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TULIPE y la cultura yumbo

Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño


PACO MONCAYO GALLEGOS
Alcalde Metropolitano de Quito

CARLOS PALLARES SEVILLA


Director Ejecutivo del Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito

TULIPE y la cultura yumbo


Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño
HÓLGUER JARA CHÁVEZ
RESUMEN DEL VOLUMEN 11 DE LA BIBLIOTECA BÁSICA DE QUITO

ISBN-978-9978-92-464-8

FONSAL
Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito
Venezuela 914 y Chile / Telfs.: (593-2) 2 584-961 / 2 584-962.

Coordinación editorial:
Alfonso Ortiz Crespo

Cuidado de la edición:
Sofía Luzuriaga Jaramillo

Resumen de la versión integral (tomos I y II):


Sofía Luzuriaga Jaramillo
Olga Fernández Valdez

Fotografías
Christoph Hirtz, salvo otra referencia en el texto

Dirección de arte:
Rómulo Moya Peralta

Gerencia de producción:
Juan Cruz Moya Peralta

Arte:
Diego Enríquez

Primera edición, marzo de 2007

Diseño y realización: TRAMA DISEÑO


Preimpresión: TRAMA
Impresión: Imprenta Mariscal
Impreso en Ecuador

TRAMA: Juan de Dios Martínez N34-367 y Portugal


Quito- Ecuador
Telfs.: (593 2) 2 246 315 / 2 255 024
Correo electrónico: editor@trama.ec
http://www.trama.ec / www.libroecuador.com

PROHIBIDA SU REPODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN AUTORIZACIÓN


TULIPE y la cultura yumbo
Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Tabla de contenido

NOTA PRELIMINAR.......................................................6 CAPITULO VI: PUCARÁS INCAS................................. 49

INTRODUCCIÓN GENERAL......................................... 8 1- Ocupación inca de lugares estratégicos

PRIMERA PARTE: EL ESPACIO 2- El pucará de Chacapata


QUE OCUPARON LOS YUMBOS
CAPITULO VII: MATERIALES CULTURALES.............. 53
CAPÍTULO I: RECONOCIMIENTO
1- Material cerámico
ARQUEOLÓGICO DEL TERRITORIO YUMBO........... 15
2- El material lítico
1- La prospección como metodología básica
3- La concha Spondylus
2- Descripción general del sitio
4- Metalurgia
3- Estratigrafía del sitio
CAPITULO VIII: MAPA ARQUEOLÓGICO
CAPITULO II: LAS TOLAS, ARQUITECTURA DEL NOROCCIDENTE DEL DISTRITO
PIRAMIDAL Y MANEJO DEL TERRITORIO YUMBO...21 METROPOLITANO DE QUITO...................................... 63

1-Tolas de doble rampa SEGUNDA PARTE: EL CENTRO


CEREMONIAL DE TULIPE
2- Tolas de una sola rampa
CAPITULO IX: EL VALLE SAGRADO DE TULIPE....... 69
3- Tolas de forma variada
1- Escenario cultural de Tulipe
CAPITULO III: LOS PETROGLIFOS.
MENSAJES YUMBO ‘ESCRITOS’ EN PIEDRA...........29
2- Espacios yumbos

CAPITULO X: GEOMORFOLOGÍA DE TULIPE........... 77


1- Petroglifo Chirape 1
CAPITULO XI: EXCAVACIONES
2- Petroglifo Chirape 2 ARQUEOLÓGICAS Y ESTRATIGRAFÍA DE TULIPE...79

3- Petroglifo Chirape 3 1- Excavaciones arqueológicas

4- Petroglifos de Santa Teresa y San José 2- Estratigrafía de Tulipe

CAPITULO IV: LOS CULUNCOS: CAPÍTULO XII: EL CONJUNTO


RED VIAL DE LOS YUMBOS........................................35 MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE......... 83

1- Los culuncos de la zona de Tulipe 1- Las cuatro primeras piscinas

2- Importancia de los yumboñankuna y su estado de CAPITULO XIII: ACUEDUCTOS Y


conservación DISTRIBUCION DEL AGUA.......................................... 97

CAPITULO V: CENTROS CEREMONIALES................ 39 CAPITULO XIV: ANDENES Y TERRACERÍAS............. 99

1- Antecedentes
1- Aproximación a la utilización
ceremonial de los espacios 2- Ubicación
2- Orientación cardinal 3- Los muros de contención

4- Función sagrada del sitio

4
TABLA DE CONTENIDO

CAPITULO XV: CONSERVACIÓN CAPÍTULO XX: GEOMETRÍA Y TRAZADO


Y RESTAURACIÓN........................................................ 103 ARMÓNICO DE LAS PISCINAS................................... 133

TERCERA PARTE: 1- Visión ‘etnocentrista’ sobre los yumbos históricos y


HACIA UNA INTERPRETACIÓN su reivindicación a partir de la evidencia arqueológica
DE LA NACIÓN YUMBO Y SU CENTRO
CEREMONIAL DE TULIPE 2- El trazado armónico en los grandes monumentos
arqueológicos e históricos. El círculo: abstracción
ANTECEDENTES........................................................... 109 simbólica y aplicación arquitectónica

CAPITULO XVI: LA NACIÓN DE LOS YUMBOS.........111 3- La geometría de los yumbos y el trazado armónico
de Tulipe
1- Conceptos de nación y de nación yumbo
4- Representaciones celestes
CAPITULO XVII: PATRONES DE ASENTAMIENTO.....115
5- Función astronómica de la piscina circular
1- Panorámica de la región
CAPITULO XXI: CONQUISTAS FORÁNEAS,
2- Promontorios y cementerios ERUPCIONES VOLCÁNICAS Y COLAPSO
DEL MUNDO YUMBO................................................... 143
3- Patrones de asentamiento yumbo
1- Presencia inca, conquista española y decadencia de
CAPÍTULO XVIII: CONJUNTOS NUCLEADOS............121 la nación yumbo

1- Tolas Alarcón, Ayapi (Z2E3-107) 2- Erupciones del Pichincha y desaparición del pueblo
yumbo. La erupción del Pichincha de 1660
2- Tolas Enchiglema, Guayabillas (Z2E1-087)
3- Decadencia y colapso
3- Tolas Pérez, El Desobligo (Z2E1-013)
4- Afectaciones antrópicas recientes
4- Tolas Mashpi 1 (Z2E1-117)
CAPÍTULO XXII: EL ACTUAL
5- Tolas Nieto, Sahuangal (Z2E1-042) ASENTAMIENTO DE TULIPE........................................151

6- Tolas Pérez, Paraguas (Z2E1-018) 1- Clasificación del suelo en la zona metropolitana


suburbana noroccidental
7- Tolas Méndez, Cachillacta (Z2E-4-264)
2- Servicios básicos de infraestructura
8- Tolas Pérez, Santa Teresa (Z2E3-507)
3- Características poblacionales de Tulipe y del
9- Tolas Ruales, Ingapi (Z2E3-135) subtrópico quiteño

CAPÍTULO XIX: EL PAÍS YUMBO: CONCLUSIONES GENERALES....................................160


¿UN GRAN CACICAZGO O UN
CONJUNTO DE CACICAZGOS?.................................. 127 BIBLIOGRAFÍA...............................................................166

1- Características generales de los cacicazgos de la


nación yumbo

2- Precisiones cronológicas y ocupación de la región

5
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Nota preliminar

L a presente obra es una versión resumida de Tulipe y la cultura yumbo. Arqueología comprensiva
del subtrópico quiteño, volumen 11 de la colección Biblioteca Básica de Quito, publicada por
el Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito, FONSAL.

La investigación realizada por el arqueólogo Hólguer Jara Chávez cuenta con dos décadas de
estudio de la zona de Tulipe en el subtrópico quiteño, que avalan tanto sus aseveraciones de
comprobación arqueológica, como sus interpretaciones de carácter etnohistórico.

Asimismo, este proyecto de largo aliento ha contado con el apoyo de un equipo de profesiona-
les, de académicos, de pobladores del sector, entre otros, lo que ha permitido no solamente un
enfoque interdisciplinario, sino también una relación directa con los habitantes del norocciden-
te de Quito, partícipes en la salvaguarda del patrimonio cultural y natural.

En la presente edición, se han recogido las líneas principales del análisis realizado por el inves-
tigador, con el afán de difundir los aspectos que caracterizaron a la cultura yumbo y a su espa-
cio geográfico. El patrimonio cultural que se encuentra en Tulipe se descubre así para sus futu-
ros visitantes, y se incorpora también en la vida diaria de los habitantes de este sector rural del
Distrito Metropolitano de Quito.

A continuación, se anotan las ideas principales que el Alcalde Metropolitano de Quito, Paco
Moncayo Gallegos, expresó en las páginas de apertura del libro en su versión integral.

Quito, con la participación de una mayoría abrumadora de sus instituciones, aprobó el Plan Equinoccio 21, su
carta de navegación, su hoja de ruta, que contiene la visión de la ciudad que queremos y las guías estratégicas para
su desarrollo hacia el 2025.

Pero, como es lógico, mirar hacia el futuro y construirlo día a día con una administración planificada, seria y
honesta, no significa olvidarse del pasado. Al contrario, el rescate de nuestro patrimonio y la reflexión sobre la ciu-
dad que fue y la forma en que vivieron en el área de Quito las sociedades indígenas, ha sido una constante del tra-
bajo en estos seis años que llevamos en la alcaldía.

Nuestro afán es ampliar la mirada hacia un área de la que desde el punto de vista arqueológico se conocía poco, muy
poco, el subtrópico quiteño. Esa zona de unos mil kilómetros cuadrados, que hoy en la división territorial moderna
está ocupada por las parroquias de Nanegal, Nanegalito, Gualea y Pacto. Esa área es parte de lo que se considera
“el noroccidente de Pichincha” pero que definimos con más precisión como el subtrópico quiteño, porque es la comar-
ca concreta que en lo político-territorial pertenece a Quito, pero, además, porque es una zona de profundas vincula-
ciones históricas y, como lo demuestra este libro, estas son muy tempranas.

Una filosofía integral

El trabajo del Fondo de Salvamento y de la municipalidad responde a un criterio global: no se trata de proyectos
puntuales para extraer vestigios prehispánicos y acumularlos en un museo, sino que se los ve con una mirada inte-
gral, en cuanto a lo espacial y en cuanto a lo cronológico. Lo que nos interesa es conocer los de asentamiento de los
pueblos del pasado, de manejo del espacio, de sus entierros, de su arquitectura, de manera que logremos hacernos una
idea más cabal de su devenir en el tiempo, de su modo de entender el mundo y de la evolución de la cultura.

La Unidad de Arqueología del FONSAL ha ido construyendo una hipótesis: los horizontes culturales están relacio-
nados entre sí. En efecto, ese pasado remoto nos está diciendo que hay un sustento científico de la identidad quiteña,
una historia que no por ancestral es incomprensible; que (aparte de los primeros pobladores del Paleoindio hace
11.000 años) hay al menos 3.500 años de ocupación continua de los valles de Quito con culturas que dominaron
la agricultura, la cerámica, la metalurgia, la arquitectura, el intercambio y que evolucionaron haciéndose cada vez
más complejas, con la aparición de artesanos especializados, sacerdotes y guerreros, y cuya estructura política fue
asimismo densificándose con la aparición de gobernantes, fueran estos señoríos étnicos o, sobre todo después del pri-
mer milenio d.C., confederaciones.

6
NOTA PRELIMINAR

Una nueva perspectiva sobre los yumbos y Tulipe

Hólguer Jara Chávez, su responsable, y jefe de la Unidad de Arqueología del FONSAL, tiene más de 25 años de
estudiar la zona de Tulipe. Trabajos suyos publicados con anterioridad, dentro de los estudios que efectuó cuando,
delegado por el Banco Central del Ecuador, formó equipo con Frank Salomon y John Isaacson de la Universidad de
Illinois, ya llamaron la atención sobre estos pueblos del subtrópico quiteño. Pero es sólo con la investigación siste-
mática de los últimos años hecha al mando de un equipo de colaboradores, y organizada en su calidad de jefe de la
Unidad de Arqueología del FONSAL y financiado por este, que ha podido realizar una memoria descriptiva
exhaustiva de todos los elementos para poder entender lo que el arqueólogo llama “la nación yumbo”.

En efecto, el libro incluye una descripción detallada de todas las tolas de la zona, estudiando una por una, si son
de una o dos rampas, el sitio en el que se encuentran, su estado de conservación, los materiales culturales hallados
y su cronología. Luego se centra en los petroglifos, a los que califica como “mensajes yumbos escritos en piedra”,
describiendo también su ubicación, el tipo de roca y la técnica con que fueron grabados, la conservación actual
y la metodología de limpieza, para describir acto seguido los signos, valorarlos y presentar sendas propuestas de
interpretación.

Luego el autor y su equipo estudian la “red vial” de los yumbos, es decir, los culuncos o senderos que ellos trazaron
por todo su territorio. Igual trabajo se realiza para los centros ceremoniales, los cementerios, las cascadas, y las fuen-
tes de agua o pogyos, también considerados sitios sagrados. Se pasa luego a los pucarás incas, algunos de los cua-
les fueron tolas yumbo reutilizadas y refuncionalizadas. Describe minuciosamente la cerámica encontrada, el mate-
rial lítico, la concha Spondylus y la metalurgia rescatada.

Gracias al estudio del centro ceremonial de Tulipe, ahora sabemos que este fue construido según lineamientos religio-
sos simbólicos, casi exactamente sobre la línea equinoccial, y no fue un simple balneario, y menos “de los incas” como
se ha dicho tantas veces. También puede demostrarse, por la investigación aquí recogida, que los yumbos tuvieron
otros centros ceremoniales menores como Ayapi y Guayabal, que tuvieron una serie de tolas y plataformas ceremo-
niales regadas por su territorio, y que su sociedad concluyó, probablemente, por una erupción volcánica de magni-
tud hacia el año 1660, en plena época colonial.

Este libro, lo dice su autor desde el inicio, “no pretende imponer conclusiones definitivas”, aunque dada la evidencia
científica, con la aplicación seria y sistemática de la arqueología y las disciplinas conexas, resultan ser hipótesis
muy adecuadas, que deben, por supuesto, ahondarse en el futuro, pero que permiten ya, con cierta seguridad, extraer
una visión sobre ese pueblo que ocupó esas tierras durante ochocientos años, desde el 800 d.C. al 1660 d.C., y que
fue la conexión histórica de Quito, el mercado más importante durante todo ese período, y la Costa de lo que hoy es
el Ecuador y aún más lejos, a través de los mindalaes o comerciantes aborígenes.

La presente obra, la investigación que está detrás, y las propuestas de interpretación presentadas con solidez nos per-
miten entender ahora que los yumbos fueron una cultura avanzada para su época, la cual cumplió, durante un mile-
nio, ese papel fundamental de nexo entre los dos mundos: el andino y el tropical.

Se trata, en consecuencia, de una obra monumental, que sólo ha sido posible por el decidido apoyo del FONSAL y
de la Municipalidad del Distrito Metropolitano de Quito bajo esta nueva visión de rescatar no sólo lo hispánico,
como se ha dicho, y que ha orientado su accionar durante cinco años para investigar, restaurar y poner en valor el
gran complejo ceremonial de Tulipe, un conjunto monumental único en el Ecuador y en toda la región andina, y cuyo
museo de sitio y centro de visitantes están abiertos a todos, sean turistas o científicos, nacionales o extranjeros, para
que sepan apreciar esta admirable obra de nuestros ancestros y entender una cultura que estaba escondida, malenten-
dida e incluso menospreciada, pero que en las páginas siguientes y en la restauración realizada se revela con toda su
grandiosidad irrefutable.

7
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Introducción general

H asta la década de 1980, las investigaciones arqueológicas en el Ecuador se habían


polarizado en la llanura de la Costa, a lo largo de la Sierra andina, y ocasionalmen-
te, en la Amazonía. Consideramos a priori que estos contextos ecológicos habían sido
los espacios preferidos por nuestros antepasados y, por consiguiente, los mejores depo-
sitarios de materiales culturales dejados por aquellos pueblos prehispánicos.

Mientras tanto, las extensas laderas que descienden desde las altas cordilleras permane-
cían -la mayoría aún hasta ahora- inexploradas y al margen del quehacer arqueológico.
Esto aunque todos los investigadores han defendido con insistencia la comunicación y
contactos interregionales, que debieron darse entre la Costa y la Sierra, desde períodos
muy tempranos a través de estos yungas y complicados pasos subtropicales.

Tal vacío en la investigación arqueológica incluía el amplio territorio de las estribacio-


nes occidentales del Pichincha, de cuyos primeros pobladores la información era esca-
sa y solía basarse en las crónicas de los siglos coloniales o de los albores de la repúbli-
ca, en donde se los encontraban, incluso en algunas versiones históricas del siglo XX,
caracterizados con frecuencia como primitivos o salvajes.

Hoy, luego de veinte años de recorrer esta zona y descubrir toda una variedad de ves-
tigios relativamente bien conservados, se pone en duda la veracidad y objetividad de
aquellas aseveraciones; desde el punto de vista arqueológico, las consideramos infunda-
das, contradictorias y etnocentristas. Para rebatirlas y llegar a una nueva visión de los
yumbos ha sido imprescindible adentrarse en los cientos de quebradas, piedemontes y
sinuosidades propias de una topografía subtropical que ellos ocuparon entre los años
800 y 1660 d.C.

El presente trabajo, desde su óptica arqueológica -y por tanto con evidencias in situ- rei-
vindica la verdad del pueblo yumbo y deja constancia sobre la extraordinaria cantidad
de vestigios arqueológicos que ellos nos han legado en un área que supera los 900 Km2,
en el noroccidente de Pichincha.

Entre esa constelación de vestigios se destaca Tulipe, un sitio falsamente conocido


como piscinas de los incas, y que nosotros calificamos como el gran centro ceremonial
de la nación de los yumbos. Este cambio radical de denominación, filiación y funcio-
nalidad, se debe a la peculiaridad de formas, tamaños y diseños de esas estructuras de
las que surge un apriorístico cuestionamiento de la simple función utilitaria. Por el con-
trario, de inmediato sugiere una función de tipo ritualista o religioso en este conjunto
monumental, único en su género no sólo en Ecuador sino en toda el área andina.

La construcción de este templo tuvo lugar en el período de Integración, pues los yum-
bos poblaron la zona durante las épocas preincaica, incaica y parte de la colonial. Sus
últimas huellas étnicas desaparecen probablemente a finales del siglo XIX.

Si bien el término yumbo ha sido aplicado en la actualidad indistintamente a diver-


sos grupos indígenas de la Amazonía ecuatoriana, originalmente se refería con exclu-
sividad a los habitantes de nuestra selva occidental andina (Landázuri, 1990: 17-29;
Caillavet, 2000: 47).

Su actividad mayor, como pueblo de mercaderes, consistía en llevar a Quito el tianguis


más importante del área septentrional andina, productos ‘exóticos’ -algodón, sal, coca,
ají- de intercambio interregional (Salomon, 1997: 19). Esa difícil tarea la desarrollaban
8
INTRODUCCIÓN GENERAL

recorriendo largos y estrechos caminos, en medio de la selva y a través de peligrosos


pasos naturales de la cordillera occidental, identificados como culuncos (Lippi, 1998:
182). Se conoce que su red vial de comercio estuvo en pleno funcionamiento y era con-
siderada como la más estratégica durante los tiempos de las conquistas, primero por
parte de los incas y luego de los españoles.

Con el propósito de contextualizar el sitio de Tulipe, la primera parte de este libro infor-
ma sobre una extraordinaria cantidad de vestigios arqueológicos descubiertos en toda su
área de influencia. Se trata de un aporte significativo para la comunidad científica, pues se
ha logrado prospectar todo el bloque denominado Pacto, que incluye los territorios de las
parroquias rurales del noroccidente: Nanegal, Nanegalito, Gualea y Pacto, área semi mon-
tañosa en la que permanecen intactos los testimonios de la sociedad yumba.

Se ha realizado el reconocimiento de decenas de sitios arqueológicos y el inventario de


cientos de monumentos piramidales truncos, geométricamente diseñados y construidos
en las partes más altas o crestas de los piedemontes que caracterizan a esa zona. A estos
monumentos piramidales a los que se accede a través de rampas, se suman las huellas
irrefutables de culuncos, petroglifos, centros ceremoniales, cementerios y materiales
culturales en cerámica, lítica y metalurgia.

Todo este inventario será objeto de futuras publicaciones como producto final de un
macro proyecto denominado “Mapa Arqueológico del Distrito Metropolitano de
Quito”, que el Municipio realiza a través del FONSAL y con el apoyo técnico del
Instituto Geográfico Militar. Este proyecto incluye todo el territorio rural del Distrito,
para lo cual se lo ha dividido en seis grandes bloques: Pacto, San José de Minas,
Guayllabamba, Lloa, Píntag y el área urbana de Quito. Esta vieja aspiración de los
investigadores, desde Jijón y Caamaño, finalmente se ha iniciado y se está ejecutando
en los 4.223 km2 del Distrito Metropolitano de Quito. Entre las ventajas de este mapa,
estarán justamente las vinculaciones que el pueblo yumbo tuvo con otros grupos huma-
nos vecinos, puesto que sus vestigios se proyectan con gran persistencia hacia la Sierra
y particularmente hacia Quito.

Adicionalmente, en esta primera parte se habla también de la presencia de vestigios más


tempranos que los yumbos y que se refieren a materiales culturales formativos, similares a
los de Cotocollao (1.800 a.C.). En un área aproximada de 50 km. y a 3,40 m. de profundi-
dad, se halla una capa cultural que guarda cerámica, lítica y obsidiana, del período
Formativo. Estos materiales se extendieron desde Machalilla en la Costa hasta Cotocollao
y la Chimba en la Sierra, pero con mayor cobertura y dispersión en esta zona de Tulipe.

La segunda parte se refiere exclusivamente al valle sagrado de Tulipe, escenario natural


y cultural en el que nos detendremos para describir las estructuras hundidas con sus
acueductos, accesos, formas y diseños geométricos que atestiguan de la religiosidad y
ritualismo de ese pueblo.

Finalmente, en la tercera parte intentamos generar algunas hipótesis respecto del pen-
samiento, simbolismo, patrones de asentamiento y cosmovisión que conformaron la
‘superestructura’ del pueblo yumbo. Si bien las evidencias por sí solas sugieren signifi-
cados de trascendencia conceptual, nuestras propuestas e interpretaciones podrían ser
confirmadas o replanteadas en el futuro.

Esta obra no pretende imponer conclusiones definitivas; trata únicamente de informar


sobre los resultados de nuestro largo trabajo realizado en el subtrópico quiteño, a la vez
que da a conocer a la comunidad científica nacional e internacional la existencia de esta
reserva arqueológica que corre el riesgo de alterarse a causa de inescrupulosas activida-
des antrópicas contemporáneas. Estas últimas se han llevado a cabo por mineros y bus-
cadores de oro que, contrariando la opinión mayoritaria de la población local, han ini-
9
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

ciado sus agresivas perforaciones al más claro ‘estilo Nambija’, bajo el amparo de con-
cesiones ministeriales y el desinterés de los organismos competentes.

Esta es una propuesta basada en evidencias y sólidos fundamentos que invitan a conti-
nuar investigando. Es una formulación de variadas hipótesis que vislumbran ciertas
interpretaciones, por sí solas convincentes, aunque no absolutas. No deberá tomarse de
otra manera, por ejemplo, la aplicación de la geometría sagrada en las piscinas, o la
misma interpretación semiótica de los petroglifos, o el patrón de asentamiento plante-
ado con relación a las tolas, plataformas y piedemontes de este extraordinario territo-
rio de la nación yumbo. Son hipótesis que deberán ser sometidas a rigurosa comproba-
ción en las futuras excavaciones arqueológicas que proyecta el FONSAL.

A raíz de la colonización que se inició agresivamente alrededor de 1874, y con ella el


inmisericorde desbrozamiento de los bosques y posterior extracción maderera, queda-
ron al descubierto innumerables testimonios arquitectónicos precolombinos que los
colonos atribuyeron a los incas. Ahora, varios de estos vestigios finalmente inventaria-
dos e identificados como yumbos, están descritos en este texto. Confiamos que su
publicación tenga efectos positivos para que, por una parte, ya no se los siga destruyen-
do y, por otra, despierten el interés de arqueólogos, historiadores y otros tantos inves-
tigadores, así como de aquellas instituciones encargadas de velar por la conservación de
nuestro patrimonio cultural.

Aquí conviene hacer un reconocimiento imperecedero al Banco Central del Ecuador


que, mediante sus museos se preocupó y abrió el proyecto Tulipe hace ya 25 años, y al
Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural del Distrito Metropolitano de Quito,
que desde finales del año 2000 retomó este proyecto y ahora lo ejecuta de manera inte-
gral, tomando en cuenta especialmente a la comunidad.

Para llevar a cabo esta investigación entre 1979 y 1980, se conformó un equipo de traba-
jo integrado por Frank Salomon y John Isaacson de la Universidad de Illinois (Estados
Unidos de Norteamérica) y Hólguer Jara, del Museo del Banco Central del Ecuador. Sus
indagaciones, con resultados altamente positivos, quedaron inconclusas debido en gran
parte al proceso de crisis económica que sumió al país; hoy, si bien dicha crisis no ha des-
aparecido, la decisión de una política cultural de la actual administración del Municipio
de Quito, presidido por el señor Alcalde, Paco Moncayo, ha permitido que el FONSAL
incursione en la investigación, excavación, restauración y puesta en valor de Tulipe y el
subtrópico quiteño en general. Incluso se encuentra en las etapas finales de la construc-
ción del museo de sitio con toda la infraestructura necesaria para el funcionamiento de
exposiciones, laboratorio y gestión comunitaria.

Previa autorización del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, a partir del año
2001, con Tulipe y otros tantos proyectos, el FONSAL comienza a estar presente en la
investigación arqueológica. Es un reto histórico que tiene el respaldo total de la actual
administración, y particularmente de su alcalde. Para él y para todos quienes estamos
involucrados en la investigación, conservación, restauración y puesta en valor del patri-
monio cultural, Tulipe constituye un proyecto emblemático de primer orden: allí está
una de las auténticas y fidedignas raíces de nuestra identidad quiteña y ecuatoriana.

Es muy notoria la iniciativa y motivación que comienzan a mostrar otras instituciones


por explotar racionalmente el recurso cultural de Tulipe. En esta línea están el
Ministerio de Turismo, el Gobierno de la Provincia, la Administración Municipal La
Delicia, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, la Universidad Central, las escue-
las de turismo, y la misma comunidad local. De hecho, el actual asentamiento de
Tulipe, gracias a su recurso arqueológico, es uno de los barrios rurales más desarrolla-
dos del Distrito Metropolitano; sus actuales habitantes están concientes de la herencia
cultural recibida y están dispuestos a cuidar y a mantener cada uno de estos vestigios.
10
INTRODUCCIÓN GENERAL

Por tales legados hoy disponen de una extraordinaria alternativa de subsistencia, pues
la actividad turística e interés investigativo se han incrementado, lo que pide servicios
en la zona que puedan responder adecuadamente a la demanda.

De una manera especial, corresponde señalar que la presente publicación se sustenta en


tres fuentes muy importantes que, en cierto modo, han ido complementándose: la pri-
mera, las investigaciones etnohistóricas de Frank Salomon; la segunda, los trabajos des-
arrollados por el Banco Central entre 1979 y 1984; y la tercera, los resultados del equi-
po arqueológico consultor del FONSAL (2001-2004) integrado por Rodrigo Erazo,
Inés Mantilla, Rodrigo Andrade, Marco Vargas, Alfredo Santamaría y Hólguer Jara.1

La prospección, rescate y puesta en valor de la mayor cantidad de elementos asociados al


centro ceremonial de Tulipe, mediante técnicas de reconocimiento in situ, excavación
arqueológica, conservación y mantenimiento, han constituido las tareas más significati-
vas del FONSAL. Pero quizá el mayor logro de esta institución se encuentra en haber
influido en la toma de conciencia y autoestima que la actual población de Tulipe tiene res-
pecto de su patrimonio e identidad. Gracias a este recurso cultural, hoy Tulipe disfruta de
teléfonos en cada domicilio, alcantarillado, agua potable, iluminación especial, su escue-
la restaurada, una excelente vía de acceso y un moderno museo de sitio, que se inaugura-
rá en los primeros meses de 2007.

1 De acuerdo a las fases que ha tenido el proyecto, anotaremos a los profesionales involucrados. Durante el período 2001-
2003, participaron la doctora Inés Mantilla (contratista), los arqueólogos Rodrigo Erazo (arqueólogo responsable),
Rodrigo Andrade (asistente de investigación) y el arquitecto Patricio Salazar (dibujante). Durante el período 2003-2004,
los arqueólogos Rodrigo Erazo (contratista), Rodrigo Andrade (arqueólogo responsable) y el arquitecto Patricio Salazar
(dibujante). Todas las fases han estado a cargo del licenciado Alfredo Santamaría (coordinador de proyectos) y del doctor
Hólguer Jara Chávez (jefe del proyecto). Este último ha contado con la asistencia de Verónica León durante los años de
2005 y 2006 para labores relacionadas con el proyecto. Cabe señalar que el presente estudio ha contado con los oportu-
nos comentarios que los doctores Segundo Moreno y Jorge Trujillo elaboraron en el año 2005. Finalmente, se señala que
tanto en esta versión resumida como en la integral de Tulipe y la cultura yumbo. Arqueología comprensiva del subtrópico quiteño, par-
ticipó Patricio Cando García, en calidad de dibujante.

11
PRIMERA PARTE:
EL ESPACIO QUE OCUPARON LOS YUMBOS
Capítulo I
Reconocimiento arqueológico
del territorio yumbo

1- La prospección como metodología básica Página anterior: vista


aérea de la zona y
poblado de Tulipe. Entre

T oda prospección arqueológica busca la evidencia de posibles poblados, patrones de


asentamiento, tolas, pucarás, terrazas, caminos, petroglifos, túneles, minas, casca-
das, grutas, cuevas y otras evidencias asociadas que puedan establecer probables lími-
otros se observan las
piscinas, y el museo de
sitio antes del término de
tes culturales de un pueblo o nación. su construcción.

En este caso, gracias a esa técnica arqueológica, se ha podido definir ciertos rasgos cul-
turales que demuestran la existencia de una etnia que desarrolló estrategias de subsis-
tencia muy avanzadas, aprovechando las características ecológicas que tienen Tulipe y
toda su área de influencia.

Antes de centrarnos en la prospección como metodología básica para este análisis


arqueológico, conviene anotar otra ‘herramienta’ que permitió el reconocimiento y
registro de la zona de estudio: las fuentes orales mediante la investigación participati-
va. Es decir, la selección de informantes de reconocida credibilidad, para la emisión de
datos confiables sobre posibles evidencias de tipo arqueológico. Ellos se han constitui-
do en nuestros ‘socios estratégicos’; caso contrario, habría sido muy difícil llegar a
determinar todo el potencial cultural de la región.

En cuanto a la prospección, esta se define como un método objetivo y sistemático que


conduce a la ubicación de sitios o yacimientos arqueológicos de forma racional, para
que pueda ser interpretado por el arqueólogo. Para intentar buscar los sitios, se ha teni-
do en cuenta el relieve, la orografía y la hidrografía como los principales indicadores
para la localización de posibles grupos humanos prehispánicos. Paralelamente a ese
estudio, se ha hecho un seguimiento de los datos etnohistóricos, geológicos, toponími-
cos y geográficos en general.

La prospección consistió en visitar, peinar y comprobar visualmente la existencia de ele-


mentos arqueológicos: tolas, terraplenes, culuncos, petroglifos, sitios abiertos, etc., en
cada uno de los conos de deyección. Además, de modo paralelo, se aplicaron pruebas de
pala a base de pequeños sondeos de 40 x 40 cm. y 1 m. de profundidad. La incorporación
de estas pruebas de pala en la metodología de prospección, en opinión de los expertos,
produce mayor información sobre la distribución de asentamientos en un área muy
amplia, pues se convierten en el “método más efectivo y seguro permitido para el descu-
brimiento de remanentes culturales a escala regional” (Lightfoot, 1989: 413 en Drennan,
1991: 304). En el caso del subtrópico quiteño, se ha aplicado este método especialmente
en lugares dudosos, mientras que en aquellos sitios donde la simple visibilidad señala la
presencia de monumentos sobre la superficie, se ha prescindido de tal actividad.

Para la presente prospección arqueológica, se han definido unos límites provisionales


parcialmente impuestos por los accidentes geográficos, los datos etnohistóricos e inclu-
15
RECONOCIMIENTO ARQUEOLÓGICO DEL TERRITORIO YUMBO

sive las actuales fronteras del Distrito Metropolitano. Se cubrió gran parte de los 900 Página anetrior:
km2 propuestos, quedando ciertas áreas -que por su espesa vegetación y accidentes ubicación del país
topográficos- no facilitaban el acceso. yumbo con relación al
Distrito Metropolitano
de Quito, provincia de
De manera aproximativa, se puede decir que el territorio del pueblo yumbo tiene los Pichincha, Ecuador,
siguientes límites: América del Sur, y el
continente americano en
Norte: cuenca del río Guayllabamba (margen sur). general.
Noreste: Pucará de Chacapata, Meridiano, Curipogyo y Cariyacu.
Noroeste: Paraguas, Saguangal, Guayabillas.
Sureste: Tandayapa (Nono).
Suroeste: Soloya (Mindo).
Este: margen occidental del río Alambi.
Oeste: Ingapi (Mashpi).

Los sitios más idóneos para la ocupación fueron los que estuvieron cerca al abastecimien-
to de agua, defensas naturales, fuentes de materia prima, etc. La población de los yumbos
ocupó estos espacios, los dominó y allí creció. Para aceptar la existencia de ese pueblo y
determinar su nivel de desarrollo, este proyecto se planteó que, al menos, deberían con-
siderarse en la prospección evidencias claras de cuatro variables fundamentales: territorio,
poblamiento y organización social, superestructura y materiales culturales.

2- Descripción general del sitio


a ocupación yumbo abarca una extensión de 900 km2 de los territorios de las actua-
L les parroquias del subtrópico quiteño pertenecientes al cantón Quito: Nanegal,
Nanegalito, Gualea y Pacto. Su reconocimiento ha tenido como objeto contextualizar
espacialmente el centro ceremonial de Tulipe, y definir el comportamiento socioeconó-
mico, político cultural de los yumbos.

Se trata de una zona identificada con la faja selvosa sub-andina. A este tipo de escenarios,
Acosta Solís los llama “bosque muy húmedo premontano” (bmhpm) (Acosta, 1982). En
nuestro caso se halla ligeramente nublado en invierno, bastante húmedo a lo largo del
año, y dotado de una exuberante vegetación en medio de la cual se precipitan riachuelos,
los que forman entre algunos peñascos pequeños, pero espectaculares cascadas.

Frank Salomon (1979), Hólguer Jara (1980) y John Isaacson (1983) son los primeros en
describir de manera general ese territorio. Salomon dice:

“Estos pocos pasos favorables –las ‘bocas de montaña’- se abren hacia paisajes de una
aspereza intimidante, donde los viajeros deben primero penetrar las arduas espesu-
ras de la alta ‘ceja de montaña’, para luego encontrar el camino hacia abajo por las
escarpadas paredes de la cordillera andina occidental, a través de una selva tan
densa, que uno solo puede ver algunos metros adelante”. (Salomon, 1979).

Con la prospección y el registro realizados se ha podido constatar que entre las cotas
1.300 a 1.700 (sur-norte), los conos de deyección o piedemontes presentan variados ali-
neamientos, que no siempre se orientan de este a oeste como teóricamente debería ser,
puesto que la cordillera occidental tiene dirección norte-sur, y de ella descienden las
vertientes hídricas hacia la Costa. Por ejemplo, en el sector de La Armenia los piede-
montes se orientan de sur a norte: La Armenia, Santa Elena y Tulipe, CT-ÑII-E4, 3894-
II Calacalí.2 Esta orientación cambia en el sector occidental: San Miguel de los Bancos
CT-ÑII-E3, 3894-III, que involucra a El Paraíso (Paraguas), La Delicia, Ingapi, Las

2 CT-ÑII-E4, 3894-II se refiere al nombre de la carta topográfica en cuestión, código de cita que se encontrará en esta y
otras secciones del estudio.

17
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Pájaro Yumbo (Semnornis Tolas, en donde los piedemontes se orientan, en forma general, de oeste a este, for-
ramphastinus), topónimo mando así una especie de abanico abierto; luego bajan para converger todos en la cota
del pueblo que habitó 1.000 m.s.n.m., cauce del río Guayllabamba.
Tulipe y su área de
influencia cultural.
Es una región de colinas con cimas redondeadas, anchas o estrechas en sus entalladu-
ras nacientes pero que pueden ir separándose moderadamente con variadas direcciones
y diferentes desniveles que nunca sobrepasan los 50 m. sobre los conos mayores. Sus
características de uniformidad determinan el paisaje natural.

En este nivel ecológico predominaba hasta hace poco una flora muy rica y variada de la
cual quedan pocos ejemplares, como el pambil, la tagua, el aliso, la guadúa, entre otros.

A estos hay que añadir plantíos y frutales, nativos unos e introducidos otros, que siguen
siendo cultivados relativamente en poca escala para el consumo familiar como el ají, la
guaba, la guayaba, la caña de azúcar, entre otros.

Comentario aparte merecen las orquídeas de la zona: constituyen uno de sus singula-
res atractivos, tanto por su variedad y belleza, como por su adaptación al medio en esta-
do silvestre y en cultivo por parte de personas aficionadas a este tipo de plantas.

Los informantes señalan que en medio de aquella vegetación tan


rica y frondosa, existía también una fauna muy variada que hasta
hace poco, mediante la caza, constituía parte de la dieta alimenti-
cia. Hoy cada vez se alejan más o van desapareciendo de entre los
pocos bosques que quedan guantas, cusumbos, colibríes, armadi-
llos, monos, entre otros.

De una manera especial conviene destacar la presencia de una de


las aves más importantes por su significado toponímico que
tiene nuestra área en estudio; se trata precisamente del Semnornis
ramphastinus, el pájaro emblemático de los yumbos del cual
toman su nombre. Es el llamado ‘pájaro yumbo’ o toucan barbet,
que por su aspecto multicolor y forma de trinar se diferencia
absolutamente de todos los demás de su especie; posee colores
brillantes aunque se lo percibe naranjo amarillento durante su
vuelo conspicuo. Sus ojos aparecen inscritos en un círculo rojo,
su pico es pesado y su tamaño no rebasa al de una paloma
mediana. Una de sus características es convivir y cantar en pare-
ja mientras recorre su hábitat natural en las estribaciones occi-
dentales de Pichincha y Cotopaxi.

3- Estratigrafía del sitio

E n términos generales la estratigrafía se presenta de la siguiente manera:

DEPÓSITO 1:
Suelo o cubierta vegetal que no sobrepasa los 15 a 20 cm. de espesor; su textura y colo-
ración nos indican que se trata de suelos vegetales negros, con poca presencia de are-
nas. El material cultural de este depósito es utilizado por la población actual.

DEPÓSITO 2:
Arena amarillenta rojiza, de origen volcánico con alto contenido de cuarzo. Este depó-
sito tiene diferentes espesores dependiendo de los sitios: en gradientes casi desaparece,
pero en lugares planos o de pequeña declinación llega hasta los 25 y 40 cm. Creemos
18
RECONOCIMIENTO ARQUEOLÓGICO DEL TERRITORIO YUMBO

que este evento natural volcánico fue el que selló la actividad cultural de Tulipe, a causa
del cual los pobladores emigraron a regiones de un clima o medio ambiente similar:
parte baja de la Costa o, atravesando las bocas de montaña y la Sierra, se instalaron en
las estribaciones orientales, hacia la Amazonía.

DEPÓSITO 3:
El suelo es de coloración negra, de textura arcillosa y plástica, similar al depósito 1;
contiene poca concentración de arena. El material cultural pertenece a los yumbos, es
decir a los constructores del centro ceremonial de Tulipe, tolas, culuncos, petroglifos,
etc.; generalmente es ordinario y de tratamiento tecnológico simple. La cerámica, en su
mayoría de uso doméstico, aparece bastante erosionada, sin decoración y con formas
diagnósticas de ollas, cuencos, compoteras y cántaros.

DEPÓSITO 4:
Es una secuencia de eventos volcánicos en donde los depósitos van más allá de los 2,50
m. de espesor. En algunos registros estratigráficos se ha determinado más de 22 micro
depósitos de material volcánico, que van desde la ceniza gris ultra fina pugshi de grano
medio, hasta la arena de coloración amarillo-rojiza de 1 mm. de diámetro. Estos depó-
sitos volcánicos cubrieron todo el radio del volcán, la cuenca baja Norte del
Guayllabamba y gran parte de la región de Esmeraldas.

DEPÓSITO 5:
Se trata de un depósito de suelo arcilloso, textura plástica y alto contenido de material
orgánico, por lo que lo vuelve muy compacto y de coloración negra, similar a los depó-
sitos 1 y 3 arriba señalados. Es un estrato cultural con cerámica formativa bastante pare-
cida a la de Cotocollao, salvo que su presencia es mucho más amplia pues se extiende
en un radio no menor de 5 km. en torno a Tulipe.

El hallazgo inesperado de aquel depósito 5 o formativo consideramos que marca el ini-


cio de la ocupación más temprana del Noroccidente; sin embargo los últimos sondeos
realizados por el FONSAL, nos han permitido identificar ciertos rasgos de posibles
eventos precerámicos. En la cuadrícula N35-36 W13, del sitio Z2E4-001, ubicado entre
el río Tulipe y las piscinas encontramos a la profundidad de 4,35 m. material cultural
lítico de obsidiana, basalto, andesita y rocas como la green stone, en un nivel anterior al
formativo. La evidencia nos sugiere un posible campamento paleoindio algo novedoso
si se considera el medio ecológico propio de un bosque tropical y fuera de la ceja de
montaña andina en el que nos hallamos. Tratándose nuestro trabajo de una prospec-
ción que busca tan sólo registrar las evidencias culturales, se ha dejado in situ todo este
material lítico, hasta cuando se realicen futuras investigaciones más puntuales.

Finalmente, cabe señalar que el registro de monumentos, sitios y non-sitios ha sido identi-
ficado en las cartas topográficas y mapa arqueológico, fundamentalmente de acuerdo a
tres criterios: dispersión y continuidad de los materiales culturales dentro de una ocupa-
ción espacial de los sitios; definición de depósitos culturales; y delimitación aproximada-
mente demostrada con pruebas de pala, en especial cuando se trataba de certificar o des-
cartar algún probable tipo de ocupación aborigen. El tamaño del asentamiento ha sido
delimitado según esa dispersión y continuidad, pero también por los accidentes o condi-
ciones topográficas de esos espacios ocupados; esto ocurre justamente con los piedemon-
tes que se hallan separados en algunos casos por ríos y grandes quebradas.

19
Capítulo II
Las tolas, arquitectura piramidal
y manejo del territorio yumbo

Página anterior:
H istóricamente, quien en primera instancia se ha referido al desarrollo de la arquitec-
tura monumental en nuestro país fue el padre Juan de Velasco. Sus estudios involu-
cran también a la región noroccidental de Pichincha. En las aseveraciones de este ilustre
tola Andrade No. 1.
Obsérvese la forma
piramidal trunca y una
jesuita se basan posteriormente casi todos los investigadores calificados como clásicos:
de sus dos rampas de
Federico González Suárez, Bamps, Sttubel, Reiss, Koppel, Uhle, Seler, P. Rivet, Vernau, acceso que parten desde
Buchwald, Dorsey, Saville, Jacinto Jijón y Caamaño, y Larrea. Ellos lo han complementa- el centro de su eje mayor.
do con otros componentes arqueológicos, etnohistóricos y lingüísticos.

Refiriéndose a la región que nos interesa, la yumbo, en 1789, el padre Juan de Velasco
menciona la presencia de varios pueblos que se ubican en ese costado occidental. Los
cita de la siguiente manera:

“[…] tras la cordillera de Pichincha, sobre cuyo inmediato descenso, tenía el Rey
Quitu diversas poblaciones las cuales se conocen hoy con los nombres de
Bolaniguas, Cocaniguas, Tambillo, Galea [por Gualea)], Nanegal, Mindo y Nono
[...]” (Velasco [1789], 1946: 89).

