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SECCIÓN CLÍNICA

¿Asfixian a un niño?
Dos casos
El caso de R.
Helys Quiñones*

R. es un niño de 10 años que es traído a CAPSI por su madre, luego de ser remitido por la
psicopedagoga de su colegio. Antes de tener el primer contacto con el niño hago pasar a a
madre para identificar su demanda en relación al niño. La madre dice:
"...quiero que R. se olvide de su papá y que se comience a portar bien en el colegio... no sé
qué hacer, ha mejorado un poco con el medicamento que está tomando' pero esto no ha sido
suficiente':
Por su parte, R., en la primera sesión comenta:
"...extraño mucho a mi papá porque no lo veo desde hace 2 años... extraño jugar con él,
jugamos poker, ahogado y burro... ¿Ahogado?... no sé muy bien cuáles son las reglas de ese
juego.., mi mamá me dijo que mi papá era malo porque toma mucho y es agresivo, pero
igual extraño jugar y hablar con él, ella tiene razón porque un día estaba borracho y me
estaba ahorcando, yo igual lo extraño':
En este punto, detengo la sesión e invito al niño a que piense para la próxima semana por
qué extraña a su padre, tomando en cuenta que es malo y agresivo, según comenta su
madre.
Dos sesiones después, el niño inicia la sesión diciendo en medio de su llanto:
"estoy bravo con F (pareja actual de la madre) porque me quiere quitar a mi mamá y ella Io
que me dice es que son amigos, pero los amigos no se dan besos en la boca, ella cree que yo
soy un niño y que no me doy cuenta de las cosas':
En este punto detengo la sesión y le pregunto al niño si no ha pensado en la posibilidad de
que su madre desee estar con F. Luego de la sesión previamente expuesta, tanto el niño
como la madre, dejan de asistir durante 3 semanas.
R. y su madre regresan a CAPSI. En el momento que lo hago pasar la madre le dice:
"cuéntale al doctor lo que hiciste para que te expulsaran". R. inicia la sesión con la
siguiente pregunta: "¿Quieres que te diga lo que hice?", y luego relata lo siguiente:
"me expulsaron por una simple moneda, todo comenzó como un juego y luego, sin querer,
Ie di una patada en la barriga a H., pisé sin querer a K. sin darme cuenta que tiene unos
puntos en el pie, e intenté ahorcar a C... a C. lo ahorqué, pero eso no fue sin querer... mi
mamá dice que él me indujo a portarme mal y yo estoy de acuerdo con ella':
Le resalto que lo curioso de su relato está en que lo único que no hizo "sin querer", fue
intentar ahorcar a su compañero,
e invito al niño a hablar de esto la próxima semana. Nada puede decir en torno a lo
resaltado y se deja abierta la invitación para que, cuando lo desee, hablemos de esto.
En una sesión posterior el niño manifiesta descontento porque su madre lo sacó del cuarto,
expresa no estar de acuerdo con esto y dice:
"yo no estoy de acuerdo con que sea malo que yo duerma con mi mamá, yo soy un niño y
es normal que los niños duerman con su mamá, eso es malo como ustedes dicen", se detie-
ne la sesión y se subraya que "efectivamente, es malo", R. se da cuenta de su lapsus y
rectifica en la puerta del consultorio, luego de terminada la sesión, diciendo "quise decir
que no es malo como ustedes dicen':
La última vez que R. asiste a CAPSI se encuentra dormido, en la sala de espera, en los
brazos de su madre, se culmina la sesión luego de que dice: "ya no me importa no dormir
con mi mamá, ahora me siento bien porque tengo más espacio".
Es importante tomar en cuenta, previo a cualquier comentario de las sesiones relatadas
previamente, que R. es un niño diagnosticado con TDA (Trastorno por Déficit de Atención)
de acuerdo con un manual que explica distintas patologías de un modo que cualquier
persona las puede entender, es por esto que muchos manejan términos como, panic attack,
TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), etcétera. Lamentablemente, el problema va mucho
más allá porque algunos maestros, y hasta algunos padres, usan estos términos para
etiquetar a los niños, entonces, María pasa a ser un TOC y Juan un TDA. Esto, sin lugar a
dudas, podría responder a esa necesidad propia de la hipermodernidad por homogeneizar en
lugar de identificar, dejando a un lado que estos chicos que "se portan mal" pueden estar
sometidos a situaciones traumáticas, de duelo, violencia intrafamiliar, divorcios, entre otras.
El caso anterior es una muestra de cómo actualmente en lugar de indagar en el problema, de
interpretarlo, o de analizarlo, a lo que se apuesta, desde las terapias cognitivo - comporta-
mentales, es intentar taponar (fallidamente) el trauma con pastillas. La apuesta apunta a que
los "niños de Skinner", adecuadamente medicados se vuelvan legión, tal como lo plantea
Mauricio Tarrab en "Los niños de Skinner y las soluciones químicas".
Para poder brindarle al niño un lugar distinto, al previamente abordado, es esencial que
desde el psicoanálisis nos preguntemos cuál es el lugar que ocupa el niño en nuestra con-
temporaneidad. Es fundamental que nos preguntemos cuál es su estatuto, una vez planteada
la problemática en estos términos, estaríamos ubicados en la dimensión de lo político, y eI
estatuto del niño dependería, directamente, del lugar que tenga para el Otro. Esto último
nos hace pensar que todo niño tiene un lugar en el deseo y en el fantasma de sus padres,
lugar que en el caso R. no está muy claro hasta ahora; en este caso, el síntoma de R. se
presenta como un real difícil de vehiculizar a través de lo simbólico, y podríamos estar ante
un síntoma "blocal", como J.A. Miller lo llama en "El niño, entre la mujer y la madre",
síntoma que pareciera derivarse del fantasma de la madre.
Más allá de lo teórico que podría ser considerado para la discusión del caso R., lo
importante es señalar que desde una posición ética, la apuesta apunta a brindarle un lugar
de emergencia al sujeto, ya que en el caso del psicoanálisis, lo que perseguimos es darle un
lugar al niño dentro de la economía global, tal como nos propone Eric Laurent, pero no
pretendemos darle un lugar cualquiera, sino un lugar que no sea el de desperdicio.

