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PIERA ALAUGNIER

el deseo del padre (de niño,por este niño)


el destino anatomico se acompaña de un destino psiquico → impuesta al
infans en su primer relacion con la madre, donde descubre que el primer objeto
catectizado por la totalidad de la libido no le responde del mismo modo, que la
madre desea otra osa que él no puede darle, que su placer sexual tiene otro
soporte. El deseo del niño y su demanda no le bastan para obtener la
respuesta que él espera, lo que da lugar a una búsqueda para saber QUE
desea ella→ en nuestra cultura, eso conduce hacia el padre y su deseo.
Al encontrar el deseo del padre, halla el último factor que permite que el Yo se
organice respecto al espacio exterior, para bien o para mal. El falo se torna
centro necesario para que la cadena significante siga en torno a ley. En lo
referido a la accion del deseo del padre sobre el niño, se obsverva un extraño
silencio.
Tanto niño como niña heredan de la madre el anhelo de tener hijos: llegar a ser
padre o madre. Deseo de hijo por parte del padre refiere a la efera materna→
discurso que pasa de padre en padre, su anhelo reune dos posiciones y
dos funciones, la ocupada por su propio padre y la que podra ocupar el infans
como padre futuro.
Funcion paterna via 3 referentes:
– interpr de la madre de su propio padre
– interpr del niño de su propio padre y atribucion de madre
– lo que la madre pretende trasmitir.
El ANHELO MATERNO condensa dos relaciones libidinales: la que la madre
habia establecido con su padre y la que vive con su marido (ahora padre).

En la cultura, la madre es la representante del OTRO en la escena de lo real; el


padre es el primero del DISCURSO DE LOS OTROS.
El padre continua su patrimonio de poder de jurisdiccion en la trasmicion del
nombre. EL padre permite a la madre tener un referente, respecto el niño,
garante de su discurso y delegado en derecho cultural. Aquel que podra
convertirse en Padre reconoce en un primer momento al representante de esta
funcion, en aquel a quien el discurso de la madre le designa como tal, pero
tambien en el discurso efectuado por la voz paterna.

El ecuentro con el padre


2 momentos:
– encuentro con voz del padre (desde el niño) / acceso a paternidad
(padre)
– DESEO DEL PADRE, tanto del niño por el padre, ccomo del padre por el
niño.
El encuentro con papa es distinto porque no se da en el registro de la
necesidad. Permite al infans ver que la presencia materna es ajena al campo
de necesidad.
La posicion respecto al padre es INVERSA primeramente a la que asumira
luego. Esta primer fase del infans busca y encuentra las razones de la
existencia del padre en el ambito de la madre (luego la madre se basa en el
disurso del padre). Ese OTRO LUGAR deseado (ese deseo le otorga el poder)
por la madre representa al padre; en la 2da fase el padre ocupa el lugar de
quien tiene derecho a decretar que puede ofrecer y demandar el niño → será
visto simultaneamente como :
→OBJETO A SEDUCIR (esperar convertirse en el deseado del padre es esperar
desempeñar el mismo rol que la madre en el registro de su deseo→
igualandose el niño y madre, permite al niño transformarse en una PRUEBA DE
IDENTIDAD con mama.
→OBJETO DEL ODIO (Sucedida por la necesidad de reconcer la dif anatomica de
sexos,el carácter no absoluto del poder materno y reconocer la potencia
paterna como voz prohibidora y voz que la madre obedece. Si ella no
me desea, es porque obedece a un orden del padre: RACIONALIZA UNA
DECEPCION.
El deseo de muerte se muda en deseo de asesinato (mas fuerzas). En la escena
de lo real aparece como el 1er representate de los otros y el 1er representante
de una ley que determina que el displacer sea una experiencia a la que no es
posible escapar.
En la relacion padre-hijo aparece la muerte doblemente presente: el padre del
padre y el hijo al padre propio. Esto se reprime gracias a la conexión entre
trasmision y muerte. Será necesario que el deseo de muerte sólo puede
ser reprimido en el padre, sea reemplazado por el anhelo conciente de
que su hijo llegue a ser aquel a quien se le da el derecho a ejercer una
misma funcion en un tiempo futuro. El deseo del padre apunta al hijo
como sucesor de su funcion, apoyada en valores culturales.