En cuanto a la forma de los montículos o tolas, González Suárez señala que “así en
la Sierra como en la Costa, las tolas no tienen todas uniformemente ni la misma altu-
ra ni la misma forma circular […]” (González Suárez, 1969: 787).

El 1918, el Boletín de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Americanos publica algunos trabajos del
investigador Otto Von Buchwald quien al referirse a las tolas ecuatorianas manifiesta que

“En resumidas cuentas parece que los Colorados y sus próximos vecinos los
Cayapas, anteriormente ocupaban el gran espacio del Río Patía y el Río Esmeraldas
y adelantaron de allá en el Norte hasta las fuentes de Atrato a lo largo del Océano
Pacífico. Por el Oriente penetraron, siguiendo el curso de los Ríos Mira y
Guayllabamba al valle interandino y talvez a las cabeceras del Amazonas”.

Citando a González Suárez añade que

“Las Tolas o túmulos artificiales no se encuentran en todas partes del Ecuador, sino
exclusivamente en las provincias de Imbabura, Pichincha y Esmeraldas; quiere decir,
en un espacio limitado en el oriente por la gran cordillera de los Andes, en el occiden-
te por el Pacífico, en el norte el río Chota (afluente del Mira) y en el sur por el río
Guayllabamba, afluente del Esmeraldas, desde la fuente hasta su desembocadura”
(Buchwald, 1918: 242). Pero luego, rectifica y acota que “las tolas no están restringi-
das en los lugares indicados y se encuentran en gran número en toda la zona del
Guayas hasta su desembocadura y probablemente más al sur” (Buchwald, 1918: 242).

De la información precedente, abstraemos la referencia a la función de las tolas: asegu-


ra que sirvieron para sepulturas o tumbas, criterio que desde entonces siempre se ha

21
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

mantenido. De nuestras observaciones en tolas huaqueadas podemos decir que aquello


no es enteramente acertado. Efectivamente, la mayoría, especialmente las de gran área
constructiva, no evidencian claramente una utilización asociada a rituales funerarios. Si
algo cabría afirmar es que, por su complejidad cualitativa y cuantitativa, las tolas cons-
tituyen un elemento diagnóstico de una sociedad organizada capaz de levantar monu-
mentos, aplicando conocimientos, técnicas y sistemas avanzados.

Uno de los problemas más complejos que hemos afrontado, respecto de las tolas del
subtrópico quiteño, ha sido delimitar y entender el uso del espacio geográfico en torno
al monumento tola en sí mismo, luego relacionarlo con el piedemonte en donde por lo
general se levanta y, finalmente integrarlo al contexto local y regional.Consideramos
estos parámetros fundamentales para lograr la caracterización del ager o patrón de asen-
tamiento, que está presente en todos y cada uno de los piedemontes de la región.

El diseño arquitectónico que predomina en estos monumentos de tierra incluye los


siguientes detalles: las tolas son pirámides truncas; su plataforma trunca es geométrica, en
su mayoría de forma rectangular, a veces cuadrada y en pocos casos ovoidal; de su eje
mayor salen las rampas o accesos; estas rampas se hallan en los extremos del eje mayor.

Las tolas que se hallan cerca al centro ceremonial de Tulipe tienen justamente su eje
mayor orientado hacia este lugar; pero a medida que se alejan las restantes tolas guar-
dan una orientación parcialmente similar a la del piedemonte sobre la que se levantan.

Adicionalmente, los caminos antiguos o culuncos siempre están vinculados a los sitios
nucleados y cruzan por medio de las tolas. Si se prefiere interpretarlo de otra manera,
el tránsito, intercambio y en general todas las actividades cotidianas se realizaban por
los culuncos que atraviesan las áreas nucleadas, sugiriendo que la movilización se efec-
tuaría por las zonas pobladas dentro de circuitos controlados.

Esta observación permite sustentar una comunicación existente entre las unidades ocu-
pacionales asentadas en las cimas de los piedemontes propios de la geomorfología del
país yumbo.

En cuanto a la forma de las tolas de los yumbos, se puede sostener que la predominan-
te clásica es aquella de plataforma rectangular plana de cuyo eje mayor se desprenden
equidistante y simétricamente las rampas laterales.

Forma y diseño de las tolas ‘clásicas’ con doble rampa de filiación yumbo.

22
LAS TOLAS, ARQUITECTURA PIRAMIDAL Y MANEJO DEL TERRITORIO YUMBO

Los tamaños (áreas constructivas) son bas-


Diferentes tipos de tolas: sin rampa, con una rampa, con doble rampa.
tante variados, dependiendo del sitio con-
creto donde estén ubicadas. Esa variabili-
dad de tamaño y ubicación, en nuestro
criterio, tiene significados jerárquicos: las
tolas mayores habrían pertenecido a per-
sonajes de alto rango, mientras que las
medianas y menores corresponderían a
personajes dependientes de los anteriores,
concluyéndose la presencia de al menos
tres grupos jerárquicamente bien diferen-
ciados: el jefe de la etnia, uno o más sub-
jefes intermedios y luego toda la pobla-
ción subordinada.

En este contexto, llaman la atención cier-


tos conjuntos formados por tres tolas
mayores que ocupan el espacio más eleva-
do de una montaña, constituyendo entre
sí una unidad nucleada.3

Cada tola mayor ubicada en la parte más


alta, tiene la forma de pirámide trunca con
dos rampas de acceso, tratamiento que
sugiere una función especial probable-
mente orientada a exaltar la autoridad
jerárquica del jefe, quien desde allí se
mantendría cercano a los dioses tutelares,
y controlaría los movimientos de los sec-
tores poblacionales en las partes bajas.

Con tales aseveraciones queremos decir


que la funcionalidad de estos monumen-
tos yumbos era múltiple y variada; simbó-
licamente conllevaba significados de
jerarquía, religiosidad, observación astro-
nómica, geometrismo, control del espa-
cio, integración social y, en ciertos casos,
ritualismo funerario.

1. Tolas de doble rampa: 2. Tolas de una sola rampa: 3. Tolas de forma variada:
- Tolas Andrade, El Mirador. - Tola Coronel, barrio Las Tolas. - Tola el Ladrillal 1, Salento.
- Tolas Naranjo, El Porvenir. - Tola Mora, El Paraíso. - Tolas Rodríguez, San Francisco.
- Tola Romero, Miraflores. - Tolas Franco, El Porvenir. - Tola Freire, San José de las Tolas.
- Tola El Morro, Miraflores. - Tola Mena, Urcutambo. - Tola Saguangal, Iglesia.
- Tola Pozo, Tulipe. - Tolas Albán, San Francisco. - Tola Tanque de Agua, La Delicia.
- Tola Santa Martha, - Tolas Camacpi, Santa Elena.
Gualea Cruz. - Tolas San Sebastián, Pachijal.

3 El concepto de nucleada o nucleado será trabajado más adelante, cuando se señalen los patrones de asentamiento anota-
dos por John S. Athens.

23
Tola Naranjo Nº 1 y
rampa norte de acceso,
1-Tolas de doble rampa
vista desde la tola 2 en
un ocaso invernal. Tolas Andrade, El Mirador (Z2E4 - 008)

T odo el complejo del piedemonte El Mirador se halla en predios de diferentes fin-


queros, pero las tres tolas, que hemos denominado tolas Andrade, se encuentran
bien protegidas en la hacienda El Mirador. La densidad cerámica es moderada (tres a
cinco fragmentos cada metro cuadrado) y la ausencia de lítica es notoria.

Tolas Naranjo, El Porvenir (Z2E4 – 022)


CT – ÑII – E4, 3894 – II - Calacalí

Conforme ocurre en todos los otros complejos nucleados, en el piedemonte El


Porvenir, situado entre la quebrada El Tigre y el río Chirapi, también intervienen los
mismos factores característicos del patrón de asentamiento de la región: la monumen-
talidad de las tolas, la ubicación estratégica, y el continuum que presentan; es decir, el
complejo nucleado de las tolas sobre la elevaciones más destacadas; desde donde es
posible apreciar otros complejos intermedios. En este caso, desde las tolas Naranjo se
domina a otras once tolas levantadas que pertenecen al mismo gran complejo nucleado
de El Porvenir.

Asociadas a estas tolas se hallan dos túmulos pequeños, que según los pobladores del
barrio El Porvenir, compiten con las tumbas del actual cementerio, asentado sobre la
plataforma de la tercera tola ubicada al extremo norte del conjunto.

Tola Romero, Miraflores (Z2E4-211)

La tola Romero es una de las que conforman el complejo nucleado de Miraflores. A


esta tola se vinculan tres estructuras más, formando un solo contexto: una plataforma
amplia de 155 m2 que está adosada a la pirámide principal, una segunda plataforma rec-
tangular de 108 m2, y la tercera también rectangular de 144 m2.

24
LAS TOLAS, ARQUITECTURA PIRAMIDAL Y MANEJO DEL TERRITORIO YUMBO

Tola El Morro, Miraflores (Z2E4-192)

Su ubicación es estratégica. Domina en 360° todo el entorno inmediato y sirve de enla-


ce entre las tolas de la parte baja que se asientan hacia la mitad de las laderas meridio-
nales del piedemonte Cerro del Oso. Su eje mayor se orienta en sentido este-oeste.

Tola Pozo (Z2E4-001-5)

Esta pequeña tola es una de las cuatro que custodiaban el centro ceremonial de Tulipe.
Se encuentra sobre una pequeña colina cerrando justamente el sector este del valle
sagrado. Mide 19 m. de largo por 9 m. de ancho y 2 m. de alto, que le catalogan entre
las tolas menores. Su área constructiva apenas alcanza a 171 m2.

En mi opinión -pues fui testigo de la excavación- esta pequeña tola fue levantada por
sus constructores yumbos como un monumento post mortem del jefe de familia o de algún
personaje que allí vivió. No se encontró material óseo que indique algún enterramien-
to humano, pese a que tradicionalmente se aseguraba que toda tola era una tumba, pero
si se pudo comprobar que el nivel topográfico del terreno sobre el cual se edificó la tola
coincidía exactamente con la base de la misma y con un piso cultural con muestras de
cerámica, carbón y esteras quemadas, por lo que hipotéticamente se podría pensar en
la utilización del espacio para algún tipo de ritual funerario.

2- Tolas de una sola rampa

E stos monumentos son pirámides truncadas, cuyos


cortes longitudinales o transversales dan una forma
trapezoidal, pues las paredes se configuran con rellenos Tola yumbo.
inclinados que se levantan generalmente sobre una
colina o en la cuesta de una montaña (piedemonte). La
cima de la pirámide suele ser una plataforma muy plana
y de forma rectangular. A este nuevo grupo que los
constructores prefirieron edificarlo con una sola rampa
que se prolongue desde un lado del eje mayor.

Aquí conviene destacar una diferencia fundamental


entre las tolas de Tulipe, o de los yumbos, y las famo-
sas tolas de Cochasquí en la Sierra, que también tie-
nen una sola rampa. Estas son posteriores a las de
Tulipe: se podría admitir a este componente geomé-
trico como un signo de transformación estético-sim-
bólica y religiosa, detalle que deberá analizarse cuan-
do se conozca más acerca de la arquitectura prehispá- Tola de Cochasquí.
nica de las dos regiones.

Tola Coronel, Barrio Las Tolas (Z2E4-150). Tola


Mora, El Paraíso (Z2E4-241)

La tola Coronel (1.892 m.s.n.m.), forma parte del


conjunto arqueológico del barrio Las Tolas. Se asien-
ta entre dos quebradas en sentido noreste-suroeste, y
en medio de dos caminos que se bifurcan. Tanto por
su ubicación como por su forma perfecta de una pirá-
mide trunca, esta tola es el típico monumento artifi-
cial de la arquitectura yumbo.
25
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Tola Mena. En cuanto a la tola Mora, esta se levanta sobre una loma de más de 15 m. De altura y a
1.504 m.s.n.m. Se accede a su plataforma superior plana por una rampa y por sus carac-
terísticas constructivas se identifica con la tipología arquitectónica de los yumbos.

Tola Franco, El Porvenir (Z2E4-050). Tola Mena, Urcutambo (Z2E2-149).


Tolas Albán, San Francisco (Z2E4-043).

La primera es fácilmente reconocible por las tres pirámides que se pueden observar
desde diferentes ángulos del barrio El Porvenir. Estas tres tolas, junto con las tolas
Naranjo, forman parte de un complejo de jerarquía mayor.

La segunda se caracteriza por su monumentalidad y por tener una sola rampa. Se levan-
ta entre los conjuntos del piedemonte de Urcutambo.

La tercera, está formada por cuatro estructuras piramidales truncas, de ellas, la segun-
da es de una sola rampa.

Las actividades que se realizan en las zonas donde se ubican todas las tolas descritas
son variadas. Desde ganadería, cultivo de la caña de azúcar, cuidado de aves y de gana-
do menor. Por esa razón, como sirven en su mayoría para el pastoreo del ganado vacu-
no, a veces resulta difícil encontrar entre los pastizales, fragmentos de cerámica, líticos
y otros materiales propios de las tolas.

26
LAS TOLAS, ARQUITECTURA PIRAMIDAL Y MANEJO DEL TERRITORIO YUMBO

3- Tolas de forma variada Tola Freire cubierta


todavía de vegetación
secundaria

E ntre otras se destacan la tola El Ladrillal 1, Salento (Z2E4-024) y la tola Freire, San
José de las Tolas (Z2E4-016).
(parte central).

La primera carece de rampa y es una de las tantas que se suceden a lo largo del llama-
do Filo de Salento.

Se identifica como Filo de Salento al piedemonte que se extiende desde La Armenia con
dirección sur-norte, siguiendo las corrientes de los ríos que lo delimitan: el Alambi por
el costado oriental y el Tulipe por el costado occidental, los cuales al unirse forman el
San Lorenzo y tributan al Guayllabamba.

Entre dichas quebradas se levantan justamente los diferentes contextos arqueológicos


de tolas, cuyo número dependerá de las extensiones de terreno inter-quebradas. A lo
largo de la cresta se suceden al menos 40 tolas de variada altura, pero de similar diseño
y factura, evidenciándose un patrón de asentamiento longitudinal.

La segunda llama la atención por su monumentalidad y su complejidad arquitectónica.


Está emplazada en una de las ensenadas más altas y periféricas que custodian al centro
ceremonial de Tulipe.

27
28
Capítulo III
Los petroglifos.
Mensajes yumbo ‘escritos’ en piedra

Página anterior:
E ntre las quebradas principales -que en la zona de Pacto descienden hacia el
Guayllabamba- se encuentra la del río Chirape que permanentemente fluye con
un volumen aproximado de 3 m3 de agua por segundo, pero que en temporadas inver-
petroglifo Chirape 1.
Obsérvese en el centro la
figura antropomorfa
nales crece hasta el triple, arrastrando consigo todo tipo de rocas, troncos y sedimen-
rodeada de espirales y
tos humíferos. círculos concéntricos.

En esta quebrada del Chirape y en otras que circundan a Tulipe -aparentemente desvin-
culados de las pirámides o tolas-, se encuentran varios monolitos, que claramente testi-
monian un uso gráfico aplicado por los yumbos.

Se trata de grandes piedras semi sumergidas en el agua y en determinadas quebradas,


bajo la protección de espesos follajes. En su cara superior, generalmente más plana que
las otras, dejan ver una serie de grabados repetitivos que se distribuyen de manera racio-
nal y equidistante.

Estos diseños sígnicos, prevalecientes en Tulipe y en muchas culturas antiguas, contie-


nen mensajes probablemente de connotación cosmológica. Sin embargo, pese a tratar-
se de un tema interesante, no consta entre los más destacados de la arqueología ecua-
toriana. En Uruguay, Perú y Centro América, los estudios sobre la semiótica y simbo-
lismo plasmados en piedra han logrado interpretaciones muy importantes para enten-
der la cosmovisión de sus pueblos antiguos; esto para no citar los estudios sobre las
famosas pinturas lacustres de Lascaux, las rupestres de Altamira, o las señaladas por el
arqueólogo cubano Antonio Núñez Jiménez en el Perú cuya obra fuera publicada últi-
mamente por la UNESCO.
La presencia de las espirales y de los círculos concéntricos, tan evidente en los petro-
glifos recientemente descubiertos en el río Chirape, también demuestra el manejo de la
grafía simbólica por parte de los sabios y artistas de la nación yumbo.

Estos habitantes ancestrales -al igual que los pueblos de la Amazonía y en menor esca-
la los del callejón interandino- dejaron plasmada estéticamente en esos monolitos una
serie de signos que traducían su cosmovisión, religiosidad y cultura intangible. Asignar
una cronología a un vestigio de esta naturaleza en piedra, a partir de su mera constitu-
ción física, resulta no confiable y bastante difícil.
El conjunto de signos, tallados con el martilleo de herramientas puntiagudas hasta
lograr un acabado uniforme de incisiones, se manifiesta como un contexto de grabados
aparentemente repetitivos. El contenido astronómico, cosmogónico y sagrado de este
nivel de comunicación es incuestionable. Bajo ese criterio, y teniendo en cuenta la aso-
ciación de tantos otros elementos ceremoniales dispersos en el territorio yumbo
(estructuras hundidas, tolas, cementerios, cascadas, etc.), nuestra lectura semiótica y de
valoración sígnica4 se inclina hacia una interpretación de tipo religioso que expresa una

4 Estos dos conceptos hacen referencia a la identificación de los signos y su interpretación.

29
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Mapa de ubicación de
los petroglifos respecto
del centro ceremonial de
Tulipe.

30
LOS PETROGLIFOS. MENSAJES YUMBO ‘ESCRITOS’ EN PIEDRA

comunicación ritual, pues sus signos plasmados en repetitivas figuras espirales y de cír- Signos resaltados con
culos concéntricos, entre las cuales sobresale por dos oportunidades la figura antropo- tiza del petroglifo
morfa divinizada, guardan significantes propios de una cosmovisión astronómica, míti- Chirape 1.
ca y religiosa que concebía al hombre y al cosmos en permanente movimiento, renova-
ción y retorno a su ser.

A continuación describimos los petroglifos hasta ahora descubiertos, a los que se los ha
identificado con el nombre del lugar y
numéricamente.

1- Petroglifo Chirape 1

E l primer petroglifo, al que denomina-


mos Chirape 1 se integra a todo el con-
texto cultural del piedemonte de Ingapi.
Este último se extiende en la margen suro-
este del río Chirape, a no más de 2 km. en
relación a la población de Pacto. Se trata
de una andesita de coloración negro-ver-
dusca y textura granulométrica compacta.

Los signos fueron grabados o tallados con


un ‘cincel’ de mayor dureza que la roca,
probablemente metálico o lítico, forman-
do surcos de un ancho promedio entre
1.05 a 2 cm. y una profundidad de 2 a 4
mm. que a menudo hace que, a simple vista y cuando la roca está seca, pasen esos deta-
lles incisos. Una vez ubicada geo-espacialmente la piedra, y con el afán de descubrir los
mínimos detalles graficados, se procedió con cepillos plásticos muy ligeros a retirar
toda la micro-vegetación que había crecido en la superficie.

La mayor parte de los signos (aproximadamente un 90%), de connotación simbólica


trascendente, se encuentra en perfecto estado de conservación, quizá por la contextu-
ra granulométrica de la piedra y la ausencia de actividades antrópicas cercanas. Este
petroglifo tiene un total de veinticuatro signos, distribuidos indistintamente entre dise-
ños de círculos concéntricos, círculos simples y espirales, destacándose entre ellos una
figura antropomorfa que se compone de las mismas figuras geométricas ya citadas.
Tanto los círculos concéntricos como la alargada espiral que gira sobre su periferia tie-
nen una connotación simbólica trascendente.

Dentro de la simbología generalmente adscrita al círculo, este representa la “unidad


indivisa del principio” (Burckhardt, 1976: 10), alude al cosmos como fuente de vida y
esencia del ser. Asimismo, la periodicidad cíclica de las estaciones sugiere los ojos de
Imaymana o el Gran Hacedor (Haro, 1974: 17)… “El que observa, el que todo lo ve”. El
sol concebido como la divinidad más importante de los pueblos aborígenes, en la cos-
movisión y religiosidad de los yumbos tiene forma de hombre, es el mismo hombre. Por
otra parte, las culturas ancestrales andinas concebían al círculo o a los círculos concén-
tricos como el símbolo de la figura perfecta, eterna, estelar y sobre todo solar. El dios
sol estaba representado por cinco círculos concéntricos.

La lectura semiótica del diseño total del petroglifo determina que su mensaje es astronó-
mico, religioso y creativo: soles en permanente crecimiento, luna o lunas biconcéntricas,
cosmos espirales en movimiento y tendiendo al infinito; y, en medio de todo este univer-
so, el personaje antropomorfo, definiéndose como el ser estelar y procreador.

31
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Figura antropomorfa en
la que la cabeza aparece Figura antropomorfa en la que se resalta la
formada por los círculos descripción señalada en la fotografía ubicada
concéntricos que en la página anterior arriba a la derecha.
recuerdan al dios sol.
Se podría tratar de un
hombre de cuya mano
izquierda se genera un
nuevo sol y su extremo
fálico se orienta a un
signo vaginal,
denotando así una
totalidad simbólica de
fertilidad, fecundidad
y creación.

0 5 10 cm.

Por asociación y por encontrarse entre las evidencias del contexto yumbo, se asume que
debió ser grabada y transmitió su mensaje simbólico, real y directo, durante el perío-
do de Integración (500-1500 d. C) y, más concretamente entre 800 d.C. y 1660 d.C.,
período manejado en Tulipe en base a las dataciones cronológicas del análisis del C14.

Estas piedras fueron talladas y probablemente consideradas sagradas, como una obra
más que competía con las tolas, las cascadas, los cementerios y las piscinas de Tulipe,
dentro de la cosmogonía y religiosidad de los yumbos. De hecho, los actuales pobla-
dores de subtrópico quiteño las identifican con respeto e inclusive temor, como ‘piedra
yumbo’, ‘la yumbo’, ‘la churona yumbo’, etc., concediéndoles así una filiación y unos
atributos sobrenaturales.

2- Petroglifo Chirape 2

S e encuentra sobre la cuenca del río Chirape, en una cota aproximada de 1.200
m.s.n.m., cerca de la población de Pacto. Este monolito moldeado por milenarios
arrastres de cantos rodados a lo largo del Chirape tiene un perímetro ovalado y su ori-
gen es probablemente ígneo, por lo que todavía conserva una coloración habano-ama-
rillenta. Quienes intervinieron en la elaboración de los dos petroglifos conocieron y
aplicaron la misma técnica de tallado, y que probablemente fue ejecutado por un mismo
grupo.

El grado de conservación es regular, al menos comparándolo con el primero. Ha sido


afectado por el clima, la micro-vegetación y la erosión causada por el agua que perma-
nentemente corre sobre gran parte de la piedra. En el diseño general de este petrogli-
fo, el signo predominante es la espiral (30 de 42) que cosmológicamente se vincula al
retorno del mismo principio, crecimiento y decrecimiento; se presenta como la serpien-
te que deviene en movimiento permanente (Milla, 1990). Aquí se plasma la mitología
andina del movimiento, agua, luna, renacer, retorno, vida, etc. que explicaba la unici-
dad del gran Ser y su plurimanifestación en seres concretos.
32
LOS PETROGLIFOS. MENSAJES YUMBO ‘ESCRITOS’ EN PIEDRA

3- Petroglifo Chirape 3

I mpresiona por su gran tamaño, cuya cara plana donde se hallan los signos alcanza una
superficie de 15 m2 (5 m. por 3 m.), destacándose sobre ella una espiral de 30 cm. de
diámetro. El tallado y grabado lo realizaron de manera similar, pero a diferencia de los
anteriores, la piedra se encuentra totalmente limpia y muy bien conservada. El diseño
general está compuesto básicamente de dos espirales. Al igual que en la valoración de
los signos de los diseños anteriores, diremos que las espirales incisas en este petroglifo
se vinculan con el origen esencial, crecimiento y decrecimiento, retorno al principio,
la serpiente en movimiento, etc. Pertenece al mismo horizonte cronológico del pueblo
yumbo (800 d. C -1660 d. C), dentro del período de Integración.

4- Petroglifos de Santa Teresa y San José

L a ubicación del primero se asocia a ciertos elementos naturales que lo vuelven especial-
mente atractivo y de singular connotación simbólica, siempre vinculada con el agua: la
naciente del río Santana, la cercanía de la quebrada Palanzuro que baja hasta la cuenca del
río Piripe y una pequeña cascada de 3 m. de caída. La base de la roca se introduce a modo
de cuña hacia niveles geológicos naturales ocupados por el lecho del río, por lo que soste-
nemos que su sitio original es el mismo desde la época de su construcción.

Al igual que anteriores, el trabajo de los pequeños canales que conforman los diseños
es producto del martilleo, despostillado y pulido con la utilización de ‘cinceles’, aunque
en esta roca tan dura muchos de tales instrumentos se habrán malogrado.

Son 14 signos en los que predominan las espirales concéntricas y excéntricas; simples
y dobles.

Mención especial merece la presencia también en este petroglifo de otra figura huma-
na: aquí se repite el signo antropomorfo del petroglifo Chirape 1, con la diferencia de
que en aquel la cabeza estaba conformada por los círculos concéntricos, mientras en
este es de forma espiral excéntrica cuyo movimiento o dirección sigue a las manecillas
del reloj.

Se trata de un personaje que se vincula a otras espirales por la parte superior y poste-
rior de su cabeza, obligándose a que su ‘mirada’ se dirija hacia arriba en donde los movi-
mientos contrarios de las espirales se suceden en una infinita imbricación.

Curiosamente, en medio de ese contexto de espirales y movimientos, sobre la cabeza


de ese posible hombre, aparece también de manera menos resaltada pero ocupando un
estratégico espacio central, el diseño de una figura zoomorfa, que se asemeja a un
mono. Como se manifestaba en el anterior petroglifo, aquí resulta aplicable la interpre-
tación del simbolismo de la serpiente bicéfala cuando las espirales se enrollan en senti-
do contrario, pese a compartir un cuerpo común.

A diferencia de los cuatro anteriores, el petroglifo San José no se halla en el lecho


de una quebrada o río, sino sobre una pequeña llanura, a 100 m. de la quebrada más
cercana.

Su estado de conservación es por tanto calamitoso. De allí que, si bien queda registra-
do, lo declaramos no diagnóstico para alguna interpretación simbólica o semiótica. En
todo caso, la tendencia de las incisiones curvilíneas permite deducir que el signo de esta
piedra también se asocia con lo estelar, siguiendo el mismo patrón de todos los petro-
glifos de la nación yumbo.

33
Capítulo IV
Los culuncos.
Red vial de los yumbos

E l nivel de desarrollo de un pueblo está dado, en gran parte, por la cantidad y calidad
de sus caminos que conectan los diferentes centros de producción, comercialización
y consumo; mejor todavía si esas rutas, además de integrar el propio territorio se extien-
Página anterior: Vista
de un tramo del culunco
Loma-Camacpi-Los
Lotes, en San José de
den hacia regiones de otros contextos geográficos y culturales. Se podría decir que los
Ingapi.
caminos son las venas que irrigan la vida de los pueblos; sin ellos resultaría imposible con-
cebir una interrelación. De allí que en los últimos años se esté rediseñando la metodolo-
gía de análisis del proceso evolutivo de toda sociedad, siendo precisamente las vías de
comunicación su mejor referente de desarrollo. En este sentido, se pronunció también el
Primer Congreso Internacional sobre caminería, organizado por la Pontificia Universidad
Católica del Ecuador (PUCE, sede Quito) a mediados del año 2003.

1- Los culuncos de la zona de Tulipe


a región yumbo, hasta ahora prospectada abarca aproximadamente 900 km2, y con-
L serva todavía sectores entrecortados de caminos que se orientan en diferentes direc-
ciones, siendo probablemente las rutas más significativas la Cotocollao-Pacto, la
Cotocollao-Cachillacta, la Gualea-Alambi-Tambillo hasta la frontera étnica con los
niguas, propuestas por Salomon (Salomon, 1997: 22). Además la Chacapata-
Palmitopamba-Nanegal, la San Francisco-La Armenia, La Armenia-Santa Elena-
Camacpi-Tulipe-Las Tolas-Santa Teresa-El Pachijal- Mashpi-Puerto Quito; y La Lloa -
Saloya -Mindo que se halla más hacia el sur.

Las últimas investigaciones arqueológicas desarrolladas por el FONSAL (registro y pros-


pección), demuestran que la propuesta de Salomon es valedera respecto de las orientacio-
nes de los caminos o culuncos. Estos confluyen hacia las bocas de montaña para facilitar
los vínculos interregionales. Tal es el caso del camino que en forma nítida aparece en San
Francisco - La Armenia y continúa en sentido sureste-noroeste hasta cruzar transversal-
mente los piedemontes de Salento a la altura de La Armenia, Santa Elena y San Vicente,
camino que aún es utilizado por campesinos y finqueros de la zona.

Entre todas las hipótesis sobre los yumbos surge la tentación de una nueva: este grupo
étnico, proveniente de la Costa, desarrolló todo su proceso cultural como una comuni-
dad costeña, mientras sus vínculos con la Sierra eran exclusivamente de corte comer-
cial. Finalmente, sus características medioambientales (temperatura, pluviosidad, hume-
dad, flora, fauna, etc.) se asocian más a la Costa que a la Sierra. Y, no sólo eso, la tra-
dición de las tolas, técnicas constructivas de las casas (tipo rancho), el uso y valoración
de la Spondylus, el sistema alimenticio, entre otros, son manifestaciones y representa-
ciones culturales costeñas.

Sin embargo, quedaría por comprobar el grado de influencia de la Costa en los yumbos
o su mayor vinculación sociocultural. Por el momento, las evidencias descubiertas y
expuestas aquí, indudablemente guardan una mayor conexión con los pueblos serranos.
35
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Otro ejemplo muy claro es el llamado expresamente camino de los yumbos, que circun-
da al Ruco Pichincha por el lado sur, y baja desde Chiriboga hasta La Victoria.

Para Ronald Lippi, estos caminos, comúnmente llamados culuncos, “son evidencia físi-
ca de senderos, no se puede dudar”, están ubicados en la montaña “especialmente en las
laderas pendientes, a modo de trincheras” (Lippi, 1998: 182). En efecto, aunque seg-
mentados, están en toda la región que hemos prospectado; muchos de ellos atraviesan
precisamente las cimas de los piedemontes, con dirección este-oeste por donde se
hallan los grandes complejos arquitectónicos de tolas. La destrucción de gran parte de
estos caminos es relativamente reciente, debida a la actividad maderera, agrícola y
ganadera de los actuales pobladores.

Vicente Echarte Lasa, en su disertación de grado para antropología consigna la siguien-


te información:

“Los caminos de herradura son apenas practicables para los mismos animales (cami-
nos de ‘culuncos’: el camino va entre paredes de tierra de cinco metros de alto en
algunos sitios y con lodo permanente en el piso). A mediados del siglo pasado Pacto
no existía, solamente algunos caseríos dentro de la montaña pertenecientes a la juris-
dicción de la parroquia de Gualea.

En el área de Pacto no encontramos poblamiento indígena, aunque los restos


arqueológicos hallados revelan que hubo asentamientos antiguos en el sector de
Progreso y Buenos Aires” (Echarte, 1977: 23-24).

Esta es la versión más antigua y directa, que hemos encontrado sobre el estado de los
culuncos en el área de Pacto, caminos que fueron recorridos por el autor a inicios de
1977. En la actualidad, de estos culuncos subsisten y están registrados los de Pachijal,
El Pedregal, Santa Teresa, Ingapi, San José y San Juan, y los de Sanguangal y
Guayabillas que bajan aproximadamente hasta los 500 m.s.n.m. donde confluyen los
ríos Pachijal y San José del Mashpi.

El investigador Frank Salomon señala que para los “yumbos septentrionales”, la ruta más
frecuentada fue el camino Cotocollao-Nono-Alambi-Nanegal-Llambo-Gualea Tambilla-
Bola Niguas que conformaría gran parte de lo que él denomina yumboñan, o camino
yumbo en el quichua vernacular, el cual ascendía a la Sierra quiteña a través de las “bocas
de montaña” (Salomon, 1985).

Disentimos ligeramente con Salomon cuando dice respecto de los yumboñankuna que
“el tránsito aborigen no parece haberse concentrado en rutas troncales” (Salomon,
1985: 185). La evidencia arqueológica sí hace ver una ruta principal a la que se unen
otras menores, tal como se observa en el gráfico adjunto. Compartimos el criterio del
investigador en la segunda parte de su afirmación cuando señala “que pasaba por la
multitud de pequeños senderos que conectaban las casas con sus respectivos lugares
de sembríos, pesca, etc.” (Salomon, 1985: 186).

2- Importancia de los yumboñankuna y su estado de conservación

L os culuncos son elementos de comunicación omnipresentes en el territorio yumbo;


una red de caminos que comunicaba conjuntos habitacionales, zonas de cultivo,
centros ceremoniales y que, además, hoy forma parte de momentos importantes de la
historia de la región. Por ellos huyó hacia la selva yumbo por la amenaza española, la
familia imperial de Atahualpa, bajo la custodia del general Rumiñahui (Estupiñán, 2003:
134). Por ellos se trasladaron los conquistadores en busca del oro, la plata y otras rique-
zas. Por esa red de caminos circularon hasta hace poco, los cientos de muleros que
36
LOS CULUNCOS. RED VIAL DE LOS YUMBOS

CULUNCOS A PARTIR DE TULIPE


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transportaban aguardiente y madera hasta los centros de acopio, en Quito. Aún hoy, los
moradores del noroccidente caminan por los culuncos con su “chalo” o canasta llena de
piedras con el fin de acortar las distancias.

En cuanto a su estado de conservación, el camino de los yumbos en los trayectos antes


descritos puede ser calificado como regular. En los puntos más altos (Z2A4-069), sus
alteraciones se deben a derrumbes de los taludes, acumulamientos de materiales volcá-
nicos y, en general, a erosiones por actividad eólica. En los sitios iniciales desde Brujo
Rumi, así como en los últimos hasta El Líbano, las causas de deterioro y, a veces, de des-
trucción total, son ocasionadas por acciones antrópicas. Sin embargo, en todos los
casos los vestigios generales del trazado de la calzada son evidentes.

Efectivamente, el paisaje natural de la zona aparece transformado gracias a esta red vial
de la que no hay que excluir a los ríos. Ellos todavía forman parte de la dinámica dia-
ria. Así, de la misma manera que los yumbos, los transeúntes actuales, al cruzarlos, pue-
den aplacar la sed y descansar periódicamente en su recorrido.

En cuanto al futuro turístico de la zona, siempre que se conserve y proteja, es prome-


tedor, ya que el culunco yumbo, columna vertebral de este sector ecológico, se inte-
gra a un formidable espectáculo natural: de un lado, el paisaje andino del surocciden-
te del Pichincha; del otro, la insondable selva del territorio yumbo que se abre paso
hacia la Costa.

37
38
Capítulo V
Centros ceremoniales

Página anterior: una


E n esta sección del estudio, se describirá la posible utilización de los espacios por los
pobladores yumbos, de acuerdo a las edificaciones que se han podido analizar, la
disposición de las mismas en la geografía del lugar, y mediante comparaciones pertinen-
visión mágico-nocturna
de Tulipe. Interpretación
de las formas geométricas
tes con otras culturas del área americana.
del las piscinas, andenes
y de la tola Cerro del
Las formas geométricas que tienen las piscinas de Tulipe, la distribución y organización Oso iluminados por la
de todo el conjunto, el emplazamiento especial en un valle, su orientación de este a luna que a su vez se
oeste, la presencia de varios elementos al parecer más simbólicos que utilitarios, indu- refleja en la piscina 3.
cen a hablar de este y otros sitios del subtrópico quiteño, más con un enfoque inter- Pintura del artista Galo
pretativo que descriptivo. Son detalles que obligan a buscar y encontrar su significado. Jurado, 2002.
De allí que a lo largo de esta obra se insista en un análisis que supere la mera descrip-
ción e inclusive en que se asigne el calificativo de ceremoniales a aquellos sitios.

Concretamente y con el afán de explicar el significado que tuvo Tulipe para los yum-
bos, en este capítulo se intenta vincular la evidencia arqueológica que se halla in situ con
aquellos datos astronómicos, geográficos y antropológicos

1- Aproximación a la utilización ceremonial de los espacios

P ara demostrar su agradecimiento y reciprocidad con los dioses tutelares el hombre


seleccionó lugares especiales en los cuales -mediante ceremonias mágico-religiosas
presididas por sus sacerdotes intermediarios- se aseguraban del beneplácito, aceptación
y glorificación de tales deidades.

Estos lugares especialmente escogidos, tanto por su características geográficas como por
las cualidades mágico religiosas que se les atribuía, eran centros ceremoniales de profun-
do contenido sagrado. Era el punto de equilibrio y de ordenamiento espacial del univer-
so, residencia de los mismos dioses y desde luego, centro de irradiación, capacitación y
formación de los nuevos sabios o yachakkuna en el conocimiento de las ciencias.

Aquellos hombres conocedores de las normas, políticas, económicas, culturales y reli-


giosas del grupo, también ejercían el poder de asesoramiento sobre los gobernantes y
caciques, no sólo de la región sino también de las áreas circunvecinas.

Allí se plasmaban los mitos, ritos y símbolos de tal manera que los creyentes eran capa-
ces de reconocerlos en el trazado geométrico, en la geografía local y circundante y en
los mismos sistemas constructivos de la arquitectura civil y religiosa de esos centros
ceremoniales. Allí acudían para informarse sobre los períodos de la siembra, la cosecha,
las fiestas e inclusive para la reproducción efectiva y saludable del mismo grupo. Allí la
tríada jefatura-centro ceremonial-producción no se manejaba aislada; por el contrario,
todo el aparato gubernamental de este tipo de sociedades estratificadas se consolidaba
y adquiría mayor fuerza y cohesión.
39
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

En esos espacios sagrados mediante la observación del cielo y el estudio solar, lunar y
estelar se elaboraban los calendarios agrícolas y festivos, convirtiendo así a la astrono-
mía en la madre de todas las ciencias. Se sustentaban las ideas, tradiciones y doctrinas,
puesto que allí estaba la morada de muchos dioses tutelares.

En el Perú se ha estudiado varios centros ceremoniales de gran magnitud como: Kotosh


(Huánuco), Chavín (Ancash), Cupisnique (Trujillo), Kuntur Huasi (Cajamarca), entre otros.

Con relación al espacio físico externo o profano, los centros ceremoniales estaban sepa-
rados de los lugares donde vivía la comunidad en general. El pueblo se reunía en los
centros ceremoniales sólo para las celebraciones religiosas o para profundizar en el
conocimiento de las ciencias; aunque allí debieron también receptar las instrucciones
de carácter estratégico en beneficio y defensa de la comunidad.

En el caso de Chichen Itza, se puede anotar lo siguiente:

“[…] el gran centro ceremonial maya, considerado en la antigüedad como la univer-


sidad cósmica de América. Aquí venían cientos de personas a estudiar las ciencias de
toda índole; en sus pirámides y templos se encuentra grabado el resumen del cono-
cimiento de la humanidad. Aquí fue depositado todo el conocimiento de los Mayas-
Atlantes Itzas cuando llegaron a tierra del Mayab” (Vallejo, 2003: 3).

En la cultura olmeca (1200 a. C.) que se desarrollara en lo que actualmente es Veracruz


y Tabasco, México, los centros ceremoniales se caracterizaban por las técnicas para tra-
bajar la piedra, la observación de los astros, el culto a ciertas deidades, la práctica de
una posible escritura y el cálculo del tiempo.

Aquellos templos comenzaron a cumplir, entonces, una de las funciones complementa-


rias que sustentaban la religiosidad, especialmente vinculada al campo de la astronomía.
Para lograr esto, desde esos centros ceremoniales los sabios amerindios medían el paso
de las estaciones:

“Los construyeron según alineaciones celestes; eran observatorios astronómicos pre-


cisos y muestran que nuestros antepasados investigaban el cielo y las estrellas (Avila,
2003). Es posible distinguir toda una tipología de calendarios relacionados con las
astronomía: solares (solsticiales), estelares, otros basados en períodos de recolec-
ción, estaciones climáticas etc.” (Informe de Segundo Moreno, 2005).

A partir de la observación astronómica se pudo definir los ciclos estacionales, prever el


tiempo, y aprovechar el período de la llegada de las aguas. De esta manera, los sabios pre-
hispánicos relacionaron en beneficio de su pueblo lo religioso y astronómico con los
fenómenos de la naturaleza; posibilitaron la interrelación entre los pueblos de diferentes
regiones, contexto en el cual obviamente fueron alcanzando mayor preeminencia como
especialistas asociados a dichos centros ceremoniales (Paredes y Pimentel, 2003: 2).

La semejanza existente entre los centros ceremoniales de Centroamérica, o de la región


andina, con el del Valle Sagrado de Tulipe y otros sub-centros (Ayapi, Piripe y
Guayabal) descubiertos en territorio yumbo, nos permite sostener una sorprendente
analogía, no arquitectónica sino de carácter simbólico, entre ellos.

Tanto los unos como los otros surgieron luego de la revolución agrícola formativa,
cuando sus constructores con el crecimiento de las fuerzas productivas, su organización
social, política y cultural, alcanzaron un alto grado de desarrollo.

Para empezar, el espacio natural a seleccionarse debía estar comprendido en una sacra-
lidad geográfica: una roca, una montaña, un río, una isla, un valle, un lago, etc. Por otra
parte, la edificación arquitectónica tenía que obedecer ciertos esquemas religioso-

40
CENTROS CEREMONIALES

simbólicos impuestos por los sacerdotes y sabios de la comunidad: figuras zoomorfas,


contenidos astronómicos, representaciones míticas, signos ideológicos, teocráticos y
artísticos, etc. Finalmente, como parte de la vivencia de los creyentes y asistentes, los
efectos de los ritos debían manifestarse por una iniciación, purificación, fecundidad,
castigo, premio, reciprocidad, etc.

La denominación de centros ceremoniales se aplica entre otras razones, también por la


vinculación que los asocia a aquellos sitios arriba mencionados con ciertos lineamien-
tos, ejes o ceques5 que, partiendo desde Tulipe se dirigen hacia zonas geográficas dis-
tantes; por lo que, sin pretender llegar a conclusiones definitivas vemos la necesidad de
ingresar al campo interpretativo de las direcciones cardinales

2- Orientación cardinal

P ara nadie es desconocido el hecho de encontrarnos en ‘la mitad del mundo’, y por
tanto de ninguna manera es una novedad señalar que también Tulipe participa de las
bondades de esta zona. Pero lo que sí resulta interesante es que el valle de Tulipe esco-
gido por los constructores yumbos al igual que las estructuras arqueológicas y varios de
sus elementos más particulares ‘coincidan’ o guarden una orientación geográfica este-
oeste; es decir, según el recorrido de la línea ecuatorial.

Pero también, en opinión de algunos estudiosos (Burckhardt 1982, Eliade 1979, Milla
Z.1990, Guayasamín 1996, Burgos 2002, Pérez J. F. 2002, Erazo R. 2001, entre otros),
tales lugares debieron estar relacionados entre sí, formando ejes o ceques. Esto tam-
bién parece ser cierto: se constata, al menos en las cartas topográficas, que varios pobla-
dos e hitos naturales están alineados con Tulipe, y que bien podrían conformar una geo-
grafía sagrada.

Cuadrado que surge en la unión de los cuatro vértices internos de las piscinas 1, 2, 3, 4 cuyo centro
aparece en el cruce de dos diagonales.

5 Los ceques son líneas imaginarias que se orientan hacia puntos extremos, y que constatadas en la actual cartografía ayu-
dan a establecer puntos de referencia entre los pueblos antiguos y posibles relaciones culturales, rutas comerciales, víncu-
los simbólicos, etc. que se cristalizaron a partir de ese conocimiento astronómico y geográfico ancestral. Es decir, los
ceques no son vistos solo como líneas que unen puntos cardinales sino como elementos de orientación cultural en la geo-
grafía física. Al respecto, Caillavet citando a Zuidema, dice que “si bien se pueda comprender algún día la importancia ritual
y mitológica de cada dirección de los ceques, es patente que el por qué de estas orientaciones combina múltiples razones
de orden climático, hidrográfico, atmosférico, astronómico y político” (Caillavet, 2000: 418).

