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El nacimiento y los orígenes de la violencia

Autor: Michel Odent

Areas: Parto Natural » Parto Medicalizado


Parto Natural » El Bebé

Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la
que conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar.

Cuando acudimos a la biografía de grandes figuras de la humanidad que comúnmente asociamos con el amor,
como pueden ser Venus, Buda y Jesús, se nos presenta la manera en que tuvo lugar su nacimiento como una
fase muy importante, como un momento crítico en el desarrollo de sus historias vitales. Por contra, la biografía
de personajes famosos, políticos, escritores, artistas, científicos, gente del mundo de los negocios y sacerdotes
suele comenzar describiendo detalles de la infancia y educación. ¿Podría indicar esta notable diferencia entre ellos
que el nacimiento es un momento crucial en el desarrollo de nuestra capacidad de amar?

Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la que
conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar. Durante el proceso del
nacimiento, segregamos una serie de hormonas que permanecen en los sistemas corporales tanto de la madre
como del bebé justo después del nacimiento. Ambos, la madre y el bebé, se encuentran entonces en un equilibrio
hormonal cuya duración tiene una naturaleza vital corta y que, además, no volverá a presentarse en el futuro. Si
consideramos las funciones de estas hormonas y el tiempo que tardan en ser eliminadas por parte de nuestro
organismo, entenderemos entonces que cada una de estas diferentes hormonas cumple exclusivamente un papel
igualmente diferenciado en la interacción madre-bebé.

Son estas mismas hormonas las que funcionan en cualquiera de los aspectos relacionados con lo que conocemos
como amor. Datos recientes que van aportando diferentes ramas de la literatura científica vienen a presentar, en
esta línea, una nueva visión de la sexualidad. Existe una hormona del amor al igual que también contamos con
un sistema de recompensa que opera cada vez que, como animales sexuales que somos, hacemos algo que es
necesario para la supervivencia de la especie.

«La primera hora que sigue al nacimiento conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad
de amar»

La oxitocina se encuentra en medio de cualquier aspecto relacionado con el amor. Primeramente es secretada por
una primitiva estructura de nuestro cerebro llamada hipotálamo; posteriormente pasa a la glándula pituitaria
posterior desde donde, bajo circunstancias específicas, es liberada repentinamente en el torrente sanguíneo.
Hasta hace bien poco, venía sosteniéndose que la oxitocina era un tipo de hormona característica del sexo
femenino cuyo único papel consistía en estimular las contracciones uterinas durante el trabajo de parto y el
parto, así como las contracciones del pecho durante la lactancia. Hoy se sabe que la oxitocina es una hormona
tanto femenina como masculina y que se encuentra presente en diferentes aspectos de la vida sexual.

Función de la oxitocina en la excitación sexual

Hace muy poco que ha salido a la luz la función de la oxitocina durante la excitación sexual y el orgasmo. Esto,
tras innumerables experimentos con oxitocina en ratas y otros animales de laboratorio. Por ejemplo, cuando se
inyecta la oxitócica a aves domésticas de corral y palomas, la mayoría, un minuto después de la inyección,
empieza a moverse a ritmo de vals, a agarrarse unos a otros por las crestas y a montarse. Hace ya décadas que
viene utilizándose la oxitocina con animales en cautividad con fines relacionales. Es ahora cuando contamos con
estudios científicos que muestran los niveles de oxitócica durante el orgasmo en los humanos. El equipo [de
investigación] de Mary Carmichael de la Universidad de Stanford en California ha publicado un estudio en el que
se tomaron medidas de los niveles de oxitocina entre hombres y mujeres durante la masturbación y orgasmo.
Estas mediciones se realizaron por medio de muestras de sangre recogidas continuamente a través de un catéter
fijo en vena (1). Los niveles obtenidos antes del orgasmo, durante la estimulación, resultaron ser superiores
entre las mujeres que entre los hombres. Ciertamente, ya eran superiores durante la segunda fase del ciclo
menstrual en comparación con la primera fase. También las mujeres presentaban niveles significativamente
superiores que los hombres durante el orgasmo; de la misma forma, las mujeres multiorgásmicas obtenían un
pico más elevado durante el segundo orgasmo. En el orgasmo masculino, la oxitocina ayuda a inducir las
contracciones de la próstata y las bolsas seminales. El efecto inmediato que conlleva la liberación de oxitocina
durante el orgasmo femenino es el de inducir el tipo de contracciones uterinas que ayudan a transportar el
esperma hacia el óvulo. Existen datos de estos hechos datados ya en 1961 aportados por dos médicos
americanos y obtenidos durante una operación ginecológica. Ocurrió cuando, antes de realizar la incisión
abdominal, fueron introducidas partículas de carbono en la vagina de la mujer, cerca del cérvix, a la vez que le
era administrada una inyección de oxitocina. Luego, encontraron partículas de carbono en las trompas de Falopio
(2).

«La oxitocina es una hormona tanto femenina como masculina y se encuentra presente en diferentes aspectos de
la vida sexual»

Margaret Mead, tal y como han hecho muchos antropólogos, se percató de que, en muchas sociedades, el papel
del orgasmo femenino había sido totalmente ignorado, considerando que no cumplía función biológica alguna (3).
En el mismo estadio de desarrollo de las ciencias biológicas, Wilhelm Reich fue incapaz de relatar cuál era
exactamente el papel del orgasmo femenino (4). Hoy en día, con los datos de los que disponemos, podemos
mostrar una visión completamente nueva del orgasmo femenino.
La hormona del amor altruista

Sabemos que cierto nivel de oxitocina es necesario durante el proceso del nacimiento, y los obstetras han venido
siendo conscientes de ello desde hace bastante tiempo. Sin embargo, no es hasta la actualidad cuando nos
interesamos por la cantidad de oxitocina que es liberada justo después de que el bebé ha nacido. La importancia
de este pico es especialmente relevante cuando lo ligamos a nuestro reciente conocimiento de que la oxitocina
puede inducir a la conducta maternal. Cuando la inyectamos en el cerebro de una rata virgen o una rata macho,
se vuelve maternal y comienza a cuidar a los cachorros. En el caso opuesto, si inyectamos un antagonista de la
oxitocina directamente en el cerebro de las madres ratas justo después del parto, no prodigan una gran atención
a sus crías. Puede decirse que uno de los mayores picos de secreción de la hormona del amor que acontece en la
vida de una mujer se da justamente tras el nacimiento, siempre y cuando éste transcurra sin que medien
hormonas de sustitución administradas a la madre durante el parto. Parece que el feto también libera oxitocina,
lo cual contribuye al comienzo del trabajo de parto a la vez que puede configurar la propia capacidad del bebé
para liberar la hormona del amor.

