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León Sánchez Ana Karen

Posibilidades y límites del trabajo sobre la historia reciente mexicana:


apuntes sobre las comisiones de la verdad

¿Cuáles son las tensiones que se gestan en la construcción de una comisión de la verdad en
la que el patrón de violencia a investigar se reproduce en otras latitudes paralelamente a la
investigación?, ¿qué se puede hacer con una historia reciente en la que el acontecer de hechos
de violencia lejos de remitirse a un pasado se inscribe en un proceso que tiene visibles
consecuencias en el presente vivido de tal manera que el miedo a ser desaparecido es una
sensación generalizada en estos momentos?, ¿qué se puede hacer en un país que se diferencia
de otros por el hecho de no estar precedido en estricto sentido por una guerra civil o una
abierta dictadura militar y que, por ello mismo, el trabajo con la historia reciente no presenta,
primer momento, un quiebre que abra un marco de oportunidades para trabajar con ese
pasado?1
La exigencia de crear una comisión de la verdad ha estado en la mesa desde octubre
de 2014 tras el asesinato de 6 personas y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa,
Guerrero.2 No obstante, fue hasta el presente año que la idea retomó centralidad y ha vuelto
estar a discusión tras la declaración en mayo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO)
durante su mitin en Iguala, Guerrero, como candidato presidencial de MORENA, en donde
las madres y padres de los 43 se presentaron, señalando que una vez ganara las elecciones se
crearía una comisión de la verdad en la que interviniera la ONU.3 En los días siguientes, el
Primer Tribunal Colegiado del Décimo Noveno Circuito de Tamaulipas emitió una orden
para crear una Comisión de Investigación para la Verdad y la Justicia (caso Iguala). 4 Pese a
que un mes después un magistrado federal suspendió por tiempo indefinido cuatro amparos
con los que se ordenaba la creación de esta comisión,5 la idea de establecer la comisión tiene
mayor consenso hasta el punto de que ya no sólo se habla de la comisión del caso Iguala,

1
Por “quiebre” me refiero a un proceso objetivo-subjetivo que marca una ruptura, o un cambio, en la percepción
sobre la historia del grupo, de tal manera que se establece una diferencia mediante categorías como “pasado” o
“presente”, por ejemplo: la derrota de una dictadura, la creación de Acuerdos de Paz, etcétera. Lo que quiero
señalar es que no es lo mismo trabajar con sucesos que gran parte de la sociedad considera propios de un pasado
que con aquellos que considera siguen ocurriendo (no es lo mismo hablar sobre un contexto en el que
desaparecían personas a abordarlo desde un contexto muchas personas saben que siguen desapareciendo).
Evidentemente, hay continuidades, procesos de mediana y larga duración, de hecho, muchas críticas se insertan
en reconocer el continuum de violencia en “periodos de paz”. El presente argumento se inserta en la discusión
sobre la percepción de las y los sujetos de su historia, así como las posibilidades que se construyen -proyectos
de pacificación, condiciones para hablar/escuchar, políticas de seguridad, recursos económicos-, que influyen
en el trabajo que se pueda realizar sobre ésta.
2
“Comisión de la Verdad y eliminación del fuero: lo que ciudadanos exigen por el caso Ayotzinapa”, en Animal
Político, [en línea], <https://bit.ly/2QlFnxQ>, fecha de publicación: 22 de octubre de 2014; fecha de consulta:
10 de septiembre de 2018.
3
“Ofrece AMLO Comisión de la Verdad, con participación de ONU, para Ayotzinapa”, en Aristegui Noticias,
[en línea], <https://bit.ly/2wYUXqK>, fecha de publicación: 25 de mayo de 2018; fecha de consulta: 10 de
septiembre de 2018.
4
“Tribunal ordena crear Comisión para la Verdad en caso Ayotzinapa; no compartimos criterio de magistrados:
PGR”, [en línea], <https://bit.ly/2LXOUIU>, fecha de publicación: 4 de junio de 2018; fecha de consulta: 10
de septiembre de 2018.
5
Aquino, Eréndira, “Suspenden amparos que ordenan crear Comisión para la Verdad del caso Ayotzinapa”, en
Animal Político, [en línea], <https://bit.ly/2IQP4Pz>, fecha de publicación: 4 de julio de 2018; fecha de
consulta: 10 de septiembre de 2018.

