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Universidad Nacional de Luján


REPÚBLICA ARGENTINA

Maestría en Ciencias Sociales con mención en Historia Social

Seminario: “La Argentina peronista (1943-1955)


Nuevos problemas y perspectivas de análisis”

Docente: SUSANA BIANCHI

Maestrando: Miguel Eduardo Naistat

Trabajo final del Seminario:


“INTERVENCIONISMOS ECONÓMICO Y ESTADO PERONISTA (1946 – 1955).
Los tiempos de los planes quinquenales

2007
2

INTERVENCIONISMOS ECONÓMICO Y ESTADO PERONISTA (1946 – 1955). Los tiempos de los Planes
Quinquenales.

INTRODUCCIÓN
El presente informe realizará un análisis del intervensionismo económico del primer peronismo, entre
1946 – 1955, centrándonos en especial en los denominados planes quinquenales. Esta tarea excede el ambito de
la historia económica, ya que las particularidades del fenómeno peronista así lo exigen. Es de destacar que el
proceso que se inició con el golpe de estado de junio de 1943, cuyo clímax son los gobiernos de Juan Domingo
Perón, integraron definitivamente a la clase obrera al sistema político, al igual que a principios del siglo XX los
sectores medios urbanos se vieron integrados, durante el ascenso del radicalismo. La relación entre política,
sociedad y economía tiene un entramado cada vez más complejo en esta etapa que vamos a analizar
caracterizada por nuevas formas de intervensionismo estatal.
El peronismo, desde lo político propuso un nuevo contrato social que indicaría el pasaje pleno de una
democracia política a una democracia social. Para estos la política del gobierno peronista modificaría supuestos
básicos, del liberalismo económico: 1)De una sociedad considerada como una asociación de intereses
conflictivos y donde el estado tiene el control garantizado la reglas de juego, se pasaría una presentada como de
matriz comunitaria o de comunidad de intereses; 2) de un sistema donde la exclusiva representación política
descansa en le sistema de partidos a uno ampliado por el ingreso de la organizaciones intermedias como los
gremios y las asociaciones empresariales; y finalmente, 3)donde los individuaos libres actuaban
espontáneamente en el mercado, ahora el estado garantiza el interés general regulándolo y convirtiéndose en el
único asignador de recursos.1 Este último punto es de suma importancia para nuestro análisis.
Ese intervensionismo responderá a una época donde esas políticas son la respuesta a los tiempos de
posguerra, pero también en la Argentina este tipo de políticas no comenzaron en los cuarenta, sino unas décadas
a atrás. El intervencionismo peronista en general y la planificación en particular se verán condicionados por: a)
la política social en un verdadero intento de redistribución del ingreso, b) las necesidad política de consolidar la
alianza con los sectores populares reflejadas en el termómetro electoral; y c) el acompañamiento o rechazo que
tuvieron las políticas económicas de los actores sociales. Estas últimas tienen condicionamientos objetivos, por
un lado problemas estructurales, pendientes de resolución desde el comienzo del proceso de sustitución de
importaciones y por otro lado, la coyuntura internacional, donde los Estados Unidos capitanea la relaciones
comerciales y financieras del mundo capitalista de posguerra, enfrascado en la denominada guerra fría.
Entonces nos ocuparemos de los antecedentes políticos – institucionales y económicos del
intervencionismo estatal argentino antes de Perón y de los momentos del tiempo económico de los sus dos

1
Ver GAGGERO, Horacio: “El estado, la economía y los actores sociales durante el gobierno peronista (Argentina, 1946-1955) EN DI TELLA,
Torcuato S. & LUCCHINI, Cristina (Compiladores): Teoría e Historia. Una aproximación al estudio de la sociedad y el estado en América Latina ,
Buenos Aires, Biblos, 2001
3
primeros gobierno. Teniendo en cuenta sus aplicaciones, resultados y coyunturas, pueden plantearse en tres
etapas bien diferenciadas: 1)de 1946 a 1949, donde se implementa el primer plan (1947); 2) 1949 a 1952,
cuando entra en crisis ese plan y se le realizan importantes ajustes, y 3) 1952 a 1955 en al aplicación del
segundo plan quinquenal hasta el golpe de estado que lo derroca.