41
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Determinación del ceque este-oeste, uniendo el punto centro de Tulipe con el punto 0º0’0’’ de la mitad
del mundo en San Antonio trazado de la línea este-oeste de Tulipe en relación con el 0º grados.

Determinación del ceque norte-sur, perpendicular al ceque equinoccial.

La orientación cardinal tiene como principio, descubrir la relación existente entre la geo-
grafía ‘profana’, física, con el espacio infinito, espacio que se verá delimitado por el ceque
equinoccial respecto del cual Tulipe ligeramente se desplaza hacia el norte: 00º 05’ 52’’.

El punto ‘centro del mundo’ en Tulipe se halla en el cuadrado perfecto que se forma entre
los vértices internos de las piscinas 1, 2, 3 y 4, y más concretamente en el punto por
donde se cruzan las diagonales trazadas desde las cuatro esquinas de este cuadrado.

Este detalle plasmado en Tulipe fue preconcebido por sus constructores, los sabios
yumbos. Allí se demuestra una orientación no sólo del monumento sino del mismo valle
escogido para el efecto. Su orientación fue intencional en pro de una función no mera-

42
CENTROS CEREMONIALES

mente utilitaria sino de carácter religioso del sitio, pues “el esquema fundamental de un
templo proviene del procedimiento de orientación que constituye un rito en el sentido
escrito del término” (Burckhardt, 1982:16).

Para entender la función del ceque, o mejor si pretende definir un ceque funcional,
debe partirse con el criterio demostrable de la vinculación que se da entre la orienta-
ción cardinal-geográfica y la orientación cardinal-sagrada que tiene connotaciones
sociales y culturales.

Resumiendo diremos que la orientación cardinal, no sólo radica en el hecho de ir unien-


do los puntos y colocando en secuencia lógica unos cuantos lugares que construyen o
generan un ceque, sino en la conjugación, ubicación y dirección equinoccial, estelar,
solar; es decir, relacionados con directrices universales. Se trata de una relación que per-
mite partir de la geografía ‘profana’ para incursionar en una geografía sagrada.

Esta geografía sagrada generaba una orientación fundamental para los pueblos ances-
trales del actual territorio ecuatoriano, y particularmente de los del país yumbo. Aquí
se incluyen solamente los sitios arqueológicos y pueblos andinos antiguos cuyos testi-
monios se ubican bajo tales orientaciones. Son vestigios o asentamientos constatados in
situ, y comprobados en las cartas topográficas que surgen a partir del punto central de
Tulipe, más concretamente del núcleo del círculo y del cuadrado que hemos señalado
entre los vértices internos de las cuatro primeras piscinas.

Entre los centros ceremoniales descubiertos en el territorio yumbo El Guayabal, Ayapi,


Piripe, es Tulipe el más importante de todos.

Tulipe

Para construir este centro, el más complejo de todos, los pobladores yumbos escogie-
ron el único y alargado valle que se orienta de oeste a este, en cuya entrada se unen
dos quebradas y forman el río Tulipe. Es un espacio natural rodeado de onduladas coli-
nas que en este estudio hemos denominado valle dagrado de Tulipe.

En este lugar, hito de la geografía sagrada, se construyó un complejo de estructuras


hundidas al estilo Kalasasaya de Tiawanaku (altiplano andino, en las cercanías del lago
Titicaca, 500-100 d.C.), con formas geométricas que incluyen cuadrados, rectángulos,
semicírculos, círculos y polígonos, además de otros elementos integrados como gradas
de acceso, canales de inducción de agua, etc. Su valoración semiótica permite descu-
brir el ritual laberíntico e iniciático del sitio.

43
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Estructura poligonal Para la construcción de las primeras estructuras, se trazaron diseños geométricos par-
zoomorfa en la que el tiendo de la cuadratura del círculo y de la cruz cuadrada; mientras que para las últimas
pueblo yumbo debía estructuras acudieron al complejo sistema de los ángulos rectos, del círculo y de ele-
realizar sus ritos vincu- mentos simbólicos, posiblemente el felino y el sol.
lados con el agua
En este contexto arquitectónico tan distinto a todos los centros ceremoniales del
mundo andino y mesoamericano, el agua fue el elemento básico de la ritualidad.

En esos diseños y formas geométricas están reflejados o figurativamente representados


el agua y los dioses tutelares: el sol, la luna, el puma. Allí subyacen los posibles mitos,
creencias, doctrinas, conocimientos y la vivencia espiritual del pueblo yumbo.

La asistencia a los ritos no sólo era de los pobladores yumbos. Efectivamente, la evidencia
arqueológica –material cerámico de los pueblos panzaleo, puruhá, quitu, cochasquí, guan-
cabilca, manteño e inca- podría sugerir la
presencia de ‘romeriantes’ de otras latitu-
des de la sierra, o de las zonas ribereñas
de la de la Sumakkuchamama u Océano
Pacífico.

Tolas ceremoniales

En nuestra opinión, muchas de las


tolas o conjuntos de tolas tuvieron una
función de importancia no sólo por su
ubicación estratégica sobre los piede-
montes, sino por la conformación de
sus contextos en los cuales confluye
una pirámide mayor otras medianas y
menores, un cementerio, plataformas
agrícolas y especialmente la llegada o
partida de un culunco.

La tola mayor, desde la cual se tiene


una amplia visibilidad sobre el escenario geográfico circundante, sugiere ser interpre-
tada bajo un enfoque religioso ceremonial aunque pudo también estar ocupada por un
cacique y su grupo de élite.

Como ejemplo de estas tolas o complejos de tolas ceremoniales tomamos aquí el caso de
las tolas Mogollón en San José de Ingapi, a sabiendas de que podría ser cualquiera de los
otros sitios yumbos como: el Mashpi, Pachijal, Paraguas, Salento, Saguangal, etc.

Cementerios

Todas las sociedades, ancestrales y modernas, han practicado algún tipo de rito funera-
rio frente a la muerte. Si sus expresiones relacionadas fueron y son intangibles se vuel-
ve por consiguiente complicado e inalcanzable llegar a describir el ritualismo funerario
de las culturas pasadas. Su reconstrucción es en algo posible gracias a los elementos físi-
cos que entonces utilizaron y dejaron como recuerdo de quien partió y de quienes cum-
plieron con la obligación del rito funerario, pues “los cementerios proveen información
indirecta sobre los patrones religiosos y socio-políticos de los pueblos” (Porras, 1976:
197). Es así como los arqueólogos han sacado a la luz una serie de vestigios funerarios
como tumbas, ofrendas, cementerios, necrópolis, etc. que interpretándolos correcta-
mente permiten conocer, quizá, una mínima parte, de las costumbres, creencias y sim-
bolismos de esos pueblos.

44
CENTROS CEREMONIALES

En el caso de los yumbos, mediante nuestra prospección, ha sido posible ubicar varios Material cultural
sitios arqueológicos que muestran haber estado vinculados al enterramiento de sus recuperado en la tumba
muertos. Estos cementerios están asociados a conjuntos monumentales, y casi siempre 1 de Chacapata que
ocupan espacios inclinados o las laderas laterales de los piedemontes. fuera colocado por los
yumbos como ofrenda
funeraria Fotografía de
La versión tradicional que asignaba a las tolas una función funeraria o de tumba, al Inés Mantilla, 2004.
menos en el territorio yumbo no es tan cierta. Si bien no hemos realizado todavía exca-
vaciones arqueológicas, por las experiencias frustradas de los huaqueros6 cuyas nocivas
evidencias están a la vista, podemos asegurar que la casi totalidad de las tolas grandes
y medianas no son tumbas.

Por el contrario, el patrón de enterramiento de este pueblo parece ser de la tipología


en pozo, no siempre con el remate de túmulo, montículo o relleno de tierra que sobre-
pasa el nivel de la superficie.

6 Huaquero: individuo que excava las tumbas o huacas de períodos prehispánicos con el fin de vender lo extraído. Esta
actividad, por desgracia, muy difundida el Ecuador también es el atentado más agresivo en contra de la investigación, con-
servación y difusión científicas del patrimonio arqueológico.

45
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Cascada Cascadas
El Pahuma.
El mundo del agua, tierras, viento, árboles, montañas, animales, ya no tiene la misma
Página siguiente:
importancia ancestral, su vigencia ha cesado en la mayoría de los espacios. Lo sagrado
cascada Gallito
de la Peña. se ha trasladado a iglesias, oratorios, templos, con otros elementos de culto.

En este capítulo señalamos a las cascadas como parte de los escenarios religiosos para
los pueblos antiguos. Son hitos naturales pero aparecen ligados a eventos claramente
culturales. Están en contextos donde el pueblo yumbo en este caso ha dejado sus hue-
llas antrópicas: culuncos, tolas, petroglifos, cerámica, etc.

Señalamos en este capítulo el caso de las cascadas por una razón muy sencilla: varias de
ellas están asociadas a contextos culturales y, en nuestro criterio, estos saltos de agua
debieron constituirse en lugares especiales de espiritualidad y purificación, tal como
ocurre aún en nuestros días en la Amazonía, donde algunos pueblos visitan periódica-
mente las cascadas con fines rituales.

46
Capítulo VI
Pucarás incas

1- Ocupación inca de lugares estratégicos Página anterior:


Leyenda de este grabado.
“El cuarto edad de

E l sector nororiental del territorio yumbo tiene ciertas características topográficas


especiales con relación al sector sur de este espacio, determinadas por la presencia
del río Guayllabamba, que se abre paso hacia la Costa y el Océano Pacífico a través de
Indios, Auca runa /
Aucapacha runa [gente
de la tierra de Auca]
un cañón con riberas de difícil acceso. pucara [fortificación] /
en este reino de las
Entre otros elementos, esto obligó a que los grupos humanos prehispánicos seleccionen Indias”.
Representación de un
y ubiquen los casi excepcionales pasos para cruzar los ríos de un lado a otro, por lo que posible encuentro militar
dichos sitios adquirieron obviamente una gran importancia estratégica, sobre todo por en una fortaleza o
el tráfico y comercio de productos entre los cacicazgos norteño-serranos y los yumbos. pucará. Fuente: grabado
de Guamán Poma de
Esa interrelación cultural y comercial, durante el período yumbo, creemos, se desarro- Ayala.
llaba de manera pacífica; no así con la llegada de los incas, pueblo conquistador y
experto en estrategias militares cuyo objetivo era incorporar a territorios y pueblos en
su lógica de control del territorio. Al menos eso se infiere y se deduce del registro
arqueológico. Los cuzqueños observaron la importante red vial de los mercaderes yum-
bos, y hacia allá fueron para implantar en determinados puntos estratégicos un sistema
de vigilancia y control, siendo obviamente las bocas de montaña, cruces de caminos,
accesos principales y, no se diga, los puentes, los sitios más vulnerables y ‘apetecidos’.

En esos lugares, o en sus cercanías, construyeron guarniciones o fortalezas, denomina-


das pucarakuna, implementándoles de toda la infraestructura necesaria para la residencia
y bienestar de sus huestes.

2- El pucará de Chacapata

C hacapata es uno de esos pucarás que junto con Palmitopamba y Capillapamba for-
maron la tríada más occidental del avance inca, y que coincide justamente con el
territorio yumbo. Los vestigios cerámicos de filiación inca aparecen asociados a mate-
rial bélico en los niveles estratigráficos pos-yumbos. Sin embargo, corresponde preci-
sar de inmediato estas aseveraciones: no se trata de grandes cantidades de armamento
ni de complicadas edificaciones, como ocurre en los pucarás del callejón interandino
(Angamarca, Rumicucho, Guayllabamba, Pambamarca, etc.). Por el contrario, son
pequeñas muestras de piedras de honda y boleadoras que aparecen junto a los muros de
estos tres pucarás. Esto es lo que se puede evidenciar en las pocas excavaciones realiza-
das en el pucará de Chacapata.

De allí que, según nuestro criterio, la función específica de Chacapata, Palmitopamba


y Capillapamba, más que para enfrentar alguna guerra o contrarrestar posibles levanta-
mientos locales, fue la de controlar las migraciones y comercio entre norte y sur, Costa

49
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Arriba: el y Sierra; tarea fundamental que les garantizaba a los incas consolidar su presencia y ase-
Guayllabamba y el gurar la adquisición de tributos y poder.
Valle de Chacapata con
su pucará inca en primer
plano. Fotografía de A partir de estas hipótesis, el FONSAL procedió a conservar e investigar con mayor dete-
Patricio Cando, 2004. nimiento el caso de Chacapata, no porque se le considere a priori más importante que los
otros -aunque, al encontrarse en un punto topográfico muy excepcional como es el cruce
Abajo: evidencias de del Guayllabamba, pudo serlo-, sino porque a excepción de la terraza superior que había
muros incas alterados
por las plantaciones de
sido prácticamente destruida, las evidencias de sus muros, terrazas, accesos y la misma
caña ce azúcar. ubicación estratégica, son observables inclusive a simple vista. En los casos de
Fotografía de Patricio Capillapamba o Vergara y de Palmitopamba, nos hemos restringido a registrarlos.
Cando, 2005.
Como se ha manifestado, al ser el río Guayllabamba la gran cuenca hídrica que arrastra
todas las aguas de la zona, en su cauce desaparecen todos los piedemontes que descien-
den desde la Sierra andina. Terminan en este punto, algunos de manera abrupta, como es
el caso de Salento; otros van perdiéndose levemente como si fueran dedos que se despren-
den desde un solo brazo. Tanto en unos como en otros, se hallan evidencias de ocupa-
ción: cerámica, piedras de moler, torteros
y, si bien en menor cantidad y escala
monumental, también tolas de la misma
tradición yumbo, con doble rampa, con
una sola rampa, sin rampa, etc.

El pucará de Chacapata se halla en la mar-


gen izquierda, aguas abajo del río
Guayllabamba, cerca de los límites pro-
vinciales entre Imbabura y Pichincha; per-
tenece a la parroquia de Nanegal del can-
tón Quito.

En el caso particular de Chacapata -un


incuestionable sitio yumbo, en primera
instancia, y luego inca-, además de la
cerámica, piedras de moler, torteros y
tumbas asociados a pequeñas tolas, tam-
bién se constata la presencia de muros de
piedra, terrazas y accesos que evidencian
una filiación foránea de origen cuzqueña.
La interpretación de sitio reocupado
emerge de inmediato.

El material cerámico señala la presencia


de tres grupos culturales que se sucedie-
ron en el tiempo y que también se trasla-
paron y mezclaron en sus respectivos
períodos de transición: el preincaico o
yumbo, el incaico y el colonial.

Uno de los argumentos más convincentes


para asegurar que este pucará es de filia-
ción inca es el referente a la cerámica,
pues asociados a las terrazas y muros de
piedra se ha localizado fragmentos de
compoteras y aríbalos incas.

Este diagnóstico surge como resultado de


la investigación del sitio que incluyó
50
PUCARÁS INCAS

pruebas de pala, pozos de sondeo, unidades estratigráficas y excavaciones sistemáticas


en torno a la terraza más alta del pucará.

La parte más elevada del pucará remata en una pequeña elevación de tendencia elípti-
ca de 14 m. de largo por 6 m. de ancho, orientada igual que todo el pucará de este a
oeste. Originalmente fue una tola de doble rampa, pero los incas la modificaron forrán-
dola de piedra y convirtiéndola en la terraza superior. Todavía quedan evidencias de
las rampas en los extremos del eje mayor por donde debían ascender los yumbos a su
tola, y luego los incas a la terraza del pucará. Según nuestro criterio, esto ocurrió tam-
bién con los pucarás de Palmitopamba y Capillapamba, primero fueron tolas yumbo
con sus funciones específicas de posibles asentamientos, viviendas o tumbas; pero luego
los incas, por su ubicación estratégica, las transformaron en sitios de control o fortale-
zas, como se ha sugerido.

G R A F
E O I C
G O

O
T

M
I N S TI T U

I L
I T A R
E

R
C O
U A D

MAPA DE UBICACIÓN DE CHACAPATA Z2E2-006


7
78∫41'44.17'' 57 58 59 40' 60 61 62 63 64 65 78∫36'37.09''
00∫11'23.41'' 00∫11'23.37''

Z2E2-041 Z2E2-039
SAN CARLOS
Z2E2-040

Z2E2-041
CAPILLAPAMBA
San Vicente
Z2E2-048
Esc río Upano
00
Z2E2-050 Z2E2-051
00
20 12 H Carmen
Z2E2-049
20 00
é
Jos
RÍO ALA

Z2E2-053
1365
an
Z2E2-054 Z2E2-055

QS
Z2E2-006
Palmitopamba Esc Tnte Hugo Ortíz H San Rafael de Orongo
Playa Rica
M

Chacapata Esc Patricio Romero


Esc Francisco Falquez


19 19
Z2E2-005 1200
00

ra
14

pi
10' 10'
ga
In
les PALMA REAL
Q

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Pa 18
00 12
00
RÍO ALAMBÍ H San Rafael
Q San Rafael
gal

H Uchugchaua
Loma
uan

El Panecillo
QG

17 Q El Corazón 17
Estación pluviométrica URCUTAMBO
Cerro
Miracruz Palo Seco
Loma Chiglle na
H Santa Inés nta A
Q Sa Cerro Campana
16 N

lo

Vado
000m

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Sa

Nanegal 1676
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ta R 1600
Curunfo
1267 San
Esc Esmeraldas 1200 Q
Finca San Pablo
J de Infantes
Lucila Godoy Esc El Heraldo
00∫08'08.15'' 00∫08'08.12''
78∫41'44.19'' 57 E 58 59 40' 60 61 62 63 64 65 78∫36'37.12''
7 000m 7

SIMBOLOGÍA ARQUEOLÓGICA
Estructura Rectangular de tierra Túmulos o Tumbas BASE CARTOGRÁFICA IGM
Tola Pucará Pucará ELIPSOIDE PSAD56, ZONA 17
Conjunto Monumental

Una vez conocida la estratigrafía tanto natural como cultural, la excavación arqueoló-
gica se orientó hacia el seguimiento de los muros que circundaban esa terraza. Las pie-
dras se hallaban cubiertas de la capa vegetal, y prácticamente todas las correspondien-
tes a las hiladas superiores (85%) estaban derrumbadas. No obstante, su mera presencia
ya era un testimonio fidedigno para ver un cambio en el tratamiento arquitectónico
aplicado sobre el anterior monumento yumbo. Bajo del caótico desmoronamiento, se - ESCALA 1:50 000
hallaban las primeras hiladas in situ, con lo cual se facilitó el trabajo de recuperación, res-
tauración y consolidación de las paredes.

De la tola yumbo quedan vestigios de sus rampas de acceso. Del pucará inca, los bien
edificados escalones de piedra de esas rampas, con el fin de ascender a las terrazas y los
forros de los muros de contención periféricos. Un cuarto grupo sería el compuesto por
los actuales colonos que han emigrado de las provincias serranas, a quienes les corres-
ponde la preservación de tan preciado patrimonio.
51
Capítulo VII
Materiales culturales

Página anterior:
L as investigaciones arqueológicas que se están realizando en el subtrópico quiteño
sobre la cultura yumbo, han permitido recuperar varias clases de artefactos que con-
figuran una parte importante del corpus cultural de esa nación. Se trata de artefactos
cuentas de concha
Spondylus Princeps,
Calcifer y madre perla
que atestiguan la aplicación de tecnologías para la confección de instrumentos de tra- descubiertos en el barrio
bajo, utensilios de uso doméstico y ceremoniales. Buenos Aires, Pacto,
integrando un contexto
En este capítulo vamos a referirnos a esos materiales culturales recuperados a nivel funerario.
de superficie, con pruebas de pala y con sondeos arqueológicos. Por tanto, la mues-
tra es muy limitada y solamente la exponemos como evidencia de posibles ejemplos
representativos.

El estudio de los materiales culturales deja conocer formas, costumbres y/o patrones de
enterramiento, inclusive puede colaborar con la organización social. Igualmente, son la
base fundamental al momento de definir cronologías de una sociedad, y para realizar
estudios comparados entre horizontes culturales.

En el territorio yumbo, además de la cerámica, está la presencia de tumbagas marti-


lladas, cuentas de concha Spondylus, así como piedras de moler, hachas de piedra, per-
cutores, machacadores, raspadores en piedra, basalto y, también la obsidiana, mate-
riales que apoyan las hipótesis sobre las relaciones de producción de todo proceso
de trabajo.

La presencia de concha Spondylus en el bosque húmedo tropical del noroccidente, tra-


bajada para que sirva como cuentas de un collar significa que también este pueblo par-
ticipaba del conocimiento simbólico de ese material y, obviamente de su valor que per-
mitía establecer jerarquías sociales, consolidación de jefaturas y ejercicio de rituales
vinculados con el agua, la lluvia y el fenómeno del Niño (Marcos, 1980).

Creemos que todos estos productos culturales estuvieron vincu-


lados, no sólo con la vida cotidiana sino también con la ideolo-
gía y el pensamiento cosmológico del hombre de esa región.
Los vamos a clasificar en cerámica, lítica, Spondylus, metalurgia y
otros. Aunque no se ha encontrado todavía suficientes muestras
de tejidos, madera, huesos, metales, etc., por información de la
gente se conoce que en excavaciones clandestinas sí han extraí-
do dichos materiales. Cuando se proceda en futuras etapas a
excavar tolas o contextos funerarios, es muy probable que se los
descubra. De momento, nuestra preocupación ha sido exclusiva-
mente la prospección general del subtrópico quiteño y la puesta
en valor del sitio arqueológico de Tulipe.

53
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

La mayor parte de este material (80%) se


halla en propiedades de finqueros y cam-
pesinos en general, quienes nos han per-
mitido el acceso. Se trata de material
extraído de los terrenos durante las remo-
ciones de tierra para la agricultura y a
veces también mediante excavaciones
clandestinas. El 20% restante procede de
los sondeos, pruebas de pala y excavacio-
nes puntuales que el FONSAL ha realiza-
do dentro del proyecto de prospección.

Las investigaciones del subtrópico quite-


ño, particularmente las llevadas a cabo
por el FONSAL, han permitido ir carac-
terizando nuevos elementos de la cultura
material de los yumbos y configurando
patrones conductuales de este grupo. Así,
las evidencias materiales (cerámica, pie-
dra, hueso, metales, ofrendas funerarias,
etc.) suponen un determinado modo de
producción, obtención de materias pri-
Cántaros con base mas, grado de desarrollo tecnológico, especialización, y posiblemente evidencian pro-
cóncava externa, cesos de intercambio material e ideológico (Zedeño, 1986). En otras palabras, los res-
convexo interna, en tos materiales no son otra cosa que el resultado de la adaptación de una sociedad a con-
Santa Teresa, Pacto. diciones específicas (sociales, medio-ambientales, etc.), en la constante búsqueda de la
solución histórica de sus problemas generales de desarrollo (Bate, 1971).

1- Material cerámico
Características diagnósticas de la cerámica yumbo, período Formativo

L a cerámica como expresión cultural, se halla entre las primeras manifestaciones de


desarrollo y organización de los pueblos prehispánicos. Por su mayor perdurabilidad
en un sitio arqueológico, es uno de los principales instrumentos diagnósticos utilizados
por el arqueólogo, para realizar inferencias en sentido espacial, temporal y de carácter
social (Lumbreras, 1974). Por esta razón, no habrá libro de arqueología que prescinda de
este material, inclusive convirtiéndolo en tema de extensos tratados de ‘tiestología’, des-
cuidando a menudo el estudio de su artífice, que es el hombre del pasado.

En nuestro contexto, el concepto de la palabra Formativo significa la aparición de un


modo de producción distinto. Marca la transición de la organización de los cazadores,
recolectores, horticultores a formas sociales que incorporan la utilización de la cerámi-
ca, agricultura incipiente y formas ‘aldeanas’ de población.

En el caso del Ecuador, la etapa que corresponde al neolítico del Viejo Mundo. En la
península de Santa Elena (cultura Valdivia, 4500 a. C.), aparece la primera cerámica del
continente americano. Se trata de una cerámica con gran variedad de técnicas decora-
tivas y de formas, por lo que es posible suponer la pre-existencia de sociedades y cul-
turas de transición con una alfarería que fue evolucionando entre la etapa de domesti-
cación de plantas y la agricultura desarrollada.

Lo más significativo de este material está en su amplia extensión y dispersión en el área,


pues aproximadamente a los 20 años de su descubrimiento, con el FONSAL se ha podi-
do comprobar que esa ocupación temprana, contemporánea con Cotocollao, estuvo no
54
Mapa de ubicación de vestigios formativos en los sondeos arqueológicos a partir del centro ceremonial de Tulipe.

5 1
6
7

2
3
4

sólo en el valle de Tulipe, sino que se extendió en un territorio mayor, de al menos 50


km2 como se observa en el mapa de ubicación de pozos de sondeo.

Los bordes de cuencos y ollas son redondeados. Se han encontrado varios fragmentos
invertidos y de labio ojival. Los bordes generalmente se encuentran con huellas de un
acabado pulido y pintura, semejantes a la cerámica de Cotocollao. Se los asocia con
actividades rituales o ceremoniales.

Dentro del material formativo se comprueba también la presencia de fragmentos de


vasijas globulares con decoraciones plásticas, entre las que se destacan diseños a base
de líneas finas y gruesas incisas, punteado simple, zonal, caña hueca o canuto, estam-
pado de uñas, apliques y pintura roja en bandas.

El caso del material Formativo tan difundido en Tulipe entre los años 2.000 a.C. y 400
a.C. es la más clara evidencia de aquellas migraciones interregionales a través de terri-
torios intermedios y bocas de montaña. Esto significa que los contactos interculturales
y de expansión tuvieron lugar en este sector de la geografía ecuatoriana mucho antes
del período yumbo. Sus evidencias permanecen a 3 m. de profundidad y en una amplia
zona de por lo menos 50 km2.

Características diagnósticas de la cerámica yumbo, período de Integración

En cuanto a la cerámica del período yumbo (Integración), el rescate de evidencias


materiales fue muy complicado debido, por una parte a que en la actualidad la zona se
halla bastante perturbada por razones antrópicas y, por otra, a causa del factor topográ-
fico que dificulta ciertos accesos.

En general, los acabados de la cara externa de la cerámica yumbo, se caracterizan por


presentar un alto porcentaje (82%) de superficies uniformemente alisadas y, en pocos
casos, un alisado rugoso.

55
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Vasijas

Un alto porcentaje de las vasijas se caracteriza por presentar


bordes evertidos, labios redondeados y pequeños. En porcenta-
jes menores aparecen bordes invertidos que corresponden a
artefactos cerrados como cuencos, ollas o ánforas. No obstante,
también se ha localizado dos tipos de bordes que al parecer son
atípicos de la zona: bordes evertidos con una suerte de reborde,
y un tipo de borde asemejado a una carena.

En cuanto a las bases y soportes, su presencia es escasa y las


pocas bases encontradas se caracterizan por ser muy simples,
generalmente planas, cóncavas y convexas. Sin embargo, aquí se
halla el descubrimiento más importante y novedoso de la mues-
tra: nos referimos a la presencia de bases con una pequeña con-
cavidad hacia el interior de la vasija. Están asociadas a vasijas
clasificadas como cántaros. No estamos claros aún sobre su uti-
lidad, pero más adelante trataremos de explicar algunas hipóte-
sis que se han planteado sobre este interesante detalle, del cual
no existen reportes en la literatura de la arqueología ecuatoriana,
por lo que bien podría tratarse de un rasgo diagnóstico exclusi-
vo de la cultura yumbo.

La clasificación estructural y funcional de las vasijas se sustentó en


el estudio de tres formas algo atípicas. La primera se relaciona con
la categoría cántaro, cuya estructura morfológica se asemeja más
bien a artefactos de corte serrano, especialmente por la decoración
antropomorfa sobre su borde, con ojos en forma de grano de café,
similares a artefactos originarios de la Sierra central.

La segunda corresponde a una serie de torteros, también conoci-


dos como fusayolas o volantes para hilar; su presencia tanto en
Vasijas yumbo cuya contextos funerarios huaqueados, como en basurales, confirma lo señalado con los
base se caracteriza por datos etnohistóricos respecto del intenso intercambio o exportación de textiles yumbos
una protuberancia hacia otras regiones.
cóncava externa y
convexa al interior. La tercera corresponde a una olla de connotaciones especiales, pues de acuerdo a la lite-
ratura especializada sobre el tema se trataría de una olla Baker de filiación inca.

La decoración, restringida casi exclusivamente a la superficie externa de las vasijas se


halla poco representada en la muestra, pues de 119 ejemplares apenas 15 presentan esta
característica.

La segunda técnica, de agregación o aplique, de uso extendido; corresponde a aplica-


ciones de botones alrededor del tercio superior del cuello de las vasijas. Esta técnica
puede estar relacionada con la presencia inca en esta zona.

Cuencos

Los cuencos son unos recipientes abiertos con base generalmente cóncava y correspon-
den a formas simples. La superficie aparece casi siempre alisada y ocasionalmente puli-
da o ahumada. El borde generalmente es directo. En el caso de Tulipe, salvo un solo
artefacto que presenta impresiones de uñas en el labio y borde, los pocos fragmentos
hallados no tienen decoración alguna. Se trata en general de formas muy comunes en
el corpus cerámico. Su función es la de contener alimentos. Los hay de bordes cerra-
dos, abiertos y carenados.

56
MATERIALES CULTURALES

Compoteras Torteros o volantes de


huso que debieron ser
Por otra parte están las compoteras, for- utilizados en el hilado del
algodón, rescatados en el
mas abiertas y compuestas, integradas por
territorio yumbo.
un cuenco o plato, más un soporte anular
o pedestal. Presentan superficies exclusiva-
mente alisadas, tanto al interior como al
exterior; los bordes son evertidos. La
mayoría de compoteras encontradas no
presenta decoración. El rango de compo-
teras es muy amplio dentro del cuerpo
cerámico arqueológico ecuatoriano; apare-
cen desde los estadios tempranos hasta los
coloniales y posiblemente republicanos.

Cántaros

Los cántaros son vasijas de forma globular alargada a modo de jarrones cuya diversidad
es muy amplia, especialmente por su variada tipología de bordes y labios. Están los lla-
mados completos, recipientes cerrados como el que formaba parte del ajuar funerario
en una tumba al sur del pucará de Chacapata. Y el antropomorfo, con apliques decora-
tivos que representan los ojos y la nariz de un ser humano.

Ollas

Las ollas, recipientes de forma generalmente globular, borde directo, y superficies ali-
sadas, tamaño variado; en algunos casos presentan hollín en su superficie, aspecto que
permite inferir su asociación con actividades domésticas. De ellas, las que poseen una
pequeña decoración antropomorfa sobre su borde, detalle importante que recuerda la
representación de unos ojos en forma de ‘granos de café’.

Fusayolas o torteros

Las fusayolas o torteros, pequeños objetos


de cerámica de forma generalmente circu-
lar, lenticular y de sección cónica con un
agujero pequeño en el centro, son elabo-
rados normalmente a partir de un frag-
mento de cerámica y su función está liga-
da con la hilandería también pueden
fabricarse a partir de la arcilla y en algu-
nos casos decorados, con fines quizá cere-
moniales y de ornamentación. La presen-
cia de torteros, relativamente abundante,
en los basurales así como en contextos
funerarios es una prueba de la actividad
textil desarrollada por los yumbos. La
materia prima debió ser el algodón, pro-
ducto traído de la Costa, pero que tam-
bién existía en menor cantidad en la zona
noroccidental de Pichincha.

Si bien se les vincula a la hilandería, pare-


cería que su función tenía mucho que ver
con lo ritual, lo funerario u otros servicios
no necesariamente domésticos.
57
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Figura antropomorfa Sellos


sedente localizado en
territorio yumbo, Existe la hipótesis de Gass sobre el uso de los sellos y cilindros en función del tatuaje
Tandayapa. del cuerpo humano, mediante la aplicación de tintas vegetales. Lo cierto es que mues-
tran diseños antropomorfos, zoomorfos, espirales, vegetales, círculos concéntricos,
etc., a menudo laberínticamente complejos. Son improntas, marcas, cicatrices, huellas
que manifiestan artísticamente una pertenencia y un simbolismo espiritual. Son escudos
protectores que cubren el cuerpo de sus tatuados, porque estos creen en el poder de sus
mitos, ritos y símbolos.

El diseño del primer sello traduce un trío de espirales equidistantes y simétricas entre
ellas que, arrancando de un punto común, giran hacia la derecha, según las manillas del
reloj. El segundo sello es un artefacto con un diseño de círculos concéntricos similar a
los descritos en los petroglifos.

Los yumbos utilizaron mucho la espiral; la encontramos en todos los petroglifos y


ahora diseñada en este pequeño sello. Su significado podría encontrarse relacionado
con las serpientes enrolladas de su medio geográfico, y su probable simbolismo de ener-
gía, eternidad, encantamiento y vitalidad. Si nombramos a la serpiente es porque este
reptil en todas las culturas, no sólo amerindias, está asociado al agua, la tierra, el fuego,
la mujer, la fertilidad, el terror, la energía, lo envolvente y lo interminable (Mircea
Eliade, passim).

Piezas antropomorfas

En todas las culturas precolombinas del Ecuador están


presentes las pequeñas esculturas de cerámica en las que
sus artífices trataron de perennizar la figura humana y
sus expresiones cotidianas, mítico-religiosas y funda-
mentalmente de gran contenido simbólico, no siempre
fácil de descifrar por parte de los arqueólogos e intérpre-
tes modernos.

Por igual aparecen las mujeres y los hombres como


fuentes de inspiración ancestral; los encontramos plas-
mados en curiosas figurillas como las célebres ‘venus de
valdivia’ con su variedad de peinados y rostros estiliza-
dos; en las extraordinarias obras femeninas de chorrera,
tolita, jama-coaque; en los gigantes de bahía; en los
canasteros y coqueros de las culturas del Carchi; o en
las representaciones antropozoomorfas tardías de seres
mágicos, terroríficos y dotados de tanto poder ‘shamá-
nico’ que sólo los dioses, al parecer, superaban. De
hecho, muchos pobladores los conservan y utilizan
como ‘talismanes’ o elementos protectores de la casa, la
salud y la buena suerte.

Todas las piezas antropomorfas observadas en el país


yumbo se caracterizan por unas facciones bastante duras,
‘amenazantes’ y ‘misteriosas’, que sugieren o muestran ten-
dencias zoomorfas de posibles simios, felinos, aves, o de
animales de su medio ecológico. El acabado de la cerámi-
ca es más bien pobre, burdo y erosionado, similar a toda
la cerámica yumbo descrita en este capítulo, pero icono-
gráficamente presenta detalles importantes de elementos
complementarios que adornan a la figura humana.
58
MATERIALES CULTURALES

Las bases cóncavas, ¿una característica


de la cerámica yumbo?

La tipología de las bases cóncavas descubiertas en el subtrópico quiteño


sugiere un problema muy interesante. Primero porque no existe en la lite-
ratura arqueológica precedentes que permitan hacer estudios comparados
con el tipo de base cóncava de la cultura yumbo. En segundo lugar, porque
hace pensar que estamos frente a una característica morfo-funcional muy
particular que amerita ser analizarla con detenimiento y dentro de una
muestra mayor en comparación con la que disponemos hasta ahora.

Cabe resaltar el hecho de que la base cóncava tuvo todo un proceso evo-
lutivo en cuanto a sus dimensiones, forma y acabado que arrancó desde un
asiento probablemente plano, y que en una larga secuencia de variantes
llegó a una atípica forma de base cóncava por fuera y con una protuberan-
cia cónico convexa hacia adentro.

Conclusiones sobre la cerámica yumbo Bases cóncavas externas


o convexas internas de la
De las investigaciones realizadas por el FONSAL, se establecen ciertas características cerámica yumbo. Olla
presentes en la cerámica recuperada geográficamente en la zona que comprende el río restaurada, procedente de
Santa Teresa-Pacto.
Guayllabamba-Íntag por el norte, y el Pachijal por el sur; y desde el sector de la reser-
Fotografía de Jorge
va Maquipucuna, por el este, hasta el río Mashpi, por el oeste. Vinueza, 2004.

1- En cuanto a la forma, se diría que es muy notoria la presencia de cuencos abiertos y


cerrados, estos últimos en menor escala. Pueden tener o no una carena decorada o un
soporte anular o pedestal. Hay también bordes inflexionados o con cuellos, aunque,
debido a la fragmentación, su variabilidad no es muy clara.

2- Esta cerámica generalmente presenta una pasta fina o mediana; muy pocos ejempla-
res presentan una pasta gruesa; en este caso suelen estar relacionados con vasijas de
gran tamaño. La técnica de elaboración es la del enrollado.

3- La cocción casi siempre es oxidante, aspecto que permite inferir la utilización de hor-
nos abiertos. Pocos ejemplares presentan indicios de atmósferas neutras o reductoras,
debido quizá a anomalías en el proceso de cocción.

4- En cuanto a la decoración, lo más sobresaliente es la presencia de modelado, puntea-


do, aplique e incisos, aunque no faltan artefactos antropomorfos o con evidencias de
pintura.

5- En general, se observa la poca variabilidad formal en el utillaje aplicado por la socie-


dad yumbo. De igual manera, es claro que no fue el fuerte de esta sociedad la modali-
dad delicada en la elaboración de la cerámica; por el contrario, esta es bastante monó-
tona y sencilla. Los acabados apenas llegan a los modestos alisados.

Material cerámico foráneo

Cuando se habla de cerámica foránea, se remite a aquella que pertenece a culturas


arqueológicas identificadas en otros contextos geográficos e históricos, o las de carac-
terísticas atípicas respecto de la cerámica yumbo. En la prospección realizada en el sub-
trópico quiteño, se ha encontrado piezas de filiación inca y colonial.

En ambos casos, esos materiales culturales exógenos llegaron al territorio yumbo debi-
do a las relaciones interregionales, comerciales o mediante las invasiones inca o espa-
ñola. Se ha comprobado, a su vez, que algunas piezas que coleccionan campesinos de
la zona pertenecen a otras culturas de la Costa y de la Sierra, lo que atestigua que los

59
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Artefactos líticos viajeros, comerciantes y peregrinos yumbos transitaban de una región a otra, además
recolectados en territorio de que daban cabida en sus centros ceremoniales a creyentes foráneos.
yumbo. Colección de
Patricio Cando,
A diferencia de la cerámica yumbo y la inca, ha sido imposible tipificar las pequeñas
Nanegalito.
muestras de cerámica colonial, heterogénea en cuanto a formas y coloración. La deco-
ración de estas tiene la particularidad de estar enriquecida con motivos de flora y fauna,
entre los que se destacan las aves y las flores, algo muy diferente a decoración geomé-
trica de la cerámica inca.

La técnica de manufactura de la cerámica colonial es el torneado y su cocción es oxi-


dante. Se presume que su fabricación tuvo lugar en el septentrión andino, pues en el
actual Ecuador existían tres áreas principales de producción: las provincias de Azuay,
Cañar y Pichincha.

2- El material lítico

L a industria lítica está representada por un conglomerado o conjunto de artefactos


que se caracterizan por la combinación de sus atributos y de su tecnología, pero que
generalmente corresponden a dos actividades de la vida doméstica del hombre tempra-
no: la primera relacionada con la cacería, y la segunda con la agricultura.

En el caso del subtrópico quiteño, los yumbos dejaron suficientes testimonios de la uti-
lización de la piedra como materia prima de artefactos relacionados con aquellas acti-
vidades de subsistencia: puntas de flechas, cuchillos, raspadores, raederas, piedras de
moler, propulsores, artefactos de molienda, etc. Y, obviamente, en este análisis no hay
que olvidar que este material fue igualmente utilizado en la construcción de Tulipe, el
monumento más importante de la arquitectura jerárquico-sagrada yumbo.

Muchos de estos artefactos de obsidiana debieron tener un uso multifuncional, como


cuchillos, raederas, escotaduras, raspadores, perforadores, etc., e inclusive pudieron
haber sido reutilizadas en varias ocasiones. Sin lugar a duda, este material tuvo mayor
aceptación entre los pueblos precolombinos fundamentalmente más tempranos, debi-
MATERIALES CULTURALES

do a su forma de fractura y a lo cortante de sus filos. No obstante, la mayor parte de Narigueras de cobre
pequeñas piezas encontradas en superficie corresponden a artefactos de basalto, quizá descubiertas en un ajuar
porque los artesanos yumbo podían adquirir este material con menor dificultad. Las funerario en la tumba 1,
Chacapata, Nanegal.
andesitas, por su parte, constituyen la materia prima de los centenares de metates, Fotografía de Patricio
manos de moler, piedras de honda, hachas, boleadoras, etc. Cando, 2004.

3- La concha Spondylus

L os yumbos realizaron intercambios y utilizaron a la concha Spondylus en sus mani-


festaciones culturales, especialmente funerarias. Las evidencias de este material
están presentes en todo el noroccidente conforme se ha podido constatar en las peque-
ñas colecciones de algunos campesinos, como en varias de las pruebas de pala realiza-
das durante la prospección. Todos los testigos aseguran que generalmente los artefac-
tos de concha Spondylus y de concha madre perla proceden de contextos funerarios.
Sabido es que la Spondylus tiene singular importancia por su contenido simbólico, pues
se trata de un elemento suntuario de consumo valioso y escaso, que era ofrendado para
los dioses (Rowe, 1946). Este elemento fue tan valioso en el mundo andino que el Molla
Chasqui Camayoc tenía que mantener a los templos del imperio inca abastecidos de
Spondylus (Marcos, 1986).7

Al parecer las altas jerarquías yumbo no eran ajenas al simbolismo de la Spondylus. Al


contrario, la incluyeron en sus rituales relacionados con el culto a las deidades y tam-
bién para sus atuendos y ornamentos festivos, ceremoniales y jerárquicos.

4- Metalurgia

L os actuales habitantes del subtrópico quiteño, a menudo nos han reportado hallaz-
gos de artefactos de metal “encontrados en ciertos lugares mientras caminamos o
trabajamos la tierra”. De hecho, hemos tenido oportunidad de observar pequeñas lámi-
nas de oro, cobre y plata que debieron pertenecer a contextos funerarios y que los hua-
queros, aparentemente “incógnitos e inexistentes” e innumerables en las fincas, las
extrajeron con el fin de venderlas a coleccionistas o comerciantes de antigüedades.

En una ocasión, el autor tuvo la suerte de conocer una preciosa pieza zoomorfa de oro
que representaba a una parejita de monos unidos entre ellos y parados uno frente al
otro. La mujer que lo portaba al cuello, como un colgante de una cadena, manifestó con
toda la seriedad del caso que aquella joya la encontró en sus terrenos.

Cabe destacar aquí un detalle importante y que en futuras investigaciones deberá acla-
rarse: es el relacionado con la presencia de improntas de textiles que quedaron adheri-
das a la capa oxidada de las narigueras, sugiriendo el uso de una envoltura con tela de
algodón en torno a la cabeza y al cuerpo del cadáver, como parte del ajuar funerario.
Quizá esta práctica de envolver al cuerpo formaba parte de la tradición y ritualismo
entre los yumbos, previo al enterramiento

7 Probablemente uno de esos descubrimientos más espectaculares sea el de las tumbas reales de Sipán en la Costa perua-
na, cuando Walter Alva y su equipo saca a la luz en 1987 el testimonio tangible de ese material “aliento de los dioses”, que
había sido elaborado y transformado en extraordinarios pectorales para depositarlos como parte del ajuar funerario que
acompañaba al cuerpo de un poderoso señor mochica en su viaje hacia el más allá.

El último develamiento de singular importancia acaba de ocurrir en la misma ciudad de Quito por parte del FONSAL. Se
trata de un hallazgo investigado por María del Carmen Molestina en el sitio arqueológico La Florida (noroccidente del área
urbana de Quito), en donde miles de pequeños mullos aparecen asociados a vasijas de cerámica, piezas de oro, tejidos, etc.,
formando parte del ajuar funerario de enterramientos múltiples en tumbas que llegan hasta 17 m. de profundidad.