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León Sánchez Ana Karen

sino de una multiplicidad de comisiones como parte del proyecto de pacificación del nuevo
equipo de seguridad nacional de AMLO.6
El paso del singular al plural no es menor; tampoco es algo nuevo. La frase “Nos
Faltan más de 43” o el antimonumento “+43” evidencian, por un lado, que Ayotzinapa generó
un descontento de tal magnitud que puso en el centro la violencia de Estado perpetrada hacia
distintos sectores, por acción, omisión o aquiescencia, y que, aún con sus especificidades, no
podía ser pensado como un caso aislado, mucho menos aislar a otros. Si queremos hablar de
novedad ésta se encuentra en que sea el mismo gobierno quien reconozca que la violencia se
ha perpetrado en un sinfín de rincones de nuestro país en el que Ayotzinapa es un punto
articulador de la lucha por la justicia y la verdad. En efecto, la desaparición de los 43
normalistas causó una indignación por los sucesos en sí pero también por las narrativas que
se construyeron posteriormente. Hablamos de representaciones sobre el pasado con efecto en
el presente: ¿qué implica que el Estado -quien se jacta de detentar el monopolio de la
violencia- construya una narrativa en la que se resalta que los normalistas iban armados? En
la “verdad histórica” construida por la PGR a los jóvenes normalistas se les acusaba de llegar
a Iguala y boicotear un acto político del entonces presidente municipal José Luis Abarca y
que, además, entre ellos habían infiltrados del grupo criminal “Los Rojos”.7 Es decir, bajo la
narrativa del Estado los normalistas pasaron de ser víctimas a ser victimarios. Si ante un caso
que genera tanta indignación, como lo es Ayotzinapa, la Procuraduría General de la
República pudo construir la “verdad histórica” en la que se les criminaliza y se les
responsabiliza de las consecuencias de “sus actos”, es decir, de su propia desaparición, ¿qué
podemos esperar de las investigaciones, cuando proceden, de otros casos que no tienen el
mismo nivel de visibilización y movilización, pero al igual que Ayotzinapa exigen justicia?
En una entrevista Daniela Rea, periodista mexicana, interrogó a Félix Reatégui,
integrante de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en Perú y editor del Informe Final,
sobre su experiencia y reflexiones sobre el caso mexicano. Ahí, Reatégui señaló que “lo
primero que hay que preguntarse en México es si existe el momento y las circunstancias
adecuadas para una comisión de la verdad y qué es exactamente lo que se demanda que haga
esa comisión de la verdad”.8 En efecto, en el momento de pensar en los objetivos de una
comisión el umbral de lo posible se amplía: suele ocurrir que la justicia ante los tribunales
suele ser la primera y más notable de las demandas, pero es también la más difícil. No
obstante, hay otros posibles objetivos como lo son establecer la verdad, la búsqueda de
reconciliación, reparar o abordar los daños, conocer a los victimarios, evitar más abusos,
entre muchos otros. Cada uno de estos objetivos implica discusiones propias, por ejemplo,
respecto al tema de la reconciliación, como apunta la fundadora del Centro Internacional para
la Justicia Transicional, Priscilla Hayner, “¿es necesario saber la verdad para avanzar en la
reconciliación?”, ¿de qué manera otros factores, muy poco relacionados con el hecho de
conocer la verdad, contribuyen a la reconciliación?9 Hayner realiza estas preguntas no para

6
“Instuye AMLO a crear comisiones de la la verdad”, en Vanguardia, [en línea], <https://bit.ly/2N2iBN7>,
fecha de publicación: 7 de julio de 2018; fecha de consulta: 10 de septiembre de 2018.
7
Aroche, Ernesto, “6 puntos clave de la sentencia que ordena crear una Comisión para la Verdad en el caso
Ayotzinapa”, en Animal Político, [en línea], <https://bit.ly/2JvGhHf>, fecha de publicación: 5 de junio de 2018;
fecha de consulta: 10 de septiembre de 2018.
8
Rea, Daniela, “¿Para qué quiere México una Comisión de la Verdad?”, en Pie de Página, [en línea],
<https://bit.ly/2MZUzm6>, fecha de publicación: 26 de agosto de 2018; fecha de consulta: 10 de septiembre
de 2018.
9
Hayner, Priscilla, Verdades innombrables. El reto de las comisiones de la verdad, México, FCE, 2008, p. 30.

