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Parra Andrés 1999 LOS PSICÓLOGOS Y LA PSICOFARMACOLOGÍA Papeles

del Psicólogo Febrero , nº 72 , http://www.cop.es/papeles/vernumero.asp?


ID=1104

Universidad de Valencia

En los últimos años se está produciendo un gran acercamiento de los


psicólogos a la psicofarmacología. La psicología clínica y la psicofarmacología
están separadas debido a influencias históricas de la concepción dualista de la
persona, según la cual mente y cuerpo se rigen por leyes separadas. La
aplicación del método científico en ambas las ha aproximado. Actualmente la
aproximación es tal que en Estados Unidos ya hay psicólogos, en el Ejército al
menos, con prerrogativas para recetar psicofármacos, y hay en marcha un
debate sobre la conveniencia de extender estas prerrogativas a los psicólogos
clínicos que superen un curso de formación. Estar a favor o en contra en ese
debate no debe estar determinado por intereses de gremio, o económicos, sino
supeditado a un mejor servicio al paciente.

In the last few years, psychologists are increasingly more attracted to


psychopharmacology. Clinical Psychology and Psychopharmacology are
nowadays separated due to the historical influences of dualism, a philosophy
that propose separate laws for mind and body. The use of scientific method
both in Psychology and Psychopharmacology has brought these two fields
closer together. In fact, in the United States of America there are psychologists,
at least in the Army, with prescribing privileges, and there is a growing debate
about the convenience of extending such privileges to other clinical
psychologists who successfully pass a training program in
Psychopharmacology. Positions in favor or against in the debate should not be
determined by economic or the professional association’s interests. The
decision must be guided by a main goal: better service to the patient.

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Correspondencia: Andrés Parra.


Área de Psicobiología. Facultad de Psicología.
Universidad de Valencia. Avd. Blasco Ibáñez, 21.
46010 Valencia. España. E-mail:andres.parra@uv.es

Los comentarios que siguen están escritos pensando en los psicólogos clínicos
y en la psicofarmacología clínica, pero no se debe olvidar, aunque no sea
objeto del presente artículo, que hay una serie de psicólogos, trabajando en
universidades y centros de investigación, muchas veces formando parte de
equipos interdisciplinarios, que se ocupan de la vertiente experimental de la
relación entre fármacos y psicología.

Lo que piensan los psicólogos de la psicofarmacología ha cambiado mucho en


los últimos años. De una posición de recelo se ha pasado a la de sana
curiosidad e incluso de confianza. Estos cambios se han producido
paulatinamente, pero de vez en cuando los acontecimientos se han precipitado.

Una serie de hechos han contribuido a un acercamiento de los psicólogos a la


psicofarmacología, tales como la extensión entre los psicólogos de hipótesis
contrastadas mediante la aplicación del método científico; el convencimiento de
que determinados trastornos mentales son poco sensibles a la psicoterapia;
muchos de los pacientes que acuden a psicoterapia están recibiendo
simultáneamente tratamiento psicofarmacológico; los avances en
psicofarmacología, favorecidos por la aplicación del método científico con
hipótesis guiadas por el mecanismo de acción de los psicofármacos (Stahl,
1998); la aceptación cada vez mayor en el campo médico de hipótesis
científicas originadas en el campo de la psicología; y, en definitiva, la
constatación de las ventajas que tiene para el paciente la colaboración entre el
psiquiatra, que controla la medicación y el psicólogo que realiza la psicoterapia
(Chiles et al., 1991). Este acercamiento repercute en la buena acogida que
tienen las clases de psicofarmacología entre los estudiantes de licenciatura y
de postgrado. Hace unos años era otro el panorama.

EL ORIGEN

Sin hacer un repaso de la historia de la relación psicólogos-psicofarmacología,


pero realizando un pequeño viaje temporal, podemos ver que en origen se
encontraban alejadas. Los psicólogos vienen de una tradición más mentalista,
mientras que la psicofarmacología nació en un ambiente muy organicista. Hay
muchas referencias donde se puede consultar la historia de la
psicofarmacología científica pero la de Ayd (1991) está contada por uno de sus
protagonistas y añade detalles muy precisos sobre fechas y sobre el marco
científico y clínico de los comienzos.

