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“AÑO DEL DIALOGO Y LA RECONCILIACION NACIONAL”

UNIVERSIDAD PRIVADA SAN CARLOS


FACULTAD DE CIENCIAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

ASIGNATURA:
FUNDAMENTOS DE LA CONTABILIDAD Y ADMINISTRACION
TEMA:
COMPROBANTES DE PAGO
DOCENTE:

INTEGRANTE:

CICLO:

SEMESTRE:

JULIACA – PERU
2018
1. INTRODUCCIÓN

La realidad de nuestro sistema societario es que la mayoría de sociedades


constituidas y en funcionamiento en el país, operan bajo la forma de sociedades
anónimas, ya sea en su forma ordinaria o por alguna de sus modalidades cerrada
o abierta.

Esto se debe a que las características y la regulación de la sociedad anónima


facilitan el funcionamiento de las sociedades y permiten, en muchos casos,
simplificar la marcha de estas sociedades, pues casi todos sus aspectos se
encuentran ya pre- vistos por la Ley General de Sociedades; no siendo necesario
que cada sociedad establezca sus propias reglas de funciona- miento, lo que podría
llevar a complicaciones e incluso situaciones que obstruyan el funcionamiento de
la sociedad.

El uso difundido que existe de la sociedad anónima hace que la gran mayoría de
trabajados de investigación y artículos especializados se refieran a este tipo
societario.

Sin embargo, la Ley General de Sociedades también contempla otros tipos


societarios que, según los intereses y características de la empresa que se desea
formar, podrían ajustarse también o incluso ser más convenientes que la sociedad
anónima.

Así la Ley contempla a la sociedad comercial de responsabilidad limitada, a la


sociedad civil, la sociedad en comandita y la sociedad colectiva.

En el presente informe, veremos las características de cada una de estas formas


societarias y si resulta conveniente o no su utilización.
2. MARCO LEGAL

Los otros tipos societarios distintos a la sociedad anónima, se encuentran


regulados a partir del artículo 265° de la Ley General de Sociedades.

3. La sociedad colectiva

Como habíamos señalado en la introducción, en el tratamiento de las sociedades,


nuestra Ley contiene distintos modelos o tipos societarios a los cuales acogerse.

Hay que señalar que, salvo los casos de la sociedad comercial de responsabilidad
limitada y la sociedad civil, los otros tipos societarios previstos por la Ley se
encuentran actualmente en desuso y son muy raros los casos de sociedades que
aún persisten con estas modalidades y mucho más extraños aún los casos de
nuevas sociedades que se constituyan adoptando alguna de estas formas.

Sin embargo, la Ley mantiene vigente la regulación de estas formas y es necesario


comentar su regulación.

La sociedad colectiva es una forma de sociedad en la cual el sistema de


responsabilidad no es limitado, sino que se aplica a los socios una responsabilidad
solidaria e ilimitada por las obligaciones de la sociedad. Tal vez sea este el factor
por el cual ya no se suele utilizar esta forma de sociedad.

La responsabilidad solidaria implica que los socios deberán cubrir con su


patrimonio personal las obligaciones asumidas por la sociedad. Así lo dispone el
artículo 265° de la Ley.

A diferencia de la sociedad anónima, en la sociedad colectiva se utiliza una razón


social, que debe estar integrada por el nombre de uno o varios socios,
acompañados de la indicación “sociedad colectiva” o “S.C.”.

El efecto de la razón social conlleva a que, si una persona admite que su nombre
aparezca en ella, se le aplicará también

la responsabilidad por las obligaciones sociales, aunque no sea socio.

Con la finalidad de proteger a los socios y que estos puedan establecer con claridad
los alcances de su responsabilidad, la sociedad colectiva tiene un plazo de duración
limitado. Se puede prorrogar si así lo acuerdan unánimemente los socios.
Se busca con esta disposición que los socios no asuman una responsabilidad
ilimitada en el tiempo, dejando a criterio de ellos la posibilidad de prorrogar el plazo
de duración de la sociedad.

De la misma manera que para el plazo de duración, la modificación de cualquier


otro aspecto del pacto social requiere del acuerdo unánime de los socios y de su
inscripción en los Registros Públicos. Así lo prevé el artículo 268° de la Ley:

“Artículo 268º.- modificacion del Pacto Social

Toda modificación del pacto social se adopta por acuerdo unánime de los socios y
se inscribe en el Registro, sin cuyo requisito no es oponible a terceros”.

