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1.

Si no fuera por la inteligencia nosotros no tendríamos esa denominación de seres


humanos seriamos como animales irracionales , haríamos todas las cosas por instinto y
nuestro mundo sería desorganizado , no habría avances de tecnología ni
descubrimientos sobre nuestra realidad .
2. El elemento esencial de la conducta humana a la cual se refiere Jacobson es a la
libertad hasta tal punto que uno pueden elegir que obrar a diferencia del animal.
3. Llamado por los romanos Persona : Viene del griego prosopon, esta palabra designaba
la máscara que usaban los actores en el teatro , servía para dar resonancia a la voz y
para identificar al personaje que representaba .
BOECIO:
4. PERSONA EN IMMANUEL KANT
Es el sujeto de acción moral, que actúa de un modo autónomo y guiado por la razón.
El concepto de persona en Kant está ligado al de dignidad y reúne todos los
atributos de la ética kantiana. La persona merece un respeto, pues es capaz de
comportarse moralmente, y por ello tiene una dignidad que nada ni nadie le puede
arrebatar. Ahora bien, igualmente se espera que la persona, a la hora de tomar sus
decisiones, tenga en cuenta el ser racional, libre y autónomo que es. Puesto que
somos personas, si seguimos una de las formulaciones más conocidas del
imperativo categórico, todos hemos de tratar a los demás como fines en sí mismos,
y nunca como medios.

5. ara poder determinar el origen etimológico de somático, tenemos


que marcharnos hasta el griego. Y es que en dicha lengua se
encuentran los dos componentes que dan forma a este término: el
sustantivo “soma”, que puede traducirse como “cuerpo”, y el sufijo
“-tico”, que es equivalente a “relativo a”.
6. Para poder determinar el origen etimológico de somático, tenemos
que marcharnos hasta el griego. Y es que en dicha lengua se
encuentran los dos componentes que dan forma a este término: el
sustantivo “soma”, que puede traducirse como “cuerpo”, y el sufijo
“-tico”, que es equivalente a “relativo a”.

7. Somático se utiliza para nombrar, en un ser animado, a aquello


que es corpóreo o material.
8. En la biología y la medicina, un síntoma somático es aquel
cuya naturaleza es eminentemente de este tipo (corpórea), a
diferencia de los síntomas psíquicos.
9. Por ejemplo: “Pensamos que los mareos eran por el estrés, pero
resultó ser un tema somático”, “El médico le recomendó a Bruno
que vea a un psicólogo, ya que no encontró ninguna evidencia
somática de lo que él indica”, “Los problemas somáticos y los
psíquicos deben ser tratados con la misma seriedad”.

6. desde cuando existe la inteligencia humana?

Sabemos que surgio hace 50000 años delatada por cuatro rasgos propios :industria lítica ,
enterramientos rituales , arte y objetos de adorno . Pero esta fue el arma de supervivencia mas
poderosa , solo la posee el ser humano.

¿Cuándo empezamos a ser inteligentes los humanos? ¿Cómo apareció nuestra


inteligencia? ¿Qué la hizo surgir? ¿Emergió paulatinamente a partir de las
potencialidades de la materia, tal como ya sugirió Darwin? ¿Responde a un acto de
creación divina, como afirmaba Wallace? Este viejo debate no ha perdido su vigencia en
nuestros días.

Carroña e inteligencia
El debate sobre cómo se originó la inteligencia humana lejos de estar
resuelto sigue siendo en nuestros días motivo de controversia. A
partir de finales de los ochenta del siglo pasado, pero sobre todo en
los noventa, fue tomando cada vez más cuerpo una explicación de
corte naturalista emergentista, en la que algunos científicos sugerían
que un cambio en la dieta de los homínidos, introduciendo el
consumo relativamente abundante de carne, habría dado lugar a
cerebros más grandes en los que habría podido empezar a emerger la
inteligencia. Entre estos científicos destacan Leslie C. Aiello y Peter
Wheeler, quienes desde hace años viene llamando la atención sobre
este punto. Según ellos, individuos con cerebros relativamente
grandes tendrían la inteligencia mínima para ser los primeros en
fabricar herramientas con las que romper las cañas de los huesos
para poder acceder al tuétano, en donde se hallan los nutrientes más
energéticos. De este modo una alimentación rica en grasas animales
y en proteínas permitía un aumento progresivo del volumen cerebral.
Y con dicho incremento un desarrollo progresivo de la inteligencia.

En España esta tesis ha llegado al campo de la divulgación científica


de la mano del último libro de Juan Luis Arsuaga:Los aborígenes. La
alimentación en la evolución humana. En esta obra Arsuaga insiste en
la idea de la emergencia natural de la inteligencia humana a partir de
la reestructuración y expansión del cerebro posibilitada por el aporte
energético que proporcionaría el consumo de carne. El afamado
codirector de los yacimientos burgaleses de Atapuerca califica el
descubrimiento de la carroña como fuente de alimentación como: "el
acontecimiento fundamental en nuestra evolución *(1) .

La ficción del descubrimiento casual de una joven Australopithecus


afarensis sirve como hilo conductor de la primera parte de la obra. Al
golpear fortuitamente la tibia de un antílope con una piedra para
partirla posibilitando el poder alimentarse de las substancias de su
interior, esta hebra de afarensis abría el camino hacia la
humanización. El relato se basa en el supuesto de que
los Australopithecus partían nueces con piedras al igual que hoy en
día lo hacen los chimpancés. Entre los estudios recientes en este
campo destacan los que está llevando a cabo en la selva de Costa de
Marfil un arqueólogo español, Julio Mercader. Sus investigaciones se
centran en el estudio de cómo cascan las nueces los chimpancés de
aquella zona. Para este científico cabría la posibilidad de que algunos
de los yacimientos de hace dos millones de años fueran lugares en los
que ejercían esta actividad los predecesores del linaje humano. El
hecho de que la arquitectura ósea de las manos de
los Australopithecus no presente ningún impedimento anatómico para
tal habilidad hace que un hecho como el narrado por Arsuaga sea
algo muy plausible; sin embargo, no debemos de olvidar que no
tenemos indicios firmes que nos confirmen que
los Australopithecus partieran nueces con piedras y mucho menos
que lo hicieran con los huesos de los animales fallecidos. Una
afirmación de este estilo aunque posible, nos guste o no, no deja de
ser más que una mera conjetura. Incluso los datos del yacimiento de
Bouri, Etiopía, que apuntarían hacia algo de este estilo hace 3,5
millones de años aún se han de confirmar, y además no están
exentos de interpretaciones contrarias entre sí.