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negar el potencial de las comisiones, sino para conocer y complejizar en qué consisten estos
organismos, qué hacen, qué pueden aportar y cuáles son sus limitaciones.
Sabemos que hay una diversidad de comisiones de la verdad en el mundo (África es
la región en donde más comisiones se han constituido), las cuales varían en objetivos,
métodos y resultados. Algunas ni siquiera pudieron concluir la tarea como la Comisión
Nacional de Investigación de Desaparecidos (Bolivia, fecha de la comisión:1982-1984) que
no terminó su informe ya que se disolvió dada la insuficiencia de los recursos políticos y
económicos para concluir su trabajo; otras contribuyeron a luchas posteriores a través de sus
informes, por ejemplo, antes de la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición
de Personas (Argentina, fecha de la comisión: 1983-1984) la junta militar se garantizó
inmunidad ante posibles procesos judiciales, no obstante, dicha amnistía fue revocada por
civiles y la comisión entregó sus archivos al procurador general de la nación, lo que
contribuyó con los expedientes para los juicios de los miembros de la junta militar; otras se
vieron envueltas en procesos de amnistía hacia victimarios –aunque eso no fuese su
intención– como el caso de la Comisión de la Verdad de El Salvador (fecha de la comisión:
1992-1993) que decidió publicar en el informe más 40 nombres de militares, judiciales y
oposición armada que había tenido un papel en los actos de violencia descritos.10 El tema de
la amnistía, por mencionar uno que ha sido nodal en los debates sobre la vía de pacificación
mexicana, debe ser leído en este sentido: las comisiones y sus resultados varían en función
del propio contexto internacional, nacional y la articulación con sujetos locales –
organizaciones de familiares, de derechos humanos, pero también la cooperación o no de las
propias Fuerzas Armadas-. De ahí que no se pueda condenar que la amnistía fracasará, más
bien uno de los debates es de qué tipo de significación y ejecución hablamos cuando
hablamos de amnistía.11
En este mismo sentido, cuando abordamos el tema del trabajo con testimonios en la
de comisiones nos enfrentamos a experiencias marcadamente diferentes: en la Comisión de
Investigación sobre Ciertas Acusaciones de Crueldad y de Vulneración de los Derechos
Humanos con Prisioneros y Detenidos del CNA por parte de Militantes del CNA (Sudáfrica,
fecha de comisión: 1993) se registraron 21,000 testimonios, 2000 de ellos se conocieron en
audiencias públicas, es más, la cobertura de los medios de comunicación fue tan amplia que,
además de la publicación de noticias y la circulación del tema en noticiarios de radio y
televisión, “cada día se retransmitían en directo cuatro horas de sesiones por la radio nacional
y el programa de televisión Truth Commission Special Report, los domingos por la noches,
no tardó en convertirse en el noticiario con más audiencia en el país”.12 Por otro lado, la
Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH, Guatemala, fecha de la comisión: 1997-1999)
también recibió miles de testimonios pero el proceso fue distinto. La Comisión estableció 14
oficinas locales abiertas de cuatro a cinco meses para recibir testimonios, de hecho, algunas
veces las personas que trabajan en la Comisión tuvieron que trasladarse a las aldeas para
invitar a la gente ya que, por un lado, en muchos casos la oficina más cercana estaba a 6 o 7
horas de distancia, y por otro, muchas personas ni siquiera sabían que se habían firmado
Acuerdos de Paz.13

10
Ibidem, pp. 63-80.
11
Véase, Prado Jaimes, Mauricio, “Hablemos de amnistías: experiencias latinoamericanas y nacionales”, en
Horizontes. Revista del Colegio de Estudios Latinoamericanos, [en línea], < https://bit.ly/2x0ALVA>, fecha
de publicación: 17 de mayo de 2018; fecha de consulta: 10 de septiembre de 2018.
12
Hayer, Priscilla, op. cit, p. 75.
13
Ibidem, p. 82

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Cabe señalar que existieron proyectos alternativos de búsqueda de la verdad en


