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ABORDAJE HOLÍSTICO DE

ENSAYO
LA POLÍTICA, LA POLÍTICA
EDUCATIVA Y EL CURRÍCULO

RESUMEN Autor:
Felipe A. Bastidas T.*
La política es un hecho social del que se fabastidas@gmail.com
ha disertado en gran medida, pero pocos Recibido: 17-03-2009
se han atrevido a definirlo en los años
Aprobado: 21-01-2010
recientes, por lo tanto, aún prevalece la
premisa maquiavélica de que el fin justifica *Profesor Asistente de la
Universidad de Carabobo,
los medios, resaltándose el supuesto Facultad de Ciencias de la
hobbeseniano de la necesaria imposición Educación, Departamento de
del poder por la fuerza para asegurar Ciencias Sociales. Valencia,
estado Carabobo, Venezuela.
una sociedad de equilibrio. La sociedad Politólogo. Postgrado en
actual, compleja, y cada vez más mundial Investigación Holística.
—y en peligro de autodestrucción— Especialista en Educación.
exige trascender los modelos epistémicos Diez años de experiencia
c om o do c en t e e n d i v e r s a s
tradicionales para dar paso a formas más universidades públicas y privadas
actuales de abordaje de la política. Este en las áreas de metodología de
ensayo realiza un intento de definir la la investigación, opinión pública
y filosofía. También ha sido
política partiendo del recurso del sintagma consultor de organizaciones no
-conceptual- dentro de la corriente holística. gubernamentales en servicios
Así mismo, se realiza una reorganización sociales y culturales en el área
de la definición de política educativa, así de proyecto y programación de
actividades.
como una perspectiva holística de currículo
que se revela, paradójicamente, como una
política.
Palabras clave: Política, Política Educativa,
Currículo, Holística, Politología.

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ABORDAJE HOLÍSTICO DE LA POLÍTICA, LA POLÍTICA EDUCATIVA Y EL CURRÍCULO
Felipe A. Bastidas T.
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A HOLISTIC APPROACH TO POLITICS, THE EDUCATIONAL POLICY


AND THE CURRICULUM
ABSTRACT
Politics is a social fact that has been studied to a large extent. However, few
people have dared to define it in the recent years; so that the Machiavellian
premise “the end justifies means” is still on, emphasizing the Hobbes’
thought related to the necessity of the force of power to insure a balanced
society. The current complex and global society, in risk of self-destruction,
requires transcending traditional epistemological models towards new forms
of approaching politics. This essay tries to define politics through the use of
the conceptual phrase, within the holistic approach. Also, it is resemantized
the educational policy definition and the holistic perspective of curriculum
that is paradoxically presented as a policy.
Key words: Politics. Educative Policy. Curriculum. Holistic Approach.
Politology.

Influencia del realismo político en la sociedad actual


El realismo político es una corriente que ha sido una constante en
la historia del pensamiento político occidental, la cual, según Medina
(1973) ve a la política como un sistema de intereses contrapuestos,
siempre conflictual, debido a la lucha eterna por alcanzar el poder estatal
y supranacional. La política bajo esta perspectiva se asume como algo
separado de la racionalidad del filósofo o del investigador, es un hecho
objetivo y separado del cognoscente, es decir, tiene una alta influencia
del realismo natural, que según Hessen (1989) parte del principio que los
objetos tienen cualidades, las cuales son percibidas por la conciencia,
pero son independientes de ésta.
Para Morgenthau (1978) la política como realidad social, está gobernada
por leyes objetivas que tienen su origen en la naturaleza misma del hombre,
por lo tanto, es imposible, condicionarlas a los valores o a la moral en pro
del bien común. Este autor afirma que dichas leyes fueron estudiadas
por pensadores clásicos de las antiguas China, Grecia e India; siendo
Maquiavelo el máximo representante en el pensamiento occidental.

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Maquiavelo con su obra El Príncipe, destaca la importancia del ejercicio


del Estado con una postura realista-naturalista, en consecuencia el político
o el gobernante (o quien aspire a serlo) debe saber manejarse de acuerdo a
sus propios intereses, desligándose de la moral, que en ocasiones frecuentes
constituye un estorbo para alcanzar o retener el poder. Tomassini (1989:
59) expresa que para Maquiavelo: “el único imperativo de las relaciones
internacionales era el aumento del poder y la seguridad del Príncipe (del
Estado)”. Citando al mismo Maquiavelo (2006: 79):

...los hombres tienen menos cuidado de ofender a uno que se


hace amar que a uno que se hace temer; porque el amor es
tenido por un vínculo de obligación, el cual, por ser los hombres
por naturaleza perversos, en cada ocasión de la propia utilidad
es roto, pero el temor se tiene por un pavor a la pena que no
te abandona nunca.

De acuerdo a estos principios, la naturaleza humana crea un mundo de


intereses contrarios, y por tanto, de conflictos sistemáticos y perpetuos.
La valoración moral (propender al bien) no puede realizarse para quien
detente el poder o aspire conquistarlo, pero sí se puede aspirar a un
cierto equilibrio de intereses contrapuestos y solución de conflictos,
que siempre serán precarios y transitorios para los realistas políticos,
también llamados pesimistas. La realidad social y política no es más que
un sistema de frenos y contrapesos, en consecuencia, se puede solo
aspirar a un mal menor, es decir, a una situación efímera pero realizable
y nunca al bien absoluto.
La mayoría de los desarrollos teóricos en politología parten de
esta postura, incluso surgieron disciplinas enteras bajo esta visión: la
geopolítica y la geoestrategia. Pero es preciso acotar que esta postura
se corresponde al momento histórico que vivió Maquiavelo. Se trata de
la Europa del Renacimiento, donde se observaba un mundo dividido, en
constante pugna y en guerra, y por lo tanto, pesimista y apocalíptico. Los
reinos o ciudad-Estados europeos de ese período consiguieron estabilidad
mediante la imposición hegemónica del poder, apelando a cualquier
medio —privilegiando la coacción—, para mantener la dominación sobre
un contexto social convulsionado.

