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Automóvil y paisaje: contribución a la forma urbana

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Pascual Riesco Teresa López-Suero


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ASOCIACIÓN DE PROFESORES PARA LA DIFUSIÓN Y PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO. BOLETÍN Nº 20 DICIEMBRE-2009

AUTOMÓVIL Y PAISAJE:
CONTRIBUCIÓN
PATRIMONIO A LA FORMA URBANA
En las guías turísticas, las ciudades son presentadas bajo el signo de la Historia;
pero para quienes se pasean por ellas, aparecen bajo el signo del automóvil.
El embotellamiento, monumento del presente (1)

Pascual Riesco Chueca, Maite López Suero

omo advierte el epígrafe, el sus poderosas corrientes habitadas: es la riqueza de interacción entre
C paisaje urbano actual no se
entiende sin la presencia,
abrumadora o discreta, del
en su fluir enigmático y nervioso
parece anticiparse el gesto de la
ciudad. Y cualquier calle o plaza
lo móvil y estático. La inmovilidad
de los edificios hace contrapunto a
los deslizantes coches; los peatones
automóvil. El motor ha sido desde pone, como orla de sus edificios o puntúan con su figura y su dinámica
su aparición un potente transforma- monumentos, cadenas de coches las líneas de la arquitectura. La co-
dor territorial, un creador de tipos brillantes, inquietos en las horas existencia entre los dos dominado-
residenciales y comerciales: aparca- centrales, soñolientos cuando repo- res de la forma urbana, edificios y
mientos, rotondas, gasolineras, ur- sa el día. automóviles, no ha sido neutra ni
banizaciones dispersas. Al mismo pasiva. Se manifiesta como una lar-
tiempo, su presencia en ciudades ga emulación, una dialéctica en dos
consolidadas condiciona profunda- UNA PIEZA CENTRAL EN LA sentidos entre diseño arquitectóni-
mente el carácter del paisaje. Ya VIVENCIA URBANA: co y diseño automóvil, que ha veni-
desde la lejanía se hacen preceder EL AUTOMÓVIL do suponiendo el cruce y trueque
las ciudades, como grandes ejércitos Los itinerarios cotidianos de la de categorías entre ambas discipli-
en campaña, de una aureola de vida en la ciudad combinan coches nas, la una anclada en tierra, la otra
apremiante y sostenido temblor y casas, que desfilan ante la aten- esencialmente fugitiva.
sonoro. Manhattan, desde la otra ción o el ensimismamiento del ha- Si la arquitectura quiso, en la
orilla del ancho río Hudson, se ma- bitante urbano envueltos en la ne- pretensión de Le Corbusier, consti-
nifiesta como una lejana tempestad bulosa de la rutina; una rutina, sin tuir máquinas para habitar, el diseño
estacionaria, donde sobrenadan es- embargo, rica en recombinaciones del automóvil ha tomado en prés-
quirlas acústicas apenas identifica- y azares significativos y disponible, tamo innumerables rasgos de estilo
bles (ambulancias, pitidos, frena- por lo tanto, para deparar sorpresas procedentes de la tradición arqui-
zos), casi disueltas en la gran sopa y descubrimientos tanto en el plano tectónica. Y es que el automóvil
sonora. Las riadas de chapa y cristal formal como en el simbólico. Una derrama por la ciudad, en forma
en las arterias de acceso desplazan de las claves del paisaje en la ciudad masiva, sus células de chapa y vi-
drio, entre lo tectónico y lo biomór-
fico. En cada coche se abrevian com-
ponentes fundamentales del residir
más elemental: un techo, unos
asientos, puertas y ventanas; cáp-
sulas de proto-arquitectura. Estas
innumerables piezas, formas abre-
viadas que evocan tantas células
residenciales, se distribuyen en
combinatoria azarosa por los espa-
cios públicos de la ciudad, expuestas
ellas mismas y sometiendo a la par-
te estática del decorado urbano a
toda clase de desplazamientos se-
mánticos. El lenguaje de la arquitec-
tura, destilado durante milenios de
evolución, diverge del usado en el
diseño automóvil, que nace como
El automóvil imprime formas y texturas heredero del oficio carrocero para
sobre el paisaje urbano. Londres adquirir seguidamente componen-
tes formales tomadas en préstamo
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de otras técnicas y artes do su espacio. Cada