CONTRATO NARCICISTA
jugado en escena extra-familiar. El C.N es el último factor que interviene en el
modo de catectizacion del hijo por parte de la pareja; funcion metapsicologica
que cumple el registro cultural→institucione cuyo funcionamiento presenta un
mismo rasgo:lo acompaña un discurso sobre la institucion que afirma su
justifiacion. La relacion de la pareja con el medio social impregna la relacion
con el niño; el discurso social proyecta sobre el infans la misma anticipacion
que la que caracteriza al discurso parental

DISCURSO DEL CONJUNTO


Grupo Social→ conjunto de sujetos que hablan la misma lengua, regidos por
mismas instituciones: conjunto de las voces presentes . Realiza enunciados
que comprenden el grupo mismo como objeto propio, enunciados del
fundamento (sagrados, miticos,cientificos) poseen todos una funcion de
FUNDAMENTO,para conservar una concordancia entre campo social y
lingüístico. Recibidos como palabras de certeza.
Enunciados siempre referidos al origen del modelo, a lo verdadero, a los quue
certifican identidad entre el Yo enunciante y Yo que garantiza la verdad.

CONTRATO NARCICISTA
Un grupo x acepta como verdaderos un DISCURSO DE CONJUNTO. La relacion
del sujeto con el conjunto, depende de su catectizacion de los enuniados del
fundamento. Adheriendose al campo social, el sujeto se apropia de una serie
de enunciados que su voz repite, que le aporta la certeza de la existencia de
este discurso (en base al pasad, permitiendole proyectar un porvenir.)
Ahora, si el sujeto pierde toda certeza acerca del origen, pierde el punto de
apoyo que el enunciante esta olbigado a encontrar para que el discurso se
ofrezca como posibilidad de que una verdad encuentre sitio en
él,garantizada por el asentimiento del conjunto de las voces. El
discurso catectiza al sujeto como sujeto del grupo.
El cojunto real representado por el conjunto de voces solo se mantiene si todos
catectizan UN MISMO CONJUNTO IDEAL, donde el sujeto se proyecte como
sujeto ideal (dif de yoideal-idealdelyo)→ este refiere al sujeto de grupo, a la
idea de él mismo que el sujeto demanda del grupo.
De contrapartida, el grupo espera que la voz del sujeto retome la voz de
conjunto. Asi se instaura un pacto de intercambio: el grupo garantiza la
transferencia del reconocimiento que tenia desaparecido sobre el nuevo
miembro ; el nuevo miembro se compromete a repetir el mismo fragmento de
discurs a traves de la voz de los otros. El sujeto ve en el conjunto al soporte
ofrecido a una parte de su LIBIDO NARCICISTA. La voz se vuelve escencial para
ambos bandos.
El C.N se instaura gracias a la precatectizacion por parte del conjunto del infans
como voz futura que ocupara el lugar que se le designa: provee rol de sujeto
de grupo. Tiene como signatarios al niño y al grupo. El grupo catectiza al infans
como voz futura a la que solicitara que repita los enunciados promoviendo la
permanencia de una voz muerta; el niño demandara que se le asegure el
derecho a ocupar el lgar independiente del exclusivo veredicto parental, que se
le permita conservar la ilusion de una persistencia atemporal proyectada sobre
el conjunto. Esto le ofrece una certeza sobre su origen y un acceso a la
historicidad.