61
62
Capítulo VIII
Mapa arqueológico del noroccidente
del Distrito Metropolitano de Quito

E l mapa arqueológico del noroccidente de Pichincha forma parte del gran proyecto
denominado “Mapa Arqueológico del Distrito Metropolitano de Quito”, que el
Municipio viene trabajando desde el año 2003 a través del FONSAL.
Página anterior:
vista del sistema
montañoso que desciende
desde Los Andes hacia el
territorio yumbo en el
Este proyecto constituye un viejo sueño que los estudiosos de la arqueología ecuatoria- noroccidente de
na han deseado, pero que por su complejidad y fuerte inversión ha tomado un largo Pichincha.
período de realización, al menos sobre los 4.223 km2 del territorio del Distrito
Metropolitano de Quito.

El mapa debe ser entendido como producto de una prospección de superficie, más no
como fruto de excavaciones arqueológicas sistemáticas, pues según los criterios del
FONSAL, primero hay que disponer de al menos un inventario de todo aquello que
tenemos para luego, mediante políticas culturales muy definidas, capacidad económica
suficiente y garantías de protección y conservación del patrimonio, encaminar investi-
gaciones concretas y directas sobre los sitios. Para el efecto se ha procedido, de la
siguiente manera:

1. Elaboración del proyecto: propuesta, objetivos, alcances y estrategias.


2. Planificación: metodología, sectorización, plazos, presupuestos.
3. Contratación de arqueólogos de campo.
4. Capacitación del personal técnico y de asistentes.
5. Prospección; recorrido de campo, pruebas de pala, recolección de material cultural
(cerámica, lítica, metales, tejidos, huesos, obsidiana, Spondylus, madera, entre otros), inven-
tario de vestigios monumentales como tolas, pucarás, caminos, sitios, petroglifos, etc.
6. Procesamiento de datos.
7. Confrontación de resultados.
8. Digitalización e impresión de mapas definitivos.

Las cartas topográficas del Instituto Geográfico Militar (I.G.M.) han sido la guía fun-
damental para la ubicación y visualización geográfica de los vestigios; sin embargo,
conviene resaltar la información que anteriores investigadores ya proporcionaron
sobre la zona.

Los trabajos de Frank Salomón, John Isaacson, Ronald Lippi, Hólguer Jara, reiterada-
mente mencionados en este libro, fueron las pistas más adecuadas para desarrollar el
proyecto. Con el fin de estandarizar los formatos de los documentos de campo y, desde
luego, aprovechar de experiencias de otras instituciones, se optó por la utilización de
fichas de prospección elaboradas y puestas en vigencia por el Instituto Nacional del
Patrimonio Cultural (I.N.P.C.).

63
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

El registro de cada evidencia arqueológica cuenta con el código del área asignado a la
región arqueológica, el número del sitio, el número de la ficha de registro, el croquis
planimétrico de la evidencia y, adicionalmente, su ubicación geográfica (uso del G.P.S)
de cada uno de los sitios arqueológicos.

Toda esta información se trasladó al I.G.M., institución que a través de su departamento


de marketing y sección de cartografía configuró las cartas topográficas respectivas, y creó
un archivo digital especial al que se le denominó ‘Calacalí’. Pero para llegar a este archi-
vo fue necesario realizar varios pasos previos a los que se denominaron Calacalí 1,
Calacalí 2, Calacalí 3 y Calacalí 4, según el tipo de información que ingresaba.

Una vez completado el Mapa Calacalí 4, se procedió a la preparación de nueve cartas


sectorizadas. La escala seleccionada para la impresión corresponde a la 1:50.000, aun-
que para el trabajo de campo se utilizaron las 1:20.000, 1:34.000, 1:22.000 y 1:50.000,
siendo la escala 1:34.000 la de mayor comodidad tanto por su fácil manejo logístico,
cuanto por utilidad en el laboratorio.

Debe aclararse que este mapa arqueológico trata en lo posible de reconstruir gráfica-
mente la zona en la que se desarrolló la nación yumbo. Por esta razón, no constan
varios elementos actuales como carreteros, haciendas y obras de infraestructura moder-
na. Se da obviamente prioridad a la ubicación de los sitios arqueológicos mediante la
fijación de coordenadas precisas, sin descuidar los nombres de accidentes geográficos,
ríos, quebradas, cotas y poblaciones actuales de gran importancia que faciliten la ubi-
cación general de lo que nos interesa en este estudio.

La discusión todavía existente sobre la extensión, concepto y alcance de sitio, non-sitio,


monumento, etc., a menudo especulativa más que científica y pragmática, nos ha lleva-
do a identificar cada vestigio arqueológico con un código particular y secuencial; códi-
go que bien podía haber aglutinado a varios elementos, contextos o áreas de ocupación.
De momento creemos que es preferible ‘pecar’ por abundancia de datos que por ausen-
cia de los mismos.

En la publicación del “Mapa Arqueológico del Distrito Metropolitano de Quito” -que


incluirá entre los seis bloques a San José de Minas, Guayllabamba, Píntag, Lloa, Quito
y Pacto, así como a este último- se dispondrá de interpretaciones más definidas que
prioricen contextos culturales, más que unidades independientes.

El proyecto del mapa arqueológico que el FONSAL está elaborando es un complicado


reto que incluye etapas de observación directa, prospección y sondeos en el área de
4.223 km2 del Distrito Metropolitano de Quito, para luego proceder con la digitaliza-
ción de los datos de campo fundamentalmente en lo que se refiere a coordenadas, tipo-
logía y descripción básica de los sitios arqueológicos descubiertos. Para esto se ha divi-
dido el territorio en seis bloques, denominados:

BLOQUE NOROESTE - PACTO


BLOQUE NORTE – SAN JOSÉ DE MINAS
BLOQUE ESTE- GUAYLLABAMBA
BLOQUE SURESTE- PINTAG
BLOQUE SUROESTE – LLOA
BLOQUE CENTRO – QUITO

64
MAPA ARQUEOLÓGICO DEL NOROCCIDENTE DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO

Los bloques han sido trabajados minuciosamente por diez equipos de arqueólogos hasta
obtener un diagnóstico lo más aproximado posible de las ocupaciones de este espacio en
tiempos prehispánicos. Insistimos en el término ‘aproximado’ porque se trata de un estu-
dio de superficie que no ha incluido excavaciones arqueológicas. Esto significa que en el
futuro este mapa podrá completarse con información a nivel de subsuelo.

Los propósitos de este proyecto, son varios. En primer lugar, como ecuatorianos debe-
mos conocer de manera sistemática lo que tenemos como legado de nuestros antepasa-
dos, diríamos pues que es cuestión de identidad. En segundo lugar, este mapa, cuyo for-
mato impreso será el de un atlas, permitirá apreciar didácticamente la mayor o menor
densidad de ocupación arqueológica de nuestro territorio metropolitano y encaminar
racional y organizadamente futuros proyectos arqueológicos. En tercer lugar, las comu-
nidades se ‘apropiarán’ de su respectivo patrimonio cultural, lo conservarán y promo-
cionarán con fines inclusive turísticos.

En la presente obra aparece ya parte de los resultados de dicho mapa en lo que corres-
ponde al territorio yumbo.8 Dadas las características de los vestigios arqueológicos de
esta zona, los símbolos utilizados se refieren a tolas, pucarás, caminos, piscinas, cemen-
terios, petroglifos y otros sitios en los que se evidencia algún material cultural. Se ha
eliminado, para una mejor lectura de la información, los datos que corresponden a cier-
tas poblaciones, escuelas, iglesias, entre otros, de filiación actual. Asimismo, de acuer-
do a la altitud de los elementos, se ha incorporado una gama de colores para así no recu-
rrir a las curvas de nivel frecuentes en las cartas topográficas.

8 Se adjunta al presente estudio el mapa general del territorio ocupado por la cultura yumbo. Este mapa abarca lo que
correspondería a las nueve cartas sectorizadas.

65
SEGUNDA PARTE:
EL CENTRO CEREMONIAL DE TULIPE
68
Capítulo IX
El valle sagrado de Tulipe

E n el caserío de Tulipe, ubicado en el noroccidente de la provincia de Pichincha a


70 km. de Quito por carretera y a 40 km. en línea recta, se encuentran varias
estructuras precolombinas, denominadas localmente como las piscinas.
Página anterior: vista
desde la carretera a
Mindo hacia el Guagua
Pichincha.
Se trata de un complejo arquitectónico de gran importancia y originalidad, centro de
una extensa zona arqueológica, llena de restos monumentales entre los que se encuen-
tran tolas, petroglifos, caminos etc. Tulipe es la denominación del pequeño río que pasa
junto a ellas, tributario del bajo Guayllabamba.

A medida que se desciende desde los niveles más altos de la cordillera occidental, se
observan los rápidos cambios de vegetación correspondientes a diferentes niveles
ecológicos.

Tulipe es una zona de montaña baja y su clasificación ecológica corresponde a la for-


mación bosque muy húmedo pre-montano (bmhpm) del sistema Holdridge. Sus suelos
se han formado por meteorización de rocas metamórficas y presentan una serie de
constantes depósitos de ceniza volcánica provenientes del Pichincha.

Ubicación de Tulipe con relación a Quito

69
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

1- Escenario cultural de Tulipe

E I origen y significado del vocablo ‘Tulipe’ es desconocido, aunque por su termina-


ción parecería tener alguna relación con el grupo lingüístico macro chibcha (Haro,
1974: 16). Los nombres de muchas quebradas, esteros y ríos de la zona terminan en pi
o en su equivalente pe, bi, be, como Mashpi, Charapi, Camapi, Yaupi, lngapi, Saguanabi,
Canchupi, etc. La diferencia vocálica se debe únicamente a la transcripción que se dio
de la fonética de las lenguas aborígenes a la escritura española: Palupe, Milpe, Cholupe,
Piripe, Llullupe, Guayacape, Chiguilpe, Tutupe, Anope, Chugüipe, Tulipe, etc. En
aquellas lenguas -de las cuales está vigente todavía el Colorado o Tsafiqui- esta termi-
nación pi,, significa río o agua, elemento natural que todas las culturas adoptaron como
fundamental, no sólo por su carácter utilitario sino también como elemento sagrado de
purificación.9

De esta breve aproximación lingüística, el término Tulipe o Tulipi provendría de dos


raíces: de tuli y de pi o pe. La segunda raíz guarda concordancia absoluta respecto del
nombre del pequeño río o con ‘el agua que pertenece a esa quebrada’; mientras la pri-
mera tuli, tula o tul sugiere varios significados:

1- Si esta primera raíz es contemporánea con el origen chibcha de la segunda y, siendo


aquella lengua proveniente de Centroamérica, es probable que se haya dado una
amplia expansión del término y tenga el mismo significado norteño de Tula, nombre
con el que se conoce a las ruinas arqueológicas de la mítica ciudad de Tollan
Xicocotitlán, capital del reino tolteca y fundada por emigrantes de Teotihuacán y gru-
pos toltecas nómadas hacia el año 856 d.C. En este caso su significado es carrizo,
importante material utilizado en la construcción de esa región mesoamericana, y que
haría referencia a las cañas guadúas (Bambusa guadua) también existentes en la zona de
Tulipe; es decir, podría significar el agua de las guadúas o el río de las guadúas.

2- En un contexto más andino, el topónimo o la raíz tula correspondería a la palabra


derivada del quichua tola (recuérdese que en este idioma no existe la vocal o), cuyo sig-
nificado se refiere a los montículos artificiales precolombinos de los que habla la
arqueología ecuatoriana y que en esta zona noroccidental de Pichincha, como se ha
visto, son extraordinariamente abundantes (Lippi, 1998: 44). De hecho el río Tulipe
desciende desde el muy conocido barrio llamado Las Tolas. En este caso, el significa-
do total sería: el agua de las tolas o el río de las tolas.

3- Algunos habitantes locales aseveran que el nombre del río y por tanto de las pisci-
nas, pudo haberse inspirado en los tulipanes que existían en la zona y que “en su honor
se denominó así en tiempos pasados”, recortándole la última sílaba.

En este estudio, se opta por la segunda interpretación: río o agua que viene de las tolas.
Este significado sugiere o permite una asociación cultural estrecha entre el contenido
sagrado del agua que se depositaba en las estructuras hundidas de las piscinas y los
montículos piramidales de las tolas que circundaban al centro ceremonial. Las eviden-
cias arqueológicas, tanto de las tolas como de las piscinas y no se diga del río, están allí
y se las puede comprobar.

9 En un artículo de 1919, Contribución al conocimiento de las lenguas indígenas que se hablaron en el Ecuador
Interandino y Occidental, con anterioridad a la conquista española, Jijón y Caamaño aporta un dato significativo para
nuestro tema, dice: “Pi= agua, figura en todas las voces que significan líquidos" (Jijón y Caamaño, 1919: 349). El nom-
bre Tulipe (Tulipi), significaría entonces, en lengua Barbacoa, lugar de las aguas; y esto tiene sentido porque en Tulipe
convergen dos ríos, el San Carlos y el Río Tulipe. Además no debe olvidarse que en el valle sagrado, las estructuras semi
enterradas, tienen un complejo sistema hidráulico que permite el desarrollo de las ceremonias y rituales en donde el agua
deviene en un rol preponderante.

70
EL VALLE SAGRADO DE TULIPE

El valle sagrado de Tulipe es un templo abierto, rodeado de pequeñas y ondulantes


colinas que le rodean a modo de anfiteatro alargado, y que se encuentra en la región
noroccidental de la provincia de Pichincha, entre las actuales parroquias de Gualea y
Nanegalito, a 1.500 m. de altura sobre el nivel del mar.

Su paisaje natural se compone de una serie de piedemontes que lo rodean y se orientan


hacia el río Guayllabamba, formando un abanico geográfico sobre los cuales como
hemos dicho se desarrollaron varios asentamientos nucleados y de la categoría disper-
sos de la nación yumbo.

Según la datación arqueológica, hace 1.200 a. C. (período de Integración), la nación


yumbo comenzó a construir sus centros sagrados destinados a la formación de sabios,
culto a dioses cósmicos, estudio de la astronomía, planificación geométrico- ritual,
medición y cálculo del tiempo.

Sus actos rituales y vida religiosa se combinaban con sus actividades cotidianas, enca-
minadas fundamentalmente al intercambio de productos propios de la zona: sal, ají,
coca, algodón, tanto con la región andina, así como con la región costanera, a más de
sus textiles artesanales y agrícolas en general.

La importante actividad comercial con las regiones circunvecinas hizo que los yumbos
sean considerados como comerciantes de productos suntuarios y de primera necesidad,
y respetados por sus altos conocimientos de medicina (herbolaria) hasta bien entrada
la Colonia y en el período republicano, hasta principios del siglo XX.

Por otra parte, se construyó una infraestructura arquitectónica poderosa que desde
estos altos miradores controlaba todo el territorio, formando verdaderos complejos que
sugieren la existencia de sociedades estratificadas. En la cúspide se encontraba el jefe y
su élite, los sabios, sacerdotes y cortesanos, ocupando espacios privilegiados para resi-
dir (tolas mayores) y asistiendo a los ritos periódicos que se protagonizaban en el gran
templo de Tulipe. El jefe ejercía el poder religioso, administrativo y médico, propio de
un sabio, cacique o señor, para lo cual auspiciaba la formación de expertos yachakkuna
o sabios que luego le asesoraban.

Para el cumplimiento de los ritos, indudablemente los yumbos necesitaron espacios


sagrados que reunieran condiciones especiales acordes con el contenido de sus mitos,
tradiciones y cosmovisión. Esta búsqueda y selección de espacios sagrados caracteriza
a todas las culturas que han ‘superado’ niveles primarios de necesidades de subsistencia.

2- Espacios yumbos
Recintos semisubterráneos

E n la parte baja de la cuenca del río Tulipe se encuentra un grupo de estructuras hun-
didas o recintos semi subterráneos en forma de piscinas de diverso tamaño y diseño
cuyas paredes están cubiertas de mampostería de piedra. Se hallan en buen estado de
conservación gracias a las condiciones ecológicas del sitio y a su técnica particular de
construcción. La espesa vegetación subtropical, su óptimo drenaje natural, y la caren-
cia absoluta de acción eólica en la zona, han permitido que todos los vestigios perma-
nezcan sin mayor alteración. Las formas de estas estructuras incluyen círculos, semicír-
culos rectángulos y polígonos dentro de un contexto organizado, rodeadas de un marco
de colinas naturales que han sido transformadas en terrazas o graderíos artificiales a
modo de tribunas de un gran anfiteatro abierto. Además, toda una red de canales de
acometida y suministro, se teje armónicamente en la planicie ocupada por dichos recin-
tos semi subterráneos, lo que denota claramente la funcionalidad hidráulica del sitio.
71
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

72
EL VALLE SAGRADO DE TULIPE

Tolas Página anterior:


arriba, tola Alfonso
En las colinas que circundan al valle se hallan cuatro tolas estratégicamente ubicadas de Pozo, ‘guardiana’ del
sector este del valle
acuerdo a los puntos cardinales y orientación general del valle: al norte está la tola
sagrado.
Miño, cuyas evidencias son poco reconocibles, debido a las últimas actividades agroga-
naderas; al sur se halla la tola Rosero o Nueva Era, muy bien conservada; al oeste la tola Abajo,, tola Miño,
Tonato, prácticamente desaparecida, pero hasta los años setenta todavía era identifica- ‘guardiana’ del sector
ble; y al este, la tola Alfonso Pozo, muy bien conservada, aunque la intromisión de los norte del valle sagrado.
arqueólogos alteró su integridad excavándola en su parte central, sin volver a rellenar-
la y dejarla como fue su plataforma. En esta página:
vestigios del culunco que
Las cuatro tolas, más bien pequeñas (10 m. de largo por 4 m. de ancho) tienen doble llega a Camacpi, sector
oriental
rampa de acceso y su típica forma geométrica de pirámide truncada, pero lo que más
llama la atención en estas cuatro tolas y en varias otras más alejadas, es la orientación de
su eje mayor y de sus rampas: las cuatro se dirigen hacia el valle sagrado de las piscinas.

Por su ubicación estratégica en las partes altas y destacadas de las colinas, por su espe-
cial orientación cardinal con relación al valle, por sus rampas siempre dirigidas hacia el
centro ceremonial, por el tamaño similar entre ellas y sobre todo, por su asociación
contextual directa con las piscinas, se deduce que la función de estas cuatro tolas estu-
vo consagrada a la ‘custodia’ del sitio, es decir, se podría entenderlas, simbólicamente
como las ‘guardianas del valle sagrado de Tulipe’.

Antiguos caminos

Los vestigios de antiguos caminos parten, llegan o pasan por el valle. Uno de ellos -que
aún se distingue y se lo puede visitar- nace desde el extremo noroccidental del valle y
se dirige zigzagueante hacia la tola Alfonso Pozo, una de las cuatro tolas guardianas de
todo el conjunto monumental; luego continúa hacia Camacpi, Santa Elena, San
Francisco conectándose al final con Capillapamba, Palmitopamba y Chacapata.

Según datos etnohistóricos, se conoce de la existencia de varias vías, e inclusive de


caminos reales, que unían comercialmente la nación
de los yumbos con Quito. Consideramos que parte
de los vestigios que hemos encontrado son precisa-
mente restos de aquellos originales culuncos yum-
bos, y que luego se convirtieron en ingañankuna del
imperio inca.

Se conoce por la investigación etnohistórica de Frank


Salomon que los yumbos mantuvieron contactos de
gran intensidad, especialmente comerciales, tanto
con las naciones que existían dentro de su región,
tales como los niguas y los ‘colorados’ o tsáchilas
como con los aborígenes de la Costa, de la Sierra, y
hasta de la Amazonía (Salomon, 1997: 11).

Los yumbos se conectaban por cuatro rutas con la


región circunquiteña, a través de las que transporta-
ban diversos productos -sal, ají y algodón-, conside-
rados como bienes de primera necesidad indispensa-
bles para alcanzar el mínimo nivel de bienestar acep-
table para la cultura aborigen. En nuestra investiga-
ción se ha confirmado la presencia de: obsidiana,
cuentas de concha Spondylus, láminas de concha
madre perla y calcifer.
73
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Vista aérea de un sector Piscinas


del centro ceremonial
de Tulipe. Tanto en el sitio ocupado por las piscinas, como en el de las tolas, y a lo largo de los
caminos, es posible encontrar gran cantidad de cerámica fragmentada fundamental-
mente de tipo utilitario.

En referencia a las primeras estructuras o piscinas que conforman el centro monumen-


tal del valle de Tulipe, corresponde destacar sus características arquitectónicas de
forma, tamaño, construcción y ubicación, que las hacen únicas en toda el área andina
norte. No se las podría comparar con ciertos templos hundidos de Perú y Bolivia de los
horizontes Temprano (chavín) y Medio (tiahuanaco), como ejemplo de una posible
influencia cultural del sur hacia el este, tan distante del sector subtropical del Ecuador.
Esto resultaría muy forzado para aceptarlo por la falta de evidencia en el sistema cons-
tructivo y de los elementos asociados.

Con las investigaciones llevadas a cabo por el FONSAL, si bien son escasos los hallaz-
gos, hay evidencia cierta de la presencia inca en territorio yumbo. Hemos encontrado
algunos fragmentos de cerámica en Gualea Cruz; una de las estructuras hundidas de
Tulipe es un baño inca; y se puede anotar su probable incursión por los culuncos yum-
bos hacia el norte de Nanegal.

Se considera que, de alguna manera, las piscinas de Tulipe, levantadas sobre la platafor-
ma de una terraza fluvial plana cortada por un pequeño barranco de 6 m. de profundi-
dad, constituyeron un centro de convergencia social o religiosa de particular importan-
cia por su ubicación geográfica. Esto último favoreció los intercambios interregionales
que mantenían los yumbos con otros pueblos y con las poblaciones costeñas. Por otra
parte, la especial utilización del espacio, la originalidad de las formas y dimensiones de
este complejo de piscinas, hace que se las considere como un monumento arquitectó-
nico que irrumpe en la nación yumbo de forma determinante en la vida espiritual y
social de sus habitantes.

Dos elementos arquitectónicos, que hemos denominado rampas, caracterizan a todas


las estructuras, con excepción de la número 6 que cumplía una función diferente. Estas
rampas se sitúan normalmente una frente a otra, partiendo desde dos lados opuestos
hacia el centro de cada estructura. Una
de ellas, por su forma escalonada, señala
el acceso al interior de la estructura;
mientras la otra evidencia la inducción
del agua que se vertía en la piscina.

Hacia el suroriente, se destaca una larga y


escarpada ladera en la cual también apare-
cen vestigios arquitectónicos de un grade-
río o una serie de andenes que, lastimosa-
mente, se hallan muy alterados por la
actividad agrícola y por la apertura de la
nueva carretera que conduce de Tulipe
hacia Gualea y Pacto.

74
EL VALLE SAGRADO DE TULIPE

Levantamiento
topográfico del valle de
Tulipe y localización del
museo de sitio (en verde).

75
Capítulo X
Geomorfología de Tulipe

Página anterior:
E l valle sagrado de Tulipe -calificado así por su importancia arqueológica y sugestiva fun-
cionalidad ritual- se localiza espacialmente en el piedemonte costanero de la cordillera
occidental de los Andes, por la presencia de conos de deyección y esparcimientos coales-
depósito coluvio-aluvial
tipo cono de deyección-
esparcimiento que
centes, y pertenece hidrográficamente a la cuenca del río Guayllabamba. representa el basamento
geomorfológico de la
Por sus características geomorfológicas, se trata de un valle fluvial, en donde la evacuación zona.
y transporte de materiales de erosión se efectuaron y se efectúan a través del río Tulipe.

Los variados procesos de erosión hídrica lineal del río Tulipe, han determinado la formación
de un sistema escalonado de pequeñas terrazas encajadas y modeladas sobre un gran depó-
sito coluvio-aluvial de tipo cono de deyección-esparcimiento del río Blanco, donde cada
una de ellas representa una parte de los lechos antiguos, ya abandonados debido al poste-
rior socavamiento lineal continuo del lecho del río Tulipe.

Por otra parte, la actividad volcánica explosiva durante el cuaternario que afectó particular-
mente a la Sierra norte, ha determinado que las formas del relieve del área de estudio, se
encuentren recubiertas o fosilizadas por un depósito continuo de materiales piroclásticos
(ceniza, lapillí) de naturaleza eólica.

Además, la actividad antrópica presentada por un uso agropecuario intensivo en todos estos
flancos cordilleranos ha contribuido negativamente para el surgimiento permanente de pro-
cesos erosivos, predominando los hídricos, que alternan localmente con movimientos de
gravedad (derrumbes) y movimientos en masa (soliflucción).

Los sistemas morfogenéticos del valle sagrado de Tulipe responden a un modelado fluvial
del río Tulipe, el cual al recibir el aporte de los río San Carlos y pequeños afluentes, dispo-
ne aguas abajo de un caudal suficiente para realizar el trabajo erosivo e hídrico-lineal sobre
el cono de piedemonte, y dar origen a una entalladura estrecha con vertientes empinadas
rectilíneas de más de 30 m., de nivel relativo.

Dentro de esta entalladura y bajo los procesos hidrográficos de depósito y erosión, se ha


formado un sistema estrecho de terrazas encajadas, de las cuales únicamente la terraza baja
es funcional y está sujeta estacionariamente a remodelamientos debido a las crecidas del río
Tulipe durante la estación lluviosa. Dichos sistemas fluviales están constituidos por el esca-
lonamiento de tres terrazas encajadas: alta, media y baja. Este paisaje circunda y entorna al
valle sagrado de Tulipe, y en su vertiente exterior occidental se encuentran los andenes y la
piscina 7.

En cuanto a la actual -es decir, la relación entre la biodiversidad y la topografía local con-
creta- tanto las crecidas estacionarias que provocan el desbordamiento del río y que afectan
la terraza aluvial baja, como la actividad antrópica de relleno con materiales viales para
ampliar la superficie de la terraza alta, están modificando las formas del relieve de la terraza
media y el paleocauce. A su vez, la carencia de alcantarillado, de sistemas higiénicos como
la recolección de los deshechos de los vecinos y los focos de infección que hoy represen-
tan los criaderos de cerdos, son motivos de contaminación de esta zona hidromórfica.
77
A
B

78
Capítulo XI
Excavaciones arqueológicas
y estratigrafía de Tulipe

1- Excavaciones arqueológicas Página anterior:


excavación arqueológica
y corte estratigráfico

U na vez determinadas claramente las evidencias superficiales de las piscinas, tolas,


culuncos, petroglifos y otros elementos culturales existentes en la zona, se decidió
rescatar -mediante excavaciones en área y seguimiento de muros- uno de los vestigios
de Tulipe.

más representativos de lo que comenzába-


mos a definir como arquitectura religiosa Ubicación de las primeras 20 unidades excavadas en Tulipe (1980).
de los yumbos: las piscinas o centro cere- Gráfico de Hólguer Jara Chávez.
monial de Tulipe.

La primera tarea emprendida fue la lim-


pieza de la vegetación tanto en el interior
como en el exterior de esas estructuras.
Este desmonte permitió constatar la
intensa actividad agrícola a la que había
sido sometido el sitio durante los últimos
años y, consecuentemente, la considera-
ble alteración de los diferentes muros. En
efecto, muchas de las plantas de café,
aguacate, achiote, yuca, caña de azúcar,
plátanos, etc., estaban sobre las paredes
mismas de las estructuras. En todo caso,
según información de los propietarios de
los terrenos, se había procurado dentro de
lo posible, salvaguardar estos monumen-
tos, especialmente de inescrupulosos bus-
cadores de tesoros o huaqueros.

Cabe destacar la presencia de un gigantes-


co cedro en medio del sitio, salvado del
desbrozamiento de los bosques naturales
de esta zona. Sus raíces se extendían
como brazos ondulantes entre las paredes
de las primeras estructuras. Este árbol ha
servido como punto cero para la cuadricu-
lación general del sitio monumental en las
primeras etapas llevadas a cabo por el
Banco Central. En este estudio, el datum
point -punto dato generalmente tomado
como punto cero- se halla representado
por un mojón de cemento acorde con el
actual levantamiento topográfico.

79
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Evidencias de un Por lo general, el primer elemento arquitectónico por investigarse en cada piscina era
acueducto descubierto el fondo o piso interno, pues su evidencia facilitaba determinar la profundidad de exca-
con las excavaciones vación. Paralelamente, se ubicó los lugares menos alterados y con mayor presencia de
arqueológicas en el área. vestigios superficiales, los cuales casi siempre correspondían a las esquinas internas de
las piscinas. Así se pudo localizar el nivel del piso a una profundidad media de 2,05 m.
a partir de la superficie externa y periférica de estas estructuras. El piso se caracteriza-
ba por un pavimento heterogéneo de piedras pequeñas similares al ripio, asociado a una
delgada capa de material ferruginoso muy endurecido por efecto de un proceso natu-
ral. La presencia de esta composición sólida es frecuente en la zona, especialmente en
aquellos sitios bajos donde se ha producido algún estancamiento prolongado del agua.

La técnica de excavación en área puso al descubierto, además de dicho pavimento, una


serie de elementos nuevos que están asociados a la funcionalidad ritual o ceremonial de
cada estructura. A medida que se extraían las capas superficiales de tierra, iban aparecien-
do sobre el piso cultural una serie de piedras dispersas de manera caótica y a menudo aso-
ciadas a los paramentos de las piscinas. Estas piedras habían colapsado y pertenecían a las
hiladas superiores de las paredes. Posteriormente, fueron reintegradas mediante un minu-
cioso análisis de restauración, conforme lo señalaban las coordenadas.

Uno de los elementos arquitectónicos más importantes de


Tulipe, encontrado a 0,30 m. de profundidad, ha sido la red
de canales cuya función era la de conducir y distribuir el agua
a las diferentes estructuras. Estratigráficamente, las paredes de
estos acueductos se encuentran cubiertos por una capa de
arena y ceniza volcánicas, es decir, en el depósito cultural
correspondiente a los yumbos que fuera sellado por la erup-
ción de 1660.

Pese a todos los trabajos de investigación y a la observación


constante, inclusive con pruebas de agua almacenada en las
piscinas en épocas lluviosas, no se ha logrado descubrir nin-
gún sistema de drenaje artificial. El agua permanece almace-
nada durante la época invernal mientras en verano desapare-
ce por efectos de filtración por capilaridad.

A partir del año 2001, el FONSAL retoma el proyecto en


Tulipe, y con la excavación arqueológica en área confirma
todos los datos señalados por la campaña del Museo del
Banco Central del Ecuador. Además de completar la excavación de las piscinas 2, 4, y
8, amplió su investigación hacia toda el área del valle de Tulipe mediante sondeos
arqueológicos, pruebas de pala y excavación en profundidad, especialmente para com-
probar la existencia del material formativo. Solamente en la piscina 8, ubicada aproxi-
madamente 800 m. más al norte, se evidencia claramente el canal de evacuación o des-
agüe.

2- Estratigrafía de Tulipe

D e la observación y estudio de los diferentes cortes estratigráficos hechos en el área


de las piscinas y en sus inmediaciones, así como de los cortes de caminos vecina-
les y derrumbes, se ha llegado al reconocimiento de siete depósitos diferentes, tanto
por su contenido como por su origen, formación, textura y coloración.

En todo caso, una minuciosa comparación de detalles cruzados en los depósitos prove-
nientes de diferentes lugares, permite una lectura estratigráfica regional de Tulipe, que
se sintetiza de la siguiente manera:
80
EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS Y ESTRATIGRAFÍA DE TULIPE

- La capa A corresponde al suelo actual y


se caracteriza por un alto contenido de Corte estratigráfico
humus y limo. general de Tulipe.
- La capa B, de procedencia claramente
volcánica y compuesta de ceniza, micro-
litos, vidrio y lapillí menudo, de color
amarillento.
- La capa C, con mejores cualidades
húmicas, es un depósito de arcilla sedi-
mentaria. Las raíces de la actual vegeta-
ción alta se alimentan justamente de esta
capa, a la que hemos denominado
‘humus 2’.
- La capa D, un grueso depósito de arena
con sectores compuestos de mayor o
menor cantidad de ceniza, microlitos,
vidrio volcánico y lapillí. Esta arena tiene
la propiedad de ser impermeable, razón
por la cual los constructores de las pisci-
nas excavaron hasta los niveles de esta
cuarta capa para lograr así el almacena-
miento de agua sin mayor filtración.
- La capa E, conformada por un gran estra-
to geológico con depósitos o lentes, que se
distinguen entre sí por ligeros cambios de
coloración dentro de gránulos de cenizas
de clara procedencia volcánica.
- La capa J, profunda capa cultural en la
empinada ladera al suroeste de las pisci-
nas que fue ocupada por un grupo huma-
no más antiguo que el de las piscinas y de
las tolas. La importancia de este hallazgo
está confirmada por la existencia de abun-
dante material de cerámica y obsidiana,
con rasgos y formas de clara filiación for-
mativa, y -en cuanto al elemento cerámi-
co, a partir de una constatación personal- A. Capa cultural actual
C. Capa cultural Yumbo
una posible correlación con la del sitio
O. Capa cultural formativo
arqueológico Cotocollao. Los estudios
realizados en la Universidad de Illinois, y
particularmente por John Issacson en sus
0 20 40 60 100 cmts
trabajos de campo de 1982, ubican esta
cerámica en la tercera fase del período
Formativo, es decir, en el Formativo
Tardío (1800 - 500 a.C.).

Para la arqueología ecuatoriana el descubrimiento de estos vestigios formativos en las


estribaciones de la cordillera occidental es de gran importancia, puesto que evidencian los
nexos culturales entre la Costa y la Sierra ecuatorianas en períodos bastante tempranos.
La presencia de la obsidiana demuestra las hipótesis propuestas por especialistas que
hablan del tráfico de este material desde la Sierra a la Costa (Salazar, 1992: 119-20).

81
82
Capítulo XII
El conjunto monumental
de las piscinas de Tulipe

E n términos de evidencias arquitectónicas, las excavaciones han permitido el rescate


de las ocho estructuras hundidas que conforman este sitio arqueológico, siete de las
cuales se concentran en el área nuclear y una octava a 500 m. más al noreste, dentro del
Página anterior:
conjunto monumental de
Tulipe. Vista general de
valle de Tulipe. las cuatro primeras
piscinas.
Su estado de conservación, bastante alterado por el paso del tiempo y la afectación que
ocasionaron las raíces de los grandes árboles, exigía la aplicación de medidas urgentes
de conservación y restauración; de allí que en base a las evidencias encontradas in situ
se procedió a recuperar la solidez y estabilidad originales, tanto en las piscinas como en
todos sus elementos complementarios: acueductos, rampas y muros circundantes.

En este capítulo se hace referencia a los vestigios encontrados en el complejo en gene-


ral, y en las estructuras en particular. Para el efecto, se ha establecido una clasificación
de los diferentes recintos semi subterráneos, no en base a una tipología jerárquica entre
ellos, sino tomando en cuenta a la forma y al diseño que presentan. Tales factores dife-
renciadores son los que determinan la originalidad, estilo y, en general las característi-
cas únicas de este monumento arqueológico.

Las estructuras se clasifican según su forma en:

Semicirculares piscinas 1 y 3 Desde el punto de vista funcional y


Rectangulares piscinas 2 y 4 relacional, es importante señalar que las
Cuadrada piscina 6 primeras piscinas, las rectangulares y
Poligonal piscina 5 las semicirculares, ocupan en forma
Circular piscina 8 cuatripartita el área central del monu-
Cámara estructura 7 o baño inca mento constituyendo un grupo particu-
lar e independiente dentro del conjun-
to total. Las restantes, si bien tienen
similares características constructivas, sus acueductos, accesos y más detalles de forma,
tamaño y diseño, parecen corresponder a otra función dentro del mismo contexto.

1- Las cuatro primeras piscinas 10

P ara entender mejor la ubicación de cada una de las cuatro primeras estructuras,
tengamos en cuenta que este grupo se halla sobre una plataforma cuadrada que las
encierra. Dicha plataforma fue un replanteo del terreno y mide 54.50 m. por cada
lado. Lastimosamente, el lado sur ya no existe a causa de las dos construcciones habi-
tacionales actuales.

10 Cuando los investigadores Salomon, Isaacson y Jara (1978-1980) llegaron al sitio de Tulipe, encontraron que estos ves-
tigios arqueológicos conservaban el agua no solo en invierno sino también en gran parte del verano, por lo que los actua-
les colonos o moradores ya les denominaban piscinas de Tulipe. En el presente estudio adoptamos el término.

83
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Por otra parte, a nivel de la plataforma queda configurada una


Conjunto monumental de las piscinas de Tulipe.
cruz horizontal, mientras en sus espacios diagonales se hallan
los cuadrantes ocupados por las cuatro piscinas. Aquí se da una
A
SC
IN simbiosis de los dos elementos: piscinas y cruz. Las piscinas
PI
configuran la cruz, y la cruz define las piscinas. Entre ellas se
A generan y condicionan mutuamente, conformando un conjun-
IN A
PI
SC
SC
IN to cuatripartito que funciona independientemente de las res-
PI
tantes estructuras.
A
A IN
IN SC
C PI
P IS
Piscina 1

IN
A Esta estructura, la primera en investigarse (1980), ocupa el cua-
SC
PI drante suroriental de la plataforma, o sea el ángulo sureste del
conjunto cuatripartito. A su costado suroccidental se halla su
gemela, la piscina 3, con la cual comparte similares detalles de
forma, tamaño, orientación y elementos de acceso e inducción
del agua. La longitud de la pared recta es de 19 m. Su profundi-
dad fluctúa entre 1.50 y 1.90 m. El área total es de 314.16 m2.

BAÑO
Se trata de una media circunferencia con su lado curvilíneo diri-
gido hacia el suroriente, lo cual ha dado lugar a que los campe-
sinos la identifiquen como una “media luna en estado creciente”.
Piscina 1 de forma semi Esta interesante comparación, se basa especialmente en el hecho de que no se trata de
circular con sus rampas un semicírculo perfecto, sino que sufre un ligero ensanchamiento en su parte central y
de acceso e inducción. una tendencia a estrecharse o achatarse en uno de los ángulos (suroeste), donde se
unen el muro curvo con el muro recto.

En cuanto a la estratigrafía, se comprobó que la secuencia es la misma de toda la zona:


se inicia con el depósito A o actual capa vegetal; sigue el depósito B o arena volcánica

84
EL CONJUNTO MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE

del año de 1660, continúa el depósito C


Acueducto que llega a la piscina 1 a través de su
o capa cultural de los yumbos, y avanza
rampa de inducción, después de la restauración.
en profundidad una serie de depósitos Basado en el gráfico de Hólguer Jara Chávez.
volcánicos y formaciones geológicas
naturales, al menos hasta los 3 m.
RAMPA DE

ACCESO

El espacio interno de la estructura se


adorna con dos elementos que arrancan RAMPA DE

INDUCCIÓN

de la mitad tanto del muro recto como


del curvilíneo, y que se proyectan hacia el
centro de la piscina. Se trata de dos ram-
pas: una de acceso o descenso al interior,
y otra de inducción por la que llega el
agua. Se encuentran frente a frente, guar- FONDO DE

dando unos principios de simetría y equi- LA PISCINA

distancia.

El éxito alcanzado por los constructores


yumbos en la estabilidad y larga perma-
nencia de estos monumentos, y particu- ACUEDUCTO

larmente de la piscina 1, está en la forma


de trabar las piedras tanto hacia el exte-
rior (caras vistas) como hacia al interior
(núcleo del muro). Se esmeraron para que los lados o ángulos de las piedras se entrela-
zaran y ajustaran entre ellas a fin de que ninguna quedara aislada. Entre las técnicas de
excelente factura que han impedido el colapso de los muros y de sus piedras, está la
inclinación aplicada a los paramentos.

Como obra civil, lo que actualmente los ojos de todo profano aprecian hace referencia
más bien a su atractiva forma geométrica y a sus especiales componentes arquitectóni-
cos, como son las rampas, los acueductos y paredes, estrechamente vinculados con una
función hidráulica. Sin embargo, luego de observar con detenimiento y comparar con
las otras piscinas dentro de un gran contexto, inclusive los más escépticos en el tema
ritual, terminan por asignarle alguna connotación astronómica, religiosa o ceremonial.

El estado de conservación de esta piscina es bastante bueno, pese a las erupciones, tem-
blores, inundaciones y a las invasiones antrópicas a las que ha estado sometida durante
siglos. La excavación arqueológica demostró que los cimientos estaban intactos y que,
en su mayoría, se conservaban los ángulos internos de los sillares de sus rampas. Los
vestigios de materiales y técnicas constructivas estaban absolutamente claros. Habían
sido protegidos por dos factores: la erupción volcánica del Pichincha en 1660 y los
arrastres de tierra provocados por los inviernos, los cuales cubrieron los muros y relle-
naron las oquedades.

Piscina 2

Por su forma y tamaño, esta estructura es gemela de la piscina 4. Está emplazada en el


cuadrante nororiental de la plataforma cuatripartita; si se considera la orientación gene-
ral del monumento noreste-suroeste, se halla bajo el brazo derecho de la cruz, entre la
piscina 1 y el río Tulipe. Mide 19 m. de largo por 12 m. de ancho. Su profundidad
media es de 1.80 m. y la superficie de 228 m2.

A diferencia de la anterior, con forma semicircular, esta es una estructura geométrica-


mente rectangular que sugiere la imagen y función de las típicas piscinas actuales, razón
por la que los campesinos del lugar terminaron por imponer el nombre de piscinas.

85
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Piscina 2 de forma Sus rampas están ubicadas una frente a la otra, en el eje mayor o muros que correspon-
rectangular con su den al ancho de la estructura. Esta característica la diferencia de las otras, inclusive de
acueducto, rampas de su gemela 4, en las que dichos elementos se hallan en el eje menor. La rampa de acce-
acceso e inducción.
so es un graderío de siete escalones que desciende desde la mitad del muro nororiental
y que se dirige hacia el centro. Mide 4 m. de largo por 2 m. de ancho. La rampa de
inducción, por su parte, se halla del otro lado, en el muro suroeste de la piscina. Es un
elemento de forma trapezoidal, bastante simétrica, en el que la base mayor se asienta
en el piso y la menor en la hilada más alta.

El agua que llegaba a esta estructura, previamente realizaba todo un recorrido impues-
to por un diseño cuidadosamente geométrico.

La integración material y formal de esta estructura a todo el contexto ceremonial, así


como la inclusión de los elementos arquitectónicos que caracterizan a las cuatro pisci-
nas de este espacio cuatripartito (rampas y acueductos), permiten deducir que también
esta cumplía con una función ligada a la sacralidad.

Aquí no aparecen el pavimento sedimentario y ferruginoso, ni las pequeñas piedras


arrojadas al interior, tan evidentes en la piscinas 1. Su grado de conservación compren-
de la cimentación y las primeras hiladas de los muros. Las rampas, escalones y acueduc-
tos estaban prácticamente in situ.

De modo que se procedió a la restauración de evidencias arquitectónicas como las ram-


pas y a la reposición de las piedras dispersas o desmoronadas de sus muros, por el empu-
je continuado de las raíces de un gigantesco cedro, que a su vez había borrado los ves-
tigios del piso de arena nivelada y por eso vulnerable al paso del tiempo por la caren-
cia de mantenimiento.
86
EL CONJUNTO MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE

Piscina 3

Esta estructura hundida ocupa el cuadran-


te suroccidental del espacio cuatripartito
de las cuatro primeras piscinas.

Como la piscina 1, su gemela, esta tiene la


forma de una media circunferencia, por lo
cual los campesinos la identificaban como
“la otra media luna”, o también como “las
gemelas”. No obstante, observándola en
planta, se constatan ciertas pequeñas dife-
rencias quizá de precisión. Tal es el caso
del muro perimetral circular, que por algu-
nas deformaciones no se muestra como un
semicírculo perfecto. Esta anomalía se
debe a una ligera tendencia a achatarse en
los extremos donde se une con el muro
recto, mientras que en la piscina 1 la ten-
dencia era a cerrarse.

