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Juan Camilo Urueña Martínez

Parcial Teoría 1

Para dialogar con los comentarios de Havelock (1963) y Nightingale (1995) es preciso que antes se
comprenda la multiplicidad de significados asociados a la mímesis, tanto en Platón como en
Aristóteles, y los marcos conceptuales dentro de los cuales se define la poesía en textos como la
República y la Poética. A partir de esta comprensión, podrá también entenderse la respuesta de
Aristóteles a Platón y matizar las posiciones de uno y otro.
Para empezar, hay que decir que la mimesis está subordinada en Platón al tratamiento de
temas éticos y políticos. Así, en República, por ejemplo, el tema de la poesía se analiza en términos
de la búsqueda socrática del verdadero significado de justicia, la cual se relacionará con el orden
ideal de la pólis. En el Estado imaginado por Sócrates, la actividad practicada por los poetas resulta
perjudicial para su correcto funcionamiento. Lo anterior se explica por el hecho de que Sócrates
exige de cada individuo una única actividad, lo que implica también que todo sujeto del Estado se
defina respecto a una única identidad. De este modo, el carpintero no podrá dedicarse a cosas
diferentes de las que le exige su arte, tampoco podrá hacerlo el guardián, el comerciante o el pastor
(República 370c). El poeta, sin embargo, en la medida que imita en el discurso caracteres distintos
de sí mismo, transgrede el principio socrático de unicidad ontológica.
Hay, además, otro motivo para que Platón considere la mímesis poética en términos
negativos. La imitación por medio del lenguaje es, según su sistema filosófico, una imitación de
segundo orden, ya que imita fenómenos de la realidad sensible que son, en sí mismos, imitaciones
de las ideas. Lo anterior se expresa claramente en República X. Allí, Sócrates utiliza la analogía de la
pintura para demostrar la distancia que hay entre las «ideas primeras» y las imitaciones que
resultan de las pinturas (República X, 598b-e) y del arte imitativo en general, incluidas la tragedia y
la poesía. Como resultado de la crítica platónica, la poesía se manifiesta poco conveniente para
acercarse al mundo de lo «verdadero». En este orden de ideas, se entiende la afirmación de
Havelock respecto al carácter peyorativo que adquiere la mímesis en Platón. Sin embargo, resulta
difícil zanjar la cuestión a favor de esta hipótesis, sobre todo por lo que compete a la ambigüedad de
la compleja constelación de significados percibida alrededor de la mímesis.
Como bien expresa Mariana Castillo (2016), la crítica de Platón a la mímesis debe
comprenderse desde el punto de vista de su preocupación ético-política respecto a la educación
(paideía) recibida por los jóvenes griegos. Porque reconoce el efecto de la mímesis en la
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configuración del Estado y la educación de quienes lo conforman, Platón considera pertinente


condicionar la actividad de los poetas a la ética y la política. Según Castillo, alétheia y lógos son los
criterios que determinan la valoración platónica de la mímesis (43). Por un lado, Platón reclama
que la imitación corresponda con el «verdadero» carácter de los dioses y los hombres —alétheia—
(República III, 377e); por otro, que lo dicho por el poeta se narre de forma tal que su identidad no
sea sustituida por la de otra persona, salvo que esta persona represente un modelo virtuoso—
lógos—.
En este sentido, si bien coincidimos con Nightingale en que el significado de la mímesis en
Platón oscila entre acción teatral y copia de un original, es difícil aceptar que en los libros II y III de
República la palabra poética no esté subordinada a la alétheia. ¿Cómo se explicaría entonces la
restricción impuesta a los guardianes de la pólis en lo que respecta a los modelos que deben imitar
y a la forma que más conviene para hacerlo? (República, 394e-395b).
Por otra parte, las nociones de alétheia y lógos como criterios de valoración de la mímesis
sirven para comprender la respuesta que Aristóteles expone frente a la interpretación platónica de
la poesía. En sus reflexiones sistemáticas sobre la tragedia, Aristóteles comprende la mímesis como
imitación y representación no de ideas «verdaderas» sino de acciones verosímiles. En este sentido,

el objeto de imitación propio de la poesía no es la realidad, lo que efectivamente ha sucedido o


sucede sino lo que podría o debería suceder en el contexto de la obra, de tal modo que todos los
elementos que la constituyen se integren entre sí en una unidad y una totalidad perfectamente
estructurada. (Bobes et al., 1995, 95)