«La oxitocina está presente en la leche humana; es decir, el bebé que es amamantado absorbe cierta cantidad de
la hormona del amor a través del tracto digestivo».

En este mismo sentido, estamos en estos momentos conociendo más acerca del papel de la oxitocina en la
lactancia. Se ha comprobado el hecho de que cuando una madre oye una señal de su bebé con hambre, se
produce un aumento en los niveles de oxitocina, por lo que podemos establecer un paralelismo entre la excitación
sexual que comienza antes de que exista cualquier tipo de contacto físico. Tenemos entonces niveles igualmente
elevados de oxitocina liberados por una madre en el momento en el que el bebé mama que durante un orgasmo,
lo que constituye otro paralelismo entre estas dos situaciones en la vida sexual. Aún más, la oxitocina se
encuentra presente en la leche humana. Dicho de otro modo, el bebé que es amamantado absorbe cierta
cantidad de la hormona del amor a través del tracto digestivo. Y cuando nos encontramos compartiendo una
comida con más personas, también incrementamos nuestros niveles de oxitocina. La única conclusión posible es
que la oxitocina es una hormona altruista, una hormona del amor.

Así, cualquier episodio de la vida sexual se caracteriza por la liberación de una hormona altruista, y esto también
se refiere a la liberación de sustancias morfina-like. Este tipo de endomorfinas actúan como hormonas del placer
y como analgésicos naturales. Durante el acto sexual se liberan niveles altos de endomorfinas, por lo que para la
personas que padecen de migraña, las relaciones sexuales se convierten en un remedio natural contra ese dolor
de cabeza. Existe al respecto mucha documentación acerca del uso por parte del organismo de estas sustancias
en diferentes tipos de animales.

«En las sociedades en las que la sexualidad genital está muy reprimida, las mujeres tienen una menor
probabilidad de tener partos más fáciles, y a la inversa, la rutina hipercontroladora del proceso del nacimiento
probablemente influye en otros aspectos de nuestra vida sexual»

Pongamos como ejemplo el caso de lo hámster y las betaendorfinas, cuyos niveles en sangre aumentaron en 86
veces en ejemplares machos después de la quinta eyaculación en comparación con los animales del grupo de
control. En esta misma línea se han realizado estudios en humanos que profundizan en el papel de la liberación
en sangre de endorfinas durante el trabajo de parto y el parto. Como consecuencia de estos nuevos estudios, ha
salido a la luz el tema del dolor y si éste es psicológico o resultado de condicionamientos culturales, asunto que
ha formado parte del debate con argumentos que podemos situar en hace 40 años. Hoy por hoy damos por
aceptado el concepto de dolor psicológico, aunque también existe un sistema de compensación cuya finalidad es
regular el uso de sustancias opiáceas naturales por parte del organismo humano. Ése es sólo el comienzo de una
larga serie de reacciones.
Por ejemplo, las betaendorfinas liberan prolactina, una hormona que le da el toque final a la maduración de los
pulmones del bebé y que es igualmente necesaria para la secreción de la leche materna. También la oxitocina
ayuda en este caso a la subida de la leche.

Este aparentemente simple hecho de liberación de endorfinas durante el proceso del nacimiento nos dice que en
los 90 no podemos ya separar el estudio del dolor del estudio del placer, dado que el sistema que nos protege del
dolor es el mismo que nos produce el placer. Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas,
de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de
opiáceos. Es entonces cuando se establece esa relación de apego o vínculo, ya que los opiáceos crean un estado
de dependencia. De igual manera, cuando los individuos de una pareja sexual se encuentran uno junto al otro e
impregnados de opiáceos, se crea otro tipo de dependencia muy similar a la relación de apego entre una madre y
su bebé.
Teniendo en cuenta que la lactancia es necesaria para la supervivencia de los mamíferos, no sorprende advertir
que existe un sistema interno de recompensa que anima a la madre a dar el pecho. Cuando una madre
amamanta, en veinte minutos alcanza el nivel máximo de endorfinas; así, al bebé le ha recompensado la crianza
desde que la leche humana contiene endorfinas. Éste es el motivo por el que algunos bebés se muestran como
“elevados” después de mamar.

«Durante el acto sexual se liberan niveles altos de endomorfinas, por lo que para la personas que padecen de
migraña, las relaciones sexuales se convierten en un remedio natural contra ese dolor de cabeza»

Nuestros conocimientos acerca de las endorfinas es aún muy reciente. Hace sólo 20 años, Pert y Snyder
publicaron un artículo histórico en la revista Science donde revelaban la existencia de células sensibles a la
recepción de opiáceos en el tejido nervioso de los mamíferos. Entonces, si el sistema nervioso humano contiene
células sensibles a los opiáceos, podríamos pensar que el cuerpo humano es capaz de producir alguna sustancia o
sustancias muy similares a las que segrega el opio (5). En cuanto se entiendan por completo estos datos
científicos publicados, dispondremos de una nueva base de la que partir a la hora de afrontar temas como la
relación entre el placer y el dolor, el comportamiento masoquista y sádico, la filosofía del sufrimiento, el éxtasis
religioso y los sustitutos de la satisfacción sexual, por citar sólo unos pocos temas a modo de ejemplo.

«Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora
siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de opiáceos»

Tanto la oxitocina, hormona del amor, como las endorfinas, hormona del placer, forman parte de un complejo
equilibrio hormonal. Pongamos como ejemplo un caso de liberación de oxitocina de modo repentino. De acuerdo a
un equilibrio hormonal, podemos dirigir la necesidad de amar en direcciones diferentes. En el caso de una madre
con niveles altos de prolactina, ésta, en su trato con el bebé, tiende a concentrar su capacidad de amar hacia su
bebé. Cuando los niveles de prolactina son bajos, como ocurre normalmente en los casos de madres que no dan
el pecho, el amor es dirigido entonces hacia una pareja sexual, y es que la hormona necesaria para la secreción
de la leche materna, la prolactina, disminuye el deseo sexual. Cuando un hombre tiene un tumor por el que
segrega prolactina, el primer síntoma es la impotencia sexual. Los fármacos “antiprolactina” pueden ser
inductores de sueños eróticos.

Es bien conocido el hecho de que, entre muchas especies de mamíferos, la madre que amamanta no es receptiva
al macho. Es más, en muchas sociedades tribales, hacer el amor y amamantar son actos considerados
incompatibles. Podemos decir que desde el advenimiento del modelo grecorromano de monogamia estricta viene
dándose una cierta tendencia a reducir dar el pecho por medio de esclavas, nodrizas, leches animales o
preparados lácteos.

Adrenalina y contacto visual

Existen hormonas que inhiben ciertos episodios de la vida sexual, hormonas de la familia de la adrenalina que son
liberadas cuando los mamíferos tienen miedo o sienten frío. Este tipo de hormonas, denominadas “de
emergencia”, son las que nos proveen de la energía necesaria para protegernos en caso de lucha o de huida. En
el caso de una hembra mamífero amenazada por un depredador potencial cuando ésta se encuentra pariendo,
este tipo de adrenalina permite a la madre posponer el proceso del nacimiento, parándolo y retrasando ese
momento con el fin de impulsar a la madre a lucha o huir del peligro. Es bien sabido por los ganaderos que es
imposible ordeñar a una vaca asustada.

Ahora bien, los efectos de la adrenalina durante el proceso del nacimiento prueban ser más complejos en este
caso. Ambos, la madre y el bebé, experimentan picos de adrenalina durante las ultimísimas contracciones que
preceden al nacimiento. Con ello se permite y facilita a la madre estar alerta cuando nace el bebé; además, para
los mamíferos supone una ventaja añadida, ya que liberan energía suficiente para proteger al recién nacido. Otro
de los efectos derivados de tal cantidad de adrenalina disponible en el organismo del feto es que, igualmente,
éste entra en el nacimiento en estado de alerta, con los ojos bien abiertos y las pupilas dilatadas, de ahí la
fascinación de las madres por la mirada de sus criaturas recién nacidas. Aparentemente, este contacto visual
representa para los humanos una piedra de toque fundamental en el comienzo de la relación madre-bebé. Hemos
de destacar en este punto que las hormonas de la familia de la adrenalina, tan generalmente relacionadas con la
agresión, cumplen un rol muy específico en la interacción madre-bebé durante la hora siguiente al nacimiento.

El cerebro primitivo

En los seres humanos, el principal órgano en funcionamiento durante cualquier actividad sexual es el cerebro. Las
ciencias biológicas modernas ven el cerebro como una glándula primitiva que secreta hormonas, pero sólo las
primitivas estructuras del cerebro y las que rodean al hipotálamo –aquéllas que compartimos hasta con los
mamíferos más primitivos– están activas durante la relación, el nacimiento y la lactancia. Los humanos tenemos
un neocórtex –estructura cerebral recientemente descubierta– que alberga al intelecto sobre y alrededor de la
estructura cerebral primitiva. Cuando este cerebro racional es sobreestimulado, tiende a inhibir la acción del
cerebro primitivo. Durante el proceso del nacimiento, hay una etapa en la que a la mujer de parto le da la
sensación de estar en otro planeta; para llegar a ese “otro planeta”, ha tenido que cambiar su nivel de conciencia
reduciendo la actividad del neocórtex. Y al contrario, durante el proceso del nacimiento y cualquier experiencia
sexual, una estimulación del neocórtex tiene un efecto inhibitorio: una conversación lógica, sentirse observada,
luces fuertes, etc. Hay pocas parejas que puedan hacer el amor si se sienten observadas o si sus neocórtex se
encuentran estimulados por luces fuertes o pensamientos lógicos.

Resulta irónico que los mamíferos no humanos, cuyo neocórtex no está tan desarrollado como el nuestro,
cuenten con una estrategia para dar a luz en privado. La sensación de seguridad es un requisito previo para
mantener el estado de privacidad. Para uno sentirse seguro, antes debe de sentirse protegido. Recordemos que
las primeras comadronas eran normalmente las madres de las mujeres que estaban dando a luz. Otras
comadronas que sustituían a la figura materna debían ser, sobre todo, personas protectoras.

«Durante el proceso del nacimiento, hay una etapa en la que a la mujer de parto le da la sensación de estar en
otro planeta; para llegar a ese “otro planeta”, ha tenido que cambiar su nivel de conciencia reduciendo la
actividad del neocórtex»

Tratar la sexualidad como un todo supone tener en cuenta muchas implicaciones. En las sociedades en las que la
sexualidad genital está muy reprimida, las mujeres tienen una menor probabilidad de tener partos más fáciles, y
a la inversa, la rutina hipercontroladora del proceso del nacimiento probablemente influye en otros aspectos de
nuestra vida sexual.