La violencia de la interpretación – Piera Aulagnier


El Yo y la conjugación del futuro: acerca del proyecto identificatorio y de la
escisión del Yo

Proyecto identificatorio: autoconstrucción continua del Yo por el Yo,


proyección de la que depende la propia existencia del Yo. Acceso a la
temporalidad y acceso a una historización de lo experimentado van de la
mano: la entrada en escena del Yo es entrada en escena de un tiempo
historizado.
El Yo es el saber del Yo sobre el Yo, que tiene como condición y como meta
asegurar al Yo un saber sobre el Yo futuro y sobre el futuro del Yo. El ‘Yo
advenido’ designa por definición un Yo supuesto capaz de asumir la prueba de
la castración. Esta imagen de un Yo futuro(aquello que el yo espera devenir) se
caracteriza por la renuncia a los atributos de la certeza. Sólo puede representar
aquello que el Yo espera devenir. A partir de la declinación del complejo de
Edipo, nuevas referencias modelarán la imagen a la que el Yo espera
adecuarse. Esta imagen se constituye en dos tiempos. Ella surge a partir del
momento en que el niño puede enunciar un: cuando sea grande, yo…, primera
formulación de un proyecto que manifiesta el acceso del niño a la conjugación
de un tiempo futuro. Mientras nos mantenemos en el período que precede a la
prueba de castración y a la disolución del complejo de Edipo, los puntos
suspensivos remitirán a fórmulas como: me casaré con mamá; …poseeré todos
los objetos que existen.
En la fase posterior, post-edipo, el enunciado será completado por un …
seré esto (médico, abogado, padre, jubilado). Cualquiera que sea el término,
que nunca es indiferente, lo importante es que deberá designar un predicado
posible y, sobre todo y ante todo, un predicado acorde con el sistema de
parentesco al que pertenece el sujeto.
Las formulaciones de la primera fase demuestran la ambigüedad de la
relación del niño con el tiempo futuro. El Yo se abre a un primer acceso al
futuro debido a que puede proyectar en él el encuentro con un estado
y un ser pasado. Sin embargo, ello presupone que ha podido reconocer y
aceptar una diferencia entre lo que es y lo que querría ser,solo aceptable si
este encuentro se acompaña con la oferta de un derecho a esperar un futuro
que podria concordar con el deseo identificatorio. Si este futuro es ilusorio, lo
que es indudable, el discurso de los otros debe ofrecer en contraposición la
seguridad no ilusoria de un derecho de mirada(de madre o de sociedad?) y de
un derecho de palabra sobre un devenir que el Yo reivindica como propio; solo
a ese precio la psique podrá valorizar lo que ‘por naturaleza’ tiende a huir: el
cambio.
El proyecto es construcción de una imagen ideal que el Yo se propone a sí
mismo, imagen que en un espejo futuro podría aparecer como reflejo del que
mira. Esta imagen o ideal sucede a la imagen del estadio del espejo, pero,
también, es aquello en lo que el reflejo se convierte una vez que debe
responder a las exigencias de lo ‘decible’ y de la ‘puesta en sentido’. Lo que el
Yo desea llegar a ser se relaciona íntimamente con los objetos que espera
tener, y estos objetos, a su vez, obtienen su brillo a partir del enunciado
identificatorio que ellos remiten a quien los posee.(es personal de cada uno,
tienen valor dependiendo de a quien remite. ejemplo del militar de chari.)
Mientras nos manteemos en la fase que precede a la disolución del
complejo de Edipo, el Yo espera llegar a ser aquel que podrá responder
nuevamente al deseo materno: renunciará a tal o cual satisfacción
pulsional gracias a su creencia en un futuro que lo indemnizará
ampliamente o, a la inversa, ofrecerá a la madre este ideal, conforme
a su discurso, a cambio de una gratificación obtenida en el presente. Pero
llegará un momento en que se impondrá un tiempo para comprender: la
prohibición de gozar de la madre se refiere tanto al pasado como al presento y
al futuro. Es menester renunciar a la creencia de haber sido, de ser o de poder
llegar a ser el objeto de su deseo; la coincidencia entre el Otro y la madre
deberá finalmente disolverse: la voz materna ya no tiene ni el derecho ni el
poder de responder a ‘¿Quién soy?’ y ‘¿Qué debe llegar a ser el Yo?(ya que al
final mama no me ama como crei, sino que dpeende de papa complejo de
edipo,etc)’, con una respuesta provista de certeza y que excluya la posibilidad
de la duda o la contradicción. El Yo responderá a estos dos interrogantes,
que deben pese a todo ser respondidos, en su propio nombre y
mediante la autoconstrucción continua de una imagen ideal que él
reivindica como su bien inalienable y que le garantiza que el futuro no
se revelerá ni como efecto del puro azar, ni como forjado por el deseo
exclusivo de otro Yo.

