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POTENCIAL REDOX DE LOS SUELOS Y LA

FORMACION DEL CARBON

Se denomina potencial redox de un suelo a su capacidad reductora u oxidativa.


Tal atributo se encuentra estrechamente vinculado con la aireación del sistema
edáfico, así como con el pH, ya que ambos condicionan tanto la actividad
microbiana como el tipo de reacciones que acaecen en él. El agua influye en
estos procesos al modificar la distribución del aire en el suelo, y por ello la
difusión del O2 y la concentración de CO2. La principal materia reductora del
suelo, bajo un buen drenaje, resulta ser la materia orgánica, ya que se suele
incorporar de forma reducida en los aportes de la biomasa y necromasa. El
metabolismo del suelo tiende a oxidarla, mediante la intervención de otros de sus
elementos que pasan así a formas más reducidas. Del mismo modo, el oxígeno
es el principal agente oxidante. Entre estos dos extremos, muchos elementos
constitutivos del medio edáfico poseen la capacidad de oxidarse o reducirse (a
lo que se denomina carga variable) según el ambiente que predomine en el suelo
(aireación que induce a la oxidación; encharcamiento o hidromorfía que
provoca la carencia de oxigeno y génesis de un ambiente reductor). El potencial
redox afecta a aquellos elementos que pueden existir en el suelo en dos o más
estados de oxidación, como es el caso del O, C, N, S, Fe, Mn, C y Cu). Las
condiciones de oxido-reducción resultan ser de vital importancia en los procesos
de meteorización o alteración de los minerales del suelo y las rocas de las que
proceden, por lo que repercuten directamente en la formación de los tipos de
suelo (edafotaxa), así como en la actividad biológica de los mismos. Del mismo
modo, afectan a su fertilidad, ya que condicionan la biodisponibilidad de varios
elementos nutritivos indispensables para el desarrollo de las plantas,
vía modificación del pH. En este sentido, el color de los suelos es un buen
indicador de su potencial redox. Recodemos que las atmósferas de la tierra
primigenia eran netamente reductoras, por lo que el metabolismo del suelo era
muy diferente de los que acaecen en la actualidad. Por el contrario, una
oxidación de la materia orgánica, en ausencia de ambientes reductores, termina
por decomponer tales compuestos en anhídrido carbónico y agua. Si el ambiente
es anóxico, tal proceso de degradación puede generar la emisión de metano a
la atmósfera. Este post va destinado a jóvenes estudiantes, más que a expertos
en edafología.

Colores de un suelo oxidado y otro reducido

La formulación química de las reacciones de oxidación-reducción es la siguiente:

ESTADO OXIDADO + ELECTRONES <=> ESTADO REDUCIDO

Los procesos de oxidación reducción envuelven a elementos que pueden actuar


con diferentes valencias y entre ellos tenemos: Fe, Mn, S, N. Algunos ejemplos
de procesos de de oxidación en el suelo son:Oxidación: del Fe+2 de minerales
primarios en Fe+3 formando óxidos e hidróxidos; la transformación de Mn+2 en
Mn+4; la oxidación de compuestos sulfurosos, por ejemplo de pirita, en sulfatos;
la nitrificación o sea la transformación de NH4 en nitritos y nitratos.
Por el contrario muchos procesos suceden bajo condiciones reductoras como la
desnitrificación, la desulfuricación, la formación de compuestos Fe+2 y Mn+2.
(…) En los suelos normales el ambiente es aireado y por tanto la tendencia
general es oxidante. En los suelos hidromorfos la saturación en agua tiende a
provocar un ambiente reductor (figura 6). Los valores de pH y potencial
redox(medidas Eh) delimitan los campos de estabilidad de los materiales del
suelo. Los compuestos de Fe y Mn son muy sensibles a cambios de pH y Eh.
Las reacciones en las que los estados de oxidación cambian se denominan
reacciones redox e implican transferencia completa de electrones de unas
especies químicas (agentes reductores) a otras (agentes oxidantes).

