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Tu Manera… o a la Manera de Dios

Josué 7-8

ABRAN SU BIBLIA A JOSUÉ - CAPITULOS 7-8

El peor enemigo que tienes eres tú misma. Tu enemigo ocupa la misma piel que tú ocupas. Usa el
mismo cerebro que tú usas para pensar pensamientos destructivos. Usa las mismas manos que tú
usas para realizar sus propias acciones.

Te puede hacer más daño que cualquier otra persona. Este enemigo es la desventaja más grande
que tienes para poder vivir la vida cristiana. Hay dos factores, que hacen que la relación con este
enemigo, sea doblemente difícil.

Primero que nada, nos resistimos a reconocerlo o a identificarlo. Odiamos tener que considerarlo
como enemigo. El hecho es, que A muchas de nosotras, nos gusta este enemigo.

Y el segundo problema es que este enemigo está dentro de nosotras. Si por lo menos saliera y
peleara como hombre… o como mujer, todo sería diferente. Pero este enemigo no lo va hacer. No
porque sea un cobarde, sino porque puede pelear mejor desde su posición interior. Te estoy
hablando de la carne.

EMPECEMOS EN ORACION

Padre, gracias que podemos venir a tu trono y hablarte de nuestros miedos, problemas, y
preocupaciones. Tu Palabra dice que vivamos la vida cristiana por el poder de tu Espíritu Santo, y
no tratar de hacerlo, por nuestros propios esfuerzos.

La victoria está en hacer las cosas a Tu manera… no a la nuestra. Danos sabiduría y discernimiento
para escuchar tu Palabra, y aplicarla a nuestra vida. Es transformación lo que queremos, Señor. En
el nombre de Jesús, Amén.

Las naciones, ciudades, iglesias, e individuos han sido destruidos por el enemigo dentro de
nosotros. ∐ Por ejemplo, Rusia cayó en manos de los comunistas, no por la presión alemana de
fuera, sino por la doctrina comunista, que se estaba fomentando dentro.

Historia universal nos da una narración auténtica de como la ciudad de Troya pudo contener a los
griegos por diez largos años. Finalmente, los griegos se dieron por vencidos y zarparon de regreso
a Grecia… dejando un gran caballo de madera. Los troyanos metieron el caballo de madera dentro
de sus puertas, y esa fue la destrucción de Troya.

De forma muy parecida, las iglesias son destruidas “por dentro,” y no por las fuerzas de afuera. En
el Apocalipsis, nuestro Señor Jesucristo, en sus cartas a las siete iglesias de Asia Menor, les hace
ciertas advertencias. Estas iglesias no reciben advertencias acerca del enemigo de afuera. Jesús
solo les advierte acerca del enemigo de adentro.
Les dice en Apocalipsis 2: …”Toleras ahí a los que se aferran a la doctrina de Balám.” “Toleras así
mismo a los que sostienen la doctrina de los nicolaítas. Y también les dice,

“Tengo en tu contra que toleras a Jezabel, esa mujer que dice ser profetisa.

Con su enseñanza engaña a mis siervos, pues los induce a cometer inmoralidades sexuales y a
comer alimentos sacrificados a los ídolos.” En pocas palabras, Cristo les estaba diciendo a las
iglesias, “Hay ALGO dentro de sus iglesias que está provocando su propia destrucción.”

Hoy en día, la deslealtad e infidelidad en la iglesia está causando más daño, a la causa de Dios, que
cualquier otro enemigo de fuera. El diablo puede dañar nuestras iglesias desde adentro, no de
afuera.

Un individuo también puede ser destruido desde adentro. Alejandro Magno fue probablemente el
genio militar más grandioso, que movió ejércitos a través de las páginas de la historia. No hubo
nadie como él.

Antes de los 35 años, él ya había conquistado el mundo. Sin embargo murió como un borracho. A
pesar de haber conquistado el mundo, Alejando Magno no pudo conquistar a Alejandro Magno.
Hubo un enemigo en su interior, que lo destruyó.

