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CAPITULO I

FUNDAMENTACION DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES

En nuestra cultura jurídica se requiere, como condición de buen ejercicio de la función


de administrar justicia, que las decisiones de los jueces sean fundadas en derecho.
Este requisito suele expresarse diciendo que la decisión debe constituir una
“derivación razonada del derecho vigente”. La ausencia de tal cualidad puede
determinar que la sentencia sea declarada nula por carecer de un elemento esencial
para que pueda ser reconocida como acto jurisdiccional.

PRECISIONES SOBRE MOTIVACIÓN, JUSTIFICACIÓN, EXPLICACIÓN Y


FUNDAMENTACIÓN.

MOTIVACIÓN:

Motivar significa explicar la razón o motivo que se ha tenido para hacer algo, en la
sentencia es la razón que impulsa a los jueces a decidir de una manera u otra.

JUSTIFICACIÓN:

Para COMANDUCCI la justificación se define como un procedimiento argumentativo


mediante el cual se ofrecen razones a favor de una conclusión.

Por su parte OTERO PARCA señala que justificación proviene de la palabra justicia y
pretende la búsqueda del derecho justo.

EXPLICACIÓN:
De acuerdo a NIETO la explicación consiste en la descripción de las causas

Para OTERO PARGA consiste en dar a conocer lo que se piensa

Este concepto cobra importancia actualmente, pues ahora con la reforma penal y de
acuerdo al sistema penal acusatorio basado en el principio de la oralidad los jueces
deberán explicar verbalmente el contenido de las sentencias.

FUNDAMENTACIÓN:
Sugiere la idea de que toda resolución judicial, toda sentencia debe hundir sus raíces,
hacerse firme en la ley como único apoyo en el que puede descansar la decisión
judicial.
EVOLUCIÓN DE LA JUSTIFICACIÓN:

Hoy sabemos, y ciertamente desde los trabajos de MAX WEBER que la diferencia
formal entre un sistema jurídico autoritario-represivo y un sistema basado en la
legalidad, reposa, esencialmente, en la circunstancia de que en el primero se recurre a
expedientes autocráticos para legitimar los fallos judiciales: la voluntad del rey, los
intereses de la clase dominante, los caprichos del dictador, mientras que en el
segundo se acude a los medios técnicos que ofrece la burocracia judicial. Esta tesis
constituye el núcleo de la “racionalidad de los medios y los fines” y de la legitimidad del
poder político. Con palabras aún más simples: la aceptación social y ética (o como
diría WEBER la “racionalidad formal”) y, por ende, la legitimidad de una sentencia
judicial dependen, en grandísima medida, de cómo esta sentencia sea fundamentada
sobre la relación entre hechos y normas y de cómo a partir de allí se deriva la
sentencia judicial, fue desarrollada y popularizada por KARL ENGISCH. En este caso
se trata de una tesis ecléctica, conocida como la teoría del “ir y venir de la mirada
entre la premisa normativa mayor y el supuesto fáctico”
Según este enfoque (que merece nuestra aprobación) no existe, finalmente, un criterio
metodológico único para adoptar una sentencia, por lo que se hace necesario acudir
constantemente a la norma y a los hechos para dictar el fallo, todo valiéndose de
múltiples herramientas, que no siempre son lógicas o racionales. De allí la inevitable
debilidad epistemológica de toda sentencia judicial, durante más de doce siglos se
consideró que era innecesario, contraproducente y hasta de “mal gusto” que un juez
expusiera las razones de sus fallos. Es así como existe el aforismo latino, de antiguo
abolengo, según el cual: (si el juez es cauto, no expresará la causa de su decisión). La
obligación de motivar las sentencias judiciales no es, entonces, una constante histórica
axiomática, sino que está sujeta a las contingencias ideológicas de la época.
En nuestro tiempo, donde se idolatra la razón técnica resulta impensable tomar una
decisión que no se pueda "justificar" de alguna forma.

FUNCIONES DE LA FUNDAMENTACION:

Un fallo cumple, esencialmente, cuatro funciones básicas:


a) La primera, y más evidente, es la que se podría denominar endoprocesal. Plasmar
por escrito las razones en virtud de las cuales se toma una decisión determinada, sirve
como un mecanismo interno para que los tribunales superiores puedan ejercer un
control (aunque sea mínimo) de los alegatos esgrimidos por los tribunales de
instancias inferiores. Este control puede llevarse a cabo también por medio de los
abogados de las partes, quienes conocerán así los argumentos que deben combatir en
los recursos de revocatoria y apelación.
b) La segunda tarea que cumple la fundamentación tiene que ver, como ya se dijo, con
la presunta “racionalidad” de las sentencias judiciales y del Derecho en general
c) Una tercera función que cumple la fundamentación de los fallos judiciales se refiere
a la legitimación del poder ejercido por el Estado sobre los ciudadanos. Una
sentencia, independientemente de si ésta es “racional” o no, implica ejercicio directo
de las potestades de imperio de la administración pública. Es
d) La fundamentación de los fallos judiciales cumple, finalmente, la importante función
de legitimar la administración de justicia frente a distintos foros de la sociedad:
I) Las partes involucradas representan, por un lado, el auditorio directo de los
operadores del Derecho.
II) El foro social más importante al que se dirige el juez con la motivación de sus
fallos está constituido, empero, por los Tribunales Superiores Esto explica el
exagerado inventario de jurisprudencia que se cita en las sentencias de los
tribunales de primera instancia, De allí que no es inusual (particularmente en
ciertos países) encontrarse fallos donde abundan las citas de literatura
especializada y de eruditas elucubraciones sobre las distintas “teorías” que hay
en la materia en discusión. Todo esto no estaría mal si no fuera por el "detalle"
de que muchas veces esas disquisiciones no tienen nada que ver con el fondo
del asunto, sino que buscan más bien lanzar una cortina de humo sobre los
puntos verdaderamente candentes del problema.

III) los jueces fundamentan sus fallos para quedar bien con la “opinión Pública”
y con los medios de comunicación, siempre ávidos por el espectáculo teatral en
el campo de la justicia.

LA FUNDAMENTACIÓN DE HOY

a) El argumento de la igualdad (formal): “cuando los jueces se limitan a aplicar las


reglas generales promulgadas por el congreso, todos los casos del mismo tipo
recibirán la misma solución”.

b) El de la democracia: “en aquellos países en los que los miembros del congreso son
elegidos democráticamente, lo cual usualmente no ocurre con los miembros de la
judicatura, una separación tajante permite el control democrático del modo de resolver
los desacuerdos entre los miembros de la comunidad”.
c) El de la certeza y seguridad: “sólo por medio de una estricta división de poderes la
gente está en condiciones de conocer sus derechos y obligaciones por anticipado
respecto de las decisiones judiciales.

Toda decisión que no sea justificada tal como se exige es considerada arbitraria, en el
sentido de que los derechos u obligaciones adjudicados han sido establecidos ex post
facto por el juez.