La psicología clínica y la psiquiatría reclaman para sí la obligación de dar


tratamiento a las personas con trastornos mentales, pero están separadas por
asuntos tan importantes como la formación de los profesionales, con
facultades, planes de estudio y departamentos universitarios diferentes; o la
base racional, muy mentalista la de la psicología y organicista la de la
psicofarmacología. Creemos que no ha habido un diseñador de tal separación,
pensamos que el "culpable" hay que buscarlo en toda una antropología, en
toda una concepción del ser humano dominante en un momento concreto de la
historia. Se trata de una concepción dualista del ser humano según la cual el
cuerpo y alma (se nombra a la mente cuando se quiere ser algo más neutro y
cuando, en un arrebato de neutralidad, se habla de conducta, se suele caer en
reduccionismo) son dos entes, dos seres, que tienen una vida paralela (al
menos durante un tiempo, pues para algunos una de ellas sigue viva mientras
la otra muere). Sin embargo, se debe reconocer que se hacen esfuerzos, por
parte de personas e instituciones, para compensar este distanciamiento entre
lo que, siguiendo en extremo la corriente dualista, podría llegar a ser el estudio
de lo mental y lo corporal por separado.

Es en el caldo de cultivo de una concepción dualista del ser humano donde


surge la psicología y lo hace como ciencia del espíritu (auque esta palabra
desde el nacimiento de la psicología científica se ha tratado de evitar), mientras
que el componente corporal de la dualidad se deja a otros especialistas, los
médicos, concretamente a una parte de ellos, los neurofisiólogos. El estudio del
funcionamiento del cerebro normal sería responsabilidad de éstos, mientras
que la terapia correría a cargo de los psiquiatras. En el estudio de la mente, el
funcionamiento normal sería el terreno de los psicólogos, y el patológico el de
los psicólogos clínicos.

Pero la aplicación del método científico al estudio de los fenómenos psíquicos


tiene un precio, no se hace en balde. Vaya por delante que la decisión de
aplicarlo no es una cuestión científica sino filosófica, de la misma manera que
es un asunto filosófico el decidir aplicarlo al estudio de la física (Bunge y Ardila,
1988). La novedad fundamental de la aplicación del método científico a lo
psicológico consiste en la inclusión del recurso a la experimentación y la
verificación de las hipótesis. Lo que es la formulación de las mismas ya se
venía haciendo, de una manera o de otra, durante siglos. Es posible que
actualmente no lleguemos a la profundidad y al saber hacer de los antiguos
filósofos. La preparación filosófica de los científicos es menor que la de
aquéllos, y junto con lo acelerado del vivir actual puede que sea ahora más
difícil penetrar en ideas o hipótesis profundas o radicalmente nuevas sobre el
ser humano. Formaría parte del precio a pagar. Si se aplica el método, como ya
hemos dicho, se verifican las hipótesis, en otras palabras se evalúan esas
hipótesis, y las hay que pasan el examen y otras que no. Esa evaluación
supone un requisito decisivo para avanzar en el conocimiento. Con este
método se ponen en solfa hipótesis concretas, sin importar de donde vengan,
lo que importa es su "veracidad". Lo atractivo del método, para nosotros, radica
en que está vacío, en que es simplemente un conjunto de reglas, recogidas por
ejemplo por Bunge y Ardila (1988).

Sigamos hablando del método científico un poco más. Nos gusta ver cierto
paralelismo entre el método científico y el aprendizaje, el primero comprende
una serie de reglas que rigen la adquisición de conocimientos y, para muchos,
una condición para la aceptación de afirmaciones sobre el funcionamiento de la
naturaleza, incluyendo en ella, claro está, a la mente humana; el segundo es un
proceso psicobiológico por el que la experiencia modifica ulteriores modos de
responder al ambiente, pero que implica también la adquisición de
"conocimientos". El paralelismo del que hablamos se ve más fácilmente si por
ejemplo de aprendizaje tomamos al llamado aprendizaje instrumental.