PAUSA

El título de este mensaje es “A TU MANERA… O A LA MANERA DE DIOS.” Esta enseñanza está


dividida en dos puntos muy importantes. (I) EL PECADO TRAE DERROTA. Y (II) LA OBEDIENCIA TRAE
LIBERACION.

La única batalla, que los hijos de Israel pierden al tomar la Tierra Prometida, es aquella cuya
derrota viene, no de afuera, sino de adentro. Cuando los hijos de Israel entran a la Tierra
Prometida, no había montones de enemigos que conquistar, sino solo tres de renombre que
estaban en su camino: Jericó, Hai, y los gabaonitas.

Estos tres enemigos de Israel no dejaban que Israel gozara ni poseyera la Tierra Prometida. La
tierra estaba ahí. Dios les había dicho que era de ellos. Dios les había dado el título de propiedad,
cuando le prometió la tierra a Abraham.

Y a Josué, Dios le había dicho, “Tal como le prometí a Moisés, yo les entregaré a ustedes todo
lugar que toquen sus pies.” Dios les estaba diciendo, “La tierra es suya, entren, tomen posesión, y
disfruten de todo el territorio que tomen.”

ASI QUE COMENCEMOS CON NUESTRO PRIMER PUNTO…

I. EL PECADO TRAE DERROTA (7: 1-15; 19-22, 24-25)


7 Sin embargo, los israelitas desobedecieron al SEÑOR conservando lo que él había decidido que
fuera destinado a la destrucción, pues Acán hijo de Carmí, nieto de Zabdí y bisnieto de Zera,
guardó para sí parte del botín que Dios había destinado al exterminio.

Este hombre de la tribu de Judá provocó la ira del SEÑOR contra los israelitas. Dios había
declarado, enfáticamente, que todo el botín de Jericó sería Suyo. Debían guardarlo en Su
tesorería. Pero Acán, un hombre del ejército de Josué, se roba parte del botín y lo esconde en su
carpa. Y hasta que este pecado secreto no fuera expuesto y juzgado, el pueblo de Dios no sería
victorioso en Hai, ni en ningún otro lugar.

2 Josué envió a unos hombres de Jericó hacia Hai, lugar cercano a Bet Avén, frente a Betel, y les
dijo: «Vayan a explorar la tierra.» Fueron, pues, a explorar la ciudad de Hai.

3 Poco después regresaron y le dieron el siguiente informe a Josué: «No es necesario que todo el
pueblo vaya a la batalla. Dos o tres mil soldados serán suficientes para que tomemos Hai. Esa
población tiene muy pocos hombres y no hay necesidad de cansar a todo el pueblo.»

4 Por esa razón, sólo fueron a la batalla tres mil soldados, pero los de Hai los derrotaron. 5 El
ejército israelita sufrió treinta y seis bajas, y fue perseguido desde la puerta de la ciudad hasta las
canteras. Allí, en una pendiente, fueron vencidos. Como resultado, todo el pueblo se acobardó y
se llenó de miedo.

Esta es la trampa de la autosuficiencia… la trampa del orgullo… de la soberbia. AHORA los hijos de
Israel se sentían enaltecidos, exaltados por su victoria. Jericó era una de las ciudades más
importantes de la región, y acababan de experimentar una gran victoria sobre este gran poder.

Ahora se enfrentaban a la diminuta Hai. Una pequeña ciudad… de lo más insignificante, que
quedaba más arriba en el cañón. La gente, por su orgullo desmedido, se imaginaba que esto sería
facilísimo. Se decían, ”No necesitamos todo el ejército para atacar a Hai. Mandemos unos cuantos
miles para allá, y acabaremos con ellos en una tarde.”

¡Cuántas veces vemos nosotras que el orgullo nos lleva a la tragedia! … Todo nos está yendo bien…
Estamos dependiendo del Señor, sabiendo cuanto lo necesitamos, obedeciendo Sus
mandamientos, y confiando en El para todo. Y mientras confiamos en El, experimentamos la
victoria, que inevitablemente, es el resultado de una vida de fe.