Es necesario un completo trabajo para estudiar estas correlaciones, las cuales están basadas en muchos textos
antropológicos de la muy reciente y moderna etnología, como el trabajo de Malinowski The Sexual Life of Savages
(7) y los estudios de Margaret Mead. Nos encontramos con las mismas correlaciones cuando comparamos las
últimas estadísticas relacionadas con el nacimiento del s. XX en los países de Europa: los nacimientos son más
fáciles en Suecia que en Italia.

Por supuesto, amor y sexualidad no son sinónimos. Nadie puede definir el amor, ni nadie puede analizar con
precisión los distintos tipos de amor. La última forma de amor entre los humanos debería de ser el amor a la
Naturaleza, un gran respeto hacia la Madre Tierra. Durante la primera hora que sigue al nacimiento, el primer
contacto del bebé con su madre es un período crítico en el desarrollo de la capacidad de respeto a la Naturaleza.
Debe de existir algo en común entre la relación con la madre y la relación con la Madre Tierra. Debe de haber
algunas, muy pocas, culturas en la que no exista excusa alguna para interferir en el primer contacto entre la
madre y el bebé. En estas culturas, la necesidad de dar a luz en la intimidad siempre se ha respetado, culturas
que se han desarrollado en sitios donde los humanos tenían que vivir sus vidas en armonía con el ecosistema,
donde resultaba una ventaja desarrollar y mantener el respeto hacia la Madre Tierra.

Cuando el proceso del nacimiento se vea como un período de suma importancia en el desarrollo de la capacidad
de amar, ocurrirá la revolución en nuestra visión de la violencia.

Michel Odent

Publicado en la Revista Ostare nº 7, invierno 2002 (pp.46-50)

BIBLIOGRAFÍA

1. Carmichael, M.S., Humber, R., et al., (1987): Plasma oxytocin increases in the human sexual response. J. Clin.
Endocrinol. Metab. 64: 27.
2. Egli, G.E., Newton, M. (1961): Transport of carbon particles in human female reproductive tract. Fertility and
Sterility, 12: 151-155.
3. Mead, M. (1948): Male and Female. New York, William Morrow and Co.
4. Reich, W. (1968): The Function of Orgasm. London: Panther Books.
5. Pert, C.B. and Snyder, S.H. (1973): Opiate receptor: A demonstration in nervous tissue. Science 179: 1011-
1014.
6. Odent, M. (1987): The foetus ejection reflex. Birth 14:104-105. See also Odent, M. (1991). Fear of death
during labour. J.of Reproductive and Infant Psychology, 9:43-47.
7. Malinowski, B. (1919): The Sexual Life of Savages. New York, Harvest Books
Por qué no funciona el parto hospitalario
Autor: Leilah Mc Cracken

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Aunque no lo creas, el enfoque médico del nacimiento en la actualidad está basado en un modelo
obstétrico masculino; y esto se explica porque, incluso en la actualidad, la mayoría de los médicos son
hombres.

Paso a paso y de una forma planificada y hasta disciplinada, se espera que las mujeres dilaten y borren el cuello
del útero según un modelo ideal de regularidad preestablecido. Se espera que las contracciones de las mujeres
aumenten en intensidad y abran sus cervices de manera metódica y oportuna, y que luego expulsen los
contenidos del útero de manera predecible, sin importunar a nadie, excepto, probablemente, a la madre. ¡PUJA!
¡PUJA! ¡PUJA! A una mujer se le grita si no "llega", perdón, si no saca al bebé lo suficientemente rápido. Esta idea
de "rapidez" proviene del ideal masculino del parto —y todas sabemos que "masculino" y "rápido" suelen ser
sinónimos—.

La mayoría de las veces y para la mayoría de los hombres, el orgasmo masculino es, con su perdón, muy
predecible. Pum, pum, pum, pum, más y más rápido: hasta que ¡Pop!, termina. En cambio el orgasmo femenino
es mucho más rico: girando cíclicamente y en espiral hasta llegar al éxtasis, las sensaciones de la mujer
disminuyen o se intensifican por lo que siente en su interior. Algunas veces, es rápido e intenso; otras, serpentea
sonoramente. Los ritmos orgásmicos de cada mujer son intrínsecos, y diferentes a los de las demás mujeres, e
incluso la misma mujer jamás tendrá dos orgasmos iguales. Y es que hay demasiadas variables implicadas: ¿Qué
tan sexy se siente ella? ¿Puede pensar en una fantasía detalladamente erótica o lo suficientemente simple para
brindar estimulación intelectual para lograr la satisfacción? ¿Le agradan los olores a su alrededor? ¿Desea
escuchar música? ¿Se siente bien, o tiene hambre? ¿Tiene ganas de ir al baño? ¿Están sus uñas muy afiladas?
¿Entrará alguien sorpresivamente a la habitación? Para los hombres, los orgasmos tienden a ser mucho más
sencillos: empuja, empuja, y a seguir con lo que estaban.

El problema está en que los hombres tienden a culpar a las mujeres por no llegar tan rápido como ellos, se
apresuran a etiquetarlas de sexualmente "disfuncionales" y a decir que necesitan estimulantes artificiales o
terapia. Peor aún, si no pueden seguirles el paso a sus amantes masculinos, las mujeres llegan a creer que eso es
cierto.

Esta situación es comparable al parto: cada nacimiento, en cada ocasión, en cada mujer, es único. Algunas veces
rápido e intenso; otras veces, lento y sosegado. Cada nacimiento sigue su propio programa intrínseco. Sin
embargo, si en un hospital una mujer no da a luz lo suficientemente rápido, su trabajo de parto es considerado
errático y se cree que necesita drogas o manipulación. Se le hace sentir que no sabe parir, que es "disfuncional",
pues no puede seguir el ritmo que se espera. Nuevamente, existen muchas variables involucradas: ¿Le pareció
que la enfermera que le hizo el examen pélvico estaba disgustada con ella? ¿Fue muy brusco su médico, estaba
muy apresurado? ¿Conoce ella a este médico? ¿Se la pasa su compañero saliendo a fumar a cada rato? ¿Está
incómoda? ¿Está inmovilizada por estar atada a un monitor fetal electrónico o a un goteo intravenoso? ¿Está
cansada? ¿Tiene hambre? ¿Es la habitación muy pequeña? ¿Huele mucho a hospital? Todo esto interfiere con su
parto de la manera prefijada y metódica esperada.