ANTECEDENTES
A partir de 1945, las políticas keynesianas y la constitución de estados de bienestar fueron proyectos
hegemónicos en occidente. Como consecuencia directa se produjo un notable incremento del producto industrial
en Estados Unidos y Europa. Ese incremento se basaba en el funcionamiento de economías mixtas dinamizadas
por la combinación de la acción estatal, el sector privado y los sindicatos.
La seguridad social y el pleno empleo funcionaron como los pilares que garantizaban la reproducción del
sistema capitalista. En este nuevo periodo la redistribución de la renta y el incremento del gasto público de las
políticas de los distintos gobiernos estimulo la demanda, sobre todo a partir de la intervención del Estado en la
economía. El Estado de Bienestar se caracterizó por fuertes acciones reguladoras de la actividad económica a
fin de apuntalar ese crecimiento de la demanda. 2 Esto último implicó medidas como incrementos de salarios,
premios, subsidios y subvenciones familiares a trabajadores, como también que el estado asumiera roles
empresariales, donde muchas empresas privadas pasaron a manos públicas, por ejemplo en Inglaterra, Francia y
Alemania, el carbón y la electricidad estaban en manos de sus estados. Finalmente, en le ámbito laboral, los
Estados Benefactores intentaron minimizar el conflicto social interviniendo en los acuerdos entre empresarios y
sindicatos.
La planificación o sus lineamientos generales se aplicaban con vaguedad y dudas en el mundo
capitalista occidental en contraposición a modelos más exitosos que provenían de procesos totalitarios como el
nazismo alemán y la Rusia soviética. Por un largo tiempo, planificación y totalitarismos, parecía cosas
indisociables, pero tanto en los finales de la década del treinta como durante la guerra se llegó la certeza, que no
planificar abría la puerta a caos económico y la dictadura. 3 La utilización de planes aunque estos provengan de
experiencias totalitarias, no significaba directamente que se caería en eso regimenes: el pensamiento planificado
encarnaría una racionalidad programada, seguramente opuesta a la del libre mercado. La economía de mercado
era inadecuada ya que propendía a la desigual distribución del ingreso y era inestable: debía abandonarse el
laissez faire.
Entre las propuestas para solucionar estos problemas, nos señala Anibal Jáuregui, la escuela sueca
representada por Gunnar Myrdal,4 planteaba la posibilidad de una planificación enteramente capitalista,
2
Ver LUCCHINI, Cristina & BUBELLO, Juan:”El capitalismo de posguerra (1945-1975)” En Economía, sociedad y formas de organización del
trabajo en el siglo XX, Buenos Aires, Biblos, 2005, pp. 43-67
3
El sociólogo Karl Mannheim aseguraba que después del nazismo la panificación sería el método adecuado para la reconstrucción, comentario por,
Aníbal JÁUREGUI: “La planificación económica en el peronismo (1945-1955)”, en Prohistoria, nº 9, 2005, p. 17
4
Economista sueco, obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1974, compartido con F.A. von Hayeck, por su trabajo pionero en la teoría del dinero y
las fluctuaciones económicas y por sus penetrantes análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales. Myrdal
insistió a menudo en que no era posible una economía positiva, no normativa ya que cualquier proposición económica implica, de forma implícita o
explícita, juicios de valor. Era escéptico respecto a la posibilidad de aplicar el análisis económico convencional a los países del tercer mundo. En
estas sociedades no se podía aislar el análisis económico del análisis social y político. Para Myrdal, el subdesarrollo solo podía solucionarse a partir
de la igualdad de oportunidades y la profundización democrática. Propuso la creación de un "Estado Providencial Mundial" que mediante una
planificación y redistribución mundial evitara el aumento de la brecha entre países ricos y pobres.
4
fundada en la generalización de las transacciones realizadas por sujetos colectivos que reemplazarían a los
consumidores individuales, esto en el marco de una economía mixta. El Estado para Myrdal no podía dejar que
los grupos directamente regulasen el mercado, era necesario, por ejemplo, articular los conflictos de
empresarios y trabajadores, que lo privado no superara el interés publico e incluso en el marco de las
democracias occidentales estar a favor de políticas redistributivas: la planificación resultante generaría la
integración de la regulación de los mercados, asegurada después de complejas negociaciones entre
organizaciones de trabajadores, agricultores, industriales y tal vez hasta banqueros y finalmente un lugar a los
consumidores, todo esto, claro esta, bajo la dirección gubernamental. También premonitoriamente, si pensamos
en la posterior experiencia argentina, señalaba Myrdal las advertencia de la aplicación de este modelo de
regulación, a) posibilidades de inflación, b)la desaparición gradual de los incentivos a la inversión y c) que la
planificación se transforme en autárquica, alejada del consenso del sector privado.5
En el caso argentino, el estado intervencionista se empezó a gestar, después del golpe de estado del
treinta durante el gobierno del general Uriburu.6 Era el resultado de la convergencia de la dirigencia política y
loa actores socioeconómicos predominantes.7 El intervencionismo uriburista respondió sobre todo a su filiación
nacionalista, pero quitado de la escena política, el manejo de la economía quedó en manos de los que hasta
hacia poco tenían una fe ciega en las leyes del mercado, sin embargo, no les fue difícil utilizar distintos
procedimientos de intervención estatal macro- económicas. La visibilidad de estas medidas aparecen en le
Plan de Acción Económica de 1933, implementado por le gobierno del Agustín P. Justo y su ministro de
hacienda Federico Pinedo, sus objetivos fueron intentar autonomizar la política monetaria, financiar y regular
la producción nacional. Entre la herramienta creadas estuvieron las Juntas Reguladoras. Estas políticas
gubernamentales también vuelcan su apoyo al sector industrial con medidas tales como: el control de cambios,
limitaciones a la importación, aumento de aranceles, devaluaciones monetarias y control de divisas. 8 Sumemos
a esto la creación e una herramienta excepcional y central en el dispositivo de planificación peronista como el
Banco Central.
Según el análisis de Ricardo Sidicaro para el periodo, el intervensionismo de la Década infame, mostró
también la fractura entre los políticos conservadores y los actores socioeconómicos predominantes. 9 El análisis
puede periodizarse entre el Plan de Acción Económica de Pinedo del 33 y el Plan de Reactivación Económica
del 40 del mismo ministro. En el primer momento, la grupos socioeconómicos participan de las mesas
directivas de las entidades creadas para la intervención, quedaba claro la poca o casi nula autonomía del estado
con respecto de estos actores; pero la ruptura comienza a manifestarse cuando los sectores de la Concordancia
se propusieron ampliar la disposiciones intervencionistas para beneficiar a sus propios intereses y consolidar los
mecanismos burocráticos y los recurso económicos del Estado. Según Sidicaro, el Plan Pinedo de 1940 es “un
5
ver JÁUREGUI, Aníbal: “La planificación económica en el peronismo (1945-1955)”, en Prohistoria, nº 9, 2005, p. 19
6
Una referencia más temprana de intervencionismo es la plataforma del partido demócrata progresista para la elecciones de 1910, cuyo candidato era
Lisandro de la Torre
7
Nos referimos a al bloque de partidos integrados por los conservadores, radicales antipersonalistas, socialistas independientes y otros expertos sin
filiación, acompañados por dueños de los establecimientos rurales, de las firmas financieras y la principales industrias de la etapa.
8
Ver LUCCHINI, Cristina: “Proceso de industrialización por sustitución de importaciones” EN DI TELLA, Torcuato S. & LUCCHINI, Cristina
(Compiladores): Teoría e Historia. Una aproximación al estudio de la sociedad y el estado en América Latina, Buenos Aires, Biblos, 2001, p. 78.
9
Ver SIDICARO, Ricardo, Los tres peronismos. Estado y poder económico, 1946-1955/1973-76/1989/99, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2002
(Cap. 1 y Cap 2)
5
hito importante en la relación entre el conservadurismo en el gobierno y los principales sectores
empresariales”.10
En 1940, la nueva guerra auguraba una caída drástica del nivel de actividad, esa fue la principal razón
para que Pinedo presentara ala congreso el Plan de Reactivación Económica, el primer intento articulado y
consciente en la historia argentina de llevar a cabo una política que contrarrestara con instrumentos monetarios
y fiscales, las tendencias del mercado. En el plano político institucional la distribución de créditos oficiales, el
fomento para la construcción de viviendas, la iniciativas para generar empleos, y otras medidas eran cuya
administración la oposición a la Concordancia no podían dejar de percibir como recursos políticos que
mejorarían la situación de los conservadores.11 Al nivel burocrático Pinedo nombra como sus principales
colaboradores, entre “una pléyade de jóvenes, laboriosos, serios, informados” – según el mismo ministro -,
que ocupan puestos de dirección en las estructuras de las áreas económicas y financieras. Las corporaciones ya
no tendrían participación o estarían seriamente limitados en la toma de decisiones con respecto de la ingeniería
institucional y desarrollo de organismos de intervención económica. El proyecto nunca fue aprobado.
La políticas del intervencionismo económico de los revolucionarios de junio de 1943, se pueden resumir
en lo que se conoce como el “gran miedo” de 1942 – 1943, relacionado al peligro de la agitación social al
finalizar el conflicto mundial. Con el fin de la guerra, la mayoría de las granes industrias del mundo entrarían
en una reconversión para tiempos de paz, las industrias locales surgidas al calor de la sustitución de
importaciones no lograrían sobrevivir a esa competencia, muchas quebraríam con el inmediato aumento de la
desocupación. Entonces, industrializar el país o proteger las que ya están y prevenir las posibles agitaciones son
dos temas centrales de la época. Para los militares el tema industrial era esencial, aunque subordinado a la
defensa; para los industriales era imperioso por su propia supervivencia consolidar la prosperidad que la guerra
había traído.
El gobierno del GOU impuso una gestión alentadas por ideas de un nacionalismo restaurador y
católico.12 El momento económico era de auge y prosperidad, tanto por el proceso sustitutivo como por la
colocación de los saldos exportables. Aceptar la presión de abandonar la neutralidad seria contraproducente para
esto.
Ante este problema se creo el Consejo Nacional de Posguerra (CNP), que debía analizar la situación del
país hacia el final de la guerra y elaborar un plan económico nacional, a cargo del consejo estaría el coronel
Juan Domingo Perón ya este en la vicepresidencia. La orientación del CNP fue netamente dirigista en materia
económica, otorgando al Estado una activa participación en la vida económica. Al definir la orientación política
– económica - social, el CNP argumentaba que la libertad económica quedaría sujeta a la inalienable función
del Estado de encauzar u ordenar las cuestiones de carácter social y económico y coordinar las actividades para
lograra el máximo bienestar general y el más amplio nivel de empleo. La creación de este Consejo podemos

10
Ver SIDICARO, Ricardo,…, p. 35
11
Ver SIDICARO, Ricardo,… , p. 39
12
el gobierno militar llevó adelante una represión policial al comunismo y a otras agrupaciones de izquierda y la enseñanza religiosa
fue impuesta en las escuelas publicas.
6
afirmar que definía el fin de una etapa y la apertura de una nueva, donde el intervencionismo estatal tendría de
ahí en más un rol fundamental y conflictivo en la historia argentina contemporánea.