aplicadas. También es di- vehículo inscribe en el
ferente el encuadre social paisaje formas y dígitos.
y psicológico de ambas La carrocería tiene una
disciplinas: la convivencia fuerte carga como ico-
del ciudadano con las no, portador de aso-
creaciones de la arqui- ciaciones que sólo en
tectura es aérea y abs- parte se dejan desco-
tracta, mientras que su dificar. Explícitamente,
interacción con el auto- a ella van fijados ele-
móvil es intensamente mentos como matrícu-
corpórea y prolija, y se las, logos, identifica-
prodiga en protocolos la- dores de modelo. Y
berínticos que convocan a alrededor de los coches,
la multiplicidad de puer- la ciudad dispone in-
tas, ventanas y capós a numerables señaliza-
través de los cuales se ciones de aparcamiento
despliega y estalla la forma y circulación: la gran
del diseño. De ahí la coreografía del tráfico
compleja intimidad del se apoya en un labe-
espacio automóvil, y la rinto de flechas y se-
riqueza de su diseño como máforos. A través de
índice declarativo de toda esta activación de
procesos culturales. signos, la arquitectura
La presencia del coche y el paisaje envolvente
en las calles y plazas, por adquieren la sobrecarga
lo tanto, no es neutra ni semiótica ya señalada
pasiva. La fuerte carga por Venturi et al.
expresiva de las carroce- (1972): la comunicación
rías, diminutas viviendas devora el espacio. Así
Arquitectura y diseño del automóvil: pues, lo icónico y lo
efímeras, entra en reso- dos lenguajes en resonancia. Lisboa
nancia estética con los simbólico amueblan la
edificios. Las casas se reflejan ciudad, pautando los
mento, espesores de memoria. Las ritmos del automóvil. Nada de lo
en los automóviles, y entre ambos peculiaridades motoras de cada ciu- escrito es neutro, ni siquiera las
se entablan diálogos de forma y dad (el diseño de su tráfico urbano, matrículas. Antes de la reforma del
estilo. Con la excepción de algunas las marcas y modelos dominantes, sistema de identificación de vehícu-
calles peatonalizadas, los centros la juventud del parque automóvil, los, la cercanía de fiestas y vacacio-
urbanos ofrecen vistas enmarcadas los estilos de conducción, las libreas nes en Sevilla era señalada por una
por hileras de coches; estas ristras de taxis, coches de policía y auto- crecida de matrículas foráneas. La
de metal y vidrio ponen zócalo a los buses) impregnan su atmósfera y escueta vibración de una, dos letras
edificios y estructuran o desordenan dotan a la experiencia del paseante (M, CC, PO, SG), era portadora de
el paisaje de las aceras. Sus rasgos de un carácter sutilmente propio, resonancias provinciales, y traía a
de diseño interfieren con el lenguaje un motorscape o paisaje automóvil la ciudad un modesto carnaval de
de la arquitectura al que ponen pie (Edensor 2004). Los pequeños Fiat lejanías. Con la adopción del sistema
de página. y las motos Vespa de una ciudad unificado, se desvanecieron estos
El tráfico, como experiencia mul- histórica italiana intervienen, para marcadores de origen, y calles y
tisensorial y portadora de símbolos, mal o para bien, en la definición de carreteras se sumieron en un opaco
se convierte en componente central su carácter paisajístico, un carácter mutismo geográfico, sólo interrum-
de la vivencia urbana: «el silbido de donde prevalecen notas de jovial pido por las elocuentes (casi decla-
neumáticos sobre el asfalto, las no- agilidad, indisciplina y desenfado. matorias, por contraste) matrículas
tas de trombón de engoladas boci- Los anacrónicos modelos norteame- de los visitantes extranjeros.
nas [...]. Coches de colores vivos, ricanos en las calles de La Habana
taxis, furgonetas y autobuses se impregnan de intemporalidad el
cruzaban en una corriente sin fin, ritmo urbano. La flota antigua, en AUTOMÓVIL Y TRÁFICO:
como peces en un acuario» (Lodge Sevilla, de taxis negros con franja NOTAS DE ESTÉTICA
1992) (2). Y no siempre en calidad amarilla (Seat 1500, de ceñudo fron- El profesor británico Nigel Taylor
de disruptor o desenfocante. tal y picudos aletones de cola), dis- subraya la sorprendente escasez de
¿Puede un automóvil captar la esen- tribuía por la ciudad una enlutada estudios de base estética sobre
cia de un lugar? Un viejo Datsun de legión, de desgarbada tiesura pro- paisaje urbano y tráfico, que
importación, de la era salazarista, vinciana. consideren la influencia de los
aparcado en una calle portuguesa Por otro lado, el automóvil des- vehículos en la percepción sensorial,
se convierte en depósito de evoca- multiplica semióticamente la ciu- cultural y sensual del entorno
ciones y condensa, como un monu- dad, desparramando signos por to- urbano. Su análisis (Taylor 2003),
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por la crudeza empalagosa y ma- sólo se concede una atención dis-