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De allí que este filósofo haya asumido la política como la consecución o


retención del poder bajo estos principios siendo “el fin justifica los medios”
la máxima maquiavélica, puesta luego en práctica por gobernantes, hitos
en la historia universal, como Napoleón Bonaparte. Con esto no se quiere
descalificar a los pensadores políticos realistas-naturalistas, y en específico
a Maquiavelo, solo se ha tratado de ubicarlo y comprenderlo, como pionero
occidental de esta corriente, en su contexto socio histórico.
Aunque parezca paradójico, esta postura realista-naturalista para abordar
la política no ha sido modificada en gran medida, y fue reforzada con la
entrada en vigencia del positivismo a finales del siglo XIX, que argumentaba
que los hechos sociales son objetivos e independientes del investigador,
para Barrera (2008a: 55): “este modelo concede primacía a los hechos ante
las ideas, a las ciencias experimentales ante las teóricas y las leyes físicas
y biofisiológicas ante los postulados de la filosofía”. Así nace la politología
en el siglo XX con su “objeto” de estudio definido y bien deslindado de
la ética y la moral de acuerdo a la postura maquiavélica de siglos atrás.
Todo esto reforzado por el paradigma cartesiano que según Morín (2000:
30): “separa al objeto con una esfera propia para cada uno: la filosofía y la
investigación reflexiva por un lado, la ciencia y la investigación objetiva por
el otro”. Premisa defendida y argumentada por Weber (1984) en su obra
famosa El político y el científico.
La historia de la politología puede resumirse como el intento inútil de
desprenderse y diferenciarse de cinco mil años de filosofía política occidental
para poder ser aceptada como disciplina autónoma frente a la presión
positivista de la comunidad científica; no obstante, en realidad su mayor
producción ha estado en la investigación reflexiva, pero a sí misma no se
ha valorado ni validado porque asume como único método, el científico -
positivista, el cual es difícil de aplicar a los eventos políticos.
De esta forma, gobernantes y politólogos han tomado una posición
pasiva frente a la realidad política —mientras ésta se vuelve cada día más
compleja—, limitándose a ser absorbidos por el sistema los primeros, y los
segundos a describir y seguir prescribiendo los principios maquiavélicos de
conseguir o retener el poder por todos los medios posibles, apartando todo
principio ético o moral; y desestimando su mayor generación de conocimiento
a partir del método racionalista-deductivo y el método crítico-reflexivo.

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Pero hoy se admite (Barrera 2001, Noro 2003) que todo acto humano
tiene implícito un fundamento ético. Incluso, la investigación, como lo señala
Hurtado (2008) no puede desprenderse de su contexto social, adquiere
un carácter histórico y además está inmersa en un sistema de valores.
De hecho Zanotti (1998), analiza los elementos y consecuencias de orden
ético-políticos de las propuestas epistemológicas de Popper, Kuhn, Lakátos
y Feyérebard. En fin, hoy en día se asume que ni la política ni la politología
pueden desprenderse de lo valorativo, más bien son sistemas integrales
incluyendo la dimensión ética-moral junto a lo emocional, lo intuitivo, lo
lógico-formal y lo racional-reflexivo.
Además de un problema de orden filosófico-ético existe un problema
epistémico-metodológico porque la realidad política actual requiere de un
abordaje más complejo y flexible. En este marco de ideas Vellejos (2007:
123) aclara: “la política, (y) especialmente su referente descriptivo, el
Estado, al querer hacer suya toda la complejidad social se ha hipertrofiado
y se ha imposibilitado en su afán de dirigir los causes (sic) del desarrollo”.
El mundo divido y desigual de hoy es producto de la separación de las
esferas política, económica y moral; en otras palabras, muchos líderes e
intelectuales políticos y económicos no consideran la responsabilidad y las
consecuencias que para las mayorías tienen sus valores, ideas y decisiones.
A la luz de este razonamiento, para sorpresa de los realistas-naturalistas
y positivistas políticos extremos, los actuales procesos que vive la humanidad
exigen una trascendencia de esta posición, pues la mundialización requiere
de integración, diálogo y acuerdo, en vez de la imposición por la fuerza
hobbeseniana y el control central de raigambre maquiavélico.
Los gobernantes más importantes del globo siguen anclados en el
maquiavelismo político aunque los resultados sean cada vez menos
eficientes incluyendo a quienes lo aplican. Por ejemplo, ¿ha sido ventajosa
para Estados Unidos la Guerra del Golfo (1990-1991) y su posterior invasión
a Iraq diez años después? ¿La estrategia de asegurarse mediante la fuerza
física el suministro de petróleo ha sido efectiva? Obviamente ante el retiro
progresivo de las tropas estadounidenses de Iraq (a partir de marzo de
2009), todos los actores involucrados perdieron: los iraquíes tienen una
sociedad destruida y Estados Unidos se involucró en una dominación militar
que lo desgastó económicamente, le reportó importante bajas y reforzó a

