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Caracteres el acto administrativo

Los caracteres son las notas o cualidades del acto administrativo que surgen del
derecho positivo. La doctrina clásica argentina considera características propias del acto
administrativo a la presunción de legitimidad y a la ejecutoriedad (Fiorini, Ulla, etc.); una
corriente más moderna, en cambio, sostiene que también constituyen caracteres del acto
la estabilidad y la impugnabilidad (Gordillo, 2011)

De la misma manera Gordillo indica que los caracteres son los siguientes:

 Presunción de legitimidad.

La presunción de legitimidad, también llamada de legalidad, de validez o de


juridicidad, consiste en suponer que el acto ha sido dictado "conforme a derecho", es decir,
que su emisión responde a todas las prescripciones del orden normativo.

Efectos de la presunción de legitimidad.

a) La legitimidad no necesita declaración. El Estado no necesita declarar que su actividad


es legítima. Tiene a su favor la prueba por mandato de ley.

b) Igualación provisional de los actos válidos y anulables. Tanto los actos válidos como
los anulables se igualan provisionalmente al presumírselos legítimos, contando los últimos
con una vigencia precaria mientras no se declare su ilegitimidad.

c) Necesidad de alegar la ilegitimidad. Para desvirtuar la presunción es necesario


pedirla, sea ante la administración o ante la justicia. El administrado debe pedir la declaración
y mientras tanto comportarse como si el acto fuera válido, aunque en verdad no lo sea.

d) Necesidad de probar la ilegitimidad. La prueba puede resultar necesaria cuando la


ilegitimidad del acto dependa de situaciones de hecho que éste ha desconocido; en cambio,
si la ilegitimidad surge de la mera confrontación con el orden jurídico positivo, parece
infundado que ello deba de alguna manera probarse, en cuyo caso la ilegitimidad sólo se alega y
argumenta; probándola, si acaso, en sentido lógico-jurídico, pero no fáctico.

e) Carácter "iuris tantum" de la presunción. Es una presunción legal provisional,


transitoria, calificada como presunción iuris tantum, que puede ser desvirtuada demostrando
que el acto controvierte el orden jurídico. Es un juicio hipotético que se puede invertir
acreditando que el acto tiene ilegitimidad.
f) Exigibilidad del acto ilegítimo. El acto administrativo que se presume legítimo aparece
como un acto obligatorio, cuyos efectos vinculan igualmente a particulares y a la propia
Administración.

 Ejecutividad (exigibilidad u obligatoriedad).

Tradicionalmente se le reconoció al acto administrativo el carácter de "ejecutorio"


en todos los casos y ello importaba dos efectos:

a) que el acto debía cumplirse; y

b) que la administración tenía en sus manos los instrumentos necesarios para hacerlo
cumplir por medio de la coerción; en cuyo caso la ejecutoriedad podía ser: propia -
si la administración contaba ella misma con los medios de coerción; o impropia -si debía
solicitar esos medios a la justicia-.

La doctrina moderna, en cambio, distingue entre ejecutividad y ejecutoriedad. El


acto administrativo que se beneficia de la presunción de legitimidad, es de
cumplimiento necesario sin necesidad de tener que obtener ninguna sentencia decla-
rativa previa. Así se entiende por ejecutividad del acto administrativo, su
obligatoriedad, su exigibilidad y el deber de cumplimiento que el acto implica a partir
de su notificación.

La ejecutoriedad, en cambio, significa que la Administración tiene otorgados por el


orden jurídico, en forma expresa o razonablemente implícita, los medios para hacerlo
cumplir ella misma por la coerción; ejecutoriedad que no se configura cuando debe
recurrir a la justicia para lograr su cumplimiento. Consecuentemente, ejecutividad y
ejecutoriedad son expresiones distintas: la ejecutividad proviene de la presunción de
validez o legitimidad del acto, mientras que la ejecutoriedad se asienta en la
ejecutividad.

Los actos ejecutorios son exigibles, pero no todos los actos exigibles son ejecutorios;
por ejemplo, los actos administrativos de registración o constatación; v.gr., partida de
nacimiento o certificado de buena conducta.