Interacción entre la materia orgánica y los metales del suelo

hay que tener en cuenta que en la naturaleza no existen electrones libres y, por
ello, toda oxidación (cesión de electrones) lleva asociada la correspondiente
reducción (aceptación de electrones). En el suelo las reacciones redox afectan
principalmente a O, N, Fe, Mn, S y C y, en el caso de los suelos contaminados,
pueden verse afectados otros elementos, tales como el selenio y cromo entre
otros. El agente reductor más importante del suelo es la materia orgánica En
suelos bien aireados el oxígeno actúa como el aceptador de electrones fuerte y
las distintas especies químicas presentan los estados de oxidación más
elevados (carga máxima), por ser los más estables”. “Por el contrario, en los
suelos con exceso de agua (hidromorfos, carácter ácuico), el medio se considera
rico en dadores de electrones, por lo que las formas más estables serán las
reducidas. Los estados de Oxidación del hierro (Fe (II) y del manganeso MN (II)
resultan más solubles, y por ello más móviles, que las formas oxidadas. No
obstante, en medios fuertemente reductores, la presencia de azufre puede dar
lugar a la precipitación de especies tales como FeS y FeS2 (pirita). El Potencial
redox, Eh, proporciona información acerca de la tendencia de una sustancia a
aceptar o ceder electrones partiendo de unas condiciones iniciales aeróbicas” la
reducción de elementos en el suelo a medida que se acentúan las condiciones
anaeróbicas sigue una secuencia que depende del potencial redox que se vaya
alcanzando., Las secuencias oxidativas se hacen inestables, con una secuencia
que va afectando sucesivamente a diversas especies de un modo secuencial.

interviene una secuencia o sucesión ecológica de comunidades microbianas de


organismos anaerobios que se suceden conforme los valores de Eh descienden
gradualmente. Aclaremos de paso que el vocablo ácuico utilizado por estos
autores corresponde a un tipo de régimen de humedad de los suelos que se
utiliza en la terminología de la taxonomía americana y viene a informarnos de
un encharcamiento, al menos durante ciertos periodos prolongados del año. Del
mismo modo, la fuerte acidez asociada a la precipitación de la piritatiene como
resultado unos suelos o edafotaxa denominados “ácido-sulfáticos” que muy
frecuentemente generan problemas en rehabilitación y posterior utilización de
tierras pantanosas (como los manglares) para su uso agrario. Porta y
colaboradores nos informan también de que la reducción de nitratos y formas
oxidadas de manganeso y hierro es realizada mediante la intervención
de microorganismos anaerobios facultativos (es decir que pueden actuar de este
modo o no, según el estado del ambiente óxido-reductor del suelo), mientras
que en la de sulfatos y sulfuros se requiere la intervención de comunidades
microbianas estrictamente anaerobias. Por estas razones, estas últimas
reacciones se generan en suelos totalmente anaerobios durante todo o la mayor
parte del año. Finalmente los mentados autores comentan, ya a un nivel más
técnico que:
“El intervalo de valores potenciales redox en sistemas naturales va de 700 mV a
-300 mV. La zona límite entre condiciones aerobias y anaerobias se sitúa
alrededor de Eh igual a 200 mV, las condiciones fuertemente
reductoras corresponden a valores de de -250 mV (…). Por ello, diversas
propiedades de un sistema suelo-agua-mineral se ven afectadas por los
procesos redox:
· Solubilidad mineral
· pH del sistema
· Reacciones de superficie
· Disponibilidad o presencia de ciertas especies minerales
· Persistencia y toxicidad
· Contenido de sales y conductividad eléctrica
· Volativilidad de especies químicas.

El Manual de Edafología de Porta y colaboradores aporta abundante información


al respecto que debería ser leída por los estudiantes universitarios que deseen
ampliar sus conocimientos sobre el tema. Reiteramos que con vistas a
entender las repercusiones de los ambientes reductores-oxidativos sobre la
morfología de los suelos, debeís buscar otros post anteriores de esta weblog en
los que se habló de la hidromorfía y el color de los suelos. Desde el punto de
vista aquí abordado, los suelos (y/o sus horizontes) pueden agruparse en tres
categorías muy genéricas: (i) permanentemente aireados, (ii) anegados de agua
estacionalmente y (iii) permanentemente encharcados.