El rasgo de diferenciación más evidente entre ellas, se encuentra en la ubicación de las Arriba, piscina 3 de
rampas, tanto de inducción del agua como de acceso al interior del espacio hundido y forma semircircular.
en sus dimensiones. Esta mide de largo 18 m. y por ser una semi circunfarencia alcan- Rampas de acceso,
inducción y monolito;
za 163.36 m2.
este último pudo haber
estado relacionado a un
Tiene la escalinata en el lado del muro recto, mientras la rampa de inducción está en el culto de fecundidad.
lado del muro circular; es decir, todo lo contrario de lo que ocurría en la piscina 1. Sin
embargo, en los dos casos las rampas parten de la mitad de los muros, una frente a la Abajo, piscina 4 de
otra, y se dirigen hacia el centro de la estructura, quedando el escalón más bajo a poca forma rectangular con
distancia del chorro de agua que descendía por el acueducto de la rampa de inducción. sus rampas de acceso y
de inducción.
Los severos daños en su conservación se deben a la actividad agrícola. Sin embargo,
gracias a la cobertura de arena volcánica, arrastre de piedras y a la acumulación de la
hojarasca, gran parte de los vestigios arquitectónicos permanecían preservados.

Piscina 4

La piscina 4 ocupa el sector noroeste


del conjunto cuatripartito, sobre el
brazo derecho de la cruz que conforman
las cuatro estructuras. Está simétrica y
equidistantemente ubicada al sur de la
piscina rectangular 2 y al oeste de la
semicircular 3.

Al igual que su gemela la número 2, esta


piscina es un perfecto rectángulo cuyo eje
mayor (largo) se orienta de sur a norte
con ligera inclinación al este, siguiendo la
misma dirección del río y de todo el valle
de Tulipe; mientras el eje menor (ancho)
cruza de este a oeste con una pequeña
desviación hacia el sur. Tiene 18 m. de
largo y 11 m. de ancho y su profundidad
es de 1. 70 m. hasta el nivel del piso.
87
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Arriba, piscina 5 de El acueducto que conducía el agua a la piscina 4 guarda las mismas características de
forma poligonal con toda la red hidráulica de este monumento, el último en excavarse de todo el conjunto.
diseño simbólico.
Por las evidencias encontradas, esta piscina pudo haber sido la primera en ser visitada
o utilizada por los yumbos en sus procesiones ceremoniales -si es que así se daban los
ritos- en torno al conjunto cuatripartito de estructuras.

Su estado de conservación es bueno, sobre todo en lo que respecta a los niveles inter-
nos bajo los rellenos de tierra. Con la excavación arqueológica, se liberaron los muros,
rampas y acueductos, cuyas evidencias permanecían en un 70%. El elemento más intac-
to era el acueducto en sus 6 m. de recorrido, el cual aún contenía la arena volcánica de
la erupción de 1660.

Piscina poligonal 5

En el extremo suroccidental del conjunto arqueológico se encuentra la piscina 5, obra


extraordinaria y compleja por lo extraño de su forma y la distribución del espacio hun-
dido. Con esta estructura los arquitectos yumbos demostraron con maestría sus cono-
cimientos sobre un tipo de diseño sui generis, así como un arte de plasmar sus símbolos,
probablemente de orden astronómico y/o religioso, en obras complejas y poco com-
prensibles para nosotros.

A primera vista, y en opinión compartida con varios y respetables estudiosos de la ico-


nografía andina (Simposio Internacional de Arqueología sobre Centros Ceremoniales
Prehispánicos, 2003), esta estructura sugiere la idea de una figura zoomorfa y estiliza-
da, probablemente de un felino recostado, con sus extremidades recogidas y en posi-
ción de acecho. De momento tratamos solamente de describir y resaltar el valor artís-
tico o estético de esta obra prehispánica que, comparada con las otras piscinas del sitio,
se destaca con una presencia relevante.

La orientación general de esta estructura va de suroeste a noreste, acorde con la orien-


tación de todo el sitio y del valle mismo de Tulipe. Ocupa un área aproximada de 147
m2 y sus 20 lados se distribuyen formando siempre ángulos rectos.

88
EL CONJUNTO MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE

El estado de conservación de esta estructura era excelente debido en gran parte a la pre-
sencia de 20 ángulos rectos y a la inclinación de los muros hacia el exterior. La excava-
ción arqueológica en área permitió encontrar intacto el 85% de los muros, habiéndose
desmoronado solamente algunas piedras de la hilada superior.11

Piscina 6

Está ubicada en el extremo suroeste del conjunto de estructuras y del valle de Tulipe en
general. Mide 8 m. de largo por 6.50 m. de ancho y 1.30 m. de profundidad, orientán-
dose en su eje mayor de sur a norte. Lamentablemente, el paso actual de la nueva vía
Nanegalito-Gualea-Pacto afectó su integridad y especialmente su forma que original-
mente era casi cuadrada (Jara, 1982). Hoy aparece con una tendencia más rectangular.
Efectivamente, “en un momento de descuido”, el tractorista que abría la carretera des-
truyó la pared oriental; no comunicó de este hecho a las autoridades y técnicos com-
petentes, sino que nerviosamente reconstruyó el muro aledaño a la carretera, modifi-
cando así la forma de esta piscina, de cuadrada a rectangular.

Esta estructura se diferencia de las piscinas rectangulares anteriormente descritas, por


dos aspectos muy importantes:

1- Por la simplicidad de su construcción, pues carece de los típicos elementos arquitec-


tónicos que componen a las otras. Más parecería que se tratase de un simple estanque
con muros de piedra en mampostería, sin rampas de inducción o de acceso.

2- Por su tipología funcional estaba encaminada, según las evidencias, a sedimentar o


purificar el agua que llegaba antes de que continúe a la piscina poligonal número 5.
Tanto el canal de ingreso ubicado al este (hoy desaparecido), como el de salida al oeste
se encuentran en las hiladas más altas de las paredes. Esto sugiere que, a medida que
el agua se vertía en esta piscina cuadrada (de 3 a 5 litros por segundo), el nivel debía
ascender paulatinamente hasta llegar a un punto en que no cabía más; entonces rebasa-
ba y salía por el otro acueducto occidental con dirección a la Piscina 5.

Si la función de esta piscina 6 era la de sedimentar y purificar el agua que desde su bocatoma
venía arrastrando tierra y basura vegetal, significa que la siguiente piscina hacia donde conti-
nuaba el agua, debía tener una función mucho más importante.

Respecto de las anteriores piscinas, esta se halla en una cota ligeramente más alta (1.50
m.), lo que facilitaba el flujo del agua desde esta piscina hasta la siguiente (número 5).
Hoy, el espacio de esta piscina compite con la carretera, estando seriamente amenaza-
do con el permanente trajín vehicular.

Estructura 7

Incluimos a la estructura 7 en este acápite por una razón secuencial numérica, y por encon-
trarse junto a las anteriores piscinas. Tan pronto como descubrimos el sitio se trató de iden-
tificar y diferenciar a la vez a las ‘ocho piscinas incas’ que dejaban ver alguno de sus vesti-
gios superficiales. A este vestigio le correspondió el número 7, sin saber que su filiación
cultural era distinta a la de las otras. Esta estructura, en efecto, es incuestionablemente inca,
tal como se demostrará cuando hablemos de la presencia inca en estos territorios.

Hacia el extremo sur de todo el conjunto monumental y sobre las laderas por donde
pasan unos andenes o terrazas arqueológicas, se encuentra la más pequeña de las estruc-

11 Hemos tenido la oportunidad de descubrir, investigar y restaurar este tipo de estructuras de diseño foráneo en sitios
reconocidamente incas como son Ingapirca en Cañar y Pumapungo en Cuenca (Jara, 1983; Idrovo, 2000).

89
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

turas: la número 7. Se trata de un recinto rectangular de 7.10 m. de largo por 3.90 m.


de ancho, incluidos los muros que lo delimitan. Está dividido en dos pequeñas cáma-
ras a las que se ingresa a través de una estrecha puerta ubicada en la esquina surocci-
dental. Es un acceso de 0.60 m. de ancho y que coincide con tres escalones que des-
cienden al interior de la primera cámara. Las jambas de esta puerta de acceso las con-
forman el muro occidental y el extremo del muro sur.

Esta estructura de singular importancia está asociada con una serie de muros de conten-
ción y con otros recintos probablemente habitacionales que se asientan más hacia el
lado suroeste donde, parece ser, estaba la aldea o población de Tulipe. Los elementos
arquitectónicos que conforman su interior, hacen que se diferencie completamente de
todas las piscinas anteriormente descritas, pues son elementos que caracterizan a los
denominadosbaños incaicos.

Las cámaras identificadas como baños incas son dos espacios cuadrados de 6.25 m2
cada uno (2.50 m. de lado), y que se conectan entre ellos a través de una pequeña puer-
ta localizada en el extremo noroccidental del muro divisorio.

He aquí algunos de los principales elementos o detalles que componen a la estructura


7 y que la diferencian radicalmente de las piscinas:

1- En la parte central del piso de cada cámara o baño existe un espacio hundido en
forma cuadrada a modo de un sumidero. A este sumidero lo rodea un borde de 0.50 m.
de ancho por 0.40 m. de alto, que sugiere, igual que en Ingapirca, haber servido de
‘asiento’, banco o apoyo para el bañista inca. Tanto el ‘sumidero’ como el ‘asiento’ están
construidos con cantos rodados.

2- A cada uno de estos baños llegaba el agua por un pequeño canal de piedra subterrá-
neo, cuya boca de salida está en el centro del parámetro del muro nororiental y a 0.90
m. de altura sobre el nivel del banco o asiento.

3- Varias de las paredes de esta estructura están construidas con doble paramento; es
decir, son paredes con dos caras, mientras los muros de las piscinas tienen sólo un
revestimiento de piedras adosadas a los cortes de tierra.

Planta del baño inca con sus dos cámaras y detalles.

1 1

8
2
7 6
2
3 2

3 1 Acueductos de ingreso
2 2 Bancos periféricos o apoyos
2 3 Sumideros
4 Ductos de evacuación o salida
2
5 Acceso a las cámaras
7 6 Muro divisorio de las dos cámaras
5 7 Hornacinas
CÁMARA 2
8 Muro de contención que continúa
4 CÁMARA 1 hacia el lado suroriental

90
EL CONJUNTO MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE

La evidencia de las paredes no


desmoronadas y el volumen del
material lítico disperso a su
alrededor, nos permiten deducir
que la altura de estas cámaras o
baños debió superar la estatura
de un hombre adulto (1.80 a
2.00 m).

4- El elemento diagnóstico más


llamativo de esta estructura, que
apoya la idea de filiación incai-
ca, es el relacionado con la pre-
sencia de dos nichos u hornaci-
nas ubicados en los muros norte
y occidental de la segunda
cámara del baño.

Los incas sí llegaron y estuvie-


ron en el centro ceremonial de Tulipe; caso contrario, ¿cómo interpretar la semejanza Baños incas en el
de esta estructura con los edificios típicamente incaicos? Los elementos arquitectónicos contexto yumbo. Se los
y su distribución, tanto espacial como funcional, corresponden al estilo inca, aunque ha identificado con el
Nº 7, según el orden de
disten del grado de ‘pureza’ característica de la arquitectura incaica (piedra no tallada, descubrimiento de las
mucho menos almohadillada, hornacinas no muy trapezoidales, etc.). estructuras en Tulipe.

Según nuestro criterio, la construcción debió darse de una manera rápida y, quizá, sin
la presencia directa de los arquitectos incas. La mano de obra pudo haber sido local; de
allí, el gran parecido de los paramentos de estos baños con los de las piscinas. Además,
debemos tener en cuenta que los yumbos fueron un pueblo viajero y ‘comerciante’ por
excelencia, antes y durante la Colonia. Por esta razón, intercambiaron sus productos en
la Sierra, y habrían adquirido como contraparte no solamente las herramientas necesa-
rias y los alimentos propios de altura, sino también ciertos elementos de esa nueva
sociedad cuzqueña, especialmente los relacionados con la arquitectura.

Los yumbos debían conocer muy bien la arquitectura inca. La apreciaron en Quito, y
seguramente en El Callo, Caranqui, Tomebamba, Ingapirca, etc., sitios en los que se
construyeron ‘palacios’ para los estratos altos de esa nueva sociedad. De modo que los
locales distinguían muy bien entre sus técnicas y diseños constructivos, y las técnicas y
diseños incas. En esta estructura 7, se utilizó mano de obra y tecnología yumbo pero
con estilo y diseños incas.

Por otra parte, topográficamente estos baños no se integran al área central del monu-
mento yumbo, sino que aparecen como una construcción diferente y extraña; dan cla-
ramente la idea de haber sido construidos al margen de aquel espacio original. Podría
decirse que están fuera de contexto, a modo de un añadido foráneo.

Su función bien pudo ser múltiple: fines rituales o ceremoniales, uso exclusivo de la
jerarquía inca, control del flujo del agua que corría por el acueducto hacia las piscinas,
etc. Este tipo de estructuras de dos cámaras -edificadas especialmente para cumplir
aquellas funciones- no es raro en las construcciones hidráulicas del área surandina del
actual Perú.

Nuestra interpretación más bien se pronuncia por una función ritual de estos baños. Los
incas se integraron al espacio sagrado del valle de Tulipe y construyeron o mandaron a
construir su propio recinto de purificación. Se podría decir que ellos respetaron el espa-

91
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

cio sagrado, los templos hundidos de las piscinas, y la simbología implícita: no los des-
truyeron ni edificaron sobre ellos, como ocurrió en Ingapirca sobre las construcciones
cañaris, o Tomebamba sobre Guapondeleg.

Con esta ocupación del espacio, los incas quisieron imponer su jerarquía mediante la
construcción de baños purificatorios en un nivel topográfico más alto que el de las pis-
cinas, precisamente al inicio del recorrido del agua.

Piscina Circular 8

Por su emplazamiento circular y detalles arquitectónico-simbólicos, esta es otra de las


joyas de la arquitectura yumbo. Se encuentra a 500 m. en línea recta, hacia el norocci-
dente del conjunto monumental anteriormente descrito, ocupando el espacio final del
pequeño valle de Tulipe.

En este sector, las colinas laterales que definen el valle se acercan entre ellas y confor-
man una estrecha garganta, por donde el río se esconde y se precipita en su recorrido
hasta encontrarse con el Alambi y luego con el Guayllabamba.

El punto central o núcleo de este sitio se halla a 1.470 m.s.n.m., es decir, 7 m. más bajo
en relación a las otras estructuras. Las coordenadas absolutas marcan 0°0´05” de latitud
y 78° de longitud.

A diferencia de las otras piscinas, esta todavía permanece en medio de una vegetación
riquísima, alta y tupida, donde prevalecen los helechos, palmas, tiniches, y sobre todo
las gigantescas y bellas guadúas.

Desde 1979, se la conocía como la “piscina de las guadúas”, pues sus vestigios de pie-
dra se hundían y entremezclaban con la enmarañada vegetación subtropical predomi-
nantemente de guadúas y las raíces de un enorme cedro. Tal situación, sumada a la
molestia de mosquitos, bichos y serpientes, impedía el acceso para observar con clari-
dad todas sus evidencias superficiales. No obstante, en algunos veranos prolongados, la
oquedad de la piscina quedaba seca y ligeramente visible. Justamente en uno de esos
veranos (1980) Frank Salomon y el estudiante de geología Erickson Clark levantaron
un gráfico aproximado de este monumento, logrando determinar una forma circular de
doble muro.

En 2001, el FONSAL realizó el levantamiento topográfico de todo el valle y ubicó con


precisión el contexto natural y cultural de esta piscina.

Cuando se procedió a la excavación sistemática, poco a poco iba desapareciendo


toda duda, pues en los niveles inferiores de las primeras hiladas o cimientos, se
demostraba que la intencionalidad de los constructores yumbos era plasmar perfecta-
mente la forma circular.

En todo caso, esas pequeñas deformaciones que denuncian las vicisitudes por las que ha
pasado el monumento a través de los siglos, no han sido corregidas por la restauración
y aún subsisten. Únicamente en las partes más críticas con amenaza de inestabilidad y
posibles colapsos, se ha procedido a restaurar, siempre guardando el máximo respeto
por su estado actual y evidencias in situ.

La plataforma central o islote

El primer elemento que llama la atención al llegar a esta piscina es un pequeño montí-
culo cónico truncado que, a modo de un islote o torrecilla, ocupa el centro o núcleo de
la estructura y que se vincula con el exterior a través de una pasarela o rampa estrecha.
92
EL CONJUNTO MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE

Este montículo está forrado de piedra según la misma técnica constructiva de los otros
muros, aunque denota un mayor cuidado de parte de sus constructores, tanto en la
selección de los materiales como en la forma de trabarlos. Esa prolijidad permitió con-
trarrestar los empujes del relleno interno, evitar su erosión por el agua acumulada en la
piscina y garantizar la estabilidad general de sus paredes.

El núcleo o punto central de este islote plataforma constituye también el centro de toda
la piscina y de una serie de cinco anillos que emergen hacia el exterior, formados por
los muros y delimitaciones periféricas de la estructura.

Rampa o pasarela interna de acceso

Para llegar al elemento central, se dispone de un acceso singular: una estrecha y alarga-
da rampa que a modo de pasarela o andarivel parte desde un punto perimetral de la pis-
cina y se dirige en sentido occidente-oriente hasta unirse con ese islote.

Podemos suponer que cuando los yumbos necesitaban llenar la piscina, cerraban el ori-
ficio en la base central de un muro que, en forma de pantalla, se levanta uniendo a los
dos muros periféricos de la piscina con una piedra especial. Esta se encontró junto a la
boca del canal de evacuación.

Según nuestro criterio, la ubicación y presencia de los diferentes elementos y detalles


no son arbitrarias o fortuitas; obedecen a diseños preestablecidos y a posibles simbolis-
mos astronómicos manejados por los constructores yumbos.

Las evidencias de cimentaciones, paramentos y muros, muestran que las primeras hila-
das de piedras, todas de formas irregulares, están escondidas en dicha cimentación y
sólo quedan a la vista las siete restantes que constituyen el paramento externo de la
estructura. En cuanto a los muros, se pueden calificar de contención, por estar adosa-
dos a los cortes de tierra hechos por los yumbos según el diseño de la piscina.

El escaso material cultural de esta piscina 8, el cual se identifican con cerámicos, líticos
y arquitectónicos, se debe a que su función era estrictamente ceremonial y por tanto,
de uso limitado a ciertos períodos del año.

La restauración

Las técnicas aplicadas para el rescate físico y visual de las paredes o muros de la pisci-
na 8 son las estrictamente vinculadas con la conservación y consolidación de las evi-
dencias. En ningún momento se ha pretendido una ‘rehabilitación’ del monumento.

La única técnica aplicada en Tulipe y en sus monumentos intervenidos ha sido la res-


tauración de consolidación, especialmente en aquellas partes consideradas estables y
sin riesgo de colapsar. En las secciones en las que, luego de un minucioso análisis se vio
la necesidad de intervenir, se ha acudido a la técnica de restauración de reintegración.

Es fundamental entender este proceso de restauración dentro de los parámetros esta-


blecidos por cartas internacionales y por teorías modernas de base; nuestro accionar se
ha guiado de acuerdo a esta lógica en Tulipe en general, y la pisicina 8 en particular.

Bajo este criterio, la restauración de la piscina circular ha sido solamente de consolida-


ción, siguiendo estrictamente los siguientes pasos, que en parte ya han sido señalados
en el proceso de intervención general de la estructura:

93
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Piscina 8 en proceso de 1- Extracción de la vegetación y limpieza del sitio.


excavación y 2- Cuadriculación general del sitio.
conservación. 3- Liberación de los muros mediante la excavación arqueológica hasta llegar a visuali-
zar todo el paramento, cimientos y detalles estructurales, formales y de dimensiones.
4- Análisis de estabilidad, originalidad, materiales, técnicas y sistemas constructivos.
5- Determinación de niveles de intervención mínima: posibles desmontajes por inesta-
bilidad, consolidación de morteros, reacomodo de piedras, reintegración de piedras
caídas, integración de piedras nuevas por erosión de las antiguas, desaparición o altera-
ción de las originales; pero en general se ha tratado de dejar las evidencias tal como el
tiempo las ha conservado.
6- Añadido de una hilada más de piedra sobre la cabeza de los muros, con el fin de pro-
teger las evidencias frente a la lluvia, la erosión y el maltrato que puedan dar los turis-
tas, pero también para impedir la caída de tierra o agua lluvia desde las partes altas que
circundan la estructura.
7- Desde luego, todo este proceso ha estado debidamente documentado con levanta-
mientos planialtimétricos, fotográficos y registros de fichas por unidades.
Aquí no se ha aplicado la técnica de la anastilosis, sólo posible en monumentos clási-
cos, egipcios, griegos, romanos y aún incas; en este último caso, siempre y cuando se
trate de muros con sillares almohadillados del más puro estilo cuzqueño imperial, pues
se entiende que cada sillar o unidad lítica debe encajar justamente en el único sitio para
el cual fue creado, como por ejemplo en la Coricancha del Cuzco.

94
EL CONJUNTO MONUMENTAL DE LAS PISCINAS DE TULIPE

Los anillos concéntricos Piscina 8 restaurada.


Fotografía de Patricio
Cando García, 2004.
Para apreciar mejor esta piscina y la serie de círculos concéntricos, es preferible transi-
tar por la franja circular o corredor que se forma entre el cuarto y quinto anillo. Es un
espacio de extraordinario contenido simbólico, probablemente religioso, que al reco-
rrerlo permite ver todos y cada uno de los detalles de la piscina: gradas, pasarela, islo-
te, puertas, ‘balcón’, muro-pantalla, círculos concéntricos, canal de inducción y canal de
desfogue. Si lo comparamos con los espacios sagrados de las iglesias, diríamos que ese
corredor corresponde al espacio intermedio (atrio) que vincula lo sagrado (templo) con
lo profano (plaza).

Esta obra arquitectónica de los yumbos, así como todo el conjunto monumental,
actualmente se encuentra iluminada por la luz tenue de cuatro luminarias que el
FONSAL colocó. El visitante entonces puede apreciar el sitio desde una nueva pers-
pectiva nocturna.

En todas las piscinas, pero especialmente en esta circular, era posible capturar a esa al
sol -deidad solar- y a sus ‘acompañantes celestes’, pues al reflejarse en estos espejos de
agua, se volvían más asequibles a la observación e interpretación de los sacerdotes y
sabios yumbos.

95
Capítulo XIII
Acueductos y distribución del agua

Página anterior:
E n 1980, mientras se realizaban las excavaciones en área en la parte externa del muro recto
de la piscina 1, se descubrió la presencia de alineamientos paralelos de pequeñas piedras
paradas, a manera de estelas, que medían entre 0.15 y 0.20 m. de largo, 0.10 a 0.12 m. de
acueducto construido
con cantos rodados
ancho, y 0.05 a 0.08 m. de espesor cada una. El espacio intermedio entre los dos alineamien- que conecta a las
piscinas 5 y 6.
tos, a diferencia del exterior, apareció ocupado por arena volcánica amarillenta correspon-
diente a la capa B.

La liberación de esta arena permitió hallar in situ, aunque con ligeras alteraciones, los vesti-
gios de un pequeño canal que corría de suroeste a noroeste y terminaba en la piscina indi-
cada. Desde entonces, las intervenciones arqueológicas de 1982 y 1983 se afanaron en hacer
el seguimiento de las evidencias de toda la red de acueductos que suministraban el agua a
las diferentes piscinas. En total se ha logrado recuperar 114 m. de canales.

El rescate de estos no persigue devolverles su antiguo uso, sino evidenciar su presencia y dis-
tribución. En épocas lluviosas, sin embargo, los canales recogen el agua de todo el sitio y la
conducen a las piscinas.

En general, las dimensiones de estos acueductos dependen de su proximidad a las estructu-


ras. Los canales principales, antes de ramificarse hacia cada piscina, tienen de 0.20 a 0.25 m.
de alto, y 0.15 m. de ancho. Los que llegan a las rampas de inducción no sobrepasan los 0.15
m. de alto y 0,10 m. de ancho. La gradiente es de 1:100 dentro del espacio monumental,
pero, a medida que se retrocede hacia el sitio de los posibles orígenes del acueducto que
suministra a todo el complejo, la inclinación es mayor.

Todo este sistema de canales está construido con cantos rodados o piedras del río, sin hue-
llas de haber sido talladas pero sí cuidadosamente seleccionados; de tal manera que tanto las
paredes como las bases adquieren una relativa y delicada homogeneidad. El recorrido de
estos acueductos es en línea recta, y cuando tienen que cambiar de dirección lo hacen en
ángulos de 90º, siempre conservando la misma gradiente.

Probablemente, entre los yumbos, las características del descenso del agua -el ruido, la
forma misma del chorro, la espuma y burbujas de la cascada, el interminable vaivén del líqui-
do sagrado, purificador y quizá medicinal, con pequeñas olas y movimientos que paulatina-
mente desaparecían entre las paredes de las piscinas- debieron ser elementos de singular
importancia. Tales manifestaciones naturales semi animadas debieron ayudar a los iniciados
en la búsqueda de su espíritu, a los ‘shamanes’ en la consecución de sus prerrogativas, y al
pueblo en el logro de su salud y purificación.

El estado de conservación de estos acueductos probablemente es el mejor de entre todas las


evidencias encontradas, debido en gran parte a su larga permanencia en el interior de la tie-
rra y a la forma cuidadosa con la que fueron construidos. Algunos de ellos tienen inclusive
un pequeño muro de contención sobre una de sus paredes, a fin que la tierra y el agua de
afuera no ingresaran al conducto.

La distribución del agua en las diferentes estructuras debió ser por turnos, pues en los cana-
les de acometida se han encontrado evidencias de cerramientos (piedras lisas) a modo de
esclusas que determinaban el curso del agua.
97
98
Capítulo XIV
Andenes y terracerías

1- Antecedentes Página anterior:


evidencias de muros de
contención y terrazas en

L a arquitectura monumental de los yumbos, según las evidencias encontradas en todo


el noroccidente hace referencia más bien a las grandes construcciones piramidales
de tierra, comúnmente conocidas en la arqueología ecuatoriana como tolas.
el centro ceremonial de
Tulipe.

Estos monumentos están dispersos en todo el territorio yumbo (río Guayllabamba por
el norte, confluencia del Mashpi y Guayllabamba por el sur, cota de los 1.800 m.s.n.m.
por el este y cota de los 600 m.s.n.m. por el oeste).

En medio de esa constelación de tolas, las piscinas de Tulipe y estas terrazas con muros
de piedra son una excepción. En los informes del Museo del Banco Central del Ecuador
sobre los trabajos de rescate llevados a cabo hasta 1984, se asevera efectivamente la
existencia de dichos muros y se los interpretaba como posibles graderíos de una gale-
ría que circundaba las piscinas.

Con el fin de rescatar esas pocas evidencias de muros y andenes que todavía quedan, el
FONSAL decidió en el 2003 intervenir en un pequeño sector de 22 m. de largo por 18
m. de ancho. Esta decisión ha sido de suma importancia, tanto por el rescate mismo de
esta pequeña muestra, como por la visión más integral que ahora se tiene de todo el
contexto monumental del sitio.

2- Ubicación

S i se observa detenidamente la topografía de la zona, se constata que este espacio del


valle de Tulipe es único en su conformación geomorfológica. Aparece circundado y
delimitado por una serie de pequeñas y ondulantes colinas a modo de un anfiteatro
natural. En la parte plana y al extremo suroeste, por donde se abre paso el cauce del río,
se halla el complejo principal de las denominadas ‘piscinas arqueológicas’, mientras en
el otro extremo donde se pierde el río, se ubica una estructura aparentemente aislada y
de forma circular. Las colinas que rodean al valle confluyen entonces en dichos extre-
mos, luego de haberse separado alrededor de 150 m. que justamente corresponde al
ancho de esa pequeña llanura de Tulipe.

Las versiones de varios moradores que nacieron y crecieron en Tulipe señalan que todas
aquellas laderas “tenían unos graderíos de piedra desde donde los antiguos debían divi-
sar las piscinas”; en efecto, en el sector sur de las piscinas, se hallan vestigios de tres
muros de contención que recorren paralelos siguiendo las cotas 1.495-1.515 m.s.n.m.,
y que ahora aparecen recuperados sobre la parte alta del camino que lleva a la escuela
del pueblo y continúa luego hacia el barrio Las Islas.

En sus inter-espacios, estos muros de contención forman unas estrechas terrazas y ande-
nes que sugieren una función no sólo orientada a contrarrestar posibles derrumbes de

99
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

estas laderas, sino a conformar un marco


Andenes o terrazas y su ubicación respecto al
arquitectónico y estético de todo el cen-
conjunto monumental de estructuras hundidas.
tro ceremonial de Tulipe.

La vinculación cultural de estos andenes


con las piscinas es evidente, aunque en la
actualidad les separe de manera agresiva
la carretera que va a Pacto, el camino que
asciende a Las Islas y la ocupación de dos
casas habitacionales, cuyos propietarios
están concientes de su presencia intrusa
en ese contexto arqueológico.

Su estratigrafía no obedece a la secuencia


que se reconoce en la parte plana del
valle, donde están las piscinas, debido a
que este sector se sustenta en un terreno
inclinado, erosionado y de laderas altera-
das por los orificios de las raíces de árbo-
les antiguos actualmente desbrozados.
Además, el pastoreo de ganado en sus
abundantes pastizales, ha provocado el
deslizamiento de las piedras de los muros.

La inminente destrucción de un sector tan valioso llevó a intervenir, mediante un pro-


ceso sistemático de excavaciones arqueológicas y de restauración, como parte del pro-
yecto autorizado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. A grandes rasgos tal
proceso consistió en negociar con el propietario de los terrenos, informar a la comuni-
dad sobre la importancia del sitio, cerrar el sector con alambres de púa, construir un
muro nuevo y revestirlo para contrarrestar la erosión, hacer excavaciones y seguimien-
to de un acueducto que fue descubierto y que poseía cuatro acometidas de agua para las
piscinas y, finalmente, consolidar los tres muros arqueológicos de contención de sus
terrazas y del acueducto.

3- Los muros de contención

L os muros alcanzan una altura promedio de 90 cm., pero originalmente debieron ser
más elevados. Su ancho es muy variable, pues el paramento interno, el que da al
corte de la tierra, no está elaborado con el mismo cuidado que el externo. En el inte-
rior simplemente se efectuó un relleno con grandes piedras poligonales, cuya función
era precisamente la de sostener la tierra y contrarrestar la presión de las terrazas. Hacia
el exterior, se colocaron piedras seleccionadas cuya cara más plana trataba de cubrir la
mayor parte del paramento visto. Ninguno de esos sillares muestra evidencias de haber
sido cortado, tallado o labrado.

100
ANDENES Y TERRACERÍAS

Evidencias de muros de
contención y andenes o
terrazas. Sector sur del
conjunto monumental de
estructuras hundidas en
Tulipe. Fotografía de
Inés Mantilla, 2002.

4- Función sagrada del sitio

A l compararlos con un graderío, los muros de contención harían el papel de contra-


huellas, mientras los andenes conformarían las huellas de los escalones. De hecho,
como ya se ha señalado, la hipótesis original que manejábamos se refería a unos grade-
ríos para sentarse, pero la altura de los muros (0.90 m.) y el ancho de las terrazas (2.50
m.), son dimensiones desproporcionadas para tales efectos. Por otro lado, esos andenes
de áreas muy pequeñas, resultarían demasiado estrechos para asignarles una función de
terrazas agrícolas en términos de producción de mediana o gran escala, dependiendo
del producto.

La nueva hipótesis planteada, sin rechazar a la anterior, se orienta hacia una propuesta
más coherente con todo el contexto del sitio arqueológico. La vinculación tan cercana
con el sitio de las piscinas es un elemento imprescindible para cualquier interpretación.
A partir de esta premisa, creemos que la presencia de los andenes es la parte espacial y
funcional que se integraba al ritualismo de todo el valle sagrado de Tulipe, cuyo centro
debió ser el complejo de estructuras hundidas o piscinas.

Probablemente, en estas huellas, andenes o estrechas terrazas se cultivaba una flora orna-
mental, ritual o selectiva (coca, orquídeas, chiras, achiote, plantas medicinales, etc.).

Una función muy evidente de las terrazas es la de facilitar de una manera estética el
recorrido del agua que bajaba por el acueducto, pues su descenso en correntada debía
producir el mismo efecto que hacen los saltos de agua y cascadas de las cercanas que-
bradas de Tulipe. Lo importante era recibir el elemento sagrado del agua con todas sus
manifestaciones de movimiento, sonoridad y de purificación.

101
102
Capítulo XV
Conservación y restauración

Página anterior:
H emos hecho referencia breve a las técnicas de conservación y restauración aplica-
das en este quehacer arqueológico. En este capítulo explicaremos el proceso. ilustración de las
estructuras hundidas de
Tulipe que fueron
Una vez puestos a la luz los vestigios arquitectónicos de cada piscina, se procedió a la
construidas por los
delicada tarea de conservación y restauración, siempre bajo el criterio de que se trata yumbos durante el
de un testimonio vivo de los pueblos noroccidentales de Pichincha, y que su significa- período de Integración
do espiritual expresado en valores estéticos, históricos y en la materia misma del monu- (600 d.C. a 1 500 d.
mento, debe preservarse con toda la rigurosidad que impone la restauración científica. C). Pintura del artista
Galo Jurado, 2003.
Ha sido un trabajo orientado a descubrir, distinguir y conservar la autenticidad de las
evidencias a fin de garantizar su integridad, estabilidad y permanencia en el tiempo. Excavación en área o
liberación de las
Nuestro lema propuesto y orientador fue ‘intervenir lo mínimo y respetar lo máximo,
evidencias de un muro en
renunciando a toda hipótesis’, declaración no siempre fácil de cumplir cuando gran el centro ceremonial de
parte de los vestigios (10 a 15%) ha sido alterada agresivamente por la acción de las Tulipe. Muro oriental de
actuales generaciones, mediante la apertura de carreteras, construcción de viviendas y la piscina 2.
manejo agrícola del sector.

Lo más lamentable es que pese a todos los mecanismos de concienciación empleados,


todavía los factores destructivos continuarán si las autoridades competentes no resuel-
ven de manera definitiva y justa, la propiedad de las tierras de apenas tres hectáreas
donde se encuentran las piscinas, así como la reubicación de tres familias cuyas vivien-
das prácticamente se levantan sobre los muros del monumento. Además, la situación se
agrava si se anota una medida por demás limitada del Instituto Nacional de Patrimonio
Cultural, que ha tomado exclusivamente el puesto de las piscinas (5 m. a la redonda)
para la declaración del sitio como patrimonio cultural de la nación, dejando así la posi-
bilidad de que se altere su entorno.

Liberación

Aquí se entiende por restauración de liberación exclusivamente a la técnica de excava-


ción arqueológica, que de manera rigurosa y documentada permite obtener todos los
datos y recuperar los elementos fundamentales y necesarios para una restauración ade-
cuada. Se han retirado las adiciones naturales como vegetación, depósitos eruptivos,
capas desarrolladas, materiales desmoronados, así como criaderos de cerdos, árboles
frutales, caña de azúcar y otras plantas actualmente cultivadas, etc. que deformaban las
estructuras. Esta labor incluía necesariamente excavaciones sistemáticas en área, dejan-
do la mayor cantidad de elementos in situ.

Esta tarea de limpieza y excavación arqueológica no ha incluido ninguna eliminación o


liberación de elementos agregados o yuxtapuestos porque no existen superposiciones
de elementos arquitectónicos, y porque Tulipe tiene una unidad de estilo, tanto a nivel
de materiales como de técnicas constructivas.

Si bien las piscinas debieron ser edificadas en distintos momentos, cada una de ellas
guarda una integridad arquitectónica independiente, pero con un estilo similar que

103
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Reintegración de sillares sugiere el ejercicio de una sola vida cultural del pueblo que las edificó. Aquí no apare-
a sus hiladas colapsados ce el distanciamiento entre los valores estéticos e históricos del monumento por posi-
a cargo de albañiles bles cambios estilísticos o por añadidos superpuestos; los dos conceptos se imbrican y
capacitados en se complementan.
restauración. En esta
fotografía Enrique Inga.
Consolidación

El objetivo de la restauración no es solamente solucionar o contrarrestar los daños que


a lo largo del tiempo la naturaleza y el hombre han causado al monumento, sino tam-
bién evitar que siga destruyéndose por las mismas o por otras causas. Esto significa que
dicha intervención debe garantizar una mayor estabilidad y duración mediante el uso
adecuado de los materiales ‘consolidantes’.

Reintegración

Para los monumentos arqueológicos, las cartas internacionales -como la de Atenas o de


Venecia- numerosos teóricos aconsejan la aplicación de la ‘anastilosis’ como la forma
más perfecta de restauración. Es decir, recolectar y volver a colocar en su sitio todas las
partes colapsadas o desmoronadas, devolviéndole al todo su imagen integral. En el caso
de Tulipe habría sido reponer los cantos rodados que estaban en el suelo a sus hiladas
y lugares de donde cayeron.

Esta técnica no es aplicable en el caso de Tulipe o en cualquier otro monumento


arqueológico del Ecuador, pues los materiales de construcción utilizados por los pue-
blos prehispánicos de nuestro territorio no lo permiten.

Frente a este problema, se tendría dos opciones. O se restaura mediante una seria y
racional conjunción de técnicas en la que intervengan fundamentalmente la consolida-
ción, luego en menor grado la reintegración, excepcionalmente la integración (materia-
les y elementos nuevos) y la reconstrucción, pero nunca la construcción. O se abando-
na el monumento a su suerte y desaparición, de la manera más ruskiana. Si se optase
por esta segunda alternativa, simplemente en el Ecuador no tendríamos ningún sitio
arqueológico para mostrar al mundo estudiantil, científico y turístico; lo mismo ocurri-
ría en toda el área andina, pues salvo algunos casos excepcionales de elementos puntua-
les como esculturas o partes de edificios, no existen monumentos que recepten única-
mente la técnica de la anastilosis.

Reconstrucción

La técnica de la reconstrucción tampoco es aplicable en


el caso de Tulipe, pues todas las estructuras estaban en
un 90% bien conservadas; pero por tratarse de estructu-
ras hundidas cuyas partes más altas se habrían caído y sus
faltantes se convertían en serias amenazas para que las
más bajas sigan colapsando, se imponía la necesidad de
‘reconstruir reintegrando’ aquellos sectores en peligro
como las orillas o bordes de las piscinas , que comenza-
ban a erosionarse con la consecuente afectación de las
hiladas inferiores.

De tal manera que, más que reconstrucción ha sido la


misma técnica de reintegración y consolidación la apli-
cada en este monumento, pues las evidencias eran deter-
minantes en todo sentido: materiales, técnicas, dimen-
siones y, sobre todo, la necesidad de conservación y
mantenimiento.
104
CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN

Reposición de partes no originales en las rampas de inducción

Estas habían perdido sus hiladas superiores, dejando al descubierto el núcleo de tie-
rra y ocasionando, a su vez, la dispersión de las piedras del acueducto. En este caso
se elevó la altura de las paredes circundantes de cada rampa (1.80 m. en la parte alta
y 1.60 m. en la más baja) y se reintegró el sistema de canales con los mismos mate-
riales dispersos.

Consolidación de las rampas de acceso

Estas necesitaron una mínima intervención o reacomodo de ciertas piedras en los esca-
lones, pues apenas se habían desplazado de su sitio original. Para evitar cualquier alte-
ración futura por parte de los visitantes, se reforzó mediante el uso de un chocoto com-
pacto las huellas y contrahuellas de cada escalinata.

Protección del piso cultural

Con tierra extraída de la capa C durante las excavaciones, se recubrieron todos los pisos
internos de las piscinas, hasta un espesor de 0.20 m. De su mantenimiento constante
dependerá la conservación de estas evidencias, impidiendo particularmente el creci-
miento de la vegetación alta.

Señalización

En una primera instancia, se decidió colocar señales en las piedras con el fin de distin-
guir las hiladas originales de las reintegradas. Se marcó con un pequeño punto de pin-
tura blanca a las piedras reacomodadas, con dos puntos a las reintegradas, y sin señal a
las originales. Pero su imagen estética se veía alterada, por lo cual se optó posteriormen-
te por dejar una señalización solamente documentada -es decir una explicación de cuál
fue el proceso- y no en el lugar físico.

Obras complementarias

Esta tarea de consolidación y mínima intervención aplicadas en Tulipe estuvieron


acompañadas de otras varias medidas preventivas y de conservación, pues el criterio
utilizado en este proyecto y en todos los del país donde hemos tenido una acción direc-
ta (Rumicucho, Ingapirca, Pumapungo, Guayllabamba, Chacapata, El Salitre, Antigua
Riobamba etc.), ha sido el de intervenir una sola vez. Un monumento no debe ser mal-
tratado con repetidas restauraciones que finalmente modifican su originalidad y auten-
ticidad y atentan contra la esencia del patrimonio.

Como medidas precautelares, se han elaborado cerramientos, drenajes, desbanques,


rellenos externos y muros de contención, que siempre son necesarios en todo para su
protección y mantenimiento. Especialmente, se ha protegido el medio circundante o
paisajístico, para impedir que se continúe alterando por las construcciones modernas
discordantes con la arquitectura vernácula del último grupo colono.

Materiales y técnicas de construcción

Conforme se ha manifestado, los materiales de construcción utilizados en estas estruc-


turas provienen del mismo lugar: cantos rodados, mortero y agua. Los constructores
yumbos no buscaron canteras de piedra y de arcillas especiales; ellos basaron el éxito
de sus edificaciones líticas, no tanto en la efectividad de sus materiales sino en las téc-
nicas aplicadas. Utilizaron los materiales que les proporcionaba directamente la natu-
raleza, sin someterlos a preparación alguna, inclusive en sus morteros.

105
TERCERA PARTE:
HACIA UNA INTERPRETACIÓN DE LA NACIÓN YUMBO
Y SU CENTRO CEREMONIAL DE TULIPE
Antecedentes

E n esta última parte del estudio, nos centraremos en la discusión sobre qué tipo de socie-
dad conformaron los yumbos. Para este efecto, observaremos hasta qué punto los crite-
rios de nación, cacicazgo o conjunto de cacicazgos son aplicables a nuestra investigación.
Nos apoyaremos en la evidencia arqueológica de los patrones de asentamiento, los conjun- Página anterior: flora
tos nucleados y los elementos de arquitectura sagrada de las piscinas. Asimismo, observare- típica del medio ecológico
mos el contexto natural y humano que construyeron las condiciones en las que vivió el pue- de Tulipe.
blo yumbo. Finalmente, describiremos algunas de las características del actual asentamien-
to de Tulipe y los pasos necesarios -realizados o por realizarse- para la protección del patri-
monio cultural que allí se encuentra.

Antes de centrarnos en los puntos enunciados, señalemos someramente algunos elementos


que se deben tomar en cuenta.

En primer lugar, la producción agrícola, el comercio interregional, la caza y la artesanía


estuvieron en la base y sustentación del desarrollo general de la sociedad yumbo. Su diná-
mica estuvo determinada por el intercambio de productos a escala interregional -Costa y
Sierra, y viceversa- y por la obtención de productos exóticos de otras regiones (obsidiana,
concha Spondylus Princeps y madre perla), cuyo uso acrecentó el estatus y prestigio de la etnia.
Igualmente, la exportación de productos propios (como algodón, sal, ají, coca, textiles,
entre otros) a los cacicazgos del callejón interandino implicó esferas de control económico
y de la producción.

La ampliación de las relaciones primero locales, luego regionales y finalmente interregiona-


les, se realizaban por una extensa caminería de culuncos que en principio unían los piede-
montes y los complejos arquitectónicos entre sí. Comenzaban desde el lado norte del río
Guayllabamba, cruzaban Chacapata y avanzaban por Nanegal, San Francisco-La Armenia,
Santa Elena, Camacpi, Tulipe, Santa Teresa, San Luis, Ingapi, San Juan, San José, orientán-
dose hacia poblados tsáchilas en el costado suroccidental. Desde esta posible columna ver-
tebral se desprendían otras tantas vías con dirección a Quito y demás pueblos serranos así
como hacia la Costa.