DOS PLANES, TRES MOMENTOS


Durante la guerra se consolidó un importante mercado interno consumidor y el aliciente que
algunos productos, como carnes, aceites, lácteos, fideos, cereales y textiles, encontrarán lugar en el mercado
exterior. En 1946 se realizó el Censo Industrial que reveló la siguiente estructura industrial: 24% industrias
alimenticias y afines, 26% textiles, vestidos y afines, 14% metalmecánica y 11% químicas y afines. 13. También
reveló un importante aumento de los establecimientos de metalmecánica y afines (27% de los establecimientos)
Las características que mostraba la industria argentina eran las siguientes: I) Absorción y cierto grado de
especialización de una nueva fuerza de trabajo, producto de las migraciones internas. II) Una cierta conciencia
“industrialista”, tanto a nivel empresarial como de gobierno, que había madurado en el país, precisamente por
los problemas sufridos durante el conflicto bélico. III) Una maquinaria industrial que estaba muy desgastada
planteaba la necesidad de su reemplazo. IV) Se había producido cierto avance en la industria semipesada, pero
se seguía con los mismos problemas de la década anterior.
Como dijimos, la Segunda Guerra Mundial mostró diferencias con Primera y la Gran depresión: sobraban
divisas y faltaban bienes, en particular bienes indispensables para mantener en movimiento la maquinaria de la
producción. 1946 fue un año record en el superávit de la balanza exterior 2.295. Millones de pesos moneda
nacional, comparados con los 1.718 millones del 1945.14 A pesar de esto la guerra dejo para la Argentina serios
problemas: 1) Reducción del comercio exterior por: disminución de la navegación comercial, perdida de
mercados abastecedores de combustibles y compradores de cereales, por falta de bodegas o por la ocupación
nazi. 2) La desintegración del sistema argentino de comercio multilateral: no pudo funcionar normalmente el
sistema de comercio triangular (Argentina, Estados Unidos e Inglaterra). 3) Inconvenientes políticos derivados
de la neutralidad adoptada durante el conflicto que dividió al comercio argentino en tres: a) Saldos favorables
inconvertibles en el área de la libra esterlina, b) Déficit creciente en el área del dólar, debido al natural
desarrollo de la importaciones argentinas desde EE. UU; y c) Superávit en el comercio con los países
latinoamericanos. El 50% de las exportaciones argentinas fue a ellos.15

Periodo 1946 - 1949


La falta de bienes y el sobrante de divisas conformaban un paisaje económico realmente excepcional. En
este escenario asumió en junio de 1946 Juan Domingo Perón; Miguel Miranda ya en la gestión, producto de
las negociaciones producto del 17 de octubre de 1945, y por dos años y medio sería el principal responsable
económico.16 También dentro de su gente de confianza podemos encontrar a Rolando Lagomarsino en la
13
tomado del cuadro de MURO DE NADAL, Mercedes: 50 años de historia económica Argentina. Una síntesis de sus principales características,
1946 – 1996, Buenos Aires, Sauce Grande, 1997, p 34
14
Fuente: Dirección General de Estadísticas de la Nación, 1940-1952 – Banco Central de la República Argentina
15
Ver GERCHUNOFF, Pablo y Damián Antunez, “De la bonanza peronista a la crisis de desarrollo”, en J. C. Torre, (dir), Los años peronistas
(1943-1955), Nueva Historia Argentina, vol. 8, Sudamericana, 2002, p 136
16
El presidente de facto Edelmiro Farrel había nacionalizado y reformado el sistema financiero por decreto y había creado el Instituto Argentino para
la Promoción y el Intercambio (IAPI) y al frente de este como del Banco Central estuvo Miguel Miranda.
7
Secretaria de Industria y Comercio, a Orlando Maroglio para el Banco Central, Ramón Cereijo para el
Ministerio de Hacienda y el Consejo Económico Nacional. La estrategia industrialista no fue el único rasgo de
la política económica peronista, sino que su signo distintivo de esa época fue la persecución del ideal de pleno
empleo, el aumento de los salarios reales y un profundo cambio distributivo.
La justicia social y la independencia económica se convirtieron en los pilares de la ideología del gobierno de
Perón. La justicia social se manifestó en la integración de los trabajadores al proceso político en un mismo
nivel que el sector del capital y con la distribución de un mayor proporción del Producto Bruto Nacional (PBN)
entre los trabajadores, en forma de aumento del salario real, seguros de salud, educación, planes de vivienda,
vacaciones pagas y jubilaciones. La independencia económica significaba terminar con la control extranjero
sobre importantes sectores de la economía, tales como los servicios públicos y transportes. Con respecto a la
deuda externa mediante la compra de títulos en el exterior se la transformó en deuda interna. Durante la guerra
la Argentina había acumulado importantes reservas en libras en Inglaterra. Era una situación muy especial,
reforzada por el hecho de ser proveedora de materias primas y alimentos en un mundo de posguerra.
El Estado, asumiendo un rol empresario a partir de 1946, concentró todo el transporte ferroviario
(comprando los ferrocarriles ingleses y franceses), la provisión de gas, los teléfonos (adquiriendo la Unión
Telefónica) la distribución de energía eléctrica (comprando e inaugurando usinas en el interior de la país), salvo
la de la Capital y el Gran Buenos Aires que siguió en manos de la CHADE. 17 También el Estado tuvo la
propiedad del transporte fluvial y el transporte aéreo interior y exterior. Y finalmente, como ya dijimos, parte del
control del comercio exterior a través del IAPI.
Nacionalizado el Banco Central, el gobierno tuvo ingerencia en el terreno crediticio y monetario. Se
estableció la garantía estatal de los depósitos, a cambio de la potestad del Estado de determinar las líneas de
crédito y redescuento. Por otro lado, para cerrar el panorama empresarial del Estado, la confiscación de las
empresas alemanas luego de la declaración de guerra, en marzo de 1945, significó que controlaba una serie de
empresas que fabricaban desde productos medicinales hasta cosméticos.
La estrategia de Miranda decía que la Argentina rompería su dependencia de los mercados externos
mediante la industrialización y el consumo masivo. Este último, sería posible gracias a una política
redistributiva del ingreso, de los productores rurales a los productores industriales y los consumidores urbanos.
La política de ingresos se complementaria con una política de precios máximos; crédito a la industria y una
modificación de la política impositiva. Otra pieza clave, del dispositivo interventor, en este sentido sería el
Banco de Crédito Industrial, creado en 1944, que otorgará créditos, franquicias impositivas, tipo de cambio
favorable para importar insumos y promoverá barreras aduaneras.
Para iniciar la transformación económica y darle forma al mercado interno, Perón necesitaba consolidar una
demanda interna que actuara como locomotora de un ciclo virtuoso del crecimiento económico y cuyo punto de
partida sería la expansión del consumo interno. Era indispensable el control de ciertos resortes claves de la
economía: 1) los transportes, 2) los depósitos bancarios y su disponibilidad, además del control sobre las
asignaciones de recursos financieros, 3) los subsidios a ciertas importaciones indispensables para la maquinaria

17
Curiosamente este holding internacional fue respetado por Perón
8
industrial, y finalmente, 4) el comercio exterior (IAPI) para acceder directamente a la provisión de las divisas.
El IAPI, como crucial herramienta, 18 bajo Miranda se convirtió en un poder autónomo y multifacético dentro
del estado.19
Perón encargó a un sector de la burocracia gubernamental elaborar los instrumentos necesarios para
instrumentar el primer plan (1947 – 1952). La Secretaria Técnica de la Presidencia a cargo del catalán José
Figuerola será el principal órgano, pero también lo integraban el Consejo Económico y Social y la Secretaria
Política de la Presidencia a Cargo de A. Subiría. Las leyes básicas que permitieron su puesta en marcha
incluían una variedad de temas: Reforma del Estado, legislación social, obrera y sindical y medidas de
protección económica.20 Comprendía un conjunto de obras públicas, que funcionarían como mecanismos de
activación de la demanda interna. La obras previstas serían financiadas por créditos estatizados: represas y
canales para riego y colonización, obras de energía eléctrica, puentes y caminos, petróleo y gas representaban la
espina dorsal del plan. También podemos mencionar al Aeropuerto de Ezeiza como parte de esta obra. 21 Las
obras de infraestructura generarían una desconcentración de la actividad productiva.
A pesar que existía la idea bastante generalizada que había que ordenar la economía, algunas críticas
tanto de la opinión publica como de la oposición fueron muy importantes. Conservadores y radicales
unionistas tomaban como inaceptable la intromisión del estada en la orbita privada, los radicales intransigentes
era partidarios de la regulación y la planificación y los socialista esperaban que esta última fuera más
descentralizada dejándole lugar al cooperativismo. Finalmente, para los comunistas, era un aprovechamiento
falaz del prestigio de la planificación soviética. Ahora, dentro del arco empresario y patronal, existían un poco
de escepticismo por la magnitud de los objetivos propuestos, unos grupos estaban de acuerdo pero exigían
equilibrio en las cuentas públicas (Carlos Tornquist dentro de los patrones oficialistas), otros también
favorables a la planificación consideraban como puntos débiles la escasez de mano de obra, maquinaria y
transporte. Por ultimo la prensa católica desconfiaba del fortalecimiento estatal pero veía con buenos ojos la
política social.
Finalmente, en palabras de Aníbal Jáuregui: “La planificación estaba concebida dentro de un modelo
político que colocaba a los partidos no oficialistas en una posición marginal; además el plan limitaba las
posibilidades del parlamento de controlar al Poder Ejecutivo Nacional” 22 Sólo la mitad de los proyectos fueron
aprobados por el Congreso.