Y mientras nos deleitamos en lo que Dios ha hecho, muchas veces, nos engañamos, y comenzamos
a pensar que la victoria se debe a nuestras propias habilidades y talentos, o a nuestra propia
determinación y trabajo arduo. Y el próximo paso, es de creer que podemos ganar victorias en la
carne. Hai representa a la carne.

Cuando confiamos en nuestra habilidad y disciplina, estamos en camino al fracaso. El orgullo nos
lleva a la ruina. Y cuando nos olvidamos de lo que Dios ha hecho, por Su gran poder, es ahí cuando
nos vamos de picada al desastre. Por eso Proverbios 16:18 dice, “Al orgullo le sigue la destrucción;
a la altanería, el fracaso.”
No hay ningún pecado, que una hija de Dios, no pueda superar en el poder del Espíritu Santo. Pero
no hay cosa, por muy pequeña que sea, que tú puedas superar, en el poder de tu carne. Los
israelitas derrotan a Jericó en el poder del Señor, pero fracasan en Hai, en el poder de su carne.
Ellos suponían que Dios estaba con ellos.

Había un misionero, que estaba sirviendo al Señor en el África. Un día, un león lo atacó. Así que el
misionero clamó, “¡O Dios mío, ayúdame!” Y Dios, milagrosamente, libró al misionero de las garras
del león.

Esa noche, cuando regresó a su casa, le dio gracias a Dios por su gran victoria, pero cuando se fue
a dormir, había un mosquito en el cuarto. Cuando las luces estaban apagadas, ZZZZZZZZ. ¿Alguna
vez te ha pasado eso? Cuando las luces están prendidas, el mosquito desaparece.

Pero cuando se apagan, ZZZZZZZZZZZ otra vez. Luces prendidas, no hay mosquito. Luces apagadas,
la misma cosa. Toda la noche este hombre luchó con este miserable mosquito. A la mañana
siguiente, ahí estaba el mosquito sobre la pared –atiborrado de sangre – con la victoria en sus alas.
El mosquito había vencido.

Entonces Dios le habló al corazón, “Mi hijo, tú confiaste en Mí para que te librara de las garras del
león. Sin embargo, toda la noche fuiste derrotado por un mosquito, cuando luchaste contra él, por
tus propias fuerzas.”

No son los Jericós los que derrotan a la cristiana. Son los Hai’s, que la derrotan. No son las grandes
cosas, sino las pequeñas zorras que arruinan los viñedos. Es cuando pensamos, “Hum, yo puedo
manejar esto sola.” ¡Ese es el pecado del orgullo! ¡Y el hijo del orgullo es la presunción! ¡Y el nieto
del orgullo es la falta de oración!

Cuando presumimos que podemos hacer algo por nuestras propias fuerzas, dejamos de orar. ¡Es el
orgullo, la presunción y la falta de oración! Josué no estaba orando. Si él hubiera estado con Dios
antes de atacar a Hai, Dios lo hubiera guiado, y Josué se hubiera ahorrado una derrota humillante.

Cuando finalmente ora, Dios le muestra exactamente lo que andaba mal. Y si él hubiera orado
antes de ir a Hai, él hubiera sabido, de antemano, lo que andaba mal.

6 Ante esto, Josué se rasgó las vestiduras y se postró rostro en tierra ante el arca del pacto del
SEÑOR. Lo acompañaban los jefes de Israel, quienes también mostraban su dolor y estaban
consternados.

7 Josué le reclamó a Dios: —SEÑOR y Dios, ¿por qué hiciste QUE ESTE PUEBLO cruzara el Jordán, y
luego lo entregaste en manos de los amorreos para que lo destruyeran? ¡Mejor nos hubiéramos
quedado al otro lado del río! 8 Dime, Señor, ¿qué puedo decir ahora que Israel ha huido de sus
enemigos?
9 Los cananeos se enterarán y llamarán a los pueblos de la región; entonces nos rodearán y nos
exterminarán. ¡Qué será de tu gran prestigio! 10 Y el SEÑOR le contestó: —¡Levántate! ¿Qué haces
allí postrado?