Por otra parte, en la evidencia arqueológica de Tulipe, se demuestra una intensa activi-
dad constructiva y una importante experiencia tecnológica acumulada a lo largo de
varias centurias (VIII a XV). Se puede ver una racional explotación del suelo, un ordena-
miento espacial con áreas especializadas (agricultura, comercio, religión), y una relación
entre las actividades productivas y las cotidianas (agricultura, comercio, caza, artesanal,
textil, entre otras). Se podría afirmar que todo esto condujo al pueblo yumbo a un mayor
rendimiento y control de la fuerza de trabajo, sobre todo en lo que se refiere a la cons-
trucción de estructuras piramidales, caminos y centros ceremoniales, consolidándose así
la identidad de la etnia.

La visión cosmogónica plasmada en el centro ritual y ceremonial de Tulipe, representa el


conocimiento y dominio de diseños geométricos vinculados simbióticamente con rituales y
ceremonias iniciáticas del ‘shamanismo’, como consecuencia máxima de esas riquezas pro-
ductivas, comerciales y de control que tuvieron los yumbos.

En síntesis, la suma de estos factores presentes en el pueblo yumbo devino después en con-
trol político e ideológico por parte del cacique y la élite, mientras los conocimientos sobre
los rituales y ceremonias que manejaban los sabios, yachakkuna o ‘shamanes’, se asimilaban y
transmitían por tradición oral entre la sociedad.

La nación yumbo se vio entonces no sólo como una sociedad tecnológicamente desarrolla-
da en los campos de la arquitectura, vialidad, comercio y agricultura, sino también solida-
mente estructurada por principios políticos ideológicos y religiosos que por ser intangibles
nos resulta ahora difícil descubrirlos e interpretarlos.
109
Capítulo XVI
La nación de los yumbos

Página anterior:
1- Conceptos de nación y de nación yumbo Canastero yumbo con
sus largos bastones y

E l concepto de nación que se utilizará en este estudio se fundamenta en el sentido


sociológico más amplio, y se aleja por tanto del término de Estado, con el que a
menudo se lo confunde.
chalo a la espalda.
Pintura de Juan Agustín
Guerrero “Yumbo de
Nanegal” (1845).
Fuente: Colección de
Se entenderá nación como la comunidad de individuos, asentada en un territorio deter- imágenes del
minado, con etnia, lengua, historia, tradiciones comunes, y consciente de constituir un Ecuador siglo XIX,
cuerpo ético-político diferenciado. Fundación Hallo, 1981.

El término de Estado se distingue del de nación por concretarse necesariamente en un


organismo político-jurídico, administrativo y soberano; es un poder institucionalizado
autónomo. El Estado nacional, originado en la época moderna es un tipo concreto de
Estado que puede incluir varias naciones en su seno. La nación puede existir sin auto-
nomía política, pero como concepto activo se convierte en el motor ideológico de la
unificación territorial. Por otra parte, ha existido la tendencia política de convertir las
naciones en Estados: naciones divididas entre dos o más Estados, y Estados que englo-
ban a más de una nación.

Por otra parte, el Estado-nación tiende a la integración de los habitantes bajo un único
sistema de regencia del poder, modificando así realidades culturales heterogéneas. Para
comprender esas realidades, necesariamente se deberá emplear una concepción pluri-
nacional en el seno del Estado.

La nación se consolida en la comunidad estable, formada históricamente sobre la base de


comunidad de idioma, de territorio, vida económica y cultural. Es decir, incluye una serie
de principios objetivos y culturales diversos, que serán los que distingan a una nación de
otra, independientemente de si están dentro de un Estado o de varios estados.

El etnohistoriador estadounidense Frank Salomon insinúa en su obra Los yumbos, niguas


y tsatchila o ‘colorados’ (1997), la existencia de la nación yumbo en la región norocciden-
tal de la Provincia de Pichincha. Para llegar a esta conclusión realiza una larga investi-
gación etnohistórica y recoge los resultados preliminares de las investigaciones arqueo-
lógicas que llevaron a cabo John Isaacson y el autor del presente estudio, durante la pri-
mera etapa de investigación, entre los años 1978 y 1982. Desde entonces, el término
de nación se ha utilizado para referirse a los yumbos, pero con cierto reparo.

Frank Salomon descubre documentos fundamentales de 1570 que dan razón de la exis-
tencia de la cultura yumbo, en los siguientes términos:

“Esta provincia de yumbos […] toma de largo más de veinte leguas, tiene a el levan-
te la ciudad de Quito, a el medio día la provincia de los Sicchos, y al poniente la
bahía de Tacamez, y al norte la Sierra de Lita” (Cabello de Balboa [1579] 1945: 62).

111
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Como se puede observar en la descripción precedente, Cabello de Balboa ubica con


toda seguridad a la cultura yumbo al noroccidente del Pichincha, cuya delimitación
actual estaría dada por Quito en el este, Atacames al oeste, Sicchos al sur, y Lita
(Imbabura) al norte.

En las tres siguientes citas, recopiladas por el mismo Salomon, igualmente se nombra
en fechas muy tempranas el término yumbo (1535, 1563 y 1566); su territorio debe ubi-
carse con dirección occidental desde las partes altas de Cotocollao, Nono, y Calacalí:

“Una estancia questa de aquel cabo de Cotocollao ques donde están unos edificios
de unos tambos questan a la mano yzquyerda del camyno mas baxo por donde
vamos a yumbo [...]”(Salomon 1997: 20 [Primer libro de Cabildos LCQ t.1:139, 12
julio 1535]).

En el mismo libro se menciona

“Una estancia questa junto al acequya del agua que sale de los tambos y de la otra
parte con el camyno real que va a yumbo” (Salomon, 1997: 20 [Primer libro LCQ
t.1:148: 21 de junio 1535]).

En similares documentos de 1563 y 1566, nuevamente se encuentran datos que anotan


el término y ubicación, como sigue:

“[…] estancia y tierras de Nono como bamos a Calacalí desde la chorrera que cae
de la sierra de arriva que llaman los yndios Guangopolo y aguas bertientes a los
yumbos...” (Salomon, 1997: 21. [Primer libro LCQ t 1: 160,...1566]).

Cristóbal Landázuri compila una serie de documentos que hacen relación a la segunda
visita y numeración de los pueblos del Valle de los Chillos (1551 - 1559). En este se
demuestra la presencia de los comerciantes de la región circunquiteña identificados con
el gentilicio yumbo:

“En el caso de la movilidad de carácter andino, las zonas de residencia fueron


Píllaro, Yumbo, Puratico. Por otro lado, una emigración interétnica, preferentemen-
te hacia zonas templadas y subtropicales como Puratico, Sigchos y Yumbos [...]”
(Landázuri, 1990: 27).

Igualmente, Segundo Moreno Yánez aporta con sus investigaciones para la defini-
ción del ‘país yumbo’. Él recurre, como antes lo hizo Salomon, a Cabello de Balboa
y amplía la información con la Relación de los indios que hay en la Provincia de los Yumbos
y pueblos que en ella hay […], de cuyo análisis se desprende lo siguiente:

“Se podría suponer, por lo mismo, que la nación de los yumbos estuvo repartida en
dos fracciones que podrían denominarse yumbos del Sur y yumbos del Norte […]”
(Moreno, 1981: 113-114).

Aceptado el gentilicio de yumbo, y fuera de discusión la territorialidad de ese pueblo


con todas sus evidencias culturales, queda por explicar el modo de vida de lo que la
etnohistoria llamaría nación yumbo. Aquí cabe formular dos preguntas que surgen a
partir de la literatura antigua y contemporánea referente a los yumbos: ¿se trataba úni-
camente de un grupo selvático enclavado en el noroccidente de Pichincha?, ¿su forma
de vida giraba solamente en torno al comercio de productos exóticos para los merca-
dos de Quito ‘el principal tianguis’ y de los pueblos del Valle de Los Chillos y Otavalo?

Todo este bagaje de conocimientos no puede haberse desarrollado en una sociedad de


‘desnudas gentes’, belicosas, según ciertas descripciones de crónicas o relaciones...
112
LA NACIÓN DE LOS YUMBOS

Tampoco se adhiere a su comprensión como mercaderes. Fue una sociedad que capita-
lizó una vasta experiencia tecnológica que le permitió un control del medio ambiente
para su adaptabilidad, reproducción y convivencia social. Aquella experiencia tecnoló-
gica debió acumularse desde períodos anteriores hasta alcanzar un estadio de socieda-
des complejas estratificadas. Tales conocimientos perduraron durante un largo lapso,
aproximadamente mil años de generación en generación. Es importante reconocer
entonces que la nación yumbo es una sociedad milenaria, madura y abierta a las rela-
ciones interregionales.

Para alcanzar tal estadio, la población yumbo desarrolló un proceso de organización


acorde con su medio ambiente y realidad geográfica: comenzó reconociendo su acci-
dentada topografía a la que terminó adaptándose mediante un patrón de asentamiento
que aseguraba su supervivencia. Distribuyó el espacio para su vivienda, para su agricul-
tura y para su práctica religiosa. Esta adaptabilidad al medio ambiente, a todas luces
‘agresivo’ por su topografía, fue fundamental, para así volverlo productivo en beneficio
y seguridad del grupo social, continuum de la evolución humana, como bien lo afirmara
el investigador Darcy Ribeiro (1970).

La sociedad yumbo superó las etapas de desarrollo de sociedades meramente agrícolas


no diferenciadas, como las del período Formativo. Sus intercambios culturales identifi-
cados en términos de comercio la ubican entre los grandes cacicazgos andinos.

Su organización social durante el período de Integración les impele a estratificarse de


acuerdo a su cosmovisión y simbolismo. Su territorio ocupó una superficie mayor a 900
km2 con límites culturales que se extendían hasta donde la etnia podía mantenerse
coherente e integrada. En síntesis, se puede decir que crearon las condiciones sociopo-
líticas, económicas y culturales para la explotación de los recursos, el manejo del entor-
no medioambiental y el desarrollo de manifestaciones culturales tanto cotidianas como
sagradas.

113
114
Capítulo XVII
Patrones de asentamiento

Página anterior:
1- Panorámica de la región filo de Salento, ejemplo
topográfico de un

E n esta sección introductoria, se encontrarán ciertos elementos que han sido mencio-
nados con anterioridad, y que traemos a colación con el afán de ubicar en una pano-
rámica que permita situar las propuestas de este estudio respecto de los patrones de
piedemonte sobre el que se
levanta un conjunto de
tolas en cadena. Se
asentamiento a un paisaje definido; es decir, con el afán de permitir una relación con- desconoce la autoría de
textual entre un espacio determinado y las hipótesis que le corresponden. la fotografía.

La cobertura total del subtrópico quiteño es de aproximadamente 842,85 Km? cuyos


puntos extremos son: Cachillacta al este, Mashpi al oeste, Guayabillas, Chacapata y
Cariyacu al norte, Milpe, Saloya y San Sebastián de Pachijal al sur.

Cabe señalar que estos son los límites políticos del Distrito Metropolitano, pero los
limites culturales de la nación yumbo se amplían hasta colindar con el río Intag por el
norte, Mindo por el sur, Cariyacu y Cachillacta por el este y el Mashpi por el oeste,
aunque esta ultima frontera cultural parece proyectarse más hacia el noroccidente,
hacia San Juan de Puerto Quito y Los Bancos, ya fuera de los limites distritales.

2- Promontorios y cementerios

C omo se había anotado, las tolas se proyectan longitudinalmente desde la naciente


o parte superior del piedemonte. Al bajar, ocupan las crestas o pequeñas planadas
hasta los terminales o parte inferior de esos alargados montes. En las ramificaciones
laterales se levantan otras estructuras que obedecen a una clara intencionalidad por
conformar o completar verdaderos núcleos de conjuntos o complejos piramidales. En
todo caso, la ocupación intensiva de las cuchillas, laderas, colinas y partes terminales
que conforman esa singular geografía, se evidencia como una constante de los asenta-
mientos yumbo.

Generalmente, en las ramificaciones laterales de los piedemontes que bajan hasta las
quebradas adjuntas, aparecen grupos de pequeños promontorios, sin orden aparente,
que corresponden a cementerios locales vinculados a los complejos arquitectónicos y
que forman parte del patrón de asentamiento.

Podemos inferir los siguientes datos preliminares:

1- Las tumbas registradas tienen forma rectangular.


2- Los cementerios son parte del patrón de asentamiento piramidal nucleado.
3- Las laderas que bajan a las quebradas adjuntas fueron escogidas para utilizarlas como
cementerio.
4-Los promontorios tienen dimensiones más o menos estandarizadas.
5- La orientación de los ejes mayores de las tumbas aparentemente no demuestra inten-
cionalidad alguna; depende casi siempre de la dirección general de las laderas o del pie-

115
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

demonte. Por ejemplo, los cementerios de Pachijal y de San José de Ingapi están ubi-
cados sobre las laderas que se orientan al occidente, mientras que los cementerios de
San Luis y de Santa Teresa están en las laderas que se orientan hacia el oriente.

El dato más importante, sin embargo es el relacionado con el contexto espacial y fun-
cional de estos monumentos funerarios. Los cementerios están adscritos a complejos
piramidales nucleados, sugiriendo que el patrón de asentamiento está compuesto por
las estructuras piramidales y su correspondiente cementerio. Asociados en una íntima
simbiosis, ocupaban un área en las que las actividades cotidianas se practicaban o vin-
culaban cuando era necesario, con aquellas actividades rituales relativas a la muerte. El
dualismo de la vida y la muerte estaba presente y convivía; el espacio físico era com-
partido por vivos y muertos formando un paisaje cultural organizado.

Los artefactos recuperados por gentileza de sus propietarios, no permiten todavía un diag-
nóstico del patrón de enterramiento. Los torteros recuperados en la tumba huaqueada de
El Porvenir sugieren la idea de formar parte de una ofrenda funeraria relacionada con la
actividad artesanal. Los collares de concha Spondylus Princeps y las láminas de concha
madre perla, de Buenos Aires, pueden considerarse como parte de un ajuar que acompa-
ñó a un personaje de alto rango. La abundante cerámica de compoteras, ollas y cuencos
sacados de una de las tumbas del cementerio de San Luis por Boris Aguirre (2001) puede
comprobar la importancia alfarera en el ajuar funerario. En fin, lo único que puede asegu-
rase es que los promontorios son tumbas y están agrupadas en cementerios junto a com-
plejos monumentales de tolas.

En cuanto a la lítica, hay una significativa presencia de manos de moler y metates,


de formas variadas, lo que demuestra que la actividad de la molienda para la elabo-
ración de harinas y masas fue muy importante; en varios casos tienen severos des-
gastes. La materia prima utilizada para la fabricación de las piedras de moler, en su
mayoría, son andesitas.

Los pocos ejemplares de hachas recuperadas durante la prospección denotan el plano


de percusión o talón proximal trabajado para ser agarrado con la mano o amarrado a un
mango de madera, mientras que el talón distal tiene un borde o filo cortante. Al igual
que las piedras de moler, el material utilizado para su fabricación es andesita.
Tipológicamente, las muestras de hachas recuperadas en territorio yumbo pertenecerían
al tipo de artefactos de cuerpo simple cuya sección transversal es elíptica con lados con-
vexos y filo redondeado (Echeverría, 1981: 157-162).

La presencia de propulsores o atlatl en San José de Ingapi es un claro indicador de que


la cacería era una de las actividades fundamentales del habitante yumbo. Están elabo-
rados en piedra calcedonia de color verde jaspeado. La obsidiana está presente en
toda la región y prácticamente se la encuentra desde los niveles del Formativo hasta
los de Integración.

3- Patrones de asentamiento yumbo


Patrones de asentamiento nucleados

J ohn Stephen Athens (1980) propone una serie de supuestos teóricos y anota varias
hipótesis aplicables a los patrones de asentamiento de la provincia de Imbabura, tipi-
ficándolos como “dispersos” y “nucleados”.

Una de las hipótesis, refiriéndose a sociedades complejas, señala:

“Se espera que las sociedades en medioambientes uniformes tengan sus residencias
domésticas dispersadas, mientras que las sociedades de medioambientes estaciona-
les tengan residencias domésticas nucleadas” (Athens, 1980: 96).
116
PATRONES DE ASENTAMIENTO

Para reforzar sus hipótesis, este investigador aclara la definición de dispersas y nuclea-
das, término que hemos utilizado anteriormente:

“Dispersadas se refiere a la condición donde las unidades residenciales domésticas


no lindan entre sí […]. Los pequeños grupos de unidades residenciales dispersados
parecen ser una forma muy común de asentamiento disperso en las sociedades agrí-
colas tropicales” (Athens, 1980: 96).

En relación con los asentamientos nucleados sostiene:

“[…] Se refiere a la condición en que las unidades residenciales lindan entre sí. Si
todas las unidades residenciales de una unidad social primaria lindan entre sí, la
sociedad está nucleada al máximo” (Athens, 1980: 96).

A partir de las citas precedentes, aclaremos la propuesta de este estudio. Se entiende


como asentamientos dispersos a aquellas poblaciones en las que el trazado del asenta-
miento yumbo, por evolución de adaptación al medio, no presenta unidades residencia-
les contiguas generando la formación de calles, manzanas y plaza central que deviene en
la trama o diseño de damero del tipo europeo, sino que estas unidades están separadas y
sin colindar entre sí, aunque integradas de acuerdo a patrones topográficos, ideológicos
y culturales, socialmente aceptados.

Los patrones de asentamiento de los complejos arquitectónicos yumbo se presentan


con tolas piramidales truncas de un área de construcción variable. A cada complejo de
tolas hay que sumarle plataformas rectangulares que a veces están adosadas a las mis-
mas o separadas, pero siempre al interior del contexto piramidal. Igualmente se inte-
gran áreas de cultivo, asentamientos habitacionales o puntos de vigía, túmulos funera-
rios, cementerios y culuncos o caminos antiguos.

Consecuentemente, la presencia de lo que nosotros denominamos patrones de asenta-


miento monumentales nucleados, ubicados en las partes altas de las cuchillas de monta-
ña, demuestra una categoría de ‘aldeas’ interrelacionadas tanto por la ocupación, vecindad
y presencia de jefes cacicales, como por la necesaria comunicación que se daba por la red
vial. La región estuvo densamente poblada pero acorde con una distribución geográfica y
una organización espacial. Esta afirmación se comprueba con la presencia de numerosos
sitios, tolas, caminos, y particularmente con los asentamientos.

Los complejos de tolas de noroccidente se distinguen por su morfología, monumentali-


dad y cantidad que superan en número a cualquier otra región culturalmente identificada.
Guardan una tendencia a la ‘nuclearización’ jerarquizada en cada piedemonte cacical.

Igualmente en las tolas de la nación yumbo que han sido intervenidas por huaqueros
son excepcionales las que presentan evidencias de tumbas. Esta función concentrada en
los cementerios, en cuyos montículos sí se hallan los enterramientos humanos con su
respectivo ajuar funerario. Desde luego, la imagen histórica que en cierto grado se ha
mantenido de los yumbos es aquella de los primeros cronistas que los encontraron en
su colapso absoluto.

Área nuclear o central

La primera región, tentativamente denominada área nuclear o central, está formada por
el piedemonte de San Francisco-La Armenia-Nanegal, al lado oriental, que alcanza una
longitud de 17 km., y que involucra a Nanegalito. Dentro de esta área se destacan los
grandes complejos monumentales levantados según el patrón de asentamiento yumbo,
sobre los piedemontes. En esta región geográfica se asienta Tulipe, aunque su influencia
no se restrinja a la ocupación espacial y nos remita, más bien, a toda la cultura yumbo.
117
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Área occidental

Apreciación de las ramificaciones laterales con sus tolas en el piedemonte Ayapi-Pachijal, modelo que se
repite en todo el subtrópico quiteño.

La segunda región ubicada al occidente de la nuclear arranca desde Loma de Purito,


Buenos Aires, Pacto, Las Tolas hasta bajar al río Mashpi, y por el sur hasta la unión
de los ríos San José y Pachijal.

En esta área occidental, la estructura geofísica es más arrugada y los largos piedemon-
tes desaparecen, característica topográfica que permite observar los asentamientos
como más cercanos entre sí y aparentemente distintos a los del área nuclear.

Para entender mejor el patrón de asentamiento del pueblo yumbo, hemos establecido
la siguiente clasificación tipológica de las tolas, sobre la base de su tamaño y área edi-
ficada y los elementos asociados de su patrón espacial.

1- Tolas mayores con más de 1000 m2. de área constructiva.


2- Tolas medianas que van de 500 a 1000 m2. de área constructiva y.
3- Tolas menores con un área constructiva menor a 500 m2.

Generalmente las del primer tipo rebasan los 40 m. de largo por 20 m. de ancho y
los 10 m. de altura. Las del segundo tipo tienen un promedio de 20 m. de largo por 10
m. de ancho y 6 m. de altura. Las del tercer grupo varían entre los 6 m. y 15 m. de largo
por 2 a 5 m. de ancho, y 1 a 5 m. de alto. Estas últimas, en opinión de Alcina Franch,
habrían podido pertenecer a viviendas, pues sobre su plataforma se levantarían las
estructuras habitacionales como una unidad que se vincula a los conjuntos o posibles
áreas nucleares de poblamiento (Alcina, 1979: 68).

Complejos de tolas

El cono de deyección Guayabillas, el más extenso de todos, formado por la confluen-


cia de los ríos Pachijal y Guayllabamba, presenta topográficamente varios ramales,
sobre los que se levantan verdaderos complejos de tolas, unas más espectaculares que
otras. Desciende desde los 912 m.s.n.m. hasta los 572 m.s.n.m.; es decir, la ocupación
cultural se extiende en una región más bien baja, con amplias áreas planas que se pro-
yectan hacia la unión de los ríos, sin perder la constitución geofísica de piedemonte,
sino definiendo las diferentes masas geológicas que se forman desde las partes altas de
los conos de deyección con sus ramales laterales.

118
PATRONES DE ASENTAMIENTO

En esta zona se registraron 44 estructuras, todas cultivadas con pastos para ganado
vacuno. En el interior de los tupidos bosques secundarios es posible distinguir otros tan-
tos complejos de tolas con difícil acceso para estudiarlas.

A continuación citamos las más representativas:

1- Una tola de 518 m. de área construida, 734250E-022640N, en la cota 743 m.s.n.m.,


con plataforma rectangular y dos rampas.

2- Catorce metros más arriba, otra tola de 760 m., coordenadas 734120E -021113N,
en la cota 757 m.s.n.m., plataforma rectangular sin rampas.

3- Una tercera tola de 560 m. de área construida, ubicada en las coordenadas 734881E –
023357N, cota 747 m.s.n.m., con plataforma rectangular y dos rampas.

4- En la finca del señor Gilberto Guerrero se levanta otra tola de 600 m. de área edifi-
cada, cota 657 m.s.n.m., con plataforma rectangular y una rampa.Por coincidencia, en
nuestra visita se la salvó de una inminente alteración, pues ese día la iban a terraplenar
con tractor para sobre ella construir un tanque de agua.

Si este caso coincidencial fue anecdótico, mucho más fue el que experimentamos cuan-
do se nos informó y demostró que prácticamente todo el pueblo de Guayabillas está
construido sobre una tola. En efecto sobre la tola más grande hasta ahora registrada,
cuya área constructiva alcanzaba los 6.720 m2, se construyó la escuela, las canchas de
la escuela, una calle de acceso y varias casas. Todavía se puede observar las evidencias
de los taludes periféricos. El sitio, actual pueblo, se encuentra en la cota 702 m.s.n.m.
y se localiza en las coordenadas 732081E – 02294IN.

5- Cerca del pueblo se hallan otras tres tolas mayores. En la cota 744 m.s.n.m. consta
una tola con plataforma rectangular, una rampa y un área de construcción de 1.166 m.;
se ubica en las coordenadas 733398E – 023400N. Una plataforma rectangular sin ram-
pas con un área constructiva de 1.000 m., sobre la cota 629 m.s.n.m. y las coordenadas
733454E – 019735N. En tercer lugar, una tola con plataforma rectangular sin rampas
de 1.200 m. de área construida, ubicada en la cota 687 m.s.n.m.

De este complejo de tolas, ubicadas entre los 1.678 y 1748 m.s.n.m., cuatro de ellas lla-
man la atención por estar construidas casi en cuadriculas, pues dejan un espacio inter-
medio a modo de una plaza.

119
Capítulo XVIII
Conjuntos nucleados

Página anterior:
A continuación se describirán someramente algunos ejemplos de áreas nucleadas con
arquitectura monumental piramidal. El objetivo es exponer cierta información bási-
ca que hizo parte de la evidencia de la distribución de estos conjuntos o complejos en
conjuntos monumentales
y uso del espacio en el
territorio yumbo.
el área registrada, su gran tamaño, ‘nuclearización’ y distribución espacial.12 El análisis
Ejemplo tomado del
llevado a cabo de estas áreas nos permitió sustentar y consolidar la propuesta sobre la mapa arqueológico,
existencia de una compleja organización social entre los yumbos que se ha cifrado bajo zona de influencia de los
la modalidad de un sistema cacical. ríos San José y Pachijal

Se ha señalado ya que a lo largo de las crestas o cuchillas de los piedemontes se hallan En esta página:
las edificaciones más evidentes y monumentales, a las que hemos denominando gené- reconstrucción hipotética
ricamente complejos o conjuntos de estructuras, sean estas tolas, plataformas o montí- de un culunco con sus
transeúntes cargados su
culos, a menudo complementándose también con cementerios, caminos y áreas agríco-
chalo lleno de
las y habitacionales. mercadería. Pintura de
Galo Jurado, 2002.

12 Cabe anotar que las descripciones que se presentan a continuación cuentan con un soporte de levantamientos
topográficos, fotográficos, ubicación contextual en las cartas del Instituto Geográfico Militar. Allí, se puede encon-
trar este material.

121
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Dados los altos costos para realizar los levantamientos topográficos de centenares de
vestigios, y dada también la dificultad para ingresar a muchos lugares todavía cubiertos
de bosques, nos limitamos a presentar algunos ejemplos de estos conjuntos en los que
se demuestra el manejo del espacio y la aplicación de ciertos parámetros que confor-
man el patrón o los patrones de asentamiento de la nación yumbo. Estas construccio-
nes nucleadas, en nuestro criterio, constituyen niveles iniciales de poblados semi urba-
nos, o quizá una alternativa propia de ese pueblo para concentrar un gran número de
individuos, (1.000, 2.000, 3.000 o más) en cada uno de esos conjuntos.

Conviene aclarar que los ejemplos que a continuación presentamos corresponden al


área monumental mayor o más importante de cada asentamiento, generalmente locali-
zados sobre la cresta del piedemonte. Pero no hay que olvidar que a cada uno de estos
complejos hay que sumarles las plataformas, cementerios, tolas pequeñas, espacios cul-
tivados, sitios con abundante material cultural, etc. que se hallan hacia los flancos y
laderas hasta llegar a las quebradas o zonas bajas de esos conos de deyección.

Las pruebas de pala aplicadas con relativa sistematización (dificultades de acceso, bos-
ques, potreros) sobre las tolas o en áreas de influencia, en su mayoría (85%) arrojaron
presencia de material cultural fragmentado, demostrándose así la ocupación bastante
importante de todo el territorio por parte del pueblo yumbo.13

1- Tolas Alarcón, Ayapi (Z2E3-107)

E ste sitio arqueológico, compuesto por diez estructuras piramidales, un cementerio y


un culunco, se halla al occidente de Pacto y se caracteriza por la distribución de las
tolas en dos complejos cuatripartitos, quedando las dos tolas restantes hacia el margen
norte de las anteriores. Entre uno de estos complejos cuatripartitos (estructuras 5, 6,
7 y 8) y las dos últimas (tolas 9 y 10) se halla un conjunto de 22 montículos disper-
sos que conforman el cementerio.

Repitiéndose lo que ocurre en otros sitios, por sobre una de las tolas, la número 3, atra-
viesa un culunco con dirección suroeste-noroeste, camino que permitía vincular este
conjunto de Ayapi con el centro ceremonial de Tulipe y con los sitios occidentales del
Pachijal y del bajo Guayllabamba.

2- Tolas Enchiglema, Guayabillas (Z2E1-087)

E ste sector se ubica hacia la parte terminal del sistema montañoso premontano, que
se vincula ya con el bosque tropical de la Costa. Está delimitado hacia el occidente
por el río Mashpi, y al norte por el río Guayllabamba, aunque su territorio se caracte-
riza por la fluidez de varios ríos menores tributarios de los antes mencionados.

Cuenta con cuatro piedemontes principales, ocupados por sus respectivos conjuntos de
tolas piramidales, con área de construcción que en su mayoría sobrepasa los 1.000 m2
cada uno. Aprovechando estos alargados piedemontes, los yumbos construyeron sus pirá-
mides en secuencia, una tras de otra, a lo largo de los ramales y en las crestas más altas.

13 Los nueve conjuntos que se describen a continuación cuentan con su respectivo levantamiento topográfico en el
mapa arqueológico que el FONSAL realiza a nivel del Distrito Metropolitano de Quito. El material se puede encon-
trar en esta institución.

122
CONJUNTOS NUCLEADOS

De estos conjuntos, se ha seleccionado un complejo que se levanta en los predios del


señor Enchiglema (norte 22650, este 734150), y que en el levantamiento topográfico
respectivo incluye solamente cuatro estructuras de plataformas rectangulares, cuya
orientación general se acomoda a la dirección topográfica del piedemonte.

El área ocupada por las estructuras alcanza aproximadamente cuatro hectáreas y media.
De las cuatro estructuras las dos primeras rebasan los 1.000 m2 de área construida mien-
tras la tercera, a pesar de ser la mas alta, apenas llega a 300 m2.

Este sitio aparece alterado tanto por la acción agrícola como por el asentamiento del
barrio Guayabillas, que incluye su iglesia, escuela y casas semi dispersas. Sin embargo,
al recorrer el área cultivada es posible reconocer una estratigrafía secuencial con pre-
sencia de abundante material cerámico y lítico (metates y manos de moler) de filiación
yumbo.

3- Tolas Pérez, El Desobligo (Z2E1-013)

E n el barrio El Porvenir (N20700 - E745600) se halla un complejo de 17 estructuras


piramidales de las cuales se han seleccionado cinco que, por su cercanía entre ellas,
aparecen como el conjunto nuclear más definido respecto de la orientación y geomor-
fología del respectivo piedemonte. A estas cinco tolas, se las ha denominado Tolas
Pérez por encontrarse en la finca El Desobligo, de propiedad de la familia Pérez, con
una superficie de 11.37 hectáreas.

En este caso una tola mayor de doble rampa que se halla sobre la cota de los 1.595 m.s.n.m.
y que domina todo el sector. Constituye el centro jerárquico de todo el conjunto.

4- Tolas Mashpi 1 (Z2E1-117)

E ste conjunto compuesto por seis tolas levantadas a lo largo del piedemonte Mashpi.
Se halla al occidente de la parroquia Pacto. Se distribuyen en 18 hectáreas de terre-
nos pertenecientes a las fincas de las familias Córdova, Apolo y Tandazo, de cuyos ape-
llidos hemos tomado la denominación de las tolas.

Si bien todas siguen las cotas entre 740 y 750 m.s.n.m. sobresale la tola número 5, tanto
por su gran tamaño, excelente estado de conservación y por hallarse en la colina más
elevada. Entre la primera y la última existe una distancia de aproximadamente 2 km. lo
que permite apreciar una ondulación superficial del piedemonte en cuyas partes altas se
suceden linealmente las tolas.

No todas las tolas de este conjunto poseen rampas de acceso, confirmándose así que
las tolas que se hallan bajo la cota de los 800 m.s.n.m. guardan ciertas diferencias con
respecto a aquellas de altitud mayor.

Entre las tolas 1 y 2 avanza un camino que vinculaba Tulipe, Gualea, Pacto, con las
poblaciones ubicadas en la cuenca del Mashpi y Guayllabamba. Es uno de los pocos
ejemplos en que el culunco no atraviesa sobre las tolas, detalle que constantemente se
observa en otros conjuntos o tolas importantes.

123
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

5- Tolas Nieto, Sahuangal (Z2E1-042)

E n el piedemonte de Sahuangal -que desciende de noroeste a sureste desde la cota


800 m.s.n.m. hasta aproximarse el río Guayllabamba, en la cota 600 m.s.n.m.- se
halla un conjunto de seis tolas que por encontrarse en la finca de la familia Nieto las
denominamos con ese apellido. Se encuentran entre el estero Tutupe y Baguajal.

A diferencia de otros piedemontes, el de Sahuangal se caracteriza por sus laderas bas-


tante abruptas, lo cual permite apreciar a las Tolas Nieto, como verdaderas ‘atalayas’ o
sitios de control. En este caso, las posibles zonas de cultivo debieron estar en la parte
baja, cerca a la cuenca del río Guayllabamba.

6- Tolas Pérez, Paraguas (Z2E1-018)

E l piedemonte Paraguas está delimitado al sur por el río Pishashi y al norte por la
quebrada de Parcayacu, siendo precisamente el cerro Paraguas (1518 m.s.n.m.) el
enclave desde donde se suceden las diferentes tolas, entre las cotas 1.480 a 1.465
m.s.n.m. El piedemonte tiene una dirección general que va de noroeste a sureste.

Por encontrarse en la finca de la familia Pérez, a estas cinco estructuras se las ha deno-
minado con el nombre de Tolas Pérez.

7- Tolas Méndez, Cachillacta (Z2E4-264)

E ste importante sitio desde el cual el pueblo yumbo extraía y exportaba la sal tanto a
la Sierra como a la Costa se encuentra en las coordenadas 762625E-012210N.
Actualmente se halla sometido a una intensa actividad agroganadera por lo que varias
de las tolas que hace 20 años conocimos ya no existen. Sin embargo, aún quedan once
estructuras diagnósticas que conforman uno de los complejos más importantes del
norte del país yumbo.

Cinco tolas llaman la atención por su cercanía y su monumentalidad y nos permiten, una
vez más, evidenciar el patrón de asentamiento de ese pueblo. A esto cabe añadir la extraor-
dinaria cantidad de fragmentos cerámicos que se hallan dispersos en superficie, denotando
una densa ocupación poblacional, probablemente de tres veces o mayor a la actual.

Cachillacta se asienta entre las estribaciones del bosque Maquipucuna y las laderas
orientales del piedemonte Salento, teniendo como cuenca hidrográfica principal el río
Alambi. En este sector, el piedemonte Cachillacta se ensancha hasta adquirir una espe-
cie de gran planada, pero con una orientación general que va de sur a norte y con cier-
tas ramificaciones hacia el noreste.

En este conjunto, resulta interesante apreciar que, pese a la heterogeneidad de forma,


tamaño y accesos que distingue a las cinco tolas, estas conforman un complejo cohe-
rente e integrador, a modo de un gran anfiteatro natural, quizá determinado por la
topografía del terreno. Por medio de ese hemiciclo cruza un culunco que, desde los
pueblos o asentamientos yumbos más bajos, ascendía a las minas de sal de Cachillacta,
localizadas sobre los 1.650 m.s.n.m.

124
CONJUNTOS NUCLEADOS

8- Tolas Pérez, Santa Teresa (Z2E3-507)

E n el piedemonte Santa Teresa, que se extiende entre las quebradas Santa Ana y
Piripe, se halla uno de los complejos más interesante y significativos del país yumbo,
pues en las diferentes fincas subsisten grandes tolas monumentales vinculadas con
culuncos, petroglifos e inclusive cascadas.

Existen cinco tolas bien conservadas que se asocian a un cementerio. Se encuentran en


la finca de la familia Braulio Pérez, mientras el cementerio en la propiedad de la seño-
ra Laura Muñoz; pero, los dos elementos se hallan sobre la cresta del piedemonte.

9- Tolas Ruales, Ingapi (Z2E3-135)

Ingapi es uno de los barrios alejados de Pacto que se asienta sobre el piedemonte con-
formado por los ríos Chalupa al Sur y Chiripe al Norte, a 2.05 km. hacia el Suroeste
de ese centro parroquial.

El complejo arqueológico registrado se compone de seis estructuras que siguen las cur-
vas de nivel 1200 a 1205 m.s.n.m. y se distribuyen a modo de escuadra, a lo largo del
segmento de este piedemonte.

125
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

126
Capítulo XIX
El país yumbo: ¿Un gran cacicazgo
o un conjunto de cacicazgos?

“L a documentación perteneciente al último siglo de dominación (siglo XVIII)


revela que gran parte de la población indígena estaba todavía congregada en
agrupaciones vinculadas a un terreno comunal, sujetas a autoridades étnicas y deno-
“Indio gobernador de
Maynas”. Fuente:
Imágenes de
Identidad. Acuarelas
minadas ayllus o, en el territorio de la Audiencia de Quito más frecuentemente par-
quiteñas del siglo
cialidades. Estos grupos de parentesco o linaje, vinculados a un territorio poseído XIX, Quito,
en común y constituidos por todos aquellos considerados como descendientes de un FONSAL,
antepasado común mítico o real estaban regidos por caciques, quienes contaban a 2005, p. 217.
su vez con colaboradores en el mando llamados principales. Al frente de varias par-
cialidades reducidas en la entidad mayor denominada pueblo, se encontraba el caci-
que de la parcialidad más representativa, con el título de gobernador o cacique prin-
cipal (Moreno, 1978: 33-34).
.
Iniciamos con esta cita de Segundo Moreno porque, además de diagnosticar el nivel
organizacional en el que estuvieron los pueblos indígenas, según la documentación
del siglo XVIII, emite algunos elementos fundamentales de la categoría social de
‘cacicazgo’ en la Colonia. Señala que dicha categoría siguió vigente, aunque con ele-
mentos de transculturización, y probablemente en virtud de que era la forma de orga-
nización y gobierno mejor conocida por los indígenas. De aquí se desprende que sub-
sisten entre otros, los siguientes elementos fundamentales que estructuraban el ‘caci-
cazgo’: el territorio, la autoridad, la jerarquía, la población. Como punto de partida
para nuestro rápido análisis aseguramos que estos elementos estuvieron vigentes y
consolidados en la época pre-inca y prehispánica como estructura socio-política y
económica del pueblo yumbo.14

La región yumbo, con sus peculiaridades topográficas y en respuesta a la densa pobla-


ción existente (según los vestigios culturales tres o cuatro veces mayores a la actual)
debía estar integrada políticamente bajo una dinamia jerárquica con autoridad, lo que
facilitó el manejo de una abundante mano de obra para la ejecución de tan grande y
compleja infraestructura. Pues sólo

“La existencia de señoríos étnicos, en sentido estricto, correspondientes a un nivel


de integración socio-político propio de una sociedad compleja estratificada, que en
términos demográficos englobaría muchas aldeas, abundante población y sus seño-
res, ejercerían su autoridad sobre un territorio extenso” (Oberem, 1981: 25).

Para interpretar y entender mejor la complejidad de la sociedad yumbo, se considera


oportuno tomar como guías a varios teóricos que han hablado sobre el tema (Ronald

14 En este punto, se considera prudente explicitar que entendemos al pueblo yumbo como una organización social com-
pleja que, internamente, funcionaba mediante cacicazgos y los elementos de poder que este concepto implica. No obstan-
te, estos cacicazgos estaban relacionados entre sí por matrices culturales que nos han permitido hablar y plantear el uso de
nación para el examen de este pueblo prehispánico.

127
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

“Indio Yumbo de las Lippi, 1996 o David Stemper, 1987, entre otros). A nuestro juicio, quien más propor-
inmediaciones de Quito ciona argumentos valederos es Alcina Franch. Este autor español presenta un modelo
con su trage de plumas y teórico de ‘jefatura’ aplicado al área andina septentrional; modelo al que se adapta per-
cormillos de animales de fectamente la definición de lo que nosotros estamos identificando como cacicazgos de
caza de que se usan
la nación yumbo.
cuando están de gala”.
Fuente: Imágenes de
Identidad. Acuarelas
quiteñas del siglo 1- Características generales de los cacicazgos
XIX, Quito, de la nación yumbo
FONSAL,
2005, p. 140.
C omencemos resaltando el elemento de autoridad y/o jefatura, principio fundamen-
tal y necesario para responder a las exigencias de una sociedad con densa pobla-
ción, centros religiosos de gran complejidad y una intensa actividad comercial de pro-
ductos utilitarios y suntuarios de procedencia local o interregional.

Una jefatura ocupa un nivel de integración social que trasciende la sociedad tribal en
dos aspectos importantes. En primer lugar, “una jefatura es usualmente una sociedad
más densa de lo que es una tribu, una ventaja que se hace posible para una productivi-
dad mayor. Pero, en segundo lugar, más organizada, siendo particularmente distingui-
ble de las tribus por la presencia de centros que coordinan actividades económicas,
sociales y religiosas” (Service, 1971:133). A ello irá acompañado, sin lugar a duda, el
desarrollo de la tecnología que permite una clara distinción entre el nivel tribal y el de
los Estados, elemento que se lo puede comprobar a partir del registro arqueológico. Su
carácter quizás más significativo es, sin embargo, el de ser fundamentalmente una
sociedad redistributiva, como “consecuencia de la especialización y las relacionadas
necesidades para la coordinación y para la alocación de productos” (Alcina, 1986: 266).
128
EL PAÍS YUMBO: ¿UN GRAN CACICAZGO O UN CONJUNTO DE CACICAZGOS?

El caso de la sociedad yumbo no es el de una tribu. El registro arqueológico así lo ates-


tigua mostrándonos evidencias de organización, tecnología, comercio, centros de coor-
dinación económica, social y religiosa.

Por otra parte, no necesariamente debe encontrarse la ciudad o la gran aldea semi urba-
na para aseverar la existencia del cacicazgo; también una sociedad de poblamiento dis-
perso puede ejercer esta categoría, tal como asegura Alcina:

“El patrón de asentamiento de las jefaturas es, ordinariamente, muy variable ya que
al tiempo que se concentra en aldeas, que pueden llegar a tener varios miles de habi-
tantes, especialmente cuando incluyen la residencia del jefe o señor, suelen presen-
tar un poblamiento disperso en forma de pequeños caseríos e incluso de viviendas
aisladas. Los poblados-cabeceras o ‘capitales’ de estas jefaturas no solamente con-
centran gran número de habitantes, sino que incluyen la residencia del jefe y de su
parentela o seguidores, los templos o edificios destinados al ritual y las casas desti-
nadas a artesanos, sacerdotes y servidores” (Alcina, 1986: 267).15

Sobre los templos, Alcina Franch sostiene que en principio serían simples casas para
realizar determinadas ceremonias; luego llegarán a constituirse en santuarios o lugares
de peregrinaciones con carácter ‘internacional’. Después construirán centros ceremo-
niales y festivos en los que el mercado y centro ceremonial se asocian con el crecimien-
to de las jefaturas, especialmente de aquellas que están orientadas decisivamente hacia
un sistema teocrático (Alcina, 1992: 271).

Al desglosar las líneas generales en los trabajos etnohistóricos y arqueológicos sobre el


tema, la mayoría establecen que los cacicazgos alcanzaron su madurez política, econó-
mica, social y cultural durante el período de Integración (500 d. C.-1.500 d. C.). Su
estadio de desarrollo es anterior y menos complejo que el Estado. Sin embargo, en estos
cacicazgos, ya es posible encontrar una estratigrafía social jerarquizada con cargos per-
manentes de jefaturas que controlaban un territorio densamente poblado en el que las
especializaciones de trabajo tendían a generar excedentes de producción para la redis-
tribución y subsistencia del grupo.

Los cacicazgos de la macro área yumbo mantienen un comercio interregional durante


todo el período precolombino de mayor crecimiento económico y cultural como es el
período de Integración. En efecto, transportaban obsidiana, probablemente desde los
Andes Septentrionales que, no sólo servía para la elaboración de artefactos utilitarios, que
de por sí ya son importantes para medir incluso el desarrollo tecnológico de las fuerzas
productivas, sino también como artefactos de tipo ritual y ceremonial cuya presencia es
una constante en la región costanera y en el Interland durante todo aquel período (Salazar,
1992: 119 -122). Esto para citar un ejemplo, pero ya se ha dicho también que comercia-
lizaban con otros tantos productos apetecidos en una u otra región: Spondylus, tejidos,
algodón, plantas medicinales, objetos suntuarios, coca, frutas, etc.

Para tales interrelaciones comerciales,16 debieron por fuerza haber manejado no sólo su
lengua materna, sino también aquellas lenguas de pueblos no yumbos que se habían
desarrollado a lo largo del callejón interandino, de la Costa y quizá de la Amazonía.

