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2. MOTIVOS PARA LA UNIDAD (1:26–2:5)

a. La debilidad humana reclama unidad (vv. 26–31)


26Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni muchos nobles; 27sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo
débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo to menospreciado escogió
Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30Mas por él
estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y
redención; 31para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Con delicadeza Pablo traza un cuadro de la iglesia de Corinto, como si fuera necesario despertarlos a la
realidad. Tal vez algunos de nosotros, en tal situación, habríamos perdido la paciencia y hubiéramos
exclamado algo como: “Pero hijos míos, ¡fíjense quiénes son! ¡No valen nada y se dan el lujo de pelear entre
ustedes!” En realidad, es lo que dice el texto, Pero enfocando esa debilidad humana a través del prisma de la
misericordia divina.
Entrevemos así algo de la composición de aquella iglesia. Sus mismas características sociales eran una
base para que surgieran problemas. Pablo menciona seis categorías en las cuales ellos no son
“muchos”.1 Los diversos problemas descritos en los capítulos siguientes nos llevan a pensar que se trataba
de una congregación de cierta envergadura.2
Hay una distinción entre la mayoría y la minoría de la iglesia. Cuando Pablo dice que no hay “muchos”
poderosos, nobles, etc. está dando por sentado que sí hay “algunos”, aunque sólo algunos. La mayoría era
gente problematizada ya antes de entrar a la iglesia; traían tensiones internas que se reflejaban en la relación
entre ellos.
—Sabios “según la came”, siguiendo criterios humanos. Eran personas que tenían el privilegio de una
educación formal, de una cultura más o menos elevada. Quizá hoy diríamos: “No hay muchos doctores ni
letrados”.
—Poderosos, presumiblemente desde el punto de vista político: gobernantes, militares, etc. ¿Qué
diríamos hoy? “No hay muchos miembros del gobierno, de las fuerzas armadas, de los partidos políticos”.
—Nobles. Pertenecían a familias de alto rango social, con un linaje reconocido. Si bien esto hoy no pesa
tanto, diríamos: “No hay aristócratas ni familias de prestigio”.
—Fuertes. Quizá una fuerza no de tipo físico, aunque es la primera idea que nos viene a la mente—en
especial pensando en la importancia que se daba allí a los juegos atléticos. “No son muchos deportistas, ni
gente de físico notable” indicaríamos ahora.
—Prestigiosos, que en realidad no se nombran sino sólo su contrapartida: “lo vil del mundo, y lo
menospreciado”. A muchas de nuestras congregaciones podríamos decir: “Fíjense cuántos de ustedes son ex
mendigos, ex presos, ex desempleados” y quizá deberíamos agregar: “Y no están mucho mejor ahora”.
—Lo que es. Esta es una frase poco clara, que quizás sea sólo un resumen de todo to anterior. Algunos
suponen que se refiere a los no esclavos, que socialmente eran considerados poco menos que cosas y que
jurídicamente no eran nada. Por otra parte, “lo que no es” es la traducción de la expresión más despreciable
en el griego. Para el pensamiento griego, “ser” era todo, y ser llamado “nada” era el peor insulto.3
Más adelante veremos la descripción de los cultos en la iglesia de Corinto, donde había gran libertad
para que, sin mayor orden, los presentes hablaran, cantaran, oraran, etc. (14:26). Imaginémonos lo que podía
ocurrir. Allí podía estar un esclavo sentado junto a su dueño y sentir que tenía un mensaje del Señor (y
tenerlo en realidad); podría haber un mendigo en harapos que pretendiera dirigir el canto de algunos que
estaban vestidos con ropas de lujo; y tal vez un erudito podía hacer un estudio con palabras doctas que los
demás no entendieran. ¡Ciertamente era necesario el Espíritu de unidad que sólo da el Señor!
Con gente así, ¿qué ha hecho el Señor? Pablo exhorta a mirar “vuestra vocación”4 (v. 26a). Esta palabra
es la misma que “llamados” (v. 2), lo que nos dice por qué esa gente está reunida.5

LA OBRA DE DIOS EN LOS HOMBRES (1:26–30)

1. Los llamó, “Mirad vuestra vocación”, (26a).


2. Antes los había escogido (27).
3. Les hizo superar sus deficiencias.
4. Los renovó “en Cristo Jesús” (30).
5. Les enseñó a considerarse hermanos entre sí (26a).