11 Los israelitas han pecado y han violado EL PACTO QUE HICE CON ELLOS. Se han apropiado del
botín de guerra que debía ser destruido y lo han escondido entre sus posesiones.

Josué ora después de la derrota de Hai… pero no antes que los hijos de Israel fueran a la batalla.
¡La oración es lo primero que debemos de hacer! Pero ¿por qué es que esperamos a meternos en
un lío, para entonces ir a Dios en oración?

La oración debiera ser nuestro primer pensamiento, NO NUESTRO ULTIMO RECURSO. Necesitamos
levantarnos por la mañana y ponernos toda la armadura de Dios, por medio de la oración. Todas
nuestras derrotas son realmente por falta de oración… que tienen sus raíces… en nuestra propia
presunción… y arrogancia.

12 Por eso los israelitas no podrán hacerles frente a sus enemigos, sino que tendrán que huir de
sus adversarios. Ellos mismos se acarrearon su destrucción. Y si no destruyen ese botín que está
en medio de ustedes, yo no seguiré a su lado.

13 ¡Levántate! ¡Purifica al pueblo! Diles que se consagren para presentarse ante mí mañana, y que
yo, el SEÑOR, Dios de Israel, declaro: "¡La destrucción está en medio de ti, Israel! No podrás resistir
a tus enemigos hasta que hayas quitado el oprobio que está en el

pueblo."

A veces clamamos, “¿Señor, por qué no están funcionando las cosas? ¿Por qué las puertas no se
me están abriendo?” Y el Señor te dirá, “Porque te amo demasiado para dejarte continuar en tu
pecado. Tu pecado te va a destruir.

Es por eso, que estoy reteniendo Mis provisiones y Mi presencia… Mi poder y Mi bendición, no
porque estoy molesto contigo, sino porque me duele el corazón por ti.”

14 Mañana por la mañana se presentarán por tribus. La tribu que yo señale por suertes presentará
a sus clanes; el clan que el Señor señale presentará a sus familias; y la familia que el SEÑOR señale
presentará a sus varones.

15 El que sea sorprendido en posesión del botín de guerra destinado a la destrucción será
quemado junto con su familia y sus posesiones, pues ha violado el pacto del SEÑOR y ha causado
el oprobio a Israel.

Así que el proceso sistemático de eliminación comienza. El Espíritu Santo señala primero a la tribu
de Judá, luego al clan de Zera , luego a la familia de Zabdí, y finalmente a un hombre llamado Acán.
19 Entonces Josué interpeló a Acán: —Hijo mío, honra y alaba al SEÑOR, Dios de Israel. Cuéntame
lo que has hecho. ¡No me ocultes nada! 20 Acán le replicó:—Es cierto que he pecado contra el
SEÑOR, Dios de Israel. Ésta es mi falta:

21 Entre los despojos vi un manto babilónico muy hermoso, doscientas monedas de plata, y un
lingote de oro que pesaba más de medio kilo. Me ganó la codicia, y lo tomé. Pero todo lo tengo
escondido bajo tierra, en medio de mi tienda. Y debajo de todo está el dinero.”

22 En seguida, Josué envió a unos mensajeros, los cuales fueron corriendo a la carpa de Acán. Allí
encontraron todo lo que Acán había escondido, 23 lo recogieron y se lo llevaron a Josué y a los
israelitas, quienes se lo presentaron al SEÑOR.

Noten la secuencia del pecado de Acán. Primero él dice “Lo vi.” Segundo “Lo codicié.” Y Tercero,
“Lo tomé.” Estos son los pasos del pecado de la carne. Acán dice, “Codicié.” ¿Qué es la codicia? La
codicia es querer apasionadamente “algo,” que la otra persona tiene. Es anhelar con envidia. Es el
deseo por tener lo que no nos pertenece.

La BBLIA dice, “No codiciarás.” La codicia es como un pulpo que se envuelve alrededor del alma
humana, y no puede satisfacerse, ni zafarse, aparte del Señor, nuestro Dios. También, nota que
Acán no se arrepiente de su pecado. ¡Lo cogen con las manos en la masa!

