de ellos
con sus brazos. En este momento estaba luchando. Agitándose, arañando y golpeando.
—Sarah te tengo.
La voz ahora era más calmada. No podía mover sus brazos. Ambos cubriendo sus
costados en un control férreo.
Salté, abrí mis ojos y rápidamente escaneé la habitación; un hombre estaba
sosteniéndome en su pecho, mis brazos dolían, mi respiración era errática, quemando en mis
pulmones.
—¿Qué… quién…? —grité.
—Sarah, soy yo, Brad. Estabas teniendo una pesadilla. ¿Estás bien? Sarah mírame. Mí. Ra.
Me.
Observé su rostro, y lo primero que noté fue el rasguño largo y sangriento en su mejilla.
Tenía sangre bajándole lentamente hasta su barbilla.
—¿Sarah? —preguntó con calma, aparentemente inconsciente del desgarro en su piel.
—¿Brad? —respondí. Me encontraba totalmente confundida y exhausta. Cada músculo
en mi cuerpo dolía.
—Sí, soy yo. Estabas soñando. Ahora se ha terminado. Estás a salvo —me meció contra
su cuerpo y sentí que unas lágrimas calientes caían por los costados de mi rostro hacia mi pecho.
Empecé a sollozar. Pude sentir que su agarre se aflojaba. Miré mis manos, reprimiendo el aire
que dejaba mi cuerpo tembloroso en sollozos acumulados.
—¿Brad? —Lloré.
—Te tengo —me empujó de regreso hacia la cama y me mantuvo quieta, cerca de su
cuerpo. Empezó a frotar mi espalda, y pude sentir que los nudos de tensión lentamente se
desvanecían. Su voz era suave y de alguna forma me tranquilizó. Mi mente seguía dando vueltas.
Mis ojos iban frenéticamente de esquina a esquina a oscuras. Una estela de luz inundaba la
habitación desde el pasillo. Continué mirando alrededor de la habitación, medio esperando ver
al hombre de mis sueños, o pesadillas, acechando en la esquina, o detrás de la puerta.
Brad extendió su brazo por encima de mí y abrió una botella de píldoras sacando una
pastilla. Colocándola sobre la mesa, lentamente se puso de pie y caminó hacia el baño. Cuando
regresó, estaba sosteniendo un pequeño vaso de agua. Levanté mi mirada y noté que su rostro
todavía estaba sangrando.
—Oh Brad, estás herido.
—Estoy bien, solo es un rasguño. Toma esto —me entregó el agua y me dio una pastilla.
Le tendí la mano, la cual temblaba de forma visible, esquivó mi mano y me indicó que
abriera la boca. Lo hice como me había pedido y colocó la pastilla en mi boca seca. Bebí el agua
que me entregó, derramándose por mi garganta hasta el pijama.
—¿Yo hice eso? —pregunté, señalando con un dedo tembloroso su mejilla.
—Solo es un rasguño —dijo para tranquilizarme.

108 —Brad ¿qué sucedió? ¿Qué está mal conmigo?


Brad sacó un pañuelo de la caja encima de la mesilla y lo presionó en su rostro, mi cara se
tensó al tiempo que una ola de culpa me inundaba.
—No quiero molestarte más de lo que lo he hecho, pero ¿recuerdas algo más acerca del
accidente?
—Alguien la perseguía. Él la lastimó. Ella estaba sangrando. Creo que lo arañó y luego
corrió… yo, mmm, no recuerdo nada más —le conté todo lo que podía recordar de mi sueño.
Su cara palideció y pude ver la ira al rojo vivo ardiendo en sus ojos.
La intensidad de su mirada era aterradora.
Sostuve mi cabeza con mis manos y busqué en mi mente, tratando con todas mis fuerzas
de ver a las personas que se encontraban en mi sueño. Al final todo lo que conseguí fue darme
un dolor de cabeza increíble.
—No —dije con firmeza.
La mirada abatida en su rostro me hizo pedazos, y estaba sangrando.
—Aquí, siéntate a mi lado —tentativamente acaricié la cama, a mi lado.
Observé cómo sus puños se cerraban y se abrían. Pude ver que estaba luchando por
controlarse a sí mismo mientras se paseaba. Eso para mí lució como si estuviera buscando una
salida. Se encontraba frustrado y quería arremeter contra algo tangible. Yo estaba igual de
frustrada. Golpeé la cama junto a mí con más fuerza.
—Por favor Brad —necesitaba concentrarme en algo más, conseguir que él pensara en
algo más. El aire estaba cargado con electricidad buscando una salida y tuve el presentimiento
de que esto no terminaría bien. Algo estaba muy, muy mal.
Se acercó y se sentó, aunque un poco a regañadientes.
Mecánicamente saqué un conjunto de pañuelos de la caja y los metí en el vaso de agua
que recién me había dado. Sosteniéndolos en alto hacia su mejilla, me incliné y los presioné
contra el rasguño en su piel. Me estremecí mientras observaba su mandíbula tensa lo que solo
podía describir como furia sin adulterar. Estaba ansiando romper algo, o herir a alguien. Negué
con mi cabeza de forma involuntaria mientras empezaba a frotar ligeramente la herida que había
causado. La marca en su hermoso rostro causada por mis uñas. Limpié la sangre metódicamente.
Giré mi cabeza, tratando de serenarme, intentando controlar los temblores que estaban
devanando mi cuerpo desde el interior. Bajé mi mirada y noté el reloj que decía 2:24 am.
—Lo siento —solté de golpe.
—¿Por qué?
—Por herirte —traté de contener las lágrimas que se formaban rápidamente en mis ojos.
Marqué su apuesto rostro y no recuerdo haberlo hecho. No recuerdo quién soy, quién es
él. No puedo recordar mi sueño. Me sentía una inútil. Era un peligro para mí misma y para él.

109
¿Por qué no puedo recordar? ¿Por qué?
—¿Te quedarás… aquí… conmigo? Creo que tengo miedo.
—Por supuesto —agarró el puñado de pañuelos mojados de mi mano y los lanzó a la
basura—. Métete debajo de las sábanas —su voz estaba tensa y me asustó, pero el estar sola
me asustaba incluso más.
Se puso de pie y sostuvo en alto el cobertor mientras me metía debajo.
—¿Todavía estabas despierto? —No era demasiado importante, pero parecía extraño
que estuviera despierto tan tarde cuando tenía que trabajar tan temprano al día siguiente.
—Mmm.
No dijo ni sí ni no, y no quería presionarlo.
—No olvides despertarme —de repente tuve un gran miedo de estar sola en esta casa.
No quería que se fuera a la ciudad sin mí, especialmente ahora.
—¿Segura que te encuentras de humor para esto?
—No me dejes aquí sola… por favor —la súplica en mi voz casi fue triste.
Se acercó hacia mí y apagó la luz.
—¿Puedes dejar la luz encendida? —susurré.
—Dejaré la graduación más baja —extendió su brazo por encima de mí—, ¿así está bien?
—preguntó, recostándose contra la cabecera, sus ojos fijos en mí.
La habitación estaba forjada con un brillo bajo y sentí que la cama se hundía con el peso
de su cuerpo moviéndose más cerca hacia mí.
Me quedé allí quieta y en silencio, mis ojos abiertos de par en par, tratando de mantener
los malos pensamientos a raya. Debí haberme quedado dormida porque antes de que lo supiera,
Brad estaba golpeando mis piernas.
—Sarah. Cariño ¿todavía quieres venir conmigo?
—Sí —me erguí de golpe en la cama. De ninguna maldita manera me iba a dejar sola en
esta casa. No ahora. No desde que me di cuenta que algo sí me ocurrió en esta casa. No me
encontraba segura al cien por ciento, pero sí lo suficiente.
—Entonces es momento de bañarse. ¿Quieres café?
Lo pensé por un segundo. —Creo que es necesario, si quiero funcionar.
Rió entre dientes en voz baja y salió de la habitación, y los vellos de mi cuello se
levantaron al unísono.
Por una fracción de segundo sentí como que todo el incidente de anoche fue un sueño.
Incluso me pregunté si ¿solo había imaginado todo el asunto?
Lancé mis piernas por un lado y traté de concentrar mis ojos. Miré al reloj. 8:06 am. Hora
de ponerse en movimiento.

110 Me levanté y me dirigí hacia el baño y a la ducha, esperando que me despertara un poco.
Mientras caminaba hacia el baño, vi un movimiento por la esquina de mi ojo y miré por encima
de mi hombro. Por una fracción de segundo pensé que había visto algo y casi salté del susto. Me
di la vuelta y dejé escapar un pequeño grito. Estaba segura de que un hombre se encontraba ahí
agazapado. Di un paso hacia atrás, y me congelé.
Mi cuerpo quieto, tenso.
Mis músculos quemaban por tratar de mantener mi estado inmóvil. Era incapaz de
apartar mis ojos.
Destello.
Había alguien ahí… recuerdo ver a alguien detrás de esa puerta, un hombre. Su rostro
era indistinto… borroso.
¿O lo imaginé todo porque todavía me encontraba nerviosa por mi pesadilla de anoche?
Creo que gruñí, en verdad gruñí.
Me encontré a mi misma enojándome.
Enojada por el hecho de que alguien pudiera llegar a mi vida, destrozarla para que no
fuera reconocible, ni siquiera para mí, y por darme tanto miedo a tal punto que era incapaz de
pensar o moverme. Dejé escapar el aire acumulado en mis pulmones, sin darme cuenta hasta el
momento que había estado conteniendo la respiración, y me acerqué a la puerta abriéndola
violentamente, alejándola de la pared. Por fortuna se estrelló en el tope de la puerta, no llegó a
golpear la pared.
No vi nada, a nadie.
Mi pecho todavía quemaba.
Y me estremecí al tiempo que un escalofrío recorrió la longitud de mi columna.
Negué con mi cabeza y dejé salir una risa sonora y salvaje.
—Suficiente chica tonta. Métete en la ducha —me amonesté—. De verdad. Necesitas
tomar el control, porque estás empezando a asustarte demasiado.
Después de mi ducha, me acerqué al enorme armario, abrí la puerta y entré a la gran
habitación que guardaba toda mi ropa. Busqué entre las perchas de pantalones, faldas, blusas y
suéteres todos colgando pulcra y meticulosamente. Estaba segura de que había un patrón, pero
ahora no había tiempo para averiguarlo. Tenía que prepararme para mi gran día y mi viaje por
carretera pendiente.
Me estaba exasperando, sin mencionar el frío que sentía con solo una toalla envuelta a
mi alrededor, por no encontrar nada con rapidez. Saqué una blusa, un par de pantalones negros
y me vestí. Caminé hacia la parte de atrás del armario enorme y miré todos los zapatos que yacían
perfectamente en orden por la altura de los tacones.
Debo ser alguna zorra loca con Trastorno Obsesivo Compulsivo.
—¿Qué es tan gracioso? —Escuché la voz de Brad detrás de mí y me di la vuelta.

111 —¿Qué, a qué te refieres?


—Acabas de reírte —estaba ahí de pie impecablemente vestido en un traje gris marengo
oscuro con una camisa azul a rayas y una corbata verde y azul.
Totalmente digno de babearse.
Era solamente un hombre de aspecto imponente. Cabello negro brillante, ojos azules
penetrantes, mandíbula perfectamente formada y labios carnosos que apenas cubrían la sonrisa
que lentamente se estaba formando. Jamás me imagino a mí misma cansándome de mirarlo.
Debe pensar que estoy loca allí de pie con mi boca abierta, mirándolo como una
adolescente perdidamente enamorada, como si fuera una especie de Dios.
—Tu café —me tendió una taza.
Y ahora… ¡oficialmente era un Dios!
Me acerqué y agarré la taza, llevándola hacia mi boca y tomando un sorbo muy necesario,
deseando y esperando que este despertara a mis neuronas que seguían jodidamente durmiendo.
—Gracias.
—Siempre me gustaron los zapatos negros con esos pantalones.
Miré detrás de mí y caminé directamente hacia un par de zapatos negros.
—¿Estos?
—Esos son lindos, pero creo que hasta que estés mejor con la cosa de caminar, deberías
mantenerte pegada a un tacón más bajo.
Casi estaba decidida a sacar los tacones de diez centímetros del estante, pero sabía que
tenía razón.
—Esta vez te haré caso.
—Buena chica.
Apliqué algo de su, mi, maquillaje y terminé mi café. Unos minutos después, Brad anunció
que era hora de irnos así que bajamos las escaleras y entramos al auto que nos esperaba.
Subí con él directamente detrás de mí.
—Jason creo que ya estamos.
—Sí señor Hunter.
—¿Jason?
—¿Recuerdas a Jay? —preguntó Brad, un brillo de esperanza en sus ojos.
—No, me estaba preguntando qué le ocurrió a Mark.
—Eres buena —sonó sorprendido, luego sonrió torciendo su boca observando cómo casi
me deslicé fuera del asiento—. Mark es el primo de Jay. Jay estaba de vacaciones cuando fuiste
112 liberada, así que le pedí prestado a Mark para que nos llevara a casa.
—Entonces ¿alguna vez conducimos? —Mi pregunta era sarcástica, pero mi humor era
ligero. Estaba segura de que Brad sabía que me encontraba bromeando.
—Lo hacemos, pero durante las horas pico me da un poco más de tiempo para terminar
algo de trabajo, y pasar tiempo contigo —apretó mi mano.
—Mmm. Para mí tiene sentido —le sonreí a Brad—. De todos modos, hola Jay. ¿Cómo
está Mark?
—Buenos días señorita Sarah, Mark está bien. Está de vuelta conduciendo para los
Renaldi. Regresaron de Italia. Le dejaré saber que usted preguntó por él.
—Gracias Jay —le sonreí y pude ver su sonrisa en respuesta en el espejo retrovisor.
—¿Los Renaldi? —le pregunté a Brad.
—Amigos de la familia —su respuesta fue corta, así que no me molesté en hacerle más
preguntas.
Estaba a punto de hablarle acerca de la visión del hombre detrás de la puerta en el baño,
pero pensé que eso solo lo molestaría. Observé su perfecto rostro, bueno, perfecto si no fuera
por el arañazo en uno de los lados, cortesía de la mujer loca que vivía en mi cerebro.
—De verdad siento mucho eso.
—No te preocupes. Está bien. No siento nada.
—Lo lamento de todas formas.
De nuevo apretó mi mano. Viajamos por un tiempo en silencio, Brad mirando unos
papeles que había sacado de su maletín, y yo con mi rostro presionado contra la ventana
observando el paisaje circundante, rezando por otro destello de un recuerdo, en vano.
Atravesamos un puente y condujimos a través de un enorme cañón de edificios
rodeándonos por todos lados. Sonreí, mirando la multitud de personas saliendo a trompicones
del metro, luciendo mucho como hormigas ocupadas dejando el nido en busca de alimento.
Nos detuvimos delante de un edificio alto de aluminio y vidrio de color y lo reconocí.
Desafortunadamente, no era porque recordara algo, era porque Brad me lo había
señalado cuando estábamos de camino a casa del hospital.
—Esto es todo —anunció Brad—. Quédate quieta, yo te abro.
Salió y caminó alrededor de la parte trasera del auto y abrió mi puerta.
—Jay, te llamaré —Brad miró a su reloj—. Estaremos unas cuatro o cinco horas.
—Muy bien —dijo de forma educada—, ¿y señorita Sarah? —Dudó—. De verdad que es
bueno verla levantada de nuevo.
—Oh, gracias Jay… son. Jason. Gracias.
Asintió y lo observé hasta que lentamente se alejó de la acera.

113
Levanté mi mirada, inclinando mi cabeza hacia atrás por completo.
—¿Trabajo aquí?
—Lo hacías…lo haces.
—Vaya, se está haciendo realmente agravante el no recordar nada sobre mi vida. No
puedo explicar lo frustrante que es todo esto.
—Vamos arriba a nuestra oficina y veamos si algo allí sacude algún recuerdo.
—De acuerdo. Tú me guías, te seguiré —estaba confundida y para nada segura de a
dónde dirigirme.
—Vamos juntos —agarró mi mano y caminamos hacia el gran edificio inminente.
Llegamos a la puerta de la izquierda y un portero inmaculadamente vestido la abrió para
nosotros, mientras el resto de los trabajadores entraban a través de la puerta giratoria como
aviones teledirigidos.
—Señor.
—Gracias —dijo Brad, su voz de mando, en control. Era todo lo que yo deseaba poder
tener.
Yo era como una esponja, absorbiendo el ambiente: los sonidos, las imágenes y los
olores. Las personas se apresuraban con un aspecto tan reglamentado, que por unos pocos
segundos en verdad los envidié. Quería estructura en mi vida; un propósito, un significado.
¡Demonios!
—Amo el ruido. ¿Eso suena extraño?
—No, siempre amaste el ruido —me miró con esa media sonrisa, como si supiera algo
que yo no. Pero considerando la situación, él sabía mucho de lo que yo no podía recordar.
—No soy trillada —declaré.
—Sí. Sigue diciéndote eso a ti misma —sonrió y me atrajo más cerca de él mientras nos
conducía hacia la parte posterior de los ascensores. Entramos en el último elevador.
—Sabes, nos conocimos por primera vez en un ascensor de este edificio.
—Lo sé —dije, sonriendo.
Sus ojos se abrieron de golpe, la mirada en su rostro era una mezcla entre éxtasis y temor.
—¿Lo sabes? —El destello de esperanza en sus ojos era tan caliente que quise mentirle y
decir por supuesto que lo recuerdo tonto…pero lo pensé mejor.
—Lo siento… quiero decir, acabo de leerlo en el diario.
—Así es, escribías en ese diario casi todas las noches —la sonrisa se desvaneció y el brillo
en sus ojos también lo hizo. Una mirada desanimada revoloteó sobre sus rasgos por un instante.
—Lo siento. Acabo de leer cómo tú y Sar… y yo nos conocimos.
—Es mi recuerdo favorito —su sonrisa estuvo de nuevo de regreso, y por mi parte la
114 prefería en lugar de la tristeza que vi hace unos momentos.
—Creo que debió de haber sido también el mío. Ella… yo parecía tan entusiasmada
cuando lo escribí.
Subimos en el ascensor hasta el piso cuarenta y salimos. Cuando nos bajamos, giró hacia
la izquierda. Caminamos por un pasillo, su mano firmemente sosteniendo mi codo. Cuando me
detuve en frente de una puerta que decía Sarah Williamson, Arquitecta.
—¿Esa soy yo? —Me encontraba abrumada, pero claramente pude escuchar el
entusiasmo en mi tono de voz. Tenía una carrera. Era una profesional y… no recuerdo nada.
—Esa eres tú —insertó una llave que se encontraba en su llavero y la puerta se abrió. La
oficina olía a rancio, a viejo, a sin uso y me hizo sentir mal. No sé por qué exactamente.
Brad se acercó y presionó algunas teclas en un teclado y luego se giró para mirarme,
invitándome a entrar con su mirada.
Entré, lentamente asimilándolo todo, esperando y deseando que algo despertara a la
Sarah durmiente en mi interior.
—¿Dónde están todos? —pregunté—. Luce como que no ha sido usado por un largo
tiempo.
—Bueno —dijo, mirando a su reloj—. Le di a Lena vacaciones, con la paga completa por
supuesto. Los chicos, Eric, Daniel y Mark, están en dos sitios. Al menos espero que lo estén. Tu
firma diseñó y está dirigiendo mis dos últimos proyectos. Recuerda, que te conté sobre ellos, ¿en
el centro de Manhattan y Fort Lee, en Nueva Jersey?
Lucía un poco nervioso, pero sí recordaba eso.
—Sí, recuerdo que me contabas sobre los dos proyectos —le aseguré con una sonrisa—
. Lena. ¿Esa sería mi asistente?
—Sí —Sonrió.

115
15 Traducido por GIGI<3
Corregido por ValeV

M e acerqué y miré a través de una larga pared de cristal que separaba el área de
espera de la zona de recepción. La gran superficie se encontraba decorada con
gusto y elegancia.
Brad tomó mi mano y caminamos por un pasillo un poco largo. Pasamos dos puertas de
baños: de hombre y de mujer, otra puerta con el nombre de Mark Jacobs en cursiva, con una larga
cadena de cartas después de su nombre. También había otra puerta con los nombres de Eric
Richards, y Daniel McDonough con el mismo tipo de elegante letrero metálico en letra cursiva, al
igual que en todas las puertas.
Eché un vistazo al interior, sintiéndome como Tom el mirón2, y noté el montón de papeles
sobre cada escritorio y la gran mesa inclinada con tres luces adjuntas. Al lado se encontraba un
contenedor con varios rollos de papel grueso, todos sostenidos en posición vertical.
Me quedé mirando por unos momentos el caos organizado. Luego levanté mi mirada

116 para encontrar a Brad observándome desde el fondo del pasillo, de pie delante de una puerta
que decía Sarah Williamson, Arquitecta, con más cartas que las que Mark tenía.
—Supongo que cuando eres el jefe te llegan más cartas ¿eh?
Dejé escapar una breve carcajada.
—En términos generales, sí —negó con su cabeza mientras sonreía.
Abrió la puerta y le seguí al interior.
Había un gran escritorio de cristal de color café claro y verde aguamarina, con una silla
de cuero negro detrás. A la derecha se encontraba una pequeña zona de estar, formada por dos
pequeños sofás, una silla y una mesa cuadrada. También había una puerta en el lado izquierdo
de la mesa. Me acerqué a ella y la abrí.
En el interior encontré un gran cuarto de baño privado, y de repente recordé la parte del
diario en la que supuestamente traté de lavar la camisa de Brad después de haber derramado
café caliente sobre él.
Sonreí.
—Es otra parte del diario que leo. Supongo que soy torpe y trillada.
—No, solo trillada —se rió.

2
Personaje de la leyenda de Lady Godiva, quien no pudo resistir la tentación de mirar a su señora por un
agujero.
Abrí otra puerta detrás del escritorio y entré en una cocina pequeña. Había una mesa y
dos sillas, una nevera, un enfriador de agua, un microondas, un fregadero y un horno
tostador. Una puerta más llevaba a una entrada independiente desde las oficinas principales.
—Todas las comodidades del hogar —Murmuré.
Di una vuelta, examinando de cerca mi entorno.
—Ummm.
—¿Nada? —Su voz tenía una nota de esperanza.
—Lo siento. No. Me gustaría recordar esto. Quiero decir, debo haber sido exitosa hasta
cierto punto.
—Eras... eres un gran éxito.
—Vaya, haber logrado todo esto y no recordar nada es tan confuso y frustrante. Por no
hablar de aterrador —sentí lágrimas calientes llenando mis ojos y me encontraba impotente al
no poder detenerlas.
—Ven aquí —Brad me atrajo hacia su pecho—. Todo estará bien —su mano sostuvo mi
cabeza contra su pecho—. Escucha, sé que esto suena simplista, pero tienes que darte cuenta
de algo, tu vida no ha terminado. Si nunca recuerdas nada, no cambia la manera en la que la gente
que te quiere se siente acerca de ti. Estamos tan malditamente felices de que te encuentres con
nosotros. Si tu memoria regresa, sería maravilloso, pero... —se apartó e levantó mi rostro con
sus dedos largos y elegantes—, pero, si no lo haces, yo, nosotros, aún te amaremos de igual
117 manera. Como te dije antes, vamos a hacer nuevos recuerdos. De cualquier forma me encuentro
bien con ello.
—No estoy bien con esto. Me siento como... como... un fracaso —sollocé.
—Sarah, nena, no eres un fracaso en absoluto. Eres una mujer hermosa, brillante y te
amo más ahora que nunca. Solo piensa en lo mucho que me voy a divertir haciendo que te
enamores de mí nuevamente.
—¿Todavía quieres casarte conmigo? —Estaba sorprendida por mis palabras. No sabía
que este hubiera sido uno de mis temores, o en el extremo opuesto del espectro, ¿qué pasa no
quería casarme con él después de que llegara a conocerlo? Me encontraba más que abrumada.
—Sarah, siempre te amaré sin importar nada —unas palabras simples para una sensación
muy confusa.
—¿Gracias?
Brad se rió entre dientes.
—Subamos a mi oficina, conseguiré algunas cosas y luego iremos a comer algo —me
presionó contra él—. Y si eres una muy buena chica, te llevaré de compras y te conseguiré algo
bonito.
Su voz tenía un tono de seriedad, pero su sonrisa contaba una historia totalmente
diferente.
Pensé en ello durante un minuto.
No quería subir a sentarme en un sofá y ser adulada por alguien que no recuerdo o que
siente lástima por mí.
—¿Estaría bien si bajo? Solo quiero ir a echar un vistazo al exterior.
Pareció pensarlo por un minuto.
—Bueno... —miró por encima de mi cabeza, por la ventana con la increíble vista del
centro de Manhattan—. Sí, creo que es una gran idea. Siempre estuviste... estás enamorada de
esta ciudad. Solías decir que “sentías la electricidad en el aire”. Solo recuerda la dirección. La
ciudad es una cuadrícula, es difícil perderse.
—Estoy segura de que puedo recordar una dirección. Quiero decir, perdí mi memoria, no
mi capacidad para pensar —me reí, tratando de aligerar un momento muy tenso.
—Tienes razón. Eres una adulta. Soy un poco sobreprotector cuando se trata de ti. Sobre
todo después de lo que casi sucedió.
Tuve un escalofrío, como sucedía cada vez que pensaba en lo que podría haberme
sucedido, pero había una especie de paz que descendía sobre mí cuando pensaba brevemente,
y quiero decir muy brevemente, que a lo mejor me habría ido mucho mejor de esa forma. Tal vez
mi familia y los que me amaban estarían mejor si solo... pero sé que muy dentro de mí, que nunca
fui una cobarde. Nunca habría tomado el camino más fácil. De hecho, en todo caso, me hubiera
gustado luchar con uñas y dientes para llegar a donde quería ir. Al menos eso es lo que creo que
habría hecho.
Por supuesto, no había manera de confirmar esto, con ninguna certeza, pero tenía una
corazonada, y eso es algo que sabía que era una parte de mí, de mi vieja yo y de mi nueva yo...
¡Santo cielo! Tiene razón...soy tri... inusual.
118 Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y me pasó el teléfono que me había
comprado.
—Aquí, toma esto. Es tu teléfono celular. Recuerda, soy el número dos en la marcación
rápida. Simplemente pulsa y mantén presionado el número dos y me llamarás automáticamente
a mi celular.
—¿Quieres decir que no eres el número uno? —Estaba intentando parecer seria, pero,
por supuesto, era un poco demasiado trillada para lograr eso.
—Que linda —sonrió. Agarré el teléfono de su mano—. El número uno siempre se
designa al 911, de Emergencias.
—Te llamaré si me meto en problemas.
—Por favor, no te metas en problemas.
—Haré mi mejor esfuerzo para suprimir el increíble impulso que surge dentro de mí por
robar un supermercado.
—Un buen plan —se rió. Ese dulce sonido me dejaba sin aliento—. Luego solo reúnete
conmigo en frente a las —miró su reloj—, digamos que a la ¿una y media? ¿Es tiempo suficiente
para que puedas tramar un diabólico plan alternativo?
—No lo creo.
—Entonces te veré a la una y media.
—Suena perfecto. Estoy emocionada.
—Llámame si algo... ya sabes, si tienes miedo o tienes un recuerdo. De hecho, llámame a
cada hora, en punto.
—La palabra sobreprotector se está quedando corta para describirte.
—Por favor sé tolerante conmigo ¿por lo menos por un poco más de tiempo?
—Lo siento. Por supuesto que lo haré. Has sido tan maravilloso.
—Solo ten cuidado y... diviértete. Ya sabes en dónde me encuentro. En el sexagésimo
segundo piso —dijo los números lenta y claramente, como si fuera sorda. Luego señaló hacia
arriba.
—Obvio, y me llamas trillada —murmuré.
Brad me acompañó hasta el ascensor y presionó el botón. Mientras me encontraba
delante de la puerta abierta, se inclinó y me besó dulcemente en la boca y todas mis partes
sensibles hormiguearon, en el momento justo.
—Llámame.
—Te llamaré. Nos vemos en un rato. ¿Qué podría salir mal? —le pregunté justo cuando
las puertas del ascensor se cerraban lentamente. Tenía una gran sonrisa en mi cara y la expresión
de Brad mientras las puertas se cerraban era de nerviosismo. Me reí en voz alta mientras sentía
un hormigueo familiar en mi vientre. Del tipo del que tienes cuando estás excitada.
Puede que haya sido debido al movimiento del ascensor... pero decidí que sin duda era

119 porque me encontraba emocionada.