reante del tufo a gasolina. Las traída u ocasional. Lo cual no quita
carrocerías aparcadas o en movi- peso a la suma de sus estímulos,
miento emiten destellos (parti- que se acumulan como una sensa-
cularmente hirientes en los días ción atmosférica y envolvente, en-
claros), contrastes de color, cla- trecortada aquí y allá por llamadas
roscuros y sombras. urgentes de atención. La sensibili-
el movimiento preside sobre la dad del peatón se embota, pero
percepción del paisaje de coches. de forma paradójica también se
Desde la acera, o a bordo, el au- vuelve hiperactiva, alerta ante las
tomóvil es objeto dinámico, que presiones y peligros del tráfico
despliega formas en sucesión. Los (Taylor 2003).
efectos emocionales del movi-
miento son varios: sensación de POSIBILIDADES DE CONCILIACIÓN
riesgo, placer de la fuga. Todo Esta compleja y rica simultanei-
contribuye al vértigo urbano: las dad de autos, edificios y personas
cualidades asociadas al automóvil ha producido diversas líneas de
(fuerza, velocidad, agilidad) se acción destinadas a armonizar su
adhieren simbólicamente, gracias convivencia. En gran parte de los
a una figura retórica, la inversión, casos, la intervención aspira a li-
al propio entorno urbano (Danius mitar la presencia automóvil. El
2001). También son destacables apaciguamiento del tráfico (traffic
los efectos formales. Los auto- calming) es uno de los campos
móviles de una ciudad constituyen más desarrollados. Se trata de im-
una escenografía infinitamente poner un ritmo más lento de con-
recombinable. La misma calle, con ducción o de disuadir gran parte
distintos coches aparcados, es de los desplazamientos en auto-
sutilmente diferente en armonías móvil mediante la selección del
de color, reflejos de luz, contenidos trazado de calles y cruces, y el
Árbol y coche, un trecho más del simbólicos. Mientras que los edi- diseño de intersecciones y bordes
diálogo entre tecnología y naturaleza. ficios conviven en posiciones fijas, de acera. Rotondas, medianas, pa-
Sevilla las formas de la automoción se vimentos rugosos, reducción en el
de base fenomenológica, describe reordenan sin cesar, como un amue- número de carriles, pasos de pea-
la contribución del coche al paisaje blamiento en constante renovación, tones elevados, aparcamientos di-
urbano: implica, de forma compleja haciendo brotar nuevas asociacio- suasorios, restricciones en el sen-
y combinada, a todos los sentidos nes y relaciones entre elementos tido de circulación, resaltes
(multi-sensorial); lo dinámico y lo formales y lenguajes de representa- desaceleradores: son numerosos
secuencial dominan la experiencia ción. los medios disponibles. Las vías
(cinética); la atención al paisaje A ello se añade el carácter indi- para ciclistas y la ampliación de
automóvil es distraída e incidental recto o tangencial con que se ofrece aceras son medidas extraordina-
(indirecta). el escenario automóvil. Se trata de riamente productivas de reducción
No hay duda de la rica compe- una presencia subyacente, a la que del tráfico.
netración de los sentidos en la re-
cepción del paisaje automóvil. Al
abrir una puerta de taxi, o al salir
de una estación, el primer contacto
con una ciudad desconocida suele
ser su banda sonora: un brebaje
particular hecho de zumbidos ae-
rodinámicos, rozamientos de neu-
máticos, escapes de motor. Las ciu-
dades tienen su particular signatura
acústica: en el sur, los ciclomotores
moscardonean insolentes por calles
y plazas. Las ciudades húmedas del
norte, con su lámina de agua sobre
el asfalto, diluyen la banda sonora
en un rumor refrescante y aspersor.
El tráfico también tiene, a través
de escapes y aceites, su propio olor;
allí donde no ha llegado la inspec- Apaciguamiento del tráfico: reducir y armonizar la presencia
del automóvil en la ciudad. Tallin, Estonia
ción técnica anual (ciudades de Ma-
rruecos o Iberoamérica), sorprende
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ASOCIACIÓN DE PROFESORES PARA LA DIFUSIÓN Y PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO. BOLETÍN Nº 20 DICIEMBRE-2009