Sin duda alguna, la incorporación en cantidad importante de


productos de origen animal a la dieta de los homínidos supuso el
primer gran cambio en la historia de la alimentación humana.
¿Comían carne los Australopithecus? Es posible que los especímenes
más recientes ya carroñearan. De hecho Pickford y Senut sugieren
que Orrorin tugenensis, un supuesto homínido de seis millones de
años de antigüedad, ya lo hacía. Hace dos millones y medio de
años Homo habilisy Homo rudolfensis son los primeros homínidos de
quienes tenemos certeza que consumían carne de animales,
procedentes del carroñeo.

El cerebro es un órgano muy caro de mantener ya que, en un hombre


adulto anatómicamente moderno, requiere un 20 % del gasto
energético total de su cuerpo, en el momento del nacimiento el
cerebro llega a consumir hasta el 60 % de la energía corporal. El
aparato digestivo, incluyendo unos intestinos muy largos, como
resulta habitual en los herbívoros, también es muy caro de mantener
en términos de consumo energético. De modo que: un cerebro muy
grande y un aparato digestivo muy voluminoso no suele darse
simultáneamente en un mismo ser vivo. La sustitución de una dieta
casi exclusivamente vegetal, muy rica en celulosa, por otra en la que
la carne, rica en proteínas, desempeñaba un papel esencial, permitió
que aumentara el volumen del cerebro y disminuyera la longitud de
los intestinos.

Algunos han querido ver en este cambio de orientación en la dieta de


los homínidos la causa remota del origen de la inteligencia humana.
Así en un artículo titulado: La cuna africana del hombre, publicado
por la Revista Conocer (nº 175, agosto de 1997, p. 55), y firmado por
Mónica Salomone, puede leerse: "si los primeros humanos no
hubieran complementado la dieta semivegetariana de sus primos los
australopitecinos, jamás hubieran podido permitirse el ser
inteligentes". De un parecer similar es William R. Leonard que
publicaba en el mes de diciembre de 2002 un artículo titulado Food
for thought. Dietary change was a driving force in human evolution.
La traducción literal vendría a ser algo así como: Comida para
pensar. Cambios en la dieta fueron una fuerza conductora en
evolución humana. El próximo mes de febrero este artículo saldrá
publicado en la revista Investigación y Ciencia (versión castellana de
la revista anteriormente citada), pero con un título aparentemente
más moderado: Alimento y mente. Juan Luis Arsuaga también es de
esta opinión. En una entrevista concedida al diario La Vanguardia
declaraba: "La explotación alimenticia de la carroña permitiría que se
dieran una serie de cambios morfológicos en los homínidos, que
acabaron por hacernos como somos. ¡Comer carroña nos hizo
inteligentes! ¡Ya tengo titular! (exclamaba el periodista).
Precisémoslo (matizaba Arsuaga): comer carroña no produjo
directamente ese salto, pero permitió que pudiera darse. Permitió un
mayor desarrollo cerebral: el cerebro pudo crecer..., y creció. .-
Periodista: Acláremelo. Carroña e inteligencia: ¡parece una broma!
(...) ¿La carne nos hizo inteligentes? .- Arsuaga: La dieta con carroña
permitió que algún individuo mutante con menos intestino pudiera
sobrevivir (y transmitir sus genes). Y permitió que mutantes con
cerebro mayor pudieran sostenerlo (y transmitir sus genes). Y un
cerebro mayor permitió crear mejor tecnología (piedras, filos...)*(2) ,
y la mejor tecnología facilitó el acceso a más carne. .-Periodista: Una
rueda. .- Arsuaga: ¡La rueda de la inteligencia! *(3) Comer carne fue
un cambio cultural que abrió la vía a eventuales cambios
morfológicos, que, una vez verificados, permitieron otros cambios
culturales" (La Vanguardia; 24-XI-2002). Es el mismo argumento que
expuso hace seis años Robert Blumenschine cuando declaró que: "los
homínidos con cerebros relativamente grandes fueron capaces de
fabricar herramientas de piedra, y de emplearlas para descuartizar y
descarnar los restos de animales grandes; así pues, los individuos
con cerebros grandes podían comer mejor, podían tener más
descendencia y, por tanto, esa característica fue seleccionada como
ventaja adaptativa"*(4) .

Incluso hay quienes piensan que la alimentación jugó un papel tan


importante en la evolución humana como para ser la causa de la
aparición del lenguaje oral. Esto es precisamente lo que defiende el
primatólogo Richard Byrne cuando afirma que: "el lenguaje apareció
en la prehistoria a partir de las secuencias de movimientos
desarrolladas para preparar alimentos" (La Vanguardia; 16.X.2002);
o lo que es lo mismo: manipular alimentos tuvo como consecuencia,
según Byrne, la aparición del lenguaje. Y aunque este científico niega
que el lenguaje sea la base del pensamiento, todo el mundo está de
acuerdo en que lenguaje e inteligencia guardan una estrecha relación.

Volviendo a la tesis central de Aiello y Wheeler expuesta en Los


aborígenes , que afirma que el consumo de carne por parte de los
homínidos hizo aumentar el tamaño del cerebro, facilitando así el
surgimiento paulatino de la inteligencia; nos lleva a planear una
pregunta ingenua, sin duda, pero pertinente. Si esta hipótesis es
correcta..., entonces ¿por qué los grandes carnívoros, como el tigre o
la pantera, que llevan muchos millones de años comiendo carne, no
han desarrollado cerebros muy voluminosos, y ya no digamos
inteligencia en el sentido fuerte de la palabra? Es más ¿por qué
grandes depredadores como el león o la hiena, los carnívoros por
antonomasia, han visto como sus cuerpos, y por ende sus cerebros,
reducían su tamaño en un tercio a lo largo del último par de millones
de años? Una respuesta posible a esto último sería afirmar que las
especies actuales de leones y hienas no son descendientes directas
de aquéllas. Quizás, pero queda en pie la cuestión de que sus
cerebros no son especialmente grandes pese a llevar millones de
años comiendo carne como elemento prácticamente exclusivo de su
dieta, lo que no es el caso en los homínidos que, no lo olvidemos, son
omnívoros y, por lo tanto, el consumo de carne, sólo representa una
parte de su dieta.

Por otra parte, no todos los científicos están de acuerdo en que el


cerebro humano no haya hecho otra cosa más que crecer en los
últimos dos millones y medio de años. Robert D. Martin afirma que:
"cada vez hay más pruebas de que el cerebro de los componentes de
nuestra propia especie Homo sapiens era antes mayor que ahora.
Todo indica que se ha ido produciendo una reducción estable del
tamaño cerebral humano (sin disminución concomitante del tamaño
corporal) durante los últimos 20.000 años aproximadamente. Por
tanto, el tamaño del cerebro humano ha experimentado un descenso
progresivo durante el mismo período en que se han producido los
avances más notorios de la cultura humana" *(5) , concluyendo que:
"los cambios de mayor trascendencia para la sociedad humana han
ido acompañados de un descenso progresivo de nuestro tamaño
cerebral" *(6) . Martin acompaña estas afirmaciones con datos
concretos, afirmando que los humanos del Mesolítico (hace unos diez
mil años) presentaban una media de encefalización de 1593 cc. los
varones y 1502 cc. las hembras; en cambio los hombres actuales
tienen un promedio de 1436 cc. y las mujeres 1241.