Finalmente, cabe señalar que el potencial Redox debe tenerse muy presente
antes de aplicar abonos u otras enmiendas al suelo, ya que puede ocurrir que la
forma a la que reviertan tales sustancias tras una oxidación o reducción no tenga
la incidencia esperada sobre los cultivos.
PROPIEDADES FISICOQUIMICAS

Acidez del suelo

La acidez del suelo mide la concentración en hidrogeniones. Se mide en una


escala logarítmica, concretamente por el pH que es el logaritmo negativo de la
concentración de hidrogeniones

pH = - log [H+]

Aunque esta fórmula te puede parecer compleja no te preocupes pues hay un


aparatito (peachímetro) que hace el trabajo por tí, basta introducir unos
electrodos en el suelo y medir el resultado en un escala.

Si te hablan de la reacción del suelo se están refiriendo a la acidez/basicidad.


En los suelos los pH se sitúan en una escala que va del valor 3 al 12.
Básicamente se establecen tres tipos para la acidez de los suelos:

En los suelos los hidrogeniones se encuentran en la solución, pero también


existen en el complejo de cambio, o sea hay dos tipos de acidez, activa o real
(en solución) y de cambio o de reserva (para los adsorbidos). Ambas están en
equilibrio dinámico.

Si se eliminan H+ de la solución se liberan otros tantos H+ adsorbidos. Como


consecuencia el suelo muestra una fuerte resistencia a cualquier modificación
de su pH, está fuertemente tamponado.
La curva de neutralización de un suelo al añadirle un ácido cambia de forma
escalonada según el mineral que actúe como tamponador.

Los factores que hacen que el suelo tenga un determinado valor de pH son
diversos, fundamentalmente:

Naturaleza del material original. Las rocas se meteorizan y liberan los iones
constituyentes de sus minerales que pasan a la solución del suelo
condicionando el pH de este, según que la roca sea de reacción ácida (granito)
o básica (caliza). Las rocas con carbonatos como lascalizas, dolomías y
margas dan suelos de pH básico alrededor de 8,0; por el contrario los granitos
y la arenisca silíceas dan suelos con pH ácidos, generalmente entre 4,8 y 5,6.

Factor biótico. Los residuos de la actividad orgánica son de naturaleza ácida.


El humus es de reacción ácida, tanto más cuanto menos humificado se
encuentre.

Clima. Los climas húmedos originan suelos con arcillas de baja actividad
(tipo caolinita) que tienen poca retención de bases, son de fácil lavado y por
consiguiente dan suelos ácidos. Por el contrario, los climas áridos tienen
arcillas de alta actividad (esmectitas y vermiculitas) que retienen fuertemente
las bases, soportan escaso lavado y dan suelos básicos.

Las precipitaciones tienden a acidificar al suelo y desaturarlo al intercambiar los


H+ del agua de lluvia por los Ca2+, Mg2+, K+, Na+... de los cambiadores.
Complejo adsorbente. Según que esta saturado con cationes de reacción
básica (Ca2+, Mg2+...) o de reacción ácida (H+ o Al3+). También dependiendo de
la naturaleza del cambiador variará la facilidad de liberar los iones adsorbidos.

2.1 Importancia del pH

Influye en las propiedades físicas y químicas.

Propiedades físicas. Los pH neutros son los mejores para las propiedades
físicas de los suelos. A pH muy ácidos hay una intensa alteración de minerales
y la estructura se vuelve inestable. En pH alcalino, la arcilla se dispersa, se
destruye la estructura y existen malas condiciones desde el punto de vista
físico.

Propiedades químicas y fertilidad. La asimilación de nutrientes del suelo está


influenciadas por el pH, ya que determinados nutrientes se pueden bloquear en
determinadas condiciones de pH y no son asimilable para las plantas.
Potencial de oxidación – reducción

Las condiciones de oxidación-reducción del suelo son de gran importancia para


procesos de meteorización, formación de diversos suelos y procesos
biológicos, también están relacionadas con la disponibilidad de ciertos
elementos nutritivos.

La formulación química de las reacciones de oxidación-reducción es la


siguiente:

ESTADO OXIDADO + ELECTRONES <=> ESTADO REDUCIDO


A ====> A+ + e- (se oxida)

B + e- ====> B- (se reduce)

Elementos reductores (A): presentan facilidad para oxidarse y ceder electrones.