Pasé por las puertas giratorias, como todos los demás y di un paso al exterior hacia el aire
fresco de la primavera. Era una hora extraña, todo el mundo corría para llegar a algún lugar. Y
luego estaba la gente que al igual que yo, solo caminaba por ahí mirando todo, disfrutando de la
vista, de los sonidos y de los olores.
Metí en el bolsillo de mi chaqueta el celular que Brad me dio y me acerqué a la gran banca
que rodeaba todo el contorno de la gran fuente afuera del edificio de aluminio macizo y tomé
asiento. Cerré mis ojos por unos momentos solo para escuchar el chorro que caía detrás de mí.
Ese ritmo tranquilizador, junto con el ruido de las bocinas y varios gritos de los vendedores y
transeúntes, en combinación con otros ruidos de la ciudad, para mí, eran extrañamente
reconfortantes. Tal vez Brad se encontraba en lo cierto. De hecho, estaba segura de que era así,
sobre todo cuando me dijo que me encantaba esta ciudad... y allí se hallaba la electricidad en el
aire.
—¿Puedo sentarme?
Me preguntó un hombre en voz baja.
Abrí mis ojos y observé todo el lugar vacío en el banco y pensé que era muy extraño que
eligiera sentarse a mi lado. Había un montón de otras áreas en el banco donde había más espacio
para sentarse. De hecho, cuando miré me di cuenta de que había un montón de áreas que se
encontraban francamente vacías. Parecía haber unas diez personas más o menos en un espacio
que fácilmente podría acomodar a treinta.
Me encogí de hombros y él tomó asiento, rozándome. Me moví un poco más con la
esperanza de que entendiera la insinuación de que no buscaba compañía ni un encuentro social.
Estaba disfrutando el observar a la gente. Lo que no disfrutaba eran las miradas
interrumpidas del extraño, el hombre que se encontraba sentado a mi lado.
Empecé a levantarme para alejarme un poco cuando se puso de pie.
—Lo siento si te hice sentir incómoda.
—No, está bien. Solo espero a alguien —fue una mentira audaz y directa, pero me sentía
incómoda, y no sabía qué más decir.
—Solo quería ver si me recordabas.
Me volví para mirarlo, indagando su rostro, buscando algo que pudiera reconocer.
Era un hombre muy guapo con el cabello castaño y uno ojos marrones cálidos. Parecía un
poco nervioso, inquieto, casi como si tuviera miedo. Lo miré durante unos segundos, luego
sacudí la cabeza.
—¿Me conoces?
—Sí, Sarah. Te conozco muy bien.
El tono de su voz era uniforme y seguro, pero había una corriente subyacente de tensión
que pude sentir. Sonrió ampliamente y me pregunté qué era tan divertido.
—¿Tú me conoces a mí bien? ¿Cómo? ¿Eres un amigo de Brad?
—Dios no —dijo con tal disgusto que mi estómago se estremeció.

120 —¿Por qué lo dices así?


—Sarah, mírame. Realmente mírame y dime que no recuerdas.
Me obligué a mirarlo directamente al rostro una vez más, a pesar de que me encontraba
totalmente incómoda. Algo sobre la súplica en su tono sonaba familiar. Pero no podía
determinarlo.
Me quedé mirándolo directamente a los ojos.
Nada.
—Lo siento. Tuve un accidente, así que si nos conocemos y no lo recuerdo, no lo tomes
como algo personal.
—Accidente... accidente mi trasero —su tono era francamente venenoso.
—¿Sabes algo sobre el accidente? —De repente me encontraba muy interesada en lo que
este extraño tuviera que decir. Estaba claro que tenía una fuerte opinión sobre lo que me pasó y
yo tenía que saber exactamente qué era.
—Somos grandes amigos —negó con su cabeza. Se veía molesto y muy triste, casi como
si estuviera a punto de llorar—. No te puedo decir lo devastado que me encuentro por lo que te
pasó.
—Eso nos hace dos —no sé por qué dije eso. Creo que fue un reflejo nervioso. Como si
estuviera tratando de sonar confiada y segura.
—Por favor, no suavices la situación —dice nuevamente triste.
—Grandes amigos... ¿cómo? —En realidad tenía muchas ganas de disculparme y entrar
corriendo, pero tenía que darle el beneficio de la duda. Si de hecho conocía a este hombre, lo
más probable era que seguramente fuéramos amigos.
Además, me encontraba atrapada como un pez en la red.
—Éramos amantes.
VAYA.
No esperaba eso.
No era en absoluto lo que pensaba que se avecinaba. Me preparaba para un chismorreo
sobre cómo nos conocíamos desde la universidad, o que era el ex novio de mi mejor amiga... algo
totalmente benigno... Nunca vi venir esa bola rápida.
—¿Éramos qué?
Sorpresa. ¡Maldición que sí!
—Nos encontrábamos... encontramos enamorados.
Me eché a reír. No sé si era solo una reacción nerviosa, pero me reía como una completa
loca, sin control. Sonaba como una colegiala riéndose. Me tomó varios segundos y una mirada
de enojo o dos del extraño a mi lado antes de que pudiera detenerme. Sacudí mi cabeza y me
volví hacia él.
—Escucha. No sé quién diablos eres y encuentro bastante ofensivo que me hables de
121 manera tan personal. Estoy comprometida y me voy a casar —dije con toda la convicción que
pude reunir. Sin embargo, me encontraba un poco desanimada por la forma en la que me hablaba
y lo que decía, así que no me levanté ni me alejé. No, me quedé a escuchar lo que este extraño
tenía que decir.
—Sí, con un maniaco hambriento de poder, un controlador hijo de puta que no se
detendría ante nada... nada —su voz se apagó mientras bajaba la mirada hacia sus pies, negando
lentamente con su cabeza.
—Discúlpame. No tengo forma de saber si lo que dices es la verdad. Tienes que entender
que todo esto es muy raro y chocante para escuchar. Esto... esto suena como una especie de
telenovela. No sé por qué me lo dices, pero no puedo quedarme aquí y escucharte hablar así
acerca de Brad. Por favor discúlpame.
Me sentía bastante incómoda y no quería nada más que correr por las escaleras hasta el
sexagésimo segundo piso directamente a los brazos de Brad y ser mimada por los extraños que
me aman. Me levanté para alejarme, mis dedos agarraban con fuerza el teléfono celular en mi
bolsillo.
Sentí miedo. Miedo real.
—Por favor, no me sigas —dije usando mi tono más desafiante—. O voy a llamar... voy a
llamar a la policía.
—Sarah favor. No te vayas. Llama a la policía si eso te hace sentir más cómoda. Pero por
favor... por favor no me dejes. He esperado mucho tiempo para hablar contigo. Pensé que nunca
volvería a verte.
Me detuve y me di la vuelta. Se encontraba de pie al lado de la banca, las lágrimas
inundando sus ojos.
—Te prometo que no te haré daño. Solo necesito que escuches lo que tengo que decir.
Por favor, Sarah.
—No me gusta lo que estás diciendo.
—Lo entiendo y lo siento, pero necesitas saber la verdad sobre lo que te pasó.
Mi estómago se retorció por la tensión y no quería hacer nada más que huir. Pero había
algo en su tono, algo desesperado, y ese tono hizo que me detuviera. Necesitaba averiguar lo
que sabía. Tenía que admitir que había una sensación molesta en el fondo de mi mente. ¿Y si lo
que decía era verdad?
—Te voy a escuchar, pero apreciaría si por favor te abstienes de decirme algo íntimo que
pudo o no haber sucedido entre nosotros. Me hace sentir muy incómoda.
—Pero... —Se limpió los ojos y respiró hondo. Parecía derrotado—. Entiendo. Haré lo
que me pides.
—¿Qué es lo que tienes que decir? Cuéntame tu historia —trataba de mantener una cierta
calma mientras me paraba delante de él con los brazos cruzados con fuerza sobre mi pecho.
—Por favor siéntate. Voy a moverme y a darte un poco de espacio —hizo un gesto hacia
el lado del banco donde me encontraba, entonces me senté. Miré a mi alrededor, aliviada al ver
que todavía había mucha gente sentada y caminando por ahí. Me hallaba segura de que si gritaba
122 pidiendo ayuda, alguien sin duda vendría a auxiliarme.
—Un poco más, por favor —le hice señas para que se moviera más y cuando lo hizo me
acomodé—. Está bien, me encuentro dispuesta a escuchar su historia.
—¿Historia? —Parecía herido. Sus ojos se humedecieron de nuevo y por un minuto
parecía que alguien hubiera matado a su mascota favorita—. Te contaré una historia. ¿Quieres
escuchar una historia?
La forma en la que pronunció la palabra historia envió un escalofrío por todo mi cuerpo.
—Solo si tiene algo que ver conmigo y con mi vida.
—Sí tiene que ver —era arrogante, pero su confianza hizo que cediera.
—Sí, cuéntame una historia —me senté y traté de prepararme mentalmente para lo que
parecía ser un poco grave, con una ración extra de locura y a la vez espeluznante.
16 Traducido SOS por MaJo MadHatter
Corregido por Vannia E.

—E mpezó un martes. Sí, cuando te vi por primera vez era martes —lo dijo
más para sí mismo que para mí—. Hace un año, dos meses y tres días
atrás para ser exacto.
Vaya, era bueno para los detalles.
—Te vi caminando. Pensé que ibas de regreso a tu oficina. Lucías tan triste y solitaria,
pero te encontrabas tan hermosa que no pude quitar mis ojos de ti. Yo estaba dejando el edificio,
tenía una reunión a la que tenía que ir, pero algo acerca de ti hizo que me detuviera. Te quedé
mirando hasta que desapareciste en un elevador.
—Espera ¿trabajas aquí? —Lo interrumpí y salté del asiento.
—Sí.
Esperó a que me sentara antes de continuar.
123 —Como dije, estaba dejando el edificio por una reunión, pero al día siguiente, cuando me
encontraba de salida para tomar el almuerzo, te vi sentada por ahí —señaló el extremo del banco
en curva, rodeando a la fuente—. Lucías como si hubieras estado llorando. Me resistía a
acercarme, pero cuando noté lo devastada que te veías, caminé hacia ti. Pregunté si había algo
que pudiera hacer. Recuerdo todo lo que deseaba hacer para hacerte sonreír, te dije que una
mujer tan hermosa como tú jamás debería lucir tan triste. Sonreíste, pero en su mayor parte me
ignoraste —lo miré brevemente, luego me volví hacia las puertas giratorias—, me esperaba eso.
No creí que solo fueras a abrirte conmigo… un perfecto extraño. Así que te dejé con tus
pensamientos. Cuando te vi al día siguiente, me acerqué a ti y dije hola. Sonreíste. Creo que justo
entonces perdí mi corazón.
Tenía esta extraña sensación en lo profundo de mis entrañas. Algo acerca de lo que decía
parecía familiar para mí. Tenía mi atención, y todavía tenía visibles las puertas giratorias desde
las esquinas de mis ojos, pero me encontraba decidida a escuchar el resto de su “historia”.
—Por favor continúa.
Sonrió brevemente, como si supiera que tenía mi atención.
—Bueno, empezamos a saludarnos cada vez que nos veíamos. Luego eso se convirtió en
una pequeña charla; por lo general conversaciones benevolentes, el clima, nuestros trabajos.
Luego comenzó a hacerse más personal. Obviamente necesitabas a alguien con quien hablar, y
me había enamorado de ti como un gancho, en la línea y en el sedal.
—Mi papá solía decir eso un montón de veces.
Destello.
Un recuerdo.
No sé cómo ni por qué, pero este tipo para mí tenía sentido.
—Lo amabas muchísimo —cuando vio mi reacción, eso pareció alentarlo—. Bueno,
empezamos a encontrarnos para almorzar una vez a la semana, luego dos veces. Nuestras
conversaciones fueron un poco más personales. Me confiaste que eras muy infeliz. Estabas
viviendo con tu prometido. Me contaste que al principio te hizo perder la cabeza. Te encontrabas
tan enamorada, que no distinguías lo que era arriba y abajo. Y luego, después de que aceptaste
casarte con él, se volvió muy controlador. Te decía qué podías y debías usar.
De repente recordé esta mañana, los zapatos… Brad prácticamente me dijo qué zapatos
debía usar. Se encontraba en lo cierto, pero aun así… sentí una vibra extraña. —Dictaba tu
horario de trabajo, a quien tomabas como clientes, con quien tenías permitido socializar. Te
sentías sofocada, asfixiada —se detuvo y me miró directamente, como si estuviera esperando
una afirmación—. Esas son tus palabras, no las mías.
Miró hacia otro lado por un momento, como si estuviera pensando, luego se volvió y
continuó. —Me confiaste que estabas pensando en terminar el compromiso, pero tenías miedo
de lo que te hiciera. Me contaste que él le presentaba al mundo un personaje diferente, pero en
casa, intentabas mantenerte lo más lejos posible de él. Empezaste a contar conmigo. Estabas tan
sola y yo me encontraba…
—Te dije que no quería escuchar que nosotros…
—Lo entiendo, pero no hay una forma fácil de decir esto.
Esperó por mi respuesta.
124 Apenas asentí. Sin querer escuchar, sin embargo era incapaz de alejarme.
—Nuestra relación floreció —empezó a hablar de nuevo—, y una cosa nos llevó a la otra.
No encontrábamos en tu oficina…
—Espera, ¿estás diciéndome qué estaba teniendo relaciones sexuales contigo?
—Era de otro mundo. Eras tan suave y dulce… e insaciable —sonrió y mi estómago dio
vueltas.
Sentí náuseas.
Me sentí sucia.
Continuó, pero luego rápidamente perdió la sonrisa cuando vio la mirada de disgusto en
mi rostro.
Lo observé inquisitivamente, y saltó de nuevo a la historia, a toda máquina.
—Te reunías conmigo en tu oficina en la mañana, luego fueron dos veces al día. Nos
enamoramos. No fue nuestra intención. Por supuesto te deseaba más que al aire, pero tú
vacilabas. Tenías miedo. Siempre mirando por encima de tu hombro. También nos reunimos en
mi departamento. Le decías que te ibas de compras, o a visitar a tus amigas cuando todo el
tiempo estábamos… um. No pasó mucho tiempo después, cuando me confiaste y me dijiste que
me amabas. Ahí fue cuando empezamos a discutir cómo terminarías tu compromiso. Ambos
estuvimos de acuerdo que lo mejor sería si lo dejabas y te mudabas conmigo, donde pudiera
protegerte.
Mi cabeza me daba vueltas. No podía creer que había estado conspirando para dejar a
Brad. No podía creer que Brad fuera tan controlador y que en verdad le temía. Pero no recordaba
nada. Solo tenía esa sensación familiar de que tenía miedo de alguien.
—¿Estaba planeando dejar a Brad?
—Sí. El día anterior habías empacado y me diste instrucciones para llevar tus cosas a mi
casa. Me contaste que tu madre no entendería que dejaras a un hombre con la riqueza y estatus
social de Brad Hunter.
No podía creer que en verdad pensaba de esa forma acerca de mi madre. Ella era…
parecía tan atenta y maravillosa. Seguramente entendería si mis sentimientos por Brad hubieran
cambiado y si tenía miedo de él.
—Decidimos que la mejor forma de actuar era que fueras al trabajo… aquí al siguiente
día y nos iríamos a mitad de la tarde. Llamarías a Brad, cuando te encontraras en mi
departamento y le dirías que ya no estabas enamorada de él y deseabas terminar tu relación. Me
hallaba tan entusiasmado por empezar nuestra nueva vida, y también… también tú lo estabas.
—Bueno ¿qué ocurrió? —Me encontraba por completo envuelta en la historia que me
estaba contando. Parecía tan poco probable, pero al mismo tiempo explicaría algunas cosas…
sentimientos que había estado experimentando en los últimos días.
—Jamás te presentaste al trabajo al día siguiente. Cuando llamé a tu oficina, me
informaron que tuviste un accidente. Presioné a Lena para que me diera más detalles, pero se
encontraba renuente. Creo que también tenía miedo de Brad.
125 —Está de licencia… con todo pagado por supuesto. —Pero, ¿lo estaba o sucedió algo más?
—Seguí llamando hasta que finalmente me dijo que había escuchado que te caíste de las
escaleras y te encontrabas en el hospital, en coma. ¡Un maldito coma! —Los músculos de su
cuello se tensaron en cuerdas y pude ver a la ira reemplazando la calidez en sus ojos—. Estaba
tan enojado. Tan confuso. Me sentía culpable.
—Sí, estaba herida. Culpable, ¿por qué te sentirías culpable?
—Pensé que tal vez había averiguado lo de nosotros. Se enteró de que estabas
planeando dejarlo.
Observé su mirada vacía y me sentí enferma del estómago.
—Pasé varias semanas en el hospital ¿cómo es que…?
—Lo sé. Intenté visitarte, pero me informaron que solo los miembros de tu familia tenían
permitido verte. Ahí fue cuando supe que Brad tenía algo que ver con que estuvieras allí. Debió
haberte seguido o algo y se enteró de nuestros planes, aunque no puedo imaginar cómo lo hizo.
Eras muy cuidadosa. Le dio órdenes al personal del hospital para que yo no tuviera permitido
verte ni visitarte.
—No tengo ningún recuerdo de ti. No tengo ningún recuerdo de mi vida. Todo lo que
tengo ahora son pequeños destellos. Como visiones de milisegundos que vienen y van tan
rápido.
Era la cosa más extraña, pero creo que en verdad lo vi sonreír. Podía estar equivocada.
En estos momentos me encontraba muy confundida.
—Bueno ¿eso no parece un poco de coincidencia? Ibas a encontrarte conmigo para
dejarlo al día siguiente y la noche anterior te caíste por las escaleras —la forma en la que dijo
caíste hizo que mi cabeza girara.
—No puedes pensar que me empujaron —todo mi cuerpo se estremeció—. Brad no
podría… jamás lo haría —tuve que detenerme. Sentí algo frío arrastrándose por mi pecho y
envolvió sus dedos alrededor de mi corazón.
—Bueno, nada nunca fue probado —me miró de nuevo, el fuego ardiendo detrás de sus
ojos—, hubo una investigación. Llamó a la policía para cubrir su trasero. Estoy seguro de que su
dinero le compró los resultados que necesitaba.
—¿Estás diciendo que Brad sobornó a un oficial de la ley? —Me levanté, mi mano
soltando el banco como agarre que tenía en el teléfono en mi bolsillo—. En verdad crees que me
empujó ¿cierto?
Mi estómago se revolvió. Me sentí enferma y de repente supe que estaba a punto de
vomitar. Rápidamente escaneé el área inmediata en busca de un lugar que no fuera tan público
y con mi mano sobre mi boca corrí a un lado del edificio, en la calle cuarenta y ocho, y me
acurruqué en una esquina. Devolviendo todo lo que había desayunado esa mañana y más. Mi
cabeza latía con fuerza, mi corazón acelerado. ¿Este hombre podía estar diciendo la verdad?
¿Brad trató de matarme? ¿Esto podría estar pasando? ¿Por qué no puedo recordar nada?
Lentamente me levanté para encontrar al hombre con la historia de pie justo detrás de
mí. Extendió su mano ofreciéndome un montón de servilletas y los usé para secar mi frente y mi

126 boca. Mis piernas amenazaron con doblarse y estaba temblando de la cabeza a los pies. Me
apoyé en el edificio en busca de soporte y levanté mis ojos hasta que se encontraron con los
suyos.
—Tú sabes mi nombre, y yo no sé… no recuerdo el tuyo.
—Kevin. Kevin O’Shea.
—Bueno Kevin —el nombre no me sonó de nada, pero era una historia muy buena—.
¿Hay alguna forma? Umm. ¿Puedes probar algo de lo que me estás diciendo?
—Sí.
—¿Cómo?
—Tengo las cosas… tengo tus cosas. La maleta que empacaste, las cosas personales.
Esperó un momento para que esa pieza de información fuera asimilada.
—Si puedes reunirte conmigo aquí mañana, te llevaré… iremos a mi casa y te lo mostraré
todo.
—No sé si pueda salir sin que Brad lo sepa.
—Parece como que nada ha cambiado. Todavía tienes miedo de dejar la casa.
—No tengo miedo. Es solo que no sé cómo moverme —estaba enojada ante su
implicación que era una mujer tan estúpida y débil, que se encontraba tan asustada que no podía
funcionar. Solo no recordaba—. No sabría nada acerca de cómo llegar a la ciudad.
—Aquí —rápidamente escribió un número—. Este es mi número. Guárdalo en algún lugar
seguro, donde no pueda encontrarlo y cuando mañana se vaya, llámame e iré a verte. —Me
entregó una tarjeta de negocios con un número escrito en la parte de atrás.
—¿Cómo sé que lo que dices es verdad? ¿Cómo sé que puedo confiar en ti?
—Sarah, cariño. Te lo probaré mañana. Tienes mi palabra como caballero.
—Tengo que irme. Tengo que pensar. Esto es mucho, demasiado. Mi cabeza está dando
vueltas —todavía me encontraba temblando de forma violenta, insegura de cómo siquiera
estaba hablando en este momento.
—Lo entiendo. Cálmate. Trata de tranquilizarte. Piensa en ello esta noche. Tengo la
esperanza de que algo regrese a ti.
—Ahora necesito irme —miré al teléfono que Brad me dio. Habían pasado dos horas y
pronto estaría buscándome—. Pensaré en ello.
—Prométeme que me llamarás.
—No puedo prometerlo. Estoy tan confundida —me tambaleaba al borde de la histeria
y él lo notó—. Necesitas darme tiempo… y espacio.
—De acuerdo. Por favor cálmate. No queremos que Brad empiece a sospechar —apretó
mi mano y se acercó más. Tan cerca que sus labios rozaron mi oreja—. Te amo Sarah. Te amo
tanto, y agradezco a Dios que estás viva. Te protegeré. Prometo cuidarte. Nadie jamás te hará
daño de nuevo.
127 —Adiós —susurré y caminé rápidamente hacia la entrada del edificio.
¿En efecto qué puede salir mal?
17 Traducido por GIGI<3
Corregido por Yani

C uando finalmente salí del ascensor y entré en el piso de oficinas de Brad, estaba
mental y físicamente agotada. Me recibió un aluvión de personas que se
apresuraron a saludarme, todos eran extraños. Ellos sabían exactamente quién era
yo, pero no reconocía a nadie. Aún estaba conmocionada por la historia que acababa de
contarme Kevin. Mi estómago se hallaba todavía un poco revuelto y estoy segura de que me veía
verde.
Fui llevada a la oficina de Brad por su asistente Charlene, una rubia muy bonita, como de
mi edad. Brad estaba al teléfono, pero inmediatamente me miró y sonrió. Levantó un dedo
indicando que en poco tiempo estaría conmigo, así que miré a Charlene pidiendo indicaciones.
Sonrió y señaló la sala de estar. Le agradecí en silencio y me dirigí hacia el sofá.
—...Espero eso y más... asegúrate de mantenerme informado. Necesito este proyecto
terminado a tiempo... ¿Me entiendes? —Colgó el teléfono y se acercó a donde me encontraba
sentada.
128 —¿Te lo pasaste bien? —Sonrió y me esforcé por ver el monstruo detrás de sus ojos. O
era muy bueno en ocultar esa parte de sí mismo, o sabía que me era imposible recordar a ese
Brad. O puede ser simplemente que estoy totalmente loca y acababa de conocer a alguien más
loco que yo. Demasiados porqués flotaban en el interior de mi cabeza. ¿Por qué Brad me haría
daño? ¿Por qué no recuerdo nada? ¿Kevin estaría diciendo la verdad?
En cualquier caso, la habitación daba vueltas y todavía sentía unas terribles náuseas.
—Mmm, no sé si bien es la palabra correcta.
—¿Ah, sí? —Parecía preocupado y se sentó a mi lado—. Te he echado de menos. —Tomó
mi mano y la llevó a sus labios—. Sarah. ¿Por qué tiemblas?
Retiré mi mano y la apreté con la otra sobre mi regazo.
—Creo que fue demasiado, demasiado pronto.
—¿Te sientes bien? —La preocupación en su voz era evidente, o era realmente bueno
fingiendo.
—¿Estaría bien si nos saltamos el almuerzo? Realmente no me siento bien. Estoy cansada.
—Por supuesto —se puso de pie, y se acercó a su mesa en donde presionó un botón.
—¿Sí, señor Hunter? —La voz de Charlene llegó a través del altavoz con claridad; sonaba
totalmente profesional.
—Pídele a Jay que lleve el coche delante del edificio.
—Por supuesto, de inmediato.
Entró en la habitación detrás de su escritorio y salió con una taza llena de agua.
—Toma, bebe esto.
Tomé el vaso y bebí rápidamente, la frescura del agua me hizo sentir un poco mejor.
—Gracias.
—Lo siento. Fue egoísta de mi parte pedirte que vinieras hoy. Tenía miedo de que podría
ser demasiado para ti, pero es que me gusta tenerte cerca —me atrajo hacia él y me puse rígida.
Sentí que su cuerpo se tensaba y sabía que nuestra dinámica recién formada había cambiado
para siempre. Todo era diferente.
¿Podría ser posible que me hubiera hecho esto? ¿Estaba tan empeñado en controlarme,
hasta el extremo de que trataría de matarme si intentaba dejarlo? No tenía manera de saber si
algo de eso era cierto. Tendría que confiar en mi instinto. Solo rezaba porque mi instinto fuera
lo suficientemente agudo.
El viaje a casa fue silencioso. Apoyé mi cabeza contra el respaldo del asiento y cerré los
ojos, poniendo fin a cualquier conversación sobre mi día, que para los estándares de cualquiera
fue horrible. No fingía el palpitante dolor de cabeza, lo estaba sufriendo. Sin embargo, también
me sentía emocionalmente desgastada y físicamente agotada.
Cuando llegamos a casa, le dije a Brad que tenía que acostarme un rato. Me dio dos
pastillas y un vaso de agua.
—Tómatelas. Órdenes del médico.
129 Agarré las pastillas y me las tomé. Al concientizarme de que me las había tomado, ya era
demasiado tarde para protestar. Tendría que soportar los efectos de alteración mental que
pudieran llegar a causarme. ¿Acaso ahora estaba siendo demasiado paranoica? Odiaba no tener
una forma de saberlo a ciencia cierta, por lo que de ahora en adelante, tendría que estar más
alerta. Después de todo, siempre es mejor prevenir que lamentarse después.
—¿Te veré más tarde entonces? —Le pregunté, tratando de evaluar su estado de ánimo.
—Por supuesto, descansa un poco. Lo siento si lo de hoy fue demasiado. Tenía la
esperanza de que recordaras algo. Aunque, tengo que admitir, que me gusta pasar tiempo
contigo de la forma en la que solíamos hacerlo. Echo de menos compartir el trayecto contigo.
Así que el paseo de hoy, fue en parte, un tanto mi culpa.
Sonaba tan sincero. Y si pensaba en ello, ¿por qué quería que recordara... especialmente
si él era el responsable? PARA, SARAH, PARA.
Estoy empezando a despreciar la palabra por qué.
—Soy la que insistió... después —me sorprendí al recordar que había sido yo la que
estaba tan asustada, al extremo de insistir en ir con Brad a Manhattan. Había sido la que tuvo un
sueño tan violento que lo había atacado físicamente. Arañé a la malvada persona en mi sueño, y
ahora la cara de Brad estaba rasguñada—. No quise quedarme sola en casa —dije sin emoción.
—Si fuera inteligente, y hubiera pensado en tu bienestar, habría insistido en que te
quedaras en casa.
—Tan solo creo que mi cuerpo no está listo para estar tan físicamente activo.
—Ve a acostarte, descansa. Te haré saber cuándo la cena esté lista.
—Gracias —me di la vuelta, salí de la cocina y lentamente me dirigí hacia las escaleras.
Mi cerebro estaba luchando, tratando de juntar las piezas de este rompecabezas con la
esperanza de obtener una visión más panorámica de la imagen. Siempre he odiado los
rompecabezas, pero al menos con un rompecabezas había una imagen que seguir en el cuadro,
un patrón, colores... algo.
Aquí... yo... no había nada. No tenía ninguna referencia que pudiera aprovechar. Todo lo
que tenía era una cadena de extraños destellos, nanosegundos de tiempo que me decían que
había recordado un sonido, un sabor, una palabra.
Ni siquiera estaba segura de que fueran mis recuerdos, o si estaba tan esperanzada por
encontrar mi camino de regreso que entendí todo mal.
La extraña sensación de alguien esperando detrás de la puerta, al acecho, el horrible
sueño de la caída, el rostro del hombre arañado; el rostro de Brad rasguñado. Cuando entré en la
habitación, cerré la puerta. Sintiendo un poco de consuelo sabiendo que nadie podía entrar sin
mi consentimiento, me acerqué a la cama y me recosté. No creo que tardara ni dos minutos en
quedarme profundamente dormida.
Me encontraba profundamente dormida cuando sentí que alguien acariciaba toda mi
pierna con su mano. Me senté de golpe en la cama. Mis ojos bien abiertos. Debí parecer un
espanto, porque Brad casi se cayó hacia atrás.
—Jesús, Sarah. No era mi intención asustarte —tomó una respiración profunda—. Traté
de llamarte por tu nombre pero no te despertaste.
130 —Brad, casi me diste un ataque al corazón —revisando la habitación, me di cuenta de
que la puerta que había cerrado con llave no estaba abierta—. ¿Cómo...cómo has entrado?
—El armario —dijo—. Trabaste la puerta, así que entré por el armario.
—¿El armario? —No entendía.
—Nuestros armarios son accesibles desde el pasillo, así como desde el dormitorio.
Insististe en tener puesta una puerta independiente para que no tuvieras que pasar por el
dormitorio cuando salías de casa. La escalera trasera conduce hasta la puerta de la cocina y el
garaje.
La expresión de su rostro me hizo detenerme. Él esperaba que supiera plenamente de lo
que estaba hablando.
—¿Lo hice?
—Sí. Hiciste esos cambios a los planos originales.
Arquitecta. Yo. Por supuesto que lo hice.
—Lo siento, no me acuerdo.
Si pudiera explicar lo agotador que era escuchar decir esas mismas palabras una y otra
vez, lo intentaría, pero decir que era una enorme frustración ni siquiera comenzaba a describirlo.
—¿Estás preparada para comer algo? —Me miraba con tristeza en sus ojos; Quería llorar
por él. Pero tenía que recordar que tal vez podía ser el enemigo. Mi enemigo—. Hice que Terry
cocinara estofado de carne. Era...
—Uno de mis favoritos... —terminé la frase por él sin una pizca de entusiasmo.
—Sí —bajó su cabeza, luciendo culpable.
—Lo siento, Brad, es solo que siento como si estuviera volviéndome loca y yo... yo no lo
sé. Estoy tan perdida. ¡MIERDA!
Me encogí al oír esa palabra salir de mi boca.
—¿Hablo así? Quiero decir, ¿maldigo así?
—Sí... y no —sonrió un poco. Obviamente, mi mirada confusa era entretenida—. Bien, sí.
Pero solo cuando estas increíblemente enojada o simplemente... bromeando.
—Quisiste decir trillada ¿no?
En este momento podrían decirme que mi madre era el asesino del hacha y lo creería.
Estaba tan confundida y mis pensamientos se encontraban tan dispersos, que juro por mi vida
que no tenía ni idea de cómo me mantenía en pie.
Si creía en Kevin, entonces Brad era un despiadado y prefería verme muerta a que lo
dejara. Si creía en los sentimientos que tenía cuando estaba con Brad, entonces Kevin era un
mentiroso total, y oh, también un loco. Necesitaba averiguar de una vez por todas quién tenía
razón y quién era el verdadero enemigo.
—No, no quería decir trillada. Tienes un fantástico sentido del humor. De hecho, éramos
el alma de la fiesta. Cualquier fiesta —lo dijo categóricamente, mientras me miraba como si
estuviera tratando de averiguar lo que estaba pasando por mi mente.