¿Podemos saber científicamente cómo surgió la inteligencia


humana?
En primer lugar hay que decir que nos encontramos ante una
explicación materialista del origen de la inteligencia humana que
apostaría por un emergentismo gradual, algo que científicamente no
está demostrado *(7) ; es más, desde un punto de vista
estrictamente científico todavía no se ha podido definir de una forma
unívoca el concepto de 'inteligencia', algunos científicos incluso creen
que esto jamás podrá lograrse, al menos ese es el parecer de William
H. Calvin cuando declara que: "Nunca habrá acuerdo universal sobre
una definición de la inteligencia, porque es un vocablo abierto, lo
mismo que conciencia" *(8) . Por su parte Arsuaga sostiene que: "eso
que llamamos <<inteligencia>> es un concepto de difícil definición y
muy problemática medida"*(9) . Esta dificultad facilita la confusión,
de ahí que algunos científicos sostengan que ciertas especies de
animales tienen inteligencia, mientras que otros la restringen
exclusivamente al género humano.

Por si esto fuera poco, el argumento expuesto representa un


razonamiento circular, algo que en lógica no suele ser bien visto.
Según esta hipótesis, se afirma que el consumo de grandes
cantidades de carne es posible gracias al hecho de tener unos
cerebros voluminosos que permiten tener el mínimo de inteligencia
para poder fabricar las herramientas que posibilitan descuartizar y
descarnar los restos de grandes animales. Pero no hay que olvidar
que el presupuesto básico de esta hipótesis es que los grandes
cerebros se consiguen tras consumir carne. En definitiva: la
conclusión de la hipótesis es, también, la premisa de la que se parte.
En La especie elegida Arsuaga ya se había dado cuenta de esto
mismo al afirmar que este tema es como la pescadilla que se muerde
la cola; en efecto: "La expansión cerebral delHomo sólo pudo ser
posible a cambio de una variación en la dieta, que a su vez se
traduce en la reducción del tamaño del tubo digestivo y,
correlativamente, del aparato masticador. Aiello y Wheeler insisten en
que eso no quiere decir que el cambio de dieta produjera
automáticamente un aumento del tamaño del cerebro; sólo insisten
en que era necesario que nos hiciéramos carnívoros para poder ser
inteligentes (aunque ésta es una pescadilla que se muerde la cola
porque los alimentos de alta calidad requieren de mayores
capacidades mentales para ser localizados)" *(10) .
Somos libres de especular y de suponer todo lo que queramos, pero
hemos de ser conscientes de que debemos de distinguir entre lo que
es un escenario evolutivo hipotético, de lo que es una verdad
científica firmemente establecida, y lo cierto es que la ciencia no
puede determinar con exactitud empiriométrica cómo surgió la
inteligencia humana.

Por otra parte, si la inteligencia humana hubiese sido educida por


emergencia gradual de las potencialidades de la materia, entonces
cabría la posibilidad de que los animales tuvieran también inteligencia
en un agrado inferior. Este es, precisamente, el parecer de Arsuaga,
cuando afirma que: "los seres humanos nos caracterizamos por
poseer una inteligencia mucho más desarrollada que el resto de los
animales" *(11) . Así, pues, en este punto Arsuaga coincide con
Darwin, quien opinaba que los animales también tienen inteligencia,
siendo la diferencia entre la inteligencia de estos y la de los humanos
una cuestión de grado, pero no de esencia. En rigor esto no es así, ya
que los animales no tienen inteligencia, pues no son capaces de
elaborar conceptos. Lo que sí tienen es conocimiento sensorial. De
modo que, con facultades tales como la imaginación, la memoria y
otras, propias de la cognición sensitiva, son capaces de elaborar
"perceptos"; es decir, tienen percepciones que les permiten hacerse
con una visión adecuada de su entorno, posibilitándoles la
supervivencia; sin olvidar por ello la importancia que tiene la herencia
genética en los animales en todo aquello que es relativo a la
adaptación al medio. El conocimiento intelectual, la elaboración de
conceptos abstractos y universales, es algo exclusivo de los
humanos. Un animal puede percibir (y comer) dos piezas de carne;
pero sólo un humano sabe lo que es el número dos, la dualidad. De
hecho Arsuaga, en El collar del neandertal, alude a este tema cuando
afirma que: "Jerry Fodor, un influyente psicólogo contemporáneo,
propone una división de la mente en percepción y cognición. La
percepción se obtiene a través de una serie de módulos,
independientes entre sí e innatos... La cognición, en cambio, se
produce en un sistema central que realiza las operaciones mentales
que comúnmente denominamos pensamiento. Este sistema central es
inaccesible a la investigación y permanece misterioso" *(12) . ¿Por
qué no profundiza Arsuaga en esta vía? La respuesta nos la da en
otra de sus obras, concretamente en La especie elegida, cuando
afirma que: "la ciencia tiene como objeto explicar los fenómenos
naturales (...) por medio de causas naturales" *(13) . La postura es
totalmente lícita; y, de hecho, esto ha sido lo que ha permitido a la
ciencia progresar de la forma tan espectacular con que lo ha hecho en
los últimos cuatro siglos. Lo que ya no resulta tan lícito es afirmar
que como mi modo de conocer se basa exclusivamente en una
cognición de la causalidad empírica, no existe ningún tipo de
causalidad metaempírica. Immanuel Kant criticó con elegancia y
finura no ausenta de dureza, esta forma de argumentar al
preguntarse que: "¿Quién puede demostrar la no existencia de una
causa por medio de la experiencia, cuando ésta no nos enseña otra
cosa sino que no percibimos la causa?" *(14) .

El cerebro como órgano del entendimiento


Es ya casi un a priori cultural de la ciencia el considerar, sin más
análisis crítico, al cerebro como órgano del entendimiento. Así, a
partir de afirmaciones tales como que: "las funciones superiores
relacionadas con la inteligencia se llevan a cabo en el
cerebro" *(15) o que: "la parte del encéfalo que es responsable de
eso que llamamos inteligencia es el cerebro" *(16) , se puede colegir
que el cerebro es considerado como el órgano de la inteligencia, del
entendimiento para ser más preciso, pues la inteligencia no es sino el
acto de dicha potencia.