En suma, el centro sagrado de Tulipe, sintetiza ideológica y simbólicamente la arqui-


tectura monumental de las tolas, la geografía sagrada con sus cascadas que suman apro-
ximadamente 25, los petroglifos, los altos conocimientos de astronomía, la geometría

15 Autores como Flanery (1975: 18) y Sanders-Morino (1973:16) compartirían elementos de esta definición.
16 A lo largo de este capítulo, así como en otras secciones de este estudio, se han utilizado términos como ‘comercializar’,
‘mercado’, ‘mercar’, entre otros similares. En lo posible, se ha evitado su uso al pertenecer a nociones que dan cuenta de un
tipo de economía que suele implicar el elemento monetario. Las empleamos aquí como herramientas de descripción que
nos permiten referirnos a sistemas de intercambio complejos de productos operado por el pueblo yumbo.

129
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Canastero yumbo. ritual, los culuncos, el material cerámico, lítico… Tulipe sugiere una cosmovisión
Fuente: Imágenes de homogénea de un estadio de desarrollo muy significativo que, paralelamente con los
Identidad Acuarelas complejos arquitectónicos nucleados, generó y controló bajo un mismo patrón cultural
quiteñas del siglo pequeños pero poderosos cacicazgos, distribuidos a lo largo y ancho de los piedemon-
XIX, Quito, tes del subtrópico quiteño.
FONSAL, 2005,
p.220.
Las diferencias políticas, sociales o de poder económico que sí debieron darse entre
ellos -al interior de la nación yumbo- se superaban a la luz de la ‘superestructura reli-
giosa’ (creencias, mitos, ritos, normas, dioses, etc.) simbolizada y plasmada en Tulipe.

130
EL PAÍS YUMBO: ¿UN GRAN CACICAZGO O UN CONJUNTO DE CACICAZGOS?

2- Precisiones cronológicas y ocupación de la región

P ara una mejor ubicación cronológica de este pueblo, brevemente conviene insistir
en la confrontación que los arqueólogos suelen hacer entre vestigios culturales y
periodización. La presencia de cerámica y lítica en el área de Tulipe correspondientes
al Formativo (2000 a. C.-500 a. C.) y sus 50 km2 de área ocupada, nada tienen que ver
con el pueblo yumbo.

Los yumbos ocupan este espacio como una segunda civilización a partir del 800 d. C.,
es decir, después de unos 1.300 años de la desaparición de los pobladores del
Formativo a causa de erupciones volcánicas. Entre los estratos culturales de los dos gru-
pos humanos se interponen alrededor de 3 m. de arena y ceniza de varias erupciones,
ocurridas entre el año 2000 a. C. hasta el año 800 d. C.

Durante el Período de Desarrollo Regional (500 a.C.-500 d.C.), la región estuvo despo-
blada y, por tanto, no aparece material arqueológico que evidencie ocupación alguna.

Posteriormente, en el período de Integración los elementos diagnósticos que confirman


la presencia de cacicazgos yumbos, cada vez parecen más seguros, pues la tradición
arquitectónica monumental que comienza en la Costa (Formativo) y termina en la
Sierra, pasa por el país Yumbo, hacia el 800 d.C. Sin embargo, en lo que se refiere al
horizonte cerámico noroccidente-Sierra aún quedan varias dificultades. Los elementos
diagnósticos cerámicos son muy escasos, aunque las clases formales dejan prever la
semejanza con el horizonte cultural Cochasquí y su área de influencia. Hasta el
momento, lo que sí se puede confirmar es la movilización de la obsidiana hacia y por
esta región desde el callejón interandino, no sólo en el período de Integración corres-
pondiente a los yumbos, sino también en el antiguo contexto Formativo de Tulipe.

Una cierta situación de ‘anonimato’ perjudicó a los yumbos, porque no les permitió
constar en los relatos de la historia tradicional ecuatoriana. Pero ahora se lo está cono-
ciendo como un pueblo que siguió su propio proceso histórico, en una región interna-
da entre la Costa y la Sierra, y que por más de mil años acumuló una gran experiencia
tecnológica hasta lograr transformar un paisaje natural de bosque muy húmedo pre
montano en un paisaje cultural habitable.

131
Capítulo XX
Geometría y trazado
armónico de las piscinas

Página anterior:
1- Visión ‘etnocentrista’ sobre los yumbos históricos y su posible representación de
reivindicación a partir de la evidencia arqueológica la cruz cuadrada en oro
repujado. Alacao,
provincia de
L a opinión generalizada respecto de los yumbos ha sido peyorativa, probablemente
porque desde un inicio los cronistas los calificaron como gente selvática, exentos de
poder y sin ninguna manifestación de arrogancia militar.
Chimborazo, cultura
puruhá.

Asimismo, en una línea de estudio parcial ciertos etnohistoriadores describieron a los


yumbos como ‘pueblos primitivos’, ‘grupos dispersos’ o ‘sociedades tribales’.

Contrariamente a estas posiciones, nuestra propuesta es la siguiente: los yumbos fueron


un pueblo pacífico y nada beligerante; ellos se especializaron en el comercio, la agri-
cultura subtropical y la arquitectura monumental sagrada.

Mientras los pueblos serranos -al menos es lo que se conoce de las postrimerías del
período de Integración- estaban envueltos en conflictos por la hegemonía de sus caci-
cazgos y fundamentalmente preparándose para la defensa de sus territorios ante la
amenaza y, luego, efectiva conquista de los cuzqueños, los yumbos desarrollaban sus
tradicionales actividades agrícolas, comerciales y religiosas.

Su adaptación a los diferentes medios ecológicos por ser mercaderes, su conocimiento


sobre los productos característicos de la altura andina y de la llanura costeña, y sobre
todo, su dominio especializado en el mercadeo, les convertía en diestros intermediarios
que resolvían la complementariedad de productos de los diferentes niveles ecológicos.
Este ejercicio comercial generó paulatinamente estrategias autosuficientes de subsisten-
cia y, en la segunda mitad del período arqueológico de Integración (1000 d. C.-1500
d.C.), una solvencia económica total para todo su pueblo.

Los yumbos no ejercieron la guerra. Su lucha de todos los días era con la naturaleza, de
la que le extraían racionalmente sus productos naturales y agrícolas. Si es que conocie-
ron la guerra fue porque estaban informados de las constantes rencillas y hostilidades
entre las provincias serranas de Cayambe y Caranqui, o los por problemas de tierras y
sus productos (Espinosa S., 1983, t. II: 76-79), o cuando constataron la invasión cuz-
queña a todos los cacicazgos y señoríos andinos con quienes habían mantenido perma-
nentemente relaciones comerciales. Los yumbos históricos17 recién actuaron con posi-
bles sistemas de ataques guerrilleros cuando, en una reacción pan-andina contra los
españoles, tuvieron que defender su macro región. Desde luego, al no estar preparados
militarmente, su larga resistencia (1537-1570) tuvo que ceder ante la superioridad mili-
tar de los colonizadores y estrategias de coerción social.

17 Yumbos históricos: yumbos de los períodos colonial y republicano, descendientes de aquellos investigados por la ar-
queología y que habitaron en el noroccidente del Pichincha. Actualmente, se los ubica con el nombre de yumbos quichuas
en la región oriental del Ecuador.

133
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Extructura circular de
los yumbos (piscina 8).
2- El trazado armónico en los grandes monumentos
Esta conformada por arqueológicos e históricos. El círculo: abstracción simbólica y
muros de contención a aplicación arquitectónica
manera de anillos
concéntricos. Fotografía
de Patricio Cando.
N osotros encontramos que las diferentes orientaciones, volúmenes, estructuras
internas, formas y diseños de las piscinas sugieren el desarrollo de todo un largo
proceso geométrico llevado a cabo por los constructores yumbos. Se trata de una geo-
metría que parte desde los elementos más simples de la línea y ángulos rectos de los
muros y acueductos, domina el círculo y los polígonos en los diseños y formas de las
estructuras, y culmina con la compleja y enmarañada pero lógica y sabia geometría
dinámica que amarra y encierra en círculos y en cuadrados cada uno de los elementos
arquitectónicos del conjunto monumental.

El círculo es considerado desde tiempos


inmemoriales como una de las figuras
sagradas más constantes del arte, primero
rupestre y luego universal. La representa-
ción del sol por ejemplo, en todas las cul-
turas precolombinas, siempre aparece
asociada a una serie de círculos concén-
tricos, y en el caso de Tulipe se plasma en
los petroglifos, sellos y particularmente
en la piscina 8, cuya planta se forma de
cinco círculos concéntricos.

Retornando a la geometría y trazado


armónico en general, en la América pre-
hispánica también se originó un sistema
matemático y geométrico que facilitaba a
los pueblos precolombinos contabilizar,
calcular y aplicar su abstracción numérica. De hecho, se habla por ejemplo de los qui-
pus como un sistema de contabilidad e inclusive de escritura abstracta que se aplicó en
el Tahuantinsuyo de los incas (Radicati, 1951:5; 1964:56).

Por otra parte,

“[...] la tendencia a someter el carácter estético de sus obras a la abstracción, al sim-


bolismo y a los conceptos, ha sido también una constante tentación de todas las
actual Ecuador son célebres los diseños en la cerámica de las culturas del Carchi y
los complejos gráficos de los sellos manteños y jama-coaque” (Jara, 1997: 1).

3- La geometría de los yumbos y el trazado armónico de Tulipe

C omo ya se ha señalado, el conjunto arqueológico de las piscinas de Tulipe está con-


formado por estructuras con diseños cuadrados, rectangulares, semicirculares, cir-
culares y poligonales. Esto significa que la cultura yumbo conoció muy bien la geome-
tría general, lo que permitió organizar el trazado y asentamiento de dichas estructuras.
Se trata de una geometría que trasciende los niveles de lo formal y sugiere un conteni-
do sagrado de su aplicación. Ningún elemento está demás y, por el contrario, todos se
integran dentro de una totalidad organizada y armónica.

134
GEOMETRÍA Y TRAZADO ARMÓNICO DE LAS PISCINAS

Hipótesis de la geometría sagrada


aplicada a las cuatro primeras piscinas.
La cruz cuadrada

A partir de estos ‘descubrimientos’ generales, se


estructura y se levanta toda una lógica geométri-
ca que parece plasmarse con sorprendente preci-
sión, en el centro ceremonial de Tulipe, y espe-
cialmente en las cuatro primeras piscinas rectan-
gulares y semicirculares que forman un solo cuer-
po dentro del gran conjunto.

Propiamente aquí comienza el diseño geométrico


y el diseño estético del pueblo yumbo. Aquí sus
yachakkkuna,18 curacas, sacerdotes, caciques y
sabios, ingresan al sistema andino del trazado
armónico propuesto por varios investigadores e
intérpretes del mundo andino (Tom Zuidema,
Carlos Milla, Zadir Milla, Marcos Guerrero,
entre otros). Los yumbos trascienden ese ‘ejerci-
cio gráfico’ y apuntan a la conjugación de las dos
figuras hasta imbricarlas (cuadratura del círculo),
y descubrir proyecciones geométricas que pue-
den plasmar el significado de sus abstracciones,
simbolismos y cosmovisión.

Trazado armónico y representación de la piscina poligonal Rampas y acueductos de


las piscinas 3 y 4 orien-
Esta estructura, tan compleja en su forma y diseño, nada tiene que ver con aquellas del grupo tados en una misma
dirección, evidenciándose
cuatripartito. Sus 20 lados se distribuyen simétricamente formando una figura alargada que
así la armonía de diseño
sigue la misma dirección del río, del valle y del conjunto arqueológico en general. Está y trazado.
emplazada justamente en la cabeza de la cruz que se forma entre las cuatro primeras pisci-
nas ya descritas. Sin embargo, su unicidad e independencia funcional no encajan en la inter-
pretación anterior de la cruz cuadrada y sus secuencias de círculos y cuadrados.

Indudablemente, este lineamiento plantea un conflicto con la usual lógica deductiva, y


la causalidad comprendida en ella. Empero, nos corresponde ‘dialogar’ con los vestigios
arqueológicos, dejar que nos ‘hablen’, intuir no sólo sus signos, símbolos y posibles his-
torias sagradas, sino también las estructuras del saber, los sistemas de representación y
los contenidos de la conciencia. A los efectos tendremos que convertirlos en causas, y
también cambiar la dirección del tiempo para explicar el pasado a partir del presente.

Piscina poligonal 5 diseñada y construida por los Tola de doble rampa diseñada y construida a
yumbos a partir de un rectángulo. partir de un rectángulo Esquema representativo de
las tolas yumbo.

18 Yachakkuna: individuos reconocidos en su grupo social, como dotados de poderes sobrenaturales en lo religioso, en la
medicina e incluso en lo técnico; de allí que en su comunidad, y fuera de ella, se le considere sacerdote, médico y jefe,
capaz de ponerse en éxtasis y contactarse con los espíritus. Según los poderes demostrados se le califica también de mago,
hechicero, curandero, ‘shamán’, etc.

135
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Entre las cuatro esquinas o ángulos internos de las cuatro estructuras se forma un cuadrado perfecto, equilátero,
con sus ángulos de 90º cada uno. Este cuadrado viene a ser el espacio central de la cruz recortada entre las
cuatro piscinas. Para iniciar el proceso de geometrización se ha trazado las líneas diagonales que cruzan los
ángulos opuestos de dicho cuadrado, determinan el centro o núcleo de este espacio sagrado y al proyectarse
hacia el infinito, lo hacen topando las rampas de acceso y de inducción de tres estructuras (1-3-4).

El cuadrado central ha sido repetido en los cuatro lados adyacentes obteniéndose una primera cruz cuadrada.
El extremo de los brazos de esta cruz coincide con los elementos contrarios (rampas) por donde cruzaban las
anteriores diagonales largas. Además, para avanzar con el proceso, se ha trazado cuatro diagonales menores
que atravesando el núcleo del espacio sagrado unen los ángulos o esquinas opuestas de la cruz.

136
GEOMETRÍA Y TRAZADO ARMÓNICO DE LAS PISCINAS

Se ha cerrado en un primer círculo al cuadrado original y en un segundo círculo a la primera cruz cuadrada.
Obviamente los dos círculos y todos los siguientes siempre compartirán el mismo punto central o núcleo del
primer cuadro y de todo el espacio sagrado. Este paso se concluye con el encierro del segundo círculo en un
cuadrado (cuadratura del círculo). En este cuadrado se incluyen exactamente las rampas de las estructuras,
excepto el acceso de la piscina 2.

Regresamos hacia el primer círculo que circundó al primer cuadrado y unimos los puntos de
convergencia entre ese círculo y las diagonales de la primera cruz, obteniéndose una nueva cruz
cuadrada, menor que la anterior.

137
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Al cuadrado que encerraba al círculo periférico de la primera cruz cuadrada se lo ha circundado de un nuevo
círculo (segunda cuadratura del círculo) e, igualmente prolongando las diagonales menores se ha obtenido la
tercera cruz cuadrada. Al círculo de esta tercera cruz cuadrada la encerramos en un nuevo cuadrado (tercera
cuadratura del círculo) y se constata que coincide con los lados norte y sur de las cuatro estructuras y se acerca
al muro periférico que encierra al complejo cuatripartito.

Finalmente, se lo ha encerrado al último cuadro en un círculo, el cual permite ver la relativa y muy cercana
precisión del trazado geométrico de las cuatro estructuras. Además, a partir de este trazado, se ha deducido el
lado oriental del muro que circundaba a ese espacio cuatripartito y que ahora no existe por la apertura de la
carretera Nanegalito-Gualea y la edificación de varias casas.

138
GEOMETRÍA Y TRAZADO ARMÓNICO DE LAS PISCINAS

Ilustración del recorrido


4- Representaciones celestes y fluidez del agua en el
centro ceremonial de

C omo espejo de agua durante la noche tiene completa vigencia su funcionalidad,


pues de entre todos los cuerpos celestes y galácticos, la luna se refleja con mayor
belleza, volumen y cercanía. Impone su presencia igual que lo hace en el firmamento,
Tulipe. Obsérvese la
dirección de los
acueductos que, a partir
pero con una particularidad: al reflejarse en el agua, los yumbos la ‘hacían prisionera’, de la cruz formada por
las cuatro primeras
la ‘traían al mundo de abajo’. La piscina 8 parecería ser la residencia insondable de la
estructuras, terminan
luna, en donde aparentemente se mueve y se confunde con el agua. Más aún, su forma depositando el agua
circular hundida la representa: es una luna llena. De hecho, para los tratadistas de sím- según el movimiento de
bolo, la luna y el agua, así como la naturaleza, la noche, la serpiente, la mujer, tienen el las manecillas de un
mismo significado: son símbolos de fertilidad (Eliade, 1979). Gracias a esos elementos reloj. Pintura del artista
la vida sigue, la humanidad subsiste y el cosmos adquiere sentido. Galo Jurado, 2002.

En los períodos de luna llena llegan a confundirse en el agua las misteriosas formas
del templo circular y de la luna redondeada. Al contemplar este escenario acuático y
nocturno, podríamos especular que simplemente el hombre termina por olvidar los
mundos de aquí y de arriba, de la tierra y del cielo, del presente y el futuro. Este hom-
bre mira hacia atrás, revive los mitos y periódicamente los reconstruye en un espacio
de ritualidad.

Por otra parte, las civilizaciones antiguas guardaron culto al sol y lo representaron simbó-
licamente junto a varias divinidades, dando toda una serie de nominaciones para identifi-
carlo. Entre los hititas fue Arinne; entre los mesopotámicos Samas; entre los persas Mitra,
casi siempre honrado en centros ceremoniales tanto o más importantes que la misma figu-
ra solar; entre los egipcios estaban las célebres deidades solares de Horus, Ra y Atón repre-
sentadas con formas de halcón y de humano; para los griegos y romanos era Helios; entre
los hindúes brahmánicos era Surya; y entre los chinos existían más diez divinidades que
simbolizaban al sol, algunas de ellas inclusive con características femeninas.

139
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Dirección de la sombra Entre los pueblos pre-colombinos de América, el culto a la divinidad solar fue de suma
el día 21 de marzo con importancia, ocupando ya sea el primer sitial ya sea un lugar privilegiado entre los otros
relación a la rampa y al
elementos terrestres, celestes e imaginarios. Por ejemplo, entre los aztecas se distinguía
poste ubicado en el cen-
tro de la piscina circular.
al sol naciente del sol brillante en su cenit y se los representaba por el dios Quetsalcoalt
y el dios Huitzilopochtli, respectivamente; entre los mayas fue Kinich Ahau; y entre los
incas, su fundador fue el dios Inti, cuyo culto tuvo un omnipresencia impuesta por la
conquista cuzqueña.

Asimismo, en el actual territorio ecuatoriano, varias culturas ancestrales, con mucha


anterioridad a los incas, mantuvieron un ferviente culto al sol. Probablemente la repre-
sentación más conocida y familiar para los ecuatorianos sea la famosa máscara o pieza
tolita popularmente identificada como “el sol de oro del Banco Central del Ecuador”,
logotipo de esta institución, expuesto en su Museo Nacional de la ciudad de Quito. La
máscara se compone de un rostro aparentemente antropomorfo, pero tiene también
características zoomorfas (probablemente felinas, con representación de fauces y col-
millos; de serpiente; de águila; de dos caimanes).

Los yumbos no ‘inventaron’, entonces, una deidad especial o una escultura, sino que
plasmaron directamente el símbolo en el signo y el significado en el significante, la
divinidad en la forma geométrica. Para ellos el sol pudo ser el dios que está arriba,
visible pero no tangible, que diariamente aparece circunvalando el espacio cósmico
propio, del cual se recibe sus efectos divinos (luz, calor, fecundidad). Su representa-
ción está dada por la forma geométrica abstracta e infinita de la circunferencia y de
los círculos concéntricos.

5- Función astronómica de la piscina circular

E l hecho de encontrarse Tulipe en el territorio donde cruza la línea ecuatorial, podría


avalar cierta connotación relacionada con ese fenómeno, tanto más que su empla-
zamiento general y características arquitectónicas sugieren, como se ha dicho, funcio-
nalidades que van más allá de lo meramente utilitario.

140
GEOMETRÍA Y TRAZADO ARMÓNICO DE LAS PISCINAS

En el caso de esta piscina circular, cuyos elementos (círculos concéntricos, pasarela o El 6 de mayo el sol
rampa, acueducto, puertas, etc.) obedecen a una distribución especialmente planifica- recorre de este a oeste
da, se ha podido comprobar un fenómeno relacionado con la trayectoria del sol a lo pasando justamente por
el punto central de la
largo del año, y particularmente en determinado período comprendido entre los meses
piscina y proyectando la
de marzo (equinoccio de invierno) y junio (solsticio de verano). sombra del poste ubicado
en ese lugar a lo largo de
la pasarela.

141
142
Capítulo XXI
Conquistas foráneas, erupciones
volcánicas y colapso del mundo yumbo

S in duda, un proceso de consolidación económica, social y política estaba ocurrien-


do en el pueblo yumbo. Su apogeo relativo durante los siglos XV y XVI está demos-
trado con el importante número de vestigios monumentales, que no podían edificarse
“Indios [yumbos] de
Archidona”. Fuente:
Imágenes de
Identidad. Acuarelas
sin una organización estructurada y sin una base económica de subsistencia cómoda.
del siglo XIX, Quito,
Les habría sido imposible generar una infraestructura de tolas, caminos, centros cere- FONSAL, 2005,
moniales, conjuntos nucleados, y unos aspectos de superestructura religiosa, ritual, sim- p. 152.
bólica, astronómica, geométrica, de medicina natural y ‘shamanismo’, si previamente no
hubieran superado niveles de necesidades básicas.

Este proceso se vio interrumpido violentamente por causas de diferente índole, que
en corto tiempo desestabilizaron y acabaron con el sistema yumbo. El pueblo sufrió
a la par el genocidio y etnocidio de su gente y de su cultura; no resistió a la crisis pro-
ducida en los altos Andes septentrionales, su ámbito de intercambio y comercio, ante
la invasión militar cuzqueña, ocurrida entre los años 1520 y 1534. Igualmente, cuan-
do apenas estaba acomodándose al nuevo sistema impuesto desde el sur a través de la
élite incaica de Quito, llegó la segunda invasión, la española, tan o más ambiciosa que
la primera, que en corto tiempo eliminó los intentos de reivindicación de estos pue-
blos noroccidentales.

Pero, además de estas invasiones foráneas, de por sí aniquilantes y exterminadoras, fac-


tores naturales irrumpieron en este sector, pues una serie de erupciones volcánicas del
Pichincha acabó con la flora, fauna y la vida de los yumbos. Como repetidamente se ha
dicho, la evidencia estratigráfica es elocuente: más de 20 cm. de espesor de arena vol-
cánica cubren la capa cultural de los yumbos.

Por otra parte, las epidemias de enfermedades europeas también entraron en juego y
diezmaron la población; se conoce que sólo en la década de 1560, murieron cerca de
15.000 afectados (Salomon, 1997:47).

1- Presencia inca, conquista española y decadencia


de la nación yumbo

P artimos de que los incas llegaron y estuvieron en el territorio yumbo. Sin embargo,
en nuestro criterio, su presencia física no tuvo o no generó una repercusión trans-
formadora como la motivada en otras regiones andinas. Su permanencia en estas mon-
tañas del subtrópico quiteño fue de corta duración. Al menos, es lo que se puede infe-
rir si analizamos la evidencia arqueológica: ni cualitativa ni cuantitativamente represen-
ta a una cultura tan poderosa y avasalladora como la inca, que ‘por donde pasaba’, deja-
ba suficientes vestigios de su claro estilo conquistador.

Para demostrar tales aseveraciones podemos argumentar con fuentes arqueológicas esa
presencia cuzqueña. Su estadía en los calurosos territorios no habrá presentado incon-

143
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

venientes si se tiene en cuenta las características topográficas y medioambientales, nada


similares a las que ellos conocían en los territorios de su expansión a lo largo del alto
callejón interandino.

Por otra parte, en su momento, el territorio de los yumbos fue un refugio de los incas.
Basándose en la información de los cronistas, Estupiñán sugiere que Rumiñahui no sólo
llevó los tesoros de Atahualpa y, quizá, los de su padre Huayna Cápac al país de los
yumbos, y a la misma momia de Atahualpa (Estupiñán, 2003: 134), sino también a los
hijos y esposas, entre ellos, a Francisco Topatauchi y Carlos, niños que luego de ser
capturados fueran entregados al cuidado de los padres franciscanos en Quito. Había
recibido el cuerpo momificado en Liribamba, principal asentamiento Puruhuá (antigua
Riobamba, actuales Sicalpa y Cajabamba, Villa La Unión Colta) de manos de Cuxi
Yupangue, cuñado de Atahualpa, a quien después asesinaría como medida de protec-
ción para los hijos del difunto monarca. Esto puede ser tomado como exagerado, pero
la fidelidad de Rumiñahui al imperio y a sus legítimos dueños lo llevó a tales decisio-
nes. Lo mismo hizo en el sur con los cañaris y, en Pomasqui, con los indios quitus, colla-
huazos, pillajos y zámbizas, quienes se aliaron a los españoles en detrimento de los inte-
reses del incario. Según estos datos, Rumiñahui no se concentró en el saqueo de los
tesoros ni tampoco los escondió en los Llanganates o en los mil sitios que enumeran las
inventadas leyendas españoles y andinas; lo que él puso a salvo fue a la familia del inca
y las joyas que adornaban a ese jefe, a su padre y a la familia real, legítima heredera de
todo cuanto existía.

Cuando los incas bajaron desde la región de Quito a estas tierras subtropicales, debie-
ron hacerlo aprovechando la red vial de los yumbos, sea por los caminos del sur del
Pichincha que todavía existen (Chiriboga, La Victoria, Saloya, etc.), ya sea por los
caminos del norte (Cotocollao-Nono- Pahuma, Calacalí-Yunguilla-Nieblí-Cachillacta)
que también siguen vigentes. Estos eran caminos de relativo acceso. Efectivamente,
sólo los yumbos eran sus expertos transeúntes, pero ante el poder cuzqueño debieron
abrirse sin obstáculo alguno.

Este paraíso natural y cultural del subtrópico quiteño, exento de los problemas serra-
nos, escondido topográficamente por los declives del Pichincha, dotado de los produc-
tos más indispensables y con una infraestructura civil y religiosa extraordinaria, y sobre
todo manejado por una población ajena a la belicosidad, debió atraer la atención de la
élite cuzqueña. Rumiñahui y el mismo Atahualpa debieron estar más de una vez en
Tulipe. En su estrategia y avance expansionista ellos sabían que debían necesariamente
contar con el pueblo yumbo: de ninguna manera desde el punto de vista militar, sino
como fuente de aprovisionamiento y refugio para su seguridad y descanso.

En nuestra opinión, el gran tesoro que a toda costa trató de esconder fueron los hijos y
mujeres de su señor que, por lo que dice Fernández de Oviedo (en Estupiñán, 2003:
134), habrían sido once príncipes huambrakuna y cuatro mil agllakuna entre esposas pre-
dilectas, yanaconas y vírgenes del sol. El mejor y único escondite que podía darse era el
territorio yumbo. Por desgracia, tal indefensa comitiva fue poco después descubierta y
secuestrada por Ruy Díaz (en Estupiñán, 2003: 134), uno de los más cercanos colabo-
radores del conquistador Benalcázar. Esto habría ocurrido, según las cuentas de Jijón y
Caamaño(en Estupiñán, 2003: 137), entre el 26 de junio y el 7 de julio, tan pronto
como los españoles llegaron a Quito por primera vez; demostrándose que las manio-
bras de Rumiñahui y sus relaciones con el mundo yumbo eran temas conocidos por los
informantes quiteños, quienes por temor o por el contexto de enfrentamiento en sí -lo
más probable es por los dos motivos juntos- contaron todo a los españoles y les guia-
ron hasta dar con las víctimas y sus tesoros reales. La participación indígena serrana
aquí y en este momento histórico, fue determinante, llámense quiteños, pillajos, colla-
huazos, o zámbizas. Lo cierto es que la intervención local fue la mejor -si no la única-
estrategia que favoreció a los españoles; estrategia en la que se habían especializado,
144
CONQUISTAS FORÁNEAS, ERUPCIONES VOLCÁNICAS Y COLAPSO DEL MUNDO YUMBO

aplicándola con anterioridad en otros pueblos vecinos. Caso contrario, no se entiende


la rápida y efectiva captura de la familia de Atahualpa.

Los caminos hacia el territorio yumbo se bifurcan en verdaderos laberintos que exigen
la ayuda de guías conocedores, especialmente en el que consideramos fue el más utili-
zado por los conquistadores: Calacalí-Cachillacta-Urcutambo. La familia real, en nues-
tro criterio, pudo haber estado escondida en el pucará de Capillapamba, a orillas del
Alambi, un lugar con agua, protegido por el piedemonte de Salento y por los pucarás
de Chacapata y Palmitopamba, implementado de infraestructura, y cuyo difícil acceso
coincide con la estrategia defensiva del sistema inca. Futuras investigaciones arqueoló-
gicas en este pucará podrían confirmar tales hipótesis.

En conclusión, se deduce que el territorio de los yumbos jugó un papel preponderante


en las estrategias tanto de los invasores cuzqueños como de los conquistadores españo-
les. La evidencia arqueológica excluye a los habitantes locales de intromisión militar
alguna, en cualquiera de las dos contiendas expansionistas, pero atestigua la grandeza
cultural de ese pueblo hasta cuando las dos culturas foráneas desestabilizaron su siste-
ma y su cosmovisión.

Resistencia yumbo

No obstante, si se compara lo ocurrido con la presencia española en la Sierra (por ejem-


plo, la conquista y la simultánea fundación de San Francisco de Quito, en 1534), el
impacto desestabilizador parece no haber sido violento, radical e inmediato entre los
yumbos. El colapso yumbo se había iniciado ya con los incas y lentamente se consuma-
ba con los nuevos invasores.

Cronológicamente, la consolidación de la conquista y evangelización de estos pueblos


tuvo lugar unas tres o cuatro décadas más tarde. Solamente en los años de 1570, este
país llega a ser considerado como ‘tierra de paz’; es decir, cuando por una parte los diez-
mados grupos yumbos fueron sometidos a pagar altos tributos coloniales y,19 por otra,
los frailes mercedarios lograron imponer su hegemonía según las “ordenanzas para los
yumbos” de 1578, a través de las doctrinas de Alambi, Cachillacta, Nanegal, Gualea,
San Juan Niguas o Bola Niguas, Anope y Guacpi (Salomon, 1997: 614).

No menos célebres fueron las enfáticas y radicales negativas que los pocos yumbos
hicieran luego, en los siglos XVII y XVIII, a los proyectos de vialidad que determina-
dos grupos de poder local y serrano trataban de abrir a través de estos territorios. La
resistencia fue tal, que el primer proyecto vial de Nicolás de Andagoya presentado en
1677, que pretendía modernizar la ruta Quito-Nanegal-Gualea por sobre culuncos
precolombinos, a pesar de tener la autorización de la Real Audiencia no pudo llevar-
se a efecto.

Igualmente, el anhelado proyecto carrozable Quito-Esmeraldas del riobambeño Pedro


Vicente Maldonado se frustró, entre otras razones por el cuestionamiento que le hicie-
ran los yumbos en 1737, por no convenir a su sistema ancestral de transporte que con-
templaba una laberíntica pero funcional ramificación de pequeños culuncos; y, sobre
todo porque valientemente rechazaron la forma coercitiva y violenta con que
Maldonado les obligaba a trabajar en la construcción de ese camino, no solo haciendo
uso de sus propios medios y herramientas sino también abandonando familias y chacras
(Salomon, 1997: 615-621).

19 “Hay en la ciudad de Quito un monasterio de Nuestra señora de La Merced donde están de ordinario dos o tres sacer-
dotes. Tienen ocho leguas, de allí una doctrina que se llama los Yumbos de Gualla, la cual les señaló el Obispo en nombre
de Su Majestad; tienen allí un religioso y hay tributarios” (Fr. Pedro de la Peña [1572], en Ponce Leiva, 1992, t. I: 174).

145
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Página siguiente: Pero la aspiración de los quiteños por abrirse campo hacia la Costa a través del país
erupción del Pichincha a yumbo no comienza en tiempos de Maldonado. Apenas fundada la ciudad de Quito,
inicios del presente siglo los españoles deseaban llegar directamente, por ejemplo, al cercano Puerto Viejo en las
(mañana del jueves 7 de actuales costas manabitas, siguiendo los antiguos trazados yumbos.
octubre de 1999) cuyos
efectos motivaron una
importante reacción por
Las esporádicas y tardías manifestaciones de rebeldía podrían sugerir que aún durante
parte de los quiteños, la Colonia continuaba vigente la estructura de la sociedad yumbo, pero en realidad no
tanto por la fue así. Los pueblos y sitios más estratégicos fueron ocupados por los españoles
espectacularidad del (Nanegal, Chacapata, Pueblo Nuevo o Nanegalito, Gualea, etc), cuyas evidencias
hongo como por la hemos demostrado con la presencia de la mayólica vidriada sobre los estratos prehis-
ceniza depositada en la pánicos. Los yumbos históricos, particularmente aquellos del siglo XVIII, no eran más
urbe y en el campo. que contados descendientes de las generaciones prehispánicas.
Fotografía de Jorge
Vinueza, 1999.

2- Erupciones del Pichincha y desaparición del pueblo yumbo.


La erupción del Pichincha de 1660

D espués de las erupciones del siglo XVII, especialmente la de 1660, el panorama de


Tulipe y del noroccidente debió ser desolador; debieron quedar en pie solamente
los árboles grandes y medianos mientras la pequeña vegetación se quemó y desapare-
ció bajo los 20, 30 o 40 cm. de arena caliente que se acumuló en todos los resquicios
topográficos de esta región. Difícil es imaginar o describir semejante evento telúrico.
La secuela de calamidades y muerte que sufrieron los miles de pobladores y todas las
especies animales, dejaron un escenario prácticamente inhabitable.

Si bien la funcionalidad de las piscinas y de todo el componente mítico-ritualista de los


yumbos con el advenimiento español había sufrido afectaciones irreversibles hasta des-
estabilizar la esencia de su estructura, los fieles prehispánicos debieron continuar asis-
tiendo a su templo de recintos hundidos. De manera escondida, los viejos sacerdotes y
sabios locales seguirían bendiciendo a su pueblo, mientras el agua sagrada continuaría
fluyendo por los geométricos acueductos.

Sin embargo, son las erupciones del Pichincha las que definitivamente sumergen en el
olvido al conjunto de estructuras, y con ellas a todo el patrimonio religioso intangible
de ese valle sagrado y del mundo yumbo.

En cuanto a eventos telúricos, los registrados en los últimos siglos han sido varios, entre
los cuales se halla el de 1534, que coincidió con la llegada de Pedro de Alvarado a Quito
desde Caráquez; seguidamente, el de 1539, cuando los españoles se esmeraban en cons-
truir sus primeras casas al puro estilo castellano; luego, los de 1577, 1587-1588, 1660,
1661, 1859, 1868; y la última erupción de 1999 de tipo ‘benigno’, de cuya ceniza consta-
tamos su imagen en forma de un descomunal hongo que se elevó varios kilómetros desde
el Guagua Pichincha, y que luego se depositó sobre las calles de Quito en un espesor de
apenas dos centímetros, pero que causó un desesperante malestar.

La furiosa erupción de 1660, la más terrible en comparación con las anteriores, comen-
zó el 24 de octubre con bramidos y estruendos aterradores y llegó a su clímax el 27 del
mismo mes con temblores terráqueos, lanzamientos de piedras incandescentes, incen-
dios y obscurecimiento total por varios días, a más de los depósitos de ceniza en un área
que superaba las 200 leguas de diámetro (Padre Juan de Velasco 1946:128; P. Aguilar
1868: 5).20

20 El documento de la “Certificación de la Partida del caso y juramento con voto que hicieron los señores Presidente y
Oidor de esta Real Audiencia por la reventazón del volcán Pichincha” vívida del acontecimiento. Remitirse al Archivo del
Real Acuerdo, Archivos de la Curia, 16 de marzo de 1774). presenta una descripción

146
CONQUISTAS FORÁNEAS, ERUPCIONES VOLCÁNICAS Y COLAPSO DEL MUNDO YUMBO

El macizo volcánico se conforma de dos montañas gemelas, el Guagua Pichincha, con


4.787 m.s.n.m. y el Rucu Pichincha, con 4.320 m.s.n.m., sin duda, constituyó un hito
geográfico fundamental en la cosmovisión y sacralidad.21 Para los pobladores, las mon-
tañas debieron ser sagradas, pues de ahí surgía el agua, simbólicamente asociada con el
líquido purificador de las cascadas y centro ceremonial de Tulipe.

21 Respecto de la geografía sagrada en las sociedades aborígenes, remitirse a Caillavet, 2000.

147
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Arriba, evidencia de La última erupción del Pichincha ocu-


cimientos y material cul- rrió en 1881, y desde entonces su acti-
tural cubiertos con vidad ha quedado reducida a emisio-
ceniza volcánica de la
nes gaseosas. La amenaza de nuevas
erupción del Pichincha
de 1660. Sitio de erupciones sigue siendo real, y en cual-
Rumipamba o Ciudad quier momento podría repetirse el
Metrópoli. Fotografía de dantesco escenario de 1660 que selló
Manuel Coloma, 2004. para siempre el fin de la nación
yumbo.
Abajo, habitante del
Oriente ecuatoriano, Uno de los datos que resulta muy
etnia yumbo quichua
importante para el caso del norocci-
(1930).
dente es el relatado por el mismo P. de
Velasco cuando, refiriéndose a la
dirección y destino de los piroclastos,
manifiesta que “se abrió una nueva y
muy baja boca, por la parte contraria a
la ciudad, (¿permitiendo?) hiciese toda
la inundación por allá” (Padre Juan de
Velasco, 1946: 128). Por su parte, el
padre Aguilar asevera que “en este año
de 1660 se abrió la salida, que aún per-
manece, y por donde derrama sus lavas
hacia el Occidente” (Aguilar 1868: 5). Es decir, las dos citas confirman la existencia de
una boca del Pichincha orientada a Tulipe y al país yumbo.

3- Decadencia y colapso

E l destino que tuvieron los sobrevivientes yum-


bos no está totalmente esclarecido. Los efec-
tos colaterales de la invasión y dominio inca
sobre los pueblos serranos, especialmente de
Quito (uno de los principales polos de la activi-
dad comercial de los yumbos), la repercusión
etnocida de la conquista española, las enfermeda-
des y las catástrofes producidas por las erupcio-
nes, confluyeron para que esa población se diez-
mara y desestructurara. Ya en 1780, entre yum-
bos septentrionales y meridionales no llegaban a
mil individuos (Lippi 1998: 71), ni la décima
parte de los que, se cree, quedaron al norte a
mediados del siglo XVII.

El escenario noroccidental, después de las erup-


ciones de 1660 y 1661 fue catastrófico. Efec-
tivamente, el vestigio estratigráfico es muy claro
e indica un abandono total de esta zona y parti-
cularmente del centro ceremonial de Tulipe.
Segun nuestra interpretación, este quedó inutili-
zado y abandonado hasta bien avanzado el siglo
XVIII. Felizmente, las condiciones climáticas
(las lluvias y el ecosistema mismo de la zona)
permitieron una rápida regeneración (40 años)
de la capa humífera, de la vegetación y de la
fauna; no así de la población humana.
148
CONQUISTAS FORÁNEAS, ERUPCIONES VOLCÁNICAS Y COLAPSO DEL MUNDO YUMBO

De los pocos sobrevivientes, unos huye-


ron hacia territorio Cayapa en la Costa
esmeraldeña; otros se incorporaron a pue-
blos vecinos del sur, los quijos y tsáchilas;
y, al parecer, un grupo muy importante
subió a Quito. Los primeros, poco a poco
fueron perdiendo su identidad, mientras
los últimos, acostumbrados a un medio
ambiente subtropical y de bosque húme-
do, continuaron en su migración descen-
diendo desde Quito hacia contextos eco-
lógicos similares al suyo, al otro lado de
los Andes, en la región amazónica, a
cuyos descendientes se los reconoce
actualmente como yumbos del Oriente.

No obstante, las prácticas religiosas son


elementos culturales que perduran, trans-
formados. En el caso de América, aún con
la acción evangelizadora, el sincretismo
cultural fue y es patente.

Sin embargo, los últimos descendientes yumbos que quedaban hasta 1940 en Yumbos de Nanegal
Nanegal, habían perdido gran parte de su tradición cultural y habían experimentado posando con visitantes
fuertes ataques a su dignidad humana. Prácticamente eran ‘seres en extinción’ que (¿1920-1930?). Fuente:
Archivo Documental del
ciertos pintores modernos, ávidos de ejemplares exóticos, tomarían como inspiración
Banco Central del
para plasmar la tragedia en famosos lienzos. Algo similar ocurrió con viajeros y terra- Ecuador.
tenientes ‘guapos’ y ‘blancos’, cuando a principios del siglo XX llegaron las primeras
cámaras fotográficas y, para resaltar las diferencias ‘raciales’, posaron junto a los
sucios y escuálidos yumbos.

4- Afectaciones antrópicas recientes

E xtinguidos los yumbos, ¿qué nos queda de ellos? La herencia que nos han dejado
corresponde a un paisaje natural y cultural extraordinariamente atractivo y rico. Las
capas de arena volcánica son simples testimonios que interesan solamente a los estu-
diosos, mientras las vicisitudes de los yumbos históricos, así como su apogeo pre-inca,
están sepultados en el olvido.

Los monumentos arqueológicos comienzan a destacarse entre los pastizales y espacios


desbrozados. Por desgracia, las últimas actividades madereras, agrícolas y ganaderas ya
descritas, han generado un agresivo cambio en la fisonomía del noroccidente. Hoy
tenemos activos campesinos que se proyectan a nuevos estatus de desarrollo, y que
deben convivir con esos legados arqueológicos. No sería justo ir contra las aspiracio-
nes de su bienestar económico, pero sería oportuno implementar políticas guberna-
mentales que garanticen el desarrollo de dichos habitantes a la vez que la conservación
de los bienes culturales.

En este contexto, la amenaza que realmente preocupa y que podría convertirse en un


‘cataclismo’ total para esta riqueza ecológica, arqueológica y de la misma población
actual, es la actividad minera. En esta obra de reivindicación del pueblo yumbo, lo
denunciamos con toda la energía, y exigimos a las instancias competentes que interven-
gan para frenarla.

149
150
Capítulo XXII
El actual asentamiento de Tulipe

Página anterior: vista


E n 1970, aproximadamente, Tulipe aún conservaba remanentes de un bosque húmedo
primario en el que los guarumos (Cecropia sp), alisos (Alnus acuminata), canelos (licaria lim-
bosa), chontas (Bactris gassipaes), palo de balsa (Ochroma pyramidale), palma real (Attalea colen-
del valle de Tulipe, en su
contexto geográfico.
da) y algún cedro gigante (Cedrela rosei), se entrelazaban, convirtiéndose en el refugio de
los últimos venados (Odocoileus virginianus), osos de anteojos (Tremarctos ornatus), sacha cuy
(Stictomys taczanowskii), serpientes, armadillos (Dasypus novencinctus) y pájaros variopintos
que, como se ha dicho de los pájaros ‘yumbos’ o toucan barbet (Semnornis ramphastinus), siem-
pre vuelan y cantan en pareja o a dúo. Además, en esa época, los cazadores regresaban
con tucanes, colibríes, loros, pericos, armadillos y monos.

Al margen de los remanentes de flora y fauna silvestres, en los grandes espacios des-
brozados estaban los rústicos ranchos de madera, chonta (Bactris macana), guadúa
(Bambusa guadua), jade (Neurolfena lobata) y bijao (Heliconia bihai L), materiales nativos que
se integraban armoniosamente al hábitat subtropical y, que pertenecían a un grupo de
hombres y mujeres venidos desde la Sierra con el fin de radicarse por completo en este
medio ecológico. Desde 1870, aproximadamente, esta gente protagoniza la nueva his-
toria del lugar; una historia integrada a la vida nacional con todas sus manifestaciones
modernas, pero dispuesta también a conocer, conservar y difundir todos los vestigios
de los pueblos predecesores.

