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ENCUENTROS CON JESÚS

JESÚS
y
SUS COMPAÑEROS DE MISIÓN

MIRADA A LA VIDA

Cuando contemplamos -con el corazón


y con una mirada limpia-, el universo las
criaturas, las personas… quedamos
deslumbrados de las grandezas y de las
maravillas que descubrimos. Todo ser
humano es capaz de percibir cuanto
ahí se nos ofrece. Eso sí: cada uno
reacciona de manera diferente,
denominándolo de modo distinto. Pero
descubrir la belleza la inmensidad de
cuando descubre a su alrededor… ¡es un
hecho universal!

Muchos hombres y mujeres, a lo largo


de la historia y de los tiempos, han
percibido ahí la presencia de
“Alguien”, al que han denominado “Absoluto”, “Dios”, Se Superior”,… Es
un fenómeno indiscutible en la historia de la humanidad. También en
nuestro caminar y en nuestra mirada contemplativa.

Si, además, tenemos la suerte de tener una mirada CREYENTE en todo


esto… pues entonces quedamos, no sólo fascinados, sino que fácilmente
surge la actitud de adoración ante cuanto se nos brinda, y el corazón
humano se dirige a ese ALGUIEN como Alguien importante, que
“explica” cuanto compone ese mundo de maravillas.

Los creyentes en el Dios de Jesús de Nazaret descubrimos esa dimensión


a través de una “Historia sagrada”, donde Dios se ha ido manifestando de
formas muy diversas y comprensibles. Pero, para nosotros, ha sido en la
PRESENCIA, viva y real, de JESÚS de NAZARET donde descubrimos
hasta dónde esas maravillas descubiertas son expresión de un AMOR
ÚNICO, que es el ORIGEN y META de cuanto ha sido creado.
De ahí que ENCONTRARSE con la persona de Jesús de Nazaret se ha
convertido en el DON más grande e importante de nuestra historia
personal. En Jesús se nos ofrece un Dios INMENSO, pero inmenso por
su capacidad de amor, que no tiene límites, y que llega a nosotros en
toda su hondura, pero en absoluta GRATUIDAD.

Ahora bien, lo que realmente llama la atención es que, según Jesús, Dios
no es ningún “enemigo” para el hombre/la mujer, sino que, al contrario,
es Aquel que posibilita que la persona pueda desarrollar todas las
capacidades en todo su esplendor, en plenitud. Jesús mismo es portador
de esta Buena Noticia y, todo su quehacer, estará centrado en esa tarea: dar
a conocer cómo es Dios, a quien llama “Padre”, “Aitatxo”, y cuáles son
los planes que tiene para que la felicidad del ser humano lo sea
realmente.

Aquí nos encontramos hoy, con este cuadro inmenso y sugerente: Jesús,
que tiene la MISIÓN de proponer y ofrecer el proyecto de vida de Dios,
no puede él solo con la tarea, por lo que llama a OTROS a
COMPARTIR con él esa Misión. Claro que son gente sencilla y del
pueblo, sin gran cultura ni capacidades especiales. Es un dato fiable y que,
sin duda alguna, llama profundamente la atención.

Eso sí: la propuesta de Jesús es de una radicalidad llamativa y de una


exigencia que afecta a las raíces mismas de la vida de las personas.
Posiblemente, la razón sea que para él la urgencia de la propuesta sea tal,
que se atreva a realizar una llamada así y que implique a toda la vida de
sus seguidores.

Nos acercamos al “cuadro” de JESÚS y sus COMPAÑEROS de Misión y


tratamos de descubrir toda su hondura.

A LA LUZ DEL EVANGELIO

EVANGELIO: Mateo 9, 35 – 10, 1-5. 7-13

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas,


enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del Reino y
curando todas las enfermedades y todas las dolencias.

Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban


extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos:
- «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad,
pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar
espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Éstos son los nombre de los doce apóstoles: el primero, Simón,


llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su
hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano;
Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que
lo entregó.

A los doce los envió Jesús con estas instrucciones:


- «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad
enfermedades, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad
demonios.

Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.

No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el


camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero
su sustento.
Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de
confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en
una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis
vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros».

HOY Y AQUÍ

Impresiona el relato evangélico que se nos ha ofrecido. Y es que ofrece


“detalles” que realmente “indican” que algo importante se está dando
y que ese momento es de una significación especial. Es bueno y necesario
que dirijamos nuestra mirada sobre el testimonio que nos ofrece el
evangelista y así, además de descubrir lo esencial, nos dejemos empapar
del ESTILO que ahí se ofrece.

Lo primero que llama la atención es la ACTITUD de Jesús: tiene “prisa”


por anunciar la Buena Nueva del Reino y lo hace proclamando
“palabras”, pero refrendando el mensaje con las “obras” que realizaba;
esto es… “curando las enfermedades y todas las dolencias”.

Y aún más, nos dice el relato que “al ver a la gente, se compadecía de
ellas”: todo un estilo de vivir y de estar, y es que es toda una ESCUELA
para cuantos quieran seguir sus huellas y compartir con él la Misión
que él mismo tiene como tarea encomendada por el mismo Padre-Dios.
En segundo lugar: es curioso que Dios mismo necesita de
hombres/mujeres para llevar a cabo el proyecto de vida y salvación:
“La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos”. ¡Es curioso
todo esto! No es fácil imaginarse a un Dios que necesite de las criaturas
para hacer posible su “sueño” de amor. Y Jesús se suma a ese “estilo”
de Dios: “rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies”.
Esto merece la pena tenerlo en cuenta, ya que puede “curar” muchas de
nuestras “heridas” a lo largo de nuestro caminar.