Una línea de acción destacada do que numerosos intereses contra- óptico causado por las carrocerías
es la de favorecer formatos y puestos están en juego. Pero los de los coches se ve dulcificado por
diseños automóviles compatibles impuestos municipales y la negocia- las hileras de árboles, que ponen
con la ciudad. No es uniforme el ción ciudadana son vías eficaces un friso de transición entre coches
impacto urbano de los vehículos. para reformular la presencia auto- y edificios, absorbiendo destellos y
Según los tipos, modelos y colores móvil en la ciudad. estridencias: las hojas absorben pol-
es extremadamente diverso el nivel El paisaje urbano, por otra parte, vo, luz y ruido, al tiempo que miti-
de ruido y contaminación, la debe mantener una constante refe- gan los perfiles más agresivos del
emisión de destellos y reflejos, el rencia al medio natural que lo en- diseño automóvil. La interesante
volumen y, en consecuencia, la vuelve y justifica. Por ello, la distri- cohabitación de árboles, casas y
obturación de vistas producida. Se bución de arbolado y otra coches crea escenarios de gran in-
ha señalado (Bayley et al. 2005; terés, que pueden ser depositarios
Wright y Curtis 2005) que los vegetación en las aceras es una ne-
cesidad perentoria. El duro baile de una fracción no desdeñable del
diseños actuales, con grandes
superficies horizontales, formas en carácter de las ciudades.
cuña, lunas tendidas y extensas, y
colores metalizados, agravan los BIBLIOGRAFÍA
impactos visuales al convertirse en BAYLEY, M.; CURTIS, B.; LUPTON, K.; WRIGHT, C. C. (2005) Are cars
máquinas reflectantes. Los visually threatening to pedestrians? Proceedings of the Institution of
parabrisas tintados y convexos Civi l Engineers. Municipal Engineer, 158(3): 201-206.
impiden a los peatones el contacto
visual con los tripulantes del coche, DANIUS, S. (2001) The aesthetics of the windshield. Proust and the
lo cual aliena e incomunica a los modernist rethoric of speed, Modernism/Modernity, 8: 99-126.
transeúntes, ensombreciendo el EDENSOR, T. (2004) Automobility and National Identity: Representa-
semblante urbano. La competencia tions, Geography and Driving Practice, Theory, Culture & Society, 21
entre compañías lleva a diseños (4/5): 101–20.
llamativos y exhibicionistas, con TAYLOR, N. (2003) The Aesthetic Experience of Traffic in the Modern
aristas, cromados y superficies City. Urban Studies, 40 (8): 1609-1625.
reflectantes, en contradicción con
los principios estéticos, más VENTURI, R.; SCOTT BROWN, D.; IZENOUR, S. (1972) Learning from
ensordinados y sutiles, de las Las Vegas. Cambridge, Mass.: The MIT Press.
ciudades históricas. Lo que pediría WRIGHT, C.; CURTIS, B. (2005) Reshaping the motor car. Transport
la ciudad, discreción y contención, Policy 12 (1):11-12.
es precisamente lo que no quiere
el mercado automóvil. La moda
reciente del todoterreno, cuyo uso NOTAS
principal parece ser el lucimiento y (1) «On présente les villes, dans les guides touristiques, sous l'aspect de
el aparcamiento sobre las aceras, l'Histoire, alors qu'elles se montrent au promeneur sous celui de l'automobile.
conduce a graves intrusiones. La L'embouteillage, monument du présent» [Besson, P. (2007) Belle soeur, Fayard:
altura de estos vehículos, cercana París].
a los dos metros, aumenta el efecto (2) «The swish of tires on the tarmac, the trombone notes of deep-throated
de bloqueo panorámico en las car horns [...]. Brightly coloured cars, taxis, vans and buses cruised past in an
calles; su anchura, el tamaño de sus endless stream, like fish in an aquarium» [Lodge, D. (1992) Paradise news,
ruedas y la agresividad de sus Penguin: Londres].
defensas suponen riesgos para los
peatones e invasión de su espacio.
Consecuentemente, la definición
de vehículos cuyo diseño sea conci-
liador con el escenario urbano im-
plica atender numerosos frentes:
contaminación, ruido, tamaño, co-
lores y superficies, estilo. Las actua-
les dificultades a que se enfrentan
las compañías automovilísticas, en
plena zozobra empresarial, puede
ayudar a reorientar los diseños en
la dirección adecuada. Estas pro-
puestas pueden extenderse al ám-
bito de los equipamientos urbanos
asociados al automóvil: diseño de
la señalización, semáforos, gasoli-
neras y aparcamientos. Evidente-
mente, los progresos en ambos Los edificios urbanos se ofrecen enmarcados por ristras de coches.
Salamanca
campos de diseño serán lentos, da-
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