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MADRE DEL VERBO ENCARNADO

Siguiendo el orden de las letanías a la virgen de Luján, toca ver la que dice
“Madre del Verbo Encarnado”; un titulo muy familiar para nosotros.

Cuando usamos la palabra madre o padre, dice en referencia a alguien, ya que


se es madre o padre en cuanto hay un vinculo de relación con un hijo, ¿Quién es esta
mujer a la que llámanos madre del Verbo Encarnado?

Esa Mujer es María, y ¿Quién es María?, misterio grande y profundo es este,


para abordarlo hay que incluirse en las sagrada escritura:

 María es del linaje de Eva, es la mujer que pisa la cabeza de la


serpiente,
 María hija de Abraham, pertenece al pueblo judío,

Pueblo dinámico por excelencia, pueblo que se mueve en busca de la tierra


prometida, que con gran fuerza ordena todo hacia ese fin, el hebreo siempre pensó
de la misma manera, ya se a fiel a Dios ya le sea infiel. Su vida son planes y conquistas,
cuando se gestaba su personalidad como pueblo, su idiosincrasia (demopsicologia),
vivía nada más que y para la PROMESA que Dios hizo Abrahán.
 María es la esposa de José, y por esta unión, esta vinculada
eternamente con la casa del Rey-profeta David

La mentalidad gentil concibe a la santísima virgen, como una niña cándida, una
aldeanita que sin saberlo estaba llena de gracias, a la cual un buen día se le presenta
un ángel, que le comunica que Dios la escogió para madre de su hijo.

María, por el contrario no es así, ella es el fruto perfecto del dinamismo judío,
ella es el resultado de la condensación y plenitud de las ansias que tuvieron los justos
en expectación del Mesías, desde Adán hasta san Joaquín y santa Ana.

Dios santifico al hebreo en orden a la Encarnación de su hijo. Como el artista


escoge, adquiere, y dispone con amor el material para la obra que ya lleva concebida
en su mente, así el Señor elaboro con gracias especiales la naturaleza humana del
israelita y sobretodo la de María santísima, para realizar su obra maestra en ella: “la
Encarnación del Verbo eterno”

Los trabajos de Dios en el hebreo fueron excepcionalmente poderosos y


expresos. Hubo de santificar y perfeccionar no solo su alma sino también su carne,
pues era necesario elevar toda la naturaleza humana hasta el Verbo eterno.

El perfeccionamiento del israelita es progresivo y culmina en su apogeo que es


la santísima virgen María. Ella, la mujer por antonomasia, la creatura sin dolo, no es
extraña a su pueblo. Es verdadera hija de Abrahán, la suma hebrea, obtenida no solo
por la plenitud de gracia con que Dios la favoreció , sino también por las penitencias ,
las pruebas y las fidelidades a las gracias recibidas por los patriarcas y justos de la
antigua alianza.

Esa es María, la mujer por excelencia donde se cumplen la profecía de Isaías:


“Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una virgen está en cinta
y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.”.

Esa es María, la misma que un día, el ángel se le apareció y la llamo: llena de


gracia, la misma que las generaciones llaman “bendita entre las mujeres”, la que se
proclama humilde esclava del Señor. Es la hija de Dios Padre, la Madre del Verbo
Encarnado y la esposa de Dios Espíritu Santo. Y a ella le pedimos su protección.