La forma como se adoptan las decisiones en la sociedad colectiva también varía


con respecto a la sociedad anónima. En la sociedad colectiva, los votos se
computan por personas, no por porcentajes de participación en el capital.

Aunque esta regla general puede variarse si así se indica en el pacto social, para
que los votos sean computados por capitales, debiendo en tal caso señalares la
forma como se computará el voto de los socios que aportan servicios o trabajo.

En cuanto a su administración, la sociedad colectiva también es especial, pues no


se encarga a uno o varios órganos, sino que les corresponde a todos los socios,
de manera individual, siendo todos responsables por la administración.

Considerando también el sistema de responsabilidad de la sociedad colectiva, se


prevé que los socios no pueden transferir

sus participaciones sin el consentimiento de todos los otros socios. La transferencia


debe hacerse por escritura pública e inscribirse en los Registros Públicos,

Además de las operaciones que se realizan en nombre y a través de la sociedad,


los socios pueden realizar operaciones en forma individual a título de personas
naturales. En tales casos, dichas operaciones no son atribuibles a la sociedad, ni
la obligan ni la benefician, salvo que el pacto social disponga una consecuencia
distinta.

Para la determinación de la responsabilidad de los socios, se debe tener en cuenta


el beneficio de excusión. Este beneficio de excusión implica que los socios que son
requeridos para el pago de las obligaciones de la sociedad pueden oponerse al
pago si antes no se ha procedido a afectar los bienes del patrimonio de la sociedad,
Si se agotan estos bienes o no es posible la cobranza con ellos, entonces
procederá la cobranza contra los bienes de los socios.

De ser el caso, el socio que paga obligaciones de la sociedad puede luego pedir el
reembolso a la propia sociedad o a los otros socios, en la medida que están
obligados en forma solidaria.

Ahora bien, a pesar del sistema de responsabilidad solidario que existe entre los
socios de la sociedad colectiva, esta sociedad sigue siendo una persona jurídica y,
por lo tanto, sus obligaciones son distintas a las obligaciones de los socios como
personas naturales y viceversa.

Por ello, los acreedores de los socios no pueden afectar el patrimonio de la


sociedad, aunque sí pueden afectar las participaciones y beneficios que a dicho
socio le correspondan.

Le asiste también al acreedor el derecho a oponerse a la prórroga de la sociedad,


pues ello puede perjudicar su derecho de cobro contra el socio.

Este derecho de oposición a la prórroga de la sociedad colectiva, le corresponde al


acreedor de un socio, conforme lo regula el artículo 274° de la Ley. De ser el caso,
la oposición que se declara fundada conlleva la liquidación de la participación del
socio deudor, pudiendo la sociedad continuar con la prórroga de su plazo de
duración.

Una situación que merece especial atención es la salida de un socio como


consecuencia de la separación, muerte o exclusión. La Ley regula estas situaciones
en su artículo 276°.

Este artículo regula varias situaciones que tienen que ver con la salida de un socio
de la sociedad. En primer lugar, si un socio se separa, su responsabilidad por las
obligaciones sociales se aplica hasta la fecha en que ejerció su separación.

Si un socio es excluido, por acuerdo de la mayoría de socios, se aplica la misma


regla, debiendo responder por las obligaciones de la sociedad hasta la fecha de su
exclusión. El socio excluido puede impugnar el acuerdo de exclusión. Si se trata de
una sociedad con solo dos socios, la exclusión procede por mandato judicial, en
cuyo caso, la sociedad debe recomponer su pluralidad de socios dentro del plazo
de seis meses o de lo contrario, debe proceder a su disolución.

Y finalmente cuando un socio fallece, sus herederos deben responder por sus
obligaciones frente a la sociedad, hasta donde alcance su masa hereditaria.

Considerando que la regulación de la Ley sobre la sociedad colectiva es mucho


menos exhaustiva que la aplicable a la sociedad anónima, varios de los aspectos
necesarios para el funcionamiento de la sociedad deberán ser regulados expresa-
mente en el estatuto, pues incluso no sería posible aplicar supletoriamente la mayo-
ría de reglas de la sociedad anónima, sien- do que los sistemas de funcionamiento
de ambas sociedades son muy distintos.