Entre el Yo y su proyecto debe persistir un intervalo: lo que el Yo piensa ser


debe presentar alguna carencia, siempre presente, en relación con lo que
anhela llegar a ser. Compromiso que el Yo firma con el tiempo: renuncia a
convertir el futuro en el lugar al que el pasado podría retornar, acepta esa
comprobación, pero preserva la esperanza de que algún día ese futuro pueda
volver a darle la posesión de un pasado tal como lo sueña. La x permite
percatarse de que la madre no va a recobrar identicamente a como se la
espera; es asumir la castracion y por ende da lugar a proyectar un nuevo
proyecto, pero deja itacto el anhelo, la esperanza narcicista de un reencuentro
entre el yo y su ideal, el pasado y el futuro)
La Angustia que domina al sujeto a partir del momento en que descubre
que el Yo sólo puede existir apoyándose en los bienes que catectiza y que, en
parte, depende de la imagen que le devuelve la mirada del Otro, que la
satisfacción de su deseo implica que el deseo del Otro acepte seguir siendo
deseándolo, mientras que, al mismo tiempo, descubre que nada garantiza la
permanencia del deseo ni de la vida del Otro, ni la permanencia de su saber
acerca de la identificación y de su creencia en su ideología.
La castración puede definirse como el descubrimiento en el
registro identificatorio de que nunca se ha ocupado el lugar
considerado como propio y de que, por el contrario, se suponía que
uno ocupaba un lugar en el que no se podía aún ser. La angustia surge
al descubrir el riesgo que implica saber que uno no se encuentra, ante la
mirada de los demás, en el lugar que cree ocupar, y que sería posible ignorar
cuál es el lugar desde el que se le habla o en qué lugar lo sitúa quien le habla.
La castración es una prueba en la que se puede entrar pero de la cual, en
cierto sentido, no se sale; es posible negarse a entrar, es posible realizar un
retorno desesperado hacia el pasado, pero es ilusorio pensar en la posibilidad
de superarla por completo. Hay que asumir la prueba de tal modo que le
preserve al Yo algunos puntos fijos en los que apoyarse ante el surgimiento de
un conflicto identificatorio.
Si la angustia de identificación o la angustia de castración cristalizada para
el hombre primordialmente, al menos en gran parte de las culturas, en el temor
de ser privado del órgano sexual, y para la mujer en el temor de que el
hombre, al descubrirla privada de pene, decrete como carente de valor lo que
ella ofrece a su deseo, ello se debe a que ser hombre o mujeres le primer
descubrimiento que realiza el Yo en el campo de sus referencias
identificatorias.
Castración e identificación son las dos caras de una misma unidad;
una vez advenido el Yo, la angustia resurgirá en toda oportunidad en la que las
referencias identificatorias puedan vacilar. El acceso al proyecto identificatorio
demuestra que el sujeto ha podido superar la prueba fundamental que lo
obliga a renunciar al conjunto de objetos que, en una primera fase de su vida,
han representado los soportes conjuntos de su libido de objeto y de su libido
narcisista, objetos que le han permitido plantearse como ser y designar a los
objetos codiciados por su tener. Lo que el Yo ‘es’ sólo puede ser conocido a
través de la mediación de lo que piensa saber y, en primer lugar, de lo que
piensa tener como autoconocimiento; el tener que concierne a sus saber se
revela el lugar por excelencia de una certeza imposible. Aceptar, renunciar a
esta certeza t preservar la catectización del Yo y de su devenir es la tarea que
incumbe al proyecto, y la presencia de este último implica que el Yo ha podido
recorrer el conjunto de las fases que van desde su entrada en la escena
psíquica hasta la disolución del complejo de Edipo.
El Yo comprende el conjunto de posiciones y enunciados identificatorios. El
efecto del proyecto es ofrecer al Yo la imagen futura hacia la que se proyecta y
preservar el recuerdo de los enunciados pasados, que son la historia a través
de la cual se construye como relato. En contraposición, aquello que de esos
enunciados será rechazado fuera del espacio del Yo coincide con lo que del
propio Yo debe ser excluido para que esta instancia pueda funcionar conforme
a su proyecto.
El Yo está constituido por una historia representada por el conjunto de los
enunciados identificatorios de los que guarda recuerdo, por los enunciados que
manifiesta en su presente su relación con el proyecto identificatorio y,
finalmente, por el conjunto de los enunciados en relación con los cuales ejerce
su acción represora para que se mantengan fuera de su campo, fuera de su
memoria, fuera de su saber. Permanece inconsciente para el Yo, y es ello lo que
representa al Yo ICC, la acción represora que ejerce y que conduce a reprimir
una parte de su historia; es decir, los enunciados que han llegado a ser
contradictorios con un relato que reconstruye constantemente y todo
enunciado que exigiría una posición libidinal que él rechaza o que declara
prohibida. La escisión se opera entre el Yo y una parte del conjunto de los
enunciados que representan momentos de la historia libidinal del Yo: esta parte
que pertenece al segundo conjunto, es la que mediante la acción represora del
Yo constituye el ICC del Yo. Si el Yo coincide con su saber sobre el Yo, el Yo ICC
representa el efecto y la consecuencia de la acción ejercida por este saber,
representa una condición necesaria para la existencia de este último.
La funcion que hemos atribuido al proyecto como via de accceso a
la categoria de futuro, tiene como corolario la accion que el ejerce
para constituir un tiempo pasado compatible con la catectizacion de
un devenir.
Uno de los efectos de la prueba de castración se manifiesta en la asunción
por parte del sujeto de un saber sobre su propia muerte, pero debemos añadir
que una condición previa indispensable para esta asunción es la apropiación de
un proyecto identificatorio que es un proyecto temporal. Proyecto en el que
sigue presente el sueño de una mañana siempre diferido, que permitiría que el
deseo encontrase el objeto de su búsqueda, que el Yo pudiera anular la
carencia que lo separa del ideal con el que sueña.
El proyecto muestra los límites que el Yo impone a este sueño, pero
también los que él sigue rechazando.