LA FUNDAMENTACIÓN DE LA SENTENCIA
Comprende las siguientes operaciones:
a) clasificación o subsunción del caso individual en algún caso genérico;
b) determinación de la solución (genérica) que el sistema normativo correlaciona al
caso genérico;
c) derivación de la solución para el caso individual mediante las reglas de inferencia
del sistema.
CAPITULO II

MOTIVACION DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES

El concepto de motivación se refiere a la justificación razonada que hacen


jurídicamente aceptable a una decisión judicial. La motivación, “es sinónimo de
justificación y por ello la esencia de este concepto se encuentra en que su decisión es
conforme a derecho y ha sido adoptada con sujeción a la ley”. No basta entonces que
se explique cuál ha sido el proceso psicológico, sociológico para llegar a la decisión
sino demostrar o poner de manifiesto que las razones por las que se tomó una
decisión son aceptables desde la óptica del ordenamiento.

En el mismo sentido, la motivación “es una exigencia formal de las sentencias, en


cuanto deben expresar las razones de hecho y de derecho que las fundamentan, es
decir el proceso lógico jurídico que conduce a la decisión o fallo.

Ahora bien, en el ordenamiento peruano, el Tribunal Constitucional ha señalado que


“la motivación de una decisión no solo consiste en expresar la norma legal en la que
se ampara, sino fundamentalmente en exponer suficientemente las razones de hecho
y el sustento jurídico que justifican la decisión tomada”. En ese sentido, al igual que el
TC español o la doctrina citada, el TC incide en la necesidad que los fallos judiciales
establezcan una justificación razonada y no solo una explicación de los argumentos
por cuales llega a tomar una decisión en un caso concreto.

La motivación de las resoluciones es una garantía exigible en la administración de


justicia, para los ciudadanos inmersos en procesos judiciales o administrativos, en el
marco de una sociedad democrática. El deber de motivar las resoluciones es una
garantía vinculada con la correcta administración de justicia, que protege el derecho
de los ciudadanos a ser juzgados por las razones que el Derecho suministra, y otorga
credibilidad de las decisiones jurídicas en el marco de una sociedad democrática.

La motivación de la sentencia es una garantía de defensa de las partes frente al


posible arbitrio judicial, y al mismo tiempo, una consecuencia lógica de un sistema
político basado en la publicidad de los actos de gobierno y la responsabilidad de los
funcionarios públicos que los cumplen. Esto exige que se puedan conocer las razones
de las decisiones que se toman. Cumplir este requisito es rendir culto al principio de
razonabilidad constitucional, postulado opuesto a la arbitrariedad, pues lo arbitrario es
lo no razonable. La expresión de las decisiones judiciales debe ser hecha con
claridad, las razones expuestas deben ser comprensibles. La presentación confusa e
ininteligible de las razones que motivaron una decisión, puede constituir arbitrariedad.

La motivación fáctica exige la concurrencia de dos condiciones. Por un lado que se


describa expresamente el material probatorio en que se fundan las conclusiones, y por
el otro que éstos sean merituados, demostrando su ligazón racional con las
afirmaciones o negaciones sobre los hechos. El no consignar la sustancia del material
probatorio impide verificar si existieron o no y, obviamente, tampoco permiten controlar
si son lógica, psicológica y experimentalmente aptos para fundar las conclusiones a
las que se arribaron.

¿QUÉ REQUISITOS DEBE CUMPLIR LA MOTIVACIÓN DE UNA SENTENCIA?

Una sentencia judicial debe basarse una motivación fundada en derecho, es decir, que
vaya en concordancia con el derecho y los valores y principios consagrados en el
ordenamiento jurídico. Por ello es que podemos solicitar o exigir al juzgador
razonabilidad y racionalidad en su decisión, así como establecer determinados
criterios que los jueces deben tomar en cuenta al momento de motivar una sentencia.
Los requisitos de motivación de la sentencia pueden definirse como límites a la
actividad motivadora del juez. Y es que el juez u órgano jurisdiccional no podrá
justificar decisiones que no calcen o no cumplan estos requisitos.

Racionalidad.- Aquí, Colomer evalúa si la justificación es fundada en Derecho, tanto


sobre los hechos del juicio (selección de hechos probados, valoración de las pruebas,
método de libre apreciación) como del derecho aplicado.

Sobre este segundo aspecto, se precisa los siguientes sub requisitos:

 Primero, que la decisión sea fruto de una aplicación racional del sistema de
fuentes del ordenamiento jurídico; es decir, evaluar que la norma seleccionada
sea vigente, válida y adecuada a las circunstancias del caso.
 En segundo lugar, se analiza que la motivación respete los derechos
fundamentales.
 En tercer lugar, está la adecuada conexión entre los hechos y las normas que
justifican la decisión.

Coherencia.- Es un presupuesto de la motivación que va de la mano y en conexión


inescindible con la racionalidad. Ahora bien, la coherencia en un sentido interno de la
motivación se refiere a la necesaria coherencia que debe existir en la justificación del
fallo, y en un sentido externo, la coherencia debe entenderse como la logicidad entre
motivación y fallo, y entre la motivación y otras resoluciones ajenas a la propia
sentencia.

En relación a la coherencia interna, podemos señalar que la misma se hace patente


cuando establece exigencias de coherencia lingüística - prohibición de errores
gramaticales, errores de ortografía, errores sintácticos que presenten tal grado de
incoherencia que impiden la adecuada compresión para el auditorio técnico y general.

Razonabilidad.- La exigencia de razonabilidad se predica respecto de todas las


resoluciones judiciales. Al respecto, que pueden haber decisiones racionales y
coherentes pero que las mismas puedan ser irrazonables. La razonabilidad según este
autor tiene que ver con la aceptabilidad de la decisión por el común de las personas y
el auditorio técnico.

De otro lado, otro sector de la doctrina señala que los requisitos de la adecuada
motivación son: que la motivación sea expresa, clara, que respete las máximas de la
experiencia, y que respete los principios lógicos.

MOTIVACIÓN EXPRESA

Cuando se emite una sentencia, el juzgador debe hacer expresas las razones que
respaldan el fallo al que se ha llegado. Ello, como hemos señalado, es requisito
indispensable para poder apelar, comprender el sentido del fallo, en líneas generales,
para controlar las decisiones del juez.

MOTIVACIÓN CLARA

La motivación clara puede establecerse como imperativo procesal en la medida que


las partes que estos son los destinatarios directos de la resolución de un conflicto ante
el Poder Judicial. Y es que como bien señalan Castillo Alva y otros, la exigencia de
motivar las resoluciones deviene del principio de impugnación, lo que supone que sea
indispensable que las partes conozcan que es lo que se va a impugnar pues de otra
forma el derecho a la defensa de las mismas se vería restringido de modo irrazonable.