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los grupos armados extremistas que pretendía combatir (obtuvo más bien el
efecto contrario). A este respecto Cerroni (2004: 157) advierte: “el proceso
político se caracteriza, en el mundo moderno, por un ordenamiento que
no deba contar sólo con la fuerza”. Ya es tiempo de trascender el realismo
político-naturalista; es decir, integrarlo en una concepción más actual sin
desconocer los aportes que tuvo en su época.
Una concepción de la política mediante un abordaje holístico
La holística trata de trascender e integrar modelos epistémicos y
paradigmas para obtener una mejor aproximación de la realidad, para
Barrera (2008a: 101): “alude a la corriente de pensamiento que orienta sobre
la necesidad de apreciar todos los hechos, las situaciones... y los eventos,
de la manera más amplia posible”. Barrera (ya citado) indica que la holística:
“considera que todo evento debe ser apreciado en su mayor complejidad
y en su contexto para poder obtener una visión más amplia y completa de
dicho evento, sin que dicha visión agote ni la comprensión ni el evento”.
La holística parece ser un camino viable para abordar la complejidad de
un hecho tan universal, pero tan específico a la vez —por demás complejo—
como lo es la política; sin la pretensión de aprehenderlo por completo porque
implicaría desconocer su carácter dinámico y cambiante, corriendo el riesgo de
anclarse en una visión única y parcial que se puede volver obsoleta rápidamente.
Vellejos (2007: 98) reafirma este punto de vista al sostener que: “no es posible
concebir el mundo (político) como un todo compuesto y articulado por partes,
sino que debe ser tratado como una unidad inaprehensible en su unidad y que
sólo puede ser observada de distintas formas”.
La holística apela al recurso del sintagma entendido, según Barrera
(2008b: 29) como: “la manera mediante la cual se crean coincidencias
integrativas derivadas del propósito de conocer, que permiten la generación
de un conocimiento distinto, como también de develar claves interpretativas
autónomas, suficientes para la emisión de planteamientos novedosos”. En un
primer ensayo sintagmático que defina a la política (un núcleo sintagmático
paradigmático requiere de mayor tiempo, espacio y elaboración), se revisa
en primera instancia el origen de las diversas acepciones de los términos
según varios autores. Sin pretensiones de elaborar un nuevo modelo, a
continuación se propone una aproximación integradora de política, que
bien puede servir como precedente para ir en una dirección más profunda.

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Etimológicamente la palabra política tiene su origen en el vocablo griego


politikós, el cual hace referencia a la polis, a la ciudad, a lo público, a lo
colectivo, a lo social. Para Sartori (1992) el término no ha evolucionado
como es común con las palabras de origen griego y latín, sino que pueden
distinguirse acepciones distintas a partir de la Edad Antigua (Grecia
Clásica) y la Edad Moderna. Siguiendo a este autor, la política en la Edad
Antigua tenía un sentido más “social”, porque en ese contexto socio-
histórico no existía diferencia entre Estado, sociedad y economía. En este
caso, la acepción era “horizontal”, atendía a lo relacional dentro de un
contexto grupal, para sus efectos, la polis griega. En la Edad Moderna se
define la política como actividad del Estado. La política adquiere entonces
un sentido más “vertical”, lo impuesto por el Estado, lo impuesto de arriba
a abajo. Finalmente, la masificación del voto y los procesos democráticos
propios del siglo XIX y XX, han replanteado el concepto de política de lo
vertical arriba-abajo, por lo vertical de abajo-arriba.
Este repaso que ofrecen Sartori (ya citado) y lo apoya Noro (2003:
252), orienta hacia una definición de política, ya que según Haluani (1990)
se sabe de qué se trata, pero nadie hasta ahora ha podido definirla; de
hecho Cerroni (2004: 157) dice que se tuvo que apelar al término político
“para señalar la imposibilidad de comprender toda la esfera de la política...
que se identifica... bajo el concepto de Estado”. Para redefinir política es
preciso señalar los aspectos comunes de diversos autores:
1. La política tiene que ver con todo acto público. En palabras de
Haluani (1990: 18) “es la suma de todo elemento que caracteriza
y determina la actuación pública humana”.
2. La política tiene que ver con el poder (Haluani 1990, Bobbio y
Mateucci 1992, Sartori 1992, Robbins 1999, Noro 2003), entendido
como la capacidad que tiene una persona o grupo para perjudicar o
beneficiar a otra persona u otros grupos en un contexto determinado,
la política es entendida como la serie de acciones y reacciones
que dicha situación genera (Análisis crítico marxista). Por tanto, la
autoridad (capacidad de hacerse obedecer) tiene diversas fuentes de
poder, según Weber (1977): (a) por el monopolio de la fuerza física,
(b) por el carisma del líder (fascinación, persuasión, manipulación)
y (c) por el estatus o la escala de valores de la cultura (liderazgo

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religioso, académico, entre otros). Generalmente el poder se


manifiesta en los diversos tipos de autoridad.
3. La política como los procesos grupales que conducen a un efecto
deseado, o al fin o a la meta común compartida por el grupo. Según
Haluani (1990: 20) “es la realización de las exigencias humanas en
función del tiempo y el espacio... es el arte de lo posible”.
4. Para Bobbio y Mateucci (1992: 1492), el poder como fin en sí
mismo, “el poder por el poder”, y como los procesos manipulados
y coercitivos para obtener fines personales, es una forma o tipo
de política, no sintetiza en sí el término. También para este autor
(ya citado): “los fines de la política son tantos como tantas son las
metas que un grupo organizado se propone según los tiempos y las
circunstancias”. Noro (2003) expone a su manera esta definición
tradicional: “Esfera de las acciones que tienen relación directa o
indirecta con la conquista y ejercicio del poder” (p. 352).
Estos son los aspectos fundamentales de las diversas acepciones
de política, pero están presentados de forma dispersa, con conceptos
contradictorios y algunos visos de realismo político-natural, para una
visión actual de política es preciso integrarlos y trascenderlos. Para una
mejor aproximación y elaboración de un núcleo sintagmático conceptual
de política, se presentan a continuación sus dimensiones, para obtener un
reordenamiento trascendente del mismo y a partir de él generar nuevas
interpretaciones y propuestas:

Figura 1. Dimensiones de la política (Elaboración propia).