Pese a lo extendida que pueda estar esta idea no es compartida por


todos los científicos, así el Premio Nobel en medicina Sir John Eccles
discrepa de este parecer y sostiene que la inteligencia es una facultad
inmaterial exclusiva del ser humano. De hecho, el propio Arsuaga
reconoce que: "la mente no tiene asiento en ninguna región concreta
del cerebro (...) La mente no se corresponde con ninguna estructura
material"*(17) . Pero... ¿acaso la inteligencia no es algoque forma
parte de la mente humana?.

El tema no es intrascendente, ya que si el cerebro es el órgano del


entendimiento, entonces el alma humana no puede ser ni espiritual ni
inmortal, sino que sería una forma substancial que se agotaría en
comunicar el ser a la materia y, como le sucede a todas las formas
substancias de este tipo, se aniquilan (o lo que es lo mismo: se
nihilizan, en el sentido de caer en la nada), con la desaparición del
individuo concreto al que informan. Si este fuera el caso del alma
humana, la existencia de la religión sería algo carente de sentido,
pues no habría forma de tener una relación perdurable con Dios. Si el
entendimiento, en cambio, fuera una facultad o potencia del alma que
no precisase de la materia como órgano, aunque sí como objeto para
poder elaborar los conceptos, entonces el alma humana podría ser
espiritual e inmortal, y la apertura del hombre a la trascendencia
quedaría fundamentada.

¿Darwin o Wallace?
¿Cuál es el origen de la inteligencia humana? En el terreno de los
científicos evolucionistas desde un principio se marcaron dos
posturas, la de Darwin y la de Wallace. Arsuaga recoge esta
dicotomía en los siguientes términos: "Para Darwin, la evolución de la
mente humana no difería sustancialmente de la evolución del cuerpo.
Era, por lo tanto, un proceso lento y continuo, un avance a base de
pequeños pasos y mucho tiempo por delante para recorrer el largo
camino evolutivo que separa al mono del hombre... Wallace, en
cambio, simplemente no podía admitir que las facultades intelectuales
y morales del hombre, tan elevadas, fueran un producto de la
evolución gradual, y que nos hubiéramos ido haciendo seres humanos
poco a poco: él veía un único gran salto cualitativo, que no se podía
explicar por una lenta acumulación de múltiples pequeños cambios.
Wallace pensaba en una causa sobrenatural" . Siguiendo el *(18) de
Ian Tattersall, el codirector de Atapuerca, considera que la
inteligencia humana pudo haber surgido por un reajuste nunca antes
experimentado de los elementos del cerebro, dando lugar a una
propiedad absolutamente revolucionaria y radicalmente distinta: la
inteligencia, se trataría, pues, de una propiedad emergente. Y esto
"es ciencia y no magia, pero se parece mucho a un milagro" *(19) ,
la verdad es que sí. Ahora bien, aunque se confiesa partidario del
materialismo emergentistas, reconoce que no hay muchas opciones,
de modo que: "Me temo (que) nos veremos obligados a optar entre
Darwin y Wallace" *(20) .

¿Origen sobrenatural o natural de la inteligencia humana? ¿Creación


divina o emergencia a partir de la materia? ¿Wallace o Darwin?
Aunque Arsuaga se decanta por Darwin, y su obra El enigma de la
esfinge es un buen testimonio de ello, reconoce con gran honradez
que es un tema que, desde el punto de vista científico, quizás nunca
pueda ser zanjado de modo concluyente, y es que: "la cuestión de si
la mente humana surgió de golpe con el Homo sapiens, o si es
producto de evolución gradual, es una vieja discusión que ya enfrentó
a Darwin y Wallace, y para la que no se sabe si algún día se alcanzará
una definitiva respuesta" *(21) . Lo que no debemos de olvidar es
que el conocimiento científico no es la única forma de conocimiento
objetivamente válido que tenemos los humanos. Aunque el
positivismo como tal ha perdido vigor como doctrina filosófica oficial,
su lastre aún hace sentir sus efectos; de forma que puede afirmarse
que el viejo espíritu cientificista del positivismo decimonónico aún
está presente en el ámbito de la ciencia, de ahí que todavía puedan
escucharse afirmaciones como esta: "la ciencia (...) sólo elabora
hipótesis, vacilantes aproximaciones a la verdad (...), pero es lo
mejor que el espíritu humano es capaz de crear" *(22) . ¿Mejor? ¿En
qué sentido? ¿En términos absolutos o relativos? Estamos totalmente
de acuerdo que la ciencia es el mejor producto que el espíritu
humano puede crear para resolver los problemas de índole científico
que plantea la realidad. Pero, desde luego, la ciencia no es lo mejor
que puede crear el espíritu para resolver los interrogantes de carácter
metafísico que interpelan al hombre. La tesis epistemológica que
postula al conocimiento científico como la forma suprema de
conocimiento objetivamente válido sólo puede ser verdadera si la
acompañamos de la postulación de otra tesis, esta vez de carácter
ontológico, que sostenga que la única realidad existente es de tipo
material. Pero ambas tesis ya no son afirmaciones científicas sino
filosóficas, por ello la elucidación de la veracidad de sus afirmaciones
no vendrá determinada por razonamientos científicos, sino filosóficos.

Inevitablemente las cuestiones en torno al origen del hombre


implican una serie de debates ideológicos insoslayables. Y, como no
podría ser de otro modo, en relación al origen de la inteligencia
humana, una de las cuestiones más importante para el ser humano,
sucede lo mismo. Estamos totalmente de acuerdo con Arsuaga
cuando afirma que: "La ciencia se propuso, a partir de la llamada
revolución científica del Barroco (en el siglo XVII), eliminar toda
emoción y toda ideología (religiosa o política) de su quehacer, con la
pretensión de alcanzar el conocimiento objetivo. A pesar de ese buen
propósito, los científicos somos seres humanos y estamos
condicionados por nuestro ambiente y nuestra educación. Hacemos lo
que podemos por no dejarnos influir por lo que nos rodea, pero hay
que reconocer que es más fácil hacer ciencia objetiva estudiando el
átomo, las mariposas o los volcanes, que abordando la espinosa
cuestión de la condición humana" *(23) . Precisamente por ello
creemos que ese esfuerzo de objetividad, esa seriedad y esa
honestidad que ha de poner a la investigación científica por encima
de los deseos ideológicos subjetivos se hace hoy más necesario que
nunca, de tal suerte que somos del parecer de que el gran prestigio
social que ha alcanzado la ciencia ha de implicar, necesariamente,
una mayor responsabilidad por parte de los científicos a la hora de
dejar bien claro que es lo que son conocimientos ciertos y qué
hipótesis más o menos plausibles.

¤ ¿Cuándo surgió la inteligencia?


