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La constitución de los EE.

UU nada dice sobre el órgano competente para hacer efectiva la


supremacía de la Constitución no consagrada en el artículo VI, cláusula segunda. Hasta 1803
siguió siendo tema de controversia si los jueces estaban facultados para negarse a aplicar leyes
del congreso.

En ese año ocurrió el caso “Marbury vs. Madison”, q paso a contarte:

El partido federalista, sostén del presidente Adams, perdió la elección presidencial frente al partido
republicano que consagro a Jefferson, para sucederlo.
Los derrotados, consideraban a Jefferson un jacobino, enemigo del orden y la propiedad.
Adams, resolvió en los últimos días de su gobierno, fortalecer la posición de su partido en el poder
judicial y a tal efecto designo presidente de la corte a John Marshal, su secretario de Estado.

El congreso aprobó aceleradamente un proyecto creando 42 cargos de jueces que el presidente


cubrió prestamente. La secretaria de estado, no alcanzo a comunicar todos los nombramientos
antes de la transmisión del mando, y el nuevo secretario de estado, James Madison, recibió orden
de Jefferson de no efectuar las comunicaciones restantes. Cuatro de los nombrados, encabezados
por Marbury, se presentaron a la corte que libraba un mandamiento (writ of mandamus) a Madison
para que les enviara el despacho de nombramiento. Esta petición la fundaron en una disposición
de la ley orgánica judicial de 1789 que atribuía a la corte facultad de emitir writs of mandamus en
ciertas circunstancias.
El tribunal advirtió que existía un conflicto entre esa disposición legal y la norma constitucional que
establecía los casos en los que la corte debía actuar como tribunal originario, y no se encontraba la
situación prevista en esa ley, de modo que esta ampliaba la competencia originaria de la corte
establecida por la constitución.

El razonamiento del fallo sigue estos lineamientos:

1) La Constitución tiene carácter supremo. Si la legislatura pudiera alterar la constitución por


una ley ordinaria, la constitución escrita sería un intento absurdo de limitar un poder
ilimitable por naturaleza.

2) Es función de los jueces establecer qué ley ha de ser aplicada en cada caso y cuál on;
cuando el conflicto se plantea entre la constitución y una ley, se encuentran dos
posiciones: o aplicar la ley sin tener en cuenta la constitución o aplicar la constitución sin
tener encuentra la ley.

3)Si los jueces deben aplicar la constitución y ésta es superior a cualquri ley aplicable, la
constitución y no la ley debe regir el caso.

4) La conclusión es que una ley repugnante a la constitución es inváñida y que los


tribunales, como los otros departamentos del gobierno, están obligados a aplicar la
constitución

Caso Marbury contra Madison


El caso Marbury contra Madison (5 U.S. 137 1803) es un proceso judicialabordado ante
la Corte Suprema de los Estados Unidos y resuelto el [ El caso surgió como resultado de una
querella política a raíz de las elecciones presidenciales de 1800, en las que Thomas Jefferson,
republicano demócrata, derrotó al entonces presidente John Adams, federalista. En los últimos
días del gobierno saliente de Adams, el Congreso dominado por los federalistas, estableció
una serie de cargos judiciales, entre ellos 42 jueces de paz para el Distrito de Columbia. El
Senado confirmó los nombramientos, el presidente los firmó y el secretario de Estado estaba
encargado de sellar y entregar las actas de nombramiento. En el ajetreo de última hora, el
secretario de Estado saliente no entregó las actas de nombramiento a cuatro jueces de paz,
entre los que se contaba William Marbury.

El nuevo secretario de Estado del gobierno del presidente Jefferson, James Madison, se negó
a entregar las actas de nombramiento porque el nuevo gobierno estaba irritado por la
maniobra de los federalistas de tratar de asegurarse el control de la judicatura con el
nombramiento de miembros de su partido justo antes de cesar en el gobierno. Sin embargo
Marbury recurrió al Tribunal Supremo para que ordenara a Madison entregarle su acta.