18
El IAPI fue la clara evolución de los que en los treinta fueron la Juntas reguladoras, y la Corporación para la Promoción del intercambio del trunco
Plan de Reactivación Económica de 1940 de Federico Pinedo.
19
Ver GERCHUNOFF, Pablo y Damián Antunez,…, p.144
20
las leyes presentadas fueron: 1. Creación de cuerpos de abogados del Estado, 2. Organización de los ministerios, 3. Régimen municipal para la
Capital Federal, 4. Derechos electorales de la mujer, 5. Derecho electorales para los suboficiales de la Fuerzas Armadas, 6. Organización de la
Sanidad Pública, 7. Servicios de Salud Pública, 8. Bases sobre educación primaria, secundaria y técnica, 9. Reforma Universitaria, 10.
Reorganización de la Justicia Federal, 11. Extensión del fuero de trabajo, 12. Regulación de la funciones notariales, 13. Creación de la jurisdicción
contencioso-administrativa, 14. Organización del servicio exterior de la nación, 15. Bases para la inmigración, colonización y población, 16.
Arrendamientos rurales y aparcería, 17. Accionariado obrero, 18. Seguro Social, 19. Fomento de la vivienda, 20. Reorganización de la Dirección
Nacional de Energía, 21. Ley Nacional de Energía, 22. pesca y caza marítimas, 23. Defensa de la riqueza forestal, 24. Creación del centro nacional de
investigaciones agropecuarias, 25. Fomento de la industria nacional, 26. Modificación de la ley de aduanas, 27. Bases de creación del cuerpo de
aduanas. Tomado de JÁUREGUI, Aníbal: “La planificación económica en el peronismo (1945-1955)”, en Prohistoria, nº 9, 2005, p 26
21
Sobre el tema de la vivienda y construcción en general nos remitimos a BALLENT, Anahí: La huellas de la política. Vivienda , ciudad, peronismo
en Buenos Aires, 1943-1955, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmas / Prometeo, 2005, en especial capitulos 2 y 7
22
Extraido de JÁUREGUI, Aníbal,…, p. 28
9
Dentro de la política agrícola, el gobierno de Perón heredó de los gobiernos conservadores el sistema de
Juntas Reguladoras creadas en los ’30, cuyo objetivo había sido apuntalar los intereses de los productores
agropecuarios. Perón no las eliminó, pero el IAPI monopolizó una porción del comercio exterior tradicional,
reorientando los objetivos de las Juntas. Este organismo bajo control del Banco Central se convirtió en el
principal agente comprador y vendedor de granos y de algunos otros productos agrícolas. Compraba los
productos agrícolas a precios establecidos, para su posterior venta a precios más elevados en los mercados
internacionales. Fijando estos precios internos inferiores a los del exterior, el IAPI podría lograr un margen de
beneficios y en su carácter de importador exclusivo de determinados artículos, para los cuales el Banco Central
se negaba a otorgar divisas a los importadores privados. Los réditos obtenidos eran reinvertidos para promover
la industria y el consumo, mediante los siguientes mecanismos: 1) Mecanismo Cambiario: imposición del
control de cambios (no se podía adquirir libremente divisas) y una tasa cambiaria preferencial (más baja) para la
importación de materias primas, combustibles, productos intermedios y bienes de Capital. 2) Mecanismo
Crediticio: El Banco de Crédito Industrial aumentó significativamente su cartera de créditos para la industria.
Se canalizaron nuevas líneas de crédito hacia firmas de fabricantes de indumentarias, textiles y alimenticias. 3)
Mecanismo de Ingresos: se redistribuyó a favor de los asalariados y los industriales, mediante negociaciones
colectivas favorables a los obreros. Los ingresos también tuvieron un aporte directo de Estado en torno a las
asignaciones familiares, una suma fija que el trabajador recibía por cada hijo, reforzado por un sistema de
premios por nacimientos, familia numerosa, casamiento, ayuda escolar, etc; sumemos a esto la extensión del
sistema jubilaciones y la imposición del Sueldo Anual Complementario (SAC) que era aportado enteramente por
la patronal.23
El éxito del plan necesitaba de la actitud favorable de los productores agropecuarios y de los
exportadores. Era indispensable que se mantuvieran niveles de producción agropecuaria constantes, precios
agropecuarios altos en los mercados internacionales y rápidos resultados en la política industrial, es esta manera
se reduciría la dependencia de las divisas extranjeras. Pero, el aumento del consumo interno a causa del
incremento de salarios y el desaliento de los productores agropecuarios en mantener el área sembrada por los
precios bajos obtenidos, llevó a que en 1948, comenzaran a manifestarse problemas en la producción
agropecuaria destinada a la exportación. Tenemos que sumarle la aparición, en este periodo, de recurrentes
sequías.
TASA DE CRECIMIENTO ANUAL DEL SECTOR AGROPECUARIO
1947 1948 1949 1950
Prod. Carne vacuna 20,3% -3,2% 2,3% 2%
Prod. Trigo y Maíz 61% 2,4% -26,1% -31%
Exportación de carne vacuna 45,2% -26,7% -1% -8%
Exportación de trigo y maíz 29,6% 1,2% -38,2% 22,4%
Fuente: Ministerio de Hacienda de la Nación. 24

Las causas a esta importante declinación pueden buscarse en los siguientes factores: 1) El desaliento de
los productores por las políticas de precios del IAPI; 2) La utilización, durante 1947 y 1948 de casi todas las
reservas en oro y divisas para la nacionalización de los servicios públicos, situación que impidió la existencia de

23
En muchas ocasiones, la suma de estos diferentes ítems superaban holgadamente el ingreso real del trabajador. El SAC se pagaba a fin de año, lo
que incentivaba el consumo navideño.
24
Cuadro tomado de MURO DE NADAL, Mercedes,…, p. 42
10
medios de pago con los cuales financiar una mecanización acelerada del agro. 3) Escasez de mano de obra
agrícola por la atracción que ejercían los salarios urbanos en alza. Y 4) las condiciones meteorológicas negativas
(sequías)
Las consecuencias fueron severas e inmediatas: disminución del área sembrada con cereales; la
exportación de carne perdió rentabilidad para los frigoríficos que preferían abastecer el mercado interno, hubo
reducción de saldos exportables y una consiguiente reducción de divisas indispensables para importar insumos
industriales. El superávit comercial se redujo brutalmente de 1.088 millones de 1947 a 144 millones de 1948.
Esto también se relaciona con el desplazamiento de los productos tradicionales argentinos de los mercados
internacionales como resultado del Plan Marshall que proporcionó recursos a Europa para su recuperación, y
evitó deliberadamente las compras a la Argentina, privilegiando la oferta de materias primas y alimentos de
Estados Unidos, Canadá y Australia.
La Segunda Guerra Mundial dio impulso al crecimiento industrial, en especial el sector de la industria
liviana y tratando de sustituir las importaciones por articulo manufacturados en el país. La industria
desarrollada en el periodo 1946-1949, dentro del primer plan quinquenal procuró reemplazar las importaciones
que ya no llegaban de Europa. Para ello serían objeto de fomento dos tipos de industria: primero se protegerían
las manufacturas existentes, especialmente la textil algodonera y la metalúrgica. Estas industrias serían las más
afectadas por la competencia externa. Segundo, se estimularía el desarrollo de nuevas industrias, a) destinadas
a la sustitución de importaciones como de producción de químicos básicos, acero y laminados de diverso tipo.
b) con el objetivo de conquistar mercados externos, las manufacturas de lana y la producción de aceites
vegetales y extractos medicinales. Y c) las nuevas industrias para la defensa nacional con eje en Fabricaciones
Militares.25
Entre los proyectos aprobados se encontraba la ley de fomento de la industria que proponía la realización
de un plan quinquenal de industrialización a través de una profunda intervención estatal. Debían estimularse la
sociedades mixtas para la explotación de yacimientos de carbón, hierro, cobre y otros minerales hasta que la
producción abasteciera el 50% de la demanda local. Por otro lado, el estado se la atribuía el control, obligando
a los empresarios a rendir cuentas de sus existencias, sus márgenes de costos de producción y el destino de sus
productos.
La intervención estatal, para concretarse necesitaba del desarrollo de enormes capacidades burocráticas y
técnicas. Para ello, fue necesario la creación de nuevas estructuras, nuevas formas de coordinación para la
puesta en marcha del nuevo gobierno. Según Patricia Berrotarán, Juan Perón utilizó los aparatos creados por
el régimen anterior y también recurrió a muchos de los cuadros burocráticos, pero su imagen de Estado se fundó
más en el hacer como sinónimo del buen gobierno.26 Esa idea se apoyó sobre la planificación, la imagen de
una gestión racional que permitía la redefinición y el impulso permanente de las políticas publicas. En
25
Ver BELLINI, Claudio: “Estado y política industrial durante el primer peronismo (1946-1955)”, en Berrotarán, Patricia, Aníbal Jáuregui y
Marcelo Rougier (editores): Sueños de bienestar en la nueva Argentina. Estado y políticas públicas durante el peronismo, 1946-1955, Buenos Aires,
Imago Mundi, 2004, p 78