La Motivación Debe Respetar Las Máximas De La Experiencia

 Las máximas de la experiencia se constituyen a partir de las reglas de la vida,


las vivencias personales o transmitidas, el sentido común.
 Todos estos son elementos que los magistrados deben tomar en cuenta al
momento de la elaboración de las premisas que lo llevaran a una determinada
conclusión. Y es que de lo contrario, existiría un grave defecto de o vicio en la
motivación.
 Ahora bien, debemos tener en cuenta que las máximas de la experiencia son
elementos abstractos que se obtienen a partir de elementos constantes en
hechos o experiencias anteriores.
 El alcance de la máxima de la experiencia dependerá de los medios fácticos
que se analizan también se presentan en los hechos que representan
experiencias anteriores para el juzgador.

¿CUÁNDO SE AFECTA LA DEBIDA MOTIVACIÓN?

El Tribunal Constitucional Peruano ha señalado y desarrollado los supuestos en los


que se afecta la debida motivación:

A. inexistencia de motivación o motivación aparente:

A decir del TC, este supuesto se da cuando no hay motivación o cuando esta no da
razones mínimas del sentido del fallo, que no responde a las alegaciones de las
partes, o porque intenta únicamente dar cumplimiento formal de la motivación
(motivación aparente)

B. Falta de motivación interna de razonamiento

Este supuesto ocurre cuando hay incoherencia narrativa en la motivación de tal forma
que no se puede comprender las razones en las que el juez apoya su decisión.
Igualmente, hay falta de motivación interna cuando existe invalidez de una conclusión
a partir de las premisas que ha establecido en juez en la motivación.

C. Deficiencias en la motivación externa

Aquí el TC ha señalado que nos encontramos ante un caso de este tipo cuando las
premisas de las que parte el juez no han sido confrontadas con la validez fáctica (de
los hechos) o jurídica existentes para el caso en concreto.

D. La motivación insuficiente

Se refiere al mínimo de motivación exigible para que la decisión esté motivada


adecuadamente y para que satisfaga el derecho del justiciable y de la sociedad de
conocer las razones que apoyan la decisión judicial. Por otra parte la suficiencia es un
criterio para evaluar las resoluciones que se encuentran en medio de una motivación
completa y una motivación inexistente.
E. La motivación sustancialmente incongruente

Los órganos judiciales están obligados a resolver las pretensiones de las partes de
manera congruente con los términos en que han sido planteadas, sin ir más allá de lo
solicitado por las partes, otorgar algo distinto a lo solicitado por las partes, u omitir
pronunciarse sobre algún pedido de las partes.

CONSTITUCIONALIZACION DEL DEBER DE MOTIVAR LAS SENTENCIAS

El deber de los jueces de motivar sus decisiones es un elemento fundamental del


Derecho de los Estados constitucionales. En los ordenamientos jurídicos de tipo
romano-germánico supone, por lo demás, una práctica relativamente reciente, que
contrasta con la de los sistemas de common law, en donde las decisiones judiciales
han sido siempre motivadas; la explicación es que sin una adecuada explicitación de
las rationes decidendi de las sentencias, un sistema basado en el precedente no
podría funcionar.

EL DEBER COMO DERECHO Y GARANTIA. EL DERECHO FUNDAMENTAL A


UNA DECISION DEBIDAMENTE JUSTIFICADA

Reconocimiento Constitucional Del Derecho A La Debida Motivación

En efecto, la motivación tiene dos aristas en relación a su reconocimiento


constitucional. Y es que la debida motivación es una obligación y al mismo tiempo un
derecho fundamental de los individuos.

En el ordenamiento peruano el artículo 139.5 de la Constitución señala que son


principios y derechos de la función jurisdiccional “la motivación de las resoluciones
judiciales en todas las instancias con mención expresa de la ley y los fundamentos de
hecho en que se sustentan”.

La obligación de la debida motivación como garantía

La obligación de motivar cumple la finalidad de evidenciar que el fallo es una decisión


razonada en términos de Derecho y no un simple y arbitrario acto de voluntad de quien
está llamado a juzgar, en ejercicio de un rechazable - en nuestra opinión- absolutismo
judicial.

Ahora bien, en términos concretos la obligación de motivar es una garantía del


principio de imparcialidad, en la medida que mediante ella podemos conocer si el juez
actuó de manera imparcial frente a las partes durante el proceso. En el mismo
sentido, la motivación es una garantía de independencia judicial, en la medida que
garantiza que el juez no determine o solucione un caso por presión o intereses de los
poderes externos o de los tribunales superiores del Poder Judicial.

En el mismo sentido, en relación a la sujeción a la ley, la motivación permite constatar


que la decisión del juez es dictada conforme a las exigencias normativas
constitucionales, legales, reglamentarias del ordenamiento. Ello finalmente contribuye
a que la sociedad en general tenga confianza en la labor que ejerce el Poder Judicial
en la resolución de conflictos.

La obligación la debida motivación como derecho

La otra cara de la moneda es la de la debida motivación como derecho. En efecto, la


motivación de las resoluciones judiciales es una garantía esencial de los justiciables,
en la medida que por medio de la exigibilidad de que dicha motivación sea “debida” se
puede comprobar que la solución que un juez brinda a un caso cumple con las
exigencias de una exégesis racional del ordenamiento y no fruto de la arbitrariedad.

El TC además ha señalado en constante jurisprudencia que “El debido proceso


presenta dos expresiones: la formal y la sustantiva; en la de carácter formal, los
principios y reglas que lo integran tienen que ver con las formalidades estatuidas, tales
como las que establecen el juez natural, el procedimiento preestablecido, el derecho
de defensa y la motivación (…)” (Tribunal Constitucional Peruano, Exp. N.° 8125-2005-
PHC/TC, FJ. 11).

De otro lado, de modo similar al de la obligación de motivar, el derecho a la debida


motivación se constituye como un límite a la arbitrariedad en la que los jueces puedan
incurrir por medio de sus decisiones. Y es que a decir del TC peruano, “toda decisión
que carezca de una motivación adecuada, suficiente y congruente, constituirá una
decisión arbitraria y, en consecuencia, será inconstitucional” (Tribunal Constitucional
Peruano. Exp. N° 0728-2008-PHC/TC, FJ 8 y 9a carta fundamental”).
CAPITULO III

ARGUMENTACION JURIDICA

A. ANTECEDENTES:

La argumentación desde el punto de vista jurídico, aplicado a la impartición de justicia,


se trata de los Razonamientos y Justificaciones del Juzgador para tomar sus
decisiones en los juicios en particular.

Tiene su origen en la retórica que es la ciencia de poder argumentar, relacionada a la


vez con la oratoria que es en sí el arte de hablar con elocuencia y persuadir, por lo
tanto para que un juzgador base sus resoluciones, las cuales deben estar
debidamente fundamentadas y motivadas.