Elementos oxidantes (B): elementos proclives a ganar electrones y reducirse.

SISTEMA REDOX: Conjunto de un oxidante y un reductor.

En el suelo existe un equilibrio entre los agentes oxidantes y reductores. La


materia orgánica se encuentra reducida y tiende a oxidarse, es reductora, ya
que al oxidarse tiene que reducir a otro de los materiales del suelo. Por el
contrario el oxígeno es oxidante. Por otra parte hay muchos elementos
químicos que funcionan con valencias variables, pudiendo oxidarse o reducirse
según el ambiente que predomine.

Compuestos más importantes en estas reacciones:

Oxidante: Oxígeno (condiciones aerobias)

Reductor: M.O. (se oxida, libera energía para microrganismos y se origina el


compuesto más oxidado: CO2)

Los procesos de oxidación reducción envuelven a otros elementos que pueden


actuar con diferentes valencias y entre ellos tenemos: Fe, Mn, S, N. Algunos
ejemplos de procesos de de oxidación en el suelo son:

Oxidación: del Fe2+de minerales primarios en Fe3+ formando óxidos e


hidróxidos Fe2+ ===> Fe3+ + e-;

la transformación de Mn2+ en Mn4+;

la oxidación de S2-, por ejemplo de pirita, en sulfatos;

la nitrificación o sea la transformación de NH4 en nitritos y nitratos.

Por el contrario muchos procesos suceden bajo condiciones reductoras como:


la desnitrificación,

la desulfuricación,

la formación de compuestos Fe2+ y Mn2+.

POTENCIAL DE OXIDACIÓN (Eh): Es la capacidad oxidante de un sistema. Se


mide en voltios (usualmente en milivoltios).

Sistemas más oxidantes que el hidrógeno: Eh positivo.

Sistemas más reductores que el hidrógeno: Eh negativo.

La reducción de elementos en el suelo al aumentar las condiciones anaerobias


sigue la secuencia:

O2 NO3- Mn4+ Fe3+ SO42- CO2-

Un componente empezará a reducirse cuando todas las formas oxidadas con


Eh superiores se hayan reducido

En los suelos normales el ambiente es aireado y por tanto la tendencia general


es oxidante. En los suelos hidromorfos la saturación en agua tiende a provocar
un ambiente reductor.

Los valores de pH y potencial redox (medidas Eh) delimitan los campos de


estabilidad de los materiales del suelo. En sistemas naturales los límites
superior e inferior de los potenciales redox vienen definidos por el límite de
estabilidad del agua.
LA FORMACION DEL CARBON

Se denomina carbogénesis al proceso de transformación por el cual se origina


el carbón a partir de sustancias vegetales, fundamentalmente plantas
superiores ("madera"), y, en menor grado, organismos inferiores como algas,
esporas o pólenes. Este proceso consta de dos etapas principales, el estado
bioquímico que determina el tipo del carbón y la fase geoquímica o
metamórfica que condiciona el rango del carbón:
Fase bioquímica
Para que un carbón se forme, las sustancias vegetales de las que procede
deben haber sido preservadas de las destrucciones totales oxidativa y
microbiana.
Es por este hecho por el que se postula que la génesis del carbón debió tener
lugar en zonas pantanosas donde el agua cubrió o saturó los depósitos
vegetales, limitando el acceso de oxígeno e inhibiendo la acción de los
microorganismos que producen la putrefacción. Este agua tuvo que estar
estancada, pues de lo contrario se habría repuesto el contenido de oxígeno, y
además debió ser poco profunda, para permitir el crecimiento de una
importante cantidad de materia vegetal.
En general, el proceso de descomposición (limitada) de estas sustancias
vegetales depende del medio en que se desarrolla, principalmente, en relación
a tres factores: contenido en nutrientes para bacterias y hongos, oxígeno y pH.
Estas condiciones determinan, por un lado, el modo de descomposición, y, por
otro, la clase de sustancias vegetales sobre las que se produce, ya que hay
otras que son destruídas totalmente y, en consecuencia, no originan carbón.
Existen teorías de amplia aceptación que explican en función de estos
parámetros la formación de los macerales (agregados orgánicos con
propiedades físicas y químicas distintivas, en los que se distribuye la fracción
orgánica del carbón) y, por tanto, de los diferentes tipos de carbón existentes.
Los macerales serían, por tanto, los constituyentes del carbón (en su fracción
orgánica), en el mismo sentido en el que los minerales son los constituyentes
de las rocas inorgánicas.
Los macerales tienen tamaños desde 2 micras a varios centímetros y, a
diferencia de los minerales, no están caracterizados por composiciones
químicas bien definidas y uniformidad en el grado de cristalización.
No obstante estas diferencias, se consideran en general 3 grupos de
macerales del carbón (Tabla I), en función de su origen:

I. denominación las partes estructurales de las plantas (tallos, troncos,


raíces y hojas vasculares), siendo por consiguiente derivada de los
constituyentes químicos principales de ésta (celulosa y lignina). El
proceso de descomposición de la "madera" se produce por la acción de
bacterias aerobias cerca de la superficie del depósito y bacterias
anaerobias a una mayor profundidad, dando lugar a lo que se conoce
como turba. Es el maceral mayoritario en los carbones existentes
(>80%), siendo responsable de las propiedades de coquizado.
II. La inertinita, en gran parte, es de una procedencia muy similar a la de la
vitrinita, no obstante, se postula que los compuestos ligno-celulósicos
originales debieron previamente haber sufrido procesos de
deshidrogenación motivados por incendios (coquizado) o la acción
bioquímica. El proceso de descomposición posterior debió ser
fundamentalmente aeróbico por la acción de distintos hongos y
bacterias. Este material se encuentra habitualmente muy finamente
dividido y mezclado con vitrinita.
III. La exinita o lipnitita tiene su origen en las sustancias vegetales más
resistentes a la degradación, como son las resinas, cutículas, esporas,
pólenes y algas (con altos contenidos en hidrógeno). En este caso el
proceso de formación es básicamente anaerobio, denominándose
putrefacción.
Fase geoquímica
Se estima que la fase bioquímica pudo terminar cuando los depósitos se
encontraron a una profundidad superior a 10 metros. A este período
relativamente corto, un millón de años como máximo, habría sucedido, en el
transcurso de los 250 a 300 millones de años que nos separan del período
carbonífero, una lenta transformación de la materia orgánica a profundidades
variables, sometida, por tanto, a condiciones cambiantes de temperatura y
presión. Es el estadio geoquímico, que determina el rango o evolución
metamórfica del carbón.
Hoy en día se considera que la temperatura ha desempeñado el papel principal
en la evolución geoquímica. La temperatura crece con la profundidad de
3 a 5 °C cada 100 m. Si las capas que se explotan en la actualidad a 700 m
estuvieron en su día a 3000/4000 m, han podido encontrarse durante millones
de años a temperaturas entre 150 y 200 °C. Es posible que estas temperaturas
hayan sido suficientes para que reacciones químicas extremadamente lentas
transformen profundamente la materia fósil. Se ha comprobado (regla de Hilt)
que, en ciertos yacimientos, el rango del carbón se eleva regularmente con la
profundidad de la capa, lo que refuerza la anterior suposición.
Este proceso de transformación afecta a determinadas propiedades del carbón,
pudiendo observarse, entre otros, los siguientes efectos cuando el rango del
carbón aumenta:
a) Aumento del contenido en carbono.
b) Aumento de las estructuras aromáticas.
c) Aumento del poder calorífico (con una pequeña disminución para los
carbones de muy alto rango).
d) Disminución del contenido en volátiles.
e) Disminución del contenido en oxígeno.
Estos hechos son utilizados, para caracterizar el rango de un carbón.