Por ello, el artículo 277° de la Ley establece que el estatuto debe fijar las reglas
para aspectos como la forma de repartición de las utilidades, el régimen de
administración de la sociedad, las causales de exclusión de socios, entre otros.

Esta ausencia de regulación en la Ley también es uno de los factores que


desincentiva a la constitución de este tipo de sociedades, pues será necesario tener
mucho cuidado con la regulación que se incorpora en el estatuto para no dejar
vacíos en el funcionamiento de la sociedad.

Veamos lo que indica el artículo 277°:

“Artículo 277º.- Estipulaciones a ser Incluidas en el Pacto Social

1. El pacto social, en adición a las materias que contenga conforme a lo


previsto en la presente sección, debe incluir reglas relativas a:
2. El régimen de administración y las obligaciones, facultades y limitaciones de
representación y gestión que corresponden a los administradores;
3. Los controles que se atribuyen a los socios no administradores respecto de
la administración y la forma y procedimientos como ejercen los socios el
derecho de información respecto de la marcha social;
4. Las responsabilidades y consecuencias que se deriven para el socio que
utiliza el patrimonio social o usa la firma social para fines ajenos a la
sociedad;
5. Las demás obligaciones de los socios para con la sociedad;
6. La determinación de las remuneraciones que les correspondan a los socios
y las limitaciones para el ejercicio de actividades ajenas a las de la sociedad;
7. La determinación de la forma como se reparten las utilidades o se soportan
las pérdidas;
8. Los casos de separación o exclusión de los socios y los procedimientos que
deben seguirse a tal efecto; y,
9. El procedimiento de liquidación y pago de la participación del socio separado
o excluido, y el modo de resolver los casos de desacuerdo.

El pacto social podrá incluir también las demás reglas y procedimientos que, a juicio
de los socios, sean necesarios o convenientes para la organización y
funcionamiento de la sociedad, así como, los demás pactos lícitos que desean
establecer, todo ello en cuanto, que no colisione con los aspectos sustantivos de
esta forma societaria”.

4. LA SOCIEDAD EN COMANDITA

La sociedad en comandita es otro de los tipos societarios que ha caído en desuso.


Se trata de un modelo cuya configuración es muy antigua, pues obedece a una
realidad que está presente desde que el dinero se convirtió en el medio de pago
por excelencia.

Esto originó que en muchas empresas hubieran personas interesadas en invertir


capital, pero no en participar en el trabajo o manejo de la empresa y, por otro lado,
estaban presentes también las personas que estaban dispuestas a trabajar o
manejar la empresa, pero que carecían del capital para ponerla en marcha.

Frente a esta necesidad, se diseña una forma de sociedad en la que participan


como socios los denominados comanditarios, que son aquellos socios que aportan
capital y cuya responsabilidad se limita justamente al capital aportado, en tanto que
los socios colectivos son los que aportan servicios o trabajo y cuya responsabilidad
es solidaria e ilimitada.

Esta forma societaria admite a su vez dos variantes, la sociedad en comandita


simple y la sociedad en comandita por acciones, conforme lo indica el artículo 278°
de la Ley.
A la sociedad en comandita también se le aplica una razón social que debe estar
integrada por el nombre de uno o varios de los socios y a la que se añade la
indicación de “Sociedad en comandita”, “Sociedad en comandita por acciones”, “S.
en C.” o “S. en C. por A.”, según sea el caso.

La Ley dispone también que, si algún socio comanditario permite que su nombre
aparezca en la razón social, se le aplicará la misma responsabilidad que a los
socios colectivos.

La regulación de la sociedad en coman- dita no es abundante y será necesario


señalar en el pacto social y en el estatuto todas las reglas necesarias para su
adecuado funcionamiento.

Esta falta de regulación y la complicación de su sistema de responsabilidad son los

factores que han determinado que este tipo societario ya no sea empleado en la
actualidad.

Ahora bien, la sociedad en comandita tiene dos variantes, la sociedad en coman-


dita simple y la sociedad en comandita por acciones.

Cuando se adopta la forma de sociedad en comandita simple, serán de aplicación


supletoria las disposiciones de la sociedad colectiva, salvo en aquellos aspectos
que sean contrarios a las reglas propias de la sociedad en comandita.