Si el Tribunal fallaba a favor de Marbury, Madison todavía podría negarse a entregar el acta y
el Tribunal no tendría manera de hacer cumplir la orden. Si el Tribunal se pronunciaba contra
Marbury, se arriesgaba a someter el poder judicial a los jeffersonianos al permitirles negar a
Marbury el cargo que podía reclamar legalmente. El presidente del Tribunal Supremo John
Marshall resolvió este dilema al decidir que el Tribunal Supremo no estaba facultado para
dirimir este caso. Marshall dictaminó que la Sección 13 de la Ley Judicial, que otorgaba al
Tribunal estas facultades, era inconstitucional porque ampliaba la jurisdicción original del
Tribunal de la jurisdicción definida por la Constitución misma. Al decidir no intervenir en este
caso, el Tribunal Supremo aseguró su posición como árbitro final de la ley

Commented [U1]: WILLIAM MARBURY ES EL JUEZ DE PAZ AL


El caso Marbury vs. Madison, no cabe duda, constituye uno de los QUE LE NEGARON LA ENTREGA DE SU CREDENCIAL,Y JAMES
MADISON ES EL SECRETARIO DE ESTADO DEL PRESIDENTE
principales hitos (e íconos) del constitucionalismo. Ello está plenamente JEFFERSON QUIEN SE NEGÓ A ENTREGARLE EL ACTA DE
NOMBRAMIENTO PARA EVITAR QUE EN EL PODER JUDICIAL
justificado, pues es la primera ocasión en la que, de manera clara, una HALLANMAS FEDERALISTAS QUE REPUBLICANOS.

corte de vértice, afirmando la supremacía de la Constitución frente a la ley,


determina la inaplicación de esta última por ser inconstitucional.

Ahora bien, contra lo que podría pensarse desde la perspectiva actual –es
decir, desde el “constitucionalismo de los derechos”– no se trata de un caso
en el que una norma legal fue inaplicada por ser lesiva de derechos
constitucionales. En Marbury vs. Madison se resolvió más bien un writ
of mandamus, es decir, algo equivalente a nuestro proceso de
cumplimiento.

Además de la ya indicada, el caso presenta muchas otras singularidades y


es importante (e incluso actual) por varias razones. Lo primero que
podríamos tener en cuenta al respecto es el contexto en que surgió el caso.

De inicio, conviene mencionar es que el ponente en el caso Marbury (para


abreviar) fue John Marshall, tal vez el más importante juez en la historia de
la Corte Suprema de Estados Unidos. Marshall asumió la Presidencia de la
Suprema Corte en 1801, en un contexto en que el Poder Judicial se
encontraba devaluado y carecía de protagonismo. Durante un tiempo,
además Presidente de la Corte, Marshall fue a la vez Secretario de Estado
del presidente John Adams, del partido federal.

Justo antes de que Adams deje la presidencia, para ser relevado por
Thomas Jefferson (del partido republicano), el gobierno del partido federal
designó a varios jueces de paz. Este proceso de designación involucraba el
nombramiento por parte del Presidente con la posterior ratificación del
Congreso; tras ello, correspondía, como acto de perfeccionamiento formal,
que el documento de nombramiento sea sellado y remitido por correo por el
Secretario de Estado (cargo que, hasta el momento de los mencionados
nombramientos, tenía Marshall).

Lo cierto es que William Marbury fue nombrado juez de paz casi el último
día de gobierno del partido federal y a John Marshall no le alcanzó el
tiempo para sellar o enviar todos los nombramientos que acaban de
hacerse, entre ellos el de Marbury.

Ante ello, el nuevo Secretario de Estado nombrado por Jefferson, James


Madison (uno de los coautores de El Federalista y quien luego llegaría a ver
presidente de los Estados Unidos), se negó a sellar y a distribuir las
credenciales pendientes, e incluso eliminó las plazas de juez creadas por
Adams. William Marbury, seguramente sin imaginar lo que resultaría de
ello, presentó un mandamus pidiendo al nuevo Secretario de Estado que le
envíe su nombramiento, el cual ya estaba sellado. Este pedido, en
aplicación de una disposición de la Judiciary Act (equivalente a nuestra Ley
Orgánica del Poder Judicial), llegó directamente a la Suprema Corte.