Como antecedente tenemos que la manera de juzgar o impartir justicia en el


transcurso del tiempo ha tenido diversas acepciones o modalidades, basada en las
diversas etapas del derecho, siendo el primer antecedente El Estado Absolutista: el
cual se origina con la creencia de que los reyes, los cuales por tener origen “divino”,
designaban a los juzgadores de ese entonces, éstos también creían tener cierta
divinidad por el origen de su nombramiento, por lo que sus determinaciones resultaban
inatacables pero sin fundamento legal alguno, por lo que ese sistema, lejos de ser
justo o divino, era en muchas ocasiones arbitrario e injusto, apartado de la realidad
jurídica.

Posteriormente, en la etapa de la revolución francesa, inglesa y norteamericana, se


crea el llamado Estado De Derecho: con el que nace la era de la codificación, dando a
luz al sistema conocido como el Sistema Gramatical, que no es otra cosa que aplicar
el derecho en base a lo que estipulan los códigos, es decir irse a la letra sin mayor
interpretación, por lo que también este sistema resultaba en diversas ocasiones injusto
por no argumentar o interpretar el precepto legal.

Tiempo después, con la creación del Tribunal Constitucional de Austria nace el Estado
Constitucional De Derecho, basado en el sistema Jerárquico, (constitución, leyes,
jurisprudencia, etc), aplicando en esta etapa el criterio Sistemático, desde el aspecto
legal se refiere al contexto normativo o cuerpo de leyes en el que se encuentra inserto
el enunciado (figura jurídica en particular).
Finalmente, en la segunda guerra mundial, derivado de los crímenes de guerra, surge
el Estado Social De Derecho regido bajo el criterio de interpretación funcional, basado
en los fines de la norma, es decir, la voluntad del legislador, en base a los fines y
valores de la norma.

B. IMPORTANCIA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA:

La argumentación jurídica nos enseña a construir las razones con las cuales
sustentamos una decisión con relevancia jurídica. La argumentación constitucional,
reconduce nuestra base argumentativa por el escenario de los derechos
fundamentales y determina en qué medida, las pretensiones constitucionales han de
merecer una respuesta razonada de los intérpretes autorizados de la Constitución que
son en propiedad los jueces constitucionales.

La importancia de la argumentación jurídica radica en que ella permite la plasmación


de las justificaciones del juzgador a propósito de su decisión. Inicialmente el juez se
encuentra frente a un problema, identifica a qué alude la controversia sometida a su
conocimiento y luego de ello, realiza un examen exhaustivo de los hechos. El contexto
de descubrimiento habrá de informarle que será necesario recurrir a su bagaje de
conocimientos para asumir determinada posición, será exigible adoptar una posición
frente al problema jurídico suscitado y luego de ello, habrá que comenzar a construir la
decisión, cuidando de separar en forma ordenada sus argumentos, los cuales unos
habrán de constituirse, los complementarios, como obiter dicta, o razones
complementarias, y otros tantos, como ratio decidendi, o justificaciones principales del
fallo.

En todo ese ejercicio, habrá de observarse que el esquema de justificación interna sea
compatible con el uso de las reglas de la lógica, y es en la justificación externa, al
desarrollarse la explicación material de las premisas, que habrá de observarse la
importancia de construir buenos argumentos, buenas razones y buenas justificaciones,
a propósito de la decisión que cierra el conflicto o que en su caso, implica un análisis
razonado de la decisión. Hoy los parámetros han cambiado en varios aspectos: ya no
tenemos en estricto un Estado legal de Derecho, que es ciertamente el punto de
partida del constitucionalismo moderno, sino existe un Estado constitucional, en el cual
la exigencia de justificación es mucho mayor, pues hoy existe un conjunto de derechos
–los derechos fundamentales– para los cuales la simple exigencia de justificación en
base a la ley es notoriamente insuficiente. Se trata de que la ley sigue siendo el primer
punto de referencia para la resolución de los conflictos, y sigue manteniendo el primer
rango de fuente del Derecho respecto a la argumentación en la solución de conflictos.
De esa forma, no es lo mismo argumentar solo en base a los ámbitos de vigencia y
validez formal de la norma jurídica, que hacerlo desde la perspectiva de los derechos
fundamentales, en función a los contenidos de juridicidad y de moralidad de estos
derechos. Es pertinente pues remarcar el valor axiológico de los derechos
denominados fundamentales, en cuanto ello permite un margen de diferenciación de
los derechos denominados de origen legal, o de configuración legal si nos referimos a
los derechos que resisten un ámbito de efectividad respecto de la norma jurídica. Es
en esa perspectiva que la argumentación cumple una función primordial dentro de la
justificación externa en tanto en su decurso los jueces propiamente interpretan las
normas de origen legal y constitucional, así como proceden a una lectura de los
hechos de acuerdo a las controversias propias de la controversia materia de examen.
Es decir, el proceso de interpretación, tan importante en el derecho, se produce
cuando argumentamos, denotándose un efecto de interrelación muy estrecho entre
argumentación e interpretación, no de rango mayor a menor ni viceversa, sino de inter
ejecución de ambos ejercicios racionales, pues al argumentar realizamos
interpretación de la norma y los hechos, y al interpretar, igualmente desarrollamos un
ejercicio de argumentación. En tanto que argumentar es, en propiedad, un ejercicio de
construcción de razones que a su vez van a resultar muy útiles para consolidar el
ejercicio de motivación que exige el artículo 139 inciso 5 de la Carta Fundamental.
Podemos perfilar, en ese propósito, que toda pretensión, al igual que toda decisión
jurisdiccional, representa un ejercicio de construcción de argumentos y un argumento,
asume la forma de una razón. Tanto los abogados como los jueces y fiscales se
encuentran obligados a que sus argumentos constituyan razones valederas,
consistentes y coherentes, con marcado énfasis de responsabilidad para los jueces en
mayor grado pues existe un mandato constitucional de motivación, cuya infracción
implica incurrir en vulneración de un derecho fundamental.

C. EL DERECHO Y LA ARGUMENTACIÓN:

En efecto, a partir del modelo de justificación vigente es que podemos identificar el