Los conceptos se enamrcan dentro de la idetificacion.

El concepto de lo simbólico
Lo que caracteriza a la función simbólica, al signo lingüístico y al lenguaje
es el hecho de crear una configuración relacional simbólica que engendra una
formalización de lo real que permite pasar de lo individual a valores
universales. A la singularidad de los elementos se le contrapone la
universalidad de las relaciones que los unen.
Entendemos como cuerpo al cuerpo habitado por el enunciante. Existe un
sector del lenguaje cuyos términos aprehenden al cuerpo, como un conjunto de
reacciones posibles, de relaciones causales y de relaciones posibles, regidas
por leyes universales.
Esta aprehensión, que designa al individuo como soporte de una función
simbólica, es la que efectúa el término de parentesco que dicta y engendra la
ley relacional presente entre la totalidad de los términos del sistema. La
nominación que define el lugar y la función del sujeto en su red familiar. Los
términos padre, hijo, madre, antepasado, designan una función que solo tiene
sentido por la relación que plantea entre un término y el conjunto de los
términos del sistema de parentesco. Cuando utilizamos el término de simbólico
en el registro identificatorio, es a este sector del campo lingüístico al que nos
referimos.
La función simbólica debería designar tres funciones características del
signo lingüístico pertenecientes al sistema de parentesco:
· Lugar a cada término a una ley y un sistema relacional, universal para
una cultura dada
· Enunciar una designación que se opone, en cuanto significación
universal, a la singularidad necesario de las referencias identificatorias e
imaginarias del Yo, singularidad sin la cual el individuo no podría
diferenciarse de una conjunto, especie, clase de parentesco en la que se
vería sólo como un elemento intercambiable con cualquier otro. Se
complementan---
· Permitir al Yo encontrar lugar entre un antes y un después en los que
pueda reconocerse: los que lo han precedido, tanto si lo sabe como si no
lo sabe, ocupaban una posición similar en el sistema, y los que lo
seguirán retomarán un mismo lugar y ejercerán una misma función.
Entre estos dos límites se despliega el campo imaginario, en cuya
escena se desarrollará la identificación en sentido estricto.