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Los vv. 26–29 no son tanto declaraciones despectivas acerca de los corintios sino la exaltación de la
maravillosa gracia de Dios. Lo que El hizo al elegir a los corintios no sólo demuestra su carácter—está lleno
de gracia—sino que además ilustra que Dios no está restringido por los valores del mundo. El no es
responsable ante los sabios ni debe responder a ellos sino que, por su obra de gracia, los avergonzó.6
Pablo nos dice que los pobres, ignorantes, viles, etc., avergonzarían a todos los sabios y entendidos.
Cristo ya había avergonzado a los “sabios” pues al escoger a los corintios, escatológicamente hablando ya
había comenzado la vindicación final sobre sus enemigos.
El v. 29 nos da un motivo para que “nadie se jacte en su presencia (la de Dios)”.7 Al elegirlos Dios eliminó
cualquier posibilidad humana de obtener el favor divino con recursos propios.
Cuando el v. 30 comienza con “mas”, establece una contraposición con lo anterior. Por un lado, están
todos los méritos del mundo; por el otro, nuestra nueva situación en Cristo Jesús.

ESTAR EN CRISTO (1:30–31)

1. Es algo hecho por Dios (30).


2. Cristo es la base de nuestra nueva vida (30a).
3. El nos ha cambiado (30b).
4. Así se cumplen las Escrituras (31).
5. Así se quita la jactancia y se llama a la humildad (31).
La enumeración de los cuatro aspectos de la obra de Dios en nosotros (v. 30) es realmente
impresionante. Abarca lo mencionado en los versículos anteriores, pero va más allá. Comienza por la
“sabiduría”: ¡ahora los creyentes son los realmente sabios! Pero luego sigue con “justificación”, “santificación”
y “redención”.8 Se trata de algunos ejemplos y no de una enumeración completa con un orden estricto de
sucesión. Digamos que Dios nos ha justificado en Cristo, nos ha santificado en Cristo y nos ha redimido por la
sangre de Cristo. Ya en 1:2 se refirió a la acción de nuestro Señor en cuanto a la santificación.
Pablo quiere que el tema culmine otra vez con una base bíblica. La cita nos lleva a Jeremías 9:23–24,9 y
es sólo un resumen de esos versículos.
Aunque en Cristo recibimos sabiduría, justicia, santificación y redención de Dios, no tenemos razón para
enorgullecernos ya que no las merecimos ni obtuvimos por nosotros mismos. La sabiduría humana produce
orgullo, malentendidos, peleas y divisiones. Jeremías lo había advertido siglos antes que Pablo, pero las
palabras parecen haber sido escritas para los corintios (y nosotros). Pablo las tenía bien en mente pues
resultan muy aclaratorias. “Tenemos motivos para sentimos en la gloria”, como decimos hoy. ¿Por qué? ¿Por
tener riquezas, fama, fuerza, sangre azul? No: por la obra que Dios ha hecho en nosotros por medio de
Jesucristo.
Todos estamos en un mismo nivel. Es así que debiéramos preocuparnos de lo que podemos dar más que
de to que podemos recibir, o debiéramos pensar en cómo dar honra a nuestro hermano y no cómo éste
puede respetarme o aplaudirme. La unidad—tal como Pablo la trata a partir de 1:10—surge de nuestra
condición que necesita de Dios y del camino que él ha propuesto en la cruz de Cristo. Por eso “predicamos a
Cristo crucificado”.

b. La debilidad del apóstol (2:1–5)


1Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia
de palabras o de sabiduría. 2Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a
éste crucificado. 3Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; 4y ni mi palabra ni mi
predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de
poder, 5para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Pareciera que Pablo sintió un santo temor de que le atribuyeran méritos que no tenía. Es cierto que había
ido a predicar a Corinto y allí había sufrido persecuciones, había luchado contra propios y extraños y, aunque
con falencias, había dejado una iglesia en marcha. El no lo negaba, pero de ninguna manera pretendía que
todo era obra suya y no del poder de Dios. No es que los cristianos deben limitar el lugar de quienes predican
la Palabra o dirigen la obra del Señor. Sin embargo, estos deben hacer un doble esfuerzo para que su acción
no desplace el lugar que corresponde al Señor.10
La insistencia en este punto de la carta tiene que ver con el tema que está tratando: la unidad. Como
mencionamos, uno de los argumentos de algunos líderes de grupos facciosos en la iglesia era que podían
apelar al nombre de su padre espiritual y fundador de la iglesia. Como era lógico que ese papel tan especial
no fuera dejado de lado, el argumento tenía su peso. No se trataba de seguir a una figura secundaria como

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Apolos, ni a una personalidad lejana como Cefas, sino a quien más importancia podía tener en la historia
de aquella congregación.
Por otra parte, es importante notar el tono empleado por el apóstol.

COMO HABLAR A LOS HERMANOS

1. Con afecto—“hermanos” (1a).


2. Con humildad.
3. Con claridad.
4. Con un propósito claro (5).
Después de demostrar que la obra del evangelio no podía basarse en las características de los corintios,
Pablo expone que tampoco podía fundamentarse en él—pese a todo lo que Dios le había permitido realizar
en esa ciudad.
Su afecto por aquellos creyentes se nota en la reiteración de la palabra “hermanos”, que pareciera una
reflexión: “Pero, hermanos, no me coloquen en una situación falsa que yo no he buscado”. La palabra
describe los sentimientos del apóstol, así como también apela a la conciencia de los lectores.
La primera insistencia de Pablo está precisamente en aquello que él evitó. No tenía dudas sobre lo que sí
debía predicar (v. 2). Los vv. 1b y 4 prácticamente reiteran ideas similares: nada de “excelencia de palabras”,
nada de sabiduría humana (2a, 4a, 5a), nada de “palabras persuasivas” (4a).11 Notemos que se trata
precisamente de áreas en que los griegos se destacaban. Ellos habían producido oradores extraordinarios
como Demóstenes,12 o pensadores inigualables como Aristóteles—que ha sentado las bases para la filosofía
de todos los tiempos—, y además discutidores como los sofistas, que basaban sus razonamientos en juegos
de palabras o en su sentido oculto. Es cierto que los tiempos de gloria habían pasado y que la ciudad de
Corinto no se destacaba precisamente en esos órdenes, pero en general eso se esperaba de alguien que
quisiera hacer un impacto en el pensamiento general. Pablo dice que él rehuye todo eso. Cuando leemos sus
cartas o lo que nos queda de su predicación, nos admira la fuerza de sus razonamientos, así como la forma
en que algunas de sus expresiones han logrado condensar maravillosamente grandes verdades. Pero él diría
con sencillez: “Esto es sólo el poder de Dios”.
No se trata sólo de saber qué debemos evitar sino también de tener en claro qué debemos hacer.

EL EVANGELIO PARA EL PUEBLO

1. Es el mensaje de Jesucristo, el Mesías prometido que se hizo


hombre en Israel.
2. Es el mensaje de “éste crucificado”, como si dijera: “De todo lo que
se puede decir de él, hay un punto que no puede omitirse”. Es aún
más fuerte que en 1:23.
3. Es algo que debemos predicar. Nadie oye lo que no se dice.
Algunos autores creen que Pablo tomó una decisión específica al ir a Corinto, ya que allí llegaba desde
Atenas, donde había hecho un enfoque distinto al habitual, apelando a la cultura griega.13 Pero esta idea
desconoce todo lo que el apóstol predicó con anterioridad. La idea de Cristo crucificado era central en todo lo
que hizo en todo momento, y un leve cambio de estrategia en cuanto a la manera que había utilizado en
Atenas, no indica que haya abandonado el núcleo del mensaje. “Me propuse” sólo indica que decidió
continuar con su práctica habitual (Gá. 3:1). “A éste crucificado” no sugiere una nueva estrategia. Para Pablo
esto ya era parte de predicar a Cristo.
El cuadro que Pablo traza sobre sí mismo es impactante. El apóstol debía de tener una buena medida de
aquello que, en su humildad, colocaba en un discreto segundo plano (Fil. 2:3). En los siguientes versículos
notamos que su actitud es distinta, así como el tono de autoridad que asume en diferentes momentos de la
carta.