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Dimensión ética-moral de la política (nosotros valorando)


Para Barrera (1999: 100) el concepto de moral ha evolucionado de la
capacidad de escoger entre lo que una persona considera bueno o malo
hacia “la capacidad, formación, orientación y actitud humana y social,
siempre en búsqueda del bien, seleccionando entre dos o más bienes”. Para
este autor escoger entre el bien y mal vendría a ser moralismo, y escoger
entre dos o más bienes es el concepto actual de moral.
Siguiendo con Barrera (ya citado) la moral tiene su máxima expresión
ética, en la forma como se produce el accionar de una persona o sociedad.
En otras palabras ética es la expresión moral del ser humano como persona,
grupo o sociedad. Así, según Barrera (2001: 71) la ética es la manifestación:
“de la complejidad en el plano de la intencionalidad y la valoración de las
acciones de lo que la persona es y hace”. Para Napolitano (2002: 140) la
ética tiene un trasfondo natural, ontológico y teleológico porque “sabiendo
qué es el hombre, de dónde viene y a dónde debe ir, aclara y fundamenta
el significado profundo de los valores, y los valoriza y actualiza en función
de hacerse hombre”.
Napolitano (ya citado) señala que “la ética está fundamentada en una
ontología axiológica de la persona y la sociedad”. Además no es suficiente
que el ser humano disponga de valores que puedan orientarlo hacia el bien,
sino que esos valores garanticen que se consiga efectivamente el bien.
Tanto para Barrera (1999, 2001) como para Napolitano (2002) la moral
está más referida a la normativa social y la ética a la manifestación en actos
personales y sociales de esa moral. Aunque cada ser humano tiene su propia
percepción y apreciación valorativa (fundamento axiológico) que lo lleva al
plano de la existencia, realización y trascendencia (fundamento ontológico),
lo hace mediante un proceso de valoración y ponderaciones personales
tomando en cuenta valores personales y contextuales (morales) lo que
implica conocimiento: procesos de toma de decisiones y evaluaciones de
sus acciones (fundamento epistemológico), para actualizar y redimensionar
sus valores como una forma de perfeccionarse a sí mismo y a su entorno.
A la luz de estas aclaratorias, la política parte siempre de los valores
personales y sociales traducidos en necesidades-potencialidades, intereses,
expectativas y deseos comunes o colectivos. Todo grupo para conformarse

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como tal, debe compartir una gama de valores, al menos en aspectos


generales o puntuales, pues obviamente siempre existe diversidad de
intereses, necesidades, expectativas y deseos entre las personas.
Estos valores acordados como grupo o sociedad, no solo deben
propender al bien común, sino que deben en cierta medida garantizarlo
y buscar el permanente perfeccionamiento existencial como personas,
grupos y sociedad (fundamento axiológico-ontológico). Barrera (1999),
en este orden de ideas, indica que es a partir de Pafer, que la moral se
concibe como el conocimiento y selección entre dos o más bienes, en
pro del perfeccionamiento y realización tanto de quien actúa como de
quienes se ven involucrados o afectados por su actuación. Napolitano
(2002) aclara que una ética asumida y llevada solamente desde el punto
de vista individual, haría del ser humano un ser aislado y volcado hacia
su interior, situación imposible y autodestructiva por ser la persona un ser
gregario por naturaleza.
En este sentido, todo grupo se sustenta mediante un acuerdo o consenso
valorativo, el cual se basa sobre afinidades y coincidencias, más que en
diferencias. Estos valores o el nosotros-ético (fundamento axiológico)
orienta y conlleva hacia la acción y el comportamiento; lo axiológico no sólo
determina la forma de existencia personal, sino también social (fundamento
ontológico): Si en un grupo existen altos niveles de conflicto es porque no hay
una ética afín (o quizás no se actualizó), aparecen entonces las tensiones
de poder y la imposición por otras vías no consensuales de valores y, por
ende, de acciones. Los valores orientan para la toma de decisiones grupales
(fundamento epistemológico).
Dimensión volitiva-social de la política (nosotros en dirección)
Toda política de acuerdo a los valores señala las acciones mediante la
fijación de fines, objetivos o metas, los cuales guían las relaciones del grupo
y de éste con otros grupos. También contribuyen a compatibilizar y congeniar
actitudes y motivaciones, pues toda política debe orientar y dictar pautas en
torno a las tomas de decisiones. En este sentido, la política reduce o minimiza
el conflicto, pues delinea la organización, y por ende, la coordinación de
recursos y actividades grupales. La política abarca lo relacional, lo público,
pero en acuerdo, en concordancia, y no necesariamente por la imposición
del poder, como tradicionalmente se ha pretendido establecer.

