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FISIGA

La materia no existe

por Heflmuth Hoffmann Italia

Afirmó el premio Nobel Max Planck

Según la concepción de los antiguos filósofos griegos, la totalidad del cosmos está rodeada por una materia ligera, a la que denomina- ron éter (aire celeste). El escritor griego Plutarco (46-120 N.E.) decía a este respecto: 'El quinto elemento es para algunos el cielo, para otros la luz, y para otros el éter." En su teoría de una magia natural, basada en la cosmología de Kant, Ernst Marcus supone una "masa etérea igual en todas partes, de la que nues- tro cuerpo tan solo es el fenómeno discontinuo que aparece ante nuestros sentidos". A pesar que la mayoría de los astrónomos consideran la existencia de un éter espacial como algo no demostrado, no ha enmudecido la discusión en torno a él como "medidor de las ondas lumínicas". Otros cuer- pos de materia poco densa son las radiaciones cósmicas y las ondas electromagnéticas. El físico inglés J.C. Maxwell (1831-1879) formúló el efecto recíproco mutuo de las variaciones de campo eléctrico y magnético en el cosmos, y desarrolló la teoría electromagnética de la luz. Según las enseñanzas de la filosofía hindú, la sustancia menos valio- sa en todo el universo sería la materia, de la cual está formada todo cuanto es visible en el cosmos. Bien es cierto que estamos rodeados de millones de cosas de la más diversa naturaleza y su diversidad nos parece inagotable, pero todas ellas tienen su origen en la misma sustancia básica: el átomo.

El término "átomo" procede del griego y, de hecho, significa "indivisible". Pero debido al acto antinatural de la desintegración del átomo, sabemos que también él es subdivi- sible.

¿Dónde hay un átomo?

Ni siquiera los científicos que se han pro- puesto como tarea fundamental de su vida la investigación del átomo, han sido capaces de obtener una respuesta definitiva de lo que realmente es el átomo. Sabemos, de todos modos, que los átomos son la base consti- tutiva de todos los elementos. El sol, la luna y la Tierra están formados por átomos, al igual que todas las estrellas, las lejanas ga- laxias y el cosmos entero en su inmensa di- versidad. Sin embargo, en contraste con la

diversidad de sus formas de manifestación, el número de elementos es muy reducido. Se conocen, en total, 105 elementos dife- rentes, aunque de éstos, 13 no poseen esta- bilidad intraatómica, por lo que sólo pueden ser obtenidos en laboratorio. Los átomos, por su parte, están constituidos por proto- nes, electrones y neutrones. Un átomo aislado es extraordinariamente pequeño. Si alineáramos más de un millón de átomos, nos darían el grosor de la página que usted está leyendo ahora. Así como en el cosmos los planetas giran alrededor del sol, los electrones y neutrones del átomo giran incansablemente alrededor del núcleo del átomo, llamado protón. Este baile alre- dedor del núcleo es extraordinariamente in- tenso y vehemente cuando la temperatura es elevada, reduciéndose con temperaturas

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bajas. Las dimensiones en el átomo son tan minúsculas y las velocidades tan extraordi- narias, que incluso los científicos tienen di- ficultad en comprender bien la estructura del átomo. El ojo humano todavía no ha podido ver el interior de un átomo, y los investigadores se imaginan los diferentes componentes ya sea como puntos ya sea como ondas, cosa que sin embargo no les parece en modo al- guno una contradicción. El átomo del hidrógeno es el más simple. Consta tan sólo de un protón y un electrón. El hidrógeno es un cuerpo gaseoso, infla- mable. Con el fin de podernos hacer una idea de las relaciones de tamaño que impe- ran dentro de un átomo de hidrógeno, hay que imaginar el protón del tamaño de una pelota de tenis; en tal caso el electrón ten- dría el tamaño de la punta de una aguja y estaría separado varios cientos de metros del núcleo del átomo (pelota de tenis). En la realidad, este "espacio vacío" está "re- lleno" del campo de tensión del átomo. Esta relación de magnitudes es válida para todos los átomos de los distintos elementos. Los científicos dan la siguiente explicación: si suprimiéramos todo el "espacio vacío" (los campos de tensión) de los átomos que cons- tituyen al ser humano, una persona quedaría reducida apenas al tamaño de un grano de polvo. Debido al campo de tensión natural de los átomos, éstos no aparecen óptica- mente "llenos". Se trata, sin embargo, de una conclusión falsa, y en el fondo docu- menta aquello que en la filosofía hindú recibe el nombre de maya. Estos campos de tensión, sin embargo, cons- tituyen enormes concentraciones de fuerzas, cuyo efecto queda de manifiesto en una ex- plosión atómica. Aquí puede conocerse la concentración de energía que existe en los átomos. El científico italiano Dr. Marco Todeschini, de Bérgamo, todavía va un paso más allá. Según él, el movimiento de giro de los pro- tones sobre su propio eje y las órbitas de los electrones y neutrones alrededor del nú- cleo constituyen unas fuerzas centrífugas y centrípetas que se complementan armónica- mente y que son portadoras de las energías encerradas en el átomo. Y el llamado "es- pacio vacío", es decir, el campo de tensión, está según él relleno de fluido espacial diná- mico, que existe en todas partes en el cos- mos y que, en esencia, se corresponde con el éter de los antiguos pensadores griegos.