En tercer lugar: los “LLAMADOS” en este primer momento (así como


sucederá en ele futuro) no son personas ilustres, ni con capacidades
extraordinarias. Simplemente, son “gente del pueblo”. Asimismo,
tampoco parece que fueran “perfectos” y cumplidores de la Ley (como
podremos constatar en diversas ocasiones en los Evangelios), sino
simplemente que han descubierto en Jesús la NOVEDAD que esperaban
y apuestan por él, con todas las consecuencias. Y no será porque el
Maestro les ofrezca privilegios especiales, ni comodidades capaces de
“llenar” sus vidas. Al contrario, su propuesta es exigente y radical y que
afecta a las raíces mismas de la vida. Pero no les importa: se han
ENCONTRADO con él y son capaces de dejarlo todo y seguirle.

En cuarto lugar: ¿PARA QUÉ son llamados? ¿Cuál es su tarea?


Simplemente COMPARTIR la MISIÓN con el mismo Maestro. Ellos
van a ser partícipes de la tarea que el mismo Padre-Dios le ha encomendado
a Jesús. Por lo tanto, el objetivo no es ni siquiera la “santificación
personal”, ni la “perfección” (como planteaba las espiritualidad de su
pueblo), sino hacer llegar a cada vida y situación el proyecto de vida
que Dios desea para la humanidad.

Y aquí no es posible olvidar que serán “palabras” y “obras”, como el


mismo Jesús. Y todo ello con una conciencia clara de que participan de
la MISIÓN con él. Por lo tanto, cuanto hagan o realicen será “en nombre
de Jesús”. Así, también, otros descubrirán el proyecto de Dios y,
asimismo, otros se ENCONTRARÁN con ese Jesús y su Misión. De esta
manera, se volverá a repetir la historia del encuentro y del seguimiento
de este Maestro.

Estas “notas” del relato evangélico nos dejan claro cuál es el ESTILO y
la ACTITUD que todos los seguidores de este Maestro deberán
(deberemos) seguir. No hay tareas “por libre” o con fines que no se sabe a
dónde llevan. No. Es ofrecer abiertamente la propuesta de plenitud del
Padre y ésta es una BUENA NOTICIA para cuantos la acogen. Así, el
Dios “todopoderoso” y respuesta de cuanto se intuye en la creación y en el
universo, resulta que es un PADRE ENAMORADO y que quiere lo
mejor para sus hijos. ¡Éste sí que es una Buena Nueva! Y éste es el deseo
y el proyecto de Dios. ¡Ahí es nada!

ORACIÓN

Dios y Padre nuestro,


que nos has hecho semejantes a ti mismo.
Tú nos quieres ver siempre a nosotros, tus hijos/as,
trabajando junto a Jesús, tu amado,
en el campo de tu mies,
en medio del mundo.

Tú mismo nos has llenado,


por medio de tu Espíritu vivificador,
de DONES que nos plenifican
y nos impulsan a compartirlos con los demás.

Padre,
Haznos, de nuevo y HOY mismo,
trabajadores de tus campos,
para que así podamos compartir plenamente
de la Misión de tu mismo Hijo amado.

GRACIAS, Padre,
por contar con nosotros para la tarea.
Realmente eres maravilloso y digno
del amor más hermoso y generoso.
AMÉN.

PLEGARIA

HE ENCONTRADO UN AMIGO
Jesús: Tú eres siempre una sorpresa,
eres el amigo que se encuentra sin esperarlo.
Y yo te he ENCONTRADO.

No esperaba conocerte tan de cerca.


Pero llegaste, como a la samaritana,
y me has dicho: “Dame de beber”.
Como a Zaqueo, elevaste los ojos
hasta el árbol en que estaba,
y me dijiste:
“Baja, que quiero hospedarme en tu casa”.

Sabes que te necesito,


y llegas sin que te llame.
Permíteme acompañarte en el camino.
Pero ¿qué digo?, si tú ya vas conmigo,
me acompañas siempre, sin cansarte.

Me conoces y sabes lo que quiero,


lo mismo mis proyectos que mis debilidades.
No puedo ocultarte nada, Jesús.

Quisiera dejar de pensar en mí


y dedicarte todo mi tiempo.
Quisiera entregarme por entero a ti.
Quisiera seguirte a donde quiera que vayas.

Pero ni esto me atrevo a decirte,


porque soy débil.
Esto lo sabes mejor que yo.
Sabes de qué barro estoy hecho,
tan frágil e inconstante.

Por eso mismo te necesito aún más,


para que tú me guíes sin cesar,
para que seas mi apoyo y mi descanso.
¡Gracias por tu amistad, Jesús!

CANTO

TÚ, SEÑOR, ME LLAMAS.


TÚ, SEÑOR, ME DICES:
VEN Y SÍGUEME; VEN Y SÍGUEME.
SEÑOR CONTIGO IRÉ.
SEÑOR CONTIGO IRÉ.

Dejaré en la orilla mis redes,


cogeré el arado contigo, Señor.
Guardaré mi puesto en tu senda,
sembraré tu palabra en mi pueblo.
Y brotará, y crecerá.
Dejará mi hacienda y mis bienes,
donará a mis hermanos mi tiempo y mi afán.
Por mis obras sabrán que Tú vives,
con mi esfuerzo abriré nuevas sendas
de unidad y fraternidad.

(Carmelo Erdozain – Disco: “Cristo libertador” – Ed. Paulinas)