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Dimensión tecnológica de la política (nosotros transformando)


La finalidad básica de toda política es ordenar (estar en permanente
re-ordenamiento), ya que esto le permite “alcanzar los fines”. Todo grupo
humano necesita acercarse o aproximarse a su contexto a objeto de
transformarlo de acuerdo a sus valores (nosotros ético), y fines y objetivos
(nosotros en dirección). El ordenamiento de su contexto le permite
satisfacer sus necesidades o expectativas a través de los objetivos y fines
debidamente formulados. Toda política, establece entonces, recursos y
medios que conduzcan al alcance de algún fin u objetivo. Por lo tanto,
favorece y facilita la creación de procesos, planes, programas, instrumentos,
diseños, prototipos, modelos y tecnofactos que permitan la satisfacción de
necesidades-potencialidades, intereses, expectativas y deseos comunes o
generales, de acuerdo a un ordenamiento y a una dirección preestablecida,
es entonces, el nosotros-transformando. Noro (2003: 352) lo explica de la
siguiente forma: la política es el “proceso de determinaciones operativas
para organizar el funcionamiento armónico de los intereses particulares y
comunes de una sociedad”.
Dimensión contralora o evaluadora de la política (nosotros mejorando)
Antes de desarrollar una política es preciso prever la factibilidad y
prioridad de objetivos y fines. Tiene que ver con los límites espacio-
temporales. Dice cuándo, dónde y en quiénes se aplica. Estipula indicadores
o parámetros bajo los criterios de espacio y tiempo a objetivos, etapas,
recursos, procesos y medios. Señala cuándo y dónde fue un objetivo
alcanzado y en qué medida se cumplió (nosotros evaluando). Se encarga
de vigilar la correspondencia entre valores, intereses, expectativas, deseos,
objetivos, fines, medios, recursos, procesos y tecnologías (eficiencia y
eficacia) (nosotros-analizando). También alerta sobre el cambio de valores
que producirían o innovarían objetivos y fines (nosotros-recreando).
Al existir medios y recursos, regularmente aparecen las imposiciones
de poder. La política orienta sobre quién puede ejercerlo (autoridad), pero
siempre en función de sancionar quienes incumplan o no contribuyan al
alcance de los fines compartidos e incentivar a quienes sí lo hagan, de
tal manera, que las actividades sean más eficientes y eficaces. La política
tiene efecto vinculante para todo el grupo, de allí que promueva, motive,
propenda; en contraposición al efecto vinculante tradicional de prohibir y

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regular. En síntesis, es el nosotros-mejorando. Para ello la política se apoya


en la legalidad y no sólo en la fuerza, principio propuesto en un primer
momento por Rousseau, según Cerroni (2004).
Dimensión comunicativa de la política (nosotros concordando)
Toda política es en sí comunicación. Intercambio constante de intereses,
expectativas, motivaciones y opiniones. Activa, descubre y precisa nuevas
necesidades o potencialidades. Esto conduce al consenso y al acuerdo que le
da legitimidad a la política en torno a fines y medios. El debate, el discernimiento,
previos al consenso sólo pueden hacerse a través de la comunicación. La
comunicación lleva implícita la negociación, la persuasión y el debate inherentes
a toda persona y a todo grupo. Quien más comunica tiene más posibilidades
de persuadir o negociar. Para Vellejos (2007: 120) “toda comunicación es
posible sólo en el interior de la sociedad y no en el entorno”. Es a través
de la comunicación que se generan o acuerdan intereses y posteriormente
objetivos comunes prioritarios, pues permite la génesis de valores o un
redimensionamiento de los mismos. Es el nosotros-concordando. Noro (2003:
352) lo ilustra de la siguiente forma: la política, “se construye en un diálogo
permanente entre: las ideas y la realidad..., los proyectos y las demandas, los
discursos y recursos, las formulaciones teóricas y las exigencias concretas de
las personas, el todo social y los individuos que lo integran”.
En síntesis, política es el proceso de los grupos humanos organizados
conducente a satisfacer eficiente, continua y sostenidamente, las
necesidades, intereses, expectativas y potencialidades que como unidad
poseen. La integración de una política requiere de la manifestación armónica,
dinámica y coherente de sus cinco dimensiones.
Análisis de la política educativa desde una nueva visión integradora
La política educativa es el proceso de los grupos humanos organizados
conducente a satisfacer eficiente y sostenidamente las necesidades y
potencialidades que como unidad poseen, de innovar y generar conocimiento
continuamente, a objeto de alcanzar su propia realización y trascendencia.
Una política educativa puede estar presente en una sociedad, una comunidad,
una empresa o en una familia. Para Morín (2000) y Vellejos (2007) es preciso
delinear una educación planetaria o para la sociedad mundial.
El Estado sustentado en leyes o en un marco legal necesita de un acuerdo

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de la mayoría de la población, que admita mediante consenso su legitimidad.


Las leyes y Constitución contienen los instrumentos jurídicos necesarios
para la vida social, sobre su base se armonizan las acciones del conjunto
social. Dichas leyes son producto de las costumbres e intereses de la misma
sociedad (dimensión ética). El consenso logrado se vierte mediante un pacto
entre los diversos sectores de la sociedad, ello produce un proyecto político
(macro política), metas compartidas por la mayoría de los integrantes de
una sociedad. A este respecto Duplá (1983: 2) señala: “Cuando hay metas
compartidas por una mayoría social el esfuerzo colectivo va en una misma
dirección y se puede hablar de un proyecto nacional”.
Para arribar a dichas metas compartidas por todos, la educación y
la educación formal van en esa dirección y objetivos, actúa en pro de
ellos. El interés o intereses nacionales son el punto de partida para el
proyecto nacional. Para Nuechterlein (1987) el interés nacional incluye las
necesidades de las diferentes capas sociales las cuales priorizan mediante
un proceso político complejo, en el cual, se llega a cierto consenso sobre
los aspectos más importantes para los intereses de todos. En realidad estos
intereses se complementan.
El proyecto nacional, surge de ese consenso político y queda legitimado
regularmente a través de una Constitución, que contiene los lineamientos
que deben seguir. Dichos lineamientos son producto de las discusiones de
programas, papeles de trabajo y proyectos presentados por las diferentes
sinergias de la educación para alcanzar los objetivos propuestos. Esto se
logra mediante la conciliación de intereses (nosotros-concordando). Pero
no siempre la Constitución es producto de un proyecto nacional, a veces
quedan plasmadas en ella los intereses y lineamientos solapados de grupos
o escasos grupos de la sociedad; otras veces los de un solo grupo. En este
caso no existe proyecto nacional, aunque así se llame.
Cuando dichos objetivos o intereses no se proyectan en un futuro lejano
(en este caso tampoco existe proyecto nacional), caducan con facilidad
y pronto necesitan redimensionarse. Se supone que la educación debe
contribuir con el proyecto nacional. Éste señala las vías de desarrollo y
organización social a seguir, no obstante, si no existe un proyecto nacional
definido, no podrá definirse una política educativa. Al carecer de una
política educativa, la educación formal se torna incoherente, con programas,