diferentes países, lo que hace que nos preguntemos en los trabajos que distintos sectores
organizados –no sólo el Estado- pueden construir. En Guatemala el Proyecto Interdiocesano
de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI, fecha del proyecto: 1995-1998) estuvo
en campo por un año y recogió más de 5,000 testimonios para entender las dinámicas del
conflicto armado y la historia del pueblo guatemalteco, de hecho, en un inicio también uno
de sus objeticos era contribuir al trabajo de la CEH. Mencionaré algunos aspectos que podrían
dar algunas vetas de reflexión para el caso nacional. El proyecto REMHI se diferencia de
otras comisiones de la verdad porque el trabajo fue asumido por varios diócesis de la Iglesia
Católica de tal manera que pudieron construir una red para generar las condiciones concretas,
pero también subjetivas, para que las personas compartieran su testimonio: se planteó que las
y los entrevistadores (denominados animadores) fuesen personas de la misma comunidad ya
que se reconocía la diversidad lingüística y cultural del país, asimismo “eso facilitó la
accesibilidad y la confianza de la gente, y un sentido de reconstrucción del tejido social”.14
Además de lo señalado, quiero enfatizar que en el momento que se realizaron muchas de las
entrevistas (no estaba claro en el horizonte político para muchas y muchos guatemaltecas el
cese de la guerra,15 en otras palabras, en el momento que se realizaron muchas de las
entrevistas las personas se enfrentaban a un panorama en el que el quiebre de su experiencia
vivencial en torno a pensar a la guerra como algo propio del pasado no era para nada
experimentado. Al contrario, cuando se inició el proyecto, particularmente en el área rural,
había presencia militar y paramilitar lo que hacía de este esfuerzo una experiencia difícil
tanto para animadoras/os como para quienes iban a dar su testimonio por el miedo y amenazas
imperantes (es por ello que el respeto a la confidencialidad fue un pilar durante las
entrevistas). Por último, mencionar que el trabajo del proyecto REMHI no terminó con el
informe, situación que suele ocurrir con las comisiones. Uno de sus objetivos es difundir el
informe Guatemala: Nunca Más, por lo que se puede encontrar versión en distintos idiomas
que se hablan en el país, así como una versión popularizada que ha sido ilustrada. Señalar
que la falta de apoyo económico dificulta que se realice todo el trabajo que se plantea, no
obstante, sigue habiendo esfuerzos para retomar el legado del proyecto REMHI. Hace pocos
meses se inauguró el Centro de Memoria Monseñor Gerardi en el que se están facilitando
talleres de memoria histórica con jóvenes, igualmente se está incentivando a que
investigadoras/es, estudiantes y, sobre todo, familiares, así como las mismas personas que
participaron en las entrevistas, consulten los testimonios que recopilaron para realizar la
investigación y el informe.16
No debemos olvidar que, dada la magnitud de las comisiones de la verdad, el trabajo
sobre la historia reciente a través del testimonio implica que, en muchos de los casos, por
primera vez haya un esfuerzo de coordinación local-nacional-internacional para escuchar a

14
Martín Beristaín, Carlos, “Metodología de investigación”, en REMHI, [en línea], <https://bit.ly/2oXUnFE>,
fecha de publicación: 6 de abril de 2013; fecha de consulta: 10 de septiembre de 2018.
15
El 23 de junio de 1994 la URGN y el gobierno firmaron en Oslo, Noruega, el acuerdo para establecer la CEH.
No obstante, dado que las negociaciones eran cerradas, para este momento el cese de la guerra aún no estaba
instaurado como algo probable por más que fuese deseado por la población.
16
Agradezco la amabilidad de Patricia Ogaldes, responsable del componente de memoria histórica del área
de Cultura de Paz de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, y de Brenda Pineda. La
información y el cariño que ambas me compartieron al hablar de su trabajo como encargadas de los talleres
de memoria histórica y como responsables de guiar el acceso al archivo REMHI motivo la escritura de este
artículo.

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cientos de personas que han vivido procesos de violencia –con sus propias resistencias–.
¿Cómo construir las condiciones para hablar, pero también para ser escuchado/a en un
contexto en el que el mismo gobierno ha construido una narrativa en la que niega la violencia?
Frente a la irrupción de los testimonios, cabría preguntarse si la creación de una comisión la
verdad es la única vía para trabajar la historia reciente, particularmente ante la multiplicidad
de voces, de subjetividades, de necesidades, de significados de justicia. ¿De qué manera una
comisión de la verdad contribuye a procesos de justicia de esclarecimiento de los hechos y,
particularmente, en la construcción de narrativas que no criminalicen, pero tampoco
cosifiquen a las víctimas? Esto no implica que se anule el trabajo de una posible comisión,
más bien lo que planteo es diversificar y, sobre todo, reconocer y articular el trabajo sobre
historia reciente que están realizando distintos grupos organizados. En su momento, hablaré
de distintos proyectos, pero por ahora les comparto una última inquietud: ¿cómo
transformamos ese “+43” no sólo en un reconocimiento de que, en efecto, en nuestro país
hay miles de víctimas, sino en una posibilidad de construir narrativas en las que se les
nombre, en las que se les dignifique?