¿Viste como espera silenciosamente a través de todo el proceso de eliminación? Solo cuando lo
agarran, es que confiesa su pecado. 1 Juan 2:15-16 dice, “No amen al mundo ni nada de lo que hay
en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.

Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la
arrogancia de la vida proviene del Padre, sino del mundo.”

El verdadero problema de Acán no era el amor por el mundo. Su problema era que el amor del
Padre no estaba en él. El amor por el mundo es indicativo de que el amor del Padre no está en ti.
No era que Acán amaba al mundo demasiado, sino que no amaba a Dios lo suficiente.

La manera de evitar la codicia, la falta de satisfacción, lo mundano, y el pecado en nuestra vida, es


amar a Dios con todo nuestro corazón. Y si estás pecando… si hay pecado secreto en tu vida, y si la
codicia está torciendo y arruinando tu vida, en vez de tratar de limpiar tu pecado por tu propio
esfuerzo, ¡entrégaselo a Jesús!

Búscalo en oración… ten comunión con El. Camina con El. Reflexiona en El. ∐ Jesús, el Creador del
universo, el Salvador del mundo, te ama. Tú eres muy valiosa para El. Por eso El murió en la cruz
por ti. ¡Así de grande es Su amor!

La codicia no solo es la causa fundamental del pecado, sino también, es la maldición del pecado.
Dios había dicho, “No vayan a tomar nada de lo que ha sido destinado al exterminio.” El pecado
que no se abandona es una plaga. Es una desdicha. Es una condenación en tu vida.
Cuando pecamos no podemos prosperar. Y cuando no prosperamos, no podemos tener victoria.
Nota la maldición del pecado sin confesar. ¡Mira lo que el pecado de Acán hace!

Primero, deshonra a Dios. ¿Te acuerdas de la oración de Josué? ¿Señor, qué harás tú, a tu gran
nombre? ¡El pecado deshonra el nombre de Dios! Y nosotras llevamos Su nombre. Tu vecina ve
como vives, y cuando haces mal, no solo te desacreditas, sino también desacreditas el gran
nombre de Dios.

Segundo. No solo Acán deshonra a su Dios, sino que es la causa de que sus hermanos sean
derrotados. Acán peca, pero Dios dice que Israel había pecado. Todas estamos juntas en esto.
Primero de Corintios 12:26 dice, “Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su
sufrimiento.”

Dios, no solo nos hace responsables por nuestro pecado, sino también nos hace responsables por
la derrota de un hermano… o una hermana. Todos somos parte del ejército de Dios.

Y Tercero, fuera de traer deshonra a su Dios, y derrota a sus hermanos, Acán trae desgracia a su
familia. Cada miembro de su familia es señalado durante el proceso de eliminación.

¡Su familia es deshonrada! El nombre de la familia es arrastrado por los suelos. La Biblia dice que
debemos honrar a nuestro padre y madre. ¡No lo puedes hacer viviendo una vida pecadora!

No solo te perjudicas a ti misma, sino que los perjudicas a ellos también. ¡Nosotras representamos
a nuestros padres! ¡No podemos desasociarnos de ellos! Así que, Acán deshora a su Dios, trae
derrota a sus hermanos, desgracia a su familia, y por último, lleva a sus seres queridos a la tumba.

24 Y Josué y todos los israelitas tomaron a Acán, bisnieto de Zera, y lo llevaron al valle de Acor,
junto con la plata, el manto y el oro; también llevaron a sus hijos, sus hijas, el ganado, su carpa y
todas sus posesiones. Cuando llegaron al valle de Acor,

25 Josué exclamó:—¿Por qué has traído esta desgracia sobre nosotros? ¡Que el SEÑOR haga caer
sobre ti esa misma desgracia! Entonces todos los israelitas apedrearon a Acán y a los suyos, y los
quemaron.