Lo imaginario
La relación del Yo con la imagen, en la que se reconoce y aliena, se origina
en el momento definido por Lacan como el estadio del espejo. Encuentro
decisivo entre el que mira y su reflejo, pero encuentro que solamente puede
adquirir sentido si se tiene en cuenta ‘ese movimiento de la mirada que se
descubre en el espejo que lo lleva hacia la mirada de la madre, a la búsqueda
de la confirmación de la belleza de la imagen, antes de volver al espejo y a su
reflejo imaginario. La experiencia especular abarca tres momentos:
· El surgimiento en el espejo de una imagen que la psique reconoce como
propia.
· El desvío de la mirada hacia la mirada de la madre, en la que es leído un
enunciado que dice que esta imagen es el objeto de su placer, que ella
es la imagen de lo amado, lo bueno, lo bello.
· El retorno de la mirada a la imagen presente en el espejo, que, a partir
de ese momento, estará constituida por la unión entre la imagen y la
leyenda que le concierne tal como la ha percibido la mirada materna.
Esta unión es la que instaura el registro imaginario y designa el momento
en que entra en escena lo que preanuncia al Yo: momento en que se opera una
suma entre la imagen especular y el enunciado identificatorio que el Otro, en
un primer momento, pronuncie sobre ella.
La identificación imaginaria presupone la posibilidad de que el sujeto pueda
nombrarse mediante un enunciado identificatorio referible a su imagen,
designándose así la imagen de sí mismo que lo acompaña a lo largo de su
existencia.
La experiencia le demostrará que la imagen es incapaz de obligar al otro a
verla tal como él la piensa, y tal como querría que se la vea. Es ante la mirada
del otro que quiere ocupar ese lugar, y carece de todo control sobre esa
mirada. El Yo se ve confrontado con una doble imagen:
· La que su mirada ve en el espejo.
· La que aparece en la retina de otros.
Toda contradicción entre ellas da lugar a un conflicto identificatorio cuyos
resultados pueden determinar la destrucción del uno o del otro, y conducir a la
mutilación del propio Yo. En efecto, el Yo sólo puede funcionar si es capaz de
garantizar conjuntamente la estabilidad de las dos referencias constituidas por
su reconocimiento y el reconocimiento de él mismo por parte de la mirada de
los otros.

Diremos que el registro de lo imaginario define el conjunto de los


enunciados que poseen la función de emblemas identificatorios y la imagen
especular que debe servirles como punto de anclaje.
Estos emblemas se presentan ante el Yo como idénticos a sus ‘posesiones’,
definidas, a su vez, por el mensaje que, a partir de ellas, vuelve al sujeto para
decirle ‘quién’ es él. Ser igual a la imagen que admira la mirada de los otros o
ser igual a la imagen que admira la mirada de aquellos que el Yo admira son las
dos formulaciones que adopta el anhelo narcisista en el campo de la
identificación.
La imagen sólo puede mantener su brillo mientras el sujeto la crea
conforme a los enunciados que garantizan que ella posee los valores que él
pretende poseer, y mientras el sujeto piensa que estos valores son vistos y
reconocidos como tales por la mirada de los otros.

