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Náyade S.

Monter Arizmendi
10/10/2017

Actividades:

a) Da lectura a las páginas 85 a 95 del texto Gramáticas de la Convivencia, analiza su contenido


y responde a las siguientes preguntas por escrito:

1. ¿Por qué es necesario salir de la perspectiva que equipara violencia en los centros
educativos con delincuencia juvenil?

Comúnmente ante la opinión pública la prensa da a conocer los episodios más “espectaculares”
de violencia en los espacios escolares, siendo esta una situación que favorece la estigmatización
de las/los a jóvenes estudiantes. De modo que, si se equipara a la violencia desde la lógica
delictiva juvenil (surgimiento de bandas, tribus o pandillas juveniles), se están mirando los hechos
“violentos” de manera aislada, situación que no contribuye a la comprensión de los mismos. Es por
ello que, se requiere comprender lo que hay detrás de éstos, es decir, situar la problemática como
un asunto de la convivencia (de las relaciones que se establecen en la vida escolar); sin perder de
vista las violencias que padecen los propios jóvenes en sus hogares, sus barrios, sus comunidades y
en las diferentes instituciones de las que participan.

2. ¿Cuál es el giro conceptual de los trabajos de Charlot y Debarbieux respecto a las


concepciones imperantes en torno a la violencia en la escuela?

El giro conceptual propuesto en los trabajos de Charlot y de Debarbieux respecto a las


concepciones imperantes de la violencia (de la criminología o la sociología de la violencia que
retomaban tipificaciones del sistema jurídico- penal), obedece a la comprensión de ésta a partir de
los desencuentros, los conflictos y violencias vividos al interior del sistema escolar, es decir,
responden a la urgencia de que esta problemática sea pensada desde otro lugar.

Para Charlot y de Debarbieux el problema de la violencia no obedece al desvío individual o la


anomia social (ausencia de normas, orden o estructura), más bien, desde su propuesta permite
sacar el problema del ámbito de la concepción criminalizadora o del desvío, para llevarlo a una
visión que sitúa el problema de la convivencia escolar como un problema de “civilidades” o como
ellos lo llaman: “incivilidades”. Es decir, la violencia como la ruptura de normas sociales y de
convivencia; asociada a un conflicto de civilidades o resistencia al orden escolar.

Violencias que no sólo tienen que ver con aquellos sucesos espectaculares retratados en los
medios de comunicación, sino aquellos que son vividos en la vida cotidiana de los espacios
escolares, que incluyen: la agresión verbal y física, las relaciones establecidas en términos
violentos por los jóvenes con sus pares (“juegos de agresivos”: simular pelearse a empujones y
golpes), los pequeños robos, y la destrucción de materiales, etc.

Esta noción permite salir de un concepto de violencia restringido al de crímenes y delitos para
acercarse a una posición que toma en cuenta las pequeñas violencias cotidianas.
Náyade S. Monter Arizmendi
10/10/2017

3. ¿A qué se refieren en el texto con visiones judicializantes, criminalizantes y estigmatizantes?

Se refiere aquella visión desde la óptica de la criminología, que se sustenta en las noticias de “nota
roja” difundidas por los medios de comunicación (de asesinatos masivos en escuelas, secuestro y
muerte de profesores, introyección de drogas al interior del espacio escolar, entre otros).
Perspectiva que sólo coloca a la violencia como sinónimo de muerte, golpes y heridas con o sin
armas, robos, vandalismo, violaciones o acoso sexual.

4. ¿A qué se refieren con la noción de incivilidades y como se distingue de la violencia?

Por un lado, la noción de incivilidad se refiere a la falta de respeto hacia el otro y los desacuerdos
en las normas de convivencia. Hace referencia a la disciplina del cuerpo, de un ordenamiento de
las prácticas y una regulación de los discursos. Es decir, a la penalización de las indisciplinas1, las
resistencias, las faltas de respeto, las malas palabras, la ruptura de normas, todas éstas vividas
como amenazas al orden establecido (que transgreden los códigos elementales de la vida en
sociedad, que son intolerables por el sentimiento de falta de respeto que inducen en aquellos que
los sufren).

Por el otro, la violencia es un conjunto de incivilidades, es decir, de agresiones cotidianas al


derecho de cada quien a ver su persona respetada (palabras hirientes, interpelaciones,
humillaciones; tanto por parte de los alumnos hacia el personal docente como a la inversa). Existe
una multiplicidad de definiciones de lo que es la violencia, regularmente remiten a las normas y al
vínculo con la norma. Sin embargo, para definir la violencia debe tomarse en cuenta lo que
representa para los actores involucrados, comprender sus valores, normas y costumbres (o sea las
“incivilidades”).

¿Cómo se relaciona el concepto de incivilidad con la noción de civilización de Norbert Elias?

Para Norbert Elias la idea de proceso civilizatorio refiere a la transformación a largo plazo de las
coacciones externas a las coacciones internas. Es decir, al control de los impulsos, en la

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Las indisciplinas, frente a los límites impuestos en el proceso de socialización, están en relación
con un conjunto de violencias de corte estructural e institucional, que regularmente no son
pensadas como de esa forma por aquellos que las sufren, pero que pueden reagruparse pensarse
como “violencia simbólica” o “violencia institucional” (por ejemplo, los profesores que se niegan a
volver a explicar, el ausentismo docente, los docentes que abandonan a su suerte a los más
“flojos” o “poco capaces”, desvalorizándolos; que se ven negados en sus funciones, violencia de
una arquitectura vieja y deteriorada o nueva, frágil y rápidamente destrozada, pizarrones rotos y
sillas quebradas en los cementerios de bancos.
Náyade S. Monter Arizmendi
10/10/2017
modificación de los hábitos, los comportamientos y los modales de las personas, Elias dice que no
existe sociedad sin prohibición de los impulsos. De modo que, lo que el proceso civilizatorio hace
es regular los impulsos y las sensaciones, incorporando hábitos, modales y costumbres que
dominan, inmovilizan o someten estos impulsos (estableciéndose un especie de vínculo entre la
civilización y represión). Que alude al acto de observarse a sí mismo y observar la conducta de los
otros (en relación a los afectos, actitudes, respuestas y acciones).

Bajo esta interpretación, el concepto de incivilidad interpreta los comportamientos de las


personas a partir de signos culturalmente determinados (de los “buenos hábitos”), haciendo que
las sensibilidades se modifiquen, igual, culturalmente. De manera que, lo que es violento o no,
depende de estas sensibilidades (o civilidades) socialmente determinadas e históricamente
cambiantes. Entonces, la dificultad de introducir (o legitimar) estas normas, costumbres, valores
de época, determina la sensación de violencia o de incivilidad. Pues, el proceso civilizatorio tiene
necesidad permanente de justificar y legitimar las condiciones en las que es válido el uso de la
fuerza, en tanto que el proceso civilizatorio tampoco significa mayor humanismo.

Esta mirada situada, permite desnaturalizar la violencia y comprender sus interdependencias (en
relación a la institución, a sus objetivos, a sus actores, y a aquellos que la investigan y actúan sobre
ella). Por ende, el análisis de la naturaleza de la violencia escolar permite comprender en
profundidad por qué gran parte de los conflictos son originados en torno a usos, costumbres y
valores, más que a delitos y hechos de sangre.