escenario de dimensión argumentativa del Derecho. Y dentro de esa línea
argumentativa, observaremos la relevancia de los derechos fundamentales en relación
con la argumentación en el Estado constitucional. En forma paulatina, el Derecho
comienza convertirse en un mecanismo de respuesta, efectividad y solución de los
conflictos jurídicos, frente a los cuales debía cumplirse la configuración de razones
válidas, congruentes y suficientes para la validez de una decisión, más aún si ella era
jurisdiccional. La irrupción del Estado constitucional, cuya tesis es la Constitución
como cúspide del ordenamiento jurídico, consolida la exigencia de una argumentación,
formal y material, para la validación de las decisiones con relevancia jurídica. En ese
caso, la argumentación ya no es solo una potestad que debe impulsar el Estado, sino
una necesidad para la legitimación de las decisiones en ese Estado con principios,
valores y directrices de contenido constitucional. La Declaración Universal de los
Derechos Humanos (1948), la Ley Fundamental de Bonn (Alemania,1949), las
Constituciones de Francia (1958) y España (1978), se orientan a consolidar como
exigencia de todo Estado la observancia el respeto y la defensa de los derechos
fundamentales, premisas a partir de las cuales podemos inferir, con suficiencia, que la
debida motivación de las resoluciones judiciales, constituye un ejercicio de
argumentación como singular expresión de una democracia viviente y no solo
existente. Perú se suma a esa ruta de exigencia con sus Constituciones de 1979, la
Constitución modélica, y 1993, así como aporta a la exigencia de motivación su
Código Procesal Constitucional de 2004, el cual exige que las decisiones, inclusive de
órganos constitucionalmente autónomos, cumplan el deber de motivar sus decisiones.
Es posible observar, la necesidad de identificar un estrecho nivel de relación entre
cómo se configura el Derecho en determinado momento histórico, y cómo, a partir de
esa percepción, tiene lugar el proceso argumentativo. En una idea resumen, podemos
establecer que las relaciones históricas entre Derecho y argumentación se han
orientado a que la exigencia de argumentación se ha ido incrementando, a medida que
los derechos de las personas han ido progresivamente impregnándose de mayor
contenido y a medida que los derechos fundamentales, con su crecimiento vía las tesis
constitucionales de derechos no enumerados e incorporados paulatinamente al
ordenamiento constitucional, han ido transformando las potestades de orden
facultativo de argumentación, en sendos deberes de raigambre constitucional.

Bajo esa pauta, hoy el Derecho es argumentación y la argumentación es Derecho, en


una relación indisoluble cuya base se ciñe a las exigencias de un Estado
constitucional.

D. LA LÓGICA Y LA ARGUMENTACIÓN:

Toda argumentación en la medida en que se vale de conceptos, juicios y


razonamientos, no puede ser ajena a las reglas lógicas. Generalmente, cuando
argumentamos, lo hacemos siguiendo una lógica que se ha llamado natural. Diríamos
que, por instinto, argumentamos y razonamos, aunque no sepamos exactamente y de
manera científica o técnica cuáles son las leyes que rigen nuestros razonamientos. Un
juez puede hacer una buena sentencia sin haber estudiado jamás lógica, siguiendo los
dictados de su instintiva lógica natural. Pero es evidente que el ideal de la lógica es
expresar las operaciones del pensamiento de manera muy rigurosa o, si ello es
posible, con la ayuda técnica de símbolos. Los estudiosos de la argumentación, aun
en el caso de la lógica natural, nos dicen que, para ser aceptable una argumentación,
debe reunir algunos caracteres. Veamos: La argumentación debe ser coherente. Es
decir, todos los argumentos que apoyan una premisa débil deben ser compatibles
entre sí. Todos ellos deben dirigirse al objetivo final que se tiene en cuenta: reforzar la
premisa o tesis defendida. No deben destruirse entre sí. Cada argumento conservará
su independencia en cuanto tal, pero, no obstante ello, deben ser independientes en lo
que atañe a su fin. Los argumentos utilizados no deben ser contradictorios. Este es el
punto donde la Lógica y argumentación más se aproximan.

E. EL LENGUAJE Y LA ARGUMENTACIÓN:

Para argumentar utilizamos conceptos, juicios y razonamientos que expresamos


mediante vocablos. Por ello, el lenguaje cobra también importancia en el tema que nos
ocupa. El lenguaje es un instrumento para comunicarnos con el auditorio, con el juez o
el árbitro y lograr convencerlo. Y es aquí donde la Retórica alza su vuelo y contribuye
a una mayor eficacia de la argumentación.

F. EL ÁMBITO DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA:

La teoría de la argumentación jurídica tiene como objeto de reflexión, las


argumentaciones que se producen en contextos jurídicos. En principio, pueden
distinguirse tres campos distintos de lo jurídico en que se efectúan argumentaciones.
El primero de ellos es el de la producción o establecimiento de normas jurídicas. Aquí,
a su vez, podría diferenciarse entre las argumentaciones que tienen lugar en una fase
pre legislativa y las que se producen en la fase propiamente legislativa. Las primeras
de ellas se efectúan como consecuencia de la aparición de un problema social cuya
solución -en todo o en parte- se piensa que pueda ser la adopción de una medida
legislativa. Ejemplo de ello son las discusiones a propósito de la despenalización o no
(y en qué casos sí o no) del aborto, de la eutanasia o del tráfico de drogas, o de
regular el llamado "tráfico de influencias". Otro tipo de argumentaciones surgen
cuando un determinado problema pasa a ser considerado por el parlamento o por
algún órgano de la Administración, haya sido o no previamente discutido por la opinión
pública. Mientras que en la fase pre legislativa puede considerarse que los argumentos
tienen, en general, un carácter más político y moral que jurídico, en la fase legislativa
los papeles se invierten, de manera que son las cuestiones de tipo "técnico-jurídico"
las que pasan a un primer plano. En todo caso, las teorías de la argumentación
jurídica de que disponemos no se ocupan prácticamente de ninguno de estos dos
contextos de argumentación. Un segundo campo en que se efectúan argumentos
jurídicos es el de la aplicación de normas jurídicas a la resolución de casos, bien sea
ésta una actividad llevada a cabo por jueces en sentido estricto, por órganos
administrativos en el más amplio sentido de la expresión o por simples particulares.
Aquí, a su vez, cabría distinguir entre argumentaciones en relación con problemas
concernientes a los hechos o bien al Derecho (estos últimos en sentido amplio,
podrían llamarse problemas de interpretación). Puede decirse que la teoría de la
argumentación jurídica dominante se centra en las cuestiones -los casos difíciles-
relativas a la interpretación del Derecho y que se plantean en los órganos superiores
de la administración de justicia. Ahora bien, la mayor parte de los problemas sobre los
que tienen que conocer y decidir tanto los tribunales como los órganos no
jurisdiccionales de la Administración son más bien problemas concernientes a los
hechos, de manera que los argumentos que tienen lugar con ocasión de los mismos
caen fuera del campo de estudio de las teorías usuales de la argumentación jurídica.
Finalmente, el tercer ámbito en que tienen lugar argumentos jurídicos es el de la
dogmática jurídica. La dogmática es, desde luego, una actividad compleja, en la que
cabe distinguir esencialmente estas tres funciones:

1. Suministrar criterios para la producción del Derecho en las diversas instancias en


que ello tiene lugar.