Se debe tener especial consideración a las reglas señaladas en el artículo 281° de


la Ley, con respecto a la forma en que se divide el capital social, la administración
de la sociedad y los requisitos para la transferencia de participaciones:

“Artículo 281º.- Sociedad en Comandita Simple

A la sociedad en comandita simple se aplican las disposiciones relativas a la


sociedad colectiva, siempre que sean compatibles con lo indicado en la presente
Sección.

Esta forma societaria debe observar, particularmente, las siguientes reglas:

1. El pacto social debe señalar el monto del capital y la forma en que se encuentra
dividido. Las participaciones en el capital no pueden estar representadas por
acciones ni por cualquier otro título negociable;
2. Los aportes de los socios comanditarios solo pueden consistir en bienes en
especie o en dinero;
3. Salvo pacto en contrario, los socios comanditarios no participan en la ad-
ministración; y,
4. Para la cesión de la participación del socio colectivo se requiere acuerdo
unánime de los socios colectivos y mayoría absoluta de los comanditarios
computada por capitales. Para la del comanditario es necesario el acuerdo de
la mayoría absoluta computada por persona de los socios colectivos y de la
mayoría absoluta de los comandatarios computada por capitales”.

Cuando se adopta la forma de sociedad en comandita por acciones, se aplican de


manera supletoria las reglas de la sociedad anónima, en lo que sean compatibles
con esta forma societaria. Los aspectos relativos a la administración de la sociedad
y la transferencia de participaciones, se regulan por lo señalado en el artículo 282°
de la Ley.

Hay que señalar que al menos en esta modalidad de sociedad en comandita, es


posible ampararse en algunas de las disposiciones de la sociedad anónima, lo que
facilita su manejo, pero, aun así, no deja de ser una modalidad de organización
societaria que no se utiliza actualmente.

La sociedad comercial de responsabilidad limitada

La sociedad comercial de responsabilidad limitada es un tipo societario que sigue


utilizándose en la actualidad, aunque cada vez con menos frecuencia, debido sobre
todo al hecho de que, si comparamos sus características, guarda gran similitud con
la sociedad anónima cerrada, pero sin los beneficios con los que cuenta aquella.

Así, como características principales de la sociedad comercial de responsabilidad


limitada (S.R.L.) está el hecho de que su capital está dividido en participaciones,
no en acciones. Estas participaciones deben ser todas iguales, es decir, que no
pueden emitirse distintas clases de participaciones y no pueden incorporarse en
títulos valores ni inscribirse en el Registros Públicos del Mercado de Valores.

La S.R.L. solo puede tener un máximo de veinte socios, al igual que en la sociedad
anónima cerrada, y se aplica el sistema de responsabilidad limitada con respecto a
las obligaciones de la sociedad.
La sociedad comercial de responsabilidad limitada es por esencia una sociedad de
capitales, por lo que se le aplica una denominación social y puede utilizar también
una denominación abreviada, debiendo añadir la indicación “Sociedad comercial
de responsabilidad limitada” o “S.R.L.”. Hay que anotar que la sigla que le
corresponde no es “S.C.R.L.” ni “S.R.Ltda.”

Como habíamos señalado, el capital social se divide en participaciones que se


entregan a los socios en función de sus aportes al capital social, los cuales solo
pueden consistir en dinero, bienes muebles e inmuebles y derechos de crédito.

Para la constitución o para el aumento de capital, según sea el caso, cada


participación debe estar pagada por lo menos en la cuarta parte de su valor.

En la S.R.L. las decisiones de los socios se adoptan por mayorías computadas por
el porcentaje de participación en el capital social. Aunque la norma permite que las
decisiones de los socios puedan tomarse y constar en la forma que señale el esta-
tuto, lo usual es que se realicen juntas de socios, de forma similar a lo que ocurre
en la sociedad anónima, pues esta forma facilita establecer la autenticidad y validez
de las decisiones tomadas.

La celebración de una junta es obligatoria cuando así lo pidan socios que


representen no menos de la quinta parte del capital.

Decíamos que la S.R.L. guarda semejanzas con la sociedad anónima cerrada y en


este caso tenemos una de las similitudes, pues en la S.R.L. al igual que puede
ocurrir en la S.A.C. no existe el órgano del directorio, quedando su administración
a cargo de la gerencia.