En vez de reconsiderar lo apropiado o conveniente de la institución en la cual está tratando de dar a luz, la mujer
se culpará por su arrítmico trabajo de parto, y aceptará toda la parafernalia del personal hospitalito para el parto:
gel de prostaglandinas, oxitocina sintética, drogas que alteran la conciencia, epidural, nacimiento quirúrgico —
fórceps, cesárea—. Como su compañero está acostumbrado a pensar que el cuerpo de su mujer no funciona
como se espera, tolerará y consentirá cualquier intervención que se realice para que el parto sea más
conveniente; incluso presionará a su amada para que crea en la habilidad del hospital para salvarla de su
defectuoso cuerpo femenino.

Las similitudes continúan. Si durante el sexo alguien pincha repetidamente a una mujer, mira fijamente su rostro
y su cuerpo y la insta impacientemente a que tenga un orgasmo, de seguro no lo tendrá. Lo más probable es que
se cierre y se sienta desolada e incompetente. Si una mujer no se cree a sí misma sexy, no puede tener un
orgasmo. Ni siquiera el hombre mejor dotado ni el mayor vibrador zumbando implacablemente en su clítoris
harán que una mujer llegue al clímax, a menos que la mujer se olvide de su ser exterior y "sueñe" que llega. Si
una mujer siente que su pareja se quedará viendo su papada o sus brazos rechonchos mientras está en medio
del éxtasis, no se abrirá al éxtasis. Si una mujer se siente físicamente insegura (por ejemplo, el hombre que la
acompaña la amenaza o se muestra hostil a su sexualidad femenina), no dejará a su compañero ver su yo íntimo,
aunque podría fingir. Y es que es muy arriesgado ponerse en una posición tan vulnerable.

Volviendo al parto: si una mujer no se siente lo suficientemente segura físicamente para dar a luz, si la observan
y la tocan continuamente, si ve mesas llenas de tijeras, agujas y fórceps, si se le dicen que no puede tener un
parto sin intervenciones doloras y peligrosas, no hay manera de que dé a luz; está más allá de su control
consciente. Sabe que el ambiente donde está no es seguro para parir: no puede dejar que su bebé salga si ella
está muy estresada o herida para cuidarlo. No puede dejarle salir si no tiene la certeza de que estará a salvo en
el mundo externo: ve "el carrito de torturas" esperándolo; sabe que hay dolorosas gotas para los ojos
esperándolo; hay equipo de resucitación que pinchará sus pulmones esperándolo; sabe que su hijo será
examinado con frialdad y que será alejado de ella, y que los mantendrán separados a discreción del hospital.
Sabe que hay extraños esperando para incomodarlo y observarlo. Es un sitio donde cortan los penes de muchos
bebés. En su interior sabe que no lo puede dejar salir. Por eso detiene su trabajo de parto, pero el hospital sí que
sabe cómo sacar al niño a la fuerza, y robarle su parto. Seguramente, luego le dirán que el hospital es el sitio
más seguro para dar a luz.

Las similitudes continúan. La oxitocina, liberada por la glándula pituitaria en la base del cerebro, y que se libera
más fácilmente en la oscuridad, es la hormona con mayor responsabilidad en el parto; también es la hormona
más responsable del orgasmo. Todas las mujeres tienen el potencial secreto de dejarse llevar: en su interior,
tienen el conocimiento que las llevará libremente a su sensualidad más dulce, y que las hará flotar
exquisitamente en sensaciones orgásmicas. Pueden sentir con sus manos cuán bello y cuán sexy intrínsicamente
es su cuerpo, y explorar sus curvas secretas con un espejo o su mente. He descubierto que la mejor parte de mis
partos llega cuando estoy llena de sensaciones, y estas maravillosas sensaciones provienen directamente de la
oxitocina. Dulce oxitocina: amor a tu hijo, sexo, parto, risa, alegría, cálida compañía, amamantar; todos el mismo
amor, todos la misma oxitocina…dejarnos llevar por este río hormonal asegura los mejores orgasmos y los
mejores partos.

Nuestros mecanismos de supervivencia son muy listos; hemos creado, o desarrollado, tal belleza y complejidad
alrededor de algo tan sencillo como el parto porque —estoy convencida— tenemos una gran inversión en el futuro
de nuestros hijos, tanto en tiempo como en recursos. Tenemos que dar tanto a nuestros hijos, tan infinitamente,
día tras día, que debemos "amarlos" tanto como nos sea posible: debemos sentir el ímpetu familiar de la
oxitocina; debemos obtener tanto placer de nuestros hijos como sea posible (no erótico. Aunque parezca confuso,
el amor maternal y el amor de pareja son muy similares químicamente.) Es lógico que el mayor ímpetu de
hormonas suceda en los primeros días, durante nuestros partos, y cuando los bebés nos necesitan más que
nunca. Por eso es criminal destrozar médicamente el parto y separar a una madre de su bebé: se pone el peligro
la relación madre e hijo para siempre. En este aspecto, somos bastante únicos, muchos otros animales
simplemente excretan a sus crías y siguen con su vida, mientras más rápido mejor.

Necesitamos ese rico flujo de hormonas; son una prueba de amor en la sangre. Muestras tomadas en los
humanos en diversos estados de éxtasis revelan niveles sumamente elevados de oxitocina en relación directa con
la profundidad de las sensaciones de éxtasis. Necesitamos un éxtasis explosivo de amor animal para apegarnos a
nuestra cría, y sentirnos obligadas a cuidar de ella.