131 Ponte en la cola, amigo. ¡Estaba aquí primero!


—¿Sabes qué? Haré que Terry te prepare una bandeja y te la suba —creo que sintió mi
incertidumbre, y estaba tratando de cubrirse o simplemente era un buen chico tratando de
darme un poco del espacio que tanto necesitaba.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Realmente estoy empezando a odiar esa palabra.
—Mmm, creo que eso sería lo mejor. Hoy fue un día agotador para mí y sencillamente no
estoy hasta... maldita sea, ni siquiera sé cómo hablar.
—No pienses en eso ahora —se inclinó y me dio un beso en la frente—. Voy a hacer que
Terry te suba la bandeja. Yo, mm, tengo unos papeles que revisar.
—Gracias.
Me recosté contra la cabecera y respiré hondo. Sabía que en algún lugar, muy dentro de
mí, había una chica, una mujer, que podía defenderse a sí misma. Solo necesitaba saber contra
quién.
Me levanté, entré en mi armario y luego en el baño. Me detuve, di la vuelta y caminé de
nuevo al armario y allí estaba. Una puerta. Entre los bastidores de zapatos y las chaquetas de
traje. La abrí y me asomé al exterior. Efectivamente, se abría en el pasillo, justo al lado de la
escalera trasera que daba a la cocina. Crucé el pasillo y atravesé la puerta del lado opuesto y
entré directamente al armario de Brad.
Al pasar, pude oler su aroma. Perduraba en el pequeño espacio. Aspiré profundamente.
Destello.
Me gusta este olor.
Caminé hasta el final y allí estaba nuestro baño. Era algo así como un laberinto, pero si
sabías adónde llevaba cada puerta, se podía ver la lógica... mi lógica.
Todo este lado de la casa era como una gran U, y al final del gran pasillo se hallaban ambas
puertas de los armarios, una frente a la otra. Había una preciosa ventana, enorme y redonda, que
dejaba entrar el sol poniente, que emitía su resplandor sobre la madera reluciente de las puertas
corredizas que se abrían y daban al gran espacio contiguo abierto. Me quedé momentáneamente
mirando por la ventana a la gran propiedad. Había árboles y arbustos con flores por todas partes.
El agua corría por la pequeña saliente de roca, brillando en la distancia, hasta la gran piscina
uniforme.
¡Qué hermosa propiedad! Tan abierta y aun así tan privada.
Oí voces abajo y me acerqué a la barandilla. Estaba un poco avergonzada de mi espionaje,
pero mi curiosidad descartó cualquier etiqueta que me hubiesen enseñado. Lentamente me
agaché hasta el suelo para poder escuchar mejor el murmullo de voces.
—... preocupado por Sarah.
—Va a recuperar pronto sus recuerdos, señor Bradley.
—Eso es lo que me preocupa.
Qué extraño que justo él dijera eso.

132 —¿Por qué le preocupa eso?


Sí, eso estaba pensando.
—Tengo miedo de que si ella se entera de lo que realmente sucedió...
Hubo algunos susurros confusos y agucé el oído, pero por desgracia no fui capaz de
escuchar el resto.
—Estoy segura de que se está preocupando por nada. Ella recordará de la forma en la
que debe hacerlo.
—Ni tú ni yo quisiéramos que recordara todo.
¿Qué? ¿Por qué no quieren que recuerde todo? ¿Estaba Kevin en lo cierto? ¿Brad Fue el
responsable de lo que me pasó? ¿Y por qué Terry estaría de acuerdo con semejante...? Oh. Mi. Dios...
Es cierto. Terry fue la cocinera de los padres de Brad. Sería leal a Brad sin importar nada.
Un repentino escalofrío se deslizó por mi columna vertebral hasta la parte trasera de mi
cuello, haciéndome estremecer violentamente.
—Voy a llevarle eso.
—No, señor Bradley. Yo lo hago. Parece que ha asustado bastante por un día a nuestra
chica —se rió.
—Tienes razón Terry. Estaré en mi oficina. Tengo que revisar esta propuesta.
—Ah, señor Bradley, todo será como debe ser. Verá. Pare con su preocupación, ocúpese
en algún trabajo constructivo... mi madre siempre me decía eso.
—Tienes razón otra vez. Buenas noches Terry.
Me levanté de un salto. Podía oírla subir las escaleras de atrás. Apresuradamente, caminé
a lo largo de la pared hasta llegar a la puerta de mi armario. Una vez dentro, corrí al dormitorio y
me lancé en la gran cama, tirando del edredón.
—Señorita Sarah. Se ve un poco pálida ¿se siente mejor?
En serio. Quería empujar esa bandeja en su rostro.
—Solo estoy cansada —traté de mantener a raya la creciente hostilidad en mi voz.
—Bueno, este de aquí es uno de sus platos favoritos. Estofado de carne. Va a traer el
color de vuelta a sus mejillas.
Colocó la bandeja sobre la mesa auxiliar.
—¿Hay algo más que pueda traerle?
—No, gracias —logré mostrarle una débil sonrisa.
—Bueno, entonces la veré mañana. No voy a estar hasta las once, se lo digo para que no
se extrañe cuando no me vea a primera hora. Tengo que ir a la casa de Erin —me miró y negó
con su cabeza—. Lo siento, querida. Olvidé que no recuerda. Tengo que dejar algo de comida
que cociné para Erin, mi hija. Pero voy a estar aquí tan pronto como pueda —colocó sus manos
en sus caderas—. Así que coma. Se sentirá cien por ciento mejor por la mañana.
—Gracias.
Terry asintió y sonrió antes de girar hacia la puerta.
133 —Si necesita algo más, solo levante el teléfono. Estaré por otros cuarenta cinco minutos
más o menos.
Asentí y salió cerrando la puerta detrás de ella.
¿Qué quisieron decir? ¿Averiguar lo que realmente pasó?
Kevin tenía razón. De alguna manera el darme cuenta solo me hizo sentir horrible. Estaba
empezando a enamorarme perdidamente de Brad. Ahora solo me encuentro enojada, amargada
y muy triste.
Tengo que llamar a Kevin en la mañana para que venga a buscarme.
Sé que tengo que salir de aquí.
Me levanté de la cama y llevé el plato de estofado al cuarto de baño, tiré de la cadena y
vertí el contenido del bol en su interior viendo como desaparecía. Caminé de regreso a la
habitación, dejé el plato y coloqué la cuchara en su interior.
Me senté en el borde de la cama y me volví loca. Empecé a llorar como si acabara de
perder a mi mejor amigo. Eran lágrimas de rabia y frustración. Me sentía como una tonta. Busqué
en el cajón y saqué el diario. Sequé mis lágrimas furiosamente y me volví a sentar mientras abría
el libro en el lugar en donde lo había dejado.

Diario,
Estaba tan nerviosa por ir a la oficina hoy. Después del sexo increíble de anoche, estaba un
poco avergonzada de ver a Brad otra vez, pero tan pronto como lo vi y nuestros ojos se
encontraron, me sentí muy a gusto. Tenía una sonrisa gigante en su cara, como un niño en la
mañana de Navidad, y sentí una opresión en el pecho tan solo de mirarlo. ¿Podría estar
enamorándome tan rápido?
La respuesta es sí. Tenía que reconocerlo. En mi estómago sentía como si mil mariposas se
abalanzaran y descendieran a la vez. Me sentía mareada, y si tuviera que adivinar, diría que lucía
mi sonrisa más ridícula.
Él tenía ese efecto en mí.
Por no hablar de que quería saltarle encima allí mismo. Se veía positivamente delicioso.
Levantó la mano, se excusó y se acercó a donde estaba sonriéndole como una idiota y me
dijo que había estado esperándome y que no podía esperar para verme.
Amigo, ¡sé lo que se siente!

Por mi vida que no podía entender cómo ese Brad se había convertido en el malvado
Brad.

134
18 Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por Bibliotecaria70

A penas dormí en toda la noche. Forzando mis oídos para escuchar cualquier sonido
que estuviera fuera de lo común. Pensé que oí a alguien caminando por el pasillo,
pero los pasos no llegaron a la puerta del dormitorio. Miré y noté que la bandeja
se encontraba en donde Terry la había dejado.
Escuché la ducha iniciándose en el baño y oí a quien solo podía asumir era Brad en el
armario. Sin embargo, nunca entró en el dormitorio.
A la mañana siguiente me encontraba despierta cuando dejó la casa. Me levanté de un
salto y corrí a la ventana para observar mientras el coche salía y empezaba a andar lentamente
por el largo camino de entrada. Mirando al reloj, me di cuenta de que tenía un poco menos de
dos horas antes de que Terry llegara. No es que no pudiera irme si ella se encontraba aquí, pero
quería irme de forma desapercibida. Para que Brad no supiera que me había ido. Eso me daría
más tiempo.

135 Me acerqué al armario y lo abrí, di un paso en su interior. Agarré la chaqueta que tenía
puesta ayer y encontré la tarjeta de presentación que Kevin me había dado todavía dentro del
bolsillo donde la había dejado. Me la quedé mirando por lo que pareció como una eternidad,
yendo y viniendo en mi cabeza, tratando de averiguar si este era el movimiento correcto o el
equivocado. Me dije a mí misma que si Kevin mentía, siempre podría regresar a casa o ir a lo de
mi madre. Presioné los números en mi teléfono y golpeé la tecla de envío, pero antes de que la
llamada telefónica se hubiera llevado a cabo, la terminé.
¿Qué pasaba si estaba equivocada?
Necesitaba un plan.
Me paseé por toda la habitación, yendo y viniendo como un animal enjaulado y
finalmente se me ocurrió una idea. Llamaría a mi madre cuando llegara al apartamento de Kevin,
donde estaría segura, y le diría que me encontraba bien y le dejaría saber a Brad que no volvería
a casa hasta arreglar las cosas. No le diría en donde estaba, sabiendo que había más de una
posibilidad de que se lo contara a Brad.
Saqué un par de pantalones y una camiseta de color claro sin mangas, me duché y me
vestí rápidamente. Reuní algunas cosas necesarias y las lancé en mi bolsa de viaje, la misma que
había usado cuando fui a Connecticut a ver a Jez.
Me sentía horrible y culpable, como si hubiera hecho algo malo.
Con determinación agarré mi teléfono y marqué a Kevin antes de que perdiera el poco
nervio que tenía y me seguía diciendo a mí misma que tenía que ver lo que él poseía. Necesitaba
averiguar la verdad.
—Sarah —contestó el teléfono, sonando un poco sin aliento.
—Sí. Soy yo.
—¿Dónde estás?
—Me encuentro en casa.
—¿Cuándo estarás lista?
—Ahora. Estoy lista. Brad ha salido de la casa y se ha ido a la ciudad. No sé cuánto tiempo
tengo antes de que Terry llegue aquí.
—Esa buitre entrometida —un poco de veneno en su voz.
No me gustó su tono, pero en este punto, era un mal menor.
—¿Eres capaz de venir a buscarme?
—Estaré allí en menos de diez minutos. Agarra lo que creas que necesitarás.
—Lo hice. Empaqué algunas, um, cosas.
—De acuerdo ¿crees que puedes caminar hasta la carretera sin ser notada?
—Creo que sí.
—Ahora sal, estaré ahí para el momento que llegues allí.
—De acuerdo —en ese momento sentí una punzada de algo. No me encontraba segura
de lo que era. ¿Estaba esperando cerca de mi casa a que lo llamara? Hice a un lado el pensamiento

136
y continué preparándome.
Me acerqué y agarré mi bolsa y vi una lima de uñas encima del neceser. La tomé y la
coloqué en el bolsillo de mi chaqueta junto con mi teléfono. En el camino hacia la puerta, también
recogí el diario y lo metí en el bolsillo con cremallera de mi bolso de maquillaje mientras me
estaba yendo.
Pasé por el armario y quedamente caminé por la escalera trasera que daba a la cocina.
Escuché una aspiradora en el fondo y supe que el personal de limpieza estaba allí, así que
silenciosamente me deslicé por la puerta de atrás de la cocina hacia el área del patio. Entonces
lentamente hice mi camino por el lado de la casa, manteniéndome cerca de los arbustos en caso
de que alguien mirara por la ventana. Cuando llegué al camino de entrada, crucé a un lado con
los pinos altos y caminé por ese lado, usando a los árboles altos como cubierta.
Llegué a la puerta y lancé mi bolsa por encima del pilar de ladrillos. Aterrizó en la pequeña
zanja de drenaje. Luego me deslicé a través de la abertura entre la puerta y el pilar y después de
zafarme de eso agarré mi bolso, asustando a un conejo en la maleza, salté y dejé escapar un
pequeño chillido. Tal parece que lo asusté casi lo mismo que él a mí.
Fiel a su palabra, Kevin estaba esperando en la carretera. Cuando me vio llegando, abrió
la puerta de su BMW y me deslicé en el asiento delantero. Descansando mi bolsa en el regazo.
Casi salté cuando se acercó a mí.
—Necesitas colocarte el cinturón de seguridad.
—Oh. Sí. Lo siento —tiré del cinturón de seguridad por encima de mí colocando el broche
en su lugar con un clic.
—¿Crees que alguien te vio?
—No lo sé. No lo creo.
En este punto era una bolsa de nervios. Sin saber lo que el futuro tenía para mí, o las
repercusiones de lo que acababa de hacer. Anoche, saqué una página vacía de la parte de atrás
del diario y escribí una nota para Brad. La dejé en donde colocaba sus llaves, sabiendo que solo
él la vería.

Brad,
Estoy llena de dudas y de dolor, y justo ahora solo necesito mi propio espacio. Por favor
dame aunque sea esto.
Por siempre,
Sarah.

Pensé que era gracioso que firmara la nota de esa forma. Para mí fue tan automático
como lo era respirar. Después de que firmé la nota, saqué una carta de un sobre del interior de
la mesilla de noche de Brad para ver si coincidía la letra. ¡Bingo! Sabía al menos una cosa; tengo
la misma caligrafía. Rápidamente miré a la postal. Era una carta dulce, llena de te amos y
sentimientos hermosos. Encontré difícil de creer que le daría esto a un monstruo que casi me
había matado.

137 Recordé el resto de las cartas que había leído en ese sobre y sentí un poco más de culpa.
Se aferró a todas esas tarjetas y notas mías. ¿Por qué? ¿Me amaba a su propia manera enferma y
torcida?
—Le conté a mi madre en donde estaría —dije, como un tipo de autodefensa de
confirmación.
—¡¿Tú qué?! —Su tono se volvió enojado y su rostro enrojeció. Cuando vio la mirada de
asombro en mi rostro; inmediatamente relajó sus músculos faciales, luciendo a cada segundo el
socorrista suave y guapo que pensé que era. Tal vez tenía miedo de que mi madre le contara a
Brad, no lo sé, pero su respuesta inmediata se quedó detrás de sus ojos sonrientes y cálidos—.
Solo quiero que estés a salvo. Sabes eso ¿cierto?
—Sí.
Condujo por algo de tiempo, lo que me pareció bastante raro ya que solo se encontraba
a diez minutos de distancia cuando lo llamé. Por una razón extraña, pensé que vivía en el área.
Tal vez solo ocurrió que se encontraba cerca, o ¿estaba al acecho esperando mi llamada?
Estaba mirando a dónde íbamos, pero la brújula en el salpicadero del auto de Kevin seguía
cambiando de direcciones, Norte, Oeste, Sur, y no reconocí ninguno de los nombres de las calles.
No sé si tenía la intención de confundirme, pero encontré difícil recordar cualquier cosa que vi
durante el viaje. No sé si conducía de esta forma porque pensaba que podría estar siendo
seguido, o solo se encontraba siendo demasiado cauteloso. Pero cuando nos detuvimos en
frente de su hogar muy modesto pero hermoso, situado en el centro de los suburbios, me relajé.
Sus vecinos se hallaban relativamente cerca, no como la casa en Hyde Park dónde podrías gritar
todo lo que dan tus pulmones y nadie te escucharía.
—Aquí estamos —se giró y me miró. Estaba tranquilo y totalmente dentro de su
elemento—. Quédate ahí.
Salió, corrió alrededor del auto hacia mi puerta, abriéndola, y ayudándome a salir.
—Déjame agarrar eso —dijo mientras tomaba mi bolso de viaje.
Caminamos hasta la casa y subimos los cinco escalones hacia el pequeño porche, colocó
su llave en la puerta y la abrió de un empujón. Lo primero que vi fue la sala. Era pintoresca y
encantadora. Decorada con buen gusto con un sofá negro de cuero y otros más pequeños, y
mesas de madera oscura. Había una gran área de comedor directamente detrás de esta. Entré y
tomé una respiración profunda. No sé si era debido a estar aliviada o si estaba esperando a tener
un recuerdo.
—Aquí, toma asiento. Déjame hacerte un té. Tengo tu favorito.
—Suena increíble. En este momento me vendría bien una taza.
A decir verdad, ahora me vendría bien un trago, mis nervios se encontraban
positivamente activos, pero por ahora el té sería suficiente.
Me puse de pie por un momento mientras él caminaba hacia la parte de atrás de la casa
y como una niña obediente; lo seguí detrás y entré en la cocina más prístina que jamás había
visto. O al menos pensé que jamás había visto. Era todo blanco, brillante, reluciente.
Se volvió bruscamente y di un salto hacia atrás sobresaltada.

138 —Demonios Sarah. Me asustaste.


—Eso es para los dos.
Continuó llenando la tetera con agua y la colocó en la estufa. La maldita cosa lucía como
si nunca hubiera sido usada para cocinar, y quiero decir ¡nunca!
—¿Puedo usar tu baño?
—Por supuesto. Por favor. Quiero que aquí te sientas como en casa —se apresuró a mi
lado y señaló hacia el pasillo—, última puerta.
—Gracias.
Caminé lentamente por el pasillo hacia la parte trasera de la casa e intenté abrir la puerta.
Estaba cerrada y por mucho que jugué con la perilla, era incapaz de abrirla. Estaba a punto de
volver a la cocina cuando noté otra puerta, al otro lado del pasillo. Abrí esa y me encontré aliviada
al descubrir que era el baño.
Después, volví hacia la sala en donde Kevin se encontraba sentado. Me tendió una taza.
—La leche y el azúcar están justo allí.
—Gracias de nuevo. Amo el Earl Grey.
—Pensé que el English Breakfast era tu favorito —me miró como si estuviera estudiando
mi respuesta. Sin previo aviso, tomó la taza caliente de mis manos y regresó a la cocina—. No
importa, tengo la variedad de Twinning’s, estoy bastante seguro que el Earl Gray se encuentra
allí —su tono de voz fue brusco.
—Me gustan todos —grité sintiéndome avergonzada—. Beberé ese.
—No. Necesitas tener tu favorito.
No me gustó la forma en la que dijo la palabra favorito. Casi como si me estuviera
mimando.
Después de unos minutos, me trajo la nueva taza de té y se sentó. Afortunadamente
mantuvo su distancia. Supongo que debió haber notado que me encontraba un poco nerviosa e
inquieta después del malentendido.
—Déjalo reposar un poco, acabo de verter agua en él —me dio instrucciones.
Hice lo que dijo y una vez que estuvo lo suficientemente oscuro, le añadí azúcar y leche.
Mientras bebía mi té, lo atrapé observándome fijamente varias veces. Atribuí la vibra
incómoda que recibía de él al hecho de que yo me encontrara asustada. Lo miraba y apartada sus
ojos, tratando de hacerlo parecer como si no hubiera estado mirando. Todo el asunto era
bastante cómico y me habría reído si no fuera tan patético.
—Supongo que quieres ir arriba.
Casi escupí el té de mi boca. Tosí y algo bajó por el conducto equivocado.
—¿Arriba? —pregunté.
Empezó a reírse e inmediatamente me sonrojé.
—Sí. No es lo que piensas. Jamás lo haría, ya sabes, hasta que estés lista —el entusiasmo
en sus ojos desmentía las palabras que decía y sentí que un escalofrío me atravesaba.
—¿Tienes frío?
139 Sin querer parecer desagradecida o incómoda después de todo lo que había hecho por
mí, le dije que tenía frío.
—Anoche no dormí bien, supongo que estoy cansada.
—Esa sería la razón.
Se levantó, caminó hacia el armario y retiró una camiseta de un gancho en la parte interior
de la puerta. Era una sudadera con capucha gris de hombre.
—Aquí, esto es lo único que tengo que no te va a quedar tan grande —la sostuvo en alto
para mí y pasé mis brazos por las mangas.
—Gracias.
—Ahora, vamos a reformular eso. ¿Quieres ver tus cosas que están arriba…? —Esperó
por alguna indicación de mi parte—, o quieres que las baje. Para mí es lo mismo, lo que sea que
te haga sentir más cómoda. Entiendo que te encuentres un poco dudosa. Yo también lo estaría
si… —lo dejó colgando allí sin terminarlo.
—No, puedo subir —me levanté y esperé a que Kevin dirigiera el camino. Se acercó a las
escaleras y ambos subimos hasta la parte superior y llegamos al final del pasillo—. Además, me
gustaría ver tu casa.
—Acabo de mudarme aquí hace menos de dos meses —explicó—, así que todo en su
mayoría se encuentra en cajas.
—¿Acabas de mudarte? Pensé que me ibas a llevar a…
—Mi viejo apartamento no era lo suficientemente grande para nosotros, así que
encontré esta casa. Ibas a buscar una casa conmigo, pero entonces… no creí que estarías en el
hospital cuando finalmente encontré este lugar…
—Oh.
—Luces decepcionada —Estaba observándome muy de cerca y empezaba a sentirme
incómoda.
—No, es solo que… estaba esperando que algo familiar estimulara un recuerdo.
Se dio la vuelta y no contestó, luego abrió una puerta y ambos entramos. Lo primero que
noté fue que había unas pocas cajas, todavía grabadas, apiladas en un rincón. Ahora esta es la
parte que me tomó por sorpresa. La pared en esa esquina de la habitación se hallaba empapelada
con fotos mías; todas tomadas con una cámara indiscreta, cada una de ellas.
No podía girar mis ojos. Había logrado capturarme en varios estados de ánimo, por falta
de una mejor descripción, y era claro que obviamente no sabía que alguien estaba tomándome
una foto. Me encontraba riendo a carcajadas. Sonriendo. Hablando con personas de quienes
desconocía sus identidades. Lucía pensativa y feliz, muy feliz.
En el suelo se hallaba una caja. Había sido abierta, pero no tuve que abrir las solapas para
saber lo que se encontraba dentro.
“Las cosas de Sarah” estaba escrito muy cuidadosamente con un grueso marcador negro
en la parte de afuera.

140 Kevin se acercó sacando del camino a las otras cajas.


—Estas son tus cosas —dijo simplemente, luego dio un paso hacia atrás.
Me acerqué y abrí las solapas de la parte superior. Dentro se encontraba una pequeña
maleta, una caja sin nada escrito de tamaño mediano y varios tipos de adornos envueltos en
papel periódico.
Metí la mano y saqué la caja sin nada escrito de tamaña mediano.
—Déjame levantar eso —dijo Kevin mientras metía su mano, sacaba la maleta y se
quedaba allí de pie sosteniéndola.
—¿Eso es…?
—Sí. Esta es la maleta que empacaste cuando ibas a dejar a Brad —la bajó en medio de
la alfombra.
Me senté al lado de esta y abrí las dos cerraduras.
Conteniendo el aliento, levanté la tapa y jadeé.
Empacado en el interior de la maleta se encontraban cuidadosamente doblados
sujetadores, bragas, camisones, medias, maquillaje, perfumes y zapatos.
Aparentemente estaba huyendo con la esperanza de convertirme en una prostituta.
Era eso o no hacía nada más que tener sexo.
No dije nada. Hice las prendas a un lado y sentí el sonrojo subiendo desde mi pecho a mi
rostro. Sin levantar mi mirada, demasiado avergonzada para encontrarme con los ojos de Kevin,
abrí las solapas de la caja mediana sin nada escrito.
Lo escuché reírse entre dientes.
Puede ser que sea divertido para él, pero yo me encontraba mortificada. ¿Qué clase de
mujer era?
La caja sin nada escrito, estaba llena de cartas y notas.
Levanté una y la abrí. Era sensual, divertida y sarcástica… y estaba firmada por, Por
siempre, Sarah.
Abrí la nota y empecé a leerla. Si pensé que tenía la cara roja por ver los contenidos de la
maleta, estaba conmocionada de lo roja que mi piel podría volverse. Literalmente me hallaba
ardiendo.