El caso de la madre
José Gregorio Domínguez*
Cabe destacar que T., la madre de R., se presenta para atención únicamente debido a que así
le fue reiteradamente recomendado por la psicopedagoga que atiende al niño en el colegio,
y por la persona que realizó el triaje de CAPSI. Lo deja bien claro desde el inicio: quien
tendría problemas seria el niño y no ella. Esto marca sin duda una notable diferencia de
entrada a sesión. Su demanda inicial no es otra que la atención de su hijo, y su queja sólo
concierne a éste.
Las primeras sesiones se refieren al relato de los incidentes referidos a la historia vital de R.
Todas las sesiones empiezan igual: un detallado recorrido semanal sobre su hijo, los incon-
venientes que éste le ha ocasionado, las regaños y notas que recibe en el diario escolar, su
negativa a comer, estudiar, bañarse, y un largo número de etcéteras que no podríamos
señalar. Por su parte, ella se esfuerza en destacar cada detalle, pero no se implica en ello.
Lo que le ocurre a su hijo no tiene que ver con ella.
En esta situación se mantiene inquebrantable. Todas las intervenciones destinadas a
fomentar su implicación subjetiva o que intentan propiciar la división del sujeto parecen no
incidir sobre ella. No obstante, en el curso de una de las sesiones, reporta que su hijo siente
celos del padrastro desde que la presencia de éste ha implicado un desplazamiento del lecho
materno a una cama aparte, y desde que el niño habría presenciado la escena primaria entre
su madre y el padrastro. En este momento se toma una decisión calculada, se le indica que
el niño debe pasar a ocupar el cuarto que se encuentra Iibre en la casa. Como reacción, ni el
niño ni la madre asistirán en las siguientes tres semanas. No resulta posible contactar
telefónicamente con ellos. Solo retornarán cuando las cosas se agudizaron en el colegio.
Nuevamente se inician las sesiones. Nuevamente se inician los reportes sobre el
comportamiento de R. Poco a poco, van apareciendo algunos elementos de su propia vida.
Las sesiones comienzan se inician, como siempre, con el tema de su hijo, pero parece
abrirse un espacio para su propia historia. Así, nos enteramos que tuvo un novio desde el
quinto grado, que ella tenia una excelente relación con la familia de éste, que hoy se
permite hablar de aquel con añoranza, que lo amaba y que a pesar de ello se negó a casarse
con él y a irse a Europa porque "¡Cómo iba a dejar sola a su madre?". Añade que luego de
su negativa al casamiento, el novio se fue al interior del país durante un año, y cuando
regresó ya no era lo mismo, "Regresó diferente", "Ya no era virgen", "Quería experimentar
conmigo. Yo le dije que no. ¡Qué gafa!". Interrogada sobre el origen de su negativa solo
podrá decir que ella se quería casar como su madre: "de velo, corona y virgen". Y añade:
"Yo pensaba en mi mamá, no en mí"; punto donde se detiene la sesión.
En cuanto al padre de R., podremos conocer que, al inicio de la relación, éste la induce a
tomar alcohol y la abusa sexualmente; momento en que pierde la virginidad.
Contrariamente a lo esperado, no rompe la relación con éste, sino que se mantiene con él y
deciden vivir juntos. Según nos comenta, a ella su madre le habría enseñado que "un
hombre es para toda la vida". Esto le lleva a soportar maltratos verbales y físicos reiterados
tanto a ella y como a su hijo, a mantener económicamente a esa pareja durante años, a
tolerar que él haya intentado ahorcar a su hijo... Nada de esto le hace salir de esta casa. En
relación a éste período dirá que estaba ciega y enamorada. Nada más. Tan sólo vinculará su
"sacrificio" a este axioma materno de un hombre para toda la vida. Al parecer, no ha tenido
efecto el hecho de que a su vez, su madre se separara de su padre y que ella creciera con un
padre adoptivo. Tampoco esto parece lograr el menor efecto en sesión. Nada podrá
tampoco decir sobre qué le llevó a separarse del padre del niño.
Sabemos que hace unos meses ha logrado establecerse en una nueva relación. Tal como se
ha señalado esto ha generado celos importantes en R., especialmente luego de la escena pri-
maria a la cual habría sido expuesto. Ante esto, ella se mantiene inquebrantable, continúa
diciéndole al niño que "son sólo amigos". Recientemente, ha revisado el teléfono de su
pareja, "por coincidencia", y ha descubierto mensajes bastante claros de infidelidad. Surge
en ella la inquietud sobre la sexualidad: ¿Será que no lo satisfago como mujer? Interroga a
su pareja al respecto, y éste le dice que todo está bien pero que sólo hay un detallito... Ella
no esperará la respuesta. Dirá que ese detallito es R., y nada ha podido sacarla de esta
convicción.
No es una paciente fácil de dividir. De hecho, me pregunto si se ha dividido
verdaderamente en alguna sesión. Es cierto que nos ha contado cosas de su vida, pero
parecieran reportes vacíos, como los reportes sobre el comportamiento de R.; sin mayor
interrogación al respecto. Las intervenciones parecieran quedar sin efecto y no logran
sorprender ni hacer pregunta. Nada parece apuntar hacia la tachadura de esta sujeto.
Únicamente, en la última sesión a la cual asistió, ha podido hablar de su propio malestar,
sacándolo del campo, hasta entonces exclusivo, de R. Veamos este recorrido: nos ha dicho
que se siente agobiada, culpa de ello a R., y nos ha comentado que logra "desahogarse" de
ello contándolo en el trabajo. También nos dice que su estado de ánimo depende del niño:
"Yo estoy mal porque R. se porta mal", y ha puntualizado cosas interesantes sobre su pareja
actual, dice no amarlo pero que "él me defiende de R. Le dice que me trate bien". Se le ha
estimulado para que nos hable de su "ahogo" y ha podido aportar que "su vida es de
tiempo". todo está cronometrado, "Más tiempo en una cosa ocasiona que lleguemos más
tarde a la otra". Ha logrado explayarse sobre este malestar, separándolo por primera y única
vez de R. Se le ha señalado que esta "asfixia" que reporta, va más allá de su hijo; y ella lo
ha vinculado al uso o no de su vehículo. Faltó a la siguiente sesión.
Sólo unas notas adicionales. Me pregunto si T. podrá poner en duda que la causa de sus
males sea R.; si podrá separar al niño de este lugar tan terrible en que lo tiene ubicado. Con-
frontada con su sexualidad, confrontada a ese "¿Será que no lo satisfago como mujer?", ha
respondido afirmando que R. constituye un estorbo para su relación con su actual pareja.
No se ha dividido frente a esto, al igual que tampoco pareciera haber ocurrido frente al
presunto intento de estrangular al niño por parte del padre de éste. No se ha hecho pregunta
sobre la relación con su novio de toda la vida, ni parece haber cuestionado el axioma
materno de "un hombre para toda la vida"; ni tampoco ha surgido la inquietud sobre su
"ceguera" con el padre del niña.