26
Ver BERROTARÁN, Patricia M., Del plan a la planificación. El estado durante la época peronista, Buenos Aires, Imago Mundi, 2003
(“introducción” y Cap. IV: “La Secretaría Técnica”)
11
particular la Secretaría Técnica tendría como misión la planificación, la coordinación y la ejecución de todas las
cuestiones vinculadas a esferas financieras, económicas y sociales. La estructura a crear debía ser flexible y
plausible de ajustes según las circunstancias. Pero la traba al cambio legal de estructuras institucionales fueron
argumentos para la reforma constitucional de 1949.27 Pero frente la las nuevas instituciones burocráticas fue
difícil poner funcionarios con condiciones y capacidades de llevarlas adelantes. Figuerola insistirá en la
necesidad de la formación de un cuerpo técnico, apolítico y científico. Esto tendría la contracara de un control
sobre los sectores opositores, degenerando en funciones coactivas: esto es, un intento por consolidar un equipo
competente de gobierno, facilitaron la creación de espacios de control ideológicos funcionales a las estrategias
políticas. El papel de la Secretaria Técnica fue el de un espacio de enlace, de convergencias de planes y actores
sectoriales. También como referente documental, centro de recopilación de datos científicos. En el plan de
gobierno de 1946 era imposible identificar el organigrama de los nuevos organismos del estado, ya que fueron
creándose en función de los problemas que se iban generando a los largo de la gestión. El “modelo para armar”
del entramado burocrático peronista como lo demuestra el plan de gobierno se movía entre la tensión de que
técnicamente “se debía hacer” a lo que políticamente “era factible hacer”. La política industrial no va a estar
alejada de estos tópicos.
Teniendo como objetivos del régimen la redistribución del ingreso y el pleno empleo, estos fueron ejes
de la política industrial. El control de la política monetaria y crediticia, y las ganancias del nacionalizado
comercio exterior le permitieron al gobierno de Perón estimular el crecimiento de la actividad productiva, el
pleno empleo y el incremento del gasto público. Los años iniciales del régimen se caracterizaron por una fuerte
redistribución del ingreso. A través del IAPI, el Estado pudo captar una importante parte de la renta
terrateniente, que derivó hacia el sector urbano y particularmente hacia los asalariados. Una lectura de esto es la
necesidad política de mantener el apoyo de los sectores que le habían servido para desarrollar su carrera política
y lo llevaron a la presidencia. El Primer Plan Quinquenal resolvió el dilema de priorizar el desarrollo de la
industria pesada y de base o la industria ligera o de consumo. La elección por esa última estuvo determinada
por el escaso capital nacional y la necesidad política de utilizar intensivamente la mano de obra del país. La
industria pesada, que requería un nivel inexistente de ahorro e inversión, podía ser sustituida por el recurso del
mercado estadounidense, que contaba con bienes de capital disponibles buen precio; también estaba claro que
si se hubiera dispuesto de ese capital, el desarrollo de ese tipo de industria es lento, en especial en la generación
de empleo; pero también la política mercado internista del peronismo tiene un componente externo: el boicot
que Estados Unidos realizó al comercio exterior argentino.28
Otro punto a tener en cuenta según la perspectiva de Horacio Gaggero es que el pensamiento
económico en boga en los círculos cercanos al gobierno preveía una próxima confrontación entre el Este y el
Oeste y una repetición de la primera posguerra a un ritmo más rápido; así, cuatro o cinco años de desarrollo
económico serían seguidos por una nueva depresión mundial, que sería el prologo a la tercera guerra entre
27
Entre muchas modificaciones permitió la reelección de Perón.
28
Ver GAGGERO, Horacio,…, p 110; también LUCCHINI, Cristina: Apoyo empresarial en los orígenes del peronismo, Buenos Aires, CEAL,
1990, 19 y ss
12
Estados Unidos y la URSS. Ante una profecía de características faraónicas la Argentina necesitaba acumular
bienes de capital, que se pagarían con las ventas de cereales para alimentar a Europa. Esto exigía en el terreno
diplomático la postura de una tercera posición, equidistante entre el capitalismo liberal anglosajón y el
comunismo ruso. Como sabemos ninguno de estos supuestos se cumplió; no sólo no hubo tercera guerra
mundial, sino que el país no logró destrabar los fondos bloqueados en Inglaterra, aunque el acuerdo Eady –
Miranda afirme lo contrario,29 y por la política discriminatoria norteamericana, no se nos incluyo como
proveedor del Plan Marshall.
En este panorama el parque industrial estaba imposibilitado de mejorar o renovar sus equipos, se
encontraba impedido de incorporar los adelantos tecnológicos que se producían en el mundo. Como
consecuencia de esto la industria encarecía sus costos y empeoraba su calidad. A pesar de la acción empresaria
del estado durante este periodo, la industria argentina subsistió gracias a las altas barreras aduaneras que
estableció el gobierno, si sumamos la reducción de las divisas provenientes del agro, era complicado que el
aparato industrial lograra una modernización y competitividad razonables.
Para 1949 las reservas estaban agotadas. Las importaciones seguían creciendo gracias a la necesidad de
los industriales de nuevas maquinas, artículos intermedios y combustibles. Los mercados se contrajeron, los
precios de la exportaciones cayeron y la oferta de productos exportables también. En realidad, la política de
sustitución de importaciones y de desarrollo de nuevas áreas productivas establecidas por el plan, habían
logrado que el aparato productivo fuera todavía más sensible a la contracción de las exportaciones que en el
pasado: la Argentina seguía siendo altamente dependiente de las importaciones. Por otro lado, la industria que
se había desarrollado, tenía como característica un uso intensivo de mano de obra, en un intento de reemplazar
la falta de capitales aplicados a la adquisición de innovaciones tecnológicas y como un modo de eliminar la
posible desocupación que se produciría en la posguerra.