Prácticamente, durante un siglo, entre 1870 y 1960, estos nuevos colonos se dedicaron
con exclusividad a la indiscriminada y desastrosa tarea de talar los bosques para abrir
áreas de agricultura, elaborar carbón vegetal y explotar la madera. La propensión de
este territorio para la producción de caña de azúcar no es reciente; apenas llegados los
españoles, uno de los dos ingenios de azúcar estaba precisamente en la provincia de los
yumbos bajo la iniciativa de “un Mendieta, natural de Canaria […]; está de compañía
con unos indios yumbos” (Anónimo [1573], en Ponce Leiva, 1992, t. I: 206). Como tes-
timonio de la tala de bosques y de aquellas duras tareas del cultivo, procesamiento y
molienda de caña queda un paisaje abierto y desbrozado en un 70%. En algunos rin-
cones, entre hierros oxidados, hornos y montañas de bagazo, es posible encontrar toda-
vía los trapiches destartalados que trituraron toneladas métricas de caña generando
millones de galones de aguardiente. Fue toda una industria que mantuvo por décadas a
un sistema corrupto de estancos e impuestos estatales.

En las décadas de 1950, 1960 y 1970, ellos orientaron su esfuerzo hacia el monoculti-
vo de la caña de azúcar para destilar aguardiente y, en menor escala, elaborar panela.
Aquí, una vez más, los viejos culuncos fueron aprovechados para el transporte de la
madera, la caña y el aguardiente en largas recuas de mulas. Esta es la razón por la cual
en las calzadas de esos caminos, estratigráficamente, se encuentre material cultural no
solo temprano (obsidiana serrana, Spondylus costeña), cerámica yumbo, inca y colonial,
sino también, en las capas superiores, trozos de garabatos, encauchados y aparejos que
los muleros dejaron abandonados luego de declararlos inservibles.

Hoy, ante la desaparición de la madera y el fracaso de la cañicultura, se ha optado por


la ganadería, actividad que también se ve amenazada por las condiciones poco compe-
151
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

titivas frente a la producción lechera de otros lugares como Santo Domingo, Cayambe,
Los Bancos y de la leche que, legal o ilegalmente, llega de Colombia. Únicamente del
barrio Tulipe se obtienen de ocho a diez mil litros diarios, a un precio menor de vein-
te centavos de dólar el litro, mientras que en Quito cuesta tres o cuatro veces más.

Al ser el actual asentamiento de Tulipe uno de los típicos barrios, caseríos o poblados
del noroccidente de Pichincha, citamos a continuación algunos datos de ese contexto
geográfico-social de la zona rural del Distrito Metropolitano de Quito.

La Ordenanza de Zonificación Nº 002, emitida el 14 de


diciembre de 2000, contempla en el artículo 2, que el
Distrito Metropolitano de Quito está conformado por
parroquias metropolitanas centrales y suburbanas o rura-
les. En el artículo 3, literal b.1, señala que “la zona metro-
politana suburbana noroccidental incluye a las parroquias
de Pacto, Gualea, Nanegalito y Nanegal”.

Partiendo de esta zonificación, el noroccidente tiene una


superficie total de 842.85 km2, en la que, según el censo
de población de 2001, se distribuye una población de
11.975 habitantes.

Pacto
Fecha de fundación: 27 de marzo de 1936

Norte: Provincia de Imbabura


Sur: San Miguel de los Bancos
Este: Parroquia Gualea
Oeste: Pedro Vicente Maldonado

Gualea

Fecha de fundación: 29 de mayo de 1861 como parroquia civil, y 25 de agosto de 1951


como eclesiástica. Es la más antigua parroquia de noroccidente.

Norte: Provincia de Imbabura, río Guayllabamba


Sur: San Miguel de los Bancos, río Pachijal
Este: Nanegal, Nanegalito, quebrada de las Islas
Oeste: Pacto, ríos Piripe y Chirapi

Nanegalito
Fecha de fundación: 14 de noviembre de 1952

Norte: Nanegal y Gualea


Sur: San Miguel de los Bancos
Este: Nanegal
Oeste: Gualea

Nanegal
Nanegal es elevada a la categoría de parroquia civil, en 1881.

Norte: Provincia de Imbabura


Sur: Nono
Este: San José de Minas y Calacalí
Oeste: Nanegalito y Gualea

152
EL ACTUAL ASENTAMIENTO DE TULIPE

1- Clasificación del suelo en la zona metropolitana


suburbana noroccidental

E l Plan General de Desarrollo Territorial del Distrito Metropolitano de Quito define tres clases de
suelo: suelo urbano, suelo urbanizable y suelo no urbanizable. Esta clasificación res-
ponde a criterios de vocación y uso sustentable del suelo, “en razón de que este cons-
tituye, por una parte, un recurso fundamental para el desarrollo social y, por otra, en
tanto tal, debe ser precautelado con sentido de futuro” (Municipio del Distrito
Metropolitano de Quito, 2001: 35).

El suelo no urbanizable es aquel que

“[…] merece una especial protección, desarrollo y gestión por su valor, uso y/o
vocación ecosistémica, agropecuaria, forestal, paisajística e histórico-cultural. Se
trata de suelos en los que es vital se garantice la explotación racional y sustentable
de sus recursos; por tanto, no pueden ser habilitados ni desarrollados con fines de
urbanización” (Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 2001).

El Plan General de Desarrollo Territorial del Distrito Metropolitano de Quito señala que las parro-
quias suburbanas de Nanegal, Nanegalito, Pacto y Gualea, forman parte de las 19
parroquias que “conservarán un crecimiento bajo-moderado, y que garantizarán la con-
servación de sus usos agropecuarios y eventuales intervenciones de infraestructura eco-
turística” (Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 2001: 44).

A partir de los papeles agro-productivos, de su localización y dinámica urbana y finan-


ciera, concebidos sobre la base de la consolidación de centralidades metropolitanas, se
potenciarán como centros agro-productivos Nanegalito en la zona noroccidental, San
José de Minas en la norcentral y Guayllabamba, El Quinche y Píntag en el área orien-
tal del Distrito.

De estos antecedentes se deduce que todo el subtrópico quiteño, y obviamente su cen-


tro geográfico y cultural Tulipe, está protegido por un plan de desarrollo territorial. Es
un suelo no urbanizable y de crecimiento bajo moderado; su vocación ecosistémica es
agropecuaria, forestal, paisajística e histórico-cultural, y sus recursos deben tener una
explotación racional y sustentable tanto a nivel agropecuario como ecoturístico.

Por tanto, cualquier proyecto de desarrollo que se plantee para el noroccidente debe
cumplir con estos principios de protección y conservación del suelo y medio ambien-
te, sin descuidar el crecimiento socioeconómico y cultural de su población. Aquí no se
incluye entonces, ninguna actividad agresiva como la minería que comienza a amena-
zar a la zona.

2- Servicios básicos de infraestructura


Agua potable

T ulipe, junto con Gualea Cruz, Santa Marta, El Porvenir y Urcutambo, aprovechan
de los ‘ojos de agua’ localizados a 4 km. en la parte alta de la quebrada Las Islas,
afluente del río Tulipe. Este sistema de abastecimiento que funciona por gravedad capta
las aguas de esas vertientes naturales, las conduce hasta un tanque de 36 m3 de capaci-
dad, y allí se las somete a un proceso de cloración para luego distribuirlas a los usua-
rios. Este sistema fue construido hace 20 años por el antiguo Instituto Ecuatoriano de
Obras Sanitarias (IEOS). En la actualidad, su administración, operación y manteni-
miento dependen de la empresa EMAAP-Quito. Todas las viviendas conectadas a la red

153
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

cuentan con medidor, un operador realiza mensualmente las lecturas y remite los resul-
tados para que sean emitidas las planillas por la Empresa Metropolitana de Agua
Potable y Alcantarillado de Quito (EMAAP). El valor por metro cúbico es de aproxi-
madamente 18 centavos de dólar.

Alcantarillado

La Administración La Delicia del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito ha


iniciado los trabajos de la red pública de alcantarillado, pero su funcionamiento depen-
derá todavía de la construcción de los tanques o piscinas finales de recepción.

Desechos sólidos

Existe un servicio de recolección de basura por parte de la Junta Parroquial de


Nanegalito, mediante el empleo de una volqueta, pero tanto el recorrido como la fre-
cuencia son irregulares. Esto obliga a que la mayoría de los pobladores arroje su basu-
ra al río, a que otros la incineren y a que unos pocos la entierren.

Energía eléctrica

Las 44 edificaciones tienen servicio de energía eléctrica mediante conexión a la red


pública. El servicio llega inclusive a casi todas las fincas del sector.

Teléfonos y comunicaciones

Actualmente, además de una cabina pública, existe servicio de teléfonos en todos los
domicilios del centro poblado, servicio que se complementa con los radios de la red de
seguridad. La entrada y salida para teléfonos móviles o celulares todavía no es posible.

Educación

La comunidad de Tulipe cuenta con una escuela fiscal de segundo a séptimo de educa-
ción básica, en la que trabajan tres profesores, cada uno con dos grados o niveles. No
existe jardín de infantes ni colegio, por lo que los parvularios no gozan de este benefi-
cio y los jóvenes se ven obligados a acudir a los centros de nivel intermedio de los
poblados más próximos; la mayoría lo hace en el colegio de Nanegalito.

La escuela Julio Moreno de Tulipe está localizada en el extremo sur del poblado y del
conjunto arqueológico, frente a la iglesia, ocupando un área de aproximadamente 2.000
m2. Cuenta con dos bloques relativamente nuevos en los que funcionan tres aulas, un
salón para 100 personas, servicios higiénicos en buen estado, oficina de la dirección,
una pequeña vivienda para uso de los profesores, cocina para preparar refrigerios para
alumnos o eventos sociales, patio pavimentado que sirve de cancha múltiple y una can-
cha de ‘indor-fútbol’. Todas estas instalaciones cuentan con un cerramiento de malla
hacia el retiro frontal y de madera hacia el posterior.

Entre los aportes a favor de todo el proyecto de Tulipe, el FONSAL ejecutó también la
restauración de la antigua escuela que se halla dentro de ese espacio educativo. Tal
inmueble es hoy el centro donde se desarrollan todas las actividades sociales y cultura-
les de la población. Además al haber utilizado los mismos materiales, técnicas y siste-
mas constructivos de la zona, constituye una muestra de la arquitectura vernácula.

Salud

Lamentablemente, Tulipe no cuenta todavía con algún tipo de servicio de salud local,
por lo que se ve obligada a acudir a Nanegalito en donde se halla el hospital más cer-

154
EL ACTUAL ASENTAMIENTO DE TULIPE

cano y concurrido de la zona, o directamente a la ciudad de Quito. En casos de emer-


gencia mayor, que no son pocos, la población recurre al sistema de radios de la Red de
Seguridad del Noroccidente de Pichincha, para con su ayuda acceder a los centros de
salud en Quito.

Sin embargo, la ausencia de este servicio fundamental en el lugar, a menudo se ve com-


pensado con acciones de salud preventiva, especialmente campañas sanitarias de infor-
mación, educación y servicios médicos a la comunidad. Estas campañas son realizadas,
con mucho éxito, por el programa de salud comunitaria del hospital de Nanegalito.

El Gobierno de la Provincia de Pichincha construyó una batería de baños públicos y


está localizada en el extremo norte del pueblo; es uno de los elementos importantes que
la comunidad ha planificado poner en funcionamiento para los turistas que llegan a visi-
tar el sitio arqueológico.

Vías de transporte

Al igual que La Armenia, Santa Elena, Gualea Cruz y otros, el actual poblado de Tulipe,
como se ha dicho, nació y creció a lo largo de la carretera antigua y ahora nueva que pasa
entre Nanegalito y Pacto, en uno de los lugares de envidiable ubicación estratégica y
topográfica del sector como es el pequeño valle de Tulipe. Su principal gestor fue el
Teniente Eustorgio Rosero, propietario de los terrenos y de las piscinas arqueológicas.

Con relación al sistema de comunicación vial de paso, el centro del poblado conserva
todavía la antigua carretera que bordeaba el sector norte del valle y que pasa junto a la
piscina circular. Se trata de una vía adicional que se integra al recorrido turístico y eco-
lógico del proyecto.

La actual carretera de paso tiene 12 m. de ancho y bordea el costado Occidental del


valle. Gracias a la gestión del Gobierno de la Provincia ahora es una vía de primer
orden, pavimentada y cómodamente transitable. Por desgracia, junto con el asenta-
miento general del pueblo, su impacto ha sido mayúsculo para la conservación e inte-
gridad del sitio arqueológico; no sólo que afectó a una de las estructuras (de cuadrada
se redujo a rectangular) sino que rompió abruptamente el espacio físico y la sacralidad
simbólica del valle yumbo.

El resto de vías son de tercer orden y presentan menores dimensiones, llegando su cal-
zada de apenas tres o cuatro metros de ancho. Todas están lastradas y reciben un perió-
dico mantenimiento, brindando así un buen acceso a las diferentes fincas de la zona.

Transportes

Cuatro cooperativas de transporte pasan permanentemente por Tulipe mientras reali-


zan este servicio entre los pueblos vecinos de Nanegalito, Gualea, Pacto, Saguangal,
Chontal y las ciudades de Quito, Santo Domingo y Otavalo. Las cooperativas son:
Transporte Minas, Transporte Otavalo, Transportes Santo Domingo y Transporte
Interparroquial.

Seguridad

Por iniciativa del señor Bruno Herstum, miembro de la comunidad, Tulipe está integra-
do a una Red de Seguridad del Noroccidente de Pichincha. Este interesante sistema
basa su accionar a partir de radios particulares de los finqueros en banda de 11 m.,
conectados permanentemente con la policía, la cual a su vez mantiene controles de
paso y comunicación con los puntos de acceso al sector. Un sistema nada complejo ni
costoso que ha permitido no solamente brindar seguridad a la población contra cuatre-
155
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

ros y delincuentes, sino que ha pasado a constituirse en uno de los medios más efecti-
vos de comunicación para resolver problemas emergentes de atención médica y hospi-
talaria, como se ha dicho. Por esta razón el sistema ha sido asumido y ampliado por el
Gobierno de la Provincia de Pichincha para todo el noroccidente.

3- Características poblacionales de Tulipe y del


subtrópico quiteño
Filiación étnica de los actuales habitantes

N inguno de los pobladores de Tulipe puede ser considerado descendiente del grupo
étnico yumbo, aunque al recorrer el territorio del subtrópico quiteño es posible
encontrar a individuos con rasgos indígenas no procedentes de la Sierra o de la Costa,
y que al entrevistarlos manifiesten ser originarios de los bosques noroccidentales del
Pichincha. La mayoría, o quizá la totalidad, de la actual población, corresponde a una
ascendencia mestiza que inmigró de la Sierra. Últimamente, han ingresado algunas
familias de trabajadores venidas del Chota, indígenas de Otavalo y mestizos colombia-
nos. Los descendientes de las pocas familias que se asentaron a principios del siglo pasa-
do, y que se consideran los genuinos fundadores del actual asentamiento, pertenecerí-
an a una filiación étnica mestiza.

Fiestas

Durante el año se celebran tres fiestas importantes y significativas para Tulipe: una de
carácter religioso en honor de la Santísima Virgen del Rosario, a la que concurren todos
los feligreses tulipeños residentes e inmigrantes en función de su reencuentro espiritual,
familiar y étnico. Este estado anímico generalmente los conduce a un derroche de sen-
timentalismo y afectividad plasmado en manifestaciones populares como bailes, lidia de
toros, pelea de gallos, exaltación de las reinas y variados encuentros deportivos. Es una
fiesta preparada con mucha anticipación, y también largamente comentada luego de su
celebración. Tiene lugar el 7 de octubre de cada año.

La segunda fiesta, de carácter cívico, se realiza el 10 de agosto en la que la Escuela


Alonso Moreno; juega un papel aglutinador de padres de familia, alumnos, ex-alumnos,
deportistas y comunidad en general. Como celebración popular, no ‘se queda muy atrás
de la anterior’; por el contrario, sus promotores lo toman como un sano reto para com-
petir en organización y programas variados.

La tercera fiesta -que en los últimos años comienza a tener mucha aceptación y difu-
sión- es la del 21 de marzo con motivo del equinoccio. Ha sido una importante inicia-
tiva de la Administración Municipal La Delicia que, en su afán por rescatar las manifes-
taciones culturales andinas, encontró el lugar preciso para dicha celebración solar. Al
medio día se congregan los ‘shamanes’, turistas, curiosos y gente que gusta de este fenó-
meno de profundo significado ancestral.

La yumbada

Es una de las pocas huellas culturales que todavía queda como reminiscencia de las largas
y periódicas fiestas que los yumbos realizaban en sus centros ceremoniales, y que poste-
riormente fueron admitidas en las procesiones religiosas de la Colonia. No sabríamos
señalar el grado de transformación de la fiesta original. Empero, detrás de los elementos
generales como los danzantes, los yumbos, la música sarcástica y repetitiva, los movi-
mientos rítmicos y semi acrobáticos, y la vestimenta exótica llena de sonajeras y colori-
do, creemos que subsiste el simbolismo de agradecimiento a la tierra, la alegría por la vida

156
EL ACTUAL ASENTAMIENTO DE TULIPE

y la representación del ascendiente ances-


tral que provino de los bosques subtropica-
les. Los personajes que interviene en estas
comparsas o procesiones (sacharunas, osos,
monos, diablos) tratan de recordar, con
bastante sátira, a ese hombre de la selva y
del bosque, más mítico que real, que todos
llevamos dentro.

Originalmente debió celebrarse en los


períodos de solsticios y equinoccios, pero
con el advenimiento de la evangelización,
los misioneros mercedarios buscaron cris-
tianizarla, haciéndola coincidir con festi-
vidades del calendario litúrgico, como la
de Corpus Christi, probablemente la más
importante.

Para el éxito de la fiesta, se acostumbraba a


nombrar con mucha anticipación, a los
priostes y responsables de la organización.

En las fiestas religiosas de varias parroquias rurales (Nanegal, Gualea, Calderón, El Yumbada con motivo del
Quinche, Guayllabamba, Amaguaña) y en algunas urbanas (Cotocollao, La Magdalena) equinoccio el 21 de
hasta inicios del siglo XX, no podía faltar la yumbada, era parte de la festividad. La par- marzo de 2005 en la
piscina rectangular 2.
ticipación de los yumbos o personajes salvajes debía destacarse en las danzas, y su lide-
Fotografía de Patricio
razgo estaba por encima de todos los otros individuos que se presentaban como capari- Cando García.
ches, negros, vacas locas, curiquingui y diablos. Ese papel tan protagónico llevó posterior-
mente a asociar el término yumbo más a la acción de danzante que a la representación
del hombre de la selva, transformándose así el simbolismo original y parte de la identi-
dad de aquel pueblo noroccidental que luego pasó a la Amazonía.

Actualmente, la iniciativa de algunas instituciones al incluir la yumbada en las fiestas


populares y religiosas, conlleva la idea directriz de rescatar la danza y el danzante, mas
no la reivindicación del origen, territorio e identidad del pueblo yumbo.

Durante el proceso de edición de este libro, el FONSAL, por decisión del señor alcalde
del Distrito Metropolitano de Quito, construye el museo de sitio de Tulipe, lugar diseña-
do bajo parámetros museográficos modernos pero también integrados al medio rural y
cultural del actual poblado. En este museo se expondrán los materiales culturales resca-
tados y se impartirá toda la información de Tulipe y de sus artífices, los yumbos.

Desde este centro de interpretación construido en terrenos donados por los señores
Euclides Miño y Bruno Herstum en la ribera izquierda del Tulipe, el visitante descenderá
al sitio de las piscinas para conocer el significado y simbolismo que cada uno de estos
espacios hundidos encierra entre sus piedras. Luego recorrerá a lo largo del río informán-
dose en paneles expuestos y guías escritas sobre diferentes tópicos de la zona (flora, fauna,
arqueología, volcanismo, historia aborigen, mitos, ritos, leyendas, tolas, petroglifos,
culuncos, etc.), hasta llegar a la piscina circular. Allí podrá observar la ubicación y reco-
rrido del sol y calcular los solsticios y equinoccios, además de acceder a las interpretacio-
nes de los arqueólogos sobre el sitio. Después volverá al museo por las dos calles del pue-
blo disfrutando de la artesanía, arte culinario elementos típicos de la zona.

157
CONCLUSIONES
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Conclusiones generales

L os datos recopilados en esta obra permiten concluir que el sitio monumental de las pis-
cinas de Tulipe es el centro de un amplio contexto cultural que conserva los testimonios
de un hombre del pasado. Este aprovechó el medio ecológico para desarrollar un estilo de
vida propio y generar una cosmovisión mítico-religiosa que guiaba su comportamiento, sin
influencias externas, pese a sus buenas relaciones con otros pueblos circundantes.

El reconocimiento arqueológico realizado por el FONSAL determina que el territorio del


noroccidente, ocupado actualmente por las parroquias rurales de Nanegal, Nanegalito,
Gualea y Pacto, tiene una extraordinaria cantidad de vestigios arqueológicos que sintetiza-
mos en tolas, caminos, petroglifos, centros ceremoniales, pucarás y materiales culturales.

La construcción de todas esas estructuras por parte de los yumbos constituye una evidencia
de su más alta expresión creativa, no sólo desde el punto de vista arquitectónico o de dise-
ño, sino también de su desarrollo social, organizativo y religioso. El contenido simbólico,
astronómico ritual, es inherente al conjunto monumental, pues la arquitectura precolombi-
na, en general, se basaba en consideraciones míticas íntimamente vinculadas al conocimien-
to del universo celeste y los cánones de la religiosidad.

La reconstrucción arqueológica, por otro lado, sugiere la idea de una sociedad con
poder político centralizado y jerarquizado, capaz de manejar eficazmente la mano de
obra existente, dotada de riquezas económicas que superaban el umbral de satisfacción
de sus necesidades primarias y, desde luego con conocimientos suficientes sobre el uso
de materiales, técnicas y sistemas constructivos. Su cosmovisión y el mundo de sus
superestructuras eran o debieron ser las guías de su comportamiento y la inspiración de
todo cuanto iban edificando.

Un pueblo, en circunstancias como estas, está en capacidad de generar un tipo de arquitec-


tura monumental propio, o de receptar la influencia de una arquitectura foránea más fuerte
y preponderante. Los yumbos ejercieron la primera alternativa: las piscinas de Tulipe res-
ponden a un diseño de su propia inspiración y creatividad; ningún otro pueblo construyó
algo similar. Las tolas, que parecen ser desde tiempos muy tempranos una manifestación de
costeños, amazónicos y andinos, en el caso yumbo tienen ciertas características de forma y
complejidad que se distinguen como únicas y que guardan una tipología probablemente
jerárquica entre ellas.

El factor topográfico resultó decisivo en esa clasificación, pues los mayores complejos se
ubican en sitios de gran visibilidad y amplitud, mientras los secundarios y los más sencillos
se asientan cerca de las quebradas o en lugares menos visibles. Desde el punto de vista antro-
pológico, este hecho implica una serie de consideraciones, especialmente en lo que concier-
ne al poder político, formas de propiedad y diferenciación social. En otras palabras, sugiere
la existencia de estratos sociales y de condicionantes jerárquicos en la tenencia o disponibi-
lidad de la tierra.

Las riquezas económicas de las que disponía el pueblo yumbo (sal, algodón, ají, coca, etc.)
constituyeron la base de su desarrollo y, a la vez, el determinante primario para su estratifi-
cación social. Los datos etnohistóricos señalan su bonanza económica hasta bien entrada la
colonización española. El cultivo de la tierra, la labor textil, la extracción de sal, y sobre
todo, la comercialización tanto de sus productos como de otros foráneos, fueron las princi-
pales manifestaciones de su fuerza productiva bajo las reglas de juego de su propia organi-
zación. Dentro de este cuadro teórico, las condiciones económicas como efecto de la alta

160
CONCLUSIONES GENERALES

organización social y de la autonomía política del pueblo yumbo eran favorables para moti-
var en dicha sociedad una proyección hacia niveles simbólicos que, a su vez, desde el punto
de vista arquitectónico, se plasmó en grandes construcciones piramidales.

Los yumbos, al igual que otros pueblos de la Amazonía, de la Costa y, en menor esca-
la los del callejón interandino, dejaron plasmados estéticamente en varios monolitos,
junto a las riveras de las quebradas y ríos, una serie de signos que traducen su cosmovi-
sión, religiosidad y cultura intangibles. En estos petroglifos sobresalen los círculos con-
céntricos, espirales y figuras antropomorfas que, semiótica y simbólicamente, suelen
interpretarse como símbolos de eternidad, infinitud, vida, sol, hombre, divinidad,
fecundidad… En todo caso fueron mensajes ‘escritos’ en piedra por los sabios yumbos
para ellos y para las futuras generaciones.

Los yumbos construyeron toda una red vial de estrechos y profundos caminos denominados
culuncos para el comercio e intercambio de productos. Estas vías de comunicación sirvieron
después a los incas, los españoles, republicanos, madereros, contrabandistas de aguardiente,
etc., y en la actualidad todavía prestan servicio a los finqueros y campesinos de la zona.

Ante el éxito ritual y consagración omnímoda del gran centro ceremonial de Tulipe, los
yumbos comenzaron a edificar nuevos subcentros con características similares. Sus proyec-
tos quedaron inconclusos ante el arribo de los incas y de los españoles. Tales subcentros se
han identificado como El Guayabal y Guayabillas. Pero también en la misma línea religio-
sa parece ser que estaban varios sitios naturales como ríos, cascadas, aguas termales, cruces
de culuncos, cachillactas (‘pueblos de sal’) y cocales.

Sin lugar a dudas, el agua constituyó el elemento básico del rito, ligada simbólicamente a la
purificación. En este caso pudo tener cualidades curativas. Es importante señalar que en la
zona de Tulipe hay manantiales cuyo contenido mineral es de carácter medicinal.

Si bien el carácter ceremonial de este monumento no surge a primera vista ante los visitan-
tes, tampoco resultan convincentes las alternativas puramente utilitarias que se pretendiera
aplicar. Los yumbos no necesitaban construir una infraestructura monumental para fines
materiales, como el riego, lavaderos, higiene, crianza de peces, etc. Toda la zona tiene ríos,
manantiales y remansos que directamente prestaban y siguen prestando a los actuales colo-
nos dichas funciones. Lo que se puede aceptar es la combinación de las dos cualidades: ritual
y utilitaria, como normalmente ocurría en los sitios monumentales de las sociedades preco-
lombinas. En los antiguos ayllus de Huarochiri (Perú), cuyos sistemas hidráulicos sirvieron
para regar las chacras, no solamente los manantiales, canales, represas acequias y bocatomas
fueron objeto del culto, sino que, hasta “los mismos constructores se hicieron famosos” y
“acabaron siendo adorados y personificados en ídolos de piedra... terminaron convirtiéndo-
se en mitos” (Espinosa Soriano, 1971: 151).

El papel sagrado y a la vez curativo de los baños en las sociedades suramericanas ha sido un
hecho irrefutable. Los aborígenes del norte del Perú (Huancabamba, Shimbe, etc.) siguen
practicando sus ritos de inmersión en las lagunas denominadas huaringas, o moradas de los
señores, arquetipos de la fuerza vital o del agua (Sharon, 1980: 157-170). Los shuaras iden-
tifican las cascadas como morada de las almas arutam y nuestros propios informantes, actua-
les campesinos del que fuera país de los yumbos, explican la necesidad de bañarse en luga-
res sagrados para encontrar los objetivos que demuestran vocación de los iniciados.

La presencia inca en Tulipe, si bien no tuvo la misma fuerza y repercusión como ocurrió en
el callejón interandino, sus secuelas llegaron al sector noreste del territorio yumbo. Creemos
que aquí les interesó controlar el único paso del Guayllabamba entre norte y sur, por donde
los yumbos transportaban sus productos propios como la sal, la coca, el oro, etc., y otros
de intercambio interregional Costa-Sierra y viceversa. Las evidencias más claras de su pre-
sencia están en los pukarakuna de Guayllabamba, Palmitopamba y Capillapamba, sin olvidar
que también llegaron a Tulipe, en donde edificaron su propio baño ceremonial.

161
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

Los materiales culturales corresponden a dos períodos distintos: uno Formativo, cuyos testi-
monios se hallan a tres metros de profundidad y otro de Integración, a 40 cm., que se atribu-
ye a los yumbos. Los más representativos se refieren a cerámica, lítica, metales, obsidiana,
Spondylus. También se encuentra en mínima proporción material de filiación inca y española.

La cerámica no fue el fuerte de los yumbos. Mayoritariamente la ‘importaron’ desde la


región andina de Quito, pues es bastante similar a la cerámica de Integración localizada
en toda la provincia de Pichincha; sin embargo, se han encontrado ciertos detalles que
hablan también de una cerámica con características propias de los yumbos.
Concretamente, las vasijas largas tipo cántaros tienen una base que denominamos cónica
interna o convexo externa, detalle desconocido hasta ahora en la cerámica del Ecuador.
Otra característica especial, encontrada igualmente en cántaros, se refiere a vasijas con
bases planas cuadradas que obligan a que el cuerpo, al menos en su parte baja, arranque
también con cuatro frentes casi planos que poco a poco se van perdiendo a la altura de
los hombros y del cuello de la vasija.

El mapa arqueológico permite ver concentraciones de vestigios en forma de conjuntos dis-


persos, pero también aglutinados en torno a ciertos núcleos, en los que se destacan siempre
las tolas mayores. El gran referente geográfico y cultural de toda aquella constelación de
sitios registrados fue el complejo de piscinas de Tulipe.

El valle de Tulipe fue el espacio geográfico escogido por los yumbos para la construcción
de su gran templo o conjunto de templos. Topográficamente cumplía con las exigencias
rituales y los requerimientos físicos que los sabios, sacerdotes y caciques consideraban nece-
sarios. No existe otro escenario similar con esas características naturales en el subtrópico
quiteño (confluencia de dos quebradas, río, planicie, colinas circundantes con orientación
este-oeste, etc.).

Fue el valle sagrado de los yumbos, un espacio selecto que pueblos como ellos han busca-
do o construido, para desde allí vincularse a lo simbólico y religioso. Está protegido simbó-
licamente por cuatro ‘tolas guardianas’ ubicadas a poca distancia en los cuatro puntos cardi-
nales. Todas ellas eran de doble rampa y estaban orientadas hacia las piscinas. De las cuatro
todavía quedan dos muy bien conservadas (la del Sur o Rosero, y la del Este o Pozo); mientras
las otras dos prácticamente están destruidas (la del Oeste o Tonato y la del Norte o Miño sin
evidencias pero registrada en 1983 por el autor de este estudio).

Los depósitos superiores de los que está formada la planicie del valle y sus alrededores son
relativamente modernos, de una edad inferior a los 10.000 años, provenientes de las erup-
ciones del Pululahua y del Pichincha.

Las últimas erupciones del volcán Pichincha -ya en tiempos históricos (1534, 1539, 1577,
1588, 1660, 1661, 1859, 1868)- fueron realmente pavorosas y con secuelas de muerte para
el pueblo yumbo, pues si bien la ceniza volcánica era arrastrada por los vientos costeños
hacia Quito, la arena más pesada se depositó en el territorio yumbo. De la erupción de 1660,
se registra una capa de arena amarillenta de 20 a 25 cm. de espesor que prácticamente sepul-
tó a esa cultura.

La sustitución de la cobertura vegetal vernácula, por los actuales pastizales en las vertientes
de las colinas, ha determinado la presencia de fenómenos erosivos hídricos que se acentúan
en la estación lluviosa y que están evolucionando hasta formas hídricas más concentradas
a modo de surcos, situación que se agudiza con la tala indiscriminada de toda la cobertura
vegetal, inclusive acompañada de la quema periódica de pastizales.

Las excavaciones arqueológicas demuestran una estratigrafía cultural de tres ocupaciones


humanas en tres momentos, cronológicamente distintos y distantes entre ellos: la primera,
entre los años 2000 y 500 a.C.; es decir, en la etapa tardía del período Formativo; la segun-
da, entre los 800 y 1660 d. C. correspondiente a los yumbos y la tercera o actual que se ini-
ció en la segunda mitad del siglo XIX.

162
CONCLUSIONES GENERALES

Los monumentos arqueológicos del subtrópico quiteño, como piscinas, tolas, culuncos,
petroglifos, cementerios y otros, fueron construidos por los yumbos y son evidencias
tangibles de su singular desarrollo económico, social, político y religioso que creció de
manera autónoma e independiente dentro de un contexto geográfico y ecológico sub-
andino y subtropical.

El conjunto monumental de Tulipe está formado por ocho estructuras hundidas a modo de
piscinas, de las cuales siete fueron construidas por los yumbos y la restante por los incas.
Llaman la atención entre otras cosas por sus formas y diseños geométricos muy especiales:
dos son semicirculares (piscinas 1 y 3), dos son rectangulares (piscinas 2 y 4), una es cua-
drada (piscina 6), una es poligonal (piscina 5) y una, ubicada a 500 m. hacia el norte, es cir-
cular (piscina 8). La estructura 7 corresponde a unos baños incas.

Las primeras cuatro estructuras están dotadas de dos rampas, una de inducción por donde
fluye el agua hacia su interior y la otra, una escalinata o acceso. Las estructuras 5 y 8 no tie-
nen rampa de inducción; aquí el agua chorrea directamente por un sector de los muros, pero
sí tienen una pasarela o rampa sin gradas que conduce hacia el centro de cada una de ellas.
La estructura 6 no tiene ninguno de esos elementos, pues simplemente servía de paso sedi-
mentario del agua hacia la piscina 5.

En la piscina 3 se halla un monolito bastante grande (3 m. x 1,40 m.). Su presencia vincu-


lada al agua, la luna, la naturaleza, la noche, puede interpretarse como un elemento fálico o
símbolo de fecundidad.

El piso o fondo de las piscinas no corresponde a un pavimento elaborado; se detecta o reco-


noce más bien por la formación de una capa delgada ferruginosa que se ha formado por el
represamiento periódico de agua y la putrefacción de sedimentos vegetales. Asociadas a este
nivel de piso se hallan cientos de pequeñas piedras depositadas desordenadamente por los
yumbos, quienes las traían de los ríos cercanos y las arrojaban al interior en su práctica ritual.
De esta manera recibían el espíritu del agua que se manifestaba en círculos concéntricos,
fenómeno que, a más de recordarles la deidad solar representada en cinco círculos concén-
tricos, los inspiró para plasmarlo en los diseños de los petroglifos y de la piscina circular.

La estructura 7, pese a haber sido construida con los mismos materiales, técnicas y quizá mano
de obra de los yumbos, está diagnosticada como baño inca debido al diseño, distribución de
los espacios, cámaras pequeñas, accesos estrechos, hornacinas, piso de doble nivel, acueduc-
tos de entrada y salida, etc., que son claramente reconocibles en varios monumentos incas de
Perú y Ecuador. Resulta una de las evidencias más interesantes de la presencia cuzqueña en el
país yumbo y, probablemente, la única de una convivencia aparentemente igualitaria, quizá
estratégica, entre conquistadores y conquistados en el área septentrional andina.

Los canales que conducían el agua a las piscinas conforman una red hidráulica, en la que la gra-
diente, volumen de agua, recorrido y orientación obedecen a cálculos y diseños preconcebi-
dos. Todos estos acueductos están construidos con paredes y fondo de piedra, avanzan en línea
recta y, cuando tienen que doblar hacia otro lado, lo hacen formando ángulos de 90 grados.

Las zonas escarpadas que rodean al centro ceremonial de Tulipe estaban modificadas a base
de pequeños desbanques, rellenos y muros de contención que conformaban estrechas y alar-
gadas terrazas o andenerías en las que se cultivaban probablemente plantas medicinales y
ornamentales en función del área sagrada. Desde estos ‘graderíos’ se tenía un dominio visual
de todo el escenario y actos rituales que allí se desarrollaban.

La estabilidad, permanencia y buena conservación de los muros de estas estructuras se


deben a dos técnicas constructivas que los yumbos utilizaron magistralmente: la inclinación
de los paramentos en unos 15 grados hacia atrás; es decir, no perpendiculares o a plomada;
y el trabe de los cantos rodados, cuyas juntas y llagas aparecen como una red que los ama-
rra y entrelaza sin obedecer a hiladas fijas y paralelas.

163
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

En el proceso de conservación y restauración de las piscinas de Tulipe, las únicas técnicas


aplicadas han sido las denominadas de liberación, consolidación y reintegración. La prime-
ra consistió en excavar, descubrir y registrar minuciosamente las estructuras, conforme orde-
na la técnica de excavación arqueológica en área; la segunda, en asegurar y garantizar la
estabilidad de los sillares in situ y la tercera, en reincorporar las piedras colapsadas a sus sitios
originales o hiladas superiores. Desde luego, los principios de restauración científica expues-
tos en todas las cartas internacionales han sido el manual guía de esta tarea. No se ha apli-
cado la técnica de la anastilosis,22 a menudo admitida por los ortodoxos como la única váli-
da para los monumentos arqueológicos, dada la heterogeneidad de formas y tamaños de los
cantos rodados en el caso de Tulipe.

Las cuatro primeras estructuras conforman una compleja unidad geométrica cuyo trazado
armónico secuencial incluye la cruz cuadrada, la cuadratura del círculo y una lógica distri-
bución cuatripartita del espacio. Todo este complicado proceso parte de un cuadrado per-
fecto que surge de la unión de los cuatro vértices internos de las piscinas, y que al proyec-
tarlo mediante diagonales, círculos y cuadrados hacia el exterior, todos los elementos arqui-
tectónicos como rampas, acueductos y muros se integran y coinciden dentro de esa geome-
tría sagrada y trazado armónico del conjunto.

La piscina 5 es una estructura poligonal de 20 lados. Hipotéticamente corresponde a una


figura zoomorfa estilizada en la que el felino parece estar recostado con sus extremidades
recogidas. Es la única estructura que recibe el agua previamente sedimentada.

El círculo, símbolo de eternidad, infinitud y perfección, presente en todas las civilizaciones,


existía también entre los yumbos. La planta circular o centralizada que tiene la piscina 8
refleja esa presencia y significado trascendente, más aún si al componerse de cinco círculos
concéntricos simboliza al mismo dios sol, de acuerdo con las sociedades andinas.

La cruz, signo también presente en muchas culturas y particularmente en las andinas, está
expresada en Tulipe y en casi todos los monumentos piramidales de los yumbos.
Probablemente, nunca se llegue a conocer el significado y simbolismo que tuvo para este
pueblo, pero lo que sí afirmamos es su uso y aplicación en la geometría y trazado armóni-
co. Esta cruz cuadrada aparece claramente expresada entre las cuatro primeras estructuras,
y luego muy estilizada en la poligonal y en las tolas de doble rampa.

La piscina circular conlleva varias interpretaciones que deberían tomarse como propuestas.
La forma y los círculos concéntricos representarían al sol, tornándose la estructura en el
mismo sol y en un templo solar diurno. Pero, por esa misma forma y la espectacularidad
que adquiere su espejo de agua durante las noches, se convierte en el espacio misterioso que
‘captura’ a la luna, la misma luna llena que se confunde con el agua, la naturaleza, la noche,
símbolos panandinos y universales de fertilidad.

La piscina 8 también fue un pequeño observatorio astronómico en el cual, mediante el segui-


miento de los recorridos del sol a lo largo del año, era posible para los yumbos determinar
su día sagrado en que el sol recorría la misma dirección que tiene la rampa o pasarela de la
piscina. Su experimentación realizada en los últimos años permite constatar estas ‘coinci-
dencias’, gracias al monitoreo de la sombra de un poste o madero colocado en el centro de
la estructura, ya que Tulipe se halla a pocos segundos de la línea ecuatorial. La pasarela seña-
la exactamente el día intermedio entre el solsticio de verano y el equinoccio de invierno, y
que’coincidencialmente’ en este día (6 de mayo) las lluvias terminan en la zona de Tulipe y
se inicia el verano.

22 Anastilosis: restauración de reintegración que consiste en el reacomodo de los elementos colapsados y dispersos in situ
de una edificación. A nivel teórico, es la única técnica recomendada en la restauración arqueológica. Sin embargo, en los
monumentos andinos, a excepción de algunos que caracterizan a la arquitectura inca imperial, es prácticamente imposible
aplicarla, debido a la disimilitud de los sistemas, técnicas y materiales constructivos. Inclusive en los monumentos clásicos
grecorromanos la anastilosis está condicionada a que se encuentren las partes originales y que se reconozca su sitio exacto
en el conjunto.

164
CONCLUSIONES GENERALES

El patrón de asentamiento que se manifiesta en la región yumbo está definido por la topo-
grafía del terreno y por la utilización bastante concurrente y similar del espacio. Los con-
juntos de tolas, cementerios y demás vestigios culturales se hallan generalmente en las par-
tes altas de los piedemontes que se extienden en su mayoría de este a oeste y de sur a norte,
para formar complejos nucleados. Las laderas no escarpadas se utilizaron en la agricultura,
mientras las partes bajas de las quebradas y ríos se mantuvieron como zonas de vida vege-
tal, animal y de cacería.

Aquellos conjuntos nucleados se estructuran no sólo espacialmente, sino también por una
jerarquización de los monumentos piramidales que los integran. Tal jerarquía de tolas está
expresada en el tamaño de estas y en su ubicación: las mayores (sobre los 1000 m2 de cons-
trucción) se hallan en la parte superior y más estratégica de los piedemontes; las medianas
(500-1000 m2) se distribuyen en cotas más bajas; las menores aparecen dispersas en las
pequeñas colinas que se extienden desde los piedemontes hacia las quebradas. De estas evi-
dencias se deriva una interpretación que quizá merece mayor discusión, pero que responde
con lógica total a la realidad yumbo: los conjuntos también estaban jerarquizados en los
aspectos social, político y económico; en las tolas mayores residía la autoridad del conjun-
to nucleado; en las medianas, aquellos mandos de enlace entre autoridad y pueblo; en las
menores se concentraba la mayoría de la población laboral.

La propuesta de este libro se orienta hacia una organización sociopolítica de los yumbos
bajo la figura de pequeños cacicazgos, asentados cada uno en su respectivo piedemonte, e
integrados a una autoridad común y de alto nivel jerárquico que bien pudo ser un gran caci-
que o un grupo de caciques. Si nos atenemos a los conjuntos nucleados y patrones de asen-
tamiento, quizá la segunda alternativa fue la practicada

Contrariamente a las opiniones de ciertos cronistas y luego de algunos historiadores y etno-


historiadores respecto de los yumbos históricos, nosotros, basados en las evidencias arqueo-
lógicas, reivindicamos a ese pueblo, genuino protagonista del período de Integración antes
de los incas y de los españoles, cuyo desarrollo les condujo a la conformación de una nación
que rebasó los niveles de cualquier señorío andino y coetáneo.

Los yumbos basaron su economía en la agricultura y en el ‘comercio’ interregional; fueron


grandes constructores de pirámides truncadas o tolas, centros ceremoniales, caminos, etc.
Los diseñaron y finalmente los edificaron según los parámetros de una geometría sagrada
propia y de un trazado armónico cargado de simbolismo.

La actual población de Tulipe, y en general de todo el subtrópico quiteño, no desciende de


los yumbos; se trata más bien de una comunidad nueva venida de las provincias serranas del
norte, pero los hay también del sur, de la Costa y de Colombia. Los antiguos yumbos, diez-
mados por enfermedades, conquistas y erupciones del Pichincha, poco a poco fueron extin-
guiéndose como etnia, en su organización y en su cultura. Los sobrevivientes de las erup-
ciones del Pichincha, especialmente de aquella pavorosa de 1660, tuvieron que abandonar
su territorio y marcharse al otro lado de los Andes, hacia los bosques amazónicos. Se cono-
ce que las últimas huellas étnicas de los yumbos históricos en Nanegal desaparecieron en la
primera mitad del siglo XX.

Además de los movimientos telúricos y de las enfermedades -con los que los yumbos
habían convivido permanentemente- conviene señalar que las causas más radicales para
su decadencia y colapso total fueron las invasiones incas y españolas. Tales advenimien-
tos socavaron la estabilidad y estructura del noroccidente, las transformaron, al cortar
las relaciones comerciales con los señoríos serranos.

165
TULIPE Y LA CULTURA YUMBO

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