“Te amo. Amo tu cuerpo y cómo encaja tan perfectamente con el mío. Amo sentirte en mi
interior…”

No hace falta decir que tuve que dejar de leerlo. Era por completo contundente y muy,
muy, descriptiva en las expresiones de nuestro amor y sí en verdad le escribí esta nota a Kevin,
con lo que estaba tratando de lidiar, me encontraba enamorada, o por lo menos, le tenía muchas
ganas.
Las palabras en esta página fueron bellamente escritas por una mujer mucho más

141 enamorada, y me perseguían. Una mujer que disfrutaba el sexo y la intimidad que venía con ello.
Deseaba tener esos sentimientos fuertes de nuevo. Quería otra vez estar completa. ¡Quería ser
yo de nuevo!
¿Alguna vez conocería a la verdadera yo?
—Estas son… um… muy personales.
—Lo sé. Atesoro cada palabra.
—¿Con qué frecuencia las lees? —Noté que las páginas se encontraban gastadas por ser
dobladas una y otra vez.
Esta vez tuvo la decencia de sonrojarse. —No sabes lo mucho que te he extrañado… y…
tu… calidez.
—En estos momentos no sé cómo sentirme. Espero que lo entiendas —traté de explicar
el malestar total que estaba experimentando. Miré alrededor de la habitación, con la esperanza
de encontrar un agujero por el que pudiera caerme.
—Sarah. Jamás te obligaría a hacer algo para lo que no estuvieras lista. Tómate tu
tiempo. Ahora estás aquí. Te encuentras a salvo conmigo. Y no te dejaré fuera de mi vista de
nuevo. —Las palabras fueron dichas con suavidad y con tanto significado, casi quise levantarme
y correr hacia él, pero recordé otras tácticas y por un breve momento, dudé de mi cordura.
¿Podrían mis instintos encontrarse tan apagados?
¿Pude haber mezclado mis sentimientos y deseos por ellos dos?
¿Quién demonios sabía?
Todo lo que en este momento sabía era que me encontraba cansada y necesitaba estar
sola para procesar esta nueva información recién descubierta.
—¿Hay algún lugar en el que pueda acostarme por un momento? Ha sido… un poco
abrumador y mi cerebro está frito.
—Por supuesto. Preparé la habitación al otro lado del pasillo, al lado de nuestra
habitación. Tómate tu tiempo.
—¿Te importaría traerme mi otro bolso?
—No por supuesto que no.
—Gracias Kevin.
Asintió y salió por la puerta, regresando unos minutos después con mi bolso. Abrió la
puerta al otro lado del pasillo y observé mientras colocaba mi bolso sobre la cama.
—Tengo que salir e ir a comprar algunos comestibles. ¿Estarás bien aquí sola?
—Sí. Por supuesto.
—Bien. No le abras la puerta a nadie. Tengo mi llave.
—No lo haré.
Lo decía en serio.
Se inclinó y besó la parte superior de mi cabeza.
142 —Estaré de regreso tan pronto como pueda.
—De acuerdo.
Dejó la habitación y cuando escuché sus pisadas en las escaleras, pasé mis manos por la
parte superior de mi cabeza como si la limpiara. No supe por qué había hecho eso. Me levanté y
fui a la habitación en donde había colocado mi bolso. Era un cuarto modesto. No demasiado
grande, pero lo suficiente para contener una cama matrimonial con un gran dosel, un armario
gigante, dos mesitas de noche, una silla, una mesa pequeña en la esquina y dos puertas. Caminé
hacia la primera y encontré el baño. Era uno pequeño, pero tenía un combo de ducha con bañera,
un lavabo y por supuesto un retrete. La pequeña ventana por encima del retrete estaba cubierta
con cortinas oscuras. Entré y las abrí, permitiendo que el sol iluminara la habitación.
—Así está mejor —dije para mí misma.
Caminé de regreso a la habitación y me senté en el borde de la cama. Me sentía como
una tonta. Aquí me encontraba en la casa de un hombre extraño, bueno un extraño para mí.
Había huido de mi casa, y ahora estoy en una situación aún más precaria. En la habitación de al
lado se encontraba mi maleta que contenía nada más que ropa interior y lencería súper sensual.
Ahora te pregunto, ¿quién demonios deja su hogar con solo ropa interior?
Claramente alguien que ha perdido su maldita cabeza.
Unos minutos después lo escuché irse, cerrando la puerta detrás de él y dejé escapar un
suspiro de alivio. Quería arrancar mi cabello de mi cabeza y gritar con todo lo que daban mis
pulmones.
19 Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por ValeV

M e encontraba feliz por la pequeña cantidad de privacidad que su partida me


ofrecía, me levanté y caminé de regreso a esa habitación. En algún lugar en esa
caja de cartón tenía que haber ropa. Levanté la maleta y le di la vuelta para
vaciar los contenidos sobre la alfombra beige.
Poco a poco apartando cada una de las prendas de ropa interior de la parte de arriba,
revelé otra capa más de ropa interior. Tangas y bragas, sostenes, unos muy sensuales, y más
ligueros. Los camisones que había empacado fueron diseñados para una sola cosa.
Para inspirar deseo.
Me levanté y busqué en el resto de la gran caja que había contenido mi maleta, las notas
personales y las cartas. Todo lo que encontré fueron más fotos. Algunas en marcos, otras no.
Me senté de nuevo. ¿Qué demonios poseería a una mujer normal para dejar su hogar con

143 nada más que ropa interior? Sin embargo aquí estaban, junto con notas y cartas muy personales,
obviamente firmadas por mí… Sarah. Me di cuenta que tenía más preguntas que respuestas, lo
que solo me dejaba sintiéndome insegura.
Me levanté y bajé las escaleras. Quería mirar los alrededores. Tenía la esperanza de que
algo más pudiera desencadenar a la Sarah dormida para que finalmente despertara. Abría cada
puerta, un armario para abrigos. Una despensa. Un lavadero. El cuarto de baño que más
temprano había usado. Una puerta que daba al porche de atrás.
Me asomé por la puerta y noté que el patio se encontraba totalmente desnudo. Nada de
mesas, ni artículos personales. Sí, mencionó que acababa de mudarse así que tal vez todavía no
había tenido la oportunidad de establecerse por completo.
Traté de abrir la puerta, para lo que asumí era el sótano, la que intenté abrir más
temprano y encontré que definitivamente se hallaba cerrada. Tras una inspección más, me di
cuenta que tenía un picaporte extraño. Del tipo que usarías en una puerta fuera de servicio, muy
pesada, que solo abrirías con una llave.
Dándome cuenta que el reloj corría hasta que regresara Kevin, volví a subir las escaleras
y abrí cada puerta para mirar en su interior. La única puerta que fui incapaz de abrir fue la de
Kevin. Esta también tenía una de esas apariencias extrañas, la misma que se encontraba en la
que asumí era la puerta del sótano. Había otras tres habitaciones, cada una con una pila alta de
cajas.
Habían muchas que tenían algo escrito con marcador grueso negro, y tachadas con lo
que parecía el mismo marcador. Pensé que una de ellas decía Mary Elizabeth, pero podría
equivocarme. Incluso si decía el nombre de otra mujer, estoy segura que no soy la única con la
que tuvo una relación. Él era un hombre muy pero muy atractivo.
La siguiente habitación como que me hizo enloquecer. Habían cajas en la esquina que
tenían el nombre de Tanya escrito en marcador y garabateadas en la parte superior para que así
el nombre de alguna forma se encontrara escondido, pero cuando le dabas la vuelta a la caja,
decía claramente Tanya en el otro lado. En la otra esquina había cajas marcadas con el nombre
de Julia. Esas se encontraban marcadas claramente. Ninguna de las cajas en esa esquina estaban
tachadas o sobrescritas.
Qué entrometida era. Por todo lo que sabía, era una hermana o su madre. Me acerqué a
una de las cajas de Julia, saqué la cinta y miré en el interior. Metí la mano y me sorprendió el sacar
varias prendas íntimas también de esa caja.
De repente, escuché que un auto se estacionaba sobre el camino de entrada, y
rápidamente regresé a mi habitación en donde él había colocada mi bolso, mi habitación. Me
acosté tranquilamente en la parte superior del cobertor, envolviendo su sudadera con fuerza
alrededor de mi cuerpo como si esta pudiera protegerme. Dijo mi nombre en voz baja cuando
entró. Luego escuché pasos. Lo siguiente que oí fue que giraba una llave en una cerradura. Una
vez más gritó mi nombre por las escaleras en voz baja, pero no contesté.
El sonido de sus pisadas, me llevaron a creer que se encontraba en la parte de atrás de la
casa y pude escucharlo colocando bolsas en la mesa. Al menos esa sería mi conjetura. La puerta
del refrigerador se abrió y se cerró algunas veces, al igual que un par de armarios. Murmuró algo
incoherente y luego escuché sus pisadas mientras regresaba a la puerta de enfrente. Sonó como
que la había asegurado. Escuchaba, tratando de averiguar lo que hacía, y luego oí sus pasos
amortiguados por la alfombra gruesa mientras lentamente subía las escaleras.
144 Rápidamente me di vuelta a un lado y fingí dormir.
Sabía que cuando entrara en la habitación en donde me hallaba acostada, podría sentir
su presencia detrás de mí, pero permanecí tan quieta como pude. No sé por qué hice eso, pero
lo hice.
—¿Sarah? —susurró.
Cuando no le contesté, lentamente cerró la puerta mientras salía. Pude escucharlo
introducir una llave en la puerta de la habitación al lado de la mía. Esta hizo un clic cuando se
cerró.
Escuché, con mis ojos todavía cerrados, cuando oí que Kevin empezaba a hablar. Solo
podía suponer que hablaba con alguien en el teléfono. No era capaz de escuchar lo que decía,
pero obviamente discutía con quien sea con quien estuviera hablando. Intenté oír pero no podía
entender lo que decía.
Hubo algunos ruidos de chasquidos, luego silencio. Unos minutos después escuché que
dejaba la habitación. La llave una vez más hizo un ruido alto de clic mientras giraba la cerradura.
Hizo una pausa por unos minutos tensos afuera de mi puerta, luego finalmente procedió a
caminar por el pasillo, y a bajar por las escaleras.
Me quedé allí por algo de tiempo y debí haberme quedado dormida porque cuando abrí
mis ojos la habitación se hallaba sumida en la total oscuridad. Me senté y alargué mi mano
tratando de encontrar una lámpara. Después de unos intentos hurgando, finalmente encontré
una y la encendí. La habitación fue inundada con un misterioso resplandor. Miré en derredor
tratando de orientarme, y vi algo sobre el extremo de la cama.
Era una rosa.
Una sola rosa roja.
Me incliné y la levanté. Todas las espinas habían sido sacadas y automáticamente la llevé
a mi nariz. Era un olor que recordaba. Un aroma al que no me encontraba demasiado
acostumbrada. Me recordaba al perfume de una anciana. Me senté y bajé mis pies al piso.
Escuché de nuevo ese sonido de clic y me giré para mirar en la dirección del sonido. Pensé
que sonaba como que viniera del armario. Más arriba. Como tal vez arriba suyo.
Empecé a acercarme cuando escuché que la puerta se abría.
—Ahí estás —dijo Kevin.
Me di la vuelta rápidamente, solo la rosa en mi mano. Sintiendo como si hubiera sido
atrapada, sentí el rubor subiendo por mi cara.
—Hola. Yo, um, debí haberme quedado dormida.
—Veo que encontraste la flor que te dejé.
—Sí, um, gracias. En verdad es hermosa —la llevé a mi nariz y de nuevo inhalé.
—Sí, estabas muy cansada. Nos hice algo para cenar. Ven abajo. Necesitas comer.
—Pensé haber escuchado un sonido por aquí —señalé a la esquina.
—Probablemente el televisor del otro lado de la pared. Esa es nuestra… mi habitación.
—¿No dijiste que acabas de mudarte? —Me hallaba segura de lo que me había dicho.
145 —Lo hice. Hace unos meses atrás. Pero es la misma… es la misma cama, um, mientras
nosotros… —Hubo un brillo en sus ojos y se me ocurrió que era casi como que disfrutaba
hacerme sentir incómoda y embarazosa.
Atraje la sudadera más cerca de mi cuerpo.
—¿Frío?
—No, estoy bien, solo un escalofrío. Ahora se ha ido. —Eso se sintió para mí como si algo
no estuviera bien, pero no me encontraba segura.
Atribuyendo mi malestar a mí sentimiento de fuera de lugar que prácticamente sentía a
todos lados a los que iba, me lo saqué de encima y sonreí. Kevin dio un paso hacia atrás y la
calidez regresó a sus ojos.
En cualquier caso, tenía hambre. —¿Qué hiciste? Huele delicioso.
—Tu fav…
—Si vas a decirme que algo es mi cosa favorita, voy a gritar —lo interrumpí y dije jugando,
con un toque de veracidad.
—De acuerdo. No lo diré. Solo digamos, que es una de mis comidas favoritas para cocinar.
Eso está bien para decir, ¿cierto? —Su encanto y su sonrisa de nuevo me tranquilizaron.
—Sí. Eso está bien —dije vacilante y me lo quedé mirando como una completa idiota—,
bien entonces, vamos a comer una de tus comidas favoritas para cocinar.
Se rió y caminó hacia el pasillo esperando a que saliera de la habitación. Me siguió de
cerca detrás de mí al tiempo que bajaba las escaleras. Mientras giraba y caminaba hacia la cocina,
me di cuenta que la mesa en el comedor se encontraba servida bellamente, y había una gran
vasija de barro en el centro flanqueada por dos velas largas de forma cónica. Toda la casa olía
divino. Los aromas de mantequilla, ajo, apio y… algo que no podía descifrar llenaron la habitación
y empecé a salivar.
—¿Cuál es tu comida favorita para cocinar?
—Pollo al Vino —su voz tan como si tal cosa, ni siquiera me di cuenta de la coincidencia
de inmediato. Esta era la comida que Brad me contó que era mi favorita para cocinar.
¿Coincidencia?
No lo sé, pero me hallaba hambrienta y me estaba llamando por mi nombre.
—¡Yum! —dije en voz alta.
Después de cenar los dos limpiamos la cocina. Lavé y coloqué los platos en el lavavajillas,
mientras Kevin despejaba la mesa. Noté que esta también lucía como nueva y jamás usada. Luego
entramos a la sala de estar, y me paré cerca del extremo del sofá sin estar segura de en dónde
debería sentarme. Kevin colocó un DVD en el reproductor y se sentó sobre el sofá, dejando un
pequeño espacio entre nosotros. Pensé que había notado una mirada un tanto condescendiente
en su rostro, pero fue fugaz y no me encontraba segura de lo que había visto.
Me senté en donde estaba de pie y tuve que admitirlo, me encontraba más que aliviada
de que no me molestara. Hasta que me sintiera más confiada de que esto era adonde pertenecía,
planeaba mantener mi distancia. Suspiré y una mirada de tristeza pasó volando por sus rasgos
brevemente, pero entonces se acomodó en donde se encontraba sentado y vimos Pretty

146 Woman. Tuve que admitir que me gustó mucho la película. Me di cuenta que durante varias de
las escenas, tuve la sensación de que la había visto antes.
Kevin solo se me quedó mirando y sonrió.
—No dije nada —declaró.
—Sí, lo sé, pero tus ojos cuentan una historia diferente —me reí.
—Vamos arriba. Mañana tenemos un día ocupado.
—¿Lo tenemos? —Me encontraba sorprendida.
—Sí, vamos al zoológico en Central Park. Uno de tus lugares favoritos.
—Maldición mis favoritos. ¿Qué hay de bueno en tener favoritos si no puedes
recordarlos?
—Lo harás. Solo necesitas ser paciente. Solo dale tiempo; has pasado por mucho en las
últimas semanas.
Se acercó y me dio un beso en la mejilla. —Buenas noches cariño. Te veré en la mañana.
—Buenas noches y gracias por la comida maravillosa, estuvo delicioso. Pollo al Vino,
mmm.
Tal vez me encontraba equivocada al sentirme tan extraña. Quiero decir en este punto
todo para mí es extraño, ¿cierto?
Kevin, hasta ahora, ha sido un caballero perfecto. Envolvió su brazo alrededor de mi
hombro, pero no presionó más, y después de mirar a lo que se hallaba en esa maleta y las cosas
que escribí, me encontraba un poco sorprendida por su autocontrol.
Mientras esa noche estaba acostada, pensé en Brad y en cuán preocupado podría estar.
No pude evitar sentirme culpable. Metí la mano en mi bolsillo y saqué mi teléfono. Estuve tentada
a encenderlo y solo llamarlo para dejarle saber que me encontraba con vida, hasta que recordé
su conversación con Terry. Traté con todas mis fuerzas volver a reproducir la conversación en mi
cabeza, aunque solo fuera para justificar mis acciones, pero de repente empecé a sentirme un
poco mareada, como si todo diera vueltas y girara, y antes de que me diera cuenta, era de día de
nuevo y Kevin me despertó.
—Sarah, el desayuno se enfría.
Quise darme la vuelta, mi cuerpo se sentía como si pesara miles de kilos, pero abrí un ojo
y vi a Kevin. Se encontraba a un metro de la cama y de nuevo dijo mi nombre—: Sarah —al
principio, pensé que soñaba.
—Se siente como si acabara de dormirme —murmuré, mis palabras un poco confusas.
—Has estado durmiendo por —miró a su reloj—, por nueve horas.
—¿Qué? —Me senté e inmediatamente olí gofres en el aire.
—¿Gofres?
Sonrió con su sonrisa encantadora y continuó—: Tocino, jugo y el Earl Grey. Se pone un
poco de mal humor así que no lo dejes esperando.
Me reí.

147 —De acuerdo, ¡infórmale a Earl que bajaré en cuanto antes!


—Lo haré —salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
Tomé una ducha súper rápida y me vestí con un pantalón, sandalias y una blusa sin
mangas.
Los dos comimos un desayuno espectacular, gofres y tocino, y por supuesto, el Earl.
Luego nos alistamos, subimos en su auto y nos encaminamos a la ciudad, al zoológico. El clima
era perfecto. Caminamos alrededor del parque y hablamos, incluso compramos un perro caliente
con cebolla de un vendedor ambulante. Lo único que mejoró eso fue la bebida de chocolate con
la que lo bajé. Aparentemente otro de mis favoritos.
Cuando regresamos a la casa de Kevin, me cambié a un pantalón de chándal que había
traído conmigo, y una blusa sin mangas limpias, la que le pedí a Kevin hasta que fuera capaz de
lavar mi ropa. Por alguna razón pensé que tal vez en verdad podría tener ropa aquí. Negué con
mi cabeza con incredulidad.
Ambos nos sentamos sobre el sofá, Kevin me entregó una taza de té y se abrió una
cerveza. Luego metió otra película en el reproductor de DVD y empezamos a ver Dog Day
Afternoon con Al Pacino, pero me quedé dormida antes de la última escena. Kevin debió haberme
subido en sus brazos y cargado por las escaleras, colocándome sobre la cama, porque no
recordaba caminar.
—Buenas noches. Tuve un día verdaderamente divertido —me las arreglé para decir
mientras bostezaba.
—Yo también cariño. Buenas noches —apagó la luz y caminó hacia la puerta, luego se
dio la vuelta para enfrentarme—: mañana necesito realizar algunos recados, probablemente
estaré de regreso antes de que despiertes, pero en caso de que no sea así, solo quería avisarte.
—Es mejor que estés. El desayuno es mi comida favorita —dije, mi voz soñolienta. Era
como si no pudiera dormir lo suficiente. Tal vez recuperaba el tiempo perdido.

***

A la mañana siguiente desperté, y por un minuto no supe en dónde me encontraba. Me


di la vuelta y miré al reloj sobre la mesita de noche. 08:03 am. Escuché a alguien caminando por
las habitaciones de la planta baja.
Sentándome, quité el sueño de mis ojos. La puerta de enfrente se abrió y se cerró.
Escuché la llave haciendo clic en el lugar y supe que Kevin había dejado la casa. Tuve una
sensación extraña, algo así como una bola de plomo cayendo directamente sobre la boca de mi
estómago. La finalidad de la llave al girar en la cerradura, el mecanismo haciendo un clic ruidoso
en su lugar me hizo tener un ataque de pánico.
Me encontraba casi jadeando, sintiéndome bastante mareada. Me estremecí cuando
sentí una fina capa de sudor en mi piel por todo mi cuerpo. Mis manos temblaban y las lágrimas
brotaron de mis ojos. Por unos breves instantes, me sentí como si fuera prisionera sin saberlo.
Pensé en mi madre y en Brad, y la culpa que eso me trajo fue debilitante. Mi madre no ha
sido más que amable conmigo y sentía como si de alguna forma la hubiera traicionado. Sé lo que
Kevin dijo y sé lo que escuché, pero creo que les debía a los dos oír su lado de la historia. Me

148 aseguraría de tener a mi mamá presente cuando hablara con Brad. ¿Pude haber malentendido lo
que escuché?
Salté de la cama y entré al pequeño baño en mi habitación, cepillé mis dientes y los
enjuagué. Caminé hacia la ventana cerrada y por primera vez desde que había llegado aquí, hace
casi dos días, me pregunté en dónde se encontraba el aquí. Absolutamente no tenía idea con
solo mirar por la ventana. Nada me era familiar y empecé a entrar en pánico de nuevo mientras
los sentimientos de aislamiento y la culpa me consumían.
Al mirar por la ventana me di cuenta de la vecina de al lado atendiendo su jardín. Tenía
varios rosales, cada uno lleno de rosas en flor. Rosas rojas. Rosas ricas de color rojo profundo
como de felpa y por un momento me pregunté si de ahí fue de dónde Kevin había sacado la rosa
que había dejado sobre mi cama la otra noche.
Me vestí con un pantalón que había usado aquí y una camiseta que le había pedido
prestada de nuevo a Kevin, bajé los escalones y sin detenerme, me acerqué a la puerta de
entrada. Agarré, retorcí y tiré de la manija. Se encontraba cerrada tan fuertemente como una
caja fuerte. Recorrí el área inmediata, mirando en cada superficie cercana, ninguna llave. La
agarré con mis dos manos y jalé con toda mi fuerza, lo que resultó, fue un ejercicio inútil. Me di
la vuelta y rápidamente caminé hacia la puerta de atrás y encontré que esta también se hallaba
cerrada. Bloqueada y no había ninguna llave para abrirla.
Vaya, esto es un peligro de incendio de las Grandes Ligas.
Estaba enojada. No soy una niña errante para ser encerrada como si fuera una criminal,
o alguna damisela en apuros para ser colocada en una torre, recluida del resto del mundo.
Una parte de mí entendía su pensamiento, un pequeñísima parte, y supe muy profundo
en mi interior que él creía que trataba de protegerme de cualquier daño, pero incluso yo sabía
que esto era un poco demasiado. Caminé enojada hacia la cocina y abrí de golpe el armario, en
verdad varios armarios antes de que encontrara sus tazas. Llené la tetera con agua y la coloqué
en la estufa sobre el fuego.
Luego abrí la despensa y busqué las bolsas de té. Retirando del camino galletas
saludables y bocadillos de queso antes de encontrar la caja que buscaba. Después de retirar una
bolsa de té, coloqué la caja de regreso sobre el estante y divisé una botella de prescripción
pequeña y marrón en la parte de atrás. La agarré. La prescripción, Rophynol, era recetada para
un Paul Johansen.
Estaba confundida, ¿quién era Paul Johansen y por qué su prescripción se hallaba aquí en
la casa de Kevin? No tenía idea de para qué se usaba. Tal vez fue dejada aquí cuando Kevin se
mudó. Pero de alguna forma eso no parecía cierto para mí. Kevin era un poco fanático de la
limpieza. Esta cocina era un testimonio de ese hecho.
Tuve una extraña sensación de que antes había escuchado de esta droga, pero no había
forma de que pudiera estar segura, y me encontraba malditamente segura de que no sabía para
qué eran recetadas. Presión sanguínea. Colesterol algo. Dolencia de estómago. ¿Quién diablos
sabía?
El silbido de la tetera se escuchó, despertándome de mi ensueño y la retiré del fuego,
sirviéndome una taza. Después de añadirle crema y azúcar, lo llevé hacia mi habitación en la
planta alta. Sentí la necesidad de leer más del diario, y Kevin al haberse ido de la casa, era mi
oportunidad para hacer justamente eso. Lo tenía escondido en la bolsa con cremallera de mi

149
estuche de maquillaje. Era extraño que necesitara leer un libro, que había escrito, con el fin de
llegar a saber quién soy.
Tomé un sorbo indiferente y coloqué la taza en el extremo de la mesa, ahuequé todas las
almohadas apilándolas detrás de mí y me recosté abriendo el libro ahora sagrado en donde se
encontraba el marcador, en dónde me había quedado la última vez.

Querido Diario,
¡Lo hizo! ¡Finalmente se me declaró!
Fue tan romántico. Todavía estoy brillando. Demonios, camino en el jodido aire.
Fuimos a una maravillosa cena romántica, luego por alguna razón extraña, insistió en
llevarme al Central Park. Nos compró un chocolate caliente y ambos lo tomamos mientras veíamos
a los patinadores deslizándose en el hielo. Nos reímos cuando un hombre corpulento, quien se
encontraba gritándole a su hijo con caerse constantemente… se cayó. Tenía frío, pero solo el ver
el amor en sus ojos me calentó, sin mencionar el líquido hirviendo que tragaba.
Luego nos acercamos al zoológico, el que por supuesto es mi lugar favorito en el parque.
Y allí, en frente de los monos, con ellos como nuestros testigos, se inclinó en una rodilla y… me
entregó una bolsa de nueces y fruta seca.
Casi me tragué el corazón al pensar ¡esto es todo!
Me dijo que alimentara a mis amigos, y que lo hiciera rápido antes de que nos atraparan.
Me reí tanto que literalmente me hice pis en mi pantalón.
¡Guácala!
Fue incómodo, pero cuando me llevó al castillo y nos sentamos sobre el banquillo por
ninguna razón aparente, estaba totalmente confundida. Aclaró su garganta y pidió la atención de
todos en el área inmediata, y en cuestión de minutos, nos hallábamos rodeados por hordas de
personas, quienes se encontraban congelados en su lugar mientras se levantaba y declaraba su
amor por mí, casi gritando. Entonces tomó mi mano en la suya y colocó una linda caja azul de
Tiffany’s.
Casi me cag… bueno, no vamos a ir por allí.
Abrí la caja y casi perdí mis ojos cuando vi lo que se encontraba en el interior. Era el anillo
de compromiso más hermoso que jamás había visto.
La multitud de personas vitorearon mientras las lágrimas bajaban por mi rostro y como si
no fuera demasiado, todos estallaron cantando una canción. Mi canción favorita.
The Way You Look Tonight.
Es la canción que planeaba bailar también con mi padre en nuestra boda. Lloré como un
bebé.
Ellos fueron contratados por Brad, algún tipo de grupo MOB a cappella.
Se rió mientras yo llorada y gritaba por encima de los cantantes diciéndome que el único
lugar para proponerle matrimonio a una princesa es en un castillo. Casi grité de la alegría y Brad
se colocó de pie, delante de mí, sacando su pecho como si estuviera orgulloso como un pavo real,
contándole a todo el mundo que yo era suya.

150 Y lo era.
Lo amo tanto, que no puedo esperar a que nos casemos y empecemos una familia. Espero
que todos nuestros bebés luzcan como él. Y ahora, voy a acostarme aquí con la luz encendida
mirando al diamante increíblemente hermoso en mi dedo. Maldita sea que soy una chica con
suerte.

Estaba llorando… sin control. ¿Cómo pudo alguien que me amaba tanto lastimarme? No
había razón o rima. Energéticamente limpié de nuevo mis lágrimas y continué leyendo.

Le dije a mi madre y por supuesto, lloró, pero también lloró cuando perdí mi primer diente.
El ver el entusiasmo en sus ojos me hizo tan feliz. Desde que perdimos a mi papá, nos apoyamos la
una a la otra en todo. Le agradezco a Dios por ella todos los días. Es mi mejor amiga, mi roca y la
amo muchísimo. (¡Escribí eso en caso de que intentes leer mi diario de nuevo madre!)
Se encontraba taaaaan feliz por nosotros.
Por supuesto que al día siguiente, llegó a los periódicos. Después de todo, Bradley Hunter
no podía comprar una corbata en Manhattan sin que la prensa se apoderara de ella y la
bombardeara por todo el internet.

Me reí, y por primera vez desde este llamado accidente, me sentí realmente feliz por
dentro. Pero tan pronto como me di cuenta de en donde me encontraba, ese sentimiento de
euforia quedó en el camino… olvidado. Necesitaba leer más.
Querido Diario,
Hoy es un día muy especial. Oficialmente voy a empezar un trabajo nuevo. Sí. Sarah
Williamson, arquitecta de las estrellas, ahora es la arquitecta oficial para encabezar ¡el último
proyecto de Hunter Industries! Estoy muy entusiasmada de trabajar con Brad. No me encuentro
eufórica por la ubicación, sintiéndome como lo hago acerca de Fort Lee, Nueva Jersey en general,
pero al menos pasaremos un montón de tiempo juntos.
¿Mencioné que me encuentro tan jodidamente entusiasmada?

Parece que tenía una personalidad más bien optimista.

Querido Diario,
Hoy un hombre tropezó conmigo en el ascensor, lo que no es algo que típicamente me
molestaría en anotar, ni fue causa de preocupación, pero éramos las dos únicas personas en la
maldita cosa. Al principio pensé que debía encontrarse borracho, o drogado o algo. Quiero decir,
fue bastante divertido, como si intentara toquetearme, pero pude sentir su mirada haciendo un
orificio en la parte de atrás de mi cabeza como si estuviéramos montando en silencio. Me dio
escalofríos.

151 No hace falta decir que me sentí más aliviada cuando el elevador finalmente se detuvo en
mi piso y salí rápidamente del infierno de Dodge.

Querido Diario,
Todo en nuestras vidas va como la seda, el proyecto está a tiempo y dentro del
presupuesto, lo que es a la vez un alivio y una palmadita sobre la espalda, las renovaciones de
nuestra casa casi se encuentran completas. Todo elegido por nosotros, pero de alguna forma Brad
no es el mismo.

Habían un montón de puntos blancos raros, como si algunos segmentos de mi vida


estuvieran perdidos al igual que en mi diario. Leí la siguiente entrada casi cuatro veces y cada vez
se ponía más y más confusa, era como si una página faltara…

Los dos nos encontrábamos cansados y de mal humor.

Después de que discutimos por nada, nos arreglamos, y no, no vas a saber los detalles.
Brad colocó mi película favorita, hizo palomitas de maíz y la miramos de principio a fin. Incluso
creo que a Brad también le gustó. Es tan lindo, ahora dice “Como desees” siempre que le pido que
haga algo para mí.

Parece haberse saltado también una o dos entradas aquí.


Querido Diario,
Tengo una rara sensación de que alguien observa todo lo que hago. Tal vez estoy siendo
paranoica, pero empieza a molestarme, me siento más bien ansiosa, pero hasta que lo sepa con
seguridad, lo mantendré entre nosotros.

Querido Diario,
Brad hoy se encontraba en un estado de ánimo muy intratable… o ¿era solo yo
sintiéndome enferma y cansada? Actuaba muy distanciado conmigo, y fui testigo al verlo actuar
de alguna forma opresiva hacia el personal. Independientemente traté de mantener una actitud
alegre, pero su necesidad de controlar las cosas me preocupa. Sí noté en el calendario que se
acerca la fecha de

Algo parecía faltar aquí. Como si una página hubiera sido quitada. Miré más de cerca y
pude ver que había una página cortada. ¿Tal vez no me gustó lo que escribí? ¿La hice de nuevo?

Querido Diario,
Algo ha llegado y sé que no le puedo contar a Brad, de hecho ni siquiera lo escribiré. No sé
152 cómo reaccionará. No quiero empeorar su estado de ánimo, o colocar más tensión en nuestra
relación, hasta ahora mamá es la mejor opción.

