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Hipersensibilidad Cutánea

Aunque el concepto de hipersensibilidad está comúnmente asociado a tener las emociones a flor
de piel, también tiene que ver con el umbral sensitivo de los órganos relacionados a los 5 sentidos
del cuerpo denso y por qué no decirlo también, al 6to sentido, asociado a las percepciones intuitivas
o extrasensoriales. Aunque en esta ocasión centraremos la atención en la hipersensibilidad de la
piel, bien vale la pena hacer extensivo este análisis a esos estados donde también nos hacemos
más sensibles e intolerantes a los ruidos, a la luz o a ciertos aromas.

La piel es el órgano más grande del cuerpo, a través de ella respiramos, eliminamos toxinas,
regulamos nuestra temperatura, conocemos nuestros límites corporales, sentimos, palpamos y
vivimos nuestro entorno. La piel es nuestro elemento contenedor en la relación que establecemos
con el mundo. Por ello, cualquier somatización que afecte a la piel se asocia de alguna forma a la
percepción que tengo de mi mismo, a cómo me muestro hacia fuera y la relación que he desarrollado
o quiero desarrollar con mi entorno. Por ejemplo, muchas veces el acné genera la distancia y el
espacio necesarios; las alergias cutáneas reflejan la intolerancia que me produce una persona o una
situación a través de la desesperación que genera la picazón; la soriasis que trae engrosamiento y
descamación de la piel, muy frecuentemente muestra una urgente necesidad de cambio, de renovación
y, tampoco es casualidad, que en la mayoría de los casos se desarrolla en codos y rodillas,
articulaciones que flexibilizan los movimientos. Así mismo, la rosácea, que es la dilatación de los
vasos capilares del rostro, indica la fuerte necesidad de sacar a la luz aquellos potenciales y habilidades
que están en estado de latencia, generalmente asociados a una baja autoestima; la esclerodermis,
que es un adelgazamiento, endurecimiento y falta de flexibilidad en la piel, se asocia a la dificultad
de sentir y demostrar emociones y afectividad a través del contacto físico. Así las manchas y muchos
otros síntomas y somatizaciones manifestados en la piel.

La hipersensibilidad de la piel, acompañada muchas veces de una hipersensibilidad en los dientes,


trae sensaciones como dolor o ardor en el roce con la ropa; un menor umbral en relación al dolor
producido por el contacto o presión que generan los movimientos y posturas que uno adopta con
el entorno; una menor tolerancia a la opresión que generan prendas de vestir como zapatos, sostenes,
cinturones, cintillos, elásticos y pinches para el pelo, sensación de ahogo u opresión que generan
las corbatas, los beatles (cuellos de tortugas), collares, etc.

Esta mayor sensibilidad genera un gran malestar cuya principal función es mostrarme mis propios
bordes y límites para que me ocupe de mi mismo y me genere bienestar. No es casualidad tampoco
entonces, que muchos resfríos comiencen con este síntoma, puesto el resfrío surge del cansancio
que me produce una situación determinada. El brusco surgimiento de esta hipersensibilidad desea
hacerme consciente de mi mismo, para mostrarme que en primer lugar estoy yo, puesto probablemente
esté mas ocupado y preocupado del bienestar del resto o de lo que otros puedan pensar o sentir
de mi. En este sentido, el malestar que traiga asociado esta hipersensibilidad nos dará bastante
información. Ej.: si en estos días estoy más sensible al cuello de la camisa y la corbata, a los
zapatos, a tomarme el pelo o al sostén, porque me hacen sentir apretado, presionado o ahogado,
entonces tengo que hacer extensiva esa sensación a mi vida cotidiana, revisando qué personas o
situaciones me hacen sentir así en lo emocional. Probablemente la sensación física esté mucho más
exacerbada, al igual que la sensación que nos deja una pesadilla, puesto la intención de nuestro
inconsciente, en ambos casos, es llamar nuestra atención para que podamos hacernos cargo de esa
situación que tanto nos incomoda y así llegar a resolverla.

Lo mismo por ejemplo si estoy más sensible al roce o contacto con la ropa y esto me genera dolor
o ardor (rabia), tengo que revisar qué situaciones o personas me incomodan, duelen o producen
rabia. En cualquier caso, estos malestares intentan hacerme consciente de mis límites, puesto lo
más probable es que esté cediendo espacio y poder a situaciones y personas y, por lo mismo, esté
transgrediéndome. Cabe recordar en este punto que no es el otro o una situación lo que me ahoga
o limita, es el poder que YO le entrego a ese otro o a esa situación, para que me limite, dirija o
controle.

Por lo tanto, lo que esta excesiva sensibilidad está literalmente haciendo es “poner mis emociones
a flor de piel” para que en primer lugar me permita reconocerlas y así pueda sentirlas y vivenciarlas,
puesto de esta forma me ocupo de ellas y logro su sanación e integración. Esta hipersensiblidad,
al igual que cualquier otro síntoma, es un grito que dice ¡ya basta!, ¡ya es suficiente! Deja de
aguantar y tolerar, lo que exige mayor atención a mis propias necesidades y deseos, para que sea
mucho más consciente de dónde empiezo y de dónde termino yo.

Pamela Díaz Carreras