Una diferencia fundamental entre ambos radica en el sujeto de la adquisición


de conocimientos, en el primer caso es el grupo, la comunidad científica, y en
el segundo es el individuo. Otra gran diferencia radica en que en el método
científico las reglas, lo que hay que hacer, están bastante claras, pero en el
aprendizaje esto no es así para el individuo que aprende, pues lo puede hacer
sin saber que lo hace. El individuo aprende evaluando las consecuencias de
sus respuestas y ajustándolas a un objetivo, y la ciencia avanza comprobando
lo acertado o erróneo de las hipótesis.

LA SITUACIÓN ACTUAL
No perdamos de vista que la psicología y la neurofisiología pueden tener una
vertiente de ciencia pura, de contemplación de la naturaleza, pero la psicología
clínica y la psiquiatría se enfrentan a un reto diferente: el de intentar resolver
los problemas de los enfermos mentales. En otras palabras, deben dar
respuesta a una demanda social, deben proporcionar salud mental. Las
concepciones mentalista y organicista de la mente humana han conducido a
dos grandes intentos de solución: la psicoterapia y la farmacoterapia. La cosa
se complica un poco más si tenemos en cuenta que no hay una sola
psicoterapia, sino muchas (p.e., psicoanálisis, gestalt, sistémica y cognitivo-
conductual; y dentro de ellas también se pueden encontrar variantes). ¿Cuál es
la técnica más eficaz? En una sociedad organizada racionalmente resolver este
problema sería sólo cuestión de trabajo, dinero y tiempo. La solución no debe
suponer que una técnica terapéutica destierre a la otra (la derrote), se trata de
aplicar en cada caso, sola o en combinación con otras, la técnica más eficaz
(no ver aquí eclecticismo acomodaticio sino más bien una invitación a la
honradez profesional). Se han dado algunos pasos en la comparación de la
eficacia de algunas psicoterapias con la farmacoterapia, pero hay mucho por
hacer. Como hay mucho por hacer en la comparación entre la eficacia de
distintas aproximaciones psicoterapéuticas.

Dentro de la farmacoterapia, sin entrar en su comparación con la psicoterapia,


la situación tampoco es ideal; por ejemplo, los psicofármacos se suelen
ensayar en hombres jóvenes y las mayores usuarias de los mismos, de los
psicofármacos, son mujeres con más de 50 años; pero el paso de un nuevo
psicofármaco por las etapas clínicas (Simón, 1992) ofrece a la sociedad una
cierta garantía de que cualquier nuevo psicofármaco es más eficaz que el
placebo y, al menos, con una eficacia similar y efectos secundarios no mayores
que los psicofármacos en uso en el momento de su aparición. Pensamos que
la sociedad debería ser más exigente con las psicoterapias y no permitir la
aplicación rutinaria e indiscriminada de las mismas con el único garante de su
fundamentación en un modelo teórico de personalidad y de enfermedad
mental.

En cualquier caso, en los últimos años, dos hechos han acelerado el


acercamiento de los psicólogos a la psicofarmacología pero, como todo
acercamiento, éste tampoco está exento de tensiones e incertidumbres. Un
hecho de los indicados tiene un momento de referencia en la convención de la
Asociación de Psicología Americana (A.P.A.) celebrada en agosto de 1995 en
Nueva York. En esta convención el Consejo de Representantes votó, por
abrumadora mayoría, reclamar a la sociedad "prerrogativas legales para poder
recetar". El segundo hecho que ha acelerado la aproximación entre los
psicólogos y la psicofarmacología es más cercano para nosotros en el espacio,
y coetáneo del otro, se trata de la inclusión en los llamados nuevos planes de
estudio de muchas facultades de psicología de España de una asignatura
llamada Psicofarmacología. En algunos casos su contenido se estudia con
mayor o menor extensión en asignaturas psicobiológicas que tienen otra
denominación. El hecho es que los psicólogos van adquiriendo cierta formación
en psicofarmacología, cosa que hace años no ocurría.
En el mencionado debate, los argumentos a favor se pueden resumir en que se
gana autonomía en el control del tratamiento del paciente, amén de que
resultaría más cómodo para éste, y que la "unión" de la psicoterapia y la
farmacoterapia es algo natural (influencias de la concepción monista). Los que
están en contra argumentan que la imagen del psicólogo perdería atractivo, ya
que el tratamiento con la palabra resulta para el paciente más "humano" que la
farmacoterapia, y también que supondría aceptar el modelo médico de
enfermedad mental (influencias de la concepción dualista).