2. Suministrar criterios para la aplicación del Derecho.

3. Ordenar y sistematizar un sector del ordenamiento jurídico.

Las teorías usuales de la argumentación jurídica se ocupan también de las


argumentaciones que desarrolla la dogmática en cumplimiento de la segunda de estas
funciones. Dichos procesos de argumentación no son muy distintos de los que
efectúan los órganos aplicadores, puesto que de lo que se trata es de suministrar a
esos órganos criterios –argumentos dirigidos a facilitarles (en sentido amplio) la toma
de una decisión jurídica consistente en aplicar una norma a un caso. La diferencia que,
no obstante, existe entre ambos procesos de argumentación podría sintetizarse así:
mientras que los órganos aplicadores tienen que resolver casos concretos (por
ejemplo, si se les debe o no alimentar por la fuerza a los presos en huelga de hambre
para obtener determinados cambios en su situación penitenciaria) O, el dogmático del
Derecho se ocupa de casos abstractos (por ejemplo, el de determinar cuáles son los
límites entre el derecho a la vida y el derecho a la libertad personal y cuál de los dos
derechos debe prevalecer en caso de que entren en conflicto).
G. TEORÍAS DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA:

Los criterios de estas teorías constituyen una clara influencia sobre el pensamiento
constitucional moderno y su conocimiento debe afianzar una visión en rigor amplia de
las corrientes más representativas.

1. LA TÓPICA DE VIEHWEG
Según Atienza, THEODOR VIEHWEG (Leipzig, Alemania, 1907- Mainz,
Alemania, 1988), pretende revitalizar la tópica. Refiere que los lugares
comunes, los tópicos, las opiniones asumidas generalizadamente, nos pueden
ahorrar un considerable esfuerzo fundamentador. Lo importante no es lo que
dice el Código, sino cómo resolver el caso aquí y ahora, y entonces entran en
juego las técnicas de la tópica jurídica, los lugares comunes socialmente
aceptados, la tradición jurídica compartida, etc.
La teoría de Viehweg, al potenciar la perspectiva argumentativa desde una
posición que se esfuerza por compatibilizar la práctica con la razón y la justicia.
Pero no solo este es el aporte de Viehweg a la disciplina de la argumentación.
Sus propuestas tópicas rompen, de igual forma, con la hegemonía de la lógica
formal para replantear que podía igualmente argumentarse, y de mejor modo,
desde una alternativa distinta a la presentada, hasta entonces, por la lógica
propiamente dicha, cuyos esquemas formales, de la mano de una secuencia
positivista del Derecho, ya no brindaban una respuesta satisfactoria a las
cuestiones controversiales del Derecho y que por lo tanto, exigían una nueva
forma de argumentar. Ciertamente la tópica apunta a una especie de lugar de
donde se extraen materiales, propiamente argumentos, para una demostración
de razones y aún cuando no percibimos una verdadera sistematización de la
propuesta, es innegable concluir que la propuesta se diferencia de la propuesta
de lo lógica formal de completitud de sus argumentos desde una perspectiva
del Derecho capaz de dar respuesta, desde la norma jurídica, a todas las
cuestiones controversiales.
2. LA RETÓRICA DE PERELMAN
(Varsovia, Polonia, 1912- Bruselas, Bélgica, 1984), constituye una de las
apuestas más interesantes por rescatar el concepto persuasivo de la
argumentación, a partir de la importancia de su correlación con la retórica del
mundo griego, revitalizando así los conceptos de Aristóteles sobre la
legitimidad filosófica de la retórica y relegando la condena de Platón frente a
esta disciplina, en tanto la solía asociar a la sofística y a la manipulación de la
verdad. Se inserta esta propuesta, conjuntamente con la de Theodor Viehweg,
propulsor de la tópica jurídica, en la exigencia de descartar los métodos de la
lógica estrictamente formal para el desarrollo de las cuestiones de derecho. La
tesis de Perelman sustenta la prevalencia de la persuasión como elemento
prevalente en el discurso argumentativo, a efectos de convencer a los demás
de nuestra posición. El juez no puede dejarse convencer solo por el discurso
persuasivo del abogado en cuanto le es exigible conocer el proceso y
determinar las pruebas que han de orientar la estimación o desestimación
definitiva de la pretensión. En términos de Atienza, Perelman rehabilita la
lógica, planteando la retórica como una práctica argumentativa cuyo objetivo
consiste en captar la adhesión de alguien. Perelman intentó construir una
lógica específica de los valores y pretendió conducir la rehabilitación de la
retórica como una disciplina de la antigüedad. Este autor polaco contrapone
dos esferas bien distintas del pensamiento: la lógica formal, regida por la idea
de necesidad, y la argumentación, presidida por la idea de lo plausible,
aceptable, verosímil. De esa razonabilidad nace la noción de un auditorio que
ha de adherirse a un argumento. La retórica, según Perelman, es pues el
estudio de las técnicas discursivas que tratan de provocar la adhesión a tesis
presentadas a un determinado auditorio, excluyendo la violencia. Representan
elementos de la actividad argumentativa: el orador, el discurso y el auditorio.
Para dicho autor, existen varios tipos de auditorio: universal, formado por todos
los seres de la razón, aquel constituido por un único oyente (en el cual hay
diálogo), y el constituido por uno mismo. Finalmente, los tipos de
argumentación que invoca son: persuasiva, cuando se dirige a un auditorio
particular, y convincente, cuando se desenvuelve el orador ante un auditorio
universal. Como crítica, Atienza advierte que la noción de auditorio universal es
ambigua y sin embargo, le reconoce el esfuerzo por desarrollar el nivel de
persuasión en la argumentación.
3. EL DISCURSO RACIONAL DE ALEXY
En 1978, surgen las teorías modernas o estándar de la argumentación jurídica:
de Robert Alexy (Oldenburg, Alemania, 1945) y de Neil Mac Cormick (Glasgow,
Escocia, 1941-Edimburgo, Escocia, 2009), las cuales perfilan en conjunto, una
referencia al análisis teórico de los procesos argumentativos en el derecho. La
teoría de la argumentación jurídica pretende la descripción, conceptualización y
sistematización del razonamiento y en sí, representa un metalenguaje, un
metadiscurso con sus propios instrumentos y sus propios presupuestos. Así,
conforme señala Matheus, mientras el discurso de los juristas se inclina por el
análisis de la pena, el recurso, el dolo y la negligencia, el metadiscurso de las
teorías de la Argumentación Jurídica hará referencia a la premisa normativa, la
lógica deóntica, la situación ideal del diálogo y el argumento de la
universalización, entre otras ideas. El discurso racional de Alexy revela, a juicio
nuestro, uno de los aportes más significativos a la teoría de la argumentación
jurídica, pues en función al aporte de razones válidas, congruentes y
consistentes, se busca discernir sobre la validez del discurso jurídico que
identifica a la decisión jurídica.
CAPITULO IV

RAZONAMIENTO JURIDICO

- ETIMOLOGIA
Determinar el origen etimológico de las dos palabras que dan forma al término
razonamiento jurídico nos lleva a toparnos con el hecho de que ambas derivan del
latín:

Razonamiento emana de la suma del sustantivo “ratio”, que puede traducirse como
“razón”, y el sufijo “-miento”, que se usa para indicar el resultado de una acción.

Jurídico, por otro lado, proviene de “iuridicus”, que, a su vez, es fruto de “ius”, que
significa “Derecho”.