Los hijos de Acán mueren con él. Evidentemente, ellos se habían convertido en cómplices del
crimen. Aquí tenemos a un padre que había corrompido a sus hijos. El pecado es una cosa terrible.
Los ojos de nuestros hijos están mirando… sus oídos están escuchando… Romanos 14:7 dice,
“Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí.

Y Jesús dice en Mateo 18:6, “Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí,
más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo
del mar.”

No hay forma de que tu pecado desaparezca, a menos que no sea lavado por la sangre de Jesús.
No pienses que puedes pecar, y quedar exenta. Tu pecado te alcanzará. El pecado de Acán lo
alcanzó. El pecado trajo derrota a una criatura de Dios.
Dios espera que lidiemos completamente con nuestro pecado. El espera que lo obedezcamos sin
racionalizar ni hacerle concesiones al pecado. Aun cuando nuestro pecado, parezca pequeño,
puede traer consecuencias desastrosas, si damos cabida al diablo.

Mientras el pecado de Acán se mantuvo escondido, la nación de Israel fue derrotada. Pero apenas
su pecado fue confesado, el ejército pudo conquistar a Hai. Cuando lidiamos con el pecado, firme
y decisivamente, podemos ir a la batalla… sin obstáculos. Nadie, ni Acán, tenía idea cuán grande
sería el precio a pagar por su pecado.

El probablemente pensaría que un poco de oro por aquí y otro poco de plata por allá, no haría
gran diferencia, pero la hizo. La nación de Israel fue derrotada porque había pecado en el
campamento.

ASI QUE… HASTA ESTE PUNTO HEMOS VISTO QUE EL PECADO SIN CONFESAR TRAE DERROTA,
AHORA VEAMOS COMO…

II. LA OBEDIENCIA TRAE LIBERACION (Josué – Capítulo 8)

Henry Ford define un error como la oportunidad de comenzar de nuevo, pero esta vez, más
inteligentemente. Josué estaba a punto de comenzar de nuevo, pero esta vez, más
inteligentemente, y obtener victoria sobre sus propios errores.

1 El SEÑOR exhortó a Josué: ¡No tengas miedo ni te acobardes! Toma contigo a todo el ejército, y
ataquen la ciudad de Hai. Yo les daré la victoria sobre su rey y su ejército; se apropiarán de su
ciudad y de todo el territorio que la rodea.

2 Tratarás a esta ciudad y a su rey como hiciste con Jericó y con su rey. Sin embargo, podrán
quedarse con el botín de guerra y todo el ganado. Prepara una emboscada en la parte posterior de
la ciudad.

Esta vez los hijos de Dios van a Hai, y lo hacen a la manera de Dios. Ellos habían tratado primero de
hacerlo a su manera, y habían experimentado derrota, pero ahora, haciéndolo a la manera de
Dios, experimentarían la victoria de Dios.

Nosotras también nos enfrentamos a dos maneras de hacer las cosas: A nuestra manera, o a la
manera de Dios. Cuando lo hacemos a nuestra manera, las cosas terminan, generalmente, en
derrota. Pero cuando lo hacemos a la manera de Dios, las cosas termina, siempre, en victoria.

Sabiendo esto, ¿Por qué todavía tratamos de hacer las cosas a nuestra manera primero? El mismo
Dios, que les da la victoria en Jericó, les daría la victoria ahora en Hai. Una vez que los israelitas se
arrepienten y juzgan su pecado, Dios les dice, “Así como les di Jericó, ahora les daré Hai.” Pero
noten que DIOS LO HACE de diferente manera.

En Jericó, ellos marchan alrededor de las murallas… gritando a voz en cuello… y las murallas se
derrumban. Pero ahora, Dios les dice, “Uds. van a tomar a Hai estratégicamente.
Y a pesar de que Dios les asegura la victoria, Josué planea el ataque minuciosamente. Una tropa
israelita atraería a los hombres de Hai a salir de la ciudad, mientras que la segunda tropa saldría de
su escondite para atacar a Hai por la retaguardia.

Una vez que la primera tropa hace salir a los hombres de la ciudad, Hai queda indefensa. Entonces
la segunda tropa, captura la ciudad, y los hombres de Hai, que quedan atrapados entre las dos
tropas, son aniquilados.