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docentes, estudiantes, administración, cada uno con una percepción


distinta de sus objetivos y desaparece la pertinencia con el requerimiento
cognoscitivo del contexto propuesto por Morín (2000).
En este marco de ideas, la política de Estado viene a ser la que dirige la
acción a largo plazo de acuerdo a los intereses de la sociedad; una política
de gobierno, por su parte, se refiere a períodos más breves, pues como
su palabra lo dice está enmarcada dentro de una administración; es una
etapa o fase para acceder al objetivo o fin que se ha propuesto la política
de Estado. La política de Estado varía poco como la institución de la cual
emana. Los gobiernos tienen la libertad de crear políticas de menor alcance
para conseguir el fin último de la política de Estado (programas).
Sin proyecto nacional definido no está clara la política de Estado, por
lo tanto, no hay continuidad en la política de los gobiernos. Cuando no hay
proyecto nacional, cada gobierno durante su estadía en la administración del
Estado aplica políticas educativas incoherentes generando graves problemas,
entre los cuales, cabe destacar la falta de pertinencia de ésta con la sociedad.
Esto genera desempleo, subempleo, aculturación, descuido de actividades
productivas, baja producción de tecnología y conocimiento en general.
Por su parte, la política pública hace referencia a lo relacionado con el
Estado y el gobierno, para diferenciarse de la política empresarial o privada.
Según Kelman (1992) el trazado de política pública comprende un conjunto
de estadios que comienzan con las propuestas y terminan con las acciones
gubernamentales que afectan la vida de las personas: La demanda original
puede diferir mucho del resultado final. Difícilmente una política pública
satisface completamente la demanda, pero se supone que la sociedad
es un proceso dinámico en el cual, la evaluación de dicha política, genera
una nueva formulación (dimensión ética) y proceso de trazado de política
(dimensión contralora o evaluadora y dimensión comunicativa). La política
educativa es una de las sinergias de la política pública, tan importante como
la política económica y financiera, la política de atención y asistencia social,
la política ambiental y la política exterior.
Abordaje holístico del currículo: El currículo como política
La percepción fragmentaria y dual de la sociedad, ha generado no
solamente las contradicciones conceptuales con respecto a la educación,
sino también del procedimiento, de los medios, de los objetivos y de los fines

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de la misma, es decir, con respecto a la política educativa y al currículo. Para


Angulo y Blanco (2000) las diferentes acepciones de currículo responden a
modelos epistémicos de diversa índole.
De igual manera, las formas dicotómicas de abordar la realidad, como
teoría-práctica, planificación-acción, objeto-sujeto, causa-efecto, han
sido trasladadas a la definición de currículo. Así, se tiene (Zais 1976:
31): “currículo es definido tanto por el aspecto concreto del que versa (su
estructura semántica), como por los procedimientos de investigación y
práctica que utiliza (estructura sintáctica)”. De esta forma, el currículo posee
una “parte concreta”, otra “práctica” y otra de “investigación”. Para Angulo
y Blanco (2000) existe currículo como planificación, quien determina al
currículo operativo, el cual representa las acciones.
Surgen entonces, modalidades, tipos, en fin, fragmentaciones, del
currículo: como contenido, como plan, como actividad, currículo manifiesto,
currículo oculto, entre otros. Díaz Barriga (1998) recoge cinco acepciones
de currículo de diversos autores:
- Como plan que dirige acciones posteriores. El currículo da respuesta
a qué se debe enseñar en las escuelas.
- Como sinónimo de instrucción.
- Como un campo amplio en el que se hace referencia a los procesos
psicológicos del estudiante y cómo éste adquiere sus experiencias
educacionales.
- Como un determinante exclusivo de los contenidos de enseñanza
y de las actividades de la misma.
- Como una representación formal de las estructuras de las disciplinas.
El currículo es una trascendencia de todas estas acepciones, que han
sido vistas por algunos autores desde una aproximación integral, mas no
desde un abordaje holístico, así para Meza (1980: 15), “la enseñanza y el
aprendizaje deben desarrollarse como un proceso de interacción vital con
el marco totalizador del mundo que rodea al alumno”. La persona, en este
caso, el estudiante, no es un ser aislado, sino que está integrado o pertenece
a un contexto, por lo tanto, sus preferencias, inquietudes e intereses se
complementan y potencian con y en su entorno (Morín, 2000). La persona

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es una sinergia del proceso educativo, pero no la única. Siguiendo con esta
visión se tiene (Meza 1980: 26):

El proceso curricular constituye el aspecto medular de la


orientación de la enseñanza y el aprendizaje, tanto en la
acción escolar como en la relación con el medio. A él concurren
diversos factores del sistema social transformándolo en
un proceso de gran dinamismo, enlazado orgánicamente
con todos los elementos que inciden en la vida individual y
colectiva. Una visualización integral del currículo y el manejo
necesario de una metodología para su estudio, permiten
pensar que a través de él es posible abordar el sentido del
fenómeno educativo en su totalidad.