- CONCEPTO

El concepto de razonamiento jurídico refiere al proceso mental que sigue los principios
del derecho para interpretar y/o argumentar algo en función de las leyes. Para esta
clase de razonamiento, la persona debe apelar a la lógica y a la dialéctica.
Los razonamientos jurídicos, por lo general, son desarrollados por abogados, jueces y
legisladores. Su finalidad es arribar a una conclusión que esté en sintonía con las
normas jurídicas vigentes o que, incluso, pueda convertirse en una de ellas después
de atravesar los pasos necesarios para la promulgación.

- Pilares que construyen el Razonamiento Jurídico


En el razonamiento jurídico intervienen varios elementos de una manera combinada.
Por una parte, las leyes de la lógica formal, es decir, leyes del pensamiento racional
sin las cuales es imposible argumentar correctamente o elaborar un discurso
coherente. Por otra parte, hay elementos de la dialéctica, que en su sentido estricto
significa técnica de conversación. Por último, se utiliza un proceso de argumentación a
partir de las normas reflejadas en el derecho.

Con estos tres elementos, el razonamiento jurídico tiene como objetivo llegar a una
conclusión en el contexto de una situación problemática. Al mismo tiempo, en el
proceso de argumentación jurídica hay una circunstancia que resulta evidente: lo que
se afirme debe estar sometido a las normas del derecho y a los procedimientos legales
establecidos.
- EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL RAZONAMIENTO JUDICIAL
La Escuela de la Exégesis

La Escuela de la Exégesis se caracteriza porque identifica al derecho con la ley. Surge


a la par de los cambios ideológicos que propone la Revolución Francesa, cuyo
propósito fue acabar con la exagerada discrecionalidad con la que habían actuado los
parlamentos-clase encargada del servicio de justicia- al punto de ser una de las
expresiones más patéticas de la corrupción en el Antiguo Régimen. Es en este
contexto en donde se afirma la necesidad que el juez solo sea el medio a través del
cual se expresa la ley, que es, a su vez, la expresión máxima de la voluntad popular,
por la cual debe primar encima de cualquier otra manifestación de poder.

Las posibilidades de interpretación del juez estaban considerablemente reducidas en


la Escuela de la Exégesis, es decir la labor interpretativa debía limitarse al objeto de
encontrar la voluntad del legislador inserta en las palabras utilizadas por este al
elaborar la ley. Este respeto por la voluntad del legislador llevó a la Escuela a negar
cualquier posibilidad de que el juez aprecie otros aspectos, como por ejemplo la
importancia de la diferencia de los contextos históricos conformados por aquel en que
se expidió la ley y aquel en que se fuera a aplicar.

Esta reducción de las facultades del juez lo convierte en un servidor del legislador, en
tanto su función solo consiste en hacer corresponder sus decisiones con el contenido
de la ley, sin preocuparse por el contenido de la razonabilidad o de justicia de estas.
Inclusive cuando la ley aparezca oscura, será la doctrina, es decir, los exégetas,
quienes orientarán la aplicación adecuada ante tal eventualidad. De hecho, quizá el
único caso en donde el juez tuvo alguna posibilidad de actuación personal fue en
aquellos procesos en que se presentaban antinomias (la presencia de dos normas
vigentes que dan respuestas distintas a una misma situación), aunque la Escuela
insistía en que estas debían resolverse atendiendo al texto legal. Sin embargo, fueron
precisamente estas antinomias los canales por donde se filtró la capacidad creadora
del juez para romper, hacia fines del siglo XIX, con el rigor de la Exégesis.

En definitiva, la Escuela de la Exégesis es el intento de presentar al derecho como un


sistema formal perfecto, autocompleto, como si fuera un sistema matemático.

El esfuerzo estéril de esta Escuela de considerar a la ley como el único medio para
solucionar conflictos duró hasta fines del siglo XIX, cuando fue sustituida por ser
socialmente incompetente.
La Concepción Funcionalista

A fines del siglo XIX se empezó a concebir un fin distinto para el derecho. Para
empezar, se le concibió como un medio para que una sociedad logre concretar los
fines que el legislador se hubiera propuesto, así como para afianzar los valores que
serían privilegiados en tal sociedad. En tal contexto, los estudios jurídicos no se
agotaron en la interpretación de tal o cual concepto, es decir, en la letra de la ley, sino
que, a través de ellos, se pretendió descubrir el espíritu que condujo al legislador a
proponer la norma. Se sustituye la búsqueda de lo que la norma dice, por lo que la
norma quiere. La idea es llegar a una decisión justa y razonable utilizando la ley para
lo cual bien puede flexibilizarse su contenido.

A través de un ejemplo descrito por Perelman, advertimos la diferencia entre la


concepción exegética y la funcionalista. Dentro de la visión asumida por la Escuela de
la Exégesis, una norma que prohibiera el ingreso de vehículos a un parque público,
habría sido aplicada sin vacilación por un juez. Después de todo, la claridad de la
norma elimina la necesidad de usar técnicas de interpretación. Sin embargo, ¿deberá
aplicarse la norma si el vehículo que pretende ingresar es un coche de niño? o ¿qué
se debe decidir si se trata de una ambulancia que quiere ingresar para recoger a un
visitante malherido?. Como resulta evidente, es necesario investigar y descubrir el
espíritu que condujo al legislador a expedir la norma como presupuesto para saber si
la prohibición es aplicable o no.

La concepción funcionalista, llamada también sociológica o teleológica, percibe al


derecho como un instrumento de realización de los valores en juego en un grupo
social determinado. En tal mérito, el juez tiene una función excepcional y delicada;
descubrir los valores en disputa de un proceso judicial y privilegiar aquel que el
legislador razonable haya considerado preeminente. A su vez, el juez debe actualizar
la escala de valores que el legislador tuvo en cuenta cuando elaboro la norma, en la
hipótesis de que esta haya devenido en anacrónica en el contexto histórico particular
que rodea la aplicación de la norma al caso concreto. Sin embargo, es cierto también
que en ocasiones, la función del juez no va a ser de actualización, sino de
conservación de los valores tradicionales del grupo. La elección de una u otra
alternativa no es, como bien se advierte, una opción puramente jurídica. Esto se debe
a que el juez, más que cualquier funcionario público, es la expresión de los
sentimientos y valores sociales de su comunidad.

PERELMAN sintetiza los postulados de esta escuela funcionalista de la siguiente


manera: “Si el derecho no se asemeja a un sistema deductivo y hay que contemplarlo
como un medio para la obtención del fin querido por el legislador, el estudio de las
prescripciones legales, de su eficacia y de su evolución, debería emprenderse
mediante el método tradicional de las ciencias sociales, como son las encuestas, la
investigación estadística, la observación del derecho comparado y, en lo posible, la
experimentación. La concepción teleológica y funcional del derecho que, tras
IHERING, SALEFILLES y GENY, ha acabado con la Escuela de la Exegesis, en
Alemania y Francia, se ha desarrollado al mismo tiempo que la sociología jurídica, con
EUGEN EHRLICH, H. KANTOROWICZ, L. DUGUIT, OLIVER WENDELI, HOLMES
ROSCOE POUND, por citar los nombres más conocidos. Así, el programa elaborado
por ROSCOE POUND en 1911 y 1912 llega a considerar el derecho mucho más como
expresión de realidades sociales, económicas y políticas que como expresión de una
voluntad de dirigir y orientar estas mismas realidades.