Ahora bien, hay que señalar que la diferencia radica en que en la S.A.C. puede
optarse por tener directorio, en tanto que en la S.R.L. dicha opción no es factible.

El gerente responde frente a la sociedad por los perjuicios causados por su


actuación dolosa o negligente, así como en los casos de abuso de facultades. La
acción de responsabilidad se ejerce por acuerdo de la junta de socios.

La acción de responsabilidad del gerente de la S.R.L. está sujeta al mismo plazo


de caducidad que se aplica en las sociedades anónimas, es decir, dos años desde
la realización del acto. Recordemos que la caducidad implica la extinción de la
acción al vencimiento del plazo.

Al igual que en la S.A.C., en la S.R.L. también existen derechos de adquisición


preferente para la venta y la adquisición de participaciones por herencia. El artículo
290° dispone que al fallecer un socio, sus participaciones pasan a sus herederos o
legatarios, pero puede pactarse en el estatuto que los otros socios tengan un
derecho preferente para adquirir las participaciones, de acuerdo a la valorización
que regule el propio estatuto.

Hay que anotar que no se aplica el derecho de preferencia por sucesión por
disposición de la Ley, sino que debe señalarse en el estatuto.

Siguiendo el sentido del artículo 290° de la Ley, el artículo 291° regula el derecho
de adquisición preferente para los socios, cuan- do uno de ellos se proponga
transferir sus participaciones. De manera similar a lo que ocurre en la S.A.C., el
socio debe comunicar a la sociedad su intención y las condiciones de venta, para
que los demás socios puedan ejercer su derecho de preferencia.

En caso los socios no ejerzan su derecho, puede hacerlo la sociedad también. Si


no lo hiciera la sociedad, entonces el socio queda libre para transferir sus
participaciones en las condiciones señaladas.

Extrañamente, la Ley fija un mecanismo para valorizar las participaciones que


serán vendidas, en caso de discrepancia entre los socios, por el cual se deben
nombrar peritos y en caso dicho mecanismo no se pueda cumplir, se procederá a
la valorización vía proceso judicial. Parece un mecanismo muy complicado si
finalmente se llegará a la decisión judicial.

Pueden fijarse en el estatuto otras condiciones para la transferencia de


participaciones, pero no puede prohibirse en forma absoluta la transferencia.

Aquí la Ley difiere con el tratamiento pre- visto en la S.A.C. pues si la transferencia
no se realiza conforme al procedimiento señalado, será considerada nula, con-
secuencia distinta a la ineficacia frente a la sociedad con la que sancionaba a las
transferencias de acciones hechas sin cumplir con el derecho de preferencia.
Finalmente, el artículo dispone que las transferencias de participaciones deben
formalizarse por escritura pública y deben inscribirse en los Registros Públicos.

Al regular el derecho de usufructo y la garantía mobiliaria sobre acciones de la


sociedad anónima, la Ley señala en sus artículos 107° y 109°, que los derechos
políticos permanecían con el titular de las acciones, en tanto que los dividendos
correspondían al usufructuario y acreedor, según fuera el caso. Estas mismas
reglas se aplican para el usufructo y garantía sobre participaciones de la sociedad
comercial de responsabilidad limitada. La constitución de estos derechos debe
inscribirse en los Registros Públicos.

Y al igual que con las acciones, si las participaciones de un socio fueran objeto de
embargo, la sociedad tiene derecho a adquirir las participaciones que se saquen a
remate, de acuerdo al procedimiento previsto en este artículo 292°. Si las
participaciones adquiridas no fueran colocadas, entonces se debe proceder a
reducir el capital social y a la eliminación de las participaciones.

La exclusión de un socio puede acordarse cuando incurre en infracción de las


disposiciones del estatuto, comete actos dolosos contra la sociedad o se dedica a
realizar actividades que son de competencia de la sociedad. Hay que tomar en
cuenta que no es necesario que el estatuto señale estas causales de exclusión,
sino que ya la Ley las prevé.

Cuando la sociedad solo tiene dos socios, puede solicitar uno de ellos la exclusión
del otro vía proceso judicial. Si procede la exclusión, la sociedad debe recomponer
su pluralidad de socios en un plazo no mayor de seis meses, debiendo proceder a
su disolución en caso contrario.