¡Atrapada!
Diana Ortiz
A continuación presentamos un caso que forma parte de la casuística de PATVI.
P. es una mujer de 35 años de edad, tiene sexto grado de educación formal, 17 años de
matrimonio, se dedica a oficios del hogar, y tiene 3 hijos (uno antes del matrimonio). Asiste
a la consulta ya que ha denunciado al marido por maltrato psicológico procurado tanto a los
hijos como a ella.
En la primera entrevista, la sesión gira alrededor del desbordamiento de la queja hacia el
marido. Lo describe como agresivo, descalificador, irresponsable:
"Si los niños tienen mal comportamiento y rendimiento en eI colegio, arremete contra ellos,
los llama brutos, los castiga fuertemente y luego va contra mi y me culpabiliza diciendo que
yo no me ocupo de ellos... Si pienso en trabajar, me dice que si ese es el sueldo que voy a
ganar, mejor es que me quede cuidando de los hijos':
La queja se extiende al manifestar que el marido es mujeriego, trabaja en exceso durante la
semana y fines de semana, marcando que tanto ella como los hijos pasan a un tercer plano.
Las peleas son casi a diario, por una u otra razón, y los hijos sufren las consecuencias de las
mismas.
En su discurso, la hace aparecer tanto a ella como a los hijos, como víctimas de la situación.
Se le pregunta en cuanto a lo que persigue ella con la denuncia interpuesta ante el consejo.
La respuesta es "Quiero que mi marido cambie de actitud tanto conmigo como en su
comportamiento con los hijos."
Frente a esta respuesta se interviene apuntando a: "¡Ah, Ud. en estos años de convivencia
no ha podido hacerlo?': Esta intervención del analista, en primer lugar, se dirige a causar el
sujeto por medio de su división.
En la sesión siguiente, se extiende aún más en el malestar procurado por el marido, y cuenta
dos acontecimientos ocurridos en estos años de convivencia:
1. A los cinco años de matrimonio, encuentra al marido, "manoseando" los genitales de la
hija de ella, de su primera relación, quien en aquel momento tenía 7 años de edad. Ella lo
denuncia y éste es privado de su libertad durante tres meses.
2. Hace algún tiempo una sobrina materna, que vivía en el interior del País, se muda a su
casa porque le era más cómodo su traslado a la Universidad, y seis meses después
encuentra al marido en la cama con esta sobrina. Esto provoca la expulsión del marido, el
cual tiene que abandonar la casa.