Al resolver, la Corte (y especialmente Marshall, quien, como señalamos


antes, era tanto Chief Justice del Tribunal como ponente de la causa)
resolvió que, aunque era cierto que le asistía un derecho a Marbury y que
este merecía tutela, la ley que habilitaba a la Suprema Corte a resolver
un mandamus como el presentado contravenía lo dispuesto por la
Constitución. Más específicamente, señaló que si bien la Judiciary
Act habilitaba a la Corte Suprema para conocer algunos mandamus en
primera instancia (con competencia originaria), dicha competencia legal
resultaba inconstitucional, pues no se ajustaba a lo dispuesto por la
Constitución (que disponía que, salvo algunos pocos supuestos, la Corte
Suprema solo ejercía competencia “por apelación”)

En esta línea, y con independencia de la situación de Marbury (a quien


finalmente no se le tuteló el derecho), la Corte sostuvo que la Constitución
establecía límites para los poderes públicos, los cuales no podían ser
rasados por estos, prohibición que había sido desatendida por el Congreso
al dar la Judiciary Act. Y lo más relevante: precisó que cuando una ley se
opone a la Constitución esta deja de ser válida y, siendo así, declaró que la
ley que establecía la competencia de la Suprema para que esta
resuelva mandamus de manera directa no podía ser aplicada, por ser
inconstitucional.

Con lo anotado, seguramente queda muy claro varios de los aportes que se
derivan de esta sentencia. Uno primero, es que con casos como Marbury
vs. Madison la Corte Suprema no solo afianzó el valor de la Constitución,
sino también afirmó su propia legitimidad y poder (de hecho, al revisar la
historia de diferentes tribunales constitucionales, se constata que sus
decisiones iniciales, o también las de ruptura, son decisivas para su
fortalecer su legitimidad). En este mismo sentido es que el
caso Marbury, con el paso del tiempo, se ha consolidado como la “sentencia
símbolo” de la judicial review (o del modelo de “control difuso de
constitucionalidad”), relegando a otras decisiones más bien lamentables de
la Supreme Court (como la del caso Dred Scott vs. Sandford), en las que
también se declaró la inconstitucionalidad de normas legales, pero que no
abonaron a su engrandecimiento.

En segundo lugar, y esto es lo más importante para la historia del


constitucionalismo, es que, aunque existen antecedentes previos (y tal vez
el Bonham Case, resuelto por el juez Edward Coke en Inglaterra, en 1610,
sea el más conocido) esta es la primera vez en que de manera expresa se
somete al poder político –ni más ni menos que a una ley del Congreso– al
valor normativo de la Constitución (Constitución, además, en sentido
moderno: es decir, escrita y dada por “el pueblo”).

Ahora bien, tal vez porque hoy día referirnos a la fuerza normativa de la
Constitución no genera ninguna resistencia, puede que no sea tan notorio
este último aporte del caso Marbury vs. Madison al que nos hemos referido.
Ante ello, consideramos necesario llamar la atención sobre que este valor
genuinamente jurídico de la Constitución es muy reciente en los países de
tradición legiscentrista (o de Civil Law) como el nuestro, y que el asunto
resulta todavía más nuevo si nos referimos a la aplicación efectiva de la
norma magna por parte de los jueces, quienes han sido considerados hasta
no hace mucho como una especie de “poder nulo” frente al poder político.

Por último, creemos que vale la pena destacar que una decisión de tanta
trascendencia como la del caso Marbury vs. Madison, se ha debido, más
que a cualquier otra cosa, a la sagacidad y la persistencia de un juez como
John Marshall. En este sentido, el caso Marbury demuestra suficientemente
que a veces los “casos pequeños”, en manos de grandes jueces, pueden
Commented [U2]: EL JUEZ MARSHALL CIERRA ELCASOPORQUE
dar lugar a decisiones notables e imperecederas. LA CORTE SUPREMA NO TENIA JURISDICCION O COMPETENCIA
PARA RESOLVER CASOS EN PRIMERA INSTANCIA .