Aunque algunos aspectos como la convocatoria y la celebración de juntas pueden


regularse en forma supletoria por las disposiciones de la sociedad anónima, la
regulación de la S.R.L. es relativamente escasa y obliga a contemplar en el estatuto
una serie de disposiciones, las formalidades para la modificacion del propio
estatuto, el aumento y la reducción del capital social, la forma de distribución de las
utilidades, las formalidades para la aprobación de los estados financieros entre
otros.
Esta situación, además de las semejanzas con la sociedad anónima cerrada, hacen
que cada vez sea menos frecuente la constitución de una S.R.L. y las empresas
prefieran optar por la organización de una sociedad anónima o anónima cerrada.

5. LA SOCIEDAD CIVIL

La Sociedad Civil es la última forma societaria prevista por la Ley y corresponde a


una sociedad que es constituida para la realización de servicios profesionales u
oficios por parte de los socios. Se trata de un esquema que obedece a la práctica
usual por la cual un grupo de profesionales o personas con un oficio común desean
desarrollar su actividad en forma conjunta, constituyendo así una persona jurídica
que les permita actuar como un solo sujeto.

La sociedad civil puede adoptar la forma ordinaria, en la que los socios tienen
responsabilidad personal por las obligaciones de la sociedad y con beneficio de
excusión; y puede adoptar también la forma de responsabilidad limitada, en cuyo
caso no es posible que hayan más de treinta socios y estos no responden
personalmente por las obligaciones de la sociedad.

La sociedad civil, tanto en su forma ordinaria como en la de responsabilidad


limitada, utiliza una razón social integrada por el nombre de uno o varios socios, a
la que se añade la indicación de “Sociedad Civil”, “S. Civil”, “Sociedad civil de
responsabilidad limitada” o “S Civil de R.L.”, según sea el caso.

El capital social de la sociedad civil debe ser pagado en su totalidad al momento


de su constitución, por lo que no pue- den haber participaciones pendientes de
pago, como sí ocurre en la sociedad anónima y en la sociedad comercial de
responsabilidad limitada.

Para la transferencia de las participaciones de los socios, se requiere del acuerdo


de los demás socios, lo que también se requiere cuando un socio desea que otra
persona lo sustituya en la prestación del servicio profesional u oficio que le
corresponde conforme al pacto social.

La transferencia de las participaciones se formaliza por escritura pública y se debe


inscribir en los Registros Públicos.
Para la administración de la sociedad civil, se designa a uno o varios socios como
administradores, aunque la Ley permite también que personas sin la calidad de
socios asuman dicha administración.

Los administradores, sean socios o no, deben desempeñar su función de acuerdo


a la Ley y al estatuto, no pueden realizar operaciones ajenas al objeto social y de-
ben rendir cuenta de sus funciones, según lo disponga el estatuto y en su defecto,
de manera trimestral.

Cabe señalar que la sociedad civil no tiene otros órganos en su estructura, por lo
que las decisiones son tomadas por los socios en junta y la administración queda
a cargo del socio administrador o del administrador elegido.

Considerando que en la sociedad civil los aportes de los socios pueden estar
integrados por sus servicios o trabajo, la forma en que se reparten las utilidades y
las pérdidas dependerá de lo señalado en el pacto social y, en su defecto, se
considerará para el aporte de los socios que ponen servicio o trabajo un porcentaje
igual al promedio de los aportes de los socios capitalistas.

Como habíamos mencionado, las decisiones en la sociedad civil se adoptan por la


junta de socios, en la que los votos se computan en función de los aportes, salvo
que el pacto social disponga que se vota por personas. Las modificaciones al pacto
social requieren del acuerdo unánime de los socios.

También para la sociedad civil existe una regulación escasa en la Ley, lo que
determina que muchos de sus aspectos deban ser regulados en el estatuto. Así, la
duración de la sociedad, la responsabilidad de los socios que aportan servicios, el
régimen de administración de la sociedad, el derecho de separación, la exclusión
de socios, el derecho de información de los socios sobre la marcha de la empresa,
etc.

La necesidad de tener que regular todos estos aspectos, hace que muchas veces
se prefiera constituir una sociedad anónima o anónima cerrada, a través de las
cuales también se pueden desarrollar servicios profesionales u oficios al igual que
en la sociedad civil, solo que en aquellas no se puede considerar el aporte de
servicios.