La consecuencia, que salta a la vista, de esa tentativa de tratar el derecho como una
ciencia en la reducción del derecho a la sociología como si la elaboración de las reglas
del derecho fuese un fenómeno natural al cual le fueran extrañas la voluntad y las
aspiraciones de los hombres.

Es decir, ni la regla general a la que debe someterse el juez como proponen los
positivistas, ni tampoco la absoluta discrecionalidad de este como sugieren algunos
funcionalistas. El derecho no puede oscilar entre el rigor o el caos.

La dialéctica y la nueva retórica

Las dos corrientes del pensamiento jurídico antes desarrolladas no aparecen


satisfactoria a la luz de la necesidad urgente de los jueces de contar con métodos de
razonamiento que les permitan cumplir con su función social trascendente. No queda
duda de que el deber judicial de motivar los fallos ha adquirido una importancia que
trasciende no solo la esfera de los litigantes, sino también la judicial.

Se trata, como se advierte, de analizar la esencia del razonamiento judicial a efectos


de encontrar métodos que permitan al juez conducir su decisión a un contenido justo.
Sin embargo, como lo justo no es precisamente un valor constante e inmutable, los
estudios jurídicos deben proveer al juez de técnicas que permitan acceder al sentido
de justicia reconocido en el medio en donde se va expedir la decisión.

La búsqueda de una metodología que permita al juez tomar decisiones que sintonicen
la escala de valores regularmente aceptable de su comunidad, ha conducido a los
juristas a reivindicar aquellos temas o lugares comunes que sin necesidad de estar
regulados, son reconocidos unánimemente como puntos de partida para la solución
de un conflicto de interés, a fin de permitir que se concreten decisiones que tengan
reconocimiento social.

Atrás de esta elección metodológica hay una dialéctica judicial. Por un lado, bien
sabemos que la seguridad jurídica es un bien importante en una sociedad.
Precisamente, una de las maneras como este se reafirma es a través de las
decisiones judiciales, las que tienden a ser uniformes en tanto son expresiones de
situaciones fácticas similares resueltas anteriormente en el mismo medi0o social. Sin
embargo, y esta es la principal ruptura con la Escuela de la Exégesis, el compromiso
con la seguridad jurídica no puede conducir a una renuncia del juez a postular
variantes en los valores vigentes en el contexto social, sobre todo, si es precisamente
esa realidad social en constante movimiento la que reclama el reconocimiento de la
prevalencia de otros valores. Como es obvio, el cambio social es irrefutable, los
valores sociales y culturales de un grupo pueden sufrir variaciones, por ello la función
judicial no puede renunciar a su posibilidad de complementar la función legislativa y,
con ello, asegurar la eficacia del sistema jurídico.

En consecuencia, si el derecho no es solo un árido continente normativo, aunque


tampoco es exclusivamente una permanente lucha entre valores, la problemática del
razonamiento jurídico está afectada por la necesidad de elaborar una metodología que
reconozca dialécticamente la lucha entre la afirmación de un sistema legal o de un
sistema de valores, conflicto que, a su vez significa también la lucha entre la seguridad
jurídica y la libre apreciación judicial.

- EL RAZONAMIENTO JURÍDICO EN SEDE JUDICIAL

No todos los autores coinciden en el orden de prelación de los pasos del razonamiento
jurídico. Sin embargo, un esquema básico ha sido presentado, enfatizando que tanto
hechos como normas, se encuentran presentes en todo el raciocinio.

a) Una primera aproximación a los hechos del caso

Cuando el juez se enfrenta a un caso, lo hace a través de las alegaciones de los


abogados, quienes le proponen su versión de los hechos. De dichas relaciones, el juez
percibirá cuáles son aquellas afirmaciones que constituirán materia probatoria para
fundar una futura convicción judicial.

b) Selección del material jurídico aplicable

Con las versiones sobre los hechos, el juez buscará el material jurídico pertinente,
identificando textos normativos que coadyuven a la resolución de los problemas
jurídicos relevantes en el caso. Dicho material normativo no siempre es completo y
suficiente y, muchas veces puede resultar excesivo y hasta contradictorio. El juez es el
llamado a resolver tales deficiencias o contradicciones

c) La subsunción de los hechos establecidos en el caso al interior del


material jurídico interpretado.

Una vez identificados y probados los hechos alegados, y resueltos los problemas de
interpretación legal, el juez hará un juicio de equivalencia entre los hechos probados y
los supuestos fácticos incorporados en las normas jurídicas aplicables. Si resulta tal
identificación positiva, el juez procederá a calificar jurídicamente tales hechos para dar
solución a los problemas jurídicos del caso.
CONCLUSIONES

- La fundamentación de toda resolución judicial, debe hundir sus raíces, hacerse


firme en la ley como único apoyo en el que puede descansar la decisión
judicial.
- La motivación de las resoluciones es una garantía exigible en la administración
de justicia, para los ciudadanos inmersos en procesos judiciales o
administrativos, en el marco de una sociedad democrática. El deber de motivar
las resoluciones es una garantía vinculada con la correcta administración de
justicia.

- La argumentación desde el punto de vista jurídico, aplicado a la impartición de


justicia, se trata de los Razonamientos y Justificaciones del Juzgador para
tomar sus decisiones en los juicios en particular.
- El razonamiento jurídico, entendido como la capacidad para construir
soluciones a los conflictos, se vale de las herramientas del sistema legal para
garantizar la validez de las decisiones adoptadas, las que están influidas
también por distintos modelos e ideologías.
BIBLIOGRAFIA

 ALEXY, ROBERT. TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA. PALESTRA


EDITORES. LIMA 2007.
 ALEXY, ROBERT. TEORÍA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES.
CENTRO DE ESTUDIOS POLÍTICOS Y CONSTITUCIONALES. MADRID,
2002.
 “JUECES Y ARGUMENTACIÓN” EDWIN FIGUEROA GUITARRA JUEZ
SUPERIOR TITULAR DE LA CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE
LAMBAYEQUE – PODER JUDICIAL DEL PERÚ.
 MANUEL ATIENZA. "LAS RAZONES DEL DERECHO".
 FERNANDO ATRIA “DEL DERECHO Y EL RAZONAMIENTO JURIDICO”.
 FUNCION DEL JUEZ EN LA HISTORIA
 ACADEMIA DE LA MAGISTRATURA SOBRE “EL RAZONAMIENTO
JURIDICO EN SEDE JUDICIAL” RICARDO LEON PASTOR.