Nadie sabía de dónde robó su brillo la luna, mas ella, la altiva princesa de la noche, ninfa solitaria, acaso
cubierta con un manto de luminosas estrellas, se decía dueña y señora de su luz. Pero tan lustrosa perla no tenía
llama propia, sino del astro rey la hurtaba.
Algunos afirman que la inteligencia aparece con el hombre; otros aseguran que existe con independencia, tal
como un éter inmerso en la naturaleza de las cosas, en la misma ley que las rige. Estas apreciaciones nos llevan a
plantear que hay una inteligencia conciente, como la humana, y otra inconciente propia de la naturaleza. Los hay
quienes argumentan que sólo hay una inteligencia, mientras que otros reconocen una inteligencia creadora que, a
su vez, ha dado origen a otras.

Si abrevamos los conocimientos del universo material, descubriremos que tiene una existencia organizada, tal
como el rítmico compás de melodiosa y armónica sinfonía. Muchos afirman que siempre ha existido; otros
sostienen lo contrario. Lo que casi nadie niega es que tiene leyes que lo rigen y que ha sido así desde antes de que
el hombre apareciera. El homínido apenas tiene un millón de años sobre la Tierra, por lo que nos puede parecer
que, a menos que en otros planetas haya vida inteligente anterior, el cosmos ha existido con independencia del
hombre, incluso con indiferencia hacia éste.

Por un momento dejémonos caer en la aberración de afirmar que se da una inteligencia inconciente en la
naturaleza, contraviniendo incluso la estructura misma de su definición. Para ello leamos algo de lo que nos dicen
las cosas y los seres vivos del mundo material.

En un libro sobre el hombre anterior al presente, nos referimos con admiración a unos animales que, para
esconderse de sus predadores, dibujan en su piel el terreno por donde van pasando, otros que están diseñados en
forma de ramas y hojas para confundirse con el follaje. Pero estos animalitos, por si solos, no planearon tales
camuflajes, sino que la naturaleza así “los pensó” y doto.

También nos llamó la atención que la estructura ósea de los vertebrados tiene la densidad justa para resistir el
movimiento de las pequeñas y grandes bestias, lo cual ha admirado a los ingenieros estructuristas. Nos
preguntamos, ¿porque no más grande y fuerte para que nunca se rompiesen? La respuesta es porque los eventos
traumáticos son raros y los huesos se pueden volver a soldar. Hay economía de recursos por parte de la sabia y
admirable naturaleza.

Cada especie tiene el tamaño requerido para la función que ha de desempeñar. Por dentro, sus órganos, músculos
y huesos, están acomodados convenientemente y sin desperdicio.

En los diminutos insectos que pueden caminar en la cabeza de un alfiler, existen patas, sistema nervioso,
respiratorio, digestivo, visual o sensitiv. Algunos hasta poseen un sistema que les permite volar. Pero, ¿cómo
pueden almacenar la energía que requiere el vuelo? Comprender una tecnología tan perfecta en cuerpos de esas
dimensiones está fuera de nuestro alcance.

Algo que nos sorprenderá es el ojo. A propósito de este importantísimo órgano, la pequeña pero interesante obra
anti evolucionista Llegó a existir el hombre por evolución o por creación comentó lo siguiente sobre las formas
de vida complejas que contienen miles de millones de células:

¿Por qué daría principio una forma sencilla de vida a un nuevo órgano, tal como a un ojo? ¿Cómo podría saber
que un ojo sería una mejora cuando nunca antes había visto? ¿Cómo podría saber que la vista siquiera sería
posible? El ojo está compuesto por muchas partes delicadas y complicadas que se conectan entre sí, tales como la
cornea, la pupila, el iris, la retina, los nervios ópticos, músculos y venas. Todas estas partes hubieran tenido que
evolucionar simultáneamente o el ojo no tendría utilidad alguna. Un ojo parcial sería una desventaja. Darwin
confesó:

El suponer que el ojo con todos sus arreglos inimitables para ajustar el foco a distancias diferentes, para admitir
diferentes cantidades de luz y para la corrección de aberración esférica y cromática, pudiera haberse formado por
selección natural, parece y confieso francamente absurdo hasta el mas alto grado.

¿Por qué el cerebro racional, edificado como el de todas las bestias de elementos extraídos de la Tierra, fue
dotado y organizado de forma tal que se pudiera dar la inteligencia? ¿Quién tuvo la intención y la voluntad de tal
propósito? ¿Hay alguien que sabía que con dicha ingeniería se dotaría de inteligencia a una construcción
material?

Tal vez podamos equivocarnos, pero la conclusión más acertada que encuentro de las lecturas y preguntas a las
que nos referimos, es que hay una gran sabiduría en la naturaleza, y semejante enseñanza parece decir que hay
una inteligencia reflexiva que entiende lo que hace, por lo que no aparenta ser el reflejo de una inteligencia
inconciente, lo cual además sería un contrasentido.

De otra manera, ¿cómo pudiese elaborar la materia algo distinto a su ser como lo es la inteligencia, si aquella es
de por sí inconciente? ¿Cómo entender que la osamenta de los vertebrados tenga los cálculos estructurales
precisos para soportar el peso de los órganos y músculos que va a recibir? ¿Cómo sabía la clase de movimientos
del animal sobre cuya estructura se apoyaría?

El movimiento cambia y exacerba las fuerzas que se actualizan al desplazarse y sobre todo al correr y voltear. No
es lo mismo el tranquilo vegetariano, que un carnívoro cazador. Llama sobre manera la atención que cada hueso
sólo tiene la densidad mínima necesaria que puede demandar la bestia de que se trate.

Pero, no perdamos de vista que si nosotros llegáramos a reconocer que hay inteligencia en la naturaleza,
estaríamos aceptando a Dios.

Quienes sin reflexionar se adhieren a la creencia de un universo material que edifica sin saber lo que hace, y que
ve con indiferencia al hombre, aceptan no obstante que este mundo ha evolucionado hasta el día cumbre de dar a
luz a los seres racionales. Dicho alumbramiento, alhaja de la existencia, es del todo relevante para la materia,
porque el hombre –construido de las entrañas del inconsciente cosmos– es el medio para que el universo
material se conozca a sí mismo. Es por este ser extraordinario que una existencia material, que desconocía su
grandeza y su belleza, se da cuenta de que vive y se contempla por primera vez en su esplendor ignoto. En el
hombre toda la existencia que fue anterior e inconmensurable, como el propio firmamento plagado de estrellas,
toma conciencia de que es.

Para aceptar que la naturaleza fuese una inteligencia inconsciente, tendríamos que destruir los fundamentos
básicos del intelecto, pues la inteligencia se ha hecho consistir en la facultad de conocer y entender, es decir,
comprender con conocimiento exacto y reflexivo. Además, no nos parecería admisible que una entidad
inconsciente como lo es la materia, pueda crear a un ser consciente como lo es el hombre.