Querido Diario,
Constantemente me encuentro preocupada y con miedo. Mi estómago se halla demasiado
revuelto y continuamente estoy cansada. Quiero ser feliz de nuevo, pero pasará algo de tiempo
antes de que eso suceda.
Las buenas noticias es que hay una luz al final del túnel, siempre la hay. ¿Cierto?

Querido Diario,
Creo que Brad sospecha, pero no ha dicho ni una palabra. Tal vez no quiere una
confrontación, o tal vez no se encuentra feliz con ello… y ¿estaba siendo tímida y actuaba como
una idiota? Tengo que admitir, últimamente he sido una perra.

Querido Diario,
No sé qué hacer. Obviamente no puedo hablar con Brad. Pero se está haciendo un poco
serio y empiezo a ponerme más que un poco nerviosa. Necesito decirle a alguien, pero solo no me
encuentro segura de que mi madre sea la persona correcta para contarle. No quiero que se
preocupe más de lo que ya lo hace. ¡Me trata como si estuviera hecha de vidrio!
Es en momentos como este, cuando deseo tener un amigo en quien confiar.
Sentí un escalofrío por mi columna, y subí los cobertores por encima de mis piernas.
Me encontraba pegada a las páginas; se sintió como si algo siniestro estuviera a punto
de suceder. Continué leyendo.
Cada día parecía volverme más y más paranoica. Casi tenía miedo de dejar la casa.

Querido Diario,
¿Por qué me encuentro aquí? Si no puedo vivir como quiero o como debería, entonces por
qué estoy aquí. Por supuesto, probablemente siento lástima por mí misma. Dios le cuestas a mi
madre una fortuna en facturas médicas. Si no fuera por ti, le estaría contando a un terapeuta toda
esta mierda a un ritmo desorbitado.

Oh Dios, sonaba tan triste. En realidad desesperada. Me encuentro en un viaje de ida a la


angustia.

Querido Diario,

153 Se ha salido de control. Tengo que decirle a

Pasé la página, pero la siguiente entrada no tenía sentido.

Todos que finalmente soy feliz. La amenaza se ha ido. Me siento cómoda de nuevo. El nivel
de estrés ha bajado.

Después de leer el diario de esta mujer, mi diario, estoy empezando a hacerme una idea
de cómo piensa, y eso no está bien. Algo no está bien.
Escuché la llave en la cerradura y rápidamente salí de un salto de la cama y metí el diario
de nuevo en la bolsa de fondo de mi estuche de maquillaje, con velocidad cerrando la cremallera.
Caminé suavemente hacia el baño y me miré en el espejo. No quería que Kevin viera que había
estado llorando. Pasé mis dedos por mi cabello, y quité la pelusa invisible en mi ropa. Me
encontraba tensa, preocupada y desarticulada, y tenía que lucir como si todo estuviera
excelente. ¿Cierto? En cualquier caso, dejé la habitación y bajé lentamente las escaleras.
Kevin me oyó acercarme y se dio la vuelta para enfrentarme. Tenía una pequeña sonrisa
en su rostro y me di cuenta de nuevo cuán apuesto era en verdad.
—Hola —dije.
Se dio media vuelta. —Hola tú. ¿Cómo dormiste?
—Genial. Esa es una de las cosas de las que no me puedo quejar. Desde que llegué aquí
he dormido como una piedra.
Sonrió.
Lucía tan dulce. Como un niño queriendo aprobación.
—¿Qué te parece una película esta noche?
—Solo si están involucradas las palomitas de maíz.
—Siempre —sonrió. Luego sacó un DVD de una de las bolsas que colocó sobre la mesa—
. ¡The Hangover!
—Suena como una condición médica, no una película.
—Es ambas. Pero también es muy graciosa.
—Acepto.
Tuvimos que ordenar comida china.
—¿Me gusta la comida china?
—La amas.
—Bueno, gracias entonces.
—De nada.
—Eres bueno conmigo. No sé qué hice para merecer esto, pero en verdad… Gracias.
Kevin ordenó para los dos y amé todo lo que comí, pero por otra parte, él, como Brad,

154 sabía todas las cosas que yo amaba. Ambos tenían la ventaja.
Después de la cena, Kevin colocó la película y nos acomodamos sobre el sofá como
habíamos hecho las dos noches anteriores. Se sentó, y me senté a su lado con mis piernas
dobladas debajo de mí. Extrañamente, todavía me sentía mejor manteniendo mi distancia. No sé
si era un mecanismo de defensa, o solo me encontraba siendo muy prudente, pero era confuso
por decir lo menos. Quiero decir, literalmente me lancé con Brad, sin mucha provocación, y aquí
se hallaba este hombre, tratándome como una reina, doblándose ante mí por cada uno de mis
caprichos y siento la necesidad de mantener mi distancia. He llegado a una conclusión. Soy una
mujer muy extraña.
Justo como Kevin dijo, era una película muy graciosa, y con todas mis fuerzas traté de
mantenerme despierta. Pero era como si hubiera sido drogada. Mis ojos se cerraban mientras
los obligaba a que se abrieran. Me desvanecía, pero luché con ello.
Capté la parte en donde Phil, Stu y Alan llevaban a Doug a ver al doctor. El doctor le hizo
un análisis de sangre y le dijo a Doug que encontró Rophynol en su sangre.
—¿Roofies?
Roofies.
Roofies.
—La droga de la violación.
Rooffies.
Mejor conocido como Rophynol…
¿De la violación?
Me tensé un poco cuando me di cuenta de lo que decían, pero rápidamente me recuperé.
—¿Qué demonios es un roofie? —me reí—, suena como un nombre inventado.
—¿Quién demonios sabe? Hollywood. —Se burló. Me giré para enfrentarlo y por primera
vez desde que lo conocí, quise estar en cualquier lugar menos aquí con él. Solo fue una sensación
que tuve.
—Estoy tan cansada; tengo que irme a dormir —mi cabeza se lanzó hacia atrás sobre el
sofá.
—¿En qué pienso? Por supuesto. Aquí, déjame llevarte arriba.
—Gracias, pero puedo ir por mí misma. Termina tu película.
—No. No es divertido sin ti.
No sé por qué, pero eso sonaba totalmente poco sincero.
—Bueno, la hemos visto hasta aquí, vamos a verla hasta el final —dije mientras me
sentaba de nuevo.

155
20 Traducido por Ana09
Corregido por Erienne

M
e obligué a mí misma en mantener los ojos abiertos hasta los créditos finales.
—Vamos a llevarte a la cama —Kevin se levantó y me atrajo hacia él.
Sentí sus brazos envolverse a mi alrededor y me puse rígida.
Besó mi frente y cuando no respondí de ninguna manera, me miró con confusión en sus
ojos.
—¿Tenemos algún helado de chocolate? —Me lancé por ahí, sabiendo muy bien que no
teníamos ninguno. Había mirado en el refrigerador temprano, mientras estaba esperando que el
hirviera agua para mi té.
—Um, no lo creo. No. No sé si nosotros… tú, por supuesto, te gustaba… te gusta el
chocolate —parecía confundido, de mal humor. De alguna manera lo había pillado con la guardia
baja—. Debo haber tenido tanta prisa por llegar a casa que olvidé totalmente que lo amas.

156
¿Quieres un poco? Puedo salir y… —Me miró con una expresión peculiar en sus ojos, como si
estuviera tratando de entender algo.
—Oh no. Por supuesto que no. Es tarde. No me gustaría que salieras ahora… —conseguí
decir.
—No seas tonta. Estoy más que feliz de conseguirte un poco. Hay una heladería genial
en el centro comercial, a no más de unos pocos kilómetros por la carretera. Podría estar de vuelta
en poco tiempo —estaba ansioso por agradarme, le concedería eso.
Tal vez un poco demasiado ansioso.
—En serio, ¿tan cerca? —Esperé un momento o dos, luego puse los ojos de cachorro
decepcionado.
—Es tarde. Puedo esperar hasta mañana.
—¿Estás segura? —¿Fue alivio lo que vi en sus ojos?
—Sí. Tranquilo. Mañana está bien. En serio —estaba molesta conmigo misma. Debí haber
actuado más decepcionada.
—Bien, vamos arriba a la cama.
—De acuerdo —me giré para subir las escaleras. Debo ser más rápida la próxima vez.
Tenerlo planeado un poco mejor.
Dijo buenas noches y me besó afuera de la puerta de mi habitación. Era evidente que su
paciencia conmigo se estaba acabando. Trajo su cara más cerca, sus labios próximos a los míos.
Su aliento estaba caliente y húmedo.
Su aliento no era tan dulce como…
Su tolerancia para que me convierta en una cachonda estaba menguando, y sentía como
que no tenía mucho tiempo más antes de que perdiera la paciencia. Tenía que idear de nuevo, ya
que mi plan del helado de chocolate había fallado.
Con sus brazos aún en mis hombros, me volví y entré. Podía sentir la tensión en la punta
de sus dedos y trató de agarrarme. Fue un poco más enérgico de lo que había sido hasta ahora.
Dibujé mi sonrisa más cálida y bostecé. —Tan cansada.
Finalmente retrocedió y cerré la puerta con él allí de pie en la entrada. No puedo jurarlo,
pero creo que lo oí maldecir bajo su aliento.
Fui al cuarto de baño y cepillé mis dientes. Después, me senté en el asiento del inodoro
por algunos minutos. Pareció que me di cuenta de la nada que había algo sobre este arreglo que
no estaba bien. No sabía lo que era, pero había algo con lo que no me encontraba cómoda.
Salí y caminé del cuarto de baño a la ventana y de vuelta de nuevo. Escuché un ruido en
la parte superior del armario y sin mirarlo, caminé a la ventana para mirar hacia afuera.
Un sonido mecánico definido salía de la esquina oscura. Caminé de vuelta al otro lado de
la cama y me senté. Escuché cuidadosamente y de nuevo zumbó el sonido mecánico.
Televisión mi trasero, eso era una cámara.

157 Traté de actuar normal, y evité mirar en dirección al armario, pero si tenía que adivinar,
diría que Kevin ahora estaba observando cada movimiento que hacía. Me quité las medias, me
cubrí bajo las sábanas y apagué las luces.
Me di la vuelta dándole la espalda al armario y simulé irme a dormir. Manteniendo mi
respiración lo más uniforme posible. Me quedé quieta.
Varios minutos después, hubo más conversación al otro lado de la pared, aunque con
menor volumen que el otro día.
—Maldito coño. Maldito coño burlón.
Mi cerebro se congeló y un escalofrío pasó por todo mi cuerpo, desde mis pies todo el
camino hasta la cima de mi cabeza, y de repente estaba asustada. No, petrificada. Había algo
seriamente mal aquí y podía sentir que mi desesperación se formaba. No sabía qué podía hacer.
Nadie sabía en dónde estaba, aunque sí le dije que le conté a mi madre con quién estaría. Las
puertas se encontraban cerradas con una llave que solo Kevin tenía, todas las ventanas debían
estar bloqueadas. Con las pocas que intenté, estaban sólidamente cerradas y no fui capaz de
moverlas ni un centímetro.
No podía entender por qué me hacía esto a mí. Estaba más que confundida. ¿Podría ser
que yo estaba siendo demasiado dramática, construyendo algo que no existía en mi cabeza? O
tal vez fuera solo mi propia desconfianza. Pero estaba segura de que me vigilaba de alguna forma.
Quizás una cámara, tal vez en un agujero en la pared. De cualquier manera, me sentí violada. Me
estremecí cuando pensé que no había manera de salir de aquí. ¿Estaba en peligro? ¿Me haría
daño? Tenía que mantener en secreto lo que sabía. Necesitaba idear un plan. Traté de
mantenerme despierta, escuchando cualquier sonido inusual, pero no pude mantener mis ojos
abiertos, aun con la cantidad de adrenalina corriendo por mis venas. Me rendí a la oscuridad.
***

Estaba corriendo. Huía de alguien. Quería herirme. Entré corriendo en una habitación y
me escondí detrás de una silla. Pero él me encontró. Me encontró y me sacó de detrás de la silla.
Sangre.
Se estaba riendo. El sonido hizo eco en mi cerebro. Era tan horripilante. Peleé, traté de
sacar sus manos de mí. Extendí mis uñas y le arañé la cara. Lo empujé hacia atrás con todas mis
fuerzas y corrí hacia afuera, a un pasillo hacia las escaleras.
La puerta.
La vi abajo.
Tenía que llegar a la puerta.
Su risa llenó la sala detrás de mí, pero seguí corriendo. Tenía que llegar a las escaleras.
Me alcanzó y me jaló hacia atrás por el cabello. Clavó sus dedos en mis brazos. Lo empujé,
pero era más fuerte. Estaba gritando. No podía entender lo que decía. Las palabras estaban todas
mezcladas en mi cabeza. Levanté mi mano para golpearlo y me empujó hacia atrás. Me empujó,
y por unas milésimas de segundo estuve en el aire. Caí hacia atrás. Mi cuerpo golpeó algo duro.
158 Cada impacto dolía menos que el anterior. Me estaba desvaneciendo, muriendo... en
tanto dolor, rezando porque la oscuridad me tomara. Con la esperanza de que ahogara su risa.
El malévolo sonido que continuaba sonando en mis oídos.
Oí gritos.
—Detente. Detente. No me lastimes —la voz era irreconocible.
Me senté de golpe en la cama y miré alrededor del cuarto oscuro, forzando la vista. Sentí
el pánico asentarse y estaba temblando incontrolablemente, mi corazón latía tan errático como
mi respiración.
Me levanté.
Quería correr.
Huir de él.
La puerta se abrió y se precipitó al interior.
—¿Estás bien? —Su silueta esbozada por la luz en el pasillo—. Sarah. Sarah. Despierta.
Era un sueño. Estás teniendo un mal sueño. Despierta. Sarah —sus manos envolvieron mis
brazos, y lo sentí sacudirme. Él me abrazó estrechamente en sus brazos, pero necesitaba
alejarme.
—Déjame sola —lo empujé.
—Sarah, tienes una pesadilla. Nadie te está persiguiendo. Nadie va a lastimarte —aún me
sostenía estrechamente contra él. Podía sentir su pecho subir y bajar contra el mío. Sus manos
empezaron a acariciar mi espalda. Sus dedos rozaron la parte superior de mi trasero mientras
continuaba frotando pequeños círculos en mi espalda.
Todo lo que quería en este mismo momento y ya, era que me soltara, pero su agarre era
muy fuerte. Con sus manos en mis caderas, me jaló hacia él y comenzó a machacar su cuerpo
contra el mío.
Me pregunté por un momento si estaba mostrándome su deseo o su poder sobre mí.
Sentí su dureza frotarse contra mi vientre, y me congelé. Tragué duro para contener la
amenazante náusea.
—Por favor, suéltame. Ahora estoy mejor. Por favor —lo empujé de nuevo, sin querer
sentirlo contra mí, en una manera tan íntima. Debió haber visto el pánico en mis ojos porque
lentamente aflojó su agarre.
—Déjame traerte algo de agua —retrocedió y entró en mi cuarto de baño. Unos
momentos después regresó con un vaso de agua en su mano. En la otra sostenía una pastilla.
Quise preguntarle de dónde vino eso. ¿Las tiene escondidas en cada habitación, o solo las
mantiene a mano en su bolsillo?—. Toma esto. Te calmará.
—No quiero.
—Necesitas tomarla —su voz era severa, como si estuviera hablando con un niño.

159
—No quiero —repetí.
—Sarah, no me hagas obligarte. Sé lo que es mejor para ti.
¡Demonios que lo sabes!
Mis ojos se abrieron como platos y pude ver algo en sus ojos que no estaba ahí antes,
algo extrañamente familiar. Algo que no me gustó. Robóticamente abrí mi boca y colocó la
pastilla en la parte trasera de mi lengua. Agarrada, no tuve otra opción que tragármela. Me
alcanzó el agua y tomé un trago largo. Tratando de desalojar la píldora de mi garganta.
—Así. Eso está mejor. Ahora vuelve a la cama.
Hice lo que se me dijo, todo el rato esperando mi momento.
Se sentó al final de la cama lo que se me hizo eterno. Me giré lejos de él y simulé
quedarme dormida.
—No lo dejaré herirte, Sarah. No hay motivos para tener miedo —su voz tranquila de
nuevo. Pero eso no detuvo el miedo y la ira construyéndose en mi interior. Se levantó y se reclinó
sobre mí. Sus labios se extendieron por mis mejillas y volvió su cabeza justo para que sus labios
estuvieran listos para reclamar los míos si me movía en su dirección. Me negué a ceder y sentí su
cuerpo entero tenso, el calor irradiando de su piel.
Se levantó y se fue, cerrando la puerta a su espalda.
Tan pronto como salió y escuché la llave de su puerta hacer clic, salté de la cama y corrí
al baño. Metí mis dedos por mi garganta varias veces. Mis ojos se humedecieron y mi estómago
se quejó, pero finalmente vomité. La pastilla salió y aterrizó en el inodoro. Bebí muchos vasos de
agua más para sacar cualquier resto que haya entrado en mi sistema.
—Hijo de puta —susurré.
Regresé a la cama y permanecí despierta hasta que la luz del amanecer se deslizó
lentamente por las paredes, iluminando lo que se había convertido rápidamente en mi infierno.

160
21 Traducido por MaJo MadHatter y Ana09
Corregido por Bibliotecaria70

E scuché una agitación en la habitación de al lado, pero me quedé tan quieta como
pude. Cerró su puerta detrás de él mientras salía al pasillo. Escuché una llave en
la cerradura y cerré mis ojos. Contuve mi respiración hasta que por suerte pasó
mi puerta y se fue por el pasillo. Por el sonido de sus pisadas rebotando a cada paso, pude notar
que estaba apurado.
Salí de la cama y aseguré la puerta en caso de que decidiera regresar por las escaleras.
Cerró una puerta de un golpe y entonces más pasos. La puerta de enfrente se abrió y una vez
más escuché la llave en la cerradura, e inmediatamente después de que la cerrara, escuché la
finalidad de la cerradura haciendo clic en su lugar.
Observé por la ventana, echando una mirada de reojo hasta que pude ver su coche
saliendo a la calle, di un paso hacia atrás y miré mientras pasaba por mi ventana velozmente.
Negué incontrolablemente con mi cabeza al tiempo que un escalofrío se instalaba en mi interior
y cerré la cremallera de la sudadera que había estado usando desde que llegué.
161 Coloqué mi mano en los bolsillos y me senté en el borde de la cama. Necesitaba salir de
aquí a toda costa.
Sentí algo en el bolsillo y lo saqué. Eran varias hojas de papel pequeñas que me parecían
extrañamente muy familiares. Las desplegué y casi me hice pis encima. En mi mano se
encontraban las páginas de mi propio diario.
Cada una de ellas con mi puño y letra.
¿Qué demonios?
Mis manos estaban temblando, mientras que una furia roja se asentaba. Me senté con mi
boca abierta con incredulidad mientras empezaba a leer.

Querido Diario,
Brad me dejó plantada en el almuerzo. Estuve enojada por casi dos minutos, pero luego
salí del ascensor y del edificio. Era precioso. Tan hermoso, que decidí sentarme en el banco y
observar un poco a las personas.
Amo esta ciudad. Tiene a la gente más interesante en el mundo caminando en las calles.
Así que me encontraba pensando en mis cosas y cerca de unos quince minutos después, mi
estómago gruñó tan fuerte que el anciano sentado a mi lado se rió. Ahí es cuando me levanté y me
dirigí al carrito de los perros calientes. Sabía que Brad lo desaprobaría, lo que era un poco
atractivo.
De acuerdo, entonces todavía me encontraba molesta.
De todas formas, literalmente tropecé con un hombre. Se sintió como si simplemente
caminara hacia una pared de ladrillos.
Lo miré. Santo cielo, era un hombre muy apuesto y se estaba disculpando profusamente.
Si tuviera un dólar por cada vez que dijo lo siento, podría haberme comprado cada perro en agua
sucia en ese carrito, y no es una mentira.
Le dije que exactamente no estaba mirando hacia dónde iba, así que sin daño, no había
falta. Se quedó allí con una gran sonrisa en su rostro. Ahora esta no suele ser lo suficientemente
importante para ser una entrada de diario, pero después de todo, después de que metiera ese
perro caliente en mi panza más rápido de lo que puedo decir ¡rico!, caminé hacia el banco. Me
senté… y también lo hizo el extraño apuesto. Evité el contacto visual y después de veinte minutos
o algo así, me levanté y entré. Sentí sus ojos en mí. De alguna forma era cortés y raro al mismo
tiempo.
Me resultaba familiar. Tal vez trabaja en el edificio.

Diario,
El mismo tipo estaba de pie en la entrada principal del edificio cuando Brad y yo llegamos
a la mañana siguiente. Estábamos caminando cerca, el brazo de Brad se encontraba alrededor de
mi cintura. Estuve a punto de decir hola cuando me miró directamente a los ojos y su mirada fue
asesina. Este chico parecía que acababa de encontrar a su mujer engañándolo. Era raro. Me alegré
de que Brad se encontrara conmigo.
162
Bajé en busca de aire y encontré al mismo tipo raro de pie afuera del edificio. O tiene una
sincronización misteriosa o me está siguiendo.

Otra entrada que no tiene sentido.

Hoy el raro trató de hablarme. Su voz era tan baja que casi no pude escucharlo, pero me
las arreglé para entender que me estaba invitando a salir a almorzar. ¿Raro cierto?
Le informé que estaba comprometida y su rostro se volvió de un color rojo brillante. Se
enojó y se alejó. Como dije, raro.

Querido Diario,
“Tropecé” de nuevo con ese chico en el ascensor. Me maldije por querer dormir. Si tan solo
hubiera llegado con Brad no tendría que verlo.
Me siento mal por él. Parece un hombre agradable, pero algo acerca de él estaba
empezando a asustarme muchísimo. Estoy bastante segura de que es inofensivo, pero todavía me
hace sentir horrible.

¿Nada más para esa entrada? Parece un poco corta para mí.
Le he contado a Mark y a Lena sobre él y ambos me dijeron que debería contárselo a Brad.
Ahora parece ser más audaz. Incluso fue tan lejos como para agarrar mi brazo para prevenir que
me alejara. Le he explicado, al menos tres veces que estoy comprometida y que sería inapropiado
ir a almorzar con un hombre que no conozco.
Creo que Mark y Lena están en lo cierto.

¿Qué demonios he hecho?

De acuerdo, entonces ahora este dolor en mi trasero está empezando a sacarme de mis
casillas. No quiero molestar a Brad con esto, está tan ocupado, así que le dije de plano que no
estaba interesada en almorzar, en conversaciones, o en cualquier otra cosa. Estoy en una relación
muy feliz.

Empecé a llorar. Brad. Extrañaba a Brad. Qué error he cometido.


Este hombre, Kevin, debe ser un acosador, y de dónde demonios sacó estas páginas. Sé
que mi diario ha estado en mi bolso de maquillaje. Tal vez mientras estaba… ¡¡¡drogada!!! Puse
los ojos en blanco con enojo, poniéndome cada vez más y más furiosa por el momento. Continué

163 leyendo.

Incluso cuando le dije que estaba comprometida, lo que por cierto pareció hacerlo enojar
más, todavía era persistente. Me rogó. Prometiéndome que sería un completo caballero. Estoy
empezando a sentirme muy incómoda… y enojada.

Querido Diario,
Tengo que caminar entre tres personas con el fin de evitarlo. Se queda de pie cerca de los
ascensores cada día y sube en el mío. Hoy fui capaz de pasarlo sin que me viera.

Estaba encontrando difícil concentrarme en lo que leía, sin embargo continué.

Tuve que explicarle, como si estuviera hablándole a un niño, en inglés básico que no me
encontraba interesada y jamás lo estaría en otro hombre. Amaba a mi prometido. Creo que lo
escuché murmurar “perra” en voz baja. Se está volviendo más descarado y realmente estoy
empezando a ponerme nerviosa.

Ahora de verdad está llegando a ser demasiado. Entre los regalos, las notas, las constantes
llamadas a mi oficina, estoy a punto de arrancar mi cabello… preferiría tirarle de ¡su cabello!
Pobre Lena se está volviendo loca desviando sus llamadas telefónicas sin parar. Estoy pensando
que puede que sea hora de decírselo a seguridad.
Hoy cuando llegué al trabajo había una pequeña caja fuera de la puerta de mi oficina. Fui
la primera en llegar y usé mi llave, así que cómo llegó allí es un misterio. Abrí la caja. Era un maldito
brazalete. Pensé por un segundo que era de parte de Brad. Levanté la caja y encontré una nota.
Con todo mi amor, Paul.
Me asusté muchísimo.
Eso es todo. Es tiempo de terminar esta mierda.

¡¡¡¡PAUL!!!! ¡¡¡¡PAUL!!!! El maldito Paul. Salté y con las sábanas todavía en mis manos, corrí
por los escalones por todo el camino esperando a escuchar su auto. Miré por la ventana y vi a la
señora con las rosas andando de acá para allá en su jardín.
Golpeé la ventana con mi puño. Nada. Di un golpe un poco más fuerte. Todavía nada.
Golpeé con mucha fuerza la ventana. Se movió. Se levantó y sin mirar en mi dirección,
lentamente caminó de regreso a su casa. No pude averiguar si no me escuchó y solo entró, o si
de verdad me había escuchado y eligió ignorarme. Esa revelación me asustó, qué si me había
escuchado y solo entró en su casa, ignorando a la mujer atrapada detrás de la ventana. ¡YO!
Traté de mantenerme tranquila. Podía regresar en cualquier minuto y tenía que pensar.
Corrí a la puerta de atrás y lo intenté de nuevo, sabiendo demasiado bien que se encontraba
cerrada con llave desde adentro, y Kevin tenía la llave.

164 Aquí estaba empezando a colocar dos más dos y me di cuenta de quién 0en verdad tenía
el control de los asuntos.
Corrí por las escaleras, metí mi mano en mi bolsillo y saqué el teléfono. Presioné los
botones como si mi vida dependiera de ello. Nada. Estaba muerto.
Corrí de nuevo por las escaleras hacia la cocina y saqué un gran cuchillo del cajón. Seguro,
podría usarlo si todo se reducía a él o a mí, pero ¿qué si me quitaba el cuchillo de mis manos y lo
usaba en mi contra?
No soy una persona violenta. Era lo mucho que sabía de mí misma.
Tuve una idea.
Rápidamente fui a la despensa, retiré del camino los pedazos de queso y galletitas, abrí
la botella y saqué dos de los Roofies de Paul Anderson.
Si esto era lo que en verdad Kevin o Paul o quien mierda fuera, estaba usando para
mantenerme pasiva y siempre cansada, entonces él conseguiría algo de su propia medicina por
así decirlo. Solo tenía que mantenerlo alejado de la despensa en caso de que supiera la cantidad
exacta de píldoras que se encontraban en el interior. Lo que, por la forma en la que actuaba,
supondría que sí lo sabía.
Las coloqué en una taza y con el extremo del cuchillo las aplasté lo mejor que pude.
Luego coloqué la tetera y saqué una bolsa de té. English Breakfast… no me conoce tan bien
como cree. Es Earl Grey maldito imbécil. ¡El jodido Earl Grey!
Añadí unas gotas de agua hirviendo a las pastillas aplastadas y me serví una taza. Noté
que le gustaba beber café. Miré al reloj. 8:40 de la mañana, lo suficientemente temprano para
querer todavía café.
Me puse a hacerle una taza, luego agregué la mezcla fundida de drogas con un poco de
azúcar para enmascarar el sabor y lo dejé a un lado.
Mi corazón se encontraba latiendo frenéticamente en mi pecho, mis manos estaban
temblando y sudorosas. Tomé varias respiraciones profundas, tratando de calmar mis nervios, lo
que a este punto se hallaban desvencijados sin posibilidad de reparación.
No tuve que esperar demasiado tiempo antes de escuchar su auto estacionando en el
camino de entrada. Por dentro y por fuera me encontraba temblando y tuve que obligarme a mí
misma a calmarme. Tomando una respiración profunda, me armé de valor para lo que sabía tenía
que hacer. Coloqué mi sonrisa más encantadora y noté al tiempo que le añadía crema a mi té que
mi mano todavía estaba temblando.
Sarah escúchame… necesitas tener el control. A menos que quieras estar atrapada
indefinidamente en una casa con Kevin/Paul, será mejor que te crezcan un par de bolas de acero.
Escuché la llave en la cerradura y tomé otra respiración profunda, dejándola salir
lentamente. Cuando supe que se encontraba en el interior grité, rezando para que mi voz no
sonara tan débil como me sentía.
—¿Kevin? —mi voz estaba en calma. Tomé mi té en una mano y su café en la otra.
—Estoy de regreso —dijo, mientras entraba en la cocina con una bolsa de alimentos—.
¿Tienes hambre?
—No hasta después de que termine mi té —sonreí—. No sabía que estabas fuera. Bajé

165 para hacerte una taza de café. Quería agradecerte por ser tan paciente conmigo anoche. Iba a
subírtelo —dije, mientras entraba en la sala de estar dónde él se encontraba de pie.
Sonrió con su sonrisa encantadora y mi sangre hirvió en mis venas.
Bastardo.
—Ya tomé dos tazas —dijo, de alguna forma despectivamente.
—Oh, y yo te hice esta. Justo de la forma en la que te gusta, creo.
Le entregué la taza y tomé un sorbo de mi propio té.
—Si bebo demasiada cafeína, me pongo un poco irritable —bajó la taza.
Estaba horrorizada. Necesitaba que bebiera ese café ¡ahora!
—Solo estaba tratando de decir gracias. Ya sabes, por aguantarme y toda la cosa de los
sueños locos de anoche. No sé qué me pasó, pero solo quería decir gracias.
Ya dijiste eso maldita loca. ¡¡¡Actúa normal!!!
Llevé mi té conmigo y me senté; la mirada en mi rostro estaba siendo actuada a la
perfección. Lucía destruida.
Sonrió y el brillo estaba de vuelta en sus ojos mientras continuaba siendo demasiado
dulce para él.
Quería vomitar.
—Observé cómo lo hiciste el otro día… —de nuevo hice un puchero, esperando que no
fuera demasiado.
—Sabes qué, acabo de hacer un montón de recados, supongo que podría tomar una taza
más. Gracias —entró detrás de mí llevando dicha taza.
Tomé una respiración profunda, dejándola salir lentamente.
Inclinó la taza y lentamente drenó su contenido.
—No tenías que hacer eso —dije dulcemente.
—Lo hice. Gracias por pensar en mí.
—Tú siempre piensas en mí.
—Lo hago —sonrió—, ¿sabes lo que recogí?
—¿Me lo vas a decir? —dije con un aire de confianza. Me encontraba tan aliviada de meter
ese café en él.
—Helado de chocolate. Y algunas otras de tus cosas favoritas.
—Gracias. Pero tengo que decir que nada va a superar ese Pollo al Vino.
Quería vomitar jodidamente.
—Cualquier cosa para ti Tanya, te amo.
—¿Qué? —No estaba segura si había escuchado bien y luego me di cuenta de que pude
solo haberme quedado callada.