 Ejecutoriedad.

La ejecutoriedad significa que la Administración por sí sola puede disponer la


realización o (cumplimiento del acto, sin intervención judicial. El ordenamiento
jurídico„ ciertos casos faculta, en forma expresa o razonablemente implícita, a la
Administración para el uso directo de su propia coerción, sin necesidad de tener que
recurrir a Ia justicia.

Presupuestos.

Para que un acto administrativo sea ejecutorio deben cumplirse ciertas


condiciones o presupuestos, a saber: a) que el acto se presuma legítimo y
consecuentemente goce de ejecutividad;

b) que haya sido notificado, dado que para hablar de ejecutoriedad es necesario
que el destinatario del acto resista su cumplimiento y, para que esta hipótesis se
configure, aquél debe tener conocimiento legal del acto;

c) que su ejecución sea posible física y jurídicamente. Debe tratarse de actos que
impongan deberes positivos o negativos a particulares.

Especies.

Dijimos antes que tradicionalmente se distinguía la ejecutoriedad en:

a) Propia o administrativa: tanto la emisión como el cumplimiento del acto


administrativo le corresponden a la Administración, quien lo lleva a cabo valiéndose
de sus propios medios.

Se traducen, normalmente, en restricciones y limitaciones a los derechos


individuales. Citemos a título de ejemplo las sanciones de arresto, multa, decomiso,
clausura por razones de salubridad, moralidad o seguridad pública, demoliciones de
edificios que amenazan ruina, etc., que dispone la Administración en aplicación de las
leyes de policía y códigos de faltas; la incautación de bienes y maquinarias afectadas a
la prestación de un servicio público, las medidas relacionadas con la protección del
dominio público, etc.

b) Impropia o judicial: si bien el acto emana de la Administración, su


cumplimiento le compete al órgano judicial a instancias de la Administración. La
Administración promueve ante el órgano jurisdiccional la acción judicial pertinente; v.gr.,
la acción sumaria de expropiación, la acción de desalojo para el recupero de los bienes
del dominio privado del Estado dados en locación; la acción ejecutiva de apremio para el
cobro de impuestos, tasas y contribuciones, etc.
Medios jurídicos.

Los medios de que se vale la Administración son coercitivos, suponen la coerción


para obligar al administrado a que cumpla el acto o lo ejecute. Gordillo clasifica estos
medios como de:

a) Coerción directa.

Cuando la Administración puede forzar al administrado a cumplir con el acto; v.gr., a


retirarse de un lugar cuyo acceso está prohibido, a retirar un vehículo irregularmente
detenido en la vía pública, etc., mediante la amenaza de una sanción (orden,
advertencia, apercibimiento, etc.).

b) Coerción indirecta.

Cuando la Administración aplica sanciones a fin de forzar al administrado a cumplir


el acto; v.gr., multas, clausura de locales, inhabilitaciones, decomiso de materiales o
mercaderías, etc. La sanción puede consistir no sólo en una pena, sino también en el
establecimiento de una relación jurídica nueva, la extinción de una relación jurídica
preexistente o la ejecución coactiva del deber violado.

c) Ejecución directa por la misma Administración o por terceros.

En subsidio, con cargo al administrado remiso; v.gr., la demolición de una


construcción que amenaza ruina, si el propietario no la efectúa, lo hace la
Administración por sí o por terceros y cobra el gasto al propietario. A este caso, en
que la Administración tiene la atribución de ejecutar el acto por sí misma, Dromi la
denomina "ejecución forzosa"; mientras que en los dos primeros estaríamos en presencia
de una ejecución

en los términos del autor citado- "espontánea", cuando el administrado ejecuta el acto
ante los medios coercitivos que influyen de manera determinante en su voluntad.
Gordillo, A. (2011). Tratado de derecho administrativo: El acto administrativo (10.a edición,

Vol. tomo 3). Buenos Aires: Fundación de Derecho Administrativo. Recuperado de

https://www.gordillo.com/pdf_tomo3/capitulo5.pdf