Los israelitas matan a los habitantes de Hai… Saquean la ciudad, y la queman. La estrategia militar
de Josué resulta todo un éxito. Esta vez, Dios les había dicho que podían apoderarse del botín. Si
solo Acán se hubiera esperado unos días, él hubiera recibido su parte, sin necesidad de perder su
vida por un botín.

Israel pierde 36 hombres en la primera batalla contra Hai, pero esta vez, no pierde a ninguno. Una
vez que ellos se limpian de la deshonra, estaban -- una vez más -- SEGUROS en medio de la batalla.
La victoria en la vida cristiana no es la ausencia de conflicto, sino más bien, la presencia y
protección de Dios, en medio del conflicto.

Jericó es tomada durante el día. Hai es tomada durante la noche. En Jericó, los Israelitas estaban
unidos. En Hai, estaban divididos en dos tropas. La batalla de Jericó es un maravilloso milagro. Hai
es una gran maniobra militar.

Sin embargo, lo importante de todo esto… es que Dios les da Jericó a los israelitas y Dios también
les da Hai a los israelitas, pero Dios lo hace de diferentes maneras. Los métodos de Dios cambian a
menudo.

A veces, nos preocupamos demasiado, por la forma, como creemos que Dios debiera de actuar.
Pensamos que Dios tiene que hacerlo igual…. siempre. ¡Todo el tiempo! Y nos desanimamos si
Dios no hace mañana, exactamente, lo que hizo ayer.

Los métodos no son lo importante. ¡Lo importante es Dios! Y Dios puede tomar a Jericó de una
manera, y Hai, de otra, si lo desea. No se trata de los métodos de Dios, sino del carácter de Dios.

En el capítulo 7, los israelitas querían hacer las cosas a su manera… y desobedecen al Señor. Sin
embargo, Dios los perdona, y les da un nuevo comienzo. Esa es la naturaleza de Dios… de
perdonar el pecado. A veces pensamos que Dios nos guarda rencor. ¡Nada que ver! ¡Nosotras
somos las rencorosas!

1 Juan 1:9 dice, “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos
limpiará de toda maldad.” Confesión no es andar en generalidades. Acán confesó claramente. “Lo
vi. Lo codicié y lo tomé.”

Cuéntale a Dios todo lo que hay en tu corazón; especialmente que Él ya lo sabe, pero quiere
escucharte decirlo. Es increíble cómo la gente anda con rodeos cuando ora. Anda a Dios y dile
exactamente cuál es tu pecado. Esta es verdadera confesión. Decirle, “Señor, si es que he pecado
en algo, por favor, perdóname, “ no sirve para nada.

No puede haber gozo en tu vida. No puede haber poder en tu vida. No puede haber victoria en tu
vida hasta que no confieses tu pecado. ¡Y Dios te perdonará! Dios es el Dios de segundas
oportunidades. Es un Dios de gracia. ¡El Dios del perdón!

Es el Dios de nuevos comienzos. Con El, los fracasos no son fatales, ni son finales. Mientras haya
un Dios en el cielo, ¡Él siempre nos dará una nueva oportunidad!

Él le da a Sansón una nueva oportunidad, ¿no es cierto? ¿Se acuerdan como le cortan el pelo a
Sansón en la barbería del diablo? Y Sansón, ya desposeído de su poder, ciego y débil, clama, “O
Dios escúchame una vez más.” Y Sansón es más victorioso en su muerte, que en su vida.

Dios le da a Juan Marcos una segunda oportunidad. Pablo acusa a Juan Marcos de ser un fracaso y
un desertor. Pero Dios le da un segundo chance. Y termina escribiendo el evangelio de Marcos.

Dios le da a Pedro un nuevo comienzo. Simón Pedro había maldecido y negado a Cristo. Y sin
embargo, Pedro se convierte en el gran predicador del Día de Pentecostés. ¿No es maravilloso
saber que nuestro Dios es el Dios de segundas oportunidades?