166
—Yo, quiero decir Sarah… —se detuvo y trató de enfocarse. Me miró y pude ver que
estaba sucumbiendo a los efectos de la droga.
¡Toma esto, bastardo!
—Tanya…Tanya es mi… ella es mi… hermana —terminó finalmente.
—Oh. Cuéntame sobre tu familia. —Estaba tratando de mantenerlo lo suficiente para
que la droga trabajara.
—Vaya, estoy cansado —se sentó en el sofá—. Tengo que guardar esas cosas.
—Yo lo hago, relájate —entré en la cocina y saqué las compras de la bolsa y las guardé,
todo el tiempo rezando para que se desmayara. Había una bolsa de CVS3 escondida con la
comida. La saqué y la abrí. Había un frasco de pastillas dentro. Lo saqué y leí la etiqueta. Rophynol
toma una como se indica antes de acostarse. Recetada para Paul Anderson.
Mis manos empezaron a temblar de nuevo. Apresuradamente coloqué la botella de
regreso en la bolsa y puse la bolsa sobre la mesa en donde él la había dejado. Luego caminé, tan
calmadamente como pude, de vuelta a la sala de estar.
—Puedo conseguir… —Me quedé de pie viendo el lugar en donde lo acababa de dejar
sentado. No había nadie allí.
Kevin o Paul o quienquiera que demonios fuera no se encontraba en donde lo había
estado hace unos minutos.
—¿Kevin? —lo llamé en voz alta.

3
CVS: Cadena de farmacias
No hay respuesta. Caminé hacia el frente de la casa y lo encontré dormitando en las
escaleras. Estaba sentado, su cabeza contra la pared, sus piernas delante de él.
—Kevin —no se movía.
Di unos pasos más cerca.
—Kevin, ¿estás bien? —El estrés en mi voz era real. Estaba asustada a morir.
Me incliné y traté de sacudirlo.
Sus ojos se abrieron de golpe y me agarró de la muñeca. Su agarre fue muy fuerte.
Grité.
—Kevin, me estás lastimando.
—¿Me drogaste? —dice con su voz mal articulada.
—No, no. No lo hice. No lo hice. No sé… ¿No sé de qué estás hablando?
Levantó su cabeza y pude ver que sus ojos no eran capaces de enfocarse en mi cara.
Inclinó mi muñeca tan atrás que tuve miedo de que se fuera a romper.
—Kevin, me estás lastimando —mi voz saliendo un poco más aguda de lo que quería que
sonara—. Kevin, por favor.
Agarró la barandilla y se levantó a sí mismo hasta quedar de pie. Se tambaleó hacia un
lado.
167 —Crees que eres tan lista. Veamos qué tan lejos llegas. No lo encontrarás —se tambaleó
y de repente cayó de rodillas.
—Kevin.
Me tiró hacia abajo, mi muñeca aún en su mano. Aterricé en mis rodillas con un golpe
fuerte.
Tiré tan fuerte como pude para liberarme de su agarre.
Inclusive usé mis pies como palanca empujándolos contra su cuerpo inerte. Finalmente
abrí sus dedos, liberando mi muñeca de su agarre.
Estaba respirando con fuerza y supe que finalmente se había desmayado.
Lo empujé con mi pie, y solo se movió adelante y atrás como un cadáver.
—¿Kevin?
Nada.
Me levanté de un salto y empecé a meter mis manos en cada bolsillo buscando la llave
de la puerta.
Nada. Revisé cada bolsillo. Luego revisé de nuevo. Estaba empezando a entrar en pánico.
¿Qué si se despertaba ahora? Maldición. ¿Qué voy a hacer?
—¿Dónde las pusiste, hijo de puta? —grité a su cuerpo durmiente. Le pegué con mis
puños—. Maldito seas.
Me senté y me mecí de adelante hacia atrás.
—Necesitas pensar Sarah. ¡Piensa! —Me amonesté a mí misma. Miré alrededor de la
habitación. ¿Las puso en la mesa a la par del sofá?
¡El sofá! Salté y corrí hacia el sofá, quitando las almohadas y lanzándolas al suelo como
una lunática. Y allí, escondidas debajo de donde había estado sentado, se encontraban un juego
de llaves.
—Estas, imbécil… ¿Quieres decir estas? —Repiqueteé las llaves con tanta fuerza cerca
de su oído—. Las encontré lamentable bastardo —ahora me encontraba más allá de molesta—.
Hijo de puta, podré no recordar quién soy, pero te puedo asegurar como la mierda que sé quién
eres. Maldito acosador.
Corrí escaleras arriba tan rápido como mis piernas me llevaron y agarré mi bolsa. No había
forma en el infierno de que dejara atrás la esencia misma de quien era debido a este bastardo.
Presioné su capucha más cerca contra mi cuerpo y abrí la puerta del frente. Corrí a la luz del sol
y abrí la puerta del auto, subiéndome en él. Me senté por algunos segundos tratando de recordar
si podía hacer esto.
—Yo sé, yo sé cómo conducir. ¿Cierto? —Metí la llave en el encendido y la giré,
encendiendo el motor. Apreté la perilla en el centro de la consola tratando de arrastrarla a la R.
R es la maldita reversa ¿verdad? Comenzaba a entrar en pánico.
—Toma una respiración profunda Sarah. ¡Ahora! —me grité a mí misma.
Me senté por un momento antes de recordarlo. Luego puse mi pie en el freno y jalé la
perilla de vuelta a la R. cuando levanté mi pie del freno el auto empezó a ir en reversa. Pise el
168 freno y el auto se detuvo.
—Bien, ahora usa tu cerebro y cálmate. No quieres meterte en un accidente justo en
frente de la casa de un hijo de puta —coloqué el auto en reversa y lentamente lo saqué a la
carretera. ¿Y qué si tomé dos carriles? Podían lidiar con eso. Llámame una mala conductora. Pisé
el freno y puse el coche en D y me alejé a toda velocidad. ¿En dónde estaba? No lo sabía, pero
sabía a dónde estaba planeando ir.
A casa.

***

Estaba conduciendo sin rumbo, por lo que sabía iba en círculos. Tenía que detenerme en
alguna parte y llamar a Brad.
Vi un centro comercial con un 7-Eleven4 en él y decidí detenerme. Alcance mi bolso y
saque mi teléfono. Lo abrí. Estaba muerto, totalmente muerto. Me había olvidado por completo.
Entré en pánico. No me sabía el número de Brad. Todo lo que sabía era presionar y
mantener el número dos. Rápidamente escanee el área buscando un teléfono público.
No sabía cuánto tiempo tenía antes de que, Kevin/Paul, viniera a buscarme. Este era su
vecindario y lo conocía bien, mientras yo estaba tan perdida.

4
7-Eleven: Cadena de supermercados.
Entré en el 7-Eleven y miré alrededor. No había teléfono público. Caminando hacia el
mostrador pregunté:
—¿Hay un teléfono que pueda usar?
El dependiente me miró como si estuviera loca.
—¿Qué, no tiene teléfono? —Se rió negando con su cabeza.
—Necesito llamar a alguien, y no tengo su número. ¿Cómo puedo conseguirlo?
—Necesita llamar al 411 señorita.
—¿Pero cómo? Mi teléfono está muerto —en este punto estaba casi llorando.
—¿Qué teléfono tiene? —preguntó.
Corrí al auto, tome mi teléfono y regresé corriendo.
—Aquí —dije, empujándolo hacia él.
Miró el teléfono. Le dio la vuelta y sacó la parte de atrás.
—Señorita, no tiene batería —negó con la cabeza de nuevo.
—Escúchame —mi temor se estaba convirtiendo en ira—. Necesito llamar a alguien, y no
sé cómo. Tuve un accidente.
—Puedo llamar al 911 por usted señorita, pero… —Miró detrás de él—, puede comprar

169
uno de esos teléfonos prepago.
No quería involucrar a la policía. Después de todo, fui por mi propia voluntad. Que idiota
total fui.
—Pero eso no tendrá el número. Necesito el número —maldije y empecé a llorar. Mi nivel
de frustración se fue al nivel más alto de todos los tiempos—. Habrá una recompensa para ti.
—¿Qué clase de recompensa?
—La del tipo de dinero —me puse de pie desafiante con mis manos en mis caderas.
—¿A quién necesita llamar?
—A mi prometido —le dije.
—No sabes el número de tu prometido —me dio esa mirada de ella debe estar loca.
—Escucha, tuve un accidente. No recuerdo… cosas.
—¡Jimmy! —Llamó el recepcionista.
—¿Sí? —Otro trabajador salió del cuarto trasero—. ¿Qué?
—Debo ir al cuarto del lado un momento, vigila el frente.
—Bien.
—Vuelvo enseguida; voy a Radio Shack —se volvió hacia mí—. Ellos deberían tener una
batería que le sirva a este teléfono.
—Bien —estaba esperanzada mientras lo seguía hacia el final de la tienda. Me quedé de
pie a su lado mientras hablaba con el hombre con el chaleco rojo. Luego el hombre del chaleco
rojo fue detrás del mostrador y sacó una pequeña caja.
—Prueba esta. No es el mismo modelo, pero debería encajar.
El recepcionista del 7-Eleven, cuyo nombre me di cuenta era Jackson, quitó la parte
trasera de mi teléfono de nuevo y abrió la caja metiendo la batería. Esperamos unos momentos.
Cuando vi el logo del teléfono aparecer en la pantalla, casi grito de la emoción.
—¿Tienes un lápiz? —pregunto Jackson al chaleco rojo.
—Sí. Aquí —le dio el lápiz que estaba en su bolsillo.
—Bueno señorita, ahora tenemos el teléfono encendido, donde está el número de su
prometido.
—Presiona y mantén el número dos.
Vi mientras Jackson tomaba un folleto del mostrador y tomaba el lápiz del chico con el
chaleco rojo.
—Te lo devolveré —le dijo al del chaleco rojo.
Jackson hizo lo que le solicité y escribió el número en el folleto que tomó del mostrador.
—Este teléfono está muerto. Pero tengo el número.
Quería golpear a Kevin/Paul tan duro ahora. Sé que se las arregló para dañar mi teléfono.
Estaba bien cuando dejé la casa en Hyde Park.
Querido Dios. Solo quería estar de vuelta en Hyde Park. Que tonta soy.

170 —Dame tu teléfono hombre —dijo Jackson al del chaleco rojo.


Jackson marcó el número y cuando empezó a timbrar, me lo entregó.
Me salió el buzón de voz.
—Por favor marca de nuevo —le rogué.
Jackson presionó el botón de remarcar y el teléfono estaba timbrando cuando me lo dio
de nuevo.
—Hola —conocía esa voz. Era Brad.
—¿Brad? —Sentí las lágrimas calientes correr por mi cara. No me había dado cuenta lo
aliviada que estaría cuando oyera su voz.
—¿Sarah? ¿Sarah? —Podía oír la emoción en su voz.
—Sí Brad. ¿Puedes oírme? Bradley, soy yo.
—¿Dónde estás? —Exigió, no sabía si estaba aliviado o enojado conmigo.
—¿Dónde estoy? —le pregunté a Jackson.
—Queens. Flushing, Queens.
—Necesitaré más que eso Sarah, déjame hablar con el caballero.
Le entregué el teléfono a Jackson. Escuché mientras le daba la dirección a Brad y me
devolvió el teléfono.
—Sarah, quédate justo ahí. Estoy yendo a recogerte justo ahora. Quédate ahí —eso era
una orden.
—Brad apúrate. No sé si… no sé si está despierto. Si lo está, vendrá a buscarme.
—Quédate ahí.
El teléfono se quedó en silencio, y el silencio era ensordecedor. Estaba más asustada
ahora, que cuando estaba atrapada con Kevin/Paul.
—Tengo que esperarlo.
—¿Trae mi recompensa? —preguntó Jackson.
—Tiene dinero; te dará tu recompensa —estaba segura de ello.

171
22 Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por ValeV

E ntré en la tienda para esperar a Brad. Me encontraba segura de que había dejado
un agujero sobre el linóleo en donde había caminado.
Mis oídos se hallaban en sintonía con cualquier ruido extraño. Esperaba
escuchar algo que no pudiera ni siquiera explicar. Todo lo que sé es que si lo oía, saldría corriendo
por la puerta de atrás y jamás me detendría. Lo que no esperaba era escuchar lo que oí, sirenas
a la distancia. ¿Pudo Kevin/Paul haber llamado a la policía para que me encontrara y me llevara
de regreso? Me encogí. Seguramente me escucharían.
Dos autos, con sirenas a todo volumen y luces intermitentes estacionaron en cuestión de
minutos en el aparcamiento y cuando los vi saliendo de sus autos, salí para reunirme con ellos.
—¿Usted es Sarah Williamson? —me preguntó un oficial de patrulla.
—Lo soy. Soy Sarah Williamson —para mí todavía sonaba demasiado extraño escuchar

172 mi nombre, mucho menos admitir que era yo.


—Por favor tome asiento. El detective estará aquí en unos pocos minutos para
interrogarla.
—¿Interrogarme? ¿Qué he hecho? —¿Kevin se encontraba muerto? ¿Le di demasiado de
la droga?
Me llevó a la parte de atrás de su auto, abrió la puerta, hice lo que se me había dicho que
hiciera, me senté y esperé. Rezando con todo lo que tenía en mi interior que Brad llegara antes
de que Kevin/Paul lo hiciera.
Después pasaron veinte minutos aproximadamente, cuando otro auto entró en el
aparcamiento. Metí mis piernas y cerré la puerta, rezando que Kevin no estuviera allí. Un hombre,
alto de cabello oscuro de tez rubicunda salió del asiento del pasajero y se acercó al auto en dónde
me encontraba sentada. Se inclinó y abrió la puerta, revelando toda su altura de más de metro
ochenta y dos. Era un hombre de aspecto intimidante. Luego se puso de pie mirándome como si
fuera una criminal.
—¿Sarah Williamson?
—Soy yo, sí —salí por la puerta abierta.
—Soy el detective Robertson. Recibí una llamada de teléfono de su… —bajó la mirada a
su teléfono—, Bradley Hunter. Dice que usted fue secuestrada. ¿Es cierto?
—Sí, bueno, así es.
—¿Fue llevada en contra de su voluntad? —parecía dudar de lo que dije.
—Fui engañada. Él… acabo de tener un accidente, me caí y perdí mi memoria. —La
expresión en su rostro era casi cómica, y quería golpearlo para que así me tomara en serio, pero
algo me dijo que eso no terminaría muy bien—. Me dijo… inventó una historia para que yo fuera
de forma obligada con él.
—¿Cuál es la dirección?
—No lo sé. Escapé, tomé su auto y conduje hasta aquí.
—¿Su auto?
—Sí, el rojo que está por allí —señalé.
El detective se inclinó y le dio instrucciones al hombre de la patrulla.
—¿Está herida?
—No, me encuentro bien. Sin embargo creo que él puede que me haya drogado.
—Realizaremos una búsqueda en el coche que debería decirnos quién es —me miró de
arriba abajo—. ¿Se encuentra dispuesta a presentar cargos?
—¿Quiere decir meterlo en prisión? Entonces sí, sí, presentaré cargos.
—Discúlpeme —se alejó hacia otro hombre que debía ser su compañero. Hablaron por
varios minutos, mirando de regreso en mi dirección intermitentemente.
Asintió, y empezó a caminar hacia donde me encontraba de pie.

173 —Tenemos una dirección. Acabo de enviar una unidad a su casa.


Justo en ese momento, vi un gran auto negro estacionándose en el aparcamiento. Brad
salió del asiento del conductor y caminó determinadamente hacia donde me encontraba de pie.
No sé lo que pasó después, solo sé que mis piernas me fallaron y empecé a caer. Por suerte, Brad
llegó a mí antes de que golpeara el piso.
—Sarah. ¿Te encuentras bien?
—¿Debería llamar a un bus… una ambulancia? —preguntó el detective.
—No. No. Creo que fue solo la sorpresa. Creo que solo me encuentro abrumada con todo.
—Tengo al doctor de nuestra familia reuniéndose con nosotros en casa —le dijo Brad al
detective, y luego me miró. Me encontraba apoyada en su contra en busca de apoyo—, vas a
estar bien. Te llevaré a casa. El doctor Reynolds se encontrará con nosotros en casa.
—Brad. Estaba tan equivocada —lloré; las lágrimas ahora fluían libremente. No podía
detenerlas aunque quisiera. Creo que fue la combinación de alivio y la realización de lo que podría
haberme sucedido—. Me dijo mentiras. Me contó que me presionabas. Me dijo tantas mentiras
—lloré sobre su hombro.
—Vamos a meterte en el auto.
Caminó hacia el auto y después de que me encontré acomodada en el interior, fue de
regreso a hablar con los detectives. Conversaron por lo que me pareció una hora, pero era casi
probable que solo fueran unos pocos minutos. Brad le dio al detective lo que lucía como una
tarjeta de negocios y empezó a acercarse al auto. Pude ver la marca en su mandíbula desde
donde estaba sentada.
Subió al auto y extendió su mano para abrochar mi cinturón de seguridad.
Aparentemente tengo un problema con recordar ponerme el maldito cinturón de seguridad.
—No te preocupes por nada. Te llevaré a casa y ahora mismo es todo lo que quiero hacer.
Estás a salvo. Hablaremos después —me miró rápidamente—, a menos que prefieras ir a la casa
de tu madre… tu casa.
—No. Quiero ir contigo. A nuestra casa. Mi lugar está en nuestro hogar —las lágrimas
empezaron a fluir de nuevo y solo las dejé. Necesitaba liberar algo de la tensión que sentía.
Después lidiaría con la culpa y encontraría la manera de hacer las paces con Brad, de alguna
forma. Tenía que hacerlo.
Todo el camino a casa fue en silencio. Ambos nos perdimos en nuestros pensamientos.
Había una parte de mí que pensaba que podría encontrarse enojado conmigo. Tenía todo el
derecho de estarlo después de todas las cosas estúpidas que había hecho. Estoy segura de que
yo no significaba más que problemas para él. Me hallaría sorprendida si no me pidiera que me
fuera y regresara a vivir con mi madre.
Mi madre.
¿Qué le hice? Debe sentirse tan herida, tan traicionada.
Apoyé mi cabeza contra el respaldo del asiento y evité mirarlo. Por dentro era un
desastre, y me encontraba totalmente avergonzada por lo que había hecho. Así que me
concentré en mirar directamente hacia adelante.

174 No creo que me sintiera aliviada hasta que volvimos por el camino y vi a la casa
avecinándose.

***

Después de que llegamos a casa, entré con Brad directamente detrás de mí.
—El doctor Reynolds estará aquí en una hora.
—Entonces será mejor que tome una ducha.
Me sentía bastante deprimida y confusa. Si había una forma para patearte a ti misma en
el trasero, lo habría hecho.
—Te haré una taza de té y te la subiré.
—¿Té?
—Sí, una taza de Earl Grey. A menos que no quieras una.
Reí. —Me encantaría. Gracias —dije mientras subía por las escaleras, sonreí como una
idiota, él sabía lo que me gustaba, y siempre sería así.
Me sentí tan bien después de esa ducha. Envolviéndome en una toalla, abrí mi cajón
superior y saqué una braga y un sostén. Luego me acerqué al armario y me coloqué un pantalón
de andar en casa y una camisa de manga larga a juego.
Como prometió, mi té me esperaba sobre mi mesita de noche. Tomé un par de sorbos e
instantáneamente me sentí más tranquila.
—De acuerdo, vamos a hacerlo —me dije y con mi té en una mano, caminé hacia el
pasillo. Justo cuando giraba para ir hacia las escaleras, miré dentro de una puerta abierta.
—¡Sarah! ¿Te encuentras bien? —escuché a Brad gritar, pero era como si se hallara en un
túnel muy lejos.
Agarré la pared en busca de soporte y entré en la habitación. Mis piernas temblaban
tanto que tuve que sostenerme del pomo de la puerta para mantenerme en pie. Esta era la
habitación en donde me encontraba, el cuarto en mi sueño. Una mecedora se hallaba en la
esquina con una manta cubriendo la parte de atrás. La cama se hallaba hecha y el maletín de Brad
se encontraba sobre la parte superior. Sus ropas también se encontraban esparcidas encima de
la cama.
¡DESTELLO!
Brad entró en la habitación después de mí, agarró mis hombros y me dio la vuelta.
—Jesús Sarah, estás blanca como un fantasma —me levantó en sus brazos y me sacó de
la habitación, pasando por encima de lo que parecía ser mi taza de té destrozada y su contenido
sobre todo el piso. La parte superior de mi pantalón se encontraba húmeda, y me pareció
gracioso que sí notara eso.
Gentilmente me colocó sobre el sofá y se sentó a mi lado.
—¿Qué sucedió? ¿Te encuentras bien? —Brad tomó mis manos entre las suyas. Tengo
que decirlo, lucía como si estuviera a punto de perder el control.

175 —Yo… ese… fue en esa habitación. Me encontraba en esa habitación. Escondiéndome
detrás de la mecedora. Alguien me perseguía. Había demasiada sangre en mis manos; seguía
limpiando mi cabeza y luego frotaba mis manos sobre mi camisa.
—¿Sarah quién te perseguía? ¿Quién? —La ira en su voz me asustó e hice una mueca—.
Lo siento, no fue mi intención asustarte, pero necesito saber lo que recuerdas.
—Querido, ¿qué fue lo que escuché?
Me giré para ver a Terry de pie en la puerta.
—Sarah dejó caer su té arriba, puedes limpiar eso por nosotros por favor y sírvele otra
taza. Tiembla como una hoja.
—Sí por supuesto señor Hunter —salió de la habitación, regresó con una fregona y un
trapo en la mano y subió las escaleras—. Puse a calentar el agua. Debería estar en un minuto —
gritó.
—Sarah, nena, ¿recuerdas algo más?
—Trataba de esconderme. Me encontró detrás de la silla y me sacó de allí. Se reía, como
un loco, como un maldito maniaco. No sé qué decía, pero no paraba de reírse. Extendí mis manos
y arañé su rostro, y liberó mi brazo. Lo empujé y salí corriendo. Corrí hacia las… —señalé al
rellano en la parte superior de las escaleras—. Agarró mi cabello y me jaló hacia atrás, pero me
encontraba determinada a llegar a la puerta, para escapar, pero yo… yo… yo me caí por las
escaleras. Brad, me caí por las escaleras.
Ahora lloraba incontrolablemente.
Terry regresó cargando una taza de té nueva y la colocó sobre la mesa, había lágrimas
corriendo por su rostro. Brad levantó su mirada y ella negó con su cabeza, sus ojos llenos de
lágrimas.
—Terry siéntate con Sarah. Necesito hacer una llamada de teléfono —se levantó y agarré
su mano.
—¿Brad?
—Volveré enseguida —esperó por unos minutos, luego soltó mi mano y Terry se sentó
frotando mi espalda repetidamente una y otra vez—. Todo estará bien querida niña. Todo estará
bien. —No sé si trataba de convencerme a mí o a ella.
Brad regresó unos minutos después y tomó asiento.
—¿Recuerdas cualquier cosa sobre este hombre?
El timbre de la puerta sonó y Terry casi corrió para atenderlo. Un hombre en un pantalón
de vestir y un suéter fino entró.
—Doctor Reynolds —Brad se levantó y fue a saludar al caballero mayor bien vestido.
—Bradley.
Intercambiaron un apretón de manos y un asentimiento.
—Sarah, no sé si lo recuerdas, pero este es el doctor Reynolds. Va a examinarte para
asegurarnos que te encuentras bien después de tu… terrible experiencia —sonaba tan confuso
176 como yo lo estaba. ¿Qué era esto, un secuestro? Fui voluntariamente así que no era la palabra
correcta. Pasé mi manga por mis ojos y tomé el pañuelo que Terry me ofrecía, sonando mi nariz
de forma ruidosa.
—Lo siento no lo recuerdo. Perdóneme doctor.
—Eso es de esperarse después de lo que has pasado Sarah, solo estamos felices de que
hoy te encuentres con nosotros —sonrió. Parecía un hombre muy amable. Un hombre mayor de
aspecto distinguido con cabello gris y ojos azul claro—. Voy a escuchar tu corazón. Te haré
algunas preguntas y te sacaré algo de sangre. ¿De acuerdo? —me pidió permiso.
—Sí.
—También necesito una muestra de orina. —Sacó un pequeño frasco de plástico y me lo
entregó—. ¿Crees que me la podrías dar ahora?
—Sí —me levanté, tomé el frasco de su mano y caminé hacia el baño. Unos minutos
después salí con el contenedor en mi mano—. Aquí tiene.
—Gracias. —La tomó y la colocó en una bolsa de plástico con mi nombre escrito en ella—
. Ahora podrías tomar asiento.
Me senté y miré a Brad y a Terry.
—¿Te sentirías más cómoda si nos vamos? —preguntó Brad, preocupación en su voz.
—No tengo secretos con ninguno de los dos —dije.
Terry se disculpó para revisar la cena, pero supe que solo estaba siendo amable y nos
daba privacidad.
El doctor tomó cuatro frascos de sangre. Escuchó mi corazón, tomó mi presión
sanguínea, la que afirmó se encontraba alta.
¿En serio?
Me dio una prescripción de pastillas para dormir en caso de que las necesitara y otra para
un antibiótico. Dijo en caso de que hubiera estado expuesta a algo, dejando eso de alguna forma
como un final abierto.
—¿Cuándo fue tu último periodo? —preguntó.
Esa no era una pregunta para después de darme una prescripción para antibióticos.
—No lo recuerdo.
Me hizo un par de preguntas más. ¿Dolores de cabeza? ¿Náusea? ¿Vómitos?
Contesté todas sus preguntas para satisfacerlo.
Continuó diciéndonos qué esperar después de una experiencia sorpresiva.
Quería decirle “doc he bajado mi estrés. Soy dueña de esa perra”, pero no creo que hubiera
terminado muy bien que digamos.
Asentí mucho con mi cabeza, al igual que Brad.
—Bueno, eso es todo lo que ahora puedo hacer. Descanse un poco señorita —ordenó.
—Sí señor.
177 —Brad, Sarah, me contactaré tan pronto como tenga los resultados de la sangre y de la
orina —guardó su equipo, me dio unos golpecitos sobre la cabeza, estrechó la mano de Brad y
se fue de la misma forma en la que había llegado.
Negué con mi cabeza. Conmocionada. Sabía que una cosa era segura; estaba cansada de
no tener el control de mi propia vida. Había terminado de llorar, lloré como un bebé y ahora…
ahora solo empezaba a enojarme.
23 Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por Erienne

D espués de la partida del doctor, nos quedamos ahí sentados por unos minutos
mirando a la pared. Ninguno pronunció una palabra. Parecía que los dos nos
encontráramos perdidos en nuestros pensamientos, solo tratando de
comprender lo que estaba sucediendo.
En los últimos días, había pasado a través de una montaña rusa emocional. Un completo
extraño me había hecho creer que Brad era la persona que me había empujado por las escaleras.
Al considerar todo lo que había tenido lugar en los pasados días, estaba segura de que no era él.
¿Quién era? Todavía no lo sabía, pero segura de que no era Bradley Hunter.
—Señor Bradley, señorita Sarah, he preparado la cena por si alguno tiene en mente
comer algo —sonrió débilmente—. Pero no se preocupen, se puede calentar si es necesario.
—Gracias, Teresa —le dijo Brad—. Lo haremos nosotros, ve a casa. Gracias.