En el debate, que está teniendo lugar en Estados Unidos, en menor medida en


Canadá y apenas existente en Europa (no tenemos datos de otros lugares),
hay agentes a favor y en contra, tanto dentro como fuera de la profesión. Están
a favor los que piensan como los representantes de la A.P.A. antes
mencionados y, quizás, las empresas que comercializan los psicofármacos,
pues se supone que el mercado puede crecer. Como dato para pensar en una
posible expansión en el uso de psicofármacos citemos el caso de los
antidepresivos, cuyo consumo en España está lejos de lo recomendado si
tenemos en cuenta la epidemiología de la depresión mayor (Alonso et al.,
1997). En contra están algunos psicólogos "humanistas" y la profesión médica,
aunque en todos los campos habrá excepciones. Una revisión de las
posiciones junto con los resultados de la experiencia de psicólogos que ya
tienen la prerrogativa (casos mayoritariamente ubicados profesionalmente en el
ejército estadounidense) se puede encontrar en Gutiérrez y Silk (1998). Las
revistas que publican más artículos sobre el debate son: Professional
Psychology: Research and Pactice, American Psychologist y Canadian
Psychology.

SUGERENCIAS

Consideramos necesario continuar y ampliar la formación psicofarmacológica


de los psicólogos, tanto antes como después de la licenciatura, y esto conviene
al margen del debate de las prerrogativas para recetar. Se han publicado
recientemente algunas sugerencias concretas y las líneas generales del plan
formación en Estados Unidos en Papeles del Psicólogo (Sanz de la Torre,
1998) por lo que no vamos a abundar en esa dirección.

Si el debate sobre las prerrogativas llega a nuestro país, sería conveniente la


adopción de una postura individual teniendo en cuenta que entran en juego
problemas de muy diverso nivel, como el económico (para el psicólogo y para
el paciente), el académico, la formación específica adicional que supone, la
imagen, la competitividad con otros profesionales de la salud (no sólo con los
médicos), etc. Decantarse por una postura movidos por los argumentos de sólo
uno de estos niveles no es conveniente. Deben entrar en juego todos, aunque
con peso diferente, pero por encima de todos y cada uno de ellos debe estar el
objetivo de ofrecer un mejor servicio al paciente, cueste lo que cueste.

BIBLIOGRAFÍA

Alonso, M.P., De Abajo, F.J., Martínez, J.J., Montero, D., Martín-Serrano, G. y


Madurga, M. (1997). Evolución del consumo de antidepresivos en España.
Impacto de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Medicina
Clínica (Barcelona), 108, 161-166.

Bunge, M. y Ardila, R. (1988). Filosofía de la Psicología. Barcelona: Ariel.

Chiles, J.A., Carlin, A.S., Benjamin, G.A.H. y Beitman, B.D. (1991). A physician,
a nonmedical psychotherapist, and a patient: The pharmacotherapy -
psychotherapy triangle. En: B.D. Beitman y G.L. Klerman (Eds.). Integrating
pharmacotherapy and psychotherapy (pp. 105-118). Washington: American
Psychiatric Press.

Gutiérrez, P.M. y Silk, K.R. (1998). Prescription privileges for psychologists: A


review of the psychological literature. Professional Psychology: Research and
Practice, 29, 213-222.

Sanz de la Torre, J.C. (1998). Tratamientos psicofarmacológicos en psicología


clínica. Papeles del Psicólogo, 69, 64-66.

Simón, V.M. (1992). Metodología de la investigación psicofarmacológica. En: E.


Pásaro Méndez (Coord.). I Simposio de Psicobiología. Perspectivas actuales
de investigación en Psicobiología (pp. 175-185). La Coruña: Universidad de La
Coruña.

Stahl, S.M. (1998). Psicofarmacología esencial. Bases neurocientíficas y


aplicaciones clínicas. Barcelona: Ariel.