Periodo 1949 - 1952


Los primeros síntomas de la crisis fueron la saturación del mercado de trabajo y la aceleración de las
tendencias inflacionarias que perjudicaban a los sectores más bajos de la población. Esta inflación parecía
claramente inducida por: 1) el estrangulamiento del sector externo, 2) la disminución de las reservas
internacionales, 3) la restricción a las importaciones, 4) la disminución de la oferta de bienes y servicios, 5) el
mantenimiento del gasto monetario del sector público y de los consumidores, y 6) la presión alcista de los
salarios sobre los costos.
AÑOS INDICE DE COSTO DE INDICE DE SALARIOS
VIDA REALES

1948 100 100


1949 131 104

29
El tratado firmado, Eady-Bramuglia o Miranda-Eady, el 17 de septiembre de 1946 se refería a tres aspectos fundamentales: normalización de los
saldos de libras acumuladas, comercio de carnes y situación de los ferrocarriles. Se firmaba en difíciles momentos para Gran Bretaña y mostraba una
vez más que carnes, ferrocarriles y comercio exterior habían marchado de la mano de los ingleses. Con respecto al primer asunto se suponía que
podíamos disponer de parte de las libras esterlinas para repatriar deudas públicas, para transferir al Brasil hasta 10.000.000 de ellas y para rescatar
inversiones de capital británico en la Argentina.
13
1950 165 100
1951 225 93
1952 312 82
1953 324 87
1954 337 97
1955 378 97
Fuente: B. C. R. A.30

Podemos afirmar que el periodo de 1949 – 1952 es un periodo de crisis. Con excepción de los años
1946 a 1948, la agricultura pasó por condiciones desfavorables, muchas de ellas como efectos del Plan
Marshall y la competencia norteamericana. Para superar esta crisis, la Argentina tenía que aumentar el volumen
y la competitividad de sus exportaciones. Para lograr ese objetivo debía enfrentarse el problema, que con la
política de redistribución de los ingresos, que había expandido el mercado de las industrias domesticas, también
trajo como consecuencia el aumento del consumo interno de productos agropecuarios, reduciendo los saldos
exportables. En el plano más estructural económico la permanente escasez de carbón y petróleo impedían el
crecimiento del suministro eléctrico.
La Guerra de Corea trajo una inesperada prosperidad, pero si bien aumentaron las exportaciones de lana,
no mejoraron mucho las de carnes y cereales. Dos años después una de las más terribles sequías azotó al agro,
sumados a esto la falta de mecanización del agro y una falta crónica de fertilizantes.
En el gobierno adopto un plan de acción que comenzó a reorientar los objetivos iniciales del plan
económico. El primer cambio fue de responsables: Miguel Miranda, fue reemplazado por Alfredo Gómez
Morales en la conducción económica del país. Sus primeras medidas fueron restringir al máximo las
importaciones no esenciales. La suspensión de algunas obras públicas planificadas al comienzo del plan y se
recortó la política crediticia al sector privado. La segunda etapa de esfuerzos del gobierno, se concretaron en
un Plan de Austeridad que el mismo Perón anunció: básicamente se trataba del congelamiento de los precios
por decreto y de los salarios que quedaron estabilizados según lo estipulado por los convenios colectivos de
trabajo ya concretados. También se completo con una campaña dirigida la población para que esta consumiera
menos y se produjera más. En Palabras de Perón: “Quien gasta más de lo que gana es un insensato, el que
gasta lo que gana olvida el futuro; el que produce y gana más de lo que consume es un prudente que asegura el
porvenir”31 Poco tiempo después agregaría: “El lema argentino de la hora ha de ser producir, producir,
producir (…) El pueblo es el encargado de producir. El justicialismo sólo puede asegurar una justicia
32
distributiva en relación con el esfuerzo y la producción” Sus objetivos eran reducir el gasto público, la
contención de la espiral inflacionaria, el control del consumo de productos exportables (carnes y trigo) para que
hubiera mayores saldos y alentar la producción de estos. Eran medidas coyunturales que no atacaban la raíz de
los problemas como era el déficit de las empresas estatales, la descapitalización y el atraso tecnológico del
sector privado, la creciente dependencia de la industria de materias primas y combustibles importados y la
deteriorada estructura de los servicios públicos, los transportes, las comunicaciones y la red vial.

30
Extraído de de MURO DE NADAL, Mercedes,…, p. 54
31
Mundo Peronista, nº 17, 15/03/52 ( citado por D’ ARINO ARINGOLI, Guillermo: La propaganda peronista (1943-1955), Buenos Aires, Maipue,
2006, p. 298
32
citado por GERCHUNOFF, Pablo y Damián Antunez,…, p 175
14
El Plan de Austeridad y Emergencia tuvo importancia al reconocer que la realidad había cambiado y que
era necesario promover el ahorro, el equilibrio fiscal y la austeridad. Y si estos se habían convertido en un
mandato para el Estado, la productividad se colocaba en el centro del funcionamiento de los mercados. Ese plan
se convirtió en una transición hacia el lanzamiento del segundo plan quinquenal. El sector exportador
presentaba un panorama complejo a partir de la merma del volumen exportado. La vuelta al campo se impuso
como una fórmula inevitable de recuperación de las exportaciones agrarias. A esto, debía sumársele el desarrollo
energético y de industria pesada con la complicación que el ajuste debía reducir el gasto publico que había
animado la actividad económica durante el primer plan.

Periodo 1952 - 1955


El debate sobre Segundo Plan Quinquenal comenzó en febrero del ’52 en el marco de las discusiones de
precios y salarios que habían comenzado la CGT y la recientemente creada Confederación General Económica
(CGE). Dentro del gobierno la discusión incluyo el reconocimiento de los fracasos y errores del Primer Plan.
El Plan se lanzó finalmente, en diciembre del 1952, como un instrumento de largo plazo. Eras mucho más
sobrio y modesto, sin desmesuradas promesas, en pos del equilibrio económico.
El plan consistía en cuatro puntos importantes: 1) Acrecentar la producción agropecuaria, para lo cual se
anunciaron los precios de la futuras cosechas, 2) orientar el comercio exterior hacia la reducción de la
importaciones, 3) estimular las exportaciones de productos excedentes disponibles, 4) promover la austeridad de
los consumos para facilitar el incremento del ahorro. Esto último incluía tipos de cambio preferenciales,
reducción del crédito bancario y una racionalización del gasto público. Y finalmente, 5) lograr un aumento de la
productividad.
Otro aspecto del plan era lograr la reducción del consumo interno, para ello contribuirían el
congelamiento de salarios, que los colocaron en el nivel más bajo al que nunca habían llegado. Antes la
perdidas por la sequía se incluyen otros cereales al pan de trigo, 33 para aumentar las exportaciones d e carnes se
impusieron prohibiciones a las ventas por menor y se liberaron los precios de alquileres para aumentar la oferta
de que contrarrestaría la escasez de casas.34
El Segundo Plan Quinquenal de 1952 frenó por un breve periodo la inflación, restauró la balanza de
pagos y estimuló un moderado índice de crecimiento, pero no logró resucitar la agricultura. Los déficit
comerciales que parecieron dejarse atrás en 1953 reaparecieron a partir de 1955. Los desequilibrios del sector
externo se estaban se estaban convirtiendo en un rasgo esencial de la economía argentina. El un primer
momento el plan logró aumentar los ingresos de exportación gracias al freno puesto al consumo interno y la
financiación de las ventas al exterior, que luego explicaremos, por parte del IAPI. Pero a mediada que el
empleo industrial y la demanda total crecían, mientras la agricultura otra vez se estancaba, y el superávit de las
exportaciones caía, se producía un déficit nuevamente en la Balanza de pagos, acompañado esto en el fuero
interno por rebrote inflacionario.