CLASIFICACION DE LOS CARBONES


Los carbones son clasificados para definir sus rendimientos en sus utilizaciones
en determinadas áreas o aplicaciones y, por tanto, para establecer sus precios.
Hasta el siglo XIX, las clasificaciones se efectuaban en función de las
apariencias visuales: carbones brillantes, negros, marrones, lampantes de
llama corta, de llama larga, etc.
El incremento en los usos industriales hizo necesaria una clasificación más
detallada, por lo que se han desarrollado numerosos sistemas basados en
combinaciones de las características visuales y microscópicas así como de las
propiedades físicas y químicas. El hecho de que los carbones estén
compuestos.
CLASIFICACIONES FISICO-QUIMICAS
Clasificación de Seyler
La clasificación propuesta por Seyler se basa en la observación de que la
proporción de dos elementos (carbono e hidrógeno) presentes en el carbón
puede ser correlacionada con las propiedades de éste. En la Tabla IV se
incluye un resumen de esta clasificación (normalmente se representa %H
frente a %C, en base seca exenta de cenizas (Figura 4).
Las coordenadas rectangulares se corresponden con los porcentajes en peso
de H y C del combustible puro, supuesto que éste se encuentra constituído
exclusivamente por tres elementos fundamentales C, H y O, correspondiendo
las rectas a 45° de la Figura a porcentajes constantes de oxígeno.
Los puntos que representan los diferentes tipos de carbón habituales se
encuentran a lo largo de una banda estrecha. Las correlaciones se pueden
efectuar también (Figura 5) con los volátiles y el poder calorífico superior
(PCS).
Análogamente, sobre el diagrama de Van-Krevelen (Figura 3) se pueden trazar
rectas de contenido en peso constante de C, H y O.
Los diagramas de Van-Krevelen y Seyler constituyen verdaderas cartas de
combustibles que permiten situar un combustible nuevo y aproximar por tanto
sus propiedades en función de otros próximos.
Es de señalar que los carbones obedecen a ciertas leyes según los tipos
estructurales. De esta forma, el poder calorífico respecto al combustible puro
puede expresarse, con un pequeño margen de error, en función del análisis
9 elemental. Se puede por tanto trazar con gran precisión sobre las cartas,
curvas de igual poder calorífico (isocalas), válidas para combustibles de menos
del 12% de cenizas y del 2% de azufre.
Asimismo, se pueden definir con precisión curvas de iguales características de
combustión (volúmenes teóricos de aire y humos), ya que estas características
dependen únicamente de la composición elemental; estas curvas coinciden
sensiblemente con el haz de isocalas.
Más importante es el margen de variación, para una composición elemental
dada, del índice de volátiles. Ello se deriva, sin duda, del carácter empírico del
índice. No obstante, es posible trazar, aproximadamente, sobre las cartas las
curvas medias de igual índice de volátiles (isovolas). Estas curvas son poco
precisas para los lignitos y turbas.
Clasificación A.S.T.M.
Por su disposición ortogonal el poder calorífico y el índice de volátiles son, de
cualquier forma, dos parámetros complementarios para caracterizar el carbón.
Esta característica es aprovechada por Parr para establecer la clasificación
A.S.T.M. utilizada en Estados Unidos (Figura 7).
En esta clasificación los carbones de rangos más elevados se especifican en
base al carbono fijo (para volátiles ≤ 31%) en base seca, exenta de cenizas.
Los de rangos inferiores se clasifican en función del poder calorífico en base
húmeda, exenta de cenizas. Se produce un cierto solapamiento entre carbones
bituminosos y subbituminosos, que se resuelve sobre la base de las
propiedades aglomerantes y de desmenuzabilidad.
Otras clasificaciones
Existen otros sistemas de clasificación basados en el contenido en materia
volátil, propiedades aglomerantes y coquizantes. Entre éstos destacan el
denominado "Sistema Internacional de Clasificación" que clasifica los carbones
en 15 clases asignándoles un código en función de cada una de las
propiedades citadas con anterioridad.
En el Reino Unido se utiliza la clasificación NCB, compuesta de nueve clases,
las cuatro primeras divisiones establecidas únicamente en función del
contenido en materia volátil (códigos 100, 200 y 300 para contenidos inferiores
al 32%), y las restantes basadas en las propiedades aglomerantes y
coquizantes.
CLASIFICACION MICROSCOPICO-VISUAL