LOS DOS PRINCIPIOS DEL FUNCIONAMIENTO IDENTIFICATORIO:


PERMANENCIA Y CAMBIO
El conflicto identificatorio

El concepto de conflicto instrasistémico que no tiene espacio en el registro


somático está en cambio omnipresente en el registro psíquico. Todo acto
psíquico tiene una relación directa con los conflictos que tiende a resolver o
agravar. El conflicto es el motor de los cambios. Origen de la vida psíquica y
origen del conflicto coinciden: Eros entra en conflicto con Tánatos. Antinomia
original, estructural que opone movimientos de investidura a movimientos de
desinvestidura. Piera propone despatologizar el conflicto, éste es patológico
cuando sólo se repite y no produce cambios. Esa matriz conflictiva es el telón
de fondo sobre el cual se desenvuelve la totalidad de la vida psíquica. Toda
nueva función y toda nueva instancia es el resultado de un trabajo de
diferenciación jamás pacífica y jamás definitiva. El Yo (moi) se diferenciará de
Ello e intentará defender su territorio contra los intereses expansionistas de
éste.
Comienza caracterizando el desarollo del aparato psiquico, via
reorganización de investiduras, repartición entre sopoertes internos
(narcicistas) y externos (objetales), elecciones y duelos. Va a dilucidar de que
manera una parte de los estíulos externos a internos son metabolizados en
informaciones libidinales, cuya tarea es conducir a una ganancia de placer
erógeno-narcicista. Desde un punto de vista que privilegia el enfoque
económico, el aparato psíquico es considerado como un conjunto de funciones
o sistemas que tienen la tarea de administrar el capital libidinal del que
dispone cada sujeto.
La evolución del aparato psíquico no es lineal sino que está marcada por
mutaciones que nuestra teoría designa como fases relacionales. La
primera de esas mutaciones es la más fundamental: el advenimiento
del Yo como instancia diferenciada.
Antes de esta mutación→ autismo natural: lo que Freud denomina como Yo
(moi)-ello indiferenciado,rige el proc originario, funcionamiento psíquico que
ignora toda exterioridad, separación y existencia de otro. Se apareja con una
sobreinvetidura, un sobrerreconocimiento por parte del otro en provecho del
infans.
Esquema de funcionamiento:
– fuerzas de atraccion y repulsion
– madre como aliada como “protesis de hacer vivir” en una de ellas,
necesariamente
– medio psiquico
– NO PREDICTIBILIDAD, singularidad para tratar el acontecimiento por las
psiques.