EL OBRERO CRISTIANO (2:3)

1. Puede sufrir de “debilidad” física (3a).14Varios pasajes insinúan


que Pablo no gozaba de excelente salud. Pero las limitaciones eran
suplidas por “el poder de Dios”.
2. También reconoce que tenía “mucho temor y temblor” (v. 3b),
problemas que hoy consideraríamos psíquicos. Esta repetida

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expresión bíblica no describe el miedo, sino el sentimiento de profunda


responsabilidad ante una tarea de alcances etemos.
3. Asimismo estaba limitado en su capacidad de encontrar palabras
suficientemente persuasivas. La respuesta estaba en dejar que lo
humano tuviera un papel secundario, y en dar preponderancia a lo
del Espíritu.
De la misma manera, podríamos pensar que si alguien está convencido a tal extremo de sus limitaciones,
bien podría replegarse y dejar el trabajo a otro que tuviera la elocuencia de Apolos o la historia de Pedro. Por
lo contrario, Pablo declara que nunca dejará de ocupar su propio lugar, siempre apelando al poder del
Espíritu.

Quizá todo eso era una sorpresa para los corintios, que debían recordar a Pablo con admiración. ¡De
modo que aquellos mensajes inflamados de poder surgían de un hombre que temblaba ante Dios! ¡Y aquellos
notables argumentos eran sólo una inspiración directa del Espíritu, que usaba los conocimientos previos del
apóstol! ¡Y aquella fuerza ante las pruebas era exhibida por un hombre que se consideraba débil! Hay una
sola conclusión posible: el poder de Dios es infinito, y el poder de Pablo no radicaba en la persona o la
presentación del predicador sino en la obra del Espíritu.

DIOS A TRAVÉS DEL PREDICADOR (2:2, 4 y 5)

1. Produce el “testimonio de Dios” (2).


2. Enseña las palabras de la sabiduría de Dios.
3. Actúa con el poder de Dios (5b).
4. Se demuestra con el Espíritu de Dios (4b).
Si la fe de los cristianos se basara en la sabiduría humans, habría sido lógico que algunos fueran
discípulos de Pablo, otros de Apolos, otros de Pedro y otros, insatisfechos con todos, dijeran ser sólo de
Cristo. Pablo tuvo un propósito concreto al analizar cómo debía llevar el mensaje divino en Corinto: dar a la
iglesia un fundamento verdadero. Estos conceptos reaparecerán en el cap. 3: “Nadie puede poner otro
fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (v. 11).

EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA

1. Es aquello que fundamenta la fe, la convicción interna expresada


en la vida continua.
2. No se basa en nada que sea humano.
3. Se basa en el poder transformador de Dios y én la guía del Espíritu
Santo.
El apóstol entonces ha descartado las razones de fondo que provocaban divisiones en la iglesia de
Corinto. No ha caído en minucias ni en hechos aislados. La importancia excesiva que los corintios daban a
sus propios méritos así como a su fundador, revelaban que no tenían, su mira en lo único que produce
verdadera unidad: el Espíritu de Dios.
En base a ello, Pablo puede proseguir exponiendo la acción de la tercera persona de la Trinidad, en un
pasaje muy digno de ser considerado con suma atención, ya que se relaciona con muchos debates actuales.

Canclini, A. (1995). Comentario bı́blico del continente nuevo: 1 Corintios. Miami, FL: Editorial Unilit.

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