Sin embargo, en nuestra cultura tecnológica occidental, se nos dice que hagamos caso omiso a la intensidad de
nuestra propia fisiología. Somos animales sociales, y nos vemos obligados a creer lo que nos dicen los "expertos".
Nosotras, como mujeres, le preguntamos a nuestra sociedad qué se espera de nosotras (principalmente repeler
explosiones extasiadas de amor animal), y accedemos para calmar a todos los que nos rodean. Se espera que
seamos "buenas chicas" y que no nos quejemos mucho, especialmente sobre el mal sexo y los partos terribles.
Se nos lleva a pensar en lo ajenas que son las mujeres que tienen orgasmos múltiples y partos sensuales.

Somos inmaculadas y patéticas en nuestra ignorancia. Nos dan biberones de este saber popular cultural tóxico, y
transponemos nuestro idealismo infantil en los individuos y las instituciones a quienes confiamos nuestro cuidado
pre, peri y posnatal. La mujer, cuando tiene a su primer bebé, corre al hospital, y confía que sus médicos la
cuidarán, y la tratarán tan gentil y compasivamente como sea posible; su parto idealizado es como una foto de
una tarjeta de felicitaciones. Sin embargo, obtiene lo que la mayoría de las mujeres modernas que tienen a su
primer bebé en un hospital: inducción, fórceps, epidural; y se convierte en otra víctima de la ignorancia y la
mentira que termina por perpetuar las historias de partos de horror donde "se ha hecho daño". Las demás
mujeres que va a tener a su primer bebé piensan que nunca les pasará a ellas.

Lo mismo sucede con su primer amante, con la famosa frase: "¿eso es todo?" Ella esperaba que él conociera
automáticamente todos sus puntos secretos, pero al final descubrió que el éxtasis se alcanza mejor sola.

¡Sola! Los orgasmos de las mujeres florecen más libremente cuando se logran lejos de interferencias y
espectadores no bienvenidos. ¿No tiene lógica que suceda lo mismo con nuestros partos? El parto es fácil y digno
de confianza. Es tan fácil como empujar a nuestros bebés para que salgan y luego irnos a dormir. Y aunque sea
lógico pensar mucho en él y dedicar mucha energía para obtener los mejores partos para nosotras, no es lógico
pensar que nuestros partos requieren de muchos equipos médicos incisivos yuxtapuestos desesperadamente, y
de un ansioso personal de asistencia al parto mal equipado. La parafernalia hospitalaria distrae del parto mismo.

Los cuerpos de las mujeres no necesitan todas estas intromisiones. Creer lo contrario es como pensar que no se
puede lograr un orgasmo sin tener el mayor vibrador, el consolador artificial más grueso, la más pervertida
revista porno, y el hombre más caliente para ligar. En realidad, para la mayoría de las mujeres, la mayoría de las
veces, mientras más sencillo, mejor. Artilugios exagerados distraen del sexo mismo.

¿Conclusión? Todos aquellos a quienes les excitan los partos hospitalarios son pervertidos. Porque el equipo
hospitalario que interfiere en el parto realmente puede ser tan incongruente, escandaloso y erróneo como los
juguetes sexuales; y los médicos que se empañan en complicar el parto con sus equipos de alta tecnología
agresiva e implacable no son más que pervertidos egocéntricos y patéticos. Las mujeres simplemente no los
necesitan. El parto es increíblemente sencillo: una apertura privada, oscura y secreta de nuestro ser sexual
ancestral. El parto no necesita manipulaciones pervertidas.

Los bebés sí salen —ya sea que lo queramos o no--, simplemente salen porque necesitan hacerlo. Es mucho más
sencillo y más placentero dejar que nuestros bebés nazcan en privacidad y con alegría, y no en inseguridad
mecanizada y dolorosa.

Lailah Mc Cracken.
Extraído de su libro Resexualizing childbirth
Traducido por: Andrea Anguera
Qué ocurre con el bebé que nace por cesárea
Autor: Robin Lim

Areas: Parto Natural » La Cesárea


Parto Natural » El Bebé

En el mejor nacimiento por cesárea que he visto, la madre y el bebé no estuvieron juntos hasta una
hora después del parto. Elmundo del bebé se hace añicos cuando, nada más nacer, se le separa de su
madre.

Hace dos semanas recibí a dos bebés, una maravillosa niña y, unos días después, un niño. Esa semana nacieron
aquí, en nuestra pequeña ciudad, un total de cinco bebés: dos a los que tuve el honor de recibir en sus hogares,
y tres nacidos en el hospital.

Los tres que nacieron en el hospital están todavía en la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatología. A los tres
se les separó de sus madres. Los tres nacieron por cesárea. Fue una semana dura.

Uno de los bebés nacidos en casa tuvo una suave entrada en nuestro mundo, sin una arruga. El otro tuvo una
distocia de hombros durante siete minutos; después de tres minutos y medio de reanimación, se agarró a la vida
y salió adelante. En ningún momento se ha separado de su madre; su lactancia ha sido maravillosa,
ininterrumpida y muy gratificante para él.

Desearía poder decir que los tres bebés que nacieron en el hospital también van bien. La mayor parte de mi vida
la he pasado en Asia, trabajando como comadrona; allí tuve la oportunidad de asistir a muchos nacimientos por
cesárea. Algunas, innecesarias; otras, necesarias. La placenta previa y la rotura de la cicatriz de una cesárea
anterior son cosas que me han hecho dar las gracias a Dios por la ciencia y la cirugía especializada.

En el mejor nacimiento por cesárea que he visto, la madre y el bebé no estuvieron juntos hasta una hora después
del parto. Durante esa hora de separación se le cortó el cordón al bebé, se le succionó de forma agresiva, se le
midió y pesó, y se le administró profilaxis ocular en contra de lo que la madre había dicho por escrito.