178 —Oh señor Bradley, usted sabe que haría cualquier cosa por usted y por la señorita Sarah
—estaba retorciendo sus manos.
—Sé que lo harías, Terry. Pero adelante, estaremos bien… de verdad —dijo
enfáticamente.
Me daba miedo que Terry se fuera, sabía que tendría que explicar cómo terminé en
Flushing, Queens. Debería contarle, y como es lógico, en detalle, cómo elegí dejarlo por un
extraño. Retorcía mis manos como una loca.
Terry dijo adiós y se fue por la puerta de atrás.
Esperé unos segundos, buscando las palabras para explicar lo que había hecho.
—Sé que quieres saber todo, pero necesito que me des tu palabra de que vas a escuchar
lo que tengo que decir antes de juzgarme.
—Sarah. No voy a juzgarte. Solo deseo que hubieras venido a mí con cualquier pregunta
que tuvieras. Jamás te he ocultado nada.
—Tienes que entender, lo que pensé —sentí el calor subiendo por mi pecho. Acababa de
decirme que jamás me había ocultado nada, y sabía a ciencia cierta que sí lo había hecho. Pero
ésa era una conversación diferente que necesitaba tener con él en otro momento.
—Sé que no recuerdas mucho —continuó—. Sé que estás muy confundida. También sé
que fuiste manipulada por un maníaco intrigante que caza mujeres jóvenes.
—¿Maníaco? ¿Manipulada? ¿No fui la primera? —Ahora me encontraba sorprendida.
—No lo sé con seguridad, la policía ahora está trabajando en una teoría mía. Pero antes
de que continuemos, me gustaría que trataras de comer algo. Luces pálida y estoy seguro que
no comiste bien cuando te fuiste.
La forma en la que dijo la palabra fuiste, hizo que los vellos de mi cuello se pusieran en
punta.
—Necesitas fuerzas. Has tenido un día duro.
—En verdad no tengo hambre.
—Terry hizo pastel de pollo. Es uno de…
—Lo sé, lo sé… es uno de mis favoritos —lo interrumpí.
—Bueno, en realidad, es uno de los míos, pero también te gusta —dijo con aire de
suficiencia, sin embargo sonrió, y eso me tranquilizó muchísimo.
—Supongo que aquí he retrocedido al segundo lugar, ¿eh? —murmuré, tratando de
sonar divertida y perdiendo por completo mi toque.
—Quédate aquí, traeré algo de comida —presionó mi mano—, y tú… jamás serás
segunda en nada.
Se levantó y desapareció detrás de la pared que conducía a la cocina. Poco tiempo
después regresó cargando dos cuencos humeantes de pastel de pollo. Solo el olor fue suficiente
para despertar mi interés.
179 —Trata de comer algunos bocados.
—Lo intentaré.
No hace falta decir, que no me tomó mucho tiempo comerme casi toda la porción entera.
Pero observé a Brad mientras casi devoraba ese pastel.
Qué palabra graciosa, pastel.
Brad recogió los dos cuencos, los llevó a la cocina y los colocó en el fregadero. Lo escuché
abrir el refrigerador y estaba segura de que guardaba las sobras.
Mi estómago se tensó, me daba cuenta de que no había más tiempo para mí. Era
momento de decirle todo.
Unos minutos después regresó y se sentó a mi lado de nuevo.
—Recuerda lo que dije —asintió lentamente, mirándome fijamente, y esperando con
paciencia mientras me serenaba—. El día que me llevaste a la ciudad hacia tu edificio y para que
le echara un vistazo a mi oficina —lo miré para saber si se acordaba y de nuevo asintió—.
¿Recuerdas cuando decidí salir en lugar de subir contigo a tus oficinas? —Ninguna respuesta, solo
toda su atención—, salí y tomé asiento en el banco, en el que está junto a la fuente. Me senté ahí
por un tiempo solo mirando en derredor, observando a la gente. Me estaba divirtiendo. Amando
a la gente, los olores, los sonidos… cuando, de la nada, un hombre vino y se sentó a mi lado. Se
presentó a sí mismo, luego me dijo que nosotros, que él y yo, habíamos estado —creo que aquí
tuve el buen sentido de ruborizarme—, me dijo que habíamos tenido un romance antes del
accidente. Sabía acerca del accidente, esa es una de las cosas que en verdad llamó mi atención
—tomé una respiración profunda—, me dijo que tú eras bastante controlador y yo era infeliz
contigo.
Noté que el tic en su mandíbula había empezado de nuevo, y observé cómo sus manos
se presionaban en puños. —Me dijo que podía probarme que te abandonaba por él. Fue muy
convincente. Estaba confundida y muy asustada. Sabía que tenía miedo de algo, había tenido
pesadillas y me encontraba nerviosa muy en mi interior acerca de algo. No sabía qué había
sucedido en el pasado. Dijo que tenía pruebas —reiteré—. Pensé que tal vez me estaba diciendo
la verdad. No tenía forma de saberlo a ciencia cierta —dije, volviendo a insistir en mi punto.
—Pudiste haberme preguntado —dijo claramente. Ninguna emoción en su voz.
—Brad, me hizo pensar que tú eras el que me había herido —bajé mi cabeza. Sentí las
lágrimas viniendo hacia mis ojos y luché por contenerlas—. ¿Cómo podía preguntarte? ¿Y si él
tenía razón?
Tragó saliva con fuerza, su manzana de Adán, subió y bajó, y pude ver en sus ojos que
estaba luchando por contener su ira.
—Antes de continuar, necesito saber si estás enojado conmigo —mi voz era baja, como
la de una niña.
Ahora sudaba, sintiendo el pastel de pollo espeso nadando en mi estómago.
—Sarah. Sé que crees que te culpo, pero no lo hago. Sé que no fue tu culpa. No estoy
enojado contigo por nada de lo que haya pasado. Y tampoco lo está tu madre.

180 Di un suspiro de alivio. Hasta entonces no me había dado cuenta de lo pesado que el
perdón se encontraba en mi cabeza.
—Mi madre. ¿Cómo está ella? —Solo quería sostener mi cabeza y llorar. Mi pobre madre,
la hice pasar por un infierno.
—Estará aquí a primera hora en la mañana. Prácticamente tuve que rogarle para que nos
diera esta noche. Me tomó un montón de halagos hacerle prometer que se quedaría en casa —
sonrió, pero pude decir que su mueca era tensa. Muy tensa—. Por lo que sé, podría estar
acampando afuera de nuestra puerta —se echó a reír y el sonido del leve estruendo en su pecho
hizo que me calmara, aunque solo un poco.
—¿Estás seguro que quieres escuchar todo esto?
Asintió, pero pude ver que sus labios se apretaban.
—Me pidió que me reuniera con él al final de la calle, y conducimos por un tiempo.
Íbamos en muchas direcciones diferentes. No tenía idea de en dónde me encontraba. Finalmente
nos detuvimos en frente de una modesta casa. El vecindario era agradable. Simple —Me di
cuenta de que estaba siendo demasiado descriptiva. Necesitaba continuar y explicarle lo que
sucedió dentro de esa casa.
—Cuando llegamos dejó las puertas abiertas, eso me hizo sentir un poco más aliviada.
Me llevó al primer piso a una de las habitaciones…
Vi una luz de fuego oscuro detrás de los ojos de Brad.
—No, no, nada de eso. Estaba llena de cajas. Había dos en la esquina con mi nombre en
ellas —mis manos empezaron a temblar—. Sacó una maleta de la caja grande y la colocó delante
de mí. Hacía juego con el bolso de viaje que había llevado conmigo —la intensidad de la mirada
de Brad me hizo retorcerme. Me detuve.
—Continúa —ninguna emoción. ¡Mierda!
—Abrí la maleta y estaba llena de… me da vergüenza. —Levanté mi mirada hacia él. Solo
asintió, instándome a continuar con su barbilla. Continué—: ropa interior. Medias, y ropa interior.
No había otro vestuario. Pensé, ¿qué clase de mujer empaca solo lencería? Era raro. Luego sacó
una caja de cartas y notas… todas firmadas con Por siempre, Sarah, igual que las que encontré
en tu mesita de noche. Por cierto, no estaba curioseando. Pensé que era mi mesita de noche.
Pensé que era mi sobre. Lo siento.
—No hiciste nada malo —dijo rotundamente.
—Bueno, allí estaban esas cartas y notas, unas muy explícitas, en donde declaraba mi
amor a…
—¡Son mías! —El sonido de su puño al golpear la mesa me sorprendió tanto que salté.
Se puso de pie rápidamente, luego caminó directamente hacia la barra y se sirvió un vaso de
whisky, creo—. ¿Te gustaría uno?
—Necesito uno, pero no. Quiero continuar contándote. ¿Qué quieres decir con que eran
tuyas?

181 —Me diste esas cartas y notas a mí —su ira se encontraba apenas bajo control—. Cuando
yacías en coma en el hospital, alguien irrumpió en nuestra casa. No sabía hasta ahora qué fue lo
que se habían llevado. La caja fuerte se encontraba cerrada, nada se llevaron de ahí. Tu joyería
todavía estaba a salvo en tu armario. No pudimos averiguar la razón del allanamiento. Terry
asumió que fue porque quien sea que entró la escuchó llegando por el camino y salió huyendo
—inclinó el vaso y lo vació. Luego se volvió de espaldas a mí mientras se servía otro—. El hijo de
puta tomó tus cosas y mis recuerdos, mis tarjetas, mis cartas, y te las mostró como si fueran suyas
—tomó un sorbo y casi se me sale de un salto mi piel cuando estrelló su vaso encima de la mesa—
. Lena me dijo que estabas siendo acosada por un hombre en el trabajo. Que te había regalado
un brazalete. Dijo que era implacable. Seguía llamándote, cada día, todos los días… —se
encontraba en un aturdimiento de ira controlada—. Este hijo de puta te llamaba y entró en tu
oficina.
Solo me lo quedé mirando como si estuviera loco.
—¿De qué estás hablando?
—Estabas siendo acosada por un psicópata. Puede que no lo recuerdes, pero Lena
confirmó mis sospechas. Solo no entendía por qué no viniste conmigo, y ahora jamás lo sabré en
verdad —el tono desolado en su voz era tan triste que quería gritar.
El sonido del teléfono sonando casi causó que saltara de mi asiento. No lo esperaba; me
encontraba tan absorta en nuestra conversación, o en mi revelación. Mis ojos siguieron a Brad al
tiempo que se acercaba a la mesa para agarrar su teléfono.
—Hunter —su voz era tensa.
Miré mientras su rostro rápidamente cambiaba, cubriendo una gran variedad de
emociones, de atento a enojado en cuestión de segundos.
—Gracias detective… lo haré… se encuentra mucho mejor, gracias por preguntar. Sin
duda le dejaré saber si escucho cualquier cosa… no, no hay necesidad de eso… no lo creo…
estoy seguro de que Sarah estará feliz de cooperar. Lo haremos. Gracias.
Presionó el botón para terminar la llamada.
—¿Qué?
Cuando solo se quedó ahí de pie, luciendo como si estuviera contemplando un asesinato,
me puse nerviosa.
—No seré una víctima de nuevo. O me dices lo que está ocurriendo o voy a dejar esta
casa —y lo decía en serio.
Brad volvió su atención a mí. Sus ojos vidriosos, su boca establecida en una mueca tensa.
—A los detectives les gustaría hacerte algunas preguntas.
—Eso no es lo que hizo que lucieras así —tenía miedo y mi voz tembló.
—Paul Anderson, o como tú lo conoces, Kevin O’Shea huyó de su casa, y a esta hora sigue
suelto. Había un sótano. ¿Alguna vez te mencionó un sótano?
Pensé en ello y recordé la puerta con apariencia extraña. La puerta, al igual que la de

182
enfrente y las traseras que tenían un cerrojo que solo podían abrirse con una llave. Le conté a
Brad acerca de las puertas.
—Encontraron los cuerpos de tres mujeres en el sótano. La policía está investigando.
—¿Cuerpos?
—Sí. Tres mujeres.
—¿Quiénes? —Conocía sus nombres, bueno al menos sus nombres de pila—. Mary,
Tanya y Julia —murmuré, la expresión en su rostro me dijo que estaba en lo cierto.
—¿Cómo lo…?
—Las cajas. Había cajas en los otros dormitorios con esos nombres en ellas. Oh Dios mío,
esas pobres mujeres, y pensar que estaba… ¿cómo murieron?
—No lo sé. El detective no lo dijo. Asumo que es porque todavía es una investigación
abierta.
Creo que sí sabía cómo murieron, pero le preocupaba que me estresara. Solo me enojé.
Quería herir a Kevin/Paul. Tuve todas las oportunidades para matarlo y lo dejé vivo. Si hubiera
sabido acerca de esas pobres mujeres, lo habría hecho… lo habría herido. Mucho.
—¿Se aprovechaba de las mujeres?
—Peor, se aprovechaba de las mujeres vulnerables —de nuevo me dio la espalda antes
de que pudiera escuchar la sarta de improperios saliendo de su boca—. Sabía exactamente qué
botones presionar.
—¿Y está ahí fuera? —Solo me encontraba un poco nerviosa, sin mencionar el agravante
de que él estaba libre mientras yo me hallaba encerrada en mi cabeza, mis recuerdos congelados
en un tiempo que jamás recuperaría.
—Quiero que empaques algunas cosas, te voy a llevar a casa de tu madre.
—No, no lo vas a hacer.
—Sarah, no discutas en esto conmigo. Por favor.
—Bradley.
—Sarah.
—Solo si vienes y te quedas conmigo.
—Si eso es lo que se necesita, iré contigo.
—Y TE QUEDAS —reiteré.
—Ve a buscar tus cosas.
—Nuestras cosas.
—Sí. Empaca mis sudaderas, ropa interior, calcetines y algunas camisetas.
Me levanté y subí las escaleras para preparar una bolsa de viaje para ambos. Cuando

183 llegué a la habitación, tenía la misma idea. ¡Sacarnos de aquí y permanecer fuera de aquí, hasta
que la policía atrapara a ese bastardo!
Recogí nuestros cepillos de dientes, nuestros desodorantes. Sus pantalones de chándal,
un par de camisetas y ropa interior. Metí mi ropa de andar por casa, lencería, medias y nuestras
zapatillas. Entré al armario de Brad para agarrar su maleta. La alcancé y la bajé.
Destello.
Destello.
Destello.
Destello.
Me estaba escondiendo en el armario de Brad. El hombre en la habitación se encontraba
golpeando incesantemente la puerta. Él no sabía que había una puerta del armario que daba
hacia el pasillo. Corrí al baño y cerré la puerta con seguro. Escapé hacia el pasillo.
Me escabullí por la pared de la parte de atrás de la escalera y bajé silenciosamente en
puntillas. Corrí hacia el garaje para entrar en mi auto. Cuando llegué allí me di cuenta de que había
dejado mis llaves arriba. ¡EN MI HABITACIÓN!
Pensé en correr hacia la carretera, pero estaba herida. Me había empujado a la pared y
mi cabeza sangraba. Recordaba que me sentía mareada. Estaba segura de que me atraparía
antes de que bajara por el camino de entrada.
Destello.
Me escabullí por las escaleras traseras, en silencio como un ratón y divisé mi bolso en la
mesita de noche de Brad. El hombre todavía se encontraba en mi armario golpeando la puerta
del baño. Gritando obscenidades.
—Te mataré.
—Serás mía.
—Te haré sufrir.
Todas eran amenazas.
Todas aterradoras.
Me metí de nuevo en el dormitorio.
Caminé lentamente, conteniendo mi respiración hasta que agarré mi bolso. Saqué mi
teléfono y me volví a meter en el armario de Brad.
—Sarah, te vi. Tú, maldito coño.
Temblé violentamente, pero llegué a la puerta que conducía al pasillo. Lo escuchaba
detrás de mí. Sabía que había logrado salir y se encontraba detrás de mí.
Corrí por el pasillo. Lancé mi bolso por encima de la barandilla. Aterrizó en el suelo de la
gran sala.
Esperaba que creyera que me había ido. Corrí a la habitación y miré en derredor.
184 No, debajo de la cama no, me encontrará.
En el armario no, abrirá la puerta.
Divisé la mecedora en la esquina, la manta que mi abuela me dio cubría la parte de atrás.
Me agaché detrás de ella. Manteniéndola quieta con urgencia. Levanté mi brazo y tire de la
manta para que así no pudiera ver mis pies y contuve el aliento.
Pude escuchar sus pasos afuera en el pasillo. Inhalé una vez más y contuve de nuevo mi
respiración. Vi su sombra mientras rápidamente pasaba por la puerta, y estaba segura de que
caería en mi astucia.
Me encogí, temblando, esperando oírlo abrir la puerta de enfrente y salir corriendo para
perseguirme. Pero en lugar de eso, lo escuché riéndose, una risa horrorosa, maniática ruidosa, el
sonido resonando por los pasillos y rebotando en las paredes de la sala.
Me tensé. Lo escuché caminar de regreso hacia la habitación en donde todavía me
encontraba detrás de la mecedora. Me limpié los riachuelos de sangre metiéndose en mis ojos.
Esto picaba y no me dejaba ver con claridad; la limpié rápidamente en mi camisa. Una respiración.
Escuché una respiración. Una respiración muy fuerte. No era yo. Alguien más estaba respirando,
y se encontraba muy cerca. Levanté lentamente mi mirada y lo vi cerniéndose sobre mí. La mirada
asustada en mi rostro solo parecía estimularlo y de nuevo empezó a reírse. Coloqué mis manos
en mis oídos y las presioné con fuerza.
Antes de que supiera lo que estaba ocurriendo, me agarró por el brazo, sus dedos
clavándose en mi piel y me sacó de un tirón de detrás de la mecedora y con su mano apretó con
fuerza mi brazo; me sacudió como una muñeca de trapo, todo el tiempo riéndose. Recordaba
haberme enojado porque me estaba haciendo daño y se estaba carcajeando. Extendí mi mano y
arañé su rostro.
Sorprendido, me empujó, soltándome, y tomé la oportunidad para salir corriendo de la
habitación. Me dirigí hacia las escaleras. Casi lo logré. Casi llegué, pero me agarró del cabello y
me jaló, mis brazos agitándose. Me llevó a la parte superior de las escaleras y se reía mientras me
soltaba, empujándome hacia adelante, y yo caí, choqué y me estrellé bajando las escaleras,
perdiendo la conciencia al tiempo que mi cabeza golpeaba la madera dura.
Me desvanecí.
Me desmayé escuchando su risa.
Destello.
Su rostro todavía estaba difuso, pero el sonido de su voz era familiar.
Muy familiar.
—¡Brad! —grité.
Escuché fuertes pisadas subiendo por las escaleras e instintivamente corrí hacia el
armario. Sintiéndome un poco estúpida ante mi reacción, me levanté y estuve a punto de salir
del armario.
Luego lo escuché.
185 —¿Sarah? —conocía esa voz. Estaba segura de ello.
No contesté.
—¿Sarah? ¿Dónde estás?
—Sssssssaaaarrraaahhhh —sentí que mi cuerpo se adormecía cuando escuché el fuerte
siseo.
Esa no era la voz de Brad.
24 Traducido por MaJo MadHatter
Corregido por MadHatter

U n chorro de agua caliente corrió por mis piernas y me acurruqué detrás de los
trajes de Brad sin moverme.
Vi sombras en la habitación. Se quedó de pie en la entrada del armario.
Pude ver sus pies por debajo de la puerta.
—Ahora sé tus trucos. Sé cómo te mueves a través de este laboratorio. Lo sé todo —
gritó en el aire.
Me quería asustada.
Me quería indefensa.
Me quería muerta.
Me negué a darle lo que deseaba.

186
Esperé hasta que pasó por dónde me encontraba de pie. Luego escuché que abría la
puerta del armario de Brad desde el pasillo. Sus pasos hicieron eco en el pasillo. Caminó por el
recibidor y entró en mi armario. Sus zapatos sonaban diferente, sus zapatos hacían un sonido
distinto caminando sobre el suelo de baldosas. Escuché mientras regresaba a mi armario y luego
se detenía.
Me encontraba petrificada. Estaba segura de que podía verme de pie detrás de la ropa
de Brad, pero pasó hacia el baño y escuché mientras abría la puerta de mi armario hacia el pasillo.
—¡Conozco tus trucos! —gritó.
Descubrió cómo había escapado de él la primera vez.
Se rió.
Ese sonido, desde el fondo de su pecho, resonó.
Me estremecí.
Acerqué un poco más mi chaqueta a mi cuerpo como si fuera un escudo y sentí algo en
mi interior. Metí la mano en mi bolsillo y la saqué. Ahí dentro había una lima de uñas. No era
mucho para ser un arma, pero era algo.
Ahora eso me recordó algo para hacer.
Lentamente me enderecé. Me temblaban las piernas al punto de que no sabía si podría
ponerme de pie sin caerme. Me levanté de espaldas, apoyada contra la pared en busca de apoyo,
deseando que mis piernas recuperaran su fuerza. Envolví mis dedos alrededor de la lima de uñas
como si fuera un talismán, rezando todo el tiempo que no la fuese a necesitar.
Sabía que el monstruo al que estaba a punto de enfrentar, había matado a tres mujeres
y estuvo malditamente cerca de hacerme lo mismo, y me encontraría jodida si de nuevo era su
víctima.
Sostuve la hoja pequeña como un cuchillo, sabiendo que tendría que acercarme con el
fin de usarla, pero si tenía que hacerlo, lo haría.
Brad. ¿En dónde se encontraba Brad?
Brad estaría aquí si se encontrara bien.
Él debió haber herido a Brad.
Podría estar muer… ¡PARA!
Me negué a pensar en eso.
Está vivo.
Tiene que estarlo.
Sentí la ira en mi interior formándose lentamente y salí del armario entrando a la
habitación y miré en derredor con cautela. Pude sentir al terror atacando mi cuerpo desde el
interior al tiempo que mi cerebro se apresuraba a pensar con claridad, pero mi determinación
crecía. Todavía se encontraba gritando desde el pasillo. Estaba segura de que simultáneamente
se hallaba mirando cada salida. Desde ese punto, tenía una buena vista desde las dos puertas de
los armarios así como también la de la puerta de la habitación.

187 No había otra salida.


Tenía que pensar.
Tenía que usar el poco ingenio que me quedaba.
Tenía que encontrar a Brad.
Me acerqué lentamente hacia la puerta, agarrando una botella de colonia de mi armario
y lo sostuve en mi mano libre. Caminé lentamente hasta la puerta del dormitorio.
Podía escucharlo dando vueltas, sus pies yendo de atrás hacia adelante entre las dos
puertas casi paralizándome por el miedo. No podía pensar con claridad. Negué con mi cabeza de
forma violenta y tomé una respiración profunda.
Esto es todo Sarah. Necesitas ayudar a Brad. ¡Sin importar qué!
Giré la cerradura del pomo de la puerta, rogando que el sonido de clic no señalara mi
salida. Sí hizo un pequeño sonido, pero estaba aliviada de que justo entonces eligiera gritar. El
sonido de su voz cubrió el clic del metal sobre el metal mientras la cerradura era desbloqueada.
Miré por el pasillo. Había una abertura a un metro en dónde él sería capaz de verme si estaba
observando. Recé que se encontrara vigilando las puertas a cada lado de la parte posterior del
pasillo mientras me deslizaba a través de su campo de visión.
Me escabullí por la pared, mi espalda presionada con fuerza contra la superficie dura,
deteniéndome en dónde la abertura del pasillo daba al recibidor adyacente que dirigía hacia los
escalones de la entrada. Tomé una respiración profunda y escuché. Estaba despotricando, pude
oírlo dando vueltas de atrás hacia adelante, como un tigre esperando a que su presa cayera del
árbol; siempre paciente, siempre diligente.
Después de unos segundos de escuchar, empecé a reconocer cuando se giraba y
regresaba hacia el final del pasillo, luego daba la vuelta y caminaba hacia donde me encontraba
de pie. Solo esperé por el momento adecuado y con mi cuerpo tenso y mis ojos cerrados, me
deslicé por el piso.
Después de que llegara al otro lado, lentamente y en silencio exhalé un respiro, todo el
tiempo escuchando para asegurarme que todavía se encontraba dando vueltas. Cerré mis ojos
con alivio cuando lo oí al final del pasillo.
—Ssssssssssaaaaarahhhhhhhhhhh —siseó en voz alta mi nombre, escupiendo las
palabras entre sus dientes y supe que ese era el sonido más espeluznante que jamás había
escuchado. Pero en lugar de dar en el blanco y asustarme, me hizo más fuerte, me hizo enojar.
Este hijo de puta. Este maldito psicópata enfermo y retorcido.
¿Quién demonios pensaba que era? ¿Hannibal Lecter?
Puede que crea que me tiene, pero le haré pagar.
Lentamente deslicé mis pies con medias por el piso de madera, como si usara esquíes, y
después de lo que pareció toda una vida, finalmente llegué al rellano de la parte superior de las
escaleras.
Me incliné y bajé mi mirada.
Vi el cuerpo de Brad tirado en el suelo, yaciendo quieto e inmediatamente coloqué mi
mano encima de mi boca para ahogar un grito.
188 Estaba demasiado quieto.
Yacía boca abajo en una piscina de su propia sangre, el halo que rodeaba su cabeza
lentamente extendiéndose por la superficie del piso.
Respiré profundamente, asegurándome de exhalar de forma audible. Sabía que tenía
que conseguirle ayuda de inmediato, ya que la pérdida de sangre era demasiado grande.
Rápidamente miré a través de la sala y divisé su teléfono celular sobre la mesa en donde
lo había dejado después de hablar con el detective.
Di un paso a la vez. Todo el rato rogando que no hubiera una tabla que chirriara en el
suelo, que me delatara.
Aquí es en dónde tener un recuerdo sería útil.
Presioné mi codo y mi brazo contra la barandilla y di un paso tras otro.
—¡Ssssssssaaaarrrahhhhhhh! Maté a tu señor perfecto. ¡Ahora solo somos tú y yo!
Su burla sonaba casi infantil.
Cerré mis ojos brevemente y esperé que tuviera el coraje de hacer lo que necesitaba.
Quería a este maldito muerto.
Brad todavía se encontraba vivo, tenía que estarlo.
Me dije eso una y otra vez en mi cabeza como un mantra.
Tenía que creerlo.
Estaba yaciendo allí demasiado quieto. Me enderecé, pero no fui capaz de ver su pecho
levantándose y cayendo. Sentí que las lágrimas amenazaban con salir, pero las contuve,
negándome a dejarlas caer.
No sería una víctima de nuevo.
Continué dando un paso a la vez. Y cuando llegué abajo al último escalón, levanté mi
mirada y en ese segundo, supe que podría salir corriendo por la puerta de enfrente.
Podría huir.
Podría escapar.
Pero sabía que no tendría vida por lo que valiera la pena vivir si dejaba aquí a Brad para
que muriera.
Lo amaba.
Así de mucho me conocía a mí misma.
Sabía que mi vida sin él no sería nada y prefería no vivir a no ser nada. He estado perdida
en mi interior por demasiado tiempo y era hora de hacer algunos cambios.
Lentamente me puse de pie y me acerqué a la mesa deslizándome por el piso y agarré el
teléfono de Brad. Me detuve y casi grité cuando vi la cantidad de sangre.
Sentí a la bilis en la parte posterior de mi garganta y tuve que contener mi necesidad de
extender mi mano y tocarlo, no podía moverlo. Y ese maldito hijo de puta arriba definitivamente
189 me escucharía si lo intentaba.
Volví mi oreja en la dirección en donde sabía que Kevin se encontraría. El volumen de su
voz era muy alto, el tono más amenazante. Podía darme cuenta que su ira se estaba formando.
Estaba buscando su liberación.
Ahora se encontraba pisando fuerte y sabía que tenía muy poco tiempo para actuar. Me
arrastré hacia la cocina y coloqué la lima de uñas y la colonia en el mostrador. Lentamente me
retiré de la puerta, entré al cuarto de lavado y con calma marqué el 911. Asegurándome de
mantener mi voz en un susurro.
—911 ¿Cuál es su emergencia?
—Hay un hombre en nuestra casa. Amenaza con matarnos —dije con calma.
—Señora, por favor quédese en el teléfono conmigo. Voy a enviar una unidad a tu
ubicación.
—Le hizo daño a mi prometido, tiene que enviar una ambulancia.
—Señora ¿se encuentra en un lugar seguro?
—Por favor, apresúrese, va a matarme.
Colgué la llamada y salí del cuarto de lavado, agarrando mi botella de colonia del
mostrador.
—¿Estoy en un lugar seguro? Lo estoy pero ese bastardo no lo está.
—¡IMBÉCIL! —grité; era mi turno de burlarme. Tomé una respiración profunda y planeé
todo lo que haría en mi cabeza.
Durante unos segundos hubo silencio y supe que me escuchó pero estaba tratando de
averiguar en dónde demonios me encontraba. Estaba segura de que le eché abajo su juego. Esto
era lo suyo, era él quien solía asustar a las niñas. Bueno ¡que se joda!
Me calmé durante esos pocos preciosos segundos.
—Ssssssaaarahhhhhh —su siseo estaba empezando a sacarme de casillas—. Sarah,
cariño, nena. Amor de mi vida. Tú maldito coño ¿en dónde estás?
Me estremecí ante el uso de su última palabra de cariño.
Odiaba esa palabra.
Odiaba al hombre que más la usaba.
El hombre que había matado a mujeres inocentes.
El hombre que trataba de matarme.
—Estoy justo aquí bastardo. ¡Ven a buscarme! —grité.
Sabía que no había nadie que me escuchara. Sabía que la policía se encontraba a menos
de cinco minutos para llegar… y sabía que quería que pagara.
Le eché un vistazo a Brad yaciendo en el piso, con su cabeza todavía sangrando, y supe
que el tiempo no estaba a mi favor. Necesitaba conseguirle ayuda y tenía que hacerlo ahora.
Escuché el sonido de sus pasos fuertes en la parte de atrás de la escalera y mi cerebro