Las primeras técnicas de clasificación de carbones estaban fundamentadas en
la observación visual de sus características, posteriormente se desarrollaron
técnicas petrográficas de caracterización a través de identificaciones
microscópicas.
La petrografía del carbón consiste en el estudio sistemático, a nivel
microscópico, de las proporciones y características de sus distintos
constituyentes.
Debido a que estos constituyentes poseen, en general, propiedades químicas y
físicas muy diferentes, su abundancia relativa y distribución espacial
determinarán las propiedades globales del carbón en su utilización industrial.
Las técnicas petrográficas de caracterización del carbón consisten en
determinar los distintos macerales (fracción orgánica) a través de la reflectancia
de pequeñas muestras pulimentadas de carbón. De esta forma, la reflectancia
de un maceral es la proporción (en porcentaje) de luz incidente que es
reflejada, por una superficie plana y pulimentada de carbón, en condiciones
específicas de iluminación (utilizando luz monocromática). Este porcentaje de
reflectancia es establecido por comparación, con la proporcionada a partir de la
misma fuente de luz, por aceites específicos a una temperatura fija.
La reflectancia se correlaciona con la aromaticidad de los compuestos
orgánicos del carbón. Así, en general, la reflectancia aumenta con el rango del
carbón para todos los macerales. Es por ello que, además de posibilitar la
distinción de macerales, permite la identificación del rango del carbón (Tabla
V), sobre todo para los carbones de mayor rango (bituminosos y antracitas).
La clasificación óptica más extendida actualmente es la realizada por
Stopes-Heerlen, basada en una división inicial de los carbones en función de
su apariencia visual (brillo, color, homogeneidad, textura y dureza) y una
ulterior identificación microscópica de los constituyentes orgánicos (macerales)
debido a su reflectancia, morfología, estructura y propiedades físicas.
De esta forma, la clasificación de Stopes tiene como principio la caracterización
de distintos grupos, atendiendo en cada paso a un mayor detalle en la
observación:
1er Grupo: Caracterización visual: Los carbones se dividen en dos clases
denominadas "carbones duros" y "lignitos y carbones pardos". A su vez los
carbones duros se dividen en húmicos (veteados) y sapropélicos (homogéneos
con alta proporción de exinitas).
2º Grupo: Litotipos (terminación -eno): formaciones de macerales reconocibles
a simple vista con tamaños superiores a 3 mm., se describen como (Tablas VI,
VII y VIII): Vitreno (del latín vitrum: vítreo): Brillante, negro, frágil (muy reactivo;
constituido básicamente por vitrinita). Clareno (del latín clarus: brillante):
Semibrillante, negro, ligeramente estratificado (reactivo, formado por vitrinita y
exinita).
Dureno (del latín durus: duro): Mate, negro o negro-grisáceo, duro, áspero
(bastante inerte; con alta proporción de inertinita y, además, vitrinita y exinita).
Fuseno (del latín fusus: huso, alargado): Sedoso, negro, fibroso, friable (inerte;
litotipo del carbón que “ensucia”; constituido por inertinita).
3er.Grupo: Microlitotipos (terminaciones -ita): identificados al microscopio por
su apariencia de secciones pulidas de carbón con bandas de al menos
50 micras de ancho y que no pueden contener, como impurezas, más del 5%
en volumen de sulfuros minerales o del 20% en volumen de arcillas.
Los microlitotipos se dividen a su vez en monomacerales, bimacerales y
trimacerales según están formados en proporciones superiores al 5% por uno,
dos o tres grupos macerales (terminación -inita), respectivamente.
El litotipo más abundante en el carbón es el clareno (con presencias en el
entorno del 50% del total), seguido del dureno (entre un sexto y un tercio), el
vitreno (que puede llegar al 10 ó 15%) y, finalmente, el fuseno (minoritario, con
típicamente sólo un 1-2% del total).
En función de la mayor o menor presencia de los litotipos mayoritarios
(clareno y dureno), los carbonos pueden diferenciarse en brillantes y duros.
De esta forma, los carbones con alta proporción de dureno son mates, duros y
más fácilmente transportables. Adicionalmente, el dureno, al tener menor
contenido en volátiles (Tabla VIII), tiende menos a coquizarse, por lo que los
carbones con altas concentraciones de dureno se han utilizado
tradicionalmente para producción de electricidad en centrales térmicas.