Si adjudicamos el génesis del hombre a un proceso evolutivo de la materia, es porque no podemos atribuirlo a la
nada, toda vez que la nada no produce nada. De dónde, entonces, vamos a sacar la inteligencia de los seres
racionales, si detrás de la materia no hubiese una inteligencia consciente. Es decir, si antes del homínido no
existía la inteligencia consciente, ¿acaso de la nada surgió?. Nadie da lo que no tiene, porque nadie puede sacar
algo de la nada.

La ciencia, por su parte, se hace consistir en el conocimiento probado de las cosas a través de la experiencia
sensible. Esto nos lleva a aceptar sólo lo evidente y descartar erróneamente por inservible lo que no se puede
probar. Tal acción es adecuada para la ciencia, pero no para el conocimiento, el que también puede alcanzarse
aplicando correctamente las reglas del razonamiento. Por ejemplo, la teoría de una Tierra móvil y tan redonda
como las esferas de la cosmología aristotélica sostenida por Cópernico y después apoyada por Galileo, así como
rechazada por la ciencia en un principio, no significa que nuestro planeta no haya sido siempre móvil y redonda,
lo único que indica es que la ciencia tuvo que esperar a que tal teoría se probara para aceptarla. Entonces, no
podemos desechar lo que no es ciencia, pues las cosas existen independientemente del conocimiento sensible.

Podemos asegurar que existe la materia, las leyes que la rigen y su evolución hacia la vida, ya que tales supuestos
forman parte de la ciencia. Más aún, conociendo sus normas hemos logrado fundar y hacer progresar la
tecnología. Por Darwin supimos que del proceso evolutivo se derivó el hombre. Todos estos conocimientos nos
constan por la experiencia sensible, ya sea porque lo hemos palpado directamente, porque se han comprobado en
un laboratorio o porque su evidencia ha surgido de los restos humanos descubiertos, pero el origen de la
inteligencia llega a nuestra comprensión por el conducto de la razón.

Nos parece razonable entender que la inteligencia del homo sapiens no proceda de la nada, ni de la materia
inconsciente, sino de otra inteligencia. Pero ese conocimiento, que se presenta con claridad evidente, no se
traslada de nuestra mente a la rígida prueba exigida por la ciencia, pues para eso se requeriría de una verificación
experimental que así lo constatara. Por eso, su verdad no debe desvirtuarse, pues la misma se encuentra en la
frontera de lo espiritual y lo material, ahí donde la ciencia tiene prohibido ingresar.

Así, es más indubitable reconocer en la naturaleza material –manifiesta en las leyes que la rigen–, la existencia de
un entendimiento consciente que ha creado las cosas de manera reflexiva y enterada que sostener la tesis de una
inteligencia inconsciente y casual.

Cuando un conocimiento es verdadero, existe congruencia con cualquier deducción que le extraigamos. Eso como
cuando los contadores dicen que los números cuadran, que un balance se comprueba de principio a fin.

El error, como decía San Agustín, es igual a lo inexistente, es lo contrario a la verdad: lo que no es verdad no
existe, es un error, tal como que dos más dos no son nueve. Este resultado no es verdadero, esta mal. Por ello, el
planteamiento aberrante que proponen los que hablan de una inteligencia inconsciente del cosmos cae en un
yerro, el que, a su vez, produce tesis equivocadas e insostenibles. Para entender cualquiera consideración, resulta
más congruente reconocer la patente manifestación de un entendimiento consciente que ha creado las cosas de
manera reflexiva y enterada, que emanadas de una fuente accidental.
Hay una inteligencia consciente en la esencia de las cosas, en su concepción, en su función y en su destino.
Negamos su existencia porque no tiene una composición corpórea como la del hombre. Pero su vivencia la
podemos percibir por los efectos que produce y en los que hay inteligencia manifiesta. De esta forma, sí podemos
explicarnos incluso el origen de la inteligencia humana.

El origen de la inteligencia, como procedente de otra superior, no se puede probar por la experimentación
sensible, pero tampoco se puede negar en un razonamiento lógico que destruya la esencia misma de la naturaleza
intelectual en cuanto no es dable tal concepto desligado del entendimiento. Si bien la ciencia está basada en la
experimentación, su comprensión requiere del entendimiento humano basado en la razón. Por eso, no podemos
aceptar una naturaleza cósmica inteligente sin entendimiento.

LAS NEURONAS PIENSAN?

Cada vez me encuentro con más textos científicos que afirman que nuestra actividad consciente,
emocional, racional, etc. se origina en el cerebro o en ciertas agrupaciones neuronales que están
dentro del mismo… Hay algo que no me cuadra…

Si mi cerebro origina mi funcionamiento mental, entonces mi cerebro piensa… Si mi cerebro


piensa, y ciertas zonas del cerebro generan por sí mismas emociones, imágenes, ideas, etc.,
entonces tendría que haber alguna sustancia pensante ahí, metida en la masa encefálica. ¡Qué
extraño!

Los diferentes avances de las neurociencias nos muestran como se van activando áreas cerebrales
distintas según lo que hagamos, pensamos, sintamos, etc. Cuando reímos se puede ver como se
activan unas neuronas, cuando lloramos otras, cuando imaginamos otras y así sucesivamente.
Sabemos que en nuestra experiencia cotidiana el cerebro funciona como una gran orquesta en la
que se tienen que sincronizar muchos grupos neuronales, para cualquiera de nuestras tareas
diarias. Tal y como ahora sucede mientras tecleo esta entrada en el blog, mi cerebro,
simultáneamente tiene que hacer muchas cosas. Por mi parte tengo la impresión de que voy
pensando en lo que quiero decir, a la vez decidir qué palabras usar, teclear en el ordenador, pensar
en si lo que escribo es comprensible, etc. Mientras hago esto tengo la sensación de que hay un yo
en medio de estas actividades que puedo ir haciendo casi automáticamente, sin ser consciente de
la complejidad de mi actividad cerebral para hacer esta tarea. Yo no sé qué está haciendo cada
una de las neuronas a la vez que realizo esta actividad. Mi consciencia, sabe poco, por experiencia
directa de mi cerebro y de si estoy usando el lóbulo parietal, el temporal, etc. . Si nos paramos a
pensar en esto, la sensación puede ser muy extraña.
Según las diversas teorías neurocientíficas, mi cerebro estaría tecleando mi entrada de blog y
pensándola… Si mi cerebro es el que hace todo esto, y además es capaz de hacerme creer que hay
un algo consciente y libre en medio de todo este berenjenal. Si es capaz de semejante complejidad
e incluso de lo que parece un engaño. ¿Hay duendecillos en mi cerebro que mueven los hilos?
¿Son las neuronas cual diminutos personajes que se ponen de acuerdo a una velocidad
supersónica acerca de cómo hacer tal o cual tarea? ¿Ellas deciden si me siento bien o mal?
¿Debería enfadarme con ellas cuando me sienta mal y darles las gracias cuando me sienta bien?
Si tienen esas grandes capacidades ¿no debería charlar de vez en cuando con ellas? ¿o serían ellas
mismas hablando consigo mismas?

