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I. USO DE BITUTORES EN PATOLOGÍAS ESPECÍFICAS.

I.1 POLIOMIELITIS.

La poliomielitis ha sido la causa más importante de parálisis nerviosas periféricas;


predominando las producidas por la lesión de las neuronas motoras de las astas
anteriores de la médula espinal; la localización de las parálisis depende de la parte de la
médula afectada. Clínicamente las parálisis son del tipo de afectación de neurona
motora baja, es decir flácidas, con atrofia y arreflexia. La sensibilidad está conservada.

Cadera.

El paciente se mantiene de pie con la cadera en hiperextensión, tensando la cápsula


anterior de la articulación, reforzada por el ligamento en “Y”. Las contracturas en flexión
impiden esta acción estabilizadora.

El desequilibrio muscular de la cadera puede producir contracturas, que limitan el


movimiento en el sentido de los músculos más débiles. La contractura en flexión es
perjudicial para la marcha. El desequilibrio entre los abductores y los aductores en el niño
en crecimiento puede producir subluxación e, incluso, luxación de la cadera.

En ocasiones es preciso colocar bitutores largos unidos a un corsé o a una faja


pélvica. Esta solución es más utilizada en los niños, antes de que sepan andar con
simple bitutores; también puede ser necesaria en los niños que están desarrollando una
escoliosis.

En adultos, estas grandes ortesis pueden ser útiles como ayudas en algún momento del
programa de rehabilitación.
Rodilla.

En la rodilla, la pérdida de función que


provoca la parálisis de los cuádriceps puede reemplazarse por la acción del glúteo mayor
o por una flexión plantar potente del tobillo. Cuando los músculos flexores plantares
también son débiles, su acción se puede reemplazar por un bitutor corto con un tope
superior, evitando así un bitutor largo.

Para una marcha segura se requiere una extensión pasiva completa de la rodilla; una
contractura en flexión, aun ligera, obliga a colocar una ortesis larga para estabilizar la
rodilla.

En los niños, la sustitución funcional de la parálisis del cuádriceps por la acción del glúteo
mayor y de los flexores plantares del pie puede provocar un genu recurvatum progresivo.
Para evitarlo puede ser necesario un bitutor largo con articulación de la rodilla libre, que
limite la hiperextensión. En algunos niños, la hiperextensión de la rodilla se puede
controlar de un modo más sencillo, con un bitutor corto que limite la flexión plantar.
La rodilla puede desarrollar también una laxitud de la cápsula interna, como consecuencia
de una fuerza valguizante, cuando la pierna paralítica se coloca en rotación externa
durante la marcha (el paciente bloquea su rodilla tensando el ligamento interno), en estos
casos se requiere un bitutor largo.

a. Genu recurvatum importante en una


parálisis del cuádriceps que se acompaña
de deformidad en equino-valgo de los pies.
b. Corrección por osteotomía de las tibias,
alargamiento de tendones de Aquiles y
trasplantes tendinosos en los pies.

Pie.

Otra causa de varo en pies paralíticos es la acción persistente de los músculos flexores
cortos del pie.

El desequilibrio de los músculos del pie puede causar deformidades, que se pueden
controlar con ortesis (mono tutores o bitutores) que eviten la flexión plantar o dorsal
excesivas las desviaciones laterales. Aun así la ortesis no corrige el desequilibrio
muscular y se producirán deformidades en los huesos en crecimiento; por ello deben
tomarse en consideración procedimientos quirúrgicos para restablecer el equilibrio
muscular.

I.2 MIELOMENINGOCELE.

Esta malformación congénita consiste en un defecto en la línea media de la columna


vertebral con un déficit neurológico. La lesión neurológica es generalmente del tipo de
neurona motora baja, con ausencia de reflejos y pérdida segmentaría de la
sensibilidad.

Lo más importante y decisivo para determinar las posibilidades de marcha del niño es
el nivel de la paraplejía. Los pacientes que tienen lesiones altas, por ejemplo de L2
y superiores, con el tiempo dejarán de andar o al menos de tener una marcha útil y
práctica. Los que tienen lesiones de L4 o inferiores a este nivel mantendrán
generalmente sus posibilidades de marcha incluso fuera de la casa. Los pacientes
con lesiones de L3 están en una situación intermedia; unas buenas ortesis y un control
del peso pueden permitir que muchos de ellos lleguen a andar tanto por la casa como
por el exterior.

Cadera.

Los niños con lesiones de nivel L1, L2 tienen unos flexores de la cadera muy débiles y
generalmente no son capaces de andar con un bitutor largo; pueden hacerlo con una
ortesis con una banda pélvica articulada a las caderas y con un mecanismo de marcha
recíproca, que combina la flexión de una cadera con la extensión de la opuesta. Estas
ortesis se construyen con polipropileno amoldado.

Rodilla.

La deformidad más común de la rodilla es la contractura en flexión, que suele ser


progresiva, especialmente en los pacientes que no andan o están en silla de ruedas.
Cuando hay una tendencia a que se produzca esta deformidad se coloca un bitutor
largo, que ha de ser lo más ligero posible (de plástico y metal). Cuando la contractura ya
está constituida deberá corregirse quirúrgicamente, en general mediante una osteotomía
supracondílea femoral. Después de la operación es conveniente usar un bitutor largo para
evitar la recidiva.

Otra deformidad frecuente es el genu valgo, provocado por la tendencia a andar con el
miembro en rotación eterna. Puede requerir así mismo el uso de bitutores largos o una
corrección quirúrgica por osteotomía femoral.

I.3 PARÁLISIS.

Las ortesis varían según el tipo de alteración motora, es decir, según que ésta sea
paralítica o espástica. En muchas ocasiones la afectación motora se acompaña de
alteraciones de la sensibilidad y del trofismo; como la aparición de úlceras del tipo
perforante plantar.

a) Hemiplejía cerebral subcortical.

Se produce por una lesión del haz cortical nuclear y corticospinal (fascículo piramidal), en
la parte anterior de la cápsula interna. Se manifiesta en forma de una hemiplejía espástica
contralateral.

La postura del brazo es en flexión del codo, flexión y pronación de la muñeca y garra de
los dedos. La pierna se coloca en hiperextensión, con el pie desviado en equino-varo por
espasticidad de la musculatura supinadora. Constituye la típica marcha “en guadaya”.
Girando ampliamente la pierna hacia fuera o flexionando la rodilla para evitar el contacto
de la punta del pie en el suelo.

Con la ortesis se intenta evitar la estructuración de la deformidad, lo que explica la utilidad


de férulas nocturnas antiequinas, así como los bitutores cortos que eviten el equinismo
durante la marcha. Debemos recordar que, como en todos los espásticos, nunca se debe
forzar la corrección. A mayor cantidad de estímulos, más aún si éstos son dolorosos,
mayor contractura muscular.