En efecto, al realizar un abordaje holístico del currículo se produce


un abordaje holístico de la educación, o viceversa. La totalidad que es la
sociedad, supone de igual manera una integración de lo que es su proceso
educativo. No hay necesidad de fragmentar o dividir lo que es currículo y
quienes lo integran. De esta manera, para Kaufman (2000: 23) “el trabajo
del administrador educacional (docente) consiste en planificar, diseñar e
implantar un sistema eficiente y eficaz que responda a las necesidades de
los alumnos y la sociedad”.
Las necesidades-potencialidades personales y sociales son un
complemento, una integralidad. Siguiendo con Kaufman (ya citado) “las
variables de acción recíproca del hogar, el vecindario, la cultura y la sociedad,
deben incluirse en el diseño de la educación, puesto que, cualesquiera
que sean nuestros motivos, se nos sigue considerando responsables”.
Las variables que menciona este autor no son más que sinergias de un
mismo evento, pues todas integran una misma realidad, por tanto todas son
responsables. En otras palabras, todos son responsables del currículo, pues
él atiende a necesidades-potencialidades complementarias de las mismas.
Como se puede observar en la figura 2 las necesidades de conocimiento
de la persona (estudiante) se complementan dentro de holos mayores, para
satisfacerlas es preciso que todas las sinergias se involucren y participen,
en el caso de la educación, el currículo debe ser diseñado de forma integral
y trascendente para lograr el efecto deseado: satisfacer las necesidades/
potencialidades de conocimiento personales, que en realidad son las mismas del

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hogar, la comunidad, la escuela, la sociedad o la cultura o el Estado, las cuales


son sinergias de un holos mayor. Morín (2000: 41) lo ilustra así: “la sociedad es
más que un contexto, es un todo organizador del cual hacemos parte nosotros”.
De acuerdo a la figura 2, currículo es el esfuerzo sistemático, progresivo
y trascendente del hogar, la comunidad y la escuela (estudiantes,
profesores y administradores) para compartir y generar conocimientos
que satisfagan las necesidades, capacidades, expectativas, tendencias y
potencialidades de las personas, las cuales se vendrían a complementar
y proyectar dentro de holos mayores, que generalmente se denomina
sociedad, cultura o Estado. En este caso el currículo como lo indica Meza
(1980: 28) es un proceso “original, particular, único y distinto, frente a una
situación educativa dada”.

Figura 2. Las necesidades-potencialidades personales se trascienden


y se complementan en holos mayores. (Elaboración propia).
Visto de esta forma, el currículo contempla las metas, procedimientos y
fines compartidos por una comunidad (integrante de una sociedad). Es decir,
es una política, una dinámica de transmisión, comunicación y generación
de conocimientos, que generalmente tiene su asiento en la escuela o la
academia, como lugar específico en el cual se ejecuta la mayoría de estas
actividades. De acuerdo a lo anterior, currículo es en sí planificación. Para
Arredondo (1981) citado en Díaz Barriga (1998), el currículo contiene una
fase diagnóstica, una proyectiva y una evaluativa.
Kaufman (2000: 14) sostiene que: “un enfoque sistemático educativo
orientado a la acción, requiere que se realice una planificación formal y

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sistemática, lo mismo que diseños, aplicaciones, evaluaciones y revisiones”.


Hablar de planificación curricular es entonces hablar de currículo. Dentro
de la sociedad del conocimiento, la planificación curricular debe partir
de la investigación. De esta forma el currículo para ser pertinente en la
actualidad debe estar sustentado en la ciencia. De acuerdo con esta autora
la planificación curricular debe:
1. Proporcionar direccionalidad al proceso instruccional: mediante
objetivos que expresen las necesidades del diagnóstico realizado.
2. Establecer una relación equilibrada entre medios y fines, a fin de
asegurar su eficiencia y eficacia.
3. Ser participativo, al involucrar a personas y grupos vinculados a ella
(hogar, escuela, comunidad, gobierno).
4. Ser provisional como toda ciencia.
5. Definir y especificar: (a) las personas o grupos a quien está dirigido,
(b) la presentación [innovación y generación] del conocimiento, (c)
la tecnología instruccional, (d) la definición del perfil de la institución
y (e) la sociedad que la contextualiza.

Figura 3. El currículo como sintagma de necesidades y potencialidades


educativas (Elaboración propia).

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En este caso, el currículo se expresa a través de programas pues diseña


líneas atendiendo a un plan mayor, pero también, a un contexto específico,
o puede decirse es una meso política que adapta los lineamientos de una
macro política atendiendo a los requerimientos de una comunidad específica.
Para Beauchamp (1981) citado en Angulo y Blanco (2000: 24):
El currículo como plan presenta intenciones justificadas, que sirven
como guías básicas para las planificaciones particulares y concretas que
cada profesor tiene que realizar con respecto al contexto educativo en el
que actúa (...) presenta un marco educativo y determina prescribiéndole la
acción que consciente e intencionalmente ha de ser llevada a cabo.
Así mismo, el currículo es agente de comunicación entre las sinergias
que intervienen en él, personas, docentes, hogar, comunidad, escuela,
sociedad (Estado o cultura).