Después de esa mutación → comienza trabajo identificatorio, el


funcionamiento psíquico deberá tener en cuenta la existencia de una
exterioridad y de un otro separado.
El reconocimiento del otro separado es consecuencia del advenimiento de
una instancia psíquica capaz de autorreconocerse como separada y
diferenciada del otro y de reconocer un espacio “fuera del yo”, pero esta vez
interno. Se reconoce al “SEPARADO-DIFERENTE” como que puede estar
ausente o presente,etc → impone trabajo de automodificacion,por parte del
yo conocedo.rAl otro se lo reconoce con modificaciones y como autónomo: se
descubrirá que puede estar alternadamente presente y ausente, que puede ser
dador de placer y de sufrimiento y por eso le impone una labor de
automodificación a ese yo cognoscente que sólo puede aprehenderse por la
representación que él se arma de su relación con el objeto investido. Son los
atributos de esos objetos los que generan la necesidad de automodificación.
Así es como se inicia el proceso de identificación, permitiendo al Yo
autorrepresentarse como el polo estable de las relaciones de
investidura, que compondrán su espacio y su mundo relacional.
Negociación permanente entre el Yo y el Ello, entre el Yo y el Yo del otro. El Yo
es el que nos permite sentirnos singulares, como autores de una historia que
cuenta nuestra vida, es el REDACTOR de un compromiso
identificatorio: el contenido de algunas CLAUSULAS deberá permanecer
permanente, mientras que el contenido de otras deberá permanecer
siempre modificable para asegurar el devenir de esa instancia. El principio
de permanencia y el de cambio son los dos principios que rigen el
funcionamiento identificatorio.(Freud)
Dos rasgos especifican la redacción del compromiso por el Yo, o sea, el
trabajo de identificación en la infancia:
· Está obligado a pactar alianzas temporales con el Yo parental.
· Debe disponer de un conjunto de defensas que le permitan protegerse
de un desfallecimiento o rechazo del aliado así como de excesivas
represiones del Ello. En la infancia estas defensas, salvo fijación de
alguna de ellas, son móviles, superables y no ponen en peligro el
funcionamiento del Yo, puesto que su acción está contrarrestada por la
que ejerce el Yo parental, CONSIGNATARIO del compromiso.
Consignatario el cual tiene la tarea de asegurar la identidad del redactor
a pesar de los cambios,ayudarlo con las cláusulas los límites de lo
modificable y los límites del tiempo.
La salida del tiempo y mundo de la infancia exige al yo que se convierta
en único signatario y se haga cargo de las negociaciones con la
realidad,de sus deseos e ideale→, por ello, la salida de la infancia
coincide con una REDACCION CONCLUSIVA en lo referente a las
cláusula no modificables del compromiso, que le garantizan al Yo su
identidad permanente en el Registro Simbolico y Sistema de Parentesco.
El principio de permanencia le garantiza su singularidad.

La potencialidad Psicótica como precio del compromiso


identificatorio

En todos los cuadros psicóticos aparece una cláusula de fidelidad en el


compromiso identificatorio firmado por el Yo en la salida del mundo infantil
(salida que supone que se evitó la eclosión de una psicosis en la infancia). Este
Yo ha podido firmar esa cláusula sólo aceptando que una instancia exterior
se convierta en consignataria de por vida en lugar de ser una alianza
temporal. La función desempeñada por el aliado exterior no ha podido ser
interiorizada sino que éste se ha convertido en un colonizador que decide
sobre los derechos de permanencia y cambio.
Desde este momento, el compromiso identificatorio sólo podrá mantenerse
si los dos consignatarios garantizan su respeto. Puede suceder que el
compromiso sea anulado en el transcurso de la infancia por una de las partes.
Desde entonces, el yo se encontrará frente a un conflicto insoluble: ¿Cómo
podría existir frente a otro si cree que este otro le impone ser sólo lo que ha
sido? ¿Cómo podría existir por sí mismo si todo cambio le parece ser
denunciado por el otro como la desaparición de la permanencia entre aquel
que ha sido y el que se llega a ser?
Cuando el conflicto adquiere esta forma → eclosión de una psicosis
infantil.
La neorrealidad construida por el delirio tiene como presupuesto la
construcción de una neotemporalidad. (patologica)
Pero cuando la alianza es respetada por ambas partes, el Yo infantil podrá
preservarse y lo que quedará instalado es una potencialidad psicótica
(solución a patologia ), que podrá en un tiempo venidero manifestarse o no.
Esta potencialidad guarda una defensa particular: la idealización masiva del
poder del otro.
Mientras este compromiso se respete, no habrá psicosis manifiesta, pero
para esto se deben de cumplir dos condiciones: la fidelidad y estabilidad del
primer consignatario que respeta las cláusulas del compromiso o la posibilidad
para ese Yo de encontrar un nuevo consignatario un poco menos exigente, pero
del cual seguirá igual de dependiente.
Durante la infancia, estas defensas puestas en acto pueden ser paralelas a
una relación con la realidad que evite el conflicto abierto. El yo puede
permanecer sordo a una parte de sus exigencias, por eso esta potencialidad
psicótica puede quedar velada a la mirada familiar y de los otros. Pero, ya no
puede ocurrir lo mismo cuando el sujeto deba salir de ese espacio cerrado y
avanzar en un campo social.