33
Esta medida impuso la leyenda posterior del “Pan Negro”
34
El congelamiento que venía del primer periodo presidencia, había hecho que muchos propietarios retiraran sus casas en alquiler del mercado.
15
En la afirmación de Gerchunoff y Antunez, era evidente que el Estado por sí sólo no podía solucionar
los problemas que aquejaban a la economía argentina. Para estimular la acumulación de capital había que
recurrir al sector privado y para evitar el constate drenaje de divisa a las empresas extranjeras y su aporte de
capital.35 En 1953 existía un clima internacional propicio: con un mundo casi normalizado y el comercio
internacional revitalizado existían indicios que grandes firmas, en las potencias mundiales, buscarían saltar por
encima de las barreras proteccionistas de los países subdesarrollados para ganar sus mercados de consumo.
El proyecto que presentó Perón para las inversiones extranjeras al Congreso, provocó un duro debate en
la Cámara de Diputados, ya parecía clara la intención gubernamental de dar concesiones a compañías petroleras
extranjeras. Por ejemplo el último artículo de la ley dejaba la puerta abierta a beneficios extraordinarios:
eximisión total o parcial de derechos de aduana a los bienes físicos que las empresas extranjeras ingresaran al
país e incluso la posibilidad de decretar de “interés nacional” algunas de ella.
La ley se aprobó finalmente el 21 de agosto de 1953 (Nº 14.22/53) y establecía que los capitales
extranjeros podían entrar al país en forma de divisas o de maquinarias y equipos, debidamente valuados y con la
aprobación del PEN, sin distinguir las áreas donde prioritariamente debían aplicarse. Disponía un tratamiento
benévolo en materia de repatriación de utilidades, ya que a los dos años de concretadas las inversiones, podría
remesarse a las centrales utilidades y regalías por un monto equivalente hasta el 8% del capital invertido, o
capitalizar las utilidades que pudieran transferir y no fueran giradas al exterior. A partir de los diez años, la
inversión total podría repatriarse en cuotas anuales. El discurso para justificar el cambio de rumbo, insistía que
el país necesitaba tractores, camiones, jeeps y automóviles, entre otras cosas.
En 1954 la Kayser, una empresa de segunda línea en Estados Unidos, negocio la instalación de una
planta en la ciudad de Córdoba. Esta aportaría maquinarias, matrices y tecnología, las cuales ya eran obsoletas
o habían sido amortizadas en el país del norte. Así se constituyó IKA (Industrias Kaiser Argentina) en
asociación con Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME), aunque la primera producción vio la
luz recién después del derrocamiento de Perón. Otra asociación de este tipo, fue la de Fabricaciones Militares y
FIAT para construir tractores, autos y camiones también en Córdoba, empezó en 1952. La empresa se llamó
FIAT- Concord y empezó a producir en 1955, el mismo grupo construiría maquinas para locomotoras,
generadoras de electricidad, de propulsión naval y bombeo de gas y petróleo.36
La empresa alemana Mercedes Benz que inicialmente se había dedicado la lucrativa actividad de la
importación de autopartes y de su ensamblado en el país, tenía intenciones de instalar una gran planta en la
Argentina, para fabricar camiones y tractores y vehículos de transportes de pasajeros. En 1953 la instaló en la
localidad de González Catán en la Matanza que se sumaba a la de ensamble que ya tenía en San Martín, ambas
en la provincia de Buenos Aires.
En 1954 se concretó en el campo industrial, la puesta en funcionamientote la planta de Dálmine Safta
(hoy Siderca S.A.) en Campana. Era la primera fábrica de América Latina de tubos de acero sin costura y otros
elementos necesarios para la extracción de petróleo. También el terreno siderúrgico, cuando a SOMISA de la

35
Ver GERCHUNOFF, Pablo y Damián Antunez,…, p 184
36
El nombre que adoptó fue Grandes Motores Diesel
16
Argentina, desde el departamento de Estado de los Estados Unidos se le autorizó la entrega de una planta de
laminado que se encontraba en territorio norteamericano, se dio un paso decisivo. En conjunto, la capacidad de
producción de laminados alcanzó el millón de toneladas, incrementándose un 131% más que en 1951. Según
Claudio Bellini “Sólo la escasez de divisas y la inexistencia de un proveedor ocal de acero impidieron a la
industria ocupar su capacidad de producción y cumplir la meta de toneladas”37 Finalmente se logró un crédito
por sesenta millones de dólares de Eximbank estadounidense, para la instalación de un alto horno, en Zapla,
indispensable para la producción de acero. Esto se concretó también sobre el final del gobierno de Perón, en
1955.
En 1954 la CGT y la CGE convocaron al Congreso de la Productividad,38 donde este concepto se
impuso como fundamental para cualquier proyecto productivo, era un termino prácticamente desconocido para
entonces. Las conclusiones del congreso destacaban la necesidad de obtener masivas inversiones de capital que
permitiera el reequipamiento industrial. Era claro que habían cambiado sustancialmente la visión y las
posibilidades de desarrollo económico del país. Estas nuevas empresas permitían pensar en una industria
nacional alimentada con acero producido en el país. Creaban nuevas fuentes de trabajo, requerían que los
obreros industriales se especializaran e hicieran posible la fabricación de elementos indispensables para el
desarrollo del país.
Con el propósito de lograr el autoabastecimiento de petróleo para solucionar el problema energético, ya
que este amenazaba con paralizar el complejo industrial. Se anunció un contrato con ATLAS Co.; otorgándole la
explotación de petróleo en Neuquén por 25 años. También se establecieron negociaciones con Shell y Esso, pero
su avance fue dificultoso porque las empresas norteamericanas se regían por sistemas de contratos en los cuales
el 50% era para la empresa y el otro 50% para el gobierno y eso era inaceptable en la Argentina. Finalmente, de
todas las negociaciones que el gobierno encaró, sólo se concretó un acuerdo con la Standard Oil California.
Este contrato tomó la forma a principios de los meses de 1955, fue firmado por el poder ejecutivo y enviado al
Congreso para su ratificación. El acuerdo se mantendría por 40 años y establecía que la compañía adquiría
derechos exclusivos para la explotación y desarrollo de un área de 50.000 km. cuadrados a sudoeste de Santa
Cruz, además el uso exclusivo de caminos, embarcaderos y aeropuertos durante la vigencia del contrato. La
compañía vendería el petróleo y el gas extraídos a YPF y podría explotar el excedente de producción una vez
que la necesidad del país fueran satisfechas, dividiendo las ganancias en partes iguales con el Estado.
El gobierno para la defensa del proyecto apelaba al sentido común y a la razón practica; el mismo Perón
afirmaba ante un grupo de sindicalistas “…nosotros estamos gastando anualmente en ele exterior arriba de 350
millones de dólares para comprar el petróleo que necesitamos, que tenemos bajo tierra y que no nos cuesta un
centavo! ¡Cómo vamos a seguir pagando eso!... ¿Qué ellos sacan beneficios? Por supuesto que no van a venir
a trabajar por amor al arte. Ellos sacan su ganancia y nosotros la nuestra: es los justo (…)” 39 El convenio
37
Ver BELLINI, Claudio,…, p 100
38
“La CGE dio su adhesión a la mayoría de las inicitativas de gobierno y en lo económico se preocupó por el aumento de la productividad, el
mejoramiento de los equipos y maquinarias y la necesidad de la radicación de capitales extrajeras. En cuanto al peso político de las ideas y pedidos
de la corporación oficialista, no cabe considerar que haya tenido capacidad de negociación ni vocación de autonomía como para intentar dirigir las
estrategias de la etapa final del primer peronismos” SIDICARO, Ricardo, …, p. 90
39
Juan Domingo Perón, Discurso pronunciado en el Sindicato Único Petroleros del Estado (SUPE), Secretaría de información del Estado, Buenos
Aires, 1955
17
nunca llegó a aprobarse en el congreso, donde encontró las objeciones de la oposición, en especial el
radicalismo, y de los propios parlamentarios oficialistas, posteriormente la Revolución Libertadora lo archivaría
definitivamente. Este proyecto en el plano político tuvo un costo considerable ya que sectores del nacionalismo
y el ejército, consideraron una tracción esta propuesta. Perón era victima de las mismas ideas que había
contribuido a instalar: el antiimperialismo y la autosuficiencia económica ya no eran banderas exclusivas del
peronismo.40
El sector rural es este plan fue el que más atención recibió ya que una parte importante de la estrategia
era lograr un aumento de los saldos exportables, por lo cual el gobierno debía incorporar a la producción las
tierras improductivas, pero manteniendo la confianza de los inversores extranjeros y asegurando a los
terratenientes la propiedad de sus tierras. El gobierno peronista nunca planteó la inicitiva de una reforma
agraria sobre la base de la expropiación, si impulso la entrega de tierras fiscales. Por otro lado, la desconfianza
de los sectores rurales se debía a la llegada de la política redistribucionista al campo, en especial la forma de
operar del IAPI, el estatuto del peón, el congelamiento de los arrendamientos rurales, la expansión del
movimiento cooperativista a partir de la ley Nº 13.246, con esta ultima medida se intentaba el afincamiento de
las familias campesinas con acceso a la propiedad, la ley daba prioridad de compra al arrendatario por ejemplo.
En la comercialización interna de los productos, las organizaciones cooperativas agrarias adquirían a sus
productos el 45% del volumen total de las cosechas durante el año 1953. El estaba dado por los precios fijados
por el gobierno, por la asignación de maquinarias y repuestos a precio de costo, se permitían autorizaciones para
embarques directos, así como bonificaciones preferenciales en las importaciones en manos del IAPI. Este
organismo ante la crisis del agro invertirá su forma de operar, pagando a los productores, incluso precios, por
encima de la cotización internacional.
En 1955 los principales rasgos de la economía argentina eran la inercia y un agudo desequilibrio. El
PBN per cápita era solo del 16% superior al de 1943. La agricultura había permanecido estacionaria, salvo en el
sector servicios, en el que se reflejo un crecimiento. La ganadería nunca recuperó los saldos exportables a pesar
de la contracción del consumo. El programa de inversiones extranjeras tuvo un éxito limitado, aunque catorce
compañías abrieron sucursales en la Argentina, entre 1953 y 1955. La independencia energética era aún una
meta distante; en 1955 se importaba más del 90% del carbón y el 60% del petróleo que se consumía. La
producción de acero aumento de 133.000 a 217.000 toneladas. Por otro lado, ante la amenaza del conflicto
social, se llamó a la renovación de los convenios colectivos en 1954 lo que trajo un rebrote inflacionario. En
marzo se reunió el Congreso Nacional de la Productividad (CNP), pero en vez de demostrar el éxito de la
conciliación de clases, y como empresarios y trabajadores se sentaban a solucionar problemas comunes, mostró
el malestar que cada sector tenía en relación al otro y a la situación económica
El CNP terminó, como afirman Gerchunoff y Antunez, si vencedores ni vencidos: el gobierno contuvo
momentáneamente la posible estampida salarial y con ello la amenaza de la inflación. Los sindicatos no
cedieron prácticamente nada en materia de relaciones laborales, aunque circulaba bajo cuerda cierto malestar