Se le tomó la temperatura en el recto, se le tomaron las huellas, se le pinchó el talón para sacarle sangre y
hacerle la prueba de detección de la subnormalidad de origen metabólico y se le inyectó vitamina K. Lo bañaron,
secaron e identificaron con una cinta. Cuando lloraba buscando el pecho de su madre, le ponían un pacificador
chupete en la boca. Tuvo suerte. Otros bebés nacidos por cesárea no salen tan bien parados.
Mi experiencia como comadrona me ha llevado a plantearme ¿Qué pasa con el bebé? ¿Cuáles son los riesgos que
corren el organismo y el alma de los bebés nacidos por cesárea? El Dr. Seuss deja hablar al Lorax por los árboles.
¿Quién habla por nuestros bebés?

Nyoman era una primípara de 38 años y una destacada artista balinesa. Debido a las numerosas intervenciones
[durante el trabajo de parto], su bebé nació por cesárea. La niña pesó 3'500 kg.; era una robusta bebé a
término. En seguida se la llevaron al Servicio de Enfermería; allí la agarré suavemente mientras le afeitaban un
trozo de su espeso pelo negro para administrarle los antibióticos IV. Nyoman fue trasladada a otra ala del
hospital. Durante toda la noche estuve subiendo y bajando escaleras y corriendo por los pasillos para echarles un
vistazo a la madre y la hija.

Al final, cuando supuestamente ambas estaban bien, me fui a casa. Esa noche atendí un parto en casa. Por la
mañana volví a casa y me preparé para ir al hospital a ver a Nyoman y su bebé.

Sonó el teléfono; era el marido de Nyoman, para decirme que el bebé había muerto (lo más probable de sepsis,
aunque la causa no se había determinado) Inmediatamente enviaron su pequeño cuerpo a casa para el entierro.
Nyoman seguía en el hospital con fiebre. Nunca llegó a ver a su preciosa hija.

Durante mis siete años de trabajo en Indonesia y Filipinas me he dado cuenta de que los procedimientos
quirúrgicos de la obstetricia occidental se han exportado de forma agresiva a Asia, con la diferencia de que aquí
se trabaja sin las condiciones higiénicas básicas.

La edición del William Obstetrics de 1985 (p. 868) decía: "es cierto que el índice de mortalidad y morbilidad
materna y perinatal es mayor en los partos por cesárea, en parte por las complicaciones que motivan la cesárea y
en parte por los riesgos inherentes al nacimiento a través del abdomen"

"En el mejor nacimiento por cesárea que he visto, la madre y el bebé no estuvieron juntos hasta una
hora después del parto"

En A Good Birth, A Safe Birth, los editores publican que las cuatro complicaciones más frecuentes en los bebés
nacidos por cesárea son: ictericia, complicaciones repiratorias, los efectos de la medicación y los períodos de
adormilamiento después del parto (1). Las cuatro interfieren en el establecimiento temprano del vínculo afectivo
entre la madre y el bebé. Las tres primeras, seguramente, obligan a medicar al bebé, lo que puede resultar
terrorífico para el recién nacido.
Las investigaciones sobre la oxitocina nos muestran otros aspectos de los efectos de la cesárea sobre el bebé. La
oxitocina natural, segregada por el organismo], llamada hormona del amor, se libera cuando los seres humanos
comparten una comida, en la lactancia y, tanto en el hombre como en la mujer, cuando hacen el amor. De todas
maneras, se encuentra en su máxima plenitud durante el trabajo de parto y el nacimiento.

¿Qué ocurrirá en el organismo de un bebé al que se le niega la experiencia de la oxitocina [natural] en un parto
vaginal?

La investigación muestra que nos encontramos con un nivel comparativamente menor en los niños autistas (2).

El Etólogo Premio Nobel Niko Tinbergen encontró correlación entre las intervenciones médicas durante el parto y
la predisposición al autismo (3). En 1991, Ryoko Hattori evaluó los riesgos de padecer autismo según el tipo de
nacimiento; concluyó que los bebés nacidos en el hospital, a los que se somete al proceso rutinario del trabajo de
parto y nacimiento (sedantes, anestesia y analgésicos) tienen un mayor riesgo de llegar a desarrollar el autismo
(4).

¿Qué nos enseña esta investigación sobre la práctica tan frecuente de cesáreas? Debemos pensar que un bebé
que se pierde toda la intensidad del proceso normal del trabajo de parto y nacimiento, tal como Dios lo diseñó,
también se pierde algo vital de su propia vida.

"El mundo del bebé se hace añicos cuando, nada más nacer, se le separa de su madre"

En su libro The Scientification of Love, Michel Odent analiza las consecuencias del nacimiento y las primeras horas
de vida extrauterina. Con gran destreza, documenta y hace referencia a un gran número de investigaciones que
confirman lo que las madres y las comadronas siempre hemos sabido: las condiciones ambientales de un parto y
las primeras horas de vida determinan la salud psicológica y espiritual del ser humano. Las investigaciones
demuestran que el contacto entre la madre y el bebé es la forma ideal de amor, a la vez que después del
nacimiento hay un corto y crítico espacio de tiempo que provoca consecuencias a largo plazo. Por desgracias,
dice: "la separación de la madre justo después del nacimiento daña la capacidad de uno para amar"

La mayoría de los bebés nacidos en el hospital experimentan la separación de la madre inmediatamente después
del nacimiento, y los bebés nacidos por cesárea están aún más tiempo separados. Los gerentes [de los
hospitales], con el fin de proteger al hospital y sus empleados de posibles denuncias, establecen la política de
mantener a los bebés recién nacidos por cesárea en la Unidad de Cuidados Intensivos; ya que la operación
incrementa el riesgo de infección, los bebés nacidos por cesárea son más propensos que los nacidos
vaginalmente a recibir antibióticos.

Imagina la vida intrauterina: el calor, la suavidad, el sabor de la madre, el sonido de los latidos de su corazón y
su suave voz. La madre es todo lo que el bebé conoce. Incluso al padre lo conoce a través de la madre
(dependiendo de cómo él la haga sentir). La madre es alimento. Es el universo. Cuando nos llevamos al bebé,
aunque sea a dos pasos, la confianza se rompe. El mundo del bebé se hace añicos.