Figura 4. El currículo como política. (Elaboración propia).


La figura 4 señala cómo el currículo está integrado a unas tendencias o
lineamientos mayores, pero al mismo tiempo, es un diseño único y particular
para compartir, innovar y generar conocimiento dentro de un holos mayor.
Se puede observar como la persona en el aula, o en plena faena educativa,
atiende y participa en el diseño de un programa (micropolítica), donde el
docente vigila que atienda a un currículo elaborado con la participación
del hogar, la escuela y la comunidad, y por ende, atendiendo a sus
requerimientos (mesopolítica); sin embargo el currículo, como no es una
creación aislada sino complementaria e integrada a un contexto mayor
(sociedad, cultura o Estado), atiende a política o lineamientos educativos

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regionales o nacionales, donde han participado, grupos y personas que


integran dicho contexto: gobierno, gremios, sindicatos, grupos organizados,
partidos políticos, movimientos, entre otros (macropolítica).
Finalmente como las sociedades, o las culturas, o los Estados no están
aislados sino pertenecen a un holos mayor, en este caso, al entramado
de las relaciones mundiales o globales, su política educativa, adquiere o
adapta las tendencias internacionales, sancionadas por organismos como la
Unesco y centros de investigación expertos en educación y mundialización
(megapolítica), las cuales suministran y demandan, al mismo tiempo, una
serie de aptitudes, habilidades, destrezas a las personas, y se vuelve, a
generar un proceso continuo y dinámico, donde el currículo es una sinergia
política imprescindible que determina la pertinencia de la educación. En
palabras de Morín (2000: 58):

la sociedad vive para el individuo, el cual vive para la


sociedad; la sociedad y el individuo viven para la especie…
Cada uno de estos términos es a la vez medio y fin: son la
cultura y la sociedad las que permiten la realización de los
individuos y son las interacciones de los individuos los que
permiten la perpetuidad de la cultura y la auto -organización
de la sociedad.

El currículo, es por tanto, demandante y al mismo tiempo generador de


política. Es él quien advierte los cambios y transformaciones requeridas
por la comunidad y las personas (dimensión evaluativa de la política), las
cuales reciben presiones de su contexto (local, regional, nacional y global);
y por otro lado, es responsable de instruir a las personas y comunidades
para que ejecuten y dinamicen esos cambios y transformaciones, así lo
reafirma Díaz Barriga (1998: 19): “el currículo es una conclusión deducida
de adaptación al cambio social”.
Ante las necesidades de transformación y cambio en América Latina,
dada por la acumulación progresiva de problemas sociales irresolutos
(desde la Colonia hasta hoy), y dados por el proceso de mundialización y
la sociedad del conocimiento, es el currículo el instrumento fundamental
para propiciar esos cambios.

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Conclusiones
La sociedad cada vez se mundializa más y es imposible abordarla con
criterios de siglos anteriores en cualquiera de sus componentes o eventos,
incluyendo la política. La política es un proceso necesario, básico y universal
de toda actividad humana y social. La política como toda actividad humana
es imposible desprenderla de lo ético - moral. De hecho la política, es una
manifestación de determinada ética, si se aborda desde una perspectiva y
fundamento preeminentemente ontológicos, entendida como un conjunto de
valores y creencias que llevan a la acción. Las disquisiciones epistemológicas
recientes señalan que no hay separación entre la investigación, la ética, la
racionalidad, la emocionalidad y la política; son procesos interdependientes
que se manifiestan de forma integral y sólo son separables en sentido
metafórico para efectuar análisis.
Para la politología es necesario revisar estos principios a fin de sincerarse
en torno a su incongruencia de modelos epistémicos-teorías-métodos. Se
autoproclamó científica-positivista, pero históricamente ha privilegiado el
método racionalista-deductivo, la hermenéutica y el análisis crítico-reflexivo.
Su problema entonces es de validez por la inconsistencia modelo epistémico
-método-generación de conocimiento; razón por la cual ya algunos la han
declarado muerta. Más bien se pudiera decir que está en terapia intensiva,
pero debe avivarse por sus propios medios, auto-analizándose desde el
punto de vista epistémico; y entendiendo de una vez por todas que el acto
científico también es un acto político (como todo acto humano): ha de
renunciar a la herencia dicotómica de Weber (1984) del político y el científico.
La holística ofrece una vía expedita para el redimensionamiento de la
politología en sus aspectos epistémicos, teóricos y metodológicos. Así lo
demostró este pequeño ensayo o ejercicio intelectual al redefinir la política,
revisando, integrando y trascendiendo las diversas acepciones de la misma,
contextualizándola en el mundo actual, y logrando a su vez una revisión de
definiciones claves para otras ciencias: En este ensayo se le pudo proveer
a la educación de una definición conceptual de política educativa y una
revisión más completa y entera de un término tan generalizado y polémico
como lo es currículo.
Bajo esta perspectiva, el currículo, como toda actividad humana es
política (demandante, receptor y generador de ella) en el sentido que

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responde a fines y objetivos de generación de conocimientos colectivos,


basados en valores éticos, propone medios, organización, dirección e
innovación para alcanzarlos. El currículo actúa como micro, meso y macro
política dentro de un holos mayor que es la sociedad planetaria. Entonces
tanto el currículo como la política, deben ir desprendiéndose de su carácter
territorial sobre el cual se basaban para ser definidos. Currículo y política
son fenómenos complejos que exigen de actitudes no paradigmáticas, más
bien integralistas; este ejercicio intelectual propiciará los cambios necesarios
para un mundo más humano, sostenible, diverso y equilibrado, y que sin
duda, la mayoría desea.
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