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RAHNER: la redención es la superación del estado en que se encuentra el hombre y que

se percibe como desgraciado e inabolible por sus propias fuerzas.


Cuando hablamos de redención, hablamos de una situación de desgracia insuperable en la
que se encuentra el hombre. Esa situación de desgracia no es otra cosa que una deuda que el
hombre tiene de frente a Dios.
¿En qué consiste esa deuda? Podríamos resumirla en una falta de amor.
Entonces, ser redimido es que sea saldada la deuda de amor que el hombre tenía como
insaldable con Dios y que éste era incapaz de solventar por sí mismo (Cf. Col 2, 14). Cristo
nos redimió, no porque haya sufrido, sino porque amó hasta el extremo.
Esto nos hace entender el verdadero sentido del Acto de la muerte de Cristo, muerte redentora
por el acto de amor. Canceló la deuda con el Padre celestial, Un amor que tenía que venir de
parte de la humanidad. El cambio que tenía que darse es una actitud diferente en el ser
humano, este ser humano tenía que realizar un acto Supremo de Amor.
El significado pleno de la entrega de Cristo en la cruz sólo entiende a la luz de otro acto
en el que, estando libre de presión e incluso de escribir la historia de forma diferente,
Jesús haya expresado directamente su deseo de entregarse. Por eso nos remitimos al
momento de la cena.
En la última cena, Jesús expresa su deseo de entrega. Lo hace tomando el pan que encierra
en sí mismo el significado natural de muerte y de comunión y diciendo de él esto es mi cuerpo
entregado por ustedes. Lo mismo sucede con el vino. El vino, además es signo de salvación
(Is caps. 24 y 25). Al decir esta es mi sangre también dice ésta es mi vida, porque en el
lenguaje semítico, la sangre es la vida misma.
De este modo, Jesucristo pone en evidencia la conexión que existe entre la cruz y la
eucaristía. La entrega de Jesucristo se realiza a lo largo de toda su vida pero alcanza su
plenitud en estos dos momentos: la cena y la cruz-resurrección. El momento de la cena se
convierte en un gesto profético, mientras el momento de la cruz es el gesto “histórico”
de realización pero uno y otro forman una sola realidad.
La Eucaristía no es memorial de la Cena del Señor, sino que ES MEMORIAL DE LA ENTREGA
DE CRISTO EN LA CRUZ.

Eucaristía: subraya que el cristiano es el capaz de sacrificarse por el bien de los otros. Esto
NO es reflejo antropológico. Esto es lo más auténticamente cristiano.

Para entender qué dimensión de la iniciación cristiana subraya la eucaristía, hay que
tomar el texto 1 Cor 11-12, más específicamente 1 Cor 11, 17-34.

Hay que empezar por entender que la eucaristía se daba en el contexto de un banquete
fraterno y festivo que tenía lugar en un día ordinario de trabajo. Al final de ese banquete
se celebraba la eucaristía. Los cristianos empiezan muy pronto a celebrar el día del Señor el
primer día de la semana, que era día de trabajo. Por eso la celebración era al final del día y
normalmente tenía lugar en casas de habitación.

En este pasaje confluyen dos situaciones: (1) el grupo de los creyentes no cabían en
una sola sala. Comienza a surgir la necesidad de dividirse en grupos según la capacidad de
la casa donde se reunían. El problema fue que esta división “física” se empezó a hacer por
criterio de clase social. Por supuesto la comida era diferente para cada clase social.

(2) Una segunda circunstancia es que las clases menos adineradas, en un día laboral,
terminaban su jornada más tarde y llegaban más tarde a la comida. Por eso Pablo dice que
cada uno come su propia cena y, mientras uno pasa hambre, otro se embriaga.

Comer el pan y beber del cáliz sin esforzarse sinceramente por vivir la caridad, es
comer y beber la propia condenación.

Vivir la eucaristía significa, entonces, construir una comunión que sólo se puede
edificar abandonando el ensimismamiento y el aislamiento para salir al encuentro de
los hermanos. Esto requiere que cada persona viva una renuncia y un esfuerzo por dejar sus
seguridades y vencer sus temores. Renunciar al ambiente donde se siente seguro para salir al
encuentro con los hermanos. Todos los creyentes estamos obligados a dar lo mejor de
nosotros mismos para salir al encuentro con los hermanos.

En resumen, la Eucaristía subraya que el cristiano es el capaz de sacrificarse por


el bien de los otros. Los que por la Eucaristía hacemos memorial de su entrega, nos
obligamos a reproducir en nosotros su entrega por los demás o, de lo contrario, nos tragamos
nuestra propia condenación. Esto no es reflejo antropológico porque no se logra
naturalmente. Esto es lo más auténticamente cristiano. Por eso está en la cúspide de la
iniciación cristiana y por eso es un sacramento que se recibe siempre, ya que en esto
nadie está completo.