Imagen de una neurona en la serie "Érase una vez la vida"

Además, si como dicen algunos “la mente está en el cerebro”… ¿De dónde ha salido un cerebro
que es capaz de producir mente? ¿Cómo se hizo una máquina tan sofisticada? ¿Por casualidad?
¿Es posible que se llegue a desarrollar una estructura tan compleja sin que un cerebro la invente?
¿Entonces por qué tanto empeño en que el cerebro lo hace todo? No parece posible que se hiciera
a sí mismo. Y si se ha hecho tan bien como para que más o menos pueda pensar… ¿Es realmente
el cerebro el que ha creado mi mente? ¿Cómo va a poder crear a mi mente si no se ha creado ni
siquiera a sí mismo? ¿Cómo van a ser un puñado de neuronas de las que se supone que crean esa
mente, si ni siquiera parecen tener una autoconciencia de sí mismas? ¿O ha sido el ADN?
¿Entonces es el ADN el que tiene cerebro y por eso ha podido hacer un cerebro? Pero el problema
es que el ADN no tiene cerebro… Y de ahí sale el cerebro. ¿Y de dónde ha salido ese ADN que se
supone que crea un cerebro? ¡Qué lío!

Cuando me dicen que mi lóbulo temporal se activa al escuchar música, puedo entender que esa
parte de mi cerebro funciona como un procesador o receptor de sonidos… Pero cuando me dicen
que mi cerebro genera mi estado de ánimo, mis pensamientos, mis sentimientos, etc. No consigo
comprender cómo es esto posible. Cuando se habla de que el comportamiento moral tiene que ver
con cierta parte del lóbulo frontal, ¿son entonces las neuronas de esa zona quienes deciden tal
cosa? ¿Entonces tienen capacidad de razonamiento moral?
Y, si siento empatía por el sufrimiento ajeno ¿son ellas sintiendo empatía? ¿Las neuronas sienten
o piensan o deciden?

Por no hablar de cuando una persona se deprime o se angustia ¿realmente son masas neuronales
amargándole así la vida a la gente?

No sé, es algo muy extraño el suponer que esto funciona de tal forma, pues entonces habría un
conjunto de neuronas o estructuras neuronales capaces de pensar por sí mismas, algo que resulta
bastante inquietante solo pensarlo...

A mi me parece que quizás algunos científicos padecen una especie de animismo inconsciente que
se proyecta en el cerebro, y que, al igual que los hombres primitivos creían que una montaña tenía
voluntad propia, ahora muchos creen que las estructuras cerebrales tienen voluntad,
intencionalidad, etc. Pero si son científicos ¿no se supone que su quehacer no puede sustentarse
en creencias?

Por no hablar de quienes dicen simultáneamente que tenemos un cerebro y que el cerebro decide.
¡Menuda contradicción! Pues si el cerebro es el que “decide” no tenemos un cerebro, es el cerebro
el que nos tiene a nosotros… Nuevamente suena bastante inquietante.

Desde mi punto de vista, la cuestión de esa supuesta relación mente-cerebro sigue sin resolver y
no puedo explicarme por qué hay colegas tan seguros de que lo que ocurre dentro de un ser
humano se genera en el cerebro. ¿Por qué no en el hígado? ¿Por qué no en el corazón? Ambos
tienen células haciendo funciones complejas y, además, el corazón tiene la capacidad de
reaccionar simultáneamente con ciertas emociones…

El sorprendente hallazgo ha sido hecho por un equipo de investigadores liderado por


neurólogos de la UCLA (Universidad de California en Los Angeles) y el CalTech
(California Institute of Technology).

El descubrimiento sugiere la existencia de un código primario que puede desempeñar


un papel importante en la transformación de complejas representaciones visuales en
recuerdos de largo plazo y más abstractos.

Este nuevo modo de entender a las neuronas individuales como "células pensantes"
es un importante paso hacia la ruptura del código cognitivo del cerebro. De ello está
convencido el Dr. Itzhak Fried, investigador y profesor de neurocirugía en la UCLA,
quien se atreve incluso a pronosticar que llegará un día, cuando se conozca lo
bastante a fondo este código, en que tal vez sea posible construir una prótesis que
reemplace las funciones perdidas por lesión cerebral o enfermedad, incluyendo quizá
incluso a la memoria.

La sabiduría convencional ve a las neuronas como simples conmutadores o relés. En


realidad, los investigadores están encontrando que las neuronas son capaces de
funcionar más como un ordenador sofisticado.

Muchas investigaciones neurobiológicas involucran animales, tejidos muertos o


imágenes. En contraste, Fried y su equipo extraen información directamente de los
cerebros de pacientes clínicos que aceptaron ser estudiados. A estos pacientes,
aquejados de epilepsia, les habían conectado electrodos intracraneales para identificar
el origen de los ataques epilépticos, con el fin de ayudar a decidir a los médicos sobre
el potencial tratamiento quirúrgico.

El equipo de investigadores grabó respuestas desde el lóbulo temporal medio, el cual


tiene un rol principal en la memoria del ser humano y es una de las primeras regiones
afectadas en pacientes con la Enfermedad de Alzheimer.

En la sesión inicial de grabación, los pacientes contemplaban un gran número de


imágenes de gente famosa, monumentos históricos, animales, objetos e imágenes
adicionales elegidas después de una entrevista. Para mantener a los sujetos
concentrados, los investigadores les pidieron que presionaran una tecla de ordenador
para indicar cuándo la imagen era de una persona.

Después de determinar cuáles de las imágenes provocaron una respuesta fuerte o


significativa en por lo menos una neurona, se llevaron a cabo sesiones adicionales en
las que se analizó la respuesta a entre 3 y 8 variaciones de cada una de esas
imágenes.

Las respuestas neuronales de los ocho sujetos revelaron la increíble capacidad de


trabajo individual de las neuronas y su grado de conocimiento temático específico. Por
ejemplo, una determinada neurona ubicada en la parte izquierda posterior del
hipocampo de uno de los individuos, respondió a 30 de 87 imágenes, disparando en
respuesta a todas las fotos de la actriz Jennifer Aniston, pero no, o sólo muy
débilmente, a otros rostros famosos o desconocidos, monumentos, animales u objetos.
La neurona tampoco respondió a fotos de Jennifer Aniston acompañada del actor Brad
Pitt.

En otro caso, fotos de la actriz Halle Berry activaron una neurona en el lado anterior
derecho del hipocampo de un paciente distinto, como también lo hizo una caricatura
de la actriz, una secuencia de letras deletreando su nombre, e imágenes de ella en el
papel principal de la película "Catwoman".

