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Breve reseña de Las Odas.

Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C). Hemos conocido al poeta latino bajo el solo
nombre de Horacio; lo recordamos por su Carpe diem. Básteme bosquejar con probidad
los tópicos de su obra.
Han sido cuatro los libros que reúnen el centenar de cantos de Las Odas. El
primero recrea la vida agreste –rusticitas-, el amor y la fortuna; el segundo trata acerca
de la amistad, la recusatio y el aurea mediocritas; el tercero, la virtus y la ética
ciudadana; el cuarto, la inmortalidad del verso.
Debe Horacio al estoico el propósito moral de su obra, que se figura en la
preeminencia del César Augusto. Así lo enseñan las mores maiorum; y asimismo, el
vulgo vulgaris, que desdeña a los banales. “(…) La virtud, abriendo el cielo a los que
merecen la inmortalidad, busca una camino y huye de las vulgares multitudes.1”
Un aserto epicúreo, por lo demás, enseña al Beatus Ille, que ensalza la vida rural –
la rusticitas- a la amistad y a los placeres y el tempus fugit. Así, verbigracia, la Oda 6,
III: “¿Adónde me arrastras, Baco, lleno de ti? ¿Qué bosques y qué grutas recorro, con
ignoto espíritu? Cantaré lo nuevo, lo insigne y lo que ninguna boca ha cantado.”
Ha sido fama la Oda 1, II2, cuyos versos rezan: “(…) Mientras hablamos, huye el
tiempo envidioso, aférrate al día, no confíes en lo más mínimo en el mañana.”3Horacio
apremia a una adivina a volverse a sí, hacia un presente incierto; a arrebatarle al tiempo
– y aún a la muerte- un solo e inasible instante4.
Tal vez nuestro poeta no hablase sólo a una sibila, siquiera al egregio Augusto,
sino a nosotros, a sus remotos lectores. El Carpe Diem es un llamado a nuestro tiempo.
Acaso se trate de eso. De aferrarse a un presente.

1
Oda 2, III. Traducción de José Torres Bejar. Odas y Sátiras de Horacio, Barcelona, 1994.
2
La locución del poeta latino se bifurca en los derroteros de la antología del Occidente. A algún
improbable lector sugiero la lectura de Cátulo, Carmina 5, 1-6. Tibulo, I, 8, vv. 47-48. 7, Propercio, II, 15,
vv. 23-24 y Ausonio: de rosis nascentibus. Agrego el sexto verso de Torcuato de Tasso, cuyo artificio
remeda G. de la Vega en su Egloga 3 y el soneto ‘Mientras por competir con tu cabello’, de Luis de
Góngora. Como es sabido, el tópico del Carpe Diem fue retomado por la España de Oro y Sor Juan Inés
de la Cruz y la Generación del ’27 y los ingleses Milton y Keats.
3
Evoca en suerte a la Carta Menexeno breve epístola de la doctrina epicúrea. Véase. pp. 2, 3.
4
La acepción de ‘carpere’ alude a ‘tomar, sujetar’. Por lo demás, esa otra acepción del ‘disfrute’ o del
‘gozo’ sería atribuible a Ovidio. De ahí que el poema – de tono admonitorio- nos anime a la ‘captura’,
más bien que al solo gozo del instante.

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