Si le confiesas tu pecado, Él te lo perdonará, y te dará un nuevo comienzo. ∐ Por eso


Lamentaciones 3:22-23 dice, “El gran amor del SEÑOR nunca se acaba, y su compasión jamás se
agota.23 Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!”

25 Ese día murieron todos los habitantes de Hai, como doce mil hombres y mujeres. Ten presente,
que esta no fue “la masacre de los inocentes,” sino el juicio de un Dios justo contra una sociedad
malvada, que por mucho tiempo, se había resistido a recibir la gracia de Dios, y Su verdad.

Al final de ese día, la gente pudo ver… con su propios ojos… que la promesa de Dios, se había
cumplido. La deshonra y derrota causada por Acán, había sido borrada, e Israel estaba ahora
camino a conquistar la Tierra Prometida.

PAUSA

Como Hai representa a la carne, en este pasaje hemos aprendido grandes lecciones espirituales.
Primero que nada, debemos reconocer quien es el enemigo y cuál es su potencial. Tenemos que
reconocer, que el enemigo más grande que tú y yo tenemos, está en nosotras mismas.

Y ese cuento de que… ”El diablo me hizo hacerlo,” no te lo creas. ¡Es tú carne la responsable!
Segundo, debemos examinar cuidadosamente nuestros fracasos. Más que nada, debemos de
reconocer que la razón de nuestra derrota, es porque estamos dependiendo de nuestras propias
habilidades, y no dependiendo de Dios.
¿Te acuerdas de lo que los espías le dicen a Josué? ”Josué, solo necesitas dos o tres mil hombres
para vencer a la pequeña Hai?” Nosotras también pensamos que nos será fácil vencer a la carne,
dependiendo, de nosotras mismas, para hacerlo.

Pero terminaremos en el mismo lugar donde se encontraba Pablo, cuando clama en Romanos
7:24, “¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? Hermana, ni tu ni yo
podemos controlar a la carne. Solo el Espíritu de Dios lo puede hacer.

La tragedia es que miles de personas están tratando de controlar y erradicar a la carne por sus
propias fuerzas. Es como tratar de echar un galón de perfume francés sobre un montón de guano,
y esperar que éste se vuelva en un montón de arena, adonde nuestros hijos pueden jugar.

¡No puedes mejorar ni controlar a la carne o tu naturaleza pecadora! ¡Dios dice simplemente que
no puedes! Solo el Espíritu Santo puede controlarla. Cristo murió, no solo para salvarnos, sino para
que pudiéramos lidiar con nuestra naturaleza pecadora.

Romanos 8:3 dice, “La ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder;
por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores,”

Cuando Cristo vino a esta tierra, no solo murió por nuestros pecados para darnos salvación, sino
también, para llevar a juicio la vieja naturaleza del pecado. De otra forma, no podríamos tener una
relación con Dios. Cristo murió porque yo tengo una naturaleza pecadora, y porque tú tienes una
naturaleza pecadora.

El Espíritu Santo no podía tocarnos hasta que Jesucristo no pagara la multa. Cuando la multa fue
pagada, y nuestra naturaleza pecadora fue condenada, entonces el Espíritu Santo pudo venir a
nuestras vidas, y darnos victoria.

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, cuántas veces dejamos que nuestra carne se interponga entre Tú y nosotras. Gracias,
Señor, que cuando pecamos y te confesamos nuestro pecado, Tú nos perdonas y nos libras de
toda maldad. Gracias por darnos nuevas oportunidades para hacer las cosas a Tu Manera, y no a la
nuestra.

Gracias, que aún en la derrotas, Tú nos levantas, y nos das victoria, cuando decidimos caminar en
obediencia a Ti. Padre, queremos vivir bajo el poder de tu Espíritu Santo, y no tratar de hacer las
cosas por nuestros propios esfuerzos, que no nos llevan a nada.

Señor, queremos vivir vidas que te glorifiquen. Queremos brillar para Cristo. Queremos servirte
con corazones humildes y sinceros. Queremos obedecerte en todo. En el nombre de Jesús. Amén