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Nutrición en la infancia y adolescencia

La nutrición durante la edad pediátrica ha evolucionado enormemente en los últimos


decenios. Hace años era una disciplina enfocada a la alimentación del lactante con el fin
de conseguir un crecimiento y desarrollo adecuados, y en sus aspectos terapéuticos, a la
prevención de enfermedades carenciales frecuentes, como las deficiencias de vitamina D
o de hierro. Actualmente existen datos epidemiológicos, experimentales y clínicos que
demuestran que las enfermedades más prevalentes en las sociedades desarrolladas y cuya
sintomatología se expresa en el periodo adulto tienen su origen en la edad pediátrica. Los
datos son muy evidentes para la aterosclerosis, la osteoporosis y la HTA; las formas de
obesidad que se inician en la infancia tienden a perpetuarse en el adulto y se asocian a
otras enfermedades como la DM2. La caries dental, que ya se manifiesta en la infancia,
tiene repercusiones tardías en el adulto. Aunque no hay datos concluyentes que relacionen
ciertos tipos de cáncer y de enfermedades hepatobiliares con patrones dietéticos
establecidos en la infancia, la extrapolación de datos en adultos sugiere que determinados
factores dietéticos involucrados en dichas enfermedades pueden estar actuando ya desde
la infancia. Existen, asimismo, algunos datos que relacionan la DM tipo 1 (DM1) con la
alimentación artificial del recién nacido. Por otra parte, la introducción de determinados
alimentos como los cereales con gluten a determinadas edades puede tener relación con
el desarrollo de la enfermedad celíaca.
Por todo ello, la nutrición pediátrica va mucho más allá de la alimentación del lactante y
de la prevención de deficiencias de macro- y micronutrientes en niños pequeños. Dada la
importancia de la prevención primaria de las enfermedades citadas, es labor del pediatra
establecer unos hábitos dietéticos adecuados desde el nacimiento y a lo largo de toda la
edad pediátrica. En el presente capítulo se revisa la alimentación a lo largo de la infancia,
diferenciada por periodos de edad (lactante, preescolar-escolar y adolescente),
puntualizando las características generales de la dieta, los riesgos nutricionales y la
manera de prevenirlos en cada uno de estos periodos.

Grasas
Las grasas aportan gran cantidad de energía. Los niños desarrollan una gran actividad
diaria por tanto necesitan este aporte de energía, sin embargo ¡CUIDADO! jamás deben
sobrepasar el 30%del consumo diario de un niño y han de ser preferiblemente, de origen
vegetal como el aceite de oliva.
Un exceso de grasas favorece el sobrepeso, la obesidad y aumenta los niveles de colesterol
en sangre. Hoy en día no es tan difícil encontrarse con niños ¡con cifras de colesterol
superiores alas de un adulto!, lo que aumenta el riesgo de que tu hijo padezca
determinadas enfermedades en el futuro. Las grasas de origen animal son saturadas por
lo que incrementan el colesterol en sangre y las puedes encontrar en la mantequilla,
quesos, tocino, beicon, embutidos, vísceras como hígado y riñones. Otros alimentos ricos
en grasas saturadas son los alimentos precocinados, la bollería y las chuches.
Escoge para tu hijo una dieta baja en grasas saturadas (de origen animal) y colesterol.
Hidratos de carbono o carbohidratos
Es importante que una gran parte de la energía de la dieta de tu hijo la aporten los hidratos
de carbono. (50 / 60% del consumo). ¡Son la base de la alimentación!
Los azúcares son carbohidratos y constituyen una fuente importante de energía para el
organismo.
Los alimentos pueden contener azúcares, bien porque se les añade en el proceso de
elaboración (golosinas, pasteles, bollos, refrescos…) o bien la contienen de forma natural
como la leche o la fruta… que además de azúcares aportan a tu hijo otros nutrientes
importantes para su salud como calcio, vitaminas, minerales y fibra entre otros.
Los alimentos que contienen azúcares añadidos proporcionan gran cantidad de calorías a
la dieta de tu hijo, pero poca cantidad de otros nutrientes. Si tu hijo toma cantidades
importantes de estos alimentos podría llegar a desarrollar sobrepeso u obesidad y, por
tanto, en un futuro aumentar el riesgo de padecer enfermedades crónicas, entre ellas
cáncer.
Los hidratos de carbonos los puedes encontrar en el pan, cereales, pasta, arroz, judías,
guisantes, lentejas, patatas, azúcar, miel, frutas…
Dale a tu hijo alimentos ricos en hidratos de carbono sin azúcares añadidos… le darás
energía y salud.

Proteínas
Los niños y adolescentes necesitan proteínas para crecer y desarrollarse adecuadamente.
Los requerimientos de las mismas son altos sobre todo en la lactancia y adolescencia.
Las proteínas las puedes encontrar tanto en alimentos de origen animal (leche, carne,
pescado y huevo) como de origen vegetal (legumbres, cereales como trigo y arroz, frutos
secos…).

Vitaminas y fibra
Las frutas y verduras son una opción muy saludable para tu hijo, ya que son una fuente
importante de vitaminas, minerales, fibra y otras sustancias importantes para la salud y
además no aportan grasas.
Es recomendable que des a tu hijo, variedad de frutas y verduras porque cada una contiene
diferentes nutrientes.
Algunas son ricas en carotenoides (precursor de la vitamina A), otras en vitamina C o en
folatos.
Además, contienen fibra, que es un elemento importante en la dieta.
La fibra es importante para la salud, ya que previene el estreñimiento y reduce el
colesterol.
Además de frutas y verduras, otra fuente importante de fibra son las legumbres como
garbanzos, judías, lentejas… y los cereales integrales.
Es aconsejable que tu hijo tome, al menos, 2 porciones de fruta y 3 de verdura al día (en
total debe suponer 400 gramos al día):
 Además, la fruta tiene valores añadidos que debes tener en cuenta:
 Al poder consumir la fruta y verdura sin necesidad de cocinarla, no pierde ninguna
de sus propiedades beneficiosas.
 No contienen grasas, por lo que puedes darle todas las que quieras sin miedo a
que engorden.
 Por su alto contenido en agua constituyen una manera ideal de hidratar nuestro
cuerpo, especialmente en verano.

Minerales
Los más importantes en la infancia y adolescencia son:
 Calcio: es esencial para la formación y crecimiento del esqueleto. Un aporte
adecuado de este mineral puede prevenir la aparición de osteoporosis en la edad
adulta.
 Los alimentos ricos en calcio son sobre todo la leche y los derivados y el pescado
que puede consumirse con espinas.
 Hierro: los niños en edad de crecimiento necesitan un aporte importante de este
mineral. Lo puedes encontrar en la carne de vacuno, yema de huevo, mejillones,
legumbres y frutos secos, entre otros.
 Otros minerales importantes en esta edad son el yodo y el flúor.