190
entró en conmoción. Era como si todo en mi interior fuera a cámara lenta. Ese control que toma
tu cerebro cuando sabe que algo malvado está por venir. Los vellos de mi nuca se erizaron y no
tuve tiempo para tomar una última respiración profunda.
Sus pies golpearon escalón tras escalón, lentamente. Como si quisiera tomarse su
tiempo, alargarlo.
Me quedé de pie en un extremo de la cocina, la más cercana al garaje.
—Cuando me desperté y te habías ido, me preocupé tanto —dijo mientras entraba en la
cocina.
—Sí, preocupado de que la policía te atrapara. ¡Cobarde!
—Querida será mejor que cuides tu tono conmigo.
—No te tengo miedo —dije con tanta calma como mis nervios destrozados me lo
permitieron y por un momento, tuvo que pensar. Pensar en lo que estaba diciendo.
—Mi amor me dejaste de una mala manera.
—Te dejé vivo, lo que es más de lo que puedo decir por Mary, Tanya y Julia.
Estaba asustada más allá de las palabras; mis pantalones húmedos, una prueba para
aquello. Pero también me encontraba enojada. Tan enojada de que no pudiera hacer las cosas
que antes jamás siquiera pensé que podría realizar.
—Te llevaste mi vida. Me robaste mis recuerdos, de un tiempo feliz, cuando era… —no
reconocí el chirrido agudo que salió de mi boca.
—No tomé nada que no estuvieras tan ansiosa de darme. ¡Perra!
Avanzó hacia mí y yo di un paso hacia atrás.
Esto era tan extraño, Brad yacía adentro y nos encontrábamos teniendo una
conversación loca a unos pocos metros de su cuerpo ensangrentado.
—Me pasaste de largo como si pensaras que eras mejor que yo.
—No lo hice.
—No prestaste atención.
—Sí lo hice.
—No aceptaste… mis regalos… no… a mí.
—Estás en lo cierto.
Pude notar que se encontraba confundido.
Me tragué eso.
Me dio poder.
Me dio un propósito.
—Eres una mierda. Eres una mierda sin valor. Robaste mi vida y ahora vas a pagar…
con tú vida.
—Escucha princesa, no serías nada…
—¡TÚ NO ERES NADA! —grité tan alto como pude, el sonido rebotando en los techos

191
altos y en las paredes.
La mirada de dolor que corrió por sus rasgos no pasó desapercibida por mí, pero
rápidamente fue reemplazada por el desconcierto. Lucía como un niño que estaba a punto de
ser castigado por un padre enojado.
Escuché las sirenas a la distancia, y noté que también Kevin/Paul lo hizo.
—Así que Kevin… Paul, como sea que te estés llamando en estos días. ¿Te gusta herir a
las mujeres? ¿Cazarnos como un malvado animal? —No le di tiempo para contestar—. ¿Te sientes
poderoso y fuerte cuando no podemos defendernos? Y te aseguras de eso manteniéndonos
drogadas, tú maldito cobarde. Arrebatas. Eso es lo que haces. Arrebatas.
—Maldita perra. ¿Quién piensas que eres? No serías nada sin la adoración constante.
Conozco a las de tu tipo. Las veo en la calle todos los días. Pasándome meneando sus traseros
en el aire… Todas ustedes menean sus culos, buscando atención.
—No meneé nada, maldito pervertido. Quería que me dejaras en paz. Pero no, no podías
aceptar un no por respuesta. ¿Robaste mis bragas cuanto me encontraba casi muerta? ¿Eres así
de depravado pedazo de mierda?
El sonido de las sirenas en la calle principal causó que los dos miráramos brevemente a la
puerta de entrada.
—Eras mía. Te amaba; sé que también me habrías amado. Solo necesitábamos tiempo.
El interruptor que cambiaba su mente maniática podía ser escuchado afuera de su
cabeza. Era como un sonido de tic alto. Tragué saliva con fuerza.
—Nunca fui tuya. Siempre amé a Brad —di una mirada hacia atrás a Brad y las lágrimas
se deslizaron por mi rostro, Brad perdóname. Me estremecí cuando me di cuenta de que todavía
no se movía y estaba dispuesta a morir con él—. Sin embargo quiero darte algo para recordarme.
Necesito que hagas una última cosa por mí.
—¿Me necesitas?
—Sí.
Dio un paso más cerca. Las sirenas estaban cerca. Podíamos escucharlas en el camino de
entrada.
Me lo quedé mirando como si fuera él último hombre con vida.
—¿En serio? —Parecía distante. Sus ojos vidriosos como si se encontrara perdido en el
interior de su mundo.
—Estás en lo cierto, sí te necesito.
Apreté con más fuerza el puño de mi mano sosteniendo la cuchilla pequeña y delgada, y
la sostuve cerca a mi lado. Sonreí cálidamente y di un paso más cerca. Se encontraba desarmado
por el cambio en mi tono de voz.
Poco a poco levanté mi mano derecha con la colonia en ella y antes de que pudiera
procesar lo que estaba sucediendo, rocié dos o tres veces sus ojos. —Necesito que mueras.
Llevó sus manos a su rostro gritando, dejando caer el cuchillo que se encontraba
sosteniendo. Cayó con fuerza haciendo mucho ruido mientras rebotaba en la baldosa de
cerámica.

192 —Tú maldito coño. Tú perra. Te mataré; justo como las otras… pensé que eras diferente.
Pensé… ¡TÚ COÑO!
—Bueno, lo siento por decepcionarte —agarré la lima de uñas que estaba sosteniendo y
la llevé hasta su cabeza entonces la hundí en su cuello.
El momento en el que la lima penetró su piel me hizo estremecer, pero la empujé en su
cuello hasta la empuñadura.
Cayó de rodillas agarrando su garganta, y lentamente se la saqué. La sangre brotó a
través del pequeño agujero que había dejado, pero pude ver por la cantidad de sangre saliendo
de la pequeña herida que había dado en la arteria. La sostuve en alto, preparada para sumergirla
en sus ojos si debía hacerlo, pero cuando lo vi caer de rodillas y desplomarse lentamente en el
piso, también la dejé caer.
El pequeño sonido que hizo cuando rebotó en el suelo de baldosas, irónicamente
aterrizando al lado del cuchillo de carnicero que él cargaba, fue tenuemente ensordecedor.
Me incliné y le susurré cerca de su oído.
—¡Veeeeteeee aaaaa laaaaaa mieeeeeeerdaaaaaa! ¡MUÉRETE! —siseé.
Lo empujé usando mi pie, como si estuviera pateando basura. Cayó a un lado
gimoteando, colocando sus manos por encima de su herida abierta. No miré hacia atrás.
Me di la vuelta y corrí al lado de Brad.
—¡Brad! Despierta Brad —grité—. ¡Bradley Hunter, si mueres te mataré! —pude
escuchar el pánico aumentando en mi voz.
—¡¡¡Bradley!!!
Él gimió y casi me desmayé del alivio.
—¡¿Bradley?!
—¿Sarah? —Su voz era tan débil. Empecé a temblar. Sentí como si toda la adrenalina que
se había ido acumulando en mi cuerpo desde que descubrí que Kevin se encontraba aquí era
liberada de una sola vez. No creía que tuviera la fuerza necesaria para levantarme.
Sostuve su cabeza en mis brazos y bajé mi cuerpo hacia el suyo.
—Bradley prométeme que no me dejarás —estaba lamentándome.
Nada.
—Bradley. ¡Por favor!
—Sarah. Estás bien.
—Estoy bien si tú lo estás.
—Sigues siendo trillada —murmuró antes de desmayarse.
Me reí.
Fue una risa extraña, como un gorjeo.
Estaba aliviada.

193
25 Traducido por kuami
Corregido por MaJo MadHatter

M e senté sobre mis rodillas y acuné su cabeza entre mis brazos. Mis lágrimas
ahora caían rápidamente y podía sentir mi cuerpo oscilar hacia adelante y hacia
atrás con los sollozos. Me incliné para besar su frente.
—Te amo Brad. —Aparté el cabello de sus ojos, estaba empapado de sangre pero no me
importaba. Necesitaba tocarlo, sentirlo.
Casi me caí de espaldas cuando oí un estallido, un sonido muy fuerte.
Me di la vuelta para ver a Kevin derrumbarse como un saco de harina en el suelo. Un
riachuelo diminuto de sangre corría del agujero en la parte delantera de la frente bajando por la
cara hacia su boca abierta.
Era incapaz de apartar la mirada. Era como ver una película de terror desplegándose
delante de mí. Solo que esta pieza de cine negro me tenía controlada. Me quedé mirándolo, la

194 nueva herida sangraba profusamente en la parte posterior de la cabeza, donde todas esas cosas
horribles que él les había hecho a todas esas mujeres escapaban de su cabeza.
¿El frente? Bueno, ahí es el lugar justo por donde tuve que entrar para sacar el mal por lo
que a mí respecta.
—No me conoces en absoluto —dije roncamente, bien consciente de que no podía
oírme.
Miré brevemente al detective en la puerta principal que todavía estaba apuntando el
arma hacia un Kevin inmóvil.
—¿Alguien puede ayudarme, por favor? Ayúdelo. Ayúdelo, por favor — ahora rogaba.
El caos que sobrevino fue poco menos que un circo. La policía, sin vacilación, introdujo a
los enfermeros de la ambulancia a donde estaba Brad. Me eché hacia atrás para permitirles el
acceso para asistirle. Cerré mis ojos y recé tanto que mis ojos dolían y mi cabeza palpitaba en mi
sien. Todo que lo que quería era que él estuviera bien.
La policía, detectives, asistentes de ambulancia, CSI, analizaba cada pedacito de fibra y
las pruebas que podían recoger. Los detectives no me dejaron ir con la ambulancia, aunque luché
con uñas y dientes para estar con Bradley. Necesitaban que me quedara y explicara el
expediente, los pútridos ojos rojos. Querían saber todos los detalles sobre cómo el hombre
muerto llegó a estar en mi cocina con una herida mortal en el cuello.
El hombre muerto era malvado. Les dije. Seguí repitiendo eso una y otra vez,
simplemente. Creo que lo hice para hacer un poco menos intensa mi culpa.
¿Sentía haberlo matarlo?
Todavía no lo he afrontado, pero me alegro de no tener que preocuparme porque él no
nos vuelva a hacer daño otra vez.
¿Qué dijo?
¿Confesó?
Mentí por supuesto.
Les dije que me lo contó todo.
Me dijo cómo usó a las mujeres. Cómo las atrajo con dulzura y mentiras. Les expliqué
cómo me drogó y que probablemente le había hecho lo mismo a ellas. No les debía la verdad; no
les debía nada.
Las únicas personas a quienes les debía algo eran a las mujeres que murieron para que
yo no tuviera que hacerlo, quiénes merecían una oportunidad para vivir sus vidas y nunca la
tuvieron. Ellas no hicieron nada malo… su única culpa fue que necesitaban a alguien. Él lo vio y
lo usó para su beneficio.
Le debo a mi madre por estar allí, siempre, y a Bradley. Sobre todo a Bradley que me
creyó por encima de todo y me devolvió mi vida.

***

195 Hablando de que el destino toma un giro equivocado, me encontraba sentada en una silla
al lado de la cama de Brad en el hospital. Esperando.
Ronnie… mi madre, me acompañó mientras me negaba a dejar el lado de Brad. Tenía un
catre que había traído para poder quedarme con él. El personal del hospital intentó dificultarme
las cosas, declarando que Brad necesitaba tranquilidad, pero mi mano se disparó en el aire
imponiéndoles silencio de forma eficaz.
Mi madre dijo—: No lo hará, ha atravesado el infierno y ha regresado —y eso me dio el
tiempo que necesitaba con Brad.
Siguió tratando de hacerme comer, pero no tenía ningún interés. Nunca pensé que no
tendría ningún interés en alimentarme. Por supuesto me tomé una sopa y unos cuantos bocados
de un sándwich por aquí y por allá para apaciguarla.
Justo había salido por la puerta, y el cuarto se había quedado en silencio por su ausencia.
En silencio, salvo por el pitido constante del corazón en el monitor conectado a Brad. Era
un ruido que me encantaba, su constante latido del corazón.
Cuando miraba su cara, mil emociones a la vez inundaban mi cerebro.
Mientras su rostro estaba tan sereno, el tormento atravesaba cada fibra de mi ser.
Su respiración era uniforme. Su pecho subía y bajaba con las respiraciones largas y
cuando me inclinaba, cerraba mis ojos mientras sentía su aliento en mi rostro, muy feliz de que
todavía lo tuviera conmigo.
Sus párpados temblaron, y dejé de respirar por un momento.
Recé silenciosamente, por favor que sea esta vez.
Por favor Dios que sea esta vez.
Y como si mis oraciones fueron escuchadas, abrió lentamente los ojos. Mirando
brevemente el techo, luego los cerró con fuerzas. Me quedé mirando como un idiota al tiempo
que sus gruesas pestañas negras temblaban otra vez, y pude ver que estaba tratando de
enfocarme. Vi sus pupilas ampliarse lentamente y luego encogerse.
Sintiendo su malestar, me levanté de un salto y corrí hacia las ventanas, cerrando
rápidamente cada persiana, dejando la habitación en semi penumbras.
Luego caminé de regresé a mi silla y me senté recta, sin aparatar mis ojos de su rostro.
Había una rigidez en mi columna que atribuí a la gran cantidad de tensión bajo la que había
estado, y había pasado la mayor parte de los últimos cuatro días sentada en una silla incómoda.
Sus parpados temblaron de nuevo. Pero esta vez, esta vez se abrieron. Sus ojos
penetrantes azules examinaron lentamente la habitación. Lo miré, como en un trance. Se volvió
y lentamente se posaron en mí. Seguí mirando cómo sus pupilas se dilataban y se reducían,
mientras trataba de enfocarse en mí poco a poco.
—Hola nena —masculló algo incoherente. Su voz era áspera y ronca.
Lancé un grito ahogado y mi mano golpeó mi boca tan rápido como la plata. Recordé que
también era algo que mi padre solía decir.
—¿Bradley? —susurré. Sabiendo que probablemente tendría un endiablado dolor de
cabeza, así que traté de contener mi emoción.

196 —Sarah —el sonido pasó a través de sus labios suavemente. Era como una canción. Cerré
mis ojos deseando brevemente que pudiéramos estar lejos de aquí, muy lejos.
—Estoy aquí. Tengo su mano. ¿Me sientes? —pregunté. El sonido chirriante que salió de
mi garganta fue más un sonido ahogado que mi voz real.
—Te siento —murmuró, luego se paralizó. Su pecho subía y bajaba respiraciones leves
una vez más y me recosté en la silla, abatida. Quería que se despertara. Había tantas cosas que
quería decirle. Necesitaba disculparme por tanto. Necesitaba saber si tendría la oportunidad de
hacer que me amara de nuevo, como solía hacerlo. Quería decirle cuánto lo sentía por dejar
entrar a ese hombre en nuestras vidas.
Me senté y esperé durante horas, queriendo, no, más bien necesitando. No sé cuándo,
pero en algún momento durante la noche me quedé dormida en la silla. Mis brazos se apoyaban
en el borde de la cama alerta, preparada para cualquier movimiento. Terminé inclinada, con mi
cabeza sobre el borde del colchón.
—Sarah —su voz era clara, lúcida.
Lentamente abrí mis ojos.
Sus dedos llegaron a mí, rozándome la cara. Cayendo en cuestión de segundos la
humedad de mis lágrimas en cascada por mi rostro.
Gracias. Gracias. Gracias.
—Estoy aquí, Brad.
—¿El bebé está bien?
Al principio pensé que no le había oído bien. Sacudí mi cabeza, mientras trataba de disipar
las telarañas del sueño.
—Brad. Estoy bien —pensé que debía estar delirando. Estiré mi mano y la sostuve sobre
su frente y estuve feliz de encontrar su piel fría bajo mi mano. Húmeda, pero bien.
—¡Gracias a Dios! —susurró, su voz escarpado y tosca—. ¿Ella está bien?
Me encontraba muy desconcertada. Él me despertó a media noche y no estaba
preparada para contestar las preguntas que salían de una mente bajo asedio.
Lo miré, estupefacta. Pensando que debía de estar refiriéndose a otra persona.
—¿Quién está bien, Brad? —pregunté.
—El bebé.
Esas dos palabras tenían el poder para noquearme.
—¿Qué bebé? Brad, soy yo, Sarah. —Estaba segura que se encontraba confundido.
—Nuestro bebé.
Todo mi cuerpo quedó insensible como si hubieran tomado de rehenes a mis células
cerebrales.
—Cuando te caíste, ¿perdiste al bebé? —divagó.
Ahogué un sollozo.
197 Estaba tratando de lidiar con el hecho de que él también podía haber perdido su
memoria. Sabía demasiado bien que el cerebro era un órgano misterioso.
Estaba preparada, en cierta medida, a que también le faltaran partes de sí mismo y podía
sonar un poco raro y más que un poco confundido.
Vaya pareja que hacíamos los dos.
Casi me reí en voz alta.
—Shhh Brad, necesitas descansar, todo estará bien. Solo duerme. Estaré aquí —le dije
para tranquilizarlo, acariciando su frente, luego su cara.
Con cuatro días sin afeitarse, su barba había crecido y me hice una imagen de lo cómo
luciría con vello facial. Sonreí un poco cuando pasé mis dedos por encima de su barba. Era tan
afortunada de tener a un hombre que se veía magnífico como sea. Con barba, afeitándose la
cabeza; fuera como fuera, este hombre quedaría igual de perfecto.
Me incliné y besé sus cálidos labios como lo había hecho infinidad de veces desde que lo
habían traído aquí. Estaban un poco agrietados y abrí mi protector labial de la suerte y lo pasé
suavemente por sus labios. Luego para asegurarme que penetrara su piel, lo besé de nuevo.
Había muy poco que pudiera hacer además de esperar. Ne estaba volviendo en esperar. Y en
rezar, santo cielo, le rezaba tanto a Dios que el mismo debía estar diciendo Jesucristo.
Observé su pecho subir y bajar constantemente y me recosté en la silla, preparándome
para otras cuatro o cinco horas seguidas antes de que le viera abrir sus ojos de nuevo. Rezando…
lo siento Dios… que la próxima vez que se despertara fuera para siempre.
Sabía que los médicos dijeron que esto iba a suceder. Sabía que debía ser paciente hasta
que su cuerpo sanara por sí solo. Me estremecí al pensar en cuántos días y noches había pasado
junto a mi cama esperando a que abriera mis ojos.
De repente recordé sus palabras.
¿Un bebé?
¿De dónde sacaría esa idea?
Negué con mi cabeza mientras extendía los brazos por encima de mis hombros. Estaba
tiesa de estar sentada tanto tiempo, así que me levanté y caminé hasta la ventana.
Afuera pronto amanecería. Eché un vistazo hacia atrás a Brad mientras me esforzaba por
luchar contra las lágrimas que sabía que se encontraban a la espera para caer, debido
principalmente a la tensión y a la ira. Ojalá simplemente pudiera soltar un gran grito y salir de
este infierno.
Estaba hecha un desastre y no me importaba. Lo único que quería ahora era tener a Brad
de vuelta otra vez, a su ser normal. Lo necesitaba y me daba miedo no saber si quería o no que
yo volviera con él.
¿Un bebé?
Lo pensé por unos segundos, una vez más, intentando armar un rompecabezas que no
podía visualizar en mi mente. Odiaba no ser capaz de recordar mi vida. No conocía las alegrías,
las tristezas, el… vacío.
198 ¿Vacío?
De repente recordé una conversación que había oído por casualidad.
De acuerdo, una conversación que escuché a escondidas.
—Señor Brad ella recuperará la memoria lo suficientemente pronto.
—Eso es lo que me preocupa.
—¿Por qué estaría preocupado por tal cosa?
—Simplemente tengo miedo que si se entera de lo que pasó...
—Estoy segura de que se está preocupando por nada. Ella lo recordará de la manera en que
debería.
—Ni tú ni yo queremos que ella recuerde todo.
¿Recordar qué?
En el nombre de Dios, ¿a qué se estaban refiriendo?
Mi curiosidad desestimó cualquier buen juicio que pudiera haber tenido y caminé hacia la
cama de Brad. Antes de que pudiera pensarlo, sacudí suavemente su cuerpo pesadamente
dormido.
—¿Brad? —susurré.
Sus ojos se movieron y abrieron lentamente.
—¿Estaba embarazada cuándo me caí? —Sé que era totalmente absurdo, pero tenía que
saberlo. Por supuesto me di cuenta de que mi método era poco ortodoxo y esta era la última
cosa que Brad necesitaba oír.
—¿Brad? —dije de nuevo, cerca de su oído.
—Sí. ¿El bebé está bien? —admitió.
Me enderecé como una barra y mi cuerpo se entumeció.
Estaba embarazada cuando me caí.
¿Yo… estaba embarazada cuándo me caí?
Eso era de lo que Terry y Brad estaban hablando cuando oí, escuché a escondidas, su
conversación.
—Oh, Bradley. Lo siento mucho —me lamenté en voz baja y comencé a llorar. Cada
lágrima representando algo que perdí. Mi memoria, el amor y la confianza de Brad, un bebé del
que no recuerdo nada. Un bebé al que nunca llegaría a sostener y a amar. ¿Cuántos obstáculos
más tendría que saltar?
Estaba abrumada por el dolor y la tristeza, todo debido a las decisiones que había
tomado.
—Sarah —la voz de Brad me sobresaltó y me volví para enfrentarlo.
La mirada en sus ojos me dijo que también sintió el dolor de la pérdida.

199 —Lo siento mucho —sollocé.


—No lo hagas. Podemos intentarlo de nuevo —apretó los dientes, pareciendo muy
dolorido. Sé que seguramente su cabeza debía de estar martilleándole, pero había otro tipo de
dolor, uno que se sentía en su corazón—. Te amo, Sarah.
¿Sabes cuántos obstáculos? ¡Tantos como fueran necesarios!
Temblé al sentir la onda de emoción que simplemente me atravesó.
—Yo también te amo —le dije entre los sollozos.
Bajé mi cabeza y besé sus labios carnosos, mientras mis lágrimas corrían sobre su cara y
se mezclaban con las suyas.
—Esperaba que no lo recordaras —su voz era débil.
—Y no lo hago, pero siento un vacío en mi interior —coloqué mis manos
inconscientemente encima de mi barriga—. ¿Sabemos qué era? —pregunté, sabiendo que la
respuesta no haría que el dolor disminuyera ni aumentara.
—Una niña —susurró.
Unas lágrimas más corrieron por el costado de su rostro sobre la almohada y mi corazón
se rompió por ambos. Habíamos pasado por muchas cosas. Me incliné y besé el pequeño sendero
que dejaron.
—Quiero que nos casemos en seguida. Quiero tener tus bebés. Muchos. Quiero que
seamos felices desde ahora y hasta siempre —me limpié las lágrimas del rostro—. Te amo,
Bradley Hunter —sentí que mi sonrisa regresaba con mi declaración.
Sonrió junto conmigo.
—Sarah, todo lo que quiero es amarte durante el resto de mi vida.
—Entonces aceptarás —profesé.
Le oí reír ligeramente.
—¿Qué?
—Me encanta que todavía seas tan trillada.

200
Epílogo Traducido por kuami
Corregido por Erienne

P ara mi alivio, Bradley recibió el alta cinco días después. Tuvo mucha suerte. La
escultura de bronce, utilizada como un arma para golpearlo en la cabeza, no le
rompió el cráneo. Sin embargo, le provocó una severa conmoción cerebral.
También sufrió una tremenda pérdida de sangre.
Regresó a trabajar menos de dos semanas después de salir del hospital.
Nos casamos seis semanas más tarde. En realidad fue como observar una vieja comedia,
algo así como una película de los hermanos Marx, ver a mi madre totalmente agotada tratando
de hacer todos los arreglos en un espacio corto de tiempo, pero la boda resultó muy hermosa.
—Señorita… eres muy afortunada de que te quiera hasta la muerte.
—Madre… —llamarla así empezaba a parecer más normal para mí—, fue idea de Brad,
pero yo estuve de acuerdo
201 —¿Estuviste de acuerdo? ¿Desde cuándo llegaste a sonar tan pomposa?
¡Me encantaba! Era como si tuviera la oportunidad de desarrollar una relación con mi
madre, como la mayoría de los niños hacen, aunque yo era un adulto. Era un extraño giro de la
norma, sin embargo me encantaba.
—No lo sé.
Ambas reímos hasta que nuestros costados dolieron.
Fue una ceremonia sencilla y la recepción pequeña, que consistía en nuestros amigos
cercanos y familiares.
Luego sorprendimos a mi madre con una buena noticia para variar. Estábamos
embarazados y esperábamos a nuestro primer bebé en siete meses y medio. Brad estaba fuera
de sí, orgulloso.
Y yo…
No podía estar más satisfecha con mi nueva vida. Tenía una madre maravillosa, el hombre
más perfecto locamente enamorado de mí y uno pequeño en camino. Todavía no recuerdo
mucho antes del accidente. Hay momentos que consigo destellos de una visión, o recuerdo una
cierta frase, pero dejé de esforzarme tanto en tratar de recordar y empecé a centrar mi atención
en disfrutar de la vida que tenía la suerte de poder vivir. Se trataba ahora de mi calidad de vida.
Creo que debería dejar al pasado a donde pertenecía, en el pasado.
Era extrañamente liberador.
El único fastidio en mi vida de cuento de hadas es que no recuerdo cómo hacer mi trabajo
y no estaba dispuesta a volver a la escuela y conseguir otro grado, por lo que terminé vendiendo
mi negocio a los tres arquitectos que tenía trabajando para mí. Fue gratificante saber que alguna
vez fui realmente buena en eso, pero con la llegada del bebé, Brad y yo decidimos que por el bien
de nuestra familia, sería mejor que me quedara en casa a tiempo completo para criar a nuestro
hijo y a los posibles futuros hijos. Fiel a su palabra, Brad hizo que me enamorara de nuevo de él.
Me trajo ramos de margaritas y con frecuencia me llevó a la granja de Connecticut para visitar a
Jez. Mi Jezebel. Mi deliciosa y dulce Jezebel. El doctor dijo que podía montarla de nuevo, pero
me aconsejó no saltar. En el pasado me habría molestado, pero ahora tenía razones para
mantenerme a salvo.
Paul Anderson, más conocido como Kevin O'Shea para mí, quien había matado a tres
mujeres, encontró finalmente la justicia que se merecía. Desgraciadamente, Mary Elizabeth
Walker, Julia Robbins y Tanya Richards-Green nunca sabrían que sus asesinatos fueron vengados.
Tres mujeres inocentes, que habían deseado nada más que alguien las amara por quienes eran.
Rezo por ellas cada noche.
Hubo un periodo corto de tiempo en el cual pensaba que podría enfrentarme a cargos
criminales, por el asesinato de ese hijo de puta asesino, pero se dictaminó como autodefensa. Y
el hecho de que técnicamente no lo maté, sino que lo había hecho el detective. Supongo que
entre los cuerpos que fueron encontrados en el sótano y sus objetos personales, que hallaron en
las cajas recogidas, estaba muy claro lo que en definitiva era su intención.
Y cuando me siento en la mecedora de mi abuela en el dormitorio, que justo hemos

202
convertido en la habitación de los niños, acaricio mi barriga en crecimiento, mientras adoro cada
patada y golpe que siento. De hecho es un milagro tener una vida creciendo dentro de ti. Este
bebé tendrá dos padres que lo amarán más de lo que cualquiera de nosotros pueda describir.
Estamos realmente bendecidos por tenernos el uno al otro, con memoria o no.

FIN
SOBRE LA AUTORA
C. E. Hansen es una escritora americana. También
escribe bajo el seudónimo de C. E. O’Brien en su serie
de Young Adult, Hero. La primera entrega de
Unlikely Hero está disponible en Amazon.
C. E. escribió su primera novela de romance a los
catorce años cuando descubrió que escribir acerca
de chicos y chicas era más fácil que tener una
relación por su cuenta. Desde ese momento, sus
habilidades de comunicación no han mejorado, pero
le gusta pensar que sí lo ha hecho su forma de
escribir. Después de obtener un título asociado a la
literatura de WC, trabajó en una compañía de
autobuses, en un despacho de abogados y en una
tienda de comida con vinos gourmet, pero jamás abandonó la escritura.

203 Es una madre orgullosa de una chica hermosa, vive en Nueva Jersey con su esposo y una maltesa
llamada Zoe, y si no está trabajando en su última historia sexy, puedes encontrarla leyendo,
mirando televisión por cable, o cayendo en su adicción no saludable hacia el chocolate.
TRADUCIDO, CORREGIDO Y DISEÑADO
EN:

204

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