La respuesta del Nobel

El eminente físico Max Planck (1858-1947). quien dedicó su vida a la investigación del átomo y que por sus descubrimientos en este campo obtuvo el Premio Nobel, dijo:

"La materia en sí no existe. Toda materia nace y está constituida tan sólo por la ener- gía que pone en tensión las partículas del átomo y las cohesiona en el más minúsculo de los sistemas solares. Pero puesto que en todo el universo no existe ni una fuerza inte- ligente ni una fuerza eterna, debemos ima- ginar detrás de todo ello un espíritu inteli- gente consciente. Y este espíritu es la razón primera de toda materia."

Max P/anck, quien dedicó su vida a la investigación del átomo, afirmó que la materia - en sí— no existe.

La ciencia resigna

Todos los conocimientos científicos en tor- no a la estructura interna del átomo no han contribuido en absoluto a una clarificación, sino que, en sentido estricto, todavía han aumentado la confusión. En su obra La ma- teria, el Dr. Ralph E. Lapp escribe: "Por el momento nada seguro podemos afirmar acerca de lo que es la materia." Y en otro lugar del libro, el autor constata resignado:

Todavía debemos tener en cuenta otra regla de la física atómica. Esta regla, la llamada relación de inexactitud, ha causado que la mayoría de los físicos atómicos hayan per- dido toda esperanza de obtener algún día una imagen inequívoca del átomo y su nú- cleo. La citada regla dice, en resumidas cuen- tas, que es básicamente imposible realizar

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mediciones exactas del electrón o de cual- quier otra partícula del átomo."

Las partículas elementales están guiadas por leyes naturales básicas

A pesar del gran número de enigmas no re-

sueltos, que los físicos encuentran en la in-

vestigación del átomo, puede reconocerse de forma clara e indudable el comporta- miento del átomo según unas reglas total- mente regulares. Milton Rothmann los ex- presa así en su obra Las leyes de la física:

"Dado que toda materia está formada por partículas elementales, es preciso compren- der su comportamiento
"Dado que toda materia está formada por
partículas elementales, es preciso compren-
der su comportamiento para poder compren-
der cómo se comporta la materia como tota-
lidad. Debido a ello, las leyes naturales que
rigen a las partículas elementales deben ser
consideradas como las más fundamentales
de todas las leyes. Este campo de la física
es el que por el momento nos depara la ma-
yoría de enigmas."
También las estructuras formales de los dis-
tintos elementos están sometidos a unas le-
yes estrictas. Porque todo cuerpo posee una
estructura característica, sólo propia de él.
Dos átomos de hidrógeno, por ejemplo, que
se combinan con un átomo de oxígeno
—ambos son cuerpos gaseosos— dan lugar
a
agua, mientras que un átomo de sodio y
otro de cloro dan lugar a un cristal conocido
como cloruro sódico, que no es otra cosa
que la sal común que utilizamos en la cocina.
En Dana's Manual of Mineralogy podemos
leer lo siguiente acerca de la regularidad
absoluta de tales combinaciones químicas,
de las que se conocen muchos millones de
posibilidades: "Es imaginable que unas pie-
dras amontonadas sin plan previo puedan
adoptar por azar una forma externa regular.
Pero si encontráramos cientos de montícu-
los de piedras que tienen todos ellos la mis-
ma forma externa y que constan todos ellos
de las mismas piedras en cuanto a forma y
tamaño, sería imposible suponer que tales
amontonamientos pudieran ser obra del azar;
su construcción tendría que estar regida por
un plan predeterminado."
Toda combinación química de dos o más
átomos de diferentes elementos recibe el
nombre de molécula. Tales combinaciones,
que aparecen por doquier en la naturaleza
y
en el cosmos, tienen a menudo una estruc-
tura molecular tan complicada, que equipos
enteros de investigadores tienen que trabajar
durante años en su desentrañamiento.

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