40
Arturo Frondizi, uno de los lideres de la oposición radical, en su libro Petróleo y política aseguraba que YPF era capaz autoabastecer al país.
18
por la presión oficial para aflojar en sus pretensiones. 41 Los empresarios encontraron un espacio institucional,
hasta entonces inexistente para dialogar con las cúpula sindical y para canalizar reclamos ante las autoridades
económicas. Pero ya en 1955, los problemas económicos pasaban a segundo plano, por la crisis política y la
proximidad de un anunciado golpe de estado.

A MODO DE CONCLUSIÓN
La puesta en marcha de los planes económicos peronistas en las tres etapas analizadas, fueron
parte de un único proyecto: eliminar el azar de la vida económica, a través de la planificación. El ordenamiento
económico buscaba dotar a la intervención estatal de racionalidad y consistencia. En un primer momento ese
ordenamiento apuntó a construir ese “mundo feliz”, donde el estado funcionaba como “integrador social”, el
segundo momento donde el proyecto choca con la realidad y los problemas de ejecución de las tareas, lejos de
ignorarse, esa realidad es reconocida, y ya en una tercera fase desde parámetros sincerados se vuelve al camino
trazado. Todos queda trunco por las consecuencias políticas, que pensamos los fracasos económicos ayudaron
potenciar.
En el plano del crecimiento económico, ante objetivos tan ambiciosos, la insuficiencia de la estructura
económica y falta de dotación de recursos hizo muy difícil lograr las cifras esperadas. Durante 1946 -1955 se
favoreció el crecimiento de consumo a través de mecanismos de redistribución progresiva del ingreso; y de la
inversión, mediante medidas cambiarias, arancelarias y crediticias y fiscales, que favorecieron la expansión de
la capacidad productiva. A pesar de los resultados a partir de de 1949 el modelo se enfrento a la recesión y la
inflación.
Quedaba al desnudo la contradicción más palpable del modelo. Esto es, que conseguir el apoyo político
de los obreros a partir de la expansión del empleo sin capitalización, en especial extranjera, todo a un alto costo
económico, con síntomas inflacionarios, desgaste de capacidad instalada, altos costos y ineficiencia se convirtió
en un verdadero freno al crecimiento
La política económica peronista cargó sobre las espaldas del agro, la responsabilidad de la provisión de
divisas, sin tener en cuantas que este sector estaba en pleno retroceso. La política para el sector no solo fue
desalentadora sino también asfixiante: la política del IAPI, la sindicalización de la peonada y la negativa
devaluar para incentivar la producción, y las sequías tuvieron su correlato político donde este sector alimentó su
tradicional oposición política al intervensionismo y a las políticas sociales del Estado.
Los planes quinquenales peronistas, fueron la concreción de un largo proceso de construcción del Estado
Interventor y los mecanismos afines. Pero este Estado Interventor como bien señalaron Ricardo Sidicaro y
Aníbal Jáuregui sufrió de una importante falta de capacitación técnica de los funcionarios públicos y de los
que dirigían las empresas estatales: personal clave para la planificación y ejecución. La superposición de tareas
y las áreas de revisión sobredimensionadas (74 zonas económicas) hizo muy difícil la ejecución de la políticas
planificadas y obstaculizaba el aislamiento burocrático inevitable que necesita el quehacer estatal.

41
Ver GERCHUNOFF, Pablo y Damián Antunez,…, p. 32
19
El estado que construyó el peronismo fue un estado muy grande y activo: un estado que tenia el
monopolio de los servicios de transporte y comunicaciones, combustible y gas, medios masivos de
comunicación, además de haber creado un sistema bancario oficial más amplio y puesto al privado bajo el
control del BC, que garantizaba los depósitos y digitaba los créditos. El congelamiento de las tarifas de muchos
de estos servicios en pos de mantener el costo de vida, ante las consecuencias políticas, acumulo en ellas un
abultado déficit.
La herencia más importante fue el atraso en rubros como el vial, el parque automotor, la vivienda
urbana, la falta de formación burocrática y la actualización de conocimientos, la deficiente infraestructura de
servicios y la modernización tecnológica. El sector industrial que paradójicamente aspiraba a la independencia
económica, termino siendo muy dependiente de los insumos y maquinarias del extranjero. El gobierno
peronista no solo no resolvió sino que agravó el problema de la balanza de pagos. Los planes quinquenales
acentuaron el estancamiento ya que la inversiones públicas no fueron a actividades productivas.
En el plano de las relaciones internacionales podemos estipular dos momentos en a relación con los
Estados Unidos: una primera etapa, durante el primer plan quinquenal de boicot agresivo, hacia la política
argentina. Las causas las debemos buscas, en la postura neutralista asumida por la argentina a lo largo del
conflicto mundial, y en lo económico, el rol de competidor que nuestro país representaba en el proceso de
reconstrucción europeo. En una segunda etapa, la política del departamento de estado, prioriza las posibilidades
de inversión en los países como el nuestro y concibe una política de empréstitos y permisos de exportación de
bienes de capital a la Argentina. Muchos de estos bienes ya eran caducos en ese país.
Finalmente, a pesar de la afirmación de Gerchunoff y Antunes que “el derrocamiento de Perón y que
dejaría heridas tan profundas no tuvo mucho que ver con la economía”,42 creemos correcto señalar que los
fracasos económicos minaron el poder político. La falta de la búsqueda de consenso, que fue una de las
características de gestión de Perón y le dio al poder ejecutivo un poder formidable para la toma de decisiones,
también tuvo su correlato en lo económico, los sectores rurales lo sufrieron en carne propia, pero también
sectores industriales tuvieron que subordinarse dentro de la CGE, para sentirse participes del proyecto peronista.
La mayoría de los logros económicos que fueron canalizados, las más de la veces, a la propaganda política, nos
plantean la posibilidad de pensar, con un razonamiento inverso, que los traspiés al no concretar las metas
publicas presentadas con bombos y platillo, significaron un debilitamiento de la credibilidad política del
régimen. En este sentido la apelación cada vez más constante de Perón a la población en los tiempos de crisis,
también eran un síntoma de esto. Por otro lado, la mayoría de los logros del segundo plan quinquenal llegaron
después de la caída de Peron.

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Ver GERCHUNOFF, Pablo y Damián Antunez,…, p 197
20

BIBLIOGRAFÍA

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