Como bien expresa Bobes et al. esto no significa que Aristóteles descarte lo real en la
imitación, sino que exige que estos acontecimientos reales estén subordinados a lo posible dentro
de la estructura de la obra y conforme a las exigencias del espectador (Poética, 51b 29-32). En esta
prescriptiva del arte poético, Aristóteles se distancia radicalmente de Platón, ya que su análisis se
centra en el acto creativo por sí mismo, lejos de exigencias éticas y políticas. Las únicas exigencias
que determinan la mímesis son, en este sentido, las que conciernen a la coherencia de las partes que
conforman el tejido del argumento.
Además, Aristóteles concede al mundo sensible un estatus que no tenía en Platón. Los
acontecimientos de la realidad sensible no están, para Aristóteles, vacíos de contenido ontológico.
Esto permite que el poeta pueda, en la imitación de acciones concretas, acceder a contenidos
generales. Como dice Bobes et al.,
la poesía, como la filosofía, apunta a lo universal, pero, a diferencia de aquella, no se mueve en el
terreno de la pura generalidad, de la pura abstracción, sino que «da nombre a los personajes»,
plasma lo universal en lo particular, o, dicho de otro modo, construye lo universal por medio de
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personajes y situaciones concretas. La poesía, para Aristóteles, se sitúa entonces en ese


interregno entre lo universal y lo particular, entre la concreción que es propia de la historia, y la
abstracción, que es propia de la filosofía. De este modo, Aristóteles resuelve la antinomia
platónica mimesis/anamnesis al concebir el arte como imitación de lo universal en lo particular,
y por tanto como una forma de conocimiento. (Bobes et al., 99)

Lo anterior se comprende mejor a la luz del pasaje de la Poética en el que Aristóteles


relaciona la mímesis con el aprendizaje, el placer y el conocimiento (Poética, 48a 4-20). Según
él, los seres humanos, desde la niñez, aprenden por medio de la imitación. De igual forma,
obtienen placer cuando ven ejecutado, con maestría, un buen retrato. En resumen, la mímesis
en Aristóteles adquiere una significación que no depende de juicios morales y que devuelve a
la imitación de acciones su valor gnoseológico.
Por su parte, la mímesis platónica, si bien recibe un carácter peyorativo en la República, el
cual se manifiesta con la expulsión de los poetas en el libro X, debe comprenderse dentro de
las intenciones pedagógicas de Platón y aceptando, de igual forma, que la crítica se deriva de
una comprensión metafísica donde las cosas del mundo sensible son imitaciones de las ideas
verdaderas de un mundo no visible. En este sentido, se entiende que la mímesis platónica sea
valorada con los criterios de alethéia y lógos, mientras que para Aristóteles lo verdadero
ocupe un lugar secundario y lo verosímil una posición central.
Lo anterior contribuye a matizar el comentario de Nightingale acerca de que los libros II
y III de Platón no muestran una comprensión de la mímesis en términos de la copia de un
original. Aunque es cierto que la mímesis es un concepto de difícil delimitación en la
República, y pese a que resulta muy interesante, sin duda, pensar en la ironía platónica desde
la mímesis socrática, no deja de pesar el valor que Platón concede a lo verdadero, así como las
características de simplicidad y unicidad que, según él, definen la naturaleza de los dioses. Es
más, esa noción de lo que es propio, de lo que corresponde a cada uno, va en contravía de
aquella afirmación de Nightingale sobre la transgresión latente de la identidad de género que
observa en Platón.
Aunque este último dedique un pasaje considerable a la descripción de los diferentes
tipos de imitación mediante la palabra, lo cierto es que sus consideraciones derivan siempre
en criterios de clasificación de tipo moral, por medio de los cuales la imitación que realizan
los actores —en la tragedia— y las diferentes voces que asume el narrador —en la épica—
resultan inapropiados por el hecho de que ocultan el verdadero rostro de quien enuncia.
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Referencias
—Andrea Wilson Nightingale, Genres in Dialogue: Plato and the Construction of Philosophy
(Cambridge, 1995), 65.

—Aristóteles. Poética Traducción de A. Cappelletti. Caracas: Monte Avila, 1991

—Bobes, Baamonde, Cueto Frechilla & Marful. Historia de la teoría literaria I La Antigüedad
Grecolatina. Gredos, S.A: Madrid, 1995.
—Castillo, Mariana, A través del espejo y lo que Platón encontró allí. Mímesis entre Lógos y
Alétheia. Praxis Filosófica, No. 42, enero-junio 2016: 33 – 58

—Eric A. Havelock, Preface to Plato (1963; reprint, Cambridge, 1982), 58. See also Gregory
Nagy, Poetry as Performance: Homer and Beyond (Cambridge, 1996), chap. 1.
—Platón. República. Edición bilingüe. Traducción de J.M. Pabón y M. Fernández-Galiano.
Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1949