Las comadronas debemos aceptar que, en uno u otro momento, una madre y un bebé a los que estemos
atendiendo vivirán una cesárea. Yo insisto en la palabra "parto", ya que un parto por cesárea resulta tan
milagroso como un parto vaginal. La atención postparto a los padres que han tenido una cesárea ha de incluir el
consuelo.

Yo le digo a estos padres que, un mes después (5), no hay diferencias significativas respecto del vínculo con el
bebé entre los niños nacidos vaginalmente y los nacidos por cesárea. Esto es una buena noticia.

Una vez oí decir a Elisabeth Kubler-Ross: "La gente es recuperable en un 100%" Lo decía feliz, con convicción.

Yo me aferro a sus palabras.

A los padres de bebés nacidos por cesárea: tened confianza y sanad a vuestros bebés con contacto, con amor.

Robin Lim

Robin Lim es comadrona y poeta. Vive entre una pequeña ciudad de Iowa y Bali, Indonesia y la Ciudad de
Baguio, en las montañas de Filipinas. Su primer libro, After the Baby's Birth... A Woman's Way to Wellness, ha
sido publicado por Celestial Arts, Berkeley.

Publicado por la revista Obstare


Publicado por primera vez en el nº 57 (primavera 2001) de la revista Midwifery Today

Artículos relacionados:

• La hora siguiente al nacimiento: dejen en paz a la madre


• La maravilla del vínculo afectivo
• El vínculo en prematuros

Libros recomendados:

• ¿Nacer por cesárea?


• La mente del bebé recién nacido

Bibliografía

1 Korte, D. y Scaer, R. (1992): A Good Birth, A Safe Birth (3ª ed.) Harvard Common Press.
2 Odent, M. (1999): The Scientification of Love. Londres y Nueva York: Free Association Books.
3 Tinbergen, N. y Tinbergen, A. (1983): Autistic Children. London: Allen and Unwin.
4 Hattori, R. et al. (junio 1991): Autistic and developmental disorders after general anesthesic delivery. The
Lancet 1.
5 Fortier (1988) Mosby (1997): Maternity and Women's Health Care (6ª ed.)

««El bebé, al nacer en este ambiente de casa, protegido y tan amoroso, rodeado del afecto de sus
padres, calentito se pone sobre el vientre de su madre, y no se separan en ningún momento, salvo
para la higiene del cordón. La madre amamanta enseguida, por lo que se produce de inmediato el
equilibrio hormonal y el proceso de apego». cuenta Marta Ocampo. El plus de una comadrona (del
francés «mujer sabia») es que puede agregar a los conocimientos ancestrales, algún diplomado o
certificación médica, el que se complementa a la perfección con su conocimiento sobre los tiempos
y leyes de la naturaleza. Sabe cuándo actuar y cuándo esperar. Es testigo y medio; se coloca en el
umbral.
«La partería aborda una visión humanista e integral de la salud, el cuerpo como un todo, un gran
sistema interconectado también con el alma y las emociones. La autonomía, la autodeterminación y
la identidad son claves; cada mujer es un mundo, todos los partos y nacimientos son únicos. La
madre recibe a su hijo en este momento sagrado sin ninguna intervención médica, lo besa, lo toca y
le da la bienvenida en el momento del alumbramiento», asegura también la partera Araceli Gil.
Cómo elegir a una partera
• En Chile no se entregan certificados de “parteras”, pero puedes encontrar enfermeras o matronas
de profesión, que han dedicado su vida a acompañar el nacimiento de cientos de niños.
• Es importante constatar qué otros estudios y reconocimientos tiene la candidata que escogiste:
homeopatía, técnica craneosacral, psicoprofilaxis, enfermería obstétrica, salud reproductiva, etc.
Entre más herramientas tenga es mejor. La entrevista personal es muy importante.
• Hay que conocer su experiencia y personalidad, definir si es una persona con la que se está a
gusto y en la que se puede confiar. ¿Es cálida, abierta, segura de sí; tiene suficiente tiempo para
dedicarlo a cada una de las mujeres que atiende; ha explicado satisfactoriamente cómo serán sus
servicios?
• Las referencias de otras mujeres atendidas por ella son muy importantes. No temas pedirle que te
dé al menos cinco.
•¿Tiene un equipo médico que la apoye? ¿Qué pasaría si se presenta una emergencia?
El bebé, al nacer en este ambiente de casa, protegido y tan amoroso, rodeado del afecto de sus
padres, calentito se pone sobre el vientre de su madre, y no se separan en ningún momento, salvo
para la higiene del cordón. La madre amamanta enseguida, por lo que se produce de inmediato el
equilibrio hormonal y el proceso de apego». cuenta Marta Ocampo.
El plus de una comadrona (del francés «mujer sabia») es que puede agregar a los conocimientos
ancestrales, algún diplomado o certificación médica, el que se complementa a la perfección con su
conocimiento sobre los tiempos y leyes de la naturaleza. Sabe cuándo actuar y cuándo esperar. Es
testigo y medio; se coloca en el umbral.
«La partería aborda una visión humanista e integral de la salud, el cuerpo como un todo, un gran
sistema interconectado también con el alma y las emociones. La autonomía, la autodeterminación y
la identidad son claves; cada mujer es un mundo, todos los partos y nacimientos son únicos. La
madre recibe a su hijo en este momento sagrado sin ninguna intervención médica, lo besa, lo toca y
le da la bienvenida en el momento del alumbramiento», asegura también la partera Araceli Gil.
Cómo elegir a una partera
• En Chile no se entregan certificados de “parteras”, pero puedes encontrar enfermeras o matronas
de profesión, que han dedicado su vida a acompañar el nacimiento de cientos de niños.
• Es importante constatar qué otros