En un tercer sujeto, una unidad neural en el lado izquierdo anterior del hipocampo
respondió a fotos del famoso edificio Opera House de Sydney y al también célebre
Templo Bahai, así como a la cadena de letras "Sydney Opera", pero no a otras
cadenas de letras como por ejemplo "Eiffel Tower" (Torre Eiffel).

Las neuronas del cerebro humano funcionan como un sofisticado ordenador, según un
estudio que publica la revista Nature en el que se sugiere asimismo que las neuronas actúan
en la práctica como “células pensantes”, capaces de especializarse en determinados
recuerdos previamente seleccionados por el cerebro.

En el cerebro humano hay más de cien mil millones de neuronas. Están conectadas entre sí
a través de una compleja red de procesos nerviosos. El mensaje de una neurona a otra es
transmitido a través de diferentes transmisores químicos. La entrega de mensajes tiene lugar
en puntos de contacto especiales entre neuronas, llamados sinapsis.

Las neuronas son las células que componen nuestro sistema nervioso. Aunque están
conectadas entre sí, no mantienen contacto físico entre ellas. Todas las neuronas están
situadas en la región cerebral llamada córtex y cada una de ellas puede ser considerada
como un diminuto sistema para el tratamiento de la información.

Cada neurona puede tener, como media, mil sinapsis o contactos con otras neuronas. En el
cerebro puede haber de diez a cien billones de sinapsis y cada una de estas sinapsis
funciona como una calculadora diminuta que registra en forma de impulsos eléctricos las
señales que recibe.

Debido a la gran acumulación de sinapsis, el número de estados diferentes de un cerebro


humano es muy superior al número de partículas elementales (electrones y protones)
existente en todo el Universo, lo que desvela la potencia y complejidad del órgano del
conocimiento.

Pocas neuronas

El estudio publicado por la revista Nature ha descubierto que la memoria no depende tanto
de la implicación de una infinita red de neuronas, como de la actividad de cada una de estas
células nerviosas.
Hasta ahora se consideraba que un recuerdo estaba almacenado en una red de miles o
millones de neuronas conectadas entre sí mediante sinapsis. Sin embargo, lo que ha
descubierto el equipo de la Universidad de California y del Instituto Tecnológico de
California, ambos en Los Angeles (EEUU), es que la actividad de reconocer a gente, edificios
y lugares, objetos y nombres, depende de una o varias neuronas, y no del trabajo de
muchas.

Eso significa que la función de las células cerebrales es mucho más compleja de lo que se
creía hasta ahora: los investigadores han observado que las neuronas funcionan
individualmente o en pequeños grupos, comportándose cada una de ellas como si fuera un
potente ordenador.

Los científicos efectuaron sus experimentos en cerebros humanos, con enfermos


voluntarios, lo que aporta a su trabajo una dimensión más próxima a la complejidad que la
que se consigue con animales.

Allthingschristie

Experimento con imágenes

Varios pacientes con epilepsia accedieron a participar en la prueba, que consistió en


conectarles electrodos intracraneales para registrar las reacciones cerebrales durante el
reconocimiento de unas imágenes.

Los expertos examinaron las respuestas registradas en el lóbulo temporal, encargada de


registrar en la memoria las percepciones de cada individuo y que desempeña un papel
fundamental en la memoria humana. El lóbulo temporal es además el principal afectado por
la enfermedad de Alzheimer.

Los pacientes tuvieron que mirar una serie de retratos de famosos, monumentos, animales
y objetos, al mismo tiempo que sus reacciones cerebrales eran observadas por los
investigadores. Las respuestas de los ocho voluntarios del experimento variaban según cada
persona y según cada imagen mostrada, lo que por el momento no permite extraer
conclusiones definitivas.
En una de las pruebas, la misma neurona de uno de los pacientes reconoció todas las
imágenes de la actriz estadounidense Jennifer Aniston, pero, en cambio, no respondió a
otras caras famosas y de gente corriente. La neurona no reconoció a Aniston en las fotos en
las que estaba con el actor Brad Pitt (que fue su marido).

En el caso de otro paciente, una de sus neuronas reaccionó a fotos de la ópera de Sydney
(Australia) y a las palabras 'Opera de Sydney', pero, en cambio, no se inmutó ante otras
palabras, como 'torre Eiffel' (París).

Especialización neuronal

Cuando los científicos examinaron la actividad cerebral de sujetos que miraban docenas de
fotos, hallaron que algunas neuronas reaccionaban a una persona famosa en particular, o a
un lugar o un objeto específico.

Los investigadores resaltan sin embargo que estos resultados no implican que cada persona
en particular sea reconocida y recordada por una sola célula cerebral. Tampoco significa
que una célula cerebral reaccione ante una sola persona o un objeto único, ya que los
participantes en el estudio recibieron un número limitado de fotos para mirar. De hecho, se
descubrió que algunas células respondieron a más de una persona, o bien a una persona y
a un objeto simultáneamente.

Lo que el estudio sugiere es que el cerebro parece utilizar relativamente pocas células para
registrar algo que ha visto, contradiciendo así la teoría de que utiliza una enorme red de
neuronas.

Para los investigadores, este sorprendente comportamiento cerebral descubre a las


neuronas como “células pensantes”, con criterio propio para especializarse en determinados
recuerdos, y arroja nueva luz a las investigaciones para descifrar el código cognitivo del
cerebro.

Aplicaciones médicas e informáticas

Este descubrimiento permitirá, con el tiempo, que puedan crearse sustitutos de neuronas
enfermas para reemplazar su función, por lo que en el futuro podrían construirse “prótesis
cognitivas” que ejecuten las funciones perdidas debido a heridas cerebrales o a
enfermedades como el Alzheimer.

Los resultados sugieren asimismo la existencia de un código cerebral que juega un papel
importante en el conocimiento de la percepción visual y en los procedimientos cerebrales
para elaborar memoria abstracta.
Fuera del ámbito de la neurología, este descubrimiento contribuirá sin duda al desarrollo de
la Inteligencia Artificial y de las redes neuronales, que pretenden imitar en ordenadores el
funcionamiento del cerebro humano y sus procedimientos para procesar información y
almacenar recuerdos.

8. El hombre es un milagro porque proviene de una creación divina y es capaz de pensar y


realizar actividades libremente y hay veces no sabe utilizar su inteligencia de manera correcta
puesto que toma malas decisiones y destruye nuestro hábitat.

9. Si somos libres respecto a las decisiones que tomamos pero tenemos un control con la
dignidad , la moral y ética puesto que estos nos retienen a no realizar actos impuros . En aquí
también influyen los mandamientos que son unas leyes divinas .

10.

Sofisma: Argumento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por


verdadero.