En ambas situaciones, el marido es perdonado por ella. En la primera situación, la familia


del marido la culpabiliza de los maltratos que éste recibe en la cárcel, "ya que allí es
golpeado, no se alimenta bien, está delgado, lo van a matar", entre otras razones; y en la
segunda situación, se ve sola, no tiene trabajo, no culminó estudios académicos, tiene que
encargarse de los hijos, y adviene en ella la frase "yo no puedo" situación que la lleva al
desamparo. Expresa "me siento atrapada en esa relación y añade lo mal hombre que es su
marido"
La intervención apunta a esa última frase:" ¿Que la hace estar atrapada con ese mal
hombre?':
La intervención tiene valor de interpretación, visto en aprés-coup ya que la misma causa en
el sujeto una salida de la queja hacia el partenaire sexual y comienza a desplegar su historia
particular del significante "atrapamiento" en la cual ha estado. Significante que hace punto
de capitón con su posición fantasmática.

Historia familiar
Expresa que cuando ella nace, la madre la deja al cuidado de la abuela ya que no posee los
medios económicos para encargarse de su crianza. Es la información que manejó durante
mucho tiempo. Entonces, siempre albergó "la idea o la esperanza de que en algún momento
esta madre regresaría a buscarla”.
La madre aparece cuando ella tiene siete años de edad y recuerda que ella le pregunta si la
viene a buscar y obtiene como respuesta que no, que no la quiere tener con ella. Esto le
retrotrae a la desesperanza y lo refiere como algo muy doloroso.
Esta abuela de crianza, es descrita como altamente agresiva, arbitraria, dominante que la
sometía a castigos físicos atroces; la maltrataba golpeándola con cables y luego, de una
manera perversa la colocaba en tobos de agua y sal. Dice haber pasado gran parte de su
infancia y adolescencia asustada, metida debajo de la cama, escondida y cuando iba al
colegio no quería regresar a la casa ya que nunca sabía cómo iba a reaccionar.
A los quince años, una hermana de la madre se la lleva a vivir con ella. La tía vive en
condiciones de precariedad y la pone a realizar trabajos domésticos en casa de un conocido.
Relata que durante un tiempo todo marchaba bien, se dedicaba a Ios oficios y con el
producto de su trabajo ayudaba a la tía. Posteriormente la persona en cuya casa trabajaba se
le comienza a acercar, se hace su amigo, es su confidente y comienza a pretenderla,
manifestándole "que él la va a ayudar".
De allí surge entonces una relación. A los 16 años sale embarazada de su primera hija y su
amante la bota de la casa. Es entonces que conoce aI marido, este le lleva 8 años de dife
rencia, y en sus galanterías cuando la pretende, le ofrece "encargarse de ella". Esto la hace
decidirla en casarse. Este es el Significante (S2) que la representa a ella y es la forma como
hace lazo con el otro.
Se interviene apuntando a ello: "¿Ud. lo que busca es alguien que se encargue de Ud.,
alguien quien la salve?". Intervención que la devuelve a la confrontación de Ios abandonos
parentales y a la situación de maltrato a los que se vio expuesta de infancia, fijándola en su
posición de desamparo. Una mujer desamparada que busca un hombre que la ampare y la
maltrate, pero que es igual abandonante, devolviéndola a su lugar de desamparo.
Esta mujer ha construido su vida, teniendo un lugar, como atrapada, ser salvada y
maltratada, lugares que establece y que la representan ante el otro, haciendo lazo social con
el otro.
Desde esta perspectiva la intervención aborda la conjunción entre lo Simbólico y lo
Imaginario, por un lado, (un S1 en el atrapamiento que se coloca esta sujeto) y lo Real por
el otro, su goce en el maltrato y ser objeto de desecho del otro, está ubicada en la unión del
goce con el significante.
Ahora bien, la sujeto a partir de allí, realiza una relectura de su alienación en las redes del
fantasma, situación que la deja en condiciones de tomar decisiones importantes de su vida:
logra separarse de su marido e incorporarse al área laboral como comerciante
independiente.
Esta forma de atrapamiento en la que ella se colocaba, es lo que a nivel terapéutico se logra
romper con ese S2 que la dejaba desamparada, y que era la forma como ella construía sus
relaciones o su forma de hacer lazo con el otro, dándole un nuevo giro a su vida, su nueva
forma, siendo productiva e independiente
A partir de allí, esta mujer completa un ciclo o un bucle como apuntaría Miquel Bassols en
su seminario "Finales de análisis", la sujeto completó una primera vuelta sobre sí misma,
que no prejuzga un relanzamiento o una reanudación posible.

Algunas reflexiones respecto a este caso


En primer lugar, ¿cuál es el deseo que está sujeto ocupa en la madre?
Si nos planteamos que el lugar que ocupa está sujeto en el deseo de la madre, es objeto de
desecho. Podríamos plantear entonces ¿qué pasa con la función paterna? Y a partir de la se-
gunda, ¿de qué estructura podríamos hablar?, ¿una psicosis o una Neurosis?
Pensamos, que la función paterna pareciese estar articulado en dos tiempos: el primero,
donde el sujeto es desechada por la madre. El discurso de la paciente da cuenta de que esta
mujer mantuvo la esperanza de que la madre regresaría por ella, por un dicho de la abuela;
es decir, la madre estaba vedada para ella, estaba castrada, no tenía los recursos económicos
para tenerla.

El segundo tiempo, (pero a la vez paralelo), contaba con una abuela materna, que mal que
bien, hizo presencia intensa, maltratadora, perversa en sus castigos, hizo dominación; sin
embargo, hace enigma, ya que no sabía que esperar de esta abuela, ella no sabe Io que esta
quería. Despierta en esta sujeto su odio y sentimientos hostiles hacia ella, y de allí su
atrapamiento, como significante que la marca.
Esta conjugación es lo que abre paso al mundo del intercambio, a la ley fálica, por lo que la
hace una neurosis.
Trastornos de lenguaje y la ausencia de simbolización primaria
Lucia Dragonetti

Una de las intenciones del presente trabajo es mostrar cómo en la clínica con niños se hace
necesario afinar nuestra observación.
Recibimos a diario en nuestras consultas diversos casos que incluyen, dificultades
escolares, enuresis o encopresis, problemas de ansiedad, dificultades de lenguaje, el famoso
síndrome de atención tan frecuentemente diagnosticado en esta época, etc.
Pretendemos centrarnos en los problemas de lenguaje y como éstos pueden, ser
manifestaciones de una estructura psicótica (no en todos los casos claro está, pero sí en
algunos de ellos), sobretodo si está acompañado de otros elementos.
Rosine y Robert Lefort, dos psicoanalistas franceses que se dedicaron al análisis con niños,
—algunos de ellos psicóticos o autistas—, dicen en un artículo llamado Psicosis y
significante. Articulaciones.'
"La psicosis habla-ello habla. En realidad no hace más que eso, simplemente. Aunque sea
muda, la psicosis es un estado del ser hablante. Por tanto es algo que ocurre del lado del
significante".
Apreciamos así que el psicótico habla, por consiguiente puede presentarse con trastornos de
lenguaje. Entonces, ¿cómo pueden evidenciarse estos trastornos y cómo diferenciarlos de
los de cualquier niño no psicótico?
Hay que insistir en que deben tenerse en consideración otros elementos clínicos pero la
relación con el lenguaje es fundamental en la estructura psicótica. Recordemos que en el
proceso de alienación-separación que implica la estructuración del sujeto se da una elección
forzada: por el ser o por el sentido.
En la psicosis, debido a la forclusión del significante del Nombre del Padre, la escogencia
se da por el ser, no se ha producido la oposición entre S1 y 52, e incluso podemos decir que
no hay S2 o éste está holofraseado.
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¿Qué es la holofrase? Lacan en el Seminario XI nos dice


"Cuando no hay intervalo entre S1 y S2, cuando la primera pareja de significantes se
solidifica, se holofrasea, tenemos el modelo de toda una serie de casos, aunque en cada uno
de ellos el sujeto no ocupa el mismo lugar."
Sin embargo no es la holofrase la única manera de presentarse las alteraciones del habla de
un psicótico como pueden ser frases interrumpidas o ininteligibles y los neologismos. Tam-
bién podemos encontrar en algunos casos, niños no sólo con problemas de articulación sino
con un lenguaje particular, que se expresan gritando todo el tiempo o con importantes
dificultades en la nominación y en donde la intervención puede ir en el sentido de
simbolizar aquello que no logra ser simbolizado o articulado.
El campo de lo simbólico recubre toda la actividad propiamente humana y el instrumento
utilizado en esta actividad es la palabra, en tanto medio de expresión de una subjetividad y
forma de comunicación con el otro.
Cuando se presenta a nuestra consulta un niño con trastornos a nivel de la palabra, podemos
darnos cuenta de que está en el lenguaje pero que no es sujeto de su palabra, que está
capturado por lo que el Otro dice o no dice, es como si no fuera sujeto activo de su propio
discurso. Es por ello que se hace necesario poder establecer un diagnóstico y tratamiento
adecuado lo más pronto posible, de manera que, cada uno tenga la oportunidad de ser
escuchado y ser ayudado a situarse en esta relación con la palabra.

Ante esta dificultad o ausencia de simbolización podemos considerar como dice Eric
Laurent en Los Inclasificables de la clínica psicoanalítica (La conversación de Arcachon)
que el niño psicótico se presenta como un sujeto ya desencadenado desde su primer
contacto con el lenguaje. La perturbación del lenguaje estaría desde el vamos y podríamos
apreciarla de diversas formas como ya se ha señalado.
Sin embargo, el síntoma a nivel del lenguaje podría mostrarnos a un sujeto desconectado
con respecto al Otro con quien no logra comunicarse y, en este sentido, el trastorno de
lenguaje confirmaría el desabonamiento del inconsciente presente en esta estructura. Enric
Berenguer', plantea en algunos casos, que esta desconexión puede alcanzar el estatuto de
síntoma en sus dos vertientes, aquella que aísla al sujeto (dimensión autista del síntoma) y
el síntoma como intento de lazo social.
¿Cómo se podría considerar un síntoma, como el trastorno de lenguaje, en cualquiera de las
modalidades antes mencionadas, como algo que favorece un tipo de lazo social? Al respec-
to Enric Berenguer también nos dice que la relación con el Otro es siempre .problemática y
que muchas veces eI síntoma funciona como suplencia de ésta. Será justamente en este
sentido que el síntoma puede posibilitar el lazo social, pues si bien gracias a él el sujeto se
desconecta, también a veces se articula gracias modalidades estructurales del Otro que si
bien no siempre lo incluyen, a veces lo implican.
En su texto Lenguaje aparato del goce, Jacques-Alain Miller define la lalengua de la
siguiente manera: "la lalengua no es un objeto recortado en la sincronía. Comporta una
dimensión que es irreductiblemente diacrónica, ya que ella es esencialmente aluvional. Está
hecha de aluviones, que se acumulan, de malentendidos, creaciones lenguajeras de cada
uno".
Y luego dirá en 1996 en la Fuga del sentido, "y ese sedimento se hace con las huellas
dejadas por los otros sujetos”.

A partir del Seminario XX, el concepto de lenguaje en Lacan está descompuesto en dos
partes: la lalengua y el lazo social.
El lenguaje es un intento de normalización de la lalengua con el fin de satisfacer al
elemento social que permita, en lo posible, la comunicación. Es por eso que existe una
gramática, un diccionario, las normas para procurar una cierta comprensión. La lalengua,
está compuesta por las homofonías, las significaciones particulares de cada sujeto y los
sentidos gozados caracterizados por la investidura libidinal de cada uno para cada palabra.
La Ialengua también está presente en los sujetos neuróticos, pero en la estructura psicótica
aparece con una dimensión que contribuye a ese trastocamiento, haciendo posible la
ausencia de discurso que encontramos en la psicosis.

En el caso de Rosine Lefort, "El niño lobo" que aparece en el Seminario P, presentado por
Lacan, vemos que la palabra lobo era repetida constantemente por este niño de 3 años visto
por esta psicoanalista en un hospital para niños abandonados en Paris. Lobo era el
significante con que Robert (que era como se llamaba el niño) se presentaba. Podríamos
considerar esa palabra como una holofrase pues aparece como un intento de solidificar un
significante que no remite a nada más, en el lugar del significante que falta, el Nombre del
Padre. Este significante tiene referencias, según Rosine Lefort, con el personaje con el que
en muchos de estos centros hospitalarios las enfermeras asustaban a los niños, el lobo. Por
consiguiente, en este caso podemos identificar a el lobo como un efecto de la lalengua,
producto de frases pronunciadas en la vida del sujeto, que no remiten a un sentido y que, en
el caso de este niño psicótico, ocupa el lugar de "toma en masa del significante" que es en
lo que consiste la holofrase, apareciendo en el lugar del significante que falta.
Se tratará entonces desde esta perspectiva y a raíz de La Convención de Antibes de:
"Nacerse destinatario de los signos ínfimos de lo real de la lalengua, sin ocuparse del
sentido, para así tener una posibilidad de convertirse en el partenaire del psicótico en la
lalengua de la transferencia y de este modo poder comprometer al sujeto psicótico en un
lazo social hacia una elaboración de saber".
Destinatario para la construcción de un lazo social nuevo teniendo presente que el
inconsciente está hecho de la lalengua.
Por eso es que, en el trabajo con niños con este tipo de dificultades que tienen que ver con
el lenguaje, con un lenguaje particularmente ininteligible, muchas veces hay que ayudarlos
infiltrando lo simbólico a través de una palabra que ayude a comprender lo que dicen, pero
sin dejar de tener en el horizonte la posibilidad de que pueda ser necesario determinar ese
punto fijo en la lalengua, y que quizás funcione como condición para que se dé una
articulación posible en la cual se logre otro plano de la relación con el Otro.

Del Goce del Otro al Deseo del Otro


Aproximaciones a un diagnóstico diferencial
Gisela Cordido
La oferta psicoanalítica aparece en la vida de L. como un impreso que es avalado por un
otro semejante. L. decide consultar con la idea de poner orden en ciertos aspectos de su
vida relacionados con situaciones de duelo y un Real en el cuerpo que ha requerido la
intervención de la ciencia médica y que no cede: "quiero entender las cosas que me han
venido pasando', y manifiesta que viene porque puede haber algo en ella.
Las situaciones de duelo son nombradas como ausencias que cubren otras ausencias; y una
cotidianidad que deviene en inercia por el problema en el cuerpo le hace pensar en altera-
ción del ánimo. Se pregunta por la muerte, su presencia aquí y ese Real en el cuerpo que no
logra entender.
"Cargar" y "Sostener" pasan a ser S1 que la representan y hablan de las identificaciones a
las cuales ha estado fijada y que le han servido para funcionar en la vida. Se articulan
también con el origen de la queja en el cuerpo. Las oportunidades de ser representada por
estos significantes han ido desapareciendo y las que permanecen no son del todo
suficientes.
No ha pasado mucho tiempo cuando, ante una pregunta del otro semejante que interroga
estos significantes, sorprende al analista con lo que ella designa como decisión, relacionada
con entender y aceptar una situación penosa. "Ya entendí", dice.
Dando paso a una rememoración de situaciones que le daban otra forma a su vida. El
cuerpo, sin embargo, se mantiene consecuente con la inercia de una función
Hay un giro en su demanda: inicialmente formulada como "entender las cosas que me han
venido pasando, ahora dice he ido dejando cosas". De "las cosas que pasan" y su
connotación de sorpresa, de contingencias que han modificado su vida, a "las cosas que
pasan", que van quedando atrás, relacionadas con un saber hacer con ellas. Una manera
diferente de "cargar con las cosas": podría recibir lo que le pasa y dejarlo pasar.
Excepto el Real en el cuerpo que la sobre-pasa, que le resta protagonismo a sus decisiones,
que ha ido adoptando la forma de gula y destino de su vida y donde cada nueva solución o
tratamiento también constituye una oportunidad de permanencia del síntoma, alojándose en
el discurso de la ciencia, en las diferencias médicas, las segundas opiniones y la novedad en
el tratamiento.
Una intervención del analista sobre la función de compañía que un día atribuye a la queja
en el cuerpo, da paso a asociaciones y nuevas decisiones. Asociaciones con lecturas que ha-
blan de ser instrumento de goce de un Otro, de un Gran Otro Divino que en lo espiritual
plantea el amor y el conocimiento de algo como premisa para vencer las dificultades. Y que
le conduce a decisiones relacionadas con una búsqueda distinta —sin que eso signifique
más efectiva— para la restauración corporal
Aparecen varias interrogantes.
1) La manifestación en el cuerpo
¿Es un Real que no puede atrapar porque la ciencia médica ha intervenido cambiando el
curso de la lesión y se convertirá en otro duelo? Y su demanda estaría entonces articulada a
esa imposibilidad?
O es una metáfora y está en lugar del significante reprimido que ha quedado fuera de la
cadena asociativa? ¿O por el contrario no es significante y es imposible de leer?
O mas bien funciona como punto de capitón, que en lo Real del cuerpo, localiza un goce
del Otro?
2) Los efectos: las decisiones
¿En su corto recorrido las decisiones que han aparecido son modificaciones de la
subjetividad a partir del sujeto supuesto saber de la transferencia?
O más allá, ha operado el deseo del analista, produciéndose un vaciamiento de goce, y en
ese lugar viene a ubicarse el Otro del deseo?
¿Se tratarla entonces de efectos terapéuticos rápidos?
O estas decisiones —que apuntan a "buscar ser la misma de antes"— ¿siguen teniendo el
ideal en el horizonte? ¿Ese ideal de sostener, de no dejarse vencer, de seguir adelante "pase
lo que pase"? Una decisión puede ser un efecto, pero también puede hacer semblante:
parecer una mujer decidida.
Habría que preguntarse por último si, en relación a estas "decisiones" se está en la
dimensión de la pregunta que "supone un saber" o en la dimensión de la certeza que "sabe
que es así".
Tales preguntas remiten por una parte a la cuestión de la estructura, y por otra a la eficacia
del Psicoanálisis.

La estructura
En la estructura neurótica hay un cuerpo afectado de castración simbólica, el cuerpo pasa a
estar ubicado en la secuencia de los significantes, como un significante, un elemento del
Otro del lenguaje.
La queja somática de L. podría estar inscrita en una estructura neurótica, podría tratarse de
un síntoma de conversión como la encarnación de la cuestión histérica sobre el sexo, y la
lesión orgánica podría responder a una frase reprimida que interroga a un sujeto capaz de
transferencia. En términos de goce, en la histeria es el goce del cuerpo en tanto goce del
síntoma, es un goce masculino de su propio cuerpo.
Miller muestra además cómo hoy la noción de conversión también da cuenta de una
relación entre el deseo y la manifestación somática como un continuum, citando a Lacan en
"Posición del Inconsciente":
"en el síntoma eI deseo es idéntico a la manifestación somática. Es su derecho y también su
revés".
Es el dolor articulado al deseo y en esa articulación hay un punto de goce, un goce que lo
excede y que puede crear un enigma para el sujeto y un querer saber sobre ese Real que no
ha podido tramitar.
L. claramente manifiesta lo que quiere, quiere saber cómo llevar una vida mejor y cual será
el mejor tratamiento para su queja somática, quiere saber sobre ese Real, pero ese Real no
le dice nada.
Si el síntoma no se da a leer podría tratarse de un fenómeno psicosomático (FPS). Lacan
plantea eI FPS como un lugar mudo, que entregado al goce del Otro se sustrae a todo
anudamiento significante. La lesión no se significa. La transferencia aparece como vaciada,
reclamando otro recurso que la interpretación simbólica. El FPS escapa a la regulación
fálica, aunque se relaciona con la acción del significante; por un fracaso de la
representación significante se produciría un retorno del goce que fue desalojado por efecto
del significante. Este goce en lugar de canalizarse por los bordes erógenos pulsionales se
dirige al conjunto vacío del cuerpo'.
No se trata entonces aquí de la frase reprimida capaz de producir un síntoma, sino que es un
significante holofraseado, encarnado en el cuerpo. Es decir, no existe el intervalo que se
produce entre S1 y S2 donde aparece el sujeto del inconsciente, expresado en las
formaciones del inconsciente. Si el significante representa a un sujeto para otro significante,
esta lesión no es un significante. Es de índole de algo escrito en el cuerpo, la marca Real en
el cuerpo, es un sello, una etiqueta, un tatuaje. Este tatuaje suple al significante que falta, va
a representar al sujeto no ante otro significante ya que no tiene esa capacidad
metafórica ni metonímica sino que va a representar al ser ante el otro en el lugar de lo que
hubiera sido el síntoma.
Después del Seminario XX cuando establece claramente el concepto de Ietra, Lacan dirá
que en el FPS se conserva el eslabón del deseo pero "congelado en letra"; la suplencia
orgánica no es metáfora porque no es significante, es de lectura imposible.
Habría que plantearse por último: dada la dimensión de certeza que muestra L. en su
decidir, la referencia a ser instrumento de un Otro divino y la posición en que suele colocar
al analista haciéndole destinatario y no causa o partícipe de sus elaboraciones y decisiones,
si esa queja somática constituye una suplencia que estaría acotando un goce invasivo y se
hablarla entonces de una estructura psicótica, de una psicosis ordinaria.
La eficacia del Psicoanálisis
La eficacia analítica tiene que ver con el simple hecho de hablar, es la eficacia simbólica;
pero la verdadera eficacia analítica va mas allá, busca un retiro de la carga libidinal por
medio del acto sostenido por el analista, responsable de operar sobre la pulsión en juego en
el síntoma. En última instancia la eficacia psicoanalítica resulta de la actividad que produce
el efecto que se espera y reside en el acto analítico, definido por Lacan como lo que tiene
lugar a partir de un decir cuyo sujeto cambia.
La eficacia además puede ser definida en cada uno de los momentos del curso de un
tratamiento.
El primer efecto en este caso, es la división o la pregunta que surge en L. ante la oferta
impresa y el aval de un otro semejante. El Psicoanálisis circulando hasta que toca la puerta
de! síntoma, lo particular del sujeto, quedando colocado en ese momento en una dimensión
terapéutica o Psicoanálisis Aplicado a la Terapéutica.
Una de las vertientes posibles para abordar el asunto de la eficacia analítica es aquella que
se centra en la eficacia terapéutica del acto.
Bien sea que L. se dirija a otro con una pregunta o desde una certeza, su malestar podrá ser
alojado en las coordenadas psicoanalíticas. Se las arreglaba sustituyendo ausencias con
otras ausencias; ahora, incauta del efecto sujeto generado por la oferta y bajo transferencia,
éste se expresa en decisiones que hacen serie: la primera decisión: dirigirse al representante
de la oferta, es decir consulta al analista --> consulta con ella misma --> consulta un Otro
de la medicina diferente.
En este caso se hablaría de la eficacia simbólica, del significante, que ha operado por vía de
la palabra. Y podría considerarse un efecto terapéutico rápido ya que L. se ha colocado en
otra posición; de la sustitución que da cuenta de la repetición al desplazamiento que
moviliza el deseo.
Con el tiempo se podrá saber qué tanto son modificado-nes de la subjetividad a partir del
sujeto supuesto saber de la transferencia o qué tanto ha operado el deseo del analista, como
enunciación, para sacar al sujeto de ese goce y que su deseo se realice en tanto que deseo
del Otro.
Del Goce del Otro al Deseo del Otro:
En caso de tratarse de una histeria y el síntoma una conversión, posibilitar el pasaje del
goce del cuerpo en tanto goce del síntoma —goce masculino de su propio cuerpo— a poder
asumirse como objeto de deseo del Otro
Si se trata de un FPS, sustituir el goce del Otro por el deseo del Otro es abrirlo a la
dimensión del sinsentido, presentar de cierta manera "un mundo no organizado por el FPS"
apostando a que el efecto sujeto pueda convertir en síntoma la marca en lo Real del cuerpo.
Y si en el curso del tratamiento se evidencia que realmente se trata de una psicosis,
posibilitar un lugar que facilite la invención o suplencia que atempere el goce y permita
abrirse